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TESIS D OCTORAL
El 9/11 y l a teoría del choque de civiliz aciones e ntre
Occi dente y el Mun do Árabe: l a visión intermedia de
Naguib Mahfouz
Samia Nassera Z ini
Director:
Dr. Teodoro Le ón Gross
Codirector:
Dr. Bernardo J osé Góm ez Calderón
DEPA RTAMENDO DE PERIOD ISMO
FACUL TAD DE CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN
MÁLA GA, 2015
AUT OR: Samia Nassera Zini
http://orcid.or g/0000-0003-4459-6726
EDIT A: Publicaciones y Divulgación Científica. Universidad de Málaga
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-
SinObraDerivada 4.0 Internacional:
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No se puede hacer uso comercial de la obra y no se puede alterar , transformar o hacer
obras derivadas.
Esta T esis Doctoral está depositada en el Repositorio Institucional de la Universidad de
Málaga (RIUMA): riuma.uma.es
A mis padres, Rabea y Francesco,
mi Oriente y mi Occidente.
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN 21
I. I nt erés y oportunidad de la investigación 21
II. Hipótesis 26
III. Objetivos 28
IV. Metodología 29
IV.I. Origen, delimitación y justificación de l a muestra 29
IV.II. Historia del análisis de contenido 31
IV.III . Método apl icado 34
IV.IV. El análisis de contenido cuantitativo 36
IV.V. Ficha de análisis 39
IV.V.I. Temática 39
IV.V.II. Protagonismos políticos 40
IV.V.III . Prota gonismos culturales y sociales 41
IV.V.IV. Protagonismos geográficos (I) 42
IV.V.V. Protagonismos geográficos (II) 42
IV.V.VI. Instituciones internacionales 43
IV.V.VII . Instituciones regionales 43
IV.V. VIII . Part idos políticos y or ganizaciones 44
IV.V.IX. Referencias histórica s 44
IV.V.X. Referencias cultura les 45
IV.V.XI. Pala br as clave 46
V. Estructura de la tesis 47
PARTE I
ESTADO DE LA CUESTIÓN
Capítulo 1 │ Naguib Mahfouz: un Nobel hijo de dos civilizaciones 57
1.1. Orígenes 57
1.1.1. Entre dos barrios: Gamaliyy a y Aba siyya, la humanización del espacio
6 4
1.1.2. Contextualizando a Mahf ouz: la vida a través de la maqha 68
1.1.3. Primeras lecturas: ¿filosofía o literatura? 71
1.1.4. Una vida dedicada a l Estado (1934-1971) 75
1.1.5. ¿Un escritor sin ideología? La política, columna vertebral de la
Novelística de Naguib Mahfouz 77
1.2. El origen de la novela en Egipto: Mahfouz y el realismo 79
1.3. Clasificación d e la obra y corriente s 83
1.3.1. Primeros escritos: Mahfouz y la novela histórica 85
1.3.2. Viaje de Oriente a Occide nte: la Trilogía de El Cairo (1956-57) 88
1.3.3. Silencio narrativo: la fragua de Hijos de nuestro barrio (1959) 94
1.3.4. Exist encialis mo 97
1.3.5. Corriente del absurdo 99
1.3.6. La novela e pisódi ca: ruptura con lo preestablecido 102
1.4. La mujer en la novelística de Mahfouz 117
1.4.1. Antecedentes en la literatura ára be: d e las tradiciones preislámicas a la
sunna y la influencia de los alhadices 117
1.4.2. La mujer en El callejón de al-Midaq (1947) 122
1.4.3. Principio y fin (1949) 126
1.4.4. La Trilogía de El Cairo (1956-57) 128
1.4.5. El ladrón y los perros (1961) 129
1.4.6. Las codornices y el otoño (1962) 131
1.4.7. La ausencia (1964) 131
1.4.8. Egipto tiene nombre de mujer: Zohra ( Miramar , 1967) 132
1.5. Mahfouz y el cine 137
1.6. Occidente al ‘otro’ lado del espejo 143
Capítulo 2 │ El 9/11 y e l paradigma Occidente-Mundo Árabe 153
2.1. La era 9/11 1 5 3
2.1.2. El paradigma cultural y Samuel P. Huntington; el “¿Choque de
civilizaciones?”, la formulación de una teoría entre interrogantes 156
2.1.3. El fin de la Historia y El choque de civilizaciones : paralelism os de dos
éxitos editoriales 158
2.1.4. El panorama político mundial tras la Guerra Fría: la visión de Fuku y ama
1 5 9
2.1.5. El choque de civilizaciones: ¿una nueva teoría? 163
2.1.6. El proceso evolutivo de las civilizaciones y su delicado equilibrio 171
2.1.7. La estructura y el rol de las civiliz aciones 175
2.1.8. El clash sometido a análisis 176
2.1.9. Las fronteras geográficas y las civilizaciones: el choque en las « líneas de
frac tura » 184
2.1.10. Alguna s co nsideraciones sobre la teoría del choque de civiliz aciones y la
tradición intelectual de la que se ve precedid a 187
2.2. Contextualización del 9/11 : antecedentes 195
2.2.1. Guerra soviética en Afganistán: comunismo, C I A y mu y ahidín (1979-1989)
195
2.2.2. Arabia Saudí y el terrorismo en nombre del Islam 202
2.2.2.1. Orígenes 203
2.2.2.2. La Ara bia Saudí de los Estados Unidos de América 209
2.2.2.3. Bin Lade n: l a configuración del e ne migo 210
2.2.2.4. Abdalá Azzam 212
2.2.2.5. Al-Zawa hiri 215
2.2.2.6. Al Qaeda , el enemi go inasible 216
2.2.2.7. Los hijos de Palestina 227
No puede faltar entre estas líneas mi gra titud al periodista Daniel Blumenthal, quién no
dudó en concederme un a entrevista en el verano de 2012 haciendo un hueco desde su país de
residencia , Israel.
Son muchos los momentos y experiencias que, aunque relacionados con la investigación,
no ocupan lugar entre su s páginas, pero que no d ejan de tener un significado especial en el
resultado de la misma. Este es el caso de la aportac ión de la escritora Fatema Mernissi, una
mujer brillante que tuvo a bien guiarme, indicándome qué caminos evitar para no perder d e
vista mis objetivos.
De t odas las personas a las que he mencionado hay una en especial que ha sido un a
verdadera inspiración para mí , una mente privile giada cu y a a gude za y consejos han t enido
una considerable influencia en la visión crítica d e la investigación, el politól ogo Sami Naïr.
Sus palabras me hicieron replantearme mi análisis al ganar otras perspectiv as.
Por último, aunque para mí en primer lugar de importancia, qui ero dar las gracias a m is
amistades, en especial a Remedios, por ser la p rimera en animarme a hacer esta tesis y a
Paola, por su infinita comprensión en los peore s momentos del camino. A toda mi familia,
entre ellos, a mi he rma no Oma r, por una intel igencia superior que me ha hecho que rer
superarme cada día. A mis parientes en las dos orill as del Mediterráne o, po r la delicadeza co n
la que han tratado de co mprender la verdadera di mensión y el si gnifica do de este t rabajo par a
mí. Dejo para el final, por ser el más especial, mi profundo ag radecimiento a mi madre, la
verdadera responsable de cualquier pro y e cto en mi vi da, por infundirme aliento, ofrecerme su
apoy o y darm e todo su cariño en los momentos de ma y or adversidad. A ti , m ás que a nadie,
gracias.
INTRODUCCIÓN
21
INTRODUCCIÓN
I. Interés y oportunidad de la investigación
En el recuerdo colectivo del 11 de septiembre de 2001, todo queda eclipsa do por el derrumbe
de las Torres G emelas. La ma yoría de estudios relacionados con los atent ados mencionan d e
pasada el avión d e American Airlines, estrellado contra el Pentágono, y el de la United,
encontrado en un campo cerc a de Pennsylvania. La s torres norte y sur de Nueva York y sus
víctimas son el símbolo vertica l de aquel día.
Uno de los más p rominentes arquitectos norteamericanos del siglo XX , Minoru Yamasaki
(1912-1986), fue el encargado de la construcción del World Trade Center, del que en su día
llegó a d ecir: “debería, p or su importancia, convertirse en la representación viva de la fe del
hombre en la humanid ad, de s u necesidad d e dignidad i ndividual, su creencia en la
cooperación entre p ersonas y [ …] de s u habilidad para h allar la grandeza” (H e y er, 1966, p.
195). C uando ambas torres fueron i nauguradas e l 4 de abril de 1973, el gobernador Nelson
Rockefeller , hermano de David, artífice de tamaña empresa 1 , declar ó en tono triunfal que
aquello era “un sueño he cho realidad” (Fowler, 11 de septiembre de 2015).
La mayoría de estudios sobre los atentados del 11S , más conocido como 9/11 , hablan de un
ataque al corazón de las finanzas de Occidente, de un golpe certero al centro del miedo de esta
parte del mundo. Inde pe ndientemente de la p arafernalia de l a que se ha querido rodear aqu el
funesto día a través d e interpretaciones sobre su simbología, lo cierto es que los a tentados
quisieron herir a un paí s hasta entonce s intoc able en su propio territorio, apuntando a su
skyline , emblema de la prosperidad económica que lo caracter iza.
Nadie podía imaginar la etapa qu e los k amikazes acababan d e inaugur ar ni la precisión de
aquella guerra asimétrica que, con el derrumbe del sueño americano d e acero y cristal,
iniciaba el rediseño de Oriente Medio. L a guerra contra el terrorismo, cruzada particular de la
Administración Bush co ntra Al Qaeda en A fganistán y Sad am en Irak, d esató una reacción
con la que Occidente no contaba. La le y d e causa y efecto parecía no tener validez en una
región paralizada por el atraso que aseguraban los dictadore s de unos Go biernos corruptos.
Los tít eres de la ambició n de Estados Unidos en la zona colaboraron en todo aquel proceso
que l lega hasta nuestros días materia lizado en el caos de Af ganistán, el choque sectario en
1 Su constr ucción empezó en febr ero de 196 7
22
Irak y , en l a cúspide de este trián gulo de violencia, el Estado Islámico ( I S IL, I S I S) o Da ’esh .
La ó rbita occidental será atacada en cuatro oca siones m ás. Al 11S le s eguirán el 11M en
Madrid (2004), el 7-J en L ondres (2005) y , recient emente, el 12- N en P arís (2015) en el que
fallecieron 130 personas y 252 resultaron heridas.
El terrorismo de estas organizaciones es la reacción excepcional al intervencionismo
estadounidense. La ve rdadera manife stación contra siglos de mara smo y de una
independenc ia fictici a de las antiguas metrópoli s viene de manos de las generaciones más
jóvenes que, a t ravés de l as redes, llaman a las sociedades á rabes a tom ar las calles para decir
‘no’ a a l intervencionism o y ‘no’ a sus propios dirigentes.
Este desorden en el que se encuentra la región es fruto de los planes de Estados Unidos
que, como apunta L oretta N apoleoni, lleva más de medio siglo en guerra, al parecer “para
difundir la democracia” y de paso ab rir la colon ización del mer cado a l as mul tinacionales
occidentale s (2015, p. 83 ).
En diciembre de 2001, pregunta do por los efectos del 9/11 , C homsky d ecía: “Nadie puede
presagiar con precisión qué significa esto. Pero es tá muy cla ro que es algo sorprendentemente
nuevo” (Chomsk y , 2001, p. 12). Más de una década después, se puede precisar qué
consecue ncias están teni endo este terrorismo y la réplica de Occidente, cargar ex clusivamente
contra los l lamados y ihadistas sería errar en el diagnóstico y , por t anto, en el tratamiento
intelectual y factual de este fenómeno.
Al miedo y la incertidumbre del 9/ 11 le siguieron análisis imprecisos, car ga dos de errores
conceptua les con la urgencia por tratar de aprehender a un m onstruo sin base física: Al Qaeda.
Bin Laden pasó a ser, ju nto con las Tw in Towers , parte d e la iconografía de un siglo qu e se
anunciaba convulso desde sus inicios. Más allá de la batalla por el poder librada por los
terroristas y Estados Unidos, esta nueva e ra se caracteriza por alejarse de la corrie nte buenista,
que subra y a los beneficios de la multiculturalidad, para desempolvar una teoría de principios
de los noventa: el C hoque de C ivilizaciones. En ésta, el politólogo norteamericano Samuel P.
Huntington rescata la i dea de la divi sión del orientalista brit ánico Berna rd L ewis, quien en su
artículo “The Root s of Muslim Rage ” enfrenta al mundo cristiano con el islámico con base en
la separación entre f e y Est ado. En esta lectura a la luz de los acontecimientos, el terrorismo
deja de ser en nombre de la religión islámic a para se r la r eligión islámica, sin más,
convirtiendo a los musulmanes del mundo en una amenaza constante a las libert ades y
principios sobre los que la idea de Occidente parece asentarse.
La s oposiciones binarias artificiales empiezan a fo rmar pa rte del leng uaje directo e
indirecto de los medios y d e los pol íticos, que describen un Oriente “místi co, irracional,
23
violento” en contraste con Occidente, cara cterizado por ser “racional, laico, técnico,
materialista y demócrata” (Corm, 2005, p. 27). E sta fractura de civilizaciones es p ara Corm
imaginar ia, produ cto de un Occid ente que ha olvidado el ori gen geográfico de su cristianismo,
que durante si glos ger mi nó en Oriente. Esta parte del mundo se embarca en el camino de la
razón y d e la autonomía del individuo, algo que el I slam, al que s e supone di fere nte de estos
monoteísmos semíticos, no puede aspirar al tratar se para él de un ejerc icio harto complicado
(Corm, 2005, p. 126).
El arabo-musulmán es analizado e interpre tado, es l eído a través de una literatura
orientalista considerada universal. La distorsión de la image n del musulmán es fruto de siglos
de desavenencias, de guerras y luchas por el poder: sarraceno, ant es; terrorista-islamista-
y ihadista, ahora. Éste es catalogado y delimi tado para ser comprendido según el conte xto.
Con la derrota de 1967 c ontra Israel, a la ima gen de l axo y entregado a los placeres de la vida
–valores estos reforzados por una reli gión tr adicionalmente tenida por las civa-, l e sigue la de
incompetente. Pero desp ués de la guerra de 1973 empieza a se r considerad o una amenaz a por
atreverse a desafiar nuevamente a Occidente atacando una segunda vez a su aliado principal
en la zona 2 . C on la sub ida del precio del p etróleo, e l ár abe es presentado como un ser
sanguinario. Estas c aricaturas son prácticamente idénticas a las publi cadas por e l Jyllands-
Posten (2005) y Charlie Hebdo (2006 3 , 2011 4 y 2 013 5 ). L as dé cadas que median entre las
primeras y las últ imas no han hecho mella en los clichés: nariz aguileña y turbante; cimitarra
antes y el kalashnikov desde principios de los setenta, imagen que se a centúa con la crisis de
los rehenes e n Ir án (1979) y l a guerra soviética en Afganistán (1979-89). Pero tras los
atentados del 9/11 , las i lustraciones dan un salto significativo, las bom bas han tom ado el
relevo y ya no se representa al ár abe, sino, a través de su profe ta Muhammad, al I slam.
Oriente es una entidad construida, dice Edward Said en s u ensa yo cum bre, Orientalismo
(1978), que si gue impre gnando a los consejer os p olíticos y por ende a los medios, a trav és de
mutaciones que le han p ermitido perpetuarse par a llegar hast a nuestros dí as. A día de ho y no
es factible desp renderse de los prejuicios y l a poluc ión de este imaginario que, no solo
describe a los árabes y m usulmanes desde O ccidente, sino que, siguiendo la paradoja
formulada po r Said, lleva al árabe a verse a sí mismo desde la mir ada d el que para él es a su
vez ‘el otro’. Es por e sto que en l a pr esente investigación s e h a querido trasladar l a
2 Israe l
3 P ublica las imágenes d el Jylla nds-Po sten en 2006
4 Iro niza sobre la victoria d el partido islamista tunecino, Ennahda. E n la porta da ap arece Mahoma. La sede es
atacada con cóctel molotov, p rovocando un incendio y dañand o buena par te de las instalaci ones (T eruel, 2 011)
5 P ublica un cómic sob re la vida de Mahoma
24
interpretación de los hechos que m arcan l os seis primeros años de este s iglo al Mundo Árab e
para d ar voz al único pre mio Nobel de Literatura de la re gión. Naguib Ma hfouz (1910-2006)
ofrece una perspectiva no opuesta, sino universalista, la de un intelectual cu y o análisis de los
hechos va más allá de de li mitaciones que re sponden al origen y al credo.
En su discurso para la Academia Sueca (198 8), Mahfouz hizo toda una de claración de
principios tras presentarse como el hijo de dos civilizaciones, la islámica y la faraónica, que
en un determinado momento de la historia forma ron un feliz matrimonio:
En cuan to a la ci vilización i slá mica, no hablaré d e su llama do al estableci miento a la unión de la humanidad bajo
la custodia d el Creado r basado en la lib ertad, igualdad y p erdó n. Ni hablaré d e la grandeza d e su profeta [ …]
Ta m poco hablar é d el her manamiento entre reli giones y raz as q ue se ha logrado en s u ab razo en un e spíritu d e
tolerancia desconoc ido para l a h umanidad antes y de sde e ntonces […] Fue mi de stino, señora s y se ñores, haber
nacido en el re gazo de estas d os civilizacio nes y absor ber su lec he pa ra n utrirme de su lit eratura y ar te. Entonce s
bebí d el néctar d e su rica y fascinante c ultura [ la occid ental]. De la inspirac ión de tod o esto, así co mo de m is
pro pias inquietudes, las palab r as empezaro n a e m anar de mí [… ] En este d ecisivo mome nto en la histo ria de la
civilización 6 es inconcebible que los quejid os de la humanid ad c aigan e n el vacío 7 [ …] La men te hu mana asume
ahora la tare a de eli m inar to da causa de de strucción y a niquilación y , al ig ual q ue los ci entíficos se a fanan po r
limpiar el m edio a m bie nte de la polución industrial, los intelec tuales debería n afanarse a su vez por limpiar a la
humanidad de la p olución moral (M ahfouz, 19 88) .
Se ha querido mostrar una de las facetas desconocidas para la ma y oría del público occidental
del padre de la prosa árabe, l a d e articulista de opini ón. Desde la dé cada d e los setenta,
Mahfouz analiza en el d iario e gipc io Al-Ahram l os acontecimi entos nacionales, r egionales e
internacionale s con el in genio y la agudeza que lo caracterizaban. La prese nte investi ga ción lo
toma como referente para estudiar l as consecuencias del 11S y comprobar hasta qué punto l a
teoría del choque d e civil izaciones puede hab er permeado su parecer, echando por tier ra las
ideas y valores que apunt alaron su discurso a finales de los ochenta.
Cabe destacar que l a presente tesis doctoral es una idea original, no s e ha encontrado
ninguna otra investigación, ensayo o disertación que emplee los artículos de opinión de
Mahfouz para analizar los hechos posteriores a lo s atentados de 2001, ni ningún otro análisis
sobre su obra periodística. Es por esto que el estado de la cuestión es aquí el 9/11 , en el que se
estudian los antecedentes y consecuencias de este primer hito de l a historia del siglo XXI , para
6 Una única civ ilización h umana, en contrap osición a la s teorías d el choque y la división
7 Hace r eferencia, entre o tras c uestiones, al co nflicto árab e-isr aelí, al q ue dedica buena parte de su discurso,
leído p or el escrito r y periodista egipc io Moha med Salmawy
25
contextualizar el tercer b loque, dedicado al análisis de contenido del cuer po articulístico. El
primer capítulo de la t esis, que recorre la vida y obra de Mahfouz, hacien do altos en l as que
son considera das sus novelas cumbre, es asimismo fundamental. La combinación de ambos
permite el aná lisis transv ersal de los textos y facilita las conc lusiones de este trabajo.
32
cobrando otros medios de comunicación de masas extenderá s u uso a l a radio, en primer
lugar , y posteriormente a l cine y a la televisión.
Este instrumento estudia los efectos del cine en la audiencia, especialmente en el público
infantil. Es en est e cont exto cuando se des arrollan proyectos como el d e Willi am H. Short
(1928), que cuenta con la participación de psicólogos, educ adores y so ciólogos de varias
universidades del país. En la década de los tr einta, el i mpulso que experim enta el análisis de
contenido se mani fiesta en el ámbito de la política con Harold D. Lassw ell como principal
exponente, quien aplicar á esta té cnica en su Propaganda technique in the World War (1927)
(Bardin, 1986). Pero no será sino con la Segunda Guerra M undial cuando este i nstrumento
logre su prim era aplica ción práctica de gr an enverga dura. Esta etapa de la historia se
caracter iza por la acción propagandística del cine im pulsada por el propio Gobierno de
Estados Unidos con el Why We Fight de Frank Capra y Anatole Litvak co mo claro ejemplo.
En esta se rie documental, el dire ctor de origen italiano ilustra a las tropas mostrando en
imáge nes las c ausas del conflicto, ofrece arg umentos que justifican la participación
norteamer icana en la g uerra y detalla y d escribe las car acterísticas fundamentales de sus
aliados y enemigos (Sánchez, 2005, p. 209).
Hasta el final de la cont ienda, el 25 % d e los estudios en l os que s e e mplea el análisis d e
contenido pertenecen al ámbito polí tico, pero en la década d e los ses enta y setenta, éste s e
extiende a disciplinas mu y diversificadas como la etnología, la historia o la psiquiatría, entre
otras, que se unen a las ya tradicionales, es de cir, la sociología, la psi cología, la ciencia
política y la inve sti gación periodística (I gartua, 2006, p. 178).
El primer panorama integral del análisis de contenido lo suministrar on Berelson y
La zarsfeld, en 1948, y Berelson nuevamente en 1952, verdaderos responsables de su
aplicación en otras dis ciplinas, si bien cabe aclarar que su uso si gue predominando en l a
comunicación de masas. Ell o queda demostrado en los pro y ectos de investigación de Lasswell
(1941) que v ersan en el “estudio mundi al sobre l a atención” a tr avés del análisis de los
símbolos políticos de editoriales de m edios de pre nsa oficialistas de Franci a, Alemania, Gran
Bre taña, Rusia y los Estados Unidos, así como de los símbolos que aparecen en los
principales discursos políticos (Krippendorff, 1990, pp. 23 y 24).
Después d e la radio, la televisión empezó a a caparar la atención de los estudiosos, cu y os
primeros análisis – metá fora de la aguja hipodérmica o el efecto bala - presuponían que lo
que se transmitía a la audiencia era un m ensaje persuasivo que poseía una gra n c apacidad de
influir en las opi niones y hábitos del públ ico. Los planteamientos era n claramente
33
conductistas, basados en la idea de que la repetición de un mismo mensaje “afecta al modo de
ver la realidad y actuar de las per sonas” (Sánchez, 2005, p. 210).
Con el paso de los años se han matizado las conclusiones absolutas de estos estudios,
imponiéndose estas últimas tres décadas la cont ingencia de los efectos: por una parte s e ha
acepta do que, efectivamente, ha y efectos por pa rte de los medios qu e infl uyen en el modo de
pensar del destinatario. Ahora bien, ello no quiere decir que la actit ud del target esté
condicionada por un factor, sino por una variedad de circunstancias.
Desde l a década de los sesenta en adela nte cabe d estacar dos factores de cambio en e l
análisis de contenido que han contribuido en su desar rollo: el uso d e ordenadores y la
extensión de esta té cnica a l a comunicación no verbal. Así pues, la historia del análisis de
contenido podría resumirse en las siguientes etapas destacadas por Andréu Abela (2001, pp.
4-9):
- Precursores y primeras propuestas metodológicas
- Medida y Análisis de Prensa
- Sistematización de las reg las (1940-1950)
- Generalización 1950-1960
- Análisis de contenido mediante ordenador. 1960-1980
- I ntensificación de las propuestas de análisis de contenido cualitativo (1980-2000): debido a
la i ncorporación de la “Teor ía Fundamental” o Grounded Th eory y a los métodos de
comparación constante (MCC ) de Glaser y St rauss a varios programas. Abela señala que los
mejores análisis de contenido en la actualidad son aquellos que usan la técni ca de la
“triangulación” qu e combinan l os métodos de estadística multivariante con las técnica s
cualitativas más sutiles, tradicionalmente consideradas antitética s.
En la actualidad, el análisis de contenido es uno de los métodos m ás ut ilizados en las
investigac iones en Comunicación.
34
IV.III . Método aplicado
La metodología empleada en esta investi ga ción e s el análisis de los artículos de opinión de
Naguib Mahfouz, publicados entre 2001 y 2006 e n el semanario egipcio e n lengua inglesa Al-
Ahram W eekly . P ara ello se ha elaborado una fich a, que se ha aplicado a cada uno d e los 302
artículos para resolver c uestiones tales como cuáles son los temas más relevantes para el
escritor egipcio teniendo en cuenta la co y untura, qué personajes políticos destacan en cada
momento de la m uestra o si l a l iter atura y referencias culturales tienen mayor peso en el
universo del autor, a ntep oniéndose por tanto a las circunstanc ias.
La fich a cuenta con distintos campos en l os que se tratan de forma exhaustiva las
cuestiones destacables para alcanzar los objetivos pl anteados a partir de los resultados
porcentuale s. Éstos se recogen de forma diacrónica para así comprobar cualquier tipo de
modificación en la opinión del autor con ba se en l os acontecimientos.
Para optimi zar la investigac ión a partir del anál isis de contenido, se ha re currido al estudio
de diversas teorías re lativas a esta herramienta. Ba rdin (2002, p.7) def ine es ta técnica como un
“conjunto de instrumentos metodológicos cad a vez más perfe ctos y en constante mejora,
aplicados a discursos (contenidos y continentes) e xtremadamente diversifi cados”. El análisis
de estos discursos, cuya t emática t oca en este caso asuntos como el conflicto árabe -israelí o la
vida de M ahfouz, abarc ando un amplio espectro en el que s e tr atan cuestiones políticas,
filosóficas y liter arias, se realiza a partir d el cálcu lo de fr ecuencias y sus d atos cifrados para
poder llegar a los aspectos “no dichos” que encierra todo mensaje (Bardin, 2002, p.7).
En la definición de Berelson (1952, p.1 8), se pueden destaca r dos elementos:
“cuantificable” y “manifiesto”, que han si do disc utidos por su n aturaleza restrictiva debido a
que la cuantificac ión pide que se pueda cifrar la información de forma numérica, es decir, que
se codifique para así poder efectuar el recuento de las unidades e indicadore s de los
fenómenos qu e se pretenden demostrar. Si bien la cuantificación es importante en las técnicas
de análisis de contenido, la m ayor parte de los investi ga dores sociales insisten en que además
de mostrarse los hechos se han de interpretar.
El segundo elemento, que indic a si el contenido es “manifiesto”, deja fuera el cont enido
“latente” d e los datos, lo que impide s u conocimient o en profundidad (Andréu Abela, 2001, p.
3).
Hostil y Stone (1969, p.5), por su parte, defienden una definición que aporta aspectos
importantes a l a de Bere lson: “El análisis de con tenido es una técnica de investigación pa ra
35
formular inferencias identificando de manera sistemática y obj etiva cie rtas características
específicas dentro de un tex to”. De este modo, se admite que los análisis sean cualitativos y
hagan referencia al conteni do latente de los textos.
Neuendorf conside ra que aunque este método debe por norma ajustars e a l as reglas de la
base científica, o buena ciencia , pertenece al i nvestiga dor decidir el campo y l a complejidad
del contenido analítico, siempre que el análisis sea sistemático, objetivo y cuantitativo (2002,
pp. 1 y 2). La clave será producir conteos d e las categorías, así como la medición de los
totales de las varia bles ( Neuendorf, 2002, p. 11).
Juan J osé Ig artua (2006, p. 198) distingue, co mo y a hicieran Kripp endorff, Neuendorf o
Riffe, Lacy y Fico, así como W immer y Dominic k, una serie de fases nec esaria s para llevar a
cabo el a nálisi s de contenido, que en su caso se traducen en nueve pa sos:
1. Formulación de l tema de investigación
2. Conceptualización
3. Operacionalización
4. Elaborac ión del li bro de códigos y de la ficha de análisis
5. Muestreo de los contenidos a analizar
6. Entrenamiento en el proceso de codificación y pilotaje
7. Codificación
8. Chequeo de la f iabili dad del proceso de c odific ación
9. Análisis de datos y elaboración del infor me de l a investigación
Riffe, Lacy & Fico (2005) adaptan su definición del análisis de contenido a partir de la
realizada por estudiosos como St empel (2003, p.205); Weber (1990, p.9); Krippendorff (1980,
p. 21); o Berelson (1952, p.18) para destacar varios aspectos clave a tene r en cuenta, tales
como que ést e deb e ser sistémico y replicable ; e xaminar los símbolos de la comunicación;
36
asignar valores numérico s de acuerdo a las re glas de medición válidas y al análisis estadístico
de relaciones; y describir la comunicación e i nferir sobre su si gnific ado (Riffe, Lacy & Fico,
2005, pp. 23-25).
Según Krippendorf, esta técnica de investigación, debe caracter izarse por la
reproduc tibilidad d e las inferencias, que d eben ser válidas para poder ser aplicadas a su
corre spondiente contex to (1990, p.28). Los componentes de este método son (Krippendorff,
1990, pp. 77 y 78):
1. Elaborac ión de los datos
2. Reducción de los datos
3. Inferencia
4. Análisis
Estos pasos no distan demasiado de las tre s fases que disti ngue Bardin (19 86, p.71):
1. Preanálisis
2. Aprovechamiento del material
3. Tratamiento de los resultados, infere ncia e interpretación
IV.IV. El análisis de contenido cua ntitativo
Según los parámetros de medición y de evaluaci ón se puede hacer una di ferenciación dentro
de esta técnica: los análisis de contenido cuali tativos y los cuantitativos. Es difícil la
distinción entre ambos, puesto que los aspectos cualitativos están en toda investigación
mientras que la cuantificación de las unidades d e análisis no se da hasta que no se ha definido
previamente un rep ertorio de c ategorías o ítems provistos por “el marco teórico, el
planteamiento de p roblemas y po r los objetivos del estudio aplicado a un objeto siempre
37
construido a priori” (Piñuel Raigada, 2002, p. 15). El presente estudio es un análisis de
contenido frecuencial, en el que se han cont abilizado el núm ero de ocu rrencias de indicadores
y categorías. Así, en la categoría “Protagonismos políti cos” los valores porcentuales resultan
de los totales que indican cuántas veces se r epite cada ítem –George W. Bush, Yasser Arafat o
Biny amin N etan y ahu, po r ejemplo. Los an álisis de contenido frecuenciales pueden ser de dos
tipos:
a) Distribucionales de tipo estadístico
b) Análisis de relaciones
En este caso se trata del primer tipo, cu y a interp retación de frecuencias se at iene a tres normas
estadísticas:
1. La norma de la distrib ución uni forme: resalta q ue el promedio de una cat eg oría es ma y or o
menor que el de todas las demás.
2. L a norma de la distribución estable: ésta permite apreciar las modi ficac iones en l as
frec uencias en el transcur so del tiempo
3. L a no rma de la representación no desviada : pone de manifiesto que las frecuencias
observada s son ma y ores o m enores de lo previsto si la muestra fuera r epresentativa de la
población de referencia ( Piñuel, 2002, p. 15).
Esta investigac ión se atiene a la segunda norma , la de la distribución estable , por lo que
analiza la va riación d e lo s totales y valor es por centuales durante los seis años de la m uestra y
posteriormente interpreta los cambios en los ítems de cada categoría.
En resumidas cu entas, y haciendo nuestras l as definiciones para aplicarlas a esta tesis, el
análisis de contenido t rata de comprender los datos aquí recabados para aprehender el
universo de Mahfouz contenido en el corpus analizado a través de la infere ncia y la
contextualización de los hechos que rodean cada juicio de valor emitido por el Nobel.
A continuación se ex plican los pasos s eguidos para el análisis de contenido cuantitativo en
la presente investigación. Para ello, se han tomado como guía los componentes que dist ingue
38
Abela en “Las técnicas de Análisis de Contenido: Una revisión actualizada” (2001, pp. 11-
20):
1. De terminar el objeto o tema de análisis: en este c aso el paradigma O ccidente -Oriente a
partir de la reflexión del premio Nobel árabe Naguib Mahfouz, con el 9/ 11 como punto de
partida. Para ello se ha empleado una ex tensa bibliogr afía y conocimientos previos sobre los
que se apo yan el análisis y los dos bl oques principales: Naguib Mahfouz: un Nobel hijo de
dos civil izaciones y El 9/11 y el paradigma Occ idente-Mundo Árabe. El marco t eórico es el
de la l iteratura científica del cont exto histórico, a través del que se est udian los orí gene s,
causas y cons ecuencias del terrorismo, las relaci ones de pode r y el rol de los medios y la
difusión de los estudios más influ y entes en este campo. L os tex tos que s e an alizan son los
artículos de Mahfouz publ icados por el hebdomadario Al-Ahram W eekly e ntre 2001 y 2006, a
los que se ha aplicado u na ficha compuesta por once categorías que se e numeran en el punto
IV.V.
2. Determinar l as reglas de codificación: el materi al se trata m ediante la apl icación de la ficha
a través de la que se descompone cada tex to con base en l as categorías consider adas
relevante s p ara v erificar la hipótesis principal y se cundaria. Si guiendo a Bardin, la
enumeración y regla de recuento que se si gue es la de la frecuencia, de este modo se estudia la
importancia de una uni dad de registro a través de su crecimiento a lo largo del t iempo (2001-
2006).
3. Determinar el S istema de Categorías: para ello se han clasific ado los elementos
constitutivos del conjunto a par tir de criterios como la políti ca, la g eografía o la historia.
4. Comprobar la fiabilid ad del sistema de codificación-categ oriz ación: la fia bilidad en este
caso se de muestra a tra vés del hecho d e que los datos han sido obtenidos a partir de una
clasificación para la que se han a gotado todas las categorías posibles con el fin de evitar
cualquier margen de error que el vacío de alguna de ellas pueda suponer.
5. L a infe rencia: en el análisis se trata de explicar el contenido de los artículos, extra y endo
para ello las inf erencias e xplícitas e impl ícitas de l os tex tos. Durante el pro ceso inferencial se
tienen en cuenta los tres elementos básicos para Bardin:
39
a) Las variables de incide ncia: la principal e s el pa radig ma Oriente-Occiden te
b) El material analizado: artículos de opinión de Mahfouz
c) La ex plicación analítica: grado de penetración d e la teoría d el Choque de Civil izaciones en
la refle xión de Mahfouz en cuanto a las relaciones entre Oriente y Occidente.
IV.V. Ficha de análisis
La ficha que s e aplica a cada texto consta de onc e apartados o categorías en l as que se divide
el análisis de contenido y que se detallan a continuación. Tras el vaciado, se procede al
recue nto para el aborar las tablas y , a partir de éstas, los gráficos que componen el bloque
dedicado al análisis. Para poder comprender mejor l os artículos, cuy a extensión es variable, se
lleva a c abo una exhaustiva investigación de contextualización de los hechos referidos en los
textos que son el hilo conductor a lo larg o del que s e mueve e l estudio.
IV.V.I. Temática
Este a partado se compone de veintisiete variables en la s que se clasifi ca cada texto. Cabe
señalar que en la mayoría de los casos los artículos no tienen una única temática, sino que por
el contrario un mismo t ex to puede pertenecer a varios temas dado qu e los asuntos que atañen
a la investigación suele n estar interrelacionados. Las variable s en cuestión s on las siguientes:
1. 11
-
S
2. Caricaturas
Jyllands
-
Posten
3. Ciencia
4. Cine
5. Conflicto árabe
-
israelí
6. Crisis
7. Cultura
8. Economía
9. Educación
10. Estados Unidos
11. Egipto
12. Filosofía
13. Guerra de 1 973
14. Historia
15. Invasión de Afgan istán
16.
In vasión de Irak
17. Literatura
18. Mundo Arab o
-
Islámico
40
19. Occidente
-
Mundo Árab e
20. Periodis mo
21. Política internaci o nal
22. Política regional
23. Religión
24. Rev. de 19 19
25. Rev. de 19 52
26.Terrorismo
27. Vida
Como se puede observar, las dos líneas principales en las que se podrían agrupar la
mayor ía de las variables son P olítica y C ultura, l os verdaderos pilares so bre los que se
sustenta la temática de l universo de artículos.
IV.V.II. Protag onismos p olíticos
En este apartado se enu meran los actores políticos con una presencia r elevante en los
textos, cuya frecuencia de aparición resulta significativa pa ra el an álisis. Salvo en el
caso d e la cat egoría Temas, cu y os valores representan el número de artículos
pertenecientes al asunto en cuestión, en el resto, los datos proporcionados responden a
la frecuencia o repetició n, es decir, el número de veces en que la variab le aparece ese
año o, en el caso de los gráficos de recuento, en todo el corpus .
1. Ahmed Maher 2. Amr Moussa
3. Anwar
el
-
Sadat
4. Ariel Sharon
5. Binyamin Netan yahu
6. Bill Clinton
7. Colin Powell
8. Ehud Barak
9. Ehud Olmert
10. Gamal Abdel
-
Nasser
11. George H.W. Bush
12. George W. Bu sh
13. Hosni Mubar ak
14. Imam Al
-
Ghazali
15. John Kerry
16. Mahmoud Abbas (A
bu Mazen)
17. Menajém Begin
18. Mustafa El
-
Nahhas Pas ha
19. Osama bin Lad en
20. Rey Faruq
21. Saad Zaghlu l
22. Sadam Huss ein
23. Yasser Arafat
41
IV.V.III . Prota gonismos culturales y socia les
Al igual que e n el caso anterior, los valor es s eñalados en la tabla c orrespondiente
(totales) hacen referencia a la presencia y número de ocasiones en que el/la protagonista
en cuestión aparece en l os artículos de cada año y en el recuento total (2001-2006). Los
actores enumerados, del ámbito cultural y social, pertenecen al mundo de la fil osofía y
las letras en ge neral, así c omo a la historia nacional y r egional.
1. Abbas Mahm oud Al
-
Aqqad
2. Abdel
-
Rahman Badawi
3. Abdel
-
Salam Al
-
Shazli
4. Abu Nuwas
5. Ahmed Mazhar
6. Akhenatón
7. Amram Mitzna
8. Anato
le Franc e
9. Bernard Sha w
10. Cleopatra
11. Gamal El
-
Ghitany
12. Hassan Sabri El
-
Kholi
13. Howard Carter
14. Hussein Fawzi
15. Ibrahim Nafie
16. Ihsan Abdel
-
Quddus
17. James Baikie
18. Jean
-
Paul Sartre
19. Louis Awad
20. Marcel Proust
21. Marguerite Duras
22. Mohamed Hassan ein
Heikal
23. Anatole France
24. Profeta Muha mmad
25. Salah Abu Seif
26. Taha Hussein
27. Tawfiq Al
-
Hakim
28. Tharwat Abaz a
29. Umm Kulthou m
30. William Shakesp eare
31. Youssef El
-
Seba'ie
48
Nasser, ad erezadas de buena conversación y acompañadas de taamiya que, en
ocasiones, se desarr ollan bajo la atenta vigilancia policial.
El Estado tiene un ro l fundamental en su obra, al que Mahfouz dedica más de t res
décadas de su vida como funcionario. No obst ante, éste se halla siempre en su punto de
mira, independientemente del régimen, la censura y t odo l o que rodea y se deriva del
establishment . Es cierto que no confiesa su adhesión a corriente polít ica al guna , a
excepción del Wafd hast a su desaparición e mediados del siglo XX , pero ello no ha sido
óbice para su compromiso con l a sociedad en forma de una críti ca ácida, más o menos
directa seg ún el context o político, a través de sus novelas.
