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El uso de "le" por "les" en el habla de Málaga

Molina-García, Álvaro

Abstract

El siguiente estudio trata de explicar el uso de le por les cuando este es un OI plural en la ciudad de Málaga y exponer en qué contexto se encuentra más extendido. La hipótesis parte de la basa de que la lengua española viene experimentando desde años atrás un proceso de conjugación objetiva, de modo que el clítico dativo se está gramaticalizando, pasando a funcionar solo como una marca de referencia cruzada; es decir, marcando que el verbo rige OI, lo cual se ve reflejado en el aumento de los casos de reduplicación. De esta forma, se refleja que el alejamiento de las características prototípicas del OI resulta un contexto favorecedor de pérdida de la marca de pluralidad al necesitar reforzarse.

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! 1! ! TRABAJO DE FIN DE GRADO GRADO EN FILOLOGÍA HISPÁNICA EL USO DE LE POR LES EN EL HABLA DE MÁLAGA ÁLVARO MOLINA GARCÍA Dr. Francisco Díaz Monstesinos Málaga, 2016 ! 2! ÍNDICE DE CONTENIDO 1. Introducción………………………………………………………………………………….……...….3 2. Marco teórico…………………………...………………………………………………..………..…….7 3. Metodología …………………………………………………………………………………….……..15 4. Análisis…………………………………………………………………………………………..……..22 5. Conclusiones …………………………………………………………………..…………...………..…35 Referencias bibliográficas………………………………………………………………………….…....37 ! 3! EL USO DE LE POR LES EN EL HABLA DE MÁLAGA MOLINA GARCÍA ÁLVARO UNIVERSIDAD DE MÁLAGA [email protected] Resumen El siguiente estudio trata de explicar el uso de le por les cuando este es un OI plural en la ciudad de Málaga y exponer en qué contexto se encuentra más extendido. La hipótesis parte de la basa de que la lengua española viene experimentando desde años atrás un proceso de conjugación objetiva, de modo que el clítico dativo se está gramaticalizando, pasando a funcionar solo como una marca de referencia cruzada; es decir, marcando que el verbo rige OI, lo cual se ve reflejado en el aumento de los casos de reduplicación. De esta forma, se refleja que el alejamiento de las características prototípicas del OI resulta un contexto favorecedor de pérdida de la marca de pluralidad al necesitar reforzarse. Palabras clave: Objeto indirecto; discordancia; reduplicación; conjugación objetiva; gramaticalización ! 1. Introducción 1.1 En el español actual, tanto oral como escrito, encontramos ejemplos como los siguientes: (1) (a) Buscar las palabras en el diccionario a ellos les encanta (MA 072M33) (b) Si nos tocara le compraría un piso a mis hijos (MA 718M23) (2) (a) A ustedes les hace falta un cuadrito (Benedetti, La tregua) (b) Me compra Manises para que le dé a los monos (Benedetti, Primavera, citado por la Nueva gramática de la lengua española, Manual (R.A.E. 2010: 678) Como puede observarse, en los ejemplos de la serie (a) el pronombre clítico concuerda en número con el objeto indirecto plural, mientras que en los de la serie (b) se produce una discordancia de número entre el referente y el átono pronominal. En la Nueva gramática de la lengua española, Manual (R.A.E. 2010: 678) se afirma que los casos de discordancia de dativo en correspondencia con un grupo preposicional con sustantivos en plural son cada vez más frecuentes, y, además, que este fenómeno se registra en todas las áreas lingüísticas, en especial en la lengua oral. Así pues, a pesar de que el uso de le por les se ha documentado esporádicamente en el español medieval y clásico (Folgar 1993: 142-148; Huerta 2005: 166-167; Company 2006: 543549; Becerra 2006: 71-74), es en la actualidad cuando se está registrando con mayor frecuencia, tanto en el español oral como escrito (Huerta 2005). En el estudio sistemático de De Mello (1992), en el que se recogen datos acerca del uso de le por les en la lengua ! 4! oral de once ciudades de España y de Hispanoamérica a partir de las transcripciones de las entrevistas grabadas para el Proyecto de estudio coordinado de la norma lingüística culta de las principales ciudades de Iberoamérica y de la Península Ibérica, se clasifican de mayor a menor frecuencia de uso de le por les dichas ciudades en cuatro apartados. De esta forma, la primera categoría la conformarían las ciudades de San Juan, La Habana y Bogotá; la segunda, Santiago de Chile, Sevilla y Caracas; la tercera, Buenos Aires y México D.F., y la cuarta, Lima, Madrid y La Paz. Otros muchos investigadores han apreciado este uso de le discordante en España, Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Honduras, México, Nicaragua, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela (Sorenson 2013: 132-135; Soto, Sadowsky y Martínez 2014). En cuanto a su distribución social, […] la mayoría de autores ha planteado que tendría menor frecuencia entre personas de mayor nivel educacional. También se ha indicado que sería más frecuente en mujeres que en hombres (De Mello, 1992). Y mientras en su estudio del español de Chile, Oyanedel y Samaniego señalan que se da más en jóvenes que en adultos, De Mello concluye de sus datos que no habría diferencia relevante entre ambos grupos (Soto, Sadowsky y Martínez 2013: 230). 