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La Memoria Histórica de la Transición Democrática en Andalucía a través de los diarios El País y ABC de Sevilla (1973-1978)

Algüera-Bermúdez, Juan

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UNIVERSIDAD DE MÁLAGA FACU LTAD DE CI ENCIAS DE LA CO MUNIC ACIÓN DEPART AMENTO DE PER IODISMO TESIS DOCTOR AL LA MEMORIA HISTÓRI CA DE LA TRANSICI ÓN DEMOCRÁTICA EN ANDALU CÍA A TRAV ÉS DE LOS DIARIOS EL PA ÍS Y ABC DE S EVILLA (1973- 1978) Juan Algüera Be rmúdez Director: D r. D. Jua n Antonio García G alindo MÁLAGA, 2015 AUT OR: Juan Algüera Bermúdez http://orcid.or g/0000-0002-5356-5676 EDIT A: Publicaciones y Divulgación Científica. Universidad de Málaga Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial- SinObraDerivada 4.0 Internacional: http://creativecommons.or g/licenses/by-nc-nd/4.0/legalcode Cualquier parte de esta obra se puede reproducir sin autorización pero con el reconocimiento y atribución de los autores. No se puede hacer uso comercial de la obra y no se puede alterar , transformar o hacer obras derivadas. Esta T esis Doctoral está depositada en el Repositorio Institucional de la Universidad de Málaga (RIUMA): riuma.uma.es Dedicatori a A m i madre, in memoriam. A Juan Algüera Domínguez, mi abuelo paterno, muerto en el Penal de las Cu atro Torres, e n San Fern ando (Cád iz), e l 26 de diciembre de 1942, a los treinta y cinco años de edad, co mo consecuencia de los sufrimientos padecidos durante su encarcelamiento por el Régim en franquista. En el certificado que e nviaron a su mu jer, m i abuela, Concepción Domíngue z Narv áez, el 5 de mayo de 1956 – catorce años después- sólo se hace constar su fallecimiento en el Hospital de San Carlos de esta ciudad. Mientras elaboraba esta tesis en Chiclana de la Frontera, localidad donde resido en la actualidad, me vinieron a la m ente uno s vagos recuerdos de mi infancia sobre unas cartas y un mechón de cabello que mi abuel a me e nseñaba, entre soll ozos, en su casa del barrio de la Trinidad en Mál aga, y frases sueltas como “…los nuestros…y su marido muerto en San Fernando…”. Mo vido por estos recuerdos infantiles, me pu se a indagar so bre la posible loca lización de sus restos y testificar los últimos acontecimientos de su corta vida. La información que tenía era e scasa , só lo algunos d atos pe rsonales, la partida de defunción y cartas que mi tía guardaba. Tras a lgunas indaga ciones sabemos que, de bido a la entrada de las tropas facciosas en Málaga en febrero de 1937, mi abuelo, junto con su mujer y sus do s hijos, huy ó de la ciudad con la “gran desbandá”, por temor a las represa lias, a pesar de que no me consta que perteneciera a ningún partido político. Una vez que llegaron a Murcia, él sol o prosiguió hasta Barcelona y, tras la derrota republicana, se fu e a Francia. Años más tarde, cuando Franco prometió una amnistía para aquellos que no h abían cometido de litos d e sangre, él r egresó a Es paña a instan ci as de mi a bu ela. Nada más lleg ar a la frontera de los P irineos, fue detenido y enviado al Penal de San F ernando, porqu e en el servicio militar, del que s e libr ó por sorteo, le había toc ado la Marina. En est e lugar enfermó y murió en el antiguo hos pital de San Carlos. Respecto al lugar do nde f ue enterrado, no he podido e ncontrar ningún dato porque unos “oport unos” incendios en e l Penal, tras la muerte de Franco, no han dejado ningún rast ro. No obstante, aún tengo pendiente una respuesta de la Delegación de la Marina de Cádiz. Lo que sí he podido visitar ha sido el e dificio del anti guo Penal en “La Carraca”, q ue amablemente me enseñaron. Visita que me dejó hondamente im presionado po r la cru eldad humana capaz de construir semejante a ntro para castigar a sus semejantes y, p or otro lado, gratificado por haber c umplido con un acto d e respeto hacía mi abu elo y la Me moria Histórica . A gradecimientos Esta tesis doctoral n o tendría sentido ni se hubiera llev ado a cabo sin la espe cial co labor ación de mi mujer, Margarita Gómez Begines, mi compañera de f atigas y diligente secretari a. En p rimer lugar, le agradezco su paciencia y com prensión a lo largo de tantas horas dedicadas a la investigación y e laboración de este trabajo y , en segundo lugar, su implicación directa con la corrección del estilo en la redacción del m ismo, dado que cuenta con una sólida formación en Filolog ía Hispánica y e n Lenguas Clásicas. A pesar de que el debate estilístico nos llevó en más de una ocasión a a ca l oradas discusiones, reconozco que, sin s u inspiración y pe rseverancia, además de su c ariño, ni siquiera habría iniciado esta tesis. Por otro lado, la ay uda prestada por nuestr a sobrina Lola Visgleri o Gómez, joven y brill ante licenciada en Bellas A rtes por la Universidad de Sevilla, ha sido m uy valiosa. Su colaboración en la selección y organización d e las figuras ha sid o fundamental en este capítul o, y a que sus conocimientos y sensibilidad en el terreno estético han coadyuvado en el plano artístico a esta sobria investigación histórico -periodística. Asimismo, agradezco a Leonor de Bock y a Carm en Ramos, ambas f ilólogas especializadas en Lenguas Clásicas, su aportación con las citas de autores griegos y romanos. A mi amigo Pepe Ramírez, joven militante del Partido del Trabajo en aquellos tiempos, tengo que agradec erle sus consejos y la información periodística aportada so bre su encarcelam iento y la de otros militantes de la oposición clandestina. Tampoco puedo olvidar a m is amigas Agustina Iglesias y Anto nia Rojas, ambas me han ayudado con las tareas administrativas y me han servido de “correos” entre Chiclana y Málaga. Por último, pero n o por ello menos importante sino más relevante, tengo que de stacar la coherente direcci ón y e l a sesoramiento int eligent e y pun tual d e m i d irector de tesis, Juan Antonio García Galindo, al que además m e une, y me h onro por ello, u na estre cha am istad. Éramos compañeros ya en los tie mpos del Bachillerato en e l In stituto y luego continuamos estudiando juntos Geografía e Hi stor ia en la Universidad malacitana, a l a que ay udamos a crecer en s us inicios c on nuestra lu cha estudiantil. Corrían los año s 1973 -1978, que corresponden con la cronología d e esta tesis, y n o es casualidad, ya qu e en conversaciones mantenidas anteriormente ér amo s conscientes de que estos años, coincidentes con la Transición, eran ya historia y qu e, por tanto, n osotros somos historia presente que hay que narrar por escrito. Po r ello, me pareció idóneo utilizar la prensa escrita en aquel tiempo como medio y como ob jetiv o de este trabajo de investigación. A todos ellos mi más sincera gratitud. Málaga, 2015 “ ¿No es cierto acaso que Creonte consideró a n uestros dos hermanos, a un o digno de las honras f úneb res y al otr o indign o? A Eteocles, según dicen, teniendo por justo serv irse de la justicia y de la l ey, l o ha enter rado de manera que sea honrado por los muertos de all á abajo. Sin embargo, el cadáve r de Poli nices, que ha muerto tan esforzadamen te, dicen que ha ordenado a los ciudadan os, mediante proclam a, que nadie le dé sepultura ni lo llore, sino que se le deje privado d e lamentos, de sepul tura ” . Sófocles, Antígona . LA M EMORIA HISTÓRICA DE L A TRA NSICIÓN DE M OCRÁ TICA EN AN DALUC Í A A TRA VÉS DE LOS DIA RIOS EL PAÍS Y ABC DE SEVILL A (1973-1978) ÍND ICE PRIMERA P ART E: FUND AM ENTOS DE L A INVESTIG A CIÓN Capítulo 1. Introducción 15 1.1. Justificación y delimitación de la tesis 15 1.2. Estructura de la inv estigación 18 Capítulo 2. Cuestiones metodológicas 23 2.1. Identificación de hipótesis y objetivos 23 2.2. Aspectos Metodológicos 27 Ca pítulo 3. Estado de la cuestión 33 3.1. Historiografía de la prensa en Andal ucía 33 3.2. Los estudios sobre la Transición y la Memoria democrática 42 SEGUNDA PART E: CONTEX TO SOCIOCULTURA L Y POLÍTICO DURANT E LA TRANSICIÓN Capítulo 4. Signific ación y acotación histórica del término “ Transición ” 61 Capítulo 5. La prensa en el contexto cultural de la Transición 69 Capítulo 6. Pol ítica y t ratamie nto informativo en A ndalucía 77 Capítulo 1 . Introd ucción 1. Justificación y delimitac ión de la tesis En la elaboración de esta tesis he analizado la interrelación de cuatro el ementos fundamentales para c omprender mejor el ti empo de la Transición en Andalucía, elementos que inte resan e special mente en el conjunto de la investigación histórica actual. Nos referimos a Andalucía y su luch a por la conquista de la autonomía , la T ransición política, el tratamiento de estos temas y su inf luenci a en l a prensa diaria y, p or último, sus implicacion es y conexiones con la “ Mem oria Histórica ”. Todo ello en un contexto de gran incertidu mbre y confusión. En nuestro ca so, cen traremos la investigación esp ecialmente e n El País y ABC de Sevilla, aunque no exclusiv amente. El País , dirigido por J. L. Cebrián, pese al p oco tiempo de v ida que tenía en el inicio d e la T ransición – el primer núm ero salió a la calle 4 de may o de 1976 -, goza ba de gran relev ancia y tenía u na fue rte repercusión. A lo lar go del desarrollo d e la t esis, analizaremos la importancia de la pub li cación de e ste periódico en estos m oment os de gran intensidad mediática. En cuanto a ABC , nadie albe rga la menor duda de c uánto y cóm o ha condicionad o la historia contemporánea de España. No ob sta nte, nosotros nos centraremos en e l compromiso y la inf luencia que tuvo durante la Transición con la ed ición hispalense, dirigida por el andalucista Nicolás Salas. El marco cronológico so bre el período histórico que vamos a investigar se e ncuentra delim itado entre la mue rte de Franco , el 20 de noviembre de 1975, y la a probación de la Constitución en Referéndum el 6 de diciembre de 1978. Sin emb argo, retrocederemos también a la época del tardo franquismo, remontándonos a la muerte del suces or de Franco, el entonces presiden te de l Go bierno almirante Carrero Blanco (20 de diciembre de 1973). Entre los hech os acaecidos haremos especial hincapié en la jornada del 4 de d i ciemb re de 1977. Esta fe cha supuso un hito Introducción 16 fundamental de este período con la celebración de manifestaciones en las ca pitales andaluzas p idiendo la Autono mía p ara Andalucía. Jamá s se había d ado en e ste te rritorio una m ovilización popular tan extensa y entusiasta, de m odo que para m uchos es un momento clave para la consecución de l p royecto de autogobierno andaluz . No obstante, la efeméride institu ci onal del Día de Andalucía sería más adelan te el 28 F, por se r la f echa en la que se celebró el Referén dum andaluz. El 4 de diciembre f ue, durante un corto período , Dí a de Andalucía , pero, actualmente, no hay ya celebración popular ni oficial, salvo a lgunas iniciativas m inoritarias. Sin embargo, es ta fecha se mantiene viva en la Memoria Histórica , especialm ente en Málaga. Por otro lado, t ambién destacaremos otro hecho de gran relevancia e importantes consecu encias, como fue la celebración de las primeras elecciones libres desde la IIª Repú blica el 1 5 d e jun io de 1977, otorgando una clara mayoría a las izquierdas en la regi ón. Aunque no podemos de jar d e lado la n arr ación po lítica de los acontecimientos históricos, sin embargo el objeto de nuestra investigación lo hemos centra do en los temas cotidianos de la vida andaluza, tales como los aspectos sociales, culturales y ciudadanos. En esta línea, a nalizaremos cómo los d i ferente s f actores de expresión cultural e intelectual fomentan una sensibilidad creciente ante la prob lemática por la q ue atraviesa An dalucía, así como l a singular personalidad que esconden s us m anifestaciones culturales. Todo ello promueve un estado de opinión pública sensible y favorable a determinadas temáticas, análisis y reivindicacione s y, entre éstas últimas , el concepto de autono mía como no ción aglutinante de u n cúmulo de expectativas que se crean y definen con la llegada de la democracia. Respecto a los ciudadanos, destacaremos el p apel preponderante que tuvieron, a p esar de que algun as corriente s historiográficas ha n tendido a minusvalorar el papel de los actores sociales en el c ambio político que vivió e l país tras la m uerte de Franco. El p apel de la movilización social ha sido cu estionado en beneficio d e las estrategias Introducción 17 de negociación y pacto . Estas p rotestas comienzan en los sectores tradicionalmente mejor informados de las grandes áreas urban as e industriales, las un iv ersidades, e tc., y d e ahí se extienden a otros colectivos, como el campesinado en las áreas rurale s. El rep ertorio de protestas se amp lía desde las r eivindicaciones laborales a las m ás extensas d e naturaleza social, política, cultural y de gé nero, al tie mpo que v an apareciendo marcos comunes de referen cia q ue vinculan a los diferentes colectivos. En este sentido, a nalizaremos, p or un lad o, las actividades culturales que el puebl o andaluz y su s d irigen tes políticos e intelectuales desarrollaban e n ese momento; por otro, el de sarr ollo de la a cción ciudadan a e ncuadrada en mo vimientos vecinales, profe sionales y culturales qu e t ratan de denunc iar y de inf luir e n la creación de un nuevo orden urbano y, en cierta ma nera, ecológico, más rec eptivo a las nuevas sensibilidades colectiv as con respecto al patrimo nio histórico -artíst ic o y, tímidamente, al med io natural. Esta densa red de asociaciones t rajo consigo una intensa conflictividad en est os primeros año s del postfranquismo y actuó c omo el principal y más amplio f rente de oposición informal al régimen. ¿Cómo se recordaba en esos prim eros y confusos momentos de libertad la anterior experiencia democrática, es decir, la IIª República y su trágico f inal con la Guerra Civil y el Franqu ismo? ¿ Qué se p en sa ba de las pe rsonalidades q ue Andalucía tuvo en aquellos momentos y cómo se les homenajeó? Es algo de tan candente actualidad como lo es el debate so bre la actual “ Mem oria Histórica ”. Todo ello será objeto de especial atención en esta tesis. Respecto a la prensa, puntualizaremos las vici situdes por las que pasa ba en a quella época, cómo re flejaba esa realidad cotidiana a la que nos referíamos ante ri ormente, así como la censu ra a los medios. E n definitiva, los continuos ataque s a la libertad de expresión. Ataques que además era n a rbitrarios, pues de pronto las aut oridades gubernativ as prohibían lo que en o tro mome nto y lugar habían permitido ya de forma explícita o soterrada. La aportación de la p rensa, como la de otros Introducción 18 sectores sociales, hay que verl a d esde una perspectiva de influencia recíproca – entre la prensa y la sociedad. De esta ma nera, algunas publicaciones contribuy eron al espíritu crítico de los españoles, reflejando el profundo cam bio social que el país estaba experimentando. Incluso, podríamos afirmar que la prensa independiente se adela nta a la clase p olítica, haciendo que los tem as que antes estaban reservad os a las esferas del poder han pasado a ser del d ominio público. La pren sa actuó como verdadera abanderada del cambio , pu es con una actitud decidida y valiente di funde ideologías democráticas en un lenguaje directo, a veces desenfadado e incluso descarado en sus f recuentes alusiones en contra del Régimen. En d efinitiva, intentaremos, a trav és de El País y el ABC d e Sevilla , componer un relato que refleje la vida “cultural”, en el sentido má s amplio, de la sociedad andaluza en la T ransición política , que m ostrará todas las dudas y certezas que sentíamos y vivíamos en esos momentos de unas irrepe tibles viv encias de ilusión y e spera nza. De ahí la importancia de h acerlo recogiendo los a ctos más i mportantes que homenajeaban a nuestros más ilustres representantes de la anterior etapa democrática y los ataques a la libertad q ue se estaba n perpetrando en este nuevo e incipiente ciclo, sob re todo representados en las agresiones a los medios de pren sa escritos andaluces y las comet idas contra la libertad de expresión en general. 1.2. Estructura de la inv estigación Hemos dividido la tesis en nueve bloques principales. El primero de ellos, compuesto por tres capítulos, recoge los planteamientos fundamentales de la investigación: en p rimer luga r, una justificación general del proyecto, subrayando las líneas principales de l mismo; un segundo capí tulo, más amplio, en el que se incluyen las hipó tesis y objetivos de la tesis así como u na explicación de la me todología utilizada; y un tercero, e n el que se abo rda el estudio de los autores y Introducción 19 trabajos académicos ex istente s sobre la cues tión, así co mo la influe ncia de los diversos enfoques. A partir de la segunda parte de la tesis (capítulos 4 a 6), se si entan las bases del marco teórico que sustenta la investigación atendiendo , en primer lugar, a la cont extualización general de la Transición e spa ñola, vista desde la pe rspec tiva de las tend encias h istor iog ráficas dedicadas a a nalizar e ste período, así como la situación de los medios d e comunicación en e ste con texto. En este sentido, e l capítu l o 4 tiene especial interés pues es en el que desarrollamos e l concepto básico de “ Transición ”, con sus acotacione s ideológi cas y cronológicas. En el capítulo 5, además d e indicar que e l periodism o ya no es sólo una fuente sino también un ob jet o de la histo ria, demostramos la gran relación existente entre los intelectuales, los periodistas y las élites en la creación de un a determinada cultura y opinión públicas, creándose así un nuevo orden de p oder establ ecido en torno a los periodistas, sobre todo en torno a los que e stán en la órbita de El Pa ís . En el capítulo 6, además de rubricar la inequívoca realidad , percibida p or todo s, que constituyen lo andaluz y Anda lucía, evaluamos la evolución político - electoral de esta etapa. Asimismo, resaltamos cómo la p rensa en Andalucía se convierte en el vehícul o socializador de todo este proceso y cómo la cultura andaluza actúa com o catalizadora de la autonomía y la libertad. En la tercera parte analizamos las do s fu entes de hemeroteca de las que nos hemos surtido fundamentalmente: El País y ABC de Sevilla. Investigamos, en primer lugar, la a parici ón y primer desarrollo del esperado y exitoso diario liberal -progresista; en segundo lugar, los orígenes y la evolució n del periódico conserv ador, esp ecialmente la edición de Sevilla, confrontada con la nacional de Madrid. En la cuarta parte desarrollamos, tanto a nivel te órico como práctico, a través de l conocido debate público y acad émico sobre nuestro pasado recie nte, uno de los puntos claves d e nuestro proyecto investigador, la “ Memoria Histórica ”. La co mplejidad y no vedad de su léxico, sus estre chas r elaciones co n la nueva corriente histo riográ fica, “Historia del Tiempo Prese nte”, y las a portaciones y co nex iones con Introducción 20 otras ciencias humanas como la Psicología, la Antropologí a y la Sociología, aconsejan q ue acl aremos al gunos conceptos, tarea que realizamos en el cap ítulo 9. En el capítulo número10 reflexionamos sobre el hecho de que, desde la a parición del estudio de la memoria, h emos asistido a un cambio del paradigma historiogr áfico, coincidiendo c on los años de la co nsolidaci ón de la democracia. En el número 11 in sta mos a reflexionar en la Transición como un éxito histórico de los españoles, tal como señala la h istori ografía de la T ransición y sigu iendo la te sis de Santos Juliá, Ju lio Aróste gui, Ja vier T usell, P. Aguilar o J. Cue sta y muchos otros afamados historiadores. Esto no es un obstáculo, sino un acicate para reclamar la recupe ración de la historia de los vencidos. En consecuencia, asistiremos a la pugna entre Memoria, Silen cio y Olv ido, para concluir que todo terminó e n síntesis, con una “Amnistía para todos”, pero sin amnesia y con memoria. A partir de l a quinta parte iniciamos la na rración de los eventos históricos sobre los que hemos volcado nuestra investigación . De modo que, para iniciar nuestro camino, no s retrotraemos a la última etapa d el franquismo con Franco aún vivo. Este Ta rdo fran quismo (1973 -1975) lo hemos descrito “Entre luces y sombras” porque, si bien aún n o lo podemos catalogar dentro de la T ransición, sí que podemos considera r que había ya e lementos nítidos y suf icientes en la sociedad y en la política e spa ñola que anunciab an los cambios venideros. El ca pítulo 1 2 delimita es te p eríodo relatado en su contexto sociopolítico c on el f amoso “atado y bien atado” de f ondo, a unque la rea lidad es que la crisis de la dictadura no hizo más que agravarse tras la “operación Ogro” de ETA contra Carrero Blan co . En el 13 analizamos la situación de la prensa tanto a niv el na cional como regional, de l a q ue es clara mue stra el apunte de J. A. García Galindo para ind icar e l n iv el de crisis política por el que atraviesa el Régimen señalando que en este período ostentaron la cartera de Información y Turismo cinco ministros diferentes. En la sexta parte la información, bastante abundante po r cierto, l a centramos en los asp ectos histó ricos, porque asistimos a las jornada s claves de la T ransición. Así, en el ca pítulo 1 4, en la c orta cro nología qu e Introducción 21 gira e n torno a l 20 de n oviembre, presenciamos u na intensa p rodu cción de eventos con gran carga d e memoria a causa de la mue rt e de Franco y la p roclamación de Juan Carl os I, con t oda su p arafernalia, m uy susceptibles de convertirse p or sí mismos en mate ria de Memoria Histórica. Con la séptima p arte entramos en el proceso de creación d e nuestro objetivo f undament al en este estudio: la construcción de Memoria Histórica, fraguada a través de la rememor ación de la IIª República y la Guerra Civil. Con e ste objetivo, mo stramos en el capítulo 15 un compendio de los debates políticos e historiográficos celebrados en torno a esta temáti ca. Concluimos el capítulo, a modo de eje mplo, con la publicación p or parte de El País de las memorias de Gerald Brenan, escritas sobre sus vivencias d urante la Guerra Civil e n Málaga (Churriana). En el 16 enlazamos este tiempo de la T ransición con el contexto cultural de la IIª República, lig ándolo con la present ación de un exhaustivo trab ajo so bre los diversos h omenajes realizados a los personajes m ás ilustres n acidos en An dalucía y que habían defendido la República, represaliados por ello por el Rég imen franqu ista. De este modo, recuperamos la memoria de estos p olíticos e intelectuales, algunos muertos, otros v ueltos de l ex ilio. La octava pa rte consti tuye el m eollo d e nue stro trabajo, pues e n ella reflejamos cómo se genera la Memoria Histó rica, ahora producida como consecuencia del devenir de los e ventos propios d e la m isma Transición. Por e llo, incluimo s el análisis detallado de los ataques perpetrados por el Régimen a las libe rtades ciud adanas durante e ste período, concretados en la repre sión de las m anifestaciones cu ltur ales (capítulo 17 ) y de la prensa y la libertad de expresión en general (capítulo 18). La novena parte configura el escenari o en el que desplegamos e l proceso por el cual se concreta r on e n la soci edad y en las institucion es toda la acumulación id eológica y carga teórica elaborada h asta ahora. Con la creación de los paradigmas democrát icos y and alucistas en los capítulos 19 y 20 (Constitución y Autonomía, en tre otros), mientras qu e Introducción 22 en el 21 desarrollamos la inst itución de l os entes de a utogobierno e n Andalucía. Por último, las conclusiones generales y p articulares a las que llegamos co mo co nsecuencia de la observ ación, análi sis y sín tesis de todos los datos aportados. El contenido se complet a con un bloque de anexos tanto gráficos como documentales. Capítulo 2 . Cuest io nes metodológ ica s 2.1. Identificación de hipót esis y objetivos Esta investigación abarca un período de notable densidad y d e tal relevancia que constituye un espacio de tiempo clave en la Hª Contemporánea de España y de A ndalucía, cuyos ef ectos sobre la configuración de la h istoria y de las élites políticas y mediáticas andaluzas actuales se nos muestran ev identes. Conviene aclara r que, para nosotros, la Transición es un período corto qu e ocupa e l tiempo transcurrido entre la muerte de Franco, el 20 de n oviembre de 1975, y la aproba ción de la Constitución en re feréndum en diciembre de 1978. Etapa de tres años, e n la q ue se hizo posible cambiar la instituciona lidad franquis ta p or otra de corte representativ o. Para evitar d istorsione s interpretativas, ca be afirma r que la Transición de la dictadura a la democracia se desarrolla entre la mue rte de Fr anco y la a probación de la Con stitución de 1 978, donde se e stablece que España es una monarquía parlamentaria y un Estado s ocial de Der echo. No creemos que deba hab larse de T ransición para delimitar un período más amplio. La hipótesis principal de la que pa rti mos reside en que una determinada representación de la Memoria Histó rica en la Tran sición condiciona la agenda informativa y política de los m edios de esa época, dependiendo de la línea editorial de cada uno de ellos. La prime ra hipótesis secundaria no s muestra a la T ransición como un intenso presente, preñ ado d e novedad, caracte rizada por su aceleración , que agudizaba la percep ción del tiempo v ivido, contribuyendo a hacer más lejana la apreciación del pasado reciente, la dictadura . Observaremos q ue, mi entras continúan realizándose medidas coercitivas de to do tipo (po lítico, jurídico, social, cultural e incluso físico ) contra los ciudadanos, se produce también un cambio de la memoria franquista impuesta a la paulatina instalación en la Memoria Histórica y Cuestiones metodológicas 30 Por otro lado, el trabajo de campo no ha sido aleatorio, pues no se han selecciona do algunas fechas sig nificativas p ara el a nálisis, si no q ue se han escrutado en ambos d iarios todo lo q ue se ha publicado en estas fechas, se leccionando las noticias que nos interesaban pa ra nuestra investigación, y abarcando para el análisis toda la coy untura tempo r al. No obstante, al utilizar fuentes digitales nos hemos encontrado con algunas incidencias a lo largo de la investigación que merecen ser comentadas, algun as de ellas importantes; a saber, la s re fe rencias y las citas no se corresponden exactamente con los p eriódicos de la época, sino con la fo r ma y la numeración d igital actual. Por ejemplo, en El País las noticias se citan ha ciendo referencia a la Se cción e n la q ue se encuadran, y no a una página que no coincid e con la r eferencia digital. En la época objet o de estudio las grandes seccione s eran: Primera, Internacional, España, Economía, Opinión, Socieda d, Cultura, Deportes, y Última. Por otro lado, en ABC , au nque las p áginas ll evan do ble anota ción (las del d iario de p apel y las del digital), gene ralmente no coinciden, porque en l a v ersión digital no se num eran las pá ginas co n representación gráfica y aquellas q ue contienen p ublicidad. A todo ello hay que añadir la impresión bo rros a e ilegible, en oca siones, de las fechas y de la paginación de l periódico que ha sido utilizado para la digitalización. Por consiguiente, no s hemos visto obligado s a elegir el formato digital de l ABC de Sevilla , para poder citar correctamente nuestras referencias. Por ú ltimo, co nsideramos que pueden ser muy prácticos los datos recogidos en el Apéndice documental que hemos incluido e n el texto a partir de la información obtenida de E l País y ABC de Sevilla , que h an servido de b ase para la categorización, an álisis e inte rpretación de resultados. Con esta base documental, y a la luz de la teoría contenida e n la bibliografía rese ñada al f inal de la te sis, ad emás de las con sultas realizadas en la Sección de H emeroteca de la Biblioteca Provincial d e Cuestiones metodológicas 31 Málaga ( Sol de España, Diario de Málaga) y en la Hemeroteca Provincial de Cádiz ( Diario de Cádiz ), hemos elaborado la presente Tesis Doct oral. Capítulo 3 . Estado de la cuest ión Con e l prop ósito de efectu ar un balance sobre la situación actual de las inv estigaciones y publicaciones realizadas sobre la T ransición democrática en Andalucía a tra vés de la p rensa, así como sus implicaciones en los estudios de la llamada “ Memoria Histórica ”, consideramos conv enien te dividir e l presente estado de la cuestión en dos apartados principales: 1. - Historiografía de la prensa en Andalucí a. 2. - Los estudios sobre la Transición y la Memoria democrática. 3.1. Historiografía d e la prensa en Andalucía Parece c onveniente iniciar este apartado, en primer lugar, con la mención de la reedición ampliada del clásico de Antonio Che ca Godoy 3 Historia de la p rensa andaluz a (201 1), prologado por el pro fesor malacitano Juan Antonio G arcía Galindo 4 . Reedición necesaria, según este autor, porque veinte años después de la prime ra publicación d e esta obra, qu e nació para llenar e l gran vacío ex istente sobre estudios de prensa pa ra el conjunto de Andalucía, el panorama de nuestros conocimientos sobre ese tema es muy superior. De especial relevancia para nosotro s e s el capítulo dedicado al periodismo de la Transición (1976-1982), del que Checa afirma: “Entre 1976 y 19 84 la prensa andaluza efe ctúa un amplio reacomodo, tras décadas de generalizado inmovilismo. Redescubre la libertad de 3 Adem ás de per iodista des de los a ños set ent a, es Pr ofesor T itular d e la F aculta d de Com unicación de la Universidad de Se villa , de la que ha sido Decano. A sim is mo , ha sido Presidente de l a Asociación de Hist oriadore s de la C om unicación (AHC) , ostentando e n la actualidad l a direcci ón de su r evista científ ica . H a dir igido per iódicos como Diario de Grana da, El Ad elanto, de Salam anca y H uelva Inf ormación y revistas tituladas An dalucía Actuali dad y Andalucía Eco nómic a. Autor de num erosas obras sobre la com unicación en España y sobre aspectos de la soci edad y l a eco nom ía andaluzas. Por todo ello ha reci bido diversos prem ios, entre los que des tacaría el “Andalucía 2002”, por e l libro colect ivo Cr ónica de un s ueño. Memoria de la Trans ición democrática en Andalucía. 4 El prof esor García Galind o asevera en el prólogo: “ Veinte a ños m á s tarde de su prim era edición, esta obr a no ha sido s uperada por la historiografía p osterior”. Estado de la cuestión 34 expresión y au nque la co yuntura económica no será m uy propicia, la transformación es pa tente” 5 . Es un texto trabajado intensamente, de forma meticu l osa, señalando toda s las vicisitudes y detalles qu e generaron estos críticos tiempos. En lo relativo a este p eríodo, habría que ten er en consideración , según Checa Godoy, dos características importantes: por u n lado, aquel período no ter mina con la Transición polít ica en 1982, sino c on la Transición periodística en 1 984, cuando se privatiza la prensa est atal; por otro, viene determinada por un reto fallido, como lo fue la no consecución de una prensa para la comunidad andaluza 6 . Pa ra Ga rcía Galindo 7 , una de las causas de este fraca so estuvo e n el pe s o que h a tenido cada prov incia en la con f iguración del m apa me diático andaluz, lo que, a su vez, f ue positiv o para la prolif eración de la a ctividad pe riodís tica a nivel local. Siguiendo con las historias generales dedicadas a los estudios de los medios e n Andalucía, reseñamos el e stu dio coordinado por Ramón Reig y Con cha Langa 8 : La com unicación en Andalucía. Historia, estructura y nuevas te cnologías , ed itad o en 2011. Los a utores consideran que, si bien hay excelentes obras generales, como la del Dr. Antonio Checa Godoy, o magníficos trabajos de investigaci ón, co mo el 5 CHECA GODO Y, A., Histo ria de la prensa andalu za , Se villa, Alfar, 20 11, pág. 505. 6 Sobre este asunto, t ambién podem os des tacar las “Rev istas andalu zas contem poráneas (1974- 1993): pequeñas his torias de un gran fracaso” de Ram ón Reig en Ámb itos, Sevilla, n º 1, pp. 253 -274. 7 J. A. García Galindo es Catedrá tico d e Periodism o y D ecano de la Facu ltad de Ciencias de la C om unicación de la U niversidad de Má laga. Su o br a se ha ce ntrado en la histor ia del period ism o durante e l sigl o XX. Entre sus libros destacan Pren sa y sociedad en Málaga, (1875 - 1923) (Má laga, 198 5), La prensa malagu eña, 1900 - 1931 (Málaga, 1999) y , c om o ed itor, La comu nicación socia l durant e el fra nquis mo (2002). Tam bién se h a interesado por l a histori a soc io profesional del per iodism o, la comunicación intercu ltural y los cam bios prod ucidos en e l act ual cont exto de transform ación social , política y t ecnológica. Com o ej em plos: “ Diversid ad c ultural, globalización y d em ocracia en la soci edad de la inform ación y del conocim iento ” (2005), “ El Estrecho de Gibra ltar com o espacio com ún . Una visión interc ultural desde la h istoria y el period ism o ” (2006), “ C am bio tecnológico y c ambio com unicativo en la e voluc ión del period ism o ” (2009), “ Constr uir la sociedad de la c om unicación ” (2009). Actualm ente es presidente d e la Asociación Español a de U niversidades c on t itulaciones de Inform ación y Comunicació n (ATIC). 8 Estos prof esores, junto al doctor Manuel Ruiz R om er o, son m ie m bros del Grupo de Investigación en Estruc tura, Historia y Conte nidos de la Com unicación (G rehcc o), adscrito a l D epartam ento de Per iodism o II de la Uni versidad de Sevilla, colecti vo que impulsa la pres ente obra. Estado de la cuestión 35 del Dr. Bernardo D íaz Nosty 9 , realizado co n docentes en las universidades de Sevi lla y Málag a respectivamente, “n os faltaba una compilación de la comunicación en el su r de España, q ue se convie rta en un soporte de refe r encia sobre el que poder seguir tra bajando en el futuro” 10 . El Dr. Manuel Ruiz Rome ro, que se ocupa del capítulo dedicado al período entre el tardofranquismo y la democracia (1966 -1982), señala que “España, a t ravés de la T ransición, abre su futu ro a unos profundos cambios donde los medios de comunicación rep resentan un importante aspecto social 11 . Además, añade que e ste período vino acompañado por una profunda f ase d e inqu ietud e innovación, ta nto empresarial como técnica y profe si o nal. Sobre esta cuesti ón incide Manuel Ruiz en el capítulo titulado “El prota gonismo de los medios de comunicación”, e n su libro sobre la Transición en Andalucía, de contenido má s genéri co: “Sin embargo, desde los medios se aprovecha cualquier resquicio le gal 9 DÍAZ NOST Y, B. , L os Medios y la Modernización e n Andalucía. Informe de l a Comunicación 2002 , M adrid, Zeta, 2002. 10 REIG, R. (di r.) – LANG A NUÑO , C. (coord.), La comu nicación en Andalucía. Historia, estructura y nu evas tecnologías , Sevilla, Centro de Estudios Andaluces, 2011, pág. 11 . Ram ón Reig es es pecialis ta en Estructura de la Inf ormación, así com o autor de num erosos libros sobre el tem a, c om o La telaraña mediática , Sev illa/Zam ora, Com unicación Social, E diciones y Publicac iones, 2010.C oncha La nga Nuño, actualmente es prof esora del D epartam ento de Hª Contem poránea de la Un iversidad de Sevi lla, secretaria de la Asociación de Historiadore s de la Comunicación y miem bro de l a de Hª Contemporán ea y la de Hª Actual. Ha trabajado la Hª de la Pre nsa en España, especialm ente la etapa franquist a y es autora de libros como De cóm o s e improvisó el franquismo d urante la G uerra Civi l : la aportación del “ ABC ” d e Sevilla, además de numeros os artículos en re vistas y capítulos de libros. 11 RUIZ RO MERO, M., “ La prensa durante la T ransición ” , e n R EIG, R. – LANG A, C. (coord.), o p. cit, pág. 165. T ambién tiene pu blicados sobre este tem a específ ico: “ La prensa de Andalucía durante la T ransición ” en Ámb itos, Sevilla, nº 1, 1998, pp. 231- 252, “Prens a política en la T ransición. And alucía se gún El Soc ialista ” ( 19 77 -1982) en Ámbitos , nº 7-8, pp. 231 -25 2, “Anda lucía libre, una revi sta andalu za de la Transici ón ”, Universidad / C onsejería de Relac iones Instituci onales, Sevilla, 2010, “Antic ipando la Tr ansición de A ndalucía. La Ilustrac ión re gional (1974 - 1976)” en El A rgonauta español, nº 7, 201 0, ( disponible en ht tp://argonauta . im angenson. Org.). “Guía bibliográfica sobre la T ransición andaluza”, C entro d e Estudios A ndaluces, 2007.Es profesor de EG B y Doctor en Hª Contem poránea por la Uni versidad P ablo de O lavide. S u tesis, La gé nesis del Estatuto de Auton omía para Andalucí a en el contexto de la Transición política (1975-1982), ha sido prem iada por e l Institut o Anda luz para la Adm inistración P ública. Cuenta en su haber con nu m erosas mon ografías y artículos en r evistas es peciali zadas, así com o signi ficat ivas ponenci as y c omunicacio nes relacionadas con la Historia de Andalucía. Premiado por la Fundación Blas Infante por sus trabajos so bre An dalucism o Histórico. Es u no de lo s pi oneros y esp ecialistas de nu estra C om unidad e n historiografía sobre la T ransición. Fundador del Centro de Estudios Histórico s de Andalucía. Partic ipa en acti vidades sociocul turales en pro de la ident idad andalu za. Estado de la cuestión 36 para impulsar e l debate sobre los valores democratizadores y, e n nuestro caso, sobre la realidad andaluza aún a ntes de la caída del régimen franquista ” 12 . Para terminar afirmando q ue, al f inal de este p eríodo, sobre todo después del hito del 28F, Andalu cía consolida un mensaje propio, por e l que discurre la labor emanada de las nuevas inst ituciones autonomistas. Desde dicho intento regionalizador, Andalucía quedará consolidada como ámbito de interés comuni cativo. Sin duda, uno d e los estudios m ás completos y plurales publicados actualmente sobre el contexto y la posición d e los med ios d e comunicación en la Transición española es el coordinado por Rafael Quirosa-Che yrouze, pr ofesor de Hª Contemporánea en la Universidad de Al mería y responsable del Grupo “E studios d el Tiempo Presente ”. En Prensa y Democracia (20 09) llega a plantear que, dado el interés tan especial d espertado por La T ransición en los m edios de comunica ción, “lo que la mayoría de los españoles sabe de la T ransición se debe m ás a lo divulgado por los m edios de comunicación que a lo estudiado por investigadores procedentes de otras disciplin as 13 . En e l terreno de la crítica, Qu irosa opina que ha habido aportaciones muy positivas, pero, en general, estas publicacion es han contribuido al asentamiento de una imagen d e la T ransición como un proceso muy p lanificado, d emasiado sua vizad o y excesivamen te d irigido por las élites políticas. De entre los nu merosos autores que, desde div ersas perspectivas, han c olaborado con su s investigaciones en esta obra, d estacaríamos los siguientes: el capítulo firmado por el profesor de la UNED e investigador 12 RUIZ R OMERO, M., “ T iempos de Cam bio: An dalucía h acia la T ransici ón autonóm ica” , Ateneo de Sevilla/Un iversidad de S evilla, Sevilla, 2008, pp . 