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Del Bronce al Hierro en el valle del Eresma: una secuencia de cabañas Cogotas I/Soto en el yacimiento de La Peña del Moro (Navas de Oro, Segovia)

Martín Vela, Raúl

Abstract

El yacimiento de La Peña del Moro ha sido objeto en los últimos años de cinco campañas de excavaciones arqueológicas que han revelado una ocupación desde la Edad del Bronce -fases Protocogotas y Cogotas I- hasta la Primera Edad del Hierro -Soto Formativo-. Los resultados que aquí se presentan describen una inusual estratigrafía entre fondos de cabaña y hoyos, cuya datación se apoya en una serie de fechas de 14C que complementan y apuntalan la cronología relativa que aportaban los conjuntos materiales recobrados en dichos contextos. Así mismo, las conclusiones de un estudio geofísico realizado en 2019 en toda la superficie del yacimiento señalan la existencia de más estructuras adscritas a alguno de los dos periodos, indicando una alta densidad ocupacional en todo el enclave. Por último, se ha detectado un rito de condena en una cabaña cogoteña mediante el uso del fuego como elemento transicional.

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BSAA arqueología, LXXXVIII, 2023-2024, pp. 1-40 E-ISSN: 2530-6367 Del Bronce al Hierro en el valle del Eresma: una secuencia de cabañas Cogotas I/Soto en el yacimiento de La Peña del Moro (Navas de Oro, Segovia). From Bronze Age to Iron Age in the Eresma Valley: a sequence of Cogotas I/Soto huts at the Peña del Moro site (Navas de Oro, Segovia). RAÚL MARTÍN VELA Proyecto Eresma Arqueológico, 40470, Navas de Oro, Segovia. Email: raulmartí[email protected] ORCID: 0000-0003-1731-5634 Cómo citar: Martín Vela, Raúl (2023-2024): “Del Bronce al Hierro en el valle del Eresma: una secuencia de cabañas Cogotas I/Soto en el yacimiento de La Peña del Moro (Navas de Oro, Segovia)”. BSAA arqueología, LXXXVIII, pp. 1-40. DOI: https://doi.org/10.24197/ba.LXXXVIII.2024.1-40 Resumen: El yacimiento de La Peña del Moro ha sido objeto en los últimos años de cinco campañas de excavaciones arqueológicas que han revelado una ocupación desde la Edad del Bronce -fases Protocogotas y Cogotas Ihasta la Primera Edad del Hierro -Soto Formativo-. Los resultados que aquí se presentan describen una inusual estratigrafía entre fondos de cabaña y hoyos, cuya datación se apoya en una serie de fechas de 14C que complementan y apuntalan la cronología relativa que aportaban los conjuntos materiales recobrados en dichos contextos. Así mismo, las conclusiones de un estudio geofísico realizado en 2019 en toda la superficie del yacimiento señalan la existencia de más estructuras adscritas a alguno de los dos periodos, indicando una alta densidad ocupacional en todo el enclave. Por último, se ha detectado un rito de condena en una cabaña cogoteña mediante el uso del fuego como elemento transicional. Palabras clave: Cabañas; Edad del Bronce; Edad del Hierro; 14C; Estudio geofísico; Ritos de condena. Abstract: In recent years, the archaeological site of La Peña del Moro has been the focus of five excavation campaigns. These campaigns have revealed evidence of human occupation dating from the Bronze Age -Protocogotas and Cogotas I phases-, through to the First Iron Age -Soto Formativo period-. The results shown here describe an unusual stratigraphy between huts and pits from both periods, whose dating is supported by a series of 14C dates that complement the relative chronology provided by the archaeological material. Furthermore, a geophysical study suggests the presence of additional structures associated with either of these two periods, indicating a high population density in the settlement. Finally, a condemnation rite has been identified in a Cogotas culture hut by using fire as a transitional element. Keywords: Huts; Bronze Age; Iron Age; 14C dates; Geophysical study; Condemnation rite. 2 Raúl Martín Vela BSAA arqueología, LXXXVIII, 2023-2024, pp. 1-40 E-ISSN: 2530-6367 I. INTRODUCCIÓN La crónica de los estudios en La Peña del Moro arranca en 2011 con la apertura de un proyecto de investigación en el sector noroccidental de la provincia de Segovia. Tras una primera catalogación del enclave, no será hasta 2017 cuando se inicien en él excavaciones que se han prolongado hasta 20231. Las líneas que siguen constituyen un paso adelante con respecto a las publicadas hace unos años (Martín Vela, 2017), donde se planteaba una secuencia estratigráfica entre fondos de cabaña adscritos al horizonte Protocogotas, Cogotas I y Soto Inicial. Por aquellas fechas, el estudio se limitaba a describir