La mujer y el trabajo en el oikos en la Grecia clásica
Abstract
Departamento de Historia Antigua y Medieval
Full text
Facultad de Filosofía y Letras Grado en Historia La mujer y el trabajo en el oikos en la Grecia clásica Claudia Quintana Martínez Tutora: María del Henar Gallego Franco Departamento de Historia Antigua y Medieval Curso 2023 – 2024
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3 A mis amigos, los que he conocido en la carrera.
4 Resumen: El presente Trabajo de Fin de Grado presenta la realidad de las mujeres griegas en el ámbito del oikos, la vivienda doméstica y, al mismo tiempo, unidad principal de producción en la Grecia Clásica. El trabajo y las responsabilidades de las mujeres abarcaban desde la crianza y educación de sus propios hijos, hasta la confección de prendas y otras piezas textiles, pasando por la producción de alimentos y el cuidado de los habitantes del oikos. Se estudiará también la situación de marginación que vivían las mujeres griegas tanto en el ámbito público de la polis como dentro del propio oikos. Palabras clave: Mujer, Grecia Clásica, Oikos, Ciudadanía, Trabajo, Maternidad. Abstract: This final degree project presents the reality of Greek women in the field of oikos, the domestic home and, at the same time, the main unit of production in Classical Greece. The work and responsibilities of women ranged from the upbringing and education of their own children, to the making of clothing and other textile pieces, to the production of food and the care of the inhabitants of the oikos. The situation of marginalization that Greek women experienced will also be studied both in the public sphere of the polis and within the oikos itself. Key words: Women, Classical Greece, Oikos, Citizenship, Labor, Motherhood.
5 ÍNDICE 1. Introducción: metodología y objetivos ........................................................................ 6 2. Dualidad de género entre el oikos y la polis ................................................................. 7 3. El oikos, un espacio de marginación .......................................................................... 11 4. Producción material .................................................................................................... 14 4.1. Trabajo agrícola y ganadero ................................................................................ 15 4.2. Producción textil .................................................................................................. 17 4.3. Transformación de alimentos .............................................................................. 19 5. Crianza y educación de los hijos ................................................................................ 21 6. Conclusiones ............................................................................................................... 26 7. Bibliografía ................................................................................................................. 29 Autores clásicos: ......................................................................................................... 29 Autores contemporáneos: ........................................................................................... 29 8. Anexos ........................................................................................................................ 32
6 1. Introducción: metodología y objetivos 1 La historia de las mujeres en la Grecia clásica, así como en el resto de las civilizaciones que la han precedido y continuado, ha sido una historia de inferioridad. El presente Trabajo de Fin de Grado no pretende abordar una cuestión tan amplia como la inferioridad femenina en el ámbito sociocultural griego, sino estudiar en profundidad cuál era el papel que las mujeres ciudadanas desempeñaban en el ámbito de la producción doméstica. Así, este trabajo es un estudio que aborda temáticas asociadas a la historia de las mujeres, historia de género, historia económica e historia social. En el desarrollo de dicho trabajo se tratarán aspectos relativos a la relación entre el hombre y la mujer en el ámbito público y privado griego, la definición de estos espacios y las zonas grises que se aprecian entre ambos, así como un repaso por las labores que, asociadas únicamente a la feminidad, hacían del oikos griego una auténtica unidad de producción. Además, se estudiará el papel que las madres, de manera autónoma, desempeñan en el cuidado, crianza y educación de los hijos. Planteado el cuerpo del trabajo, los objetivos que se buscan son principalmente tres. En primer lugar, determinar el nivel de marginación dentro del hogar familiar que sufrían las mujeres, en contraposición a la vida pública de los hombres ciudadanos en la polis. Igualmente, teniendo en cuenta la estructura política de las polis, determinar si existían diferencias reales de la situación de las mujeres entre unas polis y otras. En segunda instancia, diferenciar aquellas actividades, en el caso de que las hubiera, que son lideradas y dirigidas por mujeres en el oikos, en contraposición a las dominadas por hombres. Por último, determinar y resaltar la importancia que las mujeres tenían dentro de la oikonomia griega, no solo como agentes productivos, sino también en su papel como madres, cuidadoras y criadoras de sus hijos, es decir, por su papel y trabajo reproductivo. La metodología a seguir para la realización del presente trabajo ha sido una amplia revisión bibliográfica de autores tanto clásicos como contemporáneos. Teniendo en cuenta que el desarrollo de la historia de las mujeres y de la historia de género se dio a partir de los años 70 del siglo XX, la bibliografía es reciente, siendo la inmensa mayoría 1 Para el presente trabajo se utilizará el sistema de citas de la revista científica BSAA Arqueología de la Universidad de Valladolid, publicada por las áreas de Prehistoria y Arqueología.
