El culto a la Madre Tierra: Mujer, Naturaleza y Espiritualidad
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UNIVERSIDAD POLITECNICA DE VALENCIA ESCUELA POLITECNICA SUPERIOR DE GANDIA Licenciado en Ciencias Ambientales “El culto a la Madre Tierra: Mujer, Naturaleza y Espiritualidad” TRABAJO FINAL DE CARRERA Autor/es: Ana-Carla Mestre Martínez Director/es: Dra. Paloma Herrera Racionero GANDIA, 2011
3 ÍNDICE Agradecimientos ........................................................................................................ 5 1. INTRODUCCIÓN .................................................................................................... 7 2. PLANTEAMIENTO Y OBJETIVOS ........................................................................... 11 El porqué de este proyecto .................................................................................. 11 Objetivos .............................................................................................................. 13 Metodología......................................................................................................... 14 3. LA RELIGIÓN COMO IMAGINARIO COLECTIVO ..................................................... 16 La Naturaleza está fuera de nosotros ............................................................................. 22 I. ¿MADRE TIERRA O MEDIO AMBIENTE? ....................................................................... 24 El culto a la Madre Tierra: origen y evolución del culto en Europa ..................... 26 El paso de una sociedad solidaria a una dominadora ......................................... 32 El Judeocristianismo y el modelo dominador de sociedad .................................. 35 El culto a la Madre Tierra en la cultura celta ....................................................... 40 ¿Culto al diablo o adoración a la Naturaleza?..................................................... 47 La filosofía de la cultura occidental y su manera de ‘pensar’ la Naturaleza ....... 53 La ciencia moderna como modelo masculino y patriarcal .................................. 59 Del capitalismo de producción al neocapitalismo de consumo ........................... 65 II. LAS ‘RELIGIONES VERDES’ Y EL PRINCIPIO FEMENINO: ¿ALTERNATIVAS A NIVEL DE CONCIENCIA ANTE LOS RETOS ECOLÓGICOS? ........................................................... 75 El principio femenino o Shakti.............................................................................. 77 Mundo indígena, Pachamama y principio femenino ........................................... 81 El culto a la Pachamama en el noroeste argentino ................................. 83
4 El re-descubrimiento de Abya Yala y la prepotencia de Occidente .......... 90 El mito: significado y función ................................................................... 93 El Neopaganismo: el retorno de la Diosa ............................................................ 96 4. CONCLUSIONES ................................................................................................ 104 5. BIBLIOGRAFÍA ................................................................................................... 106 6. ANEXO.............................................................................................................. 111
5 Agradecimientos En la aventura que ha sido realizar mi proyecto final de carrera me gustaría dar las gracias: A Paloma Herrera, porque sin ella este sueño mío no se podría haber hecho realidad. Por haber aceptado tutorizarme y por la paciencia e infinita ayuda que me ha brindado. A Miguel Rodilla, por su interés y dedicación, y por encontrar huequitos en su apretada agenda para debatir conmigo. A Nené y a Mariana, por haber sido unas estupendas anfitrionas en Argentina y por haber dedicado su tiempo a ayudarme a encontrar lo que andaba buscando. A Víctor Acebo, por abrirme las puertas de esa maravillosa cultura que es la andina y presentarme a la Pachamama. A Mónica, Júlia, Lara y Txell, por su eterno apoyo; especialmente a Morgana, por el camino recorrido a mi lado…. A Nando, por haber estado ahí desde el principio con su apoyo y amor. A Jaume, por guiar mis pasos desde el Universo… A mi familia, por su apoyo y cariño, especialmente a mi mamá, por ‘estar ahí’. Y por último, a toda la gente que me ha animado y se ha interesado de alguna forma por mi trabajo, porque sin saberlo, me han dado la fuerza para continuar.
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7 1. INTRODUCCIÓN “Somos Naturaleza. Poner al dinero como bien supremo nos conduce a la catástrofe.” José Luis Sampedro Con la globalización, la cultura occidental ha extendido sus tentáculos de poder y se ha asentado en prácticamente todos los rincones del planeta. Ha dejado su impronta instaurando su sistema de valores y su forma de estar en el mundo, consiguiendo desplazar los saberes y valores de las culturas sometidas. Todo lo occidental atrae y su consumismo devorador hace estragos en el medio ambiente. Bajo el lema ‘tanto tienes, tanto vales’ miles de personas en todo el mundo viven por y para consumir, sin tener en cuenta, por un lado, la felicidad limitada que provocan los bienes materiales adquiridos – la mayoría inútiles –, y sin pensar, por un momento, en la debilitada supervivencia de la especie humana ante la finitud de los recursos naturales. La crisis ambiental actual parece un hecho; los datos y la realidad tangible que nos presentan la escasez de agua potable, la dificultad futura de proveer de alimentos a la población mundial por la finitud de los recursos naturales, los problemas que comporta el uso insostenible de la agricultura convencional con la expansión de monocultivos, la utilización de agroquímicos y la utilización de transgénicos que afectan a la salud de la gente, la deforestación y la consiguiente desertización, el aumento de gases de efecto invernadero en la atmósfera, la pobreza, etc., nos muestran que la Naturaleza agoniza y que no hay tiempo que perder. La especie humana parece estar sumida en un sueño muy profundo inducido por el capitalismo de consumo, y recién, ante el zarandeo de temblores de tierra y aguaceros que más bien se asemejan al Diluvio Universal, parece despertar poco a poco del letargo e invocar tímidamente un débil ‘Salvemos el planeta’. ¿Pero qué fue lo que nos llevó a los occidentales a desvirtuar los valores de la Naturaleza? ¿A asumir que una simple moneda es más importante que una brizna de hierba?
8 Desde finales de los años 60 y principios de los 70 surgen las primeras alertas medioambientales gracias a las investigaciones aportadas por el Club de Roma y la Conferencia de las Naciones Unidas de Estocolmo. Ante la búsqueda de una nueva conciencia ambiental por parte de algunos grupos ecologistas y gente sensibilizada con el medio ambiente existe una tendencia de volverse hacia las creencias de los pueblos indígenas de América y de otros lugares como una fuente especial para aprender cómo vivir en armonía con la Naturaleza. El mundo indígena se caracteriza por considerar a la Naturaleza sagrada y porque a diferencia de la cultura occidental, el individuo no se considera separado de ella. Su interacción con la Naturaleza no es de dominio o control, sino de interrelación. Por otro lado, al mismo tiempo que aparecen los movimientos ecologistas resurge una nueva espiritualidad vinculada con la protección y el cuidado de la Naturaleza. Es la tradición pagana, renombrada en la actualidad como Neopaganismo, y considerada como ‘Religión Verde’. Esta espiritualidad retoma el antiguo culto a la Diosa, aquel que se formó en el seno de las primeras comunidades humanas del planeta y que fue transformándose en cultos más sofisticados a medida que las sociedades iban desarrollándose y evolucionando. A lo largo de la evolución cultural de nuestra sociedad occidental se fueron sucediendo ciertos cambios de mentalidad que afectaron a la forma en la que el ser humano se relacionó con su medio ambiente. Estos cambios de mentalidad tuvieron que ver con la religión que se profesaba en aquel momento, puesto que los valores que ésta fomentaba, modelaron la cultura y conformaron actitudes características para con la Naturaleza. Por ejemplo, en sociedades donde se daba el culto a la Diosa (la Madre Tierra) tanto la Naturaleza como la mujer eran consideradas importantes y valoradas. Uno de los cambios más importantes y clave se dio durante los siglos XVI y XVII con la Revolución científica. Los científicos de la época asumieron el axioma judeocristiano que consideraba a la Naturaleza como ‘algo’ para uso y disfrute del hombre, lo que provocó que se pudiera experimentar libremente con ella. El paganismo europeo, en aquel momento, era un obstáculo para estos científicos porque fomentaba que se tuviera una imagen maternal de la Tierra que limitaba culturalmente la explotación de
9 la Naturaleza. Pero con la ayuda de la Iglesia católica mediante la Inquisición y con la Caza de brujas se consiguió erradicar este animismo pagano. La Caza de brujas legitimó definitivamente tanto científica como políticamente la infravaloración de la mujer que ya venía gestándose desde el pasado. Las brujas o ‘mujeres sabias’ pasaron de ser las sanadoras o parteras, a adoradoras del diablo. Tanto la infravaloración de la Naturaleza como de la mujer convergieron en una actitud que fue asumida por la conciencia colectiva europea a partir del siglo XVI y que ha persistido hasta nuestros días. Ya en el siglo XIX con la revolución industrial y el capitalismo se empiezan a entrever las implicaciones medio ambientales que iba a provocar ese cambio de mentalidad. En la actualidad, un siglo después, nos encontramos con que la economía ha desplazado a la religión y se ha situado en el centro de nuestro mundo. Esa primera ruptura entre Naturaleza y sociedad abierta por el cristianismo alcanza su máxima distancia con la economía, para la que el medio ambiente es sólo un sistema infinito de recursos que garantiza el ansiado aumento de capital. La sobreexplotación de los recursos del planeta, la destrucción de la capa de ozono o la deforestación de amplias zonas geográficas son algunos ejemplos de daños a la Naturaleza que ya se gestaron hace algunos siglos. Así pues, el futuro del planeta Tierra es incierto y el de la humanidad parece pender de un hilo, porque como dijo el Jefe indio Sealth ‘todo lo que le ocurra a la Tierra, le ocurrirá a los hijos de la Tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace así mismo”. Ante esta situación ambiental insostenible es prioritario buscar soluciones. Como propuso White (1965:96), “puesto que las raíces de nuestro problema son en tan gran medida religiosas, el remedio debe también ser esencialmente religioso, lo denominemos así o no”. Así pues, ¿necesitaría la humanidad globalizada un cambio de mentalidad que eliminara de nuestra cultura occidental las raíces judeocristianas de dominación de la Naturaleza y abrazara valores paganos más solidarios con nuestro entorno? ¿que lograran destronar el androcentrismo imperante dejando paso al biocentrismo y que equilibraran el principio femenino con el masculino? ¿Vendría la urgente solución de la mano de las comunidades indígenas que han sabido vivir
16 3. LA RELIGIÓN COMO IMAGINARIO COLECTIVO La tendencia del ser humano por entenderse a sí mismo y a su entorno viene desde muy antiguo. Desde los albores de la humanidad pocos han sido los pueblos o sociedades que no tuvieran un sistema de creencias religiosas o espirituales. Los hallazgos arqueológicos de las primeras sociedades paleolíticas y posteriormente neolíticas nos revelan una creencia panteísta, una consideración sagrada de todo lo que rodeaba al individuo. La muerte y el nacimiento parece ser que fueron los primeros interrogantes a los que se enfrentaron estas gentes, lo que les llevó a manifestar mediante objetos y rituales el temor o el asombro que estas situaciones vitales les producían. También la tierra fue considerada sagrada. Según Mircea Eliade, para una conciencia religiosa “primitiva”, la tierra con su solidez y vegetación constituyen una unidad cósmica, viva y activa. La primera valorización religiosa de la tierra fue “indistinta”, es decir, no localizaba lo sagrado en la capa telúrica propiamente dicha, sino que confundía en una misma unidad todas las hierofanías que se habían realizado en el medio cósmico circundante (Eliade, 1981: 253). La tierra, en concreto, fue considerada objeto de culto al asociarla con la capacidad de engendrar vida. Para los primeros pobladores humanos del planeta, la tierra estaba viva, de ella surgía la vida como si de un vientre materno se tratara. Se podría decir que todo lo que salía de la tierra estaba dotado de vida y todo lo que volvía a ella adquiría nuevamente vida (Eliade, 1981: 262). Es así como surge el culto primitivo a la Madre Tierra, al considerarla ésta como una gran madre dadora de vida. Los pueblos primitivos que adoraban a la Diosa se caracterizaron por un carácter pacífico y por presentar unos valores donde la mujer, al ser portadora de la vida, no era infravalorada ni sometida. A medida que estas sociedades fueron invadidas por otras con valores distintos, es decir, masculinos y dominadores, se fueron transformando su formas de vida y sus costumbres, dejando incluso de adorar a la Diosa. La sociedad occidental que en un principio no fomentaba la guerra, se convirtió en una sociedad patriarcal donde la mujer era considerada inferior y donde la Naturaleza dejaba de ser sagrada para pasar a ser algo para uso y disfrute del hombre. La divinidad femenina sucumbió ante la deidad masculina representada por un único Dios varón todopoderoso.
