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Érase que se era y toda la clase se entera

Chamorro González, María Luisa

Abstract

Con nuestra voz podemos narrar historias interminables, dibujar escenarios únicos, crear ambientes ordinarios y extraordinarios y dar vida a un sinfín de personajes. Pero nuestra voz es, además, vehículo de experiencias y conocimientos, de preguntas y respuestas. La voz nos pone en contacto a unos con otros siempre y cuando haya alguien escuchando. Pero ¿cómo saber si hay alguien al otro lado de la línea?

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"Érase que se era..." ¡y toda la clase se entera! María Luisa Chamorro González Con nuestra voz podemos narrar historias interminables, dibujar escenarios únicos, crear ambientes ordinarios y extraordinarios y dar vida a un sinfín de personajes. Pero nuestra voz es, además, vehículo de experiencias y conocimientos, de preguntas y respuestas. La voz nos pone en contacto a unos con otros siempre y cuando haya alguien escuchando. Pero, ¿cómo saber si hay alguien al otro lado de la línea? La narración oral ha sido, desde tiempo inmemorial, una de las principales herramientas de transmisión de conocimientos, cultura y valores, así como uno de los recursos más fructíferos en el ámbito educativo (Salmerón, 2004). Sin embargo, para conquistar la atención de un público habituado a recibir un gran número de estímulos, como es el de infantil y primaria, hay que hacer acopio de todas las herramientas a nuestro alcance para que la historia cobre vida y se apodere de la escena. Desarrollar en el alumnado la capacidad de escuchar es, además, un reto necesario para fomentar la comprensión oral, paso esencial en el desarrollo de la comprensión lectora. Si un niño es capaz de prestar atención y comprender las narraciones que escucha, desarrolla una serie de capacidades que podrá recuperar en el momento de la lectura y, por qué no, en momentos de estudio. Si el alumnado descubre, además, que aquellas historias que escucha, y que le atrapan, están disponibles en libros, tendrá un mayor interés por acercarse a este cada vez más extraño objeto de colección y abrirlo en busca de aventuras y finales felices. Por último, en el momento de la narración, el alumno recibe una información esencial que la voz no transmite: un adulto se acerca, deja lo que está haciendo y coloca al niño en el centro de su interés. Deja sus “asuntos importantes” para acercarse y contarle una historia con la que regala a su pequeño oyente toda su mente, su cuerpo y su voz. Esta experiencia emocional juega un papel fundamental tanto en su desarrollo como en su concepción de la lectura, la transmisión de conocimientos e incluso la relación docente-alumnado, aún en construcción. El cuento y la labor docente El objetivo de todo docente es que sus alumnos aprendan, ni más ni menos. Con este objetivo explica, cuenta, busca todo tipo de recursos y actividades. Como ya se ha apuntado, la narración oral en el ámbito educativo, sea este familiar o escolar, ha sido siempre un recurso fructífero y hoy seguimos acudiendo a ella desde los primeros años del niño; sin embargo, como toda la oralidad, parece perder importancia conforme los alumnos crecen y avanzan de curso. El cuento y la narración pueden, no obstante, crecer con el alumnado desarrollando capacidades como la comprensión, la inferencia, el pensamiento crítico y la creatividad, así como la reflexión acerca de valores humanos y actitudes frente a diversas situaciones. Para ilustrar esta afirmación, y atendiendo al público al que se dirige, en este apartado emplearemos el cuento como medio para reflexionar sobre la labor docente actual y sus retos. «¿Qué demonios estás haciendo?», le pregunté al mono cuando le vi sacar un pez del agua y colocarlo en la rama de un árbol. «Estoy salvándole de perecer ahogado», me respondió. (Mello, 1982, p.21) Todos los alumnos no son iguales, no todos aprenden de la misma manera, ni siquiera perciben la realidad del mismo modo. Como profesores, tenemos a nuestra disposición una amplia oferta de cuentos, relatos y narraciones, para todas las edades, habitados por personajes diversos que viven situaciones de todo tipo y que son capaces de convertirse en espejo de quienes los escuchan. Para elegir no tenemos más que mirar al público que nos escucha, sus intereses, sus necesidades, su edad… Esta información la tenemos delante de nosotros, al igual que el pequeño pez que buscaba con ansia el océano en medio del cual se encontraba (Mello, 1982), pero para encontrarla tenemos que tener una mirada crítica y una actitud de evaluación constante de nuestra labor docente. Buscar en otra parte sería ayudar a Nasruddin a encontrar la llave perdida (Mello, 1982, p. 42). Cuentan que un día estaba el mulá Nasruddin en la calle, a cuatro patas, buscando algo, cuando se le acercó un amigo y le preguntó: - "Mulá, ¿qué buscas?" Y él le respondió: - "Perdí mi llave." - "¡Oh, Mulá, qué terrible!... Te ayudaré a encontrarla." Se arrodilló y luego preguntó: - "¿Dónde la perdiste?" - "En mi casa." - "Entonces, ¿por qué la buscas aquí afuera?" - "Porque aquí hay más luz." Para comprender los intereses y las necesidades reales de nuestro alumnado y desarrollar de la manera más eficaz la labor educativa, debemos ser capaces de mirar más allá de las apariencias (Bucay, 2007, p. 129) y de adoptar nuevas perspectivas. ! Había una vez un estanque maravilloso […]. Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia. Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.! La furia, apurada (como siempre esta la furia), urgida -sin saber porquése bañó rápidamente y más rápidamente aun, salió del agua.! Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró. Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza...! Y así vestida de tristeza, la furia se fue.! ! Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque. En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba. Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.! ! Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz […] Tenemos que estar dispuestos tomar nuevos caminos para responder a las nuevas realidades y necesidades y no aferrarnos al “esto siempre se ha hecho así” como un mantra del maestro (Mello, 1982, p. 88): Cuando, cada tarde, se sentaba el gurú para las prácticas del culto, siempre andaba por allí el gato del ashram distrayendo a los fieles. De manera que ordenó el gurú que ataran al gato durante el culto de la tarde. Mucho después de haber muerto el gurú, seguían atando al gato durante el referido culto. Y cuando el gato murió, llevaron otro gato al ashram para poder atarlo durante el culto vespertino. Siglos más tarde, los discípulos del gurú escribieron doctos tratados acerca del importante papel que desempeña el gato en la realización del culto como es debido. A analizar la realidad de manera crítica (Mello, 1982, p.58): Se hallaba en cierta ocasión Nasruddin -que tenía su día filosóficoreflexionando en alta voz: «Vida y muerte... ¿quién puede decir lo que son?». Su mujer, que estaba trabajando en la cocina le oyó y dijo: «Los hombres sois todos iguales, absolutamente estúpidos. Todo el mundo sabe que cuando las extremidades de un hombre están rígidas y frías, ese hombre está muerto». Nasruddin quedó impresionado por la sabiduría práctica de su mujer. Cuando, en otra ocasión, se vio sorprendido por la nieve, sintió cómo sus manos y sus pies se congelaban y se entumecían. «Sin duda estoy muerto», pensó. Pero otro pensamiento le asaltó de pronto: «¿Y qué hago yo paseando, si estoy muerto? Debería estar tendido, como cualquier muerto respetable». Y esto fue lo que hizo. Una hora después, unas personas que iban de viaje pasaron por allí y, al verle tendido junto al camino, se pusieron a discutir si aquel hombre estaba vivo o muerto. Nasruddin deseaba con toda su alma gritar y decirles: «Estáis locos. ¿No veis que estoy muerto? ¿No veis que mis extremidades están frías y rígidas?». Pero se dio cuenta de que los muertos 'no deben hablar. De modo que refrenó su lengua. Por fin, los viajeros decidieron que el hombre estaba muerto y cargaron sobre sus hombros el cadáver para llevarlo al cementerio y enterrarlo. No habían recorrido aún mucha distancia cuando llegaron a una bifurcación. Una nueva disputa surgió entre ellos acerca de cuál sería el camino del cementerio. Nasruddin aguantó cuanto pudo, pero al fin no fue capaz de contenerse y dijo: «Perdón, caballeros, pero, el camino que lleva al cementerio es el de la izquierda. Ya sé que se supone que los muertos no deben hablar, pero he roto la norma sólo por esta vez y les aseguro que no volveré a decir una palabra». Cuando la realidad choca con una creencia rígidamente afirmada, la que sale perdiendo es la realidad. A confiar en nuestro criterio, dispuestos siempre a equivocarnos (Mello, 1982, p.73): Un hombre a quien se consideraba muerto fue llevado por sus amigos para ser enterrado. Cuando el féretro estaba a punto de ser introducido en la tumba, el hombre revivió inopinadamente y comenzó a golpear la tapa del féretro. Abrieron el féretro y el hombre se incorporó. «¿Qué estáis haciendo»?, dijo a los sorprendidos asistentes. «Estoy vivo. No he muerto». Sus palabras fueron acogidas con asombrado silencio. Al fin, uno de los deudos acertó a hablar: «Amigo, tanto los médicos como los sacerdotes han certificado que habías muerto. Y ¿cómo van a haberse equivocado los expertos?». Así pues, volvieron a atornillar la tapa del féretro y lo enterraron debidamente. Y, por encima de todo, a amar a nuestros alumnos, a todos, en especial a los que nos lo ponen difícil (Mello, 1982, p. 91-93): Un hombre que se sentía orgullosísimo del césped de su jardín se encontró un buen día con que en dicho