1.2. Son tres las caracterizaciones que se han señalado a la hora de explicar el uso de le por les: fonética, gramatical y pragmática (Soto, Sadowsky y Martínez 2014). La primera explicaría esta discordancia como consecuencia directa del contexto de pérdida habitual de s en posición implosiva (Contreras 1977: 528; Keniston 1937: 69, citados por Huerta 2005: 167). Sin embargo, la hipótesis fonetista resulta difícil de defender, debido a que la frecuencia de uso de le por les varía en función de la posición del OI, y a que esta discordancia del pronombre átono parece extenderse por zonas del español donde es característica esta elisión de s implosiva (Soto, Sadowsky y Martínez 2014: 231); es decir, como afirma Rini: «la parte más débil de la hipótesis de que el uso de le por les se debe a la elisión de /-s/ final de palabra es que sólo tendría validez en los dialectos donde se experimenta la supresión de dicho fenómeno» (Rini 1998: 207-219, resumido por Sorenson 2013: 136). No obstante, tampoco se puede negar que la fonética haya ejercido como factor coadyudante, pues es cierto que en los estudios del uso de le con un referente OI plural se han registrado una mayor frecuencia de discordancias en aquellas zonas caracterizadas por la pérdida de s implosiva. Sin embargo, «lo que parece desacertado, ! 5! más bien, es que la causa del fenómeno sea de naturaleza fonética» (Soto, Sadowsky y Martínez 2014: 231). Dentro de la segunda caracterización, la gramatical, se explica este uso de le por les por analogía o por economía. Para algunos autores (Penny 2000), la analogía de le con el dativo se (<ge) ha desempañado un papel destacado, pues se produce de forma similar en la neutralización de la oposición en se (el libro se lo di a Juan / el libro se lo di a los niños). Otros autores lo explican por la economía comunicativa. De esta forma, Montes afirma que «en la casi totalidad de los ejemplos aducidos [i. e., los catafóricos] el le es un simple signo redundante del dativo al cual no hace falta para nada el morfema plural que está claramente expresado en otros términos» (Montes 1965: 624-625), lo cual se puede entender como que la marca de plural de le se consideraría redundante por el hecho de que este plural se marque a través de otros procedimientos. Igualmente, Pérez (2000) considera que dicha discordancia no puede entenderse como tal, ya que, cuando el OI no aparece duplicado, sí se utiliza el clítico con el morfema de plural: Juan le dio chocolate a los niños, frente a Juan les dio chocolate. Así, partiendo del modelo de la Morfología Distribuida propuesto por Halle y Marantz (1993, 1994), Pérez (2000) propone que en ejemplos como Juan le dio chocolate a los niños se respeta la concordancia de número, pues el clítico resulta una marca de concordancia de objeto. Consecuentemente, «la clave para entender la aparente discordancia» se encontraría en el hecho de que «se aplicaría una regla morfológica de empobrecimiento de la estructura mediante la desvinculación del nudo de Número» (Pérez 2000: 267), regla que implicaría que el morfema de Número se desvincularía de la marca de concordancia de OI en presencia de un objeto indirecto con marcas de pluralidad. Por ello, la aplicación de dicha regla «da como resultado la imposibilidad de inserción del signo de Plural –s y la consecuente aparición de un clítico le aparentemente singular» (Pérez 2000: 268). Por el contrario, Soto, Sadowsky y Martínez (2014) afirman que esta interpretación resulta errónea, fundamentalmente debido a que de esa interpretación se deduciría que la posición del sintagma preposicional con función OI es irrelevante en cuanto a la discordancia, mientras que los resultados de estudios reales extraídos por ellos de Cuervo (1939) y Sánchez (2005) muestran todo lo contrario; es decir, que la posición que ocupa el grupo preposicional determina directamente la presencia o ausencia de concordancia. ! 6! La tercera y última explicación es la pragmática. Dentro de esta perspectiva, De Mello (1992) defiende que el uso invariable de le conlleva una reducción de énfasis, de modo que el énfasis sería elevado en estructuras como dije a ellos, y poco elevado en le dije a ellos, lo cual encajaría con el menor número de casos de discordancia con OI antepuesto, si bien es cierto que no se explicarían así los casos de le por les con OI antepuesto (A ellos le dije) y sin OI no pronominal (Entonces llegaron tus hijos. Le dije que ellos no podían beber vino). Ahora bien, no parece acertado simplificar las explicaciones del uso de le por les en una sola, sino que convendrá encontrar una que englobe las tres motivaciones principales comentadas: la fonética, la gramatical y la pragmática. En los últimos tiempos, se han explicado estos casos de discordancia como consecuencia del proceso de conjugación objetiva que se llevaría experimentando en el español desde hace bastantes siglos. Por ello, se establecerá un marco teórico donde se hará una breve síntesis de este fenómeno de conjugación objetiva. Así, si «todo parece indicar que esta lengua viene experimentando desde hace siglos un proceso hacia la generalización de la concordancia objetiva, si bien este se halla aún lejos de completarse» (Aijón y Serrano 2010: 124), podría estar produciéndose un proceso de despronominalización del clítico dativo, lo cual implicaría un uso de le por les cada vez más habitual, ya que el pronombre átono le estaría entendiéndose como una mera marca de concordancia de dativo, ya sea el antecedente singular o plural. 1.3. Este estudio es un trabajo de iniciación a la investigación y no una investigación ya completa. Por ello, con él solo se intenta describir el uso de le por les en el habla de Málaga y determinar los factores lingüísticos y sociales que lo condicionan. La hipótesis del estudio es la siguiente: la lengua española está experimentando un proceso hacia la conjugación objetiva, lo cual implica que los pronombres átonos de dativo (le/les) están sufriendo un proceso de gramaticalización. En consecuencia, el átono adquiere una función de marcador de régimen de dativo del verbo, y, por tanto, se fija como una estructura invariable al perder su significado semántico a favor del gramatical. De esta forma, si se entiende que el proceso de gramaticalización de le está en expansión, la variación le/les reflejaría en qué contextos la gramaticalización está más avanzada, siendo así un proceso iniciado que todavía no ha llegado a su fin. ! 