17 A finales del siglo XIX surgió el interés por desentrañar el origen de la religión y de las creencias religiosas de estos pueblos primitivos, así como también, de las religiones que predominaban en la época. Académicos como Max Müller, Edward B. Taylor, Herbert Spencer y James Frazer abordaron el origen de la religión desde distintas perspectivas. Müller, atendiendo a una perspectiva naturalista, consideraba que las primeras concepciones religiosas coincidían con la personificación de los fenómenos naturales e identificaba la religión natural como la base de las demás religiones, considerándola común a toda la humanidad. Por el contrario, Spencer y Taylor se pronunciaron a favor de la creencia animista como sustrato de toda religión. Spencer la definió como el culto a los ancestros, mientras que Taylor, como la creencia en seres sobrenaturales. El francés Émile Durkheim, aunque para su explicación de los orígenes de la religión adoptó una perspectiva evolucionista como Tylor y Frazer, critica estas teorías naturalistas y animistas porque considera que elevan a la religión a un status ilusorio al intentar extraer la idea de lo sagrado a partir de las sensaciones que los fenómenos naturales (físicos y biológicos) causan en nosotros (Morris, 1995: 148). No intenta definir por tanto la religión en términos de lo sobrenatural o de lo extraordinario, sino como “un cuerpo de prácticas y creencias relativas a las cosas sagradas, es decir, todo aquello que se identifica con las cosas dejadas de lado y prohibidas – creencias y prácticas que dan unidad a una comunidad moral concreta” (en Morris, 1995: 147). Para Durkheim, la forma elemental de la vida religiosa es el totemismo, el cual definía como un complejo de creencias y rituales que implicaban una actitud ritual hacia la naturaleza y una cosmología que expresaba la idea de que los humanos y la naturaleza forman parte de una totalidad espiritual (Durkheim, 1992). Por debajo del totemismo subyacía el ‘principio totémico’ que no era más que una especie de poder o fuerza impersonal que se encontraba en el interior de los hombres y en los fenómenos naturales. El ritual es característico de las creencias religiosas de muchas culturas. El culto a la Madre Tierra en general, y en particular el culto a la Pachamama del noroeste argentino analizado en nuestro estudio, conlleva la utilización de ceremonias rituales
18 donde participa toda la comunidad. La función del ritual para Durkheim era la cohesión social, el cual reforzaba las relaciones entre Dios y la comunidad, y entre los miembros del grupo social del cual forman parte. Los rituales serían, por tanto, mecanismos que expresan y refuerzan los sentimientos y la solidaridad del grupo (Durkheim, 1992). El culto a la Diosa o Madre Tierra es un culto primigenio que es común en muchas comunidades a lo largo de los cinco continentes y que ha conseguido sobrevivir hasta nuestros días. Un ejemplo vivo que se mantiene en la actualidad, y que hemos querido explorar en este proyecto, es el culto a la Pachamama del noroeste argentino. La Pachamama es la Madre Tierra andina y la divinidad más importante. Se la considera la gran diosa de la tierra y está vinculada con la vida y con la Luna; es una divinidad protectora, da cobijo a los hombres, produce la vida y mantiene la fecundidad y la fertilidad. A cambio de todo esto, el originario que la venere siente la necesidad de ofrendar a la ‘Pacha’ parte de lo que de ella recibe, configurándose así una suerte de reciprocidad. Pero ya en la Antigüedad encontramos la adoración a la Madre Tierra. En la Europa precristiana el culto a la Diosa aparece en la cultura celta. Con la llegada del cristianismo el paganismo europeo fue erradicado a golpe de hoguera y tormento, y sustituido por la religión católica. El culto a la Naturaleza se convirtió en idolatría y fue condenado como herejía. Tanto en Europa como en el Nuevo Mundo la Inquisición impuso sus verdades religiosas despojando a los infieles de sus culturas y formas de vida. El culto a la Pachamama logró sobrevivir gracias al sincretismo religioso entre la Madre Tierra y la Virgen María católica. A la par, los cultos paganos europeos fueron disfrazados a conveniencia de la religión católica. Se podría decir que la cultura occidental, precursora de la ciencia y el desarrollo modernos, pero también, en buena medida, de la actual crisis medioambiental, se fundamentó en axiomas procedentes de la teología judeocristiana. La relación de dominio de la sociedad occidental para con la Naturaleza viene definida según algunos autores por la influencia de los dogmas judeocristianos, o según otros, como Marx, por las relaciones de producción. Tanto el cristianismo como el judaísmo se relacionan con la Naturaleza no de una manera sagrada sino más bien como algo que su Dios puso a
19 disposición del hombre. Así, por ejemplo, Hegel, en su ensayo El espíritu del cristianismo y su destino critica el judaísmo porque induce a una relación, entre el hombre y su entorno, de oposición y control (Morris, 1995: 31). Lynn White, historiador de la ciencia y la tecnología, en su artículo titulado Las raíces históricas de nuestra crisis ecológica (1967), expone que el cristianismo, en total oposición al antiguo paganismo y las religiones asiáticas (excepto, quizá, el zoroatrismo), no sólo establecía un dualismo entre hombre y naturaleza, sino que también insistía que era voluntad de Dios que el hombre explotara a la naturaleza para sus propios fines (White, 1967:92). Por su parte, Weber relaciona la ética protestante con el espíritu del capitalismo moderno. El triunfo de este último tiene su origen en la ética protestante, es decir, en la actitud mental de los asalariados, los cuales debían lucrarse económicamente pero evitar el disfrute de las posesiones y de la vida en general. Dios veía con buenos ojos poseer riqueza a partir del trabajo profesional, pero no el afán de riqueza del creyente como fin u objetivo último. Por otro lado, Karl Marx no asoció esta dominación a factores espirituales, sino a las relaciones de producción, a partir de las cuales los humanos se creaban a sí mismos en oposición a – y a través del control y la dominación de – la Naturaleza. Para él, la religión era la forma básica de alienación e históricamente, la primera forma de ideología. Las funciones que cumplían eran las propias de la ideología, es decir, sería como una sanción moral, como una ilusión, como un consuelo para las condiciones injustas, eran nubes que proyectaban su sombra sobre la realidad ‘verdadera’ y justificaba, e incluso legitimaba las desigualdades. Otro de los axiomas judeocristianos asumidos por la cultura occidental es la posición de inferioridad de la mujer con respecto al hombre. Autoras como Vandana Shiva, Sandra Harding o Carolyn Merchant relacionan esta inferioridad con la infravaloración que sufre en la actualidad la Naturaleza por parte del patriarcado occidental. Merchant considera que tanto mujer como naturaleza forman un par indivisible, debido a la antigua identidad de la naturaleza como madre nutriente (Merchant, 1980). Tanto Shiva (1995) como Harding (1996) tachan al desarrollo tecnológico y al progreso moderno como los principales causantes del declive ecológico. Consideran la revolución científica de los siglos XV y XVII como la precursora del cambio de
20 mentalidad con respecto a la Naturaleza de la sociedad occidental. Para estas autoras la Naturaleza pasó de ser considerada una madre cariñosa a una mujer apropiada para violarla y torturarla. Para Vandana Shiva, la crisis ecológica provocada por Occidente, como consecuencia de los abusos del capitalismo, tanto en la forma de producir como en la imposición del consumo de masas, es la muerte del principio femenino. Esta autora considera que “la muerte del principio femenino en la mujer y la naturaleza ocurre por asociar la categoría de pasividad con lo femenino. La muerte del principio femenino en el hombre tiene lugar por cambiar la creación por la destrucción en el concepto de actividad y la autoridad por el dominio en el concepto de poder. La actividad creativa autogenerada y no violenta como principio femenino muere simultáneamente en la mujer, el varón y la naturaleza cuando la violencia y la agresión se convierten en el modelo de actividad masculino, y la mujer y la naturaleza pasan a ser pasivos objetos de violencia” (Shiva, 1995: 96). La recuperación del principio femenino sería, por tanto, una respuesta a la dominación y privación que soportan tanto las mujeres como la Naturaleza y las culturas no occidentales. “Representa la recuperación económica y la liberación de la naturaleza, la liberación de la mujer y la liberación del varón que, dominando a la naturaleza y a la mujer, ha sacrificado su propia humanidad” (Shiva, 1995:95-96).
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22 La naturaleza está fuera de nosotros. “En sus Diez Mandamientos, Dios olvidó mencionar a la naturaleza. Entre las órdenes que nos envió desde el monte Sinaí, el Señor hubiera podido agregar, pongamos por caso: ‘Honrarás a la naturaleza de la que formas parte’. Pero no se le ocurrió. Hace cinco siglos, cuando América fue apresada por el mercado mundial, la civilización invasora confundió la ecología con la idolatría. La comunión con la naturaleza era pecado, y merecía castigo. (…) Para la civilización que dice ser occidental y cristiana, la naturaleza era una bestia feroz que había que domar y castigar para que funcionara como una máquina, puesta a nuestro servicio desde siempre y para siempre. La naturaleza que era eterna, nos debía esclavitud. Muy recientemente nos hemos enterado de que la naturaleza se cansa, como nosotros, sus hijos; y hemos sabido que, como nosotros, puede morir asesinada. Ya no se habla de someter a la naturaleza: ahora hasta sus verdugos dicen que hay que protegerla. Pero en uno u otro caso, naturaleza sometida o naturaleza protegida, ella está fuera de nosotros. La civilización que confunde a los relojes con el tiempo, al crecimiento con el desarrollo y a lo grandote con la grandeza, también confunde a la naturaleza con el paisaje, mientras el mundo, laberinto sin centro, se dedica a romper su propio cielo. ” Eduardo Galeano.1 1 Galeano, 2009: 17-19.
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24 PRIMERA PARTE: ¿MADRE TIERRA O MEDIO AMBIENTE?
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32 El paso de una sociedad solidaria a una dominadora Es a partir del V milenio a.C. aproximadamente cuando comienzan a darse las primeras evidencias, en los restos arqueológicos encontrados, de invasiones, e incluso de catástrofes naturales, encontrándose en algunos lugares ambos desastres a la vez. Según el arqueólogo James Mellart como consecuencia de estas incursiones se produce un patrón de rompimiento de las antiguas culturas neolíticas en el Cercano Oriente (Eisler, 2005). En la Europa Antigua5, según Gimbutas, se dieron, lo que ella denomina, las oleadas kurgas, que eran olas migratorias de los pastores esteparios nómadas llamados kurgos6 o indoeuropeos, provenientes del norte asiático y europeo. Las culturas del Cercano Oriente y las de la Europa Antigua caen en un retroceso cultural debido a estas invasiones y paulatinamente ven transformada su cultura, la adoración de la Diosa queda relegada a un segundo plano o eliminada y los dioses masculinos toman la religión. Según Eisler (2005: 15), a partir de los estudios realizados por la arqueóloga Marija Gimbutas, “uno de los rasgos más notables y fascinantes de la Europa Antigua revelados por las excavaciones arqueológicas, es su carácter esencialmente pacífico”. Gimbutas expone, a partir de sus propias investigaciones en estas excavaciones, que: “Los europeos antiguos jamás intentaron vivir en lugares inconvenientes, por ejemplo en cerros altos y escarpados, como lo hicieron los posteriores indoeuropeos, que construyeron puestos en sitios inaccesibles, y frecuentemente rodeados por ciclópeas murallas de piedra. (…) Los emplazamientos europeos antiguos fueron escogidos por su hermoso entorno, buena tierra y agua, y por la disponibilidad de campos de pastoreo. Vinca, Butmir, Petresti y Cucuteni son notables por 5 La Europa Antigua comprende un área que se extiende aproximadamente, desde el Egeo y el Adriático (incluyendo las islas) hacia el norte, hasta Checoslovaquia, el sur de Polonia y Ucrania occidental (Eisler, 2005; Gimbutas, 1991) 6 “Los kurgos eran de la extracción que los eruditos llaman grupo indoeuropeo o ario-parlante, un tipo que en los tiempos modernos sería idealizado por Nietzsche y luego por Hitler como la única raza europea pura. En realidad, no eran los europeos originales, ya que se dejaron caer en gran número hacia ese continente desde el nordeste asiático y europeo. Tampoco eran originalmente indios, pues otro pueblo, los dravidianos, vivió en la India antes de ser conquistado por los invasores arios.” (Eisler, 2005: 50).
33 sus hermosos panoramas, y no por su valor defensivo. La característica ausencia de pesadas fortificaciones y de armas revela el carácter pacífico de la mayoría de estos pueblos amantes del arte” (Gimbutas citada en Eisler, 2005: 15) Es a partir de estas incursiones cuando los invasores impusieron de una manera gradual, a los pueblos y territorios conquistados, sus ideologías y formas de vida. El uso a la hora de dar finalidad a los metales también es característico de esta transformación cultural: mientras en las culturas neolíticas se utilizaban para el arte o la tecnología agrícola, en las culturas dominadoras se utiliza para forjar armas de combate, cada vez más sofisticadas y mortíferas. Como expresa Eisler: “Las tecnologías de destrucción no eran prioridades sociales importantes para los labriegos de la edad neolítica europea. Pero sí lo fueron para las hordas belicosas que se expandieron desde las tierras áridas del norte y desde los desiertos del sur. Y en esta crítica coyuntura, los metales jugaron su rol letal al forjar la historia humana: no como un avance tecnológico general, sino como armas para matar, saquear y esclavizar.” (Eisler, 2005: 53). Consideramos que no se puede culpar únicamente de la evolución cultural – de una sociedad solidaria a una dominadora – al hecho de la utilización de las armas. Muchos factores influyeron en estos cambios sociales y culturales, pero es obvio que el cambio ocurrido en la evolución cultural de la sociedad occidental estuvo influenciado en gran medida por las actividades bélicas y por la guerra, así como por otras formas de violencia social, que reemplazaron, de una manera lenta pero constante, el modelo solidario por el modelo dominador de sociedad. A modo de conclusión, con respecto a este cambio evolutivo, en el texto expuesto a continuación, Marija Gimbutas, arqueóloga experta en la civilización de la Europa Antigua, expresa las características tan diferentes que mostraban las dos sociedades que la habitaron, la primera la de carácter neolítico y adoradora de la Diosa, y la segunda la de los invasores kurgos indoeuropeos:
34 “Las culturas de la Europa Antigua y de los kurgos fueron la antítesis una de la otra. Los europeos antiguos eran horticultores sedentarios afectos a vivir en comunidades grandes y bien planificadas. La ausencia de fortificaciones y armas confirma la coexistencia pacífica de esta civilización igualitaria que probablemente era matrilineal y matrilocal. El sistema kurgo se componía de unidades pastoriles patrilineales, socialmente estratificadas, que vivían en pequeñas aldeas o poblados estacionales, mientras hacían pastar a sus animales en extensas áreas. Una economía basada en la agricultura, y la otra en la ganadería y el pastoreo, produjeron dos ideologías contrastantes. El sistema de creencias de la Europa Antigua se centraba en el ciclo agrario: nacimiento, muerte y regeneración, expresado en el principio femenino, una Madre Creadora. La ideología kurga, como se desprende de la mitología indoeuropea comparativa, exaltaba a los viriles y heroicos dioses guerreros del resplandeciente y tronante cielo. Las armas no existen en la imaginería de la Europa Antigua, en tanto que la daga y el hacha de combate son los símbolos dominantes de los kurgos, quienes, al igual que todos los indoeuropeos conocidos históricamente, glorificaban el poder mortífero de la espada” (Gimbutas citada en Eisler, 2005). No todos los investigadores estarían de acuerdo en que los europeos antiguos a los que se refiere Gimbutas en el texto anterior no fueran belicosos. Para Marvin Harris (1998: 468) la guerra es una forma particular de actividad organizada que se ha desarrollado durante la evolución cultural en la medida en que lo han hecho otras características estructurales, como el comercio, la división del trabajo y los grupos domésticos. Según este investigador la guerra sería un comportamiento surgido a raíz de la competencia por los recursos, con lo que sería normal que en los asentamientos neolíticos, debido a la aparición de excedentes y a los periodos de escasez, se dieran las luchas y guerras por esta causa.
35 El Judeocristianismo y el modelo dominador de sociedad. La tradición judeocristiana fue responsable de un cambio de los valores sociales, a nivel general, en nuestra cultura occidental. La invasión del pueblo de Canaán por las tribus hebreas provenientes de los desiertos del sur se dio aproximadamente del 1300 al 1200 a.C. Estas tribus que iban en busca de la tierra prometida trajeron consigo a su dios de la guerra: el feroz y celoso Yavé o Jehová (Eisler, 2005: 107). La sociedad hebrea era extremadamente jerárquica y estaba gobernada por los levitas, pertenecientes a la tribu de Moisés. En esta jerarquía social, el hombre estaba por encima de la mujer, la cual era propiedad privada del hombre. La virginidad de la mujer, por ejemplo, era considerada un bien económico. Las proscripciones bíblicas con respecto a este tema confirman que actos como la violación7 o el hecho ‘comprobable’ de que la futura esposa no fuera virgen8 tenían implicaciones económicas importantes. Una joven violada se consideraba una deshonra para la familia y en particular para el padre, y no por el daño hecho a la joven, sino porque ya no era un bien económicamente valioso al poder ser repudiada en un futuro como esposa. Así que era obligada a casarse con el agresor y a este último, obligado a compensar económicamente al padre. En el caso de la futura esposa que supuestamente no es virgen, si se puede probar que lo es, el futuro marido compensará económicamente al padre, en el caso contrario, la joven morirá apedreada en manos de los hombres del lugar. Ante la pregunta ¿qué daño podría causar a su pueblo o a su padre la pérdida de la virginidad de la joven? Eisler responde lo siguiente: “(…) una mujer que se comporta como una persona sexual y económicamente libre es una amenaza a toda la trama social y económica de una sociedad rígidamente dominada por el hombre. Semejante conducta no puede ser aceptada so pena de que todo el 7 Deuteronomio 22: 28-29. 8 Deuteronomio 22:13-21.
