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UNIVERSIDAD DE MÁLAGA
TESIS DOCTORAL
¿Leal servidor o traidor? El Marqués de
Villadarias en la Guerra de Sucesión y su
vinculación con la ciudad de Antequera
FRANCISCO JAVIER RESA MONCAYO
Dirigida por:
Dra. Dª Marion RederGadow
Tutor
Dr. D. Juan Jesús Bravo Caro
Facultad de Filosofía y Letras
Departamento de Historia Moderna y Contemporánea
Programa de Doctorado
“Grupos Sociales y Mentalidades cole ctivas en la Historia Moderna y
Contemporánea”
Málaga 2015
AUT OR: Francisco Javier Resa Moncayo
http://orcid.or g/0000-0001-8097-031 1
EDIT A: Publicaciones y Divulgación Científica. Universidad de Málaga
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-
SinObraDerivada 4.0 Internacional:
http://creativecommons.or g/licenses/by-nc-nd/4.0/legalcode
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pero con el reconocimiento y atribución de los autores.
No se puede hacer uso comercial de la obra y no se puede alterar , transformar o hacer
obras derivadas.
Esta T esis Doctoral está depositada en el Repositorio Institucional de la Universidad de
Málaga (RIUMA): riuma.uma.es
A mis padres, quienes entre el olor
del pan recién hecho, me enseñaron
lo que es la vida.
A Nuria, porque andábamos sin
buscarnos pero sabiendo que
andábamos para encontrarnos.
A Yeray, Yanira e Isaac, su felicidad
es la mía, mientras siguen creciendo
en nuestro corazón.
AGRADECIMIENTOS
La realización de esta tesis doctoral hubiera sido imposible sin la
colaboración de muchas personas, que de una u otra for ma nos han aportado su
ayuda.
De este modo, quiero comenzar agradeciendo en primer lugar, a la
Doctora Dª Marion RederGadow, Director a de esta tesis doctoral, su apoyo
incondicional que durante todo este tiem po me ha prestado. Con ella me inicié en
el apasionante mundo de la investigación que busca respuestas en los archivos, a
las incógnitas que la historia nos plantea. A lo largo de todos estos años, ha sido
capaz de contagiarnos su entusiasmo por la historia y por el trabajo bien hecho.
Sin sus consejos y sus palabras de ánimo, sin sus horas de de dicación y entre ga,
hubiera sido imposible realizar este trabajo de investigación.
De igual manera, quiero agradece r su apoyo al Dr. D. Pedro Pérez Frías,
quien me ha ayuda do en todas las cuestiones técnicas, compartiendo m uchos
momentos que fueron de lo más interesa nte, y quie n tambié n m e asesoró en
muchas cuestiones militares, de las que él es un gran conocedor. Con él nos
sumergimos en las entrañas del Archivo General Militar de Segovia, y fruto de
esas jornadas de investigación aún no s queda pendie nte una gran cantida d de
legajos que, sin duda, ofrecerán nuevos da tos sobre el tema que aquí nos ocupa,
en futuros estudios.
No puedo dejar atrás a lo s técnicos que trabajan en el Archivo Histórico
Municipal de Antequera, dirigido por D. Jo sé Escalante Jim énez, quien desde un
primer momento, me facilitaron su a yuda y colaboración, y que me abrieron
multitud de nuevas perspectivas investig adoras dentro de lo que se viene
denominando microhi storia, y que es peramos podamos seguir abordando.
Del mismo modo, quiero agradecer a D. Antonio Cabanilla s, gran experto
en cuestiones heráldicas y genealógicas, sus aportaciones siempre interesantes
que me sirvieron para adentrarme en ese mundo tan interesante com o
complicado, y que nos ha n permitido rec ons truir los antecedentes familiares de
los segundos marqueses de Villadarias, así como hacer un completo estudio
heráldico de esa familia. Sin duda, todo este estudio genealógico, nos han a bierto
nuevas vías de investig ación, especialmente con el apellido Vintimilla.
Por último, mi más sin cero agradecimiento a t odos aquellos que en algún
momento de este largo camino, m e ha n regalado parte de su tiem po, para
aportarme alguna sugerencia, o para bri ndarm e alguna palabra de aliento, que sin
duda me han resultado de gran ayuda, pa ra la concluir esta tesis doctoral.
A todos muchas gracias.
I
ABREVIATURAS MÁS USADAS
A.C.C.M. Archivo Cabild o Catedral de Málaga
A.D.E. Archivo Díaz de Escovar
A.G.M.S. Archivo Gene ral Militar de Segovia
A.G.S. Archivo General de Simancas
A.H.M.A. Archivo Históric o Municipal de Ante quera
A.H.N. Archivo Histórico Nacional
A.H.D.M. Archivo Histór ico Diocesano de Málaga
A.H.P.M. Archivo Históric o Provincial de Málaga
A.M.M. Archivo Municipal de Málaga
F.M. Fondo Municipal
F.P.N. Fondo Protocol os Notariales
Leg. Legajo
OO.MM. Órdenes Militares
pp. Páginas
I
ÍNDICE
1 INTRODUCCIÓN ..................................................................................................................... 1
1.1 JUSTIFICACIÓN Y MOTIVACIÓN. ................................................................................... 1
1.2 ESTADO DE LA CUESTIÓN .............................................................................................. 5
1.3 METODOLOG ÍA ............................................................................................................ 10
2 ANTECEDENTES FAMILIARES DE LOS SEG UNDOS MARQUES ES DE VILLADARIAS
D.FRANCISCO DEL CASTILLO FAJARDO Y Dª PAULA MARÍA DE VINTIMILLA RODRÍGUEZ DE
SANTISTEBAN. ............................................................................................................................. 19
2.1 INTRODUCCIÓN ........................................................................................................... 19
2.2 ANTECEDENTES FAMILIARES DE D. FRA NCISCO DEL CASTILLO FAJARDO HASTA 1685.
21
2.3 ANTECEDENTES FAMILIARES DE Dª PAULA VINTIMILLA RODRÍGU EZ DE SANTISTEBAN
HASTA 1685. ............................................................................................................................ 33
2.4 ASPECTOS FAMILIA RES DE D. FRANCISCO DEL CASTILLO Y FAJARDO Y Dª PAULA
MARÍA DE VINTIMILLA RODRÍGUEZ DE SANTISTEBAN DESDE 1685 HASTA 1698. CONCESIÓN
DEL TÍTULO DE MARQUÉS DE VILLADA RIAS EN 1690. ............................................................ 44
2.5 ESCUDOS Y ESTUDIO HER ÁLDICO DEL MARQU ESADO DE VILLADARIAS. ................... 57
3 DEL OCASO DE LOS AU ST RIAS AL PR ELUDI O DE LOS BORBONES: LOS ALBORES DEL
CONFLICTO SUCESOR IO .............................................................................................................. 69
3.1 ANTECEDENTES HIST ÓRICOS. FINAL DEL REINADO DE CARLOS II. SU POLÉMICO
TESTAMENT O. NOMBRAMIENT O DEL DUQUE DE AN J OU COMO REY DE ESPAÑA ................ 69
3.2 ÚLTIMAS APORTACI ONES HISTÓRICAS SOBRE LA CU EST IÓN . EVOLUCIÓN Y REVISIÓN
HISTORIOGRÁFICA AL RES PECTO HASTA 1702. ....................................................................... 81
3.3 PRIMERAS IMPRE SION ES DE D. FCO. DEL CASTILLO Y FAJARD O SOBRE ES TOS
PRIMEROS AÑO S DE L CONFLICTO DESDE CEUTA. SU GOBIERNO EN ESTA PLAZA SITIADA. .. 82
4 ANTEQUERA ANTE EL CAMBIO DINÁSTICO. ASP ECTOS MÁS SIGNIFI CATIVOS DE LOS
INICIOS DEL CONFLICTO. ............................................................................................................. 95
4.1 UNA VISI ÓN DE LA CIUDAD Y ALGUNOS DATOS DEMOGRÁFICOS. ............................ 95
4.2 ASPECTOS SOCIALES, ECON ÓMICOS Y POLÍTICOS A CONSIDERAR: EL CONCEJO
ANTEQUERANO ANTE EL CAMBIO DINÁSTICO. ....................................................................... 98
II
4.3 ACTITUD ANTE LA VIDA Y LA MUERTE EN ANTEQUERA EN EL TRÁNSITO DEL
SEISCIENTOS AL SETECIENTOS: EL CAMINO QUE VA DE LO MUNDANO A LO TRASCENDENTE.
129
4.4 PRIMERAS DISPOSICIONES MILITA RES DEL CABILDO AN TEQ UER ANO EN LOS ALBORES
DEL CONFLICTO SUCESORIO. ................................................................................................. 139
5 OCUPACIONES Y PREOC UPA CIO NE S DEL MARQUÉ S DE VILLADARIAS COMO CAPITÁN
GENE RAL DE ANDALUCÍA .......................................................................................................... 149
5.1 SUS PRIMERAS DISPOSICIONES COMO CAP IT ÁN GENERAL DE ANDALUCÍA ............ 149
5.1.1 Contribución antequerana a los sucesos de 1702 en la costa gaditana. .......... 160
5.1.2 1703: un año marcado por la entrada de Portugal en el conflicto. .................. 166
5.2 INTENTO FALLIDO DE RECUPERAR GIBR ALTAR. ¿NEGLIGENCIA DE VILLADARIAS O
FALTA DE MEDIOS Y COORDINACIÓN? ................................................................................. 178
5.3 LA ACTUACIÓN DE VILLADARIAS DESDE LOS SUCESOS DE GIBRALTAR HA STA SU CESE
COMO CAPITÁN GENERA L DE ANDALUCÍA. .......................................................................... 202
6 LA GUERRA DE SU CESIÓ N EN ANTEQUERA DESDE 1703 HASTA 1706 ............................. 217
6.1 ASPECTOS ECONÓ MICOS Y SOCIALES EN ANTEQUERA: 1703 ‐ 1706 ......................... 217
6.2 FERVOR, D ESASOSIEGO Y TRADICIÓN ANTE LAS PRIM ERAS HOSTILIDADES. ........... 228
6.3 ECOS DEL CONFLICTO SUCESOR IO EN LA CIUDAD DEL TORCAL: LOS SU CESOS DE
GIBRALTAR Y LOS ACONTECIMIENTOS ACAECIDOS EN 1706 ................................................ 234
7 PRESENCIA DE LOS MARQUESES DE VILLADARIAS EN ANTEQUERA. RELACIONE S SOCIALES
Y FAMILIARES. ACTI TUD AN TE LA VIDA Y LA MU ERTE. ............................................................. 291
7.1 LLEGADA Y ESTABLECIMIENTO DEL MARQUÉS DE VILLADARIAS Y SU FAMILIA EN
ANTEQUERA. PRIMEROS CONTACTOS CON LAS ÉLITES SOCIALES Y POLÍTICAS. .................. 291
7.2 EN BUS CA DE UNA RESIDENCIA DIGNA: LA COMPRA Y CONSTRUCCIÓN DE LA “CASA
DE LAS COLUMNAS” .............................................................................................................. 295
7.3 HÁBITOS RELIGIOS OS Y PIADOSOS DE LOS MARQUESES DE VILLADARIAS. SU
AFINIDAD CON LA ORDEN TRINITARIA .................................................................................. 304
7.4 ACTITUD ANTE LA MUERTE: TESTAMENTO Y FUNDACIÓN DE VÍNCULO Y
MAYORAZGO DE LOS MARQUESES DE VILLADARIAS. ........................................................... 307
7.4.1 Fundación de vínculo y mayorazgo de los Marqueses de Villadarias. .............. 308
4
De este modo, las historias locales que se han venido publicando desde
hace cuatro siglos solo han aportado al gunos conocimientos generales sobre la
dilatada historia de esta ci udad, sin prof undizar de m ane ra alguna en las distintas
etapas. Sin duda queda mucho por hacer en este sentido.
Por este motivo, una de los períodos má s oscuro de la historia de
Antequera, es el que hace refe rencia a lo que se ha ve nido denominando Historia
Moderna, es decir, los siglos XVI, XVII y XVIII. Aunque en distintos artículos
hemos ido aportando información sobre al gunos temas concretos ubicados dentro
de este marco temporal, aún s iguen fa ltando estudios e investigaciones que
completen el conocimiento de esta époc a y que nos proporcionen una visión
mucho más exacta de la realidad que se vivió e n una de l as urbes más
importantes del inicio de nuestra modernidad.
Por este motivo, nos parecía muy interesante iniciar un estudio que
profundizara en un período ta n br eve como at ractivo para esta ciudad, esto es, la
transición de la centuria del Seiscientos al Setecientos. Así que esta tesis doctoral
viene a cubrir un vac ío existente dentr o de la historia de local, y supone, un
primer paso para un futur o trabajo mucho má s amplio, que abar que una m ayor
diversidad de aspectos y un a cronología más extensa.
En el caso que aquí nos ocupa, y para una mejor com prensión del
funcionamiento del C abildo m unicipal, he mos creído oportuno ce ntrarnos en el
estudio de sus integrantes y s us comple jas relaciones, sus decisiones y cómo
repercutieron en el total de los ve cinos, sus pr oblemas económicos, s us
relaciones con otras instituciones locale s tanto locales como provinciales y
nacionales, así como su aportación al conflicto sucesorio. Todo ello nos ha
llevado a realizar una autént ica biog rafía colectiva de los miembros del
Ayuntamiento anteque rano, que nos ha pe rmitido alcanzar una visión má s real de
5
cómo eran las élites de poder muni cipal, durante un momento histórico
especialmente complicado como el que hemos elegido.
Por último, queremos añad ir que los límites temporales del presente
estudio, se deben a una cuestión estr ictamente práctica, ya que nuestro
planteamiento inicial abarcaba una cronolog ía que llegase hasta el final de la
Guerra de Sucesión, si bi en los cambios acaecidos en los últimos años en el
ámbito académico universitario nos ha im pedido, alcanzar es e objetivo inicial,
aunque en realidad tene mos documentación s uficiente como para seguir
profundizando en es os añ os que llegan hasta la firm a del Tratado de Utrecht,
tanto a nivel local en Antequera como en otros aspectos relacionados con el
desarrollo del conflicto y la participaci ón del marqués de Villadarias en esos
momento s.
1.2 ESTADO DE LA CUESTIÓN
Un tema como el que aquí nos ocupa requiere de un análisis previo de
aquellos historiadores que con sus estudi os han cont ribuido a abrir distintas
líneas de investigación sobre el mismo.
De este modo, hemos creído oportuno distinguir dif ere ntes apartados,
dado que nuestra tesis doctoral tiene vari as partes relacionadas entre sí, pero al
mismo tiem po con entidad propi a.
En este sentido, la primera parte, es aquella que está relacionada con la
guerra de Sucesión, y concre tamente con el desarrollo de este conflicto e n sus
primeros años, hasta 1706, en Andalucía, pero centrándonos en la labor que
ejerció como capitán general de Andalucí a, el segundo marqués de Villadarias.
Para poder sumergirnos en este apartado resulta fundamental la cons ulta
de obras clásicas que iniciaron el la rgo camino historiogr áfico que llega a
nuestros días. En este sentido son importa nte s libros com o el del marqués de San
6
Felipe Coment arios de la Guerra de España e historia de su re y Felipe V, el
animos o , o el de Luciano de Taxonera, Felipe V. Fundador de una dinastía y dos
veces rey de España .
Entre las obras generales destacan la de Domínguez Ortiz, quien en el
volumen II I, de su Historia Universal Moder na , hace referencia a este tema. Del
mismo m odo, Armillas Vicente y su obra La Guerra de Sucesión , o Ric ardo
García Cárcel, quien c oordinó un libro titulado Historia de España. Siglo XVI II.
La España de los Borbones .
Además, John Lynch dirigió dos obras centradas en la Historia Moderna
en nuestro país, Historia de España. Edad Mode rna. Crisis y recuperación,
1598-1808 e Historia de España. Los pr imeros Borbones: 1700-1759 , que
también supusieron en los prim eros años de este siglo do s trabajos de referencia.
Por otra parte, también son impres cindi bles autores como Pedro V oltes
Bou, con varias obras entre la que podemos destacar La Guerra de Sucesión o
Felipe V. Fundador de la España contemporáne a .
En la misma línea destacamos tambié n al historiador británico Henry
Kamen, que con obras como La Guerra de Sucesión en España , publicada en la
década de los Setenta, o Felipe V. El rey que reinó dos veces , que se publicó el
mismo año que se cumplía el tricentena rio del inicio de dicho conflicto, han
aportado también estudi os muy i nteresantes.
Emilio de Diego García, public ó un in teresante libro en el año 2007, La
Guerra de Sucesión española: de conflicto inter no a Primera Guerra Mundial.
La crisis sucesoria de la monarquía hispánica , que ha servido para plantear
nuevas hipótesis.
Tampoco queremos de jar atrás el libro L a dimensión civil de la Guerra de
Sucesión Española en la historiografía actual , escrito por Virgi nia León Sanz, o
7
su otro libr o Entre Austrias y Borbones: el arch iduque Carlos y la monarquía de
España (1700-1714) .
No podemos olvidar, que a fina les del año 2000 , con motivo del
tricentenario del cambio dinás tico y el consiguiente inic io del conflicto sucesorio,
se celebraron en Sevilla las X Jornadas Nacionales de Historia Militar, Cátedra
General Castaños, que con el título genérico de La Guerra de Sucesión en
España y América , reunieron a un gran número de hi storiadores que abor daron
aspectos tan variados de este conflicto co mo su incidencia en diversas partes de
España y en la América española, el ejército durante esos años, episodios
destacados, la actuación de los Ayuntamient os, las relaciones internacionales con
otros países, su repercusión en la cienci a y la cultura o las fuentes documentales
que permiten su estudio.
Dentro de los estudios que se han lle vado a cabo respecto al desarrollo y
la repercusión de la guerra de Sucesión en nuestra co munida d autónoma, resultan
imprescindibles historiadores como Jo sé Calvo Poyato, que con una ingente
producción literaria ha contribuido sin lugar a dudas, a iniciar un camino de
investigación sobre este tema, fundamental para aquellos que querem os continuar
esa línea. Son imprescindibles sus libros Guerra de Sucesión en Andalucía:
aportación al conflicto de lo s pueblos del sur de Córdoba, escrito en los
primeros años de la década de los ochenta de la centuria pasada, o muchos de sus
artículos que centrándose en alguna zona concreta de nuestra geografía más
cercana, como por ejemplo, “Felipe V rechazado. Conjura en Granada”,
publicado en la revista la Ave ntura de la Historia , o “La Guerra de Sucesión en
Écija”, publicado en Archivo Hispalense: Revista histórica, literaria y artística .
Otros artículos, han abordado otros aspe ctos más concretos como por ejemplo
“Gibraltar, nuevas aportaciones: la fina nciación y ga stos de l asedio de 1704-
1705”, que vio su luz en Los Cuadernos de i nvestigación histórica o “1704:
Gibraltar en el marco de un conflicto europe o” publicado en la Revista de
8
estudios campogibraltareñosAlmoraima o el artículo “Atacan los ingleses” que
apareció en Historia 16.
Otros autores que han centrado sus es tudios en las secuelas de este
enfrentamiento en Andalucía, son José Contreras Gay, que en las mencionadas
jornadas que se celebraron en Sevilla en el año 2000, aportó un magnífico
artículo titulado “La unión defe ns iva de los reinos de A ndalucía en la Guerra de
Sucesión”. Años antes realizó ot ro artículo publicado en el Boletín del Instituto
de Estudios Almerienses , “Almería ante el cambio de dinastía” en el que
abordaba como el Cabildo de esa ciudad afrontaba la muerte del último de los
Austria y la entronización del prim er Borbón. Tambié n en su libro Las milicias
provinciales en el sigl o XVIII: estudio sobre los re gimientos de Andalucía ,
aportó información má s que interesante para investigar diversos aspectos
militares.
Por otra parte, la segunda parte del present e trab ajo de investigación se
centraría en cómo se vi vió este trascendental m omento en una ciuda d media
como Antequera.
Respecto a este tema, la bibliografía encontrada ha sido prácticamente
inexistente, al ser un asunto que hast a el momento no cu enta con estudios
relevantes. En este sentido, la historiograf ía local apenas recoge alguna referencia
mínima centrada sobr e todo en alguna campaña militar pr otagonizada por las
milicias locales y algún episodio re lacionado con la temática religiosa,
impregnado de una fuerte carga ideológica y moralizante.
Quizás la más interesante es la Historia de Antequera , escrita por
Francisco Barrero Baquerizo en 1732, que por su proximida d c ronológica al
período referido a porta algunas de las ideas antes descritas. Las que se hicieron
con posterioridad son prácticamente c opias de esta y otras anteriores.
9
Habrá que esperar a la década de lo s ochenta del siglo XX para encontrar
alguna otra referencia a es te episodio de la historia de la ciudad del Torcal. Nos
estamos refiriendo a la Historia de Ant equera , escrita por Antoni o Parejo
Barranco, quien abordó con algo m ás de profundidad este tema.
Por último, respecto a la parte rela cionada con la vida familiar y el
establecimiento de D. Francisco del Cas tillo en Antequera, sólo hemos contado
con dos artículos de prensa que aparecieron en la ciud ad en la década de los
cuarenta y de los ochenta de la centur ia pasada, y que aportan algunos datos
mínimos.
Por todo ello, con esta tesis docto ral queremos aportar un estudio que
venga por una parte a comple tar otros estudios que se han realizado sobre los
primeros años de la guerra de Sucesión en Andalucía, y por ende en Es paña,
centrándonos en un personaje clave y m uy cuestionado como es el segundo
marqués de Villadarias, que desempeñó un papel fundamental en ese momento
hasta que fue sustituid o en 1706, por un nue vo capitán general.
Además, con el presente trabajo de investigación que remos contribuir a
conocer algo más de una ci udad como An tequera en una etapa de la que apenas
sabemos nada, como es la Historia Modern a, y más concretamente el inicio del
siglo XVIII, que sin duda, resultará funda mental para futuros proyectos que
vengan a analizar este período tan interesante como inédito.
No podemos terminar sin hacer alusión al aspecto más íntim o y privado de
nuestro personaje, al que hemos a bordado de una manera más personal, y que nos
permite tener una visión más fiel y cercana de él.
Fuera de su ámbito estrictamente prof esional, si entendemos como tal su
labor como militar de renombre, hemos querido acercarnos a él en su otra
10
vertiente de marido y padre de familia, lo que nos ha permiti do reconstruir su
familia, y abordar tem as como el parentesco y el linaje.
1.3 METODOLOGÍA
Sin duda, afrontar un tema de inve stigación como el que aquí estamos
presentando no es nada fácil.
Esa pregunta que en su momento nos sirv ió para iniciar este largo camino,
y que parece sencilla, no lo es en absolu to. Cuando empezaron nuestras primeras
indagaciones nos co menzamos a dar c uen ta de que este personaje que había
soñado esa Casa de las Colum nas, no era un personaje cualquiera.
Tenía algo de especial, ya que su ca rrera militar le había servido para
viajar por diferentes lugares y residir en sitios muy dispares y diferentes, lo que
le permitió relacionarse con las élites municipales, militares y políticas del
momento, convirtiéndose de este m odo en uno de los protagonistas de esa etapa
que le tocó vivir.
Por otra parte, su vinculación con la ciudad de Ante quera, nos abrió la
posibilidad de cuestionarnos cómo se vivió en ella el cambio dinástico, y ante la
falta de bibliografía al respecto, tambié n pensamos que investigar en el Archivo
Histórico Municipal de Antequera sobr e este asunto, era un reto bastante
interesante.
Evidentemente, nada tiene que ver esa primera visita que hic imos al
depósito provisional donde se encontraba entonces la ingente cantidad de legajos
del mencionado archivo, en la m ayoría de los casos sin clasificar aún, con los
últimos años, en los que el reconstruido y rehabilitado antiguo pósito de la ciudad
alberga y conserva, de una m anera m agnífica, toda una legión de le gajos i néditos,
11
pero muy interesantes, y que son un estím ulo muy gratificante para cualquiera
que se quiera acercar a la histor ia de la ciudad de Antequera.
La dificultad que se nos presentó entonces fue buscar el nexo de unión
entre ambos temas de investigación: la biografía del segundo marqués de
Villadarias y Antequera ante el cambio dinástico. Sin du da, cualquiera de los dos
asuntos por sí solos sería un tema más que suficiente para elaborar una tesis
doctoral. De ahí que debíamos encajar muy bien las piezas de este puzle que se
nos ofrecía.
La solución era fijar un período cronológico concreto en el que
coincidieran ambas materias, y este er a el que comprendía de sde 1700 hasta
1706, coincidiendo con uno de los mome ntos más interesantes de la carrera
militar de D. Francisco del Castillo y Fa jardo, cuando tras su estancia como
gobernador en Ceuta , fue designado com o capitán general de Andal ucía,
precisamente en un m omento fundamental del conflicto sucesorio como fueron
los primeros años del mismo, que tuvier on como principal escenario las tierras
andaluzas.
Ese mismo período se vivi ó en Antequer a con una intensidad propia de las
circunstancias que se estaban dando, por lo que nos parecía muy motivador
afrontar este reto de averiguar a trav és de una variada y fértil documentación,
cuáles fueron las reacciones ante los hechos que fueron sucediendo.
Además nuestro marqués de Villadari as, como máxima autoridad militar
de Andalucía, tuvo una re lación epistolar muy intensa con todas las ciudades de
nuestra geografía, y por e nde con Ante quera. Sin duda, el hecho de que má s tarde
decidiera instalarse en esta ciudad sirvió para crear en torno a su persona un halo
de celebridad entre las distintas élites municipales y eclesiásticas.
12
Por todo ello, creímos oportuno estruc turar esta tesis doctoral en varios
capítulos, con el fin de facilitar su lectura y comprensión.
Como no podía ser de otra manera, en el capítulo segundo, hemos creído
conveniente reconstruir la genealogía de D. Francisco del Castillo y Fajardo y su
esposa Dª Paula Vintimilla Rodríguez de Santisteba n. Para ello, creímos
oportuno hablar de manera individualiz ada de los antecede ntes familiares de
ambos por separado, ya que hablamos de dos familias muy amplias en núm ero y
con raíces profundamente ennoblecidas.
El momento que elegimos para enlazar ambas estirpes fue 1685, año en el
que ambos personajes contrajeron matrimonio en Málaga.
A partir de ese instante se entr oncaron dos linajes con abolengo que
comenzaron una vi da en común, que e n su s primeros años les llevó a residir en
distintas ciudades españolas y de los País es Bajos, ya que los servicios que D.
Francisco tenía que prestar a la C orona así lo exigía.
Coinciden estos años con la obtenci ón del título nobiliario que el último
de los Habsbur go concedió por sus méritos al cabeza de familia.
Tras su llegada a la ciudad de Anteque racomenzaron a ge nerar una
abundante documentación qu e aún se conserva en la sección del Fondo de
Protocolos Notariales del Archiv o Hi stórico Municipal de Antequera.
Entre la documentación que ha llegado hasta nuestros días podemos citar,
los poderes notariales para los agentes en corte o en la Real Chancillería de
Granada, los testamentos, la Fundación de Vínculo y Ma yorazgo, c apitulaciones
matrimoniales, cesione s, contratos de co mpra y ve nta o arrendamiento, etc. Sin
duda, aunque hemos recogido los más si gnificativos, existen otros m uchos que,
aunque tenemos localizados, no hemos po dido consultar aún, y que con toda
13
seguridad nos servirán para completar muchos aspectos de su vida y estancia en
la ciudad del Torcal.
Especialmente significativos nos ha n resultado dos de esos documentos
que nos han permitido acercar nos al mundo de las ment alidades, y a comprender
mejor cuál fue su actitud a nte la vida y la muerte. Nos estamos refiriendo a la
Fundación de Vínculo y Mayor azgo que fundaron y al test amento doble que
otorgaron, ambos ante el mismo escrib ano, y con t an sólo unos meses de
diferencia.
Además, hay otro legajo en el m ism o archivo, que nos ha ofr ecido la
oportunidad de acceder a las propiedades que esta familia tenía en la ciudad y
que tenían vinculadas . Se trata de las Re s puestas Particulares del Catastro de
Ensenada.
Terminamos este capítulo con un estudio heráldico, nada fácil de abor dar,
dado las relaciones interfamiliares que concluyeron en nuestros personajes.
El capítulo tercero, supone un verdad ero estado de la cuestión sucesoria,
que nos lleva a analizar los últimos a ños del rey hechizad o, su decisión
testamentaria, así como la aceptaci ón y llegada del duque de Anjou.
Este período lo hemos alarga do hasta 1702 por dos m otivos.
En primer lugar, porque los primeros sucesos bélicos importa ntes tuvieron
lugar fuera de nuestro país, ya que los dis tintos países se prepararon para un
conflicto internacional, da do sus encontrada s post uras a favor o en contra de ca da
uno de los dos bandos que as piraban a hac erse con el trono espa ñol. Mientras
tanto, las ciudades españolas vi vían co n cierta angustia y temor el inevitable
inicio de las hostilidades en nuestro territorio.
19
2 ANTECEDENTES FAMILIARES DE LOS SEGUNDOS
MARQUESES DE VILLADAR IAS D.FRANCISCO DEL
CASTILLO FAJ ARDO Y Dª PAULA MARÍA DE VI NTIMILLA
RODRÍGUEZ DE SANTISTEBAN.
2.1 INTRODUCCIÓN
La elaboración de una biog rafía sobre el marquesado de Villadarias en sus
tres primeras generaciones, es el ob jetivo principal del presente capítulo.
Centraremos el estudio de manera especi al en la figura del segundo Marqués de
Villadarias, D. Francisco del Castillo Faja rdo, y en su esposa Dª Paula María de
Vintimilla Rodríguez de Santisteban. So bre ellos haremos un exhaustivo estudio
no solo referente a sus aspectos genealóg icos y datos biográficos, sino también a
aquellos matices relacionados con l o que se ha venido denomina ndo Historia de
la Familia 1 . Analizaremos diversos y diferent es aspectos como pueden ser las
políticas matrimoniales que se siguieron, o la transmisión y el traspaso
generacional de los bienes de la propiedad que llegaron a poseer.
Conviene resaltar que el período cr onológico que a barcamos en este
capítulo se inicia a finales del siglo XV, donde hem os hallado los primeros
antecedentes genealógicos de nuestros dos personajes, y llega hasta 1698,
momento en el que D. Francisco del Castillo y Faja rdo fue nombrado
Gobernador de Ceuta. Se abrió e ntonces un período m uy interesante previo al
desenlace del conflicto con el que se inició la centuria del Setecientos español: la
Guerra de Sucesión.
1 En este sentido, Francisco Chacón Jim énez, ha reali zad o dive rsos artícu los m uy interesantes al respect o
como por e jem plo, “Nuevas l ecturas sobre la soci edad y la familia en España, siglos XV-XIX” en
Comuni dad e i dentidad e n el mun do ibéri co, Simp osium e n Honor a JimCasey, 2013, pp. 219-
233;“Familias, sociedad y siste m a social: S. XVI-XIX” en Familias: Historia d e la sociedad Española
(del final de l a Edad Media a nuestro s días , 2011, pp. 325-392; “Famil ias y poderes” en Pobl ación y
grupos sociales en el Antiguo Régi men , Vol. 1, 2009, pp. 21-32 . También ha co ordinado obras como
Familia y organiza ción social en Eu ropa y América: siglos XV XX, Universidad de Murcia, Ser vicio de
publicaciones, 2007; Poder y movilida d social: cortesanos, religioso s y oligarquías en la península
Ibérica (siglos XV-XIX) , Consejo Superio r de Invest igaciones Cientí ficas, CSIC, Universidad de Murci a,
2006.
20
Además con el objetivo de facilitar la lectura y comprensión hemos creído
conveniente dividir este ca pítulo en tres apartados . El primero recoge los
antecedentes familiares de D. Fran cisco del Castillo y Fajardo.
En una misma línea investigadora, el segundo expone los resultados
obtenidos en un análisis similar pero en este caso de D ª Paula María de
Vintimilla Rodríguez de Santisteban.
En este sentido antes del matrimonio cada uno de l os c ontrayentes seguía
unos patrones que la mism a sociedad les im ponía. Sus roles de hombre y mujer
les capacitaba a cada uno para desempeñar una función concre ta y preestablecida
desde su nacimiento en razón de su sexo y de su posición social.
En este caso, a D. Francisco, en razó n de su status soci al, le correspondía
defender con sus armas y valor a una r ealidad política y hegemónica que, por un
lado le brindó la oport unida d de satisfacer sus aspiraci ones personales y ascender
en el escalafón militar, pero por otro la do, le supuso afrontar momentos muy
delicados dentro de un conf licto ocasionado por el camb io dinástico que se llevó
a cabo en España coincidiendo con el cambio de siglo.
En cambio la realidad de Dª Pa ula era bastante diferente, y venía marcada
por su condición de mujer perteneciente al escalafón nobiliario, por lo que su
infancia y adolescencia estuvo cond icionada por una educación y una
preparación continua, con la que afr ontar con garantías de éxito sus
responsabilidades conyugales, matern as y laborales dentro del hogar.
Por último el tercer apartado se inicia con una fecha determinada, el 25 de
marzo de 1685 día en que se produjo el e nlace matrimonial de ambos pers onajes.
A partir de entonces quedaron emparent adas dos familias nobles de im portante
reconocimiento social, se acrecentó la fo rtuna familiar y se c onsolidó su status,
de manera especial cuando en la última década del Seis cientos, concretamente el
21
20 de marzo de 1690, el rey Carlos II c oncede a D. Francisco del Castillo el
título nobiliario de Marqués de Villada rias. Consideramos este hecho como
crucial, llegando incluso a marcar un ante s y un después en la vida de nuestros
personajes. Por tal motivo, analizaremos co mo transcurre la vida de los segundos
marqueses de Villadarias entre 1690, momento de la co ncesión del título
nobiliario y 1698, cuando D. Francisc o del Castillo y Fajardo es nombrado
Gobernador de Ceuta, como ya hemos indicado anterior mente.
Por otra parte somos conscientes de que los diversos servicios al Rey,
reflejados en distintas tareas diplomátic as y castrenses que desarrolló el marqués
de Villadarias por distintos enclaves geográficos tanto dentro como fuera de
España (Ostende, Guipúzcoa,…), y má s concretamente durante el período
indicado del último cuarto del siglo XVII, ha s upues to una dificultad añadida
para nuestra labor in vestigadora, ya que ha sido imposible visitar todos estos
lugares y cons ultar la documentación que con toda seguridad gener aron nuestros
personajes, y que con certeza puede re sultar también muy interesante para
estudios posteriores.
2.2 ANTECEDENTES FAMILIARES DE D. FRANCISCO DEL
CASTILLO FAJARDO HASTA 1685.
Los primeros datos genealógicos relacionados con D. Francisco del
Castillo Fajardo, vía paterna, los enc ontramos en la figur a de Alonso del
Castillo, Caballero de Calatrava, quien esta bleció su casa en la ciudad de Murcia,
donde había nacido y en la que habían casado sus padres 2 . D. Alonso tuvo como
descendencia a un único h ijo, llamado Juan González del Castillo, natural de
Murcia, pero más conocido generalm ente por Juan Gonz ález de Orihuela porque
residió en esta ciudad. Más tarde se tras ladó a la villa de Castillo de Garci –
Muñoz, del partido j udicial de San Clemen te en Cuenca, donde creó nueva casa y
2 GARCÍA CA RRAFFA, A. y A., Enciclop edia Heráld ica y Geneal ógica Hispa no – Americana, Tomo
XXV, p p. 10 5 – 10 6.
22
donde moriría. Juan González del Castillo tuvo cuat ro hijos varones, de los que
destacaremos a Hernán González del Castill o, progenitor de la rama de Málaga, a
la que pertenecieron los Señores de Villadarias, después Marqueses.
Hernán González del Ca stillo contrajo matrim onio con Dª Juana de
Toledo, con quien tuvo como descende ncia a Alonso del Castillo, Señor de
Altarejos, del que fue descendiente Arias del Castillo 3 , Secretario de Carlos V y
fundador del Mayorazgo de la Casa de Arias que her edó su nieto. Además de
Secretario de Carlos V, también fue su Juez Conservador y Veedor General en
Sicilia. Testó en Palermo el 4 de diciembr e de 1549 ante don Pedro de Rica, por
el que vinculó los bienes que poseía en Málaga y Ante quera, con la expresa
condición de que los llamados conser vase n y mantuviesen el apellido del
Castillo 4 . Además solicitaba ser enterrado en el Convento de la Victoria de
Málaga.
Arias del Castillo se casó con Dª Marí a de los Ríos, y ambos tuvieron
varios hijos, de los que cabe destacar a D. Diego del Castillo, Colegial en el de
San Clemente de Bolonia, Doctor en la Universida d, Capitán de la Gente de
guerra, y Gobernador Civil y Crimin al de la Ciudad de Palermo 5 . D. Diego del
Castillo contrajo matrimonio con Dª Jer ónima Binde y Carranza, hija de D.
Francisco Binde y de Dª María Carranza.
3 Es precis o aclarar que exist e una geneal ogía pa ralela y difere nte que aparece rec ogida e n la obra de
Antoni o RAMOS Des cripci ón Geneal ógica de la Ca sa de Aguayo, y líneas que se deriv an de ella desde
que se co nquis tó Andalucí a por el Santo R ey D. Fernando III hasta el pre sente, e scrita e n 1781 e n la que
el autor nos habla de unos anteceden tes ge nealógicos de Juan Arias de l Castillo algo diferentes, ya que
apunta a D. Diego del Castillo, conquistador d e Málaga, y casado con María del Castillo como iniciador
de esta rama familiar en Málaga. D. Dieg o del Castillo se inscribió como vecino d e la ciudad de Málaga
el día 30 de agost o de 1487, y recibió varias casas y propieda des en disti ntas zonas ( calle del C iprés,
detrás de la torre del Atabal, en el arrabal de la p uerta de Antequera, calle de los Ramos…) com o consta
en los Repa rtim ientos de Mál aga.
4 NICÁS M ORENO , A., Her áldica y Genealogí a de los Obispos de la Diócesi s de J aén , Instituto de
Estudios Giennenses. Di putación Provincial de Jaén , 1999.
5 RAMOS, A., Descri pción Genealógica de la C asa de Ag uayo, y l íneas que se deriva n de el la desde que
se conquistó And alucía por el Santo Rey D. Fernando III hasta el presente, Málag a, 1781.
23
Del enlace entre D. Diego del Castillo y Dª Jerónima Binde y Carranza,
nació D. Juan Arias del Ca stillo, regidor de Málaga, nieto del Secretario de
Carlos V antes menciona do. En el año 1621, estand o en Málaga solicitó el
traslado del testamento otor gado por su abuelo, como sucesor del m ayorazgo
familiar.
