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Pedro Alonso Vigil, pintor entre Gijón y Valladolid

Villalobos Alonso, Daniel

Abstract

Producción Científica

Full text

Pedro Alonso Vigil I personajes y escenarios Del 14 de noviembre de 2014 al 9 de enero de 2015 lunes a viernes, de 10 a 14 y de 18 a 21 horas MUVa. Museo de la Universidad de Valladolid EDIFICIO RECTOR TEJERINA Plaza de Santa Cruz, 6 47002 Valladolid. España Pedro Alonso Vigil (1954–2013) CATÁLOGO EDICIÓN: Universidad de Valladolid FOTOGRAFÍAS: Ricardo Alonso, Miguel M. Garay, Daniel Villalobos y Rodrigo Villalobos. IMPRESIÓN: Gráficas Gutiérrez Martín I.S.B.N.: 978-84-8448-812-5 Depósito Legal: VA-840-2014 © MUVA. Universidad de Valladolid 2014 Impreso en España. Printed in Spain UNIVERSIDAD DE VALLADOLID RECTOR: Daniel Miguel San José SECRETARIA GENERAL: Mª Pilar Garcés García VICERRECTORADO DE RELACIONES INTERNACIONALES Y EXTENSIÓN UNIVERSITARIA: José Ramón González García DIRECTOR DEL MUVA:Jesús Urrea EXPOSICIÓN ORGANIZA: Museo de la Universidad de Valladolid (MUVa) DIRECCIÓN: Jesús Urrea COMISARIO: Daniel Villalobos Alonso MONTAJE: Equipo técnico del MUVa Reservados todos los derechos. De conformidad con lo dispuesto en el art. 534 bis del Código Penal vigente, podrán ser castigados con penas de multa y privación de libertad quienes reprodujeran o plagiaren, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica en cualquier soporte electrónico o mecánico, incluidas fotocopias, grabaciones u otros sistemas retribuibles de información, sin el preceptivo permiso por escrito del editor. Jesús Urrea Director del Museo de la Universidad de Valladolid |55 Se ha convertido en costumbre rendir homenaje de gratitud a los profesores que llegan al final de su carrera por todo lo que han aportado a la comunidad universitaria y, por extensión, a la sociedad en la que ésta se sustenta aunque todavía hay quien, después de haber brillado en méritos y dedicación similares, pasa la frontera de su jubilación sin el suficiente reconocimiento, a veces, por razones que nada tienen que ver con la docencia ni con la investigación. El homenaje adquiere otro carácter cuando la muerte se convierte en responsable de la ruptura de una joven carrera docente, lo mismo que cuando se celebra postmorten y alejado del tiempo apropiado; ambos se tiñen de melancolía y de frustración al no haberse organizado en el momento oportuno. Por eso el MUVa inserto en la vida y actualidad universitaria ha aceptado la propuesta de la Facultad de Educación y Trabajo Social de asegurar el recuerdo de uno de sus profesores, Pedro Alonso Vigil, que dedicó su vocación y toda su carrera docente a sus alumnos de la asignatura Didáctica de la Expresión Plástica que impartió en la Universidad vallisoletana desde el curso 1988 hasta su fallecimiento en 2013. Veinticinco años entregados a la Universidad bien merecen este reconocimiento público a través de una pequeña exposición antológica que servirá para conocerle mejor, sorprendernos con la capacidad creadora que poseyó, con su versatilidad técnica y artística, y no olvidarnos ni de su dimensión humana ni tampoco de la que tuvo como maestro. El mar resplandecía de luminosidad y la espuma, que trazaba las tablas de surf sobre las crestas de las olas, se entremezclaba con su agua batiente ante la mirada de los surfistas y el pa - seo de los desocupados veraneantes. Esos fueron los primeros dibujos que Pedro Alonso Vigil (Gijón, 1954–Valladolid, 2013) guardó toda su vida en una de sus carpetas de trabajo. No eran las costas de Australia, Hawái o California, sino las de Asturias las que dibujaba en los veranos de sus años de adolescente en el cambio de los sesenta a los setenta. Habían sido The Beach Boys y su música los que propagaron la cultura surfera desde California al resto del mundo en la década prodigiosa de los 60; y en esos años, en las playas de Asturias, los jóvenes de las pandillas surf corrían olas, escuchaban música heredera del Rockabilly, disfrutaban de la libertad de los primeros bikinis en el Cantábrico y se bronceaban en esa cultura de la vida en la playa a la espera de la Big Session, comunicándose en su jerga anglosajona de intrépidos deportistas de costa. Los bocetos eran para plasmarlos sobre las tablas de surf que él mismo había trabajado. Dibujos a línea que cuando aún no imaginaba que sería un dibujante y un pintor excepcional, los compartía con su modo de vida surf cuya fascinación mantuvo hasta el final de su vida. Cuando en 2010, cincuenta años más tarde, realiza sus obras en formato digital para la