¡Silencio... se recicla!
Abstract
La invocación al silencio, con sus diferentes significados, ha sido y es una figura habitual en el ámbito del arte contemporáneo, entendido éste no como un acto de rendición o abdicación sino como el territorio fecundo y germinal de la creación artística y como ingrediente sustancial de la obra de arte. Es en este contexto donde el silencio se instaura como estrategia de reciclaje por lo que tiene de ajeno al vértigo de las tendencias y a las ruidosas modas, neutro e intangible, que se nos presenta no como resultado sino como materia sensible, presente desde el principio en el proceso creativo y que estimula una experiencia más inmediata y sensual de la obra.
Full text
¡SILENCIO!... se ecicla
¡SILENCIO… se ecicla!
T abajo de In es igación u elado
Alumno: Juan G au Fe nández
Tu o : José Ma ía Lozano Velasco
Más e en A qui ec u a A anzada, Paisaje, U banismo y Diseño
Escuela Técnica Supe io de A qui ec u a
Uni e sidad Poli écnica de Valencia
Sep iemb e de 2.015
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN 8
CAUSA 10
EFECTO 16
MÉTODO 24
“SILENTIUM” 32
VACÍO 40
TIEMPO 46
ESPIRITUALIDAD 56
MATERIA 64
CONCLUSIÓN 72
NOTAS 83
ILUSTRACIONES 86
BIBILIOGRAFÍA 90
BIOGRAFÍAS 95
A odos aquellos que, en silencio, me
acompaña on en es e ex ao dina io iaje.
El a anque de es e ex o es bas an e sencillo, “elemen al” que di ía Wa son:
hace casi es lus os, desde inales del año 1.997 y a lo la go de g an pa e del año
1.998, u e la o una de se becado con una es ancia de doc o ado en Roma,
ciudad inacabable, inclasi icable y con adic o ia, que an bien e a ó Fede ico
Fellini1 en 1.972, y que es cuna de oda una ci ilización, la nues a, la medi e ánea.
La Roma monumen al, eple a de luga es mágicos, cobija en su in e io uno de
los espacios a qui ec ónicos más pa adigmá icos de odos los que, a lo la go de la
his o ia, ha sido capaz de p oduci el se humano: El Pan eón de Ag ipa.
Se cuen a que el a qui ec o S e en Holl, becado en Roma, se hospedaba
en una pequeña habi ación sin en anas muy p óxima al Pan eón. As ixiado po
la ausencia o al de ai e esco en su alcoba pa ece se que acudía odas las
mañanas, nada más le an a se, al ecino Pan eón pa a así pode espi a po el
óculo abie o al cielo que és e le b indaba.
Al igual que el maes o es adounidense me p opuse, al menos una ez al día
y siemp e que no me encon ase de iaje, acudi al Pan eón pa a espi a ese
codiciado ai e esco del que nos habla.
Y a ue za de epe i empezó a p oduci se en mí una sue e de encan amien o
que, aún a día de hoy, me sigue ascinando. Empecé a lee lo no sólo desde un
pun o de is a a qui ec ónico in en ando descub i cuáles e an las cla es que,
desde mi modes o pun o de is a de “en omólogo” a icionado, hacían de aquél
un luga emb ujado.
INTRODUCCIÓN Bajo mi mi ada, esa es e a emo ísima de omanidad pu a, empezó a
me amo osea se, desde el basamen o has a el óculo. Descub í que, a pesa del
umul o incesan e y enso decedo de u is as, el Pan eón pe manecía silencioso,
impasible, en un es ado la en e de espe a y bajo un iempo alen izado muy
di e en e del co idiano nues o de cada día.
En endí que, aún a ándose de una ob a de eciclaje iniciada po el p opio
empe ado Ad iano, o p ecisamen e po ello, no había pe dido ni un ápice de su
so ilegio, y que g acias a la iqueza de má moles de su ambo in e io , se ensalzaba,
aún más si cabe, la olup uosa aus e idad de la a gamasa de su pe ec a cúpula,
e dade a p o agonis a del he moso acío que nos p opone.
Había algo en él que, lejos de e idencia se, e a el ing edien e imp escindible
pa a al guiso, equilib ado, sab oso, de pe ec a a monía e impecable ejecución
concep ual, pe o… ¿qué ing edien e sec e o e a ese?
En cie o modo es as no as son un iaje pe sonal, en las que se imagina algo que
pe enece al mundo de lo apa en emen e desconocido, en las que ese “mi a ”
nos ace ca un poco a la mane a que enemos de pe cibi la ealidad, saliendo al
encuen o de lo que andamos buscando, sin sabe qué es con exac i ud, en un
p oceso cuya ue za e oca ese camino de uel a que es el de ecicla , algo que,
en mi opinión, es á es echamen e inculado con el ac o de p oyec a .
8 9
No c eo en las casualidades, o lo que es lo mismo, en las coincidencias
a o unadas que gus aba deci a Bo ges, si acaso, al igual que el poe a y no elis a
alenciano Ca los Ma zal, en las causalidades, aquello de que odo e ec o siemp e
iene una causa. Sin emba go, las casualidades como las “meigas”, “habe las
hailas” que eza el dicho popula gallego.
Al poco de comenza con la p epa ación pa a la pos e io edacción de es e
ex o, cayó en mis manos una b e e eseña, apa ecida en una pione a e is a de
a e “on line” en español, en la que se daba cuen a de la úl ima exposición del
pin o y o óg a o mad ileño José Manuel Balles e en la Academia de España en
Roma, y es que odos los caminos conducen al mismo si io. Co ía el año 2.012.
Dicha mues a, i ulada “Espacios ocul os. El abajo del Renacimien o i aliano”2,
la con o maba una selección de ob as p oceden es de la exposición del mismo
nomb e p esen ada en el año 2.008 en la mad ileña gale ía de a e Dis i o 4.
El a is a oma imágenes de pin u as céleb es del a e clásico y occiden al,
pa a luego elimina , po medio de un labo ioso p ocedimien o mezcla de
medios in o má icos y manuales, odos los pe sonajes que en el cuad o o iginal
exis ían, y p oduci las o og a ías, bien en papel o bien sob e lienzo, a un amaño
exac amen e igual a los o iginales de las ob as.
CAUSA
10
La se ie, que suma ya unas quince o og a ías de muy dis in o amaño desde
Gio o a Picasso, cuen a en e ellas con una en la que, po lo que ha signi icado
y, aún hoy, signi ica en la his o ia de la pin u a, me ece la pena de ene se unos
ins an es: Las Meninas de Velázquez.
En el o iginal se nos mues a una ins an ánea de cómo se i ía en la co e de
Felipe IV, una “ o og a ía” de la ida en palacio. Pa ece, si a endemos a lo que
piensan algunos au o es, que el pin o se illano es á haciendo un e a o del Rey y
de su esposa a g an o ma o, azón po la que los mona cas e lejan sus os os en
el espejo.
