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Las bases geográfica y científica del pensamiento de Colón en el proyecto oceánico

Porro Gutiérrez, Jesús María

Abstract

Producción Científica

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115 Boletín Americanista, año lxvii , 1, n.º 74, Barcelona, 2017, págs. 115-137, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.74.1007 LAS BASES GEOGRÁFICA Y CIENTÍFICA DEL PENSAMIENTO DE COLÓN EN EL PROYECTO OCEÁNICO The geographical and scientific bases of the thought of Colon in the ocean project Jesús María Porro Gutiérrez Universidad de Valladolid, España Resumen: En el presente trabajo exponemos los principales aspectos relacionados con la formación marinera de Colón, así como las bases de sus conocimientos geográficos y científicos, para a continuación analizar las cuestiones relativas a la génesis y maduración de su proyecto oceánico, sus planteamientos y limitaciones, y la negativa de la Corte portuguesa a amparar su plan, lo que motivó el traslado de Colón a Castilla para ofrecer allí su proyecto. Palabras clave: navegación, geografía, ciencias, Océano Atlántico, Extremo Oriente. Abstract: This work presents the main aspects related to Columbus’ maritime training, as well as the basis of his geographical and scientific knowledge, and goes on to discuss questions concerning the genesis and maturation of his ocean project, including the approaches and limitations that led to the Portuguese court’s refusal of support, which motivated Columbus’ move to Castile to offer the project there. Keywords: navigation, geography, sciences, Atlantic Ocean, Far East. 16652_Boletín americanista 74 (tripa).indd 115 21/03/17 12:12 116 Boletín Americanista, año lxvii , 1, n.º 74, Barcelona, 2017, págs. 115-137, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.74.1007 Introducción Pocas personas han sido objeto de tanta atención y han provocado que se vierta sobre ellas tantos ríos de tinta, con muchos estudios y todo tipo de opiniones, como Cristóbal Colón. Nuestro objetivo aquí no estriba en polemizar ni intentar desentrañar algunos de los clásicos y enmarañados enigmas sobre el personaje, sino que nos hemos planteado una meta más modesta: realizar una recapitulación y revisión crítica sobre las ideas que dieron lugar a su proyecto oceánico, matizando algunos de los aspectos —desde el nacimiento del plan hasta el final del primer viaje— e incidiendo al respecto en varias consideraciones geográficas, astronómicas, náuticas y cartográficas. Siendo abundante la bibliografía sobre el personaje, solo hemos utilizado la pertinente para nuestra investigación, y hemos destacado aquellos aspectos sobre su perfil personal —algunos datos relativos a su origen, juventud, etapa marinera y formación— que, junto a detalles de la realidad política y económica de la época, nos permitirán resaltar los temas culturales más relacionados con este trabajo, destacando los geográficos y científicos. En cuanto a las fuentes, su aporte de información es modesto para nuestras necesidades y propósito (apenas contamos con la Colección Documental del Descubrimiento, con pocos documentos válidos para la etapa estudiada), por lo que el mayor peso ha recaído en las crónicas de Hernando Colón (en adelante, HC) y Las Casas (en adelante, LCA), si bien deben ser manejadas con precaución y no poco espíritu crítico, por su parcialidad y cercanía al personaje. La formación marinera de Colón debió de comenzar muy pronto (admitiendo que naciera en 1451, según se deduce del documento Assereto,1 [1904: 9-16], traducido por Carrera [1998, 53-60]), como confirman, por un lado, su hijo Hernando indirectamente en su biografía, ya que su padre empezó a navegar desde muy tierna edad y llevaba ya más de cuarenta años en periplos (HC, 1984: 55-57); y, por otro, el propio Colón a través de dos de sus escritos: el 21 de diciembre (Diario) cita: «yo e andado veinte y trés años en la mar, sin salir d’ella tiempo que se aya de contar» (Cristóbal Colón, 1986: 138-139), puesto que se trasladó a Castilla avanzado el año de 1484, tuvo que iniciar su experiencia marinera en 1461; y en una carta a los Reyes Católicos de 1501 declara: «Ya pasan de cuarenta años que yo voy en este uso» (LCA, s/f, cap. 3: 30). Ese tema ya fue tratado por C. Varela (1984: 277). Su iniciación náutica aconteció muy pronto, en 1461, cuando debió de formar parte de una flotilla genovesa que partía en socorro a Chipre, al mando de Imperiale Doria; de las noticias aportadas por padre e hijo se deduce que continuó navegando y, por lo tanto, ampliando su experiencia marinera, si bien los 1. Archivio Notarile di Stato genovés (Ventimiglia, Filza 2, anni 1474-1504, núm. 266). Fue publicado por Ugo Assereto, por lo que se le conoce por este nombre, y está incluido en la Colección Documental del Descubrimiento, vol. 1, núm. 11, págs. 34-39. 16652_Boletín americanista 74 (tripa).indd 116 21/03/17 12:12 117 Boletín Americanista, año lxvii , 1, n.º 74, Barcelona, 2017, págs. 115-137, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.74.1007 años transcurridos entre 1462 y 1466 son oscuros, puesto que carecemos de indicios al respecto (Varela y León, 2003: 78-79). Hacia 1467, el futuro almirante prestaba sus servicios como corsario al rey intruso de Aragón, el conde de Provenza, René d’Anjou. Su hijo cita la carta del padre a los Reyes Católicos, escrita en La Española, en enero de 1495, a propósito de los errores en las derrotas (Colón, 1984: 56). También Las Casas hace lo propio y comenta la misiva y el episodio (LCA, s/f, cap. 3: 30-31). El propio descubridor, en carta fechada en el año 1502, habla de sus periplos frente a las costas de Marsella (Varela, 1984: 306). Dicho periplo debió de ser una de las causas que llevaron a Colón a mantener en secreto sus orígenes, hasta ver confirmados su éxito y su posición (Enseñat, 2006: 359-361). Resulta