La imaginería gótica burgalesa de los siglos XIII y XIV al sur del Camino de Santiago
Abstract
Departamento de Historia del Arte
Full text
FACUL TAD de Filosofía y Letras
DEPA RTAME NTO de Historia del A rte
TESIS DOCTORAL:
IMAGINERÍA G ÓTICA BURGA LESA DE LOS SIGLOS XIII
Y XIV AL S UR DEL CAMINO DE SANTIAGO
Presentada por
María Josefa Martínez Martínez
para optar al grad o de d octora por la Univ ersidad d e Valladolid
Dirigida por:
Fernando Gutiérre z Baños *
* Esta Tesis Doctoral se inició bajo la Direcc ión de la Dra. D. ª Clementina Julia Ara Gil. E l R.D.99/2011, de 28 de enero, que regula
las enseñanz as oficiales de Doctorado, no permite que, no estando ya en activo, figure como Directora, por lo que aparece,
únicament e, con tal responsabilida d el Dr. D. Fernando Guti érrez Baños, quien se incorporó a las tareas de Dire cci ón de esta T esis
Docto ral en c alidad de Co-Dir ector e n 2014.
2
Í NDICE
1. I NTRODUCCIÓN
pág . 6
1.1. Estado de la cuestión
pág . 6
1.2. Objetivos y prop ue sta metodológ ica
pág . 7
1.2.1. La metodolog ía del traba jo
pág . 7
1.2.1.1. El problema de las fuentes
pág . 8
1.2.1.2. La búsqueda bibliográfica
pág . 8
1.2.1.3. Los archivos fotográfic os
pág . 9
1.2.1.4. El recorrido del terr itorio
pág . 9
1.2.2. El estudio de las imág enes
pág . 11
1.2.2.1. Las imágenes burgalesa s desde el punto de vista de la devoción
pág . 11
1.2.2.2. Las imágene s burgalesas desde el punto de vista de la
iconografía
pág . 11
1.2.2.3. Las imágenes burgalesas desde el punto de vista del estilo
pág . 12
1.2.2.4. Catalogación de imágenes burgalesa s
pág . 13
1.3. Agradecimientos
pág . 14
2. A PROXIMACIÓN HISTO RIOGRÁ FI CA
pág . 16
2.1. Los te xtos devocionales
pág . 16
2.1.1. Los legados testame ntarios
pág . 17
2.1.2. Los relatos sobre milag ros de imágenes burgalesas
pág . 17
2.1.3. Los aspectos devocionales de la literatura de viajes
pág . 19
2.1.4. Las monografías devoc ionales
pág . 22
2.1.5. Las imágene s de devoción en los libros sobre historia de la
ciudad de Burgos, de la provincia de Burgos y otras historias
pág . 25
2.2. Las noticias histórico-artísticas de los escritores de los si glos XVIII y
XIX
pág . 32
2.3. Los estudios del siglo XX hasta la actualidad
pág . 36
2.4. A modo de conclusión
pág . 64
3. E L MARCO G EOGRÁFICO E H ISTÓRICO
pág . 65
3.1. El medio físico
pág . 67
3.2. El marco histórico
pág . 68
3.2.1. La monarquía
pág . 69
3.2.2. La nobleza
pág . 72
3.2.3. La oligarquía urbana
pág . 73
3.2.4. La ig lesia
pág . 75
3.3. La división del territorio
pág . 78
3.3.1. La división administrativa
pág . 79
3.3.2. La división eclesiástica
pág . 80
4. I MÁGENES RELACIONA DAS CON TA LLERES DE ESCULTURA MONUME NTAL
pág . 84
4.1. La escultura catedralicia y su relación con la imaginer ía
pág . 84
4.1.1. La portada del Sarmental
pág . 84
4.1.1.1. I máge nes de culto rea lizadas por el taller del tímpano del
Sarmental: la Virge n del Manzano de Castrojeriz
pág . 86
4.1.2. La portada de la Coronería
pág . 89
4.1.2.1. I má ge nes de culto realizadas por el taller del tímpano de la
Coronería: Santa Ma ría la Real de Villamayor de los Montes
pág . 90
4.1.3. L os conjuntos escultóricos desaparecidos: la tripl e portada
occidental
pág . 92
4.1.4. El taller del claustro y las torres
pág . 93
3
4.1.4.1. Imágene s de culto realizadas por el taller del cla ustro
pág . 95
4.1.4.1.1. La Virgen de la Aleg ría
pág . 95
4.1.4.1.2. Nuestra Señora de la Vid
pág . 97
4.1.4.1.2.1. La devoción a Nuestra Señora de la Vid
pág . 100
4.1.4.1.2.2. Aspectos iconográficos y estilísticos
pág . 101
4.1.4.1.3. Nuestra Señora de los Remedios
pág . 104
4.1.4.1.4. La Virgen de la ig lesia de San Lorenzo de Burg os
pág . 107
4.1.4.1.5. La Virgen de la Manzana de Santo Domingo de Silos
pág . 108
4.1.4.1.6. El Calvario de F ernando de la Cerda en Las Huelgas
pág . 110
4.1.4.1.7. El Descendimiento de L as Huelgas
pág . 113
4.1.4.2. Esculturas influenc iadas por el taller del claustro y las torres
pág . 115
4.1.4.2.1. L a portada de Santa María la Real y Antigua de Gamonal
Anunciación de su interior
pág . 116
4.1.4.2.2. Resto de una Virge n sedente con el Niño
pág . 117
4.1.4.2.3. La ca beza coronada de Cristo del Museo de Bur g os
pág . 118
4.1.5. L os talleres d e la catedral d e Burg os durante el siglo XIV : l as
esculturas de las ménsulas de la capilla de San ta Catalina y la
Virgen de pie de la capilla del Santo Cristo
pág . 119
4.2. El taller de la portada occidental de Nuestra Señora de Marzo de
Santo Domingo de Silos
pág . 1211
5. L A IMAGINERÍA BUR GALESA DE LOS S IGLOS XIII Y XIV A L SUR DE L C AMINO
DE PEREGRINAC I ÓN
pág . 125
5.1. La s representaciones del Crucificado
pág . 126
5.1.1. El orige n del tema y su e volución hasta el período gótico
pág . 126
5.1.2. Los Cruc ificados góticos burgaleses
pág . 127
5.1.2.1. Los Cruc ificados de rasgos arcaizantes
pág . 130
5.1.2.2. Los C ru cif ic a do s d e c ar ác te r na turali sta idealizado
pág . 131
5.1.2.2.1. Los Crucificados que derivan del C risto del Calvario de
Fernando de la Cerda
pág . 132
5.1.2.2.2. Los Crucificados que derivan del Cristo de la i glesia de
San Millán de L os Balbases
pág . 133
5.1.2.2.3. Los gra ndes Cru cificados de hacia 1300 que anudan el
paño de pure za sobre la cadera izquierda
pág . 134
5.1.2.2.4. L os Crucificados en los que asoma la tela sobrante del
paño de pure za
pág . 134
5.1.2.2.5. Los Crucificados en los que el tórax contrasta con la
cintura
pág . 136
5.1.2.2.6. Los Crucificados con las costillas talladas y el abdomen
liso
pág . 138
5.1.2.2.7. Los Crucificados con la caja torácica recta
pág . 139
5.1.2.3. Los Cruc ificados dolorosos
pág . 140
5.1.2.3.1. Los Crucifica dos dolorosos y la corriente mística
pág . 146
5.1.2.3.2. El San to Cristo de B urgos d e los Tr initarios o d e las
Santas Gotas de la iglesia de San Gil
pág . 147
5.1.2.3.3. El Santo Cristo de Burgos de los Agustinos
pág . 152
5.2. La s representaciones del Calvario
pág . 167
5.2.1. El orige n del tema y su di fusión
pág . 167
5.2.2. Los Calvarios burgalese s
pág . 170
5.3. La s representaciones del Descendimiento
pág . 176
5.3.1. El orige n de la iconografía del Descendimi ento
pág . 176
4
5.3.2. El tema del Descendimiento y l a devoción monástica femenina
pág . 177
5.3.3. Distribución ge ográfica y clasificaci ón iconográfica de los
Descendimientos líg neos medievales
pág . 178
5.3.4. Los Desce ndimientos burgaleses
pág . 182
5.3.4.1. Los Desce ndimientos de la variante castellana
pág . 182
5.3.4.2. Los Desce ndimientos de la variante italiana
pág . 185
5.4 . Cr is t o m ost ra nd o la s ll ag as
pág . 187
5 .4. 1 . E l ori g en d el te ma
pág . 187
5.4.2. Cristo mostrando las llag as en las representaciones artísticas
gótica s
pág . 188
5.4.3. Cristo mostrando las llaga s en la imaginería burgalesa
pág . 190
5.5. Representaciones de la Santísima Trinidad como Trono de Grac ia
pág . 191
5.5.1. El orige n del tema
pág . 191
5.5.2. Representaciones de la Trinidad como T rono de Grac ia
pág . 192
5.5.3. L as representaciones burg alesas de la Trinidad como Trono de
Gracia
pág . 193
5.6. La s representaciones de la Virgen
pág . 194
5.6.1. Representaciones de la Anunciación
pág . 194
5.6.1.1. Las Anunciaciones gótica s y su i conografía.
pág . 194
5.6.1.2. La Anunciación y las lit urgias hispánica y romana
pág . 197
5.6.1.3. Las Anunciaciones gótica s exentas burgalesas
pág . 199
5.6.1.3.1. Primera variante
pág . 200
5.6.1.3.2. Segunda varia nte
pág . 200
5.6.2. Las Vírgenes sedentes con e l Niño
pág . 200
5.6.2.1. El ori gen de las representaciones de la Vir g en sedente con el
Niño y su ev olución hasta el período gótico
pág . 201
5.6.2.2. Las Vírgenes sedentes con el Niño góticas burga lesas
pág . 203
5.6.2.2.1. Las Vírgenes sedentes con el Niño de tradición r ománica
pág . 207
5.6.2.2.2. L as Vírge nes se dentes con el Niño en las que este se sitúa
en el centro del rega zo de María sin ser tocado por las
manos de esta, que , no obstante, lo resguardan
pág . 210
5.6.2.2.3. La s Vírgenes sedentes con el Niño en las que este es
resguardado por e l manto de María
pág . 211
5.6.2.2.4. Las Vírgenes sed entes con el Niño en l as que este e s
sujetado por la mano iz quierda d e María, apo y a da en l a
pierna o en la cintura de Jesús
pág . 215
5.6.2.2.5. La s Vírgenes sedentes con el Niño en las que este es
sujetado por la mano iz quierda d e María, apo yada en el
hombro o en el bra zo de J esús
pág . 218
5.6.2.2.6. La s Vírgenes a lfonsíes: un tipo especialmente
caracter izado y de singular pro y e cción de Vir gen sedente
con el Niño burga lesa
pág . 223
5.6.2.2.6.1. Estado de la cuestión
pág . 223
5.6.2.2.6.2. Origen de la tipolog í a
pág . 227
5.6.2.2.6.3. Distribución ge ográfica de las tallas de esta tipología
pág . 228
5.6.2.2.6.4. Características, clasificación y estudi o de las esculturas
burgalesas
pág . 229
5.6.2.2.6.5. I má genes que acusan la influenci a de las Vírgenes
alfonsíes
pág . 233
5.6.2.2.7. Vírgenes sedentes con el Niño en las que este se dispone
5
de pie
pág . 234
5.6.3. Las Vírgenes de pie con el Niño
pág . 240
5.6.4. La Virge n de la Leche
pág . 243
5.6.4.1. Origen del tema e iconografía
pág . 243
5.6.4.2. Las representaciones de la Virgen de la Leche burgalesas
pág . 245
5.7. Representaciones de santa Ana triple
pág . 246
5.7.1. Origen del tema y su iconografía
pág . 246
5.7.2. Las representaciones gótica s burgalesas de santa Ana triple
pág . 248
5.8. Representaciones de santos
pág . 251
5.8.1. Representaciones de apóstoles
pág . 252
5.8.1.1. San Andrés
pág . 252
5.8.1.2. San Bartolomé
pág . 254
5.8.1.3. San Juan Evange lista
pág . 255
5.8.1.4. San Pedro
pág . 257
5.8.1.5. Santiago e l Ma y o r
pág . 258
5.8.1.5.1. Santiago sedente
pág . 259
5.8.1.5.1.1. La imagen de Santiag o de Las Huelgas
pág . 265
5.8.1.5.1.2. Santiago pereg rino
pág . 266
5.8.1.6. Apóstol sin identificar
pág . 266
5.8.2. Representaciones de santos
pág . 267
5.8.2.1. San Clemente
pág . 267
5.8.2.2. San Esteban
pág . 268
5.8.2.3. San Juan Bautista
pág . 269
5.8.2.4. San Martín de Tours
pág . 271
5.8.2.5. Santa Ág ueda
pág . 272
5.8.2.6. Santa Ba sili sa
pág . 273
5.8.2.7. Santa Catalina de Ale jandría
pág . 274
5.8.2.8. Santa Elena
pág . 276
5.8.2.9. Santa L ucía
pág . 277
5.8.2.10. Santa Margarita
pág . 278
5.8.2.11. Santos sin identificar
pág . 279
6. C ONCLUSIONES
pág . 280
6.1. Un rico patrimonio
pág . 280
6.2. L a temprana datación de algunas imágenes góticas burgalesas
respec to a las esculturas de otros territorios
pág . 281
6.3. La relación d e imágenes bu rgalesa s con esculturas peninsulares y
europea s
pág . 282
6.4. La presencia de esculturas singulares
pág . 283
6.5. La s Vír g enes sedentes con el Niño y su variedad iconográfica
pág . 284
6.6. La s imágenes como objeto de culto
pág . 285
7. C ATÁLOGO
pág . 287
8. E SCULTURAS EN PARA DERO DESCONOCIDO
pág . 709
8. 1. Relación de e sculturas desaparecidas o e n paradero desconocido
pág . 710
9. B IBLIOGRAFÍA
pág . 721
6
1. I NTRODUCCIÓN
1. 1. E STADO D E LA C UESTI ÓN
La ima giner ía ocupó un lug ar im portante en el panorama gener al del arte gótico.
Sin embarg o, durante un período muy dil atado de ti empo se p rimaron otras
manifestaciones escultóricas en los estudios genera les dedi cados a este estilo: la
escultura monument al, la funeraria y los ret ablos. Mientras qu e en estas s e h a
fundamentado la definición y evolución del gótico, las im ág enes han sido consideradas
como un apéndice d e la gran es cultura o un art e menor, y, a veces, ni siquiera han
alcanzado la categoría de obra de arte, relegadas casi en exclusiva a su función de
objetos de culto.
En España, al igual qu e en otros países, apenas ha y bibliografía específica
relativa a la imaginería antes de mediados del siglo XX 1 . Es a partir de ese período
cuando se percibe un importante cambio de criterio, según el cual la imaginer ía
medieval se analiza d esde un e nfoque científico, c on la incor poración en ob ras de
carácter general de apartados o capítulos dedicados específicamente a su estudio 2 . En la
actualidad, los investigadores españoles están concediendo una atención particular a
esta ex presión artística dentro de los estudios sobre escultura g ótica 3 , y ya son
numerosos los trabajos monográficos d edicados a la imaginería de dive rsas provincias
españolas 4 .
La laguna existente, en lo que se refie re a estudios científicos dedicado s a la
imaginer ía burgalesa en la época gótica , es la razón por la que he elegido este tema
como tesis doctoral. Burgos fue un foco artístico destacado durante la Ed ad Media por
razones de índole espirit ual, política y económica, sobre todo a partir de los talleres de
su catedral, que han ju gado un papel tan importante en la introducción del gótico en
España. Si en el momento actual existen numerosos trabajos dedicados a la arquitectura,
a la escultura monumental, a la escultur a fun eraria e incluso a los re t ablos gótic os
burgaleses, las imág enes de talla no han mer ecido aún un estudio de conjunto. Es
verdad que son numer osas las menciones lit erarias a algunas de las imágenes
burgalesas, pero solo de sde el punto de vist a del interés que suscitan sus a spectos
devocionales. Los estudios específicamente artísticos sobre imágenes de esta provincia,
son parciales y analiz an un limitado grupo de obras 5 . Ha y que señalar en este punto que
un número importante de los mi smos es el resultado de la labor que vengo realiz a ndo
desde hace años como preparación de esta tesis 6 . De todo ello daré cuenta en el capítulo
dedicado a la historiografía del tema.
1 Ha y que destacar, no o bstante, la muy notable ap ortación de W EI SE , G., 19 27 a, 1927 b.
2 P ara España son espec ialmente destacables las apor ta ciones d e G UDI OL R I CART , J. y C OOK , W. W. S.,
1950 (1980); D URÁN S AN PERE , A. y A INAUD L ASA RTE , J., 195 6 (1980).
3 F RAN CO M ATA , M. A., 1976; A RA G IL , C. J., 1 977; L AH OZ , L., 19 99.
4 H ERNÁN DEZ Á L VARO , A. R., 19 84; G A RCÍA M O GOLL ÓN , F . G., 1 987; F ER NÁ NDEZ -L ADR EDA A GUADÉ ,
C., 198 8; S ÁENZ R ODR Í GUEZ , M., 2005; P ÉR EZ M A RTÍN , S. Y F ERNÁND EZ M AT EOS , R., 2015 , entre otros.
5 A NDRÉS O RDA X , S., 198 9; A RA G IL , J., 1994, pp. 274 -288, pp . 308 -310. Solo he incluido aq uellas obras
que apor tan inf o rmación sob re varias esc ult uras.
6 M ARTÍ NEZ M ARTÍ NEZ , M. J. , 1 990, pp. 83 -93; M ARTÍNEZ M ARTÍN EZ , M. J., 1 991, p p. 143 -159;
M A RTÍNEZ M ARTÍ NEZ , M. J ., 1998 -2001, pp . 67 -77; M ARTÍ NEZ M ARTÍNEZ , M. J ., 2002 l, p p. 189 -231;
M A RTÍNEZ M ARTÍN EZ , M. J ., 2 003 c, pp. 593 -601; M ARTÍ NEZ M ARTÍNEZ , M. J. , 2003 -2004, pp. 207 -246;
M A RTÍNEZ M A RTÍN EZ , M. J., 20 06, p p. 249 -272; M A RTÍNEZ M A RTÍNEZ , M. J., 2007, p p. 88 -11 6;
M A RTÍNEZ M ARTÍNEZ , M. J ., 200 9, pp. 2 09 -246; M A R TÍNEZ M ARTÍ NE Z , M. J., 2010, p p. 10 7 -128;
M A RTÍNEZ M A RT ÍN EZ , M. J., 2 012, pp. 107 - 128; M ARTÍ NEZ M ARTÍN EZ , M. J ., 2014, pp. 2 59 - 272.
7
El propósito de este traba jo es el estudio científic o de las obras de imaginería
gótica burgalesa d e los siglos XIII y X IV , p ara ello se h a tenido en cuenta su valoración
histórico-artística e n relación con el entorno geográfico y c ronológ ico para el que fueron
concebidas, así como sus vinculaciones estilísticas con la escultura de su m omento y su
incidencia social y artíst ica a través del impacto devocional en un momento
determinado o a través d el tiempo. No obstante, debido a la gra n ex tensión geográfica
de la provincia de Burgos, el e levado número de núcleos de población, 1335 c on,
aproximadamente, 1400 iglesias pa rroquiales y 3 75 ermitas, adem ás de monasterios y
otros enclave s, y la abundancia de obras conservadas, cada un a con su casuística,
parec ía a consejable d elimitar e l trabajo geográficamente a los territorios burgaleses
situados al sur del Camino de Peregrinación, con el objetivo de hacerlo viable. S o y
consciente de qu e el pu nto de partida es arbitrario, pero ha pe rmitido atender a una
catalogación prec isa y a un estudio puntual de las esculturas.
1. 2. O BJETIVOS Y PROPUES T A METODO LÓGICA
Tres problemas principales se plantearon al ini ciar el trabajo. El primero está
relacionado con la elaboración del rep ertorio. Muchas imágenes se han perdido y otras
han cambiado de lugar. El segundo es la ausencia de un catálogo monum ental del que
poder partir 7 . Y el tercero afecta al estudio de las obras, y a que e s prác ticamente
imposible acudir a fuentes documentales directas, por la inexistencia de doc umentos de
época. La metodología q ue he se guido ha estado condicionada por estas limi taciones, en
contrapartida he otor ga do una especial relevancia a la historiografía, a la c onsulta de los
archivos fotográficos y al recor rido exhaustivo del territorio, como paso previo para el
estudio de las imágenes.
1. 2. 1. La metodolog ía de trabajo
Por consiguiente, este trabajo ha tenido v arias líneas de actuación. Por un lado, y
dada la ausencia de doc umentos que se refieran concretamente a escultur as exentas de
este período, ha sido de la mayor im portancia otorgar el prime r plano a las fuentes
escritas y a la bibliografía, a través de una c uidadosa revisión historiografía. Por otro
lado, se planteó imprescindi ble la consulta de a rchivos fotográficos, po rque en unos
casos queda el testim onio gráfico d e obras d esaparec idas, en otros facilitan información
sobre sus primit ivos enclave s, si estas han sido desplazadas y se desconoce el lu gar d e
procede ncia, y finalmente porque reflejan su estado de conservación, ya que algunas
imáge nes han sido gravemente alteradas poste riormente 8 . Estas circunstancias hicieron
que el recorrido del territorio se pl antease impres cindible, debido a que la ma y orí a de
las obras per manecían inéditas.
1. 2. 1. 1. El problema de las fuentes
Uno de los problemas que ha habido que a frontar ha sido la dificultad para
establecer los lí mites entre lo que pu ede considerarse p ropiamente fuentes, porque en
7 Aunque N. Sentenac h inició el catálogo monume ntal d e Burgos en 1924 , quedó inconcluso. Son
numerosos los municipios que no visitó y las obras de arte que no incluyó. S ENTENACH , N., 19 24.
8 Como Nuestra Señor a la Real y Antigua de Ga monal.
8
unos casos esos testimo nios antiguos permanecen inéditos, como sucede con al gunos
manuscritos que se custo dian en archivos diferentes 9 , pero en otros han sido publicados
posteriormente, de modo que forman parte de la bibliografía 10 . La consulta de alguna de
las obras, esp ecialmente las no publicadas, h a sido costosa, bien p or tratarse de
ejemplares únicos o por la escasez de los mismos y su dispersión a tr avés de archivos y
bibliotecas españolas.
Según se ha apuntado, la documentación de la época en que fueron r ealizadas
estas imágenes no concede importancia al hecho material de las mismas. No aporta, por
lo tanto, información sobre el momento en que fueron hechas, ni sobre sus autores,
tampoco sobre sus comitentes. Por eso, en este caso, se ha otorgado un especial interés a
las fuentes que reflejan aspectos devocionales, tanto a las manuscritas e iné ditas, como a
las publicadas en diferentes épocas. Estas fuent es se re fieren, casi en exclusiva, a un
pequeño número de imá genes y fu eron redactadas casi siempre en fecha muy posterior a
la época de las correspondientes esculturas. En ellas se aport a info rmación poco
contrastada y a veces errónea, sobre todo en lo que se refiere a la datación y adscripción
al estilo. Junto a estas fuentes devocionales s on de gran utilidad los testim onios
aportados por los viajeros que recorrieron Espa ña, en su casi totalidad extranjeros,
quienes en sus escritos reflejaron la ex istencia de im ágenes de gran aclamación
popular 11 .
1. 2. 1. 2. Búsqueda bibli ográfica
La s menciones a imaginería gótica burgalesa se encue ntran en publicaciones de
carácter mu y dispar. La alusión a las esculturas se ve, a veces, reducida a la advocación
o a la ubicación y datación de las mi smas, datación que con frecuencia es e rrónea; su
inclusión está justificada porque, en ocasiones, so n las únicas referencias e xistentes. L as
publicaciones de ca rácter científico aluden a un re ducido número de esculturas de gran
calidad, pertenecientes a lugares muy concretos, entre las que des tacan la catedral y
otros edificios de la ciudad de Burgos, así como el monasterio de Santo Domingo de
Silos. A ello se aña de qu e la consulta de una buena parte de la bibliografí a h a sido
dificultosa, por con fluir en ella distintas circunstancias: en unos c asos la s obras est án
muy dispers as y son de d ifícil acceso por l a escasez de ejemplares que se conservan 12 , a
ellos hay que añadir la difícil localización de algunas publicaciones extranjeras, porqu e
se centran en tem as mu y específicos 13 . Varias de las publ icaciones consultadas se
9 L EÓN , B . de, ca . 1 607 y N ORI EGA , J . E. de, datad o a principios del s iglo X VIII , en la Biblio teca del
Monasterio de La Vid; P RI ETO , M. , 163 9. Archivo Municipal de B urgos; S ENTENACH , N., 1 924. Instituto
Diego Velázq uez, su co ns ulta está restringida; J ANÁRIZ , P., escrito , aproximadamente, a finales d e la
década de los 30 o principios d e los 40 de la pasada centuria. Archivo de la Diputación de Soria.
10 C ASTILL O P ESQUERA , A., 1697 (1 946); P ALA C IO S , F. B. d e, 1729 (1947).
11 Las noticias apor tadas p or viajero s extranjer os p or España co mien zan ya en el si glo XV y se p rolongan
hasta el XIX . Algunos de estos escrito s se limitan a fra gmentos. Es una gra n a yuda par a el investigador la
compilación realizad a por G ARCÍA M ERCADAL , J., 1952 (1999).
12 Po r ejemplo: B ERGA NZA , F., 1 721; L OVI ANO , P. , 1740; S EN TENA C H , N., 1924; M AHN , H., 19 31.
13 M A R IZ , P . de, 1609 . Biblioteca Universidad de Coim bra. Es un libro sobre el Santo Cristo de B urgos de
los Agustinos; F RANCOVI CH , G. DE, 1 938. Biblioteca de la Universidad d e Colonia. Está dedicado a los
crucificados; T AUBER , J., 1969, 1978 a, 1 978 b. B iblioteca Universitaria de B onn. So n diferentes artíc ulos
y libr os sobre los cr ucificados ar ticulados; S CHÄL I CKE , B., 197 5. B iblioteca de la Uni versidad de
Münster. Es una tes is doctoral d edicada al estudio de los d es cendimientos medie vales españoles.
9
conserva n en archivos y bibliotecas de Burgos y su provincia 14 , otras en distintos
lugares de nuestra ge ografía 15 y en el extranjero 16 .
1. 2. 1. 3. Los archivos f otográficos
Una fuente imprescindi ble para la elaboración de este t rabajo han sido los
archivos foto gráficos, por lo que aporta n para la realización del catálog o. Grac ias a las
fotografía s qu e integran estas colecciones he podi do conocer al guna s esculturas, si bien
en escaso núm ero. Varia s y a no s e custodian en sus enclaves ori ginarios y de ellas se
desconoce su ubicación actual. Estas se han incluido en un apartado destinado a las
esculturas en paradero desconoc ido, en el que se menciona el archivo en el que se
ubican las fotografías y su referencia 17 . En otras o casiones, las foto grafía s muestran el
aspecto que tenían algunas tallas antes de las restauraciones a que fueron someti das con
posterioridad 18 .
Los tres archivos fotográficos, que han servido principalmente para este es tudio,
son el Ar chivo Municipal de Bu rgos, el A rchivo de la Diputa ción Provincial de Burgos
y el Archivo del I nstitut o Diego Velázquez del Centro Superior de Investigaciones
Científicas. Los archivos situados en la ciudad de Burgos p roceden de la s colecciones
de varios fotógrafos, en tre los que destacan Alonso Vadillo García (1905 -1945) y
Gonzalo Miguel Ojeda ( 1888-1964), ambos tenía n un estudio propio. Gonzalo Miguel
Ojeda fundó el estudio Photo -Club, en el que también colaboraron otros fotógrafos
burgaleses, su colección fue adquirida por la Diputación Provincial d e Burgos en 1975;
la c olección de Alonso Va dil lo forma p arte d el Archivo Fotográfico Municipal de
Burgos 19 .
1. 2. 1. 4. El recorrido del territorio
Una parte sust ancial del trabajo ha consistido en recorrer el te rritorio, porque si
bien la bibliografía aporta los nombres de al gunas esculturas, su nú mero es muy
limitado y la mayoría de las imágenes pe rmanecen inéditas A esta circunstancia ha y que
añadir que nuestra provincia carece de catálogo monum ental y artístico. Por lo tanto, ha
sido precisa la visita directa a cada uno de los municipios burga leses sit uados al sur del
Camino de Santiag o 20 , a c uy a ca beza se encuentra la capital con su c atedral, también a
14 Archivo Diocesano, Biblioteca del Archiv o Mu nicipal de Burgos, Archivo de la Diputación Pro vincial
de Burgos, Biblioteca de la Diputación P rovincial de Burgos, B iblio teca de la In stitución Fernán
González de B urgos, Biblioteca de la Facultad de T eología d e Burgos, Biblioteca del Monasterio de La
Vid, Biblioteca Municipal de Ara nda d e Duero , B iblioteca Municipal de Burgos, Biblioteca del Museo de
Burgos.
15 Biblio teca d el Institu to Die go Velázq uez ( CSIC), Biblioteca del Dep artamento de Historia del Arte de
la Universidad de Valen cia, B iblioteca del Dep artam e nto de Historia d el Arte de la Universidad de
Valladolid.
16 Biblio teca Universitaria d e Bonn, Bib lioteca Unive rsitari a de Coi mbra, Biblioteca Universitaria de
Colonia, Biblio teca Universitaria de Münster.
17 Sirva co mo eje m p lo u na fotografía de una Vir gen sede nte gótica en el Archi vo Photo -Club de la
Diputación Pro vincial de Burgo s (núm. 3656 ), perteneciente a Sant ibáñez de E sgueva.
18 E n el Archivo Fotográfico Munic ipal, con el número 2904, se co nserva una fotografía en la q ue está la
titular de la iglesia d e Gamona l antes de la resta uración.
19 Z APA RAÍN Y Á ÑE Z , M. J., 2002 a, pp. 211 -212; B AL LESTEROS C ABA LL ER O , F., 20 02, pp. 213 .
20 Cuatrocientos o cho.
16
2. A PROXIMA CIÓN HISTORI OGRÁ FICA
Como se ha mencionado anteriormente, n o existen trabajos que aborden, de
forma sis temática y co n criterio científico, el estudio de l a imaginería mediev al
burgalesa, desde ninguno de sus distintos aspectos: devocional, estilí stico o
iconográfic o. Sin embar go, son numerosas las menc iones a un limitad o número de
esculturas, como consecuencia del int eré s devocional que han susc itado. Estas
menciones comienzan d esde época mu y temprana , en al gún caso al mism o tiempo que
el nacimiento de la e scultura gótica 41 , y s e hacen más frecuentes a partir del siglo XV 42 .
Los textos de carácter d evoto se han prolongado hasta nuestros días y aunque
esta li teratura no tiene una int encionalidad artística, es muy reveladora de los cambios
que se h an producido en las creencias y en la espiritualidad. Así mismo, a y udan a
comprender la ima gen d esde un punto de vist a global, en lo qu e tiene de artístico, pero
también en sus implicaciones soc iales.
A partir de finales del siglo XVIII se aprecian los primeros cambios en trabajos
eruditos, que refl ejan una ma y or preocupación por cuestiones históric as y artística s
sobre la imaginería burgalesa. Estas publicaciones son las primeras de las que se puede
extraer información de c arác ter no devoto y aportan noti cias sobre las imág en es con un
criterio hist órico y de inventario. Sin embargo, en ellas las referencias apar ecen aisladas
y dispersas y dominan las omisiones y las dataciones erróneas.
Aunque el objetivo de es te trabajo est á dirigido a la im ag inería de lo s si glos X III
y X IV , también se ha atendido a las referencias a imágene s citadas en los textos como
del siglo XV , cuando l a r evisión de su cronolo gía me ha permiti do adelantar su datación
al período que nos o cupa. Igualmente, y aunqu e, c omo ya s e ha señ alado, el trabajo está
acotado a la zona sur del Camino de Peregr inación, se incluy e n textos que hacen
referenc ia a imágenes burgalesas situad as al norte por considerar que ayuda n a
completar la perc epción y valoración de la imaginería gótica burgalesa en su conjunto.
2. 1. L OS T EX TOS DEVOCI ONALES
Durante un amplio período de ti empo, que abarca desd e el siglo X III al siglo
XVIII , ex isten refe rencias y menciones a imágenes góticas bur ga lesas en escritos
devocionales de tipo muy variado. Destacan las fuentes testamentarias por su carácter
documental. Los otros es critos tienen valor literario y se pueden clasificar en: libros de
milagros, libros de viaje s escritos por extranjeros y monográficos d edicados a tallas
burgalesas. A partir del s iglo XIX , a las obras men cionadas, h ay qu e añadir la ed ición d e
numerosos libros protagonizados por la ciudad de Bur gos, la provincia, algunos
municipios y un número delimitado de monumentos. También ha y refer encias a t allas
en publicaciones sobre temas mu y dive rsos. Todas coinciden en rec oger aspectos
devocionales de un reduc ido grupo de esculturas.
La s imá g enes a las que se ha profesado ma yor devoción a lo largo del tiempo,
reflejada en un número elevado de publicaciones, son los dos Crucificados conocidos
como Santos Cristos de Burgos, el Santo Cristo de Bu r gos de los Agustinos y el Santo
41 F IL GUEIRA V ALVERDE , J. y L ÓPEZ S ERRANO , M. y G UERRERO L OVIL LO , J. , 19 79. Alfonso X dedicó
cuatro Cantig as de Santa María a la Virgen del Manza no de Castroj eriz, núms. 242, 249, 252, 256.
42 Destaca n las p ublicaciones de autores que relata n sus viaj es p or España. Su cronología se prolonga
desde el siglo XV hasta el XIX . Destacan los reco pilatorios de: G ARCÍ A M ERCADAL , J., 1952 (1999).
Realizó una exha ustiva recop ilación de las ob ras de a utores ex tranjeros; NOUG UÉ, A., 19 82. Com piló
los autores extra njeros del siglo XI X , al igual que P ARDO , A ., 1 989.
17
Cristo de Burgos de los Trinitarios. También s e conoce a las dos tall as bajo otras
advocaciones. S e menc iona al primero como Santísimo Cristo de Burgos en las
publicaciones más antiguas, pero también se refieren a él como S anto Cristo de Burgos,
Santo Cristo de Burgos de los Agustinos, Santo Cristo de San Agustín o Cristo de los
Agustinos. Los dos últimos apelativos están relacionados con el convento burgalés de
San Andrés de los Agustinos Ermitaños, en el que estuvo la imagen hasta su traslado a
la catedral en el siglo XIX con motivo de la desamortización. Las denominaciones bajo
las que se conoce a la segunda imagen son: Cristo de las S antas Gotas, Santísim o Cristo
de Burg os, qu e es la advocación m ás frecuente en las public aciones más antiguas, Santo
Cristo de Burgos de San Gil o Santo Cristo de Burgos de los Trinitarios. Las dos últimas
advocaciones aluden a los dos lugares en los que se ha custodiado la escultura, el
monasterio de la Trinidad y la parroquia de S an Gil. A l a iglesia de San Gil se trasladó
cuando se aplicaron las medidas desamortizadoras al monasterio. Se ha n mencionado
los apelativos de las dos imágenes para a y udar a su identificación en las fuentes y en la
bibliografía.
2. 1. 1. Los legados testamentarios
La s disposiciones testamentarias son las únicas fuentes documentales que
pueden facilitar el conocimiento del culto que se profesaba a algunas imágenes
burgalesas, por lo que, a pesar d e que las men ciones son muy generales, se les ha
asigna do un apartado br eve en este capítulo. Están dedicadas, sobre todo , a pequeños
legados para la il uminación de los edificios donde se custodian las tallas. Se inclu y en a
continuación algunos testimonios que pueden servir como ejemplo.
A la ermita de Santa María de la Reb olleda, cu y a titul ar era una imagen mariana
del sig lo XIII , aluden dos disposiciones testamentarias re cogidas por F. A. Castillo
Pesquera. La primera la realiz ó Juan González en 1434 y en ella podía leerse: “que
echen a las lámparas de la ermita d e Santa M aria l a Rebolleda”. La segunda, de Dorote a
Rodríguez, se rubricó el 12 de agosto de 1436 y en ella pedía que: “la honren en su
entierro y llamen a las d ueñas de la Rebolleda” 43 . De ambas podría deducirse que en la
ermita se daba culto a la talla de la misma advocación.
En otra fuente testamenta ria se aludió al Crucificado del Calvario de la iglesia de
Mahamud, que se trasladó en 1622 a la ermita de San Pedro, actu al iglesia de
Villahizán. En el testame nto de Martín Fernández Monasterio, de 1511, consta que
“ hechen aceyte a las lanparas […] del Cruçefeixo” 44 .
2. 1. 2. Los relatos sobre milagros de imágenes burgalesas
Existen textos que abordan, de forma exclusiva, los milag ros que se atribuían a
algunas tallas. Este tipo de relatos abarca un dilat ado perío do de tiempo, que comprende
desde el siglo XIII al XVIII .
La prime ra obra se dedicó a los milag ros de la Virgen. El culto a María se inició
en el si glo X II y s e genera lizó en la centuria siguiente. La s órdenes religiosas
cisterciense y pr emonstratense d esempeñaron un papel importante en su difusión y
popularización. S u expansión por tierras castellanas coincide con el reinado de Alfonso
VIII. Un reflejo de la c reciente devoción mariana son las obras de Gonzalo de Berceo y
43 C ASTILL O P ESQUERA , A., 16 97, p. 40.
44 Agradezco esta infor m ación a Raúl Her nández García.
18
Alfonso X el Sabio, las primeras que refl ejaron a lgunos milagros realizados por María.
A pesar de qu e el p rimero no mencionó imágenes bur ga lesas, se h an incluido L os
milagros de Nuestra Señora , porque en ellos describió algunas tallas marianas 45 . L as
descripciones facilitaron un mejor conocimi ento de la aparienc ia de las esc ulturas de
este período. El re y Sabi o narró, en las Cantigas de Santa María , los milagros que se
produjeron en algunos sa ntuarios por int erce sión d e la Vir ge n. Es una obra significativa,
además de por las ilumi naciones que la ilustran, por ser la primer a referencia a dos
imáge nes bur galesas, l a Vir ge n del Manzano de Castrojeriz 46 y S anta M aría d e San
Salvador de Oña 47 .
Los libros sobre milagros reaparecieron en el siglo XVI y estuvieron
protag onizados, en su in mensa mayoría, por el Sa nto Cristo de Burgos de l os Agustinos,
al que se dedicaron algunos recopilatorios. El primero se tituló Miraglos del Santo
Crucifixo , obra de un agustino anónimo que se editó en 1574. A este ejemplar par ece
referirse Cock en 159 2 al escribir: “[… ] del que hay una hist oria im presa, y por esto no
me quiero ala rgar” 48 . Esta obra tuvo varias reedic iones a lo largo del si glo XVII . La
primera d e 1604 estuvo a cargo d e J uan Bautista Varesio, y l a se g unda, de 1622, fue
rubricada por Huidobro. Estas reediciones r eflejan la gran devoción que suscitaba la
image n.
La relación de libros de dicados al Santo Cristo de Bur g os de los Agustinos se
amplió durante la siguien te centuria. El primero se publicó 1737 con el título Hist oria y
milagros del Santísimo Cristo d e Burgos , obr a de Fr. J . Sierra. Se reeditó en 1763. Es
una recopilación de lo escrito con anterioridad. El siguiente volumen lo redactó Fr. P. de
Loviano en 1740 y lo tituló como al anterior, Hi storia y milagros del Sa ntísimo Cristo
de Burgos . En esta edici ón se sucedieron los milagros y se consideró que la imagen era
obra de Nicodemo. También se añadieron otros datos, como que se entregó en el año
940 a cinco e rmitaños 49 . Estos li bros se realizaron desde un punto de vista devocional
que esca pa a cualquier an álisis histórico.
El primer mono gráfico sobre una talla mariana lo protagonizó la Virgen de Nava
de Fuentelcésped con el títul o L ibro de los prodigios y Milagros que ha obrado, María
Santísima de Nava sita extramuros de esta villa de Fuentelzesped . Queda principio este
año de 1783 . S e reeditó en 1998 y el tex to estuvo precedido por un estudio crítico a
cargo de M. J . Za paraín Yáñez y T. Egido. La Vi rgen de Nava es una imagen del siglo
XIV que se puso en relación con los sucesos de la conquista. Se creía q ue había
acompaña do a los cristianos en las batallas 50 . L a publi cac ión incluyó una novena del
siglo XVIII 51 .
45 B ERCEO , G. de, 1966. Milagro s X I V , XVI y XXIV entre otros.
46 F ILG UEIRA V ALVERDE , J. y L Ó PEZ S ERRANO , M. y G U ERRERO L OVILL O , J. , 19 79. Cantigas de S anta
María 24 2, 249, 252, 256.
47 Ibídem , Cantiga 221.
48 G ARCÍA M ER CADAL , J ., 19 52 (1999) b, pp. 586 - 587.
49 L OVI ANO , P., 1740, pp. 4 -5. E n el año 940 la i m age n se en tregó a cinco er mitaños; pp. 4 1 -42. Atribuye
su autoría a Nicodemo.
50 Sobre la for m ac ión del término de Reconquista y el d ebate en tor no a su uso en la actualidad ve r:
D ESWA R TE , T., 2003; G ARCÍA F ITZ , F., 2010; A Y AL A M A RTÍN EZ , C de, 2 011, p p. 6 7 - 116; R ÍOS S ALOMA ,
M. F., 2011 a, pp . 41 - 66; R Í OS S AL OM A , M. F., 2011 b.
51 Z APA RAÍN Y Á ÑE Z , M. J. y E GI DO , T., 1 998.
19
2. 1. 3. Los aspectos devocionales en la literatura de viajes
En el siglo XV se inició un nuevo género literario, el de la li teratura de viajes ,
que aportará numerosos datos sobre tallas burgalesas. El Santo Cristo de Burgos de los
Agustinos ha sido la escultura objeto de mayor atención por parte de los viajeros, por la
gran tr ascendencia devocional entr e los bur ga leses y los peregrinos que r ecor rían el
Camino de S antiago. S obre esta imagen s e conservan numerosos relatos legendarios, e
incluso, diferentes inte rpre taciones de los mismos . Así ocurre con dos autores
coetáne os, León de Rosmithal de Blatna y Tetzel, que viajaron juntos por España y
Portugal ent re 1465 y 14 67. Visitaron la ciudad de Bur gos al mismo ti empo y aportaron
datos distintos sobre la leyenda de la aparición de la imagen y su ll egada a B urgos.