84-9 3. 13 QUIROSA-CH EYROUZE Y MUÑOZ, R. (Ed.), Prens a y Democracia .Los medios de comunicación en la Tr ansición, Madrid, B iblioteca Nu eva, 2009, p ág. 14. Tr as dedicar sus prim eros trabajos a la etapa de l a c risis de los años 30 del sig lo XX, en los últim os años ha centrado su labor en el es tudio d e la T ransici ón, publicand o j unto a Mó nica Fer nández los libros Parlam entarios de Andalucía en la Transic ión a la democracia (2 004) y Poder local y Transic ión a la de mocrac ia en España (2010), y h a editado las obras La Transi ción en Andalucía (Hu elva- 2002) - ésta junto a Encarn ación Lem us-, e Historia de la Transició n en España. Los inicios del proceso democratizador (Madrid, 2007), Poder local y Transic ión a l a de mocracia en España (2010) y La sociedad españo la en la T ransició n (Madrid , 2011). Estado de la cuestión 37 del Tiempo Presente, Abdón Mateos López, q uien plantea “estudiar cómo se produjo la recuperación de épocas y personajes del pasado en la España democrática, y cómo en esa recuperación jugó un papel decisivo la prensa escri ta” 14 ; e l rea lizado por Jua n Antonio García Galindo sobre los profesionales de los medios, concluyendo que la Transición política “no su puso, sin embargo, grandes c a mbios en el ámbito p rofesional de los pe riodistas, salvo en lo que concernía a la enseñanz a del periodismo con la proliferación de nuevas facultades p or todo el pa ís 15 ; Susana Sueiro Seoane 16 que, en “El papel del diario E l País en la Transición ”, se ocupa de estudiar la evolución de u no de los principales referentes del impulso democratizador protagonizado por la prensa y manifiesta “l a aspiración co mpartida por Cebrián y Polanco de, sin renun ci ar a un diario de calidad, llegar a la gente corriente d e la qu e andaba po r la calle” 17 . Por últim o, la incorporación de la imagen al análisis historiográ fico queda reflejada en el texto : “El h ilo del tiemp o en las f otografías de la T r ansición española a la democracia”, f ir mado p or el Catedrático de Comunicación A udiovisual de la Universidad de Extremadura Mario P. Díaz Ba rrado, d onde nos encontramos con una reflexión sobre los conceptos de memoria, historia y discurso. 14 MATEOS LÓ PEZ, A. “La construc ción de una concien cia histórica dem ocrática y los m edios de com unicación durante la Transición . Not as para su estu dio” en QU IR OSA- CHEYROUZE Y MUÑOZ, R., Pre nsa y De moc racia… , pág . 77. 15 GARCÍA GALIN DO, J. A., “ Periodism o y p eriodis tas en la Trans ición po lítica española” en Q UEIROS A - CHEYROUZE Y MUÑOZ, R., Prensa y Dem ocracia.. ., pág. 99. 16 Susana Sueiro es Prof esora T itular del Departam ento de Hª Con tem poránea d e la UNED. E ntre sus más recientes l íneas de investigación de staca l a hi storia de la pr ensa española del fr anquism o a la dem ocracia. Es c oautora con Mª Cru z Seoane del libro Una histori a de El País y del Gr upo P RISA. D e una avent ura inc ierta a un a gran industria cu ltural. (Barce lona, 2004). En 200 7 fue c om isaria de u na exposic ión en el Círculo de Bellas Artes de Madrid sobre la propaganda y la publicidad en la España de la postguerr a y a utora de l texto inclu ido en e l catálog o, “La postg uerra en im ágenes, 1939 - 1959”. En los últim os años ha iniciad o una nueva línea de invest igación sobre el anarquism o en los a ños veinte, consecuenc ia de el lo es el libro titulado El n acimiento del terrorism o e n occident e. Anarq uía, nihi lismo y violencia r evoluc ionaria (Madrid , 2008). 17 SU EIRO S EOANE, S., “El pape l del d iario El País en la Transici ón” en QU IROSA- CHEYROUZE Y MUÑOZ, R., Pre nsa y Democrac ia… , pág. 157. Estado de la cuestión 38 También de extraordinario in terés y utilidad para nuestra investigación result a el libro de Carmen Ca stro Torres 18 , La prensa en la Transición española 1966 - 1978 , con el q ue prete nde dar a conocer la evolución de la prensa desde 1966 hasta la promulgación de la Constitución en 1978. Este libro se inserta en este i ntenso debate historiográfico sobre las actitudes y posicionamientos de los medios escritos en aquellos, aunque, breves, sin embargo, decisivos añ os. No obstante, la mayor aportación, a nuestro juicio, estriba en el excelente trabajo de contextualizar históricamente los d iv ersos episodios evolutivos a los que se vio som etida la prensa, así como el exhaustiv o trabajo de compilación y análisis realizad o c on una amplia variedad de fuentes documentales, impresas, audiovisuales y orales. El libro se presenta dividido en tres parte s: la primera se inicia con la Le y de Prensa e Imp renta de 1966, “períod o que denomino pretransición en la prensa ”, en el que se ha s eleccionado el diario Madrid y dos rev istas, Triunfo y Cuaderno s para el Diálogo 19 . La s egund a par te, la T ransición e n la prensa, viene ma rcada por el asesinato de Carrero Blanco en 1973 y en ella destaca una nueva revista, Cambio 16. La última etapa se inicia co n la muerte de Franco y co rresponde a la consolidación de mocrática de l os med ios, eta pa ésta en la que destacan dos nu evos diarios: “El Pa ís, que se convir tió muy pronto e n el diario d e referencia para la clase política y la intelectualidad, y Diario 16” 20 . De la publicación realizada por los profesores de Histor ia Contemporánea en la Universi dad de Málaga , Fernando Arcas Cubero y Cristóbal García Montoro, Andalucía y España. Identidad y conflicto en la historia contem poránea , como resultado del Con greso celebrad o en Málaga en 2005, c on el objetivo de “ tratar de situar Andalucía, en definitiva, en la historia contemporánea es pañola, y d e investigar en qué 18 Carm en Castro es doctor a en Histori a por la Uni versidad de C ádiz. Miem bro del grupo de investigación de Historia actual en est a Universidad y catedrát ica de Hi storia . Actualm ente imparte d ocenc ia e n el Instituto Provincial d e Educ ación Perm anente de Cádiz. 19 CASTRO TORRES, C ., L a prens a en la Tra nsición española. 1966-19 78. Mad rid, Alianza, 2010, pág. 29 . 20 Ibíd. , pág. 30. Estado de la cuestión 39 medida ha contribuido y contribuye a la identidad histórica de España en los siglo s XIX , X X y XXI” 21 ; a nosotros nos interesa considerar los trabajos de Cristina Viñes y Juan A ntonio García Galindo sobre las peculiaridades e influencia de la cultura, los int electuales y los medios de comunicación en Andalucía, así como las reflexiones de Fern ando Arcas sob re la imagen de la T ransición en la fotografía de la pre nsa. Paradigmática es la premisa de la que parte la profe sora Cristina Viñes: 22 “La Transición i niciada en 1975 no ex istió como tal, en lo que al ámbito de la cultura se refiere” 23 . Si b ien la muerte de Franco marca un antes y un de spués desde e l punto d e vista político, no lo es desde el punto de vista de la p roducción intelectual en aque l tiempo. Esta es la opinión de numerosos especialistas en e l tema, para quienes el o r igen de la T r ansición cultural hab ría que situarlo en fechas relativ amente tempranas, ya qu e la erosión desde es te plano del franquismo se h all aba completa y madura en 1975. Heterodoxa, para algunos historiadores, es la principal premisa del trabajo d e Juan A. García Galindo: “Los periodistas desempeñan una función intelectual, en ta nto que tr an smisores de la cultura, y sus élites forman parte de la élite del poder” 24 . Esta élite , en el caso d e España, contribuyó al advenimiento de la d emocracia durante la Transición política. Constituye un intenso trabajo de honda reflexión y co mp romiso político de actualidad. 21 ARC AS CUBERO, F. – GARCÍA MONT ORO, C. (edit s.), Andalucía y E spaña . Identidad y c onflicto en l a historia contem poránea , ( V. I y I I), M álaga, Unicaj a, 2008, pág. 8. 22 VIÑES MILL ET, C., Cristina Vi ñes es Catedrática de Historia C ontem poránea de la Universid ad de G ranada. En los últim os años s e ha especializado en la historia de la cultura. Ha partic ipado en diversos c ongresos y r euniones científicas aportando estudios de historia cu ltural. R ecientem ente ha reali zado el ca pítulo “Una m irada heterodoxa a la Tr ansición de l a cultura”, integrante de l volum en His toria d e l a Transición en España , co ordin ado por Raf ael Quirosa - Che y rouze en 2007 . 23 VIÑES MILL ET, C., “El papel d e la c ultura en la Tr ansición español a”, en ARC AS CUBERO, F. – GARCÍ A MONT ORO , C. (edits. ), Andalucía y España. Identidad y... (v. I), pág. 305. 24 GARCÍA GALINDO , J . A., “En torn o a la élite perio dística y los inte lectuales en España. Una aproximación desde l a teoría y la h istoria del periodism o” , en ARCAS CUBERO, F.-MONT ORO GARCÍ A, C. (edit ores), ( v. I ), Andalucía y Espa ña. Identidad y... , (v. I) pág. 321. Estado de la cuestión 46 de u na parte de la población por la f orma en q ue se había llevado a c abo la Transición . Esta línea d e inv estigación historiográfica adquiere mayor interés debido al hecho de qu e es escaso el número de trabajos publicados que describan la trayectoria general del a ntifranquismo, sobre todo, en el aspecto monográfico. No obstante, la histo riografía académica del antifranquismo se re monta a las fechas in mediatamente posteriores a la muerte de Franco, entre las que destaca el trabajo de J avier T us el l La oposición democrática al fran quismo (19 77) 44 . Sin e mbargo, é sta da un salto hasta 1988, con l a organización por pa rt e de la UNED d el Congreso internacional La o posición al régimen de Franco . Pero, tenemos q ue esperar hasta 199 9, año en el que se publ ica el e nsayo escrito por Encarna Nicolás y Alicia Alted , Disidencias en el franqu ism o , para encontrarnos con un estudio desde una perspectiva ab ierta política, cultural y social. Sin embargo, a e ste re specto, n os qu iere advertir e l profesor Abdón Mateos que, “l a diversificación de los estudios locales , con u na perspectiva s ocial y cultural, ha hecho insertar el f enómeno de la oposición política en una historia má s general. De este modo, se confunde a menudo l a historia de la p r otesta social o las d iv ersas disidencias del franquismo con el estudio del antifranquismo” 45 . Estaríamos muy lejos de tener una visión completa d el p anorama historiográfico español de los ú lti mos treinta y cinco a ños si no contáramos con la insigne figura de Santos Juliá 46 , autor de La Historia 44 Recibió el prem io Espejo de Espa ña. 45 MAT EOS, A. Hist oria del Antifranquismo. Historia, interpretaci ón y uso d el pasado , Barcelona, Flor del viento e dicion es, 2011 , pág. 12. 46 J uliá S. , desd e 19 89 es Catedrá tico del Dep artam ento de H istoria Socia l y del Pensam iento po lítico de l a UNED, d onde permanec e desde 2010 com o profesor em érito. De 1992 a 1995 fue Decano de l a Facultad de Ciencias Políticas y Sociologí a. Ha sido prof esor visitante y ha im partido c onferenc ias e n var ias un iversidades de Europa y A m érica. Desde 197 7 publicó tra bajos s obre Historia política y s ocial de Esp aña en el siglo X X. Socialism o, sindicalism o y republicanism o, Frente P opular, la ciud a d de Madri d, la República, la dict adura y la T ransición a la dem ocracia s on algun os de los tem as que m ás le han interesado. Ha dedicado particular atenci ón a Manuel Azaña, de qu ien h a editado sus Obras Compl etas (Centro de Estud ios Políticos y Constitucio nal es y Taurus , 200 8), así com o de su biografía, titulad a Vida y tiempo de Man uel Azaña, 1 880- 1940 (T aurus 2008). T am bi én ha escrito sobre t eorías de la h istoria. As imism o, es autor Estado de la cuestión 47 de las dos Españas (Taurus 2004), -Premio Naciona l de Historia en 2005 -, donde na rra la evolución de los intelectuales desde la revolución liberal hasta la generación de 1956. Para nuestro propósito investigad or hemos c onsiderado dos de sus última s publicaciones: Hoy no es a yer. Ensayos sob re la E spaña del siglo XX (2010), en la que recoge varios de sus artículos publicados durante toda su trayectoria profesional , y Elogio de Histo ria en tiemp o de Memori a (201 1), do nde evoca su experiencia como h is toriador. En el prólogo del primero de ellos mani fiesta: “La dictadura q uebró e ntre 1 975 y 19 77 tra s una interminable crisis interna , y la democracia sól o se instauró en 1978, punto d e llegada d e un proceso con m ás con flictos y sobresaltos de los que la me moria h oy hegemónica, con su relato de Transición como pasividad, renun cia y amnesia, está d ispuesta a reconocer” 47 . Lo que constituye el corolario de su pensamien to historiográfico, en cuanto al debate sobre la T ransición se refiere. En cuanto al s egundo de los textos mencio nados, establece una simbiosis entre lo personal autobiográfico y un trasfondo de corrientes de historia y de debates sobre las políticas ha cia el pasado y el lugar de la m emoria. Como é l manifiesta : “ Y en e ste momento , cuando ya se anuncia la retirada, no he podido e vitar la tentación de emprender este viaje al pa sado, a m i pasado, con e l elogio de historia en tiempo d e memoria…” 48 Muy ligada a este tipo d e investigaciones en l a historiografía actual y, especialmente, a la historia del Tiempo Presente, se encuentre la obra de Julio Aróstegui 49 , fa llecido en 2 013. De su en sayo La Historia Vivida. y c oordinador de var ias obras c olectivas sobre violenci a política, víctim as de la Guerra Civil, mem oria, Rep ública, y coautor de otros títulos sobr e f ranquism o, Madrid e Historia de Españ a contem poráne a. Su ú ltim o libro es Ca marada Jav ier P radera (G alaxia Gutenberg, 201 2). Desd e 1994 hasta 2012 ha sido c olumnista del periód ico El País, fecha en la q ue abandonó el periódico por d esavenen cias con la direcc ión del m ismo . 47 JULIÁ S. , H oy no es ayer , Barcelona, RBA L ibros, 20 10, pág. 9. 48 JULIÁ, S. , Elogios de His toria e n tiempo de Me moria , Ma drid, Marcial Po ns – Ediciones de Historia S. A., 2011, pág. 10. 49 J. Aróstegu i (Granada 1939- Madrid 20 13) Cat edrático em érito de H istoria Contemporáne a en la Universidad Com plutense de Madrid y director de la Cá tedra “Mem oria Históric a de l S iglo X X, investigador y pr ofesor visitante en instituc iones universitarias de Esp aña, Francia, Alem ania, Argenti na y Chi le. Fue Pr em io Na cional de H istoria (colect ivo) en 1981. Ha tra bajado sobre m ovim ientos soc iales y p olíti cos Estado de la cuestión 48 Sobre la Historia d el Presente (2004), hemos seleccio nado el sigu iente texto que clarifica su posición respecto a este tema : “...una sociedad como la e spañola, donde una T ransición política de la dictadura a la democracia ha sido un ejercicio colectivo de recuerdo y de olvido selectivos” 50 . Sin duda alguna, e l te xto f undamental sobre el que hemos articulado nu estra investigación en torno a la prob lemática de la Memoria y sus implicaciones en el proceso de d emocratización de España en el último c uarto del siglo XX , ha sido e l titulado: La Odisea de la Memoria. Historia de la Memoria en Es paña. Siglo XX (2008), escrito por la profes ora e investigadora salmantina, Jos efina Cuesta 51 . En él se a firma que la eclosión de la m emoria en las sociedades post-dictatoriales es uno de los acontecimientos históricos del último tercio del siglo XX. En esta obra se a borda una investigación y ref lexió n de conjunto sobre los trabajos de l a memoria e n España, desde la Se gunda República hasta hoy , deteni éndose, especialmente, en la incorporación de los diversos pasados – Segunda República, Guerra Ci vil, dictadura fran quis ta, y Transición, hasta la actual democracia- , y en las dif icultades y aportaciones de la historia de la memoria en España. Josefina Cuesta expone que h ubo una “a mnistía ‘ me m oriosa ’” que, como ha insistido P aloma Aguilar y Santos Juli á, n o quiere decir o lv ido, ni siquiera silencio, c omo puede comprobarse e n esta s página s. P or ello no cabe desdeñar el papel jugado en este proceso por la memoria del (carlism o, obrerismo y s indicalism o), la Guerra C ivil española y la T ransición postfranquista. T ambién ha realizado im portantes aportaci ones en el á m bito m etodológico y la Historia del T iempo Presen te. Su última gran obra ha s ido u na biografía de L argo Caba llero, en la que reivindi ca s u figura, titulada: Largo Cab allero, e l Tesón y la Qui mera, Barcelona, D ebate, 2013. 50 ARÓST EGUI, J., La H istoria Vivida. Sobre la Hist oria del Presen te , Madr id, Alianza , 2004, pág. 167. 51 Josefina Cuesta Bustillo es Catedrática de Historia Contem poránea en la U niversi dad de Salam anca. Ha sido profesora invi tada d e la Universidad de P arís VII, Denis Diderot, en el Inst itut Ca tholique de París , y prof esora de T ercer Ciclo en las Univers idade s de París VII , Den is Di derot, Universidad de T oulouse ( Francia) y La Plata (Arg entina). Entre c asi un cent enar de trabajos profesionales publica dos destacan m ás de un a decena de libros, en su m ayoría sobre la histori a social española d el siglo XX y sobre las relacio nes entre Mem oria e Histor ia. Estado de la cuestión 49 conflicto bélico, por e l m iedo a su repetición, y por la presencia de los vencedores en el poder” 52 . De toda la bibliogra fía analizada, donde co n más firmeza se defiende la investigación y a plicación de los conocimientos sobre Memoria Hi stórica , c onvirtiéndola en suj eto y objeto es pecial de es tudio, es en e l libro titu lado La recuperación de la Memoria Histó rica. Una perspectiva transversa l desde las Ciencias Sociales (2007), coordinado por Gonzalo Acosta Bono y otro s. Es el resultado del trabajo rea li zado por p rofesio nales provenientes de div ersas á reas y movimientos s ociales en la Univ ersidad Pablo de Ola vide, bajo el tít ulo de: Recuperación d e l a Memori a Social , entre 20 05 y 20 06. Los autores n os aclaran que esta publicación “ tiene como objetivo proporcionar toda u na serie d e materiales que sirvan, al mismo tiemp o, para la reflexión y la acción” 53 . No les int eresan los debates academicistas sobre la validez o n o del término “ Memoria Hi stórica ”, sino su uso co m o herramienta práctica que aúna la Universidad con los movimientos sociales, para dar voz a los más des fa vorecidos. Com o man ifiesta en el prólo go Nicolás Sánchez Albornoz: “El Movimiento d e Re cuperación de la Memoria Social en curso se afana por restitu ir la p alabra a quienes no han p odido hablar durante la represión” 54 . Del autor mencionado en el apartado de P r ensa, Rafael Quirosa - Cheyrouze, te ndríamos que destacar dos sig nificativas aportacion es a la historiografía actual s obre la Transición (con es pecial incidenci a en Andalucía), como c oordinador, en ambos casos, de la Historia de la Transición en España (200 7) y L a sociedad e spañola en la Transi ción (2011). En el p ri mero de ellos destacaríamo s las aportaciones y reflexiones que él mis mo re aliza so bre esta ev olución histórica, p asados 52 CUESTA, J., La Odisea d e la Mem oria. Histor ia de la Memoria en Españ a. Ma drid, Alianza, 2011, pág. 378. 53 ACO STA B ONO, G. – DEL RÍO SÁNCH EZ Á. – VALCUEND E D EL RÍO, J. M., La recuperación d e la mem oria hist órica. Una perspect iva transversal desde las Cie ncias Sociales , Sevilla, Centro d e Estudios An daluces, 2007, pág. 12. El Direct or de este centro, Don Alfonso Yerga Cobos, m anifiesta que és te tiene un c laro compro miso con la recuperació n de la Mem oria Histórica, pá g. 7. 54 Ibíd., pág. 8. Estado de la cuestión 50 más de treinta años de la muerte del dictador, en el capítulo que brillantemente aporta al conjunto de la obra: “ La Transición a la Democracia: u na perspectiva h istoriográfica ” 55 . E ntre las aportaciones de los colaborador es en este volumen destacaríamos, por su cali dad y conexiones con nuest ro tra bajo, las de los sigu ientes autores: Álvaro Soto Carmona 56 , “Continuidad, Re fo r mas y sobre todo improvisación”; Abdón Ma teos López, “La Transición del PSOE durante los años setenta”; Juan Antonio Lacomba, “Andalucía, la idea de la Autonom ía”; Encarnación Lemus López, “Entre la intervención y la supervisión. L as potencias occidentales an te e l c ambio político pe ninsular”; Cri stin a Viñes Mollet, “Una mirada heterodo xa a la T ransición de la cultura”; Fernando Arcas Cube r o, “Intelectuales, Compromiso y T ransición en Andalucía” y Javier Muñoz S oto, “Parlamento de papel: la p rensa crítica en la crisis del franquismo” . En cuanto al estado de las investigaciones sobre la T ransición, en términos gene r ales, Q uirosa valora que son positivas, al c omprobar la abundante producción de m aterial b ibliográ fico y de encuentros científicos entre historiadores. En cuanto a la evolución h istoriográf ica, sólo q uiere resaltar algunas de las aportaciones que ha considerado fundamentales, como la pionera de Raymond Carr y Juan Pablo Fusi, España de la dictadura a la democracia (1979); el texto de Paul Presto n, El triunfo de la democracia e n España, 1969 - 19 82 (1986); la producción del recordado y adm irado Javier T usell; y, f inalmente, el libro coordin ado p or Carmen Molinero, 57 La Transición treinta años después (2006), quien, 55 QUIROS A-CHEYROUZ E Y MUÑO Z, R. , H istoria de la Tra nsición en España. Los inicios del pr oceso democr atizador, Madri d, Biblioteca Nueva, 2007, pág. 13. 56 Álvaro Soto es Catedrá tico de Historia C ontem poránea de la Un iversidad Autónom a de Madrid. Desde h ace a lgunos años lleva dos líneas de investigac ión: histori a del trabajo e h istoria de las tra nsiciones a la dem ocracia. Su libro, Transición y cam bio en España 1975- 1996 (Ma drid, 2005), fue fina lista de l Prem io Naciona l d e H istoria de 2006. 57 Es C atedrática d e Historia C ontem poránea de la Un iversidad Autó noma de Barcelona. Ha s ido d irectora de l Centre d´Est udis sobre les Èpo que Franqui sta i Dem ocrática ( CEFID). Su i nvestigación se h a c entrado en la hist oria s ocial y po lítica desde la ins tauración del r égim en f ranquista y en la etap a de la T ransición. Entre los últim os libros y e n colaborac ión con Pér ez Ysás ha pub licado La anatomía de l franquismo. De la superviv encia a la agoní a (1945 -1 977) (2008). Estado de la cuestión 51 acertadamente, plantea que las co nclusione s de los es tudiosos deben llegar a los sectores int eresados en nue stro pasado reciente para intentar evitar manipu l acione s y ruido mediático. En el segundo de los libro s me ncionados se plan tea cuál f ue e l protagonismo de la sociedad en la conquista de la democracia. La respuesta a esta preg unta es que “frente a las v ersiones que reducen la actuación de la sociedad española a un papel secundario y más bien pasivo, han ido adquiri endo fuerza las interpretaciones q ue de stacan e l protagonismo de los ciudadanos, especialmente los que manifestaron sus p osiciones a trav és de distint os movimientos sociales que se organizaron en d iv ersos ámbitos” 58 . Al abordar esta cuestión, R. Quirosa distingue, como viene siendo habitual, entre “viejos” (la clase obrera c omo t al) y “nu evos” movimientos sociales, entre los que co ntaríamos con los mo vimientos e studiant iles, feministas, pacifista s, más int erclasistas y con distintos modelos organizativos y modos de ac tuación. En este sentido, h abría que resaltar la contribución de Ismael Saz Campos 59 en su artículo “Y la soci edad marcó el camino. O sobre el triunfo de la democracia en España (1969 - 1978)” ; Abdón Mateos Ló pez, “ Las relaciones entre los socialistas y los sindicatos: del antifranquismo al Gobierno ” ; Alberto Carr illo Linares 60 , “¿Y nosotros qué? El movimiento e studia ntil durante la Transición 58 MOLINERO, C. , L a socie dad español a en la Transi ción. Los movim ientos soci ales en el proceso de mocratizador, Madri d, Biblioteca Nueva, 2011, pp. 1 3 y 14. 59 Es Catedrático de His toria Contemporánea en la Universid ad d e Va lencia. Ha publicado num erosos trabajos sobre f ascism o, f ranquism o y rel aci ones intern acionales. Entre sus principa les publicaciones figuran Fascistas en España (en colaborac ión c on Javier T usell) y Mussolini c ontra la II República . Recie ntemente ha publicado Esp aña contra Es paña. L os nacionalismos franqu istas; fasc ismo y fra nqui smo; y en coedición, Discursos de España en el siglo XX . 60 Es profes or del D eparta m ento de H istoria Cont emporánea de la Universid ad de Sevilla. Su línea principal de investigación se centra en la Hi stor ia de Españ a actual en el terreno de la histor ia socia l y de los m ovimientos sociales dura nte el franquism o y la Tr ansición, part icularm ente en el movim iento estudianti l. Su t esis, Subversivos y malditos en la Un iversidad de Sev illa (1965 -1977) (20 08), fue prem io extraordinario de doctorado. Entre sus publicaciones destacarí am os: Movimiento estudiantil antifranquista, c ultura políti ca y Tr ansición po lítica a l a democracia (200 6), “El C orreo de Andalucía ”, una voz atrev ida en un mundo de riesgos (2009). Estado de la cuestión 52 política española ” ; y Francisco Cobo Romero 61 , “ Movimientos sociales y construcción de la democracia en Andalucía ” . Finalmente, a pe sar d e qu e no se ajuste e xactamente a nuestro horizonte cronológico, nos parece convenient e inclu ir en este Estado de la cuestión el e xtraordinario trabajo que, bajo el título En el combate por la Historia , h a ed itad o Ángel Viña s 62 , y en cuya elab oración han participado un a selección de los m ás reconocidos histo riadores contemporáneos españoles. La edición de este libro surge como reacción a la p ublicación de algunas de las f amosas “entradas ” del denominado Diccionario Biográfico Español, de l a Real Academia de la Historia (RAH). El libro nos a yuda, justamente, a en cuadrar los temas y enfoques que se observan en los d ebates sobre la Memoria Histórica . En la presenta ción, indignado y estupefacto, el profesa r Viñas comenta : “ en algunas de las entra das aireadas en la prensa fue imposible desconocer el se sgo antidemocrático y a v eces próximo a las quere ncias de la extrema derecha española. Tod o ello presentado, bajo la autoridad de la augusta Institución, como si fuese la ú ltima palabra en historia” 63 . En e ste libro e l autor realiza un análisis d e las claves fundamentales para comprender la evolución hist órica española desde la instauración de la 61 Es Catedrático de Historia Contem poránea de la Uni versid ad de Granad a. Ha centrado su investigac ión en el análisis de los procesos de politi zación e n el campesinado español en una perspectiva europea c om parada. También ha inves tigado los m ovim ientos soci ales y políticos que contribu yeron a la sus titución de la d ictadura franquista por un r égim en dem ocrático. En los últim os años s e encue ntra trab ajando en el análisis de los apo yos s ociales pres tados al r égimen franqu ista en su p rim era etapa de im plantación. Entre s us princ ipales p ublicaciones se encu entran: De c ampesinos a elec tores (Madrid, 2003); Rev olución camp esina y contrarr evolución fr anquista en And alucía (Córdoba, 2004); y, en colaboración con los profesores Mi guel Á. del Arco y T eresa Mª Ortega Lópe z , The Stab ility and Conso lidation of the Franco Regime .The ca se of Eastern Anda lusía, 1936 -1950 (Co ntem porary Europe an Histor y ; First Is sue, 2011). 62 Es C atedr ático em érito d e Eco nomía de la Un iversidad Com plutense de Madrid. Actualm ente enseña Polític a exterior del fr anquismo y la T ransición e Historia po lítica española d el sig lo XX en la facultad de Geografía e Historia de d icha u niversidad. Entre otras condec oraciones está en posesión de la Gran Cru z del Mérito Ci vil. Entre su exte nsísim a obra, cabría destacar: Hitler, F ranco y el estall ido de la Guerra Civil, Alian za, Madrid, 2000; En las g arras del águila , Crítica, Barcelona, 200 3; La república espa ñola en guer ra , Crít ica, Barce lona, 2010, 3 vols., y La co nspirac ión del General Franco , Crítica, Barcelona, 2012. 63 VIÑA S, Á. (E d.), En el c ombate por la H is toria. La República, l a Guerra Civil , e l franquismo , Barcelona, Pasado y P rese nte, 2012, pág . 13. Estado de la cuestión 53 República hasta el fa llecimiento de Franco, tal y co mo lo ha ido articulando en general la historiografía crítica. Pasemos, ah ora, a analizar los traba jos de investigación y los historiadores q ue orientan sus estu d ios más esp ecí ficamente a la Transición en Andalucía. De entre ellos, podríamos citar, en primer lugar a Manuel Ruiz Romero. De entre sus trabajos, el que qu izás se a juste m ás a nuestros propósitos d e estudio -en este terreno de la historia andaluza en la Transición- sea en e l que, b ajo el epíg rafe de Tiem pos de Cam bio: Andalucía la Transición Au tonóm ica (2008 ), manifiesta reflex iones de la siguiente índole: “Aú n hoy resulta casi imposible comprender qué sucedió realmente en la Andalucía de aquellos años p ara que la mentalidad de andaluces y andaluzas camb iase en profundidad. Tanto como si nos refiriéramos a otra época no tan cercana o a o tro te rritori o” 64 . Quizás pod rí amos en contrar l a respuesta e n la serie de iniciat i vas y movimientos ciudadanos que, al ma rgen de la legalidad institucional, comienzan a actuar, incluso, ya antes de la muerte de Franco en Andalucía. E l autor concluye que si ha e xistido un vehículo socializador de todo ese proce so, e stos han sido los medios de comunicación . En su último ensayo ti tulado, Cara y Cruz del Andalucismo. ¿Qu é hacemos con el Nacio nalismo An dalu z ? 65 , se debate y a naliza lo que ha sucedido políticamente desde la Transición hasta ahora co n Andalucía y con los andalucistas. Puede ser , a mi parecer, la e xpresión d e un grito “angustiado” sobre la situación actual de esa ideología y la de a lgunos nacionalistas andaluces que, para intentar solventar el problema, proyectan crear un n uev o cau ce de participación del “sentir andaluz” en los terrenos de lo económic o, social, cultural y político. 64 RUIZ RO MERO, M., Tiempos De Cambio : A ndalucía hacia la T ransición Autonómi ca: Sociedad, Partidos , Políticos e Insti tuc iones , Sevilla, Ateneo de Sevilla- Un iversidad de Sevilla, 2008, pá g. 23. 65 Coedita do con T . Gutier y prólogo de E . N aranjo Inf ante, C ara y Cruz de l Andalucismo , Chiclana d e la Frontera ( Cádiz), Edicion es Alcor, 201 2. Estado de la cuestión 54 Continuando en el terreno d e la historia de las ideologías políticas, destacamos el libro de Diego Caro Cancela 66 , Cien Años de Socialismo en Andalucía (1885 - 1985) , del qu e nos int eresan los ca pítulos f inales relativos a la evolución del PSOE en la T ransición. Dichos capítulos se inician co n una reseña de la edición e spec ial de El Socialista tras la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1 975, en el que la Comisión Ejecutiva del Partido ha ce público un comunicado, encabezado por el titular: “¡ Al fin ha muerto !” 67 , continúa llamando a la co nstrucción de una alternativa democrática, “rechazando toda fórmula continuista”. Sintomática d e la radicalización id eológica de l PSOE e n esos momentos es la respuesta d e Alfonso Gu erra, por e ntonces S ecretario Federal de Prensa y Propaganda, a la pregunta de un destacado militante de la Agrupación de Jaén: “… Alfonso, qué hacemos con los socialdemócratas. ¿Los de jamos entrar en el Partido? --- Que entren – dijo- pero mantenedlos controlados” 68 . En la obra de inv estigación y divulgación de la Historia Contemporánea de Andalucía, destacamos la ob ra d e Encarnación Lemus 69 qu ien, junto a Leandro Álvarez Rey 70 , editaron el texto Histori a 66 Es C ate drático de H istoria Contem poránea de la U niversidad de Cád iz y se ha especializado en la h istoria pol ítica y social d e la Andalucía cont em poránea. Ha dirigido distintos pro yectos de in vestigación y es autor o coautor, en los últim os años, en tre otros, de los sigui entes libr os: La utopía rac ional. Estu dios sobre el movi mi ento o brero andaluz (20 01); El pr imer liberalismo en Andalucí a (1808. 1868); Política, Eco nomía y Sociabilidad (2005); And alucía y la revolución del 68 ( 2008); D iccionario biográfic o de parlamentari os de Andalucí a, 1810 -1869 (2 010). 67 CARO CANCEL A, D. , Cie n años de soc ialismo en A ndalucía (1885 - 1985) , Cád iz, Quórum Editores, 2013, pá g. 467. 68 I bíd. , pá g. 477. 69 E. Lem us López es Cate drática d e Historia Contemporán ea en l a U niversidad de Huelva. Form a part e del C onsejo Editorial d e la Revista Andal ucía en la H istoria y d el Seminario Perm anente del Centro de Est udios Andaluces. F ue coordinadora con Leandro Álvare z Re y d e la obra, com entada arriba, Hist oria de Anda lucía Contemporáne a ( 1998), c oautora junto a otros investigad ores d e Sindicat os y trabajadores en Sevilla, una aprox imac ión a l a memo ria d el siglo XX, y tam bién ha coeditado La Transici ón en Andalucía (20 03), entre otras obras s obre este períod o. 70 Catedrático de Historia C ontem poránea de la Unive rsidad de Sevilla. Coordina dor del G rupo de In vestig ación: “ Los políticos y la v ida política en Andalucía”. T am bién es responsable de los pro yectos de investigaci ón su bvencion ados, “L as ac tuaciones y resoluciones del tribunal especial para la represión de la masonería y el com unismo en Andalucía oc cidental” y “Actuaciones y res oluciones de los tr ibunales de responsabilidades políticas en A ndalucía II ” . Entre otr as publ icaciones m ás rec ientes destacam os : Los diputado s por Andalucía de la IIª R epública. Diccion ario biográfico , (T omo I), Sevilla, Centro de Estu d ios Andaluces, 200 9, ISBN 978 - 84 - 613 -1326 -6. Junto a ARÓ STEGUI SÁNCH EZ, J , Historia de España , B arcelona, Vicens Vives, 2009; Los Estado de la cuestión 55 de Andalucía Contemporánea (1998) 71 , que prete ndió ser, por esas fechas, una especie de m anual universitario p orque pensaron qu e, aunque abundaban l os estudios locales, f alta ba una o bra de síntesis. S in embargo, el tex to también cumple la f unción de in f ormar a un público más a mplio sobre la hi storia má s nueva de Andalucía, entendid a ésta no de forma aislada, encerrada en sí misma, sino integrada e n el contexto al que pertenece. En f echas m ás reci entes, Enc arnación Lemu s ha escrito el capítulo correspondiente a los tiem pos más actuales, con el título d e “Guerra, Dictadura, T ransición y Au tonomía (1936- 2000)”, en el libro coordi nado por Manuel Peña Díaz, Breve Hi storia de A ndalucía (2012). En él, según su coordinador, se ha pretendido escribir “una Historia de Andalucía, no la Historia de Andalucía”, pues, para él “ el problema no es cómo definir la Memo ria Histórica, sino como combatir la d esmemoria. En la Historia no caben ni juicios ni ajustes de cuentas, sólo ri gor…” 72 . Para f inalizar, me ncion aremos algunos de los traba jo publicados en las revistas de Historia Contemporánea, h aciendo hincapié, s obre todo , en las i nvestigadas p or la Asociación de Historia Actual con sede en el Departamento de Hist oria Contemporá nea de la Universidad de Cádiz. 73 Diputados por An dalucía de la IIª Re pública, 19 31 -1939 (Tom o II), Sevilla, Centro d e Estudios Andaluces, 2010. ISBN 978 - 84 -9 37855-0-5. Por ú ltimo, junto a MART ÍNEZ LÓPEZ, F., Memoria viva de A ndaluc ía. C omunicac ión y Turismo , 2011. 247. ISBN 978 - 84 - 96337- 95 - 4. 71 ÁLV AREZ REY, L. – LEMUS LÓ PEZ, E. (e d it s.), Hi storia d e And alucía Contemporáne a , Huel va, Universid ad de Huelva, 19 98. 72 PEÑA DÍAZ, M . (coord.), Breve Historia de Andalucía , Sevilla, Centro de Estu d ios Andaluces, 20 12, pág. 18. 73 Entre los que destacam os los siguientes: ARÓSTEGUI, J., “H istoria y T ie m po Presente . U n nuevo Horizonte de la historio graf ía contem poraneísta ” , Cuad ernos de Historia C ontemporánea , 20 , 1998, pp. 15- 18. ORT ÍZ HERAS, M., “Mem oria Social d e la Guerra Civil : la m emoria de los vencidos , la m emoria de la frustración”, HAOL , prim avera 2006, pp. 179-1 98. PANT OJA CHAVES, A., “Nuevos espaci os para l a m e m oria. Una pro puesta de investigación ” , HA OL , prim avera 2008, pp. 159-1 71. GARCÍA RA MOS, D., “Pro paganda y contr apropagan da en el Referén dum de 1976”, HAOL, 20, otoño 2009, pp . 