scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

La importancia de la «pronuntiatio» en la «Retórica eclesiástica» (1576) de fray Luis de Granad

Martín Jiménez, Alfonso

Abstract

Producción Científica

Full text

LA IMPORTANCIA DE LA PRONUNTIATIO EN LA RETÓRICA ECLESIÁSTICA (1576) DE FRAY LUIS DE GRANADA Alfonso Martín Jiménez En 1576, el dominico fray Luis de Granada (1504–1588) publicó en Lisboa la obra titulada Ecclesiasticae rhetoricae sive de ratione concionandi libri sex,1 la cual tuvo varias reimpresiones en latín y fue traducida al francés y al español, alcanzando una amplia difusión.2 Fray Luis de Granada trató de aprovechar las técnicas de la retórica clásica y emplearlas en la predicación cristiana,3 destacando aquellos aspectos de la oratoria tradicional que, a su juicio, podrían ser más benefi ciosos para el predicador. 1 Fray Luis de Granada, Ecclesiasticae rhetoricae sive de ratione concionandi libri sex, nunc primum in lucem editi, Olysippone: excudebat Antonius Riberius, 1576 (Biblioteca Nacional de Madrid, R/28117*; Biblioteca del Monasterio de Villalón de Campos de Valladolid, M/0422/006A). 2 A propósito de la primera impresión de esta obra y de sus reimpresiones y traducciones, cfr. A. Palau y Dulcet, Manual del librero hispanoamericano (Barcelona: Librería Palau, 1953), VI, 379; A. Martí, La preceptiva retórica española en el Siglo de Oro (Madrid: Gredos, 1972), 321; A. Martín Jiménez, “La retórica clásica al servicio de la predicación: Los seis libros de la Retórica Eclesiástica de fray Luis de Granada”, en I. Paraíso (ed.), Retóricas y Poéticas españolas (siglos XVI–XIX) (Valladolid: Universidad de Valladolid, 2000), 11–46, 11–12; M. López Muñoz, “Aproximación a la obra latina de fray Luis de Granada”, en J. González Vázquez, M. López Muñoz y J. J. Valverde Abril (eds.), Clasicismo y humanismo en el Renacimiento granadino (Granada: Universidad de Granada, 1996), 289–306, 297–298; M. López Muñoz, “Pervivencia de la Retórica de fray Luis de Granada”, en J. M. Maestre Maestre, J. Pascual Barea y L. Charlo Brea (eds.), Humanismo y pervivencia del mundo clásico. Homenaje al Profesor Luis Gil (Cádiz: Universidad de Cádiz, 1997), II.2, 787–793 y M. López Muñoz, Fray Luis de Granada y la Retórica (Almería: Universidad de Almería, 2000), 136–137. 3 Cfr. M. Menéndez Pelayo, Historia de las ideas estética en España (México: Porrúa, 1985), 3 vols., I, 467; A. Martí, La preceptiva retórica española en el Siglo de Oro, 96–100; J. González Vázquez y M. López Muñoz, “Pervivencia de la teoría retórica clásica en algunas retóricas eclesiásticas españolas del siglo XVI”, en E. Sánchez Salor, L. Merino Jerez y S. López Moreda (eds.), La recepción de las artes clásicas en el siglo XVI (Cáceres: Universidad de Extremadura, 1996), 291–298, 294–298; J. Heras Sánchez, “La Retórica eclesiástica de Fray Luis de Granada y sus fuentes: aportaciones a la teoría literaria”, en T. Albaladejo Mayordomo, J. A. Caballero López y E. del Río (eds), Quintiliano: historia y actualidad de la retórica (La Rioja: Instituto de Estudios Riojanos), 1998, 1347–1363; M. López Muñoz, Fray Luis de Granada y la Retórica, 147–152 y A. Martín Jiménez, “La retórica clásica al servicio de la predicación: Los seis libros de la Retórica Eclesiástica de fray Luis de Granada”. 558 alfonso martín jiménez Fray Luis apenas presta atención a la dispositio, a la que dedica un escueto capítulo de su obra (280–282), limitándose a insistir en la necesidad de ajustarse al orden más adecuado, tanto en lo que respecta al orden de las partes orationis, esto es, principio, narración, división, confi rmación, confutación y conclusión (281), como al de las argumentaciones concretas, que han de tener exposición, razón, confi rmación de la razón, exornación y complexión (281). Asimismo, y con respecto a dos de las partes orationis, la confi rmación y la confutación, fray Luis aconseja colocar en primer y último lugar los argumentos más robustos, situando en el medio los más endebles, y dejando para el fi nal alguna argumentación muy fi rme que quede en los ánimos de los oyentes. En el libro quinto de su obra fray Luis desarrolla la elocutio, que considera “la parte principal” de la retórica (282), ilustrando las distintas fi guras con ejemplos tomados de San Cipriano, auténtico Cicerón cristiano. Retoma los consejos clásicos de rehuir los vocablos ásperos y los frecuentes