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Hacia una noción más robusta de adecuación empírica

Caamaño Alegre, María de la Concepción

Abstract

Producción Científica

Full text

ArtefaCToS. Revista de estudios de la ciencia y la tecnología eISSN: 1989-3612 Vol. 7, No. 2 (2018), 2ª Época, 165-184 DOI: http://dx.doi.org/10.14201/art201872165184 [ 165 ] Hacia una noción más robusta de adecuación empírica Towards a More Robust Notion of Empirical Adequacy María CAAMAÑO ALEGRE Universidad de Valladolid [email protected] Recibido: 11/09/2018. Revisado: 19/09/2018. Aceptado: 19/09/2018 Resumen En este artículo se propone un criterio de adecuación empírica orientado a la superación de ciertas limitaciones que afectan a las concepciones tradicionales, consecuencialistas del éxito empírico de las teorías. En el criterio propuesto cobran especial importancia los siguientes aspectos: a) la resolución de anomalías no refutatorias, b) la superioridad de la predicción frente a la acomodación, y c) el uso limitado de hipótesis ad hoc. Palabras clave: adecuación empírica; predicción; acomodación; anomalías no refutatorias; hipótesis ad hoc. Abstract This paper offers a criterion of empirical adequacy aimed at overcoming certain limitations that affect traditional, consequentialist accounts of the empirical success of theories. The suggested criterion emphasizes the importance of the following aspects: a) the resolution of non-refuting anomalies, b) the superiority of prediction over accommodation, and c) the limited use of ad hoc hypotheses. Keywords: empirical adequacy; prediction; accommodation; non-refuting anomalies; ad hoc hypothesis. Ediciones Universidad de Salamanca / [ 166 ] María Caamaño Alegre Hacia una noción más robusta de adecuación empírica ArtefaCToS, Vol. 7, No. 2 (2018), 2ª Época, 165-184Ediciones Universidad de Salamanca / 1. Introducción El problema de cómo entender la adecuación empírica de las teorías se remonta a la antigüedad, manteniendo Platón y Aristóteles concepciones distintas acerca de lo que debía significar, para los astrónomos, “salvar los fenómenos” (Duhem 1908/2015). Tal vez como una herencia del instrumentalismo platónico en lo que se refería al trabajo empírico de los astrónomos, en la filosofía de la ciencia contemporánea suele asociarse a autores considerados “instrumentalistas”, como Bas van Fraassen y Larry Laudan, el énfasis en la adecuación empírica como principal criterio de evaluación de teorías. Sin embargo, el realismo crítico de Karl Popper pone igualmente en primer plano la exigencia de adecuación empírica, al proponer el desiderátum metodológico de maximizar, a la vez, las posibilidades de descubrimiento de la verdad y de escrutinio empírico de las conjeturas propuestas para tal descubrimiento. Este desiderátum nos remite a un amplio campo de problemas metodológicos conectados con la insistencia popperiana y lakatosiana en el valor de las predicciones novedosas y heterogéneas frente a la mera acumulación de predicciones del mismo tipo. El reto que surge a partir del reconocimiento de la importancia de las predicciones sorprendentes es, en última instancia, el de proponer criterios para determinar, no sólo la cantidad sino también la calidad de la evidencia en favor de una conjetura. Este trabajo se centra en una parte fundamental de los criterios de evaluación de las teorías científicas, a saber, los criterios de adecuación empírica. Es decir, se trata de identificar los factores principales que determinan la superioridad de una teoría frente a otra en lo que respecta a su adecuación empírica. Para ello, se tendrán en cuenta ciertos requisitos propuestos de manera independiente, entre otros, por Larry Laudan (1981, 1995, 2000), Peter Lipton (1991/2004), Christopher Hitchcok junto con Elliot Sober (2004), Paul Thagard (1978), Martin Carrier (1988) y Jarrett Leplin (1975) para una evaluación del éxito empírico de las teorías más sensible a aspectos cualitativos tradicionalmente desatendidos desde la filosofía de la ciencia. En lo que sigue, pondré primero de relieve las limitaciones que afectan a la concepción tradicional de la adecuación empírica, proponiendo a continuación un criterio esquemático para la evaluación comparativa de teorías en lo que respecta