la estratigrafía y dar a conocer algunos materiales; hoy, gracias a una batería de dataciones de 14C, estamos en condiciones de confirmar las sospechas expresadas entonces y de presentar con mucho mayor detalle la trayectoria ocupacional del yacimiento. II. LA PEÑA DEL MORO: UN ASENTAMIENTO EN ALTURA EN EL VALLE DEL ERESMA Nuestro yacimiento se localiza en Navas de Oro, un municipio en el NO de la provincia de Segovia (fig. 1) que se caracteriza por la presencia de un espeso manto pinariego en torno al valle del Eresma. Su morfología encastillada cumple, sobradamente, con el patrón de un asentamiento en altura y con las connotaciones jerárquicas y defensivas que esto conlleva. Así, “El Moro”, alcanza los 800 m de altitud, con un desnivel de 30 m entre la base y su cota más elevada. Cuenta con unas dimensiones que rondan los 230 m de largo en su eje mayor NE-SO, por 82 m de ancho en su eje E-O, abarcando un área de 2,2 ha. Rinde unos acusados flancos en la práctica totalidad de su perímetro, marcados por el foso natural que labra el río a su paso. Sin embargo, pese al mencionado encastillamiento, observa una posición muy discreta en el fondo del valle, lo que repercute en la poca visibilidad que tiene del entorno. Esta se limita, en efecto, al propio valle del Eresma, que en este punto discurre bastante 1 La promoción de este proyecto corre a cargo del Ayuntamiento de Navas de Oro, Junta de Castilla y León, el colectivo vecinal Crea_Ndo, Kairos Digital Solutions S.L. y Centro Médico Dermatológico Santa Teresa. Además, contamos con el apoyo y patrocinio de pequeñas empresas y habitantes del municipio. Del Bronce al Hierro en el valle del Eresma… 3 BSAA arqueología, LXXXVIII, 2023-2024, pp. 1-40 E-ISSN: 2530-6367 encañonado, quedando las vistas septentrional y meridional obstruidas por el escarpado paredón de las laderas. Respecto a la ocupación prehistórica del alto, su conocimiento se remonta a las labores de prospección realizadas en 2011, que permitieron recuperar algunas cerámicas adscritas a las fases plena y avanzada de la Edad del Bronce meseteña. Además, las formas de otras piezas hacían presagiar la existencia de un asentamiento posterior, de los inicios de la Primera Edad del Hierro (Martín Vela, 2016: 140, fig. 5, piezas 4, 5 y 7). Ese mismo año, se analizó una muestra de carbón vegetal contenida dentro de una vasija depositada en el interior de un silo seccionado naturalmente, arrojando una datación 3320± 35 BP, 1689-1514 cal. BC 95%2 (tabla II: hoyo 2011), siendo compatible con una ocupación protocogoteña (Martín Vela et alii, 2019: 35). Las excavaciones arqueológicas realizadas en los últimos años en La Curva, yacimiento dispuesto a unos 300 m 2POZ-49182. Calibrado con el programa OxCal v4.4.4 (Bronk Ramsey, 2021) y datos atmosféricos de Reimer et al (2020). Figura 1: localización del yacimiento en el noroeste de la provincia de Segovia 4 Raúl Martín Vela BSAA arqueología, LXXXVIII, 2023-2024, pp. 1-40 E-ISSN: 2530-6367 al norte de La Peña del Moro, en una suave rampa del pinar que buza hacia la margen derecha del Eresma, han revelado, por último, una ocupación campaniforme, que encuentra réplica también en nuestro yacimiento -hallazgo de un pequeño fragmento de cerámica de estilo Ciempozuelos (fig. 6: 4) y parte de un brazal de arquero (fig. 4: 16)-, lo que permite retrotraer el inicio del poblamiento en La Peña del Moro al final de la Edad del Cobre. Figura 2: Vista de La Peña del Moro desde el SO (arriba). Plano y sección del yacimiento con las ubicaciones que se describen en el texto (abajo): cerca o muralla (1); sondeo 6, cabaña 4 (2); sondeo 1, cabañas 1, 2, 3 y hoyos UUEE 124 y 126 (3); localización del hoyo 2011 datado por 14 C y fondos de cabaña seccionados por la erosión (4). Del Bronce al Hierro en el valle del Eresma… 5 BSAA arqueología, LXXXVIII, 2023-2024, pp. 1-40 E-ISSN: 2530-6367 III. SECUENCIA ESTRATIGRÁFICA PROTOCOGOTAS, COGOTAS I Y SOTO INICIAL: CABAÑAS, HOYOS, CONTENIDOS Y FECHAS RADIOCARBÓNICAS Hasta la fecha, se han documentado cuatro fondos de cabaña en la ladera occidental del enclave. Tres de ellos en el sondeo 1 (figs. 2 y 3) y un cuarto fondo en el sondeo 6, en una zona próxima a la zona de acceso al castro (fig. 2). Comenzaremos la descripción de las tres primeras viviendas detectadas en el sondeo 1-cabaña 1, cabaña 3 y cabaña 2-, las cuales siguen un orden cronológico descendente en función de las dataciones obtenidas por 14C. Seguidamente expondremos las particularidades de una pareja de hoyos que vienen a completar la secuencia estratigráfica por su estrecha relación con dos de los fondos de cabaña. Finalmente se describirán las características de la cabaña 4. Figura 3: Plano y sección del sondeo 1 donde se ha documentado la secuencia estratigráfica. En el interior de la planta de la cabaña 1 se indica la posición de los dos hoyos de poste pintados en negro. 