Patrimonio cultural inmaterial en las Reservas de la Biosfera cantábricas: la recuperación de la toponimia en los Valles de Omaña y Luna (León)
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Estudios Geográficos Vol. LXXIX, 284, pp. 191-208 Enero-junio 2018 ISSN: 0014-1496 eISSN: 1988-8546 https://doi.org/10.3989/estgeogr.201808 Copyright: © 2018 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0). Patrimonio cultural inmaterial en las Reservas de la Biosfera cantábricas: la recuperación de la toponimia en los Valles de Omaña y Luna (León)* Cultural heritage in Cantabrian Biosphere Reserves: recovering Omana and Luna Valleys toponymy Alipio J. García de Celis1, Luis Carlos Martínez Fernández2 e Ignacio Prieto Sarro3 Resumen La Reserva de la Biosfera de los Valles de Omaña y Luna (Cordillera Cantábrica, León, España) ha iniciado un procedimiento para recuperar y cartografiar el patrimonio toponímico extraordinariamente rico que cubre su territorio como una malla invisible, inmaterial. Se está llevando a cabo mediante un método participativo en el que se implica a la población local. Los resultados se elevan al Instituto Geográfico nacional y quedan incorporados en la cartografía pública disponible a través del visor Iberpix-4. Es un ejemplo de metodología para la recuperación de la toponimia como parte del patrimonio cultural inmaterial. PalabRas clave: toponimia, reservas de la biosfera, patrimonio cultural inmaterial. * Este estudio ha sido facilitado por la Reserva de la Biosfera, como parte de la Línea Estratégica 1 (Conservación del patrimonio natural y cultural. acción: Recuperación del patrimonio cultural inmaterial), de su plan Estratégico. 1 Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Valladolid [email protected] ORCID iD: http://orcid.org/0000-0003-3314-3166 2 Facultad de Educación de Segovia, Universidad de Valladolid [email protected] ORCID iD: http://orcid.org/0000-0002-3116-1750 3 Servicio de Cartografía, Universidad de León ORCID iD: http://orcid.org/0000-0003-0049-2845
192 ALIPIO J. GARCíA DE CELIS, Et AL. Estudios Geográficos, Vol. LXXIX, 284, pp. 191-208, enero-junio 2018 ISSN: 0014-1496, eISSN: 1988-8546, doi: https//doi.org/10.3989/estgeogr.201808 abstRact the Biosphere Reserve of the Omaña and Luna Valleys (part of the Great Cantabrian, Leon, Spain) has started a process of mapping and recovering the toponymic patrimony that extends throughout the territory like an invisible and immaterial mesh. this task is being carried out in a collaborative way with the implication of the local population. the results are passed on to the national Geographical Institute that subsequently incorporates them into the public cartography available through the Iberpix-4 visor. this is an example of a methodology that can be used to recover the toponyms of an area as part of the immaterial cultural patrimony. Key woRds: toponymy, biosphere reserves, immaterial cultural patrimony. cómo citaR este aRtículo/citation: García de Celis, Alipio J., Martínez Fernández, Luis Carlos, Prieto Sarro, Ignacio (2018): “Patrimonio cultural inmaterial en las Reservas de la Biosfera cantábricas: la recuperación de la toponimia en los Valles de Omaña y Luna (León)”, Estudios Geográficos, LXXIX/284, pp. 191-208 IntroduccIón «La terca y minuciosa labor de campesinos y pastores, durante siglos, se resume en un corpus de prácticas y conocimientos, en gran parte borrado por la irrupción de saberes deslocalizados que se originan en las mallas de la ciencia y tecnología trasnacional. Una fracción de aquel corpus la componen los restos de la tradición, el legado etnográfico. Otra parte, no menos ruinosa, es el mapa de nombres que, sobrepuesto al territorio, espiritualiza los terrones y asperezas del suelo con sus fonemas heredados. El conjunto de nombres geográficos de un término municipal, su micro-toponimia total, puede leerse como un texto que representa una teoría del lugar, contada desde la vida y el trabajo de sus pobladores» Pascual