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Ciudad e incertidumbre Inés Aquilué Junyent Poliědrica #5 ediciones asimétricas
Ciudad e incertidumbre Sistemas urbanos a la luz del miedo, la violencia y la seguridad [Ámsterdam, Sarajevo, Beirut]
Poliědrica
Ciudad e incertidumbre Sistemas urbanos a la luz del miedo, la violencia y la seguridad [Ámsterdam, Sarajevo, Beirut] Inés Aquilué Junyent
Presentación
La ciudad es un palimpsesto sobre el que el tiempo escribe y borra y vuelve a escribir, incesantemente. Estratos históricos se depositan unos sobre otros, o unos junto a otros, y cada ciudad se convierte en un lugar único e irrepetible. La ciudad es, pues, el lugar de la diferencia. Aristóteles señala que la polis, por ser el ámbito propicio para el intercambio, no tendría sentido si todos sus habitantes fuesen iguales aunque, como matiza Mumford, las diferencias inevitablemente provocan desequilibrios. Las migraciones —Zygmunt Bauman nos advertía que el siglo XXI sería de los “desplazados”— desbordan las estructuras, los recursos y los espacios existentes. Todo ello genera cambios, tensiones e inseguridad. La ciudad se enfrenta a un futuro incierto, lleno de incertidumbres. Ante situaciones adversas, conflictivas e incluso catastróficas, es preciso analizarla como entidad compleja, evolutiva, y debemos empezar a entender y valorar su capacidad de superación. Aunque la temática es tremendamente vigente, no ha sido todavía estudiada en profundidad. Este libro, Ciudad e incertidumbre, resultado de un exhaustivo trabajo de investigación de la profesora Inés Aquilué Junyent, compensa en parte esta insuficiencia epistemológica. El texto adopta un posicionamiento crítico en relación con la evolución disruptiva de la ciudad y pretende sentar nuevas bases para el trabajo en la producción resiliente de nuestras ciudades. Nos presenta la afección que la incertidumbre desencadena en tres sistemas urbanos —Bijlmermeer, Sarajevo y Beirut— y los procesos de seguritización a ellos asociados. Apoyándose en tres conceptos clave, síntoma, complejidad e irreversibilidad, el análisis de estas tres ciudades permite entender el porqué de los cambios formales, topológicos, espaciales y cognitivos durante procesos de incremento de incertidumbre en contextos y condiciones distintos. Ciudad e incertidumbre nos permite vislumbrar la necesidad de prestar más atención desde el urbanismo y la arquitectura a una temática apenas desarrollada hasta ahora y solo desde la geografía y la sociología. Con esta magnífica aportación de Inés Aquilué, la Colección Polièdrica inicia la publicación de las obras seleccionadas, entre muchas y de gran calidad, presentadas en el Call for Books. Esperamos que disfrutéis de la lectura. Juan García Millán Estanislau Roca Directores de la Colección Poliědrica
Índice
Introducción El síntoma y la complejidad urbana 10 1 Ciudad, incertidumbre y miedo El urbanismo de la seguridad 22 2 [Ámsterdam] Utopía versus complejidad La modernidad derribada 46 3 [Sarajevo] Urbicidio, autoorganización y lectura inversa del espacio 76 4 [Beirut] Violencia, reconstrucción y simplificación del orden urbano 106 5 [Coda] Del síntoma a la memoria 140 Epílogo 148 Bibliografía 150
15 9. PRIGOGINE, Ilya, ALLEN, Peter M. y HERMAN, Robert C. The evolution of complexity and the laws of nature. En: E. Laszlo y J. Bierman, eds. Goals in a global community. Nueva York: Pergamon Press, 1977. [Versión consultada: I. Prigogine, et al. La evolución de la complejidad y las leyes de la naturaleza. En: I. Prigogine. ¿Tan solo una ilusión? Traducción de Francisco Martín. Barcelona: Tusquets, 2009, pp. 215-298]. 10. FERNÁNDEZGALIANO, Luis. El fuego y la memoria. Sobre arquitectura y energía. Madrid: Alianza Forma, 1991, pp. 29-31. 11. RUIZ, Javier. Sistemas urbanos complejos. Acción y comunicación. Cuadernos de Investigación Urbanística, 2001, n. 32, p. 61. 12. Ibid, p. 61. través de procesos exclusivamente térmicos o la de construir estructuras ordenadas que permitan ralentizar la segunda ley de la termodinámica. Estas actitudes frente a los procesos de transformación energética se manifiestan en el nacimiento de la arquitectura. El caso más simple que expone el arquitecto Luis Fernández- Galiano es el “orden construido y el desorden combustible: la cabaña y la fogata”, ambos procesos generados por el empleo del mismo material, la madera.10 (Fig. 2) Entre sendos procesos existe una clara diferencia. La combustión, la explotación del capital termodinámico, es un proceso aceptablemente probable —incluso muy probable— en el universo, mientras que la construcción de la cabaña es un proceso muy poco probable, por el momento, y, en los sistemas conocidos, solo producto de seres vivos. Así, en la escala de la ciudad, comprobamos cuán improbable es producir un orden complejo y cuán probable es producir residuos. Emplear energía y materia para la construcción de complejidad o entropía estructural permite aumentar la durabilidad de la transformación y ralentizar así la segunda ley de la termodinámica. La construcción de estructuras para canalizar los flujos de energía y materia que provienen desde el entorno, se desarrolla, en muchos de los subsistemas del espacio construido, desde la red viaria (avenidas, bulevares, calles, callejuelas, plazas, etc.) hasta la red de dotaciones públicas (polideportivos, escuelas, bibliotecas, centros cívicos, etc.). Entonces, la inversión energética y material se distribuye entre la energía consumida en procesos térmicos —es decir, en transformación energética de alto consumo con pérdidas, como la combustión—, la energía para el crecimiento y la energía destinada al mantenimiento.11 El urbanista Javier Ruiz identifica que “el ecosistema urbano es un sistema abierto, cuyos procesos de producción compaginan la disipación (pérdida-degradación) con el desarrollo —crecimiento— y acumulación de superficie edificada. Existe una situación de equilibrio entre la energía consumida en procesos térmicos, la energía destinada a crecimiento y la energía destinada a mantenimiento que permite hablar de situaciones estables”.12 Aplicando los dos procesos elementales de transformación de la energía y materia en la ciudad se obtienen las secuencias descritas: pérdidadegradación o desarrollo-crecimiento-acumulación, análogas a los genéricos procesos térmicos o los procesos de construcción de entropía estructural o complejidad. Son precisamente todas estas capas de desarrollo, crecimiento y acumulación las que permiten construir la máquina autorreferencial que es la ciudad.
16 Fig. 2. Cesare Cesarino, Vitruvius De architectura, 1521. Fuente: Vitruvius Pollio, Marcus y Cesarino, Cesare. De architectura libri decem. Como, Italia: Gottardo da Ponte, 1521.
17 13. MARGALEF, Ramon. La biosfera, entre la termodinámica y el juego. Barcelona: Ediciones Omega, 1980, p. 22. 14. Ibid, pp. 19-22. 15. HILLIER, Bill. Space is the machine. Cambridge: Cambridge University Press, 1996. [Versión consultada: B. Hillier. Space is the machine. Londres: Space Syntax, 2007, p. 114]. La configuración material y energética estructurada almacena entropía y evita la rápida degradación del sistema que la contiene. En una escala mayor, la construcción de esas estructuras requiere la producción de una cantidad de entropía considerable —para nada desechable— y la información acumulada por la nueva estructura permite ralentizar la consiguiente producción de entropía en el sistema. “Un alto contenido de información puede acompañar a una mayor resistencia de las estructuras y, por tanto, permite una predicción más segura de estados futuros”.13 Como explica el ecólogo Ramon Margalef, a pesar de que se ha denominado a la información como neguentropía, en términos absolutamente universales, la producción de entropía sigue siendo positiva.14 La complejidad de la ciudad no solo aumenta en función del número de elementos y de las relaciones entre ellos, sino también teniendo en cuenta qué tipo de elementos y relaciones se establecen. Si bien un sistema complejo puede entenderse como una gran red de elementos simples que interactúan siguiendo reglas o patrones sencillos y que, sin embargo, producen un comportamiento emergente, colectivo y complejo, puede que los elementos y las relaciones que conformen este sistema no sean siempre simples. Es el caso del sistema urbano, donde los elementos que interactúan también pueden ser complejos, así como sus relaciones. A pesar de la relevancia de los componentes del sistema urbano, no hay que olvidar que es la función la característica que en mayor medida determina el sistema. En arquitectura trabajamos sobre la forma y la función del espacio, aunque no siempre se diseñan los espacios manteniendo esta relación. Tal y como expresa el arquitec- to Bill Hillier, “tendemos a pensar la forma (form) y la función (function) del espacio como dos aspectos bastante independientes. El espacio es una forma (shape) y la función es aquello que nosotros hacemos en él. Puesto así, es difícil ver por qué debiera existir una relación entre ambas y más difícil es ver cómo esta relación puede ser necesaria”.15 En este caso se aboga por la comprensión de la forma inexorablemente ensamblada a la función, a pesar de que en el proceso de proyecto habitualmente forma y función sean diseñadas a través de herramientas diferentes. Esta crítica, nacida del análisis del estudio sobre la intervención arquitectónica y urbana en el espacio de la ciudad, apunta hacia la existencia de unos sistemas cuya disposición material y energética en el espacio definen la forma y cuya disposición responde a la función. Según Wagensberg la relación forma-función viene definida gracias a que una forma real, observable, responde a una función específica. “Cualquier pro-
18 16. WAGENSBERG, 2004, Op. cit., p. 97. 17. MARGALEF, 1980, Op. cit., p. 17.. 18. WAGENSBERG, Jorge. Ideas sobre la complejidad del mundo. Barcelona: Tusquets Editores, Colección Metatemas, 1985. [Versión consultada: J. Wagensberg. Ideas sobre la complejidad del mundo. Barcelona: Tusquets Editores. Colección Fábula, 2003, pp. 29-33]; PRIGOGINE et al., 1977, Op. cit. piedad de un objeto o suceso que supera una selección adquiere una ventaja que le permite perseverar en la realidad, esto es, que le permite seguir existiendo”.16 La forma que observamos ha sufrido un proceso de selección determinado para existir —por qué esta y no otra— y, efectivamente, esta propiedad de la que habla Wagensberg es la forma y esta ventaja es precisamente la función. De hecho, según Margalef, “hablamos de información o de forma para referirnos a la manera como la energía y la materia se combinan y extienden en el espacio”.17 La ciudad, como sistema espacial cuya función principal es la urbana, se define a través de formas diversas y estas son la información almacenada que condiciona uno u otro futuro, desencadenado por el acoplamiento con el entorno. LA SELECCIÓN A TRAVÉS DEL SÍNTOMA, LA IRREVERSIBILIDAD Y EL CAMBIO La forma almacena la información de las modificaciones estructurales en el sistema urbano. La relevancia de estas transformaciones para el análisis de la interacción entre sistema y entorno las convierte en variable central para la selección de los sistemas analizados: Ámsterdam, Sarajevo, Beirut. Esta relevancia de la forma es la que induce a que una de las variables de selección para el análisis en este conjunto de ensayos sea el cambio en la forma. Pero, ¿qué es el cambio? Para responder a la pregunta, primero, es indispensable tener en cuenta la flecha del tiempo. En termodinámica, la flecha del tiempo hace referencia a ese valor otorgado por la entropía al tiempo, la irreversibilidad. En un sistema inerte la tendencia es pasar de un estado probable a otro todavía más probable; la máxima probabilidad equivaldría al estado de equilibrio termodinámico, a una máxima entropía.18 Sin embargo, los sistemas complejos como el urbano tienen la capacidad de organizarse y desorganizarse, al igual que, por ejemplo un organismo vivo —son estructuras disipativas—. La organización a partir del desorden requiere, en detrimento del entorno, una gran cantidad de energía. El desarrollo lineal de los sistemas urbanos puede ser estable, es decir, que en estados estacionarios de gran inercia la estabilidad puede considerarse una situación constante gracias a los procesos de compensación de flujos de entrada y salida. Sin embargo, son los procesos no lineales los que permiten entender la esencia del cambio. Las fluctuaciones del sistema abierto abandonan, bajo ciertos estímulos, las meras fluctuaciones estacionarias que mantienen el sistema establemente para convertirse en fluctuaciones capaces de
19 19. Ibid, pp. 42-44. 20. ŽIŽEK, Slavoj. The sublime object of ideology. Londres y Nueva York: Verso, 1989. [Versión consultada: S. Žižek. El sublime objeto de la ideología. Traducción de Isabel Vericat Núñez. Buenos Aires: Siglo XXI, 2003]. 21. LACAN, Jacques. Les écrits techniques de Freud. Seminar I. París: Seminario dictado en el Hospital de Saint- Anne, 1953-54. [Versión consultada: J. Lacan. The seminar of Jacques Lacan: Book I. Freud’s papers on technique. Traducción de John Forrester Cambridge: Cambridge University Press, 1988]; ŽIŽEK, 1989, Op. cit., p. 87. provocar cambios estructurales. Los sistemas ya no se adaptan sino que tienden a nuevos estados imprevisibles, alejados de la estabilidad, acercándose a un estado de azar que conlleva un cambio en la propia estructura macroscópica. A medida que un sistema se aleja del equilibrio, la complejidad entendida a partir del número de soluciones posibles y accesibles para el sistema y a su vez, compatibles con el entorno, aumenta. Las fluctuaciones que en un estado estable tienden a regresar, en una estructura disipativa alejándose del estado estable, se bifurcan, disparándose el número de soluciones posibles. La bifurcación decide qué camino tomar, siendo esta una decisión imprevisible fruto del azar. Entonces, las bifurcaciones se suceden hasta tornarse nuevamente recurrentes; ese será el nuevo estado de estabilidad. Este es el proceso de modificación del sistema, la esencia del cambio determinado por la flecha del tiempo y la irreversibilidad.19 Alejarse del equilibrio implica la intervención del azar en el orden por fluctuaciones, generando novedades. La selección posterior del estado estable nace del propio proceso de supervivencia condicionando la evolución del sistema a los estímulos del entorno. La ciudad es una estructura disipativa muy alejada del equilibrio termodinámico, capaz de la estabilidad, pero también de transcender procesos de gran inestabilidad y cambiar su estructura de manera irreversible. Los cambios detectados en los sistemas urbanos perceptibles son sintomáticos, es decir se presentan en el observador como huella de un trastorno que se manifiesta en el sistema espacial. El síntoma permite trabajar en las dos direcciones del tiempo, hacia el futuro y hacia el pasado. Slavoj Žižek desarrolló una breve genealogía sobre el concepto, que explica cómo la comprensión de la realidad se inicia en el presente con el síntoma y de este hacia el pasado, procurando reconstruir acontecimientos que permitan comprender la huella observable.20 Desde el síntoma se puede reconstruir el marco temporal tal y como expresa Žižek a través de Jacques Lacan, quien sostiene que “el síntoma se nos presenta primero como una huella que nunca será más que una huella y que siempre permanecerá incomprendida hasta el momento en que el análisis haya avanzado suficientemente”.21 Así, la búsqueda de cambios y modificaciones en sistemas urbanos se desarrolla a través de esta inquietud hacia las alteraciones informadas que dejan su impresión en el espacio. El síntoma del cambio y del trauma es indicio de las alteraciones graves que ha sufrido un sistema urbano. Las pulsiones sintomáticas que persisten en los sistemas urbanos permiten seleccionar sistemas para anali-
20 zarlos. El análisis empírico desde una perspectiva evolutiva nos permitirá registrar las afectaciones que pueden llegar a producirse y cómo pueden alterar la evolución del sistema urbano y la lectura de su espacio. La selección de sistemas urbanos sigue entonces una premisa sencilla: ámbitos urbanos cuyos cambios en la totalidad de la forma urbana son observables en un período relativamente corto en términos urbanísticos. Estos cambios están desencadenados por un suceso catastrófico o traumático —un conflicto— que permite comprender la relación entre el paradigma del cambio en la ciudad y la afectación producida por el sistema social desde un análisis del sistema urbano como ente naturalmente complejo. Además, el síntoma puede tener dos direcciones en el tiempo: puede ser el vestigio de alteraciones pasadas o el indicio de cambios futuros. Así, se seleccionan los síntomas en la forma y en el espacio, se indaga en el pasado para reconstruir la historia del espacio alterado, pudiendo introducir el debate sobre un futuro ya sintomático. El marco temporal para escoger los sistemas urbanos de Ámsterdam, Sarajevo y Beirut es especialmente determinante puesto que se trabaja sobre huellas frescas. Partiendo de un supuesto presente —siempre ya pasado—, se seleccionan formas urbanas cuya morfología se ha visto modificada en las últimas décadas y cuyo conflicto violento ha perdurado hasta los años 1990. Así, se trata de ensayos contemporáneos, coyunturas en las que la consecuencia del conflicto en la forma urbana no ha concluido y cuyos cambios en la forma son observables. Observamos el cambio irreversible en la forma de Ámsterdam, Sarajevo y Beirut a través del miedo y la violencia. ÁMSTERDAM, SARAJEVO Y BEIRUT En Ámsterdam nos aproximamos a la evolución reciente del barrio de Bijlmermeer, una extensa área residencial situada en el sureste de la ciudad, proyectada íntegramente en los años 1960, cuyo plan apostaba por la gran escala —bloques residenciales en altura y grandes espacios libres—, por el uso colectivo de los espacios semipúblicos, por la segregación de las cuatro funciones básicas del Movimiento Moderno y por una estructura viaria basada en la separación de tráficos. Desde la ocupación del primer bloque, en 1968, el área se convirtió en el lugar más conflictivo de los Países Bajos, un barrio afectado por un sistema social incierto y que desestabilizó la estructura de la supuesta ciudad del futuro. Durante los años 1970 y 1980 el miedo y la estigmatización aumentaron, provocando que en 1992 fuera aprobado un plan de renovación urbana que promovió el
21 derribo de más del 60% de los bloques y el viario, para ser paulatinamente substituidos por una nueva estructura que reducía la escala edificatoria y fomentaba el retorno a la escala menuda, tanto del viario como de la parcela y la edificación [ver cap. 2]. Sarajevo, ciudad de marcadas raíces otomanas, austrohúngaras y yugoslavas, fue entre 1992 y 1995 sitiada principalmente por el ejército de la República Srpska. Se describe uno de los episodios más crueles de la guerra de Bosnia y el cerco más largo de la historia contemporánea de Europa; un estado de excepción que se prolongó 1.425 días en los que la ciudad permaneció aislada material y energéticamente. El ensayo recoge la afectación que provocó esta coyuntura en el uso cotidiano del espacio, describiendo la emergencia de patrones de autoorganización compleja generados a partir de la ayuda mutua y vinculados a la lectura inversa del espacio desencadenada por la violencia. Los sitiadores pretendían erradicar la heterogeneidad material de la propia ciudad, condición de urbanidad, un proceso de destrucción política, el urbicidio. El fin del conflicto causó la división interna de Bosnia-Herzegovina en dos nuevas entidades, la Federación de Bosnia-Herzegovina y la República Srpska. La frontera entre entidades que dividió el país seccionó la región de Sarajevo, provocando una reconstrucción de la ciudad marcada por la voluntad de la República Srpska de construir el Sarajevo Oriental y que iniciaría un proceso de homogeneización social y urbana a ambos lados de la frontera [ver cap. 3]. La ciudad de Beirut se sitúa en la orilla del Mediterráneo, en una pequeña planicie orientada hacia el norte. Con tradición de puerto comercial, el Distrito Central aúna el origen de la ciudad, sus raíces fenicias, helénicas, romanas, mamelucas, otomanas y francesas. A la luz de una larga historia se construyó este sistema urbano como entramado de tejidos complejos cuyo futuro se vio truncado tras el estallido de la guerra civil libanesa en 1975. La guerra, en la que también intervinieron Siria e Israel, afectó gravemente la morfología urbana de Beirut, dividiendo la ciudad en dos mitades, el este y el oeste, y dañando gravemente el tejido del centro. El fin del conflicto llegó entre 1989 y 1990 y, con él, un plan de reconstrucción del Distrito Central que promovió la destrucción de más del 80% de su tejido, para proceder a la restructuración de toda el área. El plan urbano supuso una simplificación del sistema espacial y social del antiguo centro de la ciudad que llevó a la construcción de un lujoso downtown todavía inacabado y socialmente desocupado [ver cap. 4].
Francisco de Goya, Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer, Desastres, 1814-1815. Fuente: Museo del Prado.
1 Ciudad, incertidumbre y miedo. El urbanismo de la seguridad La doble secuencia: incertidumbre-miedo-violencia y violencia-miedo-incertidumbre El urbanismo de la seguridad: una tríada llamada Sicherheit Comunicación, miedo y seguridad en el sistema urbano El dispositivo de seguridad y la seguridad en el diseño
24 Al final de la Edad Media la lepra desaparece del mundo occidental. En los márgenes de la comunidad, en las puertas de las ciudades, se abren terrenos, como grandes playas, en los cuales ya no acecha la enfermedad la cual, sin embargo, los ha dejado estériles e inhabitables por mucho tiempo. Durante siglos estas extensiones pertenecerán a lo inhumano. Del siglo XIv al XvII van a esperar y a solicitar por medio de extraños encantamientos una nueva encarnación del mal, una mueca distinta del miedo, una magia renovada de purificación y de exclusión.1 Con esta aterradora descripción del espacio, Michel Foucault da comienzo a la obra Historia de la locura en la época clásica, uno de los primeros textos del autor, especialmente influyente en el imaginario de la psicología y la sociología postmodernas.2 Este pequeño fragmento ejemplifica el uso que Foucault hace del espacio para su análisis discursivo sobre la historia de las enfermedades mentales. Estos accesos a las puertas, territorios enteros circundando las ciudades amuralladas, se convirtieron en desiertos a causa de la devastación de las epidemias, en los que los espacios urbanos extramuros permanecieron vacíos durante siglos como causa del miedo intrínseco en la población. Con esta expresividad, Foucault muestra cómo el miedo y la violencia afectan al medio físico y relacional de la ciudad, lo condicionan y lo conforman, estableciendo así una relación entre miedo y forma. El miedo y la seguridad han determinado diversas etapas evolutivas de la ciudad y su espacio formal y relacional. La seguridad en el espacio va más allá de los estudios críticos sobre sistemas de control, puesto que la relación entre seguridad y forma urbana nace con la necesidad de protección. Murallas, asentamientos en colinas y amasijos de vivienda de difícil penetrabilidad son muestras de la profusión de la urbanidad a la luz de la protección frente al conflicto, frente a la guerra nacida para la conquista de la acumulación de los primeros asentamientos estables. En el segundo capítulo de La ciudad en la historia, Lewis Mumford se preocupa por intentar comprender qué suscitó el nacimiento de las ciudades.3 De entre muchos aspectos funcionalmente positivos para el progreso de la sociedad humana, existe uno potencialmente negativo que intrínsecamente acompaña al manifiesto deber de guerra: “Al seguir estas pistas hasta la aparición de la ciudad, creo que hemos dejado al descubierto los acontecimientos más penosos de la historia urbana, cuya vergüenza aún nos acompaña. Por muchas 1. FOUCAULT, Michel. Histoire de la Folie à l’âge Classique. París: Plon, 1964. [Versión consultada: M. Foucault. Historia de la locura en la época clásica. Traducción de Juan Utrilla. México: Fondo de Cultura Económica, 2012, p. 13]. Las cursivas son de la autora de este libro. 2. ELDEN, Stuart. Mapping the present: Heidegger, Foucault and the project of a spatial history. Londres: Continuum, 2001; FOUCAULT, 1964, Op. cit.; FOUCAULT, Michel. Surveiller et punir. Naissance de la prison. París: Gallimard, 1975. [Versión consultada: M. Foucault. Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión. Traducción de Aurelio Garzón del Camino. Buenos Aires: Siglo XXI, 2002]. 3. MUMFORD, Lewis. The city in history: Its origins,its transformations, and its prospects. Boston: Houghton Mifflin Harcourt, 1961. [Versión consultada: L. Mumford. La ciudad en la historia. Sus orígenes, transformaciones y perspectivas. Traducción de Enrique Luis Revol. La Rioja: Pepitas de Calabaza, 2012, pp. 9-96].
