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La vuelta a Barcelona en 548 plazas: una deriva poliédrica

Robles Carrasco, Andrea

Abstract

Barcelona tiene 548 plazas. Pero, ¿qué entendemos por plaza hoy? El término plaza designa un tipo de espacio público que evoca una imagen colectiva. Sin embargo, debido a la gran diversidad de características que diferencian cada uno de estos espacios, sería difícil definir de manera precisa qué es una plaza. Al cartografiar el término juntando las definiciones en diferentes idiomas, extraemos siete ejes conceptuales que se repiten en las distintas definiciones: vacío, entorno urbano, vías, usuarios, actividad, límites construidos, y configuración. Se realiza entonces un trabajo de campo observando la realidad de la plaza hoy en la ciudad de Barcelona: Qué características morfológicas tienen, qué pasa en ellas, cómo son habitadas y utilizadas, cómo influye su diseño o qué factores condicionan su funcionamiento. Uniendo todos estos puntos a través de los ejes conceptuales, conseguimos una imagen global que nos permitirá acercarnos a la realidad de este tipo de espacios.

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LA VUELTA A BARCELONA EN 548 PLAZAS Una deriva poliédrica Andrea Robles Carrasco Universitat Politècnica de Catalunya Director: Xavier Monteys Roig E-Mail: [email protected] RESUMEN Barcelona tiene 548 plazas. Pero, ¿qué entendemos por plaza hoy? El término plaza designa un tipo de espacio público que evoca una imagen colectiva. Sin embargo, debido a la gran diversidad de características que diferencian cada uno de estos espacios, sería difícil definir de manera precisa qué es una plaza. Al cartografiar el término juntando las definiciones en diferentes idiomas, extraemos siete ejes conceptuales que se repiten en las distintas definiciones: vacío, entorno urbano, vías, usuarios, actividad, límites construidos, y configuración. Se realiza entonces un trabajo de campo observando la realidad de la plaza hoy en la ciudad de Barcelona: Qué características morfológicas tienen, qué pasa en ellas, cómo son habitadas y utilizadas, cómo influye su diseño o qué factores condicionan su funcionamiento. Uniendo todos estos puntos a través de los ejes conceptuales, conseguimos una imagen global que nos permitirá acercarnos a la realidad de este tipo de espacios. Palabras clave: Plaza, deriva, Barcelona. ABSTRACT Barcelona has 548 squares. But, what does square means? The term square describes a kind of public space that encloses a collective image. However, due to the great diversity of characteristics that differentiate each of these spaces, it would be difficult to delimit in a precise way what a square is. Upon mapping the term by joining the different languages definitions, we get seven core ideas that are repeated in the differents definitions: space, urban environment, streets, users, activity, built limits, and configuration. It has been made a field work by watching the reality of squares nowadays in Barcelona: Which characteristics they have, what happens there, how they are inhabitated or used, how design influence interaction or which factors condicionate their functioning. By joining all these dots through the core ideas, we get a global image that will let us be closer to the reality of this kind of spaces. Keywords: Square, derive, Barcelona. 1 CARTOGRAFIANDO UN TÉRMINO Imaginemos un mapa de plazas. Un mapa en el que en lugar de representar una ciudad a través de sus grandes avenidas, calles, monumentos… ésta apareciera representada a través de todos aquellos puntos de espacio público que funcionan con vocación de plaza. Estaríamos delante de una cartografía del encuentro, del intercambio: Un verdadero mapa de ciudad. ¿Qué es una plaza? El término plaza designa un tipo de espacio público siempre presente en el imaginario colectivo. Desde que existen las ciudades, las plazas han sido el lugar del encuentro en el espacio público, el lugar de la interacción social. Escenario de todo tipo de acontecimientos, desde los más significativos hasta los más cotidianos, la plaza constituye un símbolo de la civitas. Podríamos hablar de este tipo de espacios remontándonos desde