7! Respecto al análisis de factores sociales, se determinará cuáles son los hablantes que mantienen la forma conservadora (les) o la innovadora (le) en aquellos contextos cuyo referente o antecedente sea plural. La hipótesis de partida es que el nivel de instrucción y la edad serán factores favorecedores del uso innovador. 1.4. El trabajo se ha organizado de la siguiente manera: en primer lugar, se expone el marco teórico en que se enmarca el estudio y que tratará principalmente de la conjugación objetiva (§2). En segundo lugar se describirá brevemente el corpus y se expondrán los principios analíticos para la selección y codificación de los ejemplos registrados en el corpus (§3). Después, se darán a conocer el análisis de los datos y las discusión de los resultados (§4) para, finalmente, extraer unas conclusiones provisionales que serán revisadas cuando se profundice en el análisis. 2. Marco teórico 2.1. Huerta (2005) entiende que lo que motiva el uso del clítico dativo singular le por el plural les no es más que el alejamiento de las características prototípicas del OI; esto es, cuanto más alejado se encuentra el OI de las características prototípicas, más difícil resultará su codificación y, por tanto, mayor frecuencia de le. De esta forma, considera que la discordancia de le con antecedente plural se produce en un contexto de gramaticalización dentro de la tendencia a la conjugación objetiva del español. Como es bien sabido, la teoría de prototipos postula «la existencia de un contínuum categorial, tanto al interior de las categorías como entre categorías, por lo que no es posible fijar la misma caracterización sintáctica y semántica para todos sus miembros, y no permite establecer fronteras claras entre ellas» (Huerta 2005: 169). De acuerdo con esta teoría, define prototípicamente al OI como «seres humanos o animados con alto grado de individuación, volitivos y definidos» (Huerta 2005: 169), y el alejamiento de estos rasgos prototípicos implicaría una pérdida del significado semántico en beneficio del significado gramatical. Así, se entiende por gramaticalización el hecho de que un elemento x vaya perdiendo su significado semántico hasta convertirse en un elemento y con una función gramatical, como ha sucedido en español con el verbo haber, que, a partir de su significado semántico de posesión procedente del verbo latino HABERE, evolucionó hasta actuar solo como auxiliar en tiempos compuestos. ! 8! El primer tipo de degradación de las características prototípicas que considera es la léxico-semántica. En este sentido, todo CI plural que se aleje de la humanidad o animacidad, especificidad, individuación, volición, definición actividad y cierto grado de energía estará cercano al uso de le, idea compartida también por Aijón y Serrano (2010: 124). Esta tesis de la individuación es explicada en un estudio por Mojedano (2014), quien, en el marco de la teoría de la transitividad (Hopper y Thompson 1980), afirma que la individuación […] se refiere tanto a la diferenciación del paciente con el agente y también del paciente con su propio fondo. Así, los referentes de sustantivos que son propios, animados, concretos, singulares y referenciales, están más individualizados que aquellos que son comunes, inanimados, abstractos, plurales y no referenciales. […] Siguiendo esta teoría, se espera que los referentes nominales dativos animados, los cuales tienen más características de transitividad que los inanimados, concuerden más veces con el referente pronominal que los referentes inanimados (Mojedano 2014: 85). De las tres degradaciones propuestas, Huerta (2005: 172) considera que «la mayor motivación para la pérdida de concordancia» es precisamente esta. La segunda de las degradaciones sería la sintáctica. En este sentido, considera de importancia el hecho de que exista copresencia de otras funciones sintácticas junto al OI, en especial la función de OD, de forma que la aparición de esta aumentaría la probabilidad de discordancia como consecuencia directa de la competencia argumental, la cual generaría un debilitamiento categórico del OI que debería ser recuperado mediante la pérdida de la marca de plural del clítico dativo. Por último, en tercer lugar, la degradación pragmática, que está en relación con la tematización y la topicalidad del OI. En este sentido, el uso de le frente a les se vería favorecido por la lejanía y la desvinculación del OI con el evento, con una codificación menos clara que llevaría al hablante a integrar en la oración el clítico invariable. Esto explicaría que el fenómeno se encuentre con una frecuencia más elevada en los clíticos de dativo que los de acusativo, pues la jerarquía de topicalidad de casos propone la escala AGENTE/SUJETO > DATIVO/EXPERIMENTANTE > ACUSATIVO/PACIENTE, ! 