Una antinomia protorrenacentista: secreto de estado y divulgación en los descubrimientos luso-castellanos. La cartografía (1418-1495)
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Una antinomia protorrenacentista: secreto de estado y divulgación en los descubrimientos luso-castellanos. La cartografía (1418-1495) Jesús M.ª Porro Gutiérrez Universidad de Valladolid Las políticas atlánticas de Castilla y Portugal motivaron, a lo largo del siglo XV, el recrudecimiento de la rivalidad de ambos estados. El Infante D. Enrique fue clave en la consolidación del proyecto ultramarino luso, enfocado en una doble vertiente: el reconocimiento —con los consiguientes derechos de soberanía— de los archipiélagos atlánticos y el intento de circunnavegación africana —con creación de bases litorales y aprovechamiento comercial— buscando una ruta hacia la India. Juan II y los Reyes Católicos llegarían al punto más álgido de la disputa —ante el proyecto colombino y sus consecuencias—, rivalizando, con astucia y sagacidad, en los planos político, diplomático, geográfico y científico. Consecuencia de la razón de Estado y la pugna luso-castellana fueron la política de sigilo (con la consecuente manipulación de crónicas, datos y cartas náuticas), el espionaje en provecho propio y la preocupación por prevenir el ajeno, alterando noticias e informes para despistar a otras potencias PALABRAS CLAVE: Descubrimientos, Navegaciones, Secreto, Espionaje, Diplomacia, Cartografía The Atlantic policies of fifteenth-century Castile and Portugal provoked increasing rivalry between the two states. Henry the Navigator played a key role in the consolidation of the Portuguese overseas project, a project with two broad aims: survey of the Atlantic islands (with the consequent sovereign rights), and the attempted cirumnavigation of the African coast in search of a route to India (with the establishment of coastal bases and onset of trade). John II and the Catholic Kings protagonised the high point of this dispute as a result of Columbus’s voyage and its consequences, contending shrewdly on the political, diplomatic, geographical and scientific levels. A consequence of reasons of State and of this luso-castilian rivalry was a policy of secrecy (with the resulting manipulation of chronicles, facts and nautical charts), espionage in the national interest, and concern to thwart that of others, by altering information and reports so as to mislead other powers. KEYWORDS: Discoveries, Navigations, Secret, Spying, Diplomacy, Cartography El desencadenamiento de la larga y fecunda etapa de los descubrimientos geográficos durante el siglo XV, motivó no sólo la rivalidad entre Portugal y Castilla por conseguir la hegemonía, sino también la necesidad de armonizar dos aspectos, a veces antagónicos, de un mismo proceso: el secreto de estado y la divulgación. En este trabajo pretendemos plantear la Tomo LX, 1, 2003 13
difícil coexistencia de ambos parámetros, el mayor énfasis de uno u otro —según los intereses estratégicos de lusos y castellanos—, la incidencia de la política de sigilo, la diplomacia y el espionaje en el fenómeno de los descubrimientos y su reflejo, así como el de los esquemas mentales preconcebidos —con el condicionamiento de las ideas geográficas imperantes, no siempre cercanas a la realidad—, en los acontecimientos históricos y los desarrollos cartográficos. El inicio de la expansión portuguesa: la política de D. Enrique Durante el reinado de Juan I de Avís comenzó el despegue de Portugal como estado moderno, con aspiraciones hegemónicas. En esa etapa se iniciaron los cambios profundos que, continuados en tiempos de sus hijos Duarte y Pedro —éste como regente de su sobrino Alfonso— conllevaron la reordenación y modernización del aparato burocrático-administrativo, el sometimiento de la nobleza y el impulso de los conocimientos y quehaceres náuticos que provocó el inicio de la expansión y de la brillante etapa de los descubrimientos geográficos. Tanto la burguesía, como una parte de la nobleza tradicional apoyaron a la Corona en esa ambiciosa labor que implicaría la implantación de una economía más diversificada, el acceso a nuevos mercados y el ascenso al rango de gran potencia para Portugal. En lo tocante al desarrollo náutico, la expansión marítima y los descubrimientos, el personaje emblemático fue el infante D. Enrique, preocupado ante todo por el engrandecimiento de su país y el fomento de las empresas náuticas. Muy pronto decidió tomar sobre sí la responsabilidad de dirigir y auspiciar una política de desarrollo de las actividades científicas, náuticas y geográficas; por ello, ya en una fecha bien temprana (1412) contrató los servicios del prestigioso cartógrafo mallorquín Jaime Ribes (Jafuda Cresques) —quien formaría una sólida escuela—, además, el Infante se rodeó de un selecto grupo de astrónomos y pilotos, a los que patrocinó, para poder desarrollar su ideario. El largo gobierno de Juan I resultó fructífero en el campo político y su acción fue completada con la notable labor de su tercer hijo en los ámbitos científico, comercial y naval. Un primer intento portugués de consolidar nuevos avances territoriales más allá del Algarve, en África, fracasó en Tánger (1437), si bien ya se había iniciado la política de expansión atlántica, que debía ser complementada —en el ideario político del Estado— con la instalación en África JESÚS M.ª PORRO GUTIÉRREZ Anuario de Estudios Americanos 14
y el dominio del estrecho de Gibraltar (para lo cual, previamente, había sido conquistada Ceuta en 1412).1 Al igual que Portugal —si bien con un cierto retraso motivado por la todavía inacabada reconquista, los problemas con Aragón y el fracaso de sus intereses lusos tras Aljubarrota— también Castilla experimentaba un vigoroso ascenso, al que no fue ajeno la recuperación de la marina durante los últimos años de Juan I y los primeros de Enrique III. Ya durante los años de minoría de Juan II y la oportuna regencia Castilla intensificó su presencia marítima, tanto en el Atlántico como en el Mediterráneo.2 En el ámbito de los archipiélagos atlánticos, las expediciones bajomedievales fueron iniciadas por los genoveses, a los que siguieron florentinos, portugueses, castellanos y catalano-mallorquines, a lo largo del siglo XIV.3Que Castilla y Portugal chocaran, como consecuencia de sus intereses atlánticos, en el ámbito de las Canarias, era sólo cuestión de tiempo.4 Una vez fogueado el foco de Sagres, los hombres de D. Enrique iniciaron sus exploraciones oceánicas bajo la más estricta política de sigilo;5 apenas hay comentarios en los documentos de cancillería o las crónicas, y el reflejo de aquellos viajes —en lo tocante a su proyección cartográfica— tardó en tener su correspondiente plasmación en las cartas planas de la época. Ya en 1418 se produjo el redescubrimiento de las islas Madeira y, de forma complementaria, D. Enrique auspició —entre los hombres de su equipo— la busca y difusión de todas aquellas noticias o indicios que pudieran reforzar, con un interesante marco teórico, la política de descubrimientos. Que se trataba de un ambicioso proyecto lo avala el papel desempeñado por el infante D. Pedro, quien durante su largo viaje por las cortes europeas reunió todas las noticias que pudo sobre relatos de intelectuales y viajeros, e incluso consiguió un interesante ejemplar de 1 Martins da Silva Marques, Joâo: Descobrimentos portugueses, Instituto de Alta Cultura, Lisboa, 1944, vol. I (1415-1460). 2 Suárez Fernández, Luis: Los Trastámara de Castilla en el siglo XV (1407-1474), vol. XV de la Historia de España coord. por Menéndez Pidal, Espasa Calpe, Madrid, 1964. 3 Bonnet Reverón, Buenaventura: “Las expediciones a las Canarias en el siglo XIV”, Revista de Indias, 18, Madrid, 1944, págs. 577-610; también Porro, Jesús María: “El reflejo de las Canarias en la cartografía anterior al siglo XVI”, Actas del XII Coloquio de Historia canario-americana y VIII Congreso Internacional de Historia de América (AEA), ed. del Cabildo de Gran Canaria, vol. en CD Ron, Madrid, 2000, págs. 3.305-3.322. 4 Es interesante la obra ya clásica de Pérez Embid, Florentino: Los descubrimientos en el Atlántico y la rivalidad hispano-portuguesa hasta el Tratado de Tordesillas, Escuela de Estudios Hispano Americanos (EEHA), Sevilla, 1948. 5 Realidad que confirman con su mutismo las diversas crónicas: Zurara, Goes, Pina, Resende, etc. LOS DESCUBRIMIENTOS LUSO-CASTELLANOS. LA CARTOGRAFÍA (1418-1495) Tomo LX, 1, 2003 15
