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Cultura, multiculturalidad e interculturalidad. Análisis de la educación intercultural en la ciudad de Málaga

Iriarte Moncayola, Manuel

Abstract

Análisis del enfoque intercultural de la legislación educativa y estudio de las visiones del profesorado sobre cultura, multiculturalidad e interculturalidad.

Full text

UNIVERSIDAD DE MÁLAGA FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN DEPARTAMENTO DE DIDÁCTI CA Y ORGANIZACIÓN ESCOLAR TESIS DOCTORAL CULTURA, MULTICULTURALIDAD E INTE RCULTURALIDAD. ANÁLISIS DE LA EDUCACIÓN INTE RCULTURAL EN LA CIUDAD DE MÁLAGA MANUEL IRIARTE M ONCAYOLA MÁLAGA 2015 AUT OR: Manuel Iriarte Moncayola http://orcid.or g/0000-0002-4776-0651 EDIT A: Publicaciones y Divulgación Científica. Universidad de Málaga Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial- SinObraDerivada 4.0 Internacional: http://creativecommons.or g/licenses/by-nc-nd/4.0/legalcode Cualquier parte de esta obra se puede reproducir sin autorización pero con el reconocimiento y atribución de los autores. No se puede hacer uso comercial de la obra y no se puede alterar , transformar o hacer obras derivadas. Esta T esis Doctoral está depositada en el Repositorio Institucional de la Universidad de Málaga (RIUMA): riuma.uma.es 3 CULTURA, MULTICULT URALIDAD E INTERCULTURALIDAD. ANÁLISIS DE LA EDUCACIÓN INTE RCULTURAL EN LA CIUDAD DE MÁLAGA Tesis Doctoral presentada por Manuel Iriarte Moncayola Dirigida por La Dra. María Teresa Castilla Mesa Y El Dr. Miguel Ángel Santos Guerra Realizada en el Departamento de Didáctica y Organización Escolar FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN Universidad de Málaga 4 5 “sempre pensei da verdade ser erro espera de vez ” Madredeus «La cultura es un palimpsesto infinito», Roland Barthes. “[…] se habla de cultura, a pesar de que esta palabra no es otra cosa que un suave sustituto de ese vocablo más vul gar que es <<Babel>>” Marc Fumaroli 6 7 DEDICATORIAS Y AGRADECIMIENTOS A Aurora mi apoyo, mi equilibrio, mi vida que me enseño que los objetivos se alcanzan con trabajo y superaci ón, con constancia, nunca hubiera podido hacer esto sin ella. Por su abs oluta confianza en mis posibilidades. A Irene mi hija, mi estímulo y, al final mi referencia, sé que voy a terminar esta tesis por mí y por ella, por su fo rma de entender la vida, por su gestión del conocimiento, porque es difícil encontrar un mejor estímulo que el de alguien que desarrolla investigación. A mi hermano, Antonio que siempre vivió mis vaivenes y al que la vida y las circunstancias han alejado de mi geográficamente pero nunca emocionalmente. A mi madre siempre presente y a su especial forma de ver las cosas. A Manolo mi suegro, a su capacidad de mantener firme y unida a su gente, en la que me incluye. A mi familia toda, a mi cuñada R aquel es pecialmente que siempre pensó que había en mí algo más, a mi pequeño, si , a Gerardo, que siempre estuvo conmigo. A Cesar, siempre lejos y a la vez cerca, a Manolo siempre dispuesto, a Mariola, a María José, a Lourdes. A mis sobrinos mayores, a mi ahijada Alaine que desarrolla su trabajo de forma eficiente en estos tiempos de cris is, a mi sobrino Aitor, tan parecido físicamente a mí en su adolescenc ia y que empieza su educación universitaria. A mi sobrino Rodrigo, sensible e inqui sitivo, a mi sobrina Andrea que quiere iniciar un proceso educativo en biología o genética, a mi sobrina Daniela, dulce e inteligente, un pequeño tesoro, a mi pequeñín Jaime un luj o, rápido y certero, a Danila la fibra, el cari ño, la mejor conceptualización de familia, a Héctor mi ahijado, sorp rendente, fantástico, ocurr ente y genial y, por fin a la peque, a Lía una apuesta por vivir. 8 A mis Directores de Tesis, Teresa y Miguel Ángel, equilibrio , ayuda, soporte, dirección y puedes decir lógico, pero todo lo que se de educación se lo debo a ellos. También tiene mucho que ver aguantar mis dudas, mis conflictos, mis desesperanzas. Gracias directores. A mis amigos que han entendido mi ausenc ia en estos últimos locos meses. A mis informantes por participar en un proceso difícil que exponía intimidades de los centros, f ue una experiencia increíble. A la Delegación de Educación y a sus asesores, a Eva Moreno que me facilitó el trabajo. Y, fundamentalmente, al recuer do imborrable de An tonio mi padre y Daniela mi suegra y mi amiga. Siempr e están en mi memoria y su recuerdo es imborrable. Daniela me enseñó a no rendirme y mi padre a volver a empezar. A los que no he citado y me habéis ay udado a todos vosotros gracias. 9 10 11 Contenido  1.  Introducción.  Punto  de  partida  e  interés  del  tema.  Posición  personal  ....  17  1.1.  Estructura  del  trabajo  ...............................................................................  31  1.2.  Un  int ento  de  lenguaje  no  sexista  ............................................................  41  2.  Fase  preparatoria:  etapa  reflexiva  ............................................................  43  2.1.  Estado  de  la  cuestión  ................................................................................  45  2.2.  Cultura  .......................................................................................................  51  2.2.1.  Origen  metafórico  del  concepto  de  cul tura.  Primeros  desplazamientos  .  57  2.2.2.  Un  concepto  “de  facto”:  El  nacimiento  de  la  Etnografía  ..........................  63  2.2.3.  Ilustración  y  modernidad.  El  concepto  jerárquico  de  cultura  ...................  65  2.2.3.1.  Francia  y  la  civilisation  ..............................................................................  75  2.2.3.2.  Alemania  bildung,  kultur  ...........................................................................  79  2.2.3.3.  Inglaterra  refineme nt  ................................................................................  83  2.2.4.  El  inicio  del  cambio,  la  ruptura  de  las  ce rtidumbres.  El  concepto  diferencial  de  cultura  87  2.2.4.1.  Historicismo  y  Romanticis mo  ....................................................................  91  2.2.4.2.  Nacionalismo  y  Na ción  ..............................................................................  95  2.2.4.3.  Nacionalismo  y  racismo:  el  deter minismo  racial  ......................................  99  2.2.4.4.  Evolucionistas  y  spenceristas  ..................................................................  103  2.2.4.5.  Difusionismo  ...........................................................................................  109  2.2.4.6.  Marx,  Engels  y  el  Materiali smo  dialéctico  ..............................................  113  2.2.4.6.1.  Ideología  ..................................................................................................  117  2.2.4.7.  El  con cepto  de  cultura  a  finales  del  siglo  XIX.  Aproximaciones  a  la  ciencia,  conflictos  etnográficos  ................................................................................................  119  2.2.5.  El  siglo  XX  o  el  final  de  la  modernidad.  Un  siglo  qu e  no  es  un  siglo  .......  121  2.2.5.1.  Cultura  como  concepto  científico  ...........................................................  125  2.2.5.2.  Relativismo  y  particularism o  histórico.  Boas  ..........................................  129  2.2.5.3.  Funcionalismo.  Funcionalis mo ‐ estructur al  .............................................  133  2.2.5.3.1.  Escuela  de  cultura  y  personalidad  ..........................................................  139  2.2.5.3.2.  Funcionalism o ‐ estructural  ......................................................................  143  2.2.5.4.  Neoevolucionismo  ..................................................................................  147  2.2.5.5.  Estructuralismo  .......................................................................................  153  2.2.5.6.  Materialismo  cul tural  ..............................................................................  157  12 2.2.6.  Teorías  de  la  postmodernidad  y  sus  críticos.  Los  albores  del  siglo  XXI  ...  163  2.2.6.1.  Simbolismo  y  antropología  simbólica.  La  interpretación  ........................  169  2.2.6.2.  Meméti ca  y  otr as  aproximaciones  ..........................................................  173  2.2.6.3.  Baudrillard  y  Bourdieu  la  construcción  de  una  definición  sociosemi ótica  de  la  cultura  179  2.2.6.4.  Cultura  versus  lo  cultural.  Sustantivo  o  adjetivo  .....................................  183  2.2.6.5.  Bauman  y  la s  ambivalencias.  Creación  frente  a  orden.  Sistema  o  matri z  187  2.3.  Multiculturalidad  y  multiculturalismo  .....................................................  191  2.3.1.  Multiculturalismo  o  nuevos  movimientos  sociales.  Institucionalización  académica,  educativa  y  política  del  multiculturalismo  ...............................................  195  2.3.2.  Multiculturalismo  como  respuesta  política  e  institucional:  los  países  anglosajones  ................................................................................................................  197  2.3.3.  El  fin  del  mod elo  mul ticultural  en  Europa  ...............................................  209  2.4.  Interculturalidad  ......................................................................................  213  2.4.1.  Teoría  de  la  comunica ción.  La  comuni cación  intercultural  .....................  219  2.4.2.  Proyecto  sociopolítico.  El  interculturalismo............................................  223  2.4.3.  Mediación  in tercultural  ...........................................................................  229  2.4.4.  Sobre  educación:  de  multicultural  a  inte rcultu ral  o  ¿Hablamos  de  lo  mismo,  pero  lo  llamamos  diferen te?  .......................................................................................  233  2.4.4.1.  Educación  en  sistemas  asimilaci onistas,  compensatorios  y  segregacionistas  ..........................................................................................................  239  2.4.4.1.1.  Modelo  asimi lacionista  ...........................................................................  239  2.4.4.1.2.  Modelo  com pensatorio  ...........................................................................  240  2.4.4.1.2.1.  Educación  co mpensatoria  en  Andalucía  .................................................  243  2.4.4.1.3.  Modelo  segr egacionista  ..........................................................................  244  2.4.4.2.  Educación  en  sistemas  multiculturales  ..................................................  245  2.4.4.3.  Educación  intercultural  ...........................................................................  251  2.4.4.3.1.  Educación  in tercultural  en  la  Unión  Europea.  Proyectos  le gislat ivos  y  actuaciones  .................................................................................................................  257  2.4.4.3.2.  Educación  intercultural  en  España  ..........................................................  263  2.4.4.3.3.  El  caso  andaluz.  O  como  unir  un  enfo que  intercultural  con  un  sistema  compensatorio  ............................................................................................................  269  2.5.  Establecimiento  de  los  ma rcos.  Paradigmático,  Teórico  y  conceptual  ..  281  13 2.5.1.  Marco  paradigmático  ..............................................................................  283  2.5.1.1.  Sobre  el  paradigma  naturalista  cualitativo,  comprensivo  o  interpretativo  291  2.5.1.2.  Sobre  el  paradigma  crítico  ......................................................................  297  2.5.1.3.  Cercanía  sociológica  ................................................................................  301  2.5.1.4.  ¿Semiótica  o  sociosemiótica?  .................................................................  305  2.5.2.  Marco  teórico  ..........................................................................................  307  2.5.2.1.  Teoría  crítica.  De  Haberma s  a  Dubiel  ......................................................  309  2.5.2.2.  Teoría  del  ca pital  cult ural  .......................................................................  315  2.5.2.3.  La  Construcción  de  la  Terc era  cultura  .....................................................  319  2.5.2.4.  Teoría  del  co ntrol  cultural  .......................................................................  323  3.5.3  Marco  conceptual  ...................................................................................  327  2.5.3.1.  Submarcos  ...............................................................................................  328  2.6.  Preguntas  de  investigación  .....................................................................  331  2.7.  Objeto  de  estudio  ...................................................................................  335  3.  Fase  preparatoria:  etapa  de  diseño  ........................................................  337  3.1.  Elección  del  esc e nario  .............................................................................  341  3.2.  Método.  Complejidades  i niciales  y  duda s...............................................  345  3.2.1.  Etnografía  o  Etnometodolo gía  ................................................................  349  3.2.2.  Estudio  de  ca so  o  Etnografía  ...................................................................  355  3.2.3.  Estudio  de  ca so  único  o  estudios  de  casos  múltiples  .............................  359  3.3.  Técnicas  e  instrumentos  de  recogida  de  datos  .......................................  361  3.4.  Triangulación  ...........................................................................................  365  4.  El  trabajo  de  campo  ................................................................................  369  4.1.  Acceso  al  escenario  .................................................................................  371  4.1.1.  Selección  de  los  informantes  ..................................................................  377  4.1.1.1.  Entrevistas  gr upales  ................................................................................  381  4.1.1.2.  El  cuestionario  a  los  alumnos  del  Master  Universitario  de  Educación  Secundaria  Obligatoria,  Bachillerato,  Formación  Profesional  y  Enseñanzas  de  Idiom as,  organizado  por  la  Facultad  de  Ciencia  de  la  Educació n  de  la  Unive rsidad  de  Málaga  387  5.  Proceso  de  análisis  ..................................................................................  389  5.1.  Circularidad.  Reducie ndo  datos:  categorías  y  códigos  ...........................  393  5.2.  El  tratamiento  informático  de  los  datos  .................................................  397  14 6.  Informe  ....................................................................................................  399  6.1.  El  sistema  de  categorías  ..........................................................................  400  6.2.  La  visión  de  los  futuros  docentes  ............................................................  402  6.2.1.  Resultados  cuantitativos  .........................................................................  402  6.2.2.  Resultados  cualitativos  ............................................................................  406  6.2.2.1.  Situación  social  ........................................................................................  406  6.2.2.2.  Proceso  ....................................................................................................  409  6.2.2.3.  Tratamiento  o  metodología  ....................................................................  411  6.2.2.4.  Políticas  definidas  de  tratamientos  de  la  diversidad  ..............................  412  6.2.2.5.  Sistema  gene ral  de  categorías  ................................................................  412  6.3.  Las  entrevistas  grupales  con  los  docentes  ..............................................  419  6.3.1.  La  cultura  .................................................................................................  419  6.3.2.  La  multicul turalidad.................................................................................  428  6.3.3.  La  intercultur alidad  .................................................................................  436  6.3.4.  La  educación  ............................................................................................  447  6.4.  El  grupo  de  la  Delegación  Provi nci al  de  Educación  .................................  451  6.4.1.  La  cul tura  .................................................................................................  452  6.4.2.  Educación  e  interculturalida d  ................................................................  455  6.5.  Conclusiones  y  nuevas  preguntas  ...........................................................  467  6.5.1.  Preguntas  ................................................................................................  469  Bibliografía  ......................................................................................................................  471  7.  Anexos  .....................................................................................................  499  7.1.  Anexo  1  ....................................................................................................  501  1.1.  Anexo  2  ....................................................................................................  509  15 16 17 1. Introducción. Punto de partida e interés del tema. Posición personal Uno de los aspectos que me resultar on más apasionantes en mi formación como historiador fue el del cambio cu ltural y la diversidad, especialment e desde su análisis en ar queología. Los conceptos de cultura, cambio cultural, difusión o generalidad intercul tural articulaban diferentes discursos según se expresara el funcionalismo, el estructuralismo, el procesualismo o nueva arqueología, el postprocesual ismo, el neoevolucionismo o la ecología cultural. En tanto que la arqueología no puede observar el comportamiento de las culturas que estudian, los arqueól ogos deben inferir el comportamiento y las ideas a partir de los restos materiales y del impacto que las diferentes culturas generar on. La nueva arqueología lider ada por Binford (1997) definía a la cultur a como una forma extrasomática de adaptación al medio de los seres humanos, pretendiendo la reconstrucción completa de los procesos culturales del ser humano, con base en el positivismo lógico y ut ilizando el método científico hipotético-deductivo, aunque con un profundo anti-historicismo , llegando a la conclusión de que no hay un pasado objetivo y de que la s maneras que utilizamos para representárnoslo no son sino textos que producimos en función de nuestra posición sociopolítica. La necesidad de generalización, que difícilmente puede alcanzar al comportamiento humano, configuró la clas ificación de sus teorías o generalizaciones en cat egorías altas, medias o bajas y permitió la aparición de la teoría de Alcanc e Medio, que intentaba utilizar datos etnográficos para unir fenómenos observables arqueológicamente y comportamientos humanos. Esta escuela con su materialismo determinista con marcados acentos lamarckianos y su enfoque sistémico influyeron notablemente en mis concepciones. Pero las teorías de nivel medio, y la de alcance medio lo es, configuran generalizaciones que, desde el postpositivismo, formalmente se estructuran como leyes universales, lo que en alguna medida viene a considerar a la naturaleza humana como invariable. Por otra parte, el 18 análisis sistémico de la cultura, qu e propone la modernidad, nos la muestra en una permanente crisis, independientemente de la deriva pesimista de la Teoría de Sistemas que se aleja del optimismo de Parsons, como afirma Lyotard (1989): […]….Parsons en los años 50 asim ila la sociedad a un organismo autorregulado. El modelo teórico e incluso material ya no es el organismo vivo, lo proporciona la cibernética que multiplica sus aplicaciones durante y al final de la segunda guerra mundial. En Parsons, el principio del sistema todavía es, digámoslo así, optimista: corresponde a la estabilización de las economías de crecimiento y de las sociedades de la abundanc ia bajo la égida de un welfare state moderado En los teóricos alemanes de hoy , la Systemtheorie es tecnocrática, es decir, cínica, por no decir desesperada: la armonía de las necesidades y las esperanzas de individuos o grupos con las funciones que asegura el sistema sólo es un componente adjunto de su funcionamiento: la verdadera fiabilidad del si stema, eso para lo que el mismo se programa como una máquina inteligente, es la opt imización de la relación global de sus input con sus output, es decir su performatividad. (pág. 34) Luhmann (1996) explica que de la Teoría General de Sistemas Abiertos surgen tres teorías subsidiarias que intentan explicar la relación de los sistemas con su entorno: 1) Input/Out put, 2) Feed Back N egativo y 3) Feed Back Positivo. Con elevado nivel de relac ión con la cibernética en su acepción de arte de conducción de sistemas técnicos y sociales, muestra ese cinismo al que se refería Lyotard y reserva une elevado índice de construcción teórica para el análisis de la entropía y la negentropía. Otras lecturas diferentes, Steiner ( 1992) fundamentalment e, me acercaron a la postmodernidad. El derrumbe de los metarrelatos justificadores, la conciencia del etnocentrismo de la modernidad, el fracaso de la educación como barrera que impedía la brutali dad y el caos me han afectado profundamente. Efectivamente, mi trabajo en la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía y mi cercanía con los técn icos en Arqueología pertenecientes a la misma, acentuó mi interés como hist oriador por los procesos evolutivos 19 y sustitutivos que mostraban los yaci mientos. Al mismo tiempo, era consciente de que los diferentes estr atos nos mostraban una imagen fija, sincrónica, la mayoría de las veces sin una relación directa con la posterior, procesos de sustitución que no permitían analizar el cambio. Pese a todo, se mostraban rasgos que permitían observar una línea continua de semejanzas, de cercanías, era la misma gente, pero había cambiado. Un cierto alejamiento del análisis funci onal y del estructuralismo que permiten un conocimiento amplio, pero sincrónico, de las sociedades que analizan, acompañó mi evolución teórica. Mi interé s por ese cambio cultural, está en el inicio de este trabajo de investigaci ón. Posteriormente el acercamiento a los movimientos sociales a causa de mi trabajo, desarrollando la Coordinación en la Provincia de Mál aga de la Agencia Andaluza del Voluntariado y de la Dirección Gener al de Políticas Migratorias de la Consejería de Gobernación de la J unta de Andalucía, me llevó a la constatación de la diversidad sin determinismos, fundamentada en la infinita capacidad creativa de los seres humanos en los que sigo confiando. Mi relación personal con representantes de las diversas culturas que, a lo largo de estos últimos años, se han inst alado en nuestra provincia, junto al desarrollo de trabajos relativos al I y II “Plan Integral Para la Inmigración en Andalucía ” (Junta de Andalucia. Consejería de Gobernación, 2006), fue consolidando en mayor medida mi interés por las relaciones entre culturas y los procesos de cambio cultural que conllevan. Al mismo tiempo, participé como relator en la mesa de “Interculturalidad ” del “ Plan Estratégico de la Cultura en Andalucía ” (Junta de Andalucía. Cons ejería de Cultura, 2007), conocido como PECA, y fue ahí, en el contexto de es os debates, donde comencé a plantearme la intercultu ralidad como una metodología de actuación que permitiera establecer la comunicac ión entre los diferentes grupos que conforman nuestra sociedad actual. Creo que es significativo resaltar que puede actuar no solamente entre grupos culturales, sino entre las propias subculturas que se generan en los grupos más amplios. 20 Por otro lado mi contexto personal, muy cercano a personas relacionadas con el sistema educativo y mi incor poración al “Grupo de investigación HUM-365”, que tiene la Educación Intercultural entre sus líneas de investigación, me llevó a plantearme, tras participar como “Ente Público Observador” (EPO) en la investigación del grupo “ La Participac ión De Las Familias De Alumnos Y Alumnas Inm igrantes En La Escuela ”, iniciar mi tesis y enfocarla hacia la Educación, la Cultura y la Interculturalid ad. Así pues quizás me encuentro en una situación similar a la que describe García Canclini (2004) Durante décadas las disciplinas t enían puertas especiales, según se quisiera entrar a letras, filosofía, antropología o historia. Los espacios y temas a los que no se llegaba de ese modo se agrupaban como estudios de área: había departamentos de es pañol y portugués, de francés o italiano, de chino o de religiones africanas. Con el tiempo, la interdisciplina, las migraciones, la comunicación masiva y otros desórdenes del mundo volvieron poros as las paredes que separaban los departamentos. Llegaron entonces los cu ltural studies,[…] y hallaron, entrando por la puerta de la filosofía , caminamos hacia la antropología, y que lo que se aprendía en letras, economía o sociología serv ía para introducirse, aunque fuera por las ventanas, a otros edificios. Los estudios culturales que abrier on esas salidas de emergencia hoy se parecen, a veces, a una puerta giratoria. (pág. 144) Coincido con Carrithers (1995, pág. 12) en que la pre gunta fundamental que puede plantearse un investigador de lo cultural es. “¿ Qué es lo que debe ser considerado cierto para los humanos en general? Si llegamos a determinar las formas de diversidad ex istentes, podríamos comprender que unifica esta diversidad. Así pues, estudiar y comprender la diversidad puede ayudarnos a formular esos nuevos universales. Estudiar las diferencias y preocupar se por lo que no homogeniza ha sido una tendencia distintiva de lo s antropólogos. Los sociólogos acostumbran detenerse a observar los movimientos que nos igualan y los que aumentan la disparidad. Los especialistas en comunicación suelen pensar las diferencias y desigualdades en términos de inclusión y exclusión. De acuerdo con el énfas is de cada disciplina, los procesos culturales son leídos con claves di stintas (García Canclini, 2004, pág. 13). 21 Nunca como hoy hemos tenido tan presente la palabra cultura en nuestro vocabulario diario. Los políticos la c onvierten en un elemento clave de la democracia y en instrumento para salir de la crisis. Se habla de la cultura como derecho, situándolo en el entorno de los derechos de tercera generación, estableciendo un mandato que c onvierta en efectivo el acceso de los ciudadanos a los bienes culturales. El presidente del Partido Popular en España Don Mariano Rajoy (Pajar es, 2010) afirma: que la cultura es “un asunto de estado que trasciende cualquier división ideológica y partidista al constituir uno de los elementos que vertebran la identidad de la Nación española”. El Plan Estratégico para la Cult ura en Andalucía la define c omo: “un derecho ciudadano y recurso social y económico” . (Junta de Andalucía. Consejería de Cultura, 2007, pág. 13) La iniciativa política del PECA pr ecisamente pone de relieve esa nueva conciencia respecto a lo que significa la cultura y a lo que suponen sus potencialidades para el desarrollo, con la mirada puesta sobre todo, obviamente, en la comunidad autónoma andaluza. Hablamos de cultura empr esarial, de cultura política, aseguramos que un centro educativo tiene su “ cultura ”, incluso llegamos a afirmar que tal o cual elemento de cualquier juego no están en la cultura de tal o cual entrenador. Kuper (2001) dice que la bellez a de toda esta situación es que nos encontramos ante algo que todo el mundo entiende y nos propone una cita de Larissa Mac Farquar: Tratamos de vender semiótica, pero lo encontramos algo difícil’, informaba una compañía londinense llama da Semitic Solutions, ‘así que ahora vendemos cultura. Ésta [noci ón, palabra] la conocen. No tienes que explicarla’. Y no hay motivo ni llamamiento alguno para no tratar la cultura como se merece. ‘La cultura lleva la voz cantante por lo que se refiere a motivar la conducta del cons umidor’, proclama un folleto de la empresa, ‘más persuasiva que la ra zón más de masas que la psicología. (pág. 19). 22 Pero, al mismo tiempo, la cultura bi en podría estar, siguiendo a Kuhn (1989, pág. 21), en una “ crisis del paradigma ”, desconfianza de las reglas de solución normales y proliferación de teorías especulativas, porque existen distintas teorías de la cultura en la postmodernidad que reflejan claramente ese nivel especulativo. Ahora bien, ¿Cuándo hablamos de cultura, multiculturalidad, multiculturalismo, interculturalid ad…….estamos todos hablando de lo mismo? La cultura y sus epígonos s on conceptos clave de discusión en muy diversos ámbitos en la actualid ad. Existen conceptos que encierran dentro de sí un proceso continuo de transformación, con diferentes velocidades e intensidades, y su si gnificado se mueve en búsqueda de nuevas significaciones. Los términos que estructuran nuestro estudio se ajustan a tal situación. Siguiendo a Castro Noguei ra, Castro Nogueira y Morales Navarro (2005) los conceptos: Son entidades abstractas culturalm ente disponibles para cualquier sujeto cognoscente, que no se deben confundir ni con los actos psíquicos de quienes los piensan, ni con los términos lingüísticos que las expresan, ni con los objetos que representan. (págs. 120-121). Podemos definirlos, por tanto, como representaciones que categorizan moldean o etiquetan; instrumentos que utilizamos en nuestra comunicación para acercarnos a ciertas realidades que se pueden presentar bajo el mismo concepto. Ahora bien, pueden re ferirse a un diverso conjunto de objetos físicos que basan tal conjunción en un acuerdo cultur al, variable en función de los distintos escenari os locales donde tenga uso, también pueden referirse a procesos o propiedades. Ahora bien, hemos de ser conscientes de que, en los lenguajes naturales, existe la posibilidad de que un mi smo término puede vincularse con distintos conceptos como, en mi opinión, sucede con los términos de cultura, multiculturalidad o intercul turalidad. Del mismo modo, opino que se da la circunstancia opuesta, que una misma realidad se expresa con diferentes términos. A estas circunstancias hay que añadir que en el uso 23 social del lenguaje a los términos se les va adhiriendo segundos y terceros significados. Parto, pues, de que los conceptos de inte rculturalidad y multiculturalidad son términos diferentes con contenidos semánticos diferenciados y me sumo a las posturas que defienden la neces idad de clarificar y distinguir su significado. La necesidad de cont extualización de uno de ellos “ interculturalidad ” nos va a obligar a atender const antemente a otros, los de “ multiculturalidad ” o “ multiculturalismo ” ya que se mantienen est rechamente relacionados. Por otro lado, el uso de uno u otro ha estado relacionado con el contexto geográfico en el que se ha desarroll ado siendo mayoritario el uso del término “ multicultural ” en Estados Unidos y la Europa anglosajona frente al término “ intercultural ” en América Latina y la Europa mediterránea. La multiculturalidad, entendida como “diversificación cultural” de la sociedad, se configura como una de las cuestiones, como uno de los problemas que el mundo de hoy debe re solver. Quizás por ello, son numerosas las aportaciones desde distintas disciplinas acerca de la emergencia de lo identitario, así como de la reivindicación y reconocimiento de las diferencias en las sociedades actuales. En los últimos años, las preguntas acerca de cómo pensar y articular la “ diferencia ” desde los modelos occidentales de igualdad y derechos han supuesto uno de los temas de debate de mayor calado e interés. La educación ha sido uno de los ámbitos en los que las teorías interculturales han tenido una mayor importancia y desarrollo. De hecho, la interculturalidad nace como una cuesti ón pedagógica: la de dar respuestas educativas a las identidades y articular las particularidades en el marco de las instituciones de educación. La de implementar una pedagogía del reconocimiento de las culturas y para las culturas capaz de mitigar el impacto homogeneizador de la cultura dominante. 24 Desde esa realidad, nuestro interés por este ámbito de estudio surge como curiosidad y pregunta acerca de la < otredad >, y está motivada por cuestiones que seguramente abarcan pr oblemáticas ubicadas mucho más allá de la propia pedagogía. La idea de la identidad y la diferencia, y de cómo éstas configuran un “ lugar ” social para los individuos, la extrañeza frente a la simplificación de los cont enidos con que solemos describir las identidades, sus adjetivaciones, no sólo culturales, constituyen uno de los interrogantes iniciales de este trabajo. Así pues, los defino inicialmente, siendo consciente de que el carácter emergente de la investigación cualitativa, las modificará. Las definiciones que presenta la Real Academia Española (RAE) sobre la palabra ” investigar ”, vocablo que tiene su origen en el latín investigare , se refieren al acto de llevar a cabo estr ategias para descubrir algo; también permiten hacer mención al conjunto de actividades de índole intelectual y experimental de carácter sistemático, con la intención de incrementar los conocimientos sobre un determinado asunto. En virtud de tales definiciones se puede intentar generar un concepto de investigación que deberá recoger cuando menos tres elementos fundamentales: que se realice mediant e un proceso reflexivo, ateniéndose al “ método científico” aplicado de forma sistemática y organizada y que tenga como objetivo aument ar el conocimiento o la información sobre cualquier campo de estudio. En este sentido Hernández Sampieri, Fernández-Collado y Baptista Lucio (2006) afirman que “ ..la investigación es un proceso compuesto, a su vez, por otros procesos sumamente interrelacionados” (pág. 26) . Definido, en cierta medida, el conc epto, hay que ser consciente de las diferencias que separan la investigación cu antitativa y la cualitativa. De una manera muy simple se puede establecer que la invest igación cuantitativa utiliza el anális is de los datos recogidos para probar hipótes is, establecidas previamente, y mediante el establec imiento de valores numéricos y el 25 empleo de la estadística establec e patrones e int enta establecer nomologías que prevean hechos. Por su pa rte, la investigació n cualitativa utiliza métodos de recogida de datos sin valor numérico y se basa, generalmente, en las descripciones y las observaciones que intentan reconstruir la realidad según la visión de los actores inmersos en el hecho observado, generando una visión “emic” y holística. A estas diferencias hay que añadirles un elemento clave: el concepto de investigación c ualitativa está lejos de ser unánime, aunque parece que su fundamento en una descripción contextual es admitido por la gran mayoría de los autores. Es cierto que a lo largo del ti empo se ha generado un conflicto entre ambas metodologías si bien, actual mente se tiende a entender que pueden ser complementarias, opinión que m antienen Anguera (2004), Barragán et allí (2003), Soler Pujals (2001), García Hoz et alii (1994), Conde (1990) o Cook y Reichardt (1986) que iniciaron el camino de la complementariedad. El proceso de investigación y su diseño son concept os que están muy definidos y delimitados en la investigación cuantit ativa, mientras por el contrario en la investigac ión cualitativa tanto los procesos como su diseño emergen una vez que ya se ha producid o una primer acercamiento a la realidad del estudio. En opinión de Salamanca Castro y Martín-Crespo (2007, pág. 1) : “ una programación exhaustiva podría anular la posibilida d de acoger lo inesperado”. Se puede considerar la investigación cualitativa como aquel conjunto de enfoques basados en metodologías lingüísticas, semióticas y hermeneúticas que recogen el discurso completo de los sujetos, para posteriormente interpretarlos. Como afirman Rodríguez Gómez, Gil Fl ores y García Jiménez (1996) el proceso de investigación cualitat iva, primero de los elementos que componen nuestra definición, no ha sido un tema objeto de atención prioritaria. La diversidad de enfoques de investigación ha generado, a su vez, una amplia variedad met odológica, dónde cada uno de los mencionados enfoques genera su propia forma de entender y desarrollar el 26 proceso de investigación c ualitativa. No obstante y pese a la diversidad se pueden encontrar elementos co munes que nos permiten hablar de proceso en la investigación cualitativ a. Estos elementos comunes, más bien actividades, que articulan el proceso se gestionan desde un conjunto de ideas o marco teórico que fija la epist emología y establece la metodología. Ahora bien, como ya se ha estableci do anteriormente, la inves tigación cualitativa es emergente por lo que el proceso estará sometido a una continua revisión que lo modificará en una continua interacción. Llegados a este punto es necesario considerar mi posición personal como investigador. El interés por el cambio y por la diversidad está en el origen del camino que recorro, sin olvidar que allí, en ese origen también se encuentran mi preparación mi exper iencia y mis opciones políticas, sociales y culturales. En el siglo XIX tiene su origen una se rie de formas de investigación que s e contraponen a otra corriente basada en el positivismo. La etnografía, la descripción de las culturas en su cont exto, con orígenes en las “Relaciones” de los jesuitas en el siglo XVII y que c onforma la estructura taxonómica de la investigación cualitativa para Vidich y Lyman (1994), se sitúa en los orígenes de la investigación cualitat iva. Los primeros trabajos de investigación cualitativa se centraron en dos grandes temas que se pueden encuadrar en la etnografía ciudadana: las consecuencias que para la población campesina tuvieron los grandes procesos de inmigración a los núcleos urbanos durante el proceso de industrialización y el consiguient e proceso, configurado como irre versible, de la urbanización. Como afirman Taylor y Bogdan (1987) La década pasada fue testigo de un creciente interés en el lado subjetivo de la vida social, es decir, en el modo en que las personas se ven a sí mismas y a su mundo. Escribimos entonces que ese interés requería métodos descriptivos y holísticos: mét odos cualitativos de investigación. (pág. 11). 