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Novelas Ejemplares (estudio preliminar)

Blasco Pascual, Francisco Javier

Abstract

Producción Científica

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BIBL I OTECA CLÁSICA MIGUEL DE CERVANTES NOVELAS EJEMPLARES EDIClÓN DE JORGE GARcÍA LÓPEZ ESTUDIO PRELIMINAR DE JAVIER BLASCO CRÍTICA MIGUEL DE · CERVANTES o\• 1\ NOVELAS EJEMPLARES EDICIÓN, PRÓLOGO Y NOTAS DE JORGE GARCÍA LÓPEZ CON UN ESTUDIO PRELIMINAR DE JAVIER BLASCO •• ¡ 1 J¡, ·-·'· 1 ¡ ¡,·· 1 ,f.'¡f .,, ' •• /'¡ 1 '¡ _, ..... r ,_.,, '.;, 1' ·, 'r. . . ~ 11 11 1· 1 1 •' 1 ,. ,, ,,,,, 1 ,. 1 1• ', '•· ,_. 1 1 ., . ·>· BARCELOWA · GoN¡;:ALO PONTÓN GI JÓN Coordiuación general LAURA FERNÁNDEZ GARCÍA Secretaria de redacción .MANUEL FLORENSA ' MOLIST Tipografía VícTOR IG UAL Fotoco111posición © 200 r de la edición, prólogo y notas: Jor ge García López © 2001 del estudio preliminar: Javier Blasco © 2001 de la colección: Francisco Rico © 200 r de la presente edición par a España y América: EDITORIAL CRÍTICA, Barcelona ISBN: 84-8432-201-7 rústica ISBN: 84-8432-200-9 tela Depósito legal: M. 21.876-200I rústica Depósito legal: M. 21.877-2001 tela Impreso en España 2001. -BROSMAC, S.L., Polígono Industrial r, Calle C, 31, 28932 Móstoles (Madrid) Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de lo s' titulares del copy ri ght, bajo las sanciones establecid as eri las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualqui er medio o procedimiento, comprendidos la reprografía 'y 'el lratamiento infonnático, y la distribución de ej emp lares de ella mediante alquil er o préstamo públicos. ESTUDIO PRELIMINAR ·.· NOVELA («MESA DE TRlJCOS») . Y EJEMPLARIDAD («HISTORIA CABAL YDE FRUTO») ·'. )'¡ •'. L'eer . a .Cervantes, leer las N o velas e'j emplares• de Cervantes, es una aventura que, más allá del plural universo al que nos conducen • los mgu¡nentos de · sus narraciones (r elatos bi;zaminos, co'rtesanc>s, picarescos, etc.),.nos convierte eu es'pectqdores privilegiados del proceso de reflexión (estética y epis~ temológii:a) que . está • gestando la novela moderna .. En ifecto; ,vista desde la óptica cervantina, la historia de , la invencíón de la «novela», · en la que siempre se ha otorgado a nuestro autor un papeZ. . destacado, está vinculada a una interesantisima reflexión ; que . tietie por objeto tanto el debate que la época de Cervantes seplantea, en • torno a la literatura de ficción ' cuanto la necesic dad -intensamente. mi ti da por nuestro autor~ de alcan;zar ci~rtas precisiones sobre los limites y naturale za de la - realidad, o, en otras palabras, la ne- , cesidad ·. de investigar las posibilidades y aptitudes, de un determinado tipo de discurso para dar cuenta de tal realidad .' • · · . Pero qntes de en,trar en · los . _ detalles de -• esta ·rifiexión · conviene hacer un poco de historia. Es evidente que Cervantes conoce el' térnüno «novela!> ., pues . lo utiliza repetidas veces en el - Quijote de ·I6os. (en los capitulas 32, 33, 34; 3H 47N antes de llevarlo al título mismo · de su - edición de las Ejem--; plares. Pero'. hay qué · precisar, . con · todó, que la etiqueta . «novela>> no signi .- fica lo mismo para , el autor del Quijote que - para un lector del siglo XX. Si «novela» se opone ., hoy, .a·romance . ('narrativa .defantasía'), en la . época a que . nos .' estarrtos · refiriendo..se · oponía a· «historia>!' y a <fábula po'ética». Esfo ., conviene tenerlo . en ruenta para no .caer en anacronismos imperdona - bler Cervantes vacila a. la.hora - de clasificar sus . nárraciones mayores. 'En el prólogo a.La. Gala tea se refiere a est(l . 'obracon el nombre de «églogi:w; elPersiles · Cervantes lo presenta .a. los lectores . como << historia setentriona l»; .y cuando - se · refiere a El ingeni 0so hidalgo don Quijote de la Mancha siempre .Zo . 'hace con 'la . etiqu'eta; • imprecisa y gmérica, de ' «historia»" o de <clibro>>. ' .Tal falta de p' recisión; ; tales vacilaciones, S011 ._ eldcrtentes de que el autor m !!' tenia muy cldra la· catego~{a de género a la que los rr ¡encionados · reZa~ tos ,· deblan , . adscribirse. ; Perq ya no _ ocurre , lo mismo . coti . obras • conw . el Cel0quio de los · pet"Fos ., El li cenciado Vi~Fiera, La gitaiúlla o La española< inglesa . .Todas . ellas, a pesar de . rentitir •a universos . imaginarios muy diferentes y a pe,sár de - ~ erviicse de tipos , de discurso · y de códigos disímiles, - son para su autor <<novelas» y'ilo son inequívoca¡nent~. ,.: - ,\ Y no. só lo : son. <<nove las» las c doce • narmciqnes · que,. eu r6I3, se publican bajo el titulq, de . No we las ejemplares: Son también nov , elas -aSi.las califi - IX X JAVIER BLASCO ca su autor-los episodios que, en varias oportunidades, vienen a quebrar el de lineal discurrir de la fábula edballeresca en el Quijote de r6o5. En ifecto, dep relatos como el de El Curioso impertinente o• el de El Capitán cautivo está son para Cervantes novelas (I, 32; II, 44), género al que pertenece también tas la histoJia de Rinconete y Cortadillo, • que el ventero tiene en su poder erl'i junto a la de El Curioso impertinente.(!, 47) ! n.o En.. cualquier caso, · estos datos deben se . rvir al menos para recordar que la hac historia de la «novela'> en. Cervantes hay que retrotraerla, por lo menos, a var r:6o4. Y esta fecha todavía habría que rebajarla, si consideramos las · historias de «Timbrio y Silerio'> y de «Lisan.dro y Carino,>, en. La · Gala tea, o si atendemo s a las fechas que se barajan para algunas de la s Ejemplares. Teniendo esto en. cuenta, todo intento • de difin.ición de lo que Cervantes . entiende por · <movela'> habría de atender al hecho de que esta, en su origen., ne - cesita de una fábula. que le pueda servir de marco. Históricamente es así: lds lo primeras manifestaciones cervantinas de l género responden con exactitud a tic lo · que Lópó: Pinciano, en su Philosophía antigua poética, denomina tar «episodio'> (componente prescindible de . la <fábula» épica, cuya . lectura de - nG> pende del marco superior, el argumento o acción principal ; en el que se re - da suelve la plenitud de su sentido). · ,. la }"n.o debe llevarnos a error el que, en. la edición de las Novelas · ejemna piares de I6IJ, los re latos se cifrezcan al lector como entidades independientes, pues es seguro que la recepción del. Quijote, en r605, condicionó la deva cisión de Cervantes de ofrecer «exentas . ,} · las doce novelitas · que constituyen m el , volumen. Con toda certeza, la crítica deberá considerar que la «nove la cu ejemp lan > -t al y como Cervantes originariamente la . concibe-e depende de co un marcq¡ cuidadosamente evitado en I6IJpara que no se produjera lo que rr ya había ocurrido en el . Quijote: «que muchos, llevados de la atención. que t~ pidén las hazañas de . don Quijote», dejasen de darla «a · las novelas», pa-, sando «pór ellas o con priesa o con enfado, · sin advertir la gala y artificio que en sí contienen, el cual se mostrara bien al descubiertó, cuando . por sÍ · so las, sin arrimarse ·a la slocuras de don Quijote· ni a las sanderses de . Sancho, · salieran a luz» (N; 44) .' Esta es, sin duda, la \razónpon la que Cervantes en I6IJ. se decide a publicar sus <movefas, >' de forma independiente, sin buscar para ellas una fábula. que les sirviera · de mar~o, obligando al lector a· 'centrar toda su atención en la .<<g ala y artificio'> . de los • rélatos, sin ver en e llos , como parece que ocurrió con e/. Quijote de 'I605, ' Una : in.terrupción del natural desarrollo de l as aventuras de/protagonista de la fábula principal. Con todo, hay que . proceder con cautela, • pues no resu lta tan claro que los docdelatos dr: las Novelas. ejemplares;• a pesar. de la variedad defór;nue las discursivas y a pesar de • la diversidad de universos literarios que cada uno tí ESTUDIO PRELIMINAR XI de ellos evoca, sean totalmente independientes . .Por lo pronto, la relación y depend e ncia del Coloquio de los perros y de El casamiento engaños0 está juera de toda discusión. Pero las conexiones entre las distintas nove/itas y las de todas ellas c01rel.prólogo no paran ah{, pues es posible detectar en · la colección toda una variada serie de elementos · recurrentes, cuya función n.o parece ser otra que/a de sugerir, en la estructura prqfunda, una «unidad» hacia la . que ven.ddan a converger la totalidad de 'los relatos, tan. · diferentes y variados en la • estructura supeificial del texto. Quizás, apelando .a esta unidad, . re s ulte más corhpren.sible la advertencia que el autor nos . hace desde el prólogo mismo de las Novelas ejemplares: « ... y si . no fuera por no 'alargar este 's ujeto, quizá te mostrara el sabroso y honesto fruto que .s e podría sacar, así de todas juntas, como de cada una de por sí». . ··' , 1 Todas estas cuestiones hay que tenerlas en cuenta a la hora · de analizar lo que, a la vista de sus Ejemplares, Cervantes entiende por novela. La cr{ - tica de nuestro · siglo ha restringido en exceso los Umites de rif e rencia (intentando ex plicarla desde su relación con .la tradición del exemplum, de la novella, del romance .. .) y de interpretación (la' cuestiótt de la ejemplaridad) de la narrativa breve cervantina .. Y esta tendencia debe revisarse, pues la aventura de la invención cervantina de la novela es mucho más apasio .- 'n ante y compleja. 1 • •• , Es necesario, por ejemplo, replantearse la relación de la narrativa cer - vantina con el universo de lo que la cr{tica anglosajona conoce como romance. (libros de caballer{as ¡ libros de pástores , etc.). Con demasiadajrecuencia se ha repetido que es Cervantes quien da los pasos difinitivos que conducirán del viejo y gastado romance a la nueva y fértil fórmula narrativa en cuyo humus se gestará la novela moderna. Para cierta crltica, la trayectoria que describe la narrativa cervantina desde La Gala tea hasta el Quijote, pasando por las Novelas ejemplares, señala un progreso, con pas'o:firnie, en esta dirección. Pero la evolución no resulta tan evidente. Desde luego, la aportación de C_ ervantes •a la novela moderna está juera de tod a duda, pero la · trayectoria que va del romance a lo i:¡ue hoy entendemos por novela no es tan · lineal como pueda parecer a primera vista: el entusiasmo con que, en los últimos años de su vida, Cetvantes lleva a cabo /a_redacción del .Persiles, as{ como el propó,sito, mantenido hasta sus últimos d{as, de escribir una continuación de La Galatea, desmienten y ha - cen il'nposible la interpretación qu~ lee .la · trayectoria narrativa . cervantina en un sentido · evolutivo que in.equ{vocamente conducirla a la novela. Esto lo · han visto bien quienes, en oposición a la tesis anteriqr., matttien.en la existencia de un• proceso inverso, que obligarla a· 'leer la trayectoria n.arratiua cenJantina • en el marco de una evolución que, contra lo . que es el signo XII JAVIER , BLASCO de la hi>toria del género, vendría marca'da por el regreso al romance . desde la novela . Quizá convenga recordar una vez más - esto aclarará bastante las cosasque lo que Cervantes . llama «novela» no es lo mismo que lo que nosotros en , tendernos por tal, a partir de la redif¡nición que del • término hal!e el sig lo XIX : 'Nuestra « 11o vela» sí que se opone al viejo romance .. Pero la cervantina no .. Con Anthony Clase · habría que recordar que . <<todas la s, narraciones cer.vantinas · deberían llevar . la modesta · advertencia preliminar, Aquí estamos.de obras, perdonen.las molestias». Y es el permanente exp' er irnentalisrno · cervantino, que se esconde detrás . de ese «estar en obras> >. de - bastantes relatos suyos, el q~te ·. exp lica muchas de las vacilacionesque se observan en las fórmulas narrativas - por él ensayadas " .Yener esto en · cuenta _ nos perinitiría entmder la fácil convivencia, en s¡ts ,Novelas ejemplares,· a e re - latos idealistas (cercanos a una visióit del universo propia . del ·. romance) y de relatos realistas . (mucho · más próximos a lo que hoy - entimdemos por novel-a). Si qiteremos poner . un poco de ; orden · "ert , la interpretación · del arte. cer.~ vanti~w, , recordando que la oposici6n . ~ ntre novela y rom ance ' remite a una polémica que ni por asomo es la del tiempo · en . que el autor del Qu'ijóte' escribe, deberíamos reconducir los análisi s · hacia · lo que realmente preocupa a los preceptistas de la época, cuando, tras el desprestigio de lo s.rpmaaces al uso, se persigue una salida : para la ficción narrativa por los caminoLde la «épica>>, como ha seña lad o Aurora Egida. Lo realmente original y fecundo . en /a.esiritura · cewantina hay que buscarlo en la rnqdema man¡;?ra con que Cervantes, despe el interior mismo - del rom ahce, replan_tea;frente a los tnorali stas, la relación de lít' eratura y vida; o, frente ,a los , preceptistas, la relación entre poes{a e histeria. La «novela moderna> !,· lo que nosotros entendemos • por · novela, nace de la crisis del ;romance, pero naGe en el seno · 4e1 r, emance • y. de sus mismos t !nateriCliés ,- cuando sobre ellos un autor deá'deproyectar la visión que de la realida4 han venido a-poner en . escetia .los 1· iuevos tiempos, según rec~¡erda Edward .: C. Riley. E[. nacimimto de la novela . tiene - lugar cuando , alguien como Cervante> pOI'ie a dialogar el universo del<rom i mce ', con el · de - la novela (cpn . lo qtee él llama . <<novela'>i), creando con e llo un escénario privilegiado . pard ·. es~ tudiar la s diferentes relaciones que la literatura establece con la · realidad en lo s. w, tiversos · -tan distin:tos~ · de u'no 'y ptro género; un-escenario . privilegiado para, en< Id confrontación de ficción y vida que el· texto posta/a, abrir. . el camino a· una profunda riflexión lite raria, que desde · luego tien 'e un carácter estético, pero cuyo origen es · evidentemente de na~uraleza . epistemo lógica : El romance l evantaba ante los ojos de lo s · ledores ·un universo maravi~ llosa radicalrnente distinto al de la realid-ad cotidiana, y, para · que la ficcióh J í ESTUD . IO PRE L IMINAR XIII funcionase, ex igía del re ceptoruna permanente suspensí6n de su «experiencia'> . de la realidad : El texto de Cervantes propone · allector , una relaci6r¡ de ,o. tra naturale z a. La novela -aunque,. gracias al permanente diálogo que el texto de Cervantes acierta a mantener con el universo del romance, no elimina lo bizarro, . lo raro y extraordinario-- pretende rifer!r .;una «experien 'c ia» de lo real. La · «novela>> cervantina es . algo más que ur¡a J6rmula narrativa que . se ojrece . como dlterr¡ativa e¡ - las agotadas formas del romance: necesita del roman , <i:e . -Erraríarn!Js . s.i no hiciésemos justicia a· la deuda que.las «novelas» .. cervantinas • tienen contraída con ' el universo «encantado» que es propiO. de los libros de pastores .o los libros de caba_llería. Pero todavía, s'i.cabe, es . ma ,; yor la deuda de la «nov ~ lt;~ l> de Cervantes con la tradici6n italiana -de ]1occaccio 'a ' Bandell~ de ' la hoveíla .. Si es ' el. <ip'oeJ.I.ih /p' ito» el objetivo qÚe o ' rie ~,t a)a r'ift , ex i6~ te6ric~ de lo f P,rei: eptistd ~ 'q~i~, ci partir dr la segimda miÚ~ d. el rfg lo j ú"I { se , haJl ~ n pr ~~ cup~dos Pq ri ~ : ~o¡z trp f ~nr . sal!da P,'i_f~ la n . a~ rratiya de ji ~~ i6n, l¡¡ novell~ e~ -comp lq , cnti f9 , h~ m 1 alq~o col'! reit~raci6n-: la mesa de operaciones en la que instalan su laboratorio aquellos - Cervan - tes a la cabezaque buscan dar voz a un espacio al que ni las J6rmulas na ·- rratiuas encimwdas en : los libros . de caballerías, ni tampoco las ensayadas para - el mo .d, erno . poema · ép i co eri prosa, . alcanzan ,, e' . Ni ehor:nance ni . el poema épico en prosa q11e perseguían las preceptistas , tenían caparf4ad de atender a un espacio que ; rarecía de voz,, porque .la literatura do /iabfa · despreciado durante siglos. Este , espacio 4 l , q~e fl'!e estoy rifz · riendo . na es otro que el de lo cotidiano · en que se halla . instalado el.lector; un espacio constituido por una su~tancia , arguniental (enredos 'amorosos, casos de horior y.decelos :: .) que no había interes ' ado 'a ningún otrq género, salvo · al · qu.e PinCiano describe como << comedia morata !> '. Fuera de los límites que la preceptiva había trazado para , la épica y para -· la narraci6n hist6rica, co111oform-a,s autorizadas poda Ppétiq , de ' A'rist6teles, la tradici6n de la rio:vella había ..si do . laprimera en ll evar a cabo el ensayo . de . dar voz a /o.concreto ,. a lo. - co,tidiario •.e intras , cendenfe, que'la historia desprecia por banal o irrelevante y. que se · escapa · tam~ién de es a mirada '· <<sub specie aeternitatis >> q'ue persigue . la épica ·. Esta rea lidad ha ido cobrando .voz a lo largo ~el , sig lo X.vl'y está rec/amamJ,o , ,aljilo .. delnuevo siglo, UfW • expresi6n qu,e la novela ,. mejor . que ningú\1 otro género, , acertará a darle. ¡ S6(o el . teatro ; a través de l í:z comedia, se había ocupado de .. ~sta realidad .. Por esiJ , se equivocaba, pero no exageraba ni desvariaba ; Auellaneda, cuando en ' su coritinuaci6n del Quijote pretendía reducir la novela de Cervantes · a la · ~ ategorí'aol/e la comedia. /:;a misma valeraci6n le merecía ti las novelas • cervantina~ ,a: Lop'e (< < Demás que -ya he pensado .- -escr ibe L.ope en sus ; No.v'ehis - -a -,Marci:;t. Le ' onarda- XX JAVIER. BLASCO cristiano, I558,jf.· iv y v). Traducir la Biblia era sustraer la palabra divina ellas a la autpridad can6nica y' abrirla hacia el «caos» interpretativo de lp que en- «ejer tomes se ' llam6 «libre examm»; era, en última instancia , reducirla al nivel simti de , la literatura · profana. Y en este punto Carranza tenía raz6n, porque so - c ek va bre el . texto literario .fiaional podía recaer todo tipo de sospechas desde el . moclave mento e11 que este se cifrece sin ninguna medíaci6n s~ific~entemente autori l x;vii zada para que . el lector construya sobre ella . su interpre.taci6n. Par á el texto tícos literario ni hay autoridades que posean , la exclusiva de la explanaci6nní hay 1 ,eje 1 p,osíbílídad alguna de erifrmtarlo con - la : vida para bus c ar el refrendo de esta ., lían Texto y .lector, ' en la ficcí6n; . $e ~ncuentran absolutamente solos ; ' uno frente Par a otro. La llave que abre la piierta del castillo de la literatura deficci6n, 'Ú t caso de existir tal-llave, está en el texto•y s6 lo 'e n el texto. Nadie ni nada desde juera del : texto podrlí servir de guía al lector. Las ayudas de las que este p~iede echar mano · se · encuentran exclusivamente p . ~ el texto. Pero · tales ayu -. das tampoco pueden ofrecer seguridad alguna, ya que nunca nadie -:-ni fuera ni dent ro del texto'-'puedega ~ antí z ar allectonque el texto diga lt fver dad . •. Lo que eme/fondo repugnaba a' los moralistas era que la.ficci6n s6lo se comprometiera con laficci6n, des . d.efJ-(mdo todo compromiso con la realidad. Ger~ vantes, por el contraho, .1 ; sabe . aprol!echar estas circunstan c ias y las convierte en sustancia • nutriente, de su · ínnovado,r. discurso. Y el problema d~ la lectura nos llevq casí · de la mdno a otro tema que tam - bíémocupa lugar . relevante en el pr6logo de las Novelas ejemplares y. que ha interesado profundamente a .la i:rít i ca cervantina . Me riflero a la cuesti6n de la <<ejemplaridad» ·. El principal erro~ de la crftía , 1, al intentar desentrañar el apellido de las Noirel~s ejemplares reside, - sobre todo, en el hecho · de perseg"!ir la prometida ejemplaridad e1i un nivel abstracto, en · vez de acudir al plano de · la experiencia, que es el que la escritura cervantinapotmcia. Las verdades generales y los principios uníversnles ; cuando haEen . acto de preco ' senda en la obra iervantína : .. constítuyen tan s6lo un punto dneferencia} en el relaci6n con el6ual se erige toda una serie de sucesos concretos ; a modo de'exse cepciones o de limitaciones. · ' '· y · Tanto Kromer como Pabst, al hacer la historia de la novela · corta en la te tradíci6n occidental, son capaces de percibir la originalidad de la j6rm, ula certa vantína y ' la independencia de sus novelas respecío ·a la f6rmula 'italíana . qe v la novdla .< Pero, .a la hora de exp,licar tal índepéndencia, insisten -la . ve~ , , a dad < es que < con razones no - 'síempre conv in centes - 'en la deu4a de la narrativa n breve espai¡ola, en tiempos de Cervantes ,. respecto a la tradici6mmedíeval de los exempla:: Con• su.fiáencia, M. Laspéra$ · demuestra que 'el exemplum y la novella, tal y como Ctirvante,S'la practica, con~tít~yen ; , tanto semántí ·• j ca . como . sintácticamente, formas tari qlejad~,. -, que • toda · conjlúéncia .. entre d r ESTUDIO PRELIMINAR XXI ellas resulta de difíciljustificación. Bxiste; clm todo, la cuestión del título de «ejemplares» que su autor les da, y no resulta tarea sencilla precisar en · qué sentido se concreta la «ejemplaridad» prometida . desde la portada de la obra cervantina . Para Ortega, • la ejemplaridad · cervantina hay que leerla, : en la clave de . la «heroica hipocresía ejercida por los hombres . s¡tperiores del siglo XVID>, como . una hábil : estrategia para mantenerse a, salvo de los lectores Críticos ypara desqmwrc¡ · los censores. Para Edward C. Riley, con el título de «ejernplares>> Cervantes desearía desmarcar sus novelas de la tradición ita~ liana ; de los novellieri ,- . dernasiado .identificada con contenidos l ascivos . Para Walter Pabst, la promesa cervant i na de ejemplaridad no es otra cosa que un redarno publicitario .por el que el autor intenta acercarse al gusto ti el lector 1nedio español : Para A valle Arce, la ejemplaridad de es t as novelas se tradúce tan sólo , en ' términos e.s,téticos, y nunca en términos morales, como ciertos críticos han apuntadq . . No me convencen las tesis que difienden la _ ejemplaridad moral.. • Pero ta'mpoco ' apostaría nada en.Javo~ de la tesis estética. Si las novelas cervanti ·- nas ejercieron, en su siglo, una innegable influencia, no . creo que Cervantes, en IÓI3 ,; les · diera · el norhbre . de «ejemplares>> en previsión de l mag i sterio que ha~ría de seguirse de , su presumible éxito. Quizá Cervantes, al apellidar las suyas como <<ejemplares» ,- pretendiése ,; simplemente, d~smarcarse . de la acu - sación de inmoralidad que sobre las novelle pesaba desde antiguo. Quizá la ejemplaridad de estas novelas 'Sea «una idea que tuvo el autor al publicarlas y no al escribirlas>> . Sin embargo, resu l ta · ciertamente difícil de acep~ tar-y la insistencia · de l,a crítica en buscar un sentido al títu lo de la colección cervantina : l'?s una demostración de lo que digo--' que el mencionaqp ,t ítu.lq (?s - conde tan sólo · ima formulación retórica . Quizá, no ; deberíamos, tampoco en esta cuestión, despreciar . q, Boccaccio. corno modelo cervantino: e.n dprólogo del D~camerón, Borrwcio utiliza el concepto de eje ' mp l aridad en .un sentido. muy diferente al de los libros . de sermones, situando . la ejemplaridad en . una esfera · exclusivamente socia l, y. ya no espirituaL· Pero propongo que, detrás de(.título de «ejemplares», in" tentemos , ver el eifuerzo de Gerv i :mtes . :por · decirnos que l as narraciones que tal título pres · ide no son meras novelle ~ La fórmula cervan~ina de la • <<"no - vela» -y en es11 dil i: cción creo que apunta la etiqueta · de . «ejemplaridad>> que acompaña a las suyas, desde el . mismo título-' no se explica totalmente . en ninguna de las • dirécCiohes que la · tradición podía ofrecerle y que en diferen - tes lugares de es.tas páginas • he ' ido ajmntando: ,. Cervantes no pretende aclimatar al castellano la tradición · italiana de la ·riovella, · sino que, · kariendo justicia a las protestas de , originalidad . que desgrana en el · <<Prólogo allecto.r>> de . las Novelas ejemplares, lo que persigue, y lo que al .final consigue, es XXII JAVIER BLAS CO crear una «novela» autóctona; llenar en castellano el vacío que en la literatura italiana de entretenimiento ocupaba la novella, pero hacerlo con un producto propio y diferente, «ni hurtado ni irYfitado,>. Si hoy interesa la cuestión · de la ejemplaridad, tal interés reside, según me parece, en el hecho de que Cervantes, al darasús novelas el nombre de «ejemplares,>, antes que calificar desde una perspectiva moral unos determinados contenidos, lo que parece .pretender es difznir,frente a la novella italiana, un género diferente y autóctono. , , La etiqueta de «ejemplares» es antes una etiqueta de género que una ca .