a su éxito empírico. El criterio incluirá condiciones que reflejen la especial importancia de: a) la resolución de anomalías no refutatorias, b) la superioridad de la predicción frente a la acomodación, y c) el uso limitado de hipótesis ad hoc. Se dejarán al margen la cuestión acerca de si el éxito empírico de una teoría implica algún tipo de aproximación de la verdad, o si proporciona una base para una concepción realista de las teorías científicas. Dado que los argumentos en favor de estas ideas se basan, en gran medida, en consideraciones [ 167 ] María Caamaño Alegre Hacia una noción más robusta de adecuación empírica ArtefaCToS, Vol. 7, No. 2 (2018), 2ª Época, 165-184Ediciones Universidad de Salamanca / relativas al éxito empírico, la aclaración de éste último resulta importante independientemente del punto de vista que se adopte con respecto a la cuestión del realismo. 2. La insuficiencia de los criterios cuantitativos de adecuación empírica En un esclarecedor análisis de la expresión ‘saving the phenomena’, L. Laudan (2002, 168-9) distingue tres sentidos fundamentales en los que ha sido usada dentro del contexto filosófico: como corrección observacional (á la van Fraassen), implicando, por tanto, que todas las consecuencias observacionales de una teoría son verdaderas, como explicación de todos los hechos importantes conocidos dentro de un determinado dominio de investigación (según la concepción de Platón), y, finalmente, como corrección observacional más capacidad explicativa para dar cuenta de todos los fenómenos ya explicados por teorías precedentes. Laudan argumenta convincentemente que, si entendemos la adecuación empírica exclusivamente en el primer sentido (el de corrección observacional), entonces difícilmente podremos discriminar entre teorías con mayor o menor éxito empírico, puesto que teorías de muy distinto alcance podrían ser todas ellas observacionalmente correctas. Por otra parte, como ya se señaló, los criterios tradicionales para el éxito empírico giraron principalmente en torno al número de aplicaciones exitosas de una teoría -que, desde la perspectiva de las teorías (Popper, 1962), equivale al número de consecuencias empíricas verdaderas de una teoría, y, desde un enfoque modelo-teórico (Moulines, 2000), al número de fenómenos incorporados con éxito en los modelos teóricos a través de las subestructuras empíricas de esos modelos. Al caracterizar una teoría (T2) como más exitosa que otra teoría (T1), las concepciones tradicionales de éxito teórico (S) generalmente se comprometen con la siguiente condición meramente cuantitativa: S(T1) ⊂ S(T2), algunas veces complementada con la condición kuhniana de que S (T2) incluya algunas de las anomalías más recalcitrantes de T1. Sin embargo, esta explicación puramente cuantitativa del éxito teórico, incluso si se complementa con el supuesto de que existe un criterio epistemológico-pragmático interteórico para priorizar ciertas aplicaciones intencionales cuya posible extensión a modelos es de especial interés, no es lo suficientemente revelador como análisis del éxito empírico de las teorías. Un problema importante tiene que ver con el hecho de que los requisitos establecidos sobre el éxito de las teorías en competencia son meramente cuantitativos y, por esta razón, insensibles, tanto a la importancia empírica de las aplicaciones intencionales cubiertas por las teorías, como al valor explicativo de éstas. Con respecto al primero, cabe mencionar la especial relevancia dada a las predicciones novedosas e inesperadas o a las relativas a fenómenos prominentes que a las que la teoría inicialmente no pretendía aplicarse. Parece plausible pensar que, incluso si una teoría no satisface la condición mencionada en el último [ 168 ] María Caamaño Alegre Hacia una noción más robusta de adecuación empírica ArtefaCToS, Vol. 7, No. 2 (2018), 2ª Época, 165-184Ediciones Universidad de Salamanca / párrafo, podría todavía considerarse como más exitosa que su competidora en caso de que sólo la primera proporcionara predicciones inesperadas y una explicación para fenómenos sobresalientes previamente ignorados. La teoría de la relatividad puede ilustrar este tipo de éxito, ya que se consideró exitosa, al menos en parte por estas razones, incluso antes de que