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Teresa de Escoriaza: una mujer en la guerra de Melilla

Carrera Martínez, Marina

Abstract

Teresa de Escoriaza (1891-1968) fue maestra, escritora, traductora, periodista, locutora y una destacada activista del feminismo. Una emblemática figura que se dedicó al ámbito de las letras a lo largo de la primera mitad del siglo XX. En este trabajo nos proponemos recuperar su vida y su producción periodística, centrándonos en las crónicas que escribió sobre la Guerra de Melilla, pero también explicamos brevemente el contexto histórico en cuanto a la condición de la mujer, la vida de Teresa de Escoriaza, su labor como periodista tanto en La Libertad, como en otras publicaciones y el impacto que tuvieron sus artículos. Analizamos su obra, su defensa del feminismo y su reacción contraria a la creación del Lyceum Club. Sin olvidar la polémica surgida tras la recuperación de la figura de Teresa de Escoriaza, ¿quién fue la primera corresponsal de guerra de sexo femenino: Carmen de Burgos o Teresa de Escoriaza?

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TRABAJO DE FIN DE GRADO GRADO EN FILOLOGÍA HISPÁNICA Teresa de Escoriaza: una mujer en la guerra de Melilla Alumna: Marina Carrera Martínez Tutora: Dra. Amparo Quiles Faz Septiembre 2015 1 Índice Introducción……………………………………………………………………..…….. 3 1. Contexto histórico. La mujer a principios del siglo XX……………………………. 6 2. Datos de una vida.…………………………………………………………..……… 8 3. Obra literaria …..……………………………………………………………..……. 11 3.1 Del dolor de la guerra (Crónica de la campaña de Marruecos)…..……... 12 4. Otras aportaciones literarias 4.1. La Libertad…………………………………………………….…………. 16 4.1.1. Teresa de Escoriaza en La Libertad y El Liberal…….…………. 17 4.1.2. Impacto periodístico …..…………………………….…………. 22 4.2. Otras publicaciones……………………………………………………….. 26 4.3. Su presencia en las ondas ………………………………………………… 28 5. Teresa de Escoriaza contra el Lyceum Club………….…………….……………… 29 6. La primera corresponsal de guerra ¿Carmen de Burgos o Teresa de Escoriaza?........34 7. Análisis: la Guerra de Melilla bajo la mirada de Escoriaza……………………….. 41 7.1. Antecedentes: Marruecos, una zona en constante conflicto……………... 41 7.2. Situación de la Guerra cuando Teresa de Escoriaza llegó a Melilla………………………………………………………………………… 44 7.3. La mirada de Escoriaza ………………………………………………..… 46 Plaza sitiada……………………………………………………………. 48 La esposa del cautivo………………………………………………….. 49 La tragedia de los Regulares……………………………………...…… 50 Morituri te salutam……………………………………………………. 52 Pasaje ensangrentado………………………………………………….. 53 El amigo que cae………………………………………………………. 54 2 Alegría trágica………………………………………………………… 55 La tristeza del blocao………………………………………………….. 57 Jefe herido…………………………………………………………….. 58 Cartas perdidas………………………………………………………... 60 Barbarie inaudita………………………………………………………. 63 Angustia maternal……………………………………………………... 65 La desdicha del vencido………………………………………………..66 El camión de los muertos……………………………………………….68 Legionario por amor………………………………………………….... 69 Poblado destruido………………………………………………………71 Sale el convoy…………………………………………………………..73 La semilla fatal………………………………………………………… 75 8. Conclusión………………………………………………………………………….. 77 9. Bibliografía…………………………………………………………………………. 79 3 Introducción Teresa de Escoriaza (1891-1968) fue maestra, escritora, traductora, periodista, locutora y una destacada activista del feminismo. Una emblemática figura que se dedicó al ámbito de las letras a lo largo de la primera mitad del siglo XX. Como muchas otras mujeres de su generación que destacaron de forma significativa en su época, Teresa de Escoriaza es hoy una figura olvidada, por lo que nos proponemos recuperar su vida y su producción periodística, centrándonos en las crónicas que escribió sobre la Guerra de Melilla. Textos que fueron posteriormente recopilados y publicados en formato de libro bajo el título de Del dolor de la guerra. Crónica de una campaña en Marruecos. El proceso de recopilación de información sobre la autora ha resultado una tarea de cierta dificultad, ya que no se ha publicado en España ninguna obra sobre Teresa de Escoriaza. De ahí que la información se encuentre dispersa en obras de mayor envergadura y normalmente sin aportar demasiada información. Por el contrario, sí hemos encontrado algunos artículos en los que se la menciona de forma más extensa, textos que han sido vitales para la realización de este trabajo, ya que nos han aportado información de su vida y de sus actividades. El primero y más importante, además del único dedicado enteramente a la trayectoria vital y profesional de Teresa de Escoriaza, es el estudio de la Dra. M. Palenque. Los trabajos de Elvira Marteles, Mª Ángeles Sánchez y Juan Aguilera nos han ayudado a la hora de tratar su vida profesional y su feminismo, y, por último, el artículo de Manuela Marín no solo nos ha aportado información sobre nuestra periodista, sino también sobre otras mujeres que escribieron sobre la guerra, lo que junto a las obras de Concepción Núñez y de Federico Utrera nos ha ayudado a extraer conclusiones sobre la polémica de quién fue la primera corresponsal de guerra. Por supuesto, también hemos consultado las fuentes básicas sobre la condición de la mujer y el feminismo a principios del siglo XX y sobre la Guerra de Melilla, lo que nos ha permitido crear el contexto en el que se desenvolvió la vida de Teresa de Escoriaza. Para ello hemos usado principalmente la obra de Federico Villalobos sobre la Guerra de Melilla y, para el contexto social y feminista, nos hemos ayudado de los escritos de Geraldin Scanlon y Margarita Nelken. Todo esto sin olvidar la obra de Pedro 4 Gómez Aparicio sobre la historia del periodismo, que nos ha aportado la base de la historia de los periódicos en los que trabajó Teresa de Escoriaza. Aunque estas son las obras principales que nos han ayudado a perfilar nuestra investigación, el resto de la bibliografía utilizada nos ha ayudado a contrastar datos o a añadir pequeñas trazas de información. Sin embargo, esto no es todo, pues mucha de la información ha debido ser extraída de fuentes hemerográficas, principalmente del diario La Libertad, medio en el que Teresa de Escoriaza colaboró durante más tiempo y a través del cual hemos obtenido muchos datos acerca de su educación, sus actividades, etc. Hemos utilizado también el periódico El Liberal, medio donde empezó a escribir nuestra autora. La mayor parte de la información aportada en esta investigación procede de los archivos digitalizados de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional, donde también hemos consultado los diarios La Época, La Voz, El Heraldo de Madrid y Mundo Gráfico. Un caso especial supone El Telegrama del Rif, nuestra fuente principal de contraste para los artículos que escribió Teresa de Escoriaza mientras estuvo en Melilla. Este diario no se encuentra en la Hemeroteca Digital antes mencionada, por lo que hemos acudido a la Biblioteca de Melilla, principalmente, además de a documentos digitalizados. En el caso del libro Del dolor de la guerra, ha sido complicado encontrar ejemplares del mismo, por lo que ha sido necesario desplazarnos hasta la Biblioteca Nacional de Madrid, en cuyo depósito había disponible un ejemplar. Por último, quisiéramos añadir que sin la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional habría resultado físicamente imposible realizar este trabajo, y que gracias a disponer de este medio nuestra tarea no solo ha sido posible, sino considerablemente más sencilla. Esto se debe a que la Hemeroteca Digital consta de un buscador muy útil que nos ha ayudado en la búsqueda de artículos, ya que la periodista no siembre escribía la misma columna y no siempre la publicaban en la misma página. Sin embargo, nos dimos cuenta de que dicho buscador no siempre es capaz de procesar la tipografía de los periódicos correctamente, de forma que un pequeño porcentaje de los artículos no se habían mostrado. Una vez notamos esto, utilizamos los artículos encontrados mediante el buscador como guía y repasamos los diarios de El Liberal y La Libertad ejemplar por ejemplar. Esta ha sido una ardua tarea, pero nos sentimos orgullosos de presentar en 5 uno de nuestros anexos lo que creemos que es la totalidad de los artículos que escribió Teresa de Escoriaza en El Liberal y La Libertad. Aun así no descartamos que pueda faltar alguno debido a que algunos ejemplares no tienen todas sus páginas digitalizadas o estas son ilegibles. Pese a ello hemos logrado realizar un corpus de una extensión considerable que, posiblemente, sea el primero que se realiza en España sobre esta periodista. Una vez reunida toda la información procedimos a su unificación y análisis, dando como resultado las siguientes páginas en las que explicamos brevemente el contexto histórico en cuanto a la condición de la mujer, la vida de Teresa de Escoriaza y su labor como periodista tanto en La Libertad, como en otras publicaciones. La Libertad fue el diario que la envió como corresponsal a la Guerra de Melilla en 1921 y esta es la parte en la que se centra nuestro trabajo: se trata de un corpus de dieciocho crónicas datadas entre 6 y el 27 de septiembre de 1921. Al mismo tiempo también analizaremos su obra, su defensa del feminismo y su reacción contraria a la creación del Lyceum Club, así como el impacto que tuvieron sus artículos en la sociedad madrileña y el contexto de la Guerra. Sin olvidar que también trataremos la polémica surgida tras la recuperación de la figura de Teresa de Escoriaza, ¿quién fue la primera corresponsal de guerra de sexo femenino: Carmen de Burgos o Teresa de Escoriaza? Finalmente, se añaden dos anexos que contienen el corpus de los artículos de Teresa de Escoriaza publicados en El Liberal y La Libertad, así como los artículos que escribió durante su estancia en Melilla. Estos artículos, al igual que todas las citas de la periodista que se encuentran en estas páginas han sido transcritos tal y como aparecían en los originales. Únicamente hemos unificado algunos criterios ortotipográficos: hemos eliminado algunos trazos laístas, al igual que algunas tildes, así como aquellas palabras cuya incorrección atribuimos a errores tipográficos y los extranjerismos que hemos destacado en cursiva. Antes de concluir, quisiera agradecer el apoyo y la ayuda que he recibido de mis familiares y amigos, a los bibliotecarios y personal de las distintas bibliotecas que he visitado, y, en especial, a mi tutora por prestarme su apoyo a lo largo de estos dos años de trabajo. 6 1. Contexto histórico. La mujer a principios del siglo XX Teresa de Escoriaza vivió la época de mayor avance del feminismo que España había visto hasta ese momento. Anteriormente ya habían existido denuncias sobre la subordinada condición de la mujer, pero no fue hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando esta lucha comenzó a conseguir resultados. Sin embargo aún quedaba un largo camino por recorrer para igualar la situación de la mujer española a la conseguida en otros países. Poco a poco la mujer fue abandonando la vida doméstica y haciéndose un hueco en la vida pública, logrando tener acceso a una educación, aunque solo si las familias se lo podían permitir y si los padres deseaban proporcionar dicha educación. De hecho en 1873 María Elena Maseras fue la primera mujer en matricularse en la Universidad, concretamente en la ciudad de Barcelona y en la especialidad de Medicina1. Sin embargo y aunque muchas mujeres se fueron sumando a aquellas que recibían una educación, este hecho no era lo normal, sobre todo si se trataba de educación superior, tal y como nos lo decía Margarita Nelken en 1919: “Son ya muchas las españolas que trabajan para bastarse a sí mismas; son aún muy pocas las que estudian y, sobre todo, las que ejercen una carrera, las que forman parte del grupo de 'las profesiones liberales”2. Era infrecuente que las mujeres de clase media optasen por ejercer profesiones liberales, algo aceptado solo en aquellos casos en que el ejercicio de dicha profesión “no ponía en peligro las oportunidades profesionales de los hombres”3. Y así actividades como el teatro o la enseñanza eran aceptables, aunque en el caso de la enseñanza se limitaba al nivel de primaria y secundaria, profesión que gozaba de poca consideración 1 Capel, Rosa María, Presencia y visibilidad de las mujeres: recuperando historia, Madrid, Abada editores, 2012, pág. 289. 