scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

La actividad industrial de la ciudad de Sevilla, a partir de indicadores fiscales (1476-1513)

González Arce, José Damián

Abstract

Este trabajo utiliza indicadores fiscales de impuestos sobre algunas actividades productivas y sectores de consumo, para elaborar series estadísticas y medir el crecimiento industrial. Es un sistema aproximado e indirecto, pero el único posible para el período. Gracias a ello, por vez primera contamos con un estudio cuantitativo macroeconómico para un territorio castellano bajomedieval. De forma que, mediante varios gráficos, se pueden extraer conclusiones sobre la generación de recursos y la evolución demográfica regional. Y analizar cómo influyeron en ellas aspectos como las guerras, epidemias o hambrunas, pero también los gustos y hábitos de consumo, entre otros que incidieron en las coyunturas. Al margen de los vaivenes en el corto plazo, se observa, además, una tendencia general expansiva, que se compadece con las noticias que se tenían sobre que la ciudad y su renio se convirtieron por estas fechas en los más ricos de Castilla.

Full text

EDAD MEDIA: Revista de Historia, 23 (2022): 235-268 ISSN: 2530-6448 La actividad industrial de la ciudad de Sevilla, a partir de indicadores fiscales (1476-1513)* The industrial activity of the city of Seville, based on fiscal indicators (1476-1513) José Damián GONZÁLEZ ARCE Catedrático de Universidad. Departamento de Economía Aplicada, Área de Historia e Instituciones Económicas, Facultad de Economía y Empresa, Universidad de Murcia, Campus de Espinardo s/n, 30100 Espinardo-Murcia. C.e.: [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3296-0554 Recibido: 16/02/2022. Aceptado: 23/05/2022. Cómo citar: González Arce, José Damián, «La actividad industrial de la ciudad de Sevilla, a partir de indicadores fiscales (1476-1513)», Edad Media: revista de Historia, 2022, nº 23, pp. 235-268. DOI: https://doi.org/10.24197/em.23.2022.235-268 Resumen: Este trabajo utiliza indicadores fiscales de impuestos sobre algunas actividades productivas y sectores de consumo, para elaborar series estadísticas y medir el crecimiento industrial. Es un sistema aproximado e indirecto, pero el único posible para el período. Gracias a ello, por vez primera contamos con un estudio cuantitativo macroeconómico para un territorio castellano bajomedieval. De forma que, mediante varios gráficos, se pueden extraer conclusiones sobre la generación de recursos y la evolución demográfica regional. Y analizar cómo influyeron en ellas aspectos como las guerras, epidemias o hambrunas, pero también los gustos y hábitos de consumo, entre otros que incidieron en las coyunturas. Al margen de los vaivenes en el corto plazo, se observa, además, una tendencia general expansiva, que se compadece con las noticias que se tenían sobre que la ciudad y su renio se convirtieron por estas fechas en los más ricos de Castilla. Palabras clave: Análisis macroeconómico; Producción industrial; Comercio y consumo. Abstract: This paper uses fiscal indicators of taxes on some productive activities and consumption sectors to compose statistical series and to measure industrial growth. It is an approximate and indirect system, but the only one possible for the period. This allows us to obtain for the first time a quantitative macroeconomic study for a late medieval Castilian territory. Thus, by means of various graphs, conclusions can be drawn on the generation of resources and the regional demographic evolution. Furthermore, it also allows us to analyse the influence of not only wars, epidemics or famines, but also of the tastes and habits of consumption, among others. Apart from the fluctuations in the short term, a general expansionary trend can be observed, which matches with the news that inform us that Seville and its district became the richest in Castile in this time period. * Este artículo ha sido realizado en el marco del proyecto PID2020118105GBI00 “Del barco al mercado. Actividad económica, relaciones sociales y conflictos armados en las ciudades y villas portuarias de la Europa Atlántica bajomedieval”, del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad. 236 José Damián González Arce EDAD MEDIA: Revista de Historia, 23 (2022): 235-268 ISSN: 2530-6448 Keywords: Macroeconomic analysis, Industrial production, Trade and consumption. Sumario: 0. Introducción; 1. Sector textil, 1.1. Paños de lana, 1.2. Paños de seda, 1.3. Lencería; 2. La industria del cuero; 3. Otras materias primas e industrias asociadas; 4. Conclusión; 5. Apéndice; 6. Bibliografía. Summary: 0. Introduction; 1. Textile Industry, 1.1. Wool Cloths, 1.2. Silk Cloths, 1.3. Lingerie; 2. Leather Industry; 3. Other raw materials and associated industries; 4. Conclusion; 5. Appendix; 6. Bibliography. 0. INTRODUCCIÓN Para la Castilla bajomedieval, en general, y para Sevilla y su reino ‒actuales provincias de Sevilla, Huelva y Cádiz‒, en particular, prácticamente sólo es posible reconstruir la actividad económica en la corta y larga duración mediante indicadores fiscales. Aunque también están por explorar las posibilidades que ofrecen los precios y salarios y los tipos de cambio monetarios, así como, en algunas regiones, la evolución demográfica y la renta individual de la que, asimismo, nos informan los padrones fiscales. Tenemos la suerte de contar con fuentes tributarias que nos permiten analizar de forma indirecta buena parte de la producción y del consumo de bienes en la Castilla del siglo XV: diezmo eclesiástico, diezmo aduanero, tercias, alcabalas… Pero, para Andalucía y Murcia disponemos, además, del almojarifazgo, que gravó tanto el comercio exterior como ciertas actividades económicas específicas. En la Sevilla bajomedieval, los artículos comerciales procedentes de fuera de la ciudad, en su mayoría arribados a través del puerto fluvial del Guadalquivir, pagaban de almojarifazgo de entrada ‒arancel aduanero‒, en el llamado partido de la almonaima y cuenta de mercaderes, como tarifa general, el 10%. Pero, como la mayor parte de ellos procedían de la propia corona de Castilla, fuera del reino de Sevilla, o de estados aliados o con tratados comerciales con el castellano, recibieron un trato preferente y estuvieron tasados solamente con un tipo reducido del 5%. En la aduana de la metrópoli, junto a este impuesto arancelario, se cobró una alcabala ‒ exacción sobre la enajenación de bienes‒ de la primera venta ‒a abonar por los importadores locales mayoristas‒ con un canon de otro 10%; tributo comprendido en el llamado partido de las mercaderías, anexo al susodicho de la almonaima y cuenta de mercaderes. De modo que, estos artículos introducidos no estaban concernidos por las alcabalas generales, como en otras partes. Además, asimismo en la aduana, se