encuentros de sonidos, y de no alargar demasiado las oraciones, favoreciendo la fl uidez textual y eliminando todo lo que pudiera difi cultar la articulación del predicador. Pero el apartado más original de la Retórica eclesiástica es el libro sexto, dedicado a la actio o pronuntiatio,12 que le parece el más útil para los predicadores, y también, como él mismo lamenta, el más difícil de explicar, ya que en un texto escrito no se pueden poner ejemplos gráfi cos sobre cómo han de ser los gestos y los movimientos del cuerpo ni ejemplos sonoros sobre los tonos de voz. No obstante, y a pesar de estas difi cultades (que hoy en día se solventarían fácilmente con las modernas técnicas audiovisuales), fray Luis insiste en la importancia de este apartado, al que los predicadores han de prestar una especial atención, ya que el pueblo llano no se deja infl uir tanto por los argumentos racionales del discurso como por la forma en que se pronuncia. 12 Sobre la importancia otorgada a la actio en las retóricas eclesiásticas españolas del siglo XVI, concretamente las de Alfonso Zorrilla (De sacris concionibus recte formandis, 1543), Lorenzo de Villavicencio (De formandis sacris concionibus, 1565), Alfonso García Matamoros (De methodo concionandi, 1570), Agustín Valerio (De Rhetorica Ecclesiastica, 1575), Luis de Granada (Ecclesiastica Rhetorica, 1576), Cipriano Suárez (De arte rhetorica, 1577), Tomás de Trujillo (Th esauri concionatorum, 1579), Diego Valadés (Rhetorica Christiana, 1579) y Diego de Estella (De modo concionandi, 1586), cfr. M. López Muñoz, “La actio en la retórica eclesiástica neolatina”, en J. M. Maestre Maestre, J. Pascual Barea y L. Charlo Brea (eds.), Humanismo y pervivencia del mundo clásico. Homenaje al Profesor Antonio Fontán (Madrid: Ediciones del Laberinto, 2002), II, 711–722. Este trabajo puede verse también en la siguiente dirección de Internet: http://www.ual.es/Universidad/Depar/Filesla/latin/Materiales/actioneo.pdf. la importancia de la pronuntiatio 559 La actio o pronuntiatio pone en juego dos elementos: el gesto, que mueve los ojos, y la voz, que mueve los oídos, sentidos por los que entran en el alma todos los afectos. Con respecto a los gestos, fray Luis se limita a trascribir los consejos de Quintiliano, considerándolos apropiados para la predicación. Aconseja evitar algunos gestos indecorosos, como apretar demasiado los dedos, poner los brazos en cruz o dar palmadas (costumbre ésta frecuente, al parecer, entre los predicadores del momento). A juicio de fray Luis, la importancia de la voz queda de manifi esto al escuchar a muchos predicadores eruditos que dominan las restantes partes de la retórica, pero que resultan aburridos por su monótona o inadecuada pronunciación. Así, el vulgo reconoce que esos predicadores son doctos, pero piensa de ellos que no tienen gracia al hablar, lo que indica que la pronuntiatio es la parte más importante de la disertación, pues solo se puede conmover a los destinatarios mediante un uso adecuado de la misma. Fray Luis da mucha importancia a las cualidades naturales del predicador, el cual tiene mucho ganado de antemano si su voz es adecuada y sabe acomodarla a las cosas que dice, y ha de esforzarse mucho en mejorar si su voz resulta ronca, débil, áspera o ingrata al oído. La voz debe basarse en la forma natural de hablar, variando y adecuándose a la materia de la que se habla de la misma manera que en la vida real la acomodamos a la materia que expresamos. Por ello aconseja al predicador que se fi je en la forma natural de hablar de los hombres más elegantes en sus conversaciones familiares, intentando imitarlos al predicar. Y expone las virtudes y los vicios de la pronunciación: el orador ha de mudar, conforme a los asuntos, su tono de voz, profi - riendo las cosas grandes con gravedad, las medianas con templanza, las humildes con suavidad y las atroces con vehemencia, de manera que la voz corresponda al ánimo y a las cosas que se dicen. Asimismo, es preciso evitar la monotonía, la vehemencia o la fl ojedad continuada, las pausas excesivas y la lentitud, así como hablar de una manera idéntica a como se hace en la vida habitual, sin adornar el discurso. La aportación más personal de fray Luis de Granada es la parte del libro sexto en la que trata de explicar el modo en que hay que pronunciar las sentencias concretas, ofreciendo una serie de ejemplos con los que los predicadores