- lificación restrictiva de carácter moral. Cuando Lope de Vega, con sus No - velas a Marcia Leonarda,. se decide a probar fortuna en el nuevo género, no le es posible evitar la riferencia a Cervantes; y dicha riferencia resulta extraordinariamente precisa para ente1tder que no es Cervantes el . único en percibir una diferencia de género entre novella y «novela ejemplar»: «[Las novelas J -escribe Lope en . r6"2Ison libros de grande entretenimiento, y ... podrían ser ejemplares como algunas de las hi~forias trágicas . de Bandello ... pero habían de escribirlos hombres cientificos, o por lo menos grandes cortesanos, gente que · halla en los desengaños notables sentencias y aforismos» .. • Es cierto que Lope no reconoce en las novelas de Cervantes el carácter ejemplar; sino que, por el contrario, pretende «degradarlas», reduciéndolas al estatuto del «cuento>> tradicional . Pero esta es una : cuestión secundaria que tiene mucho que ver con la relación personal entre efFénix de los inge - nios y el autor del Quijote. Lo que realmente me . parece significativo es la seguridad con qúe Lope establece la posibilidad de dos clases diferentes de «novela» y la claridad con que, dentro de la división propuesta por él, difzne . los rasgos de la ejemplaridad, haciendo . depender esta última, sobre el modelo de Bandello, de la capacidad - de los · «hombres cientificos>> o de los «grandes cortesanos» - para vincular sus narraciones, mediante ciforismos o sentencias, a un núcleo de pensamiento . Para Lope ; la 'noveh.ejemplar vendría a ser esa suma de filosrifla, poe5{a y cuento que Luis Gaytán de Vozmediano percibe como característica de los Hecatomrnithi de Cinthio, que a él le toca traducir; suma que justifica -coincidiendo m esto con los conse - jos que el amigo le da a Cervantes, en el prólogo de su Quijotepor venir instalada en un discurso destinado a un público variado y dispar. En la tesis que ahora difiendo, las Novelas de Cervantes son · ejemplares en un sentido · muy diferente al que la tradición occidental da a. los materiales que, durante toda la Edad Media, se conocen como exempla. Recuperando el sentido estricto con que, en Quintiliano, funciona el tér - mino exemplum, Cervantes convierte las suyas en laboratorio para . someter s uceso, doctrin · cómo e preten termin dose, e conocí cuand gados rismos plerne Cerva q1 . te la • vo de <<s~tces partic d'ez u quep acusa , 1 .G rnarc casos ~;:~~J Gon j que · den barre curso narr rife 'f una lo la ESTUDIO PRELIMINAR XXIII meter a prueba, eit la vida que encarnan lo s personajes protago ' nistas del suceso, lafuncionalidad· de : rma determinada cuestión o de un cuerpo de doctrina sobre una determinada cuestión. Maree/ Bataillon ha estudiado cómo era · corriente · introducir · narraciones (folclóricas o 110) en textos con pretensiones cientfficas, > I!On lafunción de riforzar. narrativamente una determinada argumentación. Eso es lo que hace el · doctor Laguna atribuyéndose, como sucesos realmente vividos por él, anéCdotas que tienen un bien conocido origen folclórico: · la harración viene a •poner en ti; la · de juicio, c1 •1 ando no a contestar abiertamente, núcleos ideológicos más o menos arraigados en la época, vengan éstos formulados en forma de sentencias y aforismos -como Lope parece sugerir que debe hacerse- · o se presenten, simplemente, · como parte del entramado mental de los personajes. Las de Cervantes son novelas «ejen : tplares» . porque son -s egún diftniciórt exacta que la retórica de Quintiliano daba del exemplum~ el desarrollo narrativo de una quaestio. Son, eso s{, difectuosos ' exempla retóricos, porque el t<suceso» particular que narran, al poner' sobre el tapete una casu{stica muy particular, somete . a prueba la «doctrina» general y problematiza· sú valid~z universal en vez de afirmarla. Aunque estructuralmente, en · la tesis que propongo, «nove la ejemplar» y «ejemplo» guarden cierto parentesco, semántil :a y funcionalmente la distancia entre una y otra forma narrativa es ' mucha. Para Cervantes , fa difinición de exemplum que tiene vigencia ym' n() es la • de <<exemplurn est quod sequamur, aut. vitemus; exemplar es se quo · similefadamus>> . El exemplum, en la dirección en la que Cervantes lo usa, no es moral ni· inmoral, · como no son morales ni inmorales los relatos •\ de que se sirve un abogado en la argumentación de · su difensa o . de · su acusación .- . ,,, .Goncebidas a modo de retóricos exempla, las novelas cervantinas son el marco ·. elegido por el autor para examinar a la lu z de «lo particular>>" de.Zos casos rifáidos en la s nbvelas ciertas ideas del momento. El «arte '. de la · digresión>> ; . tan fecundo · en .Za literatura áurea · (diálogos, prosa miscelánea, literatura espi~itual, oratoria sagrada, etc.) y tan ifinamente estudiado por Gonzalo Sobejano, ha familiarizado al lector con un tipo de discurso en el que el salto de lo particular •a lo genera/favorece el' nacimiento de una forma de narración que ¡ co ' nciliando historia y poesía ,' hace posible la ruptura de las barreras que, en el marco de la Poética, separaban a uno y otro tipo de discurso :. Y es • en esta · dirección . en la que trabcyará Cervantes; creando para la narraci'ón de los «sucesos» particulares de sus novelas un marco univásal de referencia. Las novelas · que s· iguen la tradición cervantina ; construidas sobre una • rnuy moderna observación de la realidad cotidiana, serán, a la vez y a lo largo · de todo el siglo, • narración y tratado, aunque cada autor desarrolle XXIV JAVIER BLASCO más arnpliamente uno u otro elernento. En la <<Dedicatoria» de sus Noches de: invierno (1609), Antonio, de -Es lava declara que su intención, · al escrib irlas, ha sido ' «aliviar la pesadumbre del/as [de las noches de ir1vierno] ,. halagando los oídos . delleetor con algunas preguntas de lafilosofla natu" ral y moral, ·, insertas en apacibles historias>> .. Desde la perspectiva que nos , ofrece esta suma de í<pregúntas>> 'y de :«- apacibles historias», si tomarnos . a Cervantes como punto · de riferenciq, creo que · deb ' en revisarse los presupuestos que ., para la evo lución de la novella a la «novela>>¡ se han venido barajando . . ' · · ·. •r i Cervantes sabe apreciar el · valor de la novella COIJto narraci-ón de un <!su - ceso>> particular cercano a la cotidianidad de los ,l ectores, pero da un paso más (el que , representa la «hovelh ejemplar»), que a la postre habrá de resu lt ar decisivo para la constitución de l e¡ novela medema. Desde la · concepción · de la .realidad en que se apoyá ·su escritura, lo particula r. reclama una interpretación q~ le · la -novella , no podía ofrecerle, . en · tanto · que lo universal precisa una cierta concreción que, desde . fu ego, tampoco el «poema' · épico», tal J' como la preceptiva :lo imagitw, podía conseguir. Entre el universo al que re ¡ thite el yelmo de Mambrino · (el ·d,el <<deber ser» )"y. aquel otro. al que rem ite la bada de barbero (el , del <<oer>>), ,existe -y está ,r eclamando voz,- ellf:ni¡;erso del baciyelmo (el del «poder» o. el del «querer' ser») .. Es decir, el univ erso de las relaciones que un . )l o, al interpretar la · realidad; establece con las . cosas. Contextua/izando la doctrina , de la época sobre diversas - cuestiones y haciendo que di~ha doctrina . encarnase en la vida . de lo s personajes, Id · circunstanciada narración de ; ccisos concretos riferib/'es al universo cot idiano de · los l ectores . pone en cuarentena la s ideas de la época sobre las más variadas cuestiones. Este tipo de narración ejemp la r se ajusta a la peifección a lo s meca , nismos mentales del. autor del Quijote, quien se siente mucho más a gusto tratando • c'on vidas que cornerciando , con ideas. La narrativa de . Cervantes se hace eco .demuihos. debates de época ; que nuestro ' autor siempre acie'rta a va" dear, , porque lo que fl él red/mente , le interesa es ver cómo ciertos ptmtós· de vista ' derivados de tales · ~ebates funcionan al encamar d~ · vida ~ concretas ,, Cervantes iio conoce otra forn . ~a de • argumenta r. q~í~; l a' creación · de ficciones. Esta era su forma natura l de hacer inteligtble y de expresar la realidad . (y quizá1su.jorma, también, de ' <<decir t> indirei:tamehte. • lo que · hubiera sido arriesgado . expresar de manera explícita). En · éualquier caso, no .son la s ideas,.siiw las , vi,das, lo que importa a su pluma ... y, al · encarar . la . construoción discursiva de - estas vidas, . lo . que nos ofrece su escr itura son novelas .. 1 En este · sentido es en el que las novelas · de _ Cervqntes merecen el apellido de «ejemp l ares>> : po . nen eitpie . un discurso desde el que se quiere intervenir en un debate (argumentaüo) mediante desarrollo narrativo de una quaestio. Es 11 .ir así e ti vos de y de la p o' rqúe ~ jempla quaest" discurs plos cor por tan gica, p Cerval vo (coN c Hal se pensar ' En ta · de~ aHtor; bi4ffi' cohto i el pé rs ción, ' casi to absol ' gaun. sobre ser le{ El vdnte califi Con obrd · plare pt ' op ment senti t mé nt ten« la5r truco ESTUDIO PRELIMINAR XXV tio. Eso : es el <<ejernplo>> en la tradición retórica .. Pero Quintilian.o, al d~fi nir as{ el exemplum, ya sabia que la significación ddos paréntesis n.arrii - tivos . de la argumentatio depende de la interpretacióh que se les quie ra dar y de la fuerza inoral que tenga quien los interpreta; no · demuestrat 1 nada, po'rque ,:w son auténticas pruebas. Por eso · es preciso tener . en cuenta que la ejemplaridad, puesto que el exemp lun 11ci mismo sirve pam probar ~mti quae'stioqu~ para rifutarla; . hace riferencia a ur,¡ modo de construcción ; del discurso y 11 -0 a• la necesidad de · servir de soporte a una . moralidad. ~os ~fem  plos constitctyen. un reto de interpretación. ¡ n.o de imitación : Son susceptibles, por tanto, de una consideración estética, incluso de una consideración ló-- gica, pero no . de una consideración. moral. En este sentido, las nove l as · de Cervantes · son . 'verdaderamente ejemp l ares sólo por se r. el desarrollo narra ti-· va (corno prueba, · en ciertos . cas · os, y canto rifutación, \ en otros) .a través ilel a,talse sugiei•e una int"erpre(ación de · ciertas «cuestiones>> representativas 4el pensamiento de su tiempo . · , .. ' En lenguaje técnico, la· novelas cervantinas constituyen ld narratici fic..: t a. · de una disputatio (tesis, ; rifuiación y contraargumentación) en. la que el atttor, · a través de ; las vidas de lo s' personajes de ' las mismas, ofrece como du-2 bium· algo · que para los. 'propios personcljes es certum. La controversia; · como , valor del discurso, s-ustitu , ye ·a la 'auctoritas,J de la misma manera queelperspectivismo, gracias a la problernatización de las instancias de la n.armción, sustituye al rnonologismo .. Por eso la s· noveli:ts cerva -ntinas son., como casi todos los cr{ticos him seii.alado, obras abiertas . en las qu..e el l ector -tiene absoluta ' libertad para . interpretar la ficción, . sin que desdejuera s'e le imponga un . sentido. Camjmzdn'o, autor del Coloqutio, carece - de toda . autoridad sobre un.lectorcomo Peralta para impbherle el sentido en el que su texto debe - ser leído. '·· :· ·1·. El caráCter abierto y equ(vcico de es ' ta forma novedosa · de . relato que Certldntes está inventando justifica que, en el · prólogo, a· estas : nopelilas se la s califique de «mesa de trucos>>. En un magnffico ensayo sobre - el · Quijote, Gonza lo Torrente Ballester . ya apuntó una propu'esta de1ectura dé la gran obrarervantina · desde la perspectiva de/juego . Pero · en . la s Novelas ejem - plares es ele propio Cervant eS. el que 110s seíia la esa clave .' Bn la l ectura que · propongo, · el juego que la ' novela cervantina pretende ser · está indisoluble~ mente vincu lado al tipo de ' espacio · que · arrib i: ISe ha descrito; un espacio de · la sentimentalidad - burguesa . dif¡nido por el oCio. ·En· el marco de dicha sentí - me ntalidad, el ocio se perribe . como una neces - Idad y la s novelas se consienten «para entretener nuestros : bcioso"S pensarnientos>>, como «se consiente im la s repúblicas bieneottcertadas que haya juegos de ajedrez, de pelota y de trucos» (Quijote, I; 32), porque ' «t1.o es posible .que ' esté continuo el arco ' ar '- XXVI JAVIER BLASCO mado, ni la condición y flaqueza humana se pueda sustentar sin alguna líg res cita recreación>> (I, 48). rige1 , . Desde luego, la definición cervantina de la novela corno «mesa de trucos » adm está {ntimamente vinculada .a. la teoría de la eutrapelia, tal y corno laforjing mula ]acques Aymont en su traducción de la Historia Etiópica. Sin duda, /ítu las palabras de este («la imbecilidad de nuestra natura 110 puede sufrir que rnul el entendimiento esté siemp ~e ocupado a l ee r materias graves y verdaderas, no más que el cuerpo no podr{a durar sin intermisión al ,trabajo d ~ muchas obras. Por lo cual es menester algunas veces, . cuando nuestro espíritu está turbado de algunos it-ifortunios,. o cansado de mucho estudio, usar de algunos pasatiempos para le apartar de tristes pensamientos e imaginaciones, o, a lo . menos,. usar de algún descanso y alivio para le tomar. después a poner más alegre y. vivo . en la consideración y contemplación de las cosas . de más iniportancia»; - as{ se traducen en la versión . espaíiola de la Aethiopica, I554) resuenan en los textos de las «Aprobaciones>> del Quijote y· .,- con coincidencias de , exP,resión, inclusoen el prólogo . que Cervantes coloca al frente de sus Novelas ejemplares, para justificar la publicación de sus relatos, en atención a que «cada uno pueda llegar a entretenerse, sin daño , de barras , .. , porque los , rdercicios honestos y agradaples antes aprovechan que dañan ... que no , siempre s.e está en los templos; no siempre se ocupan lo s, oratorios; no siempr.e se asiste a los · negocios, por calificados que sean . Horas hay de . recreación, donde el afligido esp{ritu descanse». De la misma manera que el cuerpo. exige sus horas de recr,eación, también el esp{ritu reclama su tiempo de . esparcimiento; o, , al revés, como -en , clara · alusión . a ' la doctrina de la eutrape/ia, · tal y como .Santo Tomás· la defiende en su comentario a qu la Ética a Nicómacosentencia el , licenciado Peralta, a manera . de confro clusión , tras su lectura del Coloquio: «Señor alférez, no vo lv amos más a m esa disputa .. Yo alcanzo el artificio del colbquio y. la invención, y basta . V ápr monos a/'Espolón ·, a . recreqr los ojos del cuerpo ; pues ya he recreado los del da entenditniento». · Las Novelas,ejemplares de Cervantes constituy.en una «mesa de trufu cos», ¡pero · no sólo por• hallar en la eutrapelia una justificación, sino . también tr -y · sobre . todo-por estar construidas sobre !a : idea de «tropeUa» 9 «engaño a u' los ojos». Un buen rdemplo lo constituye el · conjunto que forman e! Casasi miento y el Coloquio. Pero los engaf¡os con . los que el lector de , estos . dos ra relatos se encuentra son muy: diferentes , En E} _, casamiento engañoso, el to. engaño sí que se traduce en · «daño de barras» ; porque se opera sobre la vida. ce No ocurre lo mismo, sin embargo, con el Coloquio de.los perros. Aqu{, o la tropeUa que es el relato crea una ilu s ión de realidad; erige sobre la reali ~ v' dad un simulacro, una imagen • de la - real idad ; invita a los espectadores a inn ESTUDIO PRELIMINAR XXVII gresar en un espacio en el que aparentemente funcionan la s mismas leyes que rigen en la realidad cotidiana, pero en el que , a pesar de ello, ocurren cosas . admirables, por maravillosas, que son ajenas a la realidad. Su realidad es fingida; no se levanta sobre el coniepto de verdad, sino sobre el de verosimilitud. Si lo · que el autor pretendiese juera el hacer pasar como verdad esos.simulacros de la realidad que él ha creado, sería un mentiroso y un estcifador, como lo es -¡y caro qu e le cuesta!- Campuzano con la viuda, o como lo son los 'a u' tores de los libros de caballería ~; pero si lo que pretende, como el mago y el pre stidig itador, es que los l' e ctores~espedadores aplaudan ' el «artifiCi o'» corl el que se ha sabid~ fingir la realidad, en los simulacros que ile e lld h an ' 1 ' • ' , . ~ acertado a poner en pie lo s re latos, su, posici~n rs muy otra, com~ , n;n¡y otra es ta,mbi~n . la inter¡cí~n que preside su t~abrgo : En re!ación con las N qve-:- las ejemplares, los lectore s, con el licenciado Peralta, podemos decir: ,« Yo alcanzo el artificio del coloquio y la invencí6n, y basta ». Yeso es lo que Cervantes buscaba : · que el lector aplaudiese su «artificial>. Al . diftnir · C~rvan tes sus novelas corno · «mesa de trucos1>, lo. que hace es proponernos un pacto de l ectura , para que adoptemos ante sus relatos una actitud similar · a la que el juego demanda: a la manera , del ' espectador ante una sesi6n de . prestidigitaci6n, el lector de un texto literario debe poseer, a · la vez, la capacidad de participací6n en la <<ilusi6n1 >, creada por el texto, y la del distanciamiento del que es consciente de q!fe todo es . producto de la habilidad en el manejo, por parte del autor, del <<artificial> adecuado para crear un simu lacro de la · realidad . S6lo desde esta suma de distanciamiento y de participaci6n es posible concebir un texto que cumpla con . la Junci6n · catártica que'Arist6tele.S le había asignado a la fábula, sin correr el riesgo de v' iolar las fronteras entre realidad y ficci6n. E[, <! erran> · en el que se diftne el carácter de muchos personajes cervantinos-don Quijote es el primero de · todos ellos-es, , pre r isamente, el de meterse demasiado en la ficci6n «ar tificiosamente~ > creada; el i:le-careter, respecto ·a ell-a, del necesario distanciamiento . ,, Lq obra literaria ha de crear las leyes de su propia realidad y ha de tener fuerza, tambi én, para implicar al lector en tal realidad. Pero, a la vez, den - tro de · esas rr.ismas leyes, ha . de contener el preciso recordatorio de . que todo es un.juego, y solamente un juego. Muy otra sería la narraci6n en el Goloquio si to,da ella no dependiera de un · narrador que insiste a. cada paso en la na tu- . raleza pocoJiable de su discurso: lo que cuenta son «sucesos que exceden 'a . toda imaginaci6n1>, sucesos <ifuera . de todos los término sde naturaleza· 11, sucesos que <<no habrá persona en · el. mundo· que · loS'Crea 1> . .A diferencia de lo que ocurre en otr,as formas de ficci6n -como la , encarnada por el Guzmán-, Cervantes • no se queda nunca en ,el plano dé la vida ¡ sino que , extrema los meca , nismos de . la i enunciací6n de ma11era · que . estos fuercen al lector a tomal XI XVIII JAVIER BLASCO conciencia de que no sólo La fábula es ficcíón; · sino que también ese viaje que propicia el acto de lectu ra es, en sí mismo, parte de la ficciói'!, y que, en consecuencia, - habrá de ser muy prudente el l ector a la hora de querer convertir en vida la s conclusiones a la s· que.la ficción le haya conducido . Muy interesantes, en este s-entido, · so11 las palabras que · Timoneda, peifectamente consciente de la naturaleza de la ficción, pone al frente de su Patrañuela: • 1 • ·. • ~ 1 • r \ • 1 1 • .. , - • Cpmo la present~ . obra sea no ~nás , de al gún pasa~iempo y recreo h~mano, ·· disc~ 7 to , lector , no ¡e des a e i ~ ter ~ d [f,r que lo q ~ te en el presente libro se c, ontie17:e sea todo verdad, que lo rpás es .fing ido y compuesto .. , y por más aviso el nombre dé!' te' i:na nifid í:a · cl ~ ra y distinctament ~ lo que puede ser, porque , Paira- · ñw?lo deriv; ·de «patraña», y i<patr ~ ña>> no es otra'cosa si no hhafengidd tr ~ z~, tan ' lindament é ' amplifi ~ a'da y coinptiést h, · qu e parece ' que trae 'a lguna apariencia de verdad. ~. , ... , . ·t' , ! i El tipo de discurso . sobre · el que se produce la inve1ición de /a . novela exige un.Zector . que sea capaz de implicarse m la historia, pero que sea también, y a la vez, capaz , de . tomar distancit; respecto a ella ,.. para - de ese - modo terer aG€eso t más allá de la ficción, al . <<misterio ' que · la levanta»; •un· mistefío que ya no tiene que ve'r.con .. laficciÓn¡ sino - cori la realidad; un misterio que habla de la realidad . desde la ficción .' · ·, 11 · • " _·,. Según la . doctrina de · San Agust{n sobre · la mentirf! '(«Non enim omne quodfingimus mendaoium est : sed quando idfingimus quod .nihil sigriifi - cat, tune. est mendacium. · Cum autem fictio ' nostra refertur ad ·· aliquMh significationem, non est me'rtdacium, ' sed • aliqua figura veritatis .> > ), lo.di-bros de caballedas son mentira · tanto ' en lqs · palabra~ como . en , eL ~ entido . Son una forma 'de fictión que f <nihil sign!ficat> J («tune est meridacium>>, senten - cia -San Agustin). Por · el c ontrario, [aforma. de ficción que persigue Cer - vantes tiene . uncí doble caré .z¿¡ acción · que riftere es mentira, · en o uanto que . - a diferencia de.fo · que . persigue . un discurso his tóricocarece de . corr ¿ lato · .e¡J¡ la · vida . real (de dh{ la preocupación del autor por crear, 'a través del juego de la .enundación en id Quijote;:, 1}' sobre todo a través de la caraCterización del . sujeto de la enunciación como narrador infidente . en 11ovelas corno el Co - lo-quio de los perros,. una necesaria ·. <<distancia>>) ; pero la arción riferida es v.er.dcld, en cuanto que tiene la capacidad de «rifertur ad ' aliqua'rn s'ignificationem» de la realidad. De ahi .Za promesa cervantina, . en el prólogo de las N ovdas ejemplares F de un <<misterio escondido que la s · levar¡ta>>. Encontrar este - misterio y diifrutdrlo será respomabilidad exclusiva . del .lector, del nuevo tipo 1 de lecto r que , las novelas cervantinas contribuyen a crear, . desde la advertencia · (en el prólogo • del Quijote) de que «YI.