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Personalidad, resiliencia y satisfacción vital

Solo de Zaldívar del Amo, Paloma

Abstract

El presente trabajo analiza la relación existente entre resiliencia, satisfacción vital y las variables de personalidad extraversión, neuroticismo y piscoticismo. Para ello, se utilizó una muestra de 110 sujetos, todos ellos estudiantes de psicología que completaron los cuestionarios Escala de Resiliencia (RS-18), Versión Reducida del Cuestionario Revisado de Personalidad de Eysenck (EPQ-RA-24) y Cuestionario de Satisfacción Vital (SWLS) a través de la plataforma virtual de la Universidad de Málaga. Los datos obtenidos fueron analizados para realizar análisis descriptivos y de correlaciones (de Pearson y estructurales). Los resultados obtenidos mostraron una relación positiva entre extraversión, resiliencia y satisfacción vital y una relación negativa entre neuroticismo, resiliencia y satisfacción vital. Los resultados para la variable psicoticismo no fueron significativos. Se halló también una relación positiva entre resiliencia y satisfacción vital.

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Personalidad, resiliencia y satisfacción vital. Trabajo de Fin de Grado. Facultad de Psicología, Universidad de Málaga. Autora: Paloma Solo de Zaldívar del Amo Tutora: Carmen Ramírez Maestre Fecha: Junio 2017 3 1. Resumen El presente trabajo analiza la relación existente entre resiliencia, satisfacción vital y las variables de personalidad extraversión, neuroticismo y piscoticismo. Para ello, se utilizó una muestra de 110 sujetos, todos ellos estudiantes de psicología que completaron los cuestionarios Escala de Resiliencia (RS-18), Versión Reducida del Cuestionario Revisado de Personalidad de Eysenck (EPQ-RA-24) y Cuestionario de Satisfacción Vital (SWLS) a través de la plataforma virtual de la Universidad de Málaga. Los datos obtenidos fueron analizados para realizar análisis descriptivos y de correlaciones (de Pearson y estructurales). Los resultados obtenidos mostraron una relación positiva entre extraversión, resiliencia y satisfacción vital y una relación negativa entre neuroticismo, resiliencia y satisfacción vital. Los resultados para la variable psicoticismo no fueron significativos. Se halló también una relación positiva entre resiliencia y satisfacción vital. Palabras clave: resiliencia, extraversión, neuroticismo, psicoticismo, satisfacción vital. Abstract This present study aimes to explore the relationship between resilience, subjetive well-being and the personality traits extraversion, neuroticism and psychoticism. For that, a sample of 110 students was used. They completed the questionaries of Escala de Resiliencia (RS-18), Versión Reducida del Cuestionario Revisado de Personalidad de Eysenck (EPQ-RA-24) and Cuestionario de Satisfacción Vital (SWLS) through the virtual platform of the University of Malaga. The results showed a positive relationship between extraversion, resilience and subjetive well-being and a negative relationship between neuroticism, resilience and subjetive well-being. Results for psychoticism were not significant. A positive relationship between resilience and subjective well-being was also found. Key words: resilience, extraversion, neuroticism, psychoticism, subjective well-being. 4 2. Introducción El estudio de la resiliencia ha adquirido un marcado protagonismo en la actualidad dentro de la disciplina psicológica. Sin embargo, a pesar de su indudable relevancia en el campo de la salud, no existe un consenso sobre su definición (Ruiz y López, 2012). Según la RAE, el término procede del inglés resilience, y este del latín, de la palabra resilium, resiliensentis (saltar hacia atrás, rebotar, replegarse). Es un término, a su vez, que se toma de la resistencia de los materiales que se doblan sin romperse para recuperar la situación o forma original. En psicología, cuando un sujeto o grupo es capaz de hacerlo, se dice que tiene una resiliencia adecuada y puede sobreponerse a contratiempos o incluso resultar fortalecido por estos. Por otro lado, algunos autores la entienden como un conjunto de procesos (Rutter, 1999) o como una combinación de factores (Suárez, 1995). Ruiz y López en su revisión de 2012 encuentran, de hecho, que el concepto queda dividido entre los autores que la definen como un rasgo psicológico o cualidad y los que la entienden como una capacidad. En 1995 Grotberg definió la resiliencia psicológica como la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas e inclusive, ser transformados por ellas. Sin embargo, no todos se recuperan igual y es esto lo que lleva a plantearse el porqué de la