recaudaba un tercer partido, la renta de Berbería, o el almojarifazgo aduanero exigido a los géneros de dicha procedencia, con la antedicha tarifa general del 10%. Estos tres partidos aduaneros acabaron por ser arrendados por las mismas personas y por reunirse en uno solo a lo largo del siglo XV, conocido como almojarifazgo mayor de Sevilla. Junto a él, en dicho siglo XV se exigieron alcabalas específicas sobre las segundas ventas ‒a pagar por los vendedores minoristas, que las detraían de los consumidores finales‒, que afectaban a algunos de los productos más demandados La actividad industrial de la ciudad de Sevilla 237 EDAD MEDIA: Revista de Historia, 23 (2022): 235-268 ISSN: 2530-6448 en la localidad o de mayor valor, sobre todo a aquéllos que tuvieron una punción arancelaria reducida de solamente el 5%. Estas segundas alcabalas, junto con varias imposiciones de origen musulmán que componían el almojarifazgo sevillano, tales como otros derechos arancelarios no incluidos en el almojarifazgo aduanero ‒esto es, la almonaima y cuenta de mercaderes o la renta de Berbería‒, diezmos sobre el cultivo de determinados artículos agropecuarios, tributaciones por el uso de pesos y medidas y otras, se agruparon en un régimen conjunto de tesorería llamado partido de las rentas menudas; que, si bien hasta mediados de dicho siglo se mantuvo independiente, finalmente también a partir de entonces acabó por asociarse al almojarifazgo mayor, por lo que pasó a denominarse rentas menudas del almojarifazgo mayor de Sevilla. Sin embargo, las mismas se diferenciaban de los tres grandes partidos vistos en primer lugar en que, a pesar de que compartían arrendatarios mayoristas, éstos sistemáticamente procedían a subarrendar dichas rentas menudas al mejor postor. De modo que solamente conservaban la gestión directa de las tres grandes gabelas del almojarifazgo mayor cobradas en la aduana de la ciudad, como he dicho más arriba. Otro partido distinto del almojarifazgo sevillano fue el diezmo del aceite del Aljarafe, similar a los antedichos diezmos sobre productos agropecuarios, pero que, por su gran relevancia, se gestionó aparte. A estas exacciones, hay que añadir las alcabalas que en la ciudad pagaban los productos originarios de la misma o en ella consumidos, agrupadas en otros cuatro grandes partidos, con sus respectivos ramos de renta: el del aceite, el de las tres rentas, el de la alhóndiga y el de la madera. El primero y el último contenían ramos de renta, o alcabalas sobre supuestos económicos concretos, o agrupamientos de ellas sobre algunos otros similares entre sí, que atañían, entre otras, a la actividad industrial de la ciudad; los otros dos afectaron a los alimentos1. El subarrendamiento de las rentas menudas y de los ramos de las alcabalas generales antes citados, posibilita saber a cuánto ascendió su valor de forma individualizada, para el período del reinado de los Reyes Católicos, el aquí tratado, para el que se han conservado dichos datos. Lo que permite realizar una estimación de la evolución de los sectores económicos a los que gravaron durante el intervalo de más de 35 años para el que contamos con esa información, entre 1477 y 1513. En este trabajo me ocuparé en exclusiva de los relativos a la producción y consumo de manufacturas, agrupados en subsectores por especialidades, comenzando por el más importante, el textil. 1. SECTOR TEXTIL Las punciones exigidas sobre la compraventa de artículos textiles, comprendidas entre las rentas menudas, fueron un total de cinco. Tres alcabalas sobre las segundas ventas de telas, una para cada variedad de tejido: una primera sobre los 1 González Arce, La casa y corte, pp. 69-75; El negocio fiscal, pp. 13-17; El proceso de arrendamiento, pp. 19-24. 238 José Damián González Arce EDAD MEDIA: Revista de Historia, 23 (2022): 235-268 ISSN: 2530-6448 de lana ‒o alcabala de revender los paños a varas, pues es como se hacía con la venta minorista de piezas de paños, que los clientes compraban de los pañeros o traperos por varas, para la confección de prendas de vestir‒, una segunda para los de algunas fibras vegetales ‒alcabala de haces de alcotonías y arambeles‒, y la tercera para los de seda ‒o alcabala de revender los paños de oro y seda‒. Así como una alcabala de primera venta específica para los paños de lana producidos en el propio reino de Sevilla ‒alcabala de frisas y paños‒, que, como no eran introducidos por el puerto (los llegados de Europa) o por tierra (los del interior peninsular), no pasaban por la aduana y no podían ser gravados con las alcabalas de la primera venta, que vimos se incluían en el partido de las mercaderías. Su monto, por tanto, sería del 10%, como para los paños importados; al que sumar el 5% de la alcabala de la segunda venta, o de revender los paños a varas. Y una última alcabala de poca importancia y presencia, denominada de las libretas del algodón, que sería similar a la antedicha de haces de alcontonías y arambeles. A ellas hay que añadir una alcabala más del 10% del partido de la madera, fuera del almojarifazgo y de sus rentas menudas, como he dicho, caso del ramo de la alcabala de lienzos y sayales, porque estos géneros vendidos en la ciudad, como los concernidos por la alcabala de frisas y paños antedicha, fueron fabricados en ella, o en el propio reino de Sevilla2. En las páginas que siguen se va a insistir en diferenciar e identificar toda esta suerte de rentas, y otras no relativas al sector textil, según los partidos de arrendamiento en los que se encuadraron, para mejor entender su naturaleza y conocer qué actividades económicas concretas, o sectores de consumo, gravaron. Pues, como es sabido, el almojarifazgo mayor aduanero recayó sobre los flujos comerciales, la alcabala, sobre el consumo, y las rentas menudas del almojarifazgo, algunas afectaron a dicho tráfico comercial y otras a la compraventa de bienes. 2 González Arce, El negocio fiscal, pp. 39-40. La actividad industrial de la ciudad de Sevilla 239 EDAD MEDIA: Revista de Historia, 23 (2022): 235-268 ISSN: 2530-6448 Gráfico 1: rentas que gravaron la compraventa de textiles, en mrs. Fuente: apéndice, González Arce, El proceso de arrendamiento, pp. 56-74 y Bello y Ortego, Los agentes fiscales, p. 76 De todas ellas, nos interesan, en primer lugar, las rentas menudas de las alcabalas de la reventa de paños a varas, la de los paños de oro y seda y la de frisas y paños, así como la alcabala de lienzos y sayales, por ser las más sustanciosas y las que más información nos aportan sobre la evolución del consumo y fabricación de textiles en la urbe (gráfico 1). Aunque también habrá que tener en cuenta las exacciones que gravaron sus materias primas (gráfico 2). 