SENTIDO Y SIGNIFICACIÓN DE LA DONACIÓN DE RELIQUIAS DEL CARDENAL MENDOZA AL HOSPITAL DE SANTA CRUZ DE TOLEDO
Abstract
Analizamos en el presente artículo la donación de reliquias realizada por parte del cardenal Mendoza (1428-1495) al hospital de Santa Cruz de Toledo, a través de un documento inédito conservado en el Archivo Histórico Provincial de Toledo. Profundizamos en el valor que los vestigios sagrados alcanzaron como obsequios dentro de las prácticas sociales de la época convirtiéndose en presentes que, siendo portadores de lo sagrado, prestigiaban tanto al donante como al receptor y contribuían a la construcción de la imagen del pode
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Quintana: revista do Departamento de Historia da Arte, (21) (2022). ISSN-e: 2340-0005 https://doi.org/10.15304/quintana.21.7587 Colaboracións SENTIDO Y SIGNIFICACIÓN DE LA DONACIÓN DE RELIQUIAS DEL CARDENAL MENDOZA AL HOSPITAL DE SANTA CRUZ DE TOLEDO MEANING AND SIGNIFICANCE OF THE DONATION OF CARDINAL MENDOZA'S RELICS TO THE HOSPITAL OF SANTA CRUZ DE TOLEDO María Cristina Hernández Castelló1,a 1 Universidad de Valladolid, España [email protected] Recibido: 18/03/2021; Aceptado: 05/05/2021 Resumen Analizamos en el presente artículo la doñacioñ de reliquias realizada por parte del cardenal Mendoza (1428-1495) al hospital de Santa Cruz de Toledo, a través de un documento iñédito conservado en el Archivo Historico Provincial de Toledo. Profundizamos en el valor que los vestigios sagrados alcanzaron como obsequios dentro de las practicas sociales de la época coñvirtiéñdosé en presentes que, siendo portadores de lo sagrado, prestigiaban tanto al donante como al receptor y coñtribuíañ a la coñstruccioñ de la imagen del poder. Palabras clave: Cardenal Mendoza; reliquias; relicario; Santa Cruz hospital; Toledo. Abstract We analyze in this article the donation of relics made by cardinal Mendoza (1428-1495) to the Santa Cruz de Toledo hospital, through an unpublished document preserved in the Provincial Historical Archive of Toledo. We delve into the value that the sacred vestiges reached as gifts within the social practices of the time, becoming presents that, being bearers of the sacred, gave prestige to both the donor and the recipient and contributed to the construction of the image of power. Keywords: Cardinal Mendoza; relics; reliquary; Hospital de Santa Cruz; Toledo. INTRODUCCIÓN Desde la historia del arte son numerosos los trabajos que han abordado el estudio de las reliquias céñtrañdosé en su coñdicioñ material. Abundan las referencias bibliograficas que analizan las cualidades sensibles de sus contenedores, los relicarios, en su doble acépcioñ como dépositos individuales y como espacios artísticos, éxamiñañdosé su papel condicionante en la coñstruccioñ de édificios y en la coñfiguracioñ de espacios y formas en el ambito arquitéctoñico religioso (Rodríguéz 2004; García 2016, 145-173). Copyright © Universidade de Santiago de Compostela. Artículo en acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Atribución-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional (CC BY-NC-ND 4.0). (BY-NC-ND 4.0)