2 Nelken, Margarita, La condición social de la mujer en España, Madrid, Horas y horas, 2013, pág. 49. 3 Scanlon, Geraldine M., La polémica feminista en la España contemporánea (1868-1974), Madrid, Siglo XXI, 1976, pág. 65. 7 social. Por lo que pocas mujeres lograron enseñar a nivel universitario, y aún menos consiguieron el título de catedráticas, el cual les era negado por su condición de mujer. En el caso de la escritura, que es el que nos ocupa, Geraldine Scanlon anotaba que: “En el siglo XX la imagen de la escritora infatigable y capaz comenzó a sustituir a la de la poetisa sentimental. La mujer periodista era un fenómeno más corriente”4, por lo que poco a poco el hecho de que una mujer escribiese fue teniendo cierta aceptación. Sin embargo, todavía a principios del siglo XX había mujeres que usaban seudónimos para escribir o añadían a su nombre un “de” más el apellido de su esposo para demostrar su conformidad con el hecho de que ella ejerciese como escritora. También fue en esta época cuando se crearon clubes y asociaciones de carácter feminista que reivindicaban derechos para la mujer, como ANME (Asociación Nacional de Mujeres de España) en 1918 o el Lyceum Club en 1926. Como veremos, Teresa de Escoriaza empezó escribiendo bajo un seudónimo masculino para, posteriormente, pasar a utilizar su auténtico nombre; así, comenzó a utilizar el nombre de Félix de Haro en sus crónicas de El Liberal y La Libertad, concretamente entre 1919 y 1921. En general, esta periodista gozó de gran aceptación por parte de sus lectores y de sus compañeros de redacción, si bien no podemos dejar de entrever que se la trataba de forma diferente, pues en un artículo escribía que: “Me ocurre de un tiempo a esta parte que escucho afectuosas reprensiones de las personas de mi trato, que se creen en el deber de guiarme con sus consejos. 'Escribes poco, Teresa; no seas holgazana'. 'Antes trabajaba usted más'. '¡Hace un siglo que no leo nada suyo!' […] 'Te abandonas; debías sostener la firma, escribiendo con mayor frecuencia'. Y estas frases, tan degradables de oír para quien, como yo, nunca fue perezosa, no son las peores que escucho. También me advierten mis amigos que no solo escribo menos, sino peor […] Todo esto me ofende, me duele, me desespera”5. 4 Ibidem, pág. 57. 5 Escoriaza, Teresa de, “Crónica. La razón de una sin razón”, La Libertad, Madrid, 5-5-1926, pág. 1. 8 Y en ese mismo artículo se defendía aseverando que: “Pues bien; no, no tienen razón. Son injustos conmigo quienes me aprecian hoy en menos que antes me apreciaron. Soy la misma consecuente trabajadora que siempre fui”6. Estas frases eran el espejo del cambio que estaba sufriendo España: un cambio de estatus de la mujer, y resultaba lógico pensar que los comentarios de lectores y compañeros periodistas estaban motivados por una educación de carácter conservador. Sin embargo no podemos dejar de observar el trato que se daba a la mujer periodista, menospreciando en cierto modo su esfuerzo, y con palabras que seguramente no se dirigirían de igual modo a un compañero de género masculino. 2. Datos de una vida Teresa de Escoriaza y Zabalza fue una mujer de origen vasco que se convertiría en escritora, traductora, periodista, profesora de idiomas y locutora de radio. Nació el 7 de diciembre de 1891 en San Sebastián y cursó sus estudios de Bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros en Madrid además de diplomarse como profesora de enseñanza elemental en la Académie de Bordeux, en Francia, especializándose en francés y consiguiendo el título Brevet Superieur7 y formándose también en las Universidades de Madrid y Liverpool. En 1917 partió a Nueva York para dar clases de español y francés –dominaba el francés y el inglés–, donde además impartió clases en una escuela de español en Mamaroneck (Connecticut) y seguramente en Bryn Mawr College (Pennsylvania)8. Según hemos podido comprobar en La Libertad también impartió clases en el Instituto 6 Ibidem. 7 Anónimo, “Radiotelefonía. Un curso de francés por radio”, La Libertad, Madrid, 12-11-1924, pág. 3. 8 Palenque, Marta, “Ni ofelias ni amazonas, sino seres completos: aproximación a Teresa de Escoriaza”, Arbor, 719 (2006), pág. 364. 15 conserva el instinto maternal, la finura de percepción y la sensibilidad exquisita”19. Además Zozaya informaba de la gran cultura y habilidad para los idiomas de Escoriaza, y cómo no dudó en partir a la guerra para dar cuenta del dolor y la muerte. Por otro lado, en la crítica literaria que hizo Manuel Machado sobre este libro alabó la forma de escribir de Escoriaza y, más aun, su forma de escribir como mujer: “Dice el gran Zozaya en el prólogo puesto a la obra de Teresa de Escoriaza, que esta ha visto como mujer y ha sentido con su corazón femenino todo el dolor de la guerra. Lo cual vale tanto como decir que ella es quien ha visto en verdad la guerra, porque toda la guerra es dolor y porque la verdadera guerra la ven las mujeres. Los hombres la hacen… y tal vez no la harían si ʻla viesen”20. En sus artículos, Escoriaza escribió sobre la otra cara de la guerra, sobre lo que había detrás de esas batallas, de esos avances, de esas victorias… y esta misma línea la destacó Manuel Machado: “Nada de cuanto se ha escrito en la guerra y sobre la guerra se acerca ni de lejos a los artículos de Teresa de Escoriaza […] Aquí está todo lo horrendo, lo brutal, lo salvaje, lo pintoresco, lo patético, lo sangriento, lo macabro y también lo brillante, lo heroico, lo humano y lo inhumano de la guerra”21. Y ciertamente tenía razón Machado al decir que Escoriaza escribía de forma sobria: la periodista esgrimía un estilo crudo, sencillo, directo en su prosa y jamás embelleció lo feo ni enalteció lo horrible: 19 Ibidem, pág. 3. 20 Machado, Manuel, “Leyendo Del dolor de la guerra (Crónicas de la campaña de Marruecos), por Teresa de Escoriaza. Madrid. Editorial Pueyo”, La Libertad, Madrid, 13-101921, pág. 4. 21 Ibidem. 16 “Quien ha escrito esto, sin la menor afectación ni sombra de adorno literario, nos ha dado la sensación más honda y la más perfecta síntesis de la guerra. Ha hecho, además, arte puro y verdadero. Y el más estupendo de los periodismos”22. Manuel Machado destacó que Escoriaza fue la primera persona en describir la guerra de esa forma tan personal, en fijarse en lo que todos tenían delante, pero no veían, de una forma cruda y llana, exponiendo los hechos tal y como fueron. Gracias a estos artículos, vemos la auténtica cara de la guerra, el sufrimiento y el dolor de los que se ven arrastrados a ella o a sus consecuencias. 4. Colaboraciones 4.1. La Libertad Tras la huelga de periodistas de 1919, un grupo de redactores abandonó el diario El Liberal, fundando el 13 de diciembre de ese mismo año el nuevo periódico La Libertad. Tuvieron sin embargo unos inicios problemáticos, ya que El Liberal les demandó por “hacer un periódico calcado en el que se intenta combatir con iguales secciones, con los mismos tipos, con idénticos clisés de titulares, con nombre análogo”23, por lo que durante un corto periodo siguieron publicando con el nombre de El Popular y finalmente, en enero de 1920, la publicación volvió a aparecer con su nombre original. La redacción inicial, según Gómez Aparicio, estaba formada por: Luis de Oteyza, director; Antonio de Lezama, redactor jefe; Alejo García Góngora, secretario de redacción; y los redactores: Antonio Zozaya, según Seoane “el cronista de mayor éxito en Madrid”24, Luis de Zulueta, Augusto Barcia, Pedro de Répide, Manuel Machado, 22 Ibidem. 23 Gómez Aparicio, Pedro, Historia del periodismo español. De las guerras coloniales a la Dictadura, Madrid, Editora Nacional, 1974, pág. 615. 24 Cruz Seoane, María y Sáiz, María Dolores, Historia del periodismo en España. 3. El siglo XX: 1898-1936, Madrid, Alianza Universidad Textos, 1996, pág. 260. 17 Maximiliano Miñón, Alejandro Pérez Lugín, Ezequiel Enderíz, Francisco Fernández Mir, Ricardo Hernández del Pozo, José Luis Salado, Manuel Ortiz de Pinedo, Víctor Gavirondo y Heliodoro Fernández Evangelista25. También formaron parte del periódico Luis de Tapia con sus “Coplas del día”, Ricardo Marín, caricaturista, y Alfonso (hijo), fotógrafo. Algunos de sus colaboradores fueron: Álvaro de Albornoz, Marcelino Domingo, Manuel Hilario Ayuso, Eugenio D´Ors, Cristóbal de Castro, Gabriel Alomar, Ángel Samblancat, Pablo Iglesias y Eduardo Barriobero. De ideario de izquierdas, republicano y muy cercano al socialismo, inmediatamente alcanzó un gran éxito, compitiendo con El Liberal por el público madrileño. En 1934 cesaron los artículos de Escoriaza en La Libertad, el cual desapareció, tras veinte años, a finales de marzo de 1939. 4.1.1. Teresa de Escoriaza en La Libertad y La Libertad Teresa de Escoriaza comenzó escribiendo en el periódico El Liberal, bajo el seudónimo Félix de Haro, sumándose así a las escritoras que publicaban bajo un nombre masculino. En este medio publicó sus primeros artículos cuando se encontraba en Nueva York, en 1919, con la sección titulada “Desde Nueva York”, y cuyo primer artículo tiene fecha de 18 de mayo, y el último de 1 de diciembre de ese mismo año. A finales de 1919 Escoriaza se sumó a los redactores que abandonan El Liberal y fundaron La Libertad, donde continuó escribiendo sus crónicas en una columna con el mismo nombre (“Desde Nueva York”) y con su seudónimo masculino. Según la Dra. Palenque, desde el primer momento formó parte de la redacción, pero si bien es cierto que participa de la publicación desde su primer número, no apareció nombrada como redactora en su primera página, lugar donde se mencionaba a tales cargos, hasta 1922. Además, las fechas de su último artículo en El Liberal y el 25 Gómez Aparicio, Pedro, op. cit., pág. 616. 18 primero en La Libertad son muy cercanas, lo que podría deberse a que no formaba parte del grupo que promovió la escisión o a un retraso en la publicación, pues recordemos que se encontraba en Nueva York. Por otro lado, Seoane afirmaba que estaba a cargo de la crónica femenina y feminista26, aunque sabemos que se encargó de más secciones, entre ellas las cónicas de la guerra de Melilla que trataremos más adelante. Así, las aportaciones de Escoriaza a La Libertad fueron numerosas, y así sus artículos “Desde Nueva York”, en los que aún firmaba como Félix de Haro, se dataron desde 1919 hasta 1920, con una periodicidad irregular, En 1921 publicó sus últimos artículos como Félix de Haro y comenzó a firmar sus trabajos con su auténtico nombre. De hecho, hay un momento de transición en el que alternó ambas firmas. A lo largo de mes de julio se encargó de la sección "Femeninas”, y en agosto publicó un último grupo de artículos con el seudónimo Félix de Haro y bajo el título “Jornadas veraniegas. En San Sebastián”. Tras esta serie volvería a firmar siempre como Teresa de Escoriaza. Nada más terminar de escribir sus “Jornadas veraniegas” fue enviada a Melilla como corresponsal de guerra junto a otros compañeros de redacción. Desde allí publicó a lo largo del mes de septiembre de 1921 dieciocho crónicas sobre la guerra, las cuales trataremos más adelante, y que llevaron por título “Del dolor de la guerra”: "Del dolor de la guerra. Plaza sitiada", 3 de septiembre de 1921; "Del dolor de la guerra. La esposa del cautivo", 4 de septiembre de 1921; "Del dolor de la guerra. La tragedia de los Regulares”, 7 de septiembre de 1921; “Del dolor de la guerra. Morituri te salutam”, 8 de septiembre de 1921; “Del dolor de la guerra. Pasaje ensangrentado”, 9 de septiembre de 1921; “Del dolor de la guerra. El amigo que cae”, 10 de septiembre de 1921; “Del dolor de la guerra. Alegría trágica”, 11 de septiembre de 1921; “Del dolor de la guerra. La tristeza del blocao”, 13 de septiembre de 1921; “Del dolor de la guerra. Jefe herido”, 14 de septiembre de 1921; “Del dolor de la guerra. Cartas perdidas”, 15 de septiembre de 1921; “Del dolor de la guerra. Barbarie inaudita”, 16 de septiembre de 1921; “Del dolor de la guerra. Angustia maternal”, 18 de septiembre de1921; “Del dolor de la 26 Cruz Seoane, María, y Sáiz, María Dolores, Historia del periodismo…, op. cit., pág. 248. 