240 José Damián González Arce EDAD MEDIA: Revista de Historia, 23 (2022): 235-268 ISSN: 2530-6448 Gráfico 2: rentas que gravaron las materias primas textiles, en mrs. Fuente: apéndice, González Arce, El proceso de arrendamiento, pp. 56-74 y Bello y Ortego, Los agentes fiscales, p. 76 Comencemos por analizar el consumo textil. Según se aprecia en los gráficos 1 y 3, al principio de la serie la mayor parte de los tejidos comprados en Sevilla fueron paños de lana. Como por otra parte es bien sabido, los lienzos, o telas de lino, algodón o cáñamo, se usaban de forma marginal en la indumentaria, para ropa interior, así como para ropa de casa, y su coste y calidad solían ser bastante inferiores a los de las restantes variedades. Si en Sevilla su contribución fiscal superó a la de las otras clases desde mediados de la década de 1480 (gráficos 1 y 3), fue, como luego veremos, por el despegue de esta industria en la ciudad. Mientras que, por otra parte, las telas de seda e hilos, o bordados, de metales preciosos, como oro y plata, debido a su gran calidad, tenían precios muy elevados, por lo que solamente estaban al alcance de la minoría más rica de la población3. De este modo, a pesar de ser mucho menor el número de artículos de este tipo que se vendieran en la localidad, su mucho mayor precio hizo que también pagasen más impuestos brutos. Así que este hecho puede hacer pensar de forma sesgada, en el gráfico 4, que su cantidad se aproximó en algún momento a la de los de lana, como pasó en 1496 y 1497, cuando llegaron al 50% de lo recaudado fiscalmente, o en 1509-10, cuando superaron incluso esa proporción. Pero ha de quedar claro que esos años, como los restantes, lo que llegó a ese 3 Sobre el consumo de textiles y sus variedades, véase González Arce, La casa y corte, pp. 99-115. La actividad industrial de la ciudad de Sevilla 241 EDAD MEDIA: Revista de Historia, 23 (2022): 235-268 ISSN: 2530-6448 porcentaje, o a otros, fueron los impuestos que satisficieron, pues el número de varas de ellos vendidas fue siempre muy inferior al de paños de lana, el género preponderante en la indumentaria medieval. Gráfico 3: comparación de la fiscalidad sobre la venta de textiles en Sevilla Fuente: apéndice, González Arce, El proceso de arrendamiento, pp. 56-74 y Bello y Ortego, Los agentes fiscales, p. 76 Gráfico 4: comparación de la fiscalidad sobre los paños de lana con los de seda y oro Fuente: González Arce, El proceso de arrendamiento, pp. 56-74 242 José Damián González Arce EDAD MEDIA: Revista de Historia, 23 (2022): 235-268 ISSN: 2530-6448 En cuanto a la evolución de las series, los años iniciales, las décadas de 1487080, habrían sido en la localidad los de mayores penurias económicas. Así lo indica el tipo de textiles consumidos, de lana en su inmensa mayoría. Y su causa: primero, las consecuencias de las guerras civiles que se desarrollaron durante ese período por la sucesión al trono castellano, entre el rey Enrique IV y sus hermanastros Alfonso, que murió antes que el monarca, e Isabel, que al heredar la corona en 1474 prosiguió los enfrentamientos bélicos hasta 1479, ahora contra su sobrina Juana, hija de Enrique y legítima heredera. Segundo, una peste sufrida en la ciudad en 1481. Y, en tercer lugar, el asentamiento por esas fechas de la Inquisición en Sevilla, lo que hizo huir a muchos judíos y conversos locales, bastantes de ellos arrendatarios de rentas. Por tales motivos, a buen seguro, el año 1482 no se recogen datos de la alcabala de la reventa de paños de seda; mientras que los arrendatarios de la mayor parte de las rentas locales abandonaron la urbe por entonces, y éstas hubieron de ser recaudadas por fieles, de manera que por ello no contamos tampoco con información para 14834. Hacia finales de la década de 1480 la economía sevillana comenzó a recuperarse y cada vez más gente dispondría de mayor renta que destinar a gastos suntuarios, como eran las telas séricas ‒de ahí la prohibición de 1480 de que fuesen vestidas por gentes corrientes, como los trabajadores manuales, pues con ello se perdería la función de distinción estética de clase que entrañaba esta variedad de textiles de lujo, preservados así para los privilegiados‒. Que, como antes he adelantado, alcanzaron su segunda mayor expansión en los años centrales de la década de 1490; momento de gran crecimiento económico en la capital. Hacia finales de la misma y comienzos de la década de 1500, la retracción del consumo relativo de sedas frente a las lanas estuvo motivada por una nueva normativa suntuaria emitida por los Reyes Católicos5. En torno a 1505 tuvo lugar una recesión, puede que muy severa, causada por una profunda crisis de subsistencias que se prolongó hasta 1506-08, y puede que más allá, unida a una pestilencia, pero que no podemos corroborar a través del consumo de textiles, pues carecemos de datos para esos ejercicios6. No obstante, la misma 4 González Arce, La casa y corte, pp. 24-31. 5 En 1480 se dio una protesta inicial de los mercaderes sevillanos y de algunos arrendatarios de las rentas menudas, que también sufrieron perjuicios, cuando los monarcas promulgaron una primera norma que prohibía la vestimenta de sedas y brocados a artesanos, labradores, marineros, judíos y mudéjares, así como ciertos paños de lana. Nuevamente, en 1494 los Reyes Católicos emitieron una pragmática que vedaba durante dos años, excepto para la iglesia, la importación de paños y tejidos de lujo, al tiempo que vetaba a los artesanos confeccionar con ellos indumentarias o sillas de montar; pues, a cambio de estos textiles de seda y materiales preciosos, se sacaba oro y plata al exterior para su compra, al tiempo que los naturales de Castilla malgastaban sus peculios. Esta restricción fue repetida en 1495, prorrogada en 1496 por dos años más y reiterada en 1498. Mientras que, al año siguiente, 1499, dictaron una nueva restricción que impedía la vestimenta de seda y objetos suntuarios, no sólo de importación, salvo para las gentes que mantuviesen caballos y sus familias. Estas nuevas limitaciones hicieron mella otra vez en los importadores de textiles sevillanos, y en los arrendatarios de los impuestos, que en 1500 se quejaron a este respecto ante los soberanos; González Arce, Apariencia y poder, pp. 29-30; La casa y corte, pp. 108, 135. 6 Otte Sander, Sevilla y sus mercaderes, pp. 140-149. La actividad industrial de la ciudad de Sevilla 243 EDAD MEDIA: Revista de Historia, 23 (2022): 235-268 ISSN: 2530-6448 parece superada ya esa anualidad de 1507 y, sobre todo, en las siguientes, donde los impuestos pagados por las telas más caras superaron a los de las corrientes. Fueron los años iniciales de la conquista de América, de la cual la ciudad resultó la principal beneficiara, que se tradujeron en un aumento de la riqueza local y una más grande capacidad de compra de bienes de lujo para sus habitantes. Sobre todo, telas de seda y brocados importados, con los que demostrar un mayor poder adquisitivo y revelar a los demás el éxito personal; aunque para ello hubiese que sostener caballos armados, y, por tanto, pertenecer a la clase dirigente, como lo prescribía la arriba vista disposición suntuaria de 1499 de los Reyes Católicos. Por lo que respecta a la producción de textiles sevillanos, hay que comenzar diciendo que la fábrica local para el período medieval está por estudiar, aunque sí podemos apuntar algunas ideas que hagan factible comentar su crecimiento en función de su tributación fiscal7. 