En los ultimos tiempos, en rélacioñ con el uso de métodologías mas amplias en las que el estudio de la obra de arte trasciende lo material, la profesora Porras Gil ha publicado un interesante trabajo sobre el papel de las reliquias en el ceremonial cortesano de la Casa de Austria, tratando el hecho artístico como la iñtéraccioñ entre objetos y acciones (Porras 2018, 227-246)1. Desde esta perspectiva, investigando mas alla del objeto, acometemos el siguiente artículo analizando el papel que los sagrados restos tuvieron dentro de la liturgia de lo social como presentes y donaciones, valorando la importancia de este gesto en un contexto espacio temporal preciso: la Castilla de fiñalés de la Edad Media e inicios de la Edad Moderna. E ilustrando este hecho en un caso concreto, la entrega de un conjunto de reliquias al Hospital de Santa Cruz de Toledo por orden del cardenal Pedro Goñzaléz de Mendoza. Abordamos su sigñificado como objetos mundanos dotados de alcance espiritual y como piezas portadoras de sigñificacioñ en tanto en cuanto eran idéñtificadas con la divinidad. Asimismo, evidenciamos como las reliquias estaban relacionadas con la autoridad y el poder de su donante, y como otorgaban renombre con su llegada a la iñstitucioñ receptora. Para fiñalizar, expondremos como coñtribuía la presencia del relicario del hospital de Santa Cruz a hilar y mantener el discurso de la imagen del poder con la memoria del cardenal. Las reliquias han sido défiñidas como objetos materiales pertenecientes a un individuo determinado de especial sigñificacioñ sacra y como objetos cotidianos relacionados con eventos o lugares asociados a ese individuo (Walsham 2010, 28). Aparecen en culturas y religiones en todo el mundo, esta persistencia frustra nuestras ideas preconcebidas actuales sobre estos objetos. Su véñéracioñ, de origen sémítico, fue asumida por el cristianismo conviniendo los investigadores en situar el nacimiento de su culto en el seno de la Iglesia en el siglo IV coincidiendo con las ultimas persecuciones contra sus fiélés y con el reconocimiento del cristianismo como réligioñ oficial2. Por entonces surgio la costumbre en la Péñíñsula de consagrar las iglesias con los recuerdos materiales que Jésus, la Virgen y los santos dejaron sobre la tierra, practica que coñtiñuo vigente con el paso del tiempo. En época medieval el culto a las reliquias alcañzo una gran presencia, percibiendo la féligrésía los objetos sacros no como piezas pasivas carentes de sigñificacioñ si no como manifestaciones tangibles de la omnipotencia divina, y por ende eran merecedoras de una coñsidéracioñ especial en la liturgia de lo sagrado. Tras los ataques de los protestantes, el Concilio de Trento en su sésioñ XXV éxalto una nueva piedad hacia las reliquias que résulto en el aumento de su culto y predicamento devocional. Esta réactivacioñ hizo que se convirtiesen en “objeto de atéñcioñ y régularizacioñ, en todos los sentidos por parte de las autoridades éclésiasticas” (Suarez 1998, 262) proliferando en la época las actuaciones en iglesias y monasterios que buscaban adecuar su éxposicioñ al culto (Ramallo 2005, 78-79). Hoy en día nuestra pércépcioñ sobre las reliquias ha cambiado, su presencia nos incomoda pues, sobre estas piezas proyectamos “los prejuicios que hemos alimentado sobre la creencia religiosa, en especial la cristiana, como articuladora de un pasado macabro” (Porras 2018, 227). EL HOSPITAL DE SANTA CRUZ, HEREDERO UNIVERSAL DE LOS BIENES DEL CARDENAL Y RECEPTOR DE UN SINGULAR CONJUNTO DE RELIQUIAS Adelantamos en la iñtroduccioñ a estas pagiñas la fuente principal de nuestro estudio, una documéñtacioñ iñédita relacionada con el cardenal Pedro Goñzaléz de Mendoza, en la que se recoge la doñacioñ que este réalizo de una serie de reliquias a la que fuese una de sus principales fundaciones, el hospital de Santa Cruz de Toledo. El cardenal Mendoza fue sin lugar a dudas uno de los hombres mas ricos y poderosos de la Castilla del siglo XV por la herencia recibida de su progenitor, el marqués de Santillana, y por María Cristina Hérñañdéz Castéllo 2Quintana: revista do Departamento de Historia da Arte, (21) (2022). ISSN-e: 2340-0005 https://doi.org/10.15304/quintana.21.7587
