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Movimiento obrero y clase obrera en Valladolid durante la Segunda República. Condiciones de vida, organización y conflictividad

Rodríguez Campo, Miguel

Abstract

Departamento de Historia Moderna, Contemporánea, de América y Periodismo

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Facultad de Filosofía y Letras Grado en Historia Movimiento obrero y clase obrera en Valladolid durante la Segunda República. Condiciones de vida, organización y conflictividad Miguel Rodríguez Campo Tutora: Sofía Rodríguez Serrador Departamento de Historia Contemporánea Curso: 2023-2024 Resumen La Segunda República española fue un periodo de profundas transformaciones para la clase obrera y su organización, creciendo e intensificándose su actividad asociativa y conflictiva. Es el objeto de este trabajo estudiar, simultáneamente, las relaciones de clase y condiciones de vida y trabajo de la clase obrera vallisoletana; las asociaciones obreras derivadas de su conciencia de clase; y la conflictividad y lucha de clases resultantes de todo ello vividas en la ciudad y provincia de Valladolid. Palabras clave Movimiento obrero, Segunda República española, Valladolid, Clase obrera, Asociacionismo, Conflictividad. Abstract The Second Spanish Republic was a period of profound transformations for the working class and its labor movement, growing and intensifying its associative and conflictive activity. It is the object of this work to study, simultaneously, the class relations and living and working conditions of the Valladolid working class; the workers' associations derived from their class consciousness; and the conflict and class struggle resulting from all of this experienced in the city and province of Valladolid. Keywords Labour movement, Second Spanish Republic, Valladolid, Working class, Associationism, Conflictivity. 1 Índice Índice ................................................................................................................................ 1 1. Introducción .................................................................................................................. 2 1.1 Justificación y objetivos ................................................................................... 2 1.2 Metodología y fuentes ...................................................................................... 4 1.3 Estado de la cuestión ........................................................................................ 5 2. Breve recorrido por el movimiento obrero español anterior a la Segunda República .. 6 2.1 Primeros pasos del obrerismo español ................................................................... 6 2.2 Socialistas y anarquistas tras la Primera Internacional ........................................... 7 2.3 El periodo de madurez del movimiento obrero español: el primer tercio del siglo XX (hasta la proclamación de la Segunda República) ................................................. 9 3. La proclamación de la República y sus consecuencias en el movimiento obrero español ........................................................................................................................................ 11 3.1 El PSOE y UGT a nivel nacional ......................................................................... 12 4. La vida obrera y relaciones de clase en Valladolid durante la Segunda República ... 14 4.1 El trabajo .............................................................................................................. 15 4.2 El nivel de vida ..................................................................................................... 16 4.3 El paro .................................................................................................................. 17 5. Conciencia de clase y asociacionismo. Partidos y sindicatos obreros en Valladolid . 18 5.1 La Agrupación Socialista y la UGT. Principales actores políticos obreros.......... 18 5.2 Grupos secundarios. La escasa implantación del PCE y CNT en Valladolid, y la actividad de los Sindicatos Católicos ......................................................................... 21 5.2.1 El Partido Comunista ..................................................................................... 21 5.2.2 La Confederación Nacional del Trabajo ........................................................ 22 5.2.3 Los Sindicatos Católicos ............................................................................... 23 6. Lucha de clases y conflictividad social. La praxis obrera vallisoletana (1931-1936) 23 6.1 La conflictividad en los comienzos de la Segunda República.............................. 24 6.2 Octubre de 1934 y su huella posterior. ................................................................. 27 6.3 La primavera de 1936 ........................................................................................... 29 7. Conclusiones ............................................................................................................... 31 8. Bibliografía ................................................................................................................. 33 9. Anexos ........................................................................................................................ 37 2 1. Introducción 1.1 Justificación y objetivos La Segunda República fue uno de los momentos más ricos en cuanto a la proliferación de los elementos articuladores del movimiento obrero. El avance industrial logrado hasta esa etapa, aunque tardío respecto a Europa, junto al crecimiento asociativo y de la conflictividad en el quinquenio republicano, hicieron del movimiento obrero uno de los elementos políticos y sociales más importantes para el país en estos años. También por la presencia de ministros socialistas en el gobierno del primer bienio. Para una correcta comprensión de la importancia y las dinámicas del movimiento obrero en esta etapa es necesario conocer su desarrollo anterior. Por ello, se dedica un primer apartado de este trabajo a la génesis del obrerismo en el siglo XIX, y el periodo de madurez en sus prácticas y métodos que se da en el primer tercio del siglo XX. A su vez, hemos incluido un breve apartado posterior en el que se explica el impacto que tuvo la proclamación de la República para el asociacionismo obrero, así como las líneas generales de actuación del PSOE, por su importancia como único grupo obrero con presencia en el gobierno republicano. No debemos olvidar que, como señalara Aróstegui, en los años 30 el socialismo alcanzó un momento culminante en su historia1. Como elementos centrales en el estudio de este trabajo, hemos