razonable pensar que Colón navegó por el Levante durante varios años. Según Hernando Colón, su padre afirmó en cierta ocasión: «vi todo el Levante y todo el Poniente» (LCA, cap. 3: 30-31). Así destacó en la documentación las diversas menciones a la isla de Quíos, ya que consta su presencia física, pues recoge que fue testigo de la extracción de la almáciga: «hace mención haber navegado a las islas del Archipiélago, donde en una dellas, que se llama Enxión, vio sacar almáciga». Debió de recorrer una parte nada desdeñable del Mediterráneo oriental. De acuerdo con Hernando Colón, «todo lo que hasta hoy se navega he andado. Trato y conversación he tenido con gente sabia, eclesiásticos y seglares, latinos, griegos, judíos y moros, y con otros muchos de otras sectas» (HC, 1984: 55-57). En otras versiones, llamativamente, se ha citado indios en lugar de judíos (Colón, 1986: 120-121). Hay indicios sólidos para situar la presencia de Colón en Portugal en 1470 (Rumeu, 1992: 77-113), pues Las Casas cita una carta dirigida al Rey Católico que permite sostener tal suposición: «fui a aportar a Portugal, adonde el rey de allí entendía en el descubrir más que otro [...] que en catorce años no le pude hacer entender lo que yo dije» (LCA, s/f, cap. 37: 136). Como señalaron Varela y Enseñat, Colón abandonó Portugal en 1484 para ofrecer su proyecto a los Reyes Católicos, luego al restar los citados catorce años obtenemos la fecha de 1470 (Varela, 1984: 357; Enseñat, 2006: 384). Algunas pistas vagas conducen a una evidente presencia en Cádiz, anterior a 1484 (Rumeu, 1992: 112), quizá relacionada con los frecuentes viajes a Quíos (Enseñat, 2006: 386-387). Gracias a los tres documentos correspondientes a los años 1474, 1475 y 1476, sabemos de un corsario Colombo que actuaba en Chipre, siendo lógico suponer que se trataba del genovés y no del francés, es decir, de Cristóbal Colón y no de Guillaume de Casenove (alias Coullon), tal y como planteó oportunamente Enseñat (2006: 389; Salvagnini, 1894: 190, 198, 206; Bossi, 1818: 79; Vignaud, 1905: 310-311). La etapa atlántica de las navegaciones de Cristóbal Colón se inició en 1476, cuando navegó en conserva, rumbo a Inglaterra, escoltando a una expedición comercial genovesa. Su hijo Hernando y Las Casas —confundidos por un relato del cronista veneciano Marco Antonio Coccio Sabellico— citan un combate que en realidad tuvo lugar más tarde, en agosto de 1485, cuando de hecho el 16652_Boletín americanista 74 (tripa).indd 117 21/03/17 12:12 118 Boletín Americanista, año lxvii , 1, n.º 74, Barcelona, 2017, págs. 115-137, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.74.1007 enfrentamiento en el que se vio involucrado su padre ocurrió en agosto de 1476, siendo atacadas sus naves por el vicealmirante francés Guillaume de Casenove, a la altura del cabo San Vicente, y salvándose Cristóbal en el naufragio tras nadar esforzadamente y alcanzar la costa de Lagos agotado (HC, 1984: 59-60; LCA, s/f, cap. 4: 33-34). Este episodio ocasionó una nueva estancia de Colón en Lisboa, donde buscó y encontró refugio y el apoyo de compatriotas genoveses. Es posible que fuera Cristóforo Salvago el mercader-piloto que iniciara a Colón en la práctica de los periplos atlánticos, familiarizándolo con la ruta de Flandes (Enseñat, 2006: 408-409, 416). A comienzos de 1477, Cristóbal debió de navegar en un buque portugués, pues siguió la ruta de Brístol y llegó en el mes de febrero a Islandia, e incluso algo más hacia el oeste: «el año de 1477, por Febrero, navegué más allá de Tile cien leguas [...] y los ingleses [...] los de Bristol, van con sus mercaderías a esta isla, que es tan grande como Inglaterra [...] hoy se llama Frislanda» (HC, 1984, 56-57; lo mismo afirma LCA, s/f, cap. 3: 31: «ultra Tile, isla, cien leguas»), tras una escala previa en el puerto irlandés de Galway: «hemos visto muchas cosas notables y sobre todo en Galway» (Varela, 1984: 243). Es probable que el motivo del viaje fuera la pesca del bacalao. Por entonces ya debía de tener cierta competencia en lo relativo a marinería y navegación. Las Casas recogió: «Nuestro Señor [...] en la marinería me hizo abundoso» (LCA, s/f, cap. 3: 30). En el año 1478 Colón debió de frecuentar la ruta de Lisboa a Flandes y Londres, pues hay evidencias de su buen conocimiento de ese ámbito comercial. Se trata de las experiencias acumuladas por un avezado y experimentado marinero, y se deduce en la carta dirigida a los monarcas el 6 de febrero de 1502 (Enseñat, 2006: 429; Varela, 1984: 306). La siguiente etapa marítima de Colón fue más larga y tuvo como base las islas Madeira. Durante tres años (1478-1481) se dedicó a transportar azúcar del mencionado archipiélago hasta Lisboa, pilotando naves lusas, si bien al servicio de mercaderes genoveses. Según Enseñat (2006: 443), se trataba de Ludovico Centurione Scotto y Paolo Di Negro. Hay prueba documental en un acta otorgada en Génova, el 25 de agosto de 1479 (doc. Assereto ya citado), en que Colón declara como testigo de una controversia, continuando luego la ruta de Cádiz a Génova (Pérez de Tudela, 1994: 34-39). El futuro almirante debió de valorar la posición estratégica de Madeira como base comercial y nudo de comunicación marítima. Las Casas expuso que en Madeira y Puerto Santo «comenzaba a haber gran concurso de navíos sobre su población y vecindad y frecuentes nuevas se tenían cada día de los descubrimientos que de nuevo se hacían» (LCA, s/f, cap. 4: 35). Fue en esa etapa cuando debió de viajar con frecuencia de Lisboa a Porto Santo, ciudad en la que debió de instalarse con carácter temporal, cerca de un año, probablemente para concertar su matrimonio con Filippa Moniz Perestrello. Una vez casado y asentado en la isla, donde nacería su primogénito, Diego, Cristóbal comenzó sus viajes a Guinea: 16652_Boletín americanista 74 (tripa).indd 118 21/03/17 12:12 119 Boletín Americanista, año lxvii , 1, n.