puedan practicar (485–508). Fray Luis dedica algunos capítulos a explicar la mejor manera de pronunciar algunas de las fi guras de pensamiento que había tratado en el apartado de la elocución. Advierte que no podrá expresar con la pluma las diferentes 560 alfonso martín jiménez infl exiones y tonos de voz, pero espera que el lector pueda hacerse una idea aproximada a partir de sus indicaciones. Para ello, va ejemplifi - cando las distintas fi guras con sentencias de las Sagradas Escrituras, y explica después el tono de voz más adecuado para pronunciar cada una de esas sentencias. De esta forma, el lector puede hacerse una idea del tono de voz que más conviene a cada tema. Así, fray Luis ejemplifi ca la fi gura denominada manifestación del deseo (en latín optatio) con un fragmento del Cantar de los Cantares: “¿Quién me procurará la dicha de haberte por hermano, chupando los pechos de mi madre, a fi n de que te encuentre fuera, y te de un ósculo?”. Dice fray Luis que esta fi gura “requiere su cierta forma de pronunciar, esto es, que exprese el afecto de un ánimo deseoso” (489). Contraria a esta es la maldición o imprecación, que fray Luis ejemplifi ca con el siguiente fragmento del libro de Job: “Perezca el día en que nací, y la noche en que se dijo: concebido es el hombre” (490). Esta sentencia y otras semejantes, dice fray Luis, han de pronunciarse con una voz vehemente y horrorosa. Otra fi gura retórica, la obsecración o ruego, es ejemplifi cada con la siguiente cita de San Pablo: “Mas yo, Pablo, yo mismo, que os hablo, os ruego por la dulzura y modestia de Cristo . . .” (491). Y según fray Luis, estas sentencias que implican un ruego han de ser pronunciadas con una voz blanda y muelle, pero no afeminada. Próxima a la obsecración está la fi gura denominada convite, que es ejemplifi cada con una cita de Cristo en el Evangelio: “Venid a mí todos los que trabajáis, y estáis cargados” (491). Para explicar la forma en que ha de pronunciarse este tipo de sentencias, fray Luis afi rma que han de ser emitidas con “blandilocuencia”, es decir, con una voz suave y blanda. La fi gura de la indignación es ejemplifi cada con un fragmento de Isaías: “Y llenaré mi furor, y daré contigo en el desierto y serás oprobio, y blasfemia, escarmiento y pasmo en las gentes” (492). Y fray Luis dice que la atrocidad de la indignación pide igual atrocidad en la pronunciación. La fi gura de la ironía es ejemplifi cada con las siguientes palabras de Cristo: “Dejadlos estar, que ciegos son, y guía de ciegos” (493). Según fray Luis, esta fi gura no carece de amargura, por lo que la pronunciación ha de tener también una nota de amargura. La figura del cortamiento o frase inconclusa expresa un afecto marcado, pero no hablando, sino callando, como se ve en el siguiente la importancia de la pronuntiatio 561 fragmento del libro de los Profetas: “Mi alma está muy turbada. Mas tú, Señor, ¿hasta cuándo . . .?” (493). A propósito de esta fi gura, fray Luis escribe lo siguiente: Con una oración así cortada podemos signifi car una grande pasión de ánimo, cuando levantamos al punto más alto la dignidad, o, lo que es más corriente, la indignidad de alguna cosa. Al cual, así que llegamos, se encalla la oración, como que no encuentra el que predica ningún modo de hablar bastante digno con que poder explicar lo que resta. Así que el predicador, como atónito, se para, se pasma, y calla: con cuyo silencio, cuando el ánimo del orador está verdaderamente conmovido, se concitan vehementemente los ánimos de los oyentes. Tan grande fuerza del divino Espíritu puede hallarse en el predicador que acabe alguna vez el mismo sermón con un cortamiento semejante, y deje de esta suerte suspensos y temblando a los oyentes (493–494). La fi gura de la aseveración es ejemplifi cada con una sentencia de Pablo: “Si nosotros no tenemos más esperanza en Jesucristo que para las cosas de esta vida, somos más miserables que el resto de los hombres” (494). Según fray Luis, este tipo de sentencias requieren cierto denuedo y acrimonia en la voz y en el semblante, que muestren la confi anza en la causa. La fi gura de la adjuración es ejemplifi cada con el siguiente parlamento de Joab a David: “Ahora pues levántate, y déjate ver de tus servidores [. . .]