considerado oportuno precisar a qué nos referimos (o a qué nos queremos referir) con los términos “obrero”, “clase obrera” y “movimiento obrero”, que tanto se repetirán a lo largo del trabajo y que tienen una función articuladora en el mismo. Para ello hemos optado por seguir la definición del término obrero que Manuel Tuñón de Lara, figura máxime y precursora en los estudios históricos de esta índole, enuncia en su obra El movimiento obrero en la historia de España: Dícese obrero de aquella persona que vende su fuerza de trabajo a otra, llamada capitalista, que posee los medios de producción y que es también dueña de los bienes producidos. En un sentido estricto, el obrero trabaja en los sectores primario o secundario de la producción (agricultura, industria, minas, energía) o en sectores del terciario más vinculados a la producción (transportes). Obrero y clase obrera nacen tras un complejo proceso de 1 ARÓSTEGUI SÁNCHEZ, Julio, “Los socialistas en la Segunda República: una victoria con alto costo” en VIÑAS MARTÍN, Ángel (coord.), El combate por la historia: la República, la Guerra Civil, el Franquismo, Barcelona, Pasado y Presente, 2012, pp. 155-168. 3 separación entre trabajador e instrumentos de producción, al cabo del cual existe una auténtica economía de mercado2. Además, cabría ampliar este concepto de obrero insertándolo en otro más amplio: el de “trabajador por cuenta ajena”. Así, el término obrero superaría su mera adscripción a los sectores primario y secundario, englobando al terciario de manera amplia y, por tanto, al funcionariado, los docentes o sanitarios. De este modo, clase obrera sería el conjunto total de los obreros como clase derivada de la sociedad resultante de la industrialización y su economía de libre mercado capitalista. Un sujeto político independiente con sus propios intereses de clase, al margen de los intereses personales que cada individuo perteneciente tenga. Este término suele intercambiarse por el de clase trabajadora, siempre y cuando se refieran a los trabajadores por cuenta ajena. Aunque “movimiento obrero” es un concepto amplio, puede definirse como el asociacionismo obrero con fines profesionales y políticos en función de la naturaleza de su clase. También puede aludir a la toma de conciencia de la condición social obrera y de las consecuencias que tiene para los individuos que la componen y que adoptan un principio de solidaridad común. Todo ello se pragmatiza a través de asociaciones de resistencia, asambleas, congresos, huelgas, manifestaciones, partidos o sindicatos, como medio para defender sus intereses y que, como es lógico, conllevan distintas líneas de fuerza, jerarquías, élites y bases que lo articulan3. Así, el asociacionismo y la acción colectiva es una parte fundamental del movimiento obrero y, por consiguiente, uno de los puntos centrales en el estudio realizado en este trabajo. En ese sentido, como ya apuntó Tuñón de Lara, para comprender el movimiento obrero -de un tiempo y un lugar concretoses necesario estudiar simultáneamente las condiciones de vida, las asociaciones obreras y los conflictos explícitos; o, dicho de otra manera, las relaciones de clase, la conciencia de clase y la lucha de clases, respectivamente 4 . En nuestro caso, nos ha interesado la evolución y comportamiento del movimiento obrero vallisoletano en la Segunda República. Este interés responde a que consideramos 2 TUÑÓN DE LARA, Manuel, El movimiento obrero en la historia de España, Madrid, Sarpe, 1986, vol. I, p. 9. 3 Ibídem, pp. 9-11. 4 SÁNCHEZ PÉREZ, Francisco, “El movimiento obrero antes de la guerra civil: el enfoque de Manuel Tuñón de Lara” en Cuadernos de Historia Contemporánea, 30 (2008), p. 105. 4 la ciudad un entorno de estudio privilegiado que permite entender la integración entre las dinámicas nacionales y los intereses concretos de las elites y masas populares locales. Si bien Valladolid está insertada en un marco agrario, la ciudad cuenta con una industria notable, y con una amplia e interesante masa obrera por la Compañía de Ferrocarriles del Norte. Esta presencia indudablemente determina la conflictividad laboral. La ciudad cuenta además con una temprana organización obrera socialista, cuyo líder más destacado, Remigio Cabello, es un referente nacional. Si bien se considera un entorno político conservador, existe una tradición republicana relevante, que, en unión de los socialistas, explica la victoria en las elecciones de 1931. Además, también es cuna de un incipiente fascismo ligado primero al jonsismo y posteriormente al falangismo, y que representa e influye en la conflictividad política del periodo. Por ello, el apartado cuarto del trabajo se centra en estudiar, primero, cómo era la vida obrera y las relaciones de clase en el Valladolid, considerando simultáneamente sus condiciones de trabajo y, a su vez, su nivel de vida. A continuación, el trabajo incluye un estudio sobre las asociaciones obreristas que predominaron en el Valladolid republicano, centrándose en la Agrupación Socialista por ser el único actor político obrero de peso, pero aludiendo también a la CNT, PCE y Sindicatos Católicos. Por último, el trabajo analiza la conflictividad obrera vivida en Valladolid durante la República, diferenciando el periodo previo a octubre de 1934, el propio proceso revolucionario de ese año y su huella posterior, y, por último, los acontecimientos conflictivos desde la primavera de 1936 hasta el golpe de Estado. 1.2 Metodología y fuentes Para la realización de este estudio, se han consultado amplias fuentes bibliográficas especializadas, desde monografías hasta obras colectivas, junto con numerosos artículos de revistas e incluso alguna tesis doctoral, alternando estudios a nivel local con otros de carácter nacional. Para aspectos generales del movimiento obrero español anterior a la República han sido de ayuda también manuales generalistas, centrando así la mayoría de las lecturas en publicaciones con una perspectiva de historia local, especialmente aquellas que abordan las asociaciones de clase y la conflictividad obreras. Para completar el trabajo y darles una mayor profundidad a los elementos analizados hemos incorporado fuentes hemerográficas. Al ser la Segunda República un 5 periodo de multiplicación de periódicos y órganos de difusión de las distintas asociaciones obreras, ha sido esencial la consulta de publicaciones adscritas al PSOE y la UGT, como El Socialista. Destacando también El Obrero de la Tierra (órgano de difusión de la FNTT, sindicato agrario-ganadero de la UGT) que ofrece una valiosa información sobre la conflictividad rural. A su vez, a la hora de acercarnos a los acontecimientos de la ciudad de Valladolid, sobre todo referidos a la conflictividad laboral y obrera, ha sido fundamental la consulta del diario El Norte de Castilla, como el periódico de mayor difusión en la ciudad y la provincia. En menor medida hemos consultado prensa general como Heraldo de Madrid. 