scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

New York : entre la tierra y el cielo : rascacielos y corporaciones en la ciudad vertical

Schiavo, Flavia

Abstract

El presente libro, una declaración de amor por New York City, es fruto de un extenso periodo de investigación entre los años 2013 y 2016. La obra encara en clave interdisciplinar el desarrollo urbano frenético, fascinante y convulso a la vez, que tuvo lugar durante la fase de asentamiento masivo y gran crecimiento demográfico que experimentó la ciudad a lo largo del siglo XIX y principios del XX. Versa sobre la expansión de las grandes corporaciones y empresas aseguradoras, en un momento en el que se amplía en gran medida el puerto de Nueva York y en el que emergen los primeros rascacielos. Estos potentes colosos, inherentes a la vida urbana neoyorquina, permanecerán imbricados al mercado, a las numerosas culturas que se iban gestando y al ritmo palpitante de la ciudad. Nueva York se vuelve cada vez más competitiva, asumiendo un papel preponderante en un escenario donde llega a superar a metrópolis industrializadas como Londres o Chicago. Entre la tierra y el cielo contempla los rascacielos no solo como objetos arquitectónicos, sino como elementos generadores de oportunidades, de transformación urbana y organización del paisaje; como activadores de feedback y elementos fundamentales de la estructura urbana. La obra es asimismo una reflexión sobre el Paradigma New York que describe e indaga esta cultura urbana conformada por el espacio social, los derechos conquistados, los abusos y las contradicciones, los conflictos de intereses entre las empresas y las partes involucradas, los empresarios y los trabajadores, y donde la lucha por las alturas resulta crucial. Una cultura caótica, vital y mestiza, constituida asimismo por la intervención de personas individuales, además de los grandes movimientos, el capitalismo incipiente y el mercado inmobiliario. Un paradigma en el que las innovaciones, los acontecimientos sin fin, las contingencias, las determinaciones y el azar confluyen en la megalópolis que pronto se convertiría en una de las ciudades más grandes y atractivas del mundo.

Full text

ediciones asimétricas New York: entre la tierra y el cielo Flavia Schiavo Poliědrica #7 New York: entre la tierra y el cielo Poliědrica New York: entre la tierra y el cielo Rascacielos y corporaciones en la ciudad vertical Flavia Schiavo Presentación La publicación que tenéis en vuestras manos corresponde a una de las obras seleccionadas en el primer Call for Books de la Colección Poliědrica. Fruto de la investigación realizada por Flavia Schiavo en el seno de la Columbia University, el libro relata uno de los episodios más fascinantes de la cultura urbana: el efervescente crecimiento que experimenta la ciudad de Nueva York durante todo el siglo xix y el principio del siglo xx. Este desarrollo en horizontal y en vertical, venía auspiciado por un galopante negocio inmobiliario, que tenía su condición seminal en la exclusividad comercial de su puerto con el continente europeo y se apoyaba en el Commissioners’ Plan de 1811. Así, se nos desvela una aventura que va más allá de los límites habituales de una ciudad que quiere romper cánones en busca de la capitalidad económica y comercial de Estados Unidos y, por ende, del mundo entero. Este apasionante y convulso escenario, destino de un importante contingente migratorio, será testigo de operaciones de infraestructura y de arquitectura verdaderamente avanzadas a su tiempo. Desde la paradigmática operación de la Grand Central Terminal, modelo de integración urbana de grandes redes de movilidad y de arquitectura tridimensional compleja, hasta la aparición del primer rascacielos que, tal y como explica Rem Koolhaas en Delirious New York, surgió como consecuencia de la «congestión», el desenfrenado aumento de densidad de población y la necesidad de automatizar la vida y el negocio. Los rascacielos, a partir de entonces, desplazarán las históricas preeminencias de las torres de iglesias y catedrales como hitos icónicos de muchas ciudades, y su presencia caracterizará el nuevo skyline hasta llegar a representar el paradigma de la ciudad del siglo xx. En Nueva York no pararán de multiplicarse y solo casi un siglo después la superará en número Hong Kong. Con una minuciosa presentación de las principales obras de la nueva arquitectura emergente y la transferencia de un rico conocimiento de los hechos históricos, políticos, sociales, culturales y económicos, Flavia Schiavo seduce al lector desde el principio hasta el final de esta obra, rigurosa y amena a la par. ¡Esperamos que sea de vuestro interés! Juan García Millán Estanislau Roca Directores de la Colección Poliědrica Índice Introducción 10 La geografía como destino: orígenes y desarrollo de la ciudad-mundo 12 Rascacielos. The will to believe 44 Apéndice 1 Población 154 Apéndice 2 Edificios altos, existentes y demolidos 156 Bibliografía 168 Créditos de imágenes 176 15 La Consolidation que reunificó los Five Boroughs o cinco distritos (Manhattan, Brooklyn, Bronx, Queens y Staten Island) se llevó a cabo a partir de 1857, a propuesta de algunos intelectuales y políticos como Andrew Haswell Green. La iniciativa surgió por razones fiscales y de gobernabilidad de lo que se estaba convirtiendo en una amalgama amplia y heterogénea. Existe cierta discrepancia en cuanto a las dimensiones (785 km2) de los Five Boroughs y su zona de influencia: NYC, de hecho, puso de manifiesto inmediatamente su carácter propio frente a la desmaterialización de los procesos de producción, la circulación de la información y la capacidad de anticipación de los fenómenos que posteriormente caracterizaron el mundo industrializado del siglo xx. Fig. 1. El territorio de los cinco distritos. 16 1. Por Pánico se entiende determinadas crisis financieras, como la Gran Depresión de 1929. 2. Gilded Age o Edad de Oro hace referencia al periodo comprendido entre finales del siglo xix y principios del xx, de 1870 a 1900 aprox. La denominación se debe a Mark Twain. En su obra The Gilded Age: A Tale of Today (1873) se critica una época en que los poderes fácticos tienden a producir y esconder los graves problemas sociales del momento. 3. En torno a 1811 la población de Nueva York superó a la de Philadelphia: 1790, Philadelphia: 42.520 hab. NYC: 33.131 hab.; 1800, Philadelphia: 69.403 hab. NYC: 60.489 hab.; 1810, Philadelphia: 91.874 hab. NYC: 96.373 hab.; 1820, Philadelphia: 112.772 hab. NYC: 123.706 hab. A partir del estudio de este periodo histórico, Nueva York mantuvo una relación de dominación en la economía globalizada, sobre todo durante la posguerra de la Guerra Civil Americana (1861-1865), cuando la economía estadounidense se estabilizó (a pesar de las fases cíclicas del Pánico)1 y el norte de Estados Unidos adquirió un protagonismo político determinante. Durante este periodo se gestó una cultura urbana alimentada por: a) Una geografía que ofrecía arraigo y, sobre todo, oportunidades. b) Un suelo considerado virgen. c) Las innovaciones de la Segunda Revolución Industrial. d) Un gigantesco flujo humano, procedente de todos los rincones del mundo. e) Un mercado laboral múltiple, flexible y en crecimiento. f) Unas formas de gobierno municipal, estatal y federal. g) El papel de algunos sujetos sociales y económicos, en concordancia/oposición con el Gobierno. h) La iniciativa individual. i) Un capitalismo (sano y clientelar) expresión del liberalismo económico. j) Un dinamismo ajeno a la burocracia de matriz europea. k) Innovaciones en el proceso. l) Una relación no coercitiva con la historia. Todo esto constituyó el lenguaje identitario de la ciudad, donde muchos sujetos, entre competición y hegemonía, contribuyeron a la formación de una sociedad rica y desigual (Fig. 2) durante la denominada Edad de Oro o Gilded Age.2 En NYC la escena se configura con múltiples protagonistas, entre ellos los rascacielos y las personas. NYC recibía millones de inmigrantes mientras su incipiente democracia favorecía un crecimiento urbano fuera de la lógica del plano decimonónico europeo que controlaba la forma, la altura de los edificios, la densidad y los servicios de una ciudad. De hecho, el Grid de 1811 (el Commissioners’ Plan) se limitaba a subdividir Manhattan en áreas urbanizables y parcelas en venta. (Fig. 3) Ninguna imagen ni idea antepuesta, solo una red ortogonal que permitía incluso intervenciones individuales que iban desde la transformación de una fábrica o la recuperación de una zona pantanosa a la creación de un parque o la construcción de un edificio. Cada intervención, establecida en función de determinadas dinámicas económicas y sociales, marcaba los desarrollos posteriores. 17 Durante esta fase caótica y libre empezaron a surgir en Manhattan los rascacielos, expresión de un milieu y revelación de una identidad local (sobre todo económica, no tan solo estética) que posee nacionalidad mundial. Contemplar las dinámicas culturales y urbanas a partir de los rascacielos quiere decir observar intersecciones y convergencias entre unos objetos específicos y unos acontecimientos que dieron como resultado una identidad claramente reconocible. El suelo neoyorquino, por diversas y complejas razones, no fue sometido a un control coercitivo bidimensional ni fue constreñido en el alzado. Era y es una fluctuación tridimensional. Es reflejo de la civilización americana: idealismo, experimentación, competición, pragmatismo. Es el disputado espacio que narra la historia de la ciudad. NYC, célula madre de alta densidad, dio muestras desde sus inicios de una inteligencia adaptativa que produjo riqueza, disparidad y un imponente paisaje urbano. En Europa las fábricas se instalaron en un ámbito periurbano, pero no así en Nueva York: el tejido productivo se organizó de manera menos homogénea y la ciudad logró imponerse superando a las grandes urbes americanas (como Philadelphia, Boston o Chicago)3 y algunas europeas como París y sobre todo Londres.4 Sede de una específica cultura urbana, en Nueva York se establecieron micro y macro economías inmateriales que no requerían un gran espacio físico; economías y personas que escogían la isla de Manhattan para establecer sus propios cuarteles generales,5 gozando de las ventajas geográficas y las circunstancias históricas. Así pues, NYC se convirtió en nudo y conexión con Norteamérica y Europa, con el mundo industrializado y en meta de un ingente número de personas, a partir de una geografía que —como si de su propio 4. Londres experimentó un enorme aumento demográfico: en 1801 contaba con 1 millón de habitantes; 6,2 millones un siglo después. 5. Los centros de industria pesada se encontraban en los otros cuatro distritos (Brooklyn, sobre todo), en zonas limítrofes con la ciudad como Nueva Jersey o en zonas alejadas de la ciudad, como el cuadrante oeste de Norteamérica. Fig. 2. El skyline en 1911. Fig. 3. Los lotes del Grid: terreno en venta. 18 6. El área comprendida en la isla de Manhattan ocupa 87 km2, divididos en 59 km2 de tierra firme y 28 km2 de zonas húmedas (32% del total). destino se tratase— determinó el sistema de gobernanza y un sistema económico que no resquebrajó la configuración urbana como en el caso europeo. NYC era híbrida. La industria pesada, localizada sobre todo en Brooklyn, escaseaba en Manhattan y solo se encontraba en la costa y en determinadas zonas (TriBeCa; SoHo, Lower East Side) con sectores de industria ligera. En este deseado espacio metamórfico, circunscrito a Manhattan,6 los confines son móviles y permeables. Los sólidos límites de la ciudad europea surgían sobre todo del binomio barrio obrero-fábrica que generaba una dicotomía ciudad burguesa/ciudad obrera. De semejante fractura nacían los conflictos sociales y ese trauma burgués que ignoraba de manera voluntaria un paisaje obrero (Fig. 4) que era más evidente en Nueva York. En esta ciudad abierta y porosa, algunos puntos, además de ser límites históricos como el caso de Wall Street, actuaban como bisagra de sistemas limítrofes muy distintos como el Financial District y Lower East Side, donde vivía la clase obrera. La ciudad misma era una fábrica, sujeto y objeto de producción, en un clima de competencia y democracia representativa que Alexis de Tocqueville describió en De la Démocratie en Amérique. Este tratado, publicado en dos volúmenes en 1835 y 1840 respectivamente, es el fruto del viaje llevado a cabo por De Tocqueville y Gustave de Beaumont con el fin de recabar información, en primera instancia, sobre el sistema carcelario americano. Si los juristas franceses estudiaban la sociedad y la forma de gobierno americanas en términos generales o Charles Dickens observaba la tensión ciudadana y el comportamiento de los trabajadores que vivían la calle como espacio propio, Walt Whitman era consciente de que la democracia americana se fundaba en una masa versátil, no sujeta a condiciones permanentes. Sin embargo, NYC Fig. 4. El paisaje de la clase trabajadora: Mulberry Street en 1900. Fig. 5. Five Points en 1859. 19 surge de semejantes convulsiones como un complejo laboratorio urbano, en el cual la calle supone el espacio vivo de encuentro, opuesto a la ciudad «extrañada» de Simmel, y los neoyorquinos, al prescindir de su propia condición, ocupan el lado opuesto del flâneur de Benjamin. Los habitantes de Nueva York, menos alienados que los europeos, eran capaces de participar y tomar decisiones a pesar de unos contextos pobres y marginales como Five Points, (Fig. 5) Chinatown o Little Italy. CORPORACIONES INMATERIALES Observar Nueva York es como contemplar un océano, un lugar inalterable que contiene innumerables categorías contradictorias. Hombres y mujeres conviven en esta amalgama fluida entre rascacielos, viviendas populares y rocas graníticas, espacios híbridos con una arquitectura y una organización social en plena transformación e innovación, sin considerar normas y cánones que resultan inmutables en otro lugar. Los rascacielos fueron un elemento clave en este proceso. Se trata de objetos extremadamente dimensionales pero, sin embargo, son expresión de circunstancias adimensionales que acaecieron en Manhattan, la tierra urbanizable por excelencia. Si el suelo era uno de los bienes más codiciados y la construcción uno de los bienes producidos, el territorio, los rascacielos y las personas fueron segmentos de la red y de la cadena de producción donde la edificación no fue la última fase, sino parte de la economía circular de la ciudad. Algunos elementos que influyeron en el desarrollo de la ciudad: a) Factores macroestructurales de Estados Unidos (distribución de los distritos productivos en el vasto territorio del país). b) La disponibilidad de un territorio considerado ahistórico. c) La organización política, más cercana a formas de gobernanza avant la lettre. d) El específico capitalismo estadounidense. e) La economía neoyorquina, destinada a generar intercambios, además de bienes. f) La ordenación geográfica del estado de Nueva York y la propia ciudad. En este ámbito geográfico nuevo se manisfestaron el pluralismo y la interculturalidad, paradigmas rectores que incidieron en los planos ético y político, en el sistema productivo y en la transformación urbana. 20 La corporación en NYC coincidía con: a) La industria pesada (artículos de metal, productos químicos, barnices, productos de madera, astilleros, tabaco, sector alimenticio, producción y estocaje; extracción y refinamiento de azúcar). b) La industria ligera (papel, ropa, artículos de piel). c) Las actividades de distribución, reposición y venta de productos alimenticios. d) El sector terciario. e) El mercado inmobiliario y sus dinámicas. f) Las actividades culturales. Estos sectores de producción crearon ciudad, espacios, asentamientos y un paisaje híbrido y heterogéneo, diferente del europeo, en el que no cabe una periferia tradicional o ciudad burguesa, ni una función específica establecida según plano. Ya desde sus inicios manifestó un claro policentrismo y un tejido urbano mixto en el que los lugares de producción (Fig. 6) eran variados y ejercían diversas funciones. La heterogeneidad de los paisajes urbanos, además, no se correspondía con un proyecto, sino que nacía de manera espontánea debido a la naturaleza poco preceptiva del Plan de 1811 y a la participación directa de los ciudadanos residentes. Los intercambios y las relaciones generaban conflictos, alianzas y una particular belleza. Los edificios altos y los microsistemas urbanos originados por los propios edificios fueron una parte fundamental de esta belleza no planificada. Manhattan, centro impulsor de esta realidad, se desarrolló además a causa del exiguo espacio físico y la naturaleza inmaterial del producto que se valía de una geografía peculiar, auténtica razón de su destino. De suma importancia fueron la política y la geografía física. Manhattan disponía de fronteras bien definidas (los ríos que desembocan en el área preoceánica protegida de Staten Island) y se diferenciaba claramente de los otros cuatro distritos con los cuales mantuvo una relación de interdependencia. Manhattan se convirtió así en la isla de los rascacielos, esas corporaciones inmateriales que generaron un paisaje no solo físico: un paisaje de diversidad, tolerancia y tensión, conformado por un espacio exiguo, innovador, competidor y con una cantidad desmesurada de gente. El espacio urbano era caro y codiciado, la competencia fortísima y la transformación vertiginosa. Pocas reglas y mucha libertad en un sistema de negociación surgido de la capacidad de invención de los 21 Fig. 6. Los lugares de producción en 1922. 22 individuos en el que las reglas mismas se sobrepasan. Entre ellos, los sujetos emergentes de un capitalismo incipiente (los Morgan, Vanderbilt, Rockefeller, Carnegie o Ford), los que fluctuaban de una condición económica a otra, los de clase fronteriza, los de clase obrera, los pobres (The Other Half, la otra mitad, como los llamó Jacob August Riis en 1890), los trabajadores de cuello blanco, los políticos, los magnates, los gángsteres, los artistas... Todos rindieron pleitesía a semejante revolución urbana. Los rascacielos fueron elementos visibles, sólidos y organizadores. Gracias a los ascensores pronto alcanzaron alturas superiores a las cuarenta plantas, como el Equitable Building de 1915. Estos cuerpos compactos proyectaban su sombra sobre el terreno y sobre los edificios adyacentes, haciendo precipitar el valor de estos y de las parcelas edificables y dando lugar a disputas tridimensionales. No fue hasta 1916, tras la primera Zoning Resolution, cuando hubo un retroceso o setback con principios propios (Fig. 7) que mitigó el alzado, controlando al menos en parte el impacto de los nuevos rascacielos sobre los demás edificios. Identificar como protagonistas a las personas y los rascacielos significa estudiar las intersecciones entre un fenómeno (la inmigración) y un epifenómeno (el edificio alto) como artefacto matérico y simbólico, un selectivo lugar de comunicación e intercambio para una economía creciente y desigual; un objeto funcional para un capitalismo impulsor del sistema financiero y del crecimiento económico; un objeto que inaugura una era específica en que el futuro es ya una realidad superable. Fig. 7. Los principios del setback. 23 No pretendemos, por tanto, estudiar los rascacielos solo en términos arquitectónicos. Si queremos entender el sistema urbano desde el mismo momento de su eclosión, debemos meditar sobre el nacimiento de un mito, el mito de la ciudad en pleno auge, modelada por los nuevos protagonistas urbanos: los rascacielos. Los rascacielos marcaron el carácter identitario y la percepción de la ciudad de NYC en su conjunto. Son el vértice donde convergen las diversas actividades económicas, reflejo de las relaciones que NYC mantuvo con el resto del país y con Europa, y donde la ciudad se convirtió en el órgano social, económico y comercial precursor de un mundo globalizado. La historia urbana ha tenido y sigue teniendo en las personas y los rascacielos sus principales actores y activos, efectos colaterales dinamizadores de la ciudad. La ciudad genera acciones del mismo modo que genera productos. En el siglo xix Londres y París fueron las capitales económica y cultural, respectivamente, y en el siglo xx es NYC la capital económica y cultural del mundo. Si los passages fueron interpretados por Benjamin como nuevos territorios urbanos, los rascacielos fueron los indicadores de una nueva cultura urbana en un espacio escasamente marcado por la historia. Los rascacielos y las personas fueron los activos del territorio, pero su papel traspasó los aspectos puramente económicos. La ciudad era un lugar comprensible a través de un paisaje a la vez heterogéneo y unitario, sobre todo en Manhattan. (Fig. 8) La ciudad vive de Fig. 8. El cuerpo unitario de Manhattan, en los años 30. 24 la inmensa variación interna, fruto de las condiciones geopolíticas, históricas y geográficas, atribuible a una mezcla integrada de las distintas diversidades, que se percibe asimismo en áreas hoy en día más uniformes. La diversidad se podría atribuir a diferentes factores. Lo que en un principio resulta homogéneo puede revelarse como fruto de la permeación de diferentes realidades y esta heterogeneidad es la única característica que configura el paisaje urbano de la ciudad y afecta directamente a su crecimiento. La comparación entre el urbanismo europeo y el neoyorquino entre los siglos xix y xx pone de manifiesto en qué medida fueron improvisadas las operaciones en NYC a distintas escalas y sin una dirección única. Incluso el Zoning de 1916, cuyo valor hubiera sido distinto al otro lado del Atlántico, en realidad no definió ni la altura ni las funciones de cada edificio construido, sino la forma tridimensional (setback) del mismo. Este decreto, a pesar de determinar algunos usos del suelo, no delimitó zonas territoriales homogéneas que marcaran un tejido urbano en función de una correspondencia bilateral entre el terreno y sus destinaciones de uso. En NYC, y en Manhattan en particular, los espacios se estructuran mediante oleadas fluidas. El trazado de una calle, una plaza, un pequeño jardín o un barrio entero desencadena unos procesos que se pueden alargar en el tiempo. La transformación urbana se diferenció —además de por las limitaciones establecidas mediante el Plan de 1811— por las condiciones geográficas a nivel micro y macro, así como por la red o network de relaciones económicas que generaron características urbanas excepcionales, tanto en planta como en alzado. La diferencia entre lugar cualitativo, heterogéneo y mutable, y espacio tecnocrático, cuantitativo y previsible (propio del urbanismo europeo decimonónico) permite observar en NYC el papel difuso y complejo de las personas y los edificios altos aislados. Ambos son indicadores y generadores del territorio desde un punto de vista económico, social y cultural; son protagonistas de la dinamización de la economía, la actividad y la configuración urbanas; son landmarks o hitos de la identidad neoyorquina. Dicha identidad variable forma ya parte de un imaginario colectivo que no se limita a los agentes económicos involucrados. Manhattan cambiaba en ese momento a gran velocidad, incluso a partir de puntos específicos (edificios aislados). Su propia identidad convierte los puntos en ondas cuya influencia traspasa el punto mismo y el lugar donde conviven elementos diferentes. 31 mujeres acomodadas del sindicato Women’s Trade Union League (WTUL), enfatizando en los gravísimos accidentes laborales y la insoportable calidad de vida de las trabajadoras mismas. Además del asentamiento humano en expansión, las luchas laborales, los incendios y la poderosa energía de la ciudad, algunos acontecimientos de magnitud habían cambiado durante los años precedentes la organización geopolítica a nivel mundial. Entre otros, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 1776, la fundación de la Federación y su capital (Washington, D.C., proyectada por el urbanista europeo Pierre-Charles L’Enfant, en 1791-1792), el desplazamiento mundial del eje económico hacia el oeste (América), así como la nueva configuración y el progresivo desarrollo de Estados Unidos. Este vasto territorio consolidó, sobre todo después de 1865, su potencial productivo en importantes núcleos fértiles, tanto en zonas rurales como urbanas. El macroespacio industrial periurbano (agricultura, ganadería, minería), lo constituía una red de comunicaciones y numerosas ciudades erigidas de primera planta. Su desarrollo apenas tuvo resistencia: la tierra arrebatada a los nativos, las riquezas del oeste y, tras la Guerra Civil, una trayectoria dirigida al dominio indiscutible del norte industrializado culminó, si bien con sus debidos claroscuros, en la supremacía política del país entero. Se aunaron la colonización, la migración, el desplazamiento progresivo de la frontera, límite matérico y topos retórico: las ciudades crecieron y con ellas los centros pendientes de gestión, administración y organización del mercado laboral que exigía un ajuste de cuentas en metrópolis como Chicago y, sobre todo, Nueva York, con un sistema variable, unas competencias que aumentan y se renuevan, carente de políticas sindicales y de protección de los trabajadores (privatizadas y gestionadas en primer lugar por las aseguradoras, uno de los sectores económicos más potentes), que detenta tanto el control electoral como el de la emigración y la población obrera mediante sus grandes capos. En semejante contexto, cambiante y contradictorio, el campo de batalla será la ciudad misma. En esta fase surge una dicotomía entre el parecer de los reformistas como Andrew Haswell Green,13 por un lado, y el laissez-faire o la corrupción de los capos como William Magear Tweed, por otro. El reformista pretendía controlar legalmente el espacio, las personas, las actividades, mientras que el capo pretendía controlar ilegalmente el espacio, las personas y las actividades. Ambos —se afirma de un modo provocador— se dirigían hacia el mismo concepto, fluctuante 13. Legislador, planificador, civic leader, considerado ‘the Father of the Greater New York’, fue además uno de los promotores y responsables del Central Park. 32 y en ocasiones instrumental: el beneficio, un concepto frágil y atractivo, intrínseco a la Constitución y la democracia americanas. Resulta interesante indagar sobre a quién benefician las actuaciones de los capos o los especuladores inmobiliarios si tenemos en cuenta que dichas actuaciones, a pesar de bordear la ilegalidad, en ocasiones generaban beneficios indirectos sobre la población. No obstante, conviene hacer hincapié en el hecho de que en NYC la ilegalidad sacaba provecho del malestar social y del tejido humano constituido por los emigrantes. Cualquier persona que llegara a la ciudad sin una trayectoria de vida de su propia existencia era un emigrante. En este nivel cero no existe aristocracia alguna, ni privilegio alguno de nacimiento, más que el adquirido in situ. Casi todos eran iguales, tal y como rezaba la Constitución, un texto que, si bien comprende una utopía, se aleja de otros modelos pretendidamente utópicos. Los capos y el gobierno urbano en la sombra estaban presentes en todas las ciudades americanas (James McManes en Philadelphia; Alexander Shepherd en Washington, D.C.; Richard Croker, político irlandés de origen, líder de la Tammany Hall de NYC; William Magear Tweed en Nueva York). Prueba de su colaboración la encontramos en los escritos de W. C. Bryant, editor, escritor y gran reformista, o los artículos del muckraking journalism,14 un periodismo que divulgaba información sobre actividades ilegales o en el límite de la legalidad llevadas a cabo por determinadas personas u organizaciones. Bajo el mandato del boss Tweed, NYC experimentó un cambio impresionante: nuevo trazado de calles, la construcción a pleno rendimiento, una red de transportes (implantada gracias a licitaciones monopolizadas y financiación privada o mixta) o puentes de nueva implantación. Se redefinía así lo que ya en 1898 se había convertido en un centro administrativo de primera magnitud. Tweed gestionaba a los trabajadores, el trabajo y la construcción, pero al mismo tiempo apuntaba a Central Park en beneficio propio y cuesta imaginarlo junto a un grupo de paisajistas e intelectuales poco tiempo antes de ser arrestado por motivos patrimoniales y fiscales. En total oposición a los capos, los reformistas aspiraban a la gestión legal, actuando dentro de los enclaves ocultos de la marginalidad (Five Points; Lower East Side; Little Italy), sobre todo después del informe J. Riis,15 (Figs. 16-19) donde se documentaban las condiciones de las viviendas de los emigrantes. En una configuración tan compleja como la de Manhattan, a menudo ocurre, incluso ahora, que estas zonas actúan de bisagra entre partes más acomodadas y aquellas fronterizas y permeables. 