27 Efectivamente, en las ciencias social es han prevalecido dos orientaciones o tradiciones teóricas principales, una basada en el positivismo y en los grandes teóricos sociales como August Comte (1980)o Emile Durkheim (2005), mientras que la otra intent a la comprensión de los fenómenos sociales desde la propia perspectiva del actor. Evidentemente, ambas orientaciones abordan diferentes tipos de cuestiones y buscan diferentes tipos de respuesta, por lo tanto sus investigaciones necesitan diferente metodología. Los positivistas, mediante instrumentos de investigación que permiten el análisis estadístico buscan las causas, mientras que la búsqueda de la comprensión necesita otro tipo de instrumentos que generan datos descriptivos. Esa comprens ión que se configura en un nivel personal de motivos y creencias que es tán detrás de las acciones de la gente, lo que Max Weber (2003)denomina verstehen. No estoy afirmando que, ubicados en una de las dos grandes orientaciones, los investigadores no puedan utilizar cual quier instrumento o método de investigación, pues existen múlt iples investigaciones en las que se han utilizado métodos cualitativos y cuantitat ivos y, en el caso concreto de las investigaciones cualitativas Morse, ci tado por Rodríguez Gó mez, Gil Flores y García Jiménez (1996) nos dice: […] también cabe la posibilidad de utilizar métodos cuantitativo s, que puedan dar respuesta a algunas cuestiones concretas de la investigación; de esta forma son lo s datos cuantitativos los que se incorporan en un estudio c ualitativo. (pág. 69). Del mismo modo, Durkheim (Durkheim, Las formas elementales de la vida religiosa, 2007) utilizó profusamente datos descriptivos recogidos por etnógrafos para su tratado “ Las formas elementales de la vida religiosa ” incorporando, en este caso datos cualitativos de la etnogr afía primitiva y colonial a un estudio cuantitativo. 28 Así pues, tanto el objetivo del investigador como los procedimientos y técnicas, los tipos de evidencias que van a utilizarse nos conduc en hacia un enfoque cualitativo desde el que comi enzo a diseñar mi investigación, eso sí, siempre condicionada por el ma rco teórico-conceptual que surgirá del proceso de reflexión teórica necesar io. La investigación es inductiva y será a partir de los datos recogidos desde donde se desarrollarán los conceptos y nuestra comprensión (Gonzál ez y Ángeles Constantino; 2006). Quiero introducir aquí un texto de Li ncoln y Dezin, citados por Rodríguez Gómez, Gil Flores y García Jiménez (1996): La investigación cualitativa es un cam po interdisciplinar, transdisciplinar y en muchas ocasiones contradiscipli nar. Atraviesa las humanidades, las ciencias sociales y las físicas. La in vestigación cualitativa es muchas cosas al mismo tiempo: es multipar adigmática en su enfoque. Los que la practican son sensibles al valo r del enfoque multimetódico. Están sometidos a la perspectiva naturalista y a la comprensión interpretativa de la experiencia humana. Al mism o, el campo es inherentemente político y construido por múltiples posiciones éticas y políticas. El investigador cualitativo se some te a una doble tensión simultánea. Por una parte, es atraído por una amplia sensibilidad, interpretativa, postmoderna, feminista y crítica. Por otra, puede serlo por unas concepciones más positivistas, postpositivistas, humanis tas y naturalistas de la experiencia hu mana y su análisis. (págs. 31-32). Antes de continuar considero importante retomar el análisis apuntado en la Introducción sobre la equivocidad, ligada al lenguaje humano, de los conceptos. Esta equivocidad, puede convertirse en una excelent e herramienta para la creación cultural , pero al mismo tiempo existe la posibilidad de que actúe como una seria limitación. Quizás por ser plenamente consciente de ello (Castro Nogueira, Castro Nogueira, & Morales Navarro, 2005), la ciencia ha intentado conseguir, construyendo lenguajes descargados de ambigüedades y sesgos subjetivos, que cada entidad, cada hecho, recibiera un término asociado y sólo uno y que, a su vez, cada término del lenguaje expresara un solo concepto : 29 De existir tal lenguaje, liberado de las limitaciones que aquejan a las lenguas naturales, entonces la ciencia podría edificars e sobre una sola representación de lo real, el prim er paso para una ciencia positiva verdaderamente objet iva. (pág. 122) Realmente, esto representa un l enguaje científico, formalista que pretende alejarse del natural para evitar problemas como la polisemia. El neopositivismo del Círculo de Viena y el primer Wittgenstein (1974), sostiene que el lenguaje natural no puede servir de vehículo a la expresión científica y es preciso, para la ciencia, la creación de un lenguaje exacto, un lenguaje artificial que encauce y di rija el lenguaje para beneficio de las distintas ciencias. Al mismo tiempo, Wittgenstein (1974) afirmaba que el lenguaje ofrecía una representación isomórfica de la realidad: el conocimiento es la constatación de lo dado en la experiencia y debe ent enderse como su formalización lógica. Pero, el propio Wittgenstein en sus “ Investigaciones Filosóficas ” (1988) o en sus “ Los cuadernos azul y marrón ” (Wittgenstein, Los cuadernos azul y marron, 1968), renunc ia a esta visión especular, el lenguaje no puede reflejar el mundo ni tiene como principal objetivo describirlo sino que es una forma de conducta entre otras muchas, a cada una de las cuales Wittgenstein denominaba “ juegos del lenguaje ” ( Spraschpiel ). Cada uno de est os “ juegos ” se gestiona mediante reglas, pero para cada función las reglas son es pecíficas, por lo que el significado no está en la verificabilidad, debe es tar en el us o. En palabras de Wittgenstein (1988, pág. 43): “ El significado de una palabra es el uso que de la misma se hace en el lenguaje ”. Es pues el contexto el que da valor y significado a las palabras, por lo que es necesario evitar confundir los contextos o juzgar uno determinado con las reglas de otro. Así pues, Wittgenstein evoluciona desde su posición inicial en la que plantea la necesidad de un l enguaje científico, construido, a apoyar, con claridad, el lenguaje natural o común, en el que el significado viene 30 determinado por el uso que hacemos de las palabras. En definitiva, el lenguaje natural, bien informativo, bien teórico, se extiende desde los usos en la vida ordinaria hasta los de la ciencia. Ahora bien, las reglas que se establecen en los usos científicos y el ca rácter convencional o arbitrario del lenguaje que permite crear y utilizar signos de forma voluntaria e intencionada, nos permite consider ar aquel lenguaje lógico, en gran medida artificial y específicamente creado par a responder a las necesidades del conocimiento como específico. A los juegos del lenguaje y las reglas que se establecen según los diferentes contextos, elementos suficientes como para resultar significativos en nuestra dispersión contextual, hem os de añadir que los conceptos son únicamente representaciones limitadas de la realidad que además están cargadas de intenciones teóricas y seleccionan algunos aspectos del objeto que representan, para disponer los nuevos moldes con los que construir el conocimiento. 31 1.1. Estructura del trabajo Entramos en un terreno conflictivo pues, sobre la necesidad de un diseño previo de investigación, que contenga un marco teórico-conceptual e hipótesis, o su ausencia, existen profundas divergencias entre los investigadores. Existen opiniones en el sentido de que el trabajo de campo, permite al investigador descubrir las cuestiones de investigación, mientras que otros afirman que se debe diseñar un borrador de proyecto de investigación en las que se estable zcan las preguntas que, a modo de hipótesis, guiarán la investigación co mo afirma Téllez Infantes (2007) : En nuestra opinión, toda investigaci ón de campo antropológica necesita de un diseño previo de investigación que, aunque siendo flexible y en continua reelaboración, nos orient e en el quehacer etnográfico. Pues, aunque seamos conscientes de que no podemos predecir el curso que tomará la investigación sobre el terreno, es necesaria una prepar ación previa y un plan inicial de actuaci ón que evite un comportamiento caótico del investigador o un impacto desori entador en la investigación. (pág. 74). El diseño de las investigaciones etnográficas debe ser flexible, pues tal tipo de investigación tiene un carácter fundamental: es emergente. Esta es una característica esencial de cualquie r investigación que utilice un enfoque cualitativo para la recogida y el anális is de los datos en opinión de Téllez Infantes; (2007); Balcázar Nava, Gonz ález-Arratia y Gurrola Peña (2005); Ruiz Olabuénaga (2012) o Montero y Paz; (2 011). Junto a esta característica fundamental, puedo añadir qu e la investigación se desarrolla en el marco natural donde se producen los hechos, su flexibilidad técnica, la circularidad, reflexividad, su m uestreo intencional, una interpretación idiográfica, aplicación tentativa y su definici ón general como estudio de caso. Efectivamente, la investigación cualitativa s e desarrolla en los escenarios en los que se desarrollan las acciones obj eto de estudio y en circunstancias 32 que no permiten asegurar su control. Es decir, “ en el espacio natural de los sujetos sociales ” (Tarrés, 2001) La investigación cualitat iva debe dotarse también de flexibilidad técnica ya que el carácter abierto de las cuesti ones de investigación obliga a que su diseño sea “flexible, abierto y cambi ante” ( (Vázquez Navarrete, y otros, 2006, pág. 40)), dotándola de una cier ta indeterminación metodológica. Diferenciándose de los diseños de investigación cuantitativos que son cerrados y lineales, la investigación cualitativa se caracteriza por su circularidad, es decir, el desarrollo de cada fase puede modificar, de hacho habitualmente modifica, la fases anter iores y las siguientes., produciendose un efecto de retrolamimentación que afec ta a este tipo de diseños. Como afirman Vázquez Navarrete et alii (2006): […] los informantes nos pueden hablar de un aspecto del fenómeno que no habíamos previsto y esto nos obli ga a replantearnos los objetivos, tal vez a rediseñar la muestra y, mu y probablemente, a r eplantearnos las técnicas de recogida de datos y análisis. (pág. 40). . Además, la labor investigadora en cienc ias sociales genera reflexividad por cuanto modifica el estado de los objet os que estudia (2011). Efectivamente, las teorías, las doctrinas, las creencias y las expectativas de los sujetos, los grupos, la sociedad y la cultura pueden tener efectos determinantes que explican la dinámica social y a la vez la producen. Pero no solamente encontramos esta reflexividad, también nos encontramos con la que pudiéramos denominar autorreflexividad, un concepto que afecta al propio investigador. El investigador, por el carácter emergente y circular de la investigación, debe estar dispuesto al cambio y a la r eflexión permanente, dirigidas a los objetivos de estudio, la o las metodologías a aplicar, las muestras elegidas y a su propio ro l en el proceso de investigación. En el muestreo intencional, caracter ístico del diseño cualitativo, los elementos muestrales de la población serán seleccionados por el juicio personal del investigador (Namakfo roosh, 2000). Siguiendo a Patton (1990) 33 todos los muestreos en investigación cualitativa pueden in cluir se en la denominación de muestreo intenci onal, aunque des cribe hasta quince variaciones distintas del mismo. En este tipo de muestreo el investigador tiene conocimiento previo de los elem entos poblacionales y supone una decisión tomada con anticipación al co mienzo del estudio (Bonilla Castro & Rodríguez Sehk, 2005). Existe, después de recopilados y revisados los primeros datos y una vez que emerºgen de ellos las primeras categorías, lo que se denomina muestreo teórico. Las primeras categorías configuran y orientan el siguiente mues treo. Así pues decidir do nde hacer el muestreo de acuerdo con las categorías emergent es es lo que se considera el muestreo teórico que, en todo caso ta mbién es un muestreo intencional. La investigación cualitativa está siempre condicionada por el contexto concreto donde se obtiene la in formación, no tiene pretensiones nomotéticas, se mantiene la margen de cualquier intento de formular leyes generales y su producto final, se pres enta como un estudio de caso, con unidad contextual y, si guiendo a Geertz (1997) , una descripción densa de un fenómeno concreto. Encuadrado dentro de lo que Rodríguez Gómez, Gil Flores y García Jiménez (1996, pág. 63) denominan “ fase preparatoria ” se encuentra el mencionado proceso inicial de reflexión. Al introducirnos en la inv estigación cualitativa lo hacemos en un entor no complejo caracterizado por la diversidad y el conflicto y que puede, en un momento determinado, llegar a limitar la propia investigación. Al mi smo tiempo, la investigación libre de valores ha terminado, el investigador está conformado por su propio contexto y se ve impelido a desarrollar éticas situacionales que debe aplicar a su actividad investigadora, como afirma Adorno (1973): La supuesta neutralidad científica oculta (como la apatía política) un fuerte contenido conservador y reaccionario. Desde Pareto, el escepticismo positivista se alía c on cualquier poder vigente, incluido el de Mussolini. Como toda teor ía sociológica viene siempre estrechamente relacionada con la sociedad real, puede ser objeto siempre de abuso ideológico o de arbi traria manipulaci ón. (pág. 41). 34 Debo clarificar y determinar el tópi co de interés, lo que implica la descripción de las razones por las que lo elijo y cuáles son los paradigmas y teorías desde las que des eo afrontar el estudio de la cultura y la interculturalidad en el sistema educativo. Identificados los tópicos: cultura, multiculturalidad e interculturalidad, el camino a seguir es la búsqueda de toda la información posible sobre el mismo, es decir, establecer el est ado de la cuestión mediante materiales bibliográficos o de cualquier otro tipo que habrán de manejarse en este momento y a lo largo de la investigación. Una vez establecido el estado de la cuestión, llega el momento de configurar el marco t eórico-conceptual, la selección de los distintos paradigmas o tradiciones de investi gación. La elección supone unas exigencias determinadas, condicionando las cuestiones que deben responderse y las interpretaciones a las que han de dar lugar. Igualmente cada perspectiva utilizará unos instrument os concretos, pese a su similitud, con diferencias notables en el nivel de abstracción y su enfoque, lo que conformará resultados muy diferentes. Así pues, la elección del marco teórico-conceptual determinará notablement e la configuración del estudio y el desarrollo del proceso de investigación. El resultado de esta etapa reflexiva, permite al investigador dis poner del marco en el que se va a desarrollar su investigación y que va a servir de referente en todo el proceso. Las cuestiones de investigación sur gen, en parte, antes de disponer del marco teórico conceptual, aunque siempre considerando que por el carácter emergente de la investi gación, pueden reformularse en el transcurso del trabajo de campo. A posteriori esas cuestiones han de adecuarse al marco teóric o-conceptual decidido y, en virtud del mismo, podrán ser cuestiones de significado, descriptivas, interpretativas, procesales, modificativas o subjet ivas (Barrantes Echavarría, 1999). 35 No nos cabe duda que las cuestiones de investigación se enmarcan en un determinado ámbito de investigación, per o quizás, no tan rígido como Aguado Ondina (200 4) afirma: “ cuatro son los ámbitos de investigación identificados en el contexto español: competencia intercultural, equidad e inclusión social, difer encias i ndividuales y reforma del currículo ”. (pág. 43). Los ámbitos de investigación son los que siguen: competencia intercultural; equidad e inclusión social; diferenc ias individuales; y, reforma del curriculum. Las cuestiones de investigación que inic ialmente configuran el proyecto son:  ¿Cuál es la visión del concepto de cultura que manejan los docentes de enseñanza secundaria obl igatoria y bachillerato?  ¿Han considerado importante docu mentarse sobre conceptos de cultura antes de afrontar el desa rrollo de programas interculturales en su centro?  ¿Consideran importante enseñar as pectos culturales en clase?  ¿Cuál es la visión que los docentes de enseñanza secundaria obligatoria y bachillerato tienen de la multiculturalidad?  ¿Qué entienden por multiculturalismo?  ¿Cuáles son las visiones que tienen los docentes de enseñanza secundaria obligatoria y bachiller ato de la Interculturalidad?  ¿Podemos equiparar comuni cación intercultural con interculturalidad?  ¿Qué objetivos se plantean a la hora de redactar un proyecto de interculturalidad el centro?  ¿Conocen cuál es el concepto de Interculturalidad que la Junta de Andalucía usa como referente en su normativa educativa?  ¿Conocen la existencia de planes o instrucciones que la Junta de Andalucía transmita a los cent ros educativos de la Comunidad Autónoma?  ¿Cómo implementan su conc epto de interculturalidad? 36 Este momento del diseño de la investigación, está marcado por la búsqueda constante que me permita definir el objeto de estudio. Debemos determinar, dentro del contexto lim itado al que puedo acceder, la naturaleza y las dimensiones tem porales y geográficas del caso. El escenario, que es natural, “ debe identificarse claramente ” (Rodríguez Gómez, Gil Flores, & García Jim énez, 1996, pág. 69), al igual que las posibilidades de acceso y los potencia les participantes. De esta elección depende, en gran parte, la realización del estudio, por lo que reviste un alto interés. No es una elección sencilla y, además, existe la posibilidad de que “ un caso determinado se pueda rea lizar en distintos lugares o localizaciones ” (ibidem, Pág. 69) y este ci rcunstancia es fundamental, pues permite la comparación y el c ontraste de los dat os que obtenga. Evidentemente, es necesario t ener en cuenta que el escenario seleccionado conlleva el muestreo in tencional y la selección de los participantes, dentro de ese contexto. Siempre que las circunstancias y nuestr a capacidad de acceso lo permitan, la elección del lugar ha de acercarse, lo más posible, al modelo idea l. La realización del programa de invest igación que implique a personas o instituciones exige su consentimiento, por lo que es necesario confeccionar los documentos adecuados, documento de negociación, formularios de autorización u cualquier otro, que permitan el acceso al escenario. Otro apartado fundamental en el diseño de la investigación es la definición del método que utilizaremos en la misma y que tendrá carácter instrumental, ya que está condicionado por las cuestiones de investigación que se hayan planteado inicialm ente. La fenomenología, la etnometodología, la etnografía o cualquiera de los mé todos posibles, dentro del enfoque cualitativo, presentan vent ajas e inconvenientes y cada uno de ellos permite respuestas distintas que revelan aspectos que, en otro cado, quedarían velados. Por tanto, la plural idad metodológica permite una visión más holística del fenómeno que estudio. 37 Con método me refiero al camino o a los caminos, con el que podemos desarrollar una investigación multimetodol ógica, y a las formas específicas en que se concibe y describe el acerca miento al objeto de investigación. Engloba todos los aspectos y actividades que pos ibilitan el conocimiento, la descripción y la comprensi ón del fenómeno estudiado (Vázquez Navarrete, y otros, 2006). Además, y siguiendo a Rodríguez Gómez, Gil Flores y García Jiménez (1996, pág. 72): “ la utilización de varios métodos nos permite la triangulación metodológica ”. Como indica Pérez Serrano (1994, pág. 22) el método juega un “papel de singular importancia en el proceso investigador, de tal modo, que puede llegar a condicionar los resultados ”. La elección del método depende del propi o trabajo de investigación y de su carácter emergente, por lo que el investigador ha de tener flexibilidad y capacidad para una adaptación me todológica continua. La opción que se tome en relación con los métodos condicionará determinantemente las técnicas e inst rumentos de recogida de datos. En este momento debemos prever lo que se vaya a utilizar en el campo: entrevistas, técnicas de grupos, diario s, grabaciones, etc., se configuran como alguna de las posibilidades ent re las que es necesario elegir. En este momento debe el investigador tener alguna previsión sobre cómo va a llevar a cabo el análisis de los datos y plantearse la posibilidad de recurrir a programas informáticos de análisis, en caso de que opte por utilizarlos. A partir de aquí, se puede iniciar el trabajo de campo y si, en la fase de reflexión y preparación era fundamental la forma ción del investigador, en este momento resulta de una importanc ia crucial determinadas cualidades del investigador: paciencia, fle xibilidad, capacidad adap tativa y versatilidad. El investigador debe ser muy conscient e de las múltiples maneras posibles que existen para obtener la información. Esta versatilida d es una de las características fundamentales del inve stigador en opinión de Morse (1994). 38 How we do research has implications fo r the choice of research methods, of what we consider as legitim a te data, and for t he quantity of data collected before the data set saturates. The issue includes our choice for method of analysis, the role of insigh t, and to what level of abstraction we choose to push the findings. These iss ues direct the researcher, and the onus is on the qualitative researcher to become more versatile and expert in the use of qualitative methods. (pág. 5) Cómo investigamos conlleva imp licaciones al elegir métodos de investigación, lo que consideram os datos legítimos y la cantidad de datos que hemos de conseguir antes de que el conjunto de datos se sature. La cuestión también incluye nuestra ele cción del método de análisis, el rol de la perspicacia/entendimiento y el nivel de abstracción hasta el que decidimos llevar los resultados. Estas cuestiones dirigen al investigador, y es responsabilidad del investigador cualitativo volver se más versátil y experto en el uso de métodos cualitativos. (Traducción propia). Igualmente se ha de ser meticuloso en la recogida y archivo de la información e, igualmente, ha de tener una sólida formación sobr e su tema de investigación, así como sobre las bases teóricas y metodológicas de las ciencias sociales en general y sobre el campo de estudio en particular. Una vez que el investigador ha iniciado su trabajo de campo y se ha situado y reconocido la ubicación donde va a desarrollar el trabajo, deberá seguir tomando decisiones y rediseñando su trabajo. El proceso de análisis comienza ya en esta etapa, hemos de recordar que el muestreo teórico se produce tras la primera categorizac ión de los datos obtenidos, y permite ajustar las cuestiones de investigación de tal modo que se evite la recogida da datos innecesarios. Es fundamental, en este momento, asegur ar el rigor de la investigación utilizando los criterios de suficiencia y adecuación de datos y mediante la triangulación. Por suficiencia en tendemos aquel estado de saturación informativa (Morse, 1994), en la que el aporte de nueva información no va a suponer una mejora en nuestro invest igación, mientras que la adecuació n hace referencia a la selección de la información de acuerdo con el modelo emergente. Este modelo va surgiendo a través de los primeros análisis y permite que sea devuelto a los informantes, lo que nos permitirá asegurar el rigor de la 39 investigación verificando el est udio con sus fuentes. Ahora bien, pueden surgir dos situaciones, una en la que los par ticipantes no estén de acuerdo con los hallazgos o que permitan confi rmar la pertinencia y validez del estudio. En cuanto a la triangulación, ya hemos hecho referencia a la metodológica, pero no es la única ya que encontramo s la de datos utilizando variedad de fuentes de datos, la teórica mediante la utilización de diferentes perspectivas teóricas para interpretar el conjunto de datos o la disciplinar utilizando varias disciplinas para informar la investigación (Denz in N. K., 1978). Y, pese a que el análisis de datos lo hemos iniciado tras nuestros primeros pasos en el campo, situamos una fase analítica al finalizar el trabajo de campo. Se puede considerar, y de hecho lo hago así, el análisis de datos cualitativos como un proceso sistemát ico que se realiza mediante una serie de actividades y operaciones co ncretas: a) reducción de datos; disposic ión y transformación de datos y c) obtenci ón y verificación de resultados. Para finalizar, el trabajo de investi gación y su proceso terminan con la presentación y difusión de los resultados. El informe final con los resultados, las conclusiones y las propues tas si las hubiera. Es fundamental compartir la información, el conocimiento científico pertenece al dominio público y, entre el público, quizás uno de los elementos más importantes son los participantes en el proceso de investigación. 40 41 1.2. Un intento de lenguaje no sexista Toda ideología se refleja en los diversos usos del lenguaje. El lenguaje no es sexista, sino que depende de la forma en que lo usamos y seleccionamos, las personas pueden darle o no un uso sexista. Todos nosotros somos responsables de cómo hablamos, ya que de las posibilidades lingüísticas escogemos unas u otras en función del contexto y lo que queremos transmitir. El lenguaj e ha sido construido socialm ente y tiene historia; sin embargo, al igual que cualquier otra construcción, puede reconstruirse y transformarse. Es responsabilidad propia el uso que de él hagamos. Si se pretende al hombre como único sujeto de acción y de referencia, y a la mujer como dependiente o subordinada, es una decisión que se toma y no es arbitraria, sino ideológica. Así también se hac e cuando se usa el género femenino para descalificar, devaluar y expresar al usiones peyorativas respecto a las mujeres. Para muchas personas el uso sexist a del lenguaje tiene poca importancia, ya que, en su opinión, el masculino incluy e a las mujeres. Otros y otras se cobijan bajo la sombrilla de la Real Academia Español a para no hacer cambios o para justificar sus actitudes sexistas. En ocasiones, sostienen que hablar con lenguaje no sexista to ma mucho tiempo y esfuerzo. No reconocen que el lenguaje cambia conti nuamente y es muy diverso; éste permite utilizar, al hablar o en el lenguaje no verbal, formas que no son sexistas. De esta manera se evita que el lenguaje se convierta en un instrumento más de discriminac ión, violencia y opresión He intentado adecuar mi lenguaje y ev itar que se pueda clasific ar como sexista, sigo sin ser consciente de si he tenido éxito, el paseo diacrónico del estado de la cuestión me ha puesto en contacto con expresiones y lenguajes que, por el mom ento en que se escribieron y por su contexto, no utilizan un lenguaje que no discrimine. Mis disculpas si al final he 42 reproducido un texto similar. Igualm ente he llegado a preguntarme si en mi vida diaria hago un es fuerzo por evitar el lenguaje sexista y si tengo una adecuada actitud sobre los temas de género y mis propios conocimientos sobre equidad. Desarrollo mi trabajo en un ambiente, el del funcionariado de la Delegación Territorial de Cultura, Turismo y Deporte de la Junta de Andalucía en Málaga, donde la presenc ia de la mujer en los puestos de estructura es común y es posible que desde esa situación pueda estar alejado de la verdadera di mensión del problema. 43 2. Fase preparatoria: etapa reflexiva De acuerdo con la estructura de la investigación que se ha construido llega el momento de iniciar la etapa reflexiv a que se construye sobre los propios conocimientos del investigador y aj ustándose a sus intereses personales, que ya han quedado claros, hasta permi tir dar forma a los marcos de investigación que servirán de herramient a para explicar los tópicos de investigación y sus relaciones. Aunque no hay unanimidad entre los aut ores sobre los elementos que componen las diferentes fases y etapas, daré por concluida la etapa reflexiva una vez que tenga un adec uado estado de la cuestión, unos marcos de investigación que me pe rmita acercarme al problema de investigación con solvencia y tenga def inido el objeto y las cuestiones de investigación. En opinión de Tójar (2006), en la etapa reflexiva que el autor citado denomina “ formulación ” se elige el tema o a par tir de intereses de contextos concretos. La formulación es la etapa caracteriz ada por reflexiones iniciales sobre el tema y las preguntas de la posib le investigación. La persona que pretende hacer la investigación explor ará la cultura (a nivel macro y micro), se documentará sobr e el contexto e iniciará los primeros pasos para determinar las localizaciones (mapeo) y la selección de las unidades de investigación (mues treo cualitativo). (pág. 179). Ahora bien, como mantienen varios aut ores Ruiz Olabuénaga (2012), Icart, Fuentelsaz y Pulpón (2006), Blasco y Pé rez (2007) o Sandín (s/f), hay que ser consciente de que las fases de investigación se superponen, y que el proceso general es iterativo, emer gente, provisional y sometido a constantes cambios. Por tanto, la má xima objetividad del investigador se refugia en su flexibilidad. 44 El investigador va a encontrar a lo la rgo de esta fase un conjunto teórico donde convergen multitud de planteamient os y debe, lógicamente, ir decantándose por aquellas que, además de estructurar sus a priori, puedan ser productivas en su investigación y le ayuden a configurar sus tópicos de investigación. Creo que es necesario conocer el estado de la cuestión ya que me va a ir acercando al modelo sobre el que baso la investigación. Unos tópicos que ya he definido e ident ificado cultura y sus epígonos y que, en el caso particular del investigador, se generan a partir de experiencias significativas. 45 2.1. Estado de la cuestión Quiero iniciar este apartado usando una cita de Rodríguez Gómez, Gil Flores y García Jiménez (1996): […], el investigador suele buscar toda la información posible sobre el mismo (tópico de investigación), en def initiva se trata de establecer el estado de la cuestión, pero desde una perspectiva amplia, sin llegar a detalles extremos. Libros, artículos, informes, pero también experiencias vitales, testimonios, comentario s, habrán de manejarse en este momento de la investigación. (pág. 66). La cultura, la diversidad y las posib les formas de gestionarla conforman los objetos de análisis de esta investigaci ón. Creo que para intentar abordar la educación intercultural, hemos de c onseguir establecer un concepto de cultura lo más lo más preciso posible, del mismo modo debemos abordar la diversidad, pues ya hemos hecho m ención a la dificultad que surge de la utilización de los mismos referentes pero con distinto significado. Procuraremos encontrar pues , a través de nuestro a nális is, ese concepto claro de cultura que, en nuestra opinión, debe situarse más como adjetivo que como sustantivo, desde el que aborda r la multiculturalidad, realidad contrastada de nuestra sociedad, m ediante la interculturalidad que entendemos como un “ enfoque metodológico ” (Iriarte Moncayola, 2010): Metodología, conjunto de procedimi entos que orienten lo cultural, basados en el diálogo, la autocrítica y la heterocrítica, la alteridad, la reciprocidad, la cooperación y la solidaridad como superación de la tolerancia. (pág. 359). Este es el contexto de los apartados que conforman esta primera parte. Su objetivo es el de esclarecer tales conceptos para incardinarlos en la educación. Hoy, la inst itución educativa, no puede m antenerse al margen de unas realidades que constituyen al gunos de los retos más importantes en nuestra sociedad. Una sociedad multic ult ural ha de intentar conciliar dos 46 exigencias, en alguna medida co ntradictorias: lograr la cohesión social y, a l mismo tiempo, potenciar la diversi dad, pero…. ¿es posible gestionar la diversidad? En primer lugar revisaré el c oncepto de cultura como base de la interculturalidad, entendiendo por conc epto en definición de Castro, Castro y Morales (2005) [….] nosotros entendemos que los c onceptos son entidades abstractas culturalmente disponibles para cualqu ier sujeto cognoscente, que no se deben confundir ni con los actos psíquicos de quienes los piensan, ni con los términos lingüísticos de quienes los expresan, ni con los objetos que representan. […] Los concept os se muestran, pues, como representaciones que debem os considerar al ma rgen de su presencia psíquica en la mente de un sujeto y de su expresión lingüística en el seno de un enunciado, representaciones que actúan como categorías, moldes o etiquetas que, de acuerdo con ciertas convenciones, utilizaremos en nuestros intercambios comunicativos para referir o denotar ciertas realidades que, se presentan subs umidas bajo la representación universal del concepto en virtud prec isamente de la convención a la que hacíamos referencia. (págs. 120-121). Realizaré un recorrido diacrónico des de sus orígenes etimológicos, sus desplazamientos metafóricos, a través de las diferentes construcciones que del concepto se han hecho a lo lar go del tiempo, con el objetivo de posicionarnos y seleccionar la cons trucción que estimemos más adecuada para abordar la interculturalidad. Abordaré en varios subapartados los conceptos desarrollados por la Ilustrac ión o el Romanticismo, así como las últimas teorías desarrolladas al cobijo de la postmodernidad en los contextos sociales modificados por la globalización y el nuevo capitalismo, con escenarios rápidamente cambiantes, con una gran variedad local. Teorías culturales basadas en el neodarwi nismo, la etnicidad y sus excesos que Harris (2000a), denomina sarcásticam ente etnomanía. No quiero dejar pasar este apartado sin recurrir a la memética, va a consistir únicamente en una mención, pues no tengo la segur idad necesaria para adentrarme en ella, pero sospecho que es capaz de ex plicar alguna de las cuestiones más 47 complejas del desarrollo humano, como pueda ser nuestra capacidad de lenguaje y su origen. Cont ruida a partir del libro “ El gen egoista ” de Richard Dawkins (1979) y su concepto de meme como unidad de evolución cultural humana similar al gen, un nuevo replic ant e e igualmente egoista y con su misma capacidad de generar variaciones, ha sido desarrollada posteriormente por autores como Blackmore (2000) o Brodie (1996). Posteriormente me acercaré al anális is de la diversidad cultural. Es importante constatar que la diversidad no se encuentra en territorios lejanos, está con nosotros, en lo s trabajadores que nos atienden en los comercios, en la variedad de los rest aurantes y en las diferentes lenguas que escuchamos en nuestros autobuses. Comenzar é con una visión de las sociedades multiculturales, con la multiculturalidad entendida como situación social, así como a las re spuestas políticas que los diferentes estados han articulado, con una especial referencia al multiculturalismo. Esta manera de gestionar la diversi dad ha tenido su origen en los países anglosajones y consiguieron hacer visi bles a grupos discr iminados en el interior de las sociedades, sirviendo, a l mismo tiempo, de soporte a tendencias académicas dentro de las universidades. Entendemos por multicultural aquella sociedad que engl oba a varias comunidades, pero no en cuanto a diferencias per se, si no en aquellas que tienen por sustento la cultura. En las sociedades actuales la diversidad cu ltural puede adoptar múltiples formas, variedad grupal dentro de los esquemas de la cultura dominante o presencia de comunidades que viven de acuerdo con sus propios sistemas de creencias y prácticas (Parekh, 2005). El análisis de los autores que configuran las líneas del m onismo cultural o naturalismo y sus más importantes variantes, así como el de los defensores del pluralismo cultural que no nació hasta el sigl o XVIII configuraran una parte importante del apartado. Para terminar y siendo co nsciente de las contradicciones internas de las dos líneas de pensa miento, haré un repaso de las nuevas ideas desarrolladas, fundamentalmente por autores de clara orientación 48 liberal que intentan una nueva orientación en el debate sobre la diversidad cultural. Por último intentaremos establecer el estado de la cuestión de la interculturalidad, sus diferentes acepciones y las consecuencias que de ellas se derivan. Un estudio coherente de la interculturalidad educativa ha de establecer un nuevo foco de atención que abarque los diferentes procesos que en ella confluyen, fundamentalmente la diversidad que construye las diferencias, pero no podemos olvidar otro gran elemento configurador de la diferencia, la des igualdad. Ahora bien la construcción de la interculturalidad desde la difer encia y la desiguald ad, debe incorporar otro elemento fundamental en el mundo globalizado que estamos viviendo: la conexión y la desconexión y las dife rentes relaciones que se configuran. Creo fundamental realizar el estudio teniendo en cuenta los tres procesos pues, si nos dejamos llevar por cualquie ra de ellos, estaríamos ocultando la influencia que puedan tener los ot ros en la construcción de nuestr o método. Analizaremos, por tanto, lo s estudios culturales, desde la teorización de la diferencia, para poste riormente visualizar la visión de la diversidad desde las desigualdades, sin olvidar las actuales teorías de la comunicación que ponen el acento en lo s fracasos de las políticas de gestión de la diversidad y la importancia del espacio Inter. (García Canclini, .2004). Desde estas premisas establec eremos nuestra propia propuesta conceptual, dentro de las líneas ideológic as de la teoría crítica, desde la que, posteriormente, construiremos una propuesta general de actuación en la educación intercultural así como la necesidad de extenderla a los entornos próximos. (Iriarte Moncayola, 2010): La importancia de los contextos de desarrollo en los aprendizajes y el papel del resto de los actores que conviven en los entornos próximos mediatizan el resultado final del pr oceso de aprendizaje. Por tanto, la intervención intercultural debe hacerse notar en esos entornos próximos como muestra de la convivencia compartida y el mutuo respeto entre las diferentes culturas presentes. Los espacios donde se desarrolla la 49 convivencia, como los del trabajo y la sa lud y, en la medida de lo posible, los del ocio necesitan de act uacio nes basadas en la metodología intercultural. La extensión de la interculturalidad no puede quedar limitada al entorno escolar ni su promoción quedar en las únicas manos de los docentes. (pág. 361). 