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UNIVERSIDAD DE MÁLAGA
DEPARTAMENTO DE SALUD PÚBLICA Y PSIQUIATRÍA
TESIS DOCTORAL
PSICOPATOBIOGRAFÍA DE
LEOPOLDO MARÍA PANERO
José Daniel Gu ié ez Cas illo
Málaga 2015
AUTOR: José Daniel Gu ié ez Cas illo
h p://o cid.o g/0000-0002-1258-4651
EDITA: Publicaciones y Di ulgación Cien í ica. Uni e sidad de Málaga
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pe o con el econocimien o y a ibución de los au o es.
No se puede hace uso come cial de la ob a y no se puede al e a , ans o ma o hace
ob as de i adas.
Es a Tesis Doc o al es á deposi ada en el Reposi o io Ins i ucional de la Uni e sidad de
Málaga (RIUMA): iuma.uma.es
2
A mi di ec o de esis, el P o eso F ancisco Ruíz Ruíz de León, po la
o ien ación, el alien o y los consejos a la ho a de ealiza es a esis
doc o al y po anima me a abaja en es e apasionan e ema.
A la doc o a Ad iana O is y a la doc o a Ma ía G acia Na a o po
hace me llega y en ende la enseñanza de Lacan
y po odo lo que ap endí de ellas.
A mis pad es, a mi he mano y a Ma a.
3
ÍNDICE
1. Resumen……..………………………………………………...5
2. In oducción……………………………………………...……6
3. Me odología……………………………………………….…10
a. Obje i os……………………………………………...12
b. Hipó esis…...………………………………………....13
c. Fuen es y mé odo de análisis de la
in es igación………………………………..………...16
4. La psicosis en el psicoanálisis y en la enomenología……….20
a. La psicosis desde el psicoanálisis eudiano……….…21
b. La psicosis desde el psicoanálisis lacaniano………….33
c. La psicosis desde la enomenología………………..…46
5. Resul ados del es udio del obje o de in es igación
(psicopa obiog a ía de Leopoldo Ma ía Pane o)……….....….54
a. Es udio psicopa ológico………………………………55
i. La poesía y Pane o………………………...…131
b. Iden idad y exis encia en Leopoldo Ma ía Pane o…..135
i. La in ancia……………………………………136
ii. La ida adul a………………………………...141
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1. La ida: la nada, el miedo y el
dolo …………………………………..142
2. La expe iencia de la soledad………….145
3. El miedo………………………………147
4. Se obje o de goce del O o……...…...148
5. Se el loco…………………………….151
6. La iden idad en juego………………....153
7. Pane o an e el amo y el sexo………...162
8. Pane o y A aud………………………174
iii. La ejez………………………………………175
c. Pane o y el pad e………………………………….....181
d. Pane o y la mad e …………………………………...202
6. Conclusiones…………………………………………….….239
7. Anexo………………………………………………….……249
8. Bibliog a ía…………………………………………………255
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RESUMEN
Se es udia la psicopa obiog a ía del poe a Leopoldo Ma ía Pane o
desde las pe spec i as psicoanalí ica y enomenológica. Pa a ello se
han u ilizado como uen es de in es igación los ex os poé icos y en
p osa, los a ículos, ca as y en e is as así como uen es ex e nas
(biog a ías y es udios ealizados sob e el poe a). Se con as an
hipó esis sob e c ea i idad y psicopa ología, enomenológicas y
psicoanalí icas.
En el es udio psicopa obiog á ico se expone la psicopa ología del
poe a donde puede comp oba se la p esencia de enómenos
psicopa ológicos ales como ideas deli an es, alucinaciones,
in e p e aciones deli an es, enómenos de di usión y con ol del
pensamien o, en e o os, y su desa ollo a lo la go de la ida.
También se es udian aspec os exis enciales como la i encia de la
in ancia y la ejez pa a el poe a y cues iones como la posición del
psicó ico, la iden idad y la sexualidad así como la elación con el
deseo y el goce. Po úl imo ambién se abo da la in luencia y la
elación con las igu as ma e na y pa e na.
Palab as cla e: psicopa obiog a ía, psicoanálisis, enomenología,
psicopa ología, Leopoldo Ma ía Pane o.
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INTRODUCCIÓN
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Nos p oponemos el es udio de un caso clínico en p o undidad desde la
pe spec i a psico-pa o-biog á ica, es ableciendo las elaciones en e
psicopa ología y c ea i idad. Nos plan eamos la esencia del caso
clínico, la ida del en e mo en su con ex o amilia , his ó ico y
cul u al conside ando los aspec os ísicos, psíquicos y sociales.
Conside amos que el caso clínico de Leopoldo Ma ía Pane o
es udiado desde la e ien e psico-pa o-biog á ica puede con e i se
en un modelo pa adigmá ico de especial impo ancia pa a la clínica
psicopa ológica y pa a las elaciones en e c ea i idad y
psicopa ología.
En e el a e y la ciencia la psicopa ología ha in en ado, desde los
di e en es conjun os pa adigmá icos, es udia la elación exis en e
en e la c eación a ís ica y la ida psíquica. A pa i del es udio de
casos clínicos de genios, la pa og a ía p ecisó las p ime as hipó esis
sob e la p oducción a ís ica y los as o nos psicopa ológicos, y es o
si ió pa a elabo a los concep os psicopa ológicos iniciales e in luyó
p o undamen e en la independencia de la psiquia ía y la psicología
(1).
La psicobiog a ía se enca ga de es udia las di e en es e apas del cu so
i al y las c isis pe sonales decisi as. A la pa og a ía hay que si ua la
en la adición clínico- enomenológica y a la psicobiog a ía en el
desa ollo de las disciplinas de la psicología de la pe sonalidad y la
psicología social desde la pe spec i a psicoe olu i a y psicoanalí ica.
Basándonos en es e pa adigma, hemos de en ende que g an pa e del
psiquismo es inconscien e y que la his o ia ep oduci ía la epe ición
del con lic o (po ijación en una de las e apas del desa ollo
psicosexual) (2) y la eg esión a una e apa in an il pa a explica el
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cu so de la ida (1), lo que se aduci á en la elación del suje o
consigo mismo, los o os, el deseo y el goce (3).
Las pa og a ías, desde la pe spec i a enomenológica, son his o ias
clínicas cuyo obje i o consis e en comp ende los enómenos
psíquicos y psicopa ológicos y acla a su signi icación en la génesis de
la c eación a ís ica (4), con ibuyendo a la comp ensión de los
enómenos psicopa ológicos y al diagnós ico de la en e medad men al
eniendo en cuen a el cu so de la ida del suje o. El análisis
pa og á ico (daseinanalyse o análisis exis encial) se aplicó a la clínica
siguiendo la me odología de los ilóso os Husse l y Heidegge
ob eniéndose impo an es a ances en la comp ensión de las
en e medades men ales (1).
La medicina y la iloso ía de comienzos del siglo XX es aban
in e esadas en las idas de pe sonajes geniales, y las nue as eo ías
in en a on comp oba sus hipó esis es udiando la pe sonalidad de es os
pe sonajes. Desde el psicoanálisis se in es iga la pe sonalidad del
a is a y es en ese momen o cuando la li e a u a p opo ciona
elemen os esenciales a la psicopa ología. Los con lic os inconscien es,
las endencias ep imidas, los sueños o los deli ios se e leja án de
o ma más o menos cla a en la p oducción de los a is as (1).
La his o ia del psicoanálisis y de la enomenología es án ín imamen e
unidas al es udio de casos clínicos, exis iendo casos pa adigmá icos de
cada una de las pe spec i as: el caso del d ama u go Augus
S indbe g pa a la enomenología y el de Daniel Sch ebe pa a el
psicoanálisis. El p ime caso le si e a Jaspe s pa a elabo a sus
concep os y eo ías psicopa ológicas (5) y en el segundo, F eud in en a
demos a su hipó esis de las de ensas homosexuales en el o igen de la
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c) El poe a se si úa en una posición de obje o en e al goce del
O o.
d) Los esc i os son, en g an pa e, au obiog á icos y la
esc i u a cumple una labo de suplencia del nomb e del
pad e.
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Fuen es de in es igación
A la ho a de abo da la ob a de Leopoldo Ma ía Pane o nos
encon amos con la p incipal en aja de que su ob a es á esc i a casi
o almen e en lengua cas ellana, a excepción de algunos poemas
esc i os en i aliano, ancés o inglés, de impo ancia meno . O a
ca ac e ís ica a la ho a de abo da la psicopa obiog a ía de Pane o es
el hecho de que haya allecido y que su ob a no es é inconclusa,
especialmen e en un au o en el que su p oducción ha aumen ado a un
i mo e iginoso, saliendo a la en a incluso a ios lib os al año.
El ma e ial usado como uen e de in es igación se puede
clasi ica en cinco g upos:
a) Ob a poé ica.
Se han es udiado los poema ios esc i os únicamen e po Leopoldo
Ma ía Pane o, desca ándose los elabo ados jun o a o os poe as
(como Claudio Rizzo, Félix Caballe o o José Luis Pasa ín A is i)
donde la au o ía no puede es ablece se con cla idad. Se ha u ilizado la
“Poesía comple a” ecopilada po el P o . Túa Blesa, en la que se
ecoge, en dos omos, la p oducción poé ica desde 1970 has a 2010.
También se han u ilizado ediciones o iginales de sus poema ios.
b) Ob a na a i a, au obiog a ía y epis ola io.
La ob a na a i a de Leopoldo Ma ía Pane o se puede clasi ica en
es subg upos: los ela os y cuen os, la na a i a au obiog á ica y la
epis ola . Los p ime os es án eunidos en el olumen “Cuen os
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comple os” edi ado en 2007 po el P o . Túa Blesa y donde se
incluyen odos los lib os de cuen os y ela os publicados po Leopoldo
Ma ía Pane o (“El luga del hijo” de 1976; y “Palab as de un asesino”,
en la edición ampliada de 1982) y una se ie de cua o cuen os
dispe sos publicados en dis in as echas.
Son dos las ob as que podemos ci a como na a i a
au obiog á ica: una, “P ueba de ida. Au obiog a ía de la mue e” de
2002 y conside ada po Pane o como su au obiog a ía, y “Papá, dame
la mano que engo miedo”, ob a en p osa de g an con enido
au obiog á ico y publicada en 2007.
Pa a es e abajo se han usado los dos lib os au obiog á icos, la
edición de “Cuen os comple os” y la o iginal de “Palab as de un
asesino”.
En cuan o al géne o epis ola Pane o iene publicado un
epis ola io con el esc i o Diego Med ano i ulado “Los hé oes
inú iles” del año 2005.
c) Ob a audio isual
Se han ealizado dos películas documen ales sob e Leopoldo Ma ía
Pane o, las cuales han sido usadas pa a es e abajo: “El desencan o”
de Jaime Cha a i del año 1976 (9) y “Después de an os años” de
Rica do F anco de 1974 (10). La segunda puede conside a se una
con inuación de la p ime a. En ambas encon amos el es imonio en
p ime a pe sona de Leopoldo Ma ía Pane o, sus he manos y su mad e.
También se ha u ilizado como uen e el co ome aje documen al “Un
día con Pane o” (11) ealizado po Jacobo Beu y donde se ecoge
18
una cha la en e Leopoldo Ma ía Pane o, En ique Bunbu y y Ca los
Ann; asimismo se han u ilizado en e is as apa ecidas en ele isión.
d) En e is as y a ículos
Se han ecogido en e is as ealizadas a Leopoldo Ma ía Pane o
undamen almen e en p ensa, e is as li e a ias y adio jun o a las ya
mencionadas en el apa ado an e io apa ecidas en ele isión.
En cuan o a los a ículos nos e e imos a aquéllos esc i os po el
p opio Leopoldo Ma ía, pa e de los cuales han sido publicados en la
ob a “P osas encon adas”, edi ada po Fe nando An ón.
e) Biog a ías y abajos sob e Pane o
Exis e una biog a ía sob e Leopoldo Ma ía Pane o bas an e
documen ada y publicada en 1999 po Beni o Fe nández con el í ulo
de “El con o no del abismo. Vida y leyenda de Leopoldo Ma ía
Pane o” (12) donde se ecogen, además de múl iples da os
biog á icos, un buen núme o de ca as esc i as po el poe a.
Po o o lado hay dos lib os dedicados a Leopoldo Ma ía Pane o:
“Leopoldo Ma ía Pane o, el úl imo poe a” publicado en 1995 po Túa
Blesa (13) y “Después de an os desencan os. Vida y ob as poé icas de
los Pane o” (14) de Fede ico U e a y publicado en 2008, donde se
abo da pa cialmen e la ida y ob a de Leopoldo Ma ía Pane o.
Su mad e esc ibió unas memo ias i uladas “Espejo de somb as” (15)
que si en de ma e ial ex e no así como el lib o de Luis An onio de
Villena “Lúcidos bo des de abismo. Memo ia pe sonal de los Pane o”
(16).
19
Además hay dos esis doc o ales sob e Leopoldo Ma ía Pane o. Una
de Concepción Pé ez Rojas i ulada “C eación li e a ia y psicosis:
agedia, símbolo, mundos posibles, mo imien o. La P ueba de ida
de Leopoldo Ma ía Pane o” (17) de 2009 y o a de Se gio Augus o
Sánchez Bus os con el í ulo “Leopoldo Ma ía Pane o: en e medad
men al y li e a u a” (18). En el p ime caso se a a de un abajo
donde se es udia la elación de la psicosis con la c eación a ís ica
aplicándose a la ob a de Pane o. El segundo es una esis muy
documen ada donde se analizan las elaciones de Pane o con
concep os como el yo, la mue e, la en e medad men al así como con
o os au o es li e a ios; sin emba go no se abo da el es udio
psicopa obiog á ico ni se oman las eo ías enomenológica y
psicoanalí ica como en oque eó ico.
Se han usado los lib os biog á icos y además a ios a ículos
publicados en p ensa y e is as especializadas sob e el poe a.
20
LA PSICOSIS EN EL PSICOANÁLISIS
Y LA FENOMENOLOGÍA
21
Es e capí ulo in oduc o io iene po obje i o si ua las coo denadas
eó icas de la concep ualización de la psicosis an o en el psicoanálisis
( eudiano y lacaniano) como en la enomenología. La in ención es
acla a concep os que en muchos casos son di usos y cuyo signi icado
ha a iado con el iempo o es u ilizado de o ma di e en e en unción
de los au o es. Si e ambién pa a pode si ua los elemen os
analizados en el capí ulo de esul ados en un con ex o eó ico que
haga comp ensible y ágil la exposición.
LA PSICOSIS DESDE EL PSICOANÁLISIS FREUDIANO.
En 1845 E ns Von Feuch e sleben, decano de la Facul ad de
Medicina de Viena, in oduce el é mino psicosis pa a designa la
en e medad psíquica, pe o sin desliga la de la neu osis (en e medad
del sis ema ne ioso) apun ando que “ oda psicosis es al mismo
iempo una neu osis, pues o que sin la in e ención de la ida ne iosa
no se mani ies a ninguna modi icación de lo psíquico; pe o no oda
neu osis es igualmen e una psicosis” (19). A lo la go del siglo XIX el
concep o de neu osis ue e olucionando hacia a ecciones en las que se
p esuponía una a ec ación ne iosa pe o sin lesión (se incluía desde la
neu osis diges i a o la his e ia a la co ea o la epilepsia) mien as que
el é mino psicosis se ue elacionando con las a ecciones que
p esen aban sín omas psíquicos. Sucin amen e se puede deci que las
neu osis e an del médico y no se en iaban al asilo mien as que las
psicosis pe enecían a los alienis as (19).
22
Una de las p ime as cues iones clínicas que se plan ea F eud es la de
es ablece la di e encia en e psicosis y neu osis. Hay que eco da
que F eud e a neu ólogo de p o esión y que su ace camien o al es udio
del psiquismo pa e de obse aciones de la his e ia (20). F eud
es ablece una di e enciación de las psicosis y las neu osis en un
conjun o de esc i os edac ados en e 1894 y 1896, de los cuales
des acan las “Ca as a Wilhem Fliess” (21) y “La neu opsicosis de
de ensa” (22). En las neu opsicosis de de ensa incluye la neu osis
his é ica, la neu osis obsesi a, la obia, una o ma de psicosis
alucina o ia y la pa anoia, di e enciándolas de las neu osis ac uales
que se ían la neu as enia, la neu osis de angus ia y la hipocond ía. Los
dos g upos p esen an e iología (causalidad in an il en las
neu opsicosis en e a causalidad ac ual en las neu osis ac uales) y
mecanismos di e en es (mecanismos de de ensa) (23),(19),(24).
En es a época F eud expone el concep o de de ensa como una acción
del yo en e a ep esen aciones in ole ables ( undamen almen e
sexuales) (22). Lo que se ha ep imido en el inconscien e, po se
inasimilable, in en a e o na , siendo las de ensas los obs áculos o
es a egias pa a e i a o camu la es os con enidos. En e es as
de ensas se encuen a la p oyección, en la que el suje o expulsa de sí
mismo cualidades, sen imien os, deseos... y los coloca en el o o, es el
mecanismo ca ac e ís ico de la pa anoia (19), como más abajo se
apun a á; pe o hay un mecanismo de de ensa más ené gico y e icaz,
consis en e en que “el yo echaza ( e wi ) la ep esen ación
in ole able conjun amen e con su a ec o y se conduce como si la
ep esen ación no hubiese jamás llegado a él” (22). F eud apo a como
ejemplo del e o no de lo ep imido las alucinaciones en un caso de
psicosis y añade que “el yo sepa a la ep esen ación in ole able, pe o
és a se halla insepa ablemen e unida a un ozo de la ealidad, y al
23
desliga se de ella, el yo se desliga ambién, o al o pa cialmen e, de la
ealidad” (22). El suje o ha huido de la ep esen ación in ole able po
medio de la psicosis.
Pos e io men e F eud se enca ga de es ablece las di e encias en e las
psiconeu osis, es ableciendo dos g andes g upos: el de las neu osis de
ans e encia y el de las neu osis na cisis as. La ca ac e ís ica de la
neu osis na cisis a es el epliegue de la libido sob e el yo (25)
ejempli icado especialmen e en la megalomanía; es e g upo es a ía
o mado po las psicosis uncionales, que son básicamen e la pa anoia
y la esquizo enia ( é mino c eado po Bleule en 1911 y que
sus i ui ía el de demencia p ecoz). El g upo de las neu osis de
ans e encia lo in eg a ían la neu osis de his e ia y la neu osis
obsesi a y, a di e encia de las neu osis na cisis as, en las de
ans e encia la libido se p oyec a sob e obje os eales o imagina ios
en luga de halla se e i ada sob e el yo (19). En es e pun o
undamen al la eo ía eudiana se ha se ido en g an medida de las
apo aciones de Bleule , Jung y Ab aham.
La p ime a ob a en la que F eud expone ampliamen e su eo ía sob e
la psicosis es “Obse aciones psicoanalí icas sob e un caso de
pa anoia desc i o au obiog á icamen e” publicado en 1911 y en el que
se ealiza un es udio psicobiog á ico de Daniel Sch ebe a pa i de
sus memo ias au obiog á icas (26). En esa ob a F eud ealiza una
pun ualización me odológica impo an e: “la in es igación
psicoanalí ica de la pa anoia se ía o almen e imposible si los
en e mos no p esen a an la peculia idad de e ela espon áneamen e,
aunque al e ado po la de o mación, aquello que los demás neu ó icos
ocul an como su más ín imo sec e o. Dado que los pa anoicos no
pueden se obligados a ence sus esis encias in e nas y sólo dicen lo
que quie en deci , esul a ac ible sus i ui en es a en e medad el
24
conocimien o pe sonal del en e mo po la desc ipción esc i a o
imp esa de su his o ial pa ológico” (6).
En es a ob a F eud p opone que la pa anoia es una de ensa en e a los
impulsos homosexuales, y lo a gumen a a pa i del caso de Sch ebe :
“la mo i ación de es a en e medad [la psicosis] ue, pues, un a ance
de la libido homosexual, o ien ada, p obablemen e desde un p incipio
hacia el doc o Fleschig [médico que a ó a Sch ebe ] como obje o, y
la esis encia con a es e impulso libidinoso c eó el con lic o del que
su gie on los enómenos pa ológicos” (6) y añade: “la causa
es imulan e de su en e medad ue una i upción de libido homosexual,
y el p opio doc o Flechsig ue p obablemen e el obje o de al libido, y
ue su lucha con a ales impulsos libidinales la causan e del con lic o
que e minó po p oduci los sín omas” (6). Pa a apun ala es a eo ía
F eud ci a a Sch ebe cuando piensa “qué ma a illoso se ía se una
muje du an e el coi o”. Unas páginas más adelan e F eud o ece una
in e p e ación hipo é ica: que la pe sonalidad de Fleschig debió
eco da le a Sch ebe a su pad e o a su he mano (6).
En elación al deli io esc ibe: “del es udio de una se ie de casos de
deli io pe secu o io he ex aído, y han ex aído o os in es igado es, la
imp esión de que la elación del en e mo con su pe seguido puede
queda explicada po medio de una sencilla ó mula. La pe sona a la
que el deli io a ibuye an g an pode y an a in luencia, y en cuyas
manos con e gen odos los hilos de la conspi ación, es siemp e
aquella misma que an es de la en e medad in eg aba análoga
impo ancia pa a la ida sen imen al del en e mo, o una sus i ución de
ella, ácilmen e econocible como al. La impo ancia sen imen al es
p oyec ada como pode ex e io y, en cambio, el ono sen imen al
queda ans o mado en su con a io. La pe sona odiada y emida aho a
po su pe secución es siemp e una pe sona amada o espe ada an es
31
i al (gene almen e un he mano mayo ) y po un mecanismo de
ep esión ans o ma ía la hos ilidad en a acción e ó ica po los
an iguos i ales. Como puede obse a se se a a de una de las
apo aciones eó icas más débiles de F eud (29).
A pa i de su segunda ópica (donde apa ecen las es ins ancias Yo,
Supe yó y Ello) (30) F eud modi ica algunos aspec os de su nosología
(23) que da a conoce en “Neu osis y psicosis” (31) y “La pé dida de
ealidad en la neu osis y en la psicosis” (32), ambos de 1924. En “El
Yo y el Ello” F eud había si uado al Yo en e el mundo ex e io y el
Ello y some ido a las se idumb es de és os y a la del Supe yó (30).