123-1 28. MAGALLÓN RO SA, R., “La Histori a m ultimedia. L a transf ormación de la M em oria Evenem encial ” , HAOL , 17 , otoño 2008, pp. 19-1 74. TAILLOT , A., “A pru eba de l tiem po: las intelectu ales antifasc istas es pañolas ent re el silencio oficial y la lucha por la mem oria”, HAO L , 19, p rim avera 2009, pp. 29 - 39. ZARAGOZA PELAYO, R., “El Pa ís y el silenci o de la T ransición, co ntra el PSOE y e l País ” , H AOL, 20, otoño 20 09, pp. 143- 156. Significación y acotación histórica del término “ Transición ” 62 destacar la ce lebración de las primeras e lecciones democráticas desde la IIª Rep ública (hecho imprescindible, para q ue se pueda ha blar de que estamos en una democracia) y el Ref eréndum constitucional, que se celebraron el 15 de jun io de 1977 y el 6 de diciembre de 197 8 respectivamente . Se ría esta la periodización más objetiv a, pues se trata de un proceso e strictamente político, delimitado por dos hechos claramente def inidos, co mo hemos enunciado más arriba. Si la Constitución estableció que España e s u na monarquía parlamentaria y un Est ad o social d e Derecho, y los dos e lementos se i mplantaron en este tiempo, no puede hablarse de Transición para delimitar un período más amplio. Considerar otr o tipo d e transici ones es olvidar lo fundamental: la centralidad del cambio político. Abdón Mateos manifiesta que, “pa ra evitar estas distorsiones interpretativas, cabe afirmar que la Transición de la dictadura a la democracia se desarrolla entre la mue rte de Fr anco y las primeras elecciones 1977 o, como muy tarde , la aprobación de l a Constitución de 19 78” 77 . Porqu e, de lo contrario, podríamos decir que la Transición e stá aún ab ierta. De todas f ormas, no existe un a cuerdo tot al entre los expertos, que sitúan el final de la T ransición en fechas posteriores como el fallido g olpe militar de 23 de f ebrero de 1981, la victoria electoral del partido socialista en octubre de 1982 o e l ing reso de España en la Comunidad Eu ropea en 1986. Por otro lado, para determinar el inicio de be mos considerar que, aunque el proceso de Transición a l a democracia se empieza a d efin ir al menos desde 1956, con el surgimiento de una oposición m oderada que defiende un proyecto de Monarquía y democracia, sin embargo, a largar el proceso de T ransición a los años 60 u 80 nos parece desproporcionado. Lo que car acteriza a este período es una aceleración d e la historia, que en p ocos años permite f undar un nuevo refe rente histórico y su 77 MATEOS LÓPEZ, A ., “La c onstrucción de una m emoria histór ica dem ocrática y los m edios de c omunicación durante la ‘T ransición’. Nota s para su estudio”, en QUIROSA - CHEYROUZE, R., (coord.), Hi stor ia de l a Transición en España , l os inicios del proces o democrati zador , Madrid , Biblioteca Nueva, 2007, pp. 77 - 85. Significación y acotación histórica del término “ Transición ” 63 carácter ef ímero, que se traduce en un a producción cu ltural de tipo periodístico -importancia de los periodistas, no sólo como reproductores de noticias, sino como agentes culturales q ue ocu pan un puesto privilegiado en e l log os político . A e ste respecto es interesante re señar la opinión de quienes consideran que la estrecha relación que se f ra guó entre p olíticos y pe riodista s, c oparticipes, protagonistas y no meros cronistas y an alistas, según a lgunas inte rpr etaciones, f ue en algunos aspectos excesiv a , pero probablemente inev itable . “ Esto trajo un a relación viciada y cuando llegaron los desencuentros, de aquellos amores surgieron odios en conados en tre algunos periodistas y algunos políticos, así como de p eriodistas entre sí. De otra parte, trajo algo positivo, como los ‘editoriales conjuntos’” 78 . Aunque a lgunos analistas cree n que este período no está lo suficientemente lejano en el tiempo pa r a ser estudiado por los historiadores, T usell, admitiendo los aspectos negativos que este tipo d e investigación pu ede tener , ve más ventajas que inconvenientes ; p or ejemplo, “ el historiador del tiempo prese nte tiene la ventaja de co ntar c on su propia experiencia de aquellos a contecim ientos que acaba narrando y la posibilidad de acudir a los t estigos d e los aconteci mientos para pedir noticias sobre los mismos” 79 . De tod as fo r mas, el tema es muy controvertido y el debate h istoriog ráfico que h a generado es muy interesante y estimulante. En cuanto a las interpretaciones sobre este período, Rafael Qu irosa nos advierte sobre las imágenes que se han querido transmitir de la Transición , ya que a lgunas obedecen a “un intento de manipular los hechos históricos en benef icio de in tereses políticos po steriores” 80 . E n la misma línea se muestra Santos Juliá, q uien observa con ironía que “hoy, hablar de la Transición es hablar de política tanto como de histo ri a” 81 ; 78 S EOANE, Mª Cru z y SUEIRO, S. , Una H istoria del País y d el grupo Pr isa. De u na aventura inc ierta a una gran in dustria cultura, Barcelona P laneta, 2004, pp. 125- 126. 79 Ibíd., pág. 14. 80 QUIROS A-CH EYROUZE, R. ( coord.), Historia d e la Transición en España: los inicios del proceso d emocratizado r , Madrid, Biblioteca Nueva , 2007, pág. 16. 81 JULIÁ S., “ En torno a los proyectos de Transición y sus imprevistos resultad os”, e n MOLINERO C. (ed.), L a Transició n trei nta a ños desp ués , Barcelona, Península, 2006, pág. 59. Significación y acotación histórica del término “ Transición ” 64 también incide en la misma posición el p lant eamien to de C armen Molinero, se “reinterpr eta aquel proceso a la luz d e los proy ectos para el presente” 82 . Por lo tanto, cualquier estudio riguroso de la Transición qu e intente conseguir una comprensión g lobal de la misma, debe incluir los principales e nfoques de investigación: el de los economicistas, que ven en los cambios económicos de los años sesenta las causas ú lti mas de la de la lleg ada de l a democracia; los analistas que ven el proce so como la obra d e un a élite política, sobre todo a los r e fo rmistas del régi men con el monarca a la cabeza y, po r último, los q ue de stacan e l protagonismo de los movimientos sociale s, como los sindicatos o breros, las organizaciones estudia ntiles universitarias y la asociaciones de veci nos. A los q ue hay que añadir los prov en ientes del m undo de la cu ltura y la comunicación. A con tinuación pasamos a dar un repaso a la s opinion es de algunos de los más d estacados p rotagonistas del m omento ante e l controvertido término de Tran sición. Contundente, en cuanto a la conceptualización qu e determina la idea de “ u n pacto repu blicano en torno a la m onarquía ” 83 , quizá sea esta expresión de F. González, para quien este co ncepto estuvo muy ligado también al de “co nsenso”, aunque, este tér mino, en sentido estricto, él lo prolonga ha sta la déca da de los 90. Pa ra él, la Transición se inicia con la muerte del caudillo y está co ndicionada por el hecho de que “ Franco se muere en la cama y abrió un esp acio de o portunidad y otro de riesgo…que hacen la T ransición peligrosa para los demócratas y también para los v inculados al franquismo” 84 . Veamos, en e l otro extremo de los partidarios de la Transición lo que opina un homb re como A. Osorio, ministro d e la Corona desde diciembre de 1975. Él precisa que, estando abierto a la defensa de tres 82 Recogido Por Rafael Quiro sa en Histori a d e la T ransici ón e n España… m isma página. C. Molinero, “T reinta años después. La T ransición re visada” … , p ág. 10. 83 GONZÁL EZ, F. y CEBRIÁN, J. L. El futuro no es lo que er a .U na convers ación. Madrid, Santi llana, 2002, pág. 21. 84 I bíd. , pá g. 67. Significación y acotación histórica del término “ Transición ” 65 principios – Mo na rquía, democracia y E uropa-qu ería, a diferencia de otros democristianos y mon árquicos, “ actuar dentro de l Régi men, aunque no a cualq uier precio ” 85 .Las sig uientes palabras quizás resumen su posición política en la Transición co n esta coherente y contundente afirmación: “ Cuando Franco murió el 20 d e noviembre de 1 975 terminó una época. A sistí a su funeral y no me arrepie nto ” 86 . También re fuerza su posicionamiento político refo rmista el hecho de ser u no de los fundadores del grup o Tácito y que escribiera en Ya hasta 1975. José Mª de Areilza (amigo y compañero político de l anterior en los primeros tiemp os, aunque a l final quedaron bastantes distanciados ) fu e una d e las f iguras claves y, quizás, sacrificadas en este intenso período histórico. Para é l, el objetivo d e la T ransición est uv o en la consecución de una monarquía constitucional y respo nde a “ los múltiple s se ct ores ideológicos implicados e n la gran ope ración política que fue neces aria para llega r a establecer una Monarquía con stitucional ” 87 . Él, que se siente totalmente implicado e n estos aconteci mientos , los sitúa e n 1 975, cuando ya e staba Franco enfermo. Se definió a sí mismo como perteneciente a una posición centrista, espacio p olítico que siempre reivindicaría. Para acotar este período histórico, Alfonso Gu erra, trata de cimentarla e n el protagonismo socialista : “ Las fe chas d e inicio y culminación de la Tran sición se justifican p or la realización de los factores del cambio de sistema …todas estas lab ores po líticas están enmar cadas en las fechas definidas: enfermedad del dictador, que lanza los intentos d e ne gociación poder -oposición, y triunf o e lectoral so ciali sta, que d esarticula las op eraciones inv olucionistas y arruina las esperanza s de los antisistema ” 88 . Evidentemente, no todos los protagonistas están de a cuerdo con esa formulación política y cronológica. Así, C alvo Sotelo, en su disc urso 85 OSORIO, A. Trayec toria política de un ministro de la Coro na. Barc elona, Plan eta, 1993, pág. 239. 86 Ibíd., pág. 46. 87 AREILZA, J. Mª. A lo larg o del siglo: 19 00-91 . Ba rcelona, Planeta, 1993, pág. 2 39. 88 G UERRA, A. Cu ando e l t iempo nos alcan za. Me morias (1940 -82). Madrid, Espas a Calpe, 2004, pá g. 169. Significación y acotación histórica del término “ Transición ” 66 de inv estidura, había af irmado : “ Con su r etirada termina la Transición ” 89 , refiriéndose a A dolfo Suárez. Con e stas palabras él quería mini mizar su papel como protagon i sta histórico en relación a Suárez y , por es o, se lamenta “ cuando, cuatro día s más tarde, entra Te jero en el Congr eso, los listos de siempre sacan la f rase de su con texto y me largan un palmetazo: ‘ con que había terminado la Tr an sición, ¿eh? ’” 90 . Uno de los má s lúcidos analistas entre los políticos e spañoles y protagonista fun dame ntal d e este período fue Santiago Carrillo, que mantenía contactos con Areilza desde 1 969. Para él, también, la Transición se inicia con la muerte del d ictador: “ Y la noticia esperada y a desde hacía s emanas, me dejaba pese a todo u n sabor a gridulce: no habíamos sido capaces de impedir q ue Franco mu riese en la Jefatura del Estado” 91 . A partir de este momento se abría un proce so de marcha hacia la democracia en España que iba a presentar dificultades, pero que sería irrev ersible. “ Se produjo a lgo a sí como un gran silencio en España ” 92 . Según C arrillo, todo el mundo sentía que se entraba en el fi n de una época, co n te rror para unos y preocupación p ara la mayoría por el recuerdo de la Guer ra Civil. Volve mos a F. Gonzál ez para marcar a l gunas precisiones sobre el concepto T ransición, t érmino que se ligaba a una deter minada forma de hacer p olítica a la que se llamó “consenso”. Con e ste vocablo alude a Calvo Sote lo que pre fería us ar el d e “concertación”, p ero q ue viene a ser lo mismo , “ la búsqueda de una especie de territorio co mpartido, que no nos o bligaba a renunci ar a nada, pero trataba de c omprend er cuál era la verdad de l otro para supe rar la política del rencor…lo rechazaron la extrema derecha y la ex trema izqu ierda ” 93 . Estas reflexiones, l as podemos conectar con e l a ctual m ovimient o de recuperación d e la Memo ria Histórica, como método váli do o no , 89 CALVO SOT ELO, L. Memo ria v iva de la Tra nsición. Ba rcelona, Pla za y Janéss , 1990, pág. 36. 90 Ibíd., pág. 3 7. 91 CARRILLO, S. Memorias. Barcelona, Planeta, 19 94, pág. 614. 92 I bíd. , pá g. 613. 93 GONZÁLEZ, F. y CEBRIÁ N, J. L. o p. cit., pp. 2 3 y 24. Significación y acotación histórica del término “ Transición ” 67 según los postulados políticos de quienes los form ule, para la su pe ración del “odio ” heredado d e la Guerra Civil y el franquismo . En este contexto, Julio Aróstegui precisa que la Transición posfranquista ha estado presidida, en el sentir de muchos, por la imposición de un silencio y la ne cesidad de la recon ciliación. “Es decir, la memoria de l pasado que se impone en la época de la Transición y q u e ha durado hasta los años noventa es, por una parte, la memoria de la aceptación, porque d e eso se trataba, de que aquello f ue un g ravísimo error que debe ser superado y qu e esa superación se basa en ta l reconciliación q ue presupone el olvido. Y de esta fo rma se llegaba a la necesidad de la rec onciliación” 94 . Pero, co ntinúa Aróst egui, la política de la reconciliació n h a entrado en quiebra. Ahora, son los n i etos de los protagonistas de la Guerra Civil quiene s no sien ten la necesidad de consenso s obre el futuro y el pa sado, ni m ás resolucio nes que im pliquen su olvido. En el otro extremo del arco ide ológico ha aparecido un mov imiento revisionista que quiere volver a las just ificacione s de q uienes se levantaron e n armas contra la República, co n publicaciones de escaso rigor y calidad histórica. Terminamos co n l a opinión de Q uirosa – que compartimos- sobre la equívoca Tran sición, ya qu e ésta estu vo llena de problemas e incertidumbres que inundaron d e conf licto y mu chas veces de violencia el proceso democratizador, hasta el p unto de propiciar que ca rezca de sentido la planificación m odélica y planificada que se le pretende atribuir. “El hecho de que el final arrojara un resultado may oritariamente positiv o no debe interpretarse como la desaparició n de conflictividad ni la ausencia de graves problemas que pudieron incluso acabar co n la dinámica democratizadora” 95 . 94 ARÓSTEGUI, J., “La Transición a la democracia, ‘m atriz de nuestro tiem po’ reciente, en QUIROS A-CH EYROUZE, R. (Ed.), Historia de la T ransició n en Esp aña: Los inicios del proceso d emocratizado r , Madrid, Biblioteca Nueva , 2007, pág.39. 95 QUIROSA R., “La Tr ansición a la d em ocracia: Una perspectiva historio gráfica”, en QUIROSA-CH EYROUZE, R. (coord.), H istoria de la T ransición en Espa ña… , pág. 21 . Capítulo 5. La prensa en el con texto cultural de l a Transic ión La i nfluencia de la prensa en la política y la sociedad ha sido determinante en la h istoria de este m edio d e comunicación. Recientemente Ana Briggs y Peter Burke han calificado acertadamente a la prensa “como una ‘ fuerza social ’ cuya aparición se produjo en torno a 1900 con independencia del Estado y de la Ley, y cuyo papel se potenciaría a medida que se producían los av ances hacia la democracia en todo el mundo” 96 . Esto ocurrió especialmente en e l proceso de aceleración histórica del T ardofranquismo y la Transición Democrática es pañola. Por tanto, parece i mportante reivindicar e n el estudio histórico la presencia de los medios de comunicación y de sus agentes como factores de los cambios sociales y políticos e introd ucir el periodismo no sólo co mo fuente sino también como objeto de la historia. H oy más que nunca la comunicación se ha convertido e n un elemento central d e la explicación de las sociedades actuales. La deno minada sociedad de la comunicaci ón es una realidad que prefigura, por el desar rollo de las nuevas tecnologías, un nuev o marco d e relaciones en la política, en la c ultura o e n la economía. Para el profesor de la u niversidad ma lacitana J. A. García Galindo “los periodistas de se mpeñan u na función intelectual, en tanto que transmisores de la cultura, y que s us élites forman parte de l as élites del poder. En los últimos a ños ha surgido también u na élite me diática, incluyente de aquella, que se ha desarrollado gracias a la espectacularización de los medios de comunicación y a su influencia creciente, y que integra a un sector de profesionales muy div erso” 97 . 96 BRIGGS, A. y BURKE, P ., De Gute mberg a Internet. Una historia social de los medios de la comun icación . M adrid, T aurus 2009, pági na 222. 97 GARCÍA GALINDO , J . A.: “En torn o a la élite perio dística y los inte lectuales en España. Una aproxim ación de sde la teoría y la h istoria del periodism o”, en Andalucía y España. Ident idad y conf licto en l a histori a contemp oránea (Málaga 2005). V. I, Málaga, Unicaja, 2008, pág. 321. La prensa en el contex to cul tural de la Transición 70 Por lo tanto, existe una gran relación entre los i ntelectuales, los periodistas y las é lites en la conformación de la cu ltura y e n la creación de una determinada opinión pública. De este modo, las élites penetran en los medios para utilizarlos e n su b eneficio, constitu yendo grupos d e presión; pero tam bién los periodistas de los m edios de mayor influencia y los grandes empresarios de la comunicaci ón constituyen una élite, la élite de los periodista s. Es frecuente que exista una comunión de intereses entre los grupos de presión que están detrás de los m edios y quienes detentan el poder político; las élite s se introd ucen en los m edios d e comun icación para hacer uso de ellos, conv encidos del p oder que tienen, y como ha demostrado la historia más reciente de la comunicación, la mayor parte de los grandes medios van a estar p romovidos por grupos que f orman parte de las élites políticas o económicas. La Transición política española y la normalización del país volvió a sentar las ba ses para un periodismo en libertad. En torno a los nuevos medios de re fe rencia comenzaría a gestarse una nue va élite periodí stica que había contribuido d irectamente a la Transición. En estos últimos años, esa m is ma élite p eriodística sigue desempeñando funciones d e orientación, en cu yo espejo se miran intelectuales y po líticos y generan opinión desde los grandes diarios y desde la radio y la televisión. Así pues, numerosos pe riodistas, así como otros profesionales de los m edios de comunicación, forman parte del co lectivo intelectual , porque el propio periodismo y su v ehículo, los medios de comunicación, son una de las instituciones sociales más importantes en la T ransición de la cultura y, p or lo tanto, en la creación de un a determinada opinión pública. Veamos cómo se implican to das e stas claves en e l contex to cult ural de la T ransición, la cual, iniciada en 1975, no existió com o tal en l o qu e al ámbito de la cultu ra se refiere. Es e vidente que l a muerte de l general Franco abrió un proceso que iba a desembocar d e forma rápida e imparable en una nueva realidad política e institucional, pero, según la opinión de numerosos especialista s, esto no es aplicable en lo q ue se La prensa en el contex to cul tural de la Transición 71 refiere al mundo de la cultura, es decir, de la producción int electual en aquel momento. Como señala Tusell “ no existe propiamente u na coincidencia entre la Transición política hacia la democracia y cua lquier otra en el terreno cultural” 98 . Mani f iesta que la beligerancia política del mundo de la cu ltura jugó u n p apel d e ciert a im portancia como mot or del cambio po lítico, pero piensa que “la Transición cultural ha sido poste rior en el tiempo y la libertad política n o tuvo como consecuencia una floración cultural de los valores a los que la situación política anterio r hubiera marginado o sumido en el olv ido como co nsecuencia de su actitud disidente” 99 . P or el contrario, Fusi manifiesta que “ la cultura española había reco brado desde los a ños cincuenta y sesen ta un más q ue discreto niv el de calidad y m odernidad. Parte de ella había sido ademá s esencial en la recuperación demo crática del país ” 100 . Incluso apostilla q ue, cuando se concede en 1977 el Pr emio Nóbel de Liter atura a Vic ente Aleix andre, se quiso p remiar no sólo al escritor, sino el h echo mismo de que la cultura española hubiera terminado por triun fa r sobre el franquismo. La renovada a spiració n cultu ral va a ejercer el pape l de vehículo de expresión y orientación en las demandas de camb i o. Esas aspiraciones culturales a la fue rza tenían que convertirse e n elementos d e resistencia o de oposición al régimen. Resistencia y op osición, para algunos analistas, resu ltaron mucho más ef ica ce s y decisivas que la propia oposición política. Llegados aquí, cre em o s necesario referir nos a l destacado papel que algunas publicaciones p eriódicas – revistas fu ndamentalmente - jugaron a lo largo de aquellos años. Algunas vieron la luz f uera d e nuestras fronteras, como e s el caso de Cuadernos del Ruedo Ibérico (1965); otras aparecier on en España, tr es en 19 63: Atlántida , Revista d e Occidente y Cuad ernos para el Diálog o, que, impulsada por J. R. 98 TUSEL L, J. “La T ransició n d em ocrática y el g obier no social ista” , en Historia de España en e l Siglo XX ; nº 4, Madr id, Santillana , 2007, pág. 237. 99 I bíd. , pá g. 238. 100 FUSI, J. P. U n Siglo de España. La cultura , Madri d, Marc ial Pons, 1999, pág.129. Política y tra tamiento inform ativo en Andalucía 78 de disimular) qu e no precisan de tipismo, ni de i n ventar una pseudohistoria para patentizarlo y convenc ernos. Una vez hechas las consideraciones oportu nas, abordaremos est e apartado si gui endo las orientaciones marcadas po r En carnación Lemus, quien señala co mo axioma que , “ dentro del contexto nacional, la Transición en A ndal ucía – y su a cceso a la autonomía - resulta fundamental y mo difica el curso de la T ransición e spañola” 110 . Esto es así, en primer lugar, porque termina con la dinám ica de e ntendimi ento nuclear de las dos formaciones políticas ma yoritarias – UCD y PSOE; en segundo lugar, porque te rmina también con el m odelo au tonómico inicialmente pensado – el de la autonomía plena para las “nacionalidades” históricas y descentra lización administrativa para e l resto, “las regiones”; y, e n tercer lu gar, po rqu e , reconstruido el consenso después del 2 3 F, el Estatuto de Andalucía se co nvierte en el nuevo modelo de Estatuto para el resto de las autonomías pendi entes. Frente a las nacionalidades históricas, en las que se plantea seriamente la posibilidad de un mode lo federalista para España pe r o que están controladas por partido s conservadores, la situación andaluza es distinta: no su rgen preten siones f eder alistas graves, pe r o si planteamientos e conómicos y sociales subversiv os, con objet ivos m ás radicales por parte de los partidos de izquierda y m ayor presenci a de organizaciones de e xt rema izquierda como P TE, ORT, FLA. De este mod o , el PSOE o el PCE se ven implicados, junto al Gobierno, desde el momento e n que se incorporan a la Tran sici ón pactada, en la labor de ne utralizar el radicalismo social de la izquier da. El proceso andaluz contiene una serie de singularidades : un a sociedad ideológicamente situada más a la izquierda que el c onjunto nacional y los tropiezos en su camino hacia la Autonomía . Respecto a la secu encia cron ológica de est e perí odo, veamos la opinión d e E. Le mus: “T eniendo una v isión electoral global subraya la 110 LEMUS LÓPEZ, E. “L a T ran sici ón del consenso” en ÁLVAREZ REY, L. y LE MUS, E. (eds.) Historia de Andalu cía contemporánea. Univers idad de Huelva, Huelva, 1998, pág. 499. Política y tra tamiento inform ativo en Andalucía 79 existencia de dos períodos, la etapa p r opiamente d e Transición y la de consolidación; la fecha de 1982 ha consagrado definitivamente esta inflexión. Centraremos nuestro análisis en la pri mera de las dos épocas, que co i ncide con la a dquisición de la Autonomía plena por la vía del art. 151 de la Constitución, d e f orma que 1 982 significa también el año de las primeras elecciones autonómicas” 111 . Encontramos e n este período una serie de características globales. En primer lug ar, los resu ltados electorales reflejan una sociedad andaluza orientada ideológicamente más a la izqui erda que el conjunto de la sociedad española, el PSO E va a se r desde junio de 19 77 el partido más votado. T ras las primeras consultas electorales, el espacio po lítico quedó compartido por cinco partidos: dos form aciones mayoritarias, colocadas en el centro y la izquierda de l abanico ide ológico, UCD y PSOE; en la banda de la izquierda, en disputa con el soci alismo d el PSOE, se situó el PSA y más allá, el PCE; del otro lado, a la de recha de UCD se colocó un pequeño AP. Sobre e ste ordenamiento ideológico, 1982, además de otorgar mayoría absoluta al PSOE, altera la aline ación partid ista, destacando en la p rimera línea la oposición e ntre el PSOE y la reforzada d erecha de AP -PDP; por la izqu ierda se m antiene el P C, en tanto que el PSA se ha desplazado h acia un centro ideológico empequeñecido y co ncurrido, en el que compiten UCD y CDS. En el camino de preparación del referéndum se constatan dos novedades ideológicas: la riv alidad e ntre PSA y P SOE por el liderazgo del nacionalismo andaluz ante la sociedad – se ha interpretado que la sustitución de un no nacionalista e n la presidencia de la J unta por el andalucista Ra fa el Escuredo obedece a un es tratégico cambio d e a ctitud en el partido socialista - y ruptu ra entre derecha e izqu ierda. UC D sostiene un m odelo de Estado articulado en d os tipos de autonomía s, las nacionalidades históricas y el r esto del país , encaminado por la vía ordinaria del 1 43, de m anera que, con total incongruencia, solicita la abstención en el re feréndum q ue ha convocado el propio Gobierno y 111 I bíd. , pá g. 501. Política y tra tamiento inform ativo en Andalucía 80 para el cual, por otra parte, se redactó una pregunta de co mplejo enunciado. En el seno del centrismo andaluz, esos crit erios provocarán disensiones insalv ables y definitivas que inaugu ran la rápida disgregación de l a coalición. El 1 2 de febrero de 1 980 se abrí a la campaña y días des pués Manuel Clavero Arév alo declaró que dejaba UCD p ara poder pedir el sí c on libertad. Lo mismo hicieron o tros miembros del Comité Regional. Durante l a campaña, “la mayor p arte de la p rensa andaluza sostuvo opiniones cercanas a las p osiciones guber namentales, con la cl ara excepción de El Correo de A ndalucía de Sev illa y e l Ideal de Granada . Antonio Checa considera que ABC siguió una línea ‘ contradictori a ’ y afirma que en n ingún c aso la pren sa a ndaluza pidió ab iertamente el sí al electorado” 112 . En e l conjunto de Andalucía participó algo más del 64 % de la poblac ión y v otaron sí e l 55,8% del total de los andaluc es, pero e n la provincia de Almerí a no se llegó a la mayoría obligatoria. Ciertamente la ciudadanía había ganado m oralmente el refe réndum, pero no fue suficiente. Por otra parte, los no es, sie mpre poco im portantes en número (3,4% ), pueden ser e quiparados a los v otos habitualmente concedidos a la extrema derecha más AP. A pesar de la derrota legal, los grupos p olíticos anda l uces mantuvieron el objetivo de sacar adelante la Autonomía por el mismo procedimiento, iniciándose separadamente distintas líneas de negociación en Madrid p or parte del PSA y PSOE, y abriéndose e ntre las dos formaciones u na batalla para capitanear el desbloqueo. La UCD tuvo q ue buscar un a s alida airosa a este contencioso. En el camino, el PSA quedó d efinitivamente de scolgado al bu scar u na vía de aproximación a las posturas del gob i erno que habí an retra sad o el proceso. Esto acarrearía después la retirada del respal do p opular a esta corporación política, así como un grav e conflicto interno. 112 I bíd. , pá g. 518. Política y tra tamiento inform ativo en Andalucía 81 En definitiva, el PSOE se benef ici ó en e xclusiv a d el é xito de reconducir definitivamente la autonomía por el 151 y rentab ilizó las consecuencias polític as , pue s, a partir de ahora, se convierte en protagonista h egemón ico d e la Autono mía Andaluza, un papel m uy compensado electoralmente en las prime r as autonómicas, y pudo incorporar al Estatuto su propio sentido de la autonomía. Después de octubre de 1980, ya f ue posible el impulso i nstitucional definitivo y, en ene ro del año siguiente, una Deleg ación de la As amb lea de Parlamentarios comienza e n Carmona la red acción d el p roy ecto de Estatuto qu e, tras su aprob ación por la Comisión Constitucional de l Congreso, fue ace ptado com o definitivo y quedó refrendado e l 20 de octubre de 1981. De to do este proceso me gu staría resaltar do s m omentos significativos: la manifestación y los s ucesos del 4 de diciembre de 1977, de carácter reivindicativo, y el refe réndum autonómico del 28 de fe brero de 19 80, representativ o de la conquista política de autonomía por los andaluces. A e ste respecto, o pina Fernando Arcas: “Si las o bservamos desde el p unto de vista de su m emoria, del recuerdo histórico que han dej ado, ciertamente p arece haber primado la memoria del 28 de febrero, lógicamente pasó a ser la f echa of icial d el d ía de Andalu cía, conmemorándose anualmente y por consiguiente reforzando su simbolismo respecto de l proceso auto nómico andaluz, su carácter de fecha simbólica p ara l a memoria d e los a ndaluces y de s u concie ncia autonomista…Sin embargo, y e specialmente e n Málaga, el 4 de diciembre sigue co nserv ando fuerza en la Memoria Histórica ,aunqu e no haya ya celebración popular ni oficial” 113 . Queda la calle dedicada a José Manuel Caparrós- la víctima de aquellos a contecimientos del 4 de diciembre -, joven militante de Co misiones O br eras que cayó abatido por los disparos de la policía armada aquel domingo. 113 ARCAS CUB ERO, F . “Mo vilización po lítica y T ransición dem ocrática: los s ucesos del 4 de diciem bre de 1977 y el r eferéndum del 28 de febrero de 1980 en Málaga” en Tiempo de Cambio. Hª y Memoria de la Transición en Málaga (Málaga, 2004). Unicaja, Málaga, 2004, pág. 61. Política y tra tamiento inform ativo en Andalucía 82 Estas dos fechas so n pues determinantes para entender la historia reciente de Andalucía. Hay un matiz que las d iferencia: la primera es la última gran manifestación de a poy o popular a la democracia y a la autonomía que ha habido en Andalucía. No fue só lo u na manifestación autonómica, sino también de ilusión colectiva por la recuperación de la democracia en la sociedad andaluza. Pero también marca, por su s resultados trágicos, el fina l de este soporte popular y de esa mov ilización ciudadana, y la aparición de un cierto miedo a nte las g ran des movilizaciones populares. Desd e lu ego, un miedo mucho más marcado en Málaga qu e en las otras provincias andaluzas , cuyas manifestaciones terminaron pacíficamente. La segunda fe cha – el 28 de febrero - tiene un significado más político e inst itucional. El refe réndum se ganó por los partidarios del sí, pese a las maniobras del gobierno de la UCD. Con ello se produce el cambio desde u n inicio de l a Tran sición con un gran apoyo popular manifestado en las calles, a una situación en la que se produce la reconducción de la política a través de sus vehículos normales: los dirigentes, los repres entantes parlament arios, los partidos políticos y las instituciones que se po nen e n marcha desde 1977 . “… Andalucía entonces pasó a ser una cuestión política y de Estado para el gobierno español, y esto era co mpletamente nuevo pues nunca se ha bía dad o en la historia que Andalu cía, como comunidad que aspiraba a tener poder político, se convirtiera en un problema para la nueva configu ración de l Estado ” 114 . Con anterioridad, Andalucía era sinónimo de p roblema social, de atraso e conómico, de problemas con los jorna l eros y necesidad de una reforma agraria. En la Transición, además de esto, Andalucía aspira a formar parte di f erenciada del Estado y a poner en marcha su s institu ciones autonómicas. Sin embargo, la T rans ición democrática en Andalucía ha sido ba stante m oderada y resp onsable, moderación y el respeto al estado que son incuestionables. 114 Ibíd., pág. 68. Política y tra tamiento inform ativo en Andalucía 83 6.2. Relaciones entre política y periodismo en A ndalucía Andalucía jugó u n papel fu ndamental tanto en la vertebración territorial del Estado de las Autonomías como en el tránsito de la dictadura a la democracia e n Esp aña. T uvo la p resencia d e unas características socio- culturales propias que estim ulan a l pe ríod o hacía una particular personalidad política que se pr oyecta sobre el Estado . La prensa tuvo un papel decisivo en este período, contribuy endo a la difusión del ide ario de los derechos de la pe rsona. P ero, pa ra Javier Tusell , “ la llegada de la libertad no fue u n momento de esplendor para ella sino de relativ o decliv e. Desde los años se tenta a los ochenta su tasa de circulación d isminuyó algo más de l 10 por ci ento y sólo con el paso d el tie mpo se produciría u n cambio más esperanzador en la lectura de diarios” 115 . En Andalucía, piensa M. Ruiz que “ si existe un vehículo socializador de todo el proce so, lo son, sin duda, los m edios de comunicación” 116 . Además, h abía defendido que, a l meno s en el ámbito de la prensa escrita, “ la Transición andaluza no llega a culminarse hasta finalizar 1984, una vez que tiene lugar el proceso de liquidación de las cadenas andaluzas pertenecientes al Estad o” 117 . Sin embargo, desde los medios se aprovecha cualquier resquicio legal para impulsar valores democratizadores y el de bate s obre la realidad andaluza aú n antes de la caída del régimen franquista. Un informe interno reali zado por la prensa del Movimiento en los años 70 se ñalaba que el estado de las instalaciones era insostenible y todos, excepto Sur de Málaga, eran deficitarios. Este conjunto de circunstancias lleva a plantear en 1974 un plan de ajuste para poner estos medios en condiciones de supervivencia y a ctualización co m o instrumento d e orientación ideológica y política de la o pinión pública española en tiempos de cambio y ref orma. Este nu evo p lan e s 115 TUSELL, J. “ La Tr ansición dem ocrática …, pág. 2 43. 116 RUIZ ROMERO, M. , “La prensa en Andalucía durante la T ransición” en Ámbito. Revista Andal uza de Comu nicación , 1, Sev illa, 1998, p p. 231 -252. 