º 74, Barcelona, 2017, págs. 115-137, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.74.1007 [...] a inquirir también la práctica y experiencia de las navegaciones y caminos que por la mar hacían los portugueses a la Mina del Oro y costa de Guinea [...] acordó de ver por experiencia lo que entonces del mundo por la parte de Etiopía se andaba y practicaba por la mar, y así navegó algunas veces aquel camino en compañía de los portugueses. En alguno de ellos le acompañó su hermano Bartolomé; se trataba tanto de periplos comerciales como relativos a los descubrimientos geográficos africanos: «En estos viajes y descubrimientos, o en alguno dellos se halló el Almirante D. Cristóbal Colón y su hermano D. Bartolomé Colón, según [...] cartas y cosas escritas que tengo de sus manos». El hijo agregó: «Yo estuve en el castillo de San Jorge, de la Mina del Rey de Portugal, que está debajo de la Equinocial [...] navegando muchas veces desde Lisboa a Guinea» (HC, 1984: 57). El testimonio de Las Casas dio a entender que posiblemente ambos hermanos participaran en el primer viaje de Diogo Câo: el rey Juan II «tornó a enviar otros descubridores el año de 1484, que descubrieron el reino de Congo, y más adelante hasta 24 grados, desa parte de la línea equinoccial hacia el Sur» (LCA, s/f, cap. 3: 31; cap. 27: 145). Resulta lógico suponer que por entonces, y a raíz de su enlace o inmediatamente después, Cristóbal y su hermano debieron de naturalizarse portugueses, pues de lo contrario no hubieran tenido acceso a la ruta guineana ni a la de los descubrimientos africanos. Enseñat lo argumenta sagazmente y añade que en caso contrario no hubiera sido perseguido por la justicia lusa a finales de 1484, pues como genovés le amparaban los privilegios reales de la época (2006: 453). Rumeu, por su parte, cita que en uno de los acostamientos otorgados por los Reyes Católicos a Colón, fechado el 18 de octubre de 1487, aparece como portugués (1982: 35). Esta historia es objeto de estudio en este artículo, que se basa precisamente en las obras de los Colón, padre e hijo, y de Las Casas. 1. La cultura: los conocimientos geográficos y científicos Hernando Colón alegó que su padre gozó de una buena formación: «el Almirante era hombre de letras y de grandes experiencias, y que no gastó el tiempo en cosas manuales ni artes mecánicas» (HC, 1984: 53). Las Casas expresaría que «Cristóbal Colón tuvo oficio mecánico [...] parece difícil y casi imposible haber sido» (LCA, s/f, cap. 3: 32). En consecuencia nos preguntamos: ¿en qué campos y cuál fue el nivel de competencia que adquirió? Creemos que el planteamiento es un tanto exagerado para la etapa entre la niñez y la primera juventud. Según Hernando, «aprendió las letras y estudió en Pavía, lo que le bastó para entender los cosmógrafos, a cuya lección fue muy aficionado, y por cuyo respeto se entregó también a la astrología y geometría» (HC, 1984: 54). Y según Las Casas: «formando tan buena y legible letra (la cual yo vi muchas veces), que pudiera con ella ganar de comer [...]. Estudió en Pavía los primeros rudimentos de las letras, mayormente la 16652_Boletín americanista 74 (tripa).indd 119 21/03/17 12:12 120 Boletín Americanista, año lxvii , 1, n.º 74, Barcelona, 2017, págs. 115-137, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.74.1007 gramática»; pero la idea puede ser válida para su posterior aprendizaje y desempeño náutico; Las Casas lo insinúa claramente: [...] porque Dios le dotó de alto juicio, de gran memoria y de vehemente afición, tratando muchas veces con hombres doctos, y con su infatigable trabajo estudioso [...] consiguió la médula y substancia de las otras ciencias [...] la geometría, geografía, cosmografía, astrología o astronomía y marinería (LCA, s/f, cap. 3: 29-30). En lo tocante a la polémica sobre Pavía, es evidente que el futuro almirante no estudió en su universidad, pero bien pudo hacerlo en una de las escuelas que los dominicos tenían en sus conventos, adquiriendo modestos aunque sólidos y muy interesantes rudimentos en su formación. Enseñat argumenta que Colón y su hermano Diego fueron clérigos menores, depositados en calidad de donados por su padre en Génova y Pavía; luego, por sus dotes, curiosidad insaciable e inteligencia, suplió la falta de estudios superiores, contando además con la suerte de poder tratar a personas cultas y doctas entre los frailes (Enseñat, 2006: 328-337). Las frecuentes navegaciones experimentadas en su etapa marinera permitieron a un Cristóbal Colón autodidacta no solo ampliar su visión y conocimiento del mundo, sino también afianzar una cierta suficiencia en materias relacionadas con los quehaceres náuticos, como la geografía, la geometría y la astronomía. En consecuencia, como navegante experimentado que había tratado con «latinos, griegos, indianos y árabes», Colón debió de conocer las ideas geográficas, así como los rudimentos cosmográficos (según el testimonio del cronista genovés Agustín Justiniano, recogido por Las Casas: «cuando ya fue mancebo se dio al arte de la mar y pasó a Lisboa, en Portugal, donde aprendió las cosas de cosmografía» [LCA, s/f, cap. 3: 32]), astrológicos y náuticos, típicos de los mercaderes y marineros orientales que frecuentaban la ruta del Índico, a través del Mar Rojo y el Golfo Pérsico. Así lo expresa el propio almirante en carta a los Reyes Católicos: «Trato y conversación he tenido con [...] latinos y griegos, judíos y moros, y con otros muchos de otras sectas» (LCA, s/f, cap. 3: 30-32). Durante los largos años empleados en sus navegaciones, Cristóbal se familiarizó con la realidad geográfica y económica, así como con el ambiente vivido por genoveses, venecianos, florentinos, aragoneses, franceses, flamencos, ingleses, castellanos y portugueses, primero en el ámbito del Mediterráneo, más tarde en el Atlántico norte, luego en la ruta de Madeira a Lisboa y, finalmente, en la empresa de Guinea: «De muy pequeña edad entré en la mar navegando y lo he continuado hasta hoy. La misma arte inclina a quien la prosigue a desear saber los secretos deste mundo [...]