Arquitectura funeraria y religiosa en la antigua Nubia y el reino de Kush
Abstract
Departamento de Historia del Arte
Full text
Trabajo de Fin de Grado Facultad de Filosofía y Letras ARQUITECTURA FUNERARIA Y RELIGIOSA EN LA ANTIGUA NUBIA Y EL REINO DE KUSH Autor: JAIME ALONSO LORENZO Tutor: D. JAVIER CASTÁN LANASPA Titulación: Grado en Historia del Arte Valladolid, 2019
Resumen El presente trabajo propone un recorrido por la arquitectura funeraria y religiosa desarrollada por las diferentes culturas que habitaron Nubia en la Antigüedad. Por ello, se aborda de manera necesaria la evolución artística, histórica, política, religiosa y cultural de Nubia. Se pretende ilustrar de la manera más clara y precisa posible cómo los modelos egipcios se difundieron por todo el valle del Nilo. Del mismo modo, se muestran los pasos seguidos por la propia cultura nubia hasta desembocar en la construcción de pirámides y en la adopción de Amón como dios oficial. Para ello, se hace especial énfasis en las permanentes relaciones que Nubia y el Reino de Kush mantuvieron con Egipto, y que fueron determinantes en el desarrollo de la civilización y el arte nubio que se estudia en las siguientes páginas. Palabras clave Antiguo Egipto, Arquitectura, Nubia, Faraones, Sudán, Kush, Amón, Pirámides, Dinastía XXV, Imperio Nuevo, Tercer Periodo Intermedio, Napata, Meroe, El Kurru, Nuri, Gebel Barkal, Tebas, Karnak.
Veo necesario, antes de empezar, agradecer la ayuda y el apoyo recibido tanto en la elaboración del trabajo como durante los últimos cuatro años. En primer lugar, quiero dar las gracias y dedicar este trabajo a mi amigo Miguel, por ser un ejemplo y por abrirme las puertas de África e invitarme a pasar. A mis padres, por hacer y por estar dispuestos a absolutamente todo por mí. A mi hermana, por enseñarme los errores que no se deben cometer. Gracias también a mi pareja, Paula, por las ganas, la confianza y el esfuerzo que ha depositado siempre en mí. Agradecérselo también a mi familia y mis amigos, apoyos indispensables desde siempre, por demostrarme que a dónde no llega uno solo, llegamos todos juntos. Ellos saben quiénes son. Por último, dar las gracias a mi tutor D. Javier Castán Lanaspa que, además de haber sido mi profesor de Arte Egipcio, entre otras asignaturas, ha tutorizado y guiado este TFG.
ÍNDICE 1. ¿POR QUÉ NUBIA?.....................................................................................1 2. ¿QUÉ ES LA ANTIGUA NUBIA? LUGAR Y TIEMPO………………………………….2 2.2. SITUACIÓN GEOGRÁFICA Y ESTRATÉGICA EN ÁFRICA………………………2 2.3. NUBIA ANTES DE LA CONQUISTA EGIPCIA EN EL IMPERIO NUEVO…...7 2.3.1. LA BAJA NUBIA: GRUPOS A y C…………………………………………………………..7 2.3.2. El REINO DE KUSH Y LA CIUDAD DE KERMA…………………………………7 2.3.3. LA BAJA NUBIA DURANTE EL SEGUNDO PERIODO INERMEDIO……….8 2.4. LA OCUPACIÓN EGIPCIA DURANTE EL IMPERIO NUEVO……………….….9 2.5. LA ALTA NUBIA A PARTIR DEL TERCER PERIODO INTERMEDIO……….10 2.5.1. FASE NAPATEA Y LA DINASTÍA XXV…………………………………….……10 2.5.2. FASE MEROÍTICA………………………………………………………………….10 3. LA CULTURA FUNERARIA Y LAS NECRÓPOLIS DE NUBIA……………………..11 3.2. LAS NECRÓPOLIS DEL GRUPO A…………………………………………………….11 3.3. EL GRUPO C: LOS PRIMEROS TÚMULOS………………………………………..12 3.4. KERMA: LOS PRIMEROS ENTERRAMIENTOS REALES……………………..14 3.4.1. LAS NECRÓPOLIS DE LA CIUDAD DE KERMA………………………………14 3.5. ENTERRAMIENTOS EN LOS FUERTES DEL IMERIO MEDIO……………….16 3.6. EL IMPERIO NUEVO: LA CULTURA FUNERARIA EGIPCIA EN NUBIA...16 3.7. LAS PIRÁMIDES EN LAS NECRÓPOLIS REALES DE KUSH………………….17 3.7.1. LAS NECRÓPOLIS REALES DE NAPATA…………………………….…….….18 3.7.1.1. El cementerio real de El-Kurru………………………………….…20 3.7.1.2. El cementerio real de Nuri……………………………………….…22 3.7.1.3. El cementerio real de Gebel Barkal……………………………...24 3.7.2. LAS PIRÁMIDES DE MEROE…………………………………………………….25
4. RELIGIÓN Y TEMPLOS EN NUBIA…………………………………………………………27 4.2. LA RELIGIÓN LOCAL……………………………………………………………………..28 4.2.1. KERMA: EL DEFFUFA OCCIDENTAL…………………………………………..28 4.3. LA IMPOSICIÓN RELIGIOSA DURANTE EL IMPERIO NUEVO: EL DESARROLLO DEL CULTO A AMÓN EN NUBIA……………………………….29 4.3.1. EL LUGAR SAGRADO DE GEBEL BARKAL…………………………………….31 4.3.2. EL CULTO A AMÓN EN EL SUR DURANTE PERIODO MEROÍTICO…….34 4.3.2.1. El Templo de Amón de Dangeil………………………………….34 4.3.2.2. El complejo religioso de Naqa…………………………………..35 4.4. INTERVENCIONES KUSHITAS EN KARNAK……………………………………..37 5. CONCLUSIÓN………………………………………………………………………………….….40 6. APÉNDICES…………………………………………………………………………………….…..41 7. BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES………………………………………………………………..…64
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 1 1. ¿POR QUÉ NUBIA? África se presenta ante nosotros, como habitantes de Occidente y estudiantes de una historia bastante etnocéntrica, como un continente lejano, exótico y desconocido. Sin embargo, no ignoramos por igual lo que ocurrió y ocurre en todo el continente. El Antiguo Egipto es una de las culturas y una de las civilizaciones que mayor interés ha despertado en todos los campos de la historia y en cuyo estudio más se ha profundizado. Si miramos más allá de la presa de Asuán y del imponente lago Nasser que, tradicionalmente se ha impuesto como frontera sur del mundo egipcio, encontramos Nubia. Fue un territorio habitualmente denostado por los egipcios y a cuyas gentes consideraron inferiores pero que, lejos de limitarse a ser una zona dominada por Egipto como siempre se ha visto, albergó un estado poderoso política, económica y culturalmente. Un territorio complejo donde se sucedieron diferentes modos de vida, culturas, reinos, ciudades, templos y necrópolis. Los propios egipcios tuvieron una consideración de desprecio hacia sus vecinos del sur. Son numerosas y bien conocidas las representaciones de nubios en el arte egipcio, especialmente durante el Imperio Nuevo, en las que se les presenta como esclavos, sometidos, encadenados o siendo objeto de la ira de algún faraón, como ocurre en los templos de Abu Simbel en las que los nubios son pisoteados por la colosal figura de Ramsés II. A día de hoy, afortunadamente ya superados los estigmas raciales que llevaban a considerar el interior de África como un mundo tribal y prácticamente sin civilizar, se ha encontrado en Nubia un poderoso estado de civilización que ha llevado a formular teorías más complejas en cuanto al origen negro y las cuestiones raciales ya no de Nubia, sino incluso de la civilización egipcia. 1 La región ha sido maltratada por el paso del tiempo, las condiciones climáticas y geográficas, especialmente duras en el desierto sudanés, y por la acción humana. La frontera tradicional sur de Egipto se ubica en la Primera Catarata del Nilo, en la isla de Elefantina, donde actualmente se encuentra la presa de Asuán. Esto implica que los más de cinco mil kilómetros cuadrados que ocupa el Lago Nasser - en su parte egipcia - y lago de Nubia -en su parte sudanesacubren las tierras que poblaron las civilizaciones antiguas de la Baja Nubia. Numerosos emplazamientos arqueológicos, entre los que vuelve a destacar Abu Simbel, fueron trasladados a un lugar a salvo del agua. Mientras, otros tantos templos y asentamientos quedaron sumergidos bajo el 1 Seguramente el estudio más moderno y completo sobre este tema lo haya desarrollado el panafricanista Cheikh Anta Diop, en ANTA DIOP, C., Naciones negras y cultura: de la antigüedad negroegipcia a los problemas culturales del África negra de hoy, Barcelona, Casa África, 2012.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 2 lago y hacen muy difícil poder recuperar información sobre quienes que poblaron la Baja Nubia. Las únicas fuentes escritas que se han podido conocer son de origen egipcio. 2 Los textos nubios, que podrían aportar una valiosa información sobre este tema, tan solo se encuentran a partir del periodo meroítico (s. III a.C.), a lo que hay que añadir el conocimiento tan limitado que se tiene de la lengua meroítica. Al abordar el estudio sobre Nubia es inevitable hacerlo desde una óptica bastante egiptizada; no solo porque sea el origen de la mayoría de las fuentes que nos hablan de Nubia, sino porque el peso de la tradición, la cultura, la religión e incluso la población egipcia ha sido determinante en el desarrollo histórico y social de Nubia. Hasta comienzos del siglo XX tan solo se había visto hacia Nubia de una manera fantasiosa, como una fuente de tesoros y del codiciado oro nubio; un lugar exótico, tribal y casi mágico. Exploradores y aventureros europeos llevados por distintas motivaciones llegaron a Nubia a lo largo de los siglos XVIII y XIX. Entre otros, Gisueppe Ferlini 3 , quien en la década de 1830 viajó a Nubia en busca de tesoros ocultos en las pirámides de Meroe. El interés arqueológico de Ferlini era nulo y toda su motivación era enriquecerse vendiendo las joyas y tesoros que encontrase. En efecto, la campaña dio resultado y Ferlini logró expoliar las necrópolis meroíticas destruyendo más de cuarenta pirámides durante su ambiciosa búsqueda. 4 En 1902 una expedición de la Universidad de Harvard y el Museum of Fine Arts de Boston, encabezada por el arqueólogo George A. Reisner, abrió la puerta a las campañas y misiones posteriores que trabajaron en Nubia con un interés científico. 2. ¿QUÉ ES LA ANTIGUA NUBIA? LUGAR Y TIEMPO 2.2. SITUACIÓN GEOGRÁFICA Y ESTRATÉGICA EN ÁFRICA “La tierra que fue conocida por los egipcios como Kush, por el mundo clásico como Aethiopia y desde la Edad Media como Nubia, no corresponde a ninguna división política o administrativa actual.” 