7 de estudios consultados ya del siglo XXI. Dentro de la materia, cabe destacar autoras como María Dolores Mirón Pérez, que cuenta con una amplísima producción en el estudio de historia de las mujeres en la Grecia clásica, así como Marina Picazo, con su obra Alguien se acordará de nosotras, entre otras. Respecto a las fuentes clásicas, autores griegos tan relevantes como Homero, Hesíodo y Jenofonte han sido claves para la realización de este trabajo, por su proximidad a la realidad de la Antigua Grecia y el testimonio respecto a economía y sociedad que han dejado en sus obras. 2. Dualidad de género entre el oikos y la polis “La divinidad, en mi opinión, creó la naturaleza de la mujer apta desde un principio para las labores y cuidados interiores, y la del varón para los trabajos y cuidados de fuera” Jenofonte, Económico, 7:22 Los papeles de género en la Grecia clásica estaban diferenciados, entre otras cuestiones, por los espacios físicos que ocupaban hombres y mujeres. Los varones estaban directamente relacionados con el exterior, la vida pública y, por tanto, la polis, mientras que las mujeres ocupaban los espacios interiores, la vida privada y familiar y, por tanto, principalmente el oikos. Esta supone la norma general respecto a las dinámicas de género, aunque siempre hubo excepciones. Según Mirón Pérez, han sido pocas sociedades a lo largo de la historia en las que se han diferenciado de una manera tan evidente los espacios y papeles a cumplir según el género como fue en la Atenas democrática de los siglos V y IV antes de la era (Mirón Pérez, 2000: 105). Desde el momento primero de la configuración de la polis como una ciudad estado independiente de las que la rodeaban, entre los siglos VIII y VII antes de la era, se ha excluido a las mujeres de cualquier atisbo de participación en la vida pública y, por tanto, política, relegándola a la ocupación de los espacios privados del oikos (Valdés, 2007: 211). En la antigua Grecia, la vida pública se desarrollaba en las poleis. Cada una de estas comunidades de ciudadanos tenía unas características propias, por ejemplo, nada
8 tenía que ver la vida pública que de Esparta con la de Mileto; pero todas coincidían en que su ciudadanía estaba conformada, en principio, por varones libres mayores de dieciocho años. Las funciones de los ciudadanos en las polis eran esencialmente dos: la política y la bélica. En estas dos esferas no existía ningún tipo de representación femenina, que sí que estaría presente en otros ámbitos como el religioso (Reboreda, 2010: 160). La participación en la cuestión de la ciudadanía por parte de las mujeres se dio de manera mínima y en algunos casos excepcionales en ciertas poleis, como es el caso de Atenas, a partir de la Ley de Ciudadanía de Pericles, que establecía que, para que un chico que había cumplido los dieciocho años entrara en las listas de ciudadanos de la polis en la que residiera, era obligatorio que tanto el padre como la madre detentaran la categoría de ciudadanos (Reboreda, 2010: 160) 2 . Antes de esta ley, según la legislación de Solón, las mujeres podían ser ciudadanas únicamente por extensión de los hombres (de manera hereditaria), y su ciudadanía se desarrollaba de manera pasiva y sin ningún tipo de participación política (Valdés, 2007: 210) 3 . Cabe destacar, dentro de la polis, el término “ágora de mujeres”, que Ana Iriarte enuncia en su obra Feminidades y convivencia política en la Antigua Grecia. Este espacio estaría integrado dentro de la polis, pero, teniendo en cuenta que las mujeres eran las que iban a comprar los víveres necesarios, así como las que solían regentar los puestos de venta, este estaría mayoritariamente ocupado por presencia femenina. De esta manera, los mercados se tratarían de “uno de los espacios en los que la división binaria entre los roles sexuales tendía a desfigurarse” (Iriarte, 2020: 79 – 80). Cabe destacar también el hecho de que el comercio al por menor que se llevaba a cabo en estos mercados de mujeres era considerado como una profesión indigna por lo que, a pesar de ubicarse espacialmente en el ágora, y, por tanto, en la polis, poco tenían en relación con las actividades masculinas (Iriarte, 2020: 81). Retomando la cuestión de la inferioridad política femenina, en las poleis de la Grecia clásica, las mujeres siempre estaban tuteladas en lo jurídico por un guardián, llamado kýrios, título que pasaba de unos hombres a otros dependiendo del momento de 2 Esta ley fue publicada en el año 451 antes de la era por Pericles. El objetivo fundamental de esta ley era evitar que aquellos hombres que vivían en la polis pero eran hijos de inmigrantes no participaran en la vida política ateniense. 3 La legislación de Solón fue emitida en el año 594 antes de la era. Era un conjunto de reformas que se emitieron en un momento de convulsión política en Atenas y, entre sus medidas destacaron las reformas de tipo censitario, que buscaban evitar que los derechos políticos de los individuos fueran de carácter hereditario.