Rosmithal relató su aparición en el mar 52 y l a costumbre de cortarle las uñas de las
manos y de los pies 53 , entre otros aspectos. Tetz el e scribió sobre la llegada d e la talla a
Burgos y apuntó que el obispo que la recibió era conv erso. Esta información no se
volvió repetir en fuentes posteriores, ni se refle ja en los escritos de Rosmithal 54 .
En 1580 Erich Lassota de Steblovo, noble polaco al servicio de Felipe II , se
refirió, de forma colatera l, al Santo Cristo de Burgos de los A gustinos, al escribir sobr e
el Crucificado de Finisterre : “Se pr etende que l e cr ece el pelo y l as uñ as y que suda
algunas veces. De esta especie ha y dos Cru cifijos más: uno en Orense, también en
Galicia, y ot ro en Bur g os” 55 . También mencionó al Cristo de los Agustinos E. Cock en
“La jornad a de T arazona que su majestad hizo el año 1592, recopilada por Enrique
Cock, arquero del re y nu estro Señor, notario y escribano apostólico”. Describió cómo se
dirigió el séquito de Felipe II al monasterio de San Agustín, “donde se había ordenado
52 G A R CÍA M ERCADAL , J ., 19 52 (1999) a, p. 248 . Recoge l a leye nda en lo s siguie ntes tér min os: “Los
sacerdotes [. ..]. Refiriéndose d espués al Señor, que aque lla i m agen se había enco ntrado en el mar hac ia
500 años, añadiendo que no había podid o averiguar de qu é par te del mun do provenía, y que se había
hallado con la ima gen, en u na caj a embreada, un as tabla s e n que estaba e scrito que en c ualquier plaza a
que las olas ar rojasen aquel sagrado cuerpo lo recibiesen con magnifice ncia y lo col ocasen en lugar
decoro so; contaba además q ue el hallazgo había sido d e este modo: ”Un os marineros e spañoles que se
dirigían a cierta re gión, surcando el m ar , tr opezaro n con un galeón en q ue iba aquel sagrado cuerp o;
cuando vieron de lejos esta n ave temieron q ue f uese de en emigos; se sobreco gieron d e te m or y se
prepar aron la resiste ncia, co mo es co stumbre en el m ar; crey eron que el galeó n era d e catalanes (los
cuales, a unque son cr istianos, se entregan al robo en los mares, y p or eso todo s concibier on gran miedo );
acercáro nse algo, si b ien con rec elo, a la nave y no vieron nada en ella; p ero te mieron que es tuvieran
ocultos acec hando, y por eso enviaron a al gunos hombres en una barca li gera para q ue explorasen, y si
había p eligro se volviesen co n presteza; acercáro nse éstos poco a poco, y no sintiendo ningún rumor, se
atrevieron al gunos de ell os, no sin gra n temor, a subir al galeó n, donde no enco ntraron más q ue el cuerpo
antedicho y deter minaron volv er con él y con la na ve hacia Burgos, que era su patria”.
53 Ibídem , p. 278.
54 G ARCÍA M ERCADAL , J., 19 52 (1 999) a. Dentro del viaj e d e Ros mithal se r ecogen los “Fragmentos de la
relación del viaje p or Tetzel”, p. 276. “He aquí como v ino e l Cristo a la ciudad sin saber nadie de dónde.
El año 4 12 d el nacimiento d e Nuestro Señor apar eció en el m ar un b uque con las velas desplegadas,
viéronle unos p iratas y se prop usieron robar lo, ab ordáronlo y no e ncontraron a nadie, ni vieron otr a cosa
que un co fre, y c uando lo q uisieron abrir cayeron to dos como muertos, de modo que no pudiero n abr irlo,
aunque se apo deraro n del cofre y del b uque. Leva ntose entonces una gran tempestad , empujándo lo co n
fuerza hacia B urgos, y buscaro n u n ermitaño a quie n lle varo n al buque y le e nseñaron el cofre p idiéndole
consejo. Díj oles este q ue en Burgos había un santo ob ispo de raza judía, al cual le contaría todo lo
ocurrido p ara que diese su prudente dicta men. Cuando lle garon a visitar al obispo estab a d urmien do y
soñaba que había un cruc ifijo en un bar co que flotaba en el mar, y su traza y for m a eran l as d e J esucristo
al morir e n la cruz, y cua ndo el er mitaño y los mari neros llegaron a visitar al o bispo y le hablaro n del
barco y el co fre que estaba en él, el cual nadie había vi sto, recordó el prelado su sueño y mando que
confesaran, y q ue con la mayor devoción fuesen todos procesionalme nte hacia el buque y el o bispo con
algunos sacerd otes entró en el barco y abr ió entonces po r sí m is mo y el obispo vio allí el Cru cifijo .
To m ole con la m ayor veneraci ón, llevándolo al pueblo y la iglesia e n donde hoy se halla”.
55 G ARCÍA M ER CADAL , J., 19 52 (1999) c, p. 431.
20
el palacio” y dond e se custodiaba el S anto C risto 56 . Este relato subra ya la devoción del
monarca por la image n.
En el siglo X VII se editaron dos li bros escritos por extranjeros en los que se
mencionó al Santo Cr isto de Burgos de los Agustinos. El prime ro, de 1611,
corre spondió a J acobo S obieski, diplomático pola co. En su Viaje por España narró que
Burgos era célebre po r la imagen d e un Crucificado milagroso que custodiaban los
ag ustinos. El interés que despertó la talla quedó patente al comparar el li mitado espacio
dedicado a la catedral, tres líneas, con la abundancia de d etalles sobr e la capilla e n la
que se custodiab a la im agen. Manifestó que no conocía ninguna otra tan ricamente
adornada . S obre la escultura del Crucificado recopiló alg unos milagros, como que le
crec ían las uñas y el pelo, que sudaba y que era obra de Nicodemo 57 .
Madame D’Aulno y , baronesa francesa, estuvo e n España entre 1679 y 1681.
Tituló el li bro sobre su estanc ia Viaje por España , en el que realizó una descripción
minuciosa de la ca pilla que albergaba al Santo Cristo de Burgos de los Agustinos:
“He querido ver al S anto Cru cifijo que está en el convento de los
ag ustinos; está colocado en una capilla del claustro bastante grande y
tan oscura que se ve la luz de lámparas que están s in cesar encendidas;
hay allí más de ciento; unas son de oro y otras de plata, de un grosor
tan e xtraordinario, que cubre n toda la bóveda de esa capilla. H ay
sesenta candelabros más anchos y más altos que hombres, y tan
pesados que no se les puede r emover, a menos de ponerse dos o tres a
un tiempo. Están alineados en el suelo a los dos lados del alta r; los que
están encima son de o ro macizo. Se ven entre dos de ellos cruces d e lo
mismo, guarnecidas de p edrerías, y coronas que están colgadas sobre
el altar, adornadas con di amantes y p erlas, de un a belleza perfecta. La
capilla está tapizada con tisú mu y recio; está tan c arga da d e ofrendas y
de exvotos, que no ha y bastante sitio para en ell a ponerlo todo, de
suerte que una parte la guarda n en el tesoro” 58 .
G. Manier r ecogió las experiencias de su vi aje a Compostela en el libro
Pèlerinage d’un paysand picard à S’Jacques de Compostelle au comme ncement du XVIII
e siècle . En Burgos lla mó su atención la c apilla que albergaba la ima gen del Santo
Cristo de los Agustinos, de la que hizo una amplia y minuciosa d escripción, en la lí nea
iniciada por Sobieski y contin uada por Madame D’Aulno y . Las referencias a la imagen
fueron someras, porque centró su atención en las le ye ndas sobre su naturaleza físic a,
concre tamente en las q ue narraban que le crecían las uñas y el pel o y además
sangraba 59 .
A. Ponz , en su Viaje por España , editado en 178 8, escribió sobre los dos S antos
Cristos de Burgos. En sus impresiones sobre la iglesia de los A gustinos incluyó un
comentario sobre la escult ura que allí se custodiaba, en el que reflejó las cre encias
milagrosa s y algunas de las leyendas que rodean a la talla, desde un enfoque crítico:
“[...] donde se venera la milagrosa im agen que todos conocen por el
nombre de santo C risto de Bur gos, y ya se sabe usted los prodigios
56 G ARCÍA M ER CADAL , J., 19 52 (1999) b, pp. 586- 587.
57 G ARC Í A M ERCADAL , J., 1952 (1999 ) e, pp . 180 -181 . Destacó la riqueza de la ca pilla, sin p arangón en
ninguno de los países por el visitados, co m o los Países Baj os, Francia y Alemania.
58 G ARCÍA M ER CADAL , J., 19 52 (1999) f, pp. 41 - 42.
59 G ARCÍA M ER CADAL , J., 19 52 (1999) g, pp. 728 - 729.
21
que de ella se han esc rito en la hist oria d el mercader de Burgos, qu e
volviendo de Flandes, en contró en el mar dentro de un cajón, y como
es tenida por obra d e Nicodemus, que, ciertamente, hubiera sido este
varón un escultor incansable si hubiera eje cutado todas las imá ge nes
que se le atribuyen” 60 .
También se hizo eco d el litigio que mantenían las comunidades monásticas
ag ustina y trinitaria e n torno a la propiedad de la advoca ción del Santo Cristo de
Burgos. Al referirse al S anto Cristo de la Trinidad le aplicó el mismo enfoque crítico
que al de San Agustín:
“Que dicen t r ajo consigo San J uan de Mata, del cual se refieren cosas
muy portentosas. Ha h abido disputas y es critos sobre si es esta la
celebrada ima ge n conocida desde mu y antiguo po r el “Santo Cristo de
Burgos” 61 .
De 1804 es el Viage artísti co a varios pueblos de España d e I. Bosarte, en el que
mencionó al Santo Cristo de Burgos de los Trinitarios. Sin embargo, el q ue más llamó
su atención fue el de San Agustín, por ser más famoso y por estar acompañado de
numerosos lienzos, que refle jaban algunos de los milagros realiz ados 62 .
T. Gautier publicó en 1 840 el li bro que escribió durante su Viaje por Es paña .
Solo refirió algunas leyendas relacionadas con el S anto Cristo de Burgos de los
Agustinos, como que sangraba todos los vierne s 63 .
En 1862 iniciaron G. Doré y D. Davilli er su itinerario por Espa ña, que se pu blicó
en 1874 con el título L’Espagne . El barón francés aportó novedades importantes sobre
el Santo Cristo de Burgos, respecto a los autores anteriores. La más re señable es la
descripción que hizo de la escultura :
“ Habiendo obt enido permiso para subi r a un escabel colocado encima
del altar, nos fue f ácil ver de c erca y toc ar al Santo C risto. Es un
Cristo de tamaño natural y de madera tallada y poli cromada . Aunque
se ha pretendido que es obra de Nicodemo, más bi en la atribuiremos a
algún escultor naturalista de fines d el siglo XV I , como Gregorio
Hernández. Los pies y l as manos est án realmente cubiertos d e piel
humana un poco arrugada; parecen como guantes extendidos sobre un
molde. L as uñas, que se adhieren aún a la pi el, no dejan la menor
duda. L as de los pies están corroída s, las de las manos están mejor
conserva das. L a cabeza, inclinada sobre el hombro, es también de
madera, con barba y cabellos naturales” 64 .
También escribió sobre las inmensas riquezas que atesoraba la capilla,
donaciones de crey entes españoles entre los que se encontraban algunos monarcas.
60 P ONZ , A., 178 8 (1988), t. XII , p . 580.
61 Ibídem , p. 590.
62 B OSART E , I., 180 4 ( 1978). Al Santísimo Cristo d e San Gil solo le ded icó una mención so m era en las
páginas 25 3 y 25 4, en las que también escribió so b re el de San Agustín. Sobr e los dos refirió q ue se
creían realizad os en el siglo X II y relató que el más fa m oso era el d e los agustinos, e n cu yo claustro había
numerosos lienzos e n los que se reflejaban los milagros realizad os.
63 G AUTI ER , T ., 1840 (1984), pp. 59- 60.
64 E stos dato s son importantes, po rque es el primer escritor q ue describ ió los materiales e mpleados.
D A V I LLI ER , D. y D ORÉ , 1988, t. II , p. 3 63.
22
En Voyage en Espagne e n 1866 , editado en 1869, E. Poitou afirmó que el Santo
Cristo de los Agustinos estaba realizado con piel humana 65 .
A Nuestra Señora la Real del Campo de Castildelgado aludió H. Casas y Gómez
de Andino en Valvanera, Historia del Santurario y del monasterio de e se nombre en
Rioja , libro publicado en 1886. Mencionó, por primera vez, el mi lagro protagonizado
por la imagen. La talla, al at ravesar el término de Castildel g ado, no q uiso seguir su
viaje. Alfonso V II construyó una i glesia y un hospital a sus ex pensas en el término del
suceso milagroso, para a lbergar a los peregrinos que acudían a Santiago 66 .
De A. Nougué es un interesante artículo sob re “La ciudad de Burg os vis ta por
los viajeros f ranceses en el s. X IX ”, publicado en 1982. A pesar del tí tulo, también
incluyó escritos d e viaje ros de otras nacionalidades. L a escultura que acaparó casi todo
el protagonismo fue el Santo Cristo de Burgos de l os Agustinos. Entre todas las
leyendas destaca la que narra qu e la es cultura estaba cubierta de piel humana 67 . A.
Pardo dedicó un li bro a La visión del arte español de los viajeros franceses del s. XIX .
Solo el Santo Cristo de Burgos de los A gustinos desper tó la atención de los autores
foráne os 68 .
2. 1. 4. Las monografía s devocionales
Además de los libros dedicados a los milagros y a la literatura de viajes, e xisten
numerosas obras monográficas destinadas, exclusivamente, al estudio devocional de una
sola imagen. Es un tipo de literatura que se prol onga en el tiempo, desde el siglo XVII
hasta el momento actual. La ma yor ía de estos estudios tienen por p rotagonistas dos
tallas: El S anto C risto de Burgos de los Agustinos y el Santo Cristo de Burgos de los
Trinitarios.
La escultura qu e más interés d espierta, también entre este tipo d e obr as, es el
Santo Cristo de Burgos de los A g ustinos. P rotagonizó el libro de B. Fernández Relación
verdadera de procesiones y plegarias que la Santa Iglesia de Burgos ha hecho a la
imagen del Santo Crucifixo de San Agustín de la misma ciudad , publicado en 1629. Esta
edición pone de manifie sto que el interés por la imagen s e hace extensivo a cualquier
manifestación relig iosa que se realice de forma colectiva.
El impacto de la devoció n al S anto Cristo de Burgos de los Agustinos trasciende
la literatura publi cada en el reino de Castilla. En 1609 se editó en Portugal As hystorias
de invenc ao e maravillas do Sto. Crucifixo de Burgos , escritas por P. de Mariz 69 .
La primera publicación sobre el Santo Cristo de los Trinitarios la escri bió el
trinitario J . Sanz con el título Ensayo Histórico y Breve d escripción de la Portentosa y
Milagrosa Imagen del Santísimo Christo que se titula de Burgos y se venera en el Real
Convento de la Santísim a Trini dad, Redención d e Cauti vos de dicha Ciu dad . Se editó
65 P O I TOU , E., 1 869.
66 C ASAS y G ÓMEZ DE A NDIN O , H., 1886, p. 31.
67 N OUG UÉ , A., 198 2, pp . 142 -143. La duquesa de Abrantes escr ibió sobre el Santo Cristo de B urgos, del
que “sin ser una obra maestra, el Cristo está bie n labrad o”; p. 143. El inglés Richard Ford afir m a que está
hecho de pi no de So ria; p . 151 . De 18 62 es el lib ro de Carles Da villier, e n el que r ecogió q ue el sacris tán
le ha ase gurado que el Cristo es de piel humana, pero el ba rón quiere verlo por sí mismo, y , desp ués d e
pedir permiso, sube a un esca bel y afir ma que: “es de m adera tallad a y po licromada, lo s pies y las manos
están realmente cubiert os de piel huma na un poco arrugada, p arecen como guantes exte ndidos sobre un
m old e”. Este libro influirá en las p ublicaciones p osteriores, que afirmaron que era de piel humana, co m o
en El viaje a España de Eugène Po itou, de 1869.
68 P ARDO , A., 1989.
69 M ARIZ , P. de, 1609.
23
en 1758 y r eeditó en 1798 y 1807. Narró los milagros prot agonizados por la imagen en
las ciudades d e Roma y Burgos, así como otros aspectos de su historia le gendaria, en la
línea de los li bros que s e habían dedicado al Santo Cristo de los Agustinos desde e l
siglo XV I . Destacó la re ivindicación que los trinitarios hicieron de la advocación de
Santo Cristo de Burg os, que compartían con el Crucificado de los agustinos. Así se
refleja en el libro:
“ Los reyes todos lo invocaban con el título de Burgos; y esto, después
de dada la sentencia. Prueba clara, de que se dio a favor de el
nuestro, como asegura el Rmo. Caudano, pero como a los Padres de
San Agustín se les dio la amplitud, para poder pedir para el santísimo
Christo de Burgos, fuer a de la dist ancia, para extende r la devoción,
como dice el padre Loviano por toda la redondez de nuestra esfera
[… ] de aquí nace el que hoy l e llame n todos e l Santo Cristo de
Burgos ” 70 .
En 1795 se editó la primera mono grafía sobre la Virgen de las Viñ as de Aranda
de Duero, Historia de la milagrosa imagen de N ue stra Señora de las Viñas, patrona de
la villa de Aranda de Duero . Figuró como autor A. de la Cruz González, aunque el
mismo explicó que:
“ Un devoto capellán de la misma imagen estampó en un manuscrito,
confecc ionado a él pare cer en el año de 1688, aunque imperfecto, ó
sin algunas apuntaciones de D. Antonio de Prado, natural de Aranda,
que murió siendo cura del lugar de Olmillos, con la mejor opini ón de
ciencia y costumbres, y pasó con el Coronel Don Pablo Estev an,
igualmente Arandino, á la Villa de Lara, a él Monasterio de Arlanza,
y á otras partes, á adquirir noticias y monumentos de el asunto, para
satisfacer su devoción y celo por la mayor gloria de Nuestra
Seño ra ” 71 .
En el primer capítulo relató que la imagen procedía de un monasterio de
relig iosas benedictinas de la villa d e Lara de los Infantes, donde las monjas murieron a
manos de los musulmanes. Los cristianos llevaron la talla desde Lara en su huída y la
enterraron en el monte de Aranda. Posteriormente, la imagen se apareció a un labrador
arandino 72 .
Historia de la milagrosa imagen d e Nuestra Señora de las Viñas es el segundo
monográfico que se d edicó a la imagen arandin a. Lo escribió E. Calleja de Pablo en
1896. Aunque tiene una estructura simil ar al li bro anterior, no es una reedición del
mismo. Abordó el origen de la talla, su relación con personajes ilustres, una descripción
de su santuario y las r oga tivas que se c elebraron en su honor, entre otros aspectos 73 .
En 1907 el S anto Cristo de Burgos de los Trinitarios protagonizó dos
publicaciones. En la p rimera, Historia documentada y crítica de la santa y milagrosa
imagen de Jesús C rucificado que con el título de Santísimo Cristo de Burgos se venera
en la parroquia de San Gil , F. López recogió el milagro de las gotas, acontecido durante
70 S A N Z , J ., 1 758 (1807) , p. 27. Esta obra se enc uentra en la línea de la q ue redactar a Loviano par a el
Santo Cristo d e los Agustinos.
71 C RUZ G ONZÁL E Z , A. de la, 1795, pp. 7-10.
72 Ibídem , pp. 33- 67.
73 C ALL EJA DE P A BLO , E., 1896 (1988).
24
la guerra fraticida entre de P edro I y Enrique II. T ambién mencionó la visita de F elipe II
a la talla y algunas rogativas en las que participó la im agen durante el si glo X I X 74 . En el
siguiente libro, Santísimo Cristo de Burgos de San Gil , R . R ojo inclu y ó una novena en
su honor 75 .
Al Santo Cristo de Burgos de los Agustinos dedicó R. Gómez Rojí un libro en
1914, con el título Historia y preces del Santísimo Cris to de Burgos . Narró la le y enda
de la ll eg ada de la ima gen a Burgos, los visitantes ilustres que se postra ron ante él y el
milagro de la corona donada por Don Pedro Girón . Escribió sobre el debate exist ente en
torno a la n aturaleza física de la talla, qu e pa ra algunos autores es taba realiz ada en piel
humana. Conclu y ó el au tor que estaba hecho de piel, pero no se p ronunció sobre qué
tipo de piel 76 .
Con motivo del certamen dedicado a Santa Marí a la Mayor, qu e se celebró en
Burgos en 1922, s e reda ctaron varias mono grafías de temática mariana. S e editaron las
obras premiad as, entr e la s que estuvo el estudio sobre Nuestra Señora la Real y Anti gua
de Gamonal. El enf oque que se aplicó fue devocional y s e centró, sobre todo, en la
leyenda de su aparición 77 .
L. Hernández Ascunde recogió en un artículo el escrito del si glo XV II Las siete
gotas del Cristo de los Agustinos 78 . El título puede interpretarse como u n intento de
hacer extensible la advoca ción de C risto de la s Gotas, bajo la que se conocía al
Crucificado de los Trinitarios, a su más di recto ri val en el ámbito devocional, el Cristo
de los Agustinos.
Dos años más tarde G. Á vila y Díaz de Ubierna publicó la Monografía hist órico-
artística del antiguo convento de San Agustí n de esta ciudad e historia del Santísimo
Cristo de Burgos, que se venera en su capilla incomparable de la catedral burgalesa .
Nuevamente se relataron las le y endas de la c reación del Crucificado y su traslado a
Burgos. Por primera v ez se mencionó el voto solemne que hizo la ciudad de Burgos en
1405, por haberle libr ado de la peste. Es la pri mera referencia hist órica con la que se
relaciona l a talla. Tambi én escribió sobre las personas ilustres que visi taron la imagen,
el lugar donde se enc ontraba y los m ilagros que realizó 79 .
La s si guientes publicaciones son de 1944. Protago nizó la primera el Santo Cristo
de Bur g os de los Trinitarios. T. Peña Gómez y O. S áiz Calz ada escribieron una Nov ena
y reseña histórica del Santísimo Cristo de Burgos . A diferencia de otras publi cac iones
de carácter devocional, y con la excepción del ap artado dedic ado a la procedencia y los
primeros años de la talla en Burgos, añadieron el origen de l as fuentes que
mencionaron 80 . El segundo libro lo dedicó P. Riaño Campo al S anto Cristo de Burgos
de los Agustinos con el título Devocionario en honor del Santísimo Cris to de Burgos 81 .
J. A. Mendoza escribió en 1952 el “Mila groso h allazgo de la Virgen d e la Vid”,
artículo en el que recogió la ley enda de la aparición de la im agen a Alfo nso VII y que
estuvo en la ca pilla del claustro 82 .
74 L ÓPEZ , F., 1907 .
75 R OJO , R., 1907.
76 G ÓMEZ R OJÍ , R., 191 4, p . 143. “No puede asegurarse de que m a teria es esta Ima gen, au nque a juzgar
por su blandura y flexibilidad , que ced e co n solo aplicar su avemente la mano, parece ser de piel. Ahora
bien de qué clase de piel sea, no es fácil co njeturar”.
77 H UIDO BRO S ERNA , L ., 192 2 b.
78 A SCUN DE H ERNÁ NDEZ , L., 1937, pp. 544 - 548.
79 Á VIL A D Í AZ DE U BIERNA , G., 1939.
80 P EÑA G ÓMEZ , T. y S ÁI Z C ALZA DA , O., 1944 .
81 R IAÑO C AMPO , P., 1944.
82 M ENDOZA , J. A., 195 2, pp. 288, 294 - 295.
25
Entre 1961 y 1962 se editaron varios artículos de G. Ávila y Díaz de Ubierna
sobre “El antig uo convento de la Santísima Trinidad y el Santísimo Cristo de Bur gos o
de las Santas Gotas, que se venera en la Iglesia parroquial de San Gil”, en los que
además de hacer una descripción de la i mag en 83 , recopiló la historia de la misma 84 . P.
Andrés González dedicó un artículo a la “Imaginería de l a pasión en l a iglesia d e S an
Gil de Burgos: La “Real hermandad de la sangre del Cristo de Burgos y N uestra S eñora
de los Dolores” en 1994, en el que menc ionó aspectos devocionales, entre otros,
relacionados con el Santo Cristo de Burgos de los Trinitarios 85 .
En 1997, coincidiendo con la finalización de la restauración de la escultura del
Santo Cristo de Burgos de los A gustinos, N. López Martínez publicó un libro titulado El
Santísimo Cristo de Burgos . La ma yoría de los datos que aportó estaban relacionados
con la devoción, como la leye nda de su aparición y la ex pansión de su culto, entre otros.
Es reseña ble la inclusión de un elevado número de publicaciones dedicadas a la talla 86 .
M. García de Guz mán y M. R . García R eyes destinaron “La icono grafía del
Santo Cristo de Burg os o de San Agustín” a la talla en 2003. A pesar del tí tulo, el
objetivo de su estudio fue la ex pansión de su culto. I nclu y eron una relació n de
reproducciones del Sa nto Cristo de Burgos (pictóricas, escultóricas, graba dos,
fotografía s y azulejos), q ue se distribu yen por distintos lugares de nu estra geografía. Se
detuvieron en suc esos devocionales relacionados con algunas tallas. También
mencionaron repre sentaciones en Perú, Ecuador, Bolivia, México, Chile y Filipinas 87 .
En el artículo sobre “El Santo Cristo de Burgos. C ontribución al estudio de los
Crucifijos articulados españoles” estudié los aspectos devocionales, estilísticos y
artísticos de la im agen c omo elementos imbricados, sin los cu ales se ría i mposible una
comprensión completa d e la talla. En el ap artado dedicado a l a devoción escribí sobre
los distintos relatos legendarios que protagonizó la imagen, buscando su origen y
evolución, así como otros aspectos re lacionados con su culto 88 .
En 2007 Rafael Yz quierdo P err ín dedi có un capít ulo al “Santísimo Cristo de
Burgos”, en el libro Burgos. El Cristo, el castillo y el Cid . Se c entró, sobr e todo, en las
pragmática s y reales disposiciones que se dictaron para aclarar cuál de las dos imágenes,
conocidas bajo la advocación de Santísimo Cristo de Burgos, era la au téntica y las
causas de l lar g o pleito entre las comunidades trinitaria y a g ustina 89 .
2. 1. 5. Las imágenes de devoción en los libros sobr e hist oria de la ciu dad de
Burgos, de la provincia de Burgos y otr as historias
La s obras de este ap artado abarcan un dilatado período de tiempo, que aborda
desde el siglo XVII a la actualidad. S e h a dat ado hac ia 1607 el manuscrito Chróni ca
general del Orden Blan co de fray Bernardo de León, en el que recogió la l ey enda d e la
aparición de l a Virgen d e La Vid al re y Alfonso V II 90 . También manuscrita s e conserva
la Chronica y Historia de la Real ciudad de Burgos cabeça de C astilla Cámara de su
magestad de M. Pr ieto, escrita en 1639. Es un a fuente s ecundaria importante por el
elevado número de imá genes que incluyó. Aunque el enfoque fue devocio nal, a veces se
83 Á VIL A D Í AZ DE U BIERNA , G., 1961 b, p. 665.
84 Á VIL A D Í AZ DE U BIERNA , G., 1961 a, b, c, 1962 a, b.
85 A ND RÉS G ONZÁL EZ , P., 1994, pp. 11 -12.
86 L ÓPEZ M A RTÍNEZ , N., 19 97.
87 G ARCÍA DE G U ZMÁ N , M. y G A R CÍA R EYES , M. R., 2 003.
88 M ARTÍ NE Z M A R TÍ NEZ , M. J ., 2003 -2004, pp. 207 -246.
89 Y ZQUI ER DO P ERRÍ N , F., 2007, pp . 13- 56.
90 L EÓN , B. de, ca. 1607, m. s., cap. II I .
32
el catálogo constó el lugar de procedencia, las m edidas y la datación, además de algunos
aspectos devocionales 161 .
En Las empresas artísticas de Sancho IV el Bravo F. Gutiérrez Baños est udió a
la Virgen de Oña 162 y a la Virgen d el monasterio de La Vid 163 . De la Virgen d e La Vi d
realizó una investi g ación completa, que inclu y ó referencias devocionales, históricas,
artísticas e iconográficas. M. T. López de Guereño Sanz investigó sobre los
Monasterios medievales premonstratenses . En la provincia de Burgos relacionó con
cenobios de esta orden al Cristo del Priorato de Fresnillo de las Dueñas y a la Virg en d e
La Vid. Aportó datos s obre las distint as ubicaciones de la Virgen y sobre aspectos
devocionales 164 .
De G. Martínez Díez es El monasterio de Fresdesval, el Casti llo de Fresd esval,
el Castillo de Sotopalacios y la Merindad y Valle de Ubi erna de 1997, en el que relató
la leye nda de la aparici ón de la Virgen de Fre s desval, cómo se construy ó el cenobio
para su mejor preservación y el culto que se profesaba a la talla, entre otros aspectos
devocionales 165 . El mismo autor publicó al año siguiente El Camino de Santiago en la
provincia de Burgos . S e hiz o eco de la devoción que se le profesa a la Virgen del
Manzano de Castrojeriz, a la que el re y Alfonso X dedicó cuatro Canti gas de Santa
María 166 .
En Silos, apuntes del c orazón F. de J esús Fernández recogió las tradiciones
relacionadas con la Virgen del Mercado y l a Vir ge n de la Leche, ambas de la iglesia
parroquial 167 . M. González Bueno y J . Santos del Campo dedicaron un volumen a las
Fiestas y costumbres de la provincia de Burgos en 2001, en el que mencionaron alg un as
fiestas que protag onizan imágenes góticas 168 .
De 2004 es Santa María en la Sierra de Bur gos de E. González B a rriuso.
Compiló las tallas marianas de la comarca, entre las que había im ágenes medievales.
Recog ió las rom erías y otras ex presiones devocionales 169 . El Monasterio de Santa
María de la Vid, 850 años fue el primer estudio dedicado a una edifi cac ión burgalesa
medieval, en el que se r eservó un capítulo para la imagen titular. En este es tudio abordé
los aspectos devocionales, además de los iconográfic os y estilí sticos 170 .
2. 2. L AS NO T I CIAS HISTÓRI C O - AR T Í ST ICA S DE LOS ESCRITORES DE LOS
SIGLO S X VIII Y XIX
Los primeros síntomas de una nueva apreciación de las imágenes se detectan en
el ámbito de la I lustración, principalmente en los escritos de Antonio Ponz en su Viaje
por España , editado en 1788. Aunque su formación neoclásica le llevó a prestar una
161 AA. VV., 199 7, núm. 57. Cr ucificado de Villamoró n; núm. 83. Anunciación de Gamonal; n úm , 97 .
Virgen de la Vega de P edrosa de Valdelucio; nú m . 11 1. Virgen d el Rebo llar; n úm. 1 12. Virgen d e
Cornudilla.
162 G UTIÉRREZ B AÑ OS , F., 1997 , pp. 152 -157. Esta escult ura se sitúa al norte del Camino d e
Peregrinación.
163 Ibídem , pp. 115-122 .
164 L ÓPEZ DE G UEREÑO S A N Z , M. T., 199 7, t. I , p. 241.
165 M ARTÍ NE Z D Í E Z , G., 199 7.
166 M ARTÍ NE Z D Í E Z , G., 199 8 b, p. 234.
167 J ESÚS F ERNÁN DEZ , F. de, 1998. La Virgen de la Leche es del siglo XV .
168 G ONZÁL E Z B UENO , M. y S ANT OS DE L C AMPO , J., 2001. Mencionaron las fiestas, si n referirse a las
tallas.
169 G ONZÁL EZ B A RR I USO , E., 2004 .
170 M ARTÍ NE Z M A R TÍ NEZ , M. J ., 2004, pp. 243 - 284.
33
mayor consideración a las obras de signo clasicista, en sus cartas no faltar on menci ones
a esculturas góticas, si gnificativas en los lugares que describió, sin dedicarle s, no
obstante, demasiada at ención. Por ejemplo, realizó una descripción minuciosa del
retablo ma y or de la cate dral burgalesa, pero no citó a la Virgen titular del sig lo XV . En
otros casos, se refirió a una imagen de gran devoción, como el Santísimo Cristo de
Burgos de los Agustinos, para describir la le yenda de su aparición milagrosa y de sus
prodigios. No d ejó, sin embarg o, de cuestionar la generalizada creencia de que ha bía
sido tallada por Nicode mo 171 .
El enfoque devocional y el artístico conviven en el li bro que J. Loperráez
Corvalán dedicó a la Des cripción histórica del ob ispado de Osma en 1788 . Sirva como
ejemplo el comentario sobre Nuestra Señora d e La Vid: “La ima ge n de Nuestra Señora
en bulto, y de bastante mérito, con la denominación de la Vid” 172 .
A lo larg o del siglo X IX el interés por la imaginería gótica aumentó en re lación
con el cambio de sensibilidad en la apreciac ión del estilo gótico, dentro del marco del
Romanticismo y d e los Historicismos. El interés que despertaron los aspe ctos culturales
y los monumentos artísticos dio lugar a un nuevo género literario, las guías, que en su
inmensa ma yoría se dedicaron a Burgos ciudad y sus monumentos, so bre todo a l a
catedral. Solo en contadas ocasiones se extendieron a muni cipios de la provinc ia. Las
menciones a imá ge nes son escasas y , en casi todos los casos, refirieron su ubicación.
Solo excepcionalmente se realizó una descripción de las tallas, que ha serv ido para tener
una primera aproxim ación a su estado de cons ervación u otros datos 173 . A pesar de que
en estas guías se citaron esculturas de talla, se les siguió otor gando un a consideración
especialmente devocional, heredada de autores anteriores. Contrasta con el estudio de
otras expresiones artísticas, que aportaron información de primera mano gracias a la
consulta de archivos 174 .
El interés por las esculturas góticas se limitó en las guías a piez as especiale s,
como los Santos Cristos de Bu rgos, el Santiago sedente d e Las Huelgas y escasas obras
más. El Santo Cristo de Burgos d e los A gustinos dio lugar a un ma y o r número d e
referenc ias, porque se consideró la más milagrosa. A ella se refieren la mayoría de los
trabajos que se citan a continuación. Con menor frecuencia se me ncionó al S anto Cristo
de Burg os de los Trinitarios.
C. Davillier escribió, en su Viaje por España , sobre el Santo C risto de Burgos de
los Agustinos desde un punto de vista más veraz que el aplicado por otros autores
extranjeros. A diferencia de aquellos, su descripción fue fruto de la observación directa
de la talla, dado que obtuvo permiso para aproximarse a la escultura y proceder a su
análisis. En la descripción incluyó una relación d e los materiales con los que se re alizó
la image n y destacó que era un a talla de madera policromada. Añadió, sin embargo, que
las manos y los pies estaban forrados de piel hum ana, frente a arra igada la cree ncia en la
época de que e ra un cadáver 175 . También abordó aspectos devocionales, que se han
mencionado en el apartado de la literatura de viajes.
171 P ONZ , A., 1779 ( 1988 ), t. XII , p . 580 . “[...] d onde se venera la milagrosa i magen q ue todos conocen por
el no m b re de santo Cristo d e Burgos, y ya se sab e usted los prod igios q ue d e ella se han escr ito e n la
historia del mercader de Burgos, que vol viendo de Fla ndes, enco ntró en el mar d entr o d e u n cajó n, y
como es tenida p or ob ra de Nicodemus, que, cierta mente, hu biera sido este varón un escultor incansable si
hubiera ejecutado todas las i mágenes que se le atribuye n”.
172 L OPERRÁ EZ C ORVALÁ N , J., 1788 (1978), t. I , p. 195 .
173 Po r ejemplo, la escultura sedente de Santia go del mon asteri o de Las Hu elgas carecía de brazo s.
174 G ARCÍA M E L ERO , J. E ., 1998, pp. 204 -205.
175 D AVIL LI ER , D. y D ORE , G., 19 88, t. II , p. 3 63, p. 38 3. “ […] Se le per mitió subir a l es cabel colocado
encima d el altar, no fue fácil ver de cerca y tocar al Santo Cri sto. E s un Cri sto d e ta m año natural y de
34
Un tratamiento diferente, al otor ga do al resto de las esculturas ex entas
burgalesas, se aprecia en los t extos sobre la imagen sedente de Santiago de L as Huelgas,
debido a la función que se le asi gna . La t alla, se gún la tr adición, se r ealizó para armar
caballeros a los mon arcas castellanos, gracias a sus brazos articulables, tal y como
recogió J. Arias de Miranda en Apuntes históricos sobre la Cartuja de Miraflores de
Burgos , publicado en 1843 176 .
P. Madoz dedicó el tomo IV del Diccionario geo gráfico-estadístico-histórico de
España y sus posesiones en ultramar a Burgos. Incluy ó una amplia descripción de la
catedral y se refirió a las tallas más significativas: Santo Cristo de los Agustinos, Virge n
de los Remedios y Vir ge n del Milagro. Las dató y señaló su ubicación 177 . Aunque
escribió sobre las ig lesias de otros municipios de la provincia, no se hiz o eco de las
imáge nes que albergaban, aunque describió algunos sepulcros y su heráldica.
En el Conductor del viajero en Burgos J. A. Azpiazu escribió someramente
sobre el Santo Cristo de B urgos de los A g ustinos. Aparte de esta talla, solo algunas
esculturas del si glo XV le merecieron un a men ción 178 . Del monasterio de Las Huelgas
señaló que a la talla sedente de Sa ntiago le faltaban los brazos 179 .
V. Carderera, en Ic on ografía española. Colección de r etratos, estatuas,
mauseoleos y demás monumentos inéditos de reyes, reinas, grandes capitalnes,
escritores, etc. desde el s iglo XI hast a el XVII , copiados de los origi nales por D. Valentín
Carderera y Solano , s e refirió de forma casi exclusiva a la escultura funeraria,
centrándose en la indumentaria y la heráldica. No incluyó imágenes de tall a, aunque los
lugares que describió alberga n ma gníficos ej emplares policromados con motivos
heráldicos 180 . Se ha inclu ido en este apartado para e jemplificar el diferente tratamiento
que otorgó a la e scultura funeraria respecto de la ex enta.
J. Maldonado Macanaz destinó un volumen a Burgos, en 1866, dentro de la
Crónica General , en el que recogió las ceremon ias que se celebraron en el monasterio
de Las Huelgas para la coronación d e los re y es y para armar caballeros a algunos
monarcas y nobles. Es ll amativa la ausencia de la imagen articulable de Santiago que,
según la tr adición y las o bras de esta época, participó en al gunos de estos e ventos 181 . Al
Santo Cristo de Burgos de los Agustinos aludió en términos devocionales, siguiendo lo
escrito por H. Florez, y no llegó a describirlo 182 . S an ta María la Ma y or de la c atedra l fue
la escultura a la que dedicó ma y or atención 183 .
En la Guía del viajero en Burgos V. García García solo mencionó las esculturas
del siglo XV de la c apilla de San Enrique en la catedral 184 . En el monasterio de La s
madera tallada y p olicro m ada […] . Los p ies y la s manos están real mente c ubiertos de piel humana un
poco arrug ada; par ecen como guantes exte ndidos sobre un m o lde” .
176 A RIAS DE M I R ANDA , J., 18 43, p. 13.
177 M ADOZ , P. , 1 8 45 -1850 (1 984), p . 140. Escribió sobre la Virgen de los Remedios; p. 14 0. Sobre el
Santo Cristo; p . 141. Sobre la Virgen del Milagro; p. 54 7. La Virge n del altar m ayor f ue la única esc ultura
que describió .
178 A ZPIAZU , J . A., 1847, p. 16. Al Ecce Ho m o ( segú n la nomenclat ura de la época), de la capilla d e San
Enrique. Sobre Santa María la Ma yor especificó el m aterial d e la talla, que seg ún él a utor, era plata.
179 Ibídem , p. 30.
180 C ARDERERA y S OLANO , V., 18 55. Como Las Huelga s.
181 M ALDO NADO M A C A NAZ , J., 18 66, p. 55.
182 Ibídem , p. 62.
183 Ibídem , p. 101.
184 G ARCÍA G ARCÍA , V., 18 67, p. 67. El Ecce Homo (según la no m enclatura de la ép oca), san Andrés y la
Magdalena.
35
Huelgas reflejó que a la escultura sedente de Santiago le faltaban l os brazos 185 ,
confirmando la descripción realizada por A izpiazu veinte años antes 186 .
V. de la Fuente, en su libro La vida de la Virgen María con la hist oria de su
culto en España , incluyó a la Vi rgen d e los Remedios de la catedral. En el monasterio
de Las Huelgas, a pesar de l título de la obra , destacó la función para la tradición
asigna ba a la ima ge n de Santiago sedente, armar caballeros, y como se ponía en
funcionamiento 187 .
Dos libros dedicó A. L l aca y o a Burgos en 1886. En el Manual del viajero en la
catedral de Burgos e scribió sobre el Santís imo Cristo de Burgos d e los Ag usti nos
siguiendo el texto devocional de A. Buitr ago 188 , pero afirmó que esta escultura er a más
antigua y de más calidad artística qu e el S anto Cristo de las Gotas 189 . Aludi ó
escuetame nte a Nuestra Señora de los Remedios, a la Vir gen de los Milagros y a otras
tallas del siglo XV 190 . En el segundo libro, las Hu elgas, Hospital del Rey y Cartuja,
ruinas de Fresdelval, S an Pedro de C ardeña, Cuevas de Atapuerca y Arlanzón , se
refirió al Santiag o articulable de Las Huelgas 191 .