36 sistema social y económico se derrumbe. De ahí la necesidad de la condena social y religiosa más fuerte y el castigo más extremo. A un nivel muy práctico, estas leyes que regulaban la virginidad de la mujer fueron ideadas para proteger lo que, básicamente, eran transacciones económicas entre hombres. Al requerir compensación para el padre si se comprobaba que la acusación de la mujer era falsa, la ley contemplaba un castigo por desacreditar la reputación del hombre en cuanto a ser un mercader honrado. También ofrecía al padre una protección adicional. Si la acusación era falsa, la mercadería en cuestión (su hija) ya no podría ser devuelta jamás. Por otra parte, al aceptar que los hombres de la ciudad apedrearan a la hija hasta matarla si la acusación era verdadera, la ley también protegía al padre. Puesto que la novia deshonrada no podía ser revendida, se proveía la destrucción de esta mercadería ahora económicamente inservible.” (Eisler, 2005: 110) Otro hecho que se refleja en la Biblia, en concreto en el Antiguo Testamento, es que la vida misma de una mujer tenía mucho menos valor que la de un hombre. Un ejemplo desgarrador lo encontramos en el Libro de los Jueces, en el capítulo 19, donde un hombre para salvar la vida de su invitado extranjero de una muchedumbre compuesta por hombres borrachos, ofrece a su hija virgen y a la concubina del huésped ‘para que las humillen y hagan con ellas lo que quieran’. En este caso, el deber de la hospitalidad primaba sobre la vida de la mujer. La aparición del Judaísmo como religión desplazó la adoración de la Diosa arrebatándole atributos como el hecho de dar la vida, función que se le atribuyó a su Dios Yahveh, al crear el mundo a través de la palabra9, y al crear a través del polvo de la tierra a Adán10, del cual creará después a partir de una de sus costillas11 a Eva12. 9 Génesis 1:26-27. 10 Génesis 2:7. 11 En el tratado antibrujería Malleus maleficarum (1486) las consecuencias e implicaciones para con las mujeres que generó el nacimiento de Eva a partir de la costilla de Adán aparece reflejado de la siguiente manera: “Pero la razón natural es que es más carnal (la mujer) que el hombre, como resulta claro de sus muchas abominaciones carnales. Y debe señalarse que hubo un defecto en la formación de la primera mujer, ya que fue formada de una costilla curva, es decir, la costilla del pecho, que se encuentra
37 El Pecado Original cometido por Eva condena a la Mujer a ser considerada la causante de todos los males del mundo. La desnudez original de Eva y el posterior sentimiento de pudor al comer de la manzana, fruto del Árbol del Bien y del Mal y símbolo del conocimiento, ofrecida por la serpiente, provocó que el cuerpo de la mujer fuera considerado impuro en vez de ser considerado como el responsable último de la vida. La serpiente, que era un símbolo de la Diosa, pasa a convertirse en la figura del mal. Según Eliade (1981), la serpiente era considerada fuente de sabiduría y conocimiento, debido a su carácter lunar – es decir, por considerarse eterna, ya que se transforma y se regenera imitando el tiempo cíclico – y por vivir bajo tierra, encarnando los espíritus de los muertos. No es de extrañar por tanto, que en el mito de la expulsión de la primera pareja humana del paraíso, apareciera la serpiente como animal relacionado con el conocimiento. La característica negativa de esta asociación es el hecho de que la serpiente es la que induce a Eva a desobedecer a Jehová provocando que ésta coma del fruto prohibido (el conocimiento) y sea por tanto ella la culpable de haber condenado a la humanidad al castigo eterno13. Fernando Klein cree que en un principio la tradición judeocristiana no era monoteísta: “Llegado el momento, Yahveh, dios abstracto de un grupo nómade, adquiere las características de los dioses cananeos: es el consorte de la diosa Aserá14. Esta diosa era la madre de todos los dioses cananeos y la principal deidad de las ciudades costeras de Sidón y Tiro. En un principio era la mujer del dios cananita creador <<EL>>, quien luego es desplazado por Yahveh. Aserá era representada como un poste o un mástil de madera ubicado en los lugares de culto cananeos15; su origen encorvada, por decirlo así, en dirección contraria a la de un hombre. Y como debido a este defecto es un animal imperfecto, siempre engaña.” 12 Génesis 2: 22. 13 Si las mujeres adquirieran ‘conocimiento’ los hombres varones no podrían mantener su posición de superioridad sobre ellas. Las mujeres acabarían reclamando su lugar, como está ocurriendo en la actualidad. 14 Según Joseph Campbell (Eisler, 2005) la ‘serpiente’ de bronce (que algunos estudiosos la consideran el contenido del Arca de la Alianza) fue venerada en el templo de Jerusalén junto a su esposa, la diosa Aserá (2 Reyes 18). Este sería otro ejemplo de cómo los símbolos de la Diosa, en concreto el de la serpiente, fueron, o bien sustituidos, o bien desacreditados. 15 Éxodo 34:13, Jueces 6:25-28.
38 se asocia al tronco de un árbol cuyas ramas cortadas delimitaban los precintos sagrados.” (Klein, 2009: 29-30) Pero poco a poco este dios masculino se volvió todopoderoso. Por un lado, expulsó a su consorte Aserá de su lado: “El tronco sagrado que estaba en la Casa de Yahveh fue sacado de Jerusalén y llevado al torrente del Cedrón, donde fue quemado y sus cenizas echadas en la fosa común”16 , por otro, las reformas religiosas llevadas a cabo por el rey de Judá, Josías, que reinó en el año 622 a.C., prohibieron el culto a otros dioses, la idolatría, los cultos rurales, a las estrellas, los animales, etc.17 Es así como se fue anulando a la Diosa, que había sido importante en estas culturas y destruyendo su culto. Con la imposición del patriarcado judaico comienza el declive social de la mujer y de la religión de la Diosa, y por ende, la infravaloración de la Naturaleza, al ser considerada separada de la divinidad, en este caso, separada de un Dios varón todopoderoso. Con la llegada de Jesús de Nazaret la situación no consiguió variar mucho. Jesús destacó por muchas cualidades, pero para el tema que nos ocupa, destacó por tratar a la mujer como una igual18, hecho que fue mal visto por algunos de sus seguidores y Apóstoles, y por aparecer predicando al aire libre rodeado de Naturaleza19 y no en los templos, como era la norma del momento. A partir de las enseñanzas de Jesús se forja una nueva religión: el Cristianismo. Esta doctrina, al proponer una moral para muchos, o para todos, provocó que muchas personas se sintieran atraídas por ella (Giner, 2002). Al principio, el Cristianismo era considerado una secta judía más, pero gracias a San Pablo de Tarso, que comenzó a predicar la doctrina cristiana entre los no judíos, fue poco a poco universalizándose. En el siglo III, el edicto del emperador Constantino permitió que los cristianos practicaran libremente su culto, y en el concilio de Nicea se estableció un credo o conjunto de 16 2 Reyes 23:6, citado en Klein, 2009. 17 2 Reyes 23: 1-24, citado en Klein, 2009. 18 Unción en Betania, Juan 12:1-9. 19 Sermón de la Montaña, Mateo 5, 1-12.
39 dogmas, breve y preciso (Giner, 2002), y se estableció que Jesús tenía naturaleza divina20. Poco a poco el Cristianismo fue asentándose como religión y expandiéndose por el mundo. El Cristianismo católico, distinto del ortodoxo, fue el predominante en Occidente y su tarea de evangelizar lo llevó a imponer sus verdades religiosas a los pueblos o continentes que eran conquistados. Esto provocó que las religiones naturales adoradoras de la Diosa fueran tachadas de idolatría o de adoración al Diablo, y acabaran desplazadas o sincretizadas. 20 El arrianismo era una herejía que negaba la divinidad de Jesús.
40 El culto a la Madre Tierra en la cultura celta Antes de la imposición del cristianismo, en la Europa occidental prevalecía el paganismo de la cultura celta. En él encontramos también la adoración a la Madre Tierra. Según Manuel Alberro, de la Universidad de Exeter, “para los antiguos celtas y otros pueblos de la antigüedad, las fuentes de la vida estaban probablemente asociadas con la Naturaleza y con la mujer. Y en todos los momentos importantes, de gozo o de dolor, se dirigían a la gran Diosa-Madre-Tierra, a la que honraban en cualquiera de sus diversas formas” (Alberro, 2000: 57) En la tradición celta la Diosa-Madre podía ser una o varias. Normalmente se la representaba en un grupo de tres: doncella, madre y anciana; asociados con los tres estados vitales de la mujer, que a su vez estaban relacionados con las tres fases visibles de la Luna. Esta trinidad femenina era representada por los celtas mediante la imagen de la Triple Espiral, que además también representaba el ciclo de nacimiento, vida y muerte. Todo lo relacionado con la Naturaleza era sagrado para estos pueblos. La estrecha relación de su religión con el mundo natural explica el porqué sus altares eran frecuentemente ubicados en zonas apartadas – en las cimas de los montes, en bosques, pozos y lagunas – (Meenee, 2011: 243). Fig.7.- Triple espiral gravada en una roca del interior del túmulo megalítico de Newgrange, Condado de Meath, Irlanda. Alberro, 2000. Fig.8.- Triple espiral gravada en una roca exterior de la entrada del túmulo megalítico de Newgrange, Condado de Meath, Irlanda. Alberro, 2000.
41 Los cambios de estación así como los periodos de siembra y cosecha eran festejados por estos pueblos. Existían cuatro grandes festividades en el calendario anual celta, a saber: Samain (1 de noviembre): marcaba el final del periodo de verano. Recogían el ganado durante el invierno y ofrendaban a las diosas con los frutos recogidos de las cosechas. También era el momento del año en el que consideraban que los espíritus de los muertos podían visitar el mundo de los vivos. Beltaine (30 de abril/1 de mayo): marcaba la llegada del verano. Soltaban el ganado a los pastos de verano en las montañas haciéndolo pasar por dos grandes hogueras para protegerlos de enfermedades y accidentes (Hogueras o Fuegos de Beltane). También era el periodo propicio para celebrar los matrimonios, pues también se festejaba la unión sagrada entre la Diosa y el Dios simbolizando la fertilidad de la Naturaleza. Fig. 9.- La Triple Diosa (Virgen, Madre y Anciana). “La Trinidad de la Diosa es el Gran Círculo –La que abraza el Todo, asegurándose de que las Mujeres Crean” Meenee, 2011: 126. El ciclo de la Luna está relacionado con la menstruación de las mujeres y con las estaciones del año, así como con las tres etapas vitales de la mujer. Es el ciclo de nacimiento, vida y muerte. Comienza con la Luna Creciente que simboliza la primavera y a la mujer Virgen. Continúa con la Luna Llena que se corresponde con la figura de la Madre y simboliza la plenitud del verano. La fase de la Bruja o la Sabia Anciana se corresponde con la Luna Menguante y con el ocaso del otoño. Por último, el ciclo finaliza con la Luna Nueva, que al estar tres días oculta, representa la Muerte y el invierno.
48 combatir la idolatría que aún predominaba en estas comunidades rurales. No es lícito – dice el canon 72 – conservar las tradiciones de los gentiles, ni festejarlas, ni tomar en cuenta los elementos, o el curso de la luna o de las estrellas o la vana falacia de los astros para la construcción de las casas o para la siembra, para la plantación de los árboles o la celebración del matrimonio (Orlandis, 1999: 242). Para Brian Levack (1995:57), una de las tácticas más eficaces de la iglesia cristiana en relación con los conversos reales o potenciales que seguían adorando a sus dioses paganos fue la de demonizarlos – afirmar que tales deidades eran en realidad demonios o el diablo en persona –. La demonización de las religiones con las que competía el cristianismo comienza prácticamente a partir del inicio de la campaña de evangelización (s.IV), pero toma fuerza a partir de los siglos XI y XII con la creencia de que el diablo arrastra a los hombres al pecado y a la condenación, y se instaura definitivamente en la mentalidad occidental cinco siglos después con la publicación de la Bula papal Summis desiderantes affectibus – conocida como la ‘bula sobre las brujas’ – de Inocencio VIII, el 9 de diciembre de 1448. Con este documento se autorizaba a los inquisidores a erradicar las herejías que los eclesiásticos denominaron ‘brujería’: “Por cuanto Nos, como es Nuestro deber, Nos sentimos profundamente deseosos de eliminar todos los impedimentos y obstáculos que pudieren retardar y dificultar la buena obra de los Inquisidores, así como de aplicar potentes remedios para impedir que la enfermedad de la herejía y otras infamias dan su ponzoña para destrucción de muchas almas inocentes.” Esta bula dio pie a la publicación de numerosos tratados de demonología, como por ejemplo, el tratado De la Demonomanie des sorciers de Jean Bordin, Monstruos y prodigios de Ambroise Paré o el ya clásico y más leído en la época después de la Biblia Malleus Maleficarum, de dos monjes dominicos, Heinrich Kramer y Jacobus Sprenger. Todo aquello que carecía de una explicación racional, como las condiciones climáticas adversas, las malas cosechas, las enfermedades o el nacimiento de niños deformes fue considerado obra del diablo. La existencia del demonio condicionó la vida de la gente y fue aprovechado por las autoridades civiles y eclesiásticas para deslegitimar todas
49 aquellas actitudes y discursos que caían en la transgresión social (Beteta, 2007). El papel predominante de las mujeres en la religión pagana, el hecho de estar en contacto íntimo con la Naturaleza y extraer tanto el alimento como los remedios para curar, la capacidad de recopilar y transmitir de generación en generación la experiencia empírica a la hora de sanar, de intervenir en los partos o de entender y ser dueñas de su propio cuerpo y conocedoras de su sexualidad, les llevó a ser deslegitimadas por los poderes dominantes. Así pues, las comadronas, parteras y sanadoras encarnaban una triple amenaza: eran mujeres, gozaban de un saber denostado por las normas eclesiásticas, y su sabiduría podía rivalizar con el conocimiento científico que se impartía en las universidades (Beteta, 2007). El arte de curar que hasta aquel momento correspondía a las mujeres fue usurpado por el médico varón universitario. Las mujeres no tenían derecho a asistir a las universidades, por lo que su conocimiento, basado en la experiencia acumulada durante generaciones, fue infravalorado y considerado un ‘arte diabólico’ que en vez de curar era capaz de afectar a la salud. La penalización recibida por las sanadoras o parteras por practicar medicina fue la muerte. Como se expresó en el Malleus Maleficarum: “Una mujer que tiene la osadía de curar sin haber estudiado es una bruja y debe morir.” Como ‘lucha de profesiones’ entienden también la caza de brujas autoras como B. Ehrenreich y D. English. Con el reconocimiento del monopolio corporativo de la profesión médica, estos profesionales obtienen la exclusividad en el ejercicio de las prácticas de curación. Curanderas, sanadores, brujos y toda una pléyade de especialistas milenarios en aliviar el dolor y el sufrimiento mediante remedios naturales, estrechamente ligados a la naturaleza, a la secular deslegitimación y persecución de sus prácticas por parte de la Iglesia ven ahora añadida una deslegitimación y persecución jurídica y política. Mientras que las sanadoras y curanderos trabajaban en una red de intercambio de conocimientos y apoyo mutuo, el médico profesional atesoró su saber poniéndolo en el mercado sólo para quienes lo pudieran pagar: el oficio de sanar gente podía convertirse en mercancía, y además con
50 un alto precio en el mercado, sólo si era exclusivo o escaso. (B. Ehrenreich y D. English, 1990: 50 y ss.). La demonización de las mujeres por tanto no fue casual. El miedo del poder patriarcal ante la importancia de la mujer en las sociedades donde se quería instaurar el Cristianismo las convirtió en una amenaza que había que erradicar y silenciar. La tentación de Eva por el diablo relatado en el Génesis llevó a las mujeres a ser consideradas de naturaleza diabólica y a ser relacionadas con el mal. Tertuliano, en El adorno de las mujeres, resaltó esa facilidad de las mujeres para ser tentadas por el demonio: “(…) ¿No sabes que tú eres Eva? (…) Tú eres la puerta del diablo, tú eres la que abriste el sello de aquel árbol, tú eres la primera transgresora de la ley divina. Tú eres la que persuadiste a aquél a quien el diablo no pudo atacar; tú destruiste tan fácilmente al hombre, imagen de Dios; por tu merecimiento, esto es, por la muerte, incluso tuvo que morir el Hijo de Dios” (Beteta, 2007: sp) También el tratado de brujería Malleus Maleficarum recrudeció el discurso misógino imperante con afirmaciones tales como: “Y cuando se dice que el corazón de ellas es una red, se habla de la inescrutable malicia que reina en su corazón”, “todas las malignidades son poca cosa en comparación con las de una mujer” o “toda la brujería proviene del apetito carnal que en las mujeres es insaciable”. En este contexto social y religioso, a las curanderas, sanadoras, parteras y a las mujeres que profesaban una espiritualidad pagana, es decir, a las mujeres rurales que convivían íntimamente con la Naturaleza y por tanto, participaban en fiestas y celebraban tradiciones basadas en los ciclos de la Naturaleza, se las llamó ‘brujas’, y se las acusó de hacer pactos con el demonio y de practicar brujería.