Nos ma a illa la sensación a mos é ica c eada po el pin o andaluz, la llamada
pe spec i a aé ea, que o o ga p o undidad a la escena a a és del ai e que
odea a cada uno de los pe sonajes.
Pe o lo que e dade amen e nos impac a es esa sensación que, debido
p ecisamen e a la disposición de los pe sonajes e a ados, pa ecie a que
noso os, los espec ado es, no sólo compa ié amos el espacio con las egias
igu as e a adas, sino que uésemos los au én icos p o agonis as, los que, con
nues a p esencia, comple á amos de alguna mane a el cuad o. Ya no exis e una
sala desde la que con empla el lienzo, es amos den o de la mismísima es ancia
palaciega.
En el “cuad o” de José Manuel Balles e , ob iando las conno aciones cul u ales
de su “acción”, lo que el a is a mad ileño nos mues a con el bo ado sis emá ico
de oda p esencia humana, es que lo que aho a emos, lo que aun es ando
pa ecie a ocul o en el cuad o de Velázquez, ha pasado a es a pe ec amen e a
la is a, un, nunca mejo dicho, “p ime plano” de lo que adicionalmen e se ha
conside ado un “segundo plano”.
12
Se p oduce algo pa ecido a lo que Ca los Ma zal, en su lib o “Los einos de la
casualidad”3, dedica unas páginas: el in en o po desci a la di e encia en e el
“se ” y el “es a ”, e bos es os en los que ejempla iza la ex ao dina ia iqueza de
la lengua cas ellana. Y pa a ello, ecu e, po su sencillez, a una bella imagen: la
del ai e.
El esc i o nos ad ie e que el ai e, ese luido que espi amos y que nos pe mi e
i i , siemp e “es” pe o, sólo en con adas ocasiones, “es á”, ya que pa a hace se
p esen e necesi a, inde ec iblemen e, del olo . Sólo cuando el ai e se ca ga de
olo es aun “siendo”, ísicamen e “es á”.
Pe o ol amos de nue o al cuad o de José Manuel Balles e . El esul ado es
ascinan e, se di ía que el cuad o ha sido desenmasca ado, e elando, de p on o,
su e dad. El cuad o “des igu ado”, en el que las igu as se han des anecido, ya no
puede esconde lo que con iene, lo que expone. Pod íamos habla de un “ eciclaje
silencioso”, eciclaje que siendo ísicamen e pic ó ico es concep ualmen e
espacial, a qui ec ónico, pe o, po encima de odo, emocional.
¿Y cuál es el esul ado?: una ob a adicalmen e nue a, la que nos des ela
el espacio ocul o del í ulo de la exposición, una soledad p epa ada pa a se
habi ada, un acío en iquecedo que nos habla de ensimismamien o, de quie ud
y de ausencia, de lo e dade amen e ascenden e, de la luz, del iempo ausen e
y de su suspensión…, al in y al cabo a ibu os, odos ellos, del silencio y de su
inap ensible belleza.
Y de eso, p ecisamen e, e sa es a in es igación, del in en o po desci a ,
cuan i ica y cuali ica cuáles son esos a ibu os que pe mi en que el silencio pueda
se inco po ado al diseño a qui ec ónico, especialmen e en asun os de eciclaje,
como una he amien a más, imp escindible a la ho a de abo da odo ac o
c ea i o y p oyec ual.
15
Así como del ondo de la música
b o a una no a
que mien as ib a, c ece y se adelgaza
has a que en o a música enmudece,
b o a del ondo del silencio
o o silencio, aguda o e, espada,
y sube y c ece y nos suspende
y mien as sube caen
ecue dos, espe anzas,
las pequeñas men i as y las g andes,
y que emos g i a en la ga gan a
se des anece el g i o:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen
(“Silencio”. Oc a io Paz)
Tendemos a e el lado oscu o del silencio, sus ca encias, sus pelig os, y nos
a e amos a las palab as, pe o lenguaje y silencio no son el uno sin el o o, pe o…
¿El silencio es algo en sí mismo o su na u aleza consis e simplemen e en la ausencia
de o a cosa?
“Esc ibi sob e el silencio no deja de se una con adicción”5, nos ad e ía el
ilóso o y eólogo ca alán Raimon Panikka , ya que, el e dade o silencio, no se deja
encasilla , es inasible, inap esable y ambiguo, y su espí i u in i a a la ansg esión,
a i más allá de oda disciplina. En onces… ¿Cómo doblega lo a a és de las
palab as?,
Es cu ioso como el silencio ha enido popula men e siendo de inido como la
“ausencia de palab as” y no al e és, así is o, el silencio se a icula ía como es o,
me o “ ondo” donde dibuja la “ igu a” de la palab a.
En sus inicios, la palab a la ina “silen ium”, designaba no an o el silencio
como la anquilidad y la ausencia de mo imien o y uido, lo que, implíci amen e,
necesi aba de la pa icipación ac i a del suje o, un pe manece con los “ojos
ce ados” que e a ac i idad conscien e, una elección olun a ia que lo do aba
de cie a signi icación au ónoma.
El silencio se nos apa ece en onces ca gado de un halo de mis e io, mis e io
que no es un “nada que deci ”, sino que, debido p ecisamen e a la al a de
palab as pa a de ini lo, se o na inexp esable y po an o ine able, lo que lo do a de
un cie o a oma on e izo, de un ca ác e “no lineal” que es, a la ez, he e ogéneo
y complejo.
“SILENTIUM” En es e sen ido el hilo que nos saca á del labe in o se á la “alusión”, la
suge encia, po que lo que a la desc ipción di ec a le es á edado, puede, a su
modo, log a lo la ap oximación indi ec a. El silencio se uel e en onces e ó ico,
do ado de una elocuencia que in uimos y que nos pe suade, casi ba oco.
El silencio que nos in e esa es exclama i o, llama i o, posee una pe sonalidad
p opia y es an e odo p esencia, a i mación, es c ea i o, inaudiblemen e uidoso,
un silencio al in y al cabo lleno de sonidos.
Algo de odo es o hay en la magní ica in e ención que lle a a cabo el
a qui ec o co uñés, a incado en Mad id, A u o F anco, en la cáma a igo í ica
del an iguo Ma ade o de Mad id, en la que, conscien emen e, no hay apenas
cons ucción, pe o si a qui ec u a.
Dice Agus ín Fe nández Mallo, en su lib o “Ca ne de pixel”6, que “hay algo en
el silencio que llama al ío, no así al calo ”, pod íamos conclui que, en es e caso y
pa a aseando al “nocille o” esc i o , “hay algo en el ío (de esa an igua cáma a
igo í ica) que llama al silencio”.