5 Hablamos de los cerca de 2000 kilómetros en torno al Nilo que separan Asuán de Jartum. La frontera norte estaba claramente asentada en la Primera Catarata. El límite sur, en cambio, es más difuso y ha variado a lo largo de la historia, habiendo alcanzado su cota más meridional cerca de la confluencia entre el Nilo Blanco y el Nilo Azul, en la actual ciudad de Jartum. 2 FISHER, M. M., LACOVARA, P., IKRAM, S., D’AURIA, S., HIGGINS, C. Ancient Nubia: African Kingdoms on the Nile, American University in Cairo Press, 2012., p. 10. 3 Web de la Enciclopedia Italiana de las Letras, las Ciencias y las Artes. http://www.treccani.it/enciclopedia/giuseppe-ferlini_%28Dizionario-Biografico%29/. 4 Gran parte de lo expoliado por Ferlini se conserva en Europa, como el tesoro de la reina Amanishakheto en el Museo Egipcio de Berlín. 5 FERNÁNDEZ MARTÍNEZ, V. M., La cultura Alto-Meroítica del Norte de Nubia, Tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 2011, p. 53.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 3 No era una tierra propicia para el desarrollo de la vida y de una sociedad urbana debido a la dificultad de las comunicaciones por el Nilo a causa de las cataratas que imposibilitaban la navegación en esta zona. 6 El transporte de tropas y mercancías debía hacerse por tierra, en caravanas que seguían una ruta por los oasis del oeste del río. Nubia se divide a su vez en dos grandes zonas, del mismo modo que ocurre en Egipto: la Baja Nubia –también conocida como Uauat o Wawat–, entre la Primera y la Segunda Catarata, y la Alta Nubia, entre la Segunda y la Sexta Catarata. La Alta Nubia, mucho más extensa, se divide en otras zonas como Dóngola, entre la Tercera y la Cuarta Catarata, Bayuda o Butana. Esta región ha sido un punto de interés recurrente para los grandes imperios, ya que conquistar este territorio suponía controlar la principal ruta comercial con África central, fuente de materiales exóticos –ébano, marfil, mirra, resina, incienso, etc. 7 –, así como el control del principal centro de producción de oro que durante siglos abasteció a Egipto. El oro nubio era el bien más codiciado por los egipcios y, de hecho, el nombre Nubia procede de la palabra nub, que significa “oro” en egipcio. Era igualmente apreciado el marfil nubio; importancia que se manifiesta en el punto de contacto con el mundo egipcio, conocido como isla de Abu, “elefante”, y como Elefantina en el mundo griego. 8 En Nubia se sucedieron una serie de culturas, gentes y costumbres en paralelo a la historia egipcia. Ambos mundos mantuvieron un contacto permanente. Las relaciones e intercambios comerciales y culturales se acentuaron en determinados periodos gracias al control que Egipto ejercía sobre Nubia, y flaquearon en otros momentos debido a la inestabilidad egipcia durante los periodos intermedios, que permitía aumentar la autonomía de las culturas del sur 9 . 6 ID., Id., p. 55. 7 EDWARDS, I. E. S. Las pirámides de Egipto, Barcelona, Crítica, 2003, p. 243. 8 FISHER, M. M., LACOVARA, P., IKRAM, S., D’AURIA, S., HIGGINS, C. ob. cit., p. 15. 9 Las culturas nubias y sus vinculaciones con el Egipto de los faraones han sido tratadas de forma general en algunos de los estudios del arte del Antiguo Egipto. A modo de ejemplo pueden citarse las obras de ADLRED, C., El Egipto del Crepúsculo: de Tanis a Meroe (1070 a.C.-siglo IV d.C.), El Universo de las Formas, Aguilar, Madrid, 1980, o WILDUNG, D., Egipto. De la Prehistoria a los Romanos, Colonia, Taschen, 2001, pp. 180-189. El Museo Arqueológico Nacional de Madrid tiene en sus colecciones objetos cerámicos de este periodo: ZURINAGA, S., “Nubia y sus culturas”, en Egipto, Nubia y Oriente Próximo. Colecciones del Museo Arqueológico Nacional (catálogo de la exposición), Madrid, Ministerio de Cultura, 2008, pp. 130-195. Mapa 1. Egipto y Nubia.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 4 En los momentos previos a la configuración del Imperio Antiguo en Egipto, la Baja Nubia estuvo habitada por la cultura conocida como el Grupo A, que estableció diferentes asentamientos diseminados a lo largo del Nilo entre la frontera Sur de Egipto y la Segunda Catarata 10 . Cronológicamente se datan desde comienzos del cuarto milenio a.C. hasta bien entrado el tercer milenio a.C. 11 . En los yacimientos excavados del Grupo A se evidencia tanto los rasgos de una cultura propi, con cierto desarrollo, como la huella de los contactos con mantenía con Egipto. Al Grupo A lo sucedió un nuevo horizonte cultural, bautizado como Grupo C, en muchos casos asentado sobre los centros ocupados por sus predecesores. Su origen en la Baja Nubia es contemporáneo al nacimiento del Imperio Antiguo en Egipto, aunque su mayor desarrollo cultural se alcanzó durante el Primer Periodo Intermedio, aprovechando la crisis política y la fragmentación del norte. En esas fechas, sobre todo a partir de la Dinastía VI, la importancia estratégica de Nubia para Egipto había aumentado, pero su inestabilidad política y la consiguiente debilidad para controlar las rutas comerciales, obligó a Egipto a llegar a acuerdos comerciales con los nubios para poder acceder a los recursos del interior de África. 12 Los príncipes nubios, por su parte, se educaban en Egipto y en su regreso a Nubia importaban con ellos las costumbres y la cultura aprendidas en el norte. 13 El Grupo C extendió sus asentamientos hacia el sur y acentuó el contacto con Kerma, el principal centro urbano y cultural que se estaba desarrollando en paralelo en la Alta Nubia. Está aún por definir si Kerma era una ciudad independiente con una cultura propia o si, por el contrario, era la principal ciudad y capital del Reino de Kush, el poderoso estado nubio que años después rivalizaría con Egipto por el control del valle del Nilo. En cualquier caso, Kerma fue la primera gran ciudad africana fuera de Egipto. 14 Poco se sabe de qué ocurrió en la fase Pre-Kerma en la Alta Nubia. Parece que comenzó a desarrollarse como una cultura relativamente sofisticada y potente a partir del periodo llamado “Kerma Antiguo” y que fue en sus fases posteriores, “Kerma 10 El asentamiento más septentrional que se ha encontrado del Grupo A es Wadi Kubnieh, al norte de Asuán. Valga el ejemplo del cementerio oeste de Tunqala, excavado por Harry Smith en 1961. STEVENSON, A., “The A-Group Cemetery at Tunqala West”, Journal of Egyptian Archeology, 98, 2012, pp. 225-248. 11 FISHER, M. M., LACOVARA, P., IKRAM, S., D’AURIA, S., HIGGINS, C., ob. cit., p. 10. 12 ID., Id., p. 18. 13 ID., Id., p. 19. 14 La referencia a partir del Imperio Medio al Reino de Kush en los documentos egipcios ha llevado a autores como T. Säve Söderbergh, W. Y. Adams y B. G. Trigger a identificar este reino con los restos arqueológicos de Kerma. Citados en A. MANZO, Introduzione alle Atichità Nubiane Trieste, Università degli Studi di Trieste, 2007, p. 86, y en TRIGGER, B. G., KEMP, B. J., O’CONNOR, D., LLOYD, A. Historia del Antiguo Egipto, Círtica, Barcelona, 1997 p. 207. Hay otras propuestas que hablan de dos reinos diferenciados, Kerma y Kush, como BONNET, C., en FISHER, M. M., LACOVARA, P., IKRAM, S., D’AURIA, S., HIGGINS, C. ob. cit., pp. 304-309.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 11 el traslado definitivo de la corte y la capital a Meroe en el siglo III a.C. Mientras las funciones políticas y el gobierno de Kush ya habían sido incorporadas por Meroe, los reyes nubios mantuvieron la región de Napata como lugar de enterramiento, muy seguramente debido al prestigio religioso y simbólico del lugar. Víctor Manuel Fernández Martínez establece en su tesis doctoral la consumación del fin de una etapa y el comienzo de la otra en el año 270 a.C. debido a tres factores: el traslado de la necrópolis real, al desplazamiento del egipcio como lengua escrita en favor del meroítico y al avance de la cultura indígena hasta adquirir representación en el arte oficial. Tres hechos que, en la fecha dada, estarían consumados. El principal rasgo diferenciador entre ambas fases es el mayor peso de las influencias helenísticas en el arte y la cultura material de Meroe debido a, según sugiere William Joscelyn Arkell 29 , la existencia de relaciones comerciales entre Grecia y Kush anteriores al siglo III a.C. Mientras el sur mantuvo la cultura y la población de manera ininterrumpida entre ambos periodos, en la región de Dóngola, entre la Segunda y la Cuarta Catarata, la discontinuidad es clara. Napata y toda su área de influencia comenzó un periodo de ruina desde el siglo IV a.C. que no se repararía hasta el reinado de Amanitore y Natakamani en los años de transición a nuestra era. 30 3. LA CULTURA FUNERARIA Y LAS NECRÓPOLIS DE NUBIA Sin lugar a dudas lo más llamativo de las necrópolis nubias son las pirámides. Sin embargo, son el resultado de un largo proceso evolutivo que comenzó más de dos milenios antes en las tierras de la Baja Nubia. De hecho, tanto la forma como el simbolismo de estas estructuras no son auténticamente nubias, sino que son el producto de la combinación de las costumbres autóctonas nubias y la cultura funeraria egipcia adoptada a través del contacto entre ambos territorios a lo largo de los siglos. 