51 En inglés bruja es witch que procede del anglosajón wicce que significa persona sabia, sacerdotisa, chamana. En español bruja viene de bruxa, utilizado en Cataluña a finales del siglo XIII para designar a un demonio femenino o súcubo; o también de broxa, en Huesca, o brouche en el sur de Francia, para hablar de mujer que efectúa sortilegios y hechizos. En Galicia son meigas, aunque se puede distinguir entre sabias o curanderas a mujeres que curan las enfermedades con hierbas y plantas; bruxas a mujeres que curan con oraciones; y voladoras a las relacionadas con el diablo. El término ‘brujería’ lo acuñó la Inquisición para definir la adoración al diablo. Por el contrario, la brujería consistía en determinados vestigios de religiones ancestrales naturales que existían por Europa antes de la imposición del cristianismo (Echazarra, 2007). No es hasta la aparición del cristianismo cuando surge el culto opuesto a él, el satanismo, que según Echazarra no es más que un culto al diablo practicado por gentes que con mayor o menor convencimiento de la existencia del demonio, promueven el mal con fines muy terrenales. La caza de brujas que asoló Europa en los siglos XV y XVI fue la responsable del mayor holocausto de la historia cometido contra la mujer. Se estima que unas 100.000 personas perdieron la vida, la gran mayoría mujeres23, por practicar brujería. La caza de brujas implicó sumisión política, ortodoxia cristiana y disciplina social. También pretendía erradicar el contra poder femenino que las brujas representaban. Los procesos de brujería estaban basados en hacer confesar mediante los más viles tormentos sexuales a las mujeres acusadas, para posteriormente ser condenadas a morir en la hoguera o en la horca. Según Levack: “los juicios de brujería pueden verse como una forma de conflicto cultural y social en el que una clase gobernante instruida intentaba adaptar al campesinado analfabeto a su visión del mundo; el resultado fue que, al intentarlo, suprimió, o transformó al menos, fundamentalmente todo un conjunto de creencias populares” (Levack, 1995: 89-90).
52 Muchas de las explicaciones que encontramos en los libros de historia sobre los procesos de brujería están encaminadas a considerarlos como el resultado de una histeria masiva (Eisler, 2005), pero para Barbara Ehrenreich y Deidre English, “la obsesión por las brujas no era ni una fiesta de linchamiento ni un suicidio en masa de mujeres histéricas. En lugar de eso, seguía procedimientos bien ordenados y legalistas. Las cazas de brujas eran campañas bien organizadas, iniciadas, financiadas y ejecutadas por la Iglesia y el Estado.” (Barbara Ehrenreich y Deidre English citadas en Eisler, 2005: 158) Para concluir, la caza de brujas implicó la infravaloración de las mujeres y la consiguiente subyugación al poder masculino, la desacreditación de los saberes acumulados tras siglos de experiencia y la destrucción y demonización de la espiritualidad adoradora de la Diosa, donde la Naturaleza era sagrada y la mujer considerada un elemento importante en la sociedad. La desacralización de la Naturaleza y su posterior trato como una máquina coincide con la subyugación de las mujeres a los poderes patriarcales. La sumisión de la Naturaleza y las mujeres forma parte del complejo histórico de la Modernidad. María Mies piensa que el holocausto de las brujas en la primera modernidad fue el cimiento para edificar el nuevo modelo de patriarcado capitalista y su invención de una nueva feminidad sometida, débil y romantizada. (Guerra M.S., 2005: 117). 23 Las mujeres, tanto jóvenes como viejas, e incluso niñas, representaron hasta el 85 por 100 de las ejecuciones. (Ehrenreich, B. y English, D., 1990)
53 La filosofía de la cultura occidental y su manera de ‘pensar’ la Naturaleza Nuestra forma de sentir (culturalmente) condiciona nuestra forma de actuar (ecológicamente), es decir, “lo que la gente hace con su ecología depende de lo que piensan de sí mismos en relación con las cosas de su entorno” (White, 1967:91). Así, en nuestra cultura occidental, unos valores instaurados de explotación de la Naturaleza parecen naturales e incluso necesarios para la realización del ser humano y para el progreso de la especie. La religión, la espiritualidad, la forma de sentir y estar en el mundo de los pueblos y sociedades que han ocupado el planeta a lo largo del tiempo han influido en su forma de interactuar con su medio ambiente. La religión, tal y como la considera Émile Durkheim, es un hecho social, y como tal, se convierte en algo que es más poderoso que sus practicantes, a quienes se les impone y determina. Para Durkheim la función de la religión es la de cohesionar socialmente a un grupo, esto es, las experiencias religiosas colectivas, como los ritos, los cultos y las creencias, permiten cohesionar a un grupo alrededor de un conjunto de prácticas que transcienden a los individuos. Esto es así porque el mundo de lo sagrado esconde una dimensión social que representa la fuerza moral de la sociedad, con lo que los ritos y las creencias religiosas reflejan y al mismo tiempo apoyan el andamiaje moral que soporta la organización social (Durkheim, 1992). En Las formas elementales de la vida religiosa (1992), el sociólogo francés se propone discernir los principios universales en las formas más elementales de pensamiento religioso y tratar de comprender la religión en su sentido simbólico y metafórico, donde la realidad social sería la realidad concreta que en ella se expresa. Es en la distinción entre lo sagrado y lo profano y no en la creencia en seres sobrenaturales, donde Durkheim caracteriza la esencia de la religión; lo religioso se define por establecer una “división bipartita del universo conocido y conocible en dos géneros que comprenden todo lo que existe, pero que se excluyen radicalmente. Las cosas sagradas son aquellas que las prohibiciones protegen y aíslan, las cosas profanas aquellas a las que se aplican estas prohibiciones y que deben quedar a distancia de las primeras”
54 (Durkheim, 1992:36). Esta escisión no es, para él, un rasgo especial de sólo ciertas sociedades, sino algo común e inherente a cualquier forma de sociabilidad, por lo que es de presumir que también lo será de las sociedades modernas aunque en ellas pueda aparecer velada. En este sentido, consideramos que la religión y las creencias religiosas expresan la naturaleza social del individuo y su conexión con su medio ambiente, influyendo en gran medida en la evolución histórica de una sociedad y marcando unas pautas de comportamiento de sus miembros, las cuales aparecen reflejadas en su cultura. El ‘respeto’ por el medio ambiente viene definido por el equilibrio natural que facilita una sociedad a su entorno, es decir, por el hecho de vivir en armonía con todo lo que le rodea. Entendemos que todo ser viviente modificará de alguna manera su entorno natural más cercano, pero sin llegar a producir un desequilibrio tal que se vea perjudicado el medio ambiente en general. Es por ello que nos atrevemos a decir que las culturas que adoraban o sacralizaban a la Naturaleza respetaban, en el sentido arriba expuesto, el medio ambiente. Según Francisco Aramburu, estos pueblos primitivos cazan y recolectan, conocen perfectamente la distribución de los medios de subsistencia en el espacio y en el tiempo, incluso practican formas pre-neolíticas de agricultura; pero, con todo, la huella que dejan en el paisaje es mínima (Aramburu, 2000: 74). Esto no implica necesariamente que las religiones que no consideran sagrada la Naturaleza no respeten su entorno natural24, pero sí nos facilita la comprensión de sus actuaciones. Pero el concepto de Naturaleza no es el mismo para todo el mundo, depende del contexto histórico y cultural de cada sociedad o grupo. Al contrario de lo que sucede en nuestra cultura occidental, donde la Naturaleza está separada de la esfera social y es considerada como almacén de recursos infinitos y no es valorada como un bien común necesario para la vida y la supervivencia del ser humano, muchas culturas indígenas no distinguen lo natural de lo social, ya que integran todo lo que les rodea – 24 Hablamos en términos generales de respeto por el medio ambiente según una manera de ‘pensar’ la Naturaleza, y no en términos particulares (existen, por ejemplo, cristianos que respetan y cuidan el medio ambiente).
55 la flora, la fauna y los objetos inanimados – en su propia vida. Un ejemplo de ello lo encontramos en los carrier del actual Canadá: “Sabemos lo que hacen los animales, cuáles son las necesidades del castor, del oso, del salmón y de las demás criaturas, porque antaño, los hombre se casaban con ellos y adquirían ese saber de sus esposas animales. Los blancos han vivido poco tiempo en este país y no conocen mayor cosa de los animales; nosotros estamos aquí desde hace miles de años y hace mucho tiempo que los propios animales nos han instruido. Los blancos anotan todo en un libro, para no olvidar; pero nuestros ancestros se desposaron con los animales, aprendiendo todos sus usos y han trasmitido estos conocimientos de generación en generación” (LéviStrauss, 1992: 63). Como queda bien explícito en la metáfora ‘esposas animales’, este grupo canadiense no distingue entre lo que serían prácticas naturales, como por ejemplo, las necesidades de los animales, de las prácticas sociales como el matrimonio o la enseñanza. Tanto este grupo indígena, como muchos otros, piensan la Naturaleza formando parte de ella, es decir, como un todo donde todas las partes están interconectadas entre sí, provocando relaciones de necesidad y complementación entre ellas. Lynn White en su artículo “Las raíces históricas de nuestra crisis ecológica” publicado en la revista Science en 1967, considera que la religión, en concreto el cristianismo, tiene mucho que ver en la actual crisis medioambiental. El axioma judeocristiano que considera a la Naturaleza como ‘algo’ para uso y disfrute del hombre fue adoptado por la cultura occidental y bendecido por los padres de la ciencia moderna allá por el siglo XVII para poder así experimentar libremente con la Naturaleza. Este marcado androcentrismo lo encontramos en el primer relato del Génesis donde Dios crea al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, y les insta a crecer y a multiplicarse, así como a dominar al resto de la creación: “Después dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los
56 ganados, sobre las fieras campestres y sobre los reptiles de la tierra. Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó. Y Dios los bendijo diciendo: sed prolíficos y multiplicaos, poblad la tierra y sometedla (...). Dios bendijo a Noé y a sus hijos diciéndoles: sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra; imponed miedo y terror a todos los animales de la tierra, a todas las aves del cielo, así como a todo lo que se mueve sobre la tierra y a todos los peces del mar. Todos están en vuestra mano. Todo cuanto se mueve y tiene vida sobre la tierra os servirá de alimento.” (Génesis 1: 26-29 y 9: 1-3) Vemos como, a diferencia de los carrier, la cultura judeo-cristiana y su versión secularizada moderna, sí establecen esa distinción entre Naturaleza y sociedad como una diferencia fundamental, al tiempo que desarrollan una concepción que subordina claramente la primera a la segunda (Herrera y Lizcano, 2011). Es más, en el segundo relato de la creación, por causa del Pecado y la Caída, al hombre le dijo Dios: “(…) maldito sea el suelo por tu causa” (Génesis 3, 17) No obstante, es importante destacar aquí que los valores de explotación de la Naturaleza que se reflejan en la Biblia, en concreto en los relatos del Génesis, no implican que los cristianos de la época, ni los actuales, infravaloren conscientemente su medio ambiente. “El respeto a la vida, el equilibrio de la Naturaleza y la admiración hacia su belleza han formado parte de las convicciones básicas del acervo judeocristiano” (Ibáñez, 2001:51). Pero en el tránsito de la Edad Media a la Modernidad se van instalando nuevos valores marcados por las grandes transformaciones del momento: incorporación de América a la cosmovisión europea, eclosión del humanismo renacentista, surgimiento de la figura del individuo, expansión de la imprenta, emergencia de los fundamentos de lo que se llamará la ciencia moderna (racionalismo, naturalismo, experimentación)… El objetivo del conocimiento ya no será, o no sólo, el descubrimiento y contemplación de la Naturaleza sino su dominio. Como ya manifestaron Bacon o Hobbes, sólo así el hombre podrá sobrevivir. Actualizando las palabras de M. Weber (1969), el mundo de la vida comienza a des-
57 encantarse, a secularizarse, las acciones de los individuos se vuelven racionales en tanto que se eliminan las consideraciones religiosas, místicas o sobrenaturales para decidir entre distintos campos de acción correspondientes con distintos motivos. Estos valores de dominación surgen, por tanto, en un contexto histórico concreto y se convirtieron, como veremos, en axiomas válidos y necesarios para la experimentación con la Naturaleza por parte de los padres de la ciencia moderna a partir del siglo XVII. Esta dominación se extenderá también a la mujer. Enraizada en la cultura judeocristiana y asumida por la cultura occidental la infravaloración de la mujer con respecto al hombre se legitima política y científicamente. No pretendemos con ello, negar que la superioridad del hombre con respecto a la mujer no haya existido en la cultura occidental hasta la aparición del cristianismo o, incluso, hasta la formación de la ciencia moderna. Pero antes, la mujer, aunque considerada inferior, ocupaba un terreno incierto que ya la cultura judeocristiana sí delimita. En la Roma antigua, por ejemplo, encontramos el culto a Juno Lucina el cual estaba dedicado a favorecer el alumbramiento. El hecho de que su festejo coincida el mismo día que el dedicado al dios Marte – dios de la guerra y festejado por los hombres –, implica la marcada diferencia entre el rol del hombre y el rol de la mujer en la sociedad romana. La función de la mujer no fue otra que procrear y cuidar de los hijos, mientras que al hombre se le valoró por sus habilidades en el campo de batalla. Mientras la festividad de Marte era festejada públicamente por los hombres, la de Juno Lucina quedaba relegada a la intimidad de la casa o el templo adjudicado a tal fin25. Esto ilustra la eficaz “influencia de la religión en la transmisión y legitimación de un determinado modelo social; en este caso, la organización patriarcal de la sociedad romana pretendía también, y especialmente, su justificación en el orden divino, que, al igual que ocurría entre los mortales, seguía distinguiendo lo masculino y lo femenino desde la desigualdad” (Cid, 2007: 372). Eva -la mujerfue formada a partir de una costilla de Adán. Es mujer, pero, además, pecadora e impura ya que fue ella quien indujo a Adán a comer del fruto prohibido y
64 revolución industrial, apareciera la idea de progreso, un progreso ilimitado e irreversible (Aramburu, 2000). Durante la revolución industrial se asumió la creencia de que el progreso era equivalente a la producción de riqueza material y fue por tanto, en este momento, cuando los recursos naturales pasaron a ser tratados como capital. El agua, el suelo, la flora, la fauna, los minerales,… fueron considerados bienes que podían transformarse y venderse obteniéndose con ello riqueza material. La idea de crecimiento ilimitado y de Naturaleza inagotable primaba ante las tesis pesimistas de R. Malthus o David Ricardo – que presagiaban un crecimiento de la población combinado con una finitud de los recursos naturales –, ya que la población mundial del momento no superaba los 1000 millones de habitantes y los recursos, tanto del subsuelo como de la superficie, estaban casi intactos.