R. Amador de l os Ríos mostró una may o r sensibilidad, que autores anteriores,
hacia el valor artístico d e las imág enes. En su li bro Burgos. España sus monumentos y
artes. Su naturaleza e historia , publicado en 1888, además de la ciudad de Burgos
incluyó muni cipios de la provincia. L a data ción asignada a las esculturas es la que se
otorga , en su ma yoría, en la hist oriografía actual. Dató a Nuestra Señora de Oca en el
siglo XV , frente la creencia de que era una imagen visigoda trasl adada a la catedral d e
Burgos desde la ant erior sede episcopal de Oca. De Nuestra Señor a del Milagro apuntó
que era una obra coetánea de la escultura anterior y que estaba reto cada y estofada en
posteriores tiempos 192 . A la image n del Santo C risto de Burg os de los Agusti nos se
refirió en los términos devocionales d e autor es anteriores 193 , pero en el estudio de la
Virgen de los Remedios 194 inclu y ó asp ectos artísticos. Estableció una crono logía certera
de la imagen, aunqu e se equivocó en su apr eciación del mate rial, porqu e afirmó que
estaba realizada en made ra, cuando realmente es de piedra. El hecho de q ue la escultura
estuviese prote gida por una urna de cristal en el sig lo XIX pudo facilitar esta confusión a
un autor por lo demás perspica z.
De las im ágene s de la provincia se refirió, por primera vez, a la Virgen de
Fresdelval, talla gótica a la que tuvieron gran devoción Die g o Gómez Manrique y su
esposa S ancha de R ojas, quienes fundaron el monasterio jerónimo de Fresdesval para
albergarla 195 . L a escultura se custodia ac tualmente en la parroquia de Vill atoro .
También citó por primera vez a Nuestra Señora de las Mamblas y a Nuestra Señora de
Redonda de Covarrubias, que aún estaban e n sus respectivas ermitas 196 . Omitió
cualquier referencia artís tica, pero manifestó el gran número de devotos que tenían 197 .
185 G ARCÍA G ARCÍA , V., 1867 , p. 209.
186 A ZPIA ZU , J. A., 184 7, p. 16.
187 F UEN TE , V. de la, 1877-1879, p. 145, escr ibe sobre la Virgen de los Remedios; p. 133, Santiago
sedente del m onasterio de Las Huelgas.
188 B U I TRAGO R OMERO , A., 1876, pp. 93 - 243.
189 L LA C AYO , A., 1886 a, pp. 66 - 67.
190 Ibídem , p. 66. Nuestra Señora de lo s Remedios; p. 7 4. Virgen de Oca y Virgen de l os Mila gros; pp. 7 7-
78. Ecc e Homo (según la no menclatura de la ép oca).
191 L LA C AYO , A., 1886 b, p. 18.
192 A MADO R DE L OS R ÍOS , R., 1888, pp. 523 -524. Es una imagen del siglo XIV .
193 Ibídem , p. 511.
194 Ibídem , pp. 510- 511.
195 Ibídem , pp. 809- 810.
196 Actualmente e n el Museo de Covarrubias.
197 A MADO R DE L OS R ÍOS , R., 1888, p. 877.
36
Al estudiar el monasterio de Santo Domingo de Silos mencionó a la Virgen de Marzo, a
la que dató en el siglo XIII 198 . Sin embargo, llama la atención la ausencia de una obra tan
significa tiva como Nues tra Señora de La Vid, magnífica escultura pétrea y titular del
monasterio de La Vid, sobre el que sí escribió 199 . Dató en el siglo XV a la Virgen de
Peñalba de Castro 200 .
E. Cantón Salazar escribió en Apuntes para una guía de Burgos , de 1888, sobre
la catedral, donde men cionó una imagen m ariana del si glo XIII , sin aludir a su
advocación. De la lectura del tex to puede deducirse que es l a Virgen d e la Ale gría.
También citó a la Virgen de los R emedios 201 . En el monasterio de Las Huelgas aludió a
la Virgen que decoraba el tímpano de la capilla de San Juan. Aunque el estudio de las
im ág enes no fue pormen orizado, las enclavó en s u época y en algunos casos reflejó el
material en que estaban r ealizadas 202 .
2. 3. L OS E STUDI OS DEL SIG LO XX HAS TA LA ACTUA LIDAD
A lo larg o del siglo XX aumentaron las noticias referentes a la imag inería y
aparecier on los primeros estudios científicos en los que se atendió a las cualidades
artísticas de las esculturas, a su valor ación y a l a evolución histórica d e los diferentes
tipos. En líneas ge nerales es el mismo proceso que se rec onoce en otras provincias.
Durante el primer ter cio de siglo, a la vez que siguieron apareciendo numerosas
publicaciones de enfoque devocional, se realizaron las primeras ex p osiciones con
presenc ia de imágenes, q ue fue ron un c ampo fértil para la difusión del conocimiento y
el estudio de la ima ginería burgalesa . Junto con las aportaciones de eruditos españoles
aparecier on las primeras obras científic as realiz adas por a utores extranjeros -
inicialmente alemanes y franceses- a nivel de estudi os especializados. Estos autores
fueron los p rimeros en m ostrar cierta sensibilidad hacia la imaginería española desde un
enfoque e xclusivamente artístico.
La s publicaciones más numerosas se dedicaron a muni cipios o a edific ios de
interés artístico. Algunos autores incluy eron referencias ge néricas a tallas gótica s, pero
en otros se apreció un cambio de sensibilidad en torno a la va loración de las im ág enes.
En la si guiente relación de trabajos también he que rido dejar c onstancia de
algunas publi cac iones dedicadas a lu gares que conservan es culturas gó ti cas de gran
calidad, a las que, sin embar go, no se hace refe renc ia. Se inclu y en, por que reflejan la
falta de va loración de la imaginería gótica por parte de e stos autores.
En 1901 se editaron tres publi cac iones. La de N. Acero Abad se d edicó a “El
monas terio de La Vid”, en la que especificó el material en que se realizó Nuestra Señora
de L a Vid y señaló su cal idad artística 203 . En la Nueva guía de Burgos y su prov incia M.
Rubio B orras inclu yó varias imá ge nes. Re cogió el litigio entre los agustinos y los
tr initarios para aclarar a cuál de los dos S antos Cristos de Burg os pertenecía esa
advocación, con la que se denominaba a ambas tallas 204 . Solo mencionó alguna s
198 Ibídem , p. 936.
199 Ibídem , p. 975. Escultura que he d atado en el segundo ter cio del siglo XIV .
200 Ibídem , p. 961. Escultura que he d atado en el segundo ter cio del siglo XIV .
201 C ANTÓ N S ALAZAR , E ., 1 888, p. p . 53. “La i m agen que se ve dentro d e u na peq ueña ca pilla es una
escultura de p iedra de estilo gótico y pertenece a la cofra día de su advoca ción”; p. 30. Vir gen de los
Remedios.
202 Ibídem , p. 84. Virgen de la capilla d e San Juan de las H uelg as.
203 A CERO A BAD , N., 1 901, p. 349. “[...] to da ella d e p iedra, de tamaño mayor que el natural [ ...] sentada
en un trono con el Ni ño en las ro dillas, esculpidas las imá genes con muy buena ta lla”.
204 R UBI O B ORRÁ S , M., 19 01, p. 138.
37
esculturas del si glo XV de la catedral 205 . Del monasterio de L as Huelgas destacó que la
escultura sedente de Sant iago era articulable 206 . A p esar d e escribir sobre las parroquia s
de la ciudad de Burgos y las iglesias más importantes de la provincia, no aludió a
imáge nes, ni si quiera al Santo Cristo de Burg os de los Trinitarios. J . Aga pito Revilla
publicó e l Real Monasterio de las Huelgas de Burgos , libro en el que no se aprecia gran
interés por la escultura góti ca. Ejemplo de esta falta de preoc upación es el pie de foto en
el que consta: “un reliev e de la Virgen con J esús” situado en el tímpano de la capill a de
San Juan 207 , cuando se trata de una escultura de bul to redondo. T ambién es cribió sobre
la imagen s edente d e Santiago: “de mal gusto y d e nin gún mé rito artístico” 208 . No
incluyó otras tallas góticas del cenobio, a pesar d e su rico patrimonio. En esta obra se
constata como ni a principios del siglo XX ha y una sensibilidad artística genera lizada
hacia la imaginería. El mismo autor dedicó un año más tarde un art ículo a “Las
Huelgas”, en el que insistió en el mal gusto y poco mérito artístico de la talla sedent e de
Santiago, pero re saltó su gran valor histórico 209 .
El conde de Polentino s concedió, en su artí culo de 1905, “ Excursión a
Covarrubias, Silos y Arlanza”, at ención exclusiva al magnífico retablo de Covarrubias,
del que desta có su elev ada c alidad. Es ll amativa la omisión de todas l as esculturas
gótica s que se atesoran en la excolegiata de Covarrubias y en Santo Domingo de
Silos 210 .
Fueron autore s alemanes y franceses los primeros en aplica r un enfoque
exclusivamente artístico a la im aginería gótica b urgalesa, como se ha mencionado. El
primero de ellos fue E. Bertaux , a quien se encarg ó los seis capítulos de la Histoire de
l´Art de A. Michel dedicados a la escultura gótica española, en los que incluyó al gunas
imáge nes burgalesas. La primera mención a un a escultu ra exenta de nuestr a provincia l a
encontramos en el tomo II , dond e relacionó a la Virg en de Ma rzo del monasterio de
Santo Domingo de Sil os con la Virgen de Náj era 211 . Las esculturas que estudi ó en obra s
sucesivas pertenecen a l siglo XV 212 .
El segundo tomo de El Real Monasterio de Las Huelgas de Burgos y el Hospital
del Rey lo d edicó A. Ro drígue z López al estudio del patrimonio artístico. Se refir ió de
nuevo al relieve de la Virgen con el Niño 213 , ya mencionado por Agapito Revilla.
Escribió, sin embargo, la primera referencia sobre el grupo del Descendimi ento, del que
destacó su elevada calidad 214 . De la escultura s edente de Santia go expli có la exist enci a
de unos brazos móviles que, por medio de un resorte, eran los encargados de armar
caballeros, s egún la tradición. A diferencia de autores anteriores, reflejó por escrito la
infructuosa búsqueda d e documentos que avalaran esta tradición 215 . En Apuntes
históricos de Belorado H. López Bernal apo rtó una valiosa info rmación sobre la
205 Ibídem , p. 141. Escribe sob re las Vírgene s de Oca y del Mi lagro, d e la segunda relata en q ue consistió
el milagro, d e forma muy concisa, y su ubicación; p. 148. De la patro na de la sede catedralicia que “es de
plata y regalo del obispo Acuña” .
206 Ibídem , p. 167.
207 A GAPI TO R EVILLA , J., 1903 c, p. 97. Está la foto grafía; pp . 96 - 97. “[…] dentro del tímpano aparec e un
relieve de la Vir gen con Jesús”.
208 Ibídem , pp. 151- 152.
209 A GA P I TO R EV IL LA , J., 1904 a, p . 373.
210 P OLENTI NOS , C. de, 1905 , pp. 214 -222.
211 B ERTAU X , E., 19 06 d, p. 285.
212 B ERTAU X , E., 19 06 a; B ERT AUX , E., 1906 b; B ERTA UX , E., 1 906 c.
213 R ODRÍG UEZ L ÓPEZ , A., 190 7, p. 251. Escultura de b ulto redondo.
214 Ibídem , p. 264.
215 Ibídem , p. 273.
38
procede ncia d e una santa Ana triple. T ambién mencionó la im agen d e Santa María,
titular de la ig lesia de la misma advocación 216 .
A partir de 1911 se suc edieron las publicaciones del prolijo autor bur galés L .
Huidobro Serna, cronista oficial de la provincia y archivero de la diócesis. De ese año es
el libro Iglesia de San Nicolás de Bari , en el que la imagen del Crucificado, situado en
la cabecera de la nave de la Epístola, ocupó un lugar destacado. No h e encontrado
referenc ias ant eriores a la talla. A pesar de pertenecer al siglo XV , no he querido obviar
esta obra porque, además de las apreciaciones artí sticas, aporta in formación acerca de
las partes que habían sido reh echa s durante la restauración. Es la primera referencia
sobre las transformaciones sufridas por una escu ltura gótica burgalesa. S obr e la talla
escribió:
“[...] conviene en afir mar que es a más tardar coetáneo de la iglesia y
probablemente un poco anterior a ella, y admir an sus bellas formas
anatómicas, así como la verda d con que expresa la escena del calvario.
Jesús muriendo, con el pecho levantado, inclinada su cabeza y
pendiendo todo el cuerpo con naturalidad y a rte. Se ti ene por obra
italiana. Son nuevos la cruz, e l rótulo y parte de un pie y de un
brazo” 217 .
En el mismo año escribió un artículo sobre “Sasamón, vil la de arte”, en e l que
citó una escultura pétrea de santa Ana. L a imagen estaba entonces en la ermita de la
Vera Cruz 218 . Este dato es significa tivo p ara la mov ilidad de las im ágenes, ya que en la
actualidad la imag en ha vuelto a la iglesia parroquial, que era su lugar de pr ocedencia.
V. Lampérez R omea publicó un monog ráfico so bre L a catedral de Burgos en
1912, en el que d edicó un apartado a las tallas 219 , que se centró en la sillería y la
cajonería, no in cluyó, sin embargo, im ágenes. Esta ausencia es mu y s ignifica tiva y
contrasta con los ap artados dedicados a tapices o a hierros, ilustrando u na vez más el
escaso interés que la imaginería despiert a entre al gunos eruditos, relega da nuevamente a
su función devocional.
Con motivo del séptimo aniversario de la vi ctoria de las Navas de Tolo sa se
celebró en Burgos la Exposición de arte retrospectivo , a la que L. Hu idobro Serna
destinó un artículo con el mi smo título en 1913. Entre las obras expuestas mencionó la
escultura del Santia g o s edente de Las Hu elgas, de la que destacó su capac idad pa ra
mover los brazos. Relaci onó la movili dad de los brazos con la función qu e asignaban a
la imagen, armar ca balleros a los re y es de C astilla 220 .
216 L Ó PEZ B ER NAL , H., 190 7 (1994), p. 49. Me ncionó u na imagen de saparec ida de la iglesia de San
Nicolás; p. 5 1. E scribió sobre Santa María, actualmente en la iglesia de Santa María baj o la advocació n
de Nuestra Se ñora del Ca mino. Explicó que p rocedía de la iglesia medieval que oc upó el mismo encla ve.
También no mbró, en la misma iglesia, una santa An a tripl e, que se trasladó desde d e la iglesia d e Sa n
Lorenzo.
217 H UIDOBRO S ERNA , L., 1 911 c, pp . 13 - 14.
218 H U I DOBRO S ERNA , L., 1 911 b. Núm. 113 . Además se refir ió a un san Lorenzo y un san Barto lomé,
próxi m o s a la datación de santa Ana. Esculturas q ue no he e ncontrado.
219 L AMPÉREZ R O MEA , V., 1912, p. 19.
220 H U I DOBRO S ERNA , L., 191 3, p. 30. “Sin q ue se p ueda olvi dar la interesantísima imagen en madera de
Santiago, que mediante un j uego de braz os servía para ar mar caballeros a lo s reyes del siglo XIII y
siguient e”.
39
En Recuerdo de Santo Domingo de Sil os , de 1 916, J. P. Rodrigo Barbadillo
describió a la Vir ge n d e Marzo 221 y mencionó una escultura del siglo XIV en la sacristía
del monasterio, a la que no identificó 222 .
E. Herrera Oria publicó e n 1918 un artículo sobre “Dos imágenes trecentistas del
monasterio de Oña” , en el que retrasó la datación del Crucificado románico de sa nta
Trigidia al si glo XIV 223 . Variar la datación de las imágenes medievales es f recuente entre
numerosos autores, pero normalmente se procede a adelantarla al período r ománico y no
a la inversa , como en este caso.
Al analizar otros artículos de las dos prim eras décadas d el siglo, que se
dedicaron a edifi cios burgaleses que custodian esculturas góticas, llama l a atención l a
ausencia de referenc ias a las mi smas 224 .
La obra de J. Sanz García, Iconografía mariana burgalesa , editada en 1922,
marcó un hito importante en la historiografía bur ga lesa, porque su autor fue el primer
español en mostrar una s ensibilidad diferente h acia la imaginería gótica de la provincia
de Burgos. Su libro destacó entre la historiografía de la é poca por enclavar a las
imáge nes en su momento histórico y h acer una d escripc ión de las mismas . La mayoría
de las tallas que incluyó pertenece n a la villa pale ntina de Aguilar de Campoo (Palencia)
y su arciprestazgo, que entonces estaban vincul ados a la s ede catedralicia burgalesa,
pero también escribió s obre imágenes de diferentes municipios de nuestra provincia,
entre las que inclu y ó a algunos Crucificados, a pe sar del títul o del libro 225 . Sirvan como
ejemplo las dos Vírg enes sedentes y el Crucificado de la localidad burgalesa de
Puentedura, c u y a fotografía ilustra el texto 226 .
J. Martínez Santa- Olalla escribió un artículo sobre la “Contribución al estudio de
las Vírg enes bizantinas” en 1924. I nclu yó dos fotografías de Vírgenes sedentes góticas
de Poz a de la Sal, la Virge n la Vieja y la Virgen de Pedra jas, a las que tituló bizantinas,
término con el que algunos autores se referían a las tallas románicas a p rincipios del
siglo XX 227 . Del mismo año es el artículo de J. S anz Garc ía, “Arte visi gótico en Tartales
de Cilla”, en el que mencionó esculturas mediev a les de los siglos XIII y XIV , inclu y endo
su datación 228 .
221 R ODRIGO B ARBA D ILL O , J . P ., 1916, p. 80 . “Una grandiosa, her m o sísima imagen d e María con el niño
Jesús sobre la ro dilla izquierda. Es una colosal estatua de pied ra de 2,25 m etros, se ntada sobre m acizo
coj ín de lo mismo, que sostienen sob re sus lomos d o s fieros leones unidos […]”.
222 Ibídem , p. 100.
223 H ER RERA O R I A , E ., 1 918, pp. 22 -26. En una nota de la edito rial, q ue pr ecede al d esarrollo del artículo,
se se ñala que el Cristo de Sa nta Tr igidia es gótico , del siglo XIV , co n u na re m o delación r enacentista; p p.
22 -23. Herr era d a las medidas y explica la trad ición que e xplica su ad vocación. Habla d e un pri mitivo
emplazamiento e n la puerta de la iglesia hasta finales del si glo XVI o principios del XVII .
224 L AMPÉREZ R OMEA , V., 19 04; L EGUINA Y V IDAL , E. (B A RÓN de V EGA de H OZ ), 1914 ; T ORMO M ONZ Ó ,
E., 1914 .
225 S ANZ G ARCÍA , J ., 1922, pp. 118 -119, E scribió sobre el Cristo de San Millán de Los Balb ases. Citó las
imágenes de aq uellas igle sias que conocía po r haber sido pár roco en esos municipios o por estar próximos
a su par roquia, q ue, a p esar de no encontrar se en el arcip restazgo de Aguilar, consid eraba dignas de
mención.
226 Ibídem , pp. 1 09-112. Gracias a la fotografía que aco m p aña al texto, C. J. Ara Gil pudo establece r el
origen burga lés de una imagen mariana d e P uented ura, q ue se custodia en el M useo Marès con el n úm . d e
catálogo 12 0. Esta talla fi guraba co m o de p rocedencia d esconocida, aunq ue algunos a utores la había n
relacionado con la provincia de León.
227 M A RTÍ NEZ S ANTA -O LALLA , J., 1924, p. 189. L a Vir gen la Vieja, a la q ue dató en el siglo X II y de la
que hizo una d escripción detallad a, incluyendo la medida; pp. 190 -191. De la Virge n de Ped rajas también
hizo una descrip ción y la dató unos años más tarde. Escrib ió que su policro mía era posterior .
228 S ANZ G ARCÍA , J ., 1924, pp. 246 - 247. La imagen de un ob ispo del siglo XV y una Virgen sedente del
siglo XIII o XIV en la er mita de San Fer mín y en la iglesia p arroquial a un Cruci ficado del siglo XV .
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La A cademia de Bellas Artes, despu és de asumir las funciones de la Comisión
Central de Monumentos, planteó la nece sidad de catalogar los monum entos para evitar
la desaparición de bien es artísticos en manos de “espec uladores extranjeros [ ...] van
trasladando a las galerías de poderosos aficionados, o a los Museos de sus naciones
respec tivas, los más preciosos restos de nuestra riqueza artística, suntuaria y litúrgica”.
Fruto de esta iniciativa fue el pr o y ecto para elaborar los Catálogos Monumentales y
Artísticos de España, que se presentó al Ministerio de Instrucción Públi ca y fue
aprobado en 1901. El primer catálogo que se abordó fue el de Ávila, terminado en 1902.
En 1917 se habían realizado los de 17 provinci as. Para su sup ervisión se creó un a
comisión a c argo de a cadémicos de l a Lengua, Historia y Bellas A rtes. En un informe
de 1930 proponían la convenienc ia de repetir los inventarios de Segovia, Sevilla,
Burgos, Soria y Guadal ajara 229 . El Catál ogo monu mental y artí stico d e la provincia de
Burgos estuvo a cargo de N. Sentenac h, quien lo terminó en 1924 230 .
Nuestra provincia sigue careciendo de catálogo, porque el que elaboró Sentenach
continua inédito y está i ncompleto. A pesar de ello, ha sido una refere ncia constante
para conocer imágenes de pequeñas localidades. Conviene reseñar que, aunque el
cambio de mentalidad es considerable, el registro de imáge nes gótic as, incluso en
aquellos lugares inventariados, no fue exhaustivo. Esta situación se puede deber a que
en la actualidad se custo dian en las iglesias imágenes de ermitas o a que no consideró a
algunas de e llas de interés artístico 231 .
A L. Huidob ro Serna d ebemos el artículo “Fundadores del Santuario de Nuestra
Señora la Real y Antigua de Gamon al”, de 19 25, en el que solo es cribió sobre la
escultura funeraria de la iglesia 232 . Por el contrario, N. Sentenach en sus dos artículos
dedicados a “ L a Bureba” inclu y ó varias imágenes góticas del monasterio Vileña, a las
que dató 233 .
Importante, para la catalogación de la ima ginería, fue la exposición que se
realizó en Burgos en 1921 con motivo del séptimo centenario de la catedral de Burgos.
El catálogo se publicó en 1926 con el título Catálogo de la Exposición de Arte
Retrospectivo . Se expusieron veintiocho escultura s góticas, de las qu e se facilitó la
altura y un a descripción, que inclu y ó la indumentaria, la poli cromía, la d atación y su
lugar de pro cede ncia. Es la primera vez que se inventaría un número tan eleva do de
tallas, que por desgrac ia no iban acompañadas por fotografías 234 .
El mismo año publicó L. Huidobro Serna una monografía sob re el Santuario de
Nuestra Señora la Re al y la Antigua de Gamonal . A la titular del edifi cio se refirió
como: “una Virgen del siglo XIV , d e buena factura, fue pint ada recientemente” 235 . Hasta
229 AA. VV., 200 1 c, p. 13.
230 A GUIL Ó A LONS O , M. P. , 2012, p. 263.
231 S ENTENACH , N. , 19 24, 6 volúmene s. Po r ej em plo, en el t. IV , p. 141. Inventarió la iglesia d e Hontor ia
de la Can tera, municipio en el que escribió: “En la misma c apilla se guarda una anti gua escultura sede nte
de la Virgen del sig lo XIV , con otro s también d e p róxim a época”. En la ac tualidad conserva un
Crucificado d el siglo XIV y un san P ablo y un san Ped ro del XV . En el caso d e Hontoria de Valdearado s no
mencionó i m á genes, sin e mbargo, hay una Vir gen del siglo XIII y un Crucificado d el X I V .
232 H UIDOBRO S ERNA , L., 1 92 5, pp. 107 - 108.
233 S ENTENACH , N., 1925 a, p. 38. Dató al Cristo de santa Trigidia de Oña a pri ncipios del siglo X III ; p.
128. “Preciosas imágenes de los siglos X III , X I V y XV que se conservan en el mona sterio de Vileña”.
234 AA. VV. , 1 926. Aunque e n a lgunos c asos la s d ataciones so n inco rrectas, en la mayoría c oinciden con
las que les atr ibu y e la histo riografía act ual. En tre las escultu ras registrad as e xisten al meno s cinco, que no
se encuentran en su lu gar de o rigen o que han desapar ecido. Sirven p ara testimo n iar la gran pérdida d e
patri m o nio q ue se ha p roducido, respo ndiendo este a d iversas cau sas. E ntre las tal las de sap arecidas están
dos Vírgenes y u n san Juan, que p erteneciero n a las r eligiosas benedicti nas de T órtoles. Do s á ngeles
músicos de Villa sandino y una Virgen de las reli giosas conce pcionistas de Burgos.
235 H UIDOBRO S ERNA , L., 1 926, p. 6 5.
41
el momento es el único a utor que re coge las restauraciones a que han sido sometidas las
esculturas. Escribió sob re el grupo de la Anu nciación 236 y sob re el Calvario, que
entonces se encontraba e n el atrio de la iglesia. Recogió que aún conservaba part e de la
policromía primit iva, lo consideró uno de los me jores de C astilla y lo dató en el si glo
XV 237 . L. Serrano Pineda i ncluyó en El Real Mon asterio de Santo Domingo de Silos
(Burgos) un elevado núm ero de tallas. Destacó l a Virgen de Marzo, una Virgen sed e nte,
un san Bartolomé, la Virge n de la Manzana y la Virgen de la Leche 238 .
El investigador alemán G. Weise publicó, en Reutlingen (Alemania) entre 1925
y 1939, los cuatro volúm enes dedicados a la escultura español a con el títu lo Spanische
Plastik aus sieben Jahr hunderten . Fue un autor que dio importan cia a la imaginería
gótica burgalesa y el q ue recogió un may or n úmero de tallas. A dife rencia d e los
anteriore s, además de las imágenes d e la catedral o el monasterio de Santo Domingo de
Silos, que ya s e habían estudiado en la biblio grafía ex tranjera y por lo ta nto contaban
con cierta difusión, mencionó ejemplares de la provincia, inéditos en su ma y o r parte. Al
ir esta edición acompaña da de un abundante número d e foto grafía s, se h a convertido e n
una base inapreciable para conocer obr as que ho y se en cuentran en paradero
desconocido o des aparecidas, que de no h aber si do fotografiadas por este investigador
habríamos i g norado, co n la imposibilidad de poder relacionarlas con escultores o
talleres. Esta obra a y u da a un ma y or conoci miento de la producción escultórica
burgalesa. Entre las tall as estudiadas se encuentra una Vir ge n de pie con donante
arrodillado, que perteneció al convento de religiosas bernardas de Aranda d e Duero, ho y
en para dero desconocido 239 . Entre las im áge nes que se conservan en s us enclave s
originarios destacan por su calidad las Vírgenes de Cornudilla 240 y Celada del
Camino 241 .
A. Dotor Municio fue un o de los numerosos autores que du rante los siglos X IX y
XX dedica ron un monográ fico a La catedral de Burgos . S u obra, public ada en 1928,
supuso un avance en el tratamiento de las escultura s góticas, porque most ró interés por
el valor artístico de las imáge nes. De la Virgen de los Remedios e scribi ó que era
antiquísima y su ubicación 242 . Del Santísimo Cristo de Burgos d e los Agustinos recogió
la le y enda de su llegada a Bur g os, la gran devoción que se l e profesaba y una
descripción de la talla 243 .
A “Celada d el Camino” de dicó un artículo L . Huidobro Serna e n 1929. La
descripción d e la Virgen de la P arra, escultura en piedra a la que d ata en el siglo XIV , es
extensa 244 . También menci onó “un Cristo del siglo XIV - XV , de tosca factura, y una
Virgen sedente con el Niño del siglo XIII ” 245 . Es de cir, todas las tall as góticas
conserva das en la iglesia.
En 1929 publicó A. L . Mayer El estilo gótico en España . Las ref ere ncias a
esculturas bur g alesas se circunscr iben a la escultura monum ental del primer gótico de la
catedral y d e Sasamón 246 , pero inclu yó varios c apítulos sobre imágenes góticas de otra s
236 Ibídem , p. 67. Sobre las esculturas de la Anunciación manif estó que eran de escuela francesa.
237 Ibídem , p. 67. Datación q ue he adelantado al siglo X I V .
238 S ERRANO P I NED A , L., 1926 , pp. 58, 150, 155, 173.
239 W E I SE , G., 19 27 b, t. III , lá mina 86. A la conclusión d e este tr abajo también ha desap arecido el
m ona sterio y la co munidad se ha trasladado a Santo Do m ingo de la Calzada.
240 Ibídem , t. II , lá mina 89.
241 Ibídem , t. II , p. 36.
242 D OTO R M UNI CIO , A., 192 8, pp. 202 - 204.
243 Ibídem , pp. 257- 258.
244 H UIDOBRO S ERNA , L., 1 929, pp. 432 - 434.
245 Ibídem , p. 428.
246 M AYER , A . L., 19 29, pp. 37 -47; p. 48. Sasamón.
48
escultura de Santia go sedente manifestó que era del siglo XIII y que se rvía para armar
caballeros 321 . También escribió sobre el Cristo de Burgos de los Trinitarios para narrar
los avatares de sus distintas ubicaciones, desd e qu e se entregó por el P apa Inocencio III
a san Juan de Mata 322 . Del Museo de Burgos, d el que fue di rector, inclu yó dos tallas,
una santa Ana triple del siglo XIII y una Virgen con Niño de ig ual cronología 323 . De la
provincia incluyó imáge nes de Santo Domingo de Sil os y Cova rrubias 324 .
A. Durán Sanpere y J . A inaud de Lasarte publicaron Escultura gótica , de ntro de
la colección Ars Hispaniae , en 1956. Es una obra extensa, por el pe ríodo y área
ge ográfica qu e aborda, p or lo que el escaso espac io destinado a la ima ginería no resulta
llamativo 325 . I n cluyeron un comentario somero sobre el Descendimiento de La s
Huelgas 326 y otro sobre Nuestra Señora de La Vid 327 .
En el artículo de L. Huidobro Serna “ 1461. Sentencia en el pleito de la Abadía
de Escalada y el concejo de Quintanilla ”, de 1956, se publicó una fotografía del retablo
de la ermita de Escalada, en el que había un san Antón del XIV 328 .
J. Velasco de Toledo dedicó un libro a La catedral de Burgos en 1956. Solo se
diferenció de las public aciones ante riores al esc ribir sobre: “la bella terracota del Ecce -
Homo del s. XII ”, a la que sit uó en la capilla de S anta Catalina. La única imagen que se
conocía bajo esa adv ocación es la que s e custodi a en la capilla de San Enrique y está
realizada en madera. Su datación tampoco coincide con la asignada por el autor, y a que
es una obra flam enca de finales del siglo XV . Mencionó a la Virgen de lo s Remedios y
la dató en el siglo XIII . También escribió sobre el traslado a la catedral del Santo Cri sto
de los Agustinos 329 .
La tendencia a adelantar la datación de las t allas góticas es frecuente en
numerosos autores. T ambién se constata en el ar tículo que L . Huidobro Serna realiz ó
sobre “Villama y or de los Mont es y su monaster io cisterciense y hospital”, en el que
dató a la Virge n titular del monasterio en el siglo XII 330 .
G. Miguel Ojeda, en el artículo de sobre “ Hoy uelos de la Sierra ” de 1959,
incluyó una imagen del siglo XIV - XV sit uada en l a ermita 331 . Del mismo año es el libr o
de P. de P alol sobre el yac imi ento romano d e Clunia . En ese asentamiento se constru y ó
una ermita dur ante la Edad Media, que tiene co mo titular a una Vir gen “realizada en
estilo románico” 332 . Actualmente se custodia en la iglesia parroquial de Peñalba de
Castro, en cu yo t érmino está el y a cimiento. Se inclu y e en este apartado porque he
retrasa do su datación al siglo X I V .
321 Ibídem , p. 140.
322 Ibídem , p. 19 3. Lo dató en la fecha, que según la leyenda, se trasladó de Ro ma, 12 67. Es una escult ura
del siglo XIV .
323 Ibídem , p. 254.
324 Ibídem , p. 27 4. En Covarr ubias, Mu seo P arroq uial, inclu y ó : “Santia go per egrino de escuela castella na,
s. XIV . Nue stra Señora de Mamblas, p olicro m ada, s. XIV . Una Sa nta Catalina con rueda, s. X I V . Un Sa n
Juan E vangelista, arte flamen co del s. XV ”. De Santo Do mingo de Silos citó a la Vir gen de Mar zo, del s.
XIII .
325 D URAN S AN PERE , A. y A INAUD L ASA R TE , J., 1956 ( 1980). pp. 75 -76.
326 Ibídem , fig. 52.
327 Ibídem , p. 54.
328 H UIDOBRO S ERNA , L., 1 956 b, p. 217. Únicamente aparece l a fotografía.
329 V ELA SCO de T OL EDO , J ., 1 956, p. 57 . En la ca pilla d el Santo Cristo mencionó a la Virgen de los
Remedios, del siglo X III , sedente y hec ha e n piedr a; pp . 2 3 -24. E l año del traslado d el Cri sto a la cated ral;
p. 46 . De la Virgen del altar mayor que era de p lata maciza y que era una donación del obisp o Acuña.
330 H UIDOBRO S ERNA , L., 1 957 d, p. 414. Es una talla del XIII .
331 M I G UEL O JEDA , G., 1959 , p. 803. Im agen q ue no encontré cuando visi té la lo calidad.
332 P ALOL , P. d e, 1959, pp. 34 -35.
49
De 1960 es el libro de A. Ruiz sobre la Abadía de Santo Domingo de Silos , en el
que mencionó dos imágenes gótica s. Se refirió, por primera v ez, a Nuestra Señora d el
Merca do, de la parroquia l 333 . También inclu y ó a la Virgen de Marzo, que identificó con
una representación de la Anunciación y a la que dató en el siglo X II . Señal ó que el Niño
era actual 334 .
N. L ópez Martínez recogió en el artículo de de 1962, “Aportaciones a la
b ibliografía histórica burga lesa”, referencias a artículos y libros relacionados con tallas
gótica s 335 . De 1963 es el libro La provincia de Burgos en la geografía y en la historia
de T. Lópe z Mata, en el que mencionó a una santa Ana Triple en la localidad de
Belorado 336 . En el apartado dedicado a la mon umentalidad estudió la catedral de
Burgos, p ero no res eñó e sculturas exentas 337 . C onviene recordar que y a había dedicado
un monog ráfico a este e dificio en 1950. En el mo nasterio de L as Huelgas d edicó su
atención a “ un descendimi ento policromado, elevada la dram ática movilidad de sus
figuras” 338 . Aunque en Covarrubias escribió sobre el Museo de la Colegiata, no se
detuvo en las tallas allí expuestas 339 . De Oña citó al Cristo de santa Trigidia ,
especificando que era románi co 340 . La escasez de imágenes góticas no es ll amativa ,
porque es una publicación que abo rda distintos aspectos relacionados co n la provincia
de Burg os.
R. Vargas Blanco y A. P ére z Camarero publicar on Historia de Covarrubias en
1964. Mencionaron varias esculturas góticas ex entas al escribir sobre el Museo 341 y
añadieron: “sobre el alta r estatuas góticas de S an Nicolás y la Magdalena” 342 . De 1965
son varias obr as que men cionan tallas gótica s bur galesas. T. L ópez Mata incluyó en “La
ruta jacobea a través d e l a prov incia d e Bu rgos” a una santa Ana Triple de Belora do 343 .
El artículo de J. L uis Monteverde, la “Iconografía burga lesa del Apóstol Santiag o”, está
ilustrado con foto grafías de vari as im ágene s gótica s del apóstol. Dentro d e la tipología
del apóstol sedente incluyó la escultura de Las H uelgas, de la que espec ificó que antes
del actual color castaño tenía el cabe llo dorado y la dató en el siglo X III . Entre las
imáge nes erguidas incluy ó una escultura de Santiago peregrino, bastante deteriora da,
del mismo monasterio 344 . F. T. Mor al recogió numerosas fuentes en su artículo sobre
“Historiografía del Real Monasterio de las Huelgas d e Burgos” 345 . Al año siguiente
dedicó F. Rojo un libro a El monasterio de Santa María de la Vid , en el que hizo
constar el ta maño de la imagen t itular, su calida d y la dató en los siglos X IV o XV 346 .
333 R U Í Z , A. R. P., 1960, p. 11. Explicó có mo se celebraba la festividad durante el rei nado de Carlo s V,
con lidia de toros. En la actualidad su f iesta se celeb ra en 2 de julio.
334 Ibídem , p. 49. Es una Virgen sedente con el Ni ño del siglo XIII .
335 M ARTÍNEZ L ÓPEZ , N., 1962. Por e jemplo, en la p ágina 163 citó el libro de F. L ÓPEZ , His toria
docu mentada y crítica de la sa nta y milag rosa imagen de Jesús crucificad o, qu e con el título de Bu rgos
se venera en la iglesia de San Gil, en la ciu dad expresada , Sala manca, 1907 .
336 L ÓPEZ M ATA , T., 1 963 b, p. 166.
337 Ibídem , pp. 259- 264.
338 Ibídem , p. 267.
339 Ibídem , pp. 309- 310.
340 Ibídem , p. 317. “De románica anato mía”.
341 V ARGA S B LA NCO , R. y P ÉR EZ C A M ARERO , A., 1964, p. 74.
342 Ibídem , p. 77 . No he encontrado ningún santo co n la advocació n d e san Nicolás, lo que podría deberse
a un error de identificación. T am poco se puede identificar a ningun a esc ultura con la Magdalena, si n
embargo, ha pervi vido una talla de santa Catalina.
343 L ÓPEZ M ATA , T., 1 965 a, pp. 143 -159. Solo incluye esta i magen.
344 L UIS M ONTEVERDE , J ., 1965, p. 455. Del Santiago sedent e señaló que vi ste go nela policr om ada con
arabesco s. Del Santiago peregrino ap untó su estado de deterioro y lo dató en el siglo XV .
345 M ORAL , F. T. , 1965 a, pp. 143 - 159.
346 R OJO , F., 196 6, p . 21 . “Pri morosa y delicad ísima talla de piedra del s. XIV - XV , co n eleg ante deco rado
del siglo XVI , de 1,8 0 metros de altura, sonriente”.
50
En el último tercio del siglo se dio un g ran impulso al estudio de la imaginería,
gracias a un mejor conocimiento de las obras, lo que facilitó el establec imiento de
posibles relaciones estilísticas e icono gráficas dentro d el contexto nacional e
internacional. También se pudieron fijar unas fec has más acordes. A pesar de ello, llama
la atención el escaso inte rés que si g ue ex istiendo por la imaginería en com parac ión con
otras facetas de la escultura góti ca burgalesa 347 , y en relación con l a imaginería de otras
área s geo g ráficas 348 .
La m ayoría de las publicaciones son obra d e autores no especializados, que solo
mencionan esculturas ex entas sin datarlas o adelantándolas al período románico. S e han
incluido aquellas obras en las que figuran im ágene s góticas burgalesas, porque a
menudo se convierten en las únicas r eferencias sobre algunas esculturas. También se
mencionan publicaciones que, a pesar d e no aparecer nin gún comentario, se ilustran con
fotografía s de imá ge nes.
En 1967 se editaron tr es publicaciones, en las que se refirieron a tallas góti cas.
En la primera, “Autobiografía del río A rlanza”, V. de la Cruz indicó que había una
“Virgen gótica” en el c entro del retablo ma yor de la iglesia de Santa María de S alas de
los Infantes. He pospues to su datación al period o renacentista 349 . En el artículo de B.
Osaba Ruíz de Erenchun y J . L . U ribarr i An gulo sobre “Arauzo de Torre en sus
aspectos geográfic o, his tórico, arqueológico y artístico” se concedió una atención
es pecial, entre las esculturas de su iglesia, a u na Virgen sedente. En la descripc ión
incluyeron un comentario sobre su policromía. Siguiendo la tend encia de otros autores,
adelantaron su datación al período románico 350 . I . García R ámila, en su libro Forjadore s
gloriosos de Casti lla de 1967, inclu y ó un san Pedro y un san J uan Evangelista del siglo
XIII , una Virgen del XV 351 y una Vir gen románica del monasterio de Tórtoles de
Esgue va, qu e es la únic a que se conserva 352 . Aunque escribió sobre otras iglesias, no
incluyó imáge nes.
A B. Osaba R uiz de Erenchun debemos el a rtículo “Esculturas artísticas de
Cueva Cardiel (Belorado)”, de 1968, en el que dató a la Virgen de la Consolación en el
siglo X III , en contra de l a tradición que la situaba en el período románico. Reco gió su
mal estado de conservación, por estar afectada por xil ófag os 353 . En el artículo
“Noveda des arqueológicas y artísticas d e Burgos”, dedica do a Castrojeriz, escribió que
la Virgen del Manz ano estaba r ealizada en madera policromada. En la iglesia de Santo
Domingo inclu yó algunas imágenes gótica s de los siglos X III , X IV y XV 354 . También d e
347 G ÓMEZ B Á RCENA , M. J., 19 88. Sob re escultura funeraria g ótica; A BEGG , R., 1999 b . Sobre la escultura
m on umental del claustro y las to rres.
348 Mie ntras e n B urgos no e xiste ningu na ob ra de conju nto, surge abundante b ibliografía de o tras
provincias. F RANCO M ATA , M. A ., 1976; A RA G IL , C. J., 1977; G A RCÍA M OGOLLÓN , F. G., 1 988;
F ERNÁ NDEZ -L ADREDA A GUADÉ , C., 198 8; L AHOZ G UTIÉRREZ , L., 199 9; S AÉNZ R ODRÍGU EZ , M. , 2 005;
P ÉREZ M ARTÍ N , S. Y F ERNÁNDEZ M ATEOS , R., 2015.
349 C RUZ , V. de la, 19 67, p. 569.
350 O SABA R U Í Z DE E RENCHUN , B. y U R I B ARRI A N G ÚLO , J. L., 1967 , pp. 742 - 743. “Una talla d e la Virge n,
románica d e transició n, de finales del s. XII o principio s del X III , e s, por lo tanto sed ente, co rona real y e l
niño sentad o sobre la pierna i zquierda en actitud d e co m par tir la bendició n. La posició n d e a m b as fig uras
es rígida, no habiendo co municación en tre ellas. La talla e s hueca, pero en al guna época han co locado un a
tabla en su par te posterior . Hace mos constar que ha sido pintada co n mal gusto y con tan mala pintura q ue
le ha hecho per der mérito artístico ”.