pudiera confirmarse en la misma medida que lo había sido la mecánica newtoniana. También puede haber casos (como las teorías ptolemaica y copernicana) en los que las teorías rivales no difieren en su éxito cuantitativo (al menos durante cierto período de tiempo) y, sin embargo, una de ellas se considera explicativamente superior a la otra, además de empíricamente mejor respaldada. Las dos condiciones anteriores no son aplicables aquí, y sin embargo parece haber una clara diferencia en el éxito entre las dos teorías. Antes de Galileo, la astronomía ptolemaica y copernicana podían explicar aproximadamente los mismos fenómenos. Sin embargo, la segunda fue considerada como una mejor explicación, no sólo por su mayor simplicidad y capacidad unificadora, sino también por su carácter menos ad hoc. Otro problema que afecta al punto de vista tradicional se refiere a la escasa atención prestada al alcance, es decir, a la generalidad o la riqueza informativa de una teoría como elemento de éxito. En otras palabras, el requisito cuantitativo se puede cumplir sin que el alcance o dominio de aplicación exitoso de una teoría cambie significativamente. Las observaciones anteriores sugieren que algunas preguntas importantes siguen sin respuesta en las explicaciones tradicionales sobre el éxito empírico de las teorías. Estas preguntas apuntan a la necesidad de refinamientos en la forma de varios requisitos cualitativos, que deberían centrarse especialmente en cuestiones relacionadas con el alcance de una teoría, la independencia de la evidencia y la adhocidad. Más en particular, tales requisitos se referirán a: a) la resolución de anomalías no refutatorias (Laudan, 2000, 166-7), b) la superioridad de la predicción frente a la acomodación (Lipton, 1991/2004, 68), y c) el uso limitado de hipótesis auxiliares no corroboradas (Thagard, 1978, 86-9). Nótese la relevancia especial que todas las características anteriores tienen para la cuestión de la adecuación empírica, y que se hace evidente en el hecho de que a) está directamente conectada tanto con la adecuación empírica como con la riqueza informativa o de contenido; b) está relacionada con ésta e indirectamente con la adecuación empírica (posibilidad de aumentar la adecuación empírica aumentando la riqueza de contenido); y c) está indirectamente relacionada con la adecuación empírica de una teoría, ya que está directamente relacionada con la adecuación empírica de las hipótesis auxiliares asociadas a ella. En la sección 4 se esboza una respuesta a estos problemas a partir de la caracterización de una noción más robusta de adecuación empírica. Pero antes me detendré en aquellos factores habitualmente ignorados que algunos de los autores ya mencionados consideran determinantes para la evaluación del éxito empírico de las teorías. [ 169 ] María Caamaño Alegre Hacia una noción más robusta de adecuación empírica ArtefaCToS, Vol. 7, No. 2 (2018), 2ª Época, 165-184Ediciones Universidad de Salamanca / 3. Aspectos cualitativos implicados en la adecuación empírica Tras haber analizado algunas de las principales deficiencias de los enfoques tradicionales y consecuencialistas de la adecuación empírica, me centraré en algunas de las propuestas que pueden resultar de mayor utilidad para fortalecer el criterio de éxito empírico para las teorías. Abordaré en primer lugar, los problemas relativos al alcance de una teoría, para luego centrarme en la cuestión de la superioridad de la predicción frente a la acomodación y finalmente en el problema de la adhocidad. 3.1. La relevancia empírica de las anomalías no refutatorias Laudan introduce la noción de anomalía no refutatoria en su obra de 1977 Progress and its Problems, donde caracteriza las anomalías en general como “problemas empíricos que plantean dudas razonables sobre la adecuación empírica de una teoría”, una vez que otra teoría los ha solucionado” (1977, 28, 30). Según él, las anomalías no refutatorias, a diferencia de las refutatorias, no implican ninguna incompatibilidad lógica entre las consecuencias empíricas de la teoría, por una parte, y las afirmaciones verificadas sobre hechos empíricos, por otra (1977, 27-29). Más bien implican la incapacidad de una teoría para dar cuenta de cierto tipo de fenómenos empíricos llamativos cuya