6 Raúl Martín Vela BSAA arqueología, LXXXVIII, 2023-2024, pp. 1-40 E-ISSN: 2530-6367 • Cabaña 1 La cabaña 1 se corresponde con una fosa alargada de tendencia ovalada, que dibuja una forma tipo longhouse. Su flanco oriental muestra cierta sinuosidad curvilínea, que hemos de achacar a la degradación que padece fruto de la erosión. Mide 9 m de longitud máxima documentada por 2,90 m ancho con un eje mayor que sigue una orientación N/S. El fondo de la fosa viene definido por una suerte de solado de barro endurecido, que buza ligeramente hacia el O. Apoyada sobre la solería y junto al flanco oriental de la fosa, se advertía una pequeña peana de barro de huella oval que, quizás, formaba parte de algún tipo de estructura auxiliar de la cabaña (figs. 3 y 14). En el extremo septentrional se documentó la huella de dos postes dispuestos casi simétricamente entre ellos y con los flancos que delimitan la planta de la vivienda (fig. 3). Ambos hoyitos ilustran el escaso y parco testimonio de las técnicas constructivas empleadas durante la prehistoria reciente (Fonseca y Rodríguez, 2017) y que habitualmente se interpretan como el asiento de los postes que actuarían de sostén de la cubierta vegetal. Así se ha reconstruido a partir de la planta oval conservada de una de los dos longhouses de inicios de la Primera Edad del Hierro en el madrileño yacimiento de Las Camas (Urbina et alii, 2007: 53-54, figs. 5, 6, 7, 8 y 9; Urbina et alii, 2012). La misma tipología evidencia la denominada “cabaña norte” del asentamiento de La Cuesta, en Torrejón de Velasco (Flores y Sanabria, 2012: 157, fig. 2) y algunas de las cabañas toledanas documentadas en el enclave de Las Lunas, en Yuncler (Urbina y Urquijo, 2012). Por su parte, el estrato que colmata a nuestra fosa -de unos 30 cm de espesor-, presenta un sedimento arcilloso de color negruzco, con abundantes inclusiones de carbones, cenizas, pequeñas pellas de barro rubefactadas y un importante lote de fragmentos cerámicos mezclados con restos de fauna doméstica. Las características de la cerámica permiten adscribir la ocupación a los primeros compases de la cultura del Soto de Medinilla o Soto Formativo, bien documentados en el yacimiento epónimo (Delibes et alii, 1995a) y en otros emplazamientos del norte de la meseta (Esparza et alii, 2016). Pero tampoco faltan huellas de esta época en otros enclaves del entorno próximos a La Peña del Moro, caso del Cerro Tormejón en Armuña (Martín Vela, 2021; Martín Vela et alii, 2021) o de Prado Arroyo en Villagonzalo de Coca (Blanco, 2006b). En todo caso, buenos paralelos formales y decorativos para las cerámicas de esta casa 1, correspondientes a las postrimerías del Bronce Final y a los inicios del Del Bronce al Hierro en el valle del Eresma… 7 BSAA arqueología, LXXXVIII, 2023-2024, pp. 1-40 E-ISSN: 2530-6367 Hierro I3 que se registran en yacimientos tan señalados como Pico Buitre, en Guadalajara (Valiente Malla, 1984 y 1999; Barroso Bermejo,1993), Reillo I, en Cuenca (Abarquero, 2005: 155, Fig. 48.16;Maderuelo y Pastor,1981), El Sequero, en La Rioja (Rodanés et alii, 2016; Aranda, Rodanés y Gil, 20182019), el abulense de la Guaya (Misiego et alii, 2005: 212 y 223 fig.3) o en el más cercano yacimiento de El Bustar, en Carbonero el Mayor (Blanco et alii, 2007: 27, lám. I, 4). La alcallería soteña alterna, en el Moro, con algunos elementos de industria lítica, como dos implementos de hoz, en sílex (fig. 4: 17 y 18) y un fragmento de brazal de arquero (fig.4: 16). Se trata, en este último caso, de una pieza singular muy posiblemente amortizada en este contexto tardío. Por su parte, la metalurgia también está representada en el interior de la fosa por un punzón de bronce de sección cuadrangular y tres grapas hemisféricas (fig. 4: 19, 20 y 21). Curiosamente, se advierte cierta concentración de cerámicas y restos de fauna en el sector oriental de la fosa, una mayor escasez a medida que se avanza hacia el centro y una presencia solo testimonial en el lado opuesto. Tenemos la impresión de que existe cierta estructuración a la hora de depositar los restos descritos, lo que, posiblemente, guarde relación con la forma en que se consumieron los alimentos que acompañan al conjunto cerámico. La datación disponible para la morada soteña se realizó a partir de un húmero de suido y remite al siguiente arco cronológico: 2740 ± 30 BP, 935-815 cal. BC (93,2 %)4. 