mapamundi en Venecia6que satisfizo mucho a su hermano, pues describía todas las tierras y sugería una Asia menos extendida hacia el este y un océano (Atlántico) menos ancho de lo supuesto. Paralelamente, tras la expedición de Fernando de Castro tocando en Gran Canaria (1424) —en un intento de crear bases de apoyo para la ruta de Guinea— se recrudeció la pugna luso-castellana por el archipiélago, coincidiendo con el descubrimiento de las primeras islas Azores en 1427;7las negociaciones diplomáticas se fueron sucediendo —incluso con la mediación pontificia— y al tiempo que los lusos despejaban la ruta hacia Guinea —tras doblar el Cabo Bojador— los andaluces comenzaron a aparecer por las Canarias. Ya las cartas elaboradas durante las primeras décadas del siglo XV recogieron —con las limitaciones y reservas comprensibles— las principales novedades relativas a los descubrimientos y su plasmación gráfica. Saber hasta que punto las cartas del XV —diseñadas casi todas por catalano-mallorquines e italianos— se vieron afectadas por la ocultación de información o bien reafirmaron a portugueses y castellanos en sus proyectos atlánticos es una cuestión harto difícil de dilucidar, pues presumiblemente ambas cuestiones —mezcladas— formaron parte de la realidad política del mencionado proceso. La de Meciá de Viladestes, de 1413, revela características clásicas de la escuela mallorquina, pero muestra un interesante diseño de las Canarias; más especulativas resultan las cartas de los venecianos Zuane Pizzigano (1424) y Jacobo Giroldi (1426), realidad perceptible si tenemos en cuenta su no pertenencia al ámbito ibérico y la vigencia de la política de sigilo. Respecto a las noticias aparecidas en las crónicas sobre el hallazgo de islas en el Atlántico y los viajes alrededor de la costa occidental africana, adolecen de silencio, deformación o suma 6 En esa línea habría que situar la difusión, en Portugal, de obras eruditas que gozaban de enorme prestigio en los círculos intelectuales como la Imago Mundi del cardenal d´Ailly o, más tarde, la Historia Rerum de quien llegó a ser el Papa Pío II. D´Ailly, Pierre: Ymago Mundi y otros opúsculos, Alianza Ed. Biblioteca de Colón, n.º 2, Madrid, 1992; Piccolomini, Eneas Silvio I: Descripción de Asia, Alianza Ed. Biblioteca de Colón, n.º 3, Madrid, 1992. Respecto al enigmático mapamundi —no divulgado— que D. Pedro llevó a Portugal en 1428, fue citado en su crónica del siglo XVI por Galvâo Antonio: Tratado que compós o nobre e notavel capitâo Antonio Galvâo dos diversos e dos desvayrados caminhos por onde nos tempos passados a pimenta e especearia veyo da India ás nossas partes e assi de todos os descobrimentos antigos e modernos que sâo feitos até a era de mil e quinhentos e cincoenta, Livraria Civilizaçâo, Porto, 1944. 7 Descubrimiento apenas mencionado en la correspondencia oficial y las crónicas, Gámir Sandoval, Alfonso: “La experiencia portuguesa en la cartografía del siglo XV”, Estudios Americanos, XX-105, Sevilla, 1960, pág. 287. Hay una amplia exposición sobre la cuestión en Cortesâo, Jaime: O designio do Infante e as exploraçoes Atlánticas até a sua morte, vol. III de la Historia de Portugal, ed. de Peres Damiâo. JESÚS M.ª PORRO GUTIÉRREZ Anuario de Estudios Americanos 16
precaución, según los casos; tal, por ejemplo, la de Zurara quien, a propósito del descubrimiento y posterior colonización de Madeira y Porto Santo —tras citar a los capitanes Joâo Gonçalves Zarco, Tristâo Vaz Teixeira y Bartolomeu Perestrello—, apenas señala las escalas de los navíos para abastecerse en las islas;8en el caso del paso del tan temido Cabo Bojador —doblado finalmente por Gil Eanes en 1434— la sugestión y el intento disuasor son evidentes.9En la carta de Andrea Bianco, de 1436, figura el desarrollo de los archipiélagos e islas míticas del Atlántico, así como en su mapamundi circular de 1448, pero sin nombres. Sin embargo es en la carta del mallorquín Gabriel de Vallseca (1439) donde aparecen señaladas por primera vez de forma científica las Azores (con una cartela relativa a su descubrimiento en 1427). En 1439 el príncipe heredero —futuro monarca Alfonso V— autorizó a su tío D. Enrique a iniciar el poblamiento de las Azores y en 1445 el regente D. Pedro ya había tomado diversas disposiciones al respecto,10 valorando las excelentes posibilidades que el archipiélago podía reportar respecto al aprendizaje y perfeccionamiento de la navegación atlántica; durante los siguientes años la colonización de las Azores recibió un vigoroso impulso con la presencia de flamencos11 (hasta el punto de que algunos llegaron a ser capitanes donatarios, siendo el primero Jacques de Brujas, por merced de D. Enrique en 1450). Por entonces las cartas náuticas con desarrollo atlántico mezclaban los datos reales de los descubrimientos con las sugestiones de la época, como la localización de la fantástica isla de Antilia.12 Paralelamente, continuaban las expediciones lusas en África con notable vigor, pues Nunho Tristâo llegó a la desembocadura del río Senegal (1444) y apenas un año después Dinis Dias alcanzó el 8 “Os navios partidos [Antao Gonçalves, García Homem y Diego Afonso] foran receber sua vitualha ás ilhas da Madeira, porque havia aí já grande abastança de mantimentos”, Zurara, Gomes Eanes da: Crónica de Guiné, ed. Livraria Civilizaçâo, Barcelos, 1973, cap. XXXII, pág. 150. 9 Zurara: Crónica ... , cap. VIII, pág. 50: “...que despois deste Cabo nâ ha aí gente nem povoaçâo alguma; a terra nâo e menos areosa que os desertos de Libia, onde nâo ha agua, nem arvore, nem herva verde; e o mar é tâo baixo, que a uma legua de terra nâo ha de fundo mais que uma braça. As correntes sâo tamanhas, que navio que lá passe, jamais nunca poderá tornar”. 10 Gámir: “La experiencia ...” , págs. 288 y 289. 11 Paviot, Jacques: “Les relations économiques entre le Portugal et la Frandre au XVº siècle”, en Economia e comércio marítimo, vol. III del Congresso Internacional Bartolomeu Dias e a sua época, Porto, 1989, págs. 531-539; también Verlinden, Charles: “Formes féodales et domaniales de la colonisation portugaise dans la zone atlantique aux XIVº et XVº siécles et spècialemente sous Henri le Navigateur”, Revista Portuguesa de História, IX, Lisboa, 1960, págs. 18-33. 12 Vigneras, Louis André: “La búsqueda del Paraíso y las legendarias islas del Atlántico”, Cuadernos Colombinos, 6, Valladolid, 1976. LOS DESCUBRIMIENTOS LUSO-CASTELLANOS. LA CARTOGRAFÍA (1418-1495) Tomo LX, 1, 2003 17