última de sus exposiciones Surfing Colors es de nuevo, y al final, en Asturias don de la cámara de fotos captura imágenes para sus postreros trabajos plásticos. Los modelos ya no son los amigos de la pandilla surfera, sino su hijo Richi y él mismo corriendo olas sobre las tablas que de nuevo había fabricado en este siglo XXI. |77 Pedro Alonso Vigil, pintor entre Gijón y Valladolid Daniel Villalobos Alonso Profesor Titular ETS de Arquitectura. Universidad de Valladolid. el cuarto que llevaba en Arquitectura, decidió reorientar su vida a las Bellas Artes, y en el curso siguiente se trasladó a Madrid para comenzar sus estudios en la Escuela Su perior de Bellas Artes. Fueron cuatro años, hasta el curso 1981/82, de intenso aprendizaje de manos de sus profesores Pedro Mo zos, Gui ller mo Vargas, Medina, Antonio Notario, Antonio Guijarro, Agus tín Úbeda, etc. En 1981 obtuvo el título de Profesor de Dibujo y en 1982 el de Licenciado por la Facultad de Bellas Artes de Madrid. La impaciencia por ser artista le hizo trabajar para su primera ex posición de dibujos y pinturas; fue en Gijón, en 1979, durante su segundo año de carrera en San Fernando. A retortero entre Madrid y Valladolid, apenas llegaba el fin de semana a su primer estudio de pintor, ponía sobre papel sus obsesiones mediante dibujos aplicando nuevas técnicas de lapicero adquiridas en Bellas Artes. Sus personajes emergían en pesadillas ante su mirada impasible, observador de sueños propios y ajenos, con rostros atormentados y ambiguas figuras femeninas desnudas, formas que respondían y reflejaban sus angustias. Com - positivamente fraccionaba el orden de la dis posición del dibujo encajando mundos y elementos distintos: tierra/aire, sue ño/vi - gilia, realidad/invención, crueldad/sen timiento. Aplicaba distintas técnicas explotando la tensión que ofrecía la relación de formas sin color, en grises, con otras teñidas de intensos colores cálidos. Aun estudiando en Madrid, la satisfacción por esa primera muestra pública de su obra le dio impulso para seguir trabajando. Culminada una etapa donde el dibujo era su campo dominante, se interesó mucho más por la pintura y desplazó el uso de la técnica de representación del lapicero sobre papel hacia el de una herramienta para los bocetos de sus cuadros: el dibujo pasó de ser un fin en sí mismo a convertirse en un medio con el cuál llegar a la pintura. Entre 1980 y 1982, los dos últimos años de su carrera en la Escuela de San Fernando, batalló en composiciones mediante óleo y pintura acrílica sobre tela o tablero de madera. Estaba cómodo trabajando en formatos de mayor tamaño que los 88|A la devoción por el surf, y toda su escenografía, se le sumó una segunda por el cómic y sus mitos. En su ciudad natal coincidió con Isaac M. Rivero en esta otra atracción cercana a sus intereses como joven dibujante. A esas dos aficiones, surf y cómic, que se habían reunido mezclándose con su temprana afición por el dibujo, se añadió una vocación a la que dedicó cinco años de su vida, la arquitectura. Terminando el bachillerato, en 1973 con diecinueve años, decidió orientar sus habilidades plásticas hacia una carrera técnica, la de ar qui tec tura,y se trasladó a estudiar a Valladolid, determinación que dio un vuelco a su vida, no porque se reorientara definitivamente a esta profesión sino porque se tuvo que trasladar de Gijón a Valladolid donde estaba la Escuela de Arquitectura más cercana a los asturianos con vocación de arquitecto. En esos primeros años comprobó que poco le interesaba la pro - fesión de Vitrubio, aunque aprendió a utilizar instrumentos grá - ficos y artísticos, entonces imprescindibles en el primer curso de Arquitectura, llegando a ser el alumno de primer curso de la Escuela que mejor dibujaba. En Valladolid conoció a Luz María, la que fue su compañera el resto de su vida, y se dedicó a hacerle retratos a pluma con influencias de los cómics. Durante 1975, los dibujos de Luz María fueron su tema obsesivo, representándola en escenarios de cuento entre gnomos, paisajes de costa y ventanas abiertas al Universo. Este mundo onírico señalará el primer rasgo de su obra, condición surrealista que concluye entre 1976 y 1978 con apuntes de lápiz, rotulador, pluma o bolígrafo. Al final de esta primera etapa realizó una de las obras que mejor explica su primer periodo, la “manzana roja”, manzana ingrávida sobre una escalera cuyo color la llenó de tentación, antítesis a la “manzana verde” de Magritte y referencia a su surrealismo. Tras ella, la ventana abierta al cielo invitándole a escapar, a salir de su propio