Full text
ANTONIO M ANUEL ROL DÁN BÁEZ
TESIS DOCTO RAL
FISCALIDAD Y CRISIS ECONÓ MICA -FIN ANCIE RA
Director:
DR. JUAN JOS É HINOJO SA TOR RALVO
Catedrático de Derecho Financiero y Tr ibutario
UNIVERSIDAD DE MÁLAGA
FACULTAD DE DERECHO
2015
AUT OR: Antonio Manuel Roldán Báez
http://orcid.or g/0000-0001-7368-6451
EDIT A: Publicaciones y Divulgación Científica. Universidad de Málaga
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-
SinObraDerivada 4.0 Internacional:
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Málaga (RIUMA): riuma.uma.es
III
FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA
IV
V
«Los princip ales inconv enien tes de la so ciedad econ óm ica en
que viv imos son su incapa cidad p ara procurar la ocupa ción plena y
su arbitraria y desigual distr ibución de la r iqueza y los ingresos» .
1
JOHN MAYNA RD KEYN ES (1936)
1
KEYNES, J. M. : No tas finales so bre la filosofía social a que podría conducir la T eoría g eneral , en Teoría
general de la ocupación, el in terés y el din ero , F ondo de Cultura Económica, México, 1 1ª reimpr., 1980 ,
Libro VI: Breves consideraciones suge ridas po r la T eoría general, cap. 24, p. 328.
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VII
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN 1
CAPÍTULO I
FUNCIONES DEL ESTADO Y PAPEL DE LA IMPOSICIÓ N EN
LAS SOCIEDADES MODERN AS 11
1. La s funciones del Esta do en las sociedades modernas 11
1.1. Problemas económicos y soc iales, y sistemas de org anización
social 15
1.1.1. Actividad económica y sistemas económicos 17
1.1.2. Naturaleza y rasgos estructura les d el Capitalismo 32
1.2. ¿Por qué hay ciclos económicos en el Capitalism o? 39
1.2.1. Tipología de ciclos 45
1.2.2. La s fases del ciclo económico 49
1.3. La s grandes depresiones del último si glo 54
1.3.1. La Gran Depr esión de 1929 54
1.3.2. La Gran Recesión de 2008 66
2. El papel del Estado en la Economía Política Clásica y en la Economía
Marxista 88
2.1 El Estado en el Pensamiento Clásico: del Estado mínimo al
dogma del presupue sto equilibrado anual 88
2.2 El Estado en el Pensamiento Marxista: el Estado c apitalista como
instrumento al servicio de la clase dominante 95
3. La evolución del papel del Estado desde finales del siglo XIX 105
3.1. El Estado en el Pensamiento Neoclásic o: garante de la propiedad
privada, promotor de la competencia efectiva en el mercado 105
3.2. El Estado en la Economía del B ienestar: la corrección de los
“ fallos ” de l mercado en materia de eficiencia 120
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VIII
3.3. El Estado en la Economía Social de Merca do: el ideal del orden
económico y social c onf orme al mercado 130
3.4. El Estado en la Revolución Keynesiana : estab ilización
macroeconómica y logro del pleno empleo 141
3.5. El Estado del Bienestar: ¿el re conocimiento de la dignidad
humana? 165
3.6. El Estado en el Pensamiento Neolibera l: desr egulación,
privatización de servic ios públi cos, y de smantelam iento del
Estado del Bienestar 183
4. La im posición entre las funciones del Estado 204
4.1. L os principios de la imposición 204
4.2. El ideal de sistema f iscal racional de Neumark 217
4.3. L os principios de un sistema tributario justo en la sociedad
moderna 220
CAPÍTULO II
LA POLÍTICA FISCAL EN EL MARCO DE LA POLÍTICA
ECONÓMICA 231
1. Aproximación a los fundamentos y los límites de política económica 229
1.1. A los fundamentos 231
1.2. A los límites 235
2. Los objetivos de la política económic a. En particular, la distribución
equitativa y la disciplina fiscal 238
2.1. Una breve clasificac ión de los instrumentos de políti ca
económica 238
2.2. Los obje tivos mac roeconómicos 241
2.2.1. Distribución equitativa 241
XV
1.9.5. I mpuestos especiales 460
1.9.5.1. Electricidad 460
1.9.5.2. I mpuesto sobre gases fluora dos de
efec to invernadero 460
2. Efectos económicos de la política fiscal durante la crisis, en general 461
2.1. La s secuelas de la Gran Recesión: un patrón de crecimiento
lento e inestable 461
2.2. Gestión de la demanda efec tiva y política fiscal 469
3. El impacto de la Gran Recesión de 2008 sobre las cue ntas públicas,
y sus repercusiones sobre las políti cas de ing resos y de gastos públicos 474
3.1. Evolución compara ti va del déficit, de la deuda y del saldo
primario de las Administrac iones Públicas 475
3.2. Evolución compara ti va de la presión fiscal 483
3.3 La cuestión del tamaño del sector público y los desequilibrios
fiscales 486
3.4. Evolución compara ti va de los ingresos totales (no financieros)
de las Administraciones Públicas 488
3.5. Evolución compara ti va de la imposición y de las cotizaciones
sociales efectivas 490
3.6 La consolid ación fiscal en España y en la z ona del euro 493
4. Los recortes en las políticas de gasto público e n España 496
5. Una reflexión final 506
CONCLUSIONES Y PROPUESTAS DE POLÍTICA 511
ANEXO ESTADÍSTICO 517
ÍNDICE DE GRÁF ICA S, TABLAS, CUADROS Y MAPAS 563
BIBLIOGRAFÍA 571
FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA
XVI
1
INTRODU CCIÓN
I
La s políticas de consolid ación fiscal que fueron aplicada s en los países de
la zona del euro a partir de 2010, como antídoto frente a las se cuelas de la s crisis
financiera y económica i niciadas en 2008 , y que están basadas en el princ ipio de
austeridad, han fracasado desde la perspec tiva d el empleo y d el bienestar social.
Si bien no se puede afir mar lo mi smo, cuando se tienen en cuenta los intereses y
el bienestar de la clase económica dominante. Además, están propiciando las
bases para un crecimiento económico más lento e inestable del que sería
conveniente, al fomentarse el ahor ro frente al estí mulo del gasto.
Los Gobiernos d e ideolo gía neoliberal que h an i mplementado esa política
de c onsolidación fiscal, esencialmente e n el entorno de la Unión Eu ropea, se
muestran convencidos d e que esta op ción consti tu y e la únic a po lítica po sible, al
entender se que, de no haberse aplic ado est e programa de ajuste fiscal, las
consecue ncias aún habrían sido peores para l as sociedades que las que sufren en l a
actualidad.
A pesar de las múlti ples manifestaciones masivas de rechazo popula r en su
contra, tales como el Mo vimiento 15-M , que en 2 011 recogió el sentir de mi llones
de indignados de toda Es paña, tanto con la clase p olítica gobernante como con sus
políticas de ajuste (para la c lase obrera) y de ex tensión de privilegios (resca te
financier o, nueva amnistía fiscal) pa ra los adinerados y la clase c apitalista, y
cuy as protestas se fueron extendiendo gradualmente a otros lu gares del mundo
(Grecia, P ortugal, I talia, I nglaterra…), lleg ando hasta e l mismo c orazón
financier o de Nueva Y ork, a través del movi miento Occupy Wall Street , los
gobier nos mantuvieron la misma fórmula.
Es cierto que la Gran R ecesión económica alum brada en el 2008 tuvo s u
desenca denante inicial e n la crisis financiera p rovocada por alg unas instituciones
de cré dito estadounidens es, especializadas en los créditos hipotecarios.
El fomento de las actividades especulativas en el sector bancario estuvo
avalada por la desregulación de las actividades típ icas de la banca de inversión en
los Estados Unidos de América, y por l a ambició n de obtener rápidas gan ancias a
corto plazo tan característica de la economía capitalista, junto a la falta de
prudencia de muchos ej ecutivos y gestores financieros que promovieron ciertas
práctica s bancarias des aconsejables, tales com o la concesión de c réditos a
personas insol ventes, que acabaron generando el serio problema de l as hipotecas -
basura y con posteriorid ad otro aún ma yor, el de los “activos tóxicos”, producto
de la sofisticac ión de los derivados financieros.
FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA
2
Los bancos de los países desarrollados com enzaron a desconfiar entre sí en
los mercados int erbancarios, y el originario problema ba ncario de liquidez se
transformó en otro mucho más grave, en uno de solvencia pa ra nu merosas
instituciones de crédito, que ll evaron a la quiebra incluso hasta al gigante Lehman
Brothers.
Ante la sit uación de insolvencia financiera de n umerosas entidades, que
puso al borde del colapso total al propio sistema financiero c apitalista, y que se
fue difundiendo de un modo paulatino desde los Estados Unidos al resto de los
países capitalistas avanzados, la respuesta de sus Gobiernos fue apostar en
exclusiva por unos amplios programas de rescate bancario, descartan do otras
opciones alternativas; y que en la práctica te rminaron por premiar a unos
ejecutivos financieros incompetentes – algunos de ellos, incluso delincuentes – , a la
par que casti ga ron a unos santos inocentes: los contribuye ntes. D ada la li mitación
de los recursos presupuestarios, la asignación destinada al primer fin se hiz o a
expensas fundamentalmente de los progra mas sociales.
Por lo tanto, este programa de rescate finan ciero público a la banca no ha
sido ni muchos menos neutra l, considerando dive rsos aspectos relacionados tanto
con la efic iencia como co n la equidad.
En primer lu gar, n o lo ha sido en relación con lo s incentivos económicos
que deben presidir la asignación eficiente de uno s recursos económicos e scasos ,
en el ámbito de una economía de mercado.
Por un lado, no tiene se ntido socializ ar las pérdidas de la b anca, cuando
ésta se apropia privada mente de sus beneficios. En tal caso, si las instit uciones
bancarias se sienten bie n amparadas b ajo el para gua s p rotector del Estado, es
probable que al gunas de ellas puedan asumir nue vamente acciones irr esponsables
en un futuro próximo, a la vuelta de la próxima crisis financiera. Este fundamento
solo lo ha considerado I slandia.
Por el otro, el resto de los sectores económicos puede exigir le un trato no
discriminatorio a sus G obiernos cua ndo le soliciten la misma rece ta aplicada
ahora a la banca: la asunción pública de sus pérdidas.
En segundo lu gar, t ampoco lo ha sido a la hora de asumir se, a título
personal, tanto los beneficios como el riesgo d e una p érdida derivada de una
inversión especulativa, que afecta a todos los agentes económicos ( y a s ean
inversores, accionistas, a horradores, entidad es financieras…) en una economía
mercado; al trasladarse en este caso el s acrificio de h acer f rente a las pérdidas
bancarias, desde los bancos y las cajas de ahorros que las causaron, h acia los
contribuy entes.
Ni mucho menos ha sido neutral sobre el bienes tar social, puesto que la
cara oculta del res cate b ancario fue un paralelo recorte del gasto público social
destinado a promov er la e ducación pública, la sanidad pública, l a pol ítica de
Introducción
3
vivienda social, las pensiones, el desempleo, la dependencia, y otr as cl ases de
ay udas sociales.
En otro orden de ideas, y a pesar de la importante in ye cción recibida de
recursos públicos, la b anca priv ada no ha cumplido en esta etapa con su función
primordial de con ceder créditos a empresas y familias de una forma fluida durante
el transcurso de la crisis financiera, lo que también ha sido un factor central en el
desenca denamiento de la crisis económica.
La fu erte restricción del crédito bancario fre nó las posibilidades de
financiac ión p ara la inversión – especialmente, de las pequeñas y m edianas
empresas, que constituyen el núcleo principal pa ra la creación de puestos de
trabajo – , y del consumo, constitu y éndose así en una rémora para e l crecimiento
económico y la ge neraci ón de empleo.
Al partir de un contexto de desempleo masivo y p ersistente, y de una
brusca caída de la demanda ef ectiva, tan característico de la Gran Recesión de
2008 -como antes lo fue ra de la Gran Depresión d e 1929 -, no parece que el mejor
instrumento para recuperar el c recimiento económico sostenido, y que esté en
condiciones de generar un alto nivel de empleo de calidad, sea la política de
consolidación fiscal. Al menos, esto es cierto desde la óptica de la teoría
ec onómica ke yne siana, partidaria en este caso de aplicar una política de gasto
deficitario. Ni mucho menos, que h a y a sido nec esario aplicarla con una int ensidad
tan fuerte como contrapr oducente.
Una política de intenso ajuste fiscal que h a sido a doptada en el entorno de
la zona del euro a pa rtir de 2010 h asta ahora, pero que no ha sido practicada en
otras área s económicas c apitalistas, como por ejemplo, en los Estados Un idos de
América. El resultado comparativo de tales opciones de política, en términos de la
evolución de las respec ti vas tasas de paro en ambas área s, resulta concluyente.
Sin embarg o, y s egún las tesis defendidas por el pensamiento neoliberal y
los gobiernos conservadores europeos, esta es l a mejor manera de recuperar la
confianza de los agentes económicos en general, y de los inversores
internacionale s en particular: eliminando los déficits públi cos excesivos y
reduciendo el peso rel ativo de la deuda pública en relación al producto interior
bruto a precios de mercado. Cuando en realidad el verdadero problema originario
de la crisis financiera fue la elevada ma gnitud alcanz ada por la deuda privada que,
dicho sea de paso, en una buena proporción fue socializada .
De esa manera, conside ran que el estímulo a la inversión privada y al
consumo de los hogares será bastante para propiciar , mediante la li bre iniciativa,
el ansiado crecimiento económico, y el aumento del nivel de empleo y de
bienestar social.
Pero el único resultado cierto es que tanto en España como en las
sociedades capitalistas d e nuestro entorno – particularmente, las de la p eriferia del
FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA
4
sur de Europa – , h a aume ntado la desigualdad e conómica y social en esta fase del
ciclo económico a unos niveles ignotos, como resultado tanto del creciente
empobrecimiento y de la exclusión social de millones de personas, como de l a
paulatina concentración de la rique za en una selecta minoría, o élite económica.
Este creciente e mpobrecimiento ha sido provocado por un desempleo
masivo que ha castigado especialmente a los trabajadores más jóvenes, mu chos de
los cuales han tenido que emigrar por motivos econ ómicos. Por la ampliación de
la duración del d esempleo, que ha llev ado fin almente a num erosos parados de
muy lar ga du ración a la exclusión laboral y a e ngrosar las cifras de la pobreza,
muchos de ellos tras haber sido desahuciados pr eviamente de sus viviendas. Por el
recorte de los salarios promovido por las reformas laborales del mismo signo
ideológico neoliberal. Y por la políti ca de recortes aplicada en las partidas
presupuestar ias dedicadas a los ga stos sociales. Por no hablar de la mu y elevada
perce pción de corrupció n existente entre los ciuda danos en nuestro país, tanto en
relación con los partidos políticos como con la clase g obernante.
Como resultado de todo ello, las sufridas clases medias han ido menguado
de tamaño en el transcurso y desarrollo de las crisis, a la p ar que se h an ido
ampliando progresivamente las filas de las clases populares. La s élites
económicas, instaladas en la cúspide d e la pirámide han continuado mientras tanto
con su ardua labor de se guir acumulando riqueza.
II
Este trabajo de investigación se estructura en tor no a tres capítulos. En el
primero de ellos, Funciones del Estado y papel de la imposición en las sociedades
modernas , se analizan los roles desempeñados por el Estado en las socieda des
contemporáneas, pasand o a continuación a describir se los rasgos estructurales del
capitalismo y los fundamentos de la teoría de los ciclos económicos. La
inestabilidad inherente del capitalismo conduce al estudio de sus flu ctuaciones
cíclicas, que pueden llegar a ocasionar episodios como la Gran Depresión de
1929, o la Gran Recesión de 2008, de graves consecuencias econó micas y
sociales, y que h an sid o afrontadas por la política económica con diferentes
esquemas de intervenc ión públi ca.
Inmediatamente se analizan las funciones asignadas y desempeñadas por el
Estado, a la luz de las doctr inas del pensamiento económico. En orde n a las
diversas circunstancias h istóricas, materiales e ideológicas, cada una de e llas ha
propuesto una determinada manera de articular las relaciones del Estado con los
demás a ge ntes económicos y sociales, dentro del marco genera l de un sist ema de
economía de merca do.
Introducción
5
La Economía Política Clásica tuvo una concepción mu y estrecha del
intervencionismo, reservando al Soberano tres deberes en exclusiva, y dando
rienda suelta en lo demás a la iniciativa p rivada, tanto en el desenvolvimiento
como en la direcc ión de la actividad económica. E n este Estado mínimo no se
planteaban grandes inco nvenientes a la hora d e financiar unos ga stos públicos
reducidos, dado que el propósito de ello consistía en limitar el pod er tributario y el
establecimiento de impu estos. Y para sancionar est e estado d e cosas, se acuñó el
dogma del pr esupuesto equilibrado anual, que c ontinúa vigente en la actualidad
como refere nte normativ o dentro de la zona del euro.
El pensamiento crítico marxista contempló al Estado como el garante de l a
propiedad priva da capitalista, y del mantenimiento tanto de las re laciones de
propiedad, como d el ben eficio de la clase bur guesa. Por ello también se le califica
como Estado capitalista , en el sentido de que se encuentra al servicio de los
intereses de la clase domi nante, o clase gobernante instalada en el poder.
El pensamiento n eoclásico limitó las funciones del Estado a la defensa de
los derechos de propiedad, a l mantenimiento de la se guridad y el orden, y a
garantizar el libre funcionamiento de la economía de mercado. No se contempla
aquí ningún tipo de interferencia particular con los asuntos económicos privados,
al estar proscritas todas aquellas actuaciones que desvíen a la economí a de
mercado de su curso natural, por la vía de la com petencia ( como por ejem plo, por
medio de impuestos, aranceles, o ay udas sociales).
No obstante, una de sus principales corrientes doctrinales, conocida como
la Economía del Bienestar, sí llegó a tolerar la i ntervención públi ca tan solo al
objeto de corregir los denomi nados “ fallos ” del mercado en el ámbito asignativo ,
que constitu y en unas determinadas situaciones en donde el mecanismo de
mercado no es c apaz d e sumi nistrar cierto tipo de bienes (los bienes públicos
puros), o donde solo llega a alcanzar solucion es inef icientes (externalidades).
Fuera de esto, se despreocupó por completo de las demás consideraciones, como
aquellas re lativas a la dis tribución de la renta.
La E conomía Social de Mercado, que fu e d esarrollada por autores
nucleados en torno a l a Escuela de F riburgo, e implementada en l a política
económica alema na del gabinete de KONRAD ADEN AUER, con LUDWI G
ERHARD como ministro de Economía, también es partidaria del
intervencionismo siempre y cuando que se adec úe al criterio de la “conformidad
al mercado” . Pero a pes ar de la pr eeminencia otorgada al se ctor privado y a l a
libertad del mercado en esta con cepción, lo ciert o es que aquí también s e admite
una actuación “c ompensa dora” por parte del Estado.
La Revolu ción Ke y nesiana alteró completamente la visión de la economí a
(al pasar del enfoque mi croec onómico al macroe conómico) y de los economistas
neoclásicos, que comprobaron con sorpresa y estupor cómo el desempleo masivo
e involuntario provocado por la Gran Depresión de 1929 rompía y h acía añicos
FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA
6
los fundamentos de la teoría clásica ( y neoclásica), basada en la idea cen tral del
equilibrio automático con pleno empleo, gracias a la flex ibilidad de los precios
como mecanismo de ajuste en el mercado. La Teoría general de K e y nes explicó la
causa que o riginó aqu el desastre: la insuficiencia de la demanda efectiva (o el
exceso de aho rro) ; y sent ó las bases p ara una intervención centrada en el o bjetivo
de la estabiliz ación macroeconómica, por medio de la articulación de la política
fiscal. El presupuesto p úblico comenzó desde entonces a desempeñar u n pape l
central en el lo gro del pleno e mpleo, mediante la política de ge stión de la
demanda agregada con fines estabiliz adores. Los programas de ingresos p úblicos
y de gastos públicos podían ajustarse así al nivel requerido, a partir de l gasto
privado en consumo e inversión, para lo grar qu e la d emanda ef ectiva pudiera
equilibrarse con la producción potencial, o de pleno empleo. Si bi en KEYNES
resolvió el enorme problema de cómo lograr el pleno empleo en las economías
capitalistas, en realidad no atendió al otro problema central de la e conomía: el de
cómo distribuir los recursos en una e conomía que ha ya alcanzado la p roducción
de pleno empleo.
Esta creciente asunción de funciones por parte d el Estado (en los ámbitos
de la asignación de los recursos y de la estabilización macroeconómica) avanzó de
una forma significativa en el terreno distributivo con el surgimiento del Estado del
Bienestar, cu yo fundamento moral reside en «e l r econocimiento de la di gn idad de
la persona hum ana » , tal como asentara HUMAYUN KABIR. D e modo que la
intervención pública en las funciones ordinarias de la sociedad, ahora estar ía
destinada a asegurarle a cada individuo « ciertos derechos inherentes e
inalienables» , mediante la provisión pública de servicios sociales tales como la
seguridad social, sanidad , educación, vivienda, dependencia, o beneficencia. Junto
a la reglamentación estatal de las actividades privadas, con el fin de modi ficar las
condiciones de vid a de i ndividuos y de colectivos sociales dentro de la po blación .
Esta reglamentación abarcaría a la propia política fiscal, y a un amplio catálogo de
legislac ión social (estatuto de los trabajadores, educación obligatoria, pr otección
de consumidores y usuarios, construc ción de viviendas, etc.).
En últim o término , la de nominada R evolución C onservadora se orientó e n
contra del int ervencionismo caracteriz ado por el Ke y nesianismo y l a soli daridad
del Estado del Bienestar, al objeto de diseñar las bases de un capitalismo «duro y
libre » de reg las, sin t rabas, a partir de las tesis neoliberales.
El neoliberalismo, fundamentado en el ideal de l a Escuela Clásica liber al,
se amalgama a medi ados del siglo XX con el i mpulso intelectual de las ideas
ultraliberales de HA YEK -perfiladas en su Camino de servidumbre -, y de otros
referentes como FRIED MAN, VON M I SES y P OPP ER . Pero en realidad, solo se
pudo poner en p ráctica este pro grama económico con la llegada al pod er -casi
simultánea- de REAGAN y THATCHER.
Su c rí tica principal est uvo dirigida al Estado de Bienestar, que es
contemplado como un instrumento que inflige un daño destructivo a sus propios
Introducción
7
beneficiarios – según se dice, al debilitarse el espíritu emprendedor de los
individuos cuando se encuentran tutelados por el Estado – , y por est a razón incluso
se ll ega a afirmar por FR I EDMAN que la ma y oría de los programas de bienestar
nunca se deb erían hab er aprobado. P ara facilitar la plena eficacia del mercado, se
acometieron un conjunto de reformas estructurales, que estuvieron ce ntradas
fundamentalmente en el merca do de t rabajo y en la reestructuración de la
administración pública. Se combatieron los déficit s públicos con recortes
significa tivos en los programas de gasto -al o bjeto de conseguir la deseada
reducc ión en los impuestos- y se le otorgó el manejo de la economía a la política
monetaria, d escartándose papel al guno a los demás instrumentos de polític a y, en
particular, a la política fiscal.
En síntesis, podemos resumir que las doctrinas económicas liberales
contemplan al Estado como una institución social que no debe interferir en el libre
funcionamiento de la economía de mercado, y qu e presupon en su eficaz
funcionamiento si se respeta la libertad individual y la propiedad privad a de los
medios de producción. Por regla general, el Estado tan solo habría de li mi tarse a
proteger a la propiedad, y a garantizar el efect ivo funcionamiento del mercado.
Mientras que las doctr inas intervencionistas d efienden la supe rvisión
estatal de los asuntos ec onómicos privados, sobr e la b ase d e la inca p acidad del
mercado p ara garantizar una senda de crecimiento económico estable con pleno
empleo, paralela a un a eficiente asignación de lo s recursos, y a una distribución
socialmente aceptable (justa) de la renta y de la propiedad.
Este primer capítulo se cierra con un re paso a los principios de la
imposición, a partir del clásico esquema de NEUMARK y su ideal de sistema
fiscal racional, así como a la doctrina tributaria so bre tales principios.
El c apítulo seg undo está titulado La po lítica f iscal en el marco de la
política económica , que se inicia con una aproximación a los fundamentos y a las
limitaciones de la política económica, para a conti nuación concentrar el est udio en
sus respectivos instrumentos y objetivos.
Además de los fines trad icionales – crecimiento e conómico, pleno empleo
y estabilidad de pr ecios – , hemos considera do que la polí tica macroec onómica ha
de prestar una atención central a la equidad en la dist ribución de la renta y de la
riqueza, así como al desarrollo económico ( en su doble verti ente de desarrollo
humano y de desarrollo sostenible). Otros objetivo s relevantes se refieren al
equilibrio ex terior, y a la disciplina fiscal, que ha pasado a tene r un protagonismo
singular en el entorno de las economías de la zona del euro, en el trans curso de los
años más rec ientes.
El análisis del papel de la política monetaria, en el contex to de la Unión
Económica y Moneta ria, resulta imprescindible para conocer las posibilidades de
actuac ión disc recional de la polí tica fiscal. La pérdida de la sob er anía mo netaria,
al abandonar a la peseta como unidad de cuenta para integrarnos en la moneda
FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA
8
común, el euro; junto la autonomía otorgada a los bancos centrales en la
instrumentación y ejecución de l a política monetaria, constitu y en dos hitos
históricos que han cambiado el panorama para la articulación de la política
económica al nivel de los Estados miembros de la zona del euro.
Para los Gobiernos nacionales, la inte gración de sus respectivos Estados en
la Unión Económica y Moneta ria (UEM) h a supuesto l a pérdida de la
instrumentación y ejecución de la política monetaria (que ahora está en ma nos del
Banc o Central Europeo con sede en Frankfurt a m Mein, como núcl eo duro del
Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC), en el que se integra el Banco de
España), y del control d e los tipos de interés; junto a la pérdida de la política
cambiaria , que antes posi bilitaba el ajuste dis crecional en los ti pos d e c ambio para
reequilibrar el deterioro en la balanza de pagos. Con ello, evidentemente, se ha
reducido su “caja de her ramientas” de política macroeconómica, lo que les obliga
a acudir a otras líneas de actuación inmediata, como pueden ser las reformas
estructurales, al objeto de confrontar los problemas económicos y so ciales que se
presenten en la coyuntura.
El análisis de las funcio nes de los bancos centrales y d el SEBC, así como
de los fundamentos de la política monetaria única (desde su marco operativo y la
estrategia, sus operacion es principales, la tr ansmisión de esta polí tica, as í como
sus recientes medidas no convencionales) se completa, finalmente, con el de las
interrelaciones existentes entre la política monetaria única y la políti ca fisc al , y l a
problemática que conllev an.
A continuación, el estud io de la política fiscal se centra en sus objetivos ,
que aparecen vinculados a sus respectivas funciones (asignación, distribución, y
estabilización), así como en los efectos económicos de los respectivos programas
de ingresos públi cos y de gastos públicos, en los que desempeñan un papel
relevante los multiplicadores fiscales.
Como cierre del capítulo segundo, se contempla el asunto de la economía
sumerg ida y el trabajo n o declarado, con evidentes repercusiones presupuestarias,
pero también é ticas.
Finalmente, el capítulo III se dedica al análisis de las reformas fis cales
durante la crisis y sus efectos.
La primera parte se dedica a la reseña de las principales modificaciones
normativas que se han l levado a cabo entre los ejercicios 2007 y 2015 , en el
ámbito de los siguientes tributos: Impuesto sobr e la Renta de l as Personas Físicas,
Impuesto sob re la Renta de No Residentes, Impuesto sobre S ociedades, Impuesto
sobre el Va lor Añadido, Impuestos Especiales, y Tasas.
Con carácter oc asional, igualmente se reseña la participación de las
Administraciones Territoriales en los tributos del Estado, los Gravámenes
especiale s (declaración tribut aria especial y regularización de balances), así como
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
15
« E n última inst ancia, so lo considera el avance en su bien estar mat erial
externo, y no se ocupa directamente de sus necesidades int ern as, tanto
espirituales como metafísicas. No promete a los hombres felicidad y
satisfacc ión, sino solo la satisfacc ión más ampli a posible de todos los
deseos que pue den ser sa tisfechos por las cosas del mundo exterior » .