la configuración de las plazas de los poblados de la antigüedad hasta los diseños más actuales. Desde la actividad en las ágoras de la Antigua Grecia hasta los recientes episodios ocurridos en el contexto actual, como las acampadas del movimiento 15M o las protestas en la plaza Taksim en Estambul. Reproducción de Toqua, ciudad proto-cherokee, 1500 a.C. Actual Tennessee. (”The Toqua Site” Polhemus, Bogan y Chapman.) En los últimos años, el debate en torno a la plaza, dentro del amplio debate sobre el espacio público, ha ido tomando fuerza gracias a la proliferación de acciones y colectivos ciudadanos que han ido reivindicando nuevos usos y reflexiones en torno a este tipo de espacios. Iniciativas como Esto no es un solar (Zaragoza), El Campo de Cebada (Madrid), Esta es una plaza (Madrid) o el Pla Buits (Barcelona), pretenden la creación de nuevas “plazas” a partir de vacíos urbanos, trayendo a primer plano el debate sobre qué deberían ofrecer este tipo de espacios, y generando la oportunidad de crear nuevos paradigmas en el diseño, programa, gestión, participación y trabajo en red de estos nuevos lugares de encuentro. Pero, ¿qué ocurre mientras tanto en las plazas que ya tenemos? ¿Cómo son las plazas de nuestra ciudad? Con estas preguntas comenzó una aventura a la que llamé: “La vuelta a Barcelona en 548 plazas”. Una deriva definida por todos aquellos puntos de la ciudad de Barcelona que compartían el nombre: Plaza. Si alguien nos pidiera que definiéramos qué es una plaza, seguramente nos sería difícil acotar de manera precisa las propiedades que designan este tipo de espacios. Esto se debe a la multiplicidad de características que han llegado a reunir estos lugares. ¿Cuál es la acepción del término plaza? Buscamos en distintos diccionarios de lenguas de raíz latina más representativas del Mediterráneo, que es el contexto geográfico y cultural de la ciudad de Barcelona. Nos damos cuenta que aunque las definiciones tocan ejes comunes, no coinciden plenamente unas con otras. En unos idiomas se obvian unos factores; en otros, otros. Realizando un paralelismo con un plano, realizamos el experimento de “cartografiar” la información como si de un mapa se tratase: descomponemos las definiciones en capas de información, como si de capas de dibujo se tratara. Cartografiando un término. Elaboración propia. Como podemos ver, con una sola definición no podemos acaparar todos los ejes, sino que es observando la colección en su conjunto, cuando conseguimos reunir todas las capas de información. Ejes conceptuales Elaboración propia 548 plazas de Barcelona y 10 distritos de Barcelona Elaboración propia Barcelona es un ejemplo de ciudad hecha a partir del cosido de partes. Por lo tanto, para crear una imagen de la plaza en Barcelona, tendremos que crear la imagen conjunta de todas las plazas de Barcelona. Uniendo todos esos puntos, conseguiremos una imagen global que nos permitirá acercarnos a la realidad de este tipo de espacios. Estaremos creando un mapa puntillista de Barcelona, representada a través de sus plazas. O al menos, de los espacios que portan tal nombre. Y constatamos que en Barcelona existen 548 espacios que se llaman “plaza”. Tu cerebro completa la información (fuente: www.fogonazos.es) Surgió entonces el deseo de localizar y visitar todos estos espacios, a través de una deriva poliédrica. El concepto de deriva lo establecieron los situacionistas en los años 60 y alude a una práctica crítica respecto a la ciudad que consiste básicamente en pasear sin rumbo fijo pero con una consciencia mayor del espacio urbano. Hacían así una crítica a la sociedad de consumo y la falta de relación del habitante con la ciudad. Este pasear consciente pero azaroso, tiene un precedente en la figura del flâneur de Baudelaire, así como ha influido en múltiples artistas que han utilizado el paseo como una práctica recurrente. Algo parecido, pero estático, hizo Georges Perec en la plaza de Saint Sulpice de París: Durante tres días, Perec se sentó en la plaza a observar y apuntar minuciosamente todo aquello que acontecía en aquel espacio. Apuntes que culminarían en la publicación de su libro Tentativa de agotamiento de un espacio parisino. En la intersección