9 su vida que se tratara. En primer lugar, el guardián de la mujer sería el padre. Si este fallecía o no estaba presente, los tíos por parte de padre o los hermanos podían asumir la tutela de la mujer. Esta pasaba al marido una vez que la mujer contraía matrimonio y así se mantenía hasta el final de su vida, pasando la kyreia si enviudaba a otro pariente, incluso a su propio hijo varón si este era mayor de edad (Picazo Gurina, 2008: 54-55). Esta ida y venida de tutores demuestra que en la Grecia clásica a las mujeres no se les consideraba personas jurídicamente independientes, ni lo suficientemente capaces para tomar sus propias decisiones en ningún momento de su vida. Vinculado a esta cuestión, las mujeres tampoco podían ser propietarias de su propio patrimonio, por lo cual, tampoco tenían ninguna independencia económica. No pueden comprar, vender ni alquilar, no puede realizar ninguna decisión sobre su patrimonio, no puede decidir divorciarse, etc. sin la autorización del tutor. Su acceso a la propiedad y a la herencia está limitado; en la antigua Grecia las mujeres no podían heredar directamente, solo lo hacían los hijos varones. Por supuesto, también estaban mermadas las posibilidades de las mujeres de acceder al trabajo asalariado sin el permiso del kýrios correspondiente. En muchos casos, se negaba este permiso porque el trabajo asalariado femenino pondría en duda el papel del hombre como sostenedor económico de la familia. Teniendo en cuenta que todo lo explicado y que las mujeres eran menores de edad permanentes, a pesar de ello, dentro del ámbito del oikos griego, ellas adquirían una cierta autoridad concedida, para que actuaran como “gobernantes” de la casa, y, a través de las tareas que las correspondían como mujeres, la mantuvieran en funcionamiento. De este modo, la mujer cabeza de la casa, que sería normalmente la esposa del propietario, adquiriría el título de oiko-despotina, que se traduciría como señora de la casa o, incluso, reina de la casa (Mirón Pérez, 2000: 105-106). A pesar de esta autoridad concedida con la que la mujer contaba dentro del oikos, el hombre siempre se va a situar, sin cuestionamientos, por encima de esta. Así, “la esposa es la guardiana de las leyes del hogar, pero es el marido el que las establece” (Mirón Pérez, 2000: 110). De la misma manera en la que cierto nivel de autoridad podía ser ostentado por la mujer para la dirección y administración del oikos, esta también podía ser revocada en el caso de que el marido no lo considerara sensato. En muchas ocasiones, esto dependía de la confianza que hubiera entre los cónyuges. En el caso de que el marido no confiara en su esposa, cuestiones como la administración de los ingresos y gastos en el oikos podían ser delegadas a otras personas (Mirón Pérez, 2000: 111).
16 participación. Sin embargo, sí que había algunas excepciones. La participación femenina en los trabajos agrícolas y ganaderos solía ser mucho más común en las zonas más pobres, donde el trabajo de todas las personas que habitaban el oikos era fundamental para el proceso productivo (Fig. 2). Jenofonte, en su obra Económico, inaugura el apartado dedicado a las labores agrícolas (capítulos XV al XIX) afirmando que las labores del campo no son difíciles de aprender, sino que, por el contrario, no hace falta más que observar y escuchar a quien ya sabe para educarse en el asunto. Mediante un dialogo con Isómaco y Sócrates se explica cuál es el método más efectivo para obtener la mayor cantidad posible de trigo y cebada de la tierra, así como los tiempos de siembra y otras lecciones sobre las labores agrícolas (Jenofonte: XVI: 6 – 15) (Jenofonte: XVII, XVIII, XIX). En general, las mujeres sí que participaban en el ámbito de la agricultura hortícola y la fruticultura. Estos trabajos se harían dentro de un huerto vallado, por lo que sería un espacio de transición entre el exterior y el interior. Estas labores realizadas por parte de las mujeres sí que están representadas en cerámicas, donde se reflejan a mujeres recolectando frutas de los árboles, por ejemplo (Fig. 2). También era común dentro de los huertos el cultivo y trabajo de legumbres por parte de las mujeres (Mirón Pérez, 2007: 275). Dentro del ámbito ganadero, las mujeres no se relacionaban con el cuidado de los animales, con la excepción de la avicultura. Las aves de granja se criarían en un patio interior dentro de las casas, por lo que estos espacios también estarían a medio camino entre las tareas del exterior y el trabajo interior. Los animales que eran comúnmente criados por mujeres eran las gallinas, aunque también podía haber presencia de otras aves en el corral. Es importante destacar que, aunque estas dos tareas correspondían al ámbito femenino y se desarrollaban en el interior del oikos, también tenían su reflejo correspondiente en la sociabilidad exterior (Martínez, 2015: 694). Eran las propias mujeres las que, con los productivos obtenidos del trabajo de los huertos y la avicultura, regentaban puestos en los mercados públicos para vender dichos productos. La venta de la miel en estos puestos puede hacer pensar que la apicultura era una cuestión de la cual se encargaban las mujeres. Huevos, polluelos, legumbres, ajos, altramuces, puerros o
