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Vertederos del campamento de la "Legio VII Gemina" en León: el material cerámico

Fernández Freile, Blanca Esther

Abstract

Departamento de Prehistoria, Arqueología, Antropología Social y Ciencias y Técnicas Historiográficas

Full text

VERTEDEROS DEL CAMPAMENTO DE LA LEGIO VII GEMINA EN LEÓN: EL MATERIAL CERÁMICO “Espera mil años y verás que se vuelve preciosa hasta la basura dejada atrás por una civilización extinta “ Isaac Asimov A mi adorado padre In Memoriam ÍNDICE I.- INTRODUCCIÓN II.- METODOLOGÍA III.- CONTEXTO ARQUEOLÓGICO IV.- ESTUDIO DE LOS MATERIALES CERÁMICOS A) DEPÓSITO-VERTEDERO DE “SAN PEDRO” 1.- TERRA SIGILLATA HISPÁNICA 2.- TERRA SIGILLATA HISPÁNICA TARDÍA 3.- CERÁMICA COMÚN 4.- MORTEROS 5.- ÁNFORAS 6.- MATERIALES ESTUDIADOS EN OTROS TRABAJOS DE INVESTIGACIÓN 6.1.- Lucernas 6.2.- Cerámica de Paredes Finas B) COMPLEJO TERMAL DE SAN LORENZO 1.- TERRA SIGILLATA HISPÁNICA 2.- TERRA SIGILLATA HISPÁNICA TARDÍA 3.- CERÁMICA COMÚN 4.- MATERIAL ESTUDIADO EN OTROS TRABAJOS DE INVESTIGACIÓN 4.1 Material Latericio sellado C) VERTEDERO DE LA C/PILOTOS REGUERAL 1.- TERRA SIGILLATA HISPÁNICA 2.- CERÁMICA DE PAREDES FINAS 3.- CERÁMICA COMÚN 4.- MORTEROS 5.- LUCERNAS 6.- ÁNFORAS V.- CONSIDERACIONES FINALES VI.- BIBLIOGRAFÍA VII.- APÉNDICES APÉNDICE I: RELACIÓN DE INFORMES ARQUEOLÓGICOS CONSULTADOS (Servicio de Cultura. Delegación Territorial de León. Junta de Castilla y León) APÉNDICE II: ANÁLISIS ARQUEOMÉTRICOS 6 I.- INTRODUCCIÓN 7 1.- EL MEDIO FÍSICO Y LA TOPOGRAFÍA URBANA El territorio ocupado por los asentamientos campamentales de época romana que dan origen a la actual ciudad de León, se extendió en el interfluvio que en este punto geográfico forman los ríos Bernesga y Torío, ubicándose en el área de mayor altura, dentro de este espacio aterrazado. Perteneciente a la unidad morfológica de la Submeseta Norte, se caracteriza en primer lugar por una considerable altitud (sobre los 830 metros), lo que facilita una amplia visibilidad y el control estratégico del territorio. Desde el punto de vista geológico y litológico, esta zona llana se asienta en los sedimentos miocénicos de arcillas, arenas, margas, yesíferas y microconglomerados, coronados por un nivel de calizas de origen lacustre de espesor variable (Cabero, 1983: 25). Estas características edafológicas permiten la extensión de importantes zonas de cultivos, a lo que hay que añadir la peculiar hidrología, con los dos cercanos grandes cauces antes mencionados, que, además de garantizar el abastecimiento al enclave castrense, contribuyen al desarrollo de un terreno fértil (Tomé, 1997: 13), e incluso se ha añadido la posibilidad de aprovechar los cursos de agua como fosos naturales (Reguera, 1996: 89). En esta valoración no deja de pesar la denominada “dominante hidráulica” que desde la geografía considera el agua el primer condicionante de los asentamientos, aspecto indiscutible desde las primeras culturas históricas, pero que ya en época romana ha de contemplarse en un conjunto de variables que configuran, siguiendo los términos de los principales autores de la denominada arqueología espacial, “el área de captación de un yacimiento” (Butzer: 1989; Hodder y Orton: 1990). Así, además de los numerosos cauces de agua que habrían de surcar el campamento, y sobretodo el área extramuros, ya que las condiciones edafológicas del suelo leonés hacen que el manto freático aflore con rapidez, propiciarían la acción antrópica traducida en acciones de relleno y nivelación en zonas anegadas. Ello se realiza a través sobre todo de la ubicación de vertederos, que constituyen un elemento de primer orden para transformar determinados factores problemáticos de la topografía urbana como este carácter endorreico y periódicamente inundable que obliga a salvar estos obstáculos generalmente con niveles de vertidos de diferentes materiales, y cuyo contenido resulta esencial para determinar la cultura material de las diferentes etapas de ocupación del campamento. Con todo ello, los adecuados factores para la instalación de este recinto campamental son también valorados por algunos investigadores que afirman desde postulados estrictamente geográficos que “en el campamento de Legio nos encontraríamos un modelo de urbanización reticular relacionado de forma genérica con la maximización de la eficiencia y la racionalización en la distribución espacial de los hombres y efectivos vinculados a una actividad militar” (Reguera, 1996: 91). Ya en los primeros estudios, como el de Gómez Moreno en el capítulo dedicado a los orígenes de León, se hace hincapié en esta apropiada ubicación del campamento, “escogiendo la ribera del Bernesga, sobre la calzada de Astorga a Zaragoza, en derechura al puerto principal de Asturias, dentrodel enorme triángulo que forma la cuenca del Esla, antes de la confluencia de Benavente, y a distancias aproximadamente iguales entreAstorga y Lancia, metrópolis de aquella región. Centralidad, buen suelo yexpeditos caminos justifican la elección del sitio” (1925: 23). 8 9 De esta manera, además de los recursos hídricos, otra variable fundamental en la que inciden todos los investigadores y más cuando se trata de un enclave castrense romano, es el dominio de las rutas y vías de comunicación, que hacen del mismo un punto estratégico de primer orden. En este sentido, Legio ocupa un emplazamiento privilegiado, ya que constituye en primer lugar un punto de unión entreel área de la Meseta Norte y los territorios transcantábricos, a través de pasos naturales o vías de comunicación construidas al efecto, además de mantener una fluida comunicación con la zona galaica y otros territorios más orientales. Además de esta excelente ubicación natural, el recinto campamental legionario se encuentra en una posición óptima respecto al entramado de vías de comunicación del área septentrional, ya que supone un punto intermedio, con fácil acceso a estos ejes que canalizan la actividad económica, a la vez que son principales transmisores de múltiples aspectos culturales. Así, por una parte, Legio es el punto final de la vía Italia in Hispanias,según el Itinerario de Antonino, y por otra parte, se encuentran en sus proximidades las vías que unen la capital del Conventus -Asturica Augusta-con los principales núcleos urbanos del territorio hispano (Bracara Augusta, Emerita Augusta, Caesaraugusta, Tarraco…), con lo cual se asegura el control de la extracción y comercialización de los recursos económicos, constituyendo un núcleo estratégico fundamental, no únicamente en su zona de expansión inmediata, sino en todo el Noroeste peninsular. Fig. 1: Plano topográfico de Legio (según A. García y Bellido) 16 especialmente mediante el procedimiento de “ruina montium”, que requiere una importante preparación previa y la instalación de una complicada infraestructura hidráulica. Sin duda en el ejército romano existían especialistas en estas tareas, principalmente en aquellas zonas de importante producción minera, como habría de ser por tanto el caso de algunos integrantes de la Legio VII Gemina,ala vez que el control y vigilancia de estos distritos mineros explicaría la presencia en estas zonas como Villalís o Luyego, de vexillationes de la Legio VII (Abascal, 1986: 322; Roldán, 1997 reed.: 203). Por otra parte y en estrecha relación con esta actividad minera, resultaba prioritario el mantenimiento de una infraestructura viaria que permitiera el envío del metal procesado a Roma, y garantizara además el abastecimiento de los más variados productos, además de dejar expeditas vías de comunicación estratégicas desde el punto de vista militar. En este sentido, además de la participación de la legión en labores de construcción y mantenimiento de la red viaria, hay que contar con su contribución en la construcción de obras de ingeniería, como puentes o acueductos, tal como demuestra la epigrafía en muchos casos, y teniendo en cuenta que el ejército romano contaba entre sus filas con auténticos expertos en estos trabajos7.Teniendo en consideración que ya en esta primera etapa de la estancia de la Legión VII, Legio ya supone un punto estratégico fundamental en cuanto a su ubicación en el amplio entramado de las principales rutas peninsulares, a lo que se unen más tramos viarios creados en época flavia -como la vía XVIII del Itinerario de Antonino o Vía Nova (Tranoy, 1981: 215)-, así como la importante actividad viaria emprendida en Hispania por emperadores como Trajano, Adriano o Caracalla, especialmente en esta zona norte peninsular.Ello implicará la importante intervención de efectivos de esta unidad en la construcción y vigilancia de esta densa infraestructura de calzadas, elemento esencial para diversos aspectos de la vida de la legión y para el desarrollo de las principales funciones que le habían sido encomendadas. Además de estas labores de construcción, mantenimiento y control en los distritos mineros y en las vías de comunicación, se encuentran también testimonios, especialmente epigráficos, de la presencia de vexillationes de la Legio VII en ciudades importantes como Tarraco,Emerita, y las capitales de los tres conventus del noroeste, Asturica, Lucus yBracara, generalmente realizando funciones administrativas. Asimismo, aunque con menor fiabilidad respecto a las fuentes, se plantea la estancia de otros destacamentos de la legión en Emporiae oDianium8.Más próximos a su lugar de acantonamiento permanente, en el norte peninsular, se han hallado evidencias de la presencia de efectivos de la Legio VII en el campamento de Petavonium (Zamora), en la época de la ocupación de éste por el Ala II Flavia Hispanorum Civium Romanorum,através del hallazgo de abundante material latericio sellado por la Legio VII,sin que hasta el momento se haya determinado una función específica para este destacamento, barajándose diversas hipótesis 7Destaca en este sentido la inscripción de Aquae Flaviae,donde efectivos de la legión participan en la construcción de un puente, así como también el epígrafe hallado en Cornoces (Orense), en el que un soldado de esta unidad efectúa una dedicatoria votiva. 8Sobre la tradicionalmente debatida cuestión de las funciones de una vexillatio de la Legio VII en este punto del litoral levantino (ABASCAL, 1986: 322-323; PALAO, 2006: 308), vid.la reciente contribución de ÁLVAREZ JIMÉNEZ (2009). 17 al respecto9.De igual manera, se localizan guarniciones procedentes del campamento legionense en la statio beneficiarii de Segisamo,un enclave estratégico situado en la vía de unión de Legio yel área minera con Tarraco,por tanto de vital importancia económica, a lo que se añadiría el transporte de diversos productos para el abastecimiento legionario, todo lo cual indica una actividad de vigilancia y control de esta ruta y sus inmediaciones, así como funciones de administración y de distribución de mercancías de avituallamiento. Con las mismas funciones de control de esta ruta puede relacionarse la permanencia de otro destacamento de la legión en Tritium Magallum,si bien en este caso, a través de los epígrafes puede establecerse su periodo de estancia, desde principios del siglo II d.C. hasta el siglo III. A la importancia viaria y estratégica de Tricio, como punto de comunicación del Valle del Ebro con el noroeste, no debemos obviar la decisiva trascendencia de Tritium Magallum como principal complejo productor de manufacturas cerámicas10,especialmente terra sigillata hispánica, y centro abastecedor de estas producciones a la práctica totalidad del territorio peninsular. El elevado nivel de producción y los mecanismos de distribución y transporte requerirían así un control y administración de carácter militar, como es característico en otras zonas del Imperio, en los enclaves de singular importancia económica. Por otra parte, la cronología de la estancia de esta guarnición coincide con una etapa de auge en la producción de los talleres riojanos, que constituyen los centros de abastecimiento de TSH del campamento de Legio11. La trascendencia de estas funciones de apoyo, vigilancia y control de actividades económicas y administrativas por parte de diversas vexillationes de la Legio VII Gemina en territorio hispano, sin que se produzcan acontecimientos que impliquen una intervención propiamente militar, ha dado lugar a la denominación del Exercitus Hispanicus en esta época, que está integrado exclusivamente por esta legión y algunas tropas auxiliares, como un “ejército de la paz” (Le Roux, 1982: 169). Según, este mismo autor, su papel se inscribe en un contexto civil y,en una afirmación más polémica, califica su historia como “la historia sin gloria de unos soldados sin guerra” (Le Roux, 1982: 410). Sin embargo este controvertido planteamiento resulta fácilmente refutable, dado que la Legio VII Gemina no es ajena a la política imperial y parte de sus efectivos abandonarán Hispania para participar en varias e importantes campañas bélicas en distintas zonas del Imperio. Así, en el año 88-89, un contingente de tropas de la legión interviene, posiblemente, en la revuelta de Saturninus en Germania,si bien la ausencia de testimonios epigráficos y menciones históricas concretas han puesto en tela de juicio esta primera intervención de la legión fuera del territorio hispánico. 9Vid.CARRETERO y ROMERO (2005); MARTÍN VALLS, ROMERO y CARRETERO (2002: 151152); CARRETERO (1999; 1999b; 2000; 2001; 2002). 10 Este aspecto no es contemplado en ningún momento por NAVARRO CABALLERO al tratar este tema en concreto (1989-1990), concluyendo que “los intereses romanos, dirigidos por el gobernador en Tarraco einfluidos tal vez por las revueltas en la Gallia,creyeron conveniente establecer un puesto de control militar sobrela vía del Ebro a partir de mediados del siglo II”. 11 Así se ha constado en diversas excavaciones en la ciudad y en estudios más amplios, en los que el gran volumen de TSH procede enteramente de los talleres del complejo alfarero de Tritium Magallum; vid.aeste respecto el importante volumen de la terra sigillata tritiense en el estudio del abundante elenco de materiales de un vertedero extramuros (Fernández Freile, 2003, pp. 46-103). 18 Más documentada se encuentra la presencia de vexillationes en el limes danubiano con motivo de las guerras dácicas de Trajano, a través de sellos sobre tegulae halladas en los campamentos de Porolissum yMoigrad-Pomet12.Esta participación en el conflicto dácico ha sido objeto de polémica y analizado desde diversos puntos de vista por distintos autores13,aunque, en el actual estado de la investigación, puede concluirse la presencia de efectivos de la Legio VII Gemina en la primera etapa de la conquista de la Dacia por el emperador Trajano. Otra de las intervenciones extrapeninsulares de destacamentos de la legión se sitúa en Britannia,hacia el año 122 d. C. bajo el reinado de Adriano, que recurre a varias legiones para hacer frente a la conflictiva situación que presentaba la isla en ese momento debido a las revueltas de los pueblos indígenas y comenzar la gran obra de fortificación conocida como “Muro de Adriano”. Poco después, en época de Antonino Pío, se constata la que será su última intervención de en el exterior de Hispania,en la zona del norte de África, con la presencia de vexillationes en Lambaesis yCarthago,donde además de la acción militar para sofocar las revueltas de mauri,realizó posiblemente otro tipo de funciones de carácter político-administrativo. Por último, hay que destacar la intervención bélica de la legión en territorio hispano, durante el reinado de Marco Aurelio, cuando se producen incursiones de mauri en la Baetica yparece atestiguada, en función de las inscripciones y estampillas halladas, la presencia de una vexillatio en Italica,aunque ésta sigue siendo una cuestión sometida a debate, sin que exista un acuerdo entrelos diferentes investigadores sobreesta intervención y la posible estancia en la ciudad bética. Yaen época de Septimio Severola Legio VII Gemina Felix recibirá el epíteto de Pia, por su lealtad al emperador con su neutralidad en la batalla de Lugdunum. Sobrela actividad de la Legio VII durante la segunda mitad del siglo III y siguientes, las fuentes epigráficas y literarias apenas aportan documentación al respecto, con lo cual puede suponerse un acantonamiento continuado en su campamento de León, pues según los datos de la Notitia Dignitatum (XLII, I, 25) permanecería en Hispania a principios del siglo V d. C. de manera que el final de la legión mediante procesos de transformación o fusión con elementos civiles, depende en buena parte de lo que deparen los futuros hallazgos arqueológicos en las estructuras del campamento y especialmente en el entorno extramuros, donde se han documentado hasta el momento los testimonios más significativos de la época tardorromana en Legio. En cuanto al CAMPAMENTO ocupado por la Legio VII,hemos de puntualizar que el conocimiento de su estructura y distribución se basa esencialmente en recientes hallazgos, producto de un gran dinamismo en la actividad arqueológica de la ciudad, con un impulso decisivo de las excavaciones urbanas en las dos últimas décadas. 12 Algunas de estas estampillas aparecen reflejadas en la publicación de GUDEA (1997: 113) sobre el campamento de Moigrad-Pomet. 13 Así, mientras ABASCAL (1986: 319-322; 1989), LE ROUX (1985) o PALAO VICENTE (2006: 66-70) reconocen la presencia de vexillationes de la Legio VII Gemina en las primeras campañas dácicas a principios del siglo II d. C., otros investigadores como ROLDÁN (1997: 204), PISO (2000: 218-220) y GUDEA (1978; 1989; 1997) ponen en duda la participación de contingentes de esta legión hasta siguientes intervenciones en Dacia,durante el siglo II e incluso a principios del siglo III d. C. 19 Así, no incidiremos sobre el valor estratégico y las características generales del recinto castrense, ya comentados al tratar el asentamiento de la Legio VI Victrix,centrándonos en la descripción de las estructuras del nuevo campamento, que se superponen en muchos casos a las del recinto precedente, aunque a la luz de las nuevas intervenciones arqueológicas, podemos afirmar que predominan las transformaciones de obras anteriores y la construcción de nuevas edificaciones e infraestructuras, así como la nueva organización interna de los castra de la Legio VII Gemina. FIG. 2: Recinto amurallado de la Legio VII Gemina (según García y Bellido) 20 -PLANTA Y RECINTO AMURALLADO La planta del campamento de la Legio VII en León, definida por el recinto fortificado al que se adosa la muralla de cubos de época tardía, y cuyo trazado puede reconocerse en algunos tramos, se adapta en líneas generales al patrón clásico de los campamentos altoimperiales, especialmente establecido a partir de la época flavia. Así, presenta forma rectangular con esquinas oblongas y una superficie en torno a las 20 hectáreas, el espacio adecuado para albergar a una legión (Johnson: 1983: 31). Esta “estandarización” y uniformidad de la planta y organización interna de las estructuras campamentales en las diferentes zonas del Imperio es una realidad en sus rasgos generales, sin embargo las numerosas excavaciones arqueológicas realizadas en estos recintos castrenses han puesto de manifiesto las peculiaridades de cada uno de ellos, hasta el punto de considerar que no existen dos campamentos exactamente idénticos. De hecho, en el campamento de la Legio VII tenemos un ejemplo de estas singularidades, dado que el perímetro fortificado presenta una forma rectangular, pero un tanto irregular y con un evidente retranqueo en su ángulo sudoriental. FIG. 3: Plano del campamento de la Legio VII Gemina (según V.García Marcos) 21 En el interior de estos castra se disponen los dos ejes viarios principales: la via praetoria,que cruza el recinto longitudinalmente hasta los principia ocuartel general situado en la parte central, continuando su trazado por la denominada vía decumana;y, cruzando este eje en ángulo recto, la via principalis,que atraviesa el recinto de forma transversal. En los extremos de estas dos vías se sitúan las cuatro puertas, una en cada lado del perímetro rectangular fortificado: porta decumana yporta praetoria en el eje nortesur, y porta principalis dextra yporta principalis sinistra en la dirección oeste-este. Sobre este esquema canónico hemos de situar los hallazgos en el perímetro campamental legionense, que comprenden parte del trazado de la vía principalis en las proximidades de la porta principalis sinistra,yla vía decumana,mejor identificada. Sin embargo se han documentado tramos más amplios de vías secundarias, viae vicinariae, uno en el área occidental y otro en las inmediaciones de la porta praetoria,mientras que el trazado de la via quintana no se ha identificado con absoluta claridad, aunque existen indicios bastante indicativos al respecto. Por lo que se refiere a la vía sagularis,se encuentra bien documentada, ya que circunda en el interior el trazado del perímetro amurallado (García Marcos y Morillo, 2000-2001: 106). Sobre las puertas, únicamente se conservan restos de la porta principalis sinistra que han permitido la reconstrucción ideal de su estructura. La organización de las estructuras del campamento seguiría una disposición per scamna,siguiendo el esquema que distribuye estas grandes zonas rectangulares donde se sitúan las construcciones, de forma paralela a la vía principalis.Sin embargo en la zona meridional, los principales investigadores, basándose en la distribución interna de campamentos contemporáneos de otras áreas del Imperio, proponen una organización de las estructuras (principalmente barracones) dispuestas per strigas,perpendiculares a la via principalis (García Marcos y Morillo, 2000-2001: 107; García Marcos, 2002: 185). En cuanto al recinto amurallado, representa sin duda la obra más representativa del asentamiento legionense, si bien su proceso de fortificación en dos períodos cronológicos diferentes, ha determinado que el perímetro visible hoy día, construido con grandes torres semicirculares en época bajoimperial, haya dificultado la definición del trazado y características constructivas de la primera muralla de la Legio VII. Aeste respecto, los primeros conocimientos sobrela estructura y peculiares características del encintado del campamento se deben a las excavaciones de A. García y Bellido en diferentes puntos de su perímetro. Así, en palabras de este primer investigador de los restos legionenses, “Las murallas de León tienen un espesor de unos 5,25 m. Pues bien, parece ser que, directamente adosada a ellas, por su parte interna, corría otro lienzo de muralla de sólo 1,80 m. de grosor, cuya faz es de sillarejos muy bien escuadrados, con juntas encintadas y realzadas cuidadosamente. Este aparejo que, sin duda, debió de estar así cuidado porque era la cara visible de la cerca de 1,80 m. quedó cubierto por la gran muralla de los cubos hoy a la vista, de modo que pudiéramos decir que el recinto visible de León está literalmente forrado por un muro continuo de 1,80 m. de grueso cuya cara externa toca directamente con la interna de la muralla de cubos” (García y Bellido, 1970 b: 572-573, Figs. 5-14)14. 14 El punto donde pueden apreciarse con total claridad y amplitud las estructuras de ambos paramentos murarios y su perfecto adosamiento se sitúa en el lienzo occidental, en la excavación realizada por este investigador al pie de la escalinata de la basílica románica de San Isidoro. Recientes excavaciones en diversas zonas de la ciudad han sacado a la luz otros tramos de este peculiar sistema de doble amurallamiento aunque de menor entidad que el anteriormente citado. 22 Mediante diferentes catas en los cuatro lados del recinto, el citado autor pudo comprobar que la estructura era idéntica en todo el perímetro (Ibid.: 573-574, fig 4), proponiendo finalmente una cronología para esta primera muralla interna -en función de la semejanza con los paramentos murarios de la cercana basílica paleocristiana de Marialbade finales del siglo III d. C. o principios del siglo IV, reforzándose una centuria más tarde con el lienzo torreado (Ibid.: 575). Esta atribución a época tardía de ambas murallas habría de ser revisada por el autor en una de sus obras posteriores (1976: 76), situando el primer recinto en época flavia y el exterior en época tardía, tal como se acepta en la actualidad, tras décadas de excavaciones arqueológicas que han corroborado estos términos estructurales y cronológicos en sus rasgos generales, añadiendo más información sobre su sistema constructivo y especialmente sobre su relación con el sistema de amurallamiento erigido por la legión predecesora. De esta manera, a partir de las intervenciones realizadas en la parte norte del recinto, se han podido determinar varias fases en el proceso de construcción de esta primera muralla de fines del siglo I d. C., identificándose en primer lugar la realización de una trinchera que supuso la destrucción de parte del vallum del campamento anterior, ocupado por la Legio VI Victrix yperteneciente a su segunda etapa datada en época julio-claudia15.En el interior se dispuso un relleno como base de cimentación del muro, cuyo espesor fue perfectamente verificado por García y Bellido en 1,80 m. (en torno a 6 pies romanos) y su alzado se estima sobre los 4 m. En cuanto a su técnica constructiva16,el muro presenta en su frente exterior un paramento de opus vittatum integrado por sillarejos de arenisca rellenándose el interior con obra de opus caementicium yadosado a su cara interna se situaría un terraplén que contaría en su construcción con parte de la estructura del vallum del recinto precedente. Aunque no existen evidencias arqueológicas, en el exterior de la muralla, rodeando la totalidad de su perímetro, se dispondrían uno o varios fosos, siguiendo el esquema general de las fortificaciones en los campamentos altoimperiales17. 15 Apartir de esta etapa comenzará, primeramente en algunos campamentos de los limites germano y británico, un proceso de sustitución de las primeras fortificaciones realizadas con madera y tierra por sólidas murallas de piedra, generalizándose esta “petrificación” de los recintos defensivos en el último cuarto del siglo d. C. o principios del siglo II d. C. (JOHNSON, 1983: 66-69). Así, la Legio VII Gemina levantaría ya con fábrica de sillares pétreos la primera muralla de su campamento, construida asu regreso a Hispania desde el área renana, donde habría asimilado las nuevas técnicas constructivas. De la misma forma, la configuración de la estructura defensiva del recinto leonés en el que se asienta la única legión permanente en Hispania,influirá en los acantonamientos de las unidades auxiliares a ella vinculadas en el noroeste peninsular. Ello puede apreciarse en los campamentos del Ala II Flavia en Petavonium (Zamora), de la Cohors I Celtiberorum en Cidadela (La Coruña), y en el acantonamiento de Aquis Querquennis (Orense), probablemente ocupado por la Cohors I Gallica equitata. 16 Sobrelas características de la construcción de esta primera muralla del campamento de la Legio VII Gemina, vid.las aportaciones de CAMPOMANES (1997; 1999; 2001) y especialmente los análisis más recientes de DURÁN (2006; 2009: 794-798) y MORILLO Y DURÁN (2009), que suponen un estudio de carácter integral sobre las diferentes fases de fortificación de Legio,con un completo y pormenorizado análisis de materiales y técnicas constructivas, así como de otros aspectos fundamentales como metrología y relaciones estratigráficas. 17 Vid.GARCÍA MARCOS YMORILLO (2001-2002: 109); GARCÍA MARCOS (2002: 186-188); MORILLO Y GARCÍA MARCOS (2003: 277). 23 Por otra parte, el recinto amurallado se reforzaría mediante pequeñas torres dispuestas a intervalos regulares. En la fortificación legionense se han descubierto hasta el momento tres, situadas a intervalos de 60-70 m. que presentan planta rectangular y una escasa proyección al exterior. Probablemente existirían también torres de mayores dimensiones en los ángulos del perímetro fortificado, como es habitual en los campamentos de esta época, sin embargo no contamos con testimonios arqueológicos fehacientes, a excepción de una antigua referencia en la obra de Gómez Moreno, que ha sido en cierto modo corroborada como perteneciente a la que sería la torre del ángulo noroccidental del campamento (García Marcos y Morillo, 2000-2001: 110-111). Como ya hemos comentado supra,de las cuatro puertas que tendría el campamento de la Legio VII,únicamente se conservan restos importantes de la porta principalis sinistra,aparecidos en recientes excavaciones. Su planta se determinó a partir de las sólidas cimentaciones realizadas en opus caementicium,sobre las que se levantarían los muros en opus quadratum con grandes sillares de caliza. Se trataba de una puerta bífora, flanqueada por dos grandes torres rectangulares que sobresalían de la línea amurallada unos 5 m. Los accesos se realizaban a través de sendos vanos abovedados, rematados con arcos de medio punto al exterior, que contarían con puertas de madera de doble hoja. La reconstrucción realizada (García Marcos y Morillo, 2001-2002: 111-112, Fig. 10; García Marcos, 2002: 189195, Fig.5; García Marcos, Campomanes y Miguel, 2004: 25-27; García Marcos, 2005b: 181185), basada en los tipos de accesos en los campamentos contemporáneos de otras zonas del Imperio18 indica que esta construcción constaría de tres pisos de altura. Desde el punto de vista cronológico se han propuesto diversas fechas para esta estructura, pero, a la luz de las últimas investigaciones, basadas en los materiales cerámicos aparecidos en la excavación, habría que datarla a principios o mediados del siglo II d. C.19,teniendo en cuenta las diversas transformaciones que experimenta a lo largo de la etapa altoimperial ymás tarde, cuando queda integrada en el trazado de la muralla tardorromana. En efecto, en época bajoimpeial, a finales del siglo III d. C. o principios del IV, el sistema defensivo del campamento de la Legio VII Gemina sufre una profunda transformación20 -hecho que es común a otros núcleos urbanos como Asturica Augusta,Lucus Augusti oBracara Augusta,en el área noroccidental21-con la construcción de una nueva 18 En concreto hemos hallado importantes similitudes con las puertas del campamento británico de Arbeia (South Shiedls). 19 Sobre las características y cronología de esta estructura, vid.el estudio detallado de MORILLO y GARCÍA MARCOS (2003 b; 2005). 20 Además de las importantes transformaciones en el recinto defensivo, y a pesar de la continuidad del campamento en los siglos III y IV,según señalan autores como CEPAS (1997: 178), partiendo de los resultados de recientes excavaciones arqueológicas (MUÑOZ et alii,2002), en Legio tendrían lugar también modificaciones en algunas estructuras internas (barracones, termas…) que son reutilizadas con otras funciones, así como en el urbanismo, con sobreelevación de pavimentos y la presencia de hoyos con función de basureros en el interior de la ciudad, contrastando con el sistema de eliminación de residuos propio de la etapa altoimperial, utilizando vertederos extramuros. 21 Sobre las murallas bajoimperiales de estos tres núcleos urbanos, capitales de conventus en la etapa altoimperial, vid., además de las obras generales citadas, algunos estudios específicos sobre los recintos de Asturica (GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, 1997; GARCÍA MARCOS, MORILLO y CAMPOMANES, 1997; GUTIÉRREZ GONZÁLEZ y ARIAS PÁRAMO, 2009), Lucus (GONZÁLEZ FERNÁNDEZ et alii, 2002) y Bracara (SANDE LEMOS et alii,2002). 24 muralla que se adosa a la precedente en todo su perímetro externo. Esta nueva fortificación, actualmente visible, conserva una gran parte de su trazado, destacando las torres semicirculares dispuestas a intervalos regulares de unos 14 m. El muro defensivo, construido con opus caementicium de escasa calidad, presenta unos 5 m. de anchura y una altura de 10 m. aproximadamente, e integra las dos torres avanzadas de la porta principalis sinistra de la antigua muralla altoimperial. Con todo ello, constituye una obra de gran envergadura, similar a las que se acometen en numerosas ciudades de carácter civil o militar en Hispania yque responden a las nuevas directrices político-administrativas del Imperio, así como a necesidades económicas y a la diferente configuración y papel del ejército en esta etapa. Se trataría de fortificaciones de carácter defensivo ante posibles amenazas, aunque con un valor añadido como elementos de prestigio. Estos aspectos de la época tardorromana que se plasman de forma evidente en los restos arqueológicos, especialmente en las murallas, han sido abordados con exhaustividad por investigadores como Fernández Ochoa y Morillo (1991; 1992; 1994; 1997; 2002), que destacan la nueva concepción geoestratégica del Imperio en esta etapa. Ello exige en primer término la presencia de unidades militares, con el mantenimiento de algunos cuerpos legionarios en sus campamentos, como es el caso de la Legio VII Gemina en el siglo V, tal como se desprende de la Notitia Dignitatum (XLII, I, 25) así como una intensa actividad en el mantenimiento de la red viaria que facilite las conexiones entre los diferentes puntos de Hispania yGallia, destinados al abastecimiento de las unidades militares de los limites germánico y británico, a través del sistema de la annona militaris (Fernández Ochoa, 2002: 584-585). Apesar de la problemática que presentan las fortificaciones de este periodo, en cuanto a su cronología, a la intervención del ejército en estas obras o a su carácter civil, hemos de señalar que la muralla tetrárquica de Legio se encuentra bien datada a fines del siglo III d. C. o principios de la cuarta centuria, y parece evidente la impronta militar en sus rasgos constructivos22. En este contexto, es preciso hacer referencia a un reciente e importante hallazgo de más de cincuenta epígrafes hallados en este encintado legionense23 que sin duda aportarán datos relevantes sobreestos aspectos cronológicos, político-militares, sociales y económicos que plantean aún diversas controversias en la investigación sobre esta época tardorromana. -TERMAS INTERIORES Los diferentes restos constructivos romanos hallados con motivo de diversas fases en las obras de restauración de la catedral gótica24,en cuyo subsuelo permanecen 22 Vid.un análisis pormenorizado sobre el sistema constructivo de esta muralla tardía en GARCÍA MARCOS, DURÁN y MORILLO (2007) y DURÁN (2009: 798-800). 23 Este conjunto de restos epigráficos se encuentran actualmente en fase de estudio en la Universidad de León. 24 Estas obras fueron realizadas en una primera fase por el arquitecto Laviña (1859-1868), quien halló las primeras evidencias de una construcción romana. Posteriormente, los trabajos del arquitecto Demetrio de los Ríos (1884-1888), proporcionaron hallazgos más importantes asignables indudablemente a unas termas romanas. 25 actualmente, permitieron identificarlos ya en las primeras intervenciones como parte de un amplio edificio termal, que habría de determinarse más tarde como correspondiente a las termas del campamento de la Legio VII Gemina. Estos primeros hallazgos, recogidos en el estudio de García y Bellido (1970b: 576577, Figs. 16-26), consistieron en un muro de ladrillo, restos de un mosaico con decoración de temática marina y tres estancias con hypocausta,separadas por gruesos muros y cubiertas por una suspensura sobre la que se asentaba un pavimento de opus signinum.En las paredes de estas salas podían distinguirse las concamerationes oconductos de calor propios de los edificios balnearios. En un tramo más alejado se localizó otra sala -quizá una cámara de calorcubierta con bóvedas de arista. Ya a mediados del siglo XX, se pusieron al descubierto nuevos restos arquitectónicos en las obras acometidas por el arquitecto Menéndez Pidal, que también documenta García y Bellido en la obra citada. Por último, en recientes excavaciones llevadas a cabo con metodología arqueológica, y en la zona que sobresale de la planta del edificio catedralicio, en las inmediaciones de la porta principalis sinistra,fueron descubiertas unas letrinas que serían construidas sobre una estructura anterior con muros de sólido mortero hidraúlico y pavimentadas con opus spicatum,hallándose posteriormente dos canales de evacuación de agua. Estos restos constituyen la única parte visible del conjunto termal, albergada en una cripta arqueológica junto con las estructuras de cimentación de la porta principalis sinistra del campamento. Apesar de que carecemos de los suficientes datos para conocer con exactitud el esquema y recorrido de las termas legionenses, partiendo de los rasgos peculiares que señalan algunos autores en la construcción y estructura de las termas militares en otras zonas el Imperio, como Brödner (1992: 179-186), Hanel (2000: 23-32), Bidwell (1997: 7782), Bidwell et alii (2002: 53-56), que describen los principales complejos termales de los campamentos de Germania (Novaesium, Mogontiacum, Aventicum, Coriovallum o Vindonissa) y Britannia25 (Cilurnum (Chester), Segedunum (Wallsend), Arbeia (South Shields), Cordbridge o Bewcastle), podemos establecer algunos paralelos, dado que presentan las mismas características y funcionalidad, creándose una cierta estandarización en el modelo constructivo de las termas de los limites germánico y británico, como por ejemplo la disposición de un nuevo espacio cubierto formado por tres naves -la basilica thermarum-destinado a los ejercicios gimnásticos de los soldados, y que muy probablemente se encontraría también en las termas campamentales de Legio. -PRINCIPIA Los recientes hallazgos de restos de estructuras constructivas en el área central del campamento de la Legio VII Gemina,han permitido identificarlos con una parte de los principia26,el cuartel general de la legión que constituía el centro administrativo y espiritual en todos los asentamientos militares romanos. Ello explica la monumentali25 Sobre las termas de los asentamientos militares en Britannia,vid.VEGAAVELAIRA (2001: 51-76; 2010: 299-324). 26 Vid., una exposición detallada de estos hallazgos en GONZÁLEZ FERNÁNDEZ y VIDAL (2005). 