En una o mulación sencilla di e encia la psicosis de la neu osis de
es a o ma: “la neu osis se ía el esul ado de un con lic o en e el Yo y
su Ello, y, en cambio, la psicosis, el desenlace análogo de al
pe u bación de las elaciones en e el Yo y el mundo ex e io ” (31).
Apo a como ejemplos la amencia de Meyne (un cuad o de psicosis
ca ac e izado po el cese o al de la pe cepción del mundo ex e io
como consecuencia de una ealidad in ole able, de modo que el Yo se
p ocu a un nue o mundo ex e io e in e io cons uido de acue do con
las endencias op a i as del Ello), el embo amien o a ec i o de la
esquizo enia, mues a de la pé dida po pa e del pacien e de odo
in e és po el mundo ex e io y en la pa anoia obse a que el deli io
su ge p ecisamen e en aquellos pun os donde se ha p oducido una
solución de con inuidad en la elación del Yo con el mundo ex e io
(31).
En la e iología de la psicosis se encuen a siemp e la p i ación, el
incumplimien o de algún deseo in an il. Se halla ía en el ondo de es a
p i ación un o igen ex e io , pese a la apa iencia de una génesis
supe yoica, como ga an e de las exigencias de la ealidad. Hab ía una
psicosis si en es e con lic o el Yo se pliega al Ello y excluye una pa e
32
de la ealidad. Obse a que en la melancolía el con lic o se halla en e
el Yo y el Supe yo, mo i o po el que ealiza un impo an e ajus e
nosológico dis inguiendo las neu osis de ans e encia (en las que hay
un con lic o en e el Yo y el Ello), las neu osis na cisis as (es deci la
melancolía, donde encon amos un con lic o en e el Yo y el Supe yo)
y psicosis (con lic o en e el Yo y el mundo ex e io ) (31).
El psicó ico in en a sus i ui la ealidad negada median e una
elabo ación que ecoge las huellas mnésicas, las ep esen aciones y los
juicios omados has a en onces de la ealidad y que la ep esen aban
en la ida anímica. El hecho de que las alucinaciones, los deli ios y
los alsos ecue dos se acompañen de an a angus ia mues a, esc ibe
F eud, que es e p oceso de ans o mación se ealiza con la oposición
de pode osas ene gías y con cie o acaso. Al igual que en la neu osis
apa ece la angus ia cuando lo ep imido a a de e o na a la
conciencia, en la psicosis la ealidad negada a a ía de impone se en
la ida anímica (32).
F eud en “Neu osis y psicosis” no llega a sabe si el p oceso de
sepa ación del Yo de la ealidad es un mecanismo análogo al de la
ep esión.
En esumen, en e las apo aciones de F eud al campo de la psicosis
des acan: una e iología en el que ope an el inconscien e y los
mecanismos de de ensa, la búsqueda de enómenos comunes en odas
las psicosis (en conc e o la e acción de la libido y el deli io de
g andeza) y una nue a concepción del deli io donde és e se conside a
la exp esión de un in en o de cu ación.
33
LA PSICOSIS DESDE EL PSICOANÁLISIS LACANIANO
Jacques Lacan (1901-1981) ealiza una elec u a de la ob a de
Sigmund F eud. Pa iendo de sus es udios de la psicosis (33)
desa olla una eo ía psicoanalí ica donde lo o iginal eudiano se
a icula con la lingüís ica es uc u al de Fe dinand de Saussu e y el
es uc u alismo de Claude Le i-S auss, pe o se in luencia ambién de
Hegel, de Heidegge y de Ma x. Imb icando la ob a de es os
pensado es con el psicoanálisis ab e és e al e eno de la iloso ía,
llegando a Foucaul y a De ida.
El p ime Lacan, in luenciado po la p imacía de lo simbólico,
es ablece la máxima de que el inconscien e es á es uc u ado como un
lenguaje, como un conjun o de signi ican es a iculados en una
cadena. Es a cadena se a icula con la cadena de signi icados, siendo
el signi ican e una imagen acús ica y el signi icado el concep o.
Signi ican e y signi icado se encuen an en elación median e el signo
lingüís ico. Saussu e une el signi icado y el signi ican e po una línea,
a modo de acción numé ica, si uando el signi icado encima y el
signi ican e debajo (34).
Lacan in ie e la elación en e signi icado y signi ican e, colocando
po encima de la línea de sepa ación el signi ican e y po debajo el
signi icado, anunciando la au onomía del signi ican e en elación al
signi icado (35). Lacan habla en onces de que los signi ican es an
ijándose a signi icados, de modo que un solo signi ican e puede
emi i a a ios signi icados y que po medio de la ep esión un
signi ican e (conscien e) puede emi i a un signi icado inconscien e
sin elación apa en e en e ambos. A es e p oceso de sus i ución lo
34
llama me á o a. Median e la me á o a se designa un concep o
median e el nomb e de o a cosa: “un signi ican e que a en luga de
o o signi ican e” (36) al como lo de ine Lacan.
Una de las apo aciones más ele an es de Lacan es la del es adio del
espejo, que es un p oceso doble en el que, po un lado, el niño
conquis a la imagen de su p opio cue po y po o o esboza un ipo de
iden i icación basado en una elación especí ica con la mad e. El
es adio del espejo iene luga en e los seis y los dieciocho meses de
ida del niño, cuando aún no ha alcanzado la madu ez mo iz pe o es
capaz de cap a , econoce su imagen en el espejo. En una
e o mulación pos e io (37), añade que es necesa ia una igu a
simbólica (los pad es habi ualmen e) que ap uebe esa imagen, que la
sancione, de modo que el niño la asume de modo jubiloso pues, al
conjun o de las sensaciones agmen a ias que iene sob e su cue po
puede da le una unidad, aunque sea más allá de él dando luga a la
es uc u ación del yo (moi).
Del es adio del espejo se deduce que el yo es una ilusión, una ilusión
imagina ia y además alienada, pues su génesis iene del ex e io , del
o o. No hay una unidad del yo sino una imagen de unidad. Lacan
obse a que la i encia del cue po agmen ado apa ece á en los
sueños y en la psicosis (35).
Al sali del es adio del espejo el niño sigue man eniendo una elación
de usión con su mad e, a ando de iden i ica se con lo que él supone
que es el obje o de deseo de la mad e: in en ando se lo que c ee que
desea la mad e, lo que a és a le al a, p e endiendo comple a a su
mad e; siendo el alo el obje o suscep ible de sa is ace la al a en el
o o, en es e caso, en la mad e (38). Si el deseo de la mad e es el alo,
35
el niño quie e se el alo pa a sa is ace lo (35). Pa a gus a le a la
mad e es necesa io y su icien e se el alo (36). El alo no debe
en ende se como una ealidad ana ómica, como el miemb o i il, sino
como la ep esen ación psíquica inconscien e del a ibu o p esen e en
algunos y ausen e en o os, en una doble e ien e imagina ia y
simbólica. En cuan o a alo imagina io encon amos la imb icación de
es ac o es: el ana ómico (como ealidad ausen e o p esen e en el
cue po), el libidinal (como uen e de place ) y an asmá ico (en el
sen ido de la posibilidad de pe de lo, de la cas ación). Como
elemen o simbólico admi e a ias acepciones: como obje o
in e cambiable con o os obje os, como pa ón de in e cambio
simbólico ( e e encia de obje os equi alen es en el deseo humano) y
como signi ican e de la ley (24).
En es e pe iodo del complejo de Edipo el niño man iene, como hemos
dicho, una elación de usión con la mad e, ya que no se ha
iangulado aún esa elación, y se ba e en la disyun i a de se o no se
el alo pa a la mad e. Seguidamen e el pad e p ohíbe la ín ima unión
del niño y su mad e y lo hace en ambos sen idos: p ohíbe al niño se el
obje o de deseo de su mad e (dándole a conoce que es el pad e el
obje o de deseo de la mad e) y a la mad e ene al hijo como su obje o
de goce, in oduciendo de es e modo la ley; enseñándole que no odo
es posible, que exis en lími es, us ándolo de su p e ensión de se el
alo de su mad e y p i ándola de és a. En de ini i a, cas ándolo. El
niño en onces pasa de la posición de se el alo a la de ene el alo.
En es e p oceso la mad e no se si úa como una igu a pasi a, sino que
se enca ga de mos a al pad e como el po ado de la ley, enseñándole
al niño que el pad e es el deposi a io del alo, ele ando al pad e eal (o
a su equi alen e) a la posición de pad e simbólico. A es a unción
simbólica que ealiza el pad e le llama Lacan el signi ican e del
36
nomb e del pad e. Al p ohibi el goce con la mad e ha c eado una al a
en el niño que és e in en a á comple a , cons i uyendo al niño como
suje o del deseo (36).
Además el pad e ha dado signi icación a la elación que el niño y la
mad e enían, es a signi icación, como odas las signi icaciones, se ha
ealizado a pos e io i. Lacan, usando el símil del pun o de capi ón
1
de
los apice os mues a como la me á o a pa e na pe mi e el anclaje de
los signi icados a los signi ican es sin necesidad de ecu i a ningún
e e en e absolu o. Es e pun o pe mi e la asimilación de la es uc u a
del lenguaje, sin él odo se deshace (3).
Sin e izando, en el complejo de Edipo el pad e como unción
simbólica (nomb e del pad e) ha dado signi icación al deseo de la
mad e, el niño deja de que e se el alo imagina io y lo ep ime pa a
cons i ui el inconscien e y aden a se en la ley simbólica o ley del
signi ican e, desde en onces el niño busca á o a mane a de sa is ace
el deseo del o o, de un modo socialmen e acep able, en consonancia
con la ley simbólica, dando paso a lo que Lacan llama el G an O o (le
G and Au e) que no es más que el mundo de la ley, del signi ican e,
de la cul u a, el mundo al que accedemos po la cas ación y con a el
que nos ebelamos, al como F eud mues a en “El males a en la
cul u a” (6).
Pe o es a ope ación es á allida en el psicó ico. A es e de ec o de
insc ipción en el inconscien e de la expe iencia no ma i a de la
cas ación se le llama o clusión (el e we ung eudiano) y supone la
expulsión de un signi ican e p imo dial a las “ inieblas ex e io es”, en
1
En la je ga de los apice os es el pun o que pe mi e uni el bo ón a la ela sin necesidad
de ancla se en o o sopo e .
37
palab as de Lacan, que desde ese momen o al a á (7). Pues o que en
el Edipo el niño se ins ala en el egis o simbólico, da paso a la
ep esión, asume una iden idad sexual y es capaz de econoce sus
lími es. Sin emba go, en el psicó ico, en quien el complejo de Edipo
no se ha esuel o de es a mane a, no ha habido cas ación,
encon amos ince idumb e espec o a la iden idad sexual y el sen ido
de la ealidad y no exis e ep esión, o al menos és a es muy p eca ia
(24).
Pa a Lacan és a es la causa de la psicosis (7). El deseo ma e no no ha
sido nomb ado po el pad e (po inope ancia de la unción pa e na, po
un deseo de la mad e de o ado que impide cualquie a isbo de
sepa ación, e cé e a), no ha sido sus i uido, quedando el psicó ico a
me ced de és e. El pad e (en su unción simbólica, no como el pad e
eal) (35) a a és de su nomb e, de su nom (que signi ica ambién
“no” en ancés) in oduce la ley que p ohíbe el goce con la mad e,
enuncia pa a el suje o que la mad e le es edada, que el goce con la
mad e sólo le es á pe mi ido a él. Pe o es a unción pa e na, como se
ha is o, a más allá: p ohíbe ambién a la mad e goza con su hijo. Si
no se ha p oducido la cas ación, el niño queda a me ced del goce de
la mad e, quedando como me o obje o de goce del O o. El psicó ico
pe cibi á al O o como pe seguido o enamo ado. En esumen, el
psicó ico no se ha con e ido en suje o del inconscien e, no ha sido
cas ado, no es á en al a, po an o no ha llegado a se un suje o
desean e.
Hay que acla a que el diagnós ico en el psicoanálisis lacaniano no es
igual que en o os modelos eó icos. Lacan educe los diagnós icos a
es g andes es uc u as: la psicosis, la neu osis y la pe e sión. Desde
aquí se pone de mani ies o que es di e en e se psicó ico que “es a ”
38
psicó ico. En el p ime caso (la es uc u a psicó ica) la psicosis es
consus ancial al suje o pudiendo habe desencadenamien o psicó ico
(como en la esquizo enia o la pa anoia) o no, en lo que llama Lacan
psicosis o dina ias o no malizadas y que mues a con el caso de James
Joyce (39). El segundo, el es a psicó ico, apela a la p esencia de
sín omas psicó icos en las o as es uc u as clínicas o en el
desencadenamien o de la es uc u a psicó ica, como ejemplo puede
ci a se la psicosis his é ica o la p esencia de alucinaciones puni i as
en el obsesi o. Se hace pa en e que el concep o de es uc u a es
di e en e a la me a eunión de sín omas, que es es able (el psicó ico
siemp e se á psicó ico y el neu ó ico se á siemp e neu ó ico) que las
es uc u as son mu uamen e excluyen es y que és as se mues an en la
clínica de los pacien es (23). La es uc u a es lo que subyace al suje o,
a pesa de las eladu as, la o ma en la que el suje o se en en a al
mundo ex e io , al goce y al deseo.
Al e e i nos a la psicosis lo es amos haciendo a la es uc u a
psicó ica, es en és a en la que se ha p oducido una o clusión del
nomb e del pad e cuyas consecuencias son una pléyade de
mani es aciones clínicas que desa ollamos a con inuación:
-T as o nos del lenguaje.
Lacan explica que en la psicosis la cadena signi ican e se ha o o.
Decíamos más a iba que la unción pa e na pe mi ía la asimilación de
la es uc u a del lenguaje y la pues a en ma cha del p oceso de
signi icación, en el que un signi ican e emi e a o o signi ican e. En la
psicosis has a al pun o es o no ha enido luga que la cadena
signi ican e “se impone po sí misma al suje o en su dimensión de
oz, oma como al una ealidad p opo cional al iempo,
pe ec amen e obse able en la expe iencia, que implica su a ibución
39
subje i a y su es uc u a p opia, en cuan o signi ican e es de e minan e
en esa a ibución que, po egla gene al, es dis ibu i a, es deci con
a ias oces, y que pone pues, como al al pe cipiens,
p e endidamen e uni icado como equí oco” (35). En la psicosis no
sólo exis e la ce eza de que la pe cepción ha exis ido, sino de que és a
es ajena al suje o pe o le concie ne a él, a di igida a él.
Al habe una alla en la asimilación del lenguaje, las cadenas
signi ican es, especialmen e en la descompensación, se encuen an
o as, pudiendo halla se en la explo ación ases in e umpidas y
asíndesis desde su o ma más le e a la disg egación (exp esión del
pensamien o o almen e deso ganizado). En las ases in e umpidas y
en la asíndesis se obse a cla amen e cómo no es posible una
signi icación, nunca se llega a deci nada, aunque no se pa e de deci .
O a igu a que apa ece en la psicosis es el neologismo, concep o al
que Lacan da una g an impo ancia. Dice que “a ni el del signi ican e,
en su ca ác e ma e ial, el deli io se dis ingue p ecisamen e po esa
o ma especial de disco dancia con el lenguaje común que se llama
neologismo. A ni el de la signi icación se dis ingue jus amen e –
hecho que sólo puede su gi si pa en de la idea de que la signi icación
emi e siemp e a o a signi icación- po que la signi icación de esas
palab as no se ago a en la emisión a una signi icación” (7). Es deci
que el neologismo, a di e encia de o as palab as, no emi e a nada
más que a sí mismo. “An es de pode se educida a o a signi icación,
signi ica en sí misma algo ine able” (7). La di e encia en e el
neologismo c eado po cualquie a y el del psicó ico es, como dice
Male al, su unción pa a el suje o, su i al impo ancia pa a el suje o
que in en a es ablece un cie o o den simbólico (23), un in en o de
cu ación. No iene po qué se una palab a nue a, puede se un
es ibillo, una can inela o una palab a o dina ia con un conjun o de
ca ac e ís icas (40):
40
- no se me a o izable, en odo caso sólo puede se sus i uido po
o o neologismo.
- ca ece de signi icación y no emi i a ninguna o a
signi icación.
- ene la capacidad de anula la capacidad del lenguaje de c ea
lazos sociales.
- Se un in en o allido, pe o in en o a in de cuen as, de limi a
el goce del O o.
-La elación con el cue po
Como hemos explicado más a iba la concepción de la unidad del
cue po iene luga me ced al es adio del espejo; sucin amen e
explicado, exis e un a apamien o de la unidad co po al a pa i de una
imagen que exis e ue a de noso os que es disco dan e con la
sensación de agmen ación pe cibida; la cap u a de es a imagen da
luga a la icción de la unidad del cue po. Lacan explica que una de las
consecuencias de la o clusión del nomb e del pad e es la eg esión al
es adio del espejo y la sensación que exp esan muchos psicó icos,
especialmen e en las descompensaciones, de desunión de miemb os,
de agmen ación, de cas ación, mu ilación... (41)
-La elación con los o os
Una de las ca ac e ís icas más isibles de los psicó icos es su soledad.
Bleule p i ilegia el au ismo den o de las ca ac e ís icas de las
esquizo enias, F eud habla del au oe o ismo de los psicó icos y lo
en onca con el na cisismo (27). Es como si el psicó ico se bas a a
consigo mismo. Muchas eces obse amos que las únicas elaciones
sociales del psicó ico se educen a su amilia y los p o esionales de
47
de ene se sino an e la i educ ibilidad e iden e (49) (50); Heidegge ,
po o o lado, lle a a la enomenología a desci a al único se que da
cuen a de su exis encia, el dasein, el se -ahí, el se que se encuen a
a ojado a la exis encia, el homb e (51).
Pa iendo de un en oque exis encial Ka l Jaspe s, médico en
Heidelbe g, in oduce la enomenología en la psiquia ía. En su ob a
“Psicopa ología gene al” ad ie e que usa la palab a enomenología
como la p imi i a concepción husse liana, es deci , designando la
psicología desc ip i a de las mani es aciones de la conciencia. La
enomenología en la o ma de Jaspe s plan ea la misión de p esen a
in ui i amen e los es ados psíquicos que expe imen an ealmen e los
en e mos, de conside a los según sus condiciones de a inidad, de
limi a los y dis ingui los lo más es ic amen e posible y de aplica les
é minos p ecisos. Jaspe s deja cla o que se e ie e a los enómenos
psíquicos ealmen e conscien es. Debido a que el acon ece psíquico
ajeno no puede se pe cibido di ec amen e, pa a ob ene una
in oyección o comp ensión de él, se han de desc ibi las
mani es aciones ex e nas del es ado de ánimo y es udia las
condiciones, compa aciones y simbolizaciones senso ialmen e
in uidas. La enomenología se ald á, sob e odo, de las
au odesc ipciones de los en e mos y da un luga de p i ilegio a los
casos indi iduales en e a las se ies de casos (4).
La explo ación de los signos y los sín omas en psiquia ía no es
equi alen e a la de la clínica con encional. La obje i ación en escalas
y cues iona ios no cap a la esencia de las mani es aciones psíquicas y
psicopa ológicas. Desde es a pe spec i a es necesa ia la comp ensión
psíquica del mundo subje i o del pacien e (52).
48
Recibiendo una no able in luencia de la enomenología jaspe siana
su gie on o as apo aciones de au o es como Ca l Schneide , Maye
G oss, Tellenbach o Ku Schneide . Es e úl imo des aca po la
desc ipción de las pe sonalidades psicopá icas (53) y su
“Psicopa ología clínica” (54). Son ambién igu as impo an es
insc i as en la psiquia ía enomenológica Klaus Con ad y E ns
K e schme .
La o ien ación enomenológica se io en iquecida po apo aciones de
o as co ien es ilosó icas y ambién del psicoanálisis. Así,
Minkowski acompasó las doc inas husse lianas con la comp ensión
de la ida y el iempo de Hen i Be gson (55). Po o o lado, Ludwig
Binswange aplica las esis de Heidegge y c ea el análisis exis encial
que p e ende explica la biog a ía y comp ende las modi icaciones de
la es uc u a de se -en-el-mundo como un p oyec o exis encial (56).
En Meda d Boss se p oduce un encuen o en e el psicoanálisis y la
iloso ía heidegge iana, ma e ializándose en los Semina ios de
Zollikon (57). Hay que des aca ambién a Ronald Laing quien
explo a el exis encialismo sa eano especialmen e en la psicosis (58).
Teniendo es as e e encias gene ales sob e los au o es que pueden
inclui se en el conjun o pa adigmá ico enomenológico -
analí icoexis encial, pasemos a e las apo aciones que hicie on en el
campo de la psicosis.
En p ime luga enemos que ci a a K aepelin, quien sis ema iza la
locu a c eando el concep o de demencia p ecoz y di e enciándolo de
la pa anoia y la psicosis maniacodep esi as. La demencia p ecoz
consis ía en una o ma de locu a ca ac e izada po su e olución
p og esi a hacia el de e io o y po as o nos a ec i os ales como
indi e encia, apa ía y sen imien os pa adójicos. Hab ía es o mas de
49
demencia p ecoz: la hebe enia o o ma simple; la ca a ónica; y la
pa anoide, ca ac e izada po la impo ancia de las ideas deli an es más
o menos ex a agan es e in incadas (59) (60). En 1911 Bleule
sus i uyó el concep o de demencia p ecoz po el de esquizo enia pa a
señala que es os en e mos no son demen es sino que su en un
p oceso de disg egación de su capacidad asocia i a (61).
La psiquia ía ancesa, po su lado, había di e enciado psicosis
alucina o ias y psicosis deli an es en sus o mas agudas y c ónicas,
siendo especialmen e p olija en la desc ipción de deli ios c ónicos:
pasionales, ei indica i os, in e p e a i os, de imaginación… (62)
(63) (64).
En la nosog a ía psiquiá ica de p incipios del siglo XX encon amos
po an o, y excluyendo la psicosis maniacodep esi as, dos g andes
o mas de psicosis c ónicas: la esquizo enia y la pa anoia.