descripción es consistente con todo lo establecido por la teoría. Como dice Laudan: Such non-refuting anomalies typically arise when one theory is compatible with, but offers no solution to (or explanation of), certain phenomena for which some its rivals can give an account. It was my claim that the scientific methodologies of logical empiricism had not recognized this historically significant form of anomaly. (Laudan, 1981, 618) Las anomalías no refutatorias, por lo tanto, no apuntan principalmente a ningún error en la forma en que una teoría explica los fenómenos, sino más bien al carácter incompleto de la teoría. Los casos típicos en los que esto sucede son señalados por Laudan al desarrollar la noción de anomalías no refutatorias en el contexto de su argumentación a favor de la importancia de la completitud como virtud teórica. En su trabajo de 1977 menciona dos casos: la incapacidad de la cinemática pregalileana para explicar las características matemáticas del movimiento pendular, es decir, la ausencia de predicciones para la geometría de un peso en movimiento y la falta de explicación de la mecánica newtoniana para la coplanaridad y dirección común de las órbitas planetarias, que habían sido acomodadas en las astronomías kepleriana y cartesiana (1977, 29). Algunos otros ejemplos se agregan en su texto de 2000; por ejemplo, el encaje del contorno de los continentes, para lo cual las teorías [ 170 ] María Caamaño Alegre Hacia una noción más robusta de adecuación empírica ArtefaCToS, Vol. 7, No. 2 (2018), 2ª Época, 165-184Ediciones Universidad de Salamanca / que incluían el supuesto de la estabilidad de los continentes no ofrecieron ninguna explicación, o el fenómeno de la radiación residual de fondo, que permaneció inexplicada por la cosmología del estado estacionario (1977, 167). La concepción de las anomalías de Laudan, fuertemente influenciada por la kuhniana (1962/1970, 52-65),1 incluye la idea de que las anomalías sólo pueden considerarse como afectando a cierta teoría una vez que otra teoría ha sido capaz de resolverlas.2 Aquí se favorece en cambio una noción más amplia de anomalía. Según esta caracterización más amplia, las anomalías (de cualquier tipo) consisten en problemas empíricos que plantean dudas racionales sobre las credenciales empíricas de una teoría, independientemente de si otra teoría ha tenido éxito en su resolución. Ya podemos dar una idea de lo que distingue las anomalías no refutatorias de los casos en que algunos fenómenos permanecen sin explicación por una teoría, ya sea porque caen fuera de su dominio de aplicación o porque, a pesar de estar incluidos en él, es previsible que la teoría, tal como está (esto es, con las mismas leyes), podrá explicarlos en el futuro. A diferencia del primer tipo de caso, las anomalías no refutatorias guardan una estrecha semejanza o conexión con ejemplos paradigmáticos de las aplicaciones intencionales de una teoría; a diferencia del segundo tipo de casos, estas anomalías, debido a su naturaleza recalcitrante, sugieren que la teoría necesitará modificaciones sustanciales, adiciones o incluso un reemplazo. Contra esto, y favoreciendo la visión de Laudan, podría argumentarse que a menos que exista una clase de contraste de teorías alternativas capaces de resolver ciertos problemas empíricos no refutatorios, no tenemos motivos para considerar a éstos últimos como anomalías en lugar de como meros problemas de ajuste entre la teoría y los datos, o, alternativamente, meros hallazgos empíricos contingentes, no considerados merecedores de explicación (incluso si son muy similares a los ejemplos paradigmáticos). En respuesta a la primera opción, debe enfatizarse que las anomalías no refutatorias no apuntan a aquellos casos en los que una teoría habla sólo de manera muy aproximada, sino a aquellos casos donde una 1 Puede valer la pena recordar brevemente la noción kuhniana de anomalía, pues algunas de las ideas de Laudan ya habían sido sugeridas por Kuhn, quien sin embargo no se percató completamente de sus implicaciones para la concepción tradicional del apoyo evidencial. La noción general de anomalía introducida por Kuhn corresponde a aquellos problemas o fenómenos que una teoría no puede acomodar y que no se ajustan a las expectativas teóricas (1962/1970, 58). Tanto las anomalías refutatorias como las no refutatorias caen bajo la noción general anterior. Kuhn, a diferencia de Laudan, no considera que, para que una anomalía sea reconocida como tal, sea necesario que algún rival haya sido capaz de resolverla. Sostiene, por el contrario, que es la conciencia previa de la anomalía lo que inicia el proceso de modificación de teoría o cambio de teoría (1962/1970, 62). 