Laudatio en el doctorado "Honoris Causa" del Exco. SR. D. Mario Benedetti
Abstract
Laudatio de la figura de Benedetti como poeta y como intelectual
Full text
UNIVERSIDAD DE VALLADOLID · DOCTORADO «HONORIS CAUSA» DEL EXCMO. SR. D. MARIO BENEDETTI VALLADOLID 1997 ' :
UNIVERSIDAD DE VALLADOLID DOCTORADO «HONORIS CAUSA» DEL EXCMO. SR. D. MARIO BENEDETTI VALLADOLID 1997
Edita: Universidad de Valladolid Imprime: Impresos Angelma, S.A. Avd. Santander, 47 Valladolid Depósito Legal: VA -96 -1998
ACTO DE SOLEMNE INVESTIDURA DE D. MARIO BENEDETTI COMO DOCTOR «HONORIS CAUSA» DE LA UNIVERSIDAD DE VALLADOLID , CELEBRADO EL DIA 30 DE MAYO DE 1997
ACUERDO DE LA J UNTA DE GOBIERNO E lías González - Posada Mar t ínez, Catedrático y Secretario Genera l de la Universidad de Valladolid Certif i co: Que la junta de Gobierno de la Universidad de Valladolid en sesión celebrada el día 30 de mayo de 1997, a propuesta de la junta de Centro de la Facultad de Filosofía y Letras acordó nombrar Doctor "Honoris Causa" de esta Universidad en reconocimiento de sus méritos y calidad intelectual, al Excmo . Sr. D. Mario Benedetti . Y para que conste y a los efectos oportunos extiendo la presente visada por el Magfco. y Excmo . Sr. Rector y sellada con el de esta Universidad, en Valladolid a dos de junio de mil novecientos noventa y siete . voBo El rector El Secretar io General
LAUDA TIO AL DOCTOR D. MARIO BENEDETTI
EXCMO. Y MAGCO. SR RECTOR. EXCELENTISIMAS AUTORIDADES . ILMOS. MIEMBROS DEL CLAUSTRO UNIVERSITARIO SRAS. SRS. Al investir hoy con el grado de doctor "Honoris Causa" al escritor don Mario Benedetti, la Universidad de Valladolid se honra con la incorporación a su Claustro de Doctores de uno de los intelectuales más vigorosos de este fin de siglo. Por su desvelada conciencia ética, por el rigor y exigencia de sus planteamientos intelectuales y políticos, por la variedad y riqueza de matices con que él consigue hacer hablar a nuestra lengua, Mario Benedetti, sin ninguna duda, es hoy privilegiado embajador ante el mundo del pensamiento libre y de la escritura creativa en lengua española. La Universidad de Valladolid, al recibirlo entre sus doctores, realiza ante todo un acto de justicia, que nos honra a todos, pero también adquiere un compromiso con los valores humanos, éticos y estéticos, que toda su obra encarna. Al aceptar formar parte del Claustro de doctores de la Universidad de Valladolid, Mario Benedetti viene a añadir a la lista de honores que dan lustre a nuestra Universidad la distinción con que Instituciones de todo el mundo ·habían sabido reconocer su trabajo. Solo citaré dos de ellas, la "Orden Félix Varela" que le concede el Consejo de Estado de Cuba (1982) y la "Llama de Oro" de Amnistía Internacional (1987), suficientemente representativas del reconocimiento a una trayectoria intelectual, que se sustenta sobre una biografía preñada de entrega a la literatura y, desde ella, a la lucha contra la corrupción, contra el abuso de poder y contra la injusticia en cualquiera de sus formas y en cualquiera de sus geografías; una biografía, como consecuencia de todo lo anterior, salpicada de exilios, desexilios, penalidades, manchas en el currículo, y trabajo ... mucho trabajo. En este momento de júbilo para la Universidad de Valladolid, quiero dejar el capítulo de las penalidades, lo mismo que el de los laureles, en el baúl de los "recuerdos del olvido", para centrarme sobre todo en el trabajo. Porque en Mario Benedetti sorprende su capacidad de trabajo, 11