Jaspe s, desde la enomenología, apo a una dis inción básica en e los
concep os de p oceso y desa ollo, basados en las pe spec i as de la
comp ensión y la explicación, y que ue cla e pa a la dis inción en e
la esquizo enia y la pa anoia. En el caso de la pa anoia hablamos de
desa ollo ya que és a es comp ensible desde la biog a ía y la
pe sonalidad del pacien e, en el desa ollo no hay una up u a
biog á ica. En los p ocesos esquizo énicos, no obs an e, se obse a
una up u a biog á ica, una in e upción del cu so biológico, no siendo
posible explica los enómenos psicopa ológicos desde la biog a ía y
pe sonalidad del pacien e, siendo po an o incomp ensibles. Es a
di e enciación ambién la aplica a las ideas deli an es p ima ias y
secunda ias, siendo las p ima ias incomp ensibles y las secunda ias
comp ensibles desde el de eni i al del pacien e. Finalmen e ambién
50
apo a el concep o de “ ans o mación del mundo” como pun o cla e
de a ención pa a los clínicos (4).
La eo ía psicopa ológica de Jaspe s es con inuada po psiquia as de
la escuela de Heidelbe g como Maye G oss, Ca l Schneide ,
Be linge o G ule. Hay que des aca la apo ación de Ku Schneide .
Es e au o dis ingue las a iedades ano males del psiquismo de las
consecuencias de en e medades; en el p ime g upo se halla ían las
psicopa ías y las eacciones i enciales ano males, undamen almen e
las neu osis, quedando las psicosis den o del segundo g upo. Es deci ,
las psicosis son sólo sín omas psicopa ologicos de en e medades
o gánicas conocidas o desconocidas (pe o con base co po al ue a de
oda duda) po lo que hay que explo a a los en e mos pa a halla
signos somá icos que jus i iquen la causa o gánica de los as o nos
men ales. Schneide de ine los signos de p ime ango y ad ie e que
les llama así no po que los conside e as o nos undamen ales sino
po que ienen un peso esencial en el diagnós ico, es deci , que an e la
p esencia de es os signos podemos es a p ác icamen e segu os de que
nos hallamos an e una esquizo enia. Los signos de p ime ango son:
sono ización del pensamien o, audición de oces en o ma de diálogo,
la audición de oces que acompañan con obse aciones los ac os
p opios, las i encias de in luencias eje cidas sob e el cue po, la
sus acción del pensamien o y o as in luencias eje cidas sob e el
pensamien o, la di usión del pensamien o, la pe cepción deli an e, así
como odo lo hecho e in luido po o os en el campo de los
sen imien os, endencias (impulsos) y oliciones. En con aposición a
es os signos de p ime ango de ine los de segundo ango, a sabe :
engaños senso iales que no se hallan en los signos de p ime ango, la
ocu encia deli an e, la pe plejidad, las dis imias dep esi as y las
dis imias aleg es y el empob ecimien o sen imen al i enciado, en e
51
o os. La impo ancia de los signos de p ime ango en la psiquia ía
ac ual es palma ia en la elación de sín omas diagnós icos de la
esquizo enia de los manuales diagnós icos DSM y CIE (54) (65) (66).
E ns K e schme plan eó que el deli io puede se el esul ado de una
es uc u a pa icula del ca ác e , el ca ác e sensi i o. De modo que al
con lui una especial o ma de eacción y las consecuencias de
mo i os o con enidos i enciales de la ayec o ia i al del suje o se
desa olla ía una psicosis, el deli io sensi i o de e e encia. Se ía,
pues, una psicosis de causa psicógena (67). Pos e io men e
K e schme di igió sus in es igaciones a elaciona bio ipos con
di e en es ipos de ca ác e .
Klaus Con ad desde la Ges al , aunque econociendo el legado de
Jaspe s y la escuela de Heidelbe g, se hace eco de la concepción de la
esquizo enia como una o ma de acaso humano, el signo de un
homb e sumido en una c isis que no es capaz de sopo a : una
posibilidad de incumplimien o de la exis encia como a ea. Con ad
in en a desliga el es udio de la esquizo enia de la me a ca ego ía de
incomp ensible sin cae en la enuncia de la psicopa ología como
ciencia, po lo que plan ea un e ce camino desde la psicología
aplicada sin some e a análisis los hechos enoménicos y sin oma en
conside ación concep os pu amen e exis encialis as. Recoge de la
enomenología la exigencia de oma sólo lo que apa ece en la
conciencia pa a pos e io men e desc ibi lo con el a án de la
comp ensión y, pues o que el análisis de hechos enoménicos es
siemp e un análisis de con igu aciones, de las o mas, Con ad llama a
es a labo análisis ges ál ico. En su ob a “La esquizo enia incipien e”,
some e a al análisis la es uc u a i encial del b o e psicó ico,
de iniendo una se ie de ases en el b o e psicó ico que pueden
simul anea se o ausen a se:
52
-una p ime a de ema, que se ca ac e iza po un aumen o de la
ensión, una a ec i idad basal ele ada, angus ia, un humo
deli an e como imp esión de que algo es á ocu iendo en el
ambien e pe o sin sabe aún de qué se a a, en es a ase el
en e mo se encuen a empujado a un mundo que sólo es suyo y
donde no exis e la casualidad.
-Se sigue de una ase apo ánica en la que se p oduce lo que
Jaspe s llamó conciencia de signi icación ano mal, la anas o é,
donde el pacien e iene la sensación de que odo pa ece gi a en
o no a él y en la que se despliegan sín omas psicó icos ales
como la pe cepción deli an e, enómenos co po ales, alsos
econocimien os, i encias de omnipo encia, alucinaciones…
-La siguien e ase es la apocalíp ica, en la que se p oduce una
p o undización del es ado an e io y el pacien e iene
di icul ades pa a exp esa su i encia. Es a ase es la
ca ac e ís ica de la esquizo enia ca a ónica.
-Po úl imo hab ía un es ado esidual que consis i ía en el
dé ici espec o al es ado basal.
Apo aciones desde el campo de la iloso ía y de la an opología
en iquecie on la psiquia ía. Eugène Minkowski, a pa i de la
iloso ía de Hen i Be gson, sos iene que el as o no undamen al de la
esquizo enia, como pa adigma de lo psicó ico, es la pé dida del
con ac o i al con la ealidad. Es deci , no es que el esquizo énico
pie da la posibilidad del con ac o senso ial con su en o no sino que, lo
que pie de, es la dinámica de ese con ac o, odo aquello que le da una
condición i a a la elación del suje o con los demás. Minkowski
amplia an o el concep o de esquizo enia que ecoge en su seno la
esquizoidía (55).
53
Con la in luencia de Husse l y especialmen e de Heidegge , Ludwig
Binswange aplica su análisis exis encial a casos de psicosis como el
de Ellen Wes o Suzanne U ban (56). El análisis exis encial p e ende
in es iga el se -en-el-mundo, la es uc u a undamen al de la
exis encia, basándose en dos ejes: el inmanen e (o ien ado hacia la
conciencia) y el ascenden e (hacia el mundo, hacia los o os). Pa e
de la explicación de la biog a ía y la comp ensión de las
modi icaciones de la es uc u a del se -en-el-mundo como un p oyec o
exis encial (50).
El sabe ilosó ico consis e en hace se p egun as sob e lo que es amos
haciendo y de qué mane a igno amos la ealidad y ocul amos de ás de
las co inas del escena io los o ígenes de la unción e apéu ica (68).
Las clasi icaciones es anda izadas pueden se muy ú iles pa a el
uncionamien o de las ins i uciones y, sin emba go, impedi en
ocasiones la comp ensión de la esencia del se humano, ce ando el
camino e apéu ico del pacien e desde la pe spec i a exis encial.
Reconociendo su deuda in elec ual con la adición exis encial,
especialmen e con Sa e, Ronald Laing se p opone hace
comp ensible la locu a y el p oceso de ol e se loco, al como a i ma
en “El yo di idido”, e y oí al pacien e de una o ma di e en e a
como lo había hecho la psiquia ía, sin da po hecho que su discu so
con enga “señales” de en e medad y expone como asgo undamen al
de los psicó icos la insegu idad on ológica (58).
54
RESULTADOS DEL ESTUDIO DEL
OBJETO DE INVESTIGACIÓN
(PSICOPATOBIOGRAFÍA DE
LEOPOLDO MARÍA PANERO)
55
ESTUDIO PSICOPATOLÓGICO
56
En p ime luga amos a e e i nos a la es uc u a amilia y los
an eceden es amilia es.
Leopoldo Ma ía F ancisco Teodo o Qui ino Pane o Blanc nació en
Mad id el 16 de junio de 1948. Sus pad es ue on Leopoldo Pane o
To bado y Felicidad Blanc Be gnes de las Casas, que se habían casado
en 1941. Su pad e alleció en 1962 y su mad e en 1990. An es de
Leopoldo nació Juan Luis, en 1942 ( allecido en 2013) y un p ime
Leopoldo Qui ino que nació en 1945 y sólo i ió unas ho as. T as
Leopoldo Ma ía nació en 1951 el úl imo de los he manos José Moisés
(Michi), allecido en 2004. Fue po an o el segundo de los es
he manos i os. Residie on en Mad id, en el núme o 35 de la calle de
Ibiza y pasaban las acaciones en la inca Villa Odilia, en Cas illo de
las Pied as (León).
En cuan o a los an eceden es amilia es, según se ecoge en su
biog a ía, un ío ma e no se suicidó, o o padecía esquizo enia y su
ía Felisa (he mana de Felicidad) padeció una ence ali is le á gica y
pos e io men e ue diagnos icada de esquizo enia (12).
Ace ca de su in ancia hay que empeza diciendo que el pa o ue len o
debido a que es aba en posición podálica, pesó 4250 g amos, no
cons an al e aciones en el pe íodo neona al ni en los p ime os meses.
Pane o e a aleg e y ne ioso, aunque ambién hay que señala una
imidez excesi a, de la que él mismo habla: “[esc ibía poesía] pe o
habla , no hablaba. ¿Y sabes po qué? Po que me a e güenza la
desnudez, siemp e me ha a e gonzado... ¡Y habla es desnuda se! Po
eso no me comunicaba. Po eso, y po que in uía que si hablaba, mi
pad e no a ía que e a ma icón” (69). Hay e e encias a episodios de
iolencia eje cida po su pad e, ema que aquí sólo eseñamos y que se
63
de una imp eso a, pasea se po las calles en zapa illas, es ando además
sin apenas dien es y muy en ejecido. En ese año hay cons ancia de
que seguía a amien o con “La gac il” (clo p omazina) de 100 mg y
que, en una ca a que esc ibió a su mad e dice que es aban “ ol iendo
a apa ece odos los con enidos angus iosos que el deli io
“«equilib aba»”, en esa misma ca a dice habe supe ado
sa is ac o iamen e la “neu osis obsesi a”, de la que no hay cons ancia
que le hubie a sido diagnos icada (12).
En 1973 publicó “Teo ía” donde apa ecen (74) sus compañe os de
andanzas, sus amo es (“Luis Ripoll, José Sainz, o Edua do [Ha o
Iba s] o Ana [Ma ía Moix] desapa ecidos como se pien es”),
e e encias a la en e medad men al (“la en e medad es aún
mo imien o, pe o la mía es á inmó il”), a los hospi ales psiquiá icos
(“el manicomio lleno de mue os i os”), a su mad e (“mi ada que
pe o a, mi ada que des uye”), a su pad e (“pad e mad e y paloma si
conchabados/ en el iángulo de aniquilación pe pe uado”) o
e lexiones en o no a la exis encia (“es as lo es son cadenas/ y yo
habi o en las cadenas/ y las cadenas son la nada/ y la nada es la oca/
de la que no hay e o no”). Y ambién encon amos poemas que
pa ecen una eunión de signi ican es sin nexos de unión, como si ue a
u o de la disg egación del pensamien o. Po ejemplo:
“Ve ba abum qué espuma/ Los bosques acaso no es án mue os?/ El lib o
de o o la celes e espuma los ba ancos/ en qué uela una paloma/ en el
á bol aho cado es á un espejo/ palacio de la noche, ulgo so do/ a las
ondulaciones pelig osas/ o acidad se in e umpe y el silencio nace/ aso
de whisky o pe las/ (y en el esplando penumb a en uel a)/ las hadas/
dulces y mue as sus es idos sin agua/ M p egun ó a X/ X no le espondió
(…)/ Ve ba abum qué espuma/ eenca nación/ en lo do ado de mi
pensamien o/ Alicia/ Ve ba abum/ qué hago/ es la espuma inmó il en
mi boca?/ aquí solo a caballo Ve ba abum qué/
64
hagoaliciaenelespejojo en/ aquí a mi palacio de c is al: hay cie os/
cuidadosamen e sen ados sob e al ile es/ y es el ai e un e dugo/ impasible.
(Tace e és bello Silen ium/ Ve / qué hago mue o a caballo/ Ve / al o ahí
ese jine e que silencioso uela/ con ahecho como un ángel:/ caen del
caballo odos los jine es/ y la ciga a απαθής/ en el e de que iembla/ luz
que de la inmo ilidad emana/ luz que nada posee/ y el enmasca ado usó
bala de pla a/ pun eó la iniebla con dispa os/ y dijo:/ a) an ás icos
desie os los que mis ojos en/ b) ba abum: bujum/ c) la llanu a muy la ga
que a a ieso/ con la sola de ensa de mi espalda/ d) mi mano no es
humana” (74).
Es más, e ba abum puede in e p e a se como un neologismo. Ve
en alemán signi ica “ap o echa ” y en holandés “pin a ”, sin emba go
una simple búsqueda en “Google” de “ e ba abum” sólo conduce al
poema de Pane o, lo que lle a a pensa que no iene ningún
signi icado más allá de ese poema. Y en el poema ampoco iene un
signi icado. Apa ece en a ias ocasiones y sin signi ica al e so. El
neologismo es un signi ican e o conjun o de ellos cuyo signi icado es
pa icula pa a el pacien e, y po an o se encuen a po ue a del
in e cambio que supone la comunicación humana (23). Puede se an o
una palab a o palab as in en adas po el pacien e como palab as
nue as con un signi icado sólo pa a el pacien e (75) y su o igen puede
se una alucinación o una esigni icación de un signi ican e o
signi ican es po pa e del pacien e. Lacan da una impo ancia capi al
al neologismo, dice que la signi icación del neologismo sólo conduce
a sí mismo y aduce lo ine able de la expe iencia psicó ica (7).
Sin emba go enemos que conside a que Pane o no es un poe a
clásico y que sus poesías es án en sin onía con los expe imen os
c ea i os de la época. Es o puede se una c í ica a la conside ación de
e ba abum como neologismo. Sin emba go, unos años después
encon amos es e e so: “y una oz escupe en nues os sesos la
65
palab a: ¡gilo ia!” (76). Pane o acla a que se a a de un insul o
sín esis de “gilipoyas” (así esc i o en el ex o o iginal) y “glo ia”. En
el e so encon amos la aducción de lo que puede in e p e a se como
alucinación (“una oz escupe en nues os sesos”) y el con enido
alucina o io en cues ión “gilo ia”, que es un insul o, pe o an e odo un
neologismo. Sin en a oda ía en la expe iencia alucina o ia en
Pane o, si e es e e so pa a da cuen a de las ca ac e ís icas del
neologismo, que ya han sido a adas en el capí ulo an e io . Gilo ia,
es una palab a o alocución nue a, cuya signi icación es pa icula pa a
el pacien e (po mucho que nos digan “gilo ia” no amos a sen i nos
insul ados, sólo es un insul o pa a Pane o) y cuyo o igen, en es e caso,
es una alucinación. El neologismo es p opio de la psicosis.
En e inales de 1974 y 1975 se odó “El desencan o” (9), película
documen al di igida po Jaime Chá a i y que p o agoniza on
Felicidad Blanc y los es he manos Pane o. Fue una película que se
con i ió en el ejemplo del de umbe de la España del anquismo en
gene al y de la amilia Pane o en pa icula . “El desencan o” hacía
a lo a los an asmas de la amilia adicional. La cin a, que causó
g an escándalo, supuso una dia iba con a su pad e, y especialmen e
con a su mad e, po pa e de Leopoldo Ma ía Pane o. Del pad e dijo
que es b u al y a la mad e la acusó de habe lo ence ado en
manicomios y de habe sido incapaz de en ende las mo i aciones que
lo lle a on a in en a suicida se. En el documen al no es e iden e que
Pane o su a ningún as o no de la o ma o con enido del
pensamien o ni que se halle de e io ado o p esen e sin oma ología
nega i a. En suma, no hay sín omas de descompensación de una
en e medad men al. Sí hay que señala una censu a po pa e de
Pane o a su mad e en su papel de mad e, que analiza emos en el
capí ulo co espondien e.
66
Po an o has a 1975, donde enemos una g abación de una en e is a
con Pane o, disponemos de un diagnós ico de psicosis ealizado en
1968 y de elemen os en su ob a que son p opios de la psicosis. Sin
emba go, Pane o lle aba una ida e an e, sin es udia ni abaja , e a
man enido económicamen e po su mad e, su ida es aba ma cada po
el consumo abusi o de d ogas (alcohol, cannabis, an e aminas,
ácidos), conduc as biza as y ex a agan es, la p o ocación en o no a
la homosexualidad y el inces o (en es o ecue da al Ma qués de Sade
(10)), la esc i u a, las ies as y los des ellos de lucidez.
Me cedes Blanco, pa eja in e mi en e, de Pane o du an e dos años,
dijo de él que enía un pensamien o incohe en e, que p o ocaba
“cie a ascinación po su imaginación e bal, cuando el deli io
cesaba” y que cuando lo conoció, a inales de 1975 “su locu a es aba
en pe íodo de la encia, i ía una ida imp oduc i a y anquila, con
ela i a sumisión a su mad e, muchas lec u as y cha las y mode ados
excesos”. Y añadió:
“po desg acia nues o encuen o coincidió con el inicio de un pe íodo
ecundo de su psicosis ( al ez con ibuyó a desencadena lo po oscu as
azones) (…) Comenzó en onces una p oducción deli an e de mi os
apocalíp icos en que él e a el pe sonaje p incipal de una con lag ación
cósmica, el An ic is o o su ad e sa io. Todo ello eno memen e con uso y
u bulen o. En esos mi os me concedió a mí un papel menos abe an e, de
di inidad emenina, en un p oceso al que asis í con cu iosidad e
impo encia” (12).
A pa i de esa echa hay cla os elemen os que pe mi en apun a hacia
la esquizo enia, sin emba go queda poco cla o si con an e io idad
puede sospecha se ese diagnós ico de o ma ehacien e. El pe íodo
que a desde 1973 a 1979 b illa po la escasez de ma e ial
au obiog á ico o li e a io. En es os años sólo publicó algunos ex os y
aducciones con muy poco in e és pa a el ema de es a esis.
67
A in de escla ece cómo es aba Pane o en es e pe íodo nos pusimos
en con ac o con Me cedes Blanco, que amablemen e nos espondió lo
siguien e:
“Mi o men osa elación con Pane o du ó unos dos años, con in e misiones
a las que debí mi supe i encia. Lo conocí en el 75 y dejé en absolu o de
e lo en la p ima e a del 77. Él conocía de an emano a mi he mano,
An onio (...), poe a y loco él ambién, y ambos (mi he mano, sob e odo)
admi ábamos su poesía, sob e odo el lib o llamado “Teo ía”. Apenas he
leído lo que publicó después y mi imp esión es que es de meno in e és. Yo
e a en onces sumamen e jo en y lo i du an e a ios pe íodos de unos
meses en Pa ís, donde ino a e me po que yo es udiaba allí y enía cie os
medios económicos. La cosa acabó cuando le ce é adicalmen e la pue a.
(…) Pa a mí, p o ana, no cabe duda de la psicosis, o dicho de o o modo, de
que Leopoldo es aba loco de a a , y que su locu a no e a cosa pasaje a ni
acciden al, sino consus ancial a su pe sonalidad, segu amen e desde
siemp e. Es e dad que, cuando lo conocí en Mad id, en casa de su mad e,
no es aba en eso que Lacan llama momen o ecundo, que si en iendo bien
es el momen o de agi ación dolo osa y de con usión que a a de ali ia se
median e el deli io. Hablaba, mucho, pe o en plan li e a io, de su pasada
ida en el o los manicomios y en el psiquiá ico peni encia io. No sé qué
pa e de ello e a in en ada. La ida en casa de su mad e lo sedaba, al ez, a
menos que oma a alguna medicación y luego deja a de oma la. No dijo
nada de ello y en mi opinión no omaba nada po que la medicina pa a casos
como el suyo a on aba e iblemen e y él no es aba en absolu o a on ado,
sino muy despie o y ib an e.
Su elación conmigo, el i a Pa ís, p o ocó u ocasionó un episodio deli an e
agudo que incluso ísicamen e enía consecuencias isibles: adelgazó
muchísimo y apenas do mía ni comía. Es cie o que e a alcohólico, y que se
d ogaba, aunque ampoco an o; un poqui ín de cocaína, cuando enía
medios pa a ello o conseguía que se la egala an (que e a pocas eces) y
algo de haschich [esc i o así en el o iginal], pe o lo p incipal e a el
consumo con inuo de alcohol y cie a pe e sión polimo a de dominan e
masoquis a. Sólo una ez o dos se inyec ó he oína en odo el pe íodo en
68
que lo conocí, y no le in e esaba en exceso. No c eo que nada de ello ue a
de e minan e. Tenía un sis ema de in e p e ación del uni e so, donde se
mezclaban lec u as a iopin as y no muy in elec uales: Pe e Pan, Alais e
C owley, eso e ismo y sa anismo ba a o, “En pos del milenio” de No man
Cohn; o as lec u as menos on as, pe o que se le escapaban en g an pa e:
“La gnosis” de Leisegang, algún esc i o sob e la cábala del genial
Ge schom Scholem. Su deli io e a de ipo apocalíp ico-so e iológico: él e a
igu a sal ado a, aunque enía sus agen es dobles y sec e os compa idos
con el An ic is o. A o unadamen e, e a poe a y enía imaginación e bal e
ingenio, po lo cual esas uen es de pésima calidad daban un discu so que
no dejaba de ene su o iginalidad e incluso cie a g acia, apa e de los
momen os de máxima ines abilidad y su imien o, en que su
compo amien o y ac i ud se ol ían mal ados y podían da luga a
acciones de ex ema iolencia (menos ísica que simbólica, sin emba go) y
a a ias o mas de au odes ucción. Cada inciden e de la ida co idiana,
cada anuncio is o en el me o, palab as oídas po la adio, dichas po mí o
po o os, le es aban des inadas y cob aban un signi icado ominoso,
alusi o, cla ísimo pa a él, oscu o pa a mí y pa a cualquie a en su sano
juicio. Había que lle a le la co ien e ( o encial, po que su pe sonalidad
e a ené gica y ex o e ida) y segui sus e iginosos juegos con las cosas y
las palab as. Po supues o, yo enía un papel en su deli io: como esas
igu as emeninas odopode osas e inquie an es que uno se encuen a en la
gnosis y la cábala. No sé si odo eso se llama á esquizo enia pe o de que
e a una g a e psicosis no cabe duda. Sien o no habe conse ado las ca as
que me mandaba odos los días después de que yo lo despidie a po p ime a
ez, y él ol ie a a Mad id con su mamá du an e un mes y medio, de ene o
a ma zo del 77. Es aban bas an e bien esc i as, aunque epe i i as. De odo
ello quedan huellas muy cla as en la li e a u a que p odujo después” (77).