En el segundo epígrafe se hace un breve recorrido por el ori gen de la novela en
Egipto y en el tercero se ha clasificado la obra ofreciendo una muestra de c ada corriente,
principalmente de novelas como Jan el-Jalili (1945), la T rilogía de El Cairo (1956-57),
Hijos de nuestro barrio (1959) o sus novelas f araónicas, con las que se inicia en el
mundo de la literatura. Aquí se h an seleccionado los fragmentos más significativos,
aquellos en los que se encuentra n los elementos más representativos que caracter izan la
esencia del universo del escritor: El Cairo, protagonist a fundamental; el callejón, caudal
en el que se entrela zan las vidas de habitantes y visitantes eventuale s; la maqha , punto
de encuentro y socializ ación en el que se entrecruzan las vidas de héroes y heroinas; o
las voces de los personaje s que pueblan las novelas y que represent an el pul so de la vida
en la obra.
El cuarto epígrafe per tenece a la mujer en Mahfouz o, tomando prestada la ex presió n
con la que Mercedes del Amo titula uno de sus artículos 13 (1999), a l a m ujer de papel.
Tras una breve retrospect iva en la que se analiz a e l rol de ésta en la literatura árabe y l a
influencia de la tr adición preislámica y de l a su nna en su ima gen, se da cuenta de las
mujeres más representat ivas en la narrativa del autor: las viudas Umm Hamida y
Saniyy a Afifi, mujeres fu ertes qu e habitan El callejón de los milagros (1947), junto con
Hamida, la jov en y d esl eng uada heroína de esta historia. Amina, J adig a y Aisha,
protag onistas femeninas de L a Trilogía de El Cairo (1956-57) , que responden en sí
mismas a una desc ripción detallada de dos generaciones de egipcias. La prostituta,
heroína fundamental en Mahfouz, tiene un bue n exponente en Nur ( El l adrón y l os
perros , 1961), y en Riri, ex prostituta a la que la vida acaba sonri endo en Las
codornices y el otoño (1962).
13 “Mujeres d e pap el (II): Zuhra, el trabajo y la cultura”
49
El quinto epígrafe se centra en la f aceta cinematográfica d el autor, el cine, lugar en
que pasa buena parte de su infancia y juventud, y los guiones produ cidos junto a
grandes dir ectores d e esta industria, así como en l as adaptaciones cinematográficas que
otros han hecho de sus novelas.
El sex to y últim o epígraf e d e este capítulo cierra con una refl exión sobre el reflejo de
Occidente en la obra del escritor, así como el im portante rol como cronist a que éste ha
desempeñado dando hab ida cuenta de hechos y acontecimientos desde un a perspectiva
universalista, que va má s allá de cualquier civilización.
En el segundo bloque, la investigac ión da un giro de ciento ochenta grados,
abandonando la literatura para virar ha cia otras disciplinas, concretamente las ciencias
sociales y pol íticas. El 11-S es la espina dorsal de este pilar desde el que se pivota entre
dos t iempos: pasado, antecedentes del 11-S; y pr esente, consecuencias de los ataques o
guerra contr a el terror. En este recorr ido hi stórico y sociopolít ico por varias décadas se
ha l levado a cabo un análisis exhaustivo de varios hechos que han sido cruciales en la
formación de la or ganización te rrorista Al-Qaed a y los ataques de 200 1 en Estados
Unidos, así como de l as consecuencias d e la respuesta norte americana y d e las fuerzas
aliadas.
Este capítulo se compone de cuatro epí grafes en los que se explican los antecedentes
teóricos e históricos de los atentados empezando por la t eoría de S amuel P. Huntington:
el Choque de Civiliz a ciones. Este primer punto s e compone a su vez de diez
subepígrafe s en los que l a teoría es explicada y sometida a aná lisis.
El segundo epígrafe tiene por objetivo co ntextualizar el 9/ 11 , por l o que la
investigac ión se remonta a la guerra soviética en Afganistán, el rol del comunismo en
esta contienda y el grad o de responsabilidad de la C I A en las consecuencias derivadas
del apo y o y ‘armamentización’ de los mu y ahidines.
En este mismo seg undo epígrafe se rastr ea el origen de Al Qa eda acud iendo para ello
a una de las fuentes fun damentales: el wahabismo. En los subepígrafes en los que se
divide este punto de la investigac ión se dibuj a el perf il de l a cara visi ble de la
organización, Osama bin Laden, así como el de Abdalá Azz am y Al-Zawahiri, p ara
comprender los entresijos de La Base y las ideas en las que se inspira.
El tercer epí grafe entra de lleno en l as invasi ones de Afganistán e Irak, tras un
recorrido por los orígenes del ascenso de Sadam Husein y l as guerras pr evias al ataque
de 2003. El cuarto y últi mo gira en torno a las caricaturas encargadas y p ublicadas por
el diario Jyllands-Posten . El tít ulo de este punto -“ Un caso pr áctico: l a caricaturización
50
del I slam”- es buena pru eba d e que los atentados del 11 de septiembre traspasaron al go
más que el corazón de Occide nte, resultando en una clara islamofobia que queda
ilustrada en el diar io dan és.
El tercer capítulo, de ntro de la II parte, es el del análisis de contenido del corpus ,
cuy o estudio y me todología y a se han ex plicado en ante riores epígrafes.
En el cuarto capítulo se encuentran las conclusi ones a las que se ha ll egado gracias al
método empleado, en l as que se ve rifican la hipótesis principal y se cundaria, y se
evalúan los objetivos perseg uidos.
El quinto y último c apítulo contiene la amplia bibliogr afía emple ada dura nte e l
desarrollo de la tesis. Para la elaboración de refere ncias y citas se han seg uido las
normas de la American Psychological Association (APA).
Los artículos analiz ados, las tablas y gráfic os elaborados se encuentran en el CD
ROM que se adjunta con el trabajo. Asi mismo, en este se recoge la entevista efectuada
en 2012 por la autora de esta tesis al periodista israelí Daniel Blumenthal. Se ha n
omitido las preguntas para centrar toda la atención en las respue stas.
Nota aclaratoria: la in vestiga dora de esta tesis ha realizado la traducción de todo el
cuerpo de artículos de Naguib M ahfouz, así como de los periódicos y libros en inglés,
francés e italiano que aparecen con su título original en la bibliografía.
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52
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PARTE I
ESTADO DE LA CUESTIÓN
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CAPÍTULO 1 │ NAGUIB MAHF OUZ: UN NOBEL
HIJOS DE DOS CIVILIZACI ONES
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CAPÍTUL O 1 │ NAGUIB MAHFOU Z: UN NOBE L HIJO
DE DOS CI VILIZA CIONES
1.1. Orígenes
Gamaliyy a, uno d e los más antiguos barrios popul ares de El Cairo ( Al-Qahira : la
Victoriosa) ha sido escenario y protagonista de la m ay oría de las novelas de Naguib
Mahfouz Abdel-Aziz, y su luga r de nacimiento el 10 de diciembre de 1911.
Del padre, Abdel-Aziz Ibr ahim Ahmed El- Basha, funcionario del Estado -como lo
sería más tarde el hijo- no se dan demasiados det alles, más que s u pasión por la política
nacional y por la reli gión. No ocurre lo mismo con l a madre, Fátima Mustafá, ama de
casa, de qui en se sabe que era an alfabeta, una apasionada por la his toria y la persona
que legó a Mahfouz un sentido de la tolerancia que más tarde se vería reflejado tanto en
su obra literaria, como en la periodística. Fátima imprime en el escritor u n amor por su
país que no conoce front eras cultural es ni barreras religiosas. Todo El Cairo es digno de
ser conocido y admirado, i ndependienteme nte de si los monumentos de los que g usta
visitar s on de origen faraónico, copto o islámico. El sentimiento de interculturalidad del
escritor -quien se considera hijo de dos civili zaciones, la is lámica y l a f araónica- dot a a
la obra del a perturismo q ue la caracteriza.
Es el pequeño de si ete hermanos, cinco chicos y dos chicas. La difere ncia de edad
que le sep ara d e ellos le hace crecer como hijo único, lo que refuerza más si cabe la
estrecha relación que mantiene con su madre, la más fuerte en su primera infancia.
Recuerda a su padre como un hombre religioso, a la par que apasionado por la
política, que habla sin cesar de Saad Zaghloul 14 , de Mohammad Farid 15 y de Must af á
14 Saad Zaghloul ( 1857 -1927). Político egipcio, líde r de la prim era re volución nacionalista (19 18-
191 9) y del p artido Wafd. Logró la independencia no minal d e Gran Br etaña en 192 2. Fue pr imer ministro
en 192 4 (Mar low e, 20 14) .
15 M ohammed Farid ( 1867 -1919). Cofundado r y líder de l Partido Nacional, tras la muerte de Mustafa
Kamel en 1 908 (Ismael e Isma el, 20 07, p. 346).
64
pues durante más de un mes resiste las compli cacione s a las que se ve sometido por la
edad. Finalmente, N aguib Mahfouz Abdel-Aziz f allece el 30 de agosto d e 2006 en el
mismo hospital. Su fun eral se celebra con honores de Estado y reúne a familiares,
amigos y autoridades, pero sobre todo a los l ectores y admiradores que lo acompañan
hasta una sencilla tumba de l adrillos rojos. S u adi ós aparece en las portadas de todos los
diarios en los que se l e destaca como el cronista de la vida árabe o el Balz ac egipcio.
Sus descripcione s de El Cairo se l een como las q ue Dick ens hiciera de Londres, Zola de
París o Dostoi evsky d e S an Petersburgo. Estas compa raciones no ha cen sino ampliar
más, si cabe, las distancias físicas y culturales entre la r egión y O ccidente. L as
delimitaciones geográficas no debe n impli car el anclaje del int electo a una na ción,
cultura o religión. Mahfouz no es un e scritor árabe, la calidad de su obra lo hace
universal. En el discurso que l een po r él sus hija s y Mohammed Salmaw y du rante l a
entrega del Nob el de Literatura – dele ga esta t area por su avanzada edad y su aversión a
los viajes- se define a sí mismo con las siguientes palabras:
So y hijo d e do s civilizaciones que en u na deter minada épo ca de la historia for m aron un feliz matrimonio.
La pri m era d e ellas, de siete mil años de antigüedad , es la faraó nica; la segunda , de mil cuatrocientos años
de antigüedad , es la islá mica (Hallengre n, s.f.).
Con la m uerte del literato, s e reeditan sus libros y se vuelve a prestar atención a las
novelas todavía no tradu cidas. Así queda confirmado l o que escribiera en su novela L a
epopeya de los harafish (1977): “La muerte no podía vencer a la vi da porque se
destruiría [a sí misma]” (Mahfouz, 2010, p. 49).
1.1.1. Entre dos barrios: Gamaliyy a y Aba si yy a , l a humanización del espacio
Jamali yy a, en e gipcio G amaliyya (la bella), representa el todo en la ob ra de Mahfouz.
En ella se ve reflejada la infancia del autor a trav és de las vidas de sus personajes: las
ilusiones de las juventudes del 1919; las mezquitas y l a oración del viernes; la miseria
en la su ciedad de las callejuelas; el sonido d e las voces entremezcladas de los
almuecines, los reclamos de los comerciantes, l os gritos de ale gr ía, las albórbolas de
una boda o el olor de la taamiya 27 .
27 P lato típicamente e gipcio hec ho a base d e garbanzo s también co nocido co m o falafel .
65
Este antiguo barrio pudiera parecer a los ojos no acostumbrados un puñado
desordena do de callejuelas sucias y d emasiado estrechas, pero para el lector, que las ve
a través de la mirada d el escritor, aparecen como una suerte de mundo má gico capaz de
dar a luz a todo tipo de persona jes:
Se anunciaba la puesta de sol, envolviendo al callej ón de Midaq en un velo de sombras, más osc uro a ún
por que estab a encer rado entre tres pared es, como una r atoner a. Se entrab a a él por la call e Sanad iqiya, y
luego el ca mino s ubía en d esor den, flanqueado po r una tienda, un hor no y un ca fé a u n lad o, po r o tra
tienda y un b azar al otro , p ara acabar de pronto, igual que a cab ó su pasado glorioso , ante do s inmuebles
contiguos, co mpuestos de tres p isos cada uno (Mahfouz, 1 990b , p. 7) .
En este context o se desarrolla la t rama de la novela El callejón de los milagros , un
pasadizo que en m edio d e la gloria de l a époc a fa timí brilló en El Cairo con l uz propia.
Era l a zona d e los farmacéuticos, el lu gar en el q ue se trituraban las plantas y s emillas
para e laborar los remedios de la medicina pri mitiva. Sin embarg o, el callejón que
presenta Mahfouz queda lejos de aquel esplendor, lo habita la miseria. Los personajes
que en él moran recurren a la picaresca par a sobrevivi r y , en al gunos casos, se permiten
el lujo de soñar con medrar: la casamentera, gran comadre; el dueño del café, pad re de
familia siempre enreda do en romances homose xuales; el hacedor de e nfermos; el
dentista profanador de sepult uras; la bella Hamida. El perfil de los personajes resulta de
sus circunstancias social es e hist óricas, pero tam bién del m arco geográfico en el que se
insertan. R eferirse a la Gamaliyya de Mahfouz impli ca hacerlo de todos sus seres,
puesto que s i el lugar les hace en parte se r como son, el barrio también ve su atmósfera
dibujada por las vidas de estos personaje s y sus vicisi tudes.
En las novelas de M ahfouz Gamaliyya rebasa el concepto de l o puramente
ge ográfico pa ra adquirir la naturaleza de un pe rsonaje matriz que envuelve a todo lo
demás dándol e forma, m oldeando a los seres que l a h abitan a su antojo. Crea el m arco
por antonomasia y vive l as invasiones, las guerras, las luchas, las revoluciones y todos
los grandes y pequeños acontecimientos que pas an por ella. El barrio, que en principio
se cree un decorado o un telón de fondo y ex cusa para enmarcar la t rama, defiende su
magnitud haciendo comprender al lector que todo ocurre no sólo ‘en’, sino ‘por’ y ‘a
través de’ G amaliyya. De ella nace el repertorio sim bólico en la obra mahfuziana de la
hara (barrio), la ta kiyya (monasterio islámico), el qabw (sótano) y el futuw wa (matón)
a partir de l que el escritor crea su obra.
66
Cuando Mahfouz y su familia se trasladan a Abbasi yy a, zona moderna de la ciudad,
el autor no aparca ni a los amigos de la i nfancia ni el escenario que lo a compañan el
resto de su vida. Por el contrario, vuelve re gula rmente al café de L’impasse du mortier o
al Ficha oui p ara reunirse con ellos, tomar su café y fumar e l narguile 2 8 :
No co nozco a ningún hombre que ha ya mantenido con el l ugar de su pri m era infa ncia un lazo tan estrecho
como Mahfo uz. Ha ce tie m po vivió en el b arrio de Gamaliyya, pa sando allí sus do ce pri m eros años de
vida. Y cua ndo su fa milia se mudó a Abbassi yya, q uedó atad o a las callejuelas, a lo s cal lej ones y a los
pasaj es (Al-Ghitany, 1 991 , p. 17).
Es tal su fijación con la zona que a finales de los años cuarenta y prin cipios de l os
cincuenta, con el cambio de Gobi erno, no duda en elegir un puesto qu e no esti mula las
pretensiones de ninguno de sus colega s 29 : la bibliot eca al-Ghouri en Al-Azhar. Así ,
Mahfouz encuentra la fo rma de volver a habitar, aunque sol o sea du rante las horas de
trabajo, su qu erido barrio. Unos años antes, en su novela Jan al-Jalili (1 945), t ambién
traducida al c astellano c omo Tras la celosía 30 , el protagonista Ahm ad Akif, empleado
del Ministerio de Trabajo, y sus pad res se v en obli ga dos a mud arse desde el moderno
barrio de al-Sakakini al antiguo barrio de Jan al-Jalili por m iedo a los bom bardeos qu e
asolan la zona. El autor inversa así el viaje de su infancia, llevando a su protagonista a
sustituir lo nuevo por lo antiguo, para regresar a Gamali yy a. En la descripción del
nuevo barrio de Ahmad s e lee la an gustia, mezcla de asombro y t emor, qu e le produce
un cambio al que duda se pueda llegar a acostumbrar:
Llegado a la plaza d e Al- Azhar, d irigió s us pa sos hac ia Khan el -Khalili d onde se e nc ontraba su nueva
m orad a y to mó un callej ón angos to y sinuoso. Entonces d escubr ió un verdade ro dédalo de callejuelas
innumerables e insóli tas que se extendía hasta do nde a lcanzaba la vista; la mirada se p erdía allí entre
enor m es inmueb les y una multitud de abigarra dos tender etes: vendedor es de taamiya, cha marileros,
jo y eros, cafetines ate stados […] se detu vo un in stante a fin de examinar lo s alrede dore s: la calle era larga
y estrec ha. A ambos lad os se alzaba n unos edi ficios c uadra dos unidos e ntre sí po r medio de los callejo nes
secundario s que cortab an la calle pr incipal y que alber gaban al ig ual que ésta múltip les puestos : el
reloj ero, el escr ibano público , el vendedor de té, e l chamarilero y, aquí y allá, ca fetines cu yas di mensiones
no excedían la s de una peq ueña tienda (Mah fouz, 200 6a, pp. 11 y 12) .
28 P ipa de a gua.
29 E s entonces cuando se le presenta la opor tunidad de c ambiar de puesto de trab ajo dentro del
funcionariad o.
30 La tra ma se enmarca e n la Seg unda Guerr a Mundial.
67
El espacio no se describe únicamente a l principio, para ofrecer unas coordenadas con las
que el lector sepa moverse por la novela; cuando p arece que todo ha quedado dicho, que
y a se ha dado cu enta al detalle de cada callejuela, callejón, tienda y esqu ina, aparecen
nuevos cafés, puestos de comida, más ca lles y callejones aparentemente sin importancia
para l a his toria, pero qu e dotan al lugar de una dimensión de r ealidad i mprescindible
para rebasar la de l papel.
Quizá l a más emotiva de las descripciones endógenas que Mahf ouz hace de
Gamaliyy a sea la de Ami na, personaje de la tri logía, quien a t ravés d e una de las
celosías de la gran casa observa c on amor el único m undo que conoce , su universo:
Había sido y se guía siendo el símbolo vivo de l afecto a su marido y de s u entrega par a hacerlo feliz y
para hacerle se ntir noche tra s noche e sa e ntrega y ese afecto . T odo ello la llenó d e satisfac ción allí, de pie
en la celosía, mientras lanzab a su mirada de un lado a otro, a través de lo s orificios, hacia la fuente d e
Bayn el-Qasra yn, la des viació n de el-Jura nfish, el por tón del b año del sultá n y lo s minarete s; también la
dejó vagar e ntre las casas reunida s sin orden ni simetría a ambos lad os d e la calle, como si f ueran un
batallón de l ejér cito en una pa rada d e descanso p ara aliviarse d e una dura disc iplina. So nrió ante aq uel
panora ma que ta nto a maba, a quella ca lle q ue p er m anecía e n vela has ta que despu ntaba e l alba, mientra s
que las otra s calles, bar rios y c allejuelas do rmían (Ma hfouz, 19 98, pp. 11 y 12).
Este amor casi filial del autor por el barrio de t oda su vida no debe llevar a engaño en
cuanto al papel, aparentemente mar ginal, que al-Abbasi yy a juega en su existencia. Si
bien es cierto que la residencia en la que pasa s u vida, hasta que se casa en los años
cincuenta, queda en un plano secundario en lo q ue a espacio novelesco s e refiere, y a
pesar de no s entir demasiado apego por las grandes avenidas ni las barriadas modernas,
sí hay un importante ví nculo afectivo con el lugar. Una vez por semana regresa pa ra
almorzar con la que en su infanc ia fuera su cicerone por la ciudad de El Cairo, su
madre, y compartir buena parte del día con ella como acostumbraba h acer cuando era
niño. Tras lo cual se reúne con los amigos de la adolescencia en el café Orabi. Estos
últimos se convertirán e n personajes que poblarán al gunas de l as g randes novelas de
Mahfouz, como La epopeya de los harafish .
Por m ás que G amaliyy a acapare todo el p rotagonismo en la bi ografía del autor, una
verdad es inde fectible: los años más importantes de la vida d e Ma hfouz se han
desarrollado entre dos b arrios. El primero perm ite al autor el privilegio de regresar
cuando lo desea a su infancia, es la matriz en la qu e se g estan y de sarrollan sus
68
creaciones literarias; el segundo, Abbasiyy a, nu tre la ob ra con los pers onajes de l a
adolescencia.
1.1.2. Contextualizando a Mahf ouz: la vida a través de la maqha .
Tras terminar sus estudios y l a búsqueda de s u c amino profesional, el joven Mahfuz se
prepara para int roducirse en el ámbito de las letras y comenzar su andadura en el mundo
de la l iteratura . El Cairo, su barrio y la familia so n claves en su obra, pero el día a día -
lejos de ser el de un escritor taciturno esclavizado por la pluma- tiene por melodía las
voces de los amigos y l a algarabía de los cafés l iterarios. Así como cumple de form a
estricta con su tra bajo, también lo hace con esa cita ine ludible con la amistad, la
shisha 31 y un café en el q ue apenas moj a los labios, pero que pide po r puro placer. De
hecho, comienza a frecuentar los cafés relativamente pronto, en los años de secundaria.
La maqha hace l as veces de hogar en el que l os amigos se pued en en contrar , pe ro
además es donde Mahfouz entra en contacto p or primera vez con escrit ores que se
reúnen a l calor de este bre baje. Su primer café es el Darrasa, pero con el ti empo le
siguen muchos más: el Fe rdaws, el Rex y ot ros, ya conocidos, pero que acabarían
siendo célebres precisamente por ser frecuentados por el escr itor.
Parada obligatoria en toda bi ogr afía sobre Mahfouz, la maqha tiene una larga
tradición en Egipto y un profundo arraigo en sus gentes. En ella se socializa, el m undo
pertenece a todos l os que lo habitan, no ha y diferencias de clases y el más humil de se
permite una tregua con el negro líquido perfumad o con cardamomo. En el café Fishawi,
demolido en 1967, el escritor pasa el tiempo en sus dí as libres: “la narguileh estimulaba
mi imaginación y, con c ada c alada, veí a una nue va esce na desarrollarse e n mi espíritu”
(Al-Ghitany, 1991, p. 135). S us visi tas a este lug ar de inspiración coin ciden con la
época en l a que trab aja como funcionario en la biblioteca al- Ghouri e incluso
posteriormente, a pes ar d e su traslado al Servicio de Préstamos de Caridad dependiente
del Minis terio de los Waqf. La creatividad está estrechamente vinculada en la mente de
Mahfouz a estos establecimientos, pues la vida se desarrolla en ellos y como buen
cronista, muchas de sus novelas se ge stan en las maqhas que frecuenta 3 2 .
31 P ipa de a gua.
32 No obstante es incierta la le yenda que ase gura que escr ibió p arte de su obra en los café s. La maqha
forma parte de la inspira ción q ue dota a sus novelas d e esa dimensión d e realida d y magia.
69
De las dos novelas con nombres de cafés – C afé Karnak (1974) y El café de
Qúshtumar (1988)- se sa be que la p rimera está i nspirada en el Or abi, dond e no es difícil
encontrar al esc ritor a partir de los sesenta. Dur ante la primer a mi tad d el siglo XX , el
café Orabi es el más i lustre de todo El Cairo, regentado por un cono cido futuww a
(matón) de l a capital al q ue Mahfouz des cribe como un hombre de po rte t errorífico (El-
Enany , 2007, p. 35).
Así como sus novelas se desarrollan en divers os escenarios con El Cairo como telón
de fondo, las r euniones con l os amigos se d ividen por cafés dep endiendo de l a
compañía. Si el O rabi es para los más cercano s a l corazón de l autor, el café de La
Ópera lo es para el g rupo del comité, creado en 1943 y compuesto por escritores,
traductore s y editores. E l viernes se deja p rodigar por el Riche, menos h ablador, más
pendiente de las conversaciones de los escr itores noveles, de su parecer y sus obr as;
actitud que dista b astant e de l a que m uestra en el Orabi, donde apa rece desenvue lto,
entablando batallas di alécticas ensa rtadas d e nokat 33 y com entarios c argados de ironía.
También tiene su café predilecto para la época estival, que pasa en Alejandría, el café
Délices, que acoge al es critor para su lectura ma tutina de periódicos. En este enclave
junto al mar disfruta de una de la pocas lectu ras que se le permiten en la época de
reposo obligado debido a una vista delicada . Es también en Alejandría, entr e 1947 y
1948, cuando Mahfouz conoce por fin al célebre escritor y dramaturgo Tawfiq al-
Hakim, quien tiene por costum bre reunir a lo más granado de la sociedad en las terrazas
del café d el Casino Petro. Si tuado frente a las cabi nas de la playa de S idi Bichr, el P etro
es un ca fé apartado en el que, según el propio Mahfouz: “uno se pue de aislar para
reflexionar y hablar con los amigos” ( Al-Ghitany , 199, p. 139). Se convierte en un
asiduo a este café y a sus tertulias.
El ca fé d e A hmad Abdu ta mbién apa rece en la trilogía cuando K amal A bd al-
Yawwa d se c ita de spués de un tiempo con su amigo Fuad H amzawi. No es pues de
extrañar que estos lugares bul liciosos o para el recogimiento ocupen un lugar
tremendamente importante en su obra. De estética cuidada unos, del tamaño de una
pequeña habitación otr os, la pr esencia de estos establecimientos ha de pobl ar
forzosamente l a obr a del autor. Para Ahmad Akif, protagonista de Jan el-Jalili , las
maqhas resultan mol estas en el paisaje de este vecindario, tan cercanas a su nuevo
hogar. Acostumbrado al antiguo barrio en la z ona moderna de al-Sak akini, se sorprende
33 B romas mezcladas con sentido del humor lle gando a la b urla hacia uno mismo.
70
ante el microcosmos existente en estos c afetines, pequeñas islas ruidosas y casi siempre
atestadas. Mahfouz vinc ula la d escripc ión de est os lugares a l a pe rcepción y el espíritu
de l os personajes de cada novela, apelando en l a descripción a los sentimientos de sus
protag onistas:
El ruido pr ovenía d e los inn umerab les ca fés si tuados e n to dos los rinco nes del b arrio . La rad io difundía a
todo volu m en ca nciones o d iscursos co mo si, e n ca da piso, f uncionase u n ap arato. E n los café s, los que
servían pasab an sus ped idos con voz tonante, en u n tono unas veces gangoso, otras, ca ntarín:
-¡Un café ne gro si n az úcar, .un…! ¡Un té verde, u n…! ¡ Añade un ca fé co n e l narg uile! ¡Un nar guile
bien caliente, uno!
A ello se sumaba el c hasq uido seco de las fichas d e la s da m as y de lo s do minó s, y la s vociferacione s
de los j ugadores. Ahmad tení a la impresión de estar j usto en medio de una multitud ruido sa más que en
un piso. Estaba aso m brad o de que los habitantes del barrio parecieran soporta r este estruendo y
consiguiera n incluso d ormir (M ahfouz, 20 06a, p. 40).
El café suel e ir con la p ersonalidad d el héroe, a daptándose a sus circunstancias. En El
ladrón y los perros (1961) la situación de des esperanza y s ed de v enganz a de Said
Mahrán se v e reflejada e n la maqha a la que sol ía ir antes de entr ar en p risión y a la qu e
regre sa el mismo dí a en el que le devue lven la libertad:
Pro longó la m irada hacia la inmensid ad d el de sierto q ue se extendía sobr e una superfic ie r ebosante d e
oscuridad [ …] Er a como si el café f uera una isla e n medio del o céano o co m o un avió n e n el cielo . En la
parte baja del altozano sob re el que estaba el café se agitab an los cigarr illos, como si fueran estrella s, en
las manos d e los que se habían sentado en la osc uridad de seosos de aire puro. En el horizonte oeste
brillaba n la s luce s de Abbasi yya muy a lo lejo s, de mostrando lo lejano y lo a dentra do d el desierto que
estaba el c afé. Se aso m ó a l a ventana y p udo p ercibir la s voces de lo s que estaban sentado s en los
alreded ores del a ltozano, d e los que se había n retira do al d esierto en b usca de aire puro y tr anquilidad. El
m ozo del café baj ó hasta ellos c on un narguile cuyas b rasas ard ientes desprendía n unas chispas q ue
revoloteab an cre pitantes. La velada se había ido ani m ando y las r isas se entre mezclaban co n las charla s
(Mahfuz, 1 994a , pp. 68 y 69).
La maqha literaria de Mahfouz es bien parecida a la real y y a se a en el Orabi, el
Fishaoui o el Petro, el fin es el mismo: pasar una v elada agradable, rodeado de personas
que le ase guren una conversación amena sobr e literatura, músic a o a base de nokat . Sin
embargo, en 1961-62 el cuerpo de seguridad d e Nasser no ve con bue nos ojos las
reuniones en el café de La Ópera, qu e descubre de forma casual. A pa rtir d e entonces, y
por la políti ca que prohíbe la asamblea, cada reunión de be celebrarse bajo la e stricta
71
vigilancia de un policía, que se muestra perplejo ante su d esconocimiento de los tem as
que se tratan en l os encuentros a los que asiste y de los que debe redactar un informe.
La situación se torna ins ostenible y el grupo decide dar fin a su cita en est e café, pero no
a sus encuentros que s e trasladarán al Sph ynx. Inde pendientemente de q ue la pol ítica
no gobernara las conve rsaciones, se entiende qu e, entre los temas de relevancia, s e
encontraran los relacionados con hechos como la Revolución de 1952 o la derrota de
1967, por citar sólo algunas de l as fechas más destacables, así como la pol ítica de
Nasser pr imero y la de Sadat después.
1.1.3. Primeras lecturas: ¿filosofía o literatura?
La pr esencia ex tranjera , la Revolución de 1919, el amor por un barrio, primer a morada
del escritor, o la fi gura d e la madre son el ementos clave en la infancia d e Mahfouz, con
esa relevancia y respons abilidad que tienen las primeras experiencias de forjar la qu e
será la p ersonalidad del que todavía es un niño. La verdadera prota gonista de su vida, la
literatura, aparece cuando Mahfouz todavía cursa primaria. Es entonces cu ando
descubre el gusto por la lectura , gracias de nuevo a su curiosidad, al s orp render a uno
de sus amigos, Yahia Sa qir, le ye ndo un a nov ela policíaca titulada El hi jo de Johnson .
Toma prestado el libro aficionándose a l as hi storias detectivescas, así como a los l ibros
de aventuras hasta la ed ad de diez años. El pequeño Mahfouz se entretiene, o eso cree
por aquel entonces, cuando selecciona al gunas de aquellas novelas y las reescribe a su
gusto, ha ciendo mínimas variaciones en una li breta escol ar: « Tras lo cual, e scribía sobr e
la cubier ta: ‘Una obr a de Naguib Mahfouz’, no sin ac ompañarlo del nombre de un
editor imaginario » (Al-Ghitan y , 1991, p. 72).
Al ll eg ar a la adolescencia, sus lecturas evolucionan conduciéndolo hacia al-
Manfaluti 34 , entre ot ros. Mahfouz se refiere a est a et apa como “el período del despertar”
(El-Enany, 2007, p. 12). También lee a los escritores de l a nahda 3 5 , los innovadore s , los
pensadore s y l os filós ofos. Cabe destac ar a algunos de los más importantes: el pensador
y crítico árabe T aha Hussein (1889-1973); al-Aqqad (1889-1964); Ha yka l (1888-1956);
34 M ustafa Lutfi Al-Man faluti ( 1876-192 4): poe ta y escritor egipcio q ue influyó en var ias generacio nes.
Fue un pionero de la literatura árabe m oder na (Encicloædia Br itannica).
35 Na hda: renaci m iento. Corriente intelec tual árab e apa recida durante la se gunda m itad del siglo XIX en
El Líbano, d espués en Eg ipto, p roclive a r enovar el p ensamiento y literatura ár abe ( El-Enany, 200 7, p.
12) .
72
algo más tarde a Mah mud Ta y mur 3 6 ( 1894-1973); Tawfiq al-Hakim (1 898-1987) y
Yah y a H aqqi 37 (1902-1992 ).
Pero desde sus años de secundaria comienza a leer a los clásicos, a los m aestros de la
literatura árabe, al go que años más tarde dotaría a sus escritos de una pureza de frases y
corrección gramatical que muchos escr itores posteriores evadieron.
Entre los poetas que ocupan sus lecturas se encuentran los Ab asidas: Al-Ma’arr i 38
(973-1057 o 1958), al-M utanabbi 39 (915-65) e I bn al-Rumi 40 (835-96). Estas l ectura s e
influencias se traducirían en l a perfección del esti lo y la pureza de la len gua. Es algo
más tarde cuando se permit e leer poesía sufí de entre cu y os poetas Mahfouz destaca a
Hafiz de S hiraz (1325-26/1389-1390) 41 y al bengalí Rabindranath Tagore (1861-
1941) 42 , lo que influiría fuertemente su obra desde la década de los sesenta en adelante.
Sin embarg o, el autor todavía considera la literatura como un e ntreteni miento, la s
obras que verdaderamente llaman su atención son las relac ionadas con el pensamiento,
el a nálisis, la cr ítica y el ensa yo, por oposición a la ficción. Confies a su orie ntación
hacia la filosofía gracias a los cuestionamientos filosóficos de al-Aqqad (el origen del
universo y la estética).
El escritor se encuentra con l a inicial oposición de su pad re, quien h a planeado para
él un futuro, en principi o, como ingeniero o mé dico, pero Mahfouz cree en la filosofía
como medio para iniciar se en el secreto de la vi da: “¿Se da usted cuenta [le comenta a
Al-Ghitan y ] de la candidez de tal idea? ” (Al-Ghitany , 1991, p.74).
36 M ahmu d T a ymu r (1 894 -1973): importante escritor egipci o de novelas y obras d e teatro.
principal mente, así co mo cuentos, ensayos, guías de viaj es y artículos relacio nados con la l engua y la
literatura ára bes (Gálvez Vá zq uez, 199 1).
37 Ya hya Haqqi (1 905- 199 2): escritor y novelista. F ue edit or d e la revista egipcia literaria Al-Ma jalla
hasta que ésta fue pro hibida (1 961-19 71) (E l-Enany , 200 7, p .2).
38 Al-Ma’arr i (97 3-1057 ): gran poeta ár abe co nocido por su virtuosis mo y la origi nalidad y pesimismo
de su visión. S us pri meros po emas se re cogen en Saqt al-zand (La chispa del eslabón) ( Meri, 2 006, pp. 6
y 7).
39 Abu-t-T ayyib Ahmad b. al- Husayn b. ‘Abd as-Samad al-G u’fi, m ás co nocido c omo al-Mutanabb i
(91 5- (Poeta ir aquí nacido e n Kufa, Siria fue s u segunda p atria. Es considerad o el mayor poeta á rabe de
todo s los tiempos. Deb e su fama a la Ha masa, refi nada anto logía de p oesías antiguas. Destacó en la
poesía d e la sátira, así como en la p anegírica d emostra ndo su gran d ominio de la lengua. Intro duce
innovaciones e n el esque ma clá sico de la casida o qasida ( gén ero p oético e xtenso heredado de la liter atura
anteislá mica) (Gab rieli, 19 72).
40 Abu al-Hasa n ‘Ali ibn al -Ab bas ibn J uray j al- Rumi, co nocido como Ibn al-Rumi nació en Bagdad.
Es uno d e los po etas más impo rtantes y más e studiados. S u d iwan se c ompone princip almente de elegías,
panegíricos y sátiras (McKi nne y, R. C (200 4): The ca se of rhyme versus reaso n: I bn a l-Rumi and h is
poetics in conte xt , Boston: Br ill Academic P ublishers).
41 Ha fez de Shiraz o Hafiz de Shiraz fue un conocid o po eta per sa. Co m o po eta de la corte gozó del
patro cinio de vario s gobernantes d e Shiraz (E ncyclopædia Britannica) .
42 Rab indranath Tagor e: poe ta, escritor, p intor y composito r bengalí galar donado con el pre mio Nobel
de Literatura e n 191 3. De stacó, entre otras co sas, por introducir el leng uaje co loquial en la liter atura
bengalí liberá ndola d e losn mod elos pr eexistentes basados e n el sánscrito .
73
Buen alumno en mat emáticas y ciencias, finalmente consigue iniciar en 1930 sus
estudios en Filosofía en la Universidad R ey Fu’ad I (ho y Universidad de El Cairo). Se
licencia en 1934 quedando el segundo de su promoción con m atrícula de honor y un año
más tarde colabora com o articulista para al gunos per iódicos – y a antes de graduarse
publica varios artículos en diversas revistas- así como para otras publicaciones, entre
ellas Er-Risala , El-Hilal o Al-Ahram , centrados en temas filosóficos, psicológic os y en
la estética (esencia y p ercepción filosófica de la belleza). La lis ta d e artículos reúne un
total de 47, escritos entre 1930 y 1945 (El-Enan y , 2007, p. 16). Entre otros títulos, se
pueden citar: “Evolución de fenómenos soci ales”, “¿Qué es la filosofía? ”, “F ilosofía d e
Berg son” , “ La inteligencia de los sentidos” , “Agonía y regeneración de creencia s”
(1930) -artículos que se publican en Al-Maja llah al-Jadida de Salam a M usa 43 -,
“Pragmatismo o filosofía científica” (1934 ), “La psicología: sus escuelas-metodologías
antigua s y modernas” (1935). Mas t arde publica una se rie de trabajos sobre “ La
concepción y evolución de l a idea de Dios” (enero-marzo de 1936) (Abu Elata, 1989, p.
16).
El t iempo en las novelas y escritos posteriores de M ahfouz tiene un papel principal,
debido a l a influencia de Henri Ber gson (1859-1941) -reforzada por sus lecturas de
Marcel P roust (1871- 1922), quien también estuvo influenciado por la filosofía de éste
último- cuy a noción de ‘duración’ es palpable en los cimientos de la trilog í a (Gordon,
1990, p. 136).
Mientras prepara su tesis en filos ofía, que no llega a completar, con el títul o de El
concepto d e la est ética en la fi losofía islámica bajo la dirección del islam ista S haykh
Mustafá Abd al-Raziq, tiene la certeza de que la literatura, hasta aquel momento una
afición y divertimento, empieza a ocupar un lugar importante en su vida, casi como
“una ver dadera enfermed ad” (Al-Ghitan y , 1991, p. 75).
Esta crisis se prolon ga h asta 1936, cuando finalmente se decanta po r la creación
literaria. Tomada la decis ión que cambia el rumbo de su vida y el de la prosa árabe, se
ve envuelto en el pro y ecto personal de formarse en todas las materias pos ibles le y endo
lo que ll eg a a sus manos: literatura, ciencias, historia; así como a escuchar música –
estudia Musicología en e l Instituto de Música Ár abe- y a escribir (Abu E lata, 1989, p.
12). Se propone recuperar el tiempo, sintiendo que juega con desventaja dada su
temprana afición po r las ciencias, que le ha restado tiempo par a formarse en el m undo
43 Sala m a M usa (1 887-19 58): pensador, filósofo, crítico literario, ... Fue uno de los pionero s del
socialismo e gipcio (Han na y Gard ner, 19 69, p. 49).
80
pasar al realismo. Mahfouz cree haber exprimido todas las posibil idades q ue la historia
le ofrece para de scribir la realidad del momento:
Puede que la historia hubie ra dej ado d e tener el p oder de describir lo que yo se ntía. T ambién pued e que
me sintiera deseoso de hacer fren te a te mas sociale s. T od as estas e xplicacio nes tienen una parte de
verdad. Tras esto no vol ví a r ecurrir a la histor ia, convenci do de habe r empleado to do aquel esfuerzo d e
docu m entació n e n vano. E n realid ad, aq uel ap rendizaj e contribu y ó a mi for mación y de j ó en mí huella s
que, po r inconscientes de sean, p ermanecen vivas ( Al-Ghita ny, 1991 , p. 85 ).