7
Tal progreso material se alcanza en el entorno de una economía de
mercado que, se gún el común planteamiento de PAUL A. SAMUE LSON y
W ILLI AM D. NORDHAUS (2005), constituye un complejo mecanis mo que
coordina tanto a las p ersonas y a las emp resas como a las actividades que
desarrolla n, m ediante un sistema de mer cados y de precios , y en el que ningún
individuo u organización es el responsable de la producción, la distribución, el
consumo, o la determinación de los pre cios :
« S e t rata d e un dispositivo de comunicación que agrupa el conocimiento y
las acciones de miles de millones de individuos diferentes. Sin una
inteligenc ia u orden centra l, resuelve problemas de produ cción y
distribución que involucran miles de millones de variables y relaciones
desconocidas, problemas que están más allá del alcance incluso del
superordenador más mo derno que pueda exist ir en la actualidad. Nadie
diseñó el merc ado, pero éste funciona notablemente bien. En una
economía de me rcado no ha y un solo individuo u organización que se a
responsable de l a producción, el consumo , la distribución o la fijación de
precios…
En los sistemas de mercado todo tiene un pr ecio , que es el v alor del bien
en términos de dinero… Los pr ecios represent an los términos a los cuales
las personas y las empresas intercambian dist intos bienes de manera
voluntaria» .
8
1.1. Problemas económicos y sociales, y sistemas de organización social
Toda sociedad d ebe decidi r cómo aplicar sus recursos económicos y su s
energías para p roducir la máxima cantidad posible de bienes y servicios,
destinados a la satisfacción de las necesidades humanas de sus ciudadanos, pero
procura ndo en la medida de sus posibilidades que el empleo de las diversa s
7
VON MISES, L. (1927): Introduction. 2 Material welfare , en Liberalism. The Classical tradition , editado
por BETTINA BIEN GREAVES; Libert y Fun d, Indianapolis, 2005, p. xix. P rimera edició n in glesa: Th e free
and prosperous commonwe alth: An exposition o f the ideas of classical liberalism , D. Van Nostrand,
Princeton, 1962. Primera publicación en alem án: Liberalismus , Gus tav Fischer, Jena, 1927.
8
SAMUELSON, P. A. y NORDHAUS, W. D . (20 05): Los mercados y el Estado en la economía moderna , en
Economía. Decimoctava edición , McGraw-Hill, Madrid , 2006 , P arte uno: Conceptos b ásicos, cap. 2, p . 25 -
26. P rim era p ublicación : Economics, an in troductory a nalysis / P AUL A. SAMUELSON, McGraw-Hil l
Book Co., Ne w Yo rk, 1948. 1 8 ª ed.: Eco nomics 18th e d . / PA UL A. SA MUE LSON y WI LLIAM D.
NORDHAUS, McG ra w-Hill/Irwin, Boston (Massachusetts), 2005.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
16
fuerzas produc tivas resul te efica z, y se minimice así el despilfarr o.
En este sentido, podría parecer que el problema de la producción es
« e sencialmente de in geniería o de eficiencia técnica » , siguiendo al econ omista
institucionalista ROBER T L. HEILB RONER (1962), al darnos la sensación de
que gira alrededor del «esfue rzo para ec onomizar » . S i bien dicha labor resulta
decisiva en todas las sociedades, y aunque dif erentes ramas del pensamiento
económico estén consagradas a la noción de economizar , según su criterio, ésta no
es la esencia del problema de la pr odu cción:
« M ucho antes de que una sociedad pueda siqui era comenzar a preocuparse
por empl ear “económicamente” sus ener gías, d ebe primero ord enar las
energías con que cuenta para lleva r a cabo el proceso de la produ cción en
sí. Es decir, el problema básico de la producción consiste en la planeación
de instituciones sociales capaces de mo vilizar la energía humana hacia
fines productivos » .
9
Este requisito que a sim ple vista parece tan elemental, no resulta tan fácil
de alcanzar en las socied ades capitalistas, tal y co mo se pone de m anifiesto en los
episodios cíclicos rec urrentes de crisis económicas .
A pesar de contar con millones de personas capacitadas que están
dispuestas a trabajar, se mantienen innum erables fábricas ociosas y , lo que es
peor, ne cesidades perentorias pendientes d e atender, haciendo in evitable que
muchas de ellas no encuentren un puesto de trabajo digno, en aquellas situaciones
de recesión ec onómica d onde se reg istra un probl ema de de sempleo masiv o.
Así por ejemplo, HE IL B RONER se refiere en pa rticular a la situación del
mercado de trabajo en los Estados Unidos en 193 3, justo cuatro años desp ués del
inicio de la Gran Depre sión de 1929:
« … las energías de ap roximadamente trece mill ones de person as -la cuarta
parte d e la fuerza d e tr abajo del país- no estaban dirigidas en lo absoluto
hacia el proc eso de producción. Aun cuando esto s hombres y mujeres sin
empleo estaban ansiosos por trabajar, a pes ar de que había fábricas vací as
donde ellos podían trabajar y aunque existían necesidade s perentorias, de
alguna manera se habí a producido un derrumbe terrible y desconcertante
que desvió el proc eso de producción y trajo como resultado que toda un a
tercera parte de lo que fue nuestra anterior prod ucción anual de bienes y
servicios simplemente desapareciera» .
10
La Gran Recesión de 20 08 ha vuelto a plantear encima de la mesa, una vez
9
HEILBRONER, R. L. (196 2): El pro blema econó mico , en La fo rmación de la sociedad económica , Fondo
de Cultu ra Económica, México, 3 ª ed., 19 74, Segund a parte: El naci miento de la moderna sociedad
económica, cap. II, p. 39. Primera publicación: The m aking o f economic society , P rentice-Hall, Englew o od
Cliffs (New Je rse y ), 196 2.
10
HEILBRONER, R. L.: Ibídem, p. 39 -40.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
17
más, esta misma cuestión. ¿Por qué no tenemos instit uciones sociales eficaces
para resolver el proble ma de la produc ción ? ¿ Cómo es posi ble que seamos
incapaces de dar una salida racional al grave dese quilibrio económico y social del
desempleo ?
Ello plantea la necesidad ineludibl e de estudiar a la actividad económica y
al modo de funcionamiento del sistema económico dominante en el mundo
contemporáne o, el capitalismo, para trat ar de dar con las respuestas acertadas a
tales cuestiones, si bien aprovecharemos esta ap rox i mación para contemplar una
tipología eleme ntal de los sistemas económicos.
1.1.1. Actividad económica y sistemas económicos
La a ctividad económica fue definida como un concepto poliédrico por
FRANK HYNEMAN KNIGHT (1923), maestro de la Escuela de Chic ago, al
considerarla « a la vez un medio de s atisfacción de las necesidades, un agente de
formación del deseo y el carác ter, un campo para la ex presión creativa del
individuo y un d eporte competitivo. En la práctica del juego económ ico los
hombres están a un tiem po moldeando su personalidad y creando una civilización
cuy o valor de permanencia no puede dejarnos indiferentes » .
11
Un requisito esencial para que se desarrollen tanto la actividad económica
como la competenc ia , e s la existencia de unos recursos económicos escasos.
Según el filósofo político británico HARRY B. ACTON (1971), si todos
« p udieran c onse guir lo que dese an, no ha bría c ompetencia ni actividad
económica. Toda compet encia supon e escasez, o por lo menos la creencia de que
lo que se desea es e scaso » .
12
P ero en la pr áctica, el desenvolvimiento de la actividad económica está
dirigido a resolver los princ ipales problemas económicos qu e debe afrontar
cualquier tipo de soc iedad.
El economista estadounidense GARY S. BECKER
13
(1971), también de la
Escuela de Chica go, centra su análisis de la actividad económica en el paradigma
de la es casez y , por lo tanto, plantea la necesidad de ele gir permanentemente entre
11
KNIGHT, F. H. (1923): La ética d e la compete ncia , en La ética de la sociedad c o mpetitiva , Unió n
Editorial, M adrid, 1976, ensay o 2 , p. 45. P rime ra pu blicación del artículo : “The ethics of competition” , en
The Qua rterly Journal of Eco nomics , 37 (4), 1 923, p. 579-624. Y de la ob ra: The ethics of competition and
other essays , Harper & Brothers, New York, 1935.
12
ACTON, H. B. (1971): Ética de la competencia , en La mo ral del mercado , Unión Editorial, Mad rid, 1978,
cap. III, p. 78. Prime ra publi cación: The morals of markets: an ethical exploration , Longm ans, Harlow, 1971.
13
GARY S. BECKER es Premio Nob el en Ciencias Económicas 1 99 2 «por haber extendido el d ominio del
análisis m icroecon ómico a u n am p lio rango de com p ortamiento y a la interacción huma na, in clu y endo
comportamientos no me rcantiles».
Enlace we b: h ttp://www.nobelprize.org/nobel_prizes/econom ic- sciences/laureates/1992 /
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
18
diferentes opciones:
«Toda sociedad -sin imp ortar su or ganización- deberá determinar, de algún
modo: lo que se produ ce, cómo se produce y cómo se distribuy e ese
producto. La base de lo que es la economía se refiere a la sel ección entre
diferentes opciones; y, no cabe duda que una economía tiene muchas
opciones entre los dif erentes produ ctos; adem ás, necesita determinar
cuánto dejar a un lado pa ra un futuro c recimiento. La selección entre
opciones también entra en juego pa ra determinar cómo producir lo
deseado, ya que una va riedad de técnicas y co mbinaciones d e factores
(difere ntes tipos del factor trabajo, capital y materias primas) pueden ser
utilizadas en la producción de la misma cosa y finalmente existe el
elemento de selección entre opciones en lo que concierne a la distribución
de lo producido; esto es, elegir sob re la distribución del ingreso entre
personas» .
14
En particular, ¿ cómo habrían de emplearse las fue rzas productivas de una
sociedad, y quién de bería decidirlo?
Estas son las cuestion es fundamentales que plantea toda economía
« o rganizada de cualquier tipo que sea: la economía del imperio d e los Faraones o
la de las Poli s griegas, l a economía d e Robinsón o la de los indios Sioux, tanto
como la d e las modern as naciones industriales; y si empre y en todas p artes ha y
que encontrar una r espuesta » , según el economista alemán W ILHELM RÖPKE
(1941), int egrado en la c orriente del Or doliberalismo. En función del camino
elegido, así sería el « e squeleto de la estructura económica » :
« … y a quí también sól o exist en dos únicas soluciones: autonomía y
heteronomía. En efecto: o deciden, sobre el qué, el cómo y el cuánto de l a
producción aquellos a qu ienes afecta en primer lu gar, o se a aqu ellos cu y as
necesidades viene a sati sfacer la producción, o deciden otros elementos.
Con otras palabras: o se forma la « volunt ad econó mica » po r la democracia
de la sociedad consumidora o en virtud de una o rden auto crática. No h a y
una tercera solución » .
15
Debemos considerar que el propio desarrollo de la actividad económica
podría resultarnos ininte ligible si la contemplamos de un modo distanci ado del
propio sistema en que el transcurre dicha actividad. En este sentido, MAR IO
BUNGE (1982) entiende que el conjunto de toda s las ciencias soc iales « son
14
BECKER, G. S. (197 1): ¿Qué es la econo mía? , en Teoría económica , Fondo de Cultura Económica,
México, 1977, P rimera parte: Análisis de la demanda, lección 1, p . 13 -14. Primera p ublicación : Economic
theory , Alfre d A. Knopf, New York, 1971.
15
RÖP KE, W. (1941): Esplendor y miseria d el capital ismo , en La crisis so cial d e nuestro ti empo , Biblio teca
de la Ciencia Eco nóm ica, Madrid , 2ª ed., 1956, P rime ra parte: In terpretación y depuración de
responsabilidades, ca p. III, p. 128. P rimera pu blicación: Die g esellschaftskrisis der gegenwart , Rentsch,
Erlenbach-Zürich, 1941.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
19
necesariamente sistémi cas antes qu e individualis tas, porque trat an de
sociosistemas » , y para él la economía « no es excepción » .
En su noción de « s istema económico », este filósofo argentino desc ribe
cualitativamente a tres elementos. Primero, a la « c omposición » : que e s « una
colecc ión de p ersonas ( agentes económicos) y cosas no humanas de cierto tipo (a
saber, bienes)» . Segundo, el « a mbiente »: que se refiere a « los miembros de la
sociedad y de la naturaleza circundante en que está empotrado el sistema
económico» . Y tercero, a la « e structura » : que compre nde « l a colección de
relaciones d e producción, intercambio, y admin istración de bienes y s ervicios,
incluye ndo las relaciones con otros sociosistemas ».
16
La interrelación existente entre el sistema económico y el sis tema so cial es
muy estrecha. Por un a p arte, el sistema social v a configurando los d eseos de la
ge nte y las aspiraciones que puedan llega r a sentir sus propios ciudada nos, de
modo que en parte resul ta determinante para la clase de person as que son pero,
igualmente, de la c lase de personas que quieren llegar a ser.
Siguiendo en esta línea a JOHN R AWLS (1979), un sistema económico
« n o es sólo un instrumento institucional para la satisfacción de los deseos y las
necesidades existentes sino un instrumento p ara l a c reación y conformación de los
deseos en el futuro. La forma en que trabajen lo s hombres ahora pa ra sa tisfacer
sus dese os pre s entes afecta los de seos que tendrán más adelante, la clase de
personas que serán» .
Y en la m edida en que lo s « arreglos económicos » generan estos e fectos, el
filósofo político estadounidense sostiene que « l a el ec ci ón de e sta s in s ti t uc ion es
im p lic a al gu na co nc e pc ió n de l bi en hu man o y de l di se ño de la s in st itu ci on es qu e
ha br án de re ali zar lo . Por lo ta nt o, es ta el ec ci ón de be ba sar se en r azo ne s m or al es y
po lí ti ca s , tan to co mo ec o nóm ic as . L as con sid er a ci on es de la ef ici enc ia só lo so n una
ba se de la d ec is ión y a m enu do un a bas e má s o men os se cu n dar ia ».
17
La relevancia de la ét ica y la moral en el análisis de los asuntos
económicos queda manif iestamente reflejada en esta autorizada opinión. Por esta
razón, no debería catalo garse a los diferentes sis temas económicos posib les solo
por el criterio de l a efici encia , un criterio general mu y relevante y significativo
para los economistas, pero que no debería ser el único a considerar.
Los e conomistas SAMUE L BOW LES y RICHARD EDWARDS (1985)
nos proporcionan tres crit erios generales para evaluar y comparar a los d iversos
16
BUNGE, M .: El a sunto de la econ omía política , en Econ omía y fi losofía , Tecnos, Mad rid, 1982, cap. 1 , p .
26 - 27.
17
RAWLS, J. (1 979): El concepto d e la justicia en la economía política , en Filosofía y teo ría económica ,
compilado por F RANK HOR ACE HAHN y M ART I N HO LLIS; Fond o d e Cultura Econó m ica, México,
1986, cap. XI, p . 322-323. P rimera pub licac ión: “The concept of justice in po litical economy” , en Philo sophy
and economic theory , Oxford Unive rsit y Press, Oxford & New York, 1979, p. 164-169.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
20
sistemas económicos imag in ables y, a partir de ell os, comprobar si un sistema es
mejor que otro: eficiencia, justicia, y democracia.
El primer criterio que utili zan es la eficiencia , que mi de el grado de
aprovec hamiento de nue stros recursos económicos (incluy endo los re curs os de
trabajo), e n lugar de desp ilfarrarlos:
« H a y eficiencia cuand o utilizamos una cantidad dada de factores
(independientemente de que sean nu estro propio esfuerzo, inteli genc ia y
crea tividad, nuestros ent ornos naturales u otros factores), se produce la
máxima cantidad posible de bienes y se rvicios útiles. Un sistema que
utiliza sus recursos de una forma más eficiente qu e otro es, de acuerdo con
este criterio, un sistema e conómico mejor» .
18
El segundo criterio es la justicia , relacionado con la equitativa dist ribución
de las ventajas y de las carga s generadas por el sistema económico:
«L a s car gas se refieren fundamentalmente al trabajo necesario para llevar a
cabo la produ cción y la s ventajas a la utiliz ación de lo que se produce.
¿Quién realiza el trabajo y cómo se distribuye éste? ¿Quién consume los
frutos del trabajo realizado? ... Aquí justicia significa que los miembros del
sistema económico debe n padecer sus cargas y disfrutar sus vent ajas de
forma equitativa. De acuerdo con el criterio de la justicia, un sis tema
económico que dist ribuy a sus cargas y benefi cios de una forma más
equitativa que otro e s un sis tema económico mejor» .
19
Y el tercer criterio es el grado en que se fom enta la democracia , esto es, en
qué medida « s e respal da o limi ta el control d emocrático » de las mayores
decisiones de la soc iedad:
« P or « c ontrol democrático » o « d emocracia » entendemos un proceso que
tiene las tres ca racterísticas siguientes: la responsabilidad del poder; las
libertades públicas; y la igualdad política. En primer lu gar, los que toma n
las decisiones… deben s er responsables ante las personas af ectadas por sus
decisiones, lo que quiere decir que éstas deben poder examinar
periódicamente sus actuaciones y , en su caso, sustit uirlos; gene ralmente,
pensamos que los procesos electorales constitu yen el mecanismo adecuado
para garantizar esta resp onsabilidad democrática. En segundo lugar, deben
existir gara ntías pa ra el ejercicio d e las diferentes libertades públicas y
personales asociadas a l a ciudadanía democrátic a. Los der echos de libr e
18
BOWLES, S. y ED WARDS, R. (1985): Un enfoque tridimensional para el estudio de la economía , en
Introducción a la economía: Competencia, autoritarismo y cambio en las economías capitalistas , Alianza,
Madrid, 1990, P arte I: Competencia, au toritarismo y cambio, ca p. 1, p. 2 6. P rimera publicación:
Understanding capitalism: competition, command, and change in the U.S. economy , Harper & Row, New
York, 1985.
19
BOWLES, S. y EDWA RDS, R.: Ibíd em.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
21
expresión y reunión, p or ejemplo, son necesarios para la toma de
decisiones democráticas. En tercer lu gar, los ciudadanos de un sistema
democrátic o deben tener unos recursos relativam ente iguales con los que
participar en el proceso democrático y , po r lo ta nto, deben poder ejercer
una influencia relativamente ig ual en dicho proceso.
El control democrático no implica que todas las decisiones deban
adoptarse mediante votaciones. El individuo debe ser libre para adoptar
cualquier decisión cuando las consecuencias d e la misma le afectan total o
principalmente…
Sin embarg o, cuando la decisión afecta a más de una persona, la regla
democrática impli ca que la elección individual debe dejar p aso a la
decisión colec tiva ( y democrática)» .
20
El criterio de la justicia y a fue contemplado como decisivo por MAR IE
ESPRI T LÉON W ALRAS, maestro neoclásico de la Escuela de Lausana, a la
hora de evaluar los sistemas ideados por el hombre. Según el criterio del crea dor
de la teoría d el equilibrio general , que representa un pilar central de la teoría
económica n eoclásica, el problema de la dist ribución de la riqueza social ha sido
objeto de d ebate desde que los hombres se organizan en sociedad, pero « s iempre
se ha discutido en el terreno correcto [ el de l a justi cia], que es en el que debe
mantenerse la polémica » .
21
En particular , WALRAS (1874) contempla los argumentos es grimidos en
el debate celebrado por « las dos mentes más preclaras de la antigüedad» ,
PLATÓN y AR ISTÓTELES, valedores de dos sistemas « ilustres » entr e todos los
ideados: el comunismo y el indi vidualismo . Pero, ¿ qué dicen cada uno de estos
sistemas?:
«Los bienes, dice el comunismo, deben ser apropiados en común. La
naturaleza s e los ha dado a todos los hombres y no sólo a los que viv en
hoy, sino también a los que lo harán en el fut uro. Dividirlos entre los
individuos es alienar el p atrimonio de la comunidad y de las genera ciones
futuras, es ex poner a los hombres que nazcan después de esta divi sión a
encontrarse despos eídos de los recursos que la Providencia les tenía
dispuestos, es obstaculizar la prosecución de s u fin y el lo gro de s u
destino.
20
BOWLES, S. y EDWARDS, R.: Un enfo que tridimensional pa ra el estudio de la economía , en
Introducción a la economía , op. cit., Parte I, cap. 1, p. 27.
21
WALRAS, L. (1874): Del fenómeno d e la industria y de la economía política aplicada. Del fenómeno de la
propiedad y d e la economía social, en Elementos de economía p olítica pura (o Teoría de la riqueza social) ,
Alianza, Madrid , 1987, S ección I: Objeto y divisio nes de la economía p olítica y social, lección 4ª, p. 170.
Primera p ublicación: lments d'conomie politique pure, o u, Thorie de la richesse socia le , L. Co rbaz,
Lausanne, 1874-1877.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
22
Los bienes, responde el indi vidualismo, deben s er apropiados
individualmente. La naturaleza ha hecho a los hombres desiguales en
virtud, en talento. Forzar a los que son laboriosos, hábiles, frugales, a
poner en común el f ruto de su trabajo, de su ahorro, es expoliarlos en
beneficio de los que son perezosos, incompetentes y pródigos, es sustra er a
todos los hombres a la responsabilidad de perse guir, buena o malamente,
su fin, de lograr, moral o inmoralmente, su de stino» .
22
Una vez expuestos los respectivos ar gumentos, a continuación W ALRAS
se pregunta quién tiene la razón: ¿el comunismo o el individualismo? A lo que
responde con otra pr egunta: « ¿ No son ambos, simultáneamente, correctos e
incorrectos? »
Y partiendo de las b ases anteriores, explicita su pretensión de hacer
comprender cuá l es el ob jeto preciso del problema de la propiedad :
« E ste objeto consiste esencialmente en establecer las relaci ones entre
personas en cuanto a la apropiación de la riqueza social, de forma tal qu e
se logre la coordinación de los destinos de las personas conforme a la
razón y a l a justicia » .
23
A continuación, vamos a establecer una metodología que nos p ermita
realizar una clasificació n elemental de los sistemas económicos, considerando a
cuatro criterios básicos:
1) Qué mecanismo determina la asig n ación de los recursos económicos;
2) Cuál es el rég imen de propiedad de los recursos económicos;
3) Cuál es el criterio de la moralidad inspirador de la conducta de los
agentes económicos; y
4) Cuál es el fin prioritario del sistema ec onómico.
Este procedimiento met odológico nos pe rmite distinguir dos sistemas
económicos puros, sit uados en los respectivos ex tremos del aba nico de
posibilidades: el capitalismo, y el comunismo.
Bajo el capitalismo , el mecanismo utilizado para ll evar a cabo l a
asignación y la distribución de los recursos es el mercado . En el mercado se
materializa el cambio de mercancías y/o de factores, y se determinan sus
respec tivos valores de cambio, mediante el proc eso de formación de los precios.
El rég imen de propiedad prevaleciente es la propiedad privada de los medios de
producción. El principio que rige la conducta d e los agentes económicos es el
22
WALRAS, L.: Del fenó meno de la indu stria y d e la economía p olítica aplicada. Del fenómeno de la
propiedad y d e la economía social, en Elementos de economía política pura (o Teoría d e la riqueza social) ,
Sección I, lección 4ª , p. 170-171.
23
WALRAS, L.: Ibídem, p. 171.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
23
principio de autopreferencia , o la regla utilitarista . Y por últ imo, el fin supre mo
del capitalismo es la maximización de la ganancia indi vidual, esto es, el afán de
lucro .
En relación con el criterio moral reseñado, el economista y filósofo in glés
JEREMY BENTHAM (1748 – 1832) considera que « en todo corazón humano, el
interés de la propia consideración predomina sobre todos los demás en
conjunto » .
24
Y sobre esta base, estab lece el « p rincipio de autopreferencia » , que d ebe
entenderse:
« … c omo la propensión de la naturaleza humana, por la cual, con motivo
de cada acto que ejecuta, todo ser humano se ve i nclinado a seguir la línea
de conducta que, en su inmediata estimación del caso, contribuirá en el
más alto grado a su p ropia felicidad máxi ma, cualquiera que se a su efecto
en relación con la di cha de otros seres simil ares, uno cualquiera o todos
ellos en conjunto » .
25
El ar gumento central de esta doctrina, conocida como hedonismo
psicológico , establece que todas las acciones humanas « s on en sí mismas
interesada s, mot ivadas fundamentalmente por el deseo de obtener placer y de
evitar el dolor » , siguiendo a I SMAEL QU INTANILL A y TOMÁS B ONAVÍA
(2005). S iendo mu y pro bable, además, que ésta sea la p rimera teoría psicológic a
sobre la motivación humana, con un alcance moral de g ran trascendencia:
« … el hedonismo psicológico sostiene la importancia del int erés propio
inteligente como base del código moral y social. Con ello, también, la
justificación, elevada desde entonces a do gma omnipresente, de un homb re
económico cu y a naturaleza se sustenta en una mera « aritmética de placeres
y de penas » . Ley que se convertiría, luego más ta rde, en base es encial del
cálculo ec onómi co, inevitablemente utilizada para expli car la c ondu ct a
social y de paso,… justificar los actos morales basados en el propio
interés» .
26
Análogamente, el economista político J OHN STUART M ILL (1863),
crea dor junto a BENTHAM del Utilitarismo como teoría de l a mor alidad,
estableció como regla util itarista al « Principio de la ma y o r Felicidad » , s egún el
24
BENTHAM, J. (1 954): La psicología d el hombre económico , en Escrito s económicos / Jeremy Bentham ,
editado p or WERNER S TARK; Fondo de Cultu ra Económica, México, 1ª reimpr., 1978, p. 3. Títul o o riginal:
“The psychology of economic man”. P rimera pu blicación: Jeremy Ben tham’s economic writings: critical
edition based on his printed works and unprinted manuscripts , vol. III, edit ado por W. STA R K; George Allen
& Unwin, London, 1954 (m an uscrito: p. 421 -450).
25
BENTHAM, J. : Ibídem , p . 3.
26
QUINTANILLA P ARDO, I. y BONA V Í A M ARTÍN, T.: Economía y psicología. L as bases de una
confluencia necesaria , en Psicología y economía , Universitat de València, Valencia, 2005, ca p. 1, p. 30.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
24
cual « el pla cer y la exención del sufrimiento son las únicas cosas des eables como
fines » , y que todas las cosas deseables « s on desea bles ya bien por el placer
inherente a ellas mismas, o como medios para la promoción del placer y la
evitación del dolor» .
27
La doctrina del Utilitarismo fue « claramente progresista » , se gún el criterio
de QUINTANILLA y BONAV ÍA (2005), al pretenderse alcanzar la ma y or
felicidad posible « e n lo privado y en lo público » :
«L o que se esperaba no es sólo alcanzar el pl acer persona l sino, como
dejara dicho Bentham, «el may or bien para el ma y o r núme ro de pe rsonas ».
Tanto en la mor al, como en l a política y la economía, se d ebe adoptar una
estrategia orientada al p lacer para evitar el dolor y el sufrimiento de l a
población » .
28
Bajo el comunismo , el mecanismo de asignación de los recursos es la
planificación centralizada, habiendo sido habitua l la utilización de los ll amados
planes quinquenales , que marcaban objetivos sectoriales concretos para c ada uno
de esos pe ríodos. El r égimen de pr opi edad es la p ropiedad colectiva o públi ca . El
criterio moral en la fase superior de la sociedad comunista es: « ¡De c ada cual,
según sus capacidade s; a cada cual, se gún sus ne cesidades!» Y el fin del sistema
económico comunista e s la max imización del bienestar colectivo.
El autor del criterio moral comunista fue KARL MARX (1875), quien lo
expuso por primera vez en su Crítica al programa de Gotha (un a obra póstuma
publicada en 1891) , dentro del siguiente contexto:
« E n la f ase superior de la sociedad comunis ta, cuando ha ya desaparecido
la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo, y
con ella, la oposición entre el trabajo intelectual y el tr abajo manual;
cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera
necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus
aspectos, crezca n también las fuerzas productivas y cor ran a chorro lleno
los manantiales de la riqueza colectiva, sólo e ntonces podrá rebasarse
totalmente el estrecho horiz onte del derecho bur gués, y la sociedad podrá
escribir en su bandera: ¡ De cada cual, se gún sus capacidades; a cada cual,
según sus nece sidades! »
29
27
M ILL , J. S . (1 863): Q ué es el utilitarismo , en El u tilitarismo. Un sistema d e la lógica , Alianza, Madrid ,
1984, cap. 2, p. 45-46. Primera publicación: Utilitarianism , P arker, Son, and Bourn, London, 1863.
28
QUINTANILLA P ARDO, I. y BONA V Í A M ARTÍN, T.: Economía y psicología. L as bases de una
confluencia necesaria , op. cit., cap. 1, p. 30.