Cabo Verde (punto más occidental del continente); la confusión geográfica corría a la par del cambio en la realidad etnográfica: la tierra de los moros daba paso a la de los negros13 y creían haber encontrado uno de los afluentes occidentales del río Nilo (el Senegal),14 fijando además la fuente de un segundo curso tributario.15 Cuando Gonçalves Zarco cruzó el Cabo Verde, navegando más al sur de la isla de Beseguiche llegó a otro cabo,16 donde comprobó la naturaleza de las costas17 y la necesidad de corregir las cartas poco antes realizadas.18 En ese ámbito y en tal situación, el propio Zurara manifiesta una postura de silencio y escepticismo en lo concerniente al reino de Mali y el comercio aurífero.19 Es probable que en 1446 se produjera un viaje clave pero difícil de interpretar por el laconismo y la manipulación de las fuentes: D. Enrique envió una expedición con varios objetivos. El deseo de conseguir perfilar mejor los accidentes costeros en las cartas marinas es evidente, pero ¿se trataba, también, de despistar a los posibles rivales —castellanos fundamentalmente— alterando deliberadamente las escalas y perfiles de los mapas? o ¿acaso se había producido ya la manipulación cartográfica y ahora convenía establecer, en 13 Zurara: Crónica ... , cap. LIX, pág. 253, afirma que navegaron “tanto que passaram á terra de Zaara, dos Mouros que sâo chamados Azanegues”; cap. LX, págs. 255 y 256: “... passada ... a terra de Zaara ... conheceram que ali se começava a terra dos Negros ... esta gente desta terra verde é toda negra, e porem é chamada terra dos Negros, ou terra de Guiné, por cujo azo os homens e mulheres dela sâo chamados Guineus, que quer tanto dizer como negros”. 14 Ibidem, cap. LX, pág. 256: “... bem conheceram que eran perto do rio do Nilo, da parte donde vem sair ao mar do ponente, ao qual rio chamam de Çanaga ...”. 15 Ibidem, cap. LXI, pág. 256: “... e que chega ás outras areias que sâo além de Mauritania, contra Etiopia, que se esconde outra vez, e que vae assim escondido por espaço de XX jornadas, até que é dentro da terra de Etiopia, que sae de todo sobre a terra, mostrando que sae de uma fonte, tal como a outra de Mauritania, que se chama Nigris, onde se criam isso mesmo aquelas mesmas animalias ...” [cocodrilos]. 16 Ibidem, cap. LXX, pág. 316: “... onde havia muitas palmeiras secas sem rama, e poseram nome áquele cabo, o Cabo dos Matos...”. Es el que Soligo cita Capo Roixo, actual Roxo. 17 Ibidem; cap. LXXVI, págs. 321 y 322: “Diziam ainda que as terras eram areosas e sem alguma povoaçâo; e bem é que quanto ás areias nâo se enganavam de todo, mas todavia nâo em tamanho grau; e da povoaçâo bem vistes o contrario ... como quer que as suas povoaçôes a maior parte sâo aldeias, e vilas mui poucas ... nâo serâo por todas, entre vilas e lugares afortalezados para defesa, até cinquenta”. 18 Otra dificultad añadida reside en la presumible censura del siguiente pasaje de Zurara: Crónica ... , cap. LXXVI, pág. 322: “Enganavam-se ainda na profundeza do mar, que tinham em suas cartas que eran praias tâo baixas, que a uma legua de terra nâo havia mais que uma braça de agua; o que se achou por o contrairo, que os navios tiveram e teem assaz de altura para seu marear, tirando certos baixos, e assim se fez Essacanas que aí ha em certas restingas, segundo agora achareis nas cartas do marear que o Infante mandou fazer”. 19 Al igual que hiciera respecto a los mercados establecidos en las fortalezas costeras de Arguim y Río del Oro, Zurara: Crónica ... , cap. LXXVII, pág. 327. JESÚS M.ª PORRO GUTIÉRREZ Anuario de Estudios Americanos 18
secreto, el desarrollo auténtico de las cartas?20 Es evidente que las 600 leguas de costa africana, teóricamente recorridas por los lusos según Zurara, constituyen una distancia excesiva, al igual que las 450 al sur de Bojador; tal exageración contrasta con el dato —más creíble aunque algo abultado— de las 110 leguas recorridas al sur de Cabo Verde.21 Pocos años después Alvise de Cadamosto —otro de los hombres de D. Enrique— descubrió las islas de Cabo Verde. El ámbito atlántico: islas reales y fantásticas. Del optimismo a la ralentización africana de los años sesenta y setenta Pero la política expansiva no fue limitada al campo africano; al mismo tiempo que los portugueses afianzaban sus periplos de exploración en Senegambia y avanzaban hacia Guinea, dieron un notable impulso a sus navegaciones en otro ámbito estratégico: el amplio espacio situado al oeste de los archipiélagos atlánticos ya descubiertos. No vamos a entrar en la polémica —y bibliográficamente prolífica— cuestión de los posibles predescubrimientos lusos en el océano,22 más bien nos ceñiremos a la importancia que las ideas y los rumores de la época tuvieron en la difusión de la política atlántica y la ampliación de los descubrimientos y los desarrollos cartográficos: la creencia en la existencia de la isla Antilia, mezclada con la leyenda de las Siete Ciudades y otras sugestiones insulares, aumentó la curiosidad y excitación de los marinos por adentrarse en el Atlántico, así 20 La versión de Zurara: Crónica ... , cap. LXXVIII, pág. 332, es oscura y se presta a varias interpretaciones: las carabelas fueron “alem do cabo 450 leguas. E acha-se que toda aquela costa vai ao sul com muitas pontas, segundo que este nosso Principe mandou acrecentar na carta do marear. E é de saber que o que se sabia em certo da costa do mar eram 600 leguas; e sâo acrecentadas sobre elas estas 450; e o que se mostrava no mapa-mundi, quanto ao desta costa, nâo era verdade, que o nâo pintavam senâo á aventura; mais isto que agora é posto nas cartas foi cousa vista por olho, segundo já tendes ouvido”. 21 Tal fue según Zurara: Crónica ... , cap. LXXXVII, pág. 368, el periplo de la carabela de Álvaro Fernandes, “e toda sua rota é geralmente ao sul”. 22 Entre otras cuestiones, porque no hay pruebas irrefutables ni a favor ni en contra y actualmente la historiografía portuguesa está sometiendo a una reconsideración crítica todo el fenómeno de los descubrimientos atlánticos. De la bibliografía “clásica” destacamos Cortesâo: O designio ... ; Cortesâo, Armando: Historia da Cartografia Portuguesa, Coimbra, 1969; Teixeira da Mota, Avelino: “Cristóbal Colón y los portugueses”, Cuadernos Colombinos, 5, Valladolid, 1975, págs. 33-55; Ramos Pérez, Demetrio: “Los contactos trasatlánticos decisivos, como precedentes del viaje de Colón”, Anuario de Estudios Atlánticos, 17, Madrid-Las Palmas, 1971, págs. 467-532; Gámir: “La experiencia ...” ; Martins da Silva: Descobrimentos ... ; Cortesâo, Armando y Teixeira da Mota, Avelino: Portugaliae Monumenta Cartographica, Lisboa, 1960, 6 vols. LOS DESCUBRIMIENTOS LUSO-CASTELLANOS. LA CARTOGRAFÍA (1418-1495) Tomo LX, 1, 2003 19
como el deseo de las cortes portuguesa y castellana de ampliar el ámbito y la frecuencia de sus navegaciones, aprovechando el sistema favorable de vientos y corrientes, y buscando (o analizando) indicios sobre la posibilidad de hallar nuevas tierras al occidente del océano. Fue en ese ambiente y circunstancias cuando se realizaron los periplos de Diogo de Teive, así como las donaciones teóricas de la Corona portuguesa (recordemos que en el mapa de Bianco, de 1448, aparece al suroeste de Cabo Verde una Ixola Otinticha, cuya posición y forma recuerdan el litoral del noreste brasileño23). En su primer periplo Teive zarpó de Fayal navegando al suroeste y a su vuelta descubrió las islas de Flores y Corvo (completándose así el conocimiento de las Azores); en el segundo (1452) recorrió una extensión marítima al oeste de Irlanda y presumiblemente llegó al banco de Terranova.24 Poco después, en 1457, Alfonso V donaba al Duque de Beja las islas que se descubriesen entonces, si bien a raíz del viaje de Gonçalo Fernandes de Tavira —quien navegando al noroeste de Madeira creyó ver una isla, en 1462— hizo una rápida concesión al Duque de Viseu y otra doble a Joâo Vogado.25 Era tan firme la creencia lusa de poder descubrir nuevas tierras a Poniente, que continuaron las donaciones acompañadas de ciertas gestiones ante la corona danesa, desarrolladas en el mayor de los sigilos;26 así, en 1473, Ruiz Gonçalves da Camara consiguió teórica donación de las islas que pensaba descubrir en el océano, completada —al año siguiente— con la convalidación de exploraciones en Guinea. El propio Alfonso V decidió, en 1475, premiar los servicios de Fernâo Telles con la concesión de las islas 23 Ignoramos cual fue la fuente de Bianco, ni como pudo reflejar esa idea sorprendente. Es evidente que tal concepto debe relacionarse con un proyecto general derivado de la creencia en tierras situadas al oeste del Atlántico. Según el cronista Galvâo: Tratado ... , poco antes de la mencionada fecha se descubrió una tierra hacia occidente. 