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Homenaje al ilustre maestro Dr. D. Manuel Gómez-Moreno

Mergelina y Luna, Cayetano de

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HOMENAJE AL ILUSTRE MAESTRO DR. D. MANUEL GOMEZ-MORENO Un preciado galardón oficial ha sido conferido recientemente al sabio Maestro. Con él, se ha querido exaltar su mag nifica obra, premiando su espléndido trabajo y sus dotes admirables de inves tigador y de Maestro. Nuestro Seminario, que tiene a gala considerarse como humilde discípulo, se guidor de sus aspiraciones y de sus afa nes, y que le reverencia profunda y sen tidamente, eleva su felicitación más cor dial y respetuosa al egregio Maestro de muchas generaciones de arqueólogos e historiadores, y hace votos para que Dios le mantenga en la plenitud gozosa de esa vida intensa de abnegación y de tra bajo, de ejemplairdad magnífica y de espléndida eficacia científica, que tanto y tan hondamente nos honra. El día 31 de agostode 1947, en la so lemne clausura de la Universidad Inter nacional, en Santander, le fué impues ta al ilustre Profesor Dr. D. Manuel Gó mez-Moreno, por el Excmo. Sr. Minis tro de Educación Nacional, la Gran Cruz de Alfonso X. Í4 C. I>E MERGELINA A PROPOSITO DE UN LIBRO RECIENTE DEL MAESTRO GOMEZ-MORENO «El Panteón Real de las Huelgas de Burgos)), por Don Manuel Gómez-Moreno, Instituto «Diego Velázquez)). Conseio Superior de Investigaciones Cientijicas. Ma drid, 1946. Entre los estudios valiosísimos del sabio Maestro Dr. D. Manuel Gómez-Moreno (cada instante superados en ciencia viya, en eficacia docente, en frescura y en jugosidad), este, reciente, que su continuada y fina preocupación nos brinda, señala jaJón de especial importancia. Sobre su contenido, profundamente científico, y la austera base que le cimenta, encarnan otros aspectos sutiles y delicados. La valoración del esfuerzo arqueológico, en viva ayuda, al acervo histórico, completándole, iluminándole, procurando hacerle tangible ''^'^'l,a°aportación, novísima y única, de meros aspectos industriales aue olvidados o desdeñados, son sin embargo realidades de la vida, y a su vez, índices claros de situaciones y momentos cultuiales de alto milagro de hacer comprensible, dentro de su novedad especi fica Lrtos momentos históricos confusos y, sobre todo ello (por el érvor y la inquietud viva de quien como nadie quiso y supo bucear en oTncó^ito o en lo olvidado del pretérito), el no menos especial milagrTde sacar a luz este viejo mundo, que tuvo su reaMad y que, no Dor fenecido y oculto entre el polvo de los siglos, deja hoy de perdurai enue nosotros, con la propia encantadora belleza de sus reve aciones. V esta improba y magnifica labor, labor de verdadero poeta, como aqueila otra, la ceñudamente científica del severo investigador, se hacf sobre la carroña de unos despojos que la insania y la avidez Tadrona de la francesada no supo respetar. Inculta y miserablemente. Todavía, por fortuna y gracias a la preocupación del Ministerio de Educación Nacional, el ilustre y admirado Maestro pudo poner sus manos, trémulas de respeto, sobre el contenido de las violadas yacijas de nuestros reyes y nuestros principes de los siglos XII a XIV, y eidiumar, entre huesos removidos y trapos (que fueron en su día pre ciosas vestes, magnificas, ostentosas y llenas de prestancia), unos maravillosos'capítulos de nuestra historia. «Remembranzas» titula el Maestro en este su libro admirable el fino alarde de reconstrucción, y en él, con la rara ceñida pureza y con- ! •; f), >a El Maestro Gómez-Moreno en su gabinete de trabajo. HOMENAJE AL ILUSTRE MAESTRO DR. D. MANUEL GÓMEZ-MORENO 15 creción de su peculiar estilo, abre amplia cantera llena de posibilida des y sugeridora de especiales apetencias de estudio al que quiera y desee recogerlas como espléndido programa. Porque en este libro (cuyo título, como anuncio luminoso, encabeza estas líneas), el sabio Maestro vertió sus atisbos magníficos, henchidos de savia fecunda y de densa doctrina, de tal manera y con tan pródiga dadivosidad que, como en otras muchas obras suyas magníficas, queda un arsenal co pioso para el noble discípulo que ose y pueda seguirle y quiera y se atreva a poner manos sobre tan lucido y amplio bagaje, si bien, con toda aquella veneración que hondamente se le debe. Este capítulo («Remembranzas», pág. 99) a que antes nos referi mos, constituye un espléndido final del estudio minucioso y valiosí simo que constituye la obra. Cada párrafo es un punto de meditación. Así ha de leerse y estu