césped crecía una gran cantidad de "dientes de león". Y aunque trató por todos los medios de librarse de ellos, no pudo impedir que se convirtieran en una auténtica plaga. Al fin escribió al Ministerio de Agricultura, refiriendo todos los intentos que había hecho, y concluía preguntando: "¿Qué puedo hacer?". Al poco tiempo llegó la respuesta: "Le sugerimos que aprenda a amarlos”. Para que todo esto sepa posible hay algo esencial: estar presentes en el aula, aquí y ahora, y disponibles, cercanos al alumno. La revolución que aún espera la educación se parece quizás a la que hace años se produjo en el teatro: la ruptura de la cuarta pared. Aún hoy se hace necesario romper la distancia que existe entre alumnos y profesores. Y el paso está en nuestras manos: son los docentes los que deben bajar del escenario y perderse entre el público, fundirse con él. Es necesario abandonar la atalaya desde la que miramos, dirigimos y dominamos el aprendizaje de nuestros alumnos. Bajar a vivir el proceso en el que están inmersos facilitándoles experiencias y entornos en los que puedan desarrollarse al máximo. Abandonar la fábrica de “alumnos modelo” por algo más artesano donde cada alumno pueda ser la mejor versión de quien realmente es. Pero en la enseñanza, no todo es tarea del profesor –¡menos mal!–, todos los agentes tienen algo que aportar: Unos viajeros llegaron a una aldea, llevando nada más que una olla vacía (en otra versión, la encontraron por ahí). Al llegar, los aldeanos no querían compartir reservas de comida con los hambrientos viajeros. Estos llenaron la olla con agua, tiraron una piedra grande y limpia dentro, y la pusieron al fuego en la plaza mayor de la aldea. Uno de los habitantes sintió curiosidad y acercándose les preguntó lo que estaban haciendo. Los viajeros le contestaron que estaban preparando una deliciosa "sopa de piedra", aunque les faltaban algunos acompañamientos para poder incrementar el sabor. El aldeano no tuvo inconveniente en prestarles algunos a cambio de un poco de sopa al final. Otro aldeano pasó por allí, preguntó al respecto, y los viajeros volvieron a mencionar su sopa de piedra, que aún no había alcanzado todo su potencial. El aldeano también les dio un poco de condimentos a cambio de un plato de sopa al final. Más y más aldeanos por curiosidad fueron acercándose, cooperando con más ingredientes. Finalmente todos disfrutaron de una deliciosa y nutritiva olla de sopa. (Cuento popular La sopa de piedra). La narración oral y los recursos del narrador A continuación, vamos a exponer de manera sencilla qué recursos tiene a su alcance cualquier docente o narrador para conseguir que sus oyentes visualicen las historias que les cuenta. Organizaremos estos recursos en dos bloques: recursos que puede encontrar en su propio cuerpo y que aportan expresividad a la narración y recursos materiales que descubren nuevas vías para ambientar el cuento e introducir a los oyentes en un mundo nuevo. Recursos corporales Voz Lo primero que ha de tener en cuenta todo el que desee narrar una historia es la voz. Es la primera herramienta que se pone en juego y la única que es absolutamente imprescindible. Para contar una historia mediante el lenguaje oral, debemos tener en cuenta algunas premisas: •Volumen: El volumen ha de ser adecuado para que todos los oyentes escuchen con comodidad la historia, pero es, además, un recurso expresivo, pues se pueden realizar subidas o bajadas de volumen acordes a lo que se está narrando. También es un potente captador de atención. •Entonación: La entonación debe ser variada para evitar la monotonía. Además, debe adecuarse a lo que se está contando. •Ritmo: El ritmo de narración debe ser pausado para permitir al narrador articular correctamente cada uno de los sonidos y al oyente escucharlos. Sin embargo, en ocasiones una aceleración puntual o una ralentización pueden conseguir un efecto muy interesante para la narración. •Modulación: La voz caracteriza a los personajes. Así, un personaje pequeño, como un enanito o un insecto, suele ser caracterizado con una voz aguda, por ejemplo, al igual que un personaje malvado como el lobo feroz tiene una voz ronca y grave. Gesto: expresión corporal y facial El cuerpo y la cara, por su parte, nos permiten completar la información enviada mediante la voz de una forma visual. Los gestos de las manos del narrador dibujando una colina detrás de nosotros o el ritmo de los pies marcando los pasos de alguien que se acerca ejercen un efecto muy interesante en el público, aportándole información extra y reduciendo el número de palabras necesarias para describir un paisaje o ambientar una escena. Algunas de las recomendaciones básicas para el narrador en relación a su expresión corporal y facial son: •El movimiento debe ser vivo pero sin demasiados desplazamientos que puedan confundir o, incluso, desviar la atención del oyente. •Los