3.2. LAS NECRÓPOLIS DEL GRUPO A La cultura del Grupo A está dispersa en diferentes asentamientos a lo largo de la Baja Nubia y sus cementerios están, por tanto, igualmente diseminados por todo el territorio. Los enterramientos más antiguos conocidos se han fechado en torno al 3700 a.C. y se mantienen hasta la configuración del Imperio Antiguo (ca. 2685 a.C.). Llegado este punto, las huellas del Grupo A se pierden y grandes cementerios como el de Qutsul dejaron de ser utilizados. Las necrópolis más significativas son aquellas que se mantuvieron activas en el llamado periodo clásico, en torno al 3050 a.C., cuando el Grupo A había alcanzado cierto desarrollo cultural y comenzaban a desarrollarse 29 FERNÁNDEZ MARTÍNEZ, V. M., ob. cit., p. 82. 30 ID., Id. Ib.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 12 asentamientos de mayores dimensiones. En ellos se puede ver una mayor independencia cultural, con tumbas que adquieren unas características identificativas propias, y muestran cierta jerarquización social y diferencias de poder y prestigio entre los propietarios de los enterramientos. El cementerio de Qutsul, uno de los más importantes asentamientos de esta cultura, estuvo activo durante los últimos años del Grupo A (primera mitad del segundo tercer milenio a.C.) y permite aproximarnos a la idea de poder que sus gobernantes habrían alcanzado en un momento tardío gracias a las dimensiones y la riqueza de las tumbas que han sido estudiadas y que no encuentran parangón en la Baja Nubia. Estructuralmente las tumbas del Grupo A son muy sencillas, simples pozos rectangulares u ovales en cuyo interior se colocaba el difunto en una posición flexionada. Esta sencillez contrasta con los objetos que se han encontrado junto a los cuerpos, sobre todo cerámicas llamadas de “cáscara de huevo” por su especial finura y calidad. Algunas cerámicas nubias de este periodo se han vinculado con piezas contemporáneas del Egipto predinástico, evidenciando el contacto entre ambas civilizaciones. El ajuar se completaba con amuletos, colgantes, piezas de marfil, huevos de avestruz y objetos que habrían sido importados directamente de Egipto o llegado al Grupo A mediante transacciones comerciales con sus vecinos del norte 31 . Entre los objetos encontrados había imágenes decorativas de Horus el Halcón o representaciones de los propios gobernantes nubios portando la corona blanca del Alto Egipto. 32 La desaparición del Grupo A pudo deberse a la sucesión de ataques egipcios o, más probablemente, a un declive de la importancia comercial de la zona. Sea como fuere, la población de la Baja Nubia se trasladó más al sur, donde la incipiente ciudad de Kerma empezaba a centralizar el poder y la vida de la región. En cualquier caso, otra cultura se asentó en la Baja Nubia, el llamado Grupo C. 3.3. EL GRUPO C: LOS PRIMEROS TÚMULOS A partir de la desaparición del Grupo A se abrió un paréntesis en la historia conocida de la Baja Nubia que no se cierra hasta el año 2300 a.C. aprox., donde se sitúan los primeros restos de la cultura del Grupo C. Aunque las gentes del Grupo C penetraron en la Alta Nubia, los cementerios se encuentran mayoritariamente entre la Primera y la Segunda Catarata, en lugares como Aniba, Faras y Dakka. 31 FISHER, M. M., LACOVARA, P., IKRAM, S., D’AURIA, S., HIGGINS, C. ob. cit., p. 15. 32 ID., Id., Ib. Imagen 3. Quemador de incienso con imágenes de reyes nubios tempranos. Qutsul. Grupo A (ca. 3100 a.C.)
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 13 Los enterramientos en las primeras fases de esta cultura siguieron siendo más bien humildes, aunque los pozos se empezaron a rodear por una cerca de piedra. En momentos posteriores el interior de los pozos comenzó a recubrirse con ladrillo o piedra y, en la superficie, se cubrieron con túmulos de piedra y arena cercados por losas en las que se grababan figuras humanas o de animales. 33 En cuanto a los ajuares, la cerámica no alcanza la calidad del Grupo A, pero aumenta la presencia de objetos importados de Egipto como amuletos, joyas, espejos o vasos de piedra. El difunto se enterraba con vestimentas, habitualmente de cuero, y piezas de orfebrería, sobre todo brazaletes y collares. Otro cambio sustancial es la colocación del cuerpo; la cultura del Grupo A enterraba a sus muertos orientados hacia el Este y los pies hacia el Oeste, mientras que el Grupo C lo hacía en sentido norte-sur. 34 En lugares como Areika (ca. 2050 a.C.) se ha podido estudiar, además del cementerio, el asentamiento amurallado en el que se han encontrado numerosos restos de cerámica egipcia. Josef Wegner defiende que este asentamiento era eminentemente nubio y que tales restos se deben a la presencia de oficiales egipcios encargados de supervisar a las tropas nubias que formaban parte del ejército egipcio. D. O’Connor va un paso más allá y propone que aquí habrían convivido egipcios y nubios por en pie de igualdad. 35 33 ID., Id., p. 145. 34 ID., Id., P. 17. 35 Wegner y O’Connor son citados en FISHER, M. M., LACOVARA, P., IKRAM, S., D’AURIA, S., HIGGINS, C. ob. cit., p. 23. sin que se indique la publicación en la que se defienden estas teorías. Imagen 4. Representación esquemática de las tumbas tempranas y tardías del Grupo C.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 14 3.4. KERMA: LOS PRIMEROS ENTERRAMIENTOS REALES 3.4.1. LAS NECRÓPOLIS DE LA CIUDAD DE KERMA Tanto como reino independiente, como si formara parte del de Kush, la ciudad de Kerma fue indudablemente el centro de poder más importante al sur de Egipto entre los años 2500 y 1450 a.C. aprox. La ciudad se levantaba a orillas del río, donde aún puede verse la imponente estructura del que fuera el edificio principal de Kerma, el Deffufa Occidental 36 . En torno a la ciudad había pequeños complejos funerarios, en los que se sitúan los enterramientos más antiguos, correspondientes al periodo llamado “Pre-Kerma”, con unas características similares a las descritas en el Grupo C -pozos cubiertos con túmulos de piedra de dimensiones modestas-. Las necrópolis de Kerma y las del Grupo C a menudo se confunden y se mezclan entre sí y con las de la cultura Pan-Grave, un pueblo nómada cuyo nombre se debe precisamente a que los primeros arqueólogos vieron en los túmulos que dominaban sus necrópolis, formas similares a una sartén, pan en inglés. 37 Los enterramientos más tardíos de Kerma comprenden los periodos Medio y Clásico. E ellos se mantuvo la forma de túmulo y, además, se rodearon por piedras blancas y negras dispuestas circularmente. En la necrópolis este, la más moderna y grande de Kerma, destacan especialmente tres túmulos de inmensas dimensiones que contenían una cámara funeraria en su interior y una estructura interna de ladrillos de adobe que separaba la cámara principal de otras tumbas subsidiarias dentro del mismo túmulo. Estas tumbas han sido identificadas como los enterramientos de los reyes de Kerma, los personajes más poderosos de Nubia. 36 Deffufa es la palabra utilizada en Sudán para referirse a las construcciones de adobe. Ver “Kerma: el Deffufa Occidental” (p. 28). 37 FISHER, M. M., LACOVARA, P., IKRAM, S., D’AURIA, S., HIGGINS, C. ob. cit., p. 147. Imagen 5. Túmulo funerario de Kerma rodeado de piedras blancas y negras.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 15 En lo referido al interior, hay que tener en consideración que estos lugares, al igual que prácticamente la totalidad de tumbas egipcias y nubias, han sido saqueados tanto en la Antigüedad como durante los siglos más recientes. El cadáver se colocaba en un sarcófago de madera de clara influencia egipcia y se disponía sobre un lecho de piedra dentro de la cámara funeraria. Además de los objetos cerámicos habituales, en las tumbas reales podemos imaginar que abundaban las piezas de oro. 38 Las cámaras en que se compartimentaba el interior mediante muros de adobe se destinaban a depositar otros cuerpos, sirvientes del rey sacrificados para acompañarle en el más allá. Los sacrificios humanos se practicaron desde el periodo de Kerma Medio, pero aumentaron exponencialmente durante la fase clásica, cuando los reyes gozaban de mayor poder y, lógicamente, mayor número de sirvientes. Llama la atención también la presencia de un número espectacular de cráneos de buey que se depositaban en el lado sur de los túmulos y que se relacionaban de alguna manera con el prestigio del difunto. 39 Desconocemos en qué consistían los ritos funerarios que seguían a la muerte de los reyes nubios y que se celebrarían durante los meses siguientes. En este sentido destaca la presencia de capillas funerarias de adobe, prácticamente macizas, y recubiertas de arenisca al exterior, que se construían al oeste de los túmulos con el acceso en su lado sur. El concepto de un templo mortuorio destinado a alojar las ceremonias funerales correspondientes junto a la tumba está tomado de la cultura funeraria egipcia, igual que las pinturas que recubrían el interior, de influencia egipcia tanto en estilo como en significado. Esto ha llevado a suponer la presencia de artesanos egipcios trabajando al servicio de los reyes de Kerma. 38 Se han encontrado láminas de oro recubriendo patas de cama, copas cerámicas, etc. TRIGGER, B. G., KEMP, B. J., O’CONNOR, D., LLOYD, A. ob. cit., p. 211. 39 En las costumbres de la Antigüedad debió de ser frecuente el sacrificio de animales y sirvientes de nobles y monarcas para que, depositados en sus tumbas, los atendieran en el más allá. Egipto evitó desde muy pronto esta costumbre, representando a los trabajadores en relieves, pinturas y pequeñas esculturas de barro, piedra y madera policromada colocadas en los enterramientos y desarrollando las tareas a las que tendrían que dedicarse en la próxima vida. GRIESHAMMER, R., “La tumba y el más allá”, en EGGEBRECHT, A., El Antiguo Egipto. 