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Conversación con Diane Gray y Martha Thorne: [Miradas cruzadas]

Peñín Llobell, Alberto

Abstract

Martha Thorne y Diane Gray atienden nuestra propuesta de conversación detrás de una cámara de un ordenador, sujetos todos a las restricciones de la actual situación sanitaria que, por contra, tal vez haya permitido celebrarla desde un escenario más abierto. Desde Barcelona, Madrid y Valencia se desarrolla este diálogo un miércoles de diciembre de 2020.

Full text

PALIMPSESTO #22 Chic socioambiental (Otoño 2020) Si tuviéramos que calibrar hoy, en el debate arquitectónico a diciembre de 2020, el papel de la forma respecto a la preocupación por lo social, no cabe duda que la segunda de ellas saldría ganando. Si además asociamos a la obligada atención por los problemas sociales, la insoslayable emergencia ambiental, entonces, la tarea formal del arquitecto derivaría en la más pura intrascendencia, hasta tal punto que podríamos cuestionar su existencia, como ya sucediera con el entusiasmo por los procesos y la autonomía digital de hace unas décadas. Denise Scott Brown en 1976 y recientemente Richard Sennett han confrontado esta visión anti disciplinar, bien intencionada y supuestamente anticapitalista, con dos textos que hemos querido emparejar en la contra de este número. La reivindicación de los vínculos del espacio con el comportamiento social no sólo reclama el rol activo del arquitecto y urbanista, sino que da argumentos frente al planeamiento estricto social y a los arquitectos radicales chic (tal vez todavía en activo), en el caso de DSB y frente a los defensores de una ciudad sobredeterminada en el caso de RS. Ambos, coherentes con el sentido de esta denuncia, pasan al campo de la acción a través de dos trilogías propositivas, la primera de ellas sobre la belleza, la segunda sobre tres recetas para la ciudad abierta. Basadas en una cierta tradición, se avanzan a un futuro donde técnica y cultura se integran y no sustituyen, desde esa radicalidad oportunista que denunciaba Thomas Wolfe, al proyecto. En la misma senda de futuro se sitúan las preguntas de Zaida Muxí y Josep María Montaner a un nuevo tiempo, el Virusceno, en el que adivinan respuestas concretas a la vivienda, al urbanismo o el teletrabajo para orientar un futuro mejor. La “preciosa oportunidad de proyectarlo” que señalan enlaza con el dibujo de nuevos escenarios de planificación que nos trae Francisco García Sánchez como metodología para afrontar el futuro de la ciudad. Tal vez se refiera a la ciudad inesperada y abierta imaginada por Sennett y encarnada en algunas de las imágenes analizadas por Andrea Parga en su ensayo visual de una serie de cinco pares de fotografías de escenas urbanas del escritor y fotógrafo Teju Cole. Otros breves apuntes completan desde el campo del equipamiento y de la docencia la visión sobre las incertidumbres de nuestro presente que sugería el call, siempre abierto a múltiples interpretaciones. De la docencia, raíz de esta publicación universitaria, retomamos tres de los mejores trabajos del máster habilitante la ETSAB, integrando 3 campos de conocimiento del proyecto (teoría, ciudad y tecnología) y reclamando en un 4+2 abierto a otras escuelas, una troncalidad generalista y una optatividad especializada. La discusión sobre el papel de la arquitectura en la sociedad, como diagnóstico crítico sustentado en una mirada específica y analítica sobre el lugar, la sociedad y el medio ambiente, y a la vez como una acción especializada soportada en el oficio y en la técnica, sobrevuela el diálogo entre Diane Gray y Martha Thorne que abre este número. Alejada de la retórica chic a la que Scott Brown hacía referencia, la conversación profundiza en la acción cultural, en el sentido de los reconocimientos y se pregunta, apuntando numerosas claves, precisamente sobre el replanteamiento del futuro de la arquitectura. Desde sus miradas desprejuiciadas, cruzadas y ricas en la diversidad, abren esta cuestión a próximas aportaciones. Sin olvidar lo ineludible (lo social, lo ambiental, aunque en ocasiones por mera visibilidad), suscribimos lo sustancial: su integración y pertenencia al oficio, a la materia y a la forma, en definitiva, al proyecto como apuntan muchas de las aportaciones. Añadimos: sin sobreactuaciones adscritas a lo decapado, al factor de forma o al otro chic, el de la precariedad. Quién sabe si en esta reflexión, según Sennett, ambigua, incompleta y sin una narrativa resuelta, habrá espacio para una nueva radicalidad formal. Editorial Dirección Carlos Ferrater y Alberto Peñín Redacción y diseño gráfico Cecília Obiol Editorial AP Agradecimientos Carles Muro, Denise Scott Brown, Richard Sennett, Ivan Shumkov Edición Cátedra Blanca - E.T.S.A.Barcelona - UPC [email protected] Impresión Vanguard Gràfic Depósito Legal B-5689-2011 ISSN 2014-1505 e-ISSN 2014-9751 V.O. PALIMPSESTO respeta el idioma original de los autores. © De los textos: sus autores. Las imágenes han sido cedidas por los autores de los artículos. No ha sido posible encontrar todos los propietarios de sus derechos. Las partes interesadas pueden ponerse en contacto con el editor. Los autores conservan los derechos de autor y garantizan a la revista el derecho de una Creative Commons Reconocimiento-NoComercialSinObraDerivada (CC BY-NC-ND) que permite a otros compartir el trabajo con un reconocimiento de la autoría. PALIMPSESTO CHIC SOCIOAMBIENTAL #22 Año 09. Otoño 2020 (20 páginas) ISSN 2014-1505 Revista semestral de temática arquitectónica Martha Thorne y Diane Gray atienden nuestra propuesta de conversación detrás de una cámara de un ordenador, sujetos todos a las restricciones de la actual situación sanitaria que, por contra, tal vez haya permitido celebrarla desde un escenario más abierto. Desde Barcelona, Madrid y Valencia se desarrolla este diálogo un miércoles de diciembre de 2020. Escenarios de la incertidumbre Alberto Peñín: ¿Qué es lo positivo que en vuestra opinión se puede sacar de esta situación? ¿Desearíais que cambiara alguna cosa de la vida antes de la pandemia una vez se recobre una situación sanitaria estable? Diane Gray: Me gustaría pensar que esta situación ha permitido entender el significado de la palabra red, “network”, en todos los sentidos. Hemos podido constatar que el sistema natural es una red, que nosotros como seres humanos, en el fondo unos seres naturales más, también funcionamos como una red. La red implica estar en sintonía con otras personas, aquí pero también en otras partes del mundo. Una de ellas, la red sanitaria, nos obliga a una reflexión. Aquí todo el mundo se queja de su funcionamiento, pero creo que tenemos que apreciar que, en Europa, en Cataluña y en España existe una sólida red sanitaria. Porque Martha, tú y yo sabemos que en Estados Unidos uno de los problemas fundamentales es que no existe. Así que es necesario, apreciarla y reimpulsarla, incluso quizás enseñar al mundo cómo construirla. Estas cosas van a seguir pasando, ya lo sabemos, así que decididamente tenemos que funcionar en este mundo globalizado como una gran red colectiva, trabajando juntos. Martha Thorne: A mí me parece interesante, además del concepto de red que menciona Diane, la centralidad del individuo que ha desvelado esta situación. La atención no se centra en una sola comunidad, en un solo país o en un solo sector. Hemos visto la importancia del comportamiento individual de cada uno y como esto contribuye a la comunidad. Creo que si pudiéramos llevar esta lección de compromiso individual a otras situaciones sería fantástico, ¡pensemos por ejemplo en la sostenibilidad o en el cambio climático! Respecto al sistema sanitario, creo que la COVID ha puesto de manifiesto la necesidad de tener arquitectos y diseñadores más cerca. Cuando se ha tenido que transformar espacios, o recientemente hospitales o clínicas porque las necesidades están cambiando semana a semana o mes a mes, se ha dado una conexión más directa entre la comunidad de arquitectos y diseñadores y los proveedores de la salud. Yo lo veo en nuestro campo, pero me imagino que si mi profesión fuese