117 Ibíd., pág. 85. Política y tra tamiento inform ativo en Andalucía 84 presentado, pues, como un intento de reajuste. A partir d e esta fecha se puede ha blar ya e n sentido e stricto de una p re nsa estatal sin dependencia teórica de organización política alguna. Es decir, sin adscripción ideológica. Los primeros indicios de ap ertura en es ta etapa q ue inicia su andadura se van consolidando no sin es fuerzo contra el involucioni smo. El Real Decreto Ley sobre libertad de expresión a bre las p uertas a un a mayor amplitud y p l uralidad informativa claramente democráticos, a sí como la legalización de órganos internos de las fuerzas de la o posi ción, fundamentalmente Mundo Obrero y El Socialista, cuyos militantes ofrecen sus ejemplares por la vía pública o bien en kioscos y librerías como novedad edito rial. Muchos de e stos e stablecimientos f ueron objeto de agresiones. La Cons titución y la posterior liquida ción de la ca dena estatal de prensa, Medios de Comunicación S ocial del Estado, mediante acuerdo en Consejo de Ministros (16 de mayo d e 19 84), p one punto final institucional a una amplia etapa de fa lta de libertades que en el medio informativo ha venido mostrando su cara e ntre la censura y la represión. En Anda lucía, de los once medios qu e configuran la citada Cadena en las ocho provincias para finales de 1 97 8, sólo sobreviv en siete cabeceras. En cuanto a las rev istas, con a nterioridad a la llegada j urídica de la libertad de expresión, ap arecen en nuestra com uni dad una ser ie de proyectos informativo s surgidos a falta de una prens a de mocrática. Articulado en torno a grup os democráticos ven la luz en Andalucía un conjunto de nuevos títulos al a mparo de empresas o colectiv os e n donde se esconden las futuras élites de poder democrático. As í, en septi embre de 19 74 aparecen en Sevilla La Ilustración Regional, que se presenta como Revista d e Andalucía. Editada po r la Sociedad Andaluza d e Ediciones, S.A., tiene carácter m ensual hasta su desaparición en 1976. De gran calidad y amplia tirada , es víctima de la censura y entre sus promotores – colaboradores vamos a encontrar co nocidos políticos y periodistas de la época. Al hilo de esta desaparición aparece o tra más Política y tra tamiento inform ativo en Andalucía 85 modesta d enominada Torneo , semanario popular andaluz que , desde mayo de 1976 a principios d e 1977, ejerce una influencia alrededor de Sevilla y se esco ra hacia posiciones cercanas al PSOE. Con carácter semanal y de form a más constante aparece n los autotitulados Vo z de A ndalucía y Tierras d el Sur , siendo este último el intento más ambicioso, trascendente y decididamente difusor del regionalismo andaluz de la época. Se funda en 1 976 y desaparece en 1979, editado en los talleres de E l Correo de Andalucía. Precisamente de su proyecto empresarial eme r ge, a rropado por el Con greso de Cultura Andaluza reunida en Archidona, la d enominada E nciclopedia de Andalucía , editada mediante fascícu los. Con total seguridad será el proyecto ed itorial más ambicioso d e nuestra comunidad durante la Transición, a la vez que una p ropu esta exitos a en su tiempo. Desde Málaga nace en 1979 Algarabía , que, co mo seman ario, apenas ll ega al año de vida. También l o hace Naif en Alm ería, la c ual no pasa de su tercer número, y que, junto a Alm ería Semanal y Al borán conforman la iniciat iv a del oriente andalu z. Igualmente, y en su p rimera etapa, ap arece desde Sevil la la revista Leviatán , cu yo consejo de dirección of rece una clara idea de la cercanía ideológica al PSOE andaluz. En orden a las revistas de tipo c ultural con ca r ácter p reautonómico, hacemos referen cia a Candil, e ditada por l a peña f lamenca de Jaén desde 1978. De la misma fo rma, la ma l acitana Jábega, que con carácter trimestral ha venido desde el tardofranquismo ejerciendo su influencia, está potenciada con absoluta normalidad con la llegada de las n ueva s corporaciones provinciales democráticas. Por su parte, la situaci ón de los diarios, tras u n período de o bligado inmovilismo, se caracteriza po r su abierta inestabilidad. Distintos títulos aparecen en las provincias andaluzas, c omo consecuencia, por un lad o, de la democratización de los antiguos diarios pertenecientes a la Cadena, por otro, como punto de nuev as experiencias editoriales. Si bien el carácter vespertino se cierra en 1975 con La Tarde de Málaga, reaparece en 1976 bajo la experiencia de Nu eva Andalucía, Política y tra tamiento inform ativo en Andalucía 86 autotitulado como diario católico desde su fundación en 1889 . En e l período qu e estamos analizando , el medio entra en una crisis que culmina con la pérdida paulat ina de peso de los se ctores eclesiásticos dentro del consejo de administración, a favor d e sectores af ines a l partido en esos momentos hegemónico en el poder, PSOE. Sevilla, como diario d el Movi miento, se trans fo r ma en el matutino Suroeste ; el proyecto no cuaja y desaparece en 1983. ABC , en su edición de Sevilla, se convierte, bajo la dirección d e Nicolás Salas y a trav és de l as primeras se cciones que existen sobre información regional o en refe rencia al ente preautonómico, en una imprescindible fuente de inf ormación para el estudio de la Transición en nuestra c omunidad. Gracias a su excelente tirada le ha ce recuperar en rentabilidad a la edición madrileña. Por último, señalar en Córdo ba la apari ción en mayo de 1981 del diario La Voz . Su rgido desde promotores respaldados también por el PSOE, se cierra en 1 982 en la me dida en que su cap ital se hace con la propiedad por subasta de l Córdoba . De ig ual forma, debe mos citar a Sol de Esp aña , que aparece desde Marbella, más tarde desde Málaga; Patria de Granada, como antiguo diario falangista; a sí como Diario de Cádiz , como una de las experiencias m ás rentables, ju nto a Área que trasciende en el tiempo a partir de su nacimiento como pren sa local en La Línea de la Concepción. La provincia de Cádiz, pues, se consolida como la de mayor número de cabeceras durante este período. En cuanto a la prensa de partidos , cabe destacar las refe rencias a Andalucía que pudieran existir en Mundo Obrero, Nuestra Bandera y El Socialista , los cuales, pese a su perspectiva de E stado y, dada la alta implantación de estas fuerzas en nuestra comu nidad, prestan un especial segui miento a la cuestión an daluza, amé n de otras publicaciones. Junto a ellas encontram os otras co mo An dalucía Li bre , órgano de l PSA y La V oz del Pu eblo Andaluz , ed itada p or el PTA, más tarde PAU-PTA , así como A ndalucía Socialista , como portavoz de la FSA-PSOE. Política y tra tamiento inform ativo en Andalucía 87 En el terreno sindical destacan Realidad de CC.OO. de Andalucía, Vo z Obrera de las CC.OO. m alacitanas, Tierra y Li bertad del SOC.; otras de ámbito local de la UGT, así como Andal ucía L ibertaria de la CNT. También en u n intento de e valuar los suceso s de la T ransición se pu eden apuntar algunos artículos int eresantes de la inde pendient e Nación Andaluz a. El anál isis de la prensa diaria andaluza d urante el período de la Transición nos lleva a considerar la etapa en general en un sentido diacrónico y en constante evolución. La realidad andaluza, a unque no resulta homogénea, si es paralela, por cuanto viene marcada en la década de los años se tenta por una fuerte implantación d e medios de la cadena del Movimiento, si bien éstos pierden i nten si dad en audiencia e n la medida que pasan los a ños. Los medios consolidados de carácter independiente respecto a la órbita f ranqu i sta, pero imbuidos en la realidad d el régimen, se incorporan con no r malidad a la defensa de l proceso democrático y autonómico. Realizan un esfuerz o por introd ucir en sus páginas nuevas temática s hasta en tonces d esconocidas, acordes con su nue va línea edit orial abiertamente comprometida en defensa de la d emocracia y en el rechazo de tendencias e xtremist as, violent as o reaccionarias. Son nul os los e l ementos de crispación o en f r entamiento entre diarios en es tos momentos. E n un principio, los diarios v ienen m a rc ados por un elevado índice de penetración d e la prensa estatal, si bien bajo al comienzo de la Transición , aumentan una vez se consolidan los procesos d emocráticos. La a parición de nuevos m edios, f ruto del alto interés informativ o, provoca la creación de nuevas audiencias q ue se incorporan al mercado de la prensa diaria en sus diferentes vertientes: vespertinos, prensa política, revistas…Resulta un a época de gran inventiva empresarial, aunque é sta no lle ga a concretarse, pes e al intento, en la consolidación de u n medio de á mbito andaluz. “El presen te que hemos v iv ido bajo la referenci a de la Transición – con mayúscul a- está a punto de desaparecer : ¡ démonos prisa a estudi arlo como t al antes de que sea puro pasado! Estamos en e l umbr al, sino algo más, de ot ro momento que como p resente juzgarán ya quienes nos sigan con sus propios instru mentos y percepciones nuevas. A nosotros nos cabe seguir profundiz ando en la historia que hemos vi vido en su plenitud. Por ello, deseo que seamos conscientes de este cambio y ello m ismo nos espolee a no dejar pasar una historia que para que sea eje mplar debemos ante todo cono cerla bien ”. Julio Aróstegui, La Tran sici ón a la democracia, ‘matriz’ de nuestro tie mpo reciente. Capítulo 7 . El País La aparición en Madrid el 4 de may o de 19 76 del diario El P aís , perteneciente al grupo PRISA d e Jesús de Polanco, revolucionó el mundo de la prensa . Fue dirigido entre 1976 y 1988 po r Ju an Luís Cebrián. Con un selecto grupo de p eriodistas e intelectuales relev antes a su f rente, “ El País tuv o u n éxito f ulminante, espe cialmente en medios políticos y culturale s de la ‘ intelligentsia ’ liberal y d e izquierda, que tuv o en sus páginas el vehículo idóneo para la expresión de sus ideas” 120 . Entre é stos podríamos destacar a Darío Valcárce l (subdirecto r), Fernando Casa res y Augusto Delká der (redactores jefe), J avier Prad era, Vicente Verdú, Francisco Umbral, Juan Cueto, Maruja T orres, Rosa Montero, M anuel Vincent, Ángel S. Harguindey , Soledad Gallego-Díaz, Francisco Calv o Serraller – con una espléndida sección de crí tica e Historia del Arte qu e marcaría el gusto y la sensibilidad artís tica del país – y un largo etcétera. To do e llo rev elaba la ascendencia q ue la c ultura democrática tenía en los med ios universitarios y profesionales ( como criticaría con a critud y aspe reza ya en 1979 Federico Jiménez Losantos e n su libro Lo que queda de España ), a l go q ue sólo empezó a cambiar en los años ochenta, con la recuperación del diario ABC bajo la dirección d e Luís Mª Ansón y la aparición en 1989 de El Mundo , dirigido por Pedro J. Ra mírez. J. L. Cebri án opina, sobre el papel de la prensa en la T ransición y su propio pr oyecto periodístico, que los diarios – especialmente algunos- protagonizaron abiertamente dura nte un tiempo el liderazgo que la sociedad demandaba en el camino a la democracia y q ue no podía n encontrar en las deca dentes instituciones heredadas del franquismo. “ Esta situ ación favoreció y alentó el éx ito d e d eterminados periódicos, notablemente el de El P aís , qu e llegó a conv ertirse en símbo lo d e la Transición misma, lo qu e derivó en un suceso pro fesional y co mercial que algunos comp etid ores tardan en perdonarnos y que es culpable, 120 FUSI, J. P. op. cit. , p p. 151 - 52. El País 98 también, de l espíritu arrogante y au tosuficiente de muchos de quienes contribuimos a h acerlo” 121 . Obsérvese la ironía en la parte f inal del razonamiento. Para el director d el periódico , el hecho de que e l p r oceso político no fue ra revolucionario, pero resultara efectiv amente constituyente, frente a las ansias y l as d esesperaciones de quienes p retendía n una monarquía franquista, fa cilitó el m encionado p apel de la pren sa, que resultó crucial en los albores del n uevo régimen. Continúa con su discurso af irmando que, gracias a ese liderazgo so cial de los periódicos y al empuje de sus lecto res, en 1976 comienza lo que podría denominarse la década de oro del periodismo e spañol del siglo XX. Es el momento de la recuperación de los intelectuales para las páginas de los diarios, d e la pro fesionalización de los peri odistas, etc. Para t erminar manifestando que el balance hasta finales de la década de los ochenta no p udo ser m ás positiv o, aún a sabien das d e que la mezcolanza habida entre políticos y pe riodistas al comienzo de la Transición p rovocó m ás tarde no pocos malentendidos, “convirtiendo a algunos gobernantes en obsesos de la opinió n pública y a g ran parte de los co lumnistas en petimetres de la gobernación” 122 . Cebrián recuerda cómo El Pa ís salió a la cal le e n el último cuarto del siglo pasado con el lema bajo su cabecera de “Diario independiente de la mañana”, eslo gan que h asta hace pocos años campeaba en su primera página. “ La intención de quienes fun damos el pe riódico e ra expresar púb licamente una ausen cia de compromisos, ideológ icos o de cualquier tipo, con grupos o p ersonas que pudieran interferir e n n uestra actividad ” 123 . Actualmente, piensan que ya no tiene sentido, no p orque no sea independiente, sino porque ya no es especialment e d isti ntivo en el con junto de m edios q ue inundan el ambiente. Así ha sido sustituido por la de “el diario global en español”. 121 CE BRIÁN, J. L. El pianist a en el burde l. Galaxia Gute nberg, B arcelona, Círcul o de lectores, 200 9, pág. 75. 122 I bíd. , pá g. 77. 123 I bíd., pág. 101. El País 99 La renovación de la prensa periódica, tras aquellos a tisbo s azarosos que en los f inales del ta rdofranquismo ofrecieron rotativ os como Mad rid, In form acion es y Cam bio 1 6 , para José Carlos Mainer se materializó en “ E l más granado fenómeno que surgió de tales antecedentes fue el diario El País , erigido muy conscientemente en una suerte de conciencia moral d e la nación y ejemplo, al dec ir de su colaborador Aranguren, en u n verdadero ‘ inte lectual colectivo ’” 124 . La cita de Aranguren h a sido recogida por un buen nú mero d e los autores que he mos consultado . También vuelve a reiterar lo ya e xpuesto por otros investigadores que, con e scasas e xcepcio nes, en El País escriben los oráculos m ás populares de España y sus columnas establecen la cotización en provincias de conferencias, mesas redondas y cursos de verano . Gracias a él una bue na canti dad d e escritores españoles conocen un a popularidad que solamente e ncuentra lejano parangón co n la que sus ante cesores vivieron en los años ve inte y treinta de este siglo: alguno de ellos, como Fran cisco Umbral y An tonio Gala, pueden jactarse incluso de haber influido decisivamente en la sensibilidad de sus contemporáneos. Por otro lado, la e xistencia de El País y su h olgada hegemonía en el m undo de la comunicación e spañola demuestra paladinamente el triunfo d e la o rganización y del cálculo indust rial e n la vida cultural. Sus firmas provienen, e n mayor parte, de a quellos e ntrañables reductos del antifranquismo cult ural que el público español condenó a desaparecer poco después de 1975: Cuadernos para el diálogo, Triunfo o El Viej o Topo . A estos ú ltimos, Ceb rián y algunos d e los autores m encionados les dedican un emotiv o recuerdo. Con su p oder, El País log ró entonces establecer una posición de influencia que mu y pocos periódicos han conseguido en la historia de la prensa. Sin duda, numerosos mensajes y gestos del diario en cuestiones políticas y sociales marcaron el paso a la democracia. Una actitud que 124 MAINER, J.C. “1975 - 198 5: Los pod eres del pasad o” en AM ELL, S. y G ARCÍA CASTAÑEDA , S. (e ds.): La cult ura esp añola en e l postfranqu ismo. D iez años de c ine, cultura y literatura (1975 -1985), M adrid, Pla yor, 1988, pág. 25. El País 100 no e stuv o exenta de riesgos, como demuestra el atentado ultraderechista suf rido el 3 0 de octubre de 1 978 en la sede del periódico, o los embates de la justicia, que recay eron sobre e l director Juan Lu is Cebrián. En e sta lín ea de análisis se encuentra Ju an A. Ga rcía Galindo, quien conside r a que la signif icación histórica del periódico está fuera de toda duda: “…se trata del gran diario nacion al que su rge tras la muerte de Franco. La influencia d e El Pa ís en e l d esarrollo de los acontecimientos parte de la puesta en práctica de u n periodismo de crítica, de contrapoder, a nte las circunstancias sociales y políticas que frenaban el avance de la democracia, al tiempo que contribuía a vehicular esa d emocracia, al abrir su s página s a todos los líderes políticos ” 125 . Por su parte, Checa G odoy concluye que El País se ha constituido desde los últimos a ños del pa sado siglo en el diario de mayor audiencia e influencia en España, comparable a Le Monde en Francia. Comenta que han aparecido algunas obras sobre el diario, incluso en pa íses vecinos, a unque no todas son e stri ctamente favorables. La más ambiciosa e in fluyente es la obra de las historiadoras Mª Cruz Seoane y Susana Sueiro, “Una historia de El País y el grupo PRI SA ” 126 . También destacamos el trabajo de Juan Cruz, integrante de la redacción, Una memori a de El Pa ís, 20 añ os de vida de una redacción . En tre los aná li sis críticos, el de Joseph P alau, El País, la quinta co lumna, l´an ticatalanism e de esquerres. Además de algu nos ensayos, s in mucho valor histórico. En e l ap artado de los más acé rrimos críticos, insuflado de una evidente animadversió n, estaría García Viñó (p eriodista que fue director de l Alc áz ar y La Ra z ón ) quien p rofiere: “… El País ha v etado artículos n o porque fue ran malos, sino por su contenid o; El País censura las cartas al d irector; E. P. sile ncia auto r es de v alía, m ientras (otra f orma de engañar) aúpa a las me diocri dades de su cua dra; y también silencian 125 GARCÍA GA LINDO, J. A., “Periodism o y política en l a España d e la Trans ición”, en Revista de Extre madura , nº 10, 199 3, pp. 21 - 31. 126 CHECA GODO Y, A ., Histo ria de la Comunicac ión. La Coruña, Ne tbiblo S.L., 200 8, pp. 88- 89. El País 101 obras importantes, como en su día denunciaron A rang uren y Go ytisolo y, más r ecientemente, Víctor Moreno y las autoras (Mª Cruz Seoane y Susana Sueiro) de una ‘ Hª de El País ’, apare cida recientemente” 127 . Estamos de acuerdo con la opinión de Ga rcía Castañeda al manifestar que el e s tu dio más completo re alizado sobre El País es e l realizado por Mª Cruz Seoane y S usana Sueiro. El libro po demos dividirlo en do s partes fu ndamentales: la primera, muy completa, en la que se narra todo e l proceso de constitución y organización del diari o, así co mo se describen to das las vicisitudes a dministrativas, políticas y personales que s e pr odujeron en la gestación del pe riódic o; y u na segunda, más amplia, en la que , desde una perspectiva de evolución cronológica, se determina el posicionamiento de El País res pecto a los as unt os institucionales, políticos, sociales, económicos, culturales, etc. En la primera parte se narra cómo se generó una auténtica guerra por el control económico, ideológico y político del periódico, “ que no hubiera sido quizá tan en conada si El País no se hubiera con vertid o en poco tiempo en el d iario de referencia, el más influyente sin duda en la clase política ” 128 . Esta cuestión está en íntima relación con su gestación. Su fundador, José Ortega Spottorno, hijo de Ortega y Gasset, h a bía tenido la idea de crear un rotativ o de carácter independiente y a en 1971. Junto con él comenzaron a fragu ar el proyecto de un d iario liberal, europeísta y moderno Carl os Mendo (ex director d e la agencia EFE) y Darío Valcácer (de ABC). Los tres, junto a Ramón Jordán de Urries y Juan José de Carlos, serán los cinco miembros que con stituy en en marzo de 1972 la Sociedad Anónima Promotora de Informaciones (PRISA), repartiéndose los cargos en la Junta de Fundadores y el Con sejo de Administración. P oco después , el 31 de mayo del mismo año, se suscriben nuev as acciones, sumándose al proyecto 45 nuevos propietarios, reunido s por los fundadores de en tre su propio entorno, 127 G ARCÍA VIÑÓ , M ., El País , la cu ltura com o negocio. T afalla, T xalaparta, 20 06, pp.102-103. 128 SEOANE, Mª C. y S UEIR O, S. op. cit ., pág. 25. El País 102 conformando un cóctel, según las autoras, de liberalismo orteguiano, monarquismo democrático y reformismo desde el régimen, estos dos últimos grupos encabezados por José Mª de Areilza y Manuel Frag a respectivamente. Estas tensiones se irán agudizando e n los a ños siguientes, especialmente e ntre 1977 y 1979. En ellas, algunos s ocios m ostraro n su de scontento con lo qu e consideraban una desviación de los planteamientos fundacionales del periódico. Como consecuenci a de estos desa cuerd os, al gunos a bandonarían el proyecto, (Julián Marías, Miguel Orte ga Spottorno), e inclu so un n ombre fundado r, Darío Va lc árcel – hombre d e Areilza en e l pe riódico - van renuncian do a sus puestos de responsabilidad en l a empresa. Al tiempo, Je sús Polanco va acumu lando cuotas de poder en la sociedad, de la q ue se convertirá en presidente e n 1984 129 . Algunos analistas han señalado que se trata de una disputa por la diferencia que existe entre los propietarios, que son reformistas a unque conservadores, y los miembros de la plantilla del periódico, m ás cercanos a la izquierda. En este sentido, c omo clav e para entender l o sucedido, señ alamos la apreciación de las autoras e n lo que fue fundamenta l en el proc eso d e control de l periódico: l a a sociación entre Jesús de Polanco y Juan Luís Cebrián que, según ellos mismos, p rocederí a ya de antes. Ambos tenían una pos ición en cierto modo paralela. Habían sido conv ocados por los promotores como técn icos en sus respectiv os te rrenos , para la ge stión uno , en la dirección de l periódico e l o tro , y la lín ea ideológica la marcarían los fundadores. Sin embargo, ning uno de los d os se av enía a representar ese papel sub ordinado. Es Polan co quien da una nueva dimensión al proyecto p roponiendo la v ariación “ …de un diario influy ente para minorías a un diario q ue, si n renunciar a ser de calidad, asp i ra a dirigirse al gran público, visión que coincidía con la de Cebrián ” 130 . 129 BUST AMANT E, E., “El País : Análisis del p oder”, e n IM BERT, G y V IDAL BENEYTO, J. (coord.), El País o la ref erencia dom inante , Madrid, Mitre, 1986, pp. 55- 107. 130 SEOANE, Mª C . y SEOANE, S ., op. c it. , pág. 65. El País 103 T odo concluy ó con la creación de una joven redacción, “ decididamente p rogre, m uy estilo mayo d el 68 situados muchos d e ellos, más o menos vagamente e n la izquierda, incluso extrema izquierda d el espectro político ” 131 . Mientras tanto, el pape l d e J. de Polanco había ido subiendo rápidamente. Todas estas circun sta ncias provocaron las más sonoras prote stas por parte de los accionista s liberal -conservadores que denunciaron esta “izquierdización” del periódico. La segunda parte abarca de sde la salida del periódico hasta los dramáticos acontecimientos de marzo de 2004, que tuvieron qu e ser añadidos a f inales de 2003 , cuando ya habían ce rrado la edición del libro. En est a p arte se anali za el ref lejo en El País d e todos los eventos políticos, institucionales, sociales, cu lturales, e conómicos, deportivos, etc., ocurridos durante ese tiempo en España. De en tre todos los aspectos tratados en el libro resaltaría do s d e ellos, por su mayor cercan ía al trabajo que e s tamos realizando: uno sería el q ue se o cupa de la “ libertad de e xpresión ” y e l otro de “ la cultura ” . En cuanto al primero, v emo s cómo de sde sus inicios e l periódico se había mostrado inflex ible en este tipo d e c uestiones. La p ágina publicada el 12 de mayo de 19 82 es un claro ejemplo: la li bertad de información y los excesos d e la p olicía coincidían ese día en el ed itorial “La toma del Rastro” , donde se criti caba “ una redada indiscriminada de la policía ” y otro titulado “‘ Libe rtad de información ’ , motivado po r la Ley d e Def ensa de la Democra cia, recien temente a probada por las Corte s Generales ” 132 . Otro ejemplo, reflejo ta mbién de la m isma situación: “ Ante la posibilidad de qu e la Ley de Pren sa de 1966, nu nca formalmente abolida, ni explícitamente declarada antico nstitucional, f uese sustituida por o tra, la postura de El País fu e siempre que ‘ la mejor ley d e prensa es la q ue no existe” 133 . En cuanto a la cultura , po demos d ecir que ha sido la sección que ha creado más controv ersia con el resto de protagonistas mediáticos e 131 Ibíd. , pá g. 60. 132 I bíd. , pá g. 184. 133 I bíd. , pá g. 185. ABC de Sevilla 110 Por tanto , ABC se mantuvo co herente con sus p rincipios durante todo el período, criticando a un go bierno que comienza republicano y termina siendo del Frente Popular. “ Su postura quedará junto a los conservadores de la CEDA, los monárquicos cató licos de los carlistas, los obreros no sindicalistas de corte nacion alista de la Falange y, por supuesto, los monárquicos que apoyan a Al fonso XIII” 143 . El golpe de Estado de 18 d e julio de 1936 supuso una ruptura en todas las estructuras del país, que se trasladó a los medios de comunicación y al diario ABC. La situación del pe riódico en e l período 1936 - 1939 fue esp ecialmente interesante porque, “además de ser posiblemente la única o casión en que una misma cabecera se publique en dos bandos enfrentados en una guerra, su edición andaluza alcanzó un más q ue notorio protagonis mo en e l territorio ocu pado por las tropas sublevadas” 144 . Esta rocambolesca situación se explica por el é xito del alzamiento en Sevilla y su fracaso en Madrid. A pa rtir del 18 de julio, se acabaron las vicisitudes en la vida empresarial para A BC, pues no sólo va a mantener sus ventas sin o que las aumentará, difundiéndose por toda Andal ucía y Extremadura. La direcció n, en p rinci pio, correrá a cargo de Juan Carrete ro Luca de Ten a, conservador mo derado, quien será su stituido desde 1938 por el fa scista Luis de Galisonga. Carretero había sido d epuesto por intri gas políticas, sin embarg o, volv erá a la direcc ión una vez ter minada la guerra. Con todas las ca pitales importantes fieles a la República, “ABC de Sevilla , con buenas instalaciones, se convertirá en el principal diario de la España controlada por l os sublevados, t endrá enviados especiales a los f rentes y su tirada su perará ampliamente los 100.000 ej emplares, que no volverá a alcanzar en su histori a 145 . Hemos querido desta car las muy reveladoras declaraciones (por su elevada do sis de hipocresía y cinismo) que r ealiza al periódico el 22 de 143 Ibíd., pág. 64. 144 LANG A, C., “AB C de Sevil la , e l diar io de m ayor circulac ión en la España nacion al ”, en CHECA GO DOY, A., y otros (coord.), ABC de Sevilla… , pág.85. 145 CHECA GODO Y, A., Hist oria de la prensa an daluza , Sevilla, Edici ones Alfar, 2 011, pág.455. ABC de Sevilla 111 julio el golpista Gonzalo Qu eip o de Llano: “Netamente republicano, de lealtad absoluta y d ecidida al régi men que un mov imiento de opinión legalmente expresado en unas elecciones generales, q ue fueron sinceras, dio al p aís en el año 31…Defendemos sencillamente a la Patria... (Langa Nuño, 2009:138)” 146 . Durante el franquismo, u na de las e tapas más lamentables para la prensa en nuestro país, las ventas no ce saron de de scender hasta los años sesenta que, con el desarrollo eco nó mico y la Ley d e Prensa de 1966, comenzaron de nuevo a a umentar. AB C destacó entre la prensa publicada en Andalucía, pasando de los 50.000 ejemplares en la década de los cincuenta a los 70 .000 a f inales de los setenta. Sin embrago, en el terreno informativo, desde el punto de vista p olítico e id eológico no evolucionó, se mantuvo f iel a los principios del Movimiento en todo este período, haciendo de correa de transmisión del Rég imen y constituyéndose en uno d e sus más valiosos baluartes. En cu anto a su implantación g eográfica, destacamos una importante penetración desde Se villa en Huelva, Cádiz – Jerez- y e n menor me dida en Córdoba, “no cubre toda Anda l ucía, pero es sin duda el diario andaluz de más extensa di fu sión” 147 . Muerto Franco y concluido el aperturismo, con la llegada de la Transición la empresa busca otro talante po lítico y n ombra a Nicolás Salas como s u director. Éste acuñó una expresiv a metáfora para indicar su cometido al f rente d el diario andaluz: “‘Cambiar las tu berías sin cortar el agua’” 148 . Pasar el periódico de una dictadura a una demo cracia, fue un proce so mu y duro, porque tuvo que cam biarlo todo, inclu i do e l personal. Continúa comentando la so l edad en la que se encontró en aquella época en los siguien tes té rminos: “La d erecha decía rojos; los rojos, que éramos de derechas, y la UCD decía que yo era ‘la b estia negra del gobierno’” 149 . 146 Ídem. 147 Ibíd., pág. 471. 148 MAHAMUD P. G. y G ARCÍA M. D. , “10 vidas de ABC . Historia de los directores de ABC de Sevilla” en CH ECA GO DOY, A . y otros , ABC de Sevil la… , p ág. 275, pp. 26 7- 281. 149 Ídem. ABC de Sevilla 112 Durante esta e tapa, ABC , en su edición d e Se vil la, su perando planteamientos de se guidismo a la cabecera de Madrid, se co nvierte bajo la dirección de Nicolás Salas (director desde noviembre de 1976 a septiembre d e 1984), “…y a tra vés de las prime ras se cciones q ue existen sobre i nformación regional o en refe rencia a l en te preautonómico, en una imprescindible fuente de inf ormación para el estudio de la Transición en nuestra comunidad” 150 . En 1976, a unque con un leve d escenso e n la tirad a, ABC sigue siendo el diario de más ventas e ingres os en Andalucía con c erca de 75.000 ejemplares, superando en rentabilidad a la e dición nacional. Constituye, por tanto, un serio intento d e lid erar la co ber tura regional a partir de u n sustancial aumento d e pá ginas dedicadas a este tipo de información. Respecto a la lucha po r la a utonomía, destacamos la intensa y fructífera labor realizada por parte de e stos profesionales en este período de gran signi ficación histórica para nu estra tierra. Así vemos como “la edición a ndaluza defenderá el proceso autonómico anda l uz en la decisiva coyuntura del referéndum de 1980, f rente a la recelosa edición nacional” 151 . Como ejemplo de esto último, en la portada del 2 8 de febre ro de 1980, el editorial titulad o: “Serenidad y resp onsabilidad”, se realiza todo un ejercicio de ponderación y malabarismo político, para no comprometerse y salir ganando, sea el que sea el resultado del Referéndum; veamos unas líne as: “…Mañana, Andalucía no deb e rá señalar a g anadores ni perdedores, porque lo que está en ju ego es, pura y simplem ente, nuestra región . No será, pues, momento de reacciones airadas, acusaciones ni triunfalismos” 152 . Sin duda a lguna hubo unos g anadores y estos fu eron los a ndaluces que, como Nicolás Salas, defendieron el sí en el Referéndum, haciendo extensible esa victoria a toda Andalucía. 150 RUIZ RO MERO, M., “La prensa durant e la T ransición entre el tardof ranquism o y la dem ocracia”, en REIG R. (dir.), La c omunicac ión en Andalucía. Histor ia, es tructura y nuevas tecnologías ” , Sevilla, Centro d e Estudios Anda luces, 2011, pá g. 181. 151 CHECA GODO Y, A ., Hist or ia de la prensa … , pág.506 . 152 Ibíd., pág. 507. CU A RT A P ARTE EL DEBATE SO BRE LA MEMORIA HISTÓRICA “Div inidades que habitáis estas moradas vecinas, templos que mis ojos no contemplarán ya nunca más, dioses que he de abando nar, a los que honra la el evada ciudad de Quiri no, ¡ recibid mi adiós para siemp re!”. Ovidi o, Tristia, I, 63-65. Peregrino (o Ítaca) ¿Vol ver? Vu elv a el que tenga, tras largos años, tras un largo v iaje, cansancio d el camino y la codi cia de su tie rra, su casa , sus ami gos, del amor qu e al regreso fi el le espe re. Más ¿tú? ¿ Volv er? Regresar no pi ensas, sino seguir li bre adelante disponibl e por siempre, mozo o vi ejo, sin hijo que te busque, como a Ulise s, sin Ítaca qu e aguarde y sin Penél ope. Sigue, sigue adelante y no regreses, fiel hasta el fin del ca mino y tu vida, no eches de menos un de stino más fácil, tus pies sob re la tierra ante s no hollada, tus ojos frente a lo ante s nunca v isto. Luis Cernuda. Desolación de la Quimera C ap í tu l o 9 . C o n ce p to s fu n d amen tal es P a ra la e la b o ra ció n d e e ste a p a rta d o h e m o s te n id o e s p e cial m e n te e n cu e n t a los tra b a jo s d e inv e stig a ci ó n rel a tiv o s a e sta te m á tica d e P a lo m a A g u il a r, Fe rn a n d o A rcas, J u li o A r ó ste g u i, Jo s e f ina C u e sta , A b d ó n Ma t e o s, P a u l P rest o n y S a n to s J u li á , e n tre o tro s. E n l a d é ca d a d e los o c h e n t a s e p rod u ce u n a n o ta b le e x p a n sió n en el a n á li sis d e la M e m o r ia Hi stó ri ca e n tre los h i sto ri a d o res d e Fr a n cia , d e E u rop a y d e E sta d o s Unid o s. Hoy fo rm a p a rt e d e la te r m ino lo g ía h a b itu a l n o só l o d e e sp e cialist a s sino d e l len g u a je d e los ciu d a d a n o s y d e los m e d i o s d e co m u n icaci ó n so ci a l , a u n q u e s u e x ce s iv o u so n o i m p li c a u n ri g o r co n ce p tu a l e n t o d a s la s o c a sion e s. L a s rela cion e s e n tre m e m o ri a e h isto ri a co n stitu y e n u n te m a inn o v a d o r e n la h isto ri o g ra f í a e sp a ñ o la , q u e s u p o n e n u e v o s p lan t e a m ien t o s e p iste m o ló g icos, m e t o d o l ó g i co s e h ist o ri o g rá f icos. E sta m o d a se m a n i f i e sta e n e l u so y a b u so d e l t é rm ino , a ca so d e sd i b u ja d o s los p e r f il e s d e l co n c e p to e n la p roli f e r a ción d e m e m o ri a s y e n e l crecim ien t o d e l n ú m e ro d e e stu d ios h ist o ri o g rá f ico s r e lat iv o s a u n a rep rese n ta ción se lect i v a d e l p a s a d o y te n d r e m o s q u e a v e ri g u a r h a sta qu é p u n t o la m e m o ri a co lect iv a tie n e su p ri n cipa l b a sa m e n to e n e l u so p ú b li co d e l p a s a d o y e n la p o lític a o e s a lgo r e lat iv a m e n te ind e p e n d ien te d e la m is m a . Cr e e m o s q u e , a l m a rg e n d e los i n jerto s d e m e m o ri a o f i cial , co e x iste n d iv e rsas m e m o ri a s c o lect iv a s y , p o r ta n to , cu lt u ras p o lític a s. P a ra la co m p ren si ó n d e los m e c a n ism o s d e fu n cion a m i e n t o d e la m e m o ri a cree m o s n e ce sa ri o co n si d e rar las a p recia cion e s d e M . Halb w a ch s, qu ien d isti n g u e tr e s n iv e les e n la m e m o ri a : “ Los ‘ recu e r d o s ind iv idu a les ’ (qu e e stá n e n rela ción c o n las e x p e ri e n cias ‘ v i vida s ’ ), la ‘ m e m o ri a c o lect iv a ’ , q u e s e co n stru y e , a la v e z, d e rec u e rdo s co m u n e s a t o d o s los ind iv idu o s d e u n g rup o q u e h a n co n o cido lo s m is m o s a co n t e cim ie n to s y h a n g u a rda d o las h u e ll a s o b jet iv a s d e jad a s p o r e so s a co n t e cim ie n to s ( … ), ‘ l a tra d ici ó n ’ q u e e m e rg e cu a n d o l o s a cto r e s d e los a co n t e cim ie n to s co n si d e rad o s h a n d e sa p a re cido . L o s ri tu a les , los m ito s, Capítulo 9 . Con cep tos fundamen tales Para la elabora ción de este apartado hemos tenido e special mente en cuenta los trabajos de investigación relativ os a esta temática de Paloma Aguilar, Fernando Arcas, Julio Ar óstegui, Josefina Cuesta, Abdón Mateos, Paul Preston y Santos Juliá , entre otros. En la década de los ochenta se produce una notable expansión en el análisis de la Memor ia Histórica entre los hi storiadores de Francia, de Europa y de Esta dos Unidos. Hoy forma parte d e la terminología habitual no sólo de especialistas sino del lenguaje de los ciu dadanos y de los medios de comunicación social , aunque su excesivo uso no implica u n rigor conceptual en todas las ocasiones. Las relaciones entre m emoria e historia constituyen un tema innovador en la historiografía española, que supone nuevos planteamientos epistemológicos, metodológicos e historiográficos. Esta moda se ma nifiesta en e l uso y abu so del término , acaso desdibujados los p erfiles del concepto en la prolife r ación de memorias y en e l crecimiento del número d e estudios historiográfico s relativos a u na representación selectiv a del pa sado y tend r emo s que averiguar hasta qu é punto la memoria colectiva tiene su principal basamento e n el uso público del pasado y en la p olítica o es algo r elativamente ind ependiente de la mis ma. Cree mos que , al m argen de los injertos de m emoria oficial , coexisten diversas memorias colectiv as y, por tanto, cu lturas polític as. Para la compren sión de los mecanismos de funcionamiento de la memoria creemos necesario considerar las apreciaciones de M. Halbwachs, quien distingue tres niveles en la memoria: “ Los ‘ recu erdos individuales ’ (que están en relación con las experiencias ‘ v ividas ’ ), la ‘ memoria colectiv a ’ , que se construye, a la v ez, de recuerdos comunes a todos los individuos de un grupo que han conocido lo s mismos acontecimientos y han guardado las huellas objetivas dejadas por esos acontecimientos ( … ), ‘ l a tradición ’ que emerge cuando los actores d e los acontecimientos consi derados ha n desaparecido. Los rituales, los mitos, Conceptos fundamentales 118 los relatos colectiv os, los pe regrinajes ocupan entonces el lugar del recuerdo ” 153 . La memoria individual no tiene existencia en sí m isma, sino que está inserta en u n contexto familiar y so cial e n el que se inscribe. H. Rousso pone de relieve que la memoria colectiva es condición insoslayable de l a m emoria indiv idual. La me moria i ndividual autográ fica se alimenta d e la conciencia h istórica de la colectiv idad. Además, ésta es capaz de generar p rocesos de revisión autobiográficos, d e modificación del recuerdo de la experiencia v ivida. Los autores encuentra n, en general, dificultad en distinguir entre los conceptos de memoria colectiva y memoria so cial, pe ro , en nuestra opinión, cree mos que ésta sería la memoria difusa de una s ociedad y aqu élla la memo ria deli mitada y actualizada de un grupo. P ara Namer, la m emoria so ci al constituye el ámb ito que engloba la memoria individual. Contex to que Hal bwachs concreta en algunos elementos como l a lengua, la estructura general del lenguaje, el e squema g eneral del tiempo y del espa cio, las costumbres de la gente, sus hábitos de vestir, los lugares , etc. E s, p or tanto, u na noción má s a mplia que la de memoria colectiva. No es de extrañar, p or tanto, la p osibilidad de considerar el recuerdo como un obj eto en el e spacio y en el tiempo, en el l enguaje, en el eje de la localizació n; es obra de una memoria social. Se identifique o no la m emoria soci al con la colectiva, es ésta e l objetivo fundamental de los historiadores. Entre estos, Marx Bloch fue el primero en a cuñar un concepto de memoria colectiva, “ … la conservación de recuerdos comunes a todo un grupo humano y su influencia en la vida de las sociedades” 154 , noción especialmente vinculada al análisis de las clases sociales. Resulta necesa rio diferenciar el concepto d e m emoria colectiva de la noción de “depósito de memo ria”. Cada grupo y o rganización posee 153 CUE STA, J. , La Od isea de la Me moria . H istoria de la Memo ria en España. Si glo XX, Madrid, Alian za Editorial, 2008, pág. 6 3. H an sido fundam entales para la elaboración de este apartad o los capítulos 1 y 2 de esta obra, pp. 25 - 92. 154 Ibíd. , pá g. 67. Conceptos fundamentales 119 diversos d epósitos de memoria. Sin embargo, la memo ria colectiva se refiere sólo a aquellos h echos, ideas y personajes del pasado que tienen influencia en el presente o d urante un período concreto de la trayectori a de esa agrupación. Noiriel señ ala que hay q ue tener en cuenta tres ideas fundamentales: -La memoria colectiva se e scribe siempre en presente ; el pasado se aprehende siempre en fu nción de las ne cesidades del presente. Es una reconstrucción del pasado . -El carácter concreto, sensible, de la memoria . -Es subjetiv a, en el sentido de que no que aspir a a la univ ersalidad. Al contrario, pretende m antener, la identidad colectiva del grupo, exaltando los elementos comunes a sus miembros. Múltiples autores redundan en el carácter incompleto, s electivo y reelaborado, tanto de la memo ria ind ividual como colectiva, del recuerdo. Su e structura es frágil, parcial, m anipulada y discontin ua, bien por la erosión del tie mpo o p or la acumulación de ex periencias y , en t odo caso, por la a cción del presente sobre el pasado. Además, ningun a memoria retiene el conjunto y l a to talidad de los hechos d e un período d ado, lo que llev a a decir a P . Chaunu que, “en el lím ite, la historia es im posible”. En este sentido, el veterano “annalista” Jacque Le Goff ha destacado có mo “la m emoria, por lo q ue atañe a l a h istoria, que a su vez la alimenta, apunta a s alvar el pasado sólo para pr eservar el presente y el futuro” 155 . Dada la falta de consenso entre los diversos autores a la hora de definir los conceptos de “memoria colectiv a”, “m emoria social” y “ Memoria Histórica ”, hemos querido aportar el punto de v ista de Pa loma Aguilar 156 , para quien “l a “memoria” puede obte ner su carácter “social” o “colectivo” del hecho de ser compartida p or los miembros de un grupo, 155 MATEOS, A. , Histor ia y Memoria Democ rática , Madrid, Eneida, 2007, pág. 14 9. 