. Porque te juro por el Señor que, si no salieres, no ha de quedar contigo ni uno siquiera esta noche; y te será esto peor que todos cuantos males vinieron sobre ti desde tus primeros años hasta el día de hoy”. Y dice fray Luis al respecto: “¿Quién no ve cuán grande acrimonia de voz requiere esta oración?” (495). La fi gura de la exhortación es ejemplifi cada con una sentencia de Isaías: “Socorred al oprimido, haced justicia al huérfano, defended a la viuda, y, esto hecho, venid y seguidme, dice el Señor” (495). Y a juicio de fray Luis, esta clase de sentencias han de pronunciarse con cierta fuerza y velocidad para representar la autoridad del que manda. La fi gura de la exclamación sirve para mover cualquier tipo de afectos, como la compasión o la indignación. Como ejemplo de exclamación que mueve a la compasión, fray Luis toma un fragmento de Geremías: “Oh vosotros todos, los que pasáis por el camino, atended y ved si hay dolor semejante al mío” (496). La exclamación que mueve a la indignación es ejemplifi cada con una sentencia del Evangelio de San Lucas: “¡Oh generación incrédula y depravada!, ¿cuánto tiempo os sufriré?” (496). 562 alfonso martín jiménez Las exclamaciones que mueven a la compasión han de pronunciarse de forma lastimosa, y las que llevan a la indignación con acritud. La fi gura de la interrogación también sirve para mover todo tipo de afectos, y requiere un tipo de pronunciación notoriamente diferente a la del lenguaje común, que puede variar en conformidad con el tipo de afecto que desata. Así, algunas interrogaciones han de pronunciarse con voz blanda y sencilla, lo que se ejemplifi ca con las palabras de un joven que pregunta lo siguiente a Jesucristo: “Buen maestro, ¿qué haré yo para conseguir la vida eterna?” (498). En otros casos, la entonación ha de ser diferente, como en la siguiente sentencia de Job: “¿Quién se debilita, sin que yo me debilite con él? ¿Quién se escandaliza, sin que yo me abrase?” (498). A juicio de fray Luis, todos los miembros de esta interrogación han de ser pronunciados con un mismo tono de voz, pero con algún fervor y ahínco. Y otras interrogaciones requieren una voz que muestre perplejidad, indecisión y congoja, como en la siguiente pregunta de Geremías: “¿A quién hablaré, a quién llamaré para que me escuche?” (498). La fi gura de la repetición, en la que se repiten los mismos términos al principio de cada oración, requiere que los términos repetidos se pronuncien con el mismo tono de voz, como ocurriría con la siguiente expresión de Geremías: “Espada contra los caldeos, dice el Señor [. . .]; espada contra sus adivinos, que parecerán necios; espada contra sus valerosos, que temerán; espada contra sus caballos y carruajes . . .” (500). Con estos y otros ejemplos, fray Luis intenta mostrar los distintos tonos de voz que han de emplearse en la predicación, teniendo en cuenta siempre el mismo principio general: que el tono de voz se ha de ajustar siempre al tema de las fi guras y las sentencias. En defi nitiva, la mayor originalidad de la Retórica Eclesiástica de fray Luis de León reside en el uso que hace de los preceptos retóricos tradicionales para adecuarlos a la predicación cristiana, desechando aquello que no le resulta de utilidad y desarrollando minuciosamente los aspectos más aprovechables en el púlpito. En este sentido, lo más destacable de la obra es la enorme importancia que concede a la pronunciación, lo que le lleva a elaborar un listado sobre la mejor manera de pronunciar las distintas fi guras, el cual sin duda constituye su aportación más personal a la retórica cristiana y a la retórica general. la importancia de la pronuntiatio 563 Abstract Th e Importance of pronuntiatio in the Retórica eclesiástica (1576) of Fray Luis de Granada. I comment in this article on some aspects of Christian homiletics that Fray Luis de Granada considered essential. In his Retórica eclesiástica of 1576, he tried to adapt the norms of classical rhetoric to sermons preached in the pulpit. In his opinion, the emotional and the pleasing, rather than the intellectual, are more apt to infl uence the ordinary public whom sermons address. Th erefore, he emphasized the importance of techniques able to provide delight and to arouse the feelings of the intended audience, techniques basically related to elocutio and actio or pronuntiatio. Accordingly, that part of his discussion on pronuntiatio, in which Fray Luis undertakes to set forth the necessary way to deliver the diff erent kinds of “fi gures of diction” (elocutionis fi gurae), has special interest.