50 51 2.2. Cultura Es evidente la importancia que, par a un adecuado acercamiento a la interculturalidad, tiene clarificar el concepto de cultura desde el que se parte. Existe el concepto corriente de cultura que tiene su reflejo en las secciones culturales de los actuales media, habitualment e reducido a la creación artística y sus manifestaciones , así como a las instituciones que representan las infraestructuras cult urales más clásicas de primera y segunda generación, bibliotecas, museos , archivos y teatros o auditorios. Igualmente contemplan, en menor m edida aunque con un interés creciente, el patrimonio cultural. Este concepto viene a coincidir, en gran medida, con el que aplican a su competencia diaria las Administraciones Públicas. Pero con estos fundamentos no podemos alzar el andamiaje que permita la construcción de nuestra propuesta. En un primer acercamiento y sigui endo a Coseriu (1977) podemos afirmar que el lenguaje es una forma de cultur a, quizás la más universal de todas y que distingue al hombre de los demás seres vivos de nuestro mundo. Estos objetos culturales producidos por el hombre, como el lenguaje, pertenecen al dominio de la libertad y no al de la necesidad. No es una simple habilidad es una zona esencial de la cultura. En palabras de Porzig (1978): La comunidad idiomática es el primer presupuesto para que sean en general posibles las realizaciones humanas comunes, es decir, la cultura. Por tanto, sonde quiera que encontremos obras culturales, hallaremos como su condición previa la lengua, es decir, la comunidad de los hablantes. (1978, pág. 218) Así pues, podemos considerar el lenguaj e como condición previa de la cultura a la que convierte en posible y, al mismo tiempo, como producto diferenciador de un determinado contexto. 52 Existen términos, y el de cultura lo es, que generan una gran cantidad de literatura en sus alrededores, y además esta literatura no es pacífica. Son múltiples las disciplinas que se acercan y pretenden definirla, pero curiosamente, desde las aulas, desde la visión educativa se asumen diferentes conceptualizaciones, c on una sensación más bien de azar, porque el foco del interés se centra en la interculturalidad y su práctica educativa. Esta situación conlleva que algunas propuestas se estructuren desde conceptualizaciones de la cult ura estáticas que no contemplan su vitalidad, su reconstrucción diaria, generando actuaciones limitadas que, en la mayoría de los casos, no pasan de una visión superficial, limitada a facetas concretas, sin que se produzca un v erdadero diálogo. Probablemente sea necesario acercarnos a las distintas definiciones de cultura hechas desde los distintos ám bitos académicos que la abordan, pero quizás, la mejor aprox imación, sobre todo si in tentamos acercarnos a su mayor valor para la educación, sea la realizada desde la ant ropología que, comenzó su andadura en el siglo XI X como ciencia de la historia, a raíz de los éxitos que el método cien tífico, impulsado por la Ilustración, había obtenido en los campos de la fís ica y la biologí a, llegando a pensar que era posible descubrir y descubrir las leyes universales que gobernaban los fenómenos socioculturales (Harri s, El desarrollo de la teoría antropológica: Una historia de la s teorías de la cultura, 1993). Ahora bien, tras dos siglos de reco rrido, la antropología no encuentra una definición común que sea pacífica, como afirma Harris (2000a): El único ingrediente fidedigno que contienen las definiciones antropológicas de la cultura es de tipo negativo: la cultura no es lo que se obtiene estudiando a Shakespear e, escuchando música clásica o asistiendo a clases de hi storia del arte. Más a llá de esta negación impera la confusión. (pág. 17). Pero, en este primer acercamiento, antes de internarme en los orígenes etimológicos de cultura y en sus desplaz amientos metafóricos, ya se 53 encuentra una imposibilidad: el conc epto administrativo, corriente de cultura no puede servirnos para nuestros fines. Habré, pues, de acercarme a los usos construidos mediante métodos científicos, que normalmente se han cara cterizado por mostrar dicotomías (García Canclini, 2004, pág. 31): “Las dos principales confrontaciones a que se somete el término son natural eza-cultura y so ciedad-cultura ”. Inicialmente se pensó que la dicotomía naturaleza-cultura permitiría, basándose en protocolos rigurosos de observación y en la co nfección de guías etnográficas, obtener una definición de cultura rigurosa, pero era una manera demasiado extensa, aunque consiguió superar visiones biologicistas y superar las formas etnocéntricas ilustradas. La consecuencia de esta forma de definici ón será el relativismo cultural. A mediados del siglo XX comienza a generarse literatura en el seno de la otra dicotomía sociedad-cult ura, fundamentalmente en autores como Linton, Bordieu o Braudrillard, citados por Ga rcía Canclini (2004) que intentan establecer definiciones de cultura que se limitan a los valores símbolo y signo, permitiendo separar, en sus plante ami entos, lo socioeconómico de lo cultural. Desde este planteamiento García Canclini nos propone una posible definición de cultura (2004): Abarca el conjunto de los procesos sociales de significación, o, de un modo más complejo, la cultura abarca el conjunto de procesos sociales de producción, circulación y consumo de la significación en la vida social. (pág. 34). Por otra parte quiero destacar un probl ema: ¿está construida también la cultura por los comportamientos? Dent ro de esa confusión a la que alude Harris encontramos el encuadre del pr oblem a mencionado, si por una parte Durham sostiene que una definició n de cultura que excluya el comportamiento supone un nuevo consenso, Melvin y Carol Ember (citados 54 por Harris, 2000) postulan lo contrari o, que el nuevo consenso incluye el comportamiento: “[….] para la mayor parte de los ant ropólogos, la cultura engloba los comportamientos, creencias, actit udes, valores e ideales aprendidos y que caracterizan a determinada sociedad o población.” (p. 27) Mosse (1997) por su parte nos plantea una serie de preguntas: ¿Es la historia cultural lo mismo que la historia de las ideas, que examina principalmente las pautas del pensam ient o humano, o es parte de la historia de los hábitos sociales tal como los investigan los antropólogos? ¿O ha de utilizarse la palabra cultura, como en el pasado, para designar una actitud específica hacia la vida y unas formas de c oncebir el mundo que imposibilitarían el anális is desapasionado? (pág. 11). Independientemente de la cuestión, que abordaremos con posterioridad, seguiremos, en la medida de lo posible , el camino recorrido por el concepto de cultura a lo largo del tiempo, con la pretensión de realizar un análisis conceptual porque la palabra cultura se nos presenta cargada de ideas preconcebidas, como nos explica Bauman (2002): La persistente ambigüedad del concepto de cultura es notoria. Lo es mucho menos la idea de que esta ambigüedad no se der iva tanto de la forma en que la gente define la cultur a como de la incompatibilidad existente entre numerosas líneas pensamiento que han convergido históricamente sobre el mismo término. (pág. 95). Ciertamente y siguiendo al mismo autor: […] tracé las raíces comunes y la resonancia mutua, la afinidad electiva entre el nuevo desafío al que se enf rentaban los gestores de la vida social –la tarea de sustituir el ruinos o orden divino o natural de las cosas por otro artificial, construido por el hombre sobre una bas e legislativa- y la preocupación de los filósofos por reemplazar la revelación con la verdad racional. Estas dos inqui etudes esencialmente modernas y estrechamente entrelazadas convergí an con una tercera: la pragmática de la construcción del orden, que im plicaba una tecnología del control 55 conductual y de la educación, una técn ica del modelado de la mente y la voluntad. Los tres nuevos interese s, nuevos pero agudos y asfixiantes, se iban a mezclar en la idea de cultura. (págs. 17-18). Existen, por tanto, dos líneas discursivas diferentes y escasamente compatibles que, a medi da que va transcurriendo la modernidad divergen progresivamente. El primer discurso surge desde el primer traslado metafórico y transmite creación y libertad. El segundo se genera con el segundo traslado metafórico y va a servir para construir la noción de cultura de la antropología clásica. La cultura tiene como significado regularidad y modelo mientras que las conductas libres y creativas rompen su condic ión sistémica y predecible. 56 57 2.2.1. Origen metafórico de l concepto de cultura. Primeros desplazamientos Al remontar al uso antiguo de cultura se encuentra el latín, en el que su significado es cultivar y se aplicaba a las tierras cultivables. Aquí se puede introducir un elemento clave: los espac ios de la cultura comienzan siendo las agrupaciones habitadas estables. En opinión de Diana de Vallescar (2003) ningún pueblo nómada ha desa rrollado un concepto similar al de cultura Y no olvidemos que el trabajo agríc ola era la actividad propia de la población estable, frente a las actividades de los nómadas: […].finalmente, se puede afirmar que la expresión el espacio de la cultura, se refiere a las primeras configurac iones de ciudades o núcleos urbanos. Estos se dieron cuando lo s grupos humanos comienzan a asentarse y estabilizarse –el paso del nomadismo al sedentarismo- según su funcionalidad geográfic a y es tratégica , estructura topográfica y la idea de orden –cultura del espacio-, el cultivo de plantas y la cría de ganado, el desarrollo del comercio y transporte. Con el tiempo algunas de esas ciudades se convirtieron en Imperios “Ciudades-Estado”. Esto supuso su evolución y creciente complejidad a todos los niveles y se constituyeron en un verdadero foco creador y transformador de la cultura. El hombre civilizado será pues desde los inic ios el hombre educado en la civitas, que hace posible la civilización o cultura. (pág. 23) Intentaré profundizar algo más. T odos los discursos están poblados de metáforas, aunque es evidente que, en la mayoría de los casos, pasan desapercibidas tanto para quien los dice como para quien los escucha. Es más, las metáforas, como afirma Lizcano (2005), no solo están presentes en los discursos, es que les sir ven par a estructurar su lógica interna y organizar sus contenidos. Lo importante está en que, a través del análisis de las metáforas, se pueden penetrar la s capas superficiales del discurso para acceder a lo no dicho en el mismo, es decir, el estudio de las metáforas puede convertirse en un potente analizador so cial. De tal análisis podremos obtener una visión de la génesis, compos ición, elaboración y articulación interna del concepto de cultura . 58 El método que utilizaré, y que propone Lizc ano (2005), es tanto analítico como hermenéutico, con toda la carga de escuela anticientífica que esta última opción posee. De tal análisis se podrá obtener una visión de la génesis, composición, elaboración y articulación interna del concepto de cultura. Todos los conceptos científicos -y el de cultura lo es-, tienen origen metafórico y en la metáfora que gener ará el concepto de cultura se encuentra la conjunción de dos campos, el de la agricultura y el de la inteligencia. Cada uno de ellos por separado, parec en constituir campos autónomos, con sus propios conc eptos independientes, que vienen a confluir y entremezclarse en la gener ación metafórica del concepto de cultura. El análisis “sociometafórico” de los conc eptos permite, por un lado, extender su alcance hasta los conceptos usados por las ciencias o la lógica y por otro, enraizar el anális is en el sustrato social y político desde el que las metáforas emergen y se consolid an, que es el que utilizaremos en la primera parte de nuestr o trabajo, mientras abordam os su origen y cuando más adelante estudiemos una posteri or traslación metafórica. Ahora bien, no podemos olvidar que la tradición de Occidente, desde Aristóteles, ha consolidado como natural es y evidentes dicotomías del tipo realidad-ficción, literal-figurado, verdadero-falso o conc epto-metáfora. Para Aristóteles, la metáfora se forma como fusión de una analogía. Dados dos campos semánticos, B y D, y establecida una semejanza entre ellos, B=D, se dice que A/B=C/D es una analogía cuando A es una parte de B y C una parte de D. Entonces pueden darse tres modos diferentes de metáfora 59 En el campo semántico en el que la cultura se inscribe, acompañando a cultedad, culteranismo, cult erano, cultería, el término se desplaza desde el trabajo de la tierra –sujeto de la metáfo ra- hasta el cultivo de la inteligencia –término de la metáfora-, unificando las figuras de los campos sin cultivar a la de los hombres rudos y acercando su significado al de educación. Pero el sujeto de la metáfora al que me refiero, fue a su vez término en un desplazamiento más antiguo en el ant iguo indoeuropeo. Su origen está en la raíz indoeuropea Kwel, que posee dos campos semánticos. Uno que agrupa los significados que vienen de lejos, dando origen a las raíces griegas de tele y paleo. Y otro, más rico en derivaciones que agrupa significados como girar, hacer gi rar, revolverse, andar por ahí o establecerse ahí, de donde provienen la s raíces griegas de bucólico, calesa, ciclo, ciclón, collar, degollar, palíndromo, palinodia, polea, polo, talismán como afirman Roberts y Pa stor, en su Dicc ionario etimológico indoeuropeo de la le ngua española (1996). Otra de las acepciones de Kwel dio ori gen a las raíces latinas de colono, colonizar, agrícola, culto (a los dioses), inquilino y quizás domicilio. A este subgrupo que carece de similares en gr iego, pertenece cultura que deriva de colo. En latín, colo comenzó por decir ‘ andar habitualmente en el campo’ , y de ahí pasó a los significados de ‘ habitar ’ y ‘ cultiv ar ’. Como los dioses del lugar Semejanza Analogía Metáfora Forma B=D A/B=C/D A de D C de B A es C Ejemplo Vida=Día Juventud mañana Vida Día Juventud del día Mañana de la vida La juventud es la mañana 60 también lo habitan y protegen, colo se extendió al significado de ‘ c uidar ’ y, recíprocamente, ‘ venerar ’ (a los dioses protectores). Finalmente, se extendió a ‘cultivar las virtudes, las artes’ según Ernout y Meillet (2001, pág. 131) y la palabra cultura se inco rporó al lenguaje m oderno con Cicerón y su cultura animi. El término que más se acerca a cultura en griego es “ paideia ” ( παιδεια ) . Ésta significa para nosotros educación, aunque representaba la formación necesaria para convertir a los indivi duos en ciudadanos aptos de la polis. Podemos ver que tanto en Grecia como en Roma, la cultura hace referencia a un crecimiento personal progresiv o, cultivación o humanización. La primera aparición del té rmino cultura se produce en la Francia del siglo XIII con el significado de cultivar la ti erra o referencias al culto religioso, como señala Lucien Febvre, citado por Goberna Falque (1999, pág. 27)). Este segundo significado cae en desuso a lo largo del siglo XVI mientras que la traslación metafórica que se pr odujo en el término latino, vuelve a suceder en el término francés, com enzando a extenderse su uso en las postrimerías del siglo XVII. En estos mo mentos necesita un complemento de objeto, es preciso hacer referencia al objeto que se cultiva, estamos por tanto en presencia de una cualidad, en su origen no es sustantiva. En español, según Corominas (Diccionar io crítico etimológico. 1954), la palabra cultura está documenta da desde 1515 (es de suponerse que significaba ‘cultivo del campo’, per o no lo dice En la edición de 1780, establece que cultura significaba: Las labores y beneficios que se dan a la tierra para que fructifique.” “El estudio, meditación y enseñanza con que se perfeccionan los talentos del hombre.” “La hermosura o elegancia del estilo, leng uaje, etc.” “ant. Culto, adoración. Consultando el CORDE (Corpus diacróni co del español) el resultado de la consulta sobre cultura entre 1700 y 1800 es que aparece citada 57 veces en 56 documentos. 61 Es Benito Jerónimo Feijoo uno de los autores que recogen la expresión en sus obras como en “ Cartas eruditas y curiosas” (1996) o en “ Teatro critico universal I”. En su Carta XXXIV “ Defensa precautoria del Autor contra una temida calumnia ” dice En los ocho restantes propone otras ocho máximas; pero las seis, para mí, son dudosas; bien que en todas las par tes de su Escrito muestra el Autor mucho ingenio, cultura, y discreción. José Cadalso utilizó igualmente la palabra cultura en sus obras, fundamentalmente en su “ Cartas Marruecas ”, aunque también aparece el término en “ Los eruditos y la violeta ”. Parece evidente que en España, en el siglo XVIII, se había realizado la traslación metafórica y asumido el nuevo concepto de cultura extendido, como veremos, por la Ilustración. 62 63 2.2.2. Un concepto “de facto”: El nacimiento de la Etnografía Textos como las “ Relaciones ”, que se componían de las cartas enviadas por los misioneros jesuitas a sus superiores o compañeros en Europa se van recopilando desde el siglo XVII y comienzan a configurar la naciente etnografía. Las “ Relaciones ” tienen su origen en la s instrucciones dictadas por el Padre Francisco Javier al Padre Gaspar Barzaeus en las que le recomendó escribir cada cierto tiem po al Colegio de Goa informando sobre sus actividades en su destino de Ormu z (Ponce Alcocer, 2008). Entre los distintos tipos de cartas, personales, edificantes, anuales dirigidas a sus superiores, destacan las que se escribieron para el público en general con intención de imprimirlas. En ellas se describe el método evangelizador, los problemas a los que hubieron de enfr entarse y una descripció n de las costumbres: Esas cartas dirigidas al público dejan de publicarse tras las controversias que se produjeron al publicarse los ri tos chinos, prohibiendo Clemente X nuevas publicaciones si no contaban c on la autorización escrita de la “ Propaganda Fidei ” el año 1673. Pese a tal prohibición, el trabajo descriptivo de los etnógrafos jesuitas continuó a lo largo del siglo XVIII, con trabajos de Lafitau, Dobriz hoper y otros que sirvieron de base al trabajo de Demeunier “ El espíritu de los usos y de las costumbres de los diferentes pueblos”, citados por Harris (1993). Estas obras constituían descripciones de costumbres o formas de vida y se expresaban ya en categorías etnográficas hasta el punto que la obra de Lafiteau contiene la primera descripci ón de una terminología clasificatoria del parentesco. Pero el estudio científi co de cultura no se origina en estas etnografías, pues su concepto de cu ltura lo podemos describir como “ de facto ” (1993): 64 Como ya hemos visto anteriormente, no hay ninguna razón que nos obligue a insistir en que el concepto de cultura se construya de tal modo que se incluyan en él teorías como la de la unidad psíquica, la dependencia del aprendizaje y la herencia extrasomática. Despojado de estos factores, el concepto de cultur a se reduce al de pautas de la conducta asociadas a determinados grupos de pueblos, es decir, a las ‘costumbres’ o a la ‘forma de vida’ de un pueblo. En es te sentido, un concepto de cultura de facto es probablemente univer sal. (pág. 14) Efectivamente, la etnografía no c ontempla en sus prim eros trabajos la teorizaciones de cultura construidas por la Ilustración, ni, por su parte, pretende teorizar sino describir. Ahor a bien, a partir de sus escritos los filósofos ilustrados comienzan a elaborar trabajos comparativos de carácter etnológico y se comienza a vislumbr ar la diversidad humana. Debemos resaltar, la labor de Demeunier (Bauman, 2002, pág. 127) que, sin haber viajado nunca, fue capaz de continuar la labor de categorización de Lafiteau incluyendo “ elementos tan refinados como los parámetros de belleza o desfiguración personal ”. Pero la capacidad de la etnografía para comprenderse como disciplina capaz de estructurar lo que Wisler denominó “ patrones culturales universales ” no se producirá hasta el siglo XX. Ahora bien, la capacidad que esta naciente Etnografía mostraba para organizar la parte correspondiente a la cultura en la naciente dicotomia cultura-naturaleza, del mismo modo que la Física había descubierto las “leyes” del otro elemento del binom io, interesó profundamente a los ilustrados. Ahora bien estos, que afi rmaban la capacidad de la experiencia para modificar las creencias, mantuvieron el convencimiento de que existían modelos culturales correctos y erróeneos, pero, el estudio y la razón correctamente utilizadas llevarían, con el tiempo, a cualquier grupo a laa mismas instituciones y a la misma civilización. Así pues, en palabras de Harris (1993). “ Lo que no existía en 1750 no era el concepto de cultura, sino más bien la indiferencia moral del rela tivismo cultural. […]. Mientras tanto, sin embargo, y antes de que sean dem ostradas esas verdades, la consigna es tolerancia.” (pág. 11) . 65 2.2.3. Ilustración y modernidad. El concepto jerárquico de cultura La Ilustración se refiere a un movimiento de ideas que se originó, en opinión de algunos historiadores a partir del si glo XV (Mestre Sanchis, 2008), pero que se desarrolló, fundamentalmente, en el siglo XVIII, toma cuerpo en la Inglaterra de Hobbes (1999) y de Locke (1999) que desarrolla la teoría del “ gabinete vacío ”, Holanda que recibió a Descartes (Descartes, 2003) que huye de Francia tras suspender la publicación de su “ Tratado del Mundo ”, y Suiza que recibe las enseñanzas de Locke (Trevor-Roper, 2009). Pasa de allí a Francia, después a Alem ania y posteriormente al resto de Europa (Pacheco, 1975). El término Ilustración, con su característico fondo de lucha y acción de la luz contra las tinieblas, se deriva precisamente de esa búsqueda de la luz, y es una traducción del alemán “ die Aufklärung ” que significa clarificación, dilucidac ión (Bobbio, Manteucci, & Pasquino, 2000), pero con los mismos matices se extiende por Europa como “ The Enlightenment ”, “ Las Luces ”, “ L’Illuminazione ”, “ as Luzes ”, palabras todas que se refieren a una misma realidad, pero con matices distintivos. Efectivamente, los distintos país es por los que se extiende, tienen diferentes niveles económicos, sociales y culturales, limitando el desarrollo del sistema de ideas y valores que constituye su base (León Sanz, 1989). Una característica fundamental de la Ilustración es el rechazo progresivo de los valores culturales del Antiguo Régimen y una firme creencia en que su sustitución por otros más acordes a la razón, para la que no hay límites ni problemas insolubles, lo que se lograría mediante la educación que ilustraría al hombre, ha ciéndole abandonar su culpab le incapacidad (Kant E. , 1989). Como establec e Zymunt Bauman (2002): Con la aceleración del ritmo de cambios, año tras año, el mundo cada vez se parecía menos a Dios, es decir, cada vez era menos eterno, menos impermeable y menos intratable. En vez de ello, asumía una forma más y más humana, convirti éndose, a «imagen del hombre», en proteico, veleidoso y titilante, caprichoso y lleno de sorpresas. 66 De todas formas, el asunto iba más allá: el rápido ritmo de cambio revelaba la temporalidad de todos los arreglos mundanos, y la temporalidad es un rasgo de la exis tencia humana, no de la divina. Lo que pocas generaciones antes había parecido una creación divina, un veredicto inapelable ante cualquier tribunal terreno, pasó entonces a ser sospechoso de esconder la tozuda huella de las empresas humanas, que, tanto si son correctas como si no, siempre resultan mortales y revocables. Y, si la impresión no era engañosa, el mundo y la gente que lo habitaba se podían contemplar como una tarea más que como algo dado e inalterable., Dependiendo de có mo la gente la abordara, esa tarea se podía llevar a cabo de manera más o menos satisfactoria. Se podía hacer una chapuza o se podía hac er bien, en beneficio de la felicidad, la seguridad y el sentido de la vida humana. Para garantizar el éxito y evitar el fracaso, era necesario empezar por un cuidadoso inventario de los recursos hum anos: ¿qué podía hacer la gente, estirando al máximo sus facultades cognitivas, su capacidad lógica y su determinación? (págs. 16-17) La configuración moderna del signific ado de cultura, pese a que ya s e observan indicios y elementos constitu yentes del concepto en los inic ios del siglo, se posterga en el tiempo hasta el tercer cuarto del siglo XVIII, como se observa en los países que, desde los criterios básicos de la Ilustración, inician la modernidad. En opinión de Bauman (2001): La noción de cultura, nacida y configur ada en el tercer cuarto del siglo XVIII (en los fundamentales años que Kosseleck ha denominado “el paso de montaña”, cuando nacieron también la filosofía de la historia, la antropología y la estética, todas al unísono para redisponer la visión del mundo en torno a las ideas y las ac tividades humanas), en los países que en aquel momento se encontraban en el umbral de la modernidad, no fue una excepción a esa regla general. Destinada a una carrera universal fue, sin embargo, concebida a partir de la experiencia particular de unas gentes particulares que vivieron en tiempos particulares. (pág. 162). La Ilustración fue un movimiento cultur al de elite, desarrollado por la burguesía y, este grupo humano impulsa con extraordinario vigor en todos aquellos países la imperiosa necesidad de realizar un esfuerzo educador, civilizador, formador, un proceso de enculturación (Bauman, 2001): 67 El francés civilisation, el alemán bil dung, el inglés refinement (las tres corrientes discursivas destinadas a flui r unidas hacia el lecho fluvial del discurso cultural supranacional) eran nombres de actividades (y actividades intencionadas por lo demás). Informaban sobre lo que se ha hecho y lo que se debería hacer o se hará: hablaban de un esfuerzo civilizador, de educación, mejora mo ral o ennoblecimiento del gust o. Los tres términos transmitían, el sent ido de ansiedad y la necesidad de hacer algo sobre sus causas. (pág. 162). La intervención se convierte en necesaria, si no lo hacemos, si no actuamos el mundo se convertirá en un lugar insoportable, donde si permitimos que las persones actúen dejadas a su libre albedrío presenciaremos actuaciones brutales, debemos pues, utilizar nuestra razón y nuestra voluntad, generando, mediante el recurso a nuestra “ auctoritas” 1 unos procedimientos adecuados que permitan el aprendizaje de todos y un progreso generalizado, en el senti do de avance desde peores a mejores condiciones. Esta formación, o el s aber que la sustenta, encuentran en la cultura el elemento diferenciador que conceptúa como buenos o malos los enunciados o las actuaciones. Serán buenos en cuanto se ajusten a los criterios socialmente aceptados en ese entorno. Esta forma de legitimación se obtiene por el consenso social, y este consenso que permite diferenciar a quien sabe y a quien no s abe (el ajeno, el extranjero, el otro) es lo que 1 En Derecho romano se entiende por auctoritas u na cierta leg itimación soc ialmente reconocida, que procede de un saber y que se otorga a una serie de ciudadanos. Ostenta la auctoritas aquella personalidad o institución, que tiene capacidad m oral para emitir u na opinión cualificada sobre una decisión. Si bien dicha decisión no es vinculante legalmente, ni puede ser im pue sta, tiene un valor de índole moral m uy fuerte. El térm ino es en realidad intraducible, y la palabra castellan a "autoridad" apenas es una som bra del verdader o significado de la palabra latina. El concepto se contrapone al de potestas o poder socialmente reconocido. La fuente de auctoritas fue principalm ente el Senado romano, si bien una serie de personalidades importantes tam bién la tenían cuando no ocupaban cargos de magistraturas con potestas . Pero durante el Bajo Im perio la auctoritas derivaba directamente del propio em perador. 68 constituye la cultura de un pueblo. Este criterio educativo, la”civilisation” o el “bildung” va ocupando, u tilizando el término antropológico de enculturación, el “gabinete vacío”, en ex presión de Locke , al que cita por Harris (Harris, 1993, pág. 9). No exist en ideas innatas, ni principios lógicos abstractos, ni normas morales de c onducta. La filosofía empirista se caracterizó como afirman Castro Nogueira, Castro Nogueira y Morales Navarro (2005, pág. 366) por defender la “ primacía de la experiencia en el conocimiento” . Los humanos nacemos, según lo que se conoce como el principio empirista, carentes de todo conocimiento. Nuestro saber es, por tanto, resultado de una labor de aprendizaje desde la experiencia sensible (Castro Nogueira, Castro Nogueira, & Morales Navarro, 2005): La mente humana alberga dos clases de contenido esenciales: por una parte, las impresiones frescas, intensas y vivaces que proceden de nuestros sentidos a través de la perc epción directa, y po r otra, las ideas que proceden de la introspección y que permiten formar ideas acerca de operaciones tales como sentir, pensar, desear, etc. [...]. Por otra parte, el empirismo proveía al conocimiento de sentido común y al conocimiento filosófico-científico de un criterio demarcacionista: todo aquello que no pueda ser retrotraído a la experiencia sensible debe ser tenido por un mero ejercicio especulativo y desposeído de sus pretensiones cognoscitivas. (págs. 366-367) Se propugna una división natural de la sociedad entre incultos y cultos, entre aquellos que debían r ealizar las labores cotidianas de la vida, los artesanos, aquellos que realizan su trabajo de forma manual, y quienes se entregaban al estudio, al cultivo del es píritu. Hasta tal p unto que, como en la Ilustración alemana, eran posibles dos Ilustraciones, una para hombres vulgares, ilustrados por el oficio, y la de quienes se ilustraban por las artes y las ciencias. Este hecho, denunc iado como antagonismo entre los artistas, los pensadores, los científicos y los poetas y los hombres que trabajan con sus manos. Un nuevo antagonismo que configura la fragmentación del hombre y de la soci edad, la división que se crea entre hombre y ciudadano, y sus resultados (Marchán Fiz, 1987): 69 Las desavenencias entre ambos, consagradas por la Revolución Francesa en los derechos de L´homme y del citoyen de 1789, determinan la formación de la teoría del estado y del poder político, atraviesan la ética burguesa. Tonnies, citado por Sánchez de la Yncera (1993, pág. 43) nos habla de la tendencia polarizadora, del contraste entre la unidad de la cultura tradicional medieval, de carácter relig ioso, y las diversas tendencias culturales, expresadas muchas vece s en lo político, de las sociedades ilustradas. En síntesis, en la concepción ilustrada la civiliz ación europea propicia la oposición entre naturaleza y cultura pueblos cultos e " incultos ", por lo tanto el viejo continente era la cuna de la cu ltura y de la civilización, considerando algunos pueblos más desarrollados que otros, en tanto que los otros pueblos con catalogados y etiquetas como atrasados e inclusive como bárbaros o salvajes. Spengler (1993) afirma: Entre las dos posibles imágenes del mundo, en la historia y en la naturaleza, en la fisonomía de todo el producirse y en el sistema de todo lo producido, imperan, pues, el sino o la causalidad. Existe entre ellos la misma diferencia que entre el sentim iento vital y el conocimiento. Cada uno es el punto de partida de un mundo per fecto, concluso, pero que no es el único posible. (pág. 164). Este entramado trasluce una idea universal, pero con un modelo único de conducta: vivir en un continuo aprendizaje de normas culturales que configuran una serie de deberes que, al fijar nuestro concepto de “ vida buena ” nos protegerán del caos. Por tant o el objetivo fundamental de la cultura era establecerse como un si stema donde todos los elementos que lo constituyen tienen una función que cumplir y encajan en un engranaje perfecto. La sociedad moder na, ilustrada, fue la única que se contempló a sí misma como empresa de la civiliz ación y actuó de acuerdo a tal idea. Esa empresa civilizadora estaba profundamente impregnada de lo que denominan Castro Nogueira; Castro N ogueira y Morales Navarro (2005) interés emancipatorio: 70 Por interés emancipatorio nos referimo s a cierta condición estructural del saber en virtud de la cual es sostenible la creencia en que la reflexión racional, científica, crítica y desvel adora, no sólo permite al hombre acceder a una comprensión superio r del mundo, mostrándole las fuerzas causales que se ocultan tras la realidad meramente fenoménica y capacitándole para dominar su ent orno, sino también transformar la realidad por medio del conocimie nto (auto)critico. Las tesis emancipatorias, típicamente ilustr adas, entienden que es a través del conocimiento en general y especialm ente a través del conocimiento científico -entendido como conocimi ento crítico y desocultador de la apariencia común y engañosa de las cosas- como el hombre puede vencer aquellas formas de dominación enmascaradas en la falsa apariencia y anidadas en el indivi duo bajo las formas de la falsa conciencia, el autoengaño, la ideología, el prejuici o, etc. Este interés emancipatorio podría ser objeto de una larga historia de las ideas desde la antigüedad a nuestros días; sin embar go, la Ilustración representa el momento histórico en que, al fraguar algunos de los cimientos de las incipientes ciencias sociales, el inte rés emancipatorio se incorporó al mismo núcleo del pensamiento social. El proyecto ilustrado, racionalista y liberador, se desarrolló en varias direcciones y encontró en los siglos XIX y XX sus formulaciones más relevantes e influyentes. No podemos representar esta trayectoria con det alle. El proyect o emancipatorio fusionó conocimiento y (auto)liberación y entendió que no puede haber verdadero conocimiento sin que éste desoculte y remueva los obstáculos de una vida mejor, no sólo más capaz de explicar y dominar la realidad, sino también más humana, más justa, más autoconsciente y autodeterminada. (pág. 368). Estos contenidos del concepto se m antuvieron estables durante un tiempo relativamente largo y quizás, si observamos algunas actitudes con el soporte ideológico que conllevan, sigan vigentes . El modelo único de conducta que podemos definir, siguiendo a Bauman (2002), como “concepto jerárquico de cultura” est ablecía que la satisfacción de las necesidades humanas sólo se podía cons eguir de una forma; la historia de la humanidad es la historia de ese pr ogreso y por tanto el término cultura sólo podía ser utilizado en singular. El fi n de la historia argumentado por Fukuyama (1994), aunque matizado después en “ La nación ” (2007), puede constituir un claro ejemplo de la vigencia del concepto jerárquico de cultura, estructurado desde el modelo liberal de democracia formal y que debe ser exportado a todos los países. 