las rentas que le proporcionaban sus títulos éclésiasticos, en especial el arzobispado de Toledo (Marqués de la Cadena 1939; Layna 1942; Franco 1982; Villalba 1988; Muñoz 1995, 35-52; Añdrés 2005; Herrera 2007; Hérñañdéz 2009; Franco 2012, 65-127). En su testamento ñombro al hospital de Santa Cruz heredero universal de sus bienes expresando su deseo de dotarlo de todo aquello que fuese necesario y conveniente para su correcto funcionamiento en los siguientes térmiños: En el remanente de todos nuestros bienes e herencia dexamos e instituimos por nuestro unico e universal heredero al dicho Hospital de Santa Cruz que nos facemos e ordenamos e constituymos e mandamos facer ordenar e constituir en la dicha Cibdad de Toledo. El qual dicho Hospital queremos e mandamos que aya todo el remanente de los dichos bienes e herencia Oro e Plata e moneda amonedada e Joyas e Piedras e Perlas frutos e Rentas debdas derechos e acciones (...) (A lvaréz 1915, 24). Con esta fuñdacioñ emulaba el purpurado una de las formas de béñéficéñcia desarrollada por la moñarquía, la asistencia caritativa a los enfermos, mendigos y huérfaños, auxilio que en el caso de los Reyes Catolicos tuvo como resultado la coñstruccioñ durante su reinado de dos hospitales centrales, uno en Granada (1511-1522), y el otro en uno de los mas importantes lugares de pérégriñacioñ de la Péñíñsula, Santiago de Compostela (1501-1511). Sin embargo, a pesar de las intenciones del prelado mendocino, Alejandro VI no coñcédio la bula fundacional necesaria para su créacioñ hasta el 1 de diciembre de 1495, ya fallecido el cardenal. Esta dilacioñ, junto con los problemas surgidos para encontrar una ubicacioñ adecuada para el édificio, demoraron el inicio de las obras hasta 1504 dilatañdosé su coñstruccioñ hasta 1524 (Azcaraté 1959, 79-80; Marías 1980, 125-159; Diez del Corral 1986, 161-181; Santolaya 1990, 317-366; Martíñéz 2013, 137-152; Goméz-Méñor 2016, 115-125). A pesar de los inconvenientes que iban surgiendo, Bartolomé de Medina, camarero del cardenal, éñtrégo en 1498 en nombre de este al rector de Santa Cruz Alonso Yañéz, protonotario y cañoñigo de la catedral Primada, un sigñificativo conjunto de reliquias, doñacioñ que, como veremos, se enmarca dentro de los que era considerado esencial para una iñstitucioñ asistencial3. Desconocemos como habíañ llegado a manos del purpurado. Su posicioñ privilegiada le pérmitía contar con los contactos necesarios para su adquisicioñ y es posible plantear como hipotésis la iñtércésioñ en la ñégociacioñ de su bien relacionado agente en Roma, Bernardino Lopéz de Carvajal (Cantatore 2001, 641-655), quien años antes había adquirido para la reina Catolica algunas reliquias en la ciudad del Tíbér4. El rector del Santa Cruz récibiría las donaciones con fervor y jubilo. Las cualidades taumaturgicas de los sagrados vestigios, propiciadores de purificacioñés y sanaciones, eran un valor esencial que trascéñdía lo monetario, en especial para una entidad dedicada al amparo y cuidado de los mas desfavorecidos. Pero adémas de ese valor inmaterial, las reliquias se coñvértíañ en reserva de capital para la iñstitucioñ pues la notoriedad que resultaba de su posésioñ, garantizada por el renombre de su relicario, aseguraba la visita de feligreses que buscaban iñtércésioñ y protéccioñ. Estas peticiones de la féligrésía acostumbraban a ir acompañadas de una doñacioñ para el hospital, lo que redundaba en el enriquecimiento de sus arcas, ganancias que en la mayoría de las ocasiones aumentaban si la plegaria obtéñía respuesta. Las vaguedad de las anotaciones del escribano en el documento que nos ocupa -“muchos agnus dei entre algodones”, “reliquiis”...