1.1. Paños de lana Gráfico 5: comparación de la fiscalidad sobre el consumo de paños de lana (alcabala de las varas) y sobre su producción (frisas y paños) Fuente: González Arce, El proceso de arrendamiento, pp. 56-74 El gráfico 5 nos permite formarnos una impresión de cómo evolucionó en el período la elaboración de estos textiles en la ciudad, al comparar el arbitrio que los gravaba ‒como sabemos, la alcabala de frisas y paños‒ con el que lo hacía con todos 7 Prácticamente sólo contamos con el trabajo de Otte Sander, Sevilla y sus mercaderes, pp.72-77, que nos aporta algunas pinceladas muy generales sobre la industria textil de la ciudad y los pueblos de su tierra. Para aspectos más puntuales, Otte Sander, Sevilla, siglo XVI. Resta mucho por hacer para el conocimiento de las actividades económicas desarrolladas en Sevilla y su tierra durante los siglos bajomedievales, en general, y, en particular, en el ámbito de la producción manufacturera. Mejor conocidos son, no obstante, los gremios y corporaciones en los que se encuadraron algunos de tales oficios de la industria y servicios locales. Aparte del clásico trabajo de Bernal, Collantes de Terán Sánchez, y García-Baquero, Sevilla: de los gremios, cabría citar algunos otros de González Arce: Sobre el origen, y, El gremio de carniceros. 250 José Damián González Arce EDAD MEDIA: Revista de Historia, 23 (2022): 235-268 ISSN: 2530-6448 1.2. Paños de seda En cuanto a la serie de los paños de oro y seda, aunque todo parece indicar que en su mayor parte fueron importados, sobre todo desde Italia, pero también de Francia u otras procedencias, igualmente se los produjo en la península Ibérica; tanto en el reino nazarí de Granada, antes y después de su conquista por Castilla, como en Valencia; y, asimismo, en algunas ciudades castellanas, como Toledo, Murcia o la propia Sevilla. Se puede ver en el gráfico 7 que se trata de un consumo muy elástico que no deja de crecer durante todo el período estudiado, y que apenas se ve afectado por las recesiones económicas, mientras que sí lo estuvo más por las restricciones políticas. Así, sólo la peste de 1481 y la coyuntura de 1498 parece que le afectaron algo; cuando bajó del 43% de 1480, con respecto al año base 1494, al 32 ese ejercicio 1481, o al 24 en 1484; y al 71% en 1498, desde el 124 en el que estaba en la anualidad anterior. Posteriormente, sólo las ordenanzas suntuarias de los años 90, en especial la de 1499 ‒que hizo tocar fondo a la progresión en 1500, con el 68%, y 1501, con el 76%‒, rompieron algo esta tendencia alcista de los textiles séricos. La cual se explica por las grandes ansias de emulación, sobre todo por parte de los grupos burgueses, de las formas de vida de la aristocracia, para aparentar con ello mayor posición social y prosperidad económica. De modo que, a poco que tenían algunas ganancias extra, las invertían en ropas de lujo y otros gastos suntuarios, para parecerse a la clase dirigente. Que, por su parte, y para diferenciarse de estos grupos ascendentes que querían imitarla, debían redoblar su inversión en más bienes conspicuos que, como las caras telas importadas, los mantuviesen en un nivel gasto, consumo y prestigio superiores. Lo que dio lugar a una escalada de la demanda de productos de alto valor de procedencia europea, que las ordenanzas suntuarias de la monarquía apenas pudieron frenar. De manera que, de forma inteligente, la reina Isabel supo reconducir esa tendencia hacia un fin provechoso para sus intereses, al ligar la adquisición de sedas y otras telas suntuosas al sostenimiento de caballos y equipamientos militares por parte de esa caballería villana, ciudadana o de cuantía, emergente social y económicamente. Por lo que respecta a la fabricación de telas de seda, ésta hay que ligarla a la importación de las materias primas con las que se elaboraban. Esto es, la seda cruda o en pelo ‒simplemente devanada del capullo por un hilador‒, hilada ‒mediante la unión de varias de las anteriores hebras en forma de un solo hilo‒ o torcida ‒proceso mediante el que se torcían los anteriores hilos, o varios de ellos, para dotarlos de mayor resistencia o flexibilidad‒, gravada con un 10% mediante la alcabala de revender seda y cadarzo (gráficos 8-10, y 2), procedente de Granada, Murcia, Toledo, Valencia o Italia12. 12 Otte Sander, Sevilla y sus mercaderes, pp. 77-82; González Arce, El negocio fiscal, p. 42. La actividad industrial de la ciudad de Sevilla 251 EDAD MEDIA: Revista de Historia, 23 (2022): 235-268 ISSN: 2530-6448 Gráfico 8: fiscalidad sobre textiles séricos y sobre seda en bruto, en mrs. Fuente: González Arce, El proceso de arrendamiento, pp. 56-74 Como se aprecia en el gráfico 8, las alcabalas de las segundas ventas de paños de oro y seda y de la seda sin tejer anduvieron caminos prácticamente paralelos. Lo que nos lleva a una primera conclusión, el principal mercado de las telas de lujo tejidas en Sevilla fue el local: cuando aumentaba su consumo en la ciudad, generalmente se incrementaba en una proporción similar la compraventa de seda en bruto o hilada. En segundo lugar, no se puede pensar que cuando coinciden de forma aproximada los montantes recaudados por ambas alcabalas, el valor de la materia prima vendida y del producto acabado fuera el mismo, sino que el de este último habría sido, al menos, del doble; pues hemos de recordar que el gravamen de la primera era del 10%, y el de la segunda, muy probablemente, del 5. Hubiese sido así, o no, esta desigual punción, en cualquier caso, durante los primeros años de la serie, entre 1477 y 1482, se aprecia claramente (gráficos 8-9) que se vendió en la ciudad más materia prima que producto acabado; pues siempre se recaudó más por la primera que por el segundo ‒incluso en 1477 la proporción fue de casi 80-20%‒. Lo que indica que buena parte de lo fabricado en ella se exportaba. Por lo que se puede deducir, sobre todo a tenor de la posterior evolución de las curvas, que la urbe no se había recuperado todavía por entonces de las consecuencias de las guerras civiles sucesorias, mientras que sí lo habían hecho otras zonas que, gracias a ello, podían adquirir este tipo de bienes suntuarios dese allí importados; que, por menos necesarios y básicos, eran los primeros que dejaban de ser adquiridos cuando sobrevenían recesiones económicas o períodos convulsos e inestables. 