de estas dos referencias, nómada (por ir uniendo puntos) y estática (por permanecer en un sitio y observar) comenzó la deriva, más tarde, conceptual, al ir recopilando la información a través de los distintos ejes conceptuales, las distintas capas de información sacadas de la definición de plaza. Dados el elevado número de estudio que presenta Barcelona, realizaremos en el presente artículo otra “deriva” a través de algunos ejemplos para ejemplificar aspectos detectados, preguntas abiertas. Intuiciones y ciertas conclusiones que se han ido hilvanando al recorrer y analizar el conjunto completo. Un paseo a través de estos ejes conceptuales (vacío, entorno urbano, vías, usuarios, actividad, límites construidos, configuración) que “lingüísticamente” definen aquellos lugares que se denominan plaza. Se trata de un ejercicio de síntesis en el que a través de una colección de casos de estudio podemos llegar a una imagen realista de cómo se relacionan actualmente, a través de estos ejes conceptuales, la morfología de estos lugares con la interacción social para la cual fueron concebidos. 2 UNA DERIVA POLIÉDRICA 2.1 Vacío En un día soleado, una de las cosas que se manifiestan unos minutos antes de llegar a una plaza es la luz que proviene de ella. Algo que se acentúa en gran manera cuanto mayor es el volumen de vacío y cuanto más denso es el tejido urbano. Podemos intuir, sin mirar el plano, cómo nos acercamos a un espacio abierto por cómo la intensidad de la luz gradualmente crece gradualmente hasta que al final de la calle, o en un recoveco de la misma, hace su máxima presencia. Hemos llegado a un vacío dentro de una ciudad. El espacio público viene generalmente determinado por el espacio que queda en la ciudad entre lo construido. Por lo tanto, el volumen de espacio no-construido es una de las cosas que define una plaza. Pero, ¿cuál es el verdadero “espacio” de la plaza? Antiguamente, los límites los marcaban claramente los planos verticales de las construcciones que la rodeaban. Hoy, el tráfico rodado, la separación de flujos y la especialización del suelo, nos hace preguntarnos: ¿La plaza es la porción de suelo destinada al uso peatonal? ¿Es todo el volumen vacío enmarcado por lo construido? A la hora de representar las plazas, nos damos cuenta de la ambigüedad de límites: es difícil delimitar dónde comienza o acaba una plaza. Y en cada una de ellas los criterios aplicables son distintos, como podremos ver más adelante, e influyen múltiples factores (retranqueamientos, forma, altura, elementos, diseño, vías que acceden) que modifican o moldean este vacío y la percepción espacial del mismo. Placeta de Sant Francesc, Pl. de les Glòries Catalanes, Pl. Espanya, Pl. de Lesseps, Pl. de Les Corts, Pl. de la Virreina, Elaboración propia El área de la plaza determina en gran parte el vacío. En el amplio espectro de los 548 puntos estudiados encontramos plazas de todo tipo de superficies. Observando los dos extremos, encontramos desde una plaza de menos de 100 m² hasta una plaza de más de 50.000.000 m². Al observar la placeta de Sant Francesc en el plano al lado de la gran plaça de les Glòries Catalanes, resulta impactante que ambos espacios compartan el mismo nombre, ya que no tienen absolutamente nada que ver el uno con el otro. La placeta de Sant Francesc, en el casco antiguo, es un tímido ensanchamiento de una estrecha calle peatonal, mientras que Glòries es un gran nudo que distribuye los flujos de tres de los ejes más importantes de la ciudad: Av. Meridiana, Gran Via de les Corts Catalanes y Av. Diagonal. Caben 550 placetas de Sant Francesc dentro de la plaça de Glòries. Sin embargo, esta gran área a cielo abierto de Barcelona resultaba simplemente un gran nudo viario, un lugar reconocible de la ciudad, pero no disfrutable. La plaça de Lesseps, también en obras actualmente, es otro ejemplo de plaza que funciona como nudo viario, pero con la característica especial de no tener organización de rotonda. El espacio vacío se diluye a través de las distintas vías que confluyen en la plaza, de distinto tipo e importancia, creando gran sensación de espacio abierto, pero la zonificación y la inteligente dotación de equipamientos de carácter