19 guerra. La desdicha del vencido”, 20 de septiembre de 1921; “Del dolor de la guerra. El camión de los muertos”, 21 de septiembre de 1921; “Del dolor de la guerra. Legionario por amor”, 22 de septiembre de 1921; “Del dolor de la guerra. Poblado destruido”, 24 de septiembre de 1921; “Del dolor de la guerra. Sale el convoy”, 25 de septiembre de 1921 y “Del dolor de la guerra. La semilla fatal, 27 de septiembre de 1921. Sus artículos como Félix de Haro le dieron fama, pero a su vuelta de Melilla, en octubre de ese año, Teresa de Escoriaza era ya una periodista consagrada muy valorada por los lectores madrileños. A partir de 1922 comenzó a aparecer como redactora de La Libertad, empleo que ejerció hasta que abandonó la publicación. Su estancia en Madrid entre finales de 1921 y principios de 1922 se caracterizó por una profusa publicidad de su obra Del dolor de la guerra, en las páginas de La Libertad27. Teresa de Escoriaza permaneció el resto del año 1921 en Madrid, pues así sabemos de la celebración de un banquete en su honor28, y de su asistencia al banquete ofrecido al teniente González Tablas29, sin embargo, encontramos escasas noticias de la autora en ese final de año. En los primeros meses de 1922 publicó una serie de artículos desde Italia, bajo el título de “Postales desde Italia”, adjuntando al lado de su firma el nombre de la ciudad donde se encontraba. Desde 1922 hasta 1929 Escoriaza publicó numerosas crónicas de temática diferente, aunque todas mantenían un carácter reivindicativo y feminista. Se trata de una serie de artículos bajo el epígrafe de “Crónicas” y “Femeninas”, acompañados del subtítulo correspondiente y que supone un corpus bastante extenso de textos fechados entre el 13 de septiembre de 1922 y el 17 de julio de 1929. 27 Anónimo, “Publicaciones”, La Libertad, Madrid, 4-10-1921, pág. 3. 28 Anónimo, “Consagración de una escritora…”, art. cit., pág. 4. 29 Anónimo, “Informes de Madrid. Banquete a González Tablas. Honrando a un héroe”, La Libertad, Madrid, 3-11-1921, pág. 1. 20 En estos años el feminismo europeo se expandió por España y una de sus consecuencias fue la creación del Lyceum Club en Madrid en 1926. Paradójicamente, y pese a su compromiso feminista, Escoriaza escribió varios artículos en contra de la creación del mismo, caso de “El verdadero club de las mujeres”30 donde calificaba la creación del Lyceum Club de “proyecto femenil con apariencias de feminista” y abogaba por el cierre de todos los clubs, tanto masculinos como femeninos. A finales de 1929 volvió a Nueva York, comenzando a escribir ya desde su embarque: “Desde el Atlántico. Notas de a bordo”, 6 de septiembre de 1929, escrito a bordo del Juan Sebastián El Cano y “Notas de a bordo. Los náufragos”, 18 de septiembre de 1929, escrito estando ya en alta mar según la propia periodista. Y una vez en América continuó publicando, primero unas crónicas que habitualmente llevaron por título “Apuntes neoyorkinos” y posteriormente “Notas neoyorquinas”, aunque casi al final de su colaboración con La Libertad, pasaron a llamarse durante un tiempo “La Libertad en Nueva York”. A su vez, y en ocasiones, entendemos que cuando el tema se alejaba de lo habitual o en las pocas ocasiones en que la periodista se encontraba fuera de Nueva York, llevaban otro nombre. Sus noticias sobre Nueva York trataban todos los temas, desde la depresión: “El problema económico, que produce una crisis mundial, ha tenido también su repercusión aquí, según ya he consignado en anteriores crónicas. Los mercados extranjeros del mundo revuelto han bajado los pedidos que a la nación norteamericana hacían. Y ello ha causado lo que aquí se llama la depresión de los negocios. ¿Es grave esta depresión? Desde luego que lo es. Pero no tan grave como algunos han dado en decir. Pues la verdadera verdad es que se exagera hablando del asunto. ¡Se habla de ella como pretexto para tantas cosas!... Ya se excusa todo con la dichosa depresión. Cuantos quieren dejar de cumplir un compromiso, de pagar una deuda o hacer una trampa lo arreglan diciendo: 'Comprenda usted que la depresión me impide…”31. 30 Escoriaza, Teresa de, “Crónica, El verdadero club de las mujeres”, La Libertad, Madrid, 12-11926, pág. 1. 31 Escoriaza, Teresa de, “Notas neoyorquinas. Se exagera la depresión”, La Libertad, Madrid, 27-11-1931 pág. 1. 21 A la condena de Al Capone: “¿Que sabéis quién es Al Capone? Perdonadme; pero me parece que no. Un bandido estadounidense, sí. [...] 'Daily News' está publicando su historia, y la publica bajo el título de 'El rey del crimen', está dicho todo. El título corresponde a la obra perfectamente. La calificación es digna del protagonista. Al Capone, desde su más tierna infancia basta los cuarenta y tantos años -edad que cuenta hoyha vivido violando las leyes. Y violándolas tanto y tan bien, que ha logrado reunir un capital de muchos millones de dólares [...] para defender sus negocios ha tenido que cometer hasta medio centenar de muertes violentas y alevosas. 'El hombre de los cincuenta asesinatos' se le llama también en los periódicos, y él no pide rectificación. [...] los jueces temen condenarle. A esto obedece el que produzca asombro el que por fin se le haya condenado. Al fin, se encontró un juez hábil y valeroso. Sí, señores, sí. Ha habido un juez que supo probar que Al Capone desacató a su autoridad y se atrevió a condenarle a seis meses de detención. ¡Listo y bravo juez!” 32. Tal y como mencionábamos antes, hemos podido comprobar que Teresa de Escoriaza, cuando se encontraba fuera de España, y a veces incluso cuando estaba fuera de Madrid, incluía bajo su nombre la ciudad en la que estaba, por eso sabemos que desde 1929 fue rara la vez que volvió a España, si bien algunos de sus artículos fueron escritos durante lo que se entiende, por su temática, que fueron estancias cortas en España, seguramente en Madrid. En 1934 cesaron sus artículos para La Libertad y su último artículo “El moderno encanto del hogar”, 27 de noviembre de 1934, apareció en una nueva sección de La Libertad dedicada a la “radio por micrófono”. Nuestra periodista y antiguos compañeros como Zulueta, Répide y Lezama escribieron artículos en los inicios de esta nueva sección temática, tal vez para darle publicidad. Desafortunadamente no sabemos si este último artículo se escribió desde Madrid o desde Nueva York, pero después de él ya no encontramos más artículos de Teresa de Escoriaza en las páginas de La Libertad, aunque sabemos que continuó colaborando con Mundo Gráfico algunos años más. 32 Escoriaza, Teresa de, “Notas neoyorquinas. Al Capone condenado”, La Libertad, Madrid, 17-1931, pág. 1. 22 4.1.2. Impacto periodístico La labor periodística de Teresa de Escoriaza tuvo una gran relevancia, pero no solo a nivel literario, sino también a nivel social. A lo largo de su trayectoria en La Libertad, Escoriaza escribió crónicas de diversa índole: “Desde Nueva York, Femeninas, Del dolor de la guerra, Notas Neoyorquinas, Apuntes neoyorquinos, Postales desde Italia…”. Pero también encontramos numerosos actos y proyectos en los que la periodista participó y que le granjearon el cariño y la admiración de sus lectores. Por ejemplo, en una ocasión la periodista atendió la súplica de una madre cuyo hijo también se encontraba en Melilla para comprobar que se encontraba bien33. Desde este momento comenzó a ganarse el afecto del público, al tiempo que su relación con las tropas destacadas en África se extendió más allá de la publicación de sus crónicas bélicas, pues en 1922 se encargó de que los soldados recibieran libros, a fin de aliviar durante unas horas la realidad de la guerra. Esta fue una de sus múltiples iniciativas, pues Escoriaza escribió a imprentas, autores, etc. para que hicieran donaciones34. Otro ejemplo de su relevancia lo ofreció un lector que escribió una carta a La Libertad lamentándose de que justo ese día no había encontrado el artículo de Escoriaza y aprovechaba para preguntar por su aspecto, pues estaban en juego las 25 pesetas que había apostado con un amigo: “Se trata de ¿cómo es Teresa de Escoriaza? Yo opino que esta señora es de alguna edad, de aspecto serio, y en el físico algo así parecido al fotograbado que aparece en el artículo 'Mujeres célebres' con el nombre de María Rita. Mi rival en la apuesta dice ser, más optimista que yo respecto a su ilustre colaboradora, la que se imagina alta, tipo aristocrático, morena, ojos grandes, azules, pelo muy abundante, color castaño, ondulado y partido con raya al centro, cayéndole largas patillas en desorden sobre diminutas orejas, en las que no acostumbra a poner adornos, y de veinte a veinticuatro años. 33 Escoriaza, Teresa de, “Angustia maternal”, La Libertad, Madrid, 15-9-1921, pág. 1. 34 Anónimo, “Libros para los soldados de África”, La Libertad, Madrid, 1-11-1922, pág. 2 y Anónimo, “Libros para los soldados de África”, La Libertad, Madrid, 3-11-1922, pág. 2. 23 Como ve, señor director, la apuesta es tonta, pero curiosa, y por ello van 25 pesetas”.35 A lo que le respondieron desde la redacción de La Libertad: “Teresa de Escoriaza es muy joven y muy bella. Alta, delgada, blanca y rubia. Y tan distinguida y elegante como inteligente, que ya es decir. A estas cualidades físicas une otras morales igualmente preciosas. Es de una bondad y una delicadeza extremadas, y de una energía y un valor a toda prueba, que han causado en Melilla la admiración de soldados tan aguerridos como Cabanellas, Gonzalo Tablas, Millán Astray, etc., quienes la han visto permanecer en la línea de fuego sin que palideciesen sus mejillas ni se borrase la sonrisa de sus labios”36. Además el interés personal de los lectores, algunos de ellos se vieron beneficiados por las influencias de Escoriaza, tal y como se anotaba en 1924: “La bellísima y conmovedora crónica de Teresa de Escoriaza, publicada en nuestro número del domingo, ha conseguido hacer vibrar las generosas fibras de nuestros lectores, y a las pocas horas de llegar al público '¿Equivocación fatal?', una señora remitió 25 pesetas para Carmen Atienza, y otro suscriptor nos encargaba que ofreciésemos a tan desdichada mujer su casa y su mesa mientras encuentra una colocación que resuelva su vida”37. Con su crónica “Reos de muerte”38 Teresa de Escoriaza se ganó a los carteros madrileños, pues en ella denunció las duras condiciones laborales de los carteros: “Porque ¿hay algo más apremiante, más imperioso, que la necesidad de ahorrar a los carteros el esfuerzo físico y totalmente inútil que supone el subir cuatro, 35 Anónimo, “Carta y respuesta. La señorita Teresa de Escoriaza”, La Libertad, Madrid, 18-91921, pág. 3. 36 Ibidem. 37 Anónimo, “Iniciativa secundada. En favor de Carmen Atienza”, La Libertad, Madrid, 10-61924, pág. 6. 38 Escoriaza, Teresa de, “Reos de muerte”, La Libertad, Madrid, 9-6-1923, pág. 1. 24 cinco, seis y hasta siete pisos de unas cuarenta casas, o sea alrededor de seis mil escalones diarios, para entregar unas cartas, esfuerzo que, por repetirse tantas y tantas veces al día, agota y mata? […] no vayáis a creer, como algunos ingenuos, que los cinco céntimos que por cada carta les entregáis es para su bolsillo. ¡No! Esa perra chica va al saco, sin fondo, del Estado, de donde, en cambio, no puede salir ni una jubilación para los carteros ni una pensión para sus viudas… Es más: el acuerdo tomado en el último Congreso Postal de darles el uniforme no ha sido cumplido todavía, aunque, eso sí, sin él no les es permitido prestar servicio. En cambio, si son ellos los que no cumplen con su deber, el rigor es implacable. Un retraso de cinco minutos es una multa que se les impone, multa que no suele estar precisamente en proporción al jornal que perciben”. Finalmente, se consiguió mejorar esas condiciones: “subida de la correspondencia a los pisos; tormento aniquilador del que los carteros están dispensados actualmente”, y, como agradecimiento, los distintos encargados y jefes de los carteros le enviaron diversos regalos, entre ellos ramos de flores39 y, años después, una estilográfica serigrafiada en un banquete organizado en su honor40. Precisamente Teresa de Escoriaza perdió esa estilográfica a la que tenía gran cariño, hecho que fue anunciado en La Libertad41, “y antes del mediodía tenia Teresa la pluma en la portería de su casa”42. Por otra parte, hemos encontrado entre las páginas de La Libertad, un incidente que tuvo la periodista con un guardia: Escoriaza se cruzó con un guardia a caballo y, por la información recogida, se deduce que tuvo que apartarse bruscamente para evitar el choque, por lo que la periodista increpó al guardia sin que este le hiciera el menor caso. Sin embargo: “[…] otro de a pie se creyó en el caso de amonestar y abrumar con su conversación a la ilustre escritora, que advirtió al guardia predicador que nada le 39 Anónimo, “La gratitud de los carteros”, La Libertad, Madrid, 22-6-1923, pág.4. 