17 granadas eran productos que se podían encontrar fácilmente en los mercados, en puestos regentados por mujeres (Mirón Pérez, 2007: 275). 4.2. Producción textil El trabajo de la producción textil era uno de los más laboriosos para las mujeres del oikos. Esto es, no solo por el propio trabajo que se debía llevar a cabo para transformar la lana en tela para hacer ropa o tapices, sino también por el tiempo que se debía emplear para ello. La producción textil, además, era, entre todos los trabajos de las mujeres, el que más valor económicamente hablando tenía, así como uno de los que más reconocido estaba por los hombres y por la sociedad en conjunto (Mirón Pérez, 2007: 272). La cuestión de la producción textil en Grecia está ampliamente representada en las cerámicas griegas o en la literatura (Fig. 3). Siendo este uno de los trabajos por los que las mujeres eran más respetadas, a menudo se puede encontrar en objetos cerámicos representaciones de mujeres trabajando con el telar (Fig. 4), cardando la lana o realizando labores relacionadas con el proceso de producción textil. Dentro del ámbito de la literatura, esta cuestión está también ampliamente representada, por ejemplo, en la obra de la Odisea, en la que Penélope teje un tapiz y lo deshace cada noche mientras espera la llegada de su esposo Ulises de vuelta a Ítaca (Martínez, 2015: 690). La participación de los hombres en este trabajo productivo se limitaba a proporcionar la lana, es decir, la materia prima, obtenida de los animales domésticos. Con la lana virgen, el trabajo de transformación de esta empezaba por el lavado y secado de la misma, que ya era una tarea propia de las mujeres (Fernández García, 2009: 36-37). Se conoce de este proceso por los restos cerámicos que han quedado, como son los epinetron (Fig. 5), unos cilindros cerámicos que ayudaban a llevar a cabo el método del “hilado de pierna” (Fig. 6). Los epinetron eran piezas muy comunes, pues se colocaban en la pierna de la hilandera y, con su característica forma de teja y su superficie rugosa, ayudaban a raspar la lana para convertirla en hilo sin que la mujer se lastimara la piel. Una vez cardada la lana, se utilizaba la rueca y el huso para su hilado 4 . Los restos que han quedado respecto a la rueca y huso son aquellos que no estaban hechos de 4 El huso era una vara corta y cilíndrica, generalmente de madera, sobre la cual se hilaba la lana y otras fibras textiles. En uno de sus extremos se colocaba una fusayola.
18 materiales perecederos, como la madera. Algunas fusayolas, ganchos o torteras (Fig. 7) se han conservado porque estaban hechas con metal, pero estas eran una minoría 5 . Una vez que la fibra hilada estaba lista, se pasaba al trabajo del telar. Este era el más tedioso entre todos, pues los telares en la Grecia clásica eran muy simples y hacían la producción lenta (Mirón Pérez, 2007: 272-273). La cuestión del telar es quizá la más importante de este proceso para las mujeres. Al ser el oikos un ámbito de producción textil, esto hace suponer que en todas las casas había, como mínimo, un telar. En las casas más grandes solía existir una habitación cuyo propósito era albergar el lugar de trabajo de este proceso productivo. En esta tarea participaban mujeres de todas clases sociales, desde la señora de la casa hasta cada una de las esclavas que estaban a su cargo. También, al ser una tarea lenta y que requería semanas para confeccionar cualquier prenda, la sala del telar era a su vez un espacio de sociabilidad, donde las mujeres pasaban horas charlando e incluso se invitaban a otras amigas en una reunión social (Fig. 8) (Mirón Pérez, 2007: 273). Así, el proceso productivo textil no solo tiene su importancia en la propia producción, sino que también evidencia el hecho de que las mujeres no estaban aisladas en el interior de la vivienda, relacionándose únicamente con su familia, sino que el trabajo textil era también un motivo de sociabilidad femenina en la antigua Grecia. Además, cabe destacar el factor de que, en ocasiones, eran las propias mujeres las que salían al mercado a vender los hilados o tejidos, por lo que también estaban presentes en la comercialización de los productos que ellas mismas elaboraban (Mirón Pérez, 2007: 274). En este sentido, la producción de prendas de manera totalmente artesanal podía suponer la mayor fuente de ingresos para las familias menos privilegiadas (Mirón Pérez, 2007: 277). El reconocimiento de la tarea del trabajo textil era esencialmente de carácter económico, pero, en las casas en las que no existía la necesidad de la venta de ropas para el sostenimiento económico, este trabajo podía ser considerado como un arte que solo las mujeres poseían. El hecho de que una mujer pudiera crear tapices hermosos, que reflejara, por ejemplo, escenas mitológicas, aumentaba su prestigio notablemente. Este prestigio de la mujer creadora de cosas hermosas también se podía reflejar en otros ámbitos como la creación de cerámica (Mirón Pérez, 2007: 278). Esto, sin embargo, se trata de una 5 Las fusayolas eran pequeñas piezas hechas de piedra, hueso, metal o cerámica que se ponían en el telar a modo de contrapeso para que el movimiento circular fuera más uniforme y equilibrado.