9! siguiendo a Company (1998: 539-50), Faltz (1978: 83-84), Givón (1976: 152160), Langacker (1991: 236-239), Newman (1996: 74-88), Ortiz (1995: 12) y Taylor (1997: 84). En resumen, «si la concordancia está en correlación con la centralidad, y esta se fundamenta en las nociones de agentividad y topicalidad, es natural que la extensión de la concordancia sea máxima para aquella función que alcance un grado más alto de agentividad y topicalidad –el SUJ-, y descienda a medida que bajamos estas escalas» (García-Miguel y Vázquez 1994: 4). En consecuencia, la hipótesis que plantea es la siguiente: La pérdida de concordancia del clítico con su frase nominal objeto indirecto plural se produce mayoritariamente cuando el OI se encuentra degradado respecto de sus características prototípicas definitorias. Mediante tal pérdida de concordancia el clítico dativo, casi afijado al verbo, se despronominaliza adquiriendo una nueva significación de marca de concordancia objetiva verbo-objeto, esto es, se reinterpreta, vía reanálisis, pasando de ser un pronombre a una marca de concordancia. La función de esta marca es señalar y anunciar en el núcleo de la predicación que en esa frase verbal existe un objeto prominente: el objeto indirecto (Huerta 2005: 171). 2.2. En el español se pueden leer y oír ejemplos como los siguientes: (1) (a) Le daba dinero a los niños (MA 722M32) (b) Los socios decidieron […] Entonces les salió la oportunidad (MA 112H12) (2) (a) El vídeo lo graba él (MA 719H23) (b) Esos libros están precintados […] No los podía leer (MA 712H12) (3) (a) Mi infancia y mi juventud la he pasado yo mucho en mi pueblo (MA 721M32) (b) Copiabas todas las cosas, las dibujabas (MA 717M32) Es decir, los ejemplos de la serie (a) muestran los casos en los que los OD / OI aparecen acompañados del clítico en la misma cláusula, mientras que en los ejemplos de la serie (b) simplemente aparece el pronombre átono. La coexistencia de un clítico de ! 16! El corpus se organiza mediante cuotas de afijación uniforme, que dividen en diferentes subcategorías a los informantes en función de tres parámetros sociales: edad, sexo y nivel de estudios. Con estos criterios, en La Tabla 1 se refleja la muestra-tipo, que distingue, en primer lugar, tres grupos generacionales: Generación I (20-34 años), Generación II (35-54 años) y Generación III (más de 55 años). El segundo parámetro, el sexo, se divide en función del sexo (hombres y mujeres). En tercer lugar, se clasifica la población por nivel de estudio: primaria (0-10 años de estudio), secundaria (10-14 años de instrucción) y superior (más de 15 años de escolarización). Respecto al tamaño de la muestra, se han seleccionado a 72 informantes, distribuidos en cuatro informantes por cada casilla de la Tabla 1. Cada uno se registra con una clave (por ejemplo, MA 718M23). Esta clave se debe leer de la siguiente forma: el número antes de la letra (en este caso, 718), recoge el número de informante. La letra H o M refieren al sexo del informante: H=hombre, M=mujer. La siguiente cifra representa la generación, y la segunda, el nivel de instrucción. Así el ejemplo de MA 718M23 es del informante D. XXX, un hombre de la segunda generación con un nivel de estudios superior. Tabla 1 Características de los informantes ! Generación)I) (20-34)años)) Generación)II) (35-54)años)) Generación)III) (más)de)55)años)! Hombres) Mujeres) Hombres) Mujeres) Hombres) Mujeres) Nivel)de)estudios)I) 4! 4! 4! 4! 4! 4! Nivel)de)estudios)II) 4! 4! 4! 4! 4! 4! Nivel)de)estudios)III) 4! 4! 4! 4! 4! 4! Con cada hablante, el entrevistador ha procedido a realizar una conversación de una media de 45-50 minutos de duración. Las conversaciones han sido semidirigidas. La función del entrevistador, que lleva preparados una serie de temas, es acercar al informante al registro más espontáneo posible. 3.2. A la hora de establecer los factores lingüísticos que se analizarán, se ha partido de una serie de estudios previos para determinar cuáles habían resultado significativos y cuáles no. Dentro de la hipótesis planteada, se han tratado de analizar ! 17! aquellos factores que pueden llegar a influir en el proceso de gramaticalización. Consecuentemente, se explicará el porqué de la elección de estos. Así pues, se estudiará si estos factores influyen y de qué manera en el empleo de le o les dos en referencia a un OI de número plural.! ! Las factores lingüísticos que se analizarán serán los siguientes: (1) Duplicación: a) Anafórica: A los niños se les da el alta (MA 719H23) b) Catafórica: Le sisábamos a nuestros padres la comida (MA 719H23) c) Relativo + clítico + verbo: Hay profesores nuevos que les sobra su tiempo (MA 061H23) d) No duplicación: ¡Cuéntales ese chiste! (MA 064M13) En el caso de que exista duplicación, la colocación del átono se trata de una de las variables que más frecuencia se ha tenido en cuenta en los estudios de discordancia de le. Sánchez (2005: 49) afirma que esta variable es significativa en su estudio de los pronominales de tercera persona en el español de Caracas. Soreson (2015: 151) afirma también que no es usual encontrar le después de haber nombrado su referente en posición preverbal y que es más frecuente el uso de le cuando el orden es clítico – verbo – FN. A una conclusión semejante llegan también Caicedo (2011: 35), Mojedano (2014: 88), Atencio (2003: 50) y Huerta (2005: 184-185), quien además afirma que el fenómeno de discordancia puede estar extendiéndose al orden OI – verbo por encontrar un 4% de casos. (2) Expansión del referente: a) Complemento adnominal: los hombres de pueblo […] vienen a que yo les injerte los árboles (MA 731H22) b) oración relativo: a mis niños que no entienden nada y a mi mujer les suelto el rollo (MA 719H23) c) no expansión: ellos sí le dan más vueltas a mis padres (MA 719H23) ! 