Riesco Chueca (2010: 7). A partir del verano de 2015, la Reserva de la Biosfera Valles de Omaña y Luna (León) ha puesto en marcha una iniciativa para recuperar el patrimonio cultural inmaterial que constituye la abundantísima red de nombres que cubre todo el territorio. La toponimia, en estos espacios montañosos aprovechados tradicionalmente por usos agrarios y ganaderos, es como una invisible pero tupida malla cuyos nudos son palabras transmitidas de generación en generación a lo largo de siglos. El actual abandono ha dejado sin utilidad práctica esa malla de nombres y referencias, y el despoblamiento y envejecimiento hacen prever su inminente pérdida definitiva e irremediable. Hoy los topónimos quizá no tengan
193 patRImoNIo CuLtuRaL INmatERIaL EN LaS RESERVaS dE La BIoSfERa CaNtáBRICaS Estudios Geográficos, Vol. LXXIX, 284, pp. 191-208, enero-junio 2018 ISSN: 0014-1496, eISSN: 1988-8546, doi: https//doi.org/10.3989/estgeogr.201808 la utilidad que tenían para los pastores y campesinos hasta hace cincuenta años, pero siguen teniendo muchas otras: las que se derivan del valor de esas palabras como codificaciones de un conocimiento empírico atesorado durante siglos, las de su valor léxico, arqueológico e histórico en general, y las de su valor, en definitiva, como elementos de un patrimonio cultural extraordinario4. Exponemos a continuación el planteamiento, el método utilizado y algunos de los resultados obtenidos en el intento recuperar y conservar este patrimonio. característIcas terrItorIales del Área de estudIo y PlanteaMIento del ProbleMa La Reserva de la Biosfera de los Valles de Omaña y Luna (figura 1) es un territorio de montaña media y alta, con elevada altitud media, fuertes pendientes, clima y vegetación de transición atlántico-mediterránea, suelos poco profundos y densa red de manantiales, arroyos y ríos. tradicionalmente fue un espacio de aprovechamiento ganadero y en menor medida agrícola, orientado a la subsistencia, organizado a partir de pequeños núcleos de población de 100 a 300 habitantes de media y con una extensión de entre 10 y 20 Km2 de terreno —el denominado término concejil— alrededor de cada pueblo. En torno al núcleo de población se ordenaban los usos desde el ámbito más cercano hacia lo más lejano: huertas, prados de siega y tierras de centeno (divididas en parcelas de titularidad privada) y pastos comunales, puertos y brañas (de titularidad pública: pertenecientes al común de los vecinos) destinados a los diferentes tipos de ganado5. tanto la rotación de los cultivos de secano (centeno) como el manejo de los ganados se organizaba comunalmente en cada pueblo, mediante un órgano —el concejo— que regulaba usos y aprovechamientos ajustándose a unas Ordenanzas seculares establecidas de común acuerdo entre los vecinos (plasmadas por escrito en muchos casos en el siglo XVIII, habiéndose conservado hasta nuestros días las de varios pueblos)6. 4 Desde la Geografía, el interés suscitado por la dimensión espacial de los nombres de lugar ha quedado puesta de manifiesto por, entre otros: Arroyo, 2010; Rosselló, 2010; tort, 2001; 2003; 2010; 2012. 5 En el caso de Omaña, Cortizo et al. (1994) han realizado un detallado análisis de este modelo de uso del territorio y su decadencia a partir de los años 50; en el caso concreto de Murias de Paredes analizaron el caso de Villanueva de Omaña. 6 Rubio (1993) ha realizado un detallado trabajo sobre las Ordenanzas leonesas, en un trabajo que incluye una transcripción de las correspondientes a tres localidades de Murias de