32 Desde el punto de vista de la investigación arqueológica, la ubicación y estudio de estos núcleos civiles se ha visto por completo relegada, centrándose en las estructuras internas y los sistemas de fortificación de los campamentos. Esta situación se ha dado sobre todo en Hispania,donde sólo desde hace muy poco tiempo se presta más atención a estas aglomeraciones civiles, contrastando con otras áreas del Imperio, fundamentalmente Britannia yGermania,donde la Arqueología Militar cuenta con una gran tradición y podemos encontrar incluso estudios monográficos sobre estos asentamientos en importantes campamentos, como Caerleon (Evans, 2000), o bien trabajos muy documentados como los de Chester (Mason, 1987) o Nimegen (Haalebos, 1997; Franzen, 2009). En este punto tenemos que destacar que la cannaba de Legio fue ya objeto de temprana investigación por Vittinghoff (1970: 337-352)37,paralela al descubrimiento de los primeros hallazgos arqueológicos fundamentales para definir la estructura del campamento de la Legio VII. Así, podemos afirmar que fue uno de los primeros campamentos hispanos en los que se planteó la existencia de estos núcleos civiles y se definieron pautas importantes para su estudio. En efecto, la investigación en este aspecto ha continuado, sin embargo, siempre en un segundo plano respecto a las estructuras de las dos fases campamentales de Legio. En ello también hemos de tener en cuenta la dificultad de definir, además de la localización, la extensión, los límites y sobre todo la organización interna de estos núcleos civiles, ya que no cuentan con un urbanismo planificado, y además las construcciones se realizan fundamentalmente con materiales perecederos que no se han conservado sino fragmentariamente, a lo que hemos de añadir la escasez de fuentes epigráficas y literarias en la mayor parte de los casos. Con todo, los avances en este tipo de investigaciones se han hecho extensivos a otros campamentos hispanos (Palao, 2009), entre los que destacan Petavonium (RomeroyCarretero, 1998; Carretero y Romero, 1999; Romero y Carretero, 2006), Cidadela (Caamaño y Fernández, 2000; 2002; 2006), Aquis Querquennis (Pérez Losada, 2002) o Herrera de Pisuerga (Pérez González, 1996; Fernández Ibáñez, 2002), que cuentan con importantes núcleos civiles, cada uno de ellos con sus características propias y distintivas, sin seguir por tanto, -a diferencia de las estructuras campamentalesun esquema definido. Aún así, por las causas que hemos enunciado, resulta problemática la definición arqueológica de las construcciones y la explicación de algunos elementos hallados en estos espacios, carencias que puede suplir en muchos casos el registro material. En suma, podemos afirmar que tanto en el ámbito hispánico como en otras zonas del Imperio, continúan las investigaciones y las nuevas aportaciones, de carácter particular o general (Hanel, 2007), sobre la reconstrucción arqueológica de estas aglomeraciones civiles inherentes a los establecimientos militares romanos. En el caso de Legio,la definición del espacio extramuros constituye un elemento esencial para nuestro trabajo, centrado en esta área circundante al campamento de la 37 En esta contribución el investigador alemán trata ya la diferencia entre cannabae y vicus,así como la organización de la cannaba legionense y otras cuestiones como el papel de los veteranos de la legión en estos asentamientos, estableciendo en estos aspectos paralelos con otros campamentos de los limites raetico, germano y danubiano, como Vindobona,Vetera (Xanten) Mogontiacum,Reginum,Carnuntum, Aquinqum,Potaissa,etc… 33 Legio VII,ya que en ella se ubican los vertederos, objeto de nuestra investigación. Hasta hace poco tiempo, algunas evidencias arqueológicas, un buen número de testimonios epigráficos referidos concretamente a estas cannabae (García Martínez, 1999) y determinadas fuentes literarias, habían contribuido a situar el espacio de la cannaba,próxima a las murallas y la puerta praetoria del recinto fortificado. Este núcleo civil se extendería hacia la zona suroccidental, en un área que en época medieval constituiría el barrio gremial de San Martín y, en la actualidad, el casco histórico de la ciudad (vid.Fig. 4). No obstante, recientes excavaciones llevadas cabo en las afueras de la ciudad, en un amplio espacio, ya excavado en otros de sus puntos en campañas anteriores, han puesto de manifiesto la existencia de un vicus,situado a 2 km. del campamento, en el término de Puente Castro. Con todo ello, podemos afirmar que el campamento legionense consta de dos núcleos de población civil extramuros, cannaba yvicus,siendo el único en Hispania y siguiendo en este sentido el modelo canónico de las fortificaciones legionarias de otras zonas del Imperio, especialmente las situadas en los limites germano y danubiano. FIG. 4: Plano de la supuesta extensión de la “cannaba”, basado en el esquema del Barrio de San Martín (casco antiguo de la actual ciudad de León (según López Trigal et alii,2002) 34 En cuanto a la estructura del VICUS,atenor de las excavaciones llevadas a cabo hace una década y las campañas más recientes, en las que se ha identificado ya como este tipo de aglomeración civil dependiente del campamento de la Legio VII,hemos de destacar que se trata de un terreno próximo al río Torío, amplio y llano, lo que ha facilitado las labores arqueológicas. Se han hallado cimentaciones de cantos rodados trabados con barro, pertenecientes probablemente a viviendas, de planta cuadrada o rectangular, si bien pueden tratarse también de talleres, tiendas u otrotipo de edificios dedicados a actividades artesanales. Como elementos arquitectónicos singulares destacan una construcción con patio porticado y otra de planta basilical terminando la hipotética nave central en un ábside de planta cuadrada (Álvarez Ordás et alii,2000-2001: 142). Un aspecto importante es la identificación de un cierto trazado ortogonal, que implicaría una incipiente planificación urbana, organizándose las construcciones en torno a un eje viario que se dispone de Sureste a Noroeste. Así, esta vía podría enlazar con la vía I del Itinerario de Antonino (De Italia in Hispanias), que atraviesa Puente Castro para entrar en León (Legio VII Gemina), punto final de esta vía que, viniendo desde Italia, entra en Hispania por el Pirineo gerundense (Rabanal, 1988: 30-31). Las menciones, tanto en el Itinerario de Antonino (Ad Legionem VII Geminam), como en otrodocumento sumamente importante para las comunidades cristianas de alguFIG. 5: Plano del “vicus” situado en Puente Castro (según A. Morillo) 35 nos núcleos38,la Epístola 67 de San Cipriano de Cartago (…..ad Legionem et Asturicae…….), hacen pensar en núcleos cercanos y dependientes del campamento. El segundo caso es especialmente indicativo, pues se marca una clara diferencia entre el empleo del acusativo para referirse a Legio yel locativo para Asturica.De esta manera, en palabras de uno de los principales investigadores de este documento, este “hápax” gramatical en la correspondencia de Cipriano obedece a un uso consciente por parte del autor en el que se refleja un dato histórico, geográfico y jurídico: la comunidad cristiana a la que se dirige estaba asentada “junto a” la legión, es decir en las cannabae. Así pues la fórmula ad Legionem en vez del locativo Legionis es sinónimo de cannabae Legionis (Teja, 1990; 2005: 306). La consideración de este autor que habla de cannabae,bien puede referirse igualmente al vicus,que parece tener mayor importancia en cuanto a la organización urbana. De cualquier modo, la inclusión del vicus legionense en el entramado viario peninsular da idea de la relevancia del campamento de la Legio VII,ylos núcleos civiles que lo circundan, no en vano es el único acantonamiento militar legionario en Hispania, y por tanto un punto fundamental en la red de comunicaciones de la zona norte de la Península. En cuanto a la entidad de este vicus legionario, a las estructuras ya enunciadas, hemos de añadir un importante elenco de materiales de distintos tipos exhumados en las excavaciones, cuya cronología avala el periodo de establecimiento y permanencia de este núcleo de población civil. Entreestos materiales destaca especialmente un conjunto de elementos metálicos que forman parte del instrumental médico de la época romana, entre los que se encuentran escalpelos, cinceles, sondas, agujas, pinzas, flebótomos y demás (Álvarez Ordás et alii,2000-2001: 142-147), aparecidos en el mismo estrato, con lo cual, y en el plano meramente hipotético, podríamos encontrarnos ante la vivienda de un posible galeno, o quizá un taller de fabricación de estos utensilios. Además de este instrumental metálico, en las intervenciones realizadas en el vicus se han hallado diversos materiales cerámicos39 (Ibid.: 147) especialmente terra sigillata 38 Esta Carta, dirigida a varias comunidades cristianas en el año 255-256, como respuesta a los casos de cristianos libellatici,entrelos que se encontraban los obispos de León-Astorga y Mérida, contiene importante información -aparte de las cuestiones exclusivamente religiosas, tratadas en trabajos como el de VELADO GRAÑA (1986: 289-295)- sobre aspectos como la entidad y el estatus jurídico de estas aglomeraciones civiles en torno al campamento de la Legio VII. En esta cuestión han incidido autores como POULTER (1989: 69) y sobre todo VITTINGHOFF (1970: 346-352), que se refiere en concreto al caso de la cannaba yel vicus de Legio,señalando la ausencia de cualquier categoría jurídica a tenor de las fuentes, y por tanto de una municipalización, haciendo hincapié en la escasa promoción municipal en los asentamientos del noroeste hispánico. Así, la Carta de San Cipriano, que con la diferenciación terminológica demuestra la existencia de otro enclave civil (vicus)en Legio,deja también constancia de la escasa entidad jurídica del mismo respecto a Asturica Augusta,núcleo de mayor categoría jurídica y urbanística, donde se asentó la sede episcopal, aunque considerando la mayor antigüedad de la comunidad cristiana de Legio,se mantuvo el nombre de las dos localidades en la denominación de la diócesis (Teja: 2005: 305). Por otra parte, respecto a la organización de ambos asentamientos, la situación más común -teniendo en cuenta la regulación en otros campamentos del Imperio con la misma estructuraes que la cannaba se encontraría bajo la autoridad legionaria, mientras que el vicus tendría una cierta independencia, con una organización propia, menos sometida al control militar. 39 En este trabajo no se hacen constar los porcentajes numéricos de las distintas especies cerámicas citadas. hispánica, predominando entre las producciones lisas el plato Drag. 15/17 y el cuenco Drag. 27, así como el servicio Drag. 35 y 36. En los ejemplares decorados domina la forma Drag. 37, con estilo de círculos. Todo ello permite atribuir estas piezas al siglo II d. C. y primera mitad del siglo III. Junto a las producciones de sigillata hispánica se han localizado varias piezas de cerámica común, fundamentalmente ollas, jarras y vasijas de almacenaje, así como algunos ejemplares de platos de engobe interior rojo pompeyano y fragmentos de ánforas. Mucho menor es el número de ejemplares de cerámica de paredes finas, con escasos fragmentos decorados. A todo ello hay que añadir un importante conjunto numismático, compuesto esencialmente por monedas de bronce, encontradas en deficiente estado de conservación, de manera que en la mayoría de los casos no permite su lectura. La posible atribución de parte de este numerario a la época de los Antoninos, permite una datación que coincide con la de los materiales anteriormente citados, desde el siglo II a la primera mitad del siglo III. Las estructuras y organización de la CANNABA presentan mayores dificultades de identificación, dada su ubicación bajo el actual casco urbano de la ciudad, a diferencia del vicus situado en campo abierto. Aún así, se han podido determinar importantes edificaciones en su espacio, si bien las construcciones atribuibles a viviendas han dejado un escaso testimonio arqueológico. -ESTRUCTURAS DE OCUPACIÓN Los escasos restos que pueden adscribirse a edificios de habitación han sido hallados en una misma zona del perímetrode la cannaba,en las excavaciones realizadas en varios solares colindantes a uno de los vertederos estudiados en este trabajo (Calle Pilotos Regueral nº 4). Estos se sitúan cercanos a la muralla, en su lienzo occidental, muy próximos a la porta principalis dextra.Desde el punto de vista cronológico, resulta significativo que tanto el vertederocomo las parcelas en las que se han localizado estructuras constructivas (Edificio Pallarés y Edificio Botines), presentan idéntica secuencia estratigráfica, con tres fases diferenciadas, con abundante material, abarcando desde principios del siglo I d. C. hasta época flavia y comienzos del siglo II. Las estructuras constructivas halladas en las intervenciones en el Edificio Pallarés consistían en restos de muros con cimentación de cantos rodados trabados con barro yen algunos casos conservando parte del alzado de tapial (Miguel Hernández y García Marcos, 1993: 191, 192), y como elemento singular, una construcción realizada con tablones de madera, identificada en un primer momento como un pontón (Ibid.: 193), y revisada posteriormente en otra campaña, en la que se definió como un amplio pavimento, además de hallarse otros restos lígneos correspondientes a muros de cañizo revestidos con argamasa (García Marcos, 1997: 305). La inusual conservación de estas estructuras construidas con estos materiales perecederos, indicaría una cronología en los primeros momentos de la formación de este núcleo civil, sin embargo hemos de considerar que en la construcción de las viviendas de las cannabae se emplearon habitualmente este tipo de materiales, con lo cual su valor cronológico es sumamente relativo. 36 37 En el contiguo Edificio Botines se localizaron asimismo estructuras en madera y una importante edificación con cimientos de cantos rodados y pavimento de guijarros (García Marcos, 1997: 309-310). Intervenciones más recientes en la misma zona, como la realizada en el patio del Instituto Juan del Enzina deparó el hallazgo de una serie de muros, identificados como parte de un patio de un edificio de importantes dimensiones (San Román et alii, 2006: 736). Mayor relevancia para la progresiva delimitación del espacio ocupado por la cannaba tiene la excavación en un área más alejada, situada en dirección occidental de los anteriores solares, con los que forma un contexto unificado. En esta intervención, en el solar de la Calle General Lafuente c/v Calle la Rúa, se hallaron restos de cimentaciones de muros, destacando en el conjunto de materiales exhumados la gran proporción de jarras y fichas de juego, lo que ha dado lugar a interpretar esta zona como un espacio de ocio en que convivirían la población civil y militar (San Román et alii,2006: 737). A partir de esta serie de hallazgos, aunque fragmentarios, puede determinarse un espacio habitacional que por su situación correspondería al otro enclave civil junto con el vicus,la cannaba40,que tiene la peculiaridad de asociarse a todos los establecimiento militares romanos y se asienta por tanto, de forma coetánea a la Legio VII en su campamento. -ANFITEATRO Uno de los hallazgos más relevantes del espacio extramuros del campamento legionense ha sido la localización, en un punto próximo al ángulo suroccidental del perímetro fortificado (vid.Fig. 3), de una monumental construcción formada por un murode sillería con una bóveda semicircular de opus caementicium,interpretada en principio como un criptopórtico (Vidal, 1996: 314; García Marcos, 1997: 304; 2002: 202; 2005b: 190). Posteriormente, la aparición en un solar frontal de una edificación de similares características, permitió interpretar estos restos como parte de un anfiteatro (Vidal, 2005). La edificación de anfiteatros en el área extramuros es habitual en los principales campamentos romanos de época altoimperial, si bien su estructura constructiva difería de los grandes anfiteatros urbanos, edificándose generalmente en madera la parte superior correspondiente al graderío, que por tanto no se ha conservado. Sobresu uso, se estima que sería compartido por la unidad militar y la población civil, destinándose tanto a los juegos y luchas de gladiadores, como a otras actividades relacionadas con prácticas militares41,como desfiles, ejercicios de adiestramiento o instrucción y exhibición en la utilización de determinadas armas y tácticas de combate. Los testimonios arqueológicos de anfiteatros en ámbitos militares son muy numerosos en las diferentes regiones del Imperio. Así, en Britannia destacan los de Caerleon (Isca)(Evans, 2000: 495, 503, Fig. 125) y Chester (Deva)(Thompson, 1959: 40 Sobrela diferente composición demográfica de este núcleo y características de la vida social y religiosa, a partir de diversas fuentes epigráficas, vid.GARCÍA MARTÍNEZ, 1999. 41 El papel del anfiteatro en la vida del soldado romano ha sido tratado ampliamente por LE ROUX (1990). 38 32-33, Fig. 1, Pl. XV; Mason, 1987: 150-151, Fig. 4)42.En las áreas extramuros de los campamentos legionarios ubicados en el limes renano-danubiano se encuentran también importantes edificaciones con esta función, como los de Nimega (Franzen, 2009: 1279, Fig. 1.C), Vindonissa (Hartmann, 1984: 12-13), el cual presenta un corredor de servicio paralelo a la arena, que presenta gran similitud con la estructura conservada en Legio (Vidal, 2005: 58-59) y sobre todo, merecen especial mención los anfiteatros de los extensos asentamientos civiles de Carnuntum destinados principalmente a un uso militar (Pérez y Echegaray, 1987: 24). Igualmente, en Dacia se han localizado anfiteatros en los principales asentamientos militares como Micia (Oltean y Hanson, 2001: 124, Fig. 1), dejando patente la importancia de esta construcción en la mayor parte de las áreas extramuros de los acantonamientos militares que, con sus peculiares funciones habrían de fomentar la relación entre el contingente militar y la población civil de los vici ylas cannabae. -TERMAS Más desplazada de la que se ha venido definiendo como área de ocupación de la zona extramuros, paralela a la mitad del lienzo oriental de la muralla, se encuentra una edificación correspondiente a unas termas de reducidas dimensiones y conocidas como termas de “San Lorenzo”. Dado que constituyen uno de los contextos estudiados en el presente trabajo, no incidiremos en su estructura, tratada ampliamente en el correspondiente capítulo de este estudio, ni en la cantidad y tipo de materiales hallados en su excavación. El rasgo que caracteriza a todo el conjunto es su deficiente estado de conservación, de manera que las estructuras, sumamente arrasadas, una vez documentadas y recogidos los materiales arqueológicos, fueron posteriormente demolidas para permitir la continuación de las obras proyectadas en el polígono de “La Palomera” (Vidal y Marcos Contreras, 2002-2003). Con todo, a pesar de su precario estado de conservación, las pequeñas termas de “San Lorenzo” constituyen un testimonio esencial de esta situación que se produce, como en Legio,en varios asentamientos militares de otras zonas del Imperio: la presencia de dos edificaciones balnearias, por lo general, una en el interior del campamento, de mayores dimensiones y mejor calidad en la construcción (sin duda para uso de los legionarios o sus oficiales) y otra, en el área extramuros, donde se asienta la cannaba, cuyo uso exclusivamente civil, militar o mixto, aún constituye una incógnita en la investigación. Así, ejemplos de estos complejos termales “dobles” podemos hallar en campamentos de Britannia,como en Caerleon, donde el material hallado atestigua su uso por mujeres y niños (Bidwell, 1997: 82; Evans, 2000: 491, Fig. 125; Goldsworty, 2005: 107), Balmuildy (Sommer, 1984: 129, Fig. 1; Johnson, 1983: 277, Fig. 205) o Beardssen, (Johnson, 1983: 278, Fig. 206) donde las termas extramuros se encuentran en un anexo parcialmente amurallado, y el llamativo caso de los campamentos de Vindolanda yRavenglass, cuyas únicas termas se hallan extramuros (Sommer, 1984: Fig. 6-7; 1989: 93, Fig.66; Bidwell, 1997: 78-79, 81). También aparecen este tipo de ter42 Este anfiteatro, situado en la cannaba del campamento de la Legio XX Valeria Victrix,próximo al ángulo suroriental del recinto amurallado, ha sido objeto de importantes y periódicas campañas de excavación, como demuestran recientes aportaciones (WILMOTT, 2009). 39 mas en aglomeraciones secundarias de campamentos de la Gallia como el de Mirebeau-sur-Bèze (Reddé, 1996; Bouet, 2003: 189, Fig. 140), o en Germania43, como Saalburg (VV.AA. 1993: 13, Figs. p.12 y 8), en que el establecimiento termal extramuros supera en entidad al interior del asentamiento militar, o el caso más indicativo aún de las grandes termas de Weissemburg, ubicadas en el núcleo civil del Kastell Biriciana, en la frontera del limes germánico y el limes raetico,que presentan unas grandes proporciones en relación a los edificios del perímetro fortificado. En este último caso, las termas estarían en un primer momento destinadas a los militares de la guarnición. Sin embargo, a medida que aumentaba el tamaño de la aglomeración civil, servirían igualmente a esta población. Su construcción, debido a las mayores necesidades civiles y militares, se realiza pues, en tres grandes fases, que dan lugar a un complejo de gran extensión. Asimismo, en el limes danubiano se encuentran asentamientos militares como Carnuntum,cuyas termas se localizan en el centro del asentamiento civil circundante (Pérez y Echegaray, 1987: 30), constituyendo una edificación de grandes dimensiones con todas las estancias e instalaciones propias del modelo canónico romano. Como podemos observar, en la ubicación de los edificios termales en los asentamientos militares se produce una diversa casuística, siempre en relación con el espacio civil o cannaba circundante, donde en ocasiones se asientan las únicas termas. Ello lleva a considerar la intervención de las unidades militares en estas construcciones suburbanas, de manera que cabe pensar en un uso mixto de estas termas situadas en el asentamiento civil como es el caso que nos ocupa. De cualquier modo, sobreéstos y otros aspectos, será el estudio del conjunto de materiales hallado el que nos pueda proporcionar información sobre el régimen de utilización y sobretodo, sobrela cronología de la construcción y el período de uso de estas pequeñas termas y su amortización. -NECRÓPOLIS Además de los vertederos, objeto fundamental de nuestroestudio, situados siempre extramuros, tanto de los enclaves civiles como de los asentamientos militares, también las necrópolis ocupan este espacio, como dicta toda legislación ciudadana. En Legio se han localizado dos necrópolis de época tardía, ambas de inhumación y situadas muy alejadas del recinto campamental y de la cannaba circundante. Una de ellas, hallada en la C/Monasterio, al suroeste del perímetro amurallado, presentó una variada tipología en las inhumaciones, distinguiéndose sepulcros en fosa, sepulcros con ataúd, enterramientos con tégulas a doble vertiente y sepulcros construidos con bloques de piedra. Como materiales asociados destaca la gran cantidad de material latericio sellado, correspondiente a diversas etapas de la Legio VII,lo que indica una reutilización de materiales constructivos que dificulta el ajuste cronológico, si bien el conjunto de materiales cerámicos señala una época tardía, proponiéndose un arco cronológico del siglo IV al VII d. C. (González Fernández, 1994). 43 Un panorama exhaustivo de las termas militares en la región de la Germania Inferior,en sus principales campamentos y aglomeraciones civiles lo encontramos en HANEL (2000: 23-33). 40 Por otra parte, fue descubierta otra necrópolis tardorromana en el solar del actual campus universitario de Vegazana (Liz y Amaré, 1993), con inhumaciones de similares características a la anterior,de variada morfología, predominando aquí las tumbas “a capuchina” y de cubierta plana. Construidas con material latericio sellado por la Legio VII,perocon escasa asociación de materiales arqueológicos de otrotipo (los hallazgos cerámicos son mínimos), han sido datadas en los siglos IV-V d. C. sin mayores precisiones. Dada la gran distancia al campamento se ha planteado (Vidal, 1994) si esta necrópolis pertenece al ámbito de la Legio VII ysus cannabae obien puede asociarse a núcleos romanos de carácter rural más próximos. *** Como puede despenderse de lo hasta ahora expuesto, la visión general del asentamiento de Legio en sus diferentes etapas de ocupación por dos cuerpos legionarios, nos permite apreciar en primer lugar, los considerables avances en el conocimiento de las características de cada una de estas etapas, fruto de la intensa actividad arqueológica desarrollada en los últimos años. Aún contando con el siempre negativo condicionante que suponen las intervenciones en el medio urbano, algunos hallazgos se han revelado como decisivos para la confirmación de determinadas exposiciones teóricas presentes desde antiguo en la historiografía y hasta el momento, meramente hipotéticas. Desde esta perspectiva, hemos de considerar que las futuras excavaciones arqueológicas permitan seguir completando el plano del campamento legionense, con sus diferentes estructuras edilicias, así como también definir de forma más precisa la extensión y características de las aglomeraciones civiles -cannaba yvicus-yotros elementos urbanos que se ubican en el espacio extramuros. Con todo ello, podemos afirmar que a través de los hallazgos arqueológicos, más o menos relevantes, pero siempre indicativos, y de la aplicación de una metodología cada vez más especializada al estudio de los diferentes tipos de materiales, se está reescribiendo progresivamente una etapa fundamental de la historia romana de la ciudad. FIG. 6: Áreas de necrópolis localizadas en Legio (según Liz y Amaré) II. METODOLOGÍA 41 panorama se encuentran en ocasiones como ya hemos señalado, informes de intervenciones elaborados con sólidos criterios científicos que sobrepasan el nivel de la simple documentación, ofreciendo la información desde los planteamientos de la investigación arqueológica y constituyendo así una valiosa aportación para el desarrollo del trabajo de investigación. De igual manera, la falta de organización en el estudio de los materiales implica que, del conjunto de materiales de una misma excavación, algunos se encuentren publicados y otros inéditos, o hayan sido estudiados y publicados por distintos autores, como sucede con algunos de los contextos que estudiamos, de manera que en función de sus aportaciones a nuestra investigación, incluiremos una reseña con sus resultados. Este cúmulo de deficiencias que permanecen sin resolver en el ámbito de la arqueología urbana ha llevado a plantear a los principales investigadores sobre esta particular rama de la actividad arqueológica algunos cambios esenciales para superar esta situación, ya que no se ha producido en los últimos años la esperada evolución positiva en la dinámica de la arqueología de gestión. En este punto todos los autores coinciden en subrayar como causas fundamentales de esta crisis la separación entre gestión e investigación (Rodríguez Tremiño, 2004: 62-63; 119) y la excesiva mercantilización de los trabajos arqueológicos en el medio urbano (Vidal, 2005: 78). De igual manera, proponen también soluciones unánimes, basadas en la elaboración de un proyecto global de investigación arqueológica en las distintas ciudades, con unos objetivos, metodología y marco temporal idóneos y vinculado a los medios académicos (Rodríguez Tremiño, 2004: 123; Vidal, 2005: 82; Martín Bueno, 2002), de forma que la finalidad de este proyecto integral yplanificado ha de ser,según proponen, entreotros, Fernández Ochoa y Querol (2000: 12) desvelar la historia de la ciudad a lo largo del espacio y del tiempo, concibiendo la ciudad como un único yacimiento que puede tener múltiples superposiciones. Como nota final a este respecto hemos de señalar la diferente dinámica en la implantación de esta nueva planificación de la arqueología urbana en las distintas ciudades españolas, pues si en algunas como Mérida existe desde hace tiempo un marco general de actuación arqueológica, incluyendo la compleja cuestión de la conservación de los restos ylos recursos divulgativos, en nuestro ámbito de trabajo persiste la problemática y, lamentablemente, no parece próxima una normalización de la arqueología urbana leonesa. Además de los criterios y condicionantes hasta ahora señalados en el plano metodológico, hemos de añadir otro aspecto fundamental, derivado de la adscripción del presente estudio al ámbito de la denominada “Arqueología Militar”,una especialidad arqueológica que ha experimentado un notable avance en la Península Ibérica en los últimos años, con una revitalización y actualización metodológica de los estudios sobre asentamientos militares romanos, tanto en lo referente a sus características estructurales, como a las peculiares producciones materiales de carácter castrense y a las múltiples y diversas implicaciones que en el plano arqueológico conlleva la presencia del ejército romano en Hispania. Tradicionalmente, esta línea de investigación ha experimentado en el ámbito peninsular un considerable retraso respecto a otros países, fundamentalmente Alemania y Reino Unido, en los que los estudios científicos sobrelos numerosos yacimientos de carácter militar ubicados en los limites germánico y británico gozan de una gran tradición e interés, constituyendo un campo esencial en el desarrollo de las investigaciones ypuesta en valor de su patrimonio arqueológico. 48 49 De esta manera, puede afirmarse que los primeros pasos de la arqueología militar romana en Hispania se encuentran en los estudios e intervenciones del arqueólogo alemán A. Schulten (1927; 1928; 1929) sobre campamentos de época republicana y en especial sobre los recintos de Numancia. Sin embargo, a pesar de las valiosas aportaciones de la obra de este investigador, la metodología empleada adolece de importantes deficiencias sobre todo en cuanto al sistema de datación, basado no en las secuencias estratigráficas y el detallado registro de datos en los trabajos de excavación, sino fundamentalmente en los testimonios literarios que aportan las fuentes clásicas, de forma que su obra representa un claro exponente de la denominada “arqueología filológica” (Morillo y Martín, 2005: 177-179). No será hasta mediados del siglo XX cuando se asienten las bases científicas de la arqueología militar hispana, con las investigaciones de A. García y Bellido sobre diversos aspectos del exercitus hispanicus,ysus intervenciones arqueológicas en ambientes castrenses, destacando principalmente las excavaciones llevadas a cabo en diversos puntos del recinto de Legio.Su obra supone un hito fundamental en el desarrollo de estos estudios47 (Fernández Ochoa, 2002), que continuarán experimentando importantes avances en las siguientes décadas, con el descubrimiento de numerosos asentamientos militares estables, tanto campamentos legionarios como de unidades auxiliares, localizados fundamentalmente en el área noroccidental peninsular y pertenecientes a la época altoimperial. Así, la proliferación de excavaciones en enclaves como Herrera de Pisuerga, León, Rosinos de Vidriales, Cidadela, etc…, con el análisis de sus estructuras constructivas y del gran volumen de materiales extraídos, plasmados en diversas publicaciones científicas, han permitido reconstruir progresivamente la implantación y el papel del ejército romano en la estructura urbanística, económica y sociocultural del territorio peninsular como factor esencial en el proceso de “romanización”. Por otra parte, la celebración en los últimos años de congresos y reuniones científicas específicos sobre esta disciplina, tanto de carácter nacional (IyII Congreso de Arqueología Militar Romana en Hispania,celebrados en 1998 en Segovia y en 2004 en León), como internacional (Reunión sobre Arqueología Romana en Europa en 2001 en Segovia y XX International Congress of Roman Frontier Studies en 2006 en León) han contribuido decisivamente a la difusión del estado de la investigación y a la puesta en común de los resultados en el marco de las aportaciones de otros países. Con todo ello, hemos asistido últimamente a una dinamización de las trabajos en este campo, ofreciendo una perspectiva cada vez más globalizadora, de cara a una integración de los estudios arqueológicos sobre el ejército romano en Hispania,aun nivel similar al de otras áreas del Imperio, en el panorama general de la Arqueologia Militar Romana. Partiendo de estas consideraciones y teniendo en cuenta los factores condicionantes expuestos, trataremos los aspectos principales de la metodología empleada en el estudio del material cerámico procedente de estos tres vertederos. La elección por nuestra parte del material cerámico para, a través de su análisis, acometer el trabajo de investigación arqueológica de estos contextos legionenses, 47 Vid.aeste respecto en FERNÁNDEZ OCHOA et alii (2002), la recopilación de trabajos y el análisis de la significación de la obra de este investigador en el Noroeste peninsular. parte de que se trata en primer lugar, del material mejor representado desde el punto de vista cuantitativo y, por ende, con un mayor potencial de información, y sobre todo del hecho de que la cerámica -y en concreto determinadas especiessigue constituyendo el material guía en todo yacimiento de época romana. En primer lugar, hemos seguido unos criterios y un proceso de análisis basados en las aportaciones bibliográficas más recientes, especialmente aquellas que plantean el actual estado de la cuestión en la investigación del conjunto de la cerámica hispanorromana, sin dejar por ello de tener como referente las tipologías y estudios más tradicionales. La clasificación previa de este conjunto ha sido realizada siguiendo los criterios habituales en el estudio de la cerámica romana, en diferentes especies o categorías, que comprenden en este caso: terra sigillata,cerámica de paredes finas, cerámica común, morteros, lucernas, ánforas y otros. Así, aún a riesgo de resultar reiterativos, puesto que en los tres contextos se encuentran prácticamente los mismos tipos cerámicos, hemos mantenido el mismo orden de clasificación y criterios de exposición, considerando que puede ser este un factor importante a la hora de cotejar y establecer rápidas y efectivas comparaciones entre los conjuntos cerámicos de los tres vertederos, a lo que añadimos gráficos indicativos con los diferentes porcentajes de cada especie cerámica, que contribuyen a facilitar esta tarea. Por lo que respecta al sistema de cuantificación empleado -sobre el total de piezas registrado e inventariado de cada categoría cerámicaque hacemos constar en el estudio, hemos realizado una selección de aquellos ejemplares más completos y representativos de cada grupo y que se encuentran en mejor estado de conservación, para su descripción y representación gráfica. Teniendo en cuenta el tipo de yacimientos de que se trata, espacios deposicionales, este modo de cuantificación se consideró el más idóneo, basándonos en los planteamientos propuestos en las principales monografías sobreesta cuestión (Arcelin y Tuffreau-Libre, 1998). En cuanto a la representación gráfica de las piezas, al final de cada de cada uno de los tres apartados en que se divide el capítulo del estudio del material cerámico, correspondiente a cada vertedero, se incluyen las láminas con el dibujo de los materiales pertenecientes a cada contexto. Hemos considerado esta distribución más operativa que la colocación de la totalidad de las láminas como capítulo final del trabajo. En el plano metodológico, el criterio fundamental en que se asienta el presente estudio, como ya hemos señalado, es la referencia a la secuencia crono-estratigráfica resultante del proceso de excavación, a partir de los datos recogidos al respecto en el informe correspondiente. Ello implica que los diversos aspectos y criterios en el análisis de las piezas (tipología, funcionalidad, tecnología,…), se valorarán en todo momento en el contexto de la relación de las unidades estratigráficas de procedencia de las mismas, en orden a establecer correlaciones y extraer así la mayor cantidad de información que nos permita precisar en lo posible la cronología propuesta para estos conjuntos previa 50 51 al estudio pormenorizado de los materiales48,así como llegar a conclusiones fundamentadas sobre una serie de aspectos socioeconómicos y culturales esenciales para reconstruir el modo de vida y su evolución en este asentamiento militar. Por otra parte, en relación a la proporción de las diferentes especies cerámicas en estos contextos, es preciso tener en consideración una serie de fenómenos que afectan aeste material manufacturado y que pueden distorsionar la información que ofrece su volumen en el vertedero. Estos son, por una parte, el reciclaje y la reutilización, ya comentados, que no sólo afectan a materiales como el vidrio o los metales, sino también a la cerámica, particularmente a las ánforas, que a menudo son reutilizadas para un uso funerario (enterramientos infantiles) o también arquitectónico, en muros, canalizaciones o espacios abovedados. También las demás categorías cerámicas pueden ser objeto de reutilización, como materia prima, siendo triturados los fragmentos para su empleo en la fabricación de pavimentos y revestimientos. Por otra parte, como también hemos expuesto, en el contexto de un vertederoes preciso tener presentes otros aspectos determinantes, en relación con la cronología, pues, a pesar de la correcta datación de los materiales cerámicos en la secuencia estratigráfica correspondiente, hay que valorar el período de uso de las piezas, que puede ser más prolongado en función de diversos factores (calidad de determinados recipientes que alargan su conservación; situación del mercado y distribución de estas manufacturas, que puede sufrir alteraciones temporales...) retrasando todo ello la llegada de estos productos como residuos al vertederoyalterando, entreotros, los datos cronológicos que derivan del análisis arqueológico. De igual manera, algunas alteraciones en la estratigrafía, son consecuencia de la particular dinámica de los vertidos, no tanto en los vertederos sistemáticos, en los que los niveles deposicionales se suceden con un cierto orden y regularidad, sino en aquellos denominados “secundarios” con aportaciones desiguales de residuos que no siempre se disponen en el mismo espacio, complicando el análisis del registro estratigráfico. Estos fenómenos, que forman parte de la problemática de la interpretación de los vertederos, no disminuyen en ningún caso la importancia de la cerámica como material director para establecer secuencias temporales definidas, relacionando la información que proporcionan las distintas especies, sino que, por el contrario, ayudan a esclarecer en muchas ocasiones determinadas cuestiones de difícil explicación que no responden a los criterios establecidos sobre este material, y que encuentran una respuesta en función de los contextos de eliminación de residuos en que se hallan. 