. Todo lo que hasta hoy se navega he andado» (LCA, s/f, cap. 3: 30); en términos similares se expresó Hernando Colón (HC, 1984: 55). Es evidente que su predisposición favorable, así como su tesón y amor propio, junto a su inteligencia despierta y habilidad en ciertas materias y saberes, le proporcionaron a Colón una más que decorosa y nada desdeñable formación, aunque fuera modesta comparada con el bagaje de un erudito humanista de su 16652_Boletín americanista 74 (tripa).indd 120 21/03/17 12:12 121 Boletín Americanista, año lxvii , 1, n.º 74, Barcelona, 2017, págs. 115-137, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.74.1007 época. Si los testimonios de su hijo y Las Casas son ciertos, destacó por su aprovechamiento en matemáticas, geometría y cartografía. Según Las Casas, «le sucedió darse justamente al aritmética y también a dibujar y pintar, que lo mismo alcanzara si quisiera vivir por ello» (LCA, s/f, cap. 3: 29). Hernando, por su parte, afirmó que «aun Ptolomeo en el principio de su Cosmografía, dice que ninguno puede ser buen cosmógrafo, si también no fuere pintor. Supo también hacer diseños para plantar las tierras y fijar los cuerpos cosmográficos en plano y redondo». Según su propia confesión, sus conocimientos de astronomía fueron bastante decorosos, llegando al nivel que necesitaba para sus planes. Su afición y aptitudes por la cartografía parecían evidentes, y era diestro en la elaboración de cartas náuticas. Según Las Casas: Nuestro Señor [...] de astrología me dio lo que bastaba [...] manos para dibujar esta esfera, y en ella las ciudades, ríos y montañas, islas y puertos, todo en su propio sitio [...] he yo visto y puesto estudio en ver de todas escrituras: cosmografía, historias, crónicas y filosofía. También consignó esta afirmación: «Trato y conversación he tenido con gente sabia, eclesiásticos y seglares», coincidiendo con Hernando (HC, 1984: 55). Siempre procuró mantener el contacto con personas de las que pudiera aprender algo en aquellas ciencias o disciplinas que le interesaban, y confirmó su tendencia autodidacta con frecuentes y variadas lecturas: «he yo visto y puesto estudio en ver de todas escrituras: cosmografía, historias, crónicas y filosofía» (LCA, s/f, cap. 3: 30; HC, 1984: 55), jactándose en ocasiones de sus conocimientos bíblicos y de los clásicos. Así. en carta a su hijo Diego, fechada en Sevilla el 28 de noviembre de 1504, Colón expresa: «si yo miento, el Paralipomenon y el libro de los Reyes y Josepho de Antiquitatibus [...] dirán lo que desto saben» (Fernández de Navarrete, 1825: 337). Tanto en la correspondencia del propio almirante como en las referencias de su hijo Hernando y de Las Casas queda constancia de un cierto conocimiento de autores como Estrabón, Plinio, Marino, Ptolomeo y Alfragano. Además, Cristóbal dejó comentarios que demuestran su suficiencia en materia de geografía: por ejemplo, cuando argumentó que la isla de Tile (Tule) no se encontraba en la posición asignada por Ptolomeo en sus mapas, sino más al oeste: «Tile no está sita dentro de la línea que incluye al Occidente, si no es mucho más occidental». En consecuencia, «estuve en la fortaleza de San Jorge de la mina [...] que está debajo de la Equinocial, y soy buen testigo de que no es inhabitable», y agrega: «navegando muchas veces de Lisboa a Guinea, consideré diligentemente que el grado corresponde en la tierra a 56 millas y dos tercios» (HC, 1984: 5557, 62). En función de las variadas anotaciones, Las Casas afirmó que todas las zonas de la Tierra eran navegables: «en unas anotaciones que hizo de cómo todas las cinco zonas son navegables, probándolo por experiencia de sus navegaciones», y avaló su habitabilidad en el ámbito tropical, incluso cerca de la parte tórrida; huelga decir que tanto por sus lecturas como por su experiencia empírica 16652_Boletín americanista 74 (tripa).indd 121 21/03/17 12:12 122 Boletín Americanista, año lxvii , 1, n.º 74, Barcelona, 2017, págs. 115-137, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.74.1007 defendió el concepto de la esfericidad terrestre. En el campo de la astronomía también intentó conciliar lo leído con sus observaciones personales (LCA, s/f, cap. 5: 31, 36-37). 2. La génesis del proyecto oceánico El ya mencionado viaje a Islandia de 1477 fue posiblemente la primera experiencia seria, aunque muy incipiente, con la que contó Colón para, con el tiempo, desarrollar y madurar un proyecto oceánico. El periplo fue importante en el plano geográfico, ante todo porque permitió a Cristóbal albergar las primeras dudas y planteamientos críticos respecto a la Geografía de Ptolomeo, autor y obra que gozaron de gran reputación en las centurias medievales, e incluso en el siglo xv , tanto en el universo cristiano como en el musulmán. Pese a la citada corrección hecha al alejandrino en lo referente a la posición de Tule en el mapa, algunos críticos han planteado que los datos erróneos expuestos por Colón respecto a la latitud demuestran que por entonces no dominaba la medición de los astros utilizando el astrolabio. La objeción no es grave, ya que en las cartas arrumbadas, carentes de escala de latitudes, estas eran calculadas en el mar a la estima, y luego había que convertir la distancia navegada en millas a grados, para lo cual se tomaba como referencia la latitud de un lugar conocido Pero hay que tener en cuenta otros factores, como la diferencia en el paso de un mar cerrado como el Mediterráneo a un inmenso océano abierto, lo que dificultaba la precisión en los cálculos astronómicos; el fenómeno por entonces desconocido de la declinación magnética y, especialmente, las limitaciones técnicas de la época. Cerezo expuso oportunamente que hasta finales del siglo xv no se conoció con exactitud la posición del