194 ALIPIO J. GARCíA DE CELIS, Et AL. Estudios Geográficos, Vol. LXXIX, 284, pp. 191-208, enero-junio 2018 ISSN: 0014-1496, eISSN: 1988-8546, doi: https//doi.org/10.3989/estgeogr.201808 FIgura 1 MAPA DE SItUACIón. En EL RECUADRO, EL áREA DE tRABAJO En LA QUE SE EJEMPLIFICA LA RECUPERACIón tOPOníMICA: EL EntORnO DE LA LOCALIDAD DE VEGAPUJín (ver figuras 2 A 4) Los ganados de todos los vecinos se juntaban a diario en veceras (una para cada tipo de ganado) custodiadas por turnos por los propios vecinos7. Cada vecera realizaba unos recorridos de pastoreo perfectamente establecidos y regulados, diaria o estacionalmente, con base en una experiencia de siglos de funcionamiento. Una organización comunitaria de un territorio tan extenso y orográficamente complicado exigía un perfecto conocimiento del medio y una localización e Paredes: Fasgar (1757), Lazado (1762), Montrondo (1785). En el mismo sentido, Pérez (1998) es autora de un trabajo sobre el sistema concejil omañés en el cual, amén de las ordenanzas de las ya citadas localidades, se transcriben las de Posada, torrecillo y Vegapujín (1751) y las de Senra (1786). 7 Sobre el término vecera, su uso en León y las limitaciones de la definición académica, puede consultarse a Le Men Moyer (1996: 1931-4). Gancedo (2013: 215, 321) recoge —en patsuezu— los términos veceira y veceirada.
195 patRImoNIo CuLtuRaL INmatERIaL EN LaS RESERVaS dE La BIoSfERa CaNtáBRICaS Estudios Geográficos, Vol. LXXIX, 284, pp. 191-208, enero-junio 2018 ISSN: 0014-1496, eISSN: 1988-8546, doi: https//doi.org/10.3989/estgeogr.201808 identificación exacta de cada rincón y cada lugar, lo que implicaba una rica toponimia que cubría exhaustivamente toda la superficie del término concejil. Los vecinos adquirían el conocimiento de estas destrezas mediante su participación en el cuidado de las veceras de ganado desde la infancia, realizando a diario unos recorridos en los que iban memorizando los nombres de cada lugar mediante la transmisión oral de los mayores hacia los pequeños, al tiempo que adquirían las habilidades necesarias para el manejo del ganado, y aprendían los itinerarios, paradas, ritmos, horarios, etc. que exigía cada tipo de vecera. Junto a la complicada jerga, hoy en desuso, relacionada con la ganadería8, un ingrediente fundamental en toda regulación descrita es el acervo toponímico que permite la referenciación espacial de la misma: «…y se entiende que los sitios de donde pueden traerlas son desde el lugar hasta reguera luengo y en curuezas desde que se sale del lugar hasta el remate de la rodera que va al justo Fernando […/…] por el camino arriba y abajo ni el saleras del lugar ni en otra ninguno ni bajarlas por la reguera del manzanal abajo […/…] en todos los valles de buzquemado y el molar» (Ordenanzas de Montrondo, 1785. Art. 9). La transmisión práctica y oral de estos conocimientos, de generación en generación, hacía que fuesen evolucionando, lo que podía significar el cambio en la forma de pronunciar algunas palabras, o incluso su sustitución en algunos casos, probablemente, pero también es lógico suponer que con la mayoría de ellos se han conservado nombres muy antiguos, que relacionan ciertos lugares con usos, hechos, construcciones, animales o plantas desaparecidos. Ello otorga a la toponimia, aparte del interés filológico, arqueológico o antropológico, un interés extraordinario en la reconstrucción de la historia del paisaje (Gordón, 2011; Prada, 2004; Prada et al., 2013). En cualquier caso, todo ello constituía un acervo, una cultura, una ciencia local, destilada a través de un ejercicio de siglos, orientada a la excelencia en el aprovechamiento de los recursos locales. El ordenamiento y gestión que acabamos de describir deja de funcionar entre los años 50 y 70 del siglo XX. La integración de estos territorios en la economía industrial contemporánea significa una transformación radical en los tipos de ganado y en su aprovechamiento, y un abandono absoluto de los usos agrícolas. La población emigra en busca de trabajos en las ciudades, y los vecinos que se quedan transforman sus explotaciones: del modelo de subsistencia anterior se pasa rápidamente a una ganadería de orientación comercial, en una primera fase hacia el vacuno de leche estabulado (años 70-90), y en una segunda fase 8 Hablan las ordenanzas, por ejemplo, de jatos moseos (terneros de un año), de «echar al contario» (aparear ganados caballar y asnal para obtener ganado mular), etcétera.