19 generalización, pues solo las mujeres de clases altas podían permitirse invertir su tiempo en cuestiones artísticas, en vez de en el trabajo para en buen funcionamiento y mantenimiento del oikos. 4.3. Transformación de alimentos El papel de la mujer en la transformación de alimentos era principal. Las materias primas eran extraídas por parte de los hombres en sus tareas en el exterior, pero eran las mujeres las que se encargaban de la conservación y cocinado de estos. La alimentación en Grecia, en lo que se sabe, se basaba en la triada mediterránea: el trigo, la vid y el olivo. Destaca, entre la transformación de alimentos, la elaboración del pan, que estuvo ubicada únicamente en manos femeninas. Esta actividad estuvo comúnmente representada en imágenes cerámicas y en algunos textos clásicos. El oficio de la panadería era una actividad realizada de manera casi diaria por las mujeres. Para la elaboración del pan el primer paso era la molida del grano extraído por los hombres del campo. Para ello, las mujeres pasaban esta materia prima por un molino de mano o por un mortero, donde se convertía en fina harina. Estos morteros también podrían ser utilizados para triturar frutos secos o semillas para otras preparaciones. La harina era amasada con las manos en un lugar específicamente dedicado para ello: la artesa (Fig. 9). El pan se cocía en un horno de leña, típicamente semicilíndrico, según las representaciones. Estos hornillos solían ser de pequeño tamaño y así podían ser trasladados entre estancias según las necesidades (Fig. 10) (Picazo Gurina, 2008: 98-99). La transformación de granos de trigo en harina esta constatada tanto en representaciones pictóricas como en la literatura, pero cabe destacar que, hacia el siglo V antes de la era, la harina se podía comprar ya hecha e incluso se profesionalizó el oficio de panadera. Estas profesionales serían mujeres libres que vendían pan y productos similares en el mercado o que, en algunos casos, incluso podían contar con locales propios (Mirón Pérez, 2007: 275). Además del pan, en ciertas zonas de la península y especialmente en las islas, donde eran más comunes los oikoi que se mantenían a base de la pesca, la conservación y preparación del pescado era una tarea fundamental también asignada a las mujeres. Esta labor también está reflejada en la literatura, como en el caso de la poetisa Erina, que habla
20 de cómo las niñas ayudaban a las mujeres adultas con la salazón del pescado (Mirón Pérez, 2007: 275). Apenas se dan referencias a la elaboración de otros productos o alimentos. Es importante subrayar la tarea de la conservación y mantenimiento por parte de las mujeres. La administración de la despensa, una pequeña salita donde se podían almacenar alimentos hasta su consumo, era una tarea también de carácter femenino. Respecto al resto de la dieta típica en un oikos griego, lo que más se consumía era pescado autóctono de la zona oriental del Mediterráneo; esto era atún, anchoas y anguilas, entre otros. Aunque lo más normal era comerlo fresco, en algunos lugares, sobretodo la zona continental de Grecia, se podía consumir en conserva, es decir, en salazón o secado. El otro elemento más común dentro de la dieta del oikos eran las verduras, cultivadas en los huertos adyacentes a la vivienda. Frutos como los dátiles o los higos eran muy apreciados, pues también servían para endulzar el resto de alimentos. (Picazo Gurina, 2008: 100). El trabajo avícola proporcionaba a la dieta huevos y carne como el pollo o el pavo. La carne era uno de los alimentos menos frecuentes y de mayor valor. La carne dentro de la dieta provenía de los animales domésticos que cada oikos criara para su consumo particular, por lo que lo más común era la carne de oveja, animal que también proporcionaba lana y leche, o de cerdo. Este alimento era consumido en contadas ocasiones, siendo el caso más frecuente cuando se hacían sacrificios religiosos. Así, los alimentos más consumidos dentro de la dieta griega eran el pescado y las verduras y hortalizas (Picazo Gurina, 2008: 100). Dentro de las actividades relacionadas con la alimentación, cabe destacar también la tarea de ir a buscar agua, una cuestión también esencialmente asignada a las mujeres. Esta labor se evidencia en la representación de mujeres con hidrias, tanto en decoraciones cerámicas como esculpidas 6 . De estas mismas representaciones se ha deducido que las mujeres llevaban los recipientes siempre sobre la cabeza, si estaba vacío de manera horizontal y, cuando estaba lleno, verticalmente (Fig. 11) (Fig. 12). Todo lo relacionado con el agua está también estrechamente vinculado con la feminidad, pues el agua que ellas recogían también servía para el lavado, la higiene personal y artesanía, todas tareas 6 Las hidrias eran vasijas normalmente cerámicas que servían para transportar agua. Estos se diferenciaban de otros con función similar por su particularidad de tener tres asas, una a cada lado del recipiente para poder agarrarlo y una tercera en la parte superior, en la boca de este, que servía tanto como para inclinarlo y poder utilizarlo como jarra como para cargarlo desde arriba.