71 Pero no podemos olvidar que la constr ucción del concepto de cultura se gestiona en base a la pérdida del orden permanente fijado por Dios, sustituyéndolo por una nueva visión f ilosófica que entiende el mundo como una creación del hombre. En palabras de John Carroll, citado por Bauman (2002): […] intentaba reemplazar a Dios con el hombre, poner al hombre en el centro del universo. […] Su ambición era hallar un orden humano en la tierra, un orden en el que prevalecier an la libertad y la felicidad, sin apoyos trascendentales ni s obr enaturales, un orden enteramente humano. Pero si el individuo humano tenía que convertirse en el punto fijo del universo, necesitaba tener algún sitio sobre el que permanecer sin que se tambaleara bajo sus pies. (pág. 17). Pero esa articulación de un orden permanente tenía, además del orden fijado por Dios, sólidos cimientos en A ristóteles. Cada forma, cada categoría social establece una luc ha por su perfección, lo que implica movimiento, pero no se admitía el ca mbio de categoría. Se consideraba buena la transmisión vertical de rasgos a lo largo de la escala temporal y el mantenimiento de la tradición y sus resultados: una uniformidad cultural cohesionada que entendía como peligrosa la dif usión cultural o la transmisión horizontal o lateral. El resultado fue una peculiar ceguera cultural y la condena de la élite intelect ual a la sensibilidad excesiv a sobre las formas de vida ajenas. El punto fijo, la roca sobre la que cons truir el humanism o tras la pérdida de sus antiguos anclajes, fue la cultura. Pero esta construcción era inestable y ya no existía la permanencia de las categorías en el tiempo. Era necesario algo más que unas simples normas mora les que mantuviesen alejado el caos, era necesario un sistema. Aquí podemos apreciar un nuevo desplazamiento metafórico, desde las instit uciones creadoras de orden la fábrica, la escuela o la cárcel y asimismo desde el aporte del Estado moderno con su programa de cultur a nacional homogénea, que en la sociología ortodoxa se equiparaba a sociedad en el marco territorial 72 sometido al Estado. Foucault (2009) demuestra que la escuela no difiere en su organización o estructura de la s instituciones modernas creadoras de orden, únicamente en la f unción que se le atribuye. En opinión de Bauman (2001): Todas estas invenciones m odernas, independientemente de las funciones que se les atribuyese, eran también (y quizá ante todo) fábricas de orden, instalaciones industriales que produ cían situaciones en las que la regla sustituye al accident e y la norma toma el lugar de la espontaneidad; […]. Todas estas in venciones modernas, además, se aplicaban a la tarea de establecer el orden de una forma muy similar. (pág. 163). Como vemos, la construcción del concepto de cultura se cimenta en una profunda dicotomía; por un lado un es píritu humano y creador que permite, mediante el trabajo, generar la excelencia, encontrar nuevos caminos, mientras que por el otro lado comienzan a aparecer los primeros atisbos de la noción antropológica de cultura y su concepción sistémica. El primer discurso es rompedor y antisistémico y presenta a la cultura como resistencia a las normas y creación extraordinaria. Es, no obstante, una propiedad, se puede poseer o no, aunque en todo caso es la posesión de una minoría. La gran mayoría verá la cultura como un “ don ” que podía llegar a aprender a apreciar, sin dej ar de ser receptores pasivos de la creatividad: lectores, oyentes o espectadores. El segundo discurso nos muestra a la cultura como creadora de orden, regular idad y modelo, es decir, como un sistema coherente de normas est ablecidas, de instrucciones que garanticen la repetición de conductas i ndividuales, lo que la convierte en predecible y la dota de carácter nom otético, que aseguren su continuidad en el tiempo, la “ mêmeté ” de Paul Ricoeur (1982). Y aquí cumple la cultura con esa gran tarea de sustituir el orden divino que regía en la sociedad medieval, naturalizar un orden artificial construido por el hombre. Estos dos conceptos de cultura se han enfrentado a lo largo del tiempo, uno explica la tradición y el cambio, el otro la permanencia y la tradición. Uno es sistémico, mientras que el otro la representa como (Bauman, 2002, pág. 73 50) “ una matriz de posibles permutaciones, un conjunto nunca completamente en marcha y siem pre lejos de estar completo ”, una permanente invitación a la construcción y el cambio. Las tradiciones de pensam iento ya mencionadas “ civilisation ”, “ bildung ” o “ refinement ”, sirvieron de base, aunque con una gran debilidad estr uctural, a las que podríamos denominar tres teoría s de la cultura, la francesa, la alemana y la inglesa. Pero esta clasificación sólo pued e suponer una aproximación como afirma Kuper (2001): Son etiquetas improvisadas, pr efabricadas, para construcciones complejas que están sujetas a toda una variedad de transformaciones estructurales, viéndose periódica mente reducidas a piezas para reensamblarlas, de acuerdo con nuev os patrones, adaptarlas, anunciar su muerte, revivirlas, r ebautizarlas o ponerlas al dí a. Pero por groseras que sean estas clasificaciones, propor cionan una primera orientación. (págs. 23-24) Utilizaremos pues esa prim era aproximación para acercarnos a la idea universal que trasladó la Ilustración y su concepto jerárquico de cultura, caracterizada como un bien deseable para todos, que debía ser difundid o explicado y convertido en accesible. 74 75 2.2.3.1. Francia y la civilisation Francia unifica la acci ón civilizadora, humana y ac umulativa en el camino del progreso. Esta idea se va construyendo a lo largo del siglo XVIII fundamentalmente como oposic ión a las teorías del “ancien régime” conformando las bases de un pensamiento evolucionista popular que caló entre las clases medias francesas. Efectivamente, la filosofía ilustr ada generó una visión evolucionist a de la historia que puso en cuestión el anti guo esquema del mediev o. El origen lo encontramos en Francia, en autores como Condorcet, Turgot, Voltaire o Montesquieu, donde la creci ente debilidad de las clases sociales frente al poder absolutista pudo servir de acicate para generar el amplio debate que se produjo. Turgot, citado por Harris (1993), establece u no de los primeros conceptos implícitos de cultura en lo que denomina un “ tesoro de signos ” transmisibles. Por su parte, Condorcet estableció en su obra fundamental, “ Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del ser humano ” (2004), una línea de progreso en el ser humano con nueve etapas, esbozando una décima donde los seres humanos alcanz arían la perfección. Es decir, debemos entender la evolución en el s entido de cambio de una forma a otra (Harris, 1993), un concepto simple, que estaba muy alejado del concepto biológico de evolución, como lo prueban las resistencias mostradas a las teorías evolucionistas (Darwin, 1992). Son varias las ideas de la Ilustrac ión que se encuentran en el trasfondo de la “civilisation”. Una de ellas afirma la “ unidad psíquica ” de los seres humanos. Todos los grupos humanos co mpartían las mismas emociones básicas desde un mismo nivel y t ipo de inteligencia. Eso a pesar de que los individuos que formaban parte de esos gr upos fuesen totalmente distintos. Desde esta base, era lógico pensar que no debían existir barreras biológicas que fuesen un impedimento para que cualquiera de esos grupos humanos se beneficiase de los nuevos conocimientos que la ciencia y la 76 razón iban acumulando o, que contri buyesen al desarrollo común de la humanidad. Todos, por tanto pueden ser civiliz ados, desde su visión más etnocéntrica, los franceses, los líder es de la civilización, tenderán a identificar su civilización con la cu ltura universal y hay que confiar en la victoria final del progreso. Las difer encias culturales son explic ables, en opinión de Locke, en términos geográfic os y climáticos, que ya fueron formuladas en Hipócrates o Polibio, Poli ón, o los geógrafos árabes Ibn Idrisi o Ibn Jaldún, citados por Harris (1993). Aunque también cabían explicaciones más simples: accidentes hist óricos. Ahora bien, esa visión más etnocentrista, no refleja la totalid ad del pensamiento ilustrado, existe una corriente que tiende a explicar las diferencias socioculturales como consecuencias de la razón. “[…] lo que dirige la historia es la elección inteligente y racional del hombre” (Harris, 1993, pág. 35). Por otra parte la característica f undamental de la historia humana era el progreso. El cambio, era entendido co mo continuado, continuo no episódico y estaba basado en causas naturales, quedaba lejos la idea medieval que consideraba inconcebible el progreso sin la intervención divina. Y en ese enfrentamiento cultura naturaleza había que act uar adquiriendo control sobre la naturaleza. Aunque con excepciones, los filóso fos ilust rados consideraban que el progreso era inevitable, incluso una ley natural, y que éste conllevaría la génesis de una serie de conceptos que permitirían la explicación del cambio social. El progreso se convirtió en un metarrelato justificador de la modernidad, pues no solamente afec taba al desarrollo tecnológico sino que, en su opinión, resultar ían afectadas la organizaci ón social, la religión o la política. Estos cambios serían afines y consecutivos en la única posible línea de desarrollo. Entonces, si existe unidad psíquica y el único camino posible está marcado, todas la s sociedades que se encuentren en un mismo nivel de desarrollo deben encontrar soluciones similares para sus conflictos y su cultura evol ucionará de forma paralela. 77 El progreso mejora la condición humana, no modificándola ya que se mantiene la idea cristiana de una naturalez a inmutable, sino simplemente eliminando la ignorancia mediante la educación y permitiendo que la razón regule el comportamiento. Condor cet afirmó que la cultura “ puede mejorar a las propias generaciones y que el perfeccionamiento en las facultades de los individuos es transmisible a sus descendientes ” y, como afirma Diderot en su carta a Catalina de Rusia “ Plan de una univ ersidad oficial rusa ”, enseñar es civilizar. D’Holbach en su libro “ Elementos de la Moral Universal o Catecismo de la Naturaleza ” (1820) afirma: Entiéndese por educación el arte de hacer al hombre que contraiga en su infancia los hábitos que pueden cont ribuir a su felicidad: educar a uno, es hacerle que haga experiencias, y habi tuarle a que juzgue según ellas: si la educación es buena, el hombre se hace razonable, y si la educación es descuidada, sale todo lo contrario. (págs. 32-33) Rousseau utiliza cult ura como sinónimo de formación individu al y con connotaciones negativas (1990), ya que como claro defensor de la naturaleza se posiciona junto a ésta en la oposición cu ltura-naturaleza: Este estudio de los varios pueblos en sus apartadas provincias, y en la sencillez de su índole general, ofrece una observación general muy concordante con mi epígrafe, y que consuela mucho el corazón humano; y es que, observadas así todas la s naciones, parece que son más apreciables: quanto más a la natural eza se acercan, mas domina la bondad en su carácter; sólo encerrándos e en las ciudades, y alterándose á poder de cultura, se depravan, y convierten en perniciosos y agradables vicios algunos más toscos que dañosos defectos. (pág. 265) No obstante, Rousseau sostenía que la educación tenía tal capacidad que permitía la transición del estado anima l al hombre. Ahora bien, como nos dice Kant (1989), la Ilustración: Es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia s in la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la f alta de inteligencia sino de decisión y de valor para servirse por si mismo de ella sin la tutela de otro. (pág. 25) 78 En virtud de esa culpabilidad, la necesidad de orden era evidente y la escuela se configuró como fábrica de orden. La unión entre educación, cultura y civilización conformó la cultura como sistémica: Como en el caso de cualquier f ábrica de orden, el estado supremo previsto para la cultura era el de un sistema, donde todo elemento tiene una función que cumplir, donde no se dej a nada a la casualidad, ningún elemento se deja solo, sino que encaj a, forma equipo y coopera con el otro; donde el choque entre los elementos sólo puede derivar de un error de diseño o construcción, de la negli gencia o el defecto; y que sólo deja espacio para aquellas normas de conducta que desempeñan una función útil para ayudar a obtener el modelo de or den previsto. (Bauman, 2001, pág. 164) Por tanto, un criterio de acción, educativo, universal, jerárquico, sistémico y evolutivo caracterizó la aportación, en alguna medida todavía viva, de la Ilustración en Francia a la construcci ón del concepto de cultura. Pero era evidente que sólo podía referirse a la cultura en singular, en cuanto universal y extensible a toda la humanidad. 79 2.2.3.2. Alemania bildung, kultur Al mismo tiempo que Francia desarro llaba el concepto de civilización Alemania iniciaba una seria resistencia a su expansión universal. Si bien, inicialment e los dos países habían desarrollado una concepción de cultura muy similar, con el tiempo se fue es tableciendo una dif erencia, la tradición nacional frente al cosmopolitismo, el espí ritu frente a lo material, las artes y las artesanías frente a la tecnologí a y las emociones frente a la razón, configuraron el concepto de “ Kultur ” frente al de “ Civilisation ”. En palabras de Kuper (2001): La idea de civilización recuerda la s pretensiones universalistas de la Iglesia Católica. Comte y Saint-Simon tomaron prestados los rituales católicos para crear una religión del positivismo. Su dogma central era el progreso, que equivalía a una salv ación laica en este mundo. Las nociones alemanas de bildung -formación, educación- y kultur, expresadas de manera característi ca en un lenguaje espiritual, se engranaban con las necesidades del alma individual, valorando la virtud interior por encima de las apariencias externas; pesimistas respecto al progreso secular, están imbuidas con los valores de la Reforma y Thomas Mann sugirió que ésta había inmunizado a los alemanes contra las ideas de la Revolución francesa. (págs. 26-27) La noción alemana de “ bildung ” equivalía a formación o educación, en el mismo sentido que utilizaban Condorce t o Diderot, y con la misma necesidad imperiosa de actuación, de c rear barreras que impidan la barbarie. Pero esa formación se ori enta hacia las necesidades del alma individual y es pesimista respecto al progreso secular hacia el que se muestran profundas reticencias. La noción de “ kultur ”, inic ialmente “ cultur , resalta lo diferente lo específico y su desarrollo más completo se logra con el romanticismo alemán, la idea de nación y los reiterados esfuerzos por l ograr la unidad política de la Gran Alemania. No era un término nuevo, más bien podemos decir que fue un término en expansión, no diferente del propio término cultura, y los que siempre resulta complicado, por no decir imposible, definir en qué momento 80 puede darse por concluida su evol ución, dependerá en gran medida de nuestra propia interpretación. La expansión del tér mino recoge el pas o de lo individual a lo c olectivo, después acogió todos los logros humanos , no sólo aquellos provenientes de la agricultura o la educación, para finalmente, en un sa lto problemático por su novedad y por la carga de pr ofundidad que conllevaba, pasar de connotar la actividad a referirse al resultado: el hombre cultivado y los productos culturales. Mediado el siglo XVIII y fomentado por la Ilustración, el término “ kultur ” adquirió el significado de cuidado de los campos y los bosques y, un siglo después, paso a designar, como ya hemos comentado, el producto final, el nuevo estado de los bosques y campos. En su traslado metafórico desde el cultivo de la tierra al cultivo del alma, tuvo una especial importancia Pudendorf, (citado por Gober na Falque, 1999) y su ob ra “De iure naturae et gentium”, donde utiliza de forma reit erada el concepto cicero niano de “cultura animi”, introduciendo al mismo tiempo la oposición cultura naturaleza. Cultura como opuesta a bar barie que expresa el refinamiento y la capacidad de ordenamiento de la so ciedad. Nuevamente observamos, en este caso explicitada de forma eloc uent e, la configuración de la cultura como fábrica de orden. La cultura se ha convertido ya, para Pudendorf en una “ forma de ser que se eleva sobre el est ado natural” (Goberna Falque, 1999, pág. 38). El concepto, ya realizada su traslaci ón metafórica, inicia su andadura hacia 1760. Con anterioridad, su uso se conf iguraba como la técnica del trabajo en los campos, pero a partir de esa fe cha comienza a quedar situado en el entorno de “ Bildung ” y “ Veredlung ” o refinamiento, aunque estrictamente personal y referido fundamentalment e a las virtudes del espíritu. Con posterioridad, el concepto de “ kultur ” se fue escindiendo en dos grandes líneas. Por una parte, su uso corriente siguió soportándose en el 81 concepto de “ bildung ”, mientras que por otra inició el proceso de construcción de su cientificidad. Es ese uso no corriente del concepto el que realmente se transmite en la formación del concepto moderno de cultura. Y comienza aplicándose la s costumbres de las sociedades individuales, de manera especial a aquellas que presentaban un alto grado de cohesión, con formas de vidas, campesinas que cambiaban de manera muy lenta en contraste con los centros urbanos “ civilizados ”, sometidos a un rápido cambio. En las últimas décadas del siglo XVIII, comienzan a aparecer textos sobre “historia cultural” (Kulturgeschichte) y, ya en el sigl o XIX (1874) Klemm (citado por Trigger, 1992) publicó una serie etnográfica denominada “Allgemenie Cultur-Geschichte der M enscheit” (Historia cultural de la humanidad). Desde esta posición se di eron los primeros pasos hacia una concepción de la cultura como forma de vida transmitida de generación en generación y hacia la ruptura de la concepción jerárquica aceptando la existencia de culturas entre los grupos no civilizados o primitivos. También en este momento, y de m anera independiente en diferentes escuelas de Arqueología, comienza a desarrollarse el concepto de cultura arqueológica como: Conjuntos de material arqueológ ico prehistóric o geográfica y temporalmente restringidos y su i dentificación como los restos de diversos grupos étnico s (Trigger, 1992, pág. 157). En resumen, la noción de “ kultur ” se fue estableciendo en confrontación con la “ civilisation ” francesa, entendida en Alemania como algo externo, ajeno a los valores alemanes y sit uado en las inmediaciones del poder político y económico, mientras que los intelectuales que desarrollaron el concepto de “ kultur ” se situaban en la oposición a las aristocracias y los príncipes de los diferentes estados al emanes. De hecho, el más potente de los estados alemanes, Prusia, impulsó a través de Federico II el Grande la 82 “ civilisation ”, convirtiendo el francés en el lenguaje de su corte. Como corolario de esa confrontac ión Spengler (1993) afirma: La civilización es el inevitable sino de toda cultura. Hemos subido a la cima desde donde se hacen solubles los últimos y más difíciles problemas de la morfología histórica. Civilización es el extremo y más artificioso estado a qu e puede llegar una es pecie superior de hombres. Es un remate; subsigue a la acción creadora como lo ya creado, lo ya hecho, a la vida como la muerte, a la evolución como el anquilosamiento, al campo y a la infancia de las al mas –que se manifiesta, por ejemplo, en el dórico y en el gótico- como la dec repitud espiritual y la urbe mundial, petrificada y petrificante. Es un final irrevocable, al que se llega siempre de nuevo, con íntima necesidad. (pág. 61) Naturaleza y pequeñas aldeas frente a la ciudad, recuperación del gótico como característica creadora vital de los alemanes, y la civilización como final no deseado de la “ kultur ”. Mientras que Francia entiende la civilización como un complejo que incorporaba lo s hechos políticos, económicos y sociales, la “ kultur ” alemana se refiere esencialmente a hechos intelectuales, artísticos y religios o s de naturaleza creadora. Además, era un concepto a la vez nacional y personal, una progresión de la persona hacia la perfección espiritual. 83 2.2.3.3. Inglaterra refinement La Ilustración en Inglaterra se cent ra y desarrolla fundamentalmente en los ámbitos de la religión y de la moral. Uno de los elementos característicos es el deísmo, es decir, la sustituci ón de la religión revelada por la religión natural. Dios imprime en el hombre nociones comunes que son, a priori, universales y que el hombre conoce a tr avés de un instinto nat ural. Se origina en el siglo XVI con Lord Herbert de Cherbury (Fazio Fernández, 2007) y alcanza su máxima difusión en el siglo XVIII, muy ligado a la Ilustración. Se extiende posteriormente por Francia y por Alemania. Tras la muerte de Locke, el deísmo pierde su moderación, pero no alcanza a trasladar su crítica a la religión al plano político como sucede, en la misma época, en Francia. Coincido con León Sanz (1989), en que la posible causa pudiera ser la vinculación con la Il ustración y la corriente deísta de representantes de la aristocracia y los altos niveles del gobi erno, por lo que se limitaron, en la mayoría de las ocas iones, a apoyar al partido whigt. Eso no quiere decir que no se desa rrollan intereses en otros campos, especialmente en la ciencia y en el empirismo (Fazio Fernández, 2007). En relación con la construcción del concepto de cultura, Inglate rra, se mantiene equidistante de las construcciones alemana y francesa. En el inicio de la modernidad, habían in tentado compendiar la s dos tradiciones continentales, pero el desarrollo económ ico propiciado por la revolución industrial, generó una corriente pensami ento que consideró el materialismo y la tecnología de la civilización moderna como enemigos: “ Poesía contra Mammon ”, en definición de Shelley (citado por Kuper; 2001, p. 27). Curiosamente, parece evidente, tras lo s trabajos de J.C.D. Clark (1982) que la primacía de la aristocracia jugó un papel positivo en el desarrollo de la nueva sociedad generada tras la revolución industrial. Ante esta situación, la defensa se encontraba en los valores culturales mantenidos a lo largo del tiempo y representados por las grandes obras del 84 arte y la filosofía. Quizá, el autor más destacado en esta tradición inglesa sea Matthew Arnold, como nos dice Martín Caballero (2006): […] el autor más representativo en este debate. Su obra más famosa Culture and Anarchy. An essay in Po litical and Social Criticism de 1867- 69. Frente a los efectos destructivo s de la modernidad, que conllevaba la anarquía y el embrutecimiento cu ltural, Arnold que ría instaurar una serie de valores culturales comparti dos. Estos valores llevarían a una vuelta a la ‘verdadera cultura’, planteada como ‘lo mejor que se ha dicho y pensado’. Por tanto, la ‘verdader a cultura’ descansaría en una recuperación de la alta tradición literaria. (pág. 54) Resulta significativa su definición de cultura “ lo mejor que se ha dicho y sabido” citado por Kuper (2001, pág. 7). Al igual que en el continente, en la Inglaterra del siglo XVIII, existe la contraposición entre una cultura sofisticada, la del “gentry” , de la pequeña nobleza rural y urbana, y una cultura popular, al mismo tiempo que co menzaba a desarrollarse la cultura industrial fruto de la revolución económica que había tenido lugar en el país. Es contra esta última contra la que se produce la contestación de los intelectuales, e igualmente es con ésta con la que se gestiona la diferencia cultos-bárbaros, pues la cultura popular, pese a ser una cultura de resistencia, está basada igualmente en la tradición y, además, se daba una curiosa circunstancia: los cultos, lo s ilustrados, leían en público a los iletrados (pertenecientes a la cultura popular inglesa), obras cumbres de la literatura. Y dado, que en la teoría ilustrada la cu ltura o bien equivale o bien se transmite mediante la educación, y su mejor resultado es “ lo mejor que se ha dicho y sabido” , será en estos ámbitos donde un intelectual debe mejorar, debe refinarse. Nuevamente el concepto de acción que nos menciona Bauman (2001), la creación de muros frente a la barbarie, las instituciones creadoras de orden y la di cotomía cultos, incultos. En este contexto, se introduce, otro elemento f undamental, si la cultura configura el devenir de una nación, la cultura debe convertirse en un escenario 85 fundamental para la acción política, que ha de intervenir, dirigiendo, orientando y matizando las distintas inte rvenciones con un obj etivo claro: el mantenimiento del orden social y la transmisión de “ lo mejor que se ha dicho y sabido” . 86 87 2.2.4. El inicio del cambio, la ruptura de las certidumbres. El concepto diferencial de cultura En 1929, Lucien Febvre (citado por K uper; 2001) organizó un seminario de fin de semana, cuya temática general se centró en la civilización “ Civilisation: le mot et l’idée ”. Su exposición recogió, a modo de introducción, el debate sostenido en la Sorbona sobre la “civilización” de las tribus sudamericanas, a las que, no mucho tiempo atrás, la Ilustración habría calificado de salvajes. Pero ya hace largo tiempo que es tá vigente el concepto de una civilización de gentes no civilizadas’ (añadió el punzante comentario de que se podía imaginar a un arqueólogo ‘h ablando serena y fríamente de la civilización de los hunos, que antes habían sido denominados ‘el mayal de la civilización . (pág. 41). Como ya he mencionado el c oncepto ar que ológico de cultura y civilización, comienza a hacerse visible en el discu rso general de la Academia. Tras los primeros pasos, la definición y sist ematización del concepto de cultura y civilización en arqueologí a, fue llevada a cabo por Gustaf Kossina (citado por Trigger; 1992, pág. 157), en su obra “ Die Herkunft der Germanen ” (El origen de los Alemanes), en un ent orno ya caracterizado por el nacionalismo y por la s teorías racistas. El concepto de civilización habí a ido conformando dos corrientes interpretativas distintas, por una parte, la palabra definía la propia civilización francesa, hija de la Ilustr ación y considerada referente para el resto de los pueblos, mientras que, por la otra parte, se hacía referencia a un uso etnográfico que había iniciado su recorrido en las postrimerías del siglo XVIII. Este concepto no suponía ni ngún juicio de valor, sino que se conformaba como una referencia técnica al conjunto de características intelectuales, morales, económicas, re ligiosas y políticas de la vida social de una comunidad. 88 Febvre fija la aparición del término “ civilisation ” en 1766, extendiéndose su uso durante la década de 1770, para inco rporarse al diccionario de la Academia Francesa en 1798. En la línea de evolución cultural unilineal desarrollada por el pensamiento ilustrado, se utilizan los vocablos “s alvaje” y “bárbaro”, para mostrar una progresión entre pueblos que carecían de las cualidades de la civilización: civismo y cortesía, junto a lo que defin ían como “sabidurí a adminis trativa”. La noción de bárbaro aparece en la antig ua Grecia, con el objetivo de designar los hablantes de una lengua no griega, para pasar posteriormente a referirse a los pueblos no griegos, ya tras las guerras médicas adquirió el significado de cruel, en cuanto a salvaje, también fue definido en la antigua Grecia, relacionándolo con u na variedad de seres humanos o semihumanos que contribuyeron a confi gurar el contorno de la razón griega (Bartra, 1992). Con base en esta línea evolutiva de pr ogreso, se comienza a construir una “Historia Universal” con sucesivas et apas de desarrollo, desde el salvajismo a la barbarie y de esta a la civiliz ación, muy cercano a las teorías de Lamarck (citado por Leclerc Buffon (C omte de) & Roig, 1854) sobre las relaciones entre las especies: Diverso rumbo emprende Lamarck. No camina como Linneo y Cuvier, de lo compuesto a lo simple, sino que en su ‘Introducción a la historia de los animales sin vértebras’, procede de los simple a lo compuesto. (pág. 15) Sin embargo, este camino, pronto se ve cuestionado, comenzándose a admitir que, en diferentes lugares del globo, se habían desarrollado diferentes maneras de ser civilizado. Este cambio se produjo de forma simultánea en distintas disciplinas: biología, lingüístic a, historia o etnografía, marcando el abandono del evoluc ionismo unilineal, por un cierto relativismo cultural, reflejando un giro de la actitud intelectual. El optimismo generalizado, la fe en progres o había ido desvaneciéndose. 89 Una línea diferente se había desarro llado en Alemania destacando el contenido espiritual de la “ kultur ”, una tribu salvaje podía tener una civilización, en el sentido de orden pol ítico, sin un nivel elevado de cultura espiritual. Como se aprecia, el concepto jerár quico de cultura, su valor singular comienza a desmoronarse. 90 91 2.2.4.1. Historicismo y Romanticismo La reacción crítica a la Ilustración emerge desde el historicismo y el movimiento romántico alemán. El Rom anticismo, que se va a extender por toda la geografía europea, comienza dentro del propio mundo ilust rado en los escritos de Rousseau (citado por Mosse; 1997, pág.43) en su concepto del “ hombre natural ” bueno y virtuoso cuando no es taba preso de la civilización. El hombre natural se convirtió en unos de los elementos fundamentales de la atmó sfera romántica, pero se puede olvidar el componente religios o, el pietismo alemán, la “ piedad del corazón ” como experiencia emotiva y la influen cia del movimiento literario “ Sturm und Drang ”, con sede en Weimar (Mosse; 1997, pág. 45), como se constata el Romanticismo incorpora a su atmó sfera, las ideas que sostenían el concepto de “Kultur”. Su configuración social fue la mi sma que la de la Ilustración: la intelectualidad independiente. No obs tante, se observa, como ya he comentado, una diferencia clara, los ilustrados se encuentran en las cercanías del poder, ocupan plaza en las universidades, mientras que los románticos están desarraigados del poder, lo que llevará a algunos a solicitar su incorporac ión a empleos oficiales dependientes de los príncipes alemanes que, poco a poco, van modi ficando sus posiciones en relación con la “civilisation” francesa incor porándose a la corriente romántica. Estamos, por tanto ante dos movimientos intelectuales (González García, 1993, p.63) “ Así pues, el enfrentamiento entre ilustración y Romanticismo también se traduce en la rivalidad ent re dos tipos diferentes de intelectual ”. Si con la Ilustración adquiere predominanc ia la acción, con el Romanticismo se eleva a la persona por encima de la acción, primado la emoción y el sentimiento. Debía separarse al personaje humano del entorno, los acontecimientos externos eran meras circunstancias y la realidad ya no determinaba la actuación o la natura leza humanas. Los sentimientos se 92 elevan por encima de la razón, pes e a que pudieran ser irracionales (Mosse, 1997): El racionalismo del siglo XVIII no había sido frío y e goísta, pero los románticos no establecieron ning una distinc ión entre un Scrooge y los que creían que el progreso sólo era posib le por la naturaleza racional del ser humano. Para los románticos, la naturaleza humana se describía mejor a través del ‘alma’, que cont enía las emociones y potenciaba la imaginación. (pág. 42). Por otra parte, el Romanticismo intenta mantener al hombre íntegro, salvarlo de esa fragmentación a la que conduce la Ilustración. La naturaleza parece convertirse cada vez más en el dominio de la investigación científica. El terremoto de Lisboa (1755), supuso una brutal conmoción para los románticos de la época, privados de la posibilidad de just ificar mediante castigo divino el hecho, la alternat iva suponía una ruptura total entre cultura-naturaleza y el convencimi ento de que la naturaleza podí a ser una fuerza hostil. A su vez, el nuevo discurso que introduce el historicismo afirma que el mundo es historia y es, además, la hi storia de los pueb los. Aparece la noción de pueblo como un todo natur al y una realidad histórica, estructurado por lazos de sangre y descendencia y basado en afinidades, tanto físicas como espi rituales, con actividades características que lo identifican y con una impronta espiritual propia, sostenido por el principio del “Blut und Boden” desde el que se desarrollaría el “ Ius sanguinis” como título de nacionalidad y ciudadanía. Obtiene su aliento del “ Volkgeist ”, espíritu que con variaciones de un pueblo a otro, se consolida por la coincidencia de voluntades, convicci ones y costumbre heredadas en el recorrido de la historia y se asienta en un territorio identificado: la patria. Con el inicio del nacionalismo y la construcción del estado-nación moderno, basado en un criterio culturalm ente homogeneiz ador, las antiguas comunidades que podían ej ercer derechos colectivos y mantener sus prácticas ya no tienen sentido. 93 El Estado moderno se basaba en una idea muy distinta de unidad social. En general, sólo se reconocía los individuos como portadores de derechos y se intentaba crear un espacio legal homogéneo compuesto de unidades políticas uniformes y sujetas al mismo cuerpo de leyes e instituciones. Se propuso desmantel ar a las comunidades largamente establecidas y reunificar a todos lo s individuos así ‘emancipados’ sobre la base de una autoridad centralizada y colectivamente aceptada. Puesto que el Estado no podía func ionar sin la homogeneizaci ón cultural y social como base, hace ya varios s igl os que se intenta impulsar a las sociedades en esa dirección (Parekh, 2005, pág. 25). 94 95 2.2.4.2. Nacionalismo y Nación Los diversos historiadores no se ponen de acuerdo sobre el “nacimiento del nacionalismo” o sobre su origen, Smith A.D. (2000) dice. Kohn hablaba de la Revolución Inglesa, Cobban optó por las postrimerías del siglo XVIII y lo rela cionaba con la partición de Polonia y la Revoluci ón Americana, mientras que Kedourie situaba el nacimiento en el año 1807, año en el que se publican los Discursos a la Nación Alemana, de Fichte. Sin embargo, la mayoría aceptaba que los inicios había que buscarlos en la Revolución Francesa, que sería así, como evento y como período, la primera manifestación plena del nacionalismo, vinculándolo además firmemente a los movimientos cívicos y democráticos que ya se daban en la Europa de aquellas fechas. (págs. 52-53). Acosta Sánchez (2001) afirma que los primeros desarrollos teóricos se dieron en el siglo XVIII de la mano de Herder y Rousseau y la creación de los conceptos de nación que se mantienen: el de nación étnica, futo del pasado y la naturaleza y la nación vo luntaria, obra de la democracia. Los estudios, en un principio, se cent ran en Occidente y en la Ilustración, una manifestación característica del Zeigeist vinculada a la modernidad europea. No obstante, otros autores como De Julios- Campuzano (2000, pág. 105) vinculan el fenómeno con la reacción contramoderna del siglo XIX que el autor relaciona con el Romanticismo y que entiende como “ la afirmación excluyente de una identidad colectiva de carácter étnico o cultural”. En esta misma línea se define Gellner (1988) para el que la justif icación teórica del nacionalismo tiene sus orígenes en la r eacción a los principios más profundos de la Ilustración, el racionalismo y el universalismo. Para Gellner el nacionalismo acompaña al ca mbio que la modernidad y la industrialización generaban en la soci edad. Es pues, una fuerza que se puede caracterizar como revolucionaria, en la medida en que genera, a 96 partir de 1848, una disgregación de los antiguos imperios con motivaciones fundadas en el idioma, la religión, las et nias y, en definitiva, la cultura, promovida por la ola de modernización e industrializac ión que se extendía, rompiendo los débiles lazos que integraban los escasamente centralizados imperios. La extensión de la educaci ón, inic ialmente en manos privadas, y dirigida únicamente a las elites, debe analizarse teniendo en cuenta la visión que Gellner (1988), posee de ella. Se refiere a ese conjunto de fundamentos que hace a un hombre competente para ocupar la mayoría de los puestos normales en una sociedad moderna y que le permite, por decirlo así, moverse con facilidad en este tipo de medio cultur al. Por otra parte , consiste en un conjunto de fundamentos variable y no rígido, y posiblemente ninguno de sus elementos es absolutam ente indispensable. (pág. 119) Pero quizás sea el momento adecuad o para intentar una definición de nacionalismo que nos sirva de guía en nues tro acercamiento. Y, para ello, voy a utilizar el trabajo de Ors, presentado en el Con greso Internacional sobre “Ilustración y Nacionalismo” ce lebrado en el Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (2010): El nacionalismo es un principio político según e l cual la semejanza cultural es el vínculo social básico y los principios de autoridad adquieren legitimidad cuando se fundamentan en es a cultura compartida. Dicho en términos políticos, el nacionalismo postu la la coinc idencia entre la unidad política y la unidad cultural, lo que en lenguaje nacionalista es la nación. […]. La falsa conciencia les lleva a firmar la naturalidad de ese principio, les parece natural e incluso universal y en ese sentido válido; como ideología, para los def ensores del nacionalismo estaría basado en la auténtica identidad hu mana. (pág. 192). Va a aparecer uno de los hechos cultur ales menos pacíficos de la discusión cultural actual: la cuestión identitar ia. La identidad no constituyó ningún problema cuando la pertenencia se cons ideraba algo natural, sobrevenid o, en definitiva “dado”. Este tipo de ident idad fue posible en las antiguas comunidades previas a la moderni dad. Un ser humano puede pertenecer a un grupo que no puede ser mayor que su propia red de interactuaciones 97 personales, pero debe identificarse con una totalidad imaginada. Esta identidad constituye una tarea que exige esfuerzo y que puede ser concebida como un aprendizaje. El signo de la modernidad es el incr emento del volumen y del alcance de la movilidad, con lo cual, inevitable mente, el peso de lo local y de sus redes de interactuación se debilita. Por la misma razón, la modernidad también es una época de totalidades supralocales, de comunidades imaginadas aspirantes o sostenidas por el poder, de construcción de naciones y de identidades culturales fabricadas, postuladas y edificadas. (Bauman, 2002, pág. 52). Ese nacionalismo que construía nac iones, apoyándose en culturas preexistentes aunque modificándolas e incluso destruyéndolas encontró, en las categorías étnicas, un excelent e limes, una frontera que protegía el contenido cultural unificador de la nac ión. En palabras de Barth (1969): Las categorías étnicas proporcionan un recipiente organizativo al que se le pueden atribuir contenidos y formas variados en sistemas socioculturales diferentes. Pueden se r enormemente relevantes por lo que se refiere al comportamiento, pero no tienen por qué serlo; pueden impregnar la vida social o pueden resultar significativas únicamente en ciertos sectores de la actividad. […] es la frontera étnica la que define al grupo, no el relleno cultural que encierra. (pág. 6) Ahora bien, el nacionalismo en su conf iguración de Estado-Nación eligió la opción que impregnaba toda la vida de la nueva comunidad, procurando limitar los grupos minor itarios dentro de esa gr an comunidad nacional que construía. La existencia del pr opio grupo y del Estado-Nación se fundamentaba sobre la creación de fronteras claras y nítidas que separaran su identidad de otras identidades, si bien, como se puede deducir tales fronteras son artificiales y a poyadas sobre elementos geográficos fácilmente discernibles par a hacerlas más patentes. Había que dotar de contenido al grupo que permanecía dentro de las fronteras y la cultura era el elemen to fundamental que i ba a cohesionar al grupo. La cultura y la educación, ese es fuerzo que la Ilustración extendió 98 por toda Europa, se convierten en el fundamento de la naciente sociedad industrial que obtiene del nacionalismo su configuración política y redimensiona Europa. La industria, la modernidad necesita personas educadas, si en el Antiguo Régimen y su sociedad agraria los individuos aprendían a medida que realizan su labor, la fábrica necesita una preparación anterior, el estudio en la escuela que preparaba al individuo para el trabajo y al mi smo tiempo lo convertía en ciudadano de los nuevos estados-nación. Y la escuela, opinaba Gellner (1988) debía ser nacional. Al mismo tiempo aparecen conceptos como el de “masas” que reflejan la tendencia homogeneizadora de los nacional ismos, su radical ambición de disolución de las variadas identidades locales en una identidad común a través de la instrucción, del control y, llegado el caso extremo, de la coerción. Este proceso homogeneizador, que se instrumenta a través de la cultura y la educación, necesita auto ridad, guías que ayuden a las masas a salir de su estado de incapacidad, en palabras de Renan (citado por Bauman, 2002): Las masas son onerosas, groseras, están dominadas por una concepción superficial de sus propi os intereses. […] imbéciles o ignorantes se pueden unir, pero nada bueno puede surgir de su unión. […] No hay duda de que el espectáculo del sufrimiento de los pobres es lamentable. Admito, sin embargo, que me causa infinitamente menos dolor que la visión de la gran ma yoría condenada al provincialismo intelectual. (pág. 55) La conclusión parece evidente, el nacionalis mo en su proceso de creación de la nación, que como afirma acer tadamente Nietzsche (2001) es más una res facta que una res nata, debe convertir a las masas, elevar su espíritu, pero evitando cuidadosamente que se convirtieran en sujetos autónomos ya que duda de su capacidad de ele cción, es necesario un guía, un orden que convierta en previsible y adecuada su actuación y este instrumento de sistematización del orden no fue otro que la cultura. 