La necesidad de plasmar el m omento fielmente le desvía de esta prim era f ase para
guiar le hacia un tipo de novela más social con la que retr atar el paisaje c ambiante del
país. C onsciente d e est ar dec antándose por un a corriente lit eraria a gotada en Europa -
no así en E gipto ni en el Mundo Árabe en general, donde la novela comienz a a as entar
sus bases- el realismo se le presenta como el medio más ad ecua do par a su propósito. Sin
obviar el h echo de qu e la lit eratura árabe se remonta a casi dos mil años - apo y ándose en
el g énero de la poesía y en las distintas manifesta ciones orales, sin olvidar la
institución cultural de los cuenta-cuentos-, no es hasta la era moderna c uando Egipto
puede iniciarse en el género de la novela. L os siguientes puntos i lustran las causas y
condiciones en las que este género se desarrolla:
1) La influencia d e la literatura europea, gracias a la cual la novela s e co nvirtió en un
gé nero mu y importante durante los siglos XVIII y X IX . Durante la s egunda mitad del
siglo XIX , las novelas e ran adaptadas o traducidas del fra ncés y del in glés, siempre
ajustadas al gusto de los nativos, sin pretensión literaria alguna
2) L a c reación de talleres de imprenta e gipcios durante el siglo XIX , junto con el
aumento en la producción de periódicos - l a fundación, en 1828, de la gaceta
gubernamenta l, al- Waqa’i al-misriyah , y al- Tahtawi, a la que seguirían otr os periódicos
3) Como consecuencia d e la r eacción a la neo-maqama (Brugman, 1984, pp. 63 y 64).
Ésta gozaba de ma yor presti gio, mientras que la novela y los relatos eran considerados
gé neros menores. Si algo se podí a decir a favor de l a novela es que servía para un fin
más alto como señaló Muhammad Abduh en 1881 al- W aqa’i al-misri yah los
81
rumaniyat 47 tenían el objetivo de enseñar adab (qu e quiere de cir tanto literatura como
educación, en este caso hace más alusión a esta segunda acepción ( Brugman, 1984, p.
205). Así pues no es de extrañar que el r ealismo en las novelas e gipcias -y árabes en
ge neral- tenga s iempre e ntre sus propósitos reflej ar el mal estar d e una so ciedad durant e
la era colonial y tras la in dependencia.
4) La r epresentación de la vida familiar o las rela ciones eróticas es considerada
indecente a finales del siglo X IX e incluso a princ ipios del XX , de ahí que l os novelistas
tuvieran que luchar por demostrar el p ropósito artístico del género (Brugman, 1984,
206)
5) La educac ión pública y una alfabetización más ge neralizada.
6) Una liberac ión gradual respecto a la opresión de l as potencias extra njeras, la cual
comenzó a partir del reinado de Muhammad Ali - wali de Egipto desd e 1805 hasta su
muerte en 1848- , tras la o cupación na poleónica de Egipto a comienzos del siglo XIX .
7) El nacimiento de una clase int electual con un ampli o conocimie nto sobre el
extranjero.
8) Se podría hacer una clasificación de la novela entre 1870 y 1938: la novela didáctica
( al-riwayah al-ta’limiyyah ); la novela recreacional ( al-riwaya al-tasliyah wal-tarfi h ); y
la novela ar tística ( al -riwayah al-fanniyyah ) (Selim, 2004, p. 63)
La nov ela en E gipto com ienza a forjarse gracias a las obras de autores que influ y eron a
Mahfouz: Taha Huss ein (1889-1973), al-Aqqad (1889-1964), Muh ammad Husa y n
Ha y kal (1888- 1956), Ma hmud Ta y m ur (1894-1 973), Tawfiq al-Hakim (1898-1987) o
Yah y a Haqqi (1902-199 2). Un claro referente en los albores de la novela en Egipto es
Zaynab (1912), de Muh amm ad Husa y n Ha ykal, consi derada como la prim era auténtica
novela en lengua árabe.
En estas circunstancias, Mahfouz, conocedor del puls o de las corrientes li terar ias en
Europa, sabe d e la imposibil idad de eludir el realismo, pasando del romant icismo –en el
47 Novela: clar amente la pa labra es una ad aptación d el francés roma n
82
que t odavía se encuentra l a li teratura árabe- a un modernismo en plen o apog eo en
Ingla terra y Francia d esde 1900. Desde qu e comienza a publ icar novel as históricas en
1939 se han sucedido hechos d e gran calado a nivel n acional e inter nacional que
desempeñan un importa nte papel en la historia de la nación de los faraones. Egipto
vuelve a ser b ase británi ca en la S egunda Guerra Mundial, ya lo había si do durante la
Primera Gr an Guerra, en 1914; el Imperio Otomano se posiciona del lado de los países
del Eje, esta de cisión sup one la desvinculación d e los británicos de La Su blime P uerta;
y Egipto pasa a con vertirse en p rotectorado del I mperio Británico. Con esta
participación en la guerra, el crec imiento económico que ex perimenta la nación nilótica
desde la P rimera Guerra M undial se refuerza. El país está en plena expansión, entra en
la ONU y en 1945 es miembro fundador de la L iga de los Est ados Árabes que se inst ala
en El Cairo.
Para J ean y Simonn e Lacouture “esta p rosperidad es un a f achada engañosa: la
economía y el cu erpo so cial están enfermos” (Mi rel, 1982, p. 78 ). Enfer medad debida
en gran parte al incremento de una c orrupción que el escritor describe en esta nueva
etapa.
Mahfouz publica su p rimera novel a realista co n el título de K han al-Khalili (también
Jan al-Jalili ) en 1945 48 . F inalizada la guerra, presenta al público un año en la vi da de
Ahmad Akif y su familia, desde septiembre de 1941 hasta a gosto de 194 2. La hi storia
de este funcionario de cuarenta y un años que vive con sus padres com ienza con la
mudanza de la familia del moderno barrio de Al sakakini, en el que Ahmad ha pasado
toda su vida, al viejo barrio de Jan al-J alili. El m ie do a los continuos bombardeos lleva
al padre de Ahmad, el efendi 4 9 Akif, a tomar la de cisión de trasladarse a un barrio m ás
seguro. A pesa r de la rela tivamente corta distancia que separa un barrio de ot ro, el padre
de Ahmad confía en la s eguridad que este nuevo destino les proporcionará gracias a la
proximidad de una de las mezquitas más importantes de Egipto, Al-Hussein 50 :
Este barr io está bajo la santa pr otección de la mezquita de Al-Husayn y de la bendici ón que Dios le
brinda. Nues tro nuevo pi so s e encuentra e n un barr io con sagrado a la reli gión y a la s m ez quitas; los
48 El propio Naguib M ahfouz se contrad ice en las fechas de publicación d e sus d os p rimera novelas
realistas: Khan al-Kha lili y El Cairo nuev o (1945 y 1 946 respectivame nte). Interca mbia el o rden, c on lo
que la p rimera, seg ún s us declar aciones, sería El Cairo Nuev o (1 945) seguida p or Khan al-Khalili (1 946 ).
“Sasson Somek h f ue el pri mer estudia nte e n dar se c uenta de este hecho. Véa se So mekh, The Chan ging
Rhyth m, pp 198-9”. (El-Enany, 2007, p. 162)
49 Efendi: señor . Vocab lo de orig en turco asimilado por el árabe d ialectal egipcio
50 Uno de los dos nietos d el pro feta Maho m a (S. A.S.). Se cr ee que la c abeza d e el-Hussayn se encuentra
en la mezq uita.
83
alemanes so n de masiado a stutos c omo par a ir a golpear e n el c orazó n d el isla m a l tie mpo que p rocla man
su amistad (M ahfouz, 20 06a, p. 15)
La dicotomí a mahfuziana entre lo nuevo y lo antiguo toma en esta novel a la forma de
dos barrios, el de Alsakakini frente al de J an al-Jalili ; la de dos nacion es, el I m perio
Británico frente a E gipto; la de dos civilizacion es, la árabe y l a occidental; la de dos
pensamientos, el ca mbio frente a la tradic ión.
Resulta lógica la incli nación de M ahfouz ha cia el r ealismo, puesto qu e la sit uación
del país no permite soñar con esplendores pasados ni siquiera como recurso pa ra
descifrar el presente. De ahora en adelante, el realismo es la herramienta, con
mayúsc ulas, de Mahfouz .
En esta etapa se en cuentran: Jan al-Jalili (1945), El Cairo nuevo (1946), El callejón
de l os milagros (1947), El espejismo (1948) y Principio y fin (1949). Culminará esta
incursión en el realismo años más tarde con su ro man-fleuve la t rilogía ( 1956-57).
Los b arrios populares de El Cairo y sus habitantes, el tiempo y el destino, son los
temas principales en estas novelas. El confli cto entre dos valores de sistemas suele ser el
protag onista principal: por un lado, el refugio en lo antiguo y en el códi go de l as viejas
tradiciones; por otro, la atracción por la modernidad occidental con los peligros que
entraña (El-Enany, 2007, p. 51).
El espejismo (Mahfouz, 1989a). En esta historia se narra la vida de un personaje real,
Husa y n Badr al-Din, un hombre con estudios y bien av enido que acaba en prisi ón por su
adicción a las dro ga s. La novela trata el complejo de Edipo que tiene el pe rsonaje, dada
la extraña rel ación que mantiene con su madre, lo que le acaba incapacitando para
mantener relaciones íntimas con el sex o opuesto. Es considerada por la crítica una
novela ps icológica. D e hecho Marcelino Villegas engloba estas primeras novelas no
históricas de Mahfouz bajo la categoría de pentalogía realista, dejando fuera, por s us
peculiaridades, El espejismo .
1.3. Clasificación d e la obra y corrientes.
Son varias las clasificaciones que se pueden hace r de la producción li teraria de Naguib
Mahfouz. A continuación se ha ce un repaso de l os distintos criterios de clasificación
según Mercedes del Amo (1996, pp. 16-24).
84
1. Cl asificac ión por las coordenadas espacio-temp orales: novelas escritas e ntre los años
1939-1952, es dec ir, las tres sobre el Antiguo Egipto y las ocho escritas antes de la
Revolución de los Oficiales Libres (1952).
2. Cl asificac ión psico-sociológica: basada en las etapas anímicas de Mahfouz según la
realidad de l momento. Pe rmite organizar la obra de forma cronológica.
3. Clasificacione s desde la estructura nov elesca : hace referencia a l a obr a posterior al
’67. Destacan las colecciones de cuentos compues tos casi por completo po r diálogos, de
ahí que se les denomine comúnmente como obras “dialog adas” o novelas pol ifónicas,
por contar una misma historia desde distintos puntos de vista.
4. Por último, la clasificación por c orrientes literar ias:
4.1. Novela histórica: 1939-1944. Novelas faraónicas.
4.2. Realismo social: 1945-1957. Resp ecto a las novelas que se inclu y en en esta
corriente : Jan al-Jalili, El C airo Nuevo , El callejón de los milagros, El espejismo,
Principio y f in y l a trilogía. Para Mercedes del Amo la novela El espejismo ( al-Sarab ,
1948) quedaría fuera del realismo social po r ser “un prim er intento de aprox imación al
realismo desde el intimi smo” (del Amo, 1996, p. 18). M ientras que Marcelino Villegas
deja a l a trilogía fu era del grupo para incluir en el mismo la novela El esp ejismo . Es lo
que el propio Villegas denomina “pentalogía realista”. Sin embargo exist en otras
consideraciones respecto a esta última obra, que queda cl asificada como novela
psicológica por e l tratamiento que Ma hfouz d a a l pe rsonaje K arim Ruba L az y la
extraña relación que mantiene con su madre.
4.3. Si lencio narrativ o: 1952-1959. Existen diversas teo rías p ara este silencio, las
más generalizadas son l as que ach acan este lapso improductivo al efec to que tiene en
Mahfouz el golpe de Estado llevado a cabo por l os Of iciales L ibres con Na sser a la
cabeza. La dict adura g enera desconcierto en los i ntelectuales, pues con el pretendido
objetivo de lograr alcanz ar un objetivo común par a los egipcios, la ind ependencia, acusa
la carenc ia de una ideología definida. Por otra parte, Mahfouz había l legado a alto
funcionario del Ministerio de Cultura, por lo que ha y quienes consideran q ue su silencio
85
se debe a la prudencia. También se baraja ot ra teo ría que achaca esta ‘s equía’ lit erar ia al
ag otamiento creativo del escritor.
4.4. S imbolismo: 1959-1967. No todos l os críticos coinciden en esta clasificación, y a
que englobar tod as las novelas de esta etap a d entro de la corriente si mbolista no se
ajusta a la realidad.
4.5. Corriente del absurdo: 1968-1972. Relatos surrealistas y oníricos. Añadir que en
estas novelas el escritor se centra en la guerra de 1967. Mahfouz se refiere a este
período histórico como al ‘terre moto’.
4.6. A partir de 1972 ut iliza todas las corrientes anteriores. Sus novelas son cada vez
más intelectuales
1.3.1. Primeros escritos: Mahfouz y la novela histórica
Tras sus primeros pasos en el campo de la filosofía, Mahfouz entra de llen o en el mundo
de la l iteratura con la publi cac ión, desd e 1932, de cuentos y relatos en di versas revistas
literarias cairotas. Veintiocho de ellos seleccionados por el autor aparecen
posteriormente publicad os en una colección de cuentos ti tulada Susurro de locura
(1945) 51 . Sin embargo, interrumpe la litera tura de re latos cortos pa ra ini ciarse en la
novela hist órica con ‘ Abath al-Aqdar (1939), traducida al castellano como Caprichos
del destino o La maldición de Ra. Kheops y la Gran Pirámide (Mahfouz, 2001b) .
En plena Segunda Gu erra Mundial, Mahfouz s e estrena como nov elista con este libro
-ambientado en la época del fara ón Kheops) 52 - en el que nos relata la historia de Khufu
y su i ntento vano por luchar contra el destino. El re y , en ple no apogeo de su poder,
llega a saber por medio de un adivino de l a co rte que qui en l e sucederá en el trono no
será su hijo, s ino el del sumo sacerdote d e Ra. Al estil o de Herodes, Khufu manda
51 E n la m ayor parte de estudios la fecha de publicació n que apa rece p ara esta colecció n es 1938,
debid o a que el pr im er ed itor, Abde l-Hamid Gouda al-Sa hhar, quiso que co nstara este a ño en el libr o. Sin
embargo, seg ún palab ras de M ahfouz, apa reció r ealmente tras su novela El ca llejón d e los mila gros
(19 47) (Al-Ghitany, 199 1, p p. 77-8). El-Enany apunta q ue tuvo que ser publicada co m o mínimo a par tir
de ab ril de 1945 (El-Enany, 20 07, pp. 137). Roger Allen, d irecta m ente p one entre inter rogantes la fecha
de p ublicación Whisper of Mad ness (¿193 8?) ( Allen, 1993, p. 36).
52 Go bernó a co m ienzos d e la dinastía IV en el Reino Antiguo
86
asesinar al niño que se s alva gra cias a una sirvie nta que l o acaba criando como si fuera
suyo. El hijo del sacerdote crecerá y la profecía se cumplirá irreme diableme nte.
Mahfouz se inspira en el cuento de El rey K heops y los magos , que, aunque data del
período de los Hicsos, p arece que las historias s e remontan a la di nastía X II . Ésta y otras
dos historias más se en cuentran en el papiro W estcar, en el Museo d e Berlín 53 . A través
de la historia, el autor re compone el ma rco soci al y político del momento, retratando de
forma nítida e l sentir de la sociedad eg ipcia de principios del si glo XX . Kheops, tras
intentar luchar contra su destino se rinde fall eciendo instantes después de haber
acepta do a Radedef como s ucesor.
La comparación entre los dirigentes pasados y presentes, cu y o común denominador
es la debilidad que los caracteriza, deja al descu bierto el paralelismo entre un Kheops
que teme verse despojado de poder al aceptar el natural relevo; y el Imperio Británico,
afec tado por el mismo mal, que se traduce en el control que ejerce sobre el re y Faruk I .
Cuatro años más tarde , en 1943, Mahfouz publi ca Radubis , que en castellano aparece
bajo el título Rhadopis: una cortesana del Antiguo Egipto (Mahfouz, 2001c). Ést a es la
historia de amor del monarca Mernerá II (prob ablemente Pepi II ) con la bella cortesana
Rhadopis. Mernerá, que reina junto con su he rmana y esposa Nitocris 54 , mantiene una
relación con la bella R hadopis por quién siente una febr il p asión que la cort esana
corre sponde. L a vid a disoluta del monarca, a qui en preceden sus escarceos amorosos,
hace temer a los sace rdotes por la int eg ridad de l país y el futuro de E gipto. La casta
sacer dotal plane ará la qu e ser á la ma yor traición al re y con la que apartarlo por siempre
del poder.
Antes del fatídico final, la multitud rec lama la corona para su esposa, Nitocris, y la
caída de l libertino. Mientras la guardia a taca con flechas, los rebe ldes contestan con
piedras, maderas y flech as a su vez. El monarca acepta su d estino y trat a de limpiar de
toda mancha el bu en nombre de sus ancestros de teniendo el ataque d e la guardia. En un
acto de valentía, espera la entrada del pueblo y c on ella s u final que viene a manos de
uno de los cabecillas que le clava una flecha en el corazón. L a últ ima orde n de Mernerá
será ser transportado en s u embarcación hasta la isla de Biya para morir en los brazos de
Rhadopis, quien después se suicidará.
En 1944 publica Kifah Tiba ( La batal la de T e bas 2001a). En esta n ovela, Mahfouz
narra l a gue rra de los hicsos y la ca ída d el I mperio Medio (1785-1575), par a
53 P apyrus Westcar 3 033 .
54 Co nocida reina p osterior a Pepi II (2184 a. C.-2181 a. C.).
87
posteriormente reconstruir la expulsión de los invasores gracias a l a rebelión de los
eg ipcios, recuperando la independencia e iniciando una nueva etapa: el I mperio Nuevo.
El autor se vale del pasado para compon er e l presente d el país. E gipto busca otro
renac imiento a trav és del nacionalismo para conseguir la independ encia. El simbolismo
en esta última novela adquiere tal protagonismo que Mahfouz no t iene ni ngún r eparo en
anteponerlo a la exactitud histórica en benef icio del parale lismo entre dos Egiptos
separa dos en el tiempo, p ero unidos por una misma situación hostil frente al ocupante.
No es gratuito que recurra al pasado de su país, dado el interés gene ral del momento
por la e giptología, como medio para la interpretación de un presente hi stóricamente
carga do de acont ecimientos en los planos social y político. Ha y que tener presente que
Egipto no adquiere estatus independiente hasta 1922, a pesar de la presencia mili tar
británica que sigue manteniendo bajo su control las comunicaciones.
El 26 de ag osto de 1936 se firma el t ratado que concede al país total independe ncia,
si bi en el Canal de Suez sigue ocupado por los británicos. Ahora más que nunca ha y qu e
volver al pasado para, a través de l a historia, rec uperar el esplendor del p aís. El propio
Mahfouz confiesa más ta rde que se h a document ado lo suficiente como para emprender
el que en su momento fue su pro y ecto, public ar cuarenta novelas históricas.
Akhenaton, el re y he reje ( Al-‘Aish fi-l-Haqiqa , 1985). Considerada una crítica al
régimen de Anwar el-Sadat, supone la vuelta de la narra tiva de Mahfouz a la era
fara ónica. Miri-Mon, joven hijo de un noble, será el receptor del testi monio de los
catorce personajes a trav és del estil o periodí stico de l a entrevista sobre el considerado
herético Akhenatón. Las declaraciones re construy en los últimos días y la personalidad
de Akhena tón, hijo de Amenhotep III y la rei na Tiye, quien inspirad o por vis ione s
religiosa s decide abandonar el politeísmo tradicional y dedi car su devoción a un único
dios: Atón. El faraón rebelde impone este nuevo culto a t odo E gipto ofendiendo al
clero, lo que desemboca en la disensión civil y l a invasión ext ranjera . Akhenatón no
duda en mezcla rse con el pueblo y visi tar a los campesinos mientras trabajan l a ti erra,
algo que, lejos de despertar simpatía, le lleva a se r temido y cono cido com o el re y loco.
Muere solo, no dejando más huella que Akhetatén, la ciudad concebida p ara un nuevo
comienzo de la historia de Egipto desde el monoteísm o, y el recuerdo co ntenido en las
catorce pe rsonas entrevistadas. Muchos h an identificado a Sadat con este Akhenatón,
por tomar el Antiguo E gipto como fuente de i nspiración para gobernar el país. Su
asesino, Khalid I slambouli, declaró dur ante su j uicio que había disparado al “faraón”,
identificándolo con el prototipo histórico del tirano (Shneider, 2013, p. 22) .
88
1.3.2. Viaje de Oriente a Occide nte: la Trilogía de El Cairo
No puede obviarse en ni ngún trabajo de investi gación que verse sobre la obra de Na guib
Mahfouz un apartado de dicado a esta novel a, obra maestra de la lit eratura universal.
Independiente mente de la índole de la investigación, y a sea liter atura, periodismo o
cine, la Trilogía de El Cairo (1956-57) , t ambién conocida simplemente como la trilogía
- Entre dos palacios (1956), Palacio del deseo (1957) y La azucarera (1957) - es la más
conocida por l os l ectores y una de las más r eferenciadas. Al recibir el Nobel d e
Literatura en 1988, M ahfouz se convierte en el primer y único, hasta el mo mento, autor
árabe galardonado con este premio.
El problema p rincipal al que s e ti ene qu e enfrentar como es critor es al de l a len gua
árabe . Cl ásica y refinada, no responde a l as necesidades del autor, que de sea describir
escena s cotidianas y reproducir conversacione s sobre temas aparentemente bana les.
Conversaciones que s e tiene n en un café, con el dependiente de una tienda, en la
intimidad del hogar o, in cluso, en un prostí bulo. Mahfouz trata de representar fielment e
la rea lidad, pero el idio ma se resiste a facilitarle la tarea: “¿ Sabe usted que el m ayor
combate de mi vida es el que he tenido que librar contra la lengua árabe? [ …] las
palabras no se doblegaban, no me obede cían.” (Al-Ghitany, 1991, p. 103).
En algunos de sus pri meros libros, para los qu e utilizó un estilo ins pirado en el de El
Corán, un personaje podía estar sent ado en un café y , sin emb argo, ex presarse de forma
pedante. C on la trilo gía, Mahfouz revoluciona la l eng ua árabe en la novela, profanando
las normas en pos de faci litarse a sí mi smo, y a las generaciones de escritores venideras,
un acercamiento a la r ealidad imprescindibl e dado el contexto hi stórico. Para ello
intercala con palabras del árabe dialectal de E gipto con el árabe clásico, creando una
tercera lengua.
Tarda siete años en reunir el m aterial pa ra documentarse y escribir la trilogía,
comenzando en 1945 y t erminando en abril de 1952. Cuando presenta el manuscrito a
su editor, Said J awdat al-Sahhar, s e encuentr a con el rechazo de este últim o, quien
considera imposible editar y publicar un libro ta n voluminoso. Un día d espués, en el
club Nadi al-Qissa, un Mahfouz abatido comenta su problema. El novelista, y también,
editor, Yusuf al-Siba’i pide la única copia que el escritor posee para evaluar la situación.
A mediados de 1952, al -Siba’i informa a Mah fouz de su deseo de publi car de forma
89
seriada la novela en su revi sta literaria. Así, entre abril de 1954 y abril de 1956 aparece
el primer volum en, con el título de Entre dos palacios , en la revista li teraria al-Risala
al-jadida. Los otros dos se publican a lo largo del siguiente año.
En el primer libro, M ahfouz nos presenta a la familia del patriarca Ahmed Abd al-
Yawwa d y el E gipto de principios del si glo XX . El lector se introduce en el seno de una
familia de clase media acomodada, tradicional y religiosa, empezando el relato una
medianoche de 1917 con la esposa de Abd al-Yawwad, Amina, r ecorriendo la gran casa
con la ayuda de un candil. Es la iniciación en uno de los hábitos más impo rtantes en el
hogar de Ahmed, el mom ento en el que Amina a cude a la entrada -sin sal ir jamás, pues
tiene prohibido aba ndonar el hogar- pa ra recibir a su esposo tras otra de sus l arg as
veladas en compañía de a migos, mujeres y a lcohol.
La novela se ex tiende a lo largo de tres genera ciones (1917 a 1944) d ando comienzo
en m edio de la Primera Gran Guerra y t erminando cerca del fin de l a S egunda Guerra
Mundial; prestando gran atención a la Revolució n de 1919, aquella de la que Mahfouz
es testigo siendo un niño. El tiempo, El Cairo y el hom bre son l os grandes
protag onistas. La influen cia de Berg son se deja aq uí ver con fuerza, puesto que tiempo y
cambio son prác ticamente personajes que c onducen al lector por los barrios hacia el
kouttab de Kamal; l a Me zquita de al-Hussein y Amina; las tabernas y los prostíbulos de
Ahmad Abd al-Yawwad; y l a revolución de t oda una nación, pero sobre todo la de
Fahmi, se gundo hijo del patriarc a. Las vidas de estos eg ipcios tienen un a im portancia
puntual, lo que r ealmente da sentido al relato es el trasfondo hist órico y el
comportamiento hum ano. Según Ali ar-Ra’i hay qui enes conside ran esta obra un
“compendio sociohistórico que toma una forma narrativa” (Ar-Rai, 1989, p. 152).
Mahfouz no se conforma con el papel d e observador, da cuenta de unos hechos para
posteriormente tomar partido en ellos. No es de extrañar, puesto que el propio escritor
confiesa qu e el p apel del benjamín de l a familia, Kamal Abd al-Yawwad, es quizá, de
toda su obra literaria, l o más parecido a un personaje autobiográfico. La lucha entre el
bien y el mal, entre la fe y e l escepticismo, en carnan en K amal el cam bio a l que el
tiempo somete a los personajes y a la sociedad egipcia, c ambio extrapolable a toda la
humanidad. S in embar go, no lo introduce por la s similitudes con su propia vida y las
crisis internas con las que ambos tienen que lidi ar, Kamal se ins cribe d e forma natur al
en la novela.
La trilogía es un viaje, un encuentro entr e Occidente y Oriente o, en palabras d el
autor: “e l retrato de un oriental que descubre occidente y las metáforas de la
96
socialismo o hacia un n uevo tipo de fe udalismo. Si bien el escr itor es partidario del
Wafd, participando en algunas manifestaciones a favor de la i ndependenci a, no muestra
abiertamente en sus escritos su ideología política. Su opinión acerca de Nasser queda
patente años más tarde cuando retoma la li teratura histórica en su nov ela Frente al
trono 57 (1983) en l a que lleva a juicio a los grandes mandatarios e gipcios, ya fallecidos,
del siglo XX .
He aquí un extracto del capítulo dedicado a Nasser, en el que Osiris hace balance de
la gestión política del que fue ra presidente:
Aboliste la libertad y lo s d ere chos humanos. No niego que tr ajiste la seguridad a los po bres, per o fuiste la
destrucción de los intelect uales. La vanguardia d e la nación. Fueron detenid os, ap risionados y asesinado s
indiscrimi nadamente hasta q ue p erdier on el sentido de la d ignidad huma na y la iniciati va… ¡Si tan solo
hubieras sido más mod erado con tus a mbiciones! Desar roll ar el p ueblo egipcio era más importante que
adop tar las revoluciones del mundo; subve ncionar la i nvestigación c ientífica e ra más i mpo rtante q ue las
campañas d e Ye m en; l uchar co ntra el anal fabetismo er a más importante que luchar contra el i m perialis mo
internacional. ¡Ay! has hec ho per der a l p aís una o por tuni d ad que nunca hab ía te nido antes (El-Ena ny,
200 7, p. 47).
Hijos de nuestro barrio es la búsqueda de una nueva ruta para la sociedad egipcia siete
años después de la revolución de 1952. Aboga por la razón y la ciencia; por la libertad
del hombre y el espacio que ocupa; y por la volu ntad como m otor de la historia, sin por
ello dejar de la do el cielo .
Seriada en el semanar io Al-Ahram en 1959, fue censurada durante cuarenta años en
Egipto en forma de libro debido a su contenido bl asfemo. Un dato interesante a d estacar
es que t ras recibir el Premio Nobel de L i teratura en 1988, en Egipto se quiere editar el
libro para homenajear al autor, algo a lo que el propio Mahfouz se opone para evitar
problemas con los r adicales. A pesar de ello, el 1 4 de o ctubre de 1994 M ohamed N agi
Móliamed Mustafá, joven integrista de 21 años, intenta asesinarle – con ayuda d e otros
miembros de l a or ganización Gamaa al Islami ya 58 - al asestarle dos puñaladas en el
cuello. El motivo es una fat wa emitida seis años antes contra M ahfouz desde Estados
Unidos por el sheij ciego, Omar Abdel Rahman, líder de la mencionada organización,
por la novela Hijos de nuestro barrio . El muftí y los inte gristas habían hecho una
extraña asociación entre la novela del c airota y lo s Versos satánicos (1988) de Salmán
57 La investigador a no ha e ncontrad o tra ducción del ár abe al ingl és, al castella no, al fra ncés ni al italia no
58 Organizació n terror ista egipcia cuyo orige n se remonta a la décad a de los setenta
97
Rushdie. Según O mar, si 30 años antes el autor no hubiera publica do la nove la, no
habrían emergido el escritor pakistaní y su polémico libro.
El joven M ohamed Nagi, declarado culpable y fina lmente ejecutado, dec laró no
haber leído la novela.
1.3.4. Exist encialismo
Durante esta etapa deja d e lado l a descripción de entornos, así como la m ulti plicidad de
tramas, y el amplio elenco d e personajes y para gozar de la l ibertad del autor
omnisciente que pen etra en las conciencias de los personajes. Re curre al punto de vista
del protagonista pa ra la narración, valiéndose de la técnica del monólogo interior a la
manera de J o y ce. El lenguaje se torn a más denso y evocado r, hace us o d e l a ima gen y el
lenguaje de la asociación para describir la tensión y ligar el material de trabajo.
Temática: pasa de la vieja preocupación d el choque entre v alores culturales al
choque entre el individuo y la autoridad totalitaria, ciñéndose a la realidad d el momento.
En El ladrón y los p erros (1961), nov ela con la que inaugura esta etapa, trata los
puntos débiles de la Revolución de 1952, s obre todo la traición de las ideas
revolucionar ias, que el propio autor sustenta, desde que Nasser consigue el poder.
Mahfouz estudia aquí –al m odo del existencialismo europe o, concr etamente el de
Camus y Sartre- el significado de la vida, la acción humana y la a lienación del indi viduo
moderno que se aleja de la sociedad y de Dios.
En Las codornices y el otoño (1962) continúa con el enfrentamiento d el individuo
frente a la autorida d y la corrupción.
En 1963 publica una colecc ión de cuentos titu lada ¡ Qué mundo, Señor ! , compuesta
por catorce historias cuya temática gira en torno a la búsqueda de Dios y la muerte.
La ausencia ( Al-tariq , 1964), también traducida como El camino , es, entre las
novelas pertenecientes a esta etapa, la que menos trata de política al desarrollarse en un
contexto metafísico. Los temas princip ales son l a dignidad, la libertad y la se guridad.
Todo vuelve a girar en torno al individuo y a los p roblemas de la soc iedad del mom ento.
Con El mendigo (1965) Ma hfouz hace una reflexión del vacío y el sent ido absurdo
de la vida a través del pr otagonista Oma r al-Hamzawi, quien se ve envuelto en lo que la
filosofía existencialista denomina angst , que para Jean-Paul Sartre es una especie de
ang ustia moral y metafís ica que resulta de un inte nso estado de consci encia. La ener gía
98
ge nerada por este estado puede conducir al individuo a salir de la desesperación y , con
ello, ejercitar su poder d e elección. Sin embargo, Omar al-Hamz awi, en su búsqueda del
sentido de la vida llega a callejones sin salida que le hacen rozar la locura.
En este mism o año también publica otra colección de cuentos, s e trata de Una casa
de mala fama . Diecioc ho relatos car ga dos de metáforas y simbolog ía.
Pero es Charl as sobre el Nilo 59 (1966) la novela que tiene un g ran impacto en e l
presidente Nasser por la crítica directa que M ahfouz hac e contr a e l rég imen y las
consecue ncias de la gestión del presidente en la sociedad egipcia. Anís Zaki, m odesto
funcionario, p ero hombre de gr an cultur a, termi na viviendo en una barca sobre el Nilo
debido a una s erie de fatalidades ocurridas a lo largo d e su vida. L os si ete personajes -
una traductora , un escritor, un crítico, un actor, un abogado y un hombre de negocios y
el protagonista-, s e reún en con Anís p ara fumar hashish, beber y mantener relaciones
sexuales. Al igual que la s ociedad, los personajes viven narcotizados. El punto álgido de
la novela tien e lu gar cuando deciden abandonar l a rivera y salir después d e medianoche
“a explorar las tinieblas” (Mahfouz, 2004, p. 145). En un fatal accidente atropellan a un
desconocido al que no asistirán. El pánico les hace despertar y plantearse preguntas.
Esta reflex ión de Anís -de todos los personajes es el que, aparenteme nte, vive más
alejado de la realidad- revela la profundidad de la crítica de Mahfouz:
Hacía una eter nidad q ue no leía el perió dico. No sabía de los aco ntecimientos del mo mento más q ue p or
los r umores q ue le traía n s us co mpañeros durante sus eternas divagacio nes. ¿Q uiénes eran los ministros?
¿Cuál era la política? ¿Cómo ib an las co sas? Sep a, señor, que mientras a vance si n que nad a se interponga
en s u ca mino, mientras Am Abdu le traiga su has hish ca da noche, mientras haya lec he en la nevera, las
cosas irán bie n” [Ma hfouz, 20 04, p . 164].
La novela tiene algo de p remonitorio, puesto que l a sociedad, al igual que l os personajes
tras el accidente, despertará de su estado catatónico t ras la gran derrota de 1967 ante
Israel, para sumirse en un profundo estado de pesimism o y des esperanza.
Miramar (1967) es la últi ma crítica de Mahfouz a la Revolución de 1952 antes de la
derrota. El autor abandon a en esta historia El Cair o para trasladar al lector a una pensión
de Alejandría. C ada personaje representa un est rato de la sociedad egipcia, pero es
Sohra, la joven campesina emplead a en la ciud ad como criada, quien repre senta al
Egipto moderno. Es una trabajadora inc ansable y honesta, pero sin estudios, que se ve
envuelta en una especie de competición entre los demás huéspedes de la pensión -
59 En esta inve stigación se ha utilizado la novela en francés D érives sur le Nil (2 004 )
99
quienes representan a europeos, e gipcios de clase alta, nacionalistas (partido Wafd) y
personajes relacionados con l os Hermanos Musulmanes- que l uchan por conquistarla .
No es casualidad que el personaje de Sahrán Alb uheiry , cl ase media-baja, sea descrito
como el peor de t odos, puesto que enc arna a la clase enriquecida a partir de la
Revolución. Su frac aso m oral y de ideales, que traiciona constantemente dejándose
llevar por los placer es y la lujuria, le lleva al sui cidio, clara condena que el autor hace
del estilo de vida de esta capa de la sociedad.
Los personajes de las novelas de esta etapa se relacionan con el mundo como seres
individuales, como entes completos en sí mi smos que se enfrentan a sus respectivas
circunstanc ias. La reflex ión caracteriza a los pr otagonistas que en algunos casos se
doblegan a la realidad que les toca vi vir, como e n el caso de Anís en Charlas sobre el
Nilo ; mientras que otros, prefieren comba tir el des tino que parece haberles tocado, como
en el ca so de Sohra en Miramar .
Si bien se considera adecuado clasifi car est as novelas como existencialistas, es
conveniente aclarar que ha habido estudiosos, como Haim Gordon, en Naguib
Mahfouz’s Egypt (1990), o M ona Mikhail, en s u disertación “Existentialist Themes and
Messages in the S hort Fiction of Mahfouz and Idris” (Peters, 1993 ), que han hecho un
análisis de la tot alidad de la obra de Mahfouz desde esta persp ectiva. Para Gordon,
Mahfouz es en sí un escritor existencialista, y a que los temas expuestos por filós ofos de
estas cor rientes y p ensadores políticos aparecen en l as vi das d e los personajes que
Mahfouz describe en sus novelas, hereda ndo ar gumentos de Nietzsche o Kierkegaard.
Gordon, quien llega a reunirse en vari as ocasion es con el escritor, subra ya el concepto
ante t odo de narrador que el propio Mahfouz ti ene de sí mismo. Su obra, novelas,
cuentos o sueños de convalecencia (Mahfouz, 2004c 60 ) no terminan del todo hasta el
final, cuando el s ilencio completa la hi storia. L o destacable es lo que se encuentra ant es
de cualquier final, la narr ación en e stado puro.
1.3.5. Corriente del absurdo
Tras la derrota de l 5 de junio de 1967, se abre un nuevo paré ntesis de cinco años durante
el que no presenta ninguna novela, dedicando su tiempo a r elatos desde 1969 a 1971.
60 Par a esta investigació n se ha trab ajado con la publicación en francés, Rê ves de co nvalescen ce , ya que la
publicación en ca stella no no apar eció hasta 20 14 bajo el título Lo s sueños ( Alianza).
100
Publica cuatro colecciones: La taberna del gat o negro (1969), Bajo la marquesina
(1969), Cuento sin principio ni fin (1971) y Luna de miel ( 1971).
Ha y qu e señalar que aunque la prim era y segunda colec ción se publican el mismo
año (1969) es a partir de la segunda – Bajo la marquesina - cuando se observa el efecto
de la d errota en el escritor y su obra. De hecho, e n el dorso del libro el pr opio M ahfouz
especifica que las historias fueron escritas entr e octubre y diciembr e de 1967. Destaca,
de este modo, la relevancia de la derrota para él y toda la comunidad árabe.
En estos relatos, la narración se caracteriza p or una realidad sin estructura aparente
ni racionalidad. Es el mundo de la anarquía y la futilidad. L os temas giran en torno a
Dios, el tiempo, el destino y la muerte.
Si en l a corriente eu ropea del absurdo s e recurre a la temática del ex istencialismo,
Mahfouz arranca con sit uaciones aparentemente absurdas para demostrar que en el
fondo todo tiene un senti do. Como muestra d e esta etap a mahfuziana , pues el escritor la
hace su y a, cabe desta car el cuento que recibe el mismo tí tulo de la colección en la que
se engloba: Bajo la marq uesina ( Taht a al-mizalla , 1969). En ésta, un grupo de personas
espera n en la p arada del autobús. Durante ese l apso de tiempo se suceden una serie d e
situaciones a sim ple vista carentes de sentido. P redomina la viol encia capaz de acabar
con cualquier m omento de paz y condu cir a l a creencia de estar vi viendo una pesadilla.
La historia no se enmarc a en ningún lugar, por lo que podría ocurrir en cu alquier z ona
del planeta. Desde el ini cio el lector es confundi do. Un l adrón es atr apado y apaleado
por los transeúntes, m ientras un policía observa la situación como si de un espectador
cualquiera s e tratara. Tras colis ionar dos coche s, e l l adrón se desnuda y em pieza a bailar
mientras la gente le aplaude. Una pareja hace el amor s obre uno d e los cadáveres. Un
grupo de turistas s e disp ersa por la z ona mientras una caravana de nóm adas constru y e
un m ausoleo. L a escena se torna más absurda, si cabe, cuando se coloca a los cadáveres
sobre una c ama y a los a mantes en un sarcófa go. La hist oria finaliz a cuando el policía
decide a brir fuego y asesi nar a los que esperan el autobús bajo la marquesina.