recuperación de unos individuos ante ciertas situaciones de adversidad mientras que, ante el mismo escenario, otros individuos no se recuperan (Raúl Carretero, 2010). A partir de este interrogante empiezan a desarrollarse estudios sobre resiliencia. Los primeros estudios sobre la resiliencia se realizaron en individuos con esquizofrenia, en personas expuestas al estrés y pobreza extrema, y sobre el funcionamiento de los individuos que experimentaron hechos traumáticos tempranamente en sus vidas (Cicchetti, 2003). De hecho, un estudio longitudinal con una muestra de 698 niños nacidos en Hawaii en condiciones desafortunadas durante los años treinta fue uno de los primeros trabajos científicos que impulsó el estudio de la resiliencia. Estos niños, treinta años más tarde, habían evolucionado positivamente, convirtiéndose en adultos competentes y bien integrados (Werner y Smith, 1982; 1992). El origen del estudio de la resiliencia en psicología y psiquiatría procede, por tanto, de los esfuerzos por conocer la etiología y desarrollo de la psicopatología, especialmente de 5 los niños en riesgo de desarrollarla debido a enfermedades mentales de los padres, problemas perinatales, conflictos interpersonales, pobreza o una combinación de varios de estos factores (Masten, 1999; Rutter, 1985, 1987). Sin embargo, la investigación en psicología positiva se centra no tanto en la psicopatología, sino en el bienestar y su relación con la resiliencia. Los trabajos en esta disciplina concluyen la existencia de una relación positiva entre ambos factores (Poseck, Baquero, y Jiménez, 2006). De hecho, se puede deducir de las investigaciones actuales sobre estos temas que las personas son más fuertes de lo que los psicólogos han considerado (Bonanno, 2004) y que, debido a un acontecimiento traumático, éstas son capaces de crecer y aprender (Manciaux, Vanistendael, Lecomte y Cyrulnik, 2001), de encontrar caminos y obtener beneficios (Tedeschi y Calhoun, 2000) e, incluso, de experimentar algunas emociones positivas tales como amor, gratitud o interés (Fredrickson y Tugade, 2003). Entendiendo la resiliencia como un conjunto de características personales del individuo, se puede esperar que la resiliencia y ciertas características de personalidad estén estrechamente vinculadas. Hans Eysenck desarrolló su conocido modelo PEN de personalidad en el que identifica tres dimensiones independientes de la personalidad: Neuroticismo (N), Extraversión (E) y Psicoticismo (P). Schmidt et cols., 2010, recogen en su publicación la definición de personalidad que desarrolló Eysenck en su modelo, según la cual, la personalidad es un conjunto de características estables y consistentes relativas al carácter, el temperamento, el intelecto y la biología del individuo (Eysenck y Eysenck, 1985). El modelo PEN incluye tres rasgos temperamentales explicados por Eysenck de la siguiente forma: El neuroticismo o inestabilidad emocional se relaciona con la reacción emocional fuerte ante los estímulos, siendo difícil para el individuo volver al estado basal. Los factores de segundo orden de este rasgo primario son la tendencia a sentirse ansioso, deprimido, tenso, irracional, tímido, triste, emotivo, con baja autoestima y sentimientos de culpa (Eysenck, 1990). La extraversión supone un acercamiento dinámico y directo al medio social. Los factores de segundo orden del rasgo extraversión son tales como la tendencia a ser sociable, 6 vivaz, activo, asertivo, buscador de sensaciones socializadas, despreocupado, dominante, espontáneo y aventurero (Eysenck, 1990). Eysenck (Eysenck y Eysenck, 1985) destacó dos rasgos fundamentales de la extraversión: la sociabilidad y la actividad. Por último, altas puntuaciones en psicoticismo se relacionan con una sensibilidad dura, siendo individuos difíciles de conmover. Algunos de los rasgos secundarios presentes en esta dimensión temperamental son la tendencia a ser agresivo, hostil, frío, egocéntrico, impersonal, impulsivo, antisocial, creativo, rígido y poco empático. (Eysenck, 1990). Schmidt y colaboradores (2010), destacan el valor predictivo de estos tres rasgos de personalidad explicados en los anteriores párrafos, en tanto que hacen referencia a la tendencia más o menos estable de reaccionar ante diversas situaciones. Respecto a la resiliencia, atendiendo a la propuesta recogida por Grotberg (1995), puede ser considerada como la capacidad para hacer frente a las situaciones más adversas y superarlas, e inclusive, ser transformados por ellas. Son muchos los trabajos que apoyan la idea de la resiliencia como una fuente importante de bienestar subjetiva, además de estar correlacionada con alta afectividad positiva y