3000 años de Historia y Cultura del Imperio Faraónico. Barcelona, Plaza y Janés, 1984, pp. 287-346. En Mesopotamia, sin embargo, el sacrificio humano estaba vigente aún en pleno periodo de las Primeras Dinastías Sumerias (ca. 2600 a.C.), como puede verse en los hallazgos de las llamadas Tumbas Reales de Ur. ROUX, G., “El gran enigma del cementerio de Ur”, en BOTTÉRO, J., Introducción al Antiguo oriente. De Sumer a la Biblia. Barcelona, Grijalbo/Mondadori, 1996, pp. 50-64. Imagen 6. Enterramiento de Kerma Clásico. Imagen 7. Parte del cementerio real de Kerma. Túmulo y capilla.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 16 En todo caso, la huella egipcia es limitada a aspectos puntuales dentro de unas tumbas que conservan los rasgos propios de su cultura funeraria, adaptada a la riqueza y el poder de los propietarios de las tumbas y de la ciudad. 3.5. ENTERRAMIENTOS EN LOS FUERTES DEL IMPERIO MEDIO La frontera sur de Egipto se asentó a la altura de la Segunda Catarata durante los primeros años de la Dinastía XII, pero no fue hasta finales de esta misma dinastía cuando se datan las primeras tumbas en el entorno de los fuertes. Esto se debe a que en un primer momento las guarniciones no tenían carácter permanente y, más especialmente, al rechazo por parte de los egipcios a ser enterrados en territorio extranjero. Los primeros enterramientos fueron meramente funcionales -el cuerpo se disponía en un ataúd de madera y el ajuar, muy escaso, se componía de simples objetos cotidianos-. Con el tiempo, tanto las tumbas como los ataúdes, crecieron en complejidad y riqueza. En Mirgissa se han encontrado desde tumbas muy sencillas hasta otras destinadas a alojar varios cuerpos sobre cuyos rostros se colocaban máscaras funerarias, y los ataúdes estaban decorados con textos e imágenes de dioses egipcios. Durante el reinado de la Dinastía XIII se comenzaron a construir capillas funerarias para depositar las ofrendas y los bienes de los difuntos y los enterramientos fueron cada vez más ricos. En el fuerte de Buhen, el más importante del Imperio Medio en la Segunda Catarata, se han encontrado las tumbas más ricas de este periodo en Nubia y en las que, pese a ser netamente egipcias, abundaba la cerámica de Kerma. 40 3.6. EL IMPERIO NUEVO: LA CULTURA FUNERARIA EGIPCIA EN NUBIA La invasión llevada a cabo por los egipcios durante el Imperio Nuevo supuso la desaparición de la cultura de Kerma y una imposición de las costumbres funerarias y religiosas egipcias, aunque matizadas por la tradición local. 41 En un principio, la cultura egipcia caló en los asentamientos del Grupo C, aunque de un modo epidérmico, ya que solo ocasionalmente se colocaban objetos egipcios en las cámaras funerarias y, por lo general, se mantuvieron tumbas y ajuares discretos. Se han encontrado tumbas de príncipes y oficiales egipcios que fueron enterrados en la Baja Nubia durante el Imperio Nuevo. En ellas abundan los objetos funerarios y todos aquellos bienes que, de acuerdo con las creencias y costumbres egipcias, serían útiles para el difunto en el más allá. Lejos de ser algo novedoso en cuanto a la tipología o a las tradiciones funerarias de Nubia, tan solo son la evidencia de la expansión 40 FISHER, M. M., LACOVARA, P., IKRAM, S., D’AURIA, S., HIGGINS, C. ob. cit., pp. 146-149. 41 ID., Id., pp. 149-151.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 17 territorial y cultural de Egipto que implicó la anexión de la Baja Nubia y la construcción de tumbas en el sur para los propios egipcios. 42 La cultura funeraria egipcia se hizo más patente en los enterramientos de lugares más meridionales y cercanos a Kerma como Soleb o Tombos. A diferencia de los príncipes egipcios, ahora hablamos de población la autóctona que adoptó las costumbres funerarias egipcias como propias. Sin embargo, se han encontrado tumbas que abren la posibilidad de que las prácticas funerarias autóctonas sobrevivieran con más fuerza de la pensada hasta ahora y que se intensificasen en los enterramientos de las mujeres locales. 43 3.7. LAS PIRÁMIDES EN LAS NECRÓPOLIS REALES DE KUSH El control de Egipto en las tierras del sur llegó a su fin en el umbral del primer milenio a.C. Nubia logró su total independencia política gracias al crecimiento de una dinastía local de Napata, pero culturalmente nunca superó la conquista egipcia. La Baja Nubia quedó prácticamente despoblada, abandonada por la población egipcia que regresó al Alto Egipto en busca de una mayor seguridad y estabilidad, y por los nubios que migraron hacia el sur, a la región Dóngola, acercándose a la civilización que estaba desarrollándose en Napata. Esta ciudad fue un enclave fundamental a nivel político como capital del Reino de Kush en su fase napatea (ss. IX – III a.C.), y para el para el mundo egipcio como el lugar de origen de la Dinastía XXV. Más de ochocientos años después de que se hubiera construido la última pirámide en Egipto 44 se comenzaron a levantar en la región de Dóngola con unas dimensiones más discretas y proporciones más verticales. Las grandes pirámides del Imperio Antiguo 45 , en altura oscilan entre 64 y 146 metros; la base no es inferior a 100 m2 y alcanzan hasta los 215 metro de lado; y su inclinación varía entre los 51º y 53º. Por su parte, las pirámides nubias conservadas en su altura original rondan los 13 metros 46 , 42 Para ampliar la información sobre las tumbas de príncipes egipcios enterrados en Nubia, o príncipes nubios enterrados según los modos egipcios, conviene acudir SMITH, S. T., “Hekanefer and the Lower Nubian Princes: Entanglement, Double Identity or Topos and Mimesis?” en AMSTUTZ, H., DORN, A., MULLER, M., RONDSDORF, M., ULJAS, S., Fuzzy Boundaries Festschrift für Antonio Loprieno, Hamburgo, Widmaier Verlag, 2015. 43 FISHER, M. M., LACOVARA, P., IKRAM, S., D’AURIA, S., HIGGINS, C. ob. cit., p. 151 44 La última pirámide de Egipto fue levantada por Amenofis I, como cenotafio y no como lugar de enterramiento, durante la segunda mitad del segundo milenio a.C. 45 Nos referimos a las de Keops, Kefrén y Micerino. 46 Se estima que la más grande de las pirámides nubias fue la de Taharqo (Nu. 1) y que habría tenido una altura cercana a los 28,5 m. En cualquier caso, mucho menor que la más pequeña pirámide real de Guiza.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 18 llegaron en el mejor de los casos los 51 m2 de base, aunque la mayoría está entre los 6 y 20 m2, y tienen una inclinación superior a los 65º. 47 3.7.1. LAS NECRÓPOLIS REALES DE NAPATA Los ejemplos más paradigmáticos de las pirámides de este cementerio y del periodo napateo, los encontramos en los enterramientos reales, tanto masculinos como femeninos, a partir del gobierno de Pianjy, cuando mayor poder alcanzaron los monarcas en Nubia y Egipto. Creció la riqueza de los ajuares funerarios que acompañaban al difunto, aumentó la complejidad y las dimensiones de las pirámides que se alzaban sobre las cámaras funerarias, que también aumentaron en tamaño; se construyeron capillas en la cara este de las pirámides para albergar los funerales, y se engrandecieron los accesos a las tumbas. Cabe suponer que, en un proceso paralelo al crecimiento arquitectónico, también lo hicieran las ceremonias y rituales que se celebraban tras la muerte del rey. Este proceso evolutivo de las tumbas de Napata derivó en un modelo de tumba real que constaba de una pirámide hecha de piedra o, en algunos casos, de ladrillo recubierto con grandes bloques de piedra. En su cara este se levantaba una capilla funeraria bastante sencilla en cuanto a su arquitectura: una simple sala rectangular que, en algunos casos, precedía a una sala más pequeña, o un nicho abierto en la pared del fondo, en la que se colocaba una estela conmemorativa o la estatua del difunto. Bajo la pirámide había excavadas generalmente dos cámaras a las que se 47 La altura es referida a las pirámides Bar. 2 y Bar. 3. La de mayor base es la pirámide de Taharqo (Nu. 1). Los 65º grados de inclinación hacen alusión a la pirámide de Taharqo (65º y 69º en sus respectivas fases constructivas). DUNHAM, D., The Royal Cemeteries of Kush, vol. I “El Kurru”, Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, 1950; DUNHAM, D., The Royal Cemeteries of Kush, vol. II “Nuri”, Museum of Fine Arts, Boston, Massachusetts, 1955; DUNHAM, D., The Royal Cemeteries of Kush, vol. IV “Royal Tombs at Meroe and Barkal”, Museum of Fine Arts, Boston, Massachusetts, 1957. El propio Reisner indica que la inclinación de todas las pirámides de Nuri ronda los 68º y tienen un aspecto diferente al de las pirámides de Guiza. REISNER, G. A., “Known and Unknown Kings of Ethiopia”, Boston, Museum of Fine Arts Bulletin, Vol. XVI, No. 97, 1918, pp. 68-82. Imagen 8. Sección y planta de Ku. Tum. 2. Imagen 9. Sección y planta de Ku. Tum. 6.