99 2.2.4.3. Nacionalismo y racismo: el determinismo racial Thomas Jefferson se hace eco de la frase de Locke “todos los hombres son creados en igualdad” aunque dotándola de matices que la convierten en un argumento contrario. Al plantearse que los negros, ya sea porque son una raza distinta o porque el paso del tiem po los haya cambiado, son inferiores a los blancos en sus dotes intelectuales int roduce en el discurso del siglo XVIII la cuestión de las diferencias raciales que entra en grave conflicto con la tesis del “gabinete vacío” que ya he analizado. Se puede enmarcar el comienzo difuso del racismo en el inic io de la reacción contramoderna que tuvo su apogeo en el sigl o XIX. Las antiguas ideas de “racismo folk”, en expresión de Harris (1993) consistentes en una generalidad de prejuicios y discriminaciones habí an estado siempr e presentes en el devenir de la humanidad, pero su configuraci ón como una forma estructurada de determinismo, tuvo lugar bajo el naci onalismo y la industrialización, se intentó dotar de contenido científi co al determinismo racial. Según las doctrinas del racismo cien tífico, todas las diferencias y las semejanzas socioculturales de im portancia entre las poblaciones humanas son variables dependient es de tendencias y actitudes hereditarias exclusivas de cada gr upo. Las explicaciones racistas suponen, pues, una correlación entre las dotes hereditarias y las formas especiales de conducta de un grupo. La gran debilidad y a la vez la tentación de la perspectiva racist a residen en las dificultades con que tropieza la identificación de los componentes hereditarios. Como observar los factores hereditarios es imposible, se hace preciso inferir su existencia basándose en los rasgos de conducta que se supone que ellos explican. (págs. 69-70) La Ilustración, que mantuvo el concepto de cultura jerárquica, asumió como propia la idea de la superioridad de la ci vilización europea, matizada por la doctrina de la perfectibilidad qu e poco a poco iba abandonándose. La 100 explicación basada en el deter minismo racial se incluye en la relación naturaleza-cultura que se estableció en la Europa Ilustrada. Igualmente, la extensión de las teorías raciales convertía el monogenismo presente en la doctrina religiosa cristiana, en un poligenismo que des equilibraba la balanza en la dicotomía naturaleza-cu ltura. Si hasta ese momento había prevalecido la cultura, la aceptación del poligenismo inclinaba la prevalencia hacia la naturaleza. Sea cual sea su intención, su pone un avance más en la génesis del concepto de cultura como un sistema cerrado y, al mismo tiempo, un pobre sustituto de un auténtico análisis soci ocultural que permita, sin recurrir a tópicos, explicar rasgos cultural es de una determinada población. Es un racismo predarwinista que aba ndona las anteriores ideas ilustradas y fija la raza como el elemento más determinant e por encima de la educación y el medio sociopolítico y geográfico. Al mismo tiempo, niega la capacidad de progreso y perfeccionamiento de las di stintas naciones, condenándolas a mantener una existencia si n posibilidades de cambio. La extensión y el desarrollo de la s guerras napoleónic as profundizaron los movimientos nacionalistas y la construcción de los distintos estados. Aplicar a cualquiera de los mosaicos culturales y lingüísticos que, con posterioridad, se denominarían Inglate rra, Alemania o Francia las teorías nacionalistas, el nuevo concept o de pat ria, el espejis mo de una cultura común y, en definitiva, una interpretaci ón racial del nacionalismo, contribuía a generar un sentido de comunidad y des tino común que fortalecía a los modernos estados que iban naciendo. Este racismo, que pretende ser científico, sirve como justificación para las diferencias de clase y la existencia de privilegios. Al mismo ti empo, se produce el desarrollo de la ciencia económica con su justificación de la lucha por la vida que se trasluce en una feroz competencia en la maximización de los beneficios y la acumulación de capital. Tales actuaciones contribuyeron dec isivamente al declive del c oncepto jerárquico de cultura. Hay que ent ender que el concepto jerárquico de 101 cultura estaba orientado por la Ilustr ación en la dirección del gabinete vacío y la existencia de una sola cultura. Con el nacionalismo racista se admiten las diferentes culturas pero estableciendo la neta superioridad de las culturas occidentales europeas. 102 103 2.2.4.4. Evolucionistas y spenceristas Las teorías sobre la edad y el origen geológico de la tierra señalan, en alguna medida, el camino que posteriorm ente recorrerá la configuración del concepto que ya se ha comenzado a denomi nar cultura. La introducción, en su construcción, del progreso y la lucha por la vida, inspiradas en las obras de Lyell y de Malt hus citados por Harris (1993), impregnaron el desarrollo de las jóvenes disciplinas que configuraron las ciencias del hombre, aquellas que se adjudi caron a la cultura en la gran dicotomía con la naturaleza. Se establecerá, pues, una teoría común que afectará a todas las disciplinas que analizan el camb io, la que se denominará ley de evolución, que trasladará la biología a la Historia. En el año 1859 Darwin (Darwin, El ori gen de las especies, 1992) publicó su gran obra “ El origen de las especies ” y sustituyó con la explicación científica y materialista de la vida la menguant e autoridad de la teología en las ciencias de la vida. Realmente Lamarck (1986) había desplegado su teoría evolutiva y la herencia de los cara cteres adquiridos, que quizás hubieran soportado mejor al racismo pretendida mente científico del nacionalismo, cincuenta años antes. No consiguió tener repercusión hasta que el propio Darwin la rescata, pero marginand o la herencia de los caracteres adquiridos que, posteriormente en el sigl o XX, será considerada errónea. Hoy, existen corrientes neoevolucioni stas que están reconsiderando su propuesta. En su obra principal, Darwin no hace mención al hombre en el desarrollo de su teoría evolutiva quizás temiendo ataques desde estructuras eclesiásticas y de poder. Doce años después en su libro “ El origen del hombre ” (2009), decide abordar la re lación entre su teoria evolutiva y el desarr ollo de la humani dad. Será la selección sexual la responsable de los mecanismos del prog reso a través de la lucha. Se extenderán al cuerpo so cial las teorías evolutiv as, que se incorporan al proceso de biologización de la cultura y la historia. 104 Es evidente la influencia del ya mencionado Lyell y de su obra “ Principles of Geology ” publicada en 1830, en Darwin y en el desarrollo de sus teorías. Igualmente, la obra de Lyell con su cr ítica a las teorías de Lamarck influyó en el pensamiento de Hervert Spencer (Harris, 1993), si bien en sentido contrario al que Lyell expresaba en su refutación de Lamarck, sino convenciéndole de la realidad de la evolución. Es evidente que la evolución no tiene los mismos alcances en virtud de la disicplina y de la per sona que la aborda. Como afirma Andrew Fabian miembro del “Darwin College” en el pr ólogo a la edicac ión de la obra “Evolución, sociedad, ciencia y universo” de Gould y otros (2001) : El concepto de evolución no tiene el mismo signific ado para todo el mundo. Mientras que en biología sólo significa evolución genética, muchas disciplinas la asocian a un proceso de cambio o desarrollo, a veces con una gradualidad implícita que la distingue de la revolución. (pág. 4). Si bien se denomina darwinismo social todo el entorno t eórico de Spencer, ya en su obra “ Social statics; The conditions essential to human happiness specified, and the first of them developed ” (1868) publicad a, por primera vez, en 1850, incluye los principios que, supuestamente, había adaptado de Darwin. En “ Social Statics ” reunió antiguos ensayos breves y define de forma clara y precisa su objetivos: encontrar y describir las leyes universales que regulan la sociedad y el progreso. La absoluta s eguridad en la perfectibilidad humana a través de un proceso reglado evolutivo muestra su seguridad en la acción transformadora de la educación y la cultura y la capacidad adaptativa de la sociedad. Esta evolución era entendida por Spencer como un proceso de ramificaciones sucesivas y de creciente complejidad que generaba un pr ogreso no lineal sino divergente. Una evolución multilineal. Como se ha ido observando a través de todo el trabajo es imposible separar las ideas políticas del entorno sociocultural en que se construyen 105 las teorías de la cultura, si bien será a partir de Spencer y Marx cuando sea especialmente significativo. Spencer aborda en todos sus textos una defensa del liberalismo económico del primer capitalismo a la par que condena la emergente doctrina socialista representada por Karl Marx. Transitamos por un siglo XIX dominado por el deter minismo racial y los nacionalismos étnicos y la configurac ión conceptual de las teorías de la cultura adoptan el evolucionism o cu ltural como fundamental pilar explicativo. Spencer asumirá como un elemento clave de la diversidad cultural los caracteres heredita rios y así lo aborda en su “ The principles of sociology ” (2009). La biologización de la sociedad, una tendencia que, como se ha visto, se desarrolla en lo s inicios del siglo XIX y su aceptación y desarrollo a lo largo de su obra hac en que se considere a Spencer el creador del organicismo (Camacho, 2006). Y a cada sociedad, en virtud de su grado de evolución, le co rresponderá una determinada forma de organización social. Spencer citado por Harris, (1993) nos dice: Inevitablemente, con las formas de or ganización social y de acción social van las ideas y los sentimientos apropiados. Para ser estables, las formas de una comunidad deben ser congr uentes con la naturaleza de sus miembros. Si un cambio fundamental de circunstancias produce un cambio en la estructura de la comunidad o en las naturalezas de sus miembros, las naturalezas de sus miembros o la estructura de la comunidad deben sufrir de inmediato el cambio correspondiente. (pág. 112). Así pues, el determinismo racial y la relación, que Spencer establece de causalidad, entre los component es genéticos heredados y la diversidad, configuran un determinismo social que se equilibra mediante la capacidad de aprendizaje. La importancia de la educac ión, fundamental en la etapa de la Ilustración, tiene una presencia trascendental en Spencer que dedica su libro “Education: Intellectual, Moral, and Physical ” (2009) a desarrollar su teoría 106 sobre la educación. Extremando, en algun a medida, sus prin cipios liberales cuestiona la necesidad de la enseñanza formal, preguntándose por qué no puede crecer un niño, hasta convertirse en un ser humano normal, sin necesidad de una educación coercitiva, cercano quizás a Rousseau. Su tesis plantea que, del mismo modo que la sociedad, la educación evolucionar á ajustándose a los cambios sociales y culturales que el inevitable progreso genera, como nos aclara Holmes, en su obra sobre Spencer (1994): […] en la fase de transición de uno a otro estado, los individuos han perdido las disposiciones que les pe rmitían llevar una vida de salvajes, y todavía no han adquirido las apt itudes necesarias para una vida civilizada. En tales circunstancias, la educación debe reprimir en los niños las características del hombre incivilizado. Así pues, la educación como forma coercitiva, fruto de la s imperfecciones del ser humano, es innecesaria. En plazo breve, de acuer do con las leyes de la naturaleza, la educación evoluciona como consecuencia de su adaptació n a los cambios en la sociedad. (pág. 549) Spencer afirmó en su autobiografía (1904) que la teoría de la evolución le había servido de guía en la redacción de su libro sobre educación. Reviste gran importancia la extensión de los pr ocesos evolutivos a todas las áreas sociales pues, va a afectar a las apro ximaciones al concepto de cultura que se organizan en el siglo XIX. Corresponde este momento con los grandes descubrimientos arqueológicos y la fijación de las grandes edades, de la piedra, del bronce y del hierro, que estructuran además los grandes procesos evolutivos que, para Spenc er y sus seguidores, confirman sus teorías sobre el mal llamado “ darwinismo social ”. Los evolucionistas introducen, en sus anális is, el método comparativo que se utiliza, a partir de aquel momento, para establecer el esquema de progreso de las diferentes culturas, En los múltiples tomos de “ Descriptive Sociology” , publicados entre 1871 y 1932 y escritos junto a David Dunc an, James Collier, Richard Scheppig y Sir Willi ams Matthew Flinders Petrie, utilizó tablas de datos que le permitieron, usando el método comparativo, establecer los diferentes estadios de las diferentes culturas analizadas. 107 Spencer estableció una visión del ev olucionismo que no se guía el criterio planteado, erróneamente s egún la opinión de Harris (1993) que comparto, al definir el evolucionismo unili neal como el modelo clásico del evolucionism o. En su obra “The princi ples of Sociology” (2009) que publicó por vez primera en 1896, afirma: El progreso social no es lineal, sino divergente una y otra vez. Cada producto diferenciado da origen a un nuevo conjunto de productos diferenciados. Al extenderse sobr e la tierra el género humano se ha encontrado en ambientes de características diversas y en cada caso la vida social que se ha desarrollado en ellos determinada en parte por la vida social previa, ha venido a es tar también parcialmente determinada por las influencias […]. De esta forma los grupos, al multiplicarse, han manifestado una tendencia a adquirir diferencias, unas mayores y otras menores. (pág. 331). En cualquier caso, Spencer es el primer autor que comienza a comprender los fenómenos culturales como términos de un sistema en evolución, en el que cada una de las partes interactúa con el resto y contribuye al cambio y al mantenimiento del sistema total. Las diferentes líneas del evolucionism o unilinea l o multilineal, así como la evolución convergente o paralela se basan en un criterio fundamental de la vieja Ilustración: la unidad psíqui ca. Igualmente se desarrollan con un método básico y común, el método com parativo. Su logro de más alcance fue su convencimiento de que la cultura y las instituciones culturales de la sociedad, incluidas las del occid ente europeo ilustrado tienen un origen natural y, al mismo tiempo, la lent a disolución de un etnocentrismo basado en la concepción jerárquica de la cult ura y la superiori dad europea. Como afirma Marvin Harris (1993): Bajo la influencia del relativism o estamos demasiado inclinados a acentuar el esnobismo de los antropól ogos victorianos y su irritante convicción de que todos los hombres deberían aspirar en último término a parecerse a, y a comportarse como, los ingleses de clase media. (pág. 183). 108 109 2.2.4.5. Difusionismo Hacia 1870, en una Europa inmersa en una grave crisis los problemas sociales orientaron el pens amiento cultural hacia el conservadur ismo, la rigidez de la naturaleza humana, m anteniendo las ideas racistas que se desarrollaron durante el siglo. Los graves problemas del capitalismo industrial destruyeron las ideas ext endidas de confianz a en el progreso junto a la creencia en que el co mportamiento humano estaba determinado biológicamente, orientando a la soci edad y a la nac iente ciencia de l a cultura hacia un creciente escepticis mo sobre la capac idad de creación e innovación del género humano. Es un escenario en el que las ideas que ya he analizado de nacionalismo y racismo son acogidas como propias. Como afirma Trigger (1992): Los escritores y los analistas soci ales mantenían que la gente no poseía una inventiva innata y que el cambio era contrario a la naturaleza humana y potencialmente dañi no para el hombre. Se argumentaba que los seres humanos poseían una condición más bien estática y por naturaleza estaban predispuestos a oponer resistencia a cualquier alteración en su estilo de vida. (pág. 146). Pronto se hizo evidente en las obr as publicadas, fundamentalmente en Alemania y el Reino Unido una cr eciente tendencia a considerar las migraciones y la difusión como las máximas responsables de las escasas innovaciones, en su opinión, que se observa. Su concepto de cultura se construye como las formas de vida características de grupos étnicos específicos y rechazando el concepto de unidad psíquica de la Ilustración. De forma similar a la oposición que se generó en los evolucionist as entre evolución convergente y paralela sur ge una cuestión, quizás mal entendida y probablemente extremada, que se es tructuró en la dicotomía “ difusión ” versus “ invención independiente ”. Ambos conceptos fueron analizados como procesos aleatorios, por lo que no había forma de saber si un grupo había adquirido sus rasgos culturales por invención o había sido un proceso 110 de difusión el que las había trasladado desde su origen. Pese a ser evidente que Morgan, uno de los evolucionistas más representativos, considera la difusión “una conquista de la inteligencia” , como recoge Valdés Gázquez (1998, pág. 80), las escuelas difusioni stas alemanas, austriacas y británicas afirmaron repetidamente que la e scuela evolucionista decimonónica negaba la importancia de la difusión, no obstante, Trigger (1992, pág. 149), si afirma que los evolucionistas, pes e a no ser tan dogmáticos como los difusionistas, “negaban la importancia de la difusión” . Pese a tales planteamientos la transición entre ambos modelos de pensamiento fue gradual y, a veces, compartían caract erísticas y metodologías comunes. Pero poco a poco las diferencias se fueron convirtiendo en notables, llegando a ser totalmente irreconciliabl es. Como nos explica Harris (1993): Los difusionistas no sólo establecie ron la dicotomía entre préstamo e invención, sino que además neg aron dogmáticamente que invenciones similares pudieran explicar similari dades a escala mundial. (pág. 150). Del mismo modo Trigger (1992) dice: Pero dentro del marco difusionista que había empezado a surgir a partir de 1880, la capacidad humana para la innovación fue considerada tan limitada y quijotesca que los descubrimientos básicos, como la cerámica o la metalurgia del bronce, parecían no haber sido podido ser inventadas más que una vez y por tanto se recurría al difusion ismo como explicación de su expansión por todo el mundo. (pág. 149) Básicamente su propuesta consisti ó en la elaboración de lo que denominaron “áreas culturales” , los “centros culturales” , la denominada “ le y de difusión” y el método histórico-cultural. Las áreas culturales eran un recurso que gestionaba áreas geográfic as frente a las taxonomías evolucionistas y comenzaron a usarse en el American Museum Of Natural History para reorganizar sus colecciones etnográficas. Richard Wissler al que cita Harris (1993, pág. 325), en un in tento de mejorar la noción de área cultural propuso la “ley de difusión” que afirma “que los rasgos antropológicos tienden a difundirse desde sus centros de origen en todas 111 las direcciones”. En cuanto al método históric o-cultural lo formula Graebner, coincidiendo en gran medida con Schm idt (citados ambos por Marzal; 1997) se estructura sobre tres pasos: 1) la determinación de los tipos de cultura mediante el establecimiento de líneas iséticas; 2) la determinación de su distribución en el tiempo y en el espacio y, finalmente 3) la aplicación de las leyes de formación y transformación de los tipos de cultura utilizando unas reglas simples, el denominado por Graebner “criterio de forma” y que Schmidt denominó “criterio de cualidad” y el “criterio de cantidad” . Dejemos hablar a Harris (1993): Las dos reglas básicas eran muy simples y fueron aceptadas tanto por Graebner como por Schmidt. La primer a a la que Graebner llamó ‘criterio de forma’ y Schmidt ‘criterio de calidad’ sostiene que aquellas semejanzas observables entre dos elementos culturales que no sean producto de la naturaleza de esos objet os, ni del material del que estén hechos, ni de la función que cumplen, deben tenerse por resultado de la difusión, sin que sea obstáculo la distancia que pueda separar a los dos casos. A su segundo criterio lo llam an los dos ‘criterio de cantidad”, y afirma que la probabilidad de una relaci ón histórica entre dos elementos semejantes aumenta con el número de elementos adicionales entre los que pueden advertirse semejanzas; es decir, varias semejanzas prueban más que una sola. (pág. 332). 112 113 2.2.4.6. Marx, Engels y el Materialismo dialéctico Friedrich Engels, citado por Fran k Mehring (1932) habl ando en el funeral de su colaborador y amigo Carl Marx dijo: Igual que Darwin descubrió la ley de la evolución de la materia orgánica, Marx descubrió la ley de la evoluci ón en la historia humana el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la male za ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber , tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, re ligión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombr es y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo. Pero no es esto sólo. Marx descubrió también la ley específica que mueve el actual modo de producción capitalista y la sociedad burguesa creada por él. El descubrimi ento de la plusvalía iluminó de pronto estos problemas, mientras que todas las investigaciones anteriores, tanto las de los econom istas burgueses como las de los críticos socialistas, habían vagado en las tinieblas. (pág. 556) Resulta complicado estar en un acuerdo total con la frase de Engels, pero ciertamente, y de acuerdo con Harris ( 1993), la casi totalidad de los autores que se ocupan de las ciencias sociales en el siglo XX discuten sobre Marx. Inevitablemente, unos se muestran a fa vor de sus teorías y otros en contra. No obstante, no hay discusión sobre la condición de teoría general o teoría de nivel alto del marxismo, una estrategia de investigación, es decir, una regla abstracta que, como nos dice Trigger (1992, pág. 31), “explica las relaciones entre las propos iciones teóricas relevantes para el conocimiento de las categorías princi pales del fenómeno”. En el ámbito que nos ocupa, el de la cultura, las teorías generales se refieren con exclusividad a la conducta humana. Ahora bien ni nguna teoría general ha sido ac eptada universalmente por los científicos soci ales del modo en que, los biólogos han aceptado la teor ía de la evolución. Quizás, en este momento, sea 114 adecuado acudir a una de las caracter ísticas fundamentales de la investigación cualitativa y de cualquier e scrito sobre lo cultural o lo social, como dice Lamo de Espinosa (1988; Pág. 48): Tal es, con toda probabilidad, el caso de la obra de Carlos Marx. concebida por su autor como una hist oria "natural" del capitalismo, similar al origen de las especies de Darwin. Ahora bien, lo que sin duda Marx no pudo prever, y lo que sin duda di ferencia cualitativamente su obra de la de Darwin es que la naturaleza no leyó a Darwin, pero la sociedad si leyó a Marx. (pág. 48) Pero Marx llegó a establecer un pr incipio general para estructurar la historia, como afirma Harris (1993): Marx formuló un principio que era por lo menos tan poderoso como el principio darwinista de la selecci ón natural, un principio general que mostraba como se podía construir una ciencia de la historia humana. Mas ese principio no lo vislumbr ó hasta después de un largo viaje a través de la filosofía hegeliana y en medio de una carrera política consagrada a la predicación de la inmi nente revolución proletaria. Estas dos circunstancias tuvieron consecuencias nefastas para la posible fundación por Marx de una verdadera ci encia de la historia. (pág. 190). Cierto, para llegar a este punto hay que recorrer un largo camino. Marx desarrolló su pensamiento en un entorno dominado por la filosofía de Hegel que puede definirse como idealista. En su libro (1989) “ Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, ” y a lo largo de sus tr es primeros capítulos y la introducción general, Hegel establece la relación de la historia con el concepto de espíritu ( geist ), la realidad de lo racional, el concepto de evolución, su marcha, el fin de la histor ia y, por fin, la dialéctica. Castro Nogueira, Castro Nogueira y Morales Navarro (2005)nos aclaran: Lo verdadero, dice Hegel, no debe entenderse al modo de Platón o Spinoza como sustancia ideal estática e idéntica a sí misma, sino más bien como un sujeto que se autodespliega en la historia universal, revelándose en todo su esplendor, libertad y hechiz o dialécticos. El Espíritu se autoconoce y autodesarrolla merced a procesos que implican una necesidad interna que sólo puede c aptar un pensamiento dialéctico. (pág. 680). 115 Pese a la crítica de Marx al idealis mo de Hegel que no solamente se dirigió contra sus contenidos si no, fundamentalmente, co ntra su existencia puramente teórica, todo su trabajo está prof undamente impregnado de Hegel y su constante prédica de la inminente crisis del capitalismo y el advenimiento de la revolución prol etaria. Aunque dirigida contra Feuebarch, Marx y Engels (1987, pág. 109) son claros en su tesis XI “ Los filósofos se han limitado a interpretar el m undo de distintos modos. De lo único que se trata es de transformarlo”. Cualquier teoría sobre el hombre, su sociedad o su cultura ha de consoli darse como unitaria con su práctica y la ciencia social es inseparable de la acción política. Pero esa crítica al idealismo no nos permite forjarnos una idea de un Marx antihegeliano, pues incorpora el método dialéctico. En sus “Manuscritos económicos filosóficos” de 1844, concretamente en el que titula “Crítica de la dialéctica hegeli ana y de la filosofía de Hegel en general” (2001), afirma: “Lo grandiosa de la Fenomenología hegelia na y de su resultado final (la dialéctica de la negatividad como prin cipio motor y gene rador) es, pues, en primer lugar, que Hegel concibe la autogeneración del hombre como un proceso, la objetivación como des objetivación: como enajenación y como supresión de esta enajenación; que capta la esencia del trabajo y concibe el hombre objetivo, ver dadero porque real, como resultado de su propio trabajo. (pág. XXIII). 2 Así pues, para Marx la dialéctica (C astro Nogueira, Castro Nogueira, & Morales Navarro, 2005, pág. 682) es “el verdadero método (camino, en su acepción griega original) que le permite pensar la realidad física e histórico 2 El Manuscrito tercer o está contenido en un cuader no formado p or 17 fo lios (34 ho jas, 68 pági nas las últimas 23 no escritas). La numeración de Marx salta de la pág. XXI a la XXIII y de la XXIV a la XXVI. Comienza el Manuscrito con dos apén dices a un texto perdido que han sido titulado s, respectivam ente, por V. Ador atsky Pr opiedad privada y trabajo, Propie dad pri vada y c omunism o. Sigue la crítica de la Filosofía hegelia na y el Pról ogo, que aquí se ha coloca do al com ienzo. 116 social como un proceso do minado por fuerzas opuestas”. El resultado vino a denominarse, en expresión acuñada po r Plejanov (citado por Ferrater Mora; 1979), materialismo dialéctico o, abreviadamente, diamat , la expresión tendrá un sitio en la obra de Engels y se adoptará por toda la academia soviética. El materialismo dialéctico concibe literalmente la sociedad como una materia sujeta a des arrollo histórico. Ahora bien, el pensamiento marxista no se ajusta estrictamente al materialismo dialéctico, cpnstruido más bien por Engels, según Ferrater Mora (1979, pág. 2.147), “que creyó con ello no desviarse de Ma rx o, en todo caso, creyó completar a Marx”. 117 2.2.4.6.1. Ideología La extensa obra de Marx aporta su es pecial visión de la naturaleza, especialmente de la naturaleza hum ana, una virulenta crítica de la economía capitalista y una teoría organizada y sistemática sobre la sociedad, el progreso, el orden y la historia. Entre 1845 y 1846, Marx y Engels publican “ La ideología alemana” (1970) , antes de que ambos autores utilizara el término, éste se refería, según el uso de que él hicieron los denominados ideólogos de la Ilustración francesa, a la clasificación de ideas. Marx y Enge ls denominan ideología a una compilación de creencias que int entan explicar al mundo y a los hombres que lo ocupan orientando, al mismo tiempo, su conducta a partir de determinados valores que la sociedad admite como correctos. Pero en un aparente juego contradictorio la c onciben como falsa conciencia que produce una imagen falsa de la auténtica realidad. Esta falsa imagen está producida por el interés de la clase dom inante para mantenber su situación de dominio, pues, en cualquier sociedad, son la ideas que la clase dominante desea las que se imponen. En “ La ideología alemana” (1970) explican: La producción de las ideas y representac iones de la co nciencia aparece al principio directamente entrelazada con la actividad material y el comercio material de los hombres co mo el lenguaje de la vida real. Las representaciones, los pensamientos, el comercio espiritual de los hombres se presentan todavía, aquí, como emancipación directa de su comportamiento material. Y lo mismo oc urre con la producción espiritual, tal y como se manifiesta en el lenguaj e de la política, de las leyes, de la moral, de la religión, de la metafí sica, etc., de un pueblo. Los hombres son los productores de sus representac iones, de sus ideas, etc., pero los hombres reales y actuantes, tal y como se hallan condicionados por un determinado desarrollo de sus fuerzas productivas y por el intercambio al que él corresponde, hasta llegar a sus formaciones más amplias. La conciencia no puede ser otra cosa La conciencia no puede ser nunca otra cosa que el ser consciente, y el ser de los hombres es su proceso de vida real. Y si en toda la ideol ogía los hombres y sus relaciones aparecen invertidos como en la cámara oscura, este fenómeno responde 118 a su proceso histórico de vida, como la inversión de los objetos al proyectarse sobre la retina responde a su proceso de vida directamente físico. Totalmente al contrario de lo que ocurre en la filosofía alemana, que desciende del cielo sobre la tierra , aquí se asciende de la tierra al cielo. Es decir, no se parte de lo que los hombres dicen, se representan o se imaginan, ni tampoco del ho mbre predicado, pensado, representado o imaginado, para llegar, arrancando de aquí, al hombre de carne y hueso; se parte del hombre que real mente actúa y, arrancando de su proceso de vida real, se expone tamb ién el desarrollo de los reflejos ideológicos y de los ecos de este proceso de vía. También las formaciones nebulosas que se condensan en el cerebr o de los hombres son sublimaciones necesarias de su proceso material de vida, proceso empíricamente registrable y sujeto a condiciones materiales. La moral, la religión, la metafísica y cualqui er otra ideología y las formas de conciencia que a ellas corresponden pi erden, así, la aparienc ia de su propia sustantividad, no tienen su propia historia ni su propio desarrollo, sino que los hombres que desarrollan su producción material y su intercambio material cambian tambi én, al cambiar esta realidad, su pensamiento y los productos de su pensam iento. No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia. Desde el primer punto de vista, se parte de la conciencia como del individuo viviente; desde el segundo punto de vi sta, que es el que corresponde a la vida real, se parte del mismo indi viduo real viviente y se considera la conciencia solamente como su conciencia. (págs. 25-27) He reproducido un texto tan am plio por varios motivos, por la influencia que tuvo en el posterior desarrollo de las ciencias sociales, porque nos acerca a la comprensión de las característica s de la ideología y su conciencia y porque permite, por la descripción tan amplia que hacen Marx y Engels, identificar cultura con ideología. Realmente la gran aportación del marxismo al ámbito de la cultura es su configuración como un producto de la s relaciones de producción, es decir está condicionada por el modo de pr oducción de la sociedad que la genera. Igualmente queda fijada como “ sistema de orden” de acuerdo con la segunda traslación metafórica del concepto que, iniciada su comprensión en la Francia de la Ilustración, permite el mantenimient o de un sistema que hace perdurar las condiciones de desigualdad en las sociedades. 119 2.2.4.7. El concepto de cultura a finales del siglo XIX. Aproximaciones a la ciencia, conflictos etnográficos A finales del siglo XIX la presencia de la etnicidad en los intereses y en los trabajos de los autores que se relacion aban con la cultura estimuló el enfoque histórico-cutural y el naciente re lativismo. Es el momento en que comienzan a aparacer definiciones que utiliza n la descripción en su concepto de cultura. Estos elementos descriptivos están presentes en la mayoría de los autores decimonónicos. Gustav Klemm, al que ya cité al hablar del desarrollo de la Ilustración en Alemania, inició con los diez tomos de su “ Allgemenie Cultur-Ge schichte der Menscheit ” el camino para definir el campo científico del concepto de cult ura. Aplicó su concepto de cultura a las costumbres de sociedades aisl adas, muy cohesionadas, con formas de vida de lenta evolución y con base económica en la agricultura, por contraste con el concepto de civilizaci ón construido por la Ilustración, con un ritmo evolutivo rápido. Edward Burnett Tylor, a quien rec oge Khan en su libro (1975), en 1871 publicó en “ Primitive Culture ” una de las definiciones más aceptadas y extendidas de cultura: La cultura o civilización, en sentido etnogr áfico amplio, es aquel todo complejo que incluye el conocimiento, la s creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre en cuanto miembro de la sociedad. La situación de la cultura en las diversas sociedades de la espec ie humana, en la medida en que puede ser investigada según principios generales, es un objeto apto para el estudio de las leye s del pensamiento y la acción del hombre. (pág. 15) Si bien es cierto que Tylor conocía y se apoyaba en la obra de Klemm el gran logro de Tylor fue convertir a la cu ltura en objeto sistemático de estudio científico. Con un enfoque globalizar comtempla a la cultura como un 120 sistema procesual y, al mismo tiempo, recorre el camino que llevará a la total pérdida del sentido jerárquico de la cultura y a una visión partitiva de las culturas individuales como todos complejos que se transmiten de generación en generación. Es curiosament e la misma visión que transmiten los difusionistas, por lo que se puede co mprobar que no existía tanta lejanía con los evolucionistas como Tylor. Pero su procedimiento analítico de est udio de la cultura es exc esivamente descriptivo, consistía en una profunda disección de la misma hasta obtener el mayor número posible de detalles. Una vez obtenidos estos se procede a una clasificación que además permitirí a fijarla en una graduación del nivel de civilización (Tylor E. , 1975, pág. 15) “sus distintos grados deben considerarse etapas de desarrollo o evolución” , lo que nos permite incluir a Tylor dentro del darwinismo social. También es evidente el uso del “método comparativo” que Tylor desarrolló en un trabaj o public ado en 1889 y en el que uso una amplia muestra de más de 300 culturas. Aplicó por tanto una base estadística al método compar ativo, intentando calcular las probabilidades de “adhesión” , según su propia terminología, sobre las leyes de matrimonio y descendencia. Es evident e que, por su propia formacióny la pertenencia a su época Tylor estuvo cerca del determinismo racial. Ahora bien existe una clara contradicci ón en sus escritos, si en “Primitive culture”, citado por Harris (1993, pág. 120) se muestra radicalmente avanzado al proponer “eliminar la consideración de las variedades hereditarias o las razas humanas y tratar a la humanidad como homogénea”, en “ Anthropology” el primer libro de texto escr ito sobre la materia nos habla de la especial capacidad de la raza blanc a para llevar adelante la labor civilizadora. R. H. Lowie, cit ado por Mercier (1995) nos dice: No puede ser mayor-[…]- el servic io que Tylor ha prestado a la antropología al separar la escoria del oro de los antiguos cronistas, recuperando de esta forma un sólido conjunto de datos acerca de los aspectos y períodos de la civilización. (pág. 41). 