D. Juan Arias del Castillo se casó co n Dª María Vintim illa. Estamos ante
el primer entroncamiento de dos familia s de importante rec onocimiento social,
como son los Castillo y los Vintimilla. El est udio genealógico de los Vintimilla
lo abordaremos precisamente en la secc ión que hace refere ncia a la familia
Vintimilla Rodríguez de Santisteban, por lo que en este apartado no
profundizaremos al respecto.
Del matrimonio de D. Juan Arias del Castillo y de Dª María Vintimilla,
nacieron cuatro hijos - D. Francisco, D. Diego, D. Bernardo y D. Antonio,
siendo estos dos últimos religiosos de la orden de San Franci sco. Precisamente
uno de ellos, Antonio, llegó a ser confes or de la reina Margarita de Austria,
siendo al parecer bastante modesto lo que le llevó a rechazar la oport unidad de
dirigir varios obispados. Adem ás tuvieron cuatro hijas - Dª Ana, Dª María, Dª
Isabel y Dª Jerónima, religiosas estas tres últimas en el conv ento de la Paz de
Málaga -.
De ellos nos centraremos en D. Fran cisco Arias del Castillo y Vintimilla,
regidor de Málaga, Señor de Casa de Aria s, sucesor del víncul o, quién se casó
con Dª María Fajardo Maldonado - tamb ién conocida por María de Berlanga
Maldonado - ya que am bos fueron los abue los paternos de nuestro personaje el
segundo Marqués de Villadarias.
Sobre ellos, al igual que sus a buelos maternos, encontramos una
interesante información en el expediente de ingreso e n la Orden de Santiago que
24
D. Francisco del Castillo Fajardo presentó en el Consejo de di cha orden el 18 de
diciembre de 1684 y que se encuentra en el Archivo Histórico Nacional 6 .
Este expediente lo in iciaron D. Juan Antoni o Guerrero de Torres,
caballero de dicha orden, y el licenci ado Francisco López Nieto, religioso y
miembro tam bién de dicha orden, en A nte quera. Estos comisarios entrevistaron a
38 personas cuyos testimoni os quedar on recogi dos en un total de 75 folios que
sirvieron para demostrar que D. Francisc o del Castillo y Faja rdo reunía todas las
calidades y requisitos para obt ener el mencionado hábito.
Gracias a la lectura detallada de este estudio genealógico que aparece en
dicho expediente sabemos que D. Franci sco Arias del Castillo , abuelo paterno,
era natural de Málaga y se ba utizó en la parroquia de los Santos Mártires el día 1
de marzo de 1582, y otorgó testamento en 1646 ante Pedro Ballesteros, mientras
que su mujer Dª María Maldonado Fajard o hizo testamento ante Melchor de
Múxica el 2 de febrero de 1626.
De igual modo que hasta aquí hemos analizado los antecedentes familiares
de D. Francisco Arias del Castillo y Vi ntim illa, creemos conveniente hacer lo
mismo con los de D ª María Fajardo Maldonado – o Ber langa Mald onado - ya que
resultará fundamental para completar el estudio de nues tro personaje.
En este sentido el bisabuelo de Dª María Fajardo Maldonado fue D.
Rodrigo Maldonado y Manrique de Lara, Capitán en la Conquista de Granada, de
la Cámara del Rey Católico, regidor perpetuo de Loja y Embajador de Castilla en
la Corte de Navarra para tratar del casa miento de la Infant a doña Catalina y del
Príncipe don Juan. Se casó con Dª Francisca Muñoz de Salazar 7 .
6 A.H.N. OOMM , exp. Sa ntiago nº 17 49.
7 GARCÍA CARRAFFA, A. y A., op. cit. , t om o LIII, pp. 1 6 y 1 7.
25
Este matrimonio tuvo com o descende nci a a seis hijos, de los que
destacaremos a D. Francisco Maldonado de Salazar, Corregidor de Guipúzcoa y
del Marquesado de Villena y gran Jurista. Contrajo matrimonio con Dª Fresina o
Francisca Fajardo y Fajardo - hija de Fr ancisco Fajardo de Mendoza, Señor de
las Baronías de Pelote y Benidorm, y de doña Aldonza Fajardo, Señora de
Montealegre, tronco de los Marqueses de Espinardo, Condes de Vástago, Conde s
de Monte Alegre y Marqueses de Valparaíso -.
Del enlace entre D. Francisco y Dª Francis ca, nació una única heredera,
que tenía por nombre Dª Fr ancisca Maldonado Fajardo, llamada también Fresina,
en quien se extinguió la varonía direct a de esta noble fa milia. Casó con D.
Francisco de Berlanga Mald onado, Señor de la casa y mayorazgo de Berlanga, de
los conquistadores de Málaga, y Regidor Pe rpetuo de esta ciudad. Precisamente
los Berlanga eran una familia importante de la nobleza malacitana 8 . De hecho fue
D. Cristóbal de Berlanga, bajo el ma ndo del capitá n Juan de Merlo, quien
contribuyó a la conquista de la menciona da ciudad, a c ambio de l o cuál obtu vo
de los Reyes Católicos, entre otras cosas, u n a c a s a d e c a l i d ad situada en una
excelente posición dentro del callejero de la ciudad, así como una s erie de bienes
rústicos 9 .
Poco después accedió a un cargo de regi dor desde el año 1492 hasta 1495.
Afincado seguramente en Málaga, tuvo como descendencia dos hij os, Francisco,
que siguió la carrera milita r, y Juan de Berlanga, ta mbién regidor de Málaga,
quién fundó un mayor azgo que iba a crear a ños má s tarde un tema de debate y de
polémica. Efectivamente, en su testamento expresó como su última e irrevocable
voluntad, que a falta de sucesión ma sculin a a su mayorazgo se destinasen los
cuantiosos bienes de su patrimonio a fi nanciar la fundación de un Colegio –
8 Ibidem , tomo XVI, pp. 72 y 73.
9 REDER GA DOW, M., “L a fundaci ón de l a Universid ad de Málaga ó la uto pía del regidor Jua n de
Berla nga”, en Actas do Cong reso Histori a da Universida de , Coi mbra, 1991.
26
Universidad en su ciudad natal 10 . Finalmente las circunstancias impidieron que
sus propósitos se cum plieran, debido en gr a n medida a los reiterados intent os de
sus descendientes por obtener los bienes vinculados.
De estos antepasados tan ilustres, pasamos hasta Dª María de Berlanga
Maldonado, bisnieta del mencionado D. Jua n de Berlanga, quien como ya hemos
comentado se casó con D. Francisco Aria s del Castillo. Dª María de Berlanga
Maldonado era natural de Málaga, hija legítima de D. Francisco de Berlanga
Maldonado y de Dª Francisc a Maldonado Fajardo, que parece ser que se ba utizó
en la parroquia de Santia go de Málaga, aunque no hallaron los comisarios su
partida de bautismo porque al pare cer habían desaparecido los libros más
antiguos debido a unas inundaciones 11 . De Dª Francis ca Maldonado Fajardo,
sabemos a través de su testamento, añ o 1647, que m andó ser enterrada en la
capilla mayor del convento de Santo Domingo, que era propiedad de su marido 12 .
Sí nos consta que en ese mismo año ya había fallecido Dª María de Berlanga
Maldonado.
De este matrimonio nacier on D. Antonio Ar ias del Castillo y Dª Francisca
Arias del Castillo, natural ésta última de Málaga, quien se desposó con su tío,
primo hermano de su padre, Clemente de Vintimilla con quien se casó en la
parroquia de Santiago el 6 de noviembre de 1640 - segundo entroncamiento de
los Castillo Fajardo con dicha familia, c on quien tuvo como descendencia a Dª
Águeda Catalina de Vintimilla Arias de l Castillo, esposa de Diego de Córdoba
Lasso de la Vega , primer Marqués del Vado del Maestre 13 , del orden de
Alcántara, general de la flota de Nueva Es paña, con quien se casó el 3 de enero
de 1657 en el Convento de N uestra Señora de la Paz, teniendo tan sólo 13 añ os.
Curiosamente Dª Águeda Catalina de Vintimilla Arias del Castillo, quien se
10 Ibidem.
11 A.H.N. OOMM , exp. Sa ntiago nº 17 49.
12 LLORDÉN, A., Testamentos. Cap illas. Enterramientos . Funda ciones. Gremios. Donaciones.
Document os para la hist oria de M álag a , Cole gio de Aboga dos de M álaga, Mála ga, 1990, pag. 17.
13 RAMOS, A. op. cit., fol. 414.
27
convirtiera en Marquesa de l Vado del Maestre, litigó co n su sobrino carnal, D.
Francisco del Castillo, segundo Marqué s de Villadarias, por la posesión del
mayorazgo fundado por Arias del Castillo, cuya posesión ganó, quedando en su
Casa y descendencia 14 .
En cuanto a D. Antonio Arias del Ca stillo, hay que señalar que fue, por
Real Despacho de 20 de ma rzo de 1690, primer Marqué s de Villadarias (Villa de
Arias), y padre de nuestro personaje D. Francisco del Castillo Fajardo 15 . Adem ás
D. Antonio Arias del Castillo era Alcald e de las fortalezas de La Higuera y
Puerta de la Reina, de Llerena y Caballero de la Orden de Santiago.
Nació en Málaga y fue bautizado en la Parroquia de los Santos M ártires el
9 de junio de 1623 16 . Fue regidor de Málaga, y caballe ro de la or den de Santiago
por merced del rey Carlos II, dada en Ar anjuez el 29 de abr il de1672. Tomó el
hábito en la iglesia de Santa María de la Paz de la ciudad de Málaga el día 14 de
mayo de ese mism o año.
El 7 de julio de 1691 te stó ante el escribano An tonio de Vargas, en donde
declaró tener un único hijo natural lla mado D. Francisco Arias del Castillo
Fajardo, al que reconocía como herede ro y sucesor del ma yorazgo fundado por
sus antecesores 17 . Falleció el 13 de noviembre de 1692, en Málaga , sin haber
tenido hijos de doña Catalina Clara de lo s Ríos y Argote, su m ujer, hija de D.
Diego de Córdoba y de Dª Catalina de lo s Ríos Venegas, herm ana de la Condesa
de Gavia. D. Antoni o pidió ser enterrado en la cap illa de Nuestra Señora de los
Ángeles del convento de la Victor ia que era de su propiedad.
14 Citado en Revista de Historia y de Ge nealog ía Españ ola, año II, núm. 1 y 2. Madrid, 191 5, pag. 29.
15 VV.AA , C uadernos de I nvestigaci ón Gene alógica, núm ero extra, 19 99, Pri mer Sim posium de Estudios
Genealógicos del Círculo de Estudios Genealógicos y Fam iliares de Madrid, pp. 229 – 231.
16 NICÁS MOR ENO, A., op. cit., Instituto de Estudios Giennenses, Diputació n Provincial de Jaén, 1999,
pag. 42
17 Ibid.
28
A través del expe diente de i ngreso e n la orden de Santi ago, sabemos que
antes de casarse, D. Antonio Arias de l Castillo tuvo un hijo natural con una
doncella noble llamada María Muñoz de Lorca. Efectivamente se trata de D.
Francisco del Castillo Fajardo.
La vida de Dª María Muñoz de Lorca resulta bastante curiosa. Era hija de
D. Vicente Muñoz de Lorca quie n se bau tizó en la par roquia de Nuestra Señora
de la Antigua de la Villa de Villar del Olmo (Alcalá de Henares, Arzobispado de
Toledo) el 7 de noviem bre de 1594 18 , y fue Comendador de Espa rragal en la
Orden de Alcántara, Regidor de Huete, y adem ás fue Alcalde Ordinario en dicha
villa por el estado de los hijosdalgo el añ o 1619 y el de 1623. Para demostrar la
nobleza de este personaje, y por tanto de la línea materna de D. Francisco del
Castillo Fajardo, en el expe diente de ingreso en la Or den de Santiago se recoge
que D. Vicente como hijosdal go que era, no aparecía en los padrones de servicio
ordinario, vasallaje y tri butos de dicha loc alidad, du rante los años 1616, 1628,
1630, 1639, 1642, 1 647, 1651, 1652 y 1654, ya que en ellos sólo aparecían los
pecheros, que debían por tanto pa gar los impuestos correspondie ntes 19 .
D.Vicente se casó con Dª Bárbara Ruiz de Alarcón - o Bárbara Martínez
de la Calle 20 -, natural también de Villar del Olmo, quien se bautizó el 30 de
marzo de 1597 en dic ha localidad 21 . De ella sólo sabemo s que también pertenecí a
a la nobleza y que otorgó escritura de pod er el 21 de abril de 1640 ante el
escribano Alonso Martínez Pozo, para que en su nombre testase su marido.
Como hem os mencionado anteriorment e, de dicho matrimonio nació Dª
María Muñoz de Lorca, que se bautizó en Villar del Olmo el 8 de noviembre de
1619. Ésta, a los 5 o 6 años de edad ab andonó su lo calidad natal junto con su
madre para marcharse a Madrid. Al par ecer el motivo de su traslado fue el
18 NICÁS MORENO , A., op. cit . Pag.
19 A.H.N. OOMM, exp. Santiago nº 1749
20 NICÁS MORENO , A., op. cit . Pag. 42
21 A.H.N. OOMM, exp. Santiago nº 1749
35
De entre todas las notas que existe n hemos extraído algunos datos que
consideramos importa ntes y que están relacionados, como ya hem os mencionado,
con los antecedentes familiares de Dª Paula Vintimilla Rodríguez de
Santisteban.
Sobre esta familia nos dice Narcis o Díaz de Escobar que el apellido
Vintimilla correspondió a una familia de ilustre ascendencia que se señaló
bastante en Málaga en el siglo XVII, de origen italiano y que algunos de sus
miembros “…daban más que hacer a los Alcaldes Mayores y golillas y al resto
de los habitantes” 28 . En la misma línea, Guillén Ro bles nos comenta sobre esta
familia lo siguiente:“…era una familia que tuvo pr obl emas con otras fam ilias
aristocráticas” 29 .
Sin duda, una de las fuentes docume ntales más interesante que hemos
hallado para la reconstru cción genealógica de los Vin timilla, es un documento de
1737, en la que D. Diego de Vintim illaPi ssa Rodríguez de Santisteban, prínci pe
de Vintimilla y de Santo Mauro, conde del Peñón de la Vega, marqués de
Crópani, teniente general de los ejércitos de su Majestad, y ve cino de la ciudad
de Málaga, cedía la poses ión del título de príncipe de Santo Mauro, a su
hermana, la Excma. Sra. Dª Paula de VintimillaPissa Rodrígu ez de Santisteban,
Marquesa de Villadarias 30 .
A través de toda la documentación generada por dicho motivo, entre la
que destaca unas cartas dirigidas a un pari ente que residía en Sicilia, que fue
quien se encargó de llevar a cabo la pe tic ión del mencionado título, podemos
reconstruir el árbol genealógico de los Vintimilla que llegaron a Málaga. De este
modo, el primer Vintimilla del que tenemos constancia es D. J uan de Vintimilla,
Conde de Ventinmiglia, Cond e y primer Marqués de Hieracis, quien testó ante el
28 A.D.E. Caja 336, Carpeta 3. Curios idades Malagueñas: Aristocracia famosa.
29 GUILLÉN R OBLES, F., Hi storia de Mála ga y su provinc ia, Málaga, 1977, Edición Facsímil, pag. 631
30 A.H.P.M. Sección Protocolos Notariales, escriban o Diego de Cea Bermúdez, protocolo 2449, año 1737 ,
fols. 474 -497.
36
escribano italiano Andrés de Perdicaro, el 20 de marzo de 1473, dejando co mo
herencia a su nieto D. Ju an Antonio de Vintimilla, el condado de Monte Sarchio
en el Reino de Nápoles.
La referencia más antigua del apellido Vintimilla en relación con la ciudad
de Málaga la encontramos en la conquista de esta ciudad por parte de los Reyes
Católicos. Fue entonces cuando D. Bernardo (Bernal) de Pisa Vintimilla, recibió
distintas suertes por su colaboración en la ocupación de tan preciada villa.
En los Repartimientos de la ciudad de Málaga consta que D. Bernardo
recibió a principios del año 1490:
“… unas casas que son en las Doce Revueltas en que hay un
cuerpo principal con un corralejo y establo a las espaldas y con
otro cuerpo pequeño que se quitó al carnicero que tenía de mas
de lo que le dieron con otro co rral pequeño e con otra casilla
junto con la principal en medio de ella y del dicho cuerpo que se
tomó al dicho carnicero” 31 .
Del mismo m odo, poco después el mismo D. Bernardo de Pisa Vintimilla
recibió también, como alguacil de la corte:
“… las casas que fueron de Belo çid e de Musber moro s vecinos
que eran de ella e junto con e llas otras algunas para que las
puedan meter dentro para ensa nchar las suso declaradas…” 32
En 1494 es enviado por los Reyes Cató licos a la isla de la Hispaniola
como supervisor de las actividades de Cristóbal Colón, quien realizaba su
segundo viaje por tierras americanas 33 .
Este personaje testó el 16 de diciem br e de 1515 ante el escribano Juan de
Moscoso. Casó con Dª Beatriz Rodríguez Enrí quez, con quien tuvo a Lui s de
31 BEJARANO ROBLES, F. Los repartimi entos de M álaga (I), Sec retariado de publicaciones de la
Universi dad de M álaga, M álaga, 1985, pag. 206
32 Ibid. Pag. 35 9.
33 DE MOLINA BAU TISTA, J.M. Historia de Alhaur ín de la Torre en la Edad Moderna: 1498-181 2.
Pag. 151
37
Pisa Vintimilla, natura l y vecino de Málaga 34 . Testó el 19 de septiembre de 1530
ante el escribano Gaspar de Villoslada, si bien ignoramos con quién casó. De
dicha unión nació D. Di ego de Pisa Vintimilla, natural y vecino de Málaga, quien
testó el 30 de julio de 1587 ante D. Gaspar de Mújica, y se casó con Dª María de
Eslava. Ambos tuvieron como descendencia a D. Fran cisco de Pisa Vintimilla,
natural de Málaga, quien testó el 4 de mayo de 1605 ant e Pedro Mo reno. Se casó
en Ronda, siendo velado en su Iglesia Ma yor el 5 de agosto de 1596 con Dª
Catalina Jiménez de Torres.
Del mencionado matrim onio nacieron los siguientes hijos: En prim er lugar
D. Clemente de Vintimilla Pisa y Jiménez de Torres, regidor perpetuo de Málaga,
y que moriría en 1642. Dos años antes se había casado con Dª Francisca Arias
del Castillo Maldonado y Faja rdo. De esta unión naci ó Dª Águeda Catalina de
Vintimilla y del Castillo quien se casó c on D. Diego Córdoba Lasso de la Vega,
primer Marqués del Vado del Maestre, General de la Flota de Nueva España,
Capitán General de la Guar dia de Carre ra de Indias, del Consej o Supremo de
Guerra y Junta de Armador, e hijo de Gr andes de España. Hay que recordar que a
este enlace ya nos hemos referido con anterioridad.
En segundo lugar nacería Dª Leonor Vi ntimilla Pisa y Jiménez de Torres,
casada con Pedro Gómez de Chinchilla de quien procede luego el primer
Marqués de Chinchilla.
En tercer lugar nacería D. Francisco de Pisa Vintimilla Pisa y Jiménez de
Torres, personaje muy interesante para nue str o estudio genealógic o. D. Francisco
de Pisa Vintimilla, fue el fundador del mayorazgo del Peñón de la Vega, y se
bautizó en la ciudad de Ro nda en la parroquial mayor el 12 de mayo de 1601.
Quedó viudo de Dª María de Vintimilla, casándose en segundas nupcias en la
parroquia del Sagrario de Málaga el 10 de abril de 1651 con Dª Leonor
34 NICÁS MORENO , A., op. cit .
38
Rodríguez de Santisteban. D. Francisco de Pisa Vintimilla m urió el 10 de enero
de 1680, y se enterró en el Convento de San Francisco de Málaga. Testó ante
Pedro Ballesteros, habiendo realizado con anterioridad e n 1678 un codicilo 35 .
Por otra parte, Dª Leonor fue hija de D. Geró nimo Rodr íguez de
Santisteban, y de Dª Viol ante de Santisteban. De D. Gerónimo podemos decir
que murió el 27 de febrero de 1676, y se enterró en el convento de Santa Clara de
Málaga 36 . Fue Caballero de la Orden de Calatrava y segundo marqués de
Crópani. Otorgó su testamento ante Pedr o Ballesteros en 1663, aunque años m ás
tarde realizó un codicilo an te el mismo escribano.
El último día de su vida elaboró un nuevo codic ilo ante el escribano
Antonio V argas Machuca del cual podemos extraer la siguiente información:
otorga a su nieta Dª Paula de Pissa Vin timilla, la mitad de unas casas principales
de la calle de la Salina, esquina a la ca lle que va a las Come dias, para ayudarle a
tomar el estado que:
“… Dios fuese servido de darle y en el interim las goc e de sus
rentas para ayudar a su regalo por el mucho amor y vol untad que
le tengo” 37.
Efectivamente, como veremo s más adelante, esto pr opició el casamiento
de Dª Paula con el Marqué s de Villadarias. Del mismo modo resulta interesante
la vinculación que D. Gerónimo tenía con el Convento de Santa Clara de Málaga,
al que dejó 50 ducados para ayudar a sufra gar el gasto de dora r el Altar Mayor de
dicho convento, y en el que se enterraría, tanto él com o sus dos hijas Dª Leonor y
Dª Luisa, siendo és ta última además monj a en dicho convento.
35 A.H.D.M. Sección Libros Sacram entales. Legajo 52 6. Pieza 1. Libro 1 de Defunci ones del Sagrario.
Fecha 1680. Fol. 16 v.
36 A.H.D.M. Sección. Libros Sacramentales. leg. 526. Pieza 1. Libro 1 de Defunciones del Sagrario. Fol.
2. Fecha: 27 febr ero 1676.
37 A.H.P.M . Sección Protoc olos N otariales. P rotocol o 2022, escriban o Antoni o Vargas Machuca, a ño
1676, f ol. 265- 266.
39
Del citado enlace de D. Gerónimo Rodríguez de Sa nt isteban, caballero de
Calatrava, y Dª Violante de Sa ntisteban nacieron tres hijos:
D. Pedro Rodríguez de San tisteban, quien tras la muerte de su padre en
1676 obtuvo el título de Marqués de Crópani. Mu rió el 27 de julio de
1693, y se enterró en el Sagrario de la Catedral de Málaga, testando ante
Lucas Gómez 38 .
Dª Luisa Rodríguez de Santisteban, fue com o ya hemos com entado monja
en el Convento de Santa Clara de Málaga, donde fue enterrada.
La mencionada Dª Leonor Rodríguez de Santisteban, bautizada en la
misma parroquial el 28 de dicie mbre de 1633, y quien testó ante Pedro
Ballesteros, el día 13 de junio de 1684 39 , y se enterró e n el conve nto de
Santa Clara con el hábito de San Francisco 40 . Como curios idad podemos
señalar que en su última voluntad pidió que sus su cesores dotaran con 200
ducados de vellón a una ni ña de 6 años, de la que se hizo cargo c uando la
abandonaron en la puerta de su casa.
Dª Leonor, como ya hemos m encionado, se casó con D. Francisco de Pisa
y Vintimilla y nos consta que ent re sus bi enes poseían varias casas, una frente al
muro de la Puerta de Antequera, otra en la Alcazabilla, otra en la plazuela d e
Juan Díaz, y que les proporcionaban beneficios anuales.
De este mencionado matrimonio entre D. Francisco de Pi sa y Vintimilla y
Dª Leonor Rodríguez de San tisteban, nacieron varios h ijos, de entre los cuales
citaremos los siguientes:
En primer lugar a D. Clemente Pisa Vintimilla Rodríguez de Santisteban,
quien murió y se ent erró el 24 de oc tubre de 1673 en el C onvento de San
38 A.H.D.M. Sección Libros Sacram entales. l eg. 526, pieza 1, libro 1 de Defuncio nes del Sag rario, a ño
1693, fol. 6 6.
39 A.H.P.M . Secci ón Protoc olos Notarial es. escriba no Pedr o Ball esteros, p rotocol o 156 7, año 16 84, f ol.
236 – 243 v.
40 A.H.D.M. Se cción Lib ros Sacrament ales, leg. 526, pi eza 1, libro 1 Defunci ones del Sagrari o, año
1684, fo l. 31
40
Francisco de Málaga 41 . C omo ya hemos indicado se casaría con Dª Francisca
Arias del Castillo, tía del segun do Marqués de Villadarias.
De este matrimonio nacería más ta rde Dª Águeda Catalina Vintimilla
Arias del Castillo, que se casaría con D. Diego Córdoba Lasso de la Vega, primer
marqués del Vado del Maestre.
En segundo lugar a D. Diego Pisa Vi ntimilla Rodríguez de Santisteban,
quien llegó a ser príncipe de Vintimilla , primer príncipe de Santo Mauro 42 ,
conde del Peñón de la Vega, marqués de Crópa ni. De D. Diego sabem os que en
1685 era Capitán de Infantería en Flande s y que solicitó el 13 de febrero de ese
mismo año, ante el escriban o público de la ciuda d de Málaga Antonio Vargas de
Machuca, que se le hiciera merced del hábito de Santia go, ya que su hermano
Clemente, quién lo solicitaría con anterior idad en 1666, había mu erto sin que se
le otorgara.
De este modo, aprovechando que D. Diego había heredado sus bienes y
mayorazgo, pidió que “… en atención a mis servicios, los de m i padre y abuel os,
y los del muy revere ndo Padre Fray Antonio del Ca stillo, mi tío, Comisario de
Jerusalén… se me pase merced (de hábito de Santiago) …” 43 .
Hay que recordar que este religioso fue el mi smo que tam bién protegió y
ayudó a D. Francisco del Ca stillo y Fajardo, como ya hemos indicado. D. Diego
testó el 13 de noviembre de 1733 ante el escribano Diego de Cea Bermúdez,
aunque realizó un codicilo posterior en 1737 44 . Se casó sobre 1717 en Bruselas,
41 A.H.D.M. Se cción Lib ros Sacrament ales, leg. 526, pi eza 1, libro 1 Defuncio nes del Sagrari o, año
1673, fo l. 134 v.
42 Sería conveniente aclarar que el títu lo de Príncipe de Santo Mauro (isla or iginaria de la familia
Ventimiglia en Sicilia) le fue concedido por Felipe V el 11 de septie m bre de 1705. Al pasar este territorio,
durante l a Guerra de S ucesión, a ser p ropiedad del Ar c hiduque C arlos de Habsbu rgo, qui en se lo entr egó
a otro poseedor, el títu lo español sería convertido posterio rm ente en ducad o de Santo Mauro. Ver DE
MOLINA BAUTISTA , J.M. op. cit. Pa g. 151. Alha urín de la Tor re, año 2005.
43 A.H.P.M. Sección Protocolos Notariales, Anto nio V argas Machuca, leg. 2024 , 13 febrero 1685
44 A.H.P.M. Sec ción P rotocol os Nota riales, Di ego de Cea B erm údez, protocol o 2449, a ño 1 737, fol. 385
– 386.
41
con Dª María Maximiliana Bourgois, natural de Ha nsercusse en Flandes,
aportando más de 4000 ducados de mone da castellana que recibió por testamento
de su madre Dª Mª Magdalena Di xmuda.
Dª María Maximiliana testó el 10 de julio de 1737, solicitando ser
enterrada en la bóveda de la capilla del Santo Cristo de la Columna en el Real
Convento de San Francisco de Málaga propiedad de su m arido 45 .
Por último tenemos que destacar a Dª Paula de Pisa Vi ntimilla Rodríguez
de Santisteban, sin duda la que m á s nos interesa para nuestro es tudio
genealógico, ya que más tarde contr aería m atrimoni o con D. Francisco del
Castillo y Fajardo, marqués de Villadarias.
Dª Paula recibiría tras la muerte sin descendencia de su hermano Di ego de
Pisa Vintimilla Rodríguez de Santisteban, los títulos de II condes a del Peñón de
la Vega, princesa de Santo Mauro y ma rquesa de Crópani. Dª Paula fue
bautizada en la Parroquia de los Santos M á rtires de Málaga el 4 de j ulio de
1658, es decir siete años después de que sus padres contrajeran matrimonio 46 .
Poco sabemos de sus años de infancia y juventud, aunque parece lógico
pensar que debieron tr anscurrir dentro de lo pre visto para una adolescente que
pertenecía a una familia del estamento nobi liario.
A diferencia de los muchac hos jóve ne s de la época quienes aprendía n a
leer, escribir, aritmética, la gramática, el catecismo y la moral cristiana, la
educación de Dª Paula, debió seguir los parámetros estableci dos para las mujeres
jóvenes, es decir, se les preparaba para ejercer como buena ma dre de familia
quedando así reforzada la con cepción que e ntonces se tenía de la mujer en cuanto
45 A.H.P.M . Sección P rotocol os Not ariales, Di ego de Cea Berm údez, protoc olo 24 49, año 1 737, fol. 312
– 314.
46 CÁRDENAS Y VICENT, V. de, C aball eros de l a Orde n de S antiag o. S. XV III, tomo I (Años 1701 al
1708), Instituto Salazar y Castro (C.S.I .C) ediciones Hidalguía, Madrid, 1977.
42
a su misión procreadora-educa dora de nt ro del hogar, enseñándoles rezos y
labores “propias del sexo”, así como una s erie de valores “del corazón” que
hiciesen posible una vida plac entera en el hogar, valores éstos que se
consideraban útiles para la cultura patriarcal dominante 47 .
Habrá que esperar el reformismo borb ónico y concretamente al reinado de
Carlos III para comenzar a esbozar un cambio en la educación femenina 48 .
El matrimonio era casi el único cami no para la protección social de la
mujer 49 . Por esta razón los progenitores de Dª Paula se pr eocuparon de preparar
su desposorio cuando apenas co ntaba con dos décadas de vida.
Efectivamente, a los veintiún años de eda d contrajo matrimonio con D.
Pedro de Lucena y Alfaro, regido r y vecino de Vélez Málaga.
Para ello como era habitual, se rea lizaron las capitulaciones matrimoniales
entre ambos contrayentes el día 21 de abril de 1679 en la ciudad de Málaga 50 .
A dicho acontecim iento acudieron por una parte los proge nitores de Dª
Paula, y por otra D. Juan de Ybasso y Malagón, canónigo de la Catedral de
Málaga, representante legal del contraye nte D. Pedro de Luce na y Alfaro y
Sotomayor, Alcalde de la Fuerza y Castillo de Nerja, y de su madre, Teresa de
Ortega y Sotomayor, viuda de D. Juan Francisco de Lucena y Alfaro.
Era habitual en el Antiguo Régime n que la dote fues e aportada por los
padres de la contrayente, siendo posib le en algunos casos que otro familiar
47 VENTAJAS DOTE, F., “La enseña nza en Málaga en tiem pos de Fernando VI” en Jábega , nº 84, pag.
24.
48 Para profundizar en el tema de la educación fe menina dura nte el Antiguo Régim en es recom endable
consulta r diversos art ícul os y libros de la Dra. Dª Mari on Reder Gadow, com o por ejem plo, el artícul o
“Datos acerca de la enseñanz a femenina en la Málaga ilustrada”, e n Baetica , nº 11, Málaga, 1988.
49 NEUKIRC HEN, P., “Ap roxim ación ju rídic a a los derechos de la m ujer e n contrat os m atrimoni ales”, en
Actas del Congreso de Historia de la Fam ilia. Una nueva perspectiva sobre la sociedad euro pea, M u rc ia ,
diciem bre de 1994, pag. 21 4-222.
50 A.H.P.M . Sección Protoc olos Notarial es. Leg. 1564 . Año 1679, Pedro Ballesteros, fo l. 202 – 210v.
43
contribuyera total o parcialmente al pago de la misma. En este caso, sabemos a
través del estudio de la escritura de do te, que ésta ascendió a 8. 000 ducados, de
los cuales la mitad fue aportada por sus pa dres en forma de joyas de oro y pl ata,
menaje del hogar, etc., siendo la ot ra mitad pr oporcionad a por su abuelo m aterno,
D. Gerónim o de Santisteban, marqués de Crópa ni, quien a través de un codi cilo
la dotó de unas casas en la ciuda d de Málaga para que con ellas pudiera hacer
frente a dicha dote 51 .Por otro lado, D. Pedr o de Luce na aport ó en calidad de arras
5.000 ducados y la décim a parte de los bienes y hacienda que tuvi ese desde ese
momento y en adelante adquiriese.
Además la madre de D. Pedro le cede el usufr ucto y gozo de las rentas del
Mayorazgo que poseía con su difunto m ari do, para que desde el día en que se
casasen dichos contrayentes tuvi ese efec to. En el fondo lo que la madre está
haciendo es renunciar a parte de su patr imonio para consegui r que su hijo quede
emparentado con una de las familias más ilustres del momento co mo es la del
marquesado de Crópani. De todas formas se guardaba la posi bilidad de volver a
reintegrar las rentas del mayorazgo si su hijo fallecía sin desc endencia legítima.
Finalmente el matrimonio entre los c ontrayentes se cele bró el 6 de ma yo
de 1679 en el Sagrario de la Catedral de Málaga, aunque nos consta que D. Pedro
no estuvo presente en dicho acto ya que no se encontraba en la ciudad, enviando
en su lugar al Capitán D. Diego Jura do para que lo representara en dicho
acontecimiento 52 . De este matrimonio nacie ron dos hijas. La primera Luisa
Teresa de Lucena Alfaro y Vintimilla , nació el 27 de mayo de 1680 ,
bautizándose el día 5 de junio, siendo su padrino su tí o D. Gerónimo Francisco
de Pissa y Vintimilla, Caballero de la Orden de Santiago 53 . Esta primera hija
51 Dicho codi cilo se real izó ante el escriban o Antoni o de Vargas Ma chuca, el 1 3 de febre ro de 1676 ,
como y a hemos rec ogido con ante riorida d.
52 A.H.D.M. Sección Li bros Sacram entale s. leg. 514, pieza nº 3, libro 7 de Matrimonios del Sagrario, 6 de
mayo de 1679 , fol. 40.
53 A.H.D.M. Sección Li bros Sa cramenta les, leg. 485, pieza nº 1, libro 13 de bautismos del Sagrario, fec ha
5de jun io de 1680 , fol. 216 v.
44
falleció, puesto que en otros documentos se hace referencia a ella y se dice que
murió en edad pupilar.
El 10 de noviembre de 1680 moría en Málaga sin testar D. Pedro de
Lucena y Alfaro siendo enterrado en el Convento de San Francisco 54 .Meses
después, el 15 de abril de 1681 nacía su segunda hija Dª Leonor Petronila
Francisca de Paula Lucena Alfaro y Vintim illa. Seis días después, el 21 de abril
era bautizada en el Sagrario de la Catedral de Málaga, siendo su padrino su tío D.
Gerónimo Francisco de Pissa y Vintimilla 55 .
El hecho de ser hija póstuma marcó sin duda a Dª Paula ya que mantuvo
con esta hija una relación muy i ntensa du rante toda su vida, hasta el punto de
conseguir que su segundo marido, D. Fran cisco del Castillo y Fajardo, marqués
de Villadarias, se encargara de administ rar los bienes y cuen tas de Dª Leonor
hasta su matrimonio con D. Melchor de Avellaneda y Sandoval, marqués de
Valdecañas, e inclus o de incr ementar su dote con 13.000 ducados de vellón, con
lo que consiguió darle una excelente posición social a su hija 56 .
2.4 ASPECTOS FAMIL IARES DE D. FRANCISCO DE L CASTILLO Y
FAJARDO Y Dª PAULA MARÍA DE VINTIMILLA RODRÍGUEZ DE
SANTISTEBAN DESDE 168 5 HASTA 1698. CONCESIÓ N DEL TÍTULO DE
MARQUÉS DE VILLADA R IAS EN 1 690.
Poco sabem os hasta el momento de cóm o Dª Paula vivi ó los años que
transcurrieron entre la muer te de su primer marido y la celebración de su segundo
54 A.H.D.M. Secci ón Libros Sacram entale s, leg. 526 , piez a nº 1, li bro 1 de defuncio nes del Sagrario,
fecha 1680, fol. 19 .
55 A.H.D.M. Sección Libros Sacram entales, leg. 485, pieza nº 1, libro 13 de bautism o s del Sagrario,
fecha 21 de abri l de 1681 , fol. 238.
56 A.H.M.A. Se cción P rotocol os Notarial es, Franci sco Mont año, leg. 1980, fol . 174 – 181, fec ha 23 de
marzo 171 2.
51
Hay que señalar, por tanto, que D. Fr ancisco del Castillo solicitó dicho
título nobiliario para que recayese, antes que en él, en su pa dre, Antonio Arias
del Castillo, y de este modo disfrutase de este privile gio antes de su muerte que
por la avanzada edad que tenía pa recía no iba a tardar en llegar.
Parece evidente que la relación entre ambos fue bastante intensa y que D.
Francisco quiso agradecer de este modo a su padre la protección que éste le
prestó desde su nacimiento.
Al respecto hay que señalar que la pos esión de un título nobiliario en ese
momento s uponía gozar de un poder y de una influencia en la s ociedad y en la
política que bien merecía la pena. Los nobl es castellanos con título dominaban el
cuerpo consultivo más importante de la Monar quía Hispánica, el Consejo de
Estado, además de la Corte del Re y, sin olvidar que prácticam ente
monopolizaban los virreinatos y los cargos militares superiores.
En este sentido, en c ontra de la idea de historiadores que consideran que
la nobleza española perdió su función milit ar durante los últimos años del siglo
XVII, como por ejemplo Henry Kamen, mu chos nobles siguieron sirviendo en
las fuerzas armadas y muriendo en campos de batalla 74 .
Es el caso de nuestro Francisco del Castillo y Fajardo quien ejerció una
actividad militar y diplomátic a intensa antes y después de la concesión del título
de Marqués de Villadarias. No resulta nada extraño la concesión de este título
para D. Francisco del Castillo, aunque lo cediera a su padre, en el año 1690, ya
que durante el reinado de Ca rlos II se produjo la cantidad má s elevada de nuevos
nombramientos e n un reinad o de la España de los Austrias (26 grandezas, 12
vizcondes, 80 condes y 236 marqueses). Un o de esos 236 nue vos marqueses, fue
precisamente D. Francisco del Castillo.
74 STORRS, C ., La pervi vencia de l a monar quía espa ñola baj o el reinado de C arlos II (1665-1 700) , en
Manuscrits 21, 20 03 , pag. 3 9 -61.