252 José Damián González Arce EDAD MEDIA: Revista de Historia, 23 (2022): 235-268 ISSN: 2530-6448 Gráfico 9: comparación entre la fiscalidad de los textiles de seda y la seda en bruto Fuente: González Arce, El proceso de arrendamiento, pp. 56-74 Todo empieza a cambiar tras la crisis puntual desatada a consecuencia de la peste de 1481. Entre 1484 y 1492 se dio un práctico estancamiento de la venta de materia prima, y, por ende, de la producción sevillana; que contrasta con un crecimiento sostenido de la compra de textiles séricos en la localidad, cuyos tributos superan con claridad a los de la seda en bruto, en una proporción ese año 1492 de 6040. Esta fuerte recuperación de la demanda, a la que de momento no supo responder la oferta de la industria local, fue cubierta, por tanto, por mercancía importada o con una menor exportación de las manufacturas locales. Nos encontramos ante un indicador claro de que la ciudad había dejado atrás los años de la crisis económica de posguerra, los primeros de la década de 1480, para encaminarse a un período de expansión. Entre 1493 y 1498 la fábrica hispalense sí reaccionó al estímulo del consumo interno y experimentó un claro aumento de la producción, si bien el de las compras fue aún mayor; lo que habría redundado en una creciente importación de telas séricas, y denota que en esta etapa la explosión económica de la capital fue más intensa. El bache de las restricciones legales suntuarias de 1498-1499, agravado por la reforma monetaria de 1497 antes vista y por unas ordenanzas concejiles hispalenses contra la producción sérica foránea de ese ejercicio13, sentó peor a la demanda, que prácticamente cayó a la mitad, que a la oferta, que continuó su escalada. De forma que entre esas fechas y 1501 subió más la segunda que la primera; lo que de nuevo nos habla de un incremento de las exportaciones de tejidos de seda. Sin embargo, el consumo se recuperó rápidamente a partir de 1502, y hasta 1504, 13 Ese año, el arrendatario del almojarifazgo mayor, Fernán Núñez Coronel, protestó ante los reyes porque el concejo sevillano había promulgado una normativa que solamente consentía la entrada de paños de seda confeccionados según la marca y medidas contenidas en las ordenanzas locales; de forma que los restantes eran dados por fraudulentos y pedidos, a criterio de dos veedores de seda, con claro interés por restringir una importación que competía con la producción autóctona (González Arce, El negocio fiscal, pp. 130-131). La actividad industrial de la ciudad de Sevilla 253 EDAD MEDIA: Revista de Historia, 23 (2022): 235-268 ISSN: 2530-6448 pues su retraimiento no atendía a causas económicas, sino a las restricciones y decisiones políticas antedichas. De forma que cuando se cumplieron los requisitos legales para vestir indumentarias de seda que recogía la pragmática de 1499, su adquisición se disparó, para volver a los niveles previos a la reforma legislativa. Ello puede que se debiese, en parte, al efecto del conocido como fenómeno del consumo diferido. Pues cuando se ahorra un dinero que se quiere emplear en ciertos bienes duraderos no imprescindibles, por motivo de una causa ajena a la riqueza del comprador, como una guerra o esta de la limitación legal, cuando cesa dicho motivo se adquieren de golpe y en poco tiempo tales mercancías, para las que se dispone de los fondos que se pensaban invertir en varias anualidades. La crisis de subsistencias de 1505-08 repercutió mayormente sobre la oferta, que cayó más y se repuso más tarde, que sobre la demanda, que lo hizo con mayor celeridad. Lo cual parece lógico, pues al aumentar el precio de los bienes básicos imprescindibles, como los alimentos, lo primero que se reduce es el consumo de los de lujo o prescindibles. De manera que el más perjudicado es el lado de la producción, que no se recupera hasta que claramente lo ha hecho el consumo; pues los fabricantes no se pueden arriesgar a invertir en bienes de equipo, mano de obra especializada y materia prima muy cara, hasta que no están seguros de que el mercado absorberá su producto. Mientras que los consumidores más ricos y principales clientes de estos bienes conspicuos, poco afectados por la carestía de los alimentos, solamente habrían dejado de adquirir en parte, y por precaución, tales artículos suntuarios durante la crisis, a la espera de ver la evolución de la situación general. De forma que cuando ésta se recuperó en un relativo corto espacio de tiempo (1507-1510), volvieron a sus anteriores pautas de gasto; e incluso se pudo repetir aquí el fenómeno del consumo diferido. Tras el paréntesis de 1511, del que carecemos de datos, finaliza la serie en 151213 con una nueva tendencia al alza de la oferta y la demanda, la primera algo por debajo de la segunda. Lo que nos habla de dos cosas: que la ciudad comenzó ahora un período dorado ‒nunca mejor dicho, por la masiva llegada de metales preciosos desde América y de consumo de telas de oro y seda‒ de expansión económica, que duró más de un siglo, como puerto exclusivo con el Nuevo Mundo, que se tradujo en un mayor mercado para los bienes de lujo. Y, que la industria sérica que atendió a estas necesidades parece que creció estimulada por ellas; a diferencia de lo que vimos ocurrió con la industria pañera. De modo que todo indica que, por entonces, la urbe era competitiva en textiles de seda, y de lino, como ahora veremos, pero no tanto de lana. 1.3. Lencería Como se aprecia en los gráficos 2 y 11, dos fueron las exacciones que gravaron el lino, principal materia prima de la industria textil de fibras vegetales en la Edad Media, con destino, principalmente, como ya he adelantado, a la vestimenta humana 254 José Damián González Arce EDAD MEDIA: Revista de Historia, 23 (2022): 235-268 ISSN: 2530-6448 y de los hogares. Frente al cáñamo, más obrado con fines industriales. La primera, el almojarifazgo de lino, esparto, peros y nueces. Se trata de una renta menuda sobre la introducción en la ciudad de Sevilla de estos productos desde las tierras y villas de su entorno rural, con un gravamen del 5%. Si se agruparon las fibras ‒a las vegetales se unió la lana castellana u ordinaria en 1478‒ con las frutas verdes (peros y otras) y secas (nueces y otras), fue por motivos de rentabilidad, más que de afinidad. Como en algunos años se recaudaron por separado en ramos diferenciados ‒que he agregado para poder construir la serie‒, sabemos que la parte correspondiente a la fruta alcanzó un montante muy inferior al de dichas fibras textiles ‒apenas fue 1/5 o 1/4 del valor total, que raramente llegó a la mitad‒. De las que, sin duda, el lino habría sido, a su vez, mucho más valioso y abundante que el esparto y la lana castellana14. En segundo lugar, estas fibras vegetales del medio