Í caen debajo de la cuenta de sus fabulosos disparates l as puntualidades de la v e' rdad ,-. ni las observa tricas, 1 tiene p q¡ ie es , tendím La rná s, s de lag A u .fic é iÓn., esta ca se sust tinosp ellos l qde so cierra ciones to;pe ysign llan i , E la • en de ·a, trucc lan el se vant m a to' e ver o ASE tan riva ESTUDIO PRELIMINAR XXIX observaciones de la astrología, ni le son de importancia las medidas geomé - tricas, ni la ca~ifutación de los argumentos de quien se sirve la retórica, ni tiene para qué predicar a ninguno, mezcldndb .Zo humano con lo divino, qúe es rm ' género de mezcla de quien no se h'a de vestir ningún cristiano entendimiento». La literatura no tiene por qué renunciar a hablar . de'la rea lidad. Y, adernás, su discurso es de una naturaleza muy. diferente al de la astrología, al de la geometría, al de la retórica o al de la predicaáón. ' Aun siendo : mentira, la s novelas son capares de envolver al receptor en la ficeión, para luego devolverlo a la realidad cargado . de irderroganies. Sobre esta . capacidad de . la nueva ficción de , «rifertur ad aliquam significationern,> . se suste~Jta · la también nueva situación pragmática en que lo s relatos.ceroan- . tinos pretenden colocar al l ector .· El'lector . habrá de ser capaz de distinguir , en ellos la verdad y la mentira que los constituyen; habrá de-ser consciente , de qu'e son . «rnehtira» en lo que a la s· acciones narradas · se rifzere, pero que encierran una .. werdad1> . en fa , que . ataíie a su capacidad de significar. Son fic ·-. dones y. por lo tanto rernitert só ' lo a una realidad textual, creada por el texto; pero, a la vez, tienen capacidad para, , desde esa realidad textual,, hablar y significar (en «figura veritatis>>) en la realidad extratextual en • la que se hallan instalados los l ectores ·. ,•· ·. • , > Estos planteamientos, .tanfinamente, sugeridos • por Cervantes; nos ayu-. darán a• entender cómo se produce y cómo : debe ser interpretada por. el lector la . werdad . escondida» ., que el autor de / as Novelas ejemplares nos prome - te desde el <<Pró lo go allectof!>. Tal· werdad1> có.rtvierte · las novelas cervanti - nas en una forma muy peculiar . de, pensamiento, en «unaforma· :-lo diremos cqn. palabras de Francisco Aya/ade representada vida humana , con ·.el propósito . de hacer evidente su sentido, es decir interpretándola». 1 . La · retórica . clásira , otorga -a la narratio · dos funciones distintas, ' según se la • entienda como ' <<parte del disntrso'> (parte que sigue al «exordio» y precede • a,la <<argumentación») o se la eittienda · corno una <<técnica'> para la construcción · de las <<pruebas>> exigidas . por la argumentatio'. En el primer caso, la natratio se difzne como ' mera . <<exposición de los . hechos», • en tanto que en el segundo caso -y, como hemos visto; . es . en esta dirección en la que Cer - vantes califica a las suyas de <<ejernplares->>- · la narración constituye una forma de razonamierito . que ' procedepor inducción; una forma de razonamien - to' en r lq que se . pa~te : de · un caso o. suceso . concreto, real o ficticio (pero verosimil), para ' abrir, desde él, . un diálogo entre • lo particular y lo genera l. AH, 1 .Za novela cervantina es la narración · de un «caso» particular y circuns" tanciado; ·y la ejemplaridad, que no tiene quevercon la moralización, se de - riva de • la s conclusiones : que el. l ector pueda extrae~ de la confrontación · (po- XXXVI JAVIER B L ASCO s oluta indep e ndencia en relación wn . e/ . un.ive/ ' so ex tmte x tua/ ; La ac ción . o ac ciones que, il'nitau . no . s OI'i previa s al di s curso ; . .s ino creación de es te . SNstancialrnente, y vi s ta s desde la realidad ,, de· lo s lector e s, · s01l'tan . < <l · neli . tira » como las acciqnes · de las lib ros de cabálledas. Pero, a diferencia de lo · qu e owrría en dichos libros , son «mentiras> > que no c o11 . tra11ienen. la irna g a1 del mundo en que lo s lectore s se hallan . instalado s. ¡ · , JLa. no1!e la cerv111. 1tinaviene a poner en ev -i dencia la . irnpMibilidad de todo di sc urso . ,. de. cualquier di s curso, para autovafidar su Sólo el rifrendn del discurso por n· 1edio de la. . realidad de - los hechos .Zo hará vera z o lnentiro s o. Pero es · ta operación es ya un fenómeno de lectura )1 11 .v de escritura : La const a tación de · qu e un texto habla de la realidad .s á' lo . puede hacerla el lector, nunca el t{!xto misfno, por muchas que sean las pr01nesas de verdad qu e. ese mismo texto fo rmule. La ajil'mación de. que «esto es verdad, porque lo he 11 isto -y oído con m'is propios ojos» . (que . tantas veces . vamos a en e ontrar en la · narrativa de la · época) no tiene ningún valor probatorio, con · ro . nn~y bien saben to do s. los narradores de . este .J· norn ento y corno Peralta recuerda a Campu zi: mo. Tal afirmación-puede ser . tanto . expl ~ esíón de la mentira corno expres i ón de la verdad, ya que es posible predicar de la rea lid dd . la verdad o la mentira ; y hacerlo por medio de . dos · discursósformalrnente . idéntieos .. Con el mismo ·l en - gúaje. con el que la histMiapretende, construir . ima imagen que · hable de la realidad se puede: creafinralquier . «mundo posible», absolutamen(e in depen - di ente . del . mundo rea l. La Historia habla de la rea l iqad, pero no es la realidad : Es , solamente, umdJscurso sebre la realidad; .. un discurso sobre la · re - alidad que pretende ' .s er , verdadero, , pero que ¡ · en . ~ .í mismo, no contiene -ni puede'COnteher ¡p or más conuenúones que . ensaye para estab le cer : con .e ll ec- · tortm pacto de veracidad-ninguna prueba de ver dad. E1t la constatación de , que .l enguaje . J' re . alídad - remiten 'a universos . diferentes, la nove la · encuentra una coartada perfecta para. la ficción. : '- ·''' · ,. Pero escrita desde • estos •plimteamientos, la nouela (que . comienza a • tifir.- rnarse como discursd >' coino «m ; tíficio'> y ccmw <<invencü?n>> )· reclama , un tipo d e. · le 'ctor que ellicenciado , Peralta, en el Cploquio de .los petTos, .ilustra . de modo · ejemplar: La novela . no busm aUecto r. in genuo que se crea . lo que . su escritura cuenta y . que convierta •. e/ universo del texto en una . prolongaciÓn¡ · sin so lución . de continuidad ;. ílel wú verso de • la vida (eso es lo que hace don Quijote y lo c que ·Campuzm,1.o:le. propo 1 ie . que hagq, con -' su Coloquio;•a .Peralta) / sino al.lector . prevenido , que . aplauda ¡ el arte con • que . aciertan _a< <{tngir>> , lo s modos de · la . hi ~ toria, en :s u pretensión de dar icumta dé «lo quepodría '· ocurrir» en .[a vida • diaria : Peralta, co'n su le atura del Coloquio de los p·erros1 ofr e '- . ce · en última instancia un magnifico . ejemplo ! de que es posible enfrentarse al . texto de un. modo diferente al · de don Quijote. fl. losl ectoi'es, la modema . «inve n c/a11 s ab i qu 'e par . y Jl de' 1 • caso 1f scm ~je c de · vel' ' pre tex .1 ras • exi die libr con per un cia su 1 ro ·» v~ l «i/1 dé jes. en lo s lu sin le h. ESTUDIO PRELIMI N AR X XX VII 11 e nci6n» de la rwvela les e xige algo · m.uy d{f e rcnt e a lo qu e lo s romances redi un . aban. Les exi ge que se ai1 . consci e nte s del « artificio » con qu e el" autor ha s ab Úo .fingir'la «l!erdad >} en su di s cur s o, pq ra ij11 ~ , as í, puedan apreciar e u lo qu FIÍ 'a le la cohúencia ' de sú «l'nehtira>> . ·· El place \· del te x to literario, de una ¡;art e, re s ide, como fray A lon so Rem. 611. senté1ici d. en :ius Entreú ~ iün~ e nto s y juegos hone stos y_ recreaciones cristianas para que en todo género de 'estados se recreeeri lós sentidos (1623), tai'/.lo « eh ·fa' enárra i i611 del !: a so o cu e nto » conw « ~ i-t di nwdo y 1nétodo de riferirlo »'. · · · 'H La' << ~jewci6 l i>> 'del ' 't &x to entraña > pae5, und gran itriportancia }' de ello so n é on s cientes ' ca s i ' t ~ dos jo s· 'á miemjJ'oráiíeos de Cerl1ai1 . tes. · Be la correcta é je l: uci6n de las · e: ,truitúr i:is · narrativa s dependerá, en alto grado, tanto el tipo de pacto de lectura qit'e " el texto es tablezca con el lector, ' 'col'no el logro de la verosúhilitud ~ La ' 'diftnici6n : q; . te Tirnon t da hace de la « patfill7.a >> ' revel a ya U Ita co i uiencia }l'lU)Í clara de esÚ i prbbl'ema, en' la insistencia hacia el lector p&dque este, a pe s ar de la ¡;erosimilitud coriseguiila en ' la narraci6n, nb confimda {os ' «SUCe S OS» wi1 . tados CO/HÜC~ SOS reales)' para que repare en el < <S Ú~ . ce s o> J corrÍa artificio, '· como cónstrucci6; ·¡ y como composici6n lit er'ari'a . ' \ 'De s de · un ptt nto de vista pragniatico, 'los '· romances, al potenCiada suprts ' i6n de fronteras entrditerdturdty vida } prÓpicíaban la ' i:onversi6t i'del te 1w' literarío en «1'nódelo > !'in1itable desd e• la vi'da . · Inspirado por sus leetit ~ ra s·' caballeresi:as, · Alonso ' .Quijano '· rbnmáa a la monoionfd . áe ' su propia existencia e inaugura una ·nueva P ida, ; cuyo desar \· ollo quedará ' vinculado ai dictado de"lo que ' el lib rb diga: deberá pon' erse dn1iombre acbrde · C011 el de sus libro 's y, s6lo . de s pttés de hacerlo, se l ai1 .z ará enbusca · de aventuras, para en L contrarse con castillos, y 110 con ventas, porqúe · k lib ro habl a• ae aquellos, pero no de estas .·Don Qúijote,Jrente '/: ¡ 01'/onso Qüijano', es eZ. intérprete de una partitúra ya ' escrita :. Lo que A lo i is o Quijano hace es prestar su existen-, cia]Jara que sobre e lla ;· ci 'través de e lla, hable el libro; para que, · encarn ' ando en s(t.figura, ' el lib ro -"-el-cónjunto ' de libro s· que entretenía süs d{as «de . claro en clar o>> .y sus noches «de 'turbio e n. · turbio>h se haga hombre; cobre existencia. '•· Literatura ·y vida ,' en l os ; libros . qtte el Quijote parodia 1i qt i das.No - ~ v~ l as • ejempÍares pretmden 5Mperar, se ' córifimden. El concepto · literario de «imita c ión>> se traduce . en términos de vida y cobra/por · tanto, implicaciones di . tipo étíc@ y psicol6gíco. 'No• es · extraño que la, mayor parte de los persona -· jes . cero imtinos; en elQt'lijot'e hmismoque.en las Novelas ejemplares o en eLPe rsiles•,: se dif¡nm1 por el i «proyecto vital» que encarnan;'proyei:to · que los sa lva del anonimato y que es obra · de la . 'imagin . acíón. · tanto como de la vohmtaH. El <' <<yo sé quíert · soy /:., 'Y sé ·quepuedo• ser, no sol o los que ' he dicho, sino todos . lo s ; Doce Pares de Francia>> . dé don Quijote enc u entra un . exce - lehte co ' mentario en la s palabras . de . Ortega: ,, ·, ' XXXVIII JAVIER BLASCO Si el hombre no tuviera el mecanismo psicológico de imaginar, el hombre no sería hombre ... Todos sabemos muy bien que nos hemos f01jado diversos programas de vida entre los cuales oscilamos realizando ahora uno y luego otro. En una de sus dimensiones esenciales la vida humana es, pues, una obra de imaginación. , · Íntima~ente relacionada con esa cuesti6n está la idea erasmista del hombre, construyéndose con la palabra una imagen de sí rniSJ'!IO que ofrecer al mundo. Si Erasrno ve el <<yo» como)a creaci6n impostada de una máscara por medio de la palabra, los personajes cervantinos hacen de la literatura «materia revivible y revivida» y rara vez la tornan como un mero producto , cultural. Muy, cercanos al concepto de «imitaci6n» que maneja don Quijote, los preceptistas están convencidos de que la literatura constituye un modelo para la vida, en mayor grado de lo que la vida lo constituye para la literatura. Y es contra este planteamiento contra (o que reacciona Cervantes, enfrentmtdo en ca(ia uno de sus textos las vidas concretas a los arquetipos literarios y denuncia11do la tiranía . de la verdad del - díscurso . sobre la verdad de la vida. La .ficci6n - es un bien en cuanto creaci6n de espacios de libertad, pero es un mal en cuanto imposici6n a la que una vida intenta someterse. Esta idea hab{a de . derivar necesariamente en una profundapreocupaci6n sobre los límites y posibilidad¡;s de esa , misma palabra, que · ya 110 pod{a ser ni /a · palabra de la historia ni la palabra de la poesía . S( la «Ver,dad» es ante todo el producto de un discurso que la crea, el problem(l de la <<verdad» se traslada d~ la ~ <realidad» al «discurso» .Y se convierte en una cuesti6n dependiente de la fiabilidad del emisor de/mismo. Cervantes , se complace en no . velar, en su escrit'!ra, .. esta confusi6n. Las fronte. ras entre literatura y vida son difusas y el , riesgo de cruzar la raya que separa una de otraptá a la vuelta d~ cada página .. Todos sus escritos se . ocupqn de la . cuesti6n . Pero conviene prudencia. Si es verdad que la literatura tiene .fuerza (Sanchq lo ,. sabe muy bien, como demuestran sus esfuerzos al .final. del Quijote por renovar los «nidos de antaño») para - anirnar.la vida de una persona com 'o Alonso Quijano ha~ta convertirlo en ' un personaje como don Quijote, - el precio que para ello hay que , pagar-vivir la vida (molinos) como · una.ficci6n (los gigantes~ es muy alto . Los modelos de;la literatura nurica podrán tener una operatividad , en la vida, entendida como negotium. , 56/o desde la.perspectiva del .oti'um -y corno jueg~r-da conver - saci6n entre vida y literatura halla sentido. , . La . práctÍI;a cervantina de la novela constituye un buen ejemplo . de lo que pretendo decir. Con sus novelas Cervantes rompe difznitivámente el convenio que tanto la poes{a como la historia pretend{an establecer entre la realidad ' .ficci por asís goci tura lo b tan y vi te h lid a re el suc ha/ trib ten ya hac el te, bat afr la 1 del jos da va un lec 50 cu po ESTUDIO PRELIMINAR XXXIX dad textual y la realidad en la que los receptores se hallaban instalados. La ficción no tiene capacidad de cifrecer modelos de conducta, ni por inclusión ni por exclusión, para los que «están en los templos, ocupan los oratorios o asisten a los negocios», porque la vida es demasiado lábil y compleja. Negocio y ocio constituyen dos universos radicalmente distanciados, y la lit era - tura só lo tiene por objeto el «entretenimiento». En· su novela no renuncia Cervantes a lo útil ni a lo provechoso, pero lo busca en una dimensión que no es la de la vida práctica. Sí es consustancial a la poes{a y a la historia la idea de tender puentes wtre literatura y vida, el diálogo que provoca la novela cervantina apunta exclusivamente hacia el ocio, desgajando la ficción de cualquier compromiso con la «rea - lidad». Las novelas cervantinas son meros juegos a través de los cuales se reclama de los lectores un permanente ejercicio de corifrontación de «ciertos sucesos» ficticios con el sistema de valores en el que estos mismos lectores se hallan instalados. No ofrecen modelos literarios para la vida, sino que contribuyen a desenmascarar los procedimientos con que funcionan los exis - tentes; a desvelar lo s tamices literarios que ocultan y esconden la realidad, y a revisar el sistema de valores que tales modelos implican; y todo ello lo hacen como mero juego, útil para ocupar el ocio, pero sin trascendencia para el negocio. As{, la narrativa cervantina -representada por «libros» como el Quijote, pero también por «novelas» como La gitanilla-lleva a la .ficción un debate epistemológico de alta repercusión en el pensamiento de la época: el que afronta el problema de la naturaleza de la realidad y el de las relaciones de la literatura con la realidad. Para un hombre del Renacimiento, al .filo ya del Barroco, la realidad es poliédrica, perspectivista e interpretable, y los viejos géneros trazados por la preceptiva clasicista no resultaban ya aptos para dar cuenta de ella. Frente al «las cosas son» de la literatura precedente, Cervantes pone en pie la literatura de «las cosas parecen» . Toda narración de un hecho -histórico o ficticiono podrá ser otra cosa que la elección de una lectura -entre otras muchas posiblespara tal hecho, porque cualquier suceso admite tantas lecturas como espectadores. Lo que equivale a afirmar que, desde el punto de vista del discurso, no existen hechos, sino int erpretacio - nes; y las varias interpretaciones de un mismo hecho -sin dejar de riflejar el hechopodrán incluso contradecirse. En última instancia, la narrativa de Cervantes está novelizando el problema de la incapacidad de cualquier discurso para dar cuenta, exacta e imparcial, de una realidad viva, a la vez que pone en evidencia el carácter problemático de la realidad. JAVIER BLASCO PR.ÓLOGO 1. EN EL ORIGEN DE LAS «NOVELAS EJEMPLARES» En el otoño de 1613 y en Madrid; sale.del taller que todavía imprime bajo el rótulo. <Juan 'de la Cuesta» el volumen príncipe de las Novelas ejemplares. 1 Para entonces cuenta Cervantes sesenta y seis años y se halla en el último y más fructífero decenio de su vida por lo que se refiere a su producción literaria impresa. Desde febrero de r6o8·, cuando menos, tenemos fehaciente prueba de su presencia en Madrid; de núevo residencia de la Corte desde r6o6, y de algún doc ument o del año 1612 se ha deducido una prolongada estancia en'Esquivias, Tóledó (Canavaggio 1998b:CCLXV,II);junto a su mujer Catalina Palacios. Se ha supuesto, también, un viaje a Barcelo1' ' . ' ' ' ' na , enjun~o de róro, , c~:m motivo de la partida a Nápoles del nuevo virrey:, el coq¡;le de Lemos, su protector, al que esperaba acompa-: ñar (Riquer 1989). En el ínterin de esos años han fall~cido sus hermanas Andrea (9 de octubre de 1609) y Magdalena de Cervantes (28 de enero de 16II), y el22 de abril de 1612 muere su nieta, Isabel Sanz del Águila, hija del primer matrimonio de .Isabel.de Cervantes. Asimismo, el 17 de abril de,1609, Miguel ingresa en la Congregación de Esclavos del Santísimo' Sacramento y en el mismo año delas Ejemplares (1613) recibe el hábito de la Orden Tercera de San Francisco. Esos datos •. completados con cambios de domicilio en la Corte ylos:problemas consu<hija-natural Isabel; conforman los parcos apuntes biográficos que nos quedan de los años en que ultima eLvolumen de.las Ejemplares, cuyas. primeras· aprobaciones datan de agosto de 1612. Apenas podemos suponer como «lo más probable ... que hiciese en la primavera de 1612la última revisión [de las Novelas]: a su'vueldde Esquivias, en su triste alojamiento de la calle de b is H,uertas>> (C!nav~ggi6 . 1986:2ro). 2 Esta parqued~d factual y al- ' •• '•'. 1 ' • ' •. 1 De~de 1607 Juan de la .Cuesta ya no se hallaba en Madrid, y el marbete <~ uan de la Cuesta» en la portada de una edición nó pasaba de mera marca comercial en 1613 ; 'véase Rico [1998 b:C'X:CI X] . 2 Para el repaso biográfico tengo en cuenta las aportaciones documentales clásicas de Pérez Pastor [1897~1902] y RodríguezMarín [191 4-] (este último incluido en Rodríguez Marín 194-7:175-35I), así como .la clásica biografía monumental de As-· trana [194-8-1957] (véase el comentario crítico de Canavaggio 1998a:LXI y los índices de Emerson 1978), A. Sánchez [1973 y 1989a], y en especial Canavaggio XLIII XLIV PRÓLOGO guna declaración literaria del a utor han perfilado la interpretación tradicional en torno al origen de la col ección de r6r 3. Esas declarac ion es apareceii despa"rramadas en ambos Quijotes, y en parte se complementan . • Eh 1605 afirma ·· que, , adeiilás de las novelas cortas allí con tenidas (es decir, El curioso impertinente y El capitán cautivo), ti ene ultimada alguna otra, que no incluye·, litera lm ente., porque no qui~re. En IÓI ·S parece ex pli<;;ar a posteriori el destino de. esos relatos ·cortos. Veámoslo con detall~. En el capítulo 4 7 deJa Pr imera parte·nós·dice lo .siguiente: •,. 1 . ' _1' ' • ' ~ ( ¡ El vente rQ s~ llegó al cura y le dio uno s. papeles, di<oiéndole. que los,había hql.lado en m;¡ afon·o de ,la maJeta <;fcmde se halló la ,Novela . d ~ l , Curio H j ÍI:N pertinente, .y quy pues.su du p'ío, no había vuelto m~s p<;>r .allí, que . se los ll eva ~ e · to , d?s; qti, t¡; pt{ 1 es él1 io s . :¡¡ bi , a) ~ e,r, no los,quería. El ; ~ í.i ra ~~ lo jl _gra . d ~ ~ ció, y' abriélidolos luego [ 'ü1 nl.ediata n1 en t e' ]. vio gue a\' principio' d.el es crúo ' decía: N o ~e la de Rin ¿~ l ;. etC );' Cortadillo, por dbí:i.de ~ ntei1ilió se r aÍ _: gmú no~ela ' ; i 'cciligi'ó' qtie·, ' pú ¿s' fa clel Curioso it't ~ perÚnente h'abía s ido büe '-' ná, que · 'ta'nib'ién lo sería aquélla; pues podría 's· er fu ~ sén todas· de m1 n{es'- mO' 'autbr; y as í; '- la gu'ard6, con p;osti¡:íuestd · de ·leerla cuanro tdvie' sé comodidad (Don QÍ-tijote,'I,Í47/p. ·· 5'42, f 286 )_lJ ·. ") - f_'(: ·' ~~.~ ! ' ., 1 ,•,..' El sigríifib : do • completo del:epis0di0 de laiventa y. clel 'olvido ' 'de: esn1uleta . que se deja un desconooiao · dueño so lo logró · peróbirse en:stHotalidad·a finales del siglo: !XVIII, cüándo l Üte descubrertg: el miúuscrito Porras dé la Cámara · (.véase abajo( -pp ·. c:~ciÍI), . que cGn'- tenía las novelas de Rin. cot~ ete y Cortad illo y Eke l óSo ' extremeíio : en un j redacción hasta entonGes·ignota:. 4• El m.amrse::rito ; como despu és :ve.:. remo s• con detalle, puede fedl:rarse · en los.afíos: r6or.:.r6o6. La .cita dél Rin.tonete e11'I, 47, pues, no •;tpuntaba. a,i,ma n0vela que Ge'tvan'~ . _;1 .. '; '-í ··.:··;··- • ) ).• • ¡ ,, ,. , ._,_,,·_r; .. 1 f r:, r! ); . ' l •. ¡ L '•, • ·.l.1l '' [t p, 8~ : [ I98~ y !9~ ~ a], con ri fiJ> infor ~': ac i ó•~ piblio , ¡qá~~a~ f tValiza , da, J a , sí c, OIJlO Clqc se , [1 998a] y Rico [1 996]. Véase también el repaso cronológico licamente docun ~ eiliado de ia 'vida d ~ Ce; .S~ nt ~; ·· en C~navág~o [l d ~sbí-,' y " l á biblio grd t'í,; 'ahí cómentad<l. i, En todos l os ~as os indico la foliac ión de la prú1«ipe: Sobre la .s causas !que ·n 1o - vieron a,Cervantes a incluir.el tí tu k> , de la·no.vda y su compleja relación con : él Qui' jote, véase Garcia López [r999a]. Sobre la cita del Rinconete, v. éa¡1se Molho [I993i 67-8.8 ] y. MartínMorán{í990] .• ,, ''"'' ·' . ' .,· • ... ;··- , ,,• '· 4 Ccnno es sabido, el'manu scnto Bonas de la Cáli1ara se ·perdió en · el G.uá 'dalquivir en la jornada deSari Antonio de 1,823. Véanse Rodríguez ]1..1oñino 1 ~196 5 · :5-s :., 6r] y abajo,fr> · .. CI; una buena edición facsímil, co'n•rica introducciÓI:I e· inf 0rn1aci{m,bi, bl.io gráfica·, en Pedraza [1984]. · · '·' p. '<7• i• "· "' .• iJ ,.,. ' ji,. EN EL ORIG EN DE LAS . «NOVELAS EJEMPLARES» •X LV te s pensara escribir. Antes bien, tal como él1nismi y parece afirn.1ar, era una novela · quizá anterior · al Quijote · de · r 6051 5 Se tenía, así; •la ineludible certeza de qt;e El i: úribso it'npertinente y El ' capitán caittivó nc l-' e'ran: las tmic~s h i. Nelas tOl ' taS eser~tas háCia I 6D4 : ¿Por qu:é; pue s, sd lo 'en r6rz se' de cicii9 a publibr ú'iia i: oíeeci6~ 1 '. de 'eilas? '1 _,, . El s egundo tip'o d ~ ' d ec i~radones se ' h'aU~ ' en ~J' Q;,¡/jot J ' de I 6r 5 'y r . 