48 La cronología propuesta -previa al estudio detallado de los materialespara los dos vertederos ubicados en estructuras constructivas en la zona sudoriental del espacio extramuros, según los datos del informe correspondiente y de la publicación sobre ambos contextos (VIDAL Y MARCOS CONTRERAS, 2002-2003: 129, 136) se sitúa para el primero, la construcción singular (depósito de San Pedro) desde época de Claudio hasta finales del siglo I d. C., y para el segundo (el pequeño conjunto termal de San Lorenzo), desde su construcción en época flavia -por tanto en la etapa en que la Legio VII Gemina se encuentra ya definitivamente asentada en el campamentoy en uso hasta el siglo III d.C., cuando se produciría su destrucción y abandono. En el vertedero de la C/Pilotos Regueral, los niveles de la última de las tres fases en que se divide la secuencia estratigráfica serían los correspondientes a la época flavia y principios del siglo II d. C. 52 Además de estos planteamientos metodológicos de base, aplicamos también una serie de criterios comunes en el estudio de estos diferentes grupos cerámicos, que se basan fundamentalmente en: la técnica, la morfología, la decoración, la funcionalidad, la procedencia (local, regional o importada) y la cronología, prestando asimismo especial atención a los criterios cuantitativos, valorando los porcentajes de cada especie cerámica en los distintos contextos para efectuar el cotejo entre ellos y llegar así a establecer diferencias y analogías en la dinámica de los distintos vertederos extramuros y valorar las implicaciones de carácter social, económico y cultural que de ello pueden derivarse. Por lo que concierne al estudio de los aspectos técnicos en la fabricación de los diferentes tipos cerámicos, es preciso resaltar el decisivo avance que han experimentado a partir de la aplicación de análisis científicos de pastas y demás aspectos de los estudios arqueométricos,cuyos resultados proporcionan datos concluyentes sobre la composición mineralógica y química de las materias primas y los procesos tecnológicos empleados en los diferentes centros de fabricación, definiendo así los rasgos identificativos de los diferentes talleres y por ende, la procedencia de los distintos materiales cerámicos en los núcleos receptores. La utilización de la Arqueometría para la caracterización de materiales cerámicos se ha afianzado en España en las últimas décadas, de forma que la mayor parte de los estudios arqueológicos actuales sobre diferentes categorías cerámicas, además de las clasificaciones morfológicas al uso y los análisis tipológicos que proporcionan amplia documentación, suelen incluir un apartado de analítica arqueométrica, en especial de aquellas piezas que presentan mayores dificultades de adscripción, y en general para corroborar, matizar, o incluso modificar radicalmente en algunos casos las percepciones de los análisis de visu tradicionalmente afianzadas. Como disciplina que utiliza métodos de análisis de distintas ciencias, el conjunto de técnicas y métodos de la Arqueometría es tan extenso como complejo49,ala vez que desconocido para los arqueólogos, por rebasar ampliamente nuestro campo de conocimiento. Con todo, la cuestión fundamental en la que inciden los principales investigadores es la necesaria relación e integración de ambos campos a la hora e valorar los resultados obtenidos. Así, según Gurt Esparraguera y Martínez Ferreras, “la contrastación final entre la información obtenida por vía directa, la arqueológica, y la obtenida por vía indirecta, la arqueométrica, ayudará a la interpretación del registro arqueológico, reconstruyendo información sobre algunas de las etapas de la vida de los individuos cerámicos: dónde y en qué momento han sido fabricados y comercializados, cómo han sido fabricados y cuáles son sus características tecno-funcionales” (2008: 788). En el mismo sentido incide Pérez Arantegui (1996: 4-5), subrayando la formación de equipos interdisciplinares como marco idóneo para el desarrollo de la investigación arqueométrica y la creación de bases de datos para posteriores comparaciones, como elementos fundamentales para la obtención de conclusiones válidas. 49 Vid.sobre las técnicas y métodos de análisis arqueométricos más utilizados para la caracterización de materiales cerámicos, algunos trabajos como los de GARCÍA HERAS y OLAETXEA (1992); ARANTEGUI et alii (1996: 53-72); CAPEL (ed.) (1999); GURT ESPARRAGUERA y MARTÍNEZ FERRERAS (2008: 792-806), en los que se exponen descripciones amplias y detalladas sobre las características yaportaciones de cada una de estas técnicas en el campo arqueológico. 53 Aestos criterios generales que definen la metodología del estudio del material cerámico, es preciso añadir algunas características metodológicas específicas de cada grupo, si bien expondremos de manera más pormenorizada aquellos criterios empleados en el estudio de la terra sigillata -por ser éste el material director por excelencia en los yacimientos romanos y consecuentemente el más estudiadoy en la cerámica común, pues aunque su valor cronológico es mucho menos indicativo, su elevado porcentaje numérico y las tradicionales carencias en su investigación, justifican la explicación más amplia de algunos aspectos metodológicos utilizados en su estudio. Igualmente, las demás especies cerámicas (cerámica de paredes finas, morteros, lucernas o ánforas) serán objeto de determinadas precisiones metodológicas, pues todas ellas son sumamente indicativas en los contextos militares. En cuanto a la terra sigillata,sobre todo la de origen hispánico, ya que nos situamos cronológicamente a partir de época flavia, hemos partido en la descripción morfológica de los distintos tipos, de los criterios y acuerdos terminológicos y tipológicos establecidos en las obras tradicionales50,con sus actualizaciones y revisiones contenidas en los estudios generales más recientes sobre estas producciones. Estas últimas obras de conjunto han supuesto un referente fundamental, dado que significan una puesta al día sobre el estado de la investigación de la TSH, un campo cada vez más complejo y diversificado51.Así, se proponen secuencias cronológicas más precisas, basadas no únicamente en criterios tipológicos, sino en contextos estratigráficos fiables, a partir de las numerosas excavaciones llevadas a cabo en los últimos años. De la misma manera, se esclarece progresivamente, con la aportación de nuevos datos, el panorama de las denominadas producciones “precoces” y de las producciones “singulares”, que tienen especial significación en cuanto a la definición de los inicios de la producción y la ubicación de talleres en zonas alejadas de la órbita del complejo riojano de Tritium Magallum. En este sentido hemos de destacar la decisiva contribución de la aplicación, ya prácticamente generalizada, de la tecnología arqueométrica al estudio de la sigillata hispánica, iniciada por M. Picon e incorporada a la obra general de Mayet (1984) y continuada por otros investigadores como Buxeda (1994; 2000-2001), Madrid (2005), Madrid y Buxeda (2007; 2010), así como por Romero, cuyas recientes publicaciones sobre materiales del Valle del Duero(2008; 2012) han aportado datos sumamente esclarecedores sobre las clases de sigillata ysu procedencia, así como la identificación de nuevos talleres y la definitiva ubicación de algunos alfareros “precoces” -situados tradicionalmente en Triciocomo el caso de VLLO,cuya producción se ha localizado en el taller de Uxama. 50 Fundamentalmente las obras de MEZQUÍRIZ (1983 y 1985); GARABITO (1978); MAYET (1984); ROMERO (1985). 51 Destacan en este sentido las monografías en que colaboran los principales investigadores sobre el tema: FERNÁNDEZ GARCÍA(ed.) (1998); ROCAy FERNÁNDEZ GARCÍA(coords.) (1999), así como alguna contribución en publicaciones de variada temática, como la de SÁENZ PRECIADO, C. (1997) sobrelas nuevas perspectivas en el estudio de la TSH. Asimismo se plantea un panorama general, con la problemática y líneas de investigación de estas producciones en capítulos de las últimas obras de carácter general sobrela cerámica romana e hispanorromana: ROMERO y RUÍZ MONTES en ROCA Y FERNÁNDEZ GARCÍA (coords.), (2005: 139-223); FERNÁNDEZ GARCÍA y ROCA en BERNAL y RIBERA (eds), (2008: 307-332). 54 Las características técnicas, morfológicas y decorativas que precisamos en la descripción de las piezas, nos han permitido establecer ya una primera atribución de estas producciones a los talleres del área riojana que, con su centro en el complejo alfarero de Tritium Magallum,monopolizan desde mediados del siglo I d. C. la producción de sigillata hispánica en la zona norte peninsular, frente a los talleres de Andújar, cuyas cerámicas hispánicas presentan una difusión mucho más restringida, limitada al área bética. De la misma manera, un aspecto fundamental en el avance de la investigación ha sido, además del reconocimiento de las peculiaridades de los diferentes alfares de un mismo complejo, como el de Tricio, la identificación de un importante número de nuevos centros de producción52,sobre todo en la meseta norte, con un carácter secundario respecto al centro riojano, constituyendo en algunos casos sucursales de éste o bien centros autónomos, con un área de difusión local o regional y con sus respectivas particularidades técnicas, morfológicas o decorativas. En estos estudios se hace especial hincapié en los aspectos socioeconómicos, como la organización de la producción en los talleres o las relaciones entre ellos, además de analizar las redes de distribución de estas producciones, valorando los factores que inciden decisivamente en este proceso, como las vías de comunicación, el papel de algunos núcleos urbanos importantes como centros de redistribución y el análisis del volumen y características de la TSH hallada en los principales centros receptores. De esta manera la afirmación de la procedencia tritiense de la TSH en algunos yacimientos deja de ser tan taxativa como hasta hace poco tiempo, en que se desconocía la existencia de estos centros de fabricación ubicados en la zona norte y que han modificado sensiblemente el esquema unívoco de abastecimiento de la terra sigillata hispánica, haciendo más compleja y diversificada la distribución de esta producción. Por lo que respecta a uno de los primeros criterios de atribución de estas manufacturas, como es la descripción de los colores de pastas y revestimientos, hemos optado por prescindir en este caso de las tablas de colores al uso, por considerar que los datos de su consulta ofrecen un considerable sesgo subjetivo, y por tanto de muy escaso valor para determinar adscripciones seguras, de manera que procedemos efectuando un análisis de visu para identificar tonalidades genéricas y obtener datos macroscópicos sobrela composición, textura y calidad de las pastas y barnices. Además de la enunciada cuestión de la diversificación de talleres y de las novedades propuestas en cuanto a la relación entre los distintos centros productores, se ha intentado en los últimos años individualizar los rasgos característicos de la producción de los diferentes alfares que componen el complejo tritiense (Sáenz Preciado, P. 1993; 1999). En este sentido, hemos comenzado una línea de investigación por nuestra 52 Estos aspectos se contemplan ya en el estudio de SÁENZ PRECIADO, M. P.yJ. C. (1999) sobre el estado de la cuestión de los alfares riojanos, y han continuado siendo objeto de investigación, a la luz de nuevas vías de documentación, reflejados en publicaciones más recientes (SÁENZ PRECIADO, J. C. 2007; SÁENZ PRECIADO y MÍNGUEZ MORALES, 2008) que ponen de manifiesto la complejidad ydiversidad en la producción y distribución de la TSH en el norte peninsular, en función de la extraordinaria demanda de estas producciones en la etapa altoimperial. 55 parte -analizando aspectos en primer lugar tipológicos y posteriormente arqueométricosque nos permitan dilucidar la primacía de alguno de estos centros en el abastecimiento de la TSH al asentamiento legionense. Ello se ha visto confirmado por los análisis de un número significativo de muestras de pastas de los diferentes contextos53,realizado en el Departamento de Química Analítica de la Universidad de Zaragoza, donde se encuentra una importante base de datos elaborada a partir de numerosos estudios sobre la terra sigillata riojana, que nos ha revelado interesantes datos para la atribución de estos ejemplares a algunos talleres concretos dentro del complejo tritiense, y que incluimos en el apéndice final de este estudio. En el ámbito de la sigillata hispánica, revisten especial trascendencia las producciones de la denominada terra sigillata hispánica tardía -en cuya investigación se han producido igualmente significativos avancesen tanto que constituyen un elemento esencial desde el punto de vista cronológico en los yacimientos altoimperiales, para fijar el final de su secuencia temporal. Sobre otros aspectos de la TSHT, efectuamos un comentario más amplio y detallado al realizar la descripción de los escasos fragmentos hallados en dos de los vertederos estudiados. Por lo que se refiere a la cerámica común,hemos de poner de relieve el hecho de que ha sido un material tradicionalmente postergado en las investigaciones arqueológicas de los diferentes contextos en relación a las demás familias cerámicas, pues su valor como material-guía es menor,dada su escasa variabilidad formal en el tiempo, con una gran perduración de los diferentes tipos, de forma que no permite fijar secuencias cronológicas bien definidas. Este hecho constituye, entreotros, parte de la problemática específica de la cerámica común, de forma que su datación ha debido de realizarse tradicionalmente en función del resto de materiales presentes en el mismo registro estratigráfico. Todo ello hace que, a diferencia del resto de las especies cerámicas, el estudio de las producciones comunes carezca de una metodología específica, de aplicación general, con criterios terminológicos y tipológicos firmemente establecidos. Así, aún en la actualidad, en las publicaciones sobrela cerámica común de cada yacimiento aparecen distinta terminología y criterios de clasificación. Esta coyuntura metodológica dificulta notablemente el estudio comparativo de estas producciones, pues impide contrastar adecuadamente los resultados de su investigación en los diferentes contextos arqueológicos. Partiendo de estas premisas, el estudio de la cerámica común requiere en principio, algunas precisiones y matizaciones en el ámbito terminológico, dadas las diferentes opiniones existentes al respecto y el panorama en ocasiones confuso en que se sitúa aún hoy esta categoría de la cerámica romana desde el punto de vista conceptual. 53 Vid.FERNÁNDEZ FREILE, (2006: 419-429). Tanto desde el punto de vista de algunos peculiares rasgos tipológicos, definidos por M. P. SÁENZ PRECIADO (1993), como desde la confirmación de los análisis arqueométricos, podemos apreciar en Legio,ajuzgar por su aparición en distintos vertederos, un predominio de los productos de uno de los alfares del complejo tritiense, de los que presentan una cronología más antigua. 56 De esta manera, valorando el distinto contenido de las producciones integradas en el término “cerámica común” según la definición de diferentes autores, que resulta muy desigual, especialmente en los primeros estudios, bien de carácter local (Cabotse, 1962) o de ámbito mucho más amplio (Vegas, 1973), y teniendo en cuenta propuestas más renovadoras en este sentido como la de Alcamo (1986), consideraremos aquí como cerámica común -apelando aún a la convencionalidad del término-, el conjunto de recipientes de uso cotidiano o instrumenta domestica,elaborados con técnicas simples, ya sean de procedencia local, regional o importada. Quedan por tanto excluidas de este grupo las cerámicas de lujo y la vajilla fina de mesa, de manera que englobaría fundamentalmente los recipientes para uso culinario, el servicio común de mesa y los destinados al almacenaje y conservación de diversos productos. Desde el punto de vista del estado de la investigación se han realizado importantes avances en los últimos años, asistiendo a lo que algunos investigadores califican como “el renacimiento de la denominada cerámica común” (Beltrán, 2008: 23). En efecto, desde la publicación de Alarçao (1975) sobre las cerámicas comunes de Conimbriga, que supuso un hito definitivo al diferenciar claramente la cerámica local y regional de la importada, además de propiciar la aplicación de métodos científicos, siguió una etapa de importante actividad en la identificación de talleres, especialmente en el sur yeste peninsular, como el alfar de la Cartuja (Granada) (Serrano, 1976; 1978) y sobre todo el de los Villares de Andújar (Sotomayor et alii,1976; 1979); también se publican las cerámicas locales de Mérida (Sánchez, 1992) e importantes conjuntos en el área catalana (Casas et alii,1990). En este progresivo avance de la investigación, tiene lugar la celebración de una reunión científica (Aquilué y Roca (coords.), 1995), que supuso un importante punto de inflexión, contribuyendo especialmente a la unificación de criterios en el estudio de estas producciones, pues la cerámica común forma ya parte importante de los estudios de diversos conjuntos cerámicos54. Sin embargo, hemos de hacer hincapié en que en este ámbito no contamos aún con estudios generales actualizados55,limitándose aún los principales trabajos a áreas 54 En esta línea hay que señalar que son cada vez más numerosos los estudios de conjuntos cerámicos de yacimientos peninsulares que prestan mayor atención al capítulo de la cerámica común, que tienen un importante precedente en la publicación de las producciones de Conimbriga (ALARÇAO, 1975) yentre los que cabe destacar los de Celsa (BELTRAN et alii en VVAA., 1998), Varea (LUEZAS y SÁENZ PRECIADO, 1989), Arcobriga (SÁNCHEZ; AGUAROD et alii,en VVAA, 1992), Emerita (SÁNCHEZ SÁNCHEZ, 1992; ALVARADO y MOLANO, en VVAA, 1995; BUSTAMANTE, 2011) o Petavonium (CARRETERO, 2000: 640-716). 55 Así, en sentido estricto, podemos considerar que la única obra de carácter unificador y de ámbito más general sobre la cerámica común romana ha sido el estudio de VEGAS (1973) para el área del Mediterráneo occidental, que siguió la línea de investigación iniciada por LAMBOGLIA en su publicación sobre las excavaciones de Albintimilium (1950) en la que por primera vez se analizan con rigor las producciones de cerámica común. La aportación de VEGAS marca así un hito fundamental y su clasificación tipológica, aunque ya superada, sigue constituyendo aún hoy un referente importante para los estudios sobreel tema en esta zona del Imperio, que parten ya de la base de nuevos criterios metodológicos de análisis y clasificación, y se circunscriben a ámbitos geográficos mucho más restringidos. 57 regionales o locales, destacando, además de los ya citados, los de Aguarod (1995) para el Valle del Ebro, Serrano Ramos para el territorio malacitano (1997; 2000; 2004) o la monografía de Luezas (2002) sobre la cerámica común romana de la Rioja, y en lo que concierne a las producciones locales, merece especial mención el completo estudio de estas producciones en Lucus Augusti (Alcorta, 2001). Sobre ámbitos más amplios como la provincia Tarraconense, destacan los estudios de Aguarod (1991) sobre las producciones importadas, y la decisiva aportación de Paz Peralta centrada en época tardía (1991), añadiéndose a todo ello la identificación de algunas producciones peculiares de cerámica común, cuya área de extensión no se ajusta a las demarcaciones oficiales (Fernández Ochoa y Zarzalejos, 1999). De esta manera, con estas diversas contribuciones y considerables avances en el estudio de esta especie de la cerámica romana, la revisión del estado de la investigación sobre el mundo de las cerámicas comunes altoimperiales de Hispania (Serrano, 2008: 471-488), señala las diferencias en la investigación entre las tres provincias hispanas, e incluso dentro de cada una de ellas los progresos en función de su ubicación, para concluir que es necesaria una mayor atención a este material cerámico para avanzar en el conocimiento más exhaustivo de estas producciones. Ello redundará indudablemente en la mayor profundidad en el estudio y en el conocimiento más detallado ycompleto de los contextos generales en que se hallan estas producciones. En cuanto a la metodología empleada en la clasificación de la cerámica común, hemos partido de cuatro criterios fundamentales de análisis: la técnica, la funcionalidad, la morfología y la procedencia. Desde el punto de vista técnico se analiza la tonalidad y composición de las pastas, los sistemas de cocción, así como la calidad y granulometría de los desgrasantes utilizados, prestando especial atención a los revestimientos o tratamientos de las superficies externas y los sencillos esquemas decorativos que pueden presentar algunos de estos recipientes. La clasificación se realiza en función de los rasgos morfológicos más distintivos, especialmente la configuración de los bordes, forma del cuerpo y otros elementos como la presencia de asas. La funcionalidad ha constituido un criterio básico en las clasificaciones de cerámica común, según el cual se establecen tres apartados fundamentales, diferenciando los recipientes de cocina, de mesa y de almacenaje y englobando en cada uno de ellos los diferentes tipos morfológicos y sus variantes. En nuestro caso hemos recurrido a este criterio funcional en el ya citado estudio precedente de un vertedero legionense (Fernández Freile, 2003). Sin embargo en este trabajo hemos optado por prescindir de esta división tripartita, teniendo en cuenta que algunos recipientes (platos, cuencos, tapaderas, jarras e incluso ollas)56,pueden tener una función polivalente, para uso 56 Esta cuestión ya es señalada por VEGAS en la descripción de la función de algunos recipientes. Así, en el capítulo dedicado a las vasijas para guardar provisiones, afirma que es probable que determinadas ollas sirvan también para este cometido y no para cocinar,dado que por su forma alta y cerrada no es posible asignarles otro uso que el de guardar las provisiones en la cocina o en el sótano de la casa (1973: 115). En la misma cuestión incide JÁRREGA (2009, SECAH, Bol nº 1: 24), quien considera que determinadas ollas de buena factura y con decoración servirían para la despensa e incluso podrían ser utilizadas en la mesa. 64 minadas industrias insalubres para la vida urbana como los hornos para la fabricación de material latericio, tal como se especifica en la Lex Ursonensis LXXVII60.Al respecto hemos de puntualizar que en el caso del campamento de la Legio VII los vertederos se encuentran muy próximos a la muralla61,mientras que las necrópolis halladas, de época tardorromana, se sitúan a una considerable distancia del recinto amurallado (vid.Fig. 7). En la zona sur del campamento se ha localizado un taller dedicado a la actividad metalúrgica, ubicado también extramuros, éste perteneciente a la época de la Legio VI Victrix,mientras que otras fabricae de armamento y equipo militar de la etapa de la Legio VII Gemina se ubican, aunque muy cercanos a la muralla y a la puerta praetoria,en el interior del recinto campamental (Campomanes, 1999, 269-279; Aurrecochea, 2006: 309-334), quizá porque esta actividad de elaboración final no provocaría excesivas molestias para el desarrollo de la vida castrense, o bien porque estas fabricae están plenamente integradas dentro del plano campamental, como el resto de edificios (termas, principia, contubernia,…). Por otra parte, además de la cercanía al perímetro fortificado, hemos de hacer notar la ubicación de estas áreas de vertidos en las inmediaciones de dos de las cuatro puertas del mismo (porta principalis dextra yporta principalis sinistra), donde desembocan las principales vías del campamento, sin duda para facilitar el transporte de los desechos. Son muy escasos hasta el momento los estudios de vertederos en enclaves militares,de manera que carecemos de referencias específicas para establecer paralelos y cotejar los aspectos relativos a estas zonas de vertidos en contextos castrenses. En Hispania,únicamente en estudios sobre el yacimiento de Herrera de Pisuerga, asentamiento de la Legio IIII Macedonica aprincipios del siglo I d. C. y posteriormente de otros cuerpos militares, se describen cinco zonas de vertederos, que según uno de sus principales investigadores, “delimitan el asentamiento y en algunos casos colimitan estructuras defensivas” (Pérez González, 1998: 553-555). Los vertederos, diferentes en extensión, potencia y cronología -aunque todos se documentan en época temprana (siglo I a. C. y siglo I d. C.)- se diferencian también en cuanto a su tipología, pues algunos no tienen uso posterior y otros sirven como aterrazamiento para asentar nuevas estructuras. Situados muy próximos al emplazamiento castrense, presentan un rasgo unificador en su contenido, integrado fundamentalmente por residuos de carácter 60 En el texto de la Lex Ursonensis,76, 25, además de situar los talleres de fabricación de este material a una distancia determinada del campamento, se limita la autorización a los establecimientos inferiores a 300 tegulae,aspecto que según los diferentes investigadores se interpreta de distinta forma. Así, según LE ROUX (1999: 119), la producción de 300 tejas diarias resulta un tanto excesiva, mientras que D´ORS, establece la comparación con la Lex Tarentina para proponer la solución de una superficie del tejado de 75 m2.Este último aspecto es tratado de forma específica en el trabajo de V.G. TSIOLIS (1997): “Las restricciones de la producción tegularia de la Lex Ursonensis”, Studia Historica. Historia Antigua 15, pp. 119-136, aclarando estas restricciones y las condiciones de producción de este material latericio. 61 En este aspecto existen diferencias en la cercanía de los vertederos urbanos al perímetro fortificado, si bien resultan en conjunto excepcionales casos como un potente vertederoen Baelo Claudia, cuyos niveles se encuentran en su totalidad adosados al encintado murarlo (Bernal et alii, 2011: 78). 65 artesanal, pudiendo identificarse los desechos de talleres de fabricación de una amplia variedad de materiales como distintos tipos de cerámica, vidrio, elementos metálicos, óseos, textiles y demás62. Más recientemente, en este mismo yacimiento de Herrera de Pisuerga se localizó otro importante vertedero (Illarregui y Sarabia, 2008: 119), con varias fases de relleno, que colmataría una gran estructura previamente excavada, probablemente un foso, y cuya formación se produciría en un breve periodo de tiempo, a juzgar por la cronología de los materiales arqueológicos exhumados, fundamentalmente cerámica de las distintas especies, que permite datar el vertedero en fechas anteriores a mediados del siglo I d.C. Este área de vertidos es interpretada como parte del proceso de amortización de un foso del antiguo campamento de la Legio IIII Macedonica,ala llegada del nuevo contingente militar, el Ala Parthorum,que ocuparía parte del anterior recinto. Con todo ello, en el asentamiento militar herrerense, la excavación y el estudio de los diversos vertederos hallados, que constituirían en su mayor parte áreas de eliminación de residuos “industriales” o “artesanales”63,ha permitido documentar una intensa actividad productiva por parte de los cuerpos militares que lo ocuparon, en especial la Legio IIII Macedonica. Así, se han documentado en el yacimiento numerosas eimportantes fabricae militares dedicadas a la elaboración de los más variados productos, necesarios para el abastecimiento del importante contingente de soldados allí acantonado. A lo largo de las excavaciones realizadas en los últimos años en este complejo yacimiento, además de los estudios ya existentes sobreimportantes producciones cerámicas, como la terra sigillata (Pérez González, 1989), las lucernas (Morillo, 1992; 1993), así como otros vasos de época julio-claudia (Pérez González e Illarregui, 1995: 415-430), se han ido localizando, a partir principalmente de los testares, otras importantes producciones de cerámicas locales, como las de cerámica común y mortaria,así como las de paredes finas (Reinoso del Río, 2002: 369-380). Al mismo tiempo, además del material cerámico, aparecieron otros establecimientos artesanales de cierta envergadura, como los dedicados a la fabricación de útiles óseos (Pérez González e llarregui, 1994: 259-267; 1995: 90-10; Matía Merino, 1999: 5364) y a la producción de objetos de vidrio (Marcos Herrán, 2002; 2006: 455-465), cuyo descubrimiento y estudio se basa en uno de los más importantes vertederos del asentamiento, destacando también testimonios relativamente bien conservados de trabajo en madera, cuero o industria textil. Como es de esperar en un asentamiento castrense con este nivel de producción local, no podía faltar una importante industria metalúrgica, centrada sobre todo en la 62 Así, en palabras del citado investigador “los basureros de los campamentos suelen ser una buena fuente de información y el estudio de los restos en ellos depositados nos suelen proporcionar numerosas sorpresas” (Id.2001: 22). 63 Aún así, también la presencia en uno de los vertederos de mayor riqueza material y más claro carácter militar, de restos faunísticos (cornamentas de ciervo, colmillos de jabalí, ostras, caracoles marinos…), nos acercan someramente, según PÉREZ GONZÁLEZ, al tipo de alimentación de algunos militares. De la misma manera, los restos de pintura mural, y otros elementos de construcción, fundamentalmente latericios, nos aportarían datos sobre su hábitat residencial (1996: 554). elaboración de objetos de equipamiento militar de hierro, cobre y bronce, y que persiste durante los asentamientos de los diferentes cuerpos militares que ocupan el solar herrerense (Fernández Ibáñez, 2002: 381-394). Además de las publicaciones aisladas sobre estas producciones, cobra una especial relevancia la exposición de un panorama de conjunto de las diferentes producciones militares en el campamento de la Legio IIII Macedonica en Herrera de Pisuerga (Pérez González e Illarregui, 2006: 111-133; 2006 b: 234-262), que ponen de manifiesto la necesidad de autoabastecimiento en los campamentos militares en los primeros tiempos de su asentamiento en Hispania,antes de la estructuración de la red viaria y el establecimiento de rutas comerciales para el intercambio de los diversos productos, que reducirán notablemente, ya a partir de la primera mitad del siglo I d. C. las manufacturas militares “in situ” en los campamentos. A partir de estos momentos se hará habitual el aprovisionamiento de todo tipo de productos importados en los recintos castrenses, quedando únicamente algunos talleres de fabricación de elementos específicamente militares, como pueden ser determinadas industrias metalúrgicas, como es el caso de la Legio VII Gemina en su asentamiento en León. Un paralelo más próximo en cuanto a la cronología y función de estos espacios, resulta el vertedero hallado extramuros del campamento galaico de Cidadela (Caamaño y Fernández Rodríguez, 2002: 223), asentamiento desde principios del siglo II d. C. de la Cohors I Celtiberorum,una de las unidades auxiliares de la Legio VII Gemina. Esta zona de deposición de vertidos se localiza frente a la porta principalis sinistra del recinto, en el punto donde se interrumpe el foso documentado en el resto del perímetrofortificado. Según los investigadores citados, en la ubicación de este vertedero se habría tenido en cuenta la dirección de los vientos dominantes en esta zona (Norte y Suroeste), un factor importante en estos contextos, que se une a otros condicionantes topográficos, evidenciando la rigurosa labor de planificación en la situación de estos espacios en las áreas periurbanas de los núcleos de hábitat. En lo que respecta a su contenido, presenta una gran afinidad con los vertederos legionenses, por cuanto los materiales hallados -principalmente cerámicas (terra sigillata hispánica y producciones comunes), tégulas, objeto de vidrio y metaleslo incluyen, al igual que en Legio,en la categoría de vertederos mixtos, receptáculos de los residuos de las actividades cotidianas llevadas a cabo en un núcleo urbano y vinculados también en este caso a la actividad militar. A partir de los estudios sobre el conjunto de la terra sigillata del campamento, compuesto por más de 700 ejemplares, especialmente de TSH que supone el 91% del total, se ha determinado que un porcentaje importante de esta especie cerámica procede del área de deposición de vertidos (López Pérez, 2006: 432). De hecho, algunas de las piezas aquí localizadas indican, por su cronología, que habrían tenido un largo período de uso hasta que fueron desechadas. Un rasgo común que define a los recipientes procedentes del vertedero es un menor índice de fragmentación y mejor estado de conservación, todo lo cual indicaría el carácter de vertedero sistemático que no ha sufrido alteraciones importantes a lo largo del tiempo y por tanto, con una secuencia estratigráfica regular,propia de estas áreas deposicionales, que ofrece óptimas posibilidades para el estudio completo del conjunto de materiales hallados con vistas a la reconstrucción de la cultura material y los hábitos de consumo propios de un establecimiento militar del noroeste hispánico en los confines del Imperio. 66 Así, desde el punto de vista de la investigación arqueológica, al igual que en Legio, se asiste a una valoración progresiva de la importancia de los vertederos en sus distintos tipos -en el caso de Herrera de Pisuerga de carácter más artesanal o industrialpara la identificación de posibles producciones locales o redes de abastecimiento de manufacturas importadas, y documentar sus rasgos específicos, dentro del contexto relativamente uniforme del utillaje de los asentamientos militares romanos en provincias. Con todo, estos dos ejemplos constituirían, hasta el momento, los únicos paralelos para el campamento de Legio en la Península Ibérica en cuanto a la disposición y la relevancia de los vertederos en un contexto militar, ya que en los recientes estudios más exhaustivos sobre eliminación de residuos en las ciudades hispanas (Remolà y Acero (eds.), 2011) se tratan esencialmente núcleos civiles, al igual que sucede con las principales ciudades galorromanas (Ballet; Cordier; Dieudonné, 2003). Por lo que respecta a otras zonas del Imperio, es de destacar el conocido “Schuttügel” del campamento de Vindonissa en Germania Superior.Esta zona de deposición de vertidos, excavada en parte a mediados del pasado siglo, se sitúa en las inmediaciones de la puerta norte, próximo al recinto amurallado, en una zona de topografía escarpada, sobre la pendiente que forma el curso del río Aare (Martin Kilcher, 2003: 235, Fig.5). Según esta investigadora, dada la percepción de un aumento de las dimensiones y la potencia de la acumulación de residuos en dirección Este a Oeste, el vertedero sería utilizado durante un largo período de tiempo. Este aspecto se explicaría, teniendo en cuenta la ocupación ininterrumpida del recinto campamental por tres legiones -Legio XIII Gemina, Legio XXI Rapax yLegio XI Claudia Pia Fidelisdesde el año 15 a. C. hasta el 101 d. C. Ello condicionó además el desarrollo de importantes núcleos civiles -cannabae yvicus-yla construcción de varias estructuras en una amplia zona extramuros. Desde esta perspectiva, se hace hincapié en la necesidad de realizar nuevas intervenciones en el vertedero, dado el enorme potencial que encierra respecto a su contenido material, sin embargo en recientes publicaciones sobre excavaciones en este asentamiento (Trumm, 2009) se describen los resultados de las intervenciones en estructuras importantes intramuros y extramuros, mencionando únicamente la presencia del vertederoysu escarpada topografía. Con todo ello, los únicos estudios sobre materiales extraídos del vertedero son los realizados sobre material cerámico por Ettlinger en 1951 y por Ettlinger y Simonett en 1952, en los que se documentan las principales producciones legionarias (terra sigillata,cerámica de paredes finas, recipientes comunes y peculiares vasos rituales), con importantes comparaciones sobre la cerámica de campamentos de otras provincias como Moesia en que estuvieron acantonadas alguna de las tres legiones que ocuparon Vindonissa,constituyendo así las únicas referencias bibliográficas sobre este importante vertedero que precisaría una puesta al día de su estudio en todos los aspectos, partiendo de la metodología actual utilizada en el análisis de este tipo de contextos. Exceptuando este singular yacimiento, no hemos hallado establecimientos castrenses en otras provincias con vertederos de semejante potencia arqueológica, quizá porque la investigación se ha centrado especialmente en las estructuras arquitectónicas y la distribución urbanística de los campamentos, relegando a un segundo plano la atención a las áreas de vertidos, o bien por el hecho de no haber sido éstas localizadas oidentificadas con claridad, dada su ubicación extramuros de los recintos fortificados. 67 En esta panorámica, hemos de señalar una aportación relevante con la reciente publicación sobre la vida de los soldados romanos en los establecimientos militares en Britannia (Giles, 2012) en la que, desde los presupuestos metodológicos de la Arqueología Procesual, se realiza un análisis de numerosos asentamientos castrenses, prestando especial atención a su distribución espacial y diferenciando la estructura y función de las distintas áreas y edificaciones de los recintos, en base a la evolución cronológica y a las características de la cultura material procedente de las excavaciones en los mismos. A partir de esta información se establecen diferentes patrones y “grupos funcionales” sobre el conjunto de actividades desarrolladas en estos ámbitos. En este contexto, se aborda la cuestión de la deposición de basuras (op. cit.: 52-53) en áreas específicas de similar tipología -fosos o zanjasen las inmediaciones de los campamentos, diferenciando también depósitos primarios y secundarios, y valorando la importancia que para la investigación arqueológica de la organización y el modo de vida militar representa el análisis del contenido artefactual de los vertederos. Un caso aislado y peculiar en el ámbito de los vertederos de asentamientos militares es el sitio arqueológico de Cantegrel en Eysses (Villeneuve-sur-Lot), la antigua Excisum,en el área suroeste de la Gallia,que constituyó un importante punto de confluencia de vías de comunicación. En este yacimiento (Chabrié; Daynès; Garnier (eds.), 2010) las últimas excavaciones han deparado la aparición de un número inusitado de pozos (99), con función de basureros o depósitos de determinados materiales, así como un amplio vertederobien diferenciado de éstos en su estructura y ubicación, en el que se ha localizado un rico y variado conjunto de materiales arqueológicos. Es precisamente la presencia de numerosos objetos de claro uso militar en estas áreas de vertidos, lo que ha dado lugar a la consideración del establecimiento en este lugar de un posible campamento militar -aspecto aún sometido a debate-, que, en función del espacio ocupado, habría albergado a un ala de caballería. La zona de ubicación de este yacimiento, de carácter periódicamente inundable, hizo necesaria en la actualidad la construcción de una cuenca de retención de aguas pluviales y canales de eliminación, así como un área de aterrazamiento. En este proceso se localizaron los pozos, mientras que el vertederofue hallado en el extremo opuesto a la zona aterrazada. Muy cercano a este espacio se encuentra el emplazamiento de la aglomeración civil galorromana, de época augustea y que puede identificarse con un vicus apartir del reinado de Tiberio, cuando tiene lugar el desarrollo de un importante programa edilicio que se completará con los Flavios. Destacan en esta zona de poblamiento, la presencia de un edificio público de grandes dimensiones y carácter monumental, unas termas, los horrea,el área de viviendas ya construidas según los modelos romanos, un importante barrio artesanal y una necrópolis en la que abundan las inscripciones militares. En cuanto a las estructuras de recepción de vertidos, es de destacar la importante diferencia entre la tipología y el contenido de los pozos y del vertedero. En los primeros, de notable profundidad, se documenta un numeroso conjunto de restos faunísticos, mientras que el material cerámico presenta una escasa representación, a excepción de las ánforas de muy diferentes tipos, que componen un amplio elenco, permitiendo todo ello aportar una cronología de finales del siglo I d. C. Respecto a la interpretación del uso de estos pozos ha surgido una controversia entre la consideración de su carácter meramente funcional (utilizados como basureros para rellenar pozos de extracción 68 69 de agua o de determinados materiales y ya en desuso)64 ysu posible función ritual (funeraria o cultual). En este aspecto, como tratamos infra,aalgunos vertederos con características similares, localizados también en algunas ciudades de Hispania,pero en ningún caso en entornos militares, se les ha atribuido una función relacionada con determinadas prácticas religiosas o rituales. Como hemos señalado, en un área próxima al conjunto de pozos se localiza un vertedero en extensión, con escasa profundidad y una clara disposición estratigráfica, cuya excavación proporcionó un numeroso y variado conjunto de materiales arqueológicos: material constructivo, cerámica de las diferentes especies (terra sigillata,cerámica de paredes finas, cerámica común, lucernas, ánforas, terracotas), vidrio, objetos de hueso trabajado, restos de actividades artesanales -principalmente metalurgia-, numismática, restos faunísticos, y elementos metálicos, entre los que destaca un importante conjunto de objetos de indudable carácter militar. Son precisamente las abundantes piezas de armamento ofensivo, defensivo y de caballería, en todo comparables, según sus investigadores, a los hallados en campamentos británicos, del limes germánico o gálicos como Aulnay-de-Saintonge o Mirebeau (op. cit.: 201), los que permiten la denominación de “vertedero militar” (ibid.: 47-48, Figs. 38-39) y plantean la probable existencia de un asentamiento militar en este lugar, ocupado por una guarnición permanente o eventual, pero cuyos límites y extensión no han sido aún localizados. La cronología de este asentamiento vendría dada por este conjunto de militaria, a principios de época flavia, coincidiendo plenamente con la datación del resto de materiales hallados. Como ubicación hipotética de este campamento se ha propuesto la zona oeste del vicus,ocupando el vertedero un área próxima al ángulo superior derecho de lo que sería el recinto militar (Ibid.: 21, Figs. 19-20). Así, el caso de Eysses-Excisvm,constituye un claro ejemplo del importante papel que desempeñan los vertederos en los yacimientos arqueológicos, no únicamente como contenedores de materiales que proporcionan importante información en aquellos asentamientos cuyo carácter se encuentra claramente definido, sino también como indicadores de la presencia de determinados tipos de hábitat en su entorno (civil, militar, artesanal…), difícilmente identificables en muchos casos por otros medios. Es así como se ha llegado a establecer, con muchas probabilidades, la presencia militar en este asentamiento galo, que vendría a suponer una similitud importante con Legio en cuanto a la estructura y contenido de su vertedero “militar”. A partir de esta casuística, podemos deducir en principio, que la gestión de residuos sólidos no presenta diferencias significativas -a excepción de parte del contenido específico de los vertederosen los asentamientos militares respecto a las demás urbes, siguiendo, como demuestran los testimonios arqueológicos, pautas similares en cuanto a ubicación y relación con los núcleos habitados. 