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CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 874-877 ISSN 1989-7383 Soledad Pérez-Abadín Barro (2022). “Iberae fidicen lyrae”. Anotaciones de poética peninsular. Madrid-Frankfurt am Main: Iberoamericana-Vervuert, 239 págs. Reseña de acceso abierto distribuida bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access review under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). DOI: https://doi.org/10.24197/cel.15.2024.874-877. “Monstror digito praeterentium / Romanae fidicen lyrae” (Hor., Carm. IV, 3, 22-23). Con estos versos juega Soledad Pérez-Abadín para titular su más reciente ensayo académico, en el que ofrece un panorama literario de “esa encrucijada hispano-lusa” (p. 13) que compendian los siglos XVI y XVII en la península ibérica. A pesar de que destaca las influencias grecorromanas, neolatinas e italianas, la autora recuerda a modo de introducción la importancia de los “contactos culturales” ibéricos, traslucidos a partir de “intercambios e influencias” bidireccionales que evidencian “una poligénesis en determinados aspectos comunes” (p. 11). El heterogéneo estudio, dividido en tres capítulos independientes pero relacionados entre sí, constata la línea investigadora iniciada por PérezAbadín en 2011, cuando, en un artículo para Edad de Oro, manifestó que una aproximación ambiciosa a la poesía aurisecular hispano-portuguesa era una de las grandes tareas pendientes de los investigadores actuales. Más de una década después se puede afirmar que la estudiosa ha cumplido con creces su cometido, con copiosas publicaciones en relevantes revistas científicas. Además, confiamos en que este libro represente un continuum en la actual dirección de su trayectoria y esperamos con sumo interés sus nuevas aportaciones sobre las relaciones literarias intrapeninsulares. Tras el preámbulo inicial, el primer capítulo (pp. 15-30) está dedicado a la imitatio y questione della lingua en la poética luso-hispana. En él se abordan dos asuntos fundamentales para comprender los derroteros de las recíprocas influencias culturales: la cuestión idiomática y la irrupción de la poesía italianizante. La primera profundiza en el Interregno Filipino (1580-1640), aunque Pérez-Abadín destaca que “los contactos preexisten a ese período de unión dinástica”, dado que “afectan al proceso renovador que los metros italianos introducen en las poesías española y portuguesa” (p. 17). De aquí se deriva una escueta explicación que se retrotrae a la progresiva sustitución del latín por el romance en la escritura; esto es, el gradual advenimiento del octosílabo o medida velha, que refrenda una
Reseña 875 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 874-877 ISSN 1989-7383 “situación diglósica” (p. 19) entre las naciones. El segundo apartado estudia la importación de la lírica italianizante a los confines ibéricos. Pese a que el encuentro entre Navagero y Boscán (1526) sea el mantra universal que enarbola la crítica para justificar la entrada del petrarquismo en la Península, Pérez-Abadín alega que Sá de Miranda permaneció en Italia entre 1521 y 1526, por lo que algunas composiciones del portugués darían “muestras de un dominio de los metros italianos, indicador de una práctica previa” (p. 23). Por último, también ratifica la cohesión entre sendas culturas a través de un humanismo poético encarnado por Luis de León y António Ferreira, quienes se proponen imitar en vernáculo algunas odas horacianas para recrear al poeta latino en el “contexto histórico, cultural y ético renacentista de sus respectivos países” (p. 28). Después de este apartado teórico, el segundo capítulo trata sobre diferentes versiones poéticas y transmisión peninsular (pp. 31-142). En él se incardinan dos propuestas independientes: el poema apoteósico (pp. 3570) y la proyección de la fábula de Narciso (pp. 71-142) en territorio ibérico; no obstante, ambos planteamientos inciden, a partir de sus correspondientes hipotextos, en un complejo proceso “en el que se diluyen los límites entre imitatio creativa y traducción” (p. 33). La autora se sirve de la égloga V de Sannazaro, “paradigma para la poesía pastoril de acentos fúnebres” (p. 35), como dechado de la lírica laudatoria; aunque también reconoce que, en ocasiones, esta idea transgrede el marco bucólico, tal y como se advierte en el soneto CCCV de Petrarca. Pérez-Abadín analiza el recorrido de este motivo en el escenario de la península ibérica a través de cinco textos: la Canción a la muerte del maestro Termón de Juan de Almeida; el lamento de Dórida en la égloga II (vv. 235-260) de Francisco de la Torre; el canto de Lisandro (“¡Oh alma venturosa”) en el libro I de La Galatea cervantina; y dos poemas de Camões: el cierre de la égloga I, en tercetos, conocido como el lamento de Aónia y el soneto “Alma minha gentil que te partiste”. Todos ellos constituyen un “ciclo temático de siete textos, potencialmente ampliable” (p. 38). Su minucioso examen escudriña cuatro rasgos de género compartidos: el vocativo que apela al estado celestial del personaje fallecido, la alusión al más allá, las deprecationes entre ámbitos antitéticos como el cielo y la tierra y los silogismos argumentativos por medio de oraciones condicionales y causales. Este último aspecto acredita la conclusión de que los poemas españoles quizá imiten el magisterio camoniano, sobre todo, gracias a la marcada compositio condicional presente en las estructuras de los tercetos y el soneto. Según la profesora Pérez-Abadín, esta técnica constituiría “la más perceptible evidencia de la probable