1.3 Estado de la cuestión El desarrollo y características del movimiento obrero español ha sido objeto de múltiples estudios. La investigación de Manuel Tuñón de Lara, El movimiento obrero en la historia de España5, ha sido de vital importancia para nuestro análisis, cuyo método de estudio hemos pretendido seguir. En la génesis del obrerismo hasta la Segunda República, han sido fundamentales los manuales, por un lado, de Miguel Ángel Martorell y Santos Juliá6, y por otro, de José Álvarez Junco y Adrian Shubert (especialmente el capítulo de Movimientos sociales de Ángeles Barrio7), así como la obra Asociaos y seréis fuertes de Ramón Arnabat8. El capítulo de la Segunda República y Guerra Civil de Manuel Contreras en la obra PSOE 1259 ha sido la fuente primordial para el estudio de las líneas generales a nivel nacional del PSOE. Para Valladolid, destaca la investigación de Ángel de Prado Moura10, obra pionera en el estudio en conjunto del movimiento obrero local republicano y de gran valor para analizar las condiciones de vida y trabajo de la clase trabajadora y asociacionismo obrero. Fundamentales han sido los trabajos de Jesús M.ª Palomares sobre el Valladolid de primer 5 TUÑÓN DE LARA, op. cit. 6 MARTORELL LINARES, Miguel Ángel y JULIÁ DÍAZ, Santos, Manual de historia política y social de España (1808-2011), Barcelona, RBA Libros, 2012 7 BARRIO ALONSO, Ángeles, “Movimientos sociales” en Álvarez Junco, José y Shubert, Adrian (eds.), Nueva historia de la España contemporánea (1808-2018), Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2018, pp. 437461. 8 ARNABAT MATA, Ramón, Asociaos y seréis fuertes: sociabilidades, modernizaciones y ciudadanías en España, 1860-1930, Zaragoza, Universidad de Zaragoza, 2019. 9 CONTRERAS CASADO, Manuel, “El PSOE, la Segunda República y la guerra civil” en TEZANOS TORTAJADA, José Félix (coord.), PSOE 125: 125 años del Partido Socialista Obrero Español, Madrid, Fundación Pablo Iglesias, 2004, pp. 66-91. 10 DE PRADO MOURA, Ángel, El movimiento obrero en Valladolid durante la II República (1931-1936), Valladolid, Junta de Castilla y León, 1985. 6 tercio de siglo XX11, el socialismo castellano12, y los partidos políticos y agrupaciones vallisoletanas de Segunda República13. Finalmente, la obra transversal de Enrique Berzal sobe la UGT -y, por consiguiente, sobre la FNTTen Valladolid14 ha sido la fuente esencial (junto a la prensa) de nuestro estudio sobre la conflictividad rural y urbana, aportando datos, también, para el análisis sobre la Agrupación Socialista y UGT vallisoletanas. No hemos de olvidar, de igual modo, a otros autores que han alimentado sustancialmente el estudio bibliográfico del Valladolid asociativo como Elena Maza Zorrilla15 o Rafael Serrano16. 2. Breve recorrido por el movimiento obrero español anterior a la Segunda República En la segunda mitad del siglo XIX empezó a desarrollarse en España el movimiento obrero, consecuencia de los cambios en el nivel de vida de los trabajadores a raíz de la industrialización y el establecimiento del capitalismo como sistema hegemónico. Un proceso en el que influyeron, entre otros elementos, la extensión progresiva del ferrocarril, la consolidación de los focos industriales de Cataluña (en sus inicios, principalmente el textil) y País Vasco (industria pesada), Asturias (minero), y la diversificación de la producción agraria17. 2.1 Primeros pasos del obrerismo español En las décadas de 1830 y 1840 surgió un incipiente movimiento obrero español, ligado fundamentalmente a la industria textil de Cataluña. Las condiciones sanitarias, de 11 PALOMARES IBÁÑEZ, Jesús M.ª, Valladolid. 1900-1931, Valladolid, Ateneo de Valladolid, 1981. 12 PALOMARES IBÁÑEZ, Jesús M.ª, El socialismo en Castilla: partido y sindicato en Valladolid durante el primer tercio del siglo XX, Valladolid, Universidad de Valladolid, 1988; ID., “Líderes del socialismo castellano: Remigio Cabello, fundador de la agrupación socialista de Valladolid (1869-1936)” en Investigaciones históricas: Época moderna y contemporánea, 6 (1986), pp. 169-186. 13 PALOMARES IBÁÑEZ, Jesús M.ª, La Segunda República en Valladolid: agrupaciones y partidos políticos, Valladolid, Universidad de Valladolid, 1996. 14 BERZAL DE LA ROSA, Enrique, La Unión General de Trabajadores, compromiso social y movilización ciudadana. Valladolid (1897-2020), Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2022. 15 MAZA ZORRILLA, Elena, Discurrir asociativo en la España contemporánea (1839-1941), Valladolid, Universidad de Valladolid, 2017. 16 SERRANO GARCÍA, Rafael, “Casas del Pueblo y redes familiares socialistas: Valladolid, 1931-1936” en Investigaciones Históricas, época moderna y contemporánea, Extraordinario II (2024), pp. 635-656; ID., “Conflictividad obrera en la sociedad vallisoletana (1856-1980)” en Valladolid, una historia de una ciudad: congreso internacional, 3 (1999), pp. 889-908. 17 PÉREZ GARZÓN, Juan Sisinio, Historia de las izquierdas en España, Madrid, Catarata, 2022, pp. 151154. 7 vivienda y de trabajo de la todavía escasa clase obrera catalana eran pésimas: jornadas laborables interminables (de más de doce horas), accidentes laborables muy frecuentes, algunos de ellos mortales e inestabilidad del mercado laboral. En este marco encontramos las primeras reacciones de protesta, aun espontáneas y alejadas de cualquier teoría de clase, similares a las del movimiento ludita. En este contexto, es un hito la fundación en 1840 de la Asociación de Tejedores de Barcelona, especialmente teniendo en cuenta que el marco legal solo contemplaba las asociaciones de socorros mutuos. Al avanzar la industrialización en el país, lentamente se extendía el movimiento obrero (en torno a las décadas de 1850 y 1860), aunque Barcelona siguió siendo su centro más activo. Esta incipiente organización convivió todavía con protestas espontáneas y vinculadas a las carestías de los productos básicos (principalmente el pan) o al desempleo, y que respondían a los viejos repertorios de acción colectiva, como los motines del pan que protagonizaron las clases populares en 1856 en Valladolid, Palencia y Medina de Rioseco18. 