64 Un caso similar,perocon un númeromucho más reducido de pozos, podemos hallar en las inmediaciones del campamento germánico de Saalburg,tras cuyo uso primario son también reutilizados como vertederos, con la peculiaridad de facilitar, también por las características del terreno, la conservación de objetos realizados en materiales perecederos como madera o cuero(VV.AA.,1993: 12). 70 Así, en la mayoría de las ciudades, al igual que ocurre en Legio,existe una estrecha relación de los vertederos con la dinámica de la topografía urbana,que experimenta modificaciones sustanciales a través de estas áreas de vertidos. En el contexto legionense, los tres vertederos aquí estudiados, contando también con el analizado previamente que nos ha servido de referencia, presentan al respecto una diferente tipología, con distinto nivel de incidencia sobre el entorno topográfico del recinto campamental. Por una parte, los vertederos de San Pedro y San Lorenzo constituirían lo que F. Tarrats denomina “vertederos de segundo uso” (2000: 131), cuya creación responde a una actuación derivada de un proceso -más o menos circunstancialde renovación urbanística o arquitectónica en unos espacios urbanos concretos. Así, el vertedero de San Pedro representaría un vertedero secundario respecto al depósito en que se encuentra, al igual que el de San Lorenzo, localizado en el interior del conjunto termal, ocupando en ambos casos estructuras o edificios abandonados o en proceso de abandono (Remolà, 2000: 112). En cuanto a los otros dos vertederos, su génesis sí comporta modificaciones e intervenciones más o menos determinantes en la dinámica de la configuración geológica y topográfica de estos espacios extramuros. De esta manera, el vertedero de la C/Maestro Copín contribuiría a la regularización del terreno en un espacio con un acusado desnivel preexistente, probablemente de origen natural. Así, esta zona de vertidos, de considerables dimensiones, actuaría como factor regulador en la topografía de esta zona, con un período de formación además relativamente breve, -en el comedio del siglo II d. C.-, pudiendo interpretarse esta rápida creación del vertedero como una necesidad de homogeneizar la configuración del terreno, con diversos fines, como la realización de actividades constructivas posteriores o únicamente llevar a cabo la progresiva uniformización del espacio que circunda el campamento. En el caso del vertedero de la C/Pilotos Regueral, resulta evidente su papel como agente de transformación de la especial estructura geológica de esta zona en el lado occidental del perímetrofortificado, dado que se trata de un terreno inundable, con una red de antiguos cauces y una constante anegación, con la consecuente inestabilidad e insalubridad65.De esta manera, los vertidos, iniciados ya en una época muy temprana, en los primeros momentos de asentamiento de la Legio VI Victrix ycontinuando durante la segunda ocupación del campamento, tendrían la función, como niveles de relleno, de desecar y sanear este espacio, en el que, a juzgar por los resultados de excavaciones en solares colindantes (García Marcos 1997: 305-306), en los que se han documentado secuencias estratigráficas coincidentes, con las mismas fases cronológicas, desempeñarían este mismo papel de uniformización del terreno. El único factor diferencial es que en estos dos últimos contextos han aparecido restos de estructuras constructivas, de funcionalidad aún indeterminada, pero que indican niveles de ocupación en esta zona próxima al recinto amurallado. 65 Un caso similar presenta la ubicación de un vertedero de época altoimperial en la ciudad de Pompaelo (MEZQUÍRIZ, 1997-98: 51), donde existió una zona insalubre producida por una depresión geológica rellena de lodos de gran profundidad y que los habitantes de este núcleo urbano solventaron con su utilización como vertedero. Con todo ello queda patente la decisiva influencia de los vertederos en la dinámica de la topografía urbana, implicando procesos de transformación que modifican, en ocasiones radicalmente, el entorno geomorfológico, especialmente en las áreas suburbanas, donde tienen su ubicación estas áreas de vertidos. Además de esta función reguladora del paisaje urbano, y siguiendo con el papel de los vertederos como contenedores, hemos de hacer referencia a otros aspectos en la investigación de los vertederos en los que han incidido algunos investigadores como Arce (2000: XI) o Carandini (2000: 1-2) que consideran no sólo las cuestiones materiales, sino también los aspectos rituales o espirituales en la eliminación de residuos en determinados lugares sacros o espacios muy señalados, ligados a la religión y las creencias, generalmente relacionadas con espíritus malignos y con el mundo funerario, ya que las necrópolis compartían con las áreas de vertidos su ubicación en los espacios periurbanos. En el ámbito hispano, estos aspectos rituales se han tenido en consideración en la interpretación de determinados vertidos en pozos en ciudades como Valentia,donde estos depósitos de lo que serían residuos sacros, se han vinculado a los ritos y ceremonias fundacionales de la ciudad (Ribera y Romaní, 2011: 315-319). Sin embargo, estas cuestiones presentan, en contextos arqueológicos aislados, una considerable dificultad para este tipo de interpretaciones, que únicamente pueden esbozarse a raíz de la comparación con yacimientos en otros núcleos de hábitat en que resultan en mayor medida comprobables estas funciones de carácter ritual o cultual. Una vez expuestos algunos de los aspectos generales que afectan a los yacimientos considerados como vertederos y que contribuyen a explicar muchas de sus características, pasaremos a describir pormenorizadamente cada uno de los tres contextos de procedencia del material cerámico en que se basa el presente estudio. Igualmente trataremos en último lugar las características y materiales del vertedero estudiado por nosotros en primer lugar en otro trabajo de investigación y que nos ha servido para continuar en Legio con esta línea de investigación, ya implantada plenamente en la arqueología hispánica en los últimos años. Los dos primeros contextos que expondremos en primer lugar,la construcción singular de opus caementicium,en el barrio de San Pedro y el pequeño complejo termal, en el barrio de San Lorenzo, se hallan vinculados por el hecho de que su excavación fue efectuada de forma conjunta, dada la proximidad de su ubicación y el carácter de urgencia de la intervención, en el año 1993, con motivo de las obras de urbanización en el denominado “Polígono de La Palomera”, al noreste del área extramuros del recinto campamental y en la actualidad Calle Ramón Cañas del Río. En este proceso de excavación se pusieron pues, al descubierto dos contextos arqueológicos muy diferentes en todos los aspectos, aunque muy próximos en el ámbito espacial. Estas intervenciones fueron realizadas por los arqueólogos D. J. M. Vidal Encinas y D. G. J. Marcos Contreras, de manera que la información de que disponemos procede fundamentalmente del informe técnico (“Excavaciones en el Polígono de “La Palomera”, Junta de Castilla y León, León, 2002) y de una publicación que viene a constituir un resumen, a la vez que contiene algunas interesantes aportaciones sobre 71 dichos trabajos (Vidal Encinas y Marcos Contreras, 2002-2003), además de la primera mención del descubrimiento y trabajos de excavación (Vidal, 1996: 313-314). Dado que en el presente trabajo de investigación hemos incidido en la individualidad y diferenciación de los tres contextos arqueológicos tratados, y máxime cuando en este caso se trata de construcciones y elementos arqueológicos de cronología claramente diferenciada, trataremos de forma concreta cada uno de ellos, en función de las conclusiones que pueda arrojar el estudio de los materiales cerámicos procedentes de cada estructura constructiva. 1) CONSTRUCCIÓN SINGULAR DE OPUS CAEMENTICIUM SITUADA EN EL POLÍGONO DE LA PALOMERA: DEPÓSITO-VERTEDERO DE “SAN PEDRO” Esta construcción, a modo de depósito, se encontraba situada en un solar cercano al polígono a urbanizar y ubicada en el plano romano de Legio en las proximidades de la porta principalis sinistra,en el espacio próximo al lienzo de poniente del perímetro amurallado (Vid.Fig. 7). La singularidad de este contexto no reside únicamente en las peculiaridades de su fábrica constructiva, sino también en su cronología, ya que se trata de un elemento arquitectónico anterior al asentamiento de la Legio VII Gemina,ypor tanto perteneciente a una de las dos fases del establecimiento precedente de la Legio VI Victrix.Con todo, es objeto de nuestro estudio tanto por su situación extramuros -que hubo de tener en las distintas fases campamentales, ya que los asentamientos se superponen de forma prácticamente exactacomo por el proceso de amortización que experimentó ya en fases tempranas, convirtiéndose en un vertederocon una fase de colmatación ya en época flavia, conteniendo un numeroso conjunto de materiales correspondientes a la Legio VII Gemina. En cuanto a su estructura, se trata de una construcción de planta rectangular realizada en opus caementicium con una dimensiones exteriores de 13,40 metros y de 12,10 metros interiores, equivaliendo -según hacen constar en las publicaciones antedichas los autores de la excavacióna un módulo de 40 pies romanos para el interior y 2 pies romanos para la anchura del muro. Otro aspecto importante fue el descubrimiento de dos soleras de argamasa, de unos 10 centímetros de espesor,apuntándose la posibilidad de que la segunda correspondiese a una reparación de la primera, si bien la cuestión más relevante al respecto es el hecho de que ambas carecían de cualquier indicio de morterohidráulico, sin que se hayan encontrado en toda la construcción huellas de la utilización de opus signinum, elemento impermeabilizante tanto en suelos como en revestimiento de muros, muy característico de la arquitectura romana, y que en este caso no presenta ninguna evidencia, no tanto por su posible pérdida o falta de conservación, sino, -como señalan claramente los arqueólogos responsablesporque se han consignado pruebas fehacientes de que en ningún momento fue empleado en su construcción. 72 Durante la intervención, efectuada con carácter de urgencia, como ya hemos señalado, y dadas las dificultades que planteó el proceso de urbanización en curso, la estructura no pudo ser exhumada en su totalidad, completándose la excavación dos años después, en 1995, por parte de D. V. García Marcos (Polígono de la Palomera, Parcela 27.1). Sobre los resultados de estos trabajos carecíamos de la información de los materiales recuperados, existiendo únicamente una noticia de la realización de los mismos en una relación de intervenciones arqueológicas municipales (García Marcos, 1997: 310). Recientemente esta intervención ha sido objeto de estudio en una reciente publicación (Morillo y Martín, 2013), en la que se documentan, en un estrato homogéneo, una importante diversidad de materiales cerámicos (terra sigillata, cerámica de paredes finas, cerámica común, ánforas y algunas lucernas). Destaca especialmente el conjunto de terra sigillata sudgálica, que proporciona una cronología que comprende, según los autores, desde los años 40 al 70 d. C. al igual que algunos ejemplares de TSH “precoz”, algunos con marcas ilegibles, a los que se asigna una datación de mediados del siglo I (4060/65 d. C.), llegándose a plantear una producción local de estas piezas en Legio,en la época del campamento de la Legio VI Victrix en que se data todo el conjunto. Sobreotras cuestiones planteadas en este trabajo que se relacionan de forma confusa con otras áreas de vertidos objeto de nuestra investigación y de cronología más avanzada (Fernández Freile, 2001; 2003), no entraremos aquí en valoraciones, dada la distorsionada exposición de determinados resultados de esta investigación, que pueden inducir a errores importantes, ya que no se diferencian claramente ambos contextos, poniendo en entredicho tanto algunas características del vertedero como de los resultados del estudio de materiales, realizados mediante la aplicación de la metodología arqueológica pertinente y aprobados por un tribunal experto en su momento (2000), y posteriormente confirmados en función de los análisis arqueométricos efectuados. Hemos de hacer constar que tanto en el informe de excavación de que disponemos, como en la publicación subsiguiente, los arqueólogos que efectuaron los primeros trabajos exponen una completísima y detallada descripción del proceso constructivo de esta estructura (sistemas de encofrado, cimentación y nivelación, cualidades de los materia73 FIG. 8: Planta del depósito (según Vidal y Marcos Contreras) resto de la secuencia a niveles romanos altoimperiales, bien documentados en función de los distintos tipos de materiales hallados, que permiten delimitarla apriori,alo largo del siglo I d. C. y principios del siglo II. Respecto a la caracterización de este contexto, hemos de señalar que una serie de factores, como la disposición y características de las unidades estratigráficas, la propia configuración topográfica del terreno, así como la cantidad (unas 9000 piezas aproximadamente) y la variedad de los materiales hallados -que incluyen esencialmente restos cerámicos (terra sigillata,paredes finas, cerámica común, lucernas, ánforas,…) además de material constructivo, vidrio, metales, numismática y abundantes restos faunísticosy muy especialmente, la ausencia de restos de estructuras arquitectónicas, han permitido calificarlo como un área de recepción de vertidos. Con todo, no se descarta la posibilidad de una función posterior como base para el asentamiento de algún tipo de estructura arquitectónica, dadas las especiales características topográficas de esta zona extramuros al recinto campamental, aunque hasta el momento no se han hallado evidencias que corroboren esta hipótesis. Un aspecto importante a destacar desde el punto de vista geológico, en el que hacemos hincapié por su posible influencia en la génesis del vertedero, es que se trata de una zona endorreica, pues se encuentra situada en la vega baja del río Bernesga, discurriendo en su entorno una red de antiguos cauces y constituyendo una zona de inundaciones periódicas. Esta peculiaridad topográfica ha sido objeto de comprobación en diversas intervenciones arqueológicas llevadas a cabo en la zona, en las cuales la capa freática aflora a muy escasa profundidad, e indudablemente ha constituido un importante condicionante para el asentamiento humano, dada su constante anegación y sus consecuentes inestabilidad e insalubridad. En dichas excavaciones, cobra especial relevancia la realizada en un solar colindante, el patio del CentroCultural Pallarés (Miguel Hernández y García Marcos, 1993), que puso al descubierto una secuencia completa desde la época moderna hasta los primeros niveles romanos del asentamiento legionense. En cada período se diferencian diversas fases de colmatación, identificadas no únicamente por los restos de abundantes materiales arqueológicos, sino también por la presencia de acumulaciones de cenizas, restos de material constructivo, arena, gravas o manto arcilloso, claramente identificables como capas de relleno para uniformizar e impermeabilizar el que fue durante los siglos de la época moderna un importante vertedero, y posteriormente solar del Pósito Municipal, cuya cimentación también fue hallada en los primeros niveles de la excavación. Más significativa, de cara a nuestra investigación, es la secuencia de colmatación de la época romana, dividida en tres fases en las que aparece abundante material arqueológico que permitiría datar la secuencia completa entre principios el siglo I d. C. y el tercer cuarto de la misma centuria, perocuya característica diferencial respecto a otras fases del vertedero posterior y de las áreas de vertidos en general, es la presencia en algunos niveles de estructuras arquitectónicas, que están indicando una ocupación o la realización de otras actividades en esta zona. Así, en las dos fases superiores se localizaron sendas estructuras murarias, y en la primera una construcción de tablones de madera y refuerzo de piedra que sus excavadores interpretan como un pontón para vadear esta zona pantanosa, y posteriormente como un pavimento, situándose su cronología en las primeras décadas del siglo I d. C. por tanto, durante la ocupación del campamento por la Legio VI Victrix. 80 81 Con ello, los excavadores de este solar extramuros subrayan su posible función, no como vertedero del asentamiento romano, sino como zona de ocupación en función de las estructuras de habitación halladas que, dada la ubicación del solar, resultaría factible relacionar con la cannaba del recinto castrense. En este punto, resulta de singular trascendencia para nuestro estudio del solar contiguo -que como hemos mencionado no ha deparado hallazgos de estructuras arquitectónicasel hecho de que estas características geológicas hayan podido propiciar la ubicación en este lugar de un vertedero, con la posible intención de desecar, sanear y uniformizar este entorno extramuros, corroborando así la decisiva influencia de los vertederos en la dinámica de la topografía urbana. En cuanto a la secuencia cronoestratigráfica de este contexto, la intervención fue realizada en área abierta siguiendo el método Harris de registro de datos en fichas individualizadas que corresponden a las distintas unidades estratigráficas identificadas en el proceso de excavación. El análisis de la documentación contenida en dichas fichas, referente a las características morfoestructurales, contenido artefactual y ubicación en relación con el resto de unidades estratigráficas, ha posibilitado la elaboración de un diagrama o matrix en el que se plasma la secuencia estratigráfica resultante, y que constituye el único documento disponible para elaborar el estudio de materiales. FIG. 15: Matrix Harris de la excavación de la C/Pilotos Regueral nº 4 La intervención se llevó a cabo en dos fases, siendo excavado inicialmente un sector de superficie rectangular de unos 30 m2yposteriormente, tras la demolición de los restos de la cerca medieval, se procedió a una ampliación en un área trapezoidal de 10 m2aproximadamente. En ambos sectores se documentaron secuencias arqueológicas completamente equiparables, de manera que tanto para el registro estratigráfico como para el estudio de materiales no se establece diferenciación alguna, considerándose ambas intervenciones de forma unitaria. En este aspecto hallamos una similitud importante con el vertedero estudiado por nosotros citado supra,ya que se extiende también a lo largo de dos sectores (Calle Maestro Copín y Calle San Salvador del Nido), cuya correlación entre las unidades estratigráficas de cada uno de ellos pudimos establecer de forma exacta. En cuanto al sistema de numeración de unidades estratigraficas, se tomaron como referencia las intervenciones anteriormente desarrolladas en el solar de la Casa Botines (designadas como área 100 y área 200), de forma que se fijó el número 300 como punto de partida para la numeración correlativa de las unidades estratigráficas subsiguientes. Así, en los primeros niveles, correspondientes a la etapa medieval, se documentan por una parte la UE 308, identificada como un hoyo -una de las estructuras características en las excavaciones arqueológicas de este período-, mientras que las UUEE 302 y 309 pertenecen a sendos niveles de relleno del mismo. Estas últimas presentan una contextura arenosa y arcillosa con restos de carbones vegetales, cifrándose su contenido en fragmentos de elementos constructivos, piezas de las etapas pleno y bajomedieval, así como importantes intrusiones de material romano. En cuanto a la etapa romana propiamente dicha, presenta una considerable potencia estratigráfica, llegando a configurar una secuencia arqueológica prácticamente completa que abarca un extenso lapso cronológico, desde principios del siglo I d. C. hasta los primeros decenios de la segunda centuria. Esta circunstancia le concede un gran potencial de información, además de otorgarle un carácter excepcional, puesto que quedarían incluidas en el espectroestratigráfico las distintas fases campamentales de Legio,olo que es lo mismo, nos ofrece la posibilidad de obtener una perspectiva diacrónica de la evolución del asentamiento a través del conjunto de materiales de uno de sus más importantes vertederos extramuros. En este sentido hemos de hacer notar la diferencia con otros contextos de vertidos como el anteriormente aludido que, con un similar volumen de materiales, presenta una secuencia cronológica mucho más restringida, en este caso a la mitad del siglo II d.C. Por el contrario la amplitud y continuidad temporal de la secuencia romana del vertedero en la C/Pilotos Regueral ha permitido diferenciar claramente tres etapas en su formación: 1.- Etapa de principios del siglo I d. C. 2.- Etapa de mediados del siglo I d. C. 3.- Etapa de finales del siglo I d. C. y principios del siglo II d. C. Este esquema evolutivo, propuesto en función de los datos cronológicos que aportan los materiales asociados a cada uno de los tres grupos de unidades estratigráficas cuya morfología -en lo que respecta a los materiales cerámicosdescribiremos de forma pormenorizada en el siguiente capítulo, viene avalado además por las excavaciones realizadas en dos solares contiguos ya citados -el Edificio Pallarés y la Casa 82 Botinesque proporcionaron en ambos casos idéntica dinámica estratigráfica, y por tanto una exacta correlación en la división tripartita de la secuencia, con la salvedad de que en el solar de la Casa Botines no se identificó ningún tipo de estructura constructiva, aunque sí restos aislados de maderas bien conservados. Por otra parte, en cuanto a los materiales extraídos, especialmente en los procedentes del solar del Edificio Pallarés, cuyos ejemplares más significativos han sido publicados en la obra ya citada, antes de que sea abordado el estudio de su totalidad, permiten apreciar asimismo una notable similitud con los de este vertedero colindante. 83 FIGS. 16, 17, 18: Fotografías de la excavación En cuanto al contexto cronoestratigráfico del vertedero que estudiamos, describiremos lo más ampliamente posible la evolución de la secuencia y su contenido artefactual, ya que en el informe de excavación se aprecia una cierta carencia de representaciones gráficas de la estratigrafía y planimétria del solar. 1ª ETAPA El contenido arqueológico del primer nivel estratigráfico se encontraría ya fuera de los límites cronológicos de nuestro estudio, en tanto que abarca los primeros decenios del siglo I d. C. Con todo, el análisis de los materiales de los estratos más modernos, representados por las unidades 313 y su equivalente 323, será importante para determinar con mayor precisión el momento final de esta fase y con ello los inicios de la segunda. En este nivel destaca el conjunto de ejemplares de terra sigillata ítálica, la abundancia de fragmentos de cerámica de paredes finas, la presencia de lucernas de volutas y un importante volumen de cerámica común. El estrato inferior, integrado por las unidades 314 y sus correspondientes 324 y 324a, marca el final de la secuencia arqueológica, apoyándose directamente sobre los niveles del sustrato natural formado por una capa arcillosa (UE 315) y una capa de gravas (UE 316). Esta última capa presenta singulares características desde el punto de vista de su composición, pues fue documentada una importante concentración de restos de materia orgánica, fundamentalmente de carácter lígneo (Fig. 17), si bien en un precario estado de conservación que dificultará sumamente los análisis pertinentes que pudieran arrojar luz sobreeste material tan poco frecuente y de gran potencial informativo. La presencia de este nivel con restos de madera, además de las implicaciones de carácter ocupacional, constituye otro elemento que subraya la homogeneidad de esta zona, ya que ha sido hallado también en las intervenciones de los solares adyacentes ya aludidos de Pallarés y Botines, si bien en el primerode ellos han aparecido restos de las propias estructuras realizadas en madera, y no únicamente una acumulación de residuos sin posibilidad alguna de restitución como en el vertedero que estudiamos. Por otra parte, mientras la composición de este último nivel muestra, como acabamos de exponer,una considerable peculiaridad, su contenido material es más usual, esto es, menos singular, y no plantea mayores problemas de atribución cronológica, dado que las características de las diferentes especies cerámicas convergen en los momentos iniciales del siglo I d. C. Así, en el amplio conjunto de terra sigillata itálica se localizan marcas de alfarero in planta pedis,en la cerámica de paredes finas predominan las decoraciones arenosa y de hojas de piña, las lucernas son en su práctica totalidad ejemplares de volutas que muestran en sus discos un variado repertorio decorativo de gran calidad y en el numeroso volumen de cerámica común se pone de manifiesto una gran variedad morfológica, destacando la presencia de platos de engobe interior rojo pompeyano de importación itálica. A estos datos provenientes del material cerámico hay que añadir la decisiva aportación de un testimonio numismático hallado en este nivel, identificado como un as de Tiberio, que corrobora por tanto la cronología propuesta, marcando así esta fecha el inicio de la formación del vertedero. Si bien la numismática en los vertederos y en los yacimientos en general plantea sus característicos problemas de atribución cronológica, en este caso, dada su aparición en los primeros niveles, parece clara su situación en los inicios del vertedero. 84 Con estos indicios cronológicos, cabría atribuir los comienzos de la formación de este vertedero a la etapa de ocupación del campamento por la Legio VI Victrix,ubicado en este lugar muy probablemente por las mismas razones y con la misma función que ya hemos explicado para la etapa correspondiente a la Legio VII Gemina,es decir sanear, desecar y uniformizar el terreno en esta zona inundable del espacio extramuros, problemas que han de solventarse con cierta continuidad y que explicarían su perduración como vertedero en la época de la Legio VII Gemina. 2ª ETAPA A partir de los niveles subyacentes se delimita la segunda etapa en la secuencia estratigráfica, representada por la unidad 312, equivalente a la 321 en el área de la ampliación. Este nivel, de importante potencia arqueológica, diferenciado por su color grisáceo y su diversificada composición (cenizas, carbones vegetales, intrusiones arenosas, cantos rodados…), se caracteriza asimismo por la abundancia de materiales arqueológicos, destacando el gran volumen de hallazgos cerámicos. El estudio detallado de este conjunto es un elemento clave para ajustar y definir más concretamente los límites del difuso lapso cronológico propuesto para esta segunda fase, situada a mediados del siglo I d C. En este sentido, siguiendo la información proporcionada por la terra sigillata como material guía, se valora la presencia de numerosos ejemplares de terra sigillata gálica y algunos fragmentos de itálica, que remiten a estos años centrales de la primera centuria, si bien será el análisis de la terra sigillata hispánica el que nos ofrecerá datos cronológicos más concretos. Es, pues, esencial dilucidar aquí la presencia de ejemplares que puedan corresponder a los primeros momentos de la producción hispánica de sigillata yque se han dado en llamar por ello “precoces”, dada su trascendental importancia para la datación de la llegada a Legio de estas primeras producciones. Atodo ello hay que añadir la información derivada del estudio de las demás especies cerámicas presentes en este nivel, especialmente la cerámica de paredes finas y las lucernas, que pueden aportar mayores precisiones cronológicas. Así, en el caso de las paredes finas, además del examen de ejemplares propios de la Península Ibérica, y dada la zona en que nos encontramos, hemos de prestar especial atención a aquellas piezas de procedencia atribuible al taller zamorano de Melgar de Tera, pues corresponderían igualmente a los momentos iniciales de su producción. Con todo ello se impone en este punto una minuciosa labor de investigación en cuanto a la posibilidad de que esta segunda fase en la estratigrafía pueda extenderse hasta la etapa flavia, llegando así a coincidir con los primeros momentos de la presencia de la Legio VII Gemina en León, o bien ha de situarse en la primera etapa, en la mitad del siglo I d. C., correspondiendo por tanto esta fase intermedia a la estancia del cuerpo legionario precedente que ocupó el solar leonés, la Legio VI Victrix. 3ª ETAPA En la tercera etapa de la secuencia romana se documenta en primer lugar una serie de cinco capas deposicionales, tres de matriz fundamentalmente arcillosa conteniendo abundantes restos de material constructivo (UUEE 301, 304 y 311), alternando con otros dos niveles de carbones y cenizas de escaso espesor (UUEE 303 y 305), pudiendo considerarse como el primer bloque diferenciado en la secuencia estratigráfica. Las primeras unidades estratigráficas como la 301 y 303, dada su escasa potencia, resultaron arqueológicamente estériles, mientras que en las tres subsiguientes se halla85 ron, aunque no en abundancia, fragmentos de cerámica romana (fundamentalmente TSH, cerámica de paredes finas atribuibles al taller de Melgar de Tera, cerámicas comunes, ánforas, etc…) que situarían estos niveles en los momentos iniciales del siglo II d. C. Teniendo en consideración la ya comentada absoluta correspondencia con la disposición estratigráfica del sector ampliado de la excavación, es en éste donde el primero de los estratos excavados, la UE 317, permitió corroborar esta homogeneidad, siendo en todo equiparable a la UE 311. Con todo, el mayor volumen de materiales no sólo cerámicos (mayor muestra de TSH lisa y decorada, paredes finas de Melgar de Tera, cerámicas comunes y ánforas), sino también la tipología de los restos de vidrio, hueso trabajado y metales, permitieron reafirmar la cronología de principios de la segunda centuria. En este mismo espacio de la ampliación se registró un elemento identificado como un hoyo (UE 322), cuya capa de colmatación (UE 320) resultó homologable a la UE 317, tanto por la morfología y composición como por el contenido de materiales arqueológicos, entre los que destaca una gran vasija de almacenaje conservada completa en su mitad superior. Llegados a este punto de la tercera fase de la secuencia del vertedero se documenta en la estratigrafía la presencia de un elemento interfacial, en este caso de origen natural, constituido por un cauce de agua de escasa entidad (UE 310) y su nivel de relleno de textura arenosa (UE 307), relacionados cronológicamente con las UUEE 311 y306 en función de la disposición estratigráfica y de los escasos materiales asociados. La localización de este pequeño curso de agua, unido a la documentación de otros cauces de diversa magnitud en las excavaciones de los solares limítrofes de Pallarés y Botines, así como de zonas de inundación periódica o permanente, viene a poner de manifiesto el carácter endorreico de este contexto del área extramuros, como ya hemos subrayado anteriormente, al incidir en la relación causa-efecto entre la singular ubicación de áreas de vertidos como elemento de uniformización y saneamiento y por tanto de vital trascendencia en la dinámica de la topografía de los núcleos urbanos. Las implicaciones arqueológicas a este respecto son de diversa índole, pues si por una parte conlleva la formación de niveles de sedimentación de gran potencia arqueológica, por otra entraña la dificultad de ubicar cronoestratigráficamente los materiales procedentes de estos cauces, dada la escasa estabilidad del terreno y por tanto la probable movilidad de los mismos, cuya primitiva ubicación no siempre ha de corresponderse con el lugar de depósito en que son hallados. El siguiente nivel estratigráfico se encuentra representado por la UE 306, equivalente a la UE 318 en el sector de la ampliación. Destaca por su configuración arcillosa mezclada con carbones y cúmulos de cenizas, así como por su abundancia de materiales arqueológicos, deparando un amplio conjunto de cerámicas en un óptimo estado de conservación, especialmente piezas de TSH y lucernas, que aportan datos significativos para fijar su cronología a finales del siglo I d. C. Por último, esta tercera fase de la secuencia estratigráfica se completaría con un nivel de echadizo compuesto de gravas (UE 319 en el sector ampliado) que resultó improductivo arqueológicamente. 86 87 4) VERTEDERO SITUADO EN LA C/MAESTRO COPÍN C/V SAN SALVADOR DEL NIDO Con el fin de realizar una visión de conjunto de los vertederos de Legio excavados yestudiados hasta el momento, que nos permitan efectuar comparaciones en cuanto aestructuras y ubicación de los mismos, con las implicaciones que ello conlleva a nivel urbanístico, cronológico y sobre todo en cuanto a los conjuntos de materiales de cada uno de ellos, hemos optado por incluir aquí, aunque ha sido objeto de una publicación monográfica (Fernández Freile, 2003), algunos de los rasgos más relevantes de este vertedero, el primero que analizamos, estableciendo unas bases metodológicas que hemos seguido en la investigación de los otros tres contextos, contando además con la ventaja de haber obtenido unos resultados sumamente precisos en cuanto a tipologías de materiales y cronología asociada. Por ello, no faltarán en las descripciones del material cerámico del presente estudio, numerosas alusiones a este contexto, que ha supuesto nuestro referente esencial a la hora de acometer esta investigación más amplia, puesto que nos proporcionó información de primer orden sobre las variadas producciones cerámicas halladas y datos relevantes en cuanto a los centros de producción de las mismas y el abastecimiento del campamento de la Legio VII Gemina. Su ubicación, en las inmediaciones del ángulo suroriental del recinto fortificado, muy próximo a lo que sería la porta principalis sinistra (vid.Fig. 7), habría de influir decisivamente en la configuración topográfica de esta zona, dado que contribuiría a nivelar el marcado declive del terreno en este espacio respecto al área amurallada, con una cota más elevada. Este aspecto nos permite inferir la configuración de un área de vertidos de ningún modo fortuita, sino intencional, con la finalidad de regularizar el entorno extramuros del campamento, abundando en el papel de los vertederos como dinamizadores de la topografía urbana. En cuanto a las características de la secuencia estratigráfica, destaca su gran homogeneidad, sin que se detecten elementos interfaciales, presentando una superposición natural de los niveles de deposición de los restos, sin que se perciban alteraciones de carácter natural o antrópico que hubieran podido complicar la secuencia arqueológica. Por otra parte, dado que el área excavada incluye dos parcelas contiguas (C/Maestro Copín y C/San Salvador del Nido), hemos podido establecer una perfecta correlación entre ambas secuencias estratigráficas, en función de la similitud de los perfiles y de los materiales contenidos en las distintas unidades estratigráficas. En este sentido, se produce una situación similar a la del vertedero aquí estudiado de la C/Pilotos Regueral y la de sus solares contiguos (Edificio Pallarés y Edificio Botines) que, como ya hemos señalado, presentan secuencias estratigráficas también correlativas, si bien el hallazgo de restos de estructuras arquitectónicas en estos últimos implicaría la existencia de niveles de ocupación, mientras que el primeroconstituye únicamente un área de vertidos. Otro aspecto destacable del contexto estratigráfico de este vertedero que formaría parte de un área de acumulación de residuos sólidos más extensa es, además de una considerable potencia arqueológica, la disposición de la secuencia, cronológicamente breve y con los niveles bien delimitados y sin contaminar por factores externos, de manera que formaría un depósito sellado, manteniendo los restos la disposición original de la acumulación. Todo ello, unido a una evidente homogeneidad cronológica de los materiales en un primer análisis, permite deducir que la formación del vertederotendría lugar en un reducido espacio de tiempo. Ello constituye otro importante rasgo diferencial con los tres vertederos objeto de este estudio, puesto que, exceptuando el caso excepcional de los dos vertederos de segundo uso (depósito de San Pedro y termas de San Lorenzo), el vertedero de la C/Pilotos Regueral ocupa una secuencia cronológica mucho más amplia y por ende, más compleja en cuanto a la delimitación exacta de las diferentes etapas. 