351 G ARCÍA R ÁMIL A , I., 196 7 b, p. 47.
352 Esta co m unidad religiosa se tr asladó a Aranda de Duero , lugar a do nde se custodia la talla .
353 O SABA R UÍZ DE E RENCHUN , B., 1968 b, p. 281.
354 O SABA R UÍZ DE E RENCHUN , B., 1969 b, p. 301. La Virgen d el Manzano es una escult ura pétr ea.
51
1969 es el artículo “Hist oria, arte y le ye nda de la tierra de Salas” de P. Sanz Abad, en el
que se refirió a una santa Ana triple del monasterio de Santo Domingo de Silos 355 .
I. García Rámila escribió un artículo sobre el “ Voraz incendio en el se cular
cenobio de Vileña”, acontecido en el año 1970. Hizo una relación de los bi enes muebles
que alber ga ba el monast erio y que pasaron a integrar los fondos del Museo Monacal
situado en Vill arcay o. A esta localidad se traslad ó la comunidad después del incendio.
García s eleccionó al gunas tallas, y solo dató entre los siglos XIII y XIV a santa Basilisa y
santa Ana 356 . De las otras esculturas incluy ó una relación.
De F. Blanco es el artícu lo “Catalogación de docu mentos medievales de la Rioja
burgalesa”, de 1971, en el que se refirió, de forma colateral, a la imagen del S anto
Cristo de San Lá zaro de Belorado y a la que dató en el siglo X IV 357 .
En la ex posición Silos y su época , de 1973, adq uirieron un gran p rotagonismo
las esculturas exentas burgalesas. Destacó el santo Domingo de Guzmán realizado en
alabastro, al que dataron en el siglo XIII 358 , y la Vir gen de Tremello de Gumiel de I zán,
del siglo X II . También expusieron al Cristo de Monasterio de Rodilla y l a Virgen d e la
Leche de la parroquial de S anto Domingo de S ilos 359 . Aunque no comparto la datac ió n
asigna da a las esculturas, su inclusión supone u na nueva valoración de la imag inería
más allá del enf oque devocional.
L. V. A rroyo dedicó un li bro a Jaramillo Quemado y Santuar io de Valpeñoso
en 1975. En la iglesia me ncionó dos im ág enes góticas, una santa Catalina d e Alejandría,
a la que se refirió en términos iconográ ficos, y u n Crucificado, del que realizó una breve
descripción 360 . El mismo año p ublicó P. S anz Abad Historia de Aranda de D uero . En la
iglesia de San Juan escri bió sobre la e scultura gótica de santa Catalina 361 .
El alemán B. Schälicke dedicó su tesis doct oral a los Descendimientos
medievales españoles con el tí tulo Die Ikonographie der monumentalen
Kreuzabnahmegrupen des Mittelalters in Spanien , que defendió en Berlín en 1975. El
autor incluy ó las tallas burgalesas de Las Hu elgas y Treviño 362 . La ausencia de los otro s
grupos estuvo propiciada, sin duda, por la c arencia de catálogo de nue s tra provincia 363 .
En el libro Arte burgalés, quince mil años de expresión artísti ca el estudio del
arte g óti co estuvo a cargo de A. B artolomé Arraiza, dentro del mismo destinó un
apartado a la imaginería y los retablos. Incluy ó una enumeración selectiva de o bras 364 .
La pr esenc ia de la imaginer ía junto a los retablos refleja un im portante cambio de
355 S ANZ A BAD , P., 1 969, p. 43.
356 G ARCÍA R ÁMILA , I. , 1970, pp. 160 -170. El convento de Villarcayo se cerró en 2008 y la comunidad se
trasladó nuevamente, en esta oca sión al m onasterio d e Madres Calatrava s de B urgos. Sus bienes muebles
se custodia n actual mente e n el Museo d el Retablo, salvo la s d os i m ágenes a las que se ri nde culto en el
m ona sterio, el Cristo de la Salud y la Virgen tit ular. Las monj as co nservaban un riquís imo patr imonio
gótico, que co nsta de un elevado núm ero de imágenes y sepulcros.
357 B LANCO G A R CÍA , F., 1971, p. 736. “[...] Del que hoy queda una iglesia d edicada al Santo Cristo de San
Lázaro con talla d el Crucificado del s. XI V ”.
358 AA. VV., 197 3, núm. 42. Se puede d atar en la primera mitad del siglo XV .
359 AA. VV., 1973, núm . 38 Virgen de Tremello; n úm. 41, Cri sto d e Rod illa; núm. 47, Virgen d e la Leche
de Santo Do mingo de Silos.
360 A RROYO , L. V., 1975 , pp. 16 -17. Solo la imagen del C rucificado se i ncluye en este trabajo, por
pertenecer al siglo XIV , santa Catali na es del siglo XV .
361 S ANZ A BAD , P ., 19 75, p. 121. A l i gual que La yna confund ió el m a terial e n el que estaba realizada la
imagen, y a q ue es d e pied ra. “En esta capilla llamada de las Calderonas y a mano d erecha ostenta un
retablo plateresco de mediados d el s. XVI . T iene co mo fig ura central una i magen en br once dorad o, de
Santa Catali na, anterior al retab lo”.
362 No se ha n incluido los De sce ndimientos de Arauzo de Miel, Fre snillo de las D ueñas, P orquera de
Budrón, To rresandino y Vilviestre d e Muñó.
363 S CHÄLI C K E , B., 1975.
364 B ARTOL OMÉ A RRAI ZA , A., 19 76, pp. 14 9- 154.
52
sensibilidad hacia esta ex presión artística. El inte rés por las obras de escul tura gótica se
incrementó con el paso del tiempo. En una mon ografía lo cal como Cova rrubias, cuna
de Castilla , de F. J. Gómez Oña, se inclu y e ron todas las tallas gótica s de la iglesia y del
Museo 365 .
En El monasterio de Santo Domingo de Silos , publicado en 1977, J. Yarza
escribió el apartado destinado al claustro. Dató a la Virgen de Marzo en el siglo X III 366 .
A R. Torres correspondió el Museo y la Botica. Ilustró el tex to con una fotografía de la
“Inmac ulada de la Manzana”, a la que fechó en el siglo XV 367 .
En la ex posición que se celebró en Burgos en 19 78, bajo el tí tulo Arte medieval
burgalés y esmalt es del taller de Silos y Contemporáneos , se dedicó uno de los
apartados a la escultura. En ella se exhibieron cincuenta im ágene s, entr e las que hubo
varios Calvarios comple tos. En el catálogo s e i ncluyó una b reve descripción de l a
posición de las fi guras, sus medidas, la época en la que se crearon y su lugar d e
orige n 368 .
R. Cómez Ramos escribió, en su libro sobre L as empresas artísti cas de Alfonso
X el Sabio de 1979, sobre la función que desempeñó la escultura sed ente de Santiag o de
La s Huel g as, armar c aballeros a los re y es d e Castilla 369 . Del mismo año es Burgos. Guía
completa de las tierras del Cid , en la que V. de la Cruz mencionó al Santo Cristo de
Burgos de los Agustinos, Nuestra Seño ra de Oca y la Virgen del Mi lag ro de la
catedral 370 . En la provincia inclu y ó a la Virgen gótica de la Silla de Villasandino, sin
especificar si s e trata de un cuadro o de una es cultura, y dató a la Virgen del Manzano
de Castrojeriz en el sig lo X III 371 .
J. Yarza destinó uno de los apartados de su libro La Edad Media a la imaginería ,
con el tí tulo “Apogeo y expansión (s. X III )”. Incluyó las tallas b urgalesa s del
Descendimiento de Las Huelgas y la V irgen de Marzo de Santo Domingo de Silos 372 .
Entre 1979 y 1984 publicó I . G arcía Rámila v arios artículos sobre “ Burgos de
antaño: Intento de un diccionar io g eográfico-h istórico, en sus g rafías antiguas u
modernas, de caseríos, p ueblos, villas y ciudad, que integraron la provincia de Burgos
en los tiempos d e antaño ”. En el artículo de 1979 incluyó el li bro Historia de Valvanera
de Hipólito Casas, en el que se mencionó a la Virgen S anta Marí a la Real del Campo de
Castildelgado 373 .
T. C alvo Madrid publicó La Villa de Baños, en la Ribera Arandina en 1981,
libro en el que se refirió a las imáge nes góticas d e la localidad -e l Calvario de la ermita
365 G ÓMEZ O ÑA , F. J ., 1 976, p. 40. Una Magdalena. No he e ncontrado ninguna talla que s e ad apte a la
iconografía d e Mar ía Magdale na. T am poco ha y san to Do mingo de Silo s, que po dría ser la i mag en de san
Antón Abad. “[…] tres imáge nes “románico góticas”.
366 Y ARZA L UACES , J., 1977 , p. 48. “Próxima a la puerta de las Vírgenes, una enor me estatua, la Virgen de
Marzo. Restaurada, conserva el aire primitivo. Es una figu ra maiestática, algo p esada y tosca, pero de
gran efecto. No es anterior al siglo XIII ”.
367 T OR RES , R., 1977. Incluy ó un plano del museo, en el qu e hace referencia a la sala 2. Núm. 1
Inmaculada d e la Manzana; nú m . 2, imagen de Santa Ana; núm. 3, i m age n de San Sebast ián. Aunque no
especifica e l período , son góticas. Solo dató a la Vir gen de la Manza na en el siglo XV , cu ya cro nología he
adelantado al siglo XIII .
368 B ARTOL OMÉ A RRAI ZA , A. y E L ORZA G UINEA , J. C., 197 8, pp. 18 - 24.
369 C ÓMEZ R A M OS , R., 1979, p. 47.
370 C RUZ , V. de la, 19 79, p. 41.
371 Ibídem , p. 51. Virgen d el retablo mayor de la cated ral; p. 131. Villasandino; p . 1 36. Vir gen del
Manzano de Castr ojeriz.
372 Y ARZA L UACES , J., 1982 , p. 242.
373 G ARCÍA R ÁMIL A , I., 197 9, p. 5.
53
del Cristo del Consuelo, la Vir ge n sedente y s an Bartolomé de la parroquial -, salvo al
Crucificado de la iglesia. L as d ató y mencionó su ubicación 374 .
En va rias publicaciones de 1982 se inclu y e ron tallas góticas bur g alesas. M.
Lópe z Rojo dedicó un artícu lo a “Tabliega y su abadía”, en el que mencionó una imagen
de san Pedro de “p eríodo románico” 375 . P. Ontoria Oquillas escribió “Notas histórico -
artísticas del museo de Gumiel de Hizán”, en el q ue inclu y ó un inv entario de los bienes
muebles del Mus eo Par roqui al. Se r efirió a una imagen de santa Águeda, a la que dató
en el si glo XV 376 . Mencionó el robo de la Virgen del Calvario de Reveche, en 1976, y al
Santo Cristo y san Juan Evangelista del Calvario, que se exponían en el museo. Dató
una Virgen sedente en el si glo XIII y a la Virgen de T remello en el período
tardorrománic o 377 . En la i glesia mencionó al Cristo de la Paciencia, qu e dató en el si gl o
XIII 378 . También se editaron tres libros en 1982. El primero, de P. Arribas Briones, se
dedicó a El camino de Santiago en Castilla y León . Inclu y ó referencias a tallas góticas,
pero sin datar las 379 . El se gundo libro, de L. Cervera Vera, lo protagonizó Lerma .
Síntesis histórico-munumental . Fue el primero en incluir una fotografía de la Virgen de
Manciles 380 . En el terce ro, Hist oria documentada de Y udego y Villadiego , E. Correde ra
escribió sobre Nuestra Señora la Antigua de Yudego, “sin duda la de más valía del
retablo” 381 .
En la publicación qu e L. A. Bouza d edicó al Museo “ Condestable de Casti lla”.
Convento de Santa C lara de Medina de Pomar en 1983 destacó la calidad artíst ica de la
Virgen donada por los Velasco 382 .
En 1984 se celebró la exposición Historia de la Salvación en el arte diocesano
en la iglesia de San Esteban de Burgos. Se mo straron numerosas imágenes góticas,
algunas de ellas inéditas. Al período objeto de este estudio pertenece n: un a Virgen del
siglo X II - XIII de Monasterio de la Sierra; una Virgen sedente del siglo XIII - XIV de
Quintanillabón y la imagen del Salvador de Villamayor de los Montes del siglo XIII 383 .
Del mi smo año es Todo Burgos, Covarrubias y Santo Domingo de Silos , guía escrita
por varios autores, en la que mencionaron esculturas. H a y fotografías d el Santo Cristo
de Burgos de los Agustinos y de la Virgen titul ar del altar ma y or de la catedral. De l a
iglesia de San Gil reproduce una fotografía del Santo C risto de Burgos d e los
Trinitarios. Del monasterio de L as Hu elgas citaron una Virgen gótica y el Santiago
sedente, al que atribu y en un origen francés. Del monasterio de S anto Domingo de Silos
374 C ALV O M ADRID , T ., 1981, p. 9 6. “[…] la de Santa María del Castillo, el cal vario formado por el Santo
Cristo, la Virgen y San Juan […]. Las dos p rim eras se cons ervan en la ermita y son talla s góticas. Decir
que m ientras el ca lvario es g ótico la Virgen del cas tillo es r enacentista”. De la s fotogra fías de la página
164 se d educe la existencia d e una i magen de la Virgen sedente del siglo XIV y un san B artolomé. Estas
imágenes contin úan en los enclaves mencionados po r el autor.
375 L ÓPEZ R OJO , M., 1982 , p. 102. Con tod a probabilid ad era una talla gótica, pues e n Burgos no ha y
imágenes burgalesas d e talla d edicadas a santos en el períod o románico.
376 O NTO RIA O QUILLA S , P., 1 982, p. 290.
377 Ibídem , p p. 291 -292. p. 2 75. T am bién menciona una Vir gen seden te gótica, que seg ún el autor los del
lugar la conocía n como a Santa Rosa, por portar una rosa en la mano.
378 Ibídem , p. 281.
379 A RRI BAS B RIO NES , P., 1 982.
380 C ERVERA V ER A , L., 1982 , p. 75. A pie de foto “Talla románica de la Vir gen de Ma nciles (Er mita de
Manciles)”.
381 C ORREDERA , E., 1982. Solo le dedicó el p ie d e foto, en el que consta su ad vocación y el texto
mencionado.
382 B OUZA , L. A., 1983 , p. 16. “un a Vir gen sedente co n niño, de buen tamaño y c uidada policr om ía,
gótica y quizás de finales del siglo XIV ”.
383 AA. VV., 198 4. Según las dat aciones del catálogo.
54
incluyeron las tallas góticas del Museo 384 . Este libro refleja el interés por l a imag inería
entre el gran público.
En el último capítulo de los que I. García Rámil a dedicó a “Bur gos de antaño:
Intento de un diccionario geográfic o -histórico en sus grafía anti gua s y modernas, d e
caseríos, pueblos, villas y ciudad, que int egraron la provincia de Burgos e n los tiempo s
de antaño”, inclu y ó al Santo Cristo del Coro de Fresnillo de las Dueñas, pe ro no añadió
información sobre la ima g en 385 .
En el artículo que P. Ontoria Oquill as dedicó a “La Iglesia de S anta Ma ría de
Gumiel de I z an” es cribió sobre el Cristo de la Paciencia y el Cristo de Reveche. De
ambas tallas reflejó su ubicación, las medidas, su calidad a rtística, así como que no
habían sido estudiadas por autores anteriore s 386 .
Se ha incluido la obra de J . Cidad P érez, Historia de la diócesis de Burgos ,
publicada en 1985, porque, a pesar de que no escribió sobre imágenes góticas, el te xto
se ilustró con foto grafías de tallas marianas. Algunos pies de foto f acilitaron el lu ga r de
procede ncia y la datación de las esculturas 387 .
Los dos volúm enes sobre la Historia de Burgos. Edad Media , publicados entre
1986 y 1987, contienen infor mación r elativa a la ima ginería g óti ca. El primero se
destinó a aspectos históricos, fundamentalmente, pero algunas foto grafías de tallas
gótica s complementan e l texto, como la de Santiago sedente de Las Huelgas 388 . El
segundo se centró en el estudio de la cultura y el arte de este período. S. Andrés Ord ax
redac tó el apartado d edicado al estilo gótico, en el que reser vó un espacio a la
imaginer ía. Esta publicación refleja el gran cambio acontecido en la percepción de l as
imáge nes de culto 389 .
En Tozo Alto y Medio de J . C idad Pérez, publ ic ado en 1987, se mencionó la
ubicación de la Vir gen d e Cuevas de Talamillo del Tozo 390 . De V. de la Cruz es Burgos .
Remansos de historia y arte , en el que escribió sobre aspectos devocion ales del Santo
Cristo de Burgos de los Trinitarios y sus diversos emplazamientos 391 . En el municipio
de Rojas facilitó la datación de Nuestra Señora de C inco al tares, del siglo XIII 392 .
La s exposi ciones fueron un importante medio para dar a conocer nuevas
imáge nes. En 1988 organizó el Arz obispado de Burgos una dedic ada a María,
peregrina de la fe , en la que, además de tallas conocidas, se expusieron obras inédita s
de la provincia. De l a ciudad de Burgos se exhibi ó Nuestra Seño ra de la R ebolleda, a l a
que se d ataron en el si glo XIII 393 y del Mus eo Dioc esano una Vir gen sedent e del si glo
XIV 394 . De Gamonal se desplazó la Anunciación del siglo XIII 395 . De Ame y ugo proced ía
384 E quipo técn ico de editorial E scudo d e Oro , 1 984, pp. 42 -43. El Santo Cristo de la cated ral y la ima gen
de la titular d el altar mayor. De San Gil el Santo Cristo , “d e p atética b elleza”; p. 7 0. En Las H uelgas una
Virgen gótica y Santiago; p . 93. Silos.
385 G ARCÍA R ÁMIL A , I., 198 4, p. 15.
386 O NTO RIA O QUILLA S , P., 1 985, p. 92.
387 C IDAD P ÉREZ , J ., 198 5. Dató a Nuestra Señor a de Oca a finales del siglo X III . Solo id entificó, en el pie
de foto , a Santa María la Ma yor, patr ona de la diócesis, a Nuestra Señora de Altamira, patrona de
Miranda de E bro. De la s clar isas de Nofuentes la i magen d e Nuestra Seño ra de Ri vas, co n la policr omía
en mal estado. De Hoyos del T ozo un Crucificado.
388 AA. VV., 198 6 a, p. 345. T am b ién aparece la Virgen sede nte del monasterio d e Vileña.
389 A ND RÉS O RDAX , S., 19 87, pp. 1 16 -121. Siglos XII , XIII y XIV .
390 C IDAD P ÉREZ , J., 1987 a, p. 71 . “Sobre la puerta d e la sacr istía está la Virge n d e Cuevas. Si n d uda
proced ente d el d espoblado aludido”. Es la única refere ncia q ue se hace a una i magen gótica. T am bién
aparece una f otografía de la talla.
391 C RUZ , V. de la, 19 87, pp. 60 - 61.
392 Ibídem , p. 24.
393 AA. VV., 198 8 a, pp. 22 - 23.
394 Ibídem , p. 46. Núm. 4.
395 Ibídem , p. 40. Núm. 3.
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u na “Virgen sedente románica”. Al monaste rio de MM. Cistercienses de Villama y or de
los Mont es pertenecía un a Virgen del siglo X III 396 . De Barrio de Díaz Ruiz se desplaz ó
una santa An a triple d el siglo X I V , que se cu stodia actualmente en e l Museo del
Retablo 397 . Este mismo año se celebró la primera ex posición de Las Edades del
Hombre. El arte en la iglesia de Castill a y León , en la que se exhibieron la Anunciación
de la iglesia de Gamonal 398 , el san Juan del Calvario de Reveche de Gumiel de I zán 399 y
una Virgen sedente de la catedral del si g lo X III 400 . Su estudio correspondió a L. S.
Iglesias Rouco.
I. Cadiñanos Bardeci dedicó un artículo a “El Proceso constru ctivo del
monasterio de la Vid”, en el que resaltó la destacada calidad artística de N uestra Señora
de La Vid 401 . Varios autores, entre los que se encuentra J . C idad Pérez, escribieron el
libro sobre L a Virgen M aría en las iglesias del a rciprestazgo de Sedano , publicado en
1988. Acompaña n al texto fotografías de tallas góticas, de al gunas de las cuales son la
única re ferencia 402 . T. Ortega Vivancos y M. González González dedicaron una obr a a
Pedrosa del Páramo a través de los archivos parroquial y municipal . Al escribir sobre
la ermita de Villaux mencionaron un C alvario del siglo XIV . Es la única referencia a este
Calvario 403 .
La obr a que marcó un h ito importante en torno a la escultura gótica bu rgalesa,
por abarcar todo el p eríodo gótico y ser fruto de un estudio sistemático, fue la tesis
doctoral de M. J . Gómez Barcena, Escultura góti ca funeraria en Burgos , de la que solo
se publicó la parte dedi cada a la ciud ad de Bur gos en 1988. Aunque se centró en la
escultura funeraria, facilitó el an álisis de obras exentas y un ma yor conocimiento de los
escultores activos en B urgos durante este período 404 .
En la revista “Mecerre yes 1 589- 1989. 400 años de arte”, se describió y analiz ó
el retablo del Santo Cristo, realizado en el siglo X VIII . Su titular es un Cruc ificado gótico
del siglo XV , cuya cronología ade lantaron sus autores al siglo X III 405 .
En 1989 dirigió S . Andrés Ordax El góti co en Castilla y León . El volumen sobre
la provincia de Burgos tambi én correspondió a Andrés, quien al escribir sobre la capilla
del Santo Cristo de la catedral mencionó las tres esculturas g óticas ex istentes -el Santo
Cristo de Burgos de los Agustinos, la Virgen erguida y la Virgen de los Remedios - 406 .
De Castrojeriz inclu y ó al Crucificado del monasterio de Santa Clara 407 y de C ovarrubias
varias im ágene s del Museo de la excoleg iata, -Virgen de los C ere zos, Virgen de
Mamblas y Virgen de la Redonda-, además d e una escultura de santa Cata lina y otra de
santo Domingo 408 . Añadió tallas de otros municipios burgaleses, como un a santa Ana
396 Ibídem , p. 46. Núm. 5.
397 Ibídem , p. 55. Núm. 6.
398 I GL ESIAS R OUCO , L . S., 198 8 b, p. 80.
399 I GL ES I AS R OUCO , L. S., 1988 c, p. 127.
400 I GL ESIAS R OUCO , L . S., 198 8 d, p. 1 29.
401 C ADIÑA N OS B A RDECI , I., 1988, p . 30.
402 AA. VV. , 1 988 b. Están las s iguientes fotograf ías: una santa Ana trip le d e Q uintanalo m a, un Cal vario
completo de Escuder os de Vald elucio, un Cal vario de Callejones, un Crucificado de Ho y os del To zo, una
Virgen sedente de Noceda, otras Vírgenes sedente d e Escóbad os de Arriba, Renedo y Paul.
403 O RTEGA V I VANCOS , T. y G ONZÁL EZ G ONZÁLEZ , M., 1 988, pp. 15, 82- 83.
404 G ÓMEZ B Á RCENA , M. J., 1988.
405 AA. V V., 1 989 a, p. 11. “Es u n r etablo […] enmarcando la talla d el Santo Cris to , que es difícil de
catalogar, pues tal como hoy aparece – m uy rep intada- es una talla gótica sin embargo, existía en el siglo
XI V ”. Al pie de foto aparece, en la siguiente página, que es un detalle del Cristo del s. XIII . Este
Crucificado es u na escultur a del siglo XV .
406 A ND RÉS O RDAX , S., 19 89, p. 12 6. Dató al Santo Cristo de B urgos en el siglo X I V .
407 Ibídem , p. 180.
408 Ibídem , pp. 188- 189.
56
triple de Grijalba 409 . Este autor siempre ha mostrado un interé s artístico por la
imaginer ía y la ha inc luido en sus publicaciones como u n apartado más de las
expresiones escultórica s.
J. G. Abad Zapa tero y J. Arranz Arranz publicaron Las iglesias de Aranda . A
pesar d e ser d e un mon ográfico sob re las i glesias de S anta M aría la Re al y San Juan
Bautista, en las que se conserva un Crucificado del siglo XV y una escultura pétrea de
santa Catalina de finales del XIV , las im ágenes no ll eg an a men cionarse. Se otorgó casi
todo el protag onismo a la arquitec tura 410 .
En la guía Burgos-3. Vi aje por la provincia de Burgos tras el conocimiento y
disfrute de su paisaje, historia, arte y gast ronomía , de V. de la Cruz, J. L. I báñ ez y L.
San Valentín, se inclu y ó la foto de una Vir ge n s edente del Monaste rio de la s Clarisas de
Medina de Pomar y se mencionó a la Virgen Blanca de Treviño 411 El mismo año J. S. de
la Hoz Veros dedicó un amplio espacio a Nuestra Señora de la Cueva en su libro
Hontangas. Villa y tierra castellana . La dató en el siglo X III y recogió la l eyenda de su
aparición 412 . Mencionó, en la iglesia, a la Virgen y san Juan de un Calvario del siglo XIV
y la Virgen del Rosario en el siglo X II 413 .
J. L . Gutiérrez Hurtado, en su artículo “Sedano: I nteresante pat rimonio
artístico”, inclu yó una fotografía del Cristo de G redilla de Sedano, del que adelantó su
cronolog ía al período románico. Adscribió a la Virgen d e Brañosera al mismo período,
dentro de una tendencia muy extendida, la de adelantar la d atación de las tallas
gótica s 414 .
En el monográfico dedi cado por A. Pardo a La visión del arte español de los
viajeros franceses del s. XIX , se constata como los autores foráneos coincidieron en
destacar una sola talla burgalesa , la del Santo Cristo de Burgos de los Agustinos 415 .
En 1990 publicó P . Ontoria Oquillas Moenia Sa cra Gumielensis . Rela cionó con
el despoblado de Reveche al C alvario conocido bajo esta advo cación. Ta mbién
mencionó las tallas que fueron robadas de la ermita de Reveche en 1976, la Virgen del
Calvario y la Virgen de S anta Rosa 416 Ese año d ediqué un artículo a los “Crucifijos
góticos en la comarca d e la Ribera”, en el que ab ordé el primer estudio sistemátic o de
imáge nes góticas de una zona geográfica burgalesa, la Ribera del Duero, incluy endo su
clasificación y el estudio de las mismas 417 .
La ob ra de J . M. de Azcárate Arte gótico en España , publicada en 1990, adquirió
una relevancia especial, porque inclu y ó v arias esculturas góticas exentas burgalesas. De
la ciudad de Bur gos men cionó a los dos S antos Cristos de Burgos, el de los Agustinos y
el de los Trinitarios, d entro de la tipolo gía más t rágica de los Cru cificados dolorosos 418 .
Incluy ó el grupo d el De scendimiento de L as Huelgas y relacionó las imágenes de la
409 Ibídem , p. 194. Por ejemplo a una Vir gen y una santa Ana triple d e Grijalba.
410 A BAD Z APA TERO , J. G. y A RR A NZ A RRA NZ , J ., 198 9.
411 C RUZ , V. de la e I BÁÑ EZ , J. L. y S AN V ALEN TÍN , L., 1989. A los dos primeros a utores correspo nden las
noticias históricas y artísticas, respectivamente. Sobre la Virgen Blanca, p . 256.
412 H OZ V EROS , J. S. de la, 1989 , pp. 218 -227. Cronología que he pospuesto al si glo X I V .
413 Ibídem , pp. 240-245 . He datado el Calvario en el si glo XV y a la Virgen del Rosar io en el XIV .
414 G UTI ÉRR EZ H URTADO , J . L., 1 989, p. 10 5. Fotografía del C rucificado; p. 98 . “El Cristo q ue preside el
altar, también r ománico”; p . 10 0. Sobre la Virgen d e B rañosera. “Talla ro mánica de la imagen de Nuestra
Señora de B rañoseras”. De lo s otros pueblos so bre los que escribió no incluyó tallas.
415 P ARDO , A., 1989.
416 O NTO RIA O QUILLA S , P., 1 990, p. 35. Este ro bo provocó el traslado del C risto d e Reveche y san Juan en
1977 a la iglesia par roquial de Gu miel de I zán. Realizó una descripción detallad a del Cri sto y de San J uan
y recogió q ue se habían e xpuesto en B urgos en 19 78, con motivo de la celebr ación del Milenar io de la
lengua castella na.
417 M ARTÍ NE Z M A R TÍ NEZ , M. J ., 1990, pp. 83 -93.
418 A ZCÁ RATE R IST ORI , J. M. de, 19 90, p. 209. Los relacionó co n el de Santa Clara de P alencia.
57
Virgen y J osé de Arimatea con el maestro de la Coronería 419 . Escribió sobre la Vir ge n
de La Vid y la comparó en belleza con la Vir ge n del alta r ma y or de la catedral de
Toledo 420 . Fu e la primera v ez que, en una obra dedi cada a l a es cultura gótica española,
se relacionaron imá ge nes burga lesas con otras escultura s desd e un punto de vista
estilístico. I . C adiñanos Bardeci in cluyó en su lib ro sobre El monasterio d e Santa María
la Real de Vileña, su museo y cartulari o un catálog o de los bienes mu ebles que se
exhibían en el Museo, entre los que fi gur aban un elevado número de t allas góticas.
También mencionó dos imágenes de la iglesia conv entual, la Virgen titular del
monasterio y el Cristo de la Salud 421 .
En la Guía de B riviesca y la Bureba J . S ag redo García se re firió a imá ge nes
románicas y góticas. De Nuestra Señor a de Oña e scribió que era una “ima ge n gótica” y
recogió su emplazamiento 422 . De Monasterio d e Rodilla inclu y ó dos imágene s
románicas, el Cristo y N uestra Señora del Valle 423 . De C ornudilla men cionó una Virgen
sedente gótica 424 y de Villanasur de Río Oca un Calvario románico 425 . También en 199 0
dedicó J. Ruiz C arc edo un libro a C ovarrubias , en el que mantuvo las aportaciones de J.
Gómez Oña sobre las esculturas, aunque cambiando algunas dataciones 426 .
La provincia de Burgos fue la guía que publicó S. Andrés Ordax e n 1991.
Fueron numerosos los e dificios en los que mencionó tallas góticas, de las que con
frec uencia especificó su ubicación y datación 427 . Ese año dediqué un artículo a la
“I maginería medieval m ariana en la Ribera”, en el que incluí un eleva d o núme ro de
imáge nes góticas inéditas, realicé una clasificación ti pológica y abordé su estudio
estilístico 428 .
En la obra de M. Cuende Plaza, Guía para visitar los santuarios d e Castilla y
León , que se editó en 19 92, se destinó un aparta do a la “ Diócesis de Burg os” . L a autora
incluyó seis Vírgenes góticas burgalesas: Nuestra Señora del Manz ano de C astrojeriz,
Nuestra Señor a del Val le de Monasterio de Rodil la, Santa María de Alta mi ra de
Miranda de Ebro, Nuestra Señora de los Huertos de Berlang as de Roa, Santa María de
la Vid del monasterio d e Nuestra Señora de l a Vid y Nuestra Señora la Vir gen del
Espino de Santa Gadea del Cid 429 . Analizó las tallas desde un punto de vista histórico ,
artístico y devocional.
419 Ibídem , pp. 188- 189.
420 Ibídem , p. 188.
421 C A DIÑANO S B ARDECI , I. , 19 90. En el Mu seo mencionó un Calvario y dos i mág e nes de Santa Ana d el
siglo XIV . Considero q ue una de ellas es del siglo s iguiente. La e scultura d e un Ecce Ho mo, talla flamenca
de madera, y una santa Catalina d e piedra, co m o imagen desapar ecida de la que se conserva foto.
422 S AG REDO G ARCÍA , J ., 19 90, p. 25 6. “El magnífico Cristo del siglo XII , la imagen más venerada del
m ona sterio”; p. 259. “[…] la imagen gótica co locada so bre la puerta que co munica con el atrio de la
iglesia, Nuestra Señor a de Oña” .
423 Ibídem , p. 291. La Virgen se puede considerar una ob r a de transición.
424 Ibídem , p. 337. Solo dice q ue es gótica.
425 Ibídem , p. 353. Grupo de transición al gótico.
426 R UÍZ C ARCEDO , J., 1 990, p. 6 2. Las tallas d e Sa n Cos me y San Da mián; p. 6 5. “Las i m áge nes del
museo, tres i mágenes de la Virgen co n el niño, una de ellas la “Virgen d e Ma mblas, s. X III . T ambién
góticas so n las imágenes de S anta Catal ina y Santo Domingo, s. XIII , la Ma gdalena y Sa n B las, s. X I V y
San Antón y Santo T omás, s. XI V . Un retablito d e acusado carácter flamenco, ded icado a Santiago, con
Sa n Pedro , San Pablo, San Bartolomé y San Antón a los lado s, bajo calados doseletes, dos ángeles y la
Virgen de una Anunciación en el remate, es obr a d el s. XV ”. Sigue arrastrando las ad vocaciones d adas p or
autores anteriores. No coincido con las dataciones, ni con al gunas advocacio nes.
427 A NDRÉS O RDAX , S., 1991 b, p. 17. C risto d e San Lázaro d e Belorado; p. 39. La Virgen de
Castildelgado, entre otras.
428 M ARTÍ NE Z M A R TÍ NEZ , M. J ., 1991, pp. 143 - 159.
429 C UENDE P L AZA , M., 19 92, pp. 123 -157.
64
Anunciación en cada uno de los ritos 490 . De 2014 es el artículo sobre “Las imágenes
articuladas en l as celebraciones aúlicas: la escultura d e “Santiago del esp aldara zo” d e
las Huelgas”. Estudié las ceremonias d e inve stidura de la caballería para pode r
establecer si la escultura pudo desempeñar la fun ción que le asigna la tr adición, armar
caballeros a los re y es d e Castilla. Llegué a l a conclusión de que sus brazos articulados
se pudieron crear para e sa finalidad, porqu e se adaptan a las características necesarias
para el desarrollo d el ceremonial. Consideré qu e la ima gen se pudo realizar para la
cere monia de investidura de Alfonso XI en Santiago de Compostela 491 .
En la últ ima década del siglo XX y los primeros años del X XI se pe rcibe un
cambio en la valoración de la imaginería, ya qu e pasa a formar parte d e la escultura
como una expresión artística más. En la ma y oría de las ob ras s e ha super ado la fase en
la que se relegaba a su func ión de objeto de culto. La devoción ha pasado de ser la
referenc ia más importante, y en muchas ocasiones única, a analizarse como un aspecto
complementario e n el estudio global de las esculturas.
2. 4. A MODO DE CO NCLU SIÓ N
Son varios los aspec tos que se pue den destacar sobre la valoración que los
distintos autores y époc as han realizado sobre la imaginer ía gótica bur galesa, que se
reflejan en sus obra s:
1º. Existe una gran diferencia en el tratamiento dado a la imaginer ía con respecto
al resto de las m anifestaciones escultóricas góticas. La escultura monumental, la
funeraria y los retablos siempre han ocupado un lu gar pr eeminente en las
investigac iones sobre el período gótico o sobre la historia de la escultura, a diferencia de
la imaginería, que ha s ido relegada, en la ma y o ría de las oc as iones, a un plano
meramente devocional hasta fecha s recientes.
2º. Entre l a bibliografía a nalizada el estudio de las imágenes se aborda desde un
enfoque aislado, si es que tal estudio se produce. En la may orí a de las oca siones se
limita a una simple me nción. No existen estudios estilísticos o iconográficos que
config uren grupos de inv estig ación.
3º. Se puede constatar un cambio en la mentalidad del gran público en torn o a la
perce pción de la imaginería. Son numerosas las menciones a tallas en las guías
tu rísticas, ocupando en a lgunos c asos lugares dest aca dos. El interés del gran públi co ha
coincidido con el inicio de nue vas investigaciones.
En este apartado he inclu ido la práctic a totalidad de las publicaciones que se han
escrito sobre Burgos y su provincia, en los que se recoge la exist encia de imágenes
gótica s. A pesar del elevado número, la ma yoría de las esculturas exentas siguen
inéditas. Para pode r compensar es e gra n vacío el trabajo de catalogación ha sido
minucioso y h a facilitado el estudio de en torno a un setenta por ciento de l as imágene s.
Esta es la base de la que parte la presente tesis doctoral.
490 M ARTÍ NE Z M A R TÍ NEZ , M. J ., 2012, pp. 107 - 128.
491 M ARTÍ NE Z M A R TÍ NEZ , M. J ., 2014, pp. 259 - 272.
65
3. E L MARCO GEO GRÁFICO E HISTÓRI CO
Los municipios bur ga leses que se inclu y en en este estudio son los situados al sur
del Camino de Peregrinación. Esta ruta ti ene distintos itinerarios en nu estra provincia,
entre ellos se ha optad o por el señalado en el Códice Calixtino , porque es e l más
utilizado a partir del siglo XII . Divide la provi ncia de Burgos en dos y modifica,
ligeramente, los itinerari os anterior es. Recorre la s siguientes localidades: Redecilla del
Camino, Castildelgado, Villamayor del Río, Belorado, Tosantos, Espinosa del Camino,
Villafranca Montes de Oca, S an J uan de Ortega, A gé s, Atapuerca, Olmos, Rubena,
Villafría, G amonal, Vill albilla, Tardajos, Rabé d e las Calzadas, Hornillos del Camino,
Hontanas, Castrojer iz e Itero del Castillo 492 .
Soy consciente de l a arbitrariedad de esta delimitación, en parte propi ciada por
la compleja or ga nización territorial -administrativa y e clesiástica- de los territorios de la
actual provincia de Burgos durante Ed ad Media. De haber optado por alguna de las
demarcaciones t erritoriales del período en estudio, cu y os límites se adaptasen a la
provincia actual, el espacio habría sido excesivamente reducido. La may o ría d e las
antigua s divisiones territoriales abarcaban muni cipios que pertenecen a provincias
limítrofes, algunas de las cuales cuentan y a con u n estudio de la escultura gótica para el
que se ha tenido c omo referente la provincia 493 .
A la compleja or ga nizac ión territorial exist ente dura nte la Edad Medi a hay que
añadir la gran extensión de nuestra provincia y su eleva do número de localidade s 494 .
Tampoco se ha constatado la existencia de expresiones esc ultóricas que puedan
denominarse “ bur g alesas” y que ha y a n po dido servir de aglutinante espacial.
A todo lo mencionado h ay que agregar qu e la delimitación de la provincia de
Burgos carece de criterios históricos o geográficos, se hizo de forma aleatoria por Javier
de Burg os en 1833. Además, en el siglo X IX los límites provinciales no coincidían con
los diocesanos, la unificación de ambos s e posp uso hasta el año 1953, a ño en qu e se
firmó el Concordato po r el que los territorios diocesanos debían adaptarse, en la medida
de lo posible, a los provinciales. Dos años más tarde se a plicó la cláusula de las
circunscr ipciones 495 . A partir de entonces a lgunas parroquias de la mitra burg alesa
pasaron a las diócesis de Santander, Logroño, Soria y Palencia, a su vez se incorporan a
la sede de Bur gos municipios de los obispados oxom ense, riojano y s egoviano 496 . Una
situación tan heterogénea aconsejaba acotar el territorio y el Camino de Santiago se
planteó como referente.
492 B RAVO L OZANO , M. , 198 9.
493 A RA G IL , C. J., 1977 ; H ERNÁND EZ Á L VARO , A., 1984 ; S ÁENZ R OD RÍGUEZ , M., 200 5.
494 14.269 kilóm etros cuadrad os. 1335 nú cleos de población con, ap roximadamente, 14 00 ig lesias
parro quiales y 37 5 er mitas, los m onasterios y otro s enclav es (p arador de Lerma, calles de Covarrub ias,
anticuarios, etc. ). Los datos s obre iglesias y er mitas pr oceden de AA. VV. , 198 6 a y C IDAD P ÉREZ , J.,
1985 , p. 129. De página web de l a Diputación Pro vin cial de Burgos:
http://www.provinci adebur gos.com/burgos/inde x.htm (12/ 7/201 5) pro ceden los datos sobre los
municipios.
495 M A RTÍN A RTAJO , A., 19 72, pp. 595 -599.
496 C IDAD P ÉREZ , J ., 1985, pp. 14 -15. Al analizar los lí m it es actuales se co nstata como la provincia
burgalesa si gue for mando parte d e tres d iócesis e n la ac tualidad, el valle d e Me na se atiende desde
Santander y el Condad o de T reviño d esde Vitoria. Ambas ár eas geográficas está n situadas al norte de la
zona en estudio . El resto d e la pro vincia p e rtenece a la diócesis bur galesa: M ARTÍN EZ , M., 1994, pp. 126 -
127.
66
E L CAMINO DE PEREGRIN ACIÓN A SU PASO POR LA PROVINCIA DE B URGOS
El color amarillo re presenta el recorrido marcado en el Códice Calixtino . Los otros
tray ectos son variantes anteriores 497 .
497 M ARTÍ NE Z G A R CÍA , L., 20 04 a, pp. 74-75 .
67
3. 1. E L MEDI O FÍSICO
La provin cia de Bur g os ocupa una gran extensión, 14.269 km 2 situados e ntre 2º
33 ' y 4º 19 ' de lon gitud oeste y 43º 12 ' y 41º 32 ' de latitud norte 498 . L a existencia de un
territorio tan amplio, salpicado por una densa red de núcleos de poblamiento,
aconsejaba su ac otación.
El área geográfica objet o de este estudio no es uniforme, está formada por una
rica variedad de paisajes que son fruto de la i nteracción del relieve, el clima, la
vegetac ión, el suelo y la intervención humana. S e caracteriza por una elevada altitud
media, una gran heterogeneidad topo gráfica y la confluencia de dos grandes unidades
ge omorfoló gica s, el S istema Ibérico y sus estribaciones y la cuenca del Duero 499 .
En el Sistema I bérico el macizo de la Dem anda sirve de divisoria entre la c uenca
hidrográfica del Du ero y la d el Ebro. Estribaciones del mi smo son la Sierra de las
Mamblas, la meseta del C ara zo o las Peñas d e Cervera 500 . La estructura d el Sist e ma
Ibérico es el resultado de tectónicas de plegamiento y de fractura. Mediante falla se
levantó en el terciario la Sierra de la Demanda, formada por mat eriales rígidos de la era
primaria, que están rodeados a su vez por mate riales secund arios. Las cumbres que
coinciden con los materiales antig uos ti enen las cimas redondeadas y, en alg unas de
ellas se aprecia l a huella de las glaciaciones, co mo en Neila. Los materi ales calcáreos
del período mesozoico crean c ortes abruptos que forman valles en cajados 501 .