40 Anónimo, “Inauguración de una biblioteca. Homenaje de los carteros a Teresa de Escoriaza”, La Libertad, Madrid, 15-5-1926, pág. 5. 41Anónimo, “La estilográfica de Teresa de Escoriaza”, La Libertad, Madrid, 3-3-1929, pág. 4. 42 Anónimo, “Panoramas. La pluma de Teresa”, La Libertad, Madrid, 6-3-1929, pág. 4. 31 que abandono mi propaganda y que en mi campaña retrocedo […] se equivocan los que se proponen fundar un Club de mujeres […] El Club separa al hombre del hogar […] El compañerismo de los sexos allí se rompe […] En el Club los lazos familiares se aflojan, se desanudan y el principio de solidaridad humana sucumbe” Así, Escoriaza manifestaba que su desacuerdo con la creación del Lyceum Club se debía a que, dentro de su propio feminismo, consideraba que la mujer no debía imitar al hombre, y menos en algo tan perjudicial como un club, pues para nuestra periodista los clubes alejaban al hombre del hogar y de la mujer, y por ello, si de repente las féminas también acudían a los clubes “el hogar quedaría abandonado”. El Lyceum se creó, según sus socias iniciales, a imagen de los clubes de otros países donde la situación de la mujer y el feminismo habían tenido un recorrido más largo, sin embargo Escoriaza recordó que en esos países, “Asociaciones de determinados caracteres, y las Agrupaciones de recreo a las que asisten mujeres, no son de mujeres solo, sino de familias”, agregando que si se creaba dicho club sería “para risa del Mundo entero”. Para comprobar del todo el pensamiento de la periodista recurriremos a otro artículo, publicado un año antes, “Crónica. Un límite de mi feminismo”69 publicado 16 de agosto de 1925: “He aquí la hazaña de una mujer que me permite fijar mi posición, rechazando las recriminaciones que constantemente se me hacen de profesar un feminismo extremado. '¿Pero es que a usted—llegó a preguntarme alguno—le parece bien lodo cuanto hacen las mujeres invadiendo los campos de actividad generalmente reservados a los hombres?' Pues bien, no; ahora puedo decir que no, demostrando a mis detractores que en el feminismo que profeso existen límites [...] Uno de cuyos límites está en considerar que las mujeres debemos dejar lo que es absurdo, lo que es insensato, lo que es a un tiempo fatigoso e inútil. Como esa estúpida y atormentada travesía del Canal de la Mancha a nado, para que lo 69 Escoriaza, Teresa de, “Crónica. Un límite de mi feminismo”, La Libertad, Madrid, 16-8-1925, pág. 1. 32 hagan los hombres, si quieren. Así, precisamente así, es como las mujeres podemos demostrar que somos superiores a los hombres”. Como vemos, Teresa de Escoriaza abogaba por la igualdad de los sexos, pero, sin embargo, consideraba que la mujer debía luchar por sus derechos demostrando su propia fuerza, y no imitando a los hombres, igualándose a ellos, pero no actuando como tales. Volviendo al artículo “El verdadero club de las mujeres” 70, Escoriaza pensaba que “El Club de las mujeres no puede existir, no debe existir”, y que la tarea de la mujer era: “procurar por todos los medios que se cierren los Clubs donde los hombres pierden tan lastimosamente el tiempo que deben dedicar a acompañar a sus esposas y a educar a sus hijas […] los Clubs de mujeres que hacen falta, y que son los domicilios familiares”. En otro artículo publicado el 14 de enero de 192771, prácticamente un año después del primero, Teresa de Escoriaza volvía a cargar contra el Lyceum Club. Su texto procedía del hecho de que en las páginas de La Libertad se instó a las fundadoras de la asociación femenina a contestar a las siguientes preguntas: “Primera. ¿Por qué ha nacido el 'Lyceum Club Femenino Español', y qué cree usted que representa hoy en la cultura de España? Segunda. ¿Qué cree usted que el Club puede llegar a ser en el porvenir”72. Según Aguilera Escoriaza hizo mucho hincapié en que la presidenta, María de Maeztu no contestase a dicha encuesta73. 70 Escoriaza, Teresa de, “Crónica. El verdadero club…”, art. cit., pág. 1 71 Escoriaza, Teresa de, “Crónica. ¡Abajo todos los clubs!”, La Libertad, Madrid, 14-1-1927, pág. 1. 72 Anónimo, “Las fundadoras del Lyceum Club Femenino Español”, La Libertad, Madrid, 2711-1926, pág. 5. 73 Aguilera, Juan, art. cit., pág. 76. 33 En este segundo artículo nuestra periodista decía haber visitado el Lyceum Club y comparaba la sala de té con la del Y.W.C.A74: “[…] la coqueta sala de té, donde se nos sirvieron las más exquisitas 'delicacies'[sic.], y que, por una asociación de ideas, nos hizo pensar en los sencillos comedores de la 'Y. W. C. A. ', de Nueva York, que sirven sanas y abundantes comidas, a precios económicos, para las oficinistas empleadas, estudiantas y demás mujeres que trabajan”75. Criticaba que fuese un “centro de esparcimiento” y consideraba que mientras “en España no existan todas esas otras asociaciones feministas que protegían y ayudaban a la mujer en todos los aspectos de su obra de emancipación no debiera haberse pensado en fundar un Club de esta índole”. Como vemos, para Teresa de Escoriaza el Lyceum no cumplía una tarea propiamente feminista en el sentido de ayudar a la mujer a valerse por sí misma, sino que solo ofrecía un lugar de divertimento social. Para Escoriaza, en las grandes ciudades este tipo de clubes tenían sentido porque las distancias no permitían a las mujeres volver a casa, y así disponían de un lugar donde “comer, descansar y esperar” el tren que las llevase a casa. Pero ello no hacía falta en Madrid, y criticaba que en el Lyceum únicamente se jugase a “bridge y mahjong”, así como cerrar a las nueve con la excusa de que “después de esas hora nada tienen que hacer las mujeres apartadas de su familia”. Terminaba este artículo reiterando su opinión de que los clubes separaban al hombre y la mujer y que el feminismo tenía como finalidad el “acercamiento” entre ambos sexos. Como vemos, las ideas feministas de Escoriaza son de plena actualidad, pues ella abogaba por la igualdad de sexos y no por que la mujer imitase al hombre en la 74 Y.W.C.A. siglas de la Young Women´s Christian Association una asociación cristiana fundada en 1858 que lucha, entre otras cosas, por los derechos de la mujer. En su web (http://www.ywca.org) se autodefinen como: “[…] La voz de todas las mujeres. Durante más de 150 años, la YWCA ha hablado y actuado en nombre de las mujeres y las niñas. La YWCA está dedicada a eliminar el racismo, el empoderamiento de las mujeres y promover la paz, la justicia, la libertad y la dignidad para todos”. 75 Escoriaza, Teresa de, “Crónica. ¡Abajo todos…”, art. cit., pág. 1. 34 educación, el trabajo, el ocio… sino que su ideal era que el hombre y la mujer tuviesen los mismos derechos y trabajasen juntos tanto fuera como dentro del hogar. 6. La primera corresponsal de guerra ¿Carmen de Burgos o Teresa de Escoriaza? Teresa de Escoriaza no fue la única mujer que escribió sobre la Guerra de Marruecos, hubo otras mujeres que estuvieron allí y que escribieron sobre el conflicto bélico: Carmen de Burgos Colombine, Consuelo González Ramos y Margarita Ruiz de Lihori. Estas mujeres estuvieron en Melilla en distintos momentos de la contienda y dejaron constancia de sus vivencias. Carmen de Burgos, quien publicaba bajo el seudónimo de Colombine aunque su identidad era conocida, fue comúnmente destacada como la primera mujer corresponsal de guerra y es muy conocida en la actualidad, ya que desde la década de los 90 se recuperó y estudió su figura. Maestra, periodista, escritora y defensora de los derechos de la mujer, dice de ella Marín: “[…] maestra de primera y segunda enseñanzas, así como de publicista, escritora de ficción, periodista y figura relevante de los círculos intelectuales de su época, en los que destacó asimismo como defensora de los derechos de las mujeres, en especial el relativo al divorcio matrimonial”76. Mientras que Concepción Núñez afirma: “Pronunció conferencias desde tribunas muy prestigiosas, como el Museo del Louvre, la Sorbona, y otras universidades de Europa y América. Fue miembro de diversas organizaciones culturales españolas y extranjeras […] Llegó a presidir organizaciones feministas […] exigir el voto femenino a las puertas del Congreso. Recorrió a lo largo de su vida toda Europa y varios países de 76 Marín, Manuela, “Colonialismo, género y periodismo. Cuatro mujeres españolas en las guerras con Marruecos (1909-1927): Carmen de Burgos, Consuelo González Ramos, Teresa Escoriaza y Margarita Ruiz de Lihory”, Clepsydra, 12 (2013), pág. 13. 35 América, estableciendo vínculos con personalidades y organizaciones, entrevistando a gobernantes, escritores y artistas […] fue mencionada para la Real Academia Española, e ingresó como miembro de la selectísima Sociedad Económica Matritense de Amigos del País”77. Carmen de Burgos se llamaba a sí misma “la primera corresponsal de guerra”: “Me prometen un sobresueldo, gastos pagados y la edición de un libro con mis mejores crónicas. Sería la primera mujer corresponsal de guerra…”78. Cuando estalló la guerra de Melilla en 1909, acudió acompañada de su hermana Catalina a las zonas de Málaga y Almería para enviar desde allí noticias al Heraldo de Madrid sobre las asambleas locales de la Cruz Roja. Según Concepción Núñez, Colombine escribía con excesiva objetividad: “no comenta, no analiza, solo aplica una lente fotográfica”79 y añade que esto se debió a la censura militar. Según Concepción Núñez, inicialmente Colombine no tenía que haber ido a Melilla, sino que lo hizo para poder estar más cerca del escenario bélico y para evitar la censura: “[…] Carmen no salió de Madrid con el plan de llegar a Melilla. Quiso dirigirse inicialmente a Málaga porque allí llegaba y se concentraba la información, pero en la ciudad se fue fraguando el deseo de acercarse al escenario de los hechos. […] era el modo eficaz de vencer la censura militar”80. Sin embargo, Manuela Marín indica que efectivamente fue enviada por El Heraldo, pero que en El Telegrama del Rif se informaba que: 77 Núñez, Concepción, “La escritora y periodista Carmen de Burgos corresponsal en la guerra de España y Marruecos (1909)” Candil: Revista del Hispanismo Egipto, 12 (2012), pág. 46. 78 Utrera, Federico, Memorias de Colombine, la primera periodista, Madrid, HMR, 1998, pág. 163. 79 Núñez, Concepción, Carmen de Burgos. Colombine, Sevilla, Fundación Jose Manuel Lara, 2005, pág. 242. 80 Ibidem, pág. 244. 36 “especificándose que había recibido del periódico 'el importante encargo de estar al lado de la Cruz Roja de Melilla, dar cuenta de sus trabajos e informar a los lectores de aquel diario de cuanto a heridos o enfermos se refiera, proporcionando así datos al 'Heraldo' para contestar a las peticiones de noticias que recibe”81. Lo que es seguro es que la periodista se embarcó hacia Melilla en compañía de su hermana Catalina, y una vez allí escribió diversas crónicas y las envió al Heraldo de Madrid, artículos que son, según Manuela Marín: “un breve conjunto de textos, en los que Colombine pretende enviar a sus lectores tanto la descripción de sus vivencias en Melilla y sus más cercanos alrededores como una serie de mensajes de alto valor patriótico y de apoyo a la empresa militar hispana”82. Carmen de Burgos se encargó de visitar los hospitales y hablar con los heridos, visitar los campamentos, los batallones, y zonas cercanas a Melilla; también envió información sobre los combatientes a los familiares que lo solicitan, lo que Concepción Núñez definía como “labor humanitaria”83. Por otra parte, la escritora Consuelo González Ramos escribió bajo los seudónimos Celsia Regis o Doñeva de Campos y trabajó como enfermera voluntaria en Melilla en 1911 y 1912, durante la guerra de Marruecos, concretamente durante la denominada Campaña del Kert. Además, fue la primera colaboradora del Telegrama del Rif, y sus artículos llevaban por título “Retrato del hospital de Docker”, y en ellos narraba su experiencia como enfermera entre los médicos y enfermeras del hospital. Fruto de estos artículos publicó el libro La mujer española en la campaña del Kert84. 