88 FIG. 19 A: Estratigrafía del área de la C/Maestro Copín FIG. 19 B: Estratigrafía del área de la C/San Salvador del Nido Respecto al conjunto de materiales exhumados, destaca, desde el punto de vista cuantitativo, el importante volumen de restos recuperados y en el plano cualitativo, la gran variedad de éstos y su óptimo estado de conservación. Así, se documentaron los tipos de materiales cuya representación porcentual se refleja en el siguiente gráfico: 89 MAT. ARQUIT. 2% CERÁMICA 69,5% VIDRIO 1% METALES 0% NUMISMÁTICA 0,2% FAUNA 27% 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% TSH P. FINAS C. COMÚN LUCERNAS ÁNFORAS TERRACOTAS FIG. 21: Distribución de materiales en el vertedero de la C/Maestro Copín C/V San Salvador del Nido FIG. 22: Distribución del material cerámico en el vertedero de la C/Maestro Copín C/V San Salvador del Nido. FIG. 20: Estratigrafía del vertedero C/Maestro Copín c/v San Salvador del Nido (Foto: V. García Marcos) 96 FIG 21: CERÁMICA DE PAREDES FINAS FIG. 24 -CERÁMICA DE PAREDES FINAS 97 FIG. 22. CERÁMICA COMÚN Y MORTEROS FIG. 25 -CERÁMICA COMÚN Y MORTEROS 98 FIG. 23: LUCERNAS Y ÁNFORAS FIG. 26 -LUCERNAS YÁNFORAS Con el fin de completar la contextualización del entorno que estudiamos, hemos considerado necesaria la búsqueda de información sobre intervenciones arqueológicas llevadas a cabo en esta zona meridional del espacio extramuros, generalmente de escasa aportación arqueológica y que han sido objeto de escasa o nula difusión. Ello contrasta con otras áreas extramuros, como se pone de manifiesto en el capítulo introductorio, que cuentan con una amplia bibliografía que nos ha permitido la descripción de algunas estructuras situadas extramuros de especial relevancia, como el anfiteatro, las necrópolis y otros elementos ubicados en el vicus ylas cannabae. Ello ha determinado la obligada consulta de un buen número de informes inéditos sobre estas actuaciones -que se recogen en uno de los apéndices finales de este trabajocuyos datos han contribuido a definir las características y aspectos funcionales de las áreas próximas a los contextos objeto de nuestro estudio. Cabe destacar en este sentido los resultados de la excavación en la Plaza de San Salvador del Nido, 2 (Talactor, 2001), cuya fase romana viene a constituir una extensión del vertedero estudiado situado en la C/Maestro Copín c/v San Salvador del Nido, apreciándose la coincidencia en la disposición los niveles estratigráficos y en el conjunto de materiales hallados, muy abundantes, homogéneos y de gran calidad. A todo ello se añade la constatación de “su formación a base de pequeños vertidos realizados de forma sucesiva y rápida”, todo lo cual confirmaría la tipología y cronología del gran vertedero adyacente. Una disposición muy similar presenta la etapa romana de la intervención en la cercana zona de la C/San Pedroc/v C/Panaderos (Talactor,2001) constituyendo también un área de vertidos, con niveles de cenizas y arcillas en que aparecen materiales en todo similares a los dos contextos anteriores, mientras que en los estratos arenosos se localizan abundantes restos constructivos, probablemente procedentes de reformas o remociones de alguna de las estructuras del recinto castrense. Con estas aportaciones podemos constatar la existencia de una extensa zona situada en el ángulo surocidental del campamento en que se ubican importantes áreas de vertidos, aspecto que quizá haya de relacionarse con la irregular configuración del terreno en este sector, actuando los vertederos como agente regulador, uniformizando la topografía. Únicamente hemos de hacer referencia, en este entorno tan homogéneo, al factor diferencial respecto al vertederoestudiado, que supone la presencia en estos vertederos inéditos de importantes niveles calificados como cenizales. Ello ha hecho plantear alos arqueólogos que realizaron estas excavaciones que en la génesis de estos contextos pudieron intervenir de forma importante los vertidos procedentes de estructuras en las que se llevaran a cabo actividades de combustión, como podrían ser los cercanos complejos termales, tanto las grandes termas del interior del campamento, como el pequeño edificio balneario extramuros de San Lorenzo. Por otra parte, la ausencia de otras estructuras constructivas en el área en que se ubican el depósito de San Pedro y las termas de San Lorenzo, que constituirían así edificaciones aisladas respecto a la zona de ocupación de la cannaba,según señalan los directores de sendas excavaciones (Vidal y Marcos Contreras, 2002-2003: 130-131) ha sido corroborada en varias excavaciones realizadas en este espacio, como las de la C/San Pedro c/v Ramón Cañas del Río (Talactor S. L. 1997) o la C/San Lorenzo 6 y 8 (Talactor S. L. 2003), en las cuales no se ha documentado ninguna evidencia de restos edilicios en el registro estratigráfico de época romana. 99 A diferencia de esta zona oriental y suroriental del espacio extramuros del campamento, situada en las inmediaciones de la porta principalis sinistra,ocupada fundamentalmente por áreas de vertidos, en el extremo opuesto, en el entorno cercano al lugar que ocuparía la porta principalis dextra,donde se localiza otro de los importantes vertederos que aquí estudiamos (C/Pilotos Regueral, 4) se ha puesto de manifiesto la coexistencia de estas zonas de vertidos con estructuras de ocupación. Así, en los informes de dos importantes intervenciones efectuadas en solares contiguos, el Centro Cultural Pallarés (Miguel y García Marcos, 1994) y el Edificio Botines (García Marcos y Campomanes, 1995), que presentan idéntica disposición estratigráfica y materiales similares a los del vertedero, se han localizado restos de pavimentos y estructuras con un claro uso ocupacional que puede ponerse en relación con edificaciones pertenecientes a las cannabae legionarias, en lo que constituiría su sector más próximo al recinto amurallado, si bien no conocemos aún con exactitud la extensión y delimitación exactas de este asentamiento civil. Todo ello sugiere un cierto nivel de planificación urbanística extensiva al espacio extramuros del campamento, que implica la delimitación de áreas para usos determinados (vertederos, emplazamiento de termas suburbanas, ubicación de estructuras de ocupación...), aspecto acorde con la precisión y regularidad en la organización urbana de los recintos castrenses romanos. Por lo demás, el resto de los informes consultados no nos ha aportado datos relevantes, ya que en muchos casos los restos materiales son exiguos o bien las áreas excavadas no alcanzan estratigráficamente la etapa romana, como en C/Misericordia c/v C/Santa Cruz (Fernández Ordás, 2007), C/Tarifa, 9 (Rodríguez González, 2004), o C/Rúa 30 (Talactor, 2009), a lo que hemos de añadir que, especialmente los informes de intervenciones intramuros que han sacado a la luz las principales construcciones campamentales, ubicadas en el área norte ya han sido objeto de estudio y/o publicación, integrando buena parte de la bibliografía consultada. 100 IV.- ESTUDIO DE LOS MATERIALES CERÁMICOS 101 A) DEPÓSITO–VERTEDERO DE “SAN PEDRO” En el contexto de esta construcción singular a modo de depósito, amortizada ya tempranamente como área de vertidos, se ha documentado un extenso volumen de materiales cerámicos, destacando además su buen estado de conservación, que se cifra en un total de 11.127 piezas, de las cuales 9.530 corresponden a materiales cerámicos de época romana72.El resto lo componen materiales de las etapas medieval y postmedieval, que se encuentran en los primeros niveles de colmatación del depósito. Por lo que respecta al conjunto total de restos romanos, se han hallado, además de la cerámica, que representa el 92% del total, escasos restos de material constructivo, así como de vidrio y metales, que suponen una mínima proporción, a la vez que un considerable número de restos faunísticos (5%) (Gráfico 1) que, al igual que en los demás vertederos analizados, indican que se trata de áreas de recepción de vertidos procedentes de las actividades de la vida cotidiana de la población legionense en diferentes momentos. En lo que respecta a nuestrocampo de estudio, resulta de gran valor el conjunto de terra sigillata hispánica -aunque también contamos con un volumen significativo de terra sigillata itálica y gálica que no entran en nuestro marco de investigación cronológicoque presenta una excelente calidad en la fabricación, con indudable atribución en su mayor parte a los talleres riojanos del complejo de Tritium Magallum oaalgunas de sus sucursales más cercanas. Así, tanto los ejemplares lisos como los decorados y la presencia de ejemplares magníficamente conservados de terra sigillata hispánica tardía, nos ofrecen una importante información cronológica sobre las diferentes fases funcionales de este contexto. 102 GRÁFICO 1: Categorías de materiales hallados en el vertedero de “San Pedro” 72 En este espectrocuantitativo hemos localizado, siguiendo el registroestratigráfico, 5297 piezas correspondientes a la segunda etapa de ocupación del cuerpo legionario que estudiamos. Únicamente hemos considerado el volumen de terra sigillata hispánica, datada en su práctica totalidad a partir de la etapa vespasianea respecto al conjunto total de ejemplares. Mención especial merece el grupo de cerámicas comunes, tanto por su significación cuantitativa, con un porcentaje de un 75%, como por su buen estado de conservación y la gran calidad de las piezas, que no deja de resultar un tanto inusual en este tipo de materiales. Otro tipo de material de gran valor no únicamente cronológico, sino también como elemento indicativo de las redes de comercialización y abastecimiento, además de otras implicaciones, especialmente en el ámbito militar, son las ánforas. Aunque bien representadas en este contexto, su valor arqueológico viene proporcionado principalmente por su variedad formal, ya que al tratarse de contenedores de muy diversos productos, nos permiten definir y atribuir puntos de procedencia de estos productos, consumo de los mismos y redes de distribución y transporte. 1.-TERRA SIGILLATA HISPÁNICA La terra sigillata hispánica constituye el material guía por excelencia, como en cualquier yacimiento romano, ofreciendo las directrices cronológicas fundamentales que pueden verse precisadas posteriormente por el análisis del resto de familias cerámicas yotros tipos de materiales. Para las fases inmediatamente anteriores, este yacimiento ha deparado también un importante conjunto de piezas de terra sigillata itálica y gálica, objeto de estudio por parte de otros investigadores. En cuanto a las producciones hispánicas, destaca su fabricación con pastas de buena calidad, conseguidas con el empleo de arcillas calcáreas muy decantadas en las que se aprecian muy finos desgrasantes de naturaleza cuarcítica o micácea, proporcionando así unas secciones de fractura bastante rectilíneas. El color varía de los tonos anaranjados a los rojizos, en una gama no muy amplia, predominando estos últimos, yel revestimiento, de textura un tanto granulosa y buena adherencia, presenta una tonalidad anaranjada oscura, más o menos brillante, dependiendo también del estado de conservación de las piezas. Con todo ello, podemos afirmar que el conjunto de ejemplares de TSH proceden en su práctica totalidad del complejo alfareroriojano de Tritium Magallum,principal centroproductor y abastecedor de estas manufacturas para toda la Península Ibérica, no únicamente en la zona norte sino incluso en la Bética y la Mauritania Tingitana,superando con creces la difusión de los talleres de Andújar, el otro gran centro productor de la Península. 103 GRÁFICO 2: Especies cerámicas estudiadas en este conjunto del vertedero de “San Pedro” Aesta dicotomía hemos de añadir, a la luz de las últimas investigaciones, como hemos referido más detalladamente en el capítulo dedicado a la metodología, la existencia de un gran número de talleres de carácter secundario, regional y/o local, que imitan la producción de los grandes centros, y que proliferan sobre todo en el área septentrional. Aún así, contamos ya en el solar leonés con otros importantes conjuntos de TSH de origen riojano, aprovisionamiento que se encontraría facilitado por el itinerario de la vía de comunicación Italia in Hispanias,que, pasando por Tricio, desemboca precisamente en Legio. Respecto al aprovisionamiento de indudable origen tritiense, la realización de análisis arqueométricos, aspecto que tratamos asimismo en el apartado metodológico, además de corroborar esta procedencia, ha puesto de manifiesto la primacía de algunos centros dentro del gran complejo riojano en el abastecimiento al asentamiento leonés, a lo que haremos referencia en la correspondiente descripción de piezas. Cuantitativamente, la TSH de este vertedero constituye un 19 % del total del material cerámico, predominando los ejemplares lisos (1147 fragmentos) sobre los decorados (663 fragmentos), aspecto que suele ser habitual en la mayor parte de los yacimientos romanos peninsulares. Por otra parte, un rasgo importante a destacar es, independientemente de su buena calidad original, el deficiente estado de conservación de las piezas de TSH en general, con pérdida del revestimiento y apariencia muy degradada, aunque contamos con ejemplares que mantienen los rasgos originales de la sigillata tritiense. De la misma manera, hemos de destacar la existencia de un elevado índice de fragmentación, que dificulta enormemente la reintegración de piezas completas y la identificación de muchas formas, así como la localización de marcas de alfarero. Desde el punto de vista del contexto, estas características apuntarían hacia el movimiento y traslado de materiales resultado de la acción antrópica o igualmente, nos indicarían que se trata de un vertederono sellado, sino con vertidos de diferentes etapas, remociones y alteraciones de diverso tipo, todo ello acorde con el dilatado lapso cronológico en que el depósito ha de estar en uso como tal, lo que se desprende de la presencia de un conjunto de terra sigillata hispánica tardía. 1.1.-TSH. Formas lisas (Láms. 1-3) 104 GRÁFICO 3: Formas de TSH Lisa 105 Entre los ejemplares lisos mejor conservados se encuentran cuatro fragmentos del cuenco Dragendorff 27 (Lám. 1, nº 1-4), todos ellos pertenecientes a la parte superior, pudiéndose apreciar rasgos propios de la evolución de esta forma. Destacan así el labio de la pieza nº 1 o la trayectoria tendente a la verticalidad de las molduras en cuarto de círculo, que muestran aún algunos indicios de los precedentes itálicos y sobre todo sudgálicos, situándonos todo ello en un momento temprano de su fabricación, con una cronología atribuible a la mitad de la primera centuria de la Era y, con más precisión, en el tercer tercio, como señala Romero (1985: 193) basándose en los ejemplares de la capa I del yacimiento leonés de Huerña. Desde el punto de vista estratigráfico se han localizado en su mayor parte en la UE 5, una de las más ricas en producciones cerámicas datadas en época julio-claudia, lo que pone de manifiesto la complejidad ya comentada de la secuencia estratigráfica de este vertedero, con niveles que contienen materiales de distintas etapas con un amplio marco temporal. Estos ejemplares destacan por su reducidas dimensiones, al igual que en el caso de las tres formas de la copa Drag. 24/25 (Lám. 1, nº 5, 6, 7), de las que no conservamos la parte inferior ni la base en ninguno de los casos. Presentan una gran heterogeneidad, tanto en la sección del borde como en el baquetón central, teniendo como rasgo común la ausencia de decoración burilada o a ruedecilla en la parte superior. Esta forma, cuya vigencia se extiende desde la mitad del siglo I d. C. hasta principios del siglo II, puede datarse, a tenor de la estratigrafía, en una etapa ya inicial de la época flavia. En cuanto a los platos (Lám. 1, nº 8-11; Lám. 2, nº 12), presentan normalmente un estado sumamente fragmentario, sin que hayamos podido reconstruir ninguna forma completa. Aún así, algunos rasgos característicos nos permiten identificar en algunos casos las formas a que pertenecen. Así, el fragmento nº 8, de paredes oblicuas, con labio muy poco marcado y sin moldura interior,presenta una adscripción dudosa, puesto que combina características de las formas Drag. 18 y 15/17, dado que la forma 18 posee paredes curvas y labio muy marcado. Con todo, Mayet recoge algunos ejemplares de paredes oblicuas como típicos de la producción hispánica (1984: 71, Pl. LXI, 53-59), señalando su corto período de producción, que prácticamente se reduciría a la etapa flavia (1984: 72). La pieza nº 9, de pared oblicua, con labio acentuado -rasgo inusual en esta forma-, muestra una moldura interior de unión entre las dos paredes con un perfil poligonal, que se traduce al exterior en una pequeña concavidad. Estas características son propias del plato Drag. 15/17, si bien en función de los rasgos descritos, este ejemplar pertenecería a un momento muy temprano de la producción. Un paso más en la larga evolución tipológico-cronológica que experimenta esta forma subrayada por Mayet, que diferencia cuatro grupos (1984: 72) y por Romero (1985: 188-191), estaría representado por la pieza nº 11, en la que la moldura interior adquiere ya una forma semicircular abierta, con una acanaladura en el exterior y la pared inferior más perfectamente diferenciada del pie. En cuanto a la pieza nº 12, correspondiente a un pie de plato, la escasa superficie conservada no permite incluirlo dentro de una forma determinada. Sin embargo, destaca por poseer un grafito ilegible situado en su zona basal externa, hecho poco frecuente en el conjunto general de las cerámicas que estudiamos, en el que apenas documentamos marcas de ceramista y epigráficas. Más numerosos y completos son los ejemplares que conservamos del servicio de cuenco y plato Drag. 35 y 36 (Lám. 2, nº 13-20), cuyo origen se sitúa en el servicio A de La Graufesenque, creado en época flavia. 112 En la pieza nº 46, sobre un baquetón que la separaría del reflejo de la moldura en cuarto de círculo al exterior, se dispone una decoración metopada, con motivos cruciformes, propios de los prototipos gálicos, en paneles separados por series de bifoliáceas verticales enmarcadas por líneas onduladas. En el ejemplar nº 49, de menor tamaño, se aprecia una decoración basada en motivos vegetales y arboriformes. Mayor relevancia adquieren los ejemplares nº 47 y 48, pues en ambos aparecen -aunque en distinta disposiciónlos mismos motivos que en los dos vasos de la forma Drag. 29 que hemos equiparado al estilo de los ceramistas “precoces”, el motivo zoomórfico y las pequeñas palmetas, a lo que hemos de añadir su contemporaneidad estratigráfica, localizándose como los anteriores en la UE 5, pudiendo incluir igualmente estos ejemplares en el conjunto de producciones “precoces”. Como fragmentos pertenecientes a esta forma Drag. 30 hemos de contemplar una serie de galbos incluidos en la Lámina 7 (nº 53-59 y 62), en los que se aprecia ya una cierta evolución de la forma, a tenor de los motivos decorativos, pues predominan los temas zoomórficos elaborados con detallismo (aves, lagomorfos, felinos componiendo escenas…) y un amorcillo (nº 59), dispuestos generalmente en composiciones metopadas separadas por motivos verticales sencillos, por frisos de ángulos, de bifoliáceas o de pequeños círculos. Con todo ello, podríamos situar cronológicamente el período de uso de estas formas, que surgen hacia el año 60-65, ya en época flavia. Otra forma decorada muy presente en los yacimientos romanos de época altoimperial es la Drag. 37, en sus dos variedades Drag. 37A, de borde sencillo y Drag 37B o de borde almendrado, surgidas de forma sincrónica a principios de la etapa flavia, y que suelen acaparar,con diferencia, la mayor parte de los fragmentos decorados. Resulta sumamente inusual por tanto, la escasez de ambas formas en este vertedero, en los tres estilos básicos decorativos (de imitación, metopado y de círculos), que representan únicamente el 32% de las producciones decoradas, cuando lo habitual es que su porcentaje ronde valores próximos al 90%. De hecho, así lo hemos podido constatar en otros contextos legionenses, como en el vertedero de la C/Maestro Copín, fechado a mediados del siglo II (Fernández Freile, 2003: 75; nota 91), donde estas formas suponen un 95% de la terra sigillata decorada. La explicación de este escasísimo porcentaje no resulta sencilla, si bien hemos de tener en consideración el elevado nivel de fragmentación y el mal estado del material, que en muchos casos no permite distinguir elementos morfológicos o motivos decorativos que pudieran pertenecer a dichas formas. Por otra parte, esta área de vertidos no constituye un conjunto cerrado o “sellado”, como ya hemos constatado, sino que presenta una secuencia estratigráfica sumamente compleja, que abarca un amplio lapso temporal, con diversos tipos de intrusiones interfaciales, como niveles de echadizo o de relleno en espacios aislados, amortización con materiales de desecho de parte de estructuras arquitectónicas, remociones y otros factores que han contribuido sin duda aalterar la sucesión cronológica “natural” de los niveles estratigráficos y su contenido artefactual, dando lugar a la presencia o ausencia inusual de determinado tipo de materiales cerámicos en unidades estratigráficas cronológicamente bien definidas. Así, únicamente se conservan en buen estado un borde de 37A (nº 44) con decoración metopada en la que se reconoce la figura de Mercurio con sus atributos, enmarcado por bandas de cuatrolíneas onduladas verticales. El otroborde (nº 45) pertenece auna 37 de borde almendrado que presenta decoración burilada en la franja del borde y, bajo dos baquetones de separación, un friso de ovas muy esquematizadas o más bien semicírculos, con una línea inferior de perlitas. Atribuibles a la forma 37 serían las piezas nº 50, 51 y 52, correspondientes a la mitad inferior de los vasos. Destaca por su originalidad la decoración del nº 52, de la que se conservan tres frisos: uno inferior de festones o grandes ovas con una palmeta intercalada y un círculo en espiral en el centro de cada una; el friso intermedio formado por una hilera de palmetas horizontales; y el superior por ovas o círculos con motivos de separación verticales. Este último esquema decorativo presenta una clara influencia sudgálica, que puede percibirse también en algún rasgo morfológico de la pieza, si bien la pasta es característicamente hispánica. Composiciones decorativas paralelas a este gran friso inferior encontramos en piezas de terra sigillata sudgálica de Asturica Augusta (Amaré Tafalla (dir.) (2003): tabla 1, nº 2 y 23), aplicado sobre una forma Drag. 29, con la diferencia de que el motivo central es una roseta. En los otros dos fragmentos basales se aprecia una decoración de círculos concéntricos (nº 50) y de círculos concéntricos segmentados (nº 51). Por otra parte, dada la escasez de ejemplares de adscripción segura, recogemos una serie de fragmentos de pared (nº 60, 64, y Láminas 8 y 9) pertenecientes con toda probabilidad a la forma 37 en sus dos variantes y diferentes estilos decorativos, cuya evolución abarcaría desde sus inicios en la época flavia78 yun floruit,aprincipios del siglo II, momento en el que coexisten los estilos metopado y de series de círculos, como señaló Mayet (1984: 86-88), descartando una sucesión de los mismos, hasta un momento avanzado de la segunda centuria, cuando se encuentra ya plenamente vigente el estilo decorativo de series de círculos79. En las composiciones metopadas, desarrolladas en ocasiones bajo un friso de ovas (nº 60), pueden determinarse los paneles mediante un hilera horizontal de ángulos y un grupo de líneas de separación verticales onduladas, sin que se pueda apreciar el motivo decorativo encuadrado en la metopa, mientras que en el nº 61, con la misma estructura de las metopas, reforzada además por un cuadro de perlitas, aparece un ave como motivo central. Exceptuando aquellos fragmentos que conservan únicamente motivos vegetales (nº 64, 72-74), en los demás se aprecia la presencia de series de círculos en múltiples variedades, y en ocasiones combinándose con el estilo de metopas. En este punto cabe aclarar que, más que una sucesión, ha de considerarse un origen 113 78 La cuestión sobre el surgimiento sincrónico de ambas formas, que ha continuado corroborándose arqueológicamente en la mayor parte de los yacimientos romanos peninsulares, fue ya ampliamente tratada por ROMERO (1985: 158-159), trazando las líneas maestras de este tipo hemiesférico a partir de los tipos carenados ya existentes, principalmente la forma Drag. 29 y su continuadora la Drag. 29/37. Esta aún controvertida forma -como trataremos más ampliamente en el análisis de la TSH de otro de los vertederos estudiadosmarcaría la transición hacia la variante 37A de borde sencillo, mientras que la 37B, de borde almendrado y mayores dimensiones, tendría su precedente más directo en la Hispánica 40. De esta manera se mantendría en las dos variantes de la forma 37 la diferencia en los calibres de los recipientes precedentes. 79 En este sentido contamos con un importante precedente en la ciudad de León en el vertedero de la C/Maestro Copín (FERNÁNDEZ FREILE, 2003: 75-82, láms. 36-46). Allí aparece un importante conjunto de estas dos formas, datado a mediados del siglo II d. C., y en el que coexisten los dos estilos, constatándose escasos ejemplares metopados, y un gran predominio de la decoración a base de series de círculos, en piezas de gran calidad. Ello marca así un importante indicador cronológico respecto a la evolución de la forma, ya que en los momentos finales las composiciones circulares experimentan una clara decadencia formal y morfológica que da paso a las producciones tardías. coetáneo para ambos estilos (Mezquíriz, 1961: 107; Mayet, 1984: 87), como quedaría demostrado por el hecho de que los punzones que aparecen en el centro de los círculos coinciden en ocasiones con los que se encuentran en las metopas. No por ello tienen una misma perduración, pues mientras el estilo metopado no sobrepasaría la mitad del siglo II, en que comienza la reducción de los ejemplares de 37B, el de las composiciones circulares se mantendrá hasta la siguiente centuria. Piezas que ejemplifican claramente esta fusión serían la nº 66, con un friso de círculos ondulados conteniendo lagomorfos, separados por una línea vertical de ángulos bifoliáceos entre dos líneas onduladas, y la nº 71, en la que dentro de un círculo doble se representa un grifo, situándose a ambos lados motivos de separación verticales alternando con pequeños círculos y en la línea inferior un friso de ángulos. El fragmento nº 70 presenta una composición a base de círculos exclusivamente, con un friso inferior de círculos concéntricos ondulados y segmentados, separados por un motivo vertical, y en la banda superior, sobre la línea de ovas, un círculo segmentado. En las piezas nº 67 y 68 aparece igualmente este tipo de decoración: en la primera de ellas se representan cérvidos inscritos en círculos sogueados como motivo central, mientras que en la nº 68, aparece un friso central de círculos ondulados enmarcando figuras de cérvidos y separados por elementos verticales en forma de hoja lanceolada. Asimismo cabe destacar, a pesar de su escaso tamaño, el fragmento nº 69, en el que se representan círculos concéntricos y un elemento de separación vertical en forma de bastón segmentado, uno de los motivos característicos del taller tritiense de La Cereceda, aportando más elementos para determinar una presencia mayoritaria en Legio de los productos de este alfar. Un fragmento singular,tanto por el tamaño de los motivos de ángulos en diversas posiciones -como friso horizontal y sobre éste una línea horizontal de grandes ángulos que cobijan motivos vegetales-, como por una cierta tosquedad en la factura, es el nº 65, en el que también pueden apreciarse en los extremos superior e inferior la presencia de círculos de diversos tamaños. Antes de analizar otras piezas que componen el reducido elenco de los galbos atribuibles a las formas 37A y 37B, hemos de hacer referencia a algunos fragmentos con motivos singulares, propios también de esta forma y que nos pueden proporcionar criterios de atribución cronológicos. Por ejemplo la pieza nº 76, en la que aparece representado un friso con caras humanas, pudiendo tratarse de máscaras teatrales (vid. Mayet, 1984: Pl. CC I, nº 2472-2483). Este motivo se encuentra también en la sigillata hispánica de Asturica Augusta (Amaré Tafalla (dir.) (2003): lám. XXXIII, nº 241), en Bilbilis (Sáenz Preciado, J. C. 1997s/p: lám. 192, nº 149), en La Cereceda (Sáenz Preciado, M. P. 1993: tabla B8 nº 1, 2, 3) o Tricio (Garabito, 1978: fig. 83, nº 79). El ejemplar nº 78 destaca por la representación sumamente detallista de un cérvido, que denota una etapa de esplendor del estilo. Como único ejemplo de la presencia de la figura humana en este conjunto contamos con el pequeño fragmento nº 75, en el que aparece parte de una figura posiblemente femenina con palma o lanza. Finalmente, se encuentran dos ejemplos de motivos vegetales florales en los que se representan capullos de flor estilizados (nº 77) y una roseta octopétala (nº 79). Desde el punto de vista cronológico, y aunque carecemos de ejemplares completos que pudieran aportar datos sobrelas tendencias en la evolución estilística de esta forma, hemos de prestar especial atención a aquellos fragmentos en los que las com114 115 posiciones de series de círculos aparecen ya sin motivos intermedios de separación, en forma simplemente yuxtapuesta, predominando los círculos segmentados, combinados generalmente con rosetas (nº 81 y 82), y en los que puede apreciarse una clara decadencia en la factura, con trazos y disposición de los motivos poco uniforme. De esta manera, podrían situarse en un momento de transición, ya iniciada la tercera centuria, que preludia el surgimiento de la fase tardía de la forma. Un esquema evolutivo similar en esta última etapa -aunque con distintos motivos decorativosmuestran un grupo de ejemplares numantinos, cuya investigadora sitúa en un momento probablemente posterior a la mitad del siglo III (Romero, 1985: 168), señalando que ellos constituirán el eslabón necesario para el surgimiento de la forma 37 tardía, desarrollada en los siglos IV y V. d. C. 2.- TERRA SIGILLATA HISPÁNICA TARDÍA (Lám. 10) En función de los radicales cambios que se producen en el ámbito socioeconómico en la época bajoimperial, la producción de terra sigillata hispánica tardía, que se desarrolla apartir del siglo III d. C. experimenta una mayor diversificación territorial en cuanto a estilos decorativos, pastas y revestimientos, repertorio formal, y otros aspectos determinantes en el plano morfotipológico. Estas transformaciones afectarán directamente a las estructuras de fabricación y distribución de estas manufacturas, que constituyen una especie cerámica sumamente elocuente para dilucidar cuestiones de especial complejidad, fundamentalmente en el aspecto cronológico, proporcionando importantes datos para la definición de las secuencias temporales finales en aquellos yacimientos de época romana que experimentan una continuidad hasta etapas postreras. En este sentido, hemos de señalar que la presencia de piezas de TSHT tanto en el vertederode San Pedro, como en el del pequeño complejo termal de San Lorenzo, aún siendo mínima numéricamente, posee un gran valor cronológico como término ante quem en el periodo de uso del depósito y de las instalaciones de las pequeñas termas. Antes de describir estos escasos fragmentos, hemos de hacer constar -como ya avanzamos sumariamente en el capítulo dedicado a la metodologíaque la investigación sobre la TSHT ha experimentado un importante avance en las últimas décadas, pese a que en relación con las producciones de TSH altoimperial, representaba una variante mucho menos interesante y además, con mayor dificultad de clasificación, dada la falta de estudios generales. Por ello, ha constituido hasta hace poco tiempo un grupo de material postergado en las investigaciones sobre terra sigillata,con escasa atención al potencial informativo que contiene para esta etapa tardorromana. Así, aunque ya tratada por Mayet (1984: 249; Pl. CCXXXIX-CCLXIII), que plantea aspectos generales y elabora una tipología sobreestas producciones, serán, sin embargo, trabajos entrelos que destacamos el de López Rodríguez (1985), sobre la clasificación de la TSHT decorada a molde en la Península Ibérica y la definición de los diferentes estilos, con un gran periodo de vigencia, los que se van a erigir en obra de referencia prácticamente única y que aún hoy constituye un elemento de trabajo fundamental en el estudio de este tipo cerámico. A la par que progresaban los estudios arqueológicos sobre la etapa bajoimperial, 116 avanzaban también las investigaciones sobre la TSHT, destacando las obras de Paz Peralta (1991; 2008) y especialmente la sistematización elaborada por Juan Tovar (1997), apareciendo así en las publicaciones como un capítulo de igual importancia que el resto de familias cerámicas. Con todo ello, en la actualidad esta producción ha alcanzado un importante nivel en la interpretación de su presencia en los yacimientos, siendo a nuestro juicio el material guía por excelencia para ello en los contextos a partir de la tercera centuria y hasta los siglos IV y V. Por lo que respecta a Legio,la presencia de TSHT y otras producciones cerámicas tardías es sumamente escasa, dado que son muy limitadas las intervenciones arqueológicas realizadas en el espacio urbano a partir del siglo III d. C., momento en el que se producirán importantes transformaciones urbanas, así como cambios esenciales en la relación entre los elementos poblacionales militar y civil, aspecto éste que dista aún de estar esclarecido histórica y arqueológicamente80. En el vertedero de San Pedro hemos contabilizado muy escasos fragmentos identificables de TSHT, en estado muy fragmentario, sin poder determinar si se trata de formas lisas o decoradas, y que suponen un porcentaje mínimo, estimado en un 2% de la TSH y un 0,5% del total. Las formas representadas, dos bases con pie poco alzado (Lám. 10, nº 85 y 86) y un ejemplar de la forma más característica de la TSHT decorada, una 37t (nº 83 y 84), presentan una coloración anaranjada, con pasta porosa y barniz muy poco adherente, de escasa calidad, que se encuentra perdido en algunas partes de los recipientes. El único ejemplar hallado de 37t (nº 83 y 84) conserva el perfil completo a excepción de la base y presenta los rasgos morfológicos característicos de esta forma, con un cuerpo de movimiento curvilíneo, prácticamente hemiesférico, donde se sitúa la decoración, y un borde alto y oblicuo exvasado con labio engrosado. El esquema decorativo, realizado a molde, consiste en un ancho friso horizontal con varias hileras de rosetas de distintos tamaños , separado por un baquetón. En la parte superior de transición al borde se dispone una estrecha banda de pequeños círculos más regulares. Para la ubicación de esta pieza en el aspecto decorativo seguiremos la clasificación de estilos y las tablas de motivos de López Rodríguez (1985) que se encuentra aún como ya hemos señalado, plenamente vigente para la decoración de estas produccio80 El fenómeno de las transformaciones urbanas a partir de la tercera centuria y durante toda la etapa bajoimperial es común a los principales núcleos urbanos peninsulares, como han puesto de manifiesto los principales investigadores de esta época de la romanidad tardía, como FUENTES (1996; 1997) oABÁSOLO (1999), incidiendo en los cambios y refacciones que experimentan las ciudades, tanto en el urbanismo como en su papel administrativo. Para el caso de Legio contamos además con el trabajo de CAMPOMANES et alii (2002), en el que se exponen las intervenciones realizadas en contextos tardoantiguos y la escasez de materiales extraídos, ala vez que se plantean las reformas y reutilizaciones de estructuras de época altoimperial, que provocan una importante remodelación del espacio urbano campamental. De estas intervenciones quedarían excluidas las dos necrópolis, situadas extramuros, que sí han proporcionado una importante cantidad de materiales arqueológicos, especialmente latericios (vid.los trabajos de GONZÁLEZ FERNÁNDEZ sobrela necrópolis tardorromana en el solar del Monasterio de San Claudio (1994) y el de LIZ y AMARÉ sobre la localizada en el Campus de Vegazana (1993). nes, y que emplean asimismo autores como Zarzalejos (2002: 123 y ss.) o Juan Tovar (1997: 564 y ss.). Con todo, otros investigadores, aún utilizando este sistema de clasificación, hacen hincapié en la carencia de exhaustividad descriptiva de algunos motivos y sobre todo, en la falta de atribución de estos motivos a talleres concretos o zonas geográficas (Paz Peralta, 1991: 104 y ss.). De esta manera, algunas de las conclusiones de este autor para las formas decoradas de TSHT de la provincia de Zaragoza pueden extrapolarse a otras áreas y aportarnos importante información sobre la procedencia de estas manufacturas y su cronología. Una de las últimas aportaciones de este investigador es la atribución de algunos motivos a la inspiración en los emblemas militares (2008: 505), poniendo así de manifiesto otro campo en el que se extiende la influencia del ejército, elemento básico de difusión de tendencias y vertebrador de la vida política, social, económica y cultural, también durante la época tardorrorromana. La pieza que analizamos se inscribiría en el primer estilo de López, correspondiente a la decoración con rosetas y motivos circulares, que, en opinión del autor, destacan nítidamente del resto, y constituirían el grupo que Mezquíriz denominó “de Corella” (1958: 257). El tipo de roseta que aparece en la pieza leonesa, no inscrita en círculo, sino exenta, pertenecería al tipo 1A/3 en la tabla de López, aunque en este caso carece del círculo interno. Realmente presenta rasgos muy similares con el ejemplar de la lámina 49, nº 859 (López, 1985: 323). Según Paz Peralta, teniendo en cuenta los dos estilos en que Mayet clasifica estas producciones, esta pieza se encuadraría en el primer estilo decorativo (Mayet, 1984: 258, Pl. CCLI a CCLIV) y ello implicaría la fabricación de estos productos en talleres de Tricio, descubiertos en el siglo IV y también en Nájera, que se convierte en esta época en un importante centroproductor. Dado que el motivo de las rosetas, en sus distintas variantes, es el más difundido en todos los yacimientos peninsulares, encontramos paralelos en muchos de ellos, sin embargo únicamente hemos hallado un ejemplar con decoración de rosetas idénticas en el cercano yacimiento de Lancia (Martínez Martín, 1992: fig. 131, nº 1084), hecho que indicaría muy posiblemente la procedencia del mismo taller. Por lo que respecta a la cronología de esta pieza, teniendo en cuenta su decoración amolde y los rasgos estilísticos, podemos situarla hacia la segunda mitad del siglo IV oya en el V, en función de la división propuesta por Juan Tovar (1997: 558) en dos grandes períodos, evolutivos y expansivos, adscribiéndose al segundo de éstos81. Un dato relevante desde el punto de vista del contexto que estudiamos -una estructura amortizada como vertederoes el hallazgo en esta época tardoantigua de hoyos rellenos de basura en el interior de la ciudad (Campomanes et alii,2002: 625) hecho que contraviene las normas al respecto vigentes en la etapa altoimperial, que obligan a situar los vertederos extramuros, pero que es común a la mayor parte de los núcleos urbanos en este momento. De esta manera, en el periodo bajoimperial coexistirían ambos tipos de áreas de vertidos, en un momento en que se reforman las estructuras altoimperiales en todos los ámbitos, perfilándose la transición al inicio de la etapa medieval. 