31 23. COWARD, Martin. Urbicide: The politics of urban destruction. Londres y Nueva York: Routledge, 2009, p. 53. 24. SOFSKY, 1996, Op. cit., p. 195. 25. LUHMANN, 1975, Op. cit., pp. 91-92; CANETTI, Elias. Masse und Macht. Hamburgo: Claasen Verlag, 1960. [Versión consultada: E. Canetti. Masa y poder. Traducción de Horst Vogel. Madrid: Alianza Editorial, 2000]. 26. LUHMANN, Niklas. Differentiation of Society. The Canadian Journal of Sociology / Cahiers canadiens de sociologie, 1977, vol. 2, n. 1, pp. 32-36. aleja del objetivo puramente estratégico y se cierne en cuestiones sociales arraigadas a la urbanidad construida en un tiempo y un espacio destruyendo no solo los elementos, sino también sus relaciones presentes y futuras, la complejidad. La destrucción producida por la guerra tiende a relegarse a una cuestión inherente de la propia violencia bélica. Sin embargo, desde los años 1990 durante las guerras de secesión yugoslavas, el debate sobre lo construido y la destrucción sistemática de edificios civiles redibujó la cuestión sobre la ideología que se cierne tras el objetivo de la erradicación de edificios y tramas urbanas, un debate que parecía amedrentado desde los proyectos de reconstrucción centroeuropeos tras la Segunda Guerra Mundial. Sobre la especificidad del urbicidio es interesante la aproximación de Coward, quien identifica expresamente la importancia del entorno material para la identificación social y considera que el daño no radica solamente en la destrucción del patrimonio y su valor cultural y étnico, sino del sustrato material que conforma la ciudad y que permite la reproducción social. Es precisamente la acción de atacar este sustrato heterogéneo aquello que diferencia el urbicidio de otras clases de destrucción. Si bien podemos considerar la destrucción como “una acción contra la historia”,24 en el caso de la ciudad la destrucción objetiva no solo pretende eliminar parte de la memoria, sino de la red que posibilita la reproducción de la sociedad heterogénea. (Fig. 4) A pesar de la capacidad que ejerce la violencia sobre la transmisión de la incertidumbre y el miedo, la violencia física no otorga el mayor grado de poder, ya que reduce el control de las decisiones en una sola acción.25 Sin embargo, la violencia tiene la propiedad de disminuir la complejidad y simplificar el orden, puesto que las acciones de destrucción pueden ser jerárquicamente organizadas. La acción violenta puede establecerse a través de un orden centralizado y, siguiendo a Luhmann, la organización de los sistemas exclusivamente estratificados y centralizados deviene mucho más simple que la de los sistemas diferenciados a través de funciones.26 No solo el sistema social puede perder complejidad a raíz de la violencia, sino que el sistema espacial puede verse claramente afectado. Esta reducción de la complejidad en la ciudad está ligada al sistema espacial a través de la destrucción y de su derivada política, el urbicidio. La relación entre el poder y la violencia puede incluso beneficiar al primero sin necesidad de aplicar efectivamente ningún tipo de destrucción. De hecho, legitimar las funciones del poder a través de la violencia, sin ejercerla, es posible empleando el tiempo pretérito o el tiempo futuro. En el primer caso, se le confiere a la violencia el
32 27. BAUMAN, Zygmunt. Community. Seeking safety in an insecure world. Cambridge: Polity Press, 2001. [Versión consultada: Z. Bauman. Comunidad. En busca de seguridad en un mundo hostil. Traducción de Jesús Alborés. Madrid: Siglo XXI, 2003, p. 27]. origen de las reglas que construyó la racionalidad del sistema. En el segundo caso, se especifica que la violencia puede evitarse en el futuro si se mantienen las consignas establecidas por el poder. Estas técnicas son posibles gracias a una fuerte muestra de fuerza y visibilidad. El poder emplea la violencia en un marco temporal que no corresponde al de la acción, construyendo un poder codificado a través de dispositivos. EL URBANISMO DE LA SEGURIDAD: UNA TRÍADA LLAMADA SICHERHEIT Promover la seguridad siempre exige el sacrificio de la libertad, en tanto que la libertad solo puede ampliarse a expensas de la seguridad. Pero seguridad sin libertad equivale a esclavitud (y, además, sin una inyección de libertad, a fin de cuentas, demuestra ser un tipo de seguridad sumamente insegura); mientras que la libertad sin seguridad equivale a estar abandonado y perdido (y, a fin de cuentas, sin una inyección de seguridad, demuestra ser un tipo de libertad sumamente esclava). Esta circunstancia ha procurado a los filósofos una jaqueca sin cura conocida. También determina que convivir sea tan conflictivo, puesto que la seguridad sacrificada en aras de la libertad tiende a ser la seguridad de otra gente; y la libertad sacrificada en aras de la seguridad tiende a ser la libertad de otra gente.27 Fig. 4. Decade of fire: The dream, destruction and rebirth of South Bronx 1970s. Fuente: Hildebran, Gretchen y Vázquez, Vivian, dir. Decade of Fire. Estados Unidos: Passion River Films, 2019-2020.
33 28. FOUCAULT, Michel. Sécurité, territoire, population. Cours au Collège de France 1977-1978. París: Collège de France, 1977-1978. [Versión consultada: M. Foucault. Seguridad, territorio población. Traducción de Horacio Pons. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2011, pp. 15-44]. 29. Según el antropólogo Manuel Delgado y este a partir de Lefebvre, lo urbano es “un estilo de vida marcado por la proliferación de urdimbres relacionales deslocalizadas y precarias”. Véase DELGADO, Manuel. El animal público. Barcelona: Anagrama, 1999, p. 23. 30. BAUMAN, 2001, Op. cit., p. 27. 31. FOUCAULT, 1975-1976, Op. cit., 1977-1978, Op. cit. 32. BAUMAN, Zygmunt. Social issues of law and order. The British Journal of Criminology, 2000, vol. 40, n. 2, p. 214. El urbanismo de la seguridad es un término que pretende identificar comportamientos en la evolución y construcción de las ciudades que impliquen acciones en pro del aumento del control sobre su futuro dentro de un rango de costes ajustado.28 Se pretende demostrar cómo ciertos aspectos del concepto injieren en el desarrollo urbano, especialmente desde una perspectiva altamente vinculada a su forma y topología, inherentes en la evolución de lo urbano,29 pero también del proceso de ideación de la arquitectura y el planeamiento. Existe un conocimiento adquirido en pro de la seguridad que interfiere en el desarrollo de las ciudades, que no siempre se aplica a través de las mismas bases y que ni siquiera recoge el mismo tipo de discursos. Además, veremos cómo la seguridad no solo se puede leer a través de los discursos del poder, sino también a través del propio espacio. El análisis crítico sobre la seguridad deviene controvertido, dada esta tensión indisociable con la libertad. La seguridad posee una doble cara de la que difícilmente pueda desprenderse: puede otorgar libertad o despojar de la misma y el conflicto no solo radica en la acción, sino en los agentes que la modifican.30 Uno de los problemas que plantea la seguridad, y que introdujo ya Foucault, es precisamente la existencia de este sujeto-objeto en la fórmula de su práctica.31 La seguridad se establece a partir de procesos de comunicación que actúan a través de diversos tipos de canales empleados por emisores cuyos discursos aplican sobre ciertos receptores. Esta tensión inherente en la aplicación de la seguridad provoca una cierta dicotomía en coyunturas especialmente conflictivas. El sociólogo Zygmunt Bauman, a partir de su ensayo sobre el término Sicherheit,32 que toma de Freud, denuncia la relevancia y diferencia existente entre los términos safety, security, certainty — en inglés—, cuyos significados pueden ser incluidos en el término alemán Sicherheit. Esta vindicación del término es, para Bauman, una defensa hacia una aproximación holística del problema de la seguridad desde estas tres concepciones básicas; se trata de una desambiguación del término gracias a la inclusión de todos sus significados. En lengua castellana la cuestión queda a medio camino entre el alemán y el inglés, siendo seguridad empleada generalmente para los tres conceptos, pero existiendo además la opción de utilizar safety a) como salvaguardia, security b) como seguridad y certainty c) como certeza. Según Manuel B. Aalbers y Sara Rancati, quienes aplicaron los tres tipos de seguridad en el análisis de políticas urbanas, la salvaguardia es la condición de mantener a salvo el
34 33. AALBERS, Manuel B. y RANCATI, Sara. Feeling insecure in large housing estates: Tackling Unsicherheit in the risk society. Urban Studies, 2008, vol. 45, n. 13, pp. 2737-2739. 34. MEAD, Margaret. The kind of city we want. Ekistics, 1973, vol. 35, n. 209, pp. 204-207; RUIZ, Javier. ¿Qué ciudad…? Acerca de la necesidad de reformular la pregunta. Feminismo/s, 2011, n. 17, p. 27. 35. SOFSKY, Wolfgang. Das Prinzip Sicherheit. Frankfurt am Main: S. Fischer Verlag, 2005. propio cuerpo, la familia y la propiedad; la seguridad es la capacidad de enfrentarse a los riesgos de la existencia y a los valores y principios que determinan la participación en la sociedad; y la certeza es el control sobre el futuro y la capacidad de realizar elecciones fuera del riesgo.33 De manera un poco más genérica, se sostiene que safety es la condición de estar protegido de cualquier peligro, riesgo o lesión; security es la situación de estar libre de todo peligro o amenaza; y certainty es la firme convicción de que algo es. De estas definiciones primarias subyace que en esta diferenciación del concepto seguridad no solo intervienen factores estrictamente políticos, sino también temporales, puesto que el concep- to contiene en su propio significado marcos temporales del pasado, el presente y el futuro. Esta gradación temporal se incrementa a partir del control que se espera del futuro. En el caso de la salvaguardia la condición es casi exclusivamente presente —estar a salvo—, la seguridad establece un marco temporal que permite desarrollar actividades en un presente y un futuro, y la certeza expresa un control específico sobre el futuro —implícitamente recoge una cierta capacidad de conocer aquello que devendrá—. Esta conciencia temporal describe posibles actitudes frente al futuro, un tiempo esencial en la planificación de las ciudades. Aplicando esta aproximación a la seguridad, tendremos un triple urbanismo de la seguridad: la organización espacial y el planeamiento de la ciudad que resguardan frente al daño personal, familiar o sobre la propiedad a); que permiten la libertad social sin amenaza o peligro, libre de violencia física, psíquica y social b); y que pretenden controlar y anticiparse al futuro c). La seguridad es para la ciudad una espada de doble filo. Mientras que por un lado puede capacitar el sistema para la reproducción social, puede al mismo tiempo coartarla. La antropóloga Margaret Mead, en su artículo “The kind of city we want” alude precisamente al debate sobre cómo la construcción de comunidades seguras, propias de los pueblos o las villas, no es en absoluto la condición básica para la construcción de la ciudad, en la que la urdimbre de redes sociales puede mantener vínculos familiares, a la vez que se capacita para la construcción de redes mucho más variables y difusas, y por qué no, inseguras. Mead reivindica que la ciudad no es ni debe ser un “teatro de relaciones seguras entre sus habitantes”.34 La ciudad es el espacio de las relaciones múltiples y posibles. Sofsky, en su tratado sobre la seguridad Das Prinzip Sicherheit,35 expone que el principio de equidad entre la seguridad de uno y la seguridad del conjunto conduce a construir discursos
35 36. FOUCAULT, 1975-1976, Op. cit.; 1977-1978, Op. cit. 37. SCHUMACHER, Ernst Friederich. Small is Beautiful. Nueva York: Harper & Row Publishers, 1973. [Versión consultada: E. F. Schumacher. Lo pequeño es hermoso. Traducción de Oscar Margenet. Madrid: Hermann Blume, 1987, p. 200]. relacionales en interacción con discursos de valores que condicionan la posición del individuo en el conjunto, coartando al individuo desde el conjunto y al conjunto desde el individuo. Este problema sobre la seguridad, que enfatiza Sofsky desde una perspectiva endógena al propio concepto, aparece no solo en la urdimbre teórica referente a la seguridad, sino que deviene en una tensión entre las necesidades individuales y colectivas y la seguridad como ejercicio de poder. El problema que plantea la seguridad, y que introdujo Foucault antes que Bauman y Sofsky, es la existencia de este sujeto-objeto en la fórmula de las prácticas de la seguridad en las que fácilmente el sujeto receptor se convierte en obje- to.36 Si bien la búsqueda de la salvaguardia, la seguridad y la certeza parece la clave para la libertad individual, el problema intrínseco es precisamente la direccionalidad de las prácticas de seguridad que se aplican de un sujeto a un objeto o a otro sujeto y que, incluso siendo aceptadas por el segundo sujeto, devienen en prácticas alejadas de la emancipación colectiva. El mismo Foucault, además, infiere algunas claves sobre la contingencia específica de la seguridad en la población y en el territorio, de manera que estas prácticas o, en términos foucaultianos, más rigurosos, estos dispositivos, afectan no solo a la población sino también a su entorno espacial, el territorio. Nos enfrentamos a dos contingencias —eventualidades— que presenta la seguridad. La primera es la subordinación hacia el poder que provoca una coerción de la libertad aplicada por un sujeto hacia otro en pro de la seguridad de ambos. Y la segunda es la incapacidad de este poder —o incluso del segundo sujeto— para la erradicación total de la incertidumbre puesto que en sistemas abiertos certeza o incerteza son cuestiones probabilísticas. Encontramos así otra dicotomía sobre la seguridad en la ciudad. La seguridad debe posibilitar el establecimiento de relaciones pero no puede condicionar y determinar todas ellas. El poder tiende a aplicar mecanismos de seguridad a través de procesos de acción y comunicación hacia objetos y sujetos. En la ciudad los planes permiten proyectar el futuro y el plan es la herramienta que el poder emplea para condicionar el espacio.37 El planeamiento urbanístico ejerce poder sobre las dinámicas espaciales de la ciudad y es la herramienta para establecer certeza en el espacio.
36 38. CANETTI, 1960, Op. cit., p. 7. 39. FOUCAULT, 1975-1976, Op. cit., p. 304. 40. BUZAN, Barry y WÆVER, Ole. Slippery? Contradictory? Sociologically Untenable? The Copenhagen School Replies. Review of International Studies, 1997, vol. 23, n. 2, pp. 241-250; BUZAN, Barry, WÆVER, Ole y WILDE, Jaap de. Security: A New Framework for Analysis. Boulder, Colorado: Lynne Rienner Publishers, 1998; MØLLER, Bjørn. The concept of security: The pros and cons of expansion and contraction. Copenhague: Copenhagen Peace Research Institute., 2000; STRITZEL, Holger. Towards a theory of securitization: Copenhagen and beyond. European Journal of International Relations, 2007, vol. 13, n. 3, pp. 357-383. COMUNICACIÓN, MIEDO Y SEGURIDAD EN EL SISTEMA URBANO Nada teme más el hombre que ser tocado por lo desconocido. Desea saber quién es el que lo agarra; lo quiere reconocer o, al menos, poder clasificar. El hombre elude siempre el contacto con lo extraño. De noche o a oscuras el terror ante un contacto inesperado puede llegar a convertirse en pánico. Ni siquiera la ropa ofrece suficiente seguridad: qué fácil es desgarrarla, qué fácil penetrar hasta la carne desnuda, tersa e indefensa del agredido. [...] Todas las distancias que el hombre ha creado a su alrededor han surgido de este temor a ser tocado. Uno se encierra en casas en las que nadie debe entrar y solo dentro de ellas se siente medianamente seguro. El miedo al ladrón se configura no solo como un temor a la rapiña, sino también como un temor a ser tocado por algún repentino e inesperado ataque procedente de las tinieblas. La mano, convertida en garra, vuelve a utilizarse siempre como símbolo de tal miedo.38 Este miedo originado por la violencia —pasada, presente o futura— es a su vez la clave para la aplicación de la seguridad. En términos comunicativos, el miedo es el canal que permite articular la seguridad en la población y, en consecuencia, en su territorio, en su ciudad. La seguridad tiende a adquirir una gran importancia en el poder y en la población, en especial a través de los discursos vinculados al miedo. De hecho, según Foucault, “el poder es cada vez menos el derecho de hacer morir y cada vez más el derecho de intervenir para hacer vivir, sobre la manera de vivir y sobre el ‘cómo’ de la vida”.39 La seguridad, bajo esta dicotomía que le es propia, tiende a intervenir en la vida de la población, tal y como acertadamente remarcaba Foucault quien ya en los años 1970 reconocía un cambio en las prácticas del poder sobre el control de la población y el territorio. Desde la perspectiva de las prácticas extremas de la seguridad y enfatizando el hecho de la coartación de las libertades ajenas a través de la seguridad, nacen algunas de las primeras aportaciones críticas sobre el concepto. A partir de la hipótesis sobre la importancia del acto del discurso como método de comunicación y acción para las prácticas de la seguridad se ha desarrollado una de las corrientes de investigación más extendidas sobre el análisis de los procesos de aplicación de la seguridad, la Escuela de Copenhague, con autores relevantes como Barry Buzan, Ole Wæver y Bjørn Møller.40 Los conceptos y modelos desarrollados por esta escuela han influenciado en
37 41. Seguritización es un neologismo que proviene del inglés securitization, su uso en castellano ha sido empleado en estudios previos, aunque no es recogido por la Real Academia Española y no tiene traducción oficial al castellano. Seguridad no es en absoluto equivalente a seguritización, por eso no puede ser sustituida por la misma, su uso se considera una licencia académica. El uso de la cursiva solo se empleará para definir el concepto. Para usos previos en castellano, véase OROZCO RESTREPO, Gabriel Antonio. El aporte de la Escuela de Copenhague a los estudios de seguridad. Revista Fuerzas Armadas y Sociedad, año 20, n. 1, enero-junio 2006, pp. 141-162. 42. BUZAN, Barry y WÆVER, Ole. Regions and Powers. Cambridge: Cambridge University Press, 2003, p. 491. 43. WAEVER, Ole. Securitization and Desecuritization. En: R. D. Lipschutz, ed. On Security. Nueva York: Columbia University Press, 1995, p. 55; STRITZEL, 2007, Op. cit., p. 360. 44. BUZAN et al., 1998, Op. cit., p. 23. disciplinas diversas, y en múltiples escalas, especialmente en los estudios de relaciones internacionales desde las ciencias políticas. La importancia de la Escuela de Copenhague nace del esfuerzo por intentar sistematizar el análisis de los procesos de aplicación de la seguridad a través de un concepto definido por los miembros de la escuela, la seguritización,41 altamente ligado a la acción de un discurso por parte del poder. Wæver y Buzan definen el término como el acto de un discurso exitoso que aplique “una comprensión intersubjetiva construida dentro de una comunidad política para que esta considere un agente u objeto como una amenaza existencial sobre otro objeto de valiosa referencia y que permita aplicar medidas excepcionales y urgentes para hacer frente a esa amenaza”.42 El análisis de los procesos de seguridad a través de la Escuela de Copenhague introdujo la crítica hacia las intervenciones del poder que se articulan en torno a discursos que defienden una alteración en la política habitual hacia otra de carácter excepcional, cuando existe una amenaza que legitime intervenciones que habitualmente no serían aceptables según el sistema preestablecido. El modelo construido analiza esencialmente el discurso y el lenguaje que preparan a la población para las prácticas de la seguridad, a través de una retórica marcada por los actos de supervivencia, la urgencia, la excepcionalidad y la prioridad de acción.43 Bajo esta coyuntura, la seguritización es el acto en el que “se desplaza la política fuera de las reglas del juego establecidas y enmarca el problema o conflicto bajo una política especial que puede incluso estar por encima de la política”.44 Este modelo de aplicación de la seguridad ha considerado principalmente la capacidad del actor y el mensaje para actuar sobre la audiencia; cuestión revisada por su reduccionismo.45 Si bien se mantiene como válida la existencia de un discurso, se entiende como un hecho no exclusivamente lingüístico, sino inherentemente social, encajando discurso y emoción, lenguaje y sociedad. Los discursos radicados en los procesos performativos arraigados en la existencia de una amenaza y su uso por parte de los agentes con poder son claves para entender los procesos de incremento de la seguridad. De hecho, el efecto de estos procesos en la población puede conseguir que una audiencia tolere la violación de unas normas que de otra forma no podrían ser violadas.46 En los sistemas urbanos analizados en los subsiguientes capítulos, los procesos identificados buscan una aplicación de la seguridad en poblaciones afectadas por la violencia y el miedo, donde los discursos tienden a permitir la aceptación de los mecanismos de seguridad. Estos mecanismos se trasladarán del discurso al planeamiento, intervi-
38 45. BALZACQ, Thierry. The three faces of securitization: Political agency, audience and context. European Journal of International Relations, 2005, vol. 11, n. 2, pp. 171-201; STRITZEL, Op. cit., 2007; RYTHOVEN, Op. cit., 2015. 46. STRITZEL, 2007, Op. cit., p. 361. 47. LUHMANN, 1975, Op. cit., p. 13. 48. RYTHOVEN, 2015, Op. cit., pp. 466-467. 49. Ibid, pp. 466-467. niendo directamente en los cambios formales y relacionales que puedan producirse en la ciudad. En el proceso de aplicación de la seguridad, entendido como un acto de comunicación, existen dos agentes, el actante y el receptor del mensaje. Esta diferenciación entre ambos sujetos es equivalente a la disposición de roles en el análisis sobre el poder a través de la teoría de los medios de comunicación. El acto de comunicación otorga poder a quien realiza la primera acción puesto que, al escoger una u otra selección, el primer agente puede optar entre diversas alternativas y puede producir o quitar inseguridad en el receptor que ejerce la segunda elección ya condicionada —aceptar o no el mensaje—.47 Empleando esta dualidad, no es exclusivamente el mensaje —el discurso—, el que genera esta diferenciación entre los agentes, sino que es la propia comunicación la que establece una relación de poder entre uno y otro. Esta capacidad de producir o reducir inseguridad es una condición inherente al poder. Hablar de seguridad es además pertinente en sistemas sociales complejos porque en ellos los procesos de comunicación ejercidos por el poder no tienden a una coerción directa, sino a esta capacidad de decisión sobre la selección. La seguridad es aplicada no a través de la coerción, sino de la selección de información, haciendo más probable uno u otro futuro. El poder se describe de este modo como contingencia de alternativas. La capacidad de intervención en los discursos influye sobre las políticas de acción. En este caso, la acción que nos concierne es el planeamiento. Dentro de este modelo de aplicación de la seguridad, estos procesos pueden afectar también a la toma de decisiones sobre la ciudad en la planificación y ejecución urbana. El discurso del poder es insuficiente para entender por qué son posibles estos procesos de aplicación de la seguridad. Según Eric van Rythoven, la efectividad de los discursos de la seguridad tiene en las emociones su mecanismo social de aceptación. El mismo autor identifica el miedo como una de las emociones clave en el uso y el funcionamiento de los discursos de seguridad y sugiere que es un fenómeno esencialmente emocional.48 Sin embargo, los estudios de seguridad basados en una tradición constructivista han eludido casi totalmente el tratamiento de las emociones para centrar la teoría en el discurso, a pesar de que en el análisis empírico las emociones sean absolutamente indispensables para entender los procesos de aceptación y asimilación.49 Las audiencias no son pasivas, sino que registran evaluaciones físicas y psíquicas del entorno que afecta a las emociones. Así, las afectaciones por estos discursos de seguridad no representan convicciones exclusivamente construidas a través del lenguaje, sino que pueden lle-
39 50. ROSS, Andrew A. G. Coming in from the cold: Constructivism and emotions. European Journal of International Relations, 2006, vol. 12, n. 2, pp. 198-199. 51. RYTHOVEN, 2015, Op. cit., p. 463. 52. GIBSON, James J. The Ecological Approach to Visual Perception. Boston: Houghton Mifflin Harcourt, 1979; PORTUGALI, Juval. Complexity, Cognition and the City. Berlín, Heidelberg y Nueva York: Springer, 2011. 53. VIRILIO, Paul. Ville panique. Ailleurs commence ici. París: Éditions Galilée, 2003. [Versión consultada: P. Virilio. Ciudad pánico. El afuera comienza aquí. Traducción de Iair Kon. Buenos Aires: Libros del Zorzal, 2006]. gar a ser sensaciones corporales inconscientes.50 Van Rythoven considera que la teoría social desarrollada por la Escuela de Copenhague tiene “una tendencia reduccionista hacia el lenguaje y la autoridad, […] ignorando las emociones de la audiencia”.51 Esta audiencia es la población que debe aceptar el mensaje del discurso de la seguridad o la población sobre la que se aplicará el mecanismo de seguridad. La aceptación de las medidas de seguridad se ve apoyada en el miedo de la población que se extenderá fácilmente si es una construcción colectiva. Es este miedo colectivo, basado en la memoria sobre o hacia la violencia, el que facilitará los actos de seguritización. El miedo, considerado como una emoción del sistema social, no deja de ser una consecuencia de la adaptación frente a un entorno cambiante que se propaga por el sistema. Las emociones son relaciones entre el individuo y el entorno —relaciones entre el sistema y el entorno—, que no son intrínsecas ni a uno ni a otro, sino que emergen de las relaciones establecidas entre ambos, siendo procesos en desarrollo —no productos completados— con una clara componente evolutiva. En efecto, estos procesos en curso funcionan bajo tendencias adaptativas que no solo captan la situación, sino que actúan frente a ella. El miedo es una emoción que actúa con contundencia, en pro de esta capacidad de adaptación, producto de un proceso evolutivo basado en la supervivencia. Los estudios de cognición de segundo orden sugieren que los organismos no perciben el entorno objetivamente, sino a través de sus posibilidades de acción, así que gran parte de la percepción se organiza a través de las acciones que puedan practicarse en el entorno.52 En estos procesos de cognición se entiende que percepción y acción forman un único sistema. Las emociones pueden entenderse bajo un dominio similar como relaciones de diferenciación entre individuo y entorno, absolutamente condicionadas en ambas direcciones. Paul Virilio, en Ciudad pánico, acuña un concepto que intuitivamente puede ser útil: la emoción pública sincronizada.53 El término recoge esta capacidad de injerencia en los actos hacia los sujetos de la población a través de sus emociones. En este caso, las emociones aceleradas por la capacidad tecnológica de la comunicación tienden a asimilarse exponencialmente y, entonces, aquello que introducíamos sobre la capacidad de colonización de la violencia y el miedo, la virtud del miedo por tornarse colectivo, logra expandirse gracias a la capacidad comunicativa de la sincronización. Esta presunción de Virilio nos ayuda a entender la precipitación de algunos procesos que devienen más visibles en un tiempo desbordado por la tecnología. Las herramientas interfieren en la evolución de los procesos.