doméstico, como bancos, zonas verdes, zonas de juego o una biblioteca municipal contribuye a crear la sensación de domesticidad. La plaça d’Espanya en cambio, a pesar de tener también una gran amplitud, tiene un carácter más acotado gracias a los edificios y elementos que hacen de fachada de la plaza. Somos capaces de ver la plaza en su totalidad a pesar de su gran superficie, tan sólo interrumpida por la fuente escultural de Jujol en el centro de la rotonda. Sin embargo, el espacio para la interacción social se remite a las escalinatas a los pies de las torres de Venecia, siendo el resto de la plaza un lugar tan sólo de tránsito. Nos preguntamos si las aceras son en realidad plaza, o aceras de una vía circular, y si habrá alguna persona que conciba este espacio un lugar para “estar” y no sólo un punto de partida o de llegada. El vacío no viene determinado sólo por la extensión de una planta, sino que la magnitud que lo define es el volumen: Y el volumen está determinado por la superficie pero también por la altura. A igual superficie, dos plazas con una altura de edificación distinta, dan lugar a espacios de carácter totalmente diferentes. Una de las sensaciones de mayor vacío experimentadas en la deriva, se ha producido en la plaça de les Corts. La plaza se encuentra rodeada en tres de sus lados por altos bloques continuos de viviendas que crean un efecto cajón que debido a la amplitud de la plaza, crean una gran sensación de volumen de vacío creado por estos planos continuos. Se trata de una plaza con vocación de parque, un espacio verde dentro del barrio del mismo nombre, donde no se pierde la sensación de estar en un lugar acotado pero a la vez de gran superficie. Un espacio de menor extensión adquiere un matiz doméstico, como encontramos en plazas como las de Gràcia, que han sabido conservar en su totalidad el espacio para el peatón. En la plaça de la Virreina, todo el espacio es de encuentro, de descanso, de actividad. Las vías desaparecen al llegar a ella y la plaza se impone sobre la calle. Placeta de Sant Francesc, Pl. de les Glòries Catalanes, Pl. Espanya, Pl. de Lesseps, Pl. de Les Corts, Pl. de la Virreina, Fotografías de la autora 2.2 Entorno urbano Un elemento o subconjunto de elementos dentro de un conjunto, implica una relación de la parte con el todo. Así, de menor a mayor escala de agrupación, una plaza se inserta en su entorno urbano más inmediato, para luego relacionarse con el Ftejido urbano en el que está inmerso, luego con su barrio, más tarde con el distrito al que pertenece, y finalmente al conjunto de la ciudad. Las distintas relaciones hacen que la plaza juegue un papel en la ciudad a la misma vez que la ciudad juega un papel dentro de la plaza. La localización del punto en la malla, condiciona al punto de la misma manera que el punto condiciona a la malla. Pl. de Hilari Salvadó, Pl. de Sarrià, Pl. de la Madre Nazaria March, Pl. del Mar, Pl. Carme, Pl. Catalunya, Pl. de Sants, Pl. de Sant Agustí, Pl. del Mirall de Pedralbes Elaboración propia. Las plazas suelen establecer una relación de pertenencia con su entorno más cercano. El tipo de tejido urbano que forma el entorno próximo de la plaza nos suele dar una pista de en qué punto de la ciudad nos encontramos. La plaça d’Hilari Salvadó, se rodea así del tejido reconocible del barrio de La Barceloneta, rodeada en un costado por la fachada de uno de los bloques característicos de este barrio, y por su parte norte, de los testeros de este tipo de bloques. Cada subconjunto de la ciudad está marcado además por multitud de factores sociológicos, económicos, etc, que marcan de igualmente la vida de una plaza. En el momento la deriva, nos encontramos con acontecimientos análogos pero completamente diferentes en su forma en dos plazas lejanas: la plaça de Sarrià, dentro del barrio del mismo nombre y en la plaça de la Mare Nazaria March, en la otra punta de la ciudad. Asistimos por casualidad a la pausa del tiempo del recreo de un instituto de adolescentes. La plaça de Sarrià se llenaba así de muchos corros de adolescentes, que sentados en los escalones de la entrada a la iglesia, tomaban el almuerzo de manera tranquila. Ropa cara, murmullo de conversaciones, almuerzos