14. Muckraker identifica tanto un estilo específico del periodismo americano como un grupo de escritores y periodistas que operan sobre todo antes de la Primera Guerra Mundial. Su fin consiste en proporcionar informes detallados y exhaustivos sobre la corrupción política y económica y las problemáticas sociales causadas por el poder de las grandes empresas en un país en pleno proceso de industrialización. A pesar de desempeñar un importante papel en la divulgación de la información, el estilo periodístico fue objeto de crítica por parte del presidente de los Estados Unidos Theodore (Teddy) Roosevelt durante su discurso del 14 de abril de 1906. 15. El informe de Jacob August RIIS, How the Other Half Lives. Studies among the tenements of New York, publicado en 1890, sacudió algunas conciencias al sacar a la luz las condiciones de vida de los emigrantes del Lower East Side. Una de las zonas urbanas donde indagó Riis fue el corazón de Mulberry Street, conocida como ‘The Bend’ (la curva). 33 Figs. 16-19. Informe de J. Riis: How the Other Half Lives. Studies among the tenements of New York 34 Algunos reformistas perseguían la gestión controlada de la forma urbis, de los comportamientos sociales y económicos a los beneficios colectivos y a un control de la especulación inmobiliaria, enorme capítulo del balance económico. A pesar de que los modelos culturales europeos se difundían y compendiaban, eran cuestionados. Los superó una especie de hybris local, ya que NYC renegaba de un modo explícito de la relación tensa entre tradición e innovación, como queda patente en la novela The Age of Innocence.16 En esta obra de Edith Wharton, publicada por entregas en 1920 en la revista Pictorial Review, se trataba la relación enfrentada entre la sociedad neoyorquina del momento y los modelos europeos subsistentes. Este es el escenario donde, tras medio siglo de dinámicas globales extendidas avant la lettre, se conformó un capitalismo metamórfico y sin escrúpulos que emanaba de una actividad humana que integraba códigos de comportamiento teóricamente incompatibles entre la corrupción y el afán de reforma. Hablamos de una idea de progreso que producía y consumía con rapidez, fundada en la comunicación y la información (la difusión de los periódicos y de los innovadores know-how) de una democracia específica que ya aparecía en la citada obra De la Démocratie en Amérique. Todo esto contribuiría a definir el Paradigma New York, cuya gran influencia será palpable en el crecimiento y la potencia del país, en la ordenación del territorio y en la filosofía que sustentaba el naciente American way of life, el ethos nacionalista y sus teorías presentes en la obra de autores como J. Dewey o W. James, los cuales sentaron las bases teóricas de la cultura americana del hacer. Si Dewey defendía una serie de requisitos fundamentales como la alfabetización, las competencias culturales, el pensamiento independiente y la predisposición a compartir, W. James introdujo el funcionalismo y el pragmatismo en el campo de la psicología, conceptos que se considerarían verdaderos siempre y cuando se pudiera incidir en la realidad a través de ellos. En su obra The Will to Believe, publicada en 1896, James explicaba el aspecto real de la voluntad, defendiendo que cualquier acción suponía una reacción en el mundo externo, reivindicando «el valor del comportamiento humano», la importancia de la voluntad y la capacidad de los sujetos para interactuar con el ambiente de una manera creativa, determinando las condiciones que se adecuaran cada vez más a las necesidades e intereses de los mismos. De este modo se configuraba una dimensión fundadora de la cultura americana y urbana, destinada a la acción, mientras el propio 16. La novela se publicó posteriormente como libro en D. Appleton and Company en Nueva York y Londres. Describe la high society de Nueva York en 1870, durante la Edad de Oro o Gilded Age y sobre todo las contradicciones de una sociedad que pretendía ser más liberal, admitiendo por ejemplo el divorcio, pero al mismo tiempo estaba agobiada por el peso de los cánones europeos, considerando el divorcio un escándalo sobre todo en cuanto a los comportamientos femeninos se refiere. Edith Wharton fue la primera mujer galardonada con un Premio Pulitzer por esta obra en 1921. 35 pragmatismo se convertía en un método de valoración de las teorías en función de los resultados obtenidos. El espíritu del American way of life lo representaba de manera bien diversa The Gilded Age: A Tale of Today, obra de Mark Twain y Charles Dudley Warner. Este libro, publicado en 1873, narra sin tapujos el boom económico que siguió a la Guerra Civil Americana. En aquel tiempo el país entero y determinadas ciudades, NYC por encima de todas ellas, estaban inmersas en un ambiente especulativo febril, con una movilidad frenética de capitales, cambios culturales, una disparidad y movilidad desenfrenadas entre clases y una gestión individualista por parte de quien, en ocasiones, cambiaba las reglas al margen de la legalidad. Se configuraba así el lado oscuro de un específico milieu en el cual las grandes ciudades europeas no eran las únicas que formaban la palanca del mundo. Se determinó una específica reordenación política y económica, más evidente aún en el periodo de posguerra (1865), y se consolidó una tendencia emergente gracias además a la disponibilidad de la fuerza de trabajo constituida por migrantes europeos, asiáticos, algunos nativos y negros libertos si bien esclavizados aún por este capitalismo en ciernes. Dicho capitalismo pasaba de ser mercantil a industrial y financiero, determinando así la supremacía del norte de Estados Unidos respecto a un sur más lento y retrógrado, mientras que las ciudades comenzaban a especializarse, tanto las del interior como en especial las de la Costa Este. A los acontecimientos de carácter general en Nueva York hay que sumar otros que fueron determinantes en su competencia con Boston, Philadelphia, Washington y Chicago como la apertura del Fig. 20. El Canal de Erie. Fig. 21. La White City para la World’s Fair Columbian Exposition. 36 Erie Canal (1825), (Fig. 20) que comunicó NYC con los Grandes Lagos cercanos a Chicago y el progresivo desarrollo de su puerto. Chicago, fundada en 1833 y cuya riqueza radicaba en el sector cárnico, retrocedió ante la imposición de un sistema más globalizado con centro en Nueva York. En 1893, sin embargo, tras superar a importantes ciudades americanas en liza, fue sede de la World’s Fair Columbian Exposition, feria conmemorativa del descubrimiento de América. The Windy City, como la rebautizó Charles A. Dana, director del New York Sun, recibió de mayo a finales de octubre, a 46 países participantes y 27 millones de visitantes en el área expositiva de Jackson Park, donde se construyó la neoclásica White City.17 (Fig. 21) El proyecto, que determinó el área de la Exposición, así como la ciudad entera, fue dirigido por Daniel H. Burnham y el paisajista Frederick L. Olmsted,18 siguiendo los dictados del City Beautiful Movement. La White City pretendía constatar el renacimiento de Chicago tras el incendio de 1871, en un periodo culminante que marcaba un antes y un después, cuya influencia se hizo notar en el desarrollo futuro de Nueva York y Chicago. La trayectoria económica de ambas ciudades se estaba diversificando completamente. Nueva York tendía a integrar múltiples actividades económicas a escala diversa, mientras que Chicago se especializaba en el sector cárnico. El paisaje urbano era reflejo, así, de semejantes configuraciones expresadas de un modo sintético en las calles LaSalle o Clark-Jackson Street de Chicago, completamente distintas de la avenida Broadway de NYC. Nueva York ofrecía un lenguaje anticlásico y plural frente al mayor control formal de Chicago en su proyecto de la Expo, la arquitectura de L. Sullivan y J. W. Root tras el incendio de 1871, y el plano Burnham de 1909. El mismo plano de 1909 de D. H. Burnham para Chicago se basó directamente en el modelo clásico de matriz europea. Sin embargo, la imagen monumental del París renacido de Haussmann no coincidía con la recuperación de la que llegó a ser la primera ciudad de América, a pesar de seguir siendo ese laboratorio empírico observado y descrito en The City (1925). El desarrollo urbano lo marcaron la economía y la emigración, pero la planificación jugó un papel asimismo relevante. En el posterior enfrentamiento entre Nueva York y Washington, D.C, la planificación neoyorquina se comprende aún mejor, bastante alejada de la capital fundada tras la Declaración de la Independencia (17911792) sobre una idea monumental, (Fig. 22) trazada con un sistema de bulevares, con diagonales hacia los puntos cardinales, y un plano unificador. El control de las alturas (unos 57 m), el gran 17. El lugar escogido fue Jackson Park, junto al lago Michigan. Daniel H. Burnham, director de la obra, quiso destacar el papel fundamental de la arquitectura, la escultura y la ordenación paisajística. Se valió, de hecho, de la obra de Frederick L. Olmsted para crear el proyecto neoclásico, cuyos edificios se revocaban de color blanco yeso. La White City influyó en ulteriores exposiciones internacionales, como la Franco-British Exhibition, por ejemplo, que se celebró en Londres del 14 de mayo al 31 de octubre de 1908. 18. Frederick Law Olmsted (1822-1903) se encuentra entre los principales arquitectos paisajistas activos en América y en el ámbito internacional. No debe confundirse con el ya citado Frederick Law Olmsted júnior (18701957), su hijo, que desempeña a su vez un papel significativo tanto en el ámbito del paisajismo como en el de la planificación urbana en Estados Unidos. 37 parque urbano, los obeliscos y los edificios representativos de Washington eran fonemas de un lenguaje de orden, diametralmente opuesto al neoyorquino. ENTRE LA OPULENCIA Y LA MISERIA NYC era punto de destino y tránsito de mercancías y personas por lo que las comunicaciones (ya sean marítimas o terrestres) fueron otro factor que contribuyó a su progreso, favoreciendo las oportunidades y estimulando la competencia tanto dentro de la ciudad como fuera de ella, frente a otras ciudades. Nueva York era un fresco fluido que, en poco tiempo, se hizo sólido y denso en personas y edificios. Entre los años 1860 y 1920, la población de los cinco distritos se incrementó de un modo exorbitante. La industria manufacturera, Fig. 22. El Plano para Washington, D. C. 38 localizada principalmente en Brooklyn, experimentó un crecimiento considerable. Además del comercio, el sector de la confección y la marroquinería, o las refinerías de azúcar, se expandieron enormemente los sectores editorial y de artes gráficas (unido a la existencia de numerosos periódicos y revistas), tabaco, químico y del metal, jabones y cartones de embalaje (diseñados y fabricados en Brooklyn). En menos de un siglo, entre los años 1840 y 1920 y, en mayor medida tras la Guerra Civil, unos 37 millones de emigrantes arribaron a Estados Unidos, de los cuales 6 millones procedían de Alemania; 4,5 de Irlanda; 4,7 de Italia; 4,2 de Inglaterra, Escocia y Gales; 4,2 del Imperio austrohúngaro; 2,3 de los países nórdicos y 3,3 de Rusia. La mayor parte de ellos se estableció en las ciudades de la Costa Este, NYC en particular, mientras que otra parte se trasladó al Medio Oeste para trabajar en la industria o en las minas. Entre 1903 y 1914, los 12 millones de inmigrantes directos a Estados Unidos entraron prácticamente a través de NYC, gracias a los puntos de acogida (como Ellis Island), la reducción de los costes del trayecto en transatlántico y las condiciones de Fig. 23. El puerto de New York y Lower Manhattan, en 1892. 39 algunos países que animaban a sus propios ciudadanos a emigrar. Muchos de los que llegaron a NYC, reclamados por sus parientes, formaban parte de esa emigración en cadena, atraídos por las condiciones de un trabajo bastante diversificado que se beneficiaba de la mano de obra disponible, si bien esto a menudo comportaba desigualdades sociales y motivo de malestar para un gran número de personas. En aquellos años el crecimiento de la red de transporte público hizo posible la ocupación de núcleos periféricos de Manhattan y de los otros cuatro distritos. Ya en 1885 una línea de metro comunicaba Manhattan con Brooklyn, la gran ciudad unida desde 1898 al sistema urbano unificado. La construcción, estrechamente vinculada al desarrollo urbano, requirió una descomunal fuerza de trabajo. A pesar de las crisis del Pánico y la Gran Depresión de 1929, miles de personas fueron incesantemente empleadas en este sector motor de la economía. Ya sea mediante acciones privadas o mediante acciones bottom-up, lentamente comenzaron a hacer su aparición servicios sociales específicos para la inmigración (dirigidos a los emigrantes, pero serviles al capitalismo), mientras se potenciaba el control sobre los trabajadores, una actividad ilícita operada por los capos. La demanda de trabajo, el crecimiento de la economía y el desarrollo global de la ciudad hicieron de esta un imán que atraía a un incesante flujo humano que tan solo se detuvo ligeramente mediante una ley promulgada en 1921. Un fenómeno clave para el rango urbano neoyorquino fue el desarrollo del puerto, favorecido además por las condiciones geográficas. (Fig. 23) En la primera mitad del siglo xix Nueva York registró un volumen de exportación cinco o seis veces superior al de Boston y veinticinco veces mayor que el de Philadelphia. Esta es una de las circunstancias que contribuyeron a la naturaleza aglutinadora de las economías neoyorquinas. De hecho, el puerto fue el primer ejemplo de una red de transporte basada en un modelo de desarrollo constituido por un nudo de conexión que concentraba la mayor parte de la circulación (un precursor hub and spoke) que vino a sustituir al anterior, más débil. La actividad del puerto neoyorquino sobrepasó a la de Philadelphia en volumen de productos y personas, bien porque estaba protegido por Staten Island (que mitigaba las heladas) o bien por el número de trasatlánticos, cada vez mayores y más veloces, que cruzaban el océano. En 1834, 1.950 naves del puerto de Nueva York transportaron 465.000 toneladas de mercancías; en 1860, 40 3.982 naves transportaron 1.983.000 toneladas de mercancías. Los barcos de menor tamaño usaban rutas locales para transportar cargas de pequeñas dimensiones mientras que los barcos grandes abastecían a un mercado más amplio y absorbían los volúmenes de producción mayores, por lo que la ocupación del espacio por su parte se incrementaba y NYC actuaba como un rizoma para llegar a ser la entrada económica de América. La ciudad adquirió diversas capacidades; conformó las instituciones sobre las que se asentó el comercio a gran escala; potenció (casi siempre por iniciativa privada) las comunicaciones y el tráfico, aumentando el nivel de los intercambios a medida que crecían las infraestructuras, los servicios y las empresas aseguradoras como los mayores motores económicos de América. La inversión privada en la mejora del puerto y la movilidad rindió el comercio más fluido a la vez que aumentaban las transacciones financieras y los beneficios. Este crecimiento se vio influido, entre otros factores, por la gran oferta de trabajo que mantenía la entrópica y rentable máquina urbana. De un beneficio inicial, dicho crecimiento se tradujo en una tendencia positiva y continua, y la ciudad, en fases sucesivas, creció. En un primer momento, de un modo informal y, más tarde, de un modo más sistemático, con posteriores aceleraciones y progresos. Entre 1825 y 1860 NYC afianzó su propio papel, manifestando una ambivalencia singular, entre la opulencia y la miseria, ante la inexistencia de acciones por parte del gobierno para proteger a los trabajadores y de igual manera entre 1860 y finales del siglo xix, a pesar del periodo de la Guerra Civil y las recurrentes crisis del Pánico. A partir de 1820 el sector manufacturero progresó, registrando unos 9.500 empleados, mientras que 3.100 estaban empleados en el sector comercio. En torno a 1850 se registró un cambio: frente a los 43.340 empleados en la industria, se registraron 11.360 en el comercio. Entre los sectores más rentables, además del de la construcción (que empleaba además a obreros especializados),19 se fortaleció el sector del refinamiento de azúcar, con un volumen equivalente a un tercio del valor total de los productos fabricados en la ciudad. La primera azucarera se abrió en 1730, en Liberty Street (en Downtown), a cargo de Nicholas Bayard II, perteneciente a una élite económica y a una familia activa en política. A esta fábrica la siguieron muchas otras refinerías (en Brooklyn) que garantizaban pingües beneficios. Ejemplo de ello fue la Domino Sugar Refinery de Brooklyn (en Williamsburg), convertida hoy en viviendas de lujo. El edificio, que se remonta a 1882, era el complejo del sector azucarero más imponente del mundo. El azúcar, procedente de las colonias 19. Algunos de ellos provenían de Italia y eran hábiles canteros, útiles en esa temporada en que se trabajaba el granito, material de construcción disponible (por la naturaleza del sustrato geológico de la isla), utilizado masivamente a partir de 1880. Otro equipo de obreros empleados en la construcción estaba constituido por nativos americanos. Joseph Mitchell, que llegó a NYC procedente de Carolina del Norte en 1929 —escribió para el Herald Tribune, The New York World-Telegram y a partir de 1938 a tiempo completo para The New Yorker hasta su muerte— narra el papel que los nativos (definidos como «ágiles como cabras»: «these Indians were as agile as goats») desempeñaron en la construcción en: 'The Mohawks in High Steel', 1949, en MITCHELL, Joseph. The Bottom of the Harbor, reeditado en Up in the Old Hotel and Other Stories, Vintage Books, Nueva York, 1992. 47 una representación, se reconsideran las propias raíces y se dinamizan intercambios y contactos, en un milieu imbuido de un optimismo de fe entre los conflictos y la pertenencia a grupos étnicos originarios. CIUDAD, CAMPO, NATURALEZA Tal y como apunta Raymond Williams, existe una interdependencia entre el desarrollo urbano y el desarrollo agrario, sujeta a revisión durante la Revolución Industrial. En ese periodo las modificaciones urbanas y territoriales provocaron una ruptura con el pasado e hicieron del campo una arcadia o edén perdido. Semejante pérdida generó puntos de vista críticos y una profusión de descripciones monstruosas de las ciudades, lugares de alienación marxista y freudiana, muy numerosas en la narrativa de finales del xix y principios del xx. Autores como H. James o C. Dickens recreaban el ambiente de la ciudad y el paisaje social de un modo dramático, narrando todo lo que aconteciera durante ese siglo, caracterizado por la urbanización, el consumo del suelo y de los recursos no renovables. El sistema ferroviario, el capitalismo, los cambios en la condición femenina, el trabajo infantil, el estallido de la pobreza y de las desigualdades acaparaban informes y novelas que adoptaban a menudo una postura antiurbana. Si algunos trascendentalistas americanos24 consideraban la ciudad un lugar desconcertante en contraposición con la naturaleza, una nostálgica vía de escape en un periodo acelerado por el tiempo, dos autores, Margaret Fuller Ossoli y Walt Whitman, manifestaron una postura diferente. A pesar de que ambos expresaron una crítica feroz a los errores del capitalismo, Whitman, sobre todo, ensalzó su ciudad sin demasiada nostalgia por el mundo anterior, haciendo hincapié en algunos tópoi urbanos. Por un lado, el espíritu comunitario, existente a pesar del periodo histórico, y, por otro, la energía que irradiaba NYC, más perceptible en determinados lugares como el puerto. La actividad importadora-exportadora, la excepcional frecuencia de las llegadas, los ambientes resplandecientes o los reflejos en el agua fueron plenamente percibidos por el poeta como pilares de la identidad neoyorquina y del paradigma de la ciudad. Ahí emergían una ciudad y una conciencia nuevas, inéditas contradicciones e inquietudes, una ciudad criticada a veces en determinadas páginas de Whitman, pero en mayor medida ensalzada, pues libera a lo nuevo del vínculo que lo une con el pasado. La transformación urbana, plena de contradicciones, que representó un trauma para las ciudades y sus habitantes en Europa, en Estados Unidos se vivió con un sentimiento distinto. La ruptura con 24. Sobre todo Ralph Waldo Emerson, Nathaniel Hawthorne y Henry David Thoreau. De este último, un comentario extraído de The Familiar letters of Henry David Thoreau, «en la calle, los cerdos son el grupo más respetable de la población. ¿Cuándo se enterará el mundo de que un millón de personas carecen de importancia comparadas con un solo hombre?» 48 el pasado, percibido como algo ajeno, el genocidio de los nativos y la supresión de la herencia cultural local determinaron el nacimiento de un nuevo patrimonio que solo aceptó aquellos cambios progresivamente y que mantuvo con el progreso una relación exclusivamente retórica. La estructuración del mundo laboral —a pesar de que aún subsistía una gran masa de trabajadores explotados, de la insuficiencia de las reformas y de la inexistencia, especialmente en las fases iniciales, de sindicatos que velaran por los trabajadores— se llevó a cabo en toda la Confederación, pero sobre todo en las ciudades. Dicha estructuración respondía a diferentes modalidades, pero en términos generales era fluida, menos marcada por la burocracia, organizada en otros ámbitos aparte de la fábrica, el elemento duro y sólido del cual era imposible evadirse. Con algunas excepciones (como Pittsburgh, llamada Steel City), las ciudades americanas grandes y medianas diversificaron la producción, aunque en algunos casos (Chicago con la industria cárnica, por ejemplo) existe el predominio de un sector sobre los demás. Pero, en términos generales, y sobre todo en Nueva York, se puso en marcha un vasto y heterogéneo tejido económico que, precisamente en virtud de dicha heterogeneidad, generaba redes de intercambio y una cultura específica. En realidad el mundo laboral estaba diversificado, no fundado únicamente en las industrias unisectoriales o en la producción masiva (nacida en una época ligeramente posterior), sino en una pluralidad de sectores y en una incesante aparición de campos innovadores que proporcionaban un mayor número de opciones a los trabajadores. El universo urbano se nutría de la competencia y los cambios. En este espacio de incendios, demoliciones y construcciones; en este espacio de la impermanencia, la ausencia de reglas, peligrosa en algunos sentidos, dio lugar a una especie de autorregulación, no del todo anárquica, que relacionaba dicho espacio con las personas en una contienda a veces dura, pero convergente hacia otros mitos. Una batalla en la que las palabras futuro, libertad o felicidad recurren a una utopía concreta: la Constitución. La localización y el desarrollo de las zonas agrícolas siguieron a su vez una trayectoria diferente, más similar a aquella que gestionaba la aglomeración industrial. Entre 1860 y 1900 la agricultura y la industria crecieron exponencialmente. El mercado interno, unificado además mediante la red ferroviaria y las comunicaciones, se caracterizaba por sus innovadores sistemas de distribución comercial (venta por correspondencia, grandes almacenes, 49 merchandising). En la industria se cuadruplicó el número de empleados, se dobló la extensión de tierra cultivada (de 2 a 6 millones de personas afectadas) y se desarrolló la fabricación en serie (1911, cadena fordista), así como los grandes complejos empresariales y los trust. Los colonos no reconocieron las señales territoriales preexistentes. Fundaron las ciudades apresuradamente, a menudo sin planos, con escasas excepciones, entre las que destacamos la ciudad de Savannah (Fig. 26) (construida en 1733 según un esquema precursor del plano diseñado por Cerdà en 1859 para Barcelona), Washington, D.C., planificada en 1791, y Chicago, con su plano monumental de 1909, obra de Daniel H. Burnham. En cuanto a la concentración de la riqueza, la ciudad era la base de la producción, mientras que el campo estaba relegado a un plano secundario. Sin embargo, en algunos casos el campo fue el alimento directo del capital urbano debido a una relación de frontera entre la urbanización y conquista de los territorios del oeste. La arcadia americana, paradójicamente, era un lugar inmutable y proyectivo, identificable en la imagen de futuro. El campo no evocaba pasado alguno ni estaba considerado, pues no existían paradigmas reputados que permitieran respetar la cultura material y simbólica de los nativos, los habitantes de la precolonización europea. El vínculo entre el territorio y la memoria influye en la capacidad de proyección transformadora de las personas. La ciudad es reflejo de esa interrelación sutil entre la propia condición actual y sus potencialidades. Cualquier espacio, cuyo pasado no se reconozca, incrementa enormemente la libertad del imaginario, tanto individual como colectivo, subsistente en el milieu neoyorquino. El vacío que instaba a la acción estimulaba las obras mediante numerosos instrumentos que rápidamente incrementaron su propia eficacia en la aceleración del siglo breve. Fig. 26. El Plano de Savannah de 1733. 