117 81 Al igual que en el contexto que aquí estudiamos, los restos de TSHT han aportado importantes datos cronológicos en otros vertederos, como el de Uralde (Filloy, 1995: 1079-1090), en el que estas producciones permiten señalar una segunda etapa en el vertedero, desde el siglo III hasta finales del siglo IV. 118 3CERÁMICA COMÚN 3.1. OLLAS (Láms. 11-14) En el vertedero de San Pedro se ha hallado un elevado porcentaje de recipientes de uso culinario, si bien, a diferencia de la mayoría de los yacimientos romanos en que los ejemplares de este tipo son claramente mayoritarios, en esta área de vertidos se documenta una proporción bastante pareja con las piezas de la vajilla de mesa, también muy abundantes. Así, mientras los recipientes de cocina representan un porcentaje del 38,5%, los adscritos al servicio de mesa suponen un 36,3%. En cuanto a los diferentes tipos de ollas -2834 fragmentos que suponen el 39 % de la cerámica común-, seguiremos la clasificación propuesta por nuestra parte para la cerámica común leonesa, al igual que hemos hecho en los demás vertederos, presentando en el espacio de San Pedro la siguiente distribución formal y cuantitativa: 3.1.1. Ollas de borde exvasado curvo (Láms. 11 -12) Bajo esta denominación incluimos aquellos recipientes cuyo elemento más característico es la existencia de un borde exvasado de perfil curvilíneo rematado generalmente en labios rectos u oblicuos. Es el grupo más numeroso con diferencia dentrode la categoría de las ollas, con una representación del 91%, y en él se incluyen las piezas nº 87-99, destacando los tres ejemplares que se conservan completos (nº 87, 88 y 89). Estos presentan un marcado perfil ovoide o de tendencia piriforme y fondo plano, con GRÁFICO 5 : Distribución de tipos en la cerámica común diferencia en cuanto al calibre y diámetros de boca, que oscilan entre los 14 cm. del nº 87, los 12,5 cm. del nº 89 y los 10 cm. del nº 88. El resto de vasijas, de las que conservamos únicamente la parte superior, permiten conocer únicamente las dimensiones del diámetro de la boca, detectándose una acusada uniformidad en este rasgo, con una media de 12 cm. que presenta el nº 91, cifrándose el resto en 11,3 y 11,5 cm. (nº 92 y 98) y 13,5, 13,7 y 13, 9 cm. (nº 90, 93, 96 y 98), y desde el punto de vista morfológico, el arranque del galbo permite intuir en su mayoría perfiles globulares u ovoides. En cuanto a la tecnología, estas ollas destacan por su cuidada factura en general, presentando cocción oxidante o reductora y en ambos casos pastas con desgrasantes de fina granulometría y acabados muy cuidados, en ocasiones con un ligero bruñido o espatulado. Se trata del conjunto más numeroso y habitual en los yacimientos romanos y correspondería al tipo 1 en la clasificación de Vegas (1973: 11-14). Como paralelos más cercanos en el área noroeste cabe citar algunas ollas de este mismo tipo halladas en Lucus Augusti (Alcorta, 200: 198), a las que este autor denomina “Ollas de borde curvo sin decoración” o en Petavonium (Carretero, 2000: 669, fig. 336, nº 98). 3.1.2. Ollas de borde exvasado recto y oblicuo (Lám. 13) Esta forma está representada en el vertedero por escasos ejemplares, pues hemos contabilizado únicamente 29 piezas (un 1,10% del total). Además del rasgo común en la configuración del borde (nº 100-102), puede apreciarse una tendencia globular en los galbos, perocon una clara diferenciación en los tamaños, que presentan 13 y 9,7 cm. de diámetro de boca en los ejemplares nº 100 y 101 respectivamente. Las pastas son un tanto menos decantadas que en los recipientes de la forma 1, predominando las cocciones reductoras o alternas. Igualmente encontramos paralelos en Lucus Augusti (Alcorta, 2001: 193-196, figs. 80-81), aunque en este yacimiento se documenta una gran abundancia de este tipo, tratándose además en su mayoría de ejemplares completos. 3.1.3. Ollas de borde recto horizontal (Lám. 13) A diferencia de otros vertederos de la ciudad de León, especialmente el de Maestro Copín (Fernández Freile 2003: 126-127, Lám. 87) en que es cuantitavamente significativo este tipo de ollas, aquí únicamente conservamos tres ejemplares (nº 103, 104 y 105) que presentan como rasgo común una pequeña ranura en el borde destinada a asiento de la tapadera82,destacando por sus considerables dimensiones la pieza nº 103, con 22,5 cm. de diámetro de boca. Esta variante se encuentra presente de forma abundante en yacimientos como Celsa (Aguarod, 1998b: 110-113), donde se les asigna una cronología de mediados del siglo I d. C. 119 82 En este tipo de ollas de borde recto horizontal no hemos hallado ningún ejemplar que muestre incisiones o decoraciones en el borde, como es común en la zona norte, sobre todo en el País Vasco (Salcedo, 2004: 207-240) o en otros puntos como Gijón (Fernández Ochoa y Zarzalejos, 1999: figs 1-3). En este último trabajo se hace referencia a piezas de estas características halladas en Asturica Augusta (p. 258, nota 5), encontrándose también en el Valle del Ebro (Aguarod, en VV.AA, 1995: 142, fig.17). 3.1.4. Ollas de borde exvasado oblicuo con labio de sección triangular (Lám. 13) Aesta forma se adscriben dos ejemplares (nº 106 y 107) de cuerpo globular, que destacan por su gran calibre, ya que ambas superan los 22 cm. de diámetro de boca, presentando un borde desarrollado al exterior engrosado y labio de perfil triangular. Sus amplias dimensiones las aproxima en varios casos a las vasijas de almacenaje, si bien las huellas de exposición al fuego confirman su función como grandes ollas de uso en la cocción de alimentos. Desde el punto de vista tecnológico presentan cocción oxidante, con desgrasantes micáceos visibles en superficie. Representamos únicamente estas dos piezas, pues el resto (54 ejemplares, correspondientes a un 2% del total) presentan un estado mucho más fragmentario. 3.1.5. Ollas de borde vertical de perfil el “L” (Lám. 14) En este tipo morfológico englobamos aquellas ollas cuyo borde presenta una concavidad interna destinada al soporte de la tapadera, rasgo evidente en ejemplares como el nº 108. Con una hendidura menos marcada y borde reentrante, con la misma función de recepción de la tapadera, incluimos en esta categoría otras tres piezas de similares características (nº 109-111). Se trataría de piezas de gran capacidad en general, aunque únicamente disponemos de la medida del diámetrode boca del ejemplar nº 109, que alcanza los 22,8 cm. De esta variante contamos con una nutrida representación, con 43 ejemplares, el 1,53% del total, habida cuenta de la extensa difusión cronológica y espacial de esta variante. Los paralelos más próximos para este tipo de ollas los hallamos en Arcobriga (Sánchez, M. A. 1992b: fig. 822, nº 15) y hemos de citar el ejemplar,destacable también por su gran tamaño, hallado en el vertedero leonés de la C/Maestro Copín (Fernández Freile, 2003: 127, Lám. 89, 114/35). 3.1.6. Ollitas (Lám. 15) Con esta denominación se ha dado en calificar a los recipientes con forma de ollas, de cuerpo globular y diferentes tipos de bordes, cuya característica principal es su pequeño tamaño -la de mayor calibre de las que aquí recogemos (nº 112) no sobrepasa los 10 cm. de diámetro de boca-, así como también la delgadez de sus paredes, con desgrasantes de fina granulometría. Presentan indistintamente cocción oxidante y reductora y muestran exteriores cuidados, careciendo en todos los casos que hemos analizado de marcas de exposición al fuego. Este último aspecto hace albergar dudas sobre su función precisa en los procesos culinarios, haciendo que se vinculen, bien al servicio de mesa, bien a guardar determinados productos como sal o especias. En opinión de Carretero sobre los ejemplares de Petavonium,la morfología de estos ejemplares presenta gran afinidad con los cubiletes de paredes finas de la forma Melgar I, que proporcionaría una cronología de finales del siglo I d. C. hasta principios de la siguiente centuria, y que permitiría considerar una influencia de la cerámica de paredes finas en la cerámica común, quizá resultado de su fabricación en los mismos talleres (Carretero, 2000: 707), en este caso los ubicados en la localidad de Melgar de Tera. 120 3.2. CUENCOS (Lám. 16) Los cuencos constituyen uno de los elementos más utilizados tanto entre los utensilios de cocina como en la vajilla de mesa. Si en otros trabajos hemos diferenciado ambos tipos en función de esta dicotomía, hemos tenido ahora en consideración la dificultad de elaborar esta distinción, dado que en los cuencos atribuidos al servicio de mesa no hay que descartar su utilización en la preparación de alimentos o en otras tareas culinarias que pueden incluir o no su exposición directa al fuego, de manera que la presencia o no de marcas de hollín no constituye un elemento diferenciador consistente. Así, contabilizamos 253 ejemplares, un 9% en el conjunto de la cerámica común. En cuanto a la morfología de estos recipientes, es sumamente variada, portando en ocasiones elementos decorativos sencillos o un recubrimiento de engobe rojo -como es frecuente en Petavonium oLucus Augusti-, pero que en el conjunto que estudiamos está completamente ausente. Las cocciones son mayoritariamente reductoras, aunque también abundan las de tonalidades anaranjadas, y las pastas medianamente gruesas, con desgrasantes cuarcíticos y sobre todo micáceos, visibles en superficie, presentando en ocasiones tratamientos exteriores como el alisado o espatulado. En este conjunto predominan las formas hemiesféricas lisas, con ranura en el borde (nº 118 y 128) y una ligera incisión en la parte inferior (nº 118), o bien con labio engrosado y dos incisiones en el galbo (nº 122), además de otras formas también globulares con borde recto saliente con pequeñas ranuras (nº 120 y 125). A estas formas que hay que añadir otras piezas de perfil también globular,con borde engrosado y reentrante ycarena inferior (nº 119). Algunos de estos cuencos presentan un grosor irregular en sus paredes y borde recto (nº 126 y 127), mientras otros destacan por su gran labio engrosado (nº 129). Por último, los cuencos nº 123 y 124, aunque con diferentes dimensiones, presentan una morfología peculiar, con borde reentrante y paredes oblicuas más o menos rectilíneas. Por lo que respecta al tamaño de estos recipientes, se aprecia asimismo una cierta diversidad, con medidas de diámetrode boca de 9 y 10 cm. en las piezas de menor calibre (nº 121 y 128), otro grupo que puede considerarse de tamaño mediano, con 11 a 11,5 cm. (nº 123, 125, 126, 127) y 13 a 13,5 cm. (nº 118 y 119), y destacando las mayores dimensiones que presenta el único ejemplar de perfil completo (nº 124), con 16 cm. de diámetro de boca, 6 cm. de altura y una base con pequeño pie de 5 cm. de diámetro. Esta variedad en la tipología de este conjunto de cuencos encuentra paralelos en numerosos yacimientos peninsulares, por ejemplo en el Noreste, en Lugo (Alcorta, 2001: 330-332, fig. 138-139), en el Valle del Ebroen Celsa (Beltrán et alii,1998: figs. 193195), en Mérida (Sánchez Sánchez, 1992: 31, fig. 6; Bustamante, 2011: 70, fig. 55) o en Petavonium (Carretero 2000: 668, fig. 335, nº 939). En cuanto a la cronología, según señala este último autor, la presencia de estos recipientes en la capa II de Huerña permite situarlos en el siglo I d. C. También hemos localizado ejemplares similares en la capa IV (nivel de hábitat 1) de este mismo yacimiento leonés (Domergue y Martin, 1977: 56, fig. 13 nº 183), fechados por tanto en el tercer cuarto del siglo I d. C. si bien como propone Carretero, su auge se produce en la siguiente centuria (Ibid.2000: 668). Esta misma cronología propone Vegas para el 121 3.6.2.- Jarras de cuello estrecho y boca trilobulada con pico vertedor (Lám. 21) Estas jarras de cuerpo globular o piriforme, un asa -generalmente de cinta con marcada acanaladura centralque arranca bajo el borde, y boca trilobulada con pico vertedor, no resultan especialmente abundantes en este contexto (representan el 18,3% del total), en comparación con el primer tipo, y también cotejando su número con el de otros contextos legionenses en los que suponen el conjunto mayoritario (Fernández Freile, 2003: 138-139, Láms. 103-105) Esta forma de jarra deriva directamente del oinochoe griego, muy difundido en época helenística, incorporándose sin apenas modificaciones a la vajilla de mesa romana. Con estos rasgos morfológicos, estos recipientes se incluirían en el tipo 46 de Vegas (1973: 108-111, fig. 39), quien los sitúa ya en época augustea en Haltern, Hofheim y Vindonissa, señalando la longevidad del tipo y la escasa variabilidad de sus rasgos hasta época tardorromana. Aunque entre los ejemplares hallados ninguno conserva el perfil completo, puede suponerse un cuerpo globular para el nº 178, otros carenados con una acanaladura que la remarca como en el nº 179, mientras que el nº 180 presenta un cuello más esbelto y un cuerpo más alargado como prefigura el arranque del galbo. Rasgo común a este grupo de piezas es su cocción oxidante, presentando tonalidades ocres y anaranjadas, destacando las paredes gruesas y las pastas poco depuradas con desgrasantes cuarcíticos y micáceos de granulometría gruesa, sin que se aprecie ningún tipo de tratamiento exterior, todo lo cual les confiere un aspecto rugoso, mate y en conjunto tosco. No en vano, algunos investigadores como Carreteroen su clasificación de la cerámica común de Petavonium,incluyen estos recipientes en la variante de “cerámica común vulgar o tosca” (2000: 673-675, fig. 338). Teniendo en consideración la amplia difusión del tipo, encontramos múltiples paralelos en diversos yacimientos hispanorromanos, como Emerita (Sánchez Sánchez, 1992: 50-52, fig. 12; Alvarado y Molano, 1995: 287, fig. 6; Bustamante, 2011: 68, fig. 52, nº 18), Petavonium (Carretero, 2000: 673-675, fig. 338), Varea (Luezas Pascual y Sáenz Preciado, 1989, lám. XXXI, 131), Conimbriga (Alarçao, 1975: láms XXIII, nº 455; XXV, nº 505; XLIV, nº 847; XLV, nº 853), el Chao Samartín (Benéitez, Hevia y Montes, 1999: 22-23, fig. 3, nº 12 y 14 y fig. 4 n º 1-6), Arcobriga,aunque con escasa representación (Sánchez, M. A. 1992b: 253, fig. 8.2.12, nº 109 y 110). En este sentido, no deja de resultar un tanto excepcional la escasez de esta forma en la cerámica común de Lucus Augusti,con muy contados ejemplares (Alcorta, 2001: 167-168, 287, figs. 118 y 120). Con todo, aún reconociendo la escasa representación de estas jarras en Lucus,su investigador destaca la importante presencia de este tipo como recipiente de uso individual en el campamento de Aquis Querquennis (Orense) y de forma general, en todo el convento jurídico bracaraugustano, añadiendo esta diferencia a las varias discrepancias registradas en los catálogos de cerámica común de estas regiones colindantes (2001: 289). 128 3.6.3.- Jarras de cuello diferenciado y boca ancha (Lám. 22) Este tercer tipo de jarras cuenta con una amplia representación en el vertedero, en sus distintas variantes, suponiendo el 35,9% del total. Se trata de recipientes de cuello y boca anchos, con diámetros que oscilan entre los 8y9cm. y bien diferenciados del cuerpo, que, en la única pieza de perfil completo que se conserva (nº 182), presenta una acusada forma piriforme y un considerable tamaño, con unas dimensiones de 14 cm. en la parte más ancha del galbo, característica común ala mayor parte de ejemplares, a juzgar por la forma y medidas del arranque de los galbos. Cuentan con un asa con acanaladuras que arranca bajo el borde y se apoya en el hombro de la pieza y, en general, sirve de soporte a recipientes de gran capacidad. Las pastas presentan una elaboración más cuidada, con finos desgrasantes y, como rasgo peculiar, destaca la tonalidad blanquecina -similar a la de algunas ánforasde buena parte de estos ejemplares. Atendiendo a la morfología del cuello y, en especial del borde, podemos diferenciar dos subtipos: -Por una parte, aquellas jarras de cuello cilíndrico y borde recto horizontal con labio redondeado o apuntado (nº 182). Esta variante presenta ciertas similitudes con el tipo 43 de Vegas (1973: 101, fig. 35), si bien las piezas que aquí analizamos poseen una mayor esbeltez en todos sus rasgos. -Por otra parte, las jarras de cuello cilíndrico o con ligera tendencia cónica, que presentan bordes marcadamente moldurados (nº 183 al 188), constituyendo este el subtipo preponderante y la variante más difundida dentrodel tipo de jarras de boca ancha. Por tanto, los paralelos son numerosos en diversos yacimientos peninsulares, destacando los ejemplares de Celsa (Aguarod, 1998: figs. 109, nº 1 y 2; 212, nº 2 y 3; 216), Arcobriga (Sánchez, M. A. 1992b: fig. 8.2.11, nº 93), o Petavonium (Carretero, 2000: 677681, fig. 342, nº 123-125). 3.7.- CERÁMICA COMÚN DE ALMACENAJE (Láms. 23-24) El conjunto de recipientes destinados al almacenaje de diversos productos alimenticios representa el porcentaje más bajo en el conjunto de la cerámica común del vertedero, con 869 fragmentos que suponen el 12,5% del total de los restos de cerámica común. Se trata de vasijas de gran tamaño, fabricadas con pastas muy toscas y gruesas, cuya división en dos tipos fundamentales, orzas o tinajas y dolia,se basa en la estructura morfológica del cuerpo, según sea de tendencia cilíndrica o troncocónica, o más bien globular u ovoide, existiendo también diferencias apreciables en la configuración de los bordes. Partiendo de los ejemplares que conservan parte del galbo, podemos establecer una proporción numérica similar entre ambas formas, aunque la presencia de un importante númerode bordes fragmentados dificulta en muchas ocasiones la adscripción a uno u otrotipo. 129 130 3.7.1.- Orzas o Tinajas (Lám. 23) Estos recipientes de gran tamaño (los ejemplares nº 189 y 190 superan los 18-20 cm. de diámetro de boca, si bien serían una variante de tamaño mediano si consideramos las dimensiones mucho más amplias que llegan a alcanzar estas vasijas) presentan bordes exvasados y engrosados, rectos u oblicuos, sin que se aprecien en ningún caso elementos decorativos en la zona del hombro, rasgo habitual en este tipo de piezas. Están fabricados en pastas de cocción siempre oxidante, con tonalidades amarillentas, blanquecinas o anaranjadas, y abundante desgrasante cuarcítico y especialmente micáceo, con acabados exteriores escasamente cuidados. Estos grandes recipientes alcanzaron gran difusión a lo largo de todo el Imperio, y su cronología resulta por tanto difícil de establecer, pues el tipo se mantuvo sin variaciones morfológicas apreciables, como podemos constatar en diferentes enclaves peninsulares, como el Portus illicitanus (Sánchez, 1983: 302, fig. 12), Arcobriga (Sánchez, M. A. 1992b: 254, fig. 8.2.17, nº 130), Petavonium (Carretero, 2000: 711-712, fig. 370-372, nº 252, 255 al 259, 264) Lucus Augusti (Alcorta, 2001: 214-217, fig. 90-91), o el propio solar legionense (Fernández Freile, 2003: 143, Lám. 111), correspondientes en todos los casos a niveles datados en las dos primeras centurias de la Era. 3.7.2.-Dolia (Lám. 24) Este segundo tipo de recipientes destinados a guardar provisiones, realizados con similares tipos de pasta que las orzas, cuenta con mayor número de variantes en lo que ala morfología del borde se refiere. Se han localizado cuatroejemplares con borde reentrante (nº 199 al 202), que se adscriben al tipo 49 de Vegas (1973: 117-118, fig. 42), y son abundantes en Lucus Augusti (Alcorta, 2001: 218-222, figs. 92-93), Varea (Luezas Pascual y Sáenz Preciado, 1989: 189191, láms. XXXVII-XXXIX) y en el estudio general sobre la cerámica común en La Rioja (Luezas, 2002: 133-143), destacando en este último la presencia de dolia estampillados. En los ejemplares hallados en Legio no aparecen elementos decorativos y tampoco las características asas circulares situadas en la parte superior de estos recipientes. Además de esta variante de borde engrosado reentrante apenas diferenciado del cuerpo, hemos incluido en la categoría de dolia una serie de piezas de borde recto horizontal más o menos desarrollado (nº 203-210), una de ellas con ranuras en el borde (nº 206), lo cual facilitaría el asiento de la tapadera, así como también el último de los ejemplares (nº 210), que presenta un elemento saliente recto horizontal a modo de visera, localizado en la parte alta del cuerpo, próximo al borde y que muestra evidentes similitudes con una pieza hallada en el vertederoleonés de la C/Maestro Copín (Fernández Freile, 2003: 144, lám. 112, 121/40). Al igual que las orzas, el dolium constituye un tipo muy extendido en los contextos romanos, con precedentes también en las cerámicas indígenas y con una dilatada perduración en el tiempo, lo que dificulta notablemente su adscripción cronológica. 131 4.- MORTEROS (Láms. 25-26) Los morteros constituyen en este yacimiento uno de los elementos más representativos, tanto por su elevada cantidad -como ponen de manifiesto los numerosos fragmentos de estas piezas que representan el 3% del total del material cerámico-, como por la calidad en su factura, tal y como podemos apreciar en los ejemplares más completos. Estos recipientes, cuya presencia se hace especialmente notable en los ámbitos militares88,ya que formaban parte importante de la impedimenta de los soldados romanos, eran utilizados para triturar diversas sustancias y preparar alimentos en frío89. Su morfología, definida en el tipo 7 de la clasificación de Vegas (1973: 28-34, figs. 9 y10), se caracteriza por unas paredes gruesas y muy abiertas -convexas u oblicuascon un borde amplio y vuelto al exterior, que puede adoptar diversas formas y en cuyo contorno se localiza el característico pico vertedor, y una base amplia y plana. Su superficie interior es hemiesférica y aparece cubierta de pequeñas partículas de rocas duras, más o menos salientes, que se incrustan para crear una superficie de frotación. Pese a estos rasgos morfológicos comunes, estas piezas adoptan, sin embargo, diversas variantes en función de la forma del borde, del cuerpo o del pico vertedor, así como del tamaño, algunos elementos decorativos, la presencia o no de marcas de ceramista, etc… Todo ello ha dado lugar a una extensa variedad tipológica de estos recipientes que contribuye a aportar datos cronológicos. Sobrela función de los mortaria se han esgrimido numerosas y muy diferentes teorías que proponen usos específicos. Dejando aparte algunas hipótesis menos verosímiles, las principales propuestas son recogidas por Aguarod (1985: 29), que los define como vasijas de cocina empleadas tanto para machacar y moler semillas, especias, etc…, como para mezclar,rallar y amasar, en la elaboración de diversas salsas, del queso y otros derivados lácteos, añadiendo también su utilización en el proceso de pulverización de colores para usos industriales y en la preparación de medicinas a base de hierbas. En nuestrocaso podemos hablar de un uso predominantemente culinario, relacionado con los hábitos de alimentación de los soldados romanos, tal como se localiza igualmente en diversos campamentos militares de la Península y de otras zonas del Imperio, como Britannia oel limes renano. El conjunto de morteros procedentes de este vertedero esta fabricado con pastas de buena calidad, con abundante desgrasante micáceo y cuarcítico, con cocciones oxidantes que definen una amplia gama de tonalidades. 88 Sobre esta cuestión, ya M. Vegas apunta que “los morteros son muy abundantes en los campamentos militares romanos, mientras que en las ciudades o aglomeraciones civiles son mucho menos frecuentes, si bien se encuentran regularmente. Probablemente el gran númerohallado en los campamentos militares está en relación con la alimentación de los soldados, a los que debía servir de escudilla, mientras que en las casas particulares su empleo casi exclusivo como mortero determina que su númerosea más reducido” (1973: 32). 89 Con todo, como señalan algunos investigadores, el hallazgo de estos recipientes no implica necesariamente el carácter castrense de su entorno, siendo necesarios otros argumentos más poderosos basados en otrotipo de materiales, como es el caso de Lucus Augusti (Alcorta, 2001: 150, nota 319). En cuanto a su morfología, un rasgo definitorio es su similitud con los modelos de imitación de los morteros itálicos, presentando características típicas de los morteros del tipo Dramont D1 y Dramont D2 (Hartley, 1973, Jonqueray, 1972 1973)90 combinando en ocasiones rasgos de ambos tipos en una misma pieza, aspecto propio de algunas producciones regionales. Atendiendo a estas características podemos elaborar una clasificación para estos ejemplares legionenses, partiendo en primer lugar de las piezas más completas. Forma 1.- Morteros de borde plano horizontal (Láms. 25 y 26) Presentan borde horizontal plano (nº 211), siendo el rasgo más característico la moldura o baquetón con que se une al cuerpo y rodea todo su perímetro (característica de los morteros Dramont D1) observándose el arranque de las paredes no muy gruesas. Con un diámetrode boca de 26,5 cm. se incluiría en los tipos de tamaño pequeño, posiblemente con un uso individual y propios de ambientes castrenses. Esta característica vendría corroborada por el pequeño orificio que se aprecia en el borde y que con la ubicación de otro similar diametralmente opuesto, serviría para introducir una cuerda que permitiera su transporte en el conjunto de la impedimenta del soldado. En el mismo grupo podemos incluir el ejemplar nº 213, de más deficiente factura, con un diámetro de 22,5 cm. y paredes de grosor irregular con un baquetón muy pronunciado que remarca la forma rectangular de la vertedera. Ésta no sobresale del contorno del borde, indicando así una cronología posterior al año 70 d. C. Igualmente cabría situar en ese primer tipo la pieza nº 218, con 20 cm. de diámetrode boca, que muestra una profunda acanaladura que finaliza en el inicio del pico vertedor, así como los fragmentos nº 219, de perfil completo, que presenta una ligera carena bajo el borde, el nº 221, y el nº 220, de paredes más finas y perfil más rectilíneo, con el borde menos diferenciado del cuerpo y que muestra una incisión en la parte superior del galbo. Paralelos significativos con esta tipología de morteros que permanece vigente al menos hasta finales del siglo I d .C. aunque con perduraciones, son los hallados en el campamento de Petavonium (Carretero, 2000: 720, figs. 1-4), en el campamento de Cidadela (Doval, 1997: figs 3-4) o en Lucus Augusti (Alcorta, 2001: 147-150), donde los ejemplares presentan estampillas. En cuanto a la cronología, una gran parte de las piezas de esta Forma 1 se localizan en la UE 11, un nivel de relleno, caracterizado por la aparición de un conjunto de materiales de cronología temprana que vienen a indicar una pronta amortización de esta parte de la estructura. Forma 2: Morteros de borde vuelto al exterior con labio colgante (Láms. 25 y 26) Son muy numerosos en este contexto los ejemplares de mortaria con estas caracte132 90 Esta primera clasificación dicotómica proviene del análisis del importantísimo cargamento de morteros itálicos hallados en el pecio D de Cap Dramont, en las costas de la Provenza francesa que, junto con otros elementos cerámicos como ánforas o tégulas, habrían de distribuirse hacia el interior de las provincias de Gallia yBritannia. 133 rísticas, superando ampliamente al grupo de la Forma 1, presentando una mayoría de rasgos propios de los morteros Dramont D2. En este conjunto se incluyen ejemplares bien conservados pero que no nos permiten apreciar rasgos definitorios como la vertedera, -a excepción del nº 216, muy fragmentadoaunque sí una acanaladura que recorre el borde y un engrosamiento de las paredes en la base como en las piezas nº 212 y 217, con 22 y 20,5 cm. de diámetro de boca respectivamente. Otros ejemplares como el nº 214 y 215 presentan este mismo tipo de borde colgante, aunque con sensibles diferencias en la trayectoria de sus paredes, más curvilínea en el primero y ligeramente carenada en el segundo. El resto de las numerosos recipientes de esta forma aparecen sumamente fragmentados (nº 222-229), pero indican una importante presencia de este tipo morfológico que perduraría hasta bien entrada la segunda centuria. De hecho en el vertedero de la C/Maestro Copín, datado con precisión a mediados del siglo II, hallamos algunos ejemplares completos de esta forma (clasificados aquí como Forma 4) que señalarían la continuidad de su uso en el campamento (Fernández Freile, 2003: 132, Lám. 96), dado que el lapso cronológico de este segundo tipo se extiende en algunos yacimientos hasta principios del siglo III d. C. Esta segunda forma se encuentra ampliamente representada en yacimientos peninsulares -campamentales o no-, como por ejemplo en Arcobriga (Sánchez, M. A. 1992: 249, fig. 8.2.5, nº 30), La Rioja (Luezas, 2001: 180-181, fig. 70), Valle del Ebro (Aguarod, 1995: 143, fig. 19), Lucus Augusti (Alcorta, 2001: 150-152, fig. 65) en el campamento de Petavonium (Carretero, 2000: 723-727, fig. 375), el campamento de Cidadela (Doval, 1997: fig. 5) o en el vertedero romano de Uralde (Filloy y Gil, 1993: 137, fig. 15). Son también muy abundantes en Augusta Emerita (Alvarado Molano, 1995: 289, fig. 10), destacando la importante variedad morfológica (cinco tipos diferentes en función del borde) que propone Bustamante (2011: 64, Fig.44) para los morteros producidos en la capital lusitana, en una de las últimas contribuciones sobrela cerámica altoimperial en este centro. Todo ello pone de manifiesto el importante nivel de difusión y comercialización de este tipo de morteros hasta época tardía, siendo además, desde los primeros momentos, importantes indicadores del nivel de aculturación y romanización de los distintos núcleos, pues su uso atestigua la adopción de los hábitos culinarios romanos. 5.- ÁNFORAS (Láms. 27-29) El material anfórico recuperado en el vertedero de San Pedro, con 476 fragmentos, supone un 5% del total del material cerámico. Con todo, a pesar de este escaso porcentaje, hemos de hacer hincapié en el importante nivel de información arqueológica que proporcionan las ánforas, si bien hasta hace relativamente poco tiempo en la zona noroeste constituían un material relegado en la investigación de las distintas excavaciones, en relación con otras especies cerámicas, especialmente la terra sigillata,con el consiguiente vacío bibliográfico comparativo sobreeste material Sin embargo, en las investigaciones de las últimas décadas y a medida que avanzan los conocimientos sobrela actividad comercial en el mundo romano, se ha prestado especial atención al material anfórico, pues la información que ofrece no se limita exclusivamente a sus rasgos tipológicos y la consiguiente cronología asociada, sino que también desde el punto de vista de su contenido (aceite, vino, salazones…), estos recipientes son valiosos indicadores para reconstruir determinados aspectos de la economía del mundo hispanorromano, pues como envases de transporte de estos productos, nos indican unas determinadas procedencias y las rutas de su distribución. Así, estos envases siguen unas determinadas redes de abastecimiento, que nos aportan importantes datos sobre las características del comercio, los intermediarios, beneficiarii91 oencargados del control administrativo, las vías de comunicación y los hábitos de consumo en las diferentes áreas del Imperio en época romana. Estas referencias son aún más indicativas cuando se trata -como en el caso que nos ocupa -de un campamento militar-, ya que el avituallamiento del ejército romano en las provincias seguirá unas pautas muy definidas con el sistema de la annonna militaris para la distribución de éstos y otros productos, a lo que hemos de añadir otros intercambios comerciales de índole privada, facilitados ya en esta época de finales del siglo I d. C. a través del denso entramado viario creado en el área noroeste. En el vertedero que estudiamos no hemos hallado ningún ejemplar completo, por lo cual prestaremos especial atención a los bordes, la parte mejor conservada, en alguna ocasión con las dos asas características, de cara a la clasificación morfológica. Antes de comenzar con las variedades tipológicas, hemos de hacer referencia a la importancia que en estos recipientes adquieren los tipos de pastas empleados en su fabricación, ya que informan sobresu área de procedencia. Por otra parte, resultan fundamentales los elementos epigráficos que suelen portar,ya que en las superficies de las ánforas, son frecuentes las inscripciones, sellos o tituli picti,en las que aparecen nombres de alfareros, contenido del envase, y en ocasiones centros de fabricación, constituyendo una valiosa fuente de conocimiento, pero, lamentablemente, no conservamos ningún ejemplo en este conjunto de material anfórico, a la vez que carecemos de cualquier tipo de opérculo, por lo cual hemos de extraer los principales datos, en su mayor parte, de los rasgos morfotipológicos. En cuanto a las características de las pastas, se advierte un porcentaje importante de las de tonalidad amarillenta o blanquecina, constituidas por una matriz bastante depurada, con escaso y fino desgrasante cuarcítico y micáceo, de fractura regular, alisadas ligeramente al exterior.En este mismo tipo, en cuanto a textura y composición mineralógica, podemos incluir una variante caracterizada por su tono anaranjado, con una engalba exterior amarillenta o grisácea. Estos rasgos responden en conjunto a las producciones de origen en diferentes áreas de la Bética. En menor proporción, aunque también significativa, se encuentran ejemplares que presentan pasta de color anaranjado o rojizo, con abundancia de desgrasantes y factura menos elaborada, que indican una procedencia de diversos centros de fabricación situados en la Tarraconense, especialmente en su área nororiental. 134 91 Según CARRERAS, los beneficiarii constituyen una figura fundamental para la supervisión y el control administrativo del abastecimiento de productos esenciales como el aceite a los campamentos militares en provincias como Britannia,donde se localiza una importante presencia de ánforas olearias de origen bético (1993; 1997). Por otra parte, hemos de señalar la presencia de un buen número de fragmentos (aproximadamente un 30%), cuya pasta presenta una coloración gris anaranjada o rojo ladrillo, con aspecto granuloso y fácilmente deleznable, en la que se aprecian abundantes desgrasantes de gran tamaño, de origen calizo, cuarcítico y micáceo, y sin ningún tipo de tratamiento exterior. Este último caso, que aparecía como excepcional -con un único ejemplaren nuestro estudio de un vertedero del siglo II (Fernández Freile, 2003: 144-145, Lám. 116), ha sido documentado por Carreras y Berni en su estudio sobre las ánforas de Astorga, haciendo también referencia a la misma composición de la pasta que presentan algunas piezas halladas en Legio yPetavonium. La presencia de estos ejemplares en estos tres principales centros de origen militar del noroeste indicaría muy posiblemente, a tenor de su composición y aspecto más tosco, una fabricación local o regional en talleres ubicados en puntos aún no localizados del Valle del Duero (aspecto que demostrarán futuros análisis petrográficos), siendo utilizados estos envases, de muy limitada circulación, fundamentalmente para el contenido de líquidos. A la singularidad de estas piezas se añade en varios casos una difícil adscripción a los tipos de las clasificaciones morfológicas al uso, aspecto que quizá redunde en este posible carácter local o regional. 1.- DRESSEL 2-4 ( Láms. 27 y 28) Este tipo de ánfora vinaria se caracteriza por un cuerpo cilíndrico rematado en un hombrocarenado, un cuello también cilíndrico más o menos largo y labio de sección semicircular. Presenta unas características asas bífidas -en su mayoría con sección en forma de ochoy como remate inferior,un sólido pivote. Se trata de un tipo antiguo, con antecedentes ya en el ámbito griego (Cnido y Cos) en el siglo III a. C., localizándose los primeros tipos itálicos en Albintimilium en la primera centuria antes de la Era (Beltrán, 1970: 362), para alcanzar su floruit en época julio-claudia, y sobre todo en la etapa flavia, cuando experimentan una amplia difusión, con hallazgos en importantes campamentos del Imperio como Oberaden, Haltern o Hofheim, así como en numerosos yacimientos de las provincias occidentales y norteafricanas (Vegas, 1973: 127). Su trayectoria como envase contenedor de vino es dilatada, perdurando hasta momentos avanzados, pudiendo documentarse su desaparición durante el siglo II d. C. -de hecho, en el vertedero leonés de la C/Maestro Copín, únicamente localizamos dos ejemplares de este tipo (Fernández Freile, 2003: 145, Lám. 113)-, aunque algunos investigadores, como Vegas, sitúan su final ya en la tercera centuria. En el vertederode San Pedroconstituye una forma relativamente abundante, apareciendo varios fragmentos de bordes (Lám. 27, nº 233, 235, 236, 237; Lám. 28, nº 240 y243) con diámetro de boca uniforme en torno a los 11 cm. dotados de sus típicas asas (Lám. 28, nº 244 al 246). Todos ellos se localizan en las UU.EE 5 y 11, dos niveles de relleno de la estructura, lo que complica una atribución cronológica precisa. En cuanto a las características de las pastas, hallamos una importante variedad en un número tan exiguo de piezas, conviviendo las de tonalidad amarillenta o blanquecina (propia de los talleres béticos), con otras de color rojizo con desgrasantes cuarcíticos y micáceos muy visibles en superficie, con lo cual, teniendo en cuenta el fenóme135 no de las imitaciones, podemos situar la fabricación de estos ejemplares en la zona oriental de la Tarraconense (López Mullor y Martín Menéndez, 2008: passim), donde se ubican diversos talleres que abastecen principalmente a la mitad norte de Hispania. Con estas características, los paralelos más próximos para las Dressel 2-4 legionenses se encontrarían en Asturica (Carreras, 2003: 642, 645, 649, 650, Fig. 4, nº 38-40) y en el campamento de Petavonium (Carretero, 2000: 733-734, Fig. 376, nº 4). 2.- BELTRÁN II A (Lám. 28) Este tipo anfórico, del cual sólo conservamos un fragmento de borde (nº 238), se caracteriza fundamentalmente por un cuerpo de tendencia piriforme, con pivote individualizado del cuerpo, largo y estrecho y cuello ancho, cilíndrico, con labio engrosado y colgante. Son envases fabricados en la Bética, en los talleres costeros del área gaditana (Beltrán, 1990: 223-224) con la función de contenedores de salazones como garum,muria oliquamen. En cuanto a su cronología, comienzan a difundirse en época flavia, de manera que según García y Bernal (2008: 668), puede situarse la plena sustitución del grupo 7-11 por las Beltrán IIA y IIB entre fines de la época julio-claudia e inicio de los Flavios, hasta mediados del siglo II d. C. En opinión de los citados autores, además de los talleres gaditanos hay que añadir la importancia de la producción de estos tipos anfóricos en la bahía de Algeciras, donde se localizan varios alfares, aunque con una cronología más avanzada. El fragmento que conservamos se localiza en la UE 5 del vertedero, en un nivel de relleno de arcilla que ocupa el interior de la estructura, y por tanto con una compleja adscripción cronológica, pero ya en niveles de época flavia y, consiguientemente, cuando ya la Legio VII Gemina se encuentra definitivamente asentada en el solar leonés. Este hecho podría explicar la importación de estos productos de calidad, especialmente por la oficialidad militar, como sucede en numerosos campamentos militares a lo largo de las diferentes provincias del Imperio, en que las salazones hispanas, al igual que en diferentes ciudades o en la propia Roma, constituyen productos sumamente apreciados. 