- impide precisar la cantidad exacta entregada, pero nos habla de la imprésioñ que su acumulacioñ causaba (Porras 2018, 233)5. En todo caso, partiendo de los datos que tenemos, podemos afirmar que se trataba de un conjunto excepcional, que hubo de tener una notable relevancia por estar vinculados algunos de los vestigios directamente con la Pasioñ de Cristo y con la Virgen. Así por ejemplo, en el SENTIDO Y SIGNIFICACIÓ N DE LA DÓNACIÓ N DE RELIQUIAS DEL CARDENAL MENDOZA AL HOSPITAL DE SANTA CRUZ DE TOLEDO Quintana: revista do Departamento de Historia da Arte, (21) (2022). ISSN-e: 2340-0005 https://doi.org/10.15304/quintana.21.7587 3
documento figura una “espina de la corona de nuestro sennor”, otra reliquia descrita como “de sindone in que corpus domini nostri Ihesu Christi fiñit involut”, es decir, un fragmento del santo Sudario, junto con otra pieza de singular importancia, la “arundine”, la esponja y la caña con la que se ofrécio vinagre a Cristo. Adémas, aparece en el elenco un fragmento de la cruz del buen ladroñ, quiza se tratase del mismo fragmento que había llegado desde la basílica de la Santa Croce de Roma a la ciudad de Toledo en 1490 (Pereda 2009, s.f). No falto en la doñacioñ un fragmento de la Vera Cruz, reliquia que téñía una especial sigñificacioñ entre los Mendoza desde tiempos remotos6, y que era objeto de singular coñsidéracioñ por parte del Gran cardenal, quien llégo a permutar en 1483 su título cardenalicio de Santa María in Dominica por el de Santa Croce in Gerusalemme. Una muestra mas de la dévocioñ personal del cardenal hacia la Santa Cruz fue la orden que dio de introducir en uno de sus baculos un fragmento de la cruz del martirio (Parro 1857, 190)7. En 1492, durante las obras de réstauracioñ que bajo patrocinio del purpurado se estaban realizado en la basílica romana de Santa Croce, ocurrio una feliz casualidad al redescubrirse la reliquia del Titulus Crucis, hallazgo que como ha séñalado Felipe Pereda posiblemente no fuese fortuito, si no por el contrario “el producto de una esmerada falsificacioñ historica” (Pereda 2009, s.f.). Del porqué de la dévocioñ personal del cardenal Mendoza hacia la Vera Cruz se han esgrimido varias hipotésis, ya desde tiempos remotos. Pedro de Salazar y Mendoza la vinculaba con un hecho milagroso ocurrido durante la batalla de las Navas de Tolosa, cuando aparécio en el cielo la cruz potenzada y séguñ el cronista era como la del cardenal y por aquel acontecimiento prodigioso la uso este. Se trataba de la misma cruz “muy blanca, y de extraordinaria grandeza” que, milagrosamente, aparécio en el cielo, el día en que el Gran cardenal fallécio (Salzar y Mendoza 1625, 359-360). Tambiéñ se ha séñalado como posible motivo del fervor del purpurado el hecho de que su nacimiento, un tres de mayo, coincidiese con la festividad de la Invectio Sanctae Crucis, si bien como afirma Salvador Añdrés Ordax (Añdrés Ordax 2015, 26), no podemos esgrimir este acontecimiento como razoñ cierta pues otros miembros de la familia tambiéñ usaron este símbolo. Otros investigadores explican el cambio de titularidad cardenalicia así como el uso del símbolo de la cruz por parte del Gran cardenal como “una amplia opéracioñ orquestada para proyectar la guerra de Granada (en la que tanta implicacioñ tuvo don Pedro) como una nueva cruzada” (Pereda 2009, 217-243). Con independencia de las razones que alentaron esta dévocioñ, Mendoza en su intensa labor de patrocinio artístico, busco dejar constancia de la misma, bien a través del nombre que recibieron dos de sus fundaciones principales, el colegio de Valladolid y el hospital de Toledo, y mediante la presencia del símbolo de la cruz, al igual que mediante la iñclusioñ de representaciones en las que el prelado aparece arrodillado frente a la Santa Cruz que es sostenida por Santa Elena, como ocurre por ejemplo en las portadas de las fundaciones vallisoletana y toledana apenas referidas (fig. 1). María Cristina Hérñañdéz Castéllo 4Quintana: revista do Departamento de Historia da Arte, (21) (2022). ISSN-e: 2340-0005 https://doi.org/10.15304/quintana.21.7587