otra, si fuese música o psicóloga, probablemente también sería así. Creo además que, como en el mundo académico, donde entendemos la educación como parte de la sociedad y no solo como un derecho, sería deseable que ocurriera lo mismo con la salud. Es un derecho, sí, pero también una parte de la sociedad en la que tendrían que estar más agentes implicados. AP: La pandemia ha provocado el cuestionamiento de los escenarios de nuestra vida, tanto privados como colectivos, haciendo más visible el papel de los arquitectos. ¿Pensáis que será una oportunidad para que la calidad de la arquitectura se reconozca mejor por parte de la sociedad? DG: El ser humano en general y los arquitectos en particular vamos de crisis en crisis para crecer. Si volvemos al siglo pasado y pensamos en el movimiento moderno, tres de sus obras más emblemáticas han sido producto de enfermedades, de la tuberculosis, de la ciudad insalubre. De transformar la ciudad no saludable a “the healthy city”. El tema tiene que ver con la política. Martha lo ha mencionado y yo creo que la sociedad está mucho Conversación con Diane Gray y Martha Thorne Alberto Peñín Recibido 2020.12.18 ::: Aceptado 2020.12.21 DOI: 10.5821/palimpsesto.22.10313 Persona de contacto: [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0002-5099-8644 Doctor arquitecto por la UPC Diane Gray > PALIMPSESTO #22 Chic socioambiental (Otoño 2020) 03 ¿Qué es lo que representa de dónde soy o de qué color o religión soy? Cuando las regiones o los estados funcionan como redes, las ciudades empiezan a ser mucho más abiertas. Por ejemplo, si no tratas Barcelona de forma global e identificas zonas particulares, (Sabadell, Castelldefels) podemos resolver problemas de una manera más eficaz. Estoy muy a favor de la descentralización de la gran metrópolis. MT: Habría que preguntarse por qué la gente quiere ir a una ciudad u otra, seguro por posibilidades económicas, laborales, por la cultura, la innovación... Quizás en España sí se centralice más, pero si hay países donde la ciudad intermedia se tiene más en cuenta es porque ofrece más, y con mayor diversidad. En España las ciudades intermedias no han tenido ese éxito porque no han perseguido esa diversidad, y a veces se han apoyado en una sola industria, en una definición menos completa. Por el contrario, si miramos Málaga, y el uso que ha hecho de la cultura, vemos que ha contribuido muchísimo a la ciudad, como su diseño urbano y los espacios abiertos. Por tanto, para mí la cuestión no es exactamente qué puede hacer el gobierno respecto a las ciudades intermedias, sino la disposición de una red, diferenciada entre las propias ciudades para que se pueda elegir. Acción cultural A.P: Me gusta más hablar de acción cultural que de gestión porque se sitúa entre la creación y la sociedad. En ese engranaje, habría sin duda que revisar sus objetivos y reflexionar si debe ir por delante o por detrás de la sociedad. La exposición, el museo, el papel son formatos que parecen recobrar la dimensión fenomenológica y tangible de las cosas frente a lo digital. Existe un pulso entre la cultura tal y como la entendíamos en el siglo XX y lo que estamos viviendo hoy en día. ¿En este sentido podríamos pensar lo mismo de la crítica arquitectónica? Se postuló la muerte de la crítica arquitectónica (Pawley, 2007) y su mutación hacia una dimensión pragmática alejada de la ideología, la crítica ¿no debiera retomar un pulso más reivindicativo? DG: La crítica es muy importante. Con la red de internet y la hiper información que permite, se da la paradoja de la mayor dificultad en la formación del criterio de la gente joven. Hay que saber discriminar, no todo es lo mismo y tampoco todo lo que hay es la Wikipedia. La democratización del conocimiento está muy bien, pero es necesario introducir la actitud crítica desde la profesión y la educación. La arquitectura es entender el pasado y basarnos en lo que aprendemos de él, para reinterpretarlo en el presente y proyectarlo hacia el futuro. Pienso en personas referentes como Ignasi de Solà-Morales, Kenneth