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Shakespeare, Cervantes y la melancolía

López Mondejar, Lola

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87 Número 20 Enero 2017 DURANTE EL XVI, EL LLAMADO SIGLO DE LA melancolía 1 , hubo un enorme incremento del número de suicidios; fueron unos largos años afectados por lo que Aristóteles había llamado la bilis negra. Los tratados sobre la melancolía, que abundaron a lo largo de todo él tanto en Inglaterra como en el resto de Europa, trataban de analizar esa tristeza sin objeto que aquejaba a los hombres y mujeres de la época. Fue también el siglo de la aparición del autorretrato y de la autobiografía, como si el hombre, que se alejaba de Dios, decepcionado de sus promesas redentoras y de la esperanza de la religión, y confrontado a la realidad de las sangrientas masacres de la reforma y la contrarreforma, se volviese hacia sí mismo en busca de un asidero que Montaigne quiso encontrar en esa exploración luminosa que son sus Ensayos, pero que lo enfrentaba también a una concepción de la muerte desnuda, sin el imaginario religioso que le prometía la inmortalidad. El XVI fue, además, el siglo en el que los hombres y las mujeres quedaron a la intemperie: la concepción del universo protegido por cubiertas celestes se vino abajo de la mano de Thomas Digges. Desde entonces, el hombre se aferra a 1 Minois, Georges, Histoire du mal de vivre. De la melancolía à la depresión, Editions de La Martiniére,París, 2003. la corteza terrestre desesperadamente, buscando envolturas protésicas que le protejan del «silencio eterno de los espacios infinitos», como afirma Sloterdijk 2 , citando a Pascal. Desamparado, en mitad de un universo frío, dirá Niezstche, los hombres y las mujeres se despegan de Dios, decíamos, y se vuelven hacia sí mismos para buscar en el espejo su propia imagen: su autorretrato. Pero esta vuelta hacia sí mismo los confrontará con un vacío: el ser humano carece aún de una construcción subjetiva sólida en la que sostenerse; el mundo interior es incipiente para la mayoría, a caballo entre el hombre de acción de la Edad Media (representado en parte por Alonso Quijano), y el hombre reflexivo de la modernidad, que se desdobla y busca en la razón su asidero, como nos muestran Montaigne o Hamlet. Es así como el escepticismo religioso, la crueldad entre protestantes y católicos de la que el poder religioso hizo gala3, el 2 Sloterdijk, Peter, Esferas I. Burbujas. Microsferología, Ediciones Siruela, Madrid, 2003. 3 Para Vladimir Nabokov, Curso sobre el Quijote de Vladimir Nabokov, Ediciones B, Barcelona, 2016: Las dos partes del Quijote componen una auténtica enciclopedia de la crueldad. Sin embargo, en la España del XVI, la crueldad formaba parte de la vida cotidiana en todas sus facetas, y Cervantes tuvo Shakespeare, Cervantes y la melancolía. Lola López Mondéjar Escritora y psicoanalista. 88 pArAdigmA Revista Universitaria de Cultura aislamiento y la disminución de los lazos gremiales que sostenían la sociedad, confrontan a los hombres con la experiencia aguda de un vacío que surge del fondo del alma, como bien señaló Robert Burton 4 en su Anatomy of Melancholy (1621). La melancolía formaba parte, pues, del air du temps; entendida como profundamente ligada al trabajo intelectual y a la reflexión, y es en ese contexto donde aparecerán las figuras de Shakespeare y de Cervantes5. Se sabe que El Bardo utilizó la conocida obra de Timothy Bright, Tratado de la melancolía (1586), para crear a sus personajes melancólicos, especialmente a Hamlet, aunque, como bien me hace notar su traductor, ÁngelLuis Pujante, la melancolía del príncipe ya quedaba reflejada en el personaje de François de Belleforest (1559-1582) que le antecede, así como, se supone, este rasgo se incluía también en el famoso Hamlet perdido, anterior al de Shakespeare, . Sin embargo, Shakespeare desarrolló esa melancolía hasta la hipérbole, ampliando el catálogo de sus síntomas, en su personaje más representativo. De la locura de don Quijote ha dicho Roger Bartra 6 que la misteriosa enfermedad del hidalgo es expresión de la melancolía de oportunidad de vivirla en numerosas ocasiones en la guerra, en su cautiverio y en su vida familiar. No comparto esta afirmación de Nabokov sobre El Quijote. Como afirmaron Javier Marías y otros, el escritor ruso no entendió el carácter de la crueldad que se muestra en la novela. 