156 Pa loma Aguilar Fernández es profes ora de Ci encias Políticas de l a UN ED y D octor a Miembro del Instituto Ju an March. Es coeditora del libro The Politics of Memory . Transitional Justice in De mocratizing Societi es (OUP, 2001) y h a participado en el volum en editado por J osé Mª Maravall e Ign acio Sán ch ez – Cuenca, Contr olling Governments , Institutions , and Accounta bility (CUP 2008). Form a parte del c onsejo editorial de la Revista d e Estudios Po líticos y de Sout h European Soci ety &Politi cs. La memoria como o bjeto de e studio para la Historia 126 entre ellas. La Historia tiene su propia autonomía, n o coincide necesariamente con la Memoria. Veamos las op iniones al resp ecto de algunos historiado res, como la del profesor m alagueño Fernando Arcas, qui en plantea q ue “la memoria es un material sensible, pero al mismo tiempo de valor inestimable para acercarse a los s entimientos humanos ante la s catástrofes d e la hist oria como la s guerras o las dictaduras y sus efectos más personales e íntimos” 164 ; o la del p rofesor jienense Salvador Cruz Artacho, pa ra el que “ desde hace ya unos años las cuestio nes relacionadas con la denominada ‘ Memoria Histó rica ’ han cobrado u na rele vancia social y ciudadana evidente ” 165 . Pero, considera, no pasaban del umbral de la academia. Sin embargo, a principios del siglo XXI este pano ram a ha cambiado sustancialmente, convirtiéndose no sólo en a sunt o de interés ciudadano sino, inclusive e n cuestión d e debate pú blico, con repercusiones y ram ificaciones en muchos casos en las disputas políticas y partidistas. Así, “ Memoria e Historia en contraban de esta manera un espacio público de encuentro , no exento de escollos y dif icultades – co mo siempre h a ocurrido en la c o mpleja rel ación entre M emoria e Hi storia - que terminó convirtiéndose en no pocas ocasiones en vehículo s de promoción y difusión mutua , esto es, tanto de las acciones de demanda de Memoria como de los relatos de Historia” 166 . A todo esto habría qu e sumar la ap arición de una corr iente históri ca rev ision ista sob re la Segunda República y la Guerra Civil que han coad yuv a do a situar a la denominada “ Memoria Histórica ” en un privilegiado lugar del debate público, ciudadano y científico. Pero, para o tro g rupo de historiadores e investigadores, la reiterada apelación actual a la reconstrucción de la memoria demo crática, a la 164 AR CAS CUBERO, F. (D ir.), Yo estaba allí. Una h istoria oral d e la Guerra Civil y el Franquismo en Málaga , Málaga, Sarr iá, 2011, pág. 13. 165 CRUZ ART ACHO, S., “Rec onocimiento, dignificac ión, h istoria y m emoria”, Andalucía en la His toria, nº 38, p ág. 90. Sobre una res eña bib liográfica d el texto es crito por MÁRT INEZ LÓPEZ, F. , ÁLV AREZ R EY, L. y MELLADO S., Q ue l a tierra y a no duerma. Memoria viva de Andalucí a , C&T editores , Com isariado de la M em oria Histórica de Andalucía, Málaga, 2012. 166 Ídem. La memoria como o bjeto de e studio para la Historia 127 necesidad de una política conmemor ativa que realce los valores y l ucha por la de mocracia en España, no debe hacer nos olvidar que la prioridad debería ser la con stru cción del con ocimiento histórico, el acercamiento a la verdad d el pasado m ás que la reiteración d el uso público del mi smo. “Por tanto, debemos d ejar de h ablar ta nto de Memoria para comprometernos todos, historiadores o ciudadanos, en un combate p or la Historia” 167 . El debate sobre la Ley de Mem oria Histórica d esarrollado durante la legislatura 2 004-2008 pone sobre la mesa de los histo riadore s un interesante ámbito de ref lexión. Ante e l riesgo de conv ertir la Memoria Histórica e n po lítica de la historia, conv iene p lantear un debate intelectual, funda mentado en conceptos, q ue al menos trate de de finir con toda la claridad posible qué es Memoria, en qué se diferencia ésta de la Historia, cómo se construyen las memo rias colectivas y q u é variables influyen en dicha construcción. Desde nuestro punto de vista es n ecesario distinguir entre Historia y Memoria, que son conceptos d istintos aunque no antagón icos. La Historia, entendida como disciplina científica, en tra en el ámbito del conocimiento, m ientr as la Memoria pertenece al dominio de la representación. La Historia es la disciplina científica q ue p ret ende comprender y e xplicar el a yer. La Memoria, ya sea ind ividual o colectiv a, es una rep resentación d el p asado en el pre sente, por que siemp r e se hace memoria desde la inmed iatez. Po r eso, para comprender lo ocurrido no basta con los recu erdos, es necesario algo más: teoría, método y aporte documental. Tanto Historia como Mem oria resultan subjetiv as, porque ambas parten de un sujeto c ognoscente y por tanto son activ idades subjetivas . Lo contraproducente es q ue el historiador fundamente su discurso s obre un tipo de fuentes sin consultar a quellas otras que po r su distinto sesgo ideológico o diferente naturaleza pudieran aporta r important e información a sus indagaciones. “Si la historia n o conoce comp arando 167 MATEOS A, H istoria y Memoria … , p ág. 11. La memoria como o bjeto de e studio para la Historia 128 pluralidades, y si la mem oria niega el caráct er poliédrico del recuerdo, entraremos e n la peligrosa deriv a de un se ct arismo que sólo entenderá de buenos y malos, de héroes y villanos” 168 . La supervivencia política pasa por la conquista, primero, y , después, el mantenimiento de la autoridad. Sien do la crisis el con texto en que se forjan l os d iscursos legitimadores , veamo s dos ejemplos de nuestra histo ria r eciente: “La dictadura buscó en la crisis de l a Guerra C ivil – la encr ucijada desde la q ue surgió- su f uente de le gitim idad. Y la encontró e n la victoria del bando rebelde sobre el republ icano. (…) La dem ocracia del 78 buscó en la crisis de l a Transición – la encrucijada desde la que surg ió - su f uente de legi timidad. Y la encontró en la reconciliaci ón de los dos bandos que se enf rentaron en la Guerra Ci vil ” 169 . La m emoria bucea en el pasado, por tan to, p ara justificar el presente. Y cua ndo en m omentos de T ransic ión po lítica, de sustitución de un sistema p or otro, hay que bu scar nu evas referencias en el ayer porque y a no sirv en las que h asta entonces funcionaban, se produce un cruce d e memorias, s e forman nuev as m emorias porque las precede ntes no satisfacen. Cuando u n sistema da paso a otro, también la anteri or legitimidad d ebe diluirse mientras va surgiendo la n ueva. Es entonces cuando el presente moldea l a memoria del pasado, cuando el recuerdo es m ovido por la caprichosa mano de la actualidad. Por lo tanto , la Mem o ria resulta del diálogo entre el pasado y el presente. Entre subjetiv idad y rigor los historiadores d ebemos investigar cómo se con struy en las m emorias. ¿Qué intereses se están ju gando en el presente p ara recordar u olvidar determinadas parcelas de ayer? ¿C ómo enfoca ron, sig uieron, silenciaron o redundaron los m edios de comunicación estos discursos? ¿Cómo los e xpusieron sus protagonistas, a través de qué estra tegias, en qué momentos? La 168 PINILLA GARC ÍA, A., “¿Historia contr a Memoria? La ut ilización del p asado e n el presente y el papel de los historia dores”, RH A , nº 5, 2007, pág. 163. 169 Ibíd. , pág. 166. La memoria como o bjeto de e studio para la Historia 129 Historia debe estudiar la Mem oria colectiva observando c ómo se forja y permanece, o cómo cambia en función de los diversos presentes. Para los investigadores de las ciencias sociales (incluidos los historiadores), que se han organizado en movimientos ciudadanos involucrados e n el llamado p roceso de Recuperación d e la Memoria Histórica (RMH), los enunciados hasta ahora aquí expuestos son mirados d esde o tra perspe ctiva y son o bjeto de múltiple s enmiendas, cuando no ofrecen respuestas taxativ amente antagónicas. T ienen otra forma de mirar la realidad q ue nos rodea “y, especialment e, es una demanda social en contextos que han sido ma rcados por la represión y la violencia política” 170 . Para este grupo, la posible contradicción interna de la prop ia expresión “ Memoria Histórica ” se ha planteado con clara intención d e desacreditar las aspiraciones de este movimiento social. La historia e s necesariamente una representación d e la realidad, aunque determinadas representaciones acaban haciéndose re alidad: la realida d histórica. De ahí la necesidad de “recuperar” desde el ho y -la memoria es siem pre presente- unos hechos histó ricos que rompen con el monolitismo de un a historia escrita desde la ma nipulación y el falseamiento de la inf ormación, la necesidad de un re -conocimiento que implique revisar lo que, h asta ahora, se ha mo str ado como verdad histórica, revisión a la luz de nuevas inf orm aciones aportadas p or la memoria viva y que e stá obligando a un conocimiento más exhaustivo e imparcial. Para finalizar con los análisis conceptuales sobre esta cuestión, veamos l o que , en terminología de Paloma Aguilar , se denomina “Políticas de la memoria y memorias de la po lítica ” 171 . Políticas de la memoria so n todas a quellas iniciativas d e carácter púb lic o , no necesariamente político , destinadas a difundir o consoli dar una 170 ACO STA BONO , G .; DEL RÍO SÁNCH EZ, A.; VALCU ENDE EL RÍO , J. M., “Memoria y Cienc ia Social es” en La rec uperación de la mem oria histór ica. Una perspe ctiva transversal desde las Cien cias Sociales , Se villa, Centro de Estu dios Andaluces , 2007, pág. 12. 171 AGUILAR, P., Políticas de la memoria …, pp. 5 2- 55. La memoria como o bjeto de e studio para la Historia 130 determinada interpretación de algún a cont ecimiento del pasado de gran relevancia para determinados grupos sociales o políticos, o para el conjunto de un país. A ellas pueden aplicarse todas o algunas de las medidas d e “ justicia transicional ” , consisten tes en una serie de iniciativas que pueden adoptar los países que se encuentran en proceso democratizador, p ara, p or un lado, hacer f r ente a las violaciones de derechos humanos co metidas por el régimen ante rior y, por otro, reparar a las víctimas de la represión. Para es tudiar este tip o de políticas tendremos que ce ntrarnos, fundamenta l mente, en los emisores de memoria, en aquellos que suelen tener acces o a medios de d ifusión má s amplios para propagar sus interpretaciones del pasado. Cuando habl amos de las memorias de las políticas n os e stamos refiriendo a los receptores h abituales de las po líticas mencionadas, a quienes algunos han denominado “audiencias”, sin olvidarnos de que no estamos ante s ujetos pasivos, sino ante in dividuos que dis ponen de su s propias memorias, las cuales int eractúan con las emitidas de sde otros ámbitos y pueden m odificarse con el p aso del tiempo. No nos interesa cualquier tipo de memorias, sino las q ue tiene u n claro contenido político y cuya importancia transciende el ámbito personal. E n muchos ca so s, los grupos tratan de inf luir sobre e l pode r para conseguir que éste impulse determinadas políticas de la memoria que, según ellos, me recen obtener visibilidad pública y que, en muchas ocasiones, suelen ser vir a sus intereses p resentes, aunque éstos co nsistan sólo en reforzar la cohesión interna del propio grupo. El histo riador gallego, pro fesor en la Universidad de Santiago, Carlos Barros, piensa que podemos encontrar distint as maneras de entender el concepto de me moria. En una de ellas hace referencia a los intentos vinculados al positivismo y los gran des nombres y m onumentos, que n i egan el papel de la socied ad en su construcción ; en esta posición historiográficamente conservadora sitúa a Pierr e Nora, «propugnan do a contracorriente la continuidad de la historia positivista ba sad a en el acontecimiento, y editando después, Le s lieux de mem oire , donde pone La memoria como o bjeto de e studio para la Historia 1 31 en práctica su concepto ob jetivista…lugares y aconte cimientos liga do a una historia nacional francesa de batallas y “grandes hombres”» 172 . Concepto tra dicional de m emoria como objeto de estudio que desvía a los márgenes la historia s ocial de la memoria, renuncia a un enfoque historiográfico global, ignorando , en nombre de un supuesto monopolio académico , la fundamental contribución memorial del sujeto hi stórico presente, inm ediato. Para el profesor Carlos Barros, “en realidad, h ay dos mo delos de Memoria Histórica : el alemán y e l lat ino” 173 . El primero nació en Nüremberg (19 45) con los juicios políticos c ontra los responsables nazis del Holoca usto y las leyes poste riores que p enalizan el negacio nismo. El segundo nació en Buenos Aires (1975) , con el movimiento social de las Abuelas de la Plaza de Mayo. En Arge ntina la i mputación de los genocida s respo ndió más a la presión de la sociedad civ il y en Alemania a una decisión polític a de la coalición m ilitar antinazi , con el apoyo de la parte más democrática de la población alemana. El caso español se inspira en el m odelo a r gentino: la Memoria Histórica entre nosotros es, ante todo, un mov imiento social , s ecundado por historiadores como en Argentina , respaldado de m anera escasa - según ellos - por el pri mer Gobierno Zapatero (2004 -2008). 172 BARROS GUI MERANS, C ., “Historia, Mem oria y Fran quism o”, HAO , Nº 33, Invierno 2014, (p p. 153-1 71), pág .154. 173 Í dem . Capítulo 11 . Mem oria. S ilencio y Olvido . A mnistía En los últimos tiempos, c uando alguien en España habla de “ Memoria Histórica ”, invariablemente se e stá ref iriendo a l a Guerra Civil o al f ranquismo. “Desde el principio de la Transición comenzaron a aparecer, ta nto en la pren sa como e n otros ámbitos de producción cultural, ciertas af irmaciones que, si endo m uy minoritarias, denunciaban la o cultación d el pasado” 174 . Este pacto se creto entre políticos ha bría servido pa ra cimentar el nuevo régimen democrático. Va rios años más tarde , y con más eco social, se p rodujeron protestas relativas al olvido de las víctim as de la gue rra y d el f ranquism o. Lo que les ha llevado a concluir que la democracia esp añola es incompleta o deficitaria, por haber sido hecha a espaldas de la ciu dadanía y en connivencia con los herederos del franquismo; po r haber pe r mitido que sobrevivieran importantes leg ados de la d ictadura, y por no h aber s abi do rendir un just o tributo a las víctima s de la represión franquista. El pasado f ue sometido a un olv ido público, en nombre de “la reco nciliación de las d os Espa ñas” enfrentadas en el con flicto entre 1936 -39. Sin embargo, las heridas d el pasado no llegaron a cicatrizar jamás ni el tra uma fue superado. Por o tr o la do, a la m uerte de Franco, según la profesora Agu ilar, existía una extendida c onciencia de culpabilida d colectiva por el f racaso de la e xperiencia republicana – no sólo la derecha había conspirado contra ella – e iba a hacerse lo imposible para que su n efasto final, la Guerra Ci vil, no se repitiera. Dado el estrecho v ínculo que existía – y aú n existe, en buena parte debido a la socialización f ranquista y a su s propagandistas pos teriores – en la mente de muchos españoles entre la polarización de la etapa rep ublicana y la Guer ra Civ il, no pocos pensaron durante la T ransición que no había me jor manera de impedir el enfrentamiento q ue evitar rep etir los errores cometidos por aqu e l régimen. Así , e l recuerdo traumático de la contienda indujo a las é lites políticas a ad optar un d iseño institucional que se alejara lo má s posible de aquel que ya se h abía experimentado. “La República se convirtió, de 174 AGUILAR, P., Políticas de la Mem oria.. ., pág. 69. M emori a, Silencio y Olvido. Amn istía 134 forma casi supersticiosa, en e l precedente que debía evitarse a to da costa, dejándose de lado n o sólo aquello que no había funcionado entonces, sino todo a quello que recordara, siqu iera mínimamente, nuestra única experiencia d emocrática” 175 . En e ste sentido, considera mos oportuno an alizar primero esta problemática, sumergiéndonos directamente en los intensos debates que se e stabl ecieron en tre algunos histo riadores, como el m antenido entre Jav ier Tu sell y Vicen ç Navarro, protagonizando una ardua polémica en la revista Claves de Raz ón Práctica 176 , que paralelamente reprodujeron en las páginas de El País . Así, e n el artículo titulado “Por una historia revisionista de la Transición ”, T usell exponía : “…l a Transición a la d emocracia se llevó a cabo sin grandes traumas sociales en un período relativamente cort o d e tiempo y concluyó en una democracia e sta ble y arraigada de f orma irrev ersible en la sociedad. E l recuerdo de la anterior con flictividad histórica española co ntribuy ó a ello de fo rma decisiva, pero también las actitudes de la clase d irigente resumibles en u na voluntad de consenso “ 177 . Para él, es insosteni ble considerar q ue la Transición fue “u n radical olvido de l p asado”. P ara Vicenç Navarro, no hu bo solicitud de perdón y ello d ificulta en gran man era la reconciliación, la cu al se desea alcanzar no a través d el perdón, sino d el olvido. Para Navarro la Transición no puede conside rarse “modélica” a partir d el m omento en que se realizó en unas condiciones muy favorab les para las derechas. Sobre el pa cto de silenci o transitorio e xisten distintas interpretaciones, entre ellas dos que son claramente antagónicas, encabezadas por los h istoriadores Sa ntos J uliá y Francisco Espinosa. Mientras Juliá s ostiene q ue es f also que la T ransición fu eran año s de olvido y silencio – ya que, bajo su punto de vista, a spectos tan cruciales 175 Ibíd. , pá g. 235. 176 TUSELL, J., “ Por una hi storia re visionista de la Trans ición ”, C laves d e R azón Práctica, nº 115, 2001, pp. 11- 21 y NAVARRO, V., “Ide ología en el estudio del pa s ado: Respuesta a Ja vier Tus ell”, Cla ves de Razón Práctica, nº 120, 2002, pp. 81- 82. 177 Ibíd. , pá g. 11 . M emori a, Silencio y Olvido. Amn istía 135 como la gu erra y el f ranquismo fueron y a inv estigados por la comunidad historiográfica durante aquel tiempo -, Esp inos a argumenta q ue, durante la Tran sición, ni se investigó a fondo la guerra ni la represión ejercida durante el franquismo, ni se recu peró suficientemente, o apenas, la memoria de dichos episodios traumáticos. Dicha negativa procedía de los archivos pe ro también de las universidades, “que r echazaban cualquier intento de penetrar en aquel p asado oscuro”, insistía Espinosa; “por supuesto, ni hubo ayudas of iciales ni f inanciación p ública ni publicidad gratuita sino lo contrario: mu chos problemas para publicar aquellos trabajos”. Entre los años 1977 y 1982, destacaba el autor, los trabajos de investigación sobre el período 1936 - 1939 fueron “muy escasos”, exceptuando “las pub licaciones de memorias y te stimonios, los trabajos sobre cuestiones diversas d el p eríodo y las nuevas ed iciones de o bras ant e s prohibidas en Esp aña”, de f orma que la tendencia que s e impondría en adelante sería “el continuismo”. Analicemos p ri mero, si guiendo e l orden cronológico de publicación, el artículo pu blicado en El País de la mano de J avier Tusell, “Po r una política d e la memoria” 178 , amplificando la resonancia de este debate. Inicia su argumentación citando ejemplos de ciudades españolas en las que cohabitan memorias antagónicas, lo que hace que la memoria del pasado sea muy peculiar en España. Para algunos, eso puede parecer indiferente, pero no lo es porque nos rem ite a una cuestión central en el pasado de los pueblos, p orque la memoria colectiv a n o e s una cuestión banal, sino que nos pr oporciona el sentido de la i dentidad, la conciencia de determinados valores y la capacidad de proyectarlos hacia el futuro. “Por eso está presente sobre el tapete político, quiérase o n o” 179 . Después de hacer re ferencia al debate en Cuad ernos de Razón Práctica, entre Ja vier Pradera y Vicenc Nav arro, apunta q ue qu iere hacer referencia a algunos de los puntos planteados por el primero, co n el que parece estar de acuerdo. 178 El País, 17 - 7-2000. T ribuna. 179 Ídem. M emori a, Silencio y Olvido. Amn istía 142 político contrario, alimentado por la irrupción de la teoría revisionista de la guerra y de su visión sobre la figura de Franco. Para un conocimiento m ás cien tí fico y exhaustivo de l o q ue significó la Gu erra Civil, so bre to do en lo concerniente a la represión y las víctimas, contamos co n la aportación de la última gran obra de Paul Preston, en la que co n el expresiv o tí tulo El Holocausto español. Odio y exterminio en la Guerra Civil y d espués 191 , quiere reflejar el gran drama qu e supuso este e ven to b élico y dar una e xplicación histórica de qu é pudo suceder para que la p oblación española llegar a a tan dolorosa situación. “Durante la Guerra Civil españo la, cerca de 200.000 hombres y mu jeres f ueron asesinados l ejos del f rente ( … ) y al me nos 300. 000 hombres p erdieron la vida en los f rentes de batalla ( ... ) tras la victoria definitiva de los rebeldes a f inales de marzo de 1939, alrededor de 20.000 republicanos fueron ejecutados” 192 . Un número desconocido de hombres, mujere s y niños f uero n víctimas de los bombardeos y provocaron el éxodo que siguió a la o cupación del territorio por parte de las f uerzas militares de Franco. Muchos m ás m urieron de hambre y enfermedades en las prisione s y los campos de concentració n. Otros sucumbieron a las condiciones esclavistas de los batallones de trabajo. A más de m edio millón d e re fugiados no le quedó más camino que el exilio, y mucho s perecieron en los campos de internamiento franceses o en los campos de exterminio nazis. 191 Paul Pres ton (Li verpool 1946 ) es ca tedrático. Prem io Príncipe de A stur ias de Historia Contem poránea española y Director del Centr o Cañada Blanch para el estudio de la España Con tem poránea d e la London Sch ool of Econom ics. Reconocido com o uno de los grande s hispanis tas de la actualidad, c olabora con num erosos m edios de comunicación tanto en Gr an Bretañ a c om o en España. Entre sus libros destac an: La destrucción de la democracia en Espa ña: refor ma, r eacción y revoluci ón d e la Segunda República (1978), El triunfo de la dem ocracia en España (19 86), la bi ografía def initiva Franco, Ca udillo de Espa ña (19 94) y La política d e la venga nza: el fas cismo y el militarismo en la España del siglo XX (1 997). En 1986 le fue ot orgada la Encom ienda de la Orden de l Mér ito C ivil, es m ie m bro de la Academ ia Bri tánica y pose e la Gran Cruz de la Orden de Is abel la Cató lica. En 1998 obtuvo el premio “Así f ue” con Las tres Españas del 36 (P la za & Janés, 1998), que cons iguió un gran éxito de crítica y público. Sus últim as obras son Palomas de guerra ( 2001), J uan Carlos, el rey de un pu eblo (2003), la edici ón actuali zada de La G uerra Civi l (Debate, 2 006) e Idealistas bajo las balas (Deba te, 2007) . 192 PREST ON P. , El H oloca usto español. Od io y ex terminio en la Guerra Civi l y después , Barc elona, D ebate, 2011, pp. 17 -2 6. M emori a, Silencio y Olvido. Amn istía 143 La represión en l a retaguardia adoptó dos ca ras, la de la zo na republicana y la de la zona rebelde. Aunque muy distintas , tanto cuantitativamente co mo cualitativ amente, am bas se co braron dece nas de miles de vidas, en su may oría de pers onas inocentes de cualquier delito, incluso de ha ber p articipado en form a alguna de activismo político. La represión orquestada por los militares insurrecto s fue una operación minuciosamente planificada para, “ en palabras del director del golpe, e l general Em ilio Mola, ‘ eli mina r sin escrúpulo ni vacilación a todos los que no pien sen co mo n osotros ’ . Po r contraste, la represión en la zona republicana fue una respuesta mucho más impulsiva. En un principio se trató de un a rea cción espontánea y def ensi va a l golpe militar que se intensificó a medida q ue los refug iados traían no ticias d e las atrocidades del Ejército y los bombardeos rebeldes ” 193 . Además, como e n cualquier guerra, había que combatir al enemigo interior. La e strategia bélica de los rebeldes era u na in versión en terror para facilitar el establecimiento de la p osterior dictadura. La intención era asegurarse de que los intereses del antiguo régimen n o volv ieran a cuestionarse, como había ocurrido entre 1931 y 1936. Cuando los militares pusieron en práctica el lla mamiento del general Mola y el clero lo justificó, no fue porque estuvieran comprometidos con una cruzada intelectual o ética, e ra só lo la a cérrima defensa de los interes es de las clases poderosas lo que les motivaba. Las explicaciones habría que buscarlas en la polarización de los bandos tras los empeños de la derecha por obstacu lizar las ambiciones reformistas del régimen democrático establecido en a bril d e 1931, la Segunda República. La o bstrucción de la refo r ma condujo a u na respuesta a ún más radicalizada de la izquierda. Mien tras tanto, la derecha comenzó la elaboración de teorías teleológ ic as y raciales a fin de justificar la interv ención del Ejército y el exterminio de la izquierd a. 193 Ibíd. , pá g. 18. M emori a, Silencio y Olvido. Amn istía 144 En el caso de los militares rebe ldes, el programa de terror y aniquilamiento co nstituía el e je central de su plan, que fue copiado, pe ro no su capacidad m ilit ar, p or la extrema izquierda, sobre todo por el movimiento anarquista. En el b ando republic ano, el golpe p rovocó que todo el odio subyacent e nacido de la miseria, el hambre y la explotación desembocara en e l “terror”, del que fueron blanco los acaudalados, los banqueros, los industriales y los terratenientes , así como también l a clase militar identificada con el lev antamiento. Y, a menudo, con may or fiereza, contra el clero, acusado de connivencia con los pod erosos. La caótica violencia de este b ando tuv o lugar a pesar de las autoridades republicanas, no gracias a e llas. De hecho, los esfuerzos d e los sucesivos gobiernos republicanos p or restablecer el orden público lograron contener la re presión por parte d e la izqu ierda, que, en términos generales, en diciembre de 1936 ya se había ex tinguido . Volviendo al tema d el p apel de los v encidos du rante la Transición , la profesora Pa loma Aguilar o pina q ue, estando de a cuerdo con la fa lta de reconocimiento a l as víctim as de la represión f r anquista, no puede decirse q ue la memoria de los españoles haya sido silenciada, puesto que quienes han qu erido investigar han podido hacerlo, aunque con muchas dificultades. “…no quiere decir que la democracia español a se haya ed ificado sobre l a am nesia o sobre la a usencia de memoria. Pocos procesos de cambio político han estado tan inspirados por el recuerdo del pasado y por l as lecciones asociadas al mismo, como el español ” 194 . Lo que s í ocu rrió, como consecuencia del trau ma asoci ado a ese pasado, fue que lo dejaron de lado pa r a construir un futuro de conviv encia pa cífica y democrática. Continúa expo niendo la investigadora s obre la Memoria: “Hay silencios que e ncubren memorias traumáticas”. Esto puede ser una tercera vía, pues no se trata ni de u n olvido en sentido literal, ni de la decisión deliberada y consciente de dejar el pasado a un lado, sino que el pasado se silen ci a por incapacidad de afronta rlo, lo que lo coloca en 194 AGUILAR P., Políticas de la M emori a…, pág. 70. M emori a, Silencio y Olvido. Amn istía 145 un plan o ine stabl e, pues reside en el “incon sciente” pero está “sie mpre presente”. Lo que , a cri terio de la profesora Aguilar, ocurrió en España con mucha más frecuencia de lo que habitualmente se reco noce , especialmente en las localidad es más pequeñas, pues, al ser las responsabilidades p or los hechos v iolentos del pasado más fáciles de establecer, es donde menos dispuesta se encuentra la gen te a volv er la vista atrás. Después de q ue d urante m uchos años se denunciara en el debate académico la amnesia de los españoles y de que , e n e l ámbito cultural, las inv ocacion es a la memoria fue ron omnipresentes, Santo s Juliá escribió en 2 003 un int eresante artícu lo titu lado “Ech ar al olvido, Memoria y amnesia en la Transición ”, que suscitó alguna controversia. Según Juliá hay que estab lecer una distinción entre la amn esi a , como pérdida involuntaria de la memoria, y la práctica de “echar al olvido” que supone “olvidarse voluntariamente de alguna cosa”. Según este autor, esto ú ltimo es lo que hicieron los parlamentarios cua ndo decidieron aprobar la Ley d e Am nistía de 1977: afrontar primero el pa sado para, a continuación y de form a consciente, de jarl o delibera damente de lado, con el f in de construir un fu turo de con viv encia democrática co n má s garantías. El ámb ito político no ha po dido sustraerse a las reivindicaciones promovidas por algunos sectores d e la sociedad civil (mu y especialmente pos asociaciones como ARMH) y apoyadas por intelectuales de izquierda. T ambién ha querido h acerlo un Partido Socialista, tras e l vuelco electoral del 1 4 de marzo de 2 004, que había experimen tado un im portante ca mbio g eneracional y que había apoy ado numerosas i niciativas reivindicativas de las v íctim as de la dictadura y condenatorias del franquismo en las dos legislaturas populares. La apelación a la “ Memoria Histórica ” se convirtió entonces e n el banderín d e enganche por excelencia de la izquierda y los nacionalistas. Para estas fuerzas políticas se trata de una memoria ne cesaria para recuperar una tradición demo crática con la que ellos mism os no se atrevieron a en lazar en los procelosos tiempos de la Transición , p or M emori a, Silencio y Olvido. Amn istía 146 miedo a ser tildadas de revanchistas o de nostálgicas; es también una memoria imprescindible para resarcir a las v íctimas que fu eron arrumbadas en los primeros años de la democracia. “ La izq uierda, tanto pa rlamentaria como social, juega, no obstante, con el equívoco de que la ‘ Memoria Histórica ’ e s sólo una y que su an helad a recuperación le dará la razón … Sin e mbargo, lo cierto es que la memoria es siempre plural ” 195 , algo que las desavenencias e ntre las o rganizaciones cuy a principal ob j etivo es “recuperarla” sólo contribuyen a poner de manifiesto. Sólo c uando la memoria se estiliza, despojándose de detalles sobre los q ue nunca se alcanzaría u n acuerdo, es susceptible de se r ampliamente com partida y p uede conv e rtirse en un ariete político presto a ser utilizado. Para el profesor Aróstegui es erróneo considerar que la lucha por la memoria es específi camente análoga a la lucha por la historia, y po r la verdad d e esta . Es erróneo suponer que amb as cosas son sinóni m a s y q ue la lucha por la m emoria es la muestra de una “persistente conciencia histórica” com o “característica em blemática de n ue stra condición de contemporáneos”. En efecto, memo ria y con ciencia histórica pueden coexistir sin que su co rrelación e interdepe ndencia sean necesarias ni enteramente discernibles, ni sus manifestaciones convergentes p or obligación. “Quienes claman por la prese rv ación de la memoria de determinados hechos del pasado, no recl aman necesariamente u na mejor investigación histó rica de el los” 196 . Quien es exigen su con serv ación son los “portadores” m is mos de ella, su s bene f i ciarios o su s víctimas. “En manera alguna queremos decir que ello afecte a la legitimidad de los valores reclam ados, sino que esa reclamación im plica la p ree minencia de las pretensiones de retribución de la memoria so bre la verdad de la historia 197 . 195 Ibíd., pág. 7 7 196 ARÓSTEGUI, J., La Histori a vivida , M adrid, Al ianza, 2004, pág . 163. 197 Ídem. M emori a, Silencio y Olvido. Amn istía 147 Para finalizar, co ncluye Aróstegui que cons ervar la memoria no equivale inmed iatamente a c onstruir la histo ria. Pe ro hay , en realidad, pese a todo ello, un par de extremos en q ue Memoria e Historia están sujetas a las misma s determ inaciones y cump len de forma paralela u na misma función. Una es su significación d e b atalla contra el olvido, el otro es la imposibilidad de a mbas de contener en sí “todo el p asado”. Sin embargo, la co nservación de la memoria, incluso “el deber de memoria” del q ue hablan sus ma ntenedores, no asegura ne cesariament e una historia más verídica, porque l a memoria como facultad personal y co mo referencia de u n grupo es sie mpre subjetiva, representa u na visión parcial, no contextualizada y ob jetivada. Para qu e la memoria transcienda sus li mitaciones y sea e l punto de p artida de una hist oria, es preciso que s e opere el fenómeno d e su historización, o, lo que es lo mismo, de la histo riz ación de la experien cia. Ha n de pasar p or su reelaboración en fo r ma de d iscurso objet ivado y probado, con una certificación intersubjetiv a, a saber, una a ceptación que nunca es perfecta ni absoluta. En definitiva, para el famoso historiador “La Historia, La Historia verificada, se en tiende, no puede leg itimarse por la justicia y oportunidad de la preserv ación de una determinada memoria” 198 . Por otro lado, frente a las reivindicaciones provenientes de la izquierda, desde posiciones conserv adoras, e incluso eclesiásticas, “ se considera que esta memoria e s innecesaria e inop ortuna, cuando no directamente revanchista e, incluso, ‘ guerraciv ilista ’” 199 . La expresión Memoria Histórica , para el PP, es sinónimo de rev ancha y pone en peligro la concordia sobre la qu e se asientan l os acuerdos fu nd a cion ales de la democracia. Esta f ormación p olítica reivindica el leg ado de la Transición como algo propio y a la idea de “m emoria” contrapone la de concordia. Así s e demuestra e n las palab ras de Fraga: “Me irrita que hoy surja algún botarate que alimente el g uerraciv ilismo, como se está haciendo de f orma irresponsable y peligrosa, dese nterrando f antasmas 198 Ibíd., pá g. 165. 199 AGUILAR, P., Políticas de la Memoria …, pág. 77. M emori a, Silencio y Olvido. Amn istía 148 del p asado, promoviendo desde la reivindicación de la Memoria Histórica un encarnizado a juste de cuentas” 200 . S in embargo, no parece que las medidas de jus ticia que ahora se p romuev en pued an considerarse revanchistas. De hecho, las ideas de con senso, co ncordi a y reconciliación, así c omo la reivindicación de l a Transición, co nstituyen el patrimonio común e irrenunciable de toda la clase política, por más que el PP haya tratado de apropiárselo en los últimos años. La reciente importancia que ha adquirido la m emoria en el ámb ito político se demuestra, e ntre otras cosas, e n la creación en S alamanca del Centro Do cumenta l de la Memo ria Históri ca y en la proclam ación de 2006 como Año de la Memo ria Histórica . Hasta julio de 2 006 (su tramitación se inició a fines de 1975) no fue aprobada la Le y d e la Memoria Histórica , tras una tortuosa tramitación. Entre la exposición d e motivos se apela a q ue “la experiencia de má s de 25 años de ejercicio d emocrático p ermite h oy abordar, de forma madura y abierta, la relación con n uestra Memor ia Histórica , co n lo qu e queremos honrar a quienes su frieron las cons ecuencias del co nflicto civ il y a los qu e lucharon contra la dicta dura en defensa de las libertades y derechos fundamentales de l os que hoy disfrutamos ” 201 . Finalmente, se señala que la Ley pretendía “recordar tam bié n el leg ado histórico de la Segunda República Española ” . Aunque la Ley se ex presa de esta manera, sin embargo, las autoridades políticas , apelando a su sentido de la responsabilidad, continúan mostrán dose sumamente cautelosas e n este ámbito. Para Josefina Cuesta , la mu ltitud de estudios sobre la T ransición a la democracia en España han desembocado en análisis e interpretacione s d e interés, no sie mpre concordantes. “ Si e l consenso enorgulleció a los españoles de fines de los setenta, otros autores han señalado los lím ites de la de nominada ‘ política del co nsenso ’ . Una política que incluía u n ‘ acuerdo sobre el pasado ’ qu e consistió en no exigir un rendimiento de cuentas del mismo, y por ta nto en la ausencia 200 Ibíd., pág. 7 8. 