Pos-productivismo, multifuncionlidad y paisaje en contextos vitivinícolas productivistas: viñedos singulares en la D.O. Rueda
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Producción Científica
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4 5 ¿RENACIMIENTO RURAL? LOS ESPACIOS RURALES EN ÉPOCA DE POS-PANDEMIA Actas del XXI Coloquio de Geografía Rural de la AGE IV Coloquio Internacional de Geografía Rural ColoRURAL 2022 Santiago de Compostela (Galiza), 5-8 de octubre de 2022 Editado por: JUAN GABRIEL TIRADO BALLESTEROS Mª ÁNGELES PIÑEIRO ANTELO VALERIÀ PAÜL RUBÉN CAMILO LOIS GONZÁLEZ
116 Carducci, B. et al. (2021): Food Systems, Diets and Nutrition in the Wake of COVID-19. Nature Food, 2: 68-70. Clap, J. y Moseley W.G. (2020): This Food Crisis is Different: COVID-19 and the Fragility of the Neoliberal Food Security Order. The Journal of Peasant Studies. 47(7): 1393-1417. FAO (2020): FAO COVID-19 Response and Recovery Programme -Food systems transformation: Building to transform during response and recovery. Disponible en: https://www.fao.org/3/cb0281en/cb0281en.pdf (consulta el 24/04/2022). Gemmill-Herren, B. (2020): Closing the circle: an agroecological response to covid‑19. Agriculture and Human Values, 37: 613-614. Giudice, F., Caferra, R. y Morone, P. (2020): COVID-19, the Food System and the Circular Economy: Challenges and Opportunities. Sustainability, 12, 7939. Hobbs, J. E. (2020): Food Supply Chains During the COVID-19 Pandemic. Canadian Journal of Agricultural Economics. 68: 171-176. Ilbery, B.W. y Bowler, I. 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Introducción En línea con el lema y el objetivo principal del ColoRural 2022, los autores entendemos que la COVID-19 ha sido un acontecimiento disruptivo en los espacios rurales. La pandemia ha marcado un hito en la evolución de los esquemas económicos, sociales y territoriales precedentes, y no tanto por su modificación radical, sino porque ha acelerado las transformaciones que se venían observando en los últimos años. En el ámbito de la producción agroalimentaria, y particularmente en el sector vitivinícola, los límites del modelo productivista y la paralela emergencia de estrategias alternativas (pos-productivistas) se han hecho evidentes. Desde los años ochenta del pasado siglo, los espacios vitivinícolas del Duero han logrado una gran proyección comercial al amparo de las marcas territoriales (DOP) que garantizan su calidad en los mercados globales. La D.O. Rueda fue uno de los territorios donde la singularidad de su varietal principal, la Verdeja, y la incorporación de prácticas productivistas en el viñedo y en la bodega generaron un dinamismo económico y demográfico inusual en una región donde la despoblación se generalizaba. Sin embargo, el crecimiento acelerado de las plantaciones de viña y del volumen de vino producido, junto al cuestionamiento de su calidad en un mercado muy competitivo y el bloqueo comercial que el confinamiento ocasionó en uno de sus principales canales distribución (Horeca), han puesto de relieve las contradicciones y los límites de ese modelo, hasta el punto de poner en duda la política y el sentido operativo de la propia DO. La presente aportación aborda los factores que han llevado a este replanteamiento y las estrategias de singularidad desarrolladas por viticultores y bodegueros en el municipio de La Seca, en el corazón de la D.O. Rueda, donde su tradición productora y dinamismo empresarial se materializan en la mayor densidad vitícola de Castilla y León. 2. Marco teórico: La noción de anclaje territorial en las Indicaciones Geográficas desde una perspectiva pos-productivista En general, las Indicaciones Geográficas protegidas en la UE (DOP e IGP) cumplen con eficacia sus objetivos de identificación, garantía de autenticidad para el consumidor y distinción del producto en el mercado comunitario e internacional, logrando ventas y 14.Pos-productivismo,multifuncionlidadypaisajeencontextosvitivinícolasproductivistas:viñedossingularesenlaD.O.Rueda Eugenio Baraja-Rodríguez, Marta Martínez-Arnáiz y Daniel Herrero-Luque
