SESMA MUÑOZ, José Ángel. Oro blanco. La lana de Aragón en el Mediterráneo medieval (siglos XIII-XV)
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EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 573-576 ISSN: 2530-6448 SESMA MUÑOZ, José Ángel. Oro blanco. La lana de Aragón en el Mediterráneo medieval (siglos XIII-XV). Zaragoza: Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2023, 335 pp. ISBN: 978-84-1340663-3. Reseña de acceso abierto distribuida bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access review under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). DOI: https://doi.org/10.24197/em.25.2024.573-576 Reseño aquí la obra que acaba de consagrar a la ganadería ovina y la lana del Bajo Medievo aragonés un historiador que me ha enseñado, y continúa enseñándome, mucho: José Ángel Sesma Muñoz, Catedrático de Historia Medieval y Profesor Emérito de la Universidad de Zaragoza. Debido a este magisterio, reconozco que abordo de entrada estas páginas con un ánimo retrospectivo, puesto que la dilatada carrera del profesor Sesma permite rememorar parcialmente el transcurrir generacional de quienes investigan la Edad Media desde la antigua Corona de Aragón y, por extensión, el Mediterráneo. En cierto sentido, el propio libro invita a esa retrospección en el campo de estudio donde el volumen se inserta: la historia económica. Por un lado, el autor dedica la publicación a Federigo Melis, in memoriam, y a los compañeros que siguieron en 1973, junto a él mismo, la sexta edición de una iniciativa célebre entre los expertos en la economía de la Europa preindustrial: el Corso di alta specializzazione in Storia Economica del Istituto Internazionale “Francesco Datini” de Prato. De nuevo el autor data (p. 33) el arranque de la gestación de la obra en la citada sexta edición del curso y en el “apasionante mundo” de fuentes y temas que el alumnado descubrió en él, comenzando –cómo no– por la documentación del también famoso Archivo Datini. De hecho, no faltan en el libro las alusiones (pp. 8186 y 165-169) a los registros datinianos y a uno de los protagonistas en esas fuentes de las actividades que, como es bien sabido, desplegó la azienda Datini “al filo del siglo XV” en especial entre el sur del reino aragonés y el norte del reino de Valencia: el mercader Tuccio di Gennaio. Por otro lado, el volumen se abre con un texto firmado por María Viu Fandos (pp. 9-27). Si las referencias a Melis y al curso de Prato nos colocan ante los maestros y colegas de formación de Sesma, esta autora nos sitúa en un contexto generacional distinto. Es el contexto que enmarca a quien es una joven doctora en Historia Medieval, crecida al calor de lo que el propio
574 Reseña EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 573-576 ISSN: 2530-6448 profesor Sesma denomina la “escuela de Zaragoza” (p. 46) y que, por tanto, ha disfrutado directa o indirectamente de los conocimientos de nuestro autor. Apoyándose en este bagaje, María Viu Fandos se centra en la historiografía sobre la ganadería ovina y la producción lanera. Para ello, parte de la “herencia de Melis” e integra las aportaciones de José Ángel Sesma Muñoz, no solo en el presente libro, en “un legado más allá de Prato”: el legado que, por ejemplo, siempre según la doctora Viu, posibilita que el autor recupere en esta obra “los planteamientos melisianos más puros” (p. 23) y, a la vez, reconsidere “la intervención de la companía Datini” en el reino de Aragón desde finales del siglo XIV y su impacto “en la evolución del sistema de producción y comercialización de la lana aragonesa” (p. 25). La línea que va de Melis a Sesma y a Viu evoca una trayectoria prolongada. También es largo el itinerario que ha conducido a este libro. Si su origen radica en 1973, su elaboración ha atravesado tres “redacciones”: hacia 1990, hacia 2002 y durante el periodo inmediato a la publicación definitiva en 2023 (pp. 45-46). Así lo manifiesta José Ángel Sesma Muñoz en lo que es ya la introducción directa de la obra. El título otorgado a esta introducción es otro guiño al universo datiniano, porque incluye las palabras que encabezaron la convocatoria, en 1969, de la primera Settimana di Studi del Istituto Datini: La lana come materia prima. El autor expone en esta sección inicial (pp. 31-46) dos aspectos básicos. Uno, el objetivo de su investigación: explicar el proceso que permitió que, entre los siglos XIII y XV, el espacio meridional del reino de Aragón se convirtiera en proveedor destacado de lana “para los más importantes centros pañeros de Occidente”. Dos, la documentación que la fundamenta, compuesta esencialmente por fuentes municipales, notariales y fiscales del ámbito aragonés analizado. Las páginas siguientes componen dos breves capítulos. Su contenido actúa a modo de prolongación de la introducción, ya que muestra todavía claras facetas contextuales. El capítulo 1 (pp. 47-55) ubica en el espacio y en el tiempo a quien se interese por la obra. El área a examinar es el tercio sur del actual Aragón, cuyo eje es Teruel. Los años de mediados del siglo XIV a fines del siglo XV implicaron en la zona “los momentos más brillantes de su evolución medieval”. En hipótesis, entonces coincidieron en estas comarcas “todas las manifestaciones económicas posibles” y se asentó una prosperidad que “se apoyaba en la producción agropecuaria reclamada por los territorios de su entorno y hasta por mercados más lejanos”. El capítulo 2 atiende a la “emergencia de las condiciones favorables para el despegue económico de la región” (pp. 57-79). En este punto, José Ángel Sesma Muñoz se fija en la etapa previa a la eclosión que empezó a mediados del XIV (la que parte del