comprados en los comercios de las cercanías, poblaban la plaza. En la plaza del barrio de El Besòs i El Maresme, también a los pies de una iglesia, los gritos, la ropa vieja, las niñas maquilladas y el tabaco se sucedían en la plaza, hasta el punto de ser testigo de una pelea de adolescentes a los cinco minutos del recreo. El entorno urbano de Barcelona viene marcado también por su paisaje natural: el mar y la montaña. Ambos forman parte de la ciudad, no siendo meros límites, sino franjas fronterizas, tomando protagonismo absoluto en ciertos puntos. En la plaça del Mar, como su nombre indica, todo evoca el mundo del mar: El paseo marítimo, la playa a un lado, el puerto al otro, el kiosco de los helados, las terrazas.... La gente se pasea por ella, a pie, en patines o en bicicleta. Con abrigo en invierno y en bañador en verano. Asistimos a un escenario donde los turistas son protagonistas. Esta plaza es un punto de inflexión entre diferentes ejes, y la plaza se percibe como un gran vacío allá donde el mar no es mar sino que se convierte en una parte más de la ciudad, o la ciudad se convierte en una parte más de mar. Pl. de Hilari Salvadó, Pl. de Sarrià, Pl. de la Madre Nazaria March, Pl. del Mar, Pl. del Carme Fotografías de la autora No siempre se da una relación de pertenencia con el entorno de la plaza. Ocurre en ocasiones que la plaza tiene un tipo de relación ajena respecto al tejido o al barrio al que pertenece. Un ejemplo para este tipo de caso podría ser la plaça del Carme, que se encuentra a apenas cinco minutos de la avinguda Diagonal, definida en esta zona por altas torres de oficinas. En Barcelona, la macla, la superposición y sedimentación de tejidos nuevos y viejos se producen a veces de manera brusca. Antiguos tejidos de la ciudad previos al ensanche o a la apertura de nuevas vías aparecen de repente produciendo la sorpresa. Conforme nos acercamos a la plaza, el lenguaje de las construcciones cambia radicalmente a pequeñas viviendas antiguas, que han sobrevivido a la nueva construcción de la gran ciudad. De forma cuadrada, haciendo cuatro bocados de ángulos rectos en las esquinas del cruce en el que se sitúa, nos encontramos de pronto en un pequeño enclave que podría bien ser una placita de un pueblo. Cuatro árboles, uno en cada esquina, y cuatro bancos definen la plaza. El papel que juega una plaza en la ciudad podría medirse según ámbitos de influencia en su contexto urbano. Tiene que ver con el tamaño pero también con un valor simbólico o el uso aceptado o impuesto que establecen los ciudadanos en ella. La plaça de Catalunya es quizás la plaza más emblemática de toda la ciudad de Barcelona. Puerta de la ciudad antigua, comienzo del ensanche, esta plaza es el verdadero centro de la actividad de la ciudad. Sin embargo, el espacio central de la plaza no sea precisamente demasiado habitado por la gente, ya que la mayoría de los flujos se desenvuelven en las aceras alrededor de ella. Plaça Catalunya es el lugar de las palomas, de los eventos especiales, de las propuestas, de las acampadas de protesta ciudadana. Es la plaza símbolo de la ciudad. En ella se sucede el punto de encuentro de los NitBus, lugar de entrada y partida de los autobuses del aeropuerto, de los turistas, de salidas y entradas de compras en el Corte Inglés. El punto de encuentro por excelencia. El valor simbólico de una plaza también puede darse a menor escala. La plaça de Sants por ejemplo constituye la plaza más representativa del barrio del mismo nombre. Se trata de una plaza de mucha actividad, tangente a la arteria comercial del carrer de Sants, que constituye un punto de referencia para la actividad del barrio, así como uno de los puntos más importantes a la hora de conectar el barrio con la ciudad, debido a la confluencia de dos líneas de metro en la estación que se encuentra bajo el espacio de la plaza. La plaza, a pesar del tráfico, se ha definido con mobiliario, juegos y elementos vegetales que hacen de ella un punto de reunión y esparcimiento muy utilizado por los mayores, los adolescentes y las familias del barrio. Siguiendo con la idea de la función de la plaza, a una escala menor encontramos aquellas cuyo papel principal es