118 exportaciones de mayor valor por unas características y una reputación debidas a factores naturales y humanos vinculados al lugar de origen. Así lo afirma el grupo de expertos que, por encargo de la Comisión Europea, ha evaluado la trayectoria de estas figuras previamente a la modificación del reglamento que habrá de mejorar y homogeneizar su regulación y registro en un futuro próximo (Comisión Europea, 2021). Figura 1. La Seca en la D.O. Rueda. Fuente: Elaboración propia. Nada cuestiona, por tanto, la eficacia comercial de estas figuras que etiquetan colectivamente el producto sirviéndose del territorio y afianzando los sistemas productivos locales (Flinzberger et al., 2022; Sanz-Cañada y Muchnik, 2016). Control, garantía y promoción han sido las principales funciones asumidas por los órganos gestores de las IG, generando un marco productivo y comercial de rígida estructura, en parte inadaptado respecto a las nuevas orientaciones del mercado y a las aspiraciones de los bodegueros para satisfacerlo (Martínez, Baraja y Herrero, 2022). Con esta perspectiva mercantil, la mentalidad productivista se ha impuesto en muchas DD. OO. vitivinícolas, como es el caso de las del Duero, enfocadas desde su inicio a promover una producción en cantidad creciente bajo parámetros homogeneizadores (Huetz de Lemps, 2000). La finalidad fue ofrecer un producto identificable, cuya personalidad definida quedase anclada al territorio. Pero esta situación fue generando disidencia en el seno de algunos territorios que reclaman mayor flexibilidad en el reconocimiento de las elaboraciones y una nueva manera de entender el aval territorial que estas figuras ofrecen (Riviezzo et al., 2017). Las modificaciones recientes de los Pliegos de Condiciones de muchas DOP revelan pasos en este sentido, con la ampliación del abanico de variedades permitidas, de tipos de vino y el reconocimiento de la micro parcelación como fórmula de diferenciación en el etiquetado. 119 3. Método: Una aproximación cualitativa a una evidencia cuantitativa Además de la consulta de las fuentes disponibles para acceder a la información actualizada, particularmente la facilitada por la propia D.O. Rueda, y los numerosos estudios que desde la geografía han abordado la evolución y estructuras territoriales de esta comarca del Duero (Esteban de Íscar, 2015 y 2022; Fernández, 2017), se ha realizado un exhaustivo programa de encuestas a los principales agentes implicados en el sector y con intereses en el municipio de La Seca. En esta aproximación cualitativa se han involucrado instituciones, como el Ayuntamiento de La Seca y sus servicios de promoción turística; cooperativas, particularmente Cuatro Rayas, que ha jugado un papel protagonista en la comarca desde su fundación como Cooperativa de La Seca en 1935 y Agrícola Castellana desde 1944; viticultores y hasta un total de once bodegas elaboradoras privadas (de las diecisiete inscritas en la D.O. Rueda) que desarrollan estrategias alternativas e innovadoras en el manejo del suelo, la planta y la elaboración. Este trabajo participativo se ha realizado organizando sesiones grupales abiertas al concurso de todos los ciudadanos interesados (un total de cuatro focus group en los que se han aquilatado los criterios para definir los patrones de singularidad), pero fundamentalmente mediante entrevistas específicas, tanto en campo como en bodega, con particular interés por las viñas más antiguas y en los pagos singulares. En las reuniones de puesta en común y en los cuestionarios, se ha tratado de indagar en la percepción que estos agentes tenían de la D.O. en particular y de la evolución de la comarca vitivinícola en general. Para ello se les invitaba a subrayar las debilidades y fortalezas detectadas, los rasgos de singularidad que identifican y las estrategias que desarrollan para afrontar el futuro. Del análisis de esta información se han extraído los principales resultados de la investigación. 4. Resultados: La percepción del problema y la oportunidad de futuro Los resultados apuntan a una percepción común sobre la naturaleza del problema: el éxito inicial, marcado por colocar en el mercado un vino blanco de gran calidad a partir de la varietal Verdeja, explica el crecimiento de la capacidad de las bodegas y, con ello, el acelerado ritmo expansivo de las nuevas plantaciones («sobre-plantación», es un término reiteradamente mencionado). No en vano, la superficie de viñedo (la mayoría de variedades blancas, particularmente la Verdeja) inscrita en la D.O. Rueda ha pasado de 14 753,1 ha en 2017 a 20.649,9 ha en 2021, lo que representa ritmos de crecimiento cercanos al 11 % anual en 2018, 2019 y 2020 respectivamente. Esa expansión se ha traducido en una producción que ha pasado de 82.032 a 121.894 millones de kg de uva en las mismas fechas. Paralelamente, la comercialización superó los 101 millones de botellas en 2021, pero a un ritmo inferior y no exento de episodios de retroceso. Y es que la crisis de sobreproducción (caída de las ventas y su repercusión en los precios pagados al viticultor) ya se anticipaba en 2018 (retroceso del 10,51 %), pero se hizo evidente en 2020 como consecuencia de la pandemia. En este sentido, las respuestas abundan en la idea de que la modalidad productivista, interiorizada en los cultivos más industrializados, se ha trasladado al viñedo en algunos espacios, primando la cantidad sobre la calidad. Las nuevas plantaciones, enteramente modernizadas, con conducciones en espaldera, profusamente tratadas, regadas y mecanizadas en todas las fases del cultivo, han hecho del viñedo una opción más, cualitativamente no muy distinta de los otros cultivos posibles en su objetivo de maximizar los beneficios a corto plazo. 