1 1 , : , • r • , , . • · 1 , , , · 1 • 1 • -~ ahí' el autor, respondiendo, al parece , r, a críticas que había recibido, lJ · , • .;¡ ' ,J-' L ' ) •! ' ' l ' .'. ' ' Jl' ' ,~<' 0 01 0 se, adelintó , a los historiadon ;s d Y, lá ~iteratur~ e ~ plic;¡~ndo las diferenóas estructurales . e)ltre las dQ~ ; p.artes ' del Quijote y)os motivos que Í ~ ü~1pulsaron a. un , procede1 > , tan singular. Ex plicaciones de las que · tarde' o temprano iba a inferirse cori . facilidad la' misma existencia:de 'la colección de r6r - 3. La ptime1 :a apostilla la facilita el bachiller Sansón Ca1'1 1 ascd - en · el aiiinúdo ' diálogo ·cor1 que se áb're la· Segunda parte: ' · ·' ' ..':. t Jf :ia rae fas tachas que pon ' eh a la : 'talhi s' i:oria .:'. dijo el báchillel'_:_ es qúe su aú'toi· puso en ell:i túla ilbvela intitülada El curioso ií ·1: 1perlinente, · no por · mal a' nüpor.mal razoaada, sino · por no · se id-e • aquellugar ; ní tiene que · ver eon la historia de su merced del señm¡ don ¡Q.uijote (Don. Quijote?· II, 3- , p' 652, C, IQ.) , 1•1r, 1 •• r;r1 .. •_.·f( ;•1 di t\ t'· t 1 : ·, i • i' . Íl '': Eg es. as J íneas Cervantes pa~ete . a ~ s . deoirse del ra,zonami¡;r;, to - utili - z~do : para ~nsertar en l¡¡ historia . de do p. Quij<;J_ te -«los , <;: uentos y \:)pisoc\jo!) ,qella, que .. en parte n.o son menos agradables y .. attifici9sos y yer _ dader . 9s que la mesma .histori<p>, ( Pon -Quijote, 1, -2.8, P·-1 H7, ff I49 -;:r49v) .6 Más adelante, la¡Voz .. d_ el cop.1ent. ador, en, un excm : so 1 de - crítica :literaria sobre Gide Ham~te ¡ B _ el'jeng~li, - , exti~nde . esta .crítica, a las. d9s nqvelas interqlaaas • en la _ Primera parte: · " · 1. ; •• ~,, , d.;%t;· .. · .. 1 'l t 1 r·- ·, ' '_¡ 1 ;., ,1_ ~ ·., 1 ·! •. ·• - ~¡ D,iH !J qu,e en el propio o~iginal d~ esta. historja ~ ~ ~ , lee qu!O ~ ~ gan?o , Cjde ~ i\ m , yJ e J?enengeli a escribi ~ , est¡;: capí~ulo• , l}9 , 1 _ ~ tra, dujp , SJ;l intérprete cp p19 é).le, había escrito, que fue u,n ,IP~<;\o , de queja. q~1e tU ;' ? ~ ! . moro d ~ s í' i~smo ,' por haber to0 iado ' é n~re mános vna histotia_tan _' se , ca y _t; m4 -' I l iít ~ da tohÍ.o esta de don Q'uijote, por pare ~e rle é¡ú 'e·sienl' pte había de habi ~Í' CÍéJ ~ ' Cle Sa ncho , 'sin osar ~ ste'nderse ·a ot~o s episodios inás 'graves' y 1ná i eii t r H~ niClos ( y'décía que el ir . si .enipre aéerií_ ?o 1 eh ~ dten~imit ! ntó;la ~nno ~:d#· ) . ' . '1 • ' 1 ' t ' ·1 5 Véase el uso de la cita de Rinconete y Cortadillo por Gregorio Mayans en Mestre1[I97-2i i4I ·, n.0 148].: '·' -~ E;l pp:i . ble~á ataiie ~ 1~ pertine!lecia de las histotiasJnteri:aladas y la polémica a~ respecto es dilatada. Véase la bib~ografia sobre este punt,o e. nD~n · Quijote (voL comple;11entario, pp. 356-357). ·, , , . .-! - -,, .•,'. XI! VI PRÓLOGO y la pluma a escribir de un solo sujeto y hablar por las bocas de pocas personas era un trabajo incomportable, cuyo fruto no red1.mdaba en el de su autor, y que por huir deste.inconveniente había usado en la primera parte del artificio de algunas povelas, comq í;Uf!ron las del Curioso impertinen - te y la del Capitán cautivo, que están como separadas de la historia, puesto que las demás que allí se cuentan son casos sucedidos al mismo don Quijote, que no podían dejar de escribirse. También pensó, como él dice, que muchos, llevado.s cie la atención que piden las hazañas de don Quijote, no la darían a las · novelas, y pasarían por ellas, o con priesa, o con enfado, sin advertir la gala y artifi'cio que en sí contienen, el cual se mostrara bien al descubierto cuando por sí solas, sin arrimarse a las locuras de don Quijote ni a las sandeces de Saricho, salieran a luz. Y así,• en esta segunda parte no quiso injerir novelas sueltas ni pegadizas, sino algunos episodios que lo pareciesen, nacidos de los mesmos· ~ ucesos que la verdad ofrece ... (Don Quijote, II, 44, pp. 979-980, f. 164).7 Estas declaraciones de Ceryantes en el segundo Quijote n).lnca han sido.puestas en duda en su estricto significado literal, en especial las de II, 3: el autor,ha recibido unas críticas de las que se hace eco, qu e, según nos cuenta, acepta, y que perfilan su práctica literaria posterior. Pero también se ha recordado con frecuencia que en la perspectiva de la época no deja de ser crítica singular, dificil de determinar en su sentido recto y cabal, por cuanto' la disposición literaria del primer Quijote refleja con cierta fidelidad la práctica· al uso; el camino de Montemaybr o Alemán, la praxis literaria·reco '- menda:da por López Pinciano en ·su Philosophía antigua poética ,. y; por si faltaba algo,'el proceder de Avellaneda en el Quijote apócrifo. Que ·tal crítica se diera · no deja ·de ser natural y verosímil-los secuaces del Fénix-, pero también es lícito inquirir en qtié sentido Cervantes moduló las críticas y les concedió un alcance que casaba con su propia determinación 1 estética. Sea:lo que fuere, a partir de' esas declaraciones no era· d'ifieil adivinar que las novelas que' no pasaron a irite'grar'la Segun'aa 'parte del Quijote, o quizá, incluso, el Persiles (Ha~ison I9in:r'8i) ; ' ~ecesitaban un lugar propicio: la co~ '1 1' ' ' . ' 1 lecci~n, de 16 (3. A, estas acla,raciones de Cerv ;mtes se, ha unidq con frecuencia su prqpio e,.qtramado biqgráfico y personal. Y ahí la parquedad factual aludida confluye en un hecho y privilegia una fecha, ''!1 7 Para la intepretación de estas líneas, véanse Castro (i925:1 12], Trueblood [1956), Forcione [I970:I6J-I66], Percas de Ponseti [1975:!, 175 -r 78 ], Riley [r986:I51]; Campana [I991:uóII7 ), Don Quijote (vol. complementario, p. 581), Ma rtín Morán [1990:217-225) y A. Blecua [1999). ·' '" de ros 19 gé de el te te El de so N n d e e d ti b b EN EL ORIGEN DE LAS «NOVELAS EJEMPLARES» X'L V.II decisivos en su vida y ep su andadura personal: 1605. En los primeros meses de ese año -y entre prisas de todo tipo (Micó 1994, Rico 1996)-·ha publicado El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. El éxito fue inmediato, universal·y absoluto, y sin· duda no ' podía dejar de influir en una biografia como la de Miguel, cuajada de fracasos personales y que, sin embargo, desde 1605 saboreará un resonante y sorprendente éxito literario que lo pondrá en boca de la fama. I La interpretación del cervantismo decimonónico abunda en una génesis de las Ejemplares al calor de los hechos inmediatos!I Pretende aclarar o sugerir la forma en que Cervantes percibió y .capitalizó el éxito de 1605; casi todos los matices·ponemel acento en el carácter aocidental de la colección, insistiendo en las circunstancias materiales en ausencia de un detenido análisis de las .opciones.literarias. El cervantismo decimonónico y de gran parte de la primera mitad del siglo XX se imaginó a un hombre al que· los acontecimientos sorprenden, desbordan y marcan la pauta. Así, M. Fernández de Navarrete [1 819:125, n.0 130] llamó la atención sobre la edición separada de El curioso impertinente que imprimió en francés Oudin en·l6o8, formando parte de la traducción francesa de La silva curiosa deJulián de Medrano.,'edición que fue reimpresa meses después (como recuerda Astrana, VI, 2.60-261), tomándola de la ediCión anterior, por Nicolás Baudovin. 8 Así, pues, tal como apuntó Apráiz [1901: . 5]¡ « en vista de.la gran aceptación que mereció este delicado cuento [El curioso . impértinente] pensó resueltamente · en aumentar el número de los que tenía a la sazón compuestos (desechando alguno' o algunos otros), y completó una colección de una docena» .. Junto a esta explicación, M. Fernández de Navarrete [181'9:125, núm. 130], apoyándose en el recién descubierto manuscrito Porras, de la , Cámara, aventura una razón paralela y de idéntico sentido:l «ver correr algunas [de las novelas] en copias,caunque incorrectas, con aprecio entre las gentes cultas». El códice asumía· así pareja función explicativa que la impresión de alguna·de· las ·novelas intercaladas en el primer Quijote. Tal importancia del códice Porras de la Cámara como 'indicio' de la recepción de la narrativa corta cervantina aparece recogida por' Rodríguez ' Mann [1901:25] y está el?- '' la o ! i~e de sus edi'ciones 'cl:íticas' de El'celoso extre ,l neño (1901) y Rini:o- ' 1•1 • '·• '1.! • J!r• , t ·1· 1 8 El hecho produjo un curioso error de Bosarte, q~ien creyó que Cervantes había plagiado a Medrano (véase el resumen en Apráiz 1901:73). • LIV PRÓLOGO pp . e-cm). Por lo general se le suele asignar una fecha que oscila en tomo a róos (véase un recuento de opiniones clásicas en Amezúa, II, 273-274). A continuación nos encontramos con un bloque de novelas cuyos escenarios suponen la corte vallisoletana (róor-1606), donde Cervantes ya está en el otoño de 1603 (El coloquio de los perros y El casamiento engañoso), o bien que se desarrollan en la corte de Valladolid, pero en las que alguna referencia particular permite deducir que la corte ya ha vuelto a Madrid (El licenciado Vidriera). Finalmente, alguna novela se desarrolla en Madrid pero arrastra todavía recuerdos de Valladolid (Lagitanilla). Es de notar, pues, una gradación en el abandono del escenario vallisoletano por la ficción cervan tina. ' El co loquio de los perros, en efecto, supone la corte vallisoletana, con el Hospital de la Resurre"c:ción y el bueno de Mahúdes, al tiempo que Cervantes ha desparramado a lo largo de él un subido número de elementos históricos de fácil identificación; por -otra parte, esa aparente función de 'broche' final, con la aparición de Monipodio y del Conde de gitanos (véase abajo, LXXVI, n. 22), supuesta recapitulación y contraste con novelas anteriores, la des..: plaza inevitablemente hacia :fechas tardías (Casalduero 1943:rr). M. Femández de Navarrete [Í819.:132-134] creyó que podría relacionarse con la expulsión de los moriscos (anunciada en 1609 y materializada entre r61o y 1614), puesto que la medida se acaricia como remedio político. Observó, asimismo; que el tipo de bruja norteña que despunta en la obra y la mención de los «montes Perineos» lo hermanaba ·cronológicamente con el pogrom de Zugarramurdi, de r61o;y hs opiniones que parece verter Cervantes sobre la realidad de la brujería como :¿e origen meramente psicológico o, incluso, social, lo emparentaban con el informe de Pedro de Valencia sobre ese suceso histórico (véase El coloquio de los perros, nn. 363, 4II y 41 I 6). Todo ello conducía a una datación tardía del . Coloquio (lea-' za I90I:2 · S2, Bonilla I9I7:55-56; Apráiz 1901:119 niega esta relación cronológica). Sin embargo, el cervantismo• del último siglo siempre quiso apuntar una fecha más temprana. Su-ausencia en el manuscrito Porras llevó a· Rodríguez Marín a creerlo de finales de 1606, •ya que en ' caso wntrario supone que hubiera·sido incluido en la copia:; mientras Bonilla se •inclinó' por '!609 y FitzmauriceKelly por 16os-r6o8 (véase Amezúa, II, 397). Siguiendo a !taza [1901:253-254], A. González deAmezúa [1912:214] da como feten pro tor bie son M á da has pri de ev fin pe su co dr" p qu er ha se CRONOLOGÍA DE LAS «NOVELAS EJEMPLARES» LV chas a quo la cita de la Arcadia de Lope (r 599) o la alusión a la Lonja de Sevilla (r 598), y como límite ad quem 1609. Pero con posterioridad el mismo Amezúa, 11, 399, vuelve sobre la datación para proponer una anterior a !605, «después·de su resonante éxito editorial ... o no se hubiera escrito el Coloquio, o su espíritu y tonos hubieran sido muy · diferentes~>. Esta reflexión nunca ha dejado de disonar con respecto a la aludida función de broche final. Por ello Márquez Villanueva [199I:I57] propone posponer la fecha de redacción a los aledaños de r 6 ro, más acorde con la naturaleza del relato y su inclusión en la cole~ción. Por su parte, El casamiento enga1;¡0so se · halla necesariamente unido al Coloquio y a las escenas vallisoletanas. Icaza [ r 90 r :243] da la fecha de r 6o 5, miel:).ttas Ame - zúa, 11, 389-391 lo creyó, basándose en las referencias al conde de Gondomar (oorregidor en Valladolid del2 de septiembre de r6o2 hasta el 'l2 de noviembre de r6o.j.), del otoño de r6o} y·antes de la primavera• de r604, es decir, inmediatamente después de la llegada de Cervantes a Valladolid. En conclusión, ambos relatos oscilan en tomo a r 6o6' por el ambiente vallisoletano y derivan haoia r6 ro en su relación con las restantes novelas. , ' El licenciado · Vidriera presupone también ,Ja corte en Valladolid (M. Fernández,de Navarrete r8r9 : I']I, lcaza I90r:r96 -I97). Esa evidencia debe relacionarse, además, con la ' mención ; en el trecho final del relato, del Patio de-los Consejos, inexistente en Valladolid; pero había uno, y muy famoso, en el Palacio Real de Madrid, lo que supone una 'Última revisión • con posterioridad a r 6o6 o sil creación con. los recuerdos frescos de la corte vallisoletana, pero' ya en Madrid. Otras dos referencias1históricas han llamado ia atención. En prime¡¡ lugar, cuando llega a.Bruselas, el licenciado observa·que «vio que todo el país se disponía a tomar las • armas, para salir. en campaña el verano siguiente» y más abajo se nos dice que «volvió a ·España sin haber visto a París, . por estar puesto en armas» (véase •p. 275). La mención de· Bruselas se ha relaaionado con · las revueltas de los Países Bajos en r 566 y la de París con la revuelta hugonote de ·r 567. Sin embargo, por lo que respecta a la segunda, l as guerras de religión asuelanPrancia durante· casi todala 'segunda mitad del sighXVI, por iolque quedaría algo:aesdibujada como alusión históric;;a ; y, además, como• observa Avalle Arce [ F982:ll, u !5], :tales elementos, 'unidos. alas lescenas vallisoletanas y la alusión il Patio de: los Consejos en Madrid, descabalan por completo la• cronología del relato (véanse nn. 66 y 69). Por lo. general, la . mención • de Valladolid y del patio de los LVI , .. _.. PRÓLOGO ,, Consejos ha . privilegiado un;¡ datación en torno a. 1605-1606 (Apl! ;áiz 1901:70, Alo nso Cortés 19IT30 , Amez~a, II, 192, n.d Y9 \ J. Rodi:íg uez.Luis. 198ml, ·203, n. '8). ·, .¡ .. ;. La gitani lla s upone la v uelt a de.la corte a Madrid, : ai. mqu e sus es 1 cenas iniciales traen a: l as mientes lá . corte va llisoletana y lo s festejos por el nal\:imiento de · Fe lip e HY . (8 de :a brild e 16b5); lo que ha · con J du ' cido a creerla.en todo -caso. post e rior ' a 1606. Pero ajlora la· crono -.. logía interna sí corre pareja a su má s verosímil datación ~ : Prec iosa de .: clara tener quin ce.aü.os y ha s ido robad a,. tal· comG> declara el papel que e ntr ega la ,v i eja gitana, eri ·1595; de donde . r es ult á la fecha · <ile 16-ro, .lo qhle ha inducido a dat a da en los años 1610-1612 (v.éansé nn . r 1ÓO :-¡ 41 8, y M. , fernáridez de Navarrete 1,8·19:135, Rodrígtiez Marín 1901:217, Apráiz 1901·: 3) ;l'caza 190i: :I 55-1l56,_y un r es um en en Amezúa, II ,- : 21 -23)' Pór . otrá par te·, ·desde principios de .siglo se . abrió paso.la idea ¡ nmy · genera liza ,d a·, de qu e.fúe escrita para encabezar l: ~ t c'o le cCión, una suer te de obertura narr ati va para todo ·el co njunto ,.si bi en no hay ' por qtié d éd uoir· cl.'e dilo que .se a la última sens t> str i cto en · el pro.ceso de co mp osici órr(C a sa ldu'ero. 1943 :.n y 24) . . : 'J) Otro bloque lo cons titu ye n dos nov el as que . desde persp . ec ti vas • e0'tnpleme ntari as :y en momen tos· . dif eren t es se h:an' cons iderado reescritpras de antiguos rel a to s (El mnante lib era l y•La espailola in g l e ~ sa).;.c urio same nt e, tambi én l as dos . pi ezas.se he rm anan ' pbr la fuert e. oscilaci0ri · en -l as fech as propu estas .. La C:ronología . int e rna de El amf!nte lib aa l: aparece en la primera escena.de.Ja novela co n la re1 feré ncia ,a:la toma de Nitos ia, (-9 de _ se ptiembr e de 1 510), y. a pri ncipios del s iglo XX se tomó el relato >pór uno de lo s. más • tempranos .. Schevi:ll.y.Bonilla [ 1922-192 '5 : VIn9] :éreían: qué se trat a ba de «Ílnar de las, más · antiguas • novelas de Ce t, vantes, ,_ no solo por su tema , qu e¡ representa . ~;e cuer do s· no ,- marchitos aún · poP la .- vej ez, s' no tá mbi énr en Gcm.s ider ac ión a la-cos tumbr e ce rvantina de .d ar-s inl.ultánea me ni , te vatias fo~m as a la misma id ea», es decir., p G>r su relac ión co n obra s' de : teat ro 1de tema · arge lino , en especial eón Lo ~ , baii'os . de A1ge.l , al tie mpo qué . «e l.l eng naje de . El •amante. /ibe ra l recuer da ·b as t an te: el de Ga la t é a · y ~ el de El,trato . de Argel»: De b en recordarse al efec to las im -;, p01 ~ t a nt es dqinc idenci as entre -. Elr amante lib era l .y Los baño s de Argel: personajes müs.ulmá ne s comunes y las ·, do s ·· quintill ás idénticas sobre ' Carl0s.V yla ,c o,r ¡¡ quist á.de' 'T' ún ez (Ame zú a, U, '44 -'- 417) . Pe ro • tam~ . bi éri podrí~ , trat á rse · de, una réelaboi:aoión «con la.insp iración . de un l viejo ·y ,he rmoso , recúerdo» .,, para , eJ . que se, dio , la fech'a-1 Ó, JO _1'6 J2 , (Apl'áiz ·i 90 ,1 :44): Con posterioridad:se ha e nunciado la po sibilidad de gu 19 po fr1 l111 SI VI va n. in ca in n G d fi b r a CRONOLOGÍA DE LAS «NQV . ELAS EJ E MPLARES» LVII de una reelaboraci"ón de Ce¡.-va nt es, ligerame nt e perceptible en' a l~ au i;O de· los díscursos con que conoluye Ja.n.ove la (Rodrígu ez Luis "' 8 ·I '' 77) . . . . . ,· ,¡ , , . ,. . . .• , t 19 o . . ,~ · . ' " ' ' ' ' ,, La l espaJ1.ola · ing le sa nos pres eÍ1ta . urla .. Cl •onología •atormentada; pon cuanto su datación depende de a cuál de los dos,asaltos que s ufrió •Cádiz a.finales del sígló XVI -r587 Y. 1596se.i:efiere el cqmiehz0 del. relato, lo que llevó al cervantismo de prineipios . del sig lo ,· xx a concluir que la novel a se1 escribió ·«deprisa» (Astrana,• VIlt,•46, y ya antes Hainsworth · I933= .I 9, . quien sei1a ló qu e; Cervan,tes funde o· con funde ambos asaltos; Rodrígu ez Luis I98o:I,-3·; 11 .. :J', 'postula qu e quizá Cervantes piensa, 'en general' en· los ataqu es ing l eses a Cádiz sin perentoria necesiqad 'd e asignarle uno históricamente concre to al arranque . de la narración). Asiinismo> la fecha interna ·· de la nárración', a pat•tir de la. edad de la heroína ; desajusti ror comp l eto la 'Cronología: si se s um an. dieciodho · aii.os ·a r 596, tal wmo .ya 'ea.kuló Pellic'er [ 1797], laci·ofl0logía es . absurda, pue sto que colo.ca la acciÓn de la nov ela COn p.osterioridad a SU' publica '- óÓ n· (r614), si bien Pelliceí: [1797=9] la supuso compuesta en r6r.r (véanse tam. bién M. Fernández de ·Navái:rete · ~ 8 · r9: 13 5, y la crít ic"a de Icaza I90I:92 •oontra Pe lli ó ~ n; : Avalle.A~·ce ' 1982:II, 52, y'abajo, 11 . 20) . Problema paralelo supone relacionar el relato con el codice .Porras de la'Cámara, a lo que • nos anima fa petición final a haJ)ela para q' ue ponga .l a historia· por ¡;scrito· «para que la leyese su seí'í. ot el arzo bispo» (véase n. i45). : As ensid y To l t: do [r9GZ :2 6rz6<5} relacionó a bi er tam ente eHiesenlace. con Niño dé Guevara y el nún us cht0 poi-ras de la Cárnara,1 fechándola en . r6o6, y suponiendo error : en \la· impresión pa¡_-a .' cuadrar'. su 'c'ronología; y poco n 1ás :conseasb tenemos sobre sus ' datas. Se han .considerado las fec ha ~ de • r6o0 · par i da ac ción de.la novela Y· r6o2~r6ci3 para su reclaGi.:i0n (Rócl'ríguez Marín I90I :23 s)', ' séJa ha relacionado C0n el final de l as hostilicfa:des . con Inglaterra eru r 60.5 (Icaza ti 90 F18 5; si bien ,. como obse-rva Stagg I989, en ese nl.Q'merito yá no · reinaba la reina Isabel), se ha creído poder datada en un lapso que va de 1603 a. ,.r . 6r2 (Buchanan I9J8:J8), en r604-r6os ·suponiendo. una ulterior. revisión (Amezúat ii, u8) e induso ' se la ha considerado una de las últimas novelas es critas (Ar.ráiz I'9o':r ':ó3-64); y'a'esa dat ~ ción r ~ rdía coAduc ~ t 1 ári 1~iérl. e1 s upon ~ rH i'ti nid a\i las etapas r'edacciona- ,. ! 'J f •• ··1, <, (1 ·J {JI! ~ ¡,_._ ¡ 1 ' ' ") • " , 1;1~. ,,, • ".1 " .._ . l e~ . , últi~nas q ~ l ,. Pers jlp, ¡t , l g~na,s " ~e , ~}t yas esc ~q¡ts - ~ 1 : enyenen .am, iento ." de ,la h e¡;oín,~, por ,ejetp.plo ...:. se . encuentran en amb,as .nQvelas (Lapesa 1950 y A valle Arce. ¡. 97-34). Fr~nte . a ese entramádo LVIII PRÓLOGO de fechas tardías, Singleton [1947] propuso 1596, suponiendo que el ataque a Cádiz con que comienza el relato sería el de 1587 (véase también Hanrahan 1968, y la crítica de Rodríguez Luis 198o: I, 3 1), y más modernamente Stagg [ 1989] ha supuesto que se trata de una narración refundida y cuya primera versión podría remontarse a, 1 sóo. De hecho, contra la creencia tradicional de la crítica cervantina, Cervantes describe con cierta soltura algun0s aspectos de la Inglaterra y la corte de la reina Isabel, y esos elementos nos llevan claramente hacia los años 1560 y siguientes (Stagg 1989: 316-3 17). Cervantes debió de conocer esos detalles de, forma indirecta y por cauces orales; quizá a partir de las colonias de comerciantes brit ánicos en la Andalucía de la época, y ahí se recuerda la actividad comercial del padre de Isabel y el episodio del bretón en El coloquio de los .perros. A esa trama inicial, . en la. que Recaredo se dirige-directamente a Sevilla, se sup. erpondría con posterioridad : ~} estadio que conocemos, y en especial, el asalto, a Cádiz, de ·imbricación problemática en :la tra~a . actual del relato, II d conde Arnesto, con dos aparicion~s . cuidadosamente ,dosificadas, la pereg¡;inación a Roma y el apresamiento final de RetZaredo por los piratas . be r beriscos (Stagg 1989:318, y véase también Stagg 1994:10 y Ricapito 199Ó:J9-5Ó). "" '' Resta un último bloque de novelas de indeterminada cronología, y a las que se ha solidO asignar el talante de.novelas•de 'relleno' o 'tardías', en parte debido a.su dificultosa dataCión: La ilustre fregona, La fuerza de la sangre, -Las dos , doncellas .y La señora .Corn , elia . Curiosamente, los cuatro relatos forman dos .bloques temáticos: dos novela~ de ambientación ftoledana' . (La ilustre fregona y La fuer,- za de la sangre) y dos.de inspiración italiana (Las dos doncellas y La señora Corr¡elia) . La ilustre fregona se tu:vo en algún momento po D uno de los relatos de fácil datación, debido al caudaLde datos históricos. preciso.s .. La , mención , del conde de Puñcinrostro, que. fue Asistente. de Sevilla. en 1598, y la cita del Guzmán de · Alf.arache )' '¡,' ü En efect o ~ <:J ewantes'relata el asalto a Cádiz, cuya función-parece ser la de •c ol<;Jcar a Isab~la en el medio.inglés (e', .incluso·, evitar. un .incesto de dos hermanos, p ~ r ,<¡> eludie Jil dQ el c~ear un 'amigo: a,:p_':care¡lo, co p _o se ha .s.upuesto,, p ,o r ejemplo, en [,.a ilust~ ~ freg q ~a) , pero después d ~ la imp¡es ¡ ó . ~ 4 ~ fl ~vidar s e , de ~ 1 . , Y•, qe , hecho, el padre de !sabela parece vivir en Sevilla y, no en Cádiz. Asimismo, los padres' ingle sé s de J sa bd Á 1 p ~recen comport arse' c oiri~ pad h!s aJténticos, igribrand o' todos dl'os 1ós su cesos1de Cádiz eri'los prepa'rativos dé su bod a· (El Saffar 1974:1 5' 1, Rodríguez JLuis 198o:I•,J34, Si: agg 1989:306-307). • ' . ' l CRONOLOGÍA DE LAS «NOVELAS EJEMPLARES» LIX (1599) ya de por sí nos proporcionan una data a quo. Desde Icaza ¡1 901 :222-223] se considera que la referencia al conde de Puñonrostro fecha la acción de la novela hacia 1597 (Rodríguez Marín 1905:145, Astrana, VI, 154, y Amezúa, II, 319, y véase abajo, pp373 y 381, nn. 7 y 75). Esta-referencia fue reforzada por Amezúa, II, 319, al compararla con la casi simultánea a la fuente de Argales (véase abajo, p. 379, n. 54); con todo, tanto Apráiz [1901: 90] como Astrana, VI, 157, negaron tal valor cronológico. Quizá por el hecho de que es más dificil suponer un término ad quem, y ahí se ha pensado que se trata de una !de las novelas compuestas para 'rellenar' la colección y por lo tanto una de las últimas (Apráiz 19or:92), o bien su fecha se ha pospuesto al año 1606: Arrtezúa, II, 321, la ha situado entre 1606 y 1612, con posterioridad a la composición de El coloquio de los perros, que él suponía anterior a 1606. A lo que debe añadirse que la proximidad literaria a La gítan!lla la emparenta inevitablemente con ella· también a efectos de datación, puesto que el personaje de Preciosa supone el elle Constanza y viceversa. El' contexto geográfico deLa . ílustrefrego~:~a ; Toledo, la empareja con La fuerza de la . sangre ,' lo que ha asociado ambos relatos eón estancias de Cervantes en Esquivias en IÓI r (Astrana, V, 426). Ame zúa, II, 214, cree que ~<hay que situa.r la fecha de su composición [de La fuerza de la sangre] ewel último período de la vida literaria.cervantina», si bien parece dificil concretar una fecha entre· ellap'so que va· de IÓOÓ. a IÓI2 : . ' 1 Las dos doncellas constituye uno de los relatos que más nos recue¡'dan:Ia novela corta italiar¡.a; quizá por ¡;llo fue considerada una de las primeras novelas esd:itas, y más tarde una de 1as últimas. Así, Bonilla [ 1917:62] la fechó en I57I ·(Apráiz 190r:ro1, y se desprende de la 'clasificación ~ipológica de González de Amezúa 1912:205-206, que se reproduce en .estudios posteriores, . como, por . ejemplo, F. Schürr.1951:63-64 o Astrana, V, 192 y f96).