F anco pa ece que e hace suyo el singula a o ismo, “Lo más di ícil de hace es
algo ce cano a hace nada”, que la se bia Ma ina Ab amo ic, a is a pione a del
pe o mance, nos lanza, desa ian e, desde el ca el anunciado del documen al
i ulado: “La a is a es á p esen e”. Y es que “hace nada”, no es lo mismo que “no
hace nada”, sino odo lo con a io.
El e bo “hace ”7, decía José Luis Bo au, me ece odos los espe os, po que si
algo se hace bien iene que se bueno. “Hace ” implica un concep o modes o
de las cosas, un pun o de is a decen e y hon ado. “Hace ” alude a un eje cicio
manual y a esano que es i e u ablemen e analógico, una ei indicación de la
écnica en e a la ecnología que ecupe a, po encima de odo, la idea de o icio.
32 33
F anco no añade nada, si acaso “hace” nada. Las huellas de un incendio
sucedido en los años 90 del siglo pasado p oduje on la des ucción del espacio, una
des ucción que, desde su poé ico pun o de is a, conlle a un embellecimien o
po de ec o. Po eso abaja con lo que queda, las huellas de esa des ucción: el
neg o hollín.
La delicada ope ación nos ae a un p ime plano lo que Ma cel Duchamp
denominaba como “In ale e”8, noción que exp esa aquello que no se puede
medi , ni pesa , ni descompone químicamen e. Es e es el e i o io de lo indecible,
lo inasible, lo ex emadamen e su il y que, sin emba go, exis e, aunque a menudo
pase desape cibido.
El hollín que, al igual que la ceniza en los “sueños” de Robe Walse , es “la
humildad, la in ascendencia y la al a de alo mismas y, lo que es más he moso,
ella misma es á obsesionada con la c eencia de no ale pa a nada”9. Un sub e i
los alo es pa a consegui algo pa ecido a la uni e salidad de lo humilde. Hollín
que, adhe ido po medio de una laca incolo a a las pa edes de la sala, es capaz
de “ ija ” el silencio.
Todo el p o agonismo ecae, en onces, en el espacio casi sag ado de la
ec angula sala hipós ila, hecha de pila es y a cos y que, al igual que ocu e con
su an eceso a, la Mezqui a de Có doba, es cons uida únicamen e de silencio,
po que hay espacios que sólo pueden se in eligibles desde el silencio, po que, al
igual que pasa con las an iguas películas mudas, no es que les al e el sonido, es
que ienen el silencio.
37
Ma e ializa el acío, enca na lo, no es un p oceso de igu ación de la ausencia,
no consis e en la me a ep esen ación de lo hueco, de lo que no es á, po que el
acío no es algo nega i o, sino pleno, po encialmen e lleno y, po lo an o, denso
y ac i o. Exp esa el acío es si ua se en el lími e, en el ilo de la na aja, en el luga
donde se unen el odo y la nada.
El acío ep esen a una medi ación no e balizada, un iempo ausen e, el
bene icio de la “nada”, la pausa, el in e alo… el silencio, elemen os imp escindibles
pa a cualquie c eación a ís ica.
En 1958 Y es Klein expuso en Pa is “Le ide” (El acío). El au o ació po
comple o el espacio exposi i o y lo dejó sin ninguna ob a, o mejo dicho, la ob a
consis ía en el p opio acío, en el acío como en idad ap eciable, un acío,
que no ex inción, que eliminaba oda posibilidad de con ex ualización. Lo que
e dade amen e se nos ep esen aba e a la ue za del acío, un espacio la en e
ca gado de i ualidad, no un “no-espacio”, sino un espacio que, aunque oda ía
no e a, había dejado de no se . Lo que el a is a ancés exhibía e a un acío, un
silencio al in y al cabo, que e a u ilizado como o ma y ondo de la c eación.
Sie e lus os después, en 1.993, la a is a b i ánica Rachel Whi e ead, “esculpe”
su ob a i ulada “House” (Casa) con la que ob iene el p emio Tu ne de a e
con empo áneo. La escul u a, de ho migón y aluminio, daba, li e almen e, la
uel a al e és, median e el sis ema del molde y del aciado, a una casa ic o iana
del es e de Lond es.
VACÍO
40
La a is a “ econs uye”, en nega i o, odos los elemen os de la supe icie
in e io de la i ienda, con sus p o ube ancias e i egula idades que se des elan en
la supe icie isible del obje o, con ie e el espacio an asmagó ico de una casa
en un bloque de ho migón ce ado y compac o.
Lo pa icula de es e caso es que aquello que se solidi ica no es el lleno sino el
acío. No hace un aciado de los obje os sino del espacio que es os ocupan. De
es e modo se in ie e la pe cepción espacial, se hace isible lo que no es isible
habi ualmen e, y se des anece aquello que no malmen e pe cibimos.
El his o iado de a e alemán Augus Schma sow, en su con e encia de 1.893 en
la uni e sidad de Leipzig i ulada “La esencia de la c eación a qui ec ónica”, e i ió
el o igen de la a qui ec u a a la o mación de un espacio idimensional acío que
el homb e con igu a al ededo de su cue po. Esa con igu ación del acío end ía
po obje o, an o la p o ección ísica del homb e, el cobijo, como la sa is acción
de sus necesidades espi i uales, el habi a . De inió la a qui ec u a como “c eado a
de espacio” y la “ o ma espacial” como la ep esen ación de una “idea espacial”
que su ge de un sen imien o ins in i o hacia el espacio acío.
El acío iene la capacidad de da ida a la a qui ec u a, nos pe mi e
con empla el espacio al como es, e la esencia misma de la a qui ec u a.
Desde ese pun o de is a, el acío se con ie e así en la ma iz del espacio, pasa a
con igu a lo, su ge así un en endimien o del acío como un espacio ap io ís ico y
po encial. Pod íamos a i ma en onces que el espacio es algo de inido, gene ado,
po el en en amien o en e el acío y la o ma. El acío llama a la o ma, necesi a
de la o ma pa a gene a espacio, así la o ma en a qui ec u a se cons i uye como
una espues a al en en amien o con el acío.
Exis e, en la his o ia de la a qui ec u a del siglo XX, una ob a que ejempla iza
de mane a incues ionable esa idea del acío que comen amos: el edi icio de la
Nue a Gua dia en Be lín (Neue Wache en alemán). Cons uido en 1.818, es ob a
del g an a qui ec o del neoclasicismo alemán F ied ich SchinKel.