196 ALIPIO J. GARCíA DE CELIS, Et AL. Estudios Geográficos, Vol. LXXIX, 284, pp. 191-208, enero-junio 2018 ISSN: 0014-1496, eISSN: 1988-8546, doi: https//doi.org/10.3989/estgeogr.201808 hacia el vacuno de carne en régimen extensivo (desde los años 90 hasta la actualidad). tanto uno como otro tipo de ganado ya no requiere el manejo anterior, y el aprovechamiento del medio ya no es exhaustivo. Resultado: el abandono de gran parte del territorio, que pasa a ser reocupado por la vegetación natural, matorrales en una primera fase, y bosques en una siguiente, proceso de regeneración que está en pleno desarrollo en la presente primera década y media del siglo XXI. La consecuencia de todo lo anterior es la caída en desuso de la toponimia, pues ya no es necesario el manejo cotidiano de la totalidad del territorio entre diferentes vecinos, y ya no hay niños ni jóvenes que necesiten aprenderlo. Otra consecuencia es la desaparición y caída en el olvido de los recorridos de las veceras. tales conocimientos ya sólo reposan en la memoria de las personas que vivieron ese sistema, hoy ya con más de sesenta o setenta años de edad. En el caso de los topónimos es urgente —habida cuenta de dicha avanzada edad de la mayoría de los potenciales informantes— rescatar esos conocimientos, y organizarlos de alguna manera o en algún tipo de documento que garantice que no se pierdan y pasen a engrosar el listado de lo que Riesco (2010: 22) ha denominado «topónimos fantasmales»9. Siendo inevitable que, al menos en el contexto actual de abandono generalizado de los espacios rurales, se interrumpa la dinámica de creación, sustitución o modificación de topónimos en función de las realidades cambiantes de los parajes (sustitución de cultivos, hechos notables acaecidos en los mismos, etcétera), conviene habilitar, al menos, un registro que haga las veces de inventario toponímico y que, en la medida de lo posible, arroje luz sobre su relación con un espacio concreto. un Método Para la recuPeracIón de la MeMorIa del terrItorIo Ante la constatación de la urgencia antes mencionada, desde La Reserva de la Biosfera de los Valles de Omaña y Luna se pone en marcha en el verano 9 Ya a mediados del siglo pasado, Rubio (1956: 256) se percató de la rapidez de estos procesos, entonces incipientes, de pérdida de identidad cultural: «Creemos oportuno señalar que el material del presente vocabulario fue recogido en los años 1940-1945. Si este trabajo se hubiera realizado a principios del siglo, tal vez aparecieran en él algunas palabras más: asimismo, es seguro que dentro de medio siglo no quedará rastro de muchos vocablos que hoy figuran en él. tal es el ritmo acelerado que se observa en la evolución del lenguaje de aquel valle, en otro tiempo recoleto y patriarcal, y en la actualidad abierto a toda clase de influencias extrañas, a pesar de que no han mejorado en un ápice sus comunicaciones con el exterior».