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 19 accedía mediante una gran escalinata que se abría bajo la pirámide. La primera era una antecámara destinada a albergar el ajuar funerario del difunto y los objetos depositados durante la ceremonia de enterramiento. Desde ésta se accedía a la cámara funeraria en sí, en la que se disponía el cuerpo sobre un lecho de piedra, dentro de al menos un ataúd de madera y un gran sarcófago de piedra. A diferencia de las tumbas egipcias, en Nubia no se podía acceder a la cámara funeraria ni desde la pirámide ni desde la capilla, y únicamente podía hacerse desde la escalinata. Es innegable el peso de la tradición funeraria egipcia en todos estos aspectos. Además de la presencia de objetos funerarios propiamente egipcios, como los shawabtis o la utilización de vasos canopes, en el interior de las cámaras y de las capillas funerarias hay que destacar las pinturas murales que en algunos casos se han conservado. 48 Pinturas que, tanto en estilo como en contenido, están estrechamente vinculada con la que se encuentra en este tipo de edificios en Egipto. Por otro lado, las cámaras funerarias, excavadas en el suelo en vez de en el interior de la pirámide, recuerdan a los hipogeos que desde el Imperio Medio se pueden ver en tumbas privadas del Alto Egipto y que, durante el Imperio Nuevo, se extrapolaron a las tumbas reales. La colocación de una pirámide sobre las cámaras funerarias no es habitual en los hipogeos egipcios, pero hay que entender las pirámides nubias como una reinterpretación de la cultura funeraria egipcia, no como una copia literal de sus modelos. Por último, destaca la semejanza de las capillas y los templos funerarios egipcios. Cabe suponer que los ritos y ceremonias realizadas en su interior eran muy similares en Nubia y Egipto tanto por su igual ubicación, al este de la pirámide, como por la presencia del nicho en la pared, conocido en Egipto como serdab, en el que se colocaba el doble funerario. 48 Las cámaras funerarias de Tanwtamani (Ku. 16) y la reina Qalhata (Ku. 6) son los mejores ejemplos de estas pinturas. Imagen 10. Escalinata de acceso a Ku. 17 (Pianjy). Imagen 11. Sección de las pirámides de Zóser (1), Sejemjet (2) y Jaba (3). Saqqara. Imperio Antiguo.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 20 Los reyes de Kush, en vez de adoptar las formas egipcias que por tiempo les eran más cercanas, retornaron a los modelos más antiguos. Fieles a la ortodoxia estricta de Amón, promocionaron tanto en Egipto como en Nubia, los valores artísticos y religiosos más clásicos de Egipto del Imperio Antiguo y Medio. 49 Por ello, no es de extrañar que optasen por representarse de un modo un tanto arcaizante. 50 De hecho, las pirámides como monumentos funerarios no son propias del Imperio Nuevo, sino que son formas tomadas tanto del Imperio Antiguo como Medio. 51 La ubicación subterránea de las cámaras funerarias, y que la escalinata de acceso fuese independiente de la pirámide es una característica propia de las primeras pirámides de Egipto, como las de los faraones de la Dinastía III: Zóser, Sejemjet o Jaba. Las tumbas reales solían completarse tras la muerte del rey y una vez su cuerpo ya había sido depositado en la cámara funeraria cuya entrada, posteriormente, se cegaba con grandes bloques de piedra y escombros. La construcción de las pirámides y templos funerarios que dignificaban el enterramiento a nivel del suelo eran, por tanto, responsabilidad de los sucesores más que del propietario de la tumba. 3.7.1.1. El cementerio real de El-Kurru Fue el cementerio más importante y más antiguo de Napata y acogió las tumbas de los primeros reyes kushitas y los faraones de la Dinastía XXV 52 . Atrás quedaron los grandes túmulos de piedra y arena. Las tumbas reales de Kush se configuraron como imponentes estructuras piramidales bajo las cuales se excavaban las cámaras funerarias. El-Kurru fue la necrópolis predilecta para los nubios durante el Tercer Periodo Intermedio (1077 – 723 a.C.) y, con especial intensidad, durante el reinado de la Dinastía XXV (753 – 655 a.C.), aunque desconocemos desde cuándo y hasta cuándo se mantuvo en uso. Los primeros enterramientos en la necrópolis de El-Kurru aún conservan la estructura de una única cámara muy sencilla cubierta con grandes piedras sobre la que se levantaba el túmulo circular (Ku. Tum. 2). Los enterramientos fueron aumentando 49 ALDRED, C., ob. cit., p. 5. 50 En un relieve del templo de Kawa se muestra a Taharqo como una esfinge pisoteando a los enemigos, igual que lo hicieron los faraones Saure, Pepi I y Pepi II. ID., Id., Ib. 51 Sin embargo, sí se construyeron en algunos casos puntuales en el Imperio Nuevo. Valga el ejemplo del templo funerario de Mentuhotep en Deir el-Bahari. 52 A excepción de Taharqo, que inauguró una nueva necrópolis real en Nuri. Imagen 12. Necrópolis de El-Kurru tras la excavación. Mirando hacia el suroeste desde Ku. 1
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 27 subterráneas ya no se ubican verticalmente bajo la pirámide, sino que quedan algo por delante, generalmente a la altura de la capilla funeraria. Los ejemplos que mejor ilustran estos enterramientos, los más ricos y las pirámides de mayor tamaño se encuentran en el cementerio norte, reservado a reyes y reinas que sí reinaron. Son muy numerosas, entre las que cabe destacar la tumba de la reina Amanitore (Beg. N. 1) y su marido el rey Natakamani (Beg. N. 22), la de la reina Amanisakheto (Beg. N. 6), o la tumba Beg. N. 11, atribuida por Dunham a la reina Nahirqa 70 y vinculada por tanto con la tumba Beg. N. 8, que habría pertenecido a su marido cuyo nombre es ilegible en los muros. 4. RELIGIÓN Y TEMPLOS EN NUBIA Es realmente poco lo que conocemos de la religión autóctona nubia, los dioses locales, las ceremonias y las creencias que se tenían y celebraban antes de la invasión de Egipto durante el Imperio Nuevo y la imposición de su religión, sus dioses y sus templos. Cuando el reino de Kush resurgió en Napata, sus reyes se convirtieron en firmes defensores de Amón, seguramente debido a los fuertes lazos que los vinculaban al lugar sagrado de Gebel Barkal. Los dioses egipcios se asentaron en Nubia, de donde no desaparecieron hasta la llegada del cristianismo muchos siglos más tarde. 70 DUNHAM, D., The Royal…, vol. IV, p. 72. Sin embargo, en FISHER, M. M., LACOVARA, P., IKRAM, S., D’AURIA, S., HIGGINS, C. ob. cit., p. 265, fig. 166. esta tumba se atribuye presumiblemente a la reina Shanakhdakheto. Imagen 21. Sección y planta de Beg. 11.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 28 4.2. LA RELIGIÓN LOCAL Nada sabemos de las creencias y la religión de los Grupos A y C que poblaron la Baja Nubia hasta mediados del segundo milenio a.C. Se pueden extraer algunas conclusiones por los hallazgos realizados en el ámbito funerario y los objetos encontrados en las necrópolis de estas primeras culturas, aunque poco más allá de una lectura semejante a la idea del más allá que se tenía en Egipto debido a la presencia de objetos cotidianos que le habrían de ser útiles al difunto en su próxima vida. 4.2.1. KERMA: EL DEFFUFA OCCIDENTAL 71 En cuanto a la cultura de Kerma es también realmente poco lo que conocemos, y lo que podemos suponer se debe a los restos arquitectónicos hallados en la ciudad. Los principales templos de Kerma, que se han llamado Deffufa Occidental (K. XI) y Deffufa Oriental (K. II), son una muestra del tipo de edificios que se levantaron aquí en el momento clásico y de mayor de esplendor de Kerma. Ambas son grandes estructuras hechas con ladrillos de adobe, cuyo interior estaba dividido en dos grandes salas abovedadas cubiertas con cerámica y pinturas murales de la fauna africana, así como escenas relacionadas con la actividad en el río, la navegación y la pesca. Del Deffufa Oriental poco podemos decir más allá de que se ubicaba la necrópolis principal de Kerma, relacionado los últimos enterramientos llevados a cabo en este cementerio este. Recordemos que los enterramientos de Kerma conservan un importante peso de la cultura funeraria autóctona en las formas y cabe pensar que también en las ceremonias funerales. Sobre la puerta de entrada estaba colocado un disco solar que se puede relacionar fácilmente con un mayor peso de la cultura egipcia en Kerma. No ocurre lo mismo en el Deffufa Occidental. Era un edificio de ladrillos cocidos y de adobe prácticamente macizo que, incluso a día de hoy, se conserva parcialmente en pie. Está ubicado en el corazón de la antigua ciudad y ejercía como el templo principal de la misma. En origen fue un edificio modesto, pero constantemente fue reedificado y modificado acorde con el crecimiento que iba experimentando de manera paralela la ciudad y la cultura de Kerma. El santuario interior del Deffufa constaba de un largo corredor ciego con escaleras que terminaba en un espacio circular en el que 71 BONNET, C., “Kerma” en FISHER, M. M., LACOVARA, P., IKRAM, S., D’AURIA, S., op. cit., pp. 304-309. Imagen 22. Mapa del área de Kerma.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 29 sacrificaban carneros. 72 No era exclusivamente un templo, era todo un recinto cerrado en el norte por un muro circular y rectilíneo en el sur. A los lados este y oeste se desplegaban una serie de almacenes, capillas, talleres, armerías, e incluso un palacio vinculado estrechamente con el componente religioso del templo. 73 4.3. LA IMPOSICIÓN RELIGIOSA DURANTE EL IMPERIO NUEVO: EL DESARROLLO DEL CULTO A AMÓN EN NUBIA 74 Con la llegada de los egipcios a Nubia la ciudad de Kerma fue abandonada sin recuperar nunca más el poder ni la potencia de la que había gozado hasta ese momento, y los egipcios fundaron Doukki Gel (ca. 1450 a.C.), una nueva ciudad ubicada al norte de Kerma. Entre los templos egipcios que se construyeron en este nuevo asentamiento se han encontrado los cimientos de un templo muy inusual, de forma circular y cuyo perímetro está rodeado de contrafuertes. Es una tipología extraña que hace pensar que las deidades nubias convivieron con las egipcias incluso durante la ocupación del Imperio Nuevo y que, una vez el territorio fue recuperado por los nubios, este templo fue reconstruido. 