50 No se trataba de proyectos teóricos o desmaterializados, aunque para los efectos inauguraron y anticiparon una forma de capitalismo ulterior incorpóreo. Este tipo de capitalismo, constituido por flujos de información y dinero, daría origen a los mismos rascacielos, posibles además gracias a la iniciativa individual y al azar. NYC, en esta corriente frenética hacia la materialidad de la ciudad física, creó la desmaterialización de los procesos convirtiéndose en la primera ciudad de la información. Los rascacielos fueron algunos de los instrumentos visibles de semejante cultura urbana y de semejante saber. Perseguían un absoluto laico mediante la superación de los vínculos impuestos. El pragmatismo neoyorquino apelaba a las capacidades atribuidas al individuo por la filosofía imperante, puntal del desarrollo. Los rascacielos fueron así escenario primordial de semejante visión, ejemplo de hasta qué punto la representación visible del dinero era uno de los principales objetivos. La historia, sagrada en Europa, en NYC estaba sometida a una disolución continua, ya sea conceptual o concreta: los mismos edificios a menudo eran sustituidos o demolidos para dar cabida a otros más lucrativos.25 La transformación urbana así concebida rindió a New York City un lugar donde el cambio se expresaba rápidamente, adoptando métodos como la expansión, la ampliación, el desmantelamiento o la demolición que en Europa eran casi siempre aplicados con un vago y oscuro sentimiento de culpa o manteniendo algunas trazas históricas, nunca borradas completamente. Para llevar a cabo demoliciones en París o Nápoles, o para las rectificaciones de las murallas en Viena, era necesario un plano, una idea que reconstituyera la globalidad urbana. Los planos decimonónicos afrontaron con mayor dificultad la reforma de la ciudad existente, considerada una acción onerosa y compleja, pero en Nueva York lo existente, exceptuando casos raros, debía ser drásticamente repensado. NATALIDAD Así pues, todo el territorio que formaba la Confederación, urbano y periurbano, se consideró una página en blanco que había que colonizar. En 1862 fue aprobada la ley «Homestead Act», según la cual se asignaban 160 acres (65 ha) de terreno público a quien los hubiera solicitado en territorios fuera de las 13 colonias. Una vez obtenida la escritura de propiedad, quien hubiera recibido la tierra asumía el compromiso de cultivarla. Entre los candidatos, incluidos los esclavos libertos, no se admitían aquellos que hubieran combatido contra 25. Semejante fenómento queda explícito en dos ejemplos que se tratan más adelante: el Gillender Building y la Singer Tower (demolida a partir de 1965, a pesar de la ley que regía los landmarks), dos edificios de gran calidad que fueron demolidos porque se consideraron obsoletos y porque no generaban un adecuado rédito inmobiliario. 51 el Gobierno de los Estados Unidos. La ley fue rubricada por el presidente Abraham Lincoln el 20 de mayo de 1862. En esta configuración nacional el desarrollo urbano neoyorquino, incrementado tras la Declaración de Independencia (1776), «hizo cumbre» en el siglo xix, época en que se superó la economía mercantil de la era colonial cuando ciudades como Boston o Philadelphia se convirtieron en cabeza de puente para las empresas comerciales. La actividad mercantil incentivó la acumulación de capital dando muestras de cómo valoraba NYC (en su paso de pueblo a metrópoli) estas nuevas organizaciones laborales y multiplicando la riqueza sin ambages: el capitalismo alimentaba la ciudad; la ciudad alimentaba el capitalismo. La dimensión de pueblo seguirá siendo percibida aun en época contemporánea, constituyendo uno de los caracteres urbanos de la ciudad. En 1941, Claude Lévi-Strauss escribe: «En realidad, Nueva York no era una ciudad, sino más bien, en aquella escala colosal —cuya medida solo se aprecia cuando se pone un pie en el Nuevo Mundo—, un conjunto de pueblos». Esta cita, atribuible a la heterogeneidad del paisaje urbano, definía pueblos como aquellos contextos nacidos del asentamiento progresivo de personas y actividades que, sin ser solicitadas ni estar normalizadas, se organizaban mediante contaminaciones y permeaciones recíprocas. Entre los siglos xvii y xviii Nueva York inicia su propia batalla por la supremacía sobre Philadelphia, mientras las colonias garantizaban el sector manufacturero, en aquel momento en pleno crecimiento, con un amplio mercado y un espacio para la acumulación de capitales y personas. Se iban formando competencias intermedias que gestionaban las transformaciones productivas vinculadas con el comercio, una industria emergente, la agricultura y, sobre todo, la nueva comunidad urbana. Se trataba de un ambiente que permitía crecer a los sectores embrionarios, los cuales se beneficiaban del desarrollo de los territorios y de los intercambios mercantiles que, precisamente en Nueva York, consolidaron unas originales relaciones económicas capaces de atraer a empresas y corporaciones. Hablamos de innovaciones, a menudo individuales, que ya en el siglo xviii potenciaron los distintos sectores, entre ellos el manufacturero. La producción, fuertemente diversificada, a pesar de las numerosas crisis del Pánico, emergía registrando una tendencia al alza, posible además por el flujo de emigrantes que a su llegada se establecían en Nueva York. En 1860 Estados Unidos eran la segunda potencia industrial mundial. En apenas cincuenta años determinados sectores vieron 52 cómo se multiplicaba su rentabilidad. En cuanto al sector textil, este contó con las plantaciones que, antes de la abolición de la esclavitud, actuaron como un factor importante, ya que el trabajo no remunerado de los esclavos explotados reducía los costes de producción y maximizaba los beneficios de los patronos. Las plantaciones del sur fueron, por tanto, una suerte de hiperfábrica avant la lettre a cielo abierto que producía altos réditos, capitales no localizados en ámbito urbano (aunque en parte circulaban en él) y estables hasta 1865. La interrelación entre los sectores industrial y mercantil determinó la estructura urbana de las ciudades en todo el territorio nacional, excepto en NYC. El crecimiento de Nueva York se puede atribuir a la enorme diferenciación del producto, no solo industrial y mercantil, sino además el producto vinculado a las grandes compañías, aseguradoras, hoteles, bancos y la Bolsa: un sistema orgánico que tejía ya la futura urdimbre de los diversos actores sociales y económicos. Nueva York no era la capital del país pero, sin embargo, fue sede de un ambicioso proyecto democrático y progresista. Carecía de cualquier criterio distributivo igualitario en el campo social, económico y financiero, pero fue una metrópoli donde actuaban algunos reformistas y donde vivía una extensa masa de gente, atraída por su energía vital, la seducción de la rapidez, lo imprevisto y el desarrollo sin descanso que cualquiera que visitara Nueva York o viviera en la ciudad podía percibir. El mitologema de NYC se formó a partir de un asentamiento inicial mínimo de un grupo de protestantes neerlandeses que levantaron Nueva Ámsterdam de acuerdo con las condiciones impuestas por la Compañía de las Indias Occidentales. El primer instrumento que reguló (en el siglo xvii) el crecimiento de Nueva Ámsterdam fue obra de un ingeniero, Cryn Fredericks. La ciudad se estructuró, en un principio, según este modelo26 que resultó ser inadecuado, bien por las dimensiones reducidas de la zona (la punta sur de Manhattan), o bien por los limitadísimos recursos económicos de los colonos. Esta es una de las razones por las que Nueva York a su vez inició su expansión sin un proyecto. Las calles, trazadas cuando era necesario, se disponían según una trama irregular, ni homogénea ni reglamentada, donde nacieron —con el consecuente aumento del valor del suelo y de la población— numerosas edificaciones espontáneas. En 1647, Peter Stuyvesant (director general de la New Netherland Colony, topónimo por el que se identificaba la ciudad) y su Consejo nombraron tres comisarios, cuya labor consistía en supervisar y sancionar las construcciones no consideradas idóneas. Estos comisarios decretaron además la siguiente regla: a quien se 26. El conjunto estaba delimitado por un foso que rodeaba un rectángulo de 2.000 pies de ancho y 1.600 de largo, dividido en diez parcelas destinadas a vivienda y jardín. 53 le hubiera asignado una parcela tenía la obligación de construir, en un plazo de nueve meses, edificios sólidos y dignos, so pena de devolución del terreno adjudicado. El asentamiento originario donde se establecieron entonces estaba constituido por el Castillo, una zona verde en el extremo sur (actualmente Bowling Green), una serie de viviendas y jardines, atravesados por un canal interior y Broadway, un eje que continuaba más allá de la muralla de Wall Street. En paralelo a esta muralla dentro de la ciudad, una calle comunicaba los dos ríos: el Hudson y el East River.27 A su vez, la ciudad, ya en plena actividad comercial, estaba formada por pequeñas agrupaciones de viviendas más allá de la muralla. Entre los asentamientos de mayor tamaño se encontraban algunos dispersos, sobre todo a lo largo del río Hudson, Harlem, sobre una planta regular y de pequeñas dimensiones comparada con la actual, y el núcleo de Bowery Lane (Fig. 27) (justo inmediatamente al nordeste de la muralla), cuyo crecimiento tuvo lugar en la calle ya existente a la llegada de los colonos, antigua ruta de los nativos que los holandeses llamaron bouwerij (granja). El año 1664 marcó el fin de la dominación holandesa. Algunos años después, en 1686, ya bajo dominio inglés, se creó la Dongan Charter, carta por la cual se renovaban los poderes del gobierno local, se definía la jurisdicción municipal y, sobre todo, se establecía la propiedad pública de todo el terreno aún no concedido a manos privadas. 27. La transformación del sistema de asentamiento se puede estudiar además a través de una lectura de la cartografía, si se colocan los planos cronológicamente. Véanse, entre otros, uno de 1660, redactado por Jacques Cortelyou, que se puede examinar en una copia de 1916. (Fig. 13) Fig. 27. El núcleo histórico de Bowery Lane en 1760. 54 Fig. 28. El 'Ratzer Map' de 1776. 55 28. Con una trayectoria sur-norte, Broadway es recta y baricéntrica hasta la calle 10, diagonal hasta la calle 79 oeste, después otra vez recta, con pequeñas desviaciones hasta la parte más al norte de Uptown. 29. Véase el plano Miller de la fortaleza de Nueva York (de 1695); los mapas (de 1730 y 1740) de los cartógrafos James Lyne y John Carwitham; algunas cartografías de los años 1732, 1742-1744, 1754 y 1766. 30. Véase un mapa adicional de Bernard Ratzer, de 1767, que no se limita a cartografiar en detalle el asentamiento presente en Lower Manhattan, sino que engloba además algunas partes sin urbanizar ligeramente más al norte. Véanse algunos planos sucesivos de los años 1782, 1785 y 1797, además del Directory Plan, el Mangin-Goerck Plan de 1803 y el Bridges Plan de 1807, instrumento este de enorme interés, si bien se caracteriza por algunas imprecisiones (relativas, por ejemplo, a las zonas húmedas), tanto en cuanto fue la base sobre la cual elaboraron los Commissioners el Grid, ligeramente posterior. El asentamiento humano se había extendido más allá del límite de la actual Wall Street, comprendiendo algunos grupos irregulares de casas con un espacio abierto en su interior. Con este sistema se ocupó toda la extensión (de oeste a este), entonces más reducida, ampliada más tarde gracias a la técnica del landfill, rellenado del terreno mediante cascotes y restos de obras. Se avanzó así por el litoral (a lo largo de los dos ríos) incrementando el primer recurso de la isla: el suelo urbanizable. Al mismo tiempo se iban configurando los trazados de algunas calles que originarían la red viaria permanente de la futura ciudad (por ejemplo, el triángulo en el cruce entre Broadway y el eje diagonal que más tarde sería Park Row). El territorio contaba con numerosas zonas pantanosas que fueron desecándose progresivamente y comenzaron a aparecer algunas señales, como la Broadway,28 eje vertebrador de la estructura urbana e importante polo de distribución a lo largo de toda la isla,29 así como instrumento para leer la estratigrafía social y urbana de la ciudad. A partir de la segunda mitad del siglo xviii, tal y como queda constatado en un mapa de 1776, obra de B. Ratzer, (Figs. 28 y 29) la configuración global de la ciudad la constituían parcelas aún no densamente pobladas, Brooklyn (tejido agrícola, solo en parte habitado y surcado por una rala red de calles) y un Manhattan en expansión: los grupos de casas y el asentamiento abigarrado de la zona sur, la larga Bowery Lane, los cultivos, las colinas y las zonas húmedas, los embalses internos y los cementerios, además del asentamiento que en ese momento había sobrepasado con creces Wall Street. En 1789, cuando Nueva York se convirtió en la capital provisional de Estados Unidos, poco después del final de la Guerra de Independencia, el sistema de asentamiento presentaba una estructura compacta y regular, sobre todo en el sur, y más al norte parcialmente, con un patrón que influyó en la posterior configuración viaria y que permaneció incluso después de 1811, año en que fue creado el Commissioners’ Plan,30 conocido como el Grid. ESTALLIDO URBANÍSTICO El Grid La cartografía de William Bridges (mapa Bridges), (Fig. 30) adaptada por John Randel júnior,31 sirvió de base para la creación del Grid de 1811, el plano que subdividía Manhattan en manzanas rectangulares, cuya población en 1810 era de 96.373 personas. 56 Los tres Commissioners, Simeon DeWitt, Gouverneur Morris y John Rutherford (ninguno de ellos urbanista) iniciaron el trazado en 1807 y en 1811 presentaron el proyecto y su informe. Inmediatamente después se desencadenó una fuerte especulación inmobiliaria (compraventa de terrenos que eran principalmente de propiedad pública) que inauguró un capítulo fundamental de la economía de la ciudad: el real estate market, el mercado inmobiliario que jamás ha ido a la baja. El Grid proponía expropiaciones y demoliciones (para los edificios existentes en las zonas viarias) que desencadenaron conflictos urbanos y siguió el tejido urbano edificado (caso de Harlem) sin tener en cuenta la configuración morfológica de Manhattan, plena de colinas y pequeños desniveles. El Grid no preveía ninguna solución específica, ningún espacio público, ninguna conexión, ni siquiera cuando esta red ortogonal se tendía en parcelas preexistentes, como ocurre en Bowery. Se generó así un espacio híbrido donde los edificios y las calles de NYC se compenetraban de un modo intraespecífico, reflejo de la competencia inmobiliaria existente. A diferencia de Washington, no se asignó espacio alguno para edificios colectivos, parques o espacios públicos. El plano definió la amplitud de las manzanas y las vías urbanas, clasificadas en avenidas y calles: 12 avenidas de norte a sur, de 100 pies de anchura (unos 30,5 m) a un intervalo de 200 pies (unos 70 m, la manzana) y 155 calles, de este a oeste, de 50 pies de ancho (unos 15,3 m). Para el urbanismo europeo una aberración, pero para NYC un éxito, ya que la ciudad, desligada de los complejos sistemas normativos, crecía en función de las oportunidades y una conflictividad urbana más explícita, basada en relaciones bastante menos piramidales que las de cuño centroeuropeo. 31. De gran interés los 92 mapas (y los mapas detallados, denominados Farm Maps) de John Randel júnior, que muestran la relación entre el Grid y la topografía de Manhattan, conservados en la New York Public Library. Fig. 29. Un detalle del mapa de Bernard Ratzer, 1767. 63 en Manhattan. Influyó en la perimetración del parque, promoviéndolo con una actitud aparentemente reformista, pero sustancialmente destinada a revalorizar la propiedad inmobiliaria que estaba en manos de pocas personas. Esta élite, en ocasiones aliada con el gobierno local, gestionaba la expansión urbana adquiriendo o alquilando parcelas de propiedad pública próximas al parque. (Fig. 33) El aparente sacrificio de 341 hectáreas, desviadas al mercado inmobiliario, se tradujo en pingües beneficios para los propietarios de las parcelas limítrofes al parque y en gran malestar para los trabajadores obligados a mudarse. Este hecho fue crucial en la reelección de Wood, calificado de alcalde modelo, mientras que el asunto Central Park se convertía en núcleo de la máquina urbana y motor fulminante del mercado del suelo. Entre los especuladores inmobiliarios activos entre el siglo xix y principios del xx se encuentran Bleecker (miembro de la junta parroquial de Trinity Church), Astor, Salmon, Payton, Eno, Potter y Rockefeller. Fueron, entre otros (algunos incluso antes de 1811 y muchos después), los autores de la veloz y brutal especulación inmobilaria que presenció además la actividad de los grandes capitalistas como Vanderbilt (sector naval, red ferroviaria); Carnegie (acero); Morgan (acero, grandes finanzas); Ford (automóviles) o Rockefeller (petróleo), personajes que gobernaron las finanzas locales e internacionales controlando el mercado, la producción y la construcción, conformando así el ámbito urbano mediante acciones concretas. En determinados casos, el mismo gobierno federal actuaba expresamente en tándem con los inversores inmobiliarios, tratando a la ciudad como una empresa comercial que proporcionaba dinero para invertir. La especulación inmobiliaria fue una de las consecuencias del crecimiento frenético y la demanda diversificada de alojamiento, no solo para la clase trabajadora, en ciudades como NYC que, en 1900, contaba con casi tres millones y medio de habitantes. Las ventajas geográficas y las circunstancias históricas dieron lugar a altísimos niveles de densidad urbana que en algunos barrios como Lower East Side no disminuyeron, pues se atestaba a los trabajadores intencionadamente en viviendas de pésima calidad. Para la parte afortunada de la sociedad, por el contrario, hubo en el siglo xix dos inventos clave (el armazón de acero y el ascensor) que permitieron concentrar en zonas exiguas como Manhattan (gracias a los rascacielos) a un gran número de personas en reducidas áreas, organizando un tejido económico y un sector de servicios que consecuentemente hicieron rentables los edificios altos. 64 Entre los principales magnates inmobiliarios se encuentra John Jacob Astor III, quien acumuló un gran capital con la adquisición y el leasing de terrenos de Manhattan comprados a precios bajísimos, antes y durante el Pánico34 de 1837. Ya desde 1830 comprendió que el desarrollo urbano sería un asunto rentable e invirtió en la adquisición de amplias parcelas de terreno para la construcción de inmuebles. Previendo el rápido crecimiento en la zona norte de Manhattan, adquirió asimismo parcelas edificables más allá de los límites urbanizados en aquel momento. Otro protagonista importante del mercado inmobiliario, no directamente ligado a la construcción de los rascacielos, fue Philip Payton, conocido como Father of Harlem. A finales del siglo xix este afroamericano invirtió en el sector inmobiliario —todavía marcado por una fuerte discriminación—,35 porque, tras la abolición de la esclavitud, fueron muchos los negros que se desplazaron de las plantaciones del sur a un norte más liberal e industrializado. Harlem, un núcleo habitado en primer lugar por comunidades blancas acomodadas, experimentó una caída de los valores inmobiliarios y un sucesivo ascenso posterior a 1900, motivado por la prolongación del metro, que provocó un incremento en la edificación de viviendas. En 1904, año en que se inaugura el metro, el número de edificios construidos era, sin embargo, mucho mayor que la demanda por parte de los blancos. En aquella fase numerosos afroamericanos 34. Una grave depresión económica que nació de una fiebre especulativa. La burbuja estalló el 10 de mayo de 1837 en Nueva York, cuando los bancos suspendieron pagos. Siguieron cinco años de depresión, la caída de numerosos bancos y niveles récord de desempleo. Otras depresiones, hasta el límite de los años treinta del siglo xx, tuvieron lugar en 1819, 1857, 1873, 1893, 1907 y 1929. Fig. 33. Un detalle de Central Park de un mapa de 1873. 65 que vivían en Midtown, entre las calles 23 y 60, y en West Side —a consecuencia de una revuelta racial y la construcción de la Penn Station en la calle 34 (entre 1903 y 1910)— fueron desahuciados. Payton asumió la gestión de algunos inmuebles de Harlem y alquiló las viviendas libres a precios asequibles, lo cual favoreció el asentamiento de muchos negros. Con otros hombres de negocios afroamericanos fundó una sociedad anónima, la Realty Company. Gracias a las operaciones inmobiliarias y a los incentivos de Payton y sus socios, inició el proceso de asentamiento de la comunidad negra, que no ha dejado de cesar más que en los últimos años, en que esta se ha complementado con la comunidad latina. La comunidad híbrida de Harlem (contando en el mismo núcleo un gran número de inmigrantes latinoamericanos), aún hoy en día se resiste a la gentrificación, intentando que el lugar conserve y reafirme una identidad morfosocial específica, manteniendo un tejido constructivo formado en gran parte por edificios de poca altura, algunos de los cuales son viviendas populares (tenements de la clase obrera) y casas de finales del siglo xix (brownstone houses), especialmente en las inmediaciones de Central Park. Las brownstone houses, casas adosadas de dos o tres plantas, habitadas generalmente por la clase media o la clase adinerada, abundan en toda New York City. Se caracterizan por la pequeña escalinata externa de acceso y su particular piedra brownstone, una arenisca marrón comúnmente usada en la construcción. La defensa de Harlem, gestionada por las comunidades negra y latina, con el tiempo ha dado lugar a un tejido urbano de jardines comunitarios que ha limitado el establecimiento de oficinas (relacionadas con las altas finanzas) que se pueden encontrar en otras zonas de la ciudad (Downtown; Midtown, en las avenidas Quinta y Sexta). Sin embargo, dicha defensa ha provocado además decisiones políticas discriminatorias y una falta de servicios específicos como los relativos a la red de transporte. Un examen exhaustivo del valor del suelo desde finales del siglo xix36 y las primeras décadas del xx muestra de qué manera el mercado inmobiliario se ha mantenido estable, gracias a la dinamización de: a) La red de transporte; de la innovación tecnológica que dejaba algunos edificios en desuso; del cambio de los comportamientos sociales; de la urbanización de parques y jardines. b) La escala gradual al alza, no planificada, de la expansión urbana; en este sentido, los valores altos de renta (expresados en 35. Entre las diversas leyes apartheid, las leyes Jim Crow, destinadas a la segregación de los servicios públicos, solo contemplaban un estatus: «separados pero iguales» para los negros americanos y los miembros de otros grupos raciales que no fueran blancos. 36. Véase Real estate record and builders’ Guides (Columbia University Library, Digital collection), (consultado de 1868 a 1900). 66 la relación dólares/pie cuadrado, variables de 400 a 3 dólares por pie cuadrado, en las dos primeras décadas del siglo xx) se desplazaron, entre el siglo xix y el xx, hacia el norte, incluso manteniendo costos elevadísimos en las inmediaciones del Financial District y sobre todo en la zona sur de Broadway (especialmente cerca del ayuntamiento y Park Row), subidas al alza (las zonas inmediatamente cercanas al puente de Brooklyn) y algunos desequilibrios, como por ejemplo en Broadway, de la calle 14 para abajo; el área, dinámica y comercial, en torno a Canal Street,37 donde se registraban precios bastante elevados. (Fig. 34) Al norte de la calle 14, Manhattan estaba formada por tres zonas diferentes: la primera al oeste, con valores en ligero crecimiento en la zona más meridional, con un incremento mayor a partir de la calle 59 (el límite sur de Central Park), y picos muy elevados en las proximidades de Riverside Park (el parque de F. L. Olmsted, a lo largo del litoral en Upper West Side); la segunda al este, con valores constantes y sobre todo junto al East River, más bajos que en el oeste; la tercera a lo largo de las avenidas Quinta y Sexta, con una densificación de valores altos en Midtown, en el amplio núcleo interior, al sur del parque, y con un alza clarísima de los costes de las parcelas en el perímetro de Central Park, sobre todo en East Side, cerca de la Quinta Avenida, en una zona caracterizada por una transformación inmobiliaria debida a factores como la construcción del Metropolitan Museum (el MET).38 Rascacielos: Corporaciones verticales El rascacielos es un artefacto matérico y simbólico donde se llevan a cabo los intercambios y comunicaciones de una economía meteórica, objeto servil al capitalismo dinamizador de las transacciones financieras, objeto de status que instaura unas condiciones específicas donde el futuro se presentaba como una realidad superable. El sistema de rascacielos en marcha en Manhattan ha sido y es generador de espacio urbano, económico y social: supone un punto de encuentro donde se aglutinan las fuerzas económicas y socioculturales; es un motor de innovación; es una manifestación de las desigualdades y de la diferenciación interurbana que caracteriza a la ciudad; es reflejo de las relaciones que NYC mantuvo con las economías local y global. Así pues, contemplar los rascacielos no significa estudiar la ciudad material trazando exhaustivamente su historia, sino 37. Un canal en sus orígenes, cubierto entre 1819 y 1820, que se convirtió en una calle amplia y dinámica, unida a zonas de malestar social (como Five Points) y sede de actividades comerciales como la joyería —en el cruce con Bowery— antes del traslado al Diamond District, en la calle 47. 38. Fundado en 1870, en la sede actual desde 1880, junto al Central Park, en la Quinta Avenida. 