rural vendidas en Sevilla hubieron de satisfacer alcabala general del 10%, dentro del partido de la madera, en el ramo llamado, por ello, alcabala de lino y esparto. Lo primero que llama la atención es el crecimiento sostenido de ambos arbitrios a lo largo del tiempo, en términos generales. Lo que está relacionado con un aumento de la producción de lino en las comarcas montañosas del norte de Sevilla, las serranías de Constantina y de Aroche; sobre todo en las Cumbres de San Bartolomé y de Enmedio, Santa Olalla y Encinasola, en la segunda de tales sierras, en la actual provincia de Huelva (gráfico 10). En buena parte de sus villas este cultivo se desarrolló tanto, que una de las punciones que lo gravaba, una tasa sobre su pesaje, o peso del lino, que hasta entonces estaba incluida en los almojarifazgos y almotacenazgos locales, se desagregó de los mismos y se arrendó aparte, dada su rentabilidad creciente15. La expansión del lino estuvo relacionada, además, con un incremento de la población de estos montes, impulsado por esta mayor actividad agrícola y por un paralelo desarrollo de una industria rural, sobre todo relativa a la molinería hidráulica de cereal, pero asimismo al batanado de paños de lana y, muy posiblemente, a la lencera, dada la abundancia de materia prima que estamos viendo16. La cual, en buena medida, fue asimismo llevada como vemos a la ciudad de Sevilla para su transformación. Pero igualmente se la puede ver en otras localidades de su tierra sitas al sur de la misma, donde también se habría dado, por tanto, cierto obraje textil lencero17. 14 González Arce, Composición y naturaleza, pp. 79, 80. 15 La ciudad de Sevilla contaba con almojarifazgos en los pueblos de su tierra bajo su jurisdicción, que, si bien tenían concejos propios, dependían de la metrópoli. En ellos recaudaba derechos similares a los que estamos viendo percibía en la urbe la hacienda regia. Según un arancel del almojarifazgo de los pueblos de Sevilla de 1361, como ya he dicho para la capital, los artículos que habían de ser pesados, como la cera, el lino y la lana, debían pagar tasas por su entrada y salida en estas poblaciones hispalenses, además de otras punciones por ser pesados; de ahí es de donde se desagregó el antedicho peso del lino en muchos de ellos; González Arce, Composición y naturaleza, p. 80. 16 González Arce, Las instalaciones industriales. 17 Se han conservado los detalles de los derechos del almojarifazgo de Utrera recaudados en 1502. Entre ellos se recogen tributaciones de portazgo por el paso de lino y otras por la venta allí de lino o de lienzos, La actividad industrial de la ciudad de Sevilla 255 EDAD MEDIA: Revista de Historia, 23 (2022): 235-268 ISSN: 2530-6448 Gráfico 10: recaudación del peso del lino en las villas de las sierras de Aroche y Constantina, dentro del almojarifazgo de los pueblos de Sevilla o almojarifazgo concejil hispalense, en mrs. Fuente: González Arce, Un patrimonio concejil, apéndices versión digital Gráfico 11: comparación entre la tributación del lino y los lienzos, en mrs. Fuente: apéndice, González Arce, El proceso de arrendamiento, pp. 56-74 y Bello y Ortego, Los agentes fiscales, p. 76. pertenecientes a vecinos de estas sierras del norte de Sevilla, como Guadalcanal y Fregenal; González Arce, Un patrimonio concejil, pp. 113-116. 256 José Damián González Arce EDAD MEDIA: Revista de Historia, 23 (2022): 235-268 ISSN: 2530-6448 Pasemos ahora a analizar la evolución de la industria linera hispalense, a través de la comparación (gráfico 11) de las curvas que muestran la evolución de la tributación de la enajenación de estos textiles en la ciudad (alcabala de lienzos y sayales), con las de la materia prima con la que estaban fabricados, el lino: el vendido en la urbe (alcabala de lino y esparto), el allí entrado procedente de las sierras del norte (almojarifazgo del lino, esparto, peros y nueces) y el en éstas cultivado (peso del lino). Lo primero que hay que señalar es que en Sevilla no todos los lienzos consumidos procedían de su propia fábrica local. Buena parte de ellos, los de mayor calidad, eran de importación, procedentes de Francia y Países Bajos. Igualmente, entró por su puerto fluvial algo de lino en bruto18. Como, a diferencia de los paños de lana y los de seda no disponemos de ningún indicador fiscal para discernir los unos de los otros, lo que aquí se diga acerca de la lencería de origen sevillano ha de ser tomado con mayor prevención que lo visto para las otras dos ramas textiles. La serie comienza con un mayor rendimiento de la alcabala del lino que la de los lienzos, esto solamente puede indicar que, hasta 1479 no habría despegado la industria linera local, y que la mayor parte de los lienzos consumidos serían de procedencia foránea. Tras la crisis de la epidemia de peste de los años iniciales de la década de 1480, se dio la gran expansión de la fábrica lencera sevillana. Como lo muestra el crecimiento de las curvas de la venta de la materia prima en la ciudad, la de la alcabala y la del almojarifazgo del lino; en buena medida, en especial la primera, paralelas al progreso de la venta de lienzos en la urbe. Lo que indica que en su inmensa mayoría esta producción lencera creciente tendría como destino el mercado interno. De este modo, si tenemos en cuenta dichos indicadores, la fábrica linera hispalense habría pasado por tres fases en las tres últimas décadas del siglo XV: una inicial, finales de los años 70 y comienzos de los 80, de práctica irrelevancia, con un promedio de tributación anual de la alcabala del lino y esparto de 108.000 mrs. Una segunda, de despegue, entre 1483 y 1499, cuando la contribución media de la materia prima ‒y, por tanto, con ella, la producción de telas‒, subió a 183.000 mrs., casi un 170%. Y, una tercera, que se inició con el siglo XVI, con un promedio de 353.000 mrs., un 327% con respecto al comienzo. Esto muestra una tendencia creciente de la industria lencera sevillana, que sería el resultado del incremento del cultivo de lino en las serranías del norte del reino de Sevilla, y que habría supuesto una mayor dedicación de los artesanos locales a esta rama a finales del siglo XV y comienzos del XVI, en detrimento de la actividad pañera o textil lanera, que arriba vinos se contrajo por esas fechas. 