Es cierto que M ahfouz y a h abía recurrido al absurdo en novelas como El mendigo
( al-Sahhad , 1965) o Ch arlas sobre el N ilo ( Tharthata fawq an-Nil ), pero se mantenía
algún vín culo con la realidad y una estru ctura narrativa racional. Ést a es una época de
desengaños y desilusiones, una época en l a que t odo es posi ble. Lo menos probable, lo
más irracional, acaba su cediendo. La falta de coherencia, este sinsentido, no significa
que todo sea menos re al. Tras las ilusiones y las promesas, tra s los ideales de la
Revolución, el pueblo egipcio, largo tiempo aletargado, es testig o de su propia
101
ejecuc ión esperando un autobús que jamás ll ega, en una par ada a ninguna part e. Se
podría dec ir que la i mpronta que Mahfouz deja en la corr iente del abs urdo europeo
radica en haberlo dotado de sentido para reflejar una coyuntura particular
En esta segunda colección, Bajo la marquesina , Mahfouz reún e cinco cuentos cortos,
uno algo más largo, y cinco obras teatrales de un sol o acto cada una, que ap arecieron en
Al- Ahram antes de s er publi cadas en forma d e libro. Estas piezas teatrales responden, al
igual qu e l os relatos, a la corriente del absurdo, quizá aún más. En ellas se hace un
balance de los aspectos negativos y de l os positi vos que pudi eron condu cir al país a la
derrota de 1967. Los pe rsonajes no tienen nombre y las escenas se r epresentan en un
espacio más bien minimalista en lo que al decora do se refiere, por lo que la trama centra
la aten ción del le ctor. Es ta i ncursión d el esc ritor en este tipo de pi ezas tea trales terminó
a la par que su experiencia con la c orriente literari a de la e tapa en cuestión.
Para Cuento sin principi o ni fin ( Hikaya bi-la bidaya wala-nihaya , 197 1) y Luna de
miel ( Shahr al-‘asal , 1971) Mahfouz acuña el térmi no huwariyya : historias dialoga das.
En la tercera cole cción de cinco relatos, Cuento sin principio ni fin , los temas giran
en torno a la religión y e l despotismo de los ulema s. Se hace bal ance d e las ventajas y
desventajas de un sis tema de valores, desd e el pu nto de vista de Mah fouz anquilosado
en ciertos aspectos. Se confiere textura y color a la narración con la alt ernanc ia d el
punto de vista entre el narrador omni sciente y el flashback sin nar rador. E s la lucha del
hombre contra la ignorancia y la pobr eza económica y espiritual. El individuo emprende
un camino en el que el objetivo principal ha de ser la conciliación entre espíritu y razón
y , así, iniciar l a búsqueda del misterio de la vida para dotar d e sentido l a ex istencia de
los personajes.
En el último cuento, Ambar Lulu , la desesperación y la tristeza ha cen e stallar la rabia
que, como un hurac án, i ntenta acabar con las tradiciones que ahogan al h ombre. Aquí,
los protagonistas son un anciano que h a vivi do en l a clandestinidad y qu e por luchar en
la R evolución de 1952 pasa 25 años en p risión; y una joven huérfana. Ambos se reúnen
en un parque de la ciud ad para di alogar y reflexionar sobre la crisis que asola el país. La
joven es consciente de que debe tomar una de cisión entre la vida virtuosa, según la
moral de la sociedad del momento, o romper las b arreras de la “honr a y l a di gnidad” en
busca de su propia felicidad: “Del pasado he her edado m i tristeza”, “¡Más vale un mal
moderno que un bien ve tust o” (Abu Elata , 1989, p. 88).
Luna de miel es la cuarta y úl tima colección dentro de la corriente d el absurdo. Se
compone de si ete historias re lativamente ex tensas, de 30 a 40 p áginas, en las que se
102
hace una crítica a la realidad del momento y a la tiranía del Estado. Vuelve la
confrontación entre individuo y autorida d.
En el primer relato, Luna de miel , encontramos puntos en común con el cuento Bajo
la marquesina , con la diferencia de q ue aquí los personajes s e enfrentan a l o absurdo de
las situaciones para recuperar la normalidad.
La s potencias occid entales y la ex plotación económ ica a l a que somete n a los países
en vías de desarrollo tienen su espacio en el cuento Una taza d e t é , en la que el
personaje hace un repaso a la a ctualidad mientras lee el periódico en l a cama antes de i r
a trabajar. La s not icias y sus protagonistas cobran vida desfilando por la habitación del
lector en cuestión, lo qu e le sirve a M ahfouz para hacer un a c riba de los temas para él
merecedore s de atención.
Los personajes de l os relatos dudan del significado d el Bien y del Mal, las
situaciones a las que los enfrenta el autor l es lle van a hacerse p reguntas y, en algunos
casos, a tom ar una d ecisión: el suicidio o la revolución. Es la pugna de la sociedad que
oscila entre la pasividad y la acción.
1.3.6. La novela episódica: ruptura con lo preestablecido.
Los espejos ( al-Maraya , 1972) inaugura est a corr iente en la obra l iteraria de Mahfouz.
A partir de aquí r ecurre a todos los anteriores estilos , creando una nueva forma
narra tiva, iniciando así la etapa más madura a nivel literario.
En Los espejos , el escritor hace una descripción panorámica del Eg ipto del s iglo XX ,
concre tamente desde p rincipios de si glo hasta que publica la novel a. S e trata de 55
biografías, 40 de hombr es y 15 d e mujeres, que el autor ha conocido a l o l argo de su
vida. Este tipo de novela o diccionario biográfico, presenta a cada uno de lo s personajes
en orden alfabético. Es si gnificativo señalar que el año en el que comienza l a historia es
1918, uno antes de la Revolución de 1919, y el últi mo 1970, coinci diendo con l a
muerte de Nasser. No só lo para enmarcar el relato tiene cuidado Mahfouz, sino que las
historias presentadas se agrupan también por decenios, y el tono y la atm ósfera que las
envuelven c oinciden con l a rea lidad política y social de la época presentada. Así, la
década de los años veinte es para hablar de ami gos que conoce en primaria, estudios,
familiares; mientras d e l os años cuarenta a los ci ncuenta retrata ambientes y encuentros
intelectuales. Los person ajes más activos se concentran entre 1918 y 1952 (Revolución
de los Oficiales L ibres con Nasser a la cabeza). Es l a época de l as ilus iones, de la l ucha
103
por ver m aterializado el ansiado cambio. De 195 3, cuando Nasser y a está en el poder, a
1970, los persona jes tienen comportamientos contradictorios, la insatisfacción está
presente en toda la época citad a, pu esto que n o ha y que ol vidar que se trata del
momento en el que, sobre todo la clase intelectual, se percata de lo falso de las promesas
del presidente. El cambio no es el qu e se esperaba. Mahfouz destaca las d eserciones qu e
tienen lu gar a partir de 1965 de mu chos que pr efieren comenzar l ejos de u n país que no
satisface s us necesidades. El escritor deja clar o en la novela no estar de acuerdo con
quienes recurren a esta ví a, por se r la huida lo m ás fácil, pero también d a a entender que
comprende lo que esta po stura tiene de instinto de supervivencia.
A pesar de la cronolo gía pres entada, con fechas clave en la historia co ntemporánea
de Egipto, no profundiz a demasiado ni se inmisc uye en l a política del paí s, sino que se
centra má s en aspectos c omo el tiempo interno del autor, su vida y recuerdos.
En las novelas que le siguen, Amor bajo la lluvia (Mahfouz, 2002c) ( Hubb taht a al-
matar , 1973) y Café Ka rnak (1974) el autor trata el mismo tema, l a desi lusión y la
desconfianza que el pueblo siente hacia el r égimen. Estos tít ulos presentan una crític a
mucho más directa que l os anteriores, puesto que se publican tras la muerte de N asser.
La descripción tan vívi da del m omento h ace de estas dos últimas novelas pi ezas de
naturaleza docume ntal.
Desde Los espejos , Mahfouz empieza a recurrir a una forma propi a a la hora de
escribir. El autor deja claro mucho a ntes que si en algún momento la f órmula occidental,
concre tamente europea, no satisficiera sus neces idades de plasmación, no dudaría en
recurrir al e stilo de la maqama 61 :
Cuando co m encé a escr ibir no velas cr eía que la for ma eur opea e ra sagrad a. Pero a medida q ue te vas
haciendo ma y or, b uscas ca mbios, quieres lib erarte de to do lo que te ha sido impuesto , si b ien d e u n m odo
natural, e spontáneo, y no sólo p or romper las nor m as y ser diferente. T e encuentras busca ndo una [cierta]
lejana m elodía… Co m o si te dij eras a ti m ismo: e sas for mas en las q ue [lo s euro peos] e scriben ¿no so n
acaso m oldes artístico s q ue ha n cre ado? ¿Po r q ué no puedo cr ear mi pr opio molde? (El-Enany, 20 07, p.
110 ).
Mahfouz comienza con la novela episódic a un est ilo adaptado a sus necesi dades. Se gún
El-Enany, no es cierto que recurriera a la maqama en ni ngún momento, pero al i niciar
esta etapa lo gra, a nuestro modo de entend er, un estilo híbrido que le permi te moverse
61 Maqa ma : cuento ára be que narr a aventuras pica rescas en pr osa r imada. Mahfo uz, sin e m b argo, d eclara
a Al-Ghita ny “[…] al i gual que no imito la ma qama , no i mi to a Joyce” ( Al-Ghitany, 199 1, p. 1 12).
104
con sol tura entre un e stilo inspirado en la maqama y el patrón occidental. La
experiencia convence al a utor de for ma que c onti núa cultivándola y enriqueciéndola,
perfecciona ndo este esti lo tan particular por el que combina fragmentos de su propia
vida con la ficción. Una maestría de la que daría cuenta en sus si guientes novelas.
En 1975 aparecen de forma sucesiv a Historias de nu estro barrio , U n señor muy
respetable y El corazón de la noche . Tr as largo t iempo centrado en la der rota de 1967
con t elones d e fondo alejados de El Cairo, concretamente en Alejandría, Mahfouz,
vencido por la nostalgia, devuelve la narración al marco de su ciudad natal y al barrio de
Gamaliyy a.
En Histori as de nuestro barri o nacen los sí mbolos de la hara (calle), la takiyya
(monasterio i slámico), el qabw (sótano) y los futuw wa 62 (matones) en la nov elística del
escritor. Episódic a como es la novela, no deja de cuidar en ella el sentido de uni dad tan
importante para hac er de sus setenta y ocho hikayat (cuentos) un todo. El libro abre con
el na rrador-niño -no se distingue del autor- que tiene un encuentro m ístico con el
derviche que habita la takiyya del pu eblo. El derviche, envuelto en l a luz que desprende,
se cubre d e una capa verde y lleva por tocado un turbante blanco. La experiencia
sorprende al narrador, quien no es todavía consciente de la magnitud real d e l a misma, y
cuenta a su p adre lo sucedido. Este últi mo duda del relato de su hijo, pues por todos es
sabido que el derviche no abandona la taki yya b ajo ninguna circunstancia, haciendo de
él un ser prácticamente invisible. A pesar del escepticismo del padre, el pequeño
guardará en su memor ia esta experiencia como algo mágico.
Mahfouz recurre de nuevo a la representación de la visión que el hombre tiene de
Dios como un ser inacce sible. Por un lado, la takiyya sufí sim boliza lo supra terrenal, l a
luz y la paz; por otro, el qabw o sótano representa la oscurid ad a la que se enfrenta el ser
humano, alejado en este mundo de la protección que en otro tiempo le ofreciera la
takiyya . Por ello, no sorprende que quien tenga este encuentro con el de rviche sea un
niño. L a pureza del infante es lo que permite l legar al místico, quien no duda en
abandonar su claustro. La simbología de la capa verde, color del I sl am, y e l turbante
blanco -símbolo de la pureza y color utili zado por los imames para dirigir l a oración de
los fieles musul manes- no dejan lugar a dudas respecto al significado del encuentro y a
la naturaleza de l mismo.
62 Los matones no sólo e ran hombres de una fuerza colosal, ta m bién había muje res, de hecho Mahfouz
es el pr imero en introducir esta figura fe menina en el c ine e gipcio -la mujer fu tuwwa -, tal y co m o
reconoc e en los encuentros c on Al-Ghitany ( Al-Ghita ny, 1991, p. 132).
105
El final de l a novela lo cierra una hi kaya en la que se vuelve a hacer referencia a la
primera historia. U n narrador, ahora adulto, se preg unta tod avía por la experiencia
vivida durante su infanci a que no sabe si fue real o ima ginada. Busca la manera de
volver a ver al derviche y aunque sabe de la im posibilidad del reencuentro, no pued e
aceptar que el místico no ex ista. Así, el libro dibuja un círculo perfecto que aglutina y
aúna los cuentos en los q ue se divi de a t ravés del broche que lo cierra y que a su vez es
la llave que puede reconducir al lector al principi o de la novela, al narrador-niño fuente
de pureza.
Un señor muy respetable ( Hadrat al -muhtaram , 1975) relata la historia del
funcionario Uz mán Ba yyumi, qui en guarda en secreto su gran ambición de pasar de ser
un funcionario de grado octavo a uno de prime r nivel. Por el título que ell o le otor garía,
el de Su E xcelencia el direc tor, Uzmán está dispuesto a todo. Aquí Mahfouz se
encuentra en su medio, el de los departamentos de Estado y los funcionarios con los que
comparte gran parte de su vida pro fesional. La narración poética encaja de forma
perfecta con el propósito del escritor de combinar desarrollo y descripción de la
ambición del prota gonista y los métodos de los q ue se vale p ara lo grar su objetivo, así
como los sacrificios a los que está dispuesto en su camino hacia el ascenso.
El corazón de la noche ( Qalb al -layl , 1975 63 ) devuelve al l ector a la novela Hijos de
nuestro barrio por las similitudes que el patriarca de esta nueva obra guarda con el
Gabalaw i de l a segunda. Jafaar Ibrahim S ayy e d al-Rawi debe pagar caro el precio de
enamorarse y casarse co n una joven beduina. El haberse dejado guiar por l os instintos
de la pasión y el corazón desata la cólera del patriarca, al-Rawi, quien al aceptar el
enlace d e su único hijo biológico, lo deshereda y ex pulsa del hogar. Al- Rawi es una
mezcla de bondad y rudez a. El cariño del que es capaz se manifiesta cuando sus hijos
sacrifican su libe rtad po r él, pero desob edecer l as normas o alejarse de lo que considera
apropiado ti ene un precio. A pesar d e todo, el des tierro no desanima a J afaar, quien, fiel
a sus prin cipios y a su gran espiritualidad, se enfrenta d e forma estoica a su destino en
busca de j usticia p ara toda su gente. Mah fouz insist e aquí en la idea de Dios y en la
rebelión del ser humano en busca de un camino propio.
La epopeya de los Ha rafish (1977) es un roman-fleuve que junto con L as noches de
las mil y una noches (1982) llevan a Mahfouz a la cúspide de la novela episódica.
Compuesta por 10 cuentos, narra las hazañas de 16 generaciones de una familia
63 No se ha enco ntrado esta no vela en español
112
de 1325 con una idea, p artir hacia La M eca desde su lu gar de nacimiento. El objetivo,
pues, de la rihla era realizar la peregrinación 71 ; la intención de Ibn Fatuma n o tiene nada
de religioso, aunque sí la espiritualidad del que e mprende un viaje interior.
Además del juego de palabras del tí tulo, haciendo alusión a Los viajes de Ibn
Battuta, h a y un m atiz que deseamos aclarar respecto a la t raducción del título al
castellano ( El viaje d el hijo de Fatuma ) y la t raducción que realmente, desde nuestro
punto de vist a, debería t ener: El viaje de Ibn Fatuma . La eliminación, en l a traducción,
de la partícula ibn (hijo de) en la traducción supone obviar parte de la i ntencionalidad
del autor que no es sin o jugar a los contrarios no sólo en cuanto al original d e I bn
Battuta, sino también en relación a l a tradición isl ámica por la que la m ujer con hijos
pasa de tener un nom bre propio a ser umm (la madre de), quedando s u identidad oculta
tras el nom bre del hijo var ón 72 . Mahfouz da una vue lta a las tradiciones y a las normas
sociales exponi endo nada menos que en el t ítulo el nombre de l a madre y no el del hijo,
o lo que es lo mis mo, ex poniendo a la mujer a la luz del día y post ergando la identidad
del protagonista, qu e no se conoce hast a que no se entra en la lectura de la novela. El
nombre de Quindi l no aparece hasta l a tercera página del libro. El escritor deja destil ar
el amor por su madre, p ues al igual que en su i nfancia estuvo fuertemente atado a ella,
Quindil también está pegado a las faldas de Fatuma:
Mi m adre me solía decir:
-El día que naci ste.
Movía su her mosa cab eza y yo le respo ndía con alegría:
-No. El d ía que naciste tú es e l o rigen (Mahfouz, 2 002a , p. 20).
El li bro, fiel al género, se divide por etap as o zonas por l as que acaba pasando ibn
Fatuma:
- Territorios de Ma shriq
- Territorios de Haira
- Territorios de Halba
- Territorios de A mán
71 W aines, 2008, p. 221.
72 La fór mula umm anteced e siempre al no mbre del hij o varó n pri m ogénito o del var ón aunque sea el
último hijo y quien/es le pr eceda/n sea/ n niña/s.
113
- Territorios de G urub
- El principio
Ya en t erritorios de Gurub, última parada antes de llegar al destino final, comienza la
iniciación de Quindil y otros personajes p ara conseguir llegar a Gabal. Se trata d e una
preparación espiritual. Gurub es una mezcla de gentes, t al y como le confiesa el maestro
al protagonista: “Son em igra ntes de todas partes del mundo. Vienen rehusando los
ambientes cor ruptos y preparándose para el viaje a las t ierras de Gabal” (Mahfouz,
2002a, p. 185). Mahfouz rechaza a lo larg o de su vida l a idea de que el mundo árabe no
está preparado para la democracia y en el libro deja claro que el sistema ideal y
necesario para la socied ad todavía no existe. El primer capítulo o etapa recibe el nombre
de Mashriq, que quier e decir oriente, y repre sen ta al mundo árabe ; Gurub, la última
etapa viene de la p alabra árabe gharb 7 3 , que representa al mundo occidental. Esta última
parada re sulta un lugar bastante idílico, pero es todavía la antes ala de la verdadera
felicidad para e l ser hum ano. Quindil describe así la visión de Gabal:
Indicaba [e l car avanero] otra montaña separad a de la montaña verd e [en la que tod avía se encuentra n] por
un d esierto. En su cima apar ecía la ciudad : elevad a y amplia, co n e nor m es cúp ulas y co nstruccione s q ue
manifestaban gra ndeza y s ubli m idad. Me la qued é mirando ensi mismado y sed ucido. No e ra un sueño,
sino una realid ad, una realid ad cercana ( Mahfouz, 20 02a, p. 196).
Gabal no es fruto del esf uerzo del hombre, Gabal ex iste de por sí, p ero el ser humano
debe ganarse a pulso el poder alcanzar el destino anhelado. Sin embargo, el camino
puede ll egar a s er más d uro de lo que en principi o pudiera parecer. Antes de llegar a l a
gran m ontaña, el desierto parece ensancharse y d esviar a l os viajeros, alejándolos de su
objetivo. El final resulta tan sugerente como la hi storia. Si Mahfouz se vale de una gr an
carga simbólica, el cierre de l a novela es, dentro de est e viaje m ágico, bastante r eal,
pues no sólo no se acaba sabiendo s i el prota gonista alcanza su meta, s ino que ni e l
propio e scritor p arece conocer la r espuesta: “¿Siguió el viaje o murió en el camino?
¿Entró en Gabal?” [ …] Todo esto sólo lo sabe el Conocedor de lo oculto” (Mahfouz,
2002a, p. 199). El viaje de Ibn Fat uma es el viaje que la humanidad deb e emprender.
Aquí Mahfouz tiene un dobl e papel, el de m aestro de la fantasía, por un lado, y el de
73 Gharb : Oeste.
114
cronista por otro. Un fin al cerrado no respondería al ri gor del autor en asunt os para él
tan delicados como soc ie dad y democracia.
Con la publi cación d e la s egunda colección de relatos oníricos empie za a acusarse
cada vez más l a inclinación del autor hacia la literatura de los sueños. En 1984 con The
Secret Organization 74 rescata viejos temas re ciclándolos con un estilo caracterizado por
por la fusión, casi na tural , entre lo real y lo fantástico.
Entre 1987 y 1988 publ ica tres nov elas: Charl as de mañana y tarde (1 987), El café
de Qúshtumar (1988) y Falso amanecer (1989). La novela-río C harlas de mañana y
tarde ( Hadith al-sabah wa l-masa , 1987) cierra la etapa episódi ca de M ahfouz. Cuenta
la historia de Egipto a través de las vidas de t res f amilias y sus c inco respectivas
ge neraciones. La narraci ón comienza en el sig lo XVIII con la entrada de Napoleón en
Egipto y finaliz a tras la era de Sadat. Salim Husay n Qabil, uno de los personajes,
destaca po r su afición a la relig ión desde la i nfancia. Su mala estr ella y a desde su
nacimiento –su padre muere cu ando éste cuenta tan solo con un año, por lo que no
puede gozar del bien estar previo de la familia- marca la vida de Salim, quien influido
por los principios religios os y m orales qu e le inculca l a h ermana, H anuma, no duda en
afiliarse al p artido de lo s Hermanos Musulmanes t ras el estalli do de la Revolución de
Julio. El giro en los acontecimientos de la or ganización lleva a Salim a pasar diez años
en la cárcel. Tras salir, t ermina sus estudios de Derecho y logra ejercer como abogado.
Cuando Egipto es de rrotado en l a Guerra de los Seis Días (1967 ), Salim cree ver un
castigo infligido al país por culpa d el “ré gimen ateo de S adat” (M ahfouz, 2004a, p.
156). Éste ir á reprimiendo una cól era, como tant os otros, que estallará a causa de l a vía
de la paz abierta por Sad at con Israel y t ras los de cretos de s eptiembre de 1981 vuelve a
meterlo a prisión.
Cuando el p ersonaje recobra nuevamente la libertad encuentra un clima nuevo. El
protag onista ha perdido la confianza en c asi todo. Así, Mahfouz enfrenta el régimen de
Sadat con los Hermanos Musul manes y muestra abiertamente su parecer sobre su
mandato, así como su aversión por la figura de l islamista ceg ado por unos ideales
distorsionados.
El escritor recurre a l diccionario biográfico presentando a los ses enta y siete
personajes por orden alfabético como y a hiciera años atrás en su novela Los espejos .
74 La inv esti gadora no ha enco ntrado tr aducción de esta colecció n ni al inglés, ni al francés ni al
castellano. El-Enany o frece una relación d e las ob ras de M ahfouz traducidas al i nglés e n su lib ro Nagui b
Mahfou z. His Life an d Times e n la que esta colec ción de cu entos no apar ece co mo traduci da.
115
La s viv encias de los pers onajes y el devenir del país se funden en un mis mo plano. L as
vidas de l os protagonistas tienen como fin el contar la hi storia de Egipto, empiezan con
su nacimiento y terminan, casi siempre, con su muerte, que el escr itor resuelve en un par
de líneas evitando caer en la tentación del morbo.
En el pl ano hum ano, Mahfouz jue ga con la id ea de la imposibilidad d el hombre d e
ser feliz. A pesar de todo , su apuesta de seguir adelante con la vida se mantiene.
En e l plano social y polít ico es una novela tr iste, pues relata el intento fa llido de
modernización de Egipto.
En El café de Qúshtu mar se reúnen cu atro am igos d e colegio: Táher, S áquid, Ismael
y H amada. Vecinos en el barrio de Abb assiyya, ofrecen desd e sus circuns tancias y sus
respec tivas ideologías un punto de vista particular d el devenir d el país d esde los años
veinte hasta los ochenta. La independencia de Eg ipto de la Coron a Británica, la
monarquía, la Revolución de Los Oficiales Libres, l a era nasserista, l a Guerra de Los
Seis Días y la crisis en l a que s e vio sumido el p aís, Sadat y su poste rior asesinato son
los acontecimientos clave que marcan bue na parte del siglo XX en E gipto.
El ti empo vuelve a se r prota gonista en esta s encilla novela en la que el autor recurre
a personajes de anteriores traba jos. El cambio constante del paisaje de Abbassiyya s e
traduce en la transformación de estos cuatro, cu ya s relaciones no se dejan empañar por
ideologías. Mahfouz se enfrenta nuevamente al paso del tiempo: la nostalgia por el
pasado, los amigos y lugares y a desaparecidos. La may oría de sus obras s erán a partir de
ahora una lucha a través de la prosa contra el Tie mpo y la Muerte que todo lo devoran.
En 1989 publi ca una nueva colección de poco menos de treinta relatos de unas cinco
pág inas de extensión cada uno de ellos. En Falso amanecer 7 5 ( al-Fajr al-kadhib ) la
temática se divide entre cuestiones de n aturaleza social y política, por un lado, y l a
búsqueda metaf ísica, por otro (El-Enany, 2007, p. 146).
Mañana de Rosas aparece en 1987 con el título Sabah al-Ward . La novela se divi de
en tres historias:
- Umm Ahmad y Mañana de rosas 76 . En este capítul o, el narrador lleva al lector por el
barrio de sus r ecuerdos, el de su inf ancia. Al i gual que M ahfouz, éste tam bién vive el
traslado familiar de Gamali yy a a Abasi yy a. U mm Ahmad (la madre de Ahmad) es el
75 No se ha encontrado esta cole cción.
76 So n los nombres de las dos p rimeras histor ias. En realid ad, la segunda es una conti nuació n de la
primera.
116
personaje central de toda la historia, el pegament o que mantien e en la act ualidad vivos
los recuer dos de l os que fueron y ya no son, de los que estuvieron y y a s e marcharon:
“Era una mujer fuerte, morena y arrogante. I ba envuelta en su m elaya con la cara
descubierta y sus resonantes babuchas” (Mahfouz , 202, p. 10). Pero lo más destacable
de Umm Ahm ad son s us a mistades. Tiene abiertas las pu ertas de todas l as casas del
barrio, las de los más humildes y las de los qu e e n su traslado a Abasiyya aca barán
viviendo en palacetes. Su alegría y buen humor así como sus múltiples tra bajos como
“casa mentera, pe luquera y especialista en be llez a y f elicidad con y ugal” le valen la
simpatía de todo el mundo (M ahfouz, 2004a, p. 1 1). Umm Ahmad es una mujer que s e
ha hecho a sí misma, alguien quien en la l ucha co ntra las num erosas penas en su vida ha
logra do salir vi ctoriosa del sufrimiento. Las historias mágicas que cuenta esta
extraordinaria muj er sob re las vidas de los habitantes del barrio y los recuerdos d el
protag onista llevan al lector a conocer los mom entos de dicha y las desgracias de los
personajes. Mahfouz abre una rendija a trav és de la cual poder conoc er la intim idad de
familias como la de los Umari, burgueses de origen turco; la de los Saada, con una
mansión que como una ciudadela se eleva tras l a cúpula de l as anti guas ruinas; o los
Banná n, cu y o palacio nada tiene que envidiar a la morada de los Saada. La nos talgia es
el sentimiento más destacable en todo el relato.
- Dios bendiga tu velada. La historia empieza con el primer día de j ubilación del
protag onista, amm Halim. En contra ste con el anterior relato caracteriz ado por la
dulzura de los recuerdos, aquí Mahfouz parece qu erer enfrentar al lector a la soledad del
presente. A ese después en el que las ilus iones y promesas del pasado no son sino un
amargo recuerdo que ha dado paso a una realidad que el protagonista comparte con las
cucarachas y l a mugre de su apartamento.
Halim crece en una familia acomodada. Su padre, funcionario, puede permitirse
ofrecer una vi da holgada a los su y os prácticamente hasta su muerte, cuando se inaugura
el giro liberal en E gipto. Es entonces cuando los s ueldos del funcionariado pierden valor
en pos de cierta clase me dia que a y uda a ampliar las bases de apo yo al sistema de Sadat.
Esta desnasserización ob liga al protagonista a t rabajar antes de t iempo y a romper su
compromiso con el amor de su vida, sacrificándose por su madre y herma nas, a l as que
en adela nte debe manten er.
Tras el sinsentido en el que parece haber vivido, ahora se encuentra j ubilado y sin
familia –su úl tima her mana fallece un año antes. Su única compañía fuera de la
117
decadencia del ho gar en el que pasó una infancia feliz es su amigo Hamada Al Tartushi
con qui en se reúne en el café p ara ju gar al trict rac 7 7 . En l a últ ima etapa de su vida,
Halim, animado por Al Tartushi, reún e el co raje necesario pa ra visit ar a l a que fuera su
novia, Malak, ahor a viu da. Tras cont arle sus int enciones de retomar la r elación ella lo
recha za. Mahfouz mantiene la tensión hasta el final, cuando la esperanza vuelve a la
historia y a la vida del p rotag onista a trav és de u na ventana que se abre y una mano, la
de Malak, que invita a H alim a subir a su casa.
1.4. La mujer en la novelística de Mahfouz
1.4.1. Antecedentes en la literatura á rabe: d e las tr adiciones preislámicas a la sunna y la
influencia de los alhadices
La muj er en los inicios de l a literatura árabe contemporánea aparece como símbol o del
sexo, mujer objeto, madre amantísima, devota es posa y figura i dealizada por parte d el
autor. Todo un abismo se abr e entre la verdadera mujer á rabe de l a época , la mujer d e
carne y hueso, y la mujer de pape l. Los autores egipcios procuran durante mucho tiempo
no escribir sobre l a mujer musulmana cuando tienen que representarla en c ualquier tipo
de situación cotidiana por temor a ofender l a moral de la sociedad. De este modo,
utiliz an para tal represent ación a mujeres extranjeras o bien a mujeres p ertenecientes a
minorías religiosa s en E gipto, como la judía o la copta.
La primera novela d e la literatura árabe moderna dedicada a l a m ujer musulmana y
eg ipcia como protagonista s e publica en 1914 bajo el título de Z aynab . Apare ce como
novela anónima y no es hasta su reedición en 1929 cuando se imprime en l a portada el
nombre del autor, Muhammad Hussa y n Haykal. Ésta es considerada por muchos la
primera novela de la li teratura á rabe moderna propiamente dicha. La protagonista,
Zay nab, es una campesina a través de la cual el autor intenta evitar las d eficiencias de
las novelas que se publican en E gipto y todo el m undo árabe po r aquel entonces, que no
son más que traducciones y adaptacione s de las o bras maestras occidentales.
Éstas, así como las novela s hist óricas con las que se intenta instruir a la pobl ación ,
nada tienen que ver con los proble mas cotidianos ni con el día a día del mundo que
conocen. Ha ykal trata de reproducir los cambios de l a sociedad y el nuevo papel de la
77 De origen francés, aunque a lgunas teor ías sostiene n que es d e or igen árabe. Uno d e los tantos j uegos
que han deri vado d el ba ckgammon .
118
mujer en la mis ma gra cias al fe minismo naciente en la r egión. Para comprender esta
evolución ha y qu e remon tarse a la ex pedición de Bonaparte (1798-1801) por la que los
eg ipcios entra n e n cont acto directo con l a sociedad oc cidental y su estilo de vida,
despertando del lar go letar go al que habían estad o sometidos bajo el Imperio Otomano
(Al Ashmawi-Abouzeid, 1985, p. 28). El choque entre dos culturas t an d ispares acaba
siendo un revulsivo para el pueblo, pero sobre todo para la mujer árabe.
Por aquel enton ces, l as niñas son aleccionadas para permanecer en casa y ap render
las labores domésticas a las que se dedicar án en s u futuro destino, el ho gar del ma rido.
La mujer no puede salir de casa de sus padres ha sta ser desposada y de a hí sólo puede
abandonar el ho gar tras su fallecimiento, salvo raras excepciones en las que, de ser
realmente necesaria su s alida, se le permite aparecer en público pe ro bajo el hijab (en
Egipto se denomina así al velo negro que cubre el cuerpo) y el burqu’ (velo que cubre el
rostro). Esta costumbre árabe de hacer desapare cer a la mujer procede de la t radición
pre-islámica o yahiliya , en cuy a sociedad tribal es fre cuente la práctica de W a ’d al -
banat (entier ro d e las ni ñas vivas recién nacidas) pa ra evitar los gastos que una hija
supone para la familia. Este ritual es prohibido por el Islam, pe ro la tradición ha
demostrado ser más fuerte que la filosofía de vida según los pre ceptos coránicos y s e
pasa del Wa’d a s atr a l-banat , cu ya práctica cons iste en esconder a l as niñas pa ra
proteger lo que l a sociedad árabe consideraba má s preciado: el hi men. As í, se educa a
las hijas de diferente manera qu e a los niños, inc ulcando en las p rimeras l a idea de que
los varones son sup eriores a ellas, apo yándose para ello en algunos Hadit hs (dichos del
profeta Muhammad s. a.s.) no autentificados: “Si tuviera que ordenar a un ser humano
prosternar se frente a ot ro, ordenaría a la esposa prosternarse ante su marid o, tan gra nde
es su deuda c on él” (Al Ashmawi-Abouzeid, 1985, p. 30).
A pesar de qu e es ta dec laración contradice las palabras de otr os Hadiths ,
autentificados, los árabes no han tenido nin gún problema a la hor a d e toma rla por buena
para seg uir manteniendo la prác tica, modificada, del antiguo Wa’d preislámico.
El int electual Bujari 78 , una de las máxim as figuras para los musul manes, dedica parte
de su vida a investigar y a entrevistar a personas que conocen alhadices reuniendo todos
los posibles para posteriormente estudiarlos sep arando los verdaderos d e lo s falsos. Con
este fin entrevista a 1.08 0 personas y consi gue recoger un total de 600.00 0. A Bujari,
que es r equerido po r los poderes políticos dominantes de su tiempo, no l e resulta fácil
78 Na cido en B ujara el año1 94 de la Hégira, siglo IX cr istiano- muerto el 256 de la Hégira, 87 0 d.C.
119
dedicarse a s u labor como investigador al se rvicio de una sunn a 79 verificada. A pesa r de
ello, consigue ap artarse del poder p ara con centrarse en su objetivo. Para distinguir los
correctos de los incorrectos, o difícilmente verifica bles, procura evitar caer en la
subjetividad y tiene las precauciones n ecesarias refiriendo todas las versiones posibles
sin faltar a las repeticiones. Así, el abora un método propio que l e lleva a mantener 7.275
alhadices, sin contar los 4.000 repetidos, descartando de los 600.000 primeros 596.725.
Es decir, dos años después de la muerte del pr ofeta Muhammad y a exis ten di chos
falsos, por lo que la creencia ciega en todos los que circulan responde, la mayor ía de l as
veces, y más en este cas o referido a l as muj eres, a la necesidad d e mantener y r efrendar
práctica s de ori gen bárbaro conve nientes para una sociedad patriarcal.
Tradicionalmente , el hombre ára be no ha m ostrado reticencias en su desacuerdo
respec to a la igualdad de derechos entre sex os, de hecho un a de l as aleyas de El C orán,
an-Nisa’ -(Las mujeres) en la que s e habla de los derec hos de l as m ismas- rec ibió una
respuesta de rechazo por parte de los primeros musulmanes, que se negaron en su
momento a a ceptar tales ventajas t emiendo qu e “Mahom a y su Dios apo ya ran en
seguida otras reivindicaciones de las mujeres, especialmente el derech o a hacer la
guerra y particip ar en el botín” (Mernissi, 2002, p. 141). La aleya supon e una ruptura,
un giro que pondr á en tela de j uicio las costumbres que regían las re laciones entre
hombres y mujeres:
Fueran cuales fueran s us tra dicio nes, las mujeres parece ser que e staban c ontentas c on el ca mbio y
aspirab an a ver ca mbiar las c osas [… ] E s tal su tri unfo q ue una azo ra lle vará su no mbre, la 4 , a n-Nisa’
[…], q ue co ntiene las nue vas le y es so bre la herencia, q ue d esp ojan a lo s hombres de sus p rivilegios. La
mujer no sólo dej ará d e ser “heredad a” co m o lo s ca mellos y las pal meras, si no que here dará . Co m petirá
con el ho m bre en el repar to de las fortunas” (Me rnisi 20 02, p. 1 40).
Sin embarg o, no es esto con lo que se encuentran los france ses cuando entr an en E gipto,
práctica mente no ven a mujeres nativas pu esto que, con la salvedad de l as que
pertenecen a las clases m ás desfavorecidas, la may oría d e ellas viven enclaustradas. Es
fácil suponer el i mpacto que causa en la s ociedad árabe toparse con m ujeres
occidentale s que sal en a l a calle con la c abeza descubierta con total normalidad, además
de comprobar que los propios franceses se jactan de su sumisión ante las féminas. En
79 Sunna: b asada en los d ichos y prácticas del profeta M uham mad, todo s ellas islámicas. P or otro lado
está el sunnis mo, que es la r ama mayoritaria d el Isla m y la pr áctica más orto doxa.
120
poco tiempo, los not ables e gipcios no ti enen ningún ti po de reparo a l a hora de d ar la
mano de sus hijas a los recién llegados bien posicionados que las piden e n matrimonio.
Con esta práctica , las egipcias, que por n orma general ac aban a doptando l as
costumbres de sus maridos occidentales, también s e dejan ver con la cabez a descubierta
y se ‘mezclan’ en los asuntos de los hombres, hasta entonces prohibidos para ellas. Ante
este fenómeno, y con las i deas que traen los egipcios pudi entes que estudian en Europa,
comienzan a gestarse las i deas feministas. El ma y or rep resentante del m ovimiento es,
curiosamente, un hombr e: Qasim Amin (1863-1908), un jurista pertenec ie nte a la clase
aristocrática. Pero es Ri fa’a al-Tahtawi ( 1801-1873) quien se da cue nta, tra s hab er
estado destinado en Europa dedicado a l a investi gación científica, d e la gran diferencia
entre la mujer occidental y la mujer musulmana, por lo que comienza a reclamar el
derec ho de las muj eres á rabes a ser instruidas. La causa d e l a liberación d e la m ujer es
apoy ada po r numerosos intelectuales egipcios, en tre ellos Saad Zaghlul, Qasim Amin,
Lutfi al-Sa yy i d y Tah a Hussa y n. El que más interés muestra es Qasim Amin, que llega a
publicar, no sin grandes dificultades, dos obras d edicada s al tema: Tahrir al-mar’a ( La
liberación de la mujer ), en 1898; y la segunda, tras grande s críticas a su primera obr a,
Al-mar’a al -Jadida ( La nueva mujer ), en 1900. A partir de entonces será conocido
como el liberador de la m ujer. A pesar de sembr ar la primera semil la del feminism o en
Egipto, a pr incipios del sig lo XX sólo existe una escue la de educación primar ia para
chicas, “ma drasat al-Si yufiyy a ”, fund ada e n 1873 (Ashmawi-Abouzeid, 19 85, p. 33).
La primer a e gipcia instruida, Malak Hifni Nasif (1886 -1918), escribe para el
periódico Al-Garida en el que, bajo el pseudónimo de “Ba hithat al-Badi y a” (la ermitaña
del desierto), publica sus m anifiestos feministas. Gracias a ella y a su pr esencia en el
Congre so Feminista de Roma, al que asiste como repre sentante del feminismo egipcio
junto con Nabawiyy a M usa y Siz a Nabarawi, las cosas comienzan realmente a cambiar
para la mujer en su país. En 1929 tres chicas franquean por primera vez la entrada d e l a
Universidad Fu’ad de El Cairo como estudiantes para acabar licenciándose con
brillantes notas en 1933. L os hombres tien en qu e acostumbrarse al nuevo papel de la
mujer árabe en la socied ad, a la nueva mujer tal y como predijo Qasim Amin con el
título de uno de sus libros. Empieza a ser frec uente ve rlas ocupando puestos en la
Administración P ública; la Constitución de 1956 les otorga sus d erechos políticos; en
1957 es elegida l a primera di putada para la Asamblea Nacional; y en 1962 se nom bra a
Hikmat Abou Zeid ministra (Ashmawi-Abouzeid, 1985, pp. 34 y 35).
121
El complicado proceso de lucha y reivindicaciones por dar a la m ujer egipcia un
lugar en la so ciedad como a un a i gual es complicado y l argo. Los periódicos, así como
algunos intelectuales, ti enen su papel en el movimi ento, pero es la literatura con la
reciente novela moderna árabe l a que encu entra su m ateria prima en los ca mbios que se
llevan a cabo a todos los niveles en la sociedad egipcia . No h a y que olvidar que los
novelistas son en su ma yoría hom bres y qu e las crónicas de l as mujeres d e la época y el
papel que l es otor gan tienen inevitablemente qu e ver con su postura personal frente a la
situación de la mujer y su nuevo rol. Tampoco se debe obviar el dato de que sólo una
minoría de m ujeres p ertenecientes a la clase medi a y a l a clase arist ocrática pueden por
aquel entonces aspirar a realiz ar estudi os universitarios para acceder a puestos de
trabajo. La m a y oría son iletradas o bien mujeres con estudios medios cu ya instrucción
es interrumpida por la familia para continuar s u preparación en el hogar, a la espera de
un futuro enlace matrimonial.