118 exportaciones de mayor valor por unas características y una reputación debidas a factores naturales y humanos vinculados al lugar de origen. Así lo afirma el grupo de expertos que, por encargo de la Comisión Europea, ha evaluado la trayectoria de estas figuras previamente a la modificación del reglamento que habrá de mejorar y homogeneizar su regulación y registro en un futuro próximo (Comisión Europea, 2021). Figura 1. La Seca en la D.O. Rueda. Fuente: Elaboración propia. Nada cuestiona, por tanto, la eficacia comercial de estas figuras que etiquetan colectivamente el producto sirviéndose del territorio y afianzando los sistemas productivos locales (Flinzberger et al., 2022; Sanz-Cañada y Muchnik, 2016). Control, garantía y promoción han sido las principales funciones asumidas por los órganos gestores de las IG, generando un marco productivo y comercial de rígida estructura, en parte inadaptado respecto a las nuevas orientaciones del mercado y a las aspiraciones de los bodegueros para satisfacerlo (Martínez, Baraja y Herrero, 2022). Con esta perspectiva mercantil, la mentalidad productivista se ha impuesto en muchas DD. OO. vitivinícolas, como es el caso de las del Duero, enfocadas desde su inicio a promover una producción en cantidad creciente bajo parámetros homogeneizadores (Huetz de Lemps, 2000). La finalidad fue ofrecer un producto identificable, cuya personalidad definida quedase anclada al territorio. Pero esta situación fue generando disidencia en el seno de algunos territorios que reclaman mayor flexibilidad en el reconocimiento de las elaboraciones y una nueva manera de entender el aval territorial que estas figuras ofrecen (Riviezzo et al., 2017). Las modificaciones recientes de los Pliegos de Condiciones de muchas DOP revelan pasos en este sentido, con la ampliación del abanico de variedades permitidas, de tipos de vino y el reconocimiento de la micro parcelación como fórmula de diferenciación en el etiquetado. 118 exportaciones de mayor valor por unas características y una reputación debidas a factores naturales y humanos vinculados al lugar de origen. Así lo afirma el grupo de expertos que, por encargo de la Comisión Europea, ha evaluado la trayectoria de estas figuras previamente a la modificación del reglamento que habrá de mejorar y homogeneizar su regulación y registro en un futuro próximo (Comisión Europea, 2021). Figura 1. La Seca en la D.O. Rueda. Fuente: Elaboración propia. Nada cuestiona, por tanto, la eficacia comercial de estas figuras que etiquetan colectivamente el producto sirviéndose del territorio y afianzando los sistemas productivos locales (Flinzberger et al., 2022; Sanz-Cañada y Muchnik, 2016). Control, garantía y promoción han sido las principales funciones asumidas por los órganos gestores de las IG, generando un marco productivo y comercial de rígida estructura, en parte inadaptado respecto a las nuevas orientaciones del mercado y a las aspiraciones de los bodegueros para satisfacerlo (Martínez, Baraja y Herrero, 2022). Con esta perspectiva mercantil, la mentalidad productivista se ha impuesto en muchas DD. OO. vitivinícolas, como es el caso de las del Duero, enfocadas desde su inicio a promover una producción en cantidad creciente bajo parámetros homogeneizadores (Huetz de Lemps, 2000). La finalidad fue ofrecer un producto identificable, cuya personalidad definida quedase anclada al territorio. Pero esta situación fue generando disidencia en el seno de algunos territorios que reclaman mayor flexibilidad en el reconocimiento de las elaboraciones y una nueva manera de entender el aval territorial que estas figuras ofrecen (Riviezzo et al., 2017). Las modificaciones recientes de los Pliegos de Condiciones de muchas DOP revelan pasos en este sentido, con la ampliación del abanico de variedades permitidas, de tipos de vino y el reconocimiento de la micro parcelación como fórmula de diferenciación en el etiquetado.