De es as palab as se desp ende que Pane o su ía un episodio psicó ico
al menos en 1976-77, aunque Me cedes Blanco apun a a que exis ían
sín omas psicó icos p e ios a esa c isis. Po lo que ela a ella hay que
deduci que Pane o p esen aba un sis ema deli an e de ipo mesiánico.
69
En 1976 esc ibió mucho, sob e odo ca as, algunas an oscu as como
és a y que dejan e una exis encia desdichada:
“la huida ha concluido, no haciéndolo odo hui , sino en una caída, de
b uces, con a los lími es de lo posible (que hubie a sido, sin emba go, que
ue an ácil aspasa )
(No sabéis lee )
Me niego a segui esc ibiendo” (12).
Algo que es explíci o en o a ca a “ oda mi exis encia no esc i a es
sólo un ac o allido cuyo sec e o designio es el acaso” (12).
En sep iemb e de1976 se publicó “El luga del hijo” donde se ecogen
sie e cuen os muy lib emen e aducidos, con añadidos e incluso
lejanas e e encias con el ex o o iginal, lo que Pane o llama
pe e sión en luga de aducción. Aquí la e imología de la palab a
pe e sión adquie e odo su alo : pe e i iene de la palab a la ina
pe e e e, que es ol e del e és, olca , in e i , e osiona ,
deso dena , come e ex a agancias (64). Jus o lo que Pane o hizo con
los ex os o iginales.
Aunque son aducciones a la o ma de Pane o, pueden señala se
elemen os con un cla o in e au obiog á ico. En p ime luga hay una
cohe encia en e los emas a ados en los cuen os, aspec os de su ida
y con enidos que apa ecen en poemas, a ículos, en e is as… Sin i
más lejos el edi o ya lo señala en el p ólogo: “po lo demás, no se ían
pocos los ex os poé icos que se debe ían ci a aho a y que mues an
una con inuidad – emá ica, ideológica- en la esc i u a de Pane o,
independien emen e de cuál sea su ca ác e gené ico” (78).
Así, po ejemplo, en el cuen o “Mi mad e” se a a abie amen e el
inces o del pe sonaje con su mad as a: “me pa eció, al na u al, más
70
a ac i a”, “me pa eció que me mi aba con algo así como a idez, no
como al hijo de su ma ido ni ampoco como a su hijo, sino como a un
posible aman e. Aquello me epelió, po que yo no que ía a una
aman e, sino a alguien que imi a a bien la palab a “mad e”, “al
despe a , conside é el ac o caníbal una me á o a del deseo de mí que
había c eído e en mi mad e, y a ibuí mi p opio place a ese is e
símbolo que es el Edipo”, “había empezado a pensa en mi mad e en
los é minos del amo ” (78). Es os elemen os inces uosos se han
epe ido an o en “El desencan o” (9) como a lo la go de su li e a u a.
En el cuen o “P esen imien o de la locu a” a a la his o ia de un
homb e que sien e que su hijo adop i o quie e enloquece lo y ha
asesinado a su esposa, y de cómo as el suicidio del hijo piensa en
descua iza lo. En la ob a apa ecen alusiones a las alucinaciones (“una
oz decía en mi ce eb o, iéndose de él”) y a lo que pueden
conside a se in e p e aciones deli an es au o e e enciales:
“Le hablé a él di ec amen e, mos ándole la bo ella con miedo y con cóle a:
y él en onces ol ió a eí se, a eí se con una isa onca, como si quisie a
e i a que C is ina [la mad e] le oye a, como si quisie a po odos los
medios aisla me de odo y de odos, pa a mejo des ui así mi cabeza”
(78).
Van a eco e ambién el ex o e lexiones sob e la locu a (“ninguna
medicina, ninguna eo ía, ninguna ciencia puede da cuen a del dolo
de la locu a”) y sob e la posición como obje o de goce del o o (“la i
[a su mad as a] en esa acha mas icando con codicia unos huesos que
eco daba habían sido an es yo, y ex ayendo con delicia su ué ano
pa a ambién de o a lo. Pe o lo ex año e a que sen ía aquello yo
ambién como una olup osidad –unas eno mes ca cajadas se ían de
co o e inquie ud”); apa ecen además elemen os exis enciales (“me
hicie on desde un p incipio conside a mi exis encia como algo
71
innoble que debía se ocul ado”), e e encias al pad e (“mis exiguas
espe anzas es aban concen adas odas en la igu a de mi pad e, cuyo
echazo había undado al pa ece mi exis encia; un echazo que nunca
dejé de espe a que algún imp eciso milag o ans o ma a en amo ”
(78).
En los siguien es capí ulos de la esis pod á ap ecia se con mayo
cla idad la ma iz au obiog á ica p esen e en los cuen os.
En 1977 con inua on los excesos: salidas noc u nas y consumo de
alcohol. Su mad e le adminis aba halope idol de o ma ocul a.
También pe sis ían las conduc as ex añas, como dise a sob e la
ob ención de ene gía de los exc emen os, inunda su casa,
agabundea po Pa ís i iendo de la basu a, ecoge el agua de la
ducha donde, según él, quedaba ecogida la ene gía co po al, con el
obje i o de con agia a quienes había que sal a , busca colillas en los
cha cos… Además en esa época es aba en un es ado ísico lamen able.
Él mismo lo ela ó años más a de: “cuando me dejó ella, en Pa ís, me
dediqué a ecoge la basu a po oda la ciudad, y a p ac ica una
ex aña alquimia de la mie da. Do mía en la calle, con dine o, y que ía
sal a a los clocha ds” (70). Mien as an o no podía ol ida a
Me cedes Blanco, a pesa de que en ab il de 1977 conoció a Ma ía
Luisa (Ma a a) Domínguez To án, con quien man u o una elación de
a ios años.
En julio de 1977 u o luga una si uación que ma có a Pane o de po
ida. Con el obje i o de impedi la u banización de la isla “La
D agone a” los colec i os ana quis as “Talayo Co ca ” (a su ez
nomb e de un ba donde se eunía es e colec i o) y “Te a i Llibe a ”
o ganiza on una ocupación de la isla. Pane o se sumó a la
mo ilización. Dos amigos lo expulsa on de sus casas debido a su
72
compo amien o, que ambién p esen ó en un ba , lle ando a que una
pe sona le die a una paliza y lo amenaza a con una na aja. Pane o
ealizó una in e p e ación deli an e de es os acon ecimien os. De
o ma p ecoz, Ma a a econoció que “ ino pa anoico pe dido.
Obsesionado con que le que ían ma a , que la CIA le que ía ma a ”.
De Mallo ca sal ó a Mad id y de ahí a Pa ís, donde siguió in e esado
en la cábala, la alquimia y el esquizoanálisis, de hecho quie e cu a a
su mad e de la esquizo enia que él mismo le había diagnos icado,
pa a lo cual lle aba consigo una caja de ciga illos elabo ados con
abaco y sus p opias heces. Du an e un iempo se alimen ó sólo de
sa dinas en la a, pues e a, pa a él, el alimen o o al y dado de una
in eligencia indiscu ible. En esos días lo de u ie on unos genda mes
po que andaba mojando “c uasanes” en los cha cos de las calles.
Vol ió a España. A inales de 1977 in en a on iola a Ma a a, lo que
achacó a una pelea que él u o días an es en una disco eca llamada
“O’Clock”. Según se ecoge en su biog a ía in en ó exilia se y en la
es ación de en pensó que había policía sec e a po odas pa es. Una
ez den o del en, al es a és e acío in e p e ó que había una ama
con a él del gobie no de Adol o Suá ez, pe o consiguió llega a Pa ís
(12).
En una ca a que en ía a Me cedes Blanco en esas echas esc ibe lo
siguien e:
“Que ida Mechi a: el o o día e llamé, pe o u e miedo de us
“gua daespaldas”; el caso es que ou simplemen no puedo ol e a
España, cada ez que uel o se a ma, como e p oba án es os es imonios
que una amiga mía ha enido la gen ileza de en ia me; en el i ulado la
noche de O’Clock pod ás en e a e de que a Wilmo e [amigo al que
ambién die on una paliza en la disco eca] le han pa ido la mandíbula, y
es á en e mo de manía pe secu o ia (g a e) en el [hospi al] F ancisco
F anco, sección médico qui ú gica; y po si odo el co é polí ico del a ai e
79
El 8 de agos o de 1980 ing esó du an e una semana en el Hospi al
Psiquiá ico P o incial de Mad id. Pane o man enía su ida e á ica
(con cada ez menos p édica en el mundo li e a io y a ís ico), el
consumo de alcohol y las conduc as biza as. El 11 de diciemb e
ol ió a ing esa en el mismo hospi al po un pe íodo de doce días, y
u o un nue o ing eso de dos días en el Hospi al de Día donde ya
había es ado, siendo dado de al a el 23 de ene o de 1981 (12). A
inales de 1980 publicó “El que no e”, con in e esan es alusiones a
sus pad es (81).
En un es ado lamen able hizo un nue o ing eso el 28 de ab il de 1981,
es a ez en el Hospi al Psiquiá ico Nacional San a Isabel, donde
pe maneció en égimen semiabie o has a el 16 de sep iemb e.
Du an e el ing eso Pane o siguió bebiendo, ol ió al hospi al el 14 de
oc ub e y allí es u o has a el 22 de ma zo. El psiquia a que lo a endió
du an e el ing eso ealizó las siguien es decla aciones al bióg a o de
Pane o en el año 1995:
“Leopoldo no es un loco pe o sabe especula muy bien con la locu a. Es un
homb e mal hecho. Él es á den o de la ealidad y la maneja como quie e.
Tiene un juego pe ec amen e lúcido y acional. T a ó de seduci me y
engancha me a él pe o yo nunca le seguí. Tiene el emb ujo especial del
loco que, a la ez, no lo es. Aquí se le espe ó como pe sona y no como
suje o que deslumb a. Es un pe sonaje cu ioso: un psicópa a lis o, como
odos, con ga a y con a e. Y ha cons uido una pe sonalidad
pe ec amen e es udiada” (12).
El psiquia a pa ece deci que en luga de una psicosis c ónica lo que
padecía Pane o e a una psicopa ía, en el lenguaje de Ku Schneide
(54) un as o no de la pe sonalidad. Más adelan e discu i emos es e
ex emo.
80
En diciemb e de 1981 esc ibió el a ículo “Dolo eal y su imien o
imagina io” publicado en 1982 en la “Re is a de la Asociación
Española de Neu opsiquia ía”, donde expone que la locu a p o iene
del dolo y acusa a la psiquia ía de desplaza el dolo al lado de lo
imagina io. “Todo el b illo de las palab as no puede ence al dolo .
Po que el dolo es un luga que escapa po excelencia al deci : quie o
deci al deci abs ac o, al deci de la ley o azón” (82). Pane o,
usando el lenguaje del psicoanálisis lacaniano, señala que el dolo es á
en el campo de lo eal, pues o que no es simbolizable ni se deja
ap esa po lo imagina io. Aspec os que se apa ecen en su lib o
“Dioscu os”, publicado en 1982: “yo, mien as/ buscaba en e las a as
la azón de mi ida”, “miedo/ a encon a un día, as de la nie e,
lleno/ de miedo y io/ mi ecue do” (83).
El 21 de agos o de 1982 ing esó en el Hospi al P o incial de Mad id
en el que pe maneció has a el 27 de sep iemb e y donde ue
diagnos icado de “psicosis endógena (cuad o esidual)”. Cabe eseña
lo cu ioso de que unos meses an es el psiquia a que lo a endió en
Leganés opina a que no padecía ninguna psicosis y que en es e
ing eso se conside a a que padecía un cuad o psicó ico ya esidual.
Sin emba go en un nue o ing eso en el Hospi al P o incial en junio de
1983, se le diagnos icó de “ oxicomanía y alcoholismo. Pe sonalidad
psicopá ica”. An es de ese ing eso Pane o es u o in e nado de nue o
en égimen semiabie o en Leganés en e el 14 de no iemb e de 1982
y el 14 de junio de 1983, po esos días esc ibió:
“mis lib os no alen nada en e a ese loco deseo de mue e. La me á o a de
mi ida no se i á de lección a nadie: un mons uo es an sólo una ca ego ía
del silencio. Queda po sabe si me nega ían la umba, la lápida, mi nomb e
en ella insc i o (…). Fue a de la li e a u a, que la e dad es que a ue za de
“golpes de es ado” en la cabeza cada ez esc ibo peo , la e dad es que
cues a mo i se con semejan e público” (12).
81
Pe o odo siguió igual: alcohol y ida e á ica, como un au én ico
agabundo. T as se encon ado en la calle po una in oxicación e ílica
ue ing esado en el Cen o San Juan de Dios de Ciempozuelos el 1 de
julio de 1983, ugándose en oc ub e de ese mismo año. En lo que
quedaba de 1983 ing esó dos eces más en el Hospi al P o incial de
Mad id. Del segundo ing eso salió el 23 de ene o de 1984 pa a
e o na al hospi al el 17 de eb e o y el 15 de ma zo o a ez ing esó
en Ciempozuelos has a el 17 de julio (12).
Con inuó bebiendo y esc ibiendo. Ese mismo año saliñó a la luz “El
úl imo homb e”, dedicado a quienes lo ayuda on a escapa se del
hospi al psiquiá ico “sal ándome así de la locu a”. El lib o abunda en
e e encias exis enciales y a su mad e, que se analiza án en los
capí ulos co espondien es, sin emba go amos a ci a ín eg amen e
un poema de impo an e calado au obiog á ico:
“Bau de o as
2
-cua o años sin oz- ha-/ blando demasiado y sin oí me,
e ando/ en mi ce eb o con sed, como/ un pez ojo en el ango, y/ -dinanzi a
Lei i u/ gli spi i miei e n uggi i- aún/ no pe dí el can o (ni el es igma/ de
“pob e loco”). Cua o años la misma/ bo ache a noche y noche, ola
ba iéndose/ -p ac ica sin a mas la esg ima- con a el du o/ ma de la
“ eneb osa/ “gene ación”- Y en una de ellas/ dije, a alguien que a mi lado
es aba, dije, le/ dije “acé ca e y escucha cómo/ me mue o”. Lago que/ pa a
cumpli su enganza se seca/ en es a página, conca idad que deja/ y/ odos
los ahogados que apa ecen aho a/ lí idos, in ac os, como aye ./ Bau de
o as:/ ya/ acep é el insul o, lo es í como una/ ágica y son osada muñeca.
Whe e/ a e you? I/ am in he shop-window en e/ a la muchedumb e que/
mi a, como siemp e, con los bes iales ojos. Mi alma/ en el escapa a e.
gen ío que aplaude/ en la hogue a los úl imos ges os/ de Juana de A co.
(…)/ Según/ Robe Redd (“Bedlam on he Jacobean S age”) la isi a/ de
esa casa de locos
3
e a una de las g andes di e siones/ dominicales de los
2
“Bau de o as” es un insul o que signi ica “ e e a ue a” y que es ambién sinónimo de
e olución (79).
3
El Psiquiá ico de Bedlam.
82
londinenses. Los isi an es pasaban/ po esas e jas llamadas “penny ga es”
po que/ la en ada cos aba muy poco, muy poco. El isi an e/ después/ de
habe deposi ado su/ espada en el es ua io, donde quedaba has a su uel a,
enía/ de echo/ a eco e odas las di isiones, las celdas, ha-/ bla con los
en e mos, y bu la se de ellos. A/ cambios de sus agudezas dábales/ en
ocasiones algo de come , o bien les/ hacía bebe alcohol pa a/ es imula les
a segui di i iéndole (…)” (84).
Podemos con empla en el poema las alusiones a la ida de Pane o en
esos años: el es igma del loco, las bo ache as, el no se escuchado…
Pe o ambién se nomb a la i encia au o e e encial: “ en e/ a la
muchedumb e que/ mi a, como siemp e, con los bes iales ojos. Mi
alma/ en el escapa a e, gen ío que aplaude/ en la hogue a los úl imos
ges os/ de Juana de A co” donde puede ap ecia se cómo el au o es á
si uado en posición de obje o de goce del O o. Lo que uel e a
epe i se al desc ibi las isi as a los en e mos en el Hospi al
Psiquiá ico de Bedlam, donde los in e nados se ían de di e imen o
de los isi an es. Es deci , como cosas, como obje os pa a el goce del
O o enca nado en los isi an es.
Poco iempo después de “El úl imo homb e” se edi ó el lib o de
cuen os “Dos ela os y una pe e sión” (85), eedi ado en 1992 como
“Palab as de un asesino”(86). En el ex o hay e e encias
au obiog á icas como és a del cuen o “Páginas de un asesino”:
“Fue en Mallo ca el p incipio y el inal, ha á cosa de un año, o dos: digo
eso po que desde en onces he pe dido el sen ido del iempo. Hoy sólo, que
uel o a esc ibi y a sen i me de nue o un esc i o , lo que yo e a, mis ojos,
mis ojos de asesino ie on en el calenda io una echa: 1979. C eía que ya
había pe dido, y no sabía si euni me p on o, en la cama, con la ayuda del
alcohol, con el dulce ma eo de las pas illas. A oja la cabeza hacia a ás y
euni me conmigo mismo. Le había pedido a mi amiga F anca que no me
en e a an, que me deja an sólo pud i me en la hie ba y así sen i encima el
sol y el ai e has a que mi alma se ma cha a. El uego a uo.
83
¿A dónde? Quién sabe en qué compañía: no lo espe aba buena. Po que
sabía que, como dijo He ácli o, “El homb e desciende de inmo ales, y a su
mue e iene jueces que lo juzgan”. Y los emía, pe o a eces... emía más la
ida. Temía más la ida acosado, emiendo la luz y el sueño, emiendo,
emiendo a es a luz que no se apaga y que espan a al mundo y hace hui y
eí se a los homb es. El alcohol y el miedo, y o a ez, mañana, la misma
ola en u ecida ba iéndose con a un pasado que ya no exis e, una ida
bo ada, una cul u a que no me a e ía a sabe , pa a simula que e a un
homb e bueno en luga del más e inado de los canallas. Simula con los
ojos, con un cine ama go que me cos ó mi men e, pe o me sal ó aquel
o oño la ida. Y aquel in ie no. Y aquel sol epen ino en un cielo de
espan o” (86).
El cuen o es á esc i o en Pa ís, con el obje i o de deshace se de
España y en él esuenan las ideas pa anoides pos e io es al suceso de
Mallo ca, cuando Pane o, p ecisamen e acaba en Pa ís, pe o la echa
de composición no es á egis ada. El ex o p osigue:
“Pe o allí es á la piel, b illando, y allí ap endí la espan osa ciencia del
cue po, en el ío, en una escale a acía, du miendo. O ecogiendo la basu a
pa a e i a , g acias a ese ea o, que me ma a an. La epopeya alsa de los
o os me impo aba poco. Sólo que ía un es igo, el basu e o, pa a e i a
que me ma a an. Pa a e i a que me deja an solo en la oscu idad, con mi
ida en e a. Bueno, en esumidas cuen as, que ía gana iempo pa a que la
calle se llena a de gen e, y e i ándome so p esas, pode llega así al
“Talayo Co ca ”(86).
Jus o apa ece el Talayo Co ca , el ba donde se eunía el g upo
ana quis a del mismo nomb e que o ganizó la p o es a de Mallo ca en
la que ag edie on a Pane o. Un poco más adelan e esc ibe:
“Sabes, F anca, C is ina, Begoña, Cha o, había in en ado en Pa ís una
especie de lenguaje especial. Como el de Joyce, pe o más ú il. Y en ese
idioma “ alayo ” quie e deci aho a: Tala-yo, po que allí me iban a
de umba la ida, y a deja me en la sel a como un á bol co ado. En la
84
sel a más empa o ecedo a. En el bosque, en la ma ea de la especie. Yo he
descubie o la especie humana” (86).
En es e úl imo agmen o “ alayo ” se ha con e ido en neologismo, es
deci , el signi ican e “ alayo ” se ha deslindando de su signi icado
gene al pa a uni se a o o signi icado, pe o en es e caso pa icula ,
sólo pa a Pane o. Él mismo lo dice, en el idioma in en ado alayo
signi ica “ ala-yo” con una esigni icación absolu amen e
au o e e encial: “po que allí me iban a de umba la ida, y a deja me
en la sel a como un á bol co ado”, es deci , alado. De una sel a que
no es cualquie a, sino la sel a de la especie humana, la sel a del O o,
del O o gozado . Po mucho que Pane o quie a in oduci es e
neologismo en la lengua es imposible que pueda compa i se ese
signi icado pa icula , es e nue o signo lingüís ico es exclusi o de él,
no es in e cambiable, es un signo lingüís ico mue o, que sólo se
di ige a sí mismo. Insis imos mucho en el neologismo pues es
ca ac e ís ico de la psicosis, uno de sus signos más de e minan es de
ca a al diagnós ico y po que en la ob a de Pane o puede e se el
p oceso de o mación.