-Sin.embargo;esa.datación ya ,fue corregida por Schevill y Bonilla [ 19Ú'-I925.:HI;·393], considerando. que .pertenece ,a la última década· de la vida de Cervantes (véase Amezúa, II, 327). De hecho, el detallismo geográfico de >la novela y la apaFicíón ·de' Barcelona en elrelato inclina la datación0hacia r6ro-r612 (Casálduero 1943:2o6::.zo7 y 213, Riquer 1' 989:8 '3-'89). Por su 'parte, Lá séñ~ 'i d Cornelíd splO e~ conta. das ocas ! ? ~ { s h~ } ido' considerada. nov~la .' tempran,a :¡ ii~ 'primado su p~oxi ~?ad . al , Persíies y al st¡gunds> Quijote, y, por tanto, ultimada entre 1606 y 1611 (Bonilla 1917:52 y 65, González de Amezúa 1912:205- LX PRÓLOGO ' 206 y Amezúa, II, 356 y JÓ FJÓ2 , Bucha nan 1938:39, Astrana, V, 215, Moreno Báez 1973:2-58).'2 . La mayor parte de la s ma taciones vistas persigue concretar un términcí ad qu e m a través de p0sibles reminiscencias biográfica s, las referencias <;l e actualidad; etc. Sin entrar-en ese cam po , y aun ó,esde fuera: del-cervantismo ,. Rico [en pr e n s a~ seii.ala un dato •liqgüístic·o seguro y objetivo, de singular int ~ r és a nu es tr o objeto: hasta el primer Quijot~, Cervant es usa la fórmqla a lo cual . (dijo , re spondió, etc.) en una proporción tr es veces s up erior a la fórmula a lo que; en ·el seg undo Quijote, en cambio; a lo que es pref eF ida a a lo currl en uóa , pro- . po r ción de diez a üno ; y·en el Persil es desa par ece,de hecho ' a• lo cual y· solo ·se usa · alo que. Ah ·ora bien , en las Novelas ejemp la res, a • lo cual ocmTe cincuenta y nuev:e.veces,·ntientras a lo que se pr esenta en cuatro casos: uno en La gitanilla, otro en el Casa mi ento y dos· en · el Coloquio , dond e es la íu i. ica1:versión de la fórmula. Esas cifi: as <dificil-' men'te pueden.,interpr.etarse. sirio en el sentido de que d . grueso de los Telatos de ia:colección·son co nt emp 'oráneos e·incluso anter ior es all púmer Quijote,. entendiei1do si ·acas9 . que • Una tal datación apunta: a los mo 'mentos:iniciales de redacción, sin excluir ulteriores es tadios de limado y corrección. P. or :otno lado ,r el hecho·encaja. wnL'lGi lidad en la hipótesis de .redacciones. muy prinutivas· de El amante liberal y La esp'at!ala , inglesa. No s topan1os.ahí otra vez con la dolorosa sospecha · qüe asedia a. todo es'tu'dios0 de las Ejemplare s: las fechas de creación y de publicación se nos presentan ·desusadamente ale-' jadas; lo cjue limita el alcance de cualquier,análisis: . · Pero si es laborioso ajustar un cómptlto ·unívoco, se perfila alguna conclusión. Erí el.momento en que . dabaa la s prensasJe l'prim eí: Quijote, quizá y<r tenía perfilad ,a' üna . discreta 'wlección' de no velas:: El capitán cautivo, ',El curioso impertinente, Rinconete•y Cortadillo·y El ce - loso extrr;meiio .. Lista a la que se han querid0 ,agregar redan ;iones pre¿ lirninares , ~e El ; arrrahte'liberal y Da espaiiol'a inglesa. Y una . tal serie sol,o podía·tene1: dos ~estinó s : su 'articulación en una obrá 1 ex~erisa o una 'col edción;. ·A, ese catálogo;r con pwbabilidad anterior·a !-r :óoó,• : .~ 1 .1 1 • · •• ;. 1 \2 Re cuérdese . que Riu s•crey.ó que Alexan' der Hardy había utilizado una cop ia • de la novel~ q ~e hab ¡:¡_ 1 5' i<;io · • : n , ~ u . ju v ~'?~':'d , )o q':' ~ co locaba su ~o mpo s i ci , ón ha, cia róoo(A,¡nezú~ , JI 1 39r). J;;~ntjk;~ u ~z~ . n . [. ~9,9.o:26?1 . o . b ~~rva que la _ qe _ ren pinación del espacio temporal en el que los dos español es llegan a Flande s, cuando · «es tabán .. \ ¡·? . ¡,'"•; 'l ''l.,:··~¡. ' .... ' :• -· 1 l:f· ·; ~ .• ,~ . ;·-· ... ;¡·· ~ l as ·eosas ~ n paz, o en connertos y tratos de tenerla presto~> podna suge,,'lr, que la acc io h de la i:ú :iveia' pu 'ede feciiarse· en el vil'reinato de · Luis de Zúfuga, en tre \·sú'y rsiO. ..,;. r';. t' , 1 ;1 s ig u c ort casn r vent c0le 'ita li A'm be ll si ·en -an f]eJ< imp cl ui re e <da Es dé Cl tra (O.f La EL GÉNERO LITERAll.IO LXI s ig ue otro inmediatamente posterior, cuyas ,ficciones supon ,en .· la corte vallis·o]etana o su vuelta.a Mad rid:. El coloquio de lcis perros, El c asunúen.to engaiioso, El liCenciado Vidr iera. y:La'gitan illd. Ahorad inventario ya es de cuantía, por cuanto incorpora bu ena pa rt e .de Ia c0Iecciór1 de ~ 6r :3, mientras qu.e las .dos novelas ~ tol edanas' y la § dos 'italianas' se han revelado de casi inalcanzable donología ·ad ' quetn. A.> manera de con1pendio y. condusión, ,digamos que no es descabellado 'aceptar que Cervantes . tuviera en · mente la posibilidad, siempre abierta, .de una colección de novelas hacia datas ten \.ptanas -antes ', incluso, dé•160 s~, cu .ya factura final demoró en tortuosa re-:- flexión, y.que la'-id ea de un á colección com 'o tal debió de encontrar. imperio so acicate en el núi11ero creciente de relatos cortos· coh '- cluidos poco después: de, 1· ÓOÓ, . de engan:e ·. cada vez más incon venieptebl. una oora extensa·. ;y que por sí solos sugieren oex igen la idea de florilegio,oTepertorio. ' , '·. · .,,,i\\ . '1, ~ ,1 [1' . j :! 3. Elo GÉNERO LITERARIO _'.1!''.1' ' 1_,¡-' El género de .referencia dé• la colección lo constituye .- la nov .ela corta italiana, y . en · menor medida el cuento mediéval.' El relato cor- . u0 ,alcanza . en -la ,Italia del siglo . xvi un • importante cultivo, y sus producciones serán tracducidas con . profusión . a varios idiomas europeos, menudeando también en castellano·(Ainezúa, 1, 416.--463 ; Riley 1986:30-32): Ve'ámoslas en . un ápido inventario·. El• Decanie -. rone : fue traduci~o al castellano duram.te. i::J siglo .XVI, pero en 15 59 entra en el índice tle Valdés, y :s.olo sería aútorizado en · 1. 583 · por el· G::atálogo ·de Quiroga ;.lo ·que, cuhosamente ,r no llevó a su Feedición eiÜJ «as téllano. Pero . sí fueron• traducidas Le< pi-acevoli notti de Straparo !.. la • ~P - 0~ Francisco Trucha1o, Granada, René ., Ral;nit, .1583); varias· veces reeditada.(err Maqrid, por Luis Sánchez, en · 1 598; en · Pamplona · ~ - Nicolás de Asiaín realizó dos ediciones en 1612), las-l-lore , ai reereatióne de ; Guicciardini (Bilbao, · Ma~ías ' Mares, 15 86; y traduci- · das ¡por.J erónimo dé· Mondragón en Zarag.o.za\· Pedro Puig y~ uan Escarvilla ,; 1'588), la colección de Historias prodig'iosas y rÍ1araviUosa's • & Bovistáu, 'lfesseranb y Bell_eforest .(tFadqcqión de íAndrea Pr(ls~ cioni, Medina del Campo, Francisco del Canto, 1586), también a travé ~ , 4e l ~ , tr , ad,);l ~ ~iÓI). ~~ances~ de,Bovistall y Be ll , ~,forest la~ His- {OfÍ'f? ,r trági . ~ a~ ejemplc;r.e~ ., d,e . Matte9 B~nde ll q ,( Sa~ai;n~nca, Peqro Lasso, 1589), también reeditadas (Valladolid, Lorenzo de Ayala;. LXII PRÓLOGO 1603) y, en fin, los Hecatommithi de Giralda Cinthio (Toledo, Pecol dro Rodríguez, 1 592). Se atisba sin dificultad el notable interés aba que despertó la novelística italiana en la España de finales del sico glo XVI. La Quizá porque el panorama español presenta magros frutos. Se a la trata de obras aisladas como, por ejemplo, la Historia del Abencerrqje lo s y la hermosa Jarifa (Fosalba 1990, Montero 1996), o bien por coleeotr ciones como El Patrañuela de Timoneda (Cuartero 1990, Chevalier co 1989), las Noches de invierno de Antonio de Eslava (Amezúa, I, 437ese 439, Barella Vigal 1986), e incluso reediciones de antiguas coleem ciones como la que realiza Argote de Malina de Bl conde Lucanor jab (Hernando Díaz, Sevilla, 1 575; véase Miralles 1978, Blecua 1980:1,5 .' 23-29 y 73-76 y Serés 1994h:XCIV). Asimismo, nos encontramos. pu con novelas cortas insertadas en obras mayores, tales como las que fic incorpora Montemayor en la Diana o Alemán en el Guzmán de Alfarache, una práctica que heredará Cervantes en el primer Quijote. Pero ese interés por la narrativa breve se evidencia, de nuevo, en las exhumaciones de obras nunca impresas. Ahí· entrarían el manuscrito del Licenciado Tamariz (Rodríguez Moñino 1955 y 1959:81ce 125; Amezúa, II, 427-436) o la colección del capitán Pedro de Sara lazar (Blecua Perdices 1983). A ese ambiente de remarcado interés, d~ por la narrativa italiana apunta Cervantes en 'el prólogo cuando, tre afirma que él es el primero que ha novelado en lengua española;> 19 vindicación que vale por una directa filiación literaria de la colección -que sería, pues, una serie de novelle-, al tiempo que manifies '-' ta su clara certidumbre de haber soslayadb por vez primera el servil seguimiento de autores italianos. Que las cosas ibari' por ese carni-, no fue ya entrevisto. en la época, donde Cervantes, dentro y fuera' de. España, fue celebrad0 por ser el: autor de las Ejemplare s. Tirso <de Molina. en los Cigarrale s de Toledo (1621), por ejemplo, llamó a Cer J vantes «nuestro españolBoccaccio, 1 quiero decir Miguel de Cervantes». (la cita enAmezúa, I, 442, Drake 1'98·1:7, n. 18)'3 y Suá-, rez de Figueroa, censuraba por igual a Bocc áccio, Giraldo Cinthio y Ce , rv~tes (véase.abajo, n. 27). Y es también visible en el concepto de 'novela:' . como 'suces.o extraordinario' que parece manejar Cer .! vantes (Gasalduero 1943:54, Hilty 1969), en el mismo título de · la , ,_; '3 La s d ¿ i:lara ~ io ~ es contemporán ~as sobre la colección puede ~ verse recopilada s en.Arnezúa, 11, 608 -687 y Dr ake [19 8I:3-8]; un a historia crítica de. Ias novelas enNerlich •[I989a]. ' r ''· u EL GÉNERO LITERARIO LXIII colección, donde novelas ·vendría a significar 'novelas cortas' (véase abajo p. XCI), así como en la naturaleza de algunos relatos, siempre considerados muy cercanos al relato corto italiano (Las dos doncellas, La señora Cornelía). Es también el caso de las narraciones de Geloso, ; las que dedica un ciclo completo (El curioso impertinente, El viejo celoso) e incorpora una pieza en la colección (El celoso extremeño), o de otros subgéneros temáticos que incluir:á también en su libro, tal como la novela de aventuras o bizantina. '4 Percibimos así. el valor esencial de la colección cervantina en su contexto históriGo: el camino que conduce de la tradición italiana -cercana al exemplum o Jabliau de resultas de 1a cortesíaal alba de la narrativa moderna. Pero dentro de esta dependencia evidente, Cervantes abrió la puerta a una· amalgama,de procedimientos afines a los géneros de ficción más frecuentados en la épqca. En primer lugar, la novela picaresca, cuya polémica presen_cia en la colección atañe a tres relatps (Rinconete y Cortadillo, La ilustre fregona y El coloquio de los perros). y Uega a afectar a, algún otm (El casamiento engañoso y en ocasiones La gitanilla y El licenciado V,idriera) ,. 15 a lo que habría que sumar la cer¡::anía de algunos. relatos a la narración .pastoril. renacentista de raigambre clásica. -con el tamiz,de.Garcilaso y Montem<¡yor-, evidente en Lagitanilla, pero que también se ha querido ver en La ilustre fregona e incluso en.Rinconete y Cortadillo (Johriston 1980, Hart r.981 "Fox 1983, y los reparos críticos de Riley 1986:37, n . .3 1). Por otro lado está el.género bizantin.o, pujante en el Renacimiento a parti_r del descubrimiento de Helio doro y en el que Cervantes pre~ tendió pontificar con su Persiles . La redacción de esta última obra inacabada parece,haber afectado la de algunas novelas, con las que guarda .evidente comunidad de procedimientos y, escenas paralelas (El amante liberal y La española inglesa, pero también La gitanilla y La ilustre fregona e incluso Las dos . doncellas; véanse en especial El Saffar •) t 14 Utilizo el marbete 'novel a' bizantiha' teniendo en cuent ~ las observa~iones de A valle Arce (1982:!, 30] y Zirnic (19~6 ' :83, ri. 48]. ··' 1Í'Entre los principales estudios, ·véanse Castro (• 1925 ·:235], Hainsworth [ 1933: 12] , Casalduero (1943], Amezúa, 11, 108, Blanco Aguinaga (1957],.-Monte (1957], Aya -, la [19 '58:84-85], Guillén [u,966,y 197,I:I35-158],].L. Varela [196~], Molho (1968], Beli~ ¡ ;; no], Lázar ~ Car:reter [ 1970j, Rico [1970], Bataillon [1973=215-232] ,' A. Sá~- (} i .(' \t . • 11 ' ' •• '. • 1 1 chez [1974:567], Sobepno '(1975]. Avalle Arce (1982], Dunn [1982] y [1993:203231], Forcione (1982:67], Carrasco (1986:I2o], Riley (1986:32]. [1990a] y [1990b], R:eed , (1987], Quérillacq (I989: 91] , Márquez Villanueva [1991] y Garóa · López [1999b] . LXX PRÓLOGO novela, cc?n la consiguiente · ordenación . cde valores» (Casalduer0 1943: 12). Desde esta perspectiva distingue tres grupos: uno prime. ro en que el amor es punto de arranque del relato (La gitanilla, El amante liberal, La española inglesa, La fuerza de la sangre y La ilustre fre. gona); un segundo · grupo nos presenta el problema de . la necesidad del matrimonio· (Las dos doncellas y La. seFíora Camelia, y en él podría ·entrar también La fuerza de la sangre); en . un último y tercer grupo, amor y matrimonio · son anteriores a la narración, aunque influyen decisivamente en ella o bien aparec~h como un episodio de ,la mis 1 ma (Rinconete y Cortadillo, EZ.Zirenciado Vi. driera, El celoso extremeño y El casamiento engañoso). A partir de ahí distingue -cuatro .grupos bá - sicos: • L' . ' ·~ ( ~ a) el muJ!.~O ideal (1 ,. La gitanílla, ~ - El, arrante liberql, 3. R!rzcor¡ete y Cort q.- d¡ i(q y 4La espaiiola inglesa); . . , . . . , b) el Pecado original (5. Ellicer¡ciado Vidriera y 6. La fuerza de la sang re ); e) virtud y libertad (7 .'El c elos 'o extreh1eíio y 8. La ilustre fregona) '; ' e' d) el mundo social (9Las dos doncellas ', IO. La seíiora Cornelia, I l. ·El casa ! miento engañoso y 12 : 'El coloqu'io de lo :S perros). ' C.¡" · -¡ Joq .,_ .... ' "' Podemos añadir relaciones temáticas entre novelas de• Cliferen ! tes grupos·. Por ejemplo, «e l idealismo de 1 La gitanilla y. el mundo social del Coloquio, se opóneiT;y se sostienen mutuamente ... La ge 1 nerosidad y esfuerzo moral de El amante se· contrapesa con · el egoísmo y avaricia de1 El casamiento engaFíoso : Ea· plebeyez y bajeza de Rinconete se contrabalancea con la nobleza de La se~'iora Camelia ¡ La unión mística, cbn su peregrinación aRoma, de L~ española in - glesa, equilibra su elevát:ión con la unión social y la peregrinación a Santiago de Las dos dbncellas. E1 pecado origin¡ll de la' inteligencia en -Elli~enciado Vidriera se completa con el pecad6 original de.los sentidos en La fuerza de ' la sangre. Por último, eklaustro de El celoso extremeño muestra su trágica inanidad unido a la libertad deDa ilustrefr eg ona >>•(Gasalduero 1943:2,0 ;: 2i) : En ese recorrido nos éncon tramos· co n contimuos altibaj-os. donde parece percibirse un equilibrio «de ma:nem qu e. no quede :la colección repartida· en :do9 zonas·estáticas de tajante disparidad »: «De la: idealidad y lu 'z•cegac dóra de 'La gitanilla y El amante liberal caémos en 1 Rinconete» para elevarnos después en ' !Ja española inglesa, pasar al « rem0lino » de El licenci · ado Vidriera y Lajuerza de .la · sangre y el estatismo de. -El' celos o, extremeíio, y de ·ahí al• _idealismo· decreciente · en · intensidad de·fu ilustre fregona ·, .Las dos dot:tcellas y La señora Camelia: «D e las joyas le > EL GÉNERO • LITERARIO · LXXI gitimas de La señora Cornelia pasamos a las falsas de El casamiento en- · gaíioso, con el cambio de luces, de. escenario y de moral que eso repres.enta, para en<mntrarnos en medio d ~ la tonentera del Coloq~tio». Dentro de cada narración . encontramos la existencia de polaridades, que se ,da.entr.e oposiciones de personajes 'o situacion· es (com01en La gitanilla o El amante liberal, La espaiiola inglesa o La ilustre fregona), en la existencia de . un mar .co.narrativo cuya importancia se ace~túa a medida . que avanzamos en-la lectura de la colecci6n (en'Rinconete y Cortadillo,. El licenciado Vidriera, El casamiento engaíioso y El. coloquio de los perros) , en ;el estatismo opuesto a los réstantes relatos (en El eeloso extremeño) .. o en la, utilización c'o , mo mero recurso literario de la acción ·(en Las dos • doncellas y La señora Cornelia) . Las narraciones se hallan estructuradas sobre parejas, de pers.onajes, definidos con precisión por su atavío, que se enouentran opuestas (La gitanilla, El amante liberal, La española inglesa, La fuerza de la sangre) o que desarrollan la tradición literaria de 'los dos amigos' (Rinconete y Cortadillo, El licenciado · Vidriera, .La ilustrefrego ~ na, , La s d'!s..doncellas, La seíiora Cornelia, Ji!./ casam iento • engaiibso, El coloquio. de los perros; sobre el tema véase Avalle·Arce 1982 y 1985). P,or lo que respecta a su estructura, la narración-se presenta dividida - en cuatro partes, exceptuahdo .Rinconete· y Cortadillo, El celoso extremeño, El casamiento engañoso y. El coloquio de los perros. En con--:: clusión, para. <C asalduero todas las novelas dda colección son idea:- listas. Enmarcadas en el 'barroco', poseen un<¡ , profunda plas ticiaad religiosa donde podemos ver al trasluz los principales val mes m0rales y-religiosos de la. época. En La gi·tanilla,, el, mismo nombre de Preciosa surgirá de las págiNas de La.perfecta casada de fray Luis de León, mientr¡¡s que ·Rinconete y Cortadillo ·representa la experiencia· del• mal o El.licenciado Vidriera :el•pecado original de la inteligencia humana, . como .EI co/Qquio de los .p err os unaintensa experiencia demoníaca. 1, '·". --' El Saffar · [ r 97 ,¡,] llevó a acabo , una reordenación del esquema uonológico con fuertes implica,ciones•literarias. Perfila. una seri~ de earacterísticas .. que distinguen unas. novdas eon respecto a otras y pi: . opone a partir-de ahi una .cronología relativa donde se sugiere 11na determinada progresión literaria. La distinción principal se da entre aquellos relatos que podemos fechar con alguna certidumbre como anteriores a r 6o6 o en sus -aledaños y·aquellos otros que su.,. popemos posteriores en , cuanto delatan cier:ta proximidad formal o temática .c. on .el Persíles . Tendríamos entonces unos relatos primeri- LXXII :·, PRÓLOGO zos (Rinconete y Cortadillo, El celoso extremeño y El licenciado Vidriera), con dos grupos de transición· entre estos y 'los últimos, y ahí se hallarían; en dos grupos separados, por una parte El casamiento engaño - so y El coloquio de los perros, y por otra Lagitanilla y La ilustre fregona, y finalmente las últimas pr6dm:ciories,en especial Las dos doncellas ,. La seriara Cornelia y La fuerza de la sangre, admitiendo que El amante liberal y La española inglesa podríán ser ·casos•de reescritura anterior. En ' las primeras novelas hallamos personajes niuy ·individualizados, cuya relación con .. la sociedad es ambigua· o problemática y cuya historia desemboca: en la d.estrucción del personaje principal o simplemente rio·concluye,• sino que se disuelve en la realidad de laque surge. Err. esas ,historias' iniCiales el narrador apenas aparece, dejando campo libre al individualismo·de los·personajes·. Por el contrati.o, en las últimas ·narracioRes el personaje lleva .la iniciativa, controlando ·los acontecimientos de s'u ·propia vida,. y· por .lo general inicia una peripecia· que acabareconciliándolo con .la sociedad. Es. visible la presencia ti e la voz 'narrativa, que llega a incidir ;e ir la cronología· interna. El detallismo cede en importancia y .aparece. una ·· realida:d trascendente que afecta al desarrollo - de 'la -· historia ,. patente ·en una superior. manipulación .estructural de la narración (co'mienzos in medias res, por ejemplo). En esa persp~ctiva: nos en:.. contramos con una narrativa ' que se abre a los valores; trascendentes.l:a silueta resi.tltan'te.sería -Ia ·inversa ·a·la supuesta por •el cervantisni'o pFiniosecwlar,. tal como apunta el título del-libro de·ErSaffar:' Novel to romante. A una exploración de los mecariismbs de la ·ficción r. eálista : (Rinconete ·· y Cortadillo) seguiFÍa· ún · arrimo graüual a: .Ia fic - ción ¡ de corte idealista; y la realidad irá: dejand 'o paso· franco n1n ~ sensa!:(lón de trascendencia: 'el · hennano de 'J1eodosia {Las dos donce l llas), los dos. vizcaíno~ ~La señora , G:ornelia)"o el·poten'te simbolismo cristiano de La fuerza de la · sangre . (la sangre derramada de Luisico, por ejemplo). · '·, ' · El ·estudio de El Saffar consütuye uno de los-hitos , en la bibliografia de 1as' Novelas · ejempl'ares. Si por · wna parte· ha ·recibido ';} lguna crítica importante (S0bejano 1978), .su ·influencia·se·percibe con facilidad, sea por SU 1tesis Cel).tral tanto C0IDO p' or <la interpretación de cada uno de los >relatos de la· colección (Rodríguez Luis 1981, Riley 1:981, Sieber 1981, A valle Arce · 1~82). Su máxima originalidad c0 ris;s.ttt en.. enfn !nta.r ; en bloque. los plameamientos dd cervantis- . mb dominante durante ·la •primera mitad del· siglo XX, aunque . concreta una ·silueta· de .