118 exportaciones de mayor valor por unas características y una reputación debidas a factores naturales y humanos vinculados al lugar de origen. Así lo afirma el grupo de expertos que, por encargo de la Comisión Europea, ha evaluado la trayectoria de estas figuras previamente a la modificación del reglamento que habrá de mejorar y homogeneizar su regulación y registro en un futuro próximo (Comisión Europea, 2021). Figura 1. La Seca en la D.O. Rueda. Fuente: Elaboración propia. Nada cuestiona, por tanto, la eficacia comercial de estas figuras que etiquetan colectivamente el producto sirviéndose del territorio y afianzando los sistemas productivos locales (Flinzberger et al., 2022; Sanz-Cañada y Muchnik, 2016). Control, garantía y promoción han sido las principales funciones asumidas por los órganos gestores de las IG, generando un marco productivo y comercial de rígida estructura, en parte inadaptado respecto a las nuevas orientaciones del mercado y a las aspiraciones de los bodegueros para satisfacerlo (Martínez, Baraja y Herrero, 2022). Con esta perspectiva mercantil, la mentalidad productivista se ha impuesto en muchas DD. OO. vitivinícolas, como es el caso de las del Duero, enfocadas desde su inicio a promover una producción en cantidad creciente bajo parámetros homogeneizadores (Huetz de Lemps, 2000). La finalidad fue ofrecer un producto identificable, cuya personalidad definida quedase anclada al territorio. Pero esta situación fue generando disidencia en el seno de algunos territorios que reclaman mayor flexibilidad en el reconocimiento de las elaboraciones y una nueva manera de entender el aval territorial que estas figuras ofrecen (Riviezzo et al., 2017). Las modificaciones recientes de los Pliegos de Condiciones de muchas DOP revelan pasos en este sentido, con la ampliación del abanico de variedades permitidas, de tipos de vino y el reconocimiento de la micro parcelación como fórmula de diferenciación en el etiquetado. 119 3. Método: Una aproximación cualitativa a una evidencia cuantitativa Además de la consulta de las fuentes disponibles para acceder a la información actualizada, particularmente la facilitada por la propia D.O. Rueda, y los numerosos estudios que desde la geografía han abordado la evolución y estructuras territoriales de esta comarca del Duero (Esteban de Íscar, 2015 y 2022; Fernández, 2017), se ha realizado un exhaustivo programa de encuestas a los principales agentes implicados en el sector y con intereses en el municipio de La Seca. En esta aproximación cualitativa se han involucrado instituciones, como el Ayuntamiento de La Seca y sus servicios de promoción turística; cooperativas, particularmente Cuatro Rayas, que ha jugado un papel protagonista en la comarca desde su fundación como Cooperativa de La Seca en 1935 y Agrícola Castellana desde 1944; viticultores y hasta un total de once bodegas elaboradoras privadas (de las diecisiete inscritas en la D.O. Rueda) que desarrollan estrategias alternativas e innovadoras en el manejo del suelo, la planta y la elaboración. Este trabajo participativo se ha realizado organizando sesiones grupales abiertas al concurso de todos los ciudadanos interesados (un total de cuatro focus group en los que se han aquilatado los criterios para definir los patrones de singularidad), pero fundamentalmente mediante entrevistas específicas, tanto en campo como en bodega, con particular interés por las viñas más antiguas y en los pagos singulares. En las reuniones de puesta en común y en los cuestionarios, se ha tratado de indagar en la percepción que estos agentes tenían de la D.O. en particular y de la evolución de la comarca vitivinícola en general. Para ello se les invitaba a subrayar las debilidades y fortalezas detectadas, los rasgos de singularidad que identifican y las estrategias que desarrollan para afrontar el futuro. Del análisis de esta información se han extraído los principales resultados de la investigación. 4. Resultados: La percepción del problema y la oportunidad de futuro Los resultados apuntan a una percepción común sobre la naturaleza del problema: el éxito inicial, marcado por colocar en el mercado un vino blanco de gran calidad a partir de la varietal Verdeja, explica el crecimiento de la capacidad de las bodegas y, con ello, el acelerado ritmo expansivo de las nuevas plantaciones («sobre-plantación», es un término reiteradamente mencionado). No en vano, la superficie de viñedo (la mayoría de variedades blancas, particularmente la Verdeja) inscrita en la D.O. Rueda ha pasado de 14 753,1 ha en 2017 a 20.649,9 ha en 2021, lo que representa ritmos de crecimiento cercanos al 11 % anual en 2018, 2019 y 2020 respectivamente. Esa expansión se ha traducido en una producción que ha pasado de 82.032 a 121.894 millones de kg de uva en las mismas