52
Sin duda, la concesión de este título estuvo muy relaciona do con el modo
de financiar el esfuerzo bélico de Es pa ña, ya que se conce dió en uno de los
períodos de mayor activida d bélica, aqué l que va desde 1689 a 1697, y se otorgó
en reconocimiento y reco mpensa por los servicios militares directos que D.
Francisco llevaba realizando desde su juventud.
Poco tiempo después, en ma yo de ese mismo año de 1690 el rey Carlos II
autorizaba el ascenso de D. Francisco del Castillo y Fajardo, quien se convertiría
en Gobernador de Ostende.
Posteriormente llegaba la misiva re al otorgándole el título de Capitán
General de la Artillería del Ej ército de Flandes, puesto que se encontraba vacante
por pr omoción del marqués de Bedmar, D. Isidro de la Cueva Enriquez, quien
había pasado a ser maestre de campo ge neral de dicho ejército de Flandes 75 .
Ese mismo año ya tuvo que luc har en la desafortuna da batalla de Fleurus
durante el verano de 1690. Esta batalla se enm arca dentro de lo que se viene
conociendo como guerra de la Gran Alian za, en la que Francia se enfrentaba a un
bloque com puesto por tropas holandesas, alemanas, españolas y británicas, y que
tuvieron varios enfrentamientos en esta zona de Flandes . Concretamente en esta
batalla de Fleurus la victoria fue para lo s franceses y las bajas de ambos ejércitos
fueron numerosas 76 . Del mismo modo, meses despué s y al frente de las tropas
españolas en Flandes pa rticipó y dirigió a sus hombres en la batalla de
Steenkerque o Steenki rk el 8 de marzo de 1692, en la que de nuevo las tropas
aliadas sufrieron un duro revés sufriendo numerosas bajas ante el poderío de las
tropas francesas.
75 A.G.M.S. Per sonal célebre, caja 29, expe dient e 6, pp. 22 y 23. Ver c opia ínt egra del nom b ram iento de
mayo de 1690 en apéndice documental.
76 http://remilitari.co m , consultado el 2 de julio de 2011
53
Meses después, concretamente el 7 de julio de 1692 fal lecía su padre D.
Antonio Arias de l Castillo en Málaga, con quien mantuvo una buena relación y
que seguram ente le supondría pasar por un duro trance.Por otra parte nos consta
que durante varios meses de ese mism o año de 1692 estuvo e nfermo aunque no
sabemos a qué se debió.
Más tarde estuvo luchando en Neerwi nde n o Landen el 29 de julio de
1693, donde de nuevo los franceses infri ngieron una dura derr ota a las tropas
aliadas. De hecho el 19 de agosto, Fran cisco Bernardo de Quirós, embajador en
Holanda, escribió una carta al Duque del Infantado, Juan de Dios de Silva
Mendoza quien poco después moriría, en la que informaba de las pérdidas
humanas sufridas en las tropas españolas , cuyos supervivient es se habían
replegado hacia la zona de Bruselas, y le solicitaba la llegada de nuevas tropas
tras la derrota sufrida, para formar un ejército que él mism o denomina de
observación, y otro de operación, con los que poder resistir y frenar el avance
enemigo 77 .
En esta carta le explicaba también que los franceses habían perdi do más
de quince mil soldados, según l e constaba a él, y más de diez mil heridos. De
igual modo apunta la posibilidad de que la alianza formada por ingleses,
españoles, holandeses y alemanes, disponía n de di nero para traer tropas desde
Suecia y que servirían para un próximo en frentamiento que iba a tener lugar en
breve en la zona del Rin.
Justo después nuestro protagonista reci bió la orden de de fender la plaza de
Charleroi tras el ataque de los fran ceses al ma ndo de nuevo del mariscal de
Luxembour g quien dirigía las tropas francesas con una enorme eficacia. Pese a la
derrota, el papel desempeñado por el marq ués de Villadarias en este hecho fue
muy destacable.
77 Sección Nobleza del A.H. N., OSUNA, CT. 85, D- 8, 19 agosto 1693.
54
A finales de ese mismo año de 1694 regresa a Es paña, convirtiéndose en
maestre campo gener al del ej ército de Cataluña, bajo las órdenes del virrey Juan
Manuel López Pacheco, Duque de Escal ona. Meses después llega un nuevo
virrey a Cataluña, Francisco A ntonio de Agurto, primer marqués de Gastaña ga.
Este personaje era un viejo conocido del ma rqués de Villadarias , ya que habían
coincidido con a nterioridad en Flandes 78 .
Durante el verano de 1695 se intent ó reconquistar Palamós con el apoyo
de la flota inglesa, pero fracasaron e n su intento, por l o que se vieron obliga dos a
abandonar el asedio. El marqués de Villa darias fue uno de lo s responsables del
repliegue de las tropas.
Fue en febrero de 1696 cuando solicitó desplazarse a Málaga. Sobre este
tema hemos encontrado varias referencias 79 . Al parecer se reclamaba la pronta
incorporación del mar qués de Villadarias al ejército de Cataluña. En este sentido
conviene recordar que estaba teniendo l ugar en Cataluña la denominada G uerra
de los Nueve años. Cuando D. Francisco recibe la notificación alega que como
tenía advertido, se disponía a partir con dirección a Málaga ya que “… había
logrado que saliese la sentencia de su pl eito, con el fin de solicitar medios para
poder pasar mejor al ejército…” 80 . Además de esta justif icación, hay que resaltar
otra idea que nos parece interesante. Declaraba:
“… que era impracticable que él , el Capitán General, ni el
ejército, pudiesen obrar nada bueno, toda vez que no están
compuestas las diferencias entre nuestros cabos y el Príncipe de
Darmstadt” 81 .
78 www.tercios.org/personajes/Villadarias
79 MAURA GAM AZO, G., Docume ntos inéditos referentes a las post rimerías de la Casa de A ustria en
España, v olumen 1, Real Academia de la Historia, Centro de estudios políticos y constitucion ales, pp.
1531- 1532.
80 A.H.N. Leg. 3259, año 1696.
81 Ibid.
55
El 16 de julio de 1696 D. Fran cisco del Castillo fue promovido a la
capitanía general de Guipúzcoa, donde pe r maneció ha sta que en abril de 1698,
fue designado para el mism o empleo en Ce uta 82 . Precisam ente justo después de
su llegada, cuando apenas le había dado tie mpo a él y a su familia a instalarse en
su nueva residencia de Sa n Sebastián, nació su últim o hijo varón, Juan del
Castillo y Vintimilla, quien fue bautizado en la iglesia parroquial de Santa María,
el 26 de agosto de ese m ismo año de 1696 83 .
Al mismo tiem po hay que i ndicar que desde que se produjo la concesión
del título del marquesado de Villadarias en marzo de 1690 y, al menos hasta
1702 mantuvo D. Francisco del Castillo un largo litigio co n la Contaduría de la
Razón General del Servicio de Lanzas, sobre la cant idad que le correspondía
pagar por la adquisición de este título nobiliario para asistir a los presidios de
España, en lugar de las lanzas que le tocaban por s u estado 84 . La cifra ascendía a
122.400 maravedíes por año.
De este modo ya a finales de diciem bre de 1690, la deuda contraída era de
96.243 maravedíes, es decir la cantidad proporcional desde que se le había
concedido el título en marzo de es e año. Curiosamente las primeras
notificaciones al respecto no llegaron a D. Francisco del Castillo sino a su padre
D. Antonio Arias del Cas tillo quien oficialmente era el primer marqués de
Villadarias. A finales de junio de 1692 la deuda pendient e era ya de 239.843
maravedíes.
No tardó en llegar la reacción de D. Antonio Arias del Castillo, quien
postrado en cama y en los ú ltimos días de su vida, en vió una misiva a la dicha
Contaduría alegando que
82 A.G.M.S . Célebres , caja 29, exp. 6, pa g. 1
83 A.H.M.A. Proto colos notariales. Francisco Montaño, leg. 1921 , fol. 643-655, 2 diciembre 1711
84 A.G.S. (Simancas), D .G.T./IN. 24, leg. 861, 16 91-1702
56
“… como mis cortos medios nun ca apetecieron entrar en titular
mi casa, mi hijo D. Francisco del Castillo Fajardo que hoy sirve
en los Países Bajos con el pues to de General de Artillería de
aquellos ejércitos fue quien dio memorial a Su Majestad, y por
ellos le hizo merced de titu larla y en su atención pidió
comenzase en mi persona el de Villa de Arias, habiendo estado
al cuidado de mi hijo sacar el título y lo de más, juzgo que Su
Majestad le hizo merced a que la media anata se descontase en
sus sueldos vencidos y lo que toc a a las lanzas es del cuidado de
mi hijo como digo y está hallán dose sirviendo a Su Majestad me
parece servido en ello y yo como digo a V.I. no he concurrido en
nada para esta merced; quien c uida de las depende ncias de
Francisco en esa Corte, acudirá a V.I. para dar razón…” 85
Tras el envío de esta carta y la inme diata muerte de D. Antonio Arias del
Castillo, la correspondencia que emitía la Contaduría se di rigió a partir de
entonces a D. Francisco del Cas tillo, no sin problemas ya qu e éste cambió de
destino en varias ocasiones. De hecho el 22 de mayo de 1694 se volvió a insistir
sobre el tema de la cobranza de lo que se debía 86 .
Tres años más tarde en 1697 aún seguía el pleito ya que se le rem itió a D.
Francisco del Castillo dos cartas, una a Málaga y otra a San Sebastián donde
residía, en las que el Consejo y Contadur ía Mayor le seguía e xigiendo el pago de
lo que debía en funció n del servicio de lanzas 87 .
Meses después en febrero de 1698 se seguía insistiendo en el m ismo tema
indicándole al Marqués de Villadarias “… acuda a Su Majestad a pedir la reserva
de la paga de sus lanzas, y que no sacando cédula en fo rma para ello se cobrará
de sus rentas lo que es tuviere debiendo” 88 . Así la Contaduría Ma yor viendo que
no había forma de cobrar lo que nuestro personaje debía, de ci diría pasar a la
acción, amenazándole con descontarle de su sueldo lo que adeudaba. Por fin, en
los meses de octubre y noviem bre del año 1699, la Secretaría de la Cámara de
85 Ibid., año 1692
86 Ibid., año 1694
87 Ibid. Año 1697
88 Ibid. Año 1698
57
Estado de Castilla, remitió dos certificacio nes a la Contaduría en las que se le
informaba de lo siguiente
“…consta que a consulta de la Cá mara de veintiséis de abril de
mil seiscientos y noventa y ocho, resolvió Su Majestad que el
título de marqués de Villadarias, de que había hecho merced a D.
Antonio del Castillo Fa jardo se diese a D. Francisco del Castillo
y Fajardo, su hijo, a quien se le había despachado en siete de
septiembre de este dicho presente año de seiscientos y nove nta y
nueve, respecto de lo c ual deberá satisfacer las lanzas que le
tocan, desde el día de la cons ulta de la Cáma ra que fue e n que Su
Majestad declaró la merced del tí tulo en la persona del dicho D.
Francisco…” 89 .
Fue a partir de entonc es cuando la Contaduría comenzó a exigir al nue vo
marqués de Villadarias lo que le corresp ondía por el servicio de lanzas pero
desde la fecha de la nueva conces ión y no desde 1692. De es te modo tras siete
años de pleito se encontraba una soluci ón que satisfacía a D. Francisco. Sin duda
el esfuerzo había merecido la pena, aunq ue no acabaron lo s problemas con la
administración por mot ivos económi cos como veremos más tarde.
2.5 ESCUDOS Y ESTUDIO HERÁLD ICO DEL MARQUESADO DE
VILLADARIAS.
Para completar este cap ítulo vamos a realizar una br eve incursión en el
mundo de la heráldica para describir al gunos aspectos interesantes, sobre los
distintos escudos que repres entan los diferentes apellidos emparentados con los
Marqueses de Villadarias.
De cualquier modo, nuestra intención no es otra que acercar al lector a un
mundo complejo, como es este de la he ráldica, para intentar completar el
presente estudio sobre nuest ro personaje, el segundo ma rqués de Villadarias, ya
que han llegado hasta nuest ros días diversos escudos nobiliarios que
analizaremos a continuación.
89 Ibid. Año 1699
58
El primer escudo que vamos a resalt ar es el escudo de arm as de D.
Francisco del Castillo y Fajardo, segundo marqués de Villadarias.
Ilustración 1:Escudo de Armas delII MARQUÉS DE VILLADARIAS.
Como se puede observar en el escudo aparecen un a torre rematada por una
estrella de ocho puntas, sobre campo azur, más 8 lises sobre la bor dura de gules.
Para profundizar en es te escudo de arm as es conveniente acudir a los
escudos del marqués de Villadarias que aú n hoy e n día se cons erva n en diversas
ciudades. En este sentido podemos po ner como ejemplo que en la ciudad
fronteriza de Ceuta aún se pueden admi rar hasta cuatro de estos escudos
labrados en piedra 90 .
Como veremos en otro apartado de l presente estudio, en el que
analizaremos con mayor pr ofundidad su labor allí, nuestro personaje fue
gobernador de la dicha ciudad en los ú ltimos años del siglo XVII y los primeros
de la centuria siguiente.
90 Para profundizar sobr e este tem a se recomienda la lectur a de: GARRIDO PARRILLA, J.J., y
FUERTES DE GILBERT R OJO, M, BAR ÓN DE GA VÍN, Herál dica en Ceut a, Insti tuto de Est udios
Ceutíes, 2007
59
De este modo, en la fotografía que a continuación exponem os podemos
observar dos escudos que están sobre una pu erta del hornabeque del Frente de la
“Valenciana”, concretamente en la fachad a de la Plaza de Armas. El de la
izquierda se corresponde con la corona de España en tiem pos de Carlos II.
Mucho más interesante resulta el de la derecha pues pertenece al II
Marqués de Villadarias y que aparece fe chado en 1699, cu ando como hemos
comentado era el Gobernador de dicha lugar.
Ilustración 2: Escudos sobre la puert a del hornabeque del Frente de la
“Valenciana”,en la fachada de la Plaza de Armas
Para analizar con mayor profundida d , y para al mismo tiempo apreciar
ciertos detalles casi inapreciables en la mencionada fot ografía podemos acudir a
unos dibujos que reproduce n fielmente el original 91 .
91 SCHIRIQUI , D., Ce uta. Anti gua y m oderna. Publicaciones de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de
Ceuta, m arzo 1 983.
60
Como se puede observar en la leyenda que rodea el escudo de la derecha
se puede leer el nombre a quien pertenec e dicho escudo, el lugar y la fecha de
realización.
Al parecer también se representan estos mismos escudo s en el Ángulo,
nombre ant iguo con el que se denominaba a una zona situada en el extremo norte
de la Plaza de Armas, que tenía una plan ta poligonal de cuat ro lados, concebido
como una fortificación en forma de pr onunciado ángulo que apuntaba hacia las
posiciones enemigas. Más tarde tras varias reformas adquirió el aspecto actual de
revellín.
Además en la gola de la Muralla Re al se encontraba otro es cudo de
Villadarias en el que hay ma tices un tanto diferentes en su ejecución, ya que al
parecer no está del todo acabado. En la actualidad se encuen tra en la fachada
principal de la Comandancia General de Ce uta, ya que tuvo que ser retirado de su
lugar original cuando se emprendió la construcción del Parador “ La Muralla”
hace unos años.
Ilustración 3: Reprodución de lo s escudos de "la Valenciana".
67
Ilustración 12: Escudo que aparece en la lápida de Dª Paul a María de Vi ntimilla.
Podríamos afirmar que esta imagen viene a resumir las principales
características que hemos expuesto en los escudos familares anteriores. De este
modo, en la parte izquier da superior, podemor observar el escudo de los
Vintimilla.
A continuación, en la parte super ior de recha el de los Fajardo. En la parte
inferior izquierda, aunque no se observa con total clarid ad, el de los Rodríguez de
Santisteban, mientras que en la parte in ferior derecha parece que podría estar
relacionado con los Maldonado. Hemos deja do para el final la parte central de
dicho escudo en la que p odemos observar con precisión el escudo de armas del II
marqués de Villadarias.
Por último también se conser va una lámina con el di bujo del escudo de D.
Francisco del Castillo y Vintimilla, h ijo de los segundos marqueses de
Villadarias quien fue obispo de Jaén. En el citado esc udo aparecen recogidos los
apellidos Vintimilla, Fajar do, Rodríguez de Santiste ban y Maldonado. Este
escudo lleva por divisa la leyenda: VIRGO INMA CULATA FUISTI (Fui ste
Virgen Inmaculada). Tiene Timbre de obispo y corona de Marqués.
68
Tras el escudo una Encomienda de Santiago de gules, ya que i ngresó
como Caballero en esta Or den militar en 1702. Presenta adornos exteriores con
banderas y estandartes de plata, azur y gules, que traen en cam po de azur, leones
rampantes de plata. Igualmente el es cudo se halla acompañado a diestra y
siniestra por sendos leones levantados, de oro, linguados de gules (soportes) 92 .
Aunque la imagen que hemos podi do conseguir no es nada nítida
pensamos que puede resultar interesante in cluirla para que el lector aprecie los
detalles antes mencionados.
Ilustración 13: Escudo de D. Francisco del Castillo y Vinti milla, hijo de los segundos marqueses de
Villadarias quien fue obispo de Jaén.
92 NICÁS MORENO , A., Op. cit., Diputación Provincial de Jaén, Instituto d e Estudios Giennenses, 1999,
pag. 44
CAPÍTU LO 3:
DEL OCAS O DE L OS AUSTR IAS AL
P RELUDI O DE LOS BORBONES : LOS
ALBORES DEL CONF LICTO
SUCES ORIO.
69
3 DEL OCASO DE LOS AUSTRI AS AL PRELUDI O DE LOS
BORBONES: LOS ALBORES DE L CONFLICTO SUCESORIO
3.1 ANTECEDENTES HISTÓRICOS . FINAL DEL REINADO DE
CARLOS II. SU POLÉMICO TESTAMENTO. NOMBRAMIENTO
DEL DUQUE DE ANJOU COMO REY DE ESPAÑA
Aunque no es objetivo de nuestro es tudio analizar en pr ofundidad el
reinado de Carlos II, sí que es neces ario aludir a diversos aspectos, que
consideramos importa ntes para entende r mejor el m omento que pretendemos
investigar y que nos ayud arán a entender mejor cómo se produj o el cambio
dinástico y sus consecuencias.
Se ha veni do considerando el reinad o de Carlos II com o un período de
decadencia y de debilidad , máxime si tenemos en cuenta que coincidió
cronológicamente con el reinado de Luis XI V, en el que se dinastía borbónica se
mostró más fuerte que nunca, gracias a un ejército mu y poderoso que le permitió
llevar una política agresiva y expansiva. Así Francia infringió continuas y duras
derrotas militares que trajeron la reiterada pérdida de territorios a su favor en
diversas zonas de Europa como en el Fr anco Condado, en Fl andes e incluso en
Cataluña. Fuera de Europa también enc ontra mos grandes dificultades en el norte
de África - en Ceuta y Orán -, y en América donde los corsarios, especialmente
ingleses, amenazaban distintas colonias españolas.
Sin embargo en los úl timos años, algu nos hi storiadores revisionistas han
intentado transformar esta imagen e inte rpretación nega tiva del reinado de Carlos
II fijándose en cambi o en los éxitos de Es paña e n los últimos años del siglo
XVII, sobre todo a partir de 1680, y en la supuesta capacida d de futuros éxitos
bajo la nueva dinastía borbónica desde 1700.
Esta visión encuentra con varios de tractores entre los más afamados
historiadores que defienden la idea de que a la muerte de Carlos II el imperio
70
español tanto e n Europa com o en ultr amar quedaba en gra n parte entero, e
incluso en algunas zonas hasta se había extendido, como en las islas Marianas y
Carolinas 1 .
Por su parte, desde un punt o de vista política interna en nuestro país, ni D.
Juan José de Austria, ni el Duque de Medinaceli, ni tampoco el Conde de
Oropesa, supieron dirigir con aci erto las riendas del gobierno.
En general, la política durante este período fue bastante desordenada y
estaba sujeta a luchas internas entre di versas facciones que buscaban y defendí an
sus intereses.
Tampoco era esperanzador la presen cia en el trono de un m onarca como
Carlos II, que contaba con una débil person alidad enfermiza, cuya miseria física
parecía reflejar la miseria moral de una sociedad sumida en el desgobierno, la
superstición y el fanatismo 2 .
De este modo, a lo largo de los dos si glos que la dinastía de los Austria
reinó en España practicó una endogamia m atrimonial de manera reiterada que
trajo como consecuencia la es perpéntica realidad de un p obre monar ca, Carlos II,
que tuvo que ganarle la batalla a la vida , y que al no engendrar un heredero, dejó
planteado el mayor de los problemas polític os a los que hubo de enfrentarse la
Europa que comenzaba la andadura del siglo XVIII 3 .
En este sentido, es evidente que ya antes del nacimiento del último de los
Habsburgo español había un enor me interé s por parte del monarca francés Luis
XIV por la cuestión sucesoria al trono español. De este modo, cuando contr ajo
matrimonio con la hija menor de Felipe IV, la Infanta María Teresa, vio la
1 STORRS, C., Op. cit. pag. 39 -61.
2 CÁNOVAS DEL CASTILLO, A., Bosquej o histórico de la Casa de Au stria en Españ a , editorial
Algazara, Mál aga, 1992, estudio prel iminar, pag. 38.
3 CALVO P OYATO, J., Felipe V , e ditorial Sarriá, Mála ga, 2004, pa g. 8.
71
oportunidad de asegurar el trono de España a algún descendie nte de su joven
esposa 4 .
Este proyecto que el rey francés tení a y que parecía podía ser inminente,
tuvo que retardarse en el tiempo ya que en noviembre de 1661 nacería el futuro
Carlos II. De este modo, la dinastía austracista garantizaba un heredero a la
corona española. Esto hizo que el rey Sol cambiase de estr ategia y come nzase
una ingente actividad di plomática con el emperador Leopoldo I , encaminada a
dividir las posesiones hispanas entre ambos , en caso de que Carlos muriese sin
descendencia. Este acuerdo llevado a ca bo de m anera secreta, concluyó en ene ro
de 1668 y preveía el reparto de los terr itorios de la m onarquía e n el supuesto
antes menciona do.
En este sentido, a partir de 1689 se produciría un cambio considerable
cuando el emperador austríaco recibió el apoyo de Inglaterra y las Provi ncias
Unidas, bajo el mandato de Guillermo III de Orange, para ostentar el trono
español en el caso de que Carlos II muri ese sin heredero. Con ello se intentaba
restar influencia a Francia.
Además no podemos olvidar que ese mismo año de 1689 María Ana de
Neoburgo contrajo matrimoni o con Carlos II, con lo qu e el emperador austríaco
se posicionaba en un lugar de privilegio par a una futura herencia. De hecho e l 11
de septiembre de 1696, en un testamento realizado por Carlos II, éste designaba
como único heredero al Príncipe Elector de Ba viera.
Dos años después, en 1698 se firmó un nuevo tratado de repartición de la
monarquía española (Tratado de La Haya) según el cual el Príncipe Elector de
Baviera recibiría España y sus posesiones de ultramar, dejando Milán para el
archiduque Carlos de Aust ria y correspondiéndole a Francia los dominios
italianos, las Dos Sicilias y Vizcaya.
4 KAMEN, H., La Guerra de Sucesión en Espa ña, Ediciones Grijalbo , Barcelona, 1974.
72
Este tratado, que fue rech azado en España c on indi gnac ión, quedó fuera de
toda vigencia, cuando en febrero de 1699 murió el príncipe de Baviera.
De nuevo, los planes previstos por Lu is XIV y Leopoldo I, que parecían
podían llevarse a cabo de manera inminente ante la debilidad física y mental de
Carlos II, se retrasaron y con ello tuvier on que modificarlos ante la presión de
otros estados europeos que también esta ban interesados en tomar parte en un
hipotético reparto de las propiedades hispanas.
De hecho, ninguna potencia europea podía permitir que otra heredase a
solas las grandiosas posesiones española s y reconstruyese con éstas y con las
suyas propias un congl omerado colosal de l estilo del imperio de Carlos V 5 .
Tampoco podem os olvidar que la indust ria europea occidental que en ese
momento estaba emergiendo, precisaba encontrar nuevos mercados donde
introducir sus manufacturas, con l o que se hacía necesario modificar el sistema
de mercado reservado que la corona es pañola había im puesto en sus colonias
americanas.
Por motivos tan considerables, merecía la pena hacer un gran esfuerzo, por
lo que estas potencias utilizaron sus emba jadas en la corte española para ir
encauzando sus intereses particulares.
En este sentido, al mism o tiempo que estos proyectos de repartición se
estaban preparando fuera de España, duran te los últimos años del Seiscientos
asistimos a un continuo enfrentamiento di plomático en la corte española e ntre los
partidarios de un heredero francés, lider ados por el embajador francés Harcourt,
y aquellos que preferían un candidato al emán, representados por el embajador
imperial Harrach.
5 VOLTES, P., Felipe V, fundad or de l a Españ a cont empor ánea , Es pasa Calpe, M adrid, 1991, pa g. 20
73
En cualquier caso, parecía evidente que fuese quien fuese el elegido
recibiría todas las propiedades hispanas unidas, ya que los españoles nunca
aceptarían un reparto de su corona.
Estos últimos momentos de la vida de Carlos II fueron de una actividad
bastante dramática en tanto que se multiplicaron los hechizos dirigidos a mejorar
la maltrecha salud del monarca.
De este modo tanto los partidario s francófilos, encabezados por el
Cardenal Portocarrero, el inquisidor ge ne ral, Rocaberti, y el embajador francé s,
duque de Harcourt, como lo s partidarios austrófilos, controlados por la reina
María Ana de Neoburgo, el em bajador au stríaco, conde de Arrach, el conde de
Oropesa, el almirante de Castilla y otro s nobles destacados, fomentaron todo tipo
de exorcismos para el rey.
Parece fuera de toda duda que estos e xorcismos iban dirigidos, no tanto a
mejorar la calidad del ú ltimo de los Habsburgo, co mo a intentar conseguir
desprestigiar al bando contrario y con e llo obtener una posición ventajosa e n el
testamento de este monarca 6 .
En principio, la posici ón francesa par tía con ventaja ya que contaba con el
respaldo del Consejo de Esta do, que reuni do en Madrid en juni o del año 1700, se
mostró partidario de esta opción, tamb ién del Papado, y por último de una gran
parte de la opinión pública española, entr e los que se encontraba l a mayor parte
de la Corte.
Ante este panorama, y obviando la pr eferencia de un heredero austriaco
que su mujer María Ana de Neoburgo tenía, Carlos II otorgó su último
testamento el 2 de octubre de 1700 y en él cedía la totalidad de su monarquía a
6 Este tem a de los hechizos y a han si do in vesti gados por varios a utores, como por ejem plo CÁN OVAS
DEL CASTIL LO, A. , y MA URA GAMAZ O.
74
Felipe, duque de Anjou y nieto de Luis XI V, con lo que la opción francesa se
imponía.
El 21 de octubre Carlos II realizó un codicilo por el que si su esposa
quisiera después de su fallecimiento retirarse de la corte y vi vir en una ciudad de
España o en cualquiera de los Estados de Italia o Flandes, se le diera completo
gobierno del lugar con sus ministros 7 .
El 26 de octubre la salud del mona rca em peoró considerablemente y justo
después concedió poder al cardenal Portoc arrero para ejercer el gobier no en su
nombre, nombrándose una junta que se harí a cargo del país hasta la llegada del
nuevo rey. Esta junta estaba compuesta por la reina María Ana de N eoburgo, con
voto de calidad; el cardenal Port ocarrero; el duque de Montalto, como presidente
del Consejo de Aragón; don M anuel Aria s, como gober nador del Consejo de
Castilla; don Baltasar de Mendoza, como inquisidor ge neral; el conde de
Frigiliana, como consejero de Estado, y el conde de Be navente, como grande de
España.
A primera hora de la tarde del día de todos los Santos del año 1700 Carlos
II fallecía. Justo después el anciano Duque de Abrante s, de una manera un tant o
irónica, procedió a la lectura del te stamento del último de los Habsburgo
español, lo que pode mos entender como un acto de clausura del reinado de la
Casa de Austria en España.
La designación de Felipe de Anjou, como único heredero de la corona
española, fue sin duda una noticia de incalculable valor que sobrepasaba las
expectativas del rey Sol. Sin duda Luis XIV m editó las consecuencias de la
aceptación de este testamento, y tras cons ultar con su Consejo, con su familia y
con el convencimiento de que en la cort e de Madrid había un gr upo importante
7 VOLTÉS, P., La guerr a de Sucesión , editorial planeta,Barcelona, 1990, pag . 22.
75
que esperaba con fidelidad la llegada del primer Borbón, aceptó la última
voluntad de Carlos II.
El 12 de noviembre de 1700 el rey Sol envia ba una misiva a María Ana de
Neoburgo y a la Junta de Gobierno, en la que comunicaba la aceptación en
nombre de su nieto de la herencia española.
Cuatro días después, Felipe V f ue proclamado nuevo rey de Es paña, y
semanas más tarde, concretamente el día 4 de diciembre partía desde Versalles
hacia nuestro país, con la idea clara de que España y F rancia compartirían desde
ese momento un mi smo destino.
A partir de entonces el monarca francés dedicaría una atención muy
especial y continuada a su nieto Felipe, hecho llamativo si tenemos en cuenta que
hasta ese momento, cuando el nuevo rey de España contaba co n diecisiete años
de edad, había recibido muy poco trato de su abuelo.
Entre los muchos consejos que recibió el joven rey de su abuel o, podemos
destacar la idea de fortalecer el poder real , limitar la excesiva influencia de los
grandes y renovar la a dministración, a unque respetando siempre las costumbres
y tradiciones de nuestro país.
El día 24 de noviembre se procedió a la proclamación solem ne del nuevo
rey en Madrid y en otras ciudades, si bi en hubo otros lugare s en los que no se
realizó esta celebración, como por ejempl o en Cataluña, donde las autoridades se
negaron hasta que el nue vo monarca jurase el acatamiento de los fueros y las
instituciones catalanas 8 . Es evidente que el cambio dinástico iba a traer
problemas internos dentro de la corona española.
8 CALVO POYATO, J., op. cit., 2004, pag 26.
82
mitad del siglo XIX e xaltaba n y defendían l os fueros y privilegios perdidos c on
el primer monarca borbónico.
El último bloque, sin duda el más amplio en número de investigaciones se
refiere, estaría formado por los e studios actuales, que como hemos indicado con
anterioridad ha crecido de ma nera co nsiderable en las última s décadas,
especialmente aquellos estudios sobr e aspectos concretos, personajes
determinados y aconte cimientos muy locali zados tanto en el espacio como en el
tiempo.
Uno de los primeros historiador es que realizó un estudio serio sobre este
tema fue Pedro Voltes allá por los años cincuenta.
A partir de ese momento se han multiplicado los estudios e
investigaciones al respecto. Estudios soci o-económ icos, estudios del desarrollo
del conflicto en una zona concreta de la penínsul a, investigaciones sobre
personajes concretos o de biografías col ectivas durante el período en cuestión,
etc.
3.3 PRIMERAS IMPRESIONES DE D. FCO. DEL CASTILLO Y
FAJARDO SOBRE ESTOS PRIMER OS AÑOS DEL CONFLICTO
DESDE CEUTA. SU GOBIERNO EN ESTA PLAZA SITIADA.
En julio de 1698 el Ma rqués de Villadarias fue designado gobernador de
Ceuta. Para analizar su actuación en esta ciudad norteafricana, hemos tomado
como referencia principal una obra escr ita por el presbítero Alejandro Correa da
Franca, ya que sigue la cronologí a de lo s gobernadores de esta pl aza, así como
sus incidencias más destacadas, aunque también hemos empleado otras crónicas
de historiadores locales que no s han a portado datos in teresantes 20 . Este clérigo,
fue contemporáneo de nuestro protagoni s ta, y por tanto, fiel testigo de sus
20 Como por e jempl o, CARO, L. Histori a de Ceut a, Il ustre Ayunt ami ento de Ceut a, Servicio de
Publicaciones de la C oncejalía de Cultura, C euta, 1989, pp .119-121.
83
hazañas, las cuales narró dedicándole el capí tulo tres de su fo rmidable crónica de
Ceuta 21 .
De hecho al respecto el autor nos dice “… No s osegaba el intrépido
corazón del ma rqués sino con el e struendo de las armas, en que logró afortuna dos
sucesos” 22 .
No debemos olvi dar que Ceuta pe rman ecía sitiada desde octubre 1694, por
las tropas del sultán Muley I smael, por lo que la situación era bastante
complicada para esta población. Este as edio que se alargó hasta el año 1727,
consistió principalmente en continuo bo mbardeo de la ciudad por parte de los
sitiadores y en enfrentamie ntos cuerpo a cuerpo cuan do los ceutíes realizaban
algunas salidas para llevar a cabo diversas tareas de avituallamiento y defensa de
la plaza 23 .
Al comenzar el cerco del sultán m arroquí la defensa de la ciudad de Ceuta
contaba con un t otal de entre 600 y 1000 infa ntes, algo menos de 100 s oldados de
caballería, de 60 a 80 artilleros y unos 60 marinos 24 . Debido al escaso número de
soldados, con frecuencia se vieron en la necesidad de arm ar a los habitantes e
incluso a miembros del estamento eclesiástico.
Por su parte, la ayuda en forma de avituallamien to como de soldados y
armamento llegaba de manera muy escasa procedente de las costas andaluzas,
más concretamente desde Gibraltar.
De este modo y a partir del mes de octubre y hasta enero de 1695
comenzaron a llegar los primeros refuer zos: veinte compañ ías de infantería
21 CORREA DA FRANCA, A. Hist oria de l a Mui Noble y Fi delíssima ciudad de C euta, Consejería de
Educación y Cultura, ciuda d Autónom a de Ce uta, Ed. Fac símil ,1999, pp. 324 – 333.
22 Ibid.
23 VILLADA PAREDES, F., Hi storia deCe uta , Vol. II , In stituto de Estudios Ceutíes¸ Ceuta, 2009, p p.
12 – 114.
24 Ibid. pá g. 34
84
divididas en dos tropas de diez cada una. En cualquier caso no parecen
numerosos los refuerzos y arm amento que llegaron a la ciudad con el objetivo de
resistir el ataque enemigo.
Con este panorama na da alentador para la ciudad circunda da por las tropas
magrebíes, se produjo, com o ya hemos indi cado, e n julio del año 1698 la llegada
del Marqués de Villadarias como relevo del hasta entonces gobernador D.
Melchor de Avellaneda 25 .
Una de los aspectos más llamativos que podemos destacar acerca de la
actuación del marqués de Villadarias en Ceuta, es que era consciente de la
importancia que en aquella ciudad s itiada tenía una buena defensa.
Para ello formó una c ompañía de mina dores, colocando al frente de ella a
un capitán, un alférez, un sargento, cuatro maestros y doce capataces, además de
un grupo considerable de oche nta mi nadore s . M u c h o s d e l o s q u e s e f o r m a r o n e n
esta compañía, llegaron a de sempeñar una labor importan te no ya sólo en este
lugar, sino en otras plazas nortea fricanas y del sur de España.
Durante este período hay que destacar que de la m ano de Villadarias,
llegaron a la ciudad de Ceuta dos hermanos , los Tort osa, de origen granadi no y
que desempeñaron una labor instructiva fo rm ando a muchos maestros minadores,
que como hemos comentado fueron destinados a distintos lugares.
Del mismo m odo, hizo construir una lín ea subterránea justo delante de la
empalizada que servía de protecc ión a la ciudad. Ade más construyó el baluarte
de Santa Ana y formó hornabe que 26 .
25 Hemos creído oportuno incluir un plano de Ceuta en el apéndice documental, que se halla en el
Archivo General de Sim ancas y datado en 1697 para ayudar al lector en la com prensión y localización de
los distintos lu gares que apar ecen referidos en este apartado.
26 Hornabe que : fortificación e xterior que se c ompone de dos medios baluartes tra bados con una cortina.
Sirve para lo mismo que las tenazas, pero e s más fuer te, por defender los flanco s m u tuamente sus cara s y
la cortina.
85
Desde que llegó a la ciudad norteafricana y hasta finales de ese m ismo año
de 1698 llevó a cabo diversas acciones en las que capturaron y mataron a va rios
sitiadores.
Durante los primeros me ses del año siguiente continuaron las acciones
defensivas de las guarniciones sitiadas, obteniendo dive rsos botines que debieron
servir para aliviar la penosa situación en la que se encontraba la ciudad.
Al mismo tiempo, D. Fr ancisco del Castillo, que hasta ese momento se
había hospedado junto a su familia en el antiguo palacio de los gobernadores,
ordenó que se comenzara a construir un nuevo palacio, en un sitio más seguro,
más alejado del peligro que suponían las piedras de mortero, bombas y balas de
artillería que los enemigos continua mente lanzaban sobre Ceuta.
Así mismo, el goberna dor vie ndo que la veed uría se encontraba en la nave
de la epístola de la catedral ceutí y esta ba en un estado deplorable, y que toda la
documentación que al lí se generaba podía de teriorarse aún más, de cidió levantar
un nuevo edificio, hecho que contó con el beneplácito del veedor D. Car los
Fernández de Ribero.
También edificó los almacenes de Sa n Pe dro, cuatro bóvedas de los
cuarteles unidos a la muralla real frente del campo de los moros, los arcos del
puente de la puerta de la Al mina y lim pió la dársena.
Pero sin duda uno de los grandes pr oyectos que comenz ó fue el hospital
real, ya que hasta ese momento los nume rosos heridos eran atendidos en casas
particulares y algún que otro convento. Para em prender dicha tarea, nuestro
personaje dispuso que se comprara una parcela de tierra a los franciscanos.
Al mismo tiempo, mientras trabaj aba en el hornabeque, el m arqués
empleó bastante munición en atacar a los sitiadores , hecho que fue criticado
porque había quien lo consideraba innecesario.
86
Dentro de su idea de reforzar y amplia r las fortificaciones de la ciudad, se
propuso construir el m edio bastión de Santiago, pa ra lo que contó con la
planificación de D. Andrés Tortosa.
Dispuso entonces convocar a los princi pales personajes de la ciudad para
comunicarle su intención, y les expus o su intención de organi zar una expedición
para ocupar dicha zona, y construir co m o hemos co mentado, una obra de
mampostería capaz de frenar los continuos ataques de la s tropas enem igas. Para
ello ya contaba con el be ne plácito del propio rey.
Uno de los principales opositore s era D. Antonio de Portugal, quien se
opuso a tal proyecto alegando que en di cho consejo no habían acudido personas
relevantes que podrían aportar ideas inte resantes. Este comentario sirvió para
enojar al Gobernador quie n di o por concluida dicha junta.