La s llanuras de la cuenca del Duero abarcan el resto del t erritorio, están
integradas por valles, campiñas y páramos. Los páramos, cuando han estado afectados
por la erosión, dan lugar a valles, que si son amplios forman vegas 502 . Sus materiale s
son sedimentarios (arcillas, yesos, ma rgas, calizas de los páramos, arenas,
cong lomerados y grava s) y fueron depositados durante la eras terciaria y cua ternaria.
Son tí picos de estos relieves los cerr os aislados, las plataformas estructurales y las
muelas de p áramo de superficies planas, sobre tod o en torno al Duero. Entr e los valles y
los páramos la erosión ha creado ll anuras ondula das, campiñas, en las que dominan las
arcillas 503 .
En el ár ea de la Sierra d e la Demanda son numer osos los municipios que ti en en
un clima de montañ a, to dos los que están situados por encima de los 1000 metros sobre
el nivel del mar. El resto del territorio está sometido a un clima mediterráne o
continentalizado. Debido a las bajas temper aturas las zonas montañosas no son aptas
para el cultivo y están o cupadas por el bosque. El pino es la especie dominante 504 , en
connivencia con otras co mo el roble, el haya, el a cebo, el ene bro, etc., de todas ellas la
única que tiene aprovechamiento forestal es el pino 505 . La superficie forestal burga lesa
supone el 45% del territorio 506 . En las zonas más elevadas del Sistema Ibérico se aprecia
una cliserie ordenada, en las húmedas, con más de 1000 mm., dominan los bosques de
rebollo, por encima de los 1500 m. el pino silve stre y el ha y e do, con domi nancia del
498 L ÓPEZ M ATA , T ., 1963 b, p. 11. “De norte a sur 194 kms. de Acedillo (Villarca yo) a Fuentenebro
(Aranda) y 1 40 d e Obéc uri (Condado de T reviño) a San Quirce de Río P isuerga”; P ARDO , M. y
V ILL AR I NO , T. ( dir.), 1988, p. 9.
499 P ARDO , M. y V ILLARIN O , T. (dir.), 1988, p. 9.
500 U RRUTIA , J., 20 10, s. p.
501 M ORENO P EÑA , J. L., 1993, pp. 5 - 14; S ÁNCHEZ Z URRO , D., 2008, p . 34.
502 M ORENO P EÑA , J . L., 1991, p . 48.
503 P ARDO , M. y V ILLARIN O , T. (dir.), 198 8, p. 9.
504 La mayoría de las imágenes medievale s burgalesas e stán realizadas en madera de pino.
505 O R I A DE R UEDA , J. A. y D ÍEZ , J ., 2003.
506 P ARDO , M. y V ILLARIN O , T. (dir.), 1988, p. 9.
68
primero. C uando el su elo es calcáreo la dist ribución cambia, hasta los 1400 m. dominan
las sabinas y por encima de esa divisoria se encuentra el pino silvestre 507 .
En el resto del territorio se desarrolla un aprovechamiento a gríc ola diferenciado,
en función d e la alternancia de unidades m orfológ icas y d e las c ara cterísticas
edafológica s d el terreno. La s á rea s c alizas, páramos, son idóneas para los cultivos de
secano. L as viñas se dist ribuyen po r las z onas arenosas de los fondos de los valles, la s
campiñas y las lad era s. En las riberas de los ríos se concentran los cultivos de regadío,
que han visto sustancialmente incrementada su s uperficie . En estas áreas agrícolas los
cultivos conviven con pequeñas manchas residuales de masa forestal, de p ino, encina y
sabina, sobre todo.
Lo accidentado d el terreno montañoso da origen a un profuso e intricado sistema
hidrográfic o, en su cuenca se almacenaron durante el terciario diversas descargas de
sedimentos provenientes de la meteorización y erosión de los r ebordes elevados del
entorno. En la Ribera del Duero la acumulación de materiales se prod ujo durante el
Mioceno medio y el superior, éstos se dispusieron en horiz ontal. Casi todo el territorio
en estudio está irrigado por la cue nca hidrográfica del Du ero, en la qu e destacan los
afluentes Arlanza y Arl anzón. Solo el municipio de Neila y la comarca de Belorado,
pertenecen a la cuenca hidrográfica del Ebro 508 .
En 2015 Burgos y provincia tenían una población de 364.002 habitantes . El
poblamiento es concentrado. La mayoría de los municipios son de reducidas
dimensiones y están situ ados a escasa distancia, herencia del período medieval. Burgos
es la provincia de nuestr a comunidad autónoma con un ma y o r número de municipios,
cuy a distribución ha d ado lugar a una d ensa red via ria. En el área en estudio,
exceptuando las ciudades de Burgos y Aranda de Duero, ninguno de los enclaves super a
los 5000 habitantes 509 .
3. 2. E L MAR CO HI STÓRICO
Este trabajo aborda el e studio de la im ag inería gótica d e los siglos XIII y XIV ,
período cuyo inicio coincide con el reinado de Fernando III (de 1217 a 1252) y
concluye c on el gobier no de Enrique III (de 1379 a 1406).
Desde el punto de vist a del estilo la fecha d e inicio está marcada por la
introducción del lenguaje gótico en la portada del Sarmental de la catedral burgalesa, a
partir de 1235. La influ encia d e la escultura francesa estará presente durante todo el
período que nos ocupa, pero las expresiones autóctonas alcanzarán un mayor
protag onismo du rante el siglo X IV . La llegada de nuevas t endencias a p rincipios del
siglo XV , estilo gótico internacional y arte borgoñón 510 , fac ilita que se pueda establecer
el límite de este estudio en los años finales de l siglo XIV .
Sobre los comitentes de l as obras ha y que r esaltar que toda la sociedad burgalesa
contribuy ó con sus apo rtaciones al mec enazgo de imágenes de culto. Destaca el
patronazg o real, el d e la nobleza y el de la oligarquía urbana, que a dif erencia de otros
enclave s de nu estra geografía desempeña un papel mu y d estacado en Burgos, sobre todo
lo s merca deres. Mu y r eseñable es la actuac ión de las distintas insti tuciones eclesiástica s:
la catedral, las colegiatas, los monasterios y las parroquias, que albergan a su vez las
sedes de las cofradías.
507 S ÁN CHEZ Z URRO , D., 2008, p. 6 0.
508 A YAL A L ÓPEZ , M., 1963 , p. 714.
509 INE http:// www.ine.es/ (28 /1/2016)
510 A RA G IL , C. J ., 1995, p. 103 .
69
3. 2. 1. La monarquía
Durante el siglo X III Burgos desempeñó un im portante papel político, económico
y cultural. En la centuria siguiente, aunque siguió siendo un destacado enclave
económico, los intereses políticos de los monarcas se desplazaron hacia el sur, esto se
refleja en los lugare s elegidos para ejercer su mece nazgo.
Los edificios que sirvieron como introductores del gótico en Castilla se
realizaron bajo patrocinio real. El monasterio de Santa María de las H uelgas fue el
primero en expresarse en el nuevo leng uaje arquitectónico, fundado por el rey Alfonso
VIII y su esposa doña Leonor en 1179 511 . En 1221 s e inició la construcción d e la nueva
catedral de Burgos levantada con el apo y o de F ernando III de Castill a sobre la antigua
catedral románica, qu e h abía sido fin anciada por Alfonso VI. La nueva sede catedralicia
es la primera construcci ón peninsular realizada en gótico pleno 512 . Para la financiación
de estas im portantes empresas los monarcas contaron con los in gresos que aportaron las
distintas campañas de c onquista.
A la muerte d el re y Santo, en 1252, el reino de Castilla y León se había
convertido en uno de los más im portantes de Europa Occid ental. Durante la segunda
mitad del siglo XIII reinaron Alfonso X y S ancho IV. A lo lar go d el gobierno del re y
Sabio la monarquía pierde parte del protagonismo que había logrado durante el reinado
de su padre. Los problemas políticos entre el rey y la nobl eza comienzan a adquiri r
relevancia, c onflictividad incipiente que se acentuará bajo el reinado de Sancho IV.
Alfonso X contribuyó a la construcción de dos monas terios femeninos
burgaleses situados en los territorios objeto de este estudio. El primero en 1268,
pertenece a la orden franciscana y está en C astrojeriz. L a edificación monacal estuvo
situada junt o a la fuente llamada de Tablín, en la actualidad aún se c onse rvan algunos
vestigios arquitectónicos. Desde la primitiva construcc ión las monjas se trasladaron, en
el año 1326, al monaste rio de franciscanos fundado en 1312, edificio qu e h abía quedado
vacío al levantar los fra iles uno nuevo anejo al entramado urbano, al que se trasladaron
en 1325 513 . Durante el siglo XIV el monasterio contó con la especial protección de
Alfonso XI y de Garcilaso de la Vega, adelantado mayor de Castilla 514 . En él se
custodia ima g inería gótica. El s egundo monasterio pertenece a la orden do minica y está
en la localidad de C aleruega. Al celebrarse el primer centenario del nacimiento de santo
Domingo de Guz mán el monarca decidió restaura r la casa solariega de los Guzmanes -
Azas y para ello recuperó la vil la de Caleruega para la corona. Hizo n umerosas
concesiones a la comuni dad religiosa, entr e las q ue destaca el privile gio r odado firmado
el 4 de juni o de 1266, por el que concedía al monasterio el s eñorío de la vi lla con todos
sus derechos excepto moneda forera 515 . En 1270 se procedió al traslado de las monjas
desde San Esteb an de Gor maz. Fue el monarca en p ersona qui en dio posesión del
511 G ARCÍA G O NZÁL EZ , J. J. y L IZOAÍ N G ARRIDO , J. M., 1988.
512 L AMBERT , E., 1931 (1977), pp. 211 -221; T ORRES B AL B Á S , L., 1952, pp. 69-77 ; K ARG E , H., 1 995.
513 M ADOZ , P., 1 846 b, p. 291; A NDRÉS O RDA X , S., 198 9, p. 180; C UADRA DO S ÁNCHEZ , M., 199 4, p. 471.
514 M ARTÍ NE Z D Í E Z , G., 1998 b, p. 241. Existen varios documentos q ue así lo testimonian, salido s de la
cancillería de Ped ro I; D ÍAZ M ARTÍN , L. V., 1 997. pp. 228. “13 51, septie mbre, 8 Cortes de Valladolid .
Carta de p rivilegio de P edro I al mona sterio de Sa nta Clara d e Castrojer iz, confirmando la de Alfonso XI
(Burgos, 16 de abril d e 133 2), p or la q ue se concedía que pudiera traer semanalmente para su cons umo,
tres carga s de leña del monte d e Astudillo, ap acentar hasta 1 000 ovejas en lo s l ug ar es próxi m o s y
disponer par a el riego del agua d e la fuente Feno x los j ueves”; p. 230. “1351, septiembre, 8 en las Cortes
de Valladolid. Carta de privilegio d e Pedro I por el q ue con fir m a el de Alfonso XI (Sevilla, 4 de octubre
de 1340 ) en el que, a petición de Garcí Laso de la Vega, co ncede al monasterio de Santa Clar a de
Castrojer iz que las monjas pud ieran libre m ente heredar, eximiéndolas de cualquier tipo de pechos”.
515 G ONZÁL EZ G ON ZÁLEZ , C., 19 94 a, pp. 266 -267, 273-274.
70
cenobio a la primera abadesa, Toda Ma rtínez. En el Museo Monacal se conserva un a
Anunciación de piedra, de gran calidad, procedente de l a antigua i glesia conventua l,
además de otras esc ulturas góticas de refinada ejecución.
El enfrentamiento de Alfonso X con la nobleza se agravó a partir de 1275, año
en que conclu y e el gran avance sob re Andalucía y con ello una dismin ución en los
ingre sos de las economías nobiliarias. En este mismo año se produce la muerte de
Fernando de la Cerda, pr imogé nito del re y Sabio. En la pugna por la suce sión acabaron
por perfilarse dos band os, dando paso a dos posi cionamientos mu y definidos. El
primero apo ya ba a Sancho IV, se gundo hijo de A l fonso X, y el segundo a Alfonso de la
Cerda, primo génito de Ferna ndo de la Cerda. El rey Bravo contó con el r espaldo de l a
familia Haro, de las órdenes militares y d e algunas órdenes religiosas, destacando
cluniacenses, bernardos y premonstratenses. Estas órdenes formaron una hermanda d, el
2 de ma y o d e 1282, en la que estaban p resentes todas las gra ndes ab adías 516 . En el
orige n de la alianza p ara apo y a r al re y Sancho subyace el descontento que había
suscitado la política seguida por Alfonso para conseguir su s sueños imperiales, con los
consiguiente s g ravámenes económicos que esta conllevaba 517 . L a alianz a con las
órdenes militares y religiosas contaba con el apoyo de gra n parte de la nobleza y del
clero y tenía en Alfons o X su total oposición. Al monarca Sabio le apoy aban los
infantes de la Ce rda y los poderosos miembros d e la familia Lara. En 1282 Sancho I V ,
atribuy éndose pr errogativas reales, convocó Cortes en V alladolid, donde s e le reconoció
gobernador general, mientras el rey era suspendido de sus funciones . Su padre moriría
dos años más tarde, sucediéndole Sancho c omo rey desde 1284 hasta 1295 518 .
Es mu y p robable que el monasterio premonstratense de La Vid se viese i nserto
en los acontecimientos bélicos que en frentaron a Castilla con Aragón, pro ducidos por la
pugna sucesoria, en los que la provincia de Sori a jugó un papel decisivo. El monarca
aragoné s defendió la le g itimidad de Alfonso de la Cerda en l a suces ión al trono
castellano, frente a su tío el rey Bravo. La primera fas e de esta contienda se desarrolló
entre los años 1289 y 1291. Fue en al gunas plazas sorianas donde Alfonso logró hacerse
fuerte, con el apo y o de v arios nobles castellanos 519 . P or el enclave geográfico que ocupa
el monasterio vitense, situado en la diócesis de Osma a orillas del Duero, debió
desempeñar algún papel en la contienda. Al menos se pu eden t estimoniar l as frecuentes
visitas del monarca al c enobio 520 . Un dato sobre la predilección de Sancho I V po r el
monasterio de L a Vid es el hecho d e que solo participase du rante su reinado en la
construcción de dos edificios, el vitense y el z amorano d e La Hiniesta 521 . Ex iste un
documento fechado en 1 293, que confirma otro otorgado en 1288, del q ue se deduce
que el monasterio acometió importantes obras de remodelación, a l as que contribuy ó el
rey S ancho IV con generosos donativos 522 . Todo apunta a que la imagen titul ar, Nuestra
Señora de L a Vid, también fue un legado del monarca 523 .
516 A RRA NZ G UZMÁ N , A., 1 983, t. III , p. 200.
517 Ibíd em , p. 200.
518 N UÑO G ONZÁLEZ , J., 2002 g, pp. 14 - 15.
519 D IAGO H ERNA NDO , M., 20 01, pp. 104 -10 7.
520 G UTI ÉRREZ B AÑOS , F., 1 997, pp. 37, 130, 131. Según este autor Sancho I V deb ió estar en la Vid en
1285 , 1288, 1289 y 1291, y con probab ilidad en 1287 y 1290.
521 Ibídem , p. 141.
522 Z AMORA L UCAS , F., 196 1, p . 7 . Recoge la existe ncia de u n do cumento de 129 3, d e 25 de ab ril. Carta
del rey Sancho, co nf irmando o tra otorgada por el an terior , de 1288, al m o nasterio de Sa nta Ma ría de la
Vid, por la cual daba al abad y su s monjes “para la obra del monasterio de la su iglesia [ ...]”; G UTI ÉRREZ
B A ÑOS , F., 1997 , p p. 131 -32 . Data como fecha pr obable para el prim er do cumento 1288 , por coincidi r
con la es tancia del r ey. La co ntribució n de este monarca vi ene r ecogida en un d ocumento fir m ad o por s u
hijo Fernando IV, en Medina d el Ca m po, el 10 de junio de 1 302. “[...] por ffa zer bien et merçed al abbat
don Ga rçía d el monesterio d e S anta María de l a Vid et a los otros abb ades que uernán después d él et a l
71
Los últimos años del siglo XIII y l a primera mitad del XIV , durante la minoridad
de Fernando IV y Alfonso XI , el poder real pudo sost enerse grac ias al apo y o de las
Cortes y a la constitución de Hermandades de Concejos, que sirvieron para fr enar los
intentos nobiliarios con s us ejércitos. L a mue rte d e Sancho IV, en 1295, d ejó la co rona
en manos de un infante que no será re y hasta 13 0 1. Durante la minoría actuó de regente
su madre María de Molina. El primer enfrentami ento serio contra esta minoridad se
produjo en 1296 y est uvo encabezado por Al fonso de la Cerda, quien con “ mil
aragoneses a caballo” recorrió parte de l a cuenca del Duer o “ hasta llega r a la villa de
Roa, y all í mi smo se juntaron estas gentes con las del Infante [don J uan, tío del nuevo
monarca y aspirante al re ino] y de ay fueron a la ciudad de León, donde alzar on
pendones por el inf ante don Juan ” 524 . Esta situación se resuelve finalment e en 1304 co n
el tratado de Ágreda, por el que Alfonso de la Cerda r enuncia a sus derechos al trono y
como contrapartida Castilla entreg a a Aragón las tierra s alicantinas.
La monarquía casi no realizó funciones de mecenazgo a lo largo del sig lo X IV en
nuestra provincia. Los grandes pro y ectos iniciados a finales del XII , La s H uelgas, o en el
XIII , la catedral, estaban concluidos, salvo algunas ampliaciones de menor importancia
que asumieron otros pa trocinadores.
El re y Fernando IV, qu e murió a los 26 años de e dad, gobernó en un período de
constantes luchas, como se refleja en la carta qu e el embajador de Aragón envía a su
rey : “ el rey e todos los otros entre si punnan por destroyrla que qui mas puede mas
lieva e qui menos puede lazra e no saben que es justicia ni les place en ella” 525 .
También el reinado de Alfonso X I estuvo sa lpicado, como y a era habitual, de
permanentes conflictos 526 . El monarca pasó largas temporadas en nuestr a ci udad y fue
coronado en el monasterio de L as Huel gas, en el que habí a acometido algunas
transformaciones previamente 527 . La urbe bur ga lesa siempre había estado ligada a la
corona 528 y en el monasterio y a se habían oficiado ceremonias para armar c aballeros y
coronac iones 529 .
El re y P edro I subió a l trono en 1350, cuando tenía 16 años, asumiendo
directamente el pode r. Durante su reinado s e suceden los períodos de cris is, el primero
debido a la situación causada por la p este ne gra, se vio suc edido por otros de índole
política, económica y soc ial.
La guerra fraticida entre Pedro I y Enrique d e Trastámara se d esarrolló entre los
años 1366 y 1369 530 , en ella Enrique contó con el apo y o d e un importante sector de la
nobleza 531 . La ciudad de Burgos fue en dos oca siones escenario de este conflicto. E l
primer enfrentamiento a conteció en 1366 y el segundo un año más tarde. En 1366 las
fuentes indican que el r ey Enrique II fue recibi do sin resistencia por lo s ciudadanos
burgaleses, al respecto existe un texto mu y esclarecedor en el que el monarca habla en
primera persona:
conu ento d esse mismo mon esterio et po rque en este monesterio tienen capellanes çiertos qu e canten
missas po r el a lma d el rrey do n Sancho, nuestro p adre, que Dio s perd one, et o trossí que r rueguen a Di os
por la nuestra vid a et de la rrey na doña María, nu estra madre, et de la rreyna do ña Costan ça, mi mu ger
[...]”.
523 M ARTÍ NE Z M A R TÍ NEZ , M. J ., 2004, pp. 243 - 248.
524 Z AMORA L UCA S , F., 196 5, p. 142 .
525 V ALD EÓN B A R UQU E , J., 1979, p. 55.
526 V ALDEÓ N B A RUQUE , J., 1 985, p. 18.
527 S ÁN CHEZ A MEIJEI R AS , R., 2009 .
528 R AMOS , P., 1983, p. 168.
529 A L BARELLOS , J., 1919 (1980 ), p. 351 ; L IN EHAN , P. 2 012, p. 620 .
530 A Z CÁRATE A GUIL AR -A MAT , P ., 1983, pp. 44 -46.
531 V ALD EÓN B A R UQU E , J., 2002, p. 10.
72
“ [. .. ] çi b ta t de B ur gos fu mo s re çe bid o mu y de gr ad o por su re y e po r su
se ñor y nos be sa ro n t od os las man os [.. . ] e de sp u es de qu e nos fui m os,
v e ni e ro n e v ie ne n de ca da dí a a n os mu cho s ca val ler os e fi jo sd al go a
at e n de mo s de ca da día p er la do s e me nss ag er os de çi bd ade s e v ill as uqe
no s e nb iar on de zir q ue s e ve rni e n lu e go p or no s ” 532 .
L as cir cu ns tan cia s ca mb ia ro n dur an te e l se gu ndo epi so di o bé lic o, que su ce dió un a ñ o
má s ta rde , e n es ta oc a s ió n la c iu dad opu so g ra n re sis te nci a. L os do s fo c os más a c ti vo s
fu er on el ca st ill o y la ju d e rí a, i ncl us o de sp ué s de e nt ra r Enr iq ue en la ci ud ad tu vo qu e
pr ose gu ir con los e nf r e nt ami e nto s e n lo s lu g ar e s don de se c ent rab a la r esi ste nc ia
pe tri st a 533 .
Durante el segundo enfrentamiento se mandó demoler el monasterio de la
Trinidad, porque, dada s u ub icación junt o a la muralla, era un punto débil en la defensa
de la ciudad. Existe un documento de 1371, en el que figura la p etición de la comunidad
monacal al obispo para que le otorgase un espacio nuevo con la finalidad d e levantar la
iglesia conventual, porqu e la antigua había sido derribada por mandato real, en razón de
las fac ilidades que proporcionaba p ara asaltar la muralla de la ciuda d 534 . En una de la s
capillas de este monasterio se custodiaba la imagen del Santo Cristo de las Gotas o
Santo Cristo de Burgos de los Trinitarios, actualmente en la iglesia de San Gil.
Tras la muerte de Pedro I se asiste a una profun da transformación en todos los
sectores, po r ser un cambio tan profundo s e ha denominado revolución trastamarista 535 .
El reinado d e los primeros Trastámaras constit u y e la consolidación de las bases de un
nuevo estado que cristalizará bajo el reinado de lo s Reyes C atólicos 536 . También supuso
el triunfo de la nobleza, frente a las aspiraciones autoritarias de Pedro I.
En políti ca interior se intentó establecer la hegemonía del reino castellano- leonés
frente al resto de los reinos peninsulares. Se perc ibe un c ambio en l as oli garquías
nobiliarias, tres grandes familias, que habían dese mpeñado un importante papel político
y económico du rante los últimos reinados, Ha ro, Castro y Lara, desaparecerán tras el
asesinato de Pedro I , produciéndose un trasvase de sus posesiones a las nuevas familias
encumbradas por los Trastámara , entre las que d estacan los Avellanedas, los Zúñig as,
los Mendoz as o los Acuñas, de gran importancia en nuestra provincia. Por ejemplo,
algunos de los bienes de los Castro pasaron a los Avellaneda 537 . P ara la consolidació n
de las nuevas familias se cuenta con nuevos medios como la conversión de los señoríos
territoriales e n jurisdiccionales o la institución del mayorazgo 538 .
3. 2. 2. La nobleza
Era pr actica habitual entre la nobleza financiar la construcción de monaste rios o
capillas como lugares de enterramiento, tal y como hacía la realeza. D e su labor de
mecena z go e xisten numerosos testimonios en el territorio en estudio.
El monasterio de Villamayor de los Mont es se f undó en 1223 por don García
Fernández, ma y ordomo may or de doña Berenguela de Castilla. Esta nue va fundación
cisterciense se pudo realizar por la ce sión de los de rechos que t enían los clérigos
532 Ibídem , p. 142.
533 Ibídem , pp. 193- 19 4.
534 G ARCÍA A RAGÓ N , L. y G A RRIDO G ARRIDO , J. M., 1986 , doc. 116, pp. 207 - 208.
535 M OXÓ O RTIZ de V I LLAJOS , S. de, 1969, pp. 1 - 210.
536 Enrique II, Juan I y Enrique I II.
537 C ADIÑA N OS B A RDECI , I., 2001, p. 145 .
538 D ÍAZ M ARTÍN , L. V., 198 6, p. 265; A L VÁREZ B ORGE , J ., 1990. pp. 710- 711.
73
regulares que allí habitaban, una casa reli giosa bajo la advocación de S an Vicente 539 . El
noble fundador desempeñó varios cargos en el entorno real, el y a m encionado de
mayor domo may or de la re ina doña Be renguela y posteriorm ente de doña Leonor,
esposa de Alfonso V III . Fue hombre de confianza del rey Fernando III, motivo por el
que le encomienda la crianza de su hijo primogénito. Don García casó en segundas
nupcias con doña Ma yor Arias, una hermana de esta fue la primera abadesa del recién
inaugurado convento 540 . El nuevo cenobio pasó a d epender de L as Huelgas de
Burgos 541 .
La edificación no había concluido en 1223, año de su fund ación. Las obras se
prolongaron a lo largo d el siglo X III y no debieron concluir hasta 1286, según consta en
un documento de este año, en el que se r ecoge el pacto celebrado entr e don Diego
García, hij o del fundador, y su mujer para ser enterrados en la capilla ma y o r, junto al
altar de la Trinidad 542 . La datación de la ima g en de Santa María la Real, titular de l
monasterio, coincide con el período de fin alización de las obras d e la iglesia y su
consagración.
A esta familia también pertenece un a capilla funeraria en la iglesia parroquial de
Celada del Camino. En una de las arcas funerarias aún puede leerse la siguiente
insc ripción: “Aquí yace D. J uan Gonz ález de Ce lada, que Dios perdone, hijo de Don
Martin Ruíz, adelantado de Castilla por el re y y su mujer Doña Ma y or que hicieron esta
capilla y un hospital a la puerta d e la iglesia a hon ra de Dios y de s an Mi guel y san Juan
mártir. Finó Doña Mayor el dos de febrero, Santa María d e la Candelaria, en la era de
MCCCLXXX 543 ”. En esta capilla se custodia una imagen sedente r ealizada en piedra, la
Virgen de la Parra , de cronología similar a los sepulcros y de g ran calidad.
Bajo el p atronato de los Rojas estaba la capilla de la Magdalena, en el cl austro
del monasterio de la Santísima Trinidad de Burgos, dond e se v eneraba la f amosa
image n d el S anto Cristo de las Gotas 544 . Ex iste un documento de 1309, año en el que
Juan Rodrígue z de Rojas y su mujer, Urraca I b áñez, “donan al monasterio de la
Trinidad de Burgos sus heredades de Ho rnillos del Camino a cambio de sendos
aniversarios y de la facultad de ser enterrados en la capilla de S anta María
Magdalena” 545 .
La nueva construcción del monasterio de la S antísima Trinidad, después de su
demolición durante la guerra fraticida, fu e sufragada por el conde de Castañeda, García
Manrique de L ara 546 .
Estos ejemplos pueden servir como indi cadores del mecenazgo de la nobleza en
el territorio en e studio.
3. 2. 3. La oligarquía urbana
Una importante labor de patrocinio desarrolló la oligarquía burgalesa. Este grupo
social se vio favorec ido por la monarquía, debido a los constantes enfre ntamientos entre
los reye s y la alta aristo crac ia. L os mona rcas c rearon una alianza con la s oligarquías
539 M ANSILL A R EOYO , D. , 1986 b, p. 349 .
540 M ARTÍ NE Z D Í E Z , G., 199 4, pp. 203 -204.
541 H UIDOBRO S ERNA , L., 1 957 d, p. 409.
542 S ERRANO P I NED A , L., 1934 , p. 22; C ARD ERO L OSA DA , R., 1994 , pp. 126, 134 - 35.
543 Po r lo tanto mu rió en 134 2, dado q ue s e aplica el ca lendario juliano.
544 Á VILA D ÍAZ DE U BIERNA , G. , 196 1 a, p. 55 9. Reco ge lo escrito por A L B ARELL O S , J., 1919 (1980) , p.
189.
545 G ARCÍA A RAGÓ N , L. y G A RRIDO G ARRIDO , J. M., doc. 48, pp. 88 - 90.
546 M ANSILL A R EOYO , D. , 1986 b, p. 340 .
80
En torno al 1500 surgió una nueva demarcación fiscal para la imposición del
impuesto de servicios, a la que se le dio el nombre de provincia. Según esta nueva
división, casi la totalidad de las localidad es sit uadas al norte del Duero pertenecían a
Burgos, ad emás de otras ubicadas al su r del mismo: Fuentenebro, Berlangas de Roa,
Nava de R oa, Campillo de Aranda, Torregalindo, Fuentespina, Vadocondes y Fresnillo
de las Dueñas. Algunos municipios del norte de la corriente fluvial se regían desde
Segovia, éstos eran: Peñaranda, Casanova, Cuz currita y San J uan del Mont e, además de
la mayoría de las localidades enclavadas al sur d el Duero, con l a excepción de la Vid,
que se administraba desde la provincia de Soria 589 .
A partir del siglo XIX una de las divisiones territoriale s más emplea da fu e la de
los partidos judiciales, cuyo origen está en la consti tución de las cortes de Cádiz, en
cuy o artículo 273 dice: “Se establecerán partidos proporcionalmente i guales, y en ca da
cabeza de partido habrá un juez de letra s con un juzgado correspondiente”.
Dentro de la actividad llevada a cabo por el tri enio liberal h a y que sit uar la
restauración de la obra legislativa de las Cortes de Cádiz, creándose los primeros
partidos judiciales. La aprobación de la división e n partidos judi ciales de la provincia de
Burgos data de 1820, estableciéndose los de: Aranda de Duero, Arauzo de Miel,
Belorado, Briviesca, Burgos, C astrojeriz, Villahoz, Miranda, Sedano y V illarcayo. En
1834 se agregan los de Lerma, Mel gar del Fernamental, Roa, Salas de los Infantes y
Villadiego, desaparecen los de Arauzo de Miel, Castrojeriz y Villahoz. Sumaban doce
partidos judiciales, en los que solo se produjo un ca mbio posterior, el de Melgar de
Fernamental por Castrojeriz . En el siglo XX se suprimieron los de Belora do, Castrojeriz,
Villadiego, Sedano y Ro a, creando partidos judi ciales más amplios 590 , actualmente ésto s
se han vist o nuevamente reducidos a siete: Burgos, Ar anda de Duero, Villarcayo de
Merindad de Castilla la Vieja, Miranda de Ebro, Lerma, Briviesca y Salas de los
Infantes.
En algunas tesis doctorales dedicadas al pat rimonio artístico de la provincia de
Burgos s e han empleado los partidos judiciales como referencia pa ra l a delim itación del
territorio 591 . En otras la referencia territorial ha sido una comarca 592 .
En la pr esente tesis doctoral se han estudia do im ágene s de muni cipios
pertenecientes a seis comarcas bur ga lesas y a s eis partidos judi ciales. Dado que estas
divisiones territoriales tampoco se adaptan a las demarcaciones medievales, consideré
más apropiado utili zar una de las rutas más importantes de la Edad Media, el Camino de
Peregrinación, como línea divisoria.
3. 3. 2. La división eclesiástica
Desde el siglo XI el obispado de Burgos se convirtió en sede ex enta, dependiente
directamente de Roma. Esta situación se vio propiciada por el contexto histórico del
momento. La s ede episcopal, antes de su t raslado a Burgos, estuvo situada en O ca. El
documento más antiguo de la sede de Oca d ata d el año 589, lo que la convierte en una
de las más antiguas de España. Oca estaba enclavada en las proximidades del actual
municipio de Villafranc a Montes de Oca y su obisp o estaba subordinado al arzobispo de
589 Ibídem , p. 9. “Los serv ici o s er an i mpuestos e xtraordinari os q ue, al me nos teórica mente, debían ser
otorgado s en cada caso por las Cortes; por eso eran administrado s conj untamente p or la Contaduría
Mayor y los Diputados nombrad os por las Cor tes”.
590 Ibídem, pp. 91- 111.
591 P ALO MERO A RA GÓN , F., 1989; I LA RD I A G ÁLLI GO , M., 1991 b; P A YO H ERNA NZ , R. J., 1 997.
592 S ÁNCHEZ M ORENO DEL M ORAL , F., 1 994; Z A P A RAÍN Y ÁÑEZ , M. J ., 2002 b; M ORAL G ARACHANA , O.,
2004.
81
Tarrag ona. T ras la invasi ón musulmana desaparecieron las provincias y las sedes
episcopales exist entes en nuestro entorno (Burgos, Valpuesta, S asamón y Amay a, entre
otras) 593 .
Oca estuvo ocup ada p or el mon arca navarro hasta 1054, en este año es
recuperada para C astilla por la victo ria en la batal la de Atapuerca. El deseo de trasladar
la sede episcopal a Bu rgos lo manifestó el obispo Julián (1028 -1041) con anterioridad,
al sustituir el nombre de la diócesis de Oca po r el de Bur gos, a pesar d e q ue aún no se
había proc edido a su tr aslado. El re y S ancho II de Castilla decidió restablecer el
arzobispado de Oca como era antes de la invasión musulmana, pero con sede en Burgos,
en unas cortes qu e se celebraron el año 1068 594 . Quería convertirlo en el primer
obispado propio del r eino y unificar el territorio bajo una misma mitra 595 . Este cambio
en la d enominación s e debe al deseo de in corporar la sede o cense al condado castellano,
porque, tr as la muerte d e S ancho el M a y or, h abía pasado a formar pa rte del reino de
Nájera .
Entre los generosos donat ivos que hicieron las infantas Urraca y Elvira,
hermanas de Alfonso VI, al obispo de Oca se incluía la iglesia de Gamonal para
establecer allí su futura sede 596 . Este donativo expresa nuevamente el deseo de los
monarcas castellanos de trasladar la sede episco pal a sus domi nios territor iales. En el
concilio romano de 1074 se nombra a J imeno II obispo de Burgos y se aprueba el
traslado 597 .
La nueva ubicación de la sede en Bur gos plan teaba un p roblema de índole
político. L a sede episco pal de Oca p ertenecía a la me tropolitana de Tarragona, qu e
estaba gobernada por l os condes de Barcelona, quienes no querían renunciar a la
misma 598 . Frente a ellos s e sitúa el arzobispo de Toledo que también r eclamaba su
tutela. El control de la sede catedralicia bu rgalesa por un a fuerz a políti ca ajena iba en
contra de los intereses de los monarcas ca stellanos, que no ces aron en el empeño de
desvincularla de Tarragona. L o consiguieron en 1096 gracias a una bula firmada por el
papa Urbano II el 15 de julio, por la que el obispado de Burg o s se subordinaba
directamente a Roma. C on esta medida s e frenaban las ambiciones y enfrentamientos
existentes entre la sede tarraconense y la toledana 599 . La sede exenta de Burgos continuó
siéndolo hasta el 22 d e octubre de 1572, cuando , mediante una bul a de Gregorio X III ,
fue declarada metropoli tana 600 . Pasaron a ser sufragáneas de ella las de Pamplona ,
Calahorra-La Calzada, en 1595 la de Palencia, la de Santander en 1754 y la de Tud ela
en 1783. En el concordato de 1851 se le asignaron como sufrag áneas las de Calahorra-
La Calz ada, León (exenta hasta entonces), Palen cia, Santander y Vitoria. Actualmente
son Palencia, Osma, Bilbao y Vitoria 601 .
Conforme iba avanzando la conquista se crearon nuevos obispados. La primera
división se estableció en el de Husillos de 1088 y se modificó en el Concilio de Burgos
593 M ARTÍ NE Z D Í E Z , G., 198 4, pp. 104 -141, 162 - 163.
594 Ibídem , pp. 104-141 , 162-163.
595 G ONZÁL EZ M Í N GUEZ , C., 200 2, pp. 88 - 89.
596 M ARTÍ NE Z D Í E Z , G., 200 2, pp. 24 - 25.
597 S ERRANO P I NED A , L., 1934 -1936 , pp. 129 -190.
598 M ANSILL A R EOYO , J . M., 1986, p . 303; P EÑA P ÉREZ , F. J., 1993 b, p. 332.
599 A LDEA V AQUERO , Q. y M ARÍN M A RTÍN EZ , T . y V I VES G ATEL L , J ., DHE E , 1972, t. I , p. 290 ; G ARRI DO
G A RR I DO , J. M., 1 983 a, pp. 120 - 12 2, doc. 61. “Urbano d eclara exenta la dióce sis de Burg os y, para p oner
freno a las a mbiciones metro politanas de Toledo y Tarragona, la somete directa mente a la Sede
Apostólica. Reconoce, asi mismo, s u pr opiedad sobre la villa de Henar y los monasterios de Berlangas y
Santa María de Ra vanera y toma dispo siciones para sustraerles al control d el obispo de Toledo”.
600 F LOREZ , H., 187 1 (1983), pp. 432 - 436.
601 A LDEA V AQ UERO , Q. y M ARÍ N M A RTÍN EZ , T . y V IVES G A TELL , J., DHEE , 1973, t. I , 290 - 291.
82
de 1136 602 , porque durante el tiempo transcurrido entre ambos concilios se habían
crea do los obispados de Osma y Segovia, qu e se incorporaron a la provincia eclesiástica
de Toledo en 1210 603 .
La mayor parte de l territorio que inte gra la actual provincia de Burgos pertenecía
a la s ede bur ga lesa, cu ya divisoria se marcó con la ox omense en el valle del Es gue va.
De la sede soriana también dependían algunas localidades sit uada al sur de la Tierra de
Pinares bur ga lesa. La diócesis de Calahorra se internaba en al g unos municipios
burgaleses limítrofes 604 . Varios enclaves de la Ribera del Duero pertenecían a la mitra
segoviana, en concreto a quellos que estaban sit uados en la Comuni dad de Villa y Ti erra
de Montejo. Estas delimitaciones son las que afectan a la zona sur del Camino de
Peregrinación. En la zona norte las divisorias se marcaron en el río Ebro y el Ome cillo.
A la sede cat edra licia burgalesa pertenecía Valpuesta, Valdegovía y Salinas de Añana,
esta última se sitúa en la actualidad en la provincia de Álava. También se introducía en
la actual provincia de Vizcay a. La provincia de Cantabria pertenecía, casi en su
totalidad, a Burgos. Con la diócesis palentina la divisoria se señaló en el río Pisuerga,
administrándose la zona norte desde Bur gos. También limitaba con los obispados de
Le ón y Oviedo.
Para facilitar la administración de los obispados se crea ron divi siones
territoriales d e menor ta maño con el nombre de arciprestazgos. A la sede bur ga lesa
pertenecían seis: Burgos, Briviesca, Lara , Palenzuela, Valpuesta y Treviño. El territorio
objeto de este estudio pertenecía en parte a los de Briviesca, Burgos, Lara, Palenzuela y
Treviño. El d e Briviesca estaba formado por 97 parroquias, situadas en los términos de
Belorado, C ere zo, Pradoluengo, Ezcaray, Le iva, Ameyugo, Pan corbo, Oñ a y Me rindad
de Valdivielso. El de Burg os lo formaban 127 iglesias, ubicadas en la zona próxima a la
ciudad. Al arciprestazgo de L ara p ertenecían 85 iglesias, situadas al norte del río
Arlanza, desde la Sierra de Pinares hasta Santa María del Campo, P amp liega , Lerma,
Valdorros, Co gollos, S arracín y todos los pueblos de la Sierra de Pineda y e l alfoz de
Lara. El de Palenzuela lo int egraba n 44 lu gares ubicados al sur del A rlanza y al norte
del río Esgueva. El de T reviño e ra mu y amplio y comprendía casi en su t otalidad, los
partidos judiciales de Villadiego y parte de Castrojeriz 605 .
La sede ox omense se adentraba en nuestra provi ncia en siete arciprestazgos: el
de Osma, al que pertenecía Hontoria del Pinar 606 ; el de San Esteban de Gormaz, en e l
que se int egra ba Braza corta 607 ; el de Cabrejas d el Pinar, del que form aban par te
Regumiel de la Sierra y Vilviestr e del Pinar 608 . El territorio que int egraba los
arciprestazgos de Aranda de Duero 609 , Coruña del Conde 610 y Roa de Due ro 611 , a
diferencia de los anteriores, pertenecía a la actual provincia burgalesa. Al arciprestazgo
de Aza correspondían algunos municipios de la actual provincia de Segovia 612 .
Desde l a Edad Media hasta el Conco rdato d e 1953, solo ex iste una modificación
que afecta a este reparto, la desmembración de l obispado de Santander en el siglo
602 M ANSILL A R EOYO , D. , 1986, p. 306.
603 A LDEA V AQ UERO , Q. y M ARÍ N M A RTÍN EZ , T . y V IVES G A TELL , J., DHEE , 1973, t. III , p. 1845.
604 Bascuñana, Ca stildelgado, Vi toria de Rioj a y Redecilla d el Camino.
605 M ANSILL A R EOYO , D. , p. 313.
606 P ORTILL O C APÌL LA , T ., 1985, p. 2 71.
607 Ibídem , pp. 279- 280.
608 Ibídem , p. 337.
609 Ibídem , pp. 286- 303.
610 Ibídem , pp. 318- 325.
611 Ibídem , pp. 304- 313.
612 Ibídem , pp. 314-31 8. Aldeanueva de la Serr ezuela, Aldea del Horno.
83
XVIII 613 . La diócesis de Osma pasará a s er su fragánea d e la burgalesa en 18 59, pero sin
afec tar al reparto del territorio 614 .
Desconozco la exist encia de tesis doctorales que hayan tenido como referente las
antigua s divisiones dioc esanas o los arcedianatos. S upongo qu e esta circunstancia se
debe a la comple jidad t err itorial que ello entraña y a que son num erosas las tesis de
provincias limítrofes que han tomado como refer ente los lím ites provinciales, como se
ha mencionado.