2.2 Socialistas y anarquistas tras la Primera Internacional En 1864 la fundación de la Asociación Internacional de Trabajadores en Londres (AIT o Primera Internacional) impulsó el movimiento obrero a nivel mundial, liderado por figuras como Karl Marx y Mijaíl Bakunin, representantes del marxismo y el anarquismo, respectivamente. En 1869 se instituyó en España la primera sección española de la Internacional. La división de la AIT entre los seguidores de Marx y Bakunin provocó también la división en España del movimiento entre el socialismo y el anarquismo que, inicialmente, tuvo un mayor arraigo en el país. A raíz de los sucesos de la Comuna de París el asociacionismo obrero había sido perseguido, y desde la dictadura de Serrano y en los primeros gobiernos de la Restauración, las organizaciones obreras operaron en la clandestinidad, pero la situación cambió con la llegada de los liberales al poder en 1881, aunque la tolerancia fue acompañada de una dura represión19. El socialismo se había asentado especialmente en Madrid, donde se fundó, el 2 de mayo de 1879, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en la clandestinidad. Aunque su militancia era reducida, en 1880 su programa aspiraba a la posesión del poder político 18 TUÑÓN DE LARA, op. cit., pp. 27-39 y 92-99. 19 MARTORELL LINARES y JULIÁ DÍAZ, op. cit., pp. 169-170. 14 Europa y su reflejo en España con Falange Española y su posterior reconversión en 1934 en Falange Española de las Juntas de Ofensivas Nacional Sindicalista (FE de las JONS)38. Todo ello culminó en la fallida Revolución de Octubre de 1934. Motivada también por una idea de salvación de la República, que fijó el umbral de la insurrección en la entrada de la CEDA en el gobierno39. La huelga general fracasó como intento de rebelión, y le siguió una ola de represión y cárcel para miles de militantes socialistas (y del movimiento obrero en general), y la clausura de la mayoría de las Casas del Pueblo. La situación del PSOE empeoró por los numerosos conflictos internos40. Sin embargo, en las elecciones de febrero de 1936, y con su integración en el Frente Popular, obtuvo 99 diputados y logró la mayoría junto al resto de partidos pertenecientes a la coalición de izquierdas antifascistas. En los meses posteriores, y hasta el golpe de Estado, el PSOE recuperó un papel central en el movimiento obrero español y en la defensa de la democracia41 ante las provocaciones fascistas42. 4. La vida obrera y relaciones de clase en Valladolid durante la Segunda República Aunque Valladolid -y su provinciaera el área más dinámica de la economía castellana, sufrió (en las primeras décadas del siglo XX) un estancamiento económico, a diferencia de la intensa actividad industrial de las regiones periféricas españolas43. Comenzada la década de 1930, dos terceras partes de la población de la provincia de Valladolid vivía esencialmente de la agricultura. La difícil situación económica resultante del régimen de Primo de Rivera y de la crisis de 1929 empezó a ser visible en torno a 1931. La crisis afectó en mayor media al núcleo urbano industrial que en las zonas rurales44. La ciudad atravesaba una paralización de los negocios y un descenso de la actividad industrial y comercial, a causa de la suspensión de obras públicas y privadas, la 38 Ibídem, pp. 82-84. 39 ARÓSTEGUI SÁNCHEZ, op. cit., p. 156. 40 Principalmente, entre las líneas radical (Largo Caballero), centrista (Indalecio Prieto) y moderada (Julián Besteiro). 41 ES, 18/02/1936, p. 1. Véase ANEXO 3. 42 La deriva revolucionaria se amplió durante la guerra, por la cercanía de sectores del PSOE con los del PCE, plasmada en la unificación de las juventudes de ambos partidos en la JSU (Juventudes Socialistas Unificadas), y de sus partidos catalanes en el PSUC (Partido Socialista Unificado de Cataluña). Hubo, incluso, un proyecto de unificación de ambas agrupaciones en el Partido Único del Proletariado (PUP) que acabó fracasando. RAMÍREZ NAVARRO, Antonio, “El partido único del proletariado: la fracasada unidad entre socialistas y comunistas” en Hespérides: Anuario de investigaciones, 27-28 (2019-2020), pp. 175195; CONTRERAS CASADO, op. cit., pp. 84-86. 43 PALOMARES IBÁÑEZ, Valladolid… op. cit., p. 107. 44 DE PRADO MOURA, op. cit., pp. 40-43. 15 contratación del crédito que hacía que este se encareciera y dificultara el acceso de inversores, o la inestabilidad política, entre otros motivos. 4.1 El trabajo La provincia de Valladolid no contaba con un amplio proletariado rural, y el número de pequeños y medianos propietarios era mayor que en otras zonas del país. Además, la clase obrera de la provincia vallisoletana se vio ligeramente beneficiada la por la reforma agraria. La ciudad contaba con un entramado obrero mayor, semejante al de otras ciudades españolas industriales de similar tamaño. El sector primario era muy poco representativo, y el terciario tenía un porcentaje más elevado de trabajadores, pero cuya escasa cualificación profesional situaba sus salarios entre los más bajos de la urbe. El sector secundario era el verdadero motor industrial local, ya que más de la mitad de la capital vivía de él. Destacaban especialmente los trabajadores del ferrocarril de la Compañía del Norte45, auténtico soporte del tejido industrial más sólido de la ciudad, que influyó en la transformación de la estructura social urbana, pues impulsó una clase obrera concienciada y reivindicativa, que favoreció nuevos espacios de socialización y facilitó la adopción de nuevos modelos de organización y acción política en la ciudad46. Comparados con otro tipo de trabajadores, los ferroviarios contaban con unos elevados salarios y una gran estabilidad laboral, lo que les hizo gozar de una relativa tranquilidad durante el periodo republicano. Su buena capacidad adquisitiva (dentro, evidentemente, de la condición inherentemente explotada del proletariado) fue una de las principales razones de la escasa conflictividad sociolaboral en esta etapa. Sin embargo, sus reclamaciones laborales podían conmocionar la ciudad, ya que, de una población cercana a los 100.000 habitantes, 25.000 vivían directamente del ferrocarril, y otras 25.000, aproximadamente, de manera indirecta (en industrias, como los talleres metalúrgicos, que abastecían las necesidades 45 Eran aproximadamente unos 5.000 obreros ferroviarios, lo que suponía en torno a una quinta parte de la población activa de la capital vallisoletana. Sus salarios llegaban a suponer una diferencia de entre un 30% y un 40% respecto a las retribuciones medias del resto de trabajadores. Entre ellos, el sector del taller de reparaciones, que contaba con unos 3.500 obreros, era el que gozaba de los sueldos más elevados. DE PRADO MOURA, op. cit., pp. 51-53. 46 GÓMEZ CARBONERO, Sonsoles, Cultura ciudadana y socialización política en la república. Actitudes y comportamientos de los vallisoletanos entre 1931 y 1933, (Tesis Doctoral inédita), Universidad de Valladolid, 2000, pp. 97-98. 