40 54 FOUCAULT, 1977-1978, Op. cit., pp. 20-21. 55. Ibid, p. 21. 56. FOUCAULT, Michel. Le jeu de Michel Foucault. Ornicar? Entrevista a Michel Foucault publicada el 10 de julio de 1977. [Versión consultada: M. Foucault. The confession of the flesh. En: C. Gordon, ed. Power/Knowledge. Selected interviews and other writings 1972-1977. Michel Foucault. Traducción de Colin Gordon et al. Nueva York: Pantheon Books, 1980, pp. 204-228]. Fusionando las secuencias violencia-miedo-incertidumbre y miedo-discurso-seguridad obtendríamos una cadena de acontecimientos violencia-miedo-incertidumbre-discurso-dispositivo-seguridad que, además de poder ser secuenciales, pueden aparecer como elementos sincrónicos en la afectación de un sistema. Estos discursos asociados al miedo y a la seguridad no se recrearán tan solo en el lenguaje, sino que se trasmutarán en una red de mecanismos diversos, aquello que Foucault denominó como los dispositivos de seguridad. EL DISPOSITIVO DE SEGURIDAD Y LA SEGURIDAD EN EL DISEÑO Entre 1977 y 1978 Foucault dictaba el curso Seguridad, territorio, población en las clases del Collège de France, en el que señalaba explícitamente las modificaciones sufridas en los mecanismos empleados por el poder para el control de la población y sentaba las bases para una comprensión aplicada de la seguridad.54 La gestión o administración de las amenazas sobre la población —y en consecuencia sobre el territorio— estaba evolucionando desde los mecanismos correctivos y disciplinarios hacia los mecanismos de seguridad. Estos mecanismos ni castigan, ni corrigen, sino que construyen medidas de previsión frente a la amenaza para evitarla en el rango de lo aceptable. De este modo, la seguridad deviene en la función establecida por unos mecanismos de control probable del futuro de la que Foucault habla en términos de espectro “una medida considerada como óptima y por otra límites de lo aceptable”,55 y que hace de sus mecanismos una herramienta de eficacia probable —en términos de contingencia—. Seguridad e incertidumbre son dependientes —a pesar de su antagonismo— puesto que una no puede erradicar a la otra y, consecuentemente, los mecanismos de seguridad se basan en un estudio de costes; entendiendo que no es posible eliminar completamente la incertidumbre y que la seguridad es un cálculo en base al futuro. La aproximación a la seguridad de Foucault introduce además el concepto sobre el que identificar los procesos de seguridad. El concepto empleado es el dispositivo de seguridad —apelando así a su función— que no solo incorpora el discurso, sino que “en su forma general es ambos, discursivo y no-discursivo; sus elementos son mucho más heterogéneos”.56 El dispositivo no es un elemento, sino un conjunto de elementos interrelacionados con una función específica; el dispositivo es una estructura de elementos diversos y límites difusos. Foucault apunta que son las relaciones entre los elementos las que específicamente lo conforman con el fin de reproducir una
2 [Ámsterdam] Utopía versus complejidad. La modernidad derribada La improbable certeza de forma y tamaño: la ideación de Bijlmermeer a la luz de las utopías modernas Inseguridad y miedo en el sistema urbano utópico El fin de la utopía: proyectos urbanos, nuevos modelos de intervención social y el derribo Nuevas formas: sustitución, superposición e hibridación
48 LA IMPROBABLE CERTEZA DE FORMA Y TAMAÑO: LA IDEACIÓN DE BIJLMERMEER A LA LUZ DE LAS UTOPÍAS MODERNAS Todos los grandes urbanistas, ingenieros y arquitectos del siglo XX se plantearon la tarea de combinar un intenso imaginario de un mundo alternativo —tanto físico como social— con una inquietud práctica por diseñar y rediseñar los espacios urbanos y regionales siguiendo diseños radicalmente nuevos. Mientras algunos, como Ebenezer Howard, Le Corbusier y Frank Lloyd Wright, crearon el contexto imaginativo; una hueste de profesionales se puso a realizar esos sueños en ladrillo y cemento: autopistas y torres, ciudades y urbanizaciones, versiones edificadas de la Ville Radieuse o de Broadacre City.1 Para el futuro de 100.000 amsterdameses fue el título de la publicación que se empleó para la difusión y la promoción del proyecto de un barrio ex novo al sureste de Ámsterdam, Bijlmermeer, una nueva ciudad que nacía de los dictámenes utópicos promulgados años antes en los congresos CIAM.2 Bijlmermeer respondía a unos imaginarios específicos escenificados por un ideal de comunidad, muy propia de la literatura reformista de la época: un barrio moderno y funcional para la vida semipública de una población de la llamada clase media neerlandensa. El distrito del futuro se ubicó en un antiguo pólder desecado en 1626 —al que Bijlmermeer debe su nombre—, a unos 8 km en línea recta desde el corazón de la ciudad. La estructura original de Bijlmermeer nació del plan de extensión para el área Amsterdam-Zuidoost (Sureste de Ámsterdam) de 1800 hectáreas: 900 ha de vivienda, 250 ha de industria, 200 ha de servicios y 450 ha de ocio.3 El nuevo, plan liderado por Siegfried Nassuth, pretendía dar hogar a 100.000 habitantes y recogía un pormenorizado análisis de la localización y la distribución del tráfico y de la ubicación de las áreas destinadas a vivienda, industria, ocio, servicios y comercio. La construcción masiva de vivienda tras la Segunda Guerra Mundial se había visto influenciada por los procesos de producción derivados de la modernidad y la economía fordista que habían propiciado un cambio radical en los abastecimientos técnicos, de gran influencia en una situación sociopolítica marcada por el fin del fascismo en Europa Central y la escasez. Esta coyuntura devino básica para la influencia tecnócrata difundida 1. HARVEY, David. Spaces of Hope. Edinburgh: Edinburgh University Press, 2000. [Versión consultada: D. Harvey. Espacios de esperanza. Traducción de Cristina Piña. Ediciones Madrid: Akal, 2003, p. 191]. 2. Congrès International d'Architecture Moderne (1928-1959). 3. KLUSMAN, Erik y TEUNISSEN, Ben. The 1935 AUP and the 1958 and 1965 Revisions. En: A. Jolles, E. Klusman y B. Teunissen, eds. Planning Amsterdam: Scenarios for urban development, 1928- 2003. Rotterdam: NAi Publishers, 2003, p. 79. 4. NEEDHAM, Barrie. Dutch Land Use Planning: Planning and managing land use in the Netherlands, the principles and the practice. La Haya: Sdu Uitgevers, 2007, p. 50.
49 por Le Corbusier que promulgaba que los avances tecnológicos podrían resolver los problemas sociales urbanos a través de la erradicación de las altas densidades de los centros, el transporte eficaz, la mejora del tipo de vivienda y los amplios espacios verdes. La paralización del mercado inmobiliario fue acompañada de una creciente demanda de vivienda y todo ello condujo a un control y regulación de los alquileres antiguos. Las políticas nacionales apoyaron una construcción rápida y masiva de vivienda en la que la “cantidad era más importante que la calidad”.4 Bijlmermeer nació desde la triple tensión entre la imperante necesidad de vivienda, el funcionalismo difundido por el Movimiento Moderno y las tendencias culturales socialistas de colectivización iniciadas tímidamente en la Bauhaus y extendidas posteriormente en el Bloque del Este y en la República Democrática Alemana. El énfasis del plan sobre lo colectivo y sobre los espacios de comunidad ejemplifican el interés por las utopías socialistas, especialmente aquellas que derivan de la colectivización de los recursos y el uso de los espacios para la construcción de una sociedad basada en la ayuda mutua y la cooperación.5 Bijlmermeer no fue un caso aislado de producción moderna en los Países Bajos, aunque sí uno de sus exponentes más depurados y tardíos y, como denunció el arquitecto Tjakko Hazewinkel, se pretendía construir “la ciudad del año 2000 con las ideas de los años 1930 y la tecnología de 1965”.6 El plan se gestó en 1962, cuando los congresos CIAM ya habían sido disueltos y la ideación de Bijlmermeer se entremezcló con las propuestas de los arquitectos que habían fundado el Team X.7 Su forma urbana reflejaba cierto paralelismo con proyectos desarrollados casi contemporáneamente como Toulouse Le Mirail de Georges Candilis, Alexis Josić y Shadrach Woods, cuya construcción se inició en 1964, o el Golden Lane Project para la reconstrucción de Londres, de Alison y Peter Smithson en 1952, presentado en el IX CIAM (Aix-en-Provence, 1953). Las premisas de equidad e igualdad también tenían resonancias en el creciente movimiento situacionista arraigado en Ámsterdam, gracias al grupo CoBrA. En 1960 el artista neerlandés Constant Nieuwenhuys presentaba en su conferencia Urbanismo Unitario, impartida en el Museo Stedelijk de Ámsterdam, su propuesta New Babylon (1959-1974) la nueva ciudad de vida pública y colectiva; un proyecto de macroestructura urbana ideal que superponía sobre la ciudad capitalista un nuevo sistema urbano de capas superpuestas interconectadas a través de superestructuras flotantes. 5. AQUILUÉ, Inés y ROCA, Estanislau. Bijlmermeer, cambio e hibridación en la ciudad del futuro. ZARCH Journal of interdisciplinary studies in Architecture and Urbanism, 2019, n. 12, pp. 210-223; HELLEMAN, Gerben y WASSENBERG, Frank. The renewal of what was tomorrow’s idealistic city. Amsterdam’s Bijlmermeer highrise. Cities, 2004, vol. 21, n. 1, pp. 3-17; SOOMEREN, Paul van, KLUNDERT, Willemijn van de, AQUILUÉ, Inés y KLEUVER, Justin de. High-rise in trouble? Learning from Europe. Journal of Place Management and Development, 2016, vol. 9, n. 2, pp. 224-240. 6. HAZEWINKEL, Tjakko. Voor en tegen plannen Bijlmermeer. Algemeen Handelsblad, publicado el 26 de junio de 1965. 7. El Team X fue un grupo de arquitectos escindidos del CIAM en el noveno congreso (1953), principalmente compuesto por Jaap Bakema, Georges Candilis, Giancarlo de Carlo, Aldo Van Eyck, Alison y Peter Smithson y Shadrac Woods.
50 8. En neerlandés original Grondslagen voor de Zuidoostelijke stadsuitbreiding. 9. Verker, wonen, werken, ontspanning equivale a tráfico, vivienda, trabajo, ocio. 10. MENTZEL, Maarten. Bijlmermeer als grensverleggend ideal: een studie over Amsterdamse stadsuitbreidingen. Delft: Delftse Delft University Press, 1989, pp. 249-253. En los Fundamentos para el Ensanche Sureste de la ciudad,8 redactados por Nassuth, se recogen los principios en los que se basó su estructura organizada a partir del esquema viario encargado de la distribución de densidades residenciales, de la localización de áreas funcionales y de los centros o nodos urbanos. (Fig. 6) El plan para Bijlmermeer promovía un sistema viario que funcionaría como un gran supraorganismo. Se generaba una ciudad a partir de diversas velocidades. El tráfico y la conectividad se planificaron a través de cinco tipos de vías: primarias de carácter nacional, primarias de carácter local Ámsterdam-Distritos, secundarias, carriles bici y vías peatonales. La genealogía del plan jerarquizaba el desplazamiento (verkeer) sobre el resto de funciones modernas (wonen, werken, ontspanning),9 incluso la distancia entre vías secundarias se trazó a partir de la cadencia entre las paradas de autobús. El énfasis en la jerarquización del tráfico dispuso peculiarmente la situación de las vías en sección. Las vías primarias se situaron entre 6 y 9 metros respecto de la cota principal del barrio; las vías secundarias entre 3 y 4 metros; mientras la planta baja (cota ±0) era exclusiva para los carriles-bici y el área peatonal.10 (Fig. 7) Este desdoblamiento del tráfico, aunque de manera inversa, se estaba implementando en Toulouse Le Mirail y, alegóricamente, en el Golden Lane Project. Así, la transposición del ideario moderno sobre la velocidad y la rapidez eliminó la calle tradicional para jerarquizar las vías según la capacidad de movimiento y conectividad de sus usuarios en una ciudad poco densa. Para asegurar la conexión con la ciudad el plan proponía, además de la jerarquización del tráfico privado, una red de metro que uniera el nuevo distrito con el centro de Ámsterdam. Tres eran las líneas propuestas: dos de carácter radial —una paralela al ferrocarril hacia Utrecht y la segunda a 2 km al este de la primera—, y una tercera en anillo al norte del distrito en dirección a Diemen. La densidad de las viviendas se determinó a partir de las áreas de influencia establecidas desde las paradas de metro; se localizaron los edificios en altura en un radio de 500 m y las viviendas unifamiliares en un radio de hasta 800 m. La mayor parte del parque inmobiliario, el 90%, se definió como edificios de gran altura, nueve plantas sobre un sótano —que en el plan final sería de dos plantas— de carácter industrializado, como solución económica y constructiva óptima. El acceso a los edificios se realizaba desde el nivel de las vías secundarias, es decir, desde la primera planta de los edificios en altura, a los que se accedía a través de unas pasarelas de acceso
51 Fig. 6. Fundamentos para el Ensanche Sureste de la ciudad / Grondslagen voor de Zuidoostelijke stadsuitbreiding, 1965. Localización de viviendas, ejes primarios y distribución de estaciones de metro. Fuente: Archivo de Evert von Voskuilen.
52 11. MENTZEL, 1989, Op. cit., p. 134. enlazadas con los garajes que estaban situados tangencialmente. Así el primer piso de los edificios se diseñó como un acceso cerrado, un espacio de distribución colectiva en el que podían situarse almacenes u otros servicios. Desde este espacio semipúblico se accedía a los ascensores que conducían a los diversos pasillos que daban acceso a los centenares de viviendas que ocupaban cada uno de los bloques. La forma de panal —honingraat en neerlandés—, por la que suele conocerse al barrio, deriva de un estudio de asoleamiento a partir del que se consideró adecuado establecer giros diagonales para que, así, las piezas se encarasen directamente hacia el sur; dado que el asentamiento no estaba exactamente localizado según el diagrama norte-sur deseado.11 Este aumento de escala y esta jerarquización espacial no podían ser alterados sin eliminar la efectividad del plan, también para fundar la sociedad utópica del futuro. Una sociedad que debía reproducirse desde la construcción de un entorno urbano absolutamente planificado. En su obra sobre la ideación y construcción de Bijlmermeer, el planificador Maarten Mentzel sugiere que el plan fue gestado de manera aislada por un grupo de profesionales que no consideraron otras alternativas y que planificaron la extensión a través de Fig. 7. Fundamentos para el Ensanche Sureste de la ciudad / Grondslagen voor de Zuidoostelijke stadsuitbreiding, 1965. Fuente: Mentzel, Maarten. Bijlmermeer als grensverleggend ideal: een studie over Amsterdamse stadsuitbreidingen. Delft: Delftse Universitaire Pres, 1989, p. 137.
53 unos imaginarios espaciales y urbanos no corroborados y sin claras derivaciones de experiencias previas.12 Siguiendo la cita inicial de David Harvey, las utopías de algunos fueron temerariamente construidas por otros. Esta actitud estética, que según Mentzel permitió la construcción de Bijlmermeer, es el punto de partida para sustentar que existe una improbable certeza en la forma de Bijlmermeer. Al hablar de certeza hacemos referencia a un futuro cierto, en el que se estipula que las fluctuaciones sean escasas y el futuro altamente predecible. Esta certeza nació de la coalición tecnocrática y política por construir un plan basado en soluciones exclusivamente subordinadas a la predeterminación de un sistema de tráfico de gran escala y de la vivienda en altura. Más allá de esta producción cultural y en base a una lectura de la forma, la morfología urbana de Bijlmermeer se produjo bajo la certeza de considerar un futuro específico, un imaginario utópico, en un tiempo de construcción acelerada. La primera certeza para el plan de Bijlmermeer corresponde a su tamaño y al tipo edificatorio a él asociado, la segunda a su estructura de propiedad vinculada al tipo y a la forma y la tercera a su escasa conexión con el centro de Ámsterdam. La primera característica que se enfatizaba en los Fundamentos para el Ensanche Sureste de la ciudad es que Bijlmermeer devendría en una estructura grande —en el original neerlandés groot—. La cuestión de la escala es, en términos de planeamiento y proyec- to, un proceso de selección entre forma y función; el adecuado diseño no pasa por la simple multiplicación del volumen. El plan de Bijlmermeer buscaba no solo el aumento en la escala edificatoria, sino también la reducción de la densidad (50 viv/ha). Se abogaba por la construcción de edificios en altura de once plantas (2+9), en parcelas únicas, colocados aisladamente sobre el espacio libre. En un único bloque se incluían entre 150 y 500 viviendas, todas con tipologías similares y solución única de acceso. Esta homogeneidad devino en la construcción empírica de la certeza del plan. El gran salto de escala implicaba un elevado coste energético en la construcción, por lo que cualquier error, cualquier cambio, necesitaría una reversión termodinámica de coste energético elevado: para que la forma edificada de Bijlmermeer sufriera alguna alteración evolutiva en el tipo edificatorio debería sustituirse un bloque entero que podía albergar hasta 500 viviendas. La solución única representaba una simplificación en el proceso de selección al considerar una opción como la óptima en casi todos los casos. (Fig. 8) 12. MENTZEL, 1989, Op. cit., pp. 266-267.
5454 La improbable certeza de la forma apunta hacia la improbable selección de la forma urbana de Bijlmermeer como forma supuestamente idónea (cierta). Por el contrario, estas grandes formas en panal convertían Bijlmermeer en un espécimen extraño dentro de las categorías de formas urbanas de la ciudad de Ámsterdam. No existía otra muestra de forma similar y era altamente improbable para la función que desempeñaba. Sin experiencias previas, no existía una continuidad evolutiva en la morfología que justificara la certeza en la forma, como definición de solución óptima. Esta actitud de producción cultural basada en la ruptura con la tradición, propia de la modernidad y en especial en la arquitectura y en el urbanismo como artes aplicadas, ha sido denunciada por los arquitectos Bill Hillier y Adrian Leaman en How design is possible?, así como en The Evolution of Designs: Biological Analogy in Architecture and the Applied Arts de Philip Steadman.13 Los autores explican cómo esta voluntad del Movimiento Moderno por romper con la tradición es una propuesta que se viste de racionalidad, cuando parte de las bases cognitivas y los procesos de creación podrían perfectamente ser categorizadas como irracionales. 13. HILLIER, Bill y LEAMAN, Adrian. How is design possible? Journal of Artistic Research, 1974, vol. 3, n. 1, pp. 4-11; STEADMAN, Philip. The Evolution of Designs. Biological Analogy in Architecture and the Applied Arts. Cambridge: Cambridge University Press, 1979. [Versión consultada: P. Steadman, The Evolution of Designs. Biological Analogy in Architecture and the Applied Arts. Londres y Nueva York: Routledge, 2008]. Fig. 8. Bijlmermeer, años 1970. Fuente: Stadsdeel Zuidoost, Dienst Ruimtelijke Ordening / Distrito Sureste, Departamento de Planeamiento urbano.
55 14. WAGENSBERG, Jorge. La rebelión de las formas. O cómo perseverar cuando la incertidumbre aprieta. Barcelona: Tusquets Editores, Colección Metatemas, 2004. [Versión consultada: J. Wagensberg, La rebelión de las formas. O cómo perseverar cuando la incertidumbre aprieta. Barcelona: Tusquets Editores, Colección Fábula, 2013, pp. 148-151]. 15. WAGENSBERG, Jorge. Ideas sobre la complejidad del mundo. Barcelona: Tusquets Editores. Colección Metatemas, 1985. [Versión consultada: J. Wagensberg, Ideas sobre la complejidad del mundo. Barcelona: Tusquets Editores, Colección Fábula, 2003, p. 41]. 16. PORTUGALI, Juval. Complexity, Cognition and the City. Berlín, Heidelberg y Nueva York: Springer, 2011, pp. 179-183. 55 El tamaño en la ciudad es una cuestión de escala; sin embargo, la escala no es una cuestión de tamaño. Existe un adecuado tamaño no solo para objetos y animales, sino también para las estructuras humanas y sus funciones. Función y forma, tal y como explicábamos a través de Jorge Wagensberg en la introducción, tienen un vínculo indisociable incluso en un sentido estrictamente evolutivo.14 La distribución de especies animales, por ejemplo, no es ni isótropa ni equipotencial, sino que responde a leyes de distribución con una clara tendencia a la profusión de lo pequeño.15 La ciudad es un sistema ecológico con un alto factor cultural, pero la producción de la misma también se rige por valores de acoplamiento con el entorno a través de los intercambios de entropía. En una aproximación ecológica a la ciudad, las estructuras de gran escala debieran ser distribuidas respondiendo a la estabilidad del sistema complejo. A modo de hipótesis, los elementos de gran tamaño tendrían que ser más escasos que los de tamaño medio y estos más escasos que los de tamaño pequeño. Las estructuras compuestas por elementos de tamaño equipotencial son propias de realidades no complejas. Por ejemplo, el geógrafo Juval Portugali determina la cantidad de información que cognitivamente puede percibirse en una ciudad, según los tipos edificatorios y sus tamaños: una ciudad de forma equipotencial almacena menor cantidad de información y, en consecuencia, menor complejidad también en la definición de su espacio.16 Desde esta perspectiva sistémica, uniformar la totalidad de los componentes de los sistemas urbanos es la reducción de gran parte de su evolucionabilidad. Ni la isotropía, ni la profusión del gran tamaño son características de los sistemas complejos. La forma y el tamaño de Bijlmermeer nacen bajo una voluntad cultural de construcción de un sistema simple: repetición del tipo edificatorio. Ambos (tamaño y forma) eran para su función urbana poco probables; una distorsión sistémica fruto de un proceso cultural probablemente erróneo. La forma hexagonal de los bloques de Bijlmermeer devino en uno de sus mayores símbolos puesto que no se trataba de una forma de gran profusión en la selección de la función urbana. Ciertamente vincular cualquier forma a la función urbana es especialmente difícil, dada la cantidad de subfunciones que derivan de la propia función y dado el componente cultural en la selección de la forma asociada al tipo edificatorio. La red de viario también aumentó de escala: mayor sección, mayor tamaño y menor cantidad. Se repitió el modelo empleado para la morfología: la sobredimensión de la sección de las vías y la
56 17. BLAIR, Thomas L. y HULSBERGEN, Edward D. Designing renewal on Europe’s multi-ethnic urban edge: The case of Bijlmermeer. Cities, 1993, vol. 10, n. 4, p. 283. 18. JAMESON, Fredric. Archaeologies of the future: The desire called utopia and other science fictions. Londres y Nueva York: Verso, 2005. [Versión consultada: F. Jameson. Arqueologías del futuro. El deseo llamado utopía y otras aproximaciones de ciencia ficción. Traducción de Cristina Piña. Madrid: Ediciones Akal, 2009, p. 31]. eliminación de la calle tradicional permitieron reducir la cantidad de viario. En el plan propuesto se proyectó una sola vía de carácter primario situada en el centro del barrio que utilizaba las mismas dimensiones que las otras vías radiales de carácter metropolitano. La certeza del plan radicaba en sostener que el aumento de sección y escala de las vías permitía reducir el número de calles sin perder conexión. El esquema que se adoptó no solo condenaba el barrio a una localización periférica, sino a una conexión amplia pero escasa. Si alguna de las conexiones se interrumpía, se podían cortocircuitar grandes áreas del sistema. La propiedad se organizaba en Bijlmermeer análogamente a como se organizaban la forma y el tamaño. Todas las viviendas pertenecían inequívocamente a asociaciones que se encargaban de gestionar la ocupación a través del alquiler social. Se aboga por una solución única en la propiedad y en su forma: no solo todos los apartamentos eran iguales, sino que tenían el mismo tipo de propiedad. Así, el parque de viviendas, que llegaría a alcanzar más de 13.000 residencias, se gestionaba a través de dieciséis asociaciones. La construcción de Bijlmermeer fue fruto de un lugar y un tiempo, un tiempo cultural específico que pretendían construir “la nueva arquitectura para la nueva sociedad”.17 El raciocinio desprendido de la separación de tráficos y de las funciones primarias determinadas en los CIAM, la distribución de las densidades y la ubicación de las áreas verdes muestran la capacidad de abstracción de los arquitectos respecto a la realidad de la ciudad. Arquitectos que anticiparon una ciudad ideal alejada del sistema urbano y social en el que debía ser inserida. INSEGURIDAD Y MIEDO EN EL SISTEMA URBANO UTÓPICO ¿Qué puede ofrecer esta interesante imagen de la diferenciación social a una teoría de la producción utópica? Creo que podemos empezar proponiendo que el espacio utópico es un enclave imaginario dentro del espacio social real, en otras palabras, que la misma posibilidad del espacio utópico es en sí resultado de la diferenciación espacial y social. Pero se trata de un subproducto aberrante y su posibilidad depende de la formación momentánea de una especie de remolino o un remanso independiente dentro del proceso general de diferenciación y su impulso de avance en apariencia irreversible.18
63 33. Ibid, p. 11. 34. COWARD, Martin. Urbicide: The politics of urban destruction. Londres y Nueva York: Routledge, 2009, p. 53. 35. Stichting Wijkopbouworgaan Bijlmermeer en 1990, citado en WASSENBERG, Frank. De bewoners over de toekomst van de Bijlmermeer. Delft: Delft University Press, 1990, p. 8. 36. WASSENBERG, 1990, Op. cit., pp. 9-16. 37. Ibid, p. 25. violencia no desaparece, solo cambia de rostro”.33 Marshall Berman hablaba de urbicidio en el caso del Bronx durante los años 1970, tras la destrucción de uno de los tejidos tradicionales a manos del fuego provocado con fines especulativos. Y según Martin Coward, el urbicidio es la destrucción de la heterogeneidad del espacio urbano que posibilita la construcción de relaciones sociales heterogéneas.34 El derribo de los bloques de Bijlmermeer representaba un proceso casi inverso, puesto que su destrucción tenía como objetivo la construcción de una nueva urbanidad que el entorno construido de Bijlmermeer no estaba proporcionando. El debate sobre el derribo volvió a la opinión pública y, a diferencia de años precedentes, no fue inicialmente desestimado. La asociación de vecinos comentaba: “queremos que Bijlmermeer reciba un enfoque integral que, además de afrontar los problemas de la vivienda y la estructura urbana, pueda hacer frente a problemas sociales como el desempleo, los retrasos de educación, el vandalismo y la delincuencia”.35 En 1990 el Distrito exigió la elaboración de encuestas directas sobre la población.36 A la pregunta de si el derribo de una parte de Bijlmermeer era buena idea el 46% respondió que sí, el 31% respondió que no y un 22% respondió que no sabía. Por primera vez parecía que la opinión de los residentes estaba en un porcentaje elevado a favor del derribo.37 Tras la elaboración de la encuesta, la ciudad, el distrito y la asociación de viviendas establecieron un Comité Fig. 10. Rem Koolhaas, Bijlmer Strip, 1986. Fuente: Archivo OMA.