65 Del capitalismo de producción al neocapitalismo de consumo Gracias a los logros tecnológicos y al desarrollo de la ciencia así como al capital obtenido a partir de la colonización, es decir, del saqueo, el exterminio y la esclavización de América, África y la India, surge la revolución industrial en Gran Bretaña durante el s. XVII y XVIII, dando lugar a un nuevo sistema económico, el capitalismo. La acumulación primitiva de capital se llevó a cabo saqueando a las colonias y permitió a los capitalistas crear las industrias, las cuales producirían las manufacturas que luego serían vendidas a los países colonizados. La proliferación de fábricas en los núcleos urbanos hizo que el campesinado abandonara sus campos para poder trabajar en ellas produciéndose un cambio en la estructura de la sociedad. Las ciudades crecieron debido al éxodo rural y la sociedad se vio transformada y estratificada en lo que Karl Marx denominaría clases sociales, las cuales, estaban formadas por los grupos de personas que se distinguían por la propiedad o no propiedad de los medios de producción. Los grupos que poseían los medios de producción eran los capitalistas, mientras que los que trabajaban para ellos como asalariados eran los obreros. Existía otro grupo, la pequeña burguesía, formada por profesionales independientes que trabajaban para ellos mismos sin la necesidad de emplear a los obreros. Marx estudió las estructuras de la sociedad capitalista y observó que producían una alienación del obrero con el producto de su trabajo, y una alienación del ser humano respecto a la Naturaleza. En un principio las personas producían o adquirían lo que necesitaban para sobrevivir mediante su interacción con la Naturaleza u otras personas. Estos objetos producidos para el uso de una persona o de varias en su entorno más inmediato constituían según Marx los valores de uso. Con el capitalismo las mercancías producidas por los obreros son comercializadas, es decir, cambiadas por dinero pasando a tener por tanto un valor de cambio. El problema de la mercancía que analiza Marx reside en el hecho de que los trabajadores una vez producen la mercancía se desentienden de ella y deben trabajar para poder comprarla. Pero el
66 valor de cambio de la mercancía lleva añadido, además de lo que le cuesta al capitalista el salario del obrero, un plus, que se lleva el capitalista. Marx definió ese plus que el obrero produce una vez que ya ha producido su salario como plusvalía. A esto es a lo que le llamó Marx el fetichismo de la mercancía pues oculta las condiciones de su producción y hace que los obreros olviden que es su trabajo el que confiere a las mercancías su valor. De este modo, el sistema capitalista explotaba a los trabajadores, es decir, a los responsables de la creación de los productos, los cuales habían olvidado o no eran conscientes de que mediante su trabajo, eran ellos los que los habían producido. El capitalismo provoca la alienación del trabajador a su trabajo. Pero, también, los seres humanos subsisten al interactuar productivamente con la Naturaleza además de ser una forma de expresar su vida en lo intelectual, lo estético o lo espiritual. Con el capitalismo se produce también una alienación del ser humano con respecto a la Naturaleza. Extrae de ella los recursos naturales necesarios para producir capital influyendo sobre ella de una manera nefasta y olvidando que es necesaria para su supervivencia. Marx, en un párrafo de “El capital” expresa algunas de las consecuencias de esta alienación: “Todo progreso de la agricultura capitalista no sólo es un progreso en el arte de esquilmar al obrero, sino a la vez en el arte de esquilmar al suelo; todo progreso de su fertilidad en un periodo determinado significa a la vez un progreso en la ruina de las fuentes permanentes de esa fertilidad. (…) *La producción capitalista+ perturba el metabolismo entre el hombre y la tierra, esto es, el retorno al suelo de aquellos elementos constitutivos del mismo que han sido consumidos por el hombre bajo la forma de alimentos y vestimenta, retorno que es condición natural y eterna de la fertilidad permanente del suelo. Ni siquiera toda una sociedad, una nación o, es más, todas las sociedades contemporáneas reunidas, son propietarias de la Tierra. Sólo son sus poseedoras, sus usufructuarias, y deben legarla mejorada, como buoni patres familia, a las generaciones venideras.”
67 Como se observa, Marx parece preocupado por los problemas ambientales e incluso por tener en cuenta a las generaciones futuras a la hora de consumir los recursos naturales (es obvia la sintonía de la definición clásica de desarrollo sostenible del informe Brutland con esta idea de Marx)27. Por otra parte, con el pensador alemán se produce una ruptura en cuanto a la forma de ver la relación entre Naturaleza y sociedad. Marx parte de la idea de que se establece una relación dialéctica entre el hombre y la Naturaleza: la Naturaleza es una serie incesante de unidades de opuestos que son mutuamente creativos, mutuamente destructivos y están mutuamente transformándose, y el hombre es parte de esa naturaleza. Ahora bien, la relación que se plantea es de dominio, el dominio de la Naturaleza como medio de autorrealización humana que se expresa mediante el trabajo. El ser humano transforma la Naturaleza y la modifica. Toda producción, dice Marx, “es la apropiación de la naturaleza por el individuo dentro y a través de una determinada forma de sociedad” (Pardo, 1998). Así pues, Marx considera el medio ambiente como un recurso o materia prima para la producción de objetos. No es esta la opinión de los denominados ecomarxistas, que reelaboran y utilizan la teoría marxista introduciendo el factor ambiental. De esta forma y desde el enfoque conflictivista, señalan las dos contradicciones del capitalismo: por un lado, la potencial rebelión de la fuerza de trabajo como consecuencia de la explotación capitalista y, por otro, la crisis ecológica como consecuencia de la explotación capitalista de los recursos naturales. El sistema capitalista además de considerar a la Naturaleza únicamente como recurso natural, consideró el trabajo de la mujer de producir y reproducir la vida como improductivo y el trabajo masculino proveedor de mercancías como productivo. Según Vandana Shiva (1995) el trabajo masculino se convirtió en la fuente de dinero capaz de cubrir todas las necesidades y proporcionar las comodidades de la vida. Esta suposición que se extendió a todas las comunidades humanas provocó que la Naturaleza dejara de ser una fuente de riqueza y sustento, que las tareas de las 27 Afirmaciones como éstas han llevado a muchos estudiosos a calificar a Marx como el primer ecologista, aunque también son patentes en su extensa obra la idea de subordinación de la naturaleza al hombre.
68 mujeres para proporcionar sustento dejaran de considerarse trabajo productivo, y que las sociedades campesinas y tribales dejaran de ser productivas y creativas. Todo esto quedó al margen de la sociedad industrial, salvo como recursos e insumos (Shiva, 1995: 84). Shiva opina que con todo esto, “la desvalorización y falta de reconocimiento del trabajo y productividad de la naturaleza motivó las crisis ecológicas; el descreimiento y falta de reconocimiento del trabajo femenino creó sexismo y desigualdad entre hombres y mujeres. La desvalorización de las economías de subsistencia, basadas en la armonía entre la labor de la naturaleza, la de la mujer y la del hombre, han creado las diversas formas de crisis étnicas y culturales que abundan en el mundo de hoy.” (1995: 84) Por su parte, Max Weber dedicó buena parte de su vida al estudio de la religión. Entre otras cosas, se interesó por la relación entre las religiones del mundo y el desarrollo exclusivo del sistema económico capitalista en el mundo occidental. Al analizar las relaciones entre las religiones mundiales y la economía observó que el ascetismo era el primer gran tipo de religiosidad, el cual combinaba la orientación hacia la acción con el compromiso de los creyentes de autonegarse los placeres terrenales. En su obra “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” trató el efecto del protestantismo ascético, en concreto, del calvinismo, en el nacimiento del espíritu del capitalismo. Weber no vinculó el sistema de ideas de la ‘ética protestante’ con la estructura del capitalismo, sino con otro sistema ideológico, el ‘espíritu del capitalismo’. La ética protestante no trata del ascenso del capitalismo, sino más bien del espíritu peculiar, el ethos que hizo posible con el tiempo la existencia del capitalismo. Weber, al fijarse en los países protestantes, notó que los que eran dueños del capital, los trabajadores altamente especializados y el personal comercial y tecnológicamente
69 preparados, eran todos protestantes. Dedujo de este hecho que la elección de esas profesiones tenía como causa el protestantismo. Así pues, la ética protestante es para Weber una “ética social” dedicada a “ganar más y más dinero” al tiempo que evita rigurosamente todo disfrute espontáneo de la vida” (Morris, 1995:86). A diferencia del catolicismo romano, donde la búsqueda de la riqueza material era vista como un acto individualista motivado tal vez por la avaricia y considerado por algunos como un acto inmoral, el deber del protestantismo era incrementar de manera constante su riqueza. El espíritu del capitalismo es, para Weber, un sistema ético y moral, un ethos, que entre otras cosas, subraya el éxito económico. Es un sistema normativo que predica la renuncia a los placeres terrenales y que lleva implícito ideas como: ‘sé laborioso’, ‘el tiempo es dinero’ o ‘ganar dinero es un fin legítimo en sí mismo’. Sobre todo, fomenta la idea de que es un deber de las personas incrementar de manera constante sus riquezas. Para Weber, el calvinismo fue crucial para el nacimiento del espíritu del capitalismo y fue la versión del protestantismo que más le interesó para explicar este hecho. El calvinismo se caracterizaba por creer que sólo es elegido para la salvación un pequeño número de personas. Esto implicaba la idea de predestinación, por la que las personas estaban predestinadas a salvarse o a condenarse sin que nada pudiera alterar ese destino. Ante la duda de los creyentes de si estaban o no entre los elegidos, los calvinistas desarrollaron la idea de la existencia de signos que indicarían si la persona se salvaría o no. Estos signos se encuentran en el éxito económico, así que los calvinistas fueron obligados a trabajar con ahínco para descubrir las señales de salvación. En definitiva, se obliga a las personas a dedicarse intensamente a una actividad mundana y a convertirse así en ‘hombres de vocación’. Por todo esto, para Weber la relación del calvinismo con el capitalismo la resume de la siguiente manera: “La valoración religiosa del trabajo incesante, continuado y sistemático en la profesión, como medio ascético superior y como comprobación absolutamente segura y visible de regeneración y de autenticidad de la
70 fe, tenía que constituir la más poderosa palanca de expansión del…espíritu del capitalismo” (Weber, 1969: 172) El capitalismo emergente dio prioridad a la producción de medios de producción, dejando subordinado el consumo y provocando un desequilibrio estructural entre sectores al darse una sobreproducción –a pesar de la escasa organización del trabajo y de una muy limitada producciónpero sin mercados que la absorban. Largas jornadas laborales y bajos salarios conforman un consumo de autosubsistencia que choca con esta producción incrementada. Aparece una crisis estructural que sólo podrá ser superada variando profundamente las bases sobre las que se asienta la acumulación. Comienza así una progresiva renovación del proceso productivo basado en la mecanización, parcelación de tareas e intensificación de la fuerza de trabajo, cuyo efecto será la obtención de grandes series de objetos de consumo ante un mercado todavía inalterado (Aglietta, 1979). Con la crisis de los años 20 del siglo pasado, el modelo de producción capitalista se reconvierte, afectando directamente a los modos de consumo -y de vidade la población. Se instaura el “fordismo”, un proceso caracterizado por la cadena de producción. Aquí el trabajo se convierte en una serie de tareas necesarias y repetitivas y la máquina se configura como el principio regulador de su ejecución. Se expropió el saber obrero y su identificación con el trabajo igual que su identificación con los recursos. El consumo, por su parte, jugó un papel fundamental en la creación y transformación de las condiciones de existencia de la clase obrera. Los obreros tratarían ahora de mantener el poder adquisitivo de su salario ya que sólo éste garantizaría que pudieran adquirir los nuevos bienes de consumo. A los capitalistas, por su parte, les interesó esta estabilidad ya que repercutió en la demanda de bienes de consumo y favoreció la fijación de sus perspectivas de producción. Pero el fordismo, además de un método de trabajo, instaura una nueva moral. El espíritu puritano del ahorro fue sustituido por un nuevo ethos: el de imponer la ideología del gasto, es decir, el gasto como forma de vida. Las personas ya no se identificaban con su trabajo (no se era zapatero o albañil o
71 médico), ni con su lugar de procedencia (de Salamanca, hijo de…) sino con su consumo, el consumo comienza a configurar las relaciones sociales. Esta demanda de bienes de consumo cada vez mayor repercute negativamente en el medio ambiente: sobreexplotación de los recursos del planeta, destrucción de la capa de ozono o deforestación de amplias zonas geográficas son algunos ejemplos. No obstante, existen mil formas más en las que el consumismo incide directa o indirectamente en el medio ambiente, ya sea en el proceso de producción o en los vertidos que se generan. Los desechos de los productos causan efectos negativos tanto a nivel cuantitativo como cualitativo, esto es, cuantitativo, debido al almacenamiento incontrolado de la gran cantidad generada de los mismos; y cualitativo, debido a la resistencia de estos desechos a la descomposición (alarmante es el caso de la contaminación que generan las pilas eléctricas, los plásticos inorgánicos o los aceites sintéticos, entre otros). Por otro lado, además de los efectos generados en el medio ambiente también aparecen efectos negativos en el medio social. El consumismo de los países ricos produce un desplazamiento del impacto ecológico que ocasiona, a los países más pobres. Esto es así porque los países pobres son económicamente dependientes y acceden a explotar recursos naturales que ya están agotados o protegidos en los países desarrollados, y también porque genera o incrementa los desequilibrios en la distribución de la energía que se produce en el planeta, y de la cual depende el desarrollo económico y social de estos países terceros (Gutierrez et al, 1997: 96). En el umbral del siglo XXI se pasa de un capitalismo industrial y material a una economía financiera, virtual e inmaterial donde los intercambios comerciales se dan en una red de empresas transnacionales y nacionales. La producción ahora ya no es en masa sino altamente especializada creando un tipo de consumidor insatisfecho que desea constantemente ponerse al día en cuanto a la infinita variedad de nuevos productos que lanza el mercado, los cuales suelen quedar obsoletos en poco tiempo. U. Beck argumenta que las tradicionales sociedades industriales, modernas y regidas por el principio de distribución de los bienes dejan paso a la “sociedad de riesgo” que se rige por el principio de distribución de los daños. Entre estos males o daños se
72 encuentran los peligros de carácter biológico o físico que deterioran el medio ambiente donde viven los seres humanos. La distribución de los males no afecta, pues, a una sola región o Estado, ni a una única clase social o un colectivo específico, como en las tradicionales sociedades industriales, sino a todos los humanos en cualquier parte del mundo. La ciencia ya no resulta ser sólo fuente de solución de problemas, sino generadora de problemas. Junto a sus avances y promesas de liberación, ha introducido peligros de proporciones planetarias antes imposibles, aunque por otro lado, es también la propia ciencia la que asume la investigación de los posibles remedios; esta ‘cientificación reflexiva’ caracterizaría para U. Beck, a una “civilización científica (que) ha entrado en una fase en la cual ya no es sólo la naturaleza, el hombre y la sociedad lo que se somete a criterios científicos sino también ella misma, sus productos, consecuencias y defectos” (Beck, 1998:207). Para el sociólogo alemán, nuestra sociedad es una sociedad de riesgo en la que emerge la conciencia de los individuos de que la modernidad ha alcanzado ciertos límites en su relación con la Naturaleza incrementando las posibilidades de autoaniquilación. Así, la sociedad del riesgo sería esa “fase del desarrollo de la sociedad moderna en la que los peligros sociales, políticos, ecológicos e individuales creados por el impulso de innovación escapan cada vez más a las instituciones de control y protección de la sociedad industrial. *…+ Uso la expresión sociedad del riesgo para aquellas sociedades que han de enfrentarse a los desafíos de una posibilidad, oculta al principio y cada vez más visible después, que ellas mismas han creado: la autodestrucción de toda la vida sobre este planeta” (Beck, 1991:31-32). En un nivel político, las preocupaciones medioambientales han propiciado la creación de una serie de partidos políticos verdes con éxitos electorales significativos, sobre todo en Europa occidental. El surgimiento del ecologismo dio pie a un nuevo desarrollo político que intentará romper las pautas establecidas de la actividad política clásica. Como alternativa a este consumismo del capricho aparece el ‘consumismo verde’ o ‘bioconsumismo’ caracterizado por ser un consumo en el que los consumidores eligen aquellos bienes que consideran medioambientalmente superiores. Esta alternativa
73 está integrada en la corriente principal del ecologismo, donde las demandas ecológicas de los consumidores complementan la aplicación de instrumentos políticos basados en el mercado en el conjunto de la sociedad. Pero es muy cuestionable si un ecologismo basado en el consumidor puede ofrecer algo más que una contribución cosmética para resolver la crisis de las relaciones entre la naturaleza y la sociedad (véase Luke, 1993). Lo que sí parece incuestionable es que con el capitalismo y el actual consumismo de masas el medio ambiente se ha visto indefenso y explotado. Los recursos naturales de los que se alimenta el capitalismo moderno son vistos únicamente como elementos capaces de aumentar la producción, para obtener así, el máximo de beneficios y su correspondiente acumulación de capital.