16 técnicas del ferrocarril, y que también ocupaba a buena parte de la población activa vallisoletana)47. Además, los salarios de la clase trabajadora (también de los jornales agrícolas), en general, aumentaron durante la República (en torno a un 25% entre 1930 y 1931), a excepción de los periodos de triunfo electoral de los partidos de derecha, grandes defensores de la burguesía propietaria, estancándose entre 1934 y 1935 esta subida gradual de los salarios en toda España, siendo la provincia de Valladolid igual ejemplo de ello. Todos los autores señalan la escasa presencia femenina en el mercado laboral vallisoletano, también durante la Segunda República. Apuntan que la mayor parte de las mujeres realizaban labores domésticas, y las pocas que se buscaban el jornal fuera de casa, eran económicamente explotadas y moralmente humilladas. Sin embargo, su baja presencia es fruto de la infrarrepresentación en los censos, problema que han señalado autores como Colmenares48. Si bien el gobierno configuró una normativa laboral bastante favorable a las mujeres, sus salarios eran entre un 50% y un 70% más bajos que los de los hombres en esta etapa49. 4.2 El nivel de vida Los precios de los productos básicos alimentarios no sufrieron prácticamente modificaciones desde 1931, lo que, unido a un crecimiento salarial, dio como resultado el incremento significativo del nivel de vida del obrero medio vallisoletano. Ejemplo de ello son la subida del consumo de pescado y carne, y la bajada de precios de alimentos básicos como el pan, el aceite, los huevos, o las patatas. Los precios no variaban cuantiosamente entre la capital y la provincia, pero los salarios del campesinado agrícola eran más bajos, y contaban con tasas más altas de paro -ligado a la actividad estacional-, por lo que su situación era bastante más preocupante. En torno a 1935, el ingreso medio diario de un obrero en la capital solía ser un jornal de entre 8,5 y 9 pesetas, mientras que 47 DE PRADO MOURA, op. cit., pp. 48-53. 48 GARCÍA COLMENARES, Pablo, “Historia de la marginación y desigualdad en el trabajo de las mujeres en la España contemporánea” en Publicaciones de la Institución Tello Téllez de Meneses, 87 (2016), pp. 736. 49 DE PRADO MOURA, op. cit., pp. 54-64. 17 el gasto medio diario del mismo rondaba las 7,9 pesetas. Es un salario verdaderamente justo y asfixiante, pero algo más desahogado que en años anteriores50. El proletariado vallisoletano se asentó en los barrios periféricos, fundamentalmente en el suroeste de la ciudad. Muchas de sus viviendas eran casas molineras y de malos materiales. A principios de siglo encontramos ya el actual barrio de Pilarica, y parte de Pajarillos y la Maruquesa, a los que se sumarán Delicias y San Isidro, por la inmigración de los años veinte, como sucedió con la zona de La Farola y La Rubia51. En estos barrios el coste medio anual de la renta de una vivienda ascendía en torno a las 1.500 pesetas. Teniendo en cuenta que el sueldo medio de un obrero no llegaba a las 4.000 pesetas anuales, puede afirmarse el alto coste del alquiler, ya que suponía entre el 30% y el 40% del jornal. El gobierno republicano trató de evitar la especulación y apostó por una nueva ley de arrendamientos urbanos para tratar de controlar las rentas de los propietarios. Aunque se reguló el precio de las viviendas económicas, no se pudo limitar el alquiler52. 4.3 El paro El principal problema para la clase trabajadora, también durante la Segunda República, fue el paro. En el caso de España, al ser un país menos industrializado, la crisis de 1929 impactó con fuerza dos años más tarde. En la provincia de Valladolid provocó un fuerte éxodo de obreros agrícolas hacia la ciudad, en busca de colocación en la industria. Estos trabajadores carecían de cualificación y por ello, tradicionalmente, acababan en la construcción. Pero en esta coyuntura, muchos quedaron abocados al paro pues el sector de la construcción se estaba profundamente estancado y en crisis. El paro en este sector llegó al 75%, y muchos de los obreros de la construcción vivían en una situación intermitente de desempleo (parados durante 4 o más meses al año). Las mayores cotas de inactividad se alcanzaban de noviembre a marzo, cuando los obreros agrícolas paraban sus labores en el campo, y buscaban trabajo industrial en la ciudad. En Valladolid, entre 2.000 y 2.500 personas se encontraban en paro permanente, y otros 1.000 en paro parcial, lo que se traduce en un saldo de alrededor de 3.000 familias 50 En torno a 1931, los obreros vallisoletanos no solo no contaban con capacidad de ahorro, por reducidísima que fuera, si no que sufrían un déficit medio de una peseta diaria. 51 PALOMARES IBÁÑEZ, Valladolid… op. cit., pp. 16-17; CALDERÓN CALDERÓN, Basilio, “El crecimiento urbano de Valladolid” en Cuadernos Vallisoletanos, 39 (1988), p. 19. 52 DE PRADO MOURA, op. cit., pp. 66-70. 18 en dificultades vitales serias. Además, el despido se utilizaba como medida de presión por parte de los patrones hacia los obreros. Aun así, no hemos de olvidar que el paro en el campo fue siempre mucho mayor que en la ciudad53. 5. Conciencia de clase y asociacionismo. Partidos y sindicatos obreros en Valladolid Conocidas las condiciones de vida y trabajo, describimos ahora las asociaciones obreras derivadas de la conciencia de clase que dicho proletariado desarrolla. Es necesario en este punto remarcar el protagonismo del PSOE y de la UGT (y, por consiguiente, de la FNTT54) en el movimiento obrero, que se manifiesta en su activa militancia y su papel central en la conflictividad laboral y política. Aludiremos, de igual modo, al escasísimo arraigo del Partido Comunista y la CNT, así como la actividad en beneficio obrero de los Sindicatos Católicos, 5.1 La Agrupación Socialista y la UGT. Principales actores políticos obreros El fundador del PSOE local, el tipógrafo Remigio Cabello, aun presidía el partido al proclamarse la República. Cabello, aparte de líder del socialismo castellano, y concejal del Ayuntamiento de la ciudad, fue una de las figuras principales del PSOE a nivel nacional. Logró un escaño en las Cortes Constituyentes de 1931 (que mantendría hasta 1933, ya como diputado parlamentario) y presidió el partido entre 1931 y 1932, marcando una etapa intermedia entre Julián Besteiro y Largo Caballero que se saldó con la pérdida de preeminencia de la línea más moderada del PSOE, a la cual Remigio (así como Besteiro) pertenecía, en favor de la radicalización que se daría años posteriores con Largo Caballero55. En las elecciones de abril de 1931, y resultado de la conjunción republicanosocialista, el PSOE56 obtuvo 10 concejales, entre ellos, Remigio Cabello, Eusebio González o Víctor Valseca, hombres fuertes de la UGT. El triunfo devino, principalmente, de que habían conseguido inculcar en la masa obrera un espíritu cívico y 53 Ibídem, pp. 71-81 54 La Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra era la ramificación sindical agrario-ganadera de la UGT, teniendo en Valladolid (por su amplia condición de provincia rural) una gran implantación e importancia. 