2 Cfr. Laudan, 1977, p. 29 (también n. 15). En consecuencia, Laudan compara lo que se ha llamado “las pérdidas de Kuhn” (Kuhn, 1962/1970, 107-108) con ciertas instancias de anomalías no refutatorias, a saber, aquellas en las que la teoría sucesora no proporciona ninguna explicación para los fenómenos que la teoría anterior ha cubierto. [ 171 ] María Caamaño Alegre Hacia una noción más robusta de adecuación empírica ArtefaCToS, Vol. 7, No. 2 (2018), 2ª Época, 165-184Ediciones Universidad de Salamanca / teoría, a pesar de los posibles esfuerzos en sentido contrario, permanece en silencio con respecto a ciertos fenómenos. En cuanto a la segunda posibilidad, es importante señalar que las anomalías consisten en fenómenos prominentes o llamativos que, dada su relevancia para la teoría, estos últimos deberían ser capaces de acomodar. Pasemos ahora al aspecto más central y audaz de la caracterización laudaniana de las anomalías no refutatorias, a saber, la ampliación de la base evidencial o evaluativa de una teoría de modo que incluya afirmaciones empíricas verificadas que no están entre el conjunto de las consecuencias de la teoría ni entre el conjunto de las consecuencias excluidas por la teoría. En palabras de Laudan, su discusión de las anomalías no refutatorias implica el rechazo de “the consequentialist theory of evidence or plausibility” (1995, 28), así como el reconocimiento de que “(...) being a consequence of a hypothesis is neither necessary nor sufficient to qualify something as evidence for that hypothesis”(1995, 29). Las condiciones de justificación de una afirmación, por lo tanto, no deben equipararse con sus condiciones de verdad, ya que una limitada aplicabilidad de la teoría generaría dudas sobre su valor epistémico, independientemente de si sus condiciones de verdad están ampliamente satisfechas (1995, 33).3 La adecuación empírica de una teoría, entonces, no sólo depende de que las consecuencias empíricas de ésta sean verdaderas sino también de que correspondan a los fenómenos más llamativos de su dominio de aplicación. En términos modeloteóricos: la adecuación empírica de una teoría no sólo requiere que (en al menos uno de sus modelos) todas sus subestructuras empíricas sean isomórficas con los fenómenos correspondientes (van Fraassen, 1976), sino que también lo sean con todos los fenómenos en el dominio. El desafío, por tanto, consiste en caracterizar el tipo de información que, incluso si está lógicamente desconectada de lo que implica una teoría, no obstante proporciona evidencia crucial para la teoría y cae dentro de su dominio de aplicación. Al ilustrar la noción de anomalía no refutatoria a partir de ciertos casos históricos, Laudan reitera dos ejemplos especialmente reveladores (1977, 29, 3 En su artículo de 1988, T. Nickles argumenta que el modelo consecuencialista de la justificación científica debería combinarse con el modelo generativo de Laudan, ya que el segundo apunta a cambios teóricos que quedan fuera de la condicionalización estándar, donde se requiere que el conocimiento general permanezca fijo (1988, 10 ) Aunque en un contexto diferente, como es el campo de las matemáticas, I. Lakatos introdujo una noción similar a la de anomalía no refutatoria de Laudan, a saber, la de los falsadores heurísticos (heuristic falsifiers). Explica que, a diferencia de los falsificadores lógicos, que muestran que una teoría como tal es falsa (inconsistente), los falsificadores heurísticos simplemente muestran que una teoría no explica adecuadamente lo que se propuso explicar: es una teoría falsa del dominio informal en cuestión. En palabras del propio Lakatos: “the crucial role of heuristic refutations is to shift problems to more important ones, to stimulate the development of theoretical frameworks with more content” (Lakatos, 1967/1978, 40). [ 172 ] María Caamaño Alegre