baja afectividad negativa (Liu, Wang y Li, 2012; Tugade, Fredrickson y Barrett, 2004). La literatura empírica señala que los individuos más resilientes mantienen una mejor salud tanto física como psíquica gracias a la capacidad de los mismos para amortiguar los efectos negativos de los acontecimientos más traumáticos de sus vidas (Connor y Davidson, 2003), y para salir beneficiados de ellos (Ryff y Singer, 2000). Es por esto que la resiliencia parece ser una fuente importante de bienestar subjetivo o satisfacción vital. Desde una concepción de la resiliencia como característica del individuo, cabría esperar que ciertas características de personalidad se relacionasen con la resiliencia de los sujetos. En esta misma dirección, la literatura empírica recoge varios trabajos que esclarecen la relación entre personalidad y resiliencia. En 1992, Werner y Smith apoyan este postulado dado que los resultados de su estudio indicaban que los niños que tenían un temperamento fácil (manejables, que afrontan con placer las situaciones y los objetos nuevos) se convertían en adultos más resilientes que los que tenían un temperamento difícil (inestables, irritables y poco adaptables). Un estudio de Eley y colaboradores (2013), muestra cómo la resiliencia 7 está positivamente relacionada con ciertas características de personalidad tales como el optimismo, la madurez o la perseverancia. Estudios empíricos anteriores muestran cómo la extraversión está relacionada positivamente con la resiliencia, mientras que el neuroticisimo está negativamente relacionado con la resiliencia (Campbell-Sills, Cohan y Stein, 2006; Riolli, Savicki y Cepani, 2002). Por otro lado, Friborg, Barlaug, Martinussen, Rosenvinge y Hjemdal (2012) hallan una correlación positiva entre resiliencia y personalidad bien adaptada, sobre todo, con personalidad extravertida. Discriminaron entre personalidad bien adaptada y personalidad vulnerable siguiendo los criterios del modelo de los cinco grandes factores de personalidad (BIG-5). En su estudio, contaron con una muestra de 482 sujetos y compararon la resiliencia con los factores de personalidad obtenidos mediante el BIG-5 y 5-Personality Factor (5PFs), además de con otros factores como habilidades cognitivas e inteligencia social. Como resultado obtuvieron que todos los factores de resiliencia se correlacionaban positivamente con la personalidad bien adaptada. Otro estudio empírico más que demuestra la relación entre resiliencia y personalidad es el de Grace Fayombo, en 2010, en el que la autora mide la relación entre los cinco factores de personalidad y la resiliencia psicológica. Para ello cuenta con una muestra de 397 adolescentes caribeños estudiantes de secundaria. Diseñó un instrumento de medida para la resiliencia y analizó los datos, obteniendo como resultado una correlación positiva entre extraversión y resiliencia y una correlación negativa entre neuroticismo y resiliencia. Otras investigaciones hallan correlaciones positivas entre extraversión, felicidad y resiliencia y correlaciones negativas entre neuroticismo, felicidad y resiliencia. Por ejemplo, Liu, Wang y Li, (2012); Tugade, Fredrickson y Barrett, (2004) utilizaron instrumentos tales como Inventario Neo de los Cinco Factores (NEO-FFI), el Inventario de Felicidad de Oxford (OHI) y Escala de Resiliencia de Connor y Davidson (CD-RISC) y encontraron estos resultados. Lü, Wang, Liu y Zhang, (2014) analizan la relación entre la personalidad, la resiliencia y el bienestar en una muestra de 289 estudiantes universitarios. La medición de las variables estudiadas se efectúa a través del NEO-FFI, CD-RISC, OHI, y la Escala de Afecto Positivo y Negativo (PANAS). Los resultados mostraron que la extraversión tiene una correlación positiva con la resiliencia, la felicidad y el afecto positivo, mientras que el neuroticismo tiene una correlación negativa con la resiliencia, la felicidad y el afecto positivo; por otro lado, la correlación es positiva con el afecto negativo. Esto parece indicar que la resiliencia es una 14 significativa, por lo que se procedió a eliminar dicha variable de la ecuación. De este modo, se obtiene el modelo final que se puede observar en la Figura 2. FIGURA 2 Modelo final En el modelo final, todos los parámetros de cambio son significativos (p<0.05). Los índices de bondad de ajuste indican que el modelo estimado proporciona un buen ajuste, siendo todos ellos altamente satisfactorios (χ²/gl=0.59; GFI=0.98: AGFI=0.92 CFI=1; RMR=0.029; RMSEA=0.0). Como se observa en la Figura 2, se obtuvieron asociaciones estadísticamente significativas y positivas entre la extraversión, el neuroticismo y la resiliencia, y entre la