55 PALOMARES IBÁÑEZ, “Líderes del…” op. cit., pp. 171-181. 56 Que fue el único partido político progresista que había podido seguir desarrollándose y aumentar su implantación durante la Dictadura de Primo de Rivera, debido a su colaboración, aunque desde la oposición, con dicho régimen. DE PRADO MOURA, op. cit., p. 147. 19 democrático favorable al régimen republicano que les dio un enorme protagonismo, local y nacional. Durante casi todo el quinquenio republicano, la ciudad tuvo un alcalde socialista. Federico Landrove Moiño fue elegido alcalde tras las elecciones de 1931. Tras su dimisión en 1932, le sucedió Antonio García Quintana, líder de la Agrupación Vallisoletana tras la muerte de Cabello. Quintana se mantuvo en la alcaldía hasta 1934 y regresó a este puesto después de las elecciones del Frente Popular57. El PSOE vallisoletano, apoyado en el peso de la UGT, era el grupo político con mayor capacidad de movilización obrera. Su carácter moderado durante los primeros años de la República incidió en una baja conflictividad social, mucho menor que en otras zonas del país donde dominaban grupos obreros más revolucionarios, o con una lucha de clases más acentuada (como CNT o grupos comunistas). Aunque sin renunciar a los cauces democráticos, el PSOE vallisoletano (y, a su vez, UGT) también luchó, mediante diferentes medidas de presión, por conseguir mejoras sociales y laborales para los trabajadores de Valladolid. Sin embargo, el partido perdió peso tras las elecciones de 1933 y 1936, cuando las derechas triunfaron de manera aplastante en Castilla la Vieja. Muchos militantes, especialmente en el medio rural, carecían de una verdadera ideología socialista. Además, pudo influir el rechazo de parte del campesinado castellano -tradicionalmente conservadora la progresiva radicalización del PSOE y UGT desde el ascenso de Largo Caballero, quien no dudó en declarar, como máximas del partido, el socialismo marxista y revolucionario, así como la dictadura del proletariado y la intención de abolir la propiedad privada. Esto afectó a la desaparición de algunas agrupaciones socialistas de la provincia. Pero hay que tener en cuenta también que, al iniciarse el segundo bienio republicano, los patronos presionaron a los trabajadores hasta condicionar su acceso al trabajo al abandono de la militancia en sindicatos socialistas58. El PSOE y la UGT ensancharon sus filas tras la proclamación de la Segunda República, crecimiento más acentuado en el caso del sindicato59. El cambio de régimen estuvo marcado por la amplia expansión del número de sociedades y obreros adheridos a UGT. Sólo en 1931, entre capital y provincia, se rebasaban las 100 sociedades y los 57 BERZAL DE LA ROSA, op. cit., pp. 145-148. 58 DE PRADO MOURA, op. cit., pp. 150-154. 59 Mientras tanto, la Agrupación Socialista de la capital (la más numerosa de la provincia) contaba con 261 militantes en 1930, llegando a triplicar esta cifra para el año 1934. PALOMARES IBÁÑEZ, La Segunda… op. cit., p. 62. 20 13.000 afiliados. Destacan, sobre todo, las sociedades agrícolas rurales pertenecientes a la FNTT y, por consiguiente, los afiliados campesinos y jornaleros, con un aumento, entre 1930 y 1931, de 11 sociedades a 75, y de 860 afiliados a 6.72960, mientras que para 1932 pasan a ser 146 sociedades y 11.009 militantes61. En cuanto a la ciudad, fueron principalmente los obreros ferroviarios (seguidos, muy por debajo, por obreros de la construcción) quienes configuraron el grueso de la militancia ugetista, llegando a tal punto su importancia, que la ciudad fue elegida sede de la secretaría del Sindicato Nacional Ferroviario de UGT. Hubo también una incorporación progresiva al sindicato de profesiones liberales (funcionarios, oficinistas, empleados de la banca o farmacias). Hasta 1932, se mantuvieron cerca de 40 sociedades registradas en la Casa del Pueblo de la capital. El origen de este crecimiento, en número y fuerza política, fue la fuerte politización de la masa obrera lograda por el socialismo, favorecida por la nueva legislación y por la importancia de las Casas del Pueblo. Estas instituciones fueron fundamentales ya que incentivaron los lazos de clase, conformaron un gran contrapoder para Iglesia y patronos, y dirigieron la actividad de confrontación de clase -o lucha de clases62de las principales organizaciones obreras vallisoletanas63. Otras organizaciones socialistas activas en Valladolid fueron la Juventud Socialista (JS), el Grupo Femenino y la Casa del Pueblo. En cuanto a la primera, fue creada en 1929 por Remigio Cabello, tras una etapa previa de “falta de experiencia y disciplina”. Una vez instaurada la República, las JS vallisoletanas mostraron el mismo dinamismo que en el resto del país, protagonizando algunas manifestaciones y actos contra falangistas durante el quinquenio republicano64. El Grupo Femenino nació en el año 1932, siguiendo la estela de los Grupos Femeninos Socialistas pioneros de Bilbao y, sobre todo, de Madrid65. El núcleo fundador -con Eloísa Castro como presidenta y María Ayllón como secretarialo conformaron 60 PALOMARES IBÁÑEZ, El socialismo… op. cit., pp. 60-61. 61 BERZAL DE LA ROSA, op. cit., p. 155. 62 Cabe matizar este aspecto ya que, si bien no es una lucha de clases tan directa como la que se pudo realizar desde otros grupos políticos más revolucionarios (como fueron CNT, PCE o POUM) en otras zonas del país, sí que podemos definirla como tal, en tanto muchos de sus logros (sobre todo, los de UGT y FNTT), en cuanto a mejoras sustanciales de las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera se refiere, fueron a base de la confrontación directa contra patronos y burgueses (aunque casi siempre mediante cauces democráticos, y no revolucionarios). 63 BERZAL DE LA ROSA, op. cit., pp. 150-152. 64 PALOMARES IBÁÑEZ, La Segunda… op. cit., p. 64. 65 Véase DEL MORAL VARGAS, Marta, “El «Grupo Femenino Socialista» de Madrid (1906-1914): pioneras en la Acción Colectiva Femenina” en Cuadernos de historia contemporánea, 27 (2005), pp. 247269. 