876 Reseña CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 874-877 ISSN 1989-7383 repercusión de dichas piezas en las castellanas”; sin embargo, esta hipótesis “no modifica en esencia el carácter conjunto de este repertorio […] resultado de una poligénesis, sin un orden jerárquico definido” (p. 60). Por otro lado, la estudiosa también se acerca a las múltiples representaciones que en la Península se realizan del episodio mitológico de Narciso, desarrollado por Ovidio en sus Metamorfosis (III, 339-510). Solo emplea composiciones castellanas (Silvestre, Acuña, Padilla y, especialmente, Cristóbal de Mesa), aunque reconoce que “todas ellas se deben a autores que de alguna manera guardan conexión con el ámbito portugués” (p. 72). Focalizándose en la Fábula de Narciso, traducida de Ovidio, de Mesa (1607), observa que el escritor castellano “apenas se aparta del modelo para añadir un exordio” y “para amplificar o suprimir determinados pasos” (p. 73). En un ejercicio imitativo, considera que la añadidura del exordium “estaría propiciada por la Favola di Narciso de Luigi Alamanni” (p. 83). Además, arguye que algunos de los aspectos concernientes al mito y su amplificatio (el valle ameno, el enamoramiento, la visus, el retrato reflejado, la muerte o la metamorfosis) podrían remitir al topos de la quinque lineae amoris, vigente desde Ovidio y con gran difusión entre distintos tratadistas medievales, como Capellanus. El tercer y último gran capítulo reflexiona sobre la oda programática peninsular (pp. 143-221), representada en el siglo XVI por dos grandes humanistas afines a las preceptivas de Horacio: António Ferreira en Portugal y Luis de León en España. La autora relaciona las odas prologales de los Livros das Odes del primero y de las Poesías del segundo, puesto que de su lectura conjunta se infiere la impronta horaciana “que adapta las proclamaciones de novedad, diversos topoi como el rechazo del vulgo o la inmortalidad literaria, y técnicas, fundamentalmente la recusatio, para asumir como propio el alegado revalorizador del propio canto” (pp. 145-146). Con respecto a Ferreira (pp. 147-182), Pérez-Abadín indaga en la oda I, 1: “Fuja daqui o odioso”, pues en ella se expone “un programa poético que rebasa el conjunto de las trece odas reunidas en dos libros” (p. 147). Utiliza este poema para acometer varios temas, como las novedades con respecto a Horacio, la defensa del idioma materno, la oposición entre lírica y épica, la equiparación entre la poesía y la música, la identificación del poeta como vate o la fama y la inmortalidad. A su vez, la investigadora aplica estas nociones a dos textos frayluisianos (pp. 183-221) de carácter prologal, ya que la “función proemial de la poesía de fray Luis de León está desempeñada conjuntamente por la dedicatoria A don Pedro de Portocarrero y por la oda «¡Qué descansada vida»” (p. 183). En el texto en prosa destaca una “tríada de datos paratextuales”: la sphragis o firma del escritor, el nombre del destinatario y la
Reseña 877 CASTILLA. ESTUDIOS DE LITERATURA, 15 (2024): 874-877 ISSN 1989-7383 defensa del castellano, por lo que el “yo, líricamente configurado en odas, asume aquí su condición de autor real para declarar su propósito, referirse a su contexto personal, social e ideológico, y comentar su obra” (p. 183). Aparecen los ideales horacianos en relación con tópicos estoicos, que se asimilan muy bien a los dogmas católicos: la resignación, el rechazo de los bienes materiales, la preparación consciente del individuo, la aurea mediocritas, etc. Junto a este proemio, la oda I también “compendia los puntales del ideario ético luisiano” (p. 184). Con gran pericia, Pérez-Abadín matiza la exclusiva influencia del segundo epodo horaciano, como hasta entonces había sostenido gran parte de la crítica, y aduce la importancia de “determinados carmina programáticos” (p. 186), entre ellos, el I, 1; el I, 26; el II, 16; el III, 1; y el III, 4. Al igual que en el caso de Ferreira, aprovecha la lectura simbólica de las odas de Horacio para, en un ejercicio comparativo, revelar un pensamiento poético afín a la mayoría de humanistas peninsulares. El ensayo se completa con un provechoso anexo que, al término de cada sección, recoge los principales poemas comentados en las páginas precedentes. El grado de precisión es tal que Pérez-Abadín también inserta las variantes textuales de los testimonios disponibles. Las más de diez páginas de bibliografía (pp. 223-234) conforman un indispensable complemento, en el que se combinan de forma armónica estudios tradicionales y actuales. Con todo, la veintena de trabajos firmados por su pluma reivindican la erudición y la evolución de la investigadora, capaz de abarcar en un mismo ensayo sus dos grandes líneas de trabajo: la oda como subgénero y las relaciones literarias luso-hispanas. Finalmente, el libro incluye un útil índice onomástico (pp. 235239) realizado por Julia Lleó Pérez-Abadín, que allana la localización de diferentes nombres propios para facilitar estudios posteriores en este ámbito. Así, Iberae fidicen lyrae refleja los intereses profesionales de la trayectoria de Soledad Pérez-Abadín, quien, como ilustre experta en la materia, nos obsequia con un ensayo académico que se convertirá en referencia imprescindible para ulteriores investigaciones. Su aportación manifiestas las correspondencias poéticas entre dos países vecinos que, en un tenso contexto político, se inspiran el uno en el otro para fortalecer un habitus cultural ibérico y proyectar por toda Europa y América una suerte de literatura peninsular con evidentes puntos en común. SAMUEL PARADA JUNCAL https://orcid.org/0000-0002-0507-7467 Universidade de Santiago de Compostela (España) samuelpara[email protected]