613 B ONACHÍ A , A. y C ASADO , H., 19 84, p. 430.
614 A LDEA V AQ UERO , Q. y M ARÍ N M A RTÍN EZ , T . y V IVES G A TELL , J., DHEE , 1973, t. III , p. 1845 .
84
4. I MÁGENES RELACIONAD AS CON T ALLERES DE ESCU L TURA
MONUMENT AL
La exist encia de imágenes burgalesas de culto, realizadas por artistas ac tivos en
talleres de escultura mon umental, justifica la creación de este apa rtado. Las otras tallas
se han agrupado e n torno a los temas iconográficos que representan.
En el siglo X III la catedral es el foco escultórico m ás importante y a sus artífices
debemos las imágenes d e culto de ma y or cali dad. Además, se aprecia la actuación del
taller que realizó la fachada occ idental de Toro en la Virgen de Marzo del monasterio de
Santo Domingo de Silos.
La actividad escultórica del siglo X IV decae respecto a la centuria anterior. A
pesar de ello, se r ealizaron proyectos de gran calidad. En la catedral desta ca el conjunto
escultórico de la c apilla de Santa Catalina y la Virgen de pie de la capi lla del Santo
Cristo. No es el objetivo de este apartado a cometer una investigación sobre los talleres
de escultura monumental, que podrían ser objeto de otra tesis doctoral, sino relacionar a
algunos de sus escultore s con imágenes de culto.
4. 1. L A ESCULTUR A CA TEDRALICIA Y SU RELACIÓN CON LA
I MAGINERÍA
En la catedral se conserva un importante le ga do de es cult ura monumental del
siglo XIII , a pesa r de la pérdida de la triple portada occidental en el XVIII . Su
desaparición dificulta nuestro conocimiento sobre la secuenciación de las obras y sobr e
el impacto que pudo ejerce r en la im ag inería mariana porque, a dife r encia de las otras
portadas, estaba dedicada a la Virg en.
A los talleres catedralicios se puede adscribir un grupo de imá genes de culto de
gran calidad, como se ha mencionado. Por este m otivo se analizan siguiendo un orden
cronológ ico que a y ud a a datar las esculturas y a establecer su filiación estilística.
4. 1. 1. La portada del Sa rmental
La catedral gótica se inició en 1221, sobre p arte del solar de la anterior
edificac ión románica. Durante la construcción del nuevo ábside se mantuvo la cabecera
antigua , po rque las tr azas no coincidían. Hacia 1230 el cabildo se había instalado en la
nueva cabecera y s e e mpezó a erigir la portada del Sarm ental 615 . No se conservan
documentos sobre la eje cución de esta po rtada. Las fechas asignadas po r los dist intos
autores están en relación con el proceso constructivo y con la cronología dada p ara los
ciclos escultóricos franceses con los que guarda relación. Su datación abarca desde 1230
a 1245 616 .
615 K ARGE , H., 1995, pp. 1 18.
616 D EKNATEL , F. B., 193 5, p. 259. (Sob re el obispo Mauricio) “He d ied in 1238 , a few year s after t he
prob able date o f th e sculpture”; Y ARZA L UA CES , J., 1980, p. 231. “ Se puede citar para la puerta del
Sarmental [. ..] una d ata de hacia 1 230 - 1240”; A ZCÁRAT E R I S TORI , J . M. , 19 90, p. 153. “L a e volución de
los taller es burga leses se inici a co n las escult uras de la po rtada del Sa rmental, e n to rno a 1 240; A RA G IL ,
C. J ., 1 994, p. 228. “A l rea nudar los trabajo s un n uevo taller se encargó d e co mpletar es ta p uerta […] ”;
K A RGE , H., 199 5, p. 118. La data en torno al 12 35 - 1240. “[…] las partes superiores de la p ortada sur, en
la cual se e ncuentran e mplazadas las tallas, puede n datarse hacia 1 235 -1240. Esto no excluye una
datación algo más te mprana p ara las esculturas” ; W ILLI AMSON , P ., 199 7, p. 335. “[…] hacia 12 40, fecha
85
Se aprecian dos intervenciones, a l a prime ra p ertenece el b asamento y el pr imer
cuerpo d e arquerías. El lenguaje románico se percibe en la elección iconográfica de los
temas y en la composición de las escenas. En la segunda intervención las esculturas son
plenamente góticas. La may orí a de los auto res c oinciden al s eñalar la actua ción de dos
talleres o maestros con sus respectivos talleres, uno para el tímpano y otro para el dintel.
La s arquivoltas las realizarían miembros d e ambos talleres, de uno de ellos, o un tercer
escultor 617 .
Los artífices del tímpano son austeros en el emple o de r ecursos escultóricos, el
tratamiento del cabello es sobrio y reitera unos esquemas simil ares en su distribución.
Los pómulos y los ojos adoptan unas transicione s suaves y , en ge neral, el drapeado es
más fino y menos profundo y e n él abundan las arist as.
Considero que son obras del talle r del tímpano: el tímpano y las imágenes de la
primera arquivolta, con la excepción del ángel de la clave del arco; los ánge les de las
claves de l as otras dos a rquivoltas; las cuatro fi guras que bor dean al ángel de la c l ave
del arco exterior y el obispo del pa rteluz. No todas las es culturas están realizadas por un
mismo maestro, se disting ue la actuación de varios artífices.
El maestro del dintel tiene un estilo más abigarr ado y rico en contrastes
lumínicos. Los rasgos faciale s son más na turalistas y variados, en e l esculpido de l
cabello se detecta un importante repertorio. Los plie gues muestran un cincelado
profundo y se aprecia gran diversidad. C reo que su taller esculpió, además del dint el, las
figuras no asigna das al ta ller del tímpano.
Los investigadores rela cionan las esculturas de esta fachada con las de la
catedral de Amiens 618 . El maestro del dintel refleja, además, un gran conocimiento de
respaldad a por su llam ativo parec ido con cier tas esculturas del fren te occid ental de la catedr al d e
Amiens”; F RANCO M ATA , M. A., 19 98 b, p. 51. “La por tada del Sar mental (co menzada antes d e 1 230; las
esculturas de hacia 1 240 - 1245 )”; E SPAÑ OL B ERTRÁ N , F., 19 99, p. 80, “L a puerta del Sarmental, no m bre
por el q ue se la conoce, se fecha e n torno a 1230 - 1240”; S Á NCHEZ A MEIJEIRA S , R., 2 001, p p. 167 -168.
Esta autora ha analizad o la datación de esta p ortada según los diversos autor es. Comparte la d atación de
Karge “También H. Karge, al analizar la estr uctura ar quitectónica del Sarme ntal llegaba a la conclusión
de que la arcada ciega inferio r, cuy os cap iteles se enc uentran estilísticame nte relacionad os con los de la
cabecera, se p odrían datar en t orno a 1230, mientras que la p arte super ior d e la portada se habría instalado
hacia 1240 ” .
617 D EKNATEL , F. B., 19 35, pp. 264, 268; Y ARZA L UACES , J ., 198 0, p. 231. “[...] Se habla al meno s de do s
escultores. U no sería el autor d el tím pano con Maiestas y T etramorfos. Otr o del d intel. En el área de
ambos estaría el a utor de las excelen tes arquivol tas”; A ZC Á RATE R ISTO RI , J . M., 199 0, p . 155. “[...] El
reconoci m iento de varias manos, co m o la diferenciación estilística entre la figura solemne y majestuosa
del tímpano y las agitadas del dintel, nos parece circunstancial y accesoria, pues es indudab le q ue en estas
obras intervie nen varios esculto res que interpretan con cier ta libertad los dibujos y directric es dados p or el
maestro d irector de la ob ras”; A RA G IL , C. J ., 1 994, p. 22 9 - 230. “A pesar del se ntido de unidad y
ar m o nía, desde antig uo se han ad vertid o diferencias de talla, que indicarían la pr esencia simultánea de dos
maestros, semejantes e n el oficio p ero co n per sonalidades independiente s q ue, en rigor, no es tan fácil
deslindar. [.. .] se reco noce el estilo del m ae stro o m aestro s del tímpano en la s figurillas de las
arquivoltas”; W ILLI AMSON , P., 1997, p. 336 - 337. “L a co mparac ión de la ca beza y los ropaj es del Cristo
sentado de B urgos y el Beau Dieu de Amiens dej a escaso espacio para dudar q ue el m is m o e scultor fue
responsable de ambas figuras [.. .] . Fue responsable, probablemente, d e tod o el tím pano, mientras que los
apóstoles del dintel y e l sa nto obispo de debaj o parecen hab er sido ej ecutados p or o tro escultor, ta mbién
de Amiens. Estos esc ultores h an de haber to m ado ayudantes lo cales, ya que p uede n contemplarse pruebas
del estilo indígena en e l norte de España”; E SPAÑOL B ER TRÁ N , F., 19 99, p. 8 0. “R espo nde a pautas
estilísticas foráneas y son percep tibles diferencias entre unas zonas y otras que han lle vado a co nsiderar la
presencia de maestros dist intos en ella. Uno habría realizado el tímpano co n la Maiestas y el T etramorfos;
un segundo un dintel, y otro más, las esc ulturas de las arq uivoltas”.
618 D EKNAT EL , F. B. , 193 5, pp. 26 0 - 273; D U RÁN S AN PERE , A. y A INAUD DE L ASART E , J., 1956 (1980), p.
16; A RA G IL , C. J ., 1 994, p. 230; K A RGE , H., 1 995, pp. 11 8, 159; W I LLIAMSON , P., 1 997, p. 336;
E SPA Ñ OL B ERTRÁN , F., 19 99, p. 80.
86
las portadas del transepto norte de la cat edral de R eims 619 , lo que influ y e e n la
diferencia de estilo que se consta ta.
La imagen de la Vir gen del Manzano de Cast rojeriz, que se custodia e n la
excolegiata de su misma advocación, es obra del taller del tímpano.
4. 1. 1. 1. I má g enes de cult o realizadas por el taller del tímpano del Sarmental: la
Virgen del Manzano de Castrojeriz
La Virgen del Manzano es una escultura de pie, c on el Niño, realiz ada en piedra
caliza. Preside la capilla de su advoca ción, situada a los pies de la excolegiata [cat. núm.
098]. En un documento del año 978 se concede a los c anónigos el privilegio de poder
labrar casas con to rres y f ortalezas, lo que podría indicar que en tiemp os del conde
Garci Fernández ya exist ía una iglesia 620 . La edificación protogótica se inició en 1214 y
contó con el me cenazgo de do ña Berenguela, ma dre de Fernando III . Cu ando Fernando
IV concedió a la colegiata la prestamería de los judíos y todos los pechos y derechos
que los ciudadanos tenían en e l barrio, aún continuaban las obras 621 .
La Vir gen del Manzano, titular del edificio, fue objeto de gra n devoción, como
se deduce de las cuatro Cantigas que le d edicó Alfonso X 622 y de los es critos de Prieto y
Argaiz del siglo XVII . El primero la califica de pro digiosa en milagros 623 y Argaiz ofrece
la le y e nda de su apar ición junto a un manzano, a l que debe su advocac ión,
probablemente rec ogiend o una tradición a ntigua 624 .
Su cofradía se encar g aba de uno de los siete ho spitales que tuvo el municipio,
fundado en e l siglo XV I 625 . También administraba un arca de la miseric ordia, cu y a
finalidad era re partir tri go entre los ag ricultores necesitados 626 .
Es probable que la a ctual escultura no sea aquella a la que en el si glo XV II se
identificaba con la cantada por Alfonso X, como se dedu ce de un texto de Argaiz, en el
que consta “Es de finísi ma piedra. Su altura es de una vara” 627 . L a imagen actual mide
137 centímetros, frente a los 83 de una vara castellana 628 .
619 A RA G IL , C. J ., 199 4, p . 230; E SPA ÑO L B ERTRÁ N , F., 199 9, p . 80; S ÁNCH EZ A MEJEI R AS , R., 200 1, p .
166.
620 F LÓREZ I SEPTIEMI , H. , 1 772 ( 19 83), t. XXVII , p . 2 3; Z ABALZA D UQUE , M., 19 98, p. 382. A VELL Á
V ILL AR , P., 2011, pp . 79 - 80. “L a historiografía de la actual ex colegiata d e Santa María d el Manzano […]
está poblada de num ero sas incorrecciones, derivadas de una lect ura sesgada y p oco crític a de la
docu m en tación conservad a. S iempre se han situado los oríg enes d el estableci miento r eligioso en 974 , en
virtud de su sup uesta mención en el fuero de Castroj eriz; no obstante, en dicho fuero se alude
simplemente a i llos cler igos , sin ma yores p recisione s, p or lo q ue en ning ún caso p uede afir marse
taxativamente la e xistencia d e Santa María del Manza no po r aq uel entonces […]. Así las co sas, par a
encontrar la pr imera mención irrefutable de Santa María d el Manzano ha y que esper ar hasta 1 068”.
621 H UIDOBRO S ERNA , L., 1 950 d, p. 20.
622 A LFON SO X EL S A B IO , 1979, Cantigas 24 2, 249, 252 , 256.
623 P RI E TO , M., 163 9, t. III , p. 1 90. “En la villa de Castroj eriz pro digiosa en milagros, y en ella y en la
comarca se ve nera y tiene re medio de sus necesidades, está e n la ins i gne colegial”.
624 A R GAI Z , G., 167 5, t. VI , p. 272. “Goza del bulto d e una Virgen, que por haberse hallado j unto a u n
Mançano, la lla maron Nuestra Señor a del Mançan”.
625 M ARTÍ NE Z D Í E Z , G., 199 8, b, pp. 237 - 238.
626 H UIDOBRO S ERNA , L., 1 950 c, p. 21; H U I DOBRO S ERNA , L., 195 0-1951 (19 99), t. II , p. 30 4.
627 A RGAI Z , G. de, 1675, p. 272.
628 B ROST , J. M., 1827, pp. 197 -198. La vara castellana o vara de Burgos era la m ás empleada. Además,
Argaiz er a o riginario de La Ri oja y vivió en Oña, provincia de Burgos, y Vallad oli d. Po r lo tanto, se tiene
que referir a la vara castella na. P ara más i nformación sobre la bio grafía d e este autor ver O LI V A , N. (ed.),
t. II , 1830 , p. 9.
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En la historiografía mod erna se identific a a la escultura en estudio con la i magen
de las C antigas 629 . Una situación similar se produce con la Virgen de pie e rguida de l
claustro de San S alvador de Oña, del siglo XIV , a la que se señala como la Virgen que
protag onizó la Canti ga C CXXI 630 .
A la escultura se le profesa gran devoción 631 y cuando se celebra su fiesta, el dí a
ocho de septiembre, acuden numerosos vecinos de los pueblos del entorno. Tambié n
despierta interés entre los peregrinos del Camino de Santiag o, del que Cas trojeriz fue y
sigue siendo un hito importante 632 .
En el siglo X VII l a escultura se encontraba en la nave del Evangelio, lo que
parece indicar que, a pesar de responder a la titularidad del templo, no ocupaba un lugar
preeminente en la cabecera 633 . En el siglo XVIII se construy ó un a nueva cap illa, bajo la
advocación de Virgen del Manz ano, a los pies de la iglesia, sufragada con las
donaciones d el marqu és de Hinojosa y San Ge rmán, casado con M aría de Velasco,
dama de la reina. Las disposiciones testamentarias estuvieron a cargo del conde d e
Ribadavia y de Castro 634 . En el Archivo de Medinaceli se guarda el informe redactad o
por el Maestro Sagarvinaga, sobre la finaliz ación de las obras de la capilla en el año
1751. Al año si guiente Francisco Díez de Mata terminó el retablo que pr eside la
image n 635 , y en 1765 se concluyó su dorado 636 . Por las dimensiones del espac io
reservado a la escultura en el retablo, este s e realizó para a lbergar la imagen en estudio.
629 S ENTENA CH , N. , 1924 , t. V , s. p .; V ÁZQU EZ DE P ARG A , L. y L ACARRA , J. M. y U R Í A R IU , J ., 1942
(1992) , t. II , p. 206; H U I DOBRO S ERNA , L., 19 50 d, pp. 26 -28; H U ID OBRO S ERNA , L., 19 50 -1951 (1999), t.
II , pp. 30 9-311 ; O SA BA R UIZ DE E RENCHUN , B., 1969 b, p. 3 0; A RRI BAS B RION ES , P ., 1982, p. 72;
A ND RÉS O RD A X , S., 19 89, p. 180; A NDRÉS O RDAX , S., 1991 b, p. 41 ; C UENDE P LA ZA , M ., 1992, pp. 123-
127; R UIZ C ARA NCHO , A. y A LONSO C UEVAS , S., 1992, p. 49; B A NGO T ORVI SO , I., 19 93, p. 193; C UENDE
P LAZA , M., I ZQUIERDO , D. , 1997 , pp. 83 -84; M ARTÍ NEZ D ÍEZ , G., 1998 b , p. 234; AA. VV., 20 01 a, pp.
66 -67; G ONZÁL E Z B UENO , M. y S A NTOS DE L C AMPO , J ., 2001, p. 3 67; R UIZ C ARA NCHO , A., 20 01, p. 49;
M A RTÍNEZ M A RT ÍN EZ , M. J., 2 006, p. 258 ; M A RTÍ NE Z M A RTÍ NEZ , M. J ., 2009 b, pp. 217 -21 9.
630 Una de las difere ncias entre a m bas esc ulturas es q ue la d e Castrojer iz, al menos, se r ealizó en un a
fecha próxima a las Cantigas. H ERRERA O RIA , E., 191 7, p . 135; S ENTENACH , N., 19 24 c, t. I, s. p .;
A RRI BAS B R I ONES , P ., 1 982, p. 72 . “El Rey Sabio narró sus “mira glos” en varias Ca ntigas [...] , esta
agraciada y d ulce i magen en p iedra policromada, de pie y co n el niño en brazo s, sigue siend o la misma a
la q ue cantó Alfonso X”; R UIZ C ARRASTA CHO , A. y A LONSO C UEVAS , S., 1 992, p . 49. Cuestionan esta
identificación: A RZALL US , N., 1950 , pp. 173 - 174. “Sobre la p uerta que co munica con el atr io d e la iglesia
hay u na Vir gen gótica, co n el Niño e n el regazo, no t iene gran valor artístico, pero es interesante por la
tradición que a ella va vincula da [...]. Los monjes la id entifican co n aque lla famosa Virgen de Oña q ue en
a la que e n la Edad Media se atrib uían numeroso s milagros. [...] Cierta mente hubo en Oña p or los s. X II y
XIII una i magen de la Virgen, pop ular en Castilla p or su fama d e milagrosa; pero r esulta d isparatado
compararla con esta, posterior probablemente en un par de siglos del s uceso que habla el rey Sabi o ”;
G UIT ÉRREZ B A ÑOS , F., 1997, p. 155. “Es obj eto de discusió n si la imagen tit ular de esta c apilla fue o no la
Nuestra Se ñora d e Oña cantada por Alfonso X, a la q ue se suele identificar con u na i magen posterio r
actualmente co nservada en el claustro”.
631 H U I DOBRO S ERNA , L., 1950 d. p. 26. “L a i m agen q ue aquí se venera, según el pad re Argaiz en su
Soledad laureada , t. 66, p. 272, “se halló junto a un ma nzano. Es d e finís ima pied ra de una vara de alto y
rostro hermoso. Los milagros que hacen tie nen a tadas las vol untades de los f ie le s a su contin ua
devoción.”; R U I Z C ARRASTA CHO , A. y A LONSO C UEVAS , S., 19 92, p. 49; M ARTÍ NEZ D ÍEZ , G. , 1 998 b, p.
234. “La Vir gen de Almazán, objeto de extendida d evoción, es mencionada por Alf o nso X el Sabio nada
menos que e n cuatro de su s cantigas, e n las q ue nos habla de la constr ucción d el te mplo que d a ocasión a
uno de sus milagro s”. E n la s obras más a ntiguas se me nciona a la esc ultura co m o Sa nta María de
Almaçan , ver M ARTÍ NEZ D Í E Z , G., 1981, t. II , p. 1 98.
632 A RRI BAS B RIO NES , P., 1992, p. 72 ; B ANG O T ORVI SO , I. B., 1993 , p. 193.
633 A RGAIZ , G. de, 1 675, p. 272. “Está e n la nave del E vangelio , y to da la iglesia es tan cap az ao ra, que
podia bolver a ser Catedral”.
634 F LÓREZ I SEPTI EM I , H., 1772 (19 83), t. XXVII , p p. 21 - 22.
635 M ORELL P E GU ERO , B. y G ONZÁL EZ M ORENO , J., 197 3, pp. 50-51, 55.
636 Ibídem , pp. 52 -53. La ca ntidad a apagar se estipuló en 150 00 reales de vellón, lo más rese ñable es que
no se repo licromara la escultur a.
88
Su estado de conservación es bueno, aunque hay pérdida d e mat erial en el velo,
el manto y los z apatos d e María. También ha desaparecido la mano iz quierda inf antil.
Sobre la frente de la Vir g en s e aprecia una h endi dura, causada por una corona metálica.
Se ha restaurado recientemente. Antes de la resta uración se notaba el repolicromado de
las carnaduras, que en el cuello de María se centra ba en la mitad superior. La hendidura
de la frente y el repolicromado de lo s rostros y de parte d el cuello indic an que se ha
empleado como imagen de vestir. Probablemente coincidieron estas interve nciones con
su colocación en el nuevo emplazamiento.
El rostro de la Vir gen es alargado. Los ojos tien en la parte central d el párpado
inferior abultada. Con la mano derecha, a l a altura del vientre, sostiene el p ie iz quierdo
del Niño, y con la izquierda lo sujeta por la parte inferior. Lleva una corona de aro li so
con un fino reborde en l os extremos, el superior está decorado con bolita s. Remata en
tres grande s florones. De la indum entaria destaca el drapeado que se forma en torno a la
cintura de l a túnica, los pliegues de la parte sup erior forman una hendidu ra en la zona
central. Sobre los pies se crean dos pliegue s triangulares. L os ex tremos de los
puntiagudos zapatos sobresalían de la peana.
El Niño presenta el cuerpo de perfil 637 y la mano de rec ha en a ctitud de bendecir .
Flexiona levemente la pierna iz quierda y apo ya el pie sobre la mano d erec ha de su
madre. Viste c on una tún ica de c uello puntiagudo.
La Virgen del Manzano pertenece a la tipología d e las Vírgenes de pie, de la que
es una de las primeras esculturas peninsulares 638 . La primera representación de María de
pie está en la portada oc cidental de la catedral de P arís 639 . Nuestra imagen se asemeja a
la Virg en de la fachada occidental de la catedral de Amiens, datada en torno a 1230 -
1235 640 .
Desde el punto de vista del estilo muestra simil itudes con el taller del tímpano de
la fachada del Sarmental, como se ha comentado. C oncuerda con l as esculturas de las
arquivoltas en el protagonismo que alcanzan l as o rejas. Coincide en la forma del florón
central de la corona, semejante a las fig uras d e la segunda y ter cera arquivolt a. Reitera
la línea d e puntos del aro de la corona, pr esente en la f i gura cuarta d el arco exterior por
su lado oriental. Muestra un drapeado escaso, que crea aristas, frecuente e n las obras de
este taller, y s e r epiten l os cuellos de las túnic as rematados en pico, como en algunos
ángeles. Se asemeja a los evan g elistas del tímpano en la forma que adoptan los pliegues
de la túni ca sobre el ceñidor, que son reiterativos y tienen la zona c entral rehundida. Las
mismas carac terísticas muestra la Virgen arrodilla da del tímpano de la Coronería. Sobre
los pies hay un pliegue triangular, como en la Virgen del parteluz de la fachada
occidental de Amiens.
La relación d e Castrojeriz con la catedral se puede explicar por la or ga nización
eclesiástica del t erritorio. La lo calidad p asó a formar pa rte d e la diócesis burgalesa en
1068, durante el reinado de Sancho II 641 . A partir de ese momento el obisp o nombró a
los abades d e la colegiata entre los canónigos de la catedral, que conocían las esculturas
que se estab an realizando allí, así como a sus artífices. L os ab ades pudieron desempeñar
637 F R A NCO M ATA , M. A., 1 998 b , p . 668, lám. 85 . E s una p osición se mejante a la que mues tra la Vir gen
de la j am ba der echa de la portad a central del crucero sur de la catedr al de León, fechada entre 1260 - 1270.
638 A la Virgen del parteluz de la puerta del Perd ón de la catedral de Ciudad Rodrigo se le había asignado
una datac ión a nterior, en torno a 1230 , que se ha revisado y po spuesto recientemente a l a seg unda mitad
de la centuria. P ara m ás i nfor m ac ión ver L AHOZ G UT I ÉRR EZ , L., 200 6, p. 243. F ER NÁ NDEZ -L ADREDA
A G UADÉ , C., 200 9, pp. 372 -373. Apuntó la p osible pro cedencia de un p arteluz de la Virge n del Manzano.
639 H EINRI CH , J ., 193 3, p. 20.
640 W IL LIAMSON , P., 1997, p. 221.
641 S ER RA NO P I NED A , L., 1 922 a, pp . 1 0 -14, 91 -95; G A R RID O G ARRIDO , J. M., 1983 a, pp. 4 0 -53; A ND RÉS
O RDA X , S. (coor d.), 1989, p. 180.
89
el papel d e dele ga dos o mecenas y encargar la imagen a alguno de los es cultores activos
en la sede catedralicia, para pro ceder después a su traslado a Castrojeriz o pedir el
desplazamiento del escultor para rea lizar la obra i n situ .
El desarrollo económico de l a localidad durante el siglo XIII se r efleja en los
pleitos que mantuvieron con la mitra burg alesa sobre el número de canóni gos. En 1222
se firmó la concordia por la que se reducía a tres dignidades, die ciséis canónigos y ocho
racioneros, siendo, a pe sar del recorte, una cifra considerable 642 .
Por la relación estilí stica de la Virgen del Manzan o con los artífices del tí mpano
de la fachada del Sarmental se puede datar entre 1235 y 1250 643 .
4. 1. 2. La portada de la Coronería
Hacia 1245 estarí a termi nada la po rtada del Sarmental y se inicia ría la fachada
de la Coronería, que para 1257 y a se habría finalizado 644 . En la portada de la Coronería
se aprecia la presencia de escultores que proceden de la portada d el S armental, al
menos, de los que realizaron el fr iso.
Sobre la Virge n del tímpano han escrito varios investigadores. F. B. Deknatel
relacionó al auto r de la Virgen d e la Coronería con la Virgen y el san J uan del tímpano
de la portada del Juicio de la catedral de León, así como con la Virgen Blanca 645 . Est e
trabajar ía en la catedral leonesa después de concluirse la Coronería y antes de comenzar
el claustro y las to rres 646 . A. Durán y J . Ainaud id entificaron al maestro del tímpano y
de las arquivoltas de la Coronería con el maestro Enrique 647 . J . Ara apreció l a actua ci ón
de un mismo escultor en las obras leon esas mencionadas por Dekn atel y en la
Anunciación d el claustro de la catedral de Burgos 648 . A. Franco, sin embargo, considera
que las esculturas leonesas son obra de un ma estro de fuerte p ersonalidad, que solo se
in spiraría en modelos burgaleses 649 . R. Abbeg descartó la actuación de talleres
642 F L ÓREZ I SEPTIEMI , H., 1772 (1983), t. XXVI I , p . 23 ; G ARCÍA R ÁMILA , I ., 19 72, p. 8 7. Conviene
record ar que el cabildo ca tedr alicio tenía treinta canónigos.
643 Los distintos autores difier en p oco en su d atación. S ENTENA CH , N., 1 924, t. V . “[...] en cuyo ce ntro
luce la i magen de la Vi r gen s edente po licro m ad a, de cara risueña y b ien modelad a, tip o de fines del s.
XIII ”; H UIDOBRO S ERNA , L., 195 0 d . p. 26. “A esto pod em o s añadir que es sed ente co n Niño, su rostros,
alegre, bien encarnado, m anto verde y túnica az ul; s u estilo gótico del s. XIII ”. Se ntenach y H uidobro so n
los únicos a utores q ue han identi ficado a N uestra Señora del Ma nzano co n una esc ultura sedente. Es ta
circunstancia se podr ía deber a que la escultura estaba vestida, ya que la p ráctica totalid ad de las
imágenes marianas medievale s que se usaron co mo imá genes vestideras eran sedentes. E n m i op inión, el
hecho de que se cus todiara en su capilla d escarta que se pueda tratar d e otra escultura; O SA BA R UIZ DE
E RENCHUN , B ., 1969 b, p . 301. “La famosa colegiata, donde se venera en pi ed ra policr om ada de la
segunda mitad d el s. XIII la imagen gótica de la Virge n del Manzano”; B ARTOL OMÉ A RRAI ZA , A., 19 76, p.
131. “ También es gótica la “Virgen del Manzano”, recor dada por las Cantigas, al cual se venera e n su
capilla lateral”; A RRI BAS B R ION ES , P ., 1982, p. 72. “La e xcolegiata de la Virgen del Manzano, con la
imagen del s. X III de ig ual nombre.”; A NDRÉS O RD A X , S., 198 9, p. 180. “Pero la p ieza más conocid a es la
“Virgen del Ma nzano”, citad a d entro de las Can tigas, es una escultura de p iedra, que repr esenta a la
Virgen en pie, co n el niño en sus brazo s, en una disposición naturalista propia de mediados d el s. X I II ”.
644 P EREDA L L ARENA , F. J., 1 984 a, pp . 53 - 54.
645 D EKNAT E L , F. B., 193 5, pp. 358 - 359.
646 Ibídem , 1935, p. 261.
647 D URÁN S AN PERE , A. y A INAUD DE L ASA RTE , J ., 1956 (19 80), p. 20.
648 A RA G IL , C. J., 19 94, p. 231. “La for m a de hacer de este escultor se r econoce en un grupo d e obras
realizado en torno al tercer cuarto d el siglo XIII , en el que figuran la Vir gen de la Anunciación de la puerta
de l claustro , así co m o a lguna s esc ulturas del por tal del Ju icio de la ca tedral de Leó n, d e las c uales la
principal es la Vir gen Blanca d el parteluz”.
649 F RAN CO M ATA , M. A., 1998 b, p p. 346 - 347.
96
finalizaba 706 . La cofradía encargó una reproducción en madera d e la im agen en el si glo
XVIII , e scultura que se sigue custodiando en la iglesia de San Nicolás 707 .
Un testimonio de la devoción que suscitaba la e scultura se encuentra en el
documento de 1620, y a mencionado, por el que Jerónimo Fernández de Torque mada
donó 300 ducados para el adorno de la imagen 708 .
La calidad de la Virgen de la Alegría es excepcional, así como su estado de
conservación. Solo la cabeza infantil par ece obra de una intervención post erior, debido a
la disparidad de calidad es que se constat a. S e aprecia parte de l a policromía, que no
parece original.
El rostro de María tiene forma ov alada y la frente amplia y d espejada. Se han
cincelado los párpados resaltando la z ona central inferior y se han marcado las
comisuras de la nariz. Bajo la barbilla sobr esale ligeramente la pap ada. El cabello
bordea el rostro y s e r ecoge por detrás de l a espalda. El cuello es esbelto. Con la mano
derec ha sost iene una piña. Es la única escultura burgalesa qu e llev a este atributo 709 cu y a
simbología está poco cl ara . T rens s eñaló que puede ser una m ala int erpretac ión del
racimo simbólico 710 .
Sobre la cabeza sostie ne una corona, cu y o a ro se ha trabajado sim ulando
pedrería y remata en florones. El velo, semicircular sobre la frente, s e sep ara del rostro
formando un pliegue de gran volumen y se r ecoge por d etrás de la espal da. El manto
lleva un fiador de eslabones rectangulares, circunstancia qu e podrí a apuntar a un
retoque posterior 711 . Se tensa sobre el brazo d erec ho, formando cu atro pliegues
diagonales y rítmicos en abanico. Por el lado izquierdo cubre parte del pecho. Sobre el
pie derecho se percibe u n plieg ue triangular. En t orno al broche d e la túni ca se frunce la
tela. Jesús está sentado sobre la pierna izquierda m aterna, con el cuerpo ligeramente
desviado hacia el lado derecho. La mano derecha se halla en actitud de bendecir y con la
izquierda, cerrada, oculta part e del objeto que porta. Apo y a el codo derecho sobre la
pierna derecha. Viste con un manto que deja lib re el brazo derecho y oculta el iz quierdo
y pa rte del pe cho. Permite ver la pierna derecha, desnuda y de perfil al espectador. El
drapea do es voluminoso y naturalista.
Son pocos los investigadores que han mostrado interés por esta escultura. El primero
fue M. Martínez en su Historia del templo catedral de Burgos , publicada en 1866, en la
que especificó su ubicación y citó un documento del año 1479 en el que se mencionaba
a la talla p ero no su advocación, como ya s e ha mencionado 712 . E. Cantón, en Apuntes
para una guía de Burgos , editado en 1888, señ aló el lugar que o cupaba, su estilo y que
tenía una cofradía 713 . En 1991, J . Yarza se refirió a ella en el catálog o del Museo Marès
al escribir sobr e una Virgen del siglo X I V d e proce dencia n avarra 714 . En 2009 la
re lacioné con los talleres catedra licios del claustro y las tor res y con las imáge nes de
706 Agradezco la información sob re la cofrad ía a su priora Casilda P érez Ruiz.
707 L ÓPE Z S OBRIN O , J., 1 990, pp. 28 - 29.
708 A HCB , 6 V, fol. 3 33.
709 En la Virgen de Casanova es un añadid o posterio r.
710 T RENS , M., 1946, p. 566 .
711 Agrad ezco esta ob servación a Clara Ferná ndez -Ladreda. Consid ero q ue incide en e sta posibilid ad el
remate d el fiad or, que atraviesa el m anto, es fino y no tie ne eslabones. En el monasterio d e las Huelgas
hay otra imagen co n la misma ad vocación en la que el fiador se ha trans formado en un colla r de perlas.
712 M ARTÍ NE Z S A N Z , M., 186 6 (1983), p. 26.
713 C A NTÓN S AL AZAR , E., 1888, p. 53. “La ima gen que se ve d entro de una pequeña cap illa es un a
escultura de p iedra de estilo gótico y pertenece a la cofradía de su advocación”.
714 Y ARZA L UACES , J., 1991 c, núm ero 398.
97
Castrojeriz y La Vid 715 . Es llamativa su ausencia en los estudios dedicados a l a escultura
catedralicia de este período 716 .
Nuestra Seño ra de la Alegría pertenece a la pri m era va riante d e la ti pología d e
las Vírgenes alfonsíes, t ambién conocida como Vírgenes vas co-navarra- riojanas, de la
que es la escultura más antigua. El estudio de esta tipología se h a abordado en un
apartado del ca pítulo dedicado a las Vírgenes sedentes 717 .
Es una de las pocas imáge nes cabeza de serie de nuestra provincia, formada por
la Virgen de la fachada occidenta l de la ex colegiata de Castrojeriz y Nue stra Señora de
La Vid, del monasterio del mismo nombre. La s tres coinciden en la tipología, el
material de realización y en habe r sido esculpidas por artífices del taller del claustro.
En este taller trabajaron varios maestros con sus respectivos a y udant es, como se
ha mencionado. Considero que la Virgen de la Alegría es obra del artífice que realizó el
gr upo de la Anun ciación de la portada del claustro. Ambas esculturas coinciden en las
dimensiones de las facciones del rostro, en ten er los párpados esculpidos y con un suave
resalte en la zona central del párpado inferior y en el cincelado del cabello. El p liegue
que se forma bajo la rodilla izquierda del Niño, rematado en una horiz ontal, es de las
mismas carac terísticas que el del ángel de la Anunciación en su pierna derecha.
También aprecio conexiones estilísticas con la Virge n Blanca de L eón. Dek natel y
Ara percibieron similitudes entre la Virgen de la Coronería y la ima gen leonesa 718 , creo
que estas se incrementan con la escultura en estudio. En el rostro de la ima gen burga lesa
se reconocen los ras gos de la leonesa, es idéntica la disposición del manto por debajo
del brazo derecho, los p liegues situados sob re la pierna d erecha d e la Virgen Blanca,
que rematan en una hori zontal, son iguales que los mencionados en el manto del Niño
de la Virgen de la Alegría y en el ángel de la Anunciación de la portada claus tr al.
Además, se obse rvan p aralelismos entre la im agen leonesa y al guna s escult uras de los
talleres catedralicios burgaleses. A la Vir ge n del tí mpano de la Coronería se asemeja en
un tipo de pli eg ue cu ya tela se hunde por el centro. A los príncipes de las torres y a la
Virgen sedente de Castrojeriz en la decoración del aro de la corona, idéntica. El pli eg ue
triangular sobre los pies es otra característica de las escultura s del taller del claustro.
Por todo lo expuesto, se puede datar a Nuestr a Se ñora de la Alegría entre 1265 -
1270, después de la Virgen Blanca, adelantando, de este modo, la datación que A.
Franco asignó para la e scult ura leone sa, 1275-1285 719 .
4. 1. 4. 1. 2. Nuestra Señora de L a Vid
Es una ima ge n sedente realizada en pi edra caliza. Preside el retablo ma y or de la
iglesia de l monasterio de La Vid, del que es titular [cat. núm. 168].
Al año 1132 se remontan los testimonios de la presencia de una comunidad en el
lugar de Montesacro, situado en el término de La Vid. Esta contó con la a y uda d e
Gu tiérrez Pérez y su mujer Estefanía, de Gómez García y l a Condesa Embror, quienes
donaron los lugares d e R evilla de los Olleros, cerca de Quemad a, con todos sus
hereda mientos 720 . El convento fue dúplice y a partir de 1164 quedó solo para varon es 721 .
715 M ARTÍ NE Z M A R TÍ NEZ , M. J ., 2009 b, pp. 209 -246.
716 D EKNAT E L , F. B., 1 935; A BBEG , R., 1999 b.
717 5.6. 2.2.6.
718 D EKNAT E L , F. B., 193 5, pp. 358 - 359; A RA G IL , C. J., 1 994, p. 231.
719 F RAN CO M ATA , M. A., 1998 b, p p. 346 -347.
720 L OPERRÁ EZ C ORVALÁ N , J., 1788 (1978), pp. 189 -190.
721 Ibídem, p. 230. “En 1164 la co munidad d úplice se e s cindió y el m onasterio q uedó solo para varones
estableciéndose las ca nonesas en los cercanos ce nobios de Brazac orta y Fresnillo”.
98
Este cambio pudo coincidir con el tr aslado de l a comunidad al monasterio actual 722 , que
se construyó gracias a la cesión que Alfonso VII hiz o de los terrenos en illo loco qui
vocatur Vide a D. Beltrán, obispo de Osma. Su sucesor los l egó a los pre monstratenses
y el re y confirmó la cesión al abad Domin go en 1152 723 , con la condición de que se
acogieran a la orden de san Ag ustín y se sometieran a la abadía de Retuerta 724 . Además
del término de La Vid, les cedió la villa de Cubillas con todos sus términos, montes, etc.
Alfonso V III también donó amplios territorios al monasterio, eximió a éstos de
portazgos y l es concedió pastos libres en todo el reino, coto y amparo 725 . Los privilegios
fueron confirmados por Sancho IV, Alfonso X I , J uan II, Enrique IV, los Re y es
Católicos, la reina Juana y Felipe II 726 .
Este cenobio y el de Retuerta, en la provincia de Valladolid, fueron las primeras
fundaciones d e la orden premonstratense en España. La creación del monasterio
burgalés se atribu ye a Domingo de Candespina 727 , hijo de la re ina Urraca, esposa de
Raimundo de Borgoña y en se gunda s nupci as de Alfonso I de Aragón. Do mingo estuvo
en Francia con San cho de Ansúrez, ambos fueron discípulos de San Norbe rto y en 1132
decidieron profesar en la orden en San Martín de L aón. Tr as concluir su formación
regre saron a Castilla, donde Domingo fundó el cenobio de Mont e S acro y Sancho el de
Retuerta 728 . El monasterio vitense contó con plena jurisdicción civil, algo inusual en los
monasterios de esta orden. Fue la casa madre de otras fundaciones burgalesas como la
de San Cristóbal de Ibeas de Juarros, S anta María de Bujedo de Cande pajare s, Santa
María Magdalena de Fuente de la Encina, los prioratos de Nuestra Señora de
Villapedro, Nuestra Señora del Coro de F resnillo de las Dueñas, etc. Tamb ién contó con
filiales en otras provinc ia s como Vizcay a , Ávila, Segovia 729 , etc.
En 1263 el papa Alejandro III tomó la abadía bajo su protección, protección que
reiteraron varios papas 730 . L a comunidad tuvo el apoyo de pe rsonalidades civiles y
eclesiástica s, entre las que destacan lo s obispos de Osma y los reyes Alfonso VII,
Alfonso V III y Sancho IV. El último monarca mostró una gran predile cción por este
monasterio, como reflejan sus nume rosas visita s 731 . L os premonstratenses, a su vez,
apoy aron al re y frente a las aspiraciones imperi ales de su padre 732 . Por la estratégica
ubicación del mon asterio a orillas del Duero y en la diócesis ox omense, este d ebió
desempeñar al gún p apel en la contiend a que enfrentó a Alfonso de la Cerda con su tío
Sancho por l a sucesión al trono. Fue en algunas plaz as sorianas donde Alfonso logró
hacerse fuerte c on la a y u da del monarca aragoné s y de varios nobles castellanos 733 .
722 Los autores sigue n al cronista Ber nardo d e León para hacer esta aseverac ión d e la que no existe b ase
docu m en tal. Ver: L EÓ N , B. de, 1626, lib. V , cap. II , m. s. Fue ab ad de La Vid entre 16 24 y 1627.
723 Z A MORA L UCA S , F., 1961, doc. núm . 1156. 4 de octubre. Carta de Alf onso VII, el em perado r,
confirmándoles pro piedades a La Vid.
724 V ALL EJO P ENEDO , J. J., 2001, pp. 213 -21 4.
725 R OJO , F ., 1966, p. 4.
726 L OPERRÁ EZ C ORVALÁ N , J., 1788 (1978), pp. 200-201.
727 Era her m anastro d e Alfonso VII.
728 L ÓPEZ DE G UERREÑO S A N Z , M. T., 1997 , t. I , p . 228.
729 L OPERRÁ EZ C ORVALÁ N , J., 1788 (1978), t. II , p. 202; M AN SILL A R EOYO , D., 19 86 b, pp . 3 50 - 353.
730 Archivo del Mo nasterio de La Vid, Cód ice n. 2, fols. 9 5, vtº 1 13. L ÓPEZ DE G UERREÑO S ANZ , M. T .,
1997 , t. I , p . 229 .