29
MARX, K. (18 75): Crítica del p rograma de Gotha , El Cid Editor, Colección: Carrascalejo de la Jara, S anta
Fe (Argentina), p. 30 -31. Título original: Die kritik des Go thaer prog ramms , escrito en mayo d e 1875; y
publicado en Die Neue Zeit , Nr. 1 8 , 1. Band, 1890-1891.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
31
neg ocios ap elaban a principios va gamente so cialistas cuando pedían
aranceles o subvenciones. Y aquellos gobiernos que, sin embarg o,
aceptaban más o menos los mercados li bres lo hacían con cautela, un poco
tímidamente, porque sie mpre temieron que un compromiso demasiado
radical para permitir qu e los mercados siguieran su c amino pudiera ser
visto como una política brutal, inhumana y a ntisocial » .
41
En lo que respecta a la situación de la República Popular China, hay qu e
anotar que i gualmente e mprendió en este período una acelerada tr ansformación
económica, in corporando e lementos de la economía de mercado. Así, ba jo el
liderazgo de DENG X IAOPING, se lle varon a cabo en 1978 un conjunto de
reformas liberaliz adoras en la direcc ión del capitalismo, que posibilitar on unas
elevada s tasas de c recimiento ec onómico. Mientras tanto, al resto del mundo -
como subra y a KRUGMAN (2009)- « le costó m ucho ti empo comprender que mi l
millones de personas ha bían abandonado silenciosamente el marxismo » .
42
Pero al parecer, China está conjugando ahor a los dos aspectos más
negativos de ambos sistemas económicos: por una parte, mediante su denodado
impulso del capitalismo « sin trab as » -particularmente en los sectores con
vocación ex portadora-, pretende aumentar la productividad mediante el simple
procedimiento de intensificar la explotación laboral, al reconocer a sus
trabajadores unos derechos laborales r educidos en materia de jornadas de trabaj o
y de salarios. Y por la otra, aún se sigue caracterizando por el férr eo control de la
autoridad política en la gestión de las principales directrices económicas. Pese a
todo, la R epública Popular China será la primera potencia económica mundial en
este siglo XXI.
Como reflexión final de este apartado, c abría plantearse hasta qué punto la
ruptura del tenso equilibrio geoestratégico, económico, político y militar sostenido
a lo largo de gran p arte del siglo X X, entre los dos grandes bloqu es econ ómicos
hegemónicos, el bloque capitalista y el bloque comunista, y es cenificada por la
caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre d e 19 89, está facilitando el retorno de
un modelo de capitalismo « sin trabas » a nuestr as sociedades avanzadas d el siglo
XXI.
Un ti po de capitalismo globalizador , orientado a la búsqueda permanente
del máx imo beneficio privado a esc ala planetaria, bajo el manto del laissez faire ;
que en innumerables ocasiones resulta depredador con l a naturaleza, y
despiadado con respecto al tratamiento otorgado a los seres hum ano s; y eso sí,
programado para desma ntelar unos dere chos e conómicos y sociales que fueron
conquistados, con enormes sacrificios, gracias a la dura lucha sindical de la clase
41
KR UG MA N, P.: «E l pr ob lem a pr inc ipa l se ha re s ue lt o» , e n El re to rno de la ec on omí a de l a de pr es ión y la
cr is is ac t ual , C rí tic a, Bar ce lo na , 20 09, ca p. 1, p . 1 7. Pr im er a pu bli ca c ió n : T he re tu rn of de pre ss i on e co no mi cs an d
the Cr is is of 2 0 08 , W . W . N ort on & Co ., Ne w Yo rk , L on don , 20 09.
42
K RUG MA N, P. : I bíd em , p . 15.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
32
trabajadora.
1.1.2. Naturaleza y rasgos estructurales del Capitalismo
El capitalismo es el sistema económico prevaleciente en la actualidad, en
nuestro mundo contemporáneo.
Desde la perspectiva del economista libertario cana diense PIERRE
LEMI EUX (1987), el ca pitalismo « es la dimensión económica del liberalismo » :
«L a economía c apitalista se basa esencialmente en la libertad individual y
asegura la sob eranía práctica del indi viduo. Y ello de tres formas: prime ro,
en la economía capitalista el individuo consumidor es sobera no; segundo,
el indi viduo, productor o empresario, es libr e; y t ercero, la evaluación de
las cosas es individual y el concepto de eficacia económica sólo tiene
sentido en función de las preferencias individual es libremente expresadas
(y le gítimas). El c apitalismo pone en práctica la anarquía económica, y el
estudio de su fun cionamiento aclara el profundo s ignifica do de l a e ficacia
y de la capacidad autorreguladora de un orden espontáneo» .
43
La demanda es la qu e marca la pauta. Así, los consumidores son
plenamente sobe ranos, s egún LEM IEUX; esto es , son los responsables de dirigir
la economía de libre m ercado por medio de la concurrenc ia, y no me diante la
toma de decisiones c olecti vas:
«El concepto de « soberanía del consumidor » si gnifica que « e l individuo es
libre de ele gir y d e con sumir lo que quiera, con la única r eserva de su s
limitaciones presupuestarias, que representan el resultado de una libertad
idéntica de los demás individuos. Si un individuo está dispuesto a paga r el
verdadero precio de un bien o de un servicio, incluidos los incentivos
necesarios para el que lo produce y lo distribuye, en la práctica habrá
asegura do que estará disponibl e en el mercado. E n una economía li bre los
consumidores son los que dirigen la economía, no por medio de decisiones
colectivas, es decir, estatales, sino a través de la concu rr encia de las
demandas individuales en el mercado. El me rcado es la dimensión
económica de la libertad individual » .
44
En este mismo sentido, las fuerzas productoras s e emplearán d e tal modo
que corresponda a los deseos de los consumidores, según W ILHEL M RÖ PKE
(1941); quien considera que será l a competencia la que regule ese qué, cómo y
43
LEMIEUX , P . (1987): L a eficacia del o rden espontáneo , en La soberan ía d el individuo. Fundamentos y
consecuencias del nuevo li beralismo , Unión Ed itorial, M adrid, 2ª ed., 2000, ca p. II, p. 64. Primera
publicación: La souveraineté de l'individu: essai sur les fondements et les conséqu ences du nouveau
libéralisme , Presses Universitaires de France, Paris, 1987.
44
LEMIEUX, P.: Ibídem.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
33
cuánto de la prod ucción, operando sobre la totalidad de los consumidores:
« E l plan de producción de la economía n acional (a excepción d el sector
oficial de las finanz as del E stado) lo dicta en este c aso, por lo tanto,
aquello a qui enes difícil mente se les puede ne gar tal derecho, a s aber: los
consumidores. El proceso de la economía de mercado es, por de cirlo así,
un plébiscite de tous les jours , en el que ca da peseta gastada p or el
consumidor representa u na papeleta de votación, mientras los productores
tratan de realizar una especie de « p ropaganda electora l » a favor d e
innumerables partidos (es decir, clases de bienes)» .
45
Desde la óptica de la of erta, el c apitalismo también se caracteriza por la
producción en masa, s egún el maestro JOSEPH A. S CHUMPETER (1942);
estando destinada dicha producción a la satisfacci ón de un consumo masivo:
« … la máquina capitalista es siempre una máquina de producción masiva,
lo cual significa tambi én, inevitablemente, qu e es una máquina de
producción para las ma sa s...
La s aportaciones típica s de la producción capitalista son el tejido barato,
los artículos baratos de algodón y de seda ar tificial, el calzado, los
automóviles, etc.; pero no lo son, por lo gene ral, las mejoras que pudieran
tener gran importancia p ara el hombre rico. La reina I sabel tenía medias d e
seda. La apo rtación capitalista no consiste, normalm ente, en producir m ás
medias de seda p ara reinas, sino en ponerlas al alcance de l as m uchachas
de la fábrica como recompensa por su esfuerzo de trabajo continuamente
decreciente» .
46
Pasemos ahora a an alizar la visión marx ista de este asunto. Según la
definición de BOWLES y EDWARDS (1985), el capitalismo es « u n sistema
económico en el que las mercancías s e produc en con ánimo de lucro util izando
bienes de capital de pr opiedad privada y tra bajo asalariado ».
47
En este sis tema capitalista aparecen dos clases sociales con int ereses
económicos contrapuestos. De un lado, la clase capitalista , propietaria de los
medios de producción; y del otro, la clase trabajadora , integra da por aquellas
personas que vend en su fuerza de trabajo a cambio de un salario. Mientras que la
clase capitalista posee « l os medios de capital utilizados en la producción de
mercancías y control a n o sólo su propio trabajo sino también el de los d emás, es
45
RÖPKE, W.: Esplendor y miseria del capitalismo , en La crisis social de nuestro tiempo , op. cit., Prime ra
parte, cap. III, p. 129.
46
SCHUMPETER, J. A . (194 2): El tip o d e aumento de la producción total , en Capitalismo, socialismo y
democracia , Folio, Barcelona, 1984, P arte segunda: ¿Puede sobrevivir el capitalismo?, cap. 5, p. 101 -102.
Primera publicación: Capitalism, socialism, and democracy , Harper & Brothers, New York, L ondon , 1942.
47
BOWLES, S. y EDWARDS, R.: El capitalismo y o tros sistemas económicos , en Introducción a la
economía: Competencia, autoritarism o y cambio en las economías capitalistas , op. cit., Parte I, cap. 3, p. 68.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
34
decir, el d e los asalariados » , la clase t rabajadora está inte gra d a por « l as personas
que no son p ropietarias de los bienes de capital utili zados en la producción de
mercancías y que trabajan bajo el control d e otras » . Los capitalistas obtie nen su
renta en forma de beneficios , mientras que los trabajadores reciben su renta en
forma de sue ldos y salarios .
48
La relación entre los capitalistas y los trabajadores se define, siguiendo a
BOWL ES y ED WARDS (1985), por tres características del proceso de trabajo :
« E n primer lu gar, el proceso de trabajo produce mercancías. En segundo
lugar, los bienes d e capi tal util izados en la producción son de propiedad
privada. Y en tercer lugar, el trabajo empleado es fundamentalmente
trabajo asa lariado » .
49
El proceso de traba jo , d efinido por K ARL MAR X (1867) como « pro ceso
de consumo de la fuerza de trabajo por el capitalista » , pr esenta dos fenómenos
caracter ísticos, dentro de l sistema de producc ión capitalista:
En primer lugar, el obrero « trabaja bajo el control del capitalista , a quien
su trabajo pertenece. El capitalista se cuida de vigilar que este trabajo se ejecut e
como es debido y que lo s medios de producción s e empleen convenientemente, es
decir, sin desperdicio de materias primas y cuidando de que los instrumentos de
trabajo se traten bien, sin desgastarse más que en aquella parte en que lo exija su
empleo racional» . Y en segundo lu gar, el product o « e s propiedad del capitalista y
no del productor directo, es decir, del obrero» .
50
El uso de la mercancía «pertenece a su comprador, y el poseedor d e la
fuerza de trabajo sólo puede entregar a éste el valor de uso que le ha vendido
entregá ndole su trabajo . Desde el inst ante en qu e pisa el taller del c apitalista, el
valor de uso de su fuerza de trabajo, y por tanto su uso, o sea, el trabajo , le
pertenece a éste » , según MARX (1867).
48
BOWLES, S. y EDWARDS, R.: El capitalismo y otros sistemas económicos , en Introducción a la
economía: Competencia, autoritarism o y cambio en las economías capitalistas , op. cit., Parte I, cap. 3 , p. 73.
49
BOWLES, S. y EDWA RDS, R.: Ibíd em, p. 68 - 69.
50
M ARX, K. (18 67): Proceso d e tra bajo y p roceso d e valo rización , en El cap ital. Crítica d e la economía
política , Fondo de Cultu ra Económica, México, 2ª ed., 14ª reimpr., 1979, tomo I, Libro primero: El p roceso
de producción del capital, Sección terce ra: La producción de la plusv alía absoluta, cap. V, p. 137.
Primera publicación del L ib ro prime ro: Das capita l. Kritik d er politischen oekonomie , Buch I: Der
produktionsprocess des kapitals ; Verlag von Otto Meissner, Hamburg, 1867.
Del Libro segund o: Zweite r Ban d. Buch II: Der cirkula tionsprocess des kapitals , Meissner, Ha mburg, 1885
(editado por FRIEDRICH ENGELS).
Y del Libro tercero: Dritter B and, erster Theil. Buch III: Der gesamtprocess der kap italistischen p roduktion.
Kapitel I b is XXVIII , Meissner, Hamburg, 1894 (editado po r ENGEL S). Dritter Band, zweiter Theil. Buch III:
Der gesamtprocess der kap italistischen pro duktion. Kapitel XX IX b is LII , Meissner, Ha mburg, 1894 (editado
por F. ENGELS).
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
35
Dado que el proc eso de traba jo , considerando la perspectiva del
capitalista, « no es m ás que el consumo de la mercancía fuerza de trabajo
comprada por él, si bien sólo la puede con sumir facilitándole medios de
producción » , y que en dicho proceso sólo en tran en juego las cos as por él
adquiridas, el cor olario es que el producto final también le pertenece:
« E l proceso de trabajo es un proceso entre objetos comprados por el
capitalista, entre objetos pertenecientes a él . Y el producto de este proc eso
le pertenece, po r tanto, a él, al capitalista, ni más ni menos que el produ cto
del proceso de fermentación de los vinos de su bodega» .
51
Ahora bien: considerados por sí mismos, tanto el dinero, como la
mercancía y los medios de producción no son « capital » , sino que « n ecesitan
convertirse en capital ». Y para ello, ti enen que darse unas ci rcunstancias
concre tas, que MARX (1867) resume del siguiente modo:
« … h an d e en frentar se y entra r en contacto dos clases mu y diversas de
poseedore s de mercancías; de una parte, los propietarios de dinero , medios
de producción y artículos de consumo , deseosos de valorizar la suma de
valor de su propiedad m ediante la compra de fuerza ajena de trab ajo; de
otra parte, los obreros li bres , vendedores de su propia fuerza de trabajo y ,
por tanto, de su traba jo » .
52
Una vez efectuada esta « polarización del mercado de mercancías » , s e
darían a juicio de MARX (1867) « las dos condiciones fundamentales» de la
producción capitalista:
« E l ré gimen del capital presupone el divorcio entre los obreros y la
propiedad sobre las condiciones de realización de su trabajo . Cuando ya
se mueve por sus propio s pies, la producción capit alista no sólo mantiene
este divorcio, sino que lo reproduce y ac entúa en una escala cada vez
mayor . Por tanto, el proceso que engendra el ca pitalismo sólo puede ser
uno: el proceso de disociación entre el obrero y la prop iedad sobre las
condiciones de su trabajo , proceso que de una p arte convierte en capital
los medios sociales d e vida y de produ cción, mientras d e otra pa rte
convierte a los productores directos en obreros asalariados . L a llamada
acumulación origi naria no es, pues, más que el proceso histórico d e
disociación entre el productor y los medios de producción . Se le llama
“originaria” porque forma la prehistoria del capital y del régimen
capitalista de prod ucción » .
53
51
MARX, K.: Proceso de trabajo y pro ceso d e valorización , en El capital. Crítica de la economía política ,
op. cit., tomo I, Libro prime ro , cap. V, p. 137.
52
MARX, K.: La llamada acu mul ación o riginaria , en El capital. Críti ca d e la economía política , op. cit.,
tomo I, Libro primero, Sección sé ptima: El proceso de acum u lación d el capital, cap. XXIV, p. 608.
53
MARX, K.: Ibídem.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
36
Los dos factores del proceso de trabajo son los medios de producción y la
fuerza de trabajo , como se ha indicado, que constituye n dos de las diversa s
modalidades de existencia de l « v alor originario del capital » .
Sobre esta base, MARX (1867) realiza una dist inción peculiar. Observa
que la parte del capital invertido en los medios d e producción , que inclu ye a las
materias primas, materias auxil iares e instrumentos de trabajo, « no cambia de
magnitud de valor en el proceso de p roducción. T eniendo esto en cuenta, l e do y el
nombre de parte c onstante del capital , o más concisamente, capital constante ».
54
Pero también advierte q ue aquella p arte de capital que es invertida en
fuerza de trabajo sí cam bia de valor en el p roc eso de producción, y por ello la
denomina « capital variable » :
« A demás de reproducir su propia equivalencia, crea un remanente, la
plusvalía , que puede también variar, siendo más grande o más pequeño.
Esta parte del capital se convierte constantemente de ma gnitud constante
en variable. Por eso le do y el nombre de part e v ariable del capital , o má s
concisamente, capital variable . L as mismas partes integrantes del capital
que desde el punto de v ista del proceso de trabajo dist inguíamos como
factores objetivos y subj etivos, medios de producción y fu erza de trabajo,
son las que desde el punto de vista del proceso de valorización se
distinguen en capital constante y capital variable ».
55
Este remanente ll amado plusvalía es la fuente ori ginar ia del beneficio, que
constituye a su vez el fundamento ec onómico de la existencia de la clas e
capitalista.
El interés creado d e la clase capitalista tanto en el mantenimiento del
beneficio, como en que este sea lo más elevado posible, como subrayó el
economista neomarxist a P AUL M. SWEEZY (1952), es el más poderoso de los
que existen en la sociedad capita lista:
«Bajo el capitalismo, el beneficio es la forma en que la clase domi nante
obtiene su renta. Es, por así d ecirlo, el fundamento económi co de l a
existencia de esta clase. El interés creado que esta clase tiene en el
mantenimiento del beneficio como tal, así como en el mantenimiento de un
gran volumen de beneficio -no se trata de dos problemas distintos en el
concepto de los capitalistas-, es con mucho el interés creado más poderoso
y más apasionadamente defendido en l a socied ad capitalista. En torno al
beneficio se mont an toda s las formas concebibles de apo yo y protección -
económica, institucional, legal e ideológica -. M ás que cualquier otra cosa,
el beneficio es el s er y el fin de la soci edad capitalista. P or ello, cuando el
54
M ARX, K.: Ca pital constante y capital varia ble , en El capital. Crítica de la economía p olítica , op . cit.,
tomo I, Libro primero, Sección terc era, cap. VI, p. 158.
55
MARX, K.: Ibídem.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
37
funcionamiento económico del capitalismo requiere una disminución firme
y d rástica del ben eficio y/o un empleo del benefic io qu e c ho ca
directamente con la vol untad de los capitalistas, el sistema s e encuentra
aprisionado en una verdadera contradicción » .
56
A su juicio, exist en diversas alternativas co yunturales para intentar sup erar
esta « c ontradicción » , pero nin guna de ellas t iene un carácter d e solución
definitiva:
« E l c apitalismo puede verse tempor almente salvado de esta contr adicción
gracias a las nuevas in dustrias; puede buscar un escape , con ma yor o
menor éxito, a través del imperialismo y del mili tarismo; puede incluso
tratar, d e nuevo con m ayor o menor éxit o y ciertame nte fr ente a l a
crec iente re sis tencia de los propios capitalistas, de modificar el
funcionamiento del sistema por medio del tributo y del gasto
gubernamenta l. P ero una cosa es segura: mientras siga si endo capitalismo,
nunca podrá suprimir la contradicción» .
57
Ahora bien, ¿ cuál es la “ differentia specifica” de la producción capitalista,
siguiendo a MARX?:
« … la producción de plusvalía o extracción de trabajo excedente
constituye el c ontenido específico y el fin concreto de la produ cción
capitalista , cualesquiera que sean las transformac iones del régimen mismo
de producción que puedan brotar de la supeditación del trabajo al
capital» .
58
La propia noción de plusvalía , para el economista marxista ERNEST
MANDEL (1964), « n o es otra cosa que la forma monetaria del producto social
excedente , es decir, la f orma monetaria de esa parte de su producción que el
trabajador abandona al propietar io de los medios de producción, sin recibir nada
en cambio» .
59
Pero, ¿ cómo se materializa esa particular cesión, en el ent orno de la
sociedad capitalista? Esta se ll eva a cabo a través de un intercambio, « como todas
las operaciones importantes de esta so ciedad, que son siempre relaciones de
56
SWEEZY, P . M. (1953): Una diferencia crucial entre capitalismo y socia lismo , en El presente como
Historia (Ensayos sobre capitalismo y socialismo) , Tecnos, Madrid , 1 974, P arte III: Carácter de nu estra
época, p. 261. Título origin al: “A crucial difference between capitalism and socialism” (ensay o escrito en
1952). Primera p ublicación : Th e present as History; essays an d reviews o n capitalism and socialism ,
Monthly Review Press, New York, 19 53.
57
SWEEZY, P. M.: Ibídem , p. 261 -262.
58
MARX, K.: L a jornada de trabajo , en El capital. Crítica d e la econ omía política , op. cit., tomo I, Libro
primero, Sección tercera, cap. VII I, p. 237.
59
MANDEL, E. (1964): La teoría del valor y de la plusvalía , en Introducción a la Teoría económica
marxista , Ediciones Era, México, 3ª ed., 1976, cap. I, p . 34 -35. Primera pu blicación: In itiation la thorie
conomique marxiste , Centre d’tude s Socialistes, Paris, 1964.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
38
cambio. El capitalista compra la fuerza de trabajo del obrero, y a cam bio del
salario que le da se apropia de todo lo que el obrero produ ce, de todo el valor
nuevo que se agrega al valor del producto » . A partir de esta idea, MANDEL
(1964) sintetiza otra definición alternativa de la plusvalía:
« P odemos decir entonces que la plusv alía es la diferencia entre el valor
producido por el obrero y el valor de su fuerza de trabajo » .
60
Retomemos de nuevo el argumento central de la tesis marxista: la ley
absoluta del sis tema d e producción capitalista es l a producción de plusv alía, la
obtención de lucro ; y no la satisfacc ión de las nec esidades de los consumidores:
«Aquí, nadi e compra l a f uerza de trab ajo para satisfacer, con sus servicios
o su producto, las necesidades personales del comprador . No, la finalidad
de este acto es explot ar e l capital, produ cir mercancías, que encierran más
trabajo del que pa ga el que se las apropia y que, por tanto, contienen una
parte de valor que al capitali sta no le cuesta n ada y que, sin embar go,
puede realizarse mediante la venta de las mercancías . L a producción de
plusvalía, la obtención de lucro; tal es la ley absoluta de este sistema de
producción» .
61
En el régimen de p roducción capitalista, sucede que la riqueza no está al
servicio de las necesid ades materiales del ob rero, sino justamente t odo lo
contrario. Además, el afán de lucro de los capitalistas les impide reducir el gra do
de explotación laboral, tanto como elevar los s alarios a un nivel que frene la
reproducción del propio rég im en capitalista. En palabras de MARX (1867):
«L a le y de la a cumulación capitalista, que se pretende mistificar
convirtiéndola en un a le y natural, no expresa, por tanto, más que una cosa :
que su naturaleza ex cluy e tod a redu cción del grado de explotación del
trabajo o toda alza del p recio de éste que pueda hace r peligrar seriamente
la reproducción constante del r égimen capitalista y la reproducción d el
capital sobre una es cala cada vez más alta. Y forzosamente ti ene que ser
así, en un régimen de producc ión en que el obrero existe para las
necesidades de explotación de los valores ya cr eados, en v ez de ex istir la
riqueza material para las nece sidad es del desarrollo del obrero » .
62
A modo de síntesis, podemos concluir que el carácter típico del modo de
producción capitalista consiste e n la apropiac ión privada del e x cedente
económico, sig ui endo a J OSEP MAR Í A BRI CA LL (1979):
60
M ANDEL, E.: La teoría del valor y de la plu svalía , en Introducción a la Teoría económica marxista , op.
cit., cap. I, p. 35.
61
MARX, K.: L a ley general de la acumulación capitalista , en El capital. Críti ca de la economía polí ti ca ,
op. cit., tomo I, Libro prime ro , Sección séptima, ca p. XX III, p. 522.
62
MARX, K.: Ibídem, p. 524.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
39
« … la ca n alización y /o apropiac ión privada del excedente económico a
través de los beneficios y otras rentas del capital es lo que constituy e el
carácter típico del capitalismo, donde tiene lugar la separación entre e l
productor de los bienes y la propiedad del c apital (o sea, de los medios de
producción), que así se interpone entre el trabajador y su producto. En
definitiva, el capital com o relación so cial que permi te contratar trabajo se
funda en la propi edad d e los bienes d e ca pital, propiedad que permite a
quien la detenta la obtención de unas rentas sobr e el excedente del trabajo
que irán destinad as a l a acumulación . Estas relaciones de producció n
enfrentan a los poseedores de los bi enes de capital con los
trabajadores».
63
Y para finalizar este ap artado, ¿ podemos afirmar que todas las naciones
capitalistas se dese nvuel ven en el mismo sistema económico?
En realidad, en cada nación c apitalista se ha ido fraguando, con el
transcurso del ti empo, un entramado de relaciones diferent es entre los pri ncipales
agentes económicos, determinándose de este modo una dist ribución también
distinta de las v entajas o beneficios entre las clases sociales, sigui endo el criterio
de la economista in glesa J OAN VIOLET RO BINSON (1970), referente de la
Escuela postkeyne siana de Cambridge:
« C ada una de l as nacio nes capitalistas ha creado una diferente paut a de
relaciones entre el gobierno, las industrias y los servicios nacionalizados y
las empresas privad as; y una pauta diferente de distribución de los
beneficios entre l as clases y se ctores d e la economía, de acuerdo con l a
fuerza y las pretensiones de los respec ti vos intereses » .
64
1.2. ¿Por qué hay ciclos económicos e n el Capit alismo?
La mejor respuesta a esta cuestión nos la proporciona SCHUMPETER
(1942), uno de los mejores historiadores de l pensamiento económico:
« E l c apitalismo es, por n aturaleza, una forma o método de transformación
económica y no solame nte no es jamás estac ionario, sino que no puede
serlo nunca» .
65
63
BR IC AL L MA SIP, J. M. (1 97 9): Lo s sis tem as ec on ómi co s , en Int ro duc ci ón a l a ec on omí a , 4ª ed ., A rie l,
Ba rc el ona , 19 82, Pri m er a pa rte : Pr od ucc ió n y dist ri buc ió n, c a p. I V, p . 119 . T ít ul o or igi na l (e d. c at al ana ):
In tr od uc ci ó a l a e c ono mí a , A rie l, Ba rc el ona , 19 77 .
64
ROBINSON, J. (1 970): El nuevo mercantilismo , en L ibertad y necesidad. Introducción al estudio de la
sociedad , Siglo Veintiuno, México, 2 ª ed., 197 1, p. 112 -113. P rimera p ublicación: Freedom and n ecessity: an
introduction to the study of society , Ge orge Allen & Unwin, London, 1970.
65
SCHUMP ETER, J. A.: El proceso d e la destrucción creadora , en Ca pitalismo, socialismo y democracia ,
op. cit., Parte segunda, cap. 7, p. 1 20.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
40
Podría resultar evidente la influenc ia ejercida por un entorno social y
natural tan cambiante s obre la actividad económi ca y sobre el propio proceso
evolutivo de la producc ión capitalista:
« … este carácter evo luti vo del proceso capitalista no se debe simplemente
al hecho d e que la vida económica trans curre en un medio social y natural
que se transforma incesantemente y que, a cau sa de su transformación,
altera los datos de la acción económica; este hecho es imp ortante y estas
transformaciones (guerras, revolu ciones, etc.) condicionan a menudo el
cambio industrial, pero no constit uye n su móvil primordial. Tampo co se
debe este c arácter evolutivo al crecimiento casi au tomático de la población
y el capital ni a las veleid ades del sis tema monetario, de todo lo cual puede
decirse exactamente lo mismo que de las tr ansformaciones del proceso
capitalista» .
66
Pero la v erdadera clave que pon e en movimiento a la « m áquina
capitalista» y que cond iciona su evolución a larg o pl az o, es el proceso de
« d estrucción creadora » , que en opini ón de SC HUMPETER (1942) constitu ye « el
dato de hec ho esencial de l capitalismo » :
« E l impulso fundamental que pone y m antiene en movimiento a la
máquina capitalista procede de los nuevos bienes de consu mo, de los
nuevos métodos de producción y tr ansporte, de l os nuevos mercados, d e
las nuevas fo rmas de organización industrial que crea la empresa
capitalista...
La apertura de nuevos mercados, extranjeros o nacionales, y el desarrollo
de la or ganización de l a producción, desd e el taller de artesanía y la
manufactura hasta los co ncerns ,... il ustran el mis mo proceso de mutación
industrial -si se me permite usar esta expresión biológica- que r evoluciona
incesantemente la estructura económica des de dentro , destru y e ndo
ininterrumpidamente lo antiguo y creando continuamente elementos
nuevos. Este proceso de destrucción cr eadora consti tuye el dato d e hecho
esencial del capitalismo. En ella consiste en definitiva el capitalismo y
toda empresa capitalista t iene que amoldarse a ella para sobrevivir » .