diarse al Maestro. Su concreción abruma realmente. Nada puede haber en su pro ducción que pueda producir un descanso; tan denso, tan sutil, tan acertado y tan justo y tan ceñido es en sus afirmaciones y en la manifestación de sus puntos de vista. Cuatro líneas süyas encierran una cantidad tal de valores, y ellos se concretan en una expresión tan perfecta, que nada y en modo alguno es desaprovechable. No puede haber descanso. La hojarasca falta, sin que por ello falte dicción co rrectísima, la imagen exacta y poética, la frase bella, atinada y justa, envolviendo una rara y especial síntesis. Es maravilloso este capítulo, capítulo de antología histórica, ejem plo insigne e inigualado. ¡Qué maestría en las contadas jugosísimas líneas, hábilmente tra zadas, para enseñarnos las dos direcciones que convergen sobre Cas tilla! Ellas llegan a concretarse, al conjuro del Maestro, en dos reali dades geográficas —Burgos y Toledo—. Ambas, respectivamente, ex presión de las nuevas tendencias que animan el momento: Una, ex traña, norteña, concretada en «¿deas y en espíritus; otra, más sustancialmente nuestra, viva en el Sur, con valoración superior a toda realidad distinta, la que viene a fundirse en moldes de «eZeauTicia cultura y trabajos. y de la conjunción y maridaje, el brote vivo de la personalidad propia. Lo interno de la vida, de los reyes: La tragedia de Alfonso el de las Navas; la sosegada virtud de la buena reina Leonor, que engendra hijos que engendran santos, lo fugaz de la vida de Eínrique, el mocito trepanado; la energía y habilidad de la madre de San Fernando; las vivas desgracias del Rey Sabio; la fallida esperanza en el de la Cerda; la animosidad de Sancho IV... entre princesas y príncipes y monjas Í6 C. DE MERGELINA santas, cuyos nombres evocan centuria de grandeza y comienzos de un declinar, como en una fastuosa teoría, entre carroña de momias cubiertas con pingajos de lo que fueron cendales y telas, en seda y oro tejidas, desfilan ante la maravillosa evocación del Maestro, urdien do con sus vidas páginas intensas de la historia de España. Y ciérrase este capítulo —capítulo de antología histórica, repeti mos— con el más bello y más sentido colofón, lleno de profunda sus tancia españolista, con valor de poesía y sabor de plegaria. Así termina este libro magnífico del Maestro. Para llegar a este maravilloso resumen, anteceden nutridas páglnas que contienen uno de los estudios más acabados, único podemos leclr, que ha podido llevarse a cabo. <;ampnte de un conjunto de sepulcros reales profanados. creemos firmemente que en los anales de estudios sobre nuestras vieias artes industriales, fundamentalmente tejidos, no se ha logrado IvanL tan considerable, ni tan atinado, ni tan justo, m tan revelador incluso de lo que pudo ser la pompa y el fausto de nuestros antiguos reyes de la prestadla en el vestir, del gusto y delicadeza en la elec ción 'v con to do ello, del alcance técnico, de la sabia manera de hacer ^e 'irrumpiendo de zonas más soleadas, pudo abrirse ancho campo en c". que ni es sórdida, ni parda ni jamás estuvo huérfana de exquisita listadas las sargas finísimas Usas de Uno. o Asi las y te yetas tejidos en sarga, blancos o los lienzos de jana torcida y urdimbre de lino, los teñidos; las '®1^® taniceria árabe incrustadas; los finísimos cantafetanes con zonas de ^picw nuestras damas del si tiales; ®~iTJtesTfógicofy tan distantes de los absurdos glo XIII (bellos. Balones u orfebres, en sus variedades tipiactuales); las cmtas y los bordados, como manifestacas, y IOS últimos como " diferentes maneras f^cmrtoresto en una serie de interesantísimos capi- ?,.í^r¿onde to bre el estudio minucioso, hecho sobre el propio ejemplar tulos, donde, jyiaestro tiende su amplia y magnífica erudición, revelando paralelismos, anotando ®"ctifar'de"r'' citas arrancadas a otras manifestaciones ^r a poca a Lgurldad plena y to tal de esta espléndida labor suya, y como suya. "^'rero. hay más: En este denso arsenal de estudio que el Maestro nos brinda, otra serie de capítulos (que anteceden a to s que ligeramente hemos intentado glosar) se dedican a determinar una clasificación de los ricos y ostentosos tejidos que han podido salvarse, siquiera para el estudio. Y esta clasificación recoge en primer lugar los que pueden HOMENAJE AL ILUSTRE MÁESTRO liR. D. MANUEL GÓMEZ-MORENO Í7 incluirse en lo árabe clásico. El Maestro avanza una interesantísima afirmación, antes de adentrarse en el estudio técnico de los ejempla res que tan sabiamente y con tan profundo conocimiento