encierro. Aunque Pedro Alonso abandonaría la carrera de arquitectura, convirtió la ciudad castellana en su residencia aunque siempre la compartió con escapadas a su Gijón natal, obteniendo una secuencia vital de paisajes, climas, tradiciones, etc., en definitiva, culturas tan rotundas como diferentes que formarán su carácter y se trasladarán a su retina. En el curso 1976/77, |99 anteriores en los que la intensidad del color en la pigmentación de la pintura acentuaba la tensión que dejaba fluir en sus pinceles desde su mundo interior, de donde surgían formas inquietantes: Pedro estaba abriéndose plásticamente mostrando en los cuadros su universo particular. Seres encajados en espacios lóbregos, cerrados, vacíos; eran personajes enclaustrados en interiores sin ventanas ni salidas. Enmarques abstractos que no se despliegan en ningún universo, son cierres saturados de oscuridad. En estos espacios angustiosos viven y conviven, aunque solitarios, los monstruos de su imaginación. No son únicamente sueños cohabitando con la realidad, como los que hasta entonces había dibujado, sino algo más real, las fantasías del capricho de su imaginación materializada que dejó descubrir a través de los cuadros. La mirada del observador es la mirada del hombre libre desde el resquicio de la puerta sellada al interior de la celda, mirada hacia las ergástulas metafísicas de la pintura. Hombres con caras, garras, gestos y ademanes de pájaros, entes como unidades de violencia y tensión luchando por salir de ellos mismos. La expresividad de estos cuadros comunica cercanías con expe - riencias como las del dublinés Francis Bacon, incluso apreciamos indicios de relación con el expresionismo representativo de Juan Barjola. Las cercanías están inicialmente evidenciadas en estos cuadros donde también se señala su personalidad en el uso del color y en la composición. Alguna de estas obras, que pinta en Valladolid, las expondrá también en su ciudad natal durante las navidades de 1981, en la sala Nicanor Piñole y se acompañaron con otras de sus amigos Gerardo Vacas y Carlos Valcárcel. Un segundo mundo diferente del primero tenía su consecuencia en las obras de Pedro Alonso, el real. Separando los trabajos de esos años en dos capas, en un estrato diferenciado al anterior contemplaba la realidad que le rodeaba, realidad representada mediante otros dibujos y pinturas. Eran murales donde las narraciones gráficas se orientaban en una doble dirección: pintaba los dos ambientes de su vida, escenarios de Asturias y Castilla. Repartía esfuerzos entre ambas. Desde la Meseta se ajustaba a escenas de intensidad plástica cercanas al fervor religioso de Valladolid así como a la realidad social en ambientes costumbristas. Imágenes con un tinte de pesimismo expresionista cercano a las de José Gutiérrez Sola - na, al tenebrismo en unos interiores de hogar, taberna o fragua habitados por la tristeza y el abatimiento. Entre los pueblos castellanos a donde dirigió sus pinceles, tuvo predilección por Fuensaldaña, el de la familia de su esposa Luz María. Los temas de su Asturias mostraron narraciones costumbristas en paisajes enmarcados entre patas de hórreos, o mostrando cotidianas labores marineras. En 1983, ya casado, su nuevo estado no le había permitido librarse del entonces Servicio Militar Obligatorio, “la mili”, alternando los meses en estancias entre Valladolid y Ferrol. En las dilatadas horas perdidas en esa “obligación”, a veces sacaba los folios plegados en un bolso de la guerrera y con un rotulador ponía sobre blanco nuevas ideas, germinaban como bocetos que, con ansiedad creativa, trasladaba a lienzos o a papel, eran sus nuevas experiencias plásticas. Las técnicas de representación las estaba desarrollado adaptándolas a nuevas necesidades expresivas y fueron de dos tipos. Para formatos pequeños trabajaba con témpera y tinta sobre papel mediante una técnica mixta en la cual llegó a ser un experto. Era un procedimiento cuyo resultado derivaba de la llamada “técnica inversa”, procedimiento donde lo primordial es saber que aunque se prevean totalmente sus efectos, siempre resultan consecuencias plásticas impensadas. Por otro lado, para formatos con bastidor de mayor tamaño, recurría al óleo y a la acrílica sobre tela que él mismo preparaba y cubría también con pigmentación propia. A veces trasladaba a este soporte ciertas texturas surgidas en las experiencias sobre el papel. En ambas técnicas introdujo un nuevo componente: mediante colas adhería acabados con “panes” de plata u oro para intensificar la luz en determinados puntos del cuadro. Se había convertido