3 En este sentido, hemos de señalar que las investigaciones llevadas a cabo en los últimos años, nos ha permitido reposicionar dos fragmentos cerámicos de pequeño tamaño, decorados con triángulos rellenos de líneas incisas (fig.4: 10 y 12) y que fueron hallados en una zona de contacto entre la cabaña 1 y la subyacente cabaña 2. La escasa visibilidad que teníamos al inicio de los trabajos en 2017 y 2018 nos empujó a incluirlos dentro del sedimento de la cabaña 2, fechada por entonces en momentos avanzados y transicionales entre Cogotas I y la cultura del Soto (Martín Vela et alii, 2019). A la luz de las recientes dataciones radiocarbónicas de los tres contextos habitacionales que aquí se presentan, aquellas afirmaciones no se sostienen. 4Beta – 573585. Calibrado con el programa OxCal v4.4.4 (Bronk Ramsey, 2021) y datos atmosféricos de Reimer et al (2020). 8 Raúl Martín Vela BSAA arqueología, LXXXVIII, 2023-2024, pp. 1-40 E-ISSN: 2530-6367 Figura 4: Materiales cerámicos, líticos y metálicos recobrados en la cabaña 1 (dibujos de Patricia Arroyo y Raúl Sánchez Muñoz, Proyecto Eresma Arqueológico). Del Bronce al Hierro en el valle del Eresma… 9 BSAA arqueología, LXXXVIII, 2023-2024, pp. 1-40 E-ISSN: 2530-6367 • Cabaña 3 Se encuentra cubierta parcialmente por la fosa de la cabaña 1. El límite entre ambas - cabaña 1 y 3lo constituye el solado de la fosa soteña. De entrada, nos encontramos ante una tipología diferente tanto por su planta, pues presenta una forma de tendencia circular, como por sus menores dimensiones: 2,71 m en su eje NO/SE y 2,20 m en el NE/SO. En el transcurso de su excavación, se documentaron dos estratos vinculados a un incendio que puso fin a la vida útil de la morada. Ambos muestran una coloración negruzca, debida a la presencia de pequeños carbones y abundantes pellas de barro endurecidas por el fuego, algunas de estas todavía conservando el negativo del entramado vegetal al que estuvieron adheridas. El nivel de compactación y endurecimiento de las pellas nos recuerda al registrado en ciertas viviendas de la Edad del Cobre meseteñas destruidas por incendios deliberados en los que se alcanzaron temperaturas de entre 570 y 800 ºC (Fonseca et alii, 2017: 123). Esta circunstancia, unida a la disposición particular en su interior de algunos enseres, a los que nos referimos más adelante, nos induce a plantear una intencionalidad de la destrucción de nuestra vivienda. Una vez retirados los restos de la combustión intradoméstica pudimos observar el excelente estado de conservación de una solería de barro, sobre la que se asentaba un hogar rectangular del mismo material pero especialmente endurecido por el fuego. En su perímetro, se disponían dos cuencos casi completos colocados junto al citado hogar y otros dos un poco más alejados (fig. 5). Pero, la pieza que se diría preside la escena, posicionada en el centro de la vivienda, es una cazuela troncocónica ornada con el típico barroquismo cogoteño de la que se conservan varios fragmentos (fig. 5: 1). Por último, directamente bajo el pavimento de la vivienda y sirviéndola de apoyo, se registra un echadizo de pequeños cantos de cuarcita y pizarra, de factura antrópica, con los que se niveló una depresión natural del terreno. No se trata sino de una pequeña obra de ingeniería hidráulica destinada a drenar los embolsamientos de agua, reduciendo así, el nivel de humedad del suelo (figs. 13 y 14). La datación14C del conjunto se realizó sobre un hueso largo de fauna - posiblemente perteneciente a un bovinolocalizado sobre el hogar, arrojando el siguiente resultado: 3090 ± 30 BP, 1426-1275 cal. BC (95,4%)5. 5 Beta-490115.Calibrado con el programa OxCal v4.4.4 (Bronk Ramsey, 2021) y datos atmosféricos de Reimer et al (2020). 16 Raúl Martín Vela BSAA arqueología, LXXXVIII, 2023-2024, pp. 1-40 E-ISSN: 2530-6367 La cronología de esta cabaña plantea ciertos problemas, ya que los motivos de espiguillas se asocian de manera recurrente a la fase Protocogotas, pero las piezas con decoración impresa son más características en contextos posteriores, ya del Bronce Final, de lo que dan muestras los excelentes paralelos en San Román de Hornija (Delibes, Fernández y Rodríguez, 1990: 103, fig.19). Como se verá más adelante, el estilo decorativo puede no ser suficiente para la diagnosis cronológica. IV. RESULTADOS DE UN ESTUDIO GEOFÍSICO En el verano de 2019 se llevó a cabo un estudio geofísico10 mediante magnetometría sobre una superficie de La Peña del Moro de 11.200 m2 con el resultado –dejando