> la ficción cervantina que, 'curiosamente, EL GÉNERO , LITERARIO LXXIII wntradice el desarrollo conocido de la narrativa de ficción en Occidente. . , · · , Los reparos más importantes al -estudio de El Saffar viirieron de la citada reseña que le.dedicó.Sobejano .. La férrea.alternancia cronológica de las dos modalidades narrativas básicas (novela y roman,.. ce) se considera discutible, y por más :verosímil da teoría de la coexistencia de novela y romance en el espíritu de Cervantes, para qui 'e n ambas formas y sus correspondientes :direcciones · (realismo ~ idealismo) p'udier on ser' opcion· es ccimpatibles»:Esta es una diferenciación de la que cdn" 'i: óda prob'abiÍidad era conscié nte él propio Cérvante. s: «Cervab.tes te C: bnoCía ' qu ~ 'el público de La Galát é'a o del }1 ' \' 1 1 1, _, 1 ,1 \,11 • ' ' ,, '• lo' Pásiles no podía ser el 'mismo ni · tan amplio como el del Quijote». 1 " , 1 • ', t 11 1 .• ~ i • ' , ~ r • 1 • 1 , . · ' ·, . , • 1 • · ' , • • ' • ·' ,·, • • ' , , Y por ese camino, se confia a una ordenación de naturalc:;~a má~ sistemática: «de las doce no ;v el¡¡s (púme_ro p~ r; Y. prpve~bial q11 ~ : Ger,- vantes prefirió) las seis primeras alternan el mundo humilde y el elevado, y,las otras s e ~~ <;íbs ,erv:an Igual alternancia; pero por pareJas en lug ;u ,de por unidades >¡ , de fqrrna que «desck el punto de vista de ,los mundos noveles~ . os rela<;ipnaqos. COJ;l ¡ <;iiv . er~os géneros o. subgéneros de, litet:atura,: Gi(at i illa ,es predominantemen _ te . pa~t~ril; Amante, bizaQ.tina; Rinconete, \pi,caresca; Espaf!ola , bi?:anti¡u;1 Vidrierq, aforística;· Fuerza se' relaciona. mayorrj:lent~ ¡:;on ~ 1 mundo de la comedia; , Celos . o ,' ~on . ei géne ~ o de la• novela ¡:;or _ta en su más típica representatividad; Fr egona es pica,resca; . Dor!cellqs, caball~r~sca; C()r , nelia, otra novela. corta típicame.nte tal; Casamiento y Coloquio, pi-: caresco ,- dial0gales;·a.ejemplo de Luciano» (Sobeja1;1q , ¡9 78:72-:75·). Por _este,carn)nq,la .ordenación -de Sobejano . Ueya a su , ÍjnV.te J.a ya proguesta por Hai11sworth [1933], _ idéntifitai;~do cada u¡1a de) as novelas con un preciso género literario. Se trata de UI].a cla~ifica ción qu~ ha 9l:>teni!fo . numerosas. adhesiones (v~ase , : p. or ejemplo, Blecua 1994:XIV), si bien , asign~ un ÚQico marbete ~ .. cada relato, ~Güntert 1993:19.9). ! · J.: . ·r , ., r Cop.jugando el familiar.doblete, romance-novela se desenvuelv,e )el est~dio re Rile Y: [!98 I ], acomodado ahora auna comprensión total de la ficción cervantina, y ,explorai).dO' un , espaci9 ajustado entre las anteriore ~ ,interpretaciones .' La narrativa• rom ance sería «la forma fundaQlentalJo central de sus , es<:;ritos» . .El cambio de1 perspectiva consiste en , que «enllugar de cons~derar a Cervantes como 'd primer novelista moderno : . (honor indeterminable), q11e se rió <k los ro.man <:; es caballerescos hasta,su extinción, y, que ,, sin e mb argo, también (cuando, se observa con detenimiento). tqvo LXXIV PRÓLOGO '' ·' algunas recaídas en la forma 'idealísta de ficción, .. sería más exacto verlo como un hombre que leyó, escribió y entendió el romance extremidámerite bien; y, sin rechazarlo o condenarlo, lo· usó, jugó con él y, consoientemente, btiscó el mdd0 de extraer de· esa fuente nuevas formas de ficción» (Riley 198·r :40). Como restlltado nos pí·esenta una clasificación tentatoúa: r ~ 1!, J · r . a) .formas narrativas predominante;men .te rom .ancísticas: Ca/atea, Persílesy . cit}c;o , de las ~ü , emplq~es , ('El _ rpnante lil¡era(, La fuer,za ~e la sangre, La espfl~ , ñ,ola inglesa: : l:fl~ . d ~s doncellps y,fq _ señora Co~ne/i~); ,, , , b) forma,sr narrativas precjqn:J.inantemente n~JVelescas: la's dos partes del · ' Q ~ij ote y c' inco de ' ia~ N~ velas ~ jerf¡plares (Ri11 . conete y C~rtadillo, El/icen- ' ~ ~~d o ' Vidriera, EÍ c~ips; ex trel'neño ; ' I3i ca ~a mie ~ to 1 eng !!'i i~s~ ·y Éi c~loquid de ·' z d~per ros)' ; ·_, '· it ¡¡' ' ¡·.· 'f .. / · .. ~r · "• ' ···í ,, ·: · · e) formas·niixias: La · J?ita nilla y La ilus ire fr egond .' · · 1 ·, [J \ 1; \tfft. '.·':} ,, ·, ll.l (f ·' Pero el estudio n<!l . se detiene en . la 'inera:·dasificación, puesto qúe, tal como obse rVa , la-misma simetrhi: nos avísa-de su artificiosidad, y de ·que no puede ' ser sino mera-simplificación. Las formas roman~ císticas son-capaces de ún:a ·v:isible¡ apro)timaeiórt a: l as novelesc ~s, unat d ndénba ' inuy 'cértera en· el ' Persile:s ·, y asimísmo las foi-mas · n0velescas revelan é0 fl fa'cilída:d · algúntípo lde desplazamiento hacia el romahce :-Gervantes akariza: l'a' máxíma -co mplejidad en el Quijo·- te : ." novela que trata:sbbre· un · hoinbre j:¡lie intenta convertir"su pro~ pía novefa• en to m·a:nte: • En las rtli'srrtas - Ejemplares, !parece eviden '- te que,Lá·gitanilla_"y La · ilustre fregona nbs' ·presentan caso¿ híbridos tan marcados «qúeno pued e ser ' otra ;cosa-' que ·el producto de un experimento' 'cale u-lado» (Itileyr I 98 I ! 45; véase" ' también Ri:ley I98i5: ; 2,j.-'-25) '. • • '· -· ';:··· • ' ' 1 r'·. · '. . .. · A' >la par que úna continui iinqtii'sición •crítica al arrimo de los1 conceptos de rómahée •yJriovel a', tenemos a:proxlniiciones de naturaleza estructural, que va a frecuentar el cerva-ritismo aleh-ián (Pabst• I9Ú y r\;6'7, Hilty 1969, D-íezTali>'oada 1978)·. Se reniega ah: ora • déJ 'Carátteí: h¿urÍsticó"de las, clas ifitati on ' es y s t! atiend e' á encontrar procedimient0s narraüvos toniunes a la colección. Po'r lo general'se entiende la estrUctura de la novela :cervantina como un caos que encuentra cumplimierrtd ' en un 0rden fin·al, s0ciaJ o estético .' 'Eri' esa' línea:, Bíez Taboada •[ 1' 978 )i;'a' póyándose en Pabs't [ r 967] y omedi'ante una 'brillante interpretación de La; ilu stre fregiJ ~ na ,' subraya la: presencia· de tétminos -estéticos de·valor i:ípicamenL te'p0stridentino·, tales como 'admira'ción';; 'mar 'avilla' y 'laberihvan gru hast col es ta per «-im: en u tra 1 o: a reo tin ha na EL GÉNERO LITERARIO LX.XV to', remitiendo este último al arte de la construcción · textual. Per01 sin duda, dentro · de esta línea de interpretaciÓ'n destaca el trabajo; de Pabst [·I947'Y r967], que observa la. colección de r6I •3 bajo .el . amplio panorama de · la narrativa. corta .bajorrredieval y renacentista .' Con todo, .desgaja las . Ejemplares de otws . -y • aun de c ual <;sq lli era-, universos narrativos, sean ajenos o ·dei. propio · Cerva ntesf0• al . tiempo qtJe «la clasificación de las doce narraciones en grupos diferentes, tal y como ha sido intentaqo repetidamente hasta la fecha, no nos satisfará>> (Pabst I96T223). -El• origen de la colec' <iión de novelas estaría no • en la tradición italiana, .sino en la comedia de la época (abundando en una idea 'ya expuesta por HeireFo.García r950), pero también en «patrañas, apologéticas•y cuentas»1 ; que · «s uministran la base. y las formas de imaginac::ión ·de· la s que se nubren las Novelas ejemplares». El origen de la colección es taría, en «la voluntaria renuncia a los contenidos de relación imperantes· en la sociedad· de .- entonces» y se materialiearía como «i maginación pura y libre» (p. 227). Lo· que une todas las novelas entre sí es ,el deambular de s us •personajes: «un desatino ;- un andar pet;didp, un caminar a ciegas O· a tientas, una -búsqueda inc esante >> (p. • 229~. «Las sendas de las parejas: protagonistas se cruzan,se cortan en 0casiones, y solo hacia 1el final de la novela discurren de forma convergente o paralela, hasta que confluyen en un parale'- lo fcomÚp» (p. 2]0). Esassinietrías se dan en todos los niv'eles de la trama·y denuncian un origen dramático y. una naturaleza dialógi- €a cúyo ó~a tm lb conforman el emen tos maravillosos ,'' que « pa- ;1, 20 ~<Tampoco es posible hablar de ' la s novelas cor ta s cervantinas', sino t~n solo de las novelas que escribió Cervantes, de esas y no de otras. Puede analizarse una determinada de e lla s, y pueden extraerse conocimientos útiles para una comprensión más profunda de esta o de aquella otra; pero con ello no se habrá interpretado a las doce, ni muchísimo menos, co mo es natural, l as demás novelas del escritor no ' pertenecien'tes a esta colección» (Pabst I967:2r5). ,! •• JJ' ' t<Av.e llane da tenía mucha·razón .a l afirmar que la s Novelas ' eje111plares eran conredias en prosa, porque no solo poseen en su' ·esencia íntima una· estruc tur a dia~ lógica1(que culmina ev ident emente en El colo · quio de los perros), sino que encierran toda la tradición de la come dia escénica en los caracteres y en 1 la constelac ión de las fig¡,¡ras •, comparten en· ocasiones felicidad y desgracia,• premio y castigo, culpa y honra\' SeJ?; ún l as normas·de.la comedia o 'del e ntr emés>> Wabst I96TZ36). Debe ree,o rda rs e que partiendo por lo general de esta afimtación de Avellaneda, la ín - tima relación entre algunas n0velas de la colección y la dramaturgia de la época ha sido-un v-ínculo que • la crítica moderna na reconocido de forma constante: la naturaleza dramática de Rinconete y Cortadillo, el origen dramático de. La ilustrefre2 LXXVI PRÓLOGO ' i rece ser la tradición formal más poderosa de tod as las que han in, fluido en estas narraciones» ·(p. 237). Ahora bien, ese. éarácter fa. bulos o «no es un rasgo casual .- .. sino una intención artísti< ;: a.cons. cien té > (p ~ ' 239); "tan coBsciente era del! contraste entre :la·realiqad y el ambiente literario de sus· narraciones que «subrayó esta opa. sición intercalando las novelas 3 [ Rincone te y Cortadillo], ¿ 1[ La fuer . za de . /a sangre] •y I I [El casami e nto engañoso], y muy especialmente mediante El coloquio de los perros , que sirve a.la colección como marco y es un -desenmascaramiento satírico.de los gitanos» (p. 239H' De forma r qu 'e «Cervantes quería ·y buscaba la inver .osimilitud, necesitaba• los. elementos fantásticos, del cuen~o para alcanzar . su objetivo lite!ario» (p. 240), al tiempo que esa inverosimilitud esencial de .larnarraciÓB! cervantina· funciona en las ll(!)Velas como marco literario de la colección de forrria comparable al maFco literario en la• c. olección de Bo<i:caccio: «La ficción ·del marco boocacciano -crea distancias horizontales: la imaginación cervantina, verticales» (p., 240) .. En resumen ; el estudio de Pabst arranca .. a las Ejemplares: .de la resign a; ción a.l ¡1 :senda trílladar de las clasificaciones, y· tiene la virtud de .subrayar., una comunidad -de procedimientos en todas las pie ~ as de _ lú:olección. Esa mism <r exigencia metodológica se percibe en algunos· . de ·· los estudios más re -' cientes,. · •. '• .. ·,, , ·Jl ' Murillo· [ 1988] nos presenta una ordenación de las Ejemplares di ~ vididas en cúatro. grupos fundamentales que obedecen a distinciones de carácter estructural. -La •parte esencial de la .clasificación la constituiría una serie de romances que integra el primer grupo. Así p~es, ~erremos . : . . ; _ ~-; i ' "1 - ~ ·,l. ¡j "1 • )) gona, las escenas.o modulaciones teatrales de El celo so e xtremeiio , Lafuerza·de. /a sa n. - g re, Las dos doncella s o La s eñora Con ie lia , o la estrecha rel ac ión de El amante liber ci l con la s comedias de tema argelino. Encre las principales ·páginas oc estudios monogr áficos dedicados al tema, véanse en especial Oliv er-Asín [1928],. Hain sworth [1 9 33 :20]; Herrero García [1950}, .Casalduero .[1943 :1IO-I12], D, Yndur á in [1966], Márquez Villanueva' [1973=59] y F. J. Sánchez [ ~ 993]; véasé también, má s abajo, pp. LXXXVIII~ XC . . :•,, • ¡,.,¡ 22 El carácter de .E/ coloquio de los perros - como marco literario de toda la t colec ~ ción ha sido una de· las ideas m ás fructíferas.del·enfoque de-Pabst [¡967], que · ha .tenido larga-aceptación en el cervantismo, aunqu \! no • en el sentido estricto.en· qu e lo planteara el ~ studioso alemán, que·lo relaciona c on el concepto de.inverosimi" litud. Véase Dunn [1973: 118] , Avalle ·Arce [19 82:III, 29] y .Álvarez.Mattínez [1994:70-71]. ' EL GÉNERO LITERARIO a) estrU< ;tura de romance: 1 _, , variación 1: La gitanilla, . La española • inglesa; variación 2: El amante liberal, Las dos , doncellas; variación 3: La ilHstre fregona; TX ' XVII ·;,' •,~ !; b) estructura legendaria: La jrJerza de la sangre, La señora Corneli~; 1: e) estructura biográfica: - variacióp 1: Rinco~ete ~ Cortadillo; variación 2: El licenciado Vidriera; variación 3: E(.cefoso extremeño, El casamiento engañoso; d) es~ructur¡¡ ' dialógica: El coloqrJio de _ los perros . Se combinan aquí11speetos de anteriores enfoques. El'rom'ance e·s la base de la clasificación, pero las diferencias entre diferentes grupos y la ubicación qe cada ' rel~to de_ ntro :de s~ ' mar-bete Obedece a tipologías estucturales que describen aspectos de los procedimieqtos narrativos. Huye -de.los plant _eamientos:clásicos y soslaya los clásicos géneros narrativos com:o guia intrrpretativ.a . (idealis--. tas-re~listas, ',picarescas', 'bizantina~ ~ . etc;.). En , ,el . primer . grupo J;J.bS encontr~m,os con .pmtagonistas jóvenes que viven . un amor iqealizado .. Su ,elección SJI~le ch9car . qm _ el .. <?iden ,social :y c0~0 cpnsec,uencia el aqtor los pa Golocado en JTl<!dios , sociales extraños, pero la, conc .lusión del rela~o · es el retorno 1y,la iptt;graeión en el med _ io farp.i).j_ar y social nativo. El segun!lo grqpo lo formáh ~a , mbi~n dos ,!lo.vt;las ~dealistas; los protag~nistas perten:e~en ¡tl medio arist9crát~c;o _ , con cuya mora\ entrai:I ¡;~conflicto. La resolu,ción de l~ noyela c. owiste , en la,recupera,cióq: de¡, hon ,or,.lo que en Íos dos yasos se .consigue m~di~nte la interv~nci?~ deeierr;¡;!l ~ ~os 131~ti,cos y l~genda,~ios e inc_ l;usq , d~v , ino~ . l\i).i~qtras La fuerza de la sangre p_qdría también .titularse _'la fuerza ¡ d~ la, y ir~ Jt d', los d?s es - pa,ñoles 'lue int~rvi~nen en la reso~uci<?n de la tran¡.a ep La señora Córnetía tienen todo el aspeCto de agentes di _ yino . ~~ qu ,e . se co.m -; plementan cc>n la aparición de uqa it;~te¡;fer1n~ia ' ine.sperada, (la falsa Cornelia, el ama). • ' . ¡; ¡··. 1 r' r • : Güntert [ 1993a:200-204] nos presenta una nueva clasificación t1poló'gica basada en 'la obs~sl.6n d¿l binomio' ; ~~ decir, la visible' inclinaci6n ~erv~nti~a a p~esentarrio's ' su~ h~ ' r~ ~~ · ' p~r par~jas, 'y g«Db~rn¡tda p, Qr ~J interés ep. negar dos ',estijos' ,bási, cos en la ficción cervantina (idealista y realista, romance -novela):. ,. , ', LXiXVIII PRÓLOG.O Tipo Ar (pareja amorosa ante dos sociedades distintas id eo lógicame nte): Lagítanilla, El amante liberal y La espaiio la inglesa; tipo Az (pareja amorosa con hijo en .btisca· de •reconocimiento socia l): La seiiora Camelia; tipo A3 (la mujer violada, con hijo, en bus ca de reconocimiento social): La fuerza de la sangre; '; ' • ' tipo A4 (pareja sin amor que no logra consolidar su unión): El celoso extremeiio y El casamiento engaiioso; tipo Br (dos adolescentes, diferenciados entre sí, ante dos sociedades): Rínconete y Cortadillo; tipo Bz (dos jóvenes, diferenciados entre ~í, en busca de la· felicidad): La ilustre fregona; tipo B3 (dos doncellas, diferenciadas entie sí, en busca '· de amor): Las dos doncellas; tipo B4 (dos perro s, 'diferenciados como nan-adores): El coloquio de los perros; · ,. '" tipo C (héroe singular): El l icenciado f;;'ídríera. Paralelamente, Güntert nos presenta una caracterización por géneros' que enfrenta la propuesta por Sobejano: «La españo la inglesa y El amante,• más que !lov elas nizaritinas, son la parodia de ese géneFo; lá Gitanilla, mitad bucólica; mitad urb'ana, es la ·apología de la vida de la parejá; Í.Jiijuerza - de la sangre; eSe cruce de pasión, de ' memoria y de inteligé'tda s· odal, si e~ceptuamos la ' escena final, poco tiene en común con 'una éoinedia l 'Opesca; el Céioso;·en su ve~ión de r6rj, e's todo -lo 'cóntrario de una novela corta básada en el Clásico triángulo; la ' Fregonu comienza como una riovéla picaresca· para convertirse en'su contraiio; Donéellas es bastante m áúmbig ua de lo que se ' ha dicho:y' lo' b oallei:-e scb es so lb tin ele~erito eht're ·ótros; Cornelí~ es uh ingeníoso ju~gci con dos estilos,'alto y bajo; Y' el Cásam ' íento ' es el marcb.-problemáticci, desde el puntó ' de vista de la veridicció~rd ~ ' hna ' sátira lucianesc ~. ' Cervantes e's '· corisciente de manejar uíu pluralidad de géneros, per 'o todo lo que' toca lo tran's- ' . '>J -, '· ' ' • 1 ' •• • ' for'rna» (pp: 'I99'-2oo): ·. ' ' 1 fl . f .• ,·;· • 1 1 1 ' • · , • 1' : 1 Apenas puede dudarse de que Cervantes era consnente de qu e dos procedimientos narrativos básicos recorren la cole,cción com~ extr ~ mos de ! ~fer~ n c ia, , ~Úya cont inua J;IleZ ~o l ~ nza Se ,percibe en • 1 1 ' J 1 1 ll 1 J• 11 !{ ( 1 ' -¡ ' i • 1 formas y porcione s diferenCiadas en cada uno de los relatos, 23 y ahí -1 ¡ ; ,• 1 .._ 1 ! ' 1 ( -~ J r , • • J, J 1 • 23 Zimic [ I. 996:xi'vi vr] p'rópone uná clasificac ión toina'rtdd coblci marbetes la s distinciones de Torres ' Naharro sobre dos tipos de ·comedia: «a noticia» y· «a fantasía». la sig que cion 1986 a lo 1 (. tan cá 'd PROCEDIMIENTOS NARRATIVOS LXXIX la significativa. y consciente alternancia promete mejores fr .wtos, que el progreso cronológico, y rígido, entr-e.los extr~mos · '0Forcione 1972:rso~rsr . ; :a propos1to .del Persdes ; y vease Rlley · 19 36:24 -' 25)'. Las·difererites 'dasificaciones1 que se han intentado a lo largo_ del siglo XX -con base literaria firme, en oposición a las de cin{ onónicas-, y en especial el doblete romance-novela, han cumplido una función preciosa, iluminandó. ángulos inéditos . de l a' fi oción cervantina, al tiempo que la a proximación estructural su e le demorarse en acotar características comune s, y propende a pecar • sie generalidad. Porque !as - Ejemplares ; se mir t; 1 como •se mire, no presentan una rígida unidad , Resultado de un ' zigzagueante "l pn kesb creativo· donde la conciencia de · 'co lección' ~de unidadt otgánica-' se· akanza o· impone, aJ ;parecer, gradualmente ;: f desemboca:>en una singular disposición. qwe responde con desgana r a simetrías o tipologías .' Con~tituye . importante : conquista crítica admitir no ya la pe¡:tinencia, sinojncluso la precisión de rel a' tos relegados por . el cervantismo decimon ' ónico (Casalduero 1 943, · EloSa'ffa:r 1974, Riley 198 r). Y es _ que a la vista.del habitual proceder' de. Cervantes -búsqueda de ·equilibro, concurrenóa no resuelta de contrarios-, las historias 'realistas' pedían con~rapun: to. Y algunas de las últimas producciones . ~ La fuerza de la sangre, Las dos ·do ncellas, La sl:ñora Cornelia, a lo que creemos- • se id 't"m tifican c0n.facilidad con el presumible modelo histórico· que acaba rotulando el' conjunto. ,, ·, , · ' )' ' ·L.: ... dr 1·.• 4.. PROCEDIMIENTOS NXRRATIVOS 24 , · • , \ t ' ' f . ' -. ". ~ ' • f El estudio. de l a: colección c0mo conjunto se ha coml:linado con el análi s is de una serie de -' procedirnieptos narrativos en .. ]os ql!e Cervantes• menudea en . sus relatos menores, • Y, que han sido reseñados col'l cierto detalle en el.estudio partieular1 de cada 1m'o. Pauta habitua!.será la interesada-variación de técnicas• y: patrones· narrativos, r<Jcreados bajo ·configuración siempre peculiar. n:. Uno· de los mecanismos narrativos más gratos a Cerva nt es es la anag¡:u)risis, :d retonocimiento del héroe!: Tenido .poi· fórmula afín :br, n] ·. ',-~,. -' ~ ,.,('-~¡''· .. ¡, 1_{1 , 1 , ~- - ~ ~ ) ' · ~ l; ' f. } . 1 '· "4 Par ~ un det;illado recorndo histonco bibliografico, vease la nota complementari l im ~ ial de cada no ~e la , así comd el resumetúituado a pie de pájp;,a al 'iÍlido de c ada relcho. _rr l 1 ... ·• LXXX'VI PRÓLOGO encontramos con Andrés Ca ballero y Clemente, destinados a una con tienda amorosa por Preciosa: 'resuelta en canto amebeo y ten huid a final de Clemente. • En Rincbnete y Cortadillo , Pedro <del Rincón lleva la .-v oz cantante¡ 'se trataría a quí del desdoblamieFJ.to.de un · solo• personaje (Casalduero 1943:108, Rodríguez Luis .1980:1, 179). En El coloquio de lo s perro s será Berganza el encargado de ensartar las historias; mientras que Cipión modula la ficción, adm inistrando su tieinpo y sus sigr.tificac ion es. En la larga galería de paréjas protag qnistas descuella. Tomás Rueda, . singular. en su soledad y hermano menor de don Quijote ·(Rosales 1959-1sJÓ0:109-111, Redondo 1981, Avalle Arce 1982: Il; 16, Segre l990a:s8, Munguía García 1992:.162). · ., · Procedimientos afines a la tradición popular y al foldore menudean entre los ·Felatos (bodas desiguales, etc.; véase !Barrenechea 1961:15.). La'falsa d enu ncia de la Carducha en'Lagitanilla podría tener su seri:ülla en el folclore popular (Bataillon 1950; Ame zúa, II, 19-20, Sabór' de · Cortázar 197· 1, Avalle Arce 1' 98 . 2:1, 27-28),.el origen de· Constariza• en La ilustre fregona se ha reiacionado con la le ~ yen da de la Bella Durmiente (Ramond 1983) y en el'ar.gunieb.to de El ce loso extremeiio re·suena la historia de Capenieita Roja (A. Blecua 19.94:XIX)•. íl'enem6s t am bién referencias clásicas y mitoló'gic á s, '• perspectiva · ~e análisis subrayada por Du11n (19 93 ]. Tani:o La gitanílla como La ilustre fregona están imbuid as . de la idea de transformacióh, de metamorfosis, que eh la historia de Carriazo y Av é n-: daño '. llega·a convertirse en explícita referencia a Ovidio («transformaciones dignas de anteponerse a· las· del narigudo poeta », La ilustre fregona, p. 3'93 ,' n. 155):· Estas referencias mitológicas se densifican e n.E1 ce lo so extre meño con finalidad cómica, paródica e iróniéa .' Comienza por un recuerdo del dios Océano, sig ue con la compara.: ción del pobre vejete con Argos, guardador de Ío que tamblién se durmió. Sigue con el jardín de las Hespérides -e-símbolo mitológicb de ' la fecundi~ad ' q1,1e.falta eida fortaleza dél celoso-:- y se redondea con .la consideración del joven Loaysa como • nuevo · Orfeo ; · que descenderá a los infiernos ' en busca de Leo nota . (GómezAQ.iguez I989,.Berrio .i.g98, Fabián Vita.1998). A mecilio camino entre lo mítico, •lo legendario y lo folclórico se colocarían narraciones como La fuerza de la. sangre, que recuerda l eyenda~ locale s de Toledo -que reaparecerán · en Zotíilla, y quizá con nuestra obra de pbr · medio-, y cuya simetría nanativa const ituy e el soporte de un potente simbolismo cristiano (Galcrafn 1981:197, Gitlitz I981: II4 ,"F0rcione ilustr so na sa lo mod de S Peli lo s p> ge st' 25 v éa n [:9; Pri et S me no [ PROCEDIMIENTOS N· ARRATIVOS LXXXVH 19 g2:356, Avalle Arce 1982:1I,'28, FJ. Sánchez 1993:46), y La se1:¡0ra G;orn? lia ; donde 'los do s amigos' parecen delegados de la Pro,- videnci¡t en la historia de Corneli'a Bentivolli (Murillo ·1988)·. 'Pero las Ejeníplares co nstituyen también un pequeño · ramillete poético.' . 5 ' Esa~ poe sí as abundan' en Lagitanilla•y L.a ~lustre fregona, y figuran raunque en menor cantrdad, en El am · ante hberal, Rznconete y Cortadi1lo y El celoso extremeño '; además, un conjuro mágico en endec 'asílabos .