El 20 de junio de 1984 Pane o publicó en “El País” un a ículo
i ulado “Ace ca de la li e a u a” cuya pa e inal me ece se esca ada:
“Si hay allos en mi ob a -pa icula men e lo econozco a p opósi o de El
que no e-, engo, sin emba go, la sa is acción de habe siemp e
conside ado la li e a u a como un en-sí indi e en e a su insc ipción social -
"el icio adical es iba en la ansmisión del discu so"-; es deci , en
de ini i a, como algo se io. Si los demás no se comen el a o, es p oblema
suyo. Que no en en en el bosque de la noche. Desde el p incipio supe que
no había salida. Que no usen mi o pe biog a ía pa a juzga me. La li e a u a
no es un modo de ida. "La no- ida es un es ado de disolución / del yo en
ida, causa de la esc i u a y a la ez su esul ado", decía ya en Teo ía. Po
85
lo demás, me ag ada el que an o i almen e como po esc i o haya
cumplido la p o ecía. Si yo no ue a yo, ampoco Dios hab ía sido” (87).
Pane o e a sabedo de que su conduc a lo ha p osc i o del mundillo
li e a io. E a ya el maldi o de la poesía española y a ó de de ende se
de eso, se ei indica en el ex o como un esc i o al ma gen de sus
andadas: “que no usen mi o pe biog a ía pa a juzga me”. Pe o Pane o
man u o su es ilo de ida (alcohol, as o nos de conduc a) y sus
ing esos después de ese a ículo. Es u o in e nado en e el 14 de
sep iemb e y el 3 de oc ub e en el Hospi al de Guipúzcoa donde ue
diagnos icado de episodio dep esi o agudo, de ahí pasó a la Clínica de
las He manas Hospi ala ias de Elizondo, en Na a a, y poco iempo
después ing esó du an e algo menos de un mes en el Hospi al de
Basu o, de donde salió el 23 de diciemb e de 1984 (12). Du an e la
es ancia en Elizondo esc ibió un a ículo i ulado “La echa de la
locu a”, que publicó ABC es años más a de, y donde ei indica el
alcohol y la ma ginalidad, lo que se apa a de la no ma y pa ece el
con a a ículo de aquél en el que pedía que no se le juzga a po su
biog a ía (87):
“Aho a bien, lo que ab e el camino a la since idad, lo que des ela los
caminos del espejo, el hamb e del amo en el homb e, es el alcohol, el
beleño neg o, la magia del medioe o; y quien ab e el camino a la
since idad es el bo acho, el homosexual, el paso a, el p ole a io o
desca ado (es o es, ca en e de másca a), el que no mien e y sólo mi a. Así,
en el ascenso al pode de la bu guesía, el espejo y la comunicación humana
acaba on po se el mayo de los es igmas, y la mi ada, la anspa encia,
sín oma de cegue a, de oscu idad o de locu a” (88).
A Basu o eg esó el 19 de julio de 1985 y allí pe maneció has a el 15
de agos o, en onces ol ió a Mad id e ing esó en el Hospi al
Psiquiá ico P o incial en e el 2 y el 30 de diciemb e. Du an e ese
ing eso esc ibió “Dia io casi imagina io” (12) en el que acusaba a su
86
mad e de abandona lo a la mue e: “pueden ma a lo pe ec amen e.
Eso no es mi hijo. No debes bebe ”, donde es á cla o que Pane o
queda cosi icado, eso no es mi hijo, no ése es mi hijo. A la ez, en la
ano ación del día an e io esc ibe: “si yo u ie a una mad e, pa a
pode deci an sólo mamá, mamá, mamá”, lo que supone una llamada
e ible a su mad e. Pe o en el ex o ambién e ie e que “la ele isión
me insul a y me llama “loco”. Bo acho, e c.”, que “hablan de
ma a me po ele isión”, que “me c eo el An ic is o”, que quie en
endu ece le el hígado pa a pode en enena lo, que le dan es icnina y
que el Modeca e
4
que le inyec aban e a also.
Pocos días después del al a esc ibió un a ículo en “El País” i ulado
“Balada de la cá cel de Reading o de la jaula de Pound”, con el
sub í ulo “Requisi o ia con a el ascismo” donde ela a el suceso de
Mallo ca:
“Nunca José An onio, el g an gomoso, dijo, pese a odo, que el ascismo
ue a la Inquisición, quema he ejes en nomb e de no sé qué hogue a ni de
qué sol. Y a odo es o, en e miedo y miedo, di íase que es amos en pleno
siglo XX, i.e, en 1985, a pleno sol, o debajo de la llu ia. No es de aho a la
his o ia, ni de hoy, ni de nunca. P o iene, p ecisamen e, de la Edad Media,
que es el ins an e exac o en que nos encon amos. Empieza, pa a mí, en
1977, Año In e nacional de la In ancia; me encon aba en onces en Palma
de Mallo ca, abajando pa a los ana quis as del Talayo Co ca . Allí me
c eía Jesuc is o, y de ahí que los mencionados suje os me igila an
cons an emen e po si pe día la azón que en pa e alguna se halla, a lo que
se apa ece. Pe o epi o que en onces, po muy isueña e in eliz que pa ezca
la his o ia, me c eía Jesuc is o, y no es que me quisie a casa , sino
ol e me a encon a con la i gen, sí, con esa chica que salió en ele isión
el o o día.
4
Ma ca come cial del decanoa o de lu enazina, un an ipsicó ico inyec able de la ga
du ación (184).
87
Y mien as no se cumplió la p o ecía, odo ci culó po los debidos ámi es,
es o es, po los cí culos concén icos del in ie no de la usu a men al. Pe o
ya apa ece ían los Gue ille os de C is o Rey a sus i ui la libe ad po la
peni encia y la o u a. Po el momen o, lo que a mí más me impo aba e a
la isla de D agone a, que los ana quis as, y comp is moi, que íamos que no
u baniza an. Sin emba go, nada les impo a ía luego a an ascis as y
sinies os pe sonajes que el in ie no se apa ecie a allí en la igu a del
dine o, o sea, de la inmobilia ia que en aquella isla había in e ido
millones. Lo que an sólo les in e esaba, al pa ece , e a su san idad, es o es,
su escisión simbólica, su as illa en la cabeza: léase C is o o el An ic is o.
Pe o has a que, como dije, no se cumplió la p o ecía, no andu ie on an
pelmas. Y la o ma en que aquélla hubo de cumpli se ue la mue e. T es o
cua o p o ocado es, cinco o seis gua dias ci iles que de endían la isla,
unos de in a o de mioca dio y o os pe diendo el e o iso , o lo que es lo
mismo, los ojos, que en ancés se dice ue, o ie. Au olan la ue c'es
impo an , la p udence aussi, como dije a el anuncio de algún me o
pa isiense en donde jamás ecé. Y en onces odos c eye on en el milag o,
en lo oscu o, en lo que F eud apoda a pa a ninguna ho a lo unheimlich, o
mejo , lo indecible, es o es, lo p oducido po la e dade a o clusión, que
e a pa a el e dade o F eud, no una denegación simbólica escla a de cie a
mis e iosa ley, sino una p ohibición cul u al. Leánse seño es y, pe donen el
pa én esis en medio de an oscu a biog a ía, el ex o de F eud Lo sinies o.
A la en a es á. Pues bien, si lo han leído, obse a án us edes que al
pa én esis p ocede, no de una enigmá ica ley, sino que es p oduc o de la
única ley que exis e en e las geog a ías, que es la ley de ela i idad
cul u al. Paso a Geo ges De e eux, Ensayos de e nopsiquia ía, sob e lo
ela i o del males a .
En in, el caso es que al in c eye on. Sólo la mue e demues a que la
exis encia es cie a y, de paso, si me ma an, que yo exis o, y que no he
desapa ecido en la lejana A gen ina, ni mi cue po es á hundido bajo lechas
que no le pe enecen y que, como las lo es del Á ico, n'exis en pas.
Y cuando c eye on en la mue e, c eye on en el An ic is o, es o es,
ol iendo a F eud, en lo sinies o, en lo pu amen e sin nomb e, en lo
indecible, en lo unheimlich. De nada me si ió a a de explica le a un
88
pe iodis a medio subno mal que si Hegel decía que Napoleón e a
Jesuc is o, i.e., el suje o absolu o, que si al que si cual. No, mue a la
eligión y mue o de una ez po odas Jesuc is o, sólo quedaba lo
unheimlich, la inquie an e ex añeza: cuando los dioses no ienen nomb e:
és a e a la denegación cul u al que sólo Jung, el más pe seguido de los
homb es, u o el cuidado de a a de indaga . He aquí lo que desconoce la
psiquia ía: lo mismo que an o p eocupaba a los Gue ille os de C is o
Rey, es o es, la e que ellos mismos, y al pa ece oda España, de es an, po
mucho que la In e nacional An i ascis a quisie a da "el golpe de Es ado
po la e", es o es, en nomb e de lo que no exis e, de una ce idumb e sin
nomb e.
Pe o he aquí que, pa ecido a un an asma, pa ecido a un lib o que no exis e,
semejan e a la cegue a, al ojo, algo uel e a mi a , a mi a nos. T as la gos
años de dic adu a psíquica bu guesa, de lógica de la apa iencia, un
an asma eco e el mundo, el an asma del comunismo, el p ole a iado o la
cul u a co po al. Simplici as. Cae de las es a uas el oscu o goce, el sadismo,
la pe e sión ce eb al debida al dogma, y de las Iglesias llue e ceniza.
El ascismo ha mue o.” (89)
Es e a ículo es in e esan e po a ias cues iones. En p ime luga es
un a ículo que poco iene que e con su í ulo ni con la emá ica de la
que supues amen e habla, que es el ascismo. Lo que enemos es la
exp esión esc i a de la in e p e ación que Pane o ealiza del suceso de
Mallo ca donde apa ecen elemen os que pueden se conside ados
psicó icos. En sep iemb e de ese año Pane o esc ibió una ca a al
di ec o que ansc ibimos a con inuación y que analiza emos jun o al
an e io esc i o. Menciona an es que en el pe íodo que a en e los
dos ex os es u o ing esado en dos ocasiones: po un pe íodo de 42
días y o o de 20.
“Ha o como es oy de las g a es in omisiones desde los locu o ios de
RTVE en mi ida p i ada, y al ma gen de la locu a que aún queda pa a
de ende la, me eo obligado a esol e es e p oblema, que consis e en los
95
3) Tiene un ca ác e cen ípe o y au o e e encial. Es o es, que los
pacien es a ec os de esquizo enia i en la ealidad como si
odo inie a de ue a, como si les in adie a (ca ác e
cen ípe o) y además odo iene elación con ellos (ca ác e
au o e e encial). La ealidad se di ige y se e ie e a ellos.
4) Tiene ca ác e de i encia impues a. Todo iene de ue a y lo
i en como una imposición.
5) Es un enómeno di ec o e inmedia o. El deli io su ge en la
conciencia sin una e lexión p e ia o deducción de o os
enómenos psíquicos, sino de o ma di ec a.
6) Va inco po ándose a la ida del pacien e de mane a p og esi a.
Jaspe s señaló la sensación de ex añeza del mundo, de que
algo malo iba a ocu i . Es a sensación desag adable, que se da
en la ase que Con ad llama ema (93), es la que el deli io
soluciona, en an o que da un sen ido a lo que ocu e. Un
sen ido pa ológico, pe o un sen ido al in y al cabo. El deli io
a a i in adiendo al pacien e o, dicho de o a mane a, el
pacien e a a i en egándose al deli io, y cada ez i á
p esen ado menos con lic o anímico has a pode llega incluso
a la indi e encia cuando lo na a.
7) Supone un cambio en la pe sonalidad del pacien e, pues
modi ica el conjun o de signi icaciones con que se cons uye y
se concibe el mundo, que es lo que Jaspe s llama pe sonalidad.
Hay un an es y un después en la ida del pacien e, y es a
up u a es además incomp ensible pa a el obse ado . Es a
modi icación es, en lenguaje jaspe siano, un p oceso.
8) Tiene ca ác e disg egado. El deli io p ima io es un deli io
poco cohe en e, con con adicciones in e nas, mezcla de
con enidos eales e i eales, poco sis ema izado. Es un e lejo
96
de las al e aciones del cu so del pensamien o de los pacien es
con esquizo enia.
El deli io de pe secución de Pane o en o no a los inciden es de
Mallo ca y de la disco eca O’Clock de Mad id no puede conside a se
incomp ensible, pues hubo una ag esión eal. Pane o u o una
in e p e ación deli an e de unos hechos, lo que cons i uye, según
Jaspe s, un abajo deli an e y po an o es as ideas deben conside a se
ideas deli oides y no au én icas ideas deli an es o deli io p ima io.
Menos comp ensible es c ee se Jesuc is o, pe o ampoco sabemos si
es amos an e una in e p e ación deli an e de una alucinación o de
cualquie o o enómeno. Po o o lado, el deli io p ima io se da en
una ase muy inicial de la esquizo enia, como se ha dicho an es: en
ma zo de 1968 una amiga da cuen a de que p esen aba un discu so
incohe en e y con uso. Tal ez ahí pudie an e se las p uebas del
deli io p ima io, o puede que ya ue a a de. En cualquie caso lo que
solemos encon a cuando en e is amos a un pacien e esquizo énico
son ideas deli oides, siemp e desde el deci de Jaspe s y eniendo en
cuen a que Jaspe s quiso encon a en el deli io p ima io un sín oma
pa ognomónico de la esquizo enia, pos u a que se ha abandonado hoy
en día (75).
Desde el Psicoanálisis el deli io es un in en o de cu ación del
suje o, de pone o den en el desequilib io gene al consecuencia de la
psicosis. Además el con enido del deli io es in e p e able, no se deli a
con cualquie cosa. Jaspe s c i ica a la escuela psicoanalí ica po
in en a comp ende los deli ios, buscando “la azón en la sin azón”;
obje a que ans ie en los concep os adqui idos en el campo de la
his e ia a la esquizo enia, sin emba go ambién señala que en los
sín omas psicó icos pueden habe con enidos comp ensibles (4).
97
El sín oma, en psicoanálisis, siemp e es un abajo ac i o, una
me á o a que esconde un signi icado pa a el suje o en elación con el
goce y el deseo. En la psicosis, una mane a de apa a se de lo eal que
se i e como in aso (23). En ese sen ido la unción del deli io como
solución del humo deli an e al que se e ie e Jaspe s no dis a mucho
de la p opues a psicoanalí ica del deli io como o ma de cu ación del
suje o.
Lacan se e ie e al deli io como un campo de signi icación
o ganizado po un signi ican e (7), lo que quie e deci que hay una
signi icación pa icula , no uni e sal, de los enómenos. El deli io
signi ica lo que has a en onces e a ine able. Puede deci se que el
deli io simboliza lo eal, y es e p oceso, insis imos, simila a la
unción solucionado a del humo deli an e de Jaspe s, con iene a lo
eal, lo que has a en onces no se había dejado simboliza pe o que
apa ece en el suje o. En an o que lo ine able se signi ica po el deli io
puede habla se del deli io como me á o a deli an e, al como el deseo
ma e no hace lo p opio po el nomb e del pad e en la llamada
me á o a pa e na. Hay un enómeno de sus i ución o de dación de
sen ido, supliendo así la alla de la me á o a pa e na. La me á o a
deli an e es, po an o, un in en o de es i ución de la o clusión del
nomb e del pad e. Con el úl imo Lacan di emos que la me á o a
deli an e anuda á, o po lo menos lo in en a á, los es egis os:
simbólico, imagina io y eal, de modo que puede con ene se de algún
modo la in asión de lo eal, el goce sin medida del O o. Lo
in e esan e de es a p opues a es que desde el psicoanálisis se a i ma
que hay una mane a de compensa la psicosis y que el deli io no es lo
pa ológico sino una ía de cu ación. No se á el deli io la única o ma
de suplencia, sino que, como ocu e con Joyce, esa unción puede
hace la la esc i u a u o o mecanismo (39).
98
El deli io, en an o que me á o a, signi ica a algo. ¿Cuál es la
unción del deli io en Pane o? Cabe supone , en p ime luga , que es á
poniendo co o a lo eal, el cual se i e como in aso y se expe imen a
a a és de las alucinaciones y los enómenos de con ol y de di usión
del pensamien o, en los que el suje o se i encia como obje o de goce
del O o. Como e emos en el capí ulo siguien e son abundan es las
e e encias en la ob a de Pane o a es a i encia. Pe o ambién los
deli ios de sen i se pe seguido po la CIA, el Gobie no, de se
Jesuc is o (o el An ic is o, como más adelan e comenza á a deci ),
encie an un cla o na cisismo que con as a con el Pane o “ eal” que
a siendo apa ado de los cí culos a ís icos, que a pe diendo amigos
a audales, que no deja de ing esa en hospi ales psiquiá icos y que
compa a su exis encia con la nada, con el desecho o con la mue e,
como expond emos en el siguien e capí ulo. Suge imos que la unción
del deli io es compensa esa ealidad que echaza (incluyendo ambién
aquí lo eal e o nado como goce del O o) pe o que no deja de es a
p esen e, una mane a de sopo a una exis encia insopo able. De
hecho a medida que a anza la psicosis desapa ecen los in en os de
suicidio.
Con inuando con los ex os que es amos analizando hay una
ca ac e ís ica en la o ma de edacción de és os que ep oduce las
al e aciones en el cu so del pensamien o de los pacien es con
esquizo enia. Sólo hay que lee los pa a e que se a a de un ex o
incohe en e o, po lo menos, con asociaciones laxas siendo muy poco
comp ensible y e elando un pensamien o deso ganizado. Ocu e que
es muy di ícil, po no deci imposible, da un sen ido al ex o en su
conjun o, incluso a las ases indi iduales. Po ejemplo: “En onces,
po muy isueña e in eliz que pa ezca la his o ia, me c eía Jesuc is o, y
no es que me quisie a casa , sino ol e me a encon a con la i gen,
99
sí, con esa chica que salió en ele isión el o o día”. Es di ícil
elaciona , desde el mundo simbólico que compa imos, c ee se
Jesuc is o con que e casa se, además con una i gen que po
simili ud de signi ican es puede asocia se a la Vi gen Ma ía po la
elación con Jesuc is o o con Me cedes Blanco, a quien conocía en la
época de Mallo ca y a la que se e ie e como “la i gen” en “P ueba
de ida” (70), suponiendo que hubie a salido en ele isión días an es
de la esc i u a del a ículo. Pe o, en cualquie caso, sigue sin habe
una conexión en e c ee se Jesuc is o y que e casa se, sea con la
Vi gen Ma ía o con Me cedes Blanco.
El sen ido se da a lo esc i o o a lo dicho a pos e io i, los signi ican es
se an a iculando S1-S2-S3…Sn y, en un momen o, al modo del pun o
de capi ón del que ya hemos hablado, se signi ica la cadena de
signi ican es. Po ejemplo, si la cadena de signi ican es
“Con e sación-en-la-Ca ed al” se in e umpe ahí podemos pensa que
es amos hablando de una con e sación en e uno o a ios
in e locu o es en un edi icio eligioso, sin emba go, si añadimos “de-
Ma io-Va gas-Llosa” la cadena adquie e o o signi icado, ya se sabe
que no nos es amos e i iendo al edi icio eligioso sino al lib o de
Ma io Va gas Llosa donde la Ca ed al es un ba .
Esa imposibilidad de da sen ido al ex o, de modo que pa ece
escapa se cons an emen e, sin pode ce a se en ningún momen o lo
que quie e deci , es una de las cla es de la esc i u a psicó ica pa a el
psicoanálisis lacaniano, algo que Lacan señala a p opósi o de la ob a
de James Joyce (39).
Con el obje i o de apa a lo de la ida de Mad id y con iando en la
e iciencia de la sanidad del País Vasco, Felicidad ing esó a Pane o en
el hospi al de San a Águeda de la O den Hospi ala ia de San Juan de
100
Dios en Mond agón el 25 de no iemb e de 1986, donde pe maneció
has a inales de eb e o de 1987. Su mad e se asladó a i i a
Guipúzcoa pa a cuida de él, incluso pa a comp a le hachís. En
eb e o de 1987 le esc ibe a Ma a a una ca a en la que dice:
“Soy el An ic is o, ni an siquie a soy yo, soy un espec o mas icado,
dige ido po la boca de se es malolien es y sin o o os o que la baba del
insul o. Aquello que he pe dido no e a una ba alla. Mi enemigo iene un
nomb e: España, pe o no un os o, es como una se pien e isce al y
sudo osa, un animal peludo y hamb ien o que no eme a Dios ni al diablo.
Me ha escupido limpiamen e en el suelo como un ma e ial de desecho,
como a un despojo. Mi locu a ozó los lími es de la suya, y eso ue lo que
me hizo me ece la mue e. Recue do aún una ieja gangosa insul ándome,
a un depo is a sudo oso mas icando mi ce eb o en la adio, sin impo a le
un bledo lo que ue a el e ible sueño de la cul u a. Ni siquie a mue o se é
alguien o algo pa a él. E es el An ic is o, en onces e ado o, es lo úl imo
que ace ó a deci el sapo” (12).
En es as b e es líneas se anuda la i encia exis encial de se una cosa,
un desecho, un obje o de goce del O o que ep esen a como “España”
y que desc ibe de una mane a que pe ec amen e pod ía usa se como
de inición del O o pa a un psicó ico: “Mi enemigo iene un nomb e:
España, pe o no un os o, es como una se pien e isce al y sudo osa,
un animal peludo y hamb ien o que no eme a Dios ni al diablo”.
Vuel en a apa ece emas ya conocidos: se mas icado, los insul os…
a la ez que se si úa como una igu a cuasi-di ina, en es e caso el
opues o de C is o, con quien ya se había iden i icado: el An ic is o. Es
signi ica i o cómo Pane o ealiza esa doble iden i icación: C is o y
An ic is o, como si ue an la misma pe sona.
Du an e su es ancia en San a Águeda esc ibió “Poemas del manicomio
de Mond agón”, donde e ie e es a ing esado sin mo i o y en el que
hace una ei indicación de la he mosu a dedicado a su mad e, que ue
101
p ecisamen e quien lo ing esó en el hospi al. En el ex o hay ambién
e e encias a no se nada o menos que nada: “ya que nací del
exc emen o/ e amo”, “en mi alma pod ida a u a el hedo a iun o/ la
cabalga a de mi cue po en uinas” (94).