3.- HALTERN 70 (Lám. 27) En la fase del vertedero que estudiamos hemos hallado únicamente un fragmento de borde que puede adscribirse a este tipo anfórico (nº 234), pues presenta un borde exvasado, con 12,5 cm. de diámetro, y labio en forma de collarín, si bien en esta parte de su morfología se producirán modificaciones apreciables a lo largo de su período de vigencia (Peacock y Williams, 1986: 115; García y Bernal, 2008: 674). Estos cambios han llevado a relacionarlo con otros tipos galos e incluso a considerar algunos tipos anfóricos béticos como predecesores de esta forma (Carreras, 2003: 640). Por lo demás, presenta un cuerpo ovoide con pivote macizo y asas con acanaladura central. El tipo de pasta implica, por su constitución y tonalidad clara, la fabricación de este tipo en figlinae béticas, desde donde alcanzarían una extensa difusión, como demuestra su presencia en yacimientos de las principales provincias del Imperio. 136 Estos envases son también significativos por su contenido, ya que se ha determinado que consistía en olivas preservadas en vino cocido, el denominado defructum osapa, que se comercializaría como un apreciado ingrediente culinario. En cuanto a su cronología, abarca desde mediados del siglo I a. C. hasta posiblemente la etapa flavia (década de los 70-80 d. C.) según Carreras (2003: 640), hecho que explicaría la escasez de estos ejemplares en este vertedero legionense, aunque este fragmento localizado en la UE 5, viene a atestiguar la difusión de este tipo anfórico en los momentos finales de su fabricación. La misma situación se registra en otro de los principales campamentos del Noroeste, como Petavonium,con similar cronología –en su segunda fase de ocupación por el Ala II Flavia-ydonde sólo se han registrado dos fragmentos de este tipo de envase (Carretero, 2000: 734-735, fig. 376, nº 5 y 6). Por el contrario, en el cercano yacimiento de Asturica las ánforas Haltern 70 son las más abundantes (Carreras y Berni, 2003: fig. I, nº 1-10), aspecto que el citado investigador atribuye a que la mayor parte de los hallazgos se sitúan en época julioclaudia, la etapa de esplendor de la comercialización de este envase; hecho que se repite, también en otros puntos del noroeste, especialmente en la Campa Torres. Por ello quizá sea preciso proseguir la investigación de la presencia de estos envases en función no únicamente de la cronología, sino teniendo en consideración otros aspectos, como la facilidad del transporte o los gustos específicos por el contenido de estas ánforas que determinan su presencia mayoritaria en determinados puntos del noroeste hispánico. 4.- PASCUAL I (Lám. 28) De este tipo de ánfora contamos con tres ejemplares en el vertedero(nº 239, 241 y 242) correspondientes únicamente a fragmentos de bordes. Un rasgo distintivo es el tipo de pasta, de color anaranjado o rojizo, con abundante desgrasante, especialmente cuarcítico de considerable tamaño, que indica su fabricación en la Tarraconense, en numerosos talleres situados en su mayor parte en el actual área catalana. Morfológicamente se caracteriza por un cuerpo ovoide con pivote macizo, cuello largo, asas de sección ovalada y borde vertical o exvasado, con labio que presenta un característico engrosamiento interior. En cuanto a la cronología de este envase, existen ciertas discrepancias entre los investigadores, especialmente en lo que respecta a su etapa final y su desaparición. Los inicios de esta forma se sitúan a mediados del siglo I a. C. alcanzando su etapa de esplendor en época de Augusto y desapareciendo, según Carreras y Berni, de forma gradual en época de Tiberio (2003: 650). Por el contrario, López Mullor y Martín Menéndez (2008: 698, 700) consideran que, aunque se detecta una caída en la producción tras la etapa tiberiana, esta forma no deja de llegar al resto de la Península Ibérica yotros lugares del Imperio hasta comienzos de la época flavia, para desaparecer definitivamente en un momento poco preciso de finales del siglo I d. C. Si seguimos esta segunda opinión las ánforas Pascual I de este vertedero, ubicadas en la UE 11, pudieron estar en uso en época de la Legio VI,obien ya en la etapa flavia, con la presencia de la Legio VII Gemina,con un carácter residual. La difusión de este tipo anfórico es sumamente amplia, extendiéndose su comercio por las provincias de Gallia,Germania yBritannia. En Hispania,los paralelos más cerca137 dia en la que se englobaría la mayor parte del material lucernario recuperado. Sin embargo, la presencia de algunas lucernas de canal de importación, así como las variantes de disco más antiguas (Dressel 17 o Dressel 20) indican ya una evolución, adscribiéndose a la época de la Legio VII Gemina. Especial relevancia adquieren los ejemplares de lucernas derivadas del tipo Dressel 3, conocidas como “tipo Andújar”, presentes en niveles claudio-neronianos, que proporcionan datos sobre la importación de estos productos meridionales en el asentamiento legionense ya en su primera fase. En este sentido cabría relacionar la controvertida cuestión del abastecimiento del combustible utilizado para la iluminación, mayoritariamente aceite bético, ya tratada anteriormente. Todo ello pone de manifiesto la importancia de los resultados del estudio del material lucernario, especialmente en contextos en que el aprovisionamiento de determinados productos adquiere una singular importancia desde el punto de vista político y socioeconómico, como es el caso de los campamentos militares. 144 LÁMINAS 145 146 Lámina 1 147 Lámina 2 148 Lámina 3 149 Lámina 4 150 Lámina 5 151 Lámina 6 152 Lámina 7 153 Lámina 8 256 3.5.- TAPADERAS (Lám. 62) Esta categoría de elementos, definidos genéricamente como opercula, resultan generalmente muy frecuentes en los conjuntos cerámicos romanos, dado que sirven de cobertura a recipientes de muy diferente tipología y función (ollas, cuencos, platos, jarras, vasijas de almacenaje…), lo que condiciona su amplia diversidad133 en cuanto a morfología, tamaño y otros aspectos técnicos, constituyendo un utensilio de gran plurifuncionalidad en la preparación, el servicio y la conservación de alimentos. En el contexto de la cerámica común de este vertedero representan un 2,5% del total de piezas, porcentaje que puede considerarse escaso por los aspectos antedichos, al igual que en los registros de los vertederos de San Pedro y San Lorenzo, en los que no superan el 4%, mientras que en el de la C/Maestro Copín, con un 8%, alcanzan una significación numérica más usual, si bien con una mayor homogeneidad morfológica (Fernández Freile, 2003: 129-130, Láms 92-93). Desde el punto de vista técnico, están fabricadas con los mismos tipos de pasta que los recipientes a los que se asimilan, observándose una proporción equiparable entre las cocciones oxidantes y reductoras con desgrasantes cuarcíticos y micáceos de granulometría media. Morfológicamente, los diferentes ejemplares se inscriben en el tipo Vegas 17 (1973: 53-54), aunque se constatan numerosas variantes respecto al tipo general. Se trata pues, de piezas de cuerpo troncocónico, definidas por una gran diversidad, tanto en el perfil de sus paredes, en el remate de sus bordes y en la forma del pomo superior, a lo que hay que añadir su variado tamaño, en relación con su función accesoria de recipientes de muy distinto calibre, sin que estas variaciones tengan implicaciones cronológicas, dado que perduran los mismos modelos durante todo el Imperio. Por lo que respecta a la trayectoria de las paredes y su grado de curvatura, en el conjunto que estudiamos podemos diferenciar, a modo de clasificación, tres tipos fundamentales de tapaderas: de paredes convexas, cóncavas y rectilíneas, con sus diferentes ángulos de inclinación que les confieren perfiles de distintas dimensiones en altura. En el primer grupo se incluirían las piezas nº 574, 575 y 581. El nº 574 es el único ejemplar completo conservado en todo el conjunto, con unas dimensiones de 12,5 cm. de diámetro de borde y 4,7 cm. de altura, situándose entre las tapaderas de mediano-pequeño tamaño. Su cuidada factura, con pastas decantadas y finos desgrasantes, además de la ausencia de huellas de hollín, indicarían su uso como cobertura de un recipiente perteneciente a la vajilla fina de mesa. Presenta un borde no diferenciado, de labio redondeado, y un pomo superior discoidal de 3 cm. de diámetro, con su superficie hueca en el interior. Una morfología muy diferente presenta la pieza nº 575, con finas paredes convexas de acentuada curvatura pero escaso desarrollo en altura, que define un perfil de clara tendencia horizontal. En cuanto al borde, se diferencia de la trayectoria de la pared, con un extremo recto horizontal, y alberga en su interior una acanaladura que facilitaría el ajuste en el recipiente receptor. Con unas dimensiones de 17 cm. de diámetro de 133 Amodo de ejemplo para ilustrar esta característica, podemos citar un reciente estudio sobre la cerámica emeritense, en el que se han individualizado veintidós tipos de tapaderas de producción local (BUSTAMANTE, 2011: 66, Fig. 51). boca, por su gran estabilidad, algunas de estas piezas pudieron ser utilizadas para servir a modo de fuentes. En cuanto al fragmento nº 581, únicamente conserva una mínima parte de la pared de tendencia convexa con borde no diferenciado de extremo recto. En el segundo tipo, definido por la concavidad de sus paredes, se integrarían los ejemplares nº 573, 582 y 580. El primero, que carece de su tercio superior, presenta una forma acampanada, con un amplio ángulo de inclinación de sus paredes y un diámetro de borde de 15,5 cm. Sus paredes son de grosor irregular y decreciente desde la zona media del cuerpo, donde se localiza una fina ranura, hacia la parte superior. Todo ello confiere a la pieza un desarrollo vertical. En el extremo del borde se registra una ligera incurvación hacia el interior, y un remate moldurado. El fragmento nº 582 presentaría unas características similares al anterior, en función de su orientación, aunque su reducido tamaño no permite apreciar otros rasgos, a excepción de algunas irregularidades en la línea de su pared externa que le dan un aspecto acanalado y un borde de extremo recto. A este mismo grupo pertenecería la pieza nº 580, correspondiente al extremo de una tapadera con paredes de concavidad muy poco marcada, con un ángulo de inclinación sumamente reducido y un prolongado borde recto horizontal de labio biselado, con lo cual presenta un perfil prácticamente horizontal. Una tercera forma, muy frecuente, se caracteriza por un cuerpo de paredes rectilíneas, entre las que podemos clasificar los fragmentos nº 578 y 579, diferenciándose el primero por su mayor ángulo de inclinación y por tanto tendencia a la verticalidad, y un borde de extremo recto, mientras que el segundo fragmento presenta unas paredes de escaso grosor y un característico borde que rompe la trayectoria rectilínea de la pared con un perfil engrosado de labio redondeado. Además de estos fragmentos de cuerpos y bordes que reflejan la variada tipología de este conjunto de tapaderas, puede apreciarse asimismo la distinta morfología de los elementos de aprehensión de su extremo superior. Los más comunes presentan una forma circular plana, como en las piezas nº 576 y 577, si bien podemos observar diferencias en la configuración del punto de unión con las paredes de la pieza, en su grado de concavidad interior y en sus dimensiones, en relación al tamaño de las tapaderas. En algunos casos, como hemos constatado en otros ejemplares de los vertederos aquí estudiados, este tipo de asideros discoidales presentan en su superficie marcas en forma de estrías circulares, resultado del proceso de torneado. 3.6.- JARRAS (Láms. 63-65) La proporción de jarras en el total de la cerámica común de este área de vertidos, es de un 22%, con lo cual resulta prácticamente equiparable al de estos mismos recipientes en el vertedero de San Pedro, con los que guardan además, como veremos, otras analogías. Esta importante significación numérica, que suele seguir al siempre mayoritario volumen de ollas, es un hecho habitual en los yacimientos altoimperiales, y así se constata en los cuatro vertederos legionenses que tratamos en este estudio. De la misma manera, cuentan con una extensa clasificación morfológica que parte de tipos genera257 258 les en los que se engloban múltiples variantes y subvariantes134. Todo ello viene a indicar que se trata de piezas fundamentales en el marco de la cerámica común, utilizados no únicamente como contenedores y dispensadores de líquidos, su función primordial, sino también -y abundando una vez más en el carácter plurifuncional de los utensilios de cerámica comúncomo recipientes auxiliares en los procesos culinarios -como denotan las marcas de exposición al fuego en algunas piezasy también como elementos en el transporte y almacenaje de determinados productos líquidos o semilíquidos. Antes de proceder a la clasificación tipológica, consideramos de interés poner de relieve una característica común a este conjunto de ejemplares, que hemos subrayado igualmente en las jarras procedentes del vertedero de San Pedro, como es su notable calidad en la fabricación, empleándose pastas muy depuradas, con finos desgrasantes de cuarzo y mica, incluyendo cuidados acabados exteriores en buena parte de las piezas. Predominan las cocciones en atmósfera oxidante, con una variedad de tonalidades desde el rojo-anaranjado, al castaño y otros más blanquecinos. Esta cuidada elaboración que se aprecia en la mayoría de los recipientes constituye un aspecto significativo tratándose de producciones comunes, en las que normalmente suelen diferenciarse piezas finas y otras más vulgares o toscas. En este sentido cabe destacar el yacimiento del cercano campamento de Petavonium, en el que se hace patente una clara división entre ambos grupos (Carretero, 2000: 651-660 y 673-685), mientras que los conjuntos de jarras extraídas de estos dos vertederos legionenses presentan una notable uniformidad, de modo que un número importante de recipientes se aproximaría a la vajilla fina de mesa. Con todo, esta diferenciación en la calidad no guarda relación directa con la morfología, puesto que se hallan los mismos tipos con distinto nivel en su manufactura. Desde el punto de vista morfológico, entre las jarras de este vertedero podemos diferenciar varios tipos, en función de de las características del borde y el desarrollo del cuello (las partes mejor conservadas) ya que no contamos con ejemplares completos, aunque basándonos en las tipologías generales constarían de un cuerpo de tendencia globular u ovoide y fondo plano. 3.6.1.- Jarras de cuello largo y estrecho (Lám. 63) Representan un tipo muy numeroso, con un 37% del total, en el que podemos distinguir diversos subtipos. Se caracterizan por un cuello bien diferenciado del cuerpo e importante desarrollo en altura (entre 5 y 7 cm.) que adopta un perfil cilíndrico, como en los ejemplares nº 585, 588 y 589, o bien ligeramente troncocónico (nº 584, 586) o de paredes cóncavas (nº 583). Su diámetro de boca y cuello es muy reducido (entre 2 y 4 cm.), otorgando con todo ello una forma estilizada al recipiente, independientemente de la forma y dimensiones del cuerpo. A partir de los arranques de asa que se conservan bajo el borde de muchos de estos recipientes y de los hallados en otros yacimientos, y especialmente en el vertedero de San Pedro, en el que aparecen tipos similares que conservan este elemento, podemos deducir que se trata en su mayoría, de ejemplares monoansados. 134 Como ejemplo de una clasificación morfológica reciente de estos recipientes cabría citar la realizada para los ejemplares de Augusta Emerita, que recoge veinticuatro tipos diferentes, de fabricación local, con una cronología del siglo I d. C. (BUSTAMANTE, 2011: 58). 259 En cuanto al borde, en función de su configuración, pueden distinguirse varios subtipos en esta forma que correspondería al tipo 38 en la tipología de Vegas, definido como “jarras de un asa y cuello largo” (1973: 92-93, Fig. 32). En un primer subtipo se agruparían las jarras denominadas “con gollete”, que presentan un borde estrangulado, esto es, separado del cuello mediante una acentuada acanaladura, y con trayectoria vertical, como muestran los ejemplares nº 587, 588 y 589. En los dos primeros el remate del borde es recto, mientras el tercero adopta un perfíl más redondeado. Los paralelos que hemos hallado para este subtipo, señalados detalladamente en el análisis de estos ejemplares en el vertedero de San Pedro, en el que son más abundantes y presentan mejor estado de conservación, revelan la escasa difusión de esta forma, reducida a algunos enclaves en la zona noroeste peninsular, y con un marco cronológico que comprende el siglo I d. C. y la mitad de la siguiente centuria. En el mismo período se inscriben las piezas de este vertedero, dos de ellas localizadas en las UUEE 314 y 323, datadas a principios del siglo I d. C. -pertenecientes por tanto a la época de ocupación del campamento por la Legio VIy el resto en las UUEE 317 y 318, con una cronología de fines de esta centuria y principios de la siguiente, ya en época de pleno asentamiento de la Legio VII Gemina. Además de sus peculiaridades morfológicas, este tipo de jarras con gollete son características de ámbitos militares, como han puesto de manifiesto investigadores como Carretero (2002: 363)135, a raíz del detallado análisis de estos ejemplares en el campamento de Petavonium (2000: 651-655) y del cotejo con hallazgos similares en otros asentamientos castrenses, a los que habremos de añadir el conjunto de piezas legionenses presentadas en este estudio. Un segundo grupo estaría integrado por los ejemplares cuyo borde presenta una sección moldurada (nº 583, 584 y 586), con la característica común de un cuello largo pero no cilíndrico, como en la pieza nº 583, con cuello de paredes cóncavas y los ejemplares nº 584 y 586, que presentan un cuello de perfil ligeramente cónico, en el segundo caso con decoración de estrías en su mitad inferior, rasgo muy común en este subtipo de jarras de cuello largo (Vegas, 1973: 92-93, Fig. 32, nº 9), que alcanza una amplia difusión en los yacimientos romanos especialmente durante la primera centuria de la Era. Finalmente, como ejemplar de difícil adscripción a otro subtipo o variante, se encuentra la pieza nº 585, cuyo delgado cuello cilíndrico presenta un borde estrangulado de paredes abiertas y curvas con remate engrosado. Para esta peculiar forma, los paralelos morfológicos son muy escasos en las principales clasificaciones y publicaciones sobre estos recipientes, pudiendo englobarse en las denominadas “botellas”, y para la cual podemos proponer una cronología de mediados-finales del siglo I d. C. en función de su ubicación estratigráfica. 135 El mismo autor (Ibid. : 363) apunta la posibilidad como ya hemos señalado, de que este tipo de jarras de boca estrecha con gollete, en función de la calidad de su factura, sus tonalidades y cuidados acabados exteriores, además de la delgadez de sus paredes, formaran un servicio con los vasos ovoides del taller de Melgar de Tera, hipótesis sumamente interesante, que pondría en relación, desde el punto de vista funcional, dos categorías cerámicas distintas, y ambas con especial presencia en ambientes militares. 3.6.2. Jarras de boca trilobulada con pico vertedor (Lám. 64) Este tipo de jarras, habitualmente abundantes en los yacimientos romanos, se encuentran escasamente representadas en este vertedero, con un porcentaje de un 3% respecto a los restantes tipos, a lo que hemos de añadir su estado muy fragmentario, sin que hayamos documentado ningún ejemplar completo. En este aspecto, contrastan con una significativa proporción numérica de esta forma en los vertederos de San Pedro (vid. supra) y de la C/Maestro Copín (Fernández Freile, 2003: 138-139, Láms. 102-105), siendo en este último el grupo más numeroso de estos recipientes. Por el contrario, y por las razones ya aducidas que caracterizan al material de este contexto, no hemos localizado ningún fragmento que pueda adscribirse a este tipo de jarras en el vertedero del conjunto termal de San Lorenzo. Desde el punto de vista morfológico, se adscriben al tipo 46 en la clasificación de Vegas (1973: 109, Fig. 39), constituyendo una de las formas mejor documentadas en los contextos romanos, con una amplísima difusión espacial y un extenso marco cronológico. Sus rasgos tipológicos derivan directamente del oinochoe griego, muy extendido en época helenística, sin que se adviertan apenas variaciones formales en su incorporación al elenco cerámico romano. Se trata de jarras de cuello corto, con cuerpo de perfil globular, ovoide o en ocasiones carenado, y un fondo plano. El elemento definitorio, la boca, presenta un contorno lobulado con un pico vertedor más o menos abierto y un borde exvasado con remate curvo o bífido, bajo el que arranca un asa -generalmente de cinta con una acentuada acanaladura centralque se apoya en el hombro del recipiente. En ocasiones aparecen elementos decorativos como acanaladuras o estrías en el cuerpo y cuello de estos recipientes, aspecto que no es posible comprobar en el reducido grupo de este vertedero, ya que únicamente conservamos fragmentos de la parte superior de estas jarras. Algunos rasgos morfológicos como el cuello, pueden presentar sensibles diferencias en sus dimensiones, de manera que en determinados conjuntos como en el de Petavonium, se distinguen dos grupos, de cuello estrecho y de cuello ancho (Carretero, 2000: 673-675, Fig. 338), que configuran en el primer caso ejemplares de mayor esbeltez. Igualmente, el tamaño de la boca puede experimentar variaciones en función de la entidad del cuerpo de la vasija, de forma que pueden diferenciarse jarras grandes de boca muy abierta, y otras de menor tamaño cuya boca es más reducida con el pico vertedor muy cerrado. Este criterio de clasificación se aplica en el escaso número de jarras de esta morfología halladas en Lucus Augusti (Alcorta, 2001: 282, nota 595), de forma que su investigador diferencia entre ellas, por una parte las jarras monoansadas de pico trilobulado abierto -Tipo J2generalmente decoradas (Ibid. 282-283, Fig. 118), de aquellas otras monoansadas, groseras, de pico cerrado, sin decoración -tipo J4- (Ibid. 287-288, Fig. 120). En cuanto al escaso número de ejemplares hallados en este vertedero, hemos de destacar además su estado fragmentario -de manera que únicamente las piezas nº 590 y 591 conservan su parte superior-, así como los acabados de las superficies poco cuidados. La primera, fabricada en pasta relativamente fina de color anaranjado, presenta cuello estrecho con asa y arranque del galbo y un diámetro de boca de 4,5 cm. El fragmento nº 591, de cocción reductora, con una pasta más grosera con desgrasantes 260 261 de granulometría media, muestra en su interior una tonalidad blanquecina, con cuello alto y estrecho, correspondería a un ejemplar de grandes dimensiones, con un diámetro de boca de 9 cm. En cuanto al resto (nº 592, 593 y 594), se trata en todos los casos de fragmentos de bordes, fácilmente adscribibles a este tipo por su configuración lobulada, y destacando el borde bífido del conjunto de fragmentos nº 594, definido por una marcada acanaladura central. En cuanto a su funcionalidad, suelen ser utilizadas para servir vino (la función original del oinochoe griego, como indica el propio término), sin embargo, algunos autores consideran que el oinochoe romano ha tenido un uso menor en este servicio, siendo utilizado también entre los recipientes de cocina, principalmente para conservar, calentar y verter el agua y la leche136. La extensa trayectoria histórica del tipo y su fácil asimilación a los modelos romanos hace que su difusión sea amplísima, hallándose en los diversos territorios del Imperio. Así, según el tradicional estudio de Vegas (1973: 109), se encuentran de forma abundante, especialmente desde época augustea, en asentamientos de Europa septentrional como Haltern, Hofheim o Vindonissa y es muy destacada su presencia en toda la cuenca mediterránea, en yacimientos como Ostia, Albintimilium o Pollentia, durante el siglo I d. C. con una larga perduración en estos lugares hasta épocas muy tardías. Igualmente, en trabajos más recientes sobre cerámica común, podemos seguir constatando la importante presencia de este tipo de jarras de boca trilobulada en yacimientos peninsulares y extrapeninsulares. Así, destacan obras de conjunto de importante amplitud territorial como la dirigida por M. Bats (1996), sobre las cerámicas comunes de Campania y de la Narbonense, con yacimientos tan emblemáticos como Pompeya, Herculano, y en la región galo-romana: Marsella, Aix-en Provence Fréjus, Nîmes o Languedoc, incluyendo además tres capítulos adicionales sobre las producciones comunes de Ostia, Albintimilium y Aquitania Meridional. Por lo que respecta a los yacimientos peninsulares, destaca la presencia de estos recipientes en Augusta Emerita (Sánchez Sánchez, 1992: 50-52, Fig. 12; Alvarado y Molano, 1995: 287, Fig. 6; Bustamante, 2011: 68-69, Fig. 52 nº 18), en el área Bética (Serrano Ramos, 1995: 227-249, Fig. 11, nº 92), y más concretamente en el territorio malacitano (Serrano Ramos, 2000: 72, 100, 128), en el Valle del Ebro en enclaves como Varea (Luezas y Sáenz Preciado, 1989: 185-186, Lám. XXXI, nº 131) o La Rioja (Luezas Pascual, 2002: 119-121, Fig. 43). En la zona Noroeste, a juzgar por los testimonios ya analizados del campamento de Petavonium o Lucus Augusti137, los hallazgos son generalmente escasos, si bien este tipo de ejemplares se registran con cierta asiduidad en yacimientos de la zona del País Vasco (Martínez Salcedo. 2004: 291-292) y en otros puntos del norte y noroeste peninsular. 136 Esta función de las jarras trilobuladas ha sido propuesta por LUEZAS PASCUAL(2002), siguiendo la opinión ya expresada por SANTROT ( 1979: 205). 137 En este aspecto, se hace constar la escasez de estos recipientes en la capital lucense, contrastando con su importante presencia en el cercano campamento de Aquis Querquennis, y en general en todo el convento jurídico bracaraugustano (Alcorta, 2001: 289), atribuyendo esta diferencia de difícil interpretación a distintos modelos en el registro arqueológico de estos recipientes y la elaboración de diferentes catálogos sin criterios unificados. 3.6.3.- Jarras de boca ancha (Lám. 65) En este tercer grupo tipológico se incluye la mayor parte de las jarras halladas en el vertedero, con una proporción del 60% respecto al total. Su morfología se define en primer lugar por la amplia dimensión de su boca, que oscila entre 5 y 14 cm. y un cuello ancho y diferenciado del cuerpo, que suponemos de tendencia globular u ovoide, ya que no conservamos ninguna pieza completa. En este conjunto pueden diferenciarse varios grupos, en función de otros rasgos morfológicos, principalmente la configuración del borde y la presencia de asas. Están elaboradas con pastas escasamente depuradas, con desgrasantes cuarcíticos y micáceos de granulometría media y en ocasiones muy visibles en superficie. Se advierte un predominio de los ejemplares de cocción oxidante, con tonalidades ocres y anaranjadas y en algunos casos blanquecinas, sin que falten piezas propias de atmósferas reductoras de tonos grises y negruzcos, y otras que presentan cocción alterna. Otro rasgo común a este tipo de jarras del vertedero de la C/Pilotos Regueral, especialmente a las de mayor capacidad, es la ausencia de acabados cuidados o la aplicación de tratamientos externos, como alisados, bruñidos o espatulados, de manera que presentan en general superficies toscas y rugosas. En este aspecto observamos una clara diferencia con los ejemplares de los recipientes de la misma tipología procedentes del vertedero de San Pedro, caracterizadas por una notable calidad en su factura. En este conjunto de jarras de boca ancha, se localizan diversas variantes morfológicas, en función de diferentes rasgos; sin embargo partiremos, como principal criterio de clasificación, de la distinta configuración de sus bordes, que permiten definir distintos subtipos, si bien añadiremos en cada uno otras características que también serían susceptibles de marcar peculiaridades morfológicas, formando otros subgrupos. Así, en un primer grupo se encontrarían aquellas jarras que muestran un borde de tendencia horizontal, como los fragmentos nº 599, con borde de extremo engrosado y redondeado sobre un cuello de paredes rectas, y el nº 601, con borde exvasado de remate vertical recto con cuello cóncavo. En ambos casos, el reducido tamaño de las piezas no nos permite apreciar otras características distintivas. En un segundo grupo se incluyen aquellas jarras que presentan un borde moldurado. Esta constituye una variante muy difundida en la que se encuentran asimismo múltiples subtipos. Destacan ejemplares como el nº 597, de 13 cm. de diámetro de boca, con cuello corto cóncavo y borde moldurado de extremo recto y apuntado que facilitaría el ajuste de una tapadera. Más comunes son aquellas piezas como las nº 598 y 600, cuyo borde viene configurado por una sucesión de líneas cóncavas y convexas muy acentuadas, y formando, como en el segundo caso, un borde amplio, que constituye uno de los ejemplares más característicos del tipo. En ninguno de los ejemplares citados se aprecian marcas del arranque de asas, circunstancia que puede deberse a su estado sumamente fragmentario -conservando únicamente el borde y una reducida parte de la sección superior del cuelloaunque también es frecuente en este tipo de jarras la ubicación de las asas en la parte media del cuello, sin descartar la posible carencia de las mismas. Estas últimas piezas presentan una gran similitud con las halladas en otros vertederos legionenses como el de San Pedro (vid. supra Lám. 22, nº 186188) o el de la 262 C/Maestro Copín (Fernández Freile, 2003: Lám. 107) y se encuentran abundantemente representadas en numerosos yacimientos peninsulares, especialmente en el entorno del Valle del Ebro, como Celsa (Beltrán et alii, 1998: Figs. 208, nº 1, 6, 7; 212, nº 2, 3; 214, nº 4; 215, nº 2, 8; 216, nº 4, 8, 11; 220, nº 2, 3) Varea (Luezas y Sáenz Preciado, 1989: Láms. XXX, nº 119-125; XXXI nº 129; XXXIII), en el conjunto de la cerámica común de La Rioja (Luezas, 2002: Figs. 44-47), cuya autora señala las importantes analogías con las fabricadas en el alfar de “La Maja” (Pradejón) (Ibid.: 125) o, más recientemente, en el vertedero doméstico de la C/Predicadores en Caesaraugusta (Gascón, 2011: Fig. 3, nº 2-5). En este segundo grupo hemos de situar asimismo los ejemplares que conservan parte de las asas, rasgo propio de una gran parte de este tipo de jarras de boca ancha. De hecho, en conjuntos más numerosos y mejor conservados como el procedente del campamento de Petavonium (Carretero, 2000: 677-681, Figs. 340, 343, 344, nº 132) constituye uno de los principales criterios de clasificación, en función de la presencia de una o dos asas, en relación con su tamaño y capacidad. En este vertedero destacan los ejemplares nº 595 y 596, ambos monoansados, arrancando bajo el borde moldurado. En la pieza nº 596, conservada más completa, se aprecia un cuello ancho, que prácticamente iguala las dimensiones de 13,5 cm. del diámetro de boca. Este tipo de ejemplares con asas se encuentra abundantemente en los yacimientos citados, especialmente en contextos de finales del siglo I d. C. y comienzos de la segunda centuria. Igualmente, contamos entre las jarras de boca ancha con borde moldurado con un ejemplar más completo (nº 602), con un diámetro de boca de 9,5 cm. que presenta cuello ancho cilíndrico y dos asas -de cinta con acanaladura centralque arrancan de la parte media del cuello, apoyándose en la parte alta del cuerpo, de tendencia globular. Este tipo de recipientes ha sido clasificado también en otras tipologías, recibiendo distintas denominaciones, predominando la de “cántaros”, como figura en nuestra clasificación de las jarras del vertedero de la C/Maestro Copín (Fernández Freile, 2003: 142, Lám. 110) y en otros yacimientos como Lucus Augusti (Alcorta, 2001: 290294, Figs. 121-123), para los que se propone una cronología de mediados del siglo I d. C. hasta los decenios centrales de la segunda centuria o Arcóbriga (Sánchez, M. A., 1992b: 253-254, Figs. 8.2.13 nº 116; 8.2.14 - 8.2.16), donde son especialmente numerosos, diferenciándose siete tipos distintos, con una gran amplitud cronológica, si bien su etapa de mayor esplendor y difusión se sitúa a lo largo del siglo II de la Era. 3.7.- CERÁMICA COMÚN DE ALMACENAJE (Lám. 66) Los recipientes destinados al almacenamiento y la conservación de diversos productos alimenticios representan un porcentaje del 7% respecto al total de la cerámica común de este vertedero. Son vasijas de grandes dimensiones y paredes gruesas, fabricadas con pastas muy poco depuradas, con desgrasantes principalmente cuarcíticos y micáceos, de gran tamaño y visibles en superficie, incluyendo en algunos casos otros desgrasantes de color rojizo y fragmentos arenosos. Presentan cocciones oxidantes y alternas, con una amplia gama de tonalidades, predominando las rojizo-anaranjadas y ocres y especial263 mente los tonos más claros, amarillentos y blanquecinos. Las superficies se caracterizan por su aspecto tosco y rugoso y la ausencia de alisados u otros acabados externos, así como de apliques decorativos. La significación numérica de estos recipientes resulta próxima a la de otros vertederos leoneses, sin embargo hemos de hacer constar que en este caso se aprecia una variedad morfológica mucho más escasa en los fragmentos atribuibles a estas vasijas, a juzgar fundamentalmente por la configuración de los bordes, que se limitan prácticamente a dos formas que se repiten en los distintos tipos de pastas y tamaños, de manera que la proporción cuantitativa no guarda relación con el estado más o menos fragmentario de estos ejemplares. Dada esta homogeneidad, hemos optado por incluir en la representación gráfica únicamente las piezas mejor conservadas que corresponden a los dos tipos mayoritariamente representados. Esta dicotomía se corresponde, por otra parte, con los dos tipos en que se clasifica de forma general este conjunto de recipientes, en función de sus rasgos morfológicos, como la estructura del cuerpo y la forma del borde, diferenciándose así las denominadas orzas o tinajas y los dolia, ambos representados de forma igualitaria y con muy escasas variantes morfológicas en este vertedero. 3.7.1.- Orzas o Tinajas Este tipo de grandes recipientes de almacenamiento, cuyos rasgos morfológicos -al igual que los tipos más comunes de ollas de cocina-, se definen por bordes curvos de gran desarrollo, exvasados y engrosados, aunque también se registran otras variantes como los bordes de extremo horizontal, recto u oblicuo, como podemos apreciar en ejemplares de otros vertederos de Legio, como el de San Pedro (vid. supra, Lám. 23, nº 190, 192, 196, 197, 198), o el de la C/Maestro Copín, (Fernández Freile, 2003: Lám. 111). Presentan un cuello corto y en ocasiones en la zona del hombro se disponen acanaladuras, baquetones o digitaciones como elementos decorativos, sin que hayamos constatado esta característica en ningún ejemplar de este vertedero. En la morfología del cuerpo se advierte un absoluto predominio de los cuerpos de tendencia globular. El ejemplar más significativo dentro de las orzas halladas en este contexto -que representan un 4% de la cerámica comúny que, como ya hemos expuesto, muestran características morfológicas muy afines, es sin duda la pieza nº 603, por su gran calibre, ya que presenta un diámetro de boca de 43 cm. y en la parte central del cuerpo se aproxima a los 50 cm. de manera que constituye un recipiente, de extraordinaria capacidad, si bien un rasgo poco común es el hecho de que sus paredes no muestren un grosor proporcional a estas grandes dimensiones, ya que su espesor oscila entre 1,5 y 2 cm. aspecto que quizá haya que poner en relación con las características y el peso de los productos a contener. Este tipo de orzas o tinajas alcanzan una gran difusión, hallándose en las diversas zonas del Imperio y en distintos contextos cronológicos. Aún así, esta gran orza, localizada en los niveles de finales del siglo I d. C. y principios del siglo II, encuentra paralelos formales en yacimientos cercanos, especialmente en Lucus Augusti, donde destaca la presencia de las denominadas “tinajas globulares de borde curvo vuelto y cordones aplicados” (Alcorta, 2001: 214-217, Figs. 90-91), similares a las legionenses, excep264 to por las características bandas aplicadas en estos ejemplares lucenses que desempeñarían una función ornamental, a la vez que contribuirían a reforzar su estructura. También en Petavonium son numerosas las tinajas como vasijas de almacenamiento, predominando los ejemplares con aplicaciones decorativas y cuerpo ovoide (Carretero, 2000: 711, Fig. 256). 3.7.2.- Dolia Este segundo tipo de recipientes para guardar provisiones, caracterizado por un cuerpo de tendencia globular u ovoide, boca muy ancha y abierta y borde vuelto o entrante, se encuentra asimismo ampliamente representado, con un porcentaje del 3% del total de la cerámica común del vertedero. En ocasiones pueden estar dotados de asas y presentar motivos decorativos en la parte superior, a base de incisiones onduladas o determinados apliques. Un rasgo peculiar de estas grandes vasijas es también la presencia ocasional de estampillas, situadas bajo el borde, que ofrecen importantes datos sobre su procedencia. Se encuadran en el tipo Vegas 49, hallándose en yacimientos de las diversas etapas el Imperio, lo que dificulta su adscripción cronológica (Vegas, 1973: 117-118, Fig. 42). Desde el punto de vista morfológico destacan los ejemplares con borde reentrante, como el que presenta la pieza que representamos (nº 604), y que es un rasgo común a los dolia de este contexto. En este caso presenta un labio engrosado curvo muy marcado, bajo el que se dispone un fino baquetón que rodea perimetralmente la pieza, sin que podamos documentar la presencia de asas. Con un diámetro de boca de 34 cm. y teniendo en cuenta la trayectoria de las paredes, muy abiertas, que no se han conservado, se trataría de un recipiente de gran envergadura. Está fabricado con pasta muy poco depurada, con cocción alternante, presentando un tono anaranjado exterior e interior y un núcleo grisáceo. Los desgrasantes son similares en calidad y granulometría a los que componen las pastas de las orzas o tinajas, aunque en el caso de los dolia las pastas son más groseras y consistentes, configurando unas paredes considerablemente más gruesas. Si bien no hallamos en este conjunto de dolia ningún ejemplar con asas, motivos decorativos ni estampillas, hemos de destacar el tratamiento exterior que presenta la pieza descrita, consistente en una ligera engalba grisácea, sin que llegue a constituir un engobe propiamente dicho. Los paralelos morfológicos para estos recipientes destinados al almacenamiento y conservación de productos diversos (generalmente grano y cereales, harina, frutas, líquidos como agua, aceite y vino) son muy numerosos en los distintos yacimientos peninsulares, destacando los de Conimbriga (Alarçao, 1975: Fig. 928) Varea (Luezas y Sáenz Preciado, 1989: 189-191, Láms XXXVIII, nº 154-156; XXXIX, nº 160), La Rioja (Luezas, 2002: 133-146, Fig. 51), Petavonium (Carretero, 2000: Fig. 362, nº 260) o Lucus Augusti (Alcorta, 2001: 218222, Fig. 92-93), núcleo en el que se registra una gran diversidad morfológica en estos recipientes de almacenaje. 