67
Cuando SCHUMPETER (1912) se plante a «¿por qué no p rocede el
desenvolvimiento económico, en nu estro s entido, con l a misma regularidad con
que crecen los árbol es, sino a saltos? ¿Por qué presenta esas alzas y b ajas
caracter ísticas? » , encuentra una respue sta, que se refiere a una aparición
discontinua y a l eatoria de « b andadas » de inversiones empresariales:
66
SCHUMP ETER, J. A.: El proceso d e la destrucción creadora , en Ca pitalismo, socialismo y d emocracia ,
op. cit., Parte segunda, cap. 7, p. 120.
67
SCHUMPETER, J. A.: Ibídem, p. 120 -121.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
47
cuy os fenóm enos constitu ye n otras tantas piezas del me canismo de est e
proceso de rejuvenecimiento recurrente del aparato de producción» .
78
Una visión contemporánea, pero completa mente distinta de la teoría
tradicional de los ciclos económicos analizada hasta ahora , sostiene que el
desarrollo teórico d e la macroeconomía ha posib ilitado la resolución del problema
central de las economías capitalistas: la pr evención de la depresión. Esta tesis la
expuso ROBERT E. LUCAS
79
(2003), representante de la Nu eva Macroeconomía
Clásica, en su discurso presidenc ial ante la American Economic Association:
«L a ma croeconomía nació como campo propio en los años cuarenta del
siglo XX, como parte d e la respuesta intelectual a la Gran Depresión. El
término aludía entonces al cuerpo de conocimientos y experiencias que,
según esperábamos, impediría que se repitiera el desastre económico. En
esta conferencia, lo que defenderé es que la macroeconomía ha tenid o
éxito, en su sentido orig inal: el problema central -la prevención de la
depresión- se h a resuelto, en todos sus aspectos prácticos, y de hecho lleva
y a muchas décadas resuelto » .
80
En su interpretación, LUCAS no señalaba el final del ciclo económico,
definido como la alterna ncia sucesiva e irre gular de episodios de expansiones y
rece siones; sino más bien, que el ciclo y a ha bía sido domado, como señala
KRUGMAN (2009):
« Sí que sostenía, en cambi o, que ese ciclo estaba bajo control, hasta el
punto de que los beneficios de s eguir domándolo sería triviales: los
beneficios que tendría en el bienestar de la población suavizar las
fluctuaciones de la ec onomía, dijo, serían triviales. Había lleg ado el
momento de centrarse en cuestiones como el crecimiento económico a
larg o plazo ».
81
En consecuencia, LUCAS sost iene que los policy-makers no deben
preocuparse por la tarea de corregir las fluctuaciones económicas. Esta visión
económica es el resultado del desarrollo de las te orías de equilibrio de los ciclos ,
78
SCHUMP ETER, J. A.: El tipo d e a umento de la p roducción to tal , en Cap italismo, socia lismo y
democracia , op. cit., Parte segunda, cap. 5 , p. 102-103.
79
ROBERT E. LUCAS Jr. es Premio Nobel en Ciencias Económica s 1995 « po r haber d esarrollado y aplicado
la h ipótesis de las expectativas ra cionales, y por lo tan to de haber transformado el an álisis macroeconómico y
profundizado en nuestra com prensión de la polít ica económ ica ».
Enlace we b: h ttp://www.nobelprize.org/nobel_prizes/econom ic- sciences/laureates/1995 /
80
LUCAS, R. E.: Discurso presidencial ante la American Economic Association , 2003. Cit ado por P AUL
KRUGMAN en ¡Acabad ya con esta crisis! , Crítica, B arcelona, 3ª reimpr., 201 2, p. 103. Primera
publicación: “Macroeconomic prio rities” , e n The American Economic Review , vol. 93 (1), 2003, p. 1 -14. La
cita reseñada está incluida en la página 1 del artículo original.
81
KR UG MA N, P.: «E l pr ob lem a pr inc ipa l se ha re s ue lt o» , e n El re to rno de la ec on omí a de l a de pr es ión y la
cr is is ac tua l , o p. ci t. , c a p. 1 , p . 13.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
48
encuadrada s dentro d el modelo neoclásico de crecimiento económico. Y supone
una clara ruptura con la tradición ke y nesiana sub y a cente en l a teoría económica,
como destaca n A LFONSO NOV ALES y CARLOS SEBAST I Á N (1999):
« Q uizá el aspecto más importante de las teorías de equil ibrio de los ciclo s,
es que estos modelos recientes muestren l a posibilidad de tener
fluctuaciones cíclicas como resultado de la asignación de recursos que se
materializa en economías no sujetas a externalidades, bienes públicos, o
imperfecciones de merc ado de nin gún tipo. Ello im plica que... cualquier
caracter ística de las asignaciones r esultantes y, en particular, sus
fluctuaciones temporales, son consistentes con l a idea de eficiencia. En
consecue ncia, no tiene sentido poner mucho esfuerzo en el diseño de
políticas económicas que traten d e amo rtiguar tales fluctuaciones.
Evidentemente, este es un aspecto con implicaciones trascendentales, que
rompen con la tradició n keynesiana que sub yacía al análisis de las
fluctuaciones de década s anteriores » .
82
Otro resultado singular que se deriva de las teorías de equilibri o de los
ciclos , es que todos los ciclos económicos son ig uales, incluso par a distint os
países, en la medida en que se aprecian por sus autores unas regularidades de
comportamiento muy simi lares entre ellos:
«[ Robert E. Lucas] manifestó su creencia en la existencia de regularidades
empíricas referentes al ciclo económico que se manifiestan de modo mu y
similar para distint os países, lo que le ll evó a afirmar que, en términos de
las propiedades de fluctuaciones conjuntas de la s variables relevantes en
una economía, todos los ciclos económicos son iguales [ L u cas (1977)]. A
partir de esto, se trata de caracterizar un amplio número de dichas
regularidades, para lu ego proceder a construir m odelos teóricos qu e sean
capaces de reproducir tales hechos e mpíricos » .
83
Resulta destacable que en estas teo rías no suel e determinarse a ningún
factor en p articular como fuente u origen de los ciclos económicos. Aunqu e en los
denominados modelos del ciclo real se señala a la productividad como la principal
causa de l as fluctuaciones cíclicas, si guiendo a NOVALES y SEBAST I ÁN
(1999):
« N o h a y ninguna presunción acerca de cuál sea la fuente generadora de los
ciclos económicos, y po dría ser tanto de carácter real como nominal; de
hecho, la primer a propuesta de R. Lucas... se b asaba en la p ercepción
errónea por parte d el sector privado de las pe rturbaciones de carácter
nominal que experimentan sus mercados r espectivos. S in embargo, en los
82
NOVALES CINCA, A. y SEBASTIÁN GASCÓN, C. : Fluctuacion es cíclicas , en Análisis
macroeconómico , Marcial Pons, Ediciones Jurídicas y Sociales, Madrid , 1999, vol. II, cap. 9, p. 533.
83
NOVALES CINCA, A. y SEBASTIÁ N GASCÓN, C.: Ibíd em .
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
49
últimos años ha ido ganando adeptos una visi ón según l a cual la fu ente
fundamental de fluctuac iones cíclicas es la productividad, va riable que
evoluciona de modo e xógeno. Estos modelos reciben el nombre d e
modelos de ciclo re al ...
[Tales] modelos no son otra cosa que ve rsiones del modelo de
crec imiento neoclásico, que se ha derivado expli citando la conduct a
optimizadora de los agentes, y en el qu e se considera la exist encia de
shocks de productividad».
84
Como conclusión de este aparta do, y a pes ar d e creerse ya resuelto el
problema de las d epresiones y recesion es en el sis tema capitalista po r el principal
repre sentante de la Nueva Macroeconomía Clásica, tal y como acaba mos de
comprobar, éstas est án presentes a lo lar go de toda la historia del capitalismo y , lo
que todavía es pe or, pare cen no estar aún ba jo c ontrol.
Con el surgimiento de la Gran Recesión de 20 08 se evidenció una v ez
más, en la p ráctica, la escasa solven cia de este tipo de aprox imaciones teóricas del
modelo neoclásico del c recimiento y d e los ciclos económicos. Y por mucho que
se reniegue en los modelos teóricos neoliberales del int ervenc i onismo, este resulta
necesario si queremos combatir las fases depresiv as de los ciclos económicos con
ciertas garantía s de éxit o y e ficacia.
1.2.2. Las fases del ciclo económico
Todo ciclo económico típico comprende las siguientes fases: au ge
económico o expansión, crisis, re cesión y d epresión.
El auge económico es el resultado natu ral de un intenso proceso d e
acumulación de capital, en el que el aument o conjunto de la demanda de
inversiones da lugar a un incremento de los bienes de producción, y esto h ace que
también aumente la demanda de factores, como demanda derivada de los bienes y
servicios que ay udan a producir.
Según el c riterio d el ec onomista inglés J OHN R. HI C KS
85
(1939), qu e
contribuy ó al desarrollo de la S íntesis Neoclásica con sus aportaciones tanto a la
teoría del equilibrio gene ral como a la teoría del bienestar , los resultados de tales
combinaciones s erían un aumento d el nivel empleo en el mercado de trabajo,
reduciéndose así la desocupa ción; y una par alela tendencia al alz a de los niveles
de prec ios, en los mercad os de bienes y servicios:
84
NOVALES CINCA, A. y SEBASTIÁN GASCÓN, C. : Fluctuacion es cíclicas , en Análisis
macroeconómico , op. cit., vol. II, cap. 9, p. 534.
85
JOHN R. HICKS es Pre mio Nobel en Ciencias Económicas 1972, junto a KENNETH J. ARROW, «por sus
contribuciones pioneras a la teoría del equilibrio económico g eneral y a la teoría del b ienestar» .
Enlace we b: h ttp://www.nobelprize.org/nobel_prizes/econom ic- sciences/laureates/1972 /
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
50
« [ Parece] justificado decir que un a uge económico no es más que un
período de acumulación intensa.
Si sucede al go que est imule el ritmo de las in versiones que h acen los
empresarios..., y a hemos visto cual debe ser la dirección probable de los
acontec imientos. H abrá, antes qu e n ada, un p eríodo de “preparación”
cuy os únicos ef ectos visi bles son (quiz á) un pequeño aumento de la
demanda de factores y (quizá) un pequeño aumento de la demanda de
dinero. Si (como suele suceder al principio de un aug e) ex iste y a una
plétora de mano de obra deso cupada y de dinero inactivo, estos
incrementos de las demandas no provo carán prác ticament e nin guna
reacción sobre los precios en genera l, ni tampoco sobre las tasas de interés.
Sólo es probable que se alteren aquellos precios que son una expresión
directa d e un cambio en las expectativas de las personas más sensibles
dedicada s a actividades económicas – como, po r ej emplo, los precios d e las
acciones ordinaria s.
En la se gunda fase, cuando se empieza la construcción físic a d e nuevos
bienes de capital, aumenta de man era mu cho más considerable l a demanda
de factores. Esto provoca una baja primari a en la desocupación. Al mismo
tiempo, hay una tendencia al aumento genera l de los p recios de l as
mercancías más sensibl es; y al cabo d e po co tiempo podemos supone r que
algunos industriales habrán tenido ti empo de engendrar expectativas
elásticas (al menos por el lapso futuro que interesa para las clases de
procesos p roductivos a q ue se h allan dedicados); esto provocaría un a baj a
secundaria importante de la desocupación a causa del alza de las
expectativas de precios.
Así se desarrolla el auge. P ero a partir de este punto los caminos se
separa n » .
86
La única c ausa explicativa de todo au ge pa ra SC HUMPETER (1912) es l a
inversión en mas a ll evada a cabo d e una manera discontinua, esto es, la inversión
conjunta efectuada a « ba ndadas» por diversos grupos de empre sarios, como ya s e
ha señalado. De este modo se afectaría al sistema económico de una forma d istinta
al caso en el que las inv ersiones se distribu yeran por igual a lo l argo del tiempo,
gracias a una a parición continua y r egular de empresarios:
«L a aparición en grupo de los empresarios, que es la única caus a del auge,
tiene un efecto cualitativamente dife rente sob re el sistema económico del
que ti ene un a aparición continua distribuida por igual en el tiempo, pu es
no supone como esta últ ima perturbaciones continuas, im perceptibles, de
86
HICKS, J. R. (1939): Conclusión – El ciclo económico , en Valor y capital. In vestigación sobre a lgunos
principios fundamentales de teoría econó mica , Fondo de Cultura Económica , M éxico, 4 ª reimpr., 1976, Parte
IV: El funcionamiento del sistema dinámico, cap. X XIV, p. 3 60-361 . Primera publicación: Value and cap ital;
an inquiry into some fundamental prin ciples of economic theory , Clarendon Press, Oxf o rd, 1939.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
51
la posición de equilibrio, sino movimi entos bruscos, perturbaciones de un
orden diferente de magnitud. Mientras que las pertur ba ciones provocadas
por la aparición continua de empresarios podrían ser absorbid as
continuamente, la aparición en grupos exige un proceso especial y
caracter ístico de absorción, de incorporac ión de nuevas cosas, y de
adaptac ión a ellas del sis tema económico, un p roceso de liquidación... Ese
proceso es la esencia de las depresiones p eriódicas que pu eden, po r tanto ,
ser definidas d esde nue stro punto de vist a como la lucha del sistem a
económico po r alcanzar una nueva posición d e equilibrio, o su adaptación
a los datos altera dos por la perturbación producida por la expansión » .
87
Resulta un hecho comprobado que e l sistema ec onómico capitalista no se
mueve en forma continuada y sostenid a, como advirtiera SCHUMPETER (1912):
« … suc eden retrocesos, movimientos contrarios e incidentes de todas
clases qu e obstru yen el camino del desenvolvimiento; ex isten rupturas en
el sistema económico de va lor, que lo interrumpen. ¿Por qué motivo?
Encontramos aquí un nuevo problema» .
88
Tales rupturas en el proceso de crecimiento económico se denominan
crisis , y estas pueden presentarse a causa de todo tipo de perturbac iones y
factores, tanto endóge nos como exógenos. Pero se gún S CHUMPETER (1912), lo
más significativo es que todas las crisis suponen siempre una interrupción de las
condiciones materiales de producc ión anteriores:
«L a s rupturas peculiares del desenvolvimiento que conocemos p or l a
experiencia y llamamos crisis, aparecen siempr e a la m ente in genua como
formas de uno y de un s ólo fenómeno. Sin embargo, es evidente que esa
uniformidad de las crisis no va mu y lejos. Por el contrario, exist e
fundamentalmente sólo en una similit ud d e los efectos sobre el sistema
económico y sobre los individuos, y en el hecho de que cierto s
acontec imientos tienen el hábito de presentar se e n la ma y or parte de las
crisis. Pero tales efectos y tal es acontecimientos aparecerá n con las
perturbaciones más variada s, lo mismo externas que internas, de la vida
económica, y no son sufi cientes pa ra d emostrar q ue las c risis son siempre
el mismo fenómeno. De hecho, pueden dif erenciarse varias causas y clas es
de crisis. Y nada nos justifica en asumir de ante mano qu e las crisis tienen
en común algo más que el elemento del cual arrancamos, a sab er, que son
todas acontecimientos que obligan a interrumpir el desenvolvimiento
económico anterior» .
89
87
SCHUMPETER, J. A.: El ciclo econ ómico , en Teoría d el desenvolvimiento económico. Un a investigación
sobre ganancias, capital, crédito, interés y ciclo económico , op. cit., cap. VI, p. 230-231.
88
SCHUMPETER, J. A.: Ibídem , p. 2 17.
89
SCHUMPETER, J. A.: Ibídem , p. 2 18.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
52
La s c risis resultan consustanciales al modo de producción capitalista, y
van unidas al propio desarrollo de sus fuerzas productivas, siguiendo el cri terio de
FERNANDO L ÓPEZ C ASTE LL A NO (1994 ). Además, tales crisis constituyen
una manifestación de l a incapacidad del sistema capitalista para r esolver sus
contradicc iones y los conflictos sociales latentes:
« Si se an ali zan en un pla no hi s tór ic o, cr ec imi e nto y cr isi s se no s pr es en ta n
c om o fe nóm en os ín ti ma m ent e u nid os e i nh er ent es a l des ar rol lo d e l as fu e rz as
pr odu ct iva s en el mo do de pr odu cc i ón ca pi ta lis ta, co mo pr oce so s d e
re g ula ció n q ue a se gu ra n s u r ep rod ucc ió n. L a cri si s, po r ta nto , no e s u n
“ de sa ju ste ” te mp or al , co mo so st ie ne n lo s ec on o mi s tas li ber al es , s ino e l
de se nla ce lóg ic o de un de ter mi nad o pro ce so de de sa rr oll o que ex ig e un a
pr of un da tr ans fo rma ci ón . O, di c ho de otr a fo rm a, la man if es tac ión de la
in ca pa ci da d de l si ste ma pa ra res olv er la s co nt ra dic cio ne s y co nfl ict os
so cia le s si n una su bve rs ió n par ci al o to ta l de la s c ond ic ion es e xis te nt es.
I mpl ica , por tan to , un fe nóm eno si mu ltá ne o de des tru cc ió n de la s
c on dic io nes an te rio re s de pro duc ci ó n y de vi da so cia l -a co mp aña do de un
c re ci mie nt o br uta l de l pa ro y de la de se st abi li za c ió n de las co nd ici one s de
e mp le o- y de surg imi en to de nue va s for ma s -n uev a or ga niz ac ión de l tr aba jo
y d e l a pr odu cc ión» .
90
Pe ro, ¿p or qu é ra zón ap ar ec en las de pre si on es, y cuá le s so n lo s f en óme no s
qu e l lev a a pa re jad os ?
En la op in ió n de H I CKS (1939), la depresión aparece siempre vinculad a a
la sim ple interrupc ión del proceso de acumulación, no siendo precisa una previa
desacumulación . Y este hecho es sufi ciente para provocar una c aída de las
expectativas empresariales y de las cotizaciones bursátiles, el desplazamiento de
la demanda desde el sist ema produ ctivo hacia el sistema financiero, el a umento
del paro, y la caída de l ni v el general de precios:
«L a característica principal de una depresión no es la des acumulación de
capital físico (aunque su ele haber alguna desacumul ación, sobre todo en
forma de ex plotación del capital hasta que se agote); es la sim ple
interrupción de la acumulación. Esto basta por sí solo para provocar los
fenómenos típicos de la depresión: revisión de la s ex pectativas en sentido
descende nte, lo que conduce a una baja en la c otización de las acciones
ordinarias; desplazamiento de la demanda desde l as mercan cías y factores
hacia el dinero y los v alores a interés fijo, lo que lleva a un a baja de
precios, aum ento de la desocupación y (después de un período inicial de
apuros, a causa de qu e se contr aen deudas para salir d e situaciones
90
L ÓPE Z CA ST EL LA NO , F.: Tr a ba jo, sa lar io s y bi en est ar : E l es pe ctr o m alt hus ian o , e n L a o tr a ca ra de la
po lí tic a ec onó mi ca . Es pa ña 19 82- 19 9 4 , coordinado por JUAN TORRES LÓPEZ; Los Libros de la Catarata,
Madrid, 1994, p. 15 6- 15 7.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
53
difíciles) una ba ja en la t asa de interés » .
91
Por otra parte, ¿ por qué motivos no finalizan todas las depresiones
registrada s en el capital ismo en una bancarrot a ? L a respuesta explicativa de
HI CKS (1939) indica que ello es debido a que el sistema de precios siempre suele
presentar algunas rigideces y a que, en última instancia, en la mentalidad del
público siempre se tiene en consideración a los precios normales (que su elen ser
distintos, por regla general, a los pre cios de m ercado):
« Si todos los precios fueran igual de flexibles y ta mbién lo fueran todas las
expectativas de precios, el simple cese de la acumulación bastaría par a
provocar una d epresión sin fin −declarándose en ban carrota total la
inestabilidad del capitalismo.
El hecho de que esto no suceda así se debe a ri gideces de p recios y , en
último término, por en cima de estas rigideces, a la sensación que tiene la
ge nte de cuáles son los precios normales... Son est as cosas las que detienen
la depresión, las que impiden que ésta se convierta en una bancarrota » .
92
P ara finaliz ar este ap artado, podemos plantear dos cuestiones adicionales:
¿desaparecerán algún día, de un modo definitivo, las crisis en las naciones
capitalistas? ¿Podríamos derivar alguna conclusión espec ial de la teoría del ciclo
económico?
Según la opinión de SC HUMPETER (1912), las c risis « desaparecerán más
pronto que el sistema capit alista, que es quien las ha creado » , siendo p ara él más
caracter ístico del sistem a capitalista y de su cultura « la elevación y caída de
familias y empresas » , que cualquier otro rasgo dist intivo de « un a sociedad
estacionar ia » :
« … nin guna ter apéutica podrá obstruir permanentemente el gran p roceso
social y económico, po r el cual se hunden en la escala social para
desaparecer finalmente las empres as, posiciones indi viduales, formas de
vida, valores culturales e ideales. En una sociedad con p ropiedad privada y
libre competencia, este p roceso es el complemento necesario del emerger
continuo de nuevas form as sociales y económicas , y d e in gresos reales en
continuo crecimiento para todas las ca pas social es. El proc eso sería más
suave si no hubiera fluctuaciones cíclicas, pero n o se deben totalmente a
las últimas, ni es totalmente independiente de ésta s. Esos cambios son más
importantes desde el punto de vista teórico y práctico, económico y
cultural, que la estabilid ad económica sobr e la cual se ha concentrado po r
tanto tiempo la a tención analítica. Y es más carac terístico del sistema
capitalista, lo mismo que de su cultura y resultado, la elevac ión y caída d e
91
HICKS, J. R.: Con clusión-El ciclo económico , en Valor y capital. Investiga ción sobre algunos principios
fundamentales de teoría económica , op. cit., cap. XXIV, p. 363- 364.
92
HICKS, J. R.: Ibídem, p. 364.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
54
familias y empresas, que cualquiera de las cosas que puedan ser
observada s en una sociedad estacionaria, tomada en el sentido de que se
produzcan sus proce sos c on ritmo constante » .
93
1.3. LAS GRANDES DEPRESIONES DEL ÚLTIMO SIGLO
1. 3 .1 . L a G ra n D ep r es ió n de 19 29
En el transcurso del pasado siglo XX destacaron diversos episodios de
crisis económica, qu e t uvieron diferentes repercusiones sociales y económi cas.
Entre las más recientes y relevantes se encuentran la Gran Estanflación de la
década de 1970, e n donde se registraron dos graves desequilibrios
macroeconómicos de un a forma sim ultánea en n uestras e conomías (el pa ro como
resultado del estancamiento y la inflación ); y la C risis del Este Asiático de finales
de los años noventa, resultado de una especulación en divisas ori ginada por una
caída del baht tailandés – como reseña J OSEPH E. ST I GLITZ
94
(2002) – , y que se
extendió a Asia, y lue go a Rusia, América Latina y al resto del mund o, que
amenazó no solo a los banc os y a las bolsas, sino a naciones enteras; y e n donde
las políticas impuestas entonces por el Fondo M onetario Internacional – c omo la
muy rápida libe ralización de los mercados de capitales – contribu ye ron a e mpeorar
la situación global, en lug ar de contribuir a superarla.
95
Pero sin duda alguna, la más relevante de todas fue la Gran Depresión de
1929, que fue causada precisamente por una insuficiencia de l a demanda efectiva.
El ec ono mis ta e his to ria d or ec onó mic o PET E R TE MI N (1 976 ) su bra y a qu e lo má s
so rpr en den te de la p eor c ontr ac ció n ec on óm ic a de la hi st or ia f ue e l el eva do
de se mple o r eg is tr ad o en l a m an o de ob ra y e n o tro s re cur so s:
« La co ntr ac ció n ec onó mi ca qu e co men zó e n 192 9 fue la pe or de la hi st or ia.
L os hi sto r ia do re s la ha n c om par ad o con lo s mov imi en t os de de sce ns o de la
dé ca da de 18 40, pe ro la co mpa ra ció n sir ve ún ic ame nte pa ra de mo st ra r l a
g ra ved ad de la cr isi s de la dé ca da de 19 30. En las dep re sio ne s de l s ig lo XI X
ha bía p án ic o s b anc ar ios , def la ció n y b an ca rr ot as, e n por ce nta jes d ive rs o s. Si n
e mb a rg o, n o ex is te ni ng ún pa ra lel is mo co n la in fr au til iz ac ió n de re cur so s
93
SCHUMPETER, J. A.: El ciclo econ ómico , en Teoría d el desenvolvimiento económico. Un a investigación
sobre ganancias, capital, crédito, interés y ciclo económico , op. cit., cap. VI, p. 254.
94
JOSEP H E. S TIGL I TZ es P remio Nob el en Ciencias Económicas 20 01, junto a GEORGE A. AKERLOF y
A. MICHAEL SP ENCE, « p or sus análisis d e los m erc ados con info rmación asimé trica » .
Enlace we b: h ttp://www.nobelprize.org/nobel_prizes/econom ic- sciences/laureates/2001 /
95
STIGLITZ, J. E. (200 2): La crisis del Este asiá tico. De cómo la s po líticas del FMI ll evaron a l mun do al
borde de un colapso global , en El malestar en la globalización , T aurus, Madrid, 9ª ed., 2003, cap. 4, p. 121 .
Primera publicación: Globalization and its discontents , W. W. Norton, New York, 2002.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
55
e co nóm ico s -el de se mpl eo de man o de obr a y de ot ro s re cu rs os- q ue tu vo
lu ga r en la d éc ad a d e 19 30 .
A pr inc ip io s de es a d éc ad a el va lo r de lo s b ie nes y se rvi cio s ca y ó en
No rte am ér ic a ca si un 5 0 po r ci e nt o. Aj us tán do se a la ca ída de pr ec ios , l a
c an tid ad de pr odu cc ió n c ay ó a pr oxi mad a men te un ter ci o. El de se mp le o se
e le vó ha sta u na cu ar ta p ar te de la po bla ci ón ac ti va . Y las inv er si o nes se
de tuv ier on ca si por co mp le to . Fu e la cr is is ec on ómi ca má s am pl ia de la
hi s tor ia» .
96
Co nt in ua ndo e ste ap ar ta d o con la exp osi c ión de RO BE RT HE I LB RO NER
(1 962 ),
97
po dem os r ese ña r que du ra n te e l p er íod o pre vio a la G ra n De pr es ió n,
c om pr en di do e ntr e la dé c ada de 18 70 y 192 9, e n lo s Es tad os Un id os se re g istr ó un
« pro gr es o y me jor as sin pr ec ed ent e» , com o re su lta do de « la s ac umu lac io ne s de
c ap ita l y el a cr ec en tam ien to de l os co noc imi en tos » (p. 22 7) .
L a ta sa de cre cim ien to e co nó mi co re g istr ad a en es e pe río do, « tom a nd o al
mi s mo ti em po añ os b uen os y ma lo s» -c om o di ce HE IL BRO NE R (19 62) -
« enc on tra mos que es de 3.5 por ci en to (e li mi na ndo to dos lo s ca mb ios de los
pr ec ios ), l o que s ig ni fi ca que el vo l ume n to ta l de la pr odu cc ión se du pl ic ab a c ad a 22
a ño s» . Co ns id e ra nd o as imi smo el in cr e me nt o r eg ist ra do en la pob lac ió n, la s
« par tic ip ac io ne s pe r ca pi ta » cr ec ie ro n de una fo rma má s le nta ; y seg ún su pr opi a
e st i mac ión , las pe rs on as pu di ero n me jo rar su po si ci ón « a un a ta sa de 1.5 a 2 por
c ie nto anu a l, dup lic an do su s in g re sos re al es c ad a c ua re nta añ os , co mo p ro me dio» ( p.
227 -2 28) .
B ajo est a sit ua ció n de op tim is mo g ene ra liz a do, H ER BE RT HOO VE R lle g ó
a de cla ra r, en no vi e mb re de 19 28 , poc o ante s de se r nom br ad o Pre si den te de esa
na ci ón :
« Hoy en día es tam os en lo s Est ad os U nid os má s c erc a de log ra r el tr iu nf o
de fi ni tiv o so bre la po bre za , de lo q ue ha es ta do j amá s pa ís al gu no e n e l cu rso
a nt e ri or d e la h is to ri a. L a cas uc ha de l pob re e st á de sa p ar ec ie nd o en tre
no so tro s. Tod av ía no he mos al ca nza do la me ta pe ro, si se no s da un a
op ort un ida d… pr on to ve re mos , c on la ay uda de D ios , e l d ía e n q ue la
po bre za d es ap ar e zca de e st a na ció n» ( p. 228 ).