21 asignadas a las mujeres (Fig. 13). En los oikoi más ricos, la tarea de ir a por agua estaría asignada a las esclavas. (Picazo Gurina, 2008: 102). 5. Crianza y educación de los hijos La reproducción y crianza de los hijos destaca sobre todas las demás tareas y obligaciones asignadas y asumidas por las mujeres. La reproducción de la familia y la continuación del linaje era esencial para mantener el oikos en funcionamiento y, así, todo el sistema de la oikonomía griega. La reproducción supone, por lo tanto, la primera y la más básica aportación de la mujer y el marido en el oikos. Además, es una de las cuestiones de carácter femenino que más valor, además del económico, tiene, pues se trata de la renovación de la sociedad y el abastecimiento de ciudadanos a las polis. Es por ello que la reproducción humana se puede considerar como una actividad política. Dolores Mirón equipara la labor de reproducción a la propia producción agrícola que sucede en el oikos, asemejando así la siembra del grano con la siembra de hijos; de este modo, el oikos aunaría la fertilidad humana con la fertilidad de la naturaleza (Mirón Pérez, 2007: 276). Dejando de lado el oikos, la reproducción humana era también la tarea más importante de las mujeres dentro del ámbito de la polis, pues esta, al igual que el oikos, debía contar con un legado y relevo humano y, en el mejor de los casos, aumentar en tamaño. Además, en momentos de guerras y otros conflictos, la labor reproductora de las mujeres era valorada aún más, pues los hombres eran fundamentales para alimentar los ejércitos y el relevo generacional era necesario. El primer paso para la reproducción humana era el matrimonio, que por supuesto, nada tenía que ver con una cuestión sentimental, sino que era una institución de carácter social y político con el fin de la procreación legítima. Los matrimonios entre personas de clase baja tenían más que ver con la creación de una descendencia y el apoyo económico mutuo, mientras que las personas de clase social más alta tenían como principal objetivo las alianzas entre familias; esto provocaba que los cónyuges en cuestión tuvieran menos capacidad de decisión sobre su propio matrimonio (Fernández Redondo, 2023: 27-28). De una manera u otra, no se consideraba que la mujer tuviera nunca una opinión que
22 aportar a la elección de su cónyuge, sino que esta decisión sería tomada por el kýrios que estuviera a su cargo en ese momento (Reboreda, 2010: 161). Al tiempo de casarse, los hombres y las mujeres estaban en posiciones muy diferentes. En primer lugar, el momento más ideal para que un hombre se casara era alrededor de los treinta años, mientras que lo más común para las mujeres es que estas siguieran siendo adolescentes en el momento de cambiar al estado civil de casada. La trasformación de la vida de una mujer una vez que contraía matrimonio era mucho más pronunciada y radical que en el caso de los hombres. Las mujeres salían del oikos en el que habían vivido desde su nacimiento con su familia, para comenzar a vivir en el oikos de su marido, en muchas ocasiones con personas desconocidas y asumiendo gran cantidad de nuevas responsabilidades que antes no tenían (Fig. 14) (Fernández Redondo, 2023: 28). La cuestión de la dote era relevante en tanto que se mantenía como propiedad de la mujer. La dote que la mujer aportaba al matrimonio consistía en dinero, mobiliario e incluso casas, en el caso de las familias más ricas. Todo ello era aportado al matrimonio como bien para disfrutar en común y era administrado por el kýrios, que una vez fuera casada sería su marido, pero, en caso de que el matrimonio fuera disuelto, la mujer recuperaría la dote aportada inicialmente. La excepción a esto eran los casos en los que el matrimonio se hubiera disuelto por una infidelidad por parte de la mujer, en ese caso ella no recuperaría nada de la dote (Demand, 1994: 12). La dote era una herramienta para poder negociar respecto a las condiciones matrimoniales, en el caso de las familias de cierta relevancia social. Las mujeres que no tenían dote por cuestiones económicas eran mucho más difíciles de casar. En ocasiones, algún hombre contraería matrimonio con ellas por cuestiones como el mantenimiento del honor de la familia de ella (Demand, 1994: 12-14). Cabe destacar el hecho de que cuando una mujer se trasladaba al oikos de su marido y procreaba con él era el momento en el cual se daba por concluido su rito de paso hacia la edad adulta. En este momento la mujer en cuestión se desvinculaba de su padre o su anterior tutor para pasar a depender de su marido a todos los niveles. Su marido sería su tutor en la vida pública, pero también dependería económica, social y jurídicamente de él. Así, la esposa quedaba completamente subordinada al marido en una relación a todos los niveles desigual. La experiencia traumática que suponía este cambio radical para la mujer era aún más pronunciada en los casos en los que la esposa ni siquiera conocía al
23 marido antes de casarse con él y en aquellos en los que la diferencia de edad era muy pronunciada y la urgencia de tener hijos por parte del marido era grande (Demand, 1994: 14). Respecto al nacimiento de los hijos, la responsabilidad de la fecundidad y el proceso de parto recaía al completo sobre la mujer, es decir, si durante el coito la mujer no quedaba embarazada era culpa de ella, así como si no podía concebir, por el motivo que fuera. De igual manera, en la antigua Grecia existía una altísima mortalidad durante el proceso de parto, tanto del bebé como de la madre (Fig. 15), y en el caso de que hubiera complicaciones durante el embarazo o en el propio parto, la culpa también recaía sobre la mujer. Era por ello que las mujeres griegas utilizaban multitud de amuletos y realizaban ofrendas y rezos a las divinidades femeninas para que las protegieran durante el duro proceso y, si este resultaba exitoso, para agradecer su protección (Reboreda, 2010: 161162). El éxito en el momento del parto no significaba un automático bienestar para el bebé, pues era el padre el que decidía, una vez nacido, si este sería un miembro legítimo de su familia o si, por el contrario, era rechazado. El rechazo de los recién nacidos era más común en el caso de las chicas. El rechazo de niños era menos frecuente, pero sí podía suceder, sobre todo en casos en los que el bebé presentara malformaciones de cualquier tipo que le fueran a suponer un impedimento en la vida adulta (Reboreda, 2010: 162). Otro motivo que podía llevar al padre a rechazar al recién nacido serían la sospecha de que el hijo fuera bastardo. El rechazo a los hijos recién nacidos, decisión que le correspondía el padre, tenía un motivo puramente económico, si la familia no podía alimentar a un hijo más, este se abandonaba. El abandono de recién nacidas niñas era más frecuente pues, además del mayor aprecio que se les tenía a los hombres por la propia naturaleza patriarcal de la sociedad griega, las niñas supondrían más gastos para la familia a nivel económico, sobre todo refiriéndose a la búsqueda de esposo y a la dote (Moreno, 2020: 66). La práctica del abandono de bebés se llamaba “exposición”, pues estos solían ser colocados en algún lugar público para que, en el caso de que alguien les quisiera, pudieran adoptarle en su familia 7 . De lo contrario, se dejaban morir. 