18! Huerta (2005: 176-177) también encuentra como variable favorecedora de la discordancia cualquier tipo de expansión de la FN del referente del tipo Díaz quería otorgarle esos territorios a los nuevos terratenientes mexicanos fieles a él, notablemente a la familia […], pues en ese caso el OI sería más difícil de codificar. (3) Papel Semántico del referente: a) Receptor: a los niños si los metes tres días en la cama le están dando juguetes (MA 072M33) b) Experimentante: ¡a todos les gustan las letras! (MA 723M33) Simplificándolos en dos categorías, receptores y experimentantes (entendidos los primeros como aquellos en los que se produce una transferencia y los segundos en los que no), Huerta (2005: 178-180) considera que es una variable significativa debido a que, cuanto más afectado se encuentre el referente, más débil se percibirá la entidad, creándose dificultades para su codificación; es decir, entiende que si el antecedente del clítico es un receptor, es más probable que exista la discordancia. (4) Copresencia de otras funciones: a) No presencia o sujeto: la lengua y la literatura no les disgusta (MA 713M33) b) OD: No le cojo aprecio tampoco a las cosas (MA 729M12) c) Complemento de régimen: Háblales de ecología (MA 716H33) Huerta (2005: 181-182) también ha encontrado influyente la copresencia de otras funciones en la cláusula, en concreto la del OD, debido a que en este contexto disminuye la prominencia discursiva del OI al existir dos argumentos simultáneos compitiendo. (5) Centralidad: a) Regido: Le daba dinero a los niños (MA 722M32) b) No regido: No le tengo afición a los ordenadores (MA 731H22) ! 19! Huerta (2005: 183-184) también tiene en cuenta la centralidad del OI en el evento, entendiendo por entidad central aquella que goza de un papel relevante, ya que se percibe el OI no central como débil o amenazado y necesita reforzarse con un mecanismo de señalización del verbo. A la hora de codificar esta variable, surgía el problema de cómo diferenciar cuantitativamente qué OI es regido y no regido. Para ello, se ha tomado como referencia a García-Miguel (2012), quien diferencia los conceptos de valencia y actantes obligados y opcionales, consistiendo la primera en las funciones potenciales que un verbo puede llegar a incorporar, y los segundos en la probabilidad real de que aparezcan. Por ello se comprobaron los porcentajes en ADESSE, base de datos de verbos, Alternancias de Diátesis y Esquemas Sintáctico-Semánticos del Español, donde se muestra la frecuencia de aparición de funciones sintácticas en cada acepción de cada verbo, de forma que se han considerado como no regido aquellos verbos que utilicen un OI con una frecuencia menor al 30%, y como regidos los verbos por encima de este porcentaje. De esta forma, para interpretar si el OI es regido o no en la acepción del verbo abrir, al aparecer tan solo el OI en un 15,6% de ejemplos, se entiende como no regido. 6) Género del referente: a) Masculino: Si nos tocara le compraría un piso a mis hijos (MA 718M23) b) Femenino: No le pedimos demasiado a las cosas (MA 005M23) c) Neutro: No hay casos registrados d) otros (masculino genérico, varios de distinto género): Les gusta a la abuela y al tío (MA 072M33) (7) Animacidad del referente: a) Humano: A tus amigas pues en un montón de meses pues le escribías una vez (MA 711M23) b) Animado no humano: ¡Les hacía un martirio a las pobres ranas! (MA 721M31) c) No animado: A los ojos claros les afecta mucho la claridad (MA 704M22) ! 20! En relación con la teoría de los prototipos, Huerta (2005: 173-174) encuentra significativa la animación del referente, en cuanto que si este se aleja del prototipo de animado del OI; esto es, si es no animado, la probabilidad de que se dé la discordancia es mayor. Atencio (2003: 57), Caicedo (2011: 37-38) y Mojedano (2014: 88) comparten esta hipótesis. No obstante, los estudios de Sorenson (2013: 149-150) atestiguan el fenómeno contrario; es decir, que hay un mayor uso de le cuando el referente es animado. (8) Colocación del átono: a) Antepuesto al verbo: Lo mismo que les pasó a mis padres (MA 148M13) b) Pospuesto al verbo: A los inmigrantes hay que abrirles las puertas (MA 736H23) Se trata de una de las variables que más frecuencia se ha tenido en cuenta en los estudios de discordancia de le. Sánchez (2005: 49) afirma que esta variable es significativa por Chi cuadrado en su estudio de los pronominales de tercera persona en el español de Caracas. Asimismo, Soreson (2015: 151) afirma que no es usual encontrar le después de haber nombrado su referente en posición preverbal y que es más frecuente el uso de le cuando el orden es clítico – verbo – FN. Llegan a una conclusión similar Atencio (2003: 50), Caicedo (2011: 35), Mojedano (2014: 88) y Huerta (2005: 184-185), quien además afirma que el fenómeno de discordancia puede estar extendiéndose al orden OI – verbo por encontrar un 4% de casos. (9) Formas verbales: a) Personales: Para que les diera el sol (MA 078H33) b) Impersonales: Para prepararle la cena a sus padres (MA 719H23) Respecto a esta variable, se busca comprobar que el pronombre átono enclítico tras el verbo en infinitivos y gerundios (como en el ejemplo b) sea un contexto favorecedor del uso de le por les. Esto sería lo esperado, pues ocuparía una posición próxima a los morfemas subjetivos del verbo. Por ello, partiendo del segundo requisito para la consideración de conjugación objetiva aplicada al español de Llorente y Mondéjar (1974: 41-42), se espera que cuando el átono aparezca en posición enclítica tras infinitivo ! 