21 esposas de líderes socialistas locales, y proletarias comprometidas también con el ideario. Sus objetivos principales fueron atraer a las mujeres al socialismo y asociacionismo obrero de clase, elevar el nivel cultural y político femenino, y establecer redes de solidaridad y ayuda mutua entre mujeres de clase obrera66. La Casa del Pueblo de la capital -inaugurada en 192867era el domicilio social de todas las organizaciones socialistas y ugetistas del municipio. Aunque no era la única de la provincia, fue la más importante. Su propósito era organizar congresos, huelgas, reuniones y propaganda, preparar el 1º de Mayo y actividades culturales (Universidad Popular, biblioteca, coro o actividades deportivas)68. En marzo de 1933 la Casa acogió el VI Congreso de la Federación Local de Sociedades Obreras, acordándose una cuota para la reconstrucción del edificio, incendiado en noviembre de 1931. Además, se determinó la necesidad de presionar para lograr implantar el descanso dominical, la construcción de casas baratas, y extender a Valladolid los avances de la Ley de Reforma Agraria69. 5.2 Grupos secundarios. La escasa implantación del PCE y CNT en Valladolid, y la actividad de los Sindicatos Católicos 5.2.1 El Partido Comunista Proclamada la República, el Partido Comunista de España tenía en Valladolid una presencia e influencia extremadamente limitada. En la capital contaba con menos de 20 afiliados. Ni las elecciones locales ni provinciales permitieron al partido representación en las instituciones de gobierno. Desde el comienzo de la República, sus esfuerzos se centraron en alcanzar una buena organización local y aumentar los afiliados mediante la acción sindical para incorporarlos al partido. A pesar de estos esfuerzos, el PCE no logró establecer una presencia significativa en la ciudad, donde la Agrupación Socialista, como ya hemos mencionado, dominaba los sectores profesionales más importantes, incluidos los ferroviarios y los obreros agrícolas. A través de la crítica a los métodos socialistas, especialmente después del fracaso revolucionario de 1934, el partido trató de atraerse a la militancia descontenta del PSOE y UGT. Sin embargo, esta estrategia fracasó, en parte, por el estrecho contacto que mantuvo el PCE y PSOE locales en situaciones adversas para 66 PALOMARES IBÁÑEZ, La Segunda… op. cit., p. 65. 67 En la calle Fray Luis de León. 68 Véase SERRANO GARCÍA, “Casas del Pueblo… op. cit., pp. 635-656; PALOMARES IBÁÑEZ, La Segunda… op. cit., p. 65-66. 69 BERZAL DE LA ROSA, op. cit., pp. 152-160. 22 los trabajadores, colaborando para luchar contra los despidos, la represión o los abusos de la patronal. Si el grupo en la capital y provincia era verdaderamente reducido antes de 1934, después de la represión sufrida por las agrupaciones de izquierda tras los sucesos de octubre, casi despareció. En 1935, aunque la Juventud Comunista era relativamente más fuerte y tenía una leve implantación en algunos sectores de la clase obrera vallisoletana, el partido era un elemento extraño para la mayor parte de los trabajadores, como demuestra que solo contara 78 afiliados, 12 de ellos en la capital. Aunque los militantes del PCE aumentaron tras la victoria del Frente Popular en febrero de 1936, como sucedió a nivel nacional. Así, en Valladolid, el partido pasó de 147 militantes en marzo, a 750 en julio. No obstante, su importancia en la ciudad continuó siendo limitada debido a la hegemonía del PSOE, que absorbía a la mayoría de los obreros identificados con la izquierda obrera70. 5.2.2 La Confederación Nacional del Trabajo Las ideas del anarcosindicalismo cenetista parece que no se ajustaban al conservadurismo tradicional del campesinado castellano. En 1919 el sindicato contaba tan solo 120 afiliados en Valladolid. Aunque a nivel nacional y tras la caída de la dictadura de Primo de Rivera, la CNT -ya legalizadaalcanzó su mayor crecimiento histórico, igualando casi a la UGT, su presencia en Valladolid era muy minoritaria. En el congreso extraordinario de la CNT en 1931, Valladolid estaba representada por solo 150 afiliados, un aumento verdaderamente débil desde 1919. Esta tendencia se mantuvo en la provincia, oscilando sus miembros entre 100 y 200 a lo del quinquenio republicano, con presencia, principalmente, en los sectores del ferrocarril, la metalurgia y la construcción. En 1936 mantenía similares cifras de afiliación, a pesar de que otras formaciones de izquierda se vieron beneficiadas numéricamente por la victoria electoral del Frente Popular. Además, la actitud impulsiva de la CNT, manifestada en numerosas huelgas generales, ofreció pocos logros positivos y una continua disminución de su influencia. El sindicato enfrentó en Valladolid, al igual que el PCE, la predominancia socialista vallisoletana, limitando sus acciones revolucionarias. Las divergencias entre la CNT y la UGT, con acusaciones mutuas de "amarillismo" (de CNT a UGT) e 70 DE PRADO MOURA, op. cit., pp. 140-147. 23 "infantilismo" (de UGT a CNT) marcaron la relación entre las dos principales centrales sindicales durante la Segunda República en Valladolid y, en general, en Castilla71. 5.2.3 Los Sindicatos Católicos Si antes de la República el sindicato católico de obreros ferroviarios72 era uno de los más importantes, en términos numéricos, a partir del nuevo régimen y ante la creciente influencia de las centrales sindicales de izquierda, los sindicatos católicos sufrieron una notable pérdida de su capacidad de atracción e influencia. Según el censo electoral de 1932, el Sindicato Católico Ferroviario de Valladolid tenía 305 afiliados, en contraste con los más de 2.000 afiliados de la UGT en el mismo sector. En los núcleos rurales, el sindicalismo católico también mostró una recesión sustancial, con un total de 43 sindicatos y 2.924 afiliados, mientras que la Federación de Trabajadores de la Tierra (perteneciente a UGT) tenía más de 11.000 afiliados en la provincia de Valladolid73. A partir de las elecciones de noviembre de 1933, los sindicatos católicos experimentaron una ligera expansión vinculada a la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), aunque este crecimiento fue bastante modesto. En 1935, el número de sindicatos católicos descendió de los 50 de 1934 a 33, a pesar del apoyo gubernamental favorable de las derechas, pérdida que fue especialmente evidente en el Sindicato Ferroviario. En cualquier caso, durante el periodo republicano en Valladolid, el sindicalismo católico se mantuvo como la segunda fuerza sindical después de la UGT, siempre con una diferencia abrumadora respecto a ella en el número de afiliados y en la capacidad de ejercer presión y lograr mejoras laborales74. 6. Lucha de clases y conflictividad social. La praxis obrera vallisoletana (1931-1936) Valladolid y su provincia habían vivido algunas huelgas de notable repercusión ligadas al marco de reivindicaciones nacional, como el conflicto del “verano caliente” de 191775, o las huelgas de 1919 y 1920. Sin embargo, la mayor dinamización del movimiento obrero aconteció en la etapa republicana. 71 Ibídem, pp. 176-181. 