Hacia una noción más robusta de adecuación empírica ArtefaCToS, Vol. 7, No. 2 (2018), 2ª Época, 165-184Ediciones Universidad de Salamanca / 2000, 167).4 El primero es el de la adición de la hipótesis nebular de Laplace a la mecánica newtoniana, que ilustra el caso en el que la teoría afectada por una anomalía no refutatoria se complementa con una especialización de la teoría (Brush, 1996, Laplace, 1796/1930). Un segundo ejemplo es el de la rivalidad entre la teoría contraccionista y la teoría de la deriva continental de Wegener (Laudan, 1977, 29 y 2000, 167, Cohen, 1985/2001), que desemboca en el rechazo de la teoría afectada por la anomalía no refutatoria y su sustitución por la teoría de las placas tectónicas, que incluye el postulado de la deriva continental. El primero de los citados ejemplos se centra en la introducción, por parte de Laplace, de la hipótesis nebular para poder explicar el hecho de la unidireccionalidad y aproximada coplanaridad de los planetas (Laplace, 1796/1930, pp. 361-363). Este hecho constituía una anomalía no refutatoria para la mecánica newtoniana. Laplace, con todo, fue capaz de resolver la anomalía sin descartar la mecánica newtoniana, simplemente realizando un añadido informativo, a saber, la hipótesis nebular. Según esta hipótesis, el Sol era originalmente una gigantesca nube de gas rotando de manera uniforme. Debido al enfriamiento y a la acción de la gravedad, la nube se fue contrayendo y acelerando. La aceleración en la rotación causaría la separación de parte del borde de la masa en rotación, que acabaría por condensarse y formar un planeta. El proceso se iría repitiendo a lo largo del tiempo hasta llegar a darse la formación planetaria que contemplamos actualmente. Los conceptos empíricos de la hipótesis nebular se encuentran determinados en su mayoría por postulados procedentes de la astronomía copernicana (como en el caso de los planetas y los satélites) y de la teoría del movimiento planetario de Kepler (como ocurre con el concepto de movimiento orbital).5 Teniendo en cuenta que la teoría de Kepler se apoya en el sistema copernicano y que la teoría de Kepler es a su vez aproximadamente reducible a la mecánica newtoniana (Balzer, Moulines & Sneed, 1987, 374-383), las consideraciones anteriores implican que la mecánica newtoniana ya tenía los recursos conceptuales necesarios para representar hechos empíricos tales como la dirección y los movimientos relativos de los cuerpos celestes dentro del Sistema Solar. De hecho, la mecánica newtoniana no sólo tenía esos recursos sino también algunas aplicaciones intencionales paradigmáticas muy estrechamente rela4 Un análisis de ambos puede encontrarse en Caamaño 2018a. 5 Por supuesto, la hipótesis nebular también incluye conceptos de la mecánica newtoniana (como ocurre con el parámetro gravitacional estándar μ). Si consideramos la hipótesis nebular como una especialización de la mecánica newtoniana, entonces cada concepto teórico newtoniano sería también un concepto teórico de dicha hipótesis. Esto, sin embargo, no altera el punto principal que se enfatiza, a saber, que, sin las adiciones conceptuales de Laplace al marco newtoniano, este último carecería de los conceptos teóricos necesarios para explicar las anomalías no refutatorias, a pesar de tener los conceptos empíricos necesarios para describirlas. [ 173 ] María Caamaño Alegre Hacia una noción más robusta de adecuación empírica ArtefaCToS, Vol. 7, No. 2 (2018), 2ª Época, 165-184Ediciones Universidad de Salamanca / cionadas con tales tipos de fenómenos, como (cambios de) direccionalidad debido a colisiones o a la proximidad de cuerpos masivos, y (cambios de) forma debido a la distorsión ocasionada por las mareas. De hecho, la teoría de Laplace sólo agregó a las leyes de Newton algunas condiciones iniciales postuladas, así como una hipótesis sobre un proceso de contracción continuo. Vale la pena subrayar una vez más que, al buscar una explicación física de las anteriores características mecánicas del Sistema Solar, Laplace logró aplicar las leyes newtonianas a un dominio donde el propio Newton no creía que fueran aplicables. Donde este último vio una regularidad extraordinariamente armoniosa que requería una explicación teológica -algo explícito en su famosa Query 