21! o imperativo, al estar en contacto con los morfemas subjetivos, sea más frecuente el uso de le como morfema objetivo. Las factores sociales que se analizarán para ver su distribución son los siguientes: (10) Sexo del informante: a) Hombre b) Mujer (11) Edad del informante: a) 1ª Generación (Hasta 35 años) b) 2ª Generación (36 – 54 años) c) 3ª Generación (55 años o más) (12) Nivel educacional: a) Estudios básicos b) Estudios medios c) Estudios superiores En cuanto a las variedades sociales, Sorenson (2013: 147-149) aplica la variable del sexo. Los resultados no resultan significativos, pues el uso de le solo es ligeramente superior en hombres que en mujeres. Atencio (2003: 59) confirma también la cercanía de los porcentajes, pero tendiendo a favor de los hombres. El nivel socioeconómico, clasificado en cinco categorías (alto, medio-alto, medio, medio-bajo, bajo), presenta una curva de porcentajes parejos. Por último, respecto al grupo generacional, clasificados en cuatro (14-29, 30-45, 46-59, 60 o +), afirma que es ligeramente superior cuanto más joven, con porcentajes del 15%, 12%, 11% y 10% respectivamente. Soto, Sadowsky y Martínez (2013:229-230) afirman que la mayoría de autores recogen que la discordancia se da con menor frecuencia con un mayor nivel educacional, que es más frecuente en mujeres que en hombres y que se da más en jóvenes que en adultos. ! 22! Al haberse codificado el Corpus con un número elevado de factores lingüísticos para acoger otros posibles estudios del habla de Málaga, no se han tenido en cuenta las siguientes variables por no haber resultado significativas con el objeto de estudio: contabilidad del antecedente, sujeto de la oración, posición del sujeto, construcciones condicionadas, perífrasis, tiempo verbal y aspecto verbal. 3.3 Los datos recogidos se analizaron estadísticamente mediante el programa Statistical Package for the Social Sciences (SPSS), un programa intuitivo que permite realizar análisis estadísticos descriptivos de tablas cruzadas para comprobar si dos variables son independientes o no, de forma que se pueda ver qué factores lingüísticos influyen en el uso de le o cuales son fruto del azar. Se consideraron significativas aquellas variables que arrojaron un margen de error inferior o igual al 5%. 4. Análisis 4.1 Previo al análisis, conviene recalcar el hecho de que los materiales proceden de «la ciudad de Málaga, donde la pérdida de /s/ implosiva es prácticamente categórica» (Vida 2003: 6). De esta forma, como se comentó anteriormente, podrían presuponerse posibles causas fonéticas. No obstante, en datos generales (Tabla 2), en el Corpus analizado aparecen 303 casos de discordancia, y resulta interesante ver cómo varía considerablemente dicho porcentaje en el clítico dativo le en comparación con el acusativo, ya sea en su forma masculina lo, como en la femenina la. Aparecen 172 usos de le por les, lo que supondría un porcentaje del 68,6 % del total de discordancias, anticipándose así que la posibilidad de que la causa sea la fonética es poco probable. Este porcentaje contrasta claramente con los 49 usos de lo por los (19%) y los 32 de la por las (12,4 %). Tabla 2 Discordancias de pronombre átono con antecedente plural ! N! %! La)por)las) 32) 12,4! Lo)por)los) 49) 19! Le)por)les) 172) 68,6! Total! 303! 100! ! 23! Lo cierto es que en los casos de acusativo masculino con antecedente plural se produciría una discordancia en 49 casos. Pero hay que tener en cuenta que estos 49 usos de lo por los se producirían dentro de los 589 casos que hay de pronombre átono con un referente con función OD masculino plural, lo cual supone solo un 8,3% de discordancia en el clítico de acusativo masculino. De aquí se infiere que posiblemente sean causas fonéticas características del habla de Málaga. Respecto al acusativo femenino, se recogen 32 casos de la por las de los 332 pronombres átonos con un referente con función de OD femenino plural: un 9,6% de discordancia. Este porcentaje, similar al de acusativo masculino, permite deducir nuevamente que sean causas fonéticas o azarosas. !Por otro lado, se registran 172 usos de le por les de 449 átonos con referente con función OI plural, lo que supone un 36,7 % de los casos. Es decir, existe discordancia en el 36,7 % de los casos. Dicho de otro modo, a la hora de que un pronombre átono refiera a un CI plural, tan solo en el 63,3 % de los casos se utiliza el pronombre que se esperaría que se emplease (esto es, el plural les), mientras que existe un elevado número de casos en que se emplea el pronombre singular le para referenciar un CI plural. Tabla 3 Discordancias en cada clítico Clítico acusativo masculino N % Clítico acusativo femenino N % Clítico dativo N % Lo 49 8,3 La 32 9,6 Le 172 36,7 Los 540 91,7 Las 300 90,4 Les 277 63,3 Total 589 100 332 100 449 100 Esta diferencia porcentual, unida al hecho de que «el problema de la falta de concordancia entre el clítico y la FN objeto indirecto plural […] parece tener un notable crecimiento en el español moderno» (Huerta 2005: 166), da pie a descartar del estudio estos escasos ejemplos de discordancia numérica en pronombres de acusativo, pues lo más probable es que se produzcan por fonética o concordancia de sentido. Consecuentemente, se analizará simplemente la variación en el clítico dativo. ! 24! 4.2. Concretado ya como objeto de estudio la variación le/les, se analizan qué factores favorecen el uso de este le invariable. En primer lugar, los factores lingüísticos arrojan resultados significativos. 4.2.1 Como puede observarse en la Tabla 4, se aprecia un porcentaje significativamente más elevado de usos del clítico singular le cuando aparece acompañado de su referente que cuando lo hace solo. Tabla 4 Objetos indirectos con duplicación vs. no duplicación ! LE) LES) ! Total! N! %! N! %! Cualquier)duplicación)) 81) 52,6! 73) 47,4! 154! No)duplicación)) 84) 28,5! 211) 71,5! 295! Total! 165! 36,7! 284! 63,3! 