resiliencia y la satisfacción vital. De este modo, cuanto mayor es la extraversión, mayor es la resiliencia y la satisfacción con la vida, mientras que cuanto mayor es el neuroticismo, menor será la resiliencia y la satisfacción vital. Por otro lado, debido a la alta correlación entre resiliencia y satisfacción vital, cabría esperar cambios directos en la satisfacción vital cuando se producen cambios en la resiliencia, quedando ésta como una variable mediadora entre extraversión y neuroticismo y la satisfacción vital. Extraversión Resiliencia Neuroticismo Satisfacción vital ,27 -,58 ,73 15 5. Conclusiones El objetivo de este estudio ha sido examinar la relación entre las variables de personalidad extraversión, neuroticismo y psicoticismo, la resiliencia y la satisfacción vital. Son numerosos los estudios que muestran una relación positiva entre extraversión, resiliencia y satisfacción vital y una relación negativa entre neuroticismo, resiliencia y satisfacción vital (Campbell-Sills et al., 2006; Riolli et al., 2002). En cambio, son pocos los trabajos empíricos que encuentran relación significativa entre psicoticismo y estas otras variables (Hills y Argyle, 2002). Los resultados de este estudio apoyan los obtenidos en trabajos de investigación anteriores, teniendo como resultado lo hipotetizado: una relación positiva entre extraversión, resiliencia y satisfacción vital y una relación negativa entre neuroticisimo, resiliencia y satisfacción vital. Asimismo, se muestra que la resiliencia podría ser una variable mediadora entre las variables de personalidad y la satisfacción vital. El neuroticisimo, tal y como se planteaba en la hipótesis del presente estudio, resultó negativamente relacionado con la resiliencia y la satisfacción vital. Esto no resulta sorprendente, puesto que ciertos estudios previos ya habían encontrado esta relación (Campbell-Sills et al., 2006; Riolli et al., 2002). Por otro lado, los resultados referentes a la extraversión muestran una relación positiva entre ésta, la satisfacción vital y la resiliencia, coincidiendo de esta manera con lo hipotetizado en el estudio así como con trabajos anteriores de otros autores (Grace Fayombo, 2010). En cuanto al psicoticismo, esperaba encontrarse una relación negativa entre éste y las variables de resiliencia y satisfacción vital, siendo estos resultados similares a los hallados por Ciarrochi y Heaven (2006). Sin embargo, los resultados obtenidos fueron poco concluyentes e incluso no significativos, coincidiendo con lo encontrado por Hills y Argyle (2002). Es de sorprender que pocos autores hayan incluido esta variable en sus estudios, siendo este, por tanto, un modelo exploratorio cuyos resultados sugieren que no hay relación entre estas variables. 16 Lo que se esperaba con la resiliencia era una relación positiva entre la misma y la satisfacción vital. Asimismo, la hipótesis del estudio situaba a la resiliencia como mediadora entre la personalidad y la satisfacción vital. Los resultados parecen indicar dicha relación. Estos resultados coinciden con los obtenidos en un estudio de Lü, Wang, Liu y Zhang, (2014). Este estudio no está libre de limitaciones. Entre otras, se encuentra el hecho de que es un estudio transversal, por lo que no pueden extraerse inferencias. Asimismo, el tipo de muestra (todos son estudiantes) y el tamaño de la misma podrían limitar los resultados, por lo que habría sido interesante incluir más variables que ampliasen el alcance del estudio. Las implicaciones que pueden suponer estos resultados son numerosas, aunque las más importantes a destacar serían las preventivas. La resiliencia, tal y como hemos encontrado, es una característica fundamental en la felicidad de los sujetos, que garantiza su adaptación y bienestar a pesar de las situaciones adversas que vengan. Teniendo esto en claro y analizando los resultados obtenidos en este estudio, para mejorar el bienestar de los sujetos con bajo nivel de satisfacción vital o de resiliencia, estos tendrían que sufrir algún tipo de cambio o bien en la personalidad o bien en la resiliencia. Debido al carácter más biológico de la personalidad, el proceso de cambio sería más eficaz y efectivo si se realizase en la resiliencia. De hecho, son varias las propuestas de intervención psicológica cuyo objetivo es aumentar los niveles de la misma. Así, desde una visión de intervención social, Carretero (2010) descompone la resiliencia en variables contextuales y personales, siendo importante cada una de estas para proporcionar información sobre factores predictores, factores de riesgo y factores protectores, así como la relación de estos con las consecuencias. Esto garantiza una muy