el de ser antesala o patio de uno o más edificios de la plaza. De esta manera, la plaza se convierte en una extensión de estos lugares interiores. Un lugar intermedio que pertenece al espacio abierto y al cerrado, al público y al privado. El primer caso se suele dar en las plazas generadas como antesalas de edificios públicos como iglesias o edificios culturales. Así, establecen una relación especial con una (o quizás más de una) de las construcciones que le rodean, convirtiéndose la plaza en un recibidor exterior de la misma. Algo que podemos comprobar por ejemplo, en la plaça de Sant Agustí, que recoge el nombre de la iglesia a la cual se debe la plaza. Una muestra del segundo caso la podemos encontrar en la plaça del Mirall de Pedralbes. Se trata de una plaza que se encuentra escondida respecto al viario público a una cota inferior, rodeada de edificios a modo de interior de manzana. Bajando unas escaleras nos adentramos en un mundo doméstico por donde se entra a los edificios que la rodean y definen. Se trata de una extensión más de ellos, un patio común resguardado del ruido exterior ideal para jugar, hablar o tomar el sol. Podemos imaginarnos la publicidad de los pisos: Dos habitaciones, cocina, amplio salón, balcón, y plaza. Pl. Catalunya, Pl. de Sants, Pl. de Sant Agustí, Pl. del Mirall de Pedralbes Fotografías de la autora. 2.3 Vías A rasgos generales, el espacio público se podría descomponer en dos amplios grupos: en vacíos con una dimensión lineal y una función eminentemente comunicativa, donde discurren los flujos de la ciudad; y en espacios con una dimensión superficial que han servido históricamente para desarrollar actividades, sanear la ciudad, o dotar de espacios verdes y esparcimiento. En realidad se trata de una clasificación bastante general ya que existen vías que son auténticos espacios de esparcimiento; como los paseos, las avenidas, o incluso porciones de vías donde se dota de pequeños espacios vacíos o elementos donde es posible el descanso o la actividad. Y luego existen enclaves que llevan el nombre de plaza cuyo funcionamiento o incluso su apariencia no es más que ser un trozo más de calle. Estos dos tipos, calles y plazas, vectores lineales y superficiales del espacio público se relacionan entre sí por contigüidad. Una plaza suele ligarse al resto de una ciudad por una o más vías. Las vías que confluyen en una plaza no son sólo importantes por el flujo que introducen en ella sino que se trata también del lugar de la conexión mental y sensorial, el lugar de la comunicación con el resto de la ciudad: La calle, para la plaza, es el lugar que habla de la llegada y de la partida. Pl. del Gall, Pl. de George Orwell, Pl. de Ramon Amadeu, Pl. del Àngel Elaboración propia. Muchas veces lo más determinante de la plaza es el tipo o el tamaño de las vías que confluyen en ella. Existen casos en los que si la vía tiene un tamaño considerable, puede duplicar y hasta triplicar el espacio de la plaza. Algo así pasa en la plaça del Gall, cuyo límite de suelo definido por el triángulo formado por dos calles perpendiculares y una diagonal, tiene un tamaño modesto, pero que al ser dos de estas calles el Carrer d’Aragó y el comienzo de la Avinguda de Roma, el vacío en el que se encuentra la plaza adquiere una dimensión mucho mayor. Las vías son tan importantes, en cuanto a tamaño y volumen de tráfico, que acogen todo el protagonismo del vacío, y la plaza, bien delimitada por los límites de estas calles, se identifica con la porción de suelo peatonal. Una prueba de ésto se hace manifiesto cuando no encontramos la placa que debería señalizar el espacio en las fachadas que delimitan el cruce, que continúan señalizando las calles, sino que se señala el nombre de la plaza de forma simbólica, en una escultura en forma de gallo. A otras plazas en cambio se accede a través de vías peatonales. Esto cambia radicalmente la concepción de la plaza que se vuelve en toda su extensión doméstica y peatonal. Los flujos peatonales no están dispuestos por los ejes que puedan crear las aceras o los pasos de cebra, sino que asistimos a la apropiación caótica de todo tipo de ejes: tangentes, diagonales, centrales o perimetrales en toda la