449! Chi2!66,831!!sig.!0.000!V!de!Cramer!0.238 ! Entrarían pues estos números dentro de lo esperado según la hipótesis; es decir, que el contexto de la duplicación favorece el uso de le frente a les. Dentro de esta misma variable, se procedió a una recodificación para poder comprobar si algún tipo de duplicación podía tener mayor influencia que otra. Así, se apreció que el contexto verdaderamente favorecedor es el de la duplicación catafórica, pues la Tabla 5 muestra en esta duplicación catafórica un porcentaje bastante superior de usos de le que en el resto de duplicaciones. Tabla 5 Objetos indirectos duplicados vs. no duplicados ! LE) LES) ! Total! N! %! N! %! Anafórica) 11) 19,6! 45) 80,4! 56! Catafórica) 66) 74,2! 23) 25,8! 89! Reasuntivo) 4) 44,4! 5) 66,6! 9! No)duplicación) 84) 28,4! 211) 71,6! 295! Total! 165! 36,7! 284! 63,3! 449! Chi2!69,560!!sig.!0.000!V!de!Cramer!0.394! ! 25! Así pues, en este caso, los porcentajes se polarizan. Sería así la duplicación catafórica un factor muy influyente a favor del uso del le invariable en referente a un OI plural. También se consideró necesario establecer una comparación solo entre los casos de anafórica y catafórica, para acabar de comprobar (véase Tabla 6) cómo la duplicación catafórica es la verdaderamente influyente. Tabla 6 Objetos indirectos con duplicación catafórica vs. duplicación anafórica ! LE) LES) ! Total! N! %! N! %! Duplicación)catafórica) 66) 74,2! 23) 25,8! 89! Duplicación)anafórica) 11) 19,6! 45) 80,4! 56! Total! 77! 53,1! 68! 46,9! 145! Chi2!41,018!!sig.!0.000!V!de!Cramer!0.532! ! Se puede entonces inferir, pues, que el proceso de gramaticalización del clítico dativo está ya muy extendido en el caso de duplicación del referente expresado posterior al clítico dativo le, y que está iniciándose, aunque todavía con pocos casos, cuando el clítico refiere a un antecedente ya expresado. Estos datos se corresponden con los porcentajes de estudios previos, ya sean estos de lengua oral, escrita, u oral y escrita. Atencio (2003: 50), en su estudio del español hablado en Maracaibo, recoge un porcentaje de uso de le por les del 5% en casos de duplicación anafórica, frente al 17% de duplicación catafórica. Asimismo, Sánchez (2005: 45), quien estudia el habla de Caracas, encuentra también en un primer momento un mayor empleo de le invariable en el contexto de la duplicación (un 21%, frente a un 7% en casos de no duplicación), y, diferenciando entre catáfora y anáfora, un 30% de discordancias en el primer caso frente a un 5% en el contexto de anáfora. También Mojedano (2014: 89), recoge en el español de México, Colombia y España un 50% de usos de le por les cuando se produce duplicación catafórica y un 10,4% cuando la duplicación es anafórica, con un peso de 0.637. En lengua escrita, los porcentajes también reflejan mayor discordancia con duplicación catafórica. Caicedo (2011: 30) encuentra en el español escrito de Colombia un 6,34% de discordancia en anáfora y un 88,82% en catáfora, y Soto, Sadowsky y ! 32! Para ello, se analizaron primero los dos posibles casos de duplicación anafórica; esto es, a) OI – le – verbo (A él le dijo) y b) OI – verbo – le (A él díjole), arrojando los datos de la Tabla 16. Tabla 16 Clítico preverbal vs. posverbal con duplicación anafórica ! LE) LES) ! Total! N! %! N! %! Preverbal) 10) 19,2! 42) 80,8! 52! Posverbal) 1) 25! 3) 75! 4! Total! 11! 19,6! 45! 80,4! 56! Chi2!0,780!!sig.!0.000!V!de!Cramer!0.780! ! A continuación, se realizaron los dos posibles cruces de duplicación catafórica; es decir, a) verbo – le – OI (díjole a él) y b) le – verbo – OI (le dijo a él), mostrado en la Tabla 17. Tabla 17 Clítico preverbal vs. posverbal con duplicación catafórica ! LE) LES) ! Total! N! %! N! %! Preverbal) 45) 62,2! 22) 32,8! 67! Posverbal) 21) 95,5! 1) 4,5! 22! Total! 66! 74,2! 23! 25,8! 89! Chi2!6,917!!sig.!0.009!V!de!Cramer!0.279! ! Así, se puede inferir que la posición del átono resulta significativa, pero en especial en los casos de duplicación catafórica. Resulta especialmente llamativo el porcentaje de 95,5% de uso de le en posición posverbal con duplicación catafórica. Estos ejemplos corresponderían a la posición enclítica (limpiándole el polvo a las figuritas). De ello se podría deducir que el le actuaría en este contexto más que en ningún otro como morfema objetivo por la posición contigua a los demás morfemas verbales. Como ya se señalara en la introducción, de hecho Llorente y Mondéjar (1974) destacaban el hecho de ! 33! que, cuando el átono aparece enclítico, este modifica a los morfemas subjetivos, lo que es propio de las lenguas de conjugación objetiva, como en el ejemplo lavemos + nos > lavémonos. 4.2.9. Esto ha llevado a tener muy en cuenta la variedad de la forma verbal. Efectivamente, las formas no personales se muestran como un factor favorecedor del uso de le invariable, frente a las formas personales. Tabla 18 Verbo en forma personal vs. no personal ! LE) LES) ! Total! N! %! N! %! Personal) 120) 31! 267) 69! 387! No)personal) 45) 72,6! 17) 27,4! 62! Total! 165! 36,7! 284! 63,3! 449! Chi2!39,734!!sig.!0.000!V!de!Cramer!0.297! Así, se podría entender que en la posición enclítica, ya sea en el infinitivo o en el gerundio, el pronombre átono quedaría prácticamente gramaticalizado, funcionando simplemente como un morfema objetivo (en este caso sí anclado al verbo, como con y junto a los morfemas subjetivos), lo que explica que el fenómeno este más avanzado en estos contextos. 4.3. Tras el análisis de las variables lingüísticas, las variables sociales han proporcionado también datos relevantes. 4.3.1. En cuanto al sexo, resulta significativo a favor de los hombres. ! 34! Tabla 19 Sexo del informante ! LE) LES) ! Total! N! %! N! %! Hombre) 94) 42! 130) 58! 224! Mujer) 71) 31,6! 154) 68,4! 225! Total! 165! 36,7! 284! 63,3! 