67 contemplarla como el lugar donde en mayor medida se concentran los efectos de un periodo histórico sumamente importante para todo el mundo occidental. Los rascacielos han sido y son efectos colaterales determinantes de dicha historia. Son esos lugares deseados donde las grandes corporaciones establecieron sus sedes, porque NYC ha sido y es el lugar donde el capitalismo se alimenta de los intercambios y las representaciones, de los nuevos procesos de producción de una economía urbana que aquí se desvía hacia la desmaterialización. De esta manera observamos los rascacielos en clave interdisciplinar, considerándolos no solo objetos arquitectónicos, sino puro reflejo de la economía. Los rascacielos son elementos dinamizadores del espacio; cuentan historias de vida que nos hacen reflexionar sobre una urdimbre similar a las historias humanas: un conjunto de redes de relaciones y conflictos impelidos y propulsados que se retroalimentan de una forma vital y continua. El rascacielos, por tanto, no es solo un punto de referencia, un landmark o un elemento arquitectónico donde la técnica se vuelve arte, sino una expresión cultural y socioeconómica de una época y una ciudad determinadas. Se trata de un edificio altamente eficiente. Es un lugar donde se condensan las distintas funciones en un espacio vertical que reduce considerablemente el tiempo en los trayectos e integra todas las actividades necesarias para el desempeño de la actividad laboral propia del edificio. El rascacielos ha englobado y engloba oficinas, servicios, hoteles, tiendas y viviendas. Es un lugar donde los elementos materiales, Wall Street Brooklyn Bridge Canal Street Broadway Fig. 34. Valores inmobiliarios en Downtown, 1908. 68 las personas y los documentos se mueven en una dinámica estable, mientras grandes flujos de información recorren los cables, y donde los elementos inmateriales, los flujos de capital y las relaciones humanas impregnan el edificio. Un capital económico que se multiplica mediante la acción: personas e ideas dentro de una célula abierta perfectamente delimitada y visible, en un espacio nada aglutinador, sino polarizante. Un espacio que NYC necesita para su desarrollo regido por un modelo que difiere bastante del modelo propio de las ciudades europeas, más aún si tenemos en cuenta que dicho modelo se diferenció y especializó durante la Revolución Industrial. Cuanto más matérica y dividida resulta la ciudad europea, más sólida, intangible y fluida resulta NYC. En el siglo xix Londres fue el núcleo de la economía europea y París el centro de su cultura más vanguardista, mientras que en el xx, NYC ha sido la capital cultural y económica en un medio ya globalizado. Si Benjamin interpreta los passages como nuevos territorios urbanos del extrañamiento, los rascacielos podrían considerarse los indicadores de la esencia en un sistema mundial, los elementos creadores de un sistema de microbarreras y microporos en una nueva economía y cultura urbanas en un espacio extremadamente competitivo. Elementos generadores de espacio, aun tratándose de corporaciones verticales, cuyo papel va más allá del ámbito económico. Los rascacielos crean un campo magnético, una red de imanes que reconstruyen un imaginario y un paisaje polarizado (formado por puntos) pero a la vez unitario que se puede constatar en el skyline neoyorquino. Manhattan, a pesar de su heterogeneidad, respira de hecho como un solo cuerpo y se hace visible mediante el skyline, específico objeto cultural donde los rascacielos son, precisamente, los generadores sensoriales. Los rascacielos de Nueva York han sido uno de los principales sujetos estructuradores del espacio y la sociedad. La mera aparición de uno de ellos suponía una puerta a un futuro inaudito de transformación y relevancia económica y social. La construcción de un rascacielos desencadenaba realmente un cambio a la vez que generaba una actividad económica, una retroalimentación, prolongados procesos económicos y determinados paisajes urbanos. Quien edificaba un rascacielos demostraba ser solvente y fiable, ostentando el dominio propio sobre la escena urbana. Quien edificaba un rascacielos recibiría a cambio una serie de ventajas positivas: publicidad, visibilidad, apropiación de un espacio físico y de una parte ilimitada de espacio intangible. 69 Los edificios altos han sido, además, la cuna y el alimento de la cultura urbana, albergando grandes estudios cinematográficos, compañías comerciales, (capaces de influir en el comportamiento y el consumo), instituciones y asociaciones civiles y periódicos. Los rascacielos han sido y son elementos visuales y núcleos indicativos de poder, de los micro y macropoderes difusos. Son expresiones culturales y sociales de la mezcolanza contaminada de la sociedad urbana que surge dentro de las relaciones de fuerza no completamente regidas por la consciencia humana o por la política, sino unidas a menudo a doble filo con las finanzas. Las relaciones de competencia —para obtener altura, visibilidad y posición— estaban unidas a la política y al gobierno locales, a la fuerza de trabajo, a los inmigrantes que, obreros o emprendedores, mantuvieron de todas maneras relación con los rascacielos. El binomio ver-poder presenta una doble finalidad: controlar y ser visibles, es decir, potentes, en un área fálica, donde los objetos urbanos se disputan la fortaleza (espacio/tiempo/acción) dentro de la cual coinciden ser y aparecer. Así es como el Manhattan de los rascacielos expresa el ver y ser visto. La insularidad que la caracteriza hace hincapié en este aspecto: las vistas históricas, los diseños, los mapas sesgados, las imágenes fotográficas, los primeros documentales, el mismo impacto de la primera panorámica urbana para quien arribara a Ellis Island muestran, a gran escala, una unidad morfogenética distinguible, rodeada por un perímetro donde en un principio no se construía, exceptuando las infraestructuras conectoras (puentes, túneles, muelles). Un flanco de agua donde más tarde surgirían grandes edificios emblemáticos y algunos rascacielos como el edificio de la ONU.39 Metro El 27 de octubre de 1904 George B. McClellan júnior, alcalde de Nueva York, inauguró la primera línea del metro neoyorquino conduciendo él mismo el tren desde el ayuntamiento (City Hall) hasta la calle 10. No se trataba del primer suburbano de Estados Unidos o Europa40 pero, en poco tiempo, el metro de Nueva York se convirtió en el sistema de transporte número uno y más extenso de todo el país. La construcción del tramo inicial del metro se llevó a cabo después de la construcción de algunos tramos de la Elevated, una línea ferroviaria sobreelevada, a vapor y más tarde electrificada,41 que se implantó en torno a los años sesenta del siglo xix. La línea del metro unía Greenwich Street con la Novena Avenida utilizando ramales ya 39. El rascacielos de la ONU, terminado en 1952, es uno de los numerosos edificios que forman la sede general de Naciones Unidas. Se encuentra en Turtle Bay, Manhattan, junto al East River. 40. Inauguración de algunos metros: Londres, 1863; Glasgow, 1896; Budapest, 1896; Boston, 1897; París, 1900; Berlín, 1902; Atenas, 1904; Philadelphia, 1907; Buenos Aires, 1913; Barcelona, 1924; Tokyo, 1927; Osaka, 1933; Moscú, 1935. 41. El asunto de la electrificación se inició durante la llamada War of Currents (Guerra de las Corrientes entre 1880 y la década posterior), que entablaron T. Edison y G. Westinghouse (quien se servía de los descubrimientos de N. Tesla), antagonistas en el suministro de la electricidad. La corriente alterna se adoptó como estándar, pero el metro de NYC optó por la corriente continua, como proponía Edison. 70 existentes de la sobreelevada, gracias a la participación de numerosas empresas privadas que integraron las primeras obras con sectores que, en su mayor parte, fueron desmantelados después. En sus inicios, el metro recorría unas 9 millas, atravesaba 28 estaciones y comunicaba City Hall, en Lower Manhattan, con la Grand Central Terminal (en la calle 42), el gran nudo de Broadway, y llegaba hasta Harlem (calle 145). En 1905, la línea se prolongó hasta el Bronx, en 1908 se comunicó con Brooklyn y en 1915 llegó hasta Queens.42 Al recorrido norte-sur que ponía en comunicación rápida zonas extremas del territorio de Manhattan se unieron otros ramales que permitieron una movilidad más eficiente, influyendo en el desarrollo del asentamiento humano, rindiendo más atractivos determinados sectores de la ciudad e incidiendo en el valor del suelo y, por tanto, en el mercado inmobiliario. Algunas zonas se reconvertían rápidamente y se organizaban nuevos entramados entre territorios de influencia recíproca. (Fig. 35) El 27 de octubre de 1904, cuando 100.000 personas experimentaron su primer viaje en el interior del vientre de Nueva York, The New York Times, responsable de la apertura de una importante estación en Times Square, documentó la emoción del momento en una publicación: Por primera vez en su vida, el Padre Knickerbocker viajó al subsuelo. Se introdujo bajo tierra en compañía de sus 150.000 “hijos” que, entre los toques de silbato y los cañonazos de las salvas, experimentaban su primer trayecto en metro, algo que durante años se había ridiculizado por imposible. El metro, universo paralelo a la ciudad de la superficie, prodigioso dispositivo de la contemporaneidad y gigantesco passage, proyectó a Nueva York al futuro. Se convirtió en un nuevo espacio colectivo para atravesar la ciudad donde se podía escuchar el estruendo de la máquina urbana y se experimentaba la visión cinemática mediante el mismo movimiento de los trenes y al pasar por las estaciones. La planificación del sistema de transporte quedó inaugurada con el «Rapid Transit Act», un decreto de 1894 que instituyó una Comisión que establecía la red de los recorridos, la distribución de los accesos, las licitaciones y las asignaciones a cargo de empresas privadas. A menudo esto desencadenaba conflictos y batallas legales que desviaban las decisiones tomadas a contracorriente hacia otros objetivos, incluso considerando inderogables algunas intervenciones que conectaban ejes urbanos como Park Avenue y Union Square. 42. En 1932 se constituyó el IND (Independent Subway System) que, en 1940 compró el IRT y el BMT (BrooklynManhattan Transit). Actualmente, la red suburbana consta de 22 líneas interconectadas, más de 200 millas de recorrido y unas 468 estaciones. La gestión está a cargo de la MTA (Metropolitan Transportation Authority). 71 El límite marcado por la Consolidation de 1898 fue determinante ya que puso en evidencia la enorme dimensión de la conurbación y la necesidad de surcarla con una red interurbana de transporte. De esta manera, el esquema inicial, orientado de norte a sur, evolucionó hacia una estructura en H que comunicaba el este con el oeste. Algunas de estas intervenciones (por ejemplo, la Broadway con la Lexington Avenue) ocasionaron migraciones internas, influyendo así en la estructura urbana y, por ende, en el mercado inmobiliario. El desarrollo, acaecido en una progresión no lineal, afectó a lugares emblemáticos como las avenidas Bowery y la Tercera Avenida, áreas neurálgicas donde vivían los emigrantes. La red la implantaron un sinfín de empresas: el Paradigma New York que a priori actuaba sin una clara planificación, aspiraba de todas maneras a ser eficaz y, de hecho, entre 1910 y 1939, la red ya era bastante extensa, mientras que a partir de 1929 se reunificaron los gestores, aunque el papel de los diferentes actores económicos y políticos siguió teniendo importancia, pues en ocasiones recortaban financiación aislando algunas áreas marginales, habitadas por grupos vulnerables. Fig. 35. Las redes de transporte urbano en 1908. 72 RASCACIELOS: METAMORFOSIS SELECTIVAS Y SISTEMA URBANO Una referencia acreditada del fenómeno de los rascacielos fue el Equitable Life Assurance Building (casi homónimo del posterior Equitable, construido en 1915), inaugurado en 1870 y devastado por las llamas en 1912. (Fig. 36) El Equitable, de 47 metros de altura (7 plantas más el ático), superado cuatro años más tarde por la imponente torre con reloj del New York Tribune Building (obra de R. M. Hunt), (Fig. 37) está considerado en numerosas fuentes el primer rascacielos del mundo. Fue el primero que instaló ascensores hidráulicos (de la empresa Otis); fue diseñado por A. Gilman y E. H. Kendall (las estructuras son obra de G. B. Post) entre Broadway y Cedar Street y se erigió mediante un concurso convocado por Henry Hyde, presidente de la Equitable Life Assurance, consciente de que el consecuente impacto publicitario sería descomunal. El ascensor fue un requisito fundamental para la construcción de los edificios altos, sin el cual las arquitecturas verticales o vertical architectures como las definió Barr Ferree, no hubieran sido posibles. El Western Union Telegraph Building I, (Fig. 38) de 10 plantas (completado en 1875, de G. B. Post), entre Broadway y Dey Street, fue el segundo edificio con ascensor y el New York Tribune Building (iniciado durante una crisis financiera en 1873 y completado en 1875, obra de R. M. Hunt) en Park Row, el tercero. Ambos fueron construidos con materiales ignífugos y posteriormente demolidos. En aquella fase inicial se experimentaban lenguajes nuevos y recursos técnicos que permitieron alcanzar grandes alturas que fascinaban, maravillaban y atraían enormemente la atención. Entre los edificios más famosos de 1870 a 1890 (durante un primer boom constructivo), mientras estaba cambiando el paisaje de Lower Manhattan, sobre todo entre Bowling Green y City Hall, se encuentra el Lincoln Building (completado en 1887, proyecto de R. H. Robertson), cuyo cuerpo compacto se erige en el esquinazo de una manzana entre la calle 14 y Union Square West. El Corbin Building es otro importante proto-rascacielos, (Fig. 39) un inmueble comercial entre Broadway y John Street, obra de F. H. Kimball. El edificio, que toma el nombre de Austin Corbin, banquero, contratista inmobiliario y presidente de la compañía ferroviaria Long Island Rail Road, fue completado en 1889. Alcanza solo 9 plantas, resulta relevante desde el punto de vista técnico43 y está dotado de una bellísima fachada coronada con dos pequeñas pirámides rojas, con un flanco reducidísimo y otro más amplio en la calle perpendicular al eje. 43. Por la cimentación neumática mediante cajones, el armazón de acero, las bóvedas estructurales introducidas en NYC por Rafael Gustavino y además por los materiales ignífugos. 44. Estos tres arquitectos fueron autores de numerosas construcciones: el Goelet Building; el Madison Square Garden II; el Cable Building (un edificio compacto del 1894, en NoHo, con armazón de acero y fachada de terracota); el Washington Square Arch; algunos edificios dentro del Prospect Park (en Brooklyn); algunos edificios del campus de la Columbia University; la sede del New York Herald, demolida en 1921; la Morgan Library & Museum; algunos de los edificios que componen la New York Public Library (el de la Quinta Avenida es obra de otro importante estudio, Carrère and Hastings); la Pennsylvania Station; el Hotel Pennsylvania. Muchos de estos edificios fueron diseñados principalmente por S. White, asesinado el 25 de junio de 1906. Véase F. SCHIAVO, 'The Red Velvet Swing: Murder at Stanny’s Garden'. En Dialoghi Mediterranei. 2018, n. 33. 79 de Broadway (a pesar de las frenéticas subidas de los precios de las parcelas) y de un inicial desplazamiento hacia el norte, corroborado durante los años sucesivos, de oficinas, hoteles y lofts, cuyo número aumentó considerablemente entre 1895 y 1897, por el desarrollo de algunos sectores productivos de la industria ligera como el de la confección. El edificio más alto (28 plantas) construido en aquel periodo superaba los 100 m; se trata del Park Row Building, (Fig. 49) de 1899, obra de R. H. Robertson. Construido con armazón de acero y muros de ladrillo, el edificio sigue siendo un punto destacado en las vistas, al recorrer Broadway o Park Row (está enfrente del Woolworth Building). Su fachada alta, estrecha y simétrica, alberga la sede de un periódico y costó un millón de dólares. La distribución y concentración de los rascacielos, además de evidenciar el papel de algunos edificios, era muestra de la progresiva articulación del sistema (económico y social). En este sentido fue emblemática la colonización de la zona entre Park Row y Broadway por parte de numerosas sedes de periódicos e importantes empresas, en una parte de Downtown donde el índice de revalorización era altísimo y los costes de las parcelas subían de un modo vertiginoso. Además del aumento demográfico (las migraciones), fueron numerosos los factores que provocaron semejante cambio incremental. En 1883 tuvo lugar un crecimiento repentino del número de edificios, en consonancia con la difusión de los periódicos y sobre todo con la inauguración del Brooklyn Bridge, cuyo papel en la localización de los principales actores económicos en las zonas limítrofes al puente fue fundamental. Fig. 47. Times Square y el Paramount Building en 1957. Fig. 48. El Fred F. French Building. Fig. 49. El Park Row Building en 1899. Fig. 50. El Metropolitan Life Insurance Building. 80 En la década siguiente, aun confirmando el peso y la polaridad del núcleo entre Park Row y Broadway, al igual que de toda el área meridional de Broadway, hoy en día saturada, los crecientes valores inmobiliarios y el desarrollo al alza de la ciudad impulsaron el asentamiento urbano hacia algunas zonas del norte de Manhattan. Este hecho fue provocado además por otros factores, Central Park, entre ellos, ya que influyó en los valores y la actividad del sector inmobiliario en la zona en torno al parque. La actividad constructiva empezó a trasladarse hacia Midtown ya desde finales del siglo xix, donde, entre 1893 y 1909, se edificó el Metropolitan Life Insurance Building,55 (Fig. 50) sede de la empresa homónima que se había establecido en NYC en 1868. Este edificio (conocido también como Metlife Tower), completado en 1909, se instaló en las inmediaciones del Madison Square Park (abierto al público en 1847) El Metropolitan Life Insurance, diseñado por Napoleon LeBrun & Son, presenta 50 plantas (más de 200 m de altura) y una imponente torre, acorde con un modelo propuesto por muchos edificios coetáneos, e incluso posteriores, como la Singer Tower, a su vez fruto de la meteórica carrera de la compañía homónima, fabricante de máquinas de coser. El Met Life Insurance Building56 se encuentra entre los inventores del skyline y no solo por su altura. La pequeña cúpula dorada sobre la cubierta piramidal se ve desde lejos, refleja la luz y, en virtud de semejante visibilidad, inaugura el tema de la coronación de un edificio —resuelto con una interesante solución—, cuestión urbana fundamental. En New York City, la parte más alta, se podría decir reflexionando provocativamente sobre los lúcidos escritos de Jane Jacobs, es casi más importante que la unión con el suelo, por la forma de la isla, rodeada de ríos y dotada de lugares que permiten la vista icónica de Manhattan desde numerosos puntos, gracias a la exigua dimensión del territorio o a la aparición de los miradores57 entre las alturas, en la lucha por alcanzarlas. En este sentido, el skyline, la forma más específica del paisaje neoyorquino, forma parte de los objetos urbanos con mayor poder de seducción. El skyline nació hacia finales del siglo xix y a principios del xx ya estaba plenamente representado, a causa del boom económico, el uso de la fotografía y el cine y el incremento de la construcción. La forma urbis en gran altura empezó a asumir entonces una silueta determinada (pero variable) y puso en evidencia la manera en la que los rascacielos actuaban a nivel del suelo y el cielo, inmiscuyéndose y modificando, con los atributos 55. El Met Life Building no fue el primero de los edificios que se construyeron en la zona norte. Entre aquellos primeros se encuentran el Lincoln Building, de 1887 (existe otro Lincoln Building de 1930), relacionado con la transformación de Union Square y el edificio Flatiron (1902). 56. No confundirlo con un edificio casi homónimo, el Met Life Building (el PanAm), otro coloso más reciente (de 1963) en Park Avenue, diseñado por el estudio Emery Roth & Sons, con Walter Gropius y Pietro Belluschi. 57. Además de los miradores públicos como el reciente Observation Deck (2015) del One Trade Center, o el del Empire State Building (inaugurado en 1933), o el GE Building (del Rockefeller Center), se encuentra el Top of the Rock. El paisaje urbano, por tanto, se puede ver desde numerosas terrazas que se han convertido en otro ámbito urbano, cuya presencia influye, entre otras cosas, en la dinámica del mercado inmobiliario. 81 de la contemporaneidad, lo que metafóricamente había representado la subida a la cumbre durante el Romanticismo: el desafío. El contacto directo con la propia individualidad, el traspasar los límites, mostraba y muestra aún hoy el cuerpo unitario de NYC, heterogéneo y orgánicamente perceptible. En este sentido, la forma de la ciudad vista de lejos es el único objeto tridimensional evolutivo que puede ser, en el fondo, abarcado con una sola única mirada. La complejidad de las intervenciones urbanas individuales pasa así casi a un segundo plano, superada por una figura potente que actúa sobre la percepción y la idea de la ciudad: el paisaje total del skyline.58 La imagen de la corona del Met Life Insurance Building (cuya iluminación no se apagaba nunca), una especie de luz eterna, fue utilizada como publicidad por la empresa aseguradora durante muchos años, práctica habitual en una ciudad donde los rascacielos a menudo poseían tales virtudes. La torre, decorada con un reloj, se creó según el modelo veneciano de San Marcos y presenta una potente función comunicadora, En aquel tiempo, el vicepresidente de la empresa, Haley Fiske, hizo hincapié en el papel de la torre, afirmando en qué medida ejercía de cebo promocional sin que la empresa pagara un centavo por una campaña publicitaria semejante. El eslogan de la Met Life rezaba: «The Light That Never Fails». La luz, metafórica y real, hizo del edificio un icono y, tal y como ocurrió con el Empire State Building (en la película King Kong), aquel Met, punto de referencia y brújula urbana, se convirtió en el protagonista de una short fantasy-story, obra de M. Leinster publicada en 1919 en una revista. El relato The Runaway Skyscraper trata sobre un ingeniero, Arthur Chamberlain, cuya oficina se encuentra dentro del edificio del Met. Cuando el sol empieza a cambiar de dirección, Arthur es el único que entiende que la fractura de la corteza terrestre, más que provocar el hundimiento del edificio, está causando el desplazamiento del rascacielos a un periodo temporal precolombino. Chamberlain, comprendiendo que las fuerzas sísmicas que han determinado el movimiento temporal pueden utilizarse para volver al presente, actúa con la ayuda de los habitantes del rascacielos. La crisis del tiempo en la historia fantástica de Leinster no era casual: muchos rascacielos de aquel periodo contaban con un reloj en su coronamiento, símbolo del tiempo utilitarista de la producción que articulaba el ritmo organizado de la explotación y el sistema capitalista.59 En las Tesis de filosofía de la historia de Walter Benjamin, la decimoquinta tesis recuerda una de las 58. Véase F. SCHIAVO. 'Occhi sulla città. Lo skyline e la forma urbis di New York, tra Le Corbusier e Lewis Mumford'. En: Dialoghi Mediterranei. 2019, n. 35. 59. El tema se representó también en el cine: véase Safety Last! de Fred C. NEWMEYER y Sam TAYLOR, de 1923. 82 acciones llevadas a cabo por los revolucionarios durante la Revolución Francesa: «Sucedió que en muchos lugares de París, de manera independiente y simultánea, se disparase contra los relojes de las torres», reflejo de la necesidad de hacer saltar por los aires el continuum de la Historia —añade el filósofo alemán— introduciendo un nuevo calendario. La parábola ascendente del Met Life Insurance comenzó en 1863, cuando se fundó la compañía para asegurar a los marineros y a los soldados combatientes en la Guerra Civil frente a las discapacidades causadas por las heridas, los accidentes y las enfermedades. La compañía, sujeta a los vaivenes financieros (como la crisis del Pánico de 1873), se reorganizó en 1879 cuando, al endeudarse el sistema de seguros en Gran Bretaña, empezó a contratar pólizas para los trabajadores y los pequeños empresarios, incrementando enormemente el campo de operaciones y los beneficios, convirtiéndose en 1909 en la primera compañía aseguradora de Estados Unidos en cuanto a resultados y número de pólizas de vida contratadas. La aseguradora, diversificando posteriormente su cartera de negocio, aumentó el propio capital, llegando a financiar, durante el periodo anterior a la Gran Depresión (1929), la construcción del Empire State Building, más tarde del Rockefeller Center y a las tropas estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial. La emblemática historia del edificio Met Life Insurance muestra la transformación urbana en acción, la relativa a los grandes edificios altos, crecidos en paralelo a las compañías que se apropiaban del mercado y el territorio tejiendo su propia red e invirtiendo a menudo capitales en el mercado inmobiliario. Los edificios mismos eran corporaciones verticales, actores de un proceso fundado sobre una eficiente inteligencia económica que presenciaba el conflicto entre competidores y la convergencia entre sujetos aliados y, aún en presencia de líderes indiscutibles, la creación de una relación y la organización de la construcción de un edificio o de la planificación económica del mismo como si se tratara de una empresa, con el fin de recuperar los ingentes gastos (con el alquiler de oficinas, por ejemplo). Frente a las enormes superficies edificadas60 (multiplicadas por el número de plantas), el proceso se llevó a cabo en una primera fase diseñando oficinas de mínimas dimensiones, ampliando el número de los inquilinos, con una estrategia que captaba la presencia de los actores económicos solventes. Esta multitud desempeñó asimismo un papel en el desarrollo urbano, poniendo en contacto a 60. El culmen de este tipo fueron las torres gemelas del World Trade Center, cuya superficie total ascendía a 1.240.000 m2. Las torres podían albergar durante una jornada laborable a 50.000 personas y 20.000 visitantes. 110 plantas, 411,50 m de altura, que contenían, por tanto, una superficie de alquiler enorme. El WTC, no solo por la extensión, sino por la concepción, podría definirse como el prototipo de un modelo laboral nuevo, así como una agencia de desarrollo urbano y financiero. 