Alonso o el veneno de la vida: [Poesía]
Full text
95 Número 20 Enero 2017 Vicente Ortiz Sánchez Alonso o el veneno de la vida I Iniciada la marcha, con los ojos quietos en lo que no se ha de volver a ver jamás, el viaje lo cubre todo, no existe más que avanzar. El alrededor desaparece, engullido por la ilusión del /movimiento. El viaje es un proceso orgánico. Existe por sí /mismo. No hay destino. Palpita un fracaso amargo en la idea de arribar. El viaje se perpetúa en el camino, crece como una planta devoradora, como una enfermedad. Avanzar y nada más. No hay solución. No hay finalidad. No hay utilidad. No hay nada más /allá. Avanzar. Olvidarse de lo que se es. Avanzar. Perderse en cada paso. Renunciar a la quietud.
96 pArAdigmA Revista Universitaria de Cultura El delirio de la quietud. La ficción del silencio. II Hecho el verbo, Dios, con las manos abiertas, los dedos tensos de director de orquesta, dejó escapar el ruido eterno. Como quien libera una fiera. III El silencio es una construcción teórica, un concepto especulativo, Una ficción: no hay oído humano tan perfecto ni tan sano sobre la tierra capaz de captar tan solo una levísima aproximación a la total ausencia de /sonido.
97 Número 20 Enero 2017 O quizá, y he aquí la pedrada en la laguna, el silencio es anterior a Dios. IV Alonso, bajo rudimentarias telas, oía sus pies revolverse y palpitar, condenados a vagar como penitentes inmaculados. Condenados por el maleficio ancestral del silencio. ¿Quién no ha peleado consigo mismo al descubrir que ese de quien hablan las páginas no es uno mismo sino otro, ni siquiera parecido? ¿Quién no ha despertado de /madrugada y ha visto su vida convertida en tarántula deslizándose en la penumbra de las paredes? Huir de lo que somos: he ahí el drama. V En un lugar de la memoria, de cuyo nombre nunca consigo acordarme,
98 pArAdigmA Revista Universitaria de Cultura habitó hace muchos años alguien que una vez me miró con ojos de pájaro muerto desde el espejo. Ahora voy por los caminos desfaciendo la vida como los papeles que arden y que al arder aprenden a volar. VI Alonso sabe cosas que nadie más que él sabe: posee su propio secreto, solo que Alonso, al contrario que la inmensa mayoría que vaga por ahí ignorante /de su reflejo y su sombra, se topó con él un jueves por la mañana temprano, después de una noche en vela, una de tantas, entre /libélulas, arena y tijeras. En las sombras y en las huellas del polvo un sendero, una explosión que lo lleva directamente al manantial de heridas que entran por los ojos
99 Número 20 Enero 2017 como afiladas uñas de oscuridad. No es desafinada ceguera, es eso que empuja a aquel alemán que no podía dejar de andar por los bosques, por si tal vez su dolor se quedaba prendido en una rama hermana. VII Huye Alonso; se aleja sin mirar atrás, como si el alba lo amaneciese más allá de sí mismo y su certeza. (Maldita certeza: el veneno del mundo.) VIII Alonso duda. Cada paso es un misterio un agujero un lago, como heridas secas, ajeno de promesas y piel. La realidad
100 pArAdigmA Revista Universitaria de Cultura es un fantoche, una criatura que nació decrepita, se decía Alonso, mientras bajo la cama los gigantes florecían, florecen, /copulan, bailarán. Y sin saber evitarlo, inició el camino. Salió. IX La duda es el motor y el combustible. La curva que nos lleva a despeñarnos, la vela hinchada que nos eleva sobre las olas. Alonso quería penetrar en el silencio, ser el centro de una historia lineal que comienza y termina en un mismo plano, comprensible por todos. La reflexión es un insecticida que no solo mata lo que merece morir. El patio de butacas, todos los patios y todas la butacas, poseen el secreto de la paciencia,
101 Número 20 Enero 2017 la ciencia de la oscuridad, esa extraña hermanastra del silencio. Alonso, generoso como un salvaje, mira alrededor, comprende que su público son las piedras y los matojos, la polvareda y el agua estancada y los escarabajos y las huellas de las perras huérfanas. Animal entre animales, Alonso baja la cabeza y observa su triste sombra ardiendo por ser de su mismo contorno y /cadencia. Sabe (primera persona del verbo sangrar) que ante él se extiende el tiempo desnudo, el silencio extenuado, nada.