En otras ocasiones su fuego es el fuego del humor, que no es nunca ni frivolidad ni sarcasmo, sino apelación directa a la inteligencia y al corazón. Sirva de muestra el siguiente texto, ya antiguo en la bibliografía de Benedetti, pero tan actual y tan de siempre, tan oportuno en este marco: En la sala repleta circuló un aire helado cuando don Luciano, con todo el peso de su prestigio y de su insobornable capacidad de juicio, al promediar su conferencia tomó aliento para decir: como siempre quiero ser franco con ustedes. En este país, y salvo excepciones, mi profesión está en manos de oportunistas, de frívolos, de ineptos, de venales. A la mañana siguiente su secretaria le telefoneó a las ocho: Don Luciano, lamento molestarlo tan temprano, pero acaban de avisarme que, frente a su casa, hay como quinientas personas esperándolo, ¿Ah, sí?, dijo el profesor de buen ánimo. ¿Y que quieren? Según dicen, se proponen expresarle su saludo y su admiración. Pero, ¿quiénes son? No lo sé con certeza don Luciano. Ellos dicen que son las excepciones, salvo excepciones, en Despistes y franquezas. En otros casos, su fuego es el fuego en el que arde el recuerdo, enseñándonos que el pasado es el reducto de la identidad personal y colectiva, y que la memoria es "nuestra única riqueza inexpropiable y nuestra más poderosa arma contra la desmemoria de los fusileros". Y siempre es fuego de pasión. Dice un personaje (Diego) de una de sus novelas (La tregua) refiriéndose a Uruguay: 18 Hay gente que entiende lo que está pasando, que cree que es absurdo lo que está pasando, pero se limitan a lamentarlo. 'Falta pasión, ese es el secreto de este gran globo democrático en el que nos hemos convertido. Durante varios lustros hemos sido serenos, objetivos, pero la objetividad es inofensiva, no sirve para cambiar el mundo, ni siquiera a un país de bolsillo como este. Hace falta pasión, y pasión gritada, o pensada a los gritos, o escrita a los gritos. Hay que gritarle en el oído a la gente, ya que su aparente sordera es una especie de autodefensa, de cobarde y malsana autodefensa. Hay que lograr que se despierte en los demás la vergüenza de sí mismos, que se sustituya en ellos la autodefensa por el autoasco. El día en que el uruguayo sienta asco de su propia pasividad, ese día se convertirá en algo útil.
Amor, odio, humor, rebeldía, y siempre pasión (gritada o escrita), tejen en la pluma de Mario Benedetti una obra comprometida, pero comprometida, en primer lugar, con esa masa compleja de incertidumbres, de pulsiones y de voluntades en la que el ser humano se reconoce como existencia en solidaridad con otros. Fundiendo todos estos fuegos, la obra de Mario Benedetti, convencido de que la utopía sigue siendo el motor que mueve el mundo, le devuelve al lector la. desesperanza convertida en esperanza, como el instrumento para hacerla realidad (Rufinelli); le devuelve la realidad convertida en espejo capaz de reflejar todas las aspiraciones profundas de su ser hombre, hombre esencial y, a la vez, histórico, pero sin colores, sin razas, ni guerras, ni prejuicios. En su libro El escritor latinoamericano y la revolución posible, texto fundamental en cuanto redefinición del papel del intelectual sobre la base de un nuevo humanismo, Mario Benedetti es muy claro, cuando apuesta por los mundos inventados del escritor, no como corrección de la realidad pasada, sino como propuesta de la realidad futura. Pero que nadie imagine ahora, cuando hablo de utopía en Benedetti, que me refiero a ese territorio de la fantasía infecunda, en el que con tanta frecuencia el técnico instala al escritor. La utopía con la que Benedetti nos compromete en su obra hunde sus raíces, como muy bien ha dicho Caballero Bonald, en "la inmediatez de lo más corporalmente esperado, el cuerpo propicio del otro, esa otredad del amor que no nos niega", sino que nos ensancha y que convierte la vida histórica, y también la vida del día a día, en experiencia moral. Porque, soñador de un mundo en el que la indiferencia sea una palabra obscena, para Mario Benedetti las voces amor, revolución, o rebeldía, significan necesidad de transformar la realidad, pero sobre todo significan voluntad de acción en el ámbito de la