81 Marín, Manuela, art. cit., pág. 15. 82 Ibidem. 83 Núñez, Concepción, Carmen de Burgos…, op. cit., pág. 246. 84 Marín, Manuela, art. cit., pág. 23. 37 Por su parte, Margarita Ruiz de Lihory desarrolló una gran actividad “como periodista, como pintora, como abanderada de los derechos de las mujeres y como aventurera”85, pero destacan sus artículos como corresponsal de guerra en La Correspondencia de España, “cuyos envíos proceden indudablemente de estancias en Marruecos, aunque puede que algunos fueran escritos con posterioridad a su vuelta”86. Sobre la primacía periodística de Carmen de Burgos y Teresa de Escoriaza intentaremos discernir cuál de estas dos mujeres fue la primera corresponsal de guerra, ya que Consuelo González Ramos ejerció como voluntaria y sus artículos hablaban sobre su experiencia en el hospital y Margarita Ruiz de Lihory fue posterior a todas ellas. Además, la labor periodística de Consuelo González Ramos y Margarita Ruiz de Lihory fue un complemento a otras actividades principales, sin que por ello sus artículos dejen de ofrecer una valiosa información histórica. La crítica filológica considera a Carmen de Burgos, Colombine, la primera corresponsal de guerra femenina, como son los casos de Concepción Núñez y Federico Utrera, e incluso este último la eleva al puesto de primera periodista, como bien se indica en el título de su libro Memorias de Colombine, la primera periodista. Sin embargo no todos los investigadores tienen esta opinión, tanto Marta Palenque como Manuela Marín defienden que la auténtica primera corresponsal de guerra de sexo femenino fue Teresa de Escoriaza. Para Manuela Marín, las crónicas que escribió Colombine tienen menor importancia que las de sus compañeros y las diferencias temáticas son demasiado grandes: “Colombine está claramente situada en la retaguardia civil melillense, y dedica su atención a cuestiones que hoy día enriquecen nuestra visión del conflicto, pero que en su momento podían considerarse como marginales a su narrativa principal. Y no es que no hiciera lo posible por acercarse a la escena bélica”87. 85 Ibidem, pág. 32. 86 Ibidem, pág. 33. 87 Marín, Manuela, art. cit., pág. 15. 38 Esta última frase hace referencia a un momento en que, sin preverlo, Colombine y sus acompañantes fueron sorprendidos por un ataque y ordenaron a la periodista que se retirase; ese intento de mantenerla apartada del campo de batalla, permitiéndole el acceso solo a zonas seguras es criticado por Manuela Marín en su trabajo citado. Pero Teresa de Escoriaza tampoco estaba habitualmente en la zona de guerra, si bien asistió a varias escaramuzas, visitó los campamentos y zonas reconquistadas, como Nador, y lo habitual era que la llevasen a zonas relativamente seguras. Es cierto que, según sabemos por sus crónicas y por lo que sus compañeros decían de ella, esta mujer recibió una regañina del propio Millán Astray por asomar la cabeza por encima de un parapeto, arriesgándose a recibir un disparo88. Este detalle implicaría que a Escoriaza se le permitió un mayor acercamiento a las zonas conflictivas, pero este hecho no tiene por qué ser tan significativo, ni tiene que suponer que nuestra periodista fuese llevada a una zona de guerra activa, pues podía ocurrir un conflicto inesperado como en el caso de Colombine. Dice Manuela Marín: “[…] estamos ante una reproducción del esquema ya visto en el caso de Carmen de Burgos: a Escoriaza, a diferencia de lo que se esperaba de sus colegas masculinos, se le concede un ámbito específico de actuación, alejado de las peligrosas (para las mujeres) áreas de conflicto bélico y limitado al 'estudio' de los hospitales y el dolor de la guerra, en donde el sentimiento prevalece sobre el riesgo heroico, propio de la actuación masculina. En parte es así, indudablemente; pero Teresa de Escoriaza consiguió eludir muchos de los riesgos que le ofrecía este encargo periodístico tan claramente marcado por la ideología de género vigente en su época y que aún hoy se sigue manteniendo en muchos aspectos”89. Como vemos, la crítica usa estas palabras para elevar a Escoriaza al puesto de primera corresponsal de guerra atribuyéndole el logro de traspasar la línea que le habían trazado. Sin embargo, creemos que ambas mujeres rompieron muchas de las barreras 88 Escoriaza, Teresa de, “Del dolor de la guerra. Alegría trágica”, La Libertad, Madrid, 11-91921, pág. 1. 89 Marín, Manuela, art. cit., págs. 27-28. 39 que les impusieron y ninguna se limitó a hacer aquello que se les había mandado oficialmente. Recordemos que Carmen de Burgos no fue enviada directamente a Melilla, sino que una vez en Málaga y en Almería decidió acercarse más al conflicto. Además, los años que pasaron entre la ida de Colombine a Melilla y la de Teresa de Escoriaza, aunque pocos, pudieron suponer diferencias pequeñas, pero fundamentales, en la forma en que una mujer fuese aceptada como corresponsal de guerra, e incluso es posible que las barreras que rompió Carmen de Burgos permitiesen a Teresa de Escoriaza más libertad a la hora de ejercer su labor periodística. Por otro lado, la Dra. Palenque señala: “Las crónicas que Colombine envía al Heraldo de Madrid son episodios de un relato corto que luego vería la luz en El Cuento Semanal (En la guerra. Episodios de Melilla, núm. 148, 29 octubre 1909). Escoriaza, sin embargo, escribe una colección de crónicas informativas y sigue el estilo del nuevo género periodístico. […] No va a África a cuidar enfermos, sino a informar”90. Teresa de Escoriaza fue enviada por la redacción de La Libertad, junto con algunos compañeros, para, según dice Palenque, informar de la guerra, sin embargo en el diario dicen que “estudiará en los hospitales de sangre el dolor de la guerra”91. Así que o bien fuese una forma de encubrir el verdadero motivo o bien Escoriaza se excediese en lo solicitado. Y la realidad es que en ningún momento se dice que vaya informar de la guerra como tal, de forma que las palabras de La Libertad y El Heraldo de Madrid cuando anuncian que van a mandar reporteras al frente, son muy semejantes. A ambas les publicaron un libro con sus crónicas y en ambos aparece una foto de ellas, pero aun así Manuela Marín insiste: “[…] la fotografía de Burgos en la edición de El Cuento Semanal la muestra ataviada a usanza 'mora' y ocultando parte de su rostro, en lo que es una representación mimética del estereotipo de mujer oriental. En cambio, la portada de la obra de Escoriaza, de gran impacto visual, sitúa a la autora en un primer 90 Palenque, Marta, art. cit., pág. 368. 91 Ibidem. 40 plano, montada a caballo y tocada con un salacot; al fondo, se ven tropas que avanzan con cañones”92. Es cierto que hay diferencia entre ambas fotos, sin embargo esa no parece ser una razón suficiente ¿no podría deberse esto a una sencilla diferencia de estilos?, ¿no podría Teresa de Escoriaza mostrarse a plena vista y en situación bélica porque Carmen de Burgos había allanado el camino? Además, aunque no podamos detenernos aquí a examinar todos los artículos de Carmen de Burgos, de los textos revisados se desprende que esta periodista escribió sobre temas muy similares a los de Escoriaza. Colombine, igual que Escoriaza, se preocupó por los soldados y por sus familias e intentó informar de ello. Las diferencias entre los artículos podrían deberse a una diferencia de estilos, en el cual Escoriaza sería más expresiva y estaría más inclinado a dar su opinión, aunque nosotros creemos que se debió a un intento de Carmen de Burgos por eludir la censura, pues como anota Concepción Núñez: “pero, contra su costumbre, no comenta, no analiza, solo aplica una lente fotográfica. Hasta el día 11 no sabemos la causa: la prensa ha sido sometida a la censura militar”93. Como vemos, las diferencias entre ambas periodistas no son suficientes como para determinar que Teresa de Escoriaza fuese la primera corresponsal de guerra y no Carmen de Burgos. Es más, los datos aportados por la crítica no hacen sino reforzar la postura que sitúa a Carmen de Burgos en dicho puesto, ya que sus actos habrían ampliado los límites que ella tuvo, permitiendo a Escoriaza una mayor libertad periodística. 92 Ibidem, pág. 28. 93 Núñez, Concepción, “La escritora y periodista Carmen de Burgos…”, art. cit., pág. 48. 47 7.3. La mirada de Escoriaza Debido a la profusa información periodística existente sobre la Guerra de Melilla durante el periodo en que estuvo Escoriaza en Melilla, hemos optado por comprobar los ejemplares del periódico melillense Telegrama del Rif, utilizándolo como base y guía para observar si otros periódicos se hacían eco de las mismas noticias e incluso, de la misma forma que Teresa de Escoriaza lo narró. Sin embargo, desafortunadamente, poca información hemos encontrado al respecto, sobre todo porque los textos de Escoriaza solían ser historias personales, de gente a la que conocía en los campamentos o en Melilla. El resto de periodistas solían escribir sobre hechos más generales, mientras que Teresa de Escoriaza se centraba más en las pequeñas historias. Teresa de Escoriaza viajó en tren desde Madrid a Málaga donde embarcó con rumbo a Melilla, junto a Eduardo Ortega y Gasset y el director de La Libertad, Luis de Oteyza, y según una publicación de La Libertad109, los enviados de la redacción salieron de Madrid el 27 de agosto. Además, el periódico madrileño se hizo eco de la noticia señalando que Escoriaza “estudiará en los hospitales de sangre el dolor de la guerra”110, por lo que resulta evidente que enviaron a Teresa de Escoriaza con el propósito de escribir una serie de crónicas. La primera crónica de “Del dolor de la guerra” que se publicó llevaba por título “Plaza sitiada”, está fechada el 31 de agosto de 1921 y se publicó unos días más tarde, el 3 de septiembre, por lo que la inmediatez de la publicación tras su llegada nos indica el celo profesional de Escoriaza. En el Telegrama del Rif se anunciaba también de la llegada de Luis de Oteyza111, aunque nos sorprende que no haya ninguna mención a la llegada de una mujer periodista, Escoriaza, al sitio de Melilla. 109 Anónimo, “La Libertad en…”, art. cit., pág. 3. 110 Ibidem. 111 Anónimo, “Varias noticias”, El Telegrama del Rif, Melilla, 1-9-1921, pág. 2. 48 “Del dolor de la guerra. Plaza sitiada”112 En “Plaza sitiada” publicado el 3 de septiembre de 1921, comparaba la ciudad de Melilla con cualquier ciudad andaluza “por su estructura de casas blanquecinas, con sus terrazas floridas y patios refrescantes; por su ambiente meridional, que predispone al ensueño y a la alegría”. Sin embargo, se sorprendía al ver que sus habitantes tenían los semblantes serios y comenta que se respiraba la angustia en el aire. También quedó impresionada por el ruido de los disparos de cañones y ametralladoras, al que se acabó acostumbrando como diría posteriormente en “El camión de los muertos”113, debido a que, la noche en que llegó a Melilla, el barrio del Real fue atacado por los rifeños, información que encontramos en otros periódicos como La Época114. El título del artículo debe su razón a que, siendo Melilla un centro de operaciones militares, ella la percibía como una plaza sitiada. De hecho, muchos la llamaban La Plaza, tal vez por tener esa misma connotación bélica: “Claro está que la concepción de la vida la entienden de modo muy opuesto el militar que se dispone a salir al combate y el que regresa de la lucha. Para el primero, vivir es pelear, vencer; para el segundo, descansar de las penalidades y privaciones, regalando el cuerpo y el alma. Pero ambos estados de ánimo debieran comunicar a la población una agitación inusitada, una animación extraordinaria, y, sin embargo, ocurre, como ya hemos dicho, todo lo contrario. Porque es que, hoy por hoy, Melilla, más que una plaza centro de operaciones, es una plaza sitiada. Y así reviste el aspecto sombrío de tal”. Escoriaza se sentía encerrada, atrapada: la falta de movimiento le resultaba agobiante y la rodeaba una “atmósfera de amargura”: 112 Escoriaza, “Del dolor de la guerra. Plaza…”, art. cit., pág. 1. 113 Escoriaza, Teresa de, “Del dolor de la guerra. El camión de los muertos”, La Libertad, Madrid, 21-9-1921, pág. 1. 