analiza; y es ésta la de que en el siglo XIII, en el aspecto industrial y en cuanto a este tipo de características manifestaciones, se vive tan sólo y úni camente de lo propio, es decir, de lo que constituye, en plan de equi librio especial, lo fundamental de la sociedad castellana, lo que ha de determinar el mudejarismo; en una palabra, los resultados lógicos de la convivencia entre cristianos y musulmanes, afirmación que tiene para nosotros un valor especial porque consolida de modo sorpren dente, en estos aspectos, lo que pudo por otros estudios y en otro sen tido avizorarse. Y este milagro de reconocimiento y exaltación de lo propio, antes de que lo extraño penetre realmente (la influencia norteña que, si guiendo al Maestro, apuntamos), nos hace pensar qué pudiera haber sido España, en su natural evolución, libre de aquellas influencias y cuando tenía indudable conciencia de bastarse a si misma. Cuando por propias influencias del Sur, respondió a un estado de equilibrio espi ritual y cultural superior a cuanto pudiera irrumpir de afuera (posi blemente como consecuencia de aquel siglo X que, en plétora de va lores y lleno de sustancia viva, bien pudo perdurar), España se sin tió capaz de un renacer propio. Volviendo de nuevo a encajarnos concretamente en nuestra po bre glosa sobre el maravilloso trabajo del Ma-estro, anotamos el deter minado estudio que de los tejidos propiamente árabes nos hace. Sigue a continuación el de la serie mudéjar, con sus desviaciones progresivas bajo fases morisca y cristiana, idénticas en técnica y dispares en arte! y a ésta el estudio de la serie propiamente cristiana, con técnica aná loga a la mudéjar pero con sentido independiente. Dos capítulos más, uno sobre sargas y otro sobre telas orientales, cierran este interesantísimo apartado. En ellos se estudian meticulo samente las características propias y se valoran sus particularidades, y todo esto se hace a base del estudio detallado de los elementos que han podido dar las sepulturas, los que se analizan con el especial cui dado y con la rara conciencia científica que tan sólo el Maestro Gómez-Moreno es capaz de llevar a cabo. A estos capítulos antecede otro interesantísimo sobre técnicas, tan denso de doctrina como concreto, con esa rara concreción que da un sentido matemático, por lo justo y por lo preciso, a su estilo peculiar, sin que por ello deje de revestirse de esa tan suya poesía que, en dic ción perfecta, enlaza y hermana el detalle minucioso de una técnica con la visión clara y justa de un momento histórico. De este modo y con esta maravillosa difícil facilidad que le carac2 18 c. DE mergecjná teriza, ¡cuántos valores y de qué subido precio ha reivindicado para la Patria! No es la labor del Maestro una mera labor de investigación, aun que, con la claridad de su inteligencia poderosa, en la posible frialdad de ella, se base y escude. Es una labor de creación, porque crear es extraer del olvido, de la ignorancia o de aquella, ridicula posición (por desgracia muy mantenida) que entrañaba no oír ni dar por bueno más que el canto de sirenas extrañas, y creernos siempre los más media tizados, los más débiles, los que si viven, viven tan sólo de ajenos valores. ¡Cuánto y de qué especial valor ha sido la labor españolísima de este admirado Maestro! Y todo ello como algo sencillo, como algo sin estridencia alguna llamativa, como labor recoleta que pretende (el Maestro mismo lo decía en ocasión solemne) sincerar su propia y magnífica obra, tan sólo ba sándola en su propia satisfacción de hombre lleno de inquietudes cien tíficas, es decir, como satisfacción espiritual que queda compensada, para él mismo, en el goce sereno del descubrimiento, al parecer, sin trascender de su cuarto de trabajo. Mas no es así; podemos asegurarlo. El Maestro es y ha sido siemnre esto el maestro; el verdadero maestro. Y una de sus virtudes ejem plares ha sido la prodigalidad. Nadie que a él se acercara con un afán de estudio, con un anhelo o un deseo, salió con las manos vacías. Porque el Maestro lo da todo. De aquellas sus conferencias luminosas en el aula universitaria, ¡cuántos libros no han salido, no ya inspirados en la claridad de su doctrina, sino calcados sobre la fluidez de su palabra sabia y cálida! Muchos, todos ios discípulos, recordamos esto y lo recordaremos con especial veneración. Jamás el Maestro regateó su propio esfuerzo valiosísimo, entre gando, con dadivosidad sin límites, todo cuanto él pudo crear en las intensas vigilias de su delicado espíritu y en las