Reseña 575 EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 573-576 ISSN: 2530-6448 siglo XIII y hasta del siglo XII) y combina dos grandes elementos: las variables productivas y mercantiles (como el “comercio de mayor entidad” acreditable en el Aragón meridional desde mitad del siglo XIII o las “alteraciones” justo de mediados del XIV, no únicamente económicas), y los factores institucionales (como la distribución del territorio entre los enclaves señoriales y las comunidades de aldeas de Daroca, Calatayud, Teruel y Albarracín, con sus respectivos efectos sobre la población y la economía). Ya en esos momentos que el capítulo 2 aborda, el sur aragonés no era en absoluto un ámbito cerrado. El autor resalta, por ejemplo, cómo se establecieron sinergias tempranas y múltiples entre ese Aragón y la realidad valenciana. Pero, sin duda, la mayor apertura al exterior del espacio investigado se alcanzó gracias al tráfico lanero más adelante, en las fases que cubren los capítulos 3 y 4. Ambos constituyen el foco argumental del libro. En el capítulo 3 (pp. 81-164), el profesor Sesma define “el despegue inicial de la ganadería lanar” nuevamente desde el siglo XIII, delimita “el desarrollo consciente de una economía ganadera” a partir sobre todo del observatorio de Puertomingalvo en la primera mitad del siglo XIV, y destaca “el establecimiento pleno de una economía ganadera” desde 1350, recurriendo a un segundo ejemplo territorial: Mosqueruela. El peso ahora de la lana hará que esta no solo protagonice ya definitivamente una gran producción y un gran comercio, sino que sea asimismo “utilizada como instrumento político”. Toda esta trayectoria se consolidó en el siglo XV, al que se refiere el capítulo 4 (pp. 165-228). Este comienza apreciando las consecuencias de la intervención italiana sobre la lana aragonesa, continúa con un apartado dedicado a “contar ovejas, rebaños y ganaderos” y finaliza con una visión del movimiento mercantil en torno a la lana, sin olvidar en medio los rebaños que se destinaban también a carne y el comercio generado a su alrededor. Estos capítulos 3 y 4 se sustentan sobre informaciones cualitativas, “impresiones” de diverso tipo y, en particular, series abundantes de cifras. Los problemas que conlleva obtener números y cálculos desde las fuentes medievales provocan que el autor confiese que ha mantenido al respecto una “lucha constante” (p. 139). Sin embargo, sale muy airoso de la pelea tanto porque somete sus esfuerzos cuantitativos a una crítica permanente, como porque intenta conservar “la cordura” y no dejarse arrastrar por “posibles e hipotéticas extrapolaciones” (p. 139). El resultado de todo ello se vierte en las páginas de los capítulos citados y en los apéndices que cierran la obra (pp. 257-310). Como ilustración, baste mencionar dos sumas que proceden de los registros de las aduanas del sur de Aragón en 1444-1454: 1) 377.436 ovejas en total que pasaron por esas aduanas en trashumancia sobre todo al reino de
576 Reseña EDAD MEDIA. REVISTA DE HISTORIA, 25 (2024): 573-576 ISSN: 2530-6448 Valencia; 2) una estimación de aproximadamente 250.000 kilos anuales de lana llevados por esa misma vía y con igual dirección (pp. 174, 181 y 210). Datos como estos avalan la magnitud lograda en el área por los rebaños y la fibra que se sacaba de ellos. Del siglo XIV al XV, siempre según José Ángel Sesma Muñoz, el aumento de la cabaña pecuaria se asoció a su mejor explotación y a la intensificación del comercio lanero. La vertebración de estos fenómenos correspondió a productores y tratantes locales, ya que casi todos los lugares de la zona llegaron a ser centros de ganado y lana, pero también a negociantes venidos de fuera: de Valencia o Italia (pp. 155-164 y 219-228). En este marco, la intervención de agentes como Tuccio di Gennaio y otros italianos desde finales del XIV no contribuyó tanto a “transformar seriamente” los sistemas de producción y comercio establecidos antes de su presencia, como a reforzar aún más la actividad ganadera, ampliar la exportación lanera por la demanda de sus tierras de origen e impulsar el enriquecimiento de la región meridional aragonesa (pp. 168-169 y 198). La trascendencia de la actuación italiana se reitera al comenzar el capítulo 5, y último, del libro. Este se plantea “a modo de epílogo” (pp. 229-255) y, manteniendo la misma integración de informaciones cualitativas y cuantitativas, analiza distintos puntos: la incorporación al movimiento lanero del Aragón en torno a Zaragoza y el valle del Ebro; el auge de la canalización fluvial de esta lana hacia Tortosa que se verifica más entrado el siglo XV; su salida marítima hacia los puertos italianos justo también desde Tortosa; y, para acabar, el declinar de esta vía a finales de la centuria. Este declive es significativo porque, al menos en la década de 1440, los cargamentos de lana que se transportaron por el Ebro hasta Tortosa fueron muy superiores a los que circularon por tierra desde el sur aragonés hacia Valencia. En cualquier caso, el profesor Sesma termina colocando el descenso en una coyuntura de cambio general: la que se abrió en la segunda mitad del Cuatrocientos y presagiaba ya las circunstancias históricas de la primera Edad Moderna. Estas condiciones hicieron perder oportunidades económicas a la lana aragonesa que tan atinadamente investiga el autor en esta obra. Pero, como él mismo sugiere en apartados anteriores (pp. 52-53 y 167-168), ni siquiera entonces, tan en las postrimerías de la Edad Media, dejó de producirse y comercializarse ese “oro blanco” que justificó el desarrollo precisamente medieval de una parte importante del antiguo reino de Aragón. David Igual Luis Universidad de Castilla-La Mancha [email protected]