En realidad, el marqués de Villad arias ya contaba con un importante
refuerzo, en forma de barcos , soldados y ca ballos, que esperaban en Gibraltar una
orden suya para zarpar rumbo a Ce uta.
Pero antes de llevar a cabo su idea y con la intención de reconocer las
posiciones y fuerzas del enemigo, pro pus o organizar una pe queña expedic ión.
Finalmente, tras escuchar el consejo del sargento m ayor D. Pe dro de Guevara en
el que le sugería que ordenase el enví o de las guarniciones que perm anecían en
Gibraltar, pospuso su proyecto hast a finales de julio de 1699.
Fue entonces cuando se produjo el desenlace final de este episodio. La
explosión de una enorme m ina provocó la voladura de las de fensas construidas
por los sitiadores. Tras ella, el desembarco de las tropas recién llegadas, permitió
ocupar dicha zona.
Enseguida com enzaron las tareas defe nsivas que la situación requería.
Pero las tropas enemigas, lejos de rendirse, intentaron recuperar el territorio, lo
87
que ocasionó un gran desorden en el ejército de Villadarias, y como
consecuencia un núm ero de bajas considerable.
Ante esta complicada situación, la re spuesta del Gobernador de Ceuta no
tardó en producirse. En este sentido, el cronista ceutí Correa da Franca, nos
cuenta que nuestro personaje, espada en mano, se dispon ía a entrar en combate,
cuando los oficiales que le acompañaban le frenaron en su ímpetu, haciéndole ver
que era más convenie nte aguantar y esperar a que llegasen refuerzos.
Continuó el goberna dor dando las órdenes oportunas para colocar una
empalizada, capaz de soportar los continuos ataques de los enemigos, tarea que
no resultó nada fácil.
Al mismo tiem po, mandó avituallar a los soldados que perm anecían en
primera fila de combate, para lo que se dispuso traer vino, a guardiente, pan y
queso a discreción, que ayudaron a levantar el ánimo a los soldados. Pese a todo,
mantener la posición supuso un desgaste continuo de solda dos. Según algunos
estudios parece que realmente las baja s nunca superarían las trescientas
defunciones, aunque algunos detractores del mar qués de Villadarias, elevaban
esta cifra hasta los ochocientos 27 .
Por otra parte, una minuci osa lectura de las crónicas de Correa da Franca,
nos sirve para demostrar, algo por otra part e hasta cierto punto lógico y que viene
a ratificar lo que acabamos de mencionar. Nos referimos a que hubo un grupo de
oficiales que en varias ocasiones se opusieron a las decisiones tomadas por el
marqués de Villadarias, lo que p odríamos denominar detractores.
Pese a estas continuas diferencias, nuest ro Gobernador, lejos de caer en el
desánimo, continuó haciendo aquello que creía más oport uno para mantener la
27 Ver po r ejem plo GAL INDO y VERA , L., Posesiones hispano- africanas , Málaga, 1993
88
plaza bien defendida. De es te modo, dispuso a continua ción enclav ar los cañones
del Morro, labor que tampoco resultaría fácil.
A mediados de marzo del año 1700 el propio marqués de Villadarias
informaba al duque del Infantado sobre los avatares del asedio que sufría la
ciudad de Ceuta. En este sentido rela taba un suceso acaeci do en esos mismos
días en el que puesto en aviso de l a intenc ión de los m oros de vo lar el baluarte de
San Pablo con varias minas, él mimo ordenó a varios granader os de la plaza
hacer explosionar los mencionados artefact os, salvando a la ciudad sitiada de una
incursión enemiga.
También advertía de la llegada a la ciudad de un cau tivo cristiano de
nacionalidad francesa, que había logrado huir de su presidio en Fez, y que
aseguraba que los sitiadores no tenían in tención de levantar el cerco, aunque
según él estaban pasando necesidad 28 .
El 14 de julio de ese mism o año de 1700 tuvo l ugar en la ciudad
norteafricana el alumbramiento de una de sus tres hijas, Águeda Rosalía Bárbara
Ventura, quién sería bautizada en la ig lesia de Nuestra Señora de África el
sábado 7 de agosto, siendo el padrin o su hermano Francisco del Castillo y
Ventimiglia 29 .
A finales de ese mismo mes de ju lio nuestro gobernador de Ceuta
informaba de nuevo al D uque del Infantad o de un nuevo acontecimiento triunfal.
En este caso se trataba del apresamien to de una pequeña embarcación enemiga
que quiso a bordar un barco qu e pr ocedente de Gibraltar pretendía a rribar a Ceuta.
28 Sección Nobleza del A.H.N. OSUNA, CT. 122, D 4-5, 19 de marzo de 1700
29 Archiv o de la Igle sia de Nue stra Señora de África de Ceuta, l ibro V de b auti smos, 7 de agost o de 170 0,
fol. 103 v. Ver copia literal en apén dice documental.
89
En total treinta y dos presos que quedaron cauti vos y que eran al parecer de
origen argelino 30 .
La capacidad gubernativa del marqués de Villadarias en Ceuta iba a verse
sometida a una dura prueba, cuan do tuvo lugar un hecho trascende ntal que iba a
marcar la historia de nuestro país en los primeros años de la centuria del
setecientos. Nos estamos refiriendo a la muerte de Carlos II, último monarca de
la dinastía de los Habsburgo en nuestr o país, hecho que tuvo lugar el 1 de
noviembre del año 1700.
En este sentido, hemos creído convenie nte analizar cóm o se vivieron estos
momentos en Ce uta ya que coincidió c on el período de gobierno de D. Francisco
del Castillo y Fajardo 31 . Este estudio nos permitirá por un lado, com probar la
adhesión del Marqués de Villadarias al nuevo monarc a desde un primer
momento, y por otro l ado, aportar datos sobre cómo se vivieron e stos momentos
en una ciudad como Ceuta, lo que servirá para aña dir conclusiones para una
visión más generalizada sobre el conflicto que se iba a iniciar justo después, la
Guerra de Sucesión española.
Las exequias de Carlos II se celebraron en el Real Colegio de la Santísima
Trinidad. Tras los funerales se proced ió en Ceuta a la aclamación del nuevo
monarca, Felipe V, siguiendo el protoc olo establecido y que se repitió en la
inmensa mayoría de ciudades españolas. En este sentido, Correa Da Franca nos
narra con todo lujo de detalles el cerem onial cargado de solemnidad que se llevó
a cabo.
La nobleza y la milicia de la ciuda d, junto a los miembros del cabildo
municipal se dirigieron al Colegio Trinita rio donde el reverendo padre Fray Juan
30 Sección Nobleza del A.H.N. OSUNA, CT, 163, D. 3 – 5, 30 de julio de 1700
31 De igual modo, en otro apartado de esta tesis do ctoral, analizarem os también cómo se vivieron la
muerte de Carlos I I y la pr oclam ación de Felipe V com o nuevo m onarca e n otras l ocalidades c omo
Anteque ra, lo que nos ser virá pa ra plantear una seri e de co nclusiones al respect o.
90
de San Gabriel entregó el pendón de la ci udad al alférez mayor D. Luis Ribeiro
de Mendoza. Desde allí, como no podía ser de otra manera, la comitiva se dirigió
al palacio de los generales para ofrecer el estandarte a d. Francisco del Castillo y
Fajardo, máxima autoridad y re presen tante de la corona en la ciudad.
Con la solemnidad que la ocasión requ ería, el Gobernador al recibir la
bandera real gritó en alta voz: “Rea l, real, real, viva don Felipe V de
Castilla…” 32 . Tras la lógica respuesta de los as istentes, un escuadrón que allí se
encontraba junto co n toda la artillería de la ciudad inició una salva en honor al
nuevo monarca.
Tras esto, don Francisco del Castillo devolvió el pendón de la ciudad al
alférez mayor, quien se puso al frente de una comitiva, engalanada para la
ocasión, que se dirigía de nuevo al colegio trinitario.
El séquito, que recorrió distintas calles de la ciudad, l o cerraba el marqués
de Villadarias, quien según los relatos de la época, transmitía a los asistentes una
satisfacción infinita. Tras finalizar la pr ocesión, los actos de celebración por la
feliz llegada al trono del primer Borbón continuaron durante toda la noche.
Por otra parte, el m arqués de Vill ad arias continuó con las obras del medio
bastión de Santiago, utilizando para su defensa un complejo sistema de minas.
Fue a finales de ene ro de 1701 cuando emprendió una nue va tarea
defensiva en la ciudad al orde nar levant ar una empalizada junt o a la trinchera que
se hizo desde San Pablo al flanco de Sa ntiago. Esto se llevó a cabo con bastante
dificultad ya que se produjo un ataque enem igo que costó la vida a varias
decenas de personas.
32 CORREA DA FRANCA, A. op. Cit., pa g. 329
91
Otra de las grandes preocupaciones de nuest ro Goberna dor de Ceuta fue
sin duda el garantizar el av ituallamiento de los resident es de la ciudad. En este
sentido fueron constantes los esfuerzos pa ra conseguir ganado y otros ví veres con
los que asegurar lo necesario para soporta r el largo asedio que estaban sufriendo.
De hecho el propio monarca, conscien te del problema de avituallamiento
que precisaba Ceuta, dirigió una petición de ayuda económica para socorrer esta
plaza al cabildo catedralicio malacitano, quien concedió 400 ducados para esta
causa, si bien justificó su negativa a incrementar esta cantidad ya que
“… la falta de lluvias de invierno, que no se sembró y lo que
estaba no ha prevalecido, de fo rm a que ni aún paja para los
ganados se puede reco ger, y con la amenaza y de fuerzas se han
retirado los comerciantes mercader es, que trafican con los frutos
de la pasa y vino a otros rein os, con cuya ocasión no se han
arrendado hasta ahora los diezmos…” 33 .
En noviembre de 1701, a petición de l marqués de Villadarias, Felipe V
remitió una carta a la ciudad de Ceuta en la que venía a ratificar una serie de
prerrogativas que durante los pr imeros momentos del reinado de Carlos II se
había concedido a esta localidad.
De este modo, todo esto se confirm arí a a través de una real cédula, dada
en Barcelona el 27 de noviembre de 17 01 por Felipe V. Gracias a ella, se podrían
diferenciar las causas de la auditoría milita r de las prerrogativas y ordenanzas de
las que gozaban los naturales civiles, tanto en los privilegi os jurídicos y
económicos como en la s libertades políticas.
Así se reafirmaba el merecimiento, no sólo por la fidelidad continuada,
sino también por el sacrificio de tantos añ os de asedio a la Plaza, continuando los
cargos civiles de Juez y Veedor, que se rían de renovación anual y de los que
dependerían el C ontador, los Escribanos de los cuento s y matrículas y los
33 LLORDÉN SIMÓN, A., Historia de Má laga: Anales del Cab ildo Eclesiástico ma lagueño , Grana da,
Editorial – Im prenta Santa Rita, 1988 .
98
eran de Ánimas, dieciséis eran del Rosario, veintiuna eran de Gloria y Gremiales,
y veintitrés Penitenciales. De todas ella s hay constancia de que al menos nueve
surgieron en pleno conflicto sucesorio, esto es, en la primera década del siglo
XVIII.
Esto explicaría la existencia en la ciudad de num erosos círculos de
imagineros, talladores, pintores, etc., y e n general artistas, a lo s que no les faltaría
trabajo y que realizarían una enorme pr oduc ción artística, que e n bue na medi da
aún se conserva en la actualidad y de la que podemos disfrutar 6 .
4.2 ASPECTOS SOCIALES, ECON ÓMICOS Y POLÍTICOS A
CONSIDERAR: EL CONCEJ O ANTEQUERANO ANTE EL
CAMBIO DINÁSTICO.
Desde un punto de vista económi co Ante quera, al igual que otras m uchas
ciudades del Antiguo Régimen, tenía como principal actividad la agricultura,
pero sin olvidar otras actividades tamb ién importantes como por ejemplo la
artesanía y el comercio.
La inmens a mayoría de la población activa ligada al sector agrario era
asalariada y por tanto trabajaba para alguien. La agricultura era de subsistencia,
con pocos rendimientos y pocas innovaciones tecnológicas.
En esta línea, quizás un dato relevante sea el de la producción del trigo,
cereal fundamental para la dieta de esa época, y cuyo comportamiento sufriría
grandes variaciones según las circunstanc ia s (climatológicas, etc.) que se iban
dando. Esto condiciona ría la subi da o bajada de los preci os de este producto, pese
a los intentos por fijar unos precios por parte de los organismos públicos.
6 Para abarcar e l estudio de est e apartado se recom ie nda la lectura de n umerosos a rtículo s elabora dos por
ESCALANTE JIMÉNEZ, J ., Archi vero m unicipal y Director del Archivo Hi stórico M unicipa l de
Antequera, y especialista, entre otros temas, de las hermandades y cofradías de esta ciudad .
99
Lógicamente la subida del precio del trigo iba ligado al precio del pan,
precio que fijaba el gremio de los pana deros según lo acordaba a principios de
cada año con el Cabildo m unicipal.
Cuando subía el precio del trigo se producía un problema ya que los
panaderos pretendían subir ta m bién el preci o del pan, cosa que en principio no
podían hacer por estar acorda do con el a yuntamiento por lo que surgía una serie
de conflictos entre ambas partes.
Respecto al período que aquí nos ocupa, cabe resaltar que en A ntequera el
precio medio del trigo durante los años 17 01 y 1707 se sit úo entre los 18 y 20
reales/fanega, para incrementarse bastan te durante la crisis agraria de 1708 –
1711, ya que alcanzaron entr e los 45 y los 110 reales/f anega, que vino precedida
de una serie de malas cosechas continuadas 7 . Volveremos a incidir sobre e ste
aspecto y sus consecuencias en la poblac ión, cuando e n próximas investigaciones
podamos estudiar, como pretendemos, los años comprendidos entre 1707 y 1713.
Junto a este aspecto el cabildo m unicipal también se preocupaba de
controlar tanto el pósito co mo la alhóndi ga. Durante es te período, la alhóndiga
constaba de al menos dos edificios, esta ndo el más impor tante en la plaza alta. El
otro, de carácter más secundar io, se instaló y abrió en la cuesta de Zapateros en
enero del año 1700, cerca de uno de lo s puntos de mayor actividad económica y
comercial de la ciudad.
Poco después surgió una polémica en el cabildo municipal puesto que una
buena parte de regidores y jurados, junt o al propio Co rregi dor, propusieron una
serie de medidas dirigidas a intervenir má s directamente en el funci onamiento de
la alhóndiga. Entre ellas estaba la de de stinar una parte del edificio principal a
albergar un mesón y unas caballerizas, en las que se pudieran avituallar los
7 PAREJO BARRANCO, A., Antequera en el siglo XVIII (Poblaci ón, econ omía, socie dad), Anteq uera,
Excma. Diputación Provincial de Mála ga, 1985, pág . 39..
100
trajinantes que llegaban a la ciudad. El objetivo pri nci pal nos lo c onfiesa el
propio Corregidor, cuando afirma:
“(…) que es sin duda que llega do sin ocultación los géneros
comestibles y del abasto de esta ciudad a la alhóndiga, cesarán
las ocultaciones y fraudes que hasta aquí se han
experimentado” 8 .
De este modo, se pretendía acabar c on la corrupción que en torno a la
alhóndiga existía y, asegurar de este modo el abastecimiento de una serie de
productos muy necesarios para la subsiste ncia de los vecinos. Esta disposición no
fue bien vista por parte de los regidore s quienes alegaban que perjudicaba a los
mesoneros de la ciudad y que repercu tiría en un menor be neficio obte nido a
través de los impuestos que pagaba n los componentes de este gremio.
En cuanto a los aranceles y derechos q u e s e h a b í a n d e a p l i c a r e n l a
alhóndiga, el Corregidor propuso como modelo a seguir, las tarifas que se
estaban aplicando en la alhóndiga zaida de Granada, situada en la Puerta Real,
cuyo funcionamiento conocí a tras su estancia en la capital granadina cuando
desempeñó un cargo en la R eal Chancillería. Con ello se intentaba proteger de
posibles abusos a los trajineros.
En cualquier caso, controlar el func ionamiento de la alhóndiga suponía
una tarea bastante complicada. De hecho, en la primavera de 1702 el arrendador
de la alhóndiga se marchó de la ciudad, dejándola desierta, ya que según alegó e n
una curiosa nota que escribió “… no podí a continuar en el arrendamiento…” por
no ser rentable 9 . Tras este suceso se procedió a pregonar el arrendamiento de esta
alhóndiga, y aunque hubo al guna oferta de 1. 200 reales por la re nta de un a ño, el
cabildo municipal c onsideró que era una cantidad bastante baja por lo que
dispuso que continuasen los pregones.
8 A.H.M.A. F.M., sección Actas Capitulares, 2 de m arzo de 1700
9 A.H.M.A. F.M. sección Actas Capitulares, 19 de m ayo de 1702
101
Por su parte, el pósito también fue obje to de un estricto control por parte
de los representantes de la Corona. Dura nte el verano de 1699, el Corregidor de
Antequera recibió una carta en el que se le notificaba la deci sión de encomendar
a diferentes miembros del Consejo de Ca stilla, diferentes zonas de la península
en las que tendrían amplia autoridad y ju risdicción par a resolver problemas que
precisaban de una pronta resolución.
Antequera, junt o a otras ciudade s anda luzas que daban bajo la tut ela del
Ilmo. Sr. Fray Manuel Arias, Gobernador del Supremo Consejo de Castilla y de
Diego de la Serna Cantoral, miembro ta mbién de di cho Co ns ejo. Una de las
primeras medidas que tomaron fue la de revisar las cuentas de los pósitos de los
últimos seis años y que queda ban bajo su jurisdicción.
Con ello se pretendía inspecciona r las cuentas de estos pósitos y
comprobar si había posibles irregularidade s financieras. Parece lógico pe nsar que
los regidores antequeranos no recibieron de buena gana esta noticia, sin duda
porque estas cuentas no debían estar demasiado claras.
Inmediatamente después llegaba a la ciudad una nue va orden en la que se
pedía que se controlara todo el trigo que salía desde Antequera o que pasara por
esta localidad, a través de unos visados: las guías o tornaguías. Con esta medida
se pretendía controlar el trigo que entr aba y salía de la ci udad al m ismo tiempo
que suponía un medio para asegur arse el abastecimiento de grano.
De nuevo los miembros del concejo municipa l mostraron su
disconformidad alega ndo que esa me dida er a perjudicial para la ciuda d, puesto
que los arrieros y trajinantes evitarían pasar por ella, transitando por otr as
localidades vecinas, y que esto supondrí a que llegara menos cantidad de grano 10 .
10 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulares, 21 de agosto 1699
102
De nuevo subyace la idea de que más que buscar los intereses generales de
la ciudad, lo que en realidad prete ndía n era seguir obteniendo beneficios
particulares que obtenían gr acias al control de l pósito.
Por otra parte el pósito cumplía con s u función reguladora puesto que en
momentos de escasez, como el que se vi vió en estos años que estamos tratando,
repartía grano entre los panaderos pa ra que éstos pudieran ha cer el pan y
abastecer a la población de un producto básico pa ra su di eta habitual.
Esto fue lo que ocurrió a comienzos de abril de 1700 , cuando la escasez de
trigo obligó al cabildo a vender quinientas fa negas de este cereal que se guardaba
en el pósito a los panaderos 11 . Si esto se repetía con ci erta frecuencia surgía el
problema de que el pósito vaciara sus almacenes, por lo que se pasaba a compr ar
trigo donde lo hubiese. Además había un a gran preocupación por vigilar que el
pan que se vendía en la ciuda d fuese de una bue na calidad.
Durante el año de 1701, el pósito antequerano almacenaba un total de
4.191 fanegas de trigo, de las que se ve ndieron una parte, conc retamente 620
fanegas y 6 celemines 12 , que supusieron un importa nte i ngreso económico para
las arcas municipales 13 .
Otro tema que también resulta interesant e es el del peso de la harina. En
este sentido, la ciudad cons iguió una Real Facultad para restablecer el peso de la
harina, permitiéndosele cobrar 2 maravedíes por cada fane ga de harina de las que
se pesaran, y con la partic ularidad de que durante los dos primeros años pudiesen
cobrar el doble, es decir 4 maravedíes, para sufragar los gastos que se generaran
en la reparación de las Casas Capitulare s que se ubicaban en la plaza de San
11 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Ca pitulares, 3 de abril de 1700
12 VV.AA. Diccionario de Aut oridades. Voz Celemí n: medida de granos, sem illas y otras cosas que hace
la duodécima parte de una fanega, y se divide en cuatro cuartillos. Tomo II
13 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Ca pitulares, 19 de m ayo de 1702
103
Sebastián 14 . Para esta tarea el jurado Andrés de Burgos, a quien le correspondió
en suerte, eligió a dos pers onas, un fiel que se encargaría de cobrar y de apuntar
todos los detalles en un libro de cuentas, y otra persona que era la responsable de
pesar el trigo y la harina, y de proc urar que no se produjeran fraudes.
Respecto a las menciona das reformas que se em prendieron en las Casas
Capitulares, sería conveniente aclarar al gunos detalles. En primer lugar que el
ayuntamiento disponía de unas dependencias en la parte alta de la ciudad, en las
que habían habitado los distintos corregido res que había tenido la ciuda d, y en l as
que además se hacían los cabildos, si bi en estas dependencias eran muy antiguas
y además estaban en mal estado.
Según la documentación, el aderezo de estas instalaciones supondría un
gasto muy elevado, superior a los 5000 duca dos. A esto hay que añadir que ya
desde las últimas décadas de la centuria del Seiscientos, esta zona próxima a la
antigua alcazaba y a la Real Colegiat a de Santa María la Mayor, se fue
despoblando paulatinam ente, motivo por el cuál tanto el cabildo eclesiástico
como el municipal se plantearon muda rse a una zona m ás baja, que estaba
realmente experimentando un importante crecim iento.
De hecho el cabildo e clesiástico consig uió s u pretensión en 1692 cuando
la Colegial pasó de Santa Marí a a la iglesia de San Sebastián 15 .
De igual modo, el concejo municipal, con el deseo de buscar una nueva
sede, y tras comprobar que un posible traslado a la plaza de San Francisco,
donde el ayuntamiento disponía de otras in stalaciones y se celebraban de manera
asidua festejos públicos, también supon ía un gasto excesivo, decidió en el
verano de 1702 trasladarse a unas depend encias propias que tenía n justo al lado
14 A.H.M.A. F.M. Secci ón Actas Capitulares, 4 de julio de 1702
15 PAREJO BARRANCO, A., Historia de Antequer a, Publicaciones de la Bib lioteca Antequerana de la
Caja de Ahor ros, Anteq uera, 198 7, pag. 88
104
de la nueva iglesia colegial de San Se bastián. Este nuevo local, que hasta ese
momento habían sido destinadas a divers os comercios, y a albergar a varios
oficios de escribanía, fue el elegido para albergar la s nuevas depe ndenci as
municipales.
Hay que decir que para realizar es tas obras se emplearon materiales
provenientes de otros edific ios que poseía el ayuntami ento y que se encontraban
en ese momento en estado r uinoso, ya que se encontraban deshabitados por la
falta de arrendamiento o por haber sido de socupados tras la muerte de muchos
vecinos en la peste de 1679 que asoló la ciudad. De este modo se consiguió
abaratar el coste de la obra.
Las reformas previstas consistían en una remodelación de la antigua
dependenci a que servía para el Corregidor de la ciudad, y otra sala en la que se
guardaban las armas, y que al parecer estaban en ma l estado. Tras la reparación,
se empleó el nuevo espacio para coloca r unas perchas que servían para colocar
paños y bayetas que procedían, según la pr opia docum entación, de una fábrica
que se encargaba de producir este género 16 .
Por otra parte, las armas se muda ron a la sala cap itular, con lo que
mejoraron su guarda y cu stodia. Por último, los comisarios designados para
llevar a cabo esta obra trataron de comprar una casa contigua que se localizaba en
la calle del Arroyo de San Sebasti án, con el objetivo de ampliar su perímetro. E l
montante final se elevó a 16. 000 reales de vellón. Pese a todo, esta nueva sede no
fue definitiva ya que a lo la rgo de las décadas siguiente s , en momentos puntuales,
se buscaron nuevos emplazamientos.
Asimismo el cabildo municipal tamb ién tuvo durante este período una
gran preocupación por garantizar el sum inistro de diversos productos que
resultaban fundamentales para mantener a la ciudad.
16 A.H.M.A. F.M. Secci ón Actas Capitulares, 7 de julio de 1702
105
De este modo, la ciudad recibió una r eal facultad para que pudiera usar los
pozos destinados a guardar ni eve o hielo, para poder ga ra ntizar el abastecimiento
de la ciudad, aunque si en alguna ocas ión hubiese un excedent e se podía llevar a
las vecinas localidades de Osuna y Écija 17 .
Precisamente el año 1702 fue bastante nefasto desde el pu nto de vista de
las precipitaciones que se registraron en Antequera, lo que s upuso una falta de
nieve 18 . Este escasez provocó que el cabild o municipal buscara una alternativa
que en este caso se encontró en la serraní a de Ronda, de la que dispusieron traer
un total de 150 cargas de nieve con un prec io de 55 reales por cada una de ellas,
lo que supuso un montante final de 8250 real es 19 .
Las condiciones quedaron recogidas de manera explícita. Las cargas
debían de ser de bestia mayor y las habían de traer desde el 15 de julio al 15 de
octubre. Además también se contrataban lo s servicios de dos arrieros para que se
encargaran del traslado. Todo esto se recogió en una escritura pública ante un
escribano público de la ciudad de Ronda 20 .
Finalmente la primera remesa llegó en los últ imos días del mes de junio, y
contaba con 80 cargas de a 11 arrobas ca da una, por las que se pagó un t otal de
2584 reales 21 .
Del mismo m odo, ha bía otros product os que tenían un tr atamiento especial
por parte del cabildo municipal, como pued en ser el bacalao y la carne de ove ja,
especialmente a partir del mes de mayo cu ando se empezaba a segar las cosechas
de cereales.
17 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Cap itulares, 25 de abril de 1702
18 Como hem o s indicado se hici eron varias r ogativas en l a ciuda d e incluso se procedi ó a control ar con
una serie de com isarios, e ntre los que se encont raba el propio c orregi dor, los ri egos de las huertas.
19 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Ca pitulares, 3 de junio de 1702
20 El nombre del escribano de Ronda es Juan Bautista Ballesteros, y la fecha de su form alización el 22 de
mayo de 1702 .
21 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Cap itulares, 30 de junio de 1702
106
En cuanto a las actividades r elacionadas con el sector secundari o,
destacaban el textil y el cuero, aunque co n una participación c onsiderable de la
industria lanera. Los dos pr imeros productos se vendi eron por toda A ndalucía,
algunas zonas de la penínsul a y en algunas ocasiones, incluso, alcanzó mercados
internacionales.
Con respecto a la lana, sí que se exportó en grandes cantidades a buena
parte del norte de Europa, casi siempre a tr avés de com pañías que con sede en los
principales puertos andaluces se dedicab an a vender estos productos en otros
países 22 .
Por otra parte su excelente posici ón geográfica permitió a esta ciudad
desempeñar un pa pel decisivo en el comerc io entre la Andalucía Occidental y la
Oriental. Si a esto añadimos las ventajas fiscales de las que disfrutaba podremos
entender la importancia de este sector.
De este modo, hubo comerciantes afin cados en otras ciuda des que a través
de agentes públicos o priva dos, que le s servían de intermediarios, que les
representaban y que defendían sus intere ses, compraban y ve ndían me rcancías y
de este modo mantení an contacto comerc ial con ciudades casi siem pre portuarias
(Cádiz, Sevilla o Málaga principalmente).
En este primer caso se trataba más bien de un comerc io que podríamos
denominar de tránsito.
Más adelante, diversas familias antequ eranas se encargaron de contactar
con compañías casi siempre de Cádiz o Málaga que les abastecían de los
productos que más tarde vendían en la ci udad, al mismo tiempo que esta m ismas
familias venderían productos locales, especialmente alimentarios, a estas
compañías.
22 PAREJO BA RRANCO, A., op. cit. , Antequera , 198 7, pág.20 1.
107
Como ya han apunta do diversos inve stigadores, entre los que podem os
destacar al profesor De Be rnardo Ares, en los últimos años el análisis de la
composición social de los concej os castellanos se ha revela do c omo una de las
aportaciones historiográficas más logr adas, brindando f undamentales biografía s
colectivas y, sobre todo, rompiendo la ar tificial barrera que separaba la historia
política de la historia socioeconómica 23 .
Por tanto en la actualidad ha y una co rriente que tiende hacia lo que se
viene a denominar com o Historia Social de la Administración local.
Siguiendo esta línea investigadora, pretendemos aportar nuevos datos
sobre los magistrados del conc ejo muni cipal de Antequera, que son quie nes
toman las decisiones políticas, dirigidas siem pre en dos direcciones: por un lado,
las que irían encaminadas a resolver conf rontaciones de intereses a un nivel local
y que repercutían más directamente en las conveniencias particulares de los
miembros de la propia institución municipal; y por otro lado, aquellas otras
orientadas a preservar los intereses del cabildo frente a la voluntad impuesta por
la Monarquía, lo que va a provocar cont inuos enfrentamientos entre el municipi o
y el poder central.
Además todo esto justo en un moment o trascendental para la hist oria de
nuestro país como es el cambio dinástic o de los Austrias a los Borbones, por lo
que subyace la idea de que ta nto la Monarquía como el municipio se necesitan
recíprocamente.
Las fuentes documentales que hemos empleado fundam entalmente para
elaborar este apartado han sido dos.
23 DE BERNARDO ARES, J.M., “El régimen en la Coron a de Castilla”, en Revista Studia Histórica
Moderna , nº 15, Salamanca, 1996, pág. 37.
114
Por tal motivo, su relación por un lado con el Corregidor, es decir, con el
representante de los intereses de la Corona, y por otro lado con los jurados,
quienes van a i ntentar conseguir cada vez m á s privilegios en detr imento de ellos,
va a ser en numerosas ocasiones muy te nsa y conflictiva, especialmente cuando
había un asunto económico de por m edio.
Por otra parte, la situación de los jurados dentro del Cabildo munici pal era
bien distinta a la de los regidore s. Ya desde principios del siglo XVI ha bían
perdido toda representatividad en dicho órgano de gobierno. D e hecho en las
Ordenanzas Municipales que se aprobaron en 1531 se nos dice al respecto
“ (…) los jurados que en el cab ildo se hallaren han de callar y
ver y oir todo lo que pasare, que allí no han de tener que hacer
otra cosa salvo proponer cua ndo algo vieren que es menester,
proponer en el servicio de sus m a jestades y bien de esta ciudad,
y cuando a su parecer vieren de su majestad o en daño de la
república diga su parecer en ello y lo tomen cualquier de ellos
que quisiere por testimonio, para que c on aquel testimoni o pueda
hacer saberlo a sus majestades (…)” 34 .
Por tanto es evidente que los ju rados desempeñarían un pa pel poco
relevante dentro del cabildo municipal.
Paulatinamente los jurados llevaron a cabo un proceso a través del cual
iban a modificar sustancialme nte su situación inicial dent ro del cabildo, y en el
que habría que destacar algunas características.
En primer lugar, al igual que los regidores, pasaron de defender l os
intereses populares a velar más por sus in tereses particulares. Al mismo tiempo el
número de jurados antequeranos f ue aument ando siguiendo el mi smo proceso de
compra-venta al que ante s nos hemos referido al hablar de los caballeros
capitulares.
34 ALIJO HIDA LGO, F., Ordenanz as de Ant equera , 1 531 , Málaga, 19 79, pág. 20. Las fu nciones que así
se recogen so n idénticas a las que se citan en otras ord enanzas de otras ci udades. Por ejem plo, en l as
Ordenanzas Muni cipales de la ci udad de M álaga de 1611 .
115
De este modo, si a finales del siglo XV existían en Antequera seis
jurados, en 1699 ya enco ntramos un grupo en el qu e aparecen hasta veintitrés
nombres diferentes. Los m edios más frecuen tes para la obtención de uno de estos
oficios eran fundamentalmente el de la compra-venta y en m enor medida el de la
donación.
El proceso que conllevaba la venta de uno de esos oficios de jurado era
también largo y complejo. Para empezar el poseedor de uno de estos cargos tenía
que pedir permiso para poder venderlo.
Una vez obtenido éste, se pasaba a pregonar públicamente la venta de
dicho oficio y se nombraba a un apreciador para que tasara el precio de dicha
venta. Más tarde el Corregidor fijaba la fecha de remate. Después de adjudicado
al mejor postor, comienzan a realizarse las escrituras ante un escribano. Por
último el nuevo poseedor del oficio se comprometía a paga r la cantidad fijada en
un plazo limitado de tiem po. En uno de lo s casos estudiado que tuvo l ugar en el
mencionado año de 1699 el precio as cendió a 10. 500 reales de vellón 35 .
Por otro lado, al igual que oc urría con los regidores, los jurados se
ausentaban con bastante frecuencia de las reuniones capitulares.
Más de la mitad de ellos acudieron a menos de doce reuniones de las
ochenta y dos, que como hemo s comenta do anteriorm ente, se celebraron en
1699.
Además la relación de este grupo con el de lo s regi dores era difícil. Por un
lado, eran frecuentes sus enfrenta mientos por motivos de rivalidades económicas
y por defender el honor. Un ejemplo sobr e este tema lo enco ntramos cuando en
julio de 1699 el Provincial de la Compañía de Jesús se encontraba en la ciudad
35 A.H.M. A. F.P .N., Ca rlos de Talavera Na varr o, le g. 2679, 1 de junio de 169 9, fol. 930-9 43 v.
116
realizando una visita pastor al. El cabildo municipal disc utió entonces quien de bía
visitar a tan dest acado personaje.
En un principio se nombraron a dos regidores como com isarios.
Inmediatamente los jurados expresaron su descontento puesto que también
pretendían asistir al acontecimiento. El Alcalde Mayor, que presidía ese día la
reunión debido a la a usencia del Corregido r , ordenó que los regidores dieran su
parecer sobre el tema. La mayoría de los regidores que asistier on pidieron que se
convocara a cabildo pleno para discutir sobre la cuestión. Como la visita se debía
realizar con anterioridad a dicha reuni ón, el Alcalde Mayor acor dó que un jurado
acompañara a los dos regidores para el mencionado acto protocolario. Esta
medida encolerizó al grupo de regi dores que expresaron con firmeza su
descontento, incluso l legando a pedir te stimonio por escrito. El asunto no a cabó
ahí. Más tarde fue estudia do por los abogados de la ciudad y por una serie de
personas elegidas para tal fin. La resolución fue la siguiente
“(…) que siempre que la ciudad así lo acordare se cumpla, y
siempre que no lo hicieren no deban concurrir los señores
jurados a las visitas (…) y la ciuda d acuerda que ya que los
jurados como miembros de ella, y que e n las comisiones y
dependenci as que se les enca rga han c umplido y cumplen
exactamente con su obligación, sien do las que se le encargan de
la mayor propensión, y atendiendo así mism o a su mayor
decencia para la asistencia a dich as visitas, por ahora acordó que
siempre que se nombren asimis mo caballeros regidores que
asistan a ellas, se nombren asim ismo a señores jurados, y que se
ejecute así, de aquí en adelante, observando en to do este acuerdo
(…)” 36 .
La conclusión que podemos extraer de es te asunto es que los momentos de
tensión entre regidore s y jurados llega ron a ser algo com ún en las sesiones
capitulares, y que tanto el Corregidor co m o el Alcalde Mayor, apoyaban a estos
36 A.H.M.A. F.M., Actas Capitulares, 17 de julio de 1699.
117
últimos con el fin de contrarrestar el pode r que los regidores te nían en el seno del
cabildo municipal.
Solo en ocasiones m uy concretas el gr upo de regidores y jurados a ctuaban
al unísono defendiendo un mismo interés. De este m odo, a lo largo de este
período que estamos abarcando, son mu chas las ocasiones en las que ambos
grupos se van a enfrentar a la post ura del Corregidor, quie n con frecuencia
desaprobaba las decisiones tomadas en el concejo cuando éstas están
relacionadas con desem bolsos económi cos que la ciuda d decide librar.
Esto ocurre cuando los miem bros cap itulares acceden a pagar lo que la
ciudad debía del derecho de torres de la mar, puntal y matagorda que se pagaba
en la ciudad de Sevilla, o cuando los comisarios encargados de comprar las
palmas del Domingo de Ram os se encuen tran con la negativa del representante
de la Corona 37 .
Por otra parte, los regidor es y jura dos se repartían el trabajo administrativo
propio del Concejo municipal. De este modo al final de cada año se procedía al
sorteo, de lo que la propia docum ent ación denominaba como suertes añales.
Entre ellas, en el caso de la ciud ad de Antequera y durante el año de
1699, podemos destacar en primer lugar el de Alguaci l Mayor, responsable de
mantener el orde n público en la ciuda d y ejecutar las requisitorias judiciales.
Hasta el año de 1630 este oficio estuvo ligado a la familia de los
Chacones, pero fue en ese año cuando Fe lipe IV vendió las varas de alguacil de
la ciudad y del campo al Concejo por 12 . 000 ducados, conside rándose de sde
entonces como suerte añal 38 .
37 A.H.M.A. F.M., sección Actas Ca pitulares, 13 de marzo de 1700.
38 PAREJO BA RRANCO, A.,o p. cit., 1987, pág. 1 17.
118
Además del cargo de Alguacil Mayor, tene m os el cargo de fiel de carnes,
fiel del peso de la harina, dos alcaldes ordinarios (responsables de ejecutar las
órdenes del Justicia Mayor y que se ocupaban de las causas relacionadas con los
vecinos pecheros), un alcalde del agua (responsable de tratar cualquier tema
relacionado con el regadío y consum o del agua), el alca lde del estado llano y el
alcalde de Hijosdalgo.
Del mismo modo, en la última sesión ca pitular también se solía proceder
al sorteo de las suertes para la diputaci ón de los meses del nuevo año entrante. El
número de diputados de cada m es oscilaba entre los cinco y los siete, siendo
siempre mayoría el número de regidor es que de jurados. Este tipo de
diputaciones permitía dividi r el trabajo adm inistrativo entre los miembros del
concejo municipal.
Por otra parte también podemos resaltar la figura de los dos escribanos de
cabildo. El escribano de ca bildo, que tenía que ser de l número de la ciudad de
Antequera, era nombrado por el R ey y su car go, en principio, tenía una duración
de dos años. La esc ribanía de Cabildo er a la responsable de dirigir toda la
documentación que originaba la gestión municipal. Sus dos escribanos eran
también los notarios de mayor relevancia en la vida política local al levantar acta
de las sesiones capitulares así co mo de todos los acontecimientos públicos que
se producían en el municipio.