42
Tessenow cons uye el acío, un acío apolíneo, inmu able y es á ico, desnudo,
“p o es an e”, insoluble y ascenden al, que da luga a un espacio en el que,
desde la ca encia de mo imien os, podemos en ende su silencio, un silencio que,
do ado de una dimensión in e io , una especie de quie ud de pensamien o y de
co azón, con ibuye ísica y psicológicamen e al ecogimien o, a la se enidad y a
la con emplación.
Es, és e, un “sal o al acío”, una a qui ec u a de la in e io idad, del “a ue a”
hacia los “aden os”, sin echa de caducidad, en e domés ica y monumen al,
capaz de ab i nue os umb ales a la conciencia y p o oca la desde la sus ancial
oquedad del silencio, desde la nada, desde la lí ica elocuen e y la suges ión
emocional que con ie e el acío en ida, un acío ísico y eal que es acío
in e io , y que en es e caso, es sen imien o de pleni ud.
Y es que lo que cuen a no es lo que se pone, sino lo que se deja de pone ,
pa a así, como esc ibía José Be gamín en su lib o “La música callada del o eo”11,
pode : “Oí con los ojos, e con los oídos… Pa a los ojos del alma y pa a el oído
del co azón… Es deci nada, que no es lo mismo, que es odo lo con a io, que no
deci nada.”
En 1.930 se con oca un concu so de a qui ec u a pa a su con e sión ( eciclaje
di íamos hoy día) en Monumen o a los caídos de la Gue a Mundial. Se in i ó a
pa icipa a seis a qui ec os de econocido p es igio, en e ellos a Mies an de
Rohe, pe o el p oyec o que inalmen e es seleccionado es el del a qui ec o alemán
Hein ich Tessenow.
Tessenow, esponsable del céleb e eslogan: “La o ma más simple no es
siemp e la mejo , pe o lo mejo siemp e es lo más simple”10, ue un g an adalid del
abajo a esanal. Des acó po su a qui ec u a esencialis a, pulc a, de enso a de la
since idad écnica, en la que la simplicidad ep esen aba la mayo de las iquezas
en e a la a iedad o mal deposi a ia de la mayo de las pob ezas.
Tessenow con o ma un espacio uni a io y solemne, en penumb a y somb ío,
que es un in e io comple amen e acío, un acío que pa ece e e no po la pied a
oscu a que pa imen a su suelo y la sob ia can e a que cub e los mu os, acío que
es in e umpido po sólo dos e en os: una ape u a en su cubie a, un óculo ci cula
como el del Pan eón de Ag ipa, que, expues o al sol, la llu ia y la nie e, simboliza
el su imien o de los be lineses du an e la Gue a Mundial y, bajo él, una es a ua,
“Mad e con hijo mue o” de Kä he Kollwi z, conocida como “La Pie á Kollwi z”.
Ese acío conmo edo , pode oso y expansi o, c eado pa a se y no pa a e ,
que nos p opone Tessenow, pa ece habe sido el a qui ec o de es a ob a, en la
que el con enido, el espacio, ha p oducido el con inen e, la a qui ec u a.
Una acuidad que, como niebla aca ician e, di umina con sencillez lo más
complejo. Lo que nos enuncia Tessenow es el alo del acío como equi alen e
isual del mismo acío, un espacio de una belleza al, que es un acío, no sin nada,
conc e amen e con Nada. No exis e iqueza ni pob eza, no hay nada, pe o a la
ez es á odo, un acío de place lleno de suge encias que da cobijo a un espacio
in e io que, ecundado po la luz, a apa lo in ini o y se inunda de ascendencia
y de silencio.
44 45
Es en el espacio donde se ecupe a el iempo, el alo del iempo. Incluso en
un a e espacial, el espacio y el iempo no pueden sepa a se con el análisis como
p e ex o, po lo que cualquie o ganización espacial encie a, necesa iamen e,
una decla ación implíci a sob e la na u aleza de la expe iencia empo al.
Y aunque la a ea de la a qui ec u a es la de hace nos habi a an o en el
espacio como en el iempo, pa ecie a que, más que con espacios, la a qui ec u a
abaja a con el iempo.
Pod íamos a i ma que la a qui ec u a no sólo da o ma al iempo, sino que el
espacio, el cual nace del iempo al y como nos ecue da el axioma wagne iano
de “Pa si al”, además de exis i en el iempo, es el iempo mismo. Y es o es
debido, p ecisamen e, a la ap i ud que a eso a la a qui ec u a pa a hace lo
e dade amen e p esen e g acias a su capacidad inna a de dila a lo, p olonga lo
o alen iza lo... e e niza lo.
La a qui ec u a se con ie e así en un disposi i o capaz de desposee al iempo
de su an desmesu ado p o agonismo. Al bo a se el iempo po un momen o, la
a qui ec u a, se mide sólo po sí misma, dando luga , pa adójicamen e, a una ob a
p o undamen e in empo al que nos p ocu a, de algún modo, un ela o épico del
mismo.
TIEMPO Al alen iza lo, un sen ido de cancelación, ca gado de mis e io y de
ascinación, se p oduce, lo que nos anspo a a luga es suspendidos en el iempo,
pe mi iéndonos expe imen a su len o lui , oma conciencia de su anscu i . El
iempo se uel e, en onces, incolo o, di e en e del habi ual, p o is o de un i mo
sosegado, ocul o y sub e áneo, lo que p oduce cie a le i ación del espacio, una
a mós e a in encionada que, silenciosa y aquie ada, se llena de nos algia y de
ealidad melancólica, y que pa ecie a con ene an sólo iempo y, inalmen e,
silencio.
A mediados del año 2.011 u e la inmensa o una, g acias a la desin e esada
in e cesión del a qui ec o José Ma ía Lozano, de con e sa con José Ma ía Y u alde
y con Jo di Teixido , dos de nues os a is as más des acados en el pano ama
in e nacional.
Fue on encuen os que, aunque in o males, los ecue do, eso sí, eno memen e
en iquecedo es. Con José Ma ía un soleado ma es de inales del mes de mayo del
ya lejano 2.011, con Jo di, mes y medio después, un ie nes de p ime os de julio. Po
esas mismas echas y pa a mi desg acia, el escul o Ramón de So o, po en onces
ya g a emen e en e mo, no pudo, como segu o hubie a sido su deseo, acep a
la en usias a in i ación que, como no podía se de o a mane a, ambién le emi í.
Ramón de So o, Jo di Teixido y José Ma ía Y u alde, an iguos miemb os del
colec i o, undado en Valencia a inales de la agi ada década de los años
sesen a, “An es del A e”, y nacidos, “causalmen e”, en 1.942.
C eado es que, desde en onces, han enido abajando en zonas p óximas
al silencio y, po ende, con el iempo como a ibu o sensible del mismo. Y u alde
desde una pin u a “ acía”, luminosa y compac a, p o unda, de “ iempo ausen e”,
como bien i uló su magní ica exposición en la Casa del Almi an e de Tudela, hoy
en día Fundación Ma ía Fo cada. Teixido desde la abs acción e lexi a de sus
in ensos y concen ados lienzos, con se ies dedicadas a los “lími es del iempo” y a
“la memo ia del iempo”.