fechas. Paralelamente, la comercialización superó los 101 millones de botellas en 2021, pero a un ritmo inferior y no exento de episodios de retroceso. Y es que la crisis de sobreproducción (caída de las ventas y su repercusión en los precios pagados al viticultor) ya se anticipaba en 2018 (retroceso del 10,51 %), pero se hizo evidente en 2020 como consecuencia de la pandemia. En este sentido, las respuestas abundan en la idea de que la modalidad productivista, interiorizada en los cultivos más industrializados, se ha trasladado al viñedo en algunos espacios, primando la cantidad sobre la calidad. Las nuevas plantaciones, enteramente modernizadas, con conducciones en espaldera, profusamente tratadas, regadas y mecanizadas en todas las fases del cultivo, han hecho del viñedo una opción más, cualitativamente no muy distinta de los otros cultivos posibles en su objetivo de maximizar los beneficios a corto plazo. 118 exportaciones de mayor valor por unas características y una reputación debidas a factores naturales y humanos vinculados al lugar de origen. Así lo afirma el grupo de expertos que, por encargo de la Comisión Europea, ha evaluado la trayectoria de estas figuras previamente a la modificación del reglamento que habrá de mejorar y homogeneizar su regulación y registro en un futuro próximo (Comisión Europea, 2021). Figura 1. La Seca en la D.O. Rueda. Fuente: Elaboración propia. Nada cuestiona, por tanto, la eficacia comercial de estas figuras que etiquetan colectivamente el producto sirviéndose del territorio y afianzando los sistemas productivos locales (Flinzberger et al., 2022; Sanz-Cañada y Muchnik, 2016). Control, garantía y promoción han sido las principales funciones asumidas por los órganos gestores de las IG, generando un marco productivo y comercial de rígida estructura, en parte inadaptado respecto a las nuevas orientaciones del mercado y a las aspiraciones de los bodegueros para satisfacerlo (Martínez, Baraja y Herrero, 2022). Con esta perspectiva mercantil, la mentalidad productivista se ha impuesto en muchas DD. OO. vitivinícolas, como es el caso de las del Duero, enfocadas desde su inicio a promover una producción en cantidad creciente bajo parámetros homogeneizadores (Huetz de Lemps, 2000). La finalidad fue ofrecer un producto identificable, cuya personalidad definida quedase anclada al territorio. Pero esta situación fue generando disidencia en el seno de algunos territorios que reclaman mayor flexibilidad en el reconocimiento de las elaboraciones y una nueva manera de entender el aval territorial que estas figuras ofrecen (Riviezzo et al., 2017). Las modificaciones recientes de los Pliegos de Condiciones de muchas DOP revelan pasos en este sentido, con la ampliación del abanico de variedades permitidas, de tipos de vino y el reconocimiento de la micro parcelación como fórmula de diferenciación en el etiquetado.
120 Tabla 1. Evolución de la superficie de viñedo, producción de uva y comercialización de vino en la D.O. Rueda. Fuente: https://www.dorueda.com/wp-content/uploads/2021/(consulta el 23/5/2022). 2017 2018 2019 2020 2021 Superficie de viñedo (ha) 17 753,1 16 358,3 18 125,6 19 959,1 20 649,9 Producción de uva (kg) 82 032 738 124 987 011 113 443 645 112 822 633 121 894 527 Comercio vino (bot. ¾) 91 735 314 82 090 250 92 819 064 83 100 205 101 818 123 No obstante, existen viñedos que, sin sustraerse a los cambios (reestructurados mediante reinjertos o modificaciones en la conducción), han mantenido ciertos rasgos que subrayan sus valores cualitativos. Dos son los más importantes: situación y tradición. Situación en pagos singulares (edáficamente diferenciados: «cantos», «arenas», «barros») que todos los agentes valoran por la excelente calidad de matices que aportan. La tradición se reconoce en las viñas viejas, algunas incluso pre-filoxéricas, cuya madera ha sido seleccionada de forma «masal» por generaciones de viticultores gracias a su saber hacer. Las de hace décadas, son fácilmente reconocibles en esa tradición por sus cepas en vaso plantadas en marco real. En virtud de estos rasgos, las estrategias son diversas. Desde la D.O. se ha optado por estabilizar la superficie y controlar los rendimientos, así como por reconocer los valores singulares de ciertos viñedos apostando por la categoría Gran Vino de Rueda, procedente de viñedos de más de treinta años de antigüedad y rendimientos inferiores a los 6500 kg/ha, con una proporción de trasformación en bodega del 65 %. Desde las bodegas se implementan estrategias para poner en el mercado novedosas elaboraciones bajo el discurso de unas prácticas de cultivo singulares (ecológicas o comprometidas con la preservación de la biodiversidad), o de vinificaciones específicas, tanto en los productos finales (cría de blancos, reservas, etc.) como en los modos de