24 Cortesâo, Jaime: “El viaje de Diogo de Teive”, Cuadernos Colombinos, 5, Valladolid, n.º 5, 1975, págs. 11-29. Para una visión general de las navegaciones atlánticas en la época son interesantes Albuquerque, Luis: Os descobrimentos portugueses, Lisboa, 1982 e Historia de la navegación portuguesa, Mapfre, Madrid, 1992; Céspedes del Castillo, Guillermo: La exploración del Atlántico, Mapfre, Madrid, 1991; Fernández Armesto, Felipe: Antes de Colón (Exploración y colonización desde el Mediterráneo hacia el Atlántico, 1229-1492), Cátedra, Madrid, 1993. 25 Según recoge Gámir: “La experiencia ...” , pág. 290, tales islas “segundo a carta de marear, sao chamadas uma Lono e outra Caprária”. No se especifica en qué carta fueron dibujadas. 26 Larsen, Sofus: “La Découverte du Continent de L´Amérique Septentrionale en 1472-1473 pour les Danois et les Portugais”, Separata del Boletim da Classe de Letras, Coimbra, vol. XV de la Academia das Ciencias de Lisboa, 1922. El contacto entre portugueses y daneses arranca de varias décadas antes, y presumiblemente también el inicio de relaciones diplomáticas o de una colaboración más estrecha, pues Zurara: Crónica , cap. XCIV, pág. 396, cita el caso de Vallarte (gentilhombre de la casa del rey Cristóbal), quien al servicio de D. Enrique viajó con Fernán Alfonso hasta Cabo Verde, navegando más al sur. JESÚS M.ª PORRO GUTIÉRREZ Anuario de Estudios Americanos 20
que hallase —él o sus servidores— en el océano, con exclusión de la zona de Guinea.27 Respecto a la cartografía surgida como consecuencia de los viajes portugueses a Guinea, la ya mencionada política de sigilo practicada por la corte, al condicionar la permanencia de las fuentes y su fiabilidad, ha transformado en enormemente complejo el seguimiento de las nuevas realidades geográficas y, particularmente, el estudio y análisis de los mapas africanos y atlánticos. No olvidemos que el propio D. Alfonso, adoptando una postura tan astuta como prudente, solicitó del reputado cosmógrafo Fra Mauro — el camaldulense de la comunidad de Murano— la realización de un mapamundi que reflejara la idea de África y, particularmente, los avances operados por sus súbditos en la navegación de Guinea (la doble intención es evidente al solicitar una determinada información gráfica que, por otro lado, se oculta a quien se pide, pues ningún boceto ni apunte portugués fue enviado al fraile, quien presumiblemente tuvo que basarse en su conocimiento de los clásicos —Heródoto, Estrabón—, complementado con el de algunas piezas fundamentales en la cartografía del XIV y primera mitad del XV — quizás los mapas de Marino Sanudo, Pietro Vesconte, el anónimo conocido como Laurenciano-Mediceo, el de Meciá de Viladestes y el de Andrea Bianco— para satisfacer la petición regia). En su planteamiento técnico, el mapa de Fra Mauro (1458 o 1459) recuerda más a los de Sanudo y Vesconte (sobre todo los litorales africanos y el sur de Asia) que al de Bianco;28 manifiesta, empero, una doble mejoría en la representación africana: 1) la parte occidental presenta una mayor fiabilidad en el delineado del tramo entre Ceuta y Sierra Leona; 2) el litoral oriental acusa una inflexión más suave — una menor oblicuidad— que en sus predecesores; además, el planteamiento de la punta meridional está más conseguido, si bien el tamaño de Madagascar es exagerado y la isla está muy pegada al continente. Apenas pudo D. Enrique extraer consecuencias del mapa de Fra Mauro, pues en 1460 falleció, cuando sus hombres llegaban al litoral de Sierra Leona. El vacío dejado por la muerte del Infante —genuino impulsor de las empresas descubridoras—, unido a diversos problemas técnicos y políticos, llevó a una ralentización y un replanteamiento de las exploracio27 Real Academia de la Historia: Colección documental del Descubrimiento, 1470-1506, coord. por Pérez de Tudela, Juan, Mapfre, Madrid, 1994; vol. I, docs. n.º 9 y 10, págs. 30-34. 28 En este sentido sorprende la afirmación de Crinó, Sebastiano: Come fu Scoperta l´America, Milán, 1943, pág. 86, de que el autor material del mapa —según el Abad del Monasterio de San Miguel de Murano— fue el propio Bianco. LOS DESCUBRIMIENTOS LUSO-CASTELLANOS. LA CARTOGRAFÍA (1418-1495) Tomo LX, 1, 2003 21
consejeros científicos44 a quienes pidió su opinión; ellos desestimaron el proyecto y si bien el Rey quedó satisfecho, no perdía de vista que, desde mediados de siglo, eran continuos los rumores —pese a los fracasos cosechados— sobre la existencia de islas y tierras a Poniente, adentrándose en el Atlántico. Tan es así que, apenas dos años después de la petición colombina, D. Juan autorizó a Fernâo Dulmo —uno de los flamencos de la colonia de Fayal, nacionalizado luso— a capitanear una expedición hacia Occidente, pero la prudencia y el excepticismo del Rey le llevaron a exigir que aquel costeara los gastos de la empresa, a cambio de generosos beneficios y donaciones si resultaba exitosa (así, D. Juan, comprometido con la empresa africana que absorbía notables gastos y energía, aunque dudara de la existencia de islas en el occidente atlántico, se dejaba tentar por la suerte, sin exponer las arcas del Estado en una empresa incierta). En su proyecto de acceder a la isla de las Siete Ciudades, o a cualquier otra, contemplaba Dulmo una asociación con Afonso do Estreito45 y la participación de un cierto “caballero alemán” que presumiblemente debía ser Martín Behaim.46 Puesto que Dulmo no acometió la empresa, las mercedes pasarían a Joâo Gonçalves do Arco; nada se sabe de su expedición, el caso es que los lusos no pudieron confirmar la situación de las supuestas islas atlánticas en mapas de la época (los de Benincasa de 1463 y 1476, el de Roselli de 1466, el de Albino de Cánepa y el de Jaime Bertrán de 1480, o los anteriores de Andrea Bianco). No obstante aquel fracaso, el inquieto y aventurero Behaim, seducido por el ambiente náutico que se vivía en Portugal y contagiado del entusiasmo general, deseaba participar en proyectos sobre viajes y descubrimientos: al iniciar su estancia en Portugal había establecido contacto con la colonia flamenca de Fayal y pronto tomó parte en la expedición de Joâo Affonso d´Aveiro a Benin (1484-1485) llegando hasta el Congo;47 de vuelta a 44 Eran estos Diego Ortiz de Calzadilla, Obispo de Tánger, el médico real Rodrigo de Pedras Negras y el judío español José Vizinho, discípulo del famoso astrónomo Abraham Zacuto. No hubo como tal una “junta de matemáticos” pero, excepcionalmente, el Rey decidía que algún astrónomo o cosmógrafo participara en los debates. Si Behaim —citado por el cronista Barros— formó parte de ese grupo asesor, en alguna ocasión, fue con posterioridad a la marcha de Colón a Castilla. 45 Vid. la carta de confirmación de Juan II sobre el descubrimiento de cualquier isla o tierra firme que hallasen, firmada en Lisboa el 24 de Julio de 1486, en Colección documental del Descubrimiento , vol. I, doc. n.º 14, págs. 47-51. 46 Porro, Jesús María: “La labor cartográfica de la escuela de Nuremberg durante la primera etapa de los descubrimientos americanos”, en Fernando Oliveira e o Seu Tempo: Humanismo e Arte de Navegar no Renascimento Europeu (1450-1650), Patrimonia, Cascais, 2000, pág. 379. 47 Ballesteros Beretta, Antonio: Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, Salvat, Barcelona, 1945, pág. 385; Favier, Jean : Los grandes descubrimientos. De Alejandro a Magallanes, FCE, México, 1995, pág. 235. JESÚS M.ª PORRO GUTIÉRREZ Anuario de Estudios Americanos 28