201 Ibíd. , pág. 80. M emori a, Silencio y Olvido. Amn istía 149 de juicio y de condena, en una amnistía gener al para los crímenes de la dictadura. ‘A mnistía mem oriosa ’ que, como ha insistido Paloma Aguilar y Santo s Juliá, no qu i ere decir olvido, ni siquiera silencio, como puede comprobarse e n esta s páginas. D e memoria mu da habla algú n autor ” 202 . En esta fó r mula de adm inistración de l olv ido tiene una gran importancia la trayectoria a favor de la amnistía y de la reconciliación invocada casi d esde los primeros años de la dictadura, la primera, y la segunda e n los años cincue nta. Por ello, continúa Josef i na Cuesta, no cabe desdeñar el papel jugado en e ste p r oceso por la memoria de l conflicto bélico, por e l m iedo a su repetición, y po r la presencia de los vencedores en el poder. Algunos autores, como Paloma Aguilar, creen que la T ransición estuvo atravesada por la “amn esia social”. El olvido voluntario d el pasado p ara as egurar e l futu ro. Rápidament e desapareciero n d e la política las re ferencias al franquismo y los políticos pasaron a procla mar las bondades de la dem ocracia. E incluso, se co nstruy e una nueva interpretación de la Gue rra Civ il, considerán dola como un choque inevitable dentro del confli cto global entre f ascismo, comunis mo y capitalismo y se sustituye la simbología franqu ista por la nueva escenografía democrática. Algunas de las demandas so ciales en relación con la Memoria Histórica ha n cristaliza do en organizaci ones – ARMH- y acti vidades con una importante repercusión mediática. Op inan que en poco tiempo han demostrado una gran capacidad de acción, hasta el p unto de que n o só lo ha in teresado a medios de co municación y otra s instancias culturales, sino q ue han sensibilizado a las institucio nes po líticas hasta lograr, no sin dificultades, q ue adopten posiciones activas, f rente al tradicional silencio “cómplice” que se arrastraba desde la T ransición. Creen que, más allá de las declaraciones institucionales, “todavía no se ha a rtic ulado una política de recuperac ión de la memoria, a unque 202 CUEST A J. , La Odisea de la Memoria …, pág. 378. M emori a, Silencio y Olvido. Amn istía 150 ya se han iniciado los primeros pasos” 203 . Para ellos el intento de establecer una legislación no e s su ficien te, porque hay mu chos as untos no r esueltos, como la anulación de co ndenas, d erechos de naci onalidad para exiliados y herede ros, e tc. En e sta perspectiva crítica h an participado activ ame nt e numerosos científico s so ciales, algunos de los cuales se han convertido, por así decirlo , en sus principales valedo res en los medios d e comunicación: Vicen ç Nav arro, Reyes Mate, P aul Preston, Amalio Blanco o Marc Carrillo. Para esta corriente de histo riadores y científ icos sociale s, la historia reciente es pañola, la que abarca desde la II R e pública, ha sido objeto d e manipulación interesada durante la larga e ta pa de la dictadura militar. La recuperación d e las libertades no ha supuest o, sin embargo, una rev isión de dicho con ocimiento con la profundidad necesaria, ni t ampoco la reconciliación con la historia desd e la f idelidad a los he chos, ni de la justicia. “La Tran sición política española, es decir, la forma en la que se ha llev ado a cabo e l tránsito del ré gimen d ictat orial a la demo cracia, tiene mucho que ver con este asunto…” 204 . Una buena pa rte de la crítica la re aliza el sociólogo e historiador Santos Juliá, que en un a rtículo pub licado en el suple mento Babelia de El País , (14- 10 -2006), manifiesta que l as memorias no sirv en para conocer e l pasado reciente de España porque siempre son int er esa das y retra tan al protag onista cuando r ecuerda y no en los tiempos evoca dos. Al hilo de esta reflexión, el autor califica la memoria de mala guía para analizar la historia. A su juicio, h a su rgi do c ierta m entalidad vengativa que lanza una condena genera l co ntra la g ente que colaboró con la dictadura “renunciando a hacer historia y encargando só lo a la memoria la tarea de desbrozar el pa sado”. Pa ra just i ficar e stas aseveraciones, trae a colación el epílogo de To ny Judt en su obra Po stwar: A History of Eur ope since 1 945, “Cierta do sis de p asa r p or a lto y olvido es la necesaria condición para la salud cívica” 205 y a modo de síntesis 203 ACOSTA BONO, G.- DEL RÍO SÁNCHEZ, Á. – VALCU ENDE DEL RÍO, J., La recuperación d e la memor ia histórica… , pá g. 13 . 204 Ibíd. , pág. 14. 205 JULIÁ S. , “T rampas de la m emoria”, El País (Babelia) , 14 - 10 - 2006. M emori a, Silencio y Olvido. Amn istía 151 volvemos a reiterar la opinión de Juliá al respecto: “ese echar al olv ido no era amnesia ni ignorancia, sino el resultado de la d ecisión política d e que e l pasado no interfiriera en la voluntad de abrir un futu ro que librara a España de la dictadura por medio de la clausura de la Guerra Ci vil , po r su conversi ón en historia, como e scribían Enrique T ierno y Dionisio Ridruejo” 206 . Conclu ye nd o que , a estas alturas, no es la memoria lo que hay que recuperar, es la verdad lo que hay que co nocer. Ellos, a su vez, le rebaten su teoría ind ic ándole que , e videntemente, los te stimonios re flejan al protagonista a ctu al y qu e probablemente ha modi fi cado su recuerdo, pero de ah í a que el testimonio no sirv a media un abismo. Añ adiendo en su invectiv a que estos crítico s d e la memoria no se hubiesen aproximado a e stos acontecimientos de no ser por la presión social; y por otro lado, teniendo en cuenta la importancia qu e presta e ste autor al olv ido, necesario para no cu lpabilizar a nadie, pa ra que sea p osible la Transición , “o para que nad ie cue stion e el pape l jugado p or muchos científicos sociales, que buscan esa Verdad con mayúsculas que tanto gustan al a utor al que hacemos referencia” 207 . Algunos de estos ci entíf ic os sociales de la “Recuperación de Memoria Hi stórica ” v an incluso m ás allá en sus planteamientos sob re su actitud crítica con la Tran sición, como Francisco Espin osa, quien señala que “ a las políticas de olvido les siguió las d e ‘ la suspensión de la memoria ’ du rante la e tapa d e gobiernos so cialistas ” 208 . Continúa argumentando qu e no f ue hasta el triunfo electoral de la derecha española cua ndo las iniciativas , q ue nunca habían dejado de existir, comenzaron a tener el apoyo y la amp li ficación de los medios de quienes hasta hacía poco se habían negado a sostener estas demandas. Según estos autores , hoy disponemos de una abundante investiga ción sobre “la rep resión”, que aparece como un pilar d e un 206 Ídem. 207 ACOST A BONO , G. – D EL RÍO SÁNCHEZ, Á – VALCU ENDE D EL RÍO, J., La recuperación d e la memor ia histórica.. ., pá g.29. 208 GUT IERREZ MOLINA, J. L., “La Mem oria de la Histo ria reciente españ ola . El reconocim iento de una viaje de la esperan za a la derrota” en La recuperac ión de la memoria histór ica … , pág. 37. Los referentes de la Memoria Histórica 254 Federico García Lorca 432 Todas las noticias que v amos a coment ar de El País están datadas en Granada y firmadas por A. Checa. Las f iguras de Lorca y d e Blas Infante quizás personalizaron d os biografías decisiv as cu yo rescate propició la r ecuperación de parte de lo que hoy denominamos Memoria Histórica . Uno de los poetas más insignes de n uestra época, quizá el más leído de to dos e n la actualidad, nació en Fuente Va queros, un pueblo de la v ega granadina, el 5 d e junio de 1898. Su madre había si do durante mucho tiempo m aestra de escuela y su padre tenía te rrenos en la vega en los que cultivaba remolacha y tabaco. Cuando tenía once años se estableció con toda su f amilia en la ciudad de Gra nada, aunque seguía pasando los veranos en e l campo, en Asquerosa (hoy Valde rrubio), donde Federico escribió gran parte de su obra. Pa sando por alto algunos años, damos un salto en el tiempo y nos situamos en ab ril de 1931 con la proclamación d e la IIª República, en la que Lorca empezó a colab orar con e ntusi asmo en varios p royectos culturales que pretendían fomenta r u n m ayor interca mbio entre la cultura de las ciudades y de los pueblos. Bajo los auspicios de los comités de c ooperación intelectual, fundados p or Arturo de Soria y Espino sa, García L orca dio una se rie de conferencias e n distintas partes del pa ís. Se trataba de f un dar comités en toda s las grandes ciudades, promover el intercambio de ideas, procurar u nir a todos a quellos j óvenes intelectuales q ue comparties en el amor a los principios de libertad y p rogreso social y fomentar la solidaridad. Y para Lorca la conferencia o la lectura d e sus poemas era una manera d e fo rjar lo que él llamaba “una maravillosa cadena de solidaridad espiritual”. 432 Esta biografía ha sido reali zada con la siguiente aportación bibli ográfica: MAURER, Ch . , Biogra fía. Una vi da en breve , Fundac ión Garc ía Lorca, Madri d. www.ga rcía- lorca.org/Feder ico/Biograf ía.aspx ; B iografía de Fe derico G arcía Lorc a , In stituto Cervantes www.cervant es.es>...>; JU LIÁ S. , Histori a de las dos Españas , Madrid, Taurus , 2005. Los referentes de la Memoria Histórica 255 La ap ortación más importante de l poeta a la política cultural de la República fu e, sin duda, la organización del te atro universi tari o La Barraca, que Lorca ani ma bajo los auspicios d el Ministerio de Instrucción regentado por Fernand o de los Ríos. Pr etendía llevar a to dos los rincones d e España, por medio de la juventud universi taria , “ un mensaj e de ‘ colaboración de clases, d e f raternida d entre los h ombres ’ con la representación de obras teatrales de los clásicos españoles ‘ co m o educadores del gusto popular ’” 433 , y , aunque su acción tie nde a desarrollarse en las capitales, aspira tam bién a la difu sión de l teatro en las masas campesinas que se han visto privadas d e teatro desde tiempos lejanos. Es una expresión de una concepción d el intelectual o del universi tario como educador del pu eblo en la tradición institucionista. Entre 1933 y 1934 se fu e de gira triunfal por Monte video y Buenos Aires. A su regreso contaba ya con 36 años y le queda ban do s años de vida, que los vivió de forma intensísima. En sus e ntrevistas y declaraciones en tre 1934 y 193 6 insistió Lo rca, más q ue nunca, en la responsabilidad social del a rtista, especialmente en la del dramaturgo, pues éste p odía “poner en e videncia m orales viejas y equivocadas”. Mientras Federico pronunciaba estas palabras, Yerma era atacada por la prensa d e derechas como obra “inmoral” y “pornográfica”. No se apo có su au tor. In sisti ó en la a utoridad m o r al y estética que debían compartir el dra maturgo y los actores. El ambiente d e Madrid en es tos dos a ños se había vuelto ca da vez más violento e intolerante; E spaña parecía irremediablemente avocada a una Guerra Civil. Aunque Federico detestaba la po lítica partidaria y, por ello, resistió la p resión d e sus amigos para qu e se hiciera m iembro de l Partido Comunista, era conocido su ta l ante liberal y suf rió co n frecuencia la arremetida de los conservadores por su amistad co n Margarita Xirgu o el Ministro socialista Fernando de los Ríos. La popularidad d e L orca y 433 JULIÁ, S. H istoria de las dos Españas . T aurus, Madri d, 2005, pág. 253. Los referentes de la Memoria Histórica 256 sus n umerosas d eclaraciones a la pren sa sobre la injusticia social le convirtieron en un personaje antipático e inc ómodo para la derecha. Intuyendo que el país estaba al borde de la g uerra, Lorca decidió marcharse a Granada para reunirse con su fam ilia. El poeta prefiere volver a su tie rra y buscar el refu gio cerca de la ma dre y la infancia, por las que el tiempo no había pasado. El 17 de julio estalló en Marruecos la sublevación m ilitar contra la República. Para el día 20, el centro de Granada estaba en manos de las fuerzas falangistas. Su cuñado y alcalde de la ciudad, Manuel Fernández-Montesinos, fu e arrestado e n su despa cho del Ayuntamiento, al cabo de un mes fue fusilado por los rebeld es. Dá ndo se cuenta de que sería peligroso quedarse en la Hue rta de San V icent e, Federico sopesó co n su familia varias alternativas, optando por la de quedarse en casa d e la f amilia Rosales, e n el centro de la ciudad. Lorca escogió esta opción porque tenía una relación de confianza co n dos de los do s hermanos del poeta L uís Rosales, que e ran destacados falangistas. La tarde del 16 de agosto de 1936, L orca f ue de tenido en casa de los Rosales por Ramón Ruiz Alonso, un e x dipu tado de la CEDA, derechista fanático, que sentía un profundo o dio por Fernando de los Ríos y e l poeta m ismo. Según Ian Gib son, f ue una o peración de envergadura, c on la intervención de un importante número de guardias y policías. Lorca fu e trasladado al Go bierno civ il d e Granada, donde quedó bajo la cu stodia del gobernador, el comandante José Valdés Guzmán. Entre los cargos contra el poeta – según una supuesta denuncia, h oy perdida y f irmada por Ruiz Alonso - f iguraban el “ser espía de los rusos, estar en contacto con éstos por radio, haber sido se cr etario de Fern ando de los Ríos y se r homosexual”. Fueron infructuosos los intentos de salv ar al poeta por parte de los Rosales y, m ás tarde, por M anuel d e Falla. Según Gib son, “ha y indicios d e que, antes de d ar la orden de matar a Lorca, Valdés se p uso en contacto con el general Queipo d e L lano, jefe supremo de los sublevados de Andalucía”. Los referentes de la Memoria Histórica 257 Sea como fuere, el poeta fue llevado al pueblo d e Víznar jun to con otros detenidos. Después de pasar la noche en una cárcel improvisada, lo trasladaron en un c amión hast a u n lugar e n la carretera entre Víznar y Alfácar, donde lo fusilaron antes del amanecer. Aunque no se ha podido fijar con ce rteza la fe cha de su muerte, Gibson supone que ocurrió en la m adrugada de l 18 de agosto de 1936. En documentos oficiales ex pedido s en Gran ada puede leerse que Federico García Lorca “falleció en el mes de a gosto de 1936 a consecuencia de heridas producidas por hecho de guerra”. Respecto a los homenajes, l a polém ica versará sob re la oficialidad o la popularidad de los m ismos, en este c aso también centrados en el pueblo natal del poeta, Fuente Vaqueros. La primera referencia que tenemos está fe chada muy pronto : “El 5 de junio homenaje p opular a García Lorca” 434 , noticia a la que inmediatamen te se contrapone o tra: “ la familia de G arcía Lorca se opone a un ho menaje oficial al poeta” 435 . Sus familiares han concedido su apoyo a un homenaje que catedráticos y estudiantes de Granada tributarán al poeta en fecha próxima. La misma disparidad se manifiesta en ABC , en e l que en la misma página aparec e una entrevista con el alcalde de Fuente Vaqueros anunciando el homenaje a García Lorca para el día 27 y la opinión de los familiares más pr óximos que se oponen a la distinción, emitiendo un a nota en l a que “califican est e homenaje como oficial, y para el que no se les ha pedido permiso y ni siqu iera se les ha in fo rmado. Siempre nos hemos opuesto – añade la nota- a que instancias of iciales o p ersonas con cargos no electivos quieran adherirse a actos en h onor de García Lorca después de cuar enta años de silen cio sobre su muerte” 436 . Por s u parte , el a lcalde también expone ampliamente sus argumentos para la celebración de l homenaje, entre los que d estaca “un e scrito d e más de un centenar de paisanos” 437 , y conta r co n el patrocinio de la Diputación Provincial. Con una pequeña nota s e a nuncia de finitivamente que h abrá 434 El País, 20 - 5-76, cu ltura. 435 Ibíd., 22-5- 76, sociedad . 436 ABC , 22-5-76, pág . 104. 437 Í dem . Los referentes de la Memoria Histórica 258 “el jueves, homenaje a García Lorca of recido po r el Ayunt amiento de Granada” 438 . Está previsto que hable el Alcalde. El homenaje of icial se celeb ró en Fuente Vaqueros, don de había nacido hacía 78 años, se le dio su nombre a la calle donde nació y se puso una placa e n su casa: “ gloria de las letras españolas ( … ) cuya dolorosa pé rdida sienten los hijos de su pueblo” 439 . Al acto asistieron unos 800 vecinos y el ex Ministro de E ducación, Juli o Rodríguez. La p erspectiv a informativ a d e ABC fue más generosa y p rolija con los datos d e participación p opular, académica e institucional que EP en el mismo e vento of icial : “A la hora del c omienzo de los actos, el pu eblo entero se congregó en la p laza, donde e staba la Corpo r ación Municipal en ple no” 440 . La comitiva (Ministro de E ducaci ón, vicepresidente de la Diputación de Gra nada, la mayoría d e lo s dipu tados granadinos y nume rosos alcalde s de pueblos d e la provincia) marchó a la calle Trinidad donde ya f ig uraba un nuevo rótu lo co n e l nombre de “ Po eta García L orca ” . El alcalde q uiso poner de m anifiesto q ue éste era un acto sencillo, sin trampa d e n ingún tipo com o, a l parecer, a lguien ha querido ver en él. As imismo, se ha mostrado una fotografía de la lápida colocada en la casa natal de García Lorca 441 . Varios días después comenzaron los acto s popu lares de h omenaje a García Lorca, que vive ya su se mana de distinciones: “Han llegado adhesiones de todo tip o, co mo la del preside nte de la Real Academia de la L engua, Dámaso Al onso” 442 . Además , s e ha abierto una exposición sobre “La Barraca ” y h abrá u n recital de canción andaluza, con figuras como Lole y Manuel, M anif iesto Canción d el Sur, Carlos Cano y Manuel Gerena. La semana culminará con un a c oncentración el próximo sábado en Fuente Vaqueros , con la a utorización correspondiente de l Gobierno Civil de Granada, en la que “ serán leídos poemas del poeta, de Antonio 438 Ibíd., 25- 5-76, pág. 116. A quí ha y una confusión pues se trat a del A yuntamiento de Fuente Vaqueros y no el de Gr anada. 439 El País , 29 - 5-76, cu ltura. 440 ABC , 28-5-76, pág .35. 441 Ibíd., 30-5- 76, pág. 79. 442 El País , 1 - 6-76, cultura . Los referentes de la Memoria Histórica 259 Machado y d e Rafael Alberti entre otro s” 443 . Está previsto que ac udan miles d e personas, en tre ellos los familiares de Ga rcía Lorca y destacadas personalidades nacionales. Ta mbi én se anun cia a bombo y platillo en ABC el “homenaje popular” que mañana se celeb rar á en Fuente Vaqueros 444 . De Europa Press se recoge una nota en la que se a nuncia que cont ará con la presencia de pe rson as co mo Au rora Bautista, Lola Gaos, Enrique Meneses, José Antonio Bardem y J osé L uis Gómez. Previamente se celebrará una con ferencia del periodista Eduardo Castro , au tor de l libro Muerte en Granada. La tragedia de Federico García Lorca. Finalmente, se destaca con énfasis la realización del acto popular: “Varios m iles d e p ersonas e n e l homenaje a García Lorca en Fuente V aqueros” 445 , de stacando que lo presidieron los sobrinos del poeta , aunque Is abel García Lorca, la ú nica hermana v iva del poeta , no asistió. Este acto popular estuvo p recedido, entre otras cosa s, por un a mesa redonda presidida p or los seis superv ivientes del te atro popular La Barraca . También se e scuchó la v oz de Alb erti, en una grabació n hecha en Roma para esta ocasión. Además de las actrices mencionadas anteriormente y Nuria Espert, interv inieron también Gabriel Celay a, Blas de Otero, Goytisolo, Gil Albert y José G. Ladrón de Guev ara y , como final, co lectiv amente fue pintado un gran mu ral dedicado al poeta granadino Terminadas las actividades del homenaje se dio lectura a un comunicado de los grupo s político s andaluce s pidiend o el restablecimiento de las libertad es demo cráticas y que los pueblos de España pu edan decidir libremente su futuro. L a mu ltitud dio g ritos de amnistía y libertad, cor eando la palabra ¡ Federico, Federico! Además de banderas catalanas, se exhibió una republicana, cu yo portador f ue detenido y posteriormente puesto en libertad. 443 Ibíd., 2-6-7 6, cultura. 444 ABC , 5 -6-76, pág. 56. 445 Ibíd., 6-6-7 6, pág. 55. Los referentes de la Memoria Histórica 260 El presidente d e la Diputa ción, señor P érez Serrabona, continúa con la polémica, puntualizando sobre lo o currido en el ho menaje, denominado por la familia “of icial” . A este respecto, comu nica a trav és de ABC que “tanto la Corporación Municipal de Fuente V aqu eros como su alcalde y el pueblo e n s í tienen la suficiente a utoridad y autonomía...para transmitir sus se ntimientos q uienes quieren, como creen que deben hacerl o y en el momento que creen oportu no…” 446 . En este Pleno se aprueba la compra de la casa na tal de Ga rcía Lorca po r parte de la Diputación Provincial de Granada. Gabriel Celaya, d esde la “Tribuna de Opinión” d el País , se lan za a una exhaustiv a defensa del poeta y su merecido homenaje popular y a denostar el llamado “ oficial ” con estas palab r as : “Aunque to dos queramos olvidarlo, sigue habiendo d os Españas. P or eso han sido dos los homenajes a Federico – el suciamente oportunista y el auténtico, propiciado por su familia - ” 447 . A con tinuación sig ue disertando so bre las bondades de la fam ili a del poeta y no s c uenta un a anécdota de cómo conoció a Lorca, para terminar diciendo que “F ederico era d emasiado bueno y f ue su condición d e niño grande lo que le perdió…” 448 . Esto es en referencia a la gu err a de b romas que se estableció en la “B allena alegre” entre e studiant es de la Residencia – e ntre los que se e ncontr aban ellos dos-, y un g rupo de falangistas ente los q ue se contaba José Antonio. Posteriorment e, Lorca sería asesinado por aquellos con los que bromeaba. Algunas de las consecuencias d el h omenaje popular a Garcí a Lorca fueron negativas, ya que se pusieron m ultas de “200.0 00 pts . a Ju an Goytisolo y al profesor d e la Universidad de Granada, J. A. Rivas, por sus intervenciones en dicho homenaje” 449 . Según o pinión del Gobernador civil , fue debido a que se le dio un mat iz político a un acto cultural. La no tificación de l Go bernador civ il llegó e l 10 de a gosto ( El País 21 - 08 - 76) , con minándole a s u pago en el pla zo de 10 d ías, si no pasaría 446 Ibíd., 2-6-7 6, pág. 53. 447 El País , 10 - 6-76, cu ltura. 448 Ídem. 449 Ibíd., 24-6- 76, cultura. Los referentes de la Memoria Histórica 261 a prisión. No obs tante, Goytisolo se ha n egado a p agar la m ulta y h a encomendado su de fensa a Jiménez de Pa r ga, quien ha presentado un recurso a nte el Gobierno civil de Granada y an te el Ministerio de la Gobernación, cargos que están ocupados por pe rsonas distintas a la s que los regentaban el 5 de junio. Otro tip o de homena je f ue el que hizo un grupo de escritores y artistas local es protestando por el derribo de la ca sa donde vivió gran parte de su vida, coincidi endo co n el 40 aniv ersario de su m uerte 450 . Éstos pensaban que se p odría haber lleg ad o a algún tipo de solución, antes que demol er la ca sa en su totalidad . Recordemos que la Diputación Provincial había decidido comprar la casa natal del poeta. Precisamente, con motivo de cumplirse el c uarenta aniversar io de la muerte del gran poeta granadino, “un grupo de escritores y de poetas de Granada han subido al b arranco de Víznar y dep ositaron una corona de flores en el lugar donde se estima que cay ó muerto Federico” 451 . En referencia al asesinato de García Lorca, resu lta bastante llamativo e ilustrativ o l a noticia s obre el des mentido en el n úmero 5 d e la revista Historia 16, recogida por el diario Ideal : “’ Yo no ma té a García Lorca ’ , dice el ex novil lero gran adino ‘ Perete ’ ” 452 . E ste rotundo desmentido de Manuel Zar zo viene a replicar al artículo citado, escrito por José Manuel Naveros, bajo el título de “García Lo r ca y Falla”. En dicho artícu lo se argume nta que, s egún expone el gobernador civ il de Almería, Juan Ruiz Peinado, de l partido Izquierda Rep ublicana: “ Peret e era en julio de 19 36 jefe de las lla madas ‘ Patrullas Negras ’” 453 y que en el barranco de V íznar se pidió fusilar personalmente a Lorca. ABC , p or su parte, argumenta que “El señor Za rzo en a gosto de 1936, era soldado de Infantería, y figuró en la columna qu e operaba en Loja al mando del coro nel Leó n Maestre” 454 . También cita una fotografía 450 Ibíd., 24-8- 76, cultura. 451 ABC , 21-8-76, pág. 4 0. En es te p eriódico nunca se utiliza la palabra ases inato referido a este tem a. 452 Ibíd., 19- 10 -76, pág. 38 . 453 Í dem . 454 Í dem . Los referentes de la Memoria Histórica 262 de Zarzo con otro no vil lero en el diario Ideal en la fe cha del 20 d e agosto de 1936. Para concluir, a m odo de d efensa del novillero, ABC explica que Manuel Zarzo es un ho mb re muy conocido en Granada y que fue amigo personal de García Lorca. Respecto al “homenaje popular”, se consiguió llevar a cabo después de tanto s a vat ares, así c omo zafarse todo lo p osible del “oficial”; sin emba rgo, al año si guiente, ya con libert ad y e n un clima d e elecciones políticas libres, “ No se celebró ‘ la fiesta por la libertad ’ en homen aj e a Lorca ” 455 . En esta ocasión, l os p roblemas vinieron deriv ados de las discrepancias entre la Comisión organizadora por un lado y la familia y la ag rupación local del PSOE por otro. Además de coincidir co n la campaña e lectoral y ser encabezada la candidatura d el PSOE al Congreso por un sobrino de Lorca. De esta m anera, “el grupo de artistas y escritores que protagonizaron el sencillo homenaje de l año pasado ha decidido que esta madrugada no haya flores suyas para Fede rico ( … ) Nos han obligado a ser plañideras durante cuarenta años y no que remos seguir siéndolo ni un solo día más” 456 . En otro o rden de cosas, pero e n la línea de co nstrucción de “ Memoria Histórica ” y n ormalización de la vida democrática española, podemos considerar el “ Estreno en A ndalucí a de La Casa de Bernarda Alba en el Álvarez Qu i ntero ” 457 . A los cua renta y un añ os de ser e scrita , la o bra llega a los esce narios andaluces. Asimismo, la Televisión alemana, a l a hora d e hacer una s erie de trece progra mas sobre a utores contemporáneos , le ha p edido a RTVE una versi ón de La c asa de Bernarda Alba . Lo que demuestra que a los cu arenta y un años de su muerte, “Federico García Lorca sigue estando vigente fuera de España”. 458 455 El País , 7-6- 77, cultura. 456 Ibíd . , 19 -8- 77, cultura. 457 ABC , 10-3-77, pág . 42. 458 Ibíd., 19- 11 -77, pág. 7 2. Los referentes de la Memoria Histórica 263 En la secció n “surteatr o” de ABC se in forma de que en Granada se prepara un homenaje a García L orca el 18 d e a gosto, “ con motivo del aniversario de l fusilamiento de Federico, se e strenará…la obra titulada La muerte d e Lorca ” 459 de J. Antonio Rial, quien comenzó a escribirla en la cárcel, en la que p ermaneció durante siete año s , y no la terminó h asta casi cuarenta años después. Al año sigu iente de la no celebración (1978), con motivo de cumplirse el 80 aniversario de l nacimiento de l poeta en Fuente Vaqueros, Eduardo Castro nos informa desde Granada de que , ante la petición de una com isión d e vecinos de la localidad p ara realizar u n homenaje popular a Fe derico G arcía Lorca, b ajo el nombre “‘ la fiesta del cinco a las cinco ’ como f iesta of icial del pueblo ” 460 , fu e prohibido por e l gobernador de Granada, aduciendo problemas de f orma. Pe r o a l día siguiente fue autorizado, tras varias horas d e negociación, “siempre y cuando unos mínimos requ isitos de seguridad ( … ) y la asunción p or parte de los organiza dores de cualquier resp onsabilidad por las posibles alteraciones de orden que pueda n producirse” 461 . También se anuncia en ABC el mismo evento: “Mañana, homenaje a Ga rcía Lorca en Fuente Vaqueros ” 462 , y poco m ás, pues no se hace referencia al d esarrollo d el acto, sól o colateralmente s e da cuenta d el saludo del P residente and aluz a los organiza dores del homenaje, “en conmemoración del LXXX aniversario del nacim ient o de l Poeta granadino ” 463 . Al fin se celeb r ó el homenaje popul ar a Lorca en Granada. El acto se inició con las p alabras de l poeta José Ga rcía L adrón de Guevara: “‘ Hoy cum ple, no d igo qu e cumpliría, sino que cumple Federico García Lorca, o chenta años de edad. Y está aquí, viv o, co n nosotros…Po r que los poetas no mueren ’“ 464 . 459 Ibíd., 29-7- 77, pág. 36. 460 El País , 1 - 6-78, España . 461 Ibíd., 2-6-7 8, España. 462 ABC , 4-6-78, pág. 9 6. 463 Ibíd., 6-6-7 8, pág.104. 464 El País , 7 - 6-78, cultura . Los referentes de la Memoria Histórica 270 poeta como ca tedrático numerario de instit uto” 475 . Loables gestion es que está realizando la m isma comisión que se encarga del traslado de los restos mortales de los Machados a Sevil la. Simultáneamente, esta s ind agaciones sirv en para aclarar que en e l citado expediente d e Mach ado hay un e rror so bre el lugar y la f echa de muerte del ilustre exiliado, pues “Machado mu rió el 22 de f ebrero de 1939, no en u n campo d e concentración y hacia el 10 de fe brero, como se aseguró con insistencia en los primeros años del régimen f ranquista, sino en el hotel Quintana de Colliure (Francia) ” 476 . La i nformación de EP concluye sobre esta s fecha s a nunciando que la comisión pro homenaje a Antonio Machado inicia ya los preparat ivos para el año próximo, en que se cump lirá el cua renta an iversario de su muerte, con celebraciones de carácter na cional. En esta conmemoración, se pretende que , a las reivindicaciones señaladas ant erior mente, se añadan , como acto importante de l homenaje, “el ingreso post-mortem de Machado en la Real Academ i a de la Lengua, con lectura de su discurso de ingreso y dado que, aunque fue elegido miembro de número e l 2 4 de m arzo de 1927, nunca llegó a toma r posesión de su sillón ” 477 . El traslado de los restos de los hermanos Machado a S evilla, que hemos a nalizado a nteri ormente c omo u n asunto pol émico e n la socie dad sevillana en pa rticul ar y andaluza en general, a través de los artículos e informaciones de EP , s e va a erigir como tem a estrella e n ABC. El diario sevillano dará amplia co bertura a l debate sobre el traslado de estos restos, inclinándose decididamente po r los partidarios del mismo y organizando una int ensa campaña a favor d el traslado de los restos y su inhumación en el Panteón de Sevillanos Ilustres. Por tanto, iniciamos este análisis con las palabras del Presidente del Ateneo que, en grandes titulares, “pide la inhuma ci ón de los hermanos Machado e n el Panteón de Sev illanos Ilu stres” 478 . Estas 475 Ibíd., 4-6-7 8, cultura. 476 Ídem. 477 Ibíd., 2- 12 - 78, cultura. 478 ABC , 7-1-76, pág. 3 3. Los referentes de la Memoria Histórica 271 palabra s d el señor López Lozano se m anifestaron durante la cena en homenaje a los Reyes Mag os y concluye i ncidiendo, violentamente, sobre la raíz de la polémica: “Ese día quizá v eam os caer, abatidos p or su propia inanidad, los silencios sectarios, las apologías p artidistas, esa turbia manipulación de los muertos con las que se pretendía empujar a Antonio contra Manuel y a Manuel contra Antonio…” 479 . Esta nota es contestada, al d ía siguiente, por una carta abierta firmada por Jesús Conejero Marcos al Presidente del Ateneo, en la que le m uestra su satisfac ción cu ando conoció su intervención. Lo primero que le m ani fiesta es su pretensión de acabar con el mito de las dos Españas y seguidamente le c omunica que su aspiración es compa rtida por el Ayuntamiento. “Prue ba de el lo e s que e l año pasado, y concretamente en el Pleno Municipal del 30 de julio, elevé una propuesta en el mismo sentido reivindicativo, de da rles definitiva sepultura en el Panteón de Sevillanos Ilustres” 480 . En el texto de la m oción al alcalde , entre otras conside raciones se expone que “cuando conmemoramos el centenario del nacimiento de nuestros d os gr andes po etas, j usto es que el Ayuntamiento d e la ciudad, que ya en su día los nombr ó hijos predilectos de Sevil la, sea el iniciador de la g estión oportunísima d e reca bar sus res tos mortales, desde do nde actualmente reposan… 481 . Los lect ores, también d e f orma p articular, participan en este d ebate. Así encontramos la p etición de una lector en la secció n “cartas al Director”. Se trata de Antonio Ferrera Comesaña, promotor de la campaña en su día “pro traslado”, quien le pide: “Usted, señor directo r de ABC (y no es coba), que tantos años lleva lucha ndo por causas, mucha de ellas quijote scas, pues bien, p oca cuenta le han echado, a ver si en esta, de spués d e su discurso último, tien e la suerte que no tuv imo s los demás” 482 . 479 Í dem . 480 Ibíd., 9-1-7 6, pág. 36. 481 Ídem. 482 Ibíd., 15-1- 76, pág. 31. Los referentes de la Memoria Histórica 272 En otro orden de cosas, la concesión de l os premios nacionales de Literatura es un m agnífico ejemplo de los confusos y paradójicos tiemp os de l a Transición, porque a la vez que s e con ced en galardones en homenaje a “Francisc o Franco” o “José Antonio Primo de Riv era”, este año habrá un “ premio e xtraordinario ‘ Anton io Machado ’ , convocado por una so l a vez con motivo de la celeb ración en 1975 del centenario de Machado…” 483 . De Todas fo rmas, c omo y a haré nota r en el apartado d e las con clusiones, este pe riódico habla con to tal na turalidad de los personajes de la Dictadura, como si no fueran a desaparecer de la vida oficial española. La Rea l Acade mia d e Bellas Artes de Santa I sabel d e Hungría, bajo la presiden cia de don José Hernández Díaz, se ha sumado a la p etición general d e “So licitud de inhumación en el panteón de sevillanos ilustres de los restos de García Ramos, Turina, hermanos Machado y Pérez Embid” 484 . Desde otro ángulo político, representado por el C lub Go rca, se prepara un ciclo de c onferencias en homenaje a Antonio Machado. Entre los conferenciantes estarán Carlos Álvarez y An drés Sorel . Los versos serán recitados por el grup o poético “Marej ada” y, para f inalizar , una mesa redonda titulada: “’ Machado, viv o ’ e n l a qu e participarán Manu el Barrios, An tonio Burgos, Manuel Carrasco, Raf ael de Cózar, Manuel Laza y José Mª Vaz de Soto ” 485 . Cuando el poeta Carlos Álv arez abría el ciclo con s u conferencia leyendo un os poem as de uno de los poetas a pócrifos cread os por Machado, “Pedro d e Zúñiga” , el acto fue inte rrumpido . “Apenas iniciado el acto, y a requerimiento de la fuerza pública, fue desalojado el club Gorca, interrumpiéndose así la lectura d e poema s” 486 . Hoy -se informa- continuará el homenaje con la actuaci ón de Marejada. Así ocurrió en esta ocasión hasta finalizar el ciclo. 483 Ibíd., 17-1-7 6, pág. 43. 484 Ibíd., 20 -1- 176, pág. 40. En esta ocas ión se ha am pliado la petición d e exhum ación en el citado pan teón al p intor y al com positor. 485 Ibíd., 22-2- 76, pág. 41. 486 Ibíd., 25-2- 76. pág. 21. Los referentes de la Memoria Histórica 273 Mientras tanto, continúan las cartas al directo r sobre los Macha do, las conferencias como la de Antonio Rodríguez Almodóv ar, en la q ue bajo el t ítulo “Aproximación al pensamiento de Anto nio Machado”, dijo “que ha ll egado, pue s, el momento de reiv indicar, no sólo el perfil humano y la extraordinaria honradez d el Machado hombre ( … ) sino la profunda y delicada verdad de su pensamiento” 487 , o artículos, como el de “ Manuel Ruiz L agos: ‘ An tonio Machado y la rebelión Juvenil. El derecho a escribir la historia ’” 488 . Respecto a la disputa sobre el re greso de los restos de los hermanos Machado, continuó d urante 1977 hasta tal punto qu e , en esta ocasión, en la cena homenaje a los Reyes Magos se p one e n b oca del rey Baltasar la demagógica fr ase: “En Triana me encontré con Ma nuel y Antonio Machado, que pedían reposar en la tierr a de Sevilla” 489 . ABC , prolongando lo expuesto en la cena de los Reyes Magos, declara que abre sus páginas a todas las instituciones, centros culturales y personas que quieran prestar su apoyo a esta iniciativa, que recoge el sentir de la inmensa may oría de l os sevillano s, “qu e hasta ahora, tal v ez por la o posición de a l gunos, no ha llegad o a convertirse en realidad. ¿Quiénes se oponen ?” 490 , se interroga cáustica mente. En p ortada, con una f otografía de la cript a de la igle sia de la Anunciación (Panteón de Sevillanos Ilustres) y g randes titulares, expresan rotundamente: “Entre otros, fa ltan los Mach ado” 491 . Seguidamente, critica n a las instituciones y centros culturales de la ciudad a los q ue había n pedido cooperación y no la han re cibido, según el periódico. Ya habíamos v isto com o , al prin cipio del año, El Presid ente del Ateneo y la Aca demia de Bellas Arte s lo habían solicitado, por ejemplo. De todas f ormas, pr onto empezará el desfile de peticionarios, en primer lugar lo hará la junta directiva del Ateneo, “para dar cristiana 487 Ibíd., 24-3- 76, pág. 55. 488 Ibíd., 24-3- 76, págs. 23 y 55. 489 Ibíd., 8-1-7 7, pág. 33. 490 Ibíd., 9-1-7 7, pág. 1. Porta da y foto conjun ta de A. y M. Machado . 491 Ibíd., 19-1- 77, portada, pág.1. Los referentes de la Memoria Histórica 274 sepultura a la sombra de la Giralda, a quien es estuvieron unidos por los indestructibles lazos de la sangre…” 492 . T ambién se recuerda la moción – presentada por el concejal Jesús Salvador Conejero Marcos -, aprobada por una nimidad e n el p leno d e la corporaci ón del 30 de julio de 1 975, por la que se acuerda gestionar d icho traslado. S obre la m adre de los Machado, que está enterrada con Antonio, se gún e sta moción: “sería enterrada en el cementerio de San Fernando” 493 . También, se recuerda que la comisión pro -traslados constituida e n 1963, reanuda sus trabajos, lo cual se pone e n conocimiento de todos los que quieran colaborar. Ortiz de L anzagorta, en su sección de “Apuntes An daluces”, pide “Que vuelvan, s í, p ero con todo lo demá s y los demás: obras son amores” 494 . Sobran comentarios. La Aca demia d e Bella s Artes, se suma a la lista de signatarios y ratifica el acuerdo de enero d e 1976 de “solicitar de l Rectorado de la Universidad hispalen se la traída al Panteón de Hombres Ilustres de los restos de Turina, los hermanos Machad o ( … ) y otras p ersonalidades” 495 . En portada y en d omingo se expresan a sí de contundente s : “Sevilla, po r los Hermanos Machado” 496 . Es el lema d e u na campaña q ue empieza h oy y en la que se van a publicar las cartas y telegramas de adhesión a la idea de t rasladar los r estos de Manuel y Antonio M achado al Panteón de Sev illanos Ilustres. Efectiv amente, así se hace desde hoy y en los n úmeros posteriores, como el del 1 de febrero, que dedica al tema bastante extensión, incluida la portada 497 . Según ABC , “la i dea del tra slado de los restos es compartida con entusiasmo” 498 , como lo demue stra el elevado nú mero de ocasiones en 492 Ibíd., 21-1- 77, pág., 29 . 493 Í dem . 494 Ibíd., 23-1- 77, pág. 37. 495 Ibíd., 27-1- 77, pág. 28. 496 Ibíd., 30-1- 77, pág. 1. Port ada. 497 Concretam ente, las página s 9, 51 y 52. 498 ABC , 3-2-7 7, pág. 31. O tras ediciones especialmente dedicadas a l apo yo d el traslado fueron las del: 4-2- 1977 , p ág . 53; 5-2-1977. pp . 