momentáneamente aparte las áreas ya intervenidas: sondeo 1: cabañas 1, 2 y 3; sondeo 6: cabaña 4de indicar la existencia de, al menos, seis zonas con alto potencial arqueológico (fig. 10). Especial atención merece la 10 Los trabajos fueron realizados por la empresa International Geophysical Technology, S.L. Figura 9: Cerámicas procedentes de la cabaña 4 (arriba). Plano de la cabaña 4 indicando la posición de dos hoyos de poste y la zanja perimetral donde se documentaron hoyitos de poste enfoscados con pellas de barro (abajo izqda.). Fotogrametría de la cabaña 4 (fotogrametría de Daniel Pérez Legido y dibujos de Raúl Sánchez Muñoz, Proyecto Eresma Arqueológico; abajo dcha.). Del Bronce al Hierro en el valle del Eresma… 17 BSAA arqueología, LXXXVIII, 2023-2024, pp. 1-40 E-ISSN: 2530-6367 zona 5, localizada en el sector N. Allí, las excavaciones de 2017 detectaron los restos de un zócalo de barro curvilíneo de 6 m de longitud, por unos 3 m de ancho documentado. Esta estructura se dispone junto al borde de la entrada natural al poblado, justo en la zona de más fácil acceso al castro y que no manifiesta los acusados escarpes naturales de las laderas E y O. Su disposición y ubicación sugieren una función de cierre, cerca, barrera, parapeto o muralla (Martín Vela, e.p.). En otros asentamientos en altura adscritos a la Edad del Bronce son visibles cerramientos similares, pero en piedra, como en Cancho Enamorado (Blanco, 2018: 302); La Plaza, en Cogeces del Monte (Delibes y Fernández, 1981); Pico Aguilera, en Villán de Tordesillas; La Cuesta de la Horca, en Cevico Navero (Rodríguez Marcos y Moral, 2007) o el asentamiento de la Edad del Cobre del Figura 10: Resultados del estudio geofísico sobre ortofoto. Los círculos amarillos designan las zonas con alto potencial arqueológico. Los círculos blancos señalan las zonas sondeadas con metodología arqueológica. 18 Raúl Martín Vela BSAA arqueología, LXXXVIII, 2023-2024, pp. 1-40 E-ISSN: 2530-6367 Pico de la Mora, en Peñafiel (Villalobos y Rodríguez Marcos, 2018). Dadas las características geológicas presentes en estas latitudes, el acarreo y transporte de materia prima para erigir barreras defensivas debió ser bastante más asequible en comparación con La Peña del Moro, cuyos afloramientos -de pizarramás cercanos se sitúan a unos 10 km aguas arriba del río Eresma. Aparte de la barrera de barro descrita, el estudio sugiere la presencia de nuevas estructuras vinculadas al hábitat y dispuestas intramuros de esta cerca (tabla I). De este modo, la zona 1 coincide con la localización del ya citado silo seccionado por la erosión y con un nivel arqueológico documentado en un sondeo realizado en el morro del yacimiento durante la primera campaña de excavaciones de 2017. Arrojó un conjunto de cerámicas decoradas con zigzags, espiguillas, líneas de boquique y retículas con incrustación de pasta blanca además un pequeño lote de pellas y placas de barro. En este mismo espacio son visibles en sección unas fosas alargadas en el borde de la ladera fruto de la erosión que padece el asentamiento. Claramente se observa cómo están colmatadas por un sedimento negruzco cuajado por pequeñas pellas de barro rubefactadas y fragmentos cerámicos de aspecto craquelado y termo-alterado. Son unas características ya documentadas en los estratos que colmatan las cabañas 1, 2 y 3. El resto de zonas estudiadas por el magnetograma coincide con las inmediaciones del sondeo 1 y con la dispersión de materiales en la superficie y ladera del asentamiento (fig. 10 y tabla I) INTERPRETACIÓN DE LOS DATOS DEL ESTUDIO GEOFÍSICO EN LA PEÑA DEL MORO (NAVAS DE ORO, SEGOVIA) ZONA DESCRIPCIÓN 1 Sector donde se localizan fondos de cabaña en la ladera y seccionados por la erosión. 2 Alta concentración en la ladera de materiales cerámicos a mano. 3-4 Alta concentración en el borde y ladera del castro de cerámicas a mano. 5 Localización de los restos de una cerca/muralla de barro. 