Nuremberg, en 1490, recibió el encargo municipal de diseñar un globo terrestre. El voluntarioso trabajo de Behaim fue interesante, pese a algunos defectos y errores;48 paradójicamente, el destino hizo que su configuración geográfica estuviera pronto desfasada, como consecuencia de los continuos descubrimientos derivados del primer viaje de Colón. Pero, entretanto, en paralelo con el retorno de Bartolomeu Dias de su periplo africano, está la cuestión de la presencia de Colón en Lisboa, requerido por D. Juan,49 como respuesta a su petición; sabedor el Monarca del interés del nauta por los asuntos relativos a viajes y descubrimientos, y a la espera del regreso de Dias, ¿acaso pensaba ofrecer a un Colón abrumado por las dificultades en Castilla un puesto a su servicio o tenderle un ardid para averiguar las posibles intenciones de los Reyes Católicos en la cuestión atlántica?; ¿intentaba quizá D. Juan disuadir a Colón de realizar su proyecto, eliminando así la posible competencia castellana en la actividad descubridora atlántica?50 El propio Colón comentaría que estuvo presente en la presentación y entrega al Rey —por parte de Dias— de la carta-relato sobre el descubrimiento del extremo meridional africano51 y, presumiblemente, intentaría informarse sobre los últimos cálculos astronómicos efectuados por los portugueses en África, siendo confundido por el hábil Rey.52 Por otro lado, resulta verosímil creer que los Reyes Católicos hubieron de tener sus propios agentes en tierras portuguesas, pues de lo contrario ¿cómo pudieron llegar a Córdoba noticias sobre el plan de Dulmo? Parece lógico pensar que tales agentes debieron ser hombres de mar —válidos para el tipo de información que se deseaba obtener y que, al mismo tiempo, por su menester profesional, no levantaran sospechas— quizás 48 Partiendo de una triple influencia de Ptolomeo, Toscanelli y Martellus, adolece de algunos defectos notables en África y Extremo Oriente; para un estudio del globo es interesante Muris, Oswald: “Der Erdapfel des Martin Behaim”, Ibero-Amerikanisches Archiv, 17, Berlín, 1943. 49 Carta del Rey de Portugal a Cristóbal Colón, firmada en Avís el 20 de Marzo de 1488, en Colección documental del Descubrimiento , vol. I, doc. n.º 17, págs. 56 y 57. 50 Estas cuestiones fueron planteadas por Ramos, Demetrio: “El sigilo en la preparación del viaje de Bartolomeu Dias y el paralelo sigilo de la inicial negociación de Colón en España, con los efectos derivados”, en Navegaçôes na segunda metade do século XV ... , págs. 31-58. 51 Apostilla n.º 23b en d´Ailly: Imago Mundi, cap. VIII, pág. 43 (trad.): “en este año 88 en el mes de diciembre llegó a Lisboa Bartolomé Díaz ... había navegado más allá de lo ya navegado 600 leguas ... hasta un promontorio llamado por él mismo Cabo de Buena Esperanza ... Relató su viaje y lo dibujó legua a legua en una carta de marear para mostrarlo a los propios ojos del serenísimo rey, en todo lo cual yo intervine”. 52 Ibidem; “en este lugar [el Cabo de Buena Esperanza] descubrió por el astrolabio que se hallaba 45 grados más allá de la línea equinoccial”. A Colón le ocultaron la latitud real de 34º 30´. LOS DESCUBRIMIENTOS LUSO-CASTELLANOS. LA CARTOGRAFÍA (1418-1495) Tomo LX, 1, 2003 29
andaluces, si bien más probablemente “vizcaínos”53 por la frecuencia de escalas en Lisboa, en sus viajes entre el Mar Cantábrico y la franja atlántica andaluza; por su perfil y antecedentes Juan de La Cosa pudo haber sido uno de esos hombres.54 Asegurada la apertura de la ruta hacia la India, el prudente D. Juan, necesitado de concentrar los esfuerzos en la empresa africana y no interesándole roces ni disputas con Castilla por la cuestión de los viajes atlánticos al occidente, rechazó definitivamente el proyecto colombino, por lo que Colón tuvo que concentrar sus esfuerzos ante los Reyes Católicos. Durante su primera estancia en Castilla había entrado en contacto con Pedro Vázquez de la Frontera, quien fuera piloto en uno de los viajes de Teive y animó a Cristóbal a proseguir en su intento.55 Colón tuvo que esperar al final de la guerra de Granada, madurando su proyecto; así, tras unas largas y duras negociaciones —que, como en Portugal, contaron con el dictamen negativo de la junta convocada al respecto, si bien él gozó de la simpatía y el apoyo de la Reina— fueron fijados los privilegios y obligaciones de su empresa en las Capitulaciones de Santa Fe, cuya rápida y extraña tramitación respondió a la necesaria reserva impuesta en un asunto como ese, de Estado, y al que por sus implicaciones debía concedérsele gran importancia. Una vez afianzada la faceta jurídica-política, Colón se preocupó por el montaje económico y material de la empresa, para lo cual se fijó en la estructura de la expedición africana de Dias.56 En agosto de1492 partió Colón hacia el Extremo Oriente, con la idea de cruzar el Atlántico hasta conseguirlo. La travesía fue tranquila, pero tan larga sin encontrar tierra, que la tripulación comenzó a angustiarse pensando en el difícil retorno. Extrañado de no hallar islas durante el trayecto, Colón debatió su plan con Martín Alonso Pinzón, argumentándolo sobre 53 Término que en la época se utilizaba, en amplio sentido, para aludir a las gentes de las villas marineras de la fachada cantábrica. 54 Así lo cree Ramos: “El sigilo ...” , pág. 51, apoyándose en la opinión de Ballesteros Beretta, Antonio: Juan de la Cosa y la marina cántabra, Santander, 1948, pág. 139, donde argumenta que el origen del bienestar económico de La Cosa procedió de los rescates de Guinea. A propósito de las actividades de los vizcaínos en Portugal, se preparaba una armada de castigo, como se ve por la instrucción del 23 de noviembre de 1487: Ramos: “El sigilo ...” , pág. 51. 55 Declaración de Fernando Valiente en los Pleitos Colombinos, EEHA, Sevilla, 1967, tomo VIII, p. 339. 56 Tal hecho (utilización de tres carabelas, idea de partir en el mes de agosto y llevar un intérprete de árabe y hebreo, frente a los negros que llevó Dias) demuestra que hubo intencionalidad y no casualidad, y que, con sus limitaciones aumentadas por su fuga a Castilla, también Colón supo de ciertos detalles relativos a las navegaciones portuguesas. JESÚS M.ª PORRO GUTIÉRREZ Anuario de Estudios Americanos 30