72 Surgido tras la huelga de ferroviarios en 1912 y formalizado el 5 de febrero de 1913 como el Sindicato de Empleados y Obreros Ferroviarios de la Compañía del Norte y Líneas Varias. DE PRADO MOURA, op. cit., pp. 181-182. 73 DE PRADO MOURA, op. cit., pp. 181-185. 74 Ibídem, pp. 185-188. 75 SERRANO GARCÍA, “Conflictividad obrera… op. cit.”, p. 896. 30 incidentes protagonizados por socialistas y falangistas que ya se venían dando desde febrero105. En este clima de violencia, en abril y mayo, el gobierno clausuró sedes de Falange y encarceló a muchos de sus dirigentes. Los grupos anarquistas y comunistas, considerando ineficaces los instrumentos legales para lograr sus objetivos de clase, arremetieron contra ellos en abril, atentando contra la Oficina de Colocación Obrera del Ayuntamiento. La noche del 4 de abril, un joven falangista recibió un disparo en la Plaza Mayor tras una pelea provocada por un grito exhortando vivas a la Falange 106 . Durante estos meses hubo numerosas incautaciones de armas blancas y de fuego a jóvenes socialistas y falangistas. El día 6 de mayo, las principales organizaciones de izquierda (la Federación Local de Sociedades Obreras, las Juventudes Comunistas, la CNT y las JSU) convocaron conjuntamente una huelga general de 24 horas para denunciar las agresiones sufridas a manos de los falangistas (obviando, como es de suponer, las que ellos mismos infringían a los segundos o, al menos, justificando que eran en defensa propia o de sus ideales)107. El día 19 de junio se daría otra huela general de motivos y características similares 108 . Durante todo el mes de junio se sucedieron los atentados en la ciudad. La explosión de un artefacto en la Casa del Pueblo se saldó con sendas revanchas: la primera de los socialistas, saqueando el Centro Tradicionalista y acuchillando a varios falangistas, y la segunda de estos últimos, que atentaron contra un grupo de obreros reunidos en una cantina, matando a uno de ellos. En el campo, también los obreros agrícolas radicalizaron sus protestas ante los abusos patronales, llegando a atacar las viviendas de estos109. El propio alcalde, Antonio García Quintana, denunciaba la situación de guerra civil y dolor que sufría la ciudad. Aunque sin querer citar responsabilidades ni causas o razones, el alcalde rogó a la ciudadanía que depusiera sus diferencias y cesase en la lucha civil creciente. Sin embargo, las autoridades tuvieron que tomar medidas drásticas y sustituyeron al gobernador civil, quien intensificó los registros, cacheos y detenciones hasta el día 18 de julio en que el golpe de estado se consumó en la ciudad vallisoletana110. 105 PALOMARES IBÁÑEZ, Jesús M.ª, La guerra civil en la ciudad de Valladolid: entusiasmo y represión en la “Capital del Alzamiento”, Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 2001, p. 14. 106 ENC, 05/04/1936, p. 6. Véase ANEXO 14. 107 BERZAL DE LA ROSA, op. cit., pp. 244-246. 108 ENC, 21/06/1936, p. 5. Véase ANEXO 15. 109 BERZAL DE LA ROSA, op. cit., pp. 246-248. 110 PALOMARES IBÁÑEZ, La guerra civil… op. cit., p. 15. 31 7. Conclusiones La Segunda República fue un periodo de transformación significativa para la clase obrera en Valladolid (al igual que en toda España), caracterizado por una intensa actividad asociativa y conflictiva. Las condiciones de vida de los obreros vallisoletanos en el quinquenio republicano estuvieron marcadas por la precariedad y la lucha constante por mejorar su situación. Las jornadas laborales extensas, los bajos salarios y las condiciones insalubres eran la norma para la mayoría de los trabajadores. Sin embargo, la República trajo consigo ciertos avances legislativos y sociales que, aunque limitados y a menudo implementados de manera irregular (ejemplo de ello fue la Reforma Agraria), representaron un intento significativo de mejorar la vida de los trabajadores urbanos y rurales, proporcionando, además, un marco más estructurado para la defensa de los derechos laborales. Por ello, el asociacionismo obrero experimentó un auge durante este periodo. Las organizaciones sindicales y políticas locales, especialmente la UGT, FNTT y el PSOE, jugaron un papel crucial en la articulación de las mejoras vitales y laborales de la clase obrera, a pesar de tener una tendencia más reformista que otros grupos obreros (aunque terminaron por radicalizarse). Estos organismos actuaron como defensores de los derechos laborales, y proporcionaban un espacio para la educación, la conciencia de clase, y la emancipación obrera. La proliferación de asociaciones y la participación activa del proletariado en congresos, huelgas y manifestaciones, refleja el alto grado de movilización y organización que se dio en el periodo republicano en la ciudad, así como en toda España. Sabemos que Valladolid fue una ciudad relativamente tranquila en cuanto a conflictividad laboral y social si la comparamos con otras grandes urbes industriales del país (en gran parte por las características formales propias de su clase obrera, con la particularidad de los ferroviarios que, como grupo dominante, gozaron de una relativa tranquilidad). Aun así, las numerosas huelgas y enfrentamientos con grupos ideológicos derechistas, defensores de la patronal, católicos o fascistas, reflejan una intensa lucha de clases en la ciudad y especialmente en el ámbito rural y agrícola. La revolución de octubre de 1934 y los sucesos de la primavera de 1936 son ejemplos destacados de cómo la conflictividad alcanzó picos de violencia y represión, con consecuencias significativas tanto para la clase trabajadora como para la sociedad en general. Estos eventos reflejan la 32 creciente radicalización de los sectores obreros y su desesperación ante la lentitud o ausencia de reformas profundas. La caída de la Segunda República y el inicio de la Guerra Civil en julio de 1936 marcaron el fin abrupto de este periodo de intensa movilización obrera. Con el triunfo del golpe de Estado en Valladolid, las organizaciones obreras fueron disueltas y la mayoría de sus miembros perseguidos, encarcelados o asesinados. La represión subsiguiente eliminó casi por completo las estructuras organizativas que se habían desarrollado durante la República, y la dictadura franquista persiguió la resistencia organizada durante décadas. 33 8. 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Anexos ANEXO 1: Heraldo de Madrid, 13/04/1931, p. 1. 38 ANEXO 2: El Socialista, 14/04/1931, p. 1. 39 ANEXO 3: El Socialista, 18/02/1936, p. 1. 46 ANEXO 10: El Norte de Castilla, 11/12/1934, p. 5. 47 ANEXO 11: El Norte de Castilla, 10/10/1934, p. 3. 48 ANEXO 12: El Norte de Castilla, 14/10/1934, p. 4. 49 ANEXO 13: El Norte de Castilla, 10/10/1934, p. 1. 50 ANEXO 14: El Norte de Castilla, 05/04/1936, p. 6. 51 ANEXO 15: El Norte de Castilla, 21/06/1936, p. 5.