265 272 Lámina 40 273 Lámina 41 274 Lámina 42 275 Lámina 43 276 Lámina 45 277 Lámina 45 278 Lámina 46 279 Lámina 47 280 Lámina 48 281 Lámina 49 288 Lámina 56 289 Lámina 57 290 Lámina 58 291 Lámina 59 292 Lámina 60 293 Lámina 61 294 Lámina 62 295 Lámina 63 296 Lámina 64 297 Lámina 65 A través de lo expuesto a lo largo de este trabajo de investigación, hemos obtenido un conjunto de datos, tanto de carácter general e integrador, como de signo más selectivo y peculiar, que nos permiten reconstruir importantes aspectos sobre el marco político-administrativo, económico y sociocultural en que se inscribe el desarrollo histórico de este asentamiento castrense y sus cannabae. Por ello, con el propósito de ofrecer una visión complementaria de las diferentes perspectivas desde las que se puede contemplar el presente trabajo, y efectuar así una valoración conjunta, hemos estructurado este capítulo en torno a dos aspectos fundamentales: los vertederos y el ámbito militar. Así, en un primer apartado, expondremos los principales resultados del análisis sobre cuestiones como la función, características, cronología y criterios de utilización de estos contextos arqueológicos desde el punto de vista de su significación en el ámbito urbanístico. Para ello, partimos de la base de que estas cuatro áreas de vertidos, de importantes dimensiones, constituyen ya un número considerable de cara a efectuar un estudio general sobre el modelo de gestión de los residuos sólidos urbanos en Legio, equiparando en este sentido, este asentamiento militar a otros importantes núcleos urbanos hispanos de carácter civil (Tarraco, Barcino, Augusta Emerita, Caesaraugusta...), con una trayectoria más amplia en el conocimiento y estudio arqueológico de sus vertederos. En segundo lugar, especificaremos el papel del material cerámico como parte fundamental del contenido artefactual de cada uno de estos contextos, valorando los diferentes aspectos de estas producciones (categorías, volumen cuantitativo, cronología, procedencia, piezas específicas de ambientes militares...) y, lo que es más indicativo, estableciendo comparaciones y relaciones entre los distintos vertederos, correspondientes a diferentes etapas cronológicas, que comprenden desde el último cuarto del siglo I d. C. hasta mediados de la tercera centuria. Este último punto resulta fundamental, puesto que en cada una de las áreas estudiadas hemos incluido conclusiones sobre las diferentes especies cerámicas de forma individualizada, pero sólo a través de la interrelación de datos que proponemos, podremos obtener una valoración general e integradora de esta secuencia temporal que comprende la estancia de la Legio VII Gemina en el campamento leonés. Además, dado que se trata de un contexto eminentemente militar, plantearemos conclusiones, a partir de la inestimable información que proporciona el estudio de los distintos tipos de materiales cerámicos, sobre aspectos tan definitorios como los hábitos de consumo de determinados productos o la estructura en que se desarrollan los procesos de comercialización e intercambio de estas manufacturas, hecho que requiere diversas consideraciones sobre el sistema de abastecimiento del ejército romano en Hispania. Por todo ello, quizá este capítulo dedicado a las consideraciones finales derivadas del estudio puede resultar extenso en exceso, justificándose únicamente esta amplitud por el hecho de efectuar aquí el análisis comparativo de los materiales procedentes de los cuatro contextos estudiados, habida cuenta de la diversa índole de éstos en los 304 aspectos topográficos, morfológicos o cronológicos que los individualizan en el entorno urbano del campamento legionario. Un hecho que queda patente en un trabajo de estas características y que es preciso poner de manifiesto a modo de primera valoración, es que el estudio de los vertederos en época romana no se limita al análisis de su contenido -en nuestro caso los materiales cerámicos-, sino que existen además una serie de variables que es imprescindible tener presentes en este tipo de yacimientos, como su ubicación o su carácter de contenedores, que implica una variada morfología, de manera que forman parte esencial de la planificación urbanística de un asentamiento, proporcionando un determinado contexto topográfico a la diversidad de materiales que contienen y que representan una de las principales fuentes de documentación arqueológica sobre diversos aspectos de la vida en un enclave urbano en un determinado momento de su historia. De esta manera, a la función de los vertederos periurbanos como receptáculo de residuos sólidos, según la preceptiva legislación ya especificada (en este caso la Lex Ursonensis), se añade su papel como reguladores de la topografía urbana, utilizándose estos niveles deposicionales de desechos para la nivelación del terreno en zonas de irregularidades y declives -de carácter natural o antrópico-, o en los procesos de relleno y desecación de áreas inundables e insalubres. Contribuyen así decisivamente a la uniformización del espacio extramuros, de especial significación en los campamentos militares como el que nos ocupa, ya que es el lugar de asentamiento de la población civil o cannaba. En relación a este último aspecto, el carácter militar del asentamiento -cuestión significativa, dada la escasez de estudios precedentes en relación a los vertederos de estos enclaves-, hemos de hacer constar, a modo de conclusión, que no hemos hallado diferencias sustanciales, ni de facto ni de iure, respecto a los modelos de gestión de eliminación de residuos respecto a otros núcleos urbanos de carácter civil. De la misma manera, podemos afirmar que los vertederos legionenses tendrían una función esencialmente militar, destinados a recoger los desechos de las actividades desarrolladas en el campamento. Aún así, dado su emplazamiento extramuros, puede plantearse la posibilidad de un uso civil de estas mismas áreas de vertidos por los habitantes de la cercana cannaba. La investigación que hemos llevado a cabo sobre esta cuestión, analizando el tipo de materiales procedentes de excavaciones realizadas en las cannabae -perfectamente ubicadas y con diversos espacios y edificios bien conservadosde algunos campamentos británicos como el de Caerleon (Evans, 2000), permite inferir la utilización de materiales cerámicos y de otros tipos, similares en general a los hallados en el interior de los recintos militares. Con ello se pone de manifiesto la estrecha relación entre ambos contingentes, haciendo verosímil la posibilidad de un uso mixto -militar y civil-de los vertederos, aunque presuponiendo la supervisión de la autoridad legionaria, al igual que en otras actividades compartidas llevadas a cabo en edificios de carácter público (termas, anfiteatros...) situados en el entorno extramuros de los establecimientos militares. En cuanto al carácter de los vertederos como contenedores, presentan una variada tipología, que implica métodos de análisis más o menos complejos para la precisa 305 delimitación de los contextos estratigráficos, la adscripción cronológica de los materiales y, en suma, la correcta interpretación de los datos extraídos. En los vertederos estudiados de Legio se hace especialmente patente esta diversidad en la morfología, derivada de su configuración topográfica y de su proceso de formación, en el que inciden de forma determinante la frecuencia y ritmos de utilización. Así, contamos con dos importantes ejemplos de vertederos denominados “sistemáticos”, correspondientes a los situados en la C/Pilotos Regueral y en la C/Maestro Copín c/v San Salvador del Nido, concebidos ya en un principio como tales, con una estratigrafía ininterrumpida y un gran volumen de materiales, aunque presenten secuencias cronológicas muy diversas. Ambos pueden calificarse de vertederos en “área abierta”, cuyo contenido responde a los vertidos constantes procedentes de la actividad cotidiana en el campamento. Por otra parte, se encuentran los vertederos de tipo “secundario” o “de segundo uso”, como sería el caso paradigmático del vertedero de San Pedro, que están formados por niveles de relleno en estructuras con una distinta función anterior, en este caso un depósito, ya utilizado también como área de vertidos secundaria en la época de ocupación del campamento por la Legio VI Victrix, amortizándose en el periodo tiberiano. Posteriormente, vuelve a ser usado con el mismo fin a partir del último cuarto del siglo I d. C., ya en la etapa de asentamiento de la Legio VII Gemina. En estos vertederos secundarios no se aprecia una clara relación con los determinados mecanismos programados de eliminación de residuos, sino que suelen ser resultado de diversas actuaciones en el área urbana, como remociones o refacciones constructivas en espacios concretos, cuyos desechos arrojados a estas estructuras, ya amortizadas en ocasiones, configuran distintos horizontes deposicionales que no siguen siempre un orden correlativo, ni espacial ni cronológicamente. Se plantean así numerosos problemas en el seguimiento de la secuencia estratigráfica, como hemos podido comprobar en el citado vertedero de San Pedro, en el que en una misma unidad estratigráfica se localizan materiales de diferentes épocas. En nuestro caso, esta problemática se ha visto en parte paliada por el numeroso conjunto de materiales y su buen estado de conservación, lo que nos ha permitido determinar adscripciones cronológicas más precisas, haciendo posible la identificación de fenómenos como el carácter residual o la perduración de determinados elementos, al margen de su definido marco temporal. Y por último, es preciso destacar el tipo de los vertederos “ocasionales”, propios ya de una etapa avanzada, a partir del siglo III d. C., que se ubican en edificios en estado total o parcial de abandono, los denominados loci sordentes, aprovechando estructuras negativas como hoyos, zanjas, canalizaciones, fosos, y todo tipo de espacios vacuos o semidestruidos, para su obliteración con aportes de materiales de diferentes épocas. Este sería el caso del pequeño complejo termal de San Lorenzo, cuya construcción dataría de época flavia, para comenzar en la tercera centuria un proceso de deterioro y progresivo abandono en el que se localizan este tipo de vertidos circunstanciales. Ni que decir tiene que esta progresiva degradación de la estructura edilicia complica considerablemente la disposición estratigráfica y la evolución planimétrica del contexto, ya de por sí complejas debido al importante nivel de arrasamiento en que fue hallado el yacimiento y que impidió la reconstrucción de determinadas áreas del edificio balneario. Con todo ello, se plantean serias dificultades en lo que respecta a la disociación 306 de materiales pertenecientes al ámbito las termas y los que forman parte de estas colmataciones de vertidos, pues en muchos casos pueden ser datados en fases coetáneas. Por lo demás, el fenómeno de los vertederos ocasionales afecta de manera general a los núcleos urbanos a partir del siglo III d. C. en que comienza un periodo de importantes transformaciones urbanas, y que tiene también su repercusión en la gestión de vertidos -como elemento que refleja la realidad de un asentamiento en cada momento-, de forma que se abandonan los sistemas tradicionalmente establecidos y avalados legalmente de eliminación de residuos en vertederos extramuros, depositándose los desechos en edificios abandonados y, -como cambio más radicaltambién en el interior de los recintos amurallados de los núcleos urbanos. Por lo que respecta a la cronología de los distintos vertederos, si bien ya hemos hecho alusiones a su datación, es preciso delimitar con precisión la secuencia cronológica de cada uno de ellos, derivada del análisis pormenorizado de su contenido en material cerámico. En este sentido hemos de distinguir, por una parte, aquellos vertederos con una secuencia cronológica más amplia, que comienza a principios del siglo I d. C. en época de la Legio VI Victrix, y cuyas siguientes fases -objeto de nuestro estudiose inician en la etapa flavia, con el asentamiento de la Legio VII Gemina, como es el caso del vertedero de la C/Pilotos Regueral y del vertedero secundario del depósito de San Pedro, para finalizar a mediados de la segunda y tercera centuria respectivamente. En este aspecto, dado que la Legio VII en su instalación en León, superpone en principio sus estructuras campamentales a las del cuerpo legionario precedente, hemos podido comprobar que en el mismo proceso, y a pesar de la muy distinta configuración del recinto amurallado, sigue conservando también durante un dilatado periodo de tiempo, la misma ubicación de los principales vertederos, incluso los ya amortizados, de la Legio VI Victrix. Por otra parte, se encuentran los vertederos creados ex novo, durante el asentamiento ya permanente de la Legio VII, como el ubicado en la C/Maestro Copín c/v San Salvador del Nido, datado a mediados del siglo II d. C., en época antonina -con un importante volumen de materiales y una etapa de formación muy reducida, que comprende el segundo y tercer cuartos de esta centuria-, así como también el vertedero “ocasional” originado en las termas de época flavia de San Lorenzo, y paralelo a su etapa de destrucción y abandono, que comenzaría probablemente su formación a principios del siglo III d. C. coincidiendo con el fin del periodo de uso del complejo termal, durante la época de derrumbes, reformas y refacciones, prolongándose al menos hasta mediados de esta tercera centuria, con la total destrucción y abandono del edificio balneario. De esta manera, la secuencia cronológica que proponemos para este último tipo de vertedero adolece de una cierta falta de precisión, debido a la complejidad de los distintos niveles estratigráficos ya comentada, así como al estado sumamente fragmentario de los materiales. Esta significativa diversidad tipológica y cronológica de los vertederos legionenses constituye un factor determinante, en tanto que indica las diferentes necesidades y procesos de acondicionamiento en el desarrollo de este núcleo militar, con hechos 307 como pueden ser la colmatación de los vertederos ya existentes, cambios en la planificación del espacio extramuros o variaciones demográficas que precisan otras zonas de eliminación de residuos, entre otras numerosas variantes, que se plasman en la diversa morfología y datación de los vertederos Así, estas diferentes áreas de vertidos, fechadas en momentos distintos, nos marcan una pauta decisiva para elaborar una secuencia prácticamente completa de la evolución del asentamiento, evidenciando una vez más su papel de indicadores básicos de la dinámica urbana. Partiendo ya de una visión conjunta de los vertederos de Legio, pasaremos a efectuar algunas consideraciones desde el punto de vista de la totalidad de su contenido. En primer lugar, hemos de señalar que no se ha documentado hasta el momento en Legio ningún tipo de vertedero especializado o exclusivo de determinados materiales, como residuos artesanales, restos faunísticos, o envases cerámicos como las ánforas. Estos últimos son sumamente frecuentes en núcleos urbanos importantes, teniendo como máximo ejemplo el Monte Testaccio en Roma, y destacando los casos de Londinium o Barcino (Carreras, 1998), e incluso campamentos militares como el de Vindonissa, siendo objeto de estudio desde diferentes puntos de vista el desecho especializado de este material (Martin-Kilcher, 2003). Así, podemos afirmar que los vertederos de Legio tienen como rasgo común el carácter de depósitos de residuos mixtos, en los que además suelen encontrarse los mismos tipos de restos (material arquitectónico, cerámica, vidrio, metales, escasos testimonios numismáticos y restos faunísticos), sin sensibles variaciones, como podemos apreciar en los gráficos de distribución de materiales adjuntos al comienzo de cada uno de los contextos, destacando en todos los casos el porcentaje cuantivamente más abundante del material cerámico, que supone siempre más de la mitad del conjunto total de materiales, con casos especialmente relevantes como el vertedero de San Pedro, en que representa el 92%. Esta diversidad en el contenido viene a constituir un útil instrumento cuando se trata de aquilatar cronologías, ya que permite la comparación morfotipológica y la consiguiente datación asociada, entre diversos tipos de materiales de una misma etapa. Por otra parte, el hecho de que los principales vertederos, sistemáticos y secundarios, a pesar de las diferencias ya señaladas, tengan un contenido tan uniforme, permite deducir, a nuestro entender, una estabilidad en la actividad urbana, que genera unos vertidos constantes en la mayoría de los ámbitos, sin destacar importantes modificaciones en volúmenes de determinados restos, que indicarían alteraciones en la propia estructura urbanística o bien cambios sustanciales en los procesos de abastecimiento o en los hábitos de consumo. Quizá este aspecto haya de ponerse en relación con el carácter militar del asentamiento, en tanto que los campamentos romanos responden a un modelo prefijado en todos los aspectos, y por tanto, menos dado a los cambios en los modos de vida que los núcleos civiles. En efecto, en estos últimos se aprecia una continua transformación, de cara a la adopción de las nuevas costumbres venidas de Roma y de otras zonas del Imperio, en aras de una progresiva prosperidad, contrastando así con la austeridad y regularidad de la vida castrense en un asentamiento permanente, cuyo cometido supera en gran medida la actividad estrictamente bélica a gran escala, que sí implicaría cambios relevantes, con la continua movilidad de un número importante de efectivos o los desplazamientos de la totalidad del cuerpo legionario. 308 *** El análisis de la presencia de las distintas especies cerámicas en los vertederos legionenses desde una perspectiva fundamentalmente cronológica, nos ha permitido extraer conclusiones fundamentadas en este punto, llegando a establecer claras secuencias evolutivas en las principales producciones, a la vez que nos ha proporcionado una información decisiva en lo que respecta a los hábitos de consumo de estas manufacturas en un centro receptor de primer orden, definido por su carácter militar. De la misma manera, el estudio arqueológico de los conjuntos cerámicos constituye uno de los elementos más reveladores para reconstruir múltiples aspectos del modo de vida en un determinado contexto, ofreciendo datos de carácter económico, social y cultural, propios en este caso de los contextos militares romanos. Al igual que ocurre con otros utensilios y su vinculación a los ámbitos militares, el análisis del consumo de productos cerámicos en determinados asentamientos castrenses, como es el caso de Petavonium en su etapa de ocupación por el Ala II Flavia civium Romanorum, (Carretero, 2002: 359-368) ha permitido individualizar algunas producciones, cuya marcada presencia y comparación con el material cerámico predominante en otros campamentos, tanto de la zonas próximas, como de diversas provincias del Imperio, las definen como propias y distintivas de la presencia de unidades del ejército romano, aportando además datos relevantes sobre su origen, producción y procesos de comercialización. En este sentido, hallamos claras concomitancias con algunas manufacturas procedentes de los vertederos legionenses a partir de época flavia, corroborando así en gran parte estas peculiaridades en los hábitos de consumo de los ambientes militares romanos. De esta manera, destaca el importante volumen de cerámica de paredes finas, con similar morfología y motivos decorativos. Este aspecto no es en absoluto casual, ya que la procedencia de ambos conjuntos es el centro alfarero de Melgar de Tera. Además de algunos tipos morfológicos como los vasos ovoides y las diversas combinaciones de motivos geométricos y vegetales elaborados con técnica a la barbotina, que pueden encontrarse en otros campamentos, cabe destacar el singular motivo de los rostros aplicados, que aparecen en Petavonium, Legio, Asturica y especialmente en los asentamientos de los limites renano, británico y danubiano, y cuya interpretación, muy probablemente vinculada al carácter apotropaico, formaría parte de las creencias y la mentalidad de los soldados romanos, en relación con la exposición a los peligros inherentes a la actividad militar. Aunque en el ámbito de la cerámica común no suelen apreciarse acusadas singularidades, cuando se trata de contextos militares se hacen patentes determinados rasgos comunes en la utilización de recipientes encuadrados en esta categoría cerámica, razón por la cual hemos argumentado que las producciones comunes alcanzan una mayor significación en los asentamientos militares que en los núcleos civiles. Así, una producción característica y abundante en los campamentos del área noroeste viene representada por aquellos recipientes fabricados en pastas negras y grises, con un alisado o bruñido exterior que les confiere una superficie brillante, presentando en ocasiones decoración en bandas a base de líneas rectas o formado retículas 309 bruñidas. Estas piezas, principalmente ollas y jarras, son testimonio de la perduración de la tradición cerámica indígena. A este respecto, encontramos también muestras en Legio de este tipo cerámico, si bien el rasgo que las distingue es su concentración en un único contexto de vertidos, correspondiente a mediados del siglo II d. C., estando totalmente ausentes en los demás vertederos estudiados. La mayor o menor presencia de estas producciones de tradición indígena cobra especial relevancia, pues suelen integrarse tempranamente en el conjunto de las cerámicas comunes romanas, evidenciando el grado de fusión cultural, incentivado a veces por el ejército en estas zonas norteñas, y que de hecho, se encuentra en abundancia en algunos asentamientos ya “romanizados”, circunstancia que no se produce en el marco de las cerámicas importadas, de producción estandarizada. Además de los asentamientos de esta zona hispana, esta pervivencia de determinadas tradiciones, tanto morfológicas como decorativas, en la elaboración de algunas piezas cerámicas utilizadas por el ejército romano y esta especial tendencia en el uso de recipientes de pastas negras y grises puede constatarse en campamentos de distintas provincias del limes germánico, donde se halla la producción denominada terra nigra, o en Britannia, en cuyos principales campamentos prolifera la llamada blackburnished ware. A todo ello hay que añadir los intercambios que pueden producirse entre estos tipos autóctonos de los diversos territorios en función de la movilidad de las unidades militares. Otros tipos y rasgos de piezas de cerámica común características del campamento zamorano, se encuentran asimismo bien documentadas en Legio como las denominadas “jarras de boca estrecha con gollete”, de cuidada elaboración, así como la utilización de abundante desgrasante micáceo en recipientes como las jarras de boca trilobulada, cuencos y ollas, cuya ausencia de huellas de exposición al fuego han permitido calificar este rasgo como un elemento ornamental. Uno de los recipientes más representativos en los contextos castrenses son los morteros, esenciales en el instrumentum domesticum romano, utilizados, como ya hemos descrito, en la elaboración de diversos preparados culinarios de consumo habitual en el mundo romano y que alcanzan una amplia dispersión en las diversas provincias del Imperio, pues constituyen además una pieza esencial en la impedimenta de los soldados romanos. Especialmente indicativo resulta el tamaño de estas piezas, ya que las de menores dimensiones tendrían un uso militar, de carácter individual, mientras que las de mayor tamaño podrían inscribirse en el ámbito de los utensilios culinarios domésticos civiles. A este respecto, hay que subrayar que los ejemplares exhumados en los vertederos de Legio presentan unas dimensiones reducidas, con un diámetro de boca entre los 12 y los 23 cm., pudiendo indicar así su pertenencia al contingente legionario acampado intramuros. Este uso militar vendría avalado por los característicos orificios en el borde que presentan una buena parte de estos pequeños morteros, para ser colgados y transportados más fácilmente en el conjunto de la impedimenta de los legionarios. En cuanto al tamaño, son claras las similitudes con los ejemplares hallados en otros campamentos como el de Cidadela y especialmente el de Petavonium, si bien en éstos últimos se aprecia una media de diámetro un tanto más amplia, aunque siempre dentro de las medidas características de los morteros vinculados a asentamientos militares. 310 En este aspecto, la importante difusión de estas piezas queda patente en su presencia en todos los vertederos estudiados en Legio, en sus distintas épocas y con diferente representación cuantitativa, teniendo en consideración un sesgo de mayor abundancia en este caso, dado el carácter de principal asentamiento militar hispano desde principios de época flavia. Aún así, el hecho de proceder de áreas de eliminación de residuos puede distorsionar los datos que ofrece el análisis de estos recipientes con respecto a otros asentamientos militares, en los que han sido hallados en el interior de los recintos, en sus probables lugares de uso, como en el campamento de Petavonium donde, a excepción de los fragmentos localizados en niveles de derrumbe, una buena parte de los ejemplares se ha encontrado en el contexto de las estructuras excavadas (Carretero, 2000: 730), relacionadas, a partir de la presencia de otros elementos (horno, dolium), con estancias dedicadas a la preparación o conservación de alimentos. Igualmente, en el enclave castrense de Cidadela, el mayor número de morteros se ha localizado en una zona restringida del campamento, correspondiente al praetorium y las áreas aledañas a este edificio, dado que, según su investigador, sería el único lugar donde se desarrollaba un modo de vida totalmente acorde con la cultura romana (Doval: 1997). Por otra parte, es preciso puntualizar que los mortaria no son privativos de los contextos militares, de forma que adquieren también una importante representación en el ámbito doméstico de los núcleos civiles, como elemento esencial en los procesos culinarios, aunque en este caso suelen presentar mayores dimensiones. Este hecho conlleva la adopción de importantes cambios en los hábitos culinarios y alimenticios en las áreas de presencia romana, constituyéndose así en indicadores del progresivo proceso de aculturación que se extiende a los más diversos ámbitos de la vida cotidiana. Asimismo, otras producciones cerámicas con una especial presencia en los ámbitos militares son las imitaciones de platos, cuencos y fuentes de engobe interior rojo pompeyano. Estos recipientes forman parte de un cierto número de piezas de cerámica común vinculadas al ejército romano, aportando datos relevantes sobre el equipamiento y determinados hábitos de los soldados, así como las diferencias en el uso de estas manufacturas según los estadios de la jerarquía militar, que utilizarían vajilla de mesa de mayor calidad integrada por cerámicas de lujo, y a la vez, sobre determinados cambios morfológicos en algunos de estos ejemplares. Así, en el conjunto de estas producciones, en concreto los platos de reducidas dimensiones adaptados a un uso individual, forman parte del equipo personal de enseres del soldado romano, actuando como material guía por su cronología definida, que no es propia de las producciones comunes. Sin embargo, hemos de resaltar el hecho de que el campamento de Legio constituiría a este respecto una excepción hasta el momento, a juzgar por los escasos ejemplares de estos recipientes recuperados en sus vertederos. Igualmente resulta característica en los contextos castrenses la escasez o ausencia de los tipos de cerámica pintada, de arraigada tradición prerrromana en algunas zonas, especialmente las ubicadas en el ámbito celtibérico. En este sentido Legio constituye un claro exponente, pues no hemos hallado ningún ejemplar de estas producciones en la etapa de ocupación de la LegioVII Gemina. Esta categoría cerámica, denominada “tipo Clunia”, en función de la producción que 311 se establece en talleres de este núcleo a partir del año 60 d. C. hasta la siguiente centuria (ABASCAL, 1986: 282), presenta rasgos específicos que muestran la fusión de la tradición indígena (las cerámicas ibéricas del Valle del Ebro, tipo Azaila, y de la zona vaccea) con elementos de manufacturas típicamente romanas, dando como resultado unos recipientes de pasta blanquecina con motivos realizados en tonos castaños muy claros. Conviene destacar, como subraya Carretero (2000: 572) que estas manufacturas podrían suponer un nexo entre la Meseta norte y el Noroeste, en función de la presencia del ejército en esta última zona, en relación con la actividad minera, que atraería trabajadores de origen meseteño y por tanto una presencia de los recipientes de su zona de origen. Sin embargo, son muy escasos los testimonios de estas manufacturas tanto en los campamentos, pues además del caso emblemático de Legio se encuentra también el de Petavonium -con una cifra insignificante de siete de estos ejemplares-, como en los núcleos relacionados con la minería. Su presencia es un tanto más significativa, en otros enclaves de la zona astur, como Lancia, algunos núcleos zamoranos o Asturica, aunque siempre con carácter esporádico. Como causa de la escasa representación de las cerámicas “tipo Clunia” en el Noroeste y especialmente en asentamientos militares, es preciso tener en consideración la valoración de Carretero (2000: 571-572), puesto que los recipientes clunienses tendrían la función de vasa potoria, ya cubierta en toda esta zona por las manufacturas del taller de Melgar de Tera, como se hace especialmente evidente en los asentamientos militares. En lo que respecta a las lucernas, cabe destacar los testimonios del importante uso de las lucernas “tipo Andújar” en los campamentos hispanos del norte y noroeste, con importantes perduraciones, como se pone de manifiesto en Legio. Por otra parte, al igual que las diferentes unidades del ejército romano acantonadas en los limites norteños en esta época, los contingentes asentados en el noroeste hispano adoptan un tipo común y funcional como son las lucernas de canal o firmalampen, que alcanzan una gran difusión, siendo denominadas por Bailey (1980: 276) como “lucernas de frontera”. La abundante presencia de este tipo lucernario en los asentamientos militares responde a determinadas características, como su precio asequible, su sencillez en la configuración, que las hace fáciles de transportar y de efectuar copias en el entorno de los campamentos, constituyendo así un elemento esencial en la vida castrense. Por último, en cuanto a los materiales vinculados a los asentamientos castrenses, cabría plantear otro rasgo unificador, a la luz de los últimos estudios en diversos campamentos del noroeste hispano, principalmente Petavonium y Legio, consistente en la variedad de los tipos anfóricos, incluyendo algunos de tradición local, aspecto que contrastaría con la menor abundancia de este material -a excepción de núcleos importantes como Asturicaen los enclaves civiles del Noroeste. *** Centrándonos ya en las consideraciones derivadas del estudio del material cerámico, hemos de partir de uno de los rasgos comunes ya subrayados en los vertederos legionenses, que reviste especial trascendencia, como es la homogeneidad en su contenido en cuanto al material cerámico, de forma que en todos ellos hallamos, en mayor o 312 menor medida, las mismas especies (terra sigillata hispánica, cerámica de paredes finas, cerámica común, morteros, lucernas y ánforas). En los casos en que no está presente alguna de ellas, suele deberse a la planificación de los estudios, como ya hemos expuesto en el capítulo metodológico, pero aún así, hemos intentado recabar los datos principales derivados de estas diversas investigaciones. Esta uniformidad también en las categorías cerámicas, constituye un elemento fundamental, ya que facilita en gran manera nuestro objetivo de establecer comparaciones y relaciones entre las mismas. A la vez, contando con otra variable esencial de estos vertederos leoneses -su distinta adscripción cronológica sin importantes interrupciones-, nos permitirá seguir la línea evolutiva de las diferentes producciones cerámicas desde una perspectiva diacrónica, habida cuenta del importante volumen de documentación que proporciona uno de los principales centros receptores de la zona NW, como es Legio en esta etapa de su ocupación. En primer lugar, es preciso incidir en la radical transformación que se produce en el ámbito del ejército hispano a partir de época flavia y que tendrá importantes repercusiones en el sector de la producción y consumo de las manufacturas cerámicas. Así, una vez conquistada y pacificada la zona noroeste, se produce una reorganización de las unidades militares aquí acantonadas, que parten hacia otras áreas del Imperio, de forma que la llegada, en el año 74 d. C. de la Legio VII Gemina para su asentamiento definitivo en el solar leonés, así como de algunos cuerpos auxiliares que se establecen en enclaves próximos, como el Ala II Flavia Civium Romanorum en Petavonium, entre otros, constituirán los únicos efectivos militares asentados de forma permanente, garantes de la estabilidad político-estratégica y de la infraestructura económica del territorio hispánico. Es a partir de este momento cuando finalizan las importaciones de productos cerámicos y se inicia una etapa caracterizada por el autoabastecimiento, con la proliferación de talleres locales y regionales regentados por civiles en todo el territorio peninsular constituyendo un hito fundamental en la evolución de la cerámica de época romana en Hispania y especialmente en la Tarraconense, con lo que, en términos de Beltrán LLorís (2008: 15), supone el “inicio de las producciones propias”. Esta producción de manufacturas civiles sigue teniendo como principales puntos de abastecimiento los asentamientos castrenses del noroeste y, en este contexto, no cabe duda de que el campamento de la Legio VII Gemina supondría un núcleo vital de consumo para las diferentes producciones cerámicas. Es así como el estudio de los restos cerámicos de Legio a partir de esta etapa, acumulados en sus vertederos extramuros de diferentes momentos, adquiere una especial significación de cara a un conocimiento cada vez más preciso de la dinámica del mercado cerámico peninsular hasta época bajoimperial. Desde esta perspectiva, el análisis de la presencia de las distintas especies cerámicas en cada vertedero, especialmente desde el punto de vista de su volumen cuantitativo y de su cronología, nos permitirá definir rasgos generales en el consumo cerámico de Legio en esta etapa, a la vez que identificar características peculiares de cada área de vertidos, en función de distintas variantes que explicaremos en cada caso. 313 se ha podido reducir en todos ellos a tres tipos fundamentales: jarras de cuello largo y estrecho, de boca trilobulada y de boca ancha. Los ejemplares más característicos se inscriben en el primer grupo, presentando un característico estrangulamiento en la parte superior del cuello, que ha llevado a denominarlas como “jarras con gollete”, localizadas en Legio en los vertederos del depósito de San Pedro (Lám 20, nº 163, 164, 171-174), Pilotos Regueral (Lám. 63, nº 587-589) y Maestro Copín (Fernández Freile, 2003: Lám. 101). Su cronología se fija a finales del siglo I d. C., hasta mediados de la segunda centuria, con una restringida difusión, localizándose únicamente en determinados ámbitos militares del noroeste peninsular y pudiéndose vincular a los vasos de Melgar de Tera, con los que podrían formar servicio, como se pone de manifiesto en los ejemplares de Petavonium. Por el contrario, las jarras de boca trilobulada, con una amplia tradición y difusión en el contexto mediterráneo, abarcan un amplio marco cronológico difícil de precisar, hallándose presentes hasta épocas tardías, y con perduraciones que sobrepasan el período romano, mientras el tercer tipo es común en los yacimientos peninsulares durante los dos primeros siglos de la Era. Por lo que respecta al resto de recipientes de cerámica común, principalmente cuencos, platos, tapaderas o vasijas de almacenaje (orzas y dolia), presentan una proporción sensiblemente más reducida y bastante equiparable en las diferentes áreas de vertidos, manteniendo la diversidad morfológica que caracteriza a estas producciones. Especialmente indicativa resulta la presencia de imitaciones de platos de engobe interior rojo pompeyano, puesto que, como ya hemos señalado, cuentan con una cronología más precisa, si bien los ejemplares hallados en Legio son muy poco abundantes en los dos vertederos de época flavia y en el de época tardía de San Lorenzo, perteneciendo estos últimos a la etapa anterior de uso del complejo termal -finales del siglo I y segunda centuriay se encuentran totalmente ausentes en el datado a mediados del siglo II d. C. Se elaboran asimismo cuencos de borde horizontal con este mismo tipo de engobe, que formarían servicio con los platos, de los que no hemos documentado ninguna evidencia en los vertederos de Legio, mientras resultan especialmente representativos en otros asentamientos militares como Petavonium, procedentes de talleres locales y que portan en ocasiones la marca del alfarero, como los productos de Rufiano, encontrándose únicamente en enclaves de la zona noroeste. A partir de estas precisiones, podría considerarse, de forma general, que la cerámica común adquiere mayor relevancia, en relación con algunas de sus producciones específicas, en estos ámbitos militares que en los núcleos exclusivamente civiles. Generalmente adscritos a la categoría de cerámica común en numerosas clasificaciones, se encuentran los morteros, que en este estudio hemos tratado de forma individualizada, dadas las singulares características de estos recipientes que significan una aportación decisiva del instrumentum domesticum romano, con una amplia difusión en las distintas zonas del Imperio, puesto que constituyen una pieza fundamental en la impedimenta del soldado romano. Presentan una variada tipología en función de la diversa morfología de su amplio borde y la ubicación del pico vertedor, la configuración de la base y su altura y dimensiones, rasgos que definen una evolución cronológica, con lo cual poseen, además de su valor intrínseco, un valor añadido para la datación, que los diferencia de la mayor parte de los tipos de la cerámica común. 320 [Document text truncated for crawler view.]