197 patRImoNIo CuLtuRaL INmatERIaL EN LaS RESERVaS dE La BIoSfERa CaNtáBRICaS Estudios Geográficos, Vol. LXXIX, 284, pp. 191-208, enero-junio 2018 ISSN: 0014-1496, eISSN: 1988-8546, doi: https//doi.org/10.3989/estgeogr.201808 de 2015 una iniciativa de recuperación de la toponimia y de la utilización tradicional de los recursos naturales, en el territorio de cada Junta Vecinal10. Respecto a otro tipo de iniciativas habidas al respecto —académicas11, de instituciones privadas12 o de estudiosos13— se pretende en este caso dar un carácter sistemático al trabajo, tanto espacialmente —llegando a cubrir todos los términos concejiles— como en lo referido a la metodología empleada — usando un esquema de proceso común que permita una homogeneización de los resultados y que incluya, como aspecto fundamental, la georreferenciación de la toponimia—. Aparte del valor científico de los resultados esperables para la iniciativa, así como su contribución al mantenimiento de la identidad cultural de estos pueblos, el proyecto tiene la virtualidad de influir positivamente en la dinámica social, favoreciendo las relaciones intergeneracionales, el apego a la tierra de los jóvenes y de los emigrados y contribuyendo a romper la dinámica de falta de iniciativa sociocultural. Así, el trabajo de recuperación puede suponer que, haciendo de la necesidad virtud, las limitaciones de las personas de edad provecta en la identificación en los recursos de geolocalización —bien sean analógicos o digitales— de parajes que han formado parte de su cotidianeidad, o en el manejo de tecnologías informáticas, den pie a la aparición de un espíritu de colaboración entre jóvenes o adultos y ancianos, potenciándose el aprecio y respeto mutuo a las capacidades de cada cual. De otra parte, el conocimiento de las peculiaridades del territorio (toponimia, pautas de manejo ganadero tradicional) puede constituirse en un ingrediente fundamental en el empeño de que se creen «lazos de afecto hacia 10 Una iniciativa que forma parte del Catálogo abierto del patrimonio inmaterial de las Reservas de la Biosfera españolas (Fundación Fernando González Bernaldez, 2016: 164-165). 11 tal es el caso de diversas memorias de licenciatura promovidas desde el ámbito universitario leonés, bien sea publicadas —p.e, Orallo (Llamazares, 1990)— o inéditas —p.e., torrestío (Velado, 1985). 12 Podemos mencionar el Concurso de Recogida de toponimia «Concha de Lama» del Club Xeitu, del cual han tenido lugar ya cuatro ediciones: su ámbito geográfico son los municipios de Villablino, Murias de Paredes, Riello, Valdesamario, Soto y Amío, Páramo del Sil, Palacios del Sil, San Emiliano, Cabrillanes, Sena de Luna y Barrios de Luna (provincia de León) y Pola de Somiedo, Cangas del narcea y Degaña (Principado de Asturias). Asociado a tal concurso, el Club Xeitu ha puesto en marcha la publicación de la Serie toponimia, con títulos referidos, hasta la fecha, a las localidades de La Majúa, La Vega de los Viejos, Montrondo (García, 2014), Rabanal de Abajo y Lumajo (en preparación, Sabugo). 13 Cabe destacar la labor de recopilación llevada a cabo por el agustino Fernando Rubio álvarez y publicada a mediados del s. XX (Rubio, 1964).