449! Chi2!5,232!!sig.!0.022!V!de!Cramer!0.022! ! Los resultados de Sorenson (2013: 148) al respecto no resultan significativos, pues el uso de le solo es un 3,4% superior en hombres que en mujeres (un 39,8% frente a un 36,4%). Atencio (2003: 59), presenta un 16% de discordancias en hombres y un 10% en mujeres. Así pues, el fenómeno parece ser ligeramente más frecuente en hombres que en mujeres, lo que correspondería con la idea de Labov (1990), recogida por Sorenson (2013: 148-149), de que las mujeres tienden a emplear formas de prestigio con mayor frecuencia que los hombres, si bien es cierto que la igualdad entre ambos en este fenómeno puede deberse a que no se considera como no prestigioso, o al menos, si se hace, de forma suave. ! 4.3.2. El nivel educacional resultó la variable social más significativa. La Tabla 20 muestra cómo el uso de le por les es más habitual a medida que el nivel de estudios es menor. Tabla 20 Nivel de instrucción del informante ! LE) LES) ! Total! N! %! N! %! Estudios)básicos) 36) 50! 36) 50! 72! Estudios)medios) 70) 40,9! 101) 59,1! 171! Estudios) superiores) 28,6) 32,6! 147) 71,4! 206! Total! 165! 36,7! 284! 63,3! 449! Chi2!12,555!!sig.!0.002!V!de!Cramer!0.167! ! 35! Así pues, a medida que el nivel de estudios es mayor, menor resulta el porcentaje de empleo de les, por lo que podría concluirse que el proceso de gramaticalización es un proceso que está avanzando desde 4.3.3. Finalmente, la edad no ha resultado una variable relevante. A pesar de ser ligeramente superior en el grupo de edad medio (36 – 54 años), lo cierto es que la diferencia es mínima. Atencio (2003: 59), respecto al grupo generacional, clasificados en cuatro (14-29, 30-45, 46-59, 60 o +), muestra que es ligeramente superior cuanto más joven, con porcentajes del 15%, 12%, 11% y 10% respectivamente. Sin embargo, la diferencia tampoco parece ser significativa. Tabla 21 Edad del informante ! LE) LES) ! Total! N! %! N! %! Primera) generación) 42) 37,8! 69) 62,2! 111! Segunda) generación) 52) 43,3! 68) 56,7! 120! Tercera) generación) 71) 32,6! 147) 67,4! 218! Total! 165! 36,7! 284! 63,3! 449! Chi2!3,934!!sig.!0.140!V!de!Cramer!0.140! 5. Conclusiones A raíz de los resultados arrojados por el análisis de los datos, se registró que los contextos lingüísticos que favorecen la invariabilidad de le frente al clítico con la marca de pluralidad, les, son los siguientes: que el clítico coaparezca junto al OI refiriéndolo de forma catafórica; que el referente esté expandido, ya sea mediante un CN o mediante una subordinada de relativo; que el OI goce del papel semántico de receptor; que el verbo no rija obligatoriamente el OI; que el género del referente sea femenino; que el referente sea inanimado; que el clítico aparezca en posición preverbal; que el verbo se encuentre en una forma no personal, llevando de esta forma el átono enclítico. De estos contextos, el ! 36! que ha reflejado ser más significativo es el de la duplicación catafórica, con un porcentaje del 74,2% de casos de le por les. Es decir, el orden Clítico – verbo – FN ha resultado ser el contexto que más favorece la discordancia entre el clítico y el referente con función OI. Por otro lado, en cuanto a las variables sociales, se esperaba que fuera más frecuente el uso innovador en informantes de menor edad y de bajo nivel educacional. Sin embargo, a pesar de que el análisis de los datos ofreció que el nivel educacional inferior sí era un contexto favorecedor y significativo, lo cierto es que la edad no arrojó los datos esperados, ya que, si bien es cierto que el porcentaje era ligeramente superior en el grupo de edad medio, no fue estadísticamente significativo. Por otro lado, el sexo del informante sí lo fue a favor de los varones. Estos resultados significativos corroborarían que este proceso de discordancia no es fruto de azar, ni tampoco causado por motivos fonéticos (en ese caso no se entendería que el uso de un clítico u otro variase en función de ciertas variables), sino que debe entenderse como fruto del proceso de gramaticalización que el pronombre átono estaría experimentando desde hace años la lengua española. Prueba de ello es que estos contextos mencionados tengan en común un alejamiento de las categorías prototípicas del OI; es decir, contextos donde el OI resulta difícil de percibir, de manera que el átono se despronominalizaría para pasar a funcionar como una marca de referencia cruzada que señalara al verbo que rige un OI. Para finalizar, conviene recordar que este es un trabajo de iniciación a la investigación y por ello simplemente se ha procedido a realizar un estudio para determinar qué contextos resultan favorecedores para el uso de le por les. Queda, pues, pendiente para un estudio posterior realizar un análisis de regresión para establecer un modelo que refleje cuáles de esos contextos influyen con más fuerza y significación en la discordancia. ! 37! 6. Bibliografía Corpus Ávila Muñoz, Antonio Manuel, María de la Cruz Lasarte Cervantes y Juan Andrés Villena Ponsoda (eds.) (2008). El español hablado en Málaga II. Corpus oral para su estudio sociolingüístico. Nivel de estudios medio. Málaga: Sarriá. Ávila Muñoz, Antonio Manuel, María de la Cruz Lasarte Cervantes y Juan Andrés Villena Ponsoda (eds.) (2009). El español hablado en Málaga III. Corpus oral para su estudio sociolingüístico. Nivel de estudios alto. Málaga: Sarriá. Vida Castro, Matilde (ed.) (2007). El español hablado en Málaga. Málaga: Sarriá. Recursos web ADESSE, base de datos de verbos, Alternancias de Diátesis y Esquemas SintácticoSemánticos del Español. <http://adesse.uvigo.es/> [Consultado 1 junio 2016]. 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