121 2.2.5. El siglo XX o el fi nal de la modernidad. Un siglo que no es un siglo A finales del siglo XIX las distintas di sciplinas que tienen a la cultura como elemento clave se fueron formalizando como cienc ias nutriéndose de las viejas perspectivas de la Ilustración, la Contrailustración o el Romanticismo. Ahora bien, cada generación intent a una modernización del lenguaje del debate para adaptarlo a la te rminología y a las escuelas científicas de su época tal y como afirma Kuper (2001): […] evolucionismo a finales del sigl o XIX, organicismo a principios del siglo XX, la relatividad durante los años veinte…Hoy, tropos extraídos de la genética compiten con la jerga de la teoría literaria contemporánea. (pág. 28). Durante el siglo XIX los grandes te mas que se gestaron en la visión ilustrada soportaron el positivismo, el materialismo y el utilitarismo, conviertiéndose, ya en el siglo XX, en la idea de una civi lización universal de carácter científico y progresista que propició el neopositivismo del Círculo de Viena y que reflej a la publicación con la que ingresan en la vida pública “ La concepción científica del mundo: el Círculo de Viena” , firmada por Hans Hahn, Otto Neurath y Rudol f Carnap (Asociación Ernst Mach, 2002): Toda rama de la ciencia, como hemos considerado especialmente en la física y la matemática, es llevada ta rde o temprano en su desarrollo a la necesidad de una revisión epistemol ógica de sus fundamentos, a un análisis lógico de sus conceptos. Así también ocurre con los ámbitos de la ciencia sociológica, en primer lugar la historia y la economía política. Ya desde hace alrededor de cien años está en marcha en estos ámbitos un proceso de eliminaci ón de vestigios metafísic os. Por supuesto, la purificación aquí no ha alcanzado t odavía el mismo grado que en la física; por otro lado, sin embargo, es quizás aquí menos urgente. Parece que aun en el período de máximo desarrollo de la metafísica y de la teología, la influencia metafísica no fue particularmente fuerte aquí, debido quizás a que los conceptos en este ámbito, tales como guerra y paz, importación y exportación, están más cerca de la percepción directa 122 que conceptos como átomo y éter. No es muy difícil abandonar conceptos tales como “espíritu del puebl o” y en vez de ellos elegir grupos de individuos de un tipo determinado como objeto. Quesnay, Adam Smith, Ricardo, Comte, Marx, Menger, Walras, Müller-Lyer, para mencionar investigadores de las má s diversas tendencias, han trabajado en el sentido de la posición empirista y antimetafísica. El objeto de la historia y de la economía política son las personas, las cosas y su ordenamiento. (pág. 121). La cultura suponía un freno, una barrera para la definitiva modernizació, un “ último recurso explicativo” (Kuper, 2001, pág. 22) para justificar conductas aparentemente irracionales, esa “ stickiness” , esa pegajosidad de la que hablan los teóricos de la elección raciona l. Pero la firma creencia en que la civilización acabaría por imponerse a las tradiciones locales, menos eficientes, se enfrentaba a una realidad distinta: la resistencia de las subculturas paralizaba proyectos de desarrollo. Una cultura y unas tradiciones que eran el refugio de los ignorantes o el instrumento de los poderosos para salvaguardar sus privilegios. Desde el punto de vista opuesto, el que nace de la Contrailustración, el camino que se recorre es distinto, se construye desde el idealismo, el historicismo de la relatividad cultural , la hermenéutica, para finalizar en lo que hoy denominamos políticas de identidad. Ciertamente la cultura siempre se c onstruye en oposición a algo y en el siglo XX se genera una nueva oposición que supera la vieja divis ión entre cultura y naturaleza, generada tras el maremoto de Lisboa de 1755. A partir de ahora se separa la conciencia colectiva, la cultura, de la psique individual construyendo la última dicotomía cu ltura-sociedad. Será cultura todo aquello que no forma parte de las estr ucturas económicas de decisión y de poder, por cuanto se identifican con la dimensión ideológica de la vida comunitaria frente a la organización del gobierno, el trabajo o la familia. Norbert Elias enel primer volumen de su excelente obra “ El proceso de la civilización” aborda las diferencias entre la noción alemana de cult ura y la 123 francesa civilización. En la c onc epción alemana de cultura, su Kultur (1988, pág. 4) se refiere “esencialmente a hechos intelectuales, artísticos y religiosos. [.. los alemanes ] trazan una nítida línea divisoria entre este tipo de hechos, por un lado, y los hechos políticos, económicos y sociales, por el otro”. Ha sido pues la tendencia de la Contrailustración la que ha inspirado este intento de especializac ión, de acotación del concepto de cultura. Por otra parte, como ya vimos ant eriormente, a medi ados del siglo XX comienza a generarse literat ura en el seno de la otra dicotomía sociedad- cultura, fundamentalment e en autores como Linton, Bourdieu o Braudrillard (citados por García Canclini; 2004) que intentan establecer definiciones de cultura que se limitan a los valores símbolo y signo, permitiendo separar, en sus planteamientos, lo so cioeconómico de lo cultural. El marxismo seguía ocupando su espacio en el inicio de la segunda mitad del siglo. Paramio (1993), no obstante, relata que para un gran número de filósofos de la ciencia el psicoanálisis y el marxismo eran ejemplos de falsas ciencias. Paradógicamente: el marxismo atravesaba una fase de hegemonía cultural en los países de la Europa y la América latinas, y había comenzado un notable auge en los medios académicos anglosajones. Y a la vez, sin embargo, nunca había sido tan claro que esta hegemonía y este auge coincidían con un completo caos respecto a lo que pudiera entenderse por marxismo. Las más dispares interpretaciones filosó ficas se pretendían marxistas, y un número considerable de autores se atribuían además la única interpretación ortodoxa de la her encia de Marx, con resultados francamente heterogéneos. El diagnóstico lógico era, por tant o, que el marxismo se había convertido en un sistema de valores y creencias, o, hablando de forma más precisa, en un conjunto de sist emas que sólo co mpartían el anticapitalismo (pág. 552). 124 125 2.2.5.1. Cultura como concepto científico La construcción del concepto sobre cultura vió, en el siglo XX, los intentos realizados fundamentalm ente, desde la antropologí a, para ident ificar un paradigma científico que “ organizara el saber sobre la cultura ”, en opini´ño n de García Canclini (2004, pág. 30), coincido con él en que la postmodernidad y su “ pensamiento débil ”, junto al relativismo epistemológico ha debilitado aquella pretensión de universalidad del conocimiento científico y su lenguaje que mo stró el positivismo lógico de la mano del primer Witggenstein, Russel y el Circulo de Viena citados por Castro Nogueira, Castro Nogueira, y Morales Navarro (2005). Por otra parte, según García Canclini (2004): La propia pluralidad de cult uras contribuye a la diversidad de paradigmas científicos, en tanto condiciona la producción del saber y presenta objetivos de conocimiento con confi guraciones muy variadas. (pág. 30) Ciertamente la cuestión se torna compleja cuando además el concepto en juego, como es el de cultura, tiene una larga historia precientífica como estamos comprobando, iniciando su re lación con la ciencia como objeto sistemático de estudio tras el em puje dado por Tylor a su estudio. En una extensa obra Kroeber y Kluckhohn (1952) agrupan en seis diferentes grupos las 164 definiciones de cultura que analiz aron, afirmando que lo que caracterizaba a cada grupo era la diversidad de los aspectos elegidos como rasgos definitorios: definiciones descr iptivas, históricas, normativas, psicológicas, estructurales y genéticas. A finales del siglo XX John Bodley ( 2011)) realiza una nueva clas ificación y fija ocho tipologías de definici ones en virtud de sus contenidos. 1) Tópica: La cultura se basa en una serie determinada de tópicos o categorías como la organización soci al, la economía o el sistema de relaciones familiares. 126 2) Histórica: La cultura se construye mediante la endoculturación, es decir el proceso que transmite las formas de pensar, conocimientos, costumbres y reglas de la generación más antigua a la nueva. 3) Comportamental: La cultura es el comportamiento compartido por el grupo humano que vive del mismo modo. 4) Normativo: La cultura se refiere a lo s ideales, los valores y las reglas comunes que se utilizan en la vida diaria de la sociedad . 5) Funcional: La cultura consiste en la manera en que los grupos humanos solucionan los problemas de adaptación. 6) Mental: La cultura reúne un comp lejo de ideas y los hábitos aprendidos, que inhiben impulsos. 7) Estructural: La cultura consiste en ideas, símbolos, o comportamientos, modelados o pautados e interrelacionados. 8) Simbólica: La cultura se basa en los significados aleatorios y arbitrarios que se asignan por la sociedad y que son compartidos por sus miembros. No quiero terminar el apartado sin hacer referencia a la obra de Marvin Harris y a su libro “ Teorías sobre la cultura en la era postm oderna” (Harris, Teorías sobre la cultura en la era posmoderna, 2000a) que nos dice: El único ingrediente fidedigno que contienen las definiciones antropológicas de la cultura es de tipo negativo: la cultura no es lo que se obtiene estudiando a Shakespear e, escuchando música clásica o asistiendo a clases de hi storia del arte. Más a llá de esta negación impera la confusión. Para algunos antropólo gos, la cultura consiste en los valores, motivaciones, normas y contenidos ético-morales dominantes en un sistema social. Para otros, la cultura abarca no sólo los valores y las ideas, sino todo el conjunto de in stituciones por las que se rigen los hombres. Algunos antr opólogos consideran que la cultura consiste exclusivamente en los modos de pensamiento y comportamiento aprendidos mientras que otros atribuyen mayor importancia a las influencias genéticas en el repertorio de los rasgos culturales. Por último, unos opinan que la cultura consiste exclusivamente en pensamientos o ideas, mientras que otros defi enden que consta tanto de los pensamientos e ideas como de las actividades anejas a los mismos. (pág. 17). 127 Personalmente opino que en estos momentos, no se puede establecer la definición de cultura en términos excl usivamente ideacionales y, quizás, como a posteriori estableceré, me in clino por considerar la cultura una suerte de matriz de elección que da sentido a la actuación de los individuos en una sociedad. 128 129 10) 2.2.5.2. Relativismo y particularismo histórico. Boas La definición de Tylor fue retomada y reelaborada, con más o menos añadidos y aciertos, por numerosos aut ores, fundamentalmente británicos y americanos. Será en las universidades de Estados Unidos donde comience una tendencia que marcará la historia de la cultura durante gran parte del siglo XX: el relativismo. Es ta posición viene a romper la línea argumental del evolucionismo de Mo rgan (Valdés Gázquez, 1998) y supone un cambio completo respecto a la defin ición de Tylor. La figura central de la escuela del particularismo histórico es Franz Boas. Ya a finales del siglo XIX, en 1887, Boas debat e con Otis Mason (citado por Trigger; 1992) sobre el criterio de exposición museológica de los materiales que se estaban acumulando en los museos norteamer icanos. En su opinión debían ser expuestos según áreas geográficas y no por secuencias evolutivas, siguiendo, en cierto sentido, los cr iterios difusionistas de las áreas culturales como explica en su Libro “ Franz Boas: textos de antropología ” (2008), concretamente en el capítulo que titula “ Los principios de la clasificación etnológica” . Este texto supone un pr imer cuestionamiento de las teorías evolucionist as al que acompañó “ Las limitaciones del método comparativo”, otro capítulo de su libro, una cr ítica y un cambio de finalidad en el método, más cercano al difusion ismo que al darwinismo social. Lo primero que Boas se plantea es la nec esidad de separar lo s ejemplos de convergencia de los de evolución paral ela, al mismo tiempo afirmaba la existencia de (Harris, 1993; Pág. 224) “ muchas y notables semejanzas culturales que no podían explicarse por difusión”. No es posible construir un gran sistema de evolución que incluy a a toda la humanidad en diferentes etapas de una única fórmula de desarrollo. Ahora bien, no se puede afirmar que Boas fuera antievolucionista, simp lemente entendía que la difusión estaba más extendida que la invención independiente. La evolución de las 130 diferentes culturas de los pueblos er an un problema histórico y como tal debía ser tratado. Con ese sin se dis puso a desarrollar un nuevo método: el histórico . El método consistía en realizar un estudio detallado de la forma de vida y, a ser posible, la historia del grupo humano obj eto de estudio, compararlo con un estuio similar de los grupos vecinos dentro de las mismas áreas geográficas y, finalmente, intentar buscar leyes del desarrollo cultural. Pese a la búsqueda nom otética en el método histórico Boas era especialmente escéptico sobre su descubrimiento, aunque esto no signifique que, como nos dice Harris (1993): Que […] se erigiera conscientemente en defensor de la preposición de que en la historia no existen regul aridades, sino más bien que era consciente de que el alcance de las regularidades se había sobreestimado groseramente. (pág. 225) Boas afirma (1993): Un estudio detallado de la s costumbres en su relación con la cultura total de la tribu que las practica, en cone xión con una inv estigación de su distribución geográfica entre las tribus vecinas, nos suministra casi siempre un medio para determinar con considerable exactitud las causas históricas que condujeron a la formac ión de las costumbres en cuestión y a los procesos psicológicos que actuaron en su desarrollo. Los resultados de las investigaciones c onducidas a través de este método pueden ser triples. Pueden revelar las condiciones del medio ambiente que han creado o modificado los elementos culturales; pueden aclarar factores psicológicos que actúan en la formación de la cultura; o pueden mostrarnos los efectos que las conexio nes históricas han tenido sobre el desarrollo de la cultura. (págs. 31-32). Una vez establecido el método históric o, a finales del si glo XIX, momento en el que se produjeron los primeros ac ercamientos a la conceptualizac ión científica de cultura, y en un entorno que comienza a cambiar Franz Boas desarrolla su propia definición del concepto de cultura que supondrá un cambio cualitativo respecto a los iniciales conceptos descriptivos (Boas, Cuestiones fundamentales de la antropología cultural, 1965): 131 Puede definirse la cultura como la totalidad de las reacciones y actividades mentales y físicas que caracterizan la conducta de los individuos componentes de un grupo social , colectiva e indiv idualmente, en relación a su ambiente natural, a otros grupos, a miembros del mismo grupo y de cada individuo hacia sí mism o. También incluye los productos de estas actividades y su función en la vida de los grupos. La simple enumeración de estos varios aspectos de la vida no constituyen, empero, la cultura. Es más que todo es to, pues sus elementos no son independientes, poseen una estructura. (pág. 166). De un concepto como el de Tylor que nos presentaba a la cu ltura, siguiendo la línea de los evolucionistas, como singular, uniforme, progresiva y universal, avanzamos hacia la visión que re fleja Boas como plural, histórica, integrada y relativa. Es evidente el aban dono de la cult ura jerárquica y se impone la visión de múltiples culturas , muchas de ellas conectadas y, mutuamente, influenciadas. Como afirma Xon de Ros (de Ros, 2007): En su obra “The primitive mind” de 1911, Boas va a sentar las bases de un nuevo paradigma metodológico y teórico en los estudios antropológicos que tendrá también una influencia decisiva no sólo para el futuro de la disciplina, sino también, fundamental mente, para la concepción moderna del primitivo y par a el estudio de la cultura en general. Rechazando el determinismo biol ógico y las jerarquías raciales en las que se asentaba la práctica etnográfica de sus predecesores, Boas propone una definición de cultura en términos de tradición, usos y costumbres que rompe con la interpre tación de la tradición humanista, y con las nociones de superioridad e inferioridad del desarrollo evolucionist a. Desde este enfoque todas las culturas son en sí mismas propiamente civilizadas. (pág. 66). Boas, nacido alemán y formado en Alemania, fue influido por Adolf Bastian, citado por Kuper (2001), pr imer director del Mus eo de Etnología berlinés y componente de la corriente del difusionis mo alemán. Para Bastian las culturas eran híbridos en permanente cambio. El préstamo, la difusión, es el mecanismo primario del cambio cultural y eran consecuencia de procesos locales por lo que no son posibles los patrones fijos de desarrollo que planteaba la teoría evolutiva. 132 Del mismo modo, Boas y sus seguidores consideraban que es la cultura la que nos conforma como somos, no la biol ogía. Es el escenario cultural de nuestro desarrollo el que se impone y por tanto, la raza o el género son construcciones culturales no condici ones naturales inmutables. Como afirma Martínez-Hernáez (2011, pág. 873 )) la relación entre el individuo y la cultura se configura como un ‘determinism o cultural del comportam iento’. 133 2.2.5.3. Funcionalismo. Funcionalismo-estructural Una de las características fundament ales del funcionalism o es que conceptualmente la cult ura no es un simple ensamblaje de rasgos mezclados, sino un conjunto holístico de elementos complejos que constituyen mecanismos interdependiente s unos de otros. Las instituciones sociales están en conexión con el rest o de los patrones culturales, y así, todo patrón de cultura se reflejará en ot ro y dos culturas que integran de modo distintos los rasgos análogos son, en realidad totalmente distintas. Por tanto, se puede afirmar que la sociedad es un todo integrado El término “ funcionalismo ” se halla unido al nombre de Bronislaw Malinowski. Éste, en efecto, intentó definir toda la realidad socio-cultural a partir de la teoría desarrollada bajo este nombre, si bien él tendía a exagerar sus propios méritos, sería injusto el minimizarlos. Esto es lo que parece hacer R.H. Lowie al rendirle hom enaje (citado por Mercier, 1995): En breve, apenas se podrá decir que él sea el padre o el único interprete del funcionalismo. Nosotr os saludamos con alegría a su más claro y persuasivo heraldo. Otros han practicado o profesado esta fe: él ha hecho las dos cosas. (págs. 131-132) Tanto es así que, Radcliffe-B rown (1974, pág. 215)afirma: “Esta Escuela Funcional no existe realmente; es un mito inventado por el profesor Malinowski.” Pero verdaderamente, el hecho existía antes que la palabra, y desde que surgieron estudios sociales, gran número de investigadores habían presentido, y algunos habían dic ho que un hecho no puede ser interpretado sin tener en cuenta, si no todos los demás, por lo menos todos los que están en conexión con el mismo. Este f ue un tema menor, aunque en algún caso revistiera mayor importancia, del evol ucionismo del siglo XIX. En la época en la que Malinowski comenzó sus trabajos la idea estaba, en expresión de 134 Mercier (1995, pág. 132) “ en el aire” , y Franz Boas, a lo largo de su obra, había señalado su importancia. La noción de función y la de integración social estaban presentes en la obr a de Durkheim (2007), aunque Malinowski (1970) las haya utilizado en posiciones más sistemáticas. Durkheim planteó en “ Las reglas del método sociológico” (2005) que la sociedad se compone de diversas instituciones, con su función específica, que se integran sistémicamente y de forma similar a los seres vivos, con órganos especializados, y, del mismo modo, que un ser vivo puede enfermar una so ciedad puede caer en anomia. Pero lo cierto es que Durkheim no contempl aba la cultura como objetivo de estudio sino los hechos sociales, pese a ello, ejerció una notable influencia sobre las escuelas británicas y nort eamericanas de cultur a. Marcel Mauss (1970-72), sobrino y colabor ador de Durkheim, puso en primer plano la idea de totalidad. En palabras de Harris (1993): Aunque a muchos lectores les pare cerá autoevidente, no dejaremos de señalar que Marx y Engels se apoy aban en un modelo «funcionalista de la vida sociocultural. Esto en sí mismo no tiene nada de sorprendente: Comte, Spencer y Morgan fueron también funcionalistas mucho antes de que los difusionistas alemanes y los boasianos dieran a Malinowski pretexto para suponer que la idea de que las partes de la cultura están interrelacionadas tenía algo de nuevo. (pág. 205) En los años comprendidos entre las dos guerras mundiales fueron puestos de relieve por muchos autores los temas “ funcionalist as ”. Thurnwald en su obra “ La economía de las comu nidades primitivas” (1937) nos presenta un trabajo realizado antes que el de Malinowski, y en el que insistía sobre las interrelaciones entre todos los órdenes de hechos. Sin embargo, fue Malinowski el animador de la revolu ción funcionalista. Las posiciones teóricas de Malinowski fueron rápi damente contrarrestadas pero cambió profundamente el concepto de la invest igación y el trabajo de campo. Malinowski, citado por Mercier (1995) as umió dar forma teórica a todas las sugestiones y experimentos realizados con anterioridad o que se estaban 135 ejecutando todavía, defin iendo el análisis func ional que tendrá como objetivo: La explicación de los hechos antropológicos, en todos los niv eles del desarrollo, por su función, por el papel que juegan dentro del sistema total de la cultura, por el modo de es tar unidos entre sí en el interior de este sistema, y por la manera que este sistema está unido al mundo físico. La identidad real de una cult ura parece reposar en la conexión orgánica de todas sus partes, sobre la función que tal detalle realiza en el interior de su sistema, sobre las relaciones entre el sistema, el medio y las necesidades humanas. (pág. 132) El término “ orgánica ” en relación con “ función ” es importante para el desarrollo de la teoría funcional de la cultura de Malinowski, y es también el más vulnerable. La nueva corriente a la que da forma Malinowski fue denominada inicialmente “ organicismo ”, en un sentido evident emente distinto del que traslad aban las viejas teorías. La función, en este aspecto más simp le y básico de la conducta humana, puede ser definida como la satisfacción de un impulso orgánico por medio del acto apropiado. Como es obvio, forma y función están inextricablemente relacionadas. (M alinowski B. , 1970, pág. 90) Efectivamente, el punto más débil de la teoría que construyó Malinowski a través de sus obras ha sido, afort unadamente, construido después , y puede ser separado del conjunto sin per judicarlo, se trata de la “teoría de la necesidad ” aunque que llegó a considerarla la bas e de su edificio. Éste tiene la ventaja de postular la unidad del hombre manteniendo bajo control los determinismos geográficos. Pero los inconvenientes son importantes: parte de la constatación de que los hombres tienen necesidades universales, y la cultura es el medio que permite satisfacerlas; existe una respuesta cultural para cada necesidad. El hombre resuelve sus problemas culturalmente. Si podemos llegar a establecer qué son las diversas necesidades, cuáles de ellas son fundamentales y cuáles contingentes, cómo se relacionan y cómo surgen estas última s, podremos definir la función más 136 precisa y comprensivamente, y mostrar la importancia real del término. (Malinowski B. , 1993, pág. 181). Para Malinowski, una cultura debe ser considerada como una totalidad coherente, no pudiendo en ningún caso ser interpretados separadamente todos los aspectos que presenta. Tal método debía conducir al desarrollo de investigaciones más intensivas que la s realizadas hasta entonces. El fin perseguido había de ser el conocimiento de la totalidad cultural. Igualmente el simbolismo, fundamental mente el lenguaje, se constituye como un elemento esencial en la confi guración del concepto funcionalista de cultura. Malinowski en “ El grupo y el individuo en el análisis funcional” (1993) afirma: El simbolismo hizo su aparición c on las primeras apariciones de la cultura humana. Es en esencia es a modificación del organismo humano que le permite transformar el impulso fisiológico en un valor cultural. (pág. 295). Malinowski en “ La cultura” (1975, pág. 67) descri be la cultura como “ una realidad instrumental que ha aparecido para satisfacer las necesidades del hombre que sobrepasan la adaptac ión al medio ambiente”. Vistos, pues, los elementos que arti culan el concepto de cultura del funcionalismo: el concepto de función, su estructura sistémica, la teoría de la necesidad, el simbolismo y, finalm ente su carácter instrumental. Ahora bien, quiero introducir un elemento a mi parecer esencial y es su incapacidad para realizar análisis diacr ónicos. El análisis funcionalista del siglo XX es siempre exclusivamente sincrónico: Por otra parte, Marx y Engels com partían con Comte, Spencer y Morgan un funcionalismo totalmente compat ible con y de hec ho deliberadamente subordinado a un interés por el ca mbio. El contraste aquí es marcado con los funcionalistas del siglo xx, capaces sólo de análisis sincrónicos. En relación con esto hay un aspecto del funcionalismo de Marx y Engels que merece comentario especial: la concatenación economía-estructura 137 social-ideología es un modelo causal, a la vez diacrónico y sincrónico, que proporciona una base para discernir qué partes del sistema son más o menos influyentes, más o menos persi stentes. (Harris, 1993, pág. 206). 138 139 2.2.5.3.1. Escuela de cultura y personalidad Reflejo de su nombre, su centro de inte rés se fija en las relaciones entre la cultura y el individuo articulándos e en las relaciones del particularismo histórico con corrientes dominantes de la psicología y el psicoanálisis. Mientras el mundo vivía el intervalo entre las dos grandes guerras, el particularismo histórico y el progres ivo alejamiento de las nociones de causalidad y evolución interactuaron c on las doctrinas de Sigmund Freud, fundamentalmente las relacionadas con la cultura que expone en “Tótem y tabú” (2000) y en “El malestar en la cultura” (2005). Esta relación no podía ser pacífica y como nos dice Harris (1993): Con el tiempo, la tendencia de la antr opologí a al mentalismo y al estudio de lo individual le hiz o pasar por encima del fisicali smo de Freud, aunque ello no ocurrió antes de que las dos escuelas sufrieran drásticos cambios: los freudianos renunciaron a su evolucionis mo y sustituyeron sus complejos instintivos universales por el relativismo cultural, mientras que los boasianos por su parte dejar on a un lado su insistencia en la historia y en la difusión. El re sultado podría llamarse la versión americana del funcionalismo sincr ónico: cultura y personalidad. (pág. 340). La escuela de cultura y personalidad de sarrolló sus teorías a lo largo de tres fases temporales: prefreudi ana, freudiana y otra que se puede denominar “ nuevas tendencias ”. Uno de los elementos claves, en el que todos los componentes de la escuela en todas sus fases coinciden, es que las investigaciones, los trabajos et nográficos que se lleven a cabo deben ser significativos para la población est udiada. Ahora bien, este enfoque no es exclusivo de la esc uela, es anterio r en el tiempo y la gran mayoría de los defensores del planteamiento “ emic ” de investigación, Boas, Lowie o Nadel (Harris, 1993), como l os más represent ativos, no pertenecen a la escuela. El lenguaje común de los estudios e investigaciones que utiliz aba, en las décadas iniciales del siglo, una me zcla de términos socioculturales y 140 psicológicos fue dando paso a una elecci ón consciente a favor del lenguaje psicológico. Se puede, en alguna medida, describir lo s planteamientos de la escuela, como formas psicológicas de funcionalismo que int entan relacionar las creencias y las prácticas culturales con la personalid ad en un proceso de interactuación permanente. Así, las ex periencias de la infancia influirán profundamente en la formación de un tipo básico de personalidad adulta de carácter nacional y en la configuraci ón de las instituciones culturales. Por tanto, buscaban identificar no sólo los ra sgos o patrones culturales más relevantes que definen una cultura sino también ciertos modelos de personalidad que caracteriz aban a dicha cultura. U na personalidad típica era lo que prevalecía entre la gent e de una sociedad dada, debido a la cultura que compartían, también cr eían que las diferencias entre las culturas correspondían a diferencias de tipo de personalidades que se presumía eran típicas o prevalec ientes en esas culturas. Las personalidades típicas han sido concep tuadas alternativamente como " personalidad configuracional ", " estructuras de caracteres ", " personalidad básica o modal " y el “ carácter nacional " .Sin embargo, en esta búsqueda, los miembros de esta escuela elude n analizar por qué tales modelos nacionales de personalidad tienen lugar en algunas culturas y en otras no. Intentando afirmar esa línea de pensamiento se llevaron a cabo estudios sobre el carácter nacional (Harris, 1993) de Estados Unidos, Inglaterra y Francia, que realizó Gorer, de Japón por Benedict y, de nuevo, Estados Unidos, éste realizado por Mead, aunque todos han sido cuestionados por el uso de una metodología poco ortodoxa. Otros dos estudios se hicieron particularmente famosos al intentar rela cionar las formas de crianza de los niños con la personalidad modal de los adul tos y las instituciones c ulturales. Los dos tuvieron origen en el grupo centrado en torno a Mead, Benedict y Geoffrey Gorer, y los dos fuer on producto de las presiones de la segunda guerra mundial y de la guerra fr ía y tuvieron co mo objetivo el 141 mejorar el conocimiento que los combat ientes tenían de sí mismos y de sus enemigos. (Harris, 1993, pág. 384). El primero relacionaba los hábitos de limpieza que se les imbuían a los niños japoneses con su supuesta pers onalidad compulsiva. Gorer, citado por Harris (1993), afirmaba que tales hábitos de limpieza explicaban: el contraste entre la general gentile za y amabilidad de los japoneses y de la vida japonesa, que de siempre ha encantado a pr ácticamente todos sus visitantes, y la brutalidad y el sadismo de los japoneses en la guerra. (pág. 384) Curiosamente Benedict en su libro sobre Japón “ El crisantemo y la espada. Patrones de la cultura japonesa” (2007) habla sobre los hábitos de limpieza pero relacionándolos únicamente con su sentido del orden. Otro de los estudios de Gorer, en este caso realizad o junto a Rickman, relacionaba la costumbre de los grandes rusos de fajar fuertemente a los niños durante nueve meses con per sonalidades maniaco-depresivas. El objetivo básico de los dos estudios er a mostrar que la experiencia de los cinco o seis primeros años tiene una in fluencia crucial en la formación de la personalidad y los tipos modales nacionales. Fueron dos alumnas de Boas las que dier on impulso a la escuela de cultura y personalidad: Ruth Benedict con su “ Patterns of culture ”, traducida al español como “ El hombre y la cultura ” (1944) y Margar et Mead, que también fue alumna de Benedict, con “ Coming of age in Samoa”, traducida al español como “ Adolescencia, sexo y cultura en Samoa ” (1993). La contribución más importante de B enedict fue su argumento para el estudio de culturas completas, que llamó configuracionalista. Cada cultura, afirmaba, es moldeada en una forma o mo delo único, es decir, se organiza alrededor de una ethos cultural centra l y, consecuentemente, es una configuración o totalidad integrada. Aunque los mi embros individuales en esas culturas pueden diferir en sus per sonalidades, el sistema cultural tiende a empujarlos hacia un tipo ideal de personalidad. Aquellos cuya 142 personalidad es más compat ible con el ideal cultural debieran ser los más felices y los que mejor se ajustan a la sociedad. Por su parte, Mead definió la cultura como un comportamiento aprendido, poniendo especial énfasis en el est udio de las instituciones de la transmisión cultural intent ando un análisis diacrónico. Se puede, pues, en alguna manera resu mir las aportaciones de la escuela al estudio de la cultura en varios elementos claves: -Rechazo de la causalidad y de la evolución. -Interpretación psicol ógica de las culturas. -Configuración de personalidades modales. -Importancia de la pr imera socialización. 143 2.2.5.3.2. Funcionalismo-estructural Martínez Veiga (2013) nos dice que R adfcliffe-Brown comenzó su trabajo al mismo tiempo que Malinowski. En 1922 se publicaron dos libros fundamentales para la comprensión de la sociedad y la cultura “ The Andaman Islanders ” de Radcliffe-Brown y “ Argonauts of the Western Pacific ” de Malinowski. Pese a que los dos investigadores trabajaron independientemente y, bás icamente, en direcciones distintas, son colocados juntos con frecuencia bajo el tí tulo de funcionalistas. Lo cierto es que tal afirmación contaba con la front al oposición del propio Radcliffe- Brown (1974, pág. 215): “ la afirmación de que soy un ‘funcionalista’ me parecía carente de sentido”. Ciertamente la noción de función es es encial e n la obra de Radfcliffe- Brown, pero con una interpretación reconocida de Durkheim profundamente ortodoxa. Tant o es así, que recoge la definición de “función” que generó Durkheim: El concepto de función aplicado a las sociedades humanas se basa en una analogía entre vida social y vida orgánica. El reconocimiento de la analogía y de alguna de sus implicaciones no es nuevo. [….] La definición de Durkheim es que la ‘funció n’ de una institución social es la correspondencia entre ésta y las necesidades (besoins en francés) del organismo social. Esta definición requi ere cierta elaboración. En primer lugar, para evitar la posible ambig üedad, y en particular la posibilidad de una interpretación teleológica, me gustaría sustituir el término ‘necesidades’ por el término ‘condiciones necesarias de existenc ia’, o, si se usa el término ‘necesidad’, que sea entendido sólo en ese sentido. (Radcliffe-Brown, 1974, pág. 203). En su obra, el concepto de estructura es tan importante como el de función y no pueden estar separados. Una estructura social que comprende, según el mismo manifiesta en Cap. X. de su libro “Estructura y función en la sociedad primitiva” (1974) denominado “ Estructura social”, todas las “relaciones” entre los organismos individuales y sus “ formas de asociación” (pág. 216). Así pues, se observa una “ compleja red de relaciones que 144 tienen una existencia real. Uso el térmi no ‘estructura social’ para denom inar esta red.” (pág. 217). Radfcliffe-Brown puede ser cons iderado como un antecedente del estructuralismo, aunque quizás algunas de las evoluciones posteriores del mismo le hubieran sorprendido .Entre el estructuralismo de Radfcliffe- Brown y el de Lévi-Strauss, en opinión de Mercier (1995), existen grandes diferencias , también son distintas la s fuentes de inspiración, puesto que uno investigó sobre todo, en el campo de la sociología y la biología, mientras que el otro haría intervenir disciplinas menos clásicas para los antropólogos. La influencia de Radfc liffe-Brown ha sido muy grande pudiendo decirse de él, aún más que de Malinowski, que toda una generación de investigadores de campo ingleses le debe su metodología de investigación. Su obra manifiesta una gran coherenc ia con el máximo de matices posible. La posición sociológica y la culturista se oponen o se alt ernan a lo largo del devenir de las ciencias de la cultura. R adfcliffe-Brown eligió resueltamente la primera. Él decía que hacía sociología, “sociología comparativa ” (1974, pág. 217), comenzando un camino que lle va a la desafección frente al concepto de cultura, desafección que reposa, en opinión de Hart, citado por Mercier (1995): Sobre la convicción de que el comportamiento humano puede estar mejor estructurado en términos de interacciones, las cuales eran consideradas más bien entre las pobl aciones que entre los individuos y los elementos culturales. (pág. 140). Como vimos en el capítulo que ha servido de apertura al siglo XX, tras la diferenciación cultura-naturaleza del siglo XVIII el camino emprendido por los funcionalistas-estructurales llev ará a la dicotomía cultura-sociedad. Radcliffe-Brown argumentaba que en un proceso de observación (1974): No observamos una ‘cultura’, puesto que esta palabra denota, no una realidad concreta, sino una abstracci ón, y se usa normalmente como una vaga abstracción. (pág. 217). 145 Pero permanece abierto a todas las sugestiones, siendo suficiente ver que, ante todo, reconoce el interés de las investigaciones dedicadas a las reacciones del individuo frente a un contexto socio-cultural. Resulta interesante observar cómo mantiene firmemente la creencia ilustrada en el progreso que, posteriorm ente, la II Gran Guerra hará perder: Es conveniente, creo, usar el té rmino "progreso" para designar el proceso mediante el cual los se res humanos logran un mayor control sobre el entorno físico, mediante el incremento del c onocimiento y el avance de la técnica por inventos y descubrimientos ( (Radcliffe-Brown, 1974, pág. 231). En línea con el funcionalismo de Malin owski mantiene el criterio de que los análisis son sincrónicos y que es imposib le analizar el cambio social en sociedades sin escritura, ya que el único camino es la documentación escrita. Sin embargo, di fiere en cuanto considera que el modelo simple de “ contacto cultural” no es capaz de explicar lo s profundos cambios que se habían producido con el colonialismo. En el fondo de su obra late una profunda preocupación por el orden y la reproducción social que hereda de Durkheim. 