75 72 Imagen de TRIGGER, B. G., KEMP, B. J., O’CONNOR, D., LLOYD, A. B. ob. cit., p. 202, fig. 2.12. 73 MANZO A. ob. cit., pp. 89-90. 74 FISHER, M. M., “The Art and Architecture of Nubia During the New Kingdom: Egypt in Nubia” en FISHER, M. M., LACOVARA, P., IKRAM, S., D’AURIA, S., HIGGINS, C. ob. cit., pp. 84 – 107. 75 Este lugar comenzó a ser estudiado en 1965 por la Swiss-Franco-Sudanese Archeologic Mission encabezada por Charles Bonnet. Imagen 23. La ciudad de Kerma en primer plano y el Deffufa Occidental al fondo. Imagen 24. Vista aérea de Doukki Gel.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 30 El rápido control militar y político que lograron imponer los faraones sobre Nubia no se vio correspondido con la correspondiente egiptización del territorio y las gentes, sino que este fue un proceso lento y largo. Además del culto a Amón, abundó la propaganda que los faraones hicieron de sí mismos con templos dedicados a su propia divinidad. La representación en Nubia de un rey divinizado se ha encontrado en Soleb, donde Amenhotep III (1390 – 1352 a.C.) aparece vinculado a una asociación de los dioses Amón-Ra y Khonsu. 76 Desde la Dinastía XVIII hasta el reinado de Tutmosis III (1458 – 1425 a.C.) la campaña egipcia concentró los esfuerzos en la consolidación del control de Nubia, pero a partir de este momento se emprendió la construcción de templos egipcios en toda Nubia, y así se mantuvo hasta la Dinastía XX. Durante los primeros años se reforzaron y reconstruyeron los asentamientos tanto militares como religiosos del Imperio Nuevo y se construyeron de nueva planta en aquellos territorios que no se habían controlado con anterioridad. Buhen 77 durante el Imperio Nuevo se consolidó como una ciudad más poderosa que el asentamiento previo, y los faraones Ahmose, Tutmosis II, Hatshepsut y Tutmosis III levantaron cuatro templos dentro de la ciudad. Desde finales de la Dinastía XVIII se construyeron ciudades-templo; eran templos fortificados con un muro que protegía todo su perímetro. En La Baja Nubia se construyeron sobre núcleos preexistentes, pero esta tipología se extendió también por nuevos emplazamientos en la Alta Nubia. Constaban de un pilono de entrada que conducía a un patio columnado que, a su vez, daba paso a una sala y al santuario. El plan es el habitual de los templos egipcios, pero en las imágenes de los pilonos en las que el faraón aparecía sometiendo a sus enemigos, en Nubia se sustituyeron por otras más amables y pacíficas. Los templos Amada, Soleb, Kawa o Gebel Barkal son algunos de los muchos que se construyeron en Nubia. Sobresale en esta faceta el que fuera el faraón más longevo y de mayor actividad constructora de la Dinastía XIX, Ramsés II (1295 – 1294 a.C.). Construyó al menos siete nuevos complejos religiosos y continuó con la restauración y ampliación de otros muchos construidos por sus predecesores 78 . Entre todos ellos destaca, sin encontrar un proyecto de características similares en Nubia, el complejo religioso de Abu Simbel, dedicado a la divinidad del faraón. 76 FISHER, M. M., LACOVARA, P., IKRAM, S., D’AURIA, S., HIGGINS, C. ob. cit., p. 90. 77 Consultar “Enterramientos en los fuertes del Imperio Medio” (p. 16). 78 FISHER, M. M., LACOVARA, P., IKRAM, S., D’AURIA, S., HIGGINS, C. ob. cit., p. 94. Imagen 25. Planta del templo sur de Buhen.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 31 Se levantaron tanto templos exentos como speos y hemispeos 79 , desde capillas funerarias privadas hasta templos dedicados a los dioses y los faraones. En cualquier caso, todos ellos seguían una misma tipología: grandes pilonos de entrada que daban paso a una primera sala columnada o patio en caso de ser exentos, desde aquí se tenía acceso a una nueva sala con columnas o vestíbulo que precedía a tres pequeñas habitaciones. El santuario era la estancia central de las tres y tenía un nicho en el que se colocaba la imagen del rey o el dios, mientras las dependencias laterales solían estar dedicadas a albergar las ofrendas. La orientación de los templos dependía de la montaña en la que se excavaba o, si eran exentos, seguían un eje longitudinal perpendicular al curso del Nilo. Muchos asentamientos y obras tanto nubias como egipcias se han perdido bajo las aguas del lago Nasser que han anegado la inmensa mayoría de estos lugares en Baja Nubia. Abu Simbel es la más conocida de toda una serie de construcciones que tuvieron que ser trasladadas para ponerlas a salvo del agua. Los templos de Debod 80 (Madrid), Dendur 81 (Nueva York), Ellisiya 82 (Turín) y Taffeh (Leiden) y otros tantos que se encuentran en el Museo Nacional de Sudán en Jartum, también fueron rescatados en un proyecto colosal llevado a cabo por la UNESCO a partir de 1960. 4.3.1. EL LUGAR SAGRADO DE GEBEL BARKAL Los egipcios llegaron a la región de Dóngola durante la conquista llevada a cabo por Tutmosis I, aunque los restos arqueológicos encontrados evidencian que este lugar estuvo poblado desde el neolítico, y desde Tutmosis III se pueden encontrar restos que atestiguan la presencia de cada uno los faraones egipcios hasta Ramsés II. Cada uno de ellos llevó a cabo distintas empresas de restauración, reconstrucción o construcción de templos, capillas y palacios para dejar constancia de su poder y su huella en el principal lugar de Amón en Nubia. 79 Los speos son templos funerarios o religiosos excavados en la roca. Fueron una tipología muy utilizada en Egipto durante el Imperio Nuevo, en templos como el de Ramsés II y Nefertari en Abu Simbel. En os hemispeos, en cambio, tan solo las últimas cámaras están excavadas en la roca. Fueron también frecuentes en el Imperio Nuevo, siendo el ejemplo más conocido el complejo religioso de Deir el-Bahari, con los templos de Mentuhotep y Hatshepsut. 80 Fue erigido siglos después por el faraón Ptolomeo IV en honor a Amón. 81 Construido en época de Gayo Petronio, a finales del siglo I a.C. 82 Obra de Tutmosis III (Dinastía XVIII). Imagen 26. Acceso a uno de los hemispeos de Gebel Barkal.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 32 A menudo los templos y palacios de los reyes de Kush se levantaron sobre los restos de las obras egipcias del Imperio Nuevo, al sureste de la montaña. Una vez adoptado el culto a Amón, los nubios hicieron suyas las formas arquitectónicas egipcias. Los templos mantuvieron el mismo plan que en el Imperio Nuevo, con el eje longitudinal perpendicular al río y, en algunos casos, las últimas cámaras excavadas bajo la roca de la montaña sagrada. En los más importantes, por delante de los pilonos se abría una gran avenida de esfinges de Amón representado como un carnero. El gran templo de Amón (B500) fue, presumiblemente, el más importante de Napata y de toda Nubia. La avenida de esfinges y los pilonos de entrada daban acceso a un patio rodeado por columnas. Desde éste se accedía al gran vestíbulo previo al santuario y a las últimas estancias, más pequeñas, oscuras y privadas, entre las que se encontraba el santuario. El templo, levantado por Pianjy sobre una fundación egipcia del Imperio Nuevo, se engrandeció con la incorporación de pilonos, el patio y la primera gran sala hipóstila, y fue ampliado de nuevo en tiempos de Taharqo. Las intervenciones no acabaron aquí, y durante los periodos napateo y meroítico siguió siendo ampliado en campañas sucesivas por los reyes de Kush. Otro templo que destacar es el de Mut (B300), un hemispeo fundado también por Tutmosis II y reconstruido, esta vez, por Taharqo. Es especialmente destacado por los relieves encontrados en su interior, muy ilustrativos sobre la concepción que tenían los egipcios y nubios sobre Gebel Barkal. En ellos se representa a un rey haciendo ofrendas a Amón, representado con cabeza de cordero, y a Mut. Los dioses se encuentran dentro de una especie de estructura, que los encierra precedida de un gran uraeus coronado por un disco solar. Esta es la representación de la propia Imagen 27. Templo de Amón de Gebel Barkal. Imagen 28. Plano del complejo religioso de Gebel Barkal.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 33 montaña sagrada que sirve como morada de estas divinidades y donde entra el rey en esas últimas cámaras del templo en las que se depositaban los bienes ofrecidos. Estas imágenes se dieron más allá de Gebel Barkal, conociéndose varios ejemplos en Nubia como las tumbas del rey Akakamani (Beg. S. 6) o la tumba Beg. N. 11 en las necrópolis de Meroe. 