114 Anónimo, “En Melilla: un ataque al blocao de la Mezquita. Tiroteo del barrio del Real. La posición queda ocupada y reforzada por nuestras tropas”, La Época, Madrid, 1-9-1921, pág. 2. 49 “Aunque la entrada por el mar está franca y al puerto acuden todos los días barcos con viajeros, con víveres, con noticias que nos ponen en constante comunicación con el resto del mundo, se nota, sin embargo, que estamos encerrados […] Estamos en una plaza sitiada, puesto que no se puede trasladar a otras posiciones, ni siquiera salir al campo”. Es comprensible la ansiedad que sentía la periodista al verse “atrapada” en la ciudad: Melilla era una ciudad pequeña, rodeada por mar de un lado y vallas del otro, por lo que para muchas personas esa sensación de opresión y de falta de movimiento debía ser patente incluso en tiempos de paz. Cabe preguntarnos si habría sentido la misma sensación de no haber estado la ciudad en guerra. En este caso queda patente que se mezcla el peligro de la guerra con la posición de la ciudad, ya que en un territorio más extenso habría posibilidad de trasladarse a otra zona. Sin embargo, durante la Guerra con Marruecos, Melilla estaba rodeada de ciudades árabes, con lo que su única conexión con zonas francas, para recibir tropas de refresco, provisiones, materiales y noticias era el mar. “Del dolor de la guerra. La esposa del cautivo”115 En “La esposa del cautivo”, publicada el 4 de septiembre de 1921, la autora entrevistaba una mujer que acompañó a su esposo a Melilla para no separarse durante el tiempo que él estuviese de servicio. Sin embargo el marido, un capitán, cayó preso del enemigo y fue llevado a Alhucemas. La esposa, visiblemente afectada, creía que su marido estaba siendo torturado y maltratado: “Si estuviese herido, yo podría seguir a su lado las fases de su dolencia, cuidarle, ampararle. Y hasta si hubiese muerto, sabría que, al fin, dejó de sufrir, y me moriría yo también. Pero, prisionero… ¡Ni morirme puedo, esperando que vuelva! Y además, saber que sufre sin cesar, saber que está atormentado, martirizado… Es un horror, un horror”. 115 Escoriaza, Teresa de, “Del dolor de la guerra. La esposa del cautivo”, La Libertad, Madrid, 4-9-1921, pág. 2. 50 A pesar de los intentos de Escoriaza por calmar su miedo: “Indico que, según noticias creíbles, los prisioneros son tratados bien… Aludo a las gestiones de rescate que se hacen seguramente… Nada sirve de alivio al enorme dolor. -¿Bien tratados los prisioneros?... José María no lo estará. Es incapaz de doblegarse al cautiverio”. Aunque la toma de prisioneros era algo habitual en tiempos de guerra, esta era una situación difícil para los familiares, por lo que Teresa de Escoriaza hacía partícipe de esa angustia a toda la sociedad madrileña. En El Telegrama del Rif hemos hallado diversas referencias a la liberación de presos por parte de los rifeños, aunque casi siempre se trataba de civiles. La búsqueda de referencias sobre el destino de este capitán ha sido infructuosa, ya que únicamente contábamos con el rango y el nombre de pila y Teresa de Escoriaza no lo vuelve a mencionar en ninguna de sus crónicas, por lo que, o bien no tuvo noticia o bien respetó la privacidad de la familia. “Del dolor de la guerra. La tragedia de los Regulares”116 En “La tragedia de los Regulares”, publicado el 7 de septiembre de 1921, se nos presentaba a los Regulares, una fuerza militar española creada durante la guerra en África, por rifeños, y organizada en batallones llamados tabores. Estas fuerzas, al estar compuestas por rifeños, se enfrentaban a personas pertenecientes al mismo país, a veces contra sus propios familiares o conocidos: “¿Comprendéis así lo tremendo de la lucha interior que han de librar cada día antes de salir a luchar en el campo? De un lado les paralizan todos los sentimientos más arraigados, y de otro les arrastran a la disciplina y el deber. Y al cabo van a batirse”. 116 Escoriaza, Teresa de, “Del dolor de la guerra. La tragedia de los Regulares”, La Libertad, Madrid, 7-9-1921, pág. 1. 51 En este caso se trataba de un soldado rifeño, cuya familia luchaba en el bando contrario, y de ahí que su madre acudiese al campamento para solicitar que lo dejasen marchar: “El marido y los otros hijos luchaban contra España, y ella en su instinto, comprendía que un hombre no puede pelear frente a su padre y sus hermanos. Pidió aquel soldado, español de adopción, pero rifeño de naturaleza”. Sin embargo, el soldado no quiso abandonar su puesto, ni siquiera cuando sus superiores se lo aconsejaron, ya que su madre había incluso liberado a un soldado preso, para intercambiarlo, en la creencia de que su hijo estaba siendo retenido. Ni aun así el soldado accedió a abandonar su regimiento. Escoriaza informaba en su crónica de que los Regulares no sufrieron ninguna deserción, lo cual resultaba admirable sabiendo que luchaban contra su propia gente: “En los tabores de Regulares no ha habido una sola deserción. Pero ya habéis visto en qué condiciones se encuentran cuando van a batirse. Y habréis comprendido todo el esfuerzo que en su arranque han de poner. Así, luego pelean, admirando por su denuedo”. Este sí que fue un hecho comentado por la prensa, pues según El Telegrama del Rif en un pequeño apartado: “Una mujer mora se presenta en Melilla y entrega un soldado de Ingenieros a cambio del hijo que en ellas milita. El muchacho se resiste a seguirla y la apenada madre regresa al campo enemigo”117. Parece evidente que se trata del mismo hecho, ya que en ambos la madre del soldado rifeño se presentaba con un soldado de Ingenieros. Un dato interesante que aportaba esta noticia era que esta mujer, tras hacer todo lo posible por recuperar a su hijo se resignó a que él no abandonara el ejército y se trasladó a la zona donde se 117 Lobera, Cándido, “Algunos episodios de la lucha”, El Telegrama del Rif, Melilla, 20-9-1921, pág. 1. Y la misma noticia fue publicada en La libertad: “y ahora, madre y hermana, andan detrás del soldado de Regulares, sin separarse de él”. Anónimo, “Informes de Melilla. La madre de un moro amigo”, La Libertad, Melilla, 23-9-1921, pág. 2. 52 encontraba su hijo: “Las balas la respetaron y también a su hijita. Desde entonces acompañan al askari118, solícitamente atendidas”119. “Del dolor de la guerra. Morituri te salutam”120 En la crónica “Morituri te salutam” publicada el 8 de septiembre de 1921, Escoriaza describió cómo el regimiento de Borbón, un regimiento de Legionarios, partió hacia el conflicto para ayudar al convoy y Escoriaza revelaba impresionada cómo estos jóvenes partían a la guerra entre gritos de júbilo: “Ellos son los que gritan alegremente, al despedirse riendo. ¡Los que van a la línea de fuego! […] No he podido acabar de presenciarlo. Sus animadas voces, sus risas locas y aquellos sombreros agitados alegremente se me han representado como lo que en realidad son: el saludo de los moribundos”. La periodista no podía verlos pasar, sufría por la suerte de estos soldados, ante la insoportable idea de que las personas que conocía, o las que se cruzaba, fuesen a morir: “¿Caerá ahora, en la descarga a que este cañonazo contesta, uno de los que al partir hacia la muerte me saludaba? No puedo dejar de pensar en ellos y me es por eso imposible buscar las palabras y componer las frases que han de formar el artículo de hoy. Sigue el fuego y aun parece que aumenta. ¡Que acabe, que acabe de una vez!” Finalmente prometía a sus lectoras que miraría la lista de bajas por si alguno de los muchachos que la saludaron antes de marchar hubiese caído en el combate. Las menciones al valor de los Legionarios se reiteraban en las crónicas de Escoriaza, así como su modo de enfrentar la muerte, ya fuera riendo o cantando. Parece evidente por las palabras de la periodista que estos Legionarios que iban al combate 118 Soldado. 119 Lobera, Cándido, “Algunos episodios de…”, art. cit., pág. 1 120 Escoriaza, Teresa de, “Del dolor de la guerra. Morituri…”, art. cit., pág. 1. 53 conocían el peligro que corrían, pero aun así eran admirados por su valentía al enfrentar un destino que bien les podía llevar a caer presos, heridos o muertos. No hemos encontrado mención a la partida del regimiento de Borbón en El Telegrama del Rif, lo cual era de esperar ya que Escoriaza narraba aquellas historias en las que sus otros compañeros no se detenían, pero sí hemos encontrado referencias en los días cercanos a la publicación121 por lo que podemos suponer que tras proteger el convoy el regimiento volvía a Melilla y luego volvía a marchar, por lo que Escoriaza los vería en una de esas ocasiones. “Del dolor de la guerra. Pasaje ensangrentado”122 Este fue el único artículo que Escoriaza centró en un hospital. Publicado el 9 de septiembre de 1921, “Pasaje ensangrentado” hacía referencia al barco “Alicante”, un buque de lujo convertido en barco hospital que realizaba los trayectos Melilla-Península para llevar a los heridos de guerra a los hospitales. A Teresa de Escoriaza le permitieron entrar en el “Alicante”, recorrer el barco y charlar con los heridos. Y allí donde ella esperaba encontrar paz y alivio ante la idea de volver a casa, encontró una férrea determinación en los soldados de sanar pronto para volver al campo de batalla. Por lo que en las palabras de Escoriaza apreciamos cierta comprensión hacia sus motivaciones: “Es que buscan la revancha. En todo herido hay un vencido siempre. Esta es la clave del misterio. Aun cuando la jornada en la que recibió la lesión fuese victoriosa, aunque triunfaran sus compañeros con gloria plena, a él lo vencieron. Lo cree; más que lo cree él lo siente así. A él lo han pegado, y quiere, pegando, desquitarse”. 121 Anónimo, “Convoy a la posición de Casabona”, El Telegrama del Rif, Melilla, 1-9-1921, pág. 1 y Anónimo, “Convoyes en la zona de Beni Sicar: la columna Sanjurjo”, El Telegrama del Rif, Melilla, 6-9-1921, pág. 1. 122 Escoriaza, Teresa de, “Del dolor de la guerra. Pasaje ensangrentado”, La Libertad, Madrid, 9-9-1921, pág. 1. 54 Pero no solo había heridos en el “Alicante”, pues también halló soldados que según Escoriaza: “Son prisioneros rescatados que enloquecieron en el cautiverio y que han devuelto los moros por ese respeto que sienten los hijos de Mahoma hacia la locura”. Era de esperar que otros periódicos hablasen sobre este barco hospital, ya que continuamente realizaba trayectos entre Melilla y la Península llevando enfermos. En El Telegrama del Rif eran habituales las menciones a sus partidas y llegadas, si bien no se detenían en quienes había allí dentro ni tampoco se entrevistaba a sus ocupantes. “Del dolor de la guerra. El amigo que cae”123 En “El amigo que cae”, publicado el 10 de septiembre de 1921, trató un tema ya antiguo, el de los hermanos de armas. Describió ese sentimiento que surgía entre los que luchaban juntos de forma que se preocupaban los unos por los otros, enlazando una amistad forjada en el calor de la batalla: “Todos estos hombres que aquí están unidos en el solo sentimiento del honor de la misma bandera y en la única acción de pelear por la propia patria, son camaradas, son hermanos”. Se trataba de una sensación que “El Ejército entero las sufre, del soldado al general […] Y cuando cualquiera de esos va en la columna donde hubo bajas, se corre a informarse de si 'le tocó la china', y se respira ampliamente al saber que no ha muerto, ni siquiera está herido. Si, por el contrario, 'la china le tocó', se siente el dolor de la lesión, y la pena de la muerte más, mucho más que la de los otros pobres heridos, que la de los otros desdichados difuntos”. La unión de Teresa de Escoriaza con esos heridos le provocaba esos mismos sentimientos: “[…] siento mi corazón vibrar al ritmo del suyo y mi espíritu unirse con su espíritu; yo sé de las inquietudes y de las penas que estoy describiendo, porque las sufro” 123 Escoriaza, Teresa de, “Del dolor de la guerra. El amigo que cae”, La Libertad, Madrid, 10-91921, pág. 1. 