Ecuador respecto a un lugar geográfico determinado, y los cálculos efectuados por los lusos en 1485 en el golfo de Guinea permitieron fijar el paso de la línea equinoccial a la altura de San Jorge de la Mina, situado en realidad a 5º 8’ más al norte. Colón lo supo con posterioridad, anotándolo en una apostilla al ejemplar de la Historia rerum de Eneas Silvio Piccolomini; esa referencia errónea para las latitudes la tuvo siempre en cuenta (Cerezo, 1994). En aquel viaje por Islandia, es muy probable que Colón llegara a tocar —o al menos avistar— algún lugar de la costa este de Groenlandia, y quizá mantuvo contacto o intercambio de ideas con uno o varios de los primeros marinos que, al servicio de Christian I, rey de Dinamarca, comenzaron a frecuentar la ruta del noroeste, entre Noruega y Groenlandia, con escala en Islandia, que formaba parte de un proyecto combinado con el estado portugués. Así lo cree Enseñat: el plan, autorizado por Alfonso V, respondía a su idea de navegar buscando las Indias por el oeste, siguiendo los dictados de Toscanelli. Citando a Xoán Bernárdez, en su tesis doctoral Antes da invención de América. As descubertas precolombinas do século xv , considera que ese fue el motivo de la expedición de Johannes Scolvus en 1476, o la de Didrik Pynningh en 1477, y plantea que Co16652_Boletín americanista 74 (tripa).indd 122 21/03/17 12:12 123 Boletín Americanista, año lxvii , 1, n.º 74, Barcelona, 2017, págs. 115-137, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.74.1007 lón pudo navegar junto a este hasta Kusuluk, en la costa de Groenlandia (Enseñat, 2006: 425-428). El segundo indicio con el que debió contar Colón para ir perfilando lo que llegaría a ser su proyecto oceánico pudo producirse entre 1478 y 1481, durante la etapa de sus navegaciones comerciales entre Madeira y Lisboa, siguiendo la ruta de Génova, con escala en Cádiz. Precisamente al recalar en esta ciudad debió de conocer los rumores que circulaban en el Puerto de Santa María sobre la existencia de tierras al oeste de Irlanda, reforzados por su propia experiencia: [...] un marinero tuerto dijo al dicho Cristóbal Colón, estando en el Puerto de Santa María, que, en un viaje que había hecho a Irlanda, vio aquella tierra que los otros haber por allí creían e imaginaban que era Tartaria, que daba vuelta por el Occidente; la cual creo yo cierto que era la que ahora llamamos la de los Bacallaos, a la cual no pudieron llegar por los terribles vientos (LCA, s/f, cap. 13: 70-71). A continuación hay que citar diversas referencias que, en su conjunto, debieron de desencadenar la génesis del plan, durante la breve etapa del matrimonio de Cristóbal con Filippa Moniz y su residencia en Porto Santo entre 1481 y 1484, con dos cortas estancias al principio y al final en Lisboa: [...] fuese a vivir Cristóbal Colón a la dicha isla de Puerto Santo [...] por sola esta causa de querer navegar, dejar allí su mujer, y porque allí en aquella isla y en la de la Madera [...] frecuentes nuevas se tenían cada día de los descubrimientos que de nuevo se hacían. Y éste parece haber sido [...] el primer principio que tuvo el descubrimiento deste gran orbe (LCA, s/f, cap. 4: 35). Los beneficios que le reportó a Colón el enlace no fueron solo económicos o políticos, sino también geográficos y marítimos. Primero: Filippa era hija de Bartolomeu Perestrello, miembro de la baja nobleza lusa y capitán donatario de la isla de Porto Santo, pues había participado en las exploraciones navales al servicio de la Corte. Para Hernando, como luego repetiría Las Casas, «había ido con otros dos capitanes, y licencia del Rey de Portugal, a descubrir tierra [...] llegaron a la isla de la Madera y Puerto Santo [...] el cual tuvo el gobierno de ella hasta que murió» (HC, 1984: 60-61; LCA, s/f, cap. 4: 35). Segundo: el matrimonio le proporcionó a Colón la posibilidad de consolidar su posición en el ambiente y la sociedad de las Madeira. Tercero y más importante: su suegra Isabel, viendo su afición y tendencia hacia las cosas de la mar y la cartografía, puso a su disposición todos los papeles, mapas y enseres de navegación que fueron propiedad de su difunto marido Bartolomeu. Según Hernando: «Y porque vio la suegra que daba mucho gusto al Almirante saber semejantes navegaciones y la historia de ellas, le dio las escrituras y cartas de navegar que habían quedado de su marido, con lo cual el Almirante se acaloró más» (HC, 1984: 61). Para Las Casas: «el dicho Bartolomé Perestrello [...] debía tener instrumentos y escrituras y pinturas convenientes a la navegación, las cuales dio la suegra al dicho Cristóbal Colón, con la vista y leyenda de las cuales mucho se alegró» (LCA, s/f, cap. 4: 34-35). Los testimonios de sus biógrafos invitan a pensar que fue por aquellos años, y a raíz de los mencionados acontecimientos, cuando Colón comenzó a forjar 16652_Boletín americanista 74 (tripa).indd 123 21/03/17 12:12 130 Boletín Americanista, año lxvii , 1, n.º 74, Barcelona, 2017, págs. 115-137, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.74.1007 guerras de Castilla, en respuesta de otra que me escribió de orden de su Alteza» (HC, 1984: 67-70, 70-71; LCA, s/f, cap. 12: 64). Harrise (1984: 328), partidario de la existencia de correspondencia, planteó que debió de acaecer entre 1475 y 1482, lo que contradice la versión de Hernando sobre «otra, que escribí [a Martins] algunos días ha», por no hablar del inquietante párrafo «antes de las guerras de Castilla». Resulta lógico reconocer la influencia del sabio florentino en el plan colombino, por lo que conviene señalar las ideas expresadas en la misiva: nos guiamos por la versión de Hernando, pues parece más directa e intimista, como corresponde a la amistad entre remitente y destinatario. El acceso a las Indias era más directo por la vía de Poniente que por la ruta africana, y aunque se podía argumentar fácilmente sobre una esfera, resultaría