83 sujetos diferentes dentro de una red que, en aquella fase, era más que nada física: el rascacielos, con sus grandes dimensiones, atraía y contenía cantidades ingentes de personas, convirtiéndose así en el espacio de conexión y colisión de los cuerpos, tal y como aparece en tantísimas novelas y películas. Otro rascacielos reflejo del poder y la fuerza de las aseguradoras es el New York Life Insurance Building, completado en 1928 en Midtown, zona ya colonizada en este periodo y en los años siguientes. (Fig. 51) En la edificación del New York Life Insurance Building se invirtieron 21 millones de dólares. Es la última obra (44 plantas) entre las más significativas de Cass Gilbert (autor del Woolworth Building); presenta asimismo una corona grandiosa: un coronamiento constituido por una pirámide dorada y reflectante y ocupa una manzana entera (una hectárea), entre las calles 26 y 27, en Madison Avenue. Se trata de un gigante para una giant company, que representa algo extraordinario en Manhattan, donde las parcelas tenían precios exorbitantes y los edificios surgían con frecuencia sobre franjas de tierra estrechas y largas o sobre codiciados pedazos de terreno y eran a menudo fruto de los conflictos entre ávidos e imprevisibles especuladores o entre grupos diferentes que tendían a objetivos antiéticos. Fig. 51. El skyline de Midtown, Manhattan, en 1935. 84 EL PARADIGMA NEW YORK La transformación que sufrió Nueva York entre finales del siglo xix y principios del xx fue posible gracias a las operaciones del sector privado más que del público. La misma hipótesis urbana, la imagen implícita marcada por el Commissioners’ Plan de 1811, correspondía a un no definir la transformación, sino a un fluir en todas las escalas no regido institucionalmente. Para comprender mejor la diferencia entre el modelo europeo (aún bien diferenciado en su propio interior) y el proceso neoyorquino, nos puede resultar útil comparar el Plan de 1811 para Nueva York y el Plan Cerdà de 1859 para Barcelona, el plano decimonónico donde el urbanismo del siglo xix se expresó plenamente en términos teóricos, técnicos y empíricos, y que supuso una refundación urbana activa tanto a nivel conceptual como material.61 Un primer análisis evidencia determinadas similitudes entre los dos planos, sobre todo por la trama urbana ortogonal propuesta tanto en Barcelona como en Nueva York, pero un estudio pormenorizado de la estructura (la normativa también) y los resultados de los instrumentos de medición constatan de qué manera la fortísima voluntad de control del urbanista catalán Cerdà se correspondería con opciones opuestas por parte de los Commissioners que tan solo fijaron la geometría del Grid sin proporcionar indicaciones sobre índices de volumen total, altura, separaciones o de localización de los servicios y espacios públicos. La Barcelona del siglo xx fue proyectada en el xix como un espacio igualitario (todos los individuos eran iguales y tenían los mismos derechos) mientras que Nueva York, fundada sobre la homogeneidad del Grid, dio vida a una ciudad desigual, donde el espacio era un disputado recurso que generaba valor gracias a la actuación individual y/o colectiva, no institucional. La geometría del Plan de 1811, debido a la gestión urbana y los niveles de libertad posibles, no influyó de un modo severo en la morfología urbana, ni siquiera en los planos. La trama de las parcelas marcadas en planta (a veces fraccionadas, otras agrupadas), en realidad no se correspondía con ninguna adaptación en el alzado ni en el plano. NYC eludió la gran ilusión del urbanismo decimonónico europeo (control y correspondencia entre la imago urbis y los resultados prefigurados) transformando la incertidumbre en un punto fuerte y lo inacabado en un elemento determinante. NYC revertía el paradigma, renegado de todas formas en la urbanización concreta de las ciudades europeas, por los efectos cruzados de las variables en materia o por el papel subrepticio 61. F. SCHIAVO. Parigi, Barcellona, Firenze: forma e racconto. Palermo: Sellerio edizioni, 2004; F. SCHIAVO. Tutti i Nomi di Barcellona. Il linguaggio urbanistico: parole, immagini, dal Plan Cerdà all’Area metropolitana. Milán: FrancoAngeli, 2005. 85 de los agentes privados. Ni siquiera la visión de Ildefons Cerdà garantizó de hecho una semejanza entre el plano de 1859 y su resultado: las manzanas abiertas de Cerdà, que contenían espacios semipúblicos de zonas verdes, se cerraron ya desde la segunda mitad del siglo xix; las alturas y la densidad de los edificios, limitadas en un principio, se sobrepasaron; se modificó la distribución de los servicios; la deseada homogeneidad de los valores inmobiliarios sufrió numerosas fluctuaciones, dando lugar a la gentrificación y la desigualdad, aun manteniéndose en el tiempo algunos elementos estructuradores del plano que ahora conforman la espina dorsal de la Barcelona contemporánea. Entre dichos elementos cabe destacar el sistema jerárquico de los espacios y las calles, integrado en las manzanas en chaflán, una imponente solución estética y formal, muestra de la integración entre arquitectura y urbanismo. Por el contrario, el Commissioners’ Plan fue para NYC un principio lineal y básico que provocó libertades imprevistas, no lineales e incrementales, que generaron una retroalimentación entre la ausencia de estrategias y reglas prefijadas y el vitalismo urbano: los valores inmobiliarios fluctuantes; las decisiones de localización a menudo de iniciativa individual, ajenas al gobierno urbano institucional; el papel de los agentes privados y de los inversores o las empresas y las ventajas de la movilidad y los posicionamientos fueron motor de desarrollo y oportunidades entre el azar, la necesidad y la inteligencia productiva. En este sentido fueron emblemáticos los proyectos que se fueron realizando en el tiempo: las grandes estaciones de tren y el metro, los parques y jardines, los espacios públicos y, por supuesto, los edificios altos. Estos son parte activa del mercado, directamente relacionados con las distintas tecnologías constructivas, la producción del acero y las migraciones (altísima disponibilidad de mano de obra) que hicieron de Nueva York un laboratorio experimental ajeno a la racionalidad del urbanismo europeo de los siglos xix y xx. Un ejemplo de la lógica no predeterminada del Commissioners’ Plan se puede observar en la localización de las estaciones (Penn Station y Grand Central Terminal), en los efectos agregados sobre la ciudad y el sistema de valores urbano, sobre todo en la primera parte del siglo xx cuando, en relación con los grandes centros de operaciones o hubs, se terminó la Grand Central Terminal y se soterraron las vías que pasaban por el centro de Park Avenue (antes llamada Fourth Avenue o Cuarta Avenida). 86 EL FERROCARRIL Y EL NACIMIENTO DE LA CIUDAD DENTRO DE LA CIUDAD: LA GRAND CENTRAL TERMINAL Cornelius Vanderbilt sénior desempeñó un papel decisivo en la construcción de la estación Grand Central Terminal, completada en 1913. Vanderbilt comenzó su trayectoria ascendente en el sector naval y, en una segunda fase, se mostró activo en el ámbito ferroviario. Este holandés de origen, que amasó una inmensa fortuna, inició con su espíritu emprendedor un proceso que conllevó una gran hazaña urbana: la construcción de la actual Grand Central Terminal (inaugurada el 2 de febrero de 1913). La estación no se configuró solo como núcleo conector o edificio monumental (de estilo Beaux Arts de cuño francés, con influencias catalanas en el mismo interior),62 sino como el resultado de un proceso inicialmente desarticulado, fuertemente competitivo, donde otras empresas habían gestionado diferentes partes de la red63 y que más tarde se unificarían gracias a la colaboración pública/privada inherente al Paradigma New York. Precisamente en consonancia con este paradigma, las inversiones de los Vanderbilt, la evolución tecnológica, la respuesta del Ayuntamiento, el aporte de los demás accionistas locales y el papel técnico de algunos profesionales comenzaron un proceso que culminó en 1913 con la consecución de la Grand Central Terminal. Entre los técnicos que desempeñaron un papel determinante cabe destacar a William J. Wilgus, ingeniero jefe (que, por otro lado, proyectó el montaje de la red electrificada en el centro neurálgico de la naciente Terminal con una solución creativa) y vicepresidente de la New York Central Railroad (NYC),64 la línea ferroviaria fundada en 1853, fusionada más tarde con la Pennsylvania Railroad. Fueron varios los factores —la expansión urbana y el asentamiento de las actividades económicas en Manhattan y en los otros cuatro distritos, sobre todo Brooklyn y Queens— que rindieron urgente la reorganización del sistema ferroviario y fue precisamente C. Vanderbilt sénior quien, entonces septagenario, dirigió la atención hacia el sector construyendo un imperio económico transcontinental, no solo limitado a Nueva York. En efecto, entre 1863 y 1867, el Commodore (este era su sobrenombre) asumió el control de la New York & Harlem, de la Hudson River Railroad, de la New York Central Railroad, consolidando las tres empresas en una, base de la red expandida, utilizando primero una única línea (la Harlem) de unos 8 km, entre la calle 42, la 48 y el Bronx. Para edificar las estaciones en su forma definitiva se compraron parcelas en la zona comprendida entre la Cuarta Avenida (más tarde 62. Por ejemplo, el uso en el interior de la terminal de la bóveda catalana, diseñada por Rafael Gustavino, arquitecto nacido en Valencia en 1842 que se mudó a Nueva York, donde residió y trabajó. El Museum of the City of New York dedicó a este arquitecto y a su hijo Rafael una exposición titulada Palaces for people. Gustavino and the Art of Structural Tile (del 26 de marzo al 7 de septiembre de 2014). Las bóvedas de baldosas, a menudo colocadas en espiga, se encuentran por toda New York City: Grand Central Terminal (Oyster Bar); catedral de Saint John the Divine; Ellis Island Registry Hall; Elephant House, en el zoo del Bronx; Boathouse y Tennis Shelter en Prospect Park; Central Park; Grant’s Tomb; Riverside Church. Las bóvedas, más ligeras que las de mampostería, son estructurales y aúnan soporte y estética. 63. Entre ellas la New York & Harlem Railroad; la New York & New Haven Railroad; la Hudson River Railroad; la New York Central Railroad. 87 Park Avenue) y la calle 42. El edificio que albergaba la estación fue considerado insuficiente ya en 1898 (año clave para el desarrollo urbano, por la Consolidation de los cinco distritos) y se llevaron a cabo algunas modificaciones bajo la dirección de B. Lee Gilbert, el arquitecto diseñador de Tower Building, el primer rascacielos. Dos años más tarde el arquitecto Samuel Huckle y el ingeniero William J. Wilgus intervinieron en los interiores, mientras que adicionalmente fue necesario recalibrar el terminal para dotar a la ciudad de un nudo de conexión en grado de absorber el creciente tráfico ferroviario en rápido desarrollo. La construcción resultante de estas progresivas modificaciones fue rebautizada como Grand Central Station. Al mismo tiempo urgió resolver el núcleo del túnel subyacente a la actual Park Avenue (completado en 1875 y financiado por el sector privado y el municipio), a menudo lleno de humo por el paso de las locomotoras a vapor. Se hizo necesario, por tanto, establecer la electrificación general del sistema y el soterramiento de las vías (aún más tras un grave accidente que tuvo lugar en 1902). En aquella fase la línea competidora Pennsylvania Railroad, que tendía a invadir los territorios de los Vanderbilt, anunció que construiría una nueva estación en el West Side, mientras que la Rapid Transit Commission amenazó con instalar una línea de metro bajo la Grand Central Station, oponiéndose a los derechos subterráneos de la red ferroviaria. Wilgus, debido además a las presiones de numerosos competidores, reformuló enteramente el proyecto pensando en un terminal subterráneo de dos niveles sobre el cual edificar oficinas, sedes representativas y productivas y servicios. Dicho terminal, aprobado en marzo de 1903, fue la imagen fundamental de la actual Grand Central Terminal: un sistema complejo y planificado que preveía no solo la extensión de la red, tanto en vertical como en horizontal, sino una entera ciudad artificial dentro de la ciudad, constituida en la estación por cruces, pasillos, halls y espacios monumentales y públicos. El terminal resultante, dinamizador de la movilidad, se configuró como una infraestructura en cuyo interior se pretendía una innovadora cotidianeidad social, convirtiéndose en uno de los espacios y lugares más emblemáticos de Nueva York. UN LARGO VIAJE, ENTRE EL AZAR Y EL PODER DE LA EMPRESA Conviene recordar que el sistema ferroviario de Nueva York, actor del ciclo económico y catalizador de transformaciones sociales y urbanas, empezó a estructurarse en 1832, cuando se comunicó la 64. La New York Central Railroad operaba inicialmente en la zona de los Grandes Lagos y del Medio Atlántico, comunicando New York City, Boston, Chicago y St. Louis en el Medio Oeste con Albany, Buffalo, Cleveland, Cincinnati, Detroit y Syracuse. 88 calle Prince Street, en el extremo norte de Downtown, Bowery y Union Square (rebautizada en 1832) con el pueblo de Harlem en Uptown, mediante locomotoras tiradas por caballos, reactivando así un mayor desarrollo del tejido urbanizado en la parte septentrional de Manhattan. A partir de 1849 se incrementaron las paradas de pasajeros, llegando a las calles 42, 51, 61, 79, 86, 109, 115, 125 y 132 y se estableció la calle 42 como límite meridional para el uso de las locomotoras que comunicaban el norte y el sur. Desde aquella calle las locomotoras venían remolcadas por caballos hacia la zona meridional de Manhattan con el fin de contener el impacto del tráfico en Midtown y Downtown y debido a que algunos grupos de ciudadanos, en particular adinerados miembros de la clase alta residentes en Murray Hill (entre la calle 34, la calle 40, Madison Avenue y el East River), convencieron al Common Council en 1858 de promulgar un decreto que prohibiese las máquinas de vapor más allá de la calle 42 (por las explosiones de las calderas, los consecuentes incendios y la contaminación). Por esa misma razón la zona en torno a la calle 42, entonces eje urbano y ámbito de conexión de fuerte densidad social y empresarial, fue elegida como el lugar idóneo para la construcción de la nueva estación. Cornelius Vanderbilt sénior fue el primer magnate americano que, invirtiendo en el ferrocarril, incrementó la red y el propio emporio económico, construido originalmente sobre una vasta actividad naval sobre el Hudson River y hacia San Francisco, durante la fiebre del oro californiana, iniciada en torno a 1850. Vanderbilt, reafirmando la relación entre las comunicaciones, las infraestructuras y el desarrollo de América del Norte; transfiriendo su interés por el ferrocarril y adquiriendo compañías ferroviarias, inauguró nuevas formas de comunicaciones mediáticas avant la lettre (con estrategias publicitarias populistas además), de relación con el poder político y de organización empresarial, con la adquisición de numerosas líneas ferroviarias primero competidoras, la transformación de las infraestructuras y la remodelación, con las mismas infraestructuras, no solo de NYC (los cinco distritos), sino del estado de Nueva York entero. La actuación de Vanderbilt, vista retrospectivamente, hace resurgir una refinada estrategia político-económica que podría haber guiado a este magnate visionario, accionista de tres de las cuatro compañías ferroviarias activas en aquel periodo. Se trata de una estrategia elaborada quizá valorando los procesos en marcha y las interacciones entre ellos: la gran inmigración irlandesa (fuerza de 95 por el acrónimo POPS. Gracias a los POPS,67 inspirados en cierta medida en el proyecto del Seagram Building, provisto de una plaza abierta frente al edificio (remetido respecto al flanco de Park Avenue), resulta posible establecer espacios públicos externos e internos en algunos edificios, ofrecidos por propietarios privados a cambio de un bonus (por ejemplo de una mayor superficie urbanizable y, por ende, mayores alturas) o exenciones de algún tipo. La norma pretendía, y sigue pretendiendo, garantizar que en las zonas más densas de la ciudad se crearan espacios públicos abiertos o zonas verdes de uso público. Estos incentivos se introdujeron en la última revisión del Zoning en 1961. Desde el momento en que fue promulgado este innovador programa fue posible —en caso de que se llevaran a cabo plazas o pórticos abiertos al público— construir más superficie urbanizable que la potencialmente prevista y/o gozar de derogaciones especiales, que incidían en la altura.68 PARK AVENUE Con la eliminación del ruido y la contaminación de las locomotoras a vapor, la Cuarta Avenida y la zona circundante, antes indeseables, se convirtieron en una atractiva área para el mercado inmobiliario. La zona, denominada Terminal City, se convirtió en una de las partes más cautivadoras de la ciudad. Aunque la Cuarta Avenida no fue rebautizada como Park Avenue hasta 1880, ya a partir de 1870 se empezaron a construir algunos edificios de viviendas para clases medias-altas. Los bloques de viviendas, vinculados históricamente con las viviendas populares o tenements, donde vivía la clase obrera desde principios del siglo xx, se libraron de este estigma cuando empezaron a surgir lujosos bloques de varios pisos. La ley «Tenements Acts» de 1901, que regulaba todos los edificios de viviendas múltiples, limitaba la altura —reducida a 80 pies (unos 24 m) ya en 1885—, a una o dos veces la anchura de la calle, mediante una norma que permitía la construcción de estructuras más altas solo en calles amplias como la avenida Broadway o Park Avenue (42,5 m de anchura). La misma normativa autorizaba que los edificios erigidos en parcelas esquineras pudieran ocupar la superficie entera generando bloques macizos cuadrados (antes del Zoning de 1916, que marcaba el setback), configurando un frontal de calle continuo. Este hecho conllevó un incremento de los edificios de viviendas, cada 67. Si bien pertenecen a una época distinta de la mencionada, los POPS merecen una mención por haber influido en gran manera no solo en la morfología del paisaje urbano, sino además en el uso del mismo: la presencia de espacios públicos vuelve aún más poroso y menos denso el paisaje urbano, que se convierte en una zona no solo más transitable, sino también más intensamente vivida a nivel social. Ejemplo de ello es el Citicorp Center, un edificio del Midtown, completado en 1975, según un proyecto de Hugh Stubbins and Associates/Emery Roth & Sons, en cuyo interior consta (a nivel de calle) de un espacio público cubierto. Vd. https://capitalplanning. nyc.gov/pops/ 68. Actualmente existen unos 590 POPS y se sitúan, además de en Brooklyn y Queens, principalmente en Downtown y en una parte de Midtown, muchos de ellos al sur de Central Park. 96 Fig. 53. Park Avenue y el Helmsley Building en 1958. 97 vez más altos, habitados por esa clase alta que abandonaba los edificios privados monumentales y unifamiliares, prefiriendo a menudo los áticos en avenidas prestigiosas como la recién nacida Park Avenue. (Fig. 53) Dos ejemplos: el 1105 de Park Avenue —obra del arquitecto Rosario Candela, construido en 1923 por el promotor Michael E. Paterno— contaba con un apartamento con un jardín colgante en el séptimo piso; y el 1040 de esa misma avenida, cuyo último piso, en principio pensado para el servicio, se transformó en un dúplex de lujo de grandes dimensiones. Estos edificios de apartamentos anticipaban algunos dictámenes de una nueva ley sobre este tipo de construcciones, aprobada por el estado de Nueva York en 1929. Dicha ley, gracias al setback, permitía la edificación de terrazas de uso exclusivo y de ascensores privados que llegaran directamente a los pisos. El paisaje no solo cambió por las terrazas de lujo, sino además por la profusión de las cisternas de agua, camufladas estéticamente sobre los tejados (mediante el coronamiento o la parte más alta de los edificios). Las cisternas garantizaban a los áticos una reserva de agua y protección frente a los incendios. Por esta misma razón, durante la década de 1920, edificios como los situados en los números 940, 929 y 1075 de Park Avenue presentaban elementos decorativos art déco en sus coronamientos. Sin embargo, otros edificios, como el del número 944 de Park Avenue, declinando la riqueza de los promotores de manera más sobria, ponían en evidencia cómo la prosperidad de los propietarios particulares se podía expresar mediante numerosos lenguajes estéticos, plasmando formalmente un alto nivel de vida. El impacto de la construcción de la Grand Central Terminal y todo su proceso precedente alcanzó a la ciudad entera, debido además al hecho de que racionalizar el tráfico ferroviario significó eliminar construcciones ya existentes, como las enormes naves ferroviarias de las cocheras de los vagones próximas a la estación. Pero algunas áreas limítrofes a la Terminal sufrieron un cambio radical por las intervenciones públicas y privadas, así como por una específica proyección urbanística inclinada a la construcción de bloques de viviendas de lujo. Una de las intervenciones generales más significativas fue el Fourth Avenue Improvement,69 un plan que rigió las decisiones urbanísticas y redirigió el sector entero con obras imponentes, no solo las relativas al soterramiento de las vías por debajo del nivel de calle de Park Avenue, sino además las obras de construcción del túnel y los viaductos de acero sobreelevados. 69. Park Avenue Historic District Designation Report, nyc.gov. New York City Landmarks Preservation Commission, April 29, 2014, Retrieved December 31, 2018. 98 En definitiva, la Grand Central Terminal, entre la calle 42 y Park Avenue, se convirtió en el eje ferroviario de Manhattan y de NYC, además de ser motor de enormes transformaciones inmobiliarias. El soterramiento de las vías unos 3 km liberó el eje de comunicación e influyó en la percepción del paisaje urbano que fue remodelado además con la creación de una mediana central arbolada (la anchura de Park Avenue lo permitía). La calle reformada se convirtió en uno de los núcleos del mercado inmobiliario del siglo xx. En un primer momento, habitada principalmente por la clase trabajadora, se convirtió en uno de los corredores residenciales más codiciados de la ciudad, entre las operaciones inmobiliarias y la gentrificación. A partir de 1880, algunas calles del distrito ya se habían pavimentado y en 1908 se completó el primer bloque de viviendas alto (14 plantas): el 925 de Park Avenue, proyectado por los arquitectos Delano & Aldrich, situado en la esquina noreste de la calle 80. Este modelo fue seguido por muchos edificios posteriores, adoptando variantes de estilo clásico como el revival renacentista o colonial. Otro interesante edificio fue el situado en el número 903 de Park Avenue (1912-1913), de estilo renacentista, obra de Robert T. Lyons, arquitecto asimismo del 955 de Park Avenue (1915) y de Warren & Wetmore, ambos proyectistas de la Grand Central Terminal. Esta estructura, descrita durante un tiempo como el edificio de viviendas más alto del mundo, proyectado con una única vivienda por planta, presenta en la esquina noreste de la calle 79 una entrada en arco y una cornisa de cobre, características propias de la arquitectura renacentista italiana. La rápida transformación de Park Avenue acaparó la atención de los medios ya a finales de la década de 1920. Este fenómeno imprevisto se definió como la calle residencial más grande y exclusiva del mundo. Considerada sinónimo de riqueza, se convirtió en residencia de una clase alta rampante que renunciaba a sus propias casas de la Quinta Avenida para mudarse a un dúplex o a un amplio apartamento de un bloque de pisos en Park Avenue. En 1894 se fundó la Park Avenue Association, asociación pensada en principio para guiar su transformación y constituida por residentes que pretendían proteger el carácter de esta avenida, quienes se opusieron con éxito a la introducción de autobuses públicos en la década de 1910. En 1924 tuvo lugar un incremento notable del mercado inmobiliario, una vez completados algunos edificios comerciales y de viviendas, ocupados por empresas importantes y por una clase pudiente. 99 La mayor parte de las construcciones se destinaba, en efecto, a familias de rentas elevadas, debido además al elevado precio de los alquileres. En 1927, por ejemplo, la renta anual de las personas que vivían en Park Avenue se calcula que ascendía a 75.000 $, el equivalente a más de un millón de dólares actuales. Park Avenue, sobre todo en la década de 1930 y a pesar de la crisis de 1929 (aun cuando durante la Gran Depresión cayeran los arrendamientos), se convirtió en la sede de edificios y hoteles exclusivos (pensados en un principio para los usuarios del ferrocarril) cuyo valor inmobiliario era altísimo. Estas operaciones dieron lugar a un Historic District entre los más interesantes y variados de la ciudad que, como muchos otros, expresa y esclarece los criterios de transformación urbana regidos por el Paradigma New York. Es este un paradigma basado en la ausencia de estrategias preestablecidas; en importantes actuaciones del poder económico privado, en ocasiones coordinadas con la iniciativa municipal; en intervenciones surgidas de la oportunidad y en proyectos flexibles que incidían en los procesos de planificación. COLOSOS El estrecho vínculo entre rascacielos y unas actividades económicas estables presuponía que a través del desarrollo de empresas particulares, numerosos edificios fueran asimismo rediseñados. La construcción originaria, con frecuencia considerada inadecuada, se transformaba mediante algunas intervenciones, como el añadido de plantas sobre el cuerpo precedente, una torre, un edificio anexo o un replanteamiento integral. Algunos edificios se construían enteramente después de una demolición o se proyectaban de nuevo con la ocupación progresiva del solar. La sustitución de edificios fue bastante común en Manhattan, sobre todo antes de la ley de designación y consecuente protección de los landmarks, en vigor desde 1965. Se demolieron principalmente algunos edificios del siglo xix o principios del xx (Singer Tower, entre otros) que, considerados no sostenibles, se derribaban completamente. Sin embargo, algunos rascacielos icónicos (como Woolworth Building) se mantuvieron en mayor medida, al igual que los construidos en las décadas 1920 y 1930. Edificios altos, monumentales, representativos y creados según criterios tecnológicos de larga duración (un considerable número de ascensores, cableado, estructuras y materiales resistentes, amplitud y versatilidad de las oficinas), cuya demolición habría exigido un importante esfuerzo económico, no compensado por las ventajas de las nuevas construcciones. 