6 Área junto al foco de cabañas detectadas en el sondeo 1. Tabla I: Interpretación de las áreas estudiadas. Del Bronce al Hierro en el valle del Eresma… 19 BSAA arqueología, LXXXVIII, 2023-2024, pp. 1-40 E-ISSN: 2530-6367 V. LA SECUENCIA ARQUEOLÓGICA DE LA PEÑA DEL MORO Frente a la estratigrafía horizontal de la mayoría de los campos de hoyos de la Edad del Bronce meseteña, La Peña del Moro muestra una verticalidad inusitada que nos permite describir una secuencia que engloba el final del mundo Protocogotas, la plenitud de Cogotas I y los albores de la Primera Edad del Hierro. Esta disposición estratigráfica fue posible documentarla gracias a la propia idiosincrasia del enclave, ya que no ha experimentado alteraciones del sustrato arqueológico por la incidencia de las labores agrícolas que, por desgracia, han arrasado buena parte de los establecimientos cogoteños conocidos. También, se da la circunstancia de que los procesos postdeposicionales han ido protegiendo el yacimiento de manera natural a través de coladas de barro meteorizadas provenientes de la plataforma superior del cerro, que con el abandono del lugar tras la última fase de ocupación del Soto Formativo, terminaron por fosilizar el yacimiento. En el pasado, la datación de los contextos correspondientes a la Edad del Bronce solía realizarse utilizando criterios estratigráficos y estilísticos. Desde la estética y el ornamento de las producciones cerámicas cogoteñas encontradas en La Peña del Moro, siempre se ha procurado mantener cierta cautela, teniendo en cuenta la dificultad de ordenar y encuadrar determinadas decoraciones a partir del clásico modelo trifásico (Fernández-Posse, 1986; 1986-87; Delibes y Fernández-Miranda, 1986-87). Así pues, para A. Blanco, el final de Cogotas I estaría protagonizado por dos repertorios alfareros, el de “plenitud” y el “avanzado”, mal definidos y compareciendo muchas veces en los mismos sitios sin clara superposición estratigráfica (2014: 308). En nuestro caso, se da la circunstancia de contar con ambas producciones vasculares, pero datadas con criterios estratigráficos y arqueométricos. Algunas cerámicas halladas en las cabañas 2 y 3 denotan un barroquismo que algunos autores retrotraen a mediados del II milenio BC (Abarquero y Delibes, 2009: 206), alejándolas así del “tradicional periodo avanzado” situado en torno al año 1000 cal. BC. Coinciden, grosso modo, con la revisión realizada hace una década de muestras radiocarbónicas por AMS directas sobre los restos humanos de la fosa múltiple de San Román de Hornija, que sitúan su entierro en torno al 1370-1210 cal. BC (Esparza et alii, 2012: 313). Por lo tanto, las cerámicas de estilo avanzado recuperadas en el relleno de la fosa funeraria y consideradas anteriores al enterramiento (Castro Martínez et alii, 1995: 81; Galán Saulnier, 1998: 216), envejecerían al menos dos siglos frente a la 20 Raúl Martín Vela BSAA arqueología, LXXXVIII, 2023-2024, pp. 1-40 E-ISSN: 2530-6367 cronología que se les venía adjudicando hace tres décadas. Quiere decirse que los ornamentos sobre conjuntos cerámicos considerados propios de la “plenitud” y “fase avanzada”, en realidad pudieran haber convivido durante varios siglos a finales del Bronce Medio y el Bronce Final (Blanco, 2014: 310313). Las nuevas baterías de dataciones, a las que hay que sumar las de La Peña del Moro, permiten acotar la Edad del Bronce meseteña entre 1450-1150 cal. BC (Esparza et alii, 2012: 267-269); con cierta laxitud en nuestro yacimiento, al contar con fechas situadas a caballo, rozando y sobrepasando ligeramente el 1500 cal. BC -cabaña 2 y hoyo UE 124-. Respecto a la fase soteña, vemos que existe un hiato de, al menos, tres siglos entre los últimos momentos cogoteños -cabaña 3y el inicio de la Edad del Hierro -cabaña 1-. Por ahora, no hemos intervenido en otros puntos del enclave que puedan arrojar evidencias de ocupación durante el Soto Formativo. Quizás, las grandes fosas visibles en los cortados erosionados al SE del castro -zona 1 del estudio geofísico- , con importantes concentraciones de pellas de barro quemadas en su interior, puedan informar en este sentido. Los pocos fragmentos cerámicos elaborados a mano que cada temporada se desprenden del sedimento que las colmatan no esclarecen nada, ya que son de pequeño tamaño, lisos, sin formas definidas y ausentes de decoración. Tampoco conocemos la fecha de amortización de la cabaña 4, que bien pudiera ser el eslabón que acortara ese hiato temporal. Únicamente podemos aproximarnos afirmando su pertenencia a la Edad del Bronce, cuestionándonos si en fase plena o avanzada. Recordemos que los testimonios materiales recobrados en su interior son escasos y poco fiables como para establecer una cronología definida. DATACIONES OBTENIDAS EN LA PEÑA DEL MORO (NAVAS DE ORO, SEGOVIA) CONTEXTO MATERIAL REF. LAB EDAD BP CAL BC (2 σ) Cabaña 1 Hueso fauna Beta-573585 2740 +/- 30 935 - 815 (93,2%) Cabaña 2 Hueso fauna Beta-573587 3160 +/- 30 15011390 (92,7 %) Cabaña 3 Hueso fauna Beta-490115 3090 +/- 30 1426 - 1275 (95,4 %) Hoyo UE 124 Hueso fauna Beta-573586 3230 +/- 30 1549 - 1431 (87,3 %) Hoyo 2011 Carbón Poz-49182 3320 +/- 35 1689 - 1514 (95,4 %) Tabla II: Dataciones radiocarbónicas de La Peña del Moro. Del Bronce al Hierro en el