80 “recuperar en la naturaleza, la mujer y el hombre las formas creativas de ser y percibir. Por lo que se refiere a la naturaleza supone verla como un organismo vivo. Respecto a la mujer supone considerarla productiva y activa. Y por lo que atañe al hombre, la recuperación del principio femenino implica situar de nuevo la acción y la actividad en función de crear sociedades que promuevan la vida y no que la reduzcan y amenacen.” (Shiva, 1995:96) El principio femenino valorado en la cosmovisión india es común en algunas culturas a lo largo de toda la Historia. En la primera parte de este proyecto ha aparecido reflejado en la forma de vida de las gentes del paleolítico y el neolítico así como también en las sociedades precristianas y prepatriarcales. En la actualidad, lo encontramos sumergido esperando poder volver a manifestarse, siendo interesante recuperarlo para afrontar tanto los retos sociales como ecológicos. Como expresa Shiva (1995: 80-81): “El cambio ontológico hacia un futuro ecológicamente sustentable tiene mucho que ganar de las concepciones del mundo de las civilizaciones antiguas y de las diversas culturas que han subsistido durante siglos. Estas se basaban en una ontología de lo femenino como principio de vida; y en una continuidad ontológica entre sociedad y naturaleza: la humanización de la naturaleza y la naturalización de la sociedad. Esto dio como resultado no solamente un contexto ético que excluía las posibilidades de explotación y dominación sino que permitió que se creara una familia terrenal.”
81 Mundo indígena, Pachamama y principio femenino “La Tierra no pertenece al hombre. El hombre pertenece a la Tierra” 33 Actualmente existe una tendencia, ante la búsqueda de una nueva conciencia ambiental por parte de algunos grupos ecologistas y gente sensibilizada con el medio ambiente, de volverse hacia las creencias de los pueblos indígenas de América y de otros lugares como una fuente especial para aprender cómo vivir en armonía con la Naturaleza. Desde los años 70, en todo el mundo, los indígenas han comenzado a ser considerados como actores importantes dentro del discurso ambiental debido a la aparición de un elevado número de documentos de las Naciones Unidas, las ONGs y los programas ambientales. Los indígenas ahora son vistos por las organizaciones en pro del medio ambiente, la comunidad académica, los medios de comunicación y el público en general, como los guardianes de la Naturaleza, eco-héroes34 o nativos ecológicos que protegen el medio ambiente y dan esperanza a la crisis ambiental global (Ulloa, 2001). Para muchas comunidades y pueblos indígenas de todo el mundo la Naturaleza es sagrada. Su relación con ella es de reciprocidad y armonía. Con la globalización y el capitalismo prácticamente muchos de estos pueblos se han visto obligados a transformar sus modos de vida. La destrucción de la Naturaleza por el capitalismo significa la destrucción o la expropiación de sus tierras así como su destrucción o infravaloración a todos los niveles (espiritual, cultural, social, económico,...) implicando, en algunos casos, el genocidio, llevándoles o bien a amoldarse a las nuevas formas de vida que impone Occidente o a la lucha en contra de la opresión que les provoca en muchos casos, la muerte. En ambas situaciones se encuentran desamparados socialmente, viviendo incluso en el umbral de la pobreza. Pasan de 33 Mensaje del Jefe indio Noah Sealth, véase el Anexo. 34 La revista Time tiene una sección denominada ‘eco-héroes’ donde destacan por ejemplo, las actividades de indígenas norteamericanos y brasileños en su lucha por salvar el medio ambiente (Ulloa, 2001).
82 obtener de la Naturaleza todo lo que necesitan para vivir a depender de la economía y el desarrollo occidentales. Como ya hemos comentado anteriormente, la ciencia excluyó como sabiduría no válida la de los pueblos no occidentales y la de las mujeres. Pero su forma de vivir en armonía con la Naturaleza es hoy una “reserva de genes intelectuales de las categorías de pensamiento y acción” (Shiva, 1995: 88). Tanto las mujeres campesinas del Tercer Mundo como los pueblos no occidentales aportan requisitos necesarios para la supervivencia global ya que, según Vandana Shiva, tienen dos tipos de conocimiento que las sociedades dominadoras no pueden adquirir35: 1. Tienen el conocimiento de lo que significa ser víctimas del progreso, los únicos que soportan los costes y las cargas. 2. Tienen el conocimiento holístico y ecológico de lo que se entiende por producción y protección de la vida. Conservan la capacidad de ver la vida de la Naturaleza como una condición previa para la supervivencia humana y la integridad de la interconexión de la Naturaleza como condición previa para la vida. Por tanto y para concluir: “La recuperación intelectual del principio femenino crea nuevas condiciones para que las mujeres y las culturas no occidentales se conviertan en actores principales en el establecimiento de una democracia de todo lo viviente, como fuerzas que contrarresten la cultura intelectual de muerte y prescindibilidad que crea el reduccionismo.” (Shiva, 1995: 75) A continuación hemos querido incluir el culto a la Pachamama del noroeste argentino como ejemplo de culto a la Madre Tierra que ha logrado sobrevivir hasta nuestros días, sincretizado, eso sí, con la religión católica, donde se puede observar la esencia del principio femenino y lo que implica. 35 Shiva 1995:88.
83 El culto a la Pachamama en el noroeste argentino “En el altiplano andino, mama es la Virgen y mama son la tierra y el tiempo. Se enoja la tierra, la madre tierra, la Pachamama, si alguien bebe sin convidarla. Cuando ella tiene mucha sed, rompe la vasija y la derrama. A ella se ofrece la placenta del recién nacido, enterrándola entre las flores, para que viva el niño; y para que viva el amor, los amantes entierran sus cabellos anudados. La diosa tierra recoge en sus brazos a los cansados y a los rotos, que de ella han brotado, y se abre para darles refugio al fin del viaje. Desde debajo de la tierra, los muertos la florecen. ” Eduardo Galeano (2009) 36 Para muchas comunidades quechuas y aymaras, y otros grupos étnicos que han sufrido la influencia quechua-aymara, de las áreas andinas de Ecuador, Perú, Bolivia, norte de Chile y noroeste de Argentina, la Pachamama (o Madre Tierra) es considerada la divinidad más importante. Según Ethel (Wara) Alderete (2005), de la Universidad Nacional de Jujuy, Pachamama o Pacha es el concepto que vincula a los seres humanos con el Universo. En el idioma quechua, Pacha significa ‘Tierra’ y Mama ‘Madre’. Pero Pacha significa además universo, cosmos, origen o procedencia, y también significa tanto tiempo como lugar. Pacha posee atributos materiales y espirituales y está representada por la tierra, desempeñando un rol central en los rituales andinos (Alderete, 2005). Se le ofrecían sacrificios de sangre y la ofrenda del primer trago, el primer bocado y el primer fruto de la recolección (Martínez, 2000). Se la considera la gran diosa de la tierra y está vinculada con la vida y con la Luna; es una divinidad protectora, da cobijo a los hombres, produce la vida y mantiene la fecundidad y la fertilidad. A cambio de 36 Extraído de Memoria del fuego: Las caras y las máscaras. Fig.14.- Mandala de la Pachamama. Disponible en: http://skfandra.wordpress.com/201 1/04/30/11-derechos-delapachamama-olca/
84 todo esto, el originario que la venere siente la necesidad de ofrendar a la ‘Pacha’ parte de lo que de ella recibe, configurándose así una suerte de reciprocidad. Antes de hablar de la Pachamama y para poder entender su culto, hay que conocer cuál es el pensamiento filosófico de las comunidades originarias. Cuando uno habla de pensamiento filosófico de los pueblos originarios está hablando de una manera de entrar en relación con el otro, de estar en el mundo y de relacionarse con el cosmos. La filosofía o forma de estar en el mundo de la cultura occidental apunta al ser de las cosas, mientras que la de la cultura originaria al estar. En el pensamiento originario, el individuo forma parte del todo, no es el todo. Y al ser parte del todo, depende del resto de las partes – que además son distintas unas a otras – para ser, para existir. El hombre y la mujer originarios entienden que son distintos, que tienen una manera de pensar, de sentir, de estar en el mundo distinta. Así como entienden que son diferentes del resto de criaturas que conforman este todo, saben que sin ellas es imposible vivir. No es tanto igualdad, sino diversidad. Comprenden que el otro, sea hombre, mujer, animal o vegetal, es tan importante como él es tan importante. Como me expresó el Sr. Víctor Acebo, originario de la comunidad de los chichas y presidente y profesor del Instituto de Culturas Aborígenes de Córdoba (Argentina): “Yo soy una parte de aquello que es mucho más amplio que yo, que es mucho más grande que yo, y si yo soy parte, significa que sin el otro yo no puedo vivir. Esto es fuerte…, sin el otro yo no puedo vivir porque necesito del otro. Así como necesito del agua, necesito del aire, necesito de las plantas, necesito de la tierra…Entonces, de tal manera, si yo necesito del otro, si el otro es importante para mí ¿qué hago? Lo respeto, lo cuido, lo amo, no degrado, no desautorizo, no humillo, no mato… Este es el pensamiento de los pueblos originarios. (…) Para nosotros no es tanto la igualdad, sino estar dentro de la diversidad, vivir en armonía sin que el otro deje de ser lo que es. Esto es la gran riqueza, y creo que esto es lo que no entendieron haya por el año mil cuatro noventa y dos.”
85 Para Acebo el ‘otro’ hace referencia a las plantas, a los animales, a otro ser humano, a las cosas inmateriales,…todos ellos necesarios para la pervivencia del todo. Las relaciones entre las partes no son de igualdad sino de complementariedad. Por ejemplo, en estas comunidades andinas, el rol del hombre y de la mujer ante el trabajo desarrollado en el campo no es el mismo. El hombre ara la tierra y la prepara para la siembra. La mujer, al ser considerada dadora de vida, es la que esparce las semillas. Son roles distintos pero complementarios, y ambos igualmente importantes. Ello contrasta con la cosmovisión occidental, donde el individuo, ‘igual’ que otro individuo, y que otro… forman el todo. Individuos desagregados, únicos, egoístas –en el más puro estilo económicofrente a la comunidad, frente al grupo o clan; e individuos frente a la Naturaleza, una fuente constante de amenazas a dominar. Valores como la competencia o el individualismo son propios del mundo occidental, mientras que en el mundo indígena es característica la solidaridad de grupo. Además, los occidentales no entendemos que sin la Naturaleza, sin el todo, no podemos vivir. Nos creemos con el derecho de dominarla sin imaginar que dependemos de ella para nuestra supervivencia. La consideramos como algo ajeno al ser humano que se puede transformar o explotar a nuestra conveniencia y no la consideramos como la fuente de vida que realmente es37. El hecho de que en el Noroeste argentino las condiciones edáficas sean duras, debido a un suelo bastante árido y a las pocas precipitaciones anuales, los originarios ven necesario darle las gracias a la Pachamama por los frutos recogidos ante estas condiciones tan extremas, que hace que poder cultivar maíz, trigo o quinua sea un verdadero milagro. Esta acción milagrosa es agradecida por los aborígenes celebrando, el primero del mes de agosto – y también durante todo el mes – una especie de ‘fiesta de la retribución’38 donde se le ofrece a la Pachamama lo obtenido gracias a ella como señal de agradecimiento, o bien, para garantizar prosperidad, buenas cosechas, pedir favores y bendecir los frutos ofrendados por la Madre Tierra. 37Hablamos en términos generales del mundo indígena y del occidental. La globalización en el mundo indígena ha provocado que hoy en día se estén perdiendo los valores que antaño primaban, como la solidaridad de grupo. El individualismo y la competencia, entre otros valores propios de la cultura occidental, ganan terreno en el mundo indígena a medida que éste sucumbe a su occidentalización. 38 Expresión utilizada por el Sr. Víctor Acebo para expresar la festividad.
86 La práctica ritual realizada durante ese primero de agosto se denomina ‘corpachada’. La ofrenda que se realiza durante esta práctica tiene la capacidad de actualizar la relación del originario con la tierra. Durante la misma se produce una traslación del cuerpo humano al cuerpo de la tierra; de esta manera la Pachamama se corporeiza al realizar las mismas actividades que el hombre (Barei, S. y Arancibia, V., 2010). Según Cynthia Folquer 39 (2006): “La corpachada es una plegaria, un compromiso eterno entre el hombre y la Pacha, es un deber sagrado que los dos deben cumplir. Pachamama, Madre Tierra o Santa Tierra, siente hambre y sed lo mismo que cualquier mortal y es preciso alimentarla y hacerla beber, o dicho de otra manera, es necesario corpacharla. Corpachar es por lo tanto dar de beber y comer a la tierra. Con este fin preparan comida, compran alcohol, vino y cigarrillos, vierten parte de esto en un pequeño pozo hecho en un ángulo del cerco en donde realizarán la siembra o en el corral de animales. Se arrodillan en ese lugar, se persignan, rezan, invocan a la Pachamama y se incorporan santiguándose, tranquilos y seguros porque la Pacha ha quedado satisfecha.” Además de rendirle culto a la Pachamama durante el mes de agosto, también existen a lo largo del año celebraciones puntuales donde se la venera (por ejemplo en el Carnaval). En cualquier momento del año, las ofrendas a la Pachamama también se pueden encontrar en las orillas de los caminos, en montículos de piedra denominados ‘apachetas’: “Cualquier bebida que se lleve, se destapa la botella y antes de tomar se le puede echar a la Pachamama en la apacheta…que es un rodeadito de piedra ande queda un pocito, ahí se le tira cualquier cosa, una florecita, un cigarro…son antiguas creencias, pero la juventud no cree, dice que ya no existe… Y ella es la dueña de todo lo que Dios ha creado en esos lugares, en todo lugar no sólo en el cerro, aquí mismo los animales, si uno tiene animal le pide a la Pachamama que de cría, que multiplique, 39 Instituto Manuel García Soriano, Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino.