31-, el primero encontró otra llamativa regularidad abordable desde la mecánica newtoniana. El segundo ejemplo frecuentemente empleado por Laudan se refiere a las anomalías no refutatorias involucradas en la revolución geológica, que acontece a mediados del siglo XX, y que es analizada en detalle por Paul Thagard (1992, cap. 7). Anomalías geológicas como el encaje entre las líneas costeras de los continentes permanecieron inexplicadas por las teorías contraccionistas y sólo se pudieron resolver una vez que la teoría fue rechazada y reemplazada por la teoría de las placas tectónicas, que incorpora la teoría de la deriva continental (Caamaño 2018b). El surgimiento de la teoría de las placas tectónicas (desarrollada entre 1962 y 1968) se produjo, precisamente, debido a toda una serie de anomalías no refutatorias que afectaban a las teorías geológicas existentes. De acuerdo con la literatura de referencia sobre el tema (Laudan, 1978, Cohen, 1985/2001, Thagard, 1992, Marvin 2001), algunas de las consecuencias más relevantes que entraña dicho cambio teórico tienen que ver con la definición del lecho marino y el supuesto de la distribución no azarosa de los terremotos. En ninguna de estas transiciones entre teorías geológicas se llegó a producir una refutación de lo establecido por las respectivas leyes de las teorías precedentes. El motor del cambio teórico fueron, principalmente, las anomalías no refutatorias para las que las teorías disponibles carecían de recursos explicativos suficientes, aunque sí de recursos descriptivos adecuados para describirlas como explananda. Desde la teoría contraccionista, todavía vigente en geología hasta mediados del siglo XX, se postulaba el enfriamiento de la Tierra y, en consecuencia, la contracción de los continentes a lo largo del tiempo. La formación de montañas, tanto en los continentes como en los fondos marinos, se explicaba como un efecto del proceso de contracción. En la teoría de la deriva continental, por el contrario, se postulaba que todos los continentes que existen en la actualidad formaban inicialmente parte del mismo continente. El encaje actual del contorno de los continentes se explicaba a partir de una separación previa de los continentes, cuya ubicación habría cambiado a lo largo del tiem- [ 180 ] María Caamaño Alegre Hacia una noción más robusta de adecuación empírica ArtefaCToS, Vol. 7, No. 2 (2018), 2ª Época, 165-184Ediciones Universidad de Salamanca / E = dominio evaluativo ES = aplicaciones exitosas EU = aplicaciones no exitosas EP = predicciones exitosas ER = anomalías refutatorias EA = acomodaciones exitosas EN = anomalías no refutatorias EAb = acomodaciones ad hoc El criterio empírico de determinación del éxito empírico de una teoría puede presentarse esquemáticamente del siguiente modo: T2 es empíricamente más exitoso que T1 si se cumplen las siguientes condiciones: a) ES(T1) ⊆ ES(T2), b) ║EU(T2)║ < ║EU(T1)║, c) EN(T1) ∩ ES(T2) ≠ ∅, d) EA(T1) ∩ EP(T2) ≠ ∅, e) ║EAd(T2)║ < ║EAb(T1)║. Téngase en cuenta que estas cuatro condiciones se presentan aquí como globalmente suficientes para el éxito empírico comparativo, pero no como globalmente necesarias, lo que revelaría un requisito demasiado fuerte para la mayoría de los casos de elección teórica. Extrapolando una idea que John L. Mackie aplica en su caracterización de las causas, se podría decir que el criterio formulado arriba se establece a partir de condiciones tipo INUS (“Insufficient but Necessary parts of a condition which is itself Unnecessary but Sufficient”, Mackie 1965). Las condiciones a)-b) reproducen los criterios cuantitativos tradicionales, conforme a los cuales la teoría empíricamente superior (T2) ha de incluir, entre sus aplicaciones exitosas, las aplicaciones exitosas de la teoría rival (T1), teniendo, en cambio, menos aplicaciones fallidas. Las condiciones c)-e) son más sensibles a los aspectos cualitativos destacados en este trabajo al exigir: primero, que alguna anomalía no refutatoria de T1 constituya una aplicación exitosa de T2, segundo, que algunas acomodaciones en T1 constituyan predicciones en T2, y, tercero, que T2 incluya menos hipótesis ad hoc que T1. Nótese que sólo en los casos de adaptaciones ad hoc el dominio de construcción y el dominio evaluativo se superponen por