7 La “exposición” no fue una práctica exclusivamente griega, sino que se extendió desde la Antigüedad hasta la Edad Moderna. En la Edad Media se comenzó a regular mediante leyes, pero seguía siendo una
24 Relativo a la adopción, cuando en una familia solo había descendencia femenina, era frecuente el traslado de un niño varón de otra familia a esta. La familia de origen del menor solía estar emparentada de alguna forma con la de recepción, que, a partir del momento del traslado, le tratarían y criarían como a un hijo más y este trabajaría en el oikos familiar (Picazo, 2008: 56). En el caso de que el bebé fuera legitimado por el padre, era este también el que se encargaba de integrarlo en la familia mediante una serie de ritos. A partir de este momento, cuando la integración en la familia había terminado, toda la responsabilidad sobre el recién nacido caía en hombros femeninos (Reboreda, 2010: 162). La lactancia es la primera cuestión interesante en este aspecto: en la mayoría de ocasiones era la madre quien amamantaba al niño, pero tampoco era extraño que se recurriera a una nodriza para cumplir esta función, sobretodo en casos de familias ricas y oikoi que contaban con sirvientas. Las nodrizas bien podían ser esclavas de la casa o mujeres que se dedicaran de manera profesional a ello (Fig. 16) (Mirón Pérez, 2007: 276). En los oikoi más pobres, cuando la madre era primeriza, la mujer tendría que mantener como referencia lo que había aprendido sobre los cuidados de bebés en el oikos familiar al que había pertenecido hasta el momento. La madre también debía atender las tareas de la casa y responsabilidades que recaían sobre ella por el hecho de ser mujer, por lo que, en muchas ocasiones, esta sería ayudada por el resto de mujeres que vivieran en la casa, si las había, por la madre de su marido o por vecinas y otras mujeres de su entorno doméstico (Demand, 1994: 21-23). Las madres y demás mujeres del hogar también eran las encargadas de los hijos durante su época de crianza, que se extendía hasta que estos cumplían los siete años. Esta frontera, sin embargo, estaba mucho más evidenciada en el caso de los hijos varones, que cumplida esta edad podían unirse a su padre en las labores exteriores o en cuestiones referentes a la polis. En este periodo, las encargadas de cuidar y educar tanto a niños como a niñas eran las mujeres de la casa. La madre recibiría ayuda de nodrizas o de otras mujeres en este aspecto de manera directamente proporcional a su estatus social. Cuestiones tan básicas como el aprendizaje del lenguaje, de un sistema de valores práctica muy común, sobre todo en las familias más pobres (Moreno, 2020: 66). La exposición de recién nacidos también es un tema recurrente en muchas mitologías, como podía ser el caso de Gilgamesh, Moisés, Rómulo y Remo o Edipo.
25 definido o de algunas herramientas fundamentales eran inculcadas por estas mujeres (Reboreda, 2010: 162). Susana Reboreda, en su trabajo sobre el papel educativo de las mujeres, señala la importancia que los propios hijos también tendrían para satisfacer las necesidades afectivas de su madre. Era muy probable que en el seno del matrimonio las muestras de cariño y afecto fueran muy limitadas, por lo que el vínculo afectivo que se creaba entre madres e hijos durante el periodo de crianza era del todo gratificante para estas. La literatura griega pone de manifiesto este aprecio y afecto que tenían las madres por sus hijos y que, al mismo tiempo, era reciproco (Reboreda, 2010: 163). Cuando finalizaba la etapa de crianza era cuando los caminos entre los niños y las niñas se dividían. Si hasta este momento habían estado compartiendo espacios, habían sido criados en los mismos valores, con los mismos juguetes y por las mismas mujeres, a partir de los siete años su educación se especializará, teniendo en cuenta el futuro de cada uno según su género (Reboreda, 2010, 165). Los varones eran los que sufrían cambios más drásticos, pues era en este momento cuando salían del ámbito del oikos para empezar a aproximarse al mundo de la polis, donde la norma establecía que los varones pertenecían. En el caso de las mujeres, el vínculo con su madre y las demás mujeres de la casa se fortalecería en este momento, no solo por la identificación mutua con la cuestión de la feminidad, sino también porque este sería el momento en que las madres comenzarían a educar a sus hijas en las labores que tendrían que desempeñar el resto de su vida. En este momento las niñas comenzarían a colaborar en las tareas del hogar, aprender a hilar y tejer, a cocinar o, en algunos casos, a leer y a escribir, un caso que era minoritario y se daba en las familias de clases más altas (Reboreda, 2010: 165-166, 168172). En papel más importante que tenía que cumplir la madre en relación a sus hijas en este momento sería el educarlas para que, en un futuro no tan lejano, estas se pudieran convertir en buenas esposas y buenas madres. Las niñas abandonarían el hogar familiar durante el periodo de su adolescencia, una edad típica en la Grecia clásica para que las mujeres contrajeran matrimonio. Las madres educaban a sus hijas en tres cuestiones principalmente: tejer, cocinar y administrar el hogar. En primer lugar, y como ya se ha resaltado a lo largo de todo el trabajo, el tejido era de vital importancia para la prosperidad de la economía familiar, por
32 8. Anexos Figura 1. Mujeres en el interior de la casa. Píxala del Pinto de Midias. Extraído de: PICAZO GUIRINA, Marina (2008): Alguien se acordará de nosotras. Mujeres en la ciudad griega antigua. Barcelona: Bellaterra.