64 38. BLAIR y HULSBERGEN, 1993, Op. cit., pp. 289-290. 39. El barrio de Pruitt Igoe construido entre 1954 y 1955 fue derribado por completo entre 1972 y 1974 en San Luis, Misuri. Directivo para la Renovación de Bijlmermeer dirigido por el planificador Dirk Frieling. De manera mucho más explícita el Comité Directivo consideró el acercamiento social al mismo nivel que la renovación física. La aproximación del Comité Directivo para la Renovación proponía cuatro tipos de objetivos principales que incluirían la renovación física, la renovación social, la renovación de la gestión y la transparencia, inclusión e intercambio entre residentes y autoridades.38 Se abogaba así por un plan integral que incorporaba cambios en las estructuras físicas, pero también oficinas de desempleo, centros sociales, etc., y un cambio específico en la gestión de problemas: la inclusión sistemática de encuestas entre la población residente y la inclusión de residentes en la inspección de la renovación. En 1992 el trabajo del Comité Directivo se plasmó en un primer plan de renovación que se concentraba en el área de Ganzenhoef, una de las más afectadas y deterioradas. Este plan tenía que ser aprobado por el gobierno del distrito, pero, mientras todos estaban a favor del plan de renovación social, no existía consenso frente al plan espacial. Algunos de los miembros consideraban que era necesario un mayor debate sobre qué edificios debían demolerse, dada la posibilidad de trasladar los problemas de un lugar a otro. A pesar de las disputas, el plan fue aprobado por presiones de la ciudad de Ámsterdam y empezó la actuación mixta de demolición, nueva edificación y rehabilitación. La demolición incluía 2 de los 31 bloques y uno de los pequeños centros comerciales —Ganzenhoef, el que se encontraba más degradado—; la construcción de nuevas viviendas se realizó en una parcela vacante, al otro lado del Bijlmerdreef; y la rehabilitación del primer bloque construido correspondió al bloque Hoogoord. Todas las localizaciones se eligieron en posiciones centrales para hacer el proceso visible para los residentes. Los primeros resultados del plan de 1992 para el área de Ganzenhoef llegaron en 1995 con la construcción de seis pequeñas manzanas de viviendas unifamiliares y tres bloques de media altura frente al Bijlmerdreef, la renovación de uno de los bloques más antiguos de Bijlmermeer y el primer derribo de la historia del barrio. Así, se procedió con las intervenciones posteriores, unidad por unidad, hasta la proyección del plan general en 2002. Los derribos fueron menos espectaculares que en el caso de Pruitt-Igoe en San Luis,39 empleando la deconstrucción planta por planta, de arriba abajo y evitando la demolición con dinamita. Se incorporaron las encuestas como método de planificación, considerando la voz de los residentes como determinante en la decisión a favor o en contra del derri-
65 40. WASSENBERG, Frank. Demolition in the Bijlmermeer: lessons from transforming a large housing estate. Building Research & Information, 2011, vol. 39, n. 4, p. 373. 41. WASSENBERG, 2011, Op. cit., HELLEMAN, Gerben y WASSENBERG, Frank. Bewonersonderzoek Finale Plan van Aanpak Bijlmermeer. Delft: Delft University Press Satellite, 2001. bo. El empleo de las encuestas permitió, en 1995, conocer la predisposición de continuar con el programa de renovación en diez bloques más, cuando se aprobó una segunda fase en la que se acordó una futura evaluación, seguida por una posterior propuesta. Este tipo de encuestas se repetirían asiduamente durante el proceso de sustitución de la morfología de Bijlmermeer.40 Según la evaluación que posteriormente se realizó parecía que los primeros resultados auguraban un buen camino, ya que a los residentes les agradaban tanto las viviendas reformadas como las de nueva construcción. Los mismos residentes parecían querer un mayor número de derribos. De esta evaluación surgió una tercera propuesta de intervención fragmentaria, previa al plan general final. A pesar de esta valoración positiva existían también efectos negativos no previstos. Esta aproximación segmentada, que procuraba reemplazar los bloques por fases, teniendo en cuenta la opinión de los residentes, esperaba tener efecto sobre los bloques adyacentes, es decir, confiaba que las zonas renovadas contagiaran aquellas que todavía no lo habían sido. Sin embargo, se detectó que los problemas de vandalismo, especialmente vinculados al comercio y consumo de drogas, se trasladaban de unos bloques a otros, apareciendo nuevos focos de delincuencia. Con ello se sostuvo que era necesario un plan general para toda el área que incluyera todos los bloques todavía no renovados. El nuevo plan general debía abordar los 14 bloques en los que no se había actuado, unas 6.000 viviendas aproximadamente. La administración consciente, tanto de la buena acogida de las nuevas viviendas como del cambio en los discursos y en el planeamiento, solicitó la elaboración de una última encuesta en 2001. Desglosando el sondeo por bloques, los resultados que los investigadores obtuvieron mostraban que diez bloques estaban mayormente a favor del derribo y dos consideraban más apropiada la rehabilitación. Estos resultados se trasladaron rápidamente a una primera regulación según la cual otras 3.500 viviendas serían derribadas. El alto porcentaje de residentes que aceptaron el derribo demuestra el escaso arraigo que gran parte de la población había establecido hacia la estructura urbana. Sin embargo, una parte de la población defendía fervientemente la estructura original de Bijlmermeer. Gran parte de estos residentes habían sido primeros inquilinos, quienes habían visto construir Bijlmermeer y quienes defendían sus ideas iniciales sobre la colectivización y la igualdad. Las encuestas permitieron localizar esta demanda entre los residentes.41
66 42. LUIJTEN, Anne. A modern fairy tale. The Bijlmer transforms. En:D. Bruijne, D. van Hoogstraten, W. Kwekkeboom y A. Luijten. Amsterdam Zuidoost-Southeast. Bussum, Países Bajos: Thoth Publishers, 2002, p. 19. 43. FOUCAULT, Michel. Sécurité, territoire, population. Cours au Collège de France 1977-1978. París: Collège de France, 1977- 1978. [Versión consultada: M. Foucault. Seguridad, territorio, gpoblación. Traducción de Horacio Pons. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2011, pp. 15-44]. Algunos arquitectos neerlandeses, como Anne Luijten y Maarten Kloos, remarcaron que la demolición y la renovación eran aproximaciones positivas. Según Kloos el derribo era “emocionalmente equivalente al radicalismo del principio” y, según Luijten, una oleada de publicaciones y escritos habían empezado a defender el barrio, remarcando sus aspectos positivos, disminuyendo la continua oleada de mala prensa que habitualmente recibía y abría un nuevo marco de múltiples posibilidades y de futuros posibles.42 Michel Foucault, en su definición del dispositivo de seguridad, explica que este aborda un fenómeno delictivo estipulado por el poder dentro de los fenómenos probables y lo evalúa en términos de coste.43 Las diversas medidas tomadas en Bijlmermeer y sus variaciones se pueden incorporar dentro del dispositivo de seguridad, dado que todos los estamentos de poder, tanto la asociación Nieuw Amsterdam, el Consejo del Distrito, como el Ayuntamiento, realizaron uno tras otro análisis de coste: calcularon las pérdidas económicas, sociales, materiales, energéticas y comunicativas causadas por el conflicto en Bijlmermeer. Nieuw Amsterdam podía aceptar un cierto nivel de incertidumbre en sus tasas de ocupación, pero la desocupación había desbordado el nivel de aceptabilidad y de pérdidas. Asimismo, el Ayuntamiento de Ámsterdam podía aceptar un cierto desorden social, pero la delincuencia y el crimen habían rebasado los niveles aceptables, no solo sociales, sino también económicos. Los mecanismos aplicados —esta serie de informes que derivan en medidas—, pretendían rebajar las pérdidas sociales y económicas. Se establecieron mecanismos de seguridad que subyacían a esta necesidad de equilibrar la pérdida aceptable y no se reducían, en absoluto, a mecanismos de vigilancia, de ahí que, según Foucault, estos mecanismos de seguridad son la tercera generación de dispositivos de control fuera de los mecanismos disciplinarios. Se trata de una red que abarca desde la planificación de un espacio fácilmente controlable hasta la creación de instituciones públicas. En efecto, varios de los elementos que el propio Foucault citaba como elementos del conjunto heterogéneo que conforma el dispositivo aparecen precisamente en este cambio de los discursos y de las estructuras de poder de Bijlmermeer: discursos, instituciones, formas arquitectónicas, regulaciones, leyes, medidas administrativas y estamentos científicos. De todas estas modificaciones en las políticas para la renovación, gran parte del debate se mantuvo siempre en torno a las potenciales alteraciones estructurales del espacio. El derribo devino en el mecanismo más visible y tangible del propio dispositivo que, además,
67 provocó un mayor incremento de la entropía inicial que debería ser rebatido a través de nuevos flujos de energía, materia e información. En Bijlmermeer, el derribo inducido fue el primer síntoma observable del cambio en la forma urbana. (Fig. 11) NUEVAS FORMAS: SUSTITUCIÓN, SUPERPOSICIÓN E HIBRIDACIÓN En definitiva, la profusión de lo pequeño o la escasez de lo grande es una propiedad más de la adaptación y la regresión de las fluctuaciones ocasionales es bien clara: si el azar tiende a alterar la distribución de lo grande o lo pequeño, adaptarse significa neutralizar estas desviaciones.44 En la monografía dedicada al Distrito Sureste (Amsterdam Zuidoost) se enfatiza que gran parte de la renovación urbana de Bijlmermeer se fundamentó en la diferenciación.45 Se alude, de esta manera, a uno de los principales problemas que causó el fracaso de Bijlmermeer: la falta de diversidad en la oferta de vivienda. Este es uno de los factores que remarcaron algunos Fig. 11. Sustitución paulatina de los bloques en altura de Bijlmermeer, 2004. Fuente: Google Earth. 44. WAGENSBERG, 1985, Op. cit., p. 41. 45. LUIJTEN, 2002, Op. cit., pp. 7-26; KWEKKEBOOM, Willem. Rebuiding the Bijlmer 1992-2002. En: D. Bruijne, D. van Hoogstraten, W. Kwekkeboom, y A. Luijten. Amsterdam Zuidoost-Southeast. Bussum, Países Bajos: Thoth Publishers, 2002, pp. 73-114.
68 de los planificadores que intervinieron en el proceso de renovación, en especial el arquitecto y urbanista Ashok Bhalotra, que consideraba que la causa del fracaso de Bijlmermeer era la unicidad del parque de vivienda para el que no existía suficiente demanda; un problema que denominó shortage of shortage.46 Sin embargo, no se trataba exclusivamente de un factor de desajuste entre la oferta y la demanda, sino que, en términos generales, esta profusión del mismo tipo de vivienda era una simplificación inicial de un sistema con escasa capacidad de evolución. Gran parte de la morfología original de Bijlmermeer se concentraba en un solo tipo edificatorio, con un solo tipo de propiedad y una única forma construida, mientras que la renovación huyó del modelo único y enfatizó la diferenciación. Las críticas sobre la isotropía del parque de viviendas eran profusas y se había establecido un cierto acuerdo en contra de la monotonía, la no diferenciación y la dependencia funcional respecto de la ciudad central. Incluso, la desorientación que provocaba la similitud entre las estructuras aparecía como un factor a modificar del barrio. Dado el aislamiento y la enormidad de los bloques, cualquier alteración del esquema original requería una gran intervención energética y material. Con la renovación se produjo una diferenciación en el tamaño, en el tipo edificatorio y en la propiedad. Una de las premisas que se recogían en los fundamentos de 1965 era el aumento de escala de todos los elementos del plan. Las piezas derribadas paulatinamente desde los años 1990 fueron sustituidas por tipos edificatorios mayormente residenciales, pero con un grado absolutamente menor al del resto de Bijlmermeer. El tipo edificatorio predominante se vio modificado y, según el plan de 2002, los bloques en altura originales dejaban de representar el 95% del parque edificado para conformar el 45%. Sin embargo, el derribo de los bloques no implicaba una pérdida de densidad, sino lo contrario. El parque de viviendas aumentaría en más de 2.000 viviendas y 100.000 m² de suelo comercial y terciario, un incremento del 7%.47 Finalmente, de las 8.000 nuevas viviendas planificadas, el 35% fueron viviendas unifamiliares. Esta transformación sería posible con una significativa reducción del espacio libre que conllevó un cambio tanto en la forma urbana como en el estado de la propiedad del mismo; lo que indica que las posibilidades de evolución del suelo libre se vieron modificadas. La renovación incluía la introducción de un amplio abanico de tipos edificatorios, desde viviendas unifamiliares hasta bloques de manzana cerrada propios de la tradición del dutch block. 46. Juego de palabras que significa escasez de demanda, citado en KWEKKEBOOM, 2002, Op. cit., p. 75. 47. HELLEMAN y WASSENBERG, 2004, Op. cit., p. 10.
69 Algunas tipologías más novedosas introdujeron experiencias residenciales de la vanguardia anterior a la Segunda Guerra Mundial, como los BeBos —de beneden-boven, arriba y abajo—, bloques de cuatro plantas con dos viviendas en dúplex con acceso independiente desde la calle; las inferiores con jardín, las superiores con terraza. Se produjeron ensayos en la misma línea low rise-high density, en los que se mezclaron cualidades de la vivienda unifamiliar con la densidad del bloque. En cada una de las unidades de actuación se proyectaba un gradiente de densidad, con edificación de mayor altura en torno a los principales ejes. Esta diversidad se tradujo en una parcelación de distintos tamaños, en general, de una escala menuda que contrastaba enormemente con el gran plano de suelo indiferenciado que caracterizaba el proyecto original. Cada una de estas parcelas contó con un proyecto independiente por lo que la diversidad también se implementó en ese nivel. Tanto las intervenciones sobre los bloques existentes como la introducción de nueva edificación buscaban una mayor materialización de la alineación en calle, construyendo la división entre espacio público y edificación de forma más nítida y con un mayor número de puntos de interacción por la multiplicación de accesos y portales. Además del cambio en los tipos edificatorios y en el tamaño, también se produjo un cambio en el tipo de propiedad. La propiedad es un factor determinante en la evolución del sistema urbano. Si la propiedad se ve altamente alterada existe una mayor probabilidad de cambio en la forma. La escala también es vinculante en la estructura de la propiedad, dado que diferentes tamaños en las parcelas suponen uno u otro tipo de desarrollo morfológico futuro. Propiedad, tamaño y tipo edificatorio permanecen vinculados. La escala en la propiedad del suelo modifica el tipo de evolucionabilidad del mismo y la gestión de negociabilidad entre parcelas. La renovación prevé que aproximadamente el 50% del parque de viviendas permanezca en el sector social y la otra mitad sea propiedad privada. La propiedad deja de ser absolutamente de alquiler social para pasar a diferenciarse y a compartir aproximadamente mitad y mitad del parque.48 La deconstrucción de gran parte de Bijlmermeer provocó un proceso de sustitución de unos tipos por otros. La forma rígida fue sustituida, superpuesta e hibridada. (Fig. 12) El mantenimiento y el proceso de sustitución por fases provocaron que el resultado final del plan de renovación fuera distinto al de otros polígonos residenciales. Uno de los resultados morfológicos de la renovación fue 48. PROJECTBUREAU VERNIEUWING BIJLMERMEER. De vernieuwing van de Bijlmermeer. Achtergronden en ontwikkelingen /The renovation of the Bijlmermeer. Backgrounds and developments. Ámsterdam: Projectbureau Vernieuwing Bijlmermeer, Gemeente Amsterdam, 2014, p. 4.
70 la superposición de sistemas. A diferencia de otros casos, en Bijlmermeer, la decisión de sustituir diversas piezas provocó la superposición de un sistema sobre el otro. Si bien es cierto que los bloques originales tan solo permanecieron en un grupo reducido, el sistema general no fue erradicado por completo. El propio proceso de implementación, y el cambio en el tipo de estructura de planificación, provocó la adhesión de diversas piezas sobre la estructura general. La hibridación en Bijlmermeer es un caso de renovación poco habitual puesto que la regeneración espacial suele ceñirse a una mejora del parque de vivienda y del espacio público o a la demolición del polígono. Dados los fundamentos del sistema original de Bijlmermeer, la hibridación del proyecto conllevó algunas superposiciones que redefinieron el nuevo paradigma. Así, es posible identificar tres tipos de hibridaciones morfológicas producto de la renovación: en las unidades de intervención insertadas en el sistema urbano, en el tipo edificatorio y en los canales de comunicación. Un ejemplo de actuación en unidades de intervención fue la liderada por el urbanista Donald Lambert que definió —en un ámbito delimitado por la estación Ganzenhoef y la vía Gooiseweg a la altura del Bijlmerdreef— franjas verdes que atravesaban los segmentos diagonales de los bloques hexagonales para unificar las nuevas áreas de edificación, manteniendo las franjas como espacio público perpendicular al Bijlmerdreef e intentando imbricar la geometría de la nueva construcción a través de una diferenciación del suelo. De este modo Lambert conseguía definir áreas ocupadas por la nueva vivienda unifamiliar y el bloque de media altura y áreas de espacio público, en un sentido más urbano que en el caso del espacio interbloque. Esta estrategia retomaba ligeramente la pretensión de diferenciar las áreas verdes de las áreas destinadas a la residencia, aunque con menor contundencia que en el plan original. En cuanto al tipo edificatorio, se produjo algún caso de hibridación compleja. En el bloque Florijn, de las más de 500 viviendas, 125 fueron derribadas, mientras que el resto del parque fue rehabilitado, diferenciándose de los otros dos bloques del área y en general de todo el cuadrante —donde tan solo se mantuvo un porcentaje irrisorio de los bloques (aproximadamente un 10-12%)—. La característica que diferenciaba el bloque rehabilitado del original fue la reconversión de la planta baja en vivienda múltiple a través de la adhesión en sección de una vivienda taller en dúplex, parcialmente adosada y parcialmente interior al blo-
71 que, y una vivienda patio, a modo de hilera anexa. (Fig. 13) Se convirtió en una de las áreas más compactas del parque residencial. Del otro lado del bloque, al oeste, se construyó un complejo en semicírculo de dos hileras de casas con las fachadas posteriores hacia el interior, creando una fachada curva continua en ambas caras del círculo. Las viviendas eran muy estrechas, tenían crujías de apenas cinco metros con una altura de cuatro plantas en el anillo exterior y tres plantas en el anillo interior. Estas creaban un conjunto compacto que ocupaba la superficie que liberó el derribo de gran parte del bloque Fleerde, frente a la fachada oeste del bloque Florijn. Este conjunto destacaba por representar la inserción de un nuevo tipo edificatorio hibridado con el parque anterior y también por sustituir un bloque y deformar su huella hexagonal; estrategia liderada por el urbanista Rein Geursten.49 Una de las mayores dificultades del plan de renovación era la modificación de los canales de comunicación. En el plan original de Bijlmermeer, el esquema de funcionamiento de las vías optaba por considerarlas un mero carril que sirviera al tráfico rodado, considerando que era más seguro mantener a los viandantes alejados del tráfico. En la renovación se alteró el esquema y se optó por el dise- 49. KWEKKEBOOM, 2002, Op. cit., p. 90. Fig. 12. Bijlmerdreef, Bijlmermeer, 2015. Fuente: elaboración propia.
72 ño de diferentes tipos de vías con diversas funciones principales. Una de las controversias que se mantuvo sobre el cambio en el plan fue considerar la opción de derribar las vías elevadas y colocarlas en la cota del maaiveld (suelo). Esto produjo una cierta tensión entre aquellos que todavía defendían el plan original, puesto que eliminar la jerarquía de vías y la seguridad para el peatón suponía eliminar su esencia.50 Este desdoblamiento del plano horizontal había sido diseñado expresamente para la seguridad física y la salvaguardia del peatón en un proceso de diseño que priorizaba esta función de protección frente a otras funciones. La eliminación parcial de estas vías no solo ponía en entredicho el modelo, sino que respondía parcialmente a un esquema de deconstrucción de la seguridad. La erradicación de estas vías elevadas demuestra que la producción de sistemas demasiado seguros puede provocar inseguridad. En los relatos del miedo arraigados a Bijlmermeer, tanto las vías elevadas como los pasos a nivel que las caracterizaban devenían espacios hostiles, con escasa intensidad y un alto grado de abandono. El cambio en el modelo de calles resultó funcionar a través de la diferenciación. No se optó por un modelo único, sino que diferentes tra- Fig. 13. Bloque Florijn, Bijlmermeer, 2015. Fuente: elaboración propia. 50. HOMMELS, 2005, Op. cit., pp. 152-153.
79 4. ALIĆ, Dijana y GUSHEH, Maryam. Reconciling national narratives in Socialist Bosnia and Herzegovina: The Bašcaršija project, 1948-1953. Journal of the Society of Architectural Historians, 1999,vol. 58, n. 1, p. 8; KARAHASAN, Dzevad. Sarajevo, exodus of a city. Nueva York: Kodansha International, 1994, p. 63. religiosos, principalmente musulmanes, cristianos ortodoxos, cristianos católicos y también, en menor número, judíos sefarditas expulsados de la península ibérica y población romaní. Al mantener las más altas instituciones políticas y religiosas en el centro de la ciudad, se concretaba un proyecto político-espacial por parte de las autoridades del Imperio otomano, a la vez que, al permitir la construcción de templos de otras confesiones en áreas relativamente centrales, se expresaba una cierta tolerancia hacia otros grupos religiosos. Si bien la sharia (ley islámica) era la base política, la presencia de otros edificios religiosos parecía exponer una cierta libertad de culto. Hasta las reformas del siglo XIX, los bosnios musulmanes mantuvieron el control sobre la política y la economía frente al resto de comunidades.4 A partir de 1878 y hasta 1914 el Imperio austrohúngaro pasó a controlar Bosnia y Herzegovina. Durante este período diversos cambios tanto morfológicos, como políticos, culturales y económicos tuvieron lugar en la ciudad que empezó a extenderse de este a oeste siguiendo el curso del río Miljacka. Se inició una rápida evolución urbana basada en los modelos occidentales, a través de los precedentes vieneses, aplicando ciertas modificaciones en la planificación a raíz de la redacción y aplicación de planes urbanísticos. Durante las casi cuatro décadas bajo la administración de la Casa de Habsburgo la ciudad mantuvo la peculiaridad de preservar su identidad oriental adquirida durante los cuatrocientos años de gobierno otomano e introducir el urbanismo de carácter vienés. Se procedió a la construcción de nuevas infraestructuras, carreteras y vías férreas, todas ellas promovidas por la industria- Fig. 14. Anónimo, imagen de la ciudad de Sarejevo a finales del siglo XvII. Fuente: Kriegsarchiv Österreichisches Staatsarchiv / Archivo de guerra de Austria.