intimidad humana, en el ámbito de las relaciones humanas. En esta clave hay que interpretar el tantas veces mal leído compromiso de nuestro.autor y de su pluma con la historia concreta de los pueblos (el Uruguay de la dictadura o la Cuba revolucionaria, por ejemplo). Porque, como dice otro personaje de Benedetti, para cambiar la realidad "no basta con cambiar las estructuras, es preciso también cambiar el signo moral de los pueblos", y esa es función, ya lo sabemos, del sentimiento, de la utopía y, en ultima instancia, de la palabra; de esa palabra portadora del fuego que nos hace, a todos, seamos o no sus lectores, más humanos. Pero es ya hora de ir concluyendo y quiero hacerlo, Mario, dándote las gracias en nombre de toda la comunidad que forma esta Universidad de Valladolid, por tus historias, por tus canciones, por el rigor y honestidad de tu compromiso, por la valentía y belleza de tu palabra; valentía y belleza que, como reza tu poema intimidad, son capaces de hacer de nuestra "soledad acompañada" una llama. Gracias por tu regreso al puerto de Palos en "una de esas piraguas que redescubrieron Europa", gra19
cias por tu "Caperucita roja golpea otra vez", porque muy bien sabes que "después de todo, a la gente siempre le ha gustado que le cuenten cosas". Pero, sobre todo, personalmente yo te doy las Gracias por el fuego. Y apoyándome en tan altos y dilatados méritos como ilustran su intachable trayectoria de creador y de pensador, ante el Claustro de la Universidad de, Valladolid, solicito del Rector Magnífico se proceda a la investidura de Mario Benedetti con el grado de doctor "Honoris Causa" por esta Universidad. 20
DISCURSO DEL EXCMO. SR. D. MARIO BENEDETTI
EXCMO. Y MAGFCO. SR. RECTOR; EXCMAS E ILUSTRÍSIMAS AUTORIDADES; DOCTORES DEL CLAUSTRO UNIVERSITARIO; SEÑORAS, SEÑORES: QUiero que mis primeras palabras sean para expresar mi honda gratitud a todos ustedes y en particular al señor Rector y a las autoridades de la Universidad de Valladolid por haberme concedido esta alta distinción que me permite entrar a formar parte de su ilustre claustro de doctores. Acepto este honor con humildad, pero también con legítimo orgullo, y que a lo largo de mi carrera literaria he valorado especialmente las distinciones universitarias, por la sencilla razón de que suelen otorgarse con total independencia de las normales presiones del mercado cultural. Mi vinculación con el quehacer universitario comienza, como es lógico, en mi país, donde estuve al frente del Departamento de Literatura Hispanoamericana de la Facultad de Humanidades hasta que en 1973 la dictadura militar, en un gesto espontáneo, se hizo cargo de todas las tareas educativas. Veintitrés años después, ya en plana democracia, esa misma Facultad me nombró Profesor Emérito, de modo que, como ustedes pueden apreciar, aquel fue un ciclo con sombras y luces. Por otra parte, mi vinculación con Universidades españolas comenzó a partir de mis años de exilio, pero ha continuado hasta ahora, cuando por fortuna ya he vuelto a residir en mi país. Debo reconocer que ese vínculo con España me ha proporcionado valiosas experiencias y entrañables amistades. Siento una gran alegría al recibir ahora este honor en una ciudad que ha dado a las letras españolas nombres de singular trascendencia. Desde José Zorrilla a Jorge Guillén, desde Rosa Chacel a Miguel Delibes, Valladolid ha dejado su huella indeleble en la vida cultural española. Soy consciente de la responsabilidad que hoy asumo y confío en que mis futuros pasos no defrauden ni empañen este preciado galardón Y ya que fue la Facultad de Filosofía y Letras la que me honró proponiéndome para este Doctorado, he considerado oportuno que mi discurso de investidura verse sobre la reflexión literaria que me sugiere una ciudad, Montevideo, a la que, como es obvio, me siento profundamente ligado. 23