28 y 29; 6- 2-197 7, pp. 35 y 36; 8-2-1977, pá g. 9; 10-2- 1977, pp. 32 y 38; 11 -2-1977, pág. 2 9; 12 -2-1977, p ág. 2 8; 15- 2-1977, p p. 41 y 4 2; 16 -2- 1977 , p p. 33 y 34; 17 -2-1977 , p ág. 34; 19- 2-1977, pp. 33 y 34; 20-2-19 77, pág. 48. Los referentes de la Memoria Histórica 275 que se cita el tema . E ntre los partidarios, se citan personajes como Utrera Molina, Álvaro Domecq o Matías Prats. Pero también hay diferencia s o matizaciones con la opinión oficial, como l a de Em ilio Pérez Ruiz, p residente del Club Gorca, en la sección de cartas al directo r, donde pide que “se celebre una reunión en el Ayuntamiento, con la p articipación del m ay or n úmero de entidades culturales ( … ) Cada entid ad aportaría lo que pudiera, sin má s limitaciones que e l absoluto respeto a la s ideas de cada uno y, fundamentalmente, de los Machado” 499 . S egún ha sabido la redacción, el señor Ga rcía Díaz ha resp ondido al presidente de l Club Gorca invitándole a la p róxima reunión d e la comisión pro traslado de los hermanos Machado. Abiertamente en contra se manifestó Alfon so Guerra, quien tras pronunciar una conferencia con e l título “Antonio Machado, poeta desterrado”, “Se d eclaró a biertamente co ntrario a la ca mp a ña d e ABC en apoyo d e la iniciativ a de grupos intelectual es sevillanos para trasl adar los restos d e los herm anos Machado al P anteón de Hijos Ilustres de esta ciudad” 500 . Por otro la do, la comisi ón creada p or el A yuntamiento, continúa con su labor, concluy endo: “H ay q ue ir simultán ea p ero di ferenciadamente al homenaje a los Machado y al traslad o de sus restos” 501 . T ambién manifiestan que no es propósito e ntrar en po lémica con entidades y personas de Soria. Siguiendo la evolución de la gestión e ntre l a com isión m unicipal y los f amiliares de los insignes poetas, nos encontramos en primer lug ar con que estos “niegan h aber recibido ninguna solicitud para e l traslado de los restos de Antonio Machado” 502 . La Comisión Municipal expo ne que, “contr ariamente a lo que afirmaron a yer a la agencia Logos a lgunos familiares de los he r manos Machado...viene realizando durante todo el 499 Ibíd., 22-2- 19 77, pág. 63; 23-2-19 77, pág. 31; 25-2- 1977, pág . 25. 500 Ibíd., 23-2- 1977, pág. 5. 501 Ibíd., 25-2- 1977, pág.28. 502 Ibíd., 2-3- 19 77, portada y pág. 15. Los referentes de la Memoria Histórica 276 mes de f ebrero diversas g estiones cerca de personas representativ as de los intereses de Manuel y Anto nio Machado” 503 . Siguen las noticias contrad ictorias, según u n representante de la familia , el señor Rollán Riesco, n o se ha hecho nada n i se ha dado ningún paso en e ste sentido. Precisamente, añade este portav oz, estamos espera ndo una carta o do cument o o f i cial d el Ayuntamiento para comenzar a agilizar el traslado. Los herederos ya iniciaron gestione s e n 1968 que resultaro n fallidas “por la existencia de una fotocopia de una carta de l he rmano del poeta, José, en la q ue af irmaba su deseo de no trasladarlo a nuestro país por razones polític as” 504 . Simultáneamente, continúan los h omenajes más sencillos y cotidianos, como que e l pueblo de Lora en Méjico le dedique una calle como habían prometido años atrás 505 o que en la Feria de l Libro, en tre los actos p rogramados “el domingo se dedicará a l a div ulgaci ón de la obra de los Machado” 506 . En d icho acto Manuel Ba rrios, en su d isertación del domingo por la tarde, manif iesta que en síntesis sign ifica n la reconciliación: “Y es q ue d uele, a estas alturas, seguir h aciendo dicotomías con los Machado” 507 . Destacable, por la categoría del p ersonaje, es el elogio cariñoso que le transmite, de sde la portada, el presidente de Méjico, L ópez Portillo: “Antonio Machado es como un tío mío en la distancia” 508 . Además, del fuerte contenido de Memoria Histórica que co ntiene e ste me nsaje, dada la importa ncia que ha ten ido este país en el exilio republicano español. Otra f orma de homenajear a l p oeta es a través de la buena música , como ha ocurrido en el Festival Internacional de Música y Danz a de Granada, donde la obra de Cristóbal Halfte r ha tenido un gran é xito con la f unción “’ Elegía a la mu erte de tres poetas españoles ’ ( … ) concebida bajo u na idea tripartita q ue son otros cantos a la muerte de A ntonio 503 Ibíd., 3-3-7 7, pág. 35. 504 Ibíd., 4-3-7 7, pág.57. 505 Ibíd., 16-3- 77, pág.38. 506 Ibíd., 17-3- 77, pág. 85. 507 Ibíd., 22-3- 77, pág.49. 508 Ibíd., 1-5-7 7, pág. 1 y 23. La e ntrevista fue hecha por T ico Medina. Los referentes de la Memoria Histórica 277 Machado (exilio), a la de Miguel Hernánde z (cárcel) y a la de García Lorca (sangr e) ” 509 . La toponimia urbana es un instrumento muy e ficaz para homenajear y crear Mem oria Histórica, así lo ha n en tendid o un grupo de intelectuales sevillanos que “han solicitado que se dé el nombre del poeta sevil lan o a la céntrica avenida que todavía llev a el nombre de u n general de la Guerra Civil ” 510 . José Mª M uñiz Orellana, que y a s e había sumado a la c ampaña de ABC respecto al trasla do de los restos a Se vil la, ahora e scribe u n artículo sobre el ex ilio y la muerte del poeta en Colliur e, en el que vuelve a pedir que se reanude la op eración de regreso de los poetas, ya un tanto olvidadas. Respecto a los fam iliares, también discuten entre ellos, pues sus h ermanos, J osé y Joaquín, no q uieren el traslado a España , pero sus sob rinos si q uiere n, p ero para que l o inhumen en Soria junto a su esposa. A esto deb emos sum ar el deseo de Colliure, q ue le ha d edicado incluso una calle y desean que los restos permanezcan allí donde están. “Alegan, co n razón, que cuando nadie se ocu pó del problema de la sepultura, y fueron muchos años, e llos lo hicieron ” 511 . Por esta s razones, se atreve a proponer que el Ayuntamiento de Sevilla organice un viaje, para mostrar nuestro reco nocimiento y tratar con tacto la cuestión del traslado. Iniciamos 1978 con publicidad sobre el suplement o del domingo, Los d omingos de ABC , en e l que se anuncia debajo de una fotografía del insigne poeta, “ un artículo de José Mª Moreiro, titulado: ‘ El último viaje d e Antonio Machado ’” 512 . Esto demuestra de qué manera la im agen del e scritor va aumentando su importancia cualita tiva e n el periódico. Además, se inf iltra de Memo ria Histórica , al e legir e sta etapa de la vida de Machado y no referirse s ólo, com o ha hecho ante riormente, a sus cualidades literarias, sino también a la vida política. 509 Ibíd., 3-7-7 7, pág. 72. 510 Ibíd., 9- 10 - 77, pág.66. 511 Ibíd., 20- 10 -77, pág. 4 2. 512 Ibíd., 25-2- 78, pág. 3. Los referentes de la Memoria Histórica 278 En e l mismo número, en la información dedicada po r Margarita Seco al Pleno municipal, se da cuenta d e qu e en el capítul o de ruegos y preguntas a petición de L uís Montero B ernal, “se aceptó el que Sev illa se sumase, mediante un telegrama, a los homenajes que en Soria iban a r ealizarse en memoria de Antonio Machado” 513 . Esto provocó al día siguiente discrepancias entre los concejales, puesto que algunos “descubrieron” que estaban organ iz ados por e l comité provincial d el Partido Comunista. “’ Mientras u nos decían q ue la adhesión al home naje nada tenía que ver con el partido qu e lo había organizado, otros se sienten ‘ of endidos y engañados ’ a l haberse prestado a aprobar en nombre de la ciudad esta adhesión ” 514 . Concluimos, como no, con un a nueva reunión de la comisión pro traslado de los resto s mortales de los hermanos Machado, en la que se vuelv e a insistir en las peticio nes anteriores, y a que “se solicita la rehabilitación moral de An tonio Mac hado como catedrático de I nstituto e iniciar nuevas gestiones para el tra sl ado de los restos de los dos hermanos a Sevilla” 515 . Trabajos realizados hasta ahora con poco éxito. Rafael A lberti 516 Fue uno de los pe rs onajes más activo y po li fa cético de este período. Nos vamos a incorpo rar a su vida durante los años trei nta , justo en el momento en q ue asiste a l banquete of recido en Pombo a Ernesto Giménez Caballero. R. Alberti reparte un folleto contra la Revista de Occidente y protesta con fuerza po r la presencia en la m esa presidencial del productor teatral italiano An tón Giulio Bragaglia, q ue tení a , con Mussolini, “el arte de los futuristas como la f orma lóg ica fascista”, un pensamiento a corde con la nue va concepción del arte propugnada por el fascismo. 513 Ibíd., 25-2- 78, pág. 29. 514 Ibíd., 26-2- 78, pp. 13, 33 . 515 Ibíd., 3-6-7 8, pág. 42. 516 V V. AA. Aproxim ación a Rafael Alberti y Mª Teresa León, Barcelona, La mano en el cajón, 1976. Los referentes de la Memoria Histórica 279 Con los brazos abiertos al pueblo se había vuelto también Rafael, que llev ado ya por el herv or y la ira de aquellas horas e spañolas, escri bió Con las botas puestas tengo que m orir, su prime r po ema subv ersivo, de conmoción ind ividual. En enero de 1930 sale R. Alberti con un grupo de intelectuales del café Granja El Henar hasta forma r una gran manifest ación que, a l os gritos de “¡ m uera Primo de Ri vera!” y “¡ aba jo la Dictadura!”, m archó por Arena l, ansiosa de volcarse en la plaza d e Oriente. De regreso, prendió fuego a un kiosco de El Debate. Y no es extraño que Alberti, que había fo rmado ya un gran escá ndalo con su conferencia en el Lyceum Club Femenino, vuelva ah ora a denostar a Ortega. R. A lberti se co ntará entre los p rimeros e n extraer todas las consecuencias de la nueva situación , pues, a su p rimer poema cív ico, siguió muy pronto un romance d e cieg o d irectamente político. Lo más original d e Alberti en su despertar a la política fue su incorporación al Partido Comunista y su rápida integración en l os circuitos internacionales de escritores y artistas, llamados primero revolucionarios y luego, c on el cambio de política d e l a Internacional Com unista, an tifascistas. En este punto, el itinerario de Alberti se separa d e la mayoría d e los escritores y artistas de su generación, no porque opte enseguida por la revolución, sino porque lo hizo como miembro del Partido Comunista. Para Rafael Alberti resultó decisiv a, a la h ora de elegir camp o, la solicitud que p resentó a nte la Junt a pa ra Ampliación de Estudios con e l propósito de estudiar el movimiento teatral en Eu ropa. H ac i a may o de 1932 , Alberti y Mª Teresa León e stán en Berlín y , entre las sesiones del Congreso, surge la oportunidad de un viaje a la Unión Soviética , p ues son invitados po r l a U nión Inter nacional de Escritores Revolucionarios (organismo de la In ternacional Comunista). Conocen a un b uen número de i ntelectuales rus os y se dejan llev ar por un gra n entusiasmo: la Unión Soviética es el faro del mundo, la esperanza de la hu manidad. De reg reso a Berlín, dos años después, tiene ocasión de contemplar la h umareda que su be de las techumbres del Reichstag. Los referentes de la Memoria Histórica 286 reconocido por su s c orreligionarios políticos para representar a su tierra. Esta significación la entendemos como otro ti po de homenaje. En Roma, alrededor de doscientas pe rsonas, qu isieron rendir una última d isti nción a l poeta español, antes de su partida. Alberti pronunció la siguiente f rase, cargada de simbolismo: “Salí con el puño cerrado y retorno con la mano tendida” 539 . La in formación sobre el regreso de R afael Alberti, si b ien, no es tan celebrado como en EP, si cuenta con un buen niv el periodíst ico. Así, de forma aséptica pero rotunda , comunica el diario este evento histórico: “ Cuarenta años d espués, ‘ Rafael Alb erti regr esa hoy a España ’” 540 . El poeta portuense ha sido recibido en e l aeropuerto de Madrid por periodistas y numeroso público. Hasta que po r f in lleg a la tan a nsiada noticia: “Alberti regresó e l domingo a su tierra natal. Tras m ás de cua renta años d e exilio” 541 . En los andenes de la estación del tren del Puerto de Santa María, u nas setecientas personas fu eron a recibirle, a l as que s e unieron a lgu nos familiares d el poeta. El público dio viv as a A lberti y otros gritos alusivos a su regreso y al pa rtido. Al día sigu ient e unas diez mil personas asistieron al m itin que el PCE dio en Cádiz, do nde A lberti d ijo que e ra poeta des de el año 32 e hizo u n balan ce de s u v ida. Por últi mo , comentó sus recien tes poemas, d edicados a l retorno, la Pasionaria, e l Joven Verdejo y la base norteamericana asentada en la bahía de Cádiz. Gerardo Diego, miembro de la Rea l Academia Esp añola, dedica todo un artículo, en portada , a la llegada de Alberti a España, en e l qu e al final concluye: “ Sea bienvenido Rafael Alberti y qu e se quede entre nosotros. Y ya sa bes lo q ue sentenció Fernando Villalón: ‘ El mundo se divide en dos parte s: S evil la y C ád iz ’ . Lo que no es ób ice para un rinconcito en Castilla y otro en Roma, donde siempre le esperan tantos recuerdos compatibles con Andalucía y sus Andalucías: la b aja, la alta y la intermedia ” 542 . 539 Ibíd., 7-4-7 7, pág. 52. 540 Ibíd., 27-4- 77, pp. 5 y 35. 541 Ibíd., 24-5- 77, pág., 40 . 542 Ibíd., 29-5- 77, pág. 3. Los referentes de la Memoria Histórica 287 El año 1978 comienza bien p ara Alberti, y a que le es conced ida po r la SER u na “Menció n de Honor Extraordinaria” 543 , “por su vinculación a la generación del 27 ” 544 , entre los se vil lanos del año 1977. U na lista en la que ha sido elegido sevil lano de honor Vic ente Aleixandre. Un tono más lastim ero y e nfadado f ue el que usó en un recital poético celebrado e n l a Universi dad Autónoma de Madrid, e n el q ue dijo “He perdido e l N o bel por mi m ilitancia p olítica” 545 . Lo tengo q ue d ecir, porque yo era uno de los propuestos. En el mismo acto añadió después que a García Lorca y Machad o los ll eva siempre consigo. “L a muerte de Federico – dijo- debió de haber sido la mía, porque yo e ra un m ilitante conocido pública mente y Federico era sólo un muchacho liber al y demócrata qu e no militaba en el Partido Comunista” 546 . T ambién se refirió a Dalí, del que dijo que se había conv ertido e n un majadero. En otro orden d e c osas, confesó que le habían o f recido un sil lón en la Academia, pero rehusó porque no quiere morir en un a poltrona. Ta mbi én encontramos “ecos de sociedad”, en los que se avisa caute losa mente que , probablemente, “Alberti se casará por la Iglesia co n una joven bióloga catal ana. Él tiene setenta y ocho años, ella trei nta” 547 . Aclara el periód ico , con un poco de sorna: “ Ahora que la ‘ compañera ’ está enferma y v ieja, Alberti p arece ser que s e casa, y por la Iglesia” 548 . Por este motivo, Alberti recib ió fuertes críticas y me noscabos por parte de su hija, lo que le llevó a manifestarse con tra ella en la prensa. “No comprendo cómo pretende ofrecer de mí una image n canalla” 549 . 543 Ibíd., 10-1- 78, pp. 8, 30. 544 Ibíd., 15-1- 77, pág. 6. 545 Ibíd., 16-4- 77, pág., 18 . 546 Í dem . 547 Ibíd., 4-7-7 7, pág. 50. 548 Í dem . 549 Ibíd., 9-9-7 8, pág.15. Los referentes de la Memoria Histórica 288 Pablo Picasso 550 Excepcional c omo artista y como hombre, Picasso fue protagonista y crea dor inim itable de las diversas corrientes que revolucionaron las artes plásticas d el siglo XX, desde el cubismo ha sta la escultura neofigurativa, del grabado o e l aguafuerte a la ce rámica tradicional o a la escenografía para ballets. Su obra, inmensa en n úmero, en variedad y en talen to, se extiende a lo largo de m ás de setenta y cinco a ños de actividad creadora, que el p intor compagin ó sabiame nte con el amor, la política, la amistad y un exultante y contagioso goce de la vida. Famoso desde la juv entud, ad mirado y solicitado p or los célebres y poderosos, fue esencialmente un español se ncillo, saludab le y generoso, dotado d e una fo rmidab le capacidad d e trabajo, enamorado de los b arrios bohemios de París, del sol del Mediterráneo, de los toros, de la gente sencilla y de las mujeres hermosas, af ición que cultivó sin desmayo. Pablo Diego José Ruiz Picasso, conocid o luego por su segundo apellido , na ci ó el 25 de octubre de 1881 en el nº 36 de la Plaza de la Merced de Málaga, como primogénito del m atrimonio formado por e l pintor vasco José Ruiz Blasco y la andaluza María Picasso López. El padre era profesor de dibujo en la Escuela Provincial de Arte s y Oficios, conocida como Escuela San T elmo. La prime ra inf ancia de P ablo transcurrió entre las di ficultades econó micas de la familia y u na estr echa relación e ntre padre e hijo, que amb os cultivaban con devoción. El niño era un e scolar menos que discr eto, bastante perezoso y muy distraído, pero con precoz facilidad para el dibujo, que don José estimulaba. Cuando se inició l a Gu erra Civ il esp añola, Pic asso residía en París. Nunca había te nido much o interés por la p olítica, e xcepto quizá cierta simpatía p or el anarqui smo durante su j uventud. A raíz de su matrimonio en 1918 con Olga Koklova, una exiliada rusa que huyó del régimen 550 FUNDACIÓN PABLO P ICASSO D E MÁLAGA, Pablo Picass o www.fundaciónp icasso.es/ Los referentes de la Memoria Histórica 289 soviético y a la que conoció como bailarina de los ballets ruso s, f recuentó los círculos aristocrát i cos y de la alta burguesía. Pe ro al iniciar su separación de Olga, tam bién comenzó a distanciarse de ese ambiente. Su nueva amante, la fotóg rafa Dora Maar, así como los surrealistas con los qu e entró e n contacto en e sos años – sobre todo e l poeta Paul Éluard - le llevaron a simpa tiza r con la izqu ierda y el comunismo. A principios de verano de 1936 diseñó el telón para la obra de Rom aní Rolland 14 Juil let , que era u na celebración del triunfo del Frente Popular en Francia. Cuando estalla la Guerra Civil, P icasso se sitúa inmediatamente a favor de la República. En 1937 el G obierno español decidió participar en la E xposició n Internacional que i ba a inau gurarse en París en mayo de ese m ismo año. Aunque el país se hallaba en una situaci ón lí mite, se p ensó q ue s ería un acto de propaganda fu ndamental, una llamada de atención que allanara el cam ino para con seg uir el apoyo internacional. El Pabellón fue una joy a arquitectónica diseñada por José Luís Sert y L u ís Lacasa. En su interior se presentaron fotomonta jes, artesanías y trajes reg ionales, así como pinturas y e sculturas de los principales a rtist as esp añoles de la é poca. Picasso p articipó con v arias escu lturas, con la se rie de do s g rabados y texto denominado Sueño y mentira de Franco (cuyos ejemplares se pusieron a la venta) y con el gran mural Guern i ca. Desde e l primer momento, el Gobierno de la Rep ública pensó que era necesa ria la colabo ración de Picasso , como es pañol y co mo e l artista más valorado de la é poca. P ara ello, fu e nomb rado Director d el Museo del Prado, puesto que acep tó encantado , au nque nunca llegó a tomar posesión del m ismo, y se le pidió su p artici pación en el Pabellón. En enero de 1937 se le encargó una pintura m ural que sería el e je fundamen tal de l edi f ici o. Picasso aceptó aunque, durante mucho tiempo, quedó como pa ralizad o, sin saber cómo acometer el trabajo. Realmente, a causa de sus problemas personales (todavía estaba ca sado con Olga y, sin e mbargo, mantenía relaciones con otras d os muje res, Marie- Thérèse W alter y Dora Maa r), llevaba un año sin pintar; po r o tro lado, Los referentes de la Memoria Histórica 290 nunca le habían gustado los encargos, n i había pintado c uadros de tales dimensiones, ni se había interesado por el arte políticamente militante. El 8 de febrero fue conquista da Málaga por los insurgentes y el escritor A rthur Koe tsler, que fue testigo, le co ntaría a P icasso las escenas de mujeres y niños que int entaban hu ir por la carretera de la costa y eran ametrallados desde el aire, e scenas que quizá le serv irían para luego p lasmar a las mujeres con niños muertos en los brazos d e Guernica. En abril comienza a r ealizar boc etos ( … ) Pero el día 2 7 de abril la aviación alemana, al servicio de l ejército su blevado y a modo de ensayo para futuras acciones, bombardea y reduce a cenizas Guernica, un pequeño pueblo vasco donde se conserv aba un f amoso árbo l histórico, referente del nacion alismo y, en general, de las tradiciones vascas. Al día siguiente, todos los periódicos se ha cen eco de la bruta l acción. Se trataba del primer ataque masivo contra una pob lación civ il y el mundo quedaba c onmovido. La ciudad de Gu ernica no era un o bjetivo militar y se encontraba mayoritariamente p oblada por mujeres, niños y ancianos. Además, era día de mercado y la ge nte se encontraba en la calle completamente desprevenida. La destrucción fue casi total. Picasso, como todos los españoles, viv ió con horror y rabia la tragedia. Durante unos días no volvió a trabajar, se guramente pensando que n o tenía sentido continuar con su proyecto sobre el “Taller del p intor”. El d ía 1 de m ayo reanuda la ac tividad, cen trado ahora en el tema de la tra gedia de Guernica, con una serie d e bocetos a lápiz. Con f uerza incontenible , y du rante diez d ías, rea liza 21 dibujos y p inturas que son estudios de composición y de f iguras concreta s. El proceso de realización del cu adro está documentado en la serie de 8 fotografías que Dora Maar fu e rea liz ando de varios momento s de su concepción y desarrollo. A principios de junio la g ran te la ejecutada en óleo está acabada. Picasso ha dado a luz una de las pintu ras m ás importantes y probablemente la de mayor significación política de todos los tiempos. Se ha hablado mucho de la simbología del Guernica . Verdaderamente Picasso no p intó una e scena bélica, sólo el nombre puede asociarse a un hec ho d e la g uerra de España. No se ve u n Los referentes de la Memoria Histórica 291 bombardeo, no h ay arm as convencionale s ni soldados. Pero, sin embargo, su po tencia dramática e s inneg able. Es un grito de horror y pasión. Poco d espués de finalizado Guernica, comenzaron las especulaciones sobre su sig nificado. Hoy en día , la crítica tiende a ver en Guernica un crisol de símbolos p ersonales y co lectivos, fruto de su alma de artista y de su sensibilidad de espa ñol en el que confluy en mi tos, raíces e historia de todo un pueblo. Guernica reúne, como en una apoteosis final, a los actor es de esta corrida mítica, e n clave surrealista, que e l pintor representó incesantemente durante años. P ero, el ritual d e amor y muerte ha cambiado: ya no hay víctimas y verdugos, ni te stigos mud os o compasivos, sino sólo dest rucción ciega en u na tragedia que ya n o es privada del artista, ahora es colectiva y total. De la m ano d el p eri odista malagueño Jo aquín Marín viene la primera n oticia sobr e Picasso, mu y tardía en el tiempo , pues e stamos ya en m ay o de 1977 : “En otoño próxi mo, d el 15 al 30 de o ctubre, se celebrará en Málaga un h omenaje nacional y p opular a Pablo Ruiz Picasso” 551 . En él está previsto q ue, además d e la colocación en la Plaza de la Merced – lugar do nde nació e l pintor- de una reproducción del Guernica, hecha por un grup o de pintores a ndaluces, habrá exposiciones, conferencias, verbena s y montajes de todo tipo. A los actos s e han a dherido importantes personalidades del m undo del arte y de la cu ltura , como Alberti, Miró, Tapies, Cela ya, Halffte r, Buero Vallejo, Bergamín y Genovés, entre otros. Picasso, noticiado por pa rtida doble: en un artículo de P atric O´Brian sobre “Málaga y la infancia del genio” 552 y o tro de Santiago Amón, crí tico de arte de l pe riódico, relativ o a l “Homenaje nacional a Pablo Picasso ” 553 . Así s e anuncia que empieza el octubre picassiano que, del 20 al 3 0, ten drá su apogeo en Málaga, su ciudad natal. Ya el 551 El País. 17 - 05 -77, cultur a. 552 Ibíd., 02- 10 -77, cultura . 553 Ídem. Los referentes de la Memoria Histórica 292 anuncio d el m is mo, como hemos señalado más arriba, constituyó un homenaje. Los actos programados para e f ect uarse posteriormente ya se hicieron en e sas fech as y algu nos m ás, como un recital de Meneses o un cartel de Alberti. Los organizadores, con representación en casi tod as las ciudades españolas más import antes junto a la de Málaga, donde además se ha establecido un Com ité Ejecutivo p ara coordin ar la co mpleja activ idad del homenaje, justifican el porqué de estos actos, en estos términos: “P ablo Picasso, el artist a más univ ersal del siglo, ha sido ignorado e n su pr opio país, España, durante los cuarenta años de dictadura. Ni siquiera en su ciudad na tal, Málaga, se le rindió en vida u n homenaje público ( … ) Muerto en el exilio ( … ) testigo solidario de la lucha popular contra la opresión. Es hora, pues, de reiv indicar la figura y la obra de este malagueño univ ersal para nuestro pueblo, para todos los pu eblos de España. Es un deber moral, cultural y político rendir a Picasso e ste homenaje. Picasso sigue v ivo en su obr a artística y en su testimon i o” 554 . El homenaje se pretende que sea estatal, popular e ind ependiente; habrá u n nu trido progr ama, cuy o colofón será el día 30 con una verbena popular, precedida por un recital poético a ca rgo de Rafael Alberti, Blas de Otero, Ga briel Celaya…As imismo, se cu entan por cien tos las adhesiones que se reciben procedentes d e toda la v anguardia intele ctual y artística. N os cuenta J. Marín: “ Con auténtica pa rticipación popular se está celebrando en Málaga el h omenaje a Picasso. Los actos se suceden según lo p revisto po r la comisión organizadora y la asistencia a los mismos e s muy numerosa 555 . Señalamos esta afirmación para q ue se contraste co n las controversias que se suscitarán posterior mente. También resaltamos la asistencia d e la hija del pintor, Pa loma, la cual agradeció el homenaje que se estaba rea li zando, pero contestó con evasiv as cu ando los periodistas le p reguntaro n sobre la po sible dona ción de obras de su padre a Málaga. 554 Ídem. 555 Ibíd., 25- 10 -77, cultura . Los referentes de la Memoria Histórica 293 Tras la realización de los acto s artísticos, teatrales, p ictóri cos y poéticos, el homenaje terminará con “la inau guración de los jard ine s en su n ombre, del monumento a Picasso, obra de l escultor m al ague ño residente en la ciudad italiana de Verona, Miguel Ortiz de Berr ocal” 556 . Sin embargo , las asociaciones de v ecinos y los partidos p olíticos extraparlamentarios de izquierda, “estiman q ue la semana tiene bien poco de popular y que está siendo manipul ada por el PSOE y el PC E, lo que hace que e l h omenaje en un tanto por ciento muy elevado e sté resultando un gra n fracaso” 557 . Indican q ue los actos o no se c elebran o están muy por debajo de lo previsto. Contrariamente, el reportaje de Sa ntiago Amón critica vehementemente la actitud de los que han trabajado en contra de l homenaje, entre los que se encontraban parte de la prensa local y la Universidad m alacitana. A sí p iensa que “ Es f recuente destacar el calor polémico que se ha suscitado, y sigue susci tándose, en torno a la figura de Picasso ( … ) Y si e llo e s cierto, en un sentido muy general, no había de d ejar de serlo en el particular homena je que en Málaga, su ciudad natal, se ha venido celebrando, co n la inevitable polémica, a lo lar go de la última semana, para concluir, el pa sado d omingo, en calor y olor de multitud” 558 . La otra cara de la moneda se ría para él la actitud del Ateneo malagueño, en la que su indepen dencia y actitud liberal a lo largo de estos últimos cuarenta años han venido a constitu ir un a poy o fundamental pa ra que el homenaje llegara, como ha llegado, a buen puerto. Las novedades en torno a Picasso en 1978 no se ciñeron estrictamente a su persona, sino a su más emblemática creación, e l Guernica y su posible retorno a España desde e l Museo de A rte Moderno de Nueva York, donde constituye uno de sus principales atractivos. 556 Í dem . 557 Ibíd., 28- 10 -77, cultura . 558 Ibíd., 03- 11 - 77, cultura . Los referentes de la Memoria Histórica 294 Un artículo del crítico de arte de EP. , Santiago Amón, nos acerca a esta problemática comentando que lo último publicado en la prensa ha sido “có mo el Con greso de Est a dos Unidos a caba de aprobar una resolución en la que se urge la d evolución del célebre cuadro pic assiano a su destinatario y legítimo dueño (el pueblo e spañol), corroborando la decisión adoptada, días atrás, p or el Senado norteameri cano” 559 . A est o habrá que añadir l a declaración a Le Figaro del abogado de la familia Picasso, Roland Du mas: “ El Guernica de P icasso volv erá a España, pero no enseguida ” 560 . Según su opinión de alba cea de las instrucciones de Picasso, se ha realizado en España un e vidente p rogreso de liberalización, pero aún no es suficiente. El letrado expresó después su deseo d e que sea el m useo de E l Prado el q ue reciba el mencio nado cuadro. En ABC aparec e una pequeñ a nota , la única destacable de 1 976, en la que se informa so bre la entrevista del alcalde Cayetano Utrera Ravassa con el Ministro de Ed ucación y Ciencia, Carlos Robles P iquer, para a poyar cualquier iniciat iva encaminada “a la posibilidad de que se cree una casa Picasso o institución similar” 561 . Por el corr espon sal de ABC en Málaga sabemos qu e “llegó el monumento a Picass o” 562 , obra del a rtista ma lagueño Miguel Ortiz Berrocal que le ha costado al Ayuntamiento siete m illones de p esetas. Se trata de un conjunto de hierros retorcidos que será muy discutido, pero que rep resent a muy bien al g enial pintor. Primero estuvo en Brasil, luego en París y ya se espera la llegada de l autor “para dirigir los trabajos del de finitivo empl azamiento en los jardines de Picasso, prolongación d e la Alameda” 563 . Informa Gonzalo Faust o en ABC del h omenaje nacional en Málaga y que ya está casi organizado po r una comisión “el programa de lo que será el gigantesco ho menaje popular al univ ersal malagueño Pablo Ruiz 559 Ibíd., 10-8- 78, cultura. 560 Ibíd., 4- 10 - 78, socieda d. 561 ABC , 26-6-76, pág . 43. 562 Ibíd., 9-3-7 7, pág. 31. 563 Ibíd., 20-3- 77, pág. 47. Los referentes de la Memoria Histórica 295 Picasso” 564 . La presentación será los p ri meros días de m ayo y e l programa propiamente dicho en octubre. S e espera la asiste ncia d e Alberti, que es el autor del ca rtel a nunciador. Constará dicho homenaje de una serie de actos muy diversos, con la pa rticipación de la Universidad, d e los barrios, de toda Málaga. Habrá dos recitales públicos, uno por Menese y otro por Julia León. Han si do invitad as la viuda del homenajeado, así como su hija Paloma. “Este homenaje se rá el principio p ara crear en Málaga la Casa -Museo Picasso , darle un nombre a una plaza, cr ear una bibli oteca, un m useo y pedir par a M álaga el Guernica , así como solicitar el tra slado de los restos, que d escansan en tierras francesas” 565 . Esta última petición parece muy del AB C , co mo para j ustificar su cam paña del tra sl ado de los hermanos Machad o a Sevilla. El presidente del Ateneo, señor Ramos M artín, ha d ado un a rueda de prensa e n la que ha comunicado la ce lebra ción d el “homenaje popular en Málaga a la memori a de Picasso” 566 , entre el 2 1 y el 30 de octubre próximo. Se comunic a qu e se h a abierto una cuenta corriente para las aportacione s personales y se vuelve a insistir en el ca rácter no of icial del homenaje. Asimismo, se anuncia que se h a invitado a los parlament arios y partidos políticos malagueños y se ha enviado e l d ossier del m ismo a Su Majestad el Rey Don Juan Carlos, al P residente Suárez, al Ministro de Cultura y a otras personalidades. Con un a v erbena popular, en el recinto Eduar do Ocó n co menzaron los actos d el homenaje a Picasso, al que llegaron numerosas adhesiones entre las que podríamos desta car las d e la Universi dad y Conse rvatorio de Málaga, la del p oe ta Jorge Guillén, artist as del Partido Com unista, profesores de la Universi dad de París y d e la UNESCO , así c omo también el reciente Nobel Vicente Aleix andre ha enviado unos versos para que sean leídos en la plaza de Toros d e la Malagueta, en la q ue se espera la participación de R. Alberti y G. Celaya. 564 Ibíd., 1-5-7 7, pág. 65. 565 Íd em . 566 Ibíd., 18-9- 77, pág. 33. Los referentes de la Memoria Histórica 302 En Ronda, Cádiz y Córdoba transcurrieron su infancia y adolescencia. De los veraneos de Cádiz jamás olvidará los paseos con el carism ático líder ga ditano y prof eta del anarquismo and aluz Fe rmín Salvochea, el homb r e de q ui en escuchó por primera vez pa labras encaminadas a d esp ertar la conciencia proletaria. No s erá el único contacto que De los Ríos mantenga con el anarquismo. En 1907 conoció en Londres a su adm irado Pedro K r opotkin, v olviéndole a v isitar en Rusia en 1920. El anarquismo estuvo siempre presente en su obra, aunque marcando las diferencias. El bachillerato lo realizó en Córdoba, en el mismo colegio que los hermanos Ortega y Gasset, manteniendo duran t e muchos a ños la amistad con José. En 1895, siguiendo el consejo de Francisco Giner, tí o lejano y fu turo mentor d el joven Fern ando, la familia De los Ríos vende sus prop iedades y se establece en Ma dri d. Com enzaba así la hora de don Francisco, del hombre que tan profunda e imborrable huell a d ejará en la vida y el pensamiento del intel ectual rondeño. A trav és de él en tró en contacto con la Institución Libre de Enseñanza y tod as las empresas educativ as impulsadas p or ella. Tam bién se embebe rá del ideal regene raci onista que veía en la educación e l mejor instrument o de cambio social para una España atrasada. En 1901 obtiene la licenciatura en Derecho por la Universidad de Madrid, y tras una bre ve estancia en Barcelona – trabajó en T abacalera como inspector interino d el T imbre-, se reintegra plenamente en l a Institución Libre de Enseñanza, esta vez como profesor, labor que compagina con la rea li zación del doctorado, para el que elige el tema “L a Filosofía política en Platón ” , en el q ue se nota la influencia de Gin er. Aún estrecharía más lo s lazos familiares con su tí o, cas ándose con su sobrina carnal, Gloria Gine r de los Ríos García, en 191 2. La creación el 11 de enero d e 1907 d e la Ju nta para la Ampliación de Estudios e Inv estigacion es científicas permitirá que miles de jóvenes licenciados, entre ellos Fernando de los Ríos, sean enviados a estudiar a las universidades europeas. Nuestro protagonista se f ue a A lemania Los referentes de la Memoria Histórica 303 (Jena, Marburgo, etc.) a investigar en pedagogía infantil. También e stuv o en la Sorbona (París) y Lo ndres. Reg resa a España e n 1 910 y e n 1911 ganó las op osiciones a la Cátedra de Derecho Político de la Universidad de Granada. Ingresó en el PSOE en 1919, siendo miembro del Comité Nacional representando a Andalucía en 1 920 y vocal de la Comisión Ejecuti va desde 1920 a 1938. En 1919 acompañó a Francisco Largo Caballero como asesor, jun to a L uís Araquistaín, a la Confe rencia de W ashington en la cual se creó la Oficina Internacional del Trabajo. En el Congreso Extraordinario de 1920 fue designado, junto a Daniel Anguiano, para visitar la Unión Sov iética y hacer efectivo e l ingreso del PSOE en la T ercera Internacional bajo una serie d e condiciones. A su re greso, re unido el Congreso Extraordinario d el PSOE en abril de 19 21 y tra s los i nformes de Daniel Angian o (p ositivo) y de Fernando de los Ríos (negativo), el Congreso rechazó por am plia mayoría las “v eintiuna condiciones” im puesta s por Moscú p ara ingresar en la T ercera In ternacional. Los “terceristas” ab andonaron el PSOE formaron el Partido Comunista Ob rero Esp añol q ue, unido al Partido Comunista Español (que había creado el Comité Nacional de Juventudes Socialistas en 1920) constituyero n el Partido Comunista de España. Durante la Restauració n fue elegido d iputado en 1919 por Granada y en 1923 por Madrid. Ini ciado en la masonería en 1925, perteneció a la logia “Alhambra nº 34” de Granada , donde alcanzó el gra do 33. Opuesto a la colaboración con la Dictadura de Primo de Rivera , participó a título ind iv idual, junto con Prieto, en el Pacto de S an Sebastián f irmado e n agosto de 1930 y posteriormente ambos fueron designados, junto a Largo Caballero, miembros del Comité Revolucionario de diciembre de 1 930. En est e año s e trasl adó a Madri d, donde ganó las oposiciones a la cátedra de Derecho Político en la Universidad Cen tral. Fue presid ente de la Asociación General de Maestros y en las elecciones del 12 d e abril de 1931 fue eleg ido concejal Los referentes de la Memoria Histórica 304 del Ayuntamiento de Madrid, cargo qu e n o llegó a ocupar por sus responsabilidades ministeriales. Perteneció al sector del centro d el PSOE. Proclamada la Segunda República d esempeñó los ministerios de Ju sticia (del 1 4 de ab ril al 16 de diciembre de 1931 en el Go bierno Provisional presidido por A l calá Zamora) , de Instrucció n Pública (del 16 de diciembre de 1931 al 12 de junio de 1933) y d e Estado (de l 1 2 de ju nio al 12 d e septie mbre de 1933, ambos en los Go biern os constitucionales presididos po r Manuel Azaña). Fue diputado del PSOE p or Granada en las tres eleccio nes g ener ales celebradas durante la Segunda República. Al producirse e l alzamiento militar el 18 de julio de 1936 , se encontraba impartiend o un curso de verano e n Ginebra y se traslada a París p or encargo del Gobierno de la Repúbli ca d onde, jun to con Luís Jiménez de Asúa, s e ocupó de la embajada de España en los primeros mese s de la guerra. A fina les d e 1936 fue nombrado embajador de España en E stados Unidos, cargo que desempeñó hasta el f inal del conflicto bélico. Concluida la guerra , q uedó exil iado en Estados Unidos donde impartió clases en la “New Scho ol of Social Research “de Nueva York. Al constitu irse e l primer gobierno d e la Repúb lica en el exilio, en agosto de 1945, su preside nte José Giral le nombró Ministro d e Estado, desempeñando d icho cago ha sta marzo de 1946. Fa lleció en Nueva York el 31 de mayo de 1949. El sentido humanista del socialism o, libro de Fernando de los Ríos, cuya seg unda edición se presentó ayer, cincuenta años de spués de la primera, en e l Ateneo d e Madrid, “es qu izá el más importante de los principales libros del socialismo teórico e spañol, e n opinión de José Luís Abellán, q ue intervino en el acto junto a los profesor es Elías Díaz, Gregorio Peces Barba y Juan Tr í as y el pe riodista Migu el Ángel Aguilar” 579 . Elías Díaz inscribió el libro e n el pensamient o reformista colaboracionista de Berstein , mien tras que Peces Barba subrayaba la 579 El País , 16 - 5-1976, c ultura . Los referentes de la Memoria Histórica 305 conexión que e stablece entre socialismo y libertad como lo más importante de su pensamiento. Para Miguel Ángel Aguilar, la celebración del a cto en sí es un triunfo, síntoma de los n uevos tiempos e n los que aparecen homb res e ideas antes combatidos. Varios días después a parece una nota de p rotesta de José Lu ís Abellán, organizador del a cto anteriormente mencionado, porque se había omitido l a interv ención del profesor Juan T rías, “la única que tuvo un carácter crítico res pecto del libro en cuestión” 580 . También en tono de cr ítica , puntualiza Laura de los Ríos sobre un artículo a nterior en el qu e supuestamente se le atribuye a Gabriel Jackson una f rase e ncomiando a Largo Ca ballero por su “prestigio d e obrero en un Gobierno de intelectualillos y funcionarios” 581 . Con traataca manifestando q ue “ Entre los socialistas q ue tuv ieron puestos de responsabilidad, se cuentan figuras de la calidad intelectual, moral y ‘ limpieza en lo que respecta a asuntos económicos ’ como el profesor Don Julián Besteiro, e l profesor don Luís Jiménez de Asúa, mi padre, el profesor Fernando de los Ríos, y en la p residencia de Gobierno, republicanos del prestigio intelectual de d on Manue l Azaña” 582 . Termina pidiendo que no se la m al i nterprete como una reiv indic ación f rente a don Francisco Largo Cabal lero, quien ha si do siempre admirado y respetado en su casa. En AB C , Antonio Col ó n en su reportaje sobre el “lenguaje en el cin e español” 583 ev oca a los progres de letras de los añ os 30, como Fernando de los Ríos o J ulián B esteiro, casi versallesco e l primero, un “gentelman” el segundo. Esta apariencia de elegancia dio lugar a las conocidas coplillas d e García Lorca: “’ Viva Fernando / Viva Fernand o / de los Ríos Urruti / barba s de santo / p adre del socialismo / de gua nte blanco / Besteiro es elegante, / pero no tanto ’” 584 . 