Fig. 1. Laurent, Jean, Portada del Hospital de Santa Cruz de Toledo. 1870?. Imagen de los fondos de la Biblioteca Nacional de España. Volviendo a la doñacioñ del cardenal, junto a los sagrados restos mencionados déstaco “vn pedaçito del velo e cordoñ de Nuestra Sennora” del que se éspécificaba “dio don Juan de Aragoñ”, uñica ocasioñ en que se revela un apunte marginal de esta naturaleza que encuentra éxplicacioñ por la relevancia del personaje al que podría hacer alusioñ, sin que podamos concretar a quiéñ se réfiéré, quiza Juan II de Aragoñ (1398-1479), o el malogrado príñcipé Juan (1478-1497), séguñdogéñito de los Reyes Catolicos. Como cabía esperar, no faltaban entre los vestigios entregados por el camarero Medina restos de santos y martirés, junto con vestimentas y objetos a estos pertenecientes. Se cita un antebrazo -un “brachio”- cuya idéñtificacioñ no nos facilita el escribano, una reliquia de San Silvestre, poñtíficé de comienzos del siglo IV, y otra de San Atanasio, patriarca de Aléjañdría, dignidad que tambiéñ ostéñto el cardenal, por lo que su posésioñ posiblemente fuese objeto de una especial coñsidéracioñ por parte de este. Aparecen en la rélacioñ una “çinta que paresçe de vestimiento que viene dentro en la caxa con vn rramalejo de otra çinta” y un fragmento de las vestiduras de San Bernardino. Aparte de estos restos, fueron donados “muchos agnusdei”. En el sentido estricto del térmiño los agnusdei no eran reliquias, eran péquéñas tablitas realizadas en cera lo que las coñvértía en piezas extremadamente fragilés, de ahí que se entregasen entre algodones. Por lo general téñíañ forma oval o circular con la imagen del codero místico impresa y, séguñ la creencia popular, protégíañ contra multitud de males (Hérradoñ 1999, 207-237)8. Su posésioñ era séñal iñéquívoca del prestigio del poseedor, puesto que réspoñdía su fabricacioñ a un cuidado ritual de coñsagracioñ llevado a cabo por cada Papa en el primer año de su poñtificado y repetido cada siete años. En los días siguientes a la béñdicioñ, los agnusdei se entregaban a las altas dignidades de la iglesia y a SENTIDO Y SIGNIFICACIÓ N DE LA DÓNACIÓ N DE RELIQUIAS DEL CARDENAL MENDOZA AL HOSPITAL DE SANTA CRUZ DE TOLEDO Quintana: revista do Departamento de Historia da Arte, (21) (2022). ISSN-e: 2340-0005 https://doi.org/10.15304/quintana.21.7587 5
fiélés devotos de especial relevancia como reyes o altos nobles. De modo que, Pedro Goñzaléz de Mendoza demostraba el poder e iñfluéñcia que tuvo en vida, no solo mediante la doñacioñ de un conjunto de reliquias sagradas cuya posésioñ hemos visto que estaba reservada para las altas esferas, sino tambiéñ mediante la iñclusioñ en ese donativo de una cantidad sigñificativa de piezas cuya posésioñ mostraba que tambiéñ desde la Catedra de San Pedro, el cardenal Mendoza era contemplado y tratado como uno de los éclésiasticos mas importantes de su época. EL RELICARIO DEL HOSPITAL DE SANTA CRUZ Para entender la créacioñ de contenedores para las reliquias hay que tener en cuenta que por tratarse las reliquias de objetos sagrados la iglesia prohibía su contacto directo, siendo siempre preceptiva la presencia de alguna barrera que los preservase, reforzando así su caractér inaccesible (Porras 2018, 227). Cada reliquia contaba con un estuche, cofrecillo o tejido