completo. Las anomalías no refutatorias de una teoría, por otro lado, siempre están incluidas dentro del subdominio formado por sus aplicaciones no exitosas. [ 181 ] María Caamaño Alegre Hacia una noción más robusta de adecuación empírica ArtefaCToS, Vol. 7, No. 2 (2018), 2ª Época, 165-184Ediciones Universidad de Salamanca / Este enfoque del éxito teórico puede verse como un complemento de la compleja matriz de evaluación de Kuipers (2005), al agregar algunos requisitos cualitativos que no recoge su propuesta. La triple evaluación de las teorías presentada por él implica la consideración de lo que llama “resultados neutrales”, que corresponden a las anomalías no refutatorias de Laudan y representan un parámetro importante en la evaluación comparativa de éxito teórico. En sus modelos simétricos para el método hipotético-deductivo de evaluación independiente de teorías, es decir, sus modelos micro y macro, para que una teoría sea al menos tan exitosa como la anterior, algunas condiciones generales de adecuación deben ser satisfechas no sólo por las definiciones de “éxito” y “problema”, pero también para la de “resultado neutral”, que equivale a la noción de anomalía no refutatoria. Contrariamente a lo sucedido en los modelos asimétricos, donde las condiciones de éxito sólo se refieren explícitamente a problemas individuales y éxitos generales, mientras que los resultados neutrales permanecen ocultos, en el modelo simétrico, estos últimos juegan un papel importante (Kuipers 2005, 52). Al tener explícitamente en cuenta los tres tipos de resultados, los modelos simétricos de Kuiper cumplen con los requisitos evaluativos de Laudan en relación con el alcance más amplio de las teorías más exitosas. Teniendo en cuenta que los hechos generales neutrales para una teoría no constituyen ni un problema ni un éxito, una teoría exitosa debería transformar los problemas generales en hechos neutrales y los hechos generales neutrales en éxitos. El mismo tipo de requisito debe cumplirse en el nivel micro para éxitos individuales, problemas individuales y resultados neutrales. Las instancias neutrales también pueden permanecer neutrales o transformarse en éxito. Como se señaló anteriormente, el análisis detallado desarrollado por Kuipers no incorpora algunos parámetros cualitativos, como el carácter ad hoc y la mera capacidad de acomodación, que resultan esenciales en la evaluación del éxito empírico de las teorías. 5. Conclusión En síntesis, podría decirse que las concepciones tradicionales de la adecuación empírica se han revelado en un sentido demasiado amplio y en otro demasiado estrecho. Lo primero se hace evidente en el descuido de los problemas relativos a la adhocidad y la acomodación, el segundo en la atención insuficiente prestada a cuestiones relativas a la apertura aplicativa o incompletitud de una teoría. Todas estas cuestiones, sin embargo, parecen cruciales para una evaluación comparativa del éxito empírico de las teorías. Los problemas relativos a la acomodación y al carácter ad hoc requerirían un análisis del nivel de precisión de una teoría, de su inclusión de contenido empírico extra con respecto a su dominio de construcción y de su aplicabilidad holista a anomalías de carácter holista. Las cuestiones relativas a la estrechez del al- [ 182 ] María Caamaño Alegre Hacia una noción más robusta de adecuación empírica ArtefaCToS, Vol. 7, No. 2 (2018), 2ª Época, 165-184Ediciones Universidad de Salamanca / cance requerirían el reconocimiento de anomalías no refutatorias como parte del dominio evaluativo de una teoría. Los factores anteriores deben tenerse en cuenta si se quiere evaluar el éxito empírico de una teoría en toda su complejidad. Referencias bibliográficas Balzer, Wolfgang, Moulines, Carlos U., Sneed, Joseph D. (1987). An Architectonic for Science. The Structuralist Program. Dordrecht: Reidel. Barnes, Eric C. (2018). “Prediction versus Accommodation”, The Stanford Encyclopedia of Philosophy, Edward N. Zalta (ed.), forthcoming URL: https://plato.stanford.edu/archives/fall2018/entries/prediction-accommodation/. Brush, Stephen G. (1996). Nebulous Earth: The Origin of the Solar System and the Core of the Earth from Laplace to Jeffreys. Cambridge: CUP. 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