más práctico utilizar una carta náutica, señalando todo el espacio oceánico comprendido entre Irlanda, Guinea y el comienzo de las Indias, incluyendo las islas y las referencias oportunas en graduación, e incluso algún lugar de refugio: [...] porque se entienda y se pueda tomar el dicho camino; y aunque [...] se lo puedo mostrar en forma de esfera [...] determiné [...] por una carta semejante a aquellas que se hacen para navegar [...] hecha y dibujada de mi mano, en la cual está pintado todo el fin del Poniente, tomando desde Irlanda al Austro hasta el fin de Guinea, con todas las islas que en este camino son, enfrente de las cuales, derecho por Poniente, está pintado el comienzo de las Indias con las islas y los lugares adonde podéis desviar para la línea equinoccial, y por cuánto espacio, es a saber, en cuántas leguas podéis llegar a aquellos lugares fertilísimos y de toda manera de especiería y de joyas y piedras preciosas [...]. Las rayas derechas que están en luengo en la dicha carta muestran la distancia que es de Septentrión en Austro. También yo pinté en la dicha carta muchos lugares en las partes de India, adonde se podría ir aconteciendo algún caso de tormenta o de vientos contrarios (HC, 1984: 65-66). Toscanelli daba rienda suelta a la exposición de fantasías sobre lugares, personas, riquezas abundantes y diversas maravillas: [...] en todas aquellas islas no viven ni tratan sino mercaderes [...] allí hay tan gran cantidad de naos, marineros, mercaderes con mercaderías, como en todo lo otro del mundo, y en especial en un puerto nobilísimo llamado Zaiton, do cargan y descargan cada año cien naos grandes de pimienta [...]. Esta patria es muy populatísima, y en ella hay muchas provincias y muchos reinos y ciudades sin cuento, debajo del señorío de un príncipe que se llama Gran Can [...] en la provincia del Catayo [...] puede haber oro y plata y piedras preciosas y de todas maneras de especiería en gran suma [...] la nobilísima y gran ciudad de Quisay [...] de la cual se cuentan cosas maravillosas de la grandeza de los edificios y de las rentas [...] es en la provincia de Mango [...] la nobilísima isla de Cipango [...] es fertilísima de oro y de perlas y piedras preciosas [...] que por no ser conocido el camino están todas estas cosas encubiertas, y a ella se puede ir muy seguramente (HC, 1984: 65-66). Aparte de las referencias económicas destacan las geográficas, con alusiones a lugares, rumbos y distancias, con cálculos aproximados: [...] de la ciudad de Lisboa, en derecho por el Poniente, son en la dicha carta 26 espacios, y en cada uno dellos hay 250 millas hasta la nobilísima y gran ciudad de Quisay [...]. Este espacio es 16652_Boletín americanista 74 (tripa).indd 130 21/03/17 12:12 131 Boletín Americanista, año lxvii , 1, n.º 74, Barcelona, 2017, págs. 115-137, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.74.1007 casi la tercia parte de la esfera [...]. Y de la isla de Antilla, que vosotros llamáis de Siete Ciudades [...] hasta la nobilísima isla de Cipango, hay 10 espacios, que son 2.500 millas, es a saber, 225 leguas... Todo ello debió de aparecer reflejado en el mapa elaborado por el florentino; la carta original y el mapa se perdieron, solo conservamos copias de la misiva en las obras de Cristóbal Colón (Historia rerum), Hernando y Las Casas. Los topónimos y números manejados por Toscanelli implicaban un viaje con dos o tres escalas: una en Madeira y otra o dos más en Antilla y/o Cipango. Sin embargo, el planteamiento adolecía de un importante error: no sabemos si por aceptar los cálculos de Ptolomeo relativos al valor máximo de la circunferencia terrestre (desde que Ptolomeo asumiera las medidas correctoras de Posidonio a Eratóstenes sobre la circunferencia terrestre en el Ecuador —acortando los 252.000 estadios del cirenaico a 180.000—, su autoridad indiscutida arrastró a todos los teóricos y eruditos de los círculos cortesanos; apenas los estudiosos ibéricos, conocedores de la Cosmografía: portugueses, castellanos, catalanes, mallorquines y judíos, estaban en condiciones de detectar y corregir tales errores en el mundo cristiano de la época), o por aplicar el módulo de Alfragano sobre el valor del grado en el Ecuador sin reconvertir las millas arábigas a itálicas, el hecho es que imaginaba un paralelo ecuatorial inferior en un 25% a su medida real (en valores actuales unos 30.000 km en lugar de los 40.000 reales). Ni el florentino ni Colón fueron conscientes del error, pues el primero era un sabio teórico y erudito, pero no un «cosmógrafo profesional», y el segundo era un experto marino, pero sin una formación cosmográfica lo suficientemente amplia como para detectar el planteamiento erróneo. Así pues, el error de Toscanelli arrastró al futuro almirante, quien asumió el plan, al confirmar sus intuiciones. Al señalar la argumentación colombina y la negativa en Portugal, es razonable pensar que el mapa de Toscanelli, asumido por Colón, debió de acusar cierta influencia de los planteamientos cartográficos del camaldulense Fra Mauro de Murano, quien incorporaría reciente y valiosa información sobre el Oriente proporcionada por Nicolo Conti, y que contaría también con el buen hacer de un experto colaborador suyo como era Andrea Bianco. Las Casas expresó: «creo que todo su viaje sobre esta carta fundó», mientras que Humboldt opinaba que debió de estudiar los mapas de Jacopo Giroldi y Gracioso Benincasa, además de los de Andrea Bianco (LCA, s/f, cap. 12: 67; Humboldt, 1892: 121). Conclusiones Una vez desarrollado su proyecto, Cristóbal Colón le daría presumiblemente forma al preparar su argumentación antes de presentarlo al monarca Juan II. Los primeros estudiosos mantuvieron una prudente reserva en lo relativo a la oferta a las diferentes potencias y el orden (Harrise, 1884: 330-332), ante el inquietante dato de Spotorno —quien se basaba en Mártir de Anglería— sobre la pro16652_Boletín americanista 74 (tripa).indd 131 21/03/17 12:12 132 Boletín Americanista, año lxvii , 1, n.