100 En el continuo cambio neoyorquino las obras pretendían alcanzar un alto nivel de eficacia (económica, estética, técnica y funcional) que demandaba gestión y grandes capacidades. En efecto, era necesario que los flujos financieros confluyeran, que la planificación y las programaciones espaciotemporales aseguraran rapidez y un control ajustado de los costes. El Empire State Building fue un ejemplo de esta optimización de las obras pero, por el contrario, en lo referente a la financiación destacaron los edificios Woolworth y Cities Service. Las obras de los rascacielos se organizaban como empresas rentables, desde la elección de los patrocinadores hasta los socios coparticipantes, desde la selección de las constructoras hasta los jefes de obra, los arquitectos y los ingenieros. Hacía falta enfrentarse a las presiones inmobiliarias, gestionar técnicas innovadoras (acero para las alturas;70 dimensiones de las oficinas, número razonable de ascensores; climatización, aislamiento térmico, resistencia al fuego); la irregular morfología de los terrenos libres por los incendios o fruto de operaciones inmobiliarias previas que a menudo daban lugar a solares (sobre todo al sur de la calle 14) debidos al desplazamiento hacia el norte de algunas compañías. Una mezcolanza entre meritocracia, eficacia, legalidad y pactos ilícitos, fruto de la interacción entre administración, capital financiero, mercado inmobiliario, empresarios y capos. Estas condiciones (nos referimos a las legales, obviamente) requerían un acuerdo entre los sujetos que tansformaban las dificultades en oportunidades, innovando y reconvirtiendo los edificios en motores urbanos, manifestación de la cultura material y del mundo laboral de Nueva York. En este sentido, las diferentes generaciones de los edificios se caracterizaban por: a) Las formas unitarias no demasiado altas a principios del siglo xix. b) Los coronamientos. c) Las torres sutiles e imponentes. d) Los edificios elevados, impresionantes y macizos. e) El setback. f) Las bases compactas con torre alta y robusta durante la década de 1930. Mostraban no solo la relación entre las actividades económicas y los rascacielos, sino que sacaban a la luz el modo en que la ausencia de una pureza estilística, aun con algunas recurrencias,71 era reflejo de 70. El armazón de acero rindió mayor rapidez a la construcción de edificios altos, que se podían haber realizado con técnicas tradicionales también, como el cemento armado, utilizado en ocasiones. Las técnicas permitidas se incluían en algunas leyes locales como la «NYC Building Law» de 1892 que proporcionaba las normas de construcción y seguridad. 101 la flexibilidad, del melting pot, de la integración de culturas, sin apenas equiparación en una sola y variable alma, unidas a la tecnología, la falta de normas, la facilidad de demolición de algunos edificios del siglo xix y principios del xx, hasta la adaptación de la forma a las exigencias del mundo laboral. En ese momento los rascacielos eran, además de elementos concretos, la representación del ego de los promotores y una parte consistente de la imagen de la sociedad urbana neoyorquina. Aparentar, epatar, despertar la imaginación y manifestar solvencia económica fueron y son atributos exigidos a cada uno de los rascacielos. Entre la técnica, la estructura del Grid, las presiones del mercado, la normativa, las comunicaciones con la industria periurbana (del acero, por ejemplo), la investigación de la forma (tanto interna como externa), el Zoning, la estética y el mercado, los rascacielos vivieron una larga etapa evolutiva, sufriendo transformaciones causadas por factores tanto exógenos como endógenos. Un vistazo general, desde los inicios, hacia el año 1870, nos permite identificar algunas generaciones y determinadas rupturas en la creación, ya sean improvisadas o lentas, que modificaron la morfología de los edificios. Más allá de los ejemplos disponibles, los pasos formales —a veces coetáneos y no siempre consecutivos— dan cuenta de la medida del poder comunicativo, las innovaciones constructivas y la evolución en marcha en cada uno de los edificios en relación con el sistema urbano. Un conjunto que reescribía el espacio, expresión del espíritu emprendedor y el poder económico de los promotores. Con el tiempo, los elevados colosos urbanos modificaron su propio aspecto: desde los primeros edificios compactos, a menudo hoteles, a las construcciones más elevadas con un pequeño coronamiento o un ático, más tarde caracterizadas por una cúpula pequeña en la parte más alta (como el Domestic Sewing Machine Building, de 1873), volviéndose cada vez más macizos o más altos (como el Bennett Building, de 1873 o el Potter Building, de 1886). Algunos, con un coronamiento más lineal, se centraban en la expresividad de la fachada (o en el uso de los materiales, como ladrillos o terracota), mientras que otros utilizaban una torrecilla de dimensiones reducidas en el coronamiento (como el New York Tribune Building, de 1875; o el American Tract Society Building, de 1896). Otros, sin embargo, como el New York World Building, edificio significativo demolido en 1955, (Fig. 40) optaban por una cúpula en la cima similar a la de una basílica (donde el periodista Joseph Pulitzer instaló su estudio y a donde se mudó en 1864 él, húngaro de origen, 71. En determinadas fases, por ejemplo, entre los años 1920 y 1930, se constata un paso hacia algunas formas que interpretan de modo diferente el setback, ensalzando la verticalidad expresa mediante torres compactas y más enjutas, visibles de lejos por la altura conseguida gracias, entre otras cosas, a las innovaciones técnicas utilizadas y por las dimensiones en planta de las mismas torres y, por tanto, de la sección más amplia respecto a la fase anterior (Singer Tower, por ejemplo), así como por los coronamientos. Durante la década de 1930, en efecto, las coronas, a pesar de buscar un diseño que epatara (como muestra el RCA Victor Building, el General Electric Building, en el número 570 de Lexington Avenue, de la empresa Cross & Cross), optaron por una cubierta más definida, ya no en cúpula o pirámide. 102 al llegar a Estados Unidos). En 1883, Pulitzer adquirió el New York World por 346.000 dólares a Jay Gould, un diario con pérdidas, cuyo cometido cambió con la publicación de noticias con un marcado carácter sensacionalista. El periódico actuó realmente de nexo entre el mundo desarraigado y en aumento de los emigrantes, además por la sección —por primera vez— de anuncios comerciales y de trabajo.72 Este periódico, puente entre el país entero y los trabajadores, alcanzó una tirada de 60.000 ejemplares, convirtiéndose en el diario más vendido de Estados Unidos. Pulitzer utilizó su posición influyente y el peso del rotativo para lanzar en 1885 un micromecenazgo o crowdfunding (se recabaron 10.000 dólares) que financiara la conclusión del basamento de la estatua de la Libertad. Muchos inmigrantes contribuyeron, con un gesto que trascendía el valor material, testimoniando así su propia pertenencia a una nación, su nueva patria. El periodo posterior al rascacielos de Pulitzer se caracterizó por el uso de torres altas, sutiles e imponentes sobre una base más ancha de varias alturas. Las torres, además de cautivar la imaginación, comportaban un compromiso oneroso para las empresas y las constructoras: eran costosas, requerían dispositivos técnicos y reducían la superficie de alquiler, pero influían en el imaginario colectivo, como señales simbólicas y visibles de poder y belleza. En Nueva York, debido al setback de 1916, fueron bastante más escasos los ejemplos de edificios compactos (más difundidos en Chicago, tras el incendio de 1871), salvo los edificios industriales (almacenes de estocaje o fábricas de la industria ligera), con algunas excepciones: el culmen fue el mastodóntico (varias veces mencionado) Equitable Building (1915), cuya forma dominante e inminente en un territorio exiguo generó muchos problemas, afrontados parcialmente por el Zoning de 1916. Los edificios de las aseguradoras,73 como el ya citado Metropolitan Life Insurance Building, (Fig. 50) o el Equitable Building, formaban parte de los casos emblemáticos del poder in progress de algunos protagonistas del mundo financiero. La nueva sede de la Met Life, fuera del Financial District, en un área de Midtown que era bastante menos densa, se prestaba a sucesivas anexiones e integraciones tanto en planta como en alzado, mostrando en qué medida unas ingentes posibilidades económicas, unidas a la ausencia de normas rectoras, generaron una libertad de expresión inmensa. En efecto, se pudo modificar la ocupación inicial en planta de una parcela (en el Met Life Building), definida por el Grid de 1811, aunque en principio estuviera fragmentada, no era ni estrecha ni 72. Pulitzer, que desempeñó además un papel político, contrató a Richard F. Outcault, un dibujante que ilustraba las historias vitales de los emigrantes más desfavorecidos en las tiras At the Circus in Hogan's Alley, de 1896, con el irlandés Yellow Kid de protagonista. 73. Otro ejemplo del impacto de las aseguradoras lo representa el Manhattan Life Insurance Building, un edificio demolido en 1964 que se alzaba en la zona sur de Broadway. Erigido en 1894 (obra de Kimball e Thompson), contaba con 21 plantas y costó cerca de un millón de dólares. 103 larga ni irregular, y ni siquiera resultado de una demolición, como ocurría con otros edificios, sobre todo en Lower Manhattan. Por esta razón, la parcela se ocupó casi en su totalidad, generando el vasto edificio que se alimentaba no solo de la ambición económica, sino además de la competencia con los edificios limítrofes. De hecho, algunos edificios como la Parkhurst Presbyterian Church, que se erigía sobre una parte de la parcela posteriormente ocupada por el Life Insurance Building, fueron demolidos, mientras que el Met se concluyó completamente yuxtaponiendo otro cuerpo de 16 plantas destinado a la oficina de prensa. La política empresarial y el crecimiento de una compañía como la Metropolitan Life Insurance Company (entre 1893 y 1904, la Met absorbió diez empresas y entre 1907 y 1918 otras trece más) sufrieron innumerables avatares. Uno de ellos estuvo relacionado con la investigación a la que la sometió la Insurance Armstrong Investigation, dirigida por el estado de Nueva York, de la cual la Met salió ilesa. La investigación sobre abusos y fraudes en el sector asegurador se inició en 1905 y conllevó una regulación del propio sector. Tras la investigación Armstrong, las compañías aseguradoras se vieron obligadas a formalizar servicios y prestaciones en un lenguaje más comprensible para los asegurados. La averiguación censuró algunas fechorías de los trabajadores de cuello blanco y el crecimiento descontrolado de las Big Three del sector seguros: la Mutual, la Equitable y la New York Life Insurance Company, poniendo en evidencia de qué manera las aseguradoras conformaban un importantísimo sector de la economía local y nacional. A raíz de la investigación, la Met Life experimentó una acelerada subida, con un incremento de los beneficios del 50%, manteniendo hasta 1920 su reputación a nivel mundial. Así pues, entre la segunda mitad del siglo xix y las tres primeras décadas del xx, la ciudad se caracterizó por una economía diversificada y en crecimiento, con un mercado inmobiliario en expansión, reflejo del panorama financiero local e internacional. En aquellos años el espacio y el patrimonio cultural, social, económico y habitacional cambió su configuración: de las casas unifamiliares a los bloques de viviendas de lujo, a la profusión y, en ocasiones, la ampliación de los parques urbanos. La estructura urbana se vio diferenciada y reorganizada por las nuevas viviendas (para las diversas clases sociales), los museos, las galerías, el traslado progresivo de algunas empresas, los transportes, las actuaciones comunitarias respecto a los parques y jardines o la defensa de algunos barrios como Harlem, así como por el asentamiento de sectores industriales como el de la confección. Dicha reestructuración tuvo lugar sobre 104 todo en Manhattan, cuya vitalidad se vio favorecida además por su polimorfismo, la multiplicación y crecimiento de los sectores ocupacionales y la alternancia continua de sujetos económicos y sociales en su lucha por el espacio, proyectando cada uno de ellos su propio edificio representativo. El cambio de siglo se caracterizó, además, por una subida constante del valor del suelo, sobre todo en Manhattan, donde algunos enclaves importantes se estaban estabilizando. Durante la primera década del siglo xx se constató una mayor expansión del asentamiento humano hacia el norte, tanto en East Side como en West Side, ligada al desarrollo de algunos sectores económicos o a la llegada masiva de emigrantes. Además, algunas zonas del Upper East Side y del Upper West Side de Manhattan, antes terreno rústico, se convirtieron en zonas de baja densidad habitacional, plenas de casas unifamiliares. En otros distritos, (Brooklyn, por ejemplo) surgían diversos núcleos (como Brooklyn Heights), fruto de la acción de los especuladores inmobiliarios. Brooklyn Heights es un barrio residencial que se desarrolló en varias fases a partir de la primera mitad del siglo xix, conjuntamente con el desarrollo de la Brooklyn Steam Ferry Boat Company de Robert Fulton, la empresa de barcos de vapor que permitió un desplazamiento más flexible entre Brooklyn y Manhattan. Este barrio nació a iniciativa de Hezekiah Beers Pierrepont, un especulador inmobiliario que financió la compañía naval de Fulton. Gracias a la iniciativa individual de este inversionista se dotó de servicios a la zona (servicio de aguas, por ejemplo) y el terreno fue subdividido en parcelas de determinadas dimensiones, activando un proceso que convirtió a Brooklyn Heights en pocas décadas en el primer barrio periférico elegante de NYC, atrayendo compradores e inquilinos de clase media formada por comerciantes o vendedores. Desde el paseo del East River era y es posible contemplar el skyline de la cercana y fronteriza punta sudeste de Downtown, en Manhattan. ENTRE LA OPULENCIA Y LA VISIBILIDAD A partir de la década de 1920 el tejido urbano de Manhattan se densificó. Dicha densificación estuvo acompañada por el alza de los valores inmobiliarios en determinadas zonas, Park Avenue entre ellas, como ya hemos mencionado. Esta avenida cambió radicalmente su propio papel, acogiendo edificios como el Waldorf-Astoria Hotel de 1931, obra de Schultze & Weaver, quienes diseñaron el grande y costosísimo hotel (40 millones de dólares) compacto y 111 la construcción de la nueva sede, entre Pine Street y Cedar Street, un área bien comunicada, pues se hallaba próxima de la línea sobreelevada que transcurría por la prolongación de la Tercera Avenida hasta el South Ferry. El Cities Service Building, al igual que había ocurrido con muchos otros edificios, como por ejemplo el Woolworth Building, fue concebido como un indicador visible del poder de la empresa misma. Un poder que se reflejaba además en el logotipo triangular de la compañía formado por girasoles, rayos solares y pirámides: una confirmación evocadora y festiva, una elección impactante común a muchos de los colosos neoyorquinos. En un ambiente urbano caracterizado por muchos rascacielos nuevos, el Cities Service Building76 se concibió con una serie de innovaciones tecnológicas y se construyó gracias al espíritu emprendedor de H. L. Doherty, quien vendió a los accionistas individuales acciones por valor de unos 16 millones de dólares. El proyecto y la ejecución del mismo fueron un ejemplo emblemático de convergencia económica: mientras se elaboraba el proyecto para el edificio, se explicaban los resultados previstos mediante estudios sectoriales. En dichos estudios se mantenía, entre otras cosas, que a 63 plantas un edificio habría alcanzado el punto de máximo rendimiento y de retorno económico, más aún si estaba dotado con innovadores ascensores que atendían dos niveles al mismo tiempo. Este fue uno de los puntos en que más incidió el marketing para el alquiler y la venta de las oficinas. La altura se aumentó para alcanzar un récord: de hecho el Cities Service se convirtió en el rascacielos más alto de Manhattan, de la calle 34 hacia abajo. La figura, que seguía las indicaciones del Zoning de 1916, se dividió en tres partes y se adaptó al setback. Por si los pisos más bajos, que ocupaban la parcela entera, se vieran oscurecidos por los edificios limítrofes, las dos secciones superiores se configuraron como una aguja ininterrumpida que disfrutaba de la luz solar, importante además para el mantenimiento del valor inmobiliario. La planta 66ª, coronada por un pináculo de acero iluminado de noche por un neón y visible desde grandes distancias, albergaba un mirador, desde el cual se podía disfrutar de la vista del puerto de NYC, otro tòpos económico. Otros edificios recién nacidos —como el Thurgood Marshall United States Courthouse o el Irving Trust Company Building—,77 frente a Trinity Church, en el cruce entre Broadway y Wall Street y no lejos de la mole compacta del Equitable, definían con un diseño sólido y característico de los tonos gris claro de la limestone (una 76. El edificio, sito entre Pearl Street y Cedar Street, fue construido por la Cities Service Company (compañía suministradora de gas y petróleo) en Financial District. Hoy en día reconvertido en viviendas de lujo, se concibió durante un periodo de incremento de la actividad constructiva. En cierto sentido el edificio fue el culmen y el límite temporal, al ser el último rascacielos erigido en Lower Manhattan antes de la Segunda Guerra Mundial. Visible asimismo desde Brooklyn Heights Promenade, por su torre, una de las más altas del Downtown, East Side. 77. El edificio está pegado al City BankFarmers Trust, con el que constituye una macromanzana del Financial District. 112 arenisca ampliamente utilizada) uno de los frentes más deseados de la ciudad de los negocios, en Downtown. En aquellos años se estaba consolidando el tejido urbano de Midtown, donde surgían algunos gigantes, el General Electric Building78 de John W. Cross, entre ellos. Visible casi por entero además desde Park Avenue, por la iglesia Saint Bartholomew’s Church que actúa como pedestal del edificio, el General Electric está rodeado actualmente de elevadísimos rascacielos, algunos de ellos erigidos en los años 1960 y 1970, otros coetáneos o anteriores, como el WaldorfAstoria Hotel, en Park Avenue. La torre del General Electric presenta, con una solución potente y visible, una estética refinada y grandiosa que evoca las ondas eléctricas en la decoración del coronamiento en piedra, que permitía y permite incluso hoy percibir el rascacielos no solo desde la calle Lexington o Park Avenue, sino desde la lejanía (incluso desde Roosevelt Island, la estrecha y larga isla entre Manhattan y Queens). Este elemento coloca al edificio —50 plantas, 200 m— entre los protagonistas más significativos del skyline. El Thurgood Marshall United States Courthouse es otro edificio que desempeña un importante papel en la definición del espacio. Junto al Municipal Building de 1914, cierra un frente asomándose a Foley Square, un espacio urbano de alta densidad institucional, en Downtown. (Fig. 57) El Thurgood Marshall United States Courthouse, completado en 1936, es obra de Cass Gilbert, proyectista del Wolwoorth. La base, de 6 plantas de altura, presenta una fachada con columnas corintias. Cuenta con algunos patios en el interior y sobre la base se alza una torre de 30 plantas de altura, retranqueada respecto al frente y perfilada por un ligero setback. Casi en la cima se encuentra una bilioteca desde la que se puede apreciar el paisaje urbano de abajo y los alrededores. La relación, sobre todo en Midtown, entre los rascacielos de los años 1930 y algunos edificios representativos importantes, estaba (y sigue estando) caracterizada por la percepción del paisaje urbano heterogéneo que obliga a captar visualmente la discordante y anticlásica relación entre los diversos modos de conquistar el espacio. Este nexo típico de los años 1930, entre la verticalidad de las torres altísimas sobre bases compactas y los grandes edificios de lenguaje más ortodoxo y monumental, como la Public Library, se aprecia de manera evidente en los flancos del Bryant Park. En ese perímetro, en efecto, un alto edificio esquinero, el 500 Fifth Avenue Building (obra de Shreve, Lamb, & Harmon, autores del Empire State Building), se proyecta sobre el espacio de delante ocupado por la grande y palaciega biblioteca pública. 78. En el número 570 de Lexington Avenue, conocido como RCA Victor Building o RCA (Radio Corporation of America). 79. Véase Landmarks Preservation Commission (December 14, 2010, Designation List 436 LP-2427). El informe trata del 500 Fifth Avenue Building, edificado entre 1929 y 1931. Los numerosísimos informes consultados, además de ser fundamentales para recabar información sobre los edificios y el hábitat de los mismos —es decir, sobre los microsistemas urbanos definidos, a menudo, por la construcción de los rascacielos—, 113 El frente en torno a Bryant Park, (Fig. 58) parque dedicado al gran escritor y periodista, es un emblema más de la transformación neoyorquina porque plasma una heterodoxa secuencia de colosos, desde el más reciente, sede principal de la HBO, el W. R. Grace Building (1974), al Aeolian Hall (1912), el Salmon Tower Building (1928) y el 500 Fifth Avenue Building (1931). Los dos últimos fueron deseados por un importante inversor inmobiliario, Walter Joseph Salmon sénior quien, tal y como se afirma en uno de los informes de la New York City Landmarks Preservation Commission,79 fue «responsable de la reconstrucción del flanco norte de la calle 42 Oeste, entre la Quinta y la Sexta Avenida, en las primeras décadas del siglo xx». Aquel periodo, que terminó con una ralentización causada por el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial, se caracterizó por un cambio del paisaje urbano hasta entonces caracterizado por un notable número de edificios de no mucha altura, numerosas viviendas populares, carnicerías (en el Meatpacking District), cervecerías y estructuras industriales (en Manhattan para el estocaje o la producción de ropa o papel, por ejemplo en el Garment District). El desarrollo del sistema de comunicaciones, el metro y el soterramiento de las vías bajo Park Avenue ofrecieron oportunidades de reconversión en zonas que antes poseían un escaso valor inmobiliario. Entre las zonas revalorizadas, además de Park Avenue al norte de la calle 42, se encontraba la Lexington Avenue, más accesible por han sido determinantes en la identificación misma de los edificios, a menudo llamados con nombres similares y a veces casi coincidentes. Uno de los casos está dedicado al Aeolian Hall y el Aeolian Building. El primero de ellos limita con el Salmon Tower Building y el segundo con el número 689-691 de la Quinta Avenida. Se trata, en efecto, de dos edificios distintos: el Aeolian Building, de 11 plantas, está rematado con una torrecilla a modo de coronamiento (conocido como Elizabeth Arden Building), y fue en realidad construido entre 1925 y 1927, según un proyecto de los arquitectos Whitney Warren & Charles D. Wetmore. Fig. 57. Foley Square y el pronaos del Thurgood Marshall United States Courthouse. 114 el reforzamiento de la red de movilidad, ejecutada con mayor densidad a partir de 1918, gracias a la intervención de la Interborough Rapid Transit Company (IRT), la empresa americana encargada de la gestión de algunas líneas del metro de NYC, de 1904 a 1940. De esta manera, debido a diversos fenómenos desencadenados en algunas zonas, la actividad constructiva destinada a la élite se intensificó, mientras que otras avenidas como la Madison y la Quinta, de la calle 57 para abajo, perdían su primitivo esplendor y su carácter de opulencia. Los años 1920 fueron el culmen de semejante desarrollo urbano, entre la edificación de bancos, sedes de compañías, nuevas viviendas de lujo, clubs y especulaciones inmobiliarias. Y estuvieron fuertemente caracterizados por una generación de arquitectos, un poco estetas un poco tecnólogos, hábiles en superar los obstáculos ocasionados por la competencia entre los actores que pretendían sobresalir en la escena urbana. A menudo incluso algunos arquitectos invirtieron en la especulación inmobiliaria, Cross & Cross entre otros, que se unieron a la Webb & Knapp, una compañía activa en el sector inmobiliario. En aquel periodo, mientras la población crecía y el sector de la construcción se disparaba, los bloques de viviendas de lujo y los Fig. 58. Los rascacielos y la New York Public Library en Bryant Park en 1957. 