83 En cuanto al pináculo (B350) y su valor simbólico hay que hablar de nuevo de Taharqo y su afición a crear escenarios mágicos de profundo sentido místico mediante la combinación del paisaje y sus intervenciones. En la parte más alta del pináculo ordenó colocar una inscripción 84 recubierta de oro que, con el reflejo de la luz del sol, haría brillar la parte superior como si, en efecto, la cobra portase un disco solar sobre su cabeza. Además de templos este complejo contó con la presencia de varios palacios de importantes dimensiones, entre ellos el B1200, hecho de ladrillo durante el reinado de Pianjy sobre una obra previa de Ramsés II. Hay otro gran palacio situado más al este (B1500) que fue construido por el rey kushita Natakami varios siglos después de que la corte se hubiese trasladado a Meroe, lo cual indica la importancia casi sempiterna de este lugar. Este rey, junto con su esposa Amanitore, desarrollaron una intensa campaña de reconstrucción y edificación de nuevos templos en Nubia durante el siglo I a.C. Después de que los nubios perdieran el control sobre Egipto en el siglo VII a.C., Psamético II, faraón de la Dinastía XXVI, lideró una expedición de castigo contra Nubia y Napata. La corte, las gentes y el centro de poder del reino de Kush se vieron obligados a desplazarse hacia sur hasta que, como hemos visto, la corte se acabó instalando oficialmente en Meroe. 83 Ver el apartado “Las pirámides de Meroe” (p. 25). 84 Esta inscripción fue fotografiada recientemente y desconozco si se ha publicado el contenido de la inscripción. Imagen 29. Relieve de Amón con cabeza de carnero (izda.) y Mut (cha.) dentro de Gebel Barkal. Imagen 30. Vista del pináculo (B350) desde la cima de Gebel Barkal.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 34 4.3.2. EL CULTO A AMÓN EN EL SUR DURANTE PERIODO MEROÍTICO El culto a Amón se mantuvo en Nubia y se trasladó al sur como lo hiciera la corte y la propia población. Aunque Meroe ha sido muy excavado, el mal estado de conservación ha limitado el conocimiento tanto de los templos como de la ciudad. De lo poco que se conoce, se deduce una vinculación más estrecha entre el poder real manifestada en la cercanía y la orientación del palacio real respecto al templo de Amón. 85 Por otro lado, había un templo solitario al oeste de la ciudad, el Templo del Sol, decorado con alusiones a teología de la monarquía meroítica. La abundante presencia de escenas de batalla en el interior hace pensar que fue levantado para celebrar los triunfos militares de los reyes de Meroe y, las sucesivas modificaciones y renovaciones a las que fue sometido, indican que fue utilizado durante gran parte de la historia meroítica. 86 Sorprende la presencia de un “Baño Real”. Funcionaba como un santuario de agua en torno a un gran tanque central que se rodeaba de esculturas y muros decorados con pinturas. No se sabe el fin que tenía, pero se ha descartado que estuviese relacionado con las crecidas del río ya que no se llenaba con el agua procedente de las mismas. Tiene fuertes influencias helenísticas como se puede ver en las decoraciones que representan a Dionisio y al dios local Apedemak, ambas deidades relacionadas con la fertilidad, el renacimiento y el bienestar. 87 Sin embargo, los templos más importantes y mejor conservados se conservan lejos de la capital. 4.3.2.1. El Templo de Amón de Dangeil 88 Es uno de los yacimientos nubios más tardíamente conocidos, comenzado a excavar en 2001. La ciudad de Dangeil, al sur de la Quinta Catarata, adquirió gran importancia con el traslado de la población kushita al sur y, a ojos del arte, por la construcción de un gran templo de Amón en el siglo I a.C. Dentro del templo se han encontrado estatuas de tres reyes kushitas tempranos, entre ellos Taharqo y Aspelta 89 , que indican que este lugar estuvo poblado mucho antes de que se construyese el 85 FISHER, M. M., LACOVARA, P., IKRAM, S., D’AURIA, S., HIGGINS, C. ob. cit., p. 262. 86 ID., Id., Ib. 87 ID., Id., Ib. 88 YELLIN, J. N., “Dangeil” en FISHER, M. M., LACOVARA, P., IKRAM, S., D’AURIA, S., HIGGINS, C. ob. cit., 274-276. 89 La estatua de Taharqo y dos del rey Senkamanisken están identificadas por la inscripción de los nombres. En cambio, la cuarta se ha atribuido a Aspelta de acuerdo a los rasgos faciales. Imagen 31. Plano del Templo del Sol de Meroe.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 35 templo. La estatua de Taharqo, además, lo convierte en el faraón egipcio que logró extender su dominio hasta territorios más meridionales. La presencia en los cartuchos de los muros del nombre de Amanitore la sitúan como la reina responsable de la construcción del templo. Fue levantado sobre los cimientos de obras anteriores y sigue los modelos tradicionales de los templos egipcios y de Amón, con una monumental entrada precedida de una avenida de esfinges, que da paso a un patio y a una sala columnada previa al santuario tripartito 90 . Estaba construido en ladrillo, revestido de yeso y pintura que imitaba la piedra que sí se usaba, por ejemplo, en el suelo. 4.3.2.2. El complejo religioso de Naqa 91 Naqa fue una de las ciudades más modernas del reino de Kush, una nueva fundación del periodo meroítico seguramente en la segunda mitad del siglo II a.C., y pervivió hasta el siglo II d.C. 92 Destacó como el centro religioso más importante del periodo meroítico, todo un complejo de templos ubicado sobre la pequeña colina de Gebel Naqa lo suficientemente elevada como para dar una imagen imponente del templo de Amón. Aquí podemos encontrar los más meridionales dedicados a Amón, próximo a la Sexta Catarata, y uno de los más importantes durante el periodo meroítico, el Gran Templo de Amón (Naqa 100). 93 Pese a ser un lugar tan remoto y alejado de Egipto se mantiene el mismo esquema visto en Dangeil o Gebel Barkal, junto con características 90 Aunque se conoce como el templo de Amón de Dangeil, estos santuarios tripartitos solían estar dedicados a dioses relacionados con el culto solar como Ra, Ra-Horakhty y Amón-Ra. 91 YELLIN, J., N., “Naqa” en FISHER, M. M., LACOVARA, P., IKRAM, S., D’AURIA, S., HIGGINS, C. ob. cit., pp. 230-237. 92 La referencia más antigua que se ha encontrado Naqa es una inscripción en el templo del 135 a.C. 93 Había otro temple dedicado a Amón más pequeño (Naqa 200). Imagen 32. Templo de Amón de Dangeil.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 36 locales como el hecho de alzar el templo sobre un gran pódium con tres rampas de acceso. 94 La avenida de esfinges de Amón con cabeza de carnero de Naqa ha sido reconstruida y constituye una de las imágenes más icónicas para hablar del culto de Amón en Nubia. Entre sus patas las esfinges protegían pequeñas figuras del rey Natakamani cuyo nombre aparece también en los cartuchos encontrados en el templo junto al de su esposa Amanitore. 95 Frente al templo de Amón en Naqa se ha encontrado otro más pequeño pero que se conserva mejor, especialmente los pilonos. Se conoce como el Templo del León (Naqa 300) porque estaba dedicado a Apedemak, un dios vinculado con la realeza nubia que se representaba con cabeza de león. En cuanto a su arquitectura es muy sencillo, tan solo consta de una sala rectangular, pero es especialmente interesante por el relieve conservado en los pilonos. En ellos se representa a los reyes Natakamani y Amanitore descargando su furia contra sus enemigos, que se representan empequeñecidos y arrodillados frente a ellos. Inevitablemente estas escenas recuerdan a las talladas en los templos de Ramsés II cuando eran los nubios el objeto de la ira faraónica. 94 YELLIN, J., N., “Naqa” en FISHER, M. M., LACOVARA, P., IKRAM, S., D’AURIA, S., HIGGINS, C. ob. cit., p. 231. 95 ID., Id., Ib. Imagen 33. Avenida de esfinges del Gran Templo de Amón en Naqa y el templo al fondo. Imagen 34. Apedemak. Relieve en el lateral del templo del León de Naqa.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 43 Shebitqo: Hijo de Pinajy. Heredó el trono de su tío. Mantuvo el control sobre los territorios heredados de Shabaqo, pacificó la frontera noreste y pretendió una relación más pacífica con Asiria. Las buenas relaciones se mantuvieron hasta la muerte de Sargón II (ca. 705 a.C.). A partir de ese momento, el avance asirio por la costa mediterránea se alcanzó la frontera egipcia. Durante su reinado residió en Tebas, y es posible que fuese el único rey nubio que lo hiciera. Taharqo: Hermano menor de Shebitqo. Taharqo pretendió ampliar sus fronteras luchando tanto en Libia como en Asia, donde años atrás Shebitqo había repelido la ofensiva asiria. Los nubios y los egipcios confiaban tanto en su capacidad militar como en la estabilidad de las fronteras del desierto, pero Taharqo fue derrotado en la costa del Sinaí en el 671 a.C. Los asirios penetraron en el Delta y los kushitas se vieron obligados a iniciar la retirada hasta Tebas. Tanwetamani: Fue, junto con Taharqo, el rey que más sufrió los ataques asirios. Ante las ofensivas de este pueblo, la corte kushita tuvo que abandonar Tebas y a retirarse hasta Napata. Egipto quedó en manos de Psamético I, primer faraón de la Dinastía XXVI. Sucesivos ataques e incursiones egipcias en Nubia obligaron a Tanwetamani y sus sucesores a retrasar la frontera hacia el sur y la capital hasta Meroe, creando una brecha entre Egipto y Nubia que imposibilitaba cualquier intento de reconquista por parte de Kush.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 44 MAPAS Mapa 5. Regímenes y vías de tránsito en el noreste de África. (ca. 2300 – 1700 a.C.) Mapa 4. Alta Nubia Mapa 3. Baja Nubia.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 45 Mapa 8. Extensión aproximada de las áreas de influencia de los reinos de los Hicsos, Tebas y Kush. (ca. 1650-1550 a.C.) Mapa 9. Extensión aproximada del área de influencia egipcia y nubia durante la Dinastía XXV. (ca. 765-655) Mapa 6. Extensión aproximada de las áreas de influencia de Egipto y Nubia. (ca. 3000-2000 a.C.) Mapa 7. Extensión aproximada de las áreas de influencia de Egipto y Nubia. (ca. 2000-1650 a.C.)