Naguib M ahfuz, gracias a su objetividad y su especial sensibil idad par a rep resentar
el momento, consigue retratar a la m ujer egipcia, s obre todo a la mujer d e la clase media
o burguesa, clase a la que el autor pertenec e; a la prostit uta; y , en m enor m edida, a la
aristócrata .
El escritor procura n o dejar fuera nin gún detalle que caracteriza a las mujeres que
describe, teniendo en c uenta su medio y su época. Tal es s u minucios idad con los
personajes que al hacer hablar a Zohra, la protagoni sta de la novela Miramar , el lector
árabe y a sabe que se tr ata de una fallaha (campesina), puesto que puede incluso ‘oír’ sin
dificultad el carac terístico acento de la zona rural.
En una representació n fiel de la s ociedad d el momento, la m ujer no suele ser
protag onista, si no que por norma general apo ya al protagonista-hombre. La realidad no
es la que las feministas a nsían, sino otra cuando s e bajan unos escalones en l a jerarquía
social. A pesar de no ocupar el lugar central, es la mujer la que a y uda y alie nta al héroe,
dándole fuerzas, cuidándole e incluso guiándole en la vida para s aber qué camino tomar.
Es desde un segundo plano la que lo intenta enderezar, sin conseguirlo la m ay oría de
las veces.
128
clarame nte la doble moral exi stente. La prosti tuta se esconde, vive en l a p eriferia donde
nadie sabe a qué se dedica realmente. P ero la m ay oría de los hombres recurren a sus
servicios, hombres considerados piadosos c omo ‘ Abd al-Yawwad (la trilogía).
El comportamiento d e la sociedad arabo-islámica con la prostitución es, cuanto
menos, c urioso teniendo en cuenta que en e l Islam es considerada una abominación,
puesto que toda r elación sexual fuera del matr imonio, independientemente de si se
percibe un tributo pecuniario a cambio o no, es considerada como zi na’ (fornicación).
Esta prác tica, y a exist ente en la Arabia p reisl ámica, ha pervivido a pesar d e la
prohibición explícita que de ella se hace en El Corán. L a m ujer se dedica a la
prostitución por necesidad, mientras que el hombr e la permite a la par que la censura. Es
tal vez por esto que Ma hfuz ha i ncluido en la ma y oría de sus novel as a este personaje
marg inal como tamiz por el que p asa la mor al de la sociedad p ara tomarl e el pulso. El
escritor no las enjuicia, pero sí intenta pone r en antecedentes al lector para comprender
qué motivos y circunstancias las han empujado a ejercer una profesión dura en una
sociedad machista. Todas ellas tienen unas caract erísticas generales como la miseria y la
marg inalidad en la que han crecido, que las l leva a huir de su entorno en busca de una
mejor situación. A pesar del oficio al que se ven s ometidas -aunque t ambién exist e l a
prostituta mahfuz iana que vende su cuerpo po r luj uria entregándose a la voluptuosidad-
su interior rebosa bueno s sentimientos. La prostit uta de Mahfuz es capaz de cualquier
sacrificio por el héro e, nada es demasi ado para el amor que l e profesa,
independientemente de la falta de se ntimientos que éste ten ga por ella.
1.4.3. La Trilogí a de El Cairo (1956-57)
Amina, la esposa de Abd al-Gawwad en la trilogí a, representa a la egipcia de principios
de siglo, la muj er enclaustrada, feliz con su suerte e i gnorante de que pueda exi stir otra
realidad. Sus hijas, J adiy a y Aish a, pretenden s eg uir el camino que su madre les ha
enseñado, pero Aisha v ive gracias a su marido una vida algo más l ibre, incluso
permitiéndose salir de vez en c uando. En las nietas de Amina empieza a verse el
cambio. Karima lleva a cabo sus estudios universitarios y en las palabras de Na’ima se
percibe una preocupació n por la instrucción aca démica que ni su madre ni su abuela han
tenido jamás:
Naima, la hija de A ish a, dice:
129
-Me hubiera gustad o acab ar mis estudios. Ho y día todas l as chicas e studian i gual que los chicos.
-Estudia n p orque no encue ntran novio- rep uso U mm Ha nafi con desd én-, pero la que es guapa co mo
tú…
Amina m ovió la cabeza en señ al de ap robación, y luego dij o:
-Y tú eres culta, pr enda mía. Ya has cursado la pri m aria, ¿qué m ás quieres? N o necesitas u n e mpleo.
Pida m os a Dios q ue te haga fuerte y que revista tu fascinante b elleza de salud, de carne y de g rasa
(Mahfouz, 1990 c, p. 12).
Los problemas principales que la mujer de la clase media tiene giran en torno al
matrimonio. C onseg uir casarse con un marido que las mantenga y cuide de ellas es el
fin principal que ansían por la educación recibida en el hoga r, así como por la m oral y
presión social imperantes. El drama social se encuentra en la mujer , q ue habiendo
pertenecido a esta clase acomodada, d ebe –tras haber p erdido su estatus, sean c uales
sean las circunstancias a dversas- intentar ascender en la escala so cial, co mo en el caso
de Bidaya wa nihaya .
1.4.5. El ladrón y los perros (1961)
Nur, la prostituta de est a novela, al reencontrarse con S aid Mahrán t ras haber p asado
cuatro años en prisión, actúa como si el tiempo no hubiera transcurrido en l o que a sus
sentimientos por él r especta. Sin preguntas ni enj uiciamientos, le ofr ece esconderse en
su casa:
- Nad ie deb e saber nada d e mí (le dice Said)
Nur se rió co m o si est uviera s egura de que lo iba a p oseer para siempre y lo tranquilizó:
- T e esconderé en mis ojos y te p intaré con Ko hl (Ma hfuz, 1994a, pp. 98 y 99).
Pero el protagonista es incapaz de a gradecer o disfrutar de t odo lo que le ofrece por la
ira que lo consum e. La p alabra traición parece est ar unida a él como si de un apéndice
de su personalidad se tratara. Tras cuatro años privado de libertad por el engaño de su
mejor amigo Alish y d e su mujer Nabawi yy a - qui enes l e tienden una tram pa para que
cometa un asesinato y así apropia rse de los bienes que ha conseguido gracias a s u
profesión de ladrón- la p alabra li bertad sólo significa un a cosa: venganza. Durante toda
la novela, cada paso que da va encaminado a hacer pa gar a los traidores, los perros: la
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que es a hora su ex mujer (mientras que Saíd es tá en prisión l e pide e l divorcio para
casar se con Alish); su profesor en la Universidad, que es qui en l e enseña a robar, R auf
Alwán; así como a toda la sociedad hipócrita. Pero Nur, que en árabe quiere decir
literalmente ‘luz ’, es la oportunidad que el escrit or l e da al protagonista para olvidar y
continuar con su camino junto a una mujer que lo ama hasta olvidarse de sí misma. El
juego de p alabras ha ciendo alusión al nomb re y a la p ersonalidad de la prosti tuta y lo
que ésta representa es ut ilizado desde el momento en el que el es critor la i ntroduce po r
primera ve z en la novela:
Al pasar po r la puerta del café, r esonó en el ex terior una ris a de muj er y dijo Ta rzán
riéndose:
-Es Nur. ¿Te acuerdas d e ella?
Saíd m iró hacia la osc uridad, fuera d e la puer ta, per o no vio nada y preguntó:
-¿Sigue vi niendo p or aq uí? (Mahfuz 199 4a, p. 71).
Nur aloja a Saíd en s u aparta mento, un piso que está situado a las afueras, frente al
cementer io, donde nadi e la conoce ni sabe a qu é s e dedica. Es l a v erdadera si tuación de
las prostitutas limitadas a moverse entre dos opciones: vivir ocultas o e sconder su
profesión para evitar , en el mejor de los casos, el esca rnio.
Habiendo dejado claros los sentimientos de e ste persona je femenino, el escritor lo
hace hablar para contarle al héroe s us orígenes. Su verdader o nombre es Salabiyy a y
cuenta qu e vivía en Bal yana . La expl icación es m uy supe rficial, p ero con t an solo unas
cuantas palabras M ahfuz imprime en el lector las verdaderas circunstancias: “la
infancia, las aguas esta nc adas, la juventud, la huida” (Mahfuz 1994a, p. 127).
Resulta fácil imaginarse a Nur en un lu gar dem asiado sucio como p ara p oder en cajar
en él, probablemente u na chica d emasiado bonita pa ra los de su clase, pero no lo
suficiente como para ascender por el mero hecho de muda rse a la ciudad en busca del
cambio.
La jov en desaparece de l a novela sin ninguna expli cación, sencillamente se esfuma
justo cuando Saíd descubre que verdaderame nte la ama, pero ya es d emasiado tarde,
puesto que l a venga nza l o ha traicionado y volv erá a parar en prisión. El personaje de
Nur tiene una misión, la de refor mar a través del amor al hé roe, pero n o habiéndolo
conseguido no tiene sentido mantenerlo en la trama.
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1.4.6. Las codornices y el otoño (1962)
En Al-Summan w a-l-jarif , Riri es l a jovencísima prostituta que se enamora del
protag onista, ‘ I sa. En esta historia ocurre algo parecido a la anterior con Nur. Riri cuida
de I s a con afecto, se comporta en casa como l o haría cualquier esposa de la época
dedicada a su marido, p ero el prota gonista no olvida de dónde ha s alido la joven y
cuando ésta le comunica que está embarazada no duda en echa rla tras insul tarla
cruelmente.
Durante los años en los que se m antienen separados, ‘Isa prueba suerte con otra
relación que le pued e reportar al gún beneficio, pero fracasa. El destino de R iri, por el
contrario, e s mejor d e l o que c abría espe rar en una ex pr ostituta y m adre soltera.
Consigue c asarse y qu e su m arido l os acepte a ell a y al hijo i legítimo que aporta a la
relación. Finalmente, el protagonista vuelve a Al ejandría pa ra busca rla arrepentido por
su comportamiento. Tras encontrarse solo en l a vida y sin hi jos, la encuentra trabajando
en el puesto de he lados d el que es su marido sin querer volver a saber nada de él.
1.4.7. La ausencia (1964)
Basima Umrá n es la ex pr ostituta y m adre del protagonista, Sabir, e n la nove la Al-
Tariq . Tras dedicarse toda su vida a e sta profesión, se ve for zada a abandonarla por
culpa de su proxeneta, que le tiende una trampa para que pas e en prisión cinco años. Su
chulo la aleja del oficio por su edad madura, motivo por el que ha dejado de reportarle
beneficios: “un hombre q ue disponía de mi dinero y qu e l uego me tomó oj eriza por una
chica que no valía tres monedas” cu enta la propia Basima (Pérez Beltrán 1991, p. 335).
El problema ya no es sól o la prostitución, sino la cosificac ión de la mujer que pasada
una edad deja de ser una ‘mercancía ’ rentable.
A lo largo de toda la novelística del autor se encuentra la prostitut a ocupa ndo
diversos roles, además d el que le viene dado por su profesión: la madre, Basima Umrán
( La ausencia , 1964 ); la amante, Z annuba (la trilogía, 1956-57); la esposa, Z annuba
termina casándose con Yasin (la trilogía, 1956- 57); la hija, Hamida ( El callejón de al-
Midaq , 1947) ; o la hermana , Ne fisa ( Principio y fin , 1949). Mahfouz la vincula a la
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familia insertándola en l a sociedad para derribar los prejuicios y conseguir una ma y or
empatía hac ia el personaje.
1.4.8. Egipto tiene nombre de mujer: Zohra ( Miramar , 1967)
La clase social campesina cobra especi al importancia dur ante la época d el nasserismo
gracias a las reformas agrarias y l a inmi gración h acia las ciudades. Tras l a Revolución
de 1952, los escritores co mienzan a reflejar los verdaderos problemas de los campesinos
y l as miserias a l as que se enfrentan. El campo es un medio estancado en el que no se
dejan ver los si gnificativos cambios que Nasser ll eva a ca bo e n las ciuda des, que se
traducen en la indust rializ ación. El éx odo rural no tarda en producirse. E ste fenómeno
inspira a diversos autores que t ratan de reflejar en sus novelas la prec ariedad en la que
deben vivir los c ampesinos oblig ados a adaptarse a un entorno extraño. M ahfuz, que
reconoce no escribir más que de lo que conoce p or proxi midad, no ha dedicado en sus
novelas demasiado espacio a este e strato salvo al referirse a jóvenes criadas llega das a la
metrópoli en busca de su stento. Sin embarg o con Miramar el autor se vale del personaje
de una jov en campesin a, más que por s eguir l a tónica liter aria del m omento, pa ra
repre sentar a todo un paí s: Egipto.
Zohra, que e s como se llama la protagonista de esta novela, encuent ra traba jo en
Alejandría t ras haber huido de un matrimonio concer tado por s u familia co n un hombre
mucho mayor que ella. L a pe nsión Mi ramar acoge a esta bella joven, fuerte, mu y
inteligente y orgullosa q ue será ‘codiciada’ por l os hombres de la trama. Cada uno d e
ellos representa a su vez una clase social, así como a diversos partidos p olíticos de los
años sesenta en E gipto c omo el octoge nario Ame r Wagdi, antiguo periodi sta, ferviente
nacionalista en su juventud y partidario del Wa fd. También está Sarhán Al-Buheiri,
socialista t erra teniente perteneciente al Wafd hasta la R evolución, que de spués pasa a
formar pa rte del Sindicato Socialista. Este persona je, del que se e namora la he roína,
encar na para Mah fuz l a clase más despreciable, una clase que, con la ex cusa de liberar a
Egipto, aprovecha cualq uier momento para medr ar sin i mportarle el destino del país. El
tercero es el comunista Mansur Bahi, joven at ormentado por haber traicionado sus
principios por recomendación de su hermano p olicía para evitar l a persecución del
Régimen. El cuarto es el joven Hosni Allam. De este personaje, p erteneciente a la élite
turco-circasiana, Mahfouz destaca el carácter ar rogante del terrateniente qu e vive de sus
133
rentas, pe ro que se sient e i nferior a los jóvenes universitarios a falta de una sólida
instrucción. Est e comple jo le l leva a acentuar un a actitud de superioridad que resulta
ridícula en la é poca posre volucionaria en la que se ambienta la novela.
Miramar se compone de cinco capítulos, de l os que cuatro, los primeros , reciben por
título el nombre de cada uno de l os personajes masculinos y un quint o capí tulo, a modo
de epílogo, que ci erra el primer narrador: (Amer W ag di; Hosni Allam; Mansur Bahi;
Sarhán Albuheiri; y Amer Wagdi).
Mahfouz re trata a un a campesina encarnada en Sohra que h a es capado del medio
rural para evitar un desti no no deseado. A pesar d e que el lector no es testi go del cambio
brusco de esc enario para la protagonista, pues aparece en la historia por p rimera vez al
llegar a la pensión alejandrina, sí lo es de una evoluc ión que sorprende a cuantos la
presenc ian. El tesón y s u fuerza física , a sí como de espíritu, hacen de ella obj eto de
deseo, pero también de admirac ión, lle gando a despertar la envidia en a lgunos de los
personajes masculinos. Sohra simbol iza la lucha hacia el c ambio. Este personaje p arte
de c ero con una primera revolución p ersonal que la lleva a abandon ar el único mundo
que conoce al rechazar un m atrimonio concertado en contra de su voluntad , que habría
beneficia do a la única fami lia que le queda: su abuelo, su hermana y el marido de esta
última. El par alelismo entre este primer capítulo de l a vida de Sohra y l a historia de
Egipto es claro. La he roína se enfrenta a una famil ia que trata de explot arla tras hab er
quedado huérfana; tras la muerte del que es considerado el padre de la nac ión, Saa d
Zag hloul, E gipto debe l uchar contra una m onarquía que lo explota a favor de la Coron a
británica a cambio de permanecer en el poder. Ya en la ciudad, la joven encontrará
problemas de los que nada l e serviría huir, p ues el cr ecimiento de este personaje
depende de la capac idad que demuestre para solvent arlos.
Sohra entra a trabajar como criada en la pensión en la que se desarr ollan gran parte
de l os aconte cimientos de la novela. L a propietaria del inm ueble, un a sexage naria de
orige n griego llamada Marianna, intenta b eneficiarse de l a bellez a de la fallaha 80 ,
haciendo d e alcahueta entre la joven y Tulba Marzuq, un vi ejo monárquico arruinado a
causa de la R evolución d e jul io 81 . Otra pista de M ahfouz para identificar a Sohra con el
país, pues si la alta bu r guesía y la monarquía intent aron sacar provecho de Egipto, aquí
lo hará una anciana anclada en el esplendor del pasado, tratando de uti lizar a la
protag onista como reclamo para sus huéspedes. Pero Marzuq no es el único que busca
80 Fallah: campesino/ Falla ha: campesina.
81 Fó rmula utilizada en Egipt o p ara referirse la Revolución de 19 52.
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los favores de Sohra, de hecho todos los person ajes masculinos la quieren, pero cada
uno a su manera. Amer W agdi, por ejemplo, v e en la protagonista a un a hija a la que
observa e volucionar con orgullo y miedo al mismo tiempo:
So hra: Usted sie m pre tiene m iedo por m í, co mo si yo fue ra una niña.
Amer: Es lo que eres, So hra […] Es q ue te quiero mucho, y temo po r ti (M ahfouz, 2002 b, p . 71).
Amer ve en la joven una fuerza de espíritu digna de admiración, pe ro no conforme con
la posi ción de observador a l a que se ve rel egado por la edad, i ntenta aconsejar a la
campesina incorrupta par a esquivar los peligros a los que se ex pone. No es de extrañar
que el anciano proteja co n celo a la que conside ra una niña, pues no h a y que olvidar el
perfil del person aje: anti guo periodista, partidari o del Wafd y , el r asgo clave que lo
empuja a proteger a la c ampesina-nación, Amer es nacionalista. Además, el recorrido
del personaje guarda ciertas sim ilitudes con la vida de l propio Naguib Mahfouz:
Realmente el su y o f ue un fructífero p asado -le dice Ma nsur Ba hi-; usted ha e stado involuc rado d e manera
notable e n todo tipo de hechos y cor rientes política s: el Par tido del Pueblo , el P artido Nacional, el Wafd,
la r evolución”. [ Amer W agdi:] “Juntos revisa m o s las glorias y miserias de lo s p ar tidos […] y la
solución q ue o frecía a la s sec ulares c ontradiccio nes d el p aís, su base pop ular co mpuesta d e estudiante s,
pro letarios, y ca m pe sinos, po r qué más tarde pr efería ma ntener me neutral en las l uchas políticas, [… ]
Per o a demás d e mi actividad política e n la prensa, co nozco bien los modos y maneras del pensamiento
religioso trad icional [ …] así que no e s e xtraño q ue quisier a conciliar e ntre or iente y oc cid ente, ¿sab es?,
como u n m aadún , q ue une en m atri monio le gal a e sa mezcla de op uestos que son un ho mbre y una
mujer… (M ahfouz, 20 02b , pp. 67 y 68).
El joven Mansur Bahi tambi én quiere a Zohra, pero como a un a hermana. Cuando la ve
sufrir porqu e su amado ha p referido ca sarse con otr a, no duda en proponerle
matrimonio. A pesar de su inseguridad, sus prin cipi os siguen latent es, pues Hosni no la
ve como a una campesina de clase inferior, sino como a una i gua l. Aunque sabe que es
analfabeta, la compara con sus comp añeras de Universidad y l a apo y a cuando d ecide
estudiar.
Hosni Allam, ve en ella a una posible esposa, pero más que por amor, por necesidad.
Proveniente de una familia en peligro de ex tinción, dado su origen extranjero y el
profundo desprecio que los de su clase despiertan, sabe que le resulta ría imposible
unirse a una m ujer qu e, como y a s e obse rvaba en la época, esté preocupada por
conseguir una ma yor lib ertad. Sohra, educada en l os valores tradicionales de Egipto -
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pues esto simboliz a para Mahfouz la campesina- sería l a compañera ide al: esposa, ama
de ca sa y criada en una sola mujer. Pero cuando intenta un ace rcamiento físico, la
reacción de la joven, que lo golpea y ataca, lo espanta. Ella m isma se jacta en más de
una ocasión de su fuerza: “gracias a Dios so y fu erte, y a trabajadora nadie me gana, sea
en el campo o en la ciudad […] Yo puedo defenderme como un hombre si es
necesario…” (Mahfouz, 2002b, p. 55).
Sarhán Al-Buheiri: este joven representa t odo lo más detestable de una clase social
para Mah fouz. El autor reúne en un solo personaje todos los defectos posibles para
hacer lo d espreciable a ojos del lector, que cu enta desde un principio con los datos
suficientes como para emi tir un juicio de valor. Al inicio de la novela, A l-Buheiri viv e
en el apartamento de Safi yy a , una prosti tuta con l a que m antiene un a relación y de la
que vive en espera de encontrar un matrimoni o ventajoso que le ayude a escalar
socialmente. Cuando co noce a S ohra abandona sin miramientos a su b enefactora y se
muda a la p ensión de Mi ramar p ara estar m ás cerca d e s u nueva presa. E l amor de la
fallaha logra desviarlo de su objetivo principal cuando decide irse a vivi r con ella
sacrificando su futuro estatus. La r elación no lle ga a más, pues finalmente su naturaleza
codiciosa le ll eva a casarse con Ali yy a , la institutriz particular de Sohra. El final de éste,
castigo del autor, será e l s uicidio.
Mahfouz presenta lo s hechos desde un enfoque na rrativo múl tiple, pero Sohra,
independientemente d e la mi rada del personaje m asculino que en c ada momento la
retrata , es la misma. S u esencia permanece a pesar de l despe cho, los desplantes y l a
lucha que con cada uno mantiene por pr eservar u na dignidad que conserva i ntacta a lo
larg o de toda la novela. Y no hará sino crecer a ojos de todos cuando decide contratar
los servicios de una pro fesora pa rticular para aprender a l eer y a escribir. Aunque la
motivación principal s ea la de inst ruirse para ser digna de Al-Buheiri y que éste le
proponga matrimonio, no ceja en su empeño cuando se casa con otra. El amor no es lo
que impuls a a esta heroína, en lu gar de languidecer como la Z aynab d e Ha y kal, decide
abandonar la pensión y buscar otro empleo y a otra institutriz . Sohra marc a su propio
camino al abandonar el hogar familiar, no p uede sino seg uir adela nte, ninguna
circunstanc ia ajena pu ede derribar su propósito. Amer, al ver partir a la ni ña de la que se
siente en par te responsable, piensa:
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Y aquí está Sohra, tal y co mo la vi po r primera vez de no ser po r esas líneas de tr isteza. Había m adurado
en los últimos días mucho más q ue en todo s los anterio res años de su v ida. Cogí la taza que me ofrecía a l
tiempo que o cultaba mi abatimiento co n una sonrisa, y ella me in formó con un tono nat ural e n la voz:
-Me vo y mañana po r la mañana […] N o se pr eocupe, estaré mejor d e lo q ue he estado aquí.
Le respondí c on veheme ncia:
-¡Dios lo q uiera! (Ma hfouz, 2002b, p. 283).
A pesar d el protagonismo de una mujer, con l a responsabilidad de represent ar a un país,
cabe destacar que Sohra siempre es vist a por los demás y no por sí mis ma. Es objeto de
deseo, objeto de análisis y terreno de disputas y ambiciones de los pe rsonajes, pero no
es tan consciente de sí mi sma como del camino que debe buscar en la v ida. No se ve
ninguna r eflexión por parte de ésta respecto a la situación de la mujer en general, a
pesar d e las dificultades a l as que se ti ene que enfrentar debido a su proc edencia , pero
por encima de todo debido al género al que pertenece. Su relación con los demás
personajes femeninos d e la nov ela vien e cond icionada por un nombre, Sarhán al-
Buheiri. Como bien apunt a del Amo, Safi yy a , pro stitua y ex amante de al-Buheiri, actúa
como rival de S ohra. No m uestran nin gún t ipo de soli daridad entre ellas y no dudan en
enzarzarse en una pelea por culpa del hombre que l as ha enfrentado (Del Amo, 1999, p.
13).
En su an álisis, del Amo hace hinc apié en los aspectos más contradi ctorios del
personaje, que si bien ti ene el suficiente arrojo co mo para abandonar su m undo por la
ciudad, no m uestra ningún tipo de interés en romper “con l os valores inculcados en la
infancia como son: la virginidad, la honradez, el tesón, l a i ndepende ncia y la dignidad”
(del Amo, 1999, p. 14) Destacada queda m ás arriba la combinación activo-pasiva de la
protag onista. Activa en su búsqueda y p asiva en un t ema como el feminism o que por
aquella época pugna por romper barreras. Sin emb argo, las características de Sohra y los
y a mencionados paralelismos entre este personaje y Egipto, hacen de ella más un
símbolo nacional que una mujer de carne y hu eso. Tradición y cultura son valores que
el medio rural ha l ogrado preservar -pues no ha sido alcanzado como las urbes por el
desarrollo industrial- y q ue Mahfouz defiende en un mundo cambiante y desencantado
por la traición de los ideales. Sohra porta como estandarte la milenaria t radición eg ipcia
en un rec orrido que, ti ene l a certeza, la conducirá a un destino mejor. Ame r, incapaz de
encontrar la paz si no es con la seguridad de que Sohra es feliz, le dic e: “Sohra, el
mundo es aún hermoso, y siempr e lo será” (Mahfouz, 2002b, p. 279).
137
1.5. Mahfouz y el cine
La faceta cinematográfica de M ahfouz es la en la que menos profundiza n los estudios
sobre l a carrera d el cair ota. Centrados p rincipalm ente en su produ cción novelística, la
mayor ía de las veces pasan por alto los g uiones que el escr itor firma los años que
compagina su carrer a com o escritor y funcionario con su dedicación a la li teratura de la
gran pantalla. No es d e e xtrañar su incursión en el cine, teniendo en cuenta que E gipto
ha sido hast a ha ce bien poco una de las potencias de la industria del ci ne despu és de
Bollywood, con una sól ida estructura y un sist ema de organización p erfectamente
definido. La nación de los faraones cu enta con una amplia tradición cinematográfica,
de hecho en 1896, t an solo un año después de Francia, tien e lu gar en Alejandría la
segunda proyección a nivel mundi al de una pe lícula de los hermanos Lumière.
La s proyeccione s entr e 1917 y 1921, conce ntradas en El Cairo y Alejandría, son
mayor itariamente it alianas, al go que p robablemente sentó un p recedente en lo qu e a
influencias cinematográficas occidentales respecta, al dejarse contagiar más t arde por el
neorrealismo. Cabe destacar que e s en Egipto también donde se de sar rolla el cine
sonoro, mucho antes que en otros países desarrollados. La producción cinematográfica
anual ronda l os 50 l argometrajes de ficción, tod os ellos al estilo más norteamericano
de teléfonos blan cos y m ujeres y hombres v estidos a la occidental. Se im pone la estética
imperante en Italia, Esta dos Unidos, Franc ia, algunos países latinoamericanos e incluso
Japón; es lo que los franceses denominan “realismo romántico”.
Los géneros predominantes durante la décad a de los cuarenta v an del musical al
melodrama pasando por la farsa, siendo el tema p redominante el amor, y e l argumento-
la ma y oría de las ve ces- sencillo. N o es hasta la década de los cincuenta cuando el
neorrealismo i taliano sienta sus bases en el Egipto republicano de Nasser. A partir de
estas nuevas piezas cinematográficas, a caballo ent re el film de ficción y el documental,
se empieza a r etratar l a r ealidad si n ambages del país recientemente independiz ado del
Imperio Británico, que comienza a conocer la libertad tras el derroca miento de la
monarquía. La temática es ahora de naturaleza patriótica, histórica y sob re todo social.
La literatura realista inspira las mejores tramas a t ravés d e las obras de gra ndes autores
como Tawfiq a l-Hakim, Taha Hussein y el propio Naguib Mahfouz.
144
Kamal desea que el occidente del que tanto o ye h ablar s e marche para libe rar a su país,
pero los soldados inglese s a los que visita a diario están más allá de los discursos
políticos, son amigos a los que quiere con l a genuinidad del niño que tod avía es. En su
inocencia cree pode r sol ucionar el p rincipal prob lema de E gipto con la m isma facilidad
con la que h a conse guido lo que parecía i mposibl e, una r elación de amistad con Juli an,
que añora su patria:
-¡Volver a mi país ! ¡Volver a mi país… !
Kamal notó en él eso s se ntimie ntos; s u a mistad y co nfianza habían a umentado ha sta tal punto q ue le dij o
una vez seria mente, co mo indicá ndole la solución a s u tristez a:
-¡Haced volver a Saad B asha 82 , y regresad a vuestro país…!
Per o Julian no recibió su sugere ncia con la disp osición que Ka mal esp eraba; al contrar io, le pidió , como
había hecho antes en situacio ne s parecid as, que no volvie se a mencionar a Saa d Ba sha, diciéndole: «¡Saad
Basha…, no». Y d e ese mod o fracasó «el pri mer ne gociad or egipcio » , según la expresión d e Y asín
(Mahfouz, 1998 , p. 298) .
El tiempo se encarga de diluir este sentimiento de amist ad por los ingleses, que se ve
sustituido por una a dmiración en el plano int electual por los filósofos e ideólogos
occidentale s. En el tercer vol umen de la nov ela, L a azucarera , se asis te a la lucha
interna del personaje, quien trata de conciliar la brecha insalvable e ntre l as tradiciones y
la relig ión islámica, por un lado; y el pensamiento propio y su indivi dualidad más allá
del concepto de la umma , por ot ro. Esta yihad interior sintetiz a la situación exterior y la
confrontación política, p ero también l a cultural y espiritual a l a que la po blación árabe
se tiene que enfre ntar. Las consecue ncias en Kamal son internas, pues su l ucha no es ni
contra Oc cidente ni contra Oriente, sino contra l o que ambos le aportan para trata r de
encontrar sentido a su rol en un E gipto por el qu e no ha luchado, dada s u juventud, y
por un Occidente que no lo reconoce como igual.
En sus novelas, Mahfouz alude de forma directa e indirecta a O ccidente. De los
diálogos que mantienen los personajes, se infiere claramente la postur a que mantiene
frente al ocupante, sie ndo ésta una reproducción fiel del sentir popul ar. En las
constantes maldiciones que vierten, se encuent ra un claro ejemplo en Entre dos
palacios : “-¡ Y qu e los ingleses y sus esbirros sufran una d errota terrible y no vuelvan a
levantar cabeza” (Mahfo uz, 1998, p. 34). Así como en l as situaciones d e desventaja en
las que se coloca al árabe ca ra a cara c on los soldados, como e n e l ca so del Sheikh
82 Se refiere a Saa d Zaghloul, cuyo nombre co m pleto es Sa ad Zaghloul Bacha Ib n Ibrahi m, siendo
Bacha un alto título en el I mper io Otomano, c uya equivalen cia en inglés ser ía Lord .
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Mitwali, qui én le cuenta, de nuevo en Entre dos pal acios , a Ahmad Abd al-Yawwad su
encuentro con los extranjeros:
Yo estaba ay er paseando por e l-Muski cua ndo dos soldados australianos se atrave saron en mi c ami no y
me pid ieron lo que tenía. Lo q ue hice fue v aciarles mis bolsillos, saca ndo lo único que llevaba, una
mazorca de maíz. Uno de ello s la co gió y le dio una patad a co m o si f uera una pelo ta, mie ntras q ue el otr o
me arrancó el turbante y me deslió el chal, lo d esgarró y me lo tiró a la car a (Mahfouz, 1998 , p. 34).
La s frases en alusión a los occidentales s e acaban convirtiendo en una coletilla
significa tiva. Así, cuand o en Las codornices y el otoño ‘ I s a, el protagonista, regresa a El
Cairo y lo encuentra en ll amas 83 , se o y e a las gentes maldiciendo a los británicos. ‘Isa
asiste a la destrucción de la ciudad y presencia cóm o sus compatriotas queman t odo lo
que encue ntran a su paso, mientras se dice: “ L a l ocura incontrolada; eso era la rebelión
de El Cairo [ …] Se estaba suicidando […] Nosotros somos la amenaza, no los
británicos” (Mahfouz, 1994b, p. 21).
El escritor no se posi ciona, se l imita a dar cuent a de las opiniones de l os personajes,
todas ellas simi lares, pues se mueven entre el sentimiento nacionalista y la situación del
país. Por el contrario, l a opinión de Amina, en la trilo gía, contra sta c on la d e sus
compatriotas. Su incomunicación con el mundo ex terior y los asuntos políticos l a llevan
a anteponer su s entido del decoro y una hospit alidad que considera fundam entales en l o
que a los ingle ses se refiere:
Nosotro s hemos nac ido, tam b ién voso tros, m ientras ellos estaban aquí… ¿es « hu mano » q ue nos
presente m o s ante ello s [ en Gr an B retaña], tr as la larga vida de co nviv encia y veci ndad p ara decirles a las
claras, y además en su p ropio país, «marchaos » (Mahfouz, 1 998 , p. 222) .
Que Amina interprete la invasión como convivencia no debe extrañar, dada la visi ón
peculiar d e Mahfouz. Los ocupantes, desde los pe rsas hasta los griegos, pasando por los
romanos y los árabes, son eg ipcios:
El p oder d e Egipto era tal que llegó a abso rber a todos los que lo in vadieron, hasta el p unto d e q ue los
invasores te rmi naron po r ad optar sus tradiciones, inc luidas las r eligio nes. Así p ues, [E gip to] no estaba
real m ente ocupado : el gob ernante e xtranjer o se convertía finalmente e n egipcio, y el p rimer ejemplo es el
de Cleop atra (M ahfouz, 1996 , p. 26).
83 1 0 de junio de 1 952, fecha de cisiva. Los habita ntes de los bar rios pobr es quemaron bare s,
restaurantes, tie ndas de moda,… to do lo que de notaba ostentación, sí mbolo de la occide ntalización del
m o mento. Esto s acontec imientos p recipitar on la Revolución de lo s Oficiales Libres.
146
En El callejón d e al-Mid aq , el O ccidente de l a Se gunda Gue rra M undial e s además una
posible fuente de ingresos, bien a través del servicio en los campos militares británicos,
como en el c aso de Husain Kirsha, hijo del dueño del café; bien aprovechando la
presenc ia de los soldados, principalmente inglese s y australianos, como clientes de l os
burdeles, en el caso de Fa raj Ibrahim. Para Hus ain suponen t ener un tr abajo que l e
permite vivi r de forma algo más hol gada que a los demás habitantes del callejón, pero
en sus palabras se puede apreciar, ad emás, la superioridad con la que ve a sus
‘benefactores’: “-El sa rgento Jul ian me dijo un día que sólo me distinguía de los
ingleses por el c olor de la piel” (Mahfouz, 199 0b, p. 40). La oportunid ad que ve en
servir a los ext ranjeros y sacar alg o de su ‘ estancia’ en el país h ace que Husain pinte su
situación como el colmo de la buena suerte, relat ando al barbero Abbás las ventajas de
las que gozaría si si guiera su ejemplo: “El sa rgento Jul ian confía ciegamente en mí y,
por eso, m e ha metido en el tráfico de tabaco, t enedores y cuchillos, sábanas, calcetines
y z apatos. ¡Qué vida!” ( Mahfouz, 1990b, p. 40). Los personajes como el joven Kirsha –
conscientes en todo momento de que ni t oda l a confianza d el mundo logr a que los
soldados los vean como a sus iguales- ju egan con su posición entre los suyos,
demostrando una ‘superi oridad’ con la que se ac usa la inferioridad que si enten frente a
los occidentales.
En el caso de las mujeres de la novela, la influencia ext ranjera es al go m ás indirecta,
pero no por ello menos importante. La mod a o ccidenta l qu e si guen en el vestir las
obrera s judías y la envid ia que siente la protagonista, Hamida, demuestra el gusto por
todo lo que p roviene de fuera, c onsiderado como algo mejor, un g r ado más en el
escalafón de una modernidad vedada a algunas por la falta de dinero o las tradiciones.
Hamida logra entrar en e l engr anaje del cambio y la ‘evolución’ gracias a un prox eneta,
cuy a profesión no deja d e ser un a metáfora del p recio que h a y que p agar por dejar de
lado lo que se considera obsoleto para seguir el flujo de los nuevos tiemp os. La nu eva
vida de l a protagonista es un renacer en el que la renovación es imprescindible, no sólo
abandona el hogar y c ambia de nombre, sino q ue también debe d esaprender la cultura
que consideraba su ya h asta entonces, amoldándose así a los gustos de l os clientes. Faraj
le confiesa a la joven qu e es un director de escuel a, y no h a y mentira en sus palabras,
pues posee una ‘academia de prosti tutas’ en la que las clases más im portantes pasan por
el aprendizaje de l idioma de los soldados, así como por cla ses de baile occidental:
147
-En esta clase se ap renden unos rudi m entos d e inglés.
La mirada d e la chica reflejaba incomprensión, y le hizo u n gesto con la m ano, indicánd ole que tuviera
paciencia. L uego se d irigió al ho m bre d el puntero y le dijo :
-Contin úa la lección, p rofesor.
El ho m bre c ontinuó con voz complacie nte y su misa:
-Es una lecc ión de p ronunciación.
Con el p untero ro zó el p elo de la mujer de snu da y ésta pro nunció la palabr a Hair . El p untero le r ozó la
frente y la mujer dij o: F ront […] A cada una de la s silencio sas pr eguntas, la mujer soltab a una p alabra
rara que Hamida no había oído en su vida” (M ahfouz, 19 90b, pp . 238 y 239).
Teniendo en cuenta qu e el trabajo de Titi es el de prostituta de lujo y n o de G eisha,
resulta revelador que en el comercio del sexo, que no conoce barreras, res ulte vital este
barniz occidental:
En se guida co mprendió lo que se esper aba de ella y si al pri ncipio se rebeló , fue sobr e todo por su nat ural
combativo y s u imper ioso d eseo de dob legar la voluntad d e su a mante. Luego se sometió, al co mprender,
gracias a la labia de Ib rahim Faraj , que para nadar e n la a bundancia había q ue ar rastrarse po r el lodo ”
(Mahfouz, 1990 b, pp. 273 y 274 ).
Occidente condiciona l as vidas de los personajes de much as maneras. En Tras la
celosía , Ahmad Akif y su familia, t ras vivi r una noche de bomba rdeos a la que el
protag onista se r efiere c omo “e sa noche infernal”, se traslada a un ba rrio antiguo, el
tradicional barrio de Jan al-Jalili (Mahfouz, 2006a, p. 41). Debe adaptar se a su nueva
situación, que le viene i mpuesta a él y a otros que, como su familia, se m udan de barrio
para evitar el peligro, pero sobre todo por el mi edo de las alarmas y los refu gios en los
que se combate al enemi go c on ple gar ias:
A la luz macilenta de la mari posa, se pe rfilaban uno s ro stros se m ejante s a máscaras mortuor ias, con los
ojos desorbitado s y la mandíb ula colga nte, o bien castañeteándo les los die ntes y farful lando palabras
incomprensibles ( Ma hfouz, 20 06a, p. 43).
Pero Occidente es t ambién pensamiento y reflexión, fil osofía y autores en los que bebe
el personaje de Ahmad Rachid, un joven abogado que se caracteriza por traer aires
nuevos a un barrio que se ahoga en la oscuridad de la antigüedad. Los di álogos entr e el
abogado y Ahmad Akif son la perfecta contraposi ción entre el pasado y el futuro, en la
que el pequeño funcionario demuestra ade más de una falta de pro funda re flex ión
intelectual –a pesar de p asar sus días le y endo-, una cerrazón que lo acom pleja. Ante la
148
mención de Freud y Marx que Ahmad Rachid hace, Akif se si ente indefenso, pu es
desconoce incluso sus nombres: “El pensamiento de Freud ha prop orcionado al
individuo los medios para escapar a las enf ermedades sex uales que juegan un papel
fundamental en nuestr a vida… [ dice Ahm ad Rachid]. En cuanto a Karl Ma rx, ha
trazado el camino de la liberación social. ¿ No comprende usted este pu nto de vista?”
