La imposibilidad de desinventar
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BYTE 81 - Temporal febrero 2002 (09/01/2002) LA IMPOSIBILIDAD DE "DESINVENTAR" Miquel Barceló Aunque se trata de un fenómeno que, para muchos, no parece afectar a las infotecnologías, lo cierto es que el ser humano encuentra muy difícil, por no decir imposible, no utilizar los resultados tecnológicos que va incorporando a su saber. En este aspecto, son ahora las biotecnologías las que dan mucho que pensar por el sensible material con el que trabajan: la vida y, en definitiva, la esencia misma del ser humano. El pasado verano supimos que, como antaño decía Bob Dylan, los tiempos están realmente cambiando. Supimos por la prensa que ya hay varios médicos que están empeñados en ser los primeros en clonar un ser humano. Lo piden en nombre de la reproducción asistida de la que son especialistas, y se muestran convencidos de que la clonación será fundamental en ese campo ginecológico. El médico italiano Severino Antinori y, después, su colaboradora Brigitte Boisselier plantearon nuevas exigencias. Incluso se dijo que Boisselier había reivindicado, ante la Academia Nacional de Ciencias de Washington, que la clonación ha de ser "un derecho fundamental de la persona, que debe ser libre para decidir qué hacer con sus genes". Más tarde, incluso en España, un investigador como Bernat Soria, director del Instituto de Biotecnología de la Universidad Miguel Hernández, ha tomado la decisión de proseguir en el extranjero sus trabajos sobre la diabetes debido a las restricciones legislativas españolas para el uso de las "células madre" en investigación. Es un cambio. Y muy importante. Recuerdo que, a partir de febrero de 1997, cuando llegaron a la prensa las noticias de la clonación de la oveja Dolly, se empezó a hablar del tema en todas partes (antes sólo se hacía en algunas narraciones de ciencia-ficción que, anticipándose como siempre, tratan del tema desde los años sesenta). Rápidamente, incluso antes de finalizar ese año 1997, hubo las que hoy nos parecen ingenuas primeras declaraciones en contra de ciertos usos de la investigación biotecnologíca: comisión de científicos de la Unesco, la Santa Sede, etc. Ahora, el problema parece haber explotado en toda su virulencia: miedo general a las consecuencias que ciertas investigaciones puedan tener para la continuidad de la vida humana tal y como la conocemos, al tiempo que algunos de los investigadores piden más libertad para seguir adelante por una senda que, en realidad, es prometedora al tiempo que preocupante. El problema de fondo es general y muy complejo. Hay una frase que suelo repetir a mis estudiantes y que oí por primera vez a Gabriel Ferraté, cuando era rector de la Universidad Politécnica de Cataluña, aunque nunca he sabido la paternidad inicial de esa reflexión que, simplemente, dice: "podemos llegar a saber cómo se inventa, pero no sabemos cómo se 'desinventa'". Es decir, se han hecho y hacen estudios sobre creatividad para estimular ambientes y equipos de trabajo de donde salgan los inventos con los que alimentar la innovación tecnológica. Pero aunque esto sea positivo, es en el recorrido inverso dónde surgen los problemas. No sabemos cómo dejar de usar alguno de esos inventos aunque imaginemos que puedan llegar a ser molestos, dañinos o, simplemente, ajenos e incómodos para nuestra moral del momento. Volviendo al ámbito especulativo de la ciencia-ficción, sí se ha especulado repetidas veces con culturas en las que se olvidan ciertos inventos, por ejemplo tras un gran holocausto nuclear. Aunque ésa sería una forma de "desinventar" exageradamente traumática y no deseable. Lo cierto es que, sometidos aunque sea resignadamente al sistema económico capitalista en el que vivimos,
resulta casi imposible que cualquier invento que pueda llegar a proporcionar beneficio económico no acabe siendo utilizado. Clonar humanos es una posibilidad más que ahora tenemos ante nosotros. A alguien le gusta (ve que puede sacar beneficio de ello), mientras que otros se muestran reacios (por razones éticas, por miedo a la novedad y por muchas otras razones). Pero, aunque el motivo no sea excelso, conviene ser realistas: se clonarán humanos. No sabemos "desinventar". En 10, 50 o 100 años, poco importa el plazo, si alguien puede ganar dinero con la clonación humana o con la manipulación biotecnológica de células madre, no habrá razones éticas, ni legales, ni de las que sean que puedan prevalecer: no se "desinventa" lo que a alguien pueda producir beneficio económico. Y que nadie imagine que ése es un problema que sólo afecta a las biotecnologías. Temo que se trata de algo intrínseco al uso humano de la tecnología y, como tal, ha de afectar también a las infotecnologías que, tal vez no cambian nuestra esencia biológica más íntima, pero sí alteran, y mucho más directamente, la forma en que vivimos la cotidianeidad de cada día. Ojalá nadie hubiera "inventado" los virus informáticos pero, una vez que están ahí, es evidente que ya no hay manera de olvidarlos, de "desinventarlos". ¡Lástima!