> aparece en • El coloquio de los perros. · En La gitanilla y La ilustre fregoha , las piezas poéti cas n~dondean el contrapunto del per-'- sonaje femenino' principal. En el arnnql:le de la historia de Preciosa Jos poemas conforman el núcleo . de varias· escenas '' pensadas para· modelar su figura. La idea de maternid:M (en el poema en alabanza de Santa Ana) se a(wmpaña del poema dedicado al nacimiento de FeiipdV (véanse pp. 31 y ·, J4 :_ 35," nn. 2•8 y-47). Tarrabundantes son Jos poemas en SU inició que G::asa lduero '[ I'94J:59] habló de «SU SÚ - gesÜÓrl musical y coreográfica)), donde Preciosa sería la prima bq llerirza. T!MS ' ·esos dos . p0emas nos topamos con la buenaventura' de Preciosa, · que se-contrapone a los anteriores mostrando la cara menos ideilista: · @e la joven 'y 1apura su c ontrapunteado (Márquez Vi:_ Jlanueva 1985-1986b). Más delante nos sorprende Cervantes -- con un c~nto • am 'ebeo en tre Andrés .Caballero y Clemente con fuertes resoaarrcias garcilasjanas y;luisianas, y aún responde Preciosa eón un lca!Íto•a la libertad personal·(pp. 91 y 93, nn. 373 y 378). En :lla ilustre fre g ona . también abundan los· poema s, ha sta el punto 'de. que . Amezúa •r H, 3 1 1' la .creyó «sin duda la más musical )) de las n9velas, y por ,Ja . mayor parte esos poemas se enderezan a la alabanza de Cons~añza. Pero ahí las joyas.son el baile de la chaco'na, de honda sens ualiclad •Qoly 1993), y. -el ovillejo ainoroso de Tomás Ped¡:-b; forh1a poética que aparece· por primera; vez en la literatura ·· españolatm el Quijote, · I~ . 27, y · que Cervantes segunda en este lugar (véase Rodríguez Marín 19L¡.7f949:IX,. 236-238, A. Sánchez 1957 y 1998 :7 •1\'Navarro Tomás 1'966 :254: ; Ril~y 1968:108, Alatorre 1988 y I9)90, y Don Quijote, p. 302) .. En E'/ celoso · extremeño, un cantarciJlo , ~radiúonal condensa en rápido apunte•el sentido de la historia ) 1 O .1 J, : ',r ; 'l El).~re la. bibli~grafia · esencial para la valoración <;le la poesía de Cervantes , véans f 1 J3le~ua TeijeiJ;,o [r no: r6rÍ9 . ~], CernpdaJI97I], Navan: <¡ [1971], Rivers [1973 y 1991], Sánchez [1973a], Durán [1 974], Gaos [1980-198r], Diego [1984], Prieto [19 87], Talen s [ 1988], Malo de Malina [ 1990], Márquez Villanueva [ 1990], SmerdowAltolaguirre [1991], Hens Pérez [1993]',-. Ruiz Pérez [1997] y Arellano[r998]. ' LXXXVIII •.t PRÓLOGO !. («si yo no ' me .guardo /- no ' mt _guardaréis»,.p. 357, n. 23 1),. II,lientras que las dobles q~intillas de · El amante - liberal (p. 13-y, n. •139) se en; cuentran ' l): ambién en . Los · baños _ de , Argel, • razón siempre esgrimida para la.temprana datacióni d_el relato._Los poemas• de sabor popular de Rinconete -y· Cortadillo .. coronan_la paz alcanzada en ·_ el patio de Mo . nipodio y subrayan eL esteticismo que rezuma el conjunto d~¡ relato, mientras el cwnjuro detla D))uja Cañizares en El colóquio ,- de lo s perros refuerza hasta la saciydad la eq~ivoódad de la hi~toria • . Se .tra ~ ta · d~ c_ uatro ,endecasílabos· de . cohtenido satírico y apocalí_ptico. con recuerdos de la · Eneida ,y del• Magnifiéat, con_ citas pe SanJuan y de! evaqgelio de f5an ,Lucas-(véase:p. 594-, ·n': 399). ,, "· : · · , r. • ,La,utilización de , pr . oc;:edi.J:Iúentos ,dramáticos ha .¡nerecid'o' con frecuencia .la atención : de la ,, crítica; e -incluso la .consideración ' del drama· como motoF de , tpda la coko<;ió,n: (Herrero 1950; Pabst 1967 y .des_de otra perspectiva F J. Sánclíez 1 993). Pero. el mismo lo pe de v;éga igualaba novelas y comedias26 _y A;véllaneda moteja _ de '.comedias, en . pFosa:·lasl novelas de Cervantes. Rinconete y Cortadillo no s presenta un espacio limitado, el patio de. Monipodio, doljlde se pro' ducen tres interrupciones de clara virtu,alidaddramática:- part< b i:en , traLque podri a' ser•resqltado de un entremés rehecho como narra ~ qión.· Y, en la-colección dramática de .Cervantes .(Ocho • comedias 1 y ocho entremeses · nunca ; repres'entados, Madrid, ,r 615) nos topamos con el'.entremés de El _rufián viudo, cor;t personajes homónimos (Rodrí, guyz •, Marín 1920:342, . G.:asald1,1ero 1943:no, D. Ynduráin , L966 , Rodríguez • Luis 1980:1, 18g ; F.J Sám:hez 1993:107).-El argumento de. La . ilustre fregona rec_uerda.dos comedias dram~ticas de :tope o atrib_uidas a él:-El mesón - de la _ corte ,(eitado en lá lista que da Lope, en El peregrino en su patria) y, La il ~ stre fregon{l. y gmante · al uso : El mes611 de , la , corte puede fechaFse• hacia r ~ .s8 · 81 59:5' (Morleyy; . Br11erton 1940:2· _p_) . Su argumento ~ y eLde la. novela - de ·Cerv:antes estarían en dependencia. de un , texto dramático C()mÚn .a· ambos, · (9liv ér Asín 1 928a), mientras se duda q,ue La ilustre fregona y amante , al .u ¡o sea de Lo pe (Oliver Asín ,1928a,1 Morley y Bruerton 1940:481) 1 parece.'depender. de la , no ;v. ela, (Apráiz .190 H 307, . Inamoto ' 1 990 ). Casi idéntica situación en La señora Camelia, cuyo argumento corre'paralelo al de El caballero ae llle 's cas · (h a cia 1Ó02) de Lope· de Veg¡ y''eíi'él1 se ' ha querido ver i~ ~~ fniii.¡t de Quiú: 'da luego ~a dós v ~c e s ar ... , :' ¡ , ~ , 1 , 1 • • 1 , ,. • V ' l ¡•,¡ · . 1 1 .' 1 1 j .'-:•!1• I ¡ 1, r • 1 ' '<• ·;,1 j f .'!! un' 1 2 ~ «Dellfás· que yo he pensad;o . q>~e tie nen las novelas-lo ~ mismos p.receptos·q UI las comedias» (la cita en Rico 1968:74). , , _., 1 u Tir: ~ Brú si'2 al ig y' ae drar H2 qui EL PRÓLOGO DE 16I3: LA EJEMPLA:IHDAD LXXXIX tras Tirso de Malina (Icaza 1901:232, Amezúa, H, 370-372, Morley y en. :Bruerton r 940:48 y 8 1, Lacadena 1976: r 97, n. 3, yno obstante véaád, se ZixÍllc l996:3o8, n. 4): En el casó de El celoso extremeño; tenemos, 1lar al igual que en Rincdnete y C~r~~dil~o, un, ~ntre~és de telpa idé~tico ·de y'desarrollo paralelo. Pero ahora las diferencias entre novela y pieza del dramática se ahondan en beneficio del relato .. El entremés se de- ~ lo¡ mora en los perfiles cómicos del tema, abundando en el. escarnio tra. del viejo Cañizales, mientras que·la noVela fomenta las posibilidacon des trágicas del 'vejete Carriiiles, erhpe'Ííadb en consmiir un; 'paraídel sÓ 'al margen de la histon~ y de la vida (Cirot I929a, 192gb, I9J'o, casalduero r'94P70_:I7I; Ainezúa; 11, 234:.:248, Ayala 1958:129..: 142, ForciorÍe'iSÍ82:43.:.47, Rosales r9s9-I96o:Il, 9Ó2, n. 107, y en especial E Asensio 1971:99-roo yw8). En La fueáade la sangre, te:.. nida a veces por simple comedia (véase arriba; p. LXXIII), tanto' el tema -el honorcomo algunas de sus escenas evoCan procedimientos dramáticos: b. ·muchédúmbte de siínetrías, los tres desmacon del 96¡ e de ne. no¡ yos de Leocadia y lá escena final del reéoúocimiento de Leocadia por Rodolfo (El Saffár I974:r~8,.Forcion:e .t982:364'y 376~ FJ. Sán..: chéz 1993 :48). Otto tanto sucede con Las dos dontellás; donde también el honor es tema verteb~, y ahíaparece Téodosia, heroína de comedia, )r tarito ~lla coriw Leoddia cruzan la narraCión vestidas de hmríbre; motivo mailido en ü comedia lopesca; estaríamos, así, ante una co~edia de ·enredo (Hainsworth 1933:2o; Amezúa, Il; 338-352,'Astrana, V, 199, Diez Taboada 1979-I98o:':io4) Rodríguez Luis 1980:1,' 73)- En fin, cumpliendo el' destino de la novela corta, argu:m'entos cervantinos pásarán ; ,al ' teatro ·del siglo· XVII )fQ- :enrra- :as) con drí966, :nto Je o e.en 1rían liv~ ;/ UJI Ir) 1 )90) 'e~ ve~ es d: (Amezúa, Il y GarcíaMá~tín :i98o): · ·. ,- '•' '' . ,, ,; •. i. '¡·, ., ,1 S. ELYRótÓGODE 1613: LA EJEMPLARIDAD > •• ! .. ~ ,- : ' .. -. . . ': . : ' . . ·. i .••• • ''("· ,-. ' :' ',. ' .: • • CerV-antes, prologuista de genio ~i los hay; abré el vóhim'en de i: 6 r 3 con unas líneas' singulares, gemi.en & rutu~as polérl1ioaiú Gomienza con su retrato, semilla:. de una dé las tradiCiones iconQgr.áfií::as cervantinas (véas'é p. is, n. 5), continúacon úh repaso biógráfic~ y pasa a h~bla~os de los r~látos que ha inCluido eh el volmneri y ·del título qué Íe ha puesto: · · ·. · ' · · ' · · · · ' ' • ¡ '', • . ~ ' ¡s qu Heles dado 'el ·nombré de ejemplares, y si bien lo miras, 'no hay ninguna de quien no se pueda sacar algúrt ejemplo proVechoso; y si no fuera· por no XC PRÓLOGO alargarme este sujeto, quizá te mostrara el sabroso y honesto fruto que se podría sacar, .así de todas juntas, como de cada una de por sí. ... Una cosa me atreveré a decirte, ·que si por algún modo alcanzara que la lección de estas novelas pudiera ind{¡cir a quien las leyera a algún mai deseo o pensa, miento, antes me cortara la.mano con que las escribí que'sacárlas en pú, blico .. .' · , · ' '· · · · En esas líneas parece querer incidir eri la finalidad mo~al de la 'é 0, lección. Comenzaba, así, en la misma ·pluma del autor, h discutida 'ejemplaridad' del volumen de I6I3Como pu~de observarse en]¡ cita, constituye un problema que ya en el mismo aut~r se encabalgo como una exégesis del título, original en su parco laconismo, que contrasta con los que traían las traducciones de coleccio~és italianas, y con unas resona~cias literarias que en I 6 r 3 debieron s'entirse en forma muy precisa. . . . · . , ' . . Y es que para los días de Cervantes, la expresión 'novelas ejemplares' apuntaba a un c~ntrase~tido obvio. La novella estaba constituida por la posteridad lite~aria del D~camerón. Narraciones llenas de sensualidad y procacidad, dondé adulterio y con~ubinato parecen campar por sus respetos para solaz del lector; muy poco ejemplari~ zantes para la España postridentina de finales del siglo XVI, bajo el efecto de la condena que el Concilio había lanzado contra la literatura obscena y en concreto .contra la obra de Boccaccio: hecho palpable para los conte~poráneos, y que enseña en toda su crudeza la actitud de los tr;Iductor~s españoles, en cuyos prólogos precisan sin tapujoslo perentorio de la censura (Amezúa, I, 449:--460). Un destino que iba a ser también el de las Ejemplares, tal como nos muestra el interesante estudio de Luttikhui~en [ I 997]. Traductores e impresores de la época -Francisco de Lira, por ejemplose creían en la obligación de censurar el texto de las Novelas, y las traducciones decimonónicas suprimen fragmentos hasta el limite de la inteligibilidad: la violación de Leocadia pasa al limbo en algún caso, como también la esce¿a en qu~ CarrÍzales en~{;e~trá do~idos a Leonora -y Loáysa sobre la ca~a. La novella soportaba el sambenito del de~pre~tigio moral: 'novelas eje~pla~es' debió percibirse como malicio~a contradict;:i.ón, o bie)l como la primera intriga 'novelesci ~uya solución. debía alumbrar su lectura. Una motivación que no hay para qué tomar a la ligera: la ejemplaridad de la novella había dejado de ser me~o lugar común en la segunda mitad del siglo XVI para convertirse en una obsesión de la mano de Giraldi Cinthio (Riley 1962:168). Por ahí CerV d e e ~ se osa :de tsaDÚ1 :oida i la Jga ¡ue .la- .rse mstide :en lri- ) el ,tupaacsin sriael so- ~li101: la ién 1ysa 10lic- :bía ala coISe- ~erEL PRÓLOGO DE I6I3: LA EJEMPLARIDAD XCI vantes heredó un problema anexo al género y agudizado a lo largo del siglo XVI. Distanciarse de su equívoca valoración moral pudo constituir poderoso estímulo. De hecho esa diferencia ya fue visible en la segunda mitad del siglo XVII y ha sido subrayada a lo largo de su historia crítica (véase Riley 1962:165-166, Krauss 1966, A. Blecua 1989:73 Y 1994:IX). En este sentido suele recordarse que el título con que hoy conocemos la colección puede que no fuera el. que rotuló Cervantes. Los preliminares parecen titular <<Novelas ejemplares de honesto entretenimiento» (véase p. 8, n. r), que podría apuntar a dos motivos: redundar en la ejemplaridad moral y utilizar para hacerlo un giro frecuentado en las traducciones español;s de la época («honesto entretenimiento»). No sabemos si lo que parece alteración de última hora es obra de Cervantes o intuición de su librero, Francisco de. Robles, que pretendía un reclamo comercial en esa diferenciación frente a las traducciones al uso (González de Amez\Ía 1912:237-238). De ser obra de Cervantes, podríamos pensaren una reflexión, hasta el último momento, en torno al alcance y el sentido de esa 'ejemplaridad' (Amezúa, 1, 255-256) o simplemente que el primitivo título debió parecerle redundante (Riley 1962:165-: róóy 1986:30-3 r). Pero sea lo que fuese, su concentrado laconismo cumplió un destino singular: proponía un problema y despla-: zaba la significación hacia el adjetivo 'ejemplares'. Sus enemigos lo captaron al vuelo. Percibieron dónde le dolía a Cervantes: las Novelas no eran 'ejemplares', antes ejemplos -como todas las novelasde alcahuetería moral. Ei incógnito Avellaneda (i6r4), que llama alas novelas de C~rva~tes «más satíricas que ejemplares», y Suárez de Figueroa en su Plaza universal de todas las ciencias (161 5) ,27 centraron por ese flanco el ataque. Lope, incluso, se deslizó por ahí en una página famosa de Las fortunas de Diana (1620).28 Pero por encima de sus inmediatos críticos, Cervantes tenía la batalla gana- . ' ··!· .. ' • . . 27 «... las novelas de Boccaccio, de Cinthio, o Cervantes ..... combatiendo con estos dislates lascivos la virtud de las mujeres casadas» (citado por Amezúa, !, 609). 28 «También hay libros de novelas, dellas traducidas del italiano, y dellas propias, en que no le faltó gracia y estilo a Miguel de Cervantes. Confieso que son libros de grande entretenimiento; y que podrían ser.ejemplares, como algunas de las Historias trágicas delBandello, pero habían: de escribirlas hombres científicos ['cultos'], o por lo menos grandes cortesanos; gente que halla en los desengaños notables sentencias y aforismos» (el subrayado es mio; la cita en Rico 1968:128, y véase Drake 1981:8, n. 21). Para Casalduero.[I943:II2] el ataque de Lope se basa en su propia idea de ]a. XCII PRÓLOGO da. El siglo XVII las consideró aceptables, y aun harto superiores a las de Boccaccio, tal como recuerda Rodríguez Luis [ 1983:1, :54] a propósito de una observación de Sorel, de r664, donde contrapone en esta perspectiva los dosuniversos narrativos (veáse también Drake r98r:6, n. 17, y más recientemente García Pinedo 1995). En el siglo XVIII, Gregorio Mayans, al escribir una Vida de Cervantes (rin) a petición del barón Carteret y que acompañó al famoso Quijote de J y R. Tonson/ 9 emitió un juicio algo equívoco, dudando también de· la moralidad de la colección, 30 aunque arreme...: tiendo contra Avellaneda (véase el textó en Mestre I972:q:r-r47). Por el contrario, el siglo XIX, en líneas generales, y censurando a Mayans desde M. Femández de Navarrete [r8r9: 125~126], sí cre:... yó en' el propósito ni oral, valorando el desmarque cervantino de la tradición italiana: · · · · · . · r El siglo XX ha acariciado dos soluciones básicas, y ha sondeado los matices de la expresión. Por una parte, se distancia del conc·epto de ejemplaridad, senda que se nutre del esteticismo modernista para el que la mera finalidad moral constituía'motivadón ridícula para el creador de la ficción literaria moderna. Negar la ejempla:_ ridad no comportaba censura, sino acaso la más encumbrada apología de las Ejemplares. Así, Ortega y Gasset [ 1914: r84] escribía: «Lo de 'ejemplares' no es tan extraño: esa sospecha de moralidad que el más profano de nuestros escritores vierte sobre sus cUentoS pertenece a la heroica hipocresía ejercida por los hombres superiores del siglo XVII>i. De aquí parte la citada expresión de; diabi1'hipócrita» que le endilga Castro [ 1925:243] y que percibe la. iejemplaridad' como ingeniosa tramoya ·con que presentarse ante. la sociedad y l ·,¡ novela, que Cervantes había sabido esquivar; Pabst fr972:26o] cree que Lope expone su propia poética de la narrativa corta, unida a la doctrina de Castigli9ne mediante el uso del sustantivo 'cortesano'; véase Campana [ 1998]. Para las opj.niones contemporáneas sobre la colecció~, véan~e Arllezúa, 1, 6o8 y ss., Drake [1981:3-9], •Y. ta,mbién B. Ruiz [ 1991 ]. · · >9 /\1'4ase la edición de Mestre [ 1972]. ;. 30 ·«Yo,.hablahdo wn ingenuidad ['franqueza'], no las hubiera llamado así, y en esto no me.aparto del juiCio de Lope de Vega» (la cita en Amezúa, 1, 620, y véase el texto en· Mestre 197 2·: 14 5; modernizo la ortografia de esta edición). Ese tan remarcado rechazo de la ejemplaridad cervantina puede verse también en Basarte, que consideraba un auténtico escándalo la novela de Rinconete y Cortadillo (véase el texto de su edición de las versiones Porras de la Cámara en Pedraza 1984:1II-XVI; y las citadas afirmaciones en Pedráza: 1984:XI; «un escándalo y no un ejemplo»}. Recuerda .Amezúa, 1; 622 qué taljuicio no cambia hasta el abate Lampillas. . ' adulte -e o riacu esta p vante tina, paño de es un dese Cerv Para el de; ]I « moral EL PRÓLOGO DE 1613: LA EJEMPLARIDAD XCIII adulterada mera ficción. Pero fue Unamuno [ 1920] quien situó el término «ejemplares·>~¡en el terreno ·de la estética literaria. JI El dispútado adjetivo no se refiere a la finalidad moral, antes apunta al conjunto de propuestas literarias que contiene. Son 'ejemplares' en tanto que cada relato es ejemplo narrativ:~de un género de ficción, lectura que subraya las motivaciones t;!¡(~ticas y que acaba arrinconando la 'ejemplaridad' como inútil R«i~ncia o mera concesión (Hainsworth 1993:29, A valle Arce 1982:1, 17). . · ·· .. Pero otra parte no desdeñable de la crítica sí va a creer en la fi...: nalidad moral de la colección (Amezúa, I, 464-466, Savj-Lopez 19 13:34-35); pero desvinculada de la tradicional moralina. Debe entenderse al margen de la simple adecuación morál a las categorías de sutiempo oa·la necesidad de extraer un. ejemplo moral útil de cada novela por separado (Casalduero 1943:54), y en este último sentido se ha observado .repetidamente que tan solo algunas de las novelas comportan un'a .lección. m.~'ral explícita, enunciada en su coda, o inciden directamente en:s:u consideración como ejemplos (A. Blecua 1994:X). Otras, por ~J. contrario, 'no subrayan la explíci-' ta lección moral que puede e-xtraerse de su. argumento o no sugie;.. rdt tal posibilidad. Pero si tal observaóón existe, se origina, en todo caso, a partir de una reflexión del narrador, que suele aparecer -como en El celoso extremeñocomo un personaje más de la historia cuyos motivos o móviles declara ignorar (Sieber 198I:l, 15). En esta perspectiva, Bataillon [1937 y 1950:785] contempla a un Cervantes erasmizante y digno representante de la literatura postridentina, que dejos de estar en contradicción .con la Contrarreforma es..: pañola; está maravillosamente de acuerd.t\.,¡¡:p}a los grandes hombres de ese movimiento», si bien <<a condicjó~kde que se le libere de la máscara del hipócrita, y que no se quiera empujarlo del lado de un racionalismo negador de la fe cristiana. No _es 'un incrédulo que oculte un secreto pensamiento tras uncios¡¡s protestas de ortodoxia. Es un creyente ilustrado para quien no todo, en la religión, está en un mismo plano». Por ahí, la lectura de Casalduero [ 1943] insiste y descansa sobre el concepto de moralidad postridentina y hace' de Cervantes un moralista cristiano., a ·la zaga de fray Luis de León. Para Casalduero, Celi\'antes «concibe el nuevo heroísmo burgués, el de la virtud .... No:escribe enxiemplos que hagan más claro y per...i JI •Cervantes más buscó lá ejemplaridad que hoy llamamos estética qué n~ la moral• {cito por Amezúa, 1; 639, ~- 2, y véase también Drake 1981:74-75, n.o 194). XCIV PRÓLOGO suasivo lo que afirma; propone dechados» (Casalduero 1943 :54). Para entender esa ejemplaridad en Cervantes, debe tenerse presen, te su época, tan influida por la Poética de Aristóteles, el recuerdu constante de Horacio y el transfondo del neoplatonismo renacen, tista. Todo ese caudal de vida moral tiene una finalidad cristiana:]¡ salvación (Casalduero 1943:55). Pero aparte de afirmarse o negarse la ejemplaridad moral, pued~ también ligarse a determinados trazos formales, así como explora¡ la concreción de la ejemplaridad -sea en un sentido u otroen cad, uno de los relatos por separado o en aquellos donde ni se expre~ explícitamente ni parece surgir con naturalidad del propio relato (véanse Cascardi 1989, Forcione 1989, Hatt 1989, Riley 1990 l A valle Arce 1995). La ejemplaridad se halla, por ejemplo, encaba], gadasobre el concepto de verosimilitud (Atkinson 1948). La elirni. nación del marco narrativo provoca, además, la superación del mero didactismo -que evoca las lecciones de una historia por me. canismos formales externos-, avanzando hacia un .concepto mfu moderno e intrínseco de ejemplaridad (Wetzel 1981:77-78, Rodri. guez Luis 1983:I, s6). Incluso surge de la misma posición y natu. raleza de El coloquio de los perros (Pabst 1967:240-242, Murillo 196r:182-185) y también de la inclusión de estructuras de romance resueltas dentro de un mundo realista que refleja el orden social contemporáneo (Murillo 1988:233). Su sentido se puede asocia¡ también a su aplicación en las artes plásticas, y en especial en la pintura, y aquí «ejemplar», en el sentido neoplatónico de 'ejemplo' ideal;-es aplicable tanto en un sentido ético como estético (Dunn 1973:90, Sieber 1981:I, 16, Martinengo 1989, Güntert 1993:1071 12). En una perspectiva sociológica, los cambios de la época se reflejan en la colección en la crisis o el carácter problemático del concepto mismo de ejemplaridad (Cascardi 1989). En fin, la ejemplaridad puede también entenderse como la libertad o la responsabilidad, la capacidad o la voluntad por parte del lector de extraer un ejemplo (Hart 1979, Sieber 1981 :I, 14, y véase tambiénBlasco 199! y el estudio preliminar a la presente edición). En buena medida, «la ejemplaridad·es un tópico que no puede resolverse» (Sieber 1981:I, 16; véase también Güntert 1993:109)e incluso quizá no sea más que eso (Pabst 1967:235 y 245). Y, sin embargo, parece difícil soslayar por entero del sentido ético de la vm «ejemplar»; la reflexión estética en Cervantes suele ir inextricable· mente enlazada a sus presupuestos éticos~· «considerando su obra en co ció en ca, his de pl La pe so, ble 54) :rd~ :en. a:]¡ [07· :a st 'dcl e m nsa· trm l991 1ed1 l9)1 e m VOl ,bk ·aer HISTORIA DEL TEXTO XCV conjunto, Cervantes es uno de los escritores más profundamente morales» (Riley 1962:156). Deslindar ámbitos estéticos y éticos en la pluma cervantina deviene ejercicio críptico, al tiempo que subrayar la ejemplaridad moral de la colección, en especial si se hace desde postulados tradicionales, posterga e incluso anula la afirmación, contenida en el mismo prólogo, de ser el primero .en novelar en lengua castellana (Sieber 198 I :I, r6). En su colección novelística, Cervantes heredó y moduló un problema anexo al género y a su historia, y, sobre todo, a su problemática imbricación en la España de la segunda mitad del siglo XVI. La cabal intelección de la 'ejemplaridad' pide distancia del didactismo inocente y exige percibirla estrechamente. unida e Íntimamente articulada en tomo a las pretensiones estéticas enunciadas apenas una página después en el mise:. mo prólogo, acaso condición necesaria para lalección estética que nos reserva la colección . .La afirmación del prólogo pretende dar cuenta de un orden moral capaz de satisfacer el estético. Y también a la inversa (Rodríguez Luis 1983:l, 54-56) . . ;\:. 