Frampton. MT: Cuando hablamos de cultura nos adentramos en un mundo más amplio que la arquitectura y el diseño, es música, danza, cualquier otra expresión... Todas ellas tienen el poder de unirnos, de recordar nuestro lado humano. Puede ser de manera digital a veces, pero sería pobre si lo fuese siempre. El poder expresar la diversidad y conectar a la gente son las razones de ser de la cultura. Cuando hablamos de la crítica, y centrándonos en la de la arquitectura, lo que más aprecio es ver la arquitectura en un contexto más amplio, entendiéndola como un fenómeno que trasciende a un edificio. Los críticos que analizan cada aspecto del edificio, por dónde entras o cómo es, sin tener en cuenta el entorno, el clima, el barrio, los usos, los materiales, la sostenibilidad, en mi opinión están limitando la arquitectura a un objeto. Los críticos pueden hacer que el espacio del que hablen conecte con el lector. Su labor no es solo analizar, interpretar, sino también ayudar al público a valorar el medio ambiente construido. Me interesan mucho más los críticos que hablan con muchas voces y llegan a mucha gente que la persona capaz de descifrar un solo edificio para otros expertos. Los reconocimientos A.P: En este mundo de la cultura arquitectónica los reconocimientos tienen un papel muy importante. Podríamos distinguir el “re-conocimiento” que tiene una connotación de mirada hacia atrás, de premio con un sentido más inmediato. Permitidme señalar que los premios de arquitectura más importantes en sus respectivos ámbitos como son el Pritzker y el Mies van der Rohe deben mucho a vuestra aportación. La repercusión mundial del primero, vinculado a la trayectoria, y la amplia y diversa instantánea del otro, un premio que ha ido creciendo desde Barcelona, dan más abierta a nosotros y a lo que podemos hacer que los políticos. Tal vez me haya radicalizado con este tema a raíz de la COVID. Cuando empezamos hace unos cuantos años, 6 ya, nuestro Máster en arquitectura sanitaria, lo hicimos porque no existía un ejercicio académico profesional que formara en el diseño de hospitales fundiendo arquitectura con maquinaria y con tecnología. MT: Yo creo que la primera pregunta es ¿por qué no se reconoce el papel del arquitecto? En mi opinión hay dos razones: la sociedad no entiende el valor que pueden añadir los arquitectos a muchas situaciones, no hay apoyo de los políticos, la crisis... Pero también hay que mirar a los arquitectos y sus dificultades de comunicarse con la sociedad o el deseo (de algunos) de mantener una definición de arquitecto demasiado limitada. Francamente, aunque yo personalmente soy urbanista y no arquitecta, cuando miro a mis alumnos veo que no se identifican en nada con ese modelo que se intenta imponer: el arquitecto como diseñador, autor, conocedor de todo, artista, al que no puedes controlar porque tiene su idea que viene de una caja negra. No es cuestión solo de cambiar esta parte de la sociedad que no nos reconoce. La profesión tiene también que ver qué servicio está dando, qué necesita la sociedad y las razones de este distanciamiento. Siempre les digo a mis compañeros de la ETSAM, aunque supongo que se podría decir de muchas escuelas, que están educando para ser premio Pritzker y eso es imposible, no va a llegar. Primero es una farsa para el alumno, es una farsa para la sociedad, es una farsa porque premio Pritzker no quiere decir nada… AP: En áridos términos de inserción en el mercado laboral es además muy cuestionable y recoge una vez más el clásico debate entre formación generalista y especializada al que ahora se podría añadir una mayor variedad, una concepción más abierta del arquitecto. En ese sentido me parece también reveladora vuestra biografía. ¿Qué fue lo que os llevó a interesaros por la arquitectura, el urbanismo? DG: Yo siempre fui muy manitas. Esto me llevó a involucrarme en la artesanía, como la vidriera, la cerámica, etc., que a su vez fue mi primera conexión con los arquitectos y la arquitectura. Estas conexiones despertaron mi interés en estudiar arquitectura. MT: Después de terminar los estudios de urbanismo en los Estados Unidos vine a España. El urbanismo aquí está en manos de los arquitectos e ingenieros. Fue lo primero que me acercó a la arquitectura. Además, en aquella primera época en el país se descubría la arquitectura española, las revistas internacionales empezaban a mirar lo que se hacía aquí con mucha intensidad y curiosidad... Fue muy enriquecedor estar cerca de ese mundo que desde entonces siempre he seguido de alguna forma; en aquel momento a través de publicaciones, exposiciones, y ahora desde el mundo académico. Miradas cruzadas AP: Ambas tenéis una mirada amplia no solo sobre la arquitectura, sino abierta a la movilidad, a asumir lo nuevo como propio, una mirada foránea pero capaz de arraigarse. En este mismo número traemos un texto de Denise Scott Brown, quien como ella misma asegura se acercó a la sociedad estadounidense desde una mirada africana, no eurocéntrica, y quien es probablemente el mejor ejemplo de aprender de la realidad. ¿En qué medida esa condición vuestra ha contribuido a forjar una sensibilidad más profunda y abierta sobre la realidad? DG: Las miradas cruzadas se pueden pensar en el espacio y también en el tiempo. Si tuviera que decir qué es vivir fuera de mi país y mi cultura (¡hace treinta y cinco años casi!), es como una cebolla de la cual cuando llegas se despoja de la primera capa, si te quedas dos semanas se desprende otra, y si te quedas mucho tiempo la cebolla llega a su esencia. No siempre es una experiencia agradable, pero nada lo es siempre. MT: En mi caso responde a distintas cosas. Cuando una es joven y está abierta a experiencias nuevas, al principio todo resulta interesante. Pero después me gusta la sensación de pertenencia, no solo a un lugar físico, también a un entorno de personas. Cuando pienso en otros aspectos de estar aquí, es un lujo ser extranjera, porque siempre la gente te permite equivocarte y te da un margen de error mayor. Es más difícil que te encasillen. Esta situación da mucha libertad, y con el tiempo me he dado cuenta de lo mucho que lo aprecio. Lo mismo sucede con el tema de la mujer en la arquitectura, en el fondo producto de esta búsqueda de libertad que pasa por no tener que ajustarte a un modelo ni a una definición limitada y preestablecida. Se ha de hacer todo para buscar la libertad del individuo, siempre desde la responsabilidad que significa pertenecer a un colectivo. Reconozco que ser extranjera en España es un privilegio. Hay mucha tolerancia, aceptación y menos prejuicios que en otros sitios. Estoy muy agradecida. A.P: Este movimiento cultural trasatlántico, esencialmente anglosajón (UK-USA), podría convertirse en un modelo de intercambio cultural a nivel global. A la globalización del comercio, las comunicaciones y la banalización de la imagen, deberíamos procurar reforzar las interrelaciones culturales. Estáis ahora una en Madrid otra en Barcelona, situación que, si pasamos de largo la sempiterna rivalidad entre las dos ciudades, refleja la vigencia del modelo de la concentración como estímulo cultural. Más allá de una tal vez trivial por inmediata mirada al campo como contrapunto, ¿la dicotomía a la que tendríamos que prestar atención no estaría más bien en la ciudad intermedia versus metrópoli? En España (os lo pregunta un periférico), ¿cómo podríamos des -centralizar este discurso hacia lo intermedio? DG: Rechazo este tipo de identificaciones generales de yo soy de allí, tú de aquí, que omiten la persona. Martha Thorne > PALIMPSESTO #22 Chic socioambiental (Otoño 2020) 04 arquitectura hospitalaria. No todo el mundo puede diseñar un hospital, y ¿por qué no se enseña en las escuelas? Pues porque es muy complejo. Se trata más bien de un edificio en el que se pueden diseñar buenos espacios arquitectónicos donde trabaja mucha gente que pasa mucho tiempo. Pero además hay especificidad. No es lo mismo proyectar en Bogotá que en Barcelona, son situaciones muy diferentes y no solo geográficas. Los alumnos deben adquirir esta habilidad de pensar y analizar pensando