continuadas horas de su callada e iAgente labor. No adjetivamos llevados de la honda veneración que le profesa mos. Su labor es ingente, y lo es por dos especialísimas razones; Por lo justa, atinada, precisa, clara, honda, segura y firme, ponderada y queda, atildada y fina, densa de sustancia, plétora de poesía viva; por su rara y maravillosa extensión, por su extraña multiplicidad, por su don característico de especial amplitud. En el ancho campo de los estudios históricos, sea cualquiera el instante o el momento en que se busque, se le encuentra. ¡Y cómo se le encuentra! Es esta segunda faceta especialísima del egregio Maestro la que HOMENAJi: AL ILUSTRE MAESTRO DR. D. MANUEL GÓMEZ-MORENO Í9 más hondamente podemos admirar. Dios quiso concederle ese don ex traño y raro de poder alcanzar los más diversos valores, y alcanzarlos con no menos rara y completa seguridad, de tal modo que su inter pretación, su atisbo clarísimo, su opinión siempre justísima y atinada, se convierte y hace doctrina y se traduce en viva fuente donde bien a gusto puede beberse con plena seguridad; fuente insospechada, tal vez, para quien no haya alcanzado el honor de conocerle. Un problema de Prehistoria que, en lo eventual, se concreta y reafirma, haciéndose básica la solución: Un problema de vieja etno logía, que abre ancho campo a deducciones, tan claras y seguras que crean doctrina; un imponente alarde epigráfico que, basándose en textos estudiados con meticulosidad benedictina, crea un mundo de posibilidades sobre lo totalmente ignorado o sobre el tanteo confuso y desorganizado; un estudio sobre determinantes de un momento cul tural, tan preciado de sugerencias vivas, que se hace real e incontro vertible, un avance numismático, tan finamente aguzado que señala nuevos campos de investigación, creando pauta firme, sobre la que todo esfuerzo, a su dictado, se coronará de franco éxito; códices viejos históricos, que se comentan con atisbos y claridades insospechadas; estudios de conjuntos monumentales que crean períodos y reivindican para el arte patrio la justa y olvidada primacía, a veces bastardamente encubieita lo visigodo, lo musulmán, lo mozárabe, lo románico, lo gótico, lo renaciente...—, y en estos magníficos alardes, cuán honda y profunda doctrina y qué maravillosas y vivas reconstrucciones his tóricas. Y el gran Maestro no se sacia. Se adentra en el campo del arte, y con la firmeza exquisita de su temperamento delicadísimo, valora la labor de nuestros grandes pintores, desde un miniaturista anónimo a Goya, desde unas tablas del XV a Rosales. Y conjuntamente, la labor de nuestros escultores; desde los maes tros Fruchel y Mateo a Carmona, pasando por los grandes imagineros castellanos y andaluces; y la labor de nuestros arquitectos, desde Tioda a Villanueva...; y, como todo valor hispánico adquiere en el Maes tro resonancias especiales, es el estudio acabado de técnicas en lo que adentra, con el conocimiento pleno de aquellas artes, unas veces hu mildes, otras llenas de grandezas, siempre impregnadas de belleza es pecial, que llevaron nuestros talleres a rangos elevadísimos; y así, or febres y esmaltadores, batidores, alfareros, bordadores, tejedores, guadamacileros..., en ingente magnífica teoría, se alzan al conjuro de su estudio y desfilan con sus técnicas sabias y únicas y bellísimas, com poniendo páginas nuevas de una historia nuestra, olvidada o preterida. Así es el Maestro. Así vemos al Maestro. Así nos gloriamos en el Maestro. 20 C. BE MERGELÍNÁ Volviendo a este su reciente estudio, anotemos que se abre con otros enjundiosos capítulos; uno, que nos describe las sepulturas, y esta descripción no es una mera reseña, es algo más y de un mayor y más subido interés, pues en ella, con esa sencillez y claridad espe cial en el Maestro, se aprovechan los detalles para crear síntesis, y se evocan circunstancias y pormenores de especial valor is abandonar la concreción especial, ni llevar al estudioso a ron as e erudicción fácil, tan a destiempo y en contraposici n con e mo o e ser del ilustre sabio. i ^ ai Después se reseña la exploración del cementerio „rpn otro capítulo, más amplio, en el que se estudian as meticulosidad, adentrándose en los serios y difíci es pc-tman conocimiento y atribuciones, verdadero alarde en pio.ra inpor las violaciones sufridas, las que salva el Maes ro esnecial tuición. Es decir, que sobre estudio tan intensivo ^ renonstrucinterés, como añadidura, nos da su genio esta . ción que entraña incluso la solución de problemas i C. DE Mergelina.