Respecto a su salario no sabemos a cuan to ascendía, si bien nos consta que
percibían unas cantidades de dinero cuando realizaban trabajos que se salían de
su jornada laboral habitual . También son constantes las libranzas para papel
sellado para el libro de actas capitulares a dichos escribanos.
Otros personajes muy im portantes son los mayordomos de pr opios y
arbitrios y cuya labor consistía en ve lar por los intereses económ icos de la
ciudad, administrar los bienes, así como los diversos impuestos que había de
119
recibir directa o indirectamente y pagar lo s salarios de los oficiales del concejo,
impuestos a la corona, etc. Según las Ordenanzas de la Ciudad , las condiciones a
las que estaba sujeto el mayordom o so n importantes y estaban e ncaminadas a
prevenir cualquier irregularidad en las cuentas municipales.
Para terminar con los miembros rel acionados con el Ca bildo tenemos que
hacer referencia al portero, encargado de avisar a todos los miembros del
Concejo para que acudiesen a las reuniones capitulares y de conservar en buen
estado la casa de cabildos, a los alguaciles, que eran quienes ap licaban la justicia
en el municipio y de vigilar y controlar los propios de la ciudad, a los alarifes,
etc.
En cuanto al patrimonio y haciendas que tendría el cabildo antequerano
tenemos que destacar que, de una manera general, el municipio se puede
considerar desde la óptica específica de una empresa pública que debe tender a
establecer un equilibrio entre sus ingresos y sus gastos 39 .
El capítulo de ingresos viene pre det erminado por el rendimiento de los
bienes de propios y comunes, a sí como por el resultado de l pósito y por los
arbitrios, sisas, censos, tasas, etc.
Partiendo de la idea de la im portancia que los concejos mu nicipales
castellanos tuvieron para las cuestiones financieras y fiscales de la monarquía
hispánica, habría que distinguir tres haciendas municipales fundamentales a las
que acabamos de hacer referencia, es de cir, la de propios, la del pósito y por
último la de arbitrios 40 .
39 VILLAS TINOCO, S., “E l m unicipio m alagueño en la edad m oderna: una propue sta de m étodo y
estado de la cuestión”, en Actas de las X Jornad as de Andal ucía y América. Los c abil dos andaluc es y
america nos. Su hist oria y su organi zación ac tual, Sevilla, 1992, pp. 55 y 56.
40 INFANTE M IGUEL-M OTTA, J., “ Aportación al estudi o de las hacie ndas de los concejos castellanos
en las orde nanzas m unicipal es durant e el tardofe udalism o”, en Estudi s. Revista de Histori a Moderna , nº
19, 1993, pp. 19 1-232.
120
En un principio las tres haciendas gozaban de autonomía propia en su
funcionamiento, de tal form a que cuando había falta de liquidez en una se
traspasaban los fondos de otra, previo convenio escrito de rei ntegro de la
totalidad de los caudales prestados 41 . En la práctica, en cambio, las tres eran
dirigidas por la respectiva diputación, pe ro las propuestas de éstas sólo eran
firmes cuando conta ban con el respaldo de los cabildos.
En este sentido, la hacienda munici pal antequerana estaba compuesta por
un conjunt o de bienes inmuebles, prin cipalmente rentas, impuestos, fincas
rústicas y urbanas, que conf ormaban lo que se conoce co n el nombre de bienes de
propios. Gracias a la cesión de este conj unt o de bienes y derec hos de propiedad
municipal se obtenían unos ingresos que se destinaban a cubrir gastos,
normalmente de carácter municipal y que previamente estaban acor dados.
Sin duda hay un tema fundamental de l que necesariamente hay que hablar
cuando se hace referencia al estado económi co de los municipios de finales del
siglo XVII y de principios de la s iguiente centuria: es el hecho de que una gran
parte de los municipi os importantes está n em bargados y no p odían disponer de
sus propios. Es el caso del cabildo ante quera no, tal y c omo se recoge en divers as
actas capitulares de los años que aquí estamos analizando 42 .
Efectivamente, la situación económica del municipio antequera no era
preocupa nte. Como ya hemos indicado a nte riorm ente, bajo el reinado de Carl os
II se produjeron una serie de crisis demográficas en Antequera m uy ligadas
ambas a pérdidas en la producción agríco la y a la ruptura paralela de carácter
sanitario.
41 DE BERNAR DO ARES, J .M., op. cit., 1996, pág. 41.
42 Ver por ejempl o, la reunió n capitul ar de los días 23 de s eptiem bre de 1699 o del 11 de dici embre de l
mism o año. A .H.M. A. Fon do Muni cipal. A A.CC , 23 septi em bre 1699 y 11 diciem bre 1699 .
121
Esto provocó que la econ omía se resintiera. Al igual que en otros
municipios importantes de la Corona de Castilla, el de Antequera estuvo
embargado varios años, durante los reinados de Carlos II y de Felipe V. Sin duda
este tema era uno de los que más preo cupa ba a los m iembros del Concejo.
En numerosas sesiones capitulares se di scutía sobre este asunto. Así, en
diciembre de 1699, cuando los regidore s solicitan al Procurador General que
hiciera las diligencias oportunas para medi ar ante la administración puesto que
“(…) están embargados los caudales de es ta ciudad…” y por tanto no se podían
librar los salarios anuales de los magistrados del cabildo 43 .
Además la presencia en la ciudad de un receptor de la Real Chancillería de
Granada pr ovocó un a mbiente de tensión dentro del Concejo. Poco des pués el
agente que representaba a la ciudad en la Cort e consiguió una real provisión en l a
que se ordenaba la retirada de tan polémico personaje.
Por otra real cédula se prohibía que a la Real Chanciller ía de Granada que
enviara a cualquier otro receptor, orde n que no se llevó a cabo puesto que
continuaron llegando diversos inspectores fiscales a la ciudad. A la vez se
autorizaba a los miembros de l cabildo antequerano el qu e cobraran sus salarios
acostumbrados y que pudiesen adm inistra r libremente los pr opios y arbitrios.
En este sentido, los agentes de la ciudad realizaron una ingente labor a lo
largo de este período, defendiendo ta nto en la corte co mo en Granada los
intereses económicos de Antequera. Po r su trabajo percibían importa ntes
cantidades de dinero, si bien, todo se daba por bie n empleado s iempre que la
resolución judicial fuera favorable. Por ej emplo, en mayo del año 1700 se libró a
43 A.H.M.A. F.M., sección Actas Capitulares , 11 de diciembre de 1699
122
Agustín de Nafria, agente en corte, cuatro mil reales por cuenta de su salario y
gastos 44 .
Todo este tema propició que se lleva ra a cabo un largo pleito entre los
representantes de la Corona y los del munici pio antequerano, que e videntemente
fue acompañado de un importante desem bolso económ ico que con frecuencia iba
librando el Cabildo para pagar las costas del proceso.
El endeudamiento se debía en buena me dida a la coi ncidencia de varios
factores entre los que podemos destacar una mala administración local, una
asfixiante presión fiscal por parte de la Corona y una serie de gastos
extraordinarios, co mo por ejemplo el mantenimiento de al guna compa ñía de
soldados de tránsito, la aparición de alguna e nfermedad contagiosa, etc.
De hecho el Ayuntam iento podía presum ir de ser el principal propietario
de la ciudad durante el período que nos ocupa, y sin embargo no obte nía los
beneficios esperados ya qu e estaban embargados la administración de sus bienes.
En general estos bienes y de rechos se podían divi dir en tres tipos: las fincas
rústicas, las fincas urbanas y los derechos ( es decir, las rentas que se perciben,
intereses de censos y juros que se reciben, etc.).
Dentro del primer tipo, es decir, de las fincas rústicas, encontramos tierras
de labor y de pasto. Cabe destacar que, aunque conforme avanzaba el siglo XVII
y la siguiente centuria la superficie de estas fincas de propiedad municipal fue
disminuyendo progresivam ente, seguía si endo enorme y representaba algo má s
de la mitad del total de todo el término.
Durante este período se pr odujo la última fase en la que se fue acabando
de configurar la gran propie da d en el término anteque rano 45 . Este hecho no f ue
44 A.H.M.A. F.M., sección Actas Ca pitulares, 4 de m ayo de 1700.
45 PAREJO BARRANCO, A., op. cit., 1985, p ág. 76.
123
algo excepcional, sino que podemos generali zarlo para toda la Baja Andalucía.
De este modo, se ocupan bal díos y tierra s comunales, y com o consecue ncia se
produjo un proceso de cerramiento de la s propiedade s particulares. Todo este
proceso era permitido por el Ayuntamien to antequerano.Entre las fincas más
importantes que poseían tierras cultivables hay que destacar, lo que en las actas
capitulares de ese período se denomina co mo cortijo de la ciudad, y que se
ubicaría en Mollina.
Cualquier arrendamiento que llevara a cabo la ciudad debía seguir un
largo proc eso, que comenzaba con las po sturas, después el ofrecimiento del
quinto del prometido, más tarde sus pujas y luego el primer remate con la opci ón
de la puja del cuarto en caso de que lo hubiera. Todo es to re quería siempre
elevadas fianzas a favor de l mayordom o de propios. Cuando estas faltaban el
proceso se detenía y comenzaba de nuevo.
También hay que hacer referencia a las tierras de pasto, entre las que
destacaban las dehesas, siendo las más importantes las de Cuevas y las de
Yeguas, dedicadas ambas a mantener la ganadería de la zona.
Con frecuencia se producían conflictos debido a que los agricultores y los
ganaderos tenían intereses contrapuestos en cuanto a la explotación y a su
ocupación indebida. Las referencias sobr e estas tierras son conti nuas en las
reuniones de cabildo ce lebradas durant e estos años que aquí nos ocupa n.
Por otra parte, en segundo lugar, en contramos las fincas urba nas. El
inventario de estas propiedades era amp lio y entre ellas podemos destacar las
siguientes:
Siete casas en la Plaza Alta , arrendadas a particulares
Dos casas en la Barbacana, utilizad as como pósito y oficinas de los
diputados que realizaban la distribución del grano
130
En cualquier caso, sólo abordar emo s algunos aspectos concret os como
pueden ser la religiosidad popular, las cost umbres y tradiciones antequeranas o la
celebración de diversos espectáculos, lo que nos permitirá ap roximarnos a este
tema tan interesante.
Como venimos indicando, el cambio de centuria acompaña do de un
cambio dinástico, debi ó suponer para un ciudadano de ese m omento, vivir una
etapa repleta de incertidumbres, máxime cuando todo esto se rodeó de un
conflicto bélico, que vino a complicar aún m ás el día a día de la mayoría de los
ciudadanos.
En este sentido, los intereses de la Iglesia y de la nueva monarquía
absolutista borbónica convergí an. Si trasladamos esta afirmación a nivel local,
podemos asegurar que los miembros del ca bildo mu nicipal y los de l eclesiástico,
pese a sus diferencias que eran eviden tes en momentos puntuales, se veían
forzados a entenderse para mantener el orden establecido.Por ello, cualquier
acontecimiento ya fuera relacionado c on la implantación de la nueva di nastía, es
decir, con el conflicto que se estaba vivie ndo, o con el discurri r de lo cotidiano a
nivel municipal, se veía rápidamente envuelto de una ac tividad religiosa.
Un claro ejemplo de este planteam iento lo encontramos en uno de los
pasajes que nos narra un hi storiador local, Francisc o Barrero Baquerizo, quien
escribe su particular Historia de Ante quera en el año 1732. Aunque no f ue el
primero en llevar a cabo esta tarea, puesto que le precedieron otros cinco
historiadores, sí que nos puede a portar al gunos datos relevantes ya que vivió in
situ este período qu e aquí nos ocupa.
En este libro manuscrito, podemos leer un capítulo en el que se nos narra
el ataque que sufrió la costa gaditana por parte de la flota angl oholandesa en el
131
verano de 1702 53 . Aunque los datos qu e nos ofrecen aparecen desorbitados en su
número (por ejem plo nos habla de 18. 000 hombres, exclusivamente ingleses, y
220 barcos, frente a los 14.000 que se estiman pudieron acudir con unos
cincuenta barcos, ingleses y holandeses 54 ) resulta interesante hacer una lectura
pausada de un fragmento e n el que se viene a demostrar la utilización de un
lenguaje en el que se pone de manifiesto los intereses comunes de la Iglesia y de
la monarquía.
En él se mezcla lo religioso y lo pr ofano, con la fina lidad por parte del
autor, de ensalzar la heroic idad de los antequeranos en un moment o tan delicado.
A tal efecto se nos dice
“… y como la mejor victoria es el temor de Dios, y acogerse a su
misericordia, y esta es propia m ediando los ruegos de su
sacralísima Madre, determinó el cabildo y regimiento de ella,
valerse de su patrona, le ofreci ó sacrificios, cultos y alabanzas,
finalizando en ruegos y aclama ciones, dirigidas todas a que no
fuese España pervertida con la ma la semilla de los ingleses, que
la molestaban…” 55 .
Efectivamente desde mediados de ju lio de 1702, coincidiendo con la
amenaza de la flota angloholandesa en la s costas gaditanas y, al mismo tiempo,
con la marc ha del nuevo monar ca Felipe V a tierras italianas, la joven reina
María Luisa ordenaba se hicieran rogativas c on el objetivo de solicitar el auxilio
divino en dicha cam paña 56 .
Como no podía ser de otra manera, los caballeros regidores reunidos e n
cabildo decidían responder a tal súplica. En este sentido, dis ponían que al día
siguiente, es decir, el 25 de j ulio, día del apóstol Santiago se hicieran rogativas, y
se organizara una proc esión con dirección al convento de Nuestra Señora de los
53 BARRERO BAQUERIZO, F., Hi storia de Anteq uera , 1732 , pág. 242 v.
54 CALVO P OYATO, J., G uerra de Sucesi ón… op, cit , 1982, pág. 22.
55 BARRERO BAQUERIZO, F., op. cit. pág. 243.
56 A.H.M.A. Fondo Municipal. Sección Gobierno. Le g. 43, Reales Cédulas, carpeta nº 66, 18 de julio de
1702.
132
Remedios, celebrándose allí una misa. El ma rqués de la Peña de los Enamorados,
fue el encargado de trasladar esta solic itud al canónigo más antiguo, D. Luis de
Perola, quien a su vez lo comunicó al cabildo eclesiástico de la ciudad 57 .
Sin embargo, como ya hemos come ntado con anteriorida d, no siempre
fueron fáciles las relaciones entre ambas instituciones. De este modo, el cabildo
eclesiástico reunido en sesión extraordinaria reclinó la oferta. Ante tal hecho, fue
el propio Corregidor quie n impuso la obligatoriedad de celebrar el día de
Santiago las rogativas oportunas.
No acabó el tema ahí, ya que el cabildo colegial cedió en parte, ya que se
ofreció a hacerlo como había solicitado el Corregidor, s i bien con la peculiaridad
de que se celebrara por la tarde y no po r la mañana como es taba previsto. Ante
este nuevo inconveniente el Corregidor y los regidores no tuvieron otra opción
que aplazar el acontecimiento hasta la ma ñana del día 26 de julio, día de San
Joaquín y Santa Ana, librando para ello un total de 300 reales.
Finalmente, se llevó a cabo el c itado acto, partiendo de la s casas
capitulares en formación, marcha ron hast a el cercano convento de l os Remedios.
Una vez allí, y con la presencia manifies ta del Santísimo Sacr amento, se celebró
una misa cantada c on toda solemnida d y co n la presencia, como no podía ser de
otra manera, de la propia patrona de la ciudad, la Virge n de los Remedios.
De este momento que venimos expli cando ha quedado un ve stigio de
incalculable valor. Nos referimos a una inscripción realizada en mármol, que se
localiza bajo el púlpito de la nave prin cipal del conve nto de la Virgen de los
Remedios. En él se nos dice literalmente
“En ocho de septiembre de 1702, la muy nobl e y muy leal ciuda d
de Antequera, en la fie sta anual que hace a la milagrosa Imagen
de Nra. Sra. De los Remedios com o su patrona, empuñando las
57 A.H.M.A. F.M., secci ón Actas Capitulare s , 24, 25 y 26 de julio de 1702.
133
espadas sus nobles regidores y ju rados, renovó el voto de su
patronado implorando su auxilio a favor de las católicas armas y
con especialidad la de 700 hombr es de infantería y caballería, en
que iba lo más de su nobleza, que a expensa s de su lealtad envió
al ejército para desalojar a lo s ingleses del Puerto de Sa nta
María, Rota y Puerto Real, y consegui da con su remedio las
victoria, volvió la tropa anteque rana sin faltar un hom bre de lo
que dio gracias a su patrona”
Más tarde explicaremos este acont ecimiento c on mayor detenim iento,
queda dem ostrado la fe que los antequera nos han tenido siempre a esta pequeña
imagen mariana. Nueve años después, en 1711 fue creada la Venerable
Hermandad y Esclavitud de N uestra Señor a de los Remedios, siendo aprobadas
sus constituciones el 7 de marzo y figurando entre sus fundadores y
mantenedores de la mism a, aristo cráticas familias de la ciudad 58 .
En esta misma línea ya expuesta encontramos otros ejemplos que siguen
el mismo esquema. Muchas de las Reales Cédulas que se recibi eron en el cabildo
durante este período planteaban esta estrecha vinculación e ntre las dos
instituciones, por una parte la Corona y el cabildo, esto es corregidor, regidores y
jurados, como su poder delega do a nive l municipal (lo que podríam os denominar
el poder civil) y por otra parte la Iglesi a y su representante a nivel local, el
cabildo colegial antequerano (es decir, el poder religioso). Entre los casos más
significativos podemos citar los siguientes:
En el año 1704 el propio Felipe V tran smitía la noticia de que él mismo en
persona se disponía a ponerse al frente de los ejércitos de Andalucía “… en
defensa de Nra. Sagrada Religión…” 59 .
58 RESA MONCAYO, F.J., “La de voción antequ erana a la Virge n de los Rem edios”, en Actas del
Congreso N acional sobre la adv ocació n de Nuestra Se ñora de los Rem edios. Hi storia y art e , Córdoba,
1995, pp. 23 5-253.
59 A.H.M.A. Fondo Municipal. Sección Gobierno. Leg. 43, Reales Cé dulas, carpeta nº 94 , 7 de diciembr e
de 1705.
134
Idéntico parecer aconteció al año siguiente de 1705 cuando en el último de
sus meses el monarca solicitaba de nuevo la colaboración divina a través de las
rogativas que se debían de llevar a cabo en los municipios que se encontraban
bajo su jurisdicción 60 .
Aunque los ejemplos se suceden dura n te todo el conflicto, y podríamos
citar otros ejemplos, no queremos dejar atrá s otra Real Cé dula, que consideramos
importante por lo que supuso de ntro del de senlace final del conf licto, y en la que
Felipe V solicita que “… se den públicas gracias a Dios por la gran victoria
conseguida por nuestras armas, en los campos de Alm ansa…” 61 .
A estos momentos puntuales en los que se intentaba entender la situación
que les tocaba vivir desde una perspec tiva trascendente, habría que sum ar
aquellos otros que de manera hab itual se repetían anualmente.
El ciclo religioso se configura ba en torno a una serie de celebraciones que
formaban parte del calendario litúrgico, co mo por ejemplo la celebración de la
semana de pasión o del Corpus.
A estas efemérides habría que añad ir aquellas otras que de manera
particular se celebraban en la ciudad de Antequera, como pued en ser los festejos
en torno a la patrona de la ciudad, la Virgen de los Rem edios, o a Nuestra Señora
de Espera, la fiesta de la Candelaria, la de los santos apóstoles Pablo y Santiago,
la de la aparición de San Miguel o a la Virgen del R osario, que tanta devoci ón
tuvo al principio de la centuria en esta ciudad.
De esta última advocación del Rosario sería interesa nte recordar que en las
fechas que aquí maneja mos,t uvo una gran reperc usión e n la ciudad de Antequera,
que llevaron a la fundación de va rias cofra días del “R osario”, como por ejemplo
60 A.H.M.A. Fondo Municipal. Sección Gobie rno. Leg. 43, Reales Cédul as, carpeta nº 82, 15 de enero de
1704.
61 A.H.M.A. Fondo Municipal. Secci ón Gobierno. Leg. 43, Reales Cédulas, carpeta nº 111, 1707.
135
la Cofradía del Rosario de Nuestra Señora de los Dolores, que apareció en el
convento de Carmelitas De scalzos de Nuestra Señora de Belén que surgió en
1702 o la Cofradía del Rosario de Marí a Santísima del Cons uelo, que apareció un
año antes en la parroquia de San Pedr o 62 .
Respecto a las celebraciones propias de la liturgia católica a nivel general,
podemos indicar que todo l o relacionado con las vivencias de la Semana Sa nta,
es decir, aquellos aspectos relaciona dos con las denomi nadas cofradías
penitenciales precisaría de un amplio es paci o del que no disponemos aquí, pero
que seguro que resultaría muy interesante.
Sin embargo, si nos gustar ía prof undizar en la cel ebración del Corpus e n
la ciudad de Antequera durante los prim eros años del siglo XVIII, ya que sin
duda era una de las celebraciones más espera da del año y a la que se dedicaba un
gran esfuerzo por parte del cabildo m unicipal.
De hecho, desde finales del siglo XVI, el concejo elegía uno o dos
comisarios para llevar a cabo todos los pr eparativos ne cesarios . La coor dinación
de todo el trabajo era bastante comple jo, ya que el número de carpinteros,
alarifes, sastres, actores, músicos, etc., er a elevado. La ciudad se convertía en un
gran escenario por el que pasaban mu ltitud de personajes que cumplían a la
perfección su función de ntro de “la obra que se representaba”.
Se trataba sin duda de un espectácu lo digno de a dmiración que contaba
con la procesión del Santísim o Sacramento , cuyo desfile proc esional encabezaba
la “tarasca”, especie de drag ón de siete cabezas, de cartón y tela, al que seguían
un amplio cortejo form ado por gigantes, diablos, etc. 63
62 RESA MONC AYO, F.J., “ Aspectos hist óricos de las herm andades pasionist as anteq ueranas. Sigl os
XVI-XX”, en Actas del Simposium Religio sidad Popular en España , San Lore nzo del Escorial, del 1 al 4
de septiem bre de 1997, pp. 7 08-724.
63 PAREJO BARRANCO, op. cit., 1987, pp. 220-221 .
136
Tras ellos la representación m unicipal, portando velas encendidas
alumbrando al Santísimo Sacramento , y miembros del cabildo eclesiástico 64 .
Después de un amplio recorrido por las call es m ás importantes de la ciudad, el
séquito llegaba a la plaza de San Se ba stián donde se repr esentaban diversas
escenas bíblicas o mitológicas, casi siem pre por medio de m uñecos articulados.
Parece evidente que toda esta para fernalia requería de un generoso
presupuesto para poder ejecutarse. Por ta l motivo a principios del mes de junio
del año 1702, se recibía en la ciudad una facultad del nuevo mo narca para que
ese mismo año y durante los cinc o siguie nte s, se pudiera sacar 5.000 reales para
cada uno de ellos, del caudal de propios y arbitrios generales para sufragar los
gastos ocasionados por la fiesta del corpus 65 .
A esta cantidad, que se conseguía tras la concesión anterior, habría que
sumar otros 5.000 reales que el ayuntamiento añadía, por lo que el importe total
giraba en torno a los 10.000 reales de ve llón.Para orga nizar to dos los detalles se
elegían durante los últimos días del mes de diciembre, a una comisión, formada
por cuatro regidores y dos jurados que se responsabilizaba de la organización del
evento durante el año siguiente 66 .
Respecto a las demás celebraciones que se venían llevando a cabo por lo
general el cabildo municipal procuraba des tinar distintas cantidades de dinero
para hacer frente a los gastos de cera y aceite que se empleaban.
Ante el miedo a la incertidumbre y la muerte, la respuesta estaba en
refugiarse en lo que ofrecía una cierta se guridad, es decir en implorar el auxi lio
divino. Esto explicaría las constantes referencias a este asunto que enc ontramos
por ejemplo en las actas capitulares de este período.
64 A.H.M.A. F.M., sección Actas Ca pitulares , 13 de junio 1702.
65 A.H.M.A. F.M., sección Actas Ca pitulares , 3 de junio de 1702.
66 A.H.M.A. F.M. sección Actas Capitu lares, 31 de diciembre de 1702.
137
En estos momentos de especial dificu ltad en los que la angustia hacía acto
de presencia, los caballeros regidores y jurados sensibilizados por tal m otivo,
demanda ban la ayuda divina a través de rogativas y novenas, fomentando la
asistencia a tales actos.
Precisamente en el año de 1702, la fa lta de lluvia hacía peligrar de manera
seria la cosecha de aquellos productos bá sicos en la dieta habitua l, como podía
ser los cereales. Esto como ya hem os indicado podía convertirse en una amenaza
para la supervivencia del pueblo. Por tal mo tivo, durante el mes de abril se
proced ió en la ciudad a un novenario a lo que la propia documentación del
momento denomina ba, “Milagrosa Im agen de Nuestra Señora de Espera” que se
encontraba en el altar mayor de la colegiata de San Sebastián 67 . Tras la nove na se
procesionó a la mencionada im agen junt o a la Virge n del Rosario, quien había
sido fundamental en la epidemia de peste de 1679 en Antequer a, por las calles de
la ciudad.
Por otra parte, otros datos pueden re sultar significativos para entender
mejor este capítulo. Varias décadas más tarde, a mediados del siglo XVIII había
en Antequera cuatro parroquias, veintiún conventos, doce ermitas, muchas
capillas, oratorios, hornacinas, etc.
Prácticamente todas ellas ya existía n durante los prim eros años del
Setecientos. La población religiosa asce ndía, entre canónigos, curas, frailes,
monjas, etc., a una cifra que rondaba la s 1500 personas. Además disponían de
casi 15.000 fanegas de tierra y más de 1500 casas y solares urbanos, varios
molinos, mesones y lagares eran propiedad del clero regular 68 . A estas cifras del
clero regular hay que sumar las del clero se cular que, para las mismas fechas de
67 A.H.M.A. F.M. sección Actas Cap itulares, 25 de abril de 1702.
68 PAREJO BARRANCO, op. cit. 1985 , pp. 200-204.
138
mediados del siglo XVIII, ascendían a u nos 200 clérigos, entre presbíteros,
diáconos, subdiáconos y menores y tonsurados 69 .
A estos datos hay que añadir los relacionados con las cofradías y
hermandades que desem peñaron un papel fundamental en este aspecto durante
este período. Estas asociaciones se enca rgaban de interpretar y vivificar el
sentimiento religioso de una gran parte de los ciudadanos. De este m odo, aunque
resulta complicado dar una cifra exacta pa ra la fecha que aquí nos m ueve, hay
datos que nos hablan de que al menos hubo medio centenar de cofradías y
hermandades durante la Edad Moderna en Antequer a. Estas eran de diversa
tipología, sacramentales, de ánimas, de Sacerdotes y Clérigos, penitenciales,
asistenciales y de gloria.
Todo lo expuesto, que responde a la forma de vivir su religiosidad popular
el pueblo antequerano, es una de las fo r mas más verosímiles de ente nder la
mentalidad de esa época.
Respecto a otros tipos de actividades que también constituían una parte
importante de la vida cotidia na, y que en e ste caso pe rt enecían al ámbito de las
diversiones comunes, encontramos una cierta predilección por aquellas
actividades relacionadas con el mundo de los toros.
En las fechas que aquí nos ocupan el escenario elegido en la mayoría de
las ocasiones era el coso de San Francisco, que desde el último cuarto del siglo
XVII ya se confi guró com o un espaci o bastante amplio, acotado por unos
edificios que contaban con unos mirador es, que casi cerraban la plaza, y cuyos
balcones se repartían los miem bros del cabi l do municipal y el resto de la nobleza
local.
69 Idem.
139
En cuanto al tipo de esp ectáculos podemos citar la lidia de toros, cañas,
ejercicios de jineta, y una es pecialidad de la que se sa be poc o pero que era una de
las preferidas por el público antequera no, y que se llamaba de manera com ún
como la “folla” 70 . Al parecer se trataba de un fe stejo donde los jinetes hacían
alarde de su maestría con sus cabalgaduras y perseguían a varias reses bravas con
el objetivo de echarles el lazo y atarlos a un poste que había en la mitad de la
plaza. Después los mozos más valientes entr aban en el recinto y procedían a dar
muerte al animal. Esta actividad lúdi ca se celebraba cada domingo des de la
festividad de San Juan hasta finales del m es de octubre. Curiosamente, en el año
de 1703 el cabildo planteó la posibilidad de s uprimir este tipo de festejo, pero las
protestas fueron tan numerosas que se vieron obligados a mantenerla.
Por otra parte, en la ciuda d también había durante este período una casa de
comedias donde se representarían dive rsas obras, que con mucha frecuencia se
prohibían ante la influencia de los ec lesiásticos o del pr opio ayuntamiento.
4.4 PRIMERAS DISPOSICIONES MILITARES DEL CABILDO
ANTEQUERANO EN LOS A LBORES DEL CONFLICTO
SUCESORIO.
A lo largo de las centurias anteriores las tropas antequeranas ya habían
acudido en diversas ocasiones a socorre r diversos punt os de la geografía
peninsular, pero este fenóm eno se va acentuar aún má s durante el período que
aquí nos ocupa 71 . Quizás el antecedente más inme diato lo encontramos a finales
del Seiscientos, concretamente en 1693, cu ando la capital de la costa del sol que
sufría un duro ataque naval por parte de la flota francesa 72 , solicitaba de nuevo
70 PAREJO BA RRANCO , A., op. cit., 1 987, pág. 22 0.
71 El historia dor ante quera no nos ha bla por e jemplo del año 1670, c uando la ci udad pa ga 4 compañía s
para el presi dio de Ce uta.
72 PLASENCIA PEÑA, J.J., “Málaga, enclave militar bor bónico en la Guerra de Su cesión española”, en
Jábega, a ño 19 85, pp. 44 -54.
241
al Cabildo antequerano que estuviese presto para acudi r allí en caso de que se
produjera un desembarco 72 .
Ante esta supuesta amenaza, la ciudad de Antequera movilizó a
cuatrocientos hombres para que acudiesen a la capital, repartidos en ocho
compañías, si bien avisaba de la escasez de armas, ya que sólo disponían e n ese
momento de doscientas setenta arcabuces, por lo que el gober nador de Málaga
debería aportar el resto de armamento necesario.
En esta ocasión no hizo falta que esta s milicias se hicieran presentes en la
capital de la costa del sol ya qu e no se produjo el desembarco.
Ese año de 1703 terminab a de manera parecida a como había comenzado,
ya que el mi smo día de na vi dad, llegaba n a la ciuda d dos nuevos capitanes con
patente para enarbolar bandera y reclutar soldados, por lo que se le ofrecieron los
dos espacios habitual es para ello, es de cir, la casa de las comedias y las casas
pertenecientes a la ciudad que se encont raban en la plaza de San Fr ancisco.
El comienzo del a ño 1704 abría un pe rí odo muy inte nso desde el punto de
vista de los acontecimientos bélicos.
La lucha se centraba en buena medida en la frontera portuguesa donde se
encontraban una gran parte de las tr opas tanto del bando borbónico como
austracista.
El primer día del mes de febrer o de 1704, el Corregi dor de Antequera
recibía una carta escrita dos semanas ante s, en la que se comunicaba, como el
monarca Felipe V había salido a la camp aña lusa “… para consuelo de sus
vasallos” 73 .
72 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitu lares, 23 de agosto de 1703.
73 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Cap itulares, 1 de fe brero de 1704.
242
A partir de este momento se inició en la ciudad una etapa bastante
convulsa de preparativos militares que culmin aría en la participación en diversas
campañas que come nzaron en Portugal y c onti nuaron en la zona de Gibraltar,
cuando esta plaza fue conquistada por la flota anglo-holandesa.
Sin duda, este período hay que rela cionarlo con las primeras reformas
militares que se dieron en el ejército tras la llegada de los Borbones a nuestro
país. En este sentido, de vital importanci a resulta la orden que con fecha de 8 de
febrero de 1704, se leyó a la letra en la reunión capit ular del día 20 de febre ro,
incluyendo todo el texto íntegr o en la reunión capitular de ese día 74 .
En esta real cédula se explica con bastante detalle cómo se han de
organizar las nuevas milicias que ahora se habían requerido por parte de la
Corona.
Lo primero que hace esta nueva orden es aclarar cu ál es su objetivo, ya
que en diversas localidades, entre las que se encontraba la pr opia ciudad de
Antequera, habían surgido d udas ante la posibilidad de seguir las pautas que se
habían establecido ya con anterioridad en una orden con fecha de 1696.
Su finalidad por tant o es marcar de una m anera clara y concisa las nuevas
disposiciones que se estaban planteando des de la Corona para llevar a cabo una
reforma dentro del ejército, además en un momento bas tante delicado como fue
este año de 1704. Las disposiciones que aparecen recogi das son las siguientes.
En principio, el prim ero de estos preceptos recogía que las normas se
aplicarían en todas las milicias de las diec isiete provincias del reino. La segunda
disposición detalla de manera concisa co mo debía organizarse cada regim iento.
En este sentido cada regimiento debía c ontar con doce com pañías. De estas doce,
74 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitu lares, 20 de febre ro de 1704.
243
diez debían contar con cuarenta soldados, y las dos restantes, la del coronel y la
de los granaderos, debían tener cincuenta hombres.
En total quinientos sol dados en cada regimiento, más una serie de oficiales
como el coronel, que debía dirigir el regim iento, un teniente coronel, diez
capitanes, doce tenientes y alféreces y do ce sargentos, además de un sargento
mayor y dos ayudantes.
La tercera norma hacía referencia a cómo debían ser escogidos los
distintos oficiales. De este modo, el co ronel debía ser elegido entre los miembros
de la nobleza titulada, y los tenientes co roneles, sargentos ma yores, ayudantes,
tenientes y alféreces debían ser selecci onados entre los caballeros hidalgos o los
que vivieren noblemente.
La siguiente disposición hace hincapié en que los sol dados han de ser
reclutados entre los vecinos, y que ning uno pueda librarse sin causa legítima.
Además añade que es la intención de l nuevo M onarca que estos regimientos
sirvan de escuela a la nobleza, ya que le s serviría para ejercitarse y estar prestos
para la defensa del reino, por l o que se permite se puedan recibir hasta diez
cadetes hidalgos en cada una de las co mpañías, y que han de vestir con un
vestuario propio que les distinga del resto.
La quinta norma recoge las caract erísticas que deben reunir los nue vos
reclutas a la hora de alistarse. De este modo, se indica que los primeros que ha n
de acudir son los mancebos a partir de los veinte años. Tras ellos los hombres
casados que no tuviesen empleo y después el resto de ciuda danos, reservando las
diez primeras plazas para los cadetes. Otra cosa a tener en cuenta es la
antigüedad con la que se sirve en el re gi miento que se valorará a la hora de
producirse los ascensos dent ro del escalafón militar.
244
La siguiente observación hace referenc ia a la periodicidad con la que se
han de ejercitar los regimientos. De es te modo se recoge que todos los domingos
se han de entrenar en el manejo de ar mas, y que del m ismo modo una vez al m es
se adiestrarán ante el comisario y ante el coronel o teniente general, sargento
mayor y el ayudante.
La séptima indicación está relaciona da con los privile gios y pensiones
que han de tener los oficiales del regimiento tras diez años de servi cio. Las cifras
oscilan entre los quinientos ducados de lo s coroneles, los doscientos cincuenta de
los tenientes coroneles, los doscientos de los sargentos mayores , los cien de los
capitanes, los sesenta de los ayudantes, los cincuenta de los tenientes y los
veinticinco de los alféreces.
Junto a estos salarios también aparece n los requisitos que ha n de reunir los
candidatos para poder ascender dentro del escalafón militar. También se recoge
que aquellos oficiales que no tuviesen un hábito militar lo podrán obtener
después de un determinado ti empo de servicio en el regimiento, que
evidentemente van de menos a ños de prestación a más, de sde el coronel que es el
más alto grado, hasta el alférez como el menor. Así el corone l lo podría obtener
tras cinco años desempeñando el cargo, y el alférez después de veinte años.
Por último aparecen otra serie de priv ilegios como por ejemplo no tener la
obligación de desempeñar ciertos oficio s que supongan para ellos cargas, ni
contra su voluntad, que pu dieran tener espadas de dos filos o angosta, que no
pudieran ser detenidos si andaban por la noche fuera del toque de queda, etc.
Interesante resulta también la tabla nº 2 que recoge los sueldos que han de
percibir los distintos oficia les, y que distingue entre tr es momentos diferentes: en
paz, en guerra sin servir y en guerra sirviendo.
245
Tabla 2: Sueldos de los oficiales de los Regimientos a partir de 1704
OFICIAL
EN PAZ
AL MES / AL AÑO
EN GUERRA SIN INTERVENIR
AL MES / AL AÑO
EN GUERRA SI RVIENDO A
CONTAR DESDE EL DÍA QUE
SALIERAN DE SUS
CUARTELES DO NDE SE
JURARÁN HASTA SU VUELTA
1 CORONEL
10
10
120
20
20
240
100
100
1.200
1 TEN. CORONE L
6
6
72
12
12
144
50
50
600
1 SARG. MAYOR
5
5
60
10
10
120
40
40
480
2AYUDANTES
2
4
48
4
8
96
20
40
480
1 CAPELLÁN
2
2
24
2
2
24
15
15
180
10 CAPITANE S
4
40
480
8
8
960
25
200
2.400
12 TENIENT ES
2
24
288
4
48
576
10
100
1.200
12 ALFÉRECES
1 1/2
18
216
3
36
432
7
90
1.080
22 SARGENTOS
1
24
288
2
48
576
6
60
720
120 CADETES
1
120
1.440
2
240
2.880
4
480
5.760
380 SOLDADOS
1/2
190
2.280
1
380
4.560
2
760
9.120
TOTAL
443
5.316
884
10.608
1.935
23.220
Fuente: A.H.M.A. F.M. Actas Capitulares.
Respecto a los unifor mes y vestidos la or den recoge la manera en que se
había de conseguir vestir a todos y cada uno de los miembros de la compañía, y
que implicaba a todos los of iciales en dicha tarea.
246
Se aclaraba que el vestuario debí a de constar de un “justacorp” 75 de paño y
chupa 76 de “jerguilla”, sombrero de bue na calidad, los justadores forrados
también en “jerguilla” y sus chupas en lienzo blanco.
Quedaba a la voluntad del coronel el color del vestuario del regim iento. Los
oficiales debían pagar su propio uniforme, y pagar además los costes d e la confección
de los trajes y uniformes de la com pañ ía, repartiéndose de la siguiente manera:
Tabla 3: Obligaciones de los of iciales para costear uniformes
Fuente: A.H.M .A. F.M.