MONTEVIDEO COMO REFLEXION LITERARIA Un esquema primario de América Latina muestra, por un lado, grandes extensiones de tierra (selva, montaña o llanura) de progresiva despoblación, y por otro, arracimadas ciudades, a veces de monstruoso crecimiento. Es el caso de San Pablo, Bueno Aires, y particularmente de Ciudad de México, que hace diez años ya había alcanzado la pasmosa cifra de 20 millones de habitantes. En esos impresionantes hacinamientos, la lucha por el espacio es casi una lucha por la vida. El abandono en que los gobiernos suelen dejar a las zonas rurales, hace que esos pobladores busquen las ciudades, o sus márgenes de penuria, con la esperanza, casi siempre vana, de dar otro sentido a sus vidas, otra perspectiva a sus urgencias. Así emergen esos conglomerados humanos, que en cada país asumen una denominación propia: favelas en Río o San Pablo, villas miseria en Buenos Aires, cantegriles en Montevideo, pueblos jóvenes en Lima, ranchos en Caracas, casas brujas en Panamá, o la tristemente célebre Netzahua/coyotl de México, que con sus casi cinco millones de pobladores se ha convertido en la segunda ciudad del país. Tales cinturones de indigencia agregan conflictos a los, ya tradicionales de la vida urbana. Incorporan penuria, mendicidad, grados inéditos de violencia, y hasta una picaresca intransferible, en tanto que en la población estable generan una urdimbre de mala conciencia, que a veces se expresa en términos de insolidaridad, de agresivo autoamparo o de violencia de otro signo. Es obvio que la gran ciudad, en sí misma, con o sin hacinamientos marginales, engrendra situaciones de acoso o de rutina, de ansiedad o de agobio, y es lógico que el novelista transite por esos meandros y laberintos, no solo para relacionar literariamente el haz y el envés de esas contradicciones, sino también para librarse de sus propios demonios. Por otra parte, si la realidad penetra de algún modo en el individuo, también el individuo literario, o sea el personaje, se vuelve paulatinamente social. 25
Fue Arthur Miller quién escribió que "el hombre está dentro de la sociedad y la sociedad está dentro del hombre". Dentro de este complejo muestrario de ciudades, Montevideo es sencillamente una más. Así y todo, si se la compara con otras capitales de América Latina, es una ciudad distinta, casi a contramano de los trazos y las cicatrices urbanas del subcontinente. Por lo pronto, es una capital desproporcionada. Su numero de habitantes (1 :300.000) es más o menos corriente en las capitales latinoamericanas. Quito, La Paz y Santo Domingo, por ejemplo, tienen un numero de habitantes similar al de Montevideo. Pero en tanto que ninguna de esas tres ciudades supera el 20% de la población total del país respectivo, en Montevideo, en cambio, reside el42% de la población total. Si Ezequiel Martínez Estrada bautizó a Buenos Aires, donde reside el 31% de la población total argentina, com,o "la cabeza de Goliat'', con que metáfora habría que designar a Montevideo y su cabezona capitalidad? Por lo menos, nuestra ciudad tiene dos méritos (ninguno de ellos, demasiado esplendoroso) para ingresar al Guinness: no sólo es la capital más austral del planeta, sino también la capital latinoamericana que alberga el más alto porcentaje de habitantes en relación con la población total del país. De espaldas a América, y de hecho también de espaldas al resto del territorio nacional, Montevideo (ciudad-puerto) sólo mira al mar, es decir a eso que llamamos mar y es sólo río (claro que el más ancho del mundo). Depende de imprevistas corrientes internacionales que sus aguas políticas y culturales sean dulces o saladas. Al igual que la mayoría de las ciudades del mundo, Montevideo tiene mala conciencia de su vivir y de su morir. Sin embargo, con la mala conciencia puede hacerse buena literatura. Durante varios lustros, los escritores uruguayos permanecieron fieles a la Arcadia de lo gauchesco. Algunos excelentes narradores escribieron sobre el campo desde el campo, pero como el tema rural era virtualmente el único que otorgaba prestigio, otros vinieron más tarde dispuestos a usufrücturar ese legado y a seguir escribiendo sobre el campo, pero con una diferencia: lo hacían desde la ciudad. Debido en parte a ese desajuste, llegó un momento en que la ciudad irrumpió francamente en la narrativa uruguaya. Quizá la fecha clave sea 1939, año en que aparece El pozo, primera y breve novela de Juan Carlos Onetti, que marcó un viraje decisivo en las relaciones entre el creador y su ciudad. No fue el primero, sin embargo, en lidiar con un tema tan complejo. Isidoro de María, con su Montevideo antiguo; José Pedro Bellán, con Doñarramona; Emilio Frugoni, con sus Poemas montevideanos; Manuel de Castro, con su Historia de un pequeño funcionario, habían tratado de convertir, a fines del siglo XIX y comienzo del XX, el mero testimonio en ficción. Pero realmente fue en El Pozo donde la ciudad empezó a existir como literatura. 26
EXCELENTÍSIMOS E ILUSTRÍSIMOS SEÑORES. NUEVO DOCTOR HONORIS CAUSA. CLAUSTRO UNIVERSITARIO, SEÑORAS Y SEÑORES Este Paraninfo de la Universidad de Valladolid, es de nuevo testigo de uno de los actos académicos de mayor significado universitario: La investidura de doctor "Honoris Causa". Estamos congregados con emoción para recibir como claustral a quien se hace merecedor del más alto honor que la institución puede otorgar; y lo hacemos con la convicción del rango intelectual y cultural que concurre en Mario Benedetti. El doctor Benedetti testimonia uno de los más claros ejemplos de la calidad poética, pero igualmente expresa un compromiso con la humanidad, con todos nosotros. Una afirmación, la expresada, que lejos de ser un recurso retórico es una constante permanente en su obra; la obra único testimonio que mide la verdadera naturaleza de cada uno. ·Del mismo modo que reconocemos sus valores deseamos igualmente mostrar nuestro agradecimiento por su generosidad al aceptar vincularse personalmente a la Universidad de Valladolid. El vínculo con nosotros se convierte así en una forma de compromiso lleno de un significado que va más allá de lo inmediato, y que reside en la especial condición de los hombres y de los escritores de estas tierras, constante camino entre el corazón y la razón. Mario Benedetti nacido en un pequeño pueblo, del más pequeño de los países sudamericanos: Uruguay, expresa al mismo tiempo la grandeza del continente americano. Su obra, certifica el anterior aserto desde que publicara su primer libro en 1945. Desde entonces nos ha ofrecido la pasión y la fuerza de su literatura comunicante, entrelazando el tono grisáceo de la frustración que se reconoce en los "Poemas de la oficina" con la emoción que se respira en su ultimo libro "Andamios". En todo su episodio literario florece la poesía, a veces narrada, a veces sugerida. 35
Su obra es pesimista y optimista como la vida de todos los hombres. El ha podido decir que: "Cuando parece que la vida imita al arte, es porque el arte ha logrado anunciar la vida". Su humanismo al mismo tiempo ha sido comprometido con su tiempo. Su ejemplo, su vida y su obra reflejan las actitudes del hombre moderno, así como las inquietudes de quien es permanentemente joven. Esta condición es la que más vitálmente le acerca a la vida universitaria, y por ello la Universidad le necesita como parte de su compleja y dinámica realidad. Como parte de su tradición y de su actualidad, es decir como parte de si misma. Por todo ello la Universidad de Valladolid recibe con júbilo su incorporación como claustral, al Doctor Benedetti, esperando recibir de él la sabiduría que está presente en su obra y en su vida. 36
i m SECRETARIADO DE PUBLICACIONES DE LA UNIVERSIDAD DE VALLADOLID