80 Fig. 15. Plano de la región de Sarajevo, 1878. Fuente: Historijski arhiv Sarajevo / Archivo histórico de Sarajevo.
81 5. La Zelena Potkova también conocida como Lenuzzijeva Potkova, fue planificada por el urbanista croata Milan Lenuci en 1882 (Herradura de Lenuci). 6. Gavrilo Princip, de origen bosnio y de etnia serbia, perteneció a diversos movimientos nacionalistas yugoslavos, como la organización Mlada Bosnia (Joven Bosnia) para la secesión de Yugoslavia del Imperio austrohúngaro. Tras la muerte del archiduque fue condenado a cadena perpetua y murió de tuberculosis en prisión en 1918. 7. DONIA, 2006, Op. cit., pp. 168-180. lización de la ciudad. (Fig. 15) La nueva arquitectura se vio directamente influenciada por el ideal vienés de la época, la Ringstrasse, la nueva gran estructura de arquitectura neogótica que rodeaba el antiguo centro fortificado de Viena. Este mismo precepto siguieron otras ciudades balcánicas como Zagreb, que contemporáneamente planificó su conocido sistema de plazas y parques Zelena Potkova (Herradura Verde).5 En Sarajevo tanto su orografía como la dispersión de algunas de las edificaciones medievales impidieron que se implementara la calle en forma de anillo; sin embargo, se inició la construcción de un ensanche longitudinal acompañado por el diseño del tranvía y la canalización del río Miljacka. Muchas de las construcciones de aquel período seguirían un estilo neooriental imitando la ornamentación morisca y con la voluntad de mantener en el diseño las raíces islámicas de la ciudad. De esa época datan algunos de los edificios más relevantes como la catedral católica, teatros, bancos, escuelas, un hospital y el primer parque público, además de algunos de los edificios con mayor especificidad de la ciudad como la famosa biblioteca y ayuntamiento, gran ejemplo de la arquitectura austrohúngara de influencia neoárabe, conocida como Vijećnica —incendiada durante los bombardeos del 25 de agosto de 1992—. Sarajevo fue uno de los escenarios clave tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial. En 1914, Gavrilo Princip asesinó al archiduque Franz Ferdinand sucesor del emperador de Habsburgo en el puente latino de Sarajevo.6 El asesinato provocó el estallido de la guerra y el fin de la dominación del Imperio austrohúngaro sobre Bosnia. Al finalizar la Primera Guerra Mundial, Bosnia entró a formar parte del nuevo estado de los eslavos del sur, el reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos (1918-1929) que posteriormente se denominaría reino de Yugoslavia (1929-1941). El reino de Yugoslavia no resistiría la oleada de violencia de la Segunda Guerra Mundial y las tropas fascistas llegarían a Sarajevo en abril de 1941. La ciudad sería ocupada por los Ustaša, representantes fascistas de lo que durante la guerra sería el Estado Independiente de Croacia, aliado del nazismo alemán. Los Ustaša, liderados por Ante Pavelić, perseguirían durante la preponderancia nazi a judíos, gitanos y serbios, mientras que algunos bosnios musulmanes se aliarían con ellos. La ciudad fue bombardeada por los aliados entre 1943-1944 y finalmente liberada por los partisanos que, bajo el mando del general Tito, entraron en la ciudad el 6 de abril de 1945.7 Tras la liberación de Bosnia y Herzegovina, y al instaurarse la República Federal Socialista de Yugoslavia, la ciudad multiplicó sus dimensiones gracias al nuevo régimen económico de carácter des-
82 8. La República Federal Socialista de Yugoslavia estaba compuesta por seis repúblicas socialistas: Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Serbia, Montenegro y Macedonia, y dos provincias autónomas: parte de Serbia, Vojvodina y Kosovo. 9. DONIA, 2006, Op. cit., p. 230. 10. BUBLIN, Mehmed. Sarajevo u istoriji: od neolitskog naselja do metropolisa. Sarajevo: Buybook, 2006, p. 157. centralizado propuesto por la administración del general Tito. A pesar de los duros años de postguerra en los que gran parte de la edificación había sido dañada y parte de la población desplazada o asesinada, el ímpetu por la recuperación y la nueva planificación condicionarían el inicio del nuevo período. Sarajevo retomaría un cierto esplendor, convirtiéndose en una de las seis capitales de la República Federal Socialista de Yugoslavia.8 En las casi cuatro décadas de administración socialista, la ciudad aumentó considerablemente la ocupación territorial hacia el oeste, urbanizando el llano que se extiende entre el Miljacka y el Bosna, hacia el norte, resiguiendo el torrente de Koševo y hacia las colinas de los alrededores en modo de vivienda informal. Sarajevo se convirtió en uno de los motores económicos dentro de Yugoslavia. Este nuevo bienestar condujo a un proceso migratorio masivo y a la consecuente construcción de vivienda. En 1948 el 72% de la población de Bosnia y Herzegovina habitaba en comunidades rurales; en 1971 este porcentaje descendió hasta el 36,6%.9 La transformación de Sarajevo, inmiscuida en un proceso de cambio económico gracias a la industria pesada, provocó el acelerado crecimiento urbano de la ciudad. Los beneficios económicos, las mejores condiciones de vida y la cultura urbana indujeron a la llegada de migrantes tanto de las zonas rurales como de otras ciudades de la República. Las principales novedades en la forma de la ciudad fueron la introducción de la vivienda en altura, la prolongación del transporte público —especialmente del tranvía y el trolebús—, la construcción de equipamientos escolares y recreativos y la introducción de planes estratégicos para gestionar el desarrollo de la ciudad. Los planes urbanísticos de la época consideraron la extensión longitudinal hacia el oeste y un crecimiento perpendicular hacia el norte resiguiendo el antiguo torrente de Koševo, cubriendo un total de 13.000 ha y con una proyección de población que en 1985 debía alcanzar los 335.000 habitantes.10 La forma longitudinal de la ciudad provocaba una cierta dependencia, siendo necesaria la mejora del transporte público, puesto que la concentración de servicios se mantenía en el centro y en el área de Marijn Dvor, cuyo esquema de conexiones fragmentado requería de un esfuerzo para la mejora de los canales de comunicación. Así, se planteó una matriz de transporte longitudinal diferenciada en tres ejes lineales y trece vías transversales con un desfase de 500 m. (Fig. 16) Bajo esta matriz la ciudad continuó creciendo a lo largo del llano del valle, en forma de vivienda masiva —mayormente polígonos residenciales—, alcanzando en ocasiones las dieciocho
83 Fig. 16. Sarajevo, ciudad longitudinal; al fondo, al pie de la montaña Trebević el casco histórico de la ciudad. Dibujo de la arquitecta y urbanista Vesna Hercegovac-Pašić. Fuente: Archivo de Vesna Hercegovac-Pašić.
84 11. Ibid, p. 166. plantas de altura, como en el caso de Alipašino Polje. Estos polígonos residenciales se convirtieron en barrios enteramente construidos como comunidades para la clase obrera. Los conjuntos residenciales se agrupaban en asentamientos servidos por cafés, tiendas y escuelas y gran parte de ellos consistían en bloques en altura con espacios públicos interbloque. En el caso de Grbavica, el primer barrio socialista, los bloques se colocaron intercalados en esvástica, creando plazas cuadrangulares centrales, mientras que en el caso de Alipašino Polje los bloques de gran altura se situaron en forma de herradura perimetral, creando un gran muro edificado en el perímetro de la parcela y dejando un gran espacio público en el interior. El crecimiento acelerado de la ciudad produjo ciertas disfuncionalidades. La incorporación de áreas industriales extensas conllevó una cierta negligencia tanto por la incompatibilidad de la industria pesada con las áreas urbanas densificadas como por el desequilibrio que causaba la inversión económica centrada en la ciudad. Este desequilibrio desenbocó en un gran éxodo rural, que afectó a las zonas agrarias pero también a Sarajevo, donde se iniciaron procesos de crecimiento no regulado, especialmente en las laderas de los cerros. (Fig. 17) La localización de diversas industrias eléctricas, motoras y energéticas, aumentó la contaminación del estrecho valle. Los elevados niveles de contaminación en los años 1970 condujeron a la implementación de un nuevo plan que mejoraba el abastecimiento de agua y el alcantarillado; promovía la incorporación de plantas de tratamiento de aguas residuales; el control de las emisiones de CO2; la mejora del transporte público; la implementación de suministro de gas natural y la construcción de un vertedero.11 Tras el inicio de las obras para la mejora infraestructural del valle del Miljacka, la ciudad recibió el que sería uno de los mayores reconocimientos internacionales. En 1978 se otorgó a Sarajevo la organización de los XIv Juegos Olímpicos de Invierno a ser celebrados en 1984. Esta buenaventura llegó acompañada de una fuerte crisis económica que no solo afectó Bosnia y Herzegovina, sino toda Yugoslavia. A pesar de la crisis económica, para los Juegos Olímpicos de Invierno la expansión territorial continuó y se construyeron algunas de las infraestructuras más emblemáticas de la ciudad. Se proyectó el estadio de Zetra y se rehabilitó el antiguo polideportivo de Koševo —convertido en el estadio olímpico de Skenderija—, las estaciones de esquí de Jahorina y Bjelašnica y las áreas deportivas del monte Trebević y del monte Igman.
85 Además de las áreas específicas para la competición se construyeron dos zonas residenciales: el barrio de Dobrinja, próximo al aeropuerto en la zona suroeste de la ciudad y otro barrio más pequeño en la colina de Mojmilo. Mojmilo sería la ciudad olímpica y Dobrinja la ciudad destinada a la prensa internacional. Ambos barrios fueron proyectados por el arquitecto Milan Medić y supusieron un cambio en el paradigma de la construcción en altura. Compuestos por unidades vecinales en bloque, se gestaron como barrios suburbanos pero con dinámicas sociales propias. A la crisis económica se le añadió una fuerte inestabilidad política, iniciada con la muerte de Tito el 4 de mayo de 1980. Algunas repúblicas, especialmente Eslovenia y Croacia, anhelarían una mayor autonomía y descentralización del estado yugoslavo, mientras que las autoridades centrales de Belgrado mantendrían una clara resistencia al cambio. En Bosnia y Herzegovina se intensificarían las tensiones entre comunidades políticas y religiosas por primera vez en muchas décadas. Estas inestabilidades políticas y económicas llevarían a la denominada muerte de Yugoslavia.12 En la República de Bosnia y Herzegovina, en abril de 1992, el gobierno bosnio de Alija Izetbegović declaró la independencia tras la celebración de un referéndum.13 A modo de represalia algunos grupos paramilitares, principalmente serbobosnios, tomaron las colinas de los alrededores de Sarajevo y cercaron la ciudad, cortando comunicaciones y servicios. (Fig. 18) Se iniciaba el sitio de Sarajevo, un doble proceso de supervivencia: el de la vida entre francotiradores y el de la falta de abastecimiento de todo tipo. Durante casi cuatro años la agresión armada sumergió 12. Título del famoso documental de la BBC The Death of Yugoslavia, y de su libro homónimo de Allan Little y Laura Silber. Véase SILBER, Laura y LITTLE, Allan. The death of Yugoslavia. Londres: Penguin & BBC books, 2006. 13. DONIA, Op. cit., 2006, pp. 277-279. Fig. 17. Vista panorámica de Sarajevo desde la Fortaleza Amarilla (Žuta Tabija), 2014. Fuente: Berta Risueño.
86 Fig. 18. Línea de fuego durante el sitio de Sarajevo, 1992-1995. Fuente: elaboración propia.
87 14. Algunas de las facciones combatientes tenían un marcado programa de homogeneización étnica. Era el caso del ejército de la República de Srpska quien abogaba por la construcción de un territorio exclusivamente serbio y de religión cristiana ortodoxa, ideario de Radovan Karadžić, condenado en 2016 por genocidio, crímenes de guerra y crímenes en contra la humanidad. 15. MUMFORD, Lewis. The city in history: Its origins, its transformations, and its prospects. Boston: Houghton Mifflin Harcourt, 1961. [Versión consultada: L. Mumford. La ciudad en la historia. Sus orígenes, transformaciones y perspectivas. Traducción de Enrique Luis Revol. La Rioja: Pepitas de Calabaza, 2012,pp. 75-83]. a toda una ciudad en la escasez y violencia, siendo en gran parte civiles el objetivo de las fuerzas militares sitiadoras, formadas mayormente por el ejército de la República de Srpska y antiguos miembros del ejército popular yugoslavo.14 Era un modo de entender el conflicto que intentaba erradicar a una parte de la población en su propio territorio y destruir aquellos vínculos, aquellos lazos, entre medio y ser humano, que se tejen a través de la historia. La emergencia de las tropas en las colinas creó la primera línea fronteriza en la ciudad que, a pesar de algunas variaciones a lo largo del sitio, mantendría la división entre la región controlada por el ejército de la República de Srpska y aquella otra denominada libre bajo la tutela del ejército de la República de Bosnia y Herzegovina. El sitio de Sarajevo no se detuvo hasta el fin de la guerra y con miles de víctimas representó uno de los acontecimientos sociales y territoriales más traumáticos en el seno de la guerra de Bosnia (1992-1995). En Sarajevo, la secuencia violencia-miedo-incertidumbre se convirtió en la secuencia simétrica incertidumbre-miedo-violencia. La violencia del sistema social aumentó bajo una de las amenazas humanas de mayor grado: la guerra Según Lewis Mumford, la violencia entre humanos, propia de la historia no urbana, se relacionaba casi exclusivamente con los sacrificios, mientras que tras el nacimiento de las ciudades y a causa del incremento colectivo de poder, la violencia permuta y la acumulación permite la posibilidad de la destrucción en masa.15 La guerra y la ciudad nacen asociadas. El sacrificio deja el plano místico y se entremezcla con la violencia dirigida hacia fines tanto económicos como sociales y así las ciudades, centros de la acumulación del capital, generan focos de atracción agresivamente disputados. El conflicto acarrea consecuencias y los sistemas espaciales se alteran. Bajo tales coyunturas el espacio varía su significado y leerlo forma parte del proceso de recuperación de la memoria y de la reconstrucción de la ciudad; la violencia puede reducir la complejidad, aunque de ella también emanan atisbos de estrategias complejas para la supervivencia. Sobre la violencia en Sarajevo, hablaremos en primer lugar del urbicidio como un proceso de reducción de complejidad y, posteriormente, de la autoorganización como un proceso de incremento de la complejidad vinculada en este caso a la lectura inversa del espacio.
88 16. LUHMANN, Niklas. Soziale Systeme. Grundriß einer Allgemeinen Theorie. Berlin: Suhrkamp Verlag, 1984, p. 41. [Versión consultada: N. Luhmann. Sistemas sociales. Lineamientos para una teoría general. Traducción de Silvia Pappe. Barcelona: Anthropos, Ciudad de México: Universidad Iberoamericana y Bogotá: CEJA, Pontificia Universidad Javeriana, 1998]. 17. HUXTABLE, Ada L. Will they ever finish Bruckner Boulevard? A primer on urbicide. Nueva York: Macmillan, 1970. 18. BERMAN, Marshall. Among the ruins. New Internationalist, 1987, n. 178, publicado el 5 de diciembre de 1987. Disponible en: http:// www.newint.org/ features/1987/12/05/ among 19. BOGDANOVIĆ, Bogdan. Murder of the city. The New York Review of Books, 1993, vol. 40, n. 10. URBICIDIO: LA PÉRDIDA DE LA COMPLEJIDAD DEL SISTEMA URBANO Los sistemas en el entorno del sistema están a su vez orientados a sus propios entornos. Con todo, ningún sistema puede disponer sobre las relaciones sistema-entorno ajenas, a no ser mediante destrucción. De aquí que a cada sistema le es dado representarse el complejo de sus relaciones con el entorno como un entramado desconcertante, pero también como una unidad constituida por él mismo, con tal de exigirse una observación selectiva.16 El concepto urbicidio se popularizó a raíz de las guerras de Yugoslavia, aunque sus primeras apariciones no se relacionaron explícitamente con conflictos bélicos, sino con la destrucción planificada de zonas de la ciudad como parte de su reestructuración. Este es el uso que le dio Ada Louise Huxtable en su publicación Will they ever finish Bruckner Boulevard? A primer on urbicide de 1970 donde exponía cómo grandes proyectos de la ciudad de Nueva York se basaban en el ideal de cortocircuitar las redes de la ciudad.17 Marshall Berman empleó el término para denunciar la destrucción que sufrió el Bronx durante los años 1960 y 1970. En su artículo de 1987, “Among the ruins”, describía cómo miles de personas habían sido expulsadas del barrio, mientras el entorno construido era erradicado y, con él, los recuerdos de todas las “víctimas de un gran crimen sin nombre; vamos a darle un nombre ahora: urbicidio, el asesinato de la ciudad”.18 El sociólogo enfatizaba así su dolor y angustia frente al derribo de los espacios que se arraigaban a sus recuerdos de infancia. Berman no fue el único en advertir que el asesinato de ciudades necesitaba una atención especial. A principios de los años noventa el arquitecto serbio Bogdan Bogdanović alertó del peligro que corrían las ciudades en la antigua Yugoslavia, “víctimas del odio hacia la ciudad y la civilización”.19 La Asociación de Arquitectos DAS-SABIH no tardó en aplicar el término en el catálogo de la exposición Urbicide Sarajevo dentro del proyecto Warchitecture, donde se inventarió el daño perpetuado en centenares de edificios de valor arquitectónico agrupados según época de construcción.20 La documentación recogida mostraba diversas imágenes de construcciones dañadas y destruidas con una exhausta descripción desglosada de los respectivos bombardeos que sostenidamente se ejercían sobre la ciudad.
95 en nodos de ínfima intensidad. Dada la posición geográfica de Sarajevo y su despliegue longitudinal, la principal vía de comunicación de la ciudad, el bulevar Meše Selimovića, el eje de mayor sección paralelo al río Miljacka, era el espacio de mayor exposición. El bulevar pasó a conocerse popularmente como la avenida de los Francotiradores. Se convirtió en un lugar infame donde cruzar era extremadamente peligroso y donde la excesiva abertura y amplitud de la calle, construida bajo el paradigma de la movilidad, se había convertido en un punto negro en la vida de las gentes de Sarajevo. Antes de cruzar la vía, uno esperaba y luego corría hasta el siguiente espacio protegido. Así, con la desertización de los grandes espacios públicos, el sistema perdía robustez, en tanto que menos conexiones eran posibles y se desvanecía parte de su complejidad. Autoorganización social e institucional: la creación de un hospital y las escuelas-portal. Además de la lucha por la supervivencia diaria y por la adquisición de víveres, existía entre los habitantes sitiados de todo Sarajevo una necesidad por recuperar sus rutinas y una cierta vuelta a la normalidad.35 En Dobrinja, uno de los barrios olímpicos situados frente al aeropuerto, la situación de aislamiento y el fuerte sentido de comunidad ayudaron a constituir un órgano de gobierno popular, a través de la Junta de Coordinación de Dobrinja aprobada por la municipalidad y nacida de la guerra. En la Junta diferentes personas se encargaban de la gestión de diversas áreas (servicios de 35. JANSEN, Stef. Hope for/against the State: Gridding in a besieged Sarajevo suburb. Ethnos, 2014, vol. 79, n. 2, pp. 240-244. Fig. 20. Imagen de Miquel Ruiz de una barricada en planta baja, Sarajevo, 1992-1995. Fuente: Ruiz, Op. cit., 2002.
96 docencia, de salud, económicos, etc.). Algunos de estos servicios habían empezado a desarrollarse, incluso, previamente a su creación. Se organizó colectivamente un ‘centro médico’, dada la imposibilidad de desplazar heridos desde Dobrinja hasta los hospitales de la ciudad. Este centro médico, de carácter absolutamente improvisado, surgió de las necesidades de atención inmediata de los heridos y gracias a los trabajadores de otros centros sanitarios de Sarajevo, quienes residían en Dobrinja y no podían desplazarse a diario a sus puestos de trabajo. Conocidos como heroji u bijelom (héroes de blanco) organizaron pequeñas salas para acomodar a los pacientes, practicando la primera operación el 5 de mayo de 1992 en medio de los bombardeos y siendo el centro oficialmente registrado el 13 de abril de 1993 como el Hospital General de Dobrinja.36 Miembros de la Junta de Coordinación acordaron fundar un Centro para la Docencia de Dobrinja durante la guerra, en el que los trabajadores implantaron un nuevo sistema de escolarización arraigado a la situación física y territorial, dentro del marco de las ratne škole (escuelas de guerra). Hasta 1992, en Dobrinja existían tres escuelas que durante la guerra estuvieron ocupadas por soldados o quemadas. Ninguno de los tres edificios podía ser utilizado y hubo que organizar un nuevo sistema en el que, empleando los tres órganos administrativos de las escuelas, las clases se impartían en unidades pequeñas esparcidas por los edificios del asentamiento del barrio. Cada unidad se denominó como haustorska škola (escuela-portal), dado que las pequeñas unidades escolares se organizaron en las cajas de escalera, en las partes bajas de los edificios, en los almacenes, en los portales de entrada, en viviendas abandonadas de las plantas bajas y en los cuartos de calderas, siempre en las zonas bajas o semienterradas de los edificios. Pequeños grupos de adultos se autoorganizaban para fundar una unidad escolar, buscaban un lugar más o menos adecuado en los bajos de los edificios y ejercían de profesores sobre grupos reducidos de niños. La composición de las unidades escolares era muy variable. En la unidad mayor, catorce profesores impartían clase a cuarenta y cinco niños, organizados en seis cursos. Sin embargo, otras escuelas eran de menor tamaño con unos veinte alumnos, y otras no alcanzaban los diez alumnos, ocupando el espacio un mínimo de cinco niños a la vez.37 A finales de 1992 en todo el asentamiento operaban veintiocho unidades escolares con aproximadamente 900 estudiantes y 89 profesores que tenían profesiones muy diversas.38 Empleando esta misma estrategia de subdivisión en unidades, se llegó a fundar 36. KAROVIĆ, Merisa. Zločini nad civilima u sarajevskom naselju Dobrinja. Historijska Traganja / Historical Searches, 2012, n. 9, p. 121. 37. BERMAN, David M. The war schools of Dobrinja: Schooling under siege in a Sarajevo community. The Carl Beck Papers in Russian & East European Studies, 2005, n. 1705, p. 32. 38. BERMAN, 2005, Op. cit., pp. 34-35.
97 un instituto de segundo grado previo a la universidad, el Gimnazija Dobrinja, que no había existido hasta el momento, dado que los jóvenes acudían a institutos de otros distritos. Más de 700 alumnos acudieron a los diversos cursos escolares del instituto organizado a través de múltiples unidades independientes esparcidas por el barrio.39 Estas unidades escolares se construían gracias a los recursos humanos disponibles: un grupo de adultos capacitados podía fundar una nueva unidad escolar en cualquier localización a lo largo de Dobrinja, el Centro para la Docencia daba el soporte administrativo para ello, pero eran los profesores independientemente quienes, autoorganizados, ocupaban espacios en los basamentos de los edificios. Las escuelas habían dejado de ser espacios amplios con grandes patios para convertirse en espacios muy pequeños y estrechos, oscuros y mal iluminados, en los que los alumnos debían sentarse en el suelo. Eran espacios de refugio. La elección de este tipo de lugares y del tamaño reducido de los grupos era una medida de seguridad frente a los bombardeos y a los francotiradores. Los espacios con menos entidad se convirtieron en espacios con un significado de arraigo en la comunidad. Las escuelas eran sótanos y almacenes, espacios no habitados antes del sitio. La violencia desencadenó esta lectura y uso inverso del espacio: los edificios escolares, fácilmente localizables por el sitiador, eran espacios prohibidos, mientras que en los espacios de almacenaje se reunían diseminadamente pequeñas unidades de niñas y niños, protegidos del peligro del espacio abierto frente al ojo francotirador. Las unidades escolares de Dobrinja devinieron en el modelo de las escuelas de guerra en todo Sarajevo. Autoorganización en los espacios públicos: lavaderos y mercados. Al colapsarse parte de los sistemas comunicativos, materiales y energéticos (alimentos, madera, gas, agua, etc.), el sistema debía reorganizarse para no deteriorarse hasta desaparecer. La autoorganización estuvo ligada a la supervivencia y una cierta normalización de la vida cotidiana, modificando el uso de los espacios tanto colectivos como privados. Fuera de los estamentos institucionales el día a día requería de la ayuda mutua entre residentes para la distribución de los pocos recursos. La escasez de alimentos básicos, comida y agua, provocaba la concentración masiva de población civil a la intemperie, especialmente en las líneas de agua, para la recogida de ayuda humanitaria y también en los mercados improvisados que iban cambiando de localización. Las alteraciones en el significado 39. BERMAN, 2005, Op. cit., pp. 41-51.
98 del espacio condujeron a variaciones en sus funciones también públicas. Los pequeños riachuelos de la ciudad se emplearon como lugar para lavar la ropa y los aparcamientos libres de coches se convertían, en los días de tregua, en canchas improvisadas donde los adolescentes trataban de escapar de la rutina diaria de la guerra.40 Los puntos de recogida de agua podían ubicarse en propiedades privadas, de manera que espacios de uso habitualmente íntimo se convertían en espacios colectivos. Los espacios verdes perdieron todos los árboles, utilizados como fuente de energía y fueron, en algunos lugares, ocupados por cementerios. En el centro de Sarajevo, el inmenso cementerio de Koševo, que debía ser desplazado y convertido en parque, multiplicó su tamaño. (Fig. 21) Los mercados improvisados se abastecían a base del contrabando que aumentó tras la apertura del túnel. Teniendo en cuenta que era posible entrar mercancías de las zonas libres, muchos aprovechaban la situación para poder acarrear bienes a través del paso subterráneo entre Butmir y Dobrinja y venderlos en la ciudad a precios muchísimo más elevados.41 Este tipo de economía provocaba que la compraventa se produjera de manera dispersa y los mercados fueran implementados en lugares diversos. El entorno sufrió modificaciones a gran escala y la vida urbana bajo asedio enfatizó las redes entre la población civil y el medio circundante para obtener aquello que requería para abastecerse. Gracias a la autoorganización del espacio que empeñó nuevas funciones y a la autorreferencia del sistema social, fue posible la supervivencia del sistema urbano en su conjunto. Alteraciones en la vivienda. La reorganización de la vida cotidiana también afectó al espacio más íntimo, la vivienda. Algunos habitantes trasladaron su residencia hacia viviendas vacías, abandonadas al inicio de la guerra, a tan solo unos cientos de metros de su propia vivienda destruida. La función de los espacios en los edificios de apartamentos se alteró. El salón y los pasillos se convirtieron en almacenes de leña y las estancias perdieron sus funciones específicas. Cada habitante de un bloque era plenamente consciente de que en cualquier momento, bajo el silbido o el estruendo de un proyectil o una granada, debería correr hacia la caja de escalera, juntamente con todos aquellos que residían con él. Cada uno de los individuos que habitaba en el bloque tenía su lugar en el basamento del edificio donde se refugiaban y agrupaban cuando, tras alcanzar la caja de escalera, buscaban protección frente a la artillería que los amenazaba.42 También el flujo de 40. KAROVIĆ, 2012, Op. cit., p. 123. 41. ANDREAS, Peter. Blue Helmets and black markets: The business of survival in the Siege of Sarajevo. Nueva York: Cornell University Press, 2008, p. 59. 42. PRSTOJEVIĆ et al., 1993, Op. cit., pp. 10-11.