Por otra parte, los oficiales y los cadetes debían costearse también su
propia arma, y el resto de las armas del regim iento se debían de sufragar
75 VV.AA. , Dicci onario de Autori dades . Tom o IV, 1734. Voz justacor. s. m. Especie de vestidura, lo
mismo que Ajustador. Voz aj ustador. s. m . Un género de jubón , ò justillo, que p orque se pone algo
apretado al cuerpo se dice así.
76 VV.AA., Di ccion ario de Autori dades . To mo II, 172 9. Voz chupa: s. f. Vestidura a justada al cuer po,
larga hasta cerca de las rodillas, que abraza las dem ás vestiduras interiore s, encima de la cual no hay más
ropa que la casaca. Es una voz m oderna de influencia que viene del fra ncés.
77 VV.AA., Diccionario de Autoridades . To mo V, 1737. Voz preboste: En la m ilicia es el Cap itán a cuyo
cargo está correr (con su Com pañía, destinada para esto) los cam inos y la campaña, buscando los
soldados fugitivos y desertores, o lo s que cometen robos u otros delito s, los cuales sentencia
sumariamente, y castiga.
OFICIAL UNIFORMES QUE DEBÍA COSTEA R
CORONEL 120 UNIFORMES DE CADETES +
100 UNIFORMES DE GRANADEROS
TENIENTE CORONEL 40 UNIFORMES
SARGENTO MAYOR 30 UNIFORMES
2 AYUDANTES 2 X 15 = 30 UNIFORMES
10 CAPITANES 10 X 10 = 100 UNIFORMES
12 TENIENTES 12 X 3 = 36 UNIFORMES
12 ALFÉRECES 12 X 2 = 24 UNIFORMES
PREBOSTE 77 10 UNIFORMES
CIRUJANO MAYOR 10 UNIFORMES
TOTAL 500 UNIFORMES
247
siguiendo las mism as directrices indicada s en el cas o de los uniformes. Por
supuesto debían ser de buena c a l i d a d . E n e l c a s o d e l o s fusiles tenían que ser de
chispa y con su bayoneta, y en caso de la s espadas debían contar también con su
cinturón. Para garantizar la buena calid ad de las pi ezas el coronel tenía la
responsabilidad de supervisarlas en todo mo mento, y los capitanes de guardarlas,
custodiarlas y repartirlas cuando fuera menester.
En cuanto a la forma de alternar los regimientos, y con el objetivo de que
no se pudieran ocasionar da ños colaterales por la falta de mano de obra en las
actividades laborales cotidianas, se hacía mención especial a que estos
regimientos podían servir sólo en aquellas urgencias precisas, y que si existían
dos o más regimientos en una misma provinc ia se fueran alte rnando para evitar
ese problema.
El repartimiento de las levas de sold ados de milicias se haría de la
siguiente manera:
Tabla 4: Repartimientos levas so ldados de milicias por partidos
LUGAR Nº REGIMIENTOS SOLDADOS
MADRID 6 3.000
TOLEDO 5 2.500
CAMPO DE CALATRAVA 1 500
EXTREMADURA 5 2.500
SEVILLA 10 5.000
CONDADO DE NIEBLA 2 1.000
SANLÚCAR DE BARRA MEDA 1 500
CÁDIZ, JÉREZ Y EL PUERTO STA. MARÍA 6 3.000
GIBRALTAR 1 500
CÓRDOBA 3 1.500
JAÉN 2 1.000
GRANADA 3 1.500
248
MURCIA 2 1.000
CUENCA 1 500
GUADALAJARA 2 1.000
SIGÜENZA 1 500
M. GREDA 1 500
SORIA 2 1.000
OSMA 1 500
LOGROÑO 1 500
MIRANDA DE EBRO 1 500
BURGOS 3 1.500
LERMA 1 500
VALLADOLID 2 1.000
SEGOVIA 2 1.000
PLASENCIA 1 500
CIUDAD RODRIGO 1 500
CORIA 1 500
ZAMORA Y TORO 2 1.000
SALAMANCA 2 1.000
LEÓN 2 1.000
OVIEDO 1 500
SANTIAGO DE COMPOSTELA 10 5.000
LUGO 4 2.000
ORENSE 4 2.000
TUY 3 1.500
BETANZOS, MONDOÑE DO y LA CORUÑA 3 1.500
TOTAL PARTIDOS : 37
TOTAL REGIM .: 99
TOTAL :
50.000
Fuente : A.H.M.A F.M.
De este modo, la C orona pretendía co n esta reforma militar crear un total
de noventa y nue ve regimientos, que es tuvieran listos para que en cualquier
momento pudieran combatir, lo que equiva lía en cifras a una recluta de cincuenta
mil hombres.
249
Tanto Sevi lla como Santiago de Comp ostela serían las ciudades que más
regimientos debían de crear, aportando ca da uno de estos territorios hasta cinco
mil hombres. En Andal ucía se debían formar veintiocho re gimi entos, lo que
equivalía a unos catorce mil hombres.
De estos veintiocho regimientos, prác ticamente veintitrés, es decir unos
once mil quinientos hombres qu edarían bajo la jurisdicci ón del capitán ge neral de
Andalucía en ese momento, o lo que es lo mismo Franci sco del Castillo y
Fajardo, segundo marqués de Villadarias.
Pero ¿qué repercusiones tuvo esta reforma militar s obre la ci udad de
Antequera? ¿ Cómo s e organizó la compa ñía? ¿Quiénes fueron los nombres
propios de la ciudad que se encargar on de or ganizarla? Vamos a intentar
responder a estas y otras cuestiones.
Las primeras noticias al respecto la encontramos en las dos reuniones
capitulares que se celebraron los días 19 y 20 de febrero de 1704, cua ndo el
marqués de Villadarias notificó a través de una carta al Corre gidor de Antequera,
sobre la aplicación de esta nueva real orden 78 .
Ese mismo día el conde de Bobadilla recibió también una notificación en
la que se le comunicaba su nombr amient o com o coronel de ese nuevo regim iento
que se iba a formar en la ciudad, y que según se hacía saber era tarea muy
urgente por las circunstancias que se es taban viviendo en ese m omento, tal y
como lo describe el propio Villadarias cuando dice:
“… que se ganen los días y la s horas para poner en perfección
todo lo que S.M. se sirve manda r… como lo fue en el año de
1702”.
Los primeros pasos tras la design ación del conde de Boba dilla como
coronel del regimiento, fue la elección de D. Luis de Pareja como teniente
78 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitu lares. 19 de febre ro de 1704.
250
coronel. Se nombra tam bién a D. Juan de Santisteban como sargento mayor en
primer lugar, quien había sido ya capitán de infantería en el ejército de Cataluña,
en los sitios de Palamós y Barcelona, y habí a servido por más de doce años en los
ejércitos.
Tras él se nombró e n segundo lugar a D. Gerónimo de Ro jas, que
asimismo llevaba tras sí más de doce años de experiencia, y en tercer lugar, a D.
Gerónimo de Rojas y Córdoba, quie n ta mbién había desempeñado el cargo de
capitán en una de las compañ ías que fueron a defender la costa de Cádiz en 1702.
Después se designaron los capitanes de las diez compañías y sus oficiales
de la siguiente manera:
Tabla 5: Capitanes y demás oficiales de las diez compañías
PRIMERA COMPAÑÍA
Primer capitán
D. Gerónimo de Rojas Santisteban, en sustitución
de D. Gerónimo de San Vicente y G uzmán por su
poca salud, que ya estuvo en Málaga, Melilla y
Cádiz.
Segundo capitán (teniente) D. Die go Fco. De Arévalo y Villalba
Tercer capitán (alférez) D. Juan de Lara Villamayor
SEGUNDA COMPAÑÍA
Primer capitán
D. Juan de Gálvez y Segura, quien ya lo había sido
del regimiento antiguo, en sustitución de D. Pedro
de Castro, por su poca salud
Segundo capitán (teniente) D. Ge rónimo de Leiba y Córdoba
Tercer capitán (alférez) D. Juan Pardo
257
Miranda Gamboa, gentil hombre de la to ca del consejo y contaduría mayor de
hacienda, quien ya realizó su juramento en Madrid y ahora se disponía a tomar
posesión del mismo ante los regidores y jurados ant equeranos, como nuevo
Corregidor con los oficios de justicia y jurisdicción civil y criminal, alcaldía y
alguacilazgo, en principio por espacio de un año, aunque podría pr orrogarse en el
tiempo, si así lo creía oportuno el monarca 87 .
El nuevo Corregidor terminaría por inst alarse en unas casas pertenecientes
al Marqués de la Peña de los Enamorados. A su nueva residencia le hizo unas
reformas, y también a unas cocheras pr óxim as, ascendiendo los gastos a mil
ciento veintidós reales, más otros mil reales que se paga ron a dos maestros
albañiles que las llevaron a cabo. Esta cant idad fue sufragada en su totalidad por
la ciudad 88 .
El cambio de Corregidor en Ante quera trajo consigo que la Junta de
Guerra, que ya estaba organizada, se pr esentara ante éste para presentar sus
honores y debatir sobre los asunt os concernie ntes al conflicto.
A principios de ese mes de abril de 1704, llegaba a la ciudad una or den
con fecha de 30 de marzo, dada en Madrid , por la que se pedía que los hijosdalgo
que tenían previsto salir a la fr ontera portuguesa para luchar allí:
“… ahora se pide que no falten de sus residencias donde pueden
ser no menos útiles con el ejem plo de su obligación…(aunque
debían) estar prevenidos de armas y caballos…” 89 .
Cuatro días má s tarde en una nueva sesión de la Junta de Guerra, se
debatió sobre unas insinuaciones del marqué s de Villadarias en las que afirmaba:
“… lo apreciable que será en el servicio de S.M. que todo el
regimiento que se está formando en esta ciudad (Antequera) sea
87 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Ca pitulares. 31 de m arzo 1704.
88 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Ca pitulares. 17 de junio 1704.
89 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Ca pitulares. 8 de abril 1704.
258
de los vecinos de ella por los inconvenientes que resultan de
agregarse la gente de Estepa…” 90 .
Con estas declaraciones el Cabildo an tequerano per día toda esperanza de
que los cuarenta hom bres que tenían prev isto acudiesen desde el marquesado de
Estepa, y se incorpora rán a su regim ien to. Evidentemente, los regidores dej aron
claro que esta resolución dificultaba aú n más la formación de su regim iento,
entre otras cosas porque los gastos aumentarían.
Del mismo mo do, aprovecharon la oportunida d para comunicar a
Villadarias varios asuntos. El primero, la baja de va rios oficiales que habían
elegido para dirigir el regimiento, por lo que habían procedid o a sustituirlos por
otros, que ahora debían recibir la pa tente correspondie nte, para lo que era
fundamental la intervención del capitán ge neral de Andalu cía. El segundo, darles
las gracias ya que debido a su in termedia ción, la ciudad había logrado fac ultad
para vender las doscientas fanegas de tierra que había n solicitado, para conseguir
dinero con el que afrontar los gastos de vestuario y arm amento necesarios para el
regimiento 91 .
Pese a todo, pedían se le remities en armas que seguían faltando. Esta
petición no fue atendida por Villadarias, quien remitió una carta desde Sevilla,
con fecha de 14 de abril, es decir dos días después, en la que literalmente exponía
las causas de su negativa, del tenor siguiente:
“… porque no las hay ni el rey las tiene, y encarga a la ciudad
haga los mayores esfuerzos para lograrlo…” 92 .
Por ello, la ciudad e ncargó al Sargent o Ma yor que se dispusiera viajar a
Málaga para que averiguara cua ntos fusiles se podían hacer en el plazo de vei nte
90 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Ca pitulares. 12 de abril 1704.
91 El 30 de se ptiem bre de ese m ism o año, la ciuda d ya t enía perfect amente delim itadas y m edidas las
tierras dest inadas para la ve nta con la que suf ragar los gastos del regim iento, y se pasó a da r escrit ura a
favor del marqués de Villadarias. Una vez ven didas las tie rras el dinero resultante pasaría a cubrir lo que
en su m oment o se sacó de l os arbit rios de l a ciuda d para pagar l a form ación del re gim iento.
92 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulares. Junta de Guerra, por la tarde, 21 de abril 1704.
259
días, y los restantes hasta el número de quinientos, se encargaran en la vecina
ciudad de Granada.
Por último, se dispuso que se pus iera otro cuerpo de guardia en las Casas
del coso de San Francisco para reclut ar los hombres que aún faltaban para
completar las compañías, por lo que a par tir de ese momento habría dos cajas de
reclutamiento.
Se estableció que a los soldados que ac udieran a los alardes se les pagaría
un real y se les facilitaría la pólvora 93 . Pese a todo, nos consta que la respuesta de
los vecinos que participaban en estos alardes, no era la deseada, ya que
aproximadamente acudían una tercera parte del total 94 .
De todas formas también se encargó la realización de un padr ón de los
vecinos de Mollina, Cuev as Altas y más tarde de Fuente de Piedra y
Humilladero, todas estas localidades pe rtenecientes a la jurisdicción de
Antequera, con la intención de actualizar los datos, y ver de paso si podía n
aportar un mayor número de vecinos a la formación del regim iento, dado que aún
faltaba un buen número de plazas por ocupar 95 .
C u a n d o s e r e a l i z ó , l a c i f r a d e vecinos de Cuevas Altas ascendió a
doscientos vecinos, por lo que se acordó que aportase veinte hombres útiles para
el regimiento 96 .
Días después, el Cabildo antequera no ta mbién recibe una real orden por la
cual se solicitaba un padrón de los veci nos de la ciudad, que ha bía de hacerse
93 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Ca pitulares. 19 de abril 1704.
94 Para profundizar so bre el tema de los alardes pode m os recomendamos acud i r a REDER GADOW, M.,
“Alarde en Ronda y su tierra(año 1691 ) (1ª parte)”, en Baé tica: Est udios de arte , geografía e histori a , nº
28, 2, 20 06, pp. 477-502.
95 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulares. Junta de Guerra, por la tarde, 21 de abril 1704.
96 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulares. J unt a de Guerra, por la ta rde, 2 de m ayo 1704.
260
casa por casa, sin exceptuar persona alguna, y que t uviese la edad y el estado de
cada uno de los habitantes 97 .
Se debía empezar a realizar de manera inmediata y tenerlo listo lo antes
posible. Para su elaboración l os distintos re gidores se repartieron los cuarteles de
las compañías antiguas de las milicias, o lo que es lo mismo, dividían en diver sas
zonas la población para que fuer a más fácil su realización.
Concretamente, como ya indicamos, ha bía ocho cuarte les, todos ligados a
conventos de diversas órdenes religiosas establecidas en la ciudad: el de Jesús
(en el Portichuelo), el de la Trinidad, el de San Agustín, el de Sa n Miguel, el de
Santiago, el de Santo Domingo, el del Ca rmen y por último el de San Francisco.
Días después se recibía una real facu ltad para que la ciudad pudiera sacar
prestados dos mil ducados para los gastos del regimiento.
En principio, las indicaciones habl aban de que una vez form ado el
regimiento, este debería dirigirse al condado de Niebl a, más concretamente a la
plaza de Ayamonte, desde donde se encaminaría hacia tierras lusas.
A mediados del mes de m ayo llegaba a la ciudad una nueva carta del
marqués de Canales, con fecha 8 de mayo, en la que c omunicaba que se ha bía
facilitado al marqués de Villadarias, todos los fusiles que había e n los almacenes
de Málaga y de otras part es, por lo que éste debía facilitárselos al Cabildo
antequerano 98 .
Del mismo modo, se pedía que enviaran un c orreo al capitán general de
Andalucía para comunicarle que el regimiento estaba disp uesto para la partida, y
para que este además le fac ilitara el itinerario a seguir.
97 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Ca pitulares. 25 de abril 1704.
98 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Ca pitulares. 17 de m ayo 1704.
261
Por último el mismo correo traía
“… la favorable noticia de haber visto el real estandarte de Su
Majestad …aclamado en el castillo de la plaza de Salvatierra y
entregada esta plaza a sus glor iosas armas se hagan públicas
demostraciones para que los vecinos de esta ciudad part icipen de
esta noticia…y a cuyo fin se hagan salvas de artillería e
infantería… y que las campanas acompañen… y qu e se pregone
y se hagan lumi narias…” 99 .
En realidad el regimiento no termin aba de completarse en su número, ya
que las reticencias de los vecinos a par ticipar en él con tinuaban. Cualquier
excusa se daba por válida para int entar no ir a luchar al frent e luso. Por ejemplo,
José de Salazar, labrador de un cortijo que pertenecía al término de Antequera,
llegó a pedir al Cabildo municipa l una súp lica para que su hijo no f ormara parte
de ese regimiento, alegando que ya tenía ot ro hijo en servicio d e S u M a j e s t a d e n
la plaza de Ceuta, y para de mostrarlo presentó la certif icación oportuna que así lo
afirmaba 100 .
Los últimos días del mes de mayo lo s soldados que formaban parte del
citado regimiento recibieron la orden de permanecer en el cuartel del coso san
Francisco, ejercitándose hasta el momento de su partida, con la pena de cuat ro
años de presidio para aquellos que no cu mplieran con su obligación de acudir o
que huyeran del me nciona do lugar 101 . Es evidente que el Corregidor temía que el
número de soldados del regim iento dism inuyera debido a las deserciones.
Para su sustento se les ofrecía un pan de dos libra s y dieciséis onzas, y seis
cuartos de vellón a cada soldado, por lo que se procedió a sacar el trigo necesario
del pósito de la ciudad. Esta manutenci ón sorprendió negativam ente a buena
parte de los integrant es del regimiento, ya que muchos de ellos que ya habían
99 Ibid.
100 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulare s. Junta de Guerra, 3 de m ayo 1704.
101 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulares. Junta de Guerra , 30 de m ayo 1704.
262
pertenecido a él con anterioridad, cuando acudieron a Melilla, Málaga y el Puerto
de Santa María, recibieron entonces una ca ntidad superior de dos reales al día 102 .
En realidad el Cabildo conoció la exis tencia de estas quejas, y sobre todo,
temía que algunos de estos so ldados desertaran, y buscar an trabajo en las faenas
agrícolas que se iniciaban en ese preciso momento en la vega a ntequerana. Por
todo ello, se tomó la decisión de s ubir el sustento a las mismas cantidades que en
ocasiones anteriores se habían otorgado.
Del mismo modo, la Junta de Guerra acordó que para que el regimiento
partiera con todo el equipaje, se hi cieran cuatrocientas cincuenta “balijas” 103 de
lienzo crudo para los soldados, y que como hasta que no llegasen al conda do de
Niebla no recibirían los doscientos fusiles que les había de suministrar
Villadarias, se acordó que para que no fu eran desarmados, la ciudad les cediera
los arcabuces que tenía en su armería.
También se mandó fabricar cuat rocientos cincuenta pares de
“alpargates” 104 , y que se preparasen doc e carretas para transportar las
municiones, se encargasen “capachos” 105 y “serones” 106 par a llevar las armas y
pertrechos de los granaderos, y se compra ron, entre otras cosas, doscientas libras
de pólvora para los fusiles 107 .
102 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulares. Junta de Guerra , 31 de m ayo 1704.
103 DICCIONARI O DE AUTORIDA DES. Tomo I, 1726. Voz: Balija. s. f. Lo mismo que la maleta mang a,
o baulillo adond e los cam inantes suelen llevar guardadas algu nas cosas para su uso.
104 DICCIONARIO DE AUT ORIDADE S . Tomo I, 1726. Voz:Alpar gate. s. m . Especie de calzado, que se
hace de cáñamo, o esparto; pero a este llaman en la Manc ha y Murcia Alborgas, o Esparteñas. Se hace la
suela de sogui lla t ejida en trenza, fo rmando la planta del pie cosida c on hilo bram ante. Su capellada y
talón teji dos del mism o cáñamo, ò esparto: y por unos o jales que tiene el tal ón a los e xtrem os se asegur a
al pie con un cordel o cinta, que se ata sobre el empeine.
105 DICCIONARIO D E AUTORID ADES. Tom o II, 1729. Vo z: Capacho. s. m. Espuerta de juncos o
mimbres, que suele servir pa ra llevar fruta de una parte a otra.
106 DICCIONARI O DE AUTORIDA DES. Tomo VI, 1739. Voz: Serón. s. m . aum. La sera grande. Hácense
regularmente en form a de aguaderas, c on dos senos grandes en punta, para que sean m ás capaces, y
puedan l levars e sobre las cab allerí as.
107 A.H.M.A. F.M. Sección Ac tas Capitulares. Junta de Guerra, 3 de junio 1704.
263
La primera semana de junio se term inaron de perfilar los últimos detalles
del regimiento, y siguiendo las indicacione s del capitán general de Andalucía, se
preparó el dinero para pagar a los cabos y soldados durante los quince prim eros
días de camino, aunque más tarde se amplió en un día má s estos gastos, ya que el
ejército de Villadarias, al que se debía de incorporar el regimi ento de Antequera,
se encontraba ya dentr o de las fronteras lusas 108 .
El esfuerzo económico qu e se exigía a la ciudad ascendía a cuatro mil
quinientos y sesenta reales, cantidad que de bía entregar el conde de Bobadilla
cuando se uniera al ejército principal. Pese a todo nos consta que el total de los
gastos económicos que ocasionó la formación y m antenimiento de este
regimiento fue de ciento ocho m il seisci entos cincuenta y siete reales y medio 109
Una semana después llegaba la real facultad que autorizaba al Cabildo
para vender las doscientas fanega s de tierra baldía, par a sufragar los gastos del
regimiento de milicias que había partido el día oc ho de junio.
En la reunión capitular del día 20 de junio se recibía una carta del conde
de Bobadilla en la que se recogía la llega da del regimiento antequerano a Sevilla,
donde
“… las demostraciones de aquella ciudad, la vanidad y gloria del
regimiento, no tenía ponderación ni se podía explicar, habiendo
la audiencia esperado en forma a verle pasar, asistido de toda la
nobleza, y por el cabildo de dich a ciudad y sus co misarios, dado
un gran refresco a los soldados, qu e se hizo cortejo a la Excma.
Sra. Marquesa de Villadarias, y que encontró orden del Sr.
Capitán General para que le si guiese…y le habían dado los
itinerarios…” 110 .
Al mismo tiempo que se celebraba la noticia entre los regidores y jurados
de la ciudad, se decidía intervenir para cobrar todo l o que un buen núm ero de
108 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulare s. Junta de Guerra, 7 de junio 1704.
109 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Ca pitulares. 11 de noviembre 1704.
110 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulares. 7 de junio 1704.
264
particulares debían a la ciuda d, da do que la situación económica se había
agravado considerablem ente con la form ación y manteni miento del regimiento.
El 11 de julio de 1704 se recibían en Antequera las primeras noticias del
avistamiento de la flota enem iga en las costas andaluzas 111 . Por tanto estamos en
los prolegómenos de la posterior toma de Gibraltar. De este modo, el gobernador
de Málaga notificaba esa noticia tras recibir aviso de Cádiz y otros puertos, y
solicitaba que la gente de socorro estuvi ese prevenida para acudir en caso de
necesidad.
La respuesta del Cabildo antequerano no tardó en pr oducirse. Alegaba que
no tenía milicias con las que concurrir a ningún socorro, tras la partida de su
regimiento hacia tierras portuguesas, pero que si llegaba tan te mido momento, el
ímpetu, la arrogancia y el celo de los antequeranos procurarían l a formación de
unas milicias que correrían im petuosos al socorro. Para ello eligieron a varios
comisarios para que se encargaran de tener a punto l as pocas armas que aún
quedaban en la ciuda d, por si hací an falta en un futuro próximo.
La madrugada del 19 de julio, tras ha ber recibido un cor r eo extraordinario,
el Corregidor convoc ó la Junta de Guerra a las cinco de la madrugada, para
informar que había una arma da inglesa y holandesa muy pr óxima y ha bía un alto
riesgo de desembarco enemig o, por lo que solicitaba la ayuda de las milicias
antequeranas 112 .
La respuesta fue inmediata. El Corre gidor ofreció una cantidad de dinero
para que cundiera el ejemplo entre los regi dores y jura dos presentes, y se ofreció
una vez más el cuartel del coso de san Fr ancisco para que sirv iera de punto de
alistamiento, y lugar destinado pa ra rec oger t odos los arcabuces y mosquetes que
fueran posible.
111 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Ca pitulares. 11 de julio 1704.
112 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulares. Junta de Guerra. 19 de julio 1704.
265
Por último se nombraron varios comisa rios para que se responsabilizaran
de buscar los medios econó micos que fueran necesarios para pagar los sueldos
correspondientes y para compra r la pólvora y las balas.
El número de soldados que se reclutó para formar el escuadrón, ascendi ó a
ochenta montados a ca ballo y trescientos de infantería. Al frente de todos ellos, el
propio Corregidor, como cap itán a guerra, y como sus ay udantes se eligieron,
después de una larga discusión, a dos regidores: D. Gerónim o de Rojas y
Córdoba, para dirigir a la caballería, y D. Gerónimo Francisc o de Sanvicente y
Guzmán para hacer lo pr opio con la infantería 113 .
El 11 de agosto se recibía una carta en el Cabildo antequerano con fecha 7
de agosto, en la que se so licitaba que la ciudad estuviese prevenida para partir, a
las operaciones que el marqués de Villadari as creyese oportunas para iniciar el
sitio de Gibraltar, ya que había sido oc upada por los enemigos ingleses y
holandeses 114 .
Pese a todo, la misiva aún no daba por perdida completamente la plaza de
Gibraltar, aunque insistía en que en cas o de que así ocurriese, debería como
hemos comentado, formarse un regim i ento para intentar recuperarla
inmediatamente.
Ante esta situación, el Ayuntamiento acor dó formar un nuevo regimiento,
ofreciendo dos reales a los que se alista sen y un escudo de plata a los oficiales
encargados. Quizás un detalle a resaltar es que se insistía en que una vez acabada
la campaña, los milicianos volverían a sus casas, y no permanecerían en otros
frentes. Con ello se pretendía animar a los vecinos a que se alistaran, ante el
temor a que no acudieran.
113 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulares. Junta de Guerra. 30 de julio 1704.
114 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulares. Junta de Guerra. 11 de agosto 1704.
266
El 15 de agosto la Junta de G uerra acuerda que esté listo el regimiento
para partir, eligiendo a D. Dámaso Jimé nez Tor o, como su capitán, previ niendo
que los soldados llevasen tanto espadas como sombreros 115 . El gasto total que
ocasionó la formación de este nuevo dest acam ento, que al final reunió a c uatro
compañías, ascendió a seis mil quiniento s ochenta y tres reales y medio, que
fueron abonados por parte del ma yordomo de propios de la ciudad 116 .
Días después, en el Cabildo que se celeb ró el día 18 de agost o, se leyó una
carta del presidente del Consejo de Cas tilla, el conde de Montellano, con fecha
12 de ese mismo m es, en la que de una manera abierta se hablaba ahora sí, de la
pérdida de Gibraltar, y agradecía la dispos ición de la ci udad en la contribución
para intentar recuperarla 117 .
Sin embargo, la noticia oficial de la pérdida de Gibraltar llegó más tarde al
Cabildo colegial antequerano, qui en recibí a la com unicación el día 23 de agosto
de 1.704 118 . Evidentemente en este caso el su ceso iba impregnado de una buena
dosis de religiosidad, ya que hacía énfa sis en la amenaza que suponía que los
enemigos de la sagrada religión, pu dieran llevar a cabo actos vandálicos y
heréticos, por lo que decidieron ofrecer un donativo de mil qui nientos reales de
vellón para la causa.
Una semana más tarde, llegaba una nu eva carta del mencionado conde de
Montellano, en la que solicitaba de manera explícita la contribución de la ciudad,
con veinte caballos, a lo que la ciudad nuevamente accedió 119 . Estos caballos
salieron con dirección a Granada a finales de septiembre de ese año de 1704, y la
115 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulares. Junta de Guerra. 15 de agosto 1704.
116 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulares. Junta de Guerra. 24 de octubre 1704.
117 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Cap itulares. 18 de agosto 1704.
118 A.H.M.A. Fondo Real Colegiat a. Sección Actas Capitulares. Libro 16. 23 de agosto 1.704.
119 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Cap itulares. 25 de agosto 1704.
273
en las que se solicitaba la reincorporaci ón de este regimiento antequerano al
ejército que se estaba form ando en la ciudad de Cádiz 136 .
Después de su correspondiente de liberac ión, el Ayuntamiento decidió
que, dado que el Gobe rnador de Málaga también es taba esperando a las milicias
antequeranas para la defensa de esa ciuda d, por l o que como solución, apuntaban
que los soldados que hubiera disponibles se divi dieran para que unos marcha ran
a ponerse bajo las órdenes del marqués de Vil ladarias y otra parte pusiera rumbo
a la capital de la Costa del Sol.
En cualquier caso, dejaban claro qu e el número de soldados disponible
había disminuido, debi do a que muchos habían muerto en el Campo de Gibral tar
y otros muchos había n re gresado heridos y enfermos , por lo que su número
rondaba los dosciento s, y que era prácti camente imposible reclutar más en la
ciudad, por lo que pedían se pudiera completar con foráneos.
Tras escribir una carta a Villadaria s exponiéndole su decisión, este
respondió al Cabildo antequerano que po co podía hac er ya que las órdenes de
enviar un regimiento a Cádiz la había da do, directamente la Corona. Después de
recibir esta noticia, el Ayuntamiento, que no se mostraba muy partidario de dejar
partir de nuevo a su regimiento hacia las costas gaditanas, escribía al Gobernador
de Málaga para que es te presionara ta mbién con el objetivo de que las tropas
antequeranas permanecieran en su ci udad por si se producía un ataque
enemigo 137 .
Del mismo m odo, durante los primeros días del m es de julio de 1705 se
notificaba a la ciudad de Antequera, la l legada de un nuevo Corregidor, D.
Manuel de Luna y Pera lta, quien debía llega r a la ciudad en poco t iempo 138 . Sin
136 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitu lares. 3 de noviembre de 1705.
137 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Cap itulares. 9 de julio de 1705.
138 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulares. Junta de Guerra . 4 de julio de 1705.
274
embargo, a mediados del siguiente m es de agosto, se recibía una nueva misiva en
la que se comunicaba que dicho person aj e había sido suspendi do antes de su
llegada como Corregidor de la ciudad de Antequera 139 .
Por fin, en la reunión del 24 de noviembre de ese mismo año de 1705, D.
Gonzalo Francisco de Flores y Aldana, c omunicaba que se le había hecho merced
del corregimiento de l a ciudad de Antequer a, quien llegaría en los primeros días
del mes de enero de 17 06 a ocupar su puesto 140 .
Un mes después, el 4 de agosto, llegab a una nue va carta al Cabildo, en la
que el Gobernador de la ciudad de Mála ga, notificaba que ha bí a r ecibido el día
anterior una noticia del mariscal de cam po del Campo de Gibraltar en la que se
comunicaba la llegada de una flota enemig a a esa zona, por lo que solicitaba que
las milicias antequeranas acudieran para socorrer a Málaga 141 .
Paso seguido, se die ron ór denes pr ecisas para que los vecinos, tras
escuchar los bandos correspondientes y la s campanas del Reloj, acudieran como
era habitual, al coso de San Francisco pa ra alistarse y preparar todo lo necesario
para partir. Pese a todo no resultó nada f ácil, ya que varios de los oficiales que
supuestamente tendrían que i r, no se encont raban en la ciuda d, o en algún otro
caso, se encontraban en mal estado físi co. El sargento mayor alegó que te nía
órdenes del capitán general de Andalucí a para que su regimiento acudiera a
Cádiz, pero que por la urge ncia del mo mento pondría rumbo a M álaga, para lo
que se libraron ocho m il reales para form ar estas milicias con la gente que f uera
posible y marchar 142 .
De esa cantidad prevista para la esta ncia de los soldados en Málaga, se
gastaron tan solo seis mil seiscientos dieciséis reales, por lo que sobraron mil
139 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitu lares. 18 de agosto de 1705.
140 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulares. J unta de Guerra . 24 de noviembre de 1705.
141 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulares. Junta de Guerra . 4 de agosto de 1705.
142 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulares. Junta de Guerra . 5 de agosto de 1705.
275
trescientos ochenta y cuatro reales que se volvieron a reintegrar en la cuenta de
propios 143 .
De este dinero se había de pagar lo s distintos sueldos de los com ponentes
de esa compañía según su ran go, de la siguiente manera:
RANGO SUELDO
Sargento Mayor 44 reales
Capitán 20 reales
Ayudante 15 reales
Teniente 12 reales
Alférez 10 reales
Pagador 20 reales
Escribano de guerra 10 reales
Sargento 4 reales
Soldado 2 reales
Sin embargo, e n la Junta de Guerra que se celebró el 6 de agosto, se
decidió que de momento no saliera el regimiento, ya que las noticias de que
disponían era que la flota enem iga aún se hallaba en la zona del Camp o de
Gibraltar, por lo que no corría peligro la ciudad de Málaga, y además esta
situación generaba un gran gasto para el Ayuntamiento 144 .
En cualquier caso se pensó en enviar una carta al Gobernador de esta
ciudad para informarle de esta decisión, y para dejarle claro que en caso de un
ataque enemigo, se movilizarían las trop as antequeranas, y que en ocho horas
estarían socorriendo su ciudad.
143 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulares. J unta de Guerra . 7 de septiembre de 1705.
144 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitu lares. Junta de Guerra. 6 de agosto de 1705 (Por la m añana
tempran o).
276
Cuál fue la sorpresa del Cabildo, que ese mismo día horas más tarde se
recibía una nueva misiva del Goberna dor de Málaga en la que se avisaba del
avistamiento de la flota enemiga frente a las costas de Mijas la tarde anterior 145 .
Ante esta nueva situación, se deci dió convocar a todos los vecinos que
formaban el regimiento, a las tres de la ta rde, en el coso de San Francisco, para
partir con dirección a Málaga, nombrá ndose también a un capellán que pudiera
acompañar a estos hombres.
Este precipitado reclutamiento no vi no más que a empeorar la situación
económica de la ciudad, que en cargó a su agente en cort e, y al propio conde de
Bobadilla, quienes se encont raban ya en Madrid, para que se movilizaran con el
objetivo de conseguir algu na medida que aliviara sus arcas m unicipales 146 .
Incluso el clero en esta ocasión se ofreció para, dentro de sus
posibilidades, contribuir con el Cabildo antequerano para in tentar superar esa
situación tan delicada. Así, el Vicario y Juez Eclesiástico de esa jurisdicción
dispuso que realizarían sus or aciones y sacr ificios a Dios como era su obli gación,
y que además, ofrecían los m edios temporales de que disponían si hacía falta 147 .
Es evidente que el miedo a un ataque por parte de l o s “herejes” en las costas
malagueñas atemorizaba a este estamento.
Por otra parte, por la ciudad pasa ron otras compañías de Dragones con
dirección a Málaga, que tambié n generaron unos gastos cercanos a los mil reales,
de las veintiocho fanegas de cebada qu e se emplearon para alim entar a los
caballos durante su estancia en la ciudad del Torcal 148 .
145 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulares. J unta de Guerra. 6 de agosto de 1705 (Al mediodía).
146 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulares. Junta de Guerra. 11 de agosto de 1705.
147 Ibid.
148 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulares. Junta de Guerra. 7 de septiembre de 1705
277
Fue en los primeros días del me s de noviembre de 1705 cua ndo se
procedió a elaborar una relación que co ntenía una certificación de lo que le
tocaba a la ciudad del donativo de lo s oficios políticos, que resulta muy
interesante ya que podemos conocer lo s sueldos de todos los miembros del
Concejo municipal. En principio, cada u no debía ceder un cinco por ciento de su
sueldo anual. De este modo, hemos elaborado una tabla que contie ne esa
información:
OFICIO
SUELDO ANUAL
DONATIVO 5%
Corregidor 187.000 marav. 9.350 marav.
Alférez Mayor 3.760 marav. 188 marav.
Alcalde Mayor y cada uno
de los 37 regidores 1.730 marav. (cada uno) 3.287 marav.
Cada uno de los 25 jurados 400 marav. (cada uno)
10.000 marav. en total 500 marav.
Procurador General de las
dependencias 74.800 marav. 3.740 m arav.
Escribano del Cabildo
18 fanegas de trigo y 1.376
reales en dinero. A 18
reales la fanega= 1.700 r.
57.800 marav.
Otro escribano 18 fanegas de trigo y 1.176
r. = 51.000 marav. 2.550 marav.
Contador de Propios 74.800 marav. 3.740 m arav.
2 Procuradores del número 50 ducados por mitad,
18.700 marav. 935 marav.
Agente en Corte de los
negocios de la ciudad
300 ducados =
112.200 marav. 5.610 marav.
Procurador de la 3.000 marav. 150 marav.
278
Chancillería
El año de 1706 comenzaba con un nuevo cam bio de Corregi dor en la
ciudad del Torcal. De este modo, D. G onzal o Flores y Alda na, como ya hem os
indicado, tomó posesión de su cargo en los últimos días del mes de enero como
representante del rey en la ciuda d y adem ás como Capitán a Guerra 149 . Los pasos
que se siguieron en la ceremonia fue similar a los de sus antecesores.
Por otra parte, el tránsito de sold ados que pasaban por la ciudad seguía
provocando diversos problemas económic os. Sin em bargo, no nos consta que
hubiese grandes problema s provocados por los a busos que los militares
ocasionaban a l os vecinos, e ntre otros mo tivos, porque la ciudad tenía pri vilegio
desde años atrás para no tener que acoge rlos en sus domicilios particulares de
manera obligatoria sino voluntaria.
Por tanto, como ya hemos indic ado lo s sol dados que pernoctaban en la
ciudad, lo hacían en diversos cuartele s que existían, y en ciertas ocasiones
extraordinarias, en alguno s edificios públicos, como po día ser la alhóndiga, e n
mesones, y por último, en las casas de aquellos vecinos que, com o hemos citado,
voluntariamente accedieran a alojarlos 150 .
A través de la documentación capitu lar, pode mos extraer la conclusión de
que durante estos años que estamos abar cando, la mayoría de los soldados se
hospedar on en algunos mesones concer tados por el Cabildo municipal.
En este sentido, las referencias a este tipo de acuerdos entre los me soneros
y los comisarios elegidos para represen tar al Ayuntamiento en estas cuestiones,
son contin uas. Por ejemplo, a media dos de abril de1706, los me soneros
antequeranos presentaron una relación de gastos ocasionados por el alojam iento
149 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Ca pitulares. 30 de ener o 1706.
150 PAREJO BA RRANCO , A., op. cit., 1 987, pág. 14 2.
279
de los soldados que habían pasado por ella desde el día 4 de febrero de 1705
hasta el día 10 de abril de 1706, y que ascendía a tres mil quinientos setenta y
cinco reales que se pagaron, como era habitual, de los propios de la ciudad 151 .