una carta57 y cuando en octubre los expedicionarios llegaron a las Lucayas, el aspecto de aquellas islas, tan diferentes a las conocidas, les hizo plantearse si estaban en otro mundo,58 pero ¿cuál?; para Colón tenía que corresponder a la antesala de las tierras del Gran Khan, si bien el aspecto y desnudez de los indios le asombró mucho59 —como a sus hombres— creando en él las primeras dudas sobre aquella gente y el lugar: su total desconocimiento de las armas metálicas evidenciaba que no habían tenido relaciones con musulmanes ni chinos; así pues, a lo sumo se trataba de islas y gentes relativamente cercanas a aquellas otras de la Especiería. Colón tomó indios como guías y futuros intérpretes (ni siquiera el suyo había podido entenderse con ellos) y continuando su exploración llegó a Cuba a la que consideró ser el Cipango, primero, y más tarde una península del extremo asiático. En su navegación de cabotaje por el litoral septentrional de La Española Colón creía encontrarse no lejos del Cathay,60 por lo que más tarde o más temprano tendría que toparse con gentes civilizadas del Extremo Oriente. Una vez decidido el regreso, en enero de 1493, el viaje fue largo y penoso hasta recalar en Lisboa. Allí Colón fue recibido por un solícito Juan II al que tuvo que relatar, con las lógicas cautelas, los pormenores de la empresa;61 el Monarca le hizo saber que reclamaría sus derechos de pertenencia de las tierras descubiertas, ante los Reyes Católicos, amparándose 57 La enigmática y famosa carta de Colón, quizás la que le atribuyó La Roncière, aunque es más probable que fuera una copia de la de Toscanelli. En el diario del Primer Viaje (25 de septiembre) figura “una carta ... donde, segund pareçe, tenía pintadas el Almirante ciertas islas por aquella mar”, Colón, Cristóbal: Los cuatro viajes. Testamento, ed. de Varela, Consuelo, Alianza Ed., Madrid, 1986, pág. 54. La denominada “Carta de Colón”, que estudiara el primero La Roncière, Charles de: La Carte de Christophe Colomb, París, 1924, se encuentra depositada en la Biblioteca Nacional de París. 58 En el diario (13 de octubre) describe Colón la isla que nombró San Salvador: “es bien grande y muy llana y de árboles muy verdes y muchas aguas y una laguna en medio muy grande, sin ninguna montaña, y toda ella muy verde qu´es plazer de mirarla”, Los cuatro viajes ... pág. 64. 59 En su primera impresión sobre los lucayos (12 de octubre) expresa Colón “todo tomavan y daban de aquello que tenían de buena voluntad, mas me pareció que era gente muy pobre de todo. Ellos andan todos desnudos”, Los cuatro viajes..., pág. 62. 60 “Después que yo llegué a la Juana seguí la costa della al poniente y la hallé tan grande que yo pensé que no sería ysla, salvo tierra firme, y que sería la provinçia del Catayo; ni podría aver dello notiçia”, carta del Almirante a los Reyes Católicos escrita en el Océano, el 4 de marzo de 1493, en Colección documental del Descubrimiento, vol. I, n.º 42, pág. 273. 61 La crítica no ha mantenido una postura unánime respecto al doble tema de la intencionalidad o no de Colón al recalar en Lisboa y así fue el propio Almirante quien —por despecho y revancha— planteó el éxito de su viaje al monarca luso, o bien, fue éste quien con astucia y agasajos consiguió, del descubridor, la información deseada. Parece más prudente pensar en una realidad intermedia y que Colón optara por relatar —con las oportunas reservas— su viaje al Rey, ante la imposibilidad de eludir el tema. En todo caso, el testimonio que ofrece el Almirante en su diario del Primer Viaje, págs. 198-201, es lo suficientemente ambiguo como para no resolver ambas dudas. LOS DESCUBRIMIENTOS LUSO-CASTELLANOS. LA CARTOGRAFÍA (1418-1495) Tomo LX, 1, 2003 31
en las bulas papales. Ya en Andalucía, el Almirante notificó por carta lo más rápidamente posible a los Reyes su regreso y las intenciones portuguesas. La crisis diplomática. Estrategias e ideas geográficas Durante los meses de marzo y abril se rumoreó que los lusos preparaban una armada ¿para tomar posesión de lo descubierto por Colón o quizás para cortarle el paso en el caso de que realizara otro viaje? Evidentemente, no podía desdeñarse la posibilidad de una guerra entre Castilla y Portugal;62 por añadidura, era bien inquietante la defección de los dos marineros portugueses participantes en el periplo colombino.63 De inmediato se activaron en ambas cortes los mecanismos diplomáticos, pues el contencioso que se vislumbraba aconsejaba actuar con la máxima prudencia: en ese contexto habría que situar la expedición de sendas reales provisiones, a finales de marzo y de abril, por las que los Reyes Católicos prohibían a sus súbditos viajar a las nuevas tierras descubiertas o a las pesquerías del Cabo Bojador sin su previa licencia.64 Por su parte, el Consejo Real acordó proponer a Juan II que se armara una flota, bien para bloquear el posible paso a las Indias de los súbditos castellanos, desde los puertos andaluces,65 bien para adelantarse a Colón en otro posible viaje transoceánico hacia las Indias; en cualquier caso, se trataba de una medida peligrosa, que respondía más a un refuerzo —mediante presión— de la vía diplomática que a una actitud intimidatoria de corte belicista. Los Reyes Católicos reaccionaron enérgicamente, maniobrando en un cuádruple plano: el político (respondiendo a la doble embajada de Duarte de Gama y Ruy de Sande con otra, también doble, a cargo de Lope de Herrera, y Pedro de Ayala y Garci López de Carvajal), el diplomático (solicitando del Papa el reconocimiento de su soberanía sobre los nuevos territorios, otorgados por las correspondientes bulas), el geográficologístico (instando a Colón a partir urgentemente hacia las tierras 62 Al respecto Pérez de Tudela, Juan: “La armada de Vizcaya. Acerca de una razón de fuerza y otros argumentos en el acuerdo de Tordesillas”, en El Tratado de Tordesillas y su proyección, Actas del Primer Coloquio Luso-Español de Historia Ultramarina, Valladolid, 1973, vol. I, págs. 33-85. 63 Szaszdi, Adam e Istvan: “La crisis luso-castellana de 1493 por el Mar Oçéano”, en Castilla y Portugal en los albores de la Edad Moderna, ed. de la Junta de Castilla y León, Salamanca, 1997, págs. 109-123; en págs. 109-111 citan el dato, reflejado en el Parecer de Badajoz de 1524 (obra de Hernando Colón) y el Memorial de la Mejorada de 1497 (escrito por Cristóbal Colón). 64 Reales Cédulas fechadas en Barcelona el 30 de marzo y el 27 de abril de 1493, Colección documental del Descubrimiento , vol. I, n.º 48 y 50, págs. 285-286 y 287 respectivamente. 65 Pérez de Tudela: “La armada ...” , pág. 53 y Pina, Ruy de: Chronica d´El Rey D. Joâo II, Atlántida, Coimbra, 1950, cap. LXVI. JESÚS M.ª PORRO GUTIÉRREZ Anuario de Estudios Americanos 32
descubiertas, enviando información geográfica lo más precisa posible, cara a las presumibles negociaciones) y el militar (previniendo al Duque de Medina Sidonia que tuviera aparejadas sus carabelas y ordenando el apresto de una armada en Vizcaya66). En la práctica —aunque el peligro del desencadenamiento de operaciones militares se mantuvo latente— se impuso la vía diplomática (aparte del respeto mutuo, porque ninguna de las dos cortes estaba interesada en provocar una guerra). El problema que se planteaba respondía en el fondo a una doble discrepancia (jurídica y diplomática), motivada por las diferentes interpretaciones del Tratado de Alcáçovas,67 que a su vez fue rápidamente superado con las nuevas negociaciones.68 La posición de Isabel y Fernando era más sólida gracias a la expedición de las bulas pontificias, pero faltaba por esclarecer un dato fundamental: la situación geográfica de las nuevas tierras descubiertas, incluyendo —si fuera posible— datos astronómicos fiables; por ello, los Reyes informaron al Almirante sobre sus intenciones: debía remitir la carta náutica que le habían encargado elaborar y prepararse para partir con rapidez,69 si bien debía evitar acercarse a la costa portuguesa —para no provocar recelos— y procuraría interceptar las carabelas lusas que, supuestamente, fueron enviadas para inquirir sobre lo descubierto; además, para que la jurisdicción sancionada por el Papa incluyera el meridiano de demarcación que deseaban fijar en la Corte, era esencial la 66 De aquella febril actividad da idea el hecho de que la carta a Medina Sidonia fue expedida en Barcelona el 2 de mayo de 1493 y la armada de Vizcaya fue aprestada durante los meses de mayo y junio en Bermeo, Colección documental del Descubrimiento , vol. I, págs. 289 y 290 y Pérez de Tudela: “La armada ...” , pág. 59, respectivamente. 