99 personas dentro de la ciudad se realizaba mayormente en las zonas bajas de las construcciones. Las partes emergentes eran objetivos de fácil alcance para francotiradores, bombas de mortero y proyectiles, consecuencia de la localización de las tropas en las colinas circundantes. El interior de la vivienda modificaba su distribución y un nuevo orden extremadamente precario, reorganizaba el espacio íntimo que poco a poco se desvanecía. • • • La falta de recursos indujo a que el plano de organización y decisiones se mantuviera entre los elementos del sistema no jerarquizado y en el vínculo con el medio más directo. La autoorganización social y espacial aumentó el número de estados accesibles que habían desaparecido tras el colapso de las infraestructuras, deviniendo también en un paradigma de la gestión del espacio. La adaptabilidad del sistema condujo a un aumento de la complejidad a partir de una situación de abastecimiento precario. La creación de nuevas redes de autoorganización supuso un factor de adaptación que dio lugar a nuevos estados accesibles puesto que gran parte de los anteriores habían sido destruidos. Para supervivir, además, el sistema social se anticipaba a la incertidumbre, gracias a los cambios en las estrategias de circulación y uso del espacio. Los espacios abiertos variaron su significado para anticiparse a las agresiones del entorno. El concepto geometría urbana inversa43 puede aplicarse en el caso de Sarajevo. La lectura inversa del espacio se produce cuando existe un cambio en su cognición,44 en tanto que su legibilidad se ve absolutamente modificada a causa de la incertidumbre, 43. WEIZMAN, Eyal. Urban Warfare: Walking Through Walls. En: E. Weizman. Hollow Land: Israel's Architecture of Occupation. Londres y Nueva York: Verso, 2007, pp. 185-220. [Versión consultada: E. Weizman. A través de los muros. Cómo el ejército israelí se apropió de la teoría crítica postmoderna y reinventó la guerra urbana. Madrid: Errata naturae, 2012]. 44. PORTUGALI, Juval. Complexity, Cognition and the City. Berlín, Heidelberg y Nueva York: Springer, 2011. Fig. 21. Imagen de Miquel Ruiz del hospital y el cementerio de Koševo, Sarajevo, 1992-1995. Fuente: Ruiz, Op. cit., 2002.
100 demostrando, nuevamente, la constante interrelación entre medio y ser humano. Donde habitualmente se localizaban nodos y arterias de comunicación, durante el sitio se leían los espacios de muerte y exposición; donde uno solía hallar la intimidad de la vivienda, aparecían multitudes en busca de agua; y donde los vecinos almacenaban los trastos viejos, se educaron a los niños del barrio de Dobrinja. APUNTES SOBRE LA RECONSTRUCCIÓN MATERIAL DE SARAJEVO Los estratos recuerdan las edades geológicas, los anillos del árbol recuerdan primaveras y otoños, el montículo arqueológico recuerda el paso de las culturas y el rostro es la memoria de la biografía.45 En noviembre de 1995, tras más de tres años de violencia continuada, la agresión sobre Sarajevo empezó a apaciguarse con vistas a las negociaciones dispuestas para el cese del fuego. Los acuerdos de paz que pusieron fin a la guerra de Bosnia se ultimaron en Dayton (Ohio, Estados Unidos) bajo supervisión internacional y a miles de kilómetros de los Balcanes. Fueron firmados por los presidentes de la República de Bosnia y Herzegovina, Alija Izetbegović; de la República de Croacia, Franjo Tuđman, y de la República Federal de Yugoslavia (Serbia y Montenegro), Slobodan Milošević. Para poner fin al conflicto, el estado fue dividido internamente en dos nuevas entidades: la Federación de Bosnia y Herzegovina y la República Srpska, cuyas bases políticas y territoriales se recogían en el Acuerdo Marco General para la Paz en Bosnia y Herzegovina (más conocido como Acuerdos de Dayton),46 donde se designaba el límite entre la República y la Federación —la línea de borde entre entidades—. Consecuentemente, la línea de borde provocó la subdivisión del territorio de la antigua ciudad de Sarajevo, construyendo análogamente, aunque a menor escala, dos nuevas regiones: el Cantón de Sarajevo y la ciudad de Sarajevo Oriental. La región urbana quedó parcialmente dividida y Sarajevo perdió gran parte del área no urbana circundante y algunos bloques del suburbio de Dobrinja. La guerra había finalizado y con ella la violencia más severa; sin embargo, la incertidumbre no había cesado. En Sarajevo, el sitio había provocado la muerte de miles de personas —oficialmente 11.541 víctimas—, gran parte asesinadas durante 1992.47 El urbicidio 45. FERNÁNDEZGALIANO, Luis. El fuego y la memoria. Sobre arquitectura y energía. Madrid: Alianza Forma, 1991, p. 78. 46. NACIONES UNIDAS. General Framework Agreement for Peace in Bosnia and Herzegovina (Dayton Agreement). UN-Department of Political Affairs, 1995; BOSE, Sumantra. Bosnia after Dayton: Nationalist partition and International intervention. Londres: Hurst & Company Publishers, 2002. 47. DONIA, 2006, Op. cit., p. 334.
101 había erradicado la heterogeneidad e iniciado un proceso de homogeneización a ambos lados de la línea de fuego que continuaría con la línea de borde implementada en 1995. Tras la guerra, los factores geopolíticos y económicos que condicionaron la situación territorial y urbana en la ciudad fueron la necesaria e inminente reconstrucción y reestructuración de edificios públicos y privados, infraestructuras e instituciones; el cambio de paradigma económico del sistema socialista al sistema neoliberal y capitalista y, en consecuencia, a la entrada de inversiones extranjeras condujeron a una globalización frecuentemente vinculada a capitales turcos y árabes y a la división territorial de Bosnia y Herzegovina en dos entidades fuertemente marcadas por una visión étnica del territorio y la sociedad, con su consecuente desplazamiento de población de una región a otra.48 El desarrollo urbano de la ciudad se vio condicionado por la recuperación física, social, administrativa y estructural.49 Además, en el caso de la postguerra en Sarajevo, la ciudad no solo tuvo que afrontar la división territorial y la devastación de la guerra, sino que también se enfrentó a un cambio político y económico radical. El socialismo se había disuelto, las ciudades de la antigua Yugoslavia perdieron su antiguo estatus y, al igual que otros estados de Europa del Este, entraron en un proceso de profunda restructuración de su sistema económico y productivo. Durante los primeros años de postguerra la recuperación —parcial— de Bosnia y Herzegovina dependió casi exclusivamente de la ayuda internacional, siendo liderada por el Programa de reconstrucción y recuperación prioritaria de Bosnia y Herzegovina apoyado por el Banco Mundial, la Comisión Europea y el Banco Europeo.50 En el caso de Sarajevo, la reconstrucción material y física de la ciudad se inmiscuyó en un proceso de restablecimiento de una cierta normalidad que tenía que lidiar con la destrucción absoluta de más de 10.000 viviendas y la afectación de otras 100.000. Según el informe oficial de Naciones Unidas de 1994, el 23% del total de edificios no destinados a vivienda se encontraban seriamente dañados, el 64% parcialmente dañados y finalmente, el 10% ligeramente dañados. Asimismo, el informe incluía la grave afectación de los edificios y servicios de uso público en toda la ciudad: infraestructuras, hospitales, escuelas, viviendas sociales, edificios institucionales, zonas industriales y, en definitiva, cualquier área productiva habían sido víctimas especialmente afectadas por el urbicidio.51 Entre un 74% y un 96% de los edificios de la zona central habían sido gravemente afectados. Dado el daño sufrido en gran parte de los edificios de valor histórico 48. KARČIĆ, Harun. Islamic Revival in PostSocialist Bosnia and Herzegovina: International Actors and Activities. Journal of Muslim Minority Affairs, 2010,vol. 30, n. 4, pp. 519-534; TOAL, Gerard y DAHLMAN, Carl. Bosnia remade: Ethnic cleansing and its reversal. Oxford y Nueva York: Oxford University Press, 2011. 49. KUMAR, Krishna, ed. Rebuilding societies after civil war: Critical roles for international assistance. Boulder, Colorado: Lynne Rienner Publishers, 1997. 50. MARTÍN-DÍAZ, Jordi. Urban restructuring in postwar contexts: the case of Sarajevo. Hungarian Geographical Bulletin, 2014, vol. 63, n. 3, pp. 306-307. 51. Naciones Unidas. Annex VI - part 1/10. Study of the battle and siege of Sarajevo. En: Final report of the United Nations Commission of Experts, publicado el 27 de mayo de 1994.
102 recogidos en la exposición y el catálogo de Warchitecture, realizado por la asociación de arquitectos DAS-SABIH,52 la materialización de la reconstrucción debía lidiar con el futuro formal de muchos de los edificios de la ciudad. La recuperación de una cierta estabilidad requería un aumento de los flujos neguentrópicos para construir nuevas estructuras organizadas. La incertidumbre y el cambio habían sobrepasado la evolución lineal del sistema urbano. Todas las infraestructuras habían sido dañadas de una forma u otra: calzadas, edificios públicos, aceras, servicios de agua y electricidad, líneas de gas cortadas y disfuncionalidad absoluta de las vías ferroviarias. El urbicidio venía marcado por las secuelas del armamento terrestre: bombas de mortero, francotiradores y artillería pesada que condicionaron las huellas de la masacre. Este paisaje urbano lleno de desplomes, agujeros y metralla era parte de la memoria y el recuerdo de todos los disparos a los que fueron sometidos los espacios urbanos y sus habitantes. El arquitecto Lebbeus Woods en su obra War and Architecture, basada en la destrucción sufrida en Sarajevo, establecía tres posibles actitudes frente a la reconstrucción de una ciudad tras un conflicto armado. El primer principio consistía en restaurar las condiciones previas que se habían perdido durante la guerra; el segundo principio se basaba en demoler todos aquellos edificios que habían sido dañados y construir una ciudad totalmente nueva y el tercer principio proponía crear, en la ciudad de la postguerra, una nueva construcción a partir de lo antiguo dañado.53 Woods recalcó que generalmente la tendencia durante las reconstrucciones de las ciudades devastadas de la Segunda Guerra Mundial se había ceñido a uno de los dos primeros principios, pero que escasamente se había trabajado bajo el marco del tercero. Sin embargo, la posibilidad de investigar en esa dirección, partiendo del uso de aquellos edificios afectados como fuente de una nueva evolución de la ciudad a través de la transformación de los espacios dañados, expresaba explícitamente la sustracción de información del propio entorno destruido. Los esbozos que Woods realizó para algunos de los edificios de Sarajevo sirvieron como modelos teóricos, activos y críticos con el entorno dañado. (Fig. 22) Sus propuestas no pretendían ser proyectos a construir, puesto que Woods consideraba que la reconstrucción de la ciudad debía realizarse en manos de los urbanistas y arquitectos de la misma, quienes formaban parte de su sistema social y de su evolución. Los esbozos eran una reivindicación hacia la memoria urbana leída a través de las profundas heridas provocadas por el conflicto. 52. DAS-SABIH, 1994a, 1994b, Op. cit. 53. WOODS, Lebbeus. War and Architecture / Rat i Arhitektura. Nueva York: Princeton Architectural Press, 1993.
103 Esta actitud fomentaba una memoria que no se ceñía sobre la construcción explícita de proyectos de recomposición, sino que pretendía mantener la memoria en la propia ciudad, entendiendo que la evolución de la misma no tenía por qué eliminar ningún sustrato de información latente para posibles futuros urbanos. El interés de las propuestas de Woods radicaba en que los cambios ocurridos durante el sitio no eran totalmente eliminados, sino que se mantenían como parte de la evolución urbana. Las circulaciones en los edificios reconstruidos podían transfigurarse análogamente a como lo habían hecho durante el sitio y la incorporación de nuevos flujos no previstos era parte de la rememoración espacial del conflicto que se había visto altamente alterada durante la guerra. La falta de flujos había reducido la posibilidad de generar estructuras de baja entropía así que la vuelta a la normalidad requería un esfuerzo energético, material y de información elevadísimo; la cuestión era cómo canalizar ese esfuerzo. Fig. 22. Lebbeus Woods, esbozos para la reconstrucción del Parlamento de Bosnia y Herzegovina. Fuente: Woods, Lebbeus. War and Architecture / Rat i Arhitektura. Nueva York: Princeton Architectural Press, 1993.
104 La propuesta de Woods, aunque alegórica, abogaba por una cierta reconstrucción crítica de la ciudad. Sin embargo, lejos de su reivindicación, gran parte de la reconstrucción espacial tanto morfológica como topológica siguió el primer principio establecido por el mismo arquitecto, recomponiendo el tipo edificatorio y los canales de comunicación previos a la guerra. La reconstrucción modificó y modernizó algunas fachadas, mejoró instalaciones y reforzó estructuras, pero prácticamente no hizo evolucionar ni modificó el tipo de las áreas a reconstruir. En el Museo de Historia de Bosnia y Herzegovina (Historijski Muzej Bosne i Hercegovine) se recogen casi 70 imágenes dobles en las que aparece un espacio urbano en 1996 y el mismo espacio en 2011, quince años después.54 En ninguna de ellas aparece un cambio morfológico que haya modificado la lectura urbana del espacio; todas se han ceñido a la recomposición de lo destruido. En muchos casos, esta recomposición no implica la recuperación del estado anterior. Robert Bevan, en su manuscrito La destrucción de la memoria, explica cómo en muchas ciudades, aunque la reconstrucción reproduzca el tipo, esta no respeta su memoria, puesto que la selección de qué símbolos reproducir depende de quien la reconstruya.55 Así, la recomposición fue desequilibrada y la principal reconstrucción de la ciudad se realizó en el área central, especialmente en Baščaršija y en el área austrohúngara. El área socialista, especialmente al oeste, en Alipašino Polje y algunas zonas de Dobrinja, tardarían más tiempo en ser reconstruidas, en parte por su escaso atractivo turístico. A pesar de que los esfuerzos tendieron a convertir la reconstrucción en un proceso reversible, la incertidumbre provocada por la violencia y los cambios políticos, económicos y sociales no permitió la reversibilidad urbana en áreas no centrales de la ciudad o en las laderas de las colinas donde la vivienda informal fue en aumento. (Fig. 23) Aunque la premisa para la reconstrucción morfológica fuera la eliminación de los rasgos de la guerra, la simbología ceñida a los cambios políticos, así como la llegada de capital extranjero, provocarían cambios sustanciales en el entorno construido, induciendo una memoria por encima de otra, tal y como denunciaba Bevan. Muchos de los sistemas relacionales y espaciales que habían surgido durante la guerra desaparecieron. De hecho, las redes autoorganizadas se fueron desvaneciendo y solo las más robustas permanecieron. El espacio en Sarajevo dejó de leerse inversamente y las áreas públicas y abiertas recuperaron su condición nodal. Las modificaciones que ha sufrido la ciudad en la posgue- 54. Colección de fotografías e imágenes realizadas por Jim Marshall que se exponen en el Historijski Muzej Bosne i Hercegovine. 55. BEVAN, Robert. The destruction of memory: architecture at war. London: Reaktion Books Ltd, 2006.
111 9. SADER, 1998, Op. cit., p. 35. desapareció por completo, situándose algunos pequeños asentamientos fuera de las murallas en la colina oeste de Ras Beirut. El dominio franco introdujo el cristianismo latino construyendo la iglesia a San Juan Bautista que sería convertida en mezquita a finales del siglo XIII.9 El período de dominio latino provocó una primera ruptura del lazo que la ciudad había mantenido con Damasco durante la conquista árabe. La regencia franca, interrumpida solamente durante nueve años, se mantuvo hasta 1291 cuando los mamelucos venidos de Egipto, tras destruir las murallas y la ciudadela, tomaron el dominio de Beirut. En esta época el monte Líbano ya era ocupado en el área norte por los maronitas, iglesia cristiana, mientras que en la zona sur de la sierra se encontraban los drusos —una comunidad religiosa escindida de la confesión musulmana chií descendientes del califato fatimí—. La paulatina modernización y estabilización de la ciudad se iniciaría con la expansión del Imperio otomano, cuya extensión empezó a la vez que se produjo la salida árabe de la península ibérica. El Imperio otomano se expandió desde la actual Turquía, hasta las puertas de Viena a través de los Balcanes y alcanzó el sur de Argelia, ocupando el territorio oriental del mar Mediterráneo. La regencia del Imperio otomano en Levante se prolongó más de cuatro siglos, desde la victoria del sultán Salim I sobre los mamelucos, entre 1516-1517, hasta la caída del Imperio tras la Primera Guerra Mundial. Fue precisamente bajo la era de administración otomana cuando Bayrūt al-Qadīmah (Beirut intramuros) se extendió como ciudad y adquirió su primera modernización. La descentralización permitió que diversos enclaves en diversas de sus provincias ampliaran y enriquecieran su estatus, siempre ligado al poder de Estambul. Al inicio de la implantación del sistema otomano de provincias, Beirut estaba bajo la administración de Damasco. De este período destacan dos mezquitas situadas en el centro de la ciudad: la mezquita de Emir Mansour Assaf del siglo XvI —en la actual calle Weygand— y la mezquita de Emir Munzer del siglo XvII —en la actual calle Riad el-Solh—, a unos 400 m de distancia la una de la otra. En 1660 al instaurarse el vilayato de Sidón, Beirut se mantuvo en un plano secundario, tanto en relación con las capitales provinciales como con el peso comercial de las comunidades instaladas en el monte Líbano. Mientras las comunidades drusa y maronita residían y ocupaban el monte, la pequeña ciudad de Beirut —con apenas algunos miles de habitantes— estaba mayormente poblada por musulmanes sunníes y griegos ortodoxos, manteniéndose
112 como un modesto puerto comercial de seda entre Damasco, el sur del monte Líbano y los comerciantes venecianos.10 La explosión demográfica y económica se produjo durante la segunda mitad del siglo XIX, cuando Bayrūt al-Qadīmah (Beirut Intramuros) se expandió fuera de sus límites amurallados. Esta expansión se inició gracias a dos de las principales características de la última época del Imperio otomano: su modernización tras la reforma del Tanzimat y la penetración del capital europeo en las provincias árabes orientales. La expansión extramuros comenzó a ser visible en 1840, cuando la morfología urbana tanto interna como externa comenzó a transformase. Las pequeñas edificaciones situadas alrededor de patios abiertos empezaron a aumentar en tamaño, dedicándose las plantas superiores a viviendas y las plantas bajas a comercio; además, nuevas construcciones se situaron fuera del límite de la ciudad. Como muestra el plano de 1876, el tejido urbano denso, atravesado por segmentadas, tortuosas y estrechas calles, ocupaba un área de apenas 15 ha y estaba organizado en pequeños barrios (mahalas o haras) generalmente diferenciados según grupos artesanales o comerciales a diferencia de la habitual organización por comunidades religiosas de otras ciudades del Imperio. (Fig. 25) En los años 1880 las murallas habían desaparecido, las antiguas puertas de acceso a la ciudad habían perdido su antiguo uso y se empleaban tan solo como referencia geográfica puesto que la superficie de la ciudad había aumentado entre 1841 y 1876 quince veces.11 Beirut empezó a controlar las exportaciones de grano del interior de Siria, de seda del monte Líbano y las importaciones de tejidos manufacturados de algodón de Europa.12 Dada su pujanza comercial y la dependencia que la región empezaba a tener sobre la ciudad, se constituyó un vilayato propio en 1888, el vilayato de Beirut, que se extendía al norte hasta Latakia (actualmente Síria) y al sur hasta Nablus (Palestina). La Gran Guerra supuso el fin del Imperio otomano y en 1920 Francia y Gran Bretaña se encargaron de dividir la región oriental del Mediterráneo trazando las actuales fronteras del Líbano y Siria. Mientras los cristianos maronitas especificaron claramente la voluntad de construir el Gran Líbano, este anhelo no era compartido por los musulmanes del área, quienes no querían ser administrados por el Mandato francés, sino que abogaban por un estado árabe independiente.13 Las buenas relaciones de los maronitas con los franceses permitieron que los primeros tuvieran gran peso en el trazado de los nuevos límites. Las fronteras estableci- 10. KASSIR, 2003, Op. cit., pp. 68-69. 11. DAVIE, May. Beyrouth et ses faubourgs (1840-1940). Une intégration inachevée. Beirut: Presses de l’Ifpo, Cahiers du Cermoc, 1996, pp. 39-70. 12. TRABOULSI, Fawwaz. A History of Modern Lebanon. Londres: Pluto Press, 2007. [Versión consultada: F. Traboulsi. A History of Modern Lebanon. Londres: Pluto Press, 2012, p. 52]. 13. SALIBI, Kamal. A house of many mansions. The history of Lebanon reconsidered. Berkeley, California: University of California Press, 1988, pp. 31-32.
113 das por Francia y Gran Bretaña en la región nunca habían existido hasta la fecha y en el antiguo vilayato de Beirut gran parte de la población musulmana expresó su desacuerdo y se realizaron propuestas sobre la nación árabe, así como sobre la anexión a Siria como estado independiente. Desde 1920 hasta 1943 Beirut permaneció como la capital del Gran Líbano bajo el Mandato francés, cuando la influencia occidental, ya iniciada con el Tanzimat, se vería acentuada.14 Beirut, además de ser nombrada la capital del Líbano, se convirtió en la administración central de los Estados de Levante bajo el Mandato francés, asegurando así su papel político y económico. El diseño de las áreas centrales de la ciudad, que ya habían sido parcialmente derribadas por la administración otomana en 1915, prosiguió con el proceso de expropiación y de alineación de calles. (Fig. 26) Así, se amplió el proyecto iniciado a finales del siglo XIX y se abrieron nuevas vías cuyos nombres hacían alusión a los vencedores de la Primera Guerra Mundial, franceses y británicos: Rue Géneral Allenby, Rue Maréchal Foch, Rue Weygand, etc. La nueva traza de las calles se guió por la apertura de avenidas, la rectificación de sus alineaciones y la construcción de plazas y perspectivas. La proyección urbana de la ciudad no vino Fig. 25. Mapa de Beirut en 1876. Fuente: Archivo IFPO, Beirut. 14. En turco, Tanzimat significa reorganización y en este caso hace específicamente alusión al período comprendido entre 1839 y 1876, durante el que el Imperio otomano procuró modernizar su estructura, política, económica, administrativa y social. Se produjeron cambios en el aparato organizativo del Imperio, grandes inversiones que pretendían introducir renovaciones tecnológicas como el telégrafo y el ferrocarril.
