El concepto de imaginación en literatura y cine
Abstract
El propósito de este trabajo es llamar la atención sobre los principales tópicos y prejuicios que se activan cuando se comparan literatura y cine, en especial el de la imaginación, reservada según muchos (público, críticos, literatos, cineastas) al lector y vetada al espectador de cine.
Full text
¿No se trata, a menudo, del “juego de los errores”?
“Me gustó más el libro” (chiste de las cabras)
1) Los espectadores 2) Los críticos (¿solo a los literarios?) 3) Los propios creadores (¿solo a los escritores o también a los cineastas?)
José Solana [4] razonó: 8 de Marzo de 2008 | 8:59 pm Fluye la imaginación hasta límites impensados… y si luego vemos la película de ese libro, nos damos un chasco (decepción) tremendo! Saludos
Alberto [6] razonó: 12 de Marzo de 2008 | 12:17 pm Es una experiencia íntima y más intelectual. La mente participa más activamente.
Chema [3] razonó: 9 de Abril de 2008 | 8:39 pm Somos adictos a la tecnología, a que ella haga todo por nosotros. Seguro que algunos no leen simplemente porque es más cómodo. Triste, muy triste.
“Hay que tener en cuenta la diferencia existente entre el libro y la película: aquél exige una participación del lector que ha de construir en su imaginación lo que el novelista le sugiere […]. El cine, por el contrario, no deja opción a la fantasía; el espectador no tiene que imaginar cómo es un personaje, cómo el entorno, cómo son los gestos y los movimientos que realiza: los ve tal y como el autor ha querido que sean. Entonces, si el realizador, que introduce
al espectador en el mundo envolvente de la pantalla, acogotándole, obligándole a aceptar lo que le va mostrando en una rápida sucesión de imágenes y sonidos, sólo lleva a esa imagen la anécdota externa, hurtará todo aquello que el novelista ha sugerido al lector y éste ha construido en su imaginación en su solitario enfrentamiento con el libro”.
Imaginación (Del lat. imaginatĭo, -ōnis). 1. f. Facultad del alma que representa las imágenes de las cosas reales o ideales. 2. f. Aprensión falsa o juicio de algo que no hay en realidad o no tiene fundamento. 3. f. Imagen formada por la fantasía. 4. f. Facilidad para formar nuevas ideas, nuevos proyectos, etc. Imaginar (Del lat. imagināri). 1. tr. Representar idealmente algo, inventarlo, crearlo en la imaginación. U. t. c. prnl. 2. tr. Presumir, sospechar. U. t. c. prnl. 3. tr. ant. Adornar con imágenes un sitio. 4. prnl. Creer o figurarse que se es algo (DRAE).
Imaginación 1 f. Facultad del espíritu por la que puede representarse cosas reales o inexistentes, materiales o ideales. Fantasía. Particularmente, facultad de los artistas para crear. Imaginar (del lat. "imaginari") 1 tr. Representarse en la *mente la imagen de algo que no existe o que no está presente. […] Se emplea mucho en imperativo en frases de sentido enfático: "Imagina el efecto que me haría la noticia. Imagínense ustedes una circunferencia girando alrededor de un diámetro". Concebir, figurarse, idear […] (María Moliner)
Hablando de la literatura, lo que a mí me fascina de ella es cuando la puedes vivir como una auténtica experiencia vital, cuando una lectura de un libro se convierte casi en un viaje, en un viaje real, algo que te ha pasado, y cuando esa experiencia vital, no un texto cerrado, con un escritor que es un guardián de las esencias, sino cuando esa experiencia que a ti te ha aportado la novela, la puedes reconvertir en una película, adaptarla desde esa perspectiva. Es decir, que la literatura no es algo cerrado, sino que es algo que yo he vivido leyendo esa historia que tú [Lorenzo Silva] has contado y que, por tanto, puedo reconvertirla en un nuevo viaje. Sería como rehacer la aventura que tú ya hiciste. Viajar buscando la esencia de quien viajó y encontrar algo nuevo rehaciendo ese viaje, porque ahora ya es tuyo. La novela es como un mapa del viaje, pero no todas las cosas están donde dice el texto, hay que reencontrarlas (Guion de La flaqueza del bolchevique).
Es recomendable atender a la complejidad del lenguaje fílmico, que conjuga varios elementos simultáneamente (e incluye al guion como un “eslabón perdido” que no debemos olvidar).
–¿Quién crees túque es el mejor actor de la historia, papá? –Brando –dije–. La escena de La ley del silencio , cuando Brando coge el guante de la chica y se lo pone en la mano, es totalmente improvisada. Es insuperable. Deberíamos volver a verla. Empecéa decir (a repetir, mejor dicho) lo que me habían explicado mis profesores en la universidad: que la segunda vez que ves algo es en realidad la primera. Tienes que saber cómo acaba para poder apreciar lo maravillosamente que estárealizado desde el principio. [David Gilmour, Cineclub , trad. de Ignacio Gómez Calvo, Barcelona, Mondadori, 2009, p. 54].
Es imprescindible, por último, tener en cuenta factores como estos antes de establecer la comparación: p. ej., el azar como factor estético. Arte colectivo vs. individual