que facilitaba su métodica y reglada mañipulacioñ. Incluso, en ocasiones, como en este caso, su entrega iba acompañada de una bula firmada en la que se indicaba el modo en que eran enviadas garantizando su correcta custodia. Pese a la atéñcioñ que en el porte de las reliquias del cardenal se présto, en el documento que nos concierne muy pocos son los datos que aparecen sobre los contenedores que las resguardaban. Ú ñicaméñté encontramos dos referencias, una caja péquéña con ambar que alojaba la ya citada espina de la corona de Cristo, junto con un trozo del cordoñ y del velo de la Virgen, y otra caja que coñtéñía restos de vestimentas de los que ni tan siquiera se séñala a qué santo o santos pértéñécíañ. Es lícito pensar que todas estas reliquias debieron contar con un relicario precioso en oro o plata, y que el propio valor que téñíañ los restos sagrados désvio la atéñcioñ del escribano que obvio mencionar los contenedores, pues la presencia de un resto sagrado superaba en importancia e iñtérés al valor écoñomico y a la suntuosidad que estos posééríañ habida cuenta el poder y prestigio del Gran cardenal. O quiza en la entrega no se incluyeron contenedores especialmente valiosos y estos fuesen donados a posteriori. Un escrito redactado en 1579 aporta luz sobre como se conservaban por entonces las reliquias donadas por el cardenal. Se trata del informe realizado sobre el Hospital de Santa Cruz de Toledo por Francisco Rades de Andrada, prior de Granada y administrador del Colegio de Doncellas, a péticioñ del cardenal don Gaspar de Quiroga, arzobispo de Toledo9. El prior granadino tras consultar el testamento original del fundador que se conservaba en el archivo de la iñstitucioñ visito el Sañtísimo Sacramento e inmediatamente déspués acométio la tarea de examinar la sacristía donde se custodiaban las reliquias y ornamentos de capilla, incluyendo en el informe una detallada déscripcioñ del “relicario rico del hospital de Santa Cruz”: Primeramente vissitó un rrelicario rrico de plata labrado sobredorado que en lo alto está un beril de cristal a la larga derecho que tiene dentro una espina de la corona de nuestro Sennor Iesu Xpo que diçe espina de la corona de nuestro Sennor e pessa diez e nuebe marcos y siete onças e çinco rreales y trece quartillos. Y luego en el dicho hornato del alquitraue toda a la larga está lleno de guessos de rreliquias e adelante dellos un escudo de plata pequeño con una letra que diçe guesso de la espalda de Sant Paçençio. E a los lados dello están dos escudos de las armas del Illustrísimo fundador. E baxo desto ay doce rrepartimientos y cassillas rredondas con sus rreliquias y beriles delante con sus letras en cada uno. El primero dice parte del velo de nuestra Sennora. El segundo de la sábana donde fue embuelto nuestro Sennor. El terçero parte de una rreliquia de san Siluestre. El quarto parte, del cordón de nuestra Sennora. El quinto piedra donde pusso nuestro Sennor las rrodillas en el guerto. El sesto parte de una costilla de sant Millán, el setimo piedra donde se asentó la Madalena en el sepulcro, otavo de la Bestidura sin costura de nuestro Sennor. El noveno parte del María Cristina Hérñañdéz Castéllo 6Quintana: revista do Departamento de Historia da Arte, (21) (2022). ISSN-e: 2340-0005 https://doi.org/10.15304/quintana.21.7587
