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Sacrificios humanos. ¿Pueden tener justificación?

Alcalde-Martín, Carlos Jesús

Abstract

Este estudio se centra en el comentario de los episodios de sacrificios humanos relatados en las siguientes Vidas paralelas: Temístocles, Agesilao, Pelópidas y Marcelo. El objetivo es analizar las diferencias y semejanzas entre ellos y los motivos de Plutarco para insertarlos en las correspondientes biografías.

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1 Sacrificios humanos. ¿Pueden tener justificación? Carlos Alcalde Martín Universidad de Málaga Este estudio se centra en el comentario de los episodios de sacrificios humanos relatados en las siguientes Vidas paralelas: Temístocles, Agesilao, Pelópidas y Marcelo. El objetivo es analizar las diferencias y semejanzas entre ellos y los motivos de Plutarco para insertarlos en las correspondientes biografías. El episodio de sacrificio relatado en la Vida de Pelópidas (20.422) es el más complejo. Hay dos partes: la primera (en el cap. 20) es el relato de una leyenda: en la llanura de Leuctra se encontraba la tumba de las llamadas Leuctridas, hijas de Escédaso, que habían muerto tras ser violadas por unos espartanos. Su padre no había obtenido justicia en Lacedemonia y se había degollado sobre su tumba (ἔσφαξεν ἑαυτὸν ἐπὶ τοῖς τάφοις τῶν παρθένων). La leyenda, por tanto, contenía ya el suicidio del padre como inmolación ritual en honor de las jóvenes muertas, al parecer por el deseo de compensar la justicia que no se obtuvo. La segunda parte es el relato del sueño de Pelópidas y sus consecuencias (caps. 21-22): Cuando Pelópidas dormía antes de la batalla, vió en sueños a las muchachas y a Escédaso, que le ordenaba sacrificar a una virgen pelirroja en honor de sus hijas si quería vencer a los enemigos. Este mandato le pareció a Pelópidas terrible y contrario a las normas (δεινοῦ δὲ καὶ παρανόμου τοῦ 2 προστάγματος) y se lo contó a los adivinos y jefes del ejército; sus opiniones se dividieron a favor y en contra del mismo. El argumento esgrimido por los partidarios de llevarlo a cabo es la relación de otros sacrificios humanos (Pel. 21.3-4) La selección de los ejemplos es apropiada para la argumentación. Se distingue entre los míticos (τῶν παλαιῶν) y los históricos (τῶν δ’ ὕστερον), y tienen algo en común: se efectuaron por el bien de la patria y siguiendo una prescripción divina. Se ofrece también un ejemplo a contrario: el de Agesilao, que veremos más adelante. Los que se oponían al sacrificio argumentaban que a ninguno de los seres superiores podía agradarle un sacrificio tan bárbaro y contrario a las normas (οὐδενὶ τῶν κρειττόνων καὶ ὑπὲρ ἡμᾶς ἀρεστὴν οὖσαν οὕτω βάρβαρον καὶ παράνομον θυσίαν). Que ya no gobernaban Tifones ni Gigantes, sino el padre de todos los dioses y los hombres. Que no hay que creer en daímones que se regocijan con un asesinato ni hay que hacer caso de ellos, pues son impotentes y los deseos estravagantes y crueles se generan por debilidad y maldad del alma. Al final, aparece, muy oportunamente, un animal: una joven yegua. Un adivino dice que esa yegua es la virgen pelirroja y la sacrifican. Luego sí se requiere un sacrificio pero no παράνομος, no humano. 3 El episodio contiene distintos elementos y connotaciones presentes en las leyendas griegas concernientes a sacrificios humanos. Lo más relevante es que Plutarco aprovecha la ocasión para exponer no solo su opinión sobre los sacrificios humanos, sino también conceptos teológicos acerca de los dioses y de los démones. Plutarco tomó los elementos de las distintas fuentes (salvo el debate, que es una creación propia) y los inserta en su obra modelándolos de acuerdo con sus propósitos. Cree en la manifestación de la divinidad a través de sueños, oráculos, presagios, predicciones de adivinos, y al mismo tiempo cree en los dioses benefactores. El caso de Agesilao es el argumento a contrario que aducen los partidarios del sacrificio en la Vida de Pelópidas: Agesilao también tiene un sueño, pero en este caso es la diosa (Ártemis) quien el pide el sacrificio de su propia hija. Como él no accedió, fracasó en la campaña de Asia que emprendió después. Esta versión se adapta a los argumentos de los partidarios del sacrificio. El relato del mismo episodio en la Vida de Agesilao (Ages. 6.611) tiene diferencias importantes, es más detallado e introduce consideraciones de índole religiosa: Cuando Agesilao se disponía a emprender la expedición a Asia contra Persia, fue a Áulide, pasó allí la noche y le pareció oír en sueños una voz anónima que lo comparaba con Agamenón y le invitaba a hacerle a la diosa el mismo sacrificio que había realizado 4 aquel. Agesilao recordó el sacrificio de Ifigenia, a la que el padre había degollado pesuadido por los adivinos. Contó el sueño a sus compañeros y les dijo que él iba a tributar honores a la diosa mediante los sacrificios con los que, siendo una diosa, es apropiado que se regocije, pero que no imitaría la insensibilidad (o ignorancia, depende de la lectura