también en la especificidad de cada lugar. Yo diría que para mí estos dos temas son los más importantes: pragmatismo y especificidad. MT: Un hospital es difícil, quizás también porque nuestra definición de hospital está cambiando o debe cambiar. Tal vez porque es muy difícil o por muchas otras razones. Preferiría que los alumnos por un lado supieran cómo abarcar el problema, afrontar el reto de diseñar un hospital desde un proceso riguroso de cómo se investiga, cómo se integra a los expertos. Pero por otro lado es imprescindible que sean capaces de cuestionar si el hospital es el mejor formato que podemos tener hoy en día o hay otras formas de servicios de salud y necesitamos transformar el modelo. Por eso no me encaja esa idea que vemos en tantos cursos, curso de vivienda, curso de hospitales...ya hemos visto con la COVID que esas definiciones se caen en cuatro meses, en nada. No hay ninguna profesión que aporte tanto valor en una situación cambiante como la arquitectura. La formación también debe abordar las dos cuestiones que mencionabas en relación a la crítica, cuestionar y empujar las cosas a evolucionar, a adaptarse a las nuevas realidades. Veo un problema grande en la arquitectura, en la educación y en la construcción. De lo contrario, ¿cómo avanzará la construcción si no son los arquitectos quienes traten de cambiar lo que no ha cambiado en décadas? Porque si no cambia, estamos en un punto muy peligroso respecto a la sostenibilidad, al agotamiento de los recursos que usamos y, por supuesto, este inmovilismo se traslada a la preparación de los alumnos. Los estudiantes que terminan ahora tendrán 50 años de carrera por delante y si les enseñamos cosas que valen para hoy o para los próximos 10 años no estaremos haciendo bien nuestro trabajo. Me parece fundamental que la formación de un arquitecto deba procurar que, si no tiene herramientas, se le enseñe a conseguirlas. No solo se trata del espíritu crítico; también como la cualidad de las esponjas, se trata de ser capaz de absorber situaciones nuevas y de transformarse de manera continua. DG: Pero para abordar un tema hay que entenderlo. Cuando hablo de la especificidad de la arquitectura como puede ser la de un hospital o cuando hablamos de la tecnología, hay que tener la preparación suficiente para entender qué significa esta tecnología. Los estudiantes han de tener claro que van a diseñar instalaciones muy flexibles que irán cambiando cada dos por tres. Esto no se ha enseñado hasta ahora sino más bien se les ha dicho “esto es una escuela, esto es un hospital”, cuando hay que ser capaz de anticipar los nuevos modelos y estar abierto a la tecnología del futuro pero, a la vez, entender qué es un quirófano. Se trata de encontrar el equilibrio. A.P: Por último, nos gustaría pediros un tema de reflexión para nuestros lectores. Una llamada a originales que tradicionalmente, no sé si desde el oficio o desde la capacidad de adaptación, responden con una serie de aportaciones que seleccionadas y revisadas publicaremos en el próximo número. DG/ MT: Replantear la arquitectura del futuro. ¿Qué significa? cuenta de diferentes enfoques, pero también de algunos puntos en común. ¿Cuáles serían en vuestra opinión los objetivos hoy de los premios en la arquitectura? MT: Hay tantas funciones y objetivos como premios, y es un gran problema porque hay muchísimos. Por un lado, reconocen talento, excelencia, promueven un punto de vista, un producto, un material, animan a otros a que sigan un camino, a ser inspiradores. También hay premios para invenciones, para estimular desarrollos de ideas. Hay maneras muy diversas de elegir un ganador, muchas de ellas válidas. Lo importante es asegurar la coherencia en el objetivo del premio con el procedimiento de elección. La dificultad aparece cuando se establece un enfoque que no se refleja en la organización, en los procesos, en la decisión. En cuanto al Pritzker, me alegra que esté evolucionando, poniendo más énfasis en el reconocimiento a la obra construida y servicio a la humanidad por un arquitecto, arquitecta, o