114 Fig. 26. Mapa de Beirut de 1920, tras el derribo de las áreas centrales. Fuente: Archivo IFPO.
115 15. TABET, 2001, Op. cit., p. 14. 16. TRABOULSI, 2007, Op. cit., p. 129. 17. TABET, 2001, Op. cit., p. 22-23; EL-ACHKAR, Élie. Réglementation et formes urbaines. Le cas de Beyrouth. Beirut: Presses de l’Ifpo, Cahiers du Cermoc, 1998, pp. 21-29 definida por el tipo de manzana, sino que fue la delimitación de las calles y los espacios de comunicación los que definieron unos perímetros. La manzana estaba subordinada a la forma externa, mientras en su interior la trama era irregular y se redefinía según la edificación existente.15 Los cambios políticos en el Líbano llegaron nuevamente con la Segunda Guerra Mundial. La independencia respecto a Francia se instauró en 1943 cuando fue aprobada una nueva constitución que establecía igualdad política, cívica y judicial entre todos los ciudadanos. En la práctica, la organización judicial y gubernamental se basaba en la subdivisión entre comunidades religiosas que desigualmente accedían al poder político y a la gerencia de servicios públicos. Se mantenían las bases sectarias ya establecidas en la primera constitución del Líbano aprobada en 1926. El período que se iniciaba tras la independencia sería conocido como el milagro económico desde 1944 hasta 1958. Las malas comunicaciones con Europa durante la Segunda Guerra Mundial provocaron que la industria local libanesa prosperara, y la modificación en las relaciones geopolíticas causadas por la creación del Estado de Israel en 1948 causó el fin del comercio interior a través del puerto de Haifa, de tal modo que, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el comercio desde Europa con Siria se concentró en Beirut, donde se construyó el aeropuerto internacional más importante de la zona. La inestabilidad en la región, tanto por el éxodo palestino como por la afluencia de capitales provenientes de Egipto, Siria e Irak, tras los diversos golpes de estado ocurridos en cada uno de los países, provocó que Beirut recibiera el influjo de una inmigración pudiente y burguesa que, huyendo de las nacionalizaciones de los estados vecinos, empezaría a invertir en la ciudad.16 La pujanza económica tuvo su cristalización en el espacio urbano. Se produjo una extensión y densificación de toda la península de Beirut ocupando la ladera de la costa, densificando el este hacia el barrio armenio de Bourj Hammoud y construyendo en los terrenos agrícolas del sur. El urbanismo practicado durante los años 1950 consistió en ocupar toda parcela vacía en los límites municipales, respetando escasamente espacios libres. El plan director, finalmente aprobado en 1952, se ciñó a la delimitación de vías y a una zonificación basada en diez zonas concéntricas.17 Este zoning tuvo un carácter absolutamente permisivo en el que solamente se regulaban la densidad y la edificabilidad. Las zonificaciones vinculadas a funciones no fueron aplicadas. En
116 . 18. SALAM, Assem. The role of government in shaping the built environment. En: P. G. Rowe, P. G. y H. Sarkis, eds. Projecting Beirut. Episodes in the construction and reconstruction of a modern city. Múnich, Londres y Nueva York: Prestel Verlag, 1998, pp. 126-129; TABET, 2001, Op. cit., pp. 29-31. ese sentido, gran parte de la morfología de toda la ciudad nacería de la voluntad especuladora de los inversores y su capacidad de inversión privada. El bajo control de la administración permitía amplias interpretaciones de la ley de la construcción que se traducían en una multiplicación de la edificación. La ley se convirtió en un paradigma para la explotación del suelo, que condujo a una rápida densificación de los límites de la ciudad y a la construcción de un paisaje urbano, donde los edificios de tres o cuatro plantas y las casas con jardín empezaban a ser menos frecuentes, y las parcelas vacías se ocupaban con edificaciones en altura que funcionaban en torno a un núcleo vertical, con una o dos plantas dedicadas a oficinas y el resto a viviendas. Estos nuevos edificios empezaron a asimilar la tradición europea racionalista con fachadas sobrias, abandonando el estilo ecléctico del período anterior. A partir de los años 1960, la Administración pasó a ser la encargada del estudio para el desarrollo de todas las ciudades del Líbano, bajo el nuevo código del urbanismo aprobado en 1963. Dado el cambio en la estructura administrativa, se promovió la redacción de un plan para la ciudad. Se estableció un nuevo marco territorial denominado el Gran Beirut que, según Michel Écochard —arquitecto-urbanista encargado del plan—, debía modificar la estructura mononuclear de la ciudad y conformar una nueva metrópoli policéntrica con la creación de nuevas ciudades hacia el sur a modo de new towns, que absorbiera la población recién llegada. Además, se preveía la protección de las playas y las zonas boscosas y montañosas, mientras que en las pequeñas colinas cercanas a la ciudad se podía construir con bajas densidades. En este nuevo plan de Écochard, se localizaron una zona industrial cerca del río Nahr Beirut, nuevas vías principales de salida de la ciudad, edificios públicos e infraestructuras.18 El plan intervenía en el centro de la ciudad, pero tan solo con la apertura de nuevas vías rápidas de comunicación que incluían el cinturón circular alrededor del centro. La congestión y la densidad debían disminuir gracias a las nuevas ciudades del sur, aunque la planificación en los límites de la municipalidad no se viera afectada. Si bien la propuesta pretendía incorporar una planificación que modificaba los roles que hasta el momento habían guiado los crecimientos de Beirut, el plan aprobado en 1964 eliminaba gran parte de sus premisas. Dada la presión de inversores y promotores que abogaban por menos restricciones y más edificabilidad, los suburbios se construyeron a semejanza de las áreas pericentrales: hiperdensificados.
117 19. TRABOULSI, 2007, Op. cit., pp. 177-178. 20. MAKTABI, Rania. The Lebanese census of 1932 revisited. Who are the Lebanese? British Journal of Middle Eastern Studies, 1999, vol. 26, n. 2, pp. 219-241. La calma relativa que reinaba en el Líbano, en relación con el resto de países de la región inmersos en la guerra fría y en el conflicto árabe-israelí, llevó a que la ciudad mantuviera una cierta estabilidad desde finales de los años 1950 hasta principios de los años 1970. La élite cultural del mundo árabe, desde poetas y novelistas, hasta los medios de comunicación y la prensa, pasando por la cultura popular instalada en los teatros y los cinemas del centro de la ciudad, se trasladó a la ciudad en busca de sus cafés y su prolífica vida sociocultural.19 La occidentalización cultural de la ciudad también atrajo las inversiones extranjeras y el secreto bancario desencadenó la apertura de nuevos bancos de carácter internacional y el aumento del sector servicios y hotelero. Aparecieron en los años 1970 hoteles de más de veinte plantas que irían ocupando algunas de las áreas de primera línea de mar. El centro de Beirut conservaba gran diversidad de tipos edificatorios y de diversidad funcional, convirtiéndose en una suerte de núcleo hedonista del Medio Oriente, lugar de encuentro social transversal. (Fig. 27) Si bien, la vida hedonista de cafés, cinemas y clubes proliferaba, las desigualdades sociales también iban en aumento y en 1975 las tensiones sociopolíticas terminaron en una espiral de violencia que se alargaría quince años: la guerra civil libanesa. CARTOGRAFÍAS DE LA INCERTIDUMBRE: LA GUERRA DE LAS MUCHAS GUERRAS El Pacto Nacional que fundó el Estado independiente en 1943, estableció la organización política que condicionó la estructura del Líbano. Diecisiete comunidades religiosas estaban reconocidas oficialmente por el Estado y las tres máximas personalidades del Gobierno estaban divididas entre las tres comunidades mayoritarias. Así, el presidente de la República debía ser maronita, el primer ministro debía ser sunní y el presidente del Parlamento, chií. Este Pacto Nacional establecido entre las comunidades maronita y sunní que ratificó la constitución de 1926, modificó las relaciones internacionales e instauró una democracia confesional en la que el poder se dividía entre las diferentes comunidades religiosas y las comunidades con mayor población recibían más representación. La distribución de escaños se equiparaba al peso poblacional, según el censo realizado por la administración francesa en 1932, cuyas bases para definir quién era o no libanés tendieron a aventajar a la población cristiana.20 Esta distribución daba mayor fuerza a ambas comunidades y en especial a la maronita. La construcción de este tipo de democracia ligaba el poder legislativo a
118 las comunidades religiosas, en tanto que no daba opción a modificaciones de poder en función de debates políticos vinculados exclusivamente a cuestiones sociales o económicas. Además, este tipo de Estado sectario tiende hacia un inmovilismo irreal, dado que se basa en la relación comunitaria como primera fuente de poder, distribuida según un censo de población que, por supuesto, no es invariable. Esta distribución del poder mantuvo la estructura de un Estado rígidamente inestable. La guerra en el Líbano se prolongó desde 1975 hasta la firma del Acuerdo de Taif en octubre de 1989 y el desarme de la mayor parte de las milicias a lo largo de 1990. La guerra perduró quince años, aunque las facciones, los pactos y el tipo de perturbaciones variaron durante el período. Diversos factores desencadenaron la violencia: las desigualdades económicas y sociales, la falta de representación democrática a causa de la estructura sectaria del estado —que favorecía grupos concretos de población—, la ruptura de la relación clientelar en el seno de las comunidades religiosas y el impacto del conflicto palestino-israelí acentuado por la gran afluencia de refugiados palestinos. El geógrafo francés Michael Davie discutía en 1983, poco tiempo después de la invasión israelí sobre el Líbano, la dificultad que suponía nombrar la guerra libanesa y especialmente la guerra en Fig. 27. Calles Georges Picos en 1958, fotografía de Thomas J. Abercrombie. Fuente: National Geographic, 28 de agosto de 2013, disponible en: http:// www.nationalgeographic. com/photography/ photo-of-the- day/2013/8/streetbeirut-abercrombie/
119 21. DAVIE, Michael. Comment fait-on la guerre à Beyrouth? Hérodote, 1983, n. 29-30, p. 17. 22. TRABOULSI, 2007, Op. cit. 23. RABINOVICH, Itamar. The War for Lebanon, 1970-1985. Ithaca, Nueva York: Cornell University Press, 1985, pp. 77-78. 24. TRABOULSI, 2007, Op. cit., pp. 193-210. Beirut. No parecía posible identificar un solo porqué y ni siquiera ofrecer un nombre o definición válidos para el conflicto.21 Sin embargo, sí era posible leer la voluntad de control territorial de las diversas y múltiples facciones que, a veces superpuestas, irían fragmentando la ciudad. La topografía urbana y sus funciones asociadas se modificaron, convirtiéndose en geometrías morfológicas y topológicas de supervivencia. Una guerra urbana en un país extremadamente urbano. El conflicto se puede dividir en tres grandes períodos siguiendo la estructura propuesta por el historiador Fawwaz Traboulsi.22 El primer período entre 1975 y 1977 se inició como un conflicto entre las Falanges Libanesas guiadas por el Kataeb, partido falangista fundado por Pierre Gemayel —mayormente maronita—, y su aliado el Frente Libanés contra el Movimiento Nacional del Líbano, de carácter progresista, liderado por el druso Kamal Jumblatt23 y las fuerzas palestinas aliadas. La disputa de ambas facciones por el territorio provocó la división del mismo entre el este ‘cristiano’, controlado por el Partido Falangista, y el oeste ‘musulmán’, bajo control del Movimiento Nacional del Líbano. Este patrón quedó plasmado en Beirut: la ciudad fue dividida por la línea de demarcación, una frontera que nacía en el corazón de la ciudad y continuaba hacia el sur, dividiendo la urbe entre Beirut Este —el cerro de Ashrafiyyeh— y Beirut Oeste —el montículo de Ras Beirut—, mientras que el centro y los frentes de la calle Damasco, salida natural hacia la capital de Siria, quedaron arrasadas y se convirtieron en la Línea de Demarcación, conocida popularmente como la línea verde. El centro de la ciudad fue víctima de gran parte de las batallas urbanas, siendo conquistado y reconquistado por una u otra milicia, hasta devenir un no-lugar; tierra quemada. La violencia se cernió sobre este espacio heterogéneo y de encuentro social y económico. (Fig. 28) La implicación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) como aliada del Movimiento Nacional en el conflicto, por un lado, amenazaba el poder maronita y, por otro, estimuló la intervención de Siria e Israel. Este período finalizó con la entrada de las tropas sirias en Beirut y el asesinato de Kamal Jumblatt.24 La segunda fase de la guerra transcurrió entre 1977 y 1982. Siria y Estados Unidos eligieron a Elias Sarkis como nuevo presidente del Líbano, esperando que pacificara el país. Sin embargo, el período vendría marcado por: la intensa implicación de los actores regionales, especialmente Siria e Israel, a causa de la
120 Fig. 28. Imagen de Gabriele Basilico desde la azotea del hotel Holiday Inn, 1991. Fuente: Basilico, Gabriele. Beyrouth 1991 (2003). Milán: Baldini Castoldi Dalai Editore, 2003, p. 151. Fig. 29. Imagen del puerto de Beirut, 1977. Fuente: Archivo IFPO, Beirut.
127 La adquisición de todo el suelo por parte de la sociedad inmobiliaria alteraba el futuro del sistema urbano a través de un cambio esencial en la estructura de la propiedad. Se eliminaba la fragmentación parcelaria que garantizaba la diversidad urbana. Esta unificación de la propiedad capacitó a la sociedad para realizar cambios en el parcelario según su voluntad unitaria. Con ello se erradicó el conflicto a costa de la simplificación estructural y se eliminó también la posibilidad de establecer vínculos de ayuda mutua. Solidere erradicaba la complejidad en el desarrollo de las parcelas puesto que un único agente tendría poder sobre casi todas ellas. La evolución parcela por parcela (evolución del tipo) se eliminaba. Si se hubiera mantenido la estructura de la propiedad previa, el centro de la ciudad hubiera evolucionado a través de las alteraciones de un mismo tipo edificatorio, de la variación de este tipo o del ensamblaje de parcelas. La implantación de una propiedad única para todo el ámbito implicaba poder obviar la estructura espacial de la propiedad previa. Es decir, la división parcelaria e incluso el trazado de las calles podían fácilmente ser arrasados para iniciar la construcción de un nuevo sistema urbano a través de la tabula rasa. Se erradicaba casi por completo la negociabilidad como mecanismo de evolución colectiva. El plan de ordenación debía responder principalmente frente a sus accionistas, cuyo interés económico sobre el espacio era totalmente independiente de la propia estructura espacial. El valor de cambio del suelo se desvinculaba así de su estructura precedente erradicando gran parte de la historia que se había mantenido en el sistema de propiedad. El sistema urbano, entendido como un sistema de comunicación, implica interacción a través de la estructura de la propiedad.37 En una estructura de propiedad única la interacción es innecesaria. La simplificación de los canales de comunicación, producto de la unificación de la estructura de la propiedad, se tradujo en una simplificación del sistema espacial del plan. Se derribaron un total del 80% de los edificios, a pesar de que estudios sobre las imágenes aéreas de la ciudad aseguran que la mayor parte de los edificios del centro, aunque muy afectados, conservaban la estructura y muros principales. Así, las áreas nuevamente desarrolladas modificaron el esquema, en un esfuerzo por desarrollar un nuevo trazado viario. Los trazados originales se conservaron solo en las áreas centrales planificadas durante el Mandato francés, en menor grado en el barrio judío de Wadi Abou Jmiel y escasamente en el área de Saifi en el sureste, donde se mantuvieron 37. RUIZ, Javier. Sistemas urbanos complejos. Acción y comunicación. Cuadernos de Investigación Urbanística, 2001, n. 32, pp. 33-34.
128 algunas edificaciones. En el caso del área de Minet el-Hosn (Distrito de los Hoteles) el nuevo viario, nacido de la implantación de unas directrices ortogonales paralelas al mar, conllevó la eliminación de todo el tejido para la construcción de hoteles y viviendas de gran altura ocupando la primera línea de mar. El parcelario dejó de ser mixto en forma y tamaño, modificándose todo él y convirtiéndose en un parcelario de gran envergadura para alojar edificios en altura. En una lectura sistémica este cambio abrupto implica que el nuevo tipo edificatorio fuera un tipo de escasa evolucionabilidad, dada su acumulación material y energética. En el nuevo Distrito de los Hoteles, la reconversión de todo el parcelario hacia un nuevo tipo edificatorio, conducía a la estanqueidad ya que, una vez construida la nueva edificación en altura, difícilmente podría ser modificada. Se alteraba así la capacidad de evolución del sistema que rigidizaba su estructura. Lo mismo ocurriría Fig. 31. Imagen aérea del Distrito Central de Beirut, 2005. Fuente: Archivo topográfico de Foaud Jabri.
129 en el antiguo Burj, cuya edificación había sido prácticamente erradicada y, con ella, el parcelario y el viario asociado a este. Esta estrategia se repitió en la zona de los nuevos souks que se convertirían en un centro comercial, en la zona limítrofe con el gran anillo perimetral al sur, Ghalghoul y en el área alrededor de la antigua torre Murr (Burj el-Murr). La erradicación de la estructura de la propiedad condujo a la simplificación de la estructura del centro de la ciudad. (Fig. 31) LA HIPERREGULACIÓN DEL SISTEMA FRENTE A LA DESREGULACIÓN DEL ENTORNO Mientras Solidere se esforzaba en controlar el desarrollo y cumplimiento del plan para el Distrito Central de Beirut, la política de planificación en el Líbano se seguía caracterizando por la escasa regulación. De hecho, gran parte del territorio libanés permanecía sin planeamiento específico, rigiéndose por una ley de la construcción que permitía la edificación en cualquier tipo de suelo. Al período anterior a la guerra se le atribuyó una economía laissez-faire que también afectó a la edificación y el urbanismo. Se instauró una cierta preeminencia del inversor y el constructor, en un país con escasa industria, y se inició un proceso de rápida urbanización con bajo control. La Ley de la construcción se aplicaba directamente sobre cada parcela y los constructores procuraban buscar ventajas gracias a decretos que permitían una mayoración de la edificabilidad según el tamaño de la parcela o la situación de la misma en relación con la calle. La escasa regulación permitió una rápida urbanización, primero de las áreas pericentrales, y, posteriormente, de los suburbios.38 A pesar de las regulaciones y la aprobación de enmiendas y derogaciones, las múltiples posibilidades de interpretación de los textos produjeron una variación a nivel arquitectónico y urbano que aprovecharon agentes especuladores.39 La zonificación de Beirut mantuvo una cierta heterogeneidad funcional puesto que no determinaba los usos aunque regulaba la edificabilidad, la ocupación del suelo y el gálibo; todas estas variables dependiendo del sector, del tamaño y posición de la parcela. La diversidad del tipo edificatorio era elevada ya que tan solo estaba determinado por las limitaciones de su envolvente. Durante la guerra el proceso de urbanización del Gran Beirut se aceleró y se urbanizaron gran parte de las laderas al norte y al sur de la capital, producto de la división de la ciudad. Mientras el centro de la ciudad estaba desolado y se reproducían combates a 38. DAVIE, Op. cit., 1996. 39. VERDEIL, Eric, FAOUR, Ghaleb y VELUT, Sébastien. Atlas du Liban. Beirut: Presses de l’Ifpo, CNRS Liban, 2007, p. 112.
130 pie de calle, se agudizó el crecimiento urbano en la periferia. Tras la guerra, los barrios pericentrales no sufrieron densificaciones tan elevadas como los suburbios, puesto que habían sido edificados con anterioridad; sin embargo, a partir de finales de los años 1990, y especialmente en la década de los 2000, se iniciaría un nuevo proceso de reparcelación y densificación en los barrios adyacentes al centro de la ciudad. Este proceso regido por la propiedad individual ha ido sustituyendo algunas de las antiguas parcelas por lotes mayores para edificar en altura. Tal y como se ha comentado, fuera de los límites del ámbito de ordenación del Distrito Central, la regulación se rige exclusivamente por la edificabilidad, la ocupación del suelo y el gálibo, provocando así una situación casi antagónica a la del área del Distrito Central. Encontramos una clara diferenciación entre el funcionamiento del sistema urbano dentro y fuera de los límites controlados por la corporación inmobiliaria. Esta diferenciación ha provocado situaciones disfuncionales en ambas áreas. En las áreas limítrofes la urbanización de las calles y la planificación es prácticamente inexistente, pero se mantiene la diferenciación de la propiedad según parcelario y, con ello, la evolución del tejido parcela a parcela. Esta evolución permite que coexistan diversos tipos edificatorios en un mismo tejido, en el que es posible encontrar viviendas de fin del período otomano y edificios en altura recién construidos. La dicotomía entre la regulación de Beirut y la del Distrito Central recae en que la zona planificada recoge detalladamente la regulación de todos los espacios y el proyecto de cada elemento —desde la sección de las calles hasta el diseño de la flora y la iluminación—.40 Se produce así una diferenciación doble entre el sistema urbano espacial dentro de los límites del plan y el sistema fuera de estos límites. Existe una primera diferenciación en relación con el espacio abierto y a los canales de comunicación: en el interior del límite del Distrito Central se mantiene un control exhaustivo de todo el espacio público, fuera de estos límites hay una vacuidad en la planificación de los espacios públicos abiertos y un déficit en su mantenimiento. Y existe una segunda diferenciación en relación con la evolución de las parcelas: mientras en el Distrito Central se ha ejercido un programa de tabula rasa, en el que la aprobación de todos los edificios a construir pasa por su administración privada y se rige según las premisas de embellecimiento de su plan —se determina la forma de la edificación pero también el tipo de sección de las calles—, en las áreas adyacentes, la regula- 40. GAVIN, Angus y MALUF, Ramez. Beirut Reborn: The Restoration and Development of the Central District. Londres: Academy Editions, 1996; SALIBA, Robert y SOLIDERE. Beirut city center recovery: The Foch-Allenby and Etoile conservation area. Göttingen, Alemania: Steidl, 2004. 41. WAGENSBERG, Jorge. La rebelión de las formas. O cómo perseverar cuando la incertidumbre aprieta. Barcelona: Tusquets Editores, Colección Metatemas, 2004. [Versión consultada: J. Wagensberg. La rebelión de las formas. O cómo perseverar cuando la incertidumbre aprieta. Barcelona: Tusquets Editores, Colección Fábula, 2013, p. 111].
131 ción tan solo se rige por el aprovechamiento dando un alto grado de libertad en la evolución del tipo edificatorio y su función, pero consumiendo ferozmente el suelo y los recursos y respetando al mínimo los canales de comunicación, es decir, las calles. Ambas situaciones provocan la saturación del sistema urbano: la hiperregulación y la desregulación. El Distrito Central ha sido aislado del resto de áreas pericentrales. No se trata tan solo de un aislamiento físico y topológico, sino que existe una diferenciación en el proceso de creación de este espacio y su regulación. Las restricciones dan paso a la evolución frente a la incertidumbre mientras que las obligaciones no permiten ningún grado de adaptabilidad ni anticipación.41 La regulación a través de la restricción otorga múltiples posibilidades mientras que la regulación mediante la obligación induce a la simplificación de las estructuras, a establecer un único futuro posible. Paradójicamente, en ambos casos se está produciendo una densificación del tejido. En las áreas pericentrales esta situación Fig. 32. Densificación del barrio pericentral de Bachoura en Beirut, 2015. Fuente: elaboración propia.
132 42. EL-ACHKAR, 1998, Op. cit., pp. 93-95. 43. KHOURY, 1995, Op. cit., p. 140. Los escombros de los sucesivos derribos de toda la ciudad vieja sirvieron para sedimentar el suelo ganado al mar, en el que se planificó la construcción de un nuevo sector. se puede percibir fácilmente analizando los nuevos tipos edificatorios. A través de procesos de reparcelación se edifican rascacielos que pueden alcanzar entre las 25 y 30 plantas en un tejido de parcelario menudo y calles estrechas. (Fig. 32) En el Distrito Central la eliminación de gran parte de la edificación ha permitido que la edificabilidad y la densidad aplicadas por el plan, en relación con el suelo disponible, cumplan con los límites establecidos en la zonificación de 1954.42 La zona central estaba designada como zonas 1 y 2: la zona 1 permitía un 100% de ocupación del suelo y una edificabilidad de 6 m²/m²; mientras que la zona 2 permitía un 100% de ocupación en planta baja, un 70% de ocupación en altura y una edificabilidad de 5 m²/m², con posibilidad de mayoración establecida a través de diversos decretos. Dada la ocupación del suelo y los tipos edificatorios antes de la guerra, se estima que el Distrito Central tan solo alcanzaba la mitad de la máxima edificabilidad establecida. Los tipos edificatorios de los souks, por ejemplo, estaban muy por debajo del aprovechamiento dentro de la zona 1, máxima ocupación. El plan de 1994, al erradicar gran parte de las áreas ocupadas por edificios de principio de siglo XX, permitió materializar la máxima edificabilidad y ocupación en toda el área. LA SELECCIÓN ARQUEOLÓGICA: LA RUPTURA MORFOLÓGICA Y LA ERRADICACIÓN DEL PASADO PRÓXIMO Hoy hay un espacio vacío y silencioso donde solía estar el corazón de Beirut. Los planes para la nueva ciudad llevaron a que los restos severamente dañados de la ciudad antigua fueran barridos y que los escombros hayan servido para extender el área de ripio y crear un sólido contrafuerte para el nuevo vertedero de basura en el mar.43 La aparición de los planes de reconstrucción provocó que el debate sobre el patrimonio tomara cierta relevancia. El plan de Dar al-Handasah de 1991 sufrió fuertes críticas dada su insensibilidad frente a la memoria del lugar. El plan de Solidere modificó la estrategia y empleó una noción parcial del patrimonio como herramienta frente a la opinión pública. A lo largo de los años 1990 el concepto de patrimonio fue empleado dentro del marco político; primero como oposición a la reconstrucción del Distrito Central y,
133 44. BEYHUM, 1999, Op. cit., p. 200. 45. SCHMID, Heiko. Der Wiederaufbau des Beiruter Stadtzentrums: Ein Beitrag zur handlungsorientierten politisch-geographischen Konfliktforschung. Heidelberg, Alemania: Heidelberger Geographische Arbeiten, 2002; VERDEIL, Op. cit., 2002. 46. RABBAT, Nasser. The interplay of history and archaeology in Beirut. En: P. G. Rowe y H. Sarkis, eds. Projecting Beirut. Episodes in the construction and reconstruction of a modern city. Múnich, Londres y Nueva York: Prestel Verlag, 1998, pp. 19-22; SADER, Helen. Ancient Beirut: Urban growth in the light of recent excavations. En: P. G. Rowe y H. Sarkis, eds. Projecting Beirut. Episodes in the construction and reconstruction of a modern city. Múnich, Londres y Nueva York: Prestel Verlag, 1998, pp. 23-40. posteriormente, como parte de esta y en relación con los barrios pericentrales. Parte de la sensibilidad sobre el patrimonio se inició con las asociaciones de derechohabientes que estaban en contra del proyecto de reconstrucción que expropiaba su suelo y que iniciaron una defensa del tejido edificado a través de diversas publicaciones y conferencias de prensa. A ellos se les unirían arquitectos, economistas y sociólogos preocupados por un patrimonio que parecía obviarse en el discurso de la reconstrucción; elemento central del dispositivo de seguridad para la reunificación nacional.44 Sin embargo, a pesar del debate iniciado en los años 1990, sobre qué reconstrucción era apropiada, gran parte de las decisiones ya habían sido tomadas en el propio terreno, se habían demolido los souks más antiguos en 1983 y los derribos habían continuado hasta 1998.45 La cuestión del patrimonio entró en juego internacionalmente y en el plan de 1993 se modificó la estrategia. Se propuso la reconstrucción de todos los edificios religiosos, la exhumación del subsuelo en busca de restos arqueológicos, principalmente romanos y fenicios, y la preservación y clasificación de 265 edificios, aunque ello implicaba el derribo del 80% de la edificación. (Fig. 33) En relación con la conservación de los 265 edificios de un total de 1.118, el análisis de los planes demuestra cómo su preservación no mantuvo el tejido urbano, entendiendo tejido como el conjun- to morfológico de los sistemas de comunicaciones, el sistema tipo edificatorio y el sistema topológico. Se erradicó la topología, se erradicó la morfología y tan solo permanecieron los edificios simbólicos. Con ello se eliminaba el pasado material de la memoria de la guerra, la memoria de la economía mixta de la preguerra y el pasado otomano. El único tejido que conservó el trazado, la morfología y la edificación fue el área de los alrededores de la plaza Nejmeh, la calle Allenby, la calle Maarad y la calle Foch, el tejido urbano del Mandato Francés. Las excavaciones arqueológicas suponían una oportunidad para analizar la historia de Beirut desde su pequeño enclave fenicio hasta la era premoderna; gratamente valoradas por arqueólogos e historiadores quienes consideraron las excavaciones una gran oportunidad para analizar el pasado antiguo de unos restos que no habían sido estudiados, en detrimento de otras ciudades costeras como Tiro, Sidón y Byblos.46 La corporación inmobiliaria y la UNESCO financiaron gran parte de las excavaciones y con ellas se trazó parcialmente el emplazamiento de los antiguos asentamientos, situando los límites de la ciudad romana así como iden-
134 47. KHOURY, 1995, Op. cit., pp. 137-142; TABET, Jade. Trois plans pour une ville: lectures d’un projet pour la reconstruction du centre-ville de Beyrouth. En: M. Davie, ed. Beyrouth, regards croisés. Tours, Francia: URBAMA, 1997, pp. 291-292. 48. El proyecto ganador para el centro comercial de Beirut Souks fue el del arquitecto Rafael Moneo, inaugurado en 2009. tificando el sitio prehelénico fuera de la muralla otomana.47 En el plan se introdujo un jardín y un parque arqueológicos en el emplazamiento de los antiguos souks. Se previó el parque al final del eje de la antigua plaza de los Mártires y el nuevo Jardín del Olvido al oeste de la misma plaza donde antes de la guerra se situaban los mercados más antiguos (Souk Sursock y Souk Nouriyeh). A ellos se le sumaría un pequeño parque con los baños romanos al este del Grand Serail y en el proyecto para el centro comercial de Beirut Souks48 se incorporaron algunos de los restos bizantinos encontrados en el área. Desde la relación entre la evolución morfológica y la aplicación de esta visión parcial sobre el patrimonio se produce una selectividad arqueológica practicada en la construcción de la identidad del nuevo centro histórico. La erradicación de gran parte de la forma y la topología urbanas representa una negación del tejido que recae no solo en causas culturales, sino en la voluntad de eliminar una clase socioeconómica y su identidad espacial. Aparecía en el discurso de la reconstrucción un cambio hacia el patrimonio arqueológico subyacente, tras derribar gran parte de los tejidos. Esta selección arqueológica aclamaba el pasado fenicio, griego y romano, pero borraba el pasado de inicios del siglo XX, así como el pasado más cercano. La publicidad del plan empleaba la consigna “Beirut: ciudad antigua del futuro” (the ancient city of the future) en la que se hacía referencia a dos tiempos la antigüedad y el futuro.49 Se recreaba un futuro utópico a partir de una antigüedad idealizada y el uso de esta, como las raíces del futuro. Muchas capas de historia han sido erradicadas físicamente bajo este discurso.