º 74, Barcelona, 2017, págs. 115-137, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.74.1007 puesta del proyecto a la Señoría de Génova (Códice diplomático Colombo-Americano, Spotorno, 1823: XXI). Por su parte, Fernández de Oviedo (1851: 18-19) sostiene que Colón ofreció el proyecto a Inglaterra antes que a Portugal. Hace tiempo que el orden admitido es: Portugal, Castilla, Inglaterra y otra vez Castilla. Resulta lógico pensar que Colón habría obtenido la información sobre el proyecto del florentino, y sobre todo la carta, de forma fraudulenta, pues sería considerado material reservado en la corte lusa; así lo cree Pinheiro (1992b: 74). Ni Hernando (1984: 84) ni Las Casas (cap. 28: 151-152) comentaron que Cristóbal Colón citara a Toscanelli en su exposición al rey, En los apenas dos o tres meses de que dispuso, justo antes del verano de 1484, Colón culminó el plan. Aunque varios autores plantean que la mayor parte de su argumentación teórica y bibliográfica fue realizada durante su etapa castellana, en concreto entre 1489 y 1491 (Pinheiro, 1992b: 62), se cree que la compilación del conjunto de indicios transatlánticos fue realizada por Colón en Castilla, con posterioridad a 1486, si bien fueron recogidos en Madeira y Azores (Harrise, 1884: 309). Colón incidió en las teorías geográficas y cosmográficas de Marino y Ptolomeo, especialmente en lo tocante al Extremo Oriente. Hernando cita: [...] entre el fin oriental, conocido de Marino y las dichas islas de Cabo Verde, no podía ser más de la tercia parte del círculo mayor de la esfera, pues ya el dicho Marino había descrito hacia Oriente 15 horas o partes de 24 que hay en la redondez del universo (1984: 62). Las Casas, por su parte, comenta: «Marino [...] no había aún llegado al fin de la tierra oriental [...] cuanto más él se extendiese hacia el Oriente, tanto vendría a estar más cercano a las dichas islas de Cabo Verde por nuestro Occidente» (LCA, s/f, cap. 5: 37). Partiendo de las medidas del alejandrino, debió de aplicar las correcciones oportunas según las del tirio, tomando como referencia la estimación de Ptolomeo de una masa continental de 180º, y admitiría el aumento de Marino hasta 225º. De esa manera el tránsito completo del océano sería factible con las mencionadas escalas. Los cronistas portugueses Ruy de Pina y Barros recogen la oferta y la petición colombina al rey, quien escuchó con atención sus argumentos y decidió convocar una junta de notables que debía estudiar la validez del plan. Hernando comentó tendenciosamente que el monarca desestimó el proyecto solo por los elevados costos que suponía para el Estado la empresa africana, si bien reconoció su solidez, y deja entrever que la negativa tuvo que ver con las altas pretensiones: [...] aunque el Rey D. Juan [...] escuchase con atención lo que el Almirante le proponía, se mostró, sin embargo, tibio en aceptar su empresa, por los grandes trabajos y gastos que llevaba consigo el descubrimiento y conquista de la costa occidental de África [...] escuchó al Almirante [...] por las buenas razones que [...] le proponía [...] el aceptarlo dependía de conceder [...] las condiciones y pactos que demandaba (HC, 1984: 84), argumentación que luego reproduciría Las Casas (LCA, s/f, cap. 28: 151-152). 16652_Boletín americanista 74 (tripa).indd 132 21/03/17 12:12 133 Boletín Americanista, año lxvii , 1, n.º 74, Barcelona, 2017, págs. 115-137, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.74.1007 La comisión reunía a personas competentes y de mucho peso: los maestros Rodrigo, Josepe y quizá Martin Behaim, y estaba presidida por un hombre de total confianza del monarca, el doctor llamado Calzadilla (Diego Ortiz, obispo de Ceuta). El hecho de que Humboldt planteara la posibilidad de una relación directa entre Behaim y Colón, basándose en datos cronológicos e indicios geográficos y cosmográficos, llevó a Enseñat a afirmar que se conocieron entre abril y septiembre, y que el primero enseñó al segundo el manejo de un determinado astrolabio; pero no hay pruebas de un contacto (Humboldt, 1892: 136-140; Enseñat, 2006: 467). Nada nos dice sobre la junta Hernando Colón. Únicamente podemos seguir el testimonio de Las Casas, quien se basaba en Barros: D. Juan mandó poner mucha diligencia sobre que se hiciese arte de navegar, y encomendó a dos médicos, uno cristiano, llamado maestre Rodrigo, y el otro judío, maestre Josefe, y a un bohemio, Martín de Bohemia, que decía haber sido discípulo de Juan de Monte Regio, grande astrónomo, los cuales hallaron esta cierta manera de navegación, de que ahora usamos, por el altura del Sol. Además: [...] el Rey de Portugal cometió el negocio a D. Diego Ortiz, obispo de Ceuta (y éste creo que fue castellano, que llamaron primero el doctor Calzadilla [...], y a maestre Rodrigo y a maestre Josefe, judío, médicos y que sabían de astronomía [...] y a quien daba crédito en las cosas de descubrimientos y de cosmografía (LCA, s/f, cap. 27: 147; cap. 28: 152). Desde que Juan II asumiera la dirección de los asuntos africanos, siendo todavía príncipe heredero en el año 1475, los lusos habían conseguido avances notables en los estudios teóricos, combinados con la preparación técnica y empírica, y la prueba más evidente eran los conocimientos y el buen desempeño de los miembros de la citada comisión. El maestro Josepe ha sido identificado como Joseph Vizinho, el principal discípulo portugués del sabio judío Abraham Zacuto, autoridad indiscutida en la universidad salmantina. Aquellos expertos debieron de ver y considerar que se trataba de un proyecto similar al que recomendara años atrás Toscanelli, y que los planteamientos cosmográficos y astronómicos se basaban en los cálculos erróneos de Ptolomeo y Marino, por lo que emitieron un juicio desfavorable, desaconsejando el patrocinio del plan. Las