4 Burton, Robert, Anatomía de la melancolía, Asociación Española de Neuropsiquiatría, Madrid, 1997. Disponible en pdf: http://www. tienda-aen.es/producto/2-anatomia-de-lamelancolia-i-solo-disponible-enpdf/. 5 Para una introducción a la vida y obra de Shakespeare puede consultarse la biografía de Stephen Greenblatt, El espejo de un hombre, Debolsillo, Barcelona, 2016; para Cervantes, las síntesis biográficas de Antonio Rey Hazas, Miguel de Cervantes, Eneida, Madrid, 2000, o Cervantes. Vida y literatura, Alianza Cien, Madrid, 1995, entre otras. 6 Bartra, Roger, Cultura y melancolía. Las enfermedades del alma en la España del Siglo de Oro, Anagrama, Barcelona, 2001. la época en su forma burlesca. Alonso Quijano quiere creer en la magia, en los encantamientos medievales, pero Cervantes sabe que para mantener esa creencia su hidalgo ha de estar loco. Si toda melancolía nos habla de un objeto perdido, aunque sin identificar, como nos enseñó Freud, quizás, aventuramos, el objeto perdido de la melancolía de don Quijote sea, precisamente, la creencia en la magia y en la fantasía que animaban al hombre medieval, que ahora solo puede ser mantenida como alucinación y locura para el hombre racional moderno. Además, entre otras muchas transformaciones, el siglo XVI se enfrentó a una primera toma de conciencia sobre el ser. Durero, en su famoso retrato, Melancolía I (1514), introdujo un putto que, según el análisis de Klibansky 7 , representa la actividad sin pensamiento propia de la Edad Media, frente al pensamiento sin actividad de la melancolía y la reflexividad modernas. Otra vez la dicotomía, la tensión, colocadas en el centro mismo del ser humano. El hombre singularizado que reflexiona consigo mismo en soledad (recordemos el aislamiento de Montaigne, de Rousseau, de Burton y de tantos otros), ya no establece un diálogo con dios, sino que se enfrenta a una disyuntiva que será la misma que atraviese el carácter de Hamlet: ¿actuar o reflexionar? Una disyuntiva que el príncipe de Dinamarca expresará de forma escindida con una 7 Klibansky, R., Panofsky, E., Saxl, F., Saturno y la melancolía, Alianza Forma, Madrid, 2004. «Desamparado, en mitad de un universo frío, dirá Niezstche, los hombres y las mujeres se despegan de Dios, decíamos, y se vuelven hacia sí mismos para buscar en el espejo su propia imagen: su autorretrato. » 89 Número 20 Enero 2017 acción irreflexiva y «loca» 8 , como si no lograse integrar aún al hombre medieval con el hombre moderno que lo habitan, de manera que la acción irrumpe fuera de toda planificación, con la misma impulsividad irreflexiva y medieval de un Rey Lear. Pues, a pesar de que Lacan diagnosticase a Hamlet de obsesivo, su conducta es impulsiva y errática en todas las caracterizaciones del personaje, desde su primera versión conocida. Pero, ¿y el Quijote 9 ? Cervantes parece quererle decir al mundo a través de Alonso Quijano que hay que ser un loco para creer que la sola acción caballeresca pueda restituir la justicia y la verdad sobre la faz de la tierra. Sin conocimiento de la complejidad de los asuntos humanos, la mera acción no restituye la justicia, como nos muestra en el episodio de la liberación de Andrés 10 , sino que puede comportar más dolor e iniquidad. Siglos más tarde, insistirán en lo mismo Stevenson en su Jekyll y Hyde (1886), e Italo Calvino en su vizconde demediado (1952), lamentándose explícitamente el primero de la naturaleza mixta del hombre, que no puede separar el bien y el mal por 8 Shakespeare, William, Hamlet, traducción de Ángel –Luis Pujante, Espasa (colección Austral), Madrid, 1ª ed. 1994. Sobre la impulsividad de Hamlet se detiene Pujante en el prólogo de su traducción: … el impetuoso príncipe elogia las ventajas de la acción impetuosa (… admitamos que a veces el impulso/nos es más útil que el cálculo…). 