67 Culpa, a su vez, de la ambigüedad en las delimitaciones de soberanía atlántica: a Portugal le correspondía “la posesion ... tierras, rrescates de guinea ... e qualesquier otras yslas, costas, tierras descubiertas e por descobrir, falladas e por fallar, islas de la Madera, Puerto Sancto e Desierta, e todas las islas de los Açores e islas de las Flores, e asy las islas de Cabo Verde e todas las islas que agora tiene descubiertas, e qualesquier otras islas que se fallaren o conquirieren de las yslas de canaria para baxo contra Guinea, porque todo lo que es fallado e se fallare, conquerir o descobrir ... allende de lo que ya es fallado, ocupado, descubierto, finca a los dichos Rey e prinçipe de Portogal e sus Reynos, tirando solamente las islas de Canaria, Scilicet: Lançarote, Palma, Fuerteventura, la Gomera, el Fierro, la Graçiosa, la Gran Canaria, Tenerife; e todas las otras islas de Canaria ganadas e por ganar, las quales fincan a los Reynos de Castilla”, Capítulos relativos a las posesiones y navegaciones de castellanos y portugueses en el Atlántico (Alcáçovas), refrendados en Toledo el 6 de mayo de 1480, en Colección documental del Descubrimiento, vol. I, n.º 12, págs. 41-45 (cit. en pág. 43). 68 Ya el 12 de julio de 1493 los Reyes informaban a Colón, por carta datada en Barcelona, del comienzo de las negociaciones con Portugal, congelándose la utilización de armadas, y le instaban a preparar con rapidez su partida para las Indias, Colección documental del Descubrimiento, vol. I, n.º 134, págs. 436 y 437. 69 Carta de la Reina a Colón, fechada en Barcelona, el 5 de septiembre de 1493, en Colección documental del Descubrimiento, vol. I, n.º 169, págs. 483 y 484. LOS DESCUBRIMIENTOS LUSO-CASTELLANOS. LA CARTOGRAFÍA (1418-1495) Tomo LX, 1, 2003 33
opinión de Colón, el cual debía refrendarla junto a una carta graduada, con la ayuda si fuere preciso de un astrólogo;70 para ello, en la Corte se habían adelantado solicitando la opinión de un cosmógrafo tan reputado como Jaime Ferrer.71 Los delegados portugueses habían solicitado una demora de dos meses en la partida de cualquier armada y los Reyes Católicos pensaban aprovechar ese plazo para afianzar los aspectos geográficos y científicos de su plan. El problema que debía solventar Colón, para cumplir el citado encargo, no era nada fácil de superar, pues ni su carta atlántica, ni el boceto que había elaborado sobre la costa noroeste de La Española eran válidos para ello. La primera debió ser la misma que llevaba su hermano Bartolomé cuando —antes de la aprobación del proyecto colombino— viajó a Inglaterra para entrevistarse con Enrique VII en su intento frustrado por conseguir su patrocinio; su desarrollo atlántico contenía los litorales de Europa y África (hasta la altura del Congo), los archipiélagos conocidos y algunas islas míticas situadas al noroeste (Brasil, Siete Ciudades, Frixlanda) y en la parte baja, al suroeste de Cabo Verde (diversas islas pequeñas con un trazado apenas perceptible). También es posible que esa carta fuera una copia de la de Toscanelli, con su “clásico” desarrollo atlántico: los litorales de la Península Ibérica y el noroeste de África enfrentados a los del Cathay y Mangi; en medio, la inmensidad oceánica, con numerosas islas cercanas al litoral del Extremo Oriente, y las de Antilia —equidistante entre las Canarias y el Cipango— y San Brandán, situada al suroeste de la anterior y al sureste del Cipango. Puesto que Colón no encontró ninguna isla hasta llegar a las Lucayas, las que figuraban en su mapa no podían servirle como referencia. 70 Así figura en la carta de los Reyes a Colón, fechada en Barcelona el 5 de septiembre de 1493, en Colección documental del Descubrimiento, vol. I, n.º 174, págs. 488-490: “que lo que esta en medio desde la punta que los portogueses llaman de buena esperança ... fasta la raya que vos dixisteis que deuia venir en la bulla del papa, piensan que podra aver yslas e avn tierra firme ... se cree que seran muy prouechosas y mas ricas que todas las otras ... vos rogamos que luego nos enbieys vuestro paresçer enello, porque sy conviniere y os paresçiere ... se hemiende la bulla ... Y porque para bien entenderse mejor este vuestro libro avriamos menester saber los grados en que estan las yslas y tierra que fallasteis y los grados del camino por donde fuysteis, por seruiçio nuestro que nos lo enbieys luego y asy mismo la carta que vos rogamos que nos enbiasedes ... muy conplida y escriptos con ella los nonbres y sy vos paresçiere que non la deuemos mostrar nos lo escreuid. Y platicando aca enestas cosas nos paresçe que seria bien que lleuasedes con vos un buen estrologo”. 71 Carta del Cardenal Mendoza a mosén Jaime Ferrer, fechada en Barcelona el 26 de agosto de 1493, en Colección documental del Descubrimiento, vol. I, n.º 168, págs. 482 y 483: “rogamos vos que ... vengais aquí a Barcelona, y traed con vos el Mapamundi y otros instrumentos si teneis tocantes a cosmografia”. JESÚS M.ª PORRO GUTIÉRREZ Anuario de Estudios Americanos 34
A finales de septiembre partió Colón con destino a las islas y tierras que hallara en su anterior viaje. Casualmente, apenas dos meses antes había regresado a Lisboa Martín Behaim portando una carta de Hieronimus Münzer —afamado médico y humanista conocido como Monetarius— por la que recomendaba al bohemio, ante el Monarca, para participar e incluso dirigir una expedición lusa hacia las Indias navegando por Poniente;72 es evidente que ni en el momento de la salida de Behaim de Nüremberg, ni al presentarse ante D. Juan, sabía nada —ni tampoco sus paisanos— del viaje de Colón y su exitoso regreso. Con su proverbial habilidad y agudeza, el Monarca pudo haber sentido, en un primer momento, la tentación de aceptar el plan, pues la carta de Monetarius podía ser esgrimida como coartada válida para argumentar que la Corte portuguesa ya se había planteado la viabilidad de realizar el viaje al Extremo Oriente por Occidente, antes de que el proyecto de Colón fuera aceptado por los Reyes Católicos;73 sin embargo, el Rey optó por la prudencia ante la de por sí suficientemente compleja situación política-diplomática; consecuentemente, rechazó la sugerencia. En aguas del Océano, en noviembre de 1493, la armada de Colón efectuó un minucioso reconocimiento en el ámbito de las Pequeñas Antillas, sin encontrar indicios de carabelas portuguesas, que tampoco fueron vistas en la navegación de cabotaje de Puerto Rico.74 En esa tesitura y ya en La Española, entre finales de noviembre y de enero de 1494 fue el tiempo de que dispuso el Almirante para cumplir el encargo real de elaborar la carta sobre sus descubrimientos,75 puesto que al comenzar febrero zarpaba la flota de regreso a España, al mando de Antonio de Torres quien portaba ya el enigmático y pre72 La carta, fechada en Nuremberg el 14 de julio de 1493, aparece traducida al portugués en Colección documental del Descubrimiento, vol. I, n.º 141, págs. 450-452; hay texto en español en Calero, Francisco: “Jerónimo Münzer y el descubrimiento de América”, Revista de Indias, LVI, Madrid, 1996, págs. 279-296, y algunas reflexiones en Porro: “La labor cartográfica ...”, págs. 382 y 383. 73 Tal posibilidad ya fue hábilmente planteada por Ballesteros: Cristóbal Colón ... , pág. 387. 74 Como señalan Szaszdi, Adam e Istvan: “La crisis ...”, pág. 120, “las decisiones y la acción del Almirante en aguas caribeñas se supeditan a dos cometidos: el levantar una carta geográfica de los descubrimientos, con los nombres indígenas de las islas y sus coordenadas, así como el reconocer, rastrillar, las islas en busca de la anunciada presencia de las carabelas portuguesas”. 75 Aunque no experto, Colón no era nuevo en el arte de elaborar cartas; hay un resumen de la cuestión en Varela Marcos, Jesús: “La cartografía del Segundo Viaje de Colón y su decisiva influencia en el Tratado de Tordesillas”, en El Tratado de Tordesillas en la Cartografía Histórica, Sociedad V Centenario del Tratado de Tordesillas, Valladolid, 1994, págs. 88-90; la cuestión de la carta encargada a Colón por los Reyes ya había sido planteada por Pérez de Tudela: “La armada ...”, pág. 71. LOS DESCUBRIMIENTOS LUSO-CASTELLANOS. LA CARTOGRAFÍA (1418-1495) Tomo LX, 1, 2003 35