En el epílogo del lib o e ie e que hay es casos de pa anoicos, siendo
el úl imo de ellos el que ealmen e iene pe seguido es, y po an o,
debe deduci se, no es un pa anoico:
“Ese es el caso al que yo llamo el caso Jacobo Pe o ich Golia dkin (el
p o agonis a de El doble de F. N. Dos oyewski). Es un suje o con
ecuencia de o me, enano o simplemen e a o, o an oscu o como
D ey uss, que es íc ima de ag esiones, humillaciones y ejaciones po
pa e de sus amigos o compañe os de o icina, -o, a eces, de un po e o, o
sencillamen e de un cama e o-, y que pa a da sen ido es é ico a su i encia
se in en a a los masones, o a la C.I.A., me á o as que e lejan a an
somb íos compañe os” (94).
Po lo que ahí se puede in e i que el nomb e de los pe seguido es no
es más que un in en o, sin emba go, al pone a sus pe seguido es en
an al o ango como la CIA, o el Gobie no, el p opio pa anoico que,
supues amen e lo ha in en ado, se qui a a sí mismo c edibilidad,
siendo la c edibilidad, p ecisamen e, lo que busca. Todo psicó ico se
empeña en se c eído.
Con inúa analizando el caso de D ey us pa a compa a lo con su p opia
his o ia:
“El caso D ey uss, en e dad, ue, como el mío, un caso muy ex año. Ni
yo ni él en endimos el o igen de la pe secución; su na u aleza, sin emba go,
o su mecanismo puede de ini se como el e ec o “bola de nie e”: se empieza
po una pequeña injus icia y se sigue po o a y po o a más aún has a
llega a la injus icia mayo , la mue e. O bien como en el lynch empieza
uno y con inúan odos. Así, yo he sido la di e sión de España du an e
mucho iempo y, a la meno en a i a de de ende me, encon aba la mue e,
102
p ime o en Palma de Mallo ca en o ma de una na aja y, luego, en el
manicomio del Alonso Vega (Mad id) en o ma de una je inga de
es icnina; pe o odo po un mo i o muy oscu o, no sé si po mi obsesión
po el p ole a iado, nacida en la cuna de la mue e, o bien, po miedo a que
des ela a los sec e os de un golpe de Es ado en que ui u ilizado como un
muñeco, y en el que los mili a es u ie on, p ime o, la co esía de apoda me
“Ce an es”, pa a llama me después, en el juicio, “el esc i o zuelo”. Pe o
no son sólo los mili a es los que me usa on; en España me ha usado has a el
po e o pa a gana se una lo e ía que de odos depende, po que el psiquismo
animal es colec i o, y és e es el mo i o de que el chi o expia o io egale
g a ui amen e la sue e, en un sac i icio i ual en pleno siglo XX, en
nomb e de un dios que ya no b illa, sino que cae al suelo he ido po las
lechas de odos. Ese dios al que odos odian po una cas idad que ha
con e ido al español en un mulo y en una mala bes ia. Al pa ece oda
España ha odeado amo osamen e a la mue e en e sus b azos, y la
p e ie en al sexo y a la ida” (94).
El abajo deli an e con inúa. Es á cla o en es e ex o cómo lo
p imo dial es se el obje o de goce del O o. Podemos e lo cuando
dice: “yo he sido la di e sión de España [el O o] du an e mucho
iempo”. El suceso de Mallo ca ya no queda aislado jun o con el de la
disco eca O’Clock sino que es consecuencia de de ende se de se la
di e sión/goce de España, y se une al in en o de que e ma a lo en el
manicomio Alonso Vega. Los mo i os quedan lejos de es a cla os: no
se sabe si po sus ideas de izquie das o po que e a conocedo de un
golpe de Es ado donde ue u ilizado “como un muñeco” (de nue o
puede obje i a se la posición de obje o en la que se si úa) o po que no
que ían que ue a una pe sona econocida (“el esc i o zuelo”). Pane o
se sabe obje o de España, de cualquie a, pe o no sabe po qué.
El 2 de mayo de 1987 comenzó una colabo ación semanal en el dia io
“ABC” que se p olongó has a junio de 1993. El 30 de mayo eing esó
en Mond agón. Allí se sen ía “ encido po la ealidad y po España”,
103
según le esc ibió a Ma a a en una ca a a la que adjun ó un poema que
había compues o en esos días y que eapa eció en a ias en e is as y
lib os con pos e io idad: “Dime aho a, payo al que llaman España si
ha alido la pena des ui me bañando con u inmundo espe ma mi
igu a. San Ped o y San Ra ael en una esquina comen an mien as
a anzo bo acho sob e esa pied a, payo, que llaman España” (12). Po
es a época España e a el pe seguido , el O o gozado , que puede
adqui i la o ma de los mili a es: “¿Quién me ma a á hoy, po o den
de los “mili a es”? (95). La ida en Mond agón e a abu ida, aunque
Pane o siguió esc ibiendo y ealizando salidas, de hecho pa icipó en
un p og ama de TVE y dio alguna con e encia. El 1 de oc ub e de
1988 publicó un a ículo en ABC donde explicaba cómo se sen ía:
“Lle o aquí ce ca de un año sin o a p o es a que la palab a y espe ando un
juicio que sólo él cancela á las di e en es en a i as de asesina o, es a as y
ejaciones habidas an o en mi pe sona como en la de mi mad e, quien me
obse a desde la bu aca de al lado, comple amen e a e o izada.
Po apa algo an ob io como mi umba, se ha en edado el país en un
p oceso an ine able como ue en F ancia el de D ey us. Lo que an es ue a
un cómodo asilo psiquiá ico en donde la única p ohibición e a la de bebe ,
se ha con e ido aho a en una p isión donde la sola idea de i a juicio iene
como espues a el pa o . De mane a que odo pa ece indica que mi des ino
aquí sea algo pa ecido al de P ome eo, al menos en su e e nidad, y que me
ea obligado a segui siendo a ado en una clínica sin c ee po p incipio
en sus mé odos, es o es, en la Psiquia ía Biológica, y menos aún en las
e apias que aquélla indica, las llamadas e apias de shock, calman es de
insulina y elec oshocks. Sólo al aba la lobo omía pa a comple a el mapa
de la des ucción sis emá ica de un indi iduo, mien as aquél sigue
esc ibiendo, ambién po sis ema, en con a de una ciencia que la ealidad
des ela en oda su hipoc esía y ba ba ie” (96).
De nue o apa ece la iden i icación con D ey us, el encie o injus o y
sin posibilidad de salida, cosas que con as an con la ealidad de su
104
in e namien o en égimen semiabie o. En ene o de 1989 en o o
a ículo esc ibió lo siguien e: “En España no hay a a que no me
conozca, y ello po culpa de mis escándalos calleje os, más que po la
mucha o poca alía de mi poesía” y pasa a exculpa al gobie no: “y no
debe culpa se al Gobie no de la uindad de mi exis encia”, lo que
supone una no edad que, en cualquie caso, no se man iene en el
iempo. En el a ículo a quien culpa es “a los apa a os ideológicos del
Es ado, que son la ele isión, la adio y los pe iódicos, así como las
edi o iales, sob e odo las que lle an mi i ma” (97).
Podemos e cómo el deli io es poco es uc u ado, y cómo la
inconsis encia apa ece a cada an o, lo que lo di e encia del deli io
o ganizado de los deli an es c ónicos (75).
A inales de año ol ió a esc ibi sob e su asun o de p eocupación:
“El caso es que me salen las heces cuasi e dosas después de casi un mes
de inge i eneno en las comidas. El a oz en enenado con ce a; el agua,
con b omu o; el pollo, con es icnina; la Pepsi-cola, con ma a a as: és e es
más o menos el “dibujo de la mue e”. Si no lo he esc i o aho a ha sido po
emo a no se c eído. Un manicomio, en e ec o, es un luga ideal pa a no
se c eído. A eces no sé, incluso, si es e dad mi cue po.
A odo es o, los au o es de la pena de mue e, los locu o es de la adio y de
la ele isión, que, al pa ece , ampoco me han leído, hablan y hablan
delan e de unos pelig osos don nadie. Los epí e os que se me di igen son
pe o y pedo.
Al pa ece , es la palab a “loco” la que ga an iza an a injus icia.
Todos es án segu os diciéndose en e sí: es e homb e no habla.
A odo es o, mis amigos ampoco lo hacen, habiendo podido in e eni .
Po lo demás, en un más que necesa io juicio “ inal”, “comme on di ”, se
piensa que es oy loco: incapaci ado ilegalmen e po pa e de es psiquia as
a los que no había is o. Ni siquie a la incapaci ación es á i mada po mí.
111
En o o momen o de la en e is a dice que el cama e o es elépa a,
igualmen e sin esonancia a ec i a, pe o ahí es á señalando un sín oma
ca ac e ís ico de la esquizo enia como es la lec u a del pensamien o
(75), que Schneide señaló como uno de los sín omas de p ime ango
(54).
Desde el 29 de ene o de 1996 y has a el 14 de julio de 1998, Pane o
u o una colabo ación pe iódica con el dia io abe zale “Egin” (79).
Los ex os es án, en gene al, bien esc i os y abundan en ci as, algunas
cie as y o as no, lo que apun a a que sus capacidades cogni i as no
es aban al e adas de mane a signi ica i a.
En uno de sus p ime os a ículos señala que el An ic is o es igu a de
lo “no humano”, obse ándose cómo se anuda en es e signi ican e el
deli io y su e és: el deli io esigni icando el luga de desecho, de
obje o, donde el psicó ico se halla. Man iene que es á siendo “linchado
po oda España, y no po sus ideas, sino po su ex añeza –ex año
ue ambién D ey us-, es di ícil de pe dona pa a quienes no c een que
la Li e a u a sea la Ve dad y se alen de ella pa a conquis a el pode
me ced a la bu guesía”. Acla a que “he aquí lo que se escondía debajo
de la palab a España, una especie de Ca lo a Co day
7
con cien mil
cabezas, en donde los que an es clamaban con a C is o se is en
aho a la oga de jueces, clamando aún con a no se sabe qué mons uo,
siendo así que no ya o o mons uo que la Hid a de Le na, que después
de ma a me eclama aho a no sé qué mis e iosa jus icia, un juicio jus o
en que el único asesino soy yo, como si no hubie a o os, y mis
en enenado es ue an san os” (79). El deli io a sumando
componen es, y desde el suceso de Mallo ca su mundo a
ans o mándose y la pe secución y c ee se Jesuc is o o el An ic is o
son elemen os que signi ican, dan sen ido, a su mundo. Sin llega a
7
La asesina de Jean Paul Ma a , di igen e jacobino du an e la Re olución F ancesa.
112
echaza o almen e la ealidad, de ahí las e e encias exis enciales que
pueblan su ob a.
El 21 de julio de 1997 Pane o dejó el Hospi al de Mond agón, pasó
es meses en casa del poe a Claudio Rizzo, y el 23 de oc ub e ing esó
de o ma olun a ia en el Hospi al Psiquiá ico Insula de las Palmas
de G an Cana ia (105).
En no iemb e de 1997, en una en e is a (106), e i ió que “las
p ime as in e naciones no e an polí icas, las que me me ía mi mad e
en Reus y en el enopá ico de Ba celona. Ésas no e an polí icas, pe o
desde el golpe de es ado lle o con in e naciones polí icas” y modi ica
en pa e la mo i ación de la pe secución: “los Gue ille os de C is o
Rey se los in en ó Adol o Suá ez pa a in en a la amenaza de la
ansición. Me que ían ma a po la película El Desencan o”. Da
cuen a de cómo es una in e p e ación deli an e: “un loco del
manicomio de Mond agón apagaba la TV. Que quie e deci , como yo
e a amoso apagaba la TV po eso. Son de alles que odo el mundo
sabe, pe o nadie los dice”. Es un ejemplo de cómo se esigni ica un
ges o, que puede en ende se como un signi ican e, de una o ma
deli an e, que en sín esis es en lo que consis e la in e p e ación
deli an e. También se pone de mani ies o cómo se p esen an las
alucinaciones que a ibuye a la ele isión: “Yo soy elépa a. Ap endí
elepa ía en Pa ís. Leyendo en oz al a y luego e ayendo la lengua,
como los en ílocuos. Y leo los pensamien os de la TV. El
p esen ado se dice a sí mismo, -Soy un pob e homb e. Y con
Leopoldo Ma ía Pane o la han cogido como Hi le con los judíos.
¡Pane o no ma es más!”(106).
En 1998 se publicó “Gua ida de un animal que no exis e” (107), y en
1999 “Teo ía Lau eamon iana del plagio” (108) y “Abismo” (109).
113
En julio de ese año pa icipó en el p og ama “Neg o sob e Blanco” de
Fe nando Sánchez D agó. En el p og ama se e a un Pane o
desmejo ado, algo desaliñado, con di icul ad pa a la dicción, con
ecuen es pa a espues as, llama asesina a su mad e, econoce que
iene una elación de amo y odio con ella, y dice que lo quisie on
ma a en el hospi al de Mond agón (110).
En 2000 salió “Teo ía del miedo” con alusiones exis enciales, como
“la ida es an sólo un espasmo en el desie o” (111) y ambién a las
alucinaciones: “De la poesía sólo quedan las oces/ que en lecho
oscu o insul an y se bu lan/ de es e iejo chi lado que yo soy/ que
ado a el pája o de la uina/ ah emblo del á bol bajo el g anizo/ que
golpea en mi cabeza/ descompone mi os o/ esc ibiendo en el poema/
el blanco semen de la nada” (111).
En 2001 publicó su lib o más au obiog á ico: “P ueba de ida” que
sub i ula, p ecisamen e, “au obiog a ía de la mue e”. En el lib o
desa olla ampliamen e sus ideas deli an es:
“Los ana quis as que íamos que no u baniza an la isla de D agone a, y una
inmobilia ia había in e ido en aquélla millones. Y si pa a mí el nomb e de
la isla enía que e con libe a a los dioses -al mons uo del Lago Ness- de
su p isión galác ica, a la inmobilia ia oda aquella his o ia le impo aba un
pi o: le impo aba la e icacia de mis p oclamas ales como «come y ama
ienen en hindú de una misma aíz: y po eso p es adnos ues as lanchas si
no que éis e mina con un almue zo desnudo» («wi h a naked lunch»). Y
así empezó la e olución más sang ien a de la his o ia, mien as un iejo
ana quis a leía La isa de los iejos dioses.
No obs an e, yo, en el Talayo [Talayo ] Co ca aplas aba ciga illos con
los ojos, y mi aba un eco e de un soldado que caía y decía ¿Why?, es
deci , que no se explicaba po qué mo ía: así acié yo -sospecho- de
gua dia ci il la playa de D agone a. Nadie se explicaba cómo.
114
Y así empezó una la ga his o ia que me condujo a Ba celona. Al pa ece ,
pa a los ascis as, yo no podía ma a pe o ellos sí, y si yo ma aba e a po
e ec o de una en ación diabólica, no de la más mise able de ensa p opia.
Ellos me obliga on en Mallo ca a deja ciga illos debajo de las uedas de
los au omó iles, pa a e si yo ambién mo ía” (70).
Podemos ap ecia en es a úl ima ase cómo Pane o sien e que su
olun ad no le pe enece, los ascis as le obliga on a pone ciga illos
debajo de las uedas de los au omó iles. És e es uno de los signos más
ca ac e ís icos de la esquizo enia: sen i se con olado po o o, al
como señala Ku Schneide en los sín omas de p ime ango (54).
Con inúa el ela o explicando po qué le hacían eso:
“y odo po que me iden i icaba con Jesuc is o, que pa a mí e a el inocen e,
no el culpable, que pa a mí e a el Iº, «Rey de eyes», no el úl imo «Yo soy
el Alpha y el Omega, el p incipio y el in», así ezaba el Apocalipsis,
a ibuido a san Juan.
En cualquie caso, yo que ía deshace me de la e, y pensé en la ga me a
Ba celona al Jazz Colon, como cuando me c eía Jesuc is o y e a el ey del
woodoo. Así que me ui con mi amigo Wilmo e a Ba celona, con una
supe pa anoia -po que en onces la colec i idad de la calle y de los ba es
exis ía, y no e a como sé hoy subconscien e.
Veía a la CIA po odas pa es, y la CIA no c ee en milag os -c ee
solamen e en un asesino polí ico moles o, al como And eas Baade y
Ul ike Mein-ho —: po que la sang e no es ningún milag o” (70).
Apa ece que él se c eía Jesuc is o. Po la o ma en que lo hace no
pa ece habe ce eza, sino que lo a ibuye a un pe íodo conc e o de su
ida donde p obablemen e asumía esa c eencia pe o en la ac ualidad
ya no. Igualmen e hace e e encia a la CIA en lo que econoce como
una supe pa anoia. Podemos en ende es o como una mejo ía del
115
cuad o clínico, una c í ica a las ideas deli an es, pe o el ela o
con inúa y esa supues a al a de ce eza se des anece:
“Fue así po lo que decidí ca ga me a Helmu Smi h -asesino de And eas
Baade y de la banda Meinho a 3.000 km de dis ancia- ¡más di ícil
oda ía! Po que la polí ica lo mismo que la e dade a e, ienen po unción
pone in a las injus icias de es e mundo, y es así que pa a la eología de la
libe ación hemos de aplica odos los medios, inclusi e la mue e, pa a
consegui la libe ación de los op imidos” (70).
Cla amen e él no asesinó a Helmu Smi h, y elaciona ese asesina o
con lo que an es e a sólo pa anoia.
“En cualquie a de los casos, en Ba celona a dió la calle, y ello de una
o ma que yo aún no me explicaba” (70).
Resul a signi ica i o que señale que no se explicaba lo que es aba
pasando de una mane a que gua da mucha elación con la desc ipción
de ema de Con ad. El pacien e pe cibe que algo es á cambiando, hay
ensión, enómenos que no se explica, descon ianza, humo
deli an e… (93) Sin emba go, se ha señalado que eso es ípico de los
inicios de la esquizo enia, y sabemos que an es de esa echa Pane o
ya había p esen ado sín omas psicó icos, de modo que es o puede se
una disco dancia espec o de la eo ía de Jaspe s de deli io p ima io,
que es a ía al inicio del p oceso y que es incomp ensible (4). Es a
desc ipción es comp ensible (como ya hemos dicho con an e io idad)
y además no ocu e al inicio de los sín omas psicó icos. De hecho la
p opues a jaspe siana ha sido c i icada y hoy se en iende que no hay
un deli io p ima io (75). Si a la desc ipción de Pane o como ejemplo.
“Había ya ame icanos po ahí, pe o de una o ma que ellos ampoco se lo
explicaban: luego en endí que e a el psiquismo animal, o como di ía F eud,
la animalidad de lo inconscien e: po que odos los animales son elépa as y
po ello no ienen conciencia ni yo, es deci , no hablan: como sabe la
mode na e ología, se comunican po la mi ada y los ges os, y es án en un
116
es ado de empa ía p o unda. En cualquie caso, los ojos, y la adiación
biológica, quema y ma a, po que el homb e ha ol idado se un animal, ha
ol idado su alma -su chijju h o alma animal- en la calle, donde es á el
cue po en e o y los ges os ma an. En cualquie a de los casos ahí es aba yo,
en la «bodega bohemia», bebiendo sin pa a , po que no sopo aba la calle.
Bebiendo, ambién, po desespe ación, po que como decía yo en un poema
«es án las le as en la ace a bo adas/de oda la cul u a». El g i o nos si úa
en los lími es del se », y como decía Ba aille «en el pe iscopio del doc o
Pe io es á la cumb e de la condición humana».
Y ahí es aba yo, buscando medio desnudo un chulo pa a que me encula a,
oh Jean Gene , encon a se en los lími es del homb e.
Pe o en onces, pa a el ascismo que me odeaba, no se a aba de
explicaciones cien í icas, sino alegó icas o eológicas, es deci , de si yo e a
C is o o el An ic is o. Y es o en un podium en plena calle, al como en la
p edicación del An ic is o de Lúea Signo elli. Cualquie ges o e a un juicio,
no p ecisamen e de un juicio inal, sino de algo más só dido. Yo can aba,
pe dido en e los sueños «He sabido que es pelig oso deci siemp e la
e dad»” (70).
En endemos que la a i mación que hace de que los animales son
elépa as y que se comunican con la mi ada no es inocen e. Po esa
época si Pane o pensaba que lo pe seguían y lo que ían ma a , debía
de ealiza in e p e aciones deli an es, al como podemos e cuando
esc ibe “cualquie ges o e a un juicio”. E a una época ma cada po la
suspicacia y la angus ia. Has a aho a la mención polí ica es mínima y
a lo que hace e e encia es a la cues ión de si él e a el An ic is o o
Jesuc is o, cosa que, como se ha is o an e io men e, Pane o inco po ó
más a de al deli io. Pe o la Polí ica no desapa ece, sino que es un
elemen o más de la pe secución, jun o con la psiquia ía.
“Pe o la ida con inuó, inexplicablemen e. A icionado a la oscu idad, opé,
después de habe ichado po los ana quis as, con los masones, a los que yo
llamaba «amigos en la oscu idad», como en un p og ama de ele isión
117
ecien e. Topé ambién con un p ole a iado desnudo y obsesi o, y con una
la ga se ie de in e naciones polí icas. Y es que los masones, po odio a la
CIA que íamos lle a a juicio al Rey, p oclama la epública y aboli las
bases nuclea es yanquis. Y po eso an o dine o. En cualquie caso, lo que
descub imos yo y mis amigos masones es que en es e país «en e dad», y
después de an o ollo, no c ee en Dios ni su pu a mad e, nunca mejo
dicho. Es un país maldi o, que no c ee en Dios y menos aún en la Vi gen,
un país só dido y uin.
(…)
En odo caso, de ás de la Cia es aba la CIA, y aún peo : en enenándonos,
al ampa o de esa másca a de lenguaje que es la psiquia ía, a mí y a los
masones en manicomios.