9 Cervantes, Miguel de, Don Quijote de la Mancha, Edición Conmemorativa IV Centenario Cervantes, Real Academia Española, Barcelona, 2015. 10 Capítulo 4; y su reaparición en el 31, ambos de la primera parte. completo. Por más que nos pese, uno y otro están intrincados en el ser humano, no hay ingenua escisión entre la bondad y la maldad, como no la hay entre el cielo y el infierno, sino claroscuros, ambivalencias, limbos que confunden a los hombres y a las mujeres y los llevan a la duda, a la inacción y a la melancolía. A este saber moderno se referirá mucho tiempo después Steiner 11 (2007) en una de sus diez (posibles) razones de para la tristeza del pensamiento, cuando afirma: Un velo de tristeza (tristitia) se extiende sobre el paso, por positivo que sea, del homo al homo sapiens. El pensamiento lleva dentro de sí un legado de culpa (pag. 11). ¿Es la pérdida del maniqueismo una razón para la melancolía? Shakespeare y Cervantes fueron testigos de guerras, persecuciones, injusticias, luchas religiosas, episodios donde, para dos hombres geniales, de una agudeza cognitiva sin igual, la dificultad para tomar partido debió apuntar hacia una profunda interrogación sobre la complejidad de las acciones humanas, hacia la dificultad de mantener separados radicalmente el bien y el mal, hacia la imposibilidad mostrada por el poder religioso o real para dilucidarlos. Su compromiso fue entonces con una obra que mostrase esta complejidad de lo humano. Sin embargo, mientras encuentran una moral propia, autónoma e integradora, que sustituya a la fe, lo que finalmente llegará con la Ilustración –ese Sapere aude de Kant que invitaba a tener valor para salir de la dependencia y la guía de otros y atrevernos a pensar por nosotros mismos –, los hombres y las mujeres de los siglos XVI y comienzos del XVII se ensimisman, melancólicos. A caballo entre la Edad Media, con su confianza 11 Steiner, Georges, Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento, Ediciones Siruela, Madrid,2007. «La melancolía formaba parte del air du temps; entendida como profundamente ligada al trabajo intelectual y a la reflexión, y es en ese contexto donde aparecerán las figuras de Shakespeare y de Cervantes. » 90 pArAdigmA Revista Universitaria de Cultura «Sin conocimiento de la complejidad de los asuntos humanos, la mera acción no restituye la justicia. » ciega en Dios y en la obediencia a la autoridad, a quien se le cede la guía moral colectivamente mediante una adhesión radical y desubjetivizante a sus preceptos, y la modernidad, con su confianza en la razón y en el pensamiento reflexivo, Shakespeare y Cervantes crean a sus personajes melancólicos, locos, desubicados, y muestran esa fisura nueva a la que el XVI se enfrentó: la del hombre solo, mortal, reducido a su vulnerabilidad, trágica o cómica, y a su individualidad irremplazable. Como señala Harold Bloom 12 respecto a Hamlet, y hacemos extensivo aquí al Quijote, si bien con características propias, ambos personajes implican la prehistoria de la primera persona interior, ese sujeto moderno que, en adelante, y hasta nuestros días, estará atormentado por las dudas, aquejado de incertidumbre, de vacilaciones y de locura.– 12 Bloom, Harold, Shakespeare y la invención de lo humano, 4ª edición, Anagrama, Barcelona, 2014.