(Mahfouz, 2006a, pp. 83 y 84). Este conocimiento que el abogado tiene p or los nuevos
pensamientos no es una sim ple asimilación de ideas, sino que afecta a la concepción que
tiene de l a vi da y de l a s ociedad. Su punto de vista queda mu y por encima del de Akif,
quien acostumbra a ven erar todo l o pasado sin te ner en cuenta las nuevas corrientes:
“Para él, el pas ado encerraba la verdad en toda su sublime grandeza” (Mahfouz , 2006a,
p. 82).
La tradición cultural es defendida como ori gen, siempre y cuando no s e convierta en
un impedimento para avanzar. En todas las novelas citadas se rechaza al Occidente
opresor, así como a la reacción instinti va con la que el árabe lo m aldice a la par que lo
coloca por encima de sí. Occidente en su rol de ‘el otro’ acaba por ser asimilado en las
vidas de los person ajes, pues forma parte de su día a día mientras ocup a Egipto, pe ro
también culturalmente cuando lo abandona. Es el ejemplo a seguir en muchos casos en
los que el futuro parece pasar necesariamente por una occidentalización en el vestir y el
pensar, incluso en el idio ma: “Desde que estallara la guerra el mundo está patas arriba –
le dice Nunu a Ahmad Akif- . I magínese que ayer l e oí a la hija de un vendedor de
nabos llamar a su hermana con esta palabreja: “¡Ven darl ing !” (Mahfouz, 2006a, p. 65).
Occidente no tien e un p apel definido en l a ob ra del escritor, la postur a que t oman los
personajes no es siempr e la misma, depende de sus circunstancias, de s u forma de
pensar y de v er el mund o. ‘No’ a la ocupación, pero también ‘no’ a la reclusión en las
propias costumbres. Ampararse en la religión y la tradición para rechazar lo diferente
conduce a los personajes a ninguna p arte, pe rmaneciendo anclados en la aparente
seguridad de lo conoc ido. Ante el miedo que provoca l a ‘invasión’ de l a cultura
occidental Mahfouz explica:
Si u na cultura extra njera consigue a menazar a otra, quiere decir que es más frá gil y sin duda mucho más
nociva. Así que ¿po r q ué mante nerla? Esta n ueva cu ltura q ue esta m o s desc ubriendo va a for m ar p arte d e
nuestro patri monio y a convertir se en n uestra tras una o dos generaciones; más tarde , tras algunas
generacio nes, se convertir á, a su vez, en la cultura heredad a de los ancestros (M ahfouz, 19 96, p. 114).
149
Le jos de defender ot ras c ulturas frente a la su y a, l o que predica el escritor es la idea que
intenta transmitir a lo l arg o de los años en su obra, el aperturismo hacia la evolución,
que no es s inónimo ni pa trimonio de una sola civilización o comunidad, si no más bien
una actitud fr ente a la vi da: “ La p rotección de todo lo que es útil en nu estro patrimonio
es sólo responsabilidad nuestra” (Mahfouz, 1996, p. 114).
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CAPÍTULO 2 │ EL 9/ 11 Y EL PARADIGMA
OCCIDENTE-MUNDO ÁRABE
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Capítulo 2 │ E l 9/1 1 y el para dig m a Occi dente-M undo Árabe
2.1. La era 9/11
Po r primera vez, las ar mas han sido apuntada s en direcció n co ntraria. Ése e s el tre m endo ca m bio
( Chomsky, 2 001 , p.12).
El 11 de s eptiembre de 2001 dibujó una frontera que divide el p asado de l presente, un
punto de inflex ión con el que se dejó atrás una larga pos guerra fría para da r comienz o a
un nuevo siglo y con él la era del terror. Aunque ese día en concreto ha perdido la
fuerza y el impacto del m omento por ot ras tragedias en Oriente M edio y a pesar de que
Al Qaeda, antes enemigo número uno del m undo, comparte en l a ac tualidad
protag onismo con las carnicerías que ll eva a c abo su riva l, el Da’esh , e l 9/11 sig ue
siendo una re ferencia f undamental para estudiar las causas del terrorismo y las
consecue ncias de este día en las relaciones e ntre el M undo Árabe y Occide nte.
Quienes vivieron aquel instante, desde sus casas, en el trabajo o in situ , recuerdan
con niti dez aquel preciso instante, dónde estaban y qué hacían: “El mundo ha cambiado
para siempre”; “Nada volverá a ser i gual”; “¿Dónde estaba usted cuando el primer avión
chocó contra una de las torres? ”.
El 11-S destaca como hecho histórico recient e por la barbarie de unos barbudos que
lograron ‘burlar’ el sist ema de seguridad del país más poderoso del mundo. El problema
no eran los atentados, sino contra quién se había atentado: l a nación convertida
oficialmente en única su perpotencia t ras salir vi ctoriosa de l a Guerra Fría. Ni la URSS
ni la Primera y S e gunda Gue rra mundiales habían tocado aquel territorio, ¿ cómo lo
lograron unos is lamistas, que se ha cían llamar yihadistas , venidos de un mundo t an
alejado de la mente del occidental medio? L o que verdaderamente atacaron aquellos
diecinueve kamikaze un fatídico 11 de septiembre no fu e únicamente el c orazón de las
finanzas de Estados Unidos, W orld Trade Center, sino el centro del m iedo del mundo,
un mundo que gracias a los medios de comunicación siempre s e ha visto, o ha qu erido
verse, re flejado en una nación cu y o principal mérito ha sido el de lograr penetrar
culturalmente en todo e l globo, incluidas l as naciones is lámicas. Otra pregunta que
256
elegidas a dedo po r Norteamérica, en lugar d e seguir un pro ceso d emocrático. Así, a
mediados de julio, Bremer nombró un consejo i raquí formado por veinticinco
miembros, de los cuales trece eran chiítas, cinco kurdos, cinco sunníes, u no turcomano
y otro asirio cristiano. La ma yoría habían sido elegidos por sus relaciones con l a
Administración de Estados Unidos.
La escalada de vi olencia era cada vez más aguda y Washington sabía q ue el principal
motivo para ello era la hostil idad hacia el nuevo Gobierno al que EE UU estaba d ando
forma, un Gobierno con iraquíes, sí, pero vinculados a Norte américa y que no
repre sentaban a l a población civil . Como consecuencia, el C PA creó un programa para
el traspaso de poderes de forma al go pr ecipitada. En noviembre, se anunció que el
nuevo Gobierno serí a oficial en junio de 2004 y las ele cciones para la Asamblea
Constitu y ent e tendrían lugar en enero de 2005, alg o que Al-Sist ani vio con ojos
favora bles. Finalmente, el candidato ele gido por el I GC a fin ales de ma yo de 2004 fue
Ayad ‘Allawi, un iraquí exiliado, apadrinado por EEUU.
La viol encia aument aba mientras el anti guo ra ïs era capturado en dicie mbre de 2003.
El derrocamiento de Sadam supuso la sus titución del “puño de hi erro” del di ctador por
el caos (Ber ge n, 2011, p. 155). L as luchas tomaron un nuevo cariz, derivando hacia un
sectarismo que a gudizó el enfrentamiento entre chiít as contra sunníes. A todo esto se
sumaban los atentados suicida y el crecimiento en l os índices de criminalidad -como
consecue ncia de la apertura de las cárc eles durante l as últimas semanas del antiguo
régimen- y l a degradación de las infraestructuras tras la invasión. Los ‘li bertadore s’
aportaron 22 billones par a la reconstrucción del país, a los que había que sumar cinco de
la Comunidad I nternacional (Tripp, 2010, p. 289). Comenzó a estimularse el sector
privado y las i nversiones extranjeras p ara conve rtir el país en una economía liberal. El
problema era que este nuevo papel de I rak en el mercado internacional beneficia ba a
todos menos a los propi os iraquíes, que s e veían interpretando, de nuevo, un papel
marg inal.
Mientras tanto, no ha bía ni rastro d e la prom etida reconstrucción. En un viaje al país,
un año después de que comenz ara la guerra, la periodista y es critora cana diense Naomi
Klein encontró una sola grúa “amarilla e impresionante”, pero la misión del vehículo era
de una n aturaleza come rcial: “colocar un « gigantesco » c artel publicita rio en un edi ficio
de tres plantas e n el que se leía “S UNBULA : MIEL 100% NA TURAL , made in Saudi
Arabia” . Irak era un aho ra tremendamente atra ctivo para sus ve cinos y demás países po r
la gran cantidad de opor tuni dades de inver sión (K lein, 2004, pp. 5 y 6).
257
En lo que a hidrocarburos se refiere, el CPA ha bía dejado las compañías petrolíferas
intactas, algo que en a lgunos lobb y s de W ashington no gustó nada, pues estaban
interesados en su privatización alg o que perjudicaría no sólo a los iraquíes, sino a todas
aquellas grandes compañías petrolíferas internacionales que qu edaran fuera de la venta.
En 2003-4 los beneficios por petróleo oscilaban entre los diez y los trece bi llones de
dólares, eso t eniendo en cuenta que el puesto de Irak como produ ctor se si tuaba de 2001
a 2003 en el decimocuarto puesto por detrás de Nigeria o Kuwait, con Arabia Saudí a la
cabeza (Piñedo V ega, p.49). El CPA destinaba estos beneficios a firmas
estadounidenses, en concreto el 27%, mientras que sólo el 2% ll egaba a las compañías
iraquíes, lo que pronto levantó voces de protesta.
Siguiendo con la agenda política marcada, el 28 de junio de 2004 A yad Allawi fue
designa do primer m inistro del Gobierno interino con poderes limitados, en espera de las
elecc iones para la Asamblea Constitu y ente. Los medios de comunicación pudieron
asistir al traspaso de poder, pero no emitir im ág enes del momento. Los iraquíes estaban
en permanente esta do de guerra:
Nos revelamos co ntra eso s cri minales y actos terro ristas co n los que nos pr ovocan lo s norte americanos y
su agente, el Gobierno interino [ …] No han cumplid o con las de man das del pueblo iraquí […] Exigimos
elecciones y un Gob ierno ele gido p or e l pueblo, no impuesto de fuera p or e xtranjeros que mas acra n a la
pob lación. Un trasp aso d e sobe ranía to tal. Las fuerzas ocupantes toda vía contro lan todo . Estamos
dispuestos a tod o (M artín, 2008, p. 292).
La s palabras d e Abu Zahir al Kinani, uno de los portavoces de Muqtada Sader 132 ,
ilustran el verdadero sen tir de la pobl ación y su rechazo a las fu erzas de ocupación y a
sus hermanos colaboracionistas.
Mientras el p aís i ba t omando forma política, a finales de ese mi smo a ño (2004), la
filtración de un informe estadounidense permitió que se public aran unas fotografías en
las que se mostraba a prisioneros iraquíes en Abu Ghraib torturados por soldados
america nos. Palizas, sodomía, picanas y el uso de perros e ran los métod os empleados
durante los interrogatorios por parte de los soldados estadounidenses (Piz arroso
Quintero, 2005, p. 417) No era el único es cándalo, había cien mi l pr isioneros, la
mayor ía de ellos detenidos por un soplo, que esperaban en otras cárceles a un juicio.
132 J efe de la m ilicia “Ej ército d el Mahdi”, considerad o amo y se ñor de esta barr iada de la periferia de
Bagdad : Madinat al Sad er.
258
La s primeras elecciones tuvieron lu gar el 3 0 de enero de 2005. La AUI ( partido de la
Alianza Unida de Irak) -una coalición dominad a principalmente por p artidos isl amistas
chiítas dirigida por Abd al-Aziz al-Ha kim y apo y a da por el A yatolá al-Sistani-
consiguió la mayoría relativa de escaños: 140 (4.075.295 votos). Le siguieron el partido
kurdo Ali anza Democr ática Patriótica de Kurdist án, con 75 escaños (2.175.551 votos),
y el partido de ‘Allawi c on 40 (1.168.943 votos) (Piz arroso Quintero, 2005, p. 399) .
En mayo se estableció un Comité Constitucional y e n abril la Asamb lea Nacional
apoy ó a Yalal T alabani, l íder del pa rtido Unión P atriótica del Kurdistán (UPK), como
presidente 133 de Irak y a Ibra him Ja’fari (A UI) como su primer ministro ( El Mundo ,
06.04.2005). El 20% de la población sunnita recha zaba al nuevo Gobierno y l a nueva
Constitución, a l a que votaron con un rotundo N O , frente al 78% de vot os a favor del
resto de la población. De hecho, el portavoz sunnita en la Comisión que elaboró el
borrador de la Carta Magna, Saleh al-Mutlaq, anunció una contra oferta de su comunidad
cuy a máx ima ex presión se halla en el comunicado di fundido por uno de los vice
ministros y cuatro ministros sunníes del Gobierno iraquí:
Convencidos de nuestra fe e n la u nidad del ter ritorio y de l pueb lo de Ir ak, del rechazo al sectar ismo y ,
con el objetivo de p reservar la un idad y n uestro deseo de co ntribuir al é xito de un proce so político,
anunciamos nuestra reser va sobre trece puntos d el nuevo tex to d e la Carta Mag na ( E l Mun do ,
27.0 8.2005).
Entre los asuntos más importantes destacaba la objeción de los sunnitas a la figura del
federalismo que cu yo debate creían conveni ente reservar para el futuro, siempre
teniendo en cuenta la sit uación especial de los kurdos en Irak. Del mism o modo,
señalaron que la C onstitución debía garantizar que el P oder Ejecutiv o “no debe
centrarse en las manos de un grupo específico” y debía permitir una pr erroga tiva para
que en futuras Asamblea s Nacionales se pudi eran cambiar o modifica r al gunos párrafos
de la Carta Mag na
Los enfrentamientos entre sunnitas y los chiíes aumentaron, así como los ataques a
mezquitas sunníes y los asesinatos de cl érigos. La nueva C onstitución establecía en su
primer artículo que Irak tiene un sistema de gobierno federal, democrático,
parlamentario y republic ano. El artículo segundo exponía que el I slam es la relig ión
oficial del Estado y su fuente prioritar ia de derecho.
133 E l presidente es una figura simbólica, quie n gobierna el p aís es el pri m er ministro.
259
En m ay o de 2006, al-Ja’fari dejó de s er primer m inistro para ceder su lugar a otro
miembro del Partido I slámico Dawa: Nuri al-Maliki ( NYT , 20.05.2006). El motivo de
este cambio se d ebía pri ncipalmente a la falta de confianza que inspirab a en la m a y oría
de la población ira quí y en EEUU, así como en sus aliados, por lo que dejó el asunto en
manos de Alianza Unida Iraquí (AUI, chií confesional) ( El correo digital, 20.04.2006).
Tras cerrar e l la rgo cap ítulo de la e ra Sadam, la que f uera I r ak e s actualmente la
República de I rak. A pe sar de que en 2012 s e re tiraron las trop as nort eamericanas del
país tras múltiples bajas y un gasto de cerca de 1.700.000 millones de d ólares, al que
hay que añadi r el de la guerra d e A fganistán ( 1.000.000 mil lones de dólares y los
cientos de billones que se calcula le se guirán) 134 , todavía cuesta comprender cómo
Estados Unidos no previó todos los problemas que la i nvasión acarrearía en la zona y en
su propio país (Dy er and Sorvino, 2014). Comenzaría a sí la crisis de fe hac ia un
Gobierno que sacrificaba a sus hombres y mujeres en una guerra que poco tiempo
después de c omenz ar había dejado de te ner un sentido claro.
Es indudable que el crecimiento económico q ue ex perimentó Ir ak desde 1998 t enía
mucho que ver en esa i nsistencia en invadir el país, primero, y en pe rmanecer p ara
marcar los primeros pasos hacia una ‘democracia’, después.
En 2001-2002 el país producía unos 2.8 millones de barriles al día y e xportaba 1.7
millones según el acuerdo con la ONU de “petróleo por comida”, percibie ndo por ello
doce billones de dólares brutos al año. De estos, Irak se quedaba con el 50 %, que Sadam
complementaba c on una tasa a los compradores, además de exportar de forma semi-
encubierta 135 . A esto cabe aña dir qu e Hussein quiso dar un coup de grâc e a Est ado s
Unidos i nterca mbiando p etróleo por euros en lu gar de dólares, con lo que conducía los
neg ocios del país al ‘pe troeuro’, dejando fuera de juego al gi ga nte capitalista. Esta
estrategia fue otro importante mot ivo por el que EEUU consideró que ‘d ebía’ invadir
Irak (Clar k, 2005).
Hubo países que no quisieron dejar pasar la oportunidad de hacer ne gocios con I rak,
países que formaban p arte de la ONU como Francia, R usia y China. En 1999, se reabrió
el espacio aé reo i raquí reanudándose l os vuel os comerciales. Toda esta coyuntura
dificultaba el control de la zona norte –bajo supervisión de EEUU y R eino Unido t ras l a
victoria en la Guerra d el Golfo. La Admini stración C linton s e dio cuenta d e que cuanto
134 La guerra de Afganistá n es el conflicto militar más pro longado de la historia de E stados Unidos. E l
80% d e los gastos cor respo nden a la pre sidencia de B arack Oba ma que aume ntó drástica mente la
presencia militar tras as umir el car go en 200 9.
135 Pr incipalmente a tra vés de Turq uía, Irán, Jor dania y, desde el año 20 00, también a tra vés de Sir ia.
260
mayor fu era el d esarrollo ec onómico de I rak, más difícil ser ía mantener a r a y a al
dictador. El Partido Republi cano y el Congreso de los EEUU veían en la inacción de
Clinton un verdadero p roblema. Había que derrocar a Sadam para p osteriormente
instaurar una democracia amiga que estuviera en sintonía con los intereses americanos
en Oriente Medio. Est o no sería posible sin ay uda desde el propio Irak y qu e l legaría de
la mano de s u Congreso Nacional, qu e se asoció a los neocons para apo yar la c ampaña
para la presidencia de George W. Bush en el año 2000. Los ataques del 11 -S ofrecieron
la oportunidad esperada para lograr ese objetivo. El derrocamiento de Sadam había sido
y a planificado en el Pent ágono.
Sadam siguió int erpretando el rol de villano conveniente para W ashington al
desmarcarse del resto de los dirigentes árabes declarando que los atentados era n la
consecue ncia directa de la políti ca ex terior estadounidense en Oriente Medio. Aquello
no era prueba al guna de su implicación, pero s í un punto en su contra que se sumaba a
otras acciones como las negativas después de 1998 a facilitar a UNMOV I C las
inspecciones en busca de ADM. Gracias a todo esto, Nortea mérica pudo permitirse
tomar una supuesta producción de armas nucleares como excusa y asegurar que Irak er a
el refugio de terroristas i slamistas. S e poní a en práctica lo que s e conoce c omo “guerra
preventiva” contra los es tados canalla y una guerra contra el terrorismo por parte de un
país que desde el fin de la Guerra F ría ha representado el papel de libertador,
erig iéndose como principal repr esentante de la democracia. Todas estas divisiones y
roles son fruto de la tensión ex istente entre los paí ses de l a periferia (o países del S ur) y
los del centro (países del Norte), que rig e el m undo desde hace más de quinientos años.
Los países del Norte imponen su age nda a l os del Sur, gracias a lo cual logran controlar
el mercado. Est a co yuntura ha propiciado que el centro acceda a la penetración cultur al
de la periferia, utilizando como amenaza el corte de suminist ros a econ omías hechas
dependientes (Tortos a B lasco, 2004, p. 122). L o s Estados cana lla son aquellos que no
acepta n esta impos ición y es a estos a los que Estados Unidos denomina rogue s tates ,
clasificándolos en bloques y ejes que ha y que eliminar.
El ca so de Irak vi ene de lejos, cuando e l Imperio Británi co decidi ó unifica r a las
entonces provincias oto manas en una monarquía favorable a los intereses de l a Corona
inglesa. La administ ración era sunnita en un país de mayor ía chií, por lo que era más
que previsible que con el tiempo la m ay o ría oprimida acabaría sublevándose, también lo
harían los kurdos, los comunistas, los nacionalistas y, desde finales de la década de los
cincuenta, el propio Baaz . De sde que e n 1927 se perf oró el primer pozo de petróleo
261
iraquí, I nglaterra, Francia y EEUU dej aban tan sólo el 5% de los beneficios a I rak,
basándose en que los hidrocarburos eran un bi en nacional y por lo tanto pertenecían a la
metrópoli. En 1959, un golpe de Estado trató de acabar con el monopoli o del trío
occidental, se trataba de l a dictadura de Abd al- Karim Qasim, que tras diez años s ería
sustituida por otro golpe de Estado qu e con la colaboración d e la C IA colocaría en el
poder al Baa z y a Hasan al-Bakr c omo presidente.
Es fá cil c omprender el apo yo de EEUU y l as potencias occidentales a I rak d esde
1968, que preferían mirar hacia otro lado en lo que a derechos humanos se refiere,
mientras seguían haciendo negocios con la nueva dictadura. El apo yo du rante la guerra
contra Irán responde al temor a una expansión del chiísmo y el temido rég imen de
Jomeini 136 , que podía descontrola r el equilibrio capitalista en l a reg i ón y las buena s
relacione s con l as p etromonarquías sunníes, pri ncipalmente Arabia Saudí. Occide nte
dejó de apo ya r al raïs no por sus pretensiones ni por sus delirios de g randeza que le
llevaban a aspirar a ser el nuevo Nasser de la región, sino por la invasión de Kuwait, l o
que lo convirtió en una seria amenaza para los intereses de sus, hasta entonces,
benefactore s. Todo ello pasó factura a la pobl ación que se vio sometida a un embargo y
a bombardeos durante más de diez años hasta la invasión en 2003.
La sombra del estado canalla, la supuesta f ábrica de armas de destrucc ión masiva y
el escondite de l os mi embros de Al Q aeda comenz aron su fin con la captu ra de S adam
el sábado 13 de diciembre de 2003. “ Lo tenemos” , estas fueron las p alabras con las que
Paul Bremer anunciaba la captura del ex presidente. El momento fu e clasificado po r el
entonces todavía administrador civil como “un gra n dí a en l a histori a de Irak, es
momento de mirar al futuro”. “El tira no está preso” ( El Mundo , 15.12.2003).
En octubre de 2005 empez ó el j uicio contra Sadam por las matanzas ilí citas en 1982
de 148 chiítas del pueblo de Dujail. P aralelamente a este jui cio comenz ó otro en el
verano d e 2006 por el que se acusaba al ex dictador y a s us colaboradores por c rímenes
contra la humanidad, en concreto por el asesinato de más de cien mil kurdos en 1988.
En noviembre de 2006 , él, dos de sus asoci ados y su hermano Barzan fueron
condenados a muerte, a lo que el dictador, visi blemente afectado gritó: “¡Allahu
Akbar!” (¡Alá es gr ande!) ( El País , 05.11.2006). El 30 de diciembre Sadam fue
ejecutado en la horca.
136 No hay que perder de vista el hecho de q ue la monarq uía anterio r al ré gimen islámico del Ayatolá
tenía a la cab eza al Sha h, princip al aliado de Occ idente, con lo que tras la subida al po der del líde r chií,
Irán se co nvertía en ‘d ueño’ de su pr opio petróleo.
262
Hybel y Kaufman, en un estudio en el qu e analizan el peso d e l a lógica y la r azón en
las acciones políticas de Estados Unidos en las dos últi mas guerr as de I rak, están de
acuer do con el hec ho de que “un acto de g uerra contra cu alquier a ctor pero, en
particular, contra l a enti dad más poderosa d el mundo, fuerza a sus lídere s a respond er
adecuadamente” (H ybel y Kaufman, 2006, p. 3). Así, la respuesta m ilitar de Roosevelt
ante el ataqu e de J apón a P earl Harbour en 19 41 fue del todo lógica. De no haber
tomado esta decisión, Estados Unidos se habría desprestigiado ant e la comunidad
internacional. Si n embarg o, en el c aso de la guerra del Golfo (1991) y en el de la
invasión de I rak (2003 ) “la primera y la se gunda administración Bush podían haber
optado por no i r a la gue rra” (Hybel y Kaufman, 2006, p. 145). El escenario
internacional no puso a Estados Unidos en l a tesi tura de verse obligado a ir a la guerra,
más bien todo lo contrario dados los i nformes de la ONU en los que s e insist ía en que
no había nin gún m otivo de alarm a s ocial por ADM. Se podría haber evitado evocar el
comportamiento errático de S addam par a suscitar t emor a ni vel inte rnacional; se podía
evitar la petición que se hizo al Consejo de Seguridad de la ONU para encontrar el
supuesto arsenal d e ADM; y , con esto, el enorme desplie gue d e tropas estadounidenses
en Irak (H ybel y Kaufm an, 2006, p. 147). Bush-Cheney-Rice prefirieron, en lugar de
evitar el conflicto, cr ear un grupo de pensamiento en el que se i gnorara c ualquier i dea
que supusiera no ir a la guerra. El ex oficial de inteligencia de la C IA en Oriente
Próxim o y el sur de Asia, P aul Pill ar, afirmaba que mucho antes de 2003 se había
decidido i nvadir este pa ís y que l os a nalistas de l a int elige ncia de la Adm inistración
Bush no aprobarían nin guna idea que no reforzar a la decisión que y a s e h abía tomado.
El problema m ás serio que señala ba Pil lar, y a en 2006, era que la relación entre la
Inte li ge ncia de EEUU y el proc eso político de toma de decisiones y formulación de
estrategias e staba roto:
A raíz de la guerr a de I rak, quedó claro que los análisis d e la Inteligencia Oficial no se ba saban en to mar
decisiones significati vas e n cu anto a la seguridad nacional, sino que la Inteli gencia se est aba empleando
de for m a eq uivocada par a j ustif icar decisiones que ya habían sido to madas, que esa mala voluntad se
había desar rollado entre lo s en cargado s de for mular decisiones p olíticas y los o ficiales de la I nteligencia
e, incluso, que el trab ajo de la Comunidad d e la Inteligencia e staba po litizado (P illar, 2006).
263
2.4. Un caso práctico: la caricat urización d el Islam
2.4.1. La s viñetas de Mahom a y las fronteras de la libertad de ex presión
El 30 de septiembre d e 2005, el diario danés Jyllands-Posten publicaba 12 caricaturas
en las que se r epresentaba al profeta Muhamm ad como a un terrorista, lo que
desenca denó una serie d e protestas po r pa rte d e l a comunidad musulmana. El principal
problema era que desd e los atentados terroristas, cuatro años atrás, el mu ndo islámico,
especialmente el árabe, había vi sto más enrarecidas si cabe sus relaciones con
Occidente , que se valió del 9/ 11 para casti gar a un Ira k lar go tiempo agoniz ante y a un
Afganistán qu e a cabó “al borde de un desastr e humanitario” (Choms k y , 2003, p. 199).
La public ación de l as caricaturas se ampar aba en el derecho a la libertad de expresión,
pero la reacción, en al gunos casos vi olenta, de una parte de la comunidad islámica
frente a los derechos so bre los que se asienta la democracia, dilató la fisura existente
entre el mundo del Creciente y Occidente.
Cabe preguntarse ha sta dónde lle ga realmente la libertad de ex presión, dada la
gratuidad de la ofensa, y si eran nece sarias las caricaturas. Es más ¿ era imprescindible
hacer , no u na ‘ representación’ del profeta Muhammad, s ino ese tipo de
caricaturización? L a publicación de est a serie de dibujos tiene como punto de partida
una noticia que publicó el 17 de septiembre de 2005 el diario danés Politiken sobre las
dificultades del es critor y p eriodista Ka re Bl uitgen para reunir ilustraciones qu e
aparecerían en un li bro i nfantil que pr eparaba, t itulado El Corán y la vid a del Profeta
Mahoma ( Koranen og profeten Muhammeds liv ). Esto llevó al diario de ce ntro-derecha
Jyllands-Posten a convocar a dibuj antes daneses para qu e presentaran las caricaturas, de
las cuales se publicaron doce el 30 d e septiemb re de ese m ismo año. Un Occidente que
se caracteriza por una tr adición sumamente iconográfica, que hunde sus raíces en la
cultura c ristiana, podí a respetar la iconoclastia d el Islam, pe ro no h asta ver limitada la
libertad de representación en su propio territorio. S in embargo, la idea que se desprendía
de l as c aricaturas, sobr e t odo de dos d e ella s, no era el simple retrato con l as
sobradamente conocidas características con las que se qui ere representar a todo árabe -
nariz aguileña y turb ante-, si no al profeta Muhammad como causa del principal mal de
la civiliz ación occidental: el terrorismo. Se daba a entender que la fuente de la
conflictividad eran el Islam y uno de sus Profetas. Asi mismo, los medios se hicieron eco
de la reacción violenta d e una parte de la población musulm ana como los incendios de
264
las embajadas de Dinamarca y Norue ga en Damasco ( El Mundo , 04.02.200 6). Todo ello
no hacía sino enf atizar la idea d e la naturalez a vio lenta del Islam y los árabes. En señal
de protesta se quemaron banderas de Dinamarca y s e hizo un llamamient o al boicot de
productos daneses y nor uegos 137 . Saltaron todas las alarmas en los países europeos, que
recomendaban a todo aq uel de sus ciudadanos que se encontrara en la r egión árabe que
la abandona ra de inmediato, como en el caso de los m iembros de la Cruz Roja danesa
en Gaza y Yemen. Se considerar on países espec ialmente peligrosos Argelia, Egipto,
Jordania, Líbano, Arabia Saudí y Pakistán” ( More no, 2006).
La reacción de un a par te de musulmanes enfur ecidos fue, cuando m enos,
desmesurada . El recuerdo que queda es únicam ente el de una masa homogénea
enloquecida prendiendo fueg o a todo lo que se asociaba con el origen de las caricaturas.
También hubo otro t ipo de r eacciones, v arias manif estaciones pacíficas que t uvieron
lugar en las calles de capitales como Londres, P arís, Ámsterdam y Berlín. El director de
medios de la Asociación de Musulm anes de Reino Unido, I htisham Hibat ullah, uno de
los organizadores d e la protesta, declaraba, coinci diendo con el sentimi ento ma yoritar io
de esta comunidad: "el c hoque de civilizaciones es sólo promovido por una minoría".
"Ve mos el futuro como el diálogo entre pr ácticas, culturas, confesiones religiosas e
ideologías" ( El Periódico , 14.03.2012).
Antes de que tuvie ra lugar ninguna conc entración en contra de lo que los
musulmanes consideraron un insulto al máx imo representante de su religión,
embajadore s de dive rsos países islámicos pidieron reunirse con el primer ministro
danés, Anders Fogh Ras mussen, que rehusó r ecibirlos. Tras esta ne gativa, una parte de
éstos retiró a sus embajador es de Dinama rca. Si bien es cierto que la torpeza
diplomática de Rasmuss en, que d erivó en unas disculpas tiempo después, no j ustifica
las agresiones, también l o es que su post ura no fue adecuada d ado el contex to genera l y
el desgaste de las relacio nes entre el Mundo Islámico y Occide nte.
En una entrevista realiz ada en 2012 por el C ouncil on Foreign Affairs , el entonces
presidente de Túnez, M oncef Marzouki 138 , opinaba al respecto:
Los árabes no entie nden por q ué los occid entales se s ienten libres só lo po rque tienen el der echo a [… ]
insultar a otr a gente […] ¿p or qué es ta n impo rtante par a ustedes insultar nuestras cree ncia s? ¿ [Y] é sta es
137 No ruega repr odujo las c aricaturas el 10 d e enero de 2006.
138 E l actual presid ente es Béj i Caïd Essebsi. Marz uki subió a l pod er en 2011 y se mantuvo hasta el
201 4 en la presidencia. La entr evista fue realizada con m oti vo de la par ticipación de Marzuki en el 67 º
perío do de la Asamblea Ge ner al de las Nac iones Unidas en Nueva Yo rk.
265
una condició n pre via para poder decir “ tenemos liber tad de expr esión”? Pueden te ner su libertad d e
expresión sin insultar nos [ …] T ene m os q ue tener cuidad o c on sus ext remi stas y n uestro s extremi stas ,
por que creo que son p eligroso s par a ustedes y so n peli grosos p ara noso tros. Y el p roblema es que sus
extremistas es tán pro vocando a nuestros e xtremistas y po demos c onvertir nos en rehen es de a mbos […] el
daño que e sta minoría puede hacer a las relac iones entre nac iones e s ter rible p or [c ulpa] d e los medios 139
(Rose, 2 012).
En cuanto al Jyllands-Posten, se cer ró al diálog o. El periódico danés s e negó a publicar
las cartas qu e muchos musulmanes ofendidos que pref irieron emplear l as palabras y
ejercer su derecho a la li bertad de ex presión. Al igual que en el caso de R asmussen, el
Jyllands-Posten pidió tiempo después disculpas además de, en palabras de Lluís
Bassets, obli gar: “a su redactor jefe a tomarse unas vacaciones indefinidas” (Bassets,
2008, p. 96).
En Europa la opini ón estuvo mu y dividida a nivel oficial. Hubo declara ciones como
las del prime r mi nistro t urco, Recep Ta yy ip Erdogan, y el presid ente español, J osé L uis
Rodríguez Zapatero, qu e defendían la libertad de expresión, pero también el derecho al
respeto a las creencias de cad a cual evitando herir susceptibilidades. Nadie niega que las
caricaturas fuer an publ icadas dentro d el marco de la legalidad, pero tampoco se puede
obviar el hecho de que no dejarían i ndiferente a nadie, m otivo por el q ue debían ser
recha zadas desde un punt o de vista moral y político” (Bassets, 2008, p. 97).
En cuanto al ministro de la Leg a No rd 140 , el italiano Roberto Calderoli (2004-2006),
en lugar de pronunciarse verbalmente prefirió lucir una camiseta con una de las
caricaturas, motivo por el que poco después sería destituido.
Hubo periódicos que publicaron las viñetas y ot ros que no lo hicieron, pero Europa
no tomó una línea definida con la que posi cionarse a favor o en contra de Dinamarca.
Por ejemplo, el diario El País prefirió adoptar un a postura que respetara, dentro de los
límites de la libertad d e expresión y sin caer en la autocensura, no publ icar las
caricaturas, atendiendo a su L ibro de Estilo en el que se recoge lo siguiente: “ El País se
define estatutariamente como un periódico independiente, nacional, de información
ge neral, con una clara vocación de europeo, de fensor de la democracia pluralista se gún
los principios liberales y sociales, y qu e se compromete a guard ar el orden democrático
y legal estable cido en la Constitución. En este m arco, acoge todas las tendencias,
139 Cursivas p rop ias.
140 P artido político italiano de extre m a der echa.
272
273
PARTE II
RESULTADOS DE LA INVESTIGACIÓN
274
275
CAPÍTULO 3 │ ANÁLISIS DE LA PRODUCCIÓN
ARTICULÍSTICA DE NAGUIB M AHFOUZ (2001-
2006)
276
277
CAPÍTUL O 3 │ Análisis de la pro ducció n articu lística de
Naguib M ahfouz (200 1-2006).
3.1 Tem as 2001-2006.
Fig. 1 Relació n de T emas destaca dos de 2001 a 2006
TEMAS
2001
2002
2003
2004
2005
2006
11
-
S
4
2
Caricaturas
Jyllands
-
Posten
2
Conflicto
árabe-israelí
10%
Cultura
3%
EEUU
5%
Egipto
13%
Invasión de Irak
6%
Historia
3%
Literatura
26%
Mundo Árabo-
Islámico
3%
Política
internacion al
3%
Política
regional
4%
Religión
4%
Terrorismo
6%
Vida
14%
T emas 2001-2006
278
Ciencia
2
Cine
6
2
Conflicto árabe
-
israelí
6
12
8
7
2
2
Crisis
1
1
Cultura
3
1
1
3
3
1
Economía
1
1
1
1
1
1
Educación
1
1
EEUU
4
4
5
4
1
Egipto
5
3
4
5
22
9
Filosofía
1
1
Guerra de 1973 (Guerr a de Octubre)
1
Historia
1
1
2
3
3
Invasión de Afganistán
3
2
Invasión de Irak
1
3
13
3
1
1
Literatura
15
15
12
12
19
21
Mundo Árabo
-
Islámico
3
3
3
2
1
Occidente
-
Mundo Árabe
2
1
3
Periodismo
3
3
Política internacional
6
3
1
Política regional
3
1
4
2
3
3
Religión
3
4
3
2
1
Revolución de 19 19
2
1
Revolución de 19 52
1
1
2
1
Terrorismo
3
2
1
3
6
5
Vida
9
11
7
6
5
Tabla 1. Valo res tota les corre spon dientes a la cat egoría Tem as año p or añ o
Tras el análisis año por año de la muestra, en este gráfico s e puede apreciar a simpl e
vista cuáles son, en conjunto, los temas verdadera mente destacables. La dedicac ión de
Mahfouz a las letras y la ficción con El Cairo como prota gonista p rincipal de sus
historias, es el tema por excelencia. C on un 26%, la L iteratura, encarnada en la novela,
gé nero p referido por el escritor, demu estra u na vez más se r una obsesión. El
279
protag onismo de este te ma omnipresente e n los artículos del Nobel sol o logra ser
eclipsado en dos ocasiones, en 2003 y 2005, por la I nvasión de I rak y las elecciones de
Egipto, respectivamente. De lo contrario, L iteratura encabeza los porcentajes, se guida
por lo general por los ítems Conflicto árabe -israelí y Vida .
Desde la génesis de la trama, Mahfouz explica cómo funciona el proceso creativo en
su caso. Ideas, trazos y anotaciones pueden abrir l a hi storia en el lugar m enos esperado,
“Tal persona entró en el callejón”, aunque éste sea el de Midaq ( El c allejón de los
milagros , 1947), en el que cohabitan personajes fascinantes como Hamida o el ha cedor
de enferme dades con l a i nmundicia de un lu gar que en otro tiempo gozó de un
esplendor ahora p arte d el pasado. P ara Mah fouz no ha y escenario ni persona qu e
care zca de interés, pero no cabe dud a al guna sobre la protagonista más im portante de la
globalidad d e su obra: El Cairo. La ciud ad que le ha visto crecer y en la q ue ha pas ado
la práctica totalidad de su existencia, a excepción de los períodos estivales en
Alejandría, es el alma d e todos sus escritos. No hay personaje ni acción que no estén
vinculados a al gún rincón, callejón, c alleja, callejuela o café, que con el dinamismo
caracter ístico de la nar rativa del escritor, hagan desembocar al lector en una avenida o
calle más angosta , en una vi sita paralela a la trama por La Victoriosa.
Mahfouz destila amor por esta urbe sin olvidar su vis faraónica, con las Pirámides y
la Historia –anti gua y m oderna- bi en como telón de fondo en las novelas
contemporáneas, bien como protag onistas centrales en La batalla de T ebas ; L a
maldición de Ra; Rhad opis, una cortesana del Antiguo Egipto; o Akhenatón, el rey
hereje . Independientemente del marco y el extra cto social, todos los personaje s tienen
algo en común y es q ue se expresan en un ára be clásico, salpicado de fórmulas
dialectales c uando las circunstancias así lo re quieren. Para hacerse una idea, baste
imaginar a un vendedor ambulante de habas expresándose en el i nglés m oderno
temprano empleado por Shakespeare, sin que ello altere la percepción del lector. El uso
del árabe coloquial er a considerado por M ahfouz una en fermedad que acabaría con el
idioma estánda r como l engua común a toda la región, po r lo que esta preferencia
responde al deseo de llegar a todos los árabes, e vitando de este modo limitar su obra al
público eg ipcio.