valle del Eresma… 21 BSAA arqueología, LXXXVIII, 2023-2024, pp. 1-40 E-ISSN: 2530-6367 Entonces, ¿a qué obedece este vacío cronológico? La realidad es que no se conoce bien la transición cultural entre Cogotas I y el Soto Formativo o Inicial. Algunos enclaves han aportado datos interesantes, como el leonés castro de Sacaojos, donde se han documentado viviendas con plena-avanzada cogoteña (Misiego et alii, 1999).La asociación de estas estructuras habitacionales con conjuntos cerámicos adscritos a los inicios de la Edad del Hierro meseteña permite plantear la existencia de yacimientos estables en el paisaje, en una fase situada a caballo entre el Bronce Final y los albores de la cultura del Soto de Medinilla (Celis y Muñoz, 2015: 48). Por otra parte, las dataciones de contextos arqueológicos del Soto Formativo con las que comparar son escasas, contando con las fases 1 y 2 del yacimiento de Los Cuestos -en el municipio zamorano de Benaventeque parecen quedar ubicadas en los siglos X y IX cal. BC. (Esparza et alii, 2016: 73). Las del yacimiento vallisoletano de Soto de Medinilla, que sitúan la fundación del poblado en las últimas fases del Bronce Final entre el 1000 y el 900 en fechas calibradas (Delibes et alii, 1995a: 156; Delibes et alii, 1995b; Delibes et alii, 1995c: 84). Otras dos procedentes del enclave salmantino de San Pelayo, establecen una ocupación entre los siglos X y VIII BC (Benet, 1990). Y, finalmente, en La Magdalena, en Castrillo de los Polvazares, realizadas sobre un conjunto de semillas carbonizadas, que dan dos grupos de dataciones correspondientes a las primeras ocupaciones del yacimiento, siendo las más antiguas: 1130-1110 cal. BC; y las más recientes: 810-790 cal. BC (Celis y Muñoz, 2015: 50). Exceptuando la fecha más antigua de La Magdalena, el resto, Figura 11: Secuencia apilada de La Peña del Moro (programa Oxcal v4.4.4.). 22 Raúl Martín Vela BSAA arqueología, LXXXVIII, 2023-2024, pp. 1-40 E-ISSN: 2530-6367 incluida la nuestra, se mueven en el mismo marco cronológico. Podemos colegir, más allá de toda duda razonable, que el vacío de al menos dos siglos es más que patente. VI. RITUALES DE “DOMITANASIA” EN LA PEÑA DEL MORO La distinción entre “domicidio” y “domitanasia” alude, en su primera acepción, a la destrucción deliberada y planeada de una vivienda que causa sufrimiento a sus habitantes, mientras que el segundo caso sería dar una muerte digna a la casa como forma de expresión de un ritual de tránsito (Tringham, 2013: 99; Sánchez Polo, 2021: 67)11. En la década de los 90 del pasado siglo se definió, para las culturas del Neolítico y Edad del Cobre balcánico, un Horizonte de casas quemadas -Burned House Horizon (Tringham et alii, 1992)-. Las excavaciones en los poblados Opovo, Selevac y Gomolava revelaban potentes niveles de incendio que aparentemente nada tenían que ver con una destrucción general del conjunto de los poblados, sino con una suma de viviendas individuales quemadas (Tringham et alii, 1985; Tringham et alii; 1992, Stevanović, 1997). Estudios experimentales realizados en este sentido (Bankoff y Winter, 1979; Shaffer, 1993; Chapman, 1999), hicieron evidente la determinación y premeditación de estos incendios, que buscaban colapsar las estructuras habitacionales mediante la exposición a un fuego controlado y avivado hasta conseguir su destrucción. Concerniente al ámbito cogoteño, las intervenciones arqueológicas rara vez acreditan la existencia de huellas habitacionales, limitándose a documentar hoyos, cubetas y, en ocasiones, fosas practicadas directamente en el sustrato natural. En el interior de estos pozos suelen recuperarse fragmentos de pellas que formaron parte del entramado de madera y barro que levantaron techos, paredes y otras dependencias auxiliares (Sánchez Polo, 2021; Jimeno y Fernández, 1991; Martín y Jiménez, 1988). Dichas pellas se detectan en La Peña del Moro dentro del sedimento que colmata las cabañas descritas, sobre el pavimento o enfoscando la huella de agujeros de poste. Abundan en hoyos, destacando la UE 126, en cuyo interior se recuperó un lote significativo de bolas de barro quemadas y endurecidas -quizás 11 Sánchez Polo, A. (2021) ha planteado por vez primera esta circunstancia en fondos de cabaña pertenecientes a la cultura Cogotas I, si bien toma prestados los términos “domicidio” y “domitanasia” de R. Tringham (2013). Del Bronce al Hierro en el valle del Eresma… 23 BSAA arqueología, LXXXVIII, 2023-2024, pp. 1-40 E-ISSN: 2530-6367 un evidencia del ritual de inhumación de una vivienda sacralizada previamente mediante el fuego-, acompañadas de un