Casas expuso: «los cuales, dice [Barros] tuvieron por vanidad las palabras de Cristóbal Colón por ser fundadas en imaginaciones y cosas de la isla de Cipango», pero omitió lo que él mismo había indicado antes: se trataba de personas expertas en el uso del astrolabio y el cálculo de la declinación solar (LCA, s/f, cap. 28: 152). Los historiadores lusos han señalado la competencia científica de los consejeros de Juan II, buenos conocedores de la astronomía árabe y judía peninsular, así como la primacía de la ruta africana, en lo tocante a los avances científicos y tecnológicos (Albuquerque, 1985; Pinheiro, 1992b: 68-75). Por su parte, Contente (1990: 105-116) cree que en la negativa pesó más la conjunción del elevado costo económico de la empresa y las exorbitantes pretensiones co16652_Boletín americanista 74 (tripa).indd 133 21/03/17 12:12 134 Boletín Americanista, año lxvii , 1, n.º 74, Barcelona, 2017, págs. 115-137, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.74.1007 lombinas. Todas esas facetas aparecen expuestas por Matos (2006: 27-50, 3234) y por Ballesteros, este último partidario de considerar «una de estas causas o todas reunidas» (1945: 381). Quizá Cristóbal pecó de imprudente al exponer sus ideas. Así lo cree Ramos (1973: 15), argumentando que ello explica el consejo del doctor Calzadilla de enviar una carabela por el rumbo de Cabo Verde, como comprobación previa a la realización de una segunda junta. El episodio de la carabela, sin las otras menciones, aparece en Hernando y en Las Casas, en cuyo relato se puede rastrear la mencionada imprudencia: «el Rey de Portugal oyó al dicho Cristóbal Colón en sus razones las derrotas y rumbos y caminos que pensaba llevar, hablando dello como de cosa de que ninguna duda tenía» (HC; 1984: 84-85; LCA, s/f, cap. 28: 152-153). Aun así, Consuelo Varela opina, con sagacidad, que la carta de Toscanelli manejada por Colón no llegó a los miembros de la comisión; plantea que sus argumentos se limitaron a defender la esfericidad terrestre y la preponderancia de las tierras sobre el océano, presentando algunos testimonios de eruditos e ilustrándolos con ejemplos recopilados personalmente (Varela 1992: 63). Queda una pregunta sin responder: ¿Pudo haber influido en la decisión real la prudencia de no arriesgar lo acordado en Alcáçovas en 1479? Ramos (1973: 21-22) argumentaba que al rey le interesaba más blindar la ruta africana. La información obtenida en las fuentes, así como los estudios realizados sobre Cristóbal Colón, permiten resaltar una primera idea sobre su perfil y cualidades: fue un personaje autodidacta, que en buena medida se hizo a sí mismo, y se caracterizó por su tesón y empeño en sus actuaciones. De su etapa de juventud y primera formación pocos datos pueden extraerse, aunque destaca el hecho de su precocidad marinera: al parecer se embarcó muy joven, como grumete, y durante sus años de navegante en el Mediterráneo —caracterizados tanto por sus actividades comerciales como por las corsarias— se fue curtiendo en los desempeños navales, llegando a alcanzar una pericia notable en ese terreno, al mismo tiempo que se familiarizó con la geografía física de sus mares interiores y costas. Posteriormente, en su etapa portuguesa se produjeron los cambios fundamentales en la vida de Colón: el contacto oceánico, el progresivo conocimiento de la navegación de altura y las experiencias en tres ámbitos: la ruta de Flandes e Irlanda al norte; los archipiélagos luso-castellanos o espacio de los mediterráneo-atlánticos, que frecuentó; y, al sur, la ruta de Guinea. Estos viajes le permitieron empaparse del ambiente marinero de la época en torno a los recientes descubrimientos y exploraciones, tratando a pilotos y marineros. Esa fase fue clave en la formación de Colón, pues así pudo familiarizarse con las técnicas náuticas portuguesas, así como con la interpretación y elaboración de cartas de marear del tipo de los portulanos. En la etapa colombina de Porto Santo se forjó la apertura de horizontes mentales que posibilitó la aparición de las bases de su posterior proyecto: allí Cristóbal intensificó sus contactos al tiempo que recogió indicios y testimonios di16652_Boletín americanista 74 (tripa).indd 134 21/03/17 12:12 135 Boletín Americanista, año lxvii , 1, n.º 74, Barcelona, 2017, págs. 115-137, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.74.1007 versos sobre navegaciones al oeste, y estudió los materiales náuticos, en especial las cartas, que habían pertenecido a su suegro. A continuación, valiéndose de sus conocimientos y su curiosidad intelectual, leyó a algunos autores, clásicos y del siglo xv , y supo de las teorías de Toscanelli sobre la posibilidad de acceder al Extremo Oriente navegando por Occidente. Con paciencia y dedicación fue elaborando su plan, consistente en llevar a la práctica el proyecto de Toscanelli. Para ello Colón disponía de casi todo —aparte, claro está, del necesario patrocinio económico e institucional, con el amparo de algún Estado o monarca—: formación marinera, conocimiento de las rutas atlánticas surcadas en la época, preparación cartográfica y familiarización con los mapas de su tiempo. Su planteamiento —al margen de sus elevadas pretensiones y su jactancia al ofrecer el plan— solo manifestó dos puntos débiles: su fidelidad a teorías geográficas arcaicas e incorrectas (antiguas y medievales, y que sin embargo gozaban de aceptación en su época) y su desconocimiento de los principios de cosmografía necesarios, pues ahí tenía unos límites evidentes: no era un hombre de ciencia, y sus saberes en materias de astronomía y geometría resultaban modestos. Bibliografía A lbuquerque , Luis Mendonça de (1985). Os Descobrimentos Portugueses. Lisboa: Alfa. A ltolAGuirre , Ángel de (1903). Cristóbal Colón y Pablo del Pozzo Toscanelli. Madrid: Imprenta de la administración militar. 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