La carrera lit erar ia de Mahfouz aparece como u na serie de elecciones, la lingüística –
árabe clásico o coloquial-; verso o prosa; crítica al r égimen y consecuente censu ra o
ficción. En este úl timo c aso, Mahfouz ha demost rado siempre estar comp rometido con
la actualidad, tomando a la novela y la hi storia por aliadas para al canzar su objetivo:
280
“mi única lealtad era par a con la verdad” (Mah fouz, 06.04.2006). Tanto si esa verdad
supone la censura por pa rte del Estado como si la mordaza es i mpuesta por Al-Azhar, el
deber p ara con la crítica a l a realidad polí tica y social ha sido siempre más poderoso,
alcanzando su máxima e xpresión en Hijos de nue stro barrio y La epope ya de los
harafish .
Mahfouz confiesa ha ber sentido miedo a lo l argo de su vida en el oficio de riesgo
que, para él, a cabó siendo la literatura. El atentado terror ista contra su vida en 1994
supuso un punto de i nflexión en lo personal y en lo profesional. Si la cens ura l e lleva a
adaptar su na rrativa re curriendo a los distintos estil os que señalan las etapas de su obra,
la mella física del terror y la última estación de la edad gestan un esti lo marcado po r la
urgencia y el simbolismo de lo onírico. Los sueño s son el últi mo recurso a la literatura,
éstos le permiten volver a una narrativa que, entre otras cosas, se caracteriz a por tene r al
escritor no solo como narrador , sino también como protagonista.
Los sueños traen a un primer plano l a vida de Mahfouz en forma de re cuerdos que se
confunden con símbolos y sit uaciones que rozan el absurdo. Sin el escudo de person ajes
ni contex tos reconocibles, se expone como nunca antes, dej ando al descubierto temores
y anhelos envueltos en una nostalgia que alcanza a los artículos.
La vid a (14%) d e M ahfouz, otro de los t emas destacados de la muest ra, está tan
ligada a l a literatura que re sulta fácil entr emezclar las experiencias de algunos
personajes con las del escritor -léa se Kamal Abde l-Jawwad. En otros casos, esta delgada
línea tiene consecuencias. Hijos de nuestro barr io es sinónim o de la censura de Al-
Azhar, el terrorismo y la pará lisis física del escrito r.
Entre revoluciones y personajes hist órico-heroicos, Mahfouz retrata el si glo XX
eg ipcio en sus novelas y en Al-Ahram . L a niñez suele ser un subtema r ecurrente con
Gamaliyy a y Abbasi y a c omo escenario de las p eripecias infantiles del No bel. Za ghloul
y El -Nahhas representan un mundo perdido en el que t oda un a sociedad si n dis tinciones
se halla unida por un deseo común, la independencia, al que le seguiría, tras conseguirla,
el de la democracia. El protagonismo d e Zaghloul, padre del na cionalismo e gipcio, fue
sucedido por el de Nasser, padre del panarabismo , y éste por el de S adat, héroe para el
Mundo Árabe po r la Gue rra de 1973, primero, y vil lano por el Premio Nobel de la Paz ,
después, que recibiría por el plan con el qu e acab ó reconoc iendo a Israel como estado y
que le costar ía la vida el 6 de octubre de 1981.
La historia contemporánea c onvive con los place res de una infa ncia en la que las
celebraciones del Eid si gnifican carpas, ac tuaci ones y c ánticos sufíes en el solar de
281
Abbasiya, ad erezadas de dulces c omo el kaak , paseos e n hantour , perder se en los
placeres del cine p ara de spués recorrer una ciudad que Fátima, l a madre, l e ha enseñado
a desc ifrar. Ella es el orig en d e la vida y de su amor por el Antiguo Egipto y los
monumentos y santuarios que adornan la ciudad. Fátima descubre al Mahfouz-niño un
Cairo muy p articular en el que no exi ste discriminación entr e lo islámico, l o copto y lo
fara ónico, lo que ha marcado el carácter del esc ritor y de sus novelas. En el universo de
Mahfouz conviven lo pagano y lo profano en ar monía, donde no hay espacio para la
cortedad de miras de los terroristas.
Los cafés y los amigos s on otro punto fund amental en este ítem. La vid a de Mah fouz
no se podría comprender sin la l iteratura, como tampoco sin l os ami gos n i las tertulias
en los cafés diseminados por El Cairo. En la estricta rutina del escritor no falta ti empo
para el placer de la charla, la chicha, el fool y la taameya . Si algo se des prende de su
vida personal e s que siempre ha estado en c ontacto con la realidad del Eg ipto de la
calle, el de los cafés y l os callejone s, a pi e o en transporte público, así como que s u
pasión por la literatura no ha desvirtuado jamás su perce pción de la r ealidad ni alterado
su escala de valores: “ Los libros pertenecen a l as estanterías, a las noches sil enciosas y
las generaciones venid eras. Pero las amistad es algo que s e pued e s aborear en cualquier
momento” (Mahfouz, 16.12.2004).
Egipto (13%), pr ácticamente aus ente dur ante los dos primeros años, e s a partir de
2003 cuando empieza a cobrar un prota gonismo que alcanza el máx imo porcentaje en
2005 (28%), convirtiéndose en el tema principal. L as ele cciones y l os atentados
terroristas restan prota gonismo incluso a temas destacados como Literatura, Invasión de
Irak y Conflicto árabe-israelí.
Crisis de liquidez, desempleo y co rrupción so n solo algunos de los pr oblemas a los
que se enfrenta el país y que se repiten indefectiblemente. L a economía, de por sí débil,
depende de la a y uda de EEUU y de las remes as de dinero de egipcios re sidentes e n
otros pa íses, principa lmente e n e l Golfo, cu y a contratación se ha visto dr ásticamente
reducida desde la Operación Tormenta del Desierto en 1990. Estas circunstancias, j unto
con l a ruptur a de relaciones dipl omáticas con Israel de sde el i nicio de la segunda
Intifada (2000), ponen e n entredicho el rol de líder de Egipto en la región.
La s r elaciones previas con I s rael y los ac uerdos económicos con EEUU, país este
último del que Egipto es socio, así como el enví o de un a misi ón diplomá tica a Irak en
plena ocupación, ti enen como consecue ncia el azote del terrorismo que t oc ará el norte,
288
la reg i ón árabe. El conflicto se encuentra este año inm erso en la seg unda I ntifada,
iniciada en septiembre de 2000, precedida por la C umbre de Camp David, con la que el
presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, convoca a Ya sser Arafat y al primer
ministro israelí, Ehud Barak, para tratar de alcanzar algún tipo de acuerdo. El proyecto
finalmente no conduce a ninguna mejora. El problema más di fícil, según el propio
Clinton, es el del reparto de la soberanía. En el caso de los re fugiados palestinos, los
israelíes no quieren pon er por esc rito los acuerdos verbales y l os pal estinos, por su
parte, consideran insufici ente el marco pactado, p or lo que re claman un a ampl iación del
mismo (Del Pino, 2000). La c uestión palestina es uno de l os tema s más importantes
para Mahfouz a todos los niveles, presente a lo largo de estos seis años.
El Mundo Árabe también es responsable de la coyuntura en Orient e Medio. Éste
debe abandonar su post ura, y a tradicional, de pasividad ante la d esgracia p alestina, fruto
de la connivenc ia con Estados Unidos: “A no ser de que estemos abiertam ente del lado
de los bárbaros, no podemos permitirnos ser meros espectador es en el desarrollo de la
saga de su de strucción” ( Mahfouz, 26.04.2001).
El tema Egipto abarca el 6% de los artículos de este año, con los problemas
económicos del país –liquidez, precio del dól ar, desempleo y corrupción admini strativa-
a la cabeza, cu ya salida pasa por el des arrollo lo cal y regional con la producción como
uno de los factores clave.
Terror ismo, Cultura, Mundo Arabo-Islámico, P olítica reg ional, P eriodismo, Religión
e I nvasión de Afganistán representan el 4% ca da uno. L a Invasión de Afganistán 149 ,
como respu esta al 9/11 , s olo aparece en dos años, 2001 y 2003. Los bomb ardeos contra
civiles afganos como respuesta a los atentados en Estados Unidos r eciben en l os
artículos de Mahfouz el mismo tratamiento que el terrorismo. Bombardear a civil es es
más un ejerc icio de poder mi litar con el que diseminar desolac ión, lo que para el escritor
nutre las ca usas de e ste mal en lugar d e at acar la raíz del problem a. L os afganos
inocentes y el Islam ( Religión 4%) son las principales víctimas d e esta primera
invasión.
11-S (5%) , Terrorism o (4%) y Oc cidente-Mundo Ára be (3 %) no tienen
protag onismo como temas individuales, pero se a caban tratand o, directa o
indirectamente, en a rtículos clasificados bajo otros temas. L a viol encia y el terror son
una enfermedad cu y a cur a consiste en “tratar de forma efectiva las causa s del
149 E l 7 de oc tubre de 2001 .
289
terrorismo, tarea que requi ere no s olo sabiduría , sino coraje” (Mahfouz, 25.10.2001).
La oposición de Mah fouz no es solo para con la ocupación de las t ropas
estadounidenses, sino, dentro del tema Religión y T errorismo (4% , respectivamente),
contra “Los talibanes [ que] han secuestra do y d istorsionado el I slam y cometido los
actos más barb áricos en su nombre. Así como nos quejamos por la m uerte de af ganos
inocentes, debemos ta mbién oponernos a la versión de los talibanes del Islam”
(Mahfouz, 22.11.2001).
En el plano local ára be (Política re gional, 4%) se mencionan los problemas más
acucia ntes, que son similares a los de E gipto: e conómicos, de desempleo y falta d e
desarrollo, entre otros. Las dificultades locales y regionales van d e la man o y en ambos
casos guerra y paz, con referencia al Conflicto árabe-israelí, tienen para Mahfouz
consecue ncias que abarc an un amplio espectro -ámbitos político, económico y social.
Cultura (4%): compa rte espacio con Literatura. L a Nu eva Biblioteca de Alejandría
(Bibliotheca Alex andrina) restituye al libro en papel parte de su prota gonismo en plena
era digital.
Periodismo (4%): la rela ción entre L iteratura y Pe riodismo lleva el nombre de
célebres escritores egipcios que s e han dedicado a ambos oficios como Abbas
Mahmoud El-Aqqad (1889-1964), Mohamed Hus sein Heikal (1888-1956 ) o, el que es
considerado el decano de las letras árabes, Taha Hussein (1889 -1973). El propio
Mahfouz compag ina el Periodismo de s u colum na de opinión en Al-Ahram con la
narra tiva desde su jubilaci ón en 1971 (Mahfouz, 20.09.2001).
Asimismo, dedica un artículo para habla r de los tiempos difíciles por los que pasa el
periodismo en la región en cuanto a l as restric ciones a las que l a profesió n se ve sujeta.
Acusa a los periodistas de falta de objetividad y considera que debe ser el propio
sindicato el que asegur e la libe rtad de prensa, así como el que pro cure qu e la
información ver tida sea l o más fiel posible a los hechos ( Mahfouz, 12.07.2001).
290
3.1.2. Temas 2002
Fig. 3 Relació n de T emas destac ados en 2 002
Literatura (23% ). Mahfouz recorre po r parte de s u obra, h aciendo un alto en la novela
inédita Ma W araa Al-‘Ishq (Más allá del deseo, 1980) 150 . En 2001, el crítico li terar io
Hussein Eid, con acceso al m anuscrito, publi ca su análisis bajo el título: Naguib
Mahfouz Riwaya Maghlouba wa Taghruba Farida (Nag uib Mahfouz, una novela
desconocida y una experiencia única).
150 No traducida al c astellano.
Ciencia
3%
Conflicto arabe-
israelí
18%
Cultura
2%
Economía
2%
Educa ción
2%
EEUU
6%
Egipto
5%
Filosofía
2%
Historia
2%
Invasión de Irak
5%
Literatura
23%
Política
internacion al
5%
Política
regional
2% Religión
6%
Rev. 1952
2%
Terrorismo
3%
Vida
17%
T emas 2002
291
Entre su obra tardía se encuentran Los sueños , últi ma for ma de ex presión de l
escritor. En sus cajon es se acumulan estos haikus oníricos, que no publica si no con
cuentagotas. Esta etapa, explica, se caracte riza por la mutación que ha n empezado a
sufrir los sueños, m ás cercanos a l a realidad, diferenciándolos de los primeros textos
publicados.
El mar es uno de los puntos clave de su vi da y , aunque en menor medida, de su obra.
Alejandría, referida aquí como “A cit y ” l e ha inspi rado novelas como Miramar (1967) o
Al-Summan wa-l-Jarif ( L as codornices y el otoño , 1962). En la primera habitan
personajes sin rumbo fijo en la vida, que, se gún Mahfouz, no podí an encontrar marco
mejor que reflejara su estado de ánimo y en cajara con sus almas ambulantes.
Asimismo, la filosofía, carrera que estudió y a la que inicialmente s e quiso dedicar,
ha influido notablemente en su na rrativa, otorgando prec isión y pr ofu ndidad a sus
historias. De entre sus obras, las de acento filosófico más pronunciado son Al-Tari q ( L a
ausencia , 1964), Tharthara Fawq al -Nil ( Charlas sobre el Nilo o Veladas del Ni lo ,
1966) y Malhamat al-Harafish ( L a epopeya de los Harafi sh , 1977) .
Sus gustos literarios van desde El Cor án a L as mil y una noches , en árabe, esta
última por considera rla una de las obras literarias más influye ntes. Recomi enda los
dramas de Shakespeare, así como a los grandes l iteratos del si glo XI X r uso: Tols tói,
Dostoyevski y Chéjov. P or úl timo –no necesa riamente en est e orden- , menciona la
poesía sufí, destacando la de Hafez Shirazi (1319-1389).
Prosa o ve rso, li teratura oc cidental u oriental, Mahfouz, como cu alquier otro escritor
árabe , ha tenido que en frentar se al dilema del idiom a a la hor a de escribir: ¿árabe
clásico o á rabe coloquial ? Si l os comunistas se decantan por el l enguaje coloquial por
tener un ma yor alcance. Mahfouz, por su parte, siempre ha escrito en árabe estándar,
aunque no ha dudado en intercalar alguna palabra en la va riante di alectal que no tenía
equivalente en el árabe c lásico. Esta combinación tan precisa ha h echo qu e al Nobel se
le atribuya la creación de lo que la crítica árabe denomina ‘tercer idiom a’. Para
Mahfouz, el uso del árabe coloquial en li teratura era un a enfermedad qu e acabaría con
la capacidad del á rabe d e ser entendido en toda la región. A lo l argo de s u carrera tr ató
de escr ibir en árabe y para los árabes, sin limitarse exclusivamente a los egipcios.
Lo cierto es qu e el árabe estándar, como bie n ex plica, le ha servido siempre par a
plasmar todo aquello que quería sin problema. N arración o diálo go, Mahfouz ha logrado
con maestría que el idioma en su estado más puro armonice a la perfección con los
distintos personaje s y tr amas, así como con los grande s acontecimientos históricos de
292
los que ha sido testi go con l a pluma como úni ca comp añera: “es conc retamente l a
sombra de mi alma, una parte esencial de mi ex ist encia. Mi vida entera ha dependido de
ella” (Mahfouz, 11.07. 2002). Tras el atentado suf rido en 1994 dejó de escr ibir y a pesar
de tratar d e dictar sus pensamientos, explica, las ideas nunca vuelven a él como lo
hacían a través de la tinta.
Conflicto árabe-israe lí y EEU U: 18% y 6%. En 2002, Abdalá al-Sau d, heredero al
trono de la casa real saudita, plantea un nuevo plan de paz por el que la retirada de
Israel a l as fronteras pr evias a 1967 supondría, entre otras cosas, el reconocimiento
pleno de I srael en la región árabe 151 . La negativa de Sharon al acue rdo confirma la
postura del primer ministro en contra de una vía hacia la paz: “Cualquier resolución que
exhorte a una r etirada isr aelí de sus fronteras de 1967 hace que las n egociaciones sean
superfluas (desde antes de comenzar a habla r)”, declaró el secretario del gobierno
israelí, Guideon S aar, en una rueda de prensa ( El País , 03.03.2002). La p ropuesta d el
plan era la r etirada total de las fuerzas israelíes de los territorios ocup ados desde 1967,
es decir, Cisjordania, Fra nja de Gaza, J erusalén E ste y Alturas del Golán. A cambio, los
países árabes o frecerían relaciones diplomáticas con Israel, además de reconocer su
derec ho a exi stir y proteger sus fr onteras ( BBC , 27 .03.2002).
Mahfouz toca los ataques en Territorios Pales tinos, así como el asedio a Yasser
Arafat, haciendo hincapi é en la exhortación de Israel al líder palestino de renunciar al
“terror ismo”. A pesar de que Arafat condena en u n comunicado cualquier acto terrorista
contra civiles, de ambos bandos, el Gobierno de Israel considera su d eclaración “v acía
de todo contenido” ( El País , 13.04.2002). Una importante fuente política israelí declaró:
“Arafat es un terrorist a c uya bo ca y cu yos a ctos no son lo mism o: con la boca condena
pero con l as manos sigue fi rmando talones sui cidas (contra I srael)” ( El País ,
13.04.2002).
EEUU aparece como uno de los muchos obst áculos que se inte rponen entre Palestina
y su desarrollo: “En el plano int ernac ional pa rece cada vez más que América se enfrenta
al resto del mundo”, l o que degrada a la potencia mediadora (Mahfouz, 25.04.2002). La
visita de Powell, quien no ha logrado que Sha ron haga concesiones en cuanto a la
retirada de los territorios ocupados, acentúa más si cabe esta imagen.
“[N]adie escucha a nadie”- dice Mahf ouz- marco que ha ce imposible imaginar un
encuentro entre las dos partes (Mahfouz, 30.05.2 002). A todo esto se s uma l a próx ima
151 Se trata de las fronteras del 4 de j unio, fecha en que co mienza la Guerra de los Seis Día s y la
ocupació n de Cisjor dania y Gaz a.
293
invasión de I rak. El único beneficiario pa rece s er Israel, para el que Sadam ha sido una
constante amenaz a: “Con el ataque a Irak, Est ados Unidos puede as egurarse el cont rol
de valiosos pozos de petr óleo, pero lo pagará mu y ca ro en l o que a intereses comerciales
y diplomáticos en la re gión se refiere” (Mahfouz, 03.10.2002).
Lo peor está po r lle gar con la táctica del pri mer mini stro israelí, quien temiendo
perder el poder con las elecciones (2003) decid e acercarse a la extrema derecha. L a
única esperanza parece ser el Partido Laborista y su nuevo líder, Am ram Mit zna. Su
nuevo lenguaje, que hace cree r en la posi bilidad de: nuevas negociacion es, elecciones
para los pale stinos y l a retira da de los terr itorio s ocupados. Este sueño acaba con la
victoria del Likud en las elecciones celebradas el 28 de enero d el año siguiente, en las
que l ogra 38 de los 120 escaños del Kn esset, mientras que el Laborista solo 19: “La
mayor ía de diputados es mu y radical, uno de cad a cuatro pertenecen a pa rtidos que en
Europa no conseguirían representación debido a su ext remismo (José María Ferré,
2003).
Vida: 17%. Los a rtículos pertenecientes a este tema s e caracterizan por una
constante, la infa ncia, qu e se mueve entre dos c oordenadas: Gamali yy a y Abbasiy a.
Gamaliyy a, en el cor azón de El Cairo fatimí y mu y presente en la arquitectura,
impregna su m emoria ah ora, así como entonces ex citaba la i maginación del Mahfouz-
niño que creía ver entre sus vecinos a personajes célebres como J awhar Al-Siqil li, “el
siciliano” (911-992), fundador de la capital, o al visir Badr Al-Ga mali (1015-1094),
responsable de muchos de los monumentos de l barrio que tanto ama, Gamaliyya.
Cuenta que fueron los f atimíes quienes enseñaron a los egipcios a celebrar l as fiestas
religiosa s del I slam, entre ellas, el aniversario del Profeta, p ero “nad a en el mundo
puede compararse a Eid Al-Adha en Gamali yy a”, un recue rdo recurrente j unto con otras
celebraciones relig iosas e n Abbasiya (Mahfouz, 21.02.2002).
Otro punto de gravitación es El Nilo, a pesar de encontrarse lejos del que fue ra su
hogar, los artículos pertenecientes a este tema sue len acabar a sus orillas. Recuerda estas
visitas con su madre, así como a los monumentos, museos y ermitas.
EEUU: 6%. Tema est rechamente vinculado a “Conflicto árabe-israelí”. La invasión
de I rak y su misión de derrocar a Sadam y a cabar con las ADM y el terrorismo se
cobrará las vidas de miles de civiles. EEUU, qu e cuenta con un gran ar senal de estas
armas –nucleares, químicas y biológicas- deberí a frenar esta violen cia de acuerdo con el
rol que se ha asignado (Mahfouz, 19.09.2002).
294
Religión: 6%. Recuer dos de la celebración de Eid Al-Adha en G amali yy a, así como
el Ramadán. En l a festiv idad del Eid d e 2002, sus deseos son para los pa lestinos y el
camino a la paz y la re cuperación de su tierra o, lo que es lo mismo, l a creac ión y
reconoc imiento del Est ado de Palestina. También hace referencia a l a cl onación, que,
asegura , no es contraria a la naturaleza de Dios, y a que éste “ha creado al se r humano” y
la clonación no es sino u n proceso médico no mu y di ferente d e la f ecundación in vitro
(Mahfouz, 12.12.2002). Independientemente del p roceso médico, di ce, el n acimiento es
algo milagroso.
295
3.1.3. Temas 2003
Fig. 4 Relació n de T emas destaca dos en 20 03
Invasión de Irak (20%), Literatura (18%), Conflicto árabe-israelí (12%) y Vida (11%)
son los temas más destaca dos. En un segundo plano se encuentran EEUU, Polít ica
regional y Egipto que re presentan el 6% cada uno.
Invasión de Ir ak (20%) y EEU U (6%). El 15 de febrero de 2003 se s uceden l as más
de seiscientas manifestaciones contra la guerra en todo el mundo. En l os países aliados
Conflicto arabe-
israelí
12%
Crisis
2%
Cultura
2% Economía
2%
EEUU
6%
Egipto
6%
Guerra
1973
(Guerra
de
Octubre)
2%
Historia
3%
Invasión de
Afganistán
3%
Invasión de Irak
20%
Literatura
18%
Mundo
arabo-
islámico
5%
Política
regional
6%
Religión
2%
Terrorismo
2% Vida
11%
T emas 2003
296
de EEUU -Reino Unido, España y Australia, entre otros- l os manifestantes salieron a las
calles pa ra op onerse a la invasión y hacer oír su voz a aquellos dirigentes políticos que
parec ían representar úni camente los intereses d e W ashington. C ientos de miles de
personas tom aron las cal les de Londres en f ebrero de 2003 en l a que la p olicía aseguró
la manifestación más m ultitudinaria con 750.000 personas, aunque las cifras de los
organizadores s e acerca a l os dos millones ( B BC , 16.02.2003). En Nueva York, e l
comisario general de poli cía, Ray Kelly, ofrecía una cifra aproxim ativa de 100.000
personas, mientras que los organizadore s de esta concentración informaron de la
participación de 375.000 manifestantes ( CNN , 16.02.2003). En Madrid y Barcelona se
concentraron, según las delegac iones del Gobierno, 650.000 y 350. 000 persona s
respec tivamente. Otras fuentes hablan de más d e tres m illones de manifestantes en
ambas ciudades bajo el lema: “No a la guerra” (“ Los or ga nizadores”, 2003). L as
manifestacione s se su ceden t ambién en Francia: e n las ciud ades d e Lyon, Marsella y en
París. En l a capital se podía leer “No en mi nombre” en un a manifestación de 100.000
personas, según la pol icía; 200.000, se gún fuentes de la or ganización ( Nouvel
Observateur , 17.02.2003).
Este intento desesperado por evitar l a i nvasión cae en s aco roto. Los r eprese ntantes
políticos ig noran abiertamente el deseo popular. El presidente del Gobierno español,
José María Aznar, se m antiene firme en su convicción de apo y ar a Bush, y en su
convicción de qu e la “ más eficaz apu esta por la paz es una dur a presión” (Marcos,
2003).
En Reino Unido ha y quienes creen que el lem a “George Bush, terrorista” persuadirá
a los miembros del Parlamento par a votar contra la guerra. Pe ro no es así.
Manifestacione s mucho menos concurridas contra la g uerra de Vietnam durante los
sesenta influ y eron en l a decisión de Harold Wilson, primer ministro británico entre
1964 y 1970, de no enviar tropas de apo y o a los estadounidense s. La difere ncia h a
marcado a t oda un a ge ne ración que se siente, en l íneas generales, traicion ada ( Barkham,
2013).
“Me opon go a la guerra. M e opongo a Sadam. La guerra en sus previsibles
dimensiones generará una enorme cantidad de destrucción –no sólo en Irak, sino en tod a
la región árabe”, dice Mahfouz en “Anti-war, anti-Sadam” (Mahfouz, 20. 02.2003). La
guerra es algo moralmente just ificable en de terminadas circunstancias, como la
ocupación o el deseo d e protección de lu gares s agrados, pero las razone s morales que
esgrime Washington al respec to no resultan convi ncentes (Ma hfouz, 27.03.2003).
297
Tras cuatro semana s de ataques, iniciados el 20 de marzo, EEUU sigue
enfre ntándose a una resistencia mucho ma y or d e lo previsto. El cambio de gobierno no
será en absoluto sencillo. S e trata del primer golpe a la potencia americana en esta
misión por liberar al m undo de la amenaza de Sadam Hussein, cuyo régimen cae el 9 de
abril, y el terrorismo. El anuncio de un gobier no provisional en espera de que se
celebren elecciones choca con las manifestac iones de miles de iraquíes en Bag dad y el
boicot de la influye nte o rganización chií, Consejo S upremo para la Revolución en I rak
(SC I R I, po r sus si glas en inglés) durante las ch arlas p ara formar el nuevo gobierno
(Wright, 2003).
Estas concentraciones son para Mahfouz una prueba de la fuerza del pueblo iraquí
que, espera, será un obst áculo para el intervencionismo pol ítico. L a guerra empieza y a a
dar señales de s er un fra caso para Est ados Unido s con el dobl e atentado con bomba en
Estambul: uno en el C onsulado General del Reino Unido y otro en el b anco con sede en
Londres, HS BC. Los ataques, en l os que fallecen 32 personas y más de 400 son heridas,
son organizados por el gr upo local paramilitar Hizbullah con la participac ión de Al
Qaeda ( BBC , 20.11.2003 ).
La s consecuencias de la invasión continúan arrasa ndo el país en la actualidad. El
caos y la pobreza, junt o con el sectarismo p rovocador d el, hasta hace poco, primer
ministro chií, Nouri al-Maliki (2014), azot an a la población. El florecimiento del
extremismo con el Da’esh ha llevado, aunque d emasiado tarde, a uno de l os principales
repre sentantes de la invasión, Tony Blair, a pedir disculpas por s u papel en la guerra de
Irak en una e ntrevista conce dida a la CNN , donde se disculpó por h aber utiliz ado
información de inteligencia errónea, ad emás de reconocer que no supo p rever el caos
que desataría el derrocamiento de Sadam Husein (Guimón, 2015). Estas disculpas
responden p robablemente al p anorama no s olo en Irak sino en toda l a zona y a lo que el
ex primer m inistro británico había escrito en su blog un año atrás: “Debem os liberarnos
de l a noción d e que “ nosotros” hemos causado [ la crisis ac tual] . No es así . L a causa
fundamental de la crisis se halla en el interior d e la región, no fuera de ella” (Tha roor,
2014).
Tras dé cadas de di ctadura con Saddam y la opresión de los chiíes, al-Maliki ha
incendiado las pasiones del corazón sunnita con una políti ca divisiva. La otrora
cosmopolita Bag dad es ahora fuertemente chií. Tal y como advierte Mahfouz, las
consecue ncias empiezan a ext enderse fuera del p aís con el terrorismo com o conductor
de la violencia. Pero tambi én es cie rto que el v acío de poder h a hecho de Irak un país de
304
El tema L iteratura (21 %) protagoniza el gráfico d e este año. Le siguen Co nflicto árabe-
israelí (13%), los artículos dedicados a la vida y recuerdos de Mahfouz (11%), Egipto
(9%) y EEUU (9%) .
Literatura (21%). L os artículos más destacables gira n principalmente en torno a do s
cuestiones: la Feria I nternacional del Libr o de F rankfurt y la literatura como
instrumento para alcanzar la paz.
Este 2004, l a L iga Ár abe es invitada d e honor a la Feria Internacional del L ibro de
Frankfurt. El retrato sesgado que Mahfouz teme s e presente de la literatura árabe supone
una preocupación: “La L i ga se halla bajo la pr esión de proveer tan solo una imagen
oficial [ y ] autoriz ada por el Estado de esa l iter atura. P ero es bien sabido que los
gobier nos árabes mantienen fachadas que raramente refl ejan la re alidad o la vida de sus
países” (Mahfouz, 19.02.2004).
A la Feria, que arranca el 5 de octubre, asi sten 17 de los 22 país es miembros.
Durante cinco días se co mparte la hi storia de la re gión dejando de lado l as cuestiones
políticas y económicas. El escritor saudí, Ahmed Abdel-Rahman, de clara: “No quería
presentar m i país como un país de petróleo, s ino como un país de poesía. Esto y
convencido de que la ti erra de nuestro país se compone de poesía” (The Arab League,
2004a).
El progr ama de l a L iga recibe no pocas crític as. Marruecos, Kuwait, L ibia, Argelia e
Irak, qu e no p articipan, denuncian qu e s e presente la literatura árabe co mo un bloque
homogéneo sin matices. La ma yor parte del p rotagonismo recae en autores egipcios, sin
contar con escr itores en el ex ilio. L os or ga nizadores árabes tocan temas variados y ,
entre otras actividades, ha y lecturas de p rosa y po esía, música, cine o derechos
humanos, aunque omitie ndo l a cuestión espinosa de la c ensura. Khalid Q ubaia, editor
libio y funcionario en la Arab P ublishing Asso ciation es claro al resp ecto: “En cada país
árabe s pr evalecen diversos criterios de ref erencia para la censura. La Arab Publ ishers
Association está de acuerdo con dos motivos para la censura: cuando un libro
compromete la seguridad de una nación o cuando sus ideas no reflejan moralidad”
(Naggar, 2004).
A pesar de todo, dado que las relaciones entre Occidente y el Mundo Árabe están en
su peor momento, Mahfouz advierte de la importancia de este en cuentro, que va más
allá de l o meramente cultural. Se trata de un a oportuni dad en la que “debemos entablar
un diálogo humano a través de la literatura, el arte y el intelecto, no de armas y espadas”
305
(Mahfouz, 07.10.2004) . La paz de be empezar por c ada individuo, para lo que es
necesario un cambio que solo se puede experimentar a través de un acercamiento a la
cultura. De este modo, y con la colaboración de la educación y los medios de
comunicación, se conseguirá que los jóvenes crezcan “creyendo en la paz, rechazando el
fanatismo y aceptando la diversidad” (Mahfouz, 09.09.2004).
Si los sue ños son la última estac ión literaria, el dictado es el último re curso p ara
plasmar sus pensamientos. L a pluma ha si do un instrumento esencial para Mahfouz, su
“sexto dedo”, pero desde el intento de asesinato en 1994 solo ha sido capaz de escribir
lo s uficiente como para tom ar notas o firmar al gún documento (M ahfouz, 23.09.2004).
El dictado, cuenta , ha cambiado su estilo, “el modo y el ritmo”, al go que se puede
aprec iar en Los sueños (2 014).
Se confiesa un ávido lector con un amplio rango de intereses que van de la historia a
la filosofía, p asando po r la polí tica y la ps icología, pero l a literatura, especialmente la
poesía y la novela, ocupa el prim er lugar . Leer, debido a su delicada salud, ha dado paso
ahora a escuchar: “Mis amigos se han convertido sencillamente en mis ojos y oídos”
(Mahfouz, 26.08.2004). A pesar de esta nostalgia por l a lectura, el cine y las
exposiciones de arte, re conoce que los libros, qu e pertenecen a las estanterías, no h an
alterado nunca su orden de prioridades: “la amist ad es algo que se puede saborear en
cualquier momento” (Mahfouz, 16.12.2004).
Conflicto árabe -israelí (13%). En su artículo “Two interesting facts” (Mahfouz,
05.02. 2004), trata el incremento en la tasa de emigración qu e pa rece estar viviendo
Israel. Una reciente en cuesta refleja qu e el 56% de los israelíes confiesan est ar en contra
de la política de su Gobierno.
En esta co yuntur a, el primer ministro anuncia el desmantelam iento de los
asentamientos j udíos en Gaza, en los que residen 7.500 colonos rodeados de más de un
millón de palestinos. La not icia es duramente criticada por la extrema derecha, con la
que el Likud h a formado coalición, y provoca e l escepticismo de la izquierda. Arafat,
por su parte, declara al r especto: “mañana e vacuarán 17 ho gares móviles y al día
siguiente construirá n otros 170. La pol ítica de I srael es la de engullir m ás tierr a
palestina y evita r cualquier solución pos ible” (Lis, Alon y Regul ar, 2004). L os colonos
dejan cla ra su postura y reclaman a Sharon, a tra vés del portavoz del con sejo Yesh a 153 ,
Bentzi L ieberman, que “retorne a sus posiciones previas y no desencadene un ma yor
153 Ór gano de re presentación de l movimiento d e colo nos.
306
desastre nacion al al evacuar a judíos de sus hogares” (De la Guardia, 2003). El anuncio
del desmantelamiento coincide con un nuevo capítulo de vi olencia en la fra nja de Gaza
en el que fallece n cuatro palestinos.
Tan solo un par de me ses después, Sharon anuncia que continuará con su política de
asesinatos selectivos de líderes radicales palestino s, tras haber acabado el 22 de marzo
con el sheij Ahmed Yasin y el 17 de abril con el líder político de Hamas, al-Rantisi. El
líder espiritual de Hamás, en silla de ruedas, fue abatido por un helicópte ro israelí a la
salida de la ora ción en una mezquita. El primer m inistro califica e l acto de leg ítima
defensa : “Esta mañana, el Estado de Israel ha g olpeado la cabeza de los asesinos
terroristas palestinos. La esencia ideoló gica de este hom bre era […] la masacre y
asesinato de judíos en cualquier lugar y la destrucción de I srael” (Magnier and
Ellingwood, 2004). Par a Mahfouz, S haron “era pl enamente conscient e del potencial de
la reacción palestina y árabe al asesinato del sheij Yasin, es precisamente l o que estaba
buscando” ( Mahfouz, 01.04.2004).
La Cas a Blanca no se pronuncia en ningún m omento en contra de est os asesinatos.
La secretaria de Estado, Condoleezza R ice, reitera el punto de vista d e EEUU sobre el
derec ho de Israel a defen derse y se li mita a decir: “Naturalmente que el presidente Bush
no dio luz verde a Ariel Sharon par a matar a Rant isi [ …] Hemos dicho muchas ve ces a
los israelíes que, a la vez que entendemos y apo ya mos su derecho a defe nderse, es
extremadamente importante que tengan en cuenta las consecuencias de cualquier cosa
que hagan” (Calvo Roy , 2004).
La Unión Europea, por su parte, condena s in paliativos estas “ejecuciones
extrajudiciales”. El mi nistro irlandés, Brian C owen, se manifiesta al respecto al
declarar que el r espeto al derecho internacional es lo que diferencia “a los gobiernos
democráticos de los grupos terroristas” (Prieto, 2004).
Sharon, ajeno a cualquier crítica, sigue adelante con su pl an de retirada unilateral de
Gaza y anuncia que llevará a cabo anexiones en C isjordania. A través de la denominada
Declaración de W ashington del 14 d e ab ril, el pr esidente de EEUU apo ya a Sharon y la
futura apropiación d e t erritorios, así como el impedimento del retorno a Israel de
palestinos que hu yeron de allí en las últimas décadas. Bush califica el pl an de
“histórico”, alab ando su “valentía” po r ser el posible i nicio de “una paz duradera en la
región” ( El Mundo , 15.04.2004).
307
Mahfouz opina que toda esta representación políti ca no hace más qu e mancillar la
credibilidad de EEUU en Oriente Medio, que no solo ignor a las resoluciones de la
ONU, especialmente la 242 que ex horta a Israel a volver a los límites de 19 67, sino que
alienta l a anexión de más t ierra s p alestinas. A es to se añade el m uro de l a vergüenza,
que el esc ritor pide no s e olvide ahora que el gobierno israelí lo inclu ye en los mapas
escolares como nu eva frontera del Estado, a pesar de que se encuentra en t erritorio
palestino. La retirada de Gaza, los as esinatos sel ectivos y las anexiones parecen haber
desviado la atención del muro: “ I srael crea invariablemente un nuevo problema para
hacer nos olvidar uno ant erior y siempre nos dejamos engañar” (Mahfouz, 03.06.2004).
Otro acontecimiento im portante en el calendar io del conflicto es el fallecimiento de
Yasser Arafat, el 11 de noviembre de 2004. L os p alestinos se preparan para la cita con
las urnas (Mahfouz, 09.0 1.2005) y aunque muchos dan por sentado que el vencedor s erá
Mahmoud Abbas –más conocido como Abu Maz en-, Mahfouz espera que otros
candidatos concurran a las eleccione s. Mi entras tanto, cuatr o hombre s dirigirán el
Gobierno de forma trans itoria: Ruhi Fatuh, preside nte de l a ANP, será el titular del
Consejo Leg islativo; Ah med Qurei (Abu Aala) seguirá siendo primer m inis tro de la
ANP y al frente de la O L P continuará el actual secretario gene ral Mahmud Abbas.
Asimismo participar á e n e l Gobier no de los a suntos palestinos el pre sidente de su
Consejo Nacional, Salim Zaanún ( El País , 10.11.2004).
Ahora qu e el líder de la O LP está fuera de juego, Mahfouz se pregunta qué excusa
empleará el gobierno de I srael p ara seguir evadie ndo cualquier verdadero acue rdo para
la paz. La violencia no cesa y no lo hará, hasta que Washington y su nueva
administración actúe n ( Mahfouz, 09.12.2004).
Vida: 11%. En este tema, al i gua l que e n años anteriores, están l os artículos
dedicados a los recuerdos a l a c elebración de las fiestas r eligiosas, como el Eid o el
moulid.
El ti empo par ece haberlo cambiado t odo, inc luso la anticipación al ani versar io d el
Profeta (s.a.s.). P oco qu eda de la tradición de las muñecas y c aballos de azúcar, la
emoción de estrenar pr endas nuevas o asistir a conciertos al air e libre en Abbasiya. La
nostalgia pr ota goniza estos artículos, en los que Mahfouz hace balance del pasado.
Egipto: 9%. En los a rtículos clasificados dent ro de este tema, el autor toca puntos
históricos claves como e l panorama polít ico previo a la R evolución d e 1 952, la unión
entre coptos y musul manes y el ori gen d e la identidad egipcia. Entre l os
acontec imientos de actual idad están la c risis econ ómica y los bombardeos de Taba.
308
Mahfouz describe el día en que Mustafa El-Nahha s (1879-1965) proclamó su
recha zo al tratado An glo-Egipcio como uno de los más felices de su vida (1936)
(Palmowski, 1998, p. 555) 154 . El- Nahhas, quien negoció este contrato en su mom ento ,
no hiz o si no ex presar el sentir de l a pobl ación y su cr eciente descontento con la
presenc ia permanente de los británicos, que p arecían no tener intención d e resp etar los
términos del acuerdo. Egipt o despertaba por fin percatándose de qu e había sido víctima
de una mera es cenificación, una estrategia para reducir el resentimiento de los
nacionales frente a la ocupación británic a.
El tratado del treinta y seis se había firmado por el temor de Gra n Bretaña a la
invasión italiana de Etiopía en oc tubre de 1935. El país transalpino ha bía logrado
controlar L ibia y Etiopía lo que lo convertía en una amenaza para l a r egión (Azaola,
2006, p.42). El Tratado prepar ó la entrada de Egipto en la sociedad de naciones (1937) y
supuso un paso más hacia la i ndependenc ia de Egipto. Si n embarg o, el punto más
conflictivo era el r elativo a las tropas inglesas. É stas podían permanec er en la z ona del
Canal de Suez y en la península del Sinaí, p rotegiendo m ilitarmente sus ví as de
comunicación a la par q ue reservándose el uso del puerto de Alejandría y el e spacio
aére o egipcio. Asimismo, se contemplaba el retorno militar en caso de guerra (Azaola,
2006, p.44).