Además, desde principios del año 1706, c ontinuaron las levas de soldados,
con el objetivo de cubrir las plazas vaca ntes de los diferentes regimientos que
estaban luchando en dis tintos frentes abiertos.
De este modo, a finales del mes de en ero se recibía una carta dirigida por
el marqués de Villadarias en la que
“se ordena y participa como S.M. ha tenido por bie n resolver que
los diez regimientos de infantería veterana que están y ha n de
subsistir en Cádiz la próxim a cam paña para guarnición de
aquella plaza se pongan com pletos al número de quinient os
soldados cada uno haciendo reemplazo a la gente que
actualmente les falta, de vecinos naturales de las ciudades, villas
y lugares de Andalucía… y por donde se señala a esta dicha
ciudad (Antequera) cincuenta hom bres te niendo presente la
posibilidad de este vecindario…” 152
Como era habitual el Concejo m unicipal acordó nombrar a varios
comisarios para que se encargasen de este tema y para ello se libró una cantidad
de dinero para el reclutamiento. Sem ana s después llegaban varios oficiales a la
ciudad, para recoger los cincuent a solda dos que Antequera tenía que aportar para
completar la guarnición de Cádiz. Los ga stos de m anutención de estos oficiales y
de la recluta del medio centenar de hombres ascendió a cinco mi l ochocientos
cincuenta y ocho reales, que como era ha bitual, se sacaron meses después de los
propios de la ciudad 153 .
De estas cinco decenas de hombr es, nos consta que dese rtaron die cinueve,
que regresaron a la ciudad. Pero poco duró la alegría y la tranquilidad de estos
151 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Ca pitulares. 13 de abril 1706.
152 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Ca pitulares. 29 de ener o 1706.
153 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Ca pitulares. 13 de abril 1706.
280
fugitivos, puesto que a mediados del mes de agosto de ese mismo año, llegaron
varios cabos con órdenes expresas de a rrestarlos y llevarlos de nuevo a Cádiz 154 .
Poco pudo hacer el Ayuntamiento, al que sólo le quedó acatar esta disposición y
entregarlos, costeando además dos reales por cada in dividuo para los gastos de l
viaje 155 .
Los gastos del reclutamiento de estos cincue nta antequeranos que
marcharon a Cádiz ascendieron a mil ochocientos cincuenta y oc ho reales 156 .
Las reales provisiones que llegaron a la ciudad, referentes a este tema de
los desertores, las localizamos el 13 de ag osto de 1704, el 6 de marzo de 1706, y
posteriormente otras similares en 1707 y 1708.
Por otro lado, continuaron llega ndo di versos capitanes y sus oficiales con
la intención de seguir recl utando soldados para sus co mpañías. Esto fue lo que
ocurrió los últimos días del mes de abril, cuando D. Asensio de Narváez, solicitó
permiso al Corregidor para poder alistar a aquellos vecinos que quisieran. Para
ello se ofreció una vez más la casa de las Com edias 157 .
Por su parte, la participación de la no bleza antequerana, salvo en contadas
excepciones, como por ejemplo el caso que hemos analizado del sitio de
Gibraltar, fue similar a la de otras ciudade s andaluzas, es decir antepusieron la
defensa de su localidad, y por tanto la de sus propios bienes 158 .
En este sentido, otra de las excepc iones respecto a la participación de la
nobleza antequerana en este conflicto suces orio, la encontramos precisamente en
154 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Cap itulares. 15 de agosto 1706.
155 Este tema de la deserció n, y los castigos im puestos a los que los encubrieran o com p rasen arm as u
otros objet os, ya fue invest igado p or SARR ÍA MUÑOZ, A., Tarifa a comienz os del sigl o XVIII. Un a
sociedad conflictiva en la encrucijada de Gibraltar. Málaga, 1996, pág. 316.
156 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Cap itulares. 13 de abril de 1706.
157 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Ca pitulares. 20 de abril 1706.
158 Este punto ha sido estud iado por C ALVO PO YATO, J. , “Medio sigl o de le vas, reclutas y
movilizaciones en el Reino de Córdoba: 1657 -1712”, en Actas II C oloquios Historia d e Andalucía.
Andalucí a Moder na. Tomo II, Córdob a 1983, pág. 36.
281
este año de 1706. Así, ante la mala situación que la causa borbónica estaba
experimentando, en un mome nto muy deli cado de la guerra, la Corona se vio
obligada a solicitar una colabo ración más directa y persona l a la nobleza de esta
ciudad.
Pasemos a analizar esta cuestión a c ontinuac ión. A mediados del me s de
febrero de 1706, llegaba una carta en la que comunicaba lo siguiente
“… para que la nobleza de esa ciuda d mont en luego a caballo y
se pongan en estado de acudir a la parte o partes que señalare el
Marqués de Villadarias…” 159
Pero esta resolución iba a encontra r la oposición del Ayuntamiento en
pleno. Ese mismo día el corregidor propon e que se convocara Cabildo pleno para
hacerlo constar a todos lo s regidores y jurados.
Al día siguiente se celebró dicha reunión 160 . En ella se acordó en primer
lugar que se hiciese un bando pa ra notif icarlo públicamente. A continuación los
caballeros capitulares record aron que la nobleza antequerana había contribuido
en diferentes campañas militares anterior es y acudiendo a Má laga cuantas veces
hizo falta.
Esta apreciación se repetía con frecuencia en las sesiones capitulares
cuando la Corona exi gía la contribució n de la nobleza anteque rana y, ésta,
argumentaba sus servicios prestados para ev itar que se le exigiera salir de nuevo
al campo de batalla.
En este sentido, varias semanas después, en una nueva reuni ón del
Ayuntamiento, se acordó lo siguie nte
“…habiéndose visto en el Cons e jo la representación que esta
ciudad (Antequera) ha hecho a S. M. sobre la orden en que se
159 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Cap itulares. 14 de fe brero 1706.
160 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Cap itulares. 15 de fe brero 1706.
282
sirvió de mandar montase la nobl eza y acudiese al llamam iento
del Capitán General, había acordad o que dicho Sr. escribiese de
su orden a esta ciudad asegurándo le que está enterado del Real
ánimo de S.M. de las veces con que esta ciudad ha atendido a su
Real servicio con la efusión de sus caudales y arresto de sus
vecinos y nobleza en la invasión del Puerto de Santa María a que
corresponde con su Real gratit ud, y por lo que m ira a la
obligación de asistir a Málaga ha bía parecido se dijese a esta
ciudad que estuviere montada la nobleza para asistir a dicho
puerto y territorio sin salir a otra parte pues en la incertidumbre
de los temores navales parecía ser esto lo que má s convenía a su
Real servicio…” 161
Al mismo tiempo, llegaba una nueva carta enviada por el Marqués de
Villadarias en la que de manera explícita pedía a la nobleza de esta ciudad que
estuviese antes del día 15 de marzo en el Puerto de Santa María.
Ante esta solicitud del capitán general el Cabildo acordó por un lado que
se contestase al Consejo de Madr id, agra deciéndole su determinación, y por otro
lado, se remitió al marqués de Villada rias una copia de dicha resolución.
Según un historiador antequer ano de finales de la centuria del Setecientos,
tenemos constancia de cuántos nobles se alistaron tras la pe tición que realizó la
Corona 162 .
Siguiendo las pautas que marcó en su momento José Calvo Poyat o,
podemos distinguir entre los hidalgos qu e fueron convocados, en este caso un
total de doscientos setenta y seis indivi duos; los que manifestaron su intenci ón de
estar dispuestos a servir al monarca, que fueron doscientos cuarenta y oc ho;
aquellos otros que pres entaron una excusa por motivo de la edad, once; y por
último, los que justificaron su ausencia alegando ambas razones, cinco en total 163 .
161 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitulares. 8 de marzo 1706.
162 RAMÍREZ DE ARELLANO , Histori a de Antequera , S. XIX, Capítulo 40.
163 CALVO POYATO , J., op. ci t., 1982, pp. 102- 105.
289
“…que los vecinos de dicha ci udad están destinados para
socorrer a la de Málaga como lo han ejecutado en t odos los
rebatos y llamamientos de su Gobe rnador, siendo el socorro de
los dichos vecinos el más pronto por su cercanía, y donde funda
la dicha ciudad de Málaga su ma yor defensa, por el celo con que
se aplican los vecinos de dich a ciudad de Antequera… por tant o
suplican a V.E. (Marqués de V illadarias) se sirva de mandar que
el servicio que la dicha ciuda d hace con sus vecinos, sea y se
aplique para socorrer la referida de Málaga como se ha ejecutado
hasta ahora a que están pr onto los dichos vecinos…” 175 .
Ante estas súplicas y tal justificaci ón, el capitán general de Andalucía
cede en sus pretensiones. Los regidores y jurados antequeranos, aportan de todas
formas para la causa, dieciséis caballos, nue ve de ellos totalmente equipados con
sus sillas y armas, cuatro sillas más, novecientos reales y varias armas.
Más tarde, cuando se debían propon er los oficiales que dirigían estas
compañías de caballos, surgió el problema de si debía ser la Junta de Guerra la
que se encargase de ello, o por el contra rio le correspondía al Cabildo municipal
en pleno tomar esta decisión. Fina lmente esta labor recayó sobre los
componentes de dicha Junta.
Además, había un gran in terés por parte de los caballeros capitulares por
nombrar como oficiales de sus milicias
“…(a los vecinos) naturales de ella (Antequera), y con
especialidad a los que se hallare n sirviendo en los ejércitos de
S.M… por ser … aliento de los mismos patricios que
reconociendo cuan pres entes les tiene esta ciudad se esforzarán
con mayor gusto al desem bolso de sus caudales…” 176 .
A continuación se pasó a estudiar una propuesta que el capitán de
infantería D. Alonso de Medina hizo al Cabildo municipal. Ésta consistía en
ofrecer ciento cincuenta doblones si la ciudad le nombraba ca pitán de una de las
175 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Cap itulares. 21 de agosto 1706.
176 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitu lares. 24 de septiembre 1706.
290
compañías de caballería que había en la ciudad. Este cargo había quedado
vacante por muerte de D. Rodrigo de Flores.
El asunto provocó que los regidores de la ciudad pasaran a votar si
aprobaban o no esta propuesta. Al fina l de la vot ación, quince caballeros
capitulares fueron partidario s de rechazar la proposi ción, y siete regidores
apoyaron la iniciativa, al egando que el interesado cumplía con los requisitos
mínimos exigidos y que además el dinero era muy necesario para aliviar las arcas
de la ciudad.
Por otra parte, a principios del me s de septiembre varias compañías
antequeranas, se encontraban en Málaga contribuye ndo a su defe ns a, y al parecer
estaban faltas de lo necesario para subs istir, puesto que amenazaban con que si
no se les enviaba pronto todo lo nece sario tendrían que “… exponerse a que
motivados de la necesidad se vuelvan” 177 .
Ante esta amenaza de deserción genera l, el Corregidor accede a sacar de
las arcas reales, previa autorización de V illadarias, un total de treinta mil reales
para sufragar los gastos que suponía manten er en la capital de la Costa del Sol a
estas compañías, y dado que l os propi os y arbitrios antequeranos carecían de
fondos.
Varias semanas después llegó a Antequera una Real Provisión:
“… para que esta ciudad se pueda valer de los diez mil ducados
del donativo de los capitanes, n obleza y particulares, y de lo
necesario de los arbitrios para la formación de las cuatro
compañías de caballos con que sirve a S.M., vestidas, armadas y
equipadas en la forma que lo tiene acordado…” 178 .
177 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Capitu lares, 11 de septiembre 1706.
178 A.H.M.A. F.M. Sección Actas Cap itulares. 5 de noviembre 1706.
17
CAPÍTULO 7:
PRESENCIA DE LOS MARQUESES DE
VILLADARIAS EN ANTEQUERA.
RELACIONES SOCIALES Y
FAMILIARES. ACTITUD ANTE LA VIDA
Y LA MUERTE
291
7 PRESENCIA DE LOS MARQUE SES DE VILLADARIAS EN
ANTEQUERA. RELACIONES SO CIALES Y FAMILIARES.
ACTITUD ANTE LA VIDA Y LA MUERTE.
7.1 LLEGADA Y ESTABLECIMIE NTO DEL MARQUÉS DE
VILLADARIAS Y SU FAMILIA EN ANTEQUERA. PRIMEROS
CONTACTOS CON LA S ÉLITES SOCI ALES Y POLÍTICAS.
Una de las grandes incógnitas que aún nos queda por des velar es averiguar
el motivo que provocó que lo s marqueses de Villadarias se instalaran en la
ciudad de Antequera.
Como hipótesis podemos apuntar la posibilidad de que fueran razones
económicas las que indujeran a esta familia aristocrática a asen tarse en ella. No
podemos olvidar que e sta urbe gozaba de ciertas ventajas fiscales, que hacían que
muchas familias foráneas con inquietudes comerciales, decidieran abrir sus
negocios en es ta localidad.
Es probable que esto fuera lo que oc urriera con Francisco del Castillo y su
prole, ya que tenemos ciertas sospec has de que pudiesen tener ne gocios
relacionados con el comerc io, aunque no hemos podi do co rroborar e ste supuesto.
En cualquier caso, las pr imeras noticias que vinc ulan a nuestro personaje
con Antequera, al margen de lo estric tamente militar, la encontramos en el
verano de 1704, cuando el Cabildo mu ni cipal consigue licencia para vender
doscientas fanegas de tierra, para sufragar los gastos del regimiento que se había
organizado para acudir al sitio de Gibr alta r, poniéndose bajo las órdenes del
propio Villadarias. Fue en ese momento cu ando, tras medirse y señalarse dichas
tierras, el Ayuntamiento decidió ve ndérselas a D. Francisco del Castillo 1 .
1 A.H.M.A . Fondo Municipal. Actas Capitu lares. 30 de septiembre de 1704.
292
Esta venta se escrituró ante el escr ibano Juan Carlos de Luna, el 19 de
octubre de ese mismo año de 1704.
Sabemos que esas tierras se encontraba n próximas al arro yo que se conoce
con el nombre de la Yedra, cercanas por ta nto al puerto de las Pedrizas, y que al
frente de ellas estaba D. Andrés Ga mero, vecino de An te quera, quien se
encargaba de su explotación en re presen tación del marqués de Villadarias, y con
quien tuvo mucha relación durante toda su vi da.
Estas tierras estaban próximas a otras que nuestro personaje poseía en la
jurisdicción de Casabermeja, y ambas aparecen recogidas en la fundación de
Vínculo y Mayorazgo que j unto a su es posa realizaron en Antequera en 1711, y
que analizaremos en profundidad en otro a partado de esta tesis doctoral.
Además, esta finca tenía un cortijo, se de dicaba en parte a la agricultura y
también tenía ganado vacuno.
De hecho en febrero de 1706, neces itando estas reses de alim ento fresco
con el que alimentarse, D. Andrés de Ga mero, acudió al Cabildo m unicipal para
solicitar permiso y le autorizasen a que es tas vacas pudieran pastar sin problema
en una parcela próxima que era de uso co mún, y que se conocía con el nombr e de
los Chorreros, a lo que se negó el Ayuntamiento.
De momento estas son las primeras ev idencias docum entales que vi ncula a
Villadarias con la ciudad del Torcal.
Fue a principios del año 1707 cuando se produjo el arribo de esta insigne
familia a Antequera, proced entes de la ciuda d del Puer to de Santa María donde,
el Marqués de Villadarias había establec ido su cuartel general, como capitán
general de Andalucía, durante los m omentos tan complicados que se habían
vivido a ños atrás.
293
A partir de ese momento ya empieza a ha ber constancia de su presencia en
la ciudad del Torcal, siendo especialme nte relevante toda la doc umentación que
generó entre los escribanos públicos, y que se conserva actualmente en la
Sección del Fondo de Protocolos Notarial es del Archivo Histórico Municipal de
Antequera.
Uno de los primeros docum entos que al respecto se han conservado es un
poder notarial que D. Francisco del Ca stillo Fajardo concedió a D. Bonifacio
Manrique de Lara y Lujando, teniente ge ne ral de los ejércitos y que vivía en la
corte de Madrid, para que e n su nombre pudiera conseguir cobra r lo que se le
estaba adeudando de su su eldo como capit án general de Andal ucía, que ha bía
ejercido hasta unos meses antes 2 .
Justo después podemos encontrar otro documento notarial, en el que
concede la libertad a un esclavo turco qu e poseía, de más de setenta años, pe lo
cano, ancho de espalda, y que ha bí a comprado en las reales galeras 3 .
En cuanto a su anterior re sidencia en el Puerto de Santa María, nos consta
que estuvo viviendo en ella al menos hasta el mes de diciembre de 1706, cuando
sufrió un robo en su casa.
Por tal motivo, cuando lle gó a Antequera, otorgó ot ro poder notar ial a un
trinitario, fray Miguel de la Santísim a Trinidad, que aunque moraba en el
convento de la Santísima Tr inidad de Antequera, se en contraba en junio de 1707
en la ciudad gaditana, para que le repres entara en la causa que había abierto el
2 A.H.M. A. Fo ndo Prot ocolos Notari ales. Escri bano Fra ncisco M onta ño. Leg. 1. 959, 8 de m arzo de 1707,
fol. 72.
3 A.H.M. A. Fondo Protoc olos Not arial es. Escriba no Fra ncisco M ontaño. L eg. 1. 959, 3 1 de ma yo de 1707,
fol. 1 58 r. y 158 v.
294
Corregidor de ella, para investigar quie n había roba do diferentes pertenencias
personales del marqués de Villadarias 4 .
Como v eremos más tarde, este poder otorgado a este religioso trinitario
no fue nada casual, ya que como explicar emos, existían buenas relaciones entre
esta orden y la fam ilia Castillo-Vintimilla.
A finales de agosto de ese año de 17 07 volvió a otorga r un nuevo pode r
notarial a D. Agustín Zerón de Santisteban, procurador de la Real Chancillería de
Granada, para que este le representara en todos los pleitos y causas que pudieran
presentarse en esa institución 5 .
Cinco años después, rompía su relaci ón con este y otros procuradores que
le representaban en esa ins titución granadina, para co menzar a trabajar con un
nuevo agente, D. Nicolás de Santamaría Salazar 6 .
Del mismo m odo, también buscó un agen te en la Corte para que en s u
nombre defendiera sus intereses en Madr id. En este caso el designa do fue D.
Bartolomé Navarro 7 .
Por otra parte, la llegada de tan insigne familia ar istocrática a la ciudad del
Torcal, tuvo que ejercer una gran influenc ia entre la nobleza local, ya que se le
presentaba la oportuni dad de relacionarse con uno de los personajes más
destacados e influyentes del panorama po lítico y militar del momento, lo que
suponía una oportunidad pa ra conseguir un mayor reconocimiento social.
4 A.H.M. A. Fon do Prot ocolos Notari ales. Esc ribano F rancis co Mo ntaño. L eg. 1.95 9, 28 d e junio de 170 7,
fol. 186 .
5 A.H.M. A. Fo ndo Prot ocolos Notari ales. Escri bano Fra ncisco M onta ño. Leg. 1. 959. 8 de m arzo de 1707,
fol. 266 r y 266 v.
6 A.H.M.A. F ondo P rotocol os Not ariales. Escri bano Fra ncisco M ontañ o. Leg. 1.980. 28 de julio de
1.701 2, fol. 36 5 r y 365 v.
7 A.H.M.A. F ondo P rotocol os Not ariales. Escri bano Fra ncisco M ontañ o. Leg. 1.959, 15 de m ayo de
1.708, fol. 307 r. – 307 v.
295
Las principales instituciones civiles y religiosas de la ciudad comenzaron
a mostrarse muy interesadas en ofrece r pleitesía a tan ilustre personaje.
De este modo, ya en noviembre de 1707 el Cabildo antequerano, en
agradecimiento por los múltiples favores y benefici os que había recibido por
parte del que había sido capitá n general de Andalucía, de cidió gratificarle con un
balcón de los que disponía para las gra ndes ocasiones en los que se celebraba
algún acontecimiento importa nte de la familia real 8 . En este caso, la efemérides
que se celebró, fue el nacimiento del nuevo príncipe heredero, el futuro Luis I,
que había acontecido meses antes.
7.2 EN BUSCA DE UNA RESIDENCIA DI GNA: LA COMPRA Y
CONSTRUCCIÓN DE LA “CASA DE LAS COLUMNAS”
Poco sabem os también de donde pudi eron residir durante estos primeros
meses de estancia en la ciudad, aunque de bieron irles bien las cosas, ya que en
diciembre de ese mism o año 1707, proced ieron a comp rar una casa en propiedad.
La escritura en cuestión se realizó ante el escribano Carlos de Tal avera, y
es una fuente m uy interesante para analizar los detalles de la venta y del edific io
que compraron.
En primer lugar hay que decir de una parte comparecían D. Juan de Paz y
Fajardo, viudo de Dª Cristobalina de Arroyo Santis teban, hija legítima del
difunto D. Iñigo de Arro yo Sa ntisteban y su esposa Dª Juana de las Cuevas
Altamirano, tutora de su hijo menor Pe dr o de Arroyo de Santis teban, que era en
este caso, tras el fallecimi ento de su hermana, el poseedor del vínculo que
fundara su abuelo D. Pedro de Arroyo de Santisteban.
En representación del menor, y co mo su cuidador, acudi ó Lorenzo
Antoni o de Reina, procur ador del núm ero de la ciudad de Antequera.
8 A.H.M. A. Fondo Munici pal. Acta s Capitul ares. 4 de novie m bre de 170 7.
296
El documento e n cuestión recoge de ma nera pormenorizada todos los
antecedentes del hecho.
En principio, el tem a se remonta a la primera mujer de D. Pedro de Arroyo
Santisteban, Dª Mencía de Rojas Altamira no, quien en s u test amento fechado en
1629, mandó que de su s bienes y caudales se diese todos los años un total de
cuatrocientos ducados de renta, la mitad para cuidar a los pobres enferm os, y la
otra mitad, para el cuidado y crianza de los niños expósitos, a un nuevo hos pital
que en ese momento se estaba funda ndo en la ciudad 9 .
En principio, dic ha renta debía correr a partir de la muerte de su mar ido D.
Pedro de Arroyo, hecho que ocurr ió el 10 de diciem bre de 1661. El problema fue
que este último realizó una funda ción de vínculo y mayorazgo que recayó sobre
su hijo varón mayor D. Iñigo de Arroyo , que al morir recayó sobre su viuda Dª
Juana de las Cuevas, ya que sus hijos eran menores.
Después de varios intentos en los que la orden hospitalaria no consiguió
cobrar los réditos que se le s debían, iniciaron un pleito ante la justicia, que al
final terminó en la vent a de estas casas de la calle Lucena qu e finalmente compró
Villadarias.
A mediados del mes de noviembr e de 1707, Tomás de Melgarejo y Pe dro
Ramos, vecinos de Antequera, y maestros de alba ñilería, hici eron un estudi o de
la casa en cuestión, y la tasaron en veinte y un mil reales de vellón.
Además, se procedió a pregonar públicam ente la venta de esta casa, lo que
hicieron en repetidas ocasiones en la plaza de San Sebastián
9 Hay que decir que la or den de San Juan de Di os fundó conven to en Antequera en el año 1667, y que al
llegar se instalaron provisional m ente en el hospital qu e ya existía de Sa nta Ana, que a s u vez era fruto de
la fusión de otros ci nco pe queños h ospital es que se ha bían funda do en l a ciudad. P or tanto, es l ógico
pensar que los rel igiosos de la orden de Sa n Juan de Di os, pudi eron quedarse con l os derech os adquiri dos
por alguno de los hospi tales ante riores. Preci sament e en este moment o al que nos estam os refirie ndo
(1707) estaban terminando de realizar las obras de su igle sia, que fue bendecida añ os despué s en 17 16.
297
El día 18 de noviembre D. Francisco del Castillo realizó una oferta de
dieciocho mil reales de vellón.
Finalmente, esta fue la mejor oferta, si bien puso varias condiciones, entre
la que estaba que esta venta debía co ntar con el visto bueno de la Real
Chancillería de Granada, lo que ocurrió el 19 de di ciembre de1707, y de la
Corona.
Por este motivo, el primer paso que se siguió por part e de los frailes del
convento y hosp ital de San Juan de Dios de Antequera, quienes tam bién como
hemos dicho, eran parte interesada en es te tema, fue la de conseguir permiso de
la Real Chancillería de Granada y de la propia Corona, para poder vender esta
casa a los marqueses de Villadarias 10 .
En este sentido, nos consta que los vendedores prefirieron vender esta
casa, antes que un cortijo y sus tierras que poseían en Cañe te la Real, que
también estaban vinculadas, pero que er an mucho más interesantes para ellos
desde el punto de vista económico.
Para poder favorecer la venta, se re currió a distintos testigos para que
testificaran al respecto, y confirmaran que la m ejor opción era vender esta casa,
ya que era menos rentable que el cortijo que antes hemos comentado.
Efectivamente, en atención a los testimoni os recogidos, la casa en cuestión
se encontraba en ese momento en un estado bastante lamentable
“…por ser muy antigua y de fábr ica de tierra, excepto la pared
de la fachada que está aún por acabar, y es menester mucha
cantidad para acabarla según su planta, y esto no se pue de hacer
como no se ha hecho e n más de cincuenta años, que se em pezó a
labrar, y no vivir en esta ciudad el dicho D. Pedr o de Arroyo, y
10 A.H.M.A. F ondo P rotocol os Not ariales. Es cribano Carl os de Talavera. Leg. 2.774. 16 de dici embre de
1707, f ol. 524 r. – 5 25 r.
304
Ya en la segunda mitad siglo XIX este palacio perdió t oda vinc ulación con
los marqueses de Villadarias, al fallecer Dª María de los Dolores Santisteban y
Horcasitas, séptima marquesa de Villadari as, en el año de 1862. Dos años más
tarde, esta casa que había recaído por he rencia en D. Carlos Alfonso Ferná ndez
de Henestrosa y Tacón, y que por tant o ya había quedado f u era del vínculo que
se fundara en 1711, fue vendida a D. Ca rlos Blázquez y Blázquez, por escritura
de compra-venta que se fo rmalizó en Madrid, ante el notario D. León Muñoz 16 .
A partir de ese momento la familia Blázquez, que llegó a la ciudad poco
antes, ha estado residiendo en esta casa de manera ininterrumpida, aportando
diversas reformas a la vivienda. Quizás la más interesante, al menos des de
nuestro punto de vista, es la adaptación de diverso pa trimonio prove niente del
Palacio del conde de Colcha do a ese es pacio arquitectónico.De e ste modo, en
este sentido podemos destacar una pequeña capilla que fue instalada en el
mencionado lugar.
7.3 HÁBITOS RELIGIOSOS Y PI ADOS OS DE LOS MARQUESES DE
VILLADARIAS. SU AFINIDAD CON LA ORDEN TRINITARIA
El establecimiento de los marqueses de Villadarias en Antequera supus o la
continuidad de una relación con l a orden trinitaria, que ya se había iniciado con
anterioridad, cuando D. Francisco del Ca stillo fue gober nador en la plaza de
Ceuta.En este sentido en el Archivo Tr initario de Antequera se conserva un
Protocolo del citado convento, que f ue es crito en 1713, y que nos ofrece una
interesantísima información sobre esta vinculación entre ambas partes 17 .
Uno de los primeros aspectos que no s gustaría resaltar es que, como
hemos comentado, esta afinidad ya vení a desde años atrás. Al respecto, en el
capítulo dedicado a los bienhechores de es e convent o, se nos dice lo siguiente:
16 Este tema ha sido investigado por Jo sé Escalante Jiménez, aunque aún no ha sido publicad o.
17 Archivo d el Convento de la Trinid ad de Antequera . Proto colo del Co nvento. 1ª parte. Ca pítulo 1. Punt o
3. Año d e 1713.
305
“El Excmo. Sr. D. Francisc o del Castillo, marqués de
Villadarias, vecino que actualm ente es de esta ciudad,
Gobernador y Capitán General que fue de la plaza de Ceuta,
Vicario General de las Andalucí a s, y Generalísimo que asim ismo
fue de las armas de España dos veces, no sólo su Excelencia sino
toda su casa y fam ilia son, y han sido afectísimos a nuestra
sagrada religión, como lo ha ex perimentado en cua ntas ocasiones
se han ofrecido, de que son buen os testigos nuest ro colegio de
dicha plaza de Ceuta, y este convento, que actualmente disfruta
con abunda ncia sus favores, y espera con el Divino, se continúe
este beneficio, por cuyos mo tivos esta comunidad haciendo
demostración de su agradecimiento , le donó la capilla del Sr. San
Isidro Labrador…” 18 .
Aunque los Trinitarios Descalzos se instalaron en Ceuta desde el siglo
XVI, en la segunda mi tad de la centuria sigui ente abandonar on la ciuda d durante
un corto es pacio de tiempo, tr as el que regresaron en 1677 19 . Su principal
dedicación era la redención de cautivos, y esa actividad tení a pleno sentido en
Ceuta, ya que con frecuencia se rescatab an cristianos que caían prisioneros en
manos de los musulmanes 20 .
Tal y como se nos dice en el fragme nto tri nitario que hemos cit ado, ya
existía desde la presencia del marqués de Villadarias en Ceuta como gobernador,
una relación entre el colegio que esta or den tenía allí establec ido, y esta insigne
familia.
Por tanto, es lógico pensar que cuan do se establecieron en la ciuda d del
Torcal, en seguida buscaron su proximidad para encontrar en ella esa serenidad
en el aspecto religioso, tan necesario por otra parte, pa ra afrontar con
18 Archivo del Conv ento de la Trinidad de Anteq uera. Protocolo del Convento. Capítu lo 7. Número 14.
Año 1.71 3. Pág. 603.
19 HERNÁND EZ GONZÁLEZ, S., Cuadernos del Archiv o Municipal de Ceut a. Núm. 11, 1997. Pp. 40 y
41.
20 Para profun dizar en este t em a ver TORREB LANC A R OLDÁN, M.D., “Redención de cautivos e n la
época de Fel ipe II” , V Reunión Científica Asoc iación Española de Historia Moderna , Vol. 1, 1999 (Felipe
II y su ti em po), pp. 2 11-21 8. “M alagueños caut ivos en el norte de África (S. XVI II) ” , Aldaba, Revist a del
Centro Asociado a la UNED de Melilla, n º 2 1, 1993, pp. 227-252 .
306
tranquilidad el día a día. De hecho, el palacio de los marqueses de Villadarias se
encuentra cercano al menciona do convento trinitario.
Por otra parte, en la de scripción que se hace en el me ncionado Protoc olo
de las capillas que tenía la iglesia de la Sa ntísima Trinidad de Antequera, se hace
referencia a la primera capilla que había en el lado del evangelio, justo al lado del
púlpito, que estaba dedicada a San Isidro Labrador, que ya en esa fecha de 1713
disponía de bóvedas, nichos, a ltar e imagen del citado santo 21 .
Sabemos que esta imagen de Sa n Isidro tenía tama ño natural, se realizó en
1706, y fue donada al conven to a través del testamento de un presbítero llamado
D. Pedro del Viso, quie n murió de ma nera repentina cuando se estaban
preparando los trámites para escriturar a su nombre, un a capilla que había bajo el
coro 22 .
Pues bien, se dice a cont inuación que esa capilla, a la que aún faltaba el
retablo y otros adornos, los trinitarios la donaron al dic ho D. Francisco del
Castillo y Fajardo, marqués de Villadari as, con ciertas condiciones y calidades,
que se recogieron en la correspondiente es critura de donación que se realizó en la
ciudad.
Esta escritura, que se escrituró el dí a 17 de junio de 1712 en el c onvento
de la Santísima Trinidad, ante escribano público, c ontó con la presencia de un
nutrido grupo de religiosos que tras ser convoca dos a toque de campana,
acudieron en representación de la orden. Tras expone r que habían recibido el
permiso oportuno por parte del ministro ge neral, querían hacer donación a D.
Francisco del Castillo y Fajardo de la mencionada capilla de San Isidro.
21 Archivo d el Convento de la Trinid ad de Antequera . Proto colo del Co nvento. 1ª parte. Ca pítulo 1. Punt o
3. Año 1.713. Pág. 69.
22 Archivo del Convento d e la Trinidad d e Antequera . Pr otoc olo del Co nvent o. 1ª parte . Capít ulo 2. Punt o
2. Año 1.713. Pág. 211.
307
Gracias a este documento podemos llega r a saber que junto a la capilla y a
la imagen, también se donaro n ve intidós nichos que ha bía bajo su altar, para los
marqueses de Villadarias y sus descendientes.
En ellos se podrían colocar los escu dos de armas y todo lo que ellos
creyeran oportuno para su ma yor decoro, siempre y cu ando no se ex cediera de la
humildad y pobreza que profesab an los trinitarios. Se le daba también una llave
para que la familia pudiera acceder a la capilla y sus correspondientes nichos.
Se insiste en que todo esto se hace
“… sin más interés que el de las m uchas y muy buenas obras
que este dicho c onvento y religi o sos conti nuamente han recibido
de su Excelencia, en cuya cons ideración y agradecimiento de
ellas les hacen esta dicha donación…” 23 .
Con todo, no terminó aquí la relaci ón entre la familia Castillo-Vintimilla y
la congregación trinita ria, ya que como ve remos varios miembros de esta estirpe
se enterraron finalmente en los nichos que le fueron cedidos, lo que dem uestra
que este vínculo perd uró en el tiempo.
7.4 ACTITUD ANTE LA MUERTE: TESTAMENTO Y FUNDACIÓN
DE VÍNCULO Y MAYORAZGO DE LOS MARQUESES DE
VILLADARIAS.
En este apartado queremos analizar como prepararon los marqueses de
Villadarias todos aquellos aspectos que creían importantes para afrontar su
muerte.
Para ello hemos investigado en pr ofundidad dos docum entos que resultan
fundamentales para este tema: la Fundación de Víncul o y Mayorazgo que
realizaron ante el escribano público Franci sco Montaño, en diciembre de 1711, y
23 A.H.M. A. Fondo P rotocol os Not arial es. Escribano Fra ncisco M ontañ o. Leg. 1.980. 17 de juni o de
1.712. Fol. 328r .
308
el testamento que también hicieron de ma nera conjunta en Antequera ante el
mismo escribano en marzo de 1712.
El hecho de que ambos se realizaran en tan breve intervalo de tiem po, nos
indica que había llegado el momento en el que los marqueses de Villadarias
decidieron preocuparse por la prepar ación de todo lo relacionado con su
patrimonio, de cara a un final i ncierto e inseguro que estaba cada vez más
próximo.
7.4.1 Fundación de vínculo y mayorazgo de los Marq ueses de Villadarias.
Tras su establecimiento en la ciudad del Torcal, los marqueses de
Villadarias decidieron otorgar ante un escribano público, la Fundación de
Vínculo y Mayorazgo 24 .
En este sentido, hay que com enzar por def inir que es el m ayorazgo. De
este modo, podemos afirmar que era una institución jurídica castellana que
permitía vincular los bienes hereditari amente – según un or den de preferencia
riguroso prefijado por el funda dor – de ma nera que el patrim onio incluido nunca
pudiera enajenarse 25 .
La cadena genealógica se traza sobr e la transmisión del apellido a los
varones de la mism a sangre, pues es ne cesario perpetuar el nombre y el
patrimonio. El mecanismo del mayorazgo hay que entenderl o como un método
de reproducción económica y, sobre todo, social y cultural y con el ideal de
perpetuación 26 .
24 A.H.M. A. Fo ndo Prot ocolos Notari ales. Es cribano Fra ncisco M ontaño. Leg. 1 .921, 2 de diciem bre de
1.711. Fol. 643- 655.
25 RUIZ PILARES, E.J. “El mayorazgo del veintic u atro Pedro Camacho de Villavicencio “el rico”
(1507). El patrim onio del caballero j erezano m ás acaudalado de su tiem po”, en La España med ieval, Vol.
35. 2012, pp. 31 7-347.
26 CHACÓN JI MÉNEZ, F., “Propuestas teóricas y orga nizaci ón s ocial desde la historia de la fam ilia en la
España M oder na ” , en Stdudi a históri ca. Hist oria Modern a. Nº 18, 1.998, pp. 23 y 24.
309
Aunque en princi pio se consolidó entr e la alta nobleza desde finales del
siglo XIV, en la centuria siguiente se extendió esta práctica a la nobleza
media.Fue a partir de las Cortes Castella nas que se celebraron en Toro en 1505,
cuando se reguló legalmente el funci ona miento de los mayorazgos. Desde este
momento, amparándose en la ley vei ntis iete, cualquier persona podía crear un
vínculo con el tercio de mejora y el re manente del quinto de li bre disposición de
los bienes del fundador, lo que venía a representar en la práctica un porcentaje
cercano al cincuenta por ciento del total 27 .
En el caso que aquí nos ocupa tene mos que decir que el documento en
cuestión tiene diversas partes:
La primera, como no podía ser de otro modo, la invocaci ón divina.
La segunda, sería la justificación de porqué realizan los marqueses de
Villadarias esta fundación de Vínc ulo y Mayorazgo. En esta parte también
aparecen ya los primeros datos de interés, especialmente para la
reconstrucción ge nealógica de ambas familias. En este caso, hay una
referencia a los siete hijos comunes que tenían, c uatro varones y tres
mujeres, de los cuales en ese año de 1711, sólo una de ellas tenían puesta
en estado.
La tercera parte contendría la mención de la real facultad del Rey, ya que
debían cumplir con este requisito para po der realizar esta escritura. En esta
ocasión, dicha real facultad se conced ió con fecha de 4 de noviem bre de
1711, en Aranjuez.
La cuarta describe la persona de signada sobre las que recae dicha
fundación, es decir, D. Antonio del Castillo y Vintimilla, hijo mayor
primogénito de l os otorgantes. En este caso, el Mayorazgo que se
establece por tanto, es de agnación rigurosa, lo que significa que los
27 RUIZ PILARES, E.J., op. cit.
310
bienes vinculados de ben pasar de varón a varón, del hijo ma yor y su
descendencia a los dem ás hijos menores si hiciera falta, y su
descendencia. En caso de que no hubiese sucesores al Mayorazgo pasaría
a ser de agnación artificiosa, es decir, recaería sobre la hija mayor y sus
hijos, si no a la segunda o a la te rcera hermana y sus hijos y nietos. Por
tanto, nos encontramos ante una estrat egia que sólo es comprensible desde
el punto de vista del si stema patria rcal que dominaba dura nte el período
estudiado.
La quinta, es muy interesante ya qu e recoge una relación de los bienes
vinculados. Es import ante porque nos detalla que posesiones y bienes
tenían D. Francisco del Castillo y Dª Paula Vintimilla en ese momento.