en un maestro a la búsqueda de nuevos y heterodoxos modos de expresión. Lo expresado servía a un fin, el intensificar la representación de sus visiones oníricas inmerso dentro de su mundo interior El nuevo siglo y las técnicas digitales ya le habían seducido atrapándole como cantos de sirena wagnerianos, donde no se ató al mástil de su nave como Ulises, y fue arrastrado hacia las vanguardias plásticas de un nuevo siglo, hacia la siguiente y última etapa de su obra, la digital. En abril de 1999 había firmado sus primeras obras digitales asumidas como obra plástica, convertido en un experto en los programas de tratamiento digital que empleaba para su docencia. Para entender la importancia que tuvo en el artista este nuevo método de expresión plástica, hacemos memoria del origen de estos sistemas. En el año 1987 el americano Th. Knoll diseñó el primer programa de tratamiento digital, Display, renombrado en 1988 como Photoshop y lanzado para Macin tosh en 1990. Asi mismo será en torno a 1991 cuando se comercializó la primera cámara totalmente digital disponible en el mercado, la Dycam Model 1. Pedro Alonso comenzó a aplicar la técnica para diseño gráfico ese mismo año. Fue un trabajo para el cartel de la VIII Vuelta ciclista a Valladolid don de, con base fotográfica, jugó con la imagen de un ciclista mediante procesos digitales. A partir de este primer trabajo informático, la Fun da - ción Municipal de Deportes de Ayuntamiento de Valla do lid le reiteró encargos de los carteles del mismo evento anual y el artista, año tras año hasta el 2007, respondió sistemáticamente cada vez con mejores composiciones digitales. En 2000 dio el gran salto en la utilización del programa Pho - toshop como recurso de diseño artístico, era un conjunto de trabajos denominados Serie Signos. En el año siguiente continuó investigando con las posibilidades plásticas de la herramienta digital, ahora con elementos de anatomía humana. También fueron imágenes exclusivamente fotográficas en las que experimentaba con texturas y colores; y como un guiño sarcástico al Pop americano y a su representante más reconocido, Andy Warhol, sus “modelos” digitales eran imágenes de latas de Coca-Cola en fase de descomposición. Sin embargo, la cita más aclaratoria de esta sorprendente actitud artística no está en el Pop americano, sino en ciertas 1166|vanguardias europeas en torno a la Bauhaus, la Escuela alemana que el artista conocía perfectamente desde sus años de estudiante de arquitectura, y en concreto respecto a la obra y a la docencia en ella de L. Moholy Nagy, fotógrafo y pintor. Moholy comenzó sus trabajos artísticos en la pintura para acabar orientándose hacia la fotografía. En su libro Pintura, Fotografía, Film, estudió las relaciones entre la pintura (como expresión de color) y la fotografía (como instrumento de la luz). Ese camino de apertura hacia lo nuevo es precursor y paralelo al que Pedro Alonso y otros artistas contemporáneos iniciaron hacia el trabajo de la imagen digital como apertura de nuevos caminos plásticos. El resto de las obras con las que terminó su trayec toria de artista, tendrían que ver con Gijón y su mar Cantábrico. Sus temas primordiales fueron su velero adentrándose en el mar, los reflejos del muelle deportivo de Gijón, las playas e insistentemente el surf. En el año 2003 trabajó una obra titulada Offshore, en ella se autorretrataba pilotando su velero en solitario bajo el nombre e insignia de Asturias. Dibujo donde el viento colma su vela spinnaker multicolor, lanzando a toda vela el barco hacia mar adentro. Con sus últimas obras, la colección Surfing Colors, Pedro Alon - so cerró el círculo abierto en sus veranos de los sesenta. Cua - ren ta años atrás se había dibujado a tinta, pasean do y cogiendo olas en Gijón, para a la postre reinventar el mismo tema. De nuevo él, esta vez acompañado de su hijo Richi, reflejados en estas obras digitales paseando, saliendo o entrando al mar, cogiendo olas... reviviendo esa cultura del surf con la que se abrió a la vida, para convertirse en la base de su último trabajo, obra que mostró en la exposición colectiva de 2010 Arte y Educación, en la Sala Rector Tejerina de su Univer - sidad. Ahora, el MUVa acoge de nuevo su obra, en esta exposición Per sonajes y escenarios, en la que se reunen los nombres de sus dos queridas ciudades mediante una visión an tológica de su producción. Catálogo 1188| |1199 2200| |2211 2222| |2233 2244| |2255 3322| |3333 3344| |3355 3366| |3377 3388| |3399 4400| |4411 1 1 ' :..JAI , ~{'¡ 1 Museo Universidad de Valladolid Universidad de Valladolid