115 rascacielos destinados a residencia se hicieron golosos para la clase alta que, hasta ese momento, había preferido las mansions, con escasas excepciones como el Dakota Building de 1884. El paso de la élite al interior de los bloques de lujo, proyectados por los arquitectos del star system, comenzó, como ya hemos dicho, en torno a los años 1910 y culminó en la década siguiente, colonizando más allá de Park Avenue o Lexington Avenue, incluso algunas calles que desembocaban en la Quinta Avenida o en la misma Park Avenue. Una dinámica reflejo de un cambio en los comportamientos habitacionales que tuvo una repercusión a nivel socio-antropológico: la clase pudiente, de hecho, empezaba a llevarse bien con modelos de vida diferentes, más integrados y conectados con la vida urbana comunitaria, eligiendo bloques de viviendas de lujo que necesitaban menos mantenimiento que los hogares unifamiliares. Numerosos estudios de arquitectura se especializaron en la construcción de edificios residenciales de calidad, demostrando que, en aquel momento, los rascacielos acogían otras funciones, más allá de las meramente comerciales o financieras. Densificación, subida y redistribución de los valores inmobiliarios, multiplicación de las funciones asumidas y relaciones competitivas entre edificios altos, los cuales actuaban en tierra en la difícil relación con los espacios públicos y el trazado de las calles y los accesos y, en el cielo, definiendo el skyline. Objeto múltiple, fluido y al mismo tiempo unitario. En esencia, las enseñanzas europeas, ya fueran italianas o parisinas, se estaban cambiando por un sólido estilo neoyorquino, más lineal, si bien nada homogéneo, que influyó tanto en la ciudad como en la forma y la estética de los rascacielos de este periodo, mientras que NYC se afianzaba como una potencia económica, al igual que ocurría con Estados Unidos. La misma identidad cultural de la ciudad, ensalzada con aniversarios y desfiles, y con la creación de secciones museísticas como la American Wing del Metropolitan Museum of Art, reforzaba este nacionalismo. La identidad urbana se plasmaba en la tolerancia, el mantenimiento de algunos elementos culturales originarios de los ciudadanos, en la integración, así como en el conflicto entre grupos y categorías que, en determinados casos (los negros, por ejemplo), consolidaban una resistencia legítima con reivindicaciones justas, mientras residían permanentemente en barrios específicos (como Harlem). Los edificios altos, desde el punto de vista de la percepción, ya solo en Manhattan (con algunas pocas excepciones en Brooklyn), gracias a la convergencia de intenciones, las circunstancias y dinámicas 116 evolutivas, eran reflejo de la voluntad tanto de reinterpretar los modelos, mejorando los del periodo colonial, como de construir una narración urbana y nacional, fundada en la revisión de la historia y la elección de referentes. No es casualidad, como recuerdan Pennoyer y Walker, que el arquitecto J. Cross mantuviera que los promotores y la gente en general deseaban mantener un vínculo con el pasado y no se hubieran sentido como en casa en una vivienda donde no fuera reconocible algún antecedente histórico. Sin embargo, aun rindiendo honores a los modelos coloniales, los estudios de arquitectura más activos no ofrecían modelos retrógrados, sino que expresaban innovación e influencias diversas a caballo entre el azar y la reinterpretación de la historia. El periodo comprendido entre 1910 y 1930, caracterizado por una economía competitiva, se tradujo, en cuanto a la consideración de los rascacielos como epifenómenos urbanos se refiere, en una lucha orientada a la supremacía de la visibilidad y la altura, confirmando una tendencia que se inició en la segunda mitad del siglo xix. La ausencia de una zonificación funcional y la saturación de algunas zonas, incluso mediante procesos de sustitución y demolición, tuvieron efectos macroscópicos en el paisaje urbano. La heterogeneidad activa, tanto en la tierra como en el cielo, los cruces y las hibridaciones entre objetos distintos nacían, como hemos afirmado, a causa de numerosos factores. Nada estaba enajenado y cada uno buscaba, entre la opulencia y la visibilidad, distinguirse en el paisaje urbano dual, entre la calle y el skyline. En cierta medida el icónico RCA Victor Building de Cross & Cross testimonia incluso hoy en día semejante ostentación, tal y como nos muestran el azar tecnológico y formal perseguido. Este rascacielos, concebido antes de la gran crisis de 1929, representa, junto con los edificios Chrysler y Empire State, el culmen de un periodo y el fin de una temporada inmediatamente anterior a la Segunda Guerra Mundial. En este discurso de la altura y el papel de los rascacielos, conviene centrar la atención en algunos de ellos en calidad de catalizadores e impulsores de procesos, lo cual nos muestra la medida en que algunas dinámicas, los sueños y el afán por diseñar, formaban parte de la savia urbana, incluso a través del tiempo, entre mediados del siglo xix hasta el periodo inmediatamente posterior a la Primera Guerra Mundial. Uno de los conceptos rectores entonces surge de una frase que no es ni inocente ni ingenua: «The sky is the limit». Esta expresión, dotada de gran fuerza simbólica, trasciende el nivel de la dimensión 117 física de los objetos. Recurrente en Estados Unidos, posee una raíz europea. Está presente en el Quijote de Cervantes, la obra que inaugura el nacimiento de la novela europea, donde se describe una figura humana, un sujeto fundamental del hacer, un hiperpoderoso que, sin embargo, deberá afrontar su propia disolución. Esta figura, que domina la novela del escritor complutense, marca en una fase posterior el paso europeo del siglo xix al xx, y se reinventa en Estados Unidos. Una reinvención que permite delimitar aún mejor el concreto modelo utópico neoyorquino y su paradigma: la superación de los vínculos impuestos por la realidad y la historia, proyectando la propia individualidad más allá de cada límite ficticio. Ficticio en cuanto que está representado por un concepto inmaterial y aleatorio que nos muestra de qué manera la lucha por las alturas haya tenido un sentido que trasciende las cualidades materiales de los edificios. 118 EDIFICIOS SINGULARES Flatiron Building: La energía del viento Fecha: 1902-actualidad. Arquitectos: Daniel H. Burnham; Frederick Dinkelberg. (Midtown, Manhattan); 175, Fifth Avenue. Altura: 22 plantas – 86,9 m. Estructura: armazón de acero. Uso principal: oficinas, sede de la Fuller Construction. Historia: 1902. Landmark. New York City Landmark desde 1966. National Register of Historic Places desde 1979. National Historic Landmark desde 1989. Fig. 59. El Flatiron District a principios del siglo xx 119 A mediados del siglo xix Amos Eno (1810-1898) fue el responsable tanto de la expansión inmobiliaria de la zona de Madison Square Park como de la del Flatiron ya que, al invertir en el sector inmobiliario, financió la construcción de numerosos edificios, el Fifth Avenue Hotel entre otros. Este hotel, erigido en las inmediaciones del Madison Square Park en 1859 (demolido en 1908) y conocido como vertical railroad por ser el primero en instalar un ascensor, actuó como motor de numerosas modificaciones en este sector urbano. En 1857 Eno adquirió además la parcela donde hoy en día se erige el Flatiron, costruyendo siete edificios en las inmediaciones que generaron un pequeño sistema urbano. En uno de ellos se instaló una pantalla publicitaria que el especulador inmobiliario alquiló a algunos anunciantes como The New York Times y el New York Tribune que la utilizaron para proyectar las noticias con una linterna mágica. El Flatiron es un ejemplo adicional de los iniciadores de un fenómeno que surgió casi a finales del siglo xix: el traslado de los rascacielos al norte de Downtown. El Flatiron, cercano al Lincoln Building de 1887 y al Met Life Insurance Building, se alza de hecho en el número 175 de la Quinta Avenida, entre las calles 22 y 23. Se yergue en un área que no forma un bloque rectangular, sino una zona deliberadamente extraída en el cruce entre Broadway, la Quinta Avenida y la calle 23. Un cruce que, como ocurre a menudo en NYC, genera particularidades urbanas denominadas bow ties: pequeños espacios públicos desiguales, parcelas irregulares, lugares desde los cuales, gracias a inesperadas perspectivas, se pueden observar paisajes desalineados respecto a la perspectiva alineada del Grid. El edificio, que presenta una planta triangular,80 con un ángulo de 25°, caracteriza la parcela entera, conocida como Flatiron District, la cual, antes de la urbanización, se caracterizaba por su degradación registrando, aun después del Flatiron, algunas pérdidas (como el Victory-Dewey Arch). (Fig. 59) Tras la muerte de Eno la parcela la adquirió por unos 2 millones de dólares la empresa Fuller —especializada en la construcción de rascacielos—, la cual encargó el proyecto a Daniel H. Burnham, el arquitecto de Chicago. Remitiéndonos a los modelos de L. Sullivan, el Flatiron supera el esquema imperante hasta aquel momento en NYC, constituido por un bloque más bajo y una esbelta torre de gran altura, ofreciendo, por el contrario, una forma compacta y ligera, de fuerte impacto visual, sostenida por un armazón de acero realizado en Pennsylvania, en la compañía de J. P. Morgan, fundada en 1900, cuando el magnate fusionó más de veinte empresas constituyendo un emporio, la United States Steel Corporation (la primera empresa 80. En menor escala, se puede citar una referencia anterior: el Milwaukee City Hall, un edificio de planta triangular sito en Milwaukee, obra de Henry C. Koch de 1895, 108 m de altura, con un atrio interior y un frente proyectado para enfatizar la verticalidad; véase Joseph J. KOROM júnior. The American Skyscrapers 1850-1940. A celebration of Height. Boston: Branden Books, 2008. 120 del mundo con un capital superior a mil millones de dólares), fruto de la fusión de las compañías de los Morgan y los Carnegie. El rascacielos se levantó en un año, generó un nuevo espacio urbano y un nuevo núcleo central. En 1906, H. G. Wells lo describió como un objeto consistente y singular: «Me encontré admirando boquiabierto un rascacielos —la proa del edificio Flatiron, en concreto— abriéndose paso entre el tráfico de Broadway y la Quinta Avenida en la luz vespertina». Este icono del imaginario culto y popular,81 fue fotografiado por Alfred Stieglitz en 1903 y Edward Steichen en 1904 y ambos lo describen como si fuera un inmenso barco de vapor, alegoría de una América naciente, aún en ciernes. Por su posición, el edificio secciona el viento: la Burnham’s Folly, como se le llamaba —entre Broadway, la Quinta Avenida y Madison Square Park, limitado por la misma calle 23 al sur— genera un nexo de unión. En 1902, en aquel amplio sector, una vez completado el Flatiron, no había edificios altos, sino una configuración aún enrarecida que, en parte, todavía existe hoy en día.82 81. Representada por artistas como Alvin Langdon Coburn y Jessie Tarbox Beals; pintores como John Sloan, Everett Shinn y Ernest Lawson, como Paul Cornoyer, Childe Hassam y Joseph Pennell o como John Edward Jackson o el cubista Albert Gleizes. 82. Observando la distribución de los edificios más altos en la zona donde se erige el Flatiron se aprecia una determinada discontinuidad del tejido urbano en el sur respecto al norte, ambas zonas muy pobladas de rascacielos, correspondientes a los sectores económicos presentes. 127 84. Dime es una moneda de diez céntimos; dime store (usado en las expresiones referidas a los costes de los artículos comercializados: five and ten cents; five cent table) define un gran almacén donde se venden productos a precios asequibles. 85. Un documento preciado que constituye las consecuencias del pragmatismo americano. Samuel Parkes Cadman (1864-1936) fue un pastor inglés, autor de numerosos libros y colaboraciones en varios periódicos, entre ellas la columna cotidiana para en el New York Herald Tribune de 1926. Fue pionero de la Christian radio (de 1923) una emisora radiofónica que llegaba a millones de personas. Fue defensor del ecumenismo, contrario al antisemitismo y detractor de la intolerancia racial. De origen inglés, Cadman se mudó a Estados Unidos y hacia finales del siglo xix empezó a predicar (en la iglesia metodista) en la Séptima Avenida de Manhattan, atrayendo a grandes masas. En 1901 empezó a dirigir la Iglesia Central de Brooklyn, donde permaneció durante 35 años hasta su muerte. Entre ellos se encuentra el Woolworth Building, encargado por el presidente de la empresa homónima e inaugurado en 1913. El autor del proyecto fue Cass Gilbert, un arquitecto genial que trabajó durante dos años en el importante estudio McKim, Mead & White. Cass, natural de Ohio, que había adquirido una notable experiencia técnica y formal en el estudio, en las obras y en Europa, diseñó numerosos edificios en la ciudad, entre otros el New York Insurance Life Building, de 1926, posterior al Woolworth, en el cual se cumple tanto un proyecto formal, integrando el estilo neogótico con las influencias modernas, como identitario (Gilbert fue el protagonista más activo del eclecticismo neoyorquino), más que el estrictamente regulador con las normas del Zoning de 1916. En ambos rascacielos la solución del coronamiento visible de lejos y fuertemente reconocible (oro en el Life Building, verde por la pátina oxidada del cobre en el Woolworth) muestra de qué manera era crucial la visibilidad de los edificios que perseguían una fisonomía propia y un cierto appeal, fetiches de la identidad cambiante de Manhattan, ese espacio salvaje dentro del cual cada uno combatía en un cuerpo a cuerpo en el escaparate del cielo y la calle. El costosísimo Woolworth, no edificado por secciones o en fases sucesivas como ocurría a menudo en NYC, es una muestra del proceso de organización y apropiación espacial mediante un único edificio. Vertical y simétrico, está emplazado en la parte sur de Broadway, donde se concentraban las rentas de posicionamiento, la belleza y la historia. Entre el pequeño parque donde había y hay algunas sedes del gobierno municipal y Park Row, la calle diagonal donde se encontraban los diarios más importantes. El edificio Woolworth, encargado por Frank Woolworth, desde 1878 primer presidente y fundador de la compañía homónima, se convirtió en sede de la empresa five-and-dime,84 especializada en la venta al detalle de artículos económicos. Un merchandising que cautivaba a los consumidores y dirigía los flujos de personas por el rascacielos neogótico. Estandarte publicitario y símbolo, por tanto, de una conmemoración: en 1916, el Woolworth fue bautizado por el reverendo S. Parkes Cadman85 «The Cathedral of Commerce» en un libro del mismo título. Entre lo blasfemo y la invención retórica, la frase conjuga un sentido a la vez pragmático y simbólico: ¿hay algo más sagrado en NYC que el dinero? La parcela, adquirida entre 1910 y 1911 le costó a F. W. Woolworth 4,5 millones de dólares. Una cifra exorbitante que conforma la convulsa temperatura competitiva y el valor del suelo en Lower Manhattan en aquella época. 128 Para afrontar los elevados costes de la operación inmobiliaria, F. W. Woolworth estableció una negociación en 1909 con el Irving Nazional Exchange Bank y posteriormente fundó la Broadway-Park Place Company, generando un pacto económico para financiar la construcción, pero en mayo de 1914 adquirió todas las acciones emitidas, poseyendo el edificio a título definitivo. La altura prevista era de 130 m, pero el Woolworth llegó hasta los 241 m, siendo hasta 1930 el edificio habitado más alto del mundo. El proyecto contaba con 20 plantas, más tarde ampliadas a 60; 5.000 ventanas, iluminadas el 24 de abril de 1913 con una ceremonia de apertura durante la cual el presidente de la empresa, Woodrow Wilson, desde Washington, D.C., presionó un botón y un rayo de luz iluminó el edificio entero y la avenida Broadway. La construcción del Woolworth fue documentada —a iniciativa del genius loci que lo había encargado, una persona clarividente en los negocios y dotada de una cierta megalomanía—,86 por numerosas imágenes que mostraban, además de las fases constructivas, la gran dimensión del rascacielos. (Figs. 62, a y b). El autor de la secuencia fue Irving Underhill, un fotógrafo comercial muy activo en la ciudad, natural de Nueva Jersey, que tenía el estudio entre Broadway y Park Place, frente al emplazamiento del rascacielos. El Woolworth estaba (y está) dotado de extraordinarios elementos técnicos: 17 millones de ladrillos; 24 toneladas de vigas de acero; 34 ascensores; 87 millas de cableado eléctrico; la capacidad de responder y absorber el viento hasta 25 millas/hora; 3.000 puertas de acero; pizarra, mármoles y tanto cristal como para cubrir la superficie entera de Union Square; 7.500 toneladas de terracota; 91.000.000 kg de peso en 6 ha de superficie urbanizable. Costó 13,5 millones de dólares pagados cash y contaba con un grupo electrógeno autónomo. En el interior disponía de una barbería, un restaurante, consultas médicas, una piscina (en el sótano), una biblioteca, un mirador y un resplandeciente hall con decenas de bustos de mármol (los de C. Gilbert y F. W. Woolworth, entre otros). Para la ceremonia de apertura se celebró una cena en la planta 27 (jamás se había celebrado una cena tan alto, escribieron los periodistas de The Tribune)87 en la que participaron, además de Cass Gilbert y Frank Woolworth, gobernadores, decenas de diputados, jueces, el Jefe de la Policía y algunos de los socios de negocios de Woolworth. Se leyó, entre aplausos, una carta de William Howard Taft, el 27º presidente de Estados Unidos, masón, que había concluido su propio mandato hacía un mes. Nada comparable a la ovación que arrancó Gilbert cuando afirmó: Fig. 63. Un boceto de Cass Gilbert para el Woolworth Building. 129 86. Obsesionado con la figura de Napoleón, Frank W. Woolworth se hizo construir el despacho según el modelo de una estancia del castillo francés de Compiègne. Woolworth se sintió cautivado por la arquitectura monumental del Viejo Mundo, desde sus viajes por Europa, cuando el empresario iba en busca de artículos para vender en sus propias tiendas. Tal y como señala Gail Fenske, en The Skyscraper and the City: The Woolworth Building and the Making of Modern New York, «la monumentalidad y la grandeza de los bulevares parisinos causaron una gran impresión en Woolworth», así como los grandes almacenes, la Ópera de Garnier o las Casas del Parlamento de Londres. 87. The Tribune fue un importante diario fundado por Horace Greeley en 1841; pretendía ofrecer noticias más fiables, en un periodo en el cual otros periódicos como el New York Sun y el New York Herald optaban por un sesgo sensacionalista. Greeley ya había publicado un semanario, The New Yorker (distinto de la revista homónima) en 1833, y había sido un editor de referencia del partido liberal con la publicación Log Cabin. Les he preguntado a los banqueros por él y me han dicho que el Woolworth Building es un edificio único en Nueva York, ya que se levanta sin hipoteca y sin un solo dólar de deuda. Fue en diciembre de 1910 cuando Gilbert y Woolworth se conocieron. Ante los ojos del emprendedor, el maduro y resuelto arquitecto (entonces cincuentón) con mano firme dibujó a lápiz sobre un papel fino de color crema el boceto del rascacielos, (Fig. 63) la elocuente superficie de terracota, los vanos, la esbelta torre de 30 plantas y el coronamiento agudo de cobre. Cass lo dibujó mientras le contaba a Frank que, con el tiempo, esa corona adquiriría un tono verde que todo el mundo vería, incluso desde más allá del océano. 130 Equitable Building: La arrogancia y el poder Fecha: 1915-actualidad. Arquitecto: Ernest Robert Graham y William Peirce Anderson (arquitecto asociado). (Downtown, Manhattan); 120, Broadway. Altura: 40 plantas – 164 m. Estructura: armazón de acero. Uso principal: oficinas, sede de la Equitable Life Assurance Society. Superficie del suelo: 176.000 m2; 110.000 m2. Historia: 1915. Landmark. New York City Landmark desde 1996. National Historic Landmark desde 1978. Fig. 64. El Equitable (a la derecha el Bankers Trust Company Building). 131 88. La población total en 1910 superaba los 4,7 millones de personas, 2.331.542 de las cuales vivían en Manhattan. Entre 1913 —un año después del incendio que destruyó el Equitable Life Building de 12 plantas— y 1915, en el mismo solar del primero (sobre una parcela regular y amplia, a pesar del tejido urbano de Downtown), se alzó el extraordinario Equitable Building. Este coloso fue financiado por Thomas Coleman du Pont (al cual, posteriormente, le ofrecieron 2,5 millones de dólares para mantener la altura a niveles inferiores de los ya alcanzados), un hombre de negocios y político que lo encargó en un primer momento, en el año 1906, a D. H. Burnham & Co., el estudio del arquitecto del Flatiron y proyectista del plano de Chicago (de 1909), activo en ámbito internacional y en numerosas ciudades americanas, además de Nueva York, Detroit, Pittsburgh, Washington, D.C., Cincinnati, y coproyectista, junto con F. L. Olmsted, de la Exposición Internacional celebrada en Chicago en 1893 para conmemorar el descubrimiento de América: la World’s Columbian Exposition. El proyecto de Burnham, que incluía una torre de 62 plantas, nunca se llevó a cabo. Autor del Equitable fue, sin embargo, E. R. Graham que diseñó, en un terreno de 4.000 m2, el coloso que presume de una superficie interna útil de 110.000 m2 (con una relación elevadísima, 30, entre la ratio de la zona del suelo y el cubicaje, según parámetros del Zoning de 1916). El edificio contó con numerosos detractores, tanto antes como después, porque proyectaba una sombra de poco menos de 30.000 m2 en la zona circundante y una sombra permanente sobre la Singer Tower hasta la planta 27 de esta. Esta es otra de las razones por las que surgió el Zoning de 1916 y, como consecuencia de aquellas normas, el Equitable siguió siendo el más grande del mundo, desde el punto de vista de la superficie interna, hasta la construcción del Chicago Merchandise Mart en 1930. El Equitable es la representación visible de un proceso brutal que, a principios del siglo xx, se vio reforzado en NYC: un modelo específico de capital económico, una red constituida por pequeñas y grandes compañías en busca de espacio y por un número ingente de trabajadores y obreros,88 muchos de ellos empleados en Manhattan. El edificio se concibió como una inversión, como ocurrió con el Woolworth Building, incluso en un periodo de transición anterior a la Primera Guerra Mundial, que tuvo consecuencias económicas negativas en el mercado inmobiliario. Durante este conflicto mundial, J.P. Morgan júnior y su empresa alquilaron una planta entera para coordinar las operaciones destinadas a las tropas en el frente, generando una inversión de la tendencia: desde aquel momento, una miríada de mediadores, abogados y brokers firmaron contratos 132 de leasing. Morgan conocía las fluctuaciones del mercado, consciente del peso que habría tenido un inversión hecha en primera persona; en efecto, su intervención muestra hasta qué punto era volátil el mercado de los arrendamientos, influido por numerosas variables y condicionado por las actuaciones de actores económicos individuales y muy poderosos. La renta y los valores del suelo, debidos además al incremento de la demanda de parcelas donde establecerse las compañías, se nutrían de una dinámica competitiva en la cual los agentes y especuladores inmobiliarios trataban de acaparar los grandes grupos solventes. Los mismos edificios se concebían como empresas comerciales: la construcción era una inversión y el beneficio era una imposición en una dinámica reflejo de la estructura del mercado competitivo, regido por reglas en cierta medida variables y revisables. La superficie útil, que generaba beneficios, era uno de los objetivos prioritarios: en una época posterior, las Twin Towers representaron el culmen de semejante tipología (por la enorme extensión de las oficinas y por el número de personas que podían albergar en su interior). De esta manera se explica asimismo la forma del Equitable, (Fig. 64) que no fue la única. En efecto, entre 1912 y 1914, se edificó en el número 61 de Broadway el Adams Express Building, proyectado por F. H. Kimball, de 135 m de altura y 32 plantas. La misma figura compacta del Equitable, edificio concebido para convertirse en la nueva sede de la compañía homónima, creada para el transporte de mercancías y cotizada en bolsa. Tanto el Equitable como el Adams presentaban una planta con forma de H, cuyo uso se atribuyó al arquitecto G. B. Post, una forma que permitía el paso de la luz al interior. El gigantesco Adam Express Building fue juzgado invasivo, al igual que su coetáneo el Equitable, y su sombra proyectada sobre los edificios limítrofes incidió en el valor de estos. Los valores inmobiliarios que caían mostraban de qué manera confluían el orden urbano y el mercado pues la apropiación del suelo seguía regida por las dinámicas dominantes. 133 Standard Oil Building: La rotación del espacio y la escena urbana Fecha: 1928-actualidad. Arquitectos: Carrère & Hastings; Shreve & Blake. (Downtown, Manhattan); 26, Broadway. Altura: 31 plantas – 160 m. Estructura: armazón de acero. Uso principal: oficinas, sede de la Standard Oil Company. Historia: 1921-1926-1928. Landmark. New York City Landmark desde 1995. Fig. 65. El Standard Oil Building en 1923. 134 89. Los fundadores de la compañía fueron dos hermanos, J. D. y W. A. Rockefeller, junto con otros ingenieros y técnicos que apoyaron la empresa. La compañía, tras absorber a muchos competidores, se encontró gestionando el sector en su totalidad. En 1882, la empresa asumió el nombre de Standard Oil Company of New Jersey y cotizó en bolsa. El Departamento de Justicia se expresó al respecto, concluyendo con la promulgación de las leyes antitrust de 1911. La compañía Standard Oil,89 una de las grandes compañías presentes en el Financial District, fue fundada en Cleveland en 1870 y hasta 1911 era el único trust que controlaba el sector petrolero. En 1884 se estableció en Broadway, construyendo su propia sede, ampliada más tarde, en 1895. El edificio, en su versión actual, completada en 1928, ejerce de puerta en el eje vertebrador de Broadway y posee una torre dotada de gran impacto visual que destaca entre las construcciones próximas en la punta extrema de Manhattan, siendo una de las que más al sur se encuentran. El edificio Standard Oil presenta una fachada curvilínea, marcada por el ritmo de los vanos que se abren sobre Bowling Green. (Fig. 65) La parcela pentagonal es una de las más extensas de esta zona, ya saturada en torno a los años 1920. Su forma, una de las variaciones del setback prescrito en el Zoning, promulgado diez años antes de la consecución del edificio, define el espacio urbano con gran armonía. Evocando el modelo propuesto por edificios como la Singer Tower —una masa amplia y cohesionada, combinada con una torre—, el Standard Oil crea un fuerte desalineamiento visual, confundiendo en parte al observador por la posición de la torre que aparece ligeramente rotada. Carrère y Hastings habían proyectado además otros edificios significativos, de bloque compacto con una parte más alta, como el Liggett Building (en la esquina nordeste de Madison Avenue con la calle 42 Este) y el Fisk Building (250 calle 57 Oeste, de 1920-1921), ambos hijos del setback de 1916. Sin embargo, a pesar de respetar las normas de 1916, los arquitectos, separando la estructura de acero, más que enfatizar la altura, con el Standard Oil decidieron primar el diseño de la fachada y la relación con la torre retranqueada, mostrando sensibilidad respecto al lugar y al papel visual del edificio en el mismo. El edificio Standard Oil, además de manifestación del poder de la compañía es, en efecto, un objeto con una potente presencia en el paisaje urbano. 135 Chrysler Building: Un sueño de metal Fecha: 1931-actualidad. Arquitecto: William Van Alen. (Midtown, Manhattan); 42nd Street y Lexington Avenue. Altura: 77 plantas – 282 m (319 m, vértice de la aguja). Estructura: armazón de acero. Uso principal: oficinas, sede de la Chrysler. Superficie: 111.000 m2. Historia: 1930. Landmark. New York City Landmark, tanto el interior como el exterior, desde 1978. National Register of Historic Places desde 1976. National Historic Landmark desde 1976. Fig. 66. El Chrysler Building en 1930. 