La lista comienza con el título de ma rqués de Villadarias , concedido años
antes por Carlos II, libre de cargas y pensión de lanz as por haberlas
quitado y extinguido con jur os que su Majestad y su real hacienda ya
tenían aceptado. A continuación va describiendo todas las propiedades que
detentaban. Entre ellas tierras del Castillo de Villadarias que estaban en la
villa de Casabermeja, dentro del té rmino de Málaga, y varias casas que
tenían en distintas partes de la ciuda d de Málaga, com o en calle Baeza, en
el barrio de Santiago, en la calle Be atas y el mesón de Vélez. Por otra
parte, no podemos olvidar las casas que estaban edificando e n Antequera
en la calle Lucena, y las tierras y su correspondiente cortijo que también
poseía en su término municipa l, y que conta ba con más de ocho mil
olivos y diversos pajares, a los que tenem os que sumar las doscientas
fanegas de tierra que compraron al Ayuntamiento en 1704. A estas
propiedades, se podría n añadir aquellas otras que se pudieran adquirir en
un futuro .
La sexta parte, especificaba el orde n de sucesión, dejando claro que se
trata de un Mayorazgo de Agnación rigu rosa, por lo que su primogé nito D.
Antonio del Castillo y Vintimilla sería sobre quien recaería este privilegio.
311
Tras él y sus descendientes, el rest o de hermanos, primero los varones,
esto es, Francisco, Gerónimo y Juan , y luego las mujeres, María Antonia
quien ya estaba casada con el marqué s de la Simada, Violante y Águe da.
Si todos fallecían sin descendencia, debía seguir Leonor de Lucena y
Vintimilla, marquesa de Valdecañas, h ija del primer matrimonio de Dª
Paula Vintimilla. Si tampoc o hubiera descendencia por su parte, entonces
recaería en D. Diego Vintimilla, conde del Peñón de la Vega, príncipe de
Vintimilla y marqués de Crópani, herm ano de Dª Paula Vi ntimilla. Y, si
pese a todo no hubiese quien pudiera hac erse cargo, entonces debía de
suceder D. Pedro del Castillo y Herrera , señor de Tielme s, por la gran
amistad que le unía con el marqués de Villadarias. En el caso poco
probable de que no tuvi era sucesor, se recurriría a alguien que tuviera el
apellido Castillo.
La séptima parte contenía las condic iones que se establecían en esta
fundación. Por ejemplo, que todo empezaría a aplicarse una vez que
fallecieran los titulares. También que habían de conservar sus armas, los
apellidos del Castillo y Vintimilla, que podrían ampliars e las propiedades
que creyesen oportunas, que no podría suce der ningún miem bro del clero,
que no se podía vender ningún bien, que si el poseedor cometiera algún
delito no podría tampoco recibir estos bienes vinculados, que no se hiciera
inventario si alguno de los dos titulare s fallecía, y por ú ltimo, que en este
último caso, el viudo o la viuda, quien quedase tras el fallecimiento de s u
cónyuge, podía modificar esta fund ación de Vínculo y Mayorazgo.
La octava parte hace referencia a la cesión de derechos a su primogénito.
La novena, recoge la escritura de juramento de Dª Paula Vintimilla,
renunciando a una serie de leyes y fueros.
En la penúltim a, aparecían el nombre de los tres testigos y sus firmas.
Y, por último, una copia de la real facultad de Felipe V, ot orgando el
permiso oportuno para realizar esta escritura.
312
7.4.2.El testamento de los Marqueses de Villadarias.
Respecto al testamento de los marquese s de Villadarias, lo realizaron ante
el mismo escribano que habían re aliza do la Fundación de Ví nculo y Ma yorazgo,
aunque tres meses después 28 .
En principio, los testamentos han de entenderse como documentos a
través de los cuales el testador nos entr ega una imagen de “su” propia muerte, de
sus miedos y de sus seguridades.
Mediante estos otorgamientos, los test adores nos abre n las puertas de su
intimidad. Su actitud ante la muerte vi ene condicionada por su actitud ante la
vida.
En resumen, la “fe” de los otorgant es podrá deducirse del cúmulo de
prácticas y gestos que el testamento, en su parte espiritual, nos entr ega 29 . El resto
del documento nos ofrece datos sobre su vida.
Pero si es retrato del i ndividuo, no lo es menos de la soci edad en que vive.
Fotografía evidente de sus es tructuras, sus valores, sus tabúes, sus miedos o sus
rutinas 30 .
Este importante testimonio not arial es , en el caso que aquí nos ocupa,
abierto. El escribano en cuestión, Fran cisco Montaño, que trabajó en múltiples
28 A.H.M.A. Fo ndo Prot ocolos Notarial es. Escriba no Franci sco Monta ño. Leg. 1.98 0, 23 m arzo de 1.712.
Fol. 174-181 .
29 Para pr ofundi zar en este tema, DE LA PASC UA, M.J ., Vivir la muert e en el Cádiz del Setecientos ”.
Fundación Munici pal de C ultura . Excm o. Ayunt ami ento de Cá diz. 1.9 90.
30 REDER GADOW, M., Morir e n Málaga. Testamento s malagueños del sigl o XVIII . Málaga, 1. 986.
Prólogo, XIV. “Actitudes ante la m u erte en Melilla en la tran sición del XVII al XVIII (2ª parte)”, en
Baética: Est udios d e arte , geogr afía e histo ria, nº 21, 1999, pp . 329-354. “Vivencia de la m uerte en el
Antigu o Régim en” en Baéti ca: Est udios d e arte, geog rafía e hi storia , nº 9, 1986, pp. 347-356. “Los
inventarios postm ortem como fue nte para el estudio de la prom oción artística” en Creación artística y
mecenazgo en el desarrollo cultur al del Mediterráneo en la Edad Moderna, 2011, pp. 27 9-300. “La
escritura testamentaria como fuente de informaciónmultidisciplin ar, en El mundo de los di funtos : cu lto,
cofradía y tradicione s, Vol. 2, 2014, pp . 925-940.
313
ocasiones con esta familia Castillo Vintimilla, utiliza una serie de fórmulas
impuestas en la legislación 31 .
Este documento en cuestión forma parte de los que se denominan
testamentos especiales, por ser doble, ya que no son muy frecuentes. En este
sentido, tanto D. Franci sco del Castillo y Dª Paul a Vintimilla conjuntamente
ordenaron este documento de transmisión, disponiendo en un mismo acto de sus
bienes y nombrando heredero a una tercer a persona o personas, en este caso sus
hijos.
Esta última voluntad, constaba de las siguientes partes:
La invocación divina.
Se nombra la naturaleza de la es critura, en este caso un testamento.
La notificación, que aclara quiénes son los otorgantes, los marqueses
de Villadarias. Aquí aparecen datos in teresantes referentes al primer
matrimonio de Dª Pa ula Vintimilla con D. Pedro de Lucena y Alfa ro,
con quien tuvo a su hija Leonor de Lucena y Alfaro y Vintimilla, que
se casó con el marqués de Valdecañas. Más adelante harem os
referencia a ella y a la relación con su madre.
Estado de salud de los te stadores. En un pri nci pio hay que afirmar que
estamos ante un caso en el que lo s otorgantes expresan su última
voluntad en condiciones óptim as de sa lud física y mental. Esto no era
frecuente, ya que la mayoría espera ba hasta el último momento para
hacerlo. Si ocurría esto, el testamen to puede reflejar los miedos, las
esperanzas, etc., que surgen en los últimos momentos de esas
31 Véase MEND OZA GARCÍA, E.M. Pluma, tintero y papel. Los escribanos de Mál aga en el si glo XVII
(1591- 1700) . Servicio de Publicaciones de la Universida d de Málaga, Real Academ ia de Bellas Artes de
San Telm o, Málaga, 2007. L os escriban os de M álaga e n el reina do de Fel ipe IV (1 621-1665) . Serv icios
de Publicaciones de la Diputación Provincial de Má laga, 2007. “La m uerte”, en OSTOS SALCEDO P.,
(Coordinad ora,). Práctica not arial en An dalucí a (siglo X III al XVII) , Secretariado de Publicaciones de la
Universidad de Sevilla, 2014.
320
“…la separación de dicho matrim onio entre los susodic hos por
muerte o divorcio o por otro cu alquiera de los casos permitidos
por derecho…” 41
Debemos de entender que el otorgamien to de la dote, e ra básicamente la
transmisión a la nueva familia de l patrimonio familiar de la novia 42 . De esta
donación se hacía cargo el marido bien de hecho o de derecho.
El fin principal de la dote era ayudar a las cargas matrimoniales, y también
proporcionar a la mujer una situaci ón honorable en la casa del marido 43 .
Además la dote igualaba a la mujer en la herencia, ya que recibía la
legítima materna y paterna 44 .Mientras que las arras, cantidad de dinero que se
incorporaba a los bienes dotales, siempr e estarían a disposición del marido.
De este modo, pocas semanas después, ante el mismo escribano, l os
marqueses de Villadarias, en este caso acompañados de su hija María Antonia
por una parte, y por otra pa rte, D. Pedro Jacinto de Narváez y Rojas, conde de
Bobadilla, alcaide y alférez mayor perpetuo del Castillo y fortaleza de Antequera,
como representante de D. Diego Lasso de l a Vega y Figuer oa, en virtud de un
poder que el otorgante le dio a m ediados de noviembr e del año 1708, realizan
una escritura de capitulaciones matrimoniales 45 .
Este tipo de fuentes nos ofrecen una serie de da tos fundamentales. En
primer lugar, el plazo máximo en el que de bí a de llevarse a cabo la boda. En este
caso, se fija un período de dos meses a par tir de la fecha de estas capitulaciones.
41 Ibid.
42 Para profundizar en este tema de la familia podemos ver CHACÓN JIMÉNEZ, F., “ Hacia una nueva
definici ón de la estructura s ocial en la Es paña de l Antiguo Régimen a través de la familia y de las
relaciones de parentesco”, en Historia Soci al , núm. 21, 1995, pp. 75-104.
43 VALVERDE MADR ID, J., La costum bre de la dote en l os prot ocolo s ma drileños , Madri d 1985 , pág.
9.
44 GARCÍA FERNÁN DEZ, M., op. cit., pág. 255.
45 A.H.M. A. Fondo Prot ocolos Not arial es. Escriba no Francis co M ontaño. L eg. 1. 921. F ol. 35 – 47.
321
En segundo lugar, recoge una int eresant e relación de to do lo que la futura
contrayente iba a aportar por bien es dotal es con un valor de veinte mil ducados
de vellón, y que sus padres, los marqueses de Villada rias le debían de dar por
cuenta de ambas legítimas paterna y materna.
A continuación reproducim os aquellos bi enes que aparecían recogidos en
el mencionado docum ento, y su correspondie nte valor en el que fuer on tasadas:
Unas manillas de perlas con su gargantilla, tasadas en veinticuatro
mil reales de vellón.
Una perla grande que pesa once quila tes, diez mil quinientos reales
de vellón.
Dos perlas iguales que pesan catorce quilates, dos mil ciento siete
reales y medio de vellón.
Un aderezo entero de diamantes y rubíes, con todo lo que se le
corresponde, que se valoraría en cuar enta y tres mil cuarenta y tres
reales y medio de vellón.
Toda la ropa de su vestir, así bl anca como de colo r. Todo por valor
de diecisiete mil ciento treinta reales de vellón.
Una cama de damasco afelpado c on el estrado pare ntero con dos
alfombras correspondientes a él. Di eciocho mil reales de vellón.
Una tapicería de broc ateles de Venecia con sus pliegues 46 , quince
mil reales de vellón.
Tres vestiduras de gala y tres pa ra las damas que van a servirla.
Cada uno de ellos contaba con rasquiñas, casacas, jubones y
mantilla. Uno de ellos era de tela de manoplas de plata con encajes
de oro, otro encarnado de la m i sma tela de manoplas de oro con
46 DICCIONARI O DE AUTORIDA DES. Tomo I, 172 6. Voz: Brocatel. s. m. Cierto g énero de tejido de
hierba o cáñam o y seda, a modo de br ocato, o damasco, de que se s uelen hacer colgaduras para el a dorno
de las iglesias, salas, cam as y otras cosas
322
encajes blancos, y el otro amarante de la misma tela. Mientras que
los tres vestidos de las asistent as se componían de rasquiña de
seletón, casaca de tela guarnecida de forloncillo de oro. En total,
todos ellos se tasaron en veintitrés mil setecientos treinta reales de
vellón.
Una estufa de terciopelo fondo con sus guarniciones. Siete mil
quinientos reales de vellón.
Cuatro machos de tir o. Cada uno mil reales, en total cuatro mil
reales.
Una esclava turca. Ciento c uaren ta pes os escudos de plata, que
montan en total dos mil cien reales de vellón.
Tres mil ducados en dinero.
Y lo demás que faltare cumplimie nto a los referidos veinte mil
ducados de vellón, se los han de da r en alhajas de plata labrada o en
especie de dinero como má s fuere voluntad de sus padr es.
Finalmente, se dieron diecinueve mil ochocientos ochenta y nueve
reales de vellón, para completa r la cantidad estipulada hasta los
veinte mil ducados, y en di nero físico treinta y tres mil
cuatrocientos ochenta y nueve reales más.
En resumen, la dote s umó doscientos ve inte mil reales de vellón, las arras
cuarenta y cuatro mil reales , lo que hace un total de doscientos sesenta y cuatro
mil reales de vellón.
En tercer lugar, el representante de l marqués de la Sim ada otorga una
escritura dotal a favor de su futura esposa, por los refe ridos veinte mil ducados de
vellón.
En cuarto lugar, el ap oderado de D. Diego Lasso de la Vega, entregó a la
hija de los marqueses de Villadarias en concepto de a rras, por donación
323
irrevocable, cuatro mil ducados de vellón, que teóricamente representarían la
décima parte de sus bienes y caudal. Ad emás se com prometía a que una vez se
celebrara la boda, le daría cuatrocientos ducados de velló n anuales para gastos de
cámara.
Finalmente el día 11 de febrero de 1709 se produjo el enlace m atrimonial
por palabras , en la iglesia colegial de Sa n Sebastián de Antequer a, de D. Di ego
Esteban Lasso de la Ve ga y Figueroa, natural de la v illa de Pizarra, marqués de la
Simada, hijo legítimo de los D. Martín Carlos Lasso de la Vega y Córdoba,
caballero del orden de Calatrava, y Dª Antonia Jacinta de Figueroa, y Dª María
Antonia del Castillo y Vintim illa, natural de la ciudad de Ostende, hija legítima
de nuestros marqueses de Villadarias , vecinos de Antequera. Por testigos
acudieron tres de los más destacados m i embros de la nobl eza antequerana: D.
Pedro Jacinto de Narváez, c onde de Bobadilla y D. Mar tín de Arrese, marqués de
Villanueva del Castillo y D. Alons o de Rojas, marqué s de la Peña, vecinos
también de Antequera.
Curiosamente al margen de esta partida matrimonial aparece una
anotación del sacerdote, en la que se dice literalmente
“Velé a los contenidos en esta pa rtida en cuatro días del mes de
agosto de 1709 años. Fueron sus padrinos los Excmos. Sres. D.
Francisco del Castillo y Dª Pa ula de Vintimilla, su mujer,
marqueses de Villadarias, vecinos de esta ciudad, de que doy
fe” 47 .
Sabemos que un mes y me dio después, el propio marqués de la Sim ada
realizó un nuevo documento no tarial por el que reconocía haber recibido todo lo
que se ha descrito 48 .
47 A.H.M.A. Fondo Parr oquial. Libr o XII de Ma trim onios de San Sebast ián. Fol. 15 0.
48 A.H.M.A. Fo ndo Protoc olos Notariales. Escriban o Francisco Mo ntaño. Leg. 1. 921. 21 de marzo de
1709. Fol. 201 - 203.
324
A través del codicilo que la mar quesa de Villadarias hizo en 1738
sabemos que María Antonia del Castillo y Vintimilla se sepa ró y divorció del
marqués de la Simada, y que des de ese mo mento, pasó a vivir con su madr e ya
que padecía demencia. Nos consta que cuando se trasladó a vivir a la casa
familiar llevó consigo diferentes alhajas. Entre estos bienes aún conservaba su
madre, Dª Paula en ese año de 1738, lo siguiente:
Un velón de plata mediano.
Cuatro candelabros de plata medianos.
Dos salcillos de plata medianos
Cuatro sortijas de or o, dos de ellas cada una con seis diamantes y
una esmeralda en medio, y la s otras dos cada una con dos
diamantes y una esme ralda en medio.
Sabemos que trajo consigo otras joyas, pero su ma dre la marquesa de
Villadarias se las dio a su nieta Dª Paul a Francisca Lasso de la Vega Castillo y
Vintimilla, para su dote, cuan do ésta se casó con el Ex cmo. Sr. D. Carlos José
Sauche, conde de Zue phen, cabal lero de l orden de Santiago, y sar gento mayor
del regimiento de reales guardias valonas y teniente general de los ejércitos del
rey 49 . Escritura otorgada ante el escribano Francisco Mont año.
Del mismo modo, su hija Dª Violan te del Castillo Vintimilla, tras la
muerte de su padre, acaecida en 17 16, se casó con D. Jua n Francisco de
Horcasitas y Oleaga, del orden de Alcánt ara, conde de Mori ana y consejero de
Hacienda. Fue la marquesa de Villada rias quien se encargó de todos los
preparativos de la boda, y de toda la documentación que este acto ge nera. Al
igual que su hermana, su dote fue ot orgada ante el mism o escribano.
49 A.H.M.A. F ondo P rotocol os Not ariales. Es cribano F rancisco M ontaño. Leg. 1.82 8, 29 junio de 1 .738.
Fol. 194.
325
De este matrimonio nacieron tres hija s: Juana Petronila, Josefa y María.
De ellas fue la primera quien heredó el título del conda do de Moriana, que
además se casó con su tío Juan del Cas tillo y Vintimilla. Es es te un claro ejemplo
de como la nobleza titulada busca perpet uarse, y engrandece r su patrimonio, y
para ello recurre a matrimonios concer tados entre parientes cercanos, lo que
reforzaría los lazos familiares y provocaría una excesiva endogamia 50 .
En cuanto a la tercera hija, Dª Á gueda del Castillo y Vintimilla, sabemos
que permaneció soltera y vi vió con su ma dre hasta el final de sus días. Esta
convivencia entre ambas en la casa de las Columnas de Anteque ra fue bastante
buena e inte nsa, por lo que la hija se encargó del cui dado de Dª Paula en los
últimos momentos de su vida. Esa rel ación tan cercana e intensa llevó a la
marquesa de Villadarias a darle una serie de alhajas como una cruz de diamantes,
un dije también de diam antes con una pint ur a de la adoración de l os reyes y unos
bucles o sarcillos de diamantes con una perla cada uno, justificándolo e n la
documentación de la siguiente m anera
“… ha sido en remuneración de parte de las grandes asistencias
que a su Excelencia ha tenido y tiene en sus urgencias y
enfermedades que ha padecido y padece, y en el gran celo,
gobierno y cuidado que ha te nido y tiene a todo lo que ha
ocurrido y ocurre en sus casas y con su fami lia y criados” 51 .
Además también dejó por escrito su inte nción de que tras su muerte se le
diera una venera de esmeraldas, una joya de rubíes, unas pulseras de perlas con
gargantilla de lo mismo y una cruz de esmeraldas 52 .
Por último, no podem os olvidar que Dª Paula Vintimilla tuvo una hija de
su primer matrimonio, a la que ya hem o s aludido, Dª Leonor de Lucena Alfar o y
50 En esta línea es muy apropiada la aportaci ón que h ace e n un est udio loc alizado en la zona de Valencia,
CATALÁ SANZ, J.A., El costo económico de la política matrimon ial de la nobleza valen ciana en la
Época Moder na. Unive rsidad de Val encia, 1.993.
51 A.H.M.A. F ondo P rotocol os Not ariales. Es cribano F rancisco M ontaño. Leg. 1.82 8, 29 junio de 1 .738.
Fol. 195.
52 Ibid.
326
Vintimilla, quien cuando lo s marqueses de Villadarias contrajeron matrimon io,
quedaría bajo su tutela. Ellos se encargar on de administrar sus bienes y de dotarl a
cuando decidió casarse con el marqués de Valdecañas.
Cuando nuestros personajes hici eron la Fundaci ón de Vínculo y
Mayorazgo, la dejaron prácticamente sin opc ión, y en el testamento posterior de
ambos, también. Sin embargo, cuando enviudó la marquesa de Villadarias,
cambió esta situación, ya que en el codicilo que realizó en 1738 deja
expresamente dicho lo siguiente
“… la Excma. Sra. Otorgante como tal su madre, declara que en
dicho testamento la instituirá por tal heredera, y además confiesa
que no fue el ánim o de dicha Ex cma. Sra. Otorgante privar a
dicha marquesa de Valdecañas, su hija, del honor de tal su
heredera” 53 .
Por tanto, vemos como primero la mar quesa de Villadarias se vio forzada
a dejar fuera de toda opción a su hija del primer m atrimonio, y sin embargo, una
vez que muere su marido en 1716, la in stituyó como una de sus herederos.
7.5.2 Relaciones entre los Marqueses de Villadarias y sus hijos varones.
El tratamiento que los marqueses de Villadarias otorgaron a sus cuatro
hijos varones fue diferente al que le dieron a sus hermanas.
Cada estamento tenía una función en la sociedad del Antiguo Régimen, y
la de la nobleza era la de luchar y encargar se de la defensa, por lo que toda su
educación desde muy temprano iba dirigi da a conseguir una buena formación
capaz de crear mandos lo mejor capacitados posi bles para el ejército.
53 A.H.M.A. F ondo P rotocol os Not ariales. Es cribano F rancisco M ontaño. Leg. 1.82 8, 29 junio de 1 .738.
Fol. 199.
327
Como no podía ser de otra manera, el marqués de Villada rias, como noble
titulado que era, y militar de alta graduaci ón, tuvo muy claro esta labor educativa
para sus hijos desde un primer momento.
Fruto de este esfuerzo educativo, sus cuatro hijos varones ingresaron en la
orden de Sa ntiago, para lo que re cibieron cantidades de diner o en cuenta de sus
legítimas, tanto para los gastos de los hábitos como para la decencia de sus
personas 54 .
Todos siguieron la carrera militar, aun que uno de ellos, el segundo en el
orden sucesorio, Francisco, decidió aba ndonarla para ingresar en el estamento
eclesiástico, algo que por otra parte ta mbién era frecuente entre las familias
nobiliarias.
De este modo su primogénito, Ant onio del Castillo y Vintimilla, quien
permaneció toda su vida soltero, llegó a se r teniente general del Ejército. Uno de
las primeras referencias a su persona, adem ás de su expediente de ingreso en la
mencionada orden e n el año de 1702, es un documento notarial, concretamente
un poder que este personaje ot orga a An t onio de Luque, cap itán general de San
Felipe Neri de la ciudad de Córdoba, ya que Dª Catalin a Clara de Argote y de l os
Ríos, quien estuviera casada con su abue lo D. Antonio Arias del Castillo, había
fallecido y le había dejado como su único y uni versal heredero 55 . En ese
momento, Antonio del Castillo, con veintitrés años, era ya coronel de infantería
de la ciudad de Bur gos.
Años después, en el verano de 1706 fue apresado por los enemigos en los
sucesos acontecidos durante esos meses en la zona gaditana. Nada sabemos de
54 A.H.M. A. Fondo P rotoc olos Nota riales. Escri bano Franci sco Mont año. L eg. 1.9 80, 23 m arzo de 1.7 12.
Fol. 174 – 181.
55 A.H.M. A. Fon do Protoc olo s Nota riales. Esc riba no Franci sco Mo ntaño. Leg. 1.921 , 18 de diciem bre de
1.709. Fol. 767.
328
cómo consiguió ser liberado, per o sí nos co ns ta que siguió luchando dentr o de las
tropas borbónicas durante el conflicto.
Tras la muerte de su padre, recayó sobre su persona el título de marqués
de Villadarias.
Un aspecto muy importante sobre este personaje es su relación con la
actividad comercial, ya que es cribió el artículo XVIII titulado “ Proyecto para
una Compañía General de las Indias Españolas ” publicado e n Madrid en el año
de 1731, e inserta en otra obra titulada “ Rapsodia económico-política-
monárquica” del Marqués de Santa Cruz de Marcenado, publicada también en
Madrid aunque un año después 56 .
En ella, se mostraba partidario de las compañías de comercio para
estimular ese tráfico. Solicitaba la impl antación de una compañía para realizar
ese comercio. El proyecto lo orga niza en una se rie de artículos para el
establecimiento y funcionami ento de su proyectada compañía.
En el artículo primero, se señalaba que no se deberían de dar acciones a
los extranjeros, con objeto de evitar la extracción de las ganancias de España.
Los fondos de la compañía totalizarían ca torce millones, los que serían aportados
tanto por la metrópoli como por las Indias.
El artículo segundo, afirmaba que debe rían tomar acciones de la compañía
la familia real y los nobles, a proporción de su poder. Para su funcionamiento y
mejor desenvolvimiento, el tercer marqués de Villadarias citaba la creación de un
consejo de la Compañía de Indias, así como otro de carácter superior en España.
El total del proyecto consta de tr ei nta y dos artículos , y del 27 al 32,
Villadarias da satisfacción a los reparo s que se le ponían a su proyecto,
56 BITAR LETAYF, M., Economist as español es del siglo XV III. Sus i deas s obre la l ibertad del comerci o
con Indi as , Madrid, Cultura Hispánica, 196 8, pp. 91 y 92.
329
afirmando que era posible, a pesar de las dificultades que surgieran, el
establecimiento y desarrollo de la referida compañía.
Por otra parte, el 11 de mayo del a ño de 1738, murió es tando en la casa
familiar de Antequera, sie ndo enterrado en la capilla que la familia poseía en el
convento de la Santísima Trinidad 57 .
En cuanto a la relación con su madr e, hay dos document os que nos ayudan
a entender mucho mejor, cómo era.
El primero es un poder para testar que el citado An tonio del Castillo
otorga a favor de su madre 58 . Con toda seguridad la muer te le sobrevino de form a
inesperada y de manera muy rápida, por lo que no pudo otorga r testamento, tarea
que encome ndó a su madre, quien qu edó como única heredera de éste.
En este poder que otorgó a su madr e expone sus motivos y como ya se
encontraba enfermo en cama en la Ca sa de las Columnas. Del mism o modo,
también pide ser enterrado con el hábito de Santiago como solían hacerlo los
tenientes generales.
Por esta razón, dieciocho dí as después de la m uerte de su hijo, la marquesa
de Villadarias otorga el testamento 59 . En él vemos como aparece una relación
muy detallada del número de m isas, el dinero dest inado para la ayuda de
redención de cautivos y sustento de los Santos Luga res de Jerusalén, treinta
reales en total, y para el colegio de niñas huérfanas de Antequera, al igual que sus
padres, otros treinta reales de vellón.
Gracias a él sabemos que el día sigui ente del entierro, se le dijeron dos
misas de réquiem cantadas, oficiadas y o frendadas con sus vi gilias y responsos,
57 A.H.M.A. Sec ción F ondo Parr oquial. Li bro de Def uncion es de San Seba stián, li bro 549, fol . 65 v., 11
de ma yo de 1.73 8.
58 A.H.M. A. Fondo Prot ocolos Not arial es. Escriba no Francis co M ontaño. L eg. 1. 828. F ol. 150 -152.
59 A.H.M. A. Fondo Prot ocolos Not arial es. Escriba no Francis co M ontaño. L eg. 1. 828. F ol. 174 -181.
336
empleo, dejando como sus tituto a su hijo Gerónimo del Castillo y Vintimilla,
quien lo ostentaría hasta 1715.
De finales de febrero de ese año de 1710 se conserva un documento
notarial, en el que nuestro personaje otorga un poder a su esposa ya que
“… ha recibido carta del Sr. D. José de Grimaldo, Secretario del
Despacho Universal… en la que se le pide pase luego a ponerse
a sus reales pies (de Felipe V)… por ello necesita dejar poder
para la administración, benefi cio y cobro de los caudales que
dicho Excmo. Sr. otorgante tiene y tuvier e así en esta ciudad
(Antequera) como en otras partes … (por ello) quiere dar poder
para ello a la Excma. Sra. Dª Paula de Vintimilla y Santisteban,
Marquesa de Villadarias, su mujer…” 70 .
Este texto recoge por tanto el mome nto en el que Felipe V recurrió al
propio marqués de Villadarias y al pr íncipe de Sterclaes, para que como
capitanes generales se hicieran cargo de las tropas que desde Aragón, pretendían
recuperar Cataluña 71 .
El ejército borbónico, al inicio de la campaña de 1710, tení a ciento
cincuenta y dos batallones de infantería y ciento veintitrés escuadrones de
caballería y dragones, de los que el mar qués de Villadarias tenía a su cargo,
aquellas tropas que iban de sde Navarra a Valencia, es decir ochent a batallones y
setenta y dos escuadrones 72 .
Durante ese verano, a finales de julio tuvo lugar la batalla de Almenar, en
la que las tropas borbónicas iban a sufrir un duro revés. El propio Villadarias
aconsejó a Felipe V la retirada hacia Lérida , protegiéndole como pudo durant e su
huida.
70 A.H.M.A . Fondo Prot ocolo s Notarial es. Escriba no Franc isco Monta ño. Leg. 1. 921. 2 5 de febre ro de
1.710. Fol. 75.
71 BACALLAR Y SA NNA, V., M ARQUÉS DE SAN FELIPE, Come ntari os de la Guerra de Es paña e
Historia de su Rey Felipe V, el Animo so. Memorias políticas y militares. Tratados de Paz y Alia nzas de
España , Madr id, 1957, pág.197.
72 SEGURA G ARCÍA, G., “Gu erra de S ucesión Es pañol a: el com b ate de Al me nar (1.710 )”, en Revista de
Historia Militar , nº 99, (2006), pp. 111 -144.
337
Las tropas borbónicas de una m anera bastante desorganizada se fueron
retirando como pudieron hacia Lérida. La derrota fue clara para el bando
borbónico, que además de las baja s que su frió también perdió una gran ca ntidad
de armamento que era muy difícil de recu perar. El archiduque Car los veía con
esperanza un final del conflicto a su favo r. La consecuencia más inmediata fue la
sustitución del marqués de Villadari as por el marqués de Bay.
Algunos historiadores han afirmado que nuestro personaje fue acusado de
imprudencia y negli gencia.
Tras su periplo por tierras catalanas, D. Francisco del Castillo y Fajardo
volvió a su casa de Antequera, junto a su esposa, donde permane ció durante un
período de tiempo, en el que dejó consta ncia de su presencia a través de una
abundante documentación que se conserva en el Fondo de Prot ocol os Notariales
del Archivo Histórico Municipal de esta ciuda d, y de la que hem os dado buena
cuenta en este trabaj o de investigación.
Sin embargo, en septiembre de 17 13 fue designado para suceder a
D’Asfeld al frente de la Capitaní a genera l de Valencia, con la presidencia de la
Audiencia y el Real Acuerdo, or ga nismo consul tivo dependiente de la
Chancillería, cuya reducción de competencias en favor de la Audiencia castellana
no se lograría hasta después de su muerte.
Uno de los últimos documen tos cons ultados referent es a D. Francisco del
Castillo, lo hemos hallado en el Archiv o Histórico Diocesa no de Málaga, donde
se conserva una carta manuscr ita por él m ismo, con fec h a 1 de octubre de 1715, y
que escribió en respuesta a otra anterior que el Cabildo Colegial antequerano le
remitió, en la que conocedor de que en la Colegiata de San Sebastián de la ciudad
338
del Torcal, se estaba realizando un nuev o sagrario, ofre ció cincuenta fanegas de
trigo de sus tierras, para su fabricación, si bien pide discreción sobre el asunto 73
Precisamente, se hallaba en la Cort e para dirimir un problema suscitado
con la Cámara de Castilla cuando murió en abril de 1716, siendo por entonces el
decano de los capitanes generale s de los Reales Ejércitos.
No sabemos dónde se enterró el ma rqués de Villadarias en primera
instancia, aunque sí sabemos que no fue este su definitiva sepultura, ya que
hemos hallado un documento mu y interesant e que nos l leva a confirm ar que sus
restos fueron definitivamente depositados en uno de los nichos que bajo la capilla
de San Isidro del co nvento de la Santís ima Trinidad de Antequera, tenían en
propiedad.
Resulta bastante interesante ver como Francisco del Ca stillo y Vintimilla,
segundo hijo varón de los ma rqueses de Villadarias solicitó a través de una carta
escrita de su propio puño y le tra, al que entonces era el prior del convento de la
Santísima Trinidad de Antequ era, un encargo muy especial para él. Esta carta se
la hizo llegar el nuevo Obispo jiennense a través de una persona de su t otal
confianza como era D. Francisco Solís.
Efectivamente el 15 de noviembr e de 1747, estando en su sede episcopal
de la ciudad de Jaén, redactó una carta en la que le solicitaba
“… pasar el de V. Rma. el ya deshecho cadáver de mi amado
padre, el excelentísimo Sr. Marqués de Vil ladarias incluso en
dos cajas, la interior forrada de terciopelo negro con cerrajas, y
llave de bronce dorado galonead a de oro fino, y la e xterior a
modo de un baúl…” 74 .
73 Archivo Histórico Diocesa no de Málaga. Se cción II I. Subsección Antequera. Le gajo 101. Carpeta 2.
74 Archivo del Convento de la Trinidad de Antequera . Protocolo del Convento. Pi eza tercera de la primera
parte d el Legajo 1. 15 de noviembr e de 1747.
339
Entre las indicaciones que le hacía en contramos que debía comprobar la
identidad del cadáver y, tras esto, depositarlo en el panteón familiar que poseían
bajo la capilla de San Isidro, justo
“…al lado de la caja de mi venerada madre, para que estén
juntos ambos en el sepulcro, los que en vida estuvi eron tan
unidos …” 75 .
De todo lo que ocurriera debía manda r una certificación jurada y sellada
con el sello de la comuni dad, que el Ob ispo depositaría con los dem ás papeles y
las llaves de las cajas en su archivo personal.
Por último suplicaba que todo debía hacerse con el máximo secreto
posible para que no se enteraran la s demá s parroquias de la ciudad que
lógicamente aclamarían por sus funerales.
Diez días después D. Francisco Solís , criado de total confianza de D.
Francisco del Castillo Vintimilla, se presen taba ante la comunidad trinitaria de
Antequera, con tres ins trume ntos concernientes a la id entidad del cuerpo del que
fuera marqués de Villadarias, para sirvié ndose de ellos los trinitarios pudieran
identificar el cadáver de quien fuera tan insigne personaje.
De este modo, el féretro llegó a la s seis y cuarto de la mañana al
mencionado convento en la más estricta intimidad. Los relig iosos procedieron a
abrir el cajón que estaba dentro del baúl, y todo a nte la atenta m irada de tres
trinitarios que asistieron como testigos fra y Pedro de la Purificación, fray Nicolás
de la Concepción y fray Francisco de Sa n Anselmo, además del padre prior.
Cuando abrieron el ataúd
“… hallaron los huesos, la cabeza cubierta del pelo natural y
largo que su excelencia siempr e usó en vida, con todas las
75 Idem.
340
insignias militares, como son su espada, bastón, botas y el manto
capitular como caballero que fu e del orden de Santiago…”
Estamos ante la única referencia física fiable de nuestro personaje.
Tras reconocer que verdaderamente el fenecido era el segundo marqués de
Villadarias, se procedió a cerrar de nuevo la caja, ésta se colo có dentro del baúl,
se le echó la llave y se colocó en el penúltimo nicho del panteón familiar, que
miraba a la nave del evangelio del cola teral del presbiterio, quedando a su
derecha su esposa Dª Paula Vintimilla, y a su izquierda D. Anto nio del Castillo y
Vintimilla, su primogénito, po r lo que el cuerpo de D. Francisco quedó en medio
de su esposa e hijo. Tras ello se tabi có con ladrillo y yeso el nicho, y se
entregaron las llaves al citado Francisco Solís, quien debía dárselas al Obispo
jiennense.
Solo nos queda por decir que es tos nichos sufrier on una profunda
remodelación con el tiem po y en la actualidad no se han conservado.
Pese a todo, a mediados del siglo XX, en un artículo de prensa del decano
de la prensa malagueña, esto es el peri ódico local El Sol de Antequera, escrito
por José Muñoz Burg os, quien era cronista oficial de la ciuda d, se recogía una
transcripción de la lápida que aún en es e m omento se conserva ba del nicho de D.
Francisco del Castillo, y que decía así
“Aquí yace el cadáver del Excmo. Sr. D. Fr ancisco del Castillo y
Fajardo, segundo mar qués de Vill adarias, capitán gener al de los
ejércitos de su Magestad, caballero del orden de Santiago,
Comendador de Alcántara en la de Calatrava y de las casas de
Calatrava en la de Alcántara y Virrey de Valencia en donde
murió el año 1716” 76 .
76 Periódico El Sol d e Antequera. Artículo deJo sé Muñoz Burgos.
341
7.7 LOS ÚLTIMOS AÑOS DE LA MARQUESA DE VILLADARIAS:
MADRE Y VIUDA.
Tras treinta años de matrimonio, la muerte de D. Francisco del Castillo y
Fajardo acaecida en 1716, supu so un cambio importante en la vida de Dª Paula
Vintimilla, ya que ésta debía hacerse cargo ahora del sustento de la casa familiar
y de muchos temas relacionados con la ad ministración de todos los bienes que en
su día se vincularon.
En este sentido, la muerte de la ma dre tiene para la unidad fami liar unas
consecuencias netam ente distintas a las de la muerte del padre 77 .
De este modo, la muerte del esposo m arca verdaderamente el fin de la
unidad familiar, traspasando de finitivamente los poderes de cabeza de familia y
jefe de la casa al primogénito o sucesor 78 . Tal traspaso se demora cuando los
hijos son aún menore s de edad, aunque éste no es el caso. La viuda entonc es,
suele constituirse habitualmente en curadora de éstos velando por la
administración de sus bienes, bien entend ido que lo será en tanto no vuelva a
casarse.
Otra idea a considerar es que en general, la vi uda es bastante menos
inclinada a las segundas nupcias que el va rón. En todo caso, debe observar el
tempuslugendi, no pudiendo casar hasta pa sado un año de la muerte del marido,
observando buena conducta y haciendo vida retirada, so pe na de perder las
mandas que le dejó el difunto e inclus o su parte de bienes gana nciales,
obligaciones todas que no se exi gen al varón.
En este caso, Dª Paula Vintimilla, mantuvo el estado de vi uda hasta su
muerte.
77 ARAGÓN MATEO S, S., La noblez a extremeñ a en el si glo XV III , Mérida, 1991, pág. 235.
78 Ibid., pág. 2 45.
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