Y es que es ta fue rt e se nsa ció n de av an ce ec onó mic o y soc i al de la ec on om ía
e st ad oun ide ns e est aba as ent ad a en al g una s e vi den cia s sig ni fi ca ti va s « del prog re so
má s e xtra ord ina r io» :
L a po bla ci ón aum en tó en 45 mi llo ne s, al pa sar de 76 mi llo ne s en 19 00 a
96
T EM IN , P. : D id m one ta ry fo rce s c aus e t he Gre at De pre ss io n? , W . W . No rt on, N uev a Y ork , 1 976 , p . x i. C ita do
po r MA NC UR OL SON e n A u ge y de ca de nci a de l as n ac i one s , A ri el, B ar ce lo na , 1 98 6 , p. 287- 28 8.
97
HEILBRONER, R. L.: La Gran Depresión , en La formación de la sociedad económica , op. cit., Segunda
parte, cap. VIII, p. 227-248.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
56
má s d e 1 21 mi llo ne s;
E l pr ome di o de vid a c re ci ó en 10 a ño s p ar a los bla nc os y en 13 año s pa ra
lo s hab it a nt e s de l r e st o de la s r a za s;
P a ra man ten er , a li me nt ar y sos ten er a la c re ci ent e po bl ac ió n, se
c on str uy er on :
o d os nu ev as c iu da de s pa ra al oja r ca da un a a má s de un mil lón de
ha bit an te s, ot ra s cin co pa ra má s de med io m il ló n, y 1. 500
c om un id ade s r ur al es se re cla sif ic ar o n com o u rba na s ;
o n uev as ca sa s po r v a lo r d e 75 mi l mi llo ne s d e d óla re s;
o n uev as es tr uc tu ra s pa ra g ra nj as, p or va lo r de 9 mi l mil lon es de
dó lar es , y
o u n nu evo eq ui pa mi ent o in dus tr ial , po r va lor de 3 0 mi l mi llon e s
de dó la re s ;
T oda la fu e rz a de tr aba jo e st a ba emp lea da (e xce pt o el 3.2 po r ci en to) : 48
mi l lon e s d e pe r son as ;
S e re du j o la jo rna da lab or al, al ba jar de sde 60 ho ra s de tra ba jo a la
se ma na e n 1 90 0, h as ta 4 4;
L a r e mu ne ra ció n pro me dio se e lev ó de ve inte c en tav os en 19 0 9 a
c in c ue nta y se is c en ta vo s, con u n au men to en e l sa la ri o re al c omp re n di do
e nt re e l 1 0 y e l 20 po r c ie nto (p . 2 29 ).
Ad emá s, un a g ra n may o ría d e la s per son as c ome n zó a co nc en tra r ent onc es s u
a te nci ón e n una pe rsp e ct iva muc ho má s a tra ct iva y r en ta ble d e la ec ono mí a
a me ric an a, la es pec u lac ió n fi na nc ie ra , q ue ap ar ec ía vi nc ul ad a a l « au ge de la g ra n
bo lsa de va l ore s, un to rr e nte qu e en 19 29 ha bí a ar ra str ad o ta l vez a 10. 00 0. 000 de
pe rs on as a la “ bo ls a” do nd e dis fr uta ba n de l pl ac er de co nte mpl ar c óm o su di ne ro iba
a um e nt a nd o si n pen a ni e sfu er zo» (p . 229 ), y en don de re su lt ab a pa ten te pa ra tod os
qu e l os ri es g os as um ido s es tab an « ple na men te j us ti fi c ad os» :
« Alg ui en que h ub ies e i nv er tido 1. 000 dó la re s c ada a ño a pa rti r de 19 21 en u n
g rup o de ac ci one s re pr ese nt at iva s, h abr ía e nc ont ra do qu e v al ían má s d e
$6 .00 0 en 19 25, ca si $9 .0 00 en 19 26 , bas tan te más de $11 .0 00 en 192 7 y la
in cr eí bl e sum a de $20 .0 00 en 19 28 . Y es to er a só l o el com ie nz o: du ra nt e lo s
me se s de j un io y juli o de 1 929 , l a C ot iza ci ón de Va lor es I nd ust ria les de l Ne w
Yo rk Ti me s su bi ó ca s i tan to co mo l o ha bí a he ch o d ura nt e to do el a ñ o d e
19 28, el cua l e n s u mo men to fue co nsi de rad o c on un añ o de a lza sin
pr ec ed en te s. E n ag ost o de 192 9, e l bro te vi ole nt o de es to s tre s me se s de l
ve ra no ha bía y a sup e ra do a mpl ia men te el a l za to tal de l a ño 19 28. Só lo
du ra nte eso s tr e s m es es , u n i nve rsi on is ta q ue h ub ie s e c om pra do 1 00 a cc ion e s
de la We st in g hou se ha br ía ca si du pl ic ad o s u di ne ro ; au n e l co mpr a dor de
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
63
c on el ti emp o, la pro spe rid ad ec o nó mi ca re t orn ar á» . No ha bía que
pr eo cup ar se po r la des gr ac ia de aqu el lo s cuy a s vi da s qu ed ar an des tr oza das
du ra nte la e sp era d e d ich a ev en tu a li da d. Key ne s s ost uvo qu e l os me rc ad os no
se au toc or re g ían , o al me nos n o l o ha cí an en un mar co te mp or al re le va nte
(c om o d ij o en su cé le bre f ra se: « A la rg o pla zo to do s es ta re mo s mu er tos» ) . El
pa ro po dí a pe rsi st ir du ra n te año s, y la in ter ve nc ión de l Es ta do er a ne ce sa ria .
A K ey ne s lo pu si er on en ton ce s e n la pic ot a: su s c rí ti ca s a l me rc ad o le
g ra nje ar on la ac us ac ión de soc ial ist a; y sin em ba rg o e n un c ie rto sen ti do
Ke y ne s fue int en sa men te co ns er va dor . Ab rig aba un a c re en cia fu nda men ta l
e n lo s me rc ado s: si el Es ta do cor re gí a es te ún ic o fa llo , la ec on om ía po dr ía
fu nc ion ar de m od o r a zon ab lem en te ef ici ent e. No a sp ira ba a una s ust itu ció n
c ab al de l si st ema de me rc ad o; pe ro sa bía qu e s i es os pr ob le mas bá si cos no
e ra n ab ord ad o s, la s pre si on es po pu lar es se rí an g ig an te sc as . Y el re med io de
Ke y ne s fu nc io nó : de sd e la I I G ue rr a Mu ndi al lo s paí ses com o EE UU , que
si gu ier on las pre sc ri pci on es key ne sia na s, ha n re gi st ra do men os y má s br ev es
re ce sio ne s, y e xpan sio ne s más pr ol ong ada s q ue an te s ».
101
L a re vo luc ión key n esi ana su g iri ó la nec es ida d de l os es tí mulo s de l E st a do ,
po r la ví a de l au me nto d el ga sto pú bl ic o, pa ra co mpe nsa r la ca í da reg istr a da en el
g ast o pr iva do (c o nsu mo e in ver si ón) y pro pic iar d e ese m od o l a re ac t iva ci ón, el
c re ci mie nt o ec on ó mic o y el e stí mu lo de l em pl e o; lo que imp li ca ba jug ar co n el
dé fic it púb lic o c om o her ra mie nta de es ta bi li zac ió n ma cr oe co nóm ica . Es to lle vó a
a lg un os a señ al ar a KE YN ES com o « el ap ós to l de los déf ic it pr es u pu est ar io s
pe rm an en tes» , si bie n S K ID EL SK Y ( 20 09 ) ma ti za es ta o pi ni ón -y o tr as r el ac ion ad a s
c on el la- a ce rc a de l m ae st ro br it á ni c o :
« Ta mb ién se co ns id er a a Key ne s el ap óst ol de lo s dé fi ci ts pre su pu es tar ios
pe rm an en tes . Q uie n d ij o « L os d éfi cit s n o im por t an» no fu e K ey ne s, sin o
Gl en Hub ba rd , pr es ide nt e de l Con se jo de Ase sor es Ec on ómi co s de Ge org e
W. Bu sh en 20 03. Pue de sor pr end er a lo s lec to re s s ab er qu e Ke y ne s pe ns aba
qu e los pr es upu e st os gu ber na men tal es deb ía n es ta r no r ma l men te
e qu ili br ad os . L os may ores de rr oc ha dor es en la his to ri a de Es tad os Uni do s
ha n si do ci er to s pre sid en tes re pu bl ica no s que pr ed ic ab an do ctr ina s de lib re
me rc ado y an tike y nes ian as . El úni co co nse rv ad or e n lo f is ca l en los úl tim os
tr ein ta a ños h a s id o e l p re sid en te de mó cr at a C lin ton .
Ta mp oc o fue Ke y ne s un fa ná ti co de l im pu est o y del g as to. Al fin al de su
vi da se pre g un tab a s i se r ía bue no que un g obi er n o to mar a más de l 25 p or
c ie nto d e l a r en ta na ci on al .
Ke y ne s tam poc o cr eía que tod o el de se mp le o fu er a ca usa do por un fa llo de
la de man da ag re ga da . Est ab a ce rc a de Mi lto n Fr ie dm an cu an do con si de ra ba
qu e g ra n pa rte de l mis mo se de bía a la r ig id ez de sa lar ios y pr ec ios . Pe ro no
c re ía qu e és e fu er a el pr ob le ma en la dé ca da de 193 0. Y e xce pt o en
101
STIGLITZ, J. E.: Camino al futuro , en El malestar en la globalización , op. cit., cap. 9, p. 310.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
64
mo men to s de ag ita ció n, si em pre ha br ía de sem ple o p or d e man da
« insu fic ie nte» , lo que da rí a lug ar a po lí tic a s g ube rna me nta le s de e xpa ns ió n
de la d em a nd a.
Ke y ne s n o f ue u n i nf la c ion is ta. C re ía en lo s pre ci os e sta b le s, y du ra nt e g ran
pa rt e de su ca rr er a pr of es io nal pe nsó que l os go bie rno s ce ntr al es po día n
c on seg ui r la es ta bi li da d de los pre ci o s li mi tan do el au men to del di ner o; e n
e st o ta mb ién es tá de a cu er do co n Fr ie dm an. Pe ro pen sa ba qu e er a un a
to nte rí a pr e oc upa rs e po r la in fl ac ió n cu an d o lo s pr ec io s y el pr odu cto s e
ha lla ba n e n c aíd a li br e» .
102
Co n el ac ce so de F RA NKL IN D. RO OSE VEL T a la pr es ide nc ia am er ic a n a
e n 19 33 se p osi bi li tó la a dop ció n de e st a p olí ti ca i nt er ve nc io ni s ta ( et iq uet ad a po r sus
de tr ac to re s co mo “s oc ia li smo ”) , a l ba sa r su pr og ra ma de l Ne w De al [Nu ev o Tr ato ]
e n las t esi s ke y ne sia nas d e l a g est ió n d i scr ec ion al d e la de ma n da e fe cti va :
« Fr ank lin Ro os eve lt , que se c on vir ti ó e n pr es ide nt e en 19 33, de fe ndi ó o tr o
pr og ra ma y re ci bió apoy o de l o tr o la do de l A tl á nti co : Jo hn May na rd Ke y ne s
e ra par tid ar io de au me nt ar el ga st o púb li co par a est imul ar la e co no mía , l o
c ua l s ig ni fi ca ba in cr em en tar el déf ic it. Pa ra los qu e er an esc ép ti co s re spe ct o
a l g obi er no en p rim er lug ar , eso er a an a te ma. Alg un os h abl ar on di re ct ame n t e
de so cia li sm o , y ot ro s lo vi e ro n c om o un pre cu rso r del soc ia li smo . De he cho ,
Ke y ne s tra ta ba de sa lv ar al ca pit al is mo de sí mi sm o; sa bí a que a me nos qu e
la ec ono mí a de me rc ad o pud ie se cr ea r em ple os , no s ob re vi vi rí a . L os
di scí pu lo s es ta dou ni de n s es de Key ne s, co mo mi pro fe sor Pa ul Sam ue lso n,
so ste ní an qu e una ve z qu e la ec ono mía hub ie se alc an zad o de nu e vo el ple no
e mp le o, se p od rí a vol ve r a las ma ra vi lla s de l l ibr e me rc ado ».
103
En la épo ca más re ci e nt e , al gu nos pl ant ea m ien to s ha n lle ga do a sos te ne r que
e l New De al de Ro ose ve lt fue un fr ac as o y qu e no con tri buy ó de fo rma sig ni fi ca tiva
a sa ca r a la e co nom ía am er ic an a de la de pr esi ón , de fe ndi end o la ide a de qu e, en
re al ida d, fu e la g ue rr a la que fi na lme nt e lo lo gr ó. Pe ro seg ún el cr it er io de
ST I GLI TZ (2 010 ), la e fica ci a d e la s m ed ida s fi sc al es e xpa ns iva s ap lic ad as p or
RO OSE VE L T po dr ía ha ber res ult a do may or , si l os a ume nt os en lo s pr og ra mas de
g ast o pú blic o fed er al no se hub ier an vi st o com pe n sa dos con los re co rt es ef ec tua dos
e n el ga sto p úb lic o, al n iv el de l os e st ado s:
« Seg ún est a opi nió n, fu e la I I Gu er ra Mu nd ial la que f ina lm en te sa có a
Es tad os Un id o s de la Gr an De pr es ió n. Est o e n pa rt e fue ci er to , pe ro so bre
to do por que el pr e si de n te Ro ose ve lt no log ró im po ner una po lí tic a co he re nte
de a um ent o de l ga sto pú bli c o a ni ve l na ci ona l. I gu al qu e ah ora , cu and o
a um e nt ó e l g ast o pú bl ic o a niv el fe de ra l, l os e st ado s re duj er on e l s uy o. Ya e n
102
SKIDELSKY, R.: El regreso de Keynes , op. cit., Introducción, p. 16 - 17.
103
S TIGL I TZ, J. E. : Reformar las ciencias económicas , en Caída libre. El libre mercado y el hundimiento de
la economía mundial , op. cit, cap. 9, p. 284.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
65
19 37, las pr eo cu pac io ne s po r la ma g ni tu d de l dé fic it ha bía n ob lig ad o a
re co rta r el ga st o p úbl ic o. Pe ro in clu so e l g ast o pa ra la gu er ra es g ast o
pú bl ico ; l o q ue p as a e s q ue no e s un ga sto que me jo re la pr odu ct ivi da d fu tur a
de la ec on om ía ni (d ir ec t am en te ) e l bi en es ta r de l os ci ud ada no s. I nc luso lo s
c rí tic os de Ro ose ve lt re c ono ce n qu e si el g as to de l New De al no sac ó a la
e co nom ía de la de pre s ió n, el g ast o de la g uer ra sí lo hi zo. Sea co mo fu er e , la
g ra n De pre sió n de mo str ó qu e la ec on om ía de mer ca do no se au tor re gu lab a,
a l me no s e n un e spa c io de ti em po ra zon ab le ».
104
L o cie rt o es que en lo s tre int a a ño s po s ter ior e s a la fi na li za c i ón de la I I
Gu er ra Mun dia l, y c oin ci de nte ad em ás c on una et ap a de es tab il i da d ec on óm ic a s in
pa ra ng ón la h is tor ia de l ca pit al ism o, fu e la ec ono mía key n esi ana y su pol ít ic a de
pl eno e mpl eo la que or ien tó a los go bi er nos .
Es to es , ju st a me nt e ha sta su re nu nc ia, y el r et or no a la ec on om ía cl ás ic a (y al
do gm a del mer ca do li br e) em pr en did o po r la re vo l u ci ón co nse rv ad ora , lid er ad a por
RO NAL D REA GA N y M AR GAR ET TH AT CH ER.
A mo do de co nc lu s ión , pod em o s r ese ña r que la Gr an De pr es ión f ue una
« trag e di a g ra tui ta e inn ec esa ri a» en la opi nió n de KR UGM AN (20 09 ), y a que pu do
e vi ta rse e n el ca so de ha b ers e a do pta do al gu na de l as si g uie nt es me did as :
« Sólo co n q ue H er be rt Hoov er no h ubi er a i nt en ta d o eq uil ib rar el pre sup ue st o
a nt e un a de pr es ió n ec onó mi ca ; só lo co n qu e la Re se rva Fe de ra l no hub ie ra
de fe ndi do el pat rón or o a co sta de la e co nom ía i nt ern a; só l o c on qu e lo s
fu nc ion ar ios h ub ies en su min is tr ado li qu ide z a los ban co s ame na za do s,
c al man do de e s te mo do el pán ico ba nc ar io que s e pr od ujo en 193 0 - 193 1;
e nt on ce s, la c ris is de la B ols a en 19 29 só lo hab rí a oca sio na do una re ce sió n
c or rie nte , qu e se hab r ía ol vi da do pr on to. Y co mo lo s ec ono mi sta s y lo s
re sp on sab les de la po lít ic a ha n ap re nd id o la le cc ió n – n ing ún sec re tar i o de l
Te sor o mo der no re pe ti rí a la fa mo sa re co me nda ció n de And re w Me ll on , de
« liqu ida r e l tra ba jo , li qu i dar las e xis ten c ias , li qu id ar a los g ra nj er os , li q uid a r
la pro pie da d in mo b ilia r ia … el imi na r la po dr ed um br e de l sis te ma» – , nun ca
vo lve rá a suc ed er a lg o s e me ja nte a l a Gr an De pr esi ón .
¿ O sí ? » .
105
104
S TIGL I TZ, J. E .: Reformar las ciencias económicas , en Caída libre. El lib re mercado y el hund imiento d e
la economía mundial , op. cit, cap. 9, p. 284.
105
K RUG MA N, P. : El r et orn o de l a ec on om ía de la de pr es ión y l a cr is i s ac tua l , op . c it ., In tr od uc ci ón , p . 7.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
66
1. 3 .2 . La G ra n R ec es ió n de 20 08
Pu es fu e que sí: ca si o c he nta añ os de spu és de la Gr an De pre sió n , la s
e co nom ía s ca pit a li sta s se vo lv ie ron a enf re nta r de nue vo a un a cr i sis ec on óm ic a de
di men si on e s co l os ale s, la Gra n Re ce si ón de 2 00 8. Es ta se in ici ó co n un a c ri sis
fi na nc ie ra or ig in ada en lo s Es ta do s Un id os, y que se pro pa g ó ta nto a lo s si s tem as
fi na nc ie ro s de l re st o de l mu nd o, co mo a su s re sp ec tiv os se ct or es pr odu ct ivo s y
e co nóm ico s. En es ta op or tun id ad, y se gú n el cr ite ri o de ST I GLI TZ (2 010 ), la
e co nom ía gl ob al se e nco nt ró « a l b ord e de la mu ert e » :
« La cr isis ha pu es to al des cu bi ert o no s ólo er ror es en el mod e lo e co nó mic o
do mi na nte si n o ta mbi én e n nue st ra soc ied ad . De ma si ad a g ent e se ha
a pr ove ch ado de lo s de má s. Se ha pe rd id o la c on fia nza . Cas i ca da día no s ha
tr aíd o hi sto r ia s de con du ct as re pr oba bl es de l os fi nan cie ro s: la pir ám ide de
Po n zi, la in for mac ión pr iv ile gi ada , lo s cr éd ito s abu siv os y tod a una se rie de
tr iqu iñ ue las co n las tar jet as de cr é di to pa ra sac ar le al po bre u sua rio e l may or
ju go pos ible … [He ] in sis ti do n o so bre lo s qu e inf ri ng ier on la ley , sin o sob re
la s le g ion es de aq ue l los que , de nt ro de la ley , ori gi nar on , em paq ue ta ro n,
re em paq ue ta ro n y ve ndie ro n pr odu c t os tó xic os y co me tie ro n tal es
im pr ud en cia s qu e a pun to es tuv ier on de ll eva rs e po r de la nt e to do el s iste ma
fi na nc ie ro y e co nó mic o. El s is te ma se ha s al va do , pe ro a un c o ste q ue t o da ví a
c ue sta i mag ina r ».
106
G ráfi ca 1 .1 : C ost e de l a cr isi s fi nanc ier a: 20 08 – 2 01 8, Est a dos Un id os
( PI B o bs er va do v s PI B p ot en ci al , en dó la re s d e 20 14 )
FU ENT E: Be tt er Ma rke ts, I nc. , Th e cos t of t he cr is is , W as hi ngt on , J ul y 201 5, p. 2.
106
STIGLITZ, J. E.: Hacia una nueva sociedad , en Caída libre. El lib re mercado y el hundimiento de la
economía mundial , op. cit., cap. 10, p. 321.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
67
El cos te de est a cr is is ha si do e no rme , y no sól o en té rmi no s ec o nóm ic os
(v id. Gr áf ica 1. 1 pa ra E E. UU .) , s in o hum an os : mil lo ne s de pe rs on a s ha n per did o
su s em pl eo s, sus ho g ar es y ha sta su fut ur o (v inc ula do a la s jub ila ci one s, o a lo s
e st ud io s de los hi jo s, de bi do a la ca ída de l va lor de las re sp ec tiv as in ve rs io nes ), y
mu cha s de el la s ha n e ng ro sa do la s fil as de la po br eza , ta nt o en lo s E sta do s Un id os ,
c om o en el re sto del mun do, tr as la e xten si ón de las re sp ec tiv as o nd as de ri va da s de
la s cr is is fin an cie ra y ec on óm ica . En la ac tu al i da d, ot ros muc ho s mil lo nes d e
pe rs on as aú n c on tin úan p ad ec ie ndo en s us c ar ne s s us s ec uel as , e n tod o e l mu ndo .
A pe sa r de ha ber se reg ist ra do un a re cu per ac ión ec on óm ica sus tan cia l e n lo s
Es tad os Un ido s « de sd e los día s os cur os, so mb río s, y a ve ce s ter ri ble s, de 20 08 y
20 09» , sie te añ os de spu és de l col ap so de L e hm a n Br oth er s que de sa tó la c ri si s
fi na nc ie ra de 2 00 8 , y ci nc o añ os de sp ué s de la ap ro ba ció n de la L ey Do dd- Fra nk, s u
e co nom ía « co nti nú a sie nd o dé bi l y mil lo nes d e es tad oun ide nses to da v ía es tán
su fr ie nd o» , c om o con se cu en c ia de la cr isi s fin an ci er a, se gú n BE TT ER MA RKE TS
(2 015 ).
Pe ro c on sid er an do q ue l a cr isi s f in an cie ra ha c au sad o la pe or cri sis
e co nóm ic a e n ese pa ís (y en el r est o de l m un do) en oc he nta añ os , es to no deb er ía
so rpr en der e n r ea li da d a na die .
Co mo re su lta d o, la c ri si s que se ini ci ó en 20 08 no ha ter min ado aún pa ra
mi l lon e s de es tad ou nid en se s (y ta mpo co pa ra mil l on es de ci uda da no s de l r es to de l
mu ndo ):
« Per die ron su s em pl eos , sus hog ar es , sus r iq ue zas , s u se g ur ida d, y en
de ma si ad os ca sos , s u es pe ra nza pa ra el fut uro y la fe en el sue ño ame ric an o.
Y si n em ba rg o, una amn e sia in te re sad a y una fa lsa na rr ati va ha n c om en za do
a inv ad ir Wa sh ing to n y Wal l Str ee t – la se nsa c ión de que la cr isis ha
te rmi na do , q ue lo s co ste s h an s id o p ag ad os, q ue l a r ef or ma f ina nc ier a h a s id o
c ul mi na da, y qu e la i nd ust ria fi na nc ie ra pue de pe rmi ti rs e v ol ver a lo de
si emp re .
P or es ta ra zón re su lta imp re sci nd ib le, com o un a c ue stió n mo ra l, e co nó mic a
y po lí ti ca , po de r ca ta lo ga r y rec or da r los co ste s y el su fr imi en to de r iva do s de
la cr isi s : nu nc a má s se de be per mit ir que ta l de vas ta ció n vue lva a suc ed er a
nu est ro pa ís. Sa bem os có mo pre ve nir lo . L a pre g unt a es, ¿te ne mos la
vo lun ta d y el c or aje pa ra ha ce r l os c amb io s qu e sa b em os q ue d eb em os h ac er ,
y p ara ha ce rlo s c um pli r?
De bi do a que est a cr isi s aún no ha te rm ina do y a qu e los c os tes co nt in úan
a um e nt a nd o, só lo p ode mo s est ima r l os ú lti mo s cos tes to tal es a ju lio d e 20 15 :
e l co la ps o fin an cie r o y la cr isi s e co nóm ic a p rov oc ad a por W all Str ee t h a
c os tad o y c ost ar á al p ue blo es ta dou ni den se al me nos 20 bi llo ne s de
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
68
dó la res » .
107
E n es ta e st ima c ión d el co ste ec o nóm ic o de la cri sis f in anc ier a – s ólo p ar a
EE .UU . – pr ov oca da por Wa l l St re e t, re al i zad a por B ETT ER M AR KET S en j ul io de
20 15, no se in cl uy en de ter min ada s val or ac ion es , tal es co mo el des ce ns o de l va lor de
la riq ue za f ina nc ier a de lo s hog ar es y de la s vi vie nd as , del ni ve l de em ple o, o de los
re cu rso s t ri bu tar io s:
« 20 bi llon es d e dó la re s es un a e st ima c ió n c on ser va do ra , i nc luy en do só lo :
o 7 .9 bi ll one s de dó lar es e n pé rdi da s del PI B re al con re spe ct o a l
PI B p ote nc ia l, se gú n l o es tim ad o e n la a ct ua lida d ;
o 3 ,6 b il lon e s de dól ar es po r la ca íd a d el PI B pot enc i al de ri va da de l
im pa ct o de la Gr an Rec e sió n , es ta n do mot iva da pr inc ipa lme nt e
po r l a re duc ci ón d el s to ck de c api tal y de l n úm er o de ho ra s
tr ab aj ad as ;
o 9 ,1 bi llo nes de dó lar es en pé rd id as que se hu b ies en pr odu ci do , si
no se hub ier an emp re n di do p or el g obi er no la s e xtr ao rdi na ria s
in ter ve nc ion es f isc ale s , mo ne ta ria s y en el mer ca do fi nan ci er o, al
pr inc ip io de la c ri si s.
A de má s, los ef ec to s c e ntr ad os en el PI B no cu en ta n tod a la h is to ri a. No s e
c on tem pl an lo s impa c tos de la c ri sis so br e la di sm i nu ció n en el va lo r de la s
vi vie nd as, la s pé rd id as e n l a r iqu e za f ina nc ier a d e l os h og ar e s, el d esc en so e n
la p ar tic ipa ció n de la f ue rz a de tr aba jo y del em ple o, y las pé rd ida s
si gn ifi ca t iv as en l os in gr eso s d e l go bie rno es ta ta l y loc al» .
108
El tr asf o nd o de la cr is i s fi na nc ie ra que di o lug ar a la Gr an Re ce sión ha
re sid id o en la s id ea s ec onó mic as l ibe ra les do mi nan te s dur an te la s ú lt ima s dé ca da s,
se gú n el cr it er io de STI GLI TZ (2 010 ). De sde lue go , e s te re su lta do ta n ca ta str ófi c o
no ca be im ag ina rlo de nt ro de l es qu ema de la te or í a ec on ómic a mo de rn a, ba sa da en
su fe ci eg a en la ef ic ien ci a del l ibr e mer ca do y en la g lob al iza ci ón , lo qu e no s lle va
de nue vo a la ne ce sid ad de re pla nte ar no s la ef ic a c ia de lo s c ri ter ios de ac tu ac ión de
la po lít ica e co nó mi ca :
« No es eso lo qu e ca bía e spe ra r. L a te or ía ec onó mic a mo der na , con su fe en
e l li bre mer ca do y en la gl oba li za ci ón, hab ía pr om eti do pro spe ri da d pa ra
to do s. Se su pon ía qu e la ta n ca ca re a da Nu eva Eco nom ía – l as so rp re nde nt es
in nov ac ion es que mar ca ro n la se g un da mi tad d el s ig lo XX , in clu y en do la
de sr eg ula ció n y la in gen ier ía fi na nc ie ra – iba a ha ce r po sib le una me jo r
g est ión de los ri esg os, y que tra er ía c on s ig o e l fi na l d e l os ci clo s ec onó mic os .
107
B ET T ER MA RKE TS , INC .: The co st of the c ri si s , W as hi ng ton , Ju ly 2 0 15 , p. 1 . En lac e we b:
https://www.betterma rkets.co m/sites/defa ult/files/Better%20Markets%20 -
%20Cost%20of%20the%20Crisis.pdf
108
B ET T ER MA RKE TS , I NC .: The c ost o f the c ri si s , op . c it ., p . 2.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
69
Si la c om bi na ci ón de la Nue va Ec ono mía y de la teo ría ec on óm ica mo der na
no ha bía e li min ad o la s fl uc tua cio ne s ec onó mic as , po r lo me no s las es ta ba
mo der an do . O es o n os de c ía n.