46 47
Se a a de una “le an amien o” que, eciclado, es esencialmen e ecep i o,
espi i ual, po que cons uye el espí i u, y que, debido a los e ibles acon ecimien os
que ela a, se ansmu a en luga que, ca gado an sólo de ascendencia y
quie ud, es capaz de sub aya el silencio del que es á hecho.
Las Escuelas Pías, si uadas en el cas izo ba io mad ileño de La apiés, ue on
undadas en el p ime e cio del siglo XVIII bajo el einado de Felipe V, si bien las
ob as de su Iglesia, de aza neoclásica, se inaliza on a inales del mismo siglo. En
1.936 el conjun o ue o almen e saqueado y la iglesia quedó en uinas, uinas de
una belleza ágica y desga ado a, es imonio i o, a lo la go de las décadas, de
los ágicos sucesos acaecidos du an e la Gue a Ci il española en la Ciudad de
Mad id.
La ecupe ación de la an igua iglesia como biblio eca del nue o Cen o
Cul u al Escuelas Pías de San Fe nando, ob a del a qui ec o asco José Ignacio
Linazaso o, es, sin ningún ipo de duda, uno de los eciclajes a qui ec ónicos más
bellos que ha p oducido la a qui ec u a con empo ánea española a lo la go de
su his o ia.
Decididamen e ma e ial pe o, ambién, desca nadamen e espi i ual, sus
diá anos espacios son de una desnudez b u al, lo que le b inda, ine i ablemen e, un
cie o a oma a mis icismo, y en los que no exis en ges os a qui ec ónicos de ca a a
la gale ía que pie dan iempo ni de ochen ene gía. Aquí el sen ido de lo mode no
adica en el desp endimien o de los alo es es ilís icos y en la decan ación de los
alo es a qui ec ónicos.
Es és a una a qui ec u a despojada que, aun no siendo eligiosa, se si úa en
el ámbi o de lo sag ado, a qui ec u a que nace pa a acompaña y no pa a
impone se y cuya única inalidad es la habi abilidad espi i ual de su espacio,
espi i ualidad que, ope ando a a és de la e icalidad del mismo, clama pa a sí
la mo al de lo esencial y los a isbos de ascendencia de lo isible y cuya e dade a
olun ad es la de se p o agonis a de nada.
60
La ma e ia iene a ec os, es algo más que ma e ia “en sí misma”, posee
la capacidad de se , inespe adamen e y po sí misma, más de lo que noso os
quisié amos, lo que la hace po ado a de una olup uosa sensualidad, de cie o
e o ismo que la hace indi e en e a nues as opiniones.
No hay a qui ec u a sin con ianza en la ma e ia, ma e ia que pa a cumpli con
la exigencia de con o ma se en las cosas, necesi a, de mane a análoga a como
hace la li e a u a con la esc i u a, de la o ma.
El silencio, pa a hace se p esen e, necesi a de un apagamien o o mal, de la
aniquilación de la o ma que hace que sea en la ma e ia, y po consiguien e en
el ma e ial, dónde ecaiga g an pa e del signi icado in ínseco que encie a el
silencio.
En 1.957, el esc i o y ilóso o ancés Gas on Bachela d, en su lib o “La poé ica
del espacio”17, abogaba po una p eponde ancia de la imaginación ma e ial
en e a la imaginación o mal, o lo que es lo mismo, una celeb ación de la ma e ia
como alo a qui ec ónico, algo que pod íamos aduci como un cie o apego
po la p o undidad, la opacidad, el peso, la pá ina y el en ejecimien o de los
ma e iales.
Los ma e iales con que es án hechas las cosas al e an el modo en que las
emos y expe imen amos, es po eso que en una ob a, cuando la esencia ma e ial
es dominan e, és a se nos an oja c uda, p imi i a.
MATERIA Manolo Milla es, pin o g an cana io y miemb o undado del G upo “El paso”,
ue uno de los máximos exponen es del exp esionismo abs ac o español. Au o de
“desga ados apos”18 como él los llamaba, su pin u a se ca ac e izó po el empleo
sis emá ico de ma e iales no nobles, eciclados, a pille as, elas de saco y and ajos
de paños que e ocaban sen imien os de pob eza y aus e idad.
A mediados de la década de los años 50 del siglo pasado, sus “Mu os” ocupan
g an pa e de su p oducción a ís ica. Es e conjun o de abajos supone una
honda in es igación ma é ica de esencia despojada, un “ asga las es idu as”
de la ma e ia pa a descub i lo que és a encie a, una sue e de can o ma e ial
silencioso cuya música es in e p e ada median e écnicas en las cuales, al igual
que ocu e con el can e, ema y sopo e, o ma y exp esión, se con unden.
Son ob as de na u aleza p o undamen e cons uc i a, lienzos que, a la ez que
se des uyen a sí mismos, son exp esión de un algo ocul o que, “ipso ac o” y cual
a e énix, se cons uye desde sus p opias uinas.
Medio siglo después, el a elie de a qui ec u a alemán a incado en S u ga
“FNP A chi ek en”, emodela una cons ucción del año 1.780, una an igua
po que iza des uida du an e la Segunda Gue a Mundial, eciclándola en un salón
de en as. Una in e ención que les hace ac eedo es, en 2.005, del p es igioso
gala dón de a qui ec u a “AR awa d” que concede anualmen e la a amada
e is a londinense “A chi ec u al Re iew” y que p emia las mejo es a qui ec u as
eme gen es p oducidas a lo la go del año.
La ob a, de una desga ado a belleza y un li ismo p o undo, aspi a a lo ex emo.
Una casa de made a es in oducida den o de o a en uinas haciendo que
coincidan sus huecos pe o sin llega a oca se ambas es uc u as, algo pa ecido
a lo que ocu e con las “g a i aciones” de Chillida, que ienen el ai e en medio.
La ca casa ex e io semide uida queda en onces in ac a, y con ella, odo el alo
his ó ico y emocional que de ella se desp ende, po que algo o o siemp e es más
humano y asequible, menos in imidan e.
64 65
Pied a, made a, id ios…, una consonancia de ma e iales dispues os pa a
hace os ensible su belleza in ínseca, en un exquisi o ca álogo de axide mis a.
P o is a de un au a de an igüedad en el sen ido de p imo dial, iene algo
del silencio e apéu ico y luminoso de una iglesia aldeana, algo que iene del
p e ománico as u iano, esas pequeñas iglesias que se nos apa ecen p ime o
como palacios y al inal como casas donde en a la luz.