198 ALIPIO J. GARCíA DE CELIS, Et AL. Estudios Geográficos, Vol. LXXIX, 284, pp. 191-208, enero-junio 2018 ISSN: 0014-1496, eISSN: 1988-8546, doi: https//doi.org/10.3989/estgeogr.201808 la tierra» (Riesco, 2010: 8) y de que las personas que no vivieron el sistema agrario tradicional sean «forasteras en su propio país»14. Por último, estamos ante una actividad de participación de los colectivos locales de las que se vienen considerando necesarias para promover los estados de ánimo sociocomunitarios que se constituyen en vectores clave para el impulso del desarrollo endógeno. Para ello, a lo largo de los meses de verano, pues es cuando hay más gente en los pueblos, pasando parte de sus vacaciones, se convoca a los vecinos de cada pueblo a un encuentro en el que se les plantea la conveniencia de proceder, mediante un trabajo voluntario y comunitario, a recuperar esa memoria, en el que los mayores aporten sus recuerdos y los jóvenes la capacidad de interpretar el territorio en documentos cartográficos, en la medida de las posibilidades que haya en cada núcleo. Se les invita a recuperar todos los topónimos que puedan recordar, y a situarlos en unos mapas que se les entregan a propósito. Al tiempo se les propone que, mediante un ejercicio también memorístico, reconstruyan los recorridos que hacía cada tipo de ganado. todo ello se sugiere a modo de actividad lúdica y a desarrollar de manera comunitaria y compartida, que sirva para que los mayores se sientan valorados en su papel de garantes de una memoria colectiva que atesora unos conocimientos importantes, y para que los más jóvenes aprendan una realidad cada vez más desconocida de la historia de la tierra de sus orígenes. El método que se ha aplicado consta de las fases que se desarrollan a continuación. a) PreParacIón de la cartograFía de base Se trata de una fase fundamental del trabajo, habida cuenta de que numerosas recopilaciones y trabajos toponímicos presentan, como carencia fundamental, la falta de geolocalización. En el caso de investigaciones de cierta antigüedad, se trata de una laguna que pudiera responder bien al paradigma dominante, en el ámbito de los estudios filológicos, respecto a la metodología a emplear en estos trabajos o bien a limitaciones técnicas15. 14 Gaspar Melchor de Jovellanos, Discurso dirigido a la Real Sociedad de Amigos del País de Asturias sobre los medios de promover la felicidad de aquel Principado (Madrid, 22 de abril de 1781). 15 Por ejemplo, es poco probable que Guzmán álvarez tuviera acceso a cartografía 1:50.000 para elaborar su conocida tesis doctoral El habla de Babia y Laciana (1947), que incluye una recopilación toponímica; las cuatro hojas del Mapa topográfico nacional de la zona fueron publicadas entre 1946 y 1951.
199 patRImoNIo CuLtuRaL INmatERIaL EN LaS RESERVaS dE La BIoSfERa CaNtáBRICaS Estudios Geográficos, Vol. LXXIX, 284, pp. 191-208, enero-junio 2018 ISSN: 0014-1496, eISSN: 1988-8546, doi: https//doi.org/10.3989/estgeogr.201808 A lo largo de los meses de junio y julio de 2015 se lleva a cabo un trabajo previo de recopilación de los documentos de base y preparación de la cartografía que luego se entregará en cada pueblo. Los mapas base se obtienen de la página web del Instituto Geográfico nacional, a través de su Centro de Descargas del CnIG (http://centrodedescargas.cnig. es/CentroDescargas/). Se utilizan en concreto las hojas del Mapa topográfico nacional E. 1:25.000. El siguiente paso es saber cuál es el término de cada Junta Vecinal, es decir, cuál es su territorio administrativo concreto, y delimitarlo sobre el mapa topográfico, con el objetivo último de entregar en cada lugar no un mapa genérico, sino «el mapa de mi pueblo». Esta es una información que no fue fácil de conseguir en nuestro caso, pues las Juntas Vecinales no tienen —no tenían hasta ese momento— mapas de su término. Sólo hay dos posibles soluciones para obtener esta información, que es fundamental: – Una solución es que una persona con conocimientos técnicos de cartografía/topografía recorra el territorio de cada Junta Vecinal mapa en mano y, acompañado por una o más personas conocedoras de los lindes y mojones de su pueblo con los pueblos vecinos, deje constancia precisa de los mismos mediante el uso de un GPS. Se trata de un método costoso en tiempo, dinero y esfuerzo que suele tener la dificultad añadida de la imposibilidad de que los prácticos en la cuestión recorran las mojoneras, dada su avanzada edad y lo quebrado de los terrenos por los que estas suelen discurrir. – Otra solución es conseguir la cartografía de los deslindes mediante el recurso a fuentes de información escrita o cartografías preexistentes: – Deslindes antiguos: existen algunos deslindes antiguos en los archivos vecinales, si bien suele ser difícil su interpretación por los cambios habidos en la toponimia —especialmente en el caso de aquellos de fechas muy distantes en el tiempo16—. – Actas y Cuadernos de Campo: se trata de una documentación textual y gráfica que obra en poder del Instituto Geográfico nacional. Son deslindes de términos administrativos —realizados como paso previo a la elaboración del Mapa topográfico nacional y transpuestos posteriormente a las denominadas «pañoletas» de escala 1:25.000—, generalmente de municipios, aunque en algunas ocasiones también de términos anejos —no es el caso de los municipios de esta zona—. 16 En el caso de Montrondo, hay un deslinde del año 1643 (García, 2014: 91).