L a Gr an Rec es ión – a tod as luc es la pe or cr is is ec on óm ica de sd e la Gr an
De pr esi ón de ha ce se ten ta y cin co añ os – ha he cho añi cos esa s i lu si on es . No s
e st á ob li g and o a re pla n te ar no s un as id ea s muy as enta da s. Dur an te un c ua rt o
de sig lo ha n pr e va le ci do de te rmi na da s doc tr ina s s obr e el mer ca do libr e: lo s
me rc ado s lib re s y sin tra ba s so n ef ic ie nte s; si co me ten er ro res , lo s co rri ge n
rá pi da me n te. E l mej or g ob ie rno es un go bie rn o pe qu eñ o, y la reg ula ció n lo
ún ico que ha c e es ob st ac uli zar la in no va ci ó n. L os ba nc os ce ntr a le s de be rí an
se r ind ep en die nt es y con cen tra rs e ún ic ame n te en m ant ene r ba ja la inf la ci ón.
Hoy , inc lus o e l g urú de e s a id e ol og ía , Al an Gr ee ns pa n, p re sid en te de l a Ju nt a
de la Re ser va Fe de ra l du ran te el per íod o en que pr eva le cie ro n esa s ide a s, ha
a dm it ido que ha b ía un fa llo en su ra zo na mi en to ; pe ro su c on fe si ón l leg ab a
de ma si ad o t ar de p ar a l os m uch os qu e h a n s uf r id o a co ns ec ue nc ia de e llo ».
109
Es te d ia gn ós tic o de la cr isi s es c om pa rt ido as imi sm o por SKI DEL SKY
(2 009 ), q uie n en tie nd e q ue la c au sa pr in c ipa l r e sid e s ing ul ar me nt e en l as i de as
e qu ivo ca da s de lo s e co no mis ta s de la Nue va Ec on om ía C lá sic a, gr ac ia s a las cu ale s
se leg it imó la de sre gu lac ió n de l s iste ma fi na nci er o, lo que pr ovo có la e xp lo si ón de l
c ré dit o y su po ste rio r cr is i s:
« … cr eo que la c au sa ese nci al de la pr es en te cr isi s se enc ue ntr a en el fr ac aso
in tel ec tua l de la ec on o mí a. Fu er on la s id ea s equ iv oc ad as de los ec ono mi s ta s
la s q ue l eg it im a ro n l a de sr eg ula ci ón de la s f ina nz as, y fu e l a d es re g ula ció n d e
la s f in a n zas la q ue lle vó a la e xpl os ió n de l cr édi to qu e ha pr odu c id o la cr isi s
de l cr édi to. Es dif íci l tr an smi ti r el da ño qu e ha hec ho la e sc ue la , do min an te
ha sta ha ce poc o, de la n ue va ec ono mía clá s ic a. P o ca s ve ce s co n an te ri or ida d
ha ha bid o m en te s ta n b ri lla nt es de di ca da s a i dea s ta n e xtra ña s. L a má s
di spa ra ta da, la qu e pro pu gn a qu e , en ge ne ra l, tod os lo s qu e pa rti ci pan en el
me rc ado t ie ne n c re en cia s cor re ct as ac er ca de lo qu e les pasa rá a lo s pr ec io s
e n un fu tur o inf ini to» .
110
L a Gr an Rec es ión de 200 8 co nst it uy e « uno de los fr ac as os má s vi ol en tos de
la vi da ec onó mi ca que se ha n vi s to en l os últ im os cie n añ os» , se gú n la op i ni ón d e
e st e his to ri ado r ec on ó mi co br itá n ic o de or ig en r us o, qu ien a de má s la co nte mp la
c om o la mu es tra más pa lp ab le d e u n f rac as o in te lec tu al – e spe ra do – d e la ec o no mía :
« Con to do, la ec ono mí a – el est ud io ci e n tíf ic o de la vi da ec on ó mic a – ha si do
e xce pc io nal me nte to r pe a la ho ra de of re cer exp lic ac io ne s. De ac ue rdo co n
la s te or ía s e co nó mic as d omi na nte s, no ten dr ía q ue ha ber se pro duc ido un
109
S TIGLITZ, J. E.: Caíd a libre. El libre mercado y el hu ndimiento de la economía mundial , op. cit. ,
Prefacio, p. 11-12.
110
SKIDELSKY, R.: El regreso de Keynes , op. cit., Introducción, p. 15.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
70
e mp e or ami e nt o de est a ma gn itu d. Y no te nem os ni ide a de có mo de ten er las
c ri sis se mej an tes que no s af ec te n e n el fu tur o. Si q ue re mos c om pre nde r b ie n
a mb a s cue st io nes , ne ce si t a mo s a Joh n May na rd Key nes .
En c ie rt o mod o, e ra de es pe ra r. Du ra nte vei nt e añ os, má s o me nos , l a
c or rie nte pr i nci pa l de la ec ono mía ha es tad o d om in ad a po r la id ea de qu e l os
me rc ado s si emp re « se vac ía n» . La id ea pr in ci pal e ra que si lo s sa lar io s y lo s
pr ec ios so n co mp let ame nte fle xib les , se em p lea rí a la tot a li da d de lo s
re cu rso s. Cu alq ui er go lp e qu e re cib ie ra el si st em a re sul ta ría en un a ju st e
in med ia to de sa lar ios y p rec ios a l a nu eva si tu ac ió n.
Re co n ozc ám os lo, es ta ca pa cid ad de re sp ue st a, que ab arc ab a tod o el
si ste ma , dep en d ía de qu e lo s ag ent es e co nóm ic os di sp us ier an de un a
in for ma ci ón p erf ec ta a ce rc a d el f utu ro. Es o e s e vi de nte me nte ab sur do . Pe se a
e ll o, la may or pa rt e de lo s ec on om is ta s ad sc r it o s a l a te orí a dom ina nt e cr eí an
qu e los ac t ore s ec onó mic os po see n la in for mac ión suf ici en te pa ra co nf er ir a
su s teo ría s una d os i s s uf ic ien te de re a lida d .
A ra íz de l de sc ala br o fi nan cie ro de l pa sa do o to ñ o [de 20 08 ], e l es ta lli do de
lo qu e se di o en lla ma r « teo ría de l mer ca do ef ic ien te» de be ría ha ber lle ga do
ha sta e l c ie lo , p er o cr eo q ue no lo ha h ec ho» .
111
¿C ómo se de se nc ad ena ro n los ac on te ci mie n tos , ha sta lle va rn os a la si tua ci ón
a ct ual ? Cas i to das la s ex pli ca c io ne s co mie n zan co n un in ten to de com pre nde r los
or íg en es de la qu ieb ra b anc ari a , en do nd e la ex pli ca ci ón más co n oci da es la del
fr ac as o de lo s ba nc o s a la hor a d e « ges tio nar» los n uev os « ri esg os» pl an te ad os p or la
« inno va ció n f ina nc ie ra» , c omo a pu nt a SKI DEL SKY (2 009 ):
« La afi rma ci ón de Al an Gr ee ns pa n de que la cr i si s se ha bía o r ig ina do a l
« po ner u n pr ec io de mas ia do ba jo a l rie sg o a ni ve l mun dia l» con sti tu ía la
e xpr es ión má s s uci nt a d e es ta op in ió n . Se gú n es ta int er pre ta ció n, la cr is i s
ba nc ar ia – y de ah í la re ces ió n mu nd ial a la que ha c ond uci do – fu e ca usa da
po r e l f all o t éc n ico de lo s m ode lo s de ge sti ó n de l ri es go , y pa rti cul ar men te de
su in ca pa c ida d pa ra g es ti ona r e l « rie sg o si st é m ic o» . Se pre stó una par ti cul a r
a te nci ón a l pa pe l de l me r ca do a me ric an o de hi po te ca s sub pr im e co mo or ig en
de lo s de n om in ad os « ac tiv os tó xic os» que lle ga ro n a d om ina r lo s b ala nc e s de
lo s ban co s . L os pr ime ro s re me dio s par a la re ce sió n se ce nt ra ro n en « sa c ar d e
a pu ros» a lo s ba nc os, o re fin anc ia rlo s, de man er a qu e pu die ra n co me nz ar a
pr es ta r de n ue vo .
R ond and o e n el fo ndo de la exp lic ac ión es ta ba el ten ue esb oz o de un fa llo
de po lí tic a. Dic ha e xp li ca ci ón se pr es ent aba en dos ve rs io nes , qu e e l
c ol um ni s ta Ma r tin Wolf h a et iq uet ado co mo la s te o ría s de l « exc eso de of er ta
de din er o» y de l « exc eso de aho rr o » . La pr ime ra de ell as ac usa a Ala n
111
SKIDELSKY, R.: El regreso de Keynes , op. cit., Introducción, p. 13.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
71
Gr ee nsp an , pr es id ent e de la Re ser va Fe der al en lo s añ os de ci siv os has ta
20 05, de ha be r ma nt en id o el din er o d em as ia do ba ra to d ur an te de ma si ado
ti e mp o, y per mit ir c on el lo un a bu r buj a que bom b eó has ta su es ta ll ido . L a
se gu nda ar gu me nt a qu e fue el exc eso de ah or ro ch in o, y no Gr ee nsp an, lo
qu e p ro vo c ó la or gí a de g ast o a me r ic an a al ime nt a d a p or d eud a» .
112
En e fe ct o, en lo s a ño s pre vio s a e sta c ris i s, la R es er va F e de ra l d ec id ió
ma nte ne r una po lí tic a mo ne ta ri a de ba jos ti po s de i nte ré s, lo que con du jo e n E sta do s
Un ido s ha ci a una bur bu ja inm o bi l ia ri a . Est e fe n óm eno se pr od ig ó ig ua lm en te en
ot ros pa íse s de l mu nd o, y en tre el lo s Es pa ña , en do nde tam bié n fu e al ime n t a do por
un ca mbi o nor mat iv o en l a Le y de l sue lo
113
, a l ob jet o de fa ci lita r la co ns tru cc ió n de
nu eva s v iv ie nda s. Pe ro es a no e ra pr ec isa men te la f or ma má s ef ic ien t e d e as i gn ar los
re cu rso s fi nan cie ro s es ca s os, co n el fin de a lca nza r un a pr os per id ad so ste ni da , com o
a rg ume nta ST I GLI TZ ( 2010 ):
« … el di ne ro ba ra to pu ed e con duc ir a un au ge de la in ve rsi ón en maq uin ar ia
y e qu ipo , a un fu er te cre ci mie nt o y a una pr osp er id ad so st en id a. É sa n o es la
fo rma en qu e se su pon e qu e se co mp or ta n l os mer ca dos . L os mer ca dos
su pue st ame n te han de asi gn ar e l c ap ita l a su u so m á s p rod uc tiv o. Per o
hi st ór ica me nt e ha ha b ido num er os os c aso s en qu e lo s ba nc os ha n ut il iza do e l
di ner o de o tr os pa ra de di ca rs e a as umi r e xce s iv os r ie sg os y a pr est ar din er o a
qu ien es no pu ede n de vo lv er lo . Ha hab ido re pe tid os ca so s en qu e es e tipo de
po lí ti ca c re di t ici a h a da do lu ga r a b urb uj as in mo bi li ar ias ».
114
Pr ec isa me nte po r e st a ra zó n, la d e e vi ta r la s b urb uj as in mob il ia ri as, y a e sta ría
ju st if ica da la e xis ten cia de un a re gu lac ió n del si st em a fi na nci er o . Au nq ue t am bié n
e xi st en ot ra s im por ta nte s ra zon es , ta le s co mo la de g ar an tiza r la es tab il id ad de l
si ste ma fin an ci er o, que re sul ta im pr es ci ndi bl e pa ra el lo gr o de un cr eci mie nt o
e co nóm ico so st e ni b le; y , par tic ula r men te, la de i mp edi r qu e l os ban co s p udi er an
e xp lo ta r a la s pe rs ona s má s vu lne ra ble s (c omo las pe rs ona s an alf ab eta s, o lo s po br es
c on re du ci do s r ec urs os ec onó mi cos ).
L a bur buj a inm obi li ari a se ase nt ó en el pr oc es o de tit ul iza ci ón , qu e fu e
di señ ad o de un mo do fr aud ul ent o po r la s ins ti tuc io nes f ina nci er as de l sec to r
hi po tec ar io de lo s Es ta do s Un id os , co n el pro pó sit o in med ia to de sa qu ea r a lo s
po bre s, c om o e xpo ne STI GL ITZ (2 010 ):
« La s in tri g as y la for ma de ha ce r neg oc ios del se cto r hip ot ec ar io en Est ad o s
112
SKIDELSKY, R. : ¿En qu é nos equivocamos? , en El regreso d e Keynes , op. cit., P rime ra parte: La crisis,
cap. 1, p. 21-22.
113
En p articular, el artículo 10 de la Ley 6/1998 , de 13 de ab ril, sobre régime n d el suelo y valoracion es,
establece qu e: «El suelo que, a los efectos de esta Ley, no tenga la cond ición de u rbano o de n o u rbanizable,
tendrá la consideración de suelo urbanizable, y podrá ser objeto de transformación en lo s térm in os
establecidos en la legislación urba nística y el planeamiento aplicable » .
114
STIGLITZ, J. E.: El fraude de las hipotecas , en Caída libre. El libre mercado y el hundimiento de la
economía mundial , op. cit., cap. 4, p. 116 -117.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
72
Un ido s ser án re cor da das co mo el g ra n fr aud e de pr inc ip io s del si gl o XX I .
Te ne r un ho ga r en pro pie da d si em pr e ha si do un e l e me nto ca ra ct er ís tic o de l
su eño am er ic an o, y en re al ida d un a a sp ira ci ón e n to do s lo s l ug ar es de l
mu ndo . Cua nd o lo s ba nc os y las co mpa ñía s h ip ot ec ar ia s es tad ou nid en se s
e mp e za ro n a ofr ec er hi po tec as ba ra tas , m uc ha s p ers ona s se a pr es ur ar on a
in ten ta r c ons e g uir un a p ar te del pas te l. Mi ll on es de per so na s su sc rib ie ro n
hi po tec as qu e no po d ían pe rm it ir se . C ua ndo lo s ti p os de int er és emp e za ron a
su bir , e sas pe rso na s pe rd ie ro n su s hog ar es y cu alq uie r ca pi ta l que hu bie ra n
a po rta do.
Es te de sa st re de la v iv ien da tuv o re pe rc us io ne s a niv el nac ion a l y en e l
e xt ra nj er o. A tr av és de u n pro ce so co no ci do co mo ti tu liz a ci ón , las hi p ote ca s
ha bía n si d o div id id as e n tra mos , em paq ue ta d as y re em pa que ta das , y
c ol oc ad as a t od o ti po de ba nc os y de fo ndo s de in ve rs ió n po r to do el p aí s.
Cu and o el ca st il l o de na ip es f in al men te se de sm or onó , se ll evó c ons ig o a
a lg un as de las in st it uc ion es más ve ne ra ble s: L eh ma n Br oth er s, B e ar Ste ar ns
y Me rri ll Ly nc h. Pe ro las dif ic u lta des no se det uv ier on en la s fr o nt er as de
Es tad os Uni do s. Es tas hi po te ca s ti tu li za da s, muc ha s de el las v e n did as po r
to do e l mu ndo , r es ul ta ro n ser tó xic as pa ra ba nc os y fo ndo s t an r em o tos co mo
e l no rte de N or ue ga , B ah ré in y C hin a ».
115
El c ob ro de mú lt ip le s co mis io nes vi nc ula das a la tit ul izac ió n, ge ne ró uno s
in ge nte s ben ef ic ios y una s pri ma s de sor b it an tes pa ra los ban qu er os, q ue te r mi na ro n
po r d es v irt uar su p rop ia con duc ta :
« En úl ti ma ins ta nc ia , lo s in st ru men to s fi na nc ier os qu e lo s ba nc os y lo s
pr es ta mi sta s e mpl ea ro n p ara exp lo tar a l os po bre s f ue ron tam bi én l a c a us a de
su pro pi a d es tru cc ió n. L os ext ra vag ant es i nstr um ent os e st ab an d is eñ ad os
pa ra sa ca rle al pre sta ta ri o to do el di ner o po si bl e . El pro ce so de ti tu li zac ió n
so ste ní a u na s c omi sio ne s il im it a da s, e sta s co mis io nes so ste n ía n u no s
be ne fic io s si n pr ec ed en te s y lo s be ne fi cio s si n pre ce den tes g e ne ra ban un as
pr ima s in au di ta s, y to do ell o ce gó a los ba nqu er os. Pu ed e qu e so sp e ch ar an
qu e er a de mas iad o bu eno par a se r ci er to . Y lo er a. Pue de q ue so sp ec ha ra n
qu e e ra in sos te nib le – y de ah í l a p re mur a p ar a c on se gu ir tod o l o qu e p udi er an
lo má s rá pi do po s ible – , y er a ins os ten ible . Alg un os no fu er on con sc ie nte s de
la s víc ti ma s ha sta qu e el si st em a se de sm oro nó . Aun que las cu en ta s
ba nc ar ia s de mu c hos dir ec ti vos de l sec to r fi nan ci er o se ha n v is to
e no rme me n te r ed uc ida s, muc hos ha n sal id o be ne fic ia do s de l ca os c on
mi l lon e s de dó lar es ( e n al g uno s ca sos , c o n cie nto s de mil lo nes d e
dó lar es ) ».
116
115
STIGLITZ, J. E.: El fraude de las h ipotecas , en Caída libre. El libre mercado y el hundimiento de la
economía mundial , op. cit., cap. 4, p . 113.
116
STIGLITZ, J. E.: Ibídem, p. 115 -116.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
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te rmi na ro n pro vo ca ndo u n co lap so de lo s ba lan ce s de los ba nc os ( en e l la do de la
in ver si ón) , ad emá s de un se rio pr ob le ma de li qu id e z , c o mo e xp one SKI DEL SK Y
(2 009 ):
« Lo s ban co s de inv er sió n sie mpr e ha n toma do din er o pr es ta do a co rto pl az o
y ha n p re st ado a la rg o p laz o. Pe ro l a de sr eg ula ci ó n ba nc ari a a esc al a mu ndi al
– n ota bl eme n te e n Est ado s Un ido s, t ra s la re vo ca ció n de la G las s- Ste ag al l Ac t
e n 19 99 – pe r mi tió a lo s b an co s c ome rc ia les co nv er tir se ta mbi én en b a nc os
de in ve rs ió n. As í fu e c om o i nv ir ti er on el di ne ro de su s dep os ita nt es y se
c on vir ti er on en e sp ec u lad or es al tam en te ap ala nc ad os en los tít ulo s de nu ev o
de sa rro ll o, c on un or g ul lo de sme su r ado de bi do a la fe qu e te nía n e n sus
mo del os de « ges tió n de l ri esg o » . Ah ora las inv ers io ne s se ha b ía n co nv er ti do
e n il íqu id as y fue ne ce sar io e l en de ud a mi e nto de lo s ba nc o s en lo s mer ca dos
a l por may or mon eta ri os – o int er ba nc ar ios – par a dev olv er o re fi nan ci ar lo
qu e se de bí a. L os ba nc os se es ta ba n en co n tra nd o c on dif icu lt ade s cr ec ie nt es
pa ra obt ene r di ne ro f re sc o de otr os b a nc os. L a co ng ela ci ón de l cr éd ito se
di fun di ó de sde el mer ca do al por may or ha sta el me rca do al po r men or :
de sde lo s ba nc os ha s ta s us cl ien tes . El e sce na rio es ta ba di spu es to pa ra un
c lá sic o de sl iza mie nt o a la ba ja, des de las qu ie br as de ba nco s a las de lo s
me rc ado s d e ma te ria s pr ima s y d e v alo re s, ll eg and o a u n d ec li ve d e la
e co nom ía re al» .
126
L os ba nco s má s dé bi le s (ta le s c om o BN P Par ib as , Nor th er n Roc k, o B ea r
St ea rn s) que dar on pr on to al de scu bi er to, de bi do a su fa lta de li qui de z; pe ro un a ve z
e nt ra do el ot oñ o de 20 08, la cr is is fi na nc ier a fue de riv an do ha cia u n « pán ic o
c lá sic o» , qu e a ca bó e n l a qui eb ra – en tre o tra s ins tit uci one s – de L ehm an B ro the rs:
« En un pr ime r mo men to , la s ins tit uci one s se vie ron pre sa s de l pá nic o y
bl oqu ea ro n su li qui de z, se g uid as por los in ve rs or e s ind iv id ual es, ner v io so s
po r la ca sca da de ma la s no ti c ia s. En el cu ar t o tr imes tre de 20 08, to do s l o s
no mbr es f am oso s de la ba nc a de inv er sió n es ta do uni de nse co men zar on a
c ae r. El 7 de s ep ti emb re e l g ob ier no e sta do uni den se se h iz o ca rg o de la s
a se gu ra dor as h ip ot ec ar ia s F an ni Ma e y Fr ed die Ma e de spu és de qu e l a
c ot i zac ió n de sus acc ion es se de spl oma ra , ga ra nt izan do un a de ud a de 12
bi llo ne s de dó lar es . El 15 de se pt iem bre p er mi t ió a l b anc o d e inv er s ión
pr iva do L eh man Br oth er s, uno de los no mb re s más fa mo so s de Wa ll St re et ,
qu e fu er a a la qui ebr a, co n una s de uda s de 60 0.0 00 mil lo ne s d e dól ar es . Se
di jo q ue era la may or qu ie br a emp re sar ia l de la hi sto ria de Es ta dos Un ido s.
Mu cho s cr eía n que fu e e l fr ac as o del go bi er no es ta dou ni den se en sa ca r de
a pu ros a L eh ma n lo qu e d io in ici o al p á nic o po r a lc anz a r la sa li da. Se ve nd ió
Me rr ill Ly nc h al B an k of Ame ri ca par a e vi ta r que co rr ie ra la mi sma sue rte .
El d ía de sp ué s de qu e se de jar a ca er a L ehm an, el g obi er no e sta do un ide nse
126
S KIDELSKY, R.: ¿En qué n os equ ivocamos? , en El regreso de Keynes , o p. cit., P rimera p arte, cap. 1, p.
30.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
80
a dq uir ió un a pa rt ici pa ci ó n de l 79 ,9 po r cie nt o en AI G, e l may or e miso r de
pe rm ut as de ri es go cre di ti cio de l mun do , cuy a c oti zac ió n ha bía ca íd o un 95
po r ci en to , a ca mbi o de u n pr ést amo de 85 .00 0 mi llo ne s de dó la re s. E l 21 de
se pti em bre Go ld man Sa ch s, el m ay or ba nc o de inv er sió n d el m und o, y
Mo rg an S tan ley mod ifi ca ro n s u e st atu s l eg al, pa sa nd o d e se r ba nco s de
in ver si ón a se r soc ied ad e s de ca rt er a, a fi n de pod er obt ene r pr és ta mos en la
ve nta ni lla de d esc ue nt o de la Re se rva F ed er al en c on dic io nes má s f av ora b le s,
a ca mbi o de un a may or supe rv is ión g ub er na me n tal . El 25 de se pt iem br e se
pr odu jo la qu ie br a de Wa shi ng to n Mu tua l, que en tr ó en liq uid ac ió n de sp ué s
de un pá nic o ban ca rio en el qu e lo s cl ie nte s re ti ra ro n 16 .7 00 mi llo ne s de
dó lar es» .
127
El an áli si s re al i zad o p or e l F ON DO MON ET ARI O IN TE RN ACI ON AL,
a ce rc a de los fa ct ore s de vul ne ra b il ida d a lo s que se enf re nta ba el si st em a fi na ncie ro
e n abr il de 2 0 08, d er iv ó la s s ig ui en tes en señ an zas e n ma ter ia de p olí tic a :
« Hu bo una fa lla co le c ti va a la ho ra de di me nsi on ar el g ra do de
a pa lan ca mie nt o de las di ve rs as ins tit uc i one s – b an co s, a se g ura do re s
mo no líne a, en ti dad es re s pa lda s p or el g ob ier no , f on do s de inv er sió n li br e
(h ed ge f un ds) – y de lo s rie sg os rel ac ion ad os con un a co rr ec ci ón
de sor de nad a.
L a ge sti ón del rie sg o de l se ct or pri va do , la d iv ul g ac ión de dat os , l a
su per vi sió n de l se cto r fin anc ie ro y la reg ula ció n es tu vi er o n sie mp re a la zag a
de la r ápi da i nn ova ci ón y tr ans fo rm ac ió n de los m od elo s e mpr es a r ial es, y es o
de jó ma rg en pa ra la tom a de ri es go s e xce si vos , las sus cr ipc io ne s
in ade cu ada s, lo s d es ca lce s de ve nc i mie nt os y la inf lac ión de lo s pr ec ios de
lo s a ct ivo s.
S e sob re es ti mó el tra sl ad o de lo s ri es g os fue ra de lo s ba lan ce s de los ba nc os .
Co nfo rm e los r ies go s ha n id o mat er ial i zá ndo se , l os ba la nc es de los ba nc os
ha n v ue lto a v ers e s ome ti do s a en orm es pre sio ne s.
P e se a la s in te rve nc io nes sin pr ec ede n tes de los pr in cip al es ban co s ce ntr al es ,
lo s me rc ad os fi nan c ie ros pe rma ne ce n ba jo un a te ns ió n co ns ide ra ble ,
a g udi za da ah ora por el e mpe ora mie nto de l en to rn o ma cr oec on ó mic o, la
c ap ita li za ci ón de fi cie n te de la s in st itu ci one s y un des ap al an ca mie n to
g ene ra liz ad o ».
128
¿H a s ta qu é pun to est uv ie ron el si ste ma fi na nc ie ro y la ec ono mía de Es ta dos
Un ido s -y po r e xte nsi ón, l a ec on omí a mu ndi a l- al bo rde d el c o lap so ?
127
S KIDELSKY, R.: ¿En qué n os equ ivocamo s? , en El regreso d e Keynes , o p. cit. , P rimera parte, cap. 1 , p .
27.
128
FONDO MONETARIO INTERNACIONAL: Info rme sobre la estab ilidad financiera mu ndial. Resumen
general , Abril de 2008, p. i -ii. En lace web:
https://www.imf.org/ex tern al/spanish /pubs/ft/gf sr/200 8/01/pdf/sums.pdf
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
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« Pau l Ka njo rsk i ( c ong re sis ta de móc ra ta po r Pe ns ilv an ia y pr e si de nte d e l
Su bc om it é de Mer ca dos de Ca pita le s) ofr ec ió en la tel evi si ón un
me lod ra má tic o re la to de l in min en te ca tac lis mo de lo s ba nc os
e st ad oun ide ns es en la e st el a de la qu ie bra de L ehm an . L as af irm ac io nes de
Ka njo rs k i er an un a r ep et ic ión de un re la to de lo s ac on tec im ien to s qu e le
ha bía n he cho el se cre ta ri o est ad ou ni de nse del Te so ro, He nry Pa uls on , y el
pr es id en te de l a Res er va F ede ra l, Be rn ar d B e rn an ke :
El ju eve s [18 de se pt ie mbr e de 200 8] , a las 11 de la ma ña na , la
Re ser va Fe de ra l ad vir tió un a en orm e d is m inu c ión de las cu ent as de l
me rc ado mo ne tar io en Est ad o s Uni do s, [el di ne ro ] por va lor de
55 0.0 00 mi ll o nes de dó la re s fu e ret ira do e n cu e st i ón de un a hor a o
do s. E l T es or o a br i ó su ve nt ani ll a p ar a ay ud ar e iny ec tó u no s 10 5. 00 0
mi l lon e s de dól ar es en e l s is te ma, pe ro pr ont o s e d io cu en ta de qu e n o
po día de ten er la ma re a. Es tá ba mo s teni en do un a af lu enc ia mas iva
e le ctr ón ic a en los ban co s . Ell os de c idi er o n su spe nd er la op er ac ió n,
c er ra r la s c uen tas mon et ar ias y an unc ia r un a g ara nt ía de 2 50. 00 0
dó lar es p or cue n ta, de m a ne ra qu e n o se p ro duj er a más pá n ic o.
S i no lo hub ier an he ch o , es ti ma ba n qu e a la s 2 de es a ta rde ha br ía n
si do re t ir ado s 5,5 b il lo ne s de dó la re s del si st em a d el me rc ado
mo net ar io de Es tad os Un ido s, [ y es to] hab ría co lap sa do tod a la
e co nom ía de Es tad os U ni do s, y en ve int ic ua tro hor as se ha brí a
de spl om ado la ec on om ía mun di al. Ha br ía si do e l fi n de n ues tro
si ste ma ec onó mi co y de nu est ro si st e ma pol ít ic o ta l co mo l o
c on oce mos .