Mahfouz, en un ejerci cio de reflexión, confiesa que el paso de los años ha alterado su
parecer al respecto. Si bien este acontecimi ento p ermanece en su memo ria como un día
feliz, el tiempo ha dejado lugar a la duda de si cance lar el tratado fue del todo
beneficioso. En octubre de 1951, el gobierno d enunció el t ratado y exigió la evacuación
completa del territorio egipcio por las trop as británicas. La respuesta d e Gran Bretaña,
que protestó oficialmente, fue la adopción de medidas de se guridad en la zona del
Canal, lo que provocó no pocos incidentes. Desde diciembre de 1951 se organiza la
guerrilla e gipcia qu e at aca las instalaciones b ritánicas y los enfrentamientos se van
agrava ndo hasta alcanzar su punto álgido el 26 de enero de 1952, cuando se produce lo
que se conoce como el “inc endio de El Cairo”, en el que ardieron todos aquellos
símbolos que representaban la presencia occidenta l en el país. La s consecuencias fueron
la caída del gobierno wafdista, al qu e le siguieron otros en ene ro y un se gundo en
marzo, lo que provocó d ivisiones en el cor azón del Wafd, que s e traduje ron a partir de
154 M ustafa el-Nahhas P asha: co fundador del p artido Wafd y pre sidente tras el fallecimie nto de Saad
Zaghloul. Lo más destacado dentro de sus refor mas sociale s co m o pr imer mi nistro fue la cr eació n de la
Liga Árabe en 194 4.
309
junio y julio en una crisis mini sterial. En este caldo de cultivo, la organización secreta
nacionalista, formada por mil itares jóvenes en el seno del ejército, organizó el golpe de
Estado del 23 de julio d e 1952 (U rbano M artínez, 2002, p. 119). C on el lo iniciaba el
período revolucionario de E gipto que acabaría en una dictadura. Estas turbulencias
políticas y época de c ambio se tradujeron en u n parón l iterario para M ahfouz. No fue
hasta que Egipto empezó a recomponerse cuando la gente comprendió que la
independenc ia que l a Re volución había conseguido no era s inónimo de d emocracia y a
partir de ahí, cuando el autor se sentó a escribir la controver tida Hijos de nuestro barrio
(1959).
Entre otros puntos a destacar dentro de este te ma, se en cuentra la cuestión copta y la
de la identidad del país. El debate entre el ori gen árabe o faraónico, que e stima carente
de sentido, y la segre gación cada vez más acusada entre coptos y m usulmanes, son
algunas de las gra ndes diferencias entre el Egipto actual y el de su juventud.
¿Faraónicos o á rabes? M ahfouz tiene clara l a resp uesta, la ar abidad viene d ada en virtud
de l a región en la que se inscribe Egipto, el idioma y la cultura adoptada. Entrar en el
terreno de la etnicidad no puede conducir m ás que a una persecución al más puro estilo
nazi: “Sabemos que no ex iste la etnicidad pura y en Egipto concretamente sería
imposible deter minar la e tnia de los e gipcios de la actualidad con algún grado de
precisión” (Mahfouz, 04.04.2004).
La c risis económica por la que pasa el país y los atentados de octubre en Taba son
hechos destacados. La globaliz ación es el origen de l a recesión globa l y l a dispensación
controlada po r la super potencia americana qu e únicamente atiende a sus intereses
políticos y m ilitares. Es necesaria más que nunca una reforma económ ica a nivel
doméstico y regional para poder enfrentarla.
El 7 de oc tubre de 2 004, los l uga res más vis itados por t uristas israelíes sufren un
triple atentado. De las 34 víctimas, 10 son egipcios, cinco, israelíes y vei nte no fueron
identificados. L os t erroristas atacan el Hilton de Taba y áreas de c amping c ercanas a
Ras al-Sultan y T arabeen ( CNN , 09.10.2004). Se señala a Al-Qaeda como autora de los
ataques, aunque no se tra ta de un caso aislado, pues en 1997 y a se había p roducido otro
atentado fundamentalista islamista en Luxor en el que murieron 58 turistas extranjeros,
la may oría suiz os (Cierco, 2004).
Los bombard eos de Taba coinciden con el dé cimo aniversar io del ataq ue que sufrió
el autor en noviembre d e 1994. El terrorismo, opina, no s e encontraba ent re uno de los
muchos problemas de su país, por l o que considera urgente la necesidad d e salvag uardar
310
a l a so ciedad egipcia de esta “enfermedad maligna” a través de una reforma políti ca y
económica ( Mahfouz, 21.10.2004).
EEUU: 9%. Al m argen de los artículos sobre el Conflicto árabe-israelí, q ue comparten
protag onismo con el íte m EEUU, cabe destacar las elecciones de noviembre de 2004,
que han dado la victoria una vez más a George Bush con un 51% de los votos. El
presidente republicano, ante la ventaja del d emócrata J ohn Kerr y despué s del ve rano,
decide ju gar la ca rta d e Al Qaeda, aum entando l a alerta por terrorismo. E sto, junto con
la campaña publicitaria de los veteranos de Vietnam, que pone en dud a los méritos
bélicos de Kerr y , y la ce lebración d e la Convención Republicana, coloca a Bush hasta
11 puntos por delante del senador por Massachusetts.
Los siguientes debates parecen igualar a ambos candidatos, pero finalmente Bush
siempre va uno o dos puntos por delante. C uriosamente, unos días antes de l as
elecc iones, bin La den publica un vídeo que da el impulso nece sario a Bush,
granjeándole un m argen seguro de diferencia. El ex presidente reconoce en 2006 a un
periodista de la Casa Blanca: “pensé que a yuda ría a la gente a recordar que si Bin Laden
no quiere que Bush sea presidente, debe h aber a lgo bueno en Bush” (Nacos, 2007, p.
179). Kerr y t ambién declaró en una entrevista q ue había perdido frente a Bush por el
vídeo del terrorista saudí (Nacos, 2007, p. 179 ). Los ciudadanos, distraí dos por Bush,
han dado prioridad al p roblema de la se guridad, asegura M ahfouz, por de lante de otras
consideraciones como la guerra en Irak o el nú mero de víctimas estado unidenses. No
obstante, en la pugna de once mes es por el poder (en ero-noviembre 2004), se
comprueba el creciente d escontento de la so ciedad americana, por l o qu e el republicano
no podrá abusa r de la amenaza terrorista por mucho tiempo. Si no logra uni ficar a los
ciudadanos a su favor sin tensar la c uerda del miedo, su fracaso estará asegurado
(Mahfouz, 11.11.2004).
311
3.1.5. Temas 2005
Fig. 6 Relació n de lo s Temas más destaca dos e n 200 5
Egipto (28%). Est e año los dos t emas hasta ahora protagonistas entre los artículos de la
muestra –Invasión de Irak y Conflicto árabe-israelí- se pierden frente a la agenda
política nacional, las elecciones presidenciales y parlamentarias, y l os atentados
terroristas en L ondres así como los de Eg ipto.
Conflicto arabe-
israelí
3%
Cultura
4%
Economía
1%
EEUU
5%
Egipto
28%
Filosofía
1%
Historia
4%
Invasión de Irak
1%
Literatura
24%
Mundo arabo-
islámico
3%
Occidente-
Mundo
Árabe
1%
Política
internacion al
1%
Política
regional
4%
Religión
3%
Revolución 1919
3%
Revolución 1952
3%
Terrorismo
8%
Vida
6%
T emas 2005
312
El 26 de f ebrero de 20 05, el presidente Mubarak propone la enmienda d el artículo 76
de l a C onstitución para permitir que se celebren las primeras elecciones presidenciales
competitivas. En s u artículo “Answering the kno cks”, Mah fouz califica el movimiento
del raïs de “golpe d e ge nialidad” (Mahfouz, 03.03.2005), pe ro lo c ierto e s que el
repentino cambio de atmósfera polí tica responde a la presión que Geor ge Bush ejerce
sobre el presidente. La Casa Blanca t iene por ob jetivo convertir a Egipto en el pion ero
que ponga la primera p iedra en “el camino hacia la democracia en Oriente Medio”
(Mahfouz, 03.03.2005). El proc eso en el que se embar ca el paí s, aplaudido
públicamente por W ashington, no obtiene una buena aco gida por p arte de los medios de
comunicación en Occident e, que no consideran ético elevar l a celebración de elecciones
democráticas a ha zaña he roica ( NYT , 04.02.2005).
El proceso de cam bio se extiende dur ante diez meses y tiene dimensiones
constitucionales, legales y políticas. Muba rak p ide a los dos cuerpos l egislativos d e
Egipto –el Consejo Popular y el de la Shura- la enmienda del susodicho artículo en el
que se establece que la elección del presidente debe hacerse con un a may oría de dos
tercios del Consejo Popu lar, se guido de un r eferéndum. El cambio consiste en convertir
el proceso en uno competitivo en el que el p residente deb e ser di rectamente elegido por
los ciudadanos entre u na lista de candidatos, dicho de otro modo, un proceso
democrático. Finalmente, la enmienda e s emitida por el Consejo Popular y ratificada por
referéndum el 25 de ma y o de ese mismo año. El 7 de septiembre tie nen lugar l as
primeras elecciones competitivas en Eg ipto a las que se presentan 11 candidatos
contando a Muba rak. Un mes después se cele bran, en tres fases, las e lecciones d el
Consejo Popular que finalizan el 7 de diciembre. El proceso pol ítico y le gal conclu y e el
18 de diciemb re cuando el Parlamento acuerda cambiar el g abinete el último día del
año.
Apenas un mes después de iniciar el proceso, e l país todavía confía en que el cambio
inaugure una nueva etap a. Este primer paso parece verdaderamente enca minado a abrir
la senda democrática en toda la región. Sin embargo y a m edida qu e se desarr olla el
proceso, los medios de comunicación de todo el mundo empiezan a ver confirmadas sus
sospechas de que el mov imiento de Mubarak no es sino una farsa. Las presiones desde
Washington para conducir al país hacia un sist ema democrático son co ntrarias a los
planes de Mubarak, a saber, mantener a la familia en el poder a través de su delfín,
Gamal Mubarak.
313
“Las desa gradables elecciones de E gipto”, ti tula el Washington Post s u editorial del
10 de diciembre d e 2005 . El artículo en cuesti ón habla de el eccione s “ver gonzosas” en
referenc ia a las Fuerzas de S eg uridad del Gobierno, así como a las bandas y maton es
que bloquearon el acceso a docenas d e urnas en l as que los candidatos de la oposición
contaban con ma yor apoy o, llegando incluso a abrir fuego contra los ciudadanos que
trataron de vot ar y entre los que se contaron 10 m uertos. L as urnas s e rellenan con
papeletas a favor de Mub arak ante la impasividad de los jueces ( T WP , 10.12.2005).
Los m illones d e egipcios que acuden a la cita elector al el 7 de septiem bre se sienten
decepcionados y esa misma tarde el movim iento egipcio por el c ambio, Kifaya
(“Basta”), congre ga a más de t res mil person as en el centro d e El Cairo en una
manifestación, la más im portante de este grupo cr eado en 2004. No ha y que olvidar qu e
Egipto se halla todavía regido por la le y de Emergencia, aprobada el 6 de octubre d e
1981 tras el asesina to de Sadat, que concede am plios poderes a la pol icía, pudiendo
llevar a cabo d etenciones indefinidas sin ca rgos y suspend er derechos ci viles. L a le y
establece medidas como restricciones de la li bertad de reunión y movimiento de
personas; det ención de s ospechosos o sujetos qu e representan un peli gro p ara el Estado;
arre sto y búsqueda d e p ersonas sin ni nguna lim itación, control de las co municaciones,
prensa, publicaciones y todos los medios de expresión; confiscación de propiedades y
armas; evacuación de ciertas ár eas e interrupción del transporte (Carrión, 2011).
Associated Press informa de que ciudadanos di cen haber sido presionados por
agentes el ectorales en Lux or para votar por Mubarak, lle gando a p rometerles víveres a
cambio de su pape leta en Alejandría. En medio de este panorama, el portavoz de la
diplomacia estadounidense, Sean McCormack, asegura que la C asa Bl anca si gue de
cerca el desarrollo d e la s elecciones: “Este escrutinio marc a un verdad ero comienzo
histórico pa ra E gipto con estas elecciones pr esidenciales abiertas. Creo que podemos
decir que los egipcios jam ás habían visto unas e lecciones presiden ciales como estas”.
Esto no exime que Estados Unidos espere el leva ntamiento del Estado de Emergencia y
que el raïs cumpla con la s prome sas he chas durante la campaña elec toral ( Nouvel
Observateur , 09.09.2005).
Mahfouz se hace eco de la opi nión internacional en su artículo “Elect ions old and
new”, donde advierte que “[l]os egipcios no son ajenos a las elecciones. Las han
celebrado en buenos y malos momentos y han conocido elecciones libres y just as y
otras que no lo eran” (Mahfouz, 09.06.2005,). Los comicios al Parlamento ti enen el
mismo efe cto en el Nobel, quien insi ste en la tradic ión electoral democrática en la
320
forzados a negar cu alquier evidencia que apunte a una participación desde el exterior
(McCarthy & Pedahzur, 2014, p.493).
Mahfouz rechaza el argumento de los terroristas que justifican l os ataques en nombre
de sus he rmanos iraquíes, palestinos, a fganos y ch eche nos, y s e pregunta por las
consecue ncias que debe pagar su país: “¿ Qué ocurre con una nación ahora afligida y en
shock, una nación que no ha hec ho otra cosa que apoyar a sus hermanos en Ira k y
Palestina? (Mahfouz, 28.07.2005). La r eligión ta mpoco es un arg umento válido: “¿De
qué Isla m estáis hablando y qué clase d e musul manes sois vosotros? [ …] ¿ Cómo podéis
defender el Islam arruin ando el sustento de l a gente y destru ye ndo vidas inocente s? ”
(Mahfouz, 28.07.2005).
En “Faith first”, M ahfouz condena la distor sión que los i slamistas hacen de la
religión, del terror come tido en nombre de la misma con el Islam como rehén de una
lectura lit eral de El Corá n y las consecuencias de una política global que f avorece a un a
parte del planeta en detrimento de otra: “Aqué llos que comete n actos de violencia en
nombre del Islam me r ecuerdan a la época en q ue l a Inquisición extendía el terror en
nombre del ca tolicismo […] En ambos casos, la relig ión no fue la re sponsable, sino
aquéllos que la usaron con propósitos malvados” (Mahfouz, 11.08.2005). En el Mundo
Árabe ha y un a s ensación de injusticia y frustración a la que h a y qu e añ adir una
extendida privación económica, esto, aclara Mahf ouz, aunque no justi fica el terrorismo,
sí puede explicar la violencia que asedia al mundo , principalmente a la re gión: “El terror
es tan traumático para los musulmanes como para los demás” (Ma hfouz , 11.08.2005).
321
3.1.6. Temas 2006
Fig. 7. Relación d e T emas destac ados en 2 006
Este últim o año de la muestra se caracteriza p or una focaliz ación en los temas más
cercanos al es critor: lit eratura, experiencias vi vidas, si tuación político -económica y
social del país y el terrorism o. L a Invasión de I rak y el Conflicto árabe-israelí siguen
teniendo presencia, pe ro al mez clarse con otros ítems aparecen como una sombra que
planea sobre el país, la región y l a religión.
11-S
3%
Caricaturas
Jyllands-Posten
3% Cine
3%
Conflicto arabe-
israelí
3% Cultura
1%
Economía
1%
EEUU
1%
Egipto
12%
Historia
4%
Invasión de Irak
1%
Literatura
28%
Mundo arabo-
islámico
1%
Occidente-
Mundo Árabe
4%
Periodismo
4%
Política
regional
4%
Religión
1%
Revolución
1919
1%
Revolución 1952
1%
Terrorismo
7%
Vida
15%
T emas 2006
322
Literatura (28%). La crisi s literaria – principalme nte editorial-es para Mah fouz síntoma
del declive del se r humano. La sociedad no pued e prescindir de la literatura, no exi ste
cultura que la re chace o que pueda s obrevivir a su ausencia: “ La función de la literatura
en la soci edad es al go qu e sólo la literatu ra pu ede desempeñ ar” (Mahfouz, 05.01.2006).
La li teratura l impia al s e r humano, r efina sus sentimi entos y lo ennoblece. Mientras la
figura del novelista está e n dec live e n la región, en otras culturas, los grandes como
Miller, S artre, Moravia, Becket o Márquez ocupan un lugar en la sociedad: “Una nación
que honra a sus escritores es una nación civiliz ada” advierte M ahfouz, qui en ve en los
intelectuales un pilar fundamental para el en cuentro interciviliz acional y el avan ce del
Mundo Árabe hacia la democracia (Mahfouz, 05.01.2006).
Este año Salmaw y y otros pe riodistas ha cen una revisión de novelas como La
ausencia (1964), Trilogía de El C airo (1956-57) y el ret rato que en ella se hace de la
situación de la mujer en Egipto. Asi mismo vuelv en Los sueños (2005) 155 , E cos de una
autobiografía (1994), caracterizada por una narrativa de instantáneas, d e destellos de los
momentos m ás importantes de la vida d e M ahfouz. También se analizan l as tres novelas
fara ónicas de finales de la década de los años tr einta y principios de los cuarenta, así
como Akhenaton: el rey hereje (1985), con la que Mahfouz vol vió a tomar prestada la
historia para hacer una crítica al panora ma polít ico de los setenta y och enta o, lo que es
lo mi smo, a los años b ajo el régimen de Sadat . Hijos d e nuestro bar rio (1959), la
novela de la discordia, aparece también en esto s artículos, más ex tensos, en los que
Mahfouz contesta a preguntas clave sobre el peso de Al-Azhar en la autocensura y la
crítica que ésta dec isión s uscitó en el gremio literario.
El escritor desarrolla su labor en unas cir cunstancias peculiares, robando horas al
tiempo libre que s u trabajo como funcionario del Estado le deja. La censura siempre
planea s obre sus his torias, por lo que se vale de recursos como la parábola y la alegoría
para no renun ciar a expresar la realidad que l e rodea. No solo manifiesta su desacuerdo
a través de sus novelas, sino que a p rincipios de los set enta firma j unto con otros
escritores y autores una p etición criticando la polít ica de Anw ar el-Sadat, lo que l es vale
la inhabilitación durante un ti empo, alejándolos de la li teratura hasta que el presidente
levanta la prohibición.
155 2 005 es el a ño de publicación d e la pr im era co lección en árabe; 2 004 en inglés y en francés; y 2014
en castellano.
323
En La ausenc ia , el protagonista se ve atrapad o entre dos mundos, e ntre hi storia y
modernidad; entre el f undamentalismo y el mundo actual. En el aná lis is se saca a
colación l a rela ción “enfermiza” entre O ccidente y el Mundo Árabe, relación que
necesita ser tratada por el bien de la humanidad. Oriente y Occidente, car acterizados por
sus diferenc ias, no son si no dos mitades de un todo (Mahfouz, 02.03.2006).
Los sueños son el presente del cairota. Publ ica tres al mes en la revista Nisf al-Dunya
y su editorial árabe, Dar Al-Shorouq, está preparando el l anzamiento de un li bro con un
total de doscientos sueños, cincuenta más que la edición anterior. S i bien éstos son
reales, no los escr ibe tal y como los recuerda, sino que l os emplea com o punto de
partida para d espués trab ajarlos hasta darles forma lit erar ia (Mahfouz, 11.05.2006). Lo
cierto es qu e estas gemas son l a evolución n atural de l as i nstantáneas de Ecos de una
autobiografía , gé nero nuevo cre ado por Mahfouz en 1992: “Mi visión es muy pob re
para le er [ …] Mi oído es pobre t ambién y ahora uso un audífono [ …] Ya no me
encuentro en una posició n que me p ermita reaccionar con emoción ante n ada de lo que
veo, oigo o leo. P or eso ahora dependo de lo que oigo y veo en mis sueño s” (Mahfouz,
11.05.2006). Así como su t rabajo como funcionario o la censura en la ép oca de Nass er
y l a de Sadat no lo gran alejarlo de la literatura, tampoco las li mitaciones físicas los
persuade n de abandonar lo que califica de obs esión: “Un verdadero escritor es alguien
que no puede dejar de escribir independientemente de cómo se gane la vida” (Mahfouz,
12.10. 2006). Se reconoce un privil eg iado al recordar cómo a finales de la década de los
cincuenta Moh amed Hassanein Heikal l e ofreció un despacho en la sex ta planta de Al-
Ahram , la sexta por ser a quella ocup ada po r litera tos como Hussein Fa wzi, Bint Al-
Shatie, Tawfiq Al-Hakim, el pensador Zaki Mahmoud o el pint or Salah Taher. El Nobel
no pudo acepta r la oferta hasta su jubil ación, pero confiesa que desde el momento en el
que pasó a formar parte de la plantilla del semanario, “punto de inflex ión” en su vida,
gozó de l a protección de Heikal, sin conocer la censura –fue él quien, en 1959, publ icó
por fascíc ulos, aunque po r completo, Hijos de nuestro barrio (Mahfouz, 09.11.2006).
La s etap as en las qu e se divide la novelís tica de Mahfouz tienen a la historia como
razón de ser, criterio principal por el que adapta su estilo al panorama po líti co y soci al
del momento. D el mi smo modo que el Antiguo Egipto es un recurso para an alizar el
clima nacional de principios del siglo X X , el realismo le permite diseccionar la nu eva
etapa del E gipto independiente. Tras la Revolución de 1952, debido a la fuerte censura
que caracterizaba el rég im en de Nasser, r ecurre al mundo de las ideas a través de la
alegoría y l a m etáfora. Al final de sus años no son ni el rég imen ni las circunstancias
324
políticas las que l o limitan, sino su salud y la mala condición física a la que se ve
reducido por el atentado de 1994, hallando e n el dictado, primero, y en la breve escritura
diaria de los sueños, d espués, el medio para da r rienda suelta a una creat ividad con l a
que se inaugura una nue va etapa.
Vida (15%) . El premio Nobel de L it eratura no altera la rutina del cairota ni el
concepto que tiene de sí mismo. El año que la Acade mia Sueca le concede el ga lardón,
Mahfouz ti ene que atender a la avalancha de periodistas de todo el mundo que llegs a
Egipto para entrevistar al primer Nobel de las let ras árabes 156 . A pesar del celo con el
que el escritor prote ge s u rutina, accede amablemente a atender a cada persona que se
interesaba po r su reciente reconocimiento, así como por cualquiera de sus t rabajos. P ero
la fama no consigue que cambie sus costumbres. Mientras su salud le permite salir de s u
casa pa ra i r a Al-Ahram y a sus encuentros en lo s café tertulia, Mahfouz no renuncia a
mezclarse con sus conciudadanos, rechazando emplear otro medio de t ransporte que no
sea el público, a pesar de las advertencias de sus más allegados:
Mis co mpatriotas tienen el d erecho de d ar me la ma no y habl ar m e si a sí lo desea n. No ol vides [se d irige a
Salmawy] que su a po yo y el haber leído m is trab ajo s es lo que m e ha traído el premio Nob el. Sin e llos
nadie fuera de e ste p aís habría o ído hablar de mí. El pre mio No bel sería al go terrib le si me sep arara de la
gente entre la q ue he vivido toda m i vida (Mahfouz, 1 7.0 8.2006 ).
L a filosofía ha t enido un peso importante en su vi da, pero rechaza qu e se le otorgue el
inmerecido título de pensador : “Solemos mezclar las cosas [dice al re specto] soy un
hombre de corazón no de mente. En el arte todo está al se rvicio del corazón, i ncluso la
propia mente” (Mahfouz , 21.09.2006). L o que pudiera parecer falsa modestia es en
realidad toda una declara ción de principios: “Al igual que la gente llamarí a a cualquier
escritor o incluso a un p eriodista pensador, otros ll amarían a cualquiera qu e sostiene una
pluma un escritor” (Mahfouz, 21.09.2006). No d ebe sorp render est a genuina humildad
que quiénes le c onocieron ase gur an le caracterizaba.
Mahfouz ingresa el 18 de jul io de este año en el Hospital de la Policía de Aguza,
donde fallece el 30 de a gosto a los 94 años. Cuenta S almawy que quizá lo más triste fue
que la hospitalización int errumpió un estilo de vida planeado a la per fección. Durante
décadas, el escritor se ha levantado a l as cinco y m edia de la mañana para s alir de casa a
156 Na guib Mahfouz sig ue siend o el único pr emio Nob el de Literatura á rabe.
325
las seis y comprar los periódicos del día. De allí iba a pie hasta la Plaza Tahrir p ara
tomar su café matutino en Ali Baba y leer los diarios. Después se dirigía ha sta su oficina
y volvía a c asa mediodía para almorzar y dormir una siesta. A las cinco de la tarde se
despertaba y escuchaba la emisora Um Kulthoum y d espués veía la televisión con su
mujer e hijas antes de salir para r eunirse con sus amistades. Tenía un día para
encontrarse con los harafish –compuesto de amigos de toda la vi da entre los que s e
encontraban M ohamed Afifi, el director Tawfiq Saleh y el actor Ahmed Mazhar, grupo
al que a v eces s e uní an el escritor Ahmed Bahaaeddin y el poeta y carica turista Salah
Jahin. Asimis mo, t enía otro reservado para los m ás j óvenes, como los nov elistas Gamal
Al-Ghitan y y Yo ussef Al-Qaied, y ot ro p ara un tercer grupo qu e incluía al escritor Zaki
Salem, el Dr. Fathi Hashim y a Mohamed Kafrawi (Mahfouz, 24.08.2006).
Egipto (12%). La política nacional sigue centrada en las recientes elecciones. El
PND ha for mulado la consigna de la democracia mientras sus método s quedan en
evidencia por obsoletos. El escritor subra y a el he cho de que la mayoría de sus lí deres no
muestran i nterés al guno por este asunto, de ahí la actuación del PND “como si si guier a
en el p eríodo uni partidista” (Mahfouz, 10.01.2006). Mahfouz hace un llam amiento al
cambio, pero no necesariamente de partido, sino a nivel metodoló gic o. El Gobierno
debe tolerar la disidencia polí tica y sab er cómo tr atarla; preocuparse por l os problemas
de los ciudadanos; y dejar de lado las maniobr as pol íticas y c onflictos tanto i nternos
como con otros partidos. La reforma constitucional, la abolición de le y es que restrin ge n
la li bertad de ex presión –incluida la Ley d e Eme rgencia- el desempleo y la ge stión para
la solución de los probl emas económicos son factores clave a tratar para operar e ste
cambio (Mahfouz, 10.01.2006).
A pesar d e haber anu nciado durante l a campaña electoral la abolición de la Ley de
Emergenc ia, concretamente para junio de 2006, y su co rrespondiente sustit ución por
una le y contra el terrorismo, el gobierno de Mubarak d ecide ampli arla dos años más.
Para mantener el estado de emergencia y aplazar lo prometido a EEUU, de quien Egipto
recibe 2 bil lones de dólares de a y uda anuales, el p residente se apo ya en los atentados en
el Sinaí, así como en el p eríodo que la formula ción de una le y conlleva - entre dieciocho
y veinticuatro meses.
Tras este anuncio, los Hermanos Musulmanes, principal fuerza de opos ición en el
Parlamento, muestran su desacuerdo portando en una de las sesiones bandas negras en
las que s e pu ede l eer: “No a la Ley d e Emer ge ncia”. El partido de los islamis tas sigue
siendo ile gal –se encuentran en el Pa rlamento como miembros indep endientes- y l a
326
abolición de l a Ley de Emergencia supondría su legalización automática. El editor del
periódico independiente Masri Al-Y om , His ham Kassem, ilustra con su declaración el
funcionamiento de una República encarnada en el raïs : “Nada puede hacerse. Mubarak
no cambia. Mubarak morirá en ejercicio” (W illiams, 2006).
Observadores d e todo el espectro político están de acuerdo en que l a e ntrada d e los
HM en el Parlamento ha supuesto un cambio positivo. Desde que los isl a mistas son la
mayor fuerza de oposi ción, el númer o de per iodi stas que cubren l as asa mbleas se ha
ampliado de veinte a c iento cincuenta, t al y com o informa Gamal Es sam El-Din,
corre sponsal parlamentar io de Al-Ahram Weekly ( English Al-Akhbar , 24.08.2006) 157 .
En “F lawed laws”, Mahfouz se pronuncia en cuanto a la excusa de Mubarak p ara
postergar la abolición del estado policial:
Si e mpleáramos co ndiciones d e seguridad co m o único c riterio par a abolir estados de emerge ncia,
tendría m os e stados de emerge ncia e n cada país del mundo. Nin gún es tado e s to talmente s eguro y au n así
las leyes or dinarias son suficientes par a abo rdar la may oría d e las situacione s (Mah fouz, 27.0 4.200 6).
El pre sidente egipcio s e a mpara en e l precedente sentado cinco años antes por su
benefactor, Estados Unidos, con la Patriot A ct com o escudo f rente al terrorism o con el
11/S como argumento base.
La Patriot Act, firmada por el presidente Bush el 26 de o ctubre de 2001, se compone
de una larga l ista de est atutos preexistentes, con tan solo alguno nuevo para pr evenir
futuros ataques terrorist as. También conocida como Public Law 107- 56, ésta fu e
impresa en el 115 Stat. 242-402 y es el acrónimo de “Uniting and Strengthening
America b y Providin g Appropriate Tools Required to Intercept a nd Obstruct
Terror ism”. El tex to, aprobado con urgencia, s e c omponía de pasajes controvertidos que
remitían a la privacidad y al derecho del gobierno de vigilar a sus ciudadanos.
Concretamente la s ección 215 per mite al F BI pasar antes que la Foreig n I nt elligence
Surveillance Court para cua lquier o rden en bus ca de prue bas tangibles conectadas al
sospechoso terrorista: “Access to records and ot her items under the Foreign Intelligence
Surveillance Act”. P ara e l FBI cons eguir l a orden, solo debe certificar que el registro es
para p roteger del ter rorismo clandestino o el espionaje. Era evidente que el texto l eg al
entraba en conf licto con la IV Enmienda de la Constitución de EEUU que reconoce:
157 I nformación clasifica da co m o co nfidencial. F uente: Dep ut y C hief of Mis sion Stuart J ones, desde la
Embaj ada de Estados Unidos en El Cairo .
327
El derecho de los habitantes de que sus personas, do mi cilio s, papeles y efectos se hallen a salvo de
pesquisas y apre hensiones ar bitrarias, será i nviolable, y no s e expedir án al efecto manda mientos q ue no se
apoyen en un m otivo verosí mil, estén corrob orados mediante j ura m ento o protesta y describan con
particularid ad el lugar q ue deb a ser registrado y la s pe rso nas o cosa s q ue han d e ser de tenidas o
embargadas ( Constitución de lo s Estados U nidos d e América 17 87 ).
El ejemplo de esta violac ión de l a privacidad da v ía libre a Mubarak para desdecirse en
cuanto a sus promesas p olíticas durante la reciente campa ña, anun ciando a través del
portavoz del P ND, Fathi Sorour, “la decisión del presidente de extender el estado de
emergencia”. Asimism o, cabe señalar que tras los comicios, altos funcionarios eg ipcios
informaron de que la presión ejercida po r EEU U sobre Egipto para d ar el sa lto a un
sistema democrá tico había sido suavizada, puesto que las ref ormas llevada s a cabo
habían ido “suficie ntemente lejos” (Willi ams, 2006).
Para Mahfouz la Patriot Act no es ningún ejemplo: “¿quién dice que la
Administración Bush sea un modelo a seguir para aquellas naciones que desean
democratizarse?” (Mahfouz , 27.04.2006). Considera el texto un asalto a l a democr acia y
a los de rechos humanos, aunque reconoce que esta “mancha n egra en el historial de la
administración Bush ” n o es ni de lejos tan ala rmante como la Ley de Emergencia
eg ipcia que lleva en vi gor veinticinco años (Mahfouz, 27.04.2006).
La censura y falta de li bertade s requieren de un a nueva constitución para evitar, entre
otras cos as, e l encarcelamiento de pe riodistas por e jercer su d erecho a la li bertad d e
expresión y de prensa: “Con una constitución que di ga categóricamente que el
encarcela miento no es el justo castigo por publicar ofensas, la bat alla habría finaliz ado
antes de empezar” (Mahfouz, 13.07.2006). M ahfouz hace referencia a la nueva le y de
prensa que el r égimen pr esenta en el P arlamento en 2006 y que los periodist as rechazan
porque, además de mantener numerosas penas d e prisión, en ella se incrementan las
penas e conómicas asociadas a lo que se cono cen como crímenes de publicación. El
gremio acusa a Mubar ak de incumplir con las promesas efectuadas durante 2005 de
abolir l as sentenci as as ociadas a este tipo de crímenes. En respuest a, veinti cinco
periódicos independi entes y de la oposición d ejan de publicar por un día y cientos d e
periodistas se manifiestan a las puertas del P arlamento. L a reacción del rég imen es la
publicación de uno de los artículos más controver tidos dentro de la nueva l ey , el 303,
que “ condenaba a los pe riodistas con una pena d e prisi ón y /o una sanció n económica
328
por ac usar a fun cionarios públicos de corrupción”, asimismo mantenía las penas de
prisión asociadas con la publicación de periódicos sin permiso del régimen y l os
insultos a líderes internacionales (Shehata , 2010, p.41).
De este modo se añade una nueva mordaza a l os periodistas con la que se prohíbe la
publicación de las cuentas de los altos carg os del Gobierno, así como cualquier crítica a
políticos de otros países:
Las fi nanzas p ersona les de lo s ciudad anos particulare s no i m por tan mucho al p úblico. La gente privada
responde a la le y, pero los funcionarios p úblicos tie nen que respo nder ante a lo s ci udadanos. La prensa
tiene derecho a sacar a relucir tales asuntos, siempre y cuando lo haga de un modo o bjetivo (Mah fouz,
13.0 7.2006).
El único punto de luz est e nuevo año tras las ele cciones es el anuncio del desarrollo de
un sistema de pensiones basado en una le y unificada. El sis tema promet e, entre otras
cosas, una pensión de cente para las p ersonas ancianas, así como seguridad social para
aquéllas que no disfruten de retribución económica alguna (Kheir El-Din, 2008, p.201).
Mahfouz hace una compara tiva entre la situación en E gipto y el sistema de bienestar d e
los países europeos que otorg a garantías so ciales suficientes como par a ofrecer a sus
ciudadanos una “vida digna” (Mahfouz , 23.03.2006). Egipto, al igual que otros países
árabe s, se de cantó a mediados del si glo XX por el s ocialismo árabe para poder superar el
atraso en e l que el colonialismo había sumido al Mundo Árabe . La URSS, en plena
Guerra Fría, apo y ó estos movimientos comunistas y se ga nó el alineamiento de muchos
de los países de la región por tom ar partido del l ado de los ár abes frente a Israel. En el
caso particula r de Egipto, tras la Revolución de 1952, Nasser disol vió todos los partidos
políticos, incluido el Wafd, para establecer en la C onstitución de 1956 un partido único:
la Unión Nacion al, que en la dé cada de los ses enta se convirtió en la Unión S ocialista
Árabe.
La s c aracterísticas principales de este socialismo egipcio eran: el cooperativismo
científico – con el ma rxismo como ciencia econó mica entendida dentro del m arco d el
Isla m, es de cir, sin adoptar la filosofía política ni moral de la doctrina del alemán- y
árabe . Mahfouz se pregunta cómo l os países europeos, con sist emas claramente
capitalistas, han logrado lo que el socialismo y pa narabismo árabe re clamaban, mientras
que l os pa íses de la región se carac terizan por una ausencia cuasi t otal de lo que en
329
Occidente s e cono ce c omo estado de biene star: “Solíamos asegurar s er un estado
socialista, sin embargo la ge nte a penas se benefici aba” ( Mahfouz, 23.03.20 06).
El 3 de febrero de 2006 tiene lugar una d e las ma yor es tragedias marítimas de
Egipto: el hundimiento del ferr y e gipcio ‘Alsala m Boccaccio 98’ en el Mar Rojo con
unas 1.400 personas a bordo. El barco se hunde a cuarenta millas del puert o eg ipcio de
Hurghada. El c rucero d esaparece poco d espués de hab er zarpado d el pue rto de Dubah,
en el oeste de Arabia S audí. Algunos de los pasaje ros eran p eregrinos que r egresaban de
La Mec a ( Europa Press , 03.02.2006).
El accidente es en re alidad un caso de negligenc ia. Se gún uno de los pasajeros, el
ferry estaba en llamas antes de hundirse. Lo que parece un “incendio sin im portancia”
resulta en una concentración cada vez may or de h umo, que acaba con el barco esco rado.
Los p asajeros saltan de la nave, pe ro nin guno de los diez amplios botes salvavidas, con
una capacidad par a albergar a cien pe rsonas, es b ajado al agua, a pesar de lo cual logran
salvar la vida cuatrocientos pasajeros. El hundimiento no se anuncia hasta 12 horas
después de que el barco pi erda contacto con tierra. El capitán y miembros del alto
mando escapan en un bote salvavidas abandonando a la tripulación y los pasajeros.
Mubarak, consciente de la ne fasta g estión de s u Gobierno ant e la tr agedia, ordena
compensar a l a familia de cada ví ctima con 5.200 $, y con la mitad de esa cuantía a los
supervivientes (Williams, 2006).
Terror ismo (7%). La vi olencia sigue cr eciendo en Oriente Medio, don de se suceden
los atentados en un Irak dominado por los enfrentamientos entre sunníes y chiíes y por
los ataques de insurgentes. El alto el fuego acorda do por Abbas y Sharon s e interrumpe
con l a viol encia de grupos armados palestinos y el atentado de las F uerzas Armada s
israelíes en la pl a y a Beit Lahiya , al norte de Gaza. En Egipto continúan los ataques
terroristas en complejos turísticos en el sur y en tres ig lesias coptas en el norte del país.
Irak se encuentra inmerso en lo que ya es claramente una guerra civil. El 5 de ener o
de 2006 es uno de los días más sangrientos en la historia r eciente del país desde su
invasión en 2003 con la muerte de 140 personas en varios atentados suicidas en Ramadi
y Karbala. Éstos se prod ucen un día después del a taque en un funeral en Muqdadi y a h en
el que pierde n la vida cuarenta y dos personas.
En el centro de reclutamiento de Ramadi, capital de la provincia de An bar domi nada
por sunníes, se suceden d os ataques suicidas con bomba que d ejan al menos 80 víctimas
y 61 h eridos, todos ellos sunníes. Las a utoridades militares estadounidenses informan de
solo treinta m uertos. Los residente s de R amadi declaran sus sospe chas de que los
336
3.2.1. Protagonismos políticos 2001
Fig. 9 Relació n los pr otagonistas po líticos releva ntes en 20 01
El nuevo secretario ge neral de la Liga Árabe (2001-2011) encabeza la lista de
protag onistas polít icos de este año. M ahfouz confía en Amr Moussa y en su capac idad
para reformar la o rganización conduciéndola hacia un futuro mejor y de este m odo
“rea vivar su rol como a ge nte efectivo de c ambio” tan necesario pa ra el desarrollo del
Mundo Árabe, con la cuestión palestina como prioridad (Mahfouz, 26.07.2001).
Le sigue c on un 19% el mini stro i sraelí, Ariel Sharon (2001-2006), que será a lo
larg o de varios años uno de l os prot agonistas prin cipales. El que fuera líder de la temida
Amr Mou ssa
25%
Anwar el-Sadat
13%
Ariel Shar on
19%
Bill Clinton
6%
Hosni
Mubara k
6%
Imam Al-Ghazali
13%
Menájem Begin
13%
Osama b in Laden
6%
Pr otag o nismos políticos 2001
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