arquitectos como es el caso este año. Al principio este premio se centraba más en el nombre de la persona o del país de su nacimiento. DG: Yo estoy muy en contra de esta nueva idea del premio como negocio. Los arquitectos pagan mucho dinero por ver sus obras delante de un determinado público, y creo que no dignifica la profesión. Los premios Pritzker, Mies, los mismos FAD no son así, tampoco el premio Oscar Niemeyer (ON) de arquitectura latinoamericana en el que he estado en el jurado y he contribuido a establecer. El premio Mies es un reconocimiento a una obra concreta que se da cada dos años. Lo empezaron Ignasi de SolàMorales, Kenneth Frampton y Xavier Rubert de Ventós, con la idea de ser una especie de radiografía bianual de la arquitectura europea. No solo era el premio sino también esa panorámica de 25 o 30 obras seleccionadas que se publicaban, exhibían en muchos sitios, a través de una colección de maquetas y documentación que construyen una base de datos importante de esta arquitectura europea desde finales de los años 80. Subrayaría la importancia de la idea del reconocimiento de la excelencia que comparten tanto el Pritzker como el Mies. En el caso del Pritzker a una carrera, lo cual es interesante porque sirve de radiografía de la arquitectura de los últimos años, e incide en la idea de documentarla. Esta doble base de datos puede ser de gran utilidad y ayudar a la gente joven y al público. MT: Por aclararlo, no se premia exactamente una carrera en el Pritzker, se reconoce un conjunto de obra construida, porque si fuera así probablemente habría que incluir los libros o la actividad docente. Desde la visión europea, es interesante señalar cómo el Pritzker proviene de la iniciativa de una familia que creó una fundación cuyo único objetivo es otorgar el premio. La fundación no tiene un comité grande, se gasta poco dinero en administración, pero apoya mucho la labor del jurado, el premio en sí y la ceremonia, y lo convierte en una cuestión casi personal de una familia que apoya la arquitectura. Sin embargo, en contraste con esa dedicación tan íntima con el premio, jamás la familia ha preguntado ni siquiera quiénes son los nominados por el jurado. Más bien al contrario, siempre apoya y respalda las decisiones del jurado del que respeta escrupulosamente su independencia. Creen que es el valor máximo del premio. Precisamente parte de mi trabajo es protegerlo de las influencias y presiones de fuera, a diferencia de otros premios como los que señala Diane, donde hay poca ética en este sentido. A.P: Si la arquitectura es producto de un interés colectivo, tendríamos que mirar también más allá de sus autores. No hay buena arquitectura sin un buen cliente. Esa dimensión colectiva también merece un reconocimiento… MT: En esto el premio Aga Khan es el mejor exponente. Aunque no tenga tanta resonancia en la sociedad, es muy positivo porque reconoce al conjunto de participantes en una obra. Tal vez ahora el Pritzker se haya orientado a conectar mejor la arquitectura con la sociedad, aquella que tiene más repercusión en su forma de pensar. DG: El Aga Khan es muy interesante. A mí particularmente me ha abierto las puertas a una arquitectura que de otro modo sería invisible. También son muy importantes los premios más localizados y el Aga Khan de alguna manera se identifica con la arquitectura de los países musulmanes. Lo mismo sucede con el FAD que es ibérico y lleva 63 años. Es el premio más antiguo de Europa. Estos premios especializados geográficamente son muy importantes también porque abren las puertas a tener una visión más amplia y rica de lo que está pasando en el mundo. MT: En la arquitectura hay cada vez más diversidad de enfoques. Hemos pasado de una época de formas y grandes gestos, a apreciar la variedad. En mi opinión, es lo adecuado porque según el contexto, la necesidad, la arquitectura responde de una forma distinta. Puede ser profunda, cultural, sostenible, tecnológica, cosa que también me interesa, y solo estamos al principio. Hace décadas la tecnología facilitaba el trabajo normal de un profesional, pero ahora abre puertas, es posible manipularla para fines que van mucho más allá. En este sentido la profesión del arquitecto por su formación, por su capacidad creativa y su forma de afrontar los nuevos retos podría abrazar la tecnología y usarla de una forma novedosa. Creo que hay aún algo de resistencia contra ella, tal vez sea algo generacional pero la imagino no solo aplicada a la construcción y a los procesos, también al espacio. Puede ayudar a interpretar, a simular un futuro para experimentar con nuevas situaciones, para entender el comportamiento de nuevos materiales, para miles de cosas. Estamos en un momento frontera y creo puede ser muy interesante. Me apasiona imaginar cómo será la arquitectura dentro de 50 años. A.P: Permitidme una pregunta tal vez más a ras de suelo. De toda vuestra trayectoria, ¿con qué premio os quedaríais? ¿Aquellos que van por delante como decíamos antes? ¿Qué premiado os ha causado mayor impresión? MT: Me quedo con los que iluminan cosas que importan que aún no están iluminadas. Mujeres, sostenibilidad, incluso participación...reconocer el talento y permitir que florezca. Me gusta lo que dices de mirar hacia el futuro. Está en la naturaleza de la arquitectura imaginar el futuro, por lo que si un premio puede integrar esa visión sería muy positivo. DG: De los distintos premiados del premio Mies tengo que admitir que cuando Zaha Hadid ganó con el proyecto de Estrasburgo me alegró mucho. Era la primera mujer que ganaba, era un programa de lo más cotidiano, incluso banal, ¡un aparcamiento! Siempre digo a mis estudiantes: no hay excusa, si Zaha Hadid puede hacer esto con un aparcamiento no puedes decir que tienes un problema con el programa. Cualquier cosa que hagamos como arquitectos puede ser una buena pieza que contribuya a la construcción de la ciudad. Me parece muy relevante la diversidad, que entren más voces, mujeres, otros contextos menos eurocéntricos. Por ejemplo, estoy muy interesada en lo que está pasando en África. Sabemos que la diversidad aporta muchísimo a la arquitectura y a la cultura. La pandemia está haciendo ver esta situación paradójica y simultánea, el mundo es cada vez más grande y más pequeño. La formación A.P: Si el futuro pasa por la formación, parece natural y de absoluta coherencia esta conexión con las instituciones académicas que vuestras trayectorias ponen de manifiesto. ¿Qué supone o ha supuesto para vosotras el paso por las aulas? MT: El gran reto de la arquitectura es mantener la profundidad de su esencia, de sus fundamentos, porque es una profesión algo distinta a las otras y por tanto su enseñanza también lo es. Es un gran valor no solo participar en la confección del medio ambiente construido sino también entenderlo, asumir su significado múltiple y compartido con todo el mundo. Por tanto, la gran dificultad reside en equilibrar esa profundidad disciplinar con un entendimiento amplio del contexto, de los muchos papeles que pueden desarrollar los arquitectos y cómo pueden tener un efecto positivo en lo que hacen. Creo más en la faceta social-política de la arquitectura que en enseñar a los alumnos cómo construir clínicas en África. En la universidad tenemos que asegurar que los alumnos tengan las herramientas disciplinares, pero con la libertad de abarcar horizontalmente distintos campos. Les decimos “enlarge the role of architecture to be relevant”; impulsar, exigir y animarles a encontrar su camino desde esa profundidad disciplinar, pero con la integración de las disciplinas afines o colindantes para entender y actuar en el mundo. DG: Para mí es importante destacar dos cosas. Por un lado, creo, y esto va ligado con lo que estábamos diciendo antes, que las escuelas tienen que aportar dosis de pragmatismo. Estamos en una situación urgente, con temas como el medio ambiente, la pandemia, que nos señalan que hemos de atender al desequilibrio entre la naturaleza y el mundo construido. Es uno de los motivos por los que hemos puesto el acento en el tema de salud a través del máster en