P or e xag er ad os qu e pa re zca n lo s de ta l le s, es in dud abl e que e l pá ni co se
a po der ó de l Te so ro y de la Res er va Fe der al en e l mom e n to de l hun di m ien to
de L eh man . Sin un pla n co mp let o de re sca te « pue de qu e el lu ne s no
te ng amo s ec ono mía» , dij o e l pr esi de nte de la Re se rva Fe der al , B en
B ern an ke, al Co ng res o el jue ve s 18 de se pt iem br e. Me rv in Ki ng , g ob er nad or
de l Ba nc o de I ngl ate rr a, de cl ar ó que « de sde e l in i cio de la pr im er a g ue rr a
mu nd ial n ues tr o s is te ma ba nc ari o n o ha bí a e sta do ta n c er ca d el co la pso» » .
129
El go bie rn o es tad ou ni den se dec id ió e n ton ce s co mp ra r lo s act iv os tóx ic os ,
me dia nt e un pla n de r esc at e den om ina do T A RP, di r ig ido a “l im pia r” lo s bal a nc es de
lo s ban co s, y a i ny ec ta r li qu ide z al s is te ma:
« El pr ime r pa qu ete de me did as de re sc ate a es ca la nac io na l se pro duj o el 25
de se pt ie mbr e, cu an do e l sec re ta ri o es ta do un id ens e del Te sor o, He nry
Pa ul son , a nu nc ió u n p la n de r es ca te de 7 00 .0 00 mi l lon e s d e dó la re s, e l
Tr oub le d As se t Rel ie f Pr og ra mme ( TAR P, pr og ra ma de ay ud a par a ac ti vo s
129
S KIDELSKY, R.: ¿En qué n os equ ivocamos? , en El regreso de Keynes , o p. cit., P rimera p arte, cap. 1, p .
28.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
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c on pr obl ema s), pa ra ad qui rir ac t iv os en di f ic ul ta de s; a é ste le sig uió la
pr ome sa de la Re se rva F ede ra l d e fa ci lita r 60 0.0 00 mil lon e s d e dó lar es co n l a
mi s ma fin al ida d. Per o la lis ta de qui eb ra s co nti n uó: Wac hov ia, Pe nt ag on
Ca pi tal Ma na ge me nt , Pel oto n Par tne rs , Dr ake , An do r Cap it al Man ag em ent
So wo d, G0 C ap ita l, Re dK ite , RAB C a p ita l PL C » .
130
Pe ro el pl an de r esc at e TA RP se pr ese n tó en el Co ng re so si n nin gu na
e xi g enc ia de un co nt rol ( pol íti co o jud ic ial ) po st er i or a lo s ban co s pe rc ep to re s de la
su bve nc ió n pú b lic a, co m o cr iti ca ST I GLI TZ (2 010 ), qu ien ap un ta a un a g iga nte sc a
re di st r ibu c ió n de lo s re cu r so s d es de e l bol si llo d e lo s co ntr ibuy e nt es ha st a las c ue nta s
de lo s ba nc os y d e su s a mi g os:
« El ve rda de ro ind ic io de qu e al g o se es ta ba to rc ie ndo lle gó cu and o Pa ul so n
a cu dió al Co ng re so y pre se nt ó un dec re to de tre s pá gi na s qu e le da ba u n
c he que en bla nc o po r va lo r de 7 00. 00 0 mi ll on es de d ól are s , si n sup er v is ió n
de l Con gr es o ni re vi sió n jud ic ial . En mi c on di ció n de ec on om is ta je fe de l
B anc o Mu ndi a l, y o y a hab ía vis to es tra ta ge ma s de est e tip o. Si es o hu b ier a
oc ur rid o en un a re pú bl ica ba na ner a de l Te rc er Mu ndo , hab ría m os sa bi do lo
qu e est aba a pu nto de oc ur rir : un a gi g ant esc a re dis tr ibu ci ón de sd e lo s
c on tri buy e nt es a lo s ba nc os y a su s a mig os …
Na tur a lme nt e, Wal l Str ee t e st ab a en ca nta da c on el pro gr am a pa ra co mp ra r
lo s ac t iv os tó xic os . ¿A qui én no le g ust arí a d es ca rg ar su ba sur a sob re e l
g obi er no a un os pr ec io s in fl ad os ? L os ba nc os h ab rí an po di do ve nde r en
a qu el mo men to mu c ho s de est os ac ti vo s en el mer ca do ab ier to , pe ro no a lo s
pr ec ios q ue el los h ub ier an q uer ido» .
131
A es to s pro gr am as de re sc ate ba nc ar io (a sí co mo de los ba nq ue ro s y de lo s
a cc ion is tas ), a cos ta de lo s co nt ri buy en tes , le s s ig ui er on otr as pr op ues ta s d iri g id as a
re ca pit ali za r lo s ba nco s por la vía de la « iny ecc ión de c ap ita l» , sin que aqu él lo s
tu vie ra n ni si qui er a e l de re ch o a c on oce r e l de st in o ot org a do por los ba nc os a su
di ner o:
« Ha bí a var ia s ra zo ne s p a ra pe nsa r que er a imp ort an te da r más ca pi ta l a lo s
ba nc os, a f in de re ca pi ta li zar lo s. Una d e el la s er a l a esp er an za de qu e a l
ha ce rlo , los ba nc os pre sta ría n más . L a otr a er a una le cc ión apr en did a en lo s
a ño s o che n ta : los b an co s d esc ap ita li zad os so n un ri e sg o par a la ec ono mía …
Ef ec ti vam en te se iny ect ó l iq ui de z pa ra pr ote ge r a los ba nc o s, y cu an do
ne ce sit aro n má s di ne ro , se iny e ctó aú n má s l iqu i dez . A ca mbi o, lo s
c on tri buy e nt es re c ib ie ro n a cc ion es pre fe re nt e s y un as cua nt as op ci one s
(d er ec hos a a dqu ir ir la s a c cio nes ), per o se l es e ng a ñ ó e n e l tr at o…
130
SKIDELSKY, R.: Ibídem , p. 28 - 29.
131
STIGLITZ, J. E. : El g ran atraco estadouniden se , en Caída libre. El libre mercado y el hundimiento de la
economía mundial , op. cit., cap. 5, p. 163 -164.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
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Y l o q ue es pe or, inc lu so cu an d o l os c on tr ib uy ent es e st a do un ide ns es s e
c on vir ti er on en e l pr inc ip al pro pie tar io de a lg uno s ba nc os, el De par tam en to
de l Tes oro de Bu sh (y pos ter i or men te de Ob am a) se ne g ó a eje rc er ni ng ún
ti po de co ntr o l. E l con tr ib uy en te e sta dou nid en se ap ort ó cie nto s de mi le s de
mi l lon e s de dó lar es y ni si qu ier a ob tu vo e l de re cho a sa be r en qu é se ga sta ba
e l di ne ro , ni m uc ho men os te ner v o z e n lo q ue ha cí an c on él lo s b an co s ».
132
Y mie nt ras ta n to, la ava ri cia de lo s ba nqu er os pa r ec ió no ten er lí mi te s (u na
ve z ac ep ta do e l su pue st o de que en u na ec on omí a de “ l ib re ” mer ca do , ca da
in di vi du o s ól o pe rsi gu e s u pro pi o i nte ré s) :
« Per o ni siq ui er a e l h u ndi mie nt o d e l s ist e ma mod er ó l a a var ic ia de los
ba nqu er os. Cu and o e l g ob ie rno a por tó a l os ban co s d ine ro p ar a
re ca pit ali za rse y as egu ra r el fl ujo de cr éd ito , po r e l co ntr ar io l o uti li zar on
pa ra pa g ar se a sí mi smo s pri mas de ré co rd – ¡ po r un as pé rd i das de ré co rd ! – .
Nu ev e pr est am is tas que co nju nt am en te tu vi er o n p ér did as de 10 0. 000
mi l lon e s de dól ar es r ec i bi er on 17 5.0 00 m ill one s en din ero de re sc ate a tr av és
de l TA RP, y pag ar on ca si 33. 00 0 mi ll o nes en pr im as , in clu y end o má s de 1
mi l lón de dó lar es por ca be za a ca si ci nco mil e mp lea do s. Ot ra pa rt e de l
di ner o se em pl eó pa ra pa g ar di vid end os , que su pu est ame n te so n un re pa rt o
de lo s be nef ic i os en tr e lo s a cc io ni s tas . E n es te ca so, sin em ba rg o, n o ha bí a
be ne fic io s, só lo ay uda s d el go bie rn o ».
133
En sí nt es is , la Gr an Re ce si ón ha co nte mp lad o có mo el gob ie rno as u mía un a
nu ev a fun ci ón : la de « as umido r de l ri esg o de últ im o re cur so» , ta l y co mo la def in e
ST I GLI TZ (2 01 0). Pe ro est o con st it uy e un a se ri a am en aza pa ra la fu tu ra pro tec ci ón
pú bl ica de la s pe rs on as , a ca usa de la am p lia ci ón d e la s re de s de se gu ri da d púb lic a
ha ci a la s so cie da de s a nó ni ma s:
« Cua ndo lo s me rc ado s p riv ad os e st aba n a l bo rde de la ca tá str ofe , t odo el
ri esg o se tr as la dó al g ob ie rn o. L a re d de seg uri dad deb er ía c onc en tr a rs e en
pr ote g er a los in div id uo s; pe ro la re d de seg uri dad se amp li ó a la s so ci ed ad es
a nó ni ma s, en la cr ee nc ia de qu e la s co ns ec uen c ia s de n o ha ce rl o se rí an
de ma si ad o te rr ib le s. Un a ve z a mp lia da , re su lt ar á dif íci l ec ha rse atr ás : la s
e mp re sa s sa brá n qu e s i so n lo su f ici en te men te gr an des y [189 ] s i su qu ieb r a
re pr ese nt a un a am en a za su fi cie n te pa ra la e co no mía – o si dis po ne n de l a
su fic ie n te inf lu en ci a pol ít ica – el g obi er no ca rg ará co n el rie sg o de qui eb ra .
Po r es a ra zó n va a ser e se nc ia l e vi tar q ue l os ba nc o s c re zca n tan to .
S ub si ste , t od av ía , u na po sib il ida d de qu e el si st e ma p o lí ti co es tad ou ni de ns e
re sta bl e zca un mí ni mo de con fia n za en sí m ism o. Sí , Wa ll S tre et ha ut ili zad o
su pod er y su din er o par a co mpr ar des re gu lac ión , seg ui da rá pi da me n te de l
132
STIGLITZ, J. E. : El g ran atraco estadouniden se , en Caída libre. El libre mercado y el hundimiento de la
economía mundial , op. cit., cap. 5, p . 165-166.
133
STIGLITZ, J. E.: El fraude de las hipotecas , en Caída libre , op. cit., cap. 4, p. 116.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
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re sc ate más ge ne ro so en l a his to ria de la h um a n ida d. S í, el go bie rno ha sid o
in ca pa z de re es tru ct ura r el si s tem a fi na nc ier o de fo rm a que se r edu zca la
po si bil ida d de un a c ri si s si mil ar y qu e se re fu er ce n aqu ell as p ar te s de l
si ste ma fi nan c ier o que e sta ba n re al me nte ha ci end o l o qu e se su po ní a que
de bía n ha ce r – ge sti on ar el r ies go y a si g nar e l c ap it a l – . Per o, to dav ía, qu eda la
po si bil ida d d e v ol ver a re gu lar , de co rr eg ir lo s er ro re s de l pas ad o ».
134
L os ar gu me nto s es gr imid os par a jus tif ica r « el gr an atr ac o es tad ou nid en se»
e st ab an vi nc ula do s a la id ea de l ma nte ni mie nt o de la ec ono mía de “l ibr e” me rc ado .
Pe ro e l re med io ap li ca d o, en fo rma de med ida s de re sc ate , se e nc ue ntr a e n la s
a nt íp od as ta nto d e d ich o si st e ma e co nó mic o c om o de su s inc en t ivo s.
L a ad mini str ac ió n B us h (y lue go la de Oba ma ) ap os tar on po r el
ma nte ni mi ent o de la pr iv ati za ció n de la s g ana nc ia s y , a la pa r, po r la soc ial iza ci ón
de la s pé rd id a s ( en c as o d e “ ne ce sid ad ”) .
Es tas me di das , s in emb ar g o, no sól o so n ine f ici en te s si no qu e ta mb ié n so n
in ju st as , c om o n os e xpl ica ST I GLI TZ (2 010 ):
« La pe rc epc ió n, y la re al ida d, d e q ue lo s pa que tes de me did as de re sc a te er an
« inju sto s» – i nj usta me nt e g en er oso s co n lo s ba nqu e ro s, i nj us ta men te c ost os os
pa ra los c iud ada no s co rr ie nte s – ha hec ho aú n má s d if íci l af ro nt a r la cr i si s . Se
ha co nve rt id o e n un lu ga r co mún de cir qu e de tr ás de la cr isi s es tá la pé rd id a
de con fi an za e n el si st e m a fi na nc ier o. Per o la inc a pac id ad del go bie rn o pa ra
a co met er un re sc ate ju st o ha co ntr ibu ido a un a pé rd ida de con f ia nza en el
g obi er no ».
135
L a or ig ina ria c ri sis ba nc ari a de sen ca de n ó a co nt i nua ció n u na cr i sis
e co nóm ic a , co n el c ons ig uie nte de rru mbe de la ec on om ía re al, ad emá s de un a cri sis
fi sc al ( a ca us a de la ca íd a en la s re ca ud ac io nes tr i but ar ia s, y de la ele va ci ón d e los
g ast os púb li co s, vi nc ula d os so bre to do a l au men to de l de se mple o y a los re sc ate s
fi na nc ie ro s) . L os pr obl em as de li qu id ez ( pr ime ro ) y de sol ve nc ia (de spu é s) de lo s
ba nc os con tri b uy er on de cisi va men te a ce rra r el gr if o de l cr é di to al c o nsu mo de los
ho ga re s, y de l cr éd ito a l a inv er si ón de las e mpr es as pr od uct iv as, fr en án dos e de un
mo do muy b rus co e l r itm o de cr ec imie n to e co nó mic o, y la cr ea ci ón de e mple os, ta l y
c om o adv irt ie ra el F MI ( 200 8):
« La cr isis se es tá e xten die nd o má s all á del me rc ad o es ta dou ni den se de
pr és ta mo s de a lto r ies g o (s ubp ri me ), co ncr et am ent e, a lo s mer ca do s
in mo bi lia ri os re si de nc ia le s y c ome rc ia les de p ri me ra cl ase , al c ré di to d e
c on sum o y a lo s mer ca d os de cr éd it o em pr esa ri a l d e al ta y ba ja c ali da d . El
e pi c en tro de la cr is i s s ig ue sie nd o Es tad os Un id os , ha bid a c ue nt a de qu e e l
me rc ado de p ré sta mos de al t o rie sg o de e se pa í s fu e el qu e d io or ig en a la s
134
STIGLITZ, J. E. : El g ran atraco estadouniden se , en Caída libre. El lib re mercado y el hundimiento d e la
economía mundial , op. cit., cap. 5, p. 188 -189.
135
STIGLITZ, J. E.: Ibídem, p. 177.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
85
no rma s de cr éd i to me n os es tr ict as y el pri mer o en suf ri r las co mp l ica ci on es
de ri va da s de lo s pro duc t os de cr éd it o es tr uc tur a do . Pe ro las in st i tuc io nes
fi na nc ie ra s de ot ro s pa ís es ta mbié n se ha n vi st o af ec ta da s por la mi sma
li be ra li dad e xce siv a de la s co nd ic ion es fi na nc ie ra s mun di ale s, y – en g ra do s
di st in to s – po r las de fic ie nc ia s de los s iste ma s de g es tión de l ri es go y de la
su per vi sió n pr u de nc ial . Lo s pa íse s in du st ri ale s do nde lo s pr ec io s de la
vi vie nd a es tá n inf la do s e n re la ció n c on los pa rá m et ros fun da me n tal es de la
e co nom ía o do nd e lo s ba la nce s de las em pre sas o los ho ga re s sop or ta n má s
pr es ió n tam bi én e stá n e xp ue stos a rie sg os ».
136
L a pé rd ida de la co nf ia n za hu nd ió la s co ti zac ion e s de la s ac cio ne s ban ca r ia s,
lo que un id o a lo s rec or te s en lo s pr ec io s de la s m at er ias pr ima s, ar ras tró a l a ca ída
g ene ra liz ad a d e la s bo ls as . L os cie rr es y liq uid ac ion es de emp re sa s p os ter io re s
vi nie ro n a e le var e l ni ve l de de se mp le o en las ec o nom ía s ca pi ta li sta s a un a s cot as
muy a lta s, lo que un id o a l c or re lat iv o r ec or te ob se rv ad o en lo s s ala ri os, de te rm inó un
c re ci ent e e mp o bre ci mie nt o d e mil lon es de tr ab a ja do re s.
En pa la bra s de SKI DEL SKY ( 200 9) :
« La ca ída e n la e co no mí a re al se veí a ve nir , so br e tod o a me di da qu e e l
de cl iv e e n la ab und anc ia de pa pe l, la co ng el ac ió n de l cr é di t o y las
e xpe c ta ti vas de d is min uci ón de be nef ici os re duc ía n el ga sto . E nf re nta da s c on
un a d em an da f ina l q ue se e st ab a de bi li tan do , l as em pre sa s s e en c on tr ar on co n
un e xce so de sto ck s y con la inc apa ci da d de fin anc ia rlo s. Par a ma nt ene r
e fe ct ivo re du jer on di vi den dos , e mple o , ga sto de ca pit al y pr odu cc ión . Se
de shi cie r on de sto ck s y de sc ont ar on pr ec io s e n el c ua rt o tr ime st re de
20 08» .
137
¿Se pu die ro n ha ber hec ho la s c os as me jo r? L o ci ert o es qu e sie mp re
te ndr em os a lt er na ti vas a nu est ro a lca nc e, co m o suc e de en e ste c as o:
En pr im er lu g ar , se po drí an ha be r r ee s tru ctu ra do aqu el los ba nc os qu e
pr ec isa ba n d el r es ca te , e n lu g ar de h ab er le s oto rg ad o u na a y ud a in men sa - que en una
bu ena me di da fu e de sp il fa rr ada -, y s in g ar an tí a de con tro l p os ter ior . E n t al ca so,
ha br ían sa lid o pe rdi e ndo l os ac ci oni sta s (q ue a su mi rí a n as í el r ies go de su in ve rs ió n)
y l os eje cu ti vo s fi nan ci er o s.
En se gu ndo lu g ar , se po dr ía hab er de st ina do el im po rte de ta le s re sca te s a la
c on st it uc ión de un g ru po de ba nc os d e nu ev a cr ea ci ón , al ob je to de ot or ga r la s lí ne as
de cr éd it o q ue n ec esi ta ba im pe ri osa me nt e e l a pa ra to pr od uc t iv o pa ra pod er ma nte ne r
la e st ruc tur a ec on óm ica e inc lu so pa ra c re ar nue vo s pu es t os de tr aba j o. O bie n,
ha be rlo sum in is tr ad o d ire cta me nt e, en fo r ma de in y ecc ion es de c ap it al, e n aq ue llo s
136
FONDO MONETARIO INTERNACIONAL: Info rme sobre la estab ilidad financiera mu ndial. Resumen
general , op. cit., p. ii-iii.
137
S KIDELSKY, R.: ¿En qué n os equ ivocamos? , en El regreso de Keynes , o p. cit., P rimera p arte, cap. 1, p.
33.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
86
ot ros ba nc os que est uv ie ro n ge sti ona do s de una for ma co rr ec ta du ra nte l a cr isi s
fi na nc ie ra , y q ue c ump li er on ad ec ua da me nt e c on s u mi s ión .
En te rce r lug ar , si el ob je ti vo de l g obi er no hu bie ra si do la re cu per ac ió n de l
c ré dit o pa ra es ti mu lar la in ver sió n emp re sar ia l y la cr ea ció n de emp le o, la de cis ió n
de de st ina r el imp or te de lo s re sc ate s a los « meg ab anc os» hab rí a si do un co los al
e rr or d es de la óp tic a ec o nóm ic a, e n la me did a en que tal es ent id ade s n o es tab an
c en tra da s, pr e c isa me n te, e n la pr es ta ci ón de se rv ic ios f ina nci er os a la s pe q ueñ as y
me dia na s em pre sa s. En su ca so, la ay uda de be ría ha be rs e dir ig ido ha c ia los ban co s
de un a di me nsi ón má s re duc id a y má s pr óxi ma a l as ne ce si da de s f ina nci er as de es te
ti po de em pr esa s, qu e s on la s má s d iná mi ca s a la h or a de g ener ar nue vo s pu est os de
tr ab aj o e n n ues tra s e co no mía s.
A si m ism o, de be mos re se ña r qu e la Gr an Rec es ión ta mb ié n ha si do el
re su lt ad o de u na cri sis m or al : má s par ti cu la rm en te , de una fa lt a de re spo ns abi l ida d
mo ral de aq ue llo s ba n qu er os neg li ge nte s e in co mpe ten tes que pr o voc ar on la
c at ást rof e, po r n o re spe ta r la s no rm as mo ra les qu e de be n g obe rn ar su co ndu cta . És t a
nu nca pod rá est ar leg it i ma da pa ra po de r e st afa r a lo s cl ie nt es de l os ba nc o s, ni pa ra
e xp lo ta rlo s cu an d o ac ud an a sus ofi cin as en so li ci tu d de un cré dit o o de una
hi po tec a.
N i siq ui era un a inte rp re ta ci ón « ing enu a» del cé leb re co nc ep to ec onó mic o de
la « ma no in vi si bl e» de Ada m Smi th (1 77 6) po dr ía cu br ir las ca ren cia s ét ica s de lo s
ba nqu er os ev ide nc ia da s co n l a c r isi s b an c ar ia :
« Un a le ctu ra in g enu a de Ada m S mit h pu d o su g er ir qu e ex im ía a los a g ent es
de l m er ca do de te ne r q ue pla nte ar se cu es tio ne s mo r a le s. Al fi n y a l c ab o, si la
pe rs ec uc ión de l in ter és p rop io c omp or ta, a tr avé s de la man o in vis ib le , el
bi ene sta r de la soc ied ad, ba st a con qu e uno est é seg uro de que sig ue su
pr opi o in te ré s par a a ctu ar c or re cta me n te. Y el sec t or fin a nci er o
a pa re nte men te lo ha cía . Per o es obv io qu e pe rs e gu ir e l pr op io inte ré s – la
c od ici a- n o con duj o al b ie ne st ar d e la soc ied ad ».
138
Pe ro , tal y c omo sen ten c ia ra JO AN ROB I NSO N (197 0) , e n est a do ctr ina
e co nóm ica de l « fu nda me nt ali sm o d el me rc ad o» ha y u na fal ac ia ev ide n te :
« Si la pe rs ec uc ión d e la ga na nci a es c rit er io de co ndu ct a co rre ct a, en to nc es
no po de mos d is tin gu ir en t re a cti vi dad pr od uc tiv a y r ob o» .
139
En últ im o té rm ino , he mo s de con clu ir que la Gr an Rec es ió n de 20 08 ha
de sa cre di ta do de un m o do man if ie st o , po r la ví a de lo s hec ho s, a la doc tri na
e co nóm ica d el « fun dam en ta li smo de l me rc ado» , que c on st ituy ó la bas e te ór i ca d e l as
138
STIGLITZ, J. E.: Hacia una nueva sociedad , en Caída libre. El libre mercado y el hundimiento de la
economía mundial , op. cit., cap. 10, p. 327-3 28.
139
ROBINSON, J.: Falsos profeta s , en Libertad y necesidad. Introducc ió n al estudio de la sociedad , op. cit.,
cap. XIII, p. 142.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
87
po lí ti ca s ec on óm ica s ne oli be ra le s qu e ha n s id o ap l ica da s en la s s oc ie dad es
c ap ita li sta s en e l tra ns cur s o de la s ú lt im as d éc ada s.
Y qu e con ell a fi na l iza – c omo so st ie ne S TI GLI TZ (20 10) – la et ap a hi stó r ic a
de l « tr iun fa lis mo a me ri ca no» :
« La ca ída del mu ro de B er lín e n 19 89 mar có e l fi nal del c o mun is mo co mo
pr oy ect o via ble . L os pr ob lem as co n el co mun is mo ha bí an si do ev ide nt e s
du ra nte déc ad as , per o de spu és de 19 89 a na die le re sul tó fá ci l de fe nde rl o.
Du ra nte un tie mp o, par e ció qu e la de rr ota de l c om un is mo si g nif ica ba la
vi cto ri a se gu ra del ca pi ta lis mo , e spe ci a l me nte en su fo rm a es tad ou nid en se .
F ra nc is Fu kuy am a a pr inc ipi os de lo s año s no ven ta lle gó a pro cla ma r « el fi n
de la hi st or ia» , def ini en do el ca pit al is mo de moc rá tic o de me rc ad o co mo el
e st ad io f ina l de l des ar ro ll o s oc ial y d ec la ra nd o que to da la h uma ni da d se
di rig ía a ho ra ine vi tab le men te hac ia es a di re c ci ón . En r ea l ida d, lo s
hi st or iad ore s co ns id er ar á n lo s vei nt e año s tr ans cu r rid os de sd e 19 89 co mo e l
c or to per íod o del t riu nf ali smo de Es tad os Un id os.
El 15 d e se pt ie mbr e de 200 8, fe c ha de la q uie br a de L eh ma n B rot her s,
pu ede se r par a el fun da me nt al is mo de l mer ca do (l a ide a de que l os me rc ad os
de ja do s a s u lib re alb ed r ío pu ed en pr op orc io na r pr os per ida d y cr ec imi en to )
lo qu e fu e pa ra e l com uni sm o la ca íd a de l m ur o de Be rl ín. L os pr obl em as de
e st a ide ol og ía er an co no ci dos ant es de es a fe cha , pe ro des pué s na d ie pu do
de fe nde rl a de ve rd ad . Co n el c o lap so de lo s gr an de s ba nc os y la s ent ida de s
fi na nc ie ra s, el su bs ig uie nt e de sba ra jus te y lo s c a ót i cos in te nt os de re sc ate , el
pe rí od o de l tr iun fa lis mo ame ri ca no ha ter mina do. L o mi sm o qu e el de bat e
so bre e l « fun da me nta li sm o de l mer ca do» . Hoy s ólo los il u sos (i nc lu id o s
mu cho s co ns er va do re s es t ad oun id en se s, pe ro muc ho s me no s en e l mu ndo en
de sa rro ll o) af irm ar ía n qu e los mer ca do s se au toc or ri g en y que la so cie da d
pu ede co nfi ar e n el co mp ort am ien to aut oi nt er es ado de lo s ag en tes del
me rc ado pa ra as eg ur ar qu e la s cos as fun ci ona n de man er a hon ra da y lim pia ,
y n o d ig amo s y a de m ane ra be ne fic io sa p ar a to dos ».
140
140
S TIGLITZ, J. E.: De la recuperación mundial a la p rosperidad mun dial , en Caída libre. El libre mercado
y el hundimiento de la economía mund ial , op. cit., cap. 8, p. 264.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
88
2. EL PAPEL DEL ESTADO EN LA ECONOMÍA POLÍTICA CLÁ SICA Y
EN LA ECONOMÍA MARXISTA
2.1. EL ESTADO EN EL PENSAMIENTO CLÁSICO: DEL ESTADO
MÍNIMO AL DOGMA DEL PRESUPUESTO EQUILIBRADO ANUAL
Desde fin ales del si glo XVIII y hasta comienzos del siglo XX, predominó
una visión filosófica en todas las soci edades má s avanzadas de l a época, la del
laissez faire .
La gra ndeza del pe ríodo prácticamente comprendido entre las Guerras
Napoleónica s y l a primera Guerra Mundial consistió precisamente en el hecho -
como arg umenta VON MISES (1962) - de que «el ideal social a cu y a r ealización
dedicaron sus esfuerzos los hombres más eminentes fue el li bre comercio, en un
mundo en paz de nacion es libres. Fue una época de mejoras sin precedentes en el
nivel de vida, de una población en rápido crecimiento. Fue la ép oca del
liberalismo » .
141
Tales planteamientos lib erales constitu y eron de hecho una fuerte reacción
frente al absoluti smo y al Mercantilismo de la etapa ante rior, e implicaron en la
práctica un recorte bastante sust ancial de la a ctividad estatal, como resalta e l
maestro neoliberal de la Escuela A ustríaca:
« E l orden social ima ginado por la filosofía de la I lust ración asignó la
supremacía al hombre de la calle. En su calida d de consumidor, el
“ hombre llano ” [ “regular fellow” ] fue llamado a determinar, en última
instancia, lo que se d ebe producir, en qué cantidad y d e qué calidad, por
quién, cómo y dónd e; en su calidad de elector, fue soberano en l a dirección
de las políticas de su país» .