Es és a una a qui ec u a “domés ica” ca en e de p ejuicios, indi e en e “al qué
di án”, silenciosa, que alo a la belleza de su cons ucción elemen al po encima
de odo ci ando el o igen de su o namen o en las concisas huellas de su p oceso
cons uc i o, una a qui ec u a que, con a ia a que oda acción gene e un alo
económico, apues a po lo más banal, po lo que es común e indi e en e, pa a
ans o ma lo, po a e de magia, en algo insóli o y ascinan e.
Una a qui ec u a de la ac i ud y de la ap i ud que huye de oda ó mula, que
aboga po el en ejecimien o como sinónimo de dignidad, expe iencial y ác il,
co po al y espa ana, ma e ialis a po que es á hecha de sus p opios ma e iales,
que no sólo no se eís e al desgas e, sino que lo ecoge, y en la que la idea de lo
inacabado, lo inconcluso y lo agmen a io adquie e odo su alo .
Y es que, sólo en con adas ocasiones, la belleza pe enece a la ob a y no a
quiénes la mi amos.
69
La lengua, cuya exp esión más pe ec a es el lenguaje esc i o, iene como
modelo lo isual. El habla p e ie e el oído y gus a del lenguaje o al. El silencio, como
el o o, necesi a del ba eo, de la len a decan ación pa a su ecolección, quizás
se asemeja, más bien, a una ie a ecundada en la que, después de meses de
espe a y dedicación, la cosecha ha sido p o echosa, como nos enseña el bello
p o e bio pe sa que dice: “mien as la palab a siemb a, el silencio ecoge”.
P egun a se lo que signi ica el silencio en un caso de e minado no equi ale
a p egun a qué signi ica una cosa de e minada, sino cuál es el e dade o
signi icado de un “deci ” que es un “no deci ” nada. El ac o silencioso, po lo an o,
no es un enómeno, es, inde ec iblemen e, un ac o de la olun ad, un “no que e ”
que siemp e es pode y que es, sob e odo, una acción sobe ana.
Así con emplado, el silencio, deja de se una sus ancia que se pueda e ique a ,
un obje o que se puede colecciona y, es, en el mejo de los casos, el nomb e que
damos, no a algo que se mues a, sino a algo que no apa ece, a la no apa ición
o desapa ición, lo que lo incula, ineludiblemen e, al ámbi o del “no se ”. Es o le
o o ga, au omá icamen e, conno aciones exis enciales.
CONCLUSIÓN Del mismo modo que llamamos in es igado a odo pe sona que in es iga, o
lec o a odo el que lee, “en e” es el é mino que u ilizamos pa a e e i nos a las
cosas en la medida en que és as poseen se . De eso, p ecisamen e, se ocupa la
on ología, la ama de la iloso ía que ambién llamamos me a ísica, del es udio del
se en an o que es, y de sus p opiedades.
On ológicamen e el silencio necesi a de se ci ado pa a, a a és de su nomb e,
pode e oca lo, pa a hace lo p esen e como si de una en idad mí ica se a a a.
Pe o ese silencio que nomb amos en singula , concebido como algo abs ac o, al
se sólo signi icado y no signi ican e, hace que és e no se nos e ele, ya que, po
de inición, sólo el signi ican e se mues a.
Al no se un signo, lo que lo incapaci a pa a la ansmisión de con enidos
ep esen a i os, sen imos emo al silencio, expe imen amos un p o undo espe o
po esa oz in e na que nos dice sin palab as quienes somos e dade amen e. Y
es que el silencio es capaz de pone al homb e, an e sí mismo, an e una ealidad
que, ascendiendo lo ma e ial, nos mue e a do a de in e io idad nues as p opias
acciones, incluso las más banales, lo que nos conec a con lo ascenden e, con lo
e dade amen e ele an e, mien as nos en en a con una belleza que a más allá
de lo me amen e ísico.
Es más que e iden e que p e ende ex ae conclusiones de un concep o an
esqui o como es el del silencio es siemp e una a ea a dua y con adic o ia, incluso
a eso a un pun o de a ogancia que, lejos de jus i ica la, la desac edi a.
Pe o es que, además, el e bo “conclui ” p esupone un acaba , un da po
inalizado algo que, po lo que de inaba cable iene el silencio, es del odo in iable.
Po eso, es a conclusión, más que un “ he end” es, necesa iamen e, un “ o be
con inued”, una especie de c édi o inal que nos anuncia que el la gome aje no
acaba aquí, que la película, o lo que es lo mismo, la in es igación, es á des inada
a se con inuada.
72 73
En la úl ima secuencia de la película de Jean-Luc Goda d, “Le Mep is”19,
basada en la no ela “Il Disp ezzo”20 (El Desp ecio) de Albe o Mo a ia y ambien ada
en el odaje de la “Odisea”21 de Home o, Ulises, en en ado al ho izon e del ma de
Cap i, sob e la e aza de ese a ado ce áceo que es la illa Malapa e, sob e esa
o unda a alaya de ca ác e casi sac o que es su cubie a, g i a: “¡Silencio!”. El
ho izon e, que pa ece dispa a al pe sonaje hacia un acío sin más lími e espacial
que el p opio plano de cubie a, ep esen a el lími e inalcanzable del inal del
iaje… y es que, Í aca, como nos ecue da Ka a is, más que la pa ia, es el iaje
mismo, la ida que pasa.
Algo de iaje iniciá ico en busca de su Í aca pa icula iene es a in es igación,
en la que, como un joyciano Ulises22 con empo áneo, anhelamos alcanza las playas
inap ensibles del Silencio, mien as a ibamos a o as cos as que, inde ec iblemen e
nos ace can a él.
¿Pe o cómo o ien a nos en es e enigmá ico y mis e ioso con inen e, en es e
p oceloso ma que es el silencio? Como el D . Li ins ong supongo, a la omán ica
mane a de los a en u e os del siglo XIX, con una b újula, o mejo aún, con una
osa de los ien os que, di idiendo la ci cun e encia de su ho izon e en los cua o
pun os ca dinales, nos pe mi a es ablece un umbo, en e odos los posibles, que
nos conduzca, ien o en popa, a algún pue o anco, a alguna ibe a ce cana.
Se a a ía pues de p o ee nos de una he amien a de na egación, una ic icia
osa de los ien os que a pa i de las cua o o ien aciones undamen ales, de los
cua o umbos p incipales de esa ealidad enigmá ica e inap ensible que llamamos
Silencio: acío, iempo, espi i ualidad y ma e ia, nos pe mi ie a el de i a a o os
umbos, la e ales y cola e ales: la Nada, lo es á ico, lo solemne, lo la en e, la pausa
y el in e alo, la desnudez, lo pleno; lo in empo al, lo alen izado, lo suspendido,
la nos algia, el mis e io y la ascinación; lo espi i ual, lo sag ado, lo ascé ico y lo
mís ico, lo mo al y lo é ico, el ecogimien o, lo ascenden e, la con emplación, la
quie ud; lo ma é ico, lo olup uoso y lo sensual, lo p imi i o y p imo dial, el ac o, el
desgas e, lo inacabado y lo agmen a io.