valiosa información para elaborar proyectos de intervención, sobre todo a nivel contextual. Polo (2009) realiza un programa que trata de dar cuenta de la importancia de la influencia que ejerce la familia fortaleciendo la resiliencia como factor protector en los adolescentes de la muestra de su estudio, mientras que López, Soriano y Lázaro (2007) realizaron un programa para adolescentes en el cual el objetivo principal era el fortalecimiento educativo de los recursos propios de los adolescentes, así como las variables de personalidad, cognitivas, habilidades emocionales e interpersonales. Los resultados del programa muestran resultados positivos, feedback positivo por parte de los participantes y 17 una mejora del bienestar personal y social. En la misma dirección, Cingolani y Castañeiras (2011) proponen un programa grupal en el que los resultados fueron muy positivos, mejorando la cohesión grupal de los jóvenes y su compromiso con la tarea y con los demás. En la misma línea de trabajo, Quinceno, Vinaccia y Remor (2011) desarrollan un modelo de intervención para mejorar la resiliencia de los sujetos de su muestra, mujeres con artritis reumatoide. El programa trataba de un conjunto de técnicas enfocadas a diferentes procesos de resiliencia, fundamentalmente tres: autoestima, autoeficacia y autocontrol emocional. Obtuvieron resultados muy positivos y significativos en el estado emocional de las mujeres del estudio, indicando mejoras en el estado de ánimo de las mismas en comparación con el que presentaban al inicio del programa. Según la teoría de ampliación-construcción de emociones positivas (Fredrickson, 1998; Fredrickson & Cohn, 2008), las emociones positivas son respuestas adaptativas que van construyendo recursos duraderos. Contrariamente, las emociones negativas disminuyen la atención, la cognición y las respuestas cognitivas para afrontar con amenazas o problemas inminentes. A partir de esta teoría, Cohn et al. (2009), realizan un estudio para examinar la relación entre las emociones positivas vividas durante el día a día, la resiliencia y la satisfacción vital global. Como resultado, encuentran que las emociones positivas determinan la felicidad de los sujetos de una manera más directa que la propia satisfacción vital, siendo esto de gran importancia para nuestro estudio, pues se podría intervenir sobre las emociones positivas de los sujetos para aumentar el bienestar y, de la misma manera, la resiliencia. Meevissen, Peters y Alberts (2011) realizan un interesante estudio dando nombre a lo que hoy se conoce como “best possible self” en inglés (el mejor yo posible, en español). Durante este estudio, utilizaron una metodología de visualización, en la que el grupo experimental tenía que imaginar el mejor yo posible en un futuro y el grupo control tenía que imaginar las actividades cotidianas que realizaban. A ambos grupos se les decía que el estudio trataba de medir el poder de visualización. Después de dos semanas de intervención, los resultados fueron muy positivos. Los participantes que habían imaginado el mejor yo posible, tenían mejores niveles de optimismo y de felicidad, mostrando así la efectividad del 18 ejercicio. Esto resulta útil e importante, pues sugiere la posibilidad de intervenciones futuras en variables relacionadas con la resiliencia para tratar de mejorar la misma. Por tanto y como conclusión final, la extraversión está positivamente relacionada con la satisfacción vital y la resiliencia y, contrariamente ocurre con el neuroticismo. Los resultados para el psicoticismo fueron no significativos y, respecto a la resiliencia, ésta parece tener un valor mediador entre los factores de personalidad y el bienestar. De esta manera, sería de vital importancia el desarrollo de programas preventivos e interventivos para mejorar la resiliencia de los sujetos y, por tanto, su bienestar personal y social, ya que lo importante en la vida, a fin de cuentas, es la felicidad. 6. Bibliografía Acosta, M., Castro, C., Gallardo, M. & Vasquez, F. (2014). Felicidad en estudiantes de una universidad nacional. Bermejo, R. C. (2010). Resiliencia. Una visión positiva para la prevención e intervención desde los servicios sociales. Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, 27(3), 91-103. Bonanno, G. A. (2004). Loss, trauma, and human resilience: have we underestimated the human capacity to thrive after extremely aversive events?. American psychologist, 59(1), 20. Calhoun, L. G., & Tedeschi, R. G. (2000). Early posttraumatic interventions: Facilitating possibilities for growth. Campbell-Sills, L., Cohan, S. L., & Stein, M. B. (2006). 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