ciado documento gráfico;76 ante la premura de la situación el Almirante tuvo que encargar a varios capitanes y pilotos que efectuaran diversos reconocimientos náuticos (bojeo de La Española) y terrestres, anotando todos aquellos datos que pudieran servirle. ¿Qué aspecto podría tener esa carta?.77 Sólo puede deducirse con los datos que proporciona Colón a los Reyes: a la derecha figuraban los litorales de España y África, en la parte izquierda las nuevas islas por él descubiertas; la representación era plana, con sistema de cuadrícula —luego debió tomar como modelo la de Toscanelli—, especificando los grados de latitud y longitud con el módulo de Ptolomeo (que Colón transmite en millas y transforma en leguas marítimas78); incluía, además, un meridiano trazado a la altura de la recién creada ciudad de la Isabela, separando así lo descubierto en el segundo viaje de lo correspondiente al primero. Por añadidura, de la información colombina se deduce otra característica interesante —aunque errónea—, cual es la equivalencia en latitud de La Española con la isla de Gomera,79 comentario este que invita a pensar en que la configuración de los archipiélagos atlánticos (los de la fachada euroafricana: Azores, Madeira, Canarias, Cabo Verde, y el antillano, antesala del supuesto Extremo Oriente) y su relación astronómica no pudo diferir mucho de la posterior representación de La Cosa que, curiosamente, adolece del mismo error. El acuerdo y la continuación de las exploraciones colombinas Incluso después de culminados los esfuerzos diplomáticos que motivaron la firma del Tratado de Tordesillas,80 los Reyes pidieron a Colón una mayor 76 Enigmático, decimos, puesto que tal documento ni fue hecho público ni ha sido encontrado, luego no sabemos como figuraban allí delineadas las islas y tierras correspondientes. Colón manifestaba: “todas estas islas, que agora se an fallado, enbio por pintura con las otras del año pasado y todo en una carta que yo compuse”, Cristóbal Colón: Carta-Relación del Segundo Viaje de exploración a América y colonización de la isla Española, en Rumeu de Armas, Antonio (ed.): Manuscrito del Libro Copiador, Madrid, 1989, tomo II, pág. 451. 77 Varela: “La cartografía ...”, págs. 95-101 se ocupó de ello, si bien la reconstrucción es meramente hipotética. 78 Carta-Relación ... , págs. 451 y 452: “... un grado, que e contado çinquenta y seis millas y dos terçios que rresponden destas nuestras leguas de la mar, catorze leguas e un sesto ... y contar con el quento del Tolomeo, que a Porçiano [sic] los grados de la longitud con los del equinoçial, diziendo que tanto rresponde quatro grados equinoçiales como çinco, por panuelo de Rodas, los treinta y seis grados ..”. 79 Ibidem, pág. 462: “como la pintura hará magnifiesto ... aquí, en La Ysavela estamos más distante de la línea yquinoçial, veinte y seis grados, que todo es con las yslas de Canaria, en espeçial de la Gomera, en un paralelo y no difierençia en la latitud, salvo treinta minutos”. 80 Texto completo (Tratado de concordia, llamado de Tordesillas, entre Castilla y Portugal, para la demarcación de sus exploraciones y conquistas en el Océano, firmado en Tordesillas el 7 de junio y corroborado en Arévalo el 2 de julio de 1494) en Colección documental del Descubrimiento, vol. I, n.º 195, págs. 579-594. JESÚS M.ª PORRO GUTIÉRREZ Anuario de Estudios Americanos 36
precisión y abundancia de datos respecto a lo señalado en la carta;81 además, el hecho de que su hermano Bartolomé partiera con urgencia —en esa primavera— para comandar tres carabelas de refuerzo hacia las Antillas, permite suponer que también debía tener instrucciones de internarse hacia el equinoccio, en pos de algún posible descubrimiento,82 añadiendo de paso al conjunto las oportunas precisiones cartográficas. Que en el ambiente marinero lusocastellano flotaba esa idea de la existencia de islas desperdigadas por el Atlántico es evidente, lo que no está claro es su “ubicación mental” (geográfica) por parte de ambas Cortes —lo cual nos lleva a la polémica y peliaguda cuestión del predescubrimiento del Brasil, difícil de sostener antes del Primer Viaje colombino, si bien posible antes de los acuerdos de Tordesillas (por la porfía lusa en las conocidas 370 leguas como el límite jurisdiccional), aunque no muy probable (por el contrasentido, en ese caso, de la cláusula temporal de las 250 mencionadas, con el consiguiente riesgo de que se adelantaran oficial y jurídicamente los castellanos en el descubrimiento brasileño)—, el caso es que el futuro Adelantado no pudo aportar novedades sobre ello. Entretanto, el Almirante había decidido reiniciar las exploraciones ampliando su ámbito a Cuba y Jamaica; planeaba costear la Juana por el sur, hacia poniente y así virando al noroeste llegar al Cathay; pero, tras reconocer Jamaica, volvió a cometer el error de supeditar la realidad geográfica antillana a su esquema mental, creyendo encontrarse —en Cuba— en tierra firme del Extremo Oriente, aunque sin una idea clara de a qué altura;83 si no mentía en su informe, pensaba regresar a España por Oriente, pero al encontrarse escaso de mantenimientos desistió;84 empero, antes de regresar a La Espa81 “Algo más querríamos que nos escribiésedes, ansí en que sepamos cuántas islas fasta aquí se han fallado, y a las que habeis puesto nombres, qué nombre a cada una. Porque aunque nombráis algunas en vuestras cartas, no son todas, y a las otras los nombres que les llaman los indios, y cuánto hay de una a otra”, Real Cédula de 16 de agosto de 1494, en Colección documental del Descubrimiento, vol. II, n.º 219, págs. 658-660 (cit. pág. 659). 82 Pérez de Tudela: “La Armada ...”, págs. 75 y 56, piensa que tal hecho estaba relacionado con una de las cláusulas del Tratado, por la cual se adjudicaban a los Reyes Católicos las tierras que encontraran los castellanos hasta el 20 de junio de ese año, situadas al occidente de una raya meridiana distante 250 leguas de las islas de Cabo Verde. 83 En su Carta-Relación del viaje de exploración a las islas Española, Cuba y Jamaica, fechada en La Isabela el 26-II-1495, Manuscrito del Libro Copiador, tomo II, pág. 493, expresa Colón: “... fui a la ysla de Jamayca ... y dente bolví a la tierra firme, y seguí la costa della al poniente LXX días [sic], fasta aver pasado a estar mui çerca de la Urea Cheroneço y sé mui çierto que yo estava en la tierra firme, y pasado todas las yslas, y çertificar que la Juana no es ysla ...”. 84 Ibidem, pág. 494: “yo provara de bolver a España por Oriente, biniendo a Gangas, dende, y al Signo Arábico, y después, por Etiopía a basta”; suponemos que se refería a pasar por la desembocadura del Ganges —extraña opción, incluso para la concepción geográfica de la época—, pues de lo contrario sólo puede aludir a la navegación de cabotaje por la mítica tierra de Gog. LOS DESCUBRIMIENTOS LUSO-CASTELLANOS. LA CARTOGRAFÍA (1418-1495) Tomo LX, 1, 2003 37