extensión de la plaza, sólo condicionadas por los elementos que forman parte del diseño de la plaza, como En relación al entorno urbano, la plaza debería ser un ágora, cada una a diferente escala. Desde un patio común donde jugar, a un gran lugar simbólico que represente a toda la ciudad. Sería interesante representar ciudades y barrios a partir de sus plazas y no a partir de sus edificios. Lo observado en cuanto a las vías arroja una reflexión importante en cuanto al tráfico. A pesar de que la concepción de la plaza como cruce de caminos se sigue conservando, la irrupción de los vehículos de motor ha cambiado de manera sustancial el espacio público de las ciudades, y con él el de las plazas. El cruce de caminos entendido antaño como encuentro entre personas, o como espacio de descanso, ha dado paso en muchos casos a grandes plazas que son simplemente grandes distribuidores de flujos motorizados. La contigüidad de una plaza a una o varias grandes vías además suele introducir el factor del peligro, del ruido, de la contaminación y del estrés. En cuanto a los usuarios: La forma de relacionarse de las personas en una plaza podría ser un indicador del tipo de convivencia de los habitantes de una ciudad. Antiguamente la gente bajaba a la plaza a solas a menudo ya que conocía a todos sus vecinos, simplemente por charlar con alguien seguramente conocido. Hoy el miedo a convivir es patente, por ejemplo, observando los bancos del parque y como la gente suele sentarse sólo en bancos que estén vacíos. Sin embargo, sobreviven algunos ejemplos de convivencia. La actividad es el alma de la plaza: Históricamente, la plaza ha sido el lugar del intercambio. Intercambio de opiniones, de miradas, y de mercancías. Esta concepción se ha ido perdiendo poco a poco debido a que los comercios se han ido estableciendo en la planta baja de los edificios, y se distribuyen de manera más o menos homogénea por toda la ciudad. Así mismo, la plaza ha tenido siempre la vocación de ser el escenario de la vida pública. Celebraciones, espectáculos, fiestas, han formado parte de la razón de ser de las plazas: un lugar donde albergar gran cantidad de público, donde realizar actividades imposibles de llevar a cabo dentro de las casas o los edificios públicos, etc. ¿Qué actividades llevamos a cabo hoy en las plazas? Quitando los juegos niños que se producen en algunas de ellas, vemos como cada vez la actividad va encaminada hacia el consumo, siendo cada vez menos las personas que bajan a la plaza para simplemente estar, por falta de mobiliario urbano, por falta de comodidad o falta de costumbre cultural. La relación entre la plaza y su fachada construida es muy importante ya que la actividad de los edificios con la actividad de la plaza impulsa la vida de esta. El hecho de potenciar esta relación, desdibuja los límites de lo público y lo privado, fomentando la apropiación y la domesticidad de la plaza como un importante lugar de actividad común para los ciudadanos. En cuanto a la configuración de la plaza, una inteligente lectura de las necesidades públicas de su entorno y la dotación de elementos que propicien este encuentro a través del diseño serán claves. A veces, todo lo necesario, es unos cuantos bancos donde conversar y un gran espacio sin obstáculos donde poder jugar a la pelota o crear un espacio apropiable, adaptable y versátil. BIBLIOGRAFÍA CARERI, F. (2014) Walkscapes. El andar como práctica estética. Barcelona: Editorial Gustavo Gili. CHILDS, M. (2004) Squares, A Public Place Design Guide for Urbanists. USA: University of New Mexico Press. DELGADO, M. (2011) El espacio público como ideología. Madrid: Editorial La Catarata. JORDI, B. y MUXÍ, Z. (2001) L'Espai públic : ciutat i ciutadania. Barcelona: Diputació de Barcelona, Àrea de Cooperació, Oficina Tècnica de Cooperació. LEFEBVRE, H. (2012) La produción del espacio. Madrid: Editorial Capitán Swing. MONTEYS, X. (2012) El Plaer de la Ciutat. Girona: UdG Publicacions. PEREC, G. (1975) Tentativa de agotamiento de un lugar parisino. Barcelona: Editorial Gustavo Gili. PRADAS, R. (1990) La gent, els barris, el futur. Barcelona: Ajuntament de Barcelona. SENNET, R. 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