146 147 2.2.5.4. Neoevolucionismo Las décadas siguientes a la II Gran Guerra, hasta el despertar que supuso la primera crisis del petróleo en 1973, fueron una época de prosperidad económica sin precedentes y de hegemonía política occidental incuestionable. Esta situación estimuló una nueva perspectiva relativamente materialista que llevó a la sociedad a considerar que existía un modelo histórico y que el progreso te cnológico era la clave para mejorar la sociedad. El neoevolucionismo que se desarrolló en los Estados Unidos durante la década de los sesenta fue otro intent o de los antropólogos que vivían en un país políticamente dominant e por ‘naturalizar’ es a sit uación mediante la demostración de que se trataba de un proceso evolutivo que había permitido a los seres humanos adquirir un mayor control sobre su medio ambiente y una mayor libertad con res pecto a la naturaleza (Trigger, 1992, pág. 271). Los evolucionistas del siglo XIX tienen la creencia de que las sociedades tienden a ser más felices cuanto mayor desarrollo alcanzan, mientras que los neoevolucionistas piensan que las sociedades más simples s on más felices que las complejas. Pero, mientras los evolucionistas del siglo XIX consideraban primordial el c oncepto de progreso social, los neoevolucionistas descartan el determi nismo e introducen la probabilidad. Argumentan que las sociedades preservan su estilo de vida, su cultura a menos que factores fuera de su contro l provocaran un cambio. Su postura es muy cercana a la de los difusionistas, muy lejos de la creatividad individual que había defendido Spencer y los evolucionistas del XIX para intentar explicar el cambio cultur al. Ahora bien, los neoevolucionistas racionalizan su postura en términos de ecosistemas y superan mediante la evidencia arqueológica las notables simi litudes que los difusionistas no pudieron explicar. Su línea fundamental de investigación se orienta hacia el análisis del cambio social y de los patrones de desarrollo que tengan relación con la cultura. Ahora bien, entienden que la cultura es sólo uno de 148 los tres niveles de fenómenos en que se desarrolla el mundo. Así pues, a los fenómenos culturales hay que añadirl es los físicos y biológicos. Por tanto la distinción entre ciencias nat urales y sociales se basa no en el método sino en la naturaleza del objeto de estudio. Con antecedentes en Alexander Lesse r y Gordon Childe, los exponentes fundamentales del neoevolucionismo s on Leslie White y Julian Steward (Trigger, 1992). Lesser, otro de los alumnos de Franz Boas, a finales de los años treinta creía que las sociedades evolucionaban desde formas simples a formas complejas introduciendo de nuevo la perspectiva evolucionista en las ciencias sociales. En 1939 Lesser rompió públicamente con el particularismo histórico, argum entando que era posible conocer y demostrar las reglas generales de la ev olución cultural (Belmonte; 1985). Por su parte Childe, durante el tiem po que dirige el Instituto de Arqueología de la Universidad de Londres se acerca al estudio de la evolución social desde una posición cercana a posicione s netamente materialistas: En esta etapa se dedica a profundizar en los aspectos teóricos más oscuros y complejos del marxismo, de manera que puede dec irse que su compromiso ideológico e inte lectual con el marxismo se fue acrecentando conforme pasaba el ti empo. Durante esos años publica un libro y siete artículos dedicados a trat ar el tema crucial de la evolución social. (Alcina Franch, 1999, págs. 82-83) Su explicación de la revolución neolítica debida a la posibilidad de generar excedentes posibilitando ca mbios tecnológicos y un significativo aumento poblacional refleja un evoluc ionismo multilineal. Leslie White (1982), el primer impulso r del neoevolucionismo, rechaza el particularismo histórico de Boas y el reduccionismo psicológic o de la escuela de cultura y personalidad y se considera a sí mismo un heredero de Morgan y su evolucionismo. White introduce un nuevo concepto 149 “ Evolución general, ” que trata el progreso como una característica cultural general, aunque no necesariamente específica. Al introducirse en el estudio de lo s fenómenos que comprenden el mundo White creía que podían ser explorados a partir de tres diferentes puntos de vista: el histórico, el fu ncional y el evolucionista o formal temporal. El punto de vista histórico estudia la cu ltura con un enfoque diacrónico y particularista. El estudio funcional plantea una foto fija, un estudio sincrónico que pretende discernir la estr uctura formal de una sociedad y las interrelaciones funcionales de sus co mponentes. Mientras que, el estudio evolucionist a es generalizador y diacrónico ya que ve los casos particulares como generales de tendencias mayores. Las dos obras más ambiciosas de White se publicaron en 1959 (Marzal, 1997) y en ellas habla de la cultura como de un fenómeno humano general y pidiendo que no se hablase de culturas en plural. Esa afirmación representa una maduración desde posicio nes anteriores, pues como nos dice Trigger (1992): A pesar de los esfuerzos que a vece s hacía White por imponer sus teorías, también puso de manifiesto que éstas servían para estudiar las líneas generales del desarrollo cult ural, pero no para inferir rasgos específicos de las culturas individuales. (pág. 273). Describió la cultura como un elabor ado sistema termodinámico. Si inicialment e afirmó que la cultura funcionaba encaminada a lograr que la vida humana fuera más segura y duradera, a posterior i, en línea con la teoría de sistemas, rechazó esa visión antropocéntrica reflejando que únicamente evolucionaban para conseguir sus propios intereses. Es decir, la cultura se conforma como un sist ema y su fin es la performatividad del propio sistema, como ya vimos al hac er referencia, por medio de Lyotard (1989) a la actual Syst emtheorie de los teóricos alemanes. Su percepción del cambio cultural es, por tanto, ma terialista y altamente tecnocrática: 150 En su opinión, los sistemas culturales se componen de elementos tecnoeconómicos, sociales e ideo lógicos y que “sistemas sociales están….determinados por los sistemas te cnológicos”, y la filosofía y las artes expresan la experiencia tal co mo queda definida por la tecnología y reflejada en los sistemas so ciales (Trigger, 1992, pág. 272). Sostenía que el subsistema tecnológico desempeñaba un papel fundamental pues era el factor determinante de la evolución cultur al. Y así, formuló su “ ley básica de la ev olución ” que constataba que la cultura evolucionaba a medida que se incr ementaba la cantidad de energía utilizada per cápita. Cultura=EnergíaXTe cnología (C=EXT) De tal ecuación se puede deducir que White ignoró la influencia del medio ambiente y de una cultura sobre otra, lógico por cuanto no entendía la cultura como un plural: Se concentró en la explicación de la línea principal del desarrollo cultural, que estaba marcado por la cultura más avanzada de cada período sucesivo sin tener en cuenta su re lación histórica (Trigger, 1992, pág. 272). Pese a que frecuentement e se asimila la “ ley básic a de la evolución ” de White con el marxismo la realidad es que sólo comparte una orientación materialista general y refleja la tendencia de los investigadores del neoevolucionismo de relacionar la tec nología con la so ciedad, por encima de la relación del propio individuo. En “ La ciencia de la cultura ” (1982) White, tras ana lizar los conceptos de cultura que se habían ido definiendo, afirma que ex iste una absoluta falta de acuerdo sobre lo que tal término significa. No deja de ser significativ o que hoy, medio siglo después, sigamos af irmando lo mismo. Para White, citado por Marzal (1997, pág. 14 7), la cultura se define como: “la clase de 151 cosas y acontecimientos que dependen del simbolizar, en cuanto son consideradas en un contexto extrasomático ”. Por su parte, Steward trabajó en un enf oque alternativo, definido por él mismo como “ ecología cultural ”, multilineal, ecológico y, realmente, mucho más empírico en el estudio de la evol ución cultural. Steward (Gil, 2010). Puso los cimientos sobre los que se desarrolló el enfoque ecológico que investigaba sobre el papel de la inte racción de las condiciones naturales con la tecnología y la economía, como causantes de la variación en los sistemas culturales. Ahora bien , suponía que había regularidades en el desarrollo cultural y que las adaptaci ones ecológicas eran vitales para determinar los extremos de las posib les variaciones en los sistemas culturales. Mediante la r ealización de estudios co mparativos, clasificó y definió varios modelos de culturas , a los que definió como “núcleos culturales”, adaptados al medio ambiente y, cada uno, con un nivel diferente de integración socio-cultural. Estas similitudes constituían el ‘núcleo cultural’, que consistía en aquellos rasgos de la cultura que es taban relacionados más de cerca con actividades de subsistencia . El núcleo abarcaba modelos económicos, políticos y religiosos que podían estar empíricamente determinados para tener un signific ado adaptativo primordial (Trigger, 1992, pág. 273). Su aproximación al concepto de cult ura le hacía contemplarla como un sistema de prácticas mutuamente refo rzadas y soportadas por un conjunto de valores que determinan el comportamiento humano. Estos dos diferentes enfoques se re concilian en la obra de Sahlins y Service (Trigger, 1992) que establecen dos tipos de evolución: general y específica, teniendo que ver respectivam ente con el progreso, según el concepto de White, y con la adaptación, tal como la analiza Steward: A través de una modificación de adapt ación: las nuevas formas se diferencian de las viejas. Por otra parte, la evolución genera progreso: 152 las formas superiores surgen de las inferiores y las sobrepasan (Shalins, 1992, pág. 371). El neoevolucion ismo ha sido una de las bases teóricas más utilizadas para justificar la diversidad cultural y, al mismo tiempo, el primer intento de recuperar un concepto nomot ético de la cultura. 153 2.2.5.5. Estructuralismo Se puede afirmar que el estructura lismo es una corriente muy extendida en las ciencias sociales y con origen en la lingüística. In icialmente aparece como una metodología científica que pr etende elaborar teorías objetivas y verificables. Su desarrollo en las ciencias de la cult ura se basa en la concepción simbólica de la cultura. Ciertamente para Lév i-Strauss (1995) la cultura es un sistema de signos, producidos por la actividad simbólica de la mente humana, y en la que el ser humano pasa de ser el sujeto de la historia y la cultura, a ser un objeto que se conoce por la objetividad y la neutralidad científica. El estructuralismo mira al ser humano como objeto de observación y análisis, como cualquier otro objeto de la ciencia, porque el inconsciente precede a lo consciente y todos estamos sometidos a las estructuras. Pero esas estructuras no equivalen a la estruc tura empírica ni a un armazón fijo; son una estructura dinámica, pero est able y sistémica que no se da en la realidad observable. La noción de estructura social no se refiere a la realidad empírica, sino a los modelos construidos de acuerdo con ésta y las relaciones sociales observables la materia para construirlos y permitir que se desvele la estructura social. En primer lugar, una estructura presenta un carácter de sistema. Consiste en elementos tales que una m odificación cualquiera en uno de ellos conlleva una modificación en todos los demás. En segundo lugar, todo modelo pertenece a un grupo de transformaciones, cada una de las cuales corresponde a un modelo de la misma familia, d e manera que el conjunto de estas transformaciones constituye un grupo de modelos. En tercer lugar, las propiedades antes indicadas permiten prever de qué modo reaccionará el modelo, en caso de modificar uno de sus elementos. En fin, el modelo debe ser construido de tal forma que su funcionamiento pueda dar cuenta de t odos los hechos observados (Lévi- Strauss, Antropología estructural., 1995, págs. 251-252). Tiene un carácter ternario, y el tercer elemento de esta estructura terciaria estará siempre vacío y preparado para as umir cualquier significado, y está 154 configurado por la historia y la contingencia, esto es, aquellos aspectos que justifican la perpetuación de los f enómenos sociales y culturales. Lo que denominamos estructuralismo en el campo de la lingüística o de la antropología, o en el de otras disciplinas, no es más que una pálida imitación de lo que las ciencias naturales han venido realizando desde siempre. La ciencia tiene apenas dos maneras de proceder: es reduccionista o es estructuralista . Es reduccionista cuando descubre que es posible reducir fenómenos que en un dete rminado nivel son muy complejos a fenómenos más simples en otros niveles. Por ejemplo, hay muchas cosas en la vida que pueden ser reducidas a procesos físico- químicos que las explican parcialm ente, aunque no en forma total. Y cuando nos enfrentamos a fenómenos tan complejos que no permiten su reducción a fenómenos de orden infe rior, sólo podemos abordarlos estudiando sus relaciones internas, esto es, intentando comprender qué tipo de sistema original forman en conj unto. Y esto es, precisamente, lo que intentamos hacer en lingüística, en antropología y en muchos otros campos (Lévi-Strauss, Mito y significado, 1995, págs. 27-28). Lévi-Strauss denomina a su trabajo con el mismo nombre que su obra publicada en 1958 “ Antropología estructural ” (1995), señalando la orientación positiva que debe tener el es tudio de las ciencias sociales. Para Lévi-Strauss el cosmos es un sist ema cerrado, un sistema que ocupa la humanidad, y afectado por la entropía. En “Tristes trópicos” (1988) nos dice: Así, la civilización, tomada en su conjunto, puede ser descrita como un mecanismo prodigiosamente complejo donde nos gustaría ver la oportunidad que nuestro universo tendría de sobrevivir si su función no fuera la de fabricar lo que los físicos llaman entropía, es decir, inercia. Cada palabra intercambiada, cada línea impresa, establece una comunicación entre dos interlocutores equilibrando un nivel que se caracterizaba antes por una diferencia en la información, y por lo tanto una organización mayor. Antes que «ant ropología» habría que escribir « entropología » como nombre de una discip lina dedicada a estudiar ese proceso de desintegración en sus manifestaciones más elevadas. (pág. 467) Frente al estudio sincrónico del func ionalis mo, Lévi-Strauss reconocía la importancia de los estudios diacrónicos cuando además reconoce que tanto 155 lo sincrónico como lo diacrónico pueden ser igualmente inconscientes, reduciendo la distancia entre ambos conceptos: “ el estudio diacrónico por sí solo —o casi— debe dar cuenta de los fenómenos sincrónicos ” (Lévi- Strauss, 1995, pág. 176). La característica estructural más im portante de la mente humana es la tendencia a dicotomizar, o a pensar en términos de oposiciones binarias, y después intentar mediar esta oposici ón mediante un tercer concepto, que puede servir como base para otra oposición. No obstante, la vieja oposición cultura-naturaleza no tendrá, para la escuela estructuralista, otro valor que el metodológico pues la cultura se reduce a materia ya que ést a ( (Lévi- Strauss, 1988, pág. 12) “ ha dejado de ser una sustancia para convertirse en una relación”. Por su concepción de la cultur a, tanto las de los pueblos “ primitivos ” como las de los “ civilizados ” están construidas de la mi sma materia y, por tanto, los sistemas de conocimiento del mundo exterior, magia o ciencia, no son estructuralmente diferentes. Simplem ente, son de índole distinta, pero la posibilidad de comprensi ón entre ambos tipos de culturas radica básicamente en una facultad univ ersal del género humano. Su definición de cultura, recogida en su libro “ Antropología estructural ” (1995) es volátil y variable: Llamamos cultura a todo conjunt o etnográfico que desde el punto de vista de la prospección presenta, con relación a otros conjuntos, variaciones significativas. Si se busca determinar variaciones significativas entre digamos París y Marsella, estos dos conjuntos urbanos podrán ser considerados provisionalmente como dos unidades culturales. El objeto último de las in vestigaciones estructurales son las «constantes» ligadas a estas variaciones, y entonces es posible advertir que la noción de cultura puede corres ponder a una realidad objetiva, sin que eso impida que sea a la vez funci ón del tipo de investigación que s e tenga en vista. Una misma colección de individuos, siempre que cumpla con la condición de hallarse objetivamente localizada en el tiempo y el espacio, depende simultáneamente de va rios sistemas de cultura: universal, continental, nacional, provin cial, local, etcétera; y familiar, profesional, confesional, pol ítico, etcétera. (pág. 267). 156 157 2.2.5.6. Materialismo cultural El materialismo cultural es un enfoque de investigación científico en ciencias sociales, que prioriza las c ondic iones materiales en la explicación sobre las causas de las diferencias y similitudes socioculturales. Un nuev o paradigma basado, pero en ningún caso limitado, por el materialismo dialéctico de los marxistas. El térmi no fue introducido en la obra de Marvin Harris “ El desarrollo de la teoría antropológica ” (1993) en 1968, consideraba que las escuelas antropológ icas que surgieron a principios del siglo XX hasta la década de 1940 abandonaron la búsqueda de las causas y orígenes de las instituciones y daban una concepción de la cultura que exageraba los ingredientes irracionales e inescrutables de la vida humana. Yo creo que en el dominio de los fenómenos socioculturales el analogum de la estrategia darwiniana es el principio del deter minismo tecnoecológico y tecnoeconómico. Este principio sostiene que tecnologías similares aplicadas a m edios similares tienden a producir una organización del trabajo similar, t anto en la producción como en la distribución, y ésta a su vez agrupam ientos sociales de tipo similar, que justifican y coordinan sus actividades recurriendo a sistemas similares de valores y de creencias. Cuando se traslada a la estrategia de la investigación, el principio del determinismo tecnoecológico y tecnoeconómico concede prioridad al estudio de las condiciones materiales de la vida sociocultural, del mismo modo que el principio de la selección natural da prioridad al estudio de las diferencias de eficacia reproductora. Al lector sensibilizado la estrategia esbozada le parecerá una forma de materialismo y, efectivamente, yo me referiré a ella a lo largo de todo este libro llamándola la estrategia del «materialismo cultural». Aunque al pensar en el oprobio que suscita tanto en el público en general como en muchos científicos sociales, siento la tentación de evitar el término «materialismo», ceder a ella serí a cobarde (Harris, 1993, pág. 3). Ante eso propuso un enfoque basado en los trabajos de los antropólogos Leslie White y Julian Steward y sus re spectivas teorías de la evolución cultural y ecología cultural. Teorías que Harris ya consideró materialism o cultural, como queda claro en los títulos de los capítulos 22 y 23 de su libro “El desarrollo de la teoría antropológica ” (1993), que denomina 158 “ Materialismo cultural: La evolución general ” y “ Materialismo cultural: Ecología cultura l”. A posteriori, en su libro “ Antropología cultural ” (2000c) planteado para la enseñanza desarrolla de forma completa su estrategia de inv estigación, entendida como aquellos supuestos bás icos que el inv estigador posee y reconstruye sobre el objeto de su investig ación, en este caso la cultura y su evolución. Trigger (1992) identifica lo que Harris denomina estrategias de investigación con las teorías generales o de nivel alto, a las que incorpora el materialismo cultura, y las define así: Como reglas abstractas que explican las relaciones entre las proposiciones teóricas relevantes para el conocimiento de las categorías principales de fenómenos. El ev olucionismo darwiniano y más recientemente la teoría sintética de la evoluci ón biológica, que combina los principios darwinianos con los genéticos, son ejemplos de teorías generales relativas a las ciencias biológicas. En el ámbito humano, las teorías generales se refieren exclusivamente a la conducta humana […] no existen teorías generales que hay an sido aceptadas universalmente por los científicos sociales como los biólogos han hecho a propósito de la teoría sintética de la evolución. Ejemplos de teorías enfrentadas de nivel alto que han influido en la in vestigación arqueológica son el marxismo (o materialismo histórico), el materialismo cultural y la ecología cultural. (págs. 31-32). A fin de poder comparar las diferent es culturas, el investigador debe reconocer y usar aquellos elementos que estén presentes en todas las culturas, lo que se puede denominar un patrón universal. Pese a reconocer la existencia de ese patrón universal pocos investigadores comparten el número de categorías se pueden establecer, ni como priorizarlas. Harris propone tres divisiones para los componentes de las culturas: infraestructura, estructura y superestructura. En este libro se utilizará un patrón uni versal integrado por tres divisiones principales: infraestructura, es tructura y superestructura. 1. Infraestructura. Se compone de la s actividades etic y conductuales mediante las cuales toda sociedad sa tisface los requisitos mínimos de 159 subsistencia (modo de producción) y regula el crecimiento demográfico (modo de reproducción). 2. Estructura. Se halla constituida por las actividades económicas y políticas de tipo etic y conductual m ediante las cuales toda sociedad se organiza en grupos que distribuyen regulan e intercambian bienes y trabajo. Se puede hablar de econom ías domésticas o economías políticas como componentes universales en el nivel estructural, según que el foco de organización se centre en los grupos domésticos o en las relaciones internas y externas de la sociedad global. 3. Superestructura. Está integr ada por la conducta y pensamiento dedicados a actividades artísticas, l údicas, religiosas e intelectuales junto con todos los aspectos mental es y emic de la estructura e infraestructura de una cultura. (Harris, 2000c, pág. 31). La palabra materialismo del material ismo cultural proviene de la formulación de Karl Marx sobre la in fluencia de la producción y los procesos materiales en la vida social. Sin embar go el materialismo cultural rechaza la concepción dialéctica de la historia proveniente de Hegel del materialismo dialéctico. Harris añade la presión reproductiva y variables ecológicas a las condiciones materiales. La palabra cultural sirve para distingu ir las causas materiales de los fenómenos socioculturales de otros materialismos orgánicos. Así, se opone a cualquier reduccionismo biol ógico sobre las diferencias y s imilitudes socioculturales. En relación con las diferencias entre materialismo cultural y materialismo dialéctico, Harris afirma: Los materialistas culturales difieren de los materialistas dialécticos principalmente en su rechazo de la noción de que la antropología debe convertirse en parte de un movimiento político destinado a destruir el capitalismo y a favorecer los intereses del proletariado” (2000c, pág. 554). Como ya se ha visto el materia lismo cultural es una estrategia de investigación científica o teoría de alto nivel y como tal su meta es formula r teorías explicativas que lleguen a se r predictivas (o retrodictivas), comprobables (o falsables), parsimoniosas, de amplio alcance e 160 integrables dentro de un corpus teórico coherente y extensible. Esta visión deriva del positivismo lógi co y del empirismo. Al defender la ciencia y la objetiv idad no me mueve el propósito de encubrir el fracaso de la ciencia y la tecnología a la hora de mejorar por sí solas, la calidad fundamental de la vida humana. [….] Pero sería un grave error concluir que, de haberle retirado nuestro apoyo a la ciencia y la tecnología a principios de este siglo, el resultado hubiera sido más satisfactorio. Hasta que quede demostr ado que los costos de la ciencia superan necesariamente sus beneficios, la solución para una ciencia deficiente es hacer ciencia de mejor calidad (Harris, 2000a, págs. 158-159). Harris propone dos conjuntos de distinci ones: entre sucesos mentales y conductuales; y entre los puntos de vista emic y etic , términos que tienen origen en el lenguaje. Los sucesos m entales serían el pensamiento y los conductuales serían las acciones y movi mientos corporales y los efectos que producen en el medio ambiente: La cultura, tal como se define en este libro, consiste tanto en acontecimientos que tienen lugar dent ro de la mente de las per sonas como en la conducta exterior de estas mismas personas. Los seres humanos pueden describir sus pensamientos y conducta desde su propio punto de vista. Por tanto, al estudiar las culturas humanas debemos dejar claro si es el punto de vista del particip ante nativo o el punto de vista del observador lo que se está expresando. Estos son los puntos de vista emir y etic, respectiva mente. Los términos emic y etic han sido tomados prestados de la distin ción lingüística entre fonémica y fonética. Tanto el aspecto mental como el conductual de una cultura pueden enfocarse desde los puntos de vist a emir o etic. Las versiones emic y etic de la realidad con fr ecuencia difieren notablemente, aunque hay un cierto grado de correspondencia entre ellas (Harris, 2000c, pág. 32). El principio teórico básico del materialis mo cultural lo fija Harris al aclarar cuál es la estrategia básica de inve stigación con la que desarrolla su trabajo: La estrategia de investigación s eguida en este libro enfatiza la infraestructura como una causa de la estructura y la superestructura, y a esto se le llama materialismo cu ltural (Harris, 2000c, pág. 32). 161 El principio de primacía de la infr aestructura afirma que es mucho más probable que las innovaciones surgidas en la infraestructura sean preservadas y propagadas c uanto más potencien la eficiencia de la producción y la reproducción que su stenten la salud y el bienestar y satisfagan básicas sociales. Las innovaciones adaptativas suelen seleccionarse incluso aunque se dé una incompatibilidad pronunciada (cont radicción) entre ellas y aspectos definidos y existentes en la estr uctura y la superestructura. Esa incompatibilidad llev ará a cambios es tructurales y superestructurales. En cambio, las innovaciones de tipo estr uctural o supraestructural serán probablemente desec hadas si se produc e una incom patibilidad profunda entre ellas y la infraestructura; es decir, si reducen la eficiencia de los procesos productivos y reproductivos que sustentan la salud y el bienestar y satisfacen necesidades y pulsiones biops icológicas básicas en el hombre. Lógicamente dada la presencia de co mplejos infraestructurales evolucionados en sociedades dif erent es, cabe esperar una convergencia hacia relaciones estructurales y rasgos simbólico-ideacionales similares. Lo contrario también es cierto: dife rentes infraestructuras conducen a estructuras distintas y a sí mbolos e ideas diferentes. Las innovaciones en los repertorios cu lturales proceden de muchas fuentes (algunas conscientes, otras inconscientes ), y su contribución al bienestar y la salud es objeto de verificaciones continuas. Algunas son selec cionadas y se propagan de generación en generación; otras son descartadas y se eliminan. Como ocurre en los fenómenos de la selección natural y procesos análogos, ni el sistema del materia lismo cultural ni sus agentes saben necesariamente hacia dónde se dirigen. El materialismo cultural defiende una evolución convergent e y paralela. Los datos empíricos indican que los sist emas socioculturales humanos han conocido un alto grado de evolución paralela y convergente. Asimismo, cientos de estudios basados en los “ Human Relatione s Area Files ” u otras 162 importantes bases de datos comparat ivas demuestran inequívocamente la naturaleza no aleatoria de la selección sociocultural. Se acepta que, en general, el materialis mo cultural es más eficaz en dar explicaciones para la evolución a largo plaz o que a corto plazo. Eso ocurre porque el materialismo cultural, frec uentemente, considera situaciones de equilibrio entre la sociedad y el medio, como dicho equilibrio suele tardar cierto tiempo en establecerse a co rto plazo son posibles desviaciones importantes respecto a las predicciones. La definición de cult ura para los materia listas culturales se acerca a la inicialment e concebida por Tylor: Cultura es el conjunto aprendido de tradiciones y estilos de vida, socialmente adquiridos, de los mi embros de una soc iedad, incluyendo sus modos pautados y repetitivos de pensar , sentir y actuar (es decir, su conducta). (Harris, 2000c, págs. 19-20). Se puede considerar esta definición co mo una crítica a la dicotomía que se había generado entre so ciedad y cultura. 163 2.2.6. Teorías de la postmodernidad y sus críticos. Los albores del siglo XXI ¿Qué es la postmodernidad? Probablement e no exista una respuesta única y cada uno de los movimientos artísticos, arquitectónicos, cinematográficos, culturales, literarios o filosóficos que se pueden calificar de postmodernos tenga la suya. Este estudio tiene por objeto la condición del saber en las sociedades más desarrolladas. Se ha decidido llamar a esta condic ión «postmoderna». El término está en uso en el conti nente americano, en pluma de sociólogos y críticos. Designa el estado de la cultura después de las transformaciones que han afectado a las reglas de juego de la ciencia, de la literatura y de las artes a partir del siglo XIX. Aquí se situarán esas transformaciones con re lación a la crisis de los relatos (Lyotard, 1989, pág. 4). Probablemente el común denom inador sea, en divers os grados y maneras, su oposición a las t endencias de la modernidad. Todas las grandes corrientes de lo que denominamos movimiento postmoderno van apareciendo a lo largo de la segunda mitad del siglo XX y comparten la creencia de que el proyecto modernist a fracasó en su intento de renovación radical de las formas tradicionales del arte y la cultura, el pensamiento y la vida social. Y quizás, uno de los reflejos más claros de ese fracaso sea lo que podemos denominar la paradoja de las vanguardias. Se configura como una paradoja, en un espacio perfectamente definido con adelante y atrás, las vanguardias oc upan una posición al frente que realiza acciones que, después, con el tiempo serán asumidas por todos como propias. Pero, por un natural proceso la vanguardia ya estará más allá, avanzando y manteniendo una distancia similar con el grueso de la sociedad que la sigue. Así pues, la paradoja de la vanguardia re side en que cualquier éxito ha de configurarse como fracaso y sus fr acasos significaban que la línea que 164 mantenía era la correcta. La vanguardi a sufría cuando se le negaba e l reconocimiento, pero su fr ustración era mayor cuando la sociedad, de la que estaban lejos en avanzadilla, concedía elogios a su obra. John Carey en su libro “ The Intellectuals and t he Masses: Pride and Prejudice among the Literary Intelligentsia” , 1880-1939 " (2002) dice que más que guardar la distancia y reafirmar su superioridad la importancia de las vanguardias se consideraba proporcional a su habilidad. David Lyon en su libro “ Postmodernidad ” (2000) explica que la mayoría de quienes están familiarizados con la postmodernidad s on más conscientes de su dimensión c ultural y nos adentra en el debate utiliz ando como ejemplo una película que califica como postmoderna “Blade Runner ”: ¿Qué hace postmoderno a Blade Runn er? […] Para empezar, se cuestiona la “realidad” misma. Los replicantes quieren ser personas reales, pero aparentemente la pr ueba de realidad es una imagen fotográfica, una identidad construida. Ésta es una forma de ver la postmodernidad: un debate sobre la realidad. El mundo de sólidos datos científicos y una historia con finali dad que nos legó la Ilustración europea ¿es meramente un anhelo? ¿O, peor aún, producto de una manipulación urdida por los poder osos? En cualquier caso ¿qué nos queda? ¿Un arenal de ambigüedad, una mélange de imágenes artificiales y fluctuantes en las pantallas de televisión o una saludable liberación de las definiciones impuestas de realidad? (Lyon, 2000, pág. 16). Este arenal de ambigüedad, al que se refiere Lyon, se refleja en la obra de Magritte “ Ceci nést pas une pipe ”. El cuadro representa una pipa pero el autor escribe una leyenda sorprendent e debajo de la representación “ esto no es una pipa ”. Torczyner, amigo personal del artista, recuerda en su libro “ Magritte: Ideas and images ” (1977) una conversación con el autor: La famosa pipa. ¡Cómo la gente me reprochó por ello! Y sin embargo, ¿se podría rellenar? No, sólo es una representación, ¿no lo es? ¡Así que si hubiera escrito en el cuadro ‘e sto es una pipa’, habría estado mintiendo! (pág. 71). Pero cuando avanzamos en los postm oderno nos encontramos con lo moderno y es en esa combinación de líquido y solido donde crecen, luchan 165 e interactúan las nuevas teorías sobre la cultura y donde debemos estructurar nuestras sociedades multiculturales y construir la interculturalidad. Si recordamos el devenir de lo que hemos venido a denom inar cultura en sus primeros balbuceos, tras su primera traslación metafórica, reconoceremos como la Ilustración cambió la providencia por progreso. Un progreso que luego se tornaría nihilismo, pero al que de nuevo se recurre como recurso cultural. Al abandonar la providencia y acentuar el papel de la razón se pusieron las semillas del progreso. Las viejas cert idumbres de las leyes divina s fueron paulatinamente sustituidas por las ev idencias que la naciente ciencia iba proporcionando. Al mismo tiempo Eu ropa ocupaba de forma dominante las relaciones económicas y políticas mundiales. El desarrollo del poder europeo constitu yó el fundamento material, por así decirlo, para el supuesto de que la nueva concepción del mundo se apoyaba sobre una base firme que al mismo tiempo aportaba seguridad y ofrecía la emancipación del dogma de la t radición (Giddens A. , 1993, pág. 48). El progreso se convirtió en uno de lo s metarrelatos justificadores del proyecto de la modernidad que iba a terminar con la incertidumbre, la ambivalencia. Pero una de las bases de la razón es la duda la relatividad del conocimiento ocupó su lugar en la modernidad. Pero el progreso, imitando a la aba ndonada providencia, buscó las “ leyes universales ” que sustituyeran a las divinas sin se r consciente de la debilidad del universalismo. En el progreso de la modernidad, que imitaba a la providencia, estaba inco rporado el nihilismo. Lo que relato es la historia de los dos próximos siglos. Describo lo que viene, lo que ya no puede venir de otra manera: el advenimiento del nihilismo (Nietzsche citado por Mayos, 2009, pág. 164-165). 166 Ese advenimiento del ni hilismo está profundament e relacionado con la postmodernidad y, en varios sentidos, se puede considerar a Nietzsche el primer postmoderno. Así lo afirman Mayos (2009), Lyon (2000) o Vattimo (2003) que también incorpora a He idegger como precursor de la postmodernidad. Woller (citado por Lyon, 2000, pág. 26) afirma: “El postmodernismo está a punto de destronar a la trinidad de la Ilus tración – razón, naturaleza y progreso- que tr iunfó sobre la anterior Trinidad” La fe en el progreso se tambal ea tras la segunda guerra mundial, fundamentalmente en la destruida Europa y los metarrelatos se diluyen. Pero la revolución científica y tecnológ ica, la construcción del estado del bienestar y un elevado consumo consi guen restablecer un edificio que se tambaleó definitivamente tras la crisis del petróleo. Todo indicaba que se había producido una pérdida de legitimación política y de motivación por par te del ciudadano-trabajador. Los intelectuales discutieron si había que c onsiderar la crisis una catástrofe o una oportunidad, y buscaron nuevos té rminos para describir la nueva situación. Uno de ellos “postmoder nidad”, debe situar se junto a otras posibilidades como “moder nidad” con diversos prefijos y conceptos como el de globalización, que no al uden directamente a la modernidad (Lyon, 2000, pág. 25). Con el término postmodernidad me estoy refiriendo a todo un compendio de fenómenos culturales y sociales que surgen tras el completo agotamiento de la m odernidad. La postmodernidad abandona de forma definitiva el fundacionalismo, tras la s “guerras de la ciencia” de la década de los noventa del siglo XX. Resulta co mplejo definirlo por cuanto no existe un marco teórico válido que permita su análisis y, al mismo tiempo, su propio devenir y extensión lo conviert en en impreciso y hasta cierto punto incoherente. Su naturaleza híbrida, el cuestionami ento de los textos y la metanarrativa, su interés por la lingü ística, la ruptura de las dicotomías estructuralistas, su apuesta por la pluralidad y un concepto de la verdad 167 que se configura por su contexto pueden considerarse como características generales del fenómeno. “La cultura se define co mo un flujo informativo” afirma Machuca (1998, pág. 27) y, al mismo tiempo que sus lími tes se desvanecen, paradójicamente, se universalizan determinadas pautas hegemónicas de tipo cultural. La cultura ya no conforma sistemas, más o menos cerrados, sino que regula un contexto cada vez más global. Además, tras dos siglos de rupturas e infidelidades hoy en día existe una tendencia hacia un nuevo concepto jerá rquico, integrando nuevamente lo que se concibe como cultural con lo que se identifica como civilizac ión. Pero ya no es aquella civilización ilustrada que se generó en la Francia enciclopedista, esta nueva civilización es t ecnológica y, al igual que la vieja, lleva dentro de si los procesos del c ambio cultural. Nuevamente es en sí misma el modelo de lo cultural. Pero ese proceso dialéctico entre lo cultural y la civiliz ación universal y tecnológica tiene un reflejo claro en la relación entre lo global y lo local. La civilización se contempla desde la re latividad y el pluralismo de rasgos culturales y se acepta como una realidad alcanzada que las sociedades coexistan en la multiculturalidad. No faltan los críticos al pensamient o postmoderno pero quiero resaltar a Pérez Gómez (1998) que al plantear lo que denomina “ el vacío del pensamiento postmoderno ” establece dos grandes contradicciones de la construcción de la postmodernidad. Una primera referida al pensamiento débil y la carencia de fundamentac ión del pensamiento racional. La segunda hace referencia al relativismo cultural y la “ irreductabilidad de las diferencias culturales incluso para el conocimiento ” (pág. 31). En mi opinión, es una crítica a la antropología de la “ Writing Culture ” y los desarrollos posteriores de Rosaldo (1988) y su concepto de reflexividad que presupone que lo que el investigador puede conocer depende de su posición, de la condición de ser un “ sujeto ubicado ”. 