136 El edificio Chrysler se incluye entre los iconos con mayor fuerza simbólica y visual. Nacido en una época entre lo trágico y lo opulento y en una zona de las más codiciadas y transformadas de la ciudad que no ha cesado de presenciar la aparición de edificios emergentes en la escena, como el de las Naciones Unidas,90 veinte años después del Chrysler, con una forma completamente distinta y en fuerte diálogo con el East River. A pesar de exhibir un protagonismo diferente, absoluto y sin intermediación, ambos se relacionan visualmente con la Tudor City (un Historic District), sita entre Turtle Bay y Kips Bay, primer complejo residencial del mundo constituido por edificios altos. El área previa a Tudor City se caracterizaba por un enclave de casas populares (habitadas por una comunidad irlandesa) que limitaban con una central eléctrica y un grupo de mataderos (demolidos en torno a los años 1940), entre la Primera Avenida y el East River. Tudor City, erigida durante los años 1920 por el especulador inmobiliario Fred F. French, comprende, además de un hotel, nueve edificios (para unos 4.500 residentes). En el interior del complejo estaban previstos pequeños campos de golf, jardines y parques privados, en una operación inmobiliaria destinada a la clase media, con el fin de atraer a Midtown Manhattan a aquellos que habían empezado a mudarse a otros barrios y distritos. Es precisamente en el interior de este emplazamiento —caracterizado por una orografía más evidente: bloques de granito, saltos de cuota que comunican Tudor City con la costa, donde se levanta la sede de la ONU— donde se erige el Chrysler Building (piedra angular del sistema de rascacielos) —proyectado por W. Van Alen y encargado por Walter Chrysler, fundador de la empresa automovilística—, sede principal de la Chrysler Corporation. El rascacielos, femenino y metálico, reúne en sí mismo la fuerza del sistema capitalista, la fuerza de los sueños (Fig. 66) y del imaginario estético: como en una fantasiosa Edad Media revisitada, las gárgolas en forma de águila (que recuerdan uno de los símbolos de la casa fabricante de automóviles, así como los tapacubos del coronamiento afilado de la parte superior) definen, al capturar la luz, los cambios de plano de la estructura vertical del edificio. Lo monstruoso, lo excesivo, lo fantástico, lo demoniaco, lo mágico y el resplandor del acero son referencias de una visión onírica de la realidad no dominada completamante, sino depurada en su propia integridad, sin censuras racionales. Una integridad reconocida en un tipo de realismo singular occidental en el cual confluyen la pasión, el individualismo y el utilitarismo. En la arquitectura expresionista per90. La sede principal de las Naciones Unidas, edificio completado en 1952, presenta en el proyecto de Oscar Niemeyer, Le Corbusier y Harrison & Abramovitz, una configuración monumental. Cierra un área que da sobre el East River y no mantiene relación alguna con el tejido histórico limítrofe existente en esa área híbrida por la presencia del edificio Chrysler y la Tudor City, el barrio residencial edificado en los años 1920. 143 El Empire State, el rascacielos más alto del mundo hasta la inauguración de las torres gemelas del WTC, costó casi 41 millones de dólares (la parcela sola más de 16 millones de dólares). El proyecto se diseñó en pocas semanas, con el objetivo de llevar a cabo una gran inversión inmobiliaria. Las obras, que empezaron poco después de 1929, se concluyeron rápidamente, gracias además a una organización prácticamente perfecta de las obras. El edificio fue celebrado desde el día de su inauguración, el 1 de mayo de 1931, con la presencia de los políticos locales, mientras que desde Washington, D.C. el presidente de Estados Unidos y el presidente de la compañía controlaban el encendido de las luces del rascacielos (nacía un nuevo monumento a la economía, celebrado ritualmente tanto como lo había sido el Woolworth Building, dieciocho años antes). Elementos estructurales de acero; forjados de hormigón armado, realizados in situ; complejas instalaciones técnicas; eliminación de los tiempos muertos en la ejecución de las obras de construcción; seguridad en la obra (no obstante, murieron cinco personas); colaboración de estudios de ingeniería especializados en estructuras de acero para las instalaciones; carrera por la fiabilidad mediante el encargo a una empresa (500.000 dólares y dieciocho meses de duración para la ejecución de las obras); timing planificado: obra de demolición del Waldorf-Astoria simultánea a la erección del Empire State; ejecución del proyecto destinado a las obras con la organización de una red donde se interrelacionaban subcontratistas y proveedores; organización de la obra en un restringido espacio urbano y vertido de desechos en el East River; plazos establecidos para la ejecución de las secciones (por ejemplo, en una semana, 3 plantas y media de armazón de acero; una jornada, una planta de paramento de ladrillo). El coste del edificio ascendió a 25.000.000 dólares, 2 millones menos del total presupuestado. Los primeros años del Empire State Building, tal y como ya hemos adelantado, fueron difíciles, por la onda expansiva de 1929, y solo el 25% de la ingente superficie útil se alquiló para oficinas. Esta época sufrió la competencia del recién nacido Rockefeller Center, pero la inauguración del mirador hizo que el Empire State se convirtiera en uno de los iconos más emblemáticos de la ciudad. 144 Rockefeller Center: Una ciudad dentro de la ciudad (19 edificios). Fecha: 1939-actualidad. Arquitecto principal: Raymond Hood. (Midtown, Manhattan); entre la Fifth Avenue y Sixth Avenue, y entre la 48th Street y la 51th Street. Altura: 226 m (edificio principal). Estructura: armazón de acero. Usos múltiples. Superficie total del solar: 8,8 ha. Historia: 1930-39. Landmarks. New York City Landmark desde 1985. National Register of Historic Places desde 1987. National Historic Landmark desde 1987. Fig. 70. El icono de los años 30: el Rockefeller Center de noche. 145 97. Un proyecto afín y muy reciente es Hudson Yards, una operación inmobiliaria descomunal en el West Side (Midtown). 98. El primer núcleo se construyó en 1883 entre la calle 39 y Broadway. El edificio era conocido como The Yellow Brick Brewery, por su fachada de ladrillos amarillos. El MET, el Metropolitan Opera House del Lincoln Center, en el Upper West Side, sin embargo, fue edificado en 1966 e inaugurado en septiembre de ese año. El Rockefeller Center es el resultado de una larga e intensa transformación que generó un eje urbano innovador97 en cuyo interior, además de ofrecer edificios comerciales y oficinas, se desarrollan diversas funciones y posee un sistema articulado de espacios públicos excepcionalmente icónico, (Fig. 70) identitario y activo en el marketing urbano a nivel global. Dicho sistema de espacios públicos se puede adscribir a un tipo de lugar específico, frecuentado por ciudadanos, visitantes y usuarios urbanos, muy institucionalizado y formal. La ciudad, plena de espacios de este tipo, elementos representativos de su propia identidad, los utiliza a lo largo del año para celebrar ritos religiosos y sociales como las Navidades, época en que el Rockefeller se decora con un gran árbol de Navidad y se ornamenta todo el bulevar y la plaza del interior del complejo. El conjunto formado por numerosos edificios en Midtown, que influyó en los ejes vertebradores urbanos anteriores pues cambió su peso y su papel, ejerció su influencia además en el mercado inmobiliario, instituyendo un precedente e iniciando un desarrollo estable en una amplia sección de Midtown. El proyecto pretendía competir con los edificios Chrysler y Empire State, prácticamente coetáneos, e integrar la urbanización con la arquitectura y el paisaje en una escala jamás afrontada en la ciudad hasta ese momento. En efecto, el elemento urbano más extenso, planificado en superficie, había sido el Central Park, un lugar abierto, pensado para todos, que no integraba aspectos diferentes y matéricos como el Rockefeller Center. Además, el Center, incluso en la fase de obras, confirmando su enorme impacto económico, dio trabajo a muchísimas personas y devolvió a la ciudad de Nueva York una imagen competitiva en el periodo posterior a 1929. La zona donde se erigió el Rockefeller Center presentaba una historia relevante: desde 1801 albergó un jardín botánico, el primero de Estados Unidos, denominado Elgin Garden. El Jardín Botánico, nacido a iniciativa de David Hosack, no logró sobrevivir y fue desmantelado después de un largo periodo de abandono. A principios de los años 1930 el objetivo principal era dotar a la ciudad de un teatro nuevo, meta incluida en el programa del alcalde Fiorello La Guardia, que pensaba dejar en herencia al menos un aeropuerto y un nuevo Metropolitan Opera House.98 Este último proyecto no llegó a realizarse, a pesar de que se había logrado la financiación mediante operaciones que, a partir de 1928, habían involucrado a los Rockefeller. La familia, que disponía de una casa en Midtown, entre las calles 53 y 54, poseía una gran cantidad de bienes inmuebles en la zona y, antes de iniciar el proyecto —que 146 apenas completado provocó un aumento del valor del suelo—, pidió consejo a los propios agentes inmobiliarios, los cuales propusieron algunos contenidos que confluyeron en el proyecto urbano. Dicho proyecto fue progresivamente detallado, contemplando un uso mixto que integrase oficinas, teatros, tiendas y espacios públicos, entramados en el tejido urbano además por un ramal del metro (completado en 1940) que surcó aquella sección de la ciudad en pleno y rápido desarrollo. En 1928, Rockefeller alquiló parte de los terrenos a la Columbia University, mientras se desarrollaba un plan denominado Metropolitan Square y se celebraba un Architectural Symposium para desarrollar este mismo proyecto, lanzando un concurso que contaba con el septuagenario Cass Gilbert (autor del Woolworth Building) entre sus jueces. El largo proceso culminó a principios de la década de 1930, cuando se formó un equipo de proyectistas y cuando los agentes inmobiliarios de la familia Rockefeller adquirieron algunos terrenos limítrofes con el fin de ampliar el emplazamiento del complejo que, por otro lado, estaba marcado por una notable presencia: la Metropolitan Cathedral of St. Patrick, erigida entre 1853 y 1878, según proyecto de James Renwick júnior, autor de otras iglesias en Nueva York. En cuanto a la zona del Rockefeller Center, progresivamente prevalió la idea de un centro comercial y de negocios, abandonando el sueño de la Opera House y, a pesar de que la empresa coincidió con el momento más duro de la Gran Depresión (el Rock fue el único proyecto arquitectónico no gubernamental que se llevó adelante tras el crack del mercado bursátil y el estallido de la Segunda Guerra Mundial), se dio inicio al proceso de las obras, cambiando el nombre del proyecto urbano de Metropolitan Square a Rockefeller Center. Entre los numerosos residentes implicados se encontraban la RCA,99 la NBC y el grupo de comunicación RKO que después se establecieron en otros edificios, configurados de manera que se transfirieran los derechos aéreos a la torre central,100 limitando la altura de los edificios de la Quinta Avenida, actuando el Rockefeller Center como reequilibrador de valores y tendencias que, de otra manera, hubieran transformado la Quinta Avenida en un cañón aún más hipertrófico. 99. La RCA Corporation fue la más importante American Electronics Company, fundada con el nombre de Radio Corporation of America en 1919. 100. El GE Building, General Electric Building (conviene distinguirlo del casi homónimo RCA Victor Building), de 260 m de altura, 70 plantas, proyectado por R. Hood, conocido como 30 Rockefeller Plaza, completado en 1933, sede de la NBC Television Network. En el atrio de 30 Rockfeller Plaza, en 1933, Diego Rivera pintó el mural Man at the Crossroads. Entre los personajes retratados se encontraba Lenin. Nelson Aldrich Rockefeller le ordenó borrarle el rostro, so pena de la destrucción integral de la obra. Rivera se negó y el mural fue íntegramente destruido. Nelson Aldrich Rockefeller (1908-1979), miembro de la familia Rockefeller, político y hombre de negocios, fue el 41° vicepresidente de Estados Unidos y antes había sido gobernador de Nueva York, ocupando numerosos cargos durante su vida política. El proyecto del Rockefeller Center comprende además el edificio del Radio City Music Hall, conectado con el RKO. 147 CONCLUSIONES El 11 de agosto de 1894 la revista Harper’s Weekly (fundada en 1857 y activa hasta 1916) publicó una de las primeras fotografías del skyline de NYC. Para comprender la importancia de esta específica vista urbana, además de la interesante reflexión de Montgomery Schuyler en The Skyline of New York, 1881-1897, escrita a finales del siglo xix, resulta útil remitirnos a un ensayo más reciente de John A. Kouwenhoven quien, con una potente analogía, explica lo que era el skyline neoyorquino: La estructura de un tema de jazz está formada, al igual que el skyline de Nueva York, por una tensión de fines contrapuestos. En el jazz, en su mejor versión, cada músico parece estar —y siente que está— completamente solo. Cada uno va a lo suyo, inventando frases rítmicas y melódicas que, aparentemente, no parecen tener mucha relevancia entre sí, como ocurre con el edificio de las Naciones Unidas respecto al Empire State. Sin embargo, el resultado es una unidad creativa impresionantemente precisa. El nacimiento del skyline cambió la visión y la percepción de la ciudad (posible antes con el plano bidimensional) mediante una vista inédita. Esta vista, concebida como una imagen cinemática —nada que ver con la pintura paisajística del siglo xviii— y narrada mediante las imágenes de los primeros documentales sobre la ciudad,101 ratificaba la imposibilidad de concluir la ciudad vertical en una extensión bidimensional, coincidente con la partición a tierra del Grid de 1811, que se limitaba a dividir la ciudad en zonas públicas (vías urbanas) y zonas privadas (parcelas). Esta vista innovadora afirmaba implícitamente de qué manera la seducción de la verticalidad expresaba, a través de una fluida narración visual del skyline, el carácter urbano de Nueva York: la actuación antrópica integrada con la geografía del lugar. Una combinación que dio como resultado la diferenciación entre los distritos, que había generado paisajes heterogéneos y puntos de observación variables, que primaban sobre todo la visión de Manhattan, distinguible además por estar separada de los otros cuatro distritos por el agua. Con el término skyline, objeto urbano nacido antes de que se acuñara la palabra, se designa en Nueva York a un horizonte variado e ininterrumpido en su verticalidad. Otras ciudades europeas o americanas dejaban un recuerdo indeleble en la memoria, gracias al 101. Uno de ellos en particular titulado Manhatta, de 1921, obra de Paul Strand y Charles Sheeler; B/N, 9 min. Estos dos fotógrafos, conocidos por haber documentado antes la América industrial, retrataron la ciudad inspirándose en la obra de Walt Whitman. F. SCHIAVO, 'From City to Metropolis: the Rhetoric of the urban space', ponencia expuesta en el International Congress The logic of persuasion. Between Antropology and Rhetoric. Palermo, 19-20 de abril, 2018. 148 perfil de su propia silueta contrastada con el cielo, pero en NYC el skyline asumió y sigue asumiendo, además de una forma colectiva, coherente y variable, una connotación nodal y múltiple. La punta sur de Manhattan, la densa avenida vertebradora de Broadway, al igual que la parte urbana más septentrional de la isla, en torno a la cual se localizan los primeros rascacielos, sobre todo desde finales del siglo xix e inicios del xx, era y es perceptible por los dos ríos, los puentes y los numerosos puntos de referencia dentro de la misma isla. En un siglo y medio, aproximadamente, el skyline ha narrado, y sigue narrando, algunos de los aspectos de la transformación urbana, los pálpitos de la economía, las dinámicas de las relaciones entre los lugares y las personas, restituyendo esa trama urbana neoyorquina y su paradigma, que no se lee ya a nivel bidimensional, sino que se comprende en una tercera o cuarta dimensión. Un potente y complejo horizonte que refleja los ciclos del desarrollo, sobre todo en Downtown y Midtown, que han definido una nueva geografía social, cuyo último representante en el tiempo es la hipervisible Hudson Yards que ha modificado el skyline y la configuración urbana, además de haber transformado el paisaje social de una vasta zona de Manhattan. Tanto en el plano empírico como en el teórico, el nacimiento del macropaisaje indentitario del skyline se ha visto influido por múltiples causas y su interpretación debe tener en cuenta el proceso que condujo a la formación de la primera Zoning Resolution en 1916, la norma que regiría la forma de los edificios altos instituyendo el setback. En efecto, el Zoning (Fig. 71) introdujo el concepto de zoning envelope, que limitó y definió el volumen máximo permitido sin fijar la altura respecto a la parcela (al menos en una porción de esta, el 25%), todo lo contrario de lo prescrito en ciudades como Boston, Chicago, Washington, D.C., Londres o París. El Zoning, más que establecer valores numéricos absolutos —a pesar de que en 1884 y 1885 el estado de Nueva York promulgó algunas leyes que fijaban un umbral de unos 24 m para los edificios de toda la ciudad— o determinar cubiertas planas o coronamientos, esculpió la ciudad en tres dimensiones y, por ende, el skyline. En términos generales, por encima del nivel de calle, un rascacielos debía estar configurado mediante un plano diagonal que partía del centro de la vía urbana, confirmando el perfil continuo de la ciudad, formado por torres de altura ilimitada, aun estando permitida solo la edificación de un cuarto (25%) de la parcela. El Zoning de 1916 contemplaba tres subdivisiones diferentes muy amplias: Use District, que regía los usos separados de los diver- 149 sos distritos: residencial, comercial, negocios, uso libre; Area District, donde se especificaban las dimensiones y las tipologías de las residencias, jardines y patios; Height District, que regía los edificios altos en relación con la anchura de las vías urbanas, cuya forma debía determinarse en base al Sky exposure plane (introducido por primera vez en el Zoning de 1916): un plano virtual inclinado, que partía de una altura determinada del edificio, con un ángulo variable en función del distrito (la norma se podía derogar solamente en determinadas condiciones). Estas reglas anti-Equitable se declinaban en diversos modos y daban lugar a variaciones que relacionaban la parte de la base de la construcción con las secciones superiores, determinando diversificaciones adicionales del skyline urbano, a diferencia de lo que ocurría en otras ciudades americanas como Chicago. Hasta 1961, año en que se reelaboró drásticamente el Zoning, los edificios se conformaron con una figura piramidal, conocida como wedding cake (consecuencia del setback) y crecieron con un boom considerable durante los años 1920 y 1930, sobre todo en Midtown. En aquella década la ciudad dobló la superficie útil destinada a oficinas, mientras existían dificultades para lograr espacios públicos, por otro lado no previstos en el Plan de 1811. Un ejemplo Fig. 71. El Zoning de 1916. 150 que anticipó el nuevo Zoning fue el Seagram Building, de 38 plantas, obra de L. Mies van der Rohe, con la colaboración de P. Johnson. El Seagram, de 156,9 m de altura, completado en 1958, a pesar de terminarse antes de la revisión del Zoning, presenta algunas de las características nuevas de los rascacielos pertenecientes a lo que se puede llamar la tercera fase (la primera hasta 1916, la segunda hasta 1961 y la tercera a partir de 1961). Se trata de edificios que, al no estar sometidos ya a las normas del setback, presentaban un volumen compacto. A menudo se caracterizaban por un espacio público que daba a la calle donde se erigían. En este caso, el Seagram Building daba a Park Avenue, entre las calles 52 y 53, presenta un espacio anterior, ornamentado con dos fuentes (sencillas láminas de agua) que permiten respirar a este edificio negro y potente, así como reflejar su cuerpo, definido fundamentalmente por un bloque visible. Como ya hemos dicho, la primera ley de zonificación (1916) intentó afrontar el impacto que algunos edificios habían provocado en el sistema urbano y en sus microsistemas, tratando así de atenuar la apropiación individualista del suelo, el espacio, el cielo y la luz, y sujeta a todos y cada uno de los rascacielos únicos construidos, amenazantes entre sí. El Zoning, protegiendo las actividades comerciales y no las residenciales, desde luego, tendía además a corregir ese laissez-faire permanente hasta ese momento y a mitigar los daños provocados por gigantes como el Equitable de 1915 en el mercado inmobiliario. Antes de aquella época las torres empezaban a crecer más de 10 o 13 plantas, alcanzando al principio las 20 plantas, hasta llegar y sobrepasar este límite. En 1898, el Park Row Building superó los 117 m y los edificios construidos a continuación en Downtown presentaban una forma compacta y surgían en parcelas cuyo precio ascendía vertiginosamente, impulsando así la maximización de los beneficios con las construcciones ingentes. Mientras tanto, los edificios voluminosos transformaban además el paisaje urbano del norte (en Manhattan) y se demolían los edificios históricos de calidad para ceder sitio a las torres más altas y rentables. Entre los edificios demolidos se encontraba el Gillender Building, situado en la esquina noroeste de la intersección entre las calles Wall, Nassau y Broad, el cruce viario más codiciado y famoso de la historia de los negocios en NYC. El Gillender (83 m, 20 plantas) tuvo una vida brevísima:102 proyectado por C. I. Berg y E. Clark, fue completado en 1897 y demolido a partir de abril de 1910, en tan solo tres meses. Fue considerado no rentable porque la forma de la planta (unos 7 m x 23 m) solo permitía 102. En un interesante artículo del 2 de enero de 1910 de The New York Times, titulado 'Gillender Building Resold', se reconstruye parte del asunto relacionado con el Gillender Building. 151 oficinas de dimensiones reducidas. En su lugar se edificó (1912) el Bankers Trust Company Building (actualmente un landmark), un rascacielos bastante más compacto e imponente y rematado con una corona piramidal (similar a la del Mausoleo de Halicarnaso de 353350 a.C.). El Bankers Trust Company Building, (Fig. 64) proyectado por Trowbridge & Livingston, se conoce como 14 Wall Street, y aún hoy en día el rascacielos configura esta sección de la calle junto con otro edificio enfrente, mucho más alto y completado en 1930 (conocido como 40 Wall Street, pero llamado Bank of Manhattan Building, actualmente propiedad de D. Trump), además, por supuesto, del Equitable. El Bank of Manhattan Building, superado en altura por el Chrysler, posee un impacto visual muy potente, tanto en tierra como en el cielo, por la torre coronada con una cubierta piramidal de cobre. El Gillender, que presentaba una fachada tripartita y coronamiento en la cubierta, el más alto de aquella parte de la calle hasta su desmantelamiento (el Equitable cercano se edificó en 1915), fue adquirido, junto con una parte de la parcela trasera y a un precio muy elevado, por la Manhattan Trust Company, más tarde absorbida por la Bank Trust Company. En un principio, el proyecto debía contemplar una construcción que englobase el Gillender, pero después se prefirió demolerlo. Esta operación ayuda a esclarecer el conjunto de fenómenos que ocurrían: tanto el proceso de continua sustitución de las construcciones existentes como los valores del terreno experimentaron un incremento en el periodo inmediatamente anterior a la edificación del Gillender. En torno al periodo 1905-1910 aquella área registró un incremento añadido. Como ya hemos mencionado, la Manhattan Trust Company, adquiriendo el terreno y el Gillender, había pagado la tierra a 800 dólares por pie cuadrado. El proceso de edificación del Bankers Trust Company Building es una muestra de las dinámicas habituales de posicionamiento, adquisición progresiva de las parcelas, demolición y ampliación sucesiva (hacia los años 19301932, se amplió el edificio con un anexo diseñado por Shreve, Lamb & Harmon, proyectistas además del Empire State Building), así como de la manera en que los bancos, que precisamente en aquellos años incrementaron su propia presencia, tendían a la apropiación del espacio y se centraban en la visibilidad mediante los edificios altos, sobre todo en el Financial District, hasta el desplazamiento de los rascacielos al norte. Eran años de un encendido debate en el cual a menudo se medían posturas antagónicas: arquitectos como Hastings, Post o Flagg solían manifestar ideas opuestas al mercado. El mismo Flagg expresó su 152 deseo de un límite absoluto de la altura a pesar de reconocer que las presiones inmobiliarias ejercieran con fuerza sus propias razones. En efecto, el arquitecto proporcionó un aporte sustancial para la formalización de la ley de 1916 y en total autonomía optó por formas como la de la Singer Tower que limitaban la gran altura y con una torre esbelta que ocupara solo una parte reducida de la parcela. Además de Flagg, Hastings y Burnham asimismo promovían una imago urbis más afín a metrópolis europeas como París donde, bajo Napoleón III y E. Haussmann, las residencias pudientes de 5 o 6 plantas debían alinearse con los bulevares. A pesar de ello, nada parecido ocurría en aquel periodo en NYC, ni siquiera en la divulgación de documentos que narraban las experiencias llevadas a cabo en la capital francesa que, sin embargo, fue el modelo indiscutible para Chicago en 1909, idealizada en Paris by the Lake103 de D. H. Burnham, autor del citado plano. En Chicago, en 1893, se fijó una altura máxima de unos 39 m, después aumentada a 79 m y más tarde reducida a unos 60 m en 1910. En aquel periodo, veintiuna ciudades americanas poseían leyes que limitaban la altura, mientras que en 1913 se construía en NYC el Woolworth Building, de 241 metros de altura. Los reformistas, algunas asociaciones (consagradas a la tutela y la mejora de algunos barrios o ejes viarios) o arquitectos como E. Flagg no tenían, sin embargo, el poder de frenar los intereses comerciales, los inmobiliarios, los derechos de propiedad o las presiones de grupos de poder que actuaban con una tendencia contraria absoluta, a pesar de que el Zoning iba dirigido a fines prácticos y era fruto del debate y los desencuentros urbanos que duraron al menos veinte años. El Zoning, además de ocupar el primer paso de una planificación que habría conducido a los propietarios individuales hacia direcciones validadas colectivamente, fue expresión, sobre todo, de la forma 103. Véase J. A. PETERSON. The Birth of City Planning in the United States, 1840-1917. Baltimore y Londres: The Johns Hopkins University Press, 2003. J. E. DRAPER. 'Paris by the lake: sources of Burnham’s plan of Chicago'. En: J. ZUKOWSKY (ed.), Chicago architecture, 1872-1922: birth of a metropolis. München, Federal Republic of Germany, Prestel-Verlag, Chicago, the Art Institute of Chicago, 1987. M060032#15.03/ 40.7552/-73.9733. Fig. 72. La morfología tetradimensional del skyline de Midtown, en 1931.