que se adopte) del general de antaño. Ordenó a su adivino que sacrificase una cierva pero no respetó las costumbres de los beocios y los beotarcas ordenaron interrumpir el sacrificio. Agesilao se marchó irritado y, debido al mal augurio, sin esperanza de poder acabar su empresa y lograr sus objetivos. Plutarco, como vemos, transfiere a Agesilao sus ideas sobre los sacrificios. Mas, por otra parte, Plutarco descarga en Agesilao la responsabilidad, no por haber desobedecido a la diosa sino por haber escogido a su propio adivino y no al habitual de los tebanos. Esto provocó la interrupción del sacrificio y el fracaso de la expedición. Hay grandes paralelismos en estos dos episodios de las Vidas de Pelópidas y Agesilao: se construyen sobre el paradigma de los relatos míticos, sus protagonistas tienen un sueño que los induce a realizar un sacrificio y en ambos casos se sustituye al ser humano por un animal. 5 A diferencia de estos dos casos, en los siguientes que tratamos sí se consuma el sacrificio humano, y los sacrificadores escogen como víctimas a extranjeros. En la Vida de Temístocles 13.2-5 se cuenta que llevaron ante él, en el momento en que se disponía a realizar el sacrificio previo a la batalla de Salamina, a tres jóvenes persas prisioneros; se mencionan su estirpe real, pues eran sobrinos del rey Jerjes, su belleza física y lujosos atavíos. Debido a ciertos presagios, el adivino ordenó a Temístocles que los sacrificara invocando a Dioniso Omestés. Plutarco destaca la coacción ejercida sobre Temístocles. Él se queda consternado por el vaticinio tan terrible (ἐκπλαγέντος δὲ τοῦ Θεμιστοκλέους ὡς μέγα τὸ μάντευμα καὶ δεινόν). Sin embargo, fue obligado a realizar el sacrificio por la mayoría del ejército (οἱ πολλοὶ), que invocaba al dios (Dioniso Omestés) y condujo a los prisioneros hasta el altar. Al dar cuenta del comportamiento de la masa, Plutarco introduce una reflexión propia: Como suele ocurrir en combates decisivos y en situaciones difíciles, la multitud (οἱ πολλοὶ), que esperaba la salvación más por medios irracionales que racionales … lo obligó (ἠνάγκασαν), siguiendo la orden del adivino, a realizar el sacrificio. Plutarco, que ha encontrado la información en Fanias de Lesbos, la incluye en la biografía y configura un relato que exime a 6 Temístocles de responsabilidad; esta se reparte entre el adivino y la multitud, arrastrada por su irracionalidad. En la Vida de Marcelo ( Marc. 3.5-7 ) hay un conocido pasaje en el que el protagonista de la biografía no interviene. Ante la inminencia de una guerra con los galos, los romanos sintieron un gran temor, que se reflejó, según Plutarco, en los grandes preparativos para la guerra y en las novedades introducidas en los sacrificios. Antes de mencionar el terrible acto, Plutarco quiere dejar claro que se trata de un rito bárbaro, no romano, y afirma la unidad de religión, y por extensión de civilización, entre griegos y romanos frente a los bárbaros: βαρβαρικὸν μὲν <γὰρ> οὐδὲν οὐδ' ἔκφυλον ἐπιτηδεύοντες, ἀλλ' ὡς ἔνι μάλιστα ταῖς δόξαις Ἑλληνικῶς διακείμενοι καὶ πρᾴως πρὸς τὰ θεῖα. Después, al narrar el sacrificio, subraya las extremas circunstancias que obligaron a realizarlo: τότε τοῦ πολέμου συμπεσόντος ἠναγκάσθησαν, εἴξαντες λογίοις τισὶν ἐκ τῶν Σιβυλλείων, δύο μὲν Ἕλληνας, ἄνδρα καὶ γυναῖκα, δύο δὲ Γαλάτας ὁμοίως ἐν τῇ καλουμένῃ βοῶν ἀγορᾷ κατορύξαι ζῶντας. Sorprendentemente, Plutarco no emite juicio de ningún tipo ni consideraciones teológicas acerca del terrible sacrificio e incluso se podría decir que trata de disculparlo ya que lo efectuaron por prescripción de los libros Sibilinos. 7 Plutarco no refiere ni la intervención, ni la presencia, de Marcelo en el sacrificio, aunque muestra siempre a un personaje respetuoso con las normas religiosas de su patria. Pero Plutarco sí expresa la crítica, acorde con sus ideas religiosas y éticas, cuando narra otro sacrificio idéntico en Quaestiones romanas 83 (283F-284C): los romanos querían castigar a los gobernantes de la tribu bárbara de los bletonesios por haber sacrificado un hombre a sus dioses pero los perdonaron al enterarse de que era una costumbre suya y les prohibieron hacerlo en lo sucesivo. Considera absurdo (ἄτοπον) que los romanos censuraran a los bárbaros cuando ellos mismos, pocos años antes, habían enterrado vivos a una pareja de griegos y otra de galos en el foro Boario, y se pregunta: 283F-284A ¿Acaso pensaban que era impío sacrificar hombres a los dioses y necesario, en cambio, sacrificarlos a las divinidades inferiores? (δαίμοσιν) ¿O consideraban que quienes hacían esto por costumbre y tradición delinquían, mientras que ellos lo hicieron por orden de las Sibilas? Plutarco, pues, considera que no es piadoso realizar sacrificios humanos aunque lo prescriban los libros Sibilinos, y que tales sacrificios se hacen en honor de daímones. Estos, además, eran extranjeros, pues al final del pasaje (284C) leemos que los sacerdotes 8 encontraron en los libros Sibilinos oráculos que ordenaban hacer el sacrificio a ἀλλοκότοις τισὶ δαίμοσι καὶ ξένοις.