elaboración, que van desde los más tradicionales (soleras) hasta los procedimientos más innovadores (huevos de hormigón, barro…). A su vez, los pagos se singularizan con vinificaciones específicas (particularmente la uva procedente de los majuelos más antiguos) o se incorporan variedades que, con cierto valor tradicional, se han ido marginando hasta prácticamente desaparecer (Viura, Palomino y Prieto Picudo). Por otro lado, se pone en evidencia que el cultivo de la viña y la elaboración del vino tienen dimensiones «extra-productivas» para el territorio que aporta el nombre de origen. La singularidad derivada de la antigüedad de las cepas, sus variedades, los matices ―edáficos y ambientales― de los distintos pagos, las modalidades de cultivo, etc., son dimensiones con reflejo en terruños y paisajes con potencialidad de trascender en las elaboraciones de vinos distintivos en el marco general de la DOP, ampliando también las opciones de multifuncionalidad del sector vitivinícola sobre su territorio. La ruta del vino de Rueda, y las estrategias enoturísticas de las bodegas o de las instituciones así lo acreditan (Molina, Alario y Morales, 2018). Pese a las restricciones de la pandemia, el último informe sobre visitantes a bodegas y museos del vino (ACEVIN, 2021), daba la cifra de 7554 personas que en 2020 disfrutaron de algunos de los servicios enoturísticos ofrecidos por los socios de la ruta. Con ello, el argumento del origen se enriquece, dando al territorio una dimensión paisajística y patrimonial, y a los vinos mayor complejidad como forma de inserción 121 competitiva en unos mercados que muestran cierto agotamiento frente al modelo productivista y las rigideces de un marco regulador que deja escaso margen para la expresión de lo diferente. 5. Discusión y conclusiones: Nuevos retos para las Indicaciones Geográficas El territorio de una DOP expresa su singularidad interna en variedad de paisajes que pueden aportar diferencia a los vinos por la forma de plantear las elaboraciones según las especificidades ambientales de los pagos, la combinación de variedades de uva y el tipo de manejo de las viñas, estimulo, a su vez, de otras funciones derivadas como el enoturismo. En este reclamo del paisaje se valora el patrimonio agrario y se vuelve sobre la tradición bajo esquemas plenamente contemporáneos en el trabajo sobre la viña y en los procesos de elaboración vinícola (Cañizares y Ruiz, 2014). Viñas viejas, cepas en vaso, de pie franco, con marcos de plantación y métodos de poda tradicionales, o bien elaboraciones inspiradas en la recuperación de antiguos métodos, se reivindican dentro de los planteamientos revisionistas del papel de las D.O. como certificadoras del origen. Al amparo de estas estructuras se dan cita múltiples sensibilidades, diferentes escalas de negocio y diversidad de objetivos comerciales, por lo que, admitiendo la bondad de la D.O. como figura referencial y aval de calidad vitícola, su papel ha de ser el de garante del origen geográfico y calidad de los vinos diversos que el territorio y los elaboradores pueden dar. Este cambio de perspectiva se inscribe en el paradigma del posproductivismo y los procesos de patrimonialización e identidad vinculados a una agricultura que sin dejar de ser productiva y competitiva (Bowen y De Master, 2011) tiene proyección medioambiental y cultural (Binimelis, 2019). En ocasiones, la disidencia ha tomado la vía de la escisión mediante la figura de «Vino de pago», como modalidad de DOP. Pero, no siempre se cumplen las premisas de continuidad territorial y uniformidad de características edáficas y ambientales de paraje que esta figura exige. Es más, puede que sea precisamente esa misma discontinuidad y diversidad de pagos y viñas la riqueza de referencias perseguida por una bodega, como esgrimen algunos bodegueros en La Seca. Un nuevo contexto en el que las DOP tienen ante sí el reto de seguir siendo inclusivas entendiendo el paisaje que gestionan como potencial de diversidad vinícola en el seno de la marca colectiva que representan, lo que abre camino a la multifuncionalidad que la actividad vitivinícola ofrece para la promoción de los territorios de origen. Agradecimientos Esta aportación se inscribe en el Proyecto de Investigación Sistemas Agroalimentarios Multifuncionales y Territorializados (SAMUTER) en España. Marco Normativo y Políticas. Análisis de casos en Castilla y León, con referencia PID2020113162RB-I00, correspondiente a la Convocatoria 2020 de Proyectos I+D del Ministerio de Ciencia e Innovación. Referencias bibliográficas ACEVIN (2021): Informe de visitantes a bodegas y museos del vino. Año 2020. Disponible en: (https://wineroutesofspain.com/wpcontent/uploads/2021/06/informe-de-visitantes-a-bodegas-y-museos-rutas-delvino-de-espana-2020-1-1.pdf) (consulta el 21/05/2022).