Decía el his o iado y ensayis a escocés Thomas Ca lyle: “el silencio es el
elemen o en el que se o man odas las cosas g andes”23, máxima que, al igual que
hiciese Ven u i con el miesiano p incipio del “menos es más” y sus p o ocado es
pun os suspensi os, pod íamos ema a añadiendo: “… y, ambién, la ma e ia
p ima con la que se cons uyen [ eciclan] las g andes ob as”.
78 79
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DIEGO RODRIGUEZ DE SILVA Y VELÁZQUEZ (Se illa, 1.599 / Mad id, 1.660).
Conside ado uno de los máximos exponen es de la pin u a española y maes o
de la pin u a uni e sal, paso sus p ime os años en Se illa. A los 24 años se asladó
a Mad id donde ue nomb ado pin o del ey Felipe IV y, cua o años después
ue ascendido a pin o de cáma a, el ca go más impo an e en e los pin o es
de la co e, labo a la que se dedicó el es o de su ida. Su pin u a ba oca, de
g an luminosidad, de pinceladas ápidas y suel as, se hizo más esquemá ica y
aboce ada en su úl ima década, alcanzando un dominio ex ao dina io de la luz.
De en e los e a os que ealizó de la amilia eal, hay una que se ha con e ido en
el pa adigma de la ob a del pin o : Las Meninas.
JOSÉ MANUEL BALLESTER (Mad id, 1.960).
Pin o y o óg a o, licenciado en Bellas A es po la Uni e sidad Complu ense de
Mad id. Su ca e a a ís ica comenzó en la pin u a con especial in e és po la
écnica de las escuelas i aliana y lamenca de los siglos XV y XVIII. A pa i de 1.990,
empezó a conjuga pin u a y o og a ía. Gala donado con el P emio Nacional
de G abado, le ue concedido el P emio Goya de Pin u a Villa de Mad id y
pos e io men e el P emio de Fo og a ía de la Comunidad de Mad id. En 2.010 le
ue o o gado el P emio Nacional de Fo og a ía po su singula in e p e ación del
espacio a qui ec ónico y de la luz y po su eno ación de las écnicas o og á icas.
BIOGRAFÍAS
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GABRIEL OROZCO (Xalapa, Méjico, 1.962).
A is a plás ico au o de una ob a amplia y poli alen e que aba ca desde la
escul u a has a las ins alaciones espon áneas, pasando po la o og a ía, el ídeo,
el dibujo y el a e-obje o. Conside ado uno de los diez c eado es más impo an es
e in luyen es del mundo, la ob a de O ozco esul a imp escindible en cualquie
acon ecimien o impo an e de a e con empo áneo y en iquece bienales y
museos de Eu opa y Amé ica. Buena pa e de la o iginalidad y el eclec icismo
que ca ac e izan su ob a p o iene del esca e y la explo ación de los obje os y
ma e iales más dispa es.
ARTURO FRANCO (La Co uña, 1.972).
Licenciado po la Escuela de A qui ec u a de Mad id, compagina la c í ica
a qui ec ónica, la docencia, la in es igación y el eje cicio p o esional con la misma
in ensidad. Ha sido du an e más de diez años c í ico de a qui ec u a del dia io
ABC. Desde 2.008 di ige la e is a del Colegio O icial de A qui ec os de Mad id,
publicación con no en a años de his o ia. Ac ualmen e es p o eso asociado del
depa amen o de Composición A qui ec ónica en la Escuela Poli écnica de Mad id.
Su ob a ha sido ampliamen e publicada en e is as in e nacionales y p emiada,
en e o os, po el Ayun amien o de Mad id, el Colegio O icial de A qui ec os de
Mad id y el Minis e io de Fomen o. “Ma ade o Mad id” ue gala donado con el
p emio FAD 2.012.
MARINA ABRAMOVIĆ (Belg ado, Yugosla ia, 1.946).
A is a se bia y “abuela de la Pe o mance”. De aquella gene ación de a is as de
los 70, que eligie on la pe o mance como modo de exp esión, es la más ac i a
en la ac ualidad. En 1.997 ecibió el León de O o a la mejo a is a en la Bienal de
Venecia. En 2.010 se inaugu ó en el MoMa de Nue a Yo k una g an e ospec i a
de su ob a que incluyó la p esen ación pe o má ica más ex ensa ealizada po
Ab amo ić, 716 ho as sen ada inmó il en e a una mesa, donde los espec ado es
e an in i ados a sen a se, pa a compa i la p esencia de la a is a. Un documen al
de dicha pe o mance ue es enado en 2.013, “La a is a es á p esen e”, que
ecibió el P emio al Mejo Documen al en el Fes i al de Cine de Be lín 2.012.
YVES KLEIN (Niza, F ancia, 1.928 / Pa is, F ancia, 1.962).
Fundía el incon o mismo dadaís a con una p o unda espi i ualidad sus en ada en
su pasión po la iloso ía o ien al y po el eso e ismo. Quiso ele a a la ca ego ía
de agen e plás ico di e sos elemen os como el humo, el ai e o el uego. En 1.954
inició sus pin u as de campos monoc omos de di e sas onalidades pe o que,
inalmen e, edujo al azul ul ama , colo que él mismo bau izó como colo IKB
(In e na ional Klein Blue). Algunas de sus ac i idades an icipan lo que se á el a e
concep ual, como la p esen ación en la gale ía “I is Cle ” de Pa ís de la exposición
i ulada “Vacío”, un espacio comple amen e desnudo que no dudó en “ ende ”.
Las ganancias ue on a ojadas al Sena.
RACHEL WHITEREAD (Lond es, Reino Unido, 1.963).
Fue la p ime a muje que ganó el p es igioso p emio Tu ne po “House”, un
a que ipo en amaño eal del in e io de una casa adosada y en uinas. En 1.997,
ep esen ó a G an B e aña en la Bienal de Venecia. Usando ma e iales indus iales
como la escayola, la esina y el caucho, c ea moldes de obje os domés icos
o dina ios, de espacios y elemen os a qui ec ónicos, que dan luga a piezas que,
conse ando la ex u a y la o ma de los obje os o iginales, cap an el espacio
nega i o o desocupado. En palab as de la p opia a is a, su ob a “ ae al mundo
espacios ol idados y no de ec ados”.
HENRICH TESSENOW (Ros ock, Alemania, 1.876 / Be lín, Alemania, 1.950).