6 ... HISTORIA DEL TEXTO La edición príncipe de las Novelas ejemplares data del otoño de IÓIJ, pero el proceso de censurase inició enjulio de I6I2, y fue, al parecer, largo y enrevesado (González de Amezúa 19I2:70-,.7I y Amezúa, I, 529-536). Cervantes pidió, en primer lugar, la aprobación eclesiástica, que, dirigida por G1,1tierrede Cetina, obtenía a. principios de julio y agosto de IÓI2. A finales de ese mismo año, en noviembre, conseguía el privilegio de impresión para Castilla. No obstante, el privilegio de Aragón, junto con la pertinente aprobación de Jerónimo de Sala:s Barbaüillo, comisionado'por él Consejo de Aragón paia el propó~ito, solo lo obtendrá a comienzos de agosto de r613, momento en que' Hemando de Vallejo firmará la tasa. Estas fechas tan distantes han autorizado la sospecha de que fue Robles quien solicitó d privilegio de Aragón al objeto de evitar el pirateo editoriaL Y el largó lápso de tiempO que media entre ambos privilegios se ha interpretado también como síntoma üe una dura negociación de Cervantes con Francisco de Robles acerca del precio de venta del privilegio de impresión. Se ha supuesto, in el uso, que Cervant~~ se ha:bria dirigid~ finalmente a Francisco de Ro-: bies porque «no h~ hallado quien más ni otro tanto por ello [es de.,., cu PRÓLOG.O período (Stagg 1984:152-1 53). Las conclusiones de Aylward [ 1982) han cosechado un clamoroso rechazo (Riley 1986:29, n.' 17, A. Sánchez 1989, M. Criado de Val 1984), y han conducido a un resultado singular en el estudio de Stagg [1984]. En efecto, soslayando las aproximaciones tradicionales de la crítica, basadas en un análisis de frecuencias lingüísticas o estilísticas, Stagg [ 1984] somete el manuscrito a un estudio de su transmisión textual en los siguientes errores: r) Versión de Juan de la Cuesta: «¡Oh luengas y repulgadas tocas, escogidas para autorizar las salas y los estrados de señoras principales ... ¡,;. Versión de Porras de la Cámara: <<. •• para autorizar salas y entradas de principales señoras ... ». 2) Versión de Juan de la Cue;ta: «Y comunicando con un _virote y un mantón, sus amigos ... ». Versión de Porras de la Cámara: « ... con dos virotes y un montón de amigos ... >>. 3) Versión de Juan de la Cuesta: «Compró asimismo cuatro esclavas blancas Cay edit yen las. plo es m rato y herrólas en el rostro ... >>. Fr Versión de Porras de la Cámara: « ... blancas y hermosas eh el rostro ... >>. 4) Versión de Juan de la Cuesta: « ... no pagar media anata del primer hurto que hiciesen ... piar el turco puro, hacer banquete ... ». Versión Porras de la Cámara: « ... no pagar media nata, sino solo la tercera parte de los frutos; y sentaros a la mesa redonda; y, desde luego, para el trueco in puribus ... ». Se trata de lectiones faciliores o simples errores del manuscrito Porras. La versión del taller de Juan de la Cuesta (1613) no es inferior al manuscrito, antes bien muy superior. Pero Stagg [ 1984:151] avanza un paso y llega a la conclusión más novedosa de su estudio: la versión de 1613 no es una revisión del manuscrito perdido -conclusión tradicional a que conduce la mera sucesión cronológica-, sino que la lección Porras de la Cámara es una copia no fidedigna de la versión de r 6 r 3, o bien de una muy similar a ella. El manuscrito Porras, pues, tiene una importancia secundaria y limitada (Stagg 1984:153). . . . Durante el siglq xrx, la t~adición editorial de las Novelas se enriquece con las ediciones ya citadas de Buenaventura Carlos Aribau, 43 que pasaron a integrar la «Biblioteca de Autores Españoles», y la de 1, 16o IS o :1 o 1] lo 1lla 1HISTORIA DEL TEXTO CIII cayetano Rosell, al tiempo que comienza la accidentada historia editorial de La tia fingida. Las ediciones de Aribau y Rosell constituyen la más importante aportación del siglo a la edición de las Nove- /as. A ellas debemos lecturas importantes del texto (véase, por ejemplo aparato crítico, 260.6, también rechazada por Schevill), aunque es más que visible la tendencia a la deturpación del texto (véase aparato crítico, 316.15), al tiempo que conservaron lugares absurdos, como «Ninerca». en El lícenciado Vidriera (véase aparato crítico, 27 1. ro). Ambas ediciones se beneficiaron del impulso editorial dado por Sancha a la edición de las Ejemplares, pero no constituyen de por sí progreso sustancial, sucumbiendo con frecuencia lamentable al simple 'arreglo' del texto. Por lo que respecta a La tía fingida, ya hemos visto que Basarte no llegó a publicar el texto, aunque realizó la copia pertinente para su publicación futura, que no pudo ultimar debido a su fallecimiento en 1807. Al parecer esta copia fue la base de la edición de don Agustín García de Arrieta, quien la publicó como apéndice a su libro El esp{rítu de Miguel de Cervantes (1814); por desgracia, Arrieta dio a la estampa un texto harto deficiente. Vista la defectuosa prínceps de La tía fingida, los hispanistas alemanes C.E. Franceson y F.A. Wolfpidieron a M. Femández Navarrete que les facilitara una copia directa del manuscrito Porras, que se realizó en 1 sw sobre un texto copiado por Pedro Estala y cotejado de nuevo con el manuscrito. De esta forma, la edición FrancesonWolf de La tía .fingida se publicó en las Lítterarísche Analekten, volumen III (Berlín, 1818), y pasó a ser texto obligado de todas las ediciones poste~ riores, debido a la pérdida del manuscrito. Pero un nuevo y curioso capítulo de la historia textual de La tía fingida estaba por escribir. BartoloméJosé Gallardo, con posterioridad a la pérdida del manuscrito Porras, leyó la obra en la edición de Arrieta y, según nos cuenta en el primer volumen de El Critíc6n (1835), 43 recordó haber leído un texto semejante en la Biblioteca Colombina, donde, en efecto, se conserva actualmente en otra redacción en el manuscrito AA14.1 -4, cuyas variantes hemos introducido a pie de página junto al texto de la novela (véase el apéndice II). Desde comienzos del siglo XX, la tradición editorial alcanza un nuevo rigor. Aquí es obligado comenzar por las aportaciones de Francisco Ro~ríguezMarín, que editó SeJ?-das ediciones de El celoll, 43 Puede leerse en la recopilación de sns obras por Sáínz Rodríguez [1928: le l, róo]. CIV PRÓLOGO so extremeño, formando parte de su estudio El Loaysa de «El celosa extremeño!> (Rodríguez Marín 1901), y de Riliconete y Cortadilla (Rodríguez Marín 1905, y en segunda edición, retocada, en Ro, dríguez Marín 1920); asimismo, publicó una importante selección de las Novelas en la colección de «La Lectura», posteriormente «Clásicos Castellanos» (primera edición, 19 r 5, y c'on continuas re, ediciones). Dos ediciones en las que por vez primera el texto de la~ Ejemplares alcanzaba rigurosa anotación. Y esto en dos relatos de los que tenemos doble redacción, editando, por primera vez y a página enfrentada, la versión del manuscrito Porras de la Cámara, impreso por Basarte, junto al texto de r 6 r 3. Moneda corriente .en el cervantismo, no será necesario. un dilatado comentario de .las ediciones de Francisco Rodríguez Marín, donde la anotación inteligente y el sentido de la lengua, forjado en' dilatadas lecturas, no se conjuga con pareja formación técnica: «un• empirismo cuerdo e ilustrado, pero insuficiente» '(Rico .1998:ccxxn). 44 En la misma línea que don Francisco, publicó en 1612 .don Agustín González de Ame zúa y Mayo una monumental edición de E/ casamiento en. gañoso y El coloquio de los perros, editadas como una sola y·única novela, con profusión de notas y rica introdui:;ción, ·fundamentales ambas. La edición de A. González de Amezúa forma parte de un proyecto no culminado de realizar. la edición crítica de todas las Novelas ejemplares, cuyo prólogo sería su monumental recopila, ción crítica de ·1956-1958.' Merecedora. de reseña es también la edición de El licenciado Vidriera lleváda a cabo por Narciso Alonso Cortés [1916], así como la primera edición facsímil de las Novelas; realizada por la Real Acac;lemia Española (1917), base de los facsímiles posteriores ... : No obstante, la principal aportación de esos años -y de todo el siglo XXa la edición de las Ejemplares será la edición de las Obras completas a cargo de Schevill y Bonilla [ 1922-1925], edición en muchos aspectos no superada hasta el día, y base firme de todas las posteriores. Ejecupda al amparo de las técnicas ecdóticas del momento, el secreto de la edición de Schevill y Bonilla lo constituye su carácter conservador y equilibrado, que deviene rigor editorial a la 44 Re'coidaba Asensio ¡; 98 3': 8~9] ~~e el realismo e~ .que ~e basa la·l~b~r ~dit¿ri~ de R'odríguez Marín constituye un «modo inadecuado de· penetrar en los secretO! de un arte como el de Cervantes, que se complace en subrayar la ambigüedad y el carácter equívoco de la realidad». vista, nían Celos enfre de La El Y qu post 45 guien 46 Arib4 47 prínc 48 na), 1 49 522.J so JI 52 502.- 1 oso 1 íllo -otón nte re- , las de ya 1ra, 'en las ión ras, rdo ima ilez en. tlOales un : las ila1la nso ~las, e sío el 1 hras nu- >os- .en- ~ su ala :~rial reto! 1 y el HISTQRIA DEL TEXTO cv vista.de los extravíos de. don Francisco. Por primera vez se disponían en cuidadas edition\).S las dos· redacciones del Rínconete y del Celoso procedentes del manuscrito Porras de la Cámara, .a página enfrentada con el texto de 1613, y en esa disposición los dos textos de La tía .fingida. · El talante ·crítico de las ediciones cervantinas de Schevill y Boni '- !la ha sido expuesto recientemente con lujo de detalles en una aquilatada y~usta valoración críticá (Rico 1988:CCXXXII-CCXXXIV). Por lo que respecta a las Ejemplares, la edición de Schevill y Bonilla no está libre de limitaciones, y constituye ineludible cautela delimitarlas con,\)smeto: La principal cortapisa es ~Luso, precipitado, del facsímil·9e 1917; por lo demás incluye bue11,número de correcciones necesarias, reaccionando frente a los editores decimonónicos, 45 generalmente por seguir a la príncipe, 46 si bien es pqsible encontrar algunas enmiendas ociosas Y Rechaza· con facilidad correcciones anteriores, 48 aunque suele aceptar co11 fluidez lecturas de la edición contrahecha de 'IÓJ4,4 9 especialmeme·en.las atinadas correcciones de las lagunas de h príncipe,50 al tiempo que desconfía de Aribau, del que apenas acepta lecciorwsY Aspecto discutible lo constituye su carácter conse'rvador, su declarada sumisión a la príncipe, incluso en errores evidentes, un ~;lecho que desequilibra visiblemente la edición; 52 característica que se contrapone a algunas -muy contadasconjeturas (véase aparatg crítico, 527.25 y 544.16-545-3, pero también 1 54· 1Ó17) q:ue S~~l~n ser alambicadas, difíciles de aceptar, y que han sido ignqradas,,q.si pór completo. Entre las ediciones posteriores completas, ~~staco la de Baquero Goyanes [1976], Sie- ' . . 45 Véase aparato crítico, 44.22, 224.Ú, 269.17, 307.27, 450.14 (en este caso si~ guiendo a M), 464.9, 464.11-12, sao. 14. 46 Véase aparato crítico, 54.1.9, 134.19, 182.1-2, 26o.p-r2, 266.4, 487.6 (contra: Aribau), 493·3T (de nuevo contra Aribau)., , . . . . . 47 Véase aparato crítico, 12.14, 507.4 (intenta un equilibrio entre Ar\J:>~u y la príncipe, pero parece qu'e debió leer con la príndpe). . . 48 Véase aparato-crítico, 154. ró-r7 (co~jetura igÍloradaen la ¡radi~ión "'odcrna), 186.9-10 (debió·leer con M), i71. ro. 49 Véas~ aparato crítico, r'o2.35, 413.19 (en este caso sigue, a Aribau), 518.32, 522.3, 524.10-11. 50 Véase aparato crítico, 316.15, 396.9, 402.~-2. 5' Véase aparato crítico, i45.22. . , 52 Véase aparato crítico, I 10.20, !89.23 (debió de rechazar a M), 209.12 (ignora a,RM), 241.26, 258.rií, 289.17, 312.3, 3IJ.r8, 359.31, 395.2-3, 468.12, 474.7; 502.3 r; 5ó8.36~509. r, s 59· 13, 589.6, '590.2-3 ,' 593.6, '605.2, 62r.2r. CVI PRÓLOGO ber [ 1980] y A valle Arce [ 1982]. Y entre las últimas ediciones de las Ejemplares pueden citarse las de Luttikhuizen [ r 994], Navarro Du. rán [1994] y Sevilla y Rey [1993 y 1995]. El siglo XX no ha sabido soslayar una retahíla de rutinas editoriales que es necesario reseñar. Detengámonos en un ejemplo. Don Francisco Rodríguez Mann, sin explicación cabal, se atreve a cam. biarle al viejo gitano la inclinación de los rayos del sol («ni tememos quedar helados ... , ni quedar abrasados cuando con ellos particularmente nos toca}>). El editor veía ahí un error, pues el sol debía tocar «perpendicularmente}}, al viejo gitano y no «particularmente}>, como asegura el texto. Este es un botón de muestra que nos habla de su talante ante las Ejemplares. Veamos otro, originario ahora de la edición de Schevill y Bonilla. En el privilegio de Aragón se introduce una lista de representantes reales de acuerdo con manidas fórmulas jurídicas («lugartenientes y capitanes generales, regentes la Cancillería, regente el oficio, y portantsveces de nues.tro general gobernador>}). Solo Dios sabe por qué el vocablo «portantsveces}> se convirtió en lugar inaccesible, pero basta abrir el Diccionario de Autoridades por la entrada apropiada para topárselo en forma recta y económica. Y no transcribir, como hizo Schevill y con él buena parte del siglo XX, la absurda conjetura «por tan[t]as veces}>. Vayamos ahora a la segunda mitad del novecientos. Parece evidente que la frase de La gitanilla «procura sacar del pecho deste tu asombro adónde va o a lo que viene}> (véase p, Sr, n. 325) no precisa mejora alguna tal como «procura sacar del pecho deste tu asombro [preguntándole] adónde va}}; lugar inteligible a satisfacción (es decir, 'procura sonsacar a Clemente [el 'asombro' de An:drés] adónde se dirige o qué quiere'). La frecuencia de este uso se agranda a medida que avanza la segunda mitad del siglo. Lugares como «ante todas [fas] cosas, se había de desposar con Preciosa}} (p. 107) o bien «llevado del interés, [se] mudaría de intención y la rescataría}> (p. r2r) constituyen giros de paladina sencillez que mejoran sin la pomposa conjetura. La inclinación a la enmienda inútil se complementa, aunque en menor medida que en el Quijote, con la superstición del codex unicus. Pero claro está que «atenerse a la panacea del codex uní· cus, a la vetusta idea, tan tenazmente sustentada sin análisis, de que en los muchos pasajes problemáticos . . . la solución consiste en transcribir la princeps. a ciegas y por principio}> (Don Quijote, p. CCLXXIII) constituye un error tan arbitrario como los anteriores. En buena medida, como va. dicho, fue ese el destino declarado de tas sur la e te tin alg fac del sup tur lec tex das LA PRESENTE EDICIÓN CVII las Schevill y Bonilla, dejando en herencia dilatado elenco de lecciounes absurdas tomadas de la príncipe «a ciegas y por principio». Y el problema se agrava hasta extremos inverosímiles, si todavía es poosibJe., cuando en lugar del texto material de la príncipe se pretende :m que tener a la vista los facsímiles al uso salva las dificultades, esto es, nque el facsímil equivale a la princeps (Sevilla Arroyo 1995b; y véase os la refutación.de Rico 1996). Para realizar la edición y el acopio de arrnateri;ues pertinentes, he comprobado directa y personalmente los :ar ejemplares custodiados en Barcelona y Madrid, y he podido cone,,, sultar indirectamente los restantes: en ningún caso las listas de erra- )la tas que corren por la bibliografía se encuentran en ellos. Ninguna de surgió del texto príncipe, sino, por lo general, del aparato crítico de nla edición de Schevill y Bonilla; y en algún caso, de los editores poslas teriores, que siguieron coleccionando 'erratas' mediante una colla- ; la tio más 'rigurosa'. El facsímil más frecuentado de las Ejemplares po- ;osee una historia propia que es dable recordar ahora. Fue en 1917 se cuando la Real Academia editó un facsímil de todas las príncipes de luCervantes. Tal edición sufrió las limitaciones de la técnica fotográL y fica de la época, no pudiendo evitar sombreados artificiales, que lena tras del vuelto se lean por el recto o transmutando las lagunas de enratintado de los antiguos moldes en erratas modernas. Y por si faltaba ue algo, con seguridad está retocado en el laboratorio. Pues bien, ese 1ro facsímil se ha seguido reeditando, y sobre él se ha creado a lo largo m del siglo XX un cúmulo de inexistentes erratas. Con la finalidad de :esuperar tan fantasmagórica tradición, hemos introducido esas lec- :ir, turas en nuestro aparato crítico bajo la siglafacc. ('facsímiles'), y el se lector las puede contemplar a satisfacción:. · iiias le- !r) 7. LA PRESENTE EDICIÓN oEl texto crítico de las Ejemplares ha de basarse en la edición príncita, pe, puesto que la contrahecha de 1614 tiene mínimas posibilidades iel de remontarse a la pluma autorial. Y entre los ejemplares de la prínni· cipe, deben preferirse los correspondientes al segundo estado de ue impresión, subsanando las erratas presentes en esos folios. Por ello en hemos basado nuestro texto en el ejemplar custodiado en la Bibliap. teca de Cataluña, Colección Isidre Bonsoms, sign. Cerv. Vtr. I-5. Ese es. texto ha sido regularizado de acuerdo con las normas básicas aplicade das a los textos del Siglo de Oro y de la colección, conservando todas CVIII ·.PRÓLOGO las oscilaciones del vocalismo, tanto'literarias («Felipe»I«Filipe», por ejemplo en El celoso extremeño) como de época («recebin>, «ducientos>>, «trairía», «escura>), etc.), e incluso donde se sospecha una regula-; rización por cuenta de los cajistas («estoria»/ «historia>> en Rinconete y Cortadillo). Al tiempo se ha regularizado casi por completo el conso~ nai;J.tismo, excepto en aquellos lugares donde la foqna latina pugna con la pronunciación romance («estremeño»l«extremeño>>, «esen..: to»l«exentm, véase Lapesa 1981 :§§ 72, Clavería 1991:99-142 y Don Quijote, 4 y 6), si bien Se han evitado los latinismos sin pertinencia fonética (ph-, -ph-, «prompto», «sumptuosos.»; «ca~)1redá~~co>>,' «receptaba», <<demonstraciones», etc.).'Asimisino, se h'ln,respetado las aglutinaciones de época con la preposición «de>> («della», «desta», etc.). Puntuación,' acentuación y separación de pala!Dras siguen las normas actuales, y para la primera se han tenido en. cuenta los principales·criterios editoriales, y en particular los de Don Quijote. Al objeto de sanar los lugares pnlblemáticos de la príncipe, se ha tenido a la vista buena parte:de la tradición editorial antigua: y moderna que se ha cql'l~~onado mediante un dilatado inventario de lugares críticos "(y teniendo en cuenta Luttikhuizen 1994:XXX)..: .en., especial las ediciones anteriores a Rodríguez Marín, meqi¡J¡J¡J.¡;e.un~ . lista de lugares críticos. En nuestra labor hemos evitadpjlo~ extremos reseñados con anterioridad: la inclinación ocio~a a l;t ¡conjetura inútil o la sumisión religio'sa al texto príncipe, tomando por norte los criterios expuestos en Don· Quijote, CCLXXIII. En fin, en su disposición tipográfica, presentamos un 'texto limpio' (clear text) que huye de introducir un elenco de signos diacríticos junto a la letra autorial. Acompa,ñ¡mdo a esta, en el aparato crítico, encontrará el lector, de una fo,nna clara y concisa, la lista de ediciones utilizadas. (también rec;ogidas en la bibliografia) y de las diferentes altern;¡.tivas de cadaJ~c;ción, ;al'tietnpo que una historia editorial de las Ej~rrzplwes, en cuanto las siglas utilizadas permiten seguir las soluciones textuale~ a lo largo de su historia impresa. Ahí se han privi.:_ legiado los segrneptos esenciales de la historia editorial del texto, distinguiendo mediante siglas colectivas las priQ,,c;:}pales soluciones. Parte esencial de la aportación de esta edi~ión la constituye su sistemática aiwtación. En esta labor se han seguido los. criterios u ti~ lizados·en la colección, distinguiendo entre notas al pie y complementarias,· pero se han adaptado a las necesidades específicas de las Ejernplares. Entre ellas, no la menor, el análisis de unqmuchedumbre bibliográfica dedic¡t_da¡¡¡. )jl,interpretación literati.~ óe cada uno de las coi m a qu du lec tre do Po fer Co pi cía esa la Bi de fa e la 1! y .a ,_: n :a lS >, lS 1- ,_ n.,. 1~ ·' 1u t) :á llS ll- ), s. :u h as 1~ 10 LA PRESENTE EDICIÓN cqc de los relatos. Una ingente montaña bibliográfica que se adensa en ]as novelas más valoradas. por la crítica del siglo XX -que suelep: coincidir con las seis que el realismo tuvo por penciales' obra,s, maestras de la narrativay que no atiende a discerp# pormenore,s que interesan a la anotación del texto ni tenía cabida en una intro,ú, duccíón que solo aspira a recoger las cuestiones generales de la co-: lección. Para salvar el problema se han sumado a la anotación ord~-:. naria unas notas específicas de caráqc;r literario donde se repasan las , interpretaciones de que ha sido objeto cada relato, incluyendo La tía fingida. Tal nota encontrará el lector al comienzo de cada 'rl';~ato, . precediendo a la primera nota a pie de página, y la hallará n#r<::ndada por. la primera nota complementaria de cada novel;,t, donde se explican con detalle y amplio apoyo bibliográfico tales vicisitudes. críti{;as. Claro está que esta pauta no puede aplicarse en forma me .• cánica, antes debe acomodarse a las exigencias de cada narración. Llegado el caso, incluso, se aborda la forma en que la crítica ha establedq()Xelaciones entre los diferentes relatos,rp.~diante un elenco de referencias cruzadas (es el caso de Rinwne,~~ 1 ;y,C)o~tadillo, La ílustrefregona o El coloquio de los perros). Caso especial representan dos novelas cervantinas que poseen doble redacción, transmitida por el hoy desaparecido manuscritq.; Porras de la Cámara, y en el mismo trance, aunque por motivos di;-._,, ferentes, se halla La tía fingida. Por lo que se refiere a Rinwne(e1 ,y, .. Cortadillo y a El celoso extremeño, el lector podrá ver en las not~ al pie, debidamente co~1~nta,c;l,~s,)as principales variante,s1 q\ly aparecían en el manuscrito;-,al tiempo que verificar una edicióg cri~ica de esas versiones en el apéndice. El texto de La tía fingida se ofrece en la versión Porras de la Cámara, y al pie, las variantes del texto de la Biblioteca Colombina. Cualquier trabajo editorial cervantino necesita un largo elenco de agradecimientos a todos aq4ellos que de una forma u otra han facilitado materiales harto dispersqs y ~e .acceso dificultoso; sin duda la lista sería dilatada. Pero quiero agradecer, muy ~n especial, la qolaboración inicial de Frances Luttikhuizen, las de Lía Schwartz y Bar¡:y Taylor, que realizaron las colaciones de ejemplares de la príncipe en Nueva York y Londres, así como la amabiijqaddeJoana Escobedo, conservadora de la Biblioteca de Catah,Iñ~, -y de Julián Martín Abad, director de la Sala Cervantes de la Biblioteca . Nacional de Madrid, por su asidua colaboración en la consulta de la tradición impresa qe las Ejemplares. Asimismo, del?R.agr;td.e,cer ex PRÓLOGO la ayuda prestada por Raquel Rojas en la corrección de pruebas, sin olvidar las horas dedicadas a la discusión de los pormenores de esta edición, y a su revisión final, con el equipo de Editorial Crítica, y la paciencia y generosidad de mi querido maestro Francisco Rico.