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 46 APÉNDICE FOTOGRÁFICO II. Nubios sometidos bajo los pies de Ramsés II. Abu Simbel. Templo de Ramsés II. III. Ramsés II y sus hijos atacando a los nubios. Templo de Ramsés II en Beit al-Wali. IV. Lectura esquemática del quemador de incienso de Qutsul (figura 3). I. Fuerte egipcio de Buhen. Imperio Medio.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 47 V. Kerma, Doukki Gel y la necrópolis este. VI. Necrópolis este de Kerma. IX. Tumba de un príncipe de Kerma hallada fuera de la necrópolis. VIII. Dos tumbas de Kerma Clásico en la Baja Nubia. VII. Mapa del área de Kerma. X. Parte del cementerio de Kerma Antiguo (arriba). Tumba de Kerma Medio (abajo).
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 48 XI. El-Kurru antes de ser excavado. XII. Sección y planta de Ku. 51. XIII. Sección y planta de Ku. 53. XIV. Ku. 51-55. XV. Ku. Tum. 6. XVI. Ku. 15. XVII. Ku. 16. XVIII. Ku. 17.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 49 XIX. Ku. 3. Entrada cegada. XX. Sección y planta de Ku. 1. XXI. Sección y planta de Ku. 3. XXII. Sección y planta de Ku. 4. XXIII. Muro sur de la cámara funeraria de Ku. 5. XXIV. Muro norte de la cámara funeraria de Ku. 5.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 50 XXV. Sección y planta de Ku. 8. XXVI. Sección y planta de Ku. 15. XXVII. Sección y planta de Ku. 17. XXVIII. Sección y planta de Ku. 16. XXIX. Sección y planta de Ku. 18. XXX. Pinturas murales de la antecámara de Ku. 16.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 51 XXXI. Entrada a las tumbas de Ramsés IV (primer plano) y Tutankamón (al fondo) en el Valle de los Reyes. XXXII. Planta de los templos funerarios de Deir el-Bahari. Imperio Nuevo. XXXIII. Mapa de las pirámides de Nuri excavadas entre 1916 y 1917 XXXIV. Necrópolis real de Nuri. XXXV. Pirámides 1, 2, 3, 6, 7 y 8 de Nuri. XXXVI. Vista general de la necrópolis de Nuri.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 52 XXXVII. Nu. 1. XXXVIII. Planta y sección de Nu. 1. XXXIX. Planta de las cámaras subterráneas de Nu. 1. XL. Osireion de Abydos.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 59 LXXXII. Templo de Amón de Gebel Barkal. LXXXIII. Avenida de esfinges frente al templo de Amón de Gebel Barkal. LXXXIV. Cámaras excavadas bajo la montaña en Gebel Barkal. LXXXV. Pilar esculpido en la montaña de Gebel Barkal.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 60 LXXXVI. Representación de Amón dentro de la Montaña Sagrada. Templo de Mut de Gebel Barkal. LXXXVII. Representación de Gebel Barkal. Muro norte de la cámara funeraria de Beg. N. 11. LXXXVIII. Representación de Gebel Barkal y el rey Akakamani en Beg. S. 6. LXXXIX. Sección actual del Baño Real de Meroe. XC. Estado actual del Baño Real de Meroe. XCI. Planta actual del Baño Real de Meroe.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 61 XCII. Templo del Sol de Meroe. XCIII. Templo de Amón de Meroe. XCIV. Templo de Amón de Meroe. XCV. Templo de Amón de Dangeil. XCVI. Restos de una escultura de Taharqo. Dangeil. XCVII. Restos de una escultura de Taharqo. Dangeil. XCVIII. Restos de una escultura de Senkamanisken. Dangeil. XCIX. Cabeza de una escultura de Aspelta. Dangeil.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 62 C. Gran Templo de Amón de Naqa. CI. Templo de Apedemak y quiosco romano de Naqa. CII. Avenida de esfinges y la entrada al Gran Templo de Amón de Naqa CIII. Pilonos de entrada del templo de Apedemak. Naqa. CIV. El rey Natakamani en los pilonos de entrada del templo de Apedemak. CV. La reina Amanitore en los pilonos de entrada del templo de Apedemak. CVI. Representación gráfica de los relieves de los pilonos del templo de Apedemak.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 63 CVII. Imágenes de dioses entre, los que se encuentra Apedemak, talladas en el lateral del Templo del León de Naqa. CVIII. Plano de Karnak. CIX. Templo de Amón en Karnak. CX. Pódium del templo de Taharqo en Karnak. CXI. Esfinge de Taharqo. CXII. Primer plano de una esfinge de Taharqo. CXIII. Busto de Shabaqo como faraón. CXIV. Busto de taharqo con el tocado ceñido de los soberanos nubios.
Jaime Alonso Lorenzo Universidad de Valladolid 64 7. BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES BIBLIOGRAFÍA - ADLRED, C., El Egipto del Crepúsculo: de Tanis a Meroe (1070 a.C.-siglo IV d.C.), El Universo de las Formas, Aguilar, Madrid, 1980. - ALMAGRO BASCH, M., “La participación de España en la campaña de Nubia”, África, nº 300, (diciembre 1966), pp. 710-715. - ANTA DIOP, C., Naciones negras y cultura: de la antigüedad negroegipcia a los problemas culturales del África negra de hoy, Barcelona, Casa África, 2012. - DUNHAM, D., The Royal Cemeteries of Kush, vol. I “El Kurru”, Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, 1950. ⎯ The Royal Cemeteries of Kush, vol. II “Nuri”, Museum of Fine Arts, Boston, Massachusetts, 1955. ⎯ The Royal Cemeteries of Kush, vol. IV “Royal Tombs at Meroe and Barkal”, Museum of Fine Arts, Boston, Massachusetts, 1957. ⎯ The Royal Cemeteries of Kush, vol. V “The West and South Cemeteries at Meroe”, Museum of Fine Arts, Boston, Massachusetts, 1963. - EDWARDS, I.E.S. Las pirámides de Egipto, Barcelona, Crítica, 2003. - EGGEBRECHT, A., El Antiguo Egipto. 3000 años de historia y cultura del imperio faraónico, Barcelona, Plaza & Janés Editores, S.A., 1990. - FERNÁNDEZ MARTÍNEZ, V. M., La cultura Alto-Meroítica del Norte de Nubia, Tesis doctoral, Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 2011. - FISHER, M. M., LACOVARA, P., IKRAM, S., D’AURIA, S., HIGGINS, C. Ancient Nubia: African Kingdoms on the Nile, Cairo-New York, American University in Cairo Press, 2012. - GRIMAL, N., Historia del Antiguo Egipto, Madrid, Akal, 1996. - MANZO, A. Introduzione alle antichità Nubiane, Trieste, Università degli Studi di Trieste, 2007. - O’CONNOR, D. B., Ancient Nubia: Egypt’s Rival in Africa, Philadelphia, University of Pennsylvania Museum of Archeology & Anthropology, 1993. - REDFORD, D. B. De esclavo a faraón. Los faraones negros de la XXV Dinastía, Barcelona, Crítica, 2005.
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