A qui ec o, p o eso , y u banis a du an e la República de Weima , las ob as y los
esc i os de Tessenow ue on ampliamen e ecupe ados y u ilizados a inales de
los años se en a po una pa e de la c í ica a qui ec ónica eu opea. Se dedicó a
hace una a qui ec u a esencialis a, de enso a del abajo a esanal y deudo a de
los pa ones composi i os del clasicismo. En su caso, como pasa con muchos o os
a is as y pensado es del siglo XX, es di ícil dis ingui los aspec os ideológicos de los
a qui ec ónicos. Su a qui ec u a, pulc a y o denada, a ae an o po sus de allados
y con o ables in e io es como po el equilib io gene al de la composición, lo
que le hizo ende a una especie de uncionalismo p imi i o, a una a qui ec u a
minimalis a, de igu osa in es igación de las o mas esenciales.
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RAMÓN DE SOTO (Valencia, 1.942 / L’Al ás del Pi, Alican e, 2.014).
Escul o y Ca ed á ico de la Facul ad de Bellas A es de Valencia. En 1.965 o mó
pa e de la asociación “A e Ac ual”, y en 1.968 se in eg ó en el g upo “An es del
a e”. Descub ió y expe imen ó con el a e cons uc i is a, el ciné ico, el op-a y
las ma emá icas. Siemp e buscando la inno ación, abajó con ma e iales como
el me ac ila o. En 1.975 se exilió en I alia donde inició un pe iodo de in es igación
sob e las concepciones del mundo g eco omano, judeoc is iano y la iloso ía Zen,
explo ando los concep os de caos, de o den y de mis e io. A su uel a a España
abajó en la unción del a e como medio pa a el conocimien o de la ealidad.
MARÍA JESÚS GONZÁLEZ / PATRICIA GÓMEZ (Valencia, 1.978).
Nacidas el mismo año, su abajo, en colabo ación, se emon a al 2.002, año de
su licencia u a en Bellas A es po la Uni e sidad Poli écnica de Valencia. En e
2.003 y 2.007 ealizan cu sos de doc o ado en G abado y Es ampación y es udian
His o ia del A e. La gas es ancias i alianas despie an su in e és po el g abado,
p ác ica que las ha acompañado, inin e umpidamen e, has a hoy en día. En 2.007
ob ienen una beca pa a la ealización de p oyec os, pe mi iéndoles lle a a cabo
una la ga se ie de es ampaciones a a és de in e enciones en di e sos espacios
del ba io del Cabanyal de su ciudad na al.
GORDON MATTA-CLARK (Nue a Yo k, EE.UU, 1.943-1.978).
Hijo del a qui ec o y pin o su ealis a Robe o Ma a y amoso po sus “cu ings”,
ue conside ado como uno de los a is as concep uales más impo an es de la
segunda mi ad del siglo XX. Es udio a qui ec u a en la Uni e sidad de I haca en el
Es ado de Nue a Yo k y li e a u a en Pa is, pe o decidió se a is a y no eje ce como
a qui ec o. Sus abajos incluye on ac uaciones, eciclaje de piezas, abajos sob e
las ex u as e in es igaciones sob e el espacio que explo ó ope ando di ec amen e
sob e sólidos cons uidos, in e iniendo en edi icios pa a ma e ializa sus ideas sob e
el mismo. Usó dis in os ipos de o ma o pa a documen a sus abajos, incluyendo
ilmación, ídeo, y o og a ía.
MELISSA GOULD (Cali o nia, EE.UU).
A is a concep ual In e esada en la c eación de espacios poé icos, an o e íme os
como pe manen es, capaces de p oduci una ue e expe iencia isce al en quien
los con empla. Obsesionada con el pasado, especialmen e po los espacios que
han dejado de exis i ísicamen e pe o que aún pe du an en nues o ecue do, sus
ins alaciones nos hablan de his o ia, de pé dida y de memo ia colec i a. Busca su
inspi ación en documen os his ó icos, imágenes encon adas y o os a e ac os de
la ecien e cul u a popula , apa en emen e inocuos, que econ igu a a a és del
il o de su ocabula io pe sonal.
JOSÉ IGNACIO LINAZASORO (San Sebas ián, 1.947).
A qui ec o po la Escuela de A qui ec u a de Ba celona, Ca ed á ico de P oyec os
en la Escuela de A qui ec u a de Mad id y Académico de la Real Academia de
Bellas A es de San Fe nando, ha sido p o eso in i ado en di e sas uni e sidades
an o nacionales como in e nacionales. En su p oceso e olu i o dos ipos de
abajos se usionan: las in e enciones en edi icios his ó icos que, median e una
elec u a de su pasado, ac ualizan su p esen e, y la ob a nue a, siemp e a en a
a la his o ia a a és de su pa icula pun o de is a de ma cado acen o pe sonal.
Sus ob as, de una con empo aneidad indiscu ible, se aden an sin aspa ien os en
el en o no median e el uso adecuado de la escala y el empleo sabio del ma e ial.
En 2.014 ecibió el p emio “Pi anesi” de A qui ec u a.
MANUEL MILLARES (Las Palmas de G an Cana ia, 1.926 / Mad id, 1.972).
Pin o y g abado , ue co undado del g upo “El Paso”, y aunque en sus inicios pin ó
paisajes, igu as y au o e a os, se dedicó p incipalmen e a la pin u a abs ac a.
Realizaba sus ob as con cue das, sacos aguje eados y elas de a pille a que,
desga adas, o as, pe o adas y pos e io men e cosidas, cub ía con cho ean es
capas de pin u a. Ensalzaba el alo de la ma e ia como ehículo de exp esión.
En su educida pale a, muy sob ia, p edominaba el ma ón de la a pille a, el ojo,
el blanco y el neg o denso y pas oso de aspec o d amá ico, Su ob a se exhibe en
nume osos museos de odo el mundo como el Museo de A e Mode no de Nue a
Yo k, la Ta e Galle y de Lond es o el Museo de A e Abs ac o Español de Cuenca.
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FNP ARCHITEKTEN (FLUBACHER&NYFELER PARTNER) (Basilea, Suiza, 2.003)
Su a qui ec u a, de ma cado ca ác e a empo al, hecha po y pa a el homb e y
a en a siemp e a la in ensidad del en o no, nace de un en endimien o poé ico de
los ma e iales. A qui ec u a hecha de ex u as que, en su in e acción con la luz,
despliega oda la ue za exp esi a y la in ínseca belleza que el ma e ial a eso a
y que es pa adigma de su p opio p oceso cons uc i o. En 2.005 ecibie on el “AR
awa d” que concede la e is a “A chi ec u al Re iew” y que p emia las mejo es
a qui ec u as eme gen es p oducidas a lo la go del año.
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