120 Tabla 1. Evolución de la superficie de viñedo, producción de uva y comercialización de vino en la D.O. Rueda. Fuente: https://www.dorueda.com/wp-content/uploads/2021/(consulta el 23/5/2022). 2017 2018 2019 2020 2021 Superficie de viñedo (ha) 17 753,1 16 358,3 18 125,6 19 959,1 20 649,9 Producción de uva (kg) 82 032 738 124 987 011 113 443 645 112 822 633 121 894 527 Comercio vino (bot. ¾) 91 735 314 82 090 250 92 819 064 83 100 205 101 818 123 No obstante, existen viñedos que, sin sustraerse a los cambios (reestructurados mediante reinjertos o modificaciones en la conducción), han mantenido ciertos rasgos que subrayan sus valores cualitativos. Dos son los más importantes: situación y tradición. Situación en pagos singulares (edáficamente diferenciados: «cantos», «arenas», «barros») que todos los agentes valoran por la excelente calidad de matices que aportan. La tradición se reconoce en las viñas viejas, algunas incluso pre-filoxéricas, cuya madera ha sido seleccionada de forma «masal» por generaciones de viticultores gracias a su saber hacer. Las de hace décadas, son fácilmente reconocibles en esa tradición por sus cepas en vaso plantadas en marco real. En virtud de estos rasgos, las estrategias son diversas. Desde la D.O. se ha optado por estabilizar la superficie y controlar los rendimientos, así como por reconocer los valores singulares de ciertos viñedos apostando por la categoría Gran Vino de Rueda, procedente de viñedos de más de treinta años de antigüedad y rendimientos inferiores a los 6500 kg/ha, con una proporción de trasformación en bodega del 65 %. Desde las bodegas se implementan estrategias para poner en el mercado novedosas elaboraciones bajo el discurso de unas prácticas de cultivo singulares (ecológicas o comprometidas con la preservación de la biodiversidad), o de vinificaciones específicas, tanto en los productos finales (cría de blancos, reservas, etc.) como en los modos de elaboración, que van desde los más tradicionales (soleras) hasta los procedimientos más innovadores (huevos de hormigón, barro…). A su vez, los pagos se singularizan con vinificaciones específicas (particularmente la uva procedente de los majuelos más antiguos) o se incorporan variedades que, con cierto valor tradicional, se han ido marginando hasta prácticamente desaparecer (Viura, Palomino y Prieto Picudo). Por otro lado, se pone en evidencia que el cultivo de la viña y la elaboración del vino tienen dimensiones «extra-productivas» para el territorio que aporta el nombre de origen. La singularidad derivada de la antigüedad de las cepas, sus variedades, los matices ―edáficos y ambientales― de los distintos pagos, las modalidades de cultivo, etc., son dimensiones con reflejo en terruños y paisajes con potencialidad de trascender en las elaboraciones de vinos distintivos en el marco general de la DOP, ampliando también las opciones de multifuncionalidad del sector vitivinícola sobre su territorio. La ruta del vino de Rueda, y las estrategias enoturísticas de las bodegas o de las instituciones así lo acreditan (Molina, Alario y Morales, 2018). Pese a las restricciones de la pandemia, el último informe sobre visitantes a bodegas y museos del vino (ACEVIN, 2021), daba la cifra de 7554 personas que en 2020 disfrutaron de algunos de los servicios enoturísticos ofrecidos por los socios de la ruta. Con ello, el argumento del origen se enriquece, dando al territorio una dimensión paisajística y patrimonial, y a los vinos mayor complejidad como forma de inserción 121 competitiva en unos mercados que muestran cierto agotamiento frente al modelo productivista y las rigideces de un marco regulador que deja escaso margen para la expresión de lo diferente. 5. Discusión y conclusiones: Nuevos retos para las Indicaciones Geográficas El territorio de una DOP expresa su singularidad interna en variedad de paisajes que pueden aportar diferencia a los vinos por la forma de plantear las elaboraciones según las especificidades ambientales de los pagos, la combinación de variedades de uva y el tipo de manejo de las viñas, estimulo, a su vez, de otras funciones derivadas como el enoturismo. En este reclamo del paisaje se valora el patrimonio agrario y se vuelve sobre la tradición bajo esquemas plenamente contemporáneos en el trabajo sobre la viña y en los procesos de elaboración vinícola (Cañizares y Ruiz, 2014). Viñas viejas, cepas en vaso, de pie franco, con marcos de plantación y métodos de poda tradicionales, o bien elaboraciones inspiradas en la recuperación de antiguos métodos, se reivindican dentro de los planteamientos revisionistas del papel de las D.O. como certificadoras del origen. Al amparo de estas estructuras se dan cita múltiples sensibilidades, diferentes escalas de negocio y diversidad de objetivos comerciales, por lo que, admitiendo la bondad de la D.O. como figura referencial y aval de calidad vitícola, su papel ha de ser el de garante del origen geográfico y calidad de los vinos diversos que