18 Antes de esta expansión del cultivo del lino hispalense, a la aduana de la ciudad llegaba lino importado, como el fardo introducido por los genoveses Zacarías y Domingo Gentil en 1481; González Arce, El negocio fiscal, p. 314. El cáñamo, lino, esparto y palma importados abonaban el 5% de almojarifazgo y el 10% de alcabala general, en el ramo de la alcabala de lino y esparto del partido de la madera; González Arce, El negocio fiscal, p. 43. La actividad industrial de la ciudad de Sevilla 257 EDAD MEDIA: Revista de Historia, 23 (2022): 235-268 ISSN: 2530-6448 El gremio de tejedores de Sevilla, según sus ordenanzas que se remontan al siglo XIII, estaba compuesto por menestrales que trabajaban tanto con lana como con lino, así como con otras fibras, caso del cáñamo y algodón, pero no la seda19. De forma que la subida de sus componentes a lo largo del siglo XV y primeras décadas del XVI, cuando a comienzos de este último vimos, y acabado de recordar, se dio una disminución de la actividad pañera, solo se puede explicar por un paralelo aumento de la lencera. Tal y como lo respaldan las cifras. Hacia mediados del siglo XV una estimación fijó en unos 2.000 los tejedores de la ciudad y su tierra. Cifra, sin duda, exagerada, pero que nos habla de la importancia del sector textil en la capital y sus pueblos. Según los padrones fiscales, en 1384 había en la urbe 38 tejedores; en 142651, 66; en 1483-89, 76; y, en 1533, 113. Aunque bastantes de ellos pudieran haber sido de seda, sobre todo hacia finales del siglo XV ‒en 1480 se contabilizan 69 tejedores, más otros 7 de seda‒, cuando se implantó esta especialidad en la ciudad, está claro que el incremento de estos artesanos tuvo que responder en un primer momento al auge del subsector lencero frente al lanero. Así, se ha estimado en un 10,3% los trabajadores de la seda dentro del textil hispalense en 1480; que subieron al 12,3% en 1533. Año hacia el que los tejedores de seda ya eran mayoritarios20. 2. LA INDUSTRIA DEL CUERO Para analizar la industria del cuero y del calzado a ella asociada, hemos de comenzar por la materia prima. Esto es, por las gabelas que la gravaron. La alcabala de los cueros al pelo (sin curtir), perteneciente a las rentas menudas del almojarifazgo mayor, se exigía solamente sobre los vacunos sacados fuera del reino de Sevilla; por lo que más que una alcabala sobre la compraventa, fue un arancel sobre la exportación o almojarifazgo específico21. En algunos momentos, la punción abandonó la forma de exacción y se transformó en un monopolio de adquisición para su exportación, tras ser abastecidos los artesanos locales; sobre todo los fabricantes de zapatos y otros productos elaborados con cueros curtidos. En 1476 este oligopsonio se encontraba en poder del marqués de Cádiz y conde de Arcos (1/3), y del duque de Medina Sidonia y conde Niebla (2/3); que lo habrían perdido posteriormente, a cambio de los réditos de la renta que gravaba dicha salida, en la misma proporción. La cual nos va a permitir comentar el comportamiento de esta materia prima y de las industrias del curtido, calzado y arreos de monturas a ella asociada. Y lo voy a hacer en comparación con la alcabala de la carne, alcabala general dentro del partido de la alhóndiga, en el ramo que llevaba su nombre, o de 19 Ordenanzas de Sevilla… fol. 206r y ss. 20 Collantes de Terán, Sevilla en la baja, pp. 311-319; Bernal, Collantes de Terán y García-Baquero, Sevilla: de los gremios, pp. 63, 183-184. 21 No obstante, también llegaron a Sevilla cueros sin curtir desde Berbería, Irlanda, Inglaterra y otras partes de fuera de Castilla; así como al pelo y curtidos desde Galicia y otros lugares castellanos, que debían abonar de entrada los primeros el 10% de almojarifazgo, y el 5% los segundos, más esta alcabala de los cueros al pelo de las rentas menudas; González Arce, El negocio fiscal, p. 41. 258 José Damián González Arce EDAD MEDIA: Revista de Historia, 23 (2022): 235-268 ISSN: 2530-6448 las carnicerías; pues los antedichos cueros vacunos, como los restantes adobados en la ciudad, provenían de la carne en ella consumida, que satisfacía la antedicha alcabala. Si bien otros procedían de las carnicerías de los pueblos de Sevilla, y de otras tierras de realengo, así como de lugares de señorío, dentro del reino de Sevilla, donde tributaban al almojarifazgo concejil o real de cada uno, o a las alcabalas locales. Antes, hay que explicar por qué fue tan importante esta materia prima en la ciudad. En primer lugar, porque la Baja Andalucía fue una de las regiones ganaderas más importantes de la península Ibérica; y Sevilla, como la urbe más poblada de Castilla, sobre todo a partir de estas postrimerías del siglo XV, el principal centro consumidor de carne. De manera que, en segundo lugar, los cueros del vacuno sacrificado en sus carnicerías, y en las de los pueblos de su tierra, bastaba para nutrir la industria de transformación y de derivados local, y constituían una de las principales mercancías de exportación22. Gráfico 12: fiscalidad sobre cueros y pieles, en mrs. Fuente: apéndice, González Arce, El proceso de arrendamiento, pp. 56-74 y González Arce, en prensa 1 En el gráfico 12 podemos comprobar cómo los cueros vacunos exportados (cueros al pelo) fueron uno de los artículos más lucrativos para su venta en el exterior, pues su tributación alcanzó en 1512-13 nada menos que los 206.000 mrs. ‒como el sebo y unto, la renta estuvo encabezada entre 1503 y 1510, por lo que desconocemos su valor, y no podemos analizar la repercusión de las crisis de subsistencias del período, que debió de ser notable, al hablar de una materia prima derivada de un 22 Otte Sander, Sevilla y sus mercaderes, pp. 45-52, 123. La actividad industrial de la ciudad de Sevilla 259 EDAD MEDIA: Revista de Historia, 23 (2022): 235-268 ISSN: 2530-6448 alimento‒. Se trata de la parte final de una curva con tendencia creciente desde 1482, y que registró dos grandes baches, a finales de los 80 y a mediados de los 90. Que claramente se debieron a un mayor consumo interior de esta materia prima con destino a las industrias locales, que, por disminuir con ello su exportación, hizo bajar su contribución fiscal. Pues no se dio un paralelo descenso de la venta de carne, que incluso creció por esas fechas. De modo que esa materia primera en bruto no exportada fue a parar a las curtidurías y a las manufacturas locales del cuero, la zapatera entre ellas, como atestiguan los incrementos, asimismo por esos años, de sus respectivas curvas. La nueva subida de la alcabala de los cueros al pelo en las primeras décadas del siglo XVI, no tuvo por qué significar una reducción del obraje de calzado y de las otras industrias del cuero. Sino que una creciente población, y un superior nivel de vida de ésta, debido al aumento de la riqueza que por entonces experimentó la urbe tras el descubrimiento de América, habrían supuesto un crecimiento del consumo de carne y, con él, de la abundancia de pieles con las que nutrir tanto a la producción hispalense como a los mercados foráneos. Algo que no podemos corroborar, debido a la ausencia de datos de la alcabala de las carnicerías para esas fechas. Si nos centramos ahora en estas industrias, vemos una evolución casi simétrica entre la curva de la alcabala de las curtidurías, donde se semi transformaban las materias primas procedentes