55 Tal vez podamos pensar en esta ocasión que Escoriaza se dejaba llevar por las emociones que la envolvían en el curso de la guerra, pues afirmaba que sufría por soldados que conoció, pero de los que no recordaba ni el nombre: “Es para mí el amigo que se pierde. No le hubiera, seguramente, encontrado otra vez en mi camino. Y, sin embargo, lamento mucho, mucho, su muerte. Tanto como la habría lamentado su jefe inmediato y su compañero de tienda. ¡Con el profundo sentimiento de ver caer un amigo!” Por último, cabe resaltar un dato que encontramos en este artículo: a Teresa de Escoriaza un capitán le enseñó el funcionamiento de una metralleta, lo cual nos presenta la curiosidad de la periodista y esa capacidad que tenía para conseguir siempre lo que se proponía, además de mostrar la cercanía al hecho bélico. No escribió desde un despacho, sino desde primera línea. “Del dolor de la guerra. Alegría trágica”124 No todas las crónicas de Escoriaza transmitían tragedias, y así en “Alegría trágica”, publicada el 11 de septiembre de 1921, encontramos algunas situaciones que parecen tomadas de una obra de ficción, al tiempo que resultan ciertamente cómicas. En ellos se destacaba su gran capacidad para transmitir dicha comicidad, si bien depende de cómo el lector perciba su tono, irónico o ciertamente crítico con los actos de estos, soldados, los cuales no se sabe si son valientes o locos. En esta crónica Escoriaza acababa siendo reprendida por el propio Millán Astray cuando imprudentemente asomó la cabeza desde su refugio para “ver saltar las balas”. De esta forma los enviados de La Libertad, incluido su director Luis de Oteyza, recibieron una reprimenda de Millán Astray por dejar que Teresa de Escoriaza se pusiese en peligro. Incluso en tiempos de guerra había tiempo para la risa, lo que vemos cuando Escoriaza dejó en evidencia a su compañero Ortega, al decir de él que: “tras dudar si se enfadaba o no con la reprimenda, bajó la vista y adoptó una actitud de niño bueno sorprendido en una travesura”. 124 Escoriaza, Teresa de, “Del dolor de la guerra. Alegría…”, art. cit., pág. 1. 56 A continuación nos relataba Teresa de Escoriaza una serie de hechos tan sorprendentes como cómicos. Por un lado narró la historia de un capitán que dormía apaciblemente en su tienda incluso mientras el enemigo disparaba, sin embargo, cuando los rifeños cambiaron sus fusiles por cañones el capitán vio necesario tomar medidas: “Mientras solo hubo la posibilidad de que entrase una bala de fusil en la tienda, Gavilán durmió tranquilamente; pero como ya son balas de cañón las que pueden entrar, nuestro hombre ha creído deber tomar precauciones y ¡se ha comprado un mosquitero! Ahora duerme otra vez tranquilo tras la leve gasa…” Esta situación podría resultar algo cómica, haciéndonos dudar si pertenecía a una obra más que a una crónica periodística seria. Por otra parte, uno de los soldados, en concreto un osado teniente al que le gustaba ir a Melilla para ver mujeres guapas en el parque y cuando volvía a su campamento de noche y los soldados enemigos podían asaltarle, llevaba para defenderse una pistola que disparaba lo que hoy llamamos cartuchos de fogueo.: “Una formidable pistola de culata de pintado pino y cañón de hojalata que dispara fulminantes. Si los moros le cortan el camino se llevarán un buen susto”. Los otros casos no resultaban tan cómicos: un alférez con poca disposición a la diplomacia: “Al regreso dió su informe: 'Son unos de Mezquita' 'que estar amigos' y yo creo que debiéramos 'cargárnoslos' 'amistosamente'”. Por último tenemos el caso de otro alférez que, al poco de llegar a Melilla, dijo que había aprendido árabe vulgar, lo que Escoriaza definía como “milagro lingüístico” ya que en realidad se trataba de: “¡El árabe vulgar! El árabe vulgarísimo que hablan los moros vendedores ambulantes que visitan la plaza […] '¿Guere güivos?' 'Pimientos mocho grandes.' 'Güenas mujeras”. Frente a estas historias irónicamente descritas, que indicaban la valentía de los soldados en la guerra, sin embargo Teresa de Escoriaza no se dejó engañar por las apariencias, como bien dijo Millán Astray “la guerra es una cosa muy seria”: “Ríen las bocas, sí; pero en los ojos hay una lucecita febril, indicadora de algo que no es muy divertido. No; no puede ser divertido para nadie el estar expuesto 63 “Del dolor de la guerra. Barbarie inaudita”137 “Barbarie inaudita”, publicado el 16 de septiembre de 1921, fue, sin duda, el relato más crudo de Escoriaza, pues trataba de un hecho bárbaro que sorprendió terriblemente a la periodista y que le causó gran malestar, llegando a despertarle una cruda ira. En esta crónica se daba cuenta de la historia de una chica joven, conocida en Melilla como “la niña bonita”, a la que sorprendió la guerra estando fuera de la ciudad, en un poblado rifeño sin protección alguna. Pese a ello, la muchacha pensó que no corría peligro dado que los miembros de la cabila eran conocidos e incluso amigos de su familia. Sin embargo estaba equivocada, pues el jefe de la cabila la apresó, fue violada por la cabila y más tarde enviada a otras cabilas, donde sufrió el mismo o peor destino: “El jefe de la kábila la aprisionó y la atropelló bárbaramente. Después fue entregada al ultraje de los demás kabileños. Y más tarde la enviaron de una kábila a otra, como si deseasen que todo el Rif saciara en ella su barbarie. Más de mes y medio duró para la infeliz la espantosa tortura”. Finalmente la muchacha fue mutilada y devuelta: “No por piedad seguramente. Seguramente para que no nos quedase ignorancia de su dolor, para que tuviésemos conocimiento de su martirio…” Poco después murió, no sin antes relatar lo que le había ocurrido y desatar la ira de los presentes: “A las dos horas de llegar a la posición del Atalayón murió la infeliz. Descansó de su tormento. Pero el tormento se transmitió sin duda a los que oyeron sus quejas, vieron su cuerpo mutilado y asistieron a su agonía. La rabia debió enloquecer a nuestros soldados”. Este ha sido, a nuestro entender, el relato más terrible de Escoriaza, aquel en el que una joven sufría un cruel destino a manos de quienes creía amigos: la guerra en su máxima expresión de crueldad. 137 Escoriaza, Teresa de, “Del dolor de la guerra. Barbarie inaudita”, La Libertad, Madrid, 16-91921, pág. 1. 64 A menudo se olvida a la población civil cuando se trata de una guerra, como si fuese algo lejano. Sin embargo, Teresa de Escoriaza se encargó de recordárnoslo en sus crónicas: la de aquellos que sufrían por culpa de la guerra, los que sufren por estar en el lugar menos indicado, personas inocentes e indefensas, que no habrían esperado nunca destinos tan crueles. Así señaló la otra cara de la moneda, la de los bárbaros, aquellos que aprovechaban el caos para sembrar más caos, para abandonarse a sus más bajos y salvajes instintos. Incluso la periodista, siempre tratando de ser bondadosa y comprensiva con todos, no pudo evitar mostrarnos su ira y su amargura en las últimas frases de su crónica: “Como a mí me enloquece. No, no hay posibilidad de conservar el juicio ante de ese acto de inaudita barbarie. ¡Castigo! ¡Venganza! Después consideremos hasta qué punto tienen razón para combatirnos los moros; después veamos la labor diplomática que se debe hacer para atraerles a la sumisión; después estudiaremos el modo de ejercer el protectorado, la intervención, el trata comercial… ¡Después! Después de aplicar la sanción que merecen martirios como el sufrido por esta inocente criatura”. No hemos podido encontrar ninguna referencia en El Telegrama del Rif ni a través de la base de datos de la Biblioteca Nacional, pues al no contar con el nombre de la chica no podemos estar seguros del suceso. El único dato relacionado con una mujer es el de una madre de cuatro hijos, casada con un soldado, que fueron tomados prisioneros y escaparon, apareciendo en la posición del Atalayón, aunque no creemos que esa mujer, de la que se habla en tanto en El Telegrama del Rif como en otros medios de prensa, sea la “niña bonita” de la que habló Escoriaza. Tal vez la noticia no fue publicada en Melilla por el horror que despertaría, ya que la población de Melilla ya vivía una situación bastante dura como para añadir una cruenta historia. También podría haber ocurrido que la familia no quisiese que se hiciese eco de la noticia y se respetasen sus deseos. 65 “Del dolor de la guerra. Angustia maternal”138 Este fue uno de los artículos con los que Teresa de Escoriaza debió ganarse el afecto de su público, pues en “Angustia maternal”, publicado el 18 de septiembre de 1921, la periodista visitó a un soldado a petición de la madre del muchacho, quien le había escrito una carta rogándole que se asegurase de que su hijo estaba bien. Escoriaza, en lugar de escribirle una carta a esa madre preocupada, escribió un artículo a fin de calmar a las madres de todos los soldados. Cuando Teresa de Escoriaza recibió la carta de esta madre puso todo su empeño en encontrar al soldado: tardó dos días, pues de alguna forma asumió un rol materno y por ello trató de averiguar si el soldado se encontraba bien: “Soy muy feliz habiendo recibido su encargo y logrando cumplirlo. Y lo he de cumplir en todo. Quiero ver cómo está alojado, si le falta algo en su equipo; hasta si tiene dinero para un imprevisto”. La petición tanto de la madre del soldado como de la periodista, era poco frecuente, por lo que el sargento al cargo quedó anonadado con la situación, y sin embargo consintió: “El sargento calla también. Durante mi relación, solo ha sabido murmurar de cuándo en cuándo: -¡Qué madre!... ¡Qué madre!..”. El espíritu maternal de Escoriaza quedaba patente en su texto, seguramente por la preocupación que transmitía en su carta la madre del soldado, por lo que se aseguró de que estuviese bien, al menos, dentro de lo que cabía en una situación de guerra: “Cuando, tras de tocar el tablado en que duerme, para convencerme de que no es demasiado duro, y tras de haber revisado uno por uno los objetos de su equipo, a fin de comprobar que están limpios todos, deslizo unas monedas en su mano, no soy yo, es su madre quien arde en deseos de besarle en la frente”. Ya en la noche, Teresa de Escoriaza no podía librarse de la sensación de saber que, por mucho que ella y la madre del soldado quisieran hacer, era posible que muriese en la batalla. La empatía y sensibilidad de la periodista aparecían como cierre de la crónica: 138 Escoriaza, Teresa de, “Del dolor de la guerra. Angustia… ”, art. cit., pág. 1. 66 “Se quedó allí expuesto al fuego del enemigo, y quedaron como él muchos, muchos soldados… Una angustia cruel me oprime el pecho, impidiéndome la respiración. La angustia de una madre… ¡La angustia de todas las madres cuyos hijos están en la guerra!” En esta misma línea Isabel Oyarzábal, escritora feminista y contemporánea de Escoriaza, escribía en El Sol de lo que eran capaces las madres por sus hijos: “Justo es que las madres ansían redimir al mundo del futuro espanto de una guerra, pero no que por salvar a sus hijos de tormento arrastren algunas su dignidad por los suelos y anticipando los acontecimientos, expongan a nuevos y más cruentos sacrificios y dolores a miles y miles de hijos de otras madres tan amantes como ellas”139. Este fragmento también podríamos relacionarlo con el ya citado artículo de Escoriaza “La tragedia de los Regulares”, pues en ambos casos las madres hacían lo que podían para estar con sus hijos o averiguar qué había sido de ellos. “Del dolor de la guerra. La desdicha del vencido”140 El texto “La desdicha del vencido”, publicado el 20 de septiembre de 1921, aparecía ligado a la crónica “La tristeza del blocao”, pues trataba de la caída del blocao de Taguil-Manin. Tal y como contaba Escoriaza con desgarradores detalles, los soldados de este blocao sufrieron un ataque enemigo y el teniente dio orden de retirarse aunque algunos soldados, en un acto de valentía y sacrificio, decidieron quedarse. pero, durante la noche, cayó el blocao: “Llevaba varias horas de la noche que empavorecía la tormenta defendiéndose sin esperanza de auxilio. Eran bajas muchos de sus soldados, y los ilesos, 139 Galindo, Beatriz [seud. de Isabel Orzábal], “El feminismo y la paz”, El Sol, Madrid, 17-121917, pág. 3. 140 Escoriaza, Teresa de, “Del dolor de la guerra. La desdicha del vencido”, La Libertad, Madrid, 20-9-1921, pág. 1. 