ábito de ssant [ilegible]. Décimo caña con que dieron hiel y binagre a nuestro sennor. Honçe piedra del Sepulcro de nuestro Señor, el doçe de la Bestidura de san Bernadino y en el puesto treze derecho está vn gran pedaço de la cruz del buen ladrón con una letra que diçe cruz del buen ladrón. En el izquierdo está un pedaço de guesso y dize la letra pierna de ssan Paçençio y en el alquitraue piedestal ay rrepartido en dos partes en la derecha está un pedaço de guesso y dize la letra guesso de ssanto Atanaçio en la yzquierda está un pedaço de costilla dize la letra costilla de ssanta Polonia y en el pie destas que carga sobre quatro colunas de plata y es gueco están unos ciertos guessos y diçe la letra braço de sant paçençio y ençima desto levantado como sello está un rrelicario pequeño con una cruz de jerusalén y un beril con çierta rreliquia y dice la letra del Lignum Cruçis in quo salvo nostra pependi, tienese por cierto que es Lignum Cruçis. Y todo este rrelicario está metido en una caxa de madera pintada y dorada10. La presencia de las armas del cardenal y de la cruz de Jérusaléñ idéñtifica, sin lugar a dudas, a este relicario “rrico de plata labrado sobredorado” como doñacioñ directa del prelado. Si comparamos las reliquias donadas en 1498 y las descritas por Rades de Andrade, constatamos como en esencia déspués del fallecimiento de don Pedro las reliquias conservadas por la iñstitucioñ toledana se corréspoñdíañ con las que este doño, mas un péquéño ñuméro de vestigios cuyo origen desconocemos. Tras completar la visita el prior séñalo una serie de mejoras para la apropiada coñsérvacioñ de los sagrados restos, séñalañdo como necesario “haçer un coxíñ péquéño de carmésí o tela de plata o oro que sea deçente para que ésté entre el rrelicario y la caxa por los golpes que da se viene a maltratar”, revelando esta añotacioñ que las reliquias, no se encontraban siempre expuestas, sino que se realizaban exposiciones rituales éfíméras. SENTIDO Y SIGNIFICACIÓN DE LA DONACIÓN El documento analizado nos habla del valor inmaterial de las reliquias vinculado con lo sagrado, pero tambiéñ de su valía como constructoras de la imagen del poder de su donante. Teniendo en cuenta que adquirir determinados vestigios sacros y poseer una importante cantidad de agnusdei solo estaba al alcance de algunos miembros de las mas altas esferas, entre los que el Gran cardenal se encontraba, a través de un acto caritativo como es una doñacioñ, Mendoza estaba mostrando su poder y su posicioñ en la escala social de la época. Por otro lado, a través del relicario perpetuaba su memoria entre las futuras generaciones. El arraigo de la imagen del cardenal en el imaginario colectivo de la ciudad coñtiñuo muy presente mediante varias manifestaciones religiosas que téñíañ al hospital y su relicario, y a la catedral Primada como comunes denominadores. Así, todos los años coincidiendo con uno de los días de la Octava de la Iñvéñcioñ de la Cruz, procesionaba el cabildo de la Primada hasta Santa Cruz para honrar en su iglesia su memoria, y el día de la Natividad de la Virgen, los ñiños éxpositos del hospital junto con sus nodrizas acudíañ a la catedral donde estaba enterrado su benefactor para procesionar delante del Cabildo y honrarle en la capilla mayor (Parro 1857, 429-430)11. A pesar de que la llegada de esta doñacioñ a Santa Cruz hubo de tener un réfléjo tangible relacionado con las dadivas y limosnas que, como ha sido ya dicho, los fiélés entregaban al llegar a la iñstitucioñ buscando la iñtércésioñ divina de los sagrados restos para sus desconsuelos, menos de un siglo déspués de su fuñdacioñ, en 1579, la debacle écoñomica se había apoderado del hospital como consecuencia de la réduccioñ de sus rentas (Goméz-Méñor 2016, 115-125). SENTIDO Y SIGNIFICACIÓ N DE LA DÓNACIÓ N DE RELIQUIAS DEL CARDENAL MENDOZA AL HOSPITAL DE SANTA CRUZ DE TOLEDO Quintana: revista do Departamento de Historia da Arte, (21) (2022). ISSN-e: 2340-0005 https://doi.org/10.15304/quintana.21.7587 7
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