580 Ibíd., 12-5- 1976, Españ a. 581 Ibíd. ,13-4- 1978, opinión . 582 Í dem . 583 ABC, 20 -6-1978, pág. 101 . 584 Í dem . Los referentes de la Memoria Histórica 306 Niceto A l calá- Zamora y Torres 585 Nació el 6 de julio de 1877 en Priego de Córdoba, en el seno de una acomodada f amilia d e p ropietarios agrícolas, uno de cuy os antepasados, su tío Luís, había sido dipu tado en las Cortes Constituyentes de 1869 y amigo personal del general Prim. Huérfano de madre a los tres a ños , se cri o con sus tías y cu rsó las prime ras letras con un maestro local y el Bachillerato e n el Institu to de la ce rc ana localidad de Cabra. Es tos estudios l os terminó con apenas catorce años , obteniendo sobresaliente en todas las a si gnaturas. Las dificultades económicas familiares le obligaron a matricularse en la carrera de Derecho como alumno libre e n la Universidad de Granada, ob teniendo el título de ab ogado en 18 94, a los diecisiete años de edad. En 1897 logra convencer a su padre para que le permitiera trasladarse a Madrid y continu ar su s estudios en la Universidad Central, do ctorá ndose en 1898 con una tesis sobre “ El poder en los estado s d e la Reconquista ” , dirigida por Gume rsindo de Azcárate. Con 21 año s g anó las o posiciones a of icial letrad o d el Conse jo de Estado. P oco después co ntrajo matrimonio c on s u novia de Priego, doña P urificación Castillo, c on q uien tuvo nueve hijos. Fue también po r estos año s, hacía 1903, cuando inició sus primeros pasos e n la política, in gresando en e l Partido Libe ral, bajo la jefatura de Segismundo Moret y, a pa rtir de 1905, se convir tió en secretario político del conde de Romanones, su pr otector políti co y a qui e n acompañó en numerosos cargos. Con veintinueve años ocupó por p rimera vez un escaño en las Cortes por el distrito jienense de la Carolina. Fue en las Cortes donde Alcalá -Zamora se labró su fama de gran orador, cultiv ando una orato ria barroca y fluida y h aciendo ga la de su memoria prodigiosa. Con el paso de los año s acabaría convirtiéndose en jefe de una de las f acciones o f amilias d el Pa rtido L iberal, conocidos 585 ALVARO REY, L ., Los Diputados por Andal ucía en la Seg unda Re pública 19 31 - 1939. Diccionar io Biográfico . Sevilla, Centro de Estu dios Andaluces , 2009. Los referentes de la Memoria Histórica 307 popularmente con el nombre de “nicetistas”, situados ideológicamente en posiciones próximas al liberalismo democrático. A la i mportancia que fue adquirien do su carrera política no fue a la zaga su pr estigio co mo abogado. Como político, Alcalá -Zamora recorrió práct icamente todos los escalones del “ cursus honorum ” tradicional. Durante la Dictadura d e Primo de Riv era , su distanciamiento con la monarquía de Al fonso XIII f ue grad ual, defendiendo a u no de los procesados en la “ sanjuanada ” de 1 926 y rechazando en 1928 el nombramiento que le hab ían of recido de Consejero de Estado. Alcalá - Zamora, ya en 1928, se permitió aconsejarle a Primo d e Rivera q ue abandonase el poder y pusiese fin a su dictadura, para a sí salvar a la monarquía y al interés diná stico. T ras la desaparición del régimen primorriverista y al po co de iniciarse la “ dictablanda ” Berenguer, don Niceto de cidió romper públicamente con la monarquía pronunciando un célebre discurso el 13 de abril en Valencia. Su lla mada a q ue unas Cortes soberanas s e eri gieran en ú nicas depositarias del poder le gítimo, frente a un rey responsable de la violación de l a Constitución por su apoyo a la Dictadura, s uponía u n alineamiento claro del ex ministro junto a los partidarios de la causa republicana. Al igua l que Miguel Maura, su pensamiento en estos momentos parecía concretarse en la idea de que la República se imp la ntaría en España, con e l concu rso de la de recha o sin ella y que , po r tanto, aquellos que se definiesen como elementos de o rden tenían la ob ligación de unirse a la causa republicana, precisamente para d efender en ella la vigencia de los principios conservadores. El 14 de julio de 1930 Niceto Alcalá -Zamora y Migue l Maura Gamazo difundieron un Manifiesto dando cuenta de la fu ndación de su partido, denominado Derecha Liberal Republicana (DLR) en el que aparecía y a dibujadas en su s líneas maestras lo que iba a s er su proyecto p olítico a nte los principales problemas nacionales, c on e l objetivo de log rar una República “gubername ntal”, no convulsiv a, seg ún la expresión que acuñara don Niceto en su discurso de Valencia. Los referentes de la Memoria Histórica 308 Hombre clave en la gestación del “Pacto de San Sebastián” (agosto de 1930), la presencia de d on Niceto y su partido entre las fuerzas antidinásticas fue bien acogida por las resta ntes fuerzas partidarias de l derrocamiento de la Mon arquía, p ues despojaba de cred ibilidad a quienes pretendían presen tar a dichas fue rzas como una simple amalgama de organizaciones y grupos bolcheviques y anar quiz antes . El protagonismo de Alcalá -Zamora se reforzó aún más a partir de octubre de 1930, cuando e l Comité Nacio nal Revoluciona rio decidió aut o titularse como futuro Gobierno Provisional, a djudicándosele sin discusión la presidencia del mismo. Semanas después, el fracaso del levantamiento de Jaca y la detención de la mayoría de los miembros del Comité, con don Niceto a la cabeza, no mermaron, sino todo lo c ontrario, la popularidad y el prestigio que rodeaba ya a la figu ra del futuro Presidente de l a S egunda República Española. Puesto en libertad condicional el 24 de marzo de 1931 y proclamado candidato a concejal por el distrito madrileño de Cham berí – por el qu e resultaría elect o-, el 12 de abril las urna s revelaron que las candidaturas antidinásticas se habían impuesto con holgura. A Alfonso XIII no le quedó otra salida que la que adoptó: abandonar el país, proclamándose a sí la Segunda República. Al instaurarse el nue vo rég imen, Alcalá-Zamora asumió la presidencia del Gobierno Provisional. Quedó adscrito a la minoría del ahora de nominado Partido Republicano Progresista (PRE), nuev a denominación de la Derecha Liberal Republicana. A pesa r de esto, los resultados d e las e lecciones Con stituy entes resulta ron un duro rev és para e l partido de A lcalá y Maura . Ahora tendrían unas desavenencias que culminarían con la d iv isión d el Partido Republicano Progresista, condenando a Alcalá -Zamora a ser, en e l futuro, u n Presidente d e la República solitario y sin partido. Pese a todo, Alcalá -Zamora era posiblemen te e l único candidato capaz de su scitar el apoy o casi unánime de las Corte s para ser elegido Jefe del Estado. Así pues , el 1 0 de diciembre de 1931, un día después de ap r obada la Constitución, se veri ficaba su elecció n como Presidente de la República. Los referentes de la Memoria Histórica 309 Desde un punto de vista p olítico, la gestión como Presidente de la República estuvo siempre marcada por su falta de sint onía y sus d ifíciles relaciones con los preside ntes del Gobierno, Azaña y Lerroux singularmente. Lo ci erto e s que Alcalá -Zamora, pretendiendo situarse en una posición de centro , aca bó enfrentado tanto con las de rechas como las izquierdas. Su rela ción con José Mª Gil Robles, el líder de la católica CEDA, llegó a ser temp estuosa, fruto de la profunda desconfianza que le insp iraba. De hecho, cuando éste pro puso al General Franco c omo Jefe del Estado Mayor Central en 1935, la respuesta del Presidente f ue antológica: “ Los gene rales jóvenes son todos asp irantes a caudill os fas cistas…”. Al final d e todo el proceso po lítico republicano, de lo que pudo ser la derecha republicana ta n sólo quedó la figura de Niceto Alcalá -Zamora, elevado y al mismo ti empo aislado en l a Je fa tura de l E stado. S u s oledad de 1936, tra s el fracaso de Po rte la de obtener u n nutrido grupo de republicanos de centr o en e l nuevo parlamento y consumado el triunfo del Frente Popular, signif icó la no viabilidad de aquel régimen mo der ado, de aquella República conservadora y de orden que no quiso o no pudo ser la Segunda República español a. El últi mo cáliz como Jefe de E stado fue su polémica de stitución por las Cortes del Frente Popular, al considerar éstas que el Presidente había utilizado incorrectamente sus prerrogativas presidenciales disolviendo las Cortes anteri ores. Se trató, obviamente, de una destitución política, fruto del profundo recelo y desconfianza que a los vencedores e n las urnas les inspiraba ya la actuación de don Niceto. De los 243 diputados presentes sólo votaron en contra 5. La interpretación de d on Niceto sobre aquellos acontecimientos q uedó sintetizada en una de su s frase s: “El 7 de abril de 1936 dije que pe rso nalmente recobraba mi paz, pero qu e la República constitucional, democrática, de Derecho, hab ía caído conmigo…” 586 . El 8 de julio de 1936, en v ísperas de la Guerra Civ il, realizó un v iaje con su mujer por el n orte d e E uropa, regresando a co mienzos d e agosto 586 Ibíd. , pá g. 260. Los referentes de la Memoria Histórica 310 de 1936 a París, donde residió hasta mayo de 1938, trasladándose posteriormente a Pau hasta noviembre de 19 40. Durante la g uerra, parte de su s b i enes fueron incautados por elementos del Frente Popular, inclu ido el Dieta rio q ue había ido redactando en sus años como President e d e la Re pública y que e n parte fue publicado. Con g r an parte de Francia ya o cupada por los nazis y tras el fallecimiento de su esposa e n m ayo de 1939 en Pau, e l 15 de enero de 1941 se embarcó en Marsella y después de un ajetreado periplo se e xil ió definitivamente en Argentina, en enero de1942. A fincado en u n modest o apartamento de Buenos Aires, impartió conferen cias, escr ibió varios libros y colaboró en pe riódicos y revistas de aq uel país como medio de subsistencia. Siete años de spués de su llegada a la Argenti na , falleció en Buenos Aires, el 18 de fe brero de 19 49, a los 71 año s de edad. Sus restos quedaron enterrados en el Pa nteón español, donde quedaron depositados durante med io siglo , hasta 1979 , añ o en el q ue su fa milia decidió tra sladarlos discretamente a Espa ña. A pesar d e no haber recibido n ingún reconocimiento ni homenaje por parte de los g obiernos de la actual democracia española, desde hace bastantes años , en su localidad natal de Priego de Córdoba el Pa tronato Niceto Alcalá -Zamora y To rres viene desarrollando u na f ructífera labo r para el m ejor conocimiento de su vida y de su obra. Ante el deso l ador panorama del exilio y convencido de la imperiosa necesidad de u n ré gimen político p ara la co nviv encia de todas las Españas, don Niceto a consejó a los españ oles en la parte f inal de su testamento político que af ir masen y pract ic asen “las ideas, la paz y libertad religi osas, sin fanatismo ni persecuciones se ctaria s ( … ) Y siempre, que sientan el horror a las guerras civiles, causa de todos los males patrios, su premo castigo de los pueblos, sólo me recido po r encerrar la suma de todos los crímenes” 587 . 587 PEÑA DI AZ, M., “ Las lecciones de l exilio”, Andalucía en l a Historia , nº 43, 2014, pág. 3. Los referentes de la Memoria Histórica 311 Al q ue fuera primer p r esidente de la Segunda República española, con motivo del centen ario de su n acimiento , se le hizo un homenaje en Priego de Córdoba (recogido en Córdoba) consistente en “una función religiosa, el descubrimiento de una lápida conmemorativa en la calle donde él nació, y en una sesión académica a la q ue s e ha de splazado la Real Academia de Có r doba, de la que fu e miembro de número el ilustre republicano cordobés” 588 . Entre las dis ertaciones destaca la de su hijo, catedrático de Derecho Procesal. Personalmente, n os parecen pocos fa stos para tan ilustre personaje, pero, al menos, no hubo ni incidentes ni prohibiciones. En el apartado d e “Gente” ap arece también “la petición d el regreso a España de sus restos mortales, se rá motiv o de recuerdo al convocar su pueblo natal un concurso de ensayos sobre sus valores como orador y literato” 589 , poca entidad informativa, ta nto por la cantidad de espacio en el periódico como por el sitio reservado al mismo. M anuel de F al l a 590 Manuel de Falla y Matheu, el músico más eminente de l siglo XX español, na ció en Cád iz un 23 de noviembre del año 1 876, en el seno de un a f amilia pe rten eciente a la burgue sí a a comodada. Cádiz era entonces una ciudad colonial, en cl ave señ alado del comercio d e ultramar. L a atmósfera fam iliar era p ropicia a la floración precoz de su espíritu creativ o, pues e l artista creció e ntre los relato s y canto s de su niñera, ap odada la Morilla, que siempre recordará, y la af ición musical de su a buelo, que tocaba el armonio, y de su madre, que le enseña a tocar el piano. 588 El País. 08 - 07 -77, Espa ña. 589 Ibíd., 6-8-7 7, sociedad . 590 MÁRTINEZ GONZ ÁLEZ, F., “ Actualidad en la o bra de Ma nuel de Fal la”, Andalu cía en l a Historia , nº 39, 2013, pp. 70- 7 3; F ERN ÁNDEZ RUBIO, A., “Músico del 27”, cultura, El País , 5-1- 96 , platea.pntic.m ec.es/~jgarci1/m defalla.Htm Los referentes de la Memoria Histórica 318 neurosis emocional colaborara mu cho a su soledad. Termina homenajeando al poeta y al hombre. Luís Cernuda 598 Nace en S evilla un 21 d e septie mbre de 1 902. Hijo de padre militar, se educó en un a mbiente de rígidos principios. Ya desde p equeño se enfrenta a un choque entre unos valores familiares muy estrictos y la propia personalidad t ímida y retraída del poeta. El poe ma “la familia” del libro Com o quién espe ra el Alba (194 4) puede ser un buen testi monio de esos primeros años de la vida del poeta. En e sos primeros años m arcados por la soledad descubre la literatura, y lo h ace de manos de Bécquer, autor con el q ue pr esenta importantes con tactos, tanto en sus primeros versos ( Perfil del aire ) como con otros libros posteriores. En 1919 comenzó los estudios de Derech o en la Universidad de Sevilla. Allí conoció a Pe dro Salinas, que fue su profesor e introductor en la literatu ra. En estos añ os descubre también a un autor f rancés que le influirá pode r osamente, André Gide, c uya influencia fu e decisiva pa ra cuajar la personalidad humana y literaria de Cernu da, primero al ayudarle a asumir su co ndición de homosexual y, después, cuando lea el d iario Retour de L´URSS , para ser ca paz de disentir del pensamiento oficial d el comunismo de la época. L a heterodoxia sexual y la heterodoxia po lítica le vienen de Gide, en el q ue e ncontrará e l poe ta sevillano un paralelo de sí mism o. En 192 3 , deja la Universidad para el servici o militar; ingresa en el regimiento de cab allería en Sev illa. En 1924, vuelv e para seguir la carrera, que terminará en 1926. Asiste a los actos c elebrados c on motivo del tercer centenario de la m uerte de Góngora, p ero sólo como oyente, aunque ya había conocido a varios miembros de lo que se denominó después la Generación del 27. 598 ARIST U MONDR AGÓN, J ., “Espa ñol a la m anera de aq uellos que no p ueden ser otra cosa”, A ndalucía en la Historia , nº 42 , 2013, pp. 2 9- 31; http://www.poe tasandalu ces.com /autor.asp?idAutor= 77 Los referentes de la Memoria Histórica 319 En 19 28, Sa linas le ayuda a conseguir u na plaza como l ector de español en la Universidad d e Tou louse. Allí comenzará a redactar los poemas del que será su libro Un río, un amor inspirado d irectament e en la música de Jazz y Blues y e n el cine. Se muda a Mad rid en 1929. Allí trabaja en la librería de Le ón Sánchez Cues ta y se enamora de un tal Serafín que no le hizo ningún caso. A este a mor correspo nden los l ibros Donde habite el olvido y L os place res prohibidos. Nunca negó su condición homosex ual, f actor por e l que fue siempre considerado como un rebelde, dada la mentalidad cerr il y poco ab ierta de aquella España, “un país donde todo nace muerto, vi ve mue rto y muere mue rto”, como dirá en Desolación de la Qu im era . Aspecto también que le otorgaba siempre un grado de marginalidad, “como naipe cuya ba raja se ha perdido” es una de sus frases más conocidas. La relación d e Cernud a con su identi dad nacional es muy compleja aunque, si hacemos caso a lo q ue nos dice, t amb i én llegó al f inal de sus días a ser ine xistente. Esta complejidad d e la rela ción viene marcad a por varios aspecto s entre l os q ue debe destacars e el i deológico, el factor de la Gu erra Civil, los e rrores y excesos en el ca mpo republicano y, finalmente, el lago exil io que cada vez más fue distanciando a Cernuda de una pertenencia nacional. Al p roclamarse la República, la recibe con ilusión, se alineó clara y decididamente con a quella “España d el cincel y de la maza” que a partir de 1931 pretendió c onstruir la historia de otra m anera. Siemp re se mostrará dispuesto a colaborar con todo lo que fuera buscar una España más to lerante, liberal y culta. Como ejemplo de esto último te nemos su participación e n las Misiones Pedagógicas y Culturales que organ iza el gobierno de la República desde 1934. Participó durante la guerra, si bien brevemente como combatiente en un “batallón alpino” , hasta que , debido a las cir cunstancias de u na vida en retaguardia donde la sospecha podía convertirse e n desgracia, aprovechando una of erta de conferencias e n Reino Unido, partió hacia ese país a principios de 1938. Ya no volvería más. Los referentes de la Memoria Histórica 320 Estos añ os son también de compromiso y acción política: Cernuda se afilia al Partido Com un ista por brev e espacio de tiempo y colabor a en revistas de marcado carácter izquierdista, como es el caso de El Heraldo o la revista Octubre , fundada p or Rafael A lberti. P ero los primeros años treinta son los del descubrimiento p or parte de Cernuda de la o b ra de los poetas román ticos alemanes (Novalis, Heine, Hölderlin), a sí como el inicio de su fa ceta como traductor. Durante la Guerra Civil participó activamente desde las trincheras culturales, organizando actividades d e todo tipo, como es la fundación de la revista Hora de España , o la participación en e l II Congreso d e Intelectuales Anti fa scistas rea li zado en Valencia. En 19 36 Cernuda engloba su poesía bajo el lema uni ficador de La realidad y el deseo . En e se año y en ese libro r eúne toda su obra anterio r. A partir de entonces su obra poética ap arecerá bajo e se tí tulo y co n los añadidos correspondientes en las ediciones de 1939, 1958 y 196 4, cuando ya el poeta había fallecido. Desde 1938, en e l Reino Unido tra baja de lector de español en la Universidad de Glasgow , la Universidad d e Cam bridge y e l Instituto español de Lo ndres, pasando los veranos en Oxford en compañía del pintor Gregorio Prieto. A llí p rofundizará en la lectu ra de los clásicos ingleses y descubrirá la obra de au tores que le influirán poderosamente, caso de T. S. Elliot. En 1947, g racias a la mediación de su amiga Concha de Albornoz, consigue u na plaza de prof esor en la un iv ersidad norteamericana de Mount Holyoke, y logra p or f in la ansiada estabilidad económica, en la que permanecerá ha sta 1952. Cernuda r efleja cómo el 10 de septie mbre de 1947, en su Historia de u n libro , e l p oeta e stá en cubierta , solo, sin fa milia, sin nadie con quien compartir u na vida, solo como lo ha estado desde que dejó España nueve añ os antes, como lo ha estado casi siempre. En un instante, escribe, en un in stante pasó por su men te, “en un trance agónico, como se dice que ocu rre a lo s moribundos, toda u na f ase de m i v ida”. Cer nuda dejaba para sie mpre, au nque e ntonces no lo su piera, Europa, el viejo Los referentes de la Memoria Histórica 321 mun do. Esp aña ya la había abandonado, p rimero pensando que por poco tiempo l uego ya para n o volv er, e n 1938. Y a Sevilla, la ci udad donde na ció, la había dejado atrá s en 1928, sin interés ninguno p or recuperarla p osteriormente. En las tres ocasiones, el poeta se iba d e los lugares con la d oble sensa ción de h astío de los m ismos y un a cierta ilusión en el porvenir. Pasó a Méji co e n 1 952, donde se enamoró d e un cu lturista, a quién están dedicados los Poemas para un cuerpo. T rató con Octavio Paz y Manuel Altolaguirre. En es ta ciudad fue do nde p udo e l poeta estar más sereno y reconciliado con un entorno físico y un a mbiente cuasi familiar. Los únicos territorios en donde nos c onfirm a el propio poeta que estuvo plenamente amo ldado, armónicamente f usionado, fueron los territorios anímicos del amor y de la poesía. Muere e l 5 de noviembre de 1963 e n la ciudad de México y es enterrado p ocos dí as después en la sección españ ola del Panteón Jardín. Cernuda es poeta esencial d el siglo XX y a utor influyente en las generaciones poéticas esp añolas a partir de la mitad del pasado siglo. Apenas si hemos en contrado alusiones a este poeta en E l Pa ís y mucho m enos la mención de la preparación de un homenaje e n estas fechas. Mucho más cit ado en ABC , en el q ue se anuncian homenajes en los que se dan conferencias, fundamenta l mente, de carácter litera rio y algunos a rtículos sobre su p ersonalidad, en los que se exponen que Sevilla debiera tene r m ás atenciones ciudadanas con su recuerdo y personalidad. J osé Moreno V illa El malagueño José Moreno Vil la e s u n escritor e xtraño en el panorama de la literatura española. En su amplia obra destacan dos libros q ue han p asa do a la ley enda por su c alidad y p orque son imprescindibles para cono cer la literatura española del siglo XX: Jacinta Los referentes de la Memoria Histórica 322 la pelirroja y Vida en claro . El primero es un libro d e p oemas; el seg undo son sus memorias, una o bra fundamental p ara cono cer la vida cu ltural española en el primer tercio del siglo XX . Moreno Villa es un poeta que a parece c on f recuencia junto a escritores de la Gener ación del 27. E l autor de Jacinta la pelirroja les llevaba algunos años y oficiab a u n p oco como h ermano mayor. Moreno Villa fue muchas cosas: poeta, pintor, estudiante de Quí m ica en la Universidad de Friburgo, licenciado en Historia en la Universidad de Madrid, editor de los clásicos, crítico e historiado r de arte, bibliotecario, traductor y director d e una revista de arquitectura ( … ) No f ue, sin embargo, un diletante que n o l ograra cuajar en ninguna de sus actividades. Sus libros así lo atestiguan. Moreno Villa estuv o en primera fila con los protagonistas intelectuales del sig lo XX . Las fotografías de l a época recuerdan cómo el a utor malagueño se codeó con Jo sé Ortega y Gasset , Euge nio D´Ors, Luís Buñuel y Salvador Dalí. Su existencia está llena de todas las cosas que le pueden pasar a u n hombre. Vivió amores desdichados, c on algunas penalidades qu e, en algún caso, f ueron extremas, ha sta conocer, y a mayor, a la que fue su espos a. La Guerr a Civil le hizo apurar el cá liz h asta las heces. Moreno Villa vio su vida truncada por aquella carnicería y tuvo que exiliarse en México. Nacido en Málaga en 1887, se trasladó a Madrid, donde en 1917 entró a formar parte del proyecto pedagógico de la mítica R esidencia de Estudiantes, probablemente la institución q ue más contribuyó a airear y quitarles l as pulgas a l a machacada y sucia piel de toro. En 1 927 co noce a Florence, la novia norteamericana que le inspiró Jacint a la pelirroja , lo que su pu so un c ambio radical en su vida y en su obr a. Fin almente, ll egó a México en 1937, donde viv ió exiliado ha sta su muerte. Pero, además de apadrinar a muchos jóvenes qu e luego descollarían, Moreno Villa fue un gran poeta. Empieza rompie ndo cánones y abriendo nuevas vías. Luís Cernuda lo defiende a capa y espada, Octavio Paz t amb ién e s un gran defensor su yo. Juan Pérez de Ayala, un investigador y licenciado en Cien cias Políticas que ha empleado gran parte de su ti empo buceando en la o bra de Moreno Villa, Los referentes de la Memoria Histórica 323 lamenta que una p arte del desconocimiento del po eta malagueño provenga de u na circunstancia: “lo que p ublicó e n Méx ico no estaba recogido”. Mor eno Villa ultimó en e sta época d e su vida a lgunos d e su s mejores poemas. Sobre Moreno Villa tenemos que s eñalar que no hemos encontrado en El País n ingún atisbo de intentos de ex posiciones u home najes, puesto que e n estos años e s un desconocido para la mayoría del país, sólo unos poc os intelectuales recuerdan su figura y su obra. Entre e stos se encuentra José L uís Cano, del qu e reseñamos un art ículo sobre este autor titulado “Un libro de conviv encia literaria”, en e l que el autor se alegra de que se intente “rescatar del olvido la o bra de este otro malagueño univ ersal – el primero e s Picass o -, cuyo itine rario pasó por Basilea, Friburgo, Londres, Málaga, Churriana, Madrid (Resid encia de Estudiantes), Gijón, Nueva York, Madrid de n uevo, la Guerra Civ il y e l exilio: W ashington y Méjico” 599 . Para la elaboración de la biograf ía d e este autor y con la intención de da r a conocer a e ste importante y desconocido int electual, recomendamos los siguientes artículos: Ricardo Gu illón, “Iluminación de Moreno Villa” 600 ; Fr ancisco Abad Nebot, “España peregrina: la escuela d e Mené ndez Pidal” 601 ; Jorge Campos, “Un poeta y su tiempo” 602 ; José Luís Can o, “Un libro de conviv encia literaria” 603 . No tenemos constancia de que se cite a este autor en ABC. Emilio Prados 604 Emilio Prados nació en Málag a el 4 de m arzo de 1899, en el seno de una fa milia a comodada. En 1914 obtuvo u na p laza en el Grupo de 599 El País , 26 - 1-1977, cult ura . 600 Ibíd., 1-8-7 6, cultura. 601 Ibíd., 12-8- 76, cultura. 602 Ibíd., 12-9- 76, cultura. 603 Ibíd., 29-1- 77, cultura. 604 www.escritores. org>Biogra fías ; www.biograf íasyvidas.c om/biografía/p/prad os.htm Los referentes de la Memoria Histórica 324 Niños de la Residencia de Estudiantes de Madrid, lo q ue f ue decisivo para su form ación como poeta. E n 1918 se incorporó al grupo universitario de la Residencia, la inst itución se convirtió en el fo co de la Generación del 2 7 y Pr ados entabló a mistad c on Fed erico García L orca, Luís Buñuel, Juan Vicens, José Bello y Salvador Dalí. En 1921 empeoró d e la enfermedad pulmonar que pa decía desde su infancia, po r lo que f ue inte r nado en el sanatorio de Davosplatz (Suiza). La convalecencia le sirvió p ara descubrir lo s autores más sobresalientes de la literatu ra europea y p ara consolidar su vocación de escritor. En 1922 estudió Filosofía en las universi dade s de Friburgo y Berlín; viajó po r Alemania y llegó a París, d onde tuvo la o portunidad de conocer a Picasso y a diversos pintores españoles. En 1924 regresó a Málag a. Heredó de su pad re la imprenta Sur que le perm itiría llevar a cabo la revista Litoral , que fundó junto a su amigo Manuel Altolaguirre. La revista se convir tió e n aglutinador d e las vanguardias en todos lo s campos artísticos: poesía, música y pintura, y consiguieron la colaboración de a rtistas de la talla de Jorge Guillén, Moreno Villa, Manuel d e Falla, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Manu el Ángeles Ortiz o Federico García Lorca, entre otros. El estallido de la Guerra Civil lo llevó a defender la causa republicana y a la defensa d e Madrid donde leyó en la radio su famos o poema , Ciudad sitiada . Entró a f ormar parte de la Alianza de Intelectuales Anti fascistas. F ormó parte del II Congreso Internacional de Escritores. En 1939 s e instaló en B arcelona para e ncargarse, junto con Altolaguirre, de las Publicaciones de l Ministerio de Instrucción P ública, pero la situación, con el fin p róximo de la guerra, era ya insost enible, por lo q ue decidió m archarse a P arís y p oste riormente hacia México, donde residiría hasta su muerte. E n México escribiría la mayor parte de su obra, y su libro más representativo se rá Jardín Cerr ado. Durante su e stancia mejicana f ue acogido en la ca sa de Octavio Paz, que lo ayudó para seguir editando Litoral . Trabajó además como un modesto m aestro, al estilo de la Institución Libre de Enseñanza en el Colegio Luís Viv es. Los referentes de la Memoria Histórica 325 Murió el 24 de abril de 1962 en el exilio mejicano. Emilio Prados fue uno de los poetas má s rep resentativos de l a Generación del 2 7, y su labo r de d iv ulgación cu ltural a través d e la revista Litoral fue importantísima. Iniciemos la re memoración del poeta malagueño con el artículo de Jos é L uís C ano, “Exil io, muerte y resurrección de Emilio Prado s” 605 , en el q ue anuncia q ue, por f in, tras una larga espera, se van a publicar sus poesías completas . Blanco Asinaga escribe en el prólogo q ue, de los poetas de la gen eración del 27, es Prados el me nos conocido, porque la poesía que escribió antes de la guerra era una poesía menor, que llegó a muy pocos lectores. Es en el exilio cuando su ob ra adquiere una gran hondura y dimensión. Con la publicación de este trabajo, se abre la esperanza para lograr la difusión de la obra del gran poeta malague ño. En los años republicanos, la toma co ncien cia d e los problemas sociales le llev ó a “escri bir un romancero de poesía, compro metida, el Calendario del p an y el pesc ado , y a colaborar en la rev ista Octubre que dirigía Alberti ” 606 . Pero fueron la revolución del año 1934 y la posterior represión las que radicalizaron su po stura. Cuando las fuerzas nacionalistas entraron e n Málaga, logra huir, un m es después llegó a Madrid, “donde e scribió sus ro mances de g uerra y su C ancionero m enor para l os co mbatiente s , que l ee por la rad io republicana” 607 . Pero la derrota d e la República y e l e xil io en Méjico, do nde vivir á pobremente, tuvo co mo consecuencia una crisis espiritual qu e se va a reflejar en su obra. A partir de entonces dominará un recogimiento e spiritual y una dolorosa nostalgia. Carlos Gurméndez considera a “Emilio P r ados, poeta de d os mundos. Uno, inte r no, ce rrado, subcutáneo, y otro, exterior, social, revolucionario. Poeta de la soled ad pura y a la v ez el que siente a Madrid como su cuerpo p ropio , el Madrid enrojecido d e pasiones, a la d efensiv a, de la Gue rra Civ il ” 608 . 605 Ibíd., 7- 11 - 76, cultura. 606 Í dem . 607 Í dem . 608 Ibíd., 26-6- 77, cultura. Los referentes de la Memoria Histórica 326 Al f in un homenaje -aunque en Madrid, no en Andalucía - a Emilio Prados, organizado por la Ag r upación Hispana de E scritores p ara e l próximo día 27, consistirá en “un recital homenaje a Emilio Prados y Manuel Alto l aguirre coincidiendo con el cincuentenario de la g eneración del 27 ” 609 . E l acto lo iniciará Gallego Morell y contará con una amplia representación poética. Este acto conjunto s e ex plica porque ambos ejercieron s u actividad en Málaga y Madrid hasta la Gu erra Civil, y posteriormente en el exilio. “Juntos montaron la im prenta Sur, y, en ella, rev istas como S ur y Litoral , que aglutinarían a la generación del 27” 610 . A Em ilio Prados tambi én se le recuerda como compilador, junto a Rodríguez Moñino, del Rom ancero General de la Guerr a de España . En cuanto a Alto laguirre, en 1960, un año después de su muerte, se publicó su Poesía com pleta . J.L. Ortiz d e Lanzagort a en la s ección el “ AB C de las Le tras”, habla de “La s oledad d e Emilio Prados” 611 . Pero también s e refiere a la soledad como reco nocimiento a su valor literario. Nadie, en todo el “2 7”, ta n solitario por desconocido como Prado s. De ahí la im portancia de la aparición e n Méjico de sus obras po éticas completas, que ya comentamos anteriormente en las reseñas de El País . Jorge Guillén 612 Lo he incluido en la lista, aunque sea vallisole tano, por su tendencia afectiva hacía Andalucía, donde fue a pasa r l os últimos siete añ os d e su vida, concretamente a Málaga, donde muere el 6 de febrero de 1984. Nace en enero de 1893 en Valladolid, en una f amilia de o rigen hidalgo. 609 Ibíd., 20- 12 -77, cultura . 610 Í dem . 611 ABC , 26-3-77, pág . 41. 612 www. fundac iónjorgegui llen.com Los referentes de la Memoria Histórica 327 En 1931 regresa a España de un lectorado en Londres, pasa por Valladolid y se incorpora a la Universidad d e Sevilla. La evolución de la política nacional no satisface a Guillén, pero su apue sta por los ideales republicanos y los logros del institucionismo le sitú an sin militanci a en partido alguno, al lado de su amigo Azaña y com partiendo con otros intelectuales los p ostulados de un republicanismo liberal, moderado y humanista. Lo inevitable ocurre el 18 de julio de 1936. Dí as antes, Guillén habí a iniciado sus vacaciones v eranieg as en Valladolid, es aquí d onde le sorprende e l conflicto bélico, donde ve con clar idad que nada podía hacerse, vio enseguid a que no podía tragars e aquella dictadura. D ecide enviar a los h ijos a Francia con l os abuelos m aternos, pero esta operación termina con cárcel en Pamplona para el matrimonio Guillén. Los pases de frontera de latan u na actividad sospechosa de una jud ía francesa y d e un español liberal: juicio sumarísimo p or esp ionaj e con sentencia de muerte. El m ismo 19 d e agosto , fecha en que es a sesin ado García Lorca, Jorge Guillén es liberado, gracias a que su padre aportó firmas d e todo aquél que pudo confirmar que no era má s que un poeta dedicado a su cá tedra y a su f amilia (Arzobispo d e Valladolid, falangistas, y ha sta f amiliares cercanos al mismísimo Queipo de L lano). No había otra manera de salvar a un republicano exquisito de una muerte segura. Aunque el poet a salv ó la vida e h izo gestos de normalidad supre ma, como la incorporación a su cátedra en Sev illa y la traducción del alegato de Paul Claudel a los mártires de la cruzada, na da asegura, e n camb io, su futuro profesional y la supervi vencia de la fa milia. Expedienta do y reducido a la condición de sospechoso pe r petuo, Guillén decide en 1938, aprovechando que su amigo Pedro Sainz Rodríguez era Ministro de Educación en el gabinete de Franco, solicitar los requisitos oportunos pa ra salir de Espa ña. En Sev illa le dieron el permiso y el 8 o el 9 de julio de 19 38 atravesó el puente sobre el Bidasoa , comenzando así el exilio del poeta. Los referentes de la Memoria Histórica 334 de exilio voluntario, el profesor y escritor granadino Francisco Ayala habló anoche p úblicamente en esta ciudad” 627 . Ay ala se fue con 16 añ os a Madrid, de donde se ma rchó al final de la Guerra Civ il , p ara v ivir desde entonces en el exil io, siempre en pa íses a mericanos. Cu ando se publi ca esta noticia, es profesor en la Universi dad de N uev a York. Estamos ante un caso de normalidad democrática, té rmino éste muy a preciado por Ayala, como hemo s podido comp robar más tarde y máxime cuando su e xil io fue “v olunta rio”. Habría que decir que todavía no ha vuelto para quedarse. Posteriormente, tam bién E nrique Castro nos ofrece en esta ocasión una entrevista en las páginas de cultura, pero anunciada en primera págin a. “ Se ha mitificado dema siado la f igura del exiliado. El exilio pa ra mí nunca ha sido traumático” 628 . Co n e stas contundentes y origina les afirmaciones abre su entrevista para El País . Luego razona que para un andaluz es más f ácil adapta rse a Buenos Aires o Montevideo que a Barcelona o La Coruña. Añadiendo que no se trata de algo a grad able, pero algunos han mitificado en de masía la cuestión. Respecto a la situación política, piensa que este momento de Transición llegará a u na estabilidad, como queremos la inm ensa mayoría. En su tiempo estuvo inscrito e n el partido d e A zaña, I z q uierda Republicana, pero al cab o d e cuarenta a ños, Ay ala piensa que un “’ verdade ro escritor ’ no pueda estar afiliado a un partido político ” 629 . Por estas fechas trabaja, sin prisas, en la preparación de una especie de memorias en las que intentará reflejar su afirmación de que “ los acierto s o los errores en mi producción literaria son únicamente imputables a mi capacidad, nunca a ningún tipo de circunstancias externas” 630 . Parece manifiesto que envía ese men saje a to dos los que se han escudado en la f alta de libertades durante el f ranquismo para justificar la mediocridad de su trabajo intelect ual. 627 El País. 28 - 01 - 77. 628 El País. 18 - 02 - 77. 629 Ídem. 630 Ídem. [Document text truncated for crawler view.]