conjunto vascular depositado de forma determinada (fig. 12). No es casual la disposición de un gran bol cerámico sobre el que se colocó un degradado hueso de fauna, tapado, o quizás protegido, por una laja de piedra. A su lado, los restos de una vasija aplastada y más restos de fauna. Y como colofón, el pozo estaba sellado por una especie de tapón de barro altamente compactado. Esta apariencia encapsulada no nos pasó desapercibida, máxime cuando el hoyo se localizaba en el centro de la cabaña 2 datada por 14C entre el 1501-1390 cal. BC (tabla II). Pero, sin duda, es la cabaña 3 la que más certezas nos aporta sobre el ritual de incineración y condena (fig. 13). Se ha descrito la forma en que se detectó el nivel de incendio, la localización de la vajilla cerámica a modo de ajuar doméstico y el fragmento de fauna depositado sobre el hogar de barro. La visión en conjunto de la morada nos muestra el hecho tangible. Pero, más allá de la evidencia arqueológica, nos cuesta reproducir gestos y significados. En una reciente tesis sobre el mundo cogoteño se aborda este aspecto, indicando algunas cuestiones muy interesantes vinculadas a la posibilidad de un “reequilibrio energético” de las unidades domésticas que las habitaron: subsanación de la transgresión de ciertas normas o creación de memorias concretas asociadas a estos ritos de tránsito y, quizás, de purificación (Sánchez Polo, 2021: 101). En nuestro yacimiento, parece que, tras el colapso de la vivienda, existieron ciertas pautas de comportamiento entre el fin útil de la casa y las exequias necesarias para cumplimentar el tránsito. No cabe dudada que la cabaña 3 es la que más claras evidencias rinde en este sentido, pero el resto de las chozas excavadas siguen conteniendo, en su interior, pequeñas porciones de manteados de barro, en origen crudo, que terminaron por compactarse por la acción del fuego. Sin desdeñar un origen accidental -a fin de cuentas, estamos ante estructuras fácilmente inflamables-, debemos visualizar los contenidos con otros ojos, ya que, como recoge el saber popular, “el diablo se esconde en los detalles”. Cuantitativamente, el número de cabañas recopiladas en los asentamientos cogoteños es tan exiguo que algunos autores niegan la definición de casa, en favor de cabaña, como unidad estructural más efímera, frágil y endeble (Fernández-Posse, 1998: 112; Delibes y Romero, 2011). Para el periodo de siete siglos de Cogotas I (circa 1800-1100 BC), Blanco González (2018:31) aporta 30 casos. Cifra ampliada recientemente a 48, incluyendo, además de Castilla y León, las regiones de Madrid, Navarra y Zaragoza (Sánchez Polo, 2021:22). En 24 Raúl Martín Vela BSAA arqueología, LXXXVIII, 2023-2024, pp. 1-40 E-ISSN: 2530-6367 este sentido, las chozas documentadas en La Peña del Moro suponen una aportación de considerable importancia que vienen a sumarse al escueto conjunto conocido hasta la fecha. Figura 12: Hoyo UE 126 (arriba): en el centro se localizan dos formas cerámicas (fig. 9: 1 y 2); en su parte superior aflora un conjunto de pellas de barro quemadas. Detalle de las pellas de barro (abajo). Del Bronce al Hierro en el valle del Eresma… 25 BSAA arqueología, LXXXVIII, 2023-2024, pp. 1-40 E-ISSN: 2530-6367 Figura 13: Cabaña 3 al final de su documentación (arriba). Una vez excavado el pavimento de barro se observa como aflora el “encachado” de cantos que actúa a modo de drenaje. En 2017, dicho nivel de cantos fue excavado parcialmente, profundizando unos 80 cm. Esta circunstancia explica el desmantelamiento del sector occidental de la cabaña 3. Detalle del nivel de incendio en el flanco oriental de la cabaña 3 (abajo). Se advierte una alta concentración de pellas de barro endurecidas por el fuego. 32 Raúl Martín Vela BSAA arqueología, LXXXVIII, 2023-2024, pp. 1-40 E-ISSN: 2530-6367 Blanco González, Antonio (2003): Estudio arqueológico del final de la Prehistoria reciente en un sector de la Cuenca del Duero: el Valle Amblés y la Moraña ca. 1800-300 AC, Trabajo de Grado inédito, Universidad de Salamanca. Blanco González, Antonio (2010): “Arqueología de la población entre la Edad del Bronce y el Primer Hierro (1800-400 AC): sobre procesos migratorios y colonizadores en la Submeseta Norte”. Arqueología Espacial, 28, Arqueología de la Población. Teruel, pp. 361-379. Blanco González, Antonio (2014): “Sitios en altura y vasijas rotas: reconsiderando la etapa de ‘plenitud’ de Cogotas I (1450-1150 cal AC) en la Meseta”. Trabajos de Prehistoria, 71(2), pp. 305-329. Blanco González, Antonio (2018): “De cabañas a casas. 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