(…)
Encima lo mío ue c imen sac ílego po cuan o más que masón me c eía
Jesuc is o, y al b illa el sol po mí, se lo c eye on. Los masones dije on
que e an los após oles, pe o no se lo c eye on, po que en es e mundo no
exis en dos locos. En cualquie caso, Raspu ín no es aba loco, y esis ía
a a de cianu o as a a de cianu o, has a que al inal se lo u ie on que
ca ga a balazos, y ni a balazos podían”(70).
P ueba de que no es un deli io sis ema izado como el de la pa anoia
clásica o as o no de ideas deli an es es que después de lee lo que
dice Pane o no queda cla o ni quién quie e ma a lo ni po qué, ni hay
cohe encia en el deli io. Además de apa ece elemen os muy biza os:
“Fue en Mond agón, en cualquie caso, cuando empeza on las
esu ecciones, y de ellas se de i ó el eneno, po cuan o al as u o he mano
Ja ie Cues a, hoy quemado al ojo i o con un camión de CAMPSA, se le
ocu ió que si yo esuci aba, con odo el cue po in oxicado de eneno, me
mo i ía o a ez.
Pe o la CIA ya había enido pac os conmigo, en Pa ís: allí quisie on
quema me con lanzallamas, ya que an obsesionado es aba con el dichoso
118
uego: mi halo echazó el uego, y se c eye on que e a un milag o: lo
denuncié en plena calle, y se acabó la mue e, es deci , el « uego».
Y po lo que quie en ma a me es p ecisamen e po las esu ecciones” (70).
Lo de las esu ecciones es un elemen o que has a en onces no había
apa ecido. Ya no es po que él ue a un elemen o pelig oso pa a la
segu idad del Es ado, ni siquie a po se C is o o el An ic is o sino po
sus esu ecciones.
“El descua izamien o ambién e a una medida pa a e i a las
esu ecciones-. Y a odo es o, en e mue e y mue e, lección de eligión al
can o, a e si soy C is o o el An ic is o: yo son iendo en el ba de al lado
de Mond agón, donde pasé diez años en plan eneno in e mi en e, como
decía el gilipoyas de Ai o , hijo del he mano Ja ie Cues a, yo son iendo
can aba: «Un iejeci o me encon é, y al despedi me p egun é, oiga compai,
como se llama us ed».
A pesa de odo mi ida con inuó, inexplicablemen e. Y ya con la ma ca de
la Bes ia en la en e, que e a Jesuc is o y/o el An ic is o. Y ello pa a
lucha , con el a ma sup ema de la li e a u a, con a un país sin dioses pe o
con es a uas de dioses, con a un país donde la gen e c ee en Dios media
ho a, la media ho a de i a misa, pa a luego segui pecando, es o es,
haciendo daño.
(…)
Mi desg acia ue undi el c is ianismo y el ana quismo
(…)
Y, siendo Jesuc is o, o al ez sólo un loco como en O de de Theodo
D eye , esuci a y se un esuci ado, y ol e de la nada sin nada de
ab igo” (70).
Apa ece que la li e a u a es la o ma de de ende se de la pe secución,
del goce mo í e o del O o. Pane o es á desc ibiendo el uso de la
li e a u a como cie a suplencia, como una o ma de anuda los
119
egis os eal, simbólico e imagina io, y así es ablece cie o dique de
con ención en e a lo eal (39).
“Al pa ece , y siguiendo con la p ueba de ida, pa a la CIA acaba con mi
ida se había con e ido en un p oblema écnico, y nadie sabe po qué ni
pa a qué; po que si soy epublicano, en cualquie caso no soy la República,
y sólo a un loco se le pudo ocu i semejan e cosa, y si soy demóc a a no
soy la subs ancia an igolpis a: y si el sol b illa po mí, hay una ienda de
ul ama inos de Mad id que se llama «El sol sale pa a odos».
En cualquie caso si soy León Da id T o sky, ha habido miles de Ramón
Me cade , obsesionados po ma a me po una causa oscu a.
Miles de pob es homb es, como Mocénigo o Ramón Me cade ,
obsesionados po ma a me al ampa o de una cama oscu a.
En cualquie a de los casos si en el manicomio de Elizondo es u e a pun o
de mo i po e ec o del eneno, y me sal é po esc ibi diez ca as a mis
amigos hablando de la e dad, ya que an o hablaban de su Jesuc is o.
De ahí a Basu o, donde me en enena on con es icnina, y allí me sal ó mi
oscu a mad e.
Y de ahí a Mond agón, donde es u e cua o años, como Jus ine o los
in o unios de la i ud, inoculando eneno, y en plan pelea pe manen e con
los locos, con los locos pega-hos ias como yo los llamaba, una pelea e e na,
de la que me sal ó el céleb e adagio, ‘Dos no se pelean si uno no quie e’,
humillándome así, y llamándome hijo pu a, pa a que no me pega an en la
boca, ya que an an ic is o soy: de ahí me sal ó el is emen e Claudio
Rizzo, que me ajo aquí a Cana ias pa a ap o echa se de mi nomb e, y
ampa ándose en mi i ma, que alía, po muy des uido que es u ie a, sali
de una si uación de os acismo y idículo y de eni él ambién una i ma,
como un ja dine o sin os o, que conoce a odo el mundo, con unos labios
an húmedos y babosos como mis labios, como mi en e que boquea en la
página: pull down you ani y, I said pull down: pe o habe pues o en juego
oda la li e a u a y la ida, sob e la página, eso no es anidad.
120
Y ue aquí [en Cana ias], bajo la inspi ación del é ico Claudio Rizzo,
donde ap endí a mo i y a esuci a , como decía hace poco el céleb e pob e
homb e Félix de Azúa, como au o de una ecogida de i mas, que po
poco, en la clínica san Roque, le cues a la ida: yo soy G ego io Samsa,
una cuca acha sob e el lími e de la página, donde me me amo oseo en
homb e, po que la cuca acha es el yo es igma izado, como dije a Go i
Benn.
(…)
Aho a bien si Jesuc is o esuci ó una ez, yo he esuci ado cua en a, y es
que es a his o ia del eneno, se le ocu ió a un pob e homb e llamado
Ja ie Cues a, he mano de san Juan de Dios, que en paz descanse. Aho a
bien, el pob e homb e llamado Ja ie Cues a -siguiendo con mi exp esión
a o i a que es aho a bien, y con o a de mis palab as a o i as que es no
obs an e-, a ese homb e digo, se le ocu ió que si yo esuci aba cosido a
balazos, con odo el cue po lleno de eneno, me ol e ía a mo i .
(…)
Y más descua izado, canibalizado, pa a e i a esu ecciones: que ía
qui a me la ida e e na, y he aquí que es oy aquí pa a siemp e, soy Yo, Yo
el Sup emo, aquí pa a siemp e.
(…).” (70)
Y añadi á más, pues di á que en Las Palmas ambién quie en ma a lo:
“El doc o Segundo Machado [su psiquia a] me canibaliza (…). Aho a me
empalan en uno de los ba o es del ja dín (…). Juegan con mi cabeza al
oo ing” (70).
Pane o a a segui ela ando su deli io plu i emá ico. Puede
obse a se, además de los con enidos deli an es, cómo las cadenas
signi ican es se enlazan sin uniones lógicas, en asíndesis:
“Todos mis amigos y amigas: Ma ga i a Palacios, Juan Manuel Bone , José
Luis B ea, es aban comp ados pa a da no sé qué mis e ioso golpe de
Es ado po la e. Con el ollo del sol, pensaban que e a el chollo pe ec o
127
es a ase: “ engo la cabeza llena de oces y no puedo e i a lo, en
piedad de mí”, o cuando habla del neologismo “giliglo ia”: “una oz
escupe en onces en mi ad de mis sesos la palab a “giliglo ia”, insul o
en e gilipollas y glo ia”, “una noche se lo dije al Sol, elepá icamen e,
en el Mad id de mis in ie nos: “Es oy a o men ado de que me ca guen
pedos y pedos”. Él me con es ó: “No e p eocupes, lo sé de sob a,
España es una mie da y no le des más uel as”), hace ex ensi a su
pe secución a sus amigos (“desde aquí a un pun o emo o del pasado
odos mis amigos me han en enenado, po que odos mis amigos son o
e an de la CIA”), habla de que lo en enenan en el hospi al (“aquí me
en enenan odos pa a después i se a misa”) e incluso en una época
pasada (“y así empezó el i o sa ánico de en enena a Pane o de mil
mane as dis in as, u ilizando amigos míos homosexuales, empleando
las másca as del lenguaje “Fe” y “Psiquia ía”, u ilizando a sabiendas
el silencio pegajoso de los manicomios, el g i o e ible de la piel bajo
el ho o ísico de los elec oshocks”), de que lo han u ilizado “pa a el
golpe de es ado”, del i encia del psicó ico cuando es á anulado su
discu so, lo que na a de o ma deli an e (“el ipejo llamado Claudio
R. me sus ajo, lo mismo que una al Sand a, al ededo de es
millones seiscien as mil pese as que es aban en una cuen a a plazo ijo
(…) Hago unas p egun as: ¿Cómo desapa ecie on mis e iosamen e?,
¿quién me los obó y con qué consen imien o de los del banco? La
policía no me hizo en onces ni pu o caso, po que un en e mo como yo
no es escuchado po la policía, y yo me ui con Félix Caballe o a la
comisa ía, donde ie on o comp oba on elepá icamen e que yo es aba
loco y no quisie on escucha me”) y de con enidos deli an es p opios
de la esquizo enia:
“me a an públicamen e de asesino, cuando San iago A., al que ejecu ó y
dio po culo un amoso ma ione is a, ue esuci ado g acias a mí en una
noche de he mosu a, demos ando que an asesino no soy, como dicen
128
cons an emen e los de TVE, que es án odos abajando pa a la CIA y nadie
lo sabe. No soy un asesino, aunque a eces juegue a se lo, y en cualquie
caso, como decía mi amigo José Ramón Rámi a: “Yo al maco no oy
solo”. Los bo achos necesi an mucha compañía, lo dijo Amb oise Bie ce.
Y “Yo acuso”, siguiendo el ejemplo de Émile Zola, a quien es el
icep esiden e p ime o de la Gobe nación, a su Majes ad el ey Don Juan
Ca los, al secues ado po el pode José Ma ía Azna , que no puso una
denuncia a quien que ía poné sela po miedo a oz a que saliese a la luz lo
de las o gías de sang e del Palacio del Pa do. Se ha con undido el pecado y
el deli o, y la sobe bia se á pecado pe o deli o no es, y aplas a ciga illos
en el suelo se á pecado pe o deli o no es. Ped o Ancoechea ue quien
ejecu ó a mi mad e, jun o a los juzgados de Mond agón, qui ándole los
cables que aún la unían a la ida. (…) Y hablando de c ímenes
pa apsicológicos, Ja ie Ba dem se ca gó a Lola Flo es po emo a que
denuncia a las o gías de sang e del Palacio del Pa do” (118).
En una en e is a de 2007 (119) a i mó que la CIA quie e co a le “los
pies y la polla”, y puede e se como con inuaban las in e p e aciones
deli an es (“es e cama e o es á pensando cómo ma a me”) y las
alucinaciones (“no sopo o anda po la calle. Todo el a o me llegan
mensajes elepá icos de la gen e, me llegan sus pensamien os, aunque
yo no he oído oces en mi ida”).
En 2010 a aíz de una p egun a sob e el p esiden e Rod íguez
Zapa e o y la lucha de ETA espondió lo siguien e:
“Zapa e o no es an mal p esiden e. Abolió la pena de mue e. Con Azna
es ábamos mucho peo . Pe o siemp e he c eído que cada país iene el
gobie no que se me ece. Yo soy un g an de enso de la lucha de ETA. Los
de ETA son los homb es más alien es y hono ables de oda España. Los
de ETA no son asesinos. A mi he mano Michi Pane o lo en enena on con
una bo ella de gineb a. La CIA ha que ido hace lo mismo conmigo, pe o
no han podido. Y ambién han a ado que me suicide, pe o ampoco han
podido. Los asesinos son los o os. Los de ETA son a eos y po eso es án
129
más ce ca de la e dad. Yo e di é que me cago en la Vi gen y en Dios”
(120).
Si a la espues a pa a e cómo man iene las ideas deli an es y cómo
el hay al e aciones o males del pensamien o.
En los años que siguen has a su mue e el 5 de ma zo de 2014 su ob a
li e a ia no dejó de c ece pe o la calidad es meno , con epe iciones
de ases y e sos, poemas en o no a los mismos emas, lo cual
aduce el de e io o. Los sín omas psicó icos que se han expues o se
man ienen. Como mues a enemos la úl ima en e is a concedida
(121), el 6 de junio de 2013, donde apa ecen pa a espues as ya desde
el inicio: esponde con un “yo no c eo en la locu a” a la bien enida de
la p esen ado a; cuando le p egun a si ha i mado en la e ia del lib o
dice “yo ya he pe dido mi iden idad”, luego dice que ya la ha
ecupe ado, y más adelan e que la gen e de la calle piensa que es un
poe illa; p egun a si ha mue o uno de sus compañe os de e ulia en la
época del p og ama “La en ana”, solici a habla del golpe de es ado y
dice que ue u ilizado pa a da lo, ambién apa ece el deli io: “mi ida
es un in ie no, sob e odo en el manicomio de Cana ias (…) lle o diez
años agando eneno (…) me dan insulina sabiendo que engo
diabe es (…) y es icnina, a sénico y cianu o”, dice que nadie sabe po
qué es á ing esado ni “po qué me que ían ma a ”. La p esen ado a,
cla amen e supe ada po la en e is a, le dice que es á ing esado po
los “p oblemas men ales que iene, po la pa anoia”, él dice que “a
D ey us no se lo ca ga on”, más adelan e e ie e “soy el chi o
expia o io desde el 77 que es cuando empeza on odas es as cosas”,
habla de una o ganización que ha secues ado a a ios pe sonajes
amosos como Julio Iglesias, Manuel Bení ez “El Co dobés” o Pe e
Gim e e , dice que “c een que soy el An ic is o (…) ambién Michi
se c eía el An ic is o y no lo in en a on ma a ”, que en el hospi al
130
quie en ma a lo, “es un c imen de la CIA”. Su edi o in en a media
diciendo que él sabe que lo cuidan bien en el hospi al pe o él sigue
negándolo y lo llama usu e o; ace ca de la locu a dice que “es un
p oceso de con usión pe o no un es ado o gánico, la locu a no exis e,
más que po la psiquia ía, p ecisamen e”, dice que el in ie no es lo
único que conoce, que cumple 65 años y que apa en a 80, e ie e que a
Jaime Chá a i lo ol ie on loco “después de las o gías de sang e en
el Palacio del Pa do” y que escucha oces, cuando la p esen ado a le
dice que a ó mal a su mad e le esponde que a és a le pagó dine o
Adol o Suá ez pa a que lo echa a a la calle pa a ma a lo, dice que
Michi se ca gó a Rica do F anco, el di ec o de “Después de an os
años”, y que a Michi “se lo ca ga on con gineb a en enenada”; dice
que ha sido diagnos icado de “neu ó ico obsesi o sola , que es el
diagnós ico más a o de la his o ia”. Finaliza diciendo “me eo
ex año pe o no loco”.
La ida de Pane o ue, más allá de su genialidad, la de un psicó ico al
uso: múl iples ing esos, nula conciencia de en e medad, único sopo e
en la amilia, en su caso, como en el de an os, sólo en su mad e,
aislándose cada ez más. Además pe sis ie on las ideas deli an es, las
alucinaciones, las in e p e aciones deli an es, as o nos o males del
pensamien o, que sólo lo disimula en la poesía, p obablemen e po las
e isiones que hace de los ex os, pe o que es e iden e en muchos
esc i os y en las en e is as, especialmen e en las no edi adas. E
igualmen e cabe des aca el de e io o cogni i o ap eciable a lo la go
de los años, así como el ísico, bas an e las o og a ías que apa ecen
en In e ne .
Tenemos que señala que Pane o hizo una exhibición casi cons an e
del deli io: és e apa ecía en sus esc i os, en las en e is as, aunque no
se le p egun e po él. Puede deci se que hay un goce en el deli io, de
131
ahí la necesidad de mos a lo, de que el psicó ico esc iba. El deli io de
pe secución e ela en úl ima ins ancia la omnipo encia, el na cisismo
del psicó ico, como a i ma Fe nando Colinas (122). El deli io
ans o ma la alusión i ida en la au o e e encialidad en dis inción.
Además, como ya se ha señalado, hay en él un e ec o anquilizado y
epa ado de la ida psíquica.
LA POESÍA Y PANERO
La elación de Pane o con la poesía ha sido más que ín ima. Dice que
desde los 4 años ya esc ibía poesía (12). Además su ida siemp e ha
sido la de un poe a, aunque haya mal i ido del o icio. Po o o lado su
p oducción poé ica es ingen e: has a 2010, su poesía comple a, sin
con a colabo aciones ni esc i os en p osa, ocupaba casi dos mil
páginas.
Lacan sos u o que Joyce no desencadenó la psicosis g acias a que la
esc i u a uncionó como un nomb e del pad e, anudando los egis os
eal, simbólico e imagina io. De modo que la in oyección del
signi ican e p ima io no e a un acon ecimien o que sólo pudie a
ocu i en la in ancia, y que si es aba o cluido no había más camino
que el de la psicosis. Lacan lexibilizó su eo ía añadiendo es a
posibilidad a la que llamó suplencia: es posible que algo supla el
nomb e del pad e, uncionando como és e, no de la misma mane a
pe o al menos pa cialmen e (39).
132
Si en Joyce la esc i u a ue capaz de ena la psicosis no emos lo
mismo en Pane o, en quien la psicosis es á plenamen e
desencadenada. Pod ía aduci se que la esc i u a le hab ía pe mi ido
conse a su genialidad. Sin i más lejos, además del psiquia a al que
ya hemos mencionado que a i mó que Pane o no padecía una
psicosis, ambién encon amos al doc o Segundo Machado, quien en
con e sación ele ónica, hizo e e encia a que Pane o “no es aba
loco”. También le hab ía pe mi ido log a que el de e io o no ue a an
g ande o que los as o nos o males del pensamien o no esul a an an
limi an es. Sin emba go supone o za mucho el concep o de
suplencia. Es más, que en Joyce la esc i u a ue a una suplencia no
implica que en Pane o enga que se lo, po mucho que compa an el
o icio de esc i o . Po o o lado la suplencia puede es a ep esen ada
po o os elemen os, como algún ipo de lazo social, un abajo o los
disposi i os de salud men al, po ci a sólo unos ejemplos. En el caso
de Pane o ¿a qué puede achaca se, si es que se e dade amen e se
puede, la suplencia?
No sabemos si ha habido algo que haya suplido el nomb e del pad e,
ni siquie a, como hemos dicho, puede da se po hecho que haya un
neo nomb e del pad e que hicie a esa unción. En endemos que en el
caso de Pane o la psicosis no se ha enado. Además el hecho de que
haya necesi ado un ing eso du an e los úl imos ein a años de su ida,
de que los sín omas psicó icos posi i os no deja an de es a p esen es,
que los nega i os hayan apa ecido y que sólo se haya podido
consegui una muy lige a conciencia de en e medad es una señal de
que la suplencia no ha exis ido. Po an o, no puede achaca se a
ningún elemen o el habe ope ado como suplencia.
Es o sin emba go no es óbice pa a señala que la poesía ha cumplido
una unción en la ida de Pane o, más allá de habe sido el a e al que
133
se ha dedicado. Que no haya se ido de suplencia no implica que la
esc i u a ca ezca de alo o de unción e apéu ica. A lo la go de su
ob a ap eciamos es e ol de la esc i u a.
Aunque Pane o llega a a i ma que la poesía sólo si e pa a gana
dine o y que no quie e deci nada con ella, “po que, como dijo
Vicen e Aleixand e, si hubié amos que ido deci o a cosa la
hab íamos dicho” (123). Sin emba go, es a a i mación queda
desmen ida po la p opia ob a de Pane o y los comen a ios que ealiza
y que amos a e en es e apa ado.
En una en e is a de 2001 a i mó que la poesía es “la única espe anza”
en el hospi al, “esc ibi es odo lo que se puede hace en un
manicomio” (112), dijo ambién que ha esc i o pa a sob e i i (116).
Esc ibi , y publica , es una mane a de hace lazo social, de di igi se al
O o, esc ibe “pa a se ado ado, pa a se que ido” (116), “esc ibimos
pa a se escuchados, no se a a de una ep oducción osca de la
ealidad, sino que oda icción, pa a ilumina o ans igu a una
ealidad, debe ene cie a esidencia en ella” (124).
Pa a él la poesía ha ocupado un luga incluso más ele an e. Dijo que
“la poesía es lo único que me sepa a del suicidio” (125). Le p egun an
si el poema es pesadilla o edención y esponde que “una sal ación de
la ida”, “¿esc ibe pa a sal a se?” le uel en a p egun a y esponde
que sí, “¿pa a sal a se de quién?”, “de la gen e de la gen uza,
esponde (126). Podemos e cómo la poesía es usada como una
p o ección en e al goce del O o. Pane o si úa en la gen e al suje o
pe seguido , al O o gozado . Es una mane a de de ende se, de igual
modo que el deli io. Es una unción e apéu ica pe o no llega a se una
suplencia. “La poesía pa a mí es enganza, lo mismo que la denuncia
del sinies o manicomio de Mond agón, donde los animales ugen
134
con a las o mas y los locos se juegan a las ca as mi cabeza” (106).
La poesía como escudo en oposición al goce del O o, como dique de
con ención.
F en e a una exis encia que ha de inido como ho ible, como la de un
mue o, “la poesía es la única e dad de la pesadilla” (127), lo que
edime de es a ida, “jo en o iejo siemp e hui a a és de la palab a,
a a és del del ín del e bo po los anchos ma es” (118).
Es más, “el poema es el único supues o de que yo exis o/ la única
ga an ía de mi se : el único ezo po que el no se sea como el se ”
(128). Pane o es an e odo poe a, su se , su mal echa iden idad es la
de un poe a. Pane o no ha dejado de esc ibi , como si esc ibiendo
pudie a apun ala su se . Se á eco dado sob e odo po se poe a y po
an o insc i o en el O o.