168 Pérez Gómez se anticipa a Salzman (2002) al derivar la idea de que los “otros” son inalcanzables a menos que obtengamos sus experiencias, es decir, que no podemos entender a la gente hasta que tengamos las experiencias que ellos tienen. En alguna medida se puede decir, siguiendo a Schröeder y Breuninger (2005), que: Si todo se ha vuelto cultura, ya no es posible acordar ningún punt o de vista a partir del cual pudiera pensarse una "teoría" de la cultura. El punto de vista mismo es una variable cultur al, el punto ciego de la teoría. Sí, para exagerar, afirmamos que el c oncepto de cultura abarca ciencia y religión, verdad y mentira, Marx y Co ca-Cola, entonces el valor cognitivo del concepto ya no es ninguno. De otro modo; con la crisis de los “ grands recits ” sobre la historia se produce la crisis de los " grandes conceptos " como cultura, teoría y modernida d. La discusión cont emporánea oscila entre la propuesta de renunciar to talmente a estos conceptos y los intentos de definirlos nuevamente para salvar la perspectiva de la observación y de la distancia crítica, trasladando la discusión al interior de la cultura. Con el pensamiento histórico, la necesidad de la racionalización permanente ocupa el lugar que tenía la comprensión normativa del pensamiento y la praxis. (pág. 9). 169 2.2.6.1. Simbolismo y antropología simbólica. La interpretación Los orígenes de las concepciones sim bólicas de cult ura se remontan a Malinowski y a Leslie White y se inco rporan de forma definitiva en el estructuralismo de Lévi-Strauss. Pero el enfoque simbólico o interpre tativo se genera precisamente como una crítica al estructuralismo, con el que comparten la tesis de la cultura como un sistema de símbolos salvo que, para el enf oque simbólico, los investigadores no tienen capacidad para conocer los contenidos. Reynoso se plantea si realment e existe algún enfoque que podamos denominar simbólico, y tras analizar las opiniones de Parry o Silverman que consideran que son un conjunto indefin ido de especialidades, o de quienes como Harris o Kuper han decidido soslayar el enfoque afirma: El caso es que la antropología simbó lica parece constituir una modalidad de indagación que, a contrapelo de lo habitual, se define por su objeto (el símbolo) más que por sus métodos o por sus teorías (Reynoso C. , 1987, pág. 9). Y en esa línea, considera la exist encia de diversos paradigmas y estrategias de investigación como el psic ológico, el retórico o expresivo, el posicional, el semiótico o comunicacional, el criptológico o hermenéutico, el interaccional o sociológico y el holístico. En opinión de Moreno Sosa, Lorca Mora, Márquez Gómez y González Rodríguez (2011) Clifford Geertz puede ser considerado el creador y el investigador más significa tivo del enfoque simbólico. En 1972, como resultado de un trabaj o de campo, publica un artículo “ Juego profundo: notas sobre la riña de gallos en Bali ” en la revista Dædalus, incorporándolo posteriormente a su libro “ La interpretación de las culturas ” (2003), afirma que la cultura es un texto, un sistema de 170 significación encarnado en símbolos, y que debe interpretarse realizando trabajo de campo etnográf ico en la sociedad que la escribió. Para el antropólogo interesado en form ular principios sociológicos y no en apreciar y evaluar riñas de gallos, la cuestión es ésta: ¿qué puede uno aprender sobre tales principios al enfocar la cultura como un conjunto de textos? Extender de esta manera el concept o de un texto más allá del material escrito y aún más allá del material verbal no es desde luego algo enteramente nuevo, aunque sea un pas o metafórico.” (Geertz, 2003, pág. 368) “La cultura de un pueblo es un conjunto de textos, que son ellos m ismos conjuntos y que los antr opólogos se esfuerzan por leer por encima del hombro de aquellos a quienes dichos textos pertenecen propiamente. Esa empresa presenta enormes dificultades, trampas metodológicas capaces de hacer estremecer a un freudiano y también ciertas perplejidades morales. Tampoco es la única manera en que pueden tratarse sociológicamente las formas simbólicas. El funcionalismo vive y también vive el psicologismo. Pero mirar tales formas como formas que "dicen algo sobre algo" y lo dicen a alguien significa por lo menos la posibilidad de un análisis que llegue a la sustancia de dichas formas antes que a fórmulas reductivas que pretenden explicarlas (Geertz, 2003, pág. 372). En el capítulo introductorio de “La interpretación de las culturas”, que no s e debe olvidar que se escribió con posterioridad a su trabajo de Bali, titulado “Descripción densa: hacia una tarea interpretativa de la cultura ” Geertz (2003, pág. 20) nos dice: El concepto de cultura que propugno y cuya utilidad pueden mostrar los ensayos que siguen es esencialment e un concepto semiótico. Creyendo con Max Weber que el hombre es un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido, considero que la cultura es esa urdimbre y que el análisis de la cultur a ha de ser por lo tanto, no una ciencia experimental en busca de le yes, sino una ciencia interpretativa en busca de soluciones. Lo que busco es la explicación, interpretando expresiones sociales que son en igmáticas en su superficie. La interpretación de esas expresiones que son enigmáticas en su superficie se realiza a través de la etnogr afía y comprendiendo lo que es “hacer etnografía ” (Geertz, 2003, pág. 20), se c apta a que equivale el análisis antropológico como forma de conocimi ento. Geertz utiliz a para definir ese 171 hacer etnografía un concepto desarro llado por Gilbert Ryle, un conocido miembro de la escuela analítica de filosofía, el de “ descripción densa ” Pero la cuestión es que la diferencia entre lo que Ryle llama la “ descripción superficial ” de lo que está naciendo el que ensaya ante el espejo (remedador, guiñador, dueño de un tic...), es decir, "contrayendo rápidamente el ojo derecho" y la " descripción densa " de lo que está haciendo ("practicando una burla a un amigo al simular una señal con el fin de engañar a un inocente y hacer le creer que está en marcha una conspiración") define el objet o de la etnografía: una jerarquía estratificada de estructuras significa tivas atendiendo a las cuales se producen, se perciben y se interpretan los tics, los guiños, los guiños fingidos, las parodias, los ensayos de parodias y sin las cuales no existirían (ni siquiera los tics de grado cero que, como ca tegoría cultural, son tan no guiños como los guiños son no tics), independientemente de lo que alguien hiciera o no con sus párpados (Geertz, 2003, pág. 22). Como experiencia personal, Geertz , transmite que la investigación etnográfica consiste en lanzarnos a una desalentadora aventura cuyo éxito puede no alcanzarse; tratar de formu lar las bases en que uno imagina, siempre con excesos, haber encontrado apoyo, es aquello en que consiste el informe etnográfico como empeño ci entífico. Y que la finalidad de la investigación etnográfica consiste en ampliar el universo del discurso humano, aspirar a la instrucción, al entre tenimiento, al consejo práctico, al progreso moral y a descubrir el or den natural de la conducta humana. Concluyendo con su teoría sobre la descripc ión densa, Geertz establece su propia posición en el medio de todo esto que no fue otra que tratar de resistirse al subjetivismo y al caba lismo mágico; tratar de mantener el análisis de las formas simbólicas lo más estrechamente ligado a los hechos sociales concretos con el m undo público de la vida común y tratar de organizar el análisis de manera tal que las conexiones entre formulaciones teóricas e interpre taciones no quedaran oscurecidas con apelaciones a ciencias oscuras. Siempre está el peligro de que el análisis cultural pierda contacto con las duras superficies de la vida, con las realidades políticas y económicas dentro de las cuales los hombres están contenidos siempre, y pier da contacto con las necesidades biológicas y físicas. La única defensa es analizar esas realidades y esas necesidades en primer término (Moreno Sosa, Lorca Mora, Márquez Gómez, González García, & González Rodríguez, 2011). 172 173 2.2.6.2. Memética y otras aproximaciones En los últimos años del siglo XX todav ía era general la idea de que se podí a encontrar un paradigma científico que organiza ra el saber sobre la cultura. Aun aquellos autores que def endían el carácter mult iparadigmático de las ciencias de la cultura como Alexand er J.C. (1990) o Ritzer (1980) aspiraban a establecer uno que pudi era ser el que mayor capacidad explicativa pudiera tener. Para algunos autores: La cultura consiste en los valores, motivaciones, normas y contenidos ético-morales dominantes en un sistem a social. Para otros, la cultura abarca no sólo los valores y las ideas, sino todo el conjunto de instituciones por las que se rige n los hom bres. Algunos antropólogos consideran que la cultura consis te exclusivamente en los modos de pensamiento y comportamiento aprendidos, mientras que otros atribuyen mayor importancia las influencias genéticas en el repertorio de rasgos culturales. Por último, unos opinan que la cultura consiste exclusivamente en pensamiento o ideas, mientras que otros defienden que consta tanto de los pensamientos e ideas como de las actividades de los mismos (Harris, 2000a, pág. 17). Entre los defensores de las definiciones “ideacionales” de la cultura William Durham (1991) sostiene que definir excl usivamente por las ideas la cultura representa un consenso que se debería al canzar. Y, en alguna medida, su definición que hay que resumir como una guía del comportamiento sin el comportamiento. Gran parte de la corriente ideacional m antiene que la cultura consiste con exclusividad en entidades mentales co mpartidas y trasmitidas socialmente como valores, creencias o ideas. La agrupación de todos esos hechos mentales recibió la denominación de “meme”, neologismo introducido por Dawkins en su libro “El gen egoísta” (1979, pág. 218). Necesitamos un nombre para el nuevo replica dor, un sustantivo que conlleve la idea de una unidad de tr ansmisión cultural, o una unidad de imitación. «Mímeme» se deriva de una apropiada raíz griega, pero deseo un monosílabo que suene algo parecido a «gen». Espero que mis 174 amigos clasicistas me perdonen si abrev io mímeme y lo dejo en meme. Si sirve de algún consuelo, cabe pensar, como otra alternativa, que se relaciona con «memoria» o con la palabra francesa même. En inglés debería pronunciarse «mim». Ejemplos de memes son: tonadas o s ones, ideas, consignas, modas en cuanto a vestimenta, forma s de fabricar vasijas o de construir arcos. Al igual que los genes se propagan en un acervo génico al saltar de un cuerpo a otro mediante los espermatozoides o los óvulos, así los memes se propagan en el acervo de memes al saltar de un cerebro a otro mediante un proceso que, considerado en su sentido más am plio, puede llamars e de imitación. Siguiendo a Dawkins, para los memes se dan las mismas características que regulan un proceso evolutivo: fe cundidad, longevidad y fidelidad. Y, exactamente igual que los genes son egoístas. Para Durham el meme es la unidad fundamental de información almacenada en el cerebro, trans mitida mediante un aprendizaje y modificada por las fuerzas selectivas de la evolución cultural. Asume la tesis fundamental de Dawkins que afirma la existenc ia de otro replicante y análogamente a los genes que se agr upan en cromosomas, los memes se agrupan en dimensiones culturales que pueden incrementarse. Pero, mientras los cromosomas son independientes de nuestras acciones, las dimensiones culturales nos construyen. Así pues, la cultura no sería el conjunto de normas sino la información que las construye. Ahora bien, los procesos evolutivos biológic os siguen las reglas del modelo darwiniano, mientras que, la evoluci ón de la cultura, con intervención humana directa puede basarse más bi en en procesos lamarckianos. La definición de meme f ue reelaborada por Blackm ore (2000), asimilándo la a cualquier cosa que se copia de una persona a otra, ideas, habilidades, hábitos o cualquier tipo de información que es copiada con variaciones y selecciones. Puesto que sólo algunas de la variaciones sobreviven, los memes y, lógicamente la cultura, ev olucionan. Los memes se copian por imitación, enseñanza u otros métodos, y compiten por espacio en nuestros recuerdos y por la oportunidad de se r copiados de nuevo. Grandes grupos 175 de memes que se copian y transmiten juntos se llaman memes complejos o memeplexes .Un ejemplo claro de mem eplexe sería la religión. El método de replicación de los memes sería la imitación. Esto requiere capacidad cerebral para imitar general o se lectivamente un modelo. Dado que el proceso de aprendizaje social camb ia de una persona a otra, no puede decirse que el proceso de imitaci ón sea completamente imitado. La igualdad de una idea puede ser expresada con diferentes memes de apoyo. Esto quiere decir que la tasa de mutación en la evolución memética es extremadamente alta, y que las mutaci ones son inclus o posibles dentro de todas y cada una de las interacciones del proceso de imitación. Esto resulta muy interesante cuando advertimos que existe un sistema social compuesto de una compleja red de microinteracciones, pero a un nivel superior surge un orden para crear la cultura. La Memética ha sido vinculada con frecuencia a los métodos matemáticos desarrollados por Cavalli-Sforza ( 2007) en el estudio genético de poblaciones. En el caso de la memética si bien la estruc tura matemática no está todavía suficientemente desarro llada, se está adaptando para el estudio cuantitativo de la transmisi ón y evolución cultural, pretendiendo conseguir el paraguas de la tradición científica del evolucionismo. Las dificultades para construir un modelo matemático que permita comprender la evolución y la transmisión cult ural son evidentes, pero lo cierto es que se están desarrollando trabajos en esa línea que, a su vez, está conectada con los teóricos de la inteligencia artificial. Por su parte Mosterin (2009) ha des arrollado una potente filosofía de la cultura planteando preguntas como qué es la cultura, dónde radica y cómo evoluciona con el tiempo. En su obra “ La naturaleza humana ” (2006) define la cultura como información trasmitida por aprendizaje s ocial entre animales de la misma especie, abriendo una amp lio abanico de posib ilidades a la concepción de cultura en animales sociales. La cultura no es un fenómeno exclus ivamente humano, sino que está bien documentada en muchas espec ies de animales superiores no 176 humanos. Y el criterio para decid ir hasta qué punto cierta pauta de comportamiento es natural o cultural no tiene nada que ver con el nivel de complejidad o de importancia de dicha conducta, sino sólo con el modo como se trasmite la informaci ón pertinente a su ejecución. […] Los chimpancés son animales muy cultural es. Aprenden a distinguir cientos de plantas y sustancias, y a conoc er sus funciones alimentarias y astringentes. Así logran alimentarse y contrarrestar los efectos de los parásitos. Tienen muy poco comportamient o instintivo o congénito. No existe una 'cultura de los chimpancés' común a la especie. Cada grupo tiene sus propias tradiciones sociales, venatorias, alimentarias, sexuales, instrumentales, etc. […] La cultura es tan importante para los chimpancés, que todos los intentos de reintroducir en la selva a los chimpancés criados en cautividad fracasan lamentablement e. Los chimpancés no sobreviven. Les falta la cult ura. (Mosterin, 1998, págs. 146-147; 151) Y, como información transmitida por aprendizaje, se opone a la naturaleza, es decir a la información transmitida genéticamente. Si los memes son las unidades o trozos elementales de información adquirida, la cultura actual de un individuo en un momento det erminado sería el conjunto de los memes presentes en el cerebro de es e individuo en ese momento. A su vez, la noción vaga de cultura de un gr upo social es analizada por Mosterín en varias nociones precisas distintas, definidas todas ellas en función de los memes presentes en los cerebros de los miembros del grupo Para Harris (2000a, pág. 20), los intentos de reducir el concepto de cultura a las ideas excluyendo los comporta mientos, construyen una teoría asimétrica. La explicación usual argumenta que el comportamiento es “ demasiado complejo, deses tructurado e indefinido” para que pueda servir de base al estudio de la cultura. Es probable que subyaga cierto grado de precondicionamiento genético en la creencia difundida (pero no universal) de que una sonrisa es un saludo amistoso, o de que las cosas dulces son buenas para comer. Si aceptamos que estos memes en los que se combinan aprendizaje, ideas y genética son entidades cult urales, ¿por qué negar que comportamientos socialmente transmitidos en los que se combinan aprendizaje y genética forman parte también de la cultura? 177 En mi opinión, la memética explica de la forma más simple problemas como los orígenes del lenguaje y puede ar ticulars e en una teoría que permita establecer las pautas de la difusión y la evolución cultural. 178 179 2.2.6.3. Baudrillard y Bourdieu la construcción de una definición sociosemiótica de la cultura Ralph Linton, en opinión de García Canclini (2004), comienza a generar la dicotomía sociedad-cultura que se im pondrá en las teorías de cultura, desde la mitad del siglo XX y f undamentalmente con Bordieu. Conciben como un conjunto de estructu ras que organizan la distribución de los modos de producción y del poder, entre los distintos individuos y grupos sociales. Del mismo modo, se determinan las prácticas económicas o políticas. Pero, tras ese análisis, se observan residuos que no encuentran encaje en las acciones del poder o la economía. Baudrillard a lo largo de su obra y fundamentalmente en “ Cultura y simulacro ” (2014), observa que la sociedad de consumo hacía evidentes esos residuos que excedían la vida soci al. Define cuat ro tipos de valor de uso en la sociedad, intent ando superar la teoría marxista que establecía dos tipos de valor el de uso y el de cambio, al introducir los que denominó valor signo y valor símbolo. Ese valo r signo estaba constituido por todo el conjunto de conjunto de connotaci ones, de implicaciones que lleva asociado el bien de consumo. En cuant o al valor símbolo está condicionado con la existencia de un determinado ri tual en el momento en que entra en nuestro dominio. Su gran avance es que percibe el cons umo como una práctica semiótica, las mercancía se consumen como “ signos ”, Las dos primeras clases de valor tienen que ver principalmente, no únicamente, con la materialidad del objeto, con la base material de la vida social. Los dos últimos tipos de valor se refieren a la cultura, a los procesos de significación (García Canclini, 2004, págs. 33-34). 180 Bourdieu (1990), afirma que la sociedad está estructurada basándose en dos tipos de relaciones que se apoy an en los valores que definió Baudrillard. Las relaciones de fuerza que se corresponden a los valores de uso y de cambio. Pero, al mismo tiempo, interrelacionándose con ellas se deslizan relaciones de sentido que organi zan la significación. Este mundo de significación constituye el núcleo de la cultura. Analizando de este modo a la cultura tenemos que referirnos a ella como un proceso social y estos no se presentan siempre del mismo modo. Ese proceso cambiante y procesual, que permite que un objeto adquiera distintos valores a lo largo de su existencia puede ser evidente c uando se presenta en relaciones de intercul turalidad. Se producen evidentes cambios de función y de significado cuando los objetos circulan en diferentes ámbitos culturales. Es evidente que el búcaro que adorna una mesa o un kilim enmarcado y colocado en una pared, no cumplían esa función originalmente y que ese cambio de función y de valor signo, han variado en el cambio de ámbito cultural. Al llegar a este convencimiento García Canclini (2004, pág. 35) se plantea la necesidad de alcanzar: “ una definición sociosemiótic a de la cultura, que abarque el proceso de producción, circul ación y consumo de significaciones en la vida social ”. En su opinión, existen cuatro t endencias en la construcción de ese concepto. Una primera que ve a la cultura como organizadora de la identidad, no es una idea nueva, pero si es diferente el entorno en el que esta identidad se construye, los ant iguos espacios y los tabiques que los separaban se han vuelto porosos o han desaparecido di rectamente. En otras instancias se desarrollan t eorías donde se relaciona a la cultura con las instancias simbólicas de la producción y reproducción de la sociedad, donde sociedad y cultura están profundamente imbricadas y todas las prácticas sociales reflej an una dimensión cultural, pero no todos los elementos de las prácticas sociales son culturales. 181 Otra tendencia es la que relaciona la cultura con la creación de consenso y hegemonía y, al final, de legi timidad. La cultura constituye el escenario en que los cambios políticos y de administr ación del poder adquieren sentido, justificando o legitimando las relaci ones diferenciadoras, nombrándolas o ignorándolas, valorándolas o descalificándolas. Por fin, existe una cuarta línea que entiende a la cultura como una dramatización eufemizada de los conflictos. Es evidente la influencia de Bourdieu (1997) y su trabajo s obre el concepto de eufemismo. El eufemismo es lo que permite decir lo todo diciendo lo que no se dice; lo que permite nombrar lo innombrabl e, es decir, en una economía de los bienes simbólicos, lo económico, en el sentido corriente del término, el toma y daca. He dicho «eufemismo», podría haber dicho «conformación». La labor simbólica consiste a la vez en conformar y en establecer unas formas (pág. 167). Para la Real Academia de la Lengua (2001) el eufemismo es una “ manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante ”. A través del estudio de las sociedades pr imitivas a lo largo del siglo XIX y el inicio del XX, se llegó a la conclusión de que, las distintas actividades de juego, danza o teatro, se están refi riendo a los conflictos que existen en esas sociedades. En nuestra sociedad, este concepto dramatizador justifica la existencia del t eatro, el cine, la literatura o las artes plásticas. El trabajo de Geertz en Java (2003) sobre la lucha de gallos es representativ a de esa dramatización eufem izada del conflicto. Pese a que García Canclini (2004) opina que no estamos ante un paradigma, creo que es un modelo con base en la semiótica que se puede desarrollar y terminar por hacer confluir. 182 183 2.2.6.4. Cultura versus lo cultural. Sustantivo o adjetivo Los profundos cambios, que la postmodernidad y la globalización han introducido, actúan sobre las teorías de la cultura modificando sus bases. Las grandes tensiones que se generan en la globalización se gestionan en la dicotomía entre la homogeneización y la heterogeniezación de la cultura. Gran parte de la teoría cultural afirma la predominancia de los procesos de homogeneización. Schiller en su artículo “ Communication and cultural domination ” (1975/1976) expone el proces o de extensión cultural norteamericano, o Mattelart (1995) que nos habla de la internacionalización de las redes culturales. Arjun Appadurai (2001) intent a encontrar un camino que permita comprender como de la globalización surge diversidad: Con frecuencia me encuentro bastant e problematizado por el uso de la palabra "cultura" como sustantivo, y en cambio, muy apegado a la forma adjetiva de la palabra, o s ea, "cultural". Cuando pienso por qué me pasa eso, me doy cuenta de que el mayor problema de la forma sustantiva es que implica que la cultur a es algún tipo de cosa, objeto o sustancia, ya sea física o metafísica. Esta sustancialización, me temo, parece devolver la cultura al espacio discursivo de lo racial, es decir, a aquello que precisamente debía co mbatir, desde sus orígenes. Al implicar una sustancia m ental, el sustantivo "cult ura" parece privilegiar las ideas del estar de acuerdo, estar unidos y de lo compartido por todos que sobrevuelan frente al hecho del conocimiento desigual y del diferente prestigio del que gozan los diversos estilos y formas de vida, y parece desalentar que prestemos atenc ión a las visiones del mundo y la agencia de aquellas personas y grupos que son marginados o dominados (pág. 14). Esta nueva visión nos lleva al abandono de la cultura como sustancia y nos lleva a una concepción de la cultura como la organización de la diferencia, para tras pasos sucesivos como la identidad del grupo basada en la diferencia y, definitivamente a un proceso que naturalice un subconjunto de diferencias movilizadas para ar ticular una identidad al grupo. 184 El estudio de la cultura cambia dirigiéndose a la c omprensión de las estrategias de diferenciación y la forma de organizar las relaciones. En lugar de cultura como sistema de signos y textos, como sistema de significados, hablaremos de lo cult ural como un choque de significados en las fronteras de los grupos. Esos significados que eran variables en el caso del cambio de función de los bienes de sentido que cambiaban de ámbito cultural, son contemplados también por Appadurai (2006), pero, en este caso, refiriendo a los bienes que se indigenizan, recorriendo el sentido contrario a la homogeneización. Sostiene que el mercado global trae c onsigo una creciente disyunción entre la economía, la cultura y la política, que antes coincidían en el Estado- nación y ofrece una teoriz ación de estas dimensiones de la globalizac ión por medio de cinco elementos conceptuales, que llama “ scapes ” de la cultura global: a) el paisaje étnico o ethnoscape Por paisaje étnico me refiero al paisaje de personas que constituyen el cambiante mundo en que vivimos: los turistas, los inmigrant es, los refugiados, los exiliados, los trabaj adores invitados, así como otros grupos e individuos en movimiento que hoy constituyen una cualidad esencial del mundo y parecen tener un efecto, como nunca se había visto hasta este momento, sobre la pol ítica de las naciones y entre las naciones. (pág. 9). b) el paisaje mediático o mediascape Por paisaje mediático me refiero tant o a la distribución del equipamiento electrónico necesario para la produ cción y diseminación de información (periódicos, revistas, estaciones de te levisión, estudios de cine, etcétera) disponible actualment e para un número creciente de intereses públicos y privados en todo el mundo, como a las imágenes del mundo producidas y puestas en circulación por estos medios. (pág. 10). c) el paisaje tecnológico o tecnoscape Por paisaje tecnológico me refiero a la c onfiguración global, también cada vez más fluida, de la tecnol ogía y al propio hecho de que la tecnología, tanto la alta como la baja tecnología, tanto la mecánica como 185 la informática, actualmente se despl aza a altas velocidades a través de todo tipo de límites previam ente infranqueables. (pág. 9). d) el paisaje financiero e) el paisaje ideológico. El uso del sufijo “ scape ” en inglés busca comunicar que estas son perspectivas culturales cuya codificación e interpretación dependen de la posición del espectador, y que est án en constante transformación. Appadurai sostiene que estos paisa jes son los fundamentos de lo que Benedict Anderson, al que cita, ll ama “comunidades imaginarias” porque ofrecen “mundos imaginados” con los que las personas perciben sus realidades, pertenecen tanto a “comunidades imagi nadas” como a “mundos imaginados”. El paisaje que conforma la ideologí a nos remite a las redefiniciones de conceptos, “ libertad ” o “ democracia ” necesitan una traducción e interpretación cuando chocan en las fronteras entre una cultura y otra porque dependen de convencio nes y del marco paradigmático de las culturas para cobrar significado lo calmente. Así, la democracia se construye y se vive de distinta m anera de acuerdo al paisaje ideológico predominante en el estado donde se des arrolla, pero esto no significa que las ideas de “los otros” dejen de ejercer un poder importante en la configuración del discurso político local. Appadurai argumenta que el movimiento global de estos varios paisajes ha traído consigo su creciente disyunci ón: el flujo de personas, tecnologías, representaciones e ideas coexisten sin necesariamente coincidir. Por ejemplo, la desterritorialización de algunos grupos sociales que no habitan en su territorio natal deben adaptarse a ot ros paisajes y resolver la tensión entre la necesidad de adaptarse a su nuevo entorno y mantener una identidad cultural distintiva. Afirma Grimson (2000, pág. 14) ” El mundo actual, y quizá cualquier sociedad humana, resulta incomprensible sin atender a las relaciones entre 186 grupos, sociedades y culturas. Relaci ón es la palabra clave. En sus múltiples formas: contacto, alianza, sometimiento, conflicto, exterminio ”. Su tesis es que a lo largo del siglo XX las ciencias socioculturales han ido situando su foco en los contactos cultural es. Intenta definir si el sustantivo cultura tiene sentido y cuál es su relación con otros como sociedad o identidad y, en esa labor, entiende que “ el uso de la palabra cultura como sustantivo no deja de ser problemático ” (pág. 26). Pero si esas relaciones, esos choques tienen lugar es precis amente porque los distintos grupos participan en los mismos cont extos internacionales. 187 2.2.6.5. Bauman y las ambivalencias. Creación frente a orden. Sistema o matriz Siempre presente en nuestra exposición, Bauman, tanto en “La cultura como praxis” (2002), como en “ La postmodernidad y sus descontentos” (2001), realiza una ingente l abor de síntesis en torno al concepto de cultura y su desarrollo. Un desarrollo c aótico, incoheren te y a menudo contradictorio como afirma el autor: El discurso acerca de la cultura se ha caracterizado por mezclar temas y perspectivas que apenas pueden encaj ar en una narrativa coherente y sin contradicciones. El volumen de anomalías y de incongruencias lógicas habría hecho estallar hace tiempo el más duradero de los paradigmas khunianos (2002, pág. 20). Bauman intenta extraer los distintos significados que adquiere en cada uno de los contextos que define: estructura, concepto y praxis. Y, en principio, en la primera redacción de su obr a, supone que habí a posibilidad de rectificar las incoherencias. Actual mente afirma que sea posible hacer desaparecer las ambivalencias que s ubyacen en el desarrollo del discurso de cultura. Y, lo que es más importante, no piens o que, de ser posible, la eliminación de dicha ambivalencia resultara al go bueno, al fortalecer la unidad cognitiva de la palabra. Por encima de todo, ya no acepto que la ambivalencia que realmente cuenta fuese un efecto accidental, un descuido metodológico o un error [….] Por el contrario, creo que la ambivalencia inherente a la idea de cultura, ambiva lencia que refleja fielmente la ambigüedad de la condi ción histórica que se suponía que debía captar y narrar, es exactam ente lo que ha hecho de esa idea una herramienta tan fructífera (Bauman, 2002, pág. 21). Se refiere a la ambivalencia más evi dente, la que enfrenta a la creatividad con la regulación normativa. La cultur a establece una relación inseparable con la invención y con la pres ervaci ón, en un equilibrio inestable que, dependiendo de cuáles son las política s culturales que se aplican, se decanta por una de las dos opciones, poni endo en situación de inferioridad 188 a la otra. La preservación del orden se opone al azar creativo. Limitar las posibilidades, establecer protocolos sistémicos nos hacen circular por caminos donde no todo es estadísticamente posible. O, “ producir orden significa manipular las probabi lidades de los acontecimientos ” (Bauman, 2002, pág. 22). El concepto de cultura se gener ó por la necesidad que el proyecto ilustrado tenía de comprender la historia y as ignarse a sí mismo un proyecto de progreso. Pero es imposible comprender la historia sino la trasciendes y la conviertes en universal. Y, en virtud de las diversas formas en las que la humanidad establecía la convivencia de sus distintas culturas (admitidas entonces con un destino común que la ev olución obtendría), la tarea de construcción de un orden históricam ente determinado se convertía en paradójica. Pero la construcción del orden es imposible sin afectar a la autonomía, sin establecer bases sólidas que la constriñan. El ser humano autónomo no puede se r más que frágil, no puede haber autonomía sin fragilidad (es decir, son la ausencia de una base sólida, sin una infradeterminación y sin contingenc ia), la autonomía es el rasgo del ser frágil, vulnerable (Bauman, 2002, pág. 24) De esa continua lucha, que todavía se desarrolla, nacen dos discursos distintos en la cultura que son antinómicos, pero que cada uno tiene su contexto de aplicación y desarrolla su función. Uno de los discursos habla de creación de poïesis de excelencia creadora, de refinement . Entendida así la cultura es una posesión, pero de una posesión minoritaria y sin opciones de que esa situación cambie. Para el resto la cultura se manifiesta co mo un don, en el sentido que desarrolló Mauss (2009). La sociedad había de es forzarse en el aprendizaje del lenguaje artístico que convertiría en apreciables las obras que se les proponían, pero eso no los hacía más creativos y continuaban siendo consumidores pasivos. 189 EL discurso antinómico lo constr uyen la antropología y la sociología. Ese discurso muestra la cultura como creadora de orden, una vez que se ha producido el segundo traslado metafóri co y tanto la antropología c omo la sociología construyen conceptos científicos sobre la cultura. En estos ámbitos y, como nuestra exposición ha ido mostrando, cultura ha venido significando regularid ad orden y sistema. La cultura se definía como un agregado de normas, de estructura s que impelían al individuo a la regularidad. Una especie de fa ctoría que, medi ante determinadas operaciones de conservación, manti ene en funcionamient o la sociedad. La imagen de la cultura como un talle r en el cual se repara el modelo estable de sociedad y se conserva su silueta, concuerda con la concepción según la cual todas las co sas culturales –valores, normas de comportamiento, artefactos- confo rman un sistema (Bauman, 2002, pág. 34). Por tanto, la cultura se forjó siguiendo el patrón de las fábricas y su mejor concepción y desarrollo era el de convertirse en un sistema, donde todos los elementos cumplen una función, interactuando, donde todo encaja y no de deja nada a la casualidad y los probl emas sólo pueden llegar por un mal encaje, por errores de diseño. Esta construcción, que ejecuta la modernidad sin ser consciente de que lo s sistemas son performativos y generan entropía, demostró finalm ente, según Bauman (2001), la virtualidad de las premisas que la soportaron: Que la cultura (en el sentido de cult ivación, aculturación) es una entidad o proceso creador de orden; Que, por lo tanto, las normas prom ovidas e instaladas mediante la cultura son (o al menos deberían se r) coherentes y no contradictorias, como el orden en sí; el que no lo sean, es una situación anormal e insana que necesita remedio y rectificación; Que al ser la cultura un sistem a coherente de prescripciones y proscripciones, solo aquellas normas e instrumentos culturales que sean indispensables para la autorrepr oducción del sistema pueden pertenecer al mismo; si nos encontramos con una norma o instrumento, tenemos derecho a preguntar qué papel desempeña en el sistema, que necesidad satisface; si no conseguimos señalar una función, debemos suponer que la norma o el instrumento en cuestión es un r esiduo de un estado pasado 190 del sistema, ahora inútil y destinado a morir poco a poc o; o un añadido extraño, perjudicial para el funcionamiento del mismo; Que el sistema cultural tiene una estructura, encontrándose una variedad impersonal de la estructura en todas las fábricas de orden: de manera similar al panel de control o a los propósitos de la organización, debe haber un sistema central de valor en la cumbre del sistema cultural; y todo lo que forme parte del si stema, de arriba abajo, debería considerarse como la concreción y aplicac ión de dichos valores. (págs. 164-165). Esta peculiar forma de entender la cultura como sistémica en un mundo crecientemente globalizado, con traslados funcionales de elementos, con indigenización de productos, con un ethnoscape complejo, genera una situación permanente de conflicto. Un conf licto entre culturas o una crisis sistémica. En cualquier ca so, una situación extraña. Quizás el modo de escapar a esa sit uación permanente de crisis es la comprensión de que la cultura se desarrolla en una amplia matriz de permutaciones, de elecciones, de cambio s, continuamente fluidos y que nunca terminan de estar completados. O, como explica Bauman (2002, pág. 50). Lo que aglutina los fenómenos naturales en el seno de una cultura es la presencia de esa matriz, una invitaci ón constante al cambio, y no su carácter sistémico, es decir, en ni ngún caso la petrificación de algunas elecciones normales y la eliminación de otras desviaciones. [Document text truncated for crawler view.]