67 rodeados de muertos y heridos, desfallecían. Tenía rota la alambrada y hundido el parapeto por las bombas que entraban en el blocao. Dio la orden de retirarse, y se retiró con parte de la fuerza, aunque el sargento y algunos soldados prefirieron quedarse en el puesto de honor y de sacrificio”. Los que permanecieron en el blocao murieron intentando defenderlo, y cayeron más legionarios en la reconquista de esa posición, mientras que el teniente que ordenó la retirada fue hecho preso. Ya en la celda, el teniente, no se sabe si por culpa o por miedo, decidió suicidarse, con la mala fortuna de que sobrevivió y fue enviado al hospital donde consiguieron salvar su vida. Escoriaza recogía esta historia con cierto tono compasivo: para ella no había un dolor más grande que el del vencido, y este teniente no solo fue vencido, sino que se retiró de su posición en lugar de luchar aun sabiéndose vencido, algo intolerable para las mentes de los militares que allí se congregaban. Recordemos además el canto de los legionarios de la compañía de Borbón cuando se dirigían al combate, o el capitán que puso una mosquitera para “protegerse” de los cañonazos: “¿Comprendéis su tortura? Había ofrendado la vida en pago de su vencimiento, y tardaba en entregarla, agonizando junto a los que, caídos en acciones triunfales, la daban por la victoria. […] Y la muerte ya no vendrá a libertarle… Tras de la operación que le ha sido practicada, los médicos aseguran que vivirá. Esta es su desdicha. La desdicha que yo recojo, considerándolo acaso el mayor dolor de los dolores de la guerra: la desdicha del vencido. ¡El vencido es desdeñado hasta por la misma muerte!” Seguramente este teniente fue juzgado por un tribunal militar, hecho que no hemos podido constatar en los periódicos, aunque puede que se publicase en una fecha posterior a la que Escoriaza estuvo en Melilla. 68 “Del dolor de la guerra. El camión de los muertos”141 La crónica “El camión de los muertos” supuso un golpe moral para la periodista, pues hasta ese momento, sus relatos, por horribles que fueran, eran actos del enemigo, mientras que en este artículo Escoriaza se enfrentaba a un acto realizado por su propia gente, hecho que le causó gran conmoción: “Fue una visión de pesadilla que ha quedado grabada en mi cerebro tan hondamente que me basta cerrar los ojos para volverla a ver”. Escoriaza y sus compañeros periodistas decidieron acercarse a la línea de fuego. Tras quedarse sin transporte a mitad de camino y después de andar un rato decidieron descansar y en aquel momento apareció un camión militar que se detuvo por un pinchazo y al que se acercaron a preguntar por el combate. El camión tenía una lona que despertó la curiosidad de Teresa de Escoriaza: “'¿Qué llevarán ahí?', pregunté, requiriendo los impertinentes. Uno de mis acompañantes me dijo brusco: '¡No mire usted!' Pero yo había mirado ya. Un escalofrío me sobrecogió. ¡Visión espantosa! Bajo la lona se dibujaban una serie de bultos informes, que decía bien lo que era una mano exangüe colgando sobre el borde. ¿Muertos? Sí”. La visión de los cadáveres de los soldados muertos en combate apilados sin cuidado ni respeto le causó un fuerte impacto: “No sé lo que hablaron mis compañeros con los soldados que conducían el coche. No me di cuenta tampoco de cómo estos arreglaron la avería. Todo mi ser se concentró en una mirada y en un pensamiento. Miraba la ondulación que la lona formaba sobre los cadáveres, y pensaba… si les dolería ir así. ¿Hasta qué punto la defunción separa el alma del cuerpo?..”. No es el hecho de que fuesen cadáveres, lo cual tuvo que influir, sino el hecho de ser tratados con poco respeto, lo que abatió a la periodista: “¿Que en la guerra mueren los que luchan?... Ciertamente, lo sabía. Y sabía también, claro está, que son retirados apresuradamente del campo de combate. 141 Escoriaza, Teresa de, “Del dolor de la guerra. El camión…”, art. cit., pág. 1. 69 Pero no pude pensar nunca, ¡nunca!, que los llevaran así. Siempre vi conducir a los muertos con una solemnidad…” “Del dolor de la guerra. Legionario por amor”142 En la siguiente crónica “Legionario por amor”, publicada el 22 de septiembre de 1921, se narraba la triste historia de un muchacho que se alistó en el Tercio extranjero por despecho: “Sin duda al leer el título que acabo de escribir esperáis una narración épica. ¿Lo he adivinado? Es tan propicia a la alta literatura la gesta de la Legión… […] Voy a contaros, simplemente, una historia triste”. El protagonista de esta historia pensaba casarse con su novia cuando acabase sus estudios universitarios, sin embargo, cuando llegó el momento ella rompió su relación, según Escoriaza el chico amenazó con alistarse en el Tercio extranjero si la chica le abandonaba y lo que finalmente hizo. La periodista utiliza esta historia para argumentar que no todos valían para la guerra: “[…] en la guerra son inútiles, y aun perjudiciales, las buenas cualidades del hombre. El legionario por amor no brilla lo que brillaría si fuese legionario por odio. A llevar su alma abrasada con crueldades y su cuerpo endurecido con golpes, sería fuerte, sería sanguinario y resultaría un héroe. Así resulta un infeliz a quien abruman las fatigas y no sirve para los riesgos”. En la literatura bélica suelen narrarse reacciones como la del muchacho, y así en los libros aparecen personajes que, siendo rechazados por el ser amado, se marchan a la guerra o se introducen en mundos peligrosos, tal vez con la esperanza de morir y librarse así de su agonía. Sin embargo, para muchos de nosotros este acto, siendo un acto real, que conduce a una posible muerte, solo real y dolorosa, nos puede parecer una exageración. Sin embargo, en El Telegrama del Rif encontramos una historia con el mismo título y con un contenido casi idéntico: el de un muchacho que, a punto de 142 Escoriaza, Teresa de, “Del dolor de la guerra. Legionario por amor”, La Libertad, Madrid, 22-9-1921, pág. 1. 70 terminar sus estudios, fue abandonado por su novia, la cual se casó con otro hombre, mientras el chico, despechado, se alistaba para luchar en Melilla143. A pesar de las similitudes entre ambas historias, encontramos algunas diferencias: el legionario del que hablaba El Telegrama del Rif rompió con su novia mientras estudiaba y, tras terminar la carrera, intentó recuperarla, pero ella ya estaba comprometida con otro hombre. Mientras que el soldado de Escoriaza rompió con su novia al terminar la carrera, justo cuando iban a casarse o a comprometerse, y Teresa de Escoriaza nos narraba que su protagonista seguramente no moriría porque sus superiores le ordenaron encargos de poca peligrosidad: “No lo han matado los moros ni le matarán seguramente, porque sus jefes, al verle tan débil y tan apacible, no le eligen para ninguno de esos actos de audacia que a la Legión glorifican. Tampoco él entra en las locas aventuras donde sus compañeros se meten voluntariamente. Habría de ir con ellos… Y es el caso que ese niño bueno tiene más miedo a sus compañeros que a los moros. ¡Pobre tórtolo, anidado entre gavilanes y aguiluchos!” El periodista del Telegrama del Rif da a entender que su legionario ya había muerto: “Y en estas reflexiones el sueño dio un bien ganado reposo a su cuerpo y a su espíritu” Aunque no podemos decir que ambas historias sean la misma, la tremenda similitud llama la atención: el que dos muchachos despechados eligieran alistarse, en el artículo de Parravichino se usaron nombres ficticios, por lo que no sabemos si quería referirse a alguien concreto y cambió los nombres por privacidad, o si por el contrario hablaba de un caso que se estaba dando a menudo en la época. Lo que sí es seguro es que algunos muchachos españoles de la época se alistaron por razones poco relacionadas con el deber o el honor, al más puro estilo de un drama literario, arriesgando sus vidas en un alarde de poco juicio. 143 Parravichino, “Los dramas de la legión”, El Telegrama del Rif, Melilla, 16-9-1921, pág. 1. 71 “Del dolor de la guerra. Poblado destruido”144 Los hechos que dieron lugar a la crónica “Poblado destruido”, la cual se publicó el 24 de septiembre de 1921, sí fueron comentados por los periódicos, aunque Teresa de Escoriaza siempre ahondaba más allá. Tras relatar cómo dispararon al coche en el que ella viajaba: “mientras forzábamos la máquina para evitar las balas, que ya habían llegado a rebotar en las planchas de blindaje”, procedió a narrar lo que ella y sus acompañantes se encontraron en un poblado que fue destruido por los rifeños: “No hay idea de la saña destructora con que han procedido sus dominadores. Nada en las paredes ni en los suelos está incólume, pues piedra a piedra, ladrillo a ladrillo, desde el pavimento a los muros, todo ha sido roto”. Es evidente que lo que entristeció a Teresa de Escoriaza no fue, ni mucho menos, la destrucción del pueblo en sí, sino las víctimas: “¿y las víctimas que al par sucumbieron?... Para ellas no hay reparación posible”. Como siempre, Escoriaza se centró en los pequeños detalles, fijándose en las habitaciones, en los objetos de su alrededor y preguntándose quiénes vivían allí, cómo y cuál fue su destino: “Todo el horror del poblado destruido lo concentro yo ahí. En esa cuna durmió un inocente niño y se inclinó sobre ella un padre cariñoso, mientras la mecía una tierna madre. ¿Dónde están ahora los tres? Acaso sea el padre uno de los muertos que nuestros soldados tuvieron que apresurarse a enterrar el mismo día de la reconquista porque llevaban dos meses insepultos, y tal vez sea la madre una de esas infelices cautivas que van arrastradas de kábila en kábila, sirviendo de pasto a toda la barbarie rifeña. En cuanto al niño… Si no le estrellaron la cabeza contra las peñas, lo arrojarían al agua”. Para Teresa de Escoriaza el verdadero horror, la verdadera pérdida era la destrucción de una familia, no la destrucción de la ciudad ni de los objetos. Eso eran cosas que se podían reparar, pero la vida de las personas, algo que en situación de guerra suele pasar a un segundo plano, eso no se recuperaría jamás. 144 Escoriaza, Teresa de, “Del dolor de la guerra. Poblado destruido”, La Libertad, Madrid, 249-1921, pág. 1. 72 De hecho los compañeros de Escoriaza narraron la toma de Nador de otra forma, caso de Ezequiel Enderiz, quien escribió: “Escribo estas líneas a la cuatro de la tarde hoy, 17 de septiembre, día glorioso de la reconquista de Nador. Es en este mismo poblado reconquistado, sobre un tapial de una de las casas que más ha sufrido por el fuego, donde escribo estas notas, que no pueden ser más que un saludo a los lectores de LA LIBERTAD desde el propio Nador, donde desde el mediodía se alza, tremolante, bella, airosa, triunfadora, la bandera de nuestra patria […] La operación se ha realizado felizmente […] La entrada en Nador tampoco ha ofrecido resistencia. Los momentos son de gran confusión. Todo es alegría”145. Mientras que Ortega y Gasset, tras explicar con detalle la toma de Nador y anotaba: “El paseo por el poblado nos permitió ver las casa, que aunque pilladas y deterioradas, no lo están demasiadamente, y unas cuantas reparaciones las dejarán como nuevas”146. Otras publicaciones como La Acción y La Época también se hicieron eco de la toma de Nador y, al igual que los redactores de La Libertad, hablaron del triunfo y de la alegría por la recuperación de la posición, sin embargo en otros artículos se añadía: “La impresión de la alegría que la noticia de la ocupación produjo, trocóse en otra más triste cuando los antiguos moradores de Nador volvieron a ver su población. ¡Nador no es Nador! […] mes y medio de dominación mora han bastado para convertirlo en un poblado inmundo”147. 145 Enderiz, Ezequiel, “Hemos entrado en Nador”, La Libertad, Madrid, 20-9-1921, pág. 1. 146 Ortega y Gasset, Eduardo, “De Marruecos. Una etapa en el avance. La toma de Nador”, La Libertad, Madrid, 21-9-1921, pág. 1. 147 Anónimo, “Cómo fue encontrado Nador”, La Época, Madrid, 20-9-1921, pág. 2. 79 9. Bibliografía Fuentes bibliográficas: Aguilera, Juan, “Las fundadoras del Lyceum club femenino español”, Brocar: Cuadernos de Investigación Histórica, 35 (2011), págs. 65-90. Capel, Rosa María, Presencia y visibilidad de las mujeres: recuperando historia, Madrid, Abada Editores, 2012. Escoriaza, Teresa de, Del dolor de la guerra. Crónica de una campaña en Marruecos, Madrid, Pueyo, 1921. Esteban Soler, Hipólito, “Debate de la guerra de África. Diálogo dramático en la trinchera del Rif”, en Estudios sobre el Patrimonio Literario Andaluz IV, Málaga, Editorial Sarriá, 2012, págs. 97-145. Gómez Aparicio, Pedro, Historia del periodismo español. De las guerras coloniales a la Dictadura, Madrid, Editora Nacional, 1974. 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