731 G UTIÉRREZ B AÑ OS , F., 19 97, pp. 3 7, 1 30, 131. Según este autor Sancho I V debió estar en La Vid en
1285 , 1288, 1289 y 1291, y con probab ilidad e n 1287 y 1290.
732 A RRANZ G UZMÁN , A., 1 983, t. I II , p . 200. Se creó una h ermandad entre cl uniacenses, bernardo s y
premonstratense s par a ap oyar a Sancho IV frente a s u pad re, d ebido al descontento q ue habían provocado
las aspiraciones i mperiales de Alfonso X; L INEHAN , P., 2004-200 5, p. 155.
733 D IAGO H ERNA NDO , M., 20 01, pp. 104 -10 7.
99
Un nuevo ejemplo de la predilección de S ancho IV por este c enobio es qu e solo
participase en la construcción de dos edificios, este y el de L a Hiniesta 734 . Existe un
documento de 1293, que confirma otro de 1288, del que se deduce que e l monasterio
acometió importantes ob ras de r emodelación, a las que contribu yó nuestro monarca con
ge nerosos donativos 735 . La s obras se prolongaron hasta 1318 736 .
Hubo donaciones posteriores, como la de Ma ría de Ochoa y Avellaneda en 1392,
quien dona al abad del convento de La Vid todos los bienes que poseía en Berlangas y
otros lugares para las ob ras y reparaciones de la edificación y para qu e rez asen por su
alma 737 . Esta don ación y otras que le suc edieron se realizaron para el manteni miento del
edificio, dado que la uniformidad arquitectónica de los restos conservados no admite un
período de ejecución tan amplio. La s obras concuerdan estilísticamente con los reinados
de Sancho IV y Alfon so XI 738 . L os escudos, q ue se distribuían por su iglesia y
testimoniaban el patrocinio real, d esaparecieron durante la última gran remodelación
que se acometió en la edificación en el siglo XV I 739 . La construcción de la nueva iglesia
fue financiada por Iñigo L ópez de Mendoza 740 , quien encarg ó un nuevo retablo a
Antonio de L ejalde. En el primer piso de la calle central se colocó a la Virgen de La
Vid, rodeada de pinturas realizadas en Nápoles y mandadas traer por el virre y Juan de
734 G UTIÉRREZ B AÑ OS , F., 1997 , p. 141.
735 Z AMORA L UCA S , F., 1 961, p. 7. Recoge una carta del 2 5 de abril 129 3, del r ey Sa ncho, en la que
confirma otra de 1 288, en la que otorgaba al aba d de La Vid y sus monjes “para la ob ra del monasterio de
la su iglesia [. ..]”; G UTI ÉRREZ B AÑOS , F., 19 97, pp. 1 31-132 . Data el primer docu m ento en 1288, por
coincidir con la estancia d el rey. La co ntribución de est e monarca vie ne reco gida en un documento
f irmado por su hij o Fernando I V en Medina del Ca mpo el 1 0 de junio de 13 02. “[...] por ffazer bien et
merçed al abba t d on Ga rçía del mo nesterio de Sa nta María de La V id et a lo s otros abbades qu e uernán
después d él et al con uento d ess e mismo monesterio et p orqu e en este mon esterio tienen ca pella nes çiertos
que ca nten missas por el alma d el rrey don Sancho, nu estr o pad re, que Dios perdo ne, et otrossí que
rrueguen a Dio s por la nu est ra vida et de la rreyna d oña María , nuestra madre, et de la rreyna d oña
Costança, mi muger [...]”.
736 L OPERRÁEZ C ORVALÁN , J., 17 88 (1 978), t. II , p. 19 1; M EN DOZA , J. A., 195 2, p. 297. “La ampliación
del monasterio co menzó en 1 288 y co ntinuó ha sta 13 18”; Z AMORA L U CAS , F., 1961 , p. 8. “A finales del
siglo XIII , Sancho I V, rey de Castilla, e xpedía en P alencia, a 2 7 de marzo de 1291, un privilegio
concediendo ciertas exenciones y franquieza s”; R OJO , J ., 196 6, p. 11; C A D I ÑAN OS B ARDECI , I., 1988, p.
22. “No deb ía pr esentar gran amplitud, ya q ue se dice q ue en 128 8 Sanc ho IV, ante el reducid o edificio,
inició su a m pliació n, cuyas ob ras fueron ter m inadas e n 1318”; Z APARAÍ N Y Á ÑEZ , M. J ., 1994, p. 40. “ En
1288 el rey Sancho IV favor ece el co m ienzo de las a m pliac iones con obj eto de llevar a cabo un co njunto
acorde a la im portancia y nec esidades d e la ab adía. El p royecto fue dilatad o y no concluyó hasta 1 318”;
L ÓPEZ DE G UERREÑO S ANZ , M. T ., 1997, t. II, pp. 256 - 257. “ En 1311, en tiempo s del Abad Juan,
comença ndo a reyna r don Alonso Onçeno se acabo la yglesia y cruce ro d e La Vid començad a en el
tiempo del rey d on San cho como vimo s y esto pa rece p or u n letro q ue esta en un a d e la s p aredes della y
que lo dice asi ”. Discrep a en la fecha del inicio de las ob ras, 1 286, tomando co mo referen cia La Crónica
General d el Orden Blan co escrita p or B. de León, f ol . 16.
737 L ÓPEZ DE G UERREÑO S A N Z , M. T., 1997 , t. II , p. 25 7.
738 G UTIÉRREZ B AÑ OS , F., 1997 , p. 132.
739 L EÓN , B. de, 160 7. Se custod ia en el monasterio d e La Vid , fol. 16. “[...] oy se ven en mucha s partes
del monasterio las a rmas rea les lo primero en una de la s bobedas de la yg lesia y en medio della, en e l
retablo del altar mayor qu e o y esta en e l ho spital, en lo s fronta les antig uos, en las pu ertas prin cipales de
la yglesia que se quitaron , en el b aculo an tiguo de marfil, y en lo s claustros y dormitorios antigu os [...]”;
Libro Becer ro del Monast erio de La Vid . Códice 2 . fols. 450 - 453. “ Despues siendo abbad
commend atario de esta casa el yllu strissimo y eminentissim o Señor Don Yñigo Lopez de Mendo za rep aro
lo mas del convento en que se quitaron l as armas reales qu e en el h avia propias d e este co nvento como
dize el mae stro Leon testigo de vista de algun as de ellas en los d espojos de las maderas antigu as y solo
qued o con castillo que la s dav a a en tender en un crucero de una nave que de la yglesia se ha derriva do ”.
740 Archivo del Mo nasterio d e La Vid, Códice 2, Libro B ecerro, fols. 450 -453 ; L ÓPEZ DE G UERREÑO
S ANZ , M. T., 1997, t. II , p. 258. “[... ] su capilla ma yor d onde estava colocada Nuestra Madre y patrona
titular Santa María de La Vid cu ias reliq uias de su retab lo están coloca das en el Hospital de este
conven to”.
100
Zúñiga , cond e de Miranda y mecenas del monas terio. El retablo permaneció sin dorar
hasta 1719, año en el que se procedió también al repolicromado de la image n 741 ,
policromía que aún c onserva.
Al cenobio se aplicaron dos desamortizaciones, la del trienio liberal y la d e
1835 742 . El edificio permaneció vacío hasta el añ o 1866, cu ando el padre Celestino
May ordomo obtuvo de la reina Isabel II y d el obispo del Burgo de Osma la propiedad.
Desde enton ces se ha d estinado a formar r eligiosos misioneros de la orden de S an
Agustín. Durante el pe ríodo que transcurrió entr e la desamo rtización y l a compra d el
edificio se produjo una pérdida importante de su patrimonio, que afortunadamente no
afec tó a la im agen en estudio 743 . Nuestra S eñora de La Vid continúa como titular del
retablo mayor.
4. 1. 4. 1. 2. 1. La devoción a Nuestra Se ñora de La Vid
La p resencia de l a escult ura en el altar ma yor refleja un culto continuado. Como
todas las imágene s a las que se pro fesa g ran devo ción, protagoniza varias le y endas. La
primera está r elacionada con su ap arición a Alfonso VII en el transcurso de una cacería.
La fuente más antigua es del siglo XVII 744 , pero s e sigue enriqueciendo h asta el siglo
XX 745 . La s egunda le yenda está relacionada con el arrepentimiento del noble Ramir
Flórez de Guzmán, quien cometería algunos des manes contra los premo nstratenses de
La Vid. La primera referencia está en el libro Imágene s de la Virgen María aparecidas
en España. Historia, Tradiciones y Leyendas , de J . Muñoz 746 . De esta le y enda se hacen
eco D. Jánariz 747 y J. A. Sánchez 748 .
Lo llamativo del relato es que alude a un personaje real, Ramir Flór ez de
Guzmán, quien rubricó u na escritura d e bienes raíces otorgada en 1346 al monasterio de
La Vid 749 . Anteriormente había protagonizado dos sucesos que perjudicaron al cenobio,
ambos relacionados con el municipio de Fuentelcésped. En el p rimero d e ellos Diego
Ordóñez había arre ndado la localidad en 1326 y construido allí una casa fuerte , que
posteriormente ve ndería a Ramir Flórez, noble que y a tení a numerosas posesiones en las
cercanías. Tuvo que intervenir Alfonso XI, en 13 47, para que derribara la casa fuerte y
devolviera al monast erio de La Vid el lu gar 750 . P reviamente Ramir había creado nuevo s
741 A HP B urgos. Pro t. 5295/3 . fols. 1 6 y s s. Conds. 8 -10; Z APA RAÍN Y ÁÑEZ , M. J. , 1994, p. 67; L ÓPEZ DE
G UERREÑO S A NZ , M. T ., 19 97, t. II , p. 241. “[...] se ha de dar el manto de buen azul, y se ha d e dar una
faja de pan y medio de ancha dor ada, y encima de dicho o ro se han de hacer unos cogollos diferentes bien
variados, según ar te, y en dicho manto se ha de hacer una tela d e o ro mate perfilada y r ealzad a, y en la
tunizela que sea de color ro sado se ha de hace r un grutesco y realzad o, dejando un a faja de oro q ue servirá
de or illa [...]”.
742 M ARTÍ NE Z D Í E Z , G., 199 6, pp. 461 -489.
743 Z A MORA L UCAS , F., 196 5, p. 305 . El órgano. “[...] No se hizo su d estino par a esta Colegiata, sino que
proced e de la Iglesia del Monast erio de La Vid, del orden premonstrate nse. Por los años de la
exclaustración fue llevado a la Colegiata de Santa María en Roa”. Sirva co mo eje m plo.
744 L EÓN , B. de, 1626 , lib. V , cap. II , m. s. Fra y Bernardo d e León fue abad de La Vid entre 1624 y 1627 .
745 A R GAI Z , G. , 1 675, t. II , fol. 652; N ORI E GA , J . E. de, 1723 b, Libro 17, fol. 2 16; M UÑO Z M ALDO NADO ,
J. (Conde de F ABRAQ UER ), 1861, t. II , pp. 349 -462; A CERO A BAD , N. , 1 901, p. 3 15; J A NÁRI Z I BÁÑEZ , D.,
1940 , s. p .; M ENDOZA , J. A., 19 52, pp. 288 -293; Z A M ORA L UC AS , F., 19 61, p. 6; C UENDE P LAZA , J.,
1992, p. 154.
746 M UÑOZ M ALD ONA DO , J. (Conde de F A BRAQ UER ), 1861, t. II , p. 3 54- 461.
747 J ANÁRI Z I BÁ ÑEZ , D., 194 0, s. p.
748 S ÁN CHEZ P ÉREZ , J. A., 19 43, pp. 436 -438.
749 G ARCÍA S ANZ , A., 1998 , p . 2 4.
750 C ADIÑA N OS B A RDECI , I., 1987, p. 243.
101
solares y realizado roturaciones en terrenos monacales, que serí an vendidos al cenobio
por 15.000 marave dís, suma nada despreciable que los premonstratenses aceptaron
pagar para no compartir el dominio de la locali dad. No s e li mitan a estos hechos las
extorsiones causadas a l os mostenses, Ramir Fl órez de Guz mán y su e sposa María
González de Haza solic itaron préstamos a judí os de Aranda y A y llón, ob ligando a los
vecinos de Fuentelcéspe d a ser los fiadore s. Como éstos no devolvieron el dinero la
responsabilidad recayó sobre ellos y nuevamente intervino el monasterio para h acerse
cargo de las deudas. Para poder librar a sus vasallos de la acción de la justicia abonaron
un total de 10.200 maravedís 751 .
Ramir Flórez es un noble bien document ado, figura en el Becerro de las
Behetrías como señor de varias localidades del entorno 752 y también se men ciona en la
Crónica de D. Alfonso el onceno 753 . Al i gual que otros nobles d e la época intentó
apropiarse de terrenos monacales 754 .
Dentro del interés por ensalzar a la im agen h ay que sit uar algunos relatos
legendarios, que recogen cómo varios rey es acudieron a rezar ante la Vir gen antes de
batallas importantes. Así, Alfonso V II oraría a ntes de la toma de Coria en 1124 y
Alfonso VIII antes de la conquista de Cuenca en 1177 y de la batalla de las Navas de
Tolosa en 1212 755 .
Al menos durante los sig los XVI y XVII el monasterio se erigió en centro de
devoción mariana y de pereg rinación 756 . Debió contribuir la fama de milagrosa de su
image n 757 y la conce sión de indulgencias plenarias a quienes visitaran el convento en las
festividades de Nuestra Señora 758 . La ven eración a la imagen en los pueblos cercanos
está re lacionada con l a espiritualidad de la orden premonstratense, en la q ue destaca la
devoción a la eucaristí a y el amo r a María San tísima 759 , que propa garon en aquello s
lugares donde establec ieron sus m onasterios.
A finales del siglo XV I contó con el especial patrocinio de J uan de Zúñiga y
Avellaneda , conde de Miranda y virre y d e Nápoles. Este importante noble ribereño
pidió al papa Clemente V II el privilegio de que los abades pudieran vestir las insignias
pontificales, como si de obispos se tratara 760 .
4. 1. 4. 1. 2. 2. Aspectos iconográ ficos y estilísticos
El estado de cons ervación de la escultura es excelente, porque siemp re ha estado
proteg ida en el int erior de la iglesia. Solo ha y pérdida de materi al en el atributo que
mostraba al Niño con la mano derec ha y en los relieves del aro de la corona, que se
eliminaron para facilitar la inserción de una metálica. También ha desaparecido la mano
izquierda infantil. L a policromía actual se aplicó en 1719, como se ha c omentado 761 .
751 G ARCÍA S ANZ , A., 1998 , pp. 26 - 27.
752 M ARTÍ NE Z D Í E Z , G., 198 1, t. II , p. 644 . .
753 C ERDÁ y R ICO , F. (ed.), 1787, cap. 77.
754 S ALA ZAR DE C AST R O , L. de, 1688, pp. 274 -275.
755 L ÓPEZ DE G UERREÑO S A N Z , M. T., 1997 , t. I , p. 230.
756 L ÓPEZ DE G UERREÑO S A N Z , M. T., 1997 , t. I , p. 234.
757 M ENDOZA , J. A., 195 2, p. 268; M A NSILLA R EOYO , D., 1986 b, p. 350;
758 Z APA RAÍN Y Á ÑE Z , M. J., 1994, p p. 42 - 43.
759 G AL M ÉS M ÁS , L., 199 6, p. 124.
760 L OPERRA ÉZ C ORVALÁ N , J., 1788, t. II , p. 19 8; Z APA RAÍN Y Á ÑE Z , M. J., 199 4, p. 43.
761 A HP Burgos. Pr ot. 5295/3. fols. 16 y ss. Conds. 8 -10 ; Z A PARAÍ N Y ÁÑEZ , M. J ., 19 94, p. 67; L ÓPEZ DE
G UERREÑO S A NZ , M. T ., 19 97, t. II , p. 241. “[...] se ha de dar el manto de buen azul, y se ha d e dar una
faja de pan y medio de ancha dor ada, y encima de dicho oro se han de hacer unos cogollos d iferentes bien
variados, según ar te, y en dicho manto se ha de hacer una tela d e o ro mate perfilada y r ealzad a, y en la
102
María está frontal. Sus o jos son grandes y almen drados, con la parte central del
párpado in ferior li gera mente resaltada. Marca las aletas d e la nariz y b ajo la barbilla se
aprec ia una pequeña papada. Con la mano izquierda sost iene al Niño por el homb ro.
Está hollando un dragón. El tema d e la Virgen ho llando al dra gón incide en el papel de
María como nueva Eva 762 , y en su relación con la escultura monumental, en la que su
presenc ia es habitual 763 . Uno de los p rimeros ejemplos está en la Vir ge n del parteluz de
la fachada o ccidental d e la catedral de Notre Dame de París, datad a hacia 1210 -1220.
En la provincia d e Burgos, ha y otra Vir gen sedente en el claustro de la iglesia de
Sasamón. La presencia del dragón en imaginería es escasa y suele limitars e a escultur as
de eleva da calidad 764 .
Lleva una corona con florones que rematan en pequeños picos. El velo es corto
sobre la frente, permite ver el cabello, en los laterales se ondula y se recoge por detr ás
de la espald a. El manto se tensa en torno al br azo derecho y cubre pa rte del p echo por el
izquierdo. Tiene un fiador circular. La túnica es de cuello ajustado y baj o el mismo se
distingue un broc he con forma de flor. Sobre los pies se crean dos pliegue s triangulares.
El Niño está sentado s obre la pierna izquierda de su madre, con el cuerpo
desviado hacia el lado derec ho. Su rostro es ci rcular y de ojos grandes, peina una
melena riz ada. Con l a mano derecha está en actitud de bend ecir. Flexiona las piernas, la
derec ha adelantada a la iz quierda, y los pies asom an desca lzos.
El manto tiene un fiador trian gular , bordea los brazos y cruza de izquierda a
derec ha sobre el r egazo, en un a dist ribución contraria a la mate rna. El drap eado se
distribuye de forma n aturalista. La túni ca muestra el escote ajustado y se ciñe a l a
cintura.
Son numerosas las referencias a Nuestra Señora de L a Vid, pero en pocas se
alude a ella por su int eré s artístico. L a primera es de J . L operráez, quien escribió en
1788: “La imagen d e Nuestra Señora en bulto, y d e bastante m érito, con l a
denominación de L a Vid” 765 . En 1901 N. Acero, a firmó que es buena t alla 766 . H. Ma hn
la mencionó junto a las Vírgenes d e Las Huel gas, Villadiego, Treviñana y Castrojeriz,
sin hacer un estudio de las mismas 767 . Para W. C ook y R. Gudiol forma un grupo con
las imágenes de Nu estra Señora del Ebr o, Gumie l de Hiz án y Leciñana, dentro de una
“tipología hierática románica” 768 . J . A. Mendoza se aproximó al momento hist órico al
señalar que: “Parece lógico admitir que al inaugurar en 1318 la Ig lesia pusi eron la nue va
estatua de la Virgen, que ya tendrían es culpida para tal fin en el altar ma yor” 769 . No se
le dedicó una atención es pecial en la obra de A. Durán y J . Ainaud 770 . En 196 6 F. Rojo
tunizela que sea de color ro sado se ha de hacer un grutesco y realzad o, dejando un a faja d e or o que servirá
de or illa [...]”.
762 Z AMBON , F., 1982, p. 55; A RA G IL , C. J., 20 05, pp. 82 - 85.
763 Po r ejemplo, pisa al dragón la Virgen Blanca d e León.
764 De una datación próxima a l a de La Vid e s la Virge n q ue se co nserva en el Schn ütgen Mu seum de
Colonia, nú mero de catálo go 35. También pisa al dragó n la Virgen de la Cal va de la catedr al de Zamora.
765 L OPERRÁ EZ C ORVALÁ N , J., 1788 (1978), t. II , p. 195.
766 A CERO A B A D , N., 1901 , p. 349 . “[...] esculpidas la s i mágenes co n muy b uena talla. El t ip o de Virgen
se apro xima al griego, más el color es trigueño y al go p arecido a Nuestra Señor a d e Guadalupe de
Méjico ”.
767 M AHN , H., 19 31, t. I , p. 62.
768 C OOK , W. W. S. y G UDIOL R ICART , J., 1950 (19 80), p. 342.
769 M ENDOZA , J. A., 195 2, p. 297.
770 D URÁN S ANPERE , A. y A INA UD DE L ASA RTE , J. , 1956 (198 0), p . 76. “Otra imagen d e la Virgen de
interés escu ltórico es la del m o nasterio de La Vid (Burgos), con policromía y coro nas ul teriores q ue
m odi fican b astante su aspecto o riginal, y a de suyo a vanza do e ilusionista. La plena corp oreidad de las
figuras, su rotu ndidad for m a l, nos parec en un p resentimiento d e las posibilidad es decorativas q ue había
de aportar el plateresco, hacie ndo d e u na e scultura del período gótico , ante tod o, una i m agen para el culto
y la devoción de lo s fieles”.
103
mencionó una im agen gótica 771 . I. C adiñanos ya con sideró a esta escultura como una de
las mejores de la provincia 772 ; posteriormente J. M. Az cára te incidió en su calidad
artística 773 y S . Andrés aludió a su gra n belleza para mencionarla 774 . En 1991 adscribí a
la imagen al grupo de las Vírgenes vas co-navarro-riojanas y apunté a un posible
patrocinio de Sancho IV 775 . M. J . Zaparaín corri g ió la arraigada c reencia de que la
policromía era del siglo XV I , al igual que las pinturas italianas del retablo, y l a dató en el
XVIII 776 . F. Gutiér rez dedicó un estudio minucioso a la imagen 777 . M. T. López se centr ó
en la policromía de la escultura, en su ubicación y en aspectos devocionales 778 . L. Laho z
la relacionó con la Vi rgen del parteluz de San Pedro el Viejo de Vitoria 779 . Solo A .
Franco señaló su posible vinculación con escultores de los talleres catedralicios d e
Burgos 780 . En el li bro sobre El monasterio de Santa María de La Vid. 8 50 años se
dedicó un capítulo a su titular, en el que l a relacioné con los talleres catedralicios del
claustro y las torre s y con las esculturas exteriores de Castrojeriz 781 .
La Virgen de La Vid pertenece, al igual que l a Vir g en de la Alegría de la
catedral burgalesa y la imagen sedente de Castrojeriz, a la tipología de las Vírgenes
alfonsíes, concretamente a su segunda v ariante. Esta ti pología se anal izará en un
apartado del ca pítulo dedicado a las Vírgenes sedentes 782 .
Desde el punto de vista del estilo, ya h e señalado las similitudes exist entes entre
la Virgen de la Alegría, la Virg en sedente de Castrojeriz y la Virgen de L a Vid.
Además, algunas características de nuestra imagen se aprecian en obras del taller del
claustro, como son: la forma del rostro, próxim a a la escultura d e la actualmente
identificada como reina Beatriz; el tratamiento del cue llo, que r emite a l as obr as
catedralicias y a las de Castrojeriz, esculturas e n las que los cue llos son larg os y
anchos 783 ; el remate en picos de los floron es de la corona de la Virgen, idéntico al de la
corona de Fernando III ; la distribución del manto, que se tensa en torno al brazo
derec ho, como sucede, pero con el brazo izquie rdo, en las esculturas de la portada
claustral y la pareja real; el típico plieg ue tri angular de l taller sobre ambos pies.
771 R OJO , F., 19 66, p. 4. “[...] extraord inariam e nte hermosa y a rtística i magen d e la Vir gen d e La Vid”. La
fecha en los siglos X IV o XV .
772 C ADI ÑANOS B A R DECI , I . , 1988, p. 31. “[...] perfecto tallado d e la estatua, de ac entuada b elleza en la
Virgen, convierte es ta i m a gen en una de las m ejores d e la provincia”.
773 A ZCÁRAT E R ISTO RI , J. M., 19 90, p. 188. “Por su belleza serena y majestuosa e s s ignificativa la
magnífica imagen del monast erio de La Vid (Burgos), con la que co m p ite e n bellez a la de l altar m ayor de
la cate dral de Toledo”.
774 A ND RÉS O RDAX , S., 19 91 b, p. 1 14. “Nuestra Señora de La Vid, pétr ea im agen gótica de gran belleza”.
775 M ARTÍ NE Z M ARTÍNEZ , M. J., 1 991, pp. 151 - 153. “Vírgenes de tipo vasco -navarro -riojano. A este
grupo so lo p ertenece la Virgen de La Vid . […] La i magen estilística mente re sponde m ás al perío do de la
ampliación de Sancho IV, y su categor ía artí stica bien pued e d eberse al p atrocinio r eal; es una d e las
mejores escultu r as góticas de la provincia. Lo que no descarta la existencia de u na imagen r o mánica
anterior desap arecida […] ”.
776 Z APA RAÍN Y Á ÑE Z , M. J., 1994, p p. 42 - 43.
777 G UTIÉRREZ B AÑ OS , F., 1997 , pp. 115 - 122.
778 A nivel artí stico L Ó PEZ DE G UERREÑO S AN Z , M. T., 1 997, t. I , p. 2 41. “En el p rimer, en la hornacina
central, se e ncuentra la talla e n piedra d e Nuestra Señora de La Vid, cuya cr onología está en tor no a 1 275,
con el Niño sobr e su rodilla izquierda, un dragón bajo sus pies y un ramo de vid en su mano d erecha”.
779 L AHO Z G U TIÉRREZ , L., 199 9, p . 6 3. “A u n pri m er i mpulso se debe la Virgen y el Ni ño; l a Virgen d e la
Regla leonesa facilita la plantilla, a unque en su ej ecución dec iden aires bur galeses, especial m ente la
imagen de La Vid. Hacia 1325 -133 0 resulta una fecha apr opiada en r elación con la cr onología d e sus
compañeros; po r el contrario l a historiografía tradicio nal ha tendido a adelantarla hacia 1300” .
780 F RANCO M ATA , M. A., 1998 b, p. 350 . “En mi opi nión, el ro stro recuerd a más de cerca la Virge n d el
relieve del J uicio Final del claustro y de otras obr as del mismo artista dise minadas por el claustro”.
781 M ARTÍ NE Z M A R TÍ NEZ , M. J ., 2004, pp. 256 - 266.
782 5.6. 2.2.6.
783 Po r ejemplo en la Anunciación de la portada del claustro y en la reina Beatr iz, entre otras.
104
Una vez establecida la vinculación de la ima gen v itense con el taller del claustro
y las torres, queda por aclarar cómo lle gó la escult ura al mon asterio o quién pudo ser su
mecena s. En 1991 consideré que podría tr atarse de una donación de Sancho I V 784 .
Existen varias circunstancias que a puntan a su mecenazgo: sus frecuentes estancias en el
monasterio 785 ; el apo y o de los premonstratense s a Sancho frente a su pa dre 786 y su
contribución a las obras monacales, como se ha mencionado, en las que se aprecia la
influencia de l a catedral burgalesa. Es lóg ico pensar que si el re y había sufragado la
construcción d el nuevo edificio, también pudiera ser el mecenas d e la nu eva ti tular 787 .
Sobre su posible mecenazgo incide, además de lo expuesto, que no sea la única obra que
nuestro monarca encargó al taller del claustro y las torres para otro enclave. La escultura
del re y situado en el pilar del alfaquí de la ca tedral toledana, lu gar don de se ente rró
nuestro monarca , también es una realización de este taller. Esta imagen se relac ionó
pronto con la escultura monumental burgalesa 788 . Se produce un a nueva c oincidencia.
Desconozco si relacionada con Sancho IV o ajena a él, con la Vir gen del altar ma y or de
la catedral de Toledo, que al igual que la escultura monacal es la ti tular del retablo
mayor y pertenece a la ti pología de las Vír g enes alfonsíes. Nuestro monarca mostró
preferenc ia por esta tipología, como puede verse en la mi niatura del privilegio rodado
de 1285 789 .
Considero que la Virge n de La Vid se esculpió después de la Vir ge n de la
Alegría y d e la Virgen s edente de la portada occidental de Castrojeriz. Su datación se
podría acotar a las décadas finales del si glo XIII , entre 1285 y 1290, coincidiendo con las
visitas de Sancho IV a l monasterio y el inicio de la remodelación del mismo.
4. 1. 4. 1. 3. Nuestra Señora de los Remedios
Es una escultura sedente realizada en piedra c aliza 790 . Estuvo en el arco de
entrada al claustro viejo, como mínimo hasta 160 2 791 . Desde allí se t rasladó a la capilla
de la S anta Cruz, que pasó a denominarse capilla de Nuestra S eñora de los Remedios 792 .
Así se refleja en un acuerdo de 1631 por el que s e encarga la policromía y el dorado d el
retablo de Nuestra Señora de los Remedios, situado en la capill a del mismo nombre 793 .
784 M ARTÍ NE Z M A R TÍ NEZ , M. J ., 1991, p. 151.
785 G UTIÉRREZ B AÑ OS , F., 19 97, pp. 3 7, 1 30, 131 . Según este autor Sancho IV deb ió estar en La Vid en
1285 , 1288, 1289 y 1291, y con probab ilidad en 1287 y 1290.
786 A RRA NZ G UZMÁ N , A., 19 83, t. III , p . 200.
787 M ARTÍ NE Z M A R TÍ NEZ , M. J ., 2004, p. 270.
788 Este aspecto ha sido estudiado por G UTI ÉRREZ B AÑOS , F., 199 7, pp. 175 -180.
789 Ibídem , p. 120.
790 A MAD OR DE LOS R ÍOS , R., 18 88, p. 5 11. “Apellidada Nuestra Señor a d e lo s Re m edio s, tallada e n
madera”.
791 A MB Actas 16 02, fol. 32 4 y 238 ; A HCB , V 19, fols. 827 -854. En este d ocumento se e specifica que e n
1602 la escultura de Nuestra Señora de lo s Rem ed ios se venerab a en el arco de entrada del claustro viejo;
I BÁÑ EZ P ÉREZ , A . C., 1990 , pp. 387 - 388.
792 A HCB , V 64 , fs. 52 4 -526; C ASTILL O P ESQUERA , F., 169 7 (194 6), p. 80 . “Capilla d e los Remedios [... ]
llamada así por una S a ntísima Imagen q ue se venera enc ima d e la puerta por la parte de d entro”; D OTOR
M UNI C IO , A., 192 8, p . 18 2. “Un d ocumento de 1285 m encio na había en este sitio una ca pilla dedicad a a
la Santa Cruz. Desp ués en el s . XVII , co menzó a titularse de los Re m edios” ; H U I DOBRO S ERNA , L., 1 949 f,
p. 80. “A co mienzos del s. XVII co menzó a lla m arse d e lo s Remedios, título de la Santísima Virgen p uesta
en el tímpano del arco de entrada”; L ÓPEZ M ATA , T ., 1950, p . 149. Existe un d ocumento d e 1631 por el
que se encarga “pint ar y dorar el retab lo d e Nuestra Señora de lo s Remedios destinado a la ca pilla del
mismo nombre”; I GL E SIAS R OUCO , L. S., 19 90, p. 542.
793 A HCB , 64 V, fols. 5 24 -526. En este do cumento se recoge el acuerdo entre J uan R uiz de Alm a nsa,
canónigo, y Juan de Castro , pintor y d orador, en virtud del cual dicho canónigo se co mpro m ete a pagar
105
La últim a mención a la capilla bajo su advocac ión es del año 1766 794 . En 1787 se
conocía como capilla d el S anto Cristo 795 , que es la denominación actua l. Mado z
escribió, en 1849, que la imagen estaba dentro de una urna en el arc o interio r de la
portada de la capilla del Santo Cristo 796 , lugar que sigue ocupando, pero sin urna [ cat .
núm. 043].
Son numerosos los testimonios que reflejan su importancia devocional. En unas
escrituras firmadas en 1609 se recoge l a c esión y tr aspaso de los censo s de Bernal de
Olivares, cabezalero de Juan de Torres y me rcader de paños y sedas de esta ciudad, al
cabildo para la memoria de misas que fundó J uan en el altar de Nuestr a S eñora de los
Remedios 797 . En el manuscrito de M. Prieto, de 1639, puede leerse: “devo ción
tienensela los de la ciudad, y los de la comarca acuden a rezarla” 798 . En el manuscrito de
A. Castillo Pesquera, d e 1697 , consta: “con qu ien toda esta ciudad tiene mu y g ran
devoción” 799 . El arzobispo Manuel Francisco N avarrete con cedió una indul gencia, en
1705, a aquellos que rezasen el rosario ante la im ag en 800 . En varios documentos d e l
siglo XVIII consta como algunos cargos cated ralicios señalaron su interés por ser
enterrados en la capilla de la Virge n de los Remedios 801 .
La imagen tuvo fama d e milagrosa entre los burgaleses 802 . En el Archivo de la
Catedral están document ados dos milagros, el primero en 1602, cuando el cabildo dio
por probad a la curación milagrosa de M aría de la Torre, criada de Ana Ar ana y n atural
de la localidad de C astrillo del Val, y acor dó l a celebración de una procesión y un
sermón 803 . El segundo es del año siguiente, según los autos sobre la verifica ción del
milagro de María Sáenz de la Maza, vecina de Santa Marina de la Junta de Trasmiera 804 .
Entre los si glos XVII y XIX exist ió una tradición muy arrai ga da, por la que se
identificaba a la Virgen de los Remedios con la Virgen de O ca. Se cre ía que cuando se
trasladó la primit iva sede episcopal de Oca a Burgos, en 1074 805 , también se desplazó la
image n 806 .
2.00 0 reales por p intar y dor ar el retablo d e Nuestra Se ñora d e los Remedios situado e n la capilla del
mismo no m bre de esta iglesia; se i ncluyen las co ndicione s del acuerdo, algu n a d e ellas ratif icadas por
Do m i ngo de Vallej o, arquitecto y ensamblad or de d icha iglesia.
794 A HCB , 55 V, fol. 796 - 798.
795 A HCB , 135 L IB , fol. 3 80. En este documento de 17 87 se menciona una capilla d el Santo C risto.
796 M ADOZ , P., 1849 b, p. 550. “Sobre el ar co de entrada por la parte interior se halla una imagen de Ntra.
Sra., que titulan de lo s Remedios co locada en una urna, á la verd ad bien po co digna de cubrir la escultura
que dej a verse en parte p or los resquicios de la madera”.
797 A HCB , fols. 630 -636 v.
798 P RIET O , M., 163 9, t. II I , p. 1 84.
799 C ASTILL O P ESQUERA , F. A., 16 97 (1946), p. 80.
800 A HCB , V. 19, fols. 900- 901.
801 A HCB , 104 L IB , fol. 385. En 17 11 Lorenzo Conde, m aestro de cer em o nias, seña ló querer ser enterrad o
en la capilla de Nuestra Seño ra d e los Remed ios; 106 L IB , fol. 217, en 1 773, Antonio Iñigo Angulo; 106
L IB ., fol. 217, en 1733 el racionero Juan Velasco ; 106 L IB , fol. 205, en 1742 el s ochantre Ma nuel
Monto y a ; 106 L IB , fol. 202, en 17 43 el canónigo Juan C antón Salazar ; 106 L IB , fol, 192, en 17 44 el
canónigo Gaspar de Ahedo.
802 P R I ETO , M., 1639 , t. III , p . 1 84. “Esta santísima i magen d e poco s año s ha hec ho algu nos milagros
reconocido s, que el cabildo de San ta María ha c uidado de calif icarlos”.
803 A HCB , V 19, fols. 8 27-854; AMB, Actas 1602, fol. 3 24 y 23 8; I BÁÑ EZ P ÉREZ , A . C., 1990, p. 3 88.
804 A HCB , V 19, fols. 8 55- 899.
805 S ERRANO P I NED A , L., 1934 -1936 , pp. 129 -190.
806 P RI ETO , M., 163 9, t. III , p . 1 84. “Algunos e stán p ersuadido s de que esta sa ntísima imag en fue la que
estuvo e n la ci udad de Oca, y andu vo con los ec lesiástico s y obispo s e n todas las per egrinaciones […]
persuadirnos q ue esta no fue la d e Oca […] que es de piedra y q ue sería i mposible que lo s fieles
anduviesen cargado s con ella por los caminos. Per o no b aste esto a la carga de Dio s y de su madre que se
quiere tanto sie mpre es ligera […] a los ecle siásticos d e Oca co n otro obispo cargasen c on esta imagen
aunque f uese de piedra” ; M ARTÍ NEZ S A NZ , M., 18 66 (1983), p. 1 69. Solo se hace eco d e la tradición,
112
concre tando que la escultura ornamental del sepu lcro se realizó en torno a 1265 -1270,
por un taller o parte del mismo que trabaja en la catedral 841 . Yarza lo considera obra de
escultores del claustro catedra licio 842 al ig ual que R. Sánchez 843 .
El Crucificado es una las pocas esculturas tipo de la provincia de Burgos 844 ,
cuy o radio de influencia alcanza la provincia limítrofe de Palencia 845 .
Considero que varios estilemas del taller del claustro y l as torres están presentes
en el Calvario. Éstos son: el rostro redondeado de María, con una pequ eña papada; su
pierna derecha flexionada y d esplazada ha cia el exterior en forzado contrapposto ; los
extremos de los pies sobresaliendo de la peana; el canon co rto, fomentado por la
indumentaria que envuelve a los cuerpos en pesa das telas; el re mate de la mang a
derec ha de la túnic a mariana, qu e muestra tres pliegues sim étricos, como los de los
ángeles de la balaustra da catedralicia y la Anun ciación de Castrojeriz.
También aprecio sim ilitudes con la portada de Sasamón. Los ceños fruncidos,
que dan a los rostros de María y J uan una expresión dolorosa, no están presentes en las
obras del taller del claustro, tampoco el cabello rematado en bucles d el Crucificado. S in
embargo, en al guna s esculturas de la fachada se gisamonense los cabellos se rizan y se
vacían por el interior del bucle, con un v alor plástico que ti ende al preciosismo. A
diferencia de estas esculturas, donde el jue go del claro-oscuro se ex tiende a la barba, en
el Crucificado se limita al bucle que cae sobre el pecho en el l ado iz quierdo. La melena
de Juan remata en riz os, sim ilares a los de un apóstol del dintel. Las tres esc ulturas
coinciden nuevamente co n el apostolado del dintel en el nacimiento del ca b ello sobre la
frente, muy ba jo, obligando a reducir el tamaño de la misma 846 .
Considero que en el Ca lvario conviven estilema s del taller del claustro y las
torres de la catedral y de l taller de la fachada de Sasamón. El Calvario se pudo realizar
después de las es culturas catedralicias, lo qu e ex plicaría la presencia d e un estilo más
evolucionado, y antes que la por tada de Sasamón.
Para la datación del sepu lcro se ha tomado como referencia el año en qu e murió
el infante, 1275, por lo que su ejecuc ión se r ealiz aría en una f echa próx ima, entre 1275
y 1280 847 .
idealizada men te hermosos, el n uevo co ncepto de espiritualid ad y de la p lástica que lo materializa e n
imágenes durante la ép oca del gótico”.
841 A BEGG , R., 19 99 b, p. 82.
842 Y ARZA L UACES , J., 2005 , p. 24.
843 S ÁN CHEZ -A MEIJEI R AS , R., 2008 , pp. 260 - 261.
844 M ARTÍ NE Z M ARTÍN EZ , M. J ., 2 002, p p. 1 95 -196. Sirvió de modelo a los Cruc ificados d e la capilla de
San Juan y sala cap itular de Las H uelgas y al Cr ucificado de Cilleruelo de Abaj o, Olmillos de Muñó e
Iglesias.
845 H UERTA H UERTA , P . L., 199 9, pp . 73 -74. Lo relaciona co n el Cal vario de Villarcázar d e Sirga y el
Cristo de las B atallas de la c atedral palentina, así co mo co n un Cristo de La V id de Ojed a en Palencia,
sobre to do, por el tratamiento de la ca beza.
846 Ibídem , p . 74, n. 7. E ste auto r también vio cierto p aralelis m o e n el trata miento del ca bello entre el
Cristo de Fernando de la Cerda y la portada de Sasamón. “En esta mis m a l ínea se manifiesta el p arecido
existente entro los ritmos o ndulantes descr itos por el cabello y la barb a del Cristo palentino y los del
Pantócrato r de la portada d e San ta María la Real d e Sasamó n (Burgos)”.
847 A RA G IL , C. J., 1 994, p. 276; A BBEG , R, 19 99 b, p . 8 2. Da co mo fecha de ej ecución los años q ue
transcurren entre 12 75 y 12 79; H UERTA H UERTA , J . L., 1999, pp. 73-74 ; G UTI ÉRREZ B AÑOS , F., 2005 , t. I ,
pp. 440 , t. II , pp. 73 - 74. “Según la Crón ica de A lfonso X , a este in fante don F erna ndo leuáro nlo a
enterrar a Las Huelg as de Burgos, ca allí auía él escogido su enterramien to. Et don Juan Nún nez fu e con
el cuerpo del infan te don F ernando a lo fazer en terrar , lo que apunta a una in mediata monu m e ntalizació n
de s u entierro”; Y A RZA L UA C ES , J ., 2005, p. 24. “En conjunto, co nsidero que su fecha no pasa el 130 0”.
113
4. 1. 4. 1. 7. El Descendimiento de Las Hue lgas
El Descendimiento del monasterio de La s Huelgas es el único grupo q ue se
conserva completo en la provincia de Burgos. Corona el retablo del coro de la i glesia
monacal [cat. núm. 061], a donde se desplazó des de el muro oriental del mi smo, según
H. Mann 848 , en el que había un altar de dicado a la Santa Cruz en 1279 849 .
La comunidad le profesaba y profesa un a gran devoción 850 . Esta sit uación se
reitera en otro s monasterios femeninos que conservan grupos del Descendimiento. Es en
los cenobios femeninos, o enclave s relacionados con ellos, donde se deposita el may or
número de esculturas 851 . No se han inventariado im ágene s en monasterios masculinos,
ni tenemos constancia de que las hubiera.
El estado de conser vación de las tallas es excel ente. Antes de la restauración
solo se apreciaba pérdida de material en el dedo pulgar de la mano izquierda de
Nicodemo, restituido. La policromía original queda visible en el perizoni um de Cristo,
decora do con el escudo de Castilla inserto en estre llas de ocho puntas, y en la túni ca de
María, con castillos que no se insertan en estrellas. También está decorado con castillos
el paño de pureza del Crucificado de la capilla de S an Juan 852 .