142
Así, el Soberano perdió la tut ela y el control de los asuntos económicos
“ privados ” , que ahora pasa a d esempeñarse por l a nueva fi gura del empresario. Y
a partir d e enton ces, s e l e comienza a contemplar « como si fuera un becario de la
economía privad a » , siendo los representantes de ésta « qui enes deciden qué tareas
han de considerarse como públicas y en qué medida han de realizarse » ,
143
como
reseña el economista ale mán FRITZ NEUMARK (1961).
De esta fo rma, el poder político es asumido ahora por la burguesía , cu yo
141
VON MISES, L. (1962): Liberalism. The Classical tradition , op. cit., Preface to the english -la nguag e
edition , p. xiii.
142
VON MISES, L.: Ibídem.
143
NEUMARK, F. (196 1): Principios y cla ses d e gestión fi nanciera y presup uestaria: Los p rincipios d e la
política financiera liberal clásica , en Problemas económicos y fi nancieros d el estado intervencionista ,
Editorial d e Derecho Financiero, Madrid, 1964 , P arte segunda: Cuestiones financieras, epígrafe II, p. 159 .
Primera publicación: Wirtschafts- und -fin anzprobleme des interventionsstaates , Mohr, Tbingen, 1961.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
95
deducía de las condicio nes est ipuladas: de un lado, la prescripción de un gasto
público reducido; y , de otro, la aplicación de u na política impositiva con fines
puramente fiscales, orientada por el principio de neutralidad . Este inflexible
planteamiento se vino aplicando en la etapa clásica como un principio absoluto, y
con independenc ia total de cuál fuera la evolución de la coy untura económica, y a
se atrave sara tanto una fase de expansión como de recesión. De esa forma, el
presupuesto público terminaba ocasionando un efecto procíclico sobre la
coy untura económica.
Aunque debe d estacarse que el fin principal de esta regla d e oro no
consistía en el logro de la estabilidad macroeconómica, habida cuenta de que
aún no se h abían desarrollado las bases o fundamentos teóricos precisos para
comprender todos los efectos simultáneos de los i ngresos y d e los gastos p úblicos,
así como de sus respectivas composiciones, sobr e el nivel general de la a ctividad
económica. Ni tampoco el r educido t amaño d el presupuesto públi co, por otra
parte, posibilitaría en su caso esa función. El propósit o era, evidentemente, mucho
más simple: que la re caudación d e impuestos se acomodara al gasto público,
fijado a su vez al mínimo nivel posible.
Así quedaba sancionada implí citamente la limit ación al aumento de los
impuestos , con el objeto de evitarse los perjuicios que ocasionarían sobre los
individuos y sobr e el conjunto de la actividad económica ge n eral, al afectarse
negativamente tanto al proceso de a cumulación de capital, como a las
posibilidades de crecimiento ec onómico a largo plazo.
En definitiva, los principios del pensamiento clásico liberal relacionado s
con las fun ciones estatales se resumen en la noción de un Estado mínimo, el
dogma del presupuesto equilibrado anual, l a aplicación de una política impositiva
neutral, y la a versión al crédito público.
2.2. E L E STADO EN EL PENSAMIENTO MAR XISTA: E L E STADO
CAPITALISTA COMO INSTRUMENTO AL SERVICIO DE L A CLASE
DOMINANTE
La persp ectiva et erna d el capitalismo tan c aracterística de la Escuela
Clásica de E conomía en Inglaterra, al i gual que de la Fisiocracia
155
en Francia, se
155
Según el econ omista y filósofo nazi OTHM AR SP ANN, el verd adero fundador de la economía como
ciencia siste mática es FRANÇOI S QUESNAY q uien, a la p ar, fue el creado r d el individualismo económico ,
al qu e calificó con el no mbre d e fisiocracia , o gobierno d e la n aturaleza. P artiendo de las concepciones
materialistas de su época, QUESNAY q uería que « lo s hecho s sociales y morales fuesen considerados tan
“naturales” como los físicos, y la s leyes qu e lo s dominan, como ley es n aturales», y además ent endió qu e la
persecución d el interés económico , o el d erecho del individuo « d e h acer su destino todo lo favorable
posible», generaba un orden n atural b asado en ley e s natu rales, en contraposición al hu ma no orden positivo .
Vid. : SPANN, O.: El sistema fisiocrático , en Historia d e las doctrin as económicas , Editorial Revista d e
Derecho P rivado, Madrid, 1934 , cap. VI, p. 61. P rimera p ubli cación: Die haupttheorien der
volkswirtschaftslehre auf dogmengeschichtlicher grundlage , Quelle & Meyer, L eipzig, 1916.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
96
fundamentó tanto en el «ca rácter impersonal y autom ático del orden econ ómico »
como en el « prejuicio co ntra la acción social consciente » , si guiendo a PAUL M.
SWEEZY (1942):
«L a loi naturelle d e los Fisiócratas, la “mano invisible” de Adam Smith, su
fe común en la sabidurí a del laissez-faire como política económica, todo
ello indi ca la profunda creencia en el carácter imp ersonal y automático del
orden económico. Este p rejuicio contr a la acción social consciente en los
asuntos económicos, que se d esarrolló en el si glo XV III , si guió siendo un
rasgo muy prominente de la ideología capitalista hasta hace muy poco» .
156
A diferencia d e la Economía M arxista, que pasó a contemplar a las
relaciones soc iales de producc ión bajo unas condiciones históricamente
determinada s, como ex plica SWEEZY (1976):
«L a e conomía ma rxista constitu y e a la vez una co ntinuación y una ruptura
con la economía política clásica inglesa (Adam Smith y David Ricardo).
Ambas escuelas tienen en común la teoría del va lor trabajo, se gún la cual
las mercanc í as tienden a intercambiarse en cantidades proporcionales al
tiempo de trabajo socialmente necesario in corporado en cada una de ellas.
El interés p rincipal de Marx, sin embargo, a dif erencia d e los clásicos, no
se centró en las propor ciones cuantitativas del intercambio sino en la s
relaciones so ciales r eales que subyacen en estos f enómenos del mercado y
quedan enmas carados por ellos. C omo ocurre en t odo su trabajo teórico, a
Marx le interesa penetrar bajo la superficie aparente de los hechos y
descubrir su es encia oculta a fin de poder analizarla. Es en este sentido que
rompió con sus predecesores y ef ectuó al gunas de sus más profundas y
originale s aportaciones a la ciencia social» .
157
KARL MARX (1843) especificó con claridad la misión de su tra bajo
intelectual:
« [ Mi tar ea] no consiste en la creación de utopí as, sino en la crítica de las
condiciones sociales y políticas existentes... e n la interpretación de las
luchas y aspiraciones de la época » .
158
Y en su interp retación de tales condiciones, MARX (1859) pudo apreciar
que la realidad social es el resultado d e un proceso histórico d e cambio
permanente, que siempr e aparece vinculado a un conjunto de relaciones de
156
SWEEZY, P. M. (1942 ): El problema del valor cua litativo , en Teoría del Desarrollo Capitalista , F ondo
de Cu ltura Económica, México, 9ª rei m pr., 1977, P rime ra parte: Valor y plu svalía, cap. II, p . 47. Primera
publicación: The th eory of cap italist development: p rinciples o f Marxian political econo my , Oxford
University Press, New York, 1942.
157
SWEEZY, P. M.: “Marxian Economics” , en Monthly Review , Volum e 2 8, Number 7, Decem ber 19 76.
158
M ARX, K. (1 843): Citado po r HARRY WELLIN GTON LAIDLER en A histo ry of so cialist thought ,
Thomas Y. Crowell Com p any, Nueva York, 1927, p. 155.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
97
propiedad determinado:
« … en la produ cción s ocial de su existencia, los hombres entr an en
relaciones det erminadas, necesarias, independien tes de su volunt ad; estas
relaciones de producción corresponden a un grado determinado de
desarrollo de las fuerza s productivas mate riales. El conjunto de estas
relaciones de producción constituye la estructura e conómica de la
sociedad, la base re al, so bre la cual s e el eva un a s uperestructura jurídica y
política y a la q u e corresponden formas so ciales determinadas de
concienc ia. El modo de producción d e la vida material condicion a el
proceso de vida social, política e int electual en general. No es la
concienc ia de los hombr es la que determina la re alidad; por el contrario , la
realidad soci al es la que determina su con ciencia. Durante el curso d e su
desarrollo, l as fu erzas productoras d e la sociedad entran en contradicción
con las relaciones de pr oducción existentes, o, lo cual no es más que su
expresión jurídica, con las relaciones de propie dad en cuyo interior se
habían movi do hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas
productivas que e ran, estas reacciones se convierten en trabas de estas
fuerzas. Entonces se abre una era de revolución social. El cambio que se
ha producido en la base económica trastorna más o menos lenta o
rápidamente toda l a colo sal super estructura. Al c onsiderar tales trastornos
importa siempre dist inguir entre el trastorno material de las condiciones
económicas de producción... y las formas jurídi cas, políticas, religiosas,
artísticas o filosóficas; en una pal abra, l as for mas ideológicas, bajo la s
cuales los hombres adquieren conciencia d e este conflicto y lo
resuelven» .
159
P or lo tanto, son las permanentes transfor maciones operadas en la
estructura econó mica -o conjunto de relaciones de produc ción- l as que
determinan el proceso d e vida soci al. Y el propio cambio del modelo de sociedad
no tiene lugar hasta que no ha y an sido aplic adas todas las fuerzas p roductoras
contenidas en la vieja sociedad, dando paso así a unas relaciones de producción
“nuevas y superiore s”:
« U na sociedad no desaparece nunca antes de que sean desarrolladas todas
las fuerzas productoras q ue pueda contener, y las relaciones de produ cción
nuevas y sup eriores no se sust itu y en jamás en ella antes de que las
condiciones materiales d e ex istencia de esas r elaciones han sido incubadas
en el seno mismo de la vieja socieda d » .
160
La acción trans formadora del hombre se considera determinante dentro de
159
MARX, K. (1859 ): Contribución a la crítica de la economía polític a , edit ado por AL BER TO CORAZÓN;
Comunicación, Madrid, 2ª ed., 19 78, Prefa cio, p . 42 -43. P rimera p ublicación : Zur kritik der poli tischen
oekonomie. 1 , Duncker, Berlin, 1859.
160
MARX, K.: Ibídem, p. 44.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
98
este proceso de cambio soc ial, de modo que la sociedad ahora no solo va a
cambiar por las dir ectrices que mar ca el orden natural . Siguiendo a MARX
(1869), los hombres pueden llegar a transformar a la sociedad y c ambiar su
historia, aunque sea dentro de unos márgenes estrechos:
«L o s hombres hac en su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio,
bajo circunstancias elegidas por ellos mi smos, sino bajo aquellas
circunstanc ias con que se encuentran directamente, que existen y les han
sido legadas por el pasad o. La tradición de todas l as generaciones muertas
oprime como un a p esadilla el cerebro de los vivos. Y cuando ésto s
apare ntan d edicarse p recisamente a tr ansformarse y a t ransformar las
cosas, a crear al go nunca vist o, en estas épocas de crisis revolucionaria es
precisame nte cuando conjuran temerosos en su auxil io los espíritus del
pasado, toman p restados sus nombres, sus consi gnas de guerra, su ropaje,
para, con este disfraz de vejez venerable y este len gua je p restado,
repre sentar la nueva escena de la historia universal » .
161
En su an álisis de la vid a económica y so cial c aracterística d e la sociedad
burguesa, MARX y ENGELS (1848) distinguen y aprecian un proceso d e
crec iente centralización económica y política . En la medida en que la burguesía
va con centrando la p ropiedad y los medios d e producción, a la par que v a
ag lomerando a la pobla ción, en el terreno soci al se v a plasmando un paralelo
régimen de centra li zación políti ca:
«L a burguesía va aglutinando cada vez más los medios de producción, la
propiedad y los habitant es del p aís. Agl omera l a población, centraliza los
medios de producc ión y conce ntra en manos de u nos cuantos la propieda d.
Este proceso tenía qu e condu cir, por fuerz a l ógica, a un r égimen d e
centralización políti ca. Territorios antes indep endientes, a penas aliados,
co n intere s es distintos, dist intas le ye s, gobier nos autónomos y líneas
aduaneras propias, s e as ocian y refunden en un a nación única, bajo un
Gobierno, una le y, un int erés nacional de c lase y una sola línea
aduanera» .
162
Y en cada « etapa de a vance» efectuada por la burg uesía, se ll ega a
alcanzar una « n ueva etapa de progreso político », tal como describen MARX y
ENGEL S (1848) al devenir histórico de la burguesía , desde su condición de
“clase oprimida” en el feudalismo, hasta el mome nto de conquistar l a heg emonía
política y crear el Estado representativo (que va a servir, fundamentalmente, a sus
propios intereses):
161
MARX, K. (1852): El dieciocho brumario de Luis Bonaparte , 2ª ed. (1 869), El Cid Ed itor, colec ción:
Carrascalejo d e la J ara, Santa Fe (Argentina), 2 004, cap. I, p. 17 -18. Primera pub licación: Der 18 te b rumaire
des Louis Bonaparte , en Die Revolution , New York, 1852.
162
MARX, K. y ENG E LS, F. (1848): Ma n ifiesto del Partido Comun ista , Fundación de Investiga cio nes
Marxistas, Madrid, 2013, p. 56.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
99
« A cada etapa d e avance recorrida por la bur gue sía corresponde una nu eva
etapa de pro greso político. Clase oprimida bajo el mando de los señ ores
feudales, la burguesía fo rma en la “comuna” una asociación autónoma y
armada para la defensa de sus intereses; en unos sitios se organiza e n
repúblicas municipale s independientes; en otros forma el tercer estado
tributario de las monarquías; en la épo ca d e la manufactura es el
contrapeso de la nobleza dentro de la monarquía feudal o absoluta y el
fundamento de las grandes monarquías en general, hasta que, por último,
implantada la gran industria y abiertos los cauces del mercado mundial, se
conquista l a h egemonía políti ca y crea el mod erno Estado representativo.
Hoy, el Poder público viene a ser, pura y sim plemente, el Consejo de
administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa » .
163
La propia existencia del Estado no es más que la forma de or ganización a
la que se someten los pr opios burgueses, como establece MARX (1845), con la
única finalidad de garantiz ar su propiedad y sus respectivos intereses individuales:
« M ediante la emancipación de la propie dad privada con respecto a la
comunidad [ Gemeinwesen ], el Estado cobra una exist encia propia junto a
la sociedad civil y al margen d e ella; pero no es ta mpoco más que la forma
de or ganización a qu e n ecesariamente se somet en los burgueses, tanto en
lo int erior como en lo exterior, para la mut ua garantía de su propiedad y de
sus intereses» .
164
El Estado aparece en escena, según la ex posición de SWEEZY (1942),
como el resultado de un a larga y dura luch a de clases ; y en el tr anscurso de la
cual, la clase dominante logra imponer se finalmente a las d emás clas es sociales,
estableciendo aquel conjunto de relaciones de propiedad que más le beneficia:
« Si preguntamos ahora de dónde viene el estad o, la respuesta es que el
estado es p roducto d e una larga y ardua lucha en la que la clase que o cupa
las posi ciones clave en el proc eso de produc ción de la época, consigue
prevalecer sobre sus riv ales y fo rma un estado que se encargará de h acer
efec tivo el conjunto de relaciones de p ropiedad favorables a sus intereses.
En otras palabras, cualquier estado particular es hijo de la clase o las clases
de la sociedad que se benefician del conjunto particular de relaciones de
propiedad que el estado t iene la obligación de hacer efectivo... Tan pronto
hemos a bandonado la suposición histórica mente insostenible de que la
estructura de clase de la sociedad es de algún m odo natural o se impone
por sí misma, es cla ro que a cualquier otro resultado le f altarían los
prerrequisitos de estabil idad. Si las clases p erjudicadas estuvie ran en
163
MARX, K. y ENG E LS, F. : Manifiesto d el Partido Comu nista , op. cit., p. 53.
164
M ARX, K. (1845): III.11. La a ctitud del Estado y del d erecho hac ia la p ropiedad , en Feu erbach , El Cid
Editor, colección: Carrascalejo d e la Jara, Santa Fe (Argentina), 2 004, p. 151 -152. Primera pub licación:
Thesen über Feuerbach , 1845.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
100
posesión del poder del estado, intentarían emplearlo para establecer un
orden social más favorable a sus propios intereses, en tanto que la división
del poder del estado entre las diversas clases sociales mer amente
trasladaría el terreno del conflicto al estado mismo » .
165
Además de reconocerse a l Estado como un instr umento al servicio de la
clase dominante , M ARX (1845) también c onsidera que todas la s demás
instituciones sociales se objetivan por medio del Estado, incluyendo a la ley y al
derecho :
« C omo el Estado es la forma bajo la que los individuos de la clase
dominante hacen v aler s us intereses comunes y en la que se condensa toda
la sociedad civil de la época, se si gue de aquí que todas las instit uciones
comunes se objetivan a través del Estado y ad quieren a través de él l a
forma política. De ahí la ilusión de que la ley se basa en la voluntad y,
además, en la volunt ad desgajada de su base real, en la voluntad libre . Y,
del mismo modo, se reduce el derecho, a su vez, a la ley»
166
.
Esta teoría política marx ista de la dominación de clase se dif erencia con
ni tid ez de otra teoría del Estado, basada en la m ediación entre las clases . S egún el
criterio de SW EEZY (1942) , en la p rimera e l Estado es utili zado como un
instrumento al servicio de l a clase dominante ; mientras que en la se gunda, lo
único que se pretende es resolver por su intervención aquellos conflictos que
puedan originar se entre las distintas clases sociales:
« E n oposición a la t eoría del estado que se basa en la mediación entre l a s
clases, tenemos aquí la idea sub y a cente de lo que ha sido llamado la teoría
de la dominación de clase. L a primera da por aceptada l a existencia de
cierta estructura de clase y v e en el estado una institución destinada a
conciliar los int ereses opuestos de las diversas clases; la últ ima, por otra
parte, reconoce que las clases son un producto del desarrollo histórico y ve
en el estado un inst rumento en manos de las clas es dominantes para h acer
efec tiva y garantiz ar la estabilidad de la estruc tur a de clase mi sma.
Es importante advertir que, en lo qu e con cierne a la socied ad capitalista,
la “dominación de clase” y la “protección de la propiedad privada” son
virtualmente expresiones homól oga s. P or consiguiente , cuando decimos
con Engels que el fin su perior del estado es l a protección de l a propiedad
privada, queremos decir también que el estado es un inst rumento de
165
S WEEZY, P . M.: El Estado , en Teo ría del desarrollo capitalista , op. cit., Cuarta parte: El Imperialismo,
cap. XIII, p. 268.
166
M ARX., K. (1 845): III.11. La a ctitud del Estado y d el derecho hacia la p ropiedad , en Feu erbach , op . cit.,
p. 153.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
101
dominación de clase» .
167
Sobre la base de las argumentaciones anteriores y a podemos establecer,
junto a GOUGH (19 79), cuál es « el elemento común » en las teorí as marx istas del
Estado:
« ¿ Cuál es la naturaleza del Estado en la sociedad capitalista? ¿ Es un
mecanismo neutra l p ara reconciliar los intereses en conflicto y p ara
repre sentar los « intereses comunes » de la nación, como la teoría política
pluralista dice? ¿O es, según la famosa frase del Manifiesto Comunista ,
« s olamente un comité que dirige los asuntos comunes de toda la
burguesía» ? El elemento común en todas las teorías marx istas del Estado,
que las distingue de toda s las otras teorías, es la s ubordinación del Estado
al modo de producción capitalista y a la clase o clases dominantes dentro
de ese modo. En otras palabra s, la clase económicamente domi nante es
también la clase políticamente dominante o clase gobernante ».
168
En relac ión con esta cl ase dominante , debe d estacarse qu e sus propias
ideas son las ideas domi na ntes en cada época; así como la circunstancia de que los
miembros del grupo social instalado en el poder tienen plena conciencia de este
hecho:
«L a s ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época;
o, dicho en otros t érminos, la cl ase qu e ejerce el p oder mat erial dominante
en la socieda d es, al mismo tiempo, su poder espirit ual dominante…
Los individuos que forman la clase dominante ti enen también, entre otras
cosas, la conciencia de ello y piensan a tono con ello; por eso, en cuanto
dominan como clase y en cuanto determinan todo el ámbito de una época
histórica, se comprende de su yo que lo ha gan en toda su extensión, y , por
tanto, entre otras cosas, también como pensadores, como productores de
ideas, que regulan la pro ducción y distribución de las ideas de su tiempo; y
que sus ideas sea n; por el lo mismo, las ideas dominantes de la é po ca »
169
.
Una de las principales c onsecuencias de la visión marxista del Estado
dentro del sis tema económico capitalista, tan pr openso a la inestabilidad y a las
fluctuaciones cíclicas, es que ahora se le impone al Estado la nueva función de ser
garante de los ben eficios capitalistas por dive rsos procedimientos, como destacó
ERNEST MANDEL (1964):
167
S WEEZY, P . M.: El Estado , en Teo ría del desarrollo capitalista , op. cit., Cuarta parte: El Imperialismo,
cap. XIII, p. 269.
168
GOUGH, I.: El Esta do y sus actividades del “b ienestar” , en Economía po lítica del Estado del Bienesta r ,
op. cit., cap. 3, p. 103.
169
MARX, K. (1 845): III.1. La clase d ominante y la conciencia d ominante. Cómo se h a fo rmado la
concepción hegeliana de la dominación del espíritu en la historia , en Feuerbach , op. cit., p. 84-85.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
102
« … en un sistema capitalista que, abandona do a su propio automatismo
económico, corre el riesgo de ir a un a rápida catástrofe, el Estado tiene que
hacerse garante de la ganancia capitalista , tiene que convertirse en
garante de las ganancias de l as c apas dominantes de la burguesía, de los
monopolios. Cumple esa func ión r educiendo la amplitud de las
fluctuaciones cíclicas. La cumple con órdenes de compra del Estado cada
vez más im portantes, milit ares o paramilitares. L o hace también con
técnicas ad hoc que aparecen, pre cisamente, en el contex to de la economía
concertada, como los “cuasicontratos” en Francia, que son ex plícitamente
garantías d e la ganancia, que intentan corregir c iertos desequilibr ios del
desarrollo, s ea entre las diversas regiones o entre las div ersas ramas
industriales » .
170
P ero con tale s procedimientos, destinados básicamente a garantizar la s
ga nancias a los capitalis tas, lo que en realidad se está ejecutando de una forma
implícita, es una redistribución de la renta nacional que resulta favorable a los
grupos monopolistas inst alados en el poder -en detrimento de los demás grupos
sociales-, además de servir de estímulo a la mejora de la ta sa global de beneficios:
« E sta garantía estatal de la ganancia, como toda s las técnicas anticíclic as
verdaderamente eficac es en el régimen capitalis ta, representa en último
análisis una redistribución del ingreso nacion al en beneficio de los grupos
monopolistas dirigentes. El Estado la efectúa m ediante la dist ribución d e
subsidios, la reducción de im puestos, la concesión de c réditos con baj o
interés, técnicas que en última instancia conducen a una elevación de la
tasa de ganancia, cosa que, en una economía capitalista que funciona
normalmente, sobr e todo en una f ase de expansión a la rgo plazo, estimula
evidentemente las invers iones y ti ene la influencia prevista por los autores
de esos planes» .
171
P or otra parte, e l resultado final del proceso económico de centralización
de los medios de producción, cuando el régimen capitalista está madur o, es el
monopolio del capital , carac terizado por una nue va forma de ex propiación: ahora
y a no se trata de expropiar al trabajador, sino a otros capitalistas.
De form a sintética, KARL MARX (1867) se refirió a la ex propiación de l
trabajador dentro del sistema capitalista en los siguientes términos:
« … el régimen capitalista de producción y acumulación, y, por tanto, la
propiedad privada capitalista, exigen la destrucción de la propiedad
privada nacida d el pr opio trabajo, es de cir, la expropiación del
170
M ANDEL, E. (196 4): El n eocapitalismo , en In troducción a la Teoría económica marxista , Ediciones Era,
México, 3ª e d., 1 976, cap. III, p. 1 11.
171
MANDEL, E.: Ibídem, p. 112.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
103
trabajador » .
172
Y cuando MARX (1867) se refiere al ult erior pr oceso de « centr alización
del capital » , en donde m uchos capitalistas son expropiados por unos pocos, indica
un conjunto de conse cuencias, en tre las que se encuentran su visión anticipada de
la globalización capitalista ( « l a absorción de todos los países por la red del
mercado mundial » ) , así como el propio carácter internacional del régimen
capitalista :
« … u na vez que el régimen capitalista de produ cción se mueve y a por sus
propios medios,... la mar cha ulterior de la expropiación de los propietarios
privados, cobra una nue va forma . Ahora, ya no se trata de expropiar al
trabajador ind ependiente, sino de expropiar al capitalista explotador de
numerosos trabajadores.
Esta expropiación la lleva a cabo el juego de las leyes inmanentes de la
propia producc ión capitalista, la centralización de los capitales . Cada
capitalista desplaza a otr os muchos. Paralelamente con esta centralización
del capital o expropiación de muchos capitalistas por unos pocos , se
desarrolla en una escala cada vez mayor la forma cooperativa del proceso
de trabajo, la aplicación técnica consci ente d e l a ciencia, la explot ación
sistemática y orga nizada de la tierra, la transfor mación de los medios de
trabajo en medios d e tr abajo utiliz ables sólo colectivamente, la economía
de todos los medios de produc ción al ser empleados c omo medios de
producción de un tr abajo combinado, social, la absorción de todos los
países por la red del mercado mundial y, como consecuencia de esto, el
carácter interna cional del régimen c apitalista. Conforme disminu y e
progresivamente el nú mero de magnates capitalistas que usurpan y
monopolizan este proceso de transformación, crece la masa de la miseria,
de la opresión, del esclaviz amiento, de la degeneración, de la ex plotación;
pero crece también la r ebeldía de la cl ase obrera, cada vez más numeros a y
más discipl inada, más unida y más organizada por el mecanismo del
mismo proceso capitalista de producción. El m onopolio del capital s e
convierte en grillete del régimen de produ cción que ha c recido con él y
bajo él. La centralización de los medios de producción y la socializ ación
del trabajo llegan a un punto en que se hacen inco mpatibl es con su
envoltura capitalista. Ésta salta hecha añicos. Ha sonado la hora final de la
propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados » .
173
172
M ARX, K. (1867 ): La moderna teoría d e la colonización , en El cap ital. Crítica de la economía política ,
Fondo de Cultura Económica, México, 2 ª ed., 14 ª reimpr., 1 979, tomo I, libro p rime ro, secció n V II, cap.
XXV, p. 658.
173
MARX, K.: L a llamada acumulación o riginaria , en El capital. Crítica d e la economía política , op. cit.,
tomo I, libro prime ro, sección V II, cap. XXIV, p. 648-649.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
104
Volviendo al terreno polí tico y soci al, y s iguien do la doctrina marxista,
¿cuál sería el prime r deber del Estado en las sociedades capitalistas?
Este deber priorita rio es la protección de l a propiedad priv ada capitalista ,
según la opinión de SWEEZY (1942), al garantizarse así la domina ción de los
propietarios frente a los no propietarios; además de ser el factor que fija c on más
claridad la actitud del marxismo ante el Estado:
«L a propiedad privada capitalista no consiste en cosas -las cosas existen
independientemente d e la propiedad- sino en una relación social entre los
hombres. La propiedad l ibera del trabajo a sus poseedores y les permite
disponer del trabajo de otros, y ésta es la esencia de toda dominación
social sea cual fuere l a forma que asuma. S e sigue de esto que la
protección de la propied ad privada es fundament almente la garantía de la
dominación social de los propietarios sobre los no propietarios. Y es
precisame nte esto, a su vez, lo que se entiende por domi nación de clase ,
cuy o sostenimiento es la función primordial del estado.
La admisión de que la defensa d e la propied ad privada es el primer deber
del estado, es el factor decisivo par a determinar l a actitud del so cialismo
marxista auténtico frente al estado. “ La teoría de los comunistas -
escribieron M arx y Engels en el Manifiesto Comunista- puede resumirs e
en esta sola frase: abolición de la propiedad priva da.” Puesto que el estado
es ante todo el protector de la propiedad privada, resulta que no es posi ble
realizar ese propósito sin un choque frontal entre l as fuerzas del sociali smo
y el poder del estado » .
174
P ero adem ás de g arantizarse la estabilidad soci al mediante esa labor d e
protección permanente d el sis tema de relaciones de propiedad, el Estado t ambién
desempeña otr as funciones relevantes, desde un a perspectiva económica. En este
punto, SW EEZY (1942) resume los principios que sustentan el empleo del Estado
como instrumento económico, en el marco del sistema ca pitalista:
« E n p rimer lugