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El Eccehomo de Dueñas, obra de Diego de Siloé

Urquidi, Juana

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PAPELETAS DE ESCULTURA EL ECCEHOMO DE DUEÑAS, OBKA DE''lᣠDE SILÓEE ■ En la ermita gótica de San Agunlín de Dueñas, desfigurada y adulterada en la actualidad con torpes restauraciones, se encuentran algunas obras de arte de especial valía; tal sucede, por ejemplo, con el Eccehomo que ocupa el nicho principal de un pobrísimo retablo situado en la nave de la Epístola. No es, ni mucho menos, inédita esta escultura. Weise y Gómez Moreno (1) la han publicado y estu diado; si insistimos sobre ella es tan sólo con el afán de divulgarla más, aunque nada nuevo tengamos que añadir a las apreciaciones del Maestro que no duda en atribuírsela a Diego de Silóee y consi derarla como una de «las creaciones más perfectas en su género», y en verdad que así es. por la fuerza expresiva que tiene y por lo bien plantada que está la figura. A las reproducciones que publicamos queremos que acompañen una descripción sumaria y nuestras impresiones directas ante la imagen. . , » Este Cristo de Dueñas, de proporciones algo achaparradas, nos muestra a Cristo con las manos atadas; el brazo izquierdo ligera mente doblado le cruza por delante del pecho, ensanchando de este modo la espalda y mostrando la magnífica talla del costado. La figura se apoya sobre la pierna derecha, que mantiene recta, mientras que la izquierda, doblada hacia atrás, se apoya levemente en el dedo gordo. La cabeza ligeramente inclinada, doliente y llena de majestad a la vez, tiene una expresión tan intensa en la mirada, y en el gesto de (1) Gómez Moreno, Manuel: «Las águilas del Renacimiento Español». Madrid, 1941, página 52 y lámina 129. 180 JUANA ÜRQUIDl la boca, que puede colocársela entre las buenas de su época. Los ojos, entreabiertos, tienen una mirada dolorosa y profunda, pero suave y dulce, que se complementa con la boca entreabierta de labios gruesos expresando un intenso dolor resignado y noble. El pelo —des,de la corona de espinas de doble vuelta— cae en mechones ondulados sobre cuello y espaldas con soltura y gracia. La barba abundante y ondulada está delicadamente tallada. Las cejas tienen esa inflexión característica en los Cristos andaluces. La nariz fina y aguileña, muestra, como todo el rostro, el tipo caracte rístico de judío, resultando la faz —como toda la escultura— de un realismo extraordinario. La talla del cuerpo es perfecta; es un estudio anatómico formi dable de un cuerpo fuerte, en el que se marcan los músculos y los huesos, sin demasiada ostentación. El pecho no sigue la vertical, está ladeado hacia la derecha de acuerdo con la posición del cuerpo que gravita sobre el pie derecho. Por la dilatación del pecho que marca las costillas y el esternón, como en una respiración forzada, y por la expresión de la boca entreabierta se diría que el artista sorprendió al Eccehomo en un momento de respiración dificultosa o dejando escapar un sollozo. Las piernas, son cortas y rebustas. El pie largo y ancho muestra todos sus nervios y tiene apiñados todos sus dedos, excepto el pulgar, siendo de señalar, como nota característica en Silóee, que dicho dedo pulgar forma un ligero ángulo al separarse de los demás. Dada la posición en que se encuentra el pie izquierdo, posición violenta, el talón se encuentra levantado y los músculos internos de la pierna se contraen y este detalle exagerado por algunos tallistas y olvidado por la mayoría, aparece aquí colocado en su verdadera postura, sin exageración ni omisión de ninguna clase, lo que nos habla del autor mostrándonos su cuidado en detalles que pueden pasar desapercibidos y que de no existir no modificarian para nada la belleza y simetría del conjunto. Los brazos, atados delante del pecho como hemos anotado, acusan fuertemente los músculos, las manos tienen los dedos aga rrotados y su posición aumenta la expresión tímida, mezcla de púdico temor y humildad con que se presentó Cristo ante la turba iracunda. El paño de pureza se recoge en finísimos pliegues y, al modo como aparece en el Eccehomo de la Catedral burgalesa, atribuido asimismo a Silóee por el Sr. Gómez Moreno, está muy ceñido al EL ECCEHOMO DE DUEÑAS, OBRA DE GIL DE SILÓEE 181 cuerpo; sus exíremos, muy plegados también, caen pesados sobre las caderas. El manto le lleva sostenido por un cordón cruzado por delante del pecho y cae sobre el hombro derecho, cubriendo toda la espalda, en anchos pliegues verticales. Está estofado con riqueza y sus fi mbrias se valoran con letras doradas. La acertada policromía del cuerpo aumenta la fuerza expresiva que tiene la figura, y la acertada distribución de las heridas y de la sangre hacen que se le contemple sin desagrado, ya que toda la atención, en absoluto, se concentra en la magnífica expresión de la cabeza, en la que se ve un sufrimiento noble, y en la maestría singular con que está tallada toda la fi gura, cuya majestad, por encima del dolor resignado, es sublime y excita un sentimiento piadoso lleno de religiosidad sincera. Juana Urquidi ' •'-.V."; ' ''V ' 1.' -ít ■ 'v ' • • . ■ ' i i Lámina III.—Diego Silóee. Eccehomo, pormenor. Ermita de San Agustín. Dueñas (Falencia). (Foto S. E. A. A.)