de las pieles animales23, y la de las zapaterías24, que concernía a los oficios (zapateros, borceguineros, jervilleros, chapineros…) que más demanda habrían hecho de estos insumos. Algo que se puede apuntar, grosso modo, asimismo, con la alcabala de la casca y bayón ‒todas ellas del partido de la madera‒, que gravaba los ingredientes empleados como curtientes de dichos cueros25. En cualquier caso, hay que hacer notar que, en todo momento, la alcabala de las curtidurías fue muy superior a la de las zapaterías. Lo que nos habla de que en el precio final de los zapatos habría contado en mayor medida la materia prima y su transformación, que el trabajo de los zapateros. Y de que, además, en Sevilla hubo otras industrias relevantes consumidoras de pieles curtidas más allá de la del calzado, como la de sillas de montar y jaeces (alcabala de las sillas y frenos, del partido de la madera26), o la de los agujeteros, correeros, etc. En cualquier caso, quitados algunos episodios puntuales de bajada como el de 1482, 1486-87, 1498 y 1503, que pudieron 23 Esta alcabala general del partido de la madera afectó también a materias primas importadas: cordobanes y badanas curtidos, y baldeses curtidos y blancos adobados con harina; cueros marroquíes llamados sueltos, vacunos de la tierra (Andalucía), de becerro, cocidos, llevados para envasar aceite, y cervunos; y pellejos de leones, nutrias, zorras, conejos y otros; González Arce, El negocio fiscal, pp. 41-42. 24 En la que, asimismo, tributaban los borceguíes, alcorques, botas, zapatos, jervillas, chapines, zuecos y resto de zapatería importada, más el 5% de almojarifazgo en la aduana; González Arce, El negocio fiscal, p. 44. 25 Esta renta caxca y bayón, y no de la calva y sayón, como se la ha denominado en algún caso —Bello y Ortego, Los agentes fiscales, p. 76—, aparece denominada como tal ya en 1399, Ladero Quesada, Las alcabalas de Sevilla, p. 201. 26 González Arce, El negocio fiscal, p. 43. 266 José Damián González Arce EDAD MEDIA: Revista de Historia, 23 (2022): 235-268 ISSN: 2530-6448 6. BIBLIOGRAFÍA Bello León, José Manuel; Ortego Rico, Pablo, Los agentes fiscales en la Andalucía atlántica a finales de la edad media: materiales de trabajo y propuesta de estudio, Murcia, Sociedad Española de Estudios Medievales, 2019. Bernal, Antonio Miguel; Collantes de Terán Sánchez, Antonio; García-Baquero González, Antonio, «Sevilla: de los gremios a la industrialización», Estudios de historia social, 1978, 5-6. Collantes de Terán Sánchez, Antonio, Sevilla en la baja Edad Media. La ciudad y sus hombres, Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla, 1984. Collantes de Terán Sánchez, Antonio, «Comerciantes y finanzas públicas en Sevilla durante el reinado de los Reyes Católicos», en Casado Alonso, Hilario; GarcíaBaquero González, Antonio (coords.), Comercio y hombres de negocios en Castilla y Europa en tiempos de Isabel la Católica, Madrid, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC), Ministerio de Cultura, 2007, pp. 309-352. Córdoba de la Llave, Ricardo, La industria medieval del Córdoba, Córdoba, Caja de Ahorros Provincial de Córdoba, 1990. Francisco Olmos, José María de, «La evolución de los cambios monetarios en el reinado de Isabel la Católica según las cuentas del Tesorero Gonzalo de Baeza (1477-1504)», En la España Medieval, 1998, 21, pp. 115-142. González Arce, José Damián, «Sobre el origen de los gremios sevillanos», En la España Medieval, 1991, 14, pp. 163-182. González Arce, José Damián, Apariencia y poder. La legislación suntuaria castellana en los siglos XIII-XV, Jaén, Universidad de Jaén, 1998. González Arce, José Damián, «El gremio de carniceros de Sevilla y la fiscalidad sobre la venta de la carne (siglos XIII-XV)», Historia. Instituciones. Documentos, 2006, 33, pp. 255-290. González Arce, José Damián, «Réformes monétaires, fiscales et financières de l´état castillan (XIIIe-XVIIe siècle)», en Béguin, K., Resources publiques et construction étatique en Europe, XIIIe-XVIIIe siécle, París, Comité pour l´Histoire Économique et financière de la France, 2015, pp. 35-47. DOI: https://doi.org/10.4000/books.igpde.3944 La actividad industrial de la ciudad de Sevilla 267 EDAD MEDIA: Revista de Historia, 23 (2022): 235-268 ISSN: 2530-6448 González Arce, José Damián, «Composición y naturaleza de las rentas menudas del almojarifazgo mayor de Sevilla», Archivo Hispalense, 2016, 99, pp. 69-97. González Arce, José Damián, La casa y corte del príncipe don Juan (1478-1497). Economía y etiqueta en el palacio del hijo de los Reyes Católicos, Sevilla, Sociedad Española de Estudios Medievales, 2016. González Arce, José Damián, El negocio fiscal en la Sevilla del siglo XV. El almojarifazgo mayor y las compañías de arrendatarios, Sevilla, Diputación Provincial, 2017. González Arce, José Damián, «El proceso de arrendamiento al por menor de las rentas menudas del almojarifazgo mayor de Sevilla durante el reinado de los Reyes Católicos», en Alloza Aparicio, Ángel; Fernández Izquierdo, Francisco; García Guerra, Elena (eds.), A la sobra de la fiscalidad. Estudios sobre apropiación y gestión de rentas y patrimonios en Castilla, Siglos XV-XVII, Madrid, Sílex, 2019, pp. 9-74. González Arce, José Damián, «Las instalaciones industriales de la tierra de Sevilla a finales del siglo XV», Áreas, 2020, 40, pp. 77-92. DOI: https://doi.org/10.6018/areas.461501 González Arce, José Damián, Un patrimonio concejil ingente: el almojarifazgo de los pueblos de Sevilla (ss. XIII-XV), Murcia, Sociedad Española de Estudios Medievales, 2020. González Arce, José Damián, «El consumo de carne en Sevilla a partir de indicadores fiscales (1476-1505)», (en prensa). González Arce, José Damián, «Indicadores fiscales para el análisis del consumo y de los niveles de vida. Sevilla, 1476-1513», (en prensa). Ladero Quesada, Miguel Ángel, «Las alcabalas de Sevilla y su reino en 1399», en Estudios en homenaje a don Claudio Sánchez Albornoz en sus 90 años, Buenos Aires, Instituto de Historia de España, 1986. Ladero Quesada, Miguel Ángel, «La política monetaria en la Corona de Castilla (1369-1497)», En la España medieval, 1988, 11, pp. 79-123. Ordenanzas de Sevilla, [Ordenanças de Sevilla que por sv original... Recopilacion de las Ordenanças de la mvy noble y muy leal cibdad de Sevilla..., 1632 268 José Damián González Arce EDAD MEDIA: Revista de Historia, 23 (2022): 235-268 ISSN: 2530-6448 (edición facsímil de V. Pérez Escolano y F. Villanueva Sandino)], Sevilla, OTAISA, 1975. Otte Sander, Enrique, Sevilla, siglo XVI: Materiales para su historia económica, Sevilla, Junta de Andalucía, 2008. Otte Sander, Enrique, Sevilla y sus mercaderes a fines de la edad media, Sevilla, Universidad de Sevilla, 2008. Perez, Béatrice, Les marchands de Séville. Une société inquiète (XVe-XVI siècles), París, PUPS, 2016.