La decoración heráldica es habitual en el arte medieval, se propagó por las telas
que se empleaban para la elaboración de prendas de vestir 853 . En Castilla adquirió un
gran desarrollo desde principios del siglo XIII , dentro de la reiteración que caracteriz a al
gusto mudéjar 854 , no solo en los tejidos 855 , también en muebles, suelos cerá mico s,
artesonados y objetos suntuarios. Para R. Domín guez C asas: “En Españ a nunca dejó d e
tener un carácter familiar, razón por la cual siempre se repite un mismo escudo y, como
mucho, dos o tres diferentes, que son emblemas de un mismo linaje” 856 .
Con la excepción del p año de pureza y d e la t única de M aría, l as imá ge nes
conserva n el repolicromado del siglo XV II , cuando se desplazaron al enclave actual 857 .
La colocación de las figuras no coincide con la original, porque J uan, María y
Nicodemo están más bajos. La Vir gen no puede s ujetar el brazo des clavado de su Hijo.
Nicodemo no llega con su mano iz quierda al b razo iz quierdo de Jesús, ni con la d erecha
a quitarle e l clavo de la mano con las tenazas. Juan estaría a la misma altura que María.
La Virgen se sit úa a la dere cha de J esús y de J osé de Arimatea. S u rostro es
alarga do y d e frente amplia. Los ojos tienen el párpado inf erior r ecto y su extremo
orientado ligeramente hacia abajo, lo que unido al arqueo de las cejas confiere un a
expresión dolorosa al rostro. L a nariz es ancha y la ba rbilla fina, re mata en una
horizontal. Coloca ambas manos para poder sujetar la mano desclavada de su Hijo. Gira
la pierna derecha en forzado contrappos to y so bre ella se concentra el drapeado del
manto.
848 M AHN , H., 19 31, p. 68 .
849 E SPA ÑOL B ERTRÁ N , F., 2004, pp . 511 -554.
850 M AHN , H., 19 31, p. 68 .
851 S CH IL LER , G., 1 966 , t. II , p. 149; B ERGMA NN , U., 1 989, n. 8 3, p p. 305- 307. “Ikonographisch parallel
ist die Darstellung d er Kr euzanna gelung Cristi durch d ie T ugenden, die in der 1. Hälfte des 13.
Jahrhunderts au fkommt, und, aus d er mystichen Frö mmigkeit des 13 . u nd 1 4. Jahrhunder ts heraus z u
verstehen, meist in U mkrei s von Fraue nklöstern Verbreitu ng finde”.
852 Sob re la p resencia de los ca stillos en la heráldica p eninsular ver G UTI ÉRR EZ B AÑ OS , F., 2005 , t. I , p p.
159 - 163.
853 F RAN CO M ATA , M. A., 1998 b, p . 59.
854 M ENÉNDEZ -P IDAL DE N A VASCUÉS , F., 2000, p. 73.
855 S AST RE A RRIBAS . M. J ., 1990, pp. 21 - 29.
856 D OMÍNG UE Z C A SAS , R., 200 1, p. 243.
857 Y ARZA L UACES , J., 2005 , p. 24.
114
José de Arimatea está a l lado derecho de J esús, de perfil y sostenie ndo su
cuerpo. Los ojos tienen las pupilas finamente talladas y l as narices s on largas y
ag uileñas. El labio superior está arqueado y e l in ferior, más grueso, se m antiene en la
horizontal, la boca se muestra un poco abierta. El flequillo apenas asoma b ajo el bonete,
los mechone s adoptan formas zigzagueantes has ta la altura de la sien y desde allí el
cabello se desplaza hacia atrás. Con ambos braz os bordea el cuerpo de J esús por la
cintura. Los pies está n paralelos y a la misma altura. Viste con bonete, manto y túnica.
Jesús se ha tallado a un a escala superior. Desvía el cuerpo hacia el l ado derecho,
porque la mano derecha ya está desclavada. La cabeza gira h acia el mis mo lado y se
inclina suavemente. Entorna los ojos y arquea l as cejas, d ando la s ensación de que el
ceño está fruncido, sin que esto suceda. La nariz es de aletas estrechas y los labios de
reducido tamaño. Destacan los pómulos. P eina una melena lar g a distr ibuida a dos
bandas, que se recoge por detrás de la espald a y d eja v er las o rejas. El cabello s e ha
trabajado en p equeños mechones ondulados. La barba es terciada y r emata en dos
bucles. El bigote se une en sus extremos a la barba.
La mus culatura de los brazos solo está insinuada y las manos muestran los dedos
extendidos. En el tórax destacan la clavícula, el esternón y la transición epigástrica, se
aprec ia el su ave t allado de las costillas y el abdo men lobul ado. El perizonium tiene el
drapea do m ás rico de to do el grupo, cruza en la z ona central sin anudar, la tela que
procede del lado d erecho oculta a la que viene de la p arte izquierda. Los pies se
mantienen en la vertica l y paralelos, porque y a ha n sido desclava dos.
Nicodemo está de p erfil al espectador, a la izquierda del Crucificado. Se asemeja
a la escultura de José de Arimatea en el p erf ilado de las pupilas, el tallado de la na riz y
el arr anque de la barba, así como en la distribución del cabello sobre las orejas. Marca
la s sienes y el arco superciliar. L a melena es larga y ondulada. El bigote no se suma a la
barba, e sta remata en bucles.
Viste con túni ca y c amisa. La túnica tiene unas bocamangas an chas y en t orno al
ceñidor de correa l a tela se frunce, formando fin os plie gues verticales qu e delatan l a
delgadez del tejido. De la ca misa solo se aprecian las bocamangas.
Juan está a la izquierda de Nicodemo, con el cuerpo frontal. Adopta la misma
posición que en un Calvario. L os rostros de Jesús y Juan se asemejan en el talla do de los
labios y de la nariz. Peina una melena corta a la que se ha otor gado un mayor volum en
en los extremos. L a fre nte es estrecha, como en la mayor ía de las figuras. L as cejas
están arqueadas, los ojos tienen los párpados tallados, y la nariz es fina y alargada. Los
labios están entreabier tos. L a barbilla y el ment ón reiteran la forma de los de María.
Apoya el rostro en la m ano der echa , en señ al de duelo 858 y desvía el cuello hacia el
mismo lado. Con la man o iz quierda sostiene el li bro. Las piernas están paralelas. Viste
con manto y túnica.
Se ha clasificado a los grupos del Descendimiento en tres variantes: la castellana,
la catalana y la italiana 859 . El de La s Huelgas perten ece a la primera, porque Cristo ti e ne
la mano derecha desclavada y la izquierda su jeta a la c ruz. María sostiene la man o
desclavada de Cristo y Nicodemo arranca el clavo de su otra mano. J esús se talla a una
escala superior. La iconografía de los Des cendimientos se ha abordado en un apa rtado
independiente 860 , en el que se estudian otros asp ectos de este Descendimiento como la
altura de las f iguras o su colocación, por ser un grupo de referencia.
858 M I G UÉLEZ C AVERO , A., 2010, p. 28.
859 El primer autor que clasificó los Descendi mientos lígneos medievales fue S CHÄLICKE , B ., 1975. Solo
hay una di ferencia res pecto a su clasi ficación -desce ndimientos catala nes, hisp ánicos e italianos-, he
cambiado la denominación de hispá nico por castellano. M ARTÍNEZ M A R TÍNEZ , M. J., 2007, pp. 101 -107.
860 Apartado 5. 3.
115
Varios autores ha n relacionado al grupo mona cal con talleres activos en la
catedral bur ga lesa. H. Mahn no estableció una conexión directa con el edificio
catedralicio, pero apreció paralelismos con las esculturas de C astrojeriz, que y a h abía
vinculado a maestros catedralicios 861 . J . M. Az cára te percibió ecos de la fachada de la
Coronería en las figuras de la Virgen y José de Arimatea, el resto “de ej ecución más
arca izante” 862 . P. Williamson señaló la influencia del taller de l a portada del claus tro 863
y J . Yarza, ad emás de con esculturas d e la portada, vio s emejanzas con las del
claustro 864 .
J. Yarza consideró qu e “todas las figuras se de ben al mismo artis ta” 865 . Sin
embargo, creo que algunas imágenes acusan la influencia del taller del claustro y otras
son obra de alguno de sus artífices. La influencia del taller queda patente en María, con
la pierna derecha flex ionada y d esviada hacia el exterior en forzado co ntrapposto , se
diferencia de las esculturas catedr alicias en el tallado del rostro . Son obras de un
escultor c atedralicio las cabezas d e Nicodemo y José de Arimatea, muy s imilares a las
de David e I s aías de la portada y a algunas cabez as de santos del c laustro. L a actuación
de otro escultor del claustro se apr ecia en la forma del rostro de Jesús, semejante al de
varias figuras del tímpano de la por tada.
El Descendimiento se pudo tallar en el mismo período que se realizó la
decoración escultórica del mon asterio o después 866 , aproximadamente entre 1265 -128 0.
Inciden en esta datación las característica s anatómicas de Cristo y la moda que refleja la
indumentaria de las otras imáge nes, así como su vinculación con el taller del claustro.
4. 1. 4. 2. Esculturas influenciada s por el taller del claustro y l as torres
He creado un apartado independiente, respecto a las esc ulturas del epíg ra fe
anterior, para abordar el estudio de aquellas im ágenes que acusan la influ encia de este
taller, pero su vinculación con el mismo no ha quedado suficientemente demostrada.
861 M AHN , H. , 19 31, t. I , p . 68 . “Eher als mit der Kreuzigun g in derselbe m Kirche erscheint die
Kreuzabnah m e in den For men m it d er Verkündigu ng von Castro geriz verwandt”.
862 A ZCÁ RATE R ISTO RI , J. M., 19 90, pp . 188 - 189. “Obra maestra y aj ena por completo al carác ter de
imagen popular q ue tiene n la m ayoría de estas re presentacio nes, es e l magnífico grupo del
Descendimie nto sob re el cerra m iento de la nave central del m onasterio de Las H uelgas, en que e s
evidente el recuerdo d el m ae stro d e la Coro nería, tanto en l a figura de la Virgen como en la de José de
Arimatea, m ientras las otras figuras resp onden a un esti lo más arcaizante, en espec ial la alargada imagen
de Cristo”.
863 W ILLI A MSON , P., 199 7, p. 352. “En Burgos es prob able que se e mplearan mie m b ros del taller de la
catedral en el con vento rea l de Las H uelgas. [. ..] y c ab e atribuir la her m osa depo sición de la Cruz d e
madera pintada colocada sob re el altar, al taller de la p or tada del claustro. Libre de las limitaciones
arquitectónicas los esc ultores lograron cr ear u na obra de arte d e gran p atetismo digna de su
emplazamie nto rea l”.
864 Y ARZA L UACES , J ., 2 005, p . 2 4. “Desde una per spectiva estilística se ap roxima a la p lástica burgale sa
contemporánea y e n especial la q ue se inicia co n la puerta del transepto sur de la cated ral de paso al
claustro y parte d e la escultura d el p ropio claustro”.
865 Ibídem , p. 24.
866 G ÓMEZ B ÁRCENA , M. J., 1 988, p . 1 98; A BEGG , R., 1999 b , p. 82 . Ambas relaciona n la decoració n
escultórica con el taller catedr alicio.
116
4. 1. 4. 2. 1. La portada de Santa María la R eal y Antigua de Gamonal y la
Anunciación de su interior
El grupo lígneo de la A nunciac ión está sobre dos ménsulas situadas en el muro
septentrional de l a i glesia [cat. núm. 051] . Anteriormente se colocó en el acceso a la
sacristía, desc onozco cual pudo ser su ubicación originaria.
No se c onservan documentos sobre la construc ción del templo. En base a la
morfología arquitec tónica y la presencia en el dintel de su portada occidental de los
escudos de Miguel Esteban del Huerto del Re y , s e ha datado en el último tercio del si glo
XIII 867 . Este donante fund ó, junto al almirante Bonifaz, la cofradía de Caballeros
Merca deres d e Santa Ma ría la Real de Gamonal 868 , a la que pertenecían las familias de
la oligarquía ciudadana.
El estado de conserva ción de las tallas es excelente, aunque ha desaparecido el
libro que sujetaba María con su mano iz quierda y el bastón de mensajero q ue sostenía el
ángel con la misma mano. L as man os de ambas e sculturas pueden se r un añadido
posterior o l as ori ginales vueltas a insertar, porque se aprecian alteraciones en la unión
con los brazos. S u colocación en unas urnas situadas a gran altura dificul ta un estudio
más detallado. En el repolicromado se aprecian algunas lagunas.
La composición de la e scena f acilita el contacto visual entre las figuras. María
gira el cu erpo hacia la derecha, donde está el ángel, y este hacia ella. Los rostros de
ambos se asemejan, tienen forma ovalada, frentes amplia s y ojos almendrados, destacan
los párpados. En la fina barbilla se aprecia un hoyuelo. El cabello se distribuye a dos
bandas, está trabajado en gruesos mechones que rematan e n bucles.
María cubre su cabeza con un velo que se ajusta a la frente y envuelve los
hombros. Por el lado derecho el manto asoma desde la cintura hacia el lado iz quierdo,
por este lado bo rdea el brazo y cae recto. L a sobretúnica es de cuello circular ajustado,
sus bocamanga s r ematan en un rectángulo, como las del ángel. Debajo de las
bocamanga s de la sobret única se aprecian las de l a túnica, y bajo estas las de la camisa.
Los zapatos son a puntados.
El manto de Gabriel deja visible casi toda la parte frontal de la túnica, cae por la
parte exterior del brazo derecho y por el izquierdo cub re el br azo, el ex tremo se recoge
bajo el mismo. Escasea el drapeado y en los extremos forma pliegues zigzagueantes. La
túnica es holgada, de cuello circular ajustado, y las amplias bocaman ga s tienen forma
rectang ular. La camisa solo se percibe bajo las boc amangas de la túnica.
La Anunciación está entre las imágenes góticas bur ga lesas más divul g adas,
debido a su participación en numerosas ex posiciones y a su inclusión en publicaciones
dedicada s a la i glesia o a la escultura gótica burga lesa 869 .
La iconografía de la Anunciación y su relación con la litur gia romana e
hispánica se han analizado en el apartado des tinado a las representaciones de la
Anunciación 870 . Ex isten dos variantes iconográficas. En la primera, a l a que se adapta
este grupo escultórico, María s ostiene en la mano izquierda un libro, misal o libro de
867 A ND RÉS O RDAX , S., 19 88, p. 34 4; A RA G IL , C. J ., 1994, pp. 23 8 -239.
868 G ARCÍA S ÁINZ DE B ARA NDA , J., 1938 , p. 1 60; G ÓMEZ B ÁRCENA , M. J. 1988, p. 85; A RA G IL , C. J .,
1994 , pp. 238- 239.
869 S ENTENA C H , N., 19 24, t. I , s. p.; H UI DOBRO S ERNA , L., 1926 , p. 6 7; B ERNI S M ADRAZO , C ., 1970, lám.
VIII , fig. 5 ; AA. VV. , 19 84, sala III , n. 5 , 6 ; AA. VV., 198 8 a, p . 40; I GL ES IA S R OUCO , L. S., 1988 b, n. 33,
p. 80 ; AA . VV., 1 995 c, p. 26; L ÁZA RO L ÓPEZ , A., 19 97, 8 3, pp. 155 -156 ; R A MOS R EBOLLA RES , L ., 1999,
pp. 70 -72; M ARTÍN EZ M ARTÍNEZ , M. J., 2002, p. 2 27; M ARTÍ NEZ M ARTÍNEZ , M. J ., 2 006 pp. 257 -259;
M A RTÍNEZ M A RT ÍN EZ , M. J., 2 012, pp. 211 - 212.
870 Apartado 5 .6.1.
117
horas, y con la derecha muestra un ligero movimiento para exteriorizar su emoción 871 ; e l
ángel se ha coloc ado en una ac titud similar con la mano derec ha y con la izquierda
sujeta un cetro o bastón de mensaje ro. Es la v ariante más extendida por occidente 872 .
La s primeras r epresentaciones aparecen en la es cultura monum ental francesa y desde
allí se ex tendieron a otros países. También abundan en la escultura m onumental de
nuestras ca tedrales, monasterios e iglesias.
Desde el punto de vista del estilo, considero que es obra de los escultores que
trabajar on en la po rtada occidental de la misma edificación 873 . A p esar de su elevada
calidad, la portada carece de un estudio estil ístico. Los autores que han e scrito s obre la
misma, lo han hecho ce ntrándose, sobre todo, en su iconografía y d atación 874 .
En la dispo sición del velo de María se aprecian paralelismos con la Virgen de la
portada. La forma del rostro del ángel r emite al donante arrodillado a la izquierda de
Cristo. La distribución del cabello a dos bandas, trabajado en gruesos mechones
rematados en bucles, es semejante a la del Crucificado del s epulcro de F ernando de la
Cerda, a algunas esculturas de la fachada de Sasa món y de la i glesia d e S an Esteban de
la ciudad de Burgos, así como a la escultura d e Dios Padre del tí mpano de la portada
occidental de la d e Gam onal. Las bocamangas d e las túnicas son anchas y rematan en
rectáng ulos, como en los ángeles y la Vir gen del tímpano.
En a lgunas esculturas de esta portad a se aprecia la influencia d el taller del
claustro 875 . La cabeza del d onante arrodillado, sit uado al lado derecho de Dios Padre de
la portada, es mu y sim ilar a la cabeza de la escultura de san P edro de la panda
meridional del claustro d e la catedral burgale sa. L a cabeza de Dios Padre de la portad a
se asemeja a las de Fernando III y los príncipes del claustro. P odría plantearse que una
vez conc luido el conjunto catedra licio, uno de sus escultores realizase el tímpano de
Gamonal y el grupo de la Anunciación que alberga en su inter ior.
La d atación dada para el grupo de la Anunciación abarca todo el período gótico,
siglos XIII 876 , X IV 877 y XV 878 . Considero que se talló una vez concluida la portada de la
iglesia, o a l mismo tiempo, en las décadas finales del siglo X III 879 .
4. 1. 4. 2. 2. Resto de una Virgen sedente con el Niño
Es una imagen r ealizada en madera. Estuvo expuesta en un anticuario de A randa
de Duero hasta 2001 [cat. núm. 06], año e n que fue adquirida po r otro a nticuario
logroñé s. Desconozco su paradero actual 880 .
871 M ÂLE , E ., 18 99 (1986 a), p . 265 ; R ÉAU , L., 19 57 (1996), p. 188. “Esta es la ac titud que presentan las
Anunciaciones occid entales, e n general, mientras las biza ntinas se ven sorp rendidas por el ángel mie ntras
se ocupan en labor es cotidianas, co mo sacar agua del po zo”.
872 R ÉA U , L., 1957 (1996) , p. 191. Los dos obj etos señalado s eran las insig nias si m bólicas d el ángel de la
Anunciación hasta f inales de la Ed ad Media, cuando se añad e el lirio .
873 M ARTÍ NE Z M A R TÍ NEZ , M. J ., 2002 p, p. 262
874 So bre la iconografía del tí m pano han escrito : A NDRÉS O RDA X , S., 19 88, p . 342 ; A RA G IL , C. J ., 1994 ,
pp. 238 -239. Es la única que h ace observaciones esti lísticas; A ZC Á RATE DE L UXA N , M., 19 94, p . 258.
875 A RA G IL , C. J ., 1994, pp . 238 - 239.
876 B ERNI S M A DR A ZO , C., 19 70, lám . VIII , fig. 5. Aparec e entre las imágenes del siglo X III ; A ND RÉS
O RDA X , S., 198 8, p. 3 42. Mediado s del siglo X III ; I GL E SIAS R OUCO , L. S., 1 988 b , n. 3 3, p. 8 0. Med iados
del siglo XIII ; L ÁZARO L ÓP EZ , A., 1997 , n. 83 , pp. 155-156 . Pospone su datación a finales de la centuria.
877 M AHN , H., 19 31, t. II , fig. 251; AA. VV., 198 4, n. 5 y 6, sala II I ; AA. VV., 198 8 a, p. 40.
878 S ENTENA C H , N., 1924, t. I, s. p.
879 M ARTÍ NE Z M A R TÍ NEZ , M. J ., 2002 p, p. 262; M ARTÍ NEZ M ARTÍ NEZ , M. J., 2 006, pp. 257 -259.
880 Los dueños de la tie nda adquirieron la imagen e n una feria, donde se utilizaba co mo blanco para u n
juego de lanzamiento de pelotas. Antes de trasladarse a Aranda de Duero estuvo en venta en un antic uario
de Arcos de la Llana (Burgo s).
118
La talla infantil formaba parte de una ima ge n de l a Virgen sedente con el Niño,
de la que se separó, probablemente, a finales del XV o principios del XVI 881 , se gún la
policromía del globo so bre el que está sentado. J unto a la talla inf antil se despren dió
parte de l a piern a izquierda de la Vi rgen, que s e r eaprovechó para la creación del globo.
Este se completó con el ensamblaje de otro troz o de madera. Contrasta la elevada
calidad de la escultura con la falta de esfericidad del globo.
La ima gen está tallada en todo su contorno. Aunque en buen esta do de
conservación, ha sufrido pérdidas de material. Falt a la mano derecha, una parte del pi e
izquierdo y de la nariz. Se apr ecian varias capas de policromía.
La posición del cuerpo es frontal. Su rostro tiene forma ovalada, las facciones
son delicadas y transmiten un gran dominio técnico. S e han tallado las cejas, los ojos
son grandes y almendra dos, con los párpados marcados, desta ca un pliegue sobre el
superior. En la m elena s e ap recia un flequillo triangular, a modo de abanico. C on la
mano iz quierda sost iene la bola, los dedos son larg os y en ellos se aprecia el esculpido
detallado de las uñas. L a indumentaria se limita a una túnica holga da con escote
rematado en pi co y amplias bocamangas. Los pliegues, aunque es casos, son de gran
calidad y se concentran en torno a la cintura, el regazo y las zonas de encuentro con la
esfera. La pierna derecha asoma entre la tela, desnuda, y cruza sobre la iz quierda. Solo
existe una escultura bur ga lesa coetánea con una colocaci ón simil ar, la Virgen de la
Alegría de la ca tedral.
Creo que las tra nsformaciones a las que fue sometida la imagen tenían como
objetivo cambiar su icon ografía po r la de un Niño Cosmócrator. Coincide l a datación de
la policromía del globo con la aparición del t ema. Se representa a Jesús con una edad de
tres o cuatro años y con el globo del mundo en la mano 882 . En este caso, además de
sujetar el globo con la mano izquierda, está se ntado sobre una esfera.
Desde el punto d e vista del estilo se asemeja, en el tra bajo d e las f acciones del
rostro y en la disposición y el tallado del cabello, a las escultura s de al g unos príncipes y
ángeles del taller del claustro y las torres. También se aprecian simil itudes con
esculturas francesas d el entorno parisino, en la forma ovalada del rostro y en la amplia
frente 883 . S e podría tratar de una obra importada o realizada por un escultor de ese
orige n, que pudo estar activo en el taller del claustro y las torres. Sin embargo, las
escasa s imágenes infantiles realizadas por este tall er, Virgen de la Alegría, Virgen de
los Remedios y Vir ge n de la Epifanía d el claustro, en nada se l e asemejan. P or
desgrac ia, desconocemos la apariencia de las esculturas de la triple portada occidental.
Por su extraordinaria cali dad se pu ede datar en tor no a 1270, coincidiendo con el
período en el que estuvo activo el taller catedralicio.
4. 1. 4. 2. 3. La ca beza coronada de Cristo del Museo de Burgos
En el Museo de Burgos s e conserva la cabe za lí gnea de un crucificado [cat. núm.
068]. Se desconoce su l ugar de procedencia, aunque consta su origen burgalés 884 . Su
estado de cons ervación es bueno, solo una part e del aro sup erior de la corona está
deteriora do. Ha sido repolicromada.
La cabe za se de svía hacia la de recha. Su frente es a mplia y los ojos están
tallados en relieve, cerrados y con forma almendrada. La n ariz es afilada y destacan los
881 Agradezco a Julio Villal m a nzo sus comentarios sobre la policromía.
882 M ÂLE , E., 1932 (200 1), p. 300.
883 W ILLI A MSON , P ., 1997, p. 228. La escultura en mar fil de la Virgen co n el N iño d e la Sai nte - Chapelle
de P arís, en el Museo del Louvre, ta mbién tiene este tipo de frente.
884 Museo de B urgos, núm. de inventario general 069 .
119
pómulos. La boca, aunque cerrada, p ermite ver la hilera dental superior. El cabello se ha
realizado con gran maestría, se distribu y e a do s bandas. Los mechones, ondulad os,
dejan visibles las orejas. El bigote apenas es perceptible sobre los labios y l a barba se ha
tallado a tres niveles, marcados por las ondulaciones del vello. El aro de la corona está
decora do simulando pedrería.
Estilísticamente se podría relacionar con escultores del taller del claustro. En la
forma de las orejas emu la a los príncipes y en e l tallado de la barba y la boca a los
profetas. La presencia de la hilera dental superior es frec uente en algunas esculturas de
este taller, así puede verse en el á ng el de la Anunciación, el rey David y el profeta Isaías
de la portada claustral, así como en al gunos príncipes del interior. En el Museo de
Burgos se custodia la cabeza de un apóstol, que se ha puesto en relación con la triple
portada occidental desaparecid a 885 , como se ha mencionado, y que también enseña la
hilera dental superior.
Se podría datar en torno a 1270, por la distribución del cabello y las facciones
del rostro, así como por sus similitudes con algunas escultura s del taller del claustro.
4. 1. 5. Los talleres de la catedra l de Burgos dur ante el siglo XIV : las esculturas
de las ménsulas de la capilla de Santa Catalina y l a Virgen de pie de la capilla del Santo
Cristo
Aunque en el siglo XIV la actividad escultórica deca e, también se realiz aron
obras de gran calidad. E n el cl austro c atedralicio se erigen capillas en la crujía oriental,
entre las que destaca la d e Santa Catalina. La calidad escultórica de su por tada, dedicada
al Descendimiento, y de las ménsulas de su interior es mu y reseñable. Tamb ién se
transformó la iglesia d e San Esteban, que de este período conserva los pies y la
magnífica portada. En la escultura funeraria se esculpieron ejempla res mu y destacados,
como el sepulcro de Gonzalo de Hinojosa 886 .
La s p rimeras referencias a la capilla d e Santa Catalina son del año 1316, cu ando
el obisp o Gonz alo de Hinojosa y el cabildo acordaron erigirla 887 . La s reuniones de l
cabildo se celebraron entre los años 1328 y 1333 en la c apilla de San Pabl o, porque la
nueva aún no se había terminado 888 . En 1354 se cel ebró el capítulo en la nu eva 889 , que
hasta 1374 no se mencionó bajo la advoc ación de Santa C atalina 890 . Por lo tanto, hacia
1354 las esculturas de la nueva sala capitular y a estaban acabadas.
Considero que las escult uras de la portada de esta capilla, d edi cadas al
Descendimiento, son anteriores a las que decoran las ménsulas del i nterior. A la
distancia temporal se u ne la presencia de estilemas difere nt es. Los d os conjuntos
escultóricos divergen en el cincelado de los rostros, el tratamiento de las manos y en la
disposición y estudio de los drapea dos.
La ima gen de la capilla d el Santo Cristo está reali zada en piedra caliza. Se apo y a
sobre una ménsula del muro meridional de la cabece ra [ cat. núm. 040] . Se desconoce s u
lugar de procedencia y la fecha d e su coloca ción en la capilla. De 1846 es la prime ra
885 M ARTÍ NEZ B URG OS , M., 19 35, núm. 67. Asigna co mo lugar de procedencia la t riple po rtada
occidental; A BBEG , R., 199 9 b, p. 74.
886 G ÓMEZ B ÁRCENA , M. J., 19 88; Y ARZA L UACES , J ., 1 990, p p. 368 -391; S ÁN CHEZ A MEIJEI R AS , R.,
2009, p. 245.
887 A CB , vol. 4 1, p . 1, fol. 4 17; M A RTÍNEZ S ANZ , M. , 18 66 (1983 ), pp. 141, 296 -298; P EREDA L LARENA ,
J., 198 4 b, doc. 500, pp. 381 -383 ; K ARG E , H. , 1995 , pp. 59 -60.
888 M ARTÍ NE Z S A N Z , M., 186 6 (1983), p. 142; K AR GE , H., 1995, p. 61.
889 A CB , libro 63, citad o por M ARTÍNEZ S A N Z , M., 1866 (1983), p. 141; A BBEG , R., 1999 b, p. 24.
890 A HCB , 63 L IB , fols. 76 4-767 .
120
referenc ia, aparece en la Historia de la catedral de P. Orcajo, en la que se limita a l
siguiente coment ario a pie de pág in a: “Al lado de la epístola de dicho altar se halla
colocada una imagen de nuestra Señora ” 891 .
María tiene el cuerpo frontal y el rostro dirigido hacia Jesús, este es de finas
facc iones. En los ojos se aprecian los párpados. Su cuello es esbelto. Las manos se han
cincelado con d etallismo, con la derecha sujeta l os pies infantiles y con la izqui erda al
Niño por el lateral.
La corona es de aro fino y rem ata en con cu atro pequeños florones separados por
flores tripét alas de r educido tamaño. De stacan l os drapeados de la indumentaria, qu e
contribuy en a dar dist intas tex turas a las diferentes prendas. El velo e s larg o y los
pliegue s finos, el Niño l o sujeta con la mano der echa sobre el pecho m aterno y con la
izquierda a la altura de las mejillas. La t ela de l manto es más gruesa y pes ada, los
pliegue s son es casos y han incrementando su tamaño. Cruz a de derecha a izquierda
cubriendo el brazo y gran parte del antebrazo derecho. Por la pa rte inferior se prolonga
hasta las rodillas y se recoge bajo el br azo izquierdo formando una cascada de pliegues
verticales. D eja visible l a parte superior e infe rior del c uerpo. La túnica es ajustada y
tiene el cue llo abarquillado. L os z apatos rematan en punta.
Jesús dirige la mirada hacia el rostro materno. Peina una melena larga y rizada,
los rizos adoptan formas acaracoladas y d ejan la frente desp ejada . Los pi es se apo y a n
sobre la mano iz quierda de la Virgen. Viste con una túnica de tela fina, que mar ca el
contorno de la pierna derecha. Se ablusa sobre el ceñidor, que tiene forma de cordón.
La escultura, a pesar de su elevada calidad, no ha despertado gran interés entre
los investigadores 892 . Pertenece a la tipología de las Vír genes de pie, analizada al
estudiar la Virgen del Manz ano de C astrojeriz y la Vir g en de la M anzana de Santo
Domingo de S ilos. En la posición de su cuerpo, con un li gero han chement , y el rostro
dirigido hacia su Hijo, sigue modelos surgidos en Francia en el se gundo cuarto del siglo
XIV , plenamente consolidados entre 1340 y 1350 893 . Se diferencia de l a may oría de las
esculturas francesas en que la relación que se establece entre ambas fi guras es más
intimista 894 . L a imagen d e la i glesia de San Nicolás de P amplona muestra una
composición similar, ta mbién está influenciada por el arte francés 895 . En Burgos,
además de la escultura e n estudio, existe otra en el claustro del monasteri o benedictino
de San S alvador de Oña, con una datación a náloga. Las simil itudes entre ambas
imáge nes derivan de la ex istencia de modelos comunes.
La Virgen de pie con el Niño de la capilla del S a nto Cristo es del mismo autor
que esculpió l as ménsula s de la capilla de Santa C atalina. Evo ca a estas en la forma de
la corona, en el cincelado del rostro y de las manos de María.
Partiendo de la fecha d e la primera reunión del capítulo en la nueva sala, 1354,
de las características de la indumentaria -abarquillamiento del cuello de la túnica 896 y
disposición del manto 897 - y del suave hanchement que adopta el cuerpo, se puede datar
en los años centrales de la decimocuarta centuria.
891 O RCAJO , P., 1846 (1901), p . 136.
892 O RCAJO , P ., 1901, p. 1 36; M A HN , H., 193 1, t. II , p. 64 , t. fig. 241 ; A NDR ÉS O RD AX , S., 1989 , p. 126;
M A RTÍNEZ M A RT ÍN EZ , M. J., 2 006, pp. 265 - 266.
893 T ERÉS T O MÁS , M. R., 1991, núm. 121.
894 Sirvan co mo ej em plo d e esa falta de intimismo las Vírgen es de Mézières en Eure, de Fosses en Seine
et Oise, de Lesc hen en Seine er Marne.
895 F ER NÁ NDEZ -L A DREDA A GUADÉ , C., 1988, pp. 284 - 288.
896 B ERNI S M A DRAZO , C., 1970, p. 200.
897 L EFRANÇOIS -P ILLI ON , L., 1935 a, p. 143; F ERNÁNDEZ -L ADREDA A GUADÉ , C., 1 988, p. 287;
B ERGMA NN , U. ( coord.), 198 9 b, n. 69, pp. 274 -275.
121
4. 2. E L TALLER DE LA PORTADA OCCIDENTAL DE LA COLEGIATA DE
T ORO Y N U ESTRA S EÑO RA D E M ARZO DE S AN TO D OMI NGO DE S ILOS 898
Nuestra Señor a de Marz o es una Vir ge n con el Niño realizada en piedra que está
situada en la panda oriental del claustro del monasterio de Santo Domingo de Sil os [cat.
núm. 258] . Los autores que han escrito sobre su emplazamiento consideran que se
trasladó desd e otro lu ga r. L. Serrano cre y ó que f ue el pó rtico de la primit iva iglesia o
alguno de los ábsides de la mi sma 899 , F. R. Aznar que estuvo el interior de la i glesia 900 y
J. Guerr ero que era la es cultura del parteluz de la portada de la iglesia, del que ser ía la
única im agen qu e h a subsisti do 901 . A principios del siglo XV III l a imagen y a estaba en el
claustro 902 . Por lo tanto, solo podría proceder d el pórtico septentrional, en el que se
intervino en 1712, ya que la iglesia se derribó en 1751 ante su mal est ado 903 . Creo que l a
escultura se pudo realizar para su ubicación act ual, en base a un docu mento del año
1294, rubricado por Juan P ére z y su mujer Dominica, en el que consta “ un a fuessa que
es en la claustra de Sancto Domingo ante sed e maiestatis ”. Si se interpret a el término
sede maiestatis como sede de la majesta d divina, el documento se podría estar refiriendo
a la imagen de la Virgen en estudio 904 .
La escultura está bien conservada. En la r estauración se respetó el repolicromado
de 1652 905 , se añadió la m ano derecha a la Vir gen y la izquierda al Niño, así como la
cabeza inf antil. Las part es añadidas se deja ron sin policroma r, permitiendo su pronta
identificación.
Ambas figuras están en posición frontal. El rostro de María es ovalado, de
amplia fre nte y ojos grandes, la nariz es fina y destac an las aletas, tiene acentuada s las
comisuras. Los labios so n mu y delgados. El cabello asoma a ambos lados del rostro. El
brazo derecho se a delanta en ángulo recto y con la mano izquierda sujeta el manto.
La corona pa rte de un ar o ancho y rem ata en florones de cinco hojas. El velo se
adapta a la frente y oculta el cabello, sobre los hombros abundan los pliegues
zigzagueantes y rítmicos. El manto bordea los brazos y cruza por la parte inferior de
derec ha a izquierda. L lev a un fiado r con tres incisi ones, que traspasa la tela y cuel ga por
el exterior. La sobretúni ca es de cuello circular y sob re el pecho lleva un broche, sus
bocamanga s rematan en un rectángulo. El ceñidor de correa forma numerosos pli eg ues
asimétricos sobre el p echo. Bajo la sobretúnica se aprecia la túnica, d e cuello ajustado y
bocamanga s estrechas. El extremo inferior s e extiende sobre la peana y crea pliegues
zigzagueantes que cubre los zapatos.
El Niño está sentado sobre la pierna izquierda materna y desvía levem ente el
cuerpo hacia el lado d erecho. Con la mano derecha sostiene el libro abierto por su parte
superior, las pie rnas están paralelas y los pies se colocan a la misma altur a, descalzos.
La indumentaria es similar a la de la Virgen. El manto bordea el brazo dere cho por el
exterior y cubre parte del pecho por el iz quie rdo, cruza de derecha a iz quierda
repitiendo la disposición de los pliegue s de su madre en el rega zo. La sobr etúnica es de
898 Nos referi m os al taller que realiz ó las j am bas, el par teluz, el tí m p ano y las arq uivoltas.
899 S ERRANO P I NED A , L., 1926 , p. 150.
900 A ZNA R , F. R., 1902 , p. 6. “Según algunos autor es, est uv o co locada en la ant igua iglesia y hoy en el
claustro inferior”. No cita la fuente.
901 G UERRERO L OVI LLO , J. , 1979, p. 313 .
902 S ERRANO P I NED A , L., 1926 p. 150.
903 P ALA CIOS , M., 197 7, p. 15, S ENRA G ABRIEL y G ALÁ N , J. L., 20 02, pp. 2544 -2547.
904 V I VANCOS G ÓMEZ , M. C., 1995, p. 264. Agradezco a M. C. Viva ncos su inesti mable ayuda para la
interpretación de este documen to.
905 F ÉROTIN , M., 18 97, pp. 357 - 358.
128
sepulcro de Fernando de la C erda de Las Huelgas, que se ha datado h acia 1275 949 , la
lápida sepulcral de Maté Pérez, ubicada en la capilla del Santo Cristo de la catedral y
datada en 1331 950 , y el arco sepulcral de Pedro Gonz ález de Pedrosa, situado en el
claustro de la iglesia de San Esteban de Burgos y fechado en 1373 951 . No ex ist e
unanimidad al datar el sepulcro de la reina Leonor, del monasterio de Las Huelga s, en
cuy o testero se representa una es cena del Calvario. Se propone un a datación de hacia
1330 952 .
Para aproximarnos al marc o cronoló g ico de las imágenes también nos hemos
ay udado d e otras expresiones artísticas. En la pi ntura burgalesa sob re t abla destaca la
escena d el Calvario del sepulcro de don Sancho S ánche z Carrillo, datada h acia 1295 953 .
Hubo otro Calvario en las pinturas que decor aban un arcosolio del monasterio de
Vileña, datadas ha cia 1360 -1370, pero se arruinó cuando se intentó arrancarlo para su
traslado a Villarcayo 954 .
Además, se h an tenido en cuenta obras de otros territorios castellano -leoneses.
Cabe destacar las escenas del Calvario de las pinturas al fre sco del muro oriental de la
capilla de San Martín de la catedral vieja de Salamanca, datadas en el año 12 62 955 , las
segovianas del mon asterio de Santa María y San Vicente el Real, de principi os del siglo
XIV 956 , las sorianas d e Os onil la , de fin ale s de l s ig lo X IV 957 , y la s zam or an a s de la iglesia d e
San Lor enzo d e Toro, realizadas hacia 1400 958 . Tam bié n se ha n in c lu ido la s es cu lt u r a s
de l Calvario del arcosoli o del sepulcro de Ordoño II d e la ca tedral de León, del año
1299 959 .
Además de las ex presiones artísticas mencionadas, ex isten varios aspect os que
contribuy en a establecer una secuencia cronológica de las esculturas del Crucificado. El
primero de ellos es la coron a de espinas. Su incorporación a la ic onografía del
Crucificado se relaciona con su llegada a París en 1239. La compró s an Luis a los
venecianos, con quienes la había empeñado el emperador Balduino II de
Constantinopla 960 . El primer Crucificado d e madera con corona de espinas es el belga
del Museo de Huy, que se ha datado entre 1230 y 1300, según autores 961 .
La corona de espinas hace su aparición en la esc ultura funeraria burgalesa en el
segundo ter cio del si glo X IV . Se apr ecia en el Cru cificado d el teste ro d el sepulcro de la
reina Leonor, en el monasterio de Las Huelgas d e Bu rgos, dat ado ha cia 1 330. De una
datación similar, 1331, es la lápida sepulcral de Maté Pérez, ubicada en la capilla del
949 A RA G IL , C. J., 1994, p. 276; A BBEG , R, 1999 b, p. 82; H UERTA H UERTA , J. L., 1999, pp. 7 3 -74;
G UTI ÉRREZ B A ÑOS , F., 2005, t. I , pp. 440, t . II , pp . 73 -74; Y ARZA L UACES , J., 2005 , p. 24.
950 G ÓMEZ B ÁRCENA , M. A., 19 88, p. 50 . “[…] QUE FINO V IERNES III II DÍAS DE ENE RO ERA DE
MIL E CCC E LXIX ANNOS ORATE P RO EO”.
951 Ibídem , p. 137.
952 Sobr e la datac ión de e ste sepulcro no hay una nimidad. G ÓMEZ M ORENO , M., 194 6, p. 7. Lo d ató a
mediados del siglo XIII ; G ÓMEZ B ÁRCENA , M. J., 1988, pp. 1 94 -196. E n la segunda m i tad del siglo XII I ;
S ÁNCHEZ A MEI JEIRAS , R., 2 009, pp. 256 -259. Lo sitúa hacia 133 0. Co mparto la datació n pro puesta po r la
segunda autora.
953 G UTIÉRREZ B AÑ OS , F., 20 05, t. II , pp. 101-109. Actualmente en e l Museo Nacional de Arte d e
Cataluña, núm. de inventar io 437 4.
954 C ADIÑA N OS B A RDECI , I., 1990, p p. 78 -79; G UTI ÉRR EZ B A Ñ OS , F., 2005, t. II , pp . 321 - 322.
955 G UTIÉRREZ B AÑ OS , F., 2005 , t. II , p. 149 .
956 Ibídem , pp. 260- 261.
957 Ibídem , pp. 124-125 .
958 Ibídem , pp. 322- 328.
959 F RAN CO M ATA , M. A., 1998 b, p . 396.
960 L ECLERCQ , H., 1926, t. VII , 1, col. 1157; W EIS S , D. H., 1 998, p. 5 ; R OSE - DE V I EJO , I, 2005, p. 300 .
961 T HOBY , P., 19 59, p . 15. Dató esta talla a mediados d el si glo XIII ; F RAN CO M ATA , M. A., 1 984 c, p.
199. “[…] de finales del siglo XIII o co m ie nzos del siguie nte ”; http://www. huy.be/espace -loisirs/touri sme-
evenements/ musee-com munal (10 /11/2015), lo fechan e n 1240.
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