33 Figura 2. Mujeres recogiendo fruto. Escifo del Pintor P.S. Extraído de PICAZO GUIRINA, Marina (2008): Alguien se acordará de nosotras. Mujeres en la ciudad griega antigua. Barcelona: Bellaterra. Figura 3. Mujeres tejiendo. Lécito del Pintor de Amasis. Extraído de: PICAZO GUIRINA, Marina (2008): Alguien se acordará de nosotras. Mujeres en la ciudad griega antigua. Barcelona: Bellaterra.
34 Figura 4. Mujer hilando. Enócoe del Pintor de Brigos. Extraído de PICAZO GUIRINA, Marina (2008): Alguien se acordará de nosotras. Mujeres en la ciudad griega antigua. Barcelona: Bellaterra. Figura 5. Epinetron de cerámica. Extraído de Wikipedia Commons https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Attic_redfigure_Epinetron_Antikensammlung_Berlin_1.jpg
35 Figura 4. Mujer hilando sobre su pierna. Kylix del Pintor Douris. Extraído de Research Gate https://www.researchgate.net/figure/Mujeres-trabajando-la-lana-Ky-lixKy-lixatica-atribuida-al-pintor-Douris-500-aC-Pieza_fig2_323513667 Figura 5. Fusayolas de telar de procedencia íbera. Extraído de Wikipedia Commons https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Fusayolas_de_telar._La_Bastida_de_les_Alc usses._Museo_Arqueol%C3%B3gico_de_Mogente.JPG
36 Figura 6. Mujeres tejiendo en el gineceo. Detalle en un epinetron. Extraído de Wikipedia Commons https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Gynaeceum_scene_Louvre_MNC624.jpg Figura 7. Mujer amasando el pan. Figura de terracota. Extraído de PICAZO GUIRINA, Marina (2008): Alguien se acordará de nosotras. Mujeres en la ciudad griega antigua. Barcelona: Bellaterra.
37 Figura 10. Cociendo el pan. Figura de terracota. Extraído de PICAZO GUIRINA, Marina (2008): Alguien se acordará de nosotras. Mujeres en la ciudad griega antigua. Barcelona: Bellaterra. Figura 11. Mujeres cogiendo agua de la fuente con hidrias. Ilustración en una hidria. Extraído de Wikipedia Commons https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Women_fountain_Met_06.1021.77_resized_g lare_reduced_white_bg.png
38 Figura 12. Mujeres recogiendo agua de la fuente. Ilustración en una hidria. Extraído de Wikipedia Commons https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Hidria_%C3%A1tica_con_mujeres_en_la_fu ente._Pintor_de_Berl%C3%ADn_-_M.A.N.jpg Figura 13. Mujeres y esclavas recogiendo agua. Ilustracion en una hidria. Extraído de Wikipedia Commons https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Blackfigure_hydria_women_at_fountain_house_(Boston_MFA_61.195)_01.jpg
39 Figura 14. El traslado de la novia. Pixída del pintor de Marlay. Extraído de: PICAZO GUIRINA, Marina (2008): Alguien se acordará de nosotras. Mujeres en la ciudad griega antigua. Barcelona: Bellaterra.
40 Figura 15. Estela funeraria de Ampharete. Extraído de: PICAZO GUIRINA, Marina (2008): Alguien se acordará de nosotras. Mujeres en la ciudad griega antigua. Barcelona: Bellaterra.
41 Figura 17. Madre enseñando a cocinar a su hija. Figura de terracota. Extraído de: PICAZO GUIRINA, Marina (2008): Alguien se acordará de nosotras. Mujeres en la ciudad griega antigua. Barcelona: Bellaterra Figura 16. Nodriza entregando el bebé a su madre. Hidria del pintor de Munich. Extraído de: PICAZO GUIRINA, Marina (2008): Alguien se acordará de nosotras. Mujeres en la ciudad griega antigua. Barcelona: Bellaterra.