La poesía en Pane o exo ciza su dolo , pone co o al goce del O o, a
su exis encia: “he cubie o con sábanas san as/ los espejos de mi casa/
po miedo a que salgan mis an asmas” (129). Y esc ibi es en en a se
con el dolo , el poema bo dea lo eal pa a in en a ap esa lo: “el e so
es una pa ida/ de ajed ez con el ho o / y el poema es peo que la
mue e” (111). Ese in en o de aco a lo eal lle a apa ejado el
su imien o, ya lo decía T uman Capo e: “cuando Dios le en ega a
uno un don, ambién le da un lá igo; y el lá igo es únicamen e pa a
au o lagela se” (130). La poesía si e pa a limi a lo Real, pa a
calma lo, pe o es p eciso juga ese ac o de lagelación que supone
é selas con los an asmas. “Oh lo del miedo/ lo del g i o/ osa de
los ien os/ que señalan sólo en di ección al poema” (111). Los
an asmas que no se e lejan en los espejos, como él decía, pe o sí en
su ob a.
135
IDENTIDAD Y EXISTENCIA EN
LEOPOLDO MARÍA PANERO
136
Es e capí ulo se es uc u a en es pa es conce nien es a los es
pe íodos de la ida humana: la in ancia, la edad adul a y la ejez. En
la p ime a y úl ima pa e se analiza la i encia de Pane o de es as
e apas, sin emba go en el caso de la ida adul a no plan eamos
especí icamen e cómo i encia Pane o es e pe íodo de la ida sino
que nos si e pa a a a una se ie de emas que es án p esen es a lo
la go de su ida, adul a sí, pe o sin una elación di ec a con la adul ez
como pe íodo, sino que alguno pueden a anca incluso de la ju en ud
y desde luego han seguido como elemen os cla e en la (co a) ejez
del poe a.
LA INFANCIA
En su p ime lib o de poemas, “Así se undó Ca naby S ee ”, de
1970, Leopoldo Ma ía Pane o hace e e encia a la in ancia pe dida, se
e e i á a él como un lib o de la “búsqueda de la in ancia, del
Absolu o, y echazo del mundo p esen e a a és de la nos algia del
mundo in an il” (12). Tiene 22 años cuando se publica el poema io y
en él encon amos poemas como és e:
“Los osos de apo. Los caza-ma iposas. Los e izos en cajas de zapa os. Los
amigos in i ados a come po p ime a ez. Cómo ha pasado el iempo. La
noche de Reyes. Expulsado ue a del colegio. No pod á ing esa en ninguna
o a escuela. Me p egun o dónde es a á aquel aje de A lequín, que lle é a
la ies a de dis aces. Cómo ha pasado el iempo (131).
El asun o de la in ancia que se ha ido e o na á de o ma insis en e a lo
la go de oda su ob a incluyendo la ejez: “es e niño que ui y me
empeñé en segui siendo y que po ello ha acabado po hace eal el
143
“y la ida es sólo nausea, es e o inal del poema” (127),
“y Pane o es un pe o llamado dolo / Y el dolo es la única e dad de mi
exis encia” (129),
“ eniendo sólo al dolo como la única ce eza” (135),
“po que no es o a cosa la ida que un cuen o de miedo” (136),
“y escucho solo po las mañanas/ El uido e ible de la ida/ El dispa o de
la memo ia/ El ecue do de mí mismo en el e so/ Que llo a de nue o caído
an e la nada/ Y es emece al alcohol de la ida/ La ágica bo ache a/ El
alcohol del silencio y de la nada” (136),
“po que la is eza es peo que la ida, y la ida es una lac a, una especie de
pús ula, una he ida que no se cie a, una la ga bo ache a, un iun o de la
nada” (117),
“yo oy buscando limosna de ida en el es ié col” (117),
“página hon ada a la iniebla del se , el a oz su imien o de la nada, de la
nada que embis e la ida y log a su su imien o” (117),
“yo sé lo que es la ida, al igual que Alonso Quijano dice en mi ad de sus
alsos o men os: “Yo sé quién soy”. La ida es sólo un inmenso cenice o,
iole a pálida des uida po el mundo, sílaba a oz en el cenice o eple o de
palab as” (118),
“Mi ida no me ece el nomb e de ida, no hay as o en ella de lo que
signi ica la palab a ida” (118),
“La ida no es más que men i a en la somb a, palab a inú il, sollozo sin
sollozo” (118),
“La ida no es más que un ío de mie da que hay que aplas a como quien
aplas a una cuca acha. No hay emoción posible, el más mínimo sueño ha
quedado aniquilado. La ida es esa cuca acha que se a as a sob e el papel,
posándose sob e los lib os, adop ando mo imien os ci cula es, mien as
una lo abs ac a, no sé si bella o no, a o mándose en el meollo del
asun o. Esa lo que cons uimos a base de nues a ida empleada en es a
144
mie da de come ido, el peo del mundo, despojando a la ida de años y
mínima elicidad en pos de esa lo que es oda basu a y nada sino basu a
puede que me ezca. La basu a de mis labios, y mi ano ma chi o, y es os
dedos que ya no con olo po que me han aicionado al lími e” (118),
“una ida que es peo que el sepulc o” (70),
“qué impo a si el in ie no es lo único que he conocido yo” (70).
A pesa de es a isión an desga ada de la exis encia los in en os de
suicidio que ealizó se ci cunsc iben a los años de la ju en ud, en
o no a los ein e años. Pos e io men e, aunque el dolo es una
cons an e no ol e á a lle a los a cabo. En es a en e is a se a oja luz
sob e el asun o:
“-P egun a: ¿Qué secuencia de su ida elegi ía pa a con e i la en
e e nidad?
-Respues a: Canibaliza me, la nada. Me gus a ía desapa ece de aquí.
-P egun a: ¿C ee que ese momen o llega á? -
-Respues a: No, ampoco c eo en eso. No c eo en nada, ni siquie a en el
suicidio” (137).
Incluso en el documen al “Después de an os años” a i ma á que le
“gus a la ida (…) a pesa de odo quie o i i ” (10). Y es que una
exis encia desc i a en los é minos en que lo hace no iene po qué
apa eja el suicidio. Pane o es á anudado a la ida, pese a que las
e e encias posi i as de la ida sean escasísimas a lo la go del iempo
y que insis a en decla a , de o ma explíci a, que sólo ue eliz en su
ju en ud:
“-P egun a: Wi gens ein en T ac a us dijo que el mundo de los elices es
dis in o del mundo de los in elices. ¿En qué mundo es á us ed?
-Respues a: En el mundo de los in elices
-P egun a: ¿Alguna ez es u o en el mundo de los elices?
-Respues a: Cuando esc ibía poesía con [Pe e] Gim e e (…) Vi ía en casa
de Ignacio P ado, un poe a muy guapo amigo mío y yo e a eliz y no es aba
145
mue o, como decía Pessoa. Has a que me suicidé po Ana Mª Moix y
empezó oda es a his o ia de los manicomios” (137).
-La expe iencia de la soledad
En su biog a ía podemos e cómo Pane o a quedándose solo, de los
muchos amigos y conocidos con los que compa ía ida en su
ju en ud quedó el ínculo p ác icamen e limi ado a su mad e y en
meno medida a su he mano Michi (12): “me sien o solo. Y mi
he mano Michi ha mue o” (117). En sus úl imos años de ida sus
lazos sociales queda on educidos casi en exclusi a a los hospi ales,
los p o esionales sani a ios y sus edi o es. De es a expe iencia da
cuen a en el siguien e ex o:
“Mi pasado ue el de alguien un poco gua o que es aba odo el día
esc ibiendo po ahí. Lo que pasa es que en los e ede os no se puede
almacena ob a. Ni siquie a en los po ales. Que es donde yo do mía o enía
po cos umb e do mi . Po que no enía dine o. Po que el alcoholismo lo
exigía. Y po que a mí siemp e me gus ó euni soledad y basu a.
Es lo que decía yo en alguna pa e de EL DESENCANTO, que el
alcoholismo es escuela de soledad, que yo he es ado solo po loco y po
bo acho, un bo acho no puede ene demasiados amigos, po que cuando
llamas a una ho a a alguien que c ees u amigo bo acho és e e cuelga el
elé ono, si lo llamas dos eces e manda a la mie da, luego no e saludan
cuando e en du miendo en un banco.
La cá cel ue el único si io donde yo sen í la amis ad a pulso.
Allí sí había au én icos amigos.
Pe o luego con los amigos de la cá cel, los amigos que me ui encon ando
de ese pe íodo, ampoco me saludaban ni me hablaba nadie.
No sé qué explicación hay pa a odo eso.
146
Tengo ío…” (117).
La explicación se llama psicosis. La expe iencia clínica nos enseña
que la soledad es una de las expe iencias más ecuen es y d amá icas
del psicó ico. Sus elaciones sociales son escasas, débiles, di íciles. El
lazo social suelen hace lo con los pad es (si no es án incluidos en los
deli ios) y ecuen emen e se limi a únicamen e a los disposi i os de
Salud Men al. La alla es uc u al del psicó ico le lle a a una soledad
pe sis en e, puede deci se que a una e dade a soledad, la soledad de
no es a anclado al O o, de no compa i un mismo uni e so
simbólico: “¿A us ed quien le habla?” le p egun an, “Nadie”, es su
espues a (137). Es imposible una soledad más adical. En es e poema
podemos con empla lo:
“No es que es é solo, es que no exis o/ es que no hay nadie en es a playa/ y
ya ni yo aún me acompaño, / son es os dos ojos cual dos cue as/ y en mi
cabeza sopla el ien o:/ se á la mue e como un ino? / hab á muje es en la
umba?/ Qué la ga es la ibe a de la noche,/ qué la ga es” (81).
És a es la ealidad de la psicosis, aunque Pane o diga que quie e es a
solo:
“La e dad es á co-de e minada, en cualquie caso, como decía Heidegge ,
y la soledad es imposible, aunque sea és a mi única ambición: es a solo,
es a solo pa a siemp e, y esc ibi solo. Yo soy el no nacido de muje , el
pája o que ol ida po cansancio, el a e soli a ia que uela sob e el mundo
en llamas diciendo sólo una palab a: abismo” (118).
No es que quie a es a solo, es que no puede deja de es a lo. Y la
p ueba es su biog a ía. A pesa de se un poe a b illan e, de habe
dis u ado de una posición acomodada, de un buen núme o de amigos
y conocidos en su ju en ud, de una buena a ención sani a ia, Pane o
ha pasado los úl imos años de su ida de una mane a simila a la de
muchos psicó icos con menos posibilidades: en una ins i ución,
147
cuidado po médicos, en e me os y edi o es a los que acusaba de
que e ma a lo.
-El miedo
El mundo del psicó ico es el mundo del miedo. Hay un O o
pe seguido , aman e… un O o amenazan e an e el que el psicó ico se
encuen a desp o egido. Si la angus ia en la psicosis es un concep o
discu ible (40), el del miedo no admi e deba e.
“Tengo ío, pad e, engo ío/ “daddy gi e me you hand/ I am a aid”/
Tengo miedo del silencio y de la nada,/ engo miedo de do mi / engo
miedo al sueño,/ y el sonido de un e ól e es poco pa a el miedo/ a oz de
exis i / en e a la nada-mien as/ ellos-ils ma en- ellos me espían/ más
c ueles que el sueño y que la nada/ y es oy sólo en e a una pue a ce ada/
que nadie ab i á nunca, que se pa ece a la mi ada/ y al os o azul de la
nada, del silencio/ que iembla an e mi oz, que me susu a/ palab as
espan osas, que dan miedo a la mi ada/ que dan miedo a la ida,/ que es el
se más c uel –ap il is he c uelles mon h/ engend a lilas de la ie a
mue a,/ emue e como con molinillo los huesos,/ y el ce eb o, o sus es os/
danzan aun sob e la nada” (127).
Es os pocos e sos ecoge bien la expe iencia del miedo del psicó ico.
“Tengo miedo del silencio y de la nada”. Y es que el psicó ico i e la
posibilidad de la aniquilación como cie a, además en un mundo del
que pa ece no pode escapa “ engo miedo de do mi , engo miedo al
sueño”. La i encia a oz de lo que sien e queda bien ejempli icado en
la ase: “y el sonido de un e ól e es poco pa a el miedo/ a oz de
exis i en e a la nada- mien as/ ellos –ils ma en- ellos me espían”.
Ahí es á el miedo del psicó ico en e a la ealidad de su p opia
mue e, no u u a sino e e namen e p esen e (ya lo di á en una
en e is a, que es la mue e lo que le da miedo (115)), y en e al O o,
en es e caso, que espía. Y an e ese escena io se e ela su soledad más
148
absolu a: “y es oy solo en e a una pue a ce ada/ que nadie ab i á
nunca”. Miedo y soledad como expe iencias adicales en la psicosis.
-Se obje o de goce del O o.
La expe iencia de se obje o de goce del O o es á muy p esen e en
Pane o. Un e so donde cla amen e puede ap ecia se cómo se si úa
como obje o es és e: “yo ya no soy sino eso que o u as” (84). No ése
ni aquél ni ese homb e, sino eso, el suje o educido a la cosa.
Una imagen que a a ep esen a bien qué es i encia se como obje o
de goce del O o es la del alma piso eada, pas o del O o, que
podemos e en “Ma mè e” (71), poema que se analiza á en el
capí ulo dedicado a la mad e. También puede ejempli ica se con es e
o o poema:
“Una muje sin os o can a de pie sob e mi alma,/ una muje sin os o
sob e mi alma en el suelo,/ mi alma, mi alma: y epi o esa palab a/ no sé si
como un niño llamando a su mad e a la luz,/ en con usos sonidos y con
llan os, o bien simplemen e/ pa a hace e que no iene sen ido./ Mi alma.
Mi alma/ es como ie a du a que piso ean sin e la/ caballos y ca ozas y
pies, y se es/ que no exis en y de cuyos ojos/ mana mi sang e hoy, aye ,
mañana. Se es/ sin cabeza can a án sob e mi umba/ una canción
incomp ensible./ Y se epa i án los huesos de mi alma./ Mi alma. Mi/
he mano mue o uma un ciga illo jun o a mí” (71).
El alma como lo más ín imo del se humano que se encuen a expues a
“ en e/ a la muchedumb e que/ mi a, como siemp e, con los bes iales
ojos. Mi alma/ en el escapa a e, gen ío que aplaude/ en la hogue a los
úl imos ges os/ de Juana de A co” (84), “mien as los homb es
escupían sob e mi alma/ y llo aban” (136). Has a ahí llega el O o
gozado . O en es os e sos:
149
“Se á mi alma/ buen alimen o pa a pe os?” Y con es as e: “no espe es/ que
ella si a pa a o a cosa: ue c eada/ y pensada lo mismo que u cue po y
huesos pa a/ nu ición de los pe os inales –lo mismo/ que u palab a”. “Y
¿nada he de espe a ?” “Nada” (71).
La expe iencia se mues a aquí de una mane a con unden e. El cue po,
el alma y la palab a, es deci el suje o, colocado en posición única de
obje o de alimen ación de los pe os inales, de obje o de goce del
O o.
Si a es e poema como ejemplo de que el goce del O o no se limi a a
la pe secución del pa anoico sino que es mucho más p o undo, el
suje o po en e o es á a me ced de una ue za de o ado a que lo sigue
no ya en la calle donde es mi ado, donde es causa de isa, no ya en la
casa donde es espiado, ni siquie a en la alucinación que lo insul a, el
O o llega a posee po en e o al suje o, en cue po, alma y palab a. El
O o no se limi a a pe segui sino que se apode a del se del psicó ico:
“Soy el An ic is o, ni an siquie a soy yo, soy un espec o mas icado,
dige ido po la boca de se es malolien es y sin o o os o que la baba
del insul o” (12).Y es una expe iencia angus iosa, más que la mue e:
“Tengo miedo de i i ,/ la ida me asus a, la mue e no/ sólo emo al
dolo , sólo emo al ecue do/ que mañana, desnudo en medio de la
calle/ me si ia á o a ez, escupiéndome/ en la ca a y jugando/ a la
pelo a con mi os o” (127).
Es a humillación es aún mayo pues lle a el añadido de la isa. Y ya
es á cla o en “Ma mè e” cuando es su mad e la que íe (71), o en es os
e sos:
“Más que nunca eís e/ aho a que es e idículo sopo e de mi alma/ se
deshace en el lecho como cuando cagabas/ encima de mi os o o cuando
con el cho o/ e ien e de u alo aún elabas/ el dolo de mis ojos mejo
que una o ación:/ mañana en la abe na no se é más que un nomb e/ mi
150
imagen y mi cue po, y odas mis acciones/ y mi esposa y mi umba,
alimen o del ino” (83).
Y es ambién i ida como el iun o del O o:
“y celeb an mi uina y o inan encima, po las noches/ de es a umba
inmensamen e humillada” (80),
“en mi alma pod ida a u a el hedo a iun o/ la cabalga a de mi cue po en
uinas” (94).
“La co po eidad o al del desas e/ de la sima en que uelan los pája os/
a oces de la Nada/ como una esina pa a mo i an sólo/ a ojo mi bilis
neg a en sac i icio/ pa a alimen a a los pe os de la Nada/ a los lobos
a oces que he is o en la calle/ come de mi ce eb o, cual gusanos/ que
nu ie a mi cadá e / y mi cue po emana luidos mue os al cielo/ con algún
obje i o del que íen los homb es/ señalando al cielo con una mano mue a/
sob e la que uelan los pája os/ en onando himnos a la uina y celeb ando
el desas e/ como si la mano de un mue o me aca iciase/ así es el poema”
(129).
Como se ha dicho más a iba el O o puede es a enca nado po
dis in os o os pa icula es. Ya se ha is o como inicialmen e lo es po
la mad e y en la ob a de Pane o puede e se cómo la mad e enca na a
es e O o, po ejemplo en el ya a ias eces ci ado poema “Ma mè e”.
Se ha is o ambién como o as eces ese O o no iene un o o que lo
ocupe pe o que emos señala aquí algunos ejemplos de la enca nación
del O o. Así, cuando esc ibe “mis amigos y mi amilia me escupen/
como apes ado de la Luz” (129). También puede e se en es e ex o:
“Muchas hemb as juegan al bacca á con mi cabeza, y can an sob e
las uinas de mi cabeza, y can an sob e la in e minable agonía de mi
cabeza” (117). Cabe des aca que en el pá a o an e io de es e poema
habla de la mad e en un sen ido simila : “Ah, sí, el susu o de la
mie da en la somb a. Una mano de mad e o u ando mi muñeca
p edilec a, conduciéndome a un luga segu o como es la mesa del
151
baca á en plena noche” (117). Po úl imo ha emos mención a la
enca nación del O o po pa e del ey Juan Ca los. En di e en es
momen os Pane o ha señalado que se sien e igilado po el ey, pe o
ese más allá que supone el se obje o de goce del O o puede
ap ecia se bien en el poema i ulado “Himno a la Co ona de España”
que dedica al ey Juan Ca los I y donde dice: “Sólo soy un payaso de
una cue da pendien e/ an e aquel que la luz ino a ae a España/ e
hizo que el sol a die a en la mano más pu a” (99). Son sólo unos
ejemplos, ambién puede e se es a i encia de Pane o en los
cama e os, la gen e de la calle, el p esiden e Adol o Suá ez, la CIA,
sus edi o es, los p o esionales de la Salud Men al… como ya hemos
is o en el capí ulo dedicado a la psicopa ología.
-Se el loco
La expe iencia de la locu a iene un luga impo an e en la ida de
Pane o. Po un lado podemos e que no hay apenas conciencia de
en e medad, lo cual puede cons a a se a lo la go de las múl iples
en e is as y de su ob a. Como ejemplo si a la espues a que da
Pane o a la p egun a “¿se conside a us ed loco?”, “no, yo no me
conside o loco” (137). En una en e is a di á “Yo se é un mons uo,
pe o no es oy loco”, el pe iodis a le p egun a que po qué dice eso,
Pane o esponde: “po que me eo mons uoso. Aplas o los ciga illos
en el suelo, como si ue an niños” (112). Alguna conciencia de
en e medad sí que hay, pe o apenas es ci ada po el poe a, aunque en
una en e is a esponde que iene miedo de cu a se, po que eso se ía
la mue e de e dad (114). Si habla de cu a se p esupone una
en e medad, la esquizo enia.
152
Queda pa en e que no puede nega la e idencia de quien ha sido
diagnos icado de esquizo enia, ha ecibido a amien o psiquiá ico y
ha i ido buena pa e de sus años en hospi ales psiquiá icos. La
expe iencia de la locu a es á ahí:
“Dios me p o eja de se un anciano/ al que odos adulan y llamen/ po el
acío de su nomb e; oh, qué soy,/ ¿quién si no puedo más, / que/ pa ece –
po amo de can a / en e a la canción- siemp e un loco? / Rezo –pues las
palab as acías se ma cha on/ sin se oídas y sólo la plega ia queda/ en pie
–pa a que aun cuando a de mucho/ en mo i y en esc ibi mi nomb e/ al in
sob e la lápida puedan/ un día deci sob e es e ío/ que no es u e loco”
(71).
Lo que se e ela pa a Pane o es el es igma de la locu a, oda ía
p esen e a pesa de las campañas ealizadas pa a mi iga lo: “y sólo la
palab a “esquizo énico” designa ese luga sucio, ese oscu o pozo
neg o llamado ambién “c ónico” (70), “y eleo uno de mis lib os
Aguje o llamado ne e mo e (…) Y c een que el aguje o es el aguje o
del culo, sin sabe que me e ie o a un aguje o mucho más inmundo,
¡el de la locu a!” (70).
Y es que “nadie quie e a un loco. Cuando en as en un manicomio e
de es an has a us mejo es amigos” (10). Pane o se sien e po ue a del
mundo po el hecho de ene una en e medad men al:
“A odo es o, una seño a de la limpieza me apaga la luz, como si no
exis ie a, como si ue a un loco, un sapo cla ado en la c uz de la exis encia,
en la c uz de la ida: cincuen a y es cla os han anudado al in es e cue po
a la nada” (70).
La expe iencia de la que habla Pane o es supe ponible a la de
cualquie pe sona con esquizo enia:
“En España no hay a a que no me conozca, y ello po culpa de mis
escándalos calleje os, más que po la poesía o la alía de mi poesía.. (…)
255
BIBLIOGRAFÍA
256
1. Ruiz Ruiz M, Ruiz Ruiz F, Fe nández-Baca P. La
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