206 ALIPIO J. GARCíA DE CELIS, Et AL. Estudios Geográficos, Vol. LXXIX, 284, pp. 191-208, enero-junio 2018 ISSN: 0014-1496, eISSN: 1988-8546, doi: https//doi.org/10.3989/estgeogr.201808 FIgura 4 RESULtADO FInAL En EL VISOR DEL IBERPIX, tAL COMO APARECE En LA ACtUALIDAD En definitiva, podemos destacar como resultado primero, y más importante, que se está consiguiendo la preservación de una parte muy significativa del acervo cultural del territorio de la Reserva de la Biosfera, como es la toponimia, pero con la particularidad de que se está consiguiendo la preservación de la toponimia localizada en el mapa, georreferenciada, no meros listados de topónimos.
207 patRImoNIo CuLtuRaL INmatERIaL EN LaS RESERVaS dE La BIoSfERa CaNtáBRICaS Estudios Geográficos, Vol. LXXIX, 284, pp. 191-208, enero-junio 2018 ISSN: 0014-1496, eISSN: 1988-8546, doi: https//doi.org/10.3989/estgeogr.201808 En segundo lugar, esa recopilación se está trasladando a una plataforma homogeneizadora y de difusión general, como es el Instituto Geográfico nacional, por lo que estará disponible para todo tipo de investigadores e interesados. dIscusIón La experiencia ha contribuido a revalorizar aspectos de la cultura local que se daban por perdidos, por irrecuperables o por inútiles, dándoles un carácter de patrimonio cultural inmaterial que puede tener, en el futuro, nuevas utilidades (ligadas por ejemplo a la investigación filológica, arqueológica, ambiental, etc.). todo ello, realizado por los propios habitantes, ha generado también interesantes dinámicas intergeneracionales. Se está utilizando la experiencia para comenzar a recuperar otros saberes tradicionales ligados al territorio y a su uso y aprovechamiento: pagos de cultivo, usos ganaderos, forestales, etc. Hemos constatado un efecto demostrativo para otras localidades, en especial núcleos de las Reservas de la Biosfera colindantes, interesados en replicar la experiencia. bIblIograFía Arroyo Ilera, F. (2010): “Creciente interés geográfico por la toponimia”, Estudios Geográficos, núm. 268, pp. 299-309. Cortizo álvarez, J., García de Celis, A., López trigal, L. y Maya Frades, A. (1994): La Omaña. Transformaciones en un espacio rural de la montaña leonesa, León, Universidad de León, 125 pp. Fundación Fernando González Bernaldez (2016): Catálogo abierto del patrimonio inmaterial de las Reservas de la Biosfera españolas, Madrid, Organismo Autónomo Parques nacionales y Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, 243 pp. Gancedo Fernández, M. (2013): Tseite, tsinu, tsume, tsana. El habla de Laciana. Tomo I. “Castellano-Patsuezu”, León, Piélago del Moro Ediciones, 2.156 pp. García Martínez, A. (2014): Toponimia de Montrondo, León, Asociación Club Xeitu de la Montaña Occidental Astur-Leonesa, 140 pp. Gordón Peral, Mª.D. (2011): “La memoria de los lugares: la toponimia”, Revista PH, núm. 77, pp. 90-91. Le Men Moyer, J. (1996): Repertorio de Léxico Leonés, León, Universidad de León, 2.182 pp.
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