el territorio y los elaboradores pueden dar. Este cambio de perspectiva se inscribe en el paradigma del posproductivismo y los procesos de patrimonialización e identidad vinculados a una agricultura que sin dejar de ser productiva y competitiva (Bowen y De Master, 2011) tiene proyección medioambiental y cultural (Binimelis, 2019). En ocasiones, la disidencia ha tomado la vía de la escisión mediante la figura de «Vino de pago», como modalidad de DOP. Pero, no siempre se cumplen las premisas de continuidad territorial y uniformidad de características edáficas y ambientales de paraje que esta figura exige. Es más, puede que sea precisamente esa misma discontinuidad y diversidad de pagos y viñas la riqueza de referencias perseguida por una bodega, como esgrimen algunos bodegueros en La Seca. Un nuevo contexto en el que las DOP tienen ante sí el reto de seguir siendo inclusivas entendiendo el paisaje que gestionan como potencial de diversidad vinícola en el seno de la marca colectiva que representan, lo que abre camino a la multifuncionalidad que la actividad vitivinícola ofrece para la promoción de los territorios de origen. Agradecimientos Esta aportación se inscribe en el Proyecto de Investigación Sistemas Agroalimentarios Multifuncionales y Territorializados (SAMUTER) en España. Marco Normativo y Políticas. Análisis de casos en Castilla y León, con referencia PID2020113162RB-I00, correspondiente a la Convocatoria 2020 de Proyectos I+D del Ministerio de Ciencia e Innovación. Referencias bibliográficas ACEVIN (2021): Informe de visitantes a bodegas y museos del vino. Año 2020. Disponible en: (https://wineroutesofspain.com/wpcontent/uploads/2021/06/informe-de-visitantes-a-bodegas-y-museos-rutas-delvino-de-espana-2020-1-1.pdf) (consulta el 21/05/2022).
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Las producciones amparadas por indicaciones geográficas ante la crisis de la COVID-19 Rubén Boga González Universidade de Santiago de Compostela [email protected] 1. Introducción Con mucha frecuencia, las indicaciones geográficas (IG) alimentarias se encuadran dentro del paradigma agroalimentario «alternativo», al cual se le presuponen bondades tales como la capacidad de reconectar a productores y consumidores ―por lo general, acortando la distancia espacial y organizativa entre ambos―, producir con calidad y/o contribuir a mantener las economías, culturas y paisajes de los espacios rurales en los que se insertan (Renting, Marsden y Banks 2003; Sánchez-Hernández, 2009; Paül y HaslamMckenzie, 2013). Dentro de esta perspectiva es especialmente interesante el concepto de relocalización, que, en lo fundamental, sostiene que las producciones arraigadas en el territorio están menos sujetas a las dinámicas de concentración (economías de escala) y a la inserción en un volátil mercado global, por lo que se consideran más sostenibles y resilientes que aquellas de carácter convencional (Tregear, 2011; Bay-Larsen et al., 2018). La bibliografía en la materia es muy abundante e incluso cuenta con contribuciones que contradicen los presupuestos teóricos esgrimidos en el párrafo anterior. Con todo, la excepcionalidad de la pandemia de la COVID-19 comporta un nuevo escenario sobre el que investigar el funcionamiento de las IG. En el presente texto se analizarán los impactos que la pandemia pueda haber ocasionado sobre tres producciones distinguidas con una IG: el pemento de Herbón y el queixo do Cebreiro, en Galicia; y el queso Tolminc, en Eslovenia. ¿Cómo les ha afectado la crisis de la COVID-19? Se espera que los resultados expuestos puedan contribuir a mejorar la comprensión sobre su funcionamiento y la eventual resiliencia ante contextos de crisis. 2. Consideraciones teóricas Fundamentalmente, las IG representan un medio para transmitir aquella información sobre el origen y las cualidades de un alimento vinculadas a su lugar de producción. En este sentido, se erigen como una forma de diferenciar las producciones de base local y específica de aquellas convencionales y masivas (Tregear et al., 2007; Belletti y Marescotti, 2011; Mancini, 2013). El consumidor ejerce un rol central, ya que se presupone que está dispuesto a pagar un precio extra por este tipo de producciones localizadas, contribuyendo a mantener la actividad agraria en los territorios sobre los que se sitúan. Con todo, el consumidor no siempre es consciente de lo que una IG significa y, de hecho, algunas de las principales críticas hacia este esquema apuntan a que las IG son productos de nicho de mercado, delicatessen o gourmet, solamente accesibles para un pequeño segmento de consumidores, en general, de clase media y con estudios superiores (Ilbery y Kneafsey, 2000; Goodman, 2004). En cambio, otras lecturas defienden que las IG transmiten de manera efectiva la información relativa al origen de un producto a consumidores que no se encuentran próximos al lugar de producción (Renting, Marsden y Banks, 2003; Higgins, Dibden, y Cocklin, 2008).