gestos deben acompañar a la narración, deben ser gestos con sentido que sirvan de apoyo a la comprensión del relato. •La expresión facial es un recurso inestimable para anticipar, crear expectación y controlar la atención del público. •La mirada debe estar dirigida a los espectadores. De este modo, obtendremos un feedback, es decir, podremos saber si se está siguiendo la historia y si están disfrutando con ella. Pausas: En una narración, lo que hacemos no es lo único que contribuye a crear un efecto determinado, también lo es lo que dejamos de hacer. El silencio, bien empleado, tiene una capacidad dramática inestimable. Las pausas en la narración pueden ser potentes captores de la atención del público. A veces se oyen más que los gritos. Además, sirven para gestionar la intriga y las emociones en los oyentes. (Chamorro, 2015) Recursos materiales Libro La presencia del libro en la narración es fundamental para propiciar la animación lectora pues lo presenta como objeto contenedor de las historias que se cuentan y propicia una asociación entre el libro, objeto físico y visible, y los relatos a los que el narrador da vida. De este modo se crean conexiones entre la experiencia placentera que vive el oyente al imaginar las historias que oye de labios del narrador y el objeto que las contiene. Es importante que siempre que sea posible el libro esté presente en la narración, incluso en los casos en que quien narra conozca la historia de memoria. Para los alumnos de infantil y de los primeros cursos de primaria es especialmente importante la presencia física del libro ya que están aún inmersos en el proceso de aprendizaje de la lectura y la escritura y la visión del libro incentiva el interés por aprender a leer. Imágenes La narración se ha presentado a menudo y desde siempre unida a imágenes. Ya los juglares y trovadores medievales, empleaban imágenes, como apoyo visual en la narración oral, para facilitar el seguimiento del relato. También en el aula, la imagen y el dibujo son recursos útiles para mantener la atención de los alumnos. Estas deben ser imágenes sencillas, con pocos elementos, pero sugerentes y atractivas y con relación directa con la narración. Además de facilitar el seguimiento de la historia, las imágenes pueden favorecer la creatividad y la imaginación y servir de ayuda para la creación de historias originales por parte de alumnos y profesores. Juegos como Dixit o Storycubes, basados en imágenes sencillas, pueden emplearse en clase para fomentar la escritura o narración creativa. Una actividad interesante y atractiva para el aula es la creación libros originales para el aula. En ellos, la imagen resulta un medio para propiciar el trabajo de todos, la cooperación entre los alumnos y la implicación que fomenta crear un elemento propio. Las imágenes para la creación de libros ilustrados puede ir desde simples dibujos a mano hasta fotografías de escenas completas. Un modo original de crear escenas para un cuento es dibujar un decorado en el suelo con tizas y, sobre este, los propios alumnos pueden interpretar (de manera estática) los distintos personajes de la escena que narra el libro. (Chamorro, 2016) Marionetas Otro de los métodos más antiguos para el apoyo a la lectura en voz alta es el uso de muñecos, títeres o marionetas que representan a los personajes que protagonizan la historia que se cuenta. Además de hacer presente características propias del teatro, las marionetas favorecen la atención de los alumnos y su conexión afectiva con los personajes, sobre todo de los más pequeños. La marioneta da vida a los sucesos y permite, incluso, que personajes de ficción y personas de carne y hueso interactúen sin barreras de ningún tipo. Así, podemos ver con facilidad cómo los niños responden sin dudar a las preguntas que realizan las marionetas en mitad de una historia. Además, como docentes, a menudo tenemos dificultades para hacer representaciones teatrales, pues nos encontramos solos en el aula. También en este problema, las marionetas aportan una solución, pues pueden dialogar con el profesor o el narrador e incluso llevar a cabo acciones conjuntas. Objetos de la vida cotidiana Y, ¿qué si no disponemos de marionetas y títeres? Echar mano a una de las herramientas más útiles para el docente: una mirada creativa a nuestro alrededor. No será fácil conseguir marionetas para encarnar a todos los personaje a los que la inagotable imaginación de los autores hayan dado vida, pero los objetos que nos rodean pueden, sazonados con una pizca de imaginación, hacer las veces de cualquier ser real o ficticio que necesitemos. Así un vestido o una corona pueden representar a una princesa; una fregona puede ser nuestra pareja de baile; un guante de microfibra pueden ser un perro o un tigre; un paraguas, una medusa; un perchero vestido con un abrigo o un sombrero, un detective; una silla, el barco de Barbaroja…