135 49. SAWALHA, Aseel. Reconstructing Beirut: Memory and Space in a Postwar Arab City. Austin, Texas: University of Texas Press, 2010, pp. 23-50; EL-DAHDAH, Farès. On Solidere’s motto, “Beirut: Ancient city of the f uture”. En: P. G. Rowe y H. Sarkis, eds. Projecting Beirut. Episodes in the construction and reconstruction of a modern city. Múnich, Londres y Nueva York: Prestel Verlag, 1998, pp. 68-78. En los años 2000 las excavaciones finalizaron y gran parte de las áreas vaciadas permanecieron sin ser construidas, convirtiéndose en aparcamientos provisionales, esperando a sus futuros inversores y promotores. El parque de los baños romanos, en la cota baja del Grand Sérail, fue urbanizado mientras los Jardines del Perdón (Hadiqat As-Samah) y el parque arqueológico permanecen como proyectos. La capacidad prerrogativa ha condicionado la selección de uno u otro pasado en la conformación formal de la ciudad, cuyo concepto de patrimonio incluye mezquitas e iglesias, pero olvida el patrimonio urbano no sacro; el mismo concepto venera los restos arqueológicos prehelénicos y romanos, olvidando los bizantinos, mamelucos, otomanos..., y este patrimonio además descarta las raíces sociales y la memoria dolorosa de la guerra. El futuro del Distrito Central se construye a través de una selección arqueológica inducidamente excluyente. ESCASOS FUTUROS POSIBLES: AISLAMIENTO Y SIMPLIFICACIÓN La manera trivial de ser independiente consiste en aislarse. Si no se intercambia nada con el exterior (materia, energía o información), el exterior no influye en el interior y viceversa. Solo que para un ser vivo tal cosa no es en principio demasiado interesante porque el único estado termodinámico compatible con el aislamiento es el equilibrio termodinámico, el estado en que ya ha ocurrido todo lo que podía ocurrir. En términos biológicos: la muerte. [...] Un caso es la independen- Fig. 33. Imagen del área ganada al mar en el Distrito Central de Beirut, 2016. Fuente: elaboración propia.
136 50. WAGENSBERG, 2004, Op. cit., pp. 113-114. cia pasiva por simplificación. Consiste en reducir la actividad interior casi a cero. [...] El segundo caso es la independencia pasiva por aislamiento. Aquí, al anularse el intercambio, la identidad del sistema queda a merced de su propia actividad interna, algo que, al menos parcialmente, puede no ser tan grave.50 El proyecto del Distrito Central de Beirut ha inducido a su aislamiento físico respecto de los barrios pericentrales al este, al sur y al oeste. La construcción y ampliación (desdoblamiento y aumento de sección) del anillo viario que circunda el centro lo convierte en un área físicamente inconexa y tan solo accesible en vehículo privado, siendo el transporte público en Beirut muy escaso. El acceso peatonal es inhabitual dada la construcción de estas barreras viarias. El tejido urbano ha sido desconectado y las antiguas transversalidades se han interrumpido. Los anchos del cinturón alcanzan los 55 m con aceras que son casi inexistentes o que no superan el metro y medio; se trata de un cinturón viario de velocidad y desconexión, principal síntoma del aislamiento. (Fig. 34) La construcción de este anillo viario es la formalización de una nueva muralla topológica que aísla y controla el acceso al nuevo y exclusivo centro. Tal y como explica la cita inicial de Jorge Wagensberg, el aislamiento es una estrategia posible frente a la incertidumbre. En la reconstrucción del Distrito Central de Beirut se ha abogado por un control absoluto de todos los desarrollos internos dentro de los límites del área de intervención que coinciden con el viario perimetral. Todas las decisiones en torno a su planeamiento están centralizadas de tal forma que tan solo existe un canal de intercambio en la propiedad; el aislamiento material está acompañado de un aislamiento comunicativo. La venta de la propiedad gestionada por la sociedad inmobiliaria ha propiciado unos tipos edificatorios basados en las grandes propiedades y el lujo, eliminando absolutamente el antiguo carácter inclusivo, desaparecido entre los escombros de los antiguos souks. El proceso de reconstrucción ha conducido a una simplificación en la estructura de la propiedad, simplificación en los canales de comunicación y simplificación en los tipos edificatorios. Gran parte del parcelario y la edificación previa ha desaparecido y, con ellas, también parte de su memoria. En Minet el-Hosn la sustitución y aumento del tamaño del parcelario han llevado a un cambio y una homogeneización del nuevo tipo construido [ver figura 34].
143 3. BERMAN, Marshall. Among the ruins. New Internationalist, 1987, n. 178, publicado el 5 de diciembre de 1987. Disponible en: http://www.newint.org/ features/1987/12/05/ among 4. BEVAN, Robert. The destruction of memory: architecture at war. London: Reaktion Books Ltd, 2006. 5. FOUCAULT, Michel. Sécurité, territoire, population. Cours au Collège de France 1977- 1978. París: Collègede France, 1977-1978. [Versión consultada: M. Foucault. Seguridad, territorio, población. Traducción de Horacio Pons. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2011, p. 21]. 6. WAGENSBERG, Jorge. Las raíces triviales de lo fundamental. Barcelona: Tusquets Editores, 2010, p. 143. de calderas y cajas de escalera, y en el centro de Beirut los espacios nodales de centralidad e intercambio se convertían en tierra de nadie. Considerando la relación entre forma y función como selectiva en la producción espacial, estas alteraciones más o menos transitorias muestran una primera capacidad de disrupción por parte del sistema social. La relación entre sistema urbano y violencia antrópica puede aumentar en escala, especialmente si se trata de violencia inducida. Aparecen en estos relatos fenómenos como el urbicidio, en el que existe una voluntad de supresión del sistema espacial que faculta las urdimbres urbanas. Se trata de una acción en contra de la ciudad. Esta definición encaja con la agresión sobre la ciudad de Sarajevo durante el sitio de la guerra de Bosnia pero también con los derribos de la corporación inmobiliaria en el centro de Beirut, que optó por la erradicación de un tejido que permitía la reproducción social, tal y como Marshall Berman lo definía en los patrones de destrucción del South Bronx.3 Esta acción representa la destrucción no solo del medio físico, sino del recuerdo colectivo de una ciudad y, como denuncia Robert Bevan, la destrucción del patrimonio procura erradicar parte de la memoria.4 En Ámsterdam, Sarajevo y Beirut, además de las alteraciones durante los conflictos, se han registrado cambios estructurales y poco probables a largo plazo. Estos cambios, desencadenados en los tres sistemas urbanos, no se hubieran iniciado sin este aumento paulatino de la incertidumbre que el propio sistema social generó. Los patrones trabajados inducen a comprender que el sistema espacial y el sistema social internamente diferenciado —piénsese en la diversidad relacional de los agentes sociales que intervinieron en cada uno de los sistemas— están indisolublemente acoplados. La incertidumbre (alta o baja) es inherente al sistema social y la seguridad evalúa la incertidumbre dentro de un espectro; no la elimina absolutamente, sino que la tolera dentro de lo aceptable, “una medida considerada como óptima y por otra límite de lo aceptable”.5 La inestabilidad puede incrementarse y conducir a un aumento de la seguridad, que puede implicar una disminución de la complejidad del sistema, pero también puede desencadenar la emergencia de la complejidad interna y estabilizar nuevamente el sistema. Las estrategias que un sistema puede desarrollar bajo un inesperado incremento de incertidumbre son el aumento de la complejidad, la capacidad de anticipación respecto al entorno y el control sobre el entorno inmediato;6 las dos últimas son procesos de seguridad. Además,
144 7. WEBER, Cynthia y LACY, Mark. Securing by design. Review of International Studies, 2011, n. 37, pp. 1021-1043. todas ellas pueden combinarse, es decir, pueden producirse procesos en los que a pesar de la constricción de la seguridad emerja complejidad. Un sistema urbano puede partir de un estado inicial simple y la inseguridad puede desencadenar un proceso de aumento sostenido de la complejidad. El concepto original de Bijlmermeer relucía por su certeza (seguridad y certidumbre) en la forma. Esta construcción espacial había sido diseñada para un sistema social específico, utópico, pero no posibilitaba el desarrollo de un sistema social complejo, ni siquiera diverso. En este caso, el exceso de certeza no solo impedía la evolución del sistema, sino que producía múltiples disrupciones en su uso. La certeza iba en contra de la complejidad, convirtiéndose en una realidad insegura para los propios residentes, análogamente a como Cynthia Weber y Mark Lacy denunciaban que podía ocurrir con los objetos extremadamente seguros en “Securing by design”.7 En Bijlmermeer la planificación de la ciudad original era binaria: o respondía al futuro planificado o se desmoronaba. La certeza planificada era demasiado rígida para un sistema social siempre incierto Por otro lado, un sistema puede desarrollar procesos de inseguridad que simplifiquen sus estructuras y, a su vez, desencadenar procesos complejos inesperados. En Sarajevo el aislamiento de la ciudad provocó un aumento en la entropía del sistema. Pero la incertidumbre también produjo la emergencia de nuevas redes de ayuda mutua. Estos patrones emergentes suplantaron la complejidad perdida, generando nuevos estadios relacionales que afectaron altamente la lectura del espacio. El fin de la guerra disolvió gran parte de estas redes de ayuda mutua y congeló un estado transitorio en uno permanente que, a expensas de la seguridad, dividió y homogeneizó el sistema. A pesar de la reconstrucción, las huellas políticas del sitio han sido irreversibles. A menudo las estrategias de seguridad pueden provocar en su aplicación del poder una reducción de la complejidad. En el Distrito Central de Beirut se produjo una regresión de un futuro urbano complejo desencadenada por la guerra y especialmente ejercida por la subsiguiente reconstrucción. Paradójicamente, el distrito fue víctima de un doble urbicidio. El primero se produjo durante la guerra, cuando tuvieron lugar algunas de las primeras batallas y las milicias irrumpieron rompiendo el espacio de encuentro y relación social de la ciudad, siendo posteriormente bombardeado por el ejército israelí. En segundo lugar, al finalizar la guerra y dada la devastación sufrida en el tejido, una de las primeras acciones consistió en centrar parte del dis-
145 8. La fin des certitudes es el título original del libro de Ilya Prigogine publicado en 1996 a raíz de su discusión sobre la flecha del tiempo, el caos, la irreversibilidad y el azar epistemológico. Véase PRIGOGINE, Ilya. La Fin des certitudes. Temps, chaos et les lois de la nature. París: Éditions Odile Jacob, 1996. [Versión consultada: I. Prigogine. El fin de las certidumbres. Traducción de Pierre Jacomet. Madrid: Taurus, 1997]. 9. SOFSKY, Wolfgang. Traktat über die Gewalt. Frankfurt am Main: S. Fischer Verlag, 1996. [Versión consultada: W. Sofsky. Tratado sobre la violencia. Traducción de Joaquín Chamorro Mielke. Madrid: Abada Editores, 2006, p. 195]. curso de reconstitución nacional libanesa en la reconstrucción del centro de la capital; una reconstrucción que consideraba innecesaria la recuperación del tejido previo y que abogaba por el derribo de más del 80% de las edificaciones. La supresión de la propiedad individual de las parcelas, así como la eliminación de las calles, las callejuelas y de gran parte de la edificación, infirió una erradicación irreversible de las preexistencias. La nueva forma propuesta condujo a una reconversión de toda la identidad convirtiendo el centro de la ciudad en un espacio extremadamente exclusivo con escasa actividad. La excesiva seguridad implantada en el centro de Beirut tanto física —la muralla topológica en forma de vías rápidas— como social —económica y militarmente —, aisló materialmente el centro de la ciudad y simplificó sus estructuras, convirtiendo un sistema urbano de futuros posibles múltiples, ligados a la diversidad en la propiedad, en un sistema de futuro casi único. Se registró una reducción de la complejidad en aras de la seguridad formal. La forma urbana y la topología se relacionan con la seguridad y la complejidad. La topología describe el campo relacional pudiendo identificar diversos tipos de estructuras que se sustraen de uno u otro tejido urbano; este campo relacional define las relaciones y describe el espacio y sus futuros. La incertidumbre estimulada por el sistema social puede desencadenar cambios estructurales poco probables. Dada su ubicuidad, y siguiendo a Ilya Prigogine, los tres análisis urbanos son una modesta aportación al fin de las certidumbres.8 EL SÍNTOMA Y LA MEMORIA Wolfang Sofsky, en su Tratado sobre la violencia, dedica un capítulo a la violencia aplicada sobre los objetos materiales: la destrucción. Sostiene que si bien la erradicación de los objetos induce al olvido, “los contemporáneos tienen aún presente la ausencia de lo destruido”.9 Es difícil hablar de síntoma sin pensar en la memoria. El síntoma puede identificarse en el sistema social, pero también puede hacerlo en los objetos o en el espacio. La memoria, sin embargo, necesita del sujeto aunque el objeto sea una pieza clave para recordar. El papel de la memoria colectiva y también individual en el espacio urbano es significativo para una construcción espacial culturalmente efectiva y el síntoma es uno de sus principales aliados. Este nos da pistas de los sucesos pasados y de los sucesos futuros que nos permiten proyectar el espacio en una u otra dirección. El registro de la memoria en la ciudad es un proce-
146 10. En La Mémoire, l’Histoire, l’Oubli (La memoria, la historia, el olvido), Paul Ricoeur recoge una extensa disertación sobre la fenomenología de la memoria, en busca de qué recordamos y quién lo recuerda. Sobre la rememoración véase RICOEUR, Paul. La mémoire, l’histoire, l’oubli. París: Éditions du Seuil, 2000. [Versión consultada: P. Ricoeur. La memoria, la historia, el olvido. Traducción de Agustín Neira. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2004, pp. 37-40]. 11. HALBWACHS, Maurice. La mémoire collective. París: Presses Universitaires de France, 1950. [Versión consultada: M. Halbwachs. La memoria colectiva. Traducción de Inés Sancho-Arroyo. Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza, 2004, pp. 25-36]. 12. RICOEUR, 2000, Op. cit., p. 158. so constante. Factores tanto internos como externos del propio sistema urbano se convierten en inherentes al entorno construido. Siendo la memoria un sustrato de información, entendemos que en los procesos llamados de rememoración ciertas imágenes que permanecían latentes en las correspondientes capas vuelven a reaparecer de tal modo que la memoria funciona como catalizador del recuerdo y el pensamiento.10 Tal y como hemos visto, los elementos de las ciudades, tanto físicos como sociales, evolucionan, se modifican y se sustituyen con el paso del tiempo. En condiciones normales la inercia de la ciudad va transformando sus elementos paulatinamente en un proceso evolutivo de sustitución estable. Bajo graves aumentos de la incertidumbre, la evolución de la ciudad puede verse alterada y los cambios acelerados. Cuando la incertidumbre decrece, la memoria urbana recae en las estructuras de la ciudad y especialmente en la relación entre materia, energía e información. La incorporación de la memoria en el proceso de reconstrucción o reestructuración de la ciudad permite no solo mantener dicha información de manera clara y contundente, sino que, además, dota al espacio de ciertas cualidades comunicativas. El síntoma en el espacio hace relucir la información que proviene de un momento anterior y que condiciona los acontecimientos futuros, facilitando a aquellos que poseen dicha memoria la rememoración de los sucesos y provocando que quien no dispone de semejante sustrato pueda registrarlo. En ese sentido, y más allá de la presentación de la memoria como conciencia individual bajo una interpretación exclusivamente fenomenológica, existe la memoria colectiva en la que entidades plurales conservan recuerdos comunes. Maurice Halbwachs apunta que los procesos de rememoración y reconocimiento empiezan con la búsqueda de la marca de lo social en lo colectivo,11 según el filósofo Paul Ricoeur, “accedemos así a acontecimientos reconstruidos para nosotros por otros distintos de nosotros”.12 Como expresa el ecólogo Ramón Margalef, las estructuras materiales y la información están vinculadas de tal modo que la interacción entre materia y energía aumenta las capas de información que a modo de sustratos permiten construir un futuro más probable.13 En arquitectura y urbanismo la acumulación de información se presenta en varias de las persistencias históricas que ostentan los sistemas urbanos: los trazados de calles, la composición morfológica o el mantenimiento de tipos edificatorios.14 Es evidente que, tras un proceso de alta incertidumbre y cambios contundentes,
147 13. MARGALEF, Ramón. Perspectives in Ecological Theory. Chicago: University of Chicago Press, 1968; MARGALEF, Ramon. La biosfera, entre la termodinámica y el juego. Barcelona: Ediciones Omega, 1980, pp. 17-22. 14. FERNÁNDEZGALIANO, Luis. El fuego y la memoria. Sobre arquitectura y energía. Madrid: Alianza Forma, 1991, pp. 75-103. 15. MARGALEF, 1980, Op. cit., pp. 25. 16. MARGALEF, 1980, Op. cit., pp. 23-29. 17. RICOEUR, 2000, Op. cit., pp. 66-80. 18. KOSELLECK, Reinhart. Vergangene Zukunft: zur Semantik geschichtlicher Zeiten. Berlín: Suhrkamp, 1979. [Versión consultada: R. Koselleck. Futuro pasado: para una semántica de los tiempos históricos. Traducción de Norberto Smilg. Barcelona: Paidós, 1993]. 19. Ricoeur denuncia ambas estrategias; el abuso de la memoria puede inducir a su manipulación. Véase RICOEUR, 2000, Op. cit., pp. 81-124. repunta la discusión sobre la memoria en el espacio a expensas de la información degradada y de la nueva información incorporada — la del conflicto—, quizás más volátil. El registro de la memoria en el sistema urbano recurre a un principio esencial en cualquier proceso de información. Para reconstruir el pasado puede utilizarse aquella información que reside en el estado actual y que, irremediablemente, refleja aquella energía ya disipada y aquella materia degradada.15 A pesar de las pérdidas materiales, no toda la energía del proceso de información ha desaparecido, de tal modo que las estructuras que persisten permanecen formadas e informadas.16 El uso de esta información, y en ese sentido el urbanismo es una herramienta clave, canaliza los cambios futuros induciendo a una transformación de la ciudad en una u otra dirección. La memoria en el proyecto urbano tiene un vínculo social que relaciona los procesos de rememoración y de adquisición de recuerdo con la imagen y el lugar.17 El vínculo entre pasado y presente, la información canalizada entre uno y otro, supedita el futuro,18 siendo la restructuración y la recomposición decisiones sociales que condicionan el futuro, espacial y social, convirtiéndose en fundamento político. La rememoración a través del espacio requiere de un flujo de información que interactúa con la materia y con la energía. Los sustratos de dicha información que permanecen, o que se construyen en las ciudades, permiten que la evolución de las mismas se nutra de la información almacenada. De este modo, en la genética de la ciudad se mantienen estratos evolutivos que en un sentido u otro serán incluidos. Sin embargo, tanto el abuso de la memoria como el olvido pueden conducir a una hipertrofia de los sistemas urbanos como individualidades en evolución.19 El síntoma es extracto de la memoria y los flujos de información permiten críticamente intervenir en el futuro de los sistemas urbanos. Enlazando la memoria adecuadamente seleccionada con los futuros posibles hacia los que el sistema urbano puede progresar, es posible estabilizar estructuras organizadas, generar complejidad y almacenar información capaz de adaptarse a nuevos aumentos de la incertidumbre.
Epílogo
149 Estos ensayos derivan de una larga investigación iniciada en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid y proseguida en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, bajo la constante guía de los magníficos profesores Estanislau Roca y Javier Ruiz y gracias a las indicaciones de los conspicuos expertos Víctor Pérez Escolano, Joaquim Español y Gabriele Pasqui. Las idas y venidas entre ambas ciudades se han reproducido análogamente a como lo hace la colección Poliédrica, en un intercambio de inquietudes y propuestas, fruto del acoplamiento entre dos sistemas en interacción. La investigación parte de dos preguntas aún vigentes: ¿Cómo afectan a los sistemas urbanos las coyunturas de alta incertidumbre desencadenadas por el sistema social? ¿Por qué se aceleran los cambios en la forma y la topología de las ciudades tras un aumento de la incertidumbre? Las hipótesis iniciales resultaron en un desarrollo discursivo que subraya la relevancia de la interacción entre el sistema social y el sistema espacial. Los ensayos en Ámsterdam, Sarajevo y Beirut muestran que la aproximación a la teoría de sistemas y a las trivialidades evolutivas y comunicativas atañen también a la ciudad, que no escapa a las leyes de la termodinámica. La arquitectura y el urbanismo seleccionan uno u otro futuro y en este proceso selectivo la adecuada comprensión de la información del sistema puede derivar en futuros urbanos más resilientes. Viajando entre Barcelona y Madrid, pero también hacia Ámsterdam, Sarajevo y Beirut, he sentido siempre una suerte de pertenencia transitoria que me ha permitido ampliar la visión compleja de la realidad, una realidad dolorosa e intensa, agravada por unos conflictos que almacenan muchas capas de información. Las respuestas binarias parecen no ser válidas en contextos inciertos y la búsqueda de la relación causa-efecto deviene en una falacia evolutiva. La incertidumbre induce a cambios en el sistema urbano y nos ayuda a hacernos la pregunta: ¿qué ciudad? cuya respuesta incide en nuestras proyecciones que deben trabajar entrelazando tiempo y espacio, ambos indisociables como defiende el historiador Karl Schlögel. El urbanismo y la prospección de la ciudad compleja leen la memoria en el síntoma espacial. Mi memoria recoge no solo las huellas del análisis espacial, sino también la falta de certidumbres hacia un futuro ya pasado; en palabras del gran pensador Jorge Wagensberg: “si no fuera por la presión de la incertidumbre [...] aún seríamos todos bacterias”. Bogotá-Medellín, enero de 2021
Bibliografía
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