87 que rinda…esas cosas son muy reales…uno le pide permiso a la Pachamama para poder sembrar porque ella es la dueña de toda la tierra.” (Secundino Rasgido, originario de Chaquivíl, provincia de Tucumán, citado en Folquer, 2006) A nivel medioambiental, las ofrendas tanto de estos montículos como la de los dedicados a la Difunta Correa40 pueden generar efectos negativos en el entorno. En un tiempo pasado las ofrendas estarían compuestas de materiales biodegradables, pero en la actualidad, debido a la globalización, cualquier material, como vidrio, plástico o incluso los cigarrillos que sustituyen al tabaco de antaño, puede ser utilizado. El hecho de ofrendar y la devoción, fe o sentimiento que se trasmite en el acto de honrar a la divinidad es lo que verdaderamente debería importar. La ofrenda es importante en tanto en cuanto simbolice el sentimiento que el creyente quiere transmitir. Por tanto una ofrenda biodegradable puede ser intercambiada por la que no lo es y trasmitir con la misma intensidad la fe y devoción que esta última tenía la intención de transmitir. Hay que notar también que la globalización les trae sus inventos, sus fuentes de contaminación, pero no les advierte de los riesgos, de las implicaciones medioambientales negativas que generan, con lo que les es prácticamente imposible saber y actuar en consecuencia para salvaguardar el entorno. Esperamos, por tanto, que la educación ambiental llegue a todos los rincones del planeta donde los productos contaminantes se han instalado, y sean tratados como elementos envenenadores de la Madre Tierra en vez de ser venerados. El no conocer las implicaciones medioambientales negativas de ciertos materiales por parte de los devotos supone una contradicción por el hecho de respetar y adorar a la Fig. 15.- Apacheta dedicada a la Pachamama. Disponible en: http://www.landroverclub.com.ar/viewtopic.php ?t=111907&postdays=0&postorder=asc&start=1 5&sid=6112bd0b0d924af022b484951fb2e985
88 Pachamama por un lado y contaminarla por el otro. Sería interesante el darse cuenta de este hecho y modificar los materiales a utilizar puesto que una ofrenda biodegradable tiene el mismo valor para la divinidad que una no biodegradable, y aún más, teniendo en cuenta que en ocasiones la figura a honrar no es otra que la Madre Tierra. El ritual de la Pachamama en definitiva es un tributo, un homenaje a la fuente que provee de vida a todos los habitantes del planeta: hombres, mujeres, animales y plantas. Para llevarlo a cabo primero se busca un lugar propicio que será el mismo todos los años y se hace un pocito donde se va introduciendo lo que la familia o grupo desea ofrecer a la Tierra (alimentos, bebidas, hojas de coca, tabaco…) en señal de agradecimiento o para solicitar prosperidad, buenas cosechas, fecundidad para el ganado, etc. Es una celebración, una fiesta, un momento para compartir la dicha y la alegría, donde la gente come, bebe, y baila. 40 Leyenda en el Anexo.
89 A continuación se presentan las invocaciones que se le hacen a la Pachamama durante el ritual: Invocaciones a la Pachamama QUECHUA Pachamama llajtayoj, Upii, aculli sumaj mikhukhui Kai jallapha sumaj kanampaj Pachamama sumaj mama Kusilla, kusilla Allinta purichun yuntas Amataj saikhuchunjuchu Allinta muju phutuchun Amataj ima sajra kachunchu Amataj q’asa jappinchunchu Allintaj poq’ochun Q’anmantan mañakuiku Jinataj q’opuguaiku Kusilla, kusilla. CASTELLANO Pachamama de estos lugares Bebe, masca la coca y come a gusto esta ofrenda Para que sea buena esta tierra Pachamama buena madre ¡Sé propicia! ¡Sé propicia! Haz que caminen bien los bueyes Y que no se cansen Haz que brote bien la semilla Que no le suceda nada malo, Que no le tome la helada, Que produzca buena cosecha A ti que te pedimos. Dánoslo todo ¡Sé propicia! ¡Sé propicia!
96 El Neopaganismo: el retorno de la Diosa. “En cada época hay mujeres y hombres cuyas almas han sido tocadas profundamente por la Naturaleza, gente que oye la poesía silenciosa y llena de gracia de las estrellas y que para ellos la hierba y la profundidad de los bosques son los templos del alma. Estas personas son los paganos y las paganas.” Federación Pagana45 Ante la problemática ambiental actual muchas son las voces que se han alzado desde un punto de vista espiritual o religioso a favor de la protección y conservación del medio ambiente. Desde finales de los años 60 y principios de los 70 con el surgimiento de las primeras alertas medioambientales salió a la luz o cobró mayor protagonismo la tradición pagana, llamada actualmente como Neopaganismo. En el Neopaganismo se distinguen varias tradiciones o ‘senderos’, aunque todas ellas comparten la sacralización de la Naturaleza y su defensa y protección. Según Harita Meenee (2011) a esta corriente se la considera la ‘Religión Verde’ debido a que una de sus características principales es la conciencia ecológica. Tal y como expresa Margot Alder: “El objetivo universal del neopaganismo es facilitar la creación de una conciencia desarrollada – que trabaje para ella apoyando todos los movimientos con orientación ecológica, estableciendo comunidades alternativas, señalando posibilidades de supervivencia en el planeta alternativas, y, finalmente despertando a Gaia, la Diosa, de la conciencia planetaria.” (Alder citada en Meenee, 2011: 41) 45 Citado en Meene, 2011: 11.
97 La combinación de esta religión con la ecología ha dado como resultado la aparición del Ecopaganismo, el cual tiene como objetivos sanar la Naturaleza a partir de ceremonias y meditaciones, así como también, en algunos casos, mediante el activismo. En comparación a los códigos de valores establecidos por la sociedad, esta religión aporta una nueva mentalidad basada en los siguientes principios morales46: 1. El sentimiento de amor y familiaridad con la Naturaleza, que se combina con el respeto hacia la vida, y también hacia los eternos ciclos del nacimiento, de la muerte y del renacimiento. 2. “Sin dañar a ningún ser, haz lo que quieras”. Se cree que cada persona tiene la responsabilidad de descubrir su propia naturaleza y desarrollarla en armonía con el mundo exterior. 3. La aceptación del lado femenino y el lado masculino de lo Sagrado, sin oprimir ninguna de las dos. Además de todo esto, el Neopaganismo también tiene como principio el respeto a la diversidad ya sea de raza, religión, nacionalidad, sexo, tendencia sexual,…, y fomenta valores como la solidaridad, la colaboración y la colectividad. Hoy en día, “la religión pagana se encuentra en todas partes a nuestro alrededor – en el paisaje que fue transformado por generaciones anteriores en montes sagrados y piedras erguidas, en cementerios sagrados y montañas santas, lugares donde generaciones tras generaciones han caminado honrando a las Divinidades de sus pueblos y de sus tierras. Es una religión que se mantuvo en las canciones y bailes folklóricos y en sus costumbres de cada temporada.” (Crowley citada en Meenee, 2011:31) Debido a la imposición del Cristianismo, la religión pagana acabó sincretizada con la católica. Esto se observa en multitud de festividades cristianas, como la Navidad47, o 46 Meenee, 2011: 44.
98 incluso en el nombre que reciben los días de la semana, los cuales en la antigüedad estaban dedicados a los planetas48. A pesar de todo, como ya pasó antaño – aunque ahora con menos agresividad – la oposición del Cristianismo al Neopaganismo existe. Actitudes como las que plantea el Neopaganismo como el hecho de considerar a la Naturaleza sagrada no son aceptadas y son rechazadas por la religión cristiana. Pero esto no implica que el Cristianismo actual, en particular, el Cristianismo católico no se preocupe por el medio ambiente. La religión católica ha experimentado un proceso evolutivo de adaptación a los cambios sociales producidos ante la nueva situación actual medioambiental. El Papa Benedicto XVI, en su Encíclica Caritas in veritate (2009), hace un llamamiento a todos los cristianos para cuidar y conservar la Creación, considerada como un don de Dios a sus hijos. Para el Santo Padre “el creyente reconoce en la naturaleza el maravilloso resultado de la intervención creadora de Dios, que el hombre puede utilizar responsablemente para satisfacer sus legítimas necesidades – materiales e inmateriales – respetando el equilibrio inherente a la creación misma” (Benedicto XVI, 2009). No obstante, existirían maneras de pensar distorsionadas que, según él, considera contrarias al desarrollo, como por ejemplo, el considerar a la naturaleza como más importante que la persona humana misma – lo que implicaría actitudes neopaganas o de nuevo panteísmo – o la posición contraria, que mira a su completa tecnificación (Benedicto XVI, 2009). El Ángelus pronunciado en la Plaza de San Pedro el 1 de enero de 2010 con motivo de la 43 Jornada mundial de la paz, estuvo dedicado al cuidado del medio ambiente como condición indispensable para la paz. En él, Benedicto XVI propuso a sus fieles un cambio de mentalidad efectivo que conllevara a adoptar, por parte de todos, nuevos 47 La Navidad (25 diciembre), que representa el nacimiento de Jesús, coincide temporalmente con el solsticio de invierno (21-22 diciembre), en el cual, se representa el nacimiento del niño Sol. 48 Los días de la semana estaban dedicados a los planetas: lunes (Luna), martes (Marte), miércoles (Mercurio), jueves (Júpiter), viernes (Venus). El sábado y el domingo, en español, provienen del sabbath judío y del descanso dominical cristiano, respectivamente. Pero si observamos los nombres en inglés, saturday (Saturno) y sunday (Sol). Como curiosidad, comentar que cuando comenzó la evangelización católica en la Península Ibérica, se intentaron renombrar, consiguiéndolo únicamente en Portugal donde se les nombra: segunda-feira, terça-feira, quarta-feira, quinta-feira, sexta-feira, sábado, domingo (Orlandis, 1999)
99 estilos de vida. Además consideró fundamental la educación para aprender a respetar49 la Naturaleza. Pero no podemos hablar de la religión católica y relacionarla con el medio ambiente sin mencionar a San Francisco de Asís, declarado en 1979 por Juan Pablo II como Patrón de los ecologistas50. San Francisco se caracterizó por aportar una nueva actitud para con la Naturaleza, intentando “destronar al hombre de su monarquía sobre la creación y fundar una democracia para todas las criaturas de Dios” (White, 1967:95). Esto se observa en su famoso Cántico de las criaturas51 donde trata a todos los elementos cósmicos –el Sol, la Luna, las estrellas, el agua, la Tierra,… –con los calificativos de hermano o hermana, lo que denotaría una actitud de simpatía y afecto, y no una actitud de dominio y posesión para con estas realidades cósmicas como era común en la época. A la Tierra la nombra como “nuestra hermana madre Tierra”. La llama hermana porque la Tierra, igual que las demás realidades cósmicas, procede del Padre, creador de todas las cosas; y la llama madre porque entiende que de ella depende el sustento de todas las demás criaturas –esta idea estaría relacionada con la imagen arcaica de la Tierra Madre o Tellus Mater definida por M.Elíade (1981) por su incansable capacidad de dar frutos (Leclerc, 1988). Como alternativa al Cristianismo de Occidente y como respuesta ante la violencia con que ha sacudido el capitalismo a los países del Tercer mundo – excluyendo a las mayorías pobres y destruyendo a la Naturaleza – surge, en el Sur, la Teología de la Liberación. Esta teología, también denominada Teología de la Vida o Teología del Sur, busca a partir de la opción por la vida, tanto de toda la humanidad como de toda la Naturaleza, restablecer y reconstruir el sentido de Dios y del Evangelio en la sociedad y en la Iglesia. La Teología de la Vida asume la racionalidad de una economía y una política de vida, que asegure la reproducción de la vida humana y de la Naturaleza (Richard, 1995:131). En definitiva, la Teología de la Liberación plantea 49 Resulta curioso este último dato, debido a que precisamente fue la institución que él preside la responsable de erradicar los valores de respeto por el mundo natural que aportaban, o pudieran aportar en un futuro, las culturas o religiones paganas. 50 Bula ‘Inter Sanctos’ del 29 de septiembre de 1979. 51 Véase Anexo.
100 “(…) el sentido de Dios en la crisis de civilización generada por el nuevo orden internacional; el sentido de Dios en el seno de un capitalismo salvaje excluyente de las mayorías y destructor de la naturaleza; plantea el sentido de Dios desde el Sur, desde ese 80% de la humanidad condenada a la miseria y a la exclusión; plantea el sentido de Dios a partir del sentido espiritual de la vida humana, del sentido espiritual de la vida del indio, del negro, de la mujer, del joven, de la naturaleza.” (Richard, 1995: 143) Volviendo al Neopaganismo, en la actualidad existen una serie de celebraciones o festivales donde se festejan los cambios cíclicos de las estaciones así como los periodos importantes dentro de estas tradiciones. El objetivo de estas celebraciones es la comprensión de la conexión del ser humano con la Naturaleza y el entender sus tiempos cíclicos. A continuación se presentan los ocho festivales correspondientes a la denominada Rueda del año52: Samhain, 31 de octubre: la Rueda del Año comienza. Ese día en Gran Bretaña y en los Estados Unidos se festeja de acuerdo a la tradición el Halloween (Hallowe’en) o la víspera de Todos los Santos. Se trata del Año Nuevo celta, el cual tomó nombre cristiano. En Samhain se hacía la última fiesta antes de los meses difíciles del invierno, por eso es que se consideraba el momento adecuado para el ofrecimiento de agradecimientos tanto hacia las divinidades así como hacia su propiciación, para que las personas lograran sobrevivir hasta que llegara la primavera. Antiguamente se practicaban sacrificios con la ayuda del fuego, cosa que explica los fuegos festivos los cuales se encienden muy a menudo en esta época. Se cree también que ese día se levanta el velo que separa el mundo de la vida del mundo de la muerte, por eso se le rinden honores a los difuntos y a las difuntas, así como también a la Sabia Anciana, a la Diosa Oscura, la cual se relaciona con el Bajo Mundo. 52 Extraído de Meenee, 2011: 58-60
101 Yule, 21 de diciembre: se trata del Solsticio de Invierno, la noche más larga del año. El Sol parece niño que vuelve a nacer de sus entrañas. (No es casual que las Navidades se ubicaran pocos días después de ésta tan antigua fiesta). El astro del día simboliza la nueva vida que sobresale de entre el pesado invierno, derramando luz y esperanza. En la tradición noreuropea el Yule es el Año Nuevo. Imbolc, 2 de febrero: llamado también Oimelc y Candlemas. Este día se festeja el despertar de la tierra y la fuerza creciente del sol, ya que se hacen perceptibles las primeras señales de la primavera. A menudo la Diosa es adorada en la forma de la Virgen de la Luz y su altar es adornado con la planta galanto o campañilla de invierno, que se considera que anuncia la llegada de la vegetación primaveral. Equinoccio de primavera, 21 de marzo: la noche y el día tienen la misma duración, mientras los rayos del sol acarician cada vez más a la tierra, que regala a manos llenas sus flores. Usualmente se honra al joven dios o a Eostre, también conocida como Ostara, la anglosajona y escandinava diosa de la primavera y de la fertilidad (de su nombre viene la palabra inglesa Easter: Pascua). Beltane, 30 de abril: es la fiesta del primero de mayo. La fuerza de la luz y del amor traspasa toda la naturaleza, anunciando los calurosos meses de verano. Tal como exige una costumbre que nos viene de la tradición popular, los miembros del Neopaganismo festejan bailando el Mayo o Maya, que simboliza el misterio del “Ieros Gamos” Matrimonio Sagrado entre la Diosa y el Dios. Solsticio de verano (Midsummer), 21 de junio: aunque en nuestro país consideramos que el solsticio de verano constituye el principio del verano, en Gran Bretaña se festeja como la mitad exacta del verano Midsummer (algunas Fig. 16.- Solsticio de verano. Stonehenge (Inglaterra). Disponible en: http://www.windows2universe.org/the_universe /uts/summer.html&lang=sp
102 veces se le llama Litha). Es una época de abundancia y alegría, una vez que el dios Sol se encuentra en su apogeo y se corona Señor de la Luz. Lunasa (Lughnasadh), 1 de agosto: el Lunasa, que también se llama Lammas, es la época de la cosecha de cereales. Simbólicamente los paganos y las paganas ‘cosechan lo que sembraron’, pero a la vez disfrutan de los frutos de la Naturaleza. No obvian claro el ofrecer las gracias hacia la Tierra por los regalos que nos da. Equinoccio de Otoño, 21 de septiembre: el día y la noche se equilibran uno con el otro. Toda vez que la luz disminuye, comienzan a distinguirse las más oscuras caras del dios y de la diosa. Así, en esta fiesta se honran la vejez así como también el invierno que se aproxima. Para finalizar se presentan algunas de las sendas o tradiciones que se encuentran dentro del Neopaganismo53: Wicca o Brujería (Wicca, Witchcraft): usualmente honra a la Diosa y al Dios con variadas caras y nombres. Se ocupa principalmente de la magia, la cual utiliza con fines terapéuticos. Espiritualidad femenina: se la llama también movimiento de la Diosa. Adora a la prehistórica Gran Madre y a muchas más formas femeninas que provienen de diversas culturas. Druidismo: se inspira en la religión celta y también en los Druidas, que conformaban la clase hierática y judicial de los antiguos pueblos celtas. Iglesia de Todos los Mundos: se trata de una gran organización pagana americana la cual tiene miembros también en Europa. Considera al planeta como ser vivo, organismo divino, identificándolo con la Madre Diosa Gaia. Se centra especialmente en la adoración de la Diosa y combina tradiciones relativas de todo el mundo. Espiritualidad masculina: se inspira en el Dios Astado y otras formas masculinas. Intenta crear una nueva identidad masculina que reconozca el valor de la Naturaleza y de lo femenino. 53 Tomado de Meene, 2011: 27-28
103 Chamanismo: se practica por pueblos nativos de todo el mundo. Los chamanes viajan en el plano espiritual para adquirir informaciones relacionadas a las necesidades de la sociedad, especialmente con fines terapéuticos. Al presentar aquí el Neopaganismo, no se intenta en ningún caso pretender que esta religión sea la más adecuada para conseguir solucionar la crisis ecológica y por tanto debamos cambiarla o convertirnos a ella. Este proyecto se ha basado en relacionar la religión y la mujer con el medio ambiente, así pues mi intención es presentar esta religión, desconocida para la mayoría, como un ejemplo actual que contiene una marcada sensibilidad medioambiental y que fomenta el principio femenino. Por otro lado existen actualmente muchas corrientes y movimientos que no tienen nada que ver con la religión y que están trabajando en este sentido. Ecosocialismos, ecofeminismos, ecologismo de los pobres o el movimiento de justicia ambiental están creando corrientes tanto teóricas como prácticas que, alejadas de lo puramente religioso, traten de cambiar, por lo menos en cierta medida, esta visión del mundo que ha provocado la situación de deterioro medioambiental actual.
104 4. CONCLUSIONES A lo largo de estas páginas he tratado de mostrar algunos de los pre-supuestos latentes que se esconden tras la situación ambiental actual. En un mundo tan secularizado como el nuestro, indagar las posibles relaciones entre medio ambiente y religión pudiera parecer algo impertinente o, al menos, extemporáneo. Pero los problemas ambientales no han aparecido de repente en la actualidad sino que son producto de toda una historia de relación del hombre con su entorno, de las preconcepciones e ideas implícitas que poseemos los humanos sobre nuestra posición en la biosfera, sobre nuestra responsabilidad en el desenvolvimiento de la vida, sobre nuestra capacidad de actuar. Estas cuestiones han sido las que han orientado mi trabajo, fruto del cual, y sin ánimo de ser exhaustiva, podría concluir con: Existe una relación clara entre la religión y el medio ambiente. A lo largo de nuestra investigación hemos comprobado que esta relación puede ser de respeto y armonía, o por el contrario, de dominio y control. Por un lado, las sociedades que consideran sagrada a la Naturaleza y donde el individuo no se siente separado de ella, se inclinan por una convivencia armónica con su entorno, mientras que por otro lado, en las sociedades cuyas creencias religiosas consideran a la Naturaleza separada del individuo y de la divinidad, la relación con el medio natural se basa en su explotación. Si entendemos la religión en un sentido amplio, o si se quiere durkheimiano, como forma de entender y estar en el mundo y que, por eso mismo cohesiona un grupo social, es fácil comprender que la cultura de dicho grupo se va a modelar por sus creencias religiosas. La cultura occidental debería replantearse la influencia de su religión e intentar introducir culturalmente nuevas formas de relacionarse con la Naturaleza, que fomenten su respeto y que nos hagan entender que no estamos separados de la Naturaleza, sino que formamos parte de ella. Sólo así, con esta nueva visión o esta nueva mentalidad, podrán germinar nuevas actitudes que nos ayuden a encontrar soluciones a la crisis ambiental que sufrimos en la actualidad. La ciencia y la tecnología, responsables de la degradación del medio ambiente, no podrán aportan nueva
105 ciencia o tecnología para solucionar esta degradación si antes no se da este nuevo cambio de actitud para con la Naturaleza que proponemos. La cultura occidental, responsable de la crisis ecológica, se ha visto influida por los axiomas judeocristianos que fomentan una infravaloración tanto de la mujer como de la Naturaleza. Parece necesario, pues, que para solucionar de raíz muchos de los problemas ambientales actuales, acabar con la dominación de la mujer (o viceversa). Considero, por último, que la magnitud y la relevancia de la crisis social-ecológica a la que nos enfrentamos, no nos permite una postura pasiva, acrítica, más cuando pretendemos ser profesionales encargados de mediar y gestionar el impacto de la sociedad en su medio. Es crucial superar una visión de la propia situación del ambientalista como un simple técnico sin criterio propio, como una especie de contable ecológico. El ambientalista, como todo profesional socialmente responsable, debe saber situar reflexivamente su posición en un marco histórico, político e ideológico más amplio que le permita comprender las raíces profundas de los problemas a los que se enfrentará en su vida profesional y personal.
112 amarren a Crunnchu hasta que su esposa fuera traída al lugar para competir con sus caballos. Enviaron mensajeros a la mujer de Crunnchu, diciéndole que viniera urgentemente a los juegos por orden del rey. Ella les ruega en vano que posterguen la carrera, aduciendo que está a punto de dar a luz. Mas al fin ha de aceptar la dura prueba so pena de ver a su marido decapitado por órdenes reales. Al llegar ante la multitud, con pálido rostro se dirige a los allí reunidos pidiéndoles ayuda: “¡Ayudadme!”, les grita, “¡Acordaos de que una madre ha traído al mundo a cada uno de vosotros!” Luego interpela al soberano: “Concededme, oh Rey, un corto plazo, hasta que pueda dar a luz y me reponga”. Pero el rey rehusó postergar la carrera, impaciente por demostrar su superioridad. Finalmente, ella le amenazó con proferir una severa maldición sobre todo el pueblo de Ulster. “¿Cómo te llamas?”, le preguntó el rey; y ella le contesta en tono ominoso: “Mi nombre y el nombre de quienes voy a parir atormentará para siempre a esta asamblea. Yo soy Macha, hija de Sainreth mac in Botha (El Extraño Hijo del Océano).” Cuando trajeron de nuevo los caballos para comenzar la prueba, ella se suelta los cabellos, inicia la carrera y alcanza la meta mucho antes que los caballos. Y en ese momento da un gran grito y muere, dando al mismo tiempo a luz a dos gemelos, un varón y una hembra, “Los Mellizos de Macha”, que más tarde darían nombre a la capital del Ulster. Justo antes de morir, ella maldice a los hombres de Ulster, que quedan semiparalizados con fuertes dolores. Y predice que: “Desde este momento, la ignominia que me habéis inflingido va a llenar de vergüenza a cada uno de vosotros. Durante el Fig. 1.- La Diosa Macha lanzando su maldición a los hombres de Ulster, según dibujo de Stephen Reig. (Alberro, 2000)
113 momento crítico de una batalla, o en cualquier hora de opresión o peligro, cada uno de vosotros, hombres, será abatido por una gran debilidad y postración, y sufrirá los mismos dolores que sufre una mujer al dar a luz, y esos dolores durarán cinco días y cuatro noches. Y esta maldición persistirá por nueve veces nueve generaciones”.
114 MENSAJE DEL JEFE INDIO NOAH SEALTH DISCUTIENDO LA FIRMA DEL TRATADO DE POINT ELLIOT ANTE LA ASAMBLEA DEL CONSEJO DE TRIBUS (1854)55 ¿Cómo se puede comprar o vender el firmamento, ni aún el calor de la tierra? Dicha idea nos es desconocida. Si no somos los dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas, ¿cómo podrán ustedes comprarlos? Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío en los oscuros bosques, cada altozano y hasta el sonido de cada insecto es sagrado a la memoria y al pasado de mi pueblo. La savia que circula por las venas de los árboles lleva consigo las memorias de los pieles rojas. Los muertos del hombre blanco olvidan su país de origen cuando emprenden sus paseos entre las estrellas; en cambio nuestros muertos nunca pueden olvidar esta bondadosa tierra puesto que es la madre de los pieles rojas. Somos parte de la tierra y asimismo ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo, la gran águila; éstos son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia. Por todo ello, cuando el Gran Jefe Blanco de Washington nos envía el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras, nos está pidiendo demasiado. También el Gran Jefe nos dice que nos reservará un lugar en el que podamos vivir confortablemente entre nosotros. El se convertirá en nuestro padre y nosotros en sus hijos. Por ello consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Ello no es fácil ya que esta tierra es sagrada para nosotros. El agua cristalina que corre por ríos y arroyuelos no es solamente agua, sino también representa la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos tierras, deben recordar que es sagrada y a la vez deben enseñar a sus hijos que es sagrada y que cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos cuenta los sucesos y memorias de las vidas de nuestras gentes. El 55 González, 2004.
115 murmullo del agua es la voz del padre de mi padre. Los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed; son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si les vendemos nuestras tierras ustedes deben recordar y enseñarles a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también lo son suyos y por lo tanto deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano. Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida. Él no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro, ya que es un extraño que llega de noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga y una vez conquistada sigue su camino, dejando atrás la tumba de sus padres sin importarle. Tanto la tumba de sus padres como el patrimonio de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano, el firmamento, como objetos que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devorará la tierra dejando atrás sólo un desierto. No sé, pero nuestro modo de vida es diferente al de ustedes. La sola vista de sus ciudades apena los ojos del piel roja. Pero quizá sea porque el piel roja es un salvaje y no comprende nada. No existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ni hay sitio donde escuchar cómo se abren las hojas de los árboles en primavera o cómo aletean los insectos. Pero quizá también esto debe ser porque soy un salvaje que no comprende nada. El ruido sólo parece insultar nuestros oídos. Y después de todo, ¿para qué sirve la vida si el hombre no puede escuchar el grito solitario del chotacabras ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde de un estanque? Soy un piel roja y nada entiendo. Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque, así como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado con aromas de pinos. El aire tiene un valor inestimable para el piel roja ya que todos los seres comparten un mismo alimento: la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire. El hombre blanco no parece consciente del aire que respira; como un moribundo que agoniza durante muchos días es insensible al hedor. Pero si les vendemos nuestras tierras deben recordar que el aire es inestimable, que el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene. El viento que dio a nuestros abuelos el primer soplo de vida,
116 también recibe sus últimos suspiros. Y si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben conservarlas como una cosa aparte y sagrada, como un lugar donde hasta el hombre blanco pueda saborear el viento perfumado por las flores de las praderas. Por ellos consideramos su oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, yo pondré una condición: El hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos. Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. He visto a miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo cómo una máquina humeante puede importar más que el búfalo al que nosotros matamos sólo para sobrevivir. ¿Qué sería del hombre sin los animales? Si todos fueran exterminados, el hombre también moriría de una gran soledad espiritual. Porque todo lo que le suceda a los animales también le sucederá al hombre. Todo va enlazado. Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra está enriquecida con las vidas de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí mismos. Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre. El hombre pertenece a la tierra. Esto sabemos. Todo va enlazado, como la sangre que une a una familia. Todo va enlazado. Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios se pasea y habla con él de amigo a amigo, no queda exento del destino común.
117 Después de todo, quizás seamos hermanos. Ya veremos. Sabemos una cosa que quizá el hombre blanco descubra un día: nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes pueden pensar ahora que Él les pertenece lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así. El es el Dios de los hombres y su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco. Esta tierra tiene un valor inestimable para Él y si se daña provocaría la ira del Creador. También los blancos se extinguirán, quizás antes que las demás tribus. Contaminen sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos. Pero ustedes caminarán hacia su destrucción rodeados de gloria, inspirados por la fuerza del Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja. Ese destino es un misterio para nosotros, pues no entendemos por qué se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con cables parlantes. Termina la vida y empieza la supervivencia.
118 HISTORIA DE LA DIFUNTA CORREA56 “San Juan, madrugada de un impreciso día de verano de 1840. Vestida de rojo y con su hijo de meses a cuestas, María Antonia Deolinda Correa, Donosita, como se cuenta que la llamaban, inició su marcha hacia la provincia de La Rioja con la secreta esperanza de reencontrarse allí con su esposo, Baudilio Bustos, que había sido reclutado por la fuerza para luchar bajo las órdenes de Facundo Quiroga. Eran tiempos de Unitarios y Federales, de una sangrienta guerra civil de años en donde un bando, representante de la aristocracia, intentaba imponer un solo gobierno en toda la nación, mientras que el otro, integrado en su mayoría por campesinos, buscaba la creación de un sistema pluralista en donde cada provincia o estado tuviera un gobierno autónomo que respondiera a otro, centralizado en una única capital federal. Tras caminar unos sesenta kilómetros por el desierto, la sed, el calor y el cansancio hicieron que la joven y hermosa Deolinda, hija de un hacendado de la zona de La Majadita, hoy departamento 9 de Julio de la provincia de San Juan, cayera rendida (“de cara al cielo infinito”, escribió Benarós) en la cima de un pequeño cerro. Unos arrieros que andaban por la zona vieron unos caranchos sobre la cumbre, y encontraron al niño amamantándose aún de su madre muerta. La recogieron y le dieron sepultura en la cuesta de la sierra Pie de Palo, Vallecito. La gente del lugar, asombrada por lo que les fue contado, comenzó a visitar su tumba y a llevarle flores y agua.” 56 En lanación.com http://www.lanacion.com.ar/883296-difunta-correa
119 CÁNTICO DE LAS CRIATURAS de San Francisco de Asís57 Altísimo y omnipotente buen Señor, tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición. A ti solo, Altísimo, te convienen y ningún hombre es digno de nombrarte. Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas, especialmente en el Señor hermano sol, por quien nos das el día y nos iluminas. Y es bello y radiante con gran esplendor, de ti, Altísimo, lleva significación. Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas, en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas. Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo, por todos ellos a tus criaturas das sustento. Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego, por el cual iluminas la noche, y es bello y alegre y vigoroso y fuerte. Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sostiene y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas. Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor, y sufren enfermedad y tribulación; bienaventurados los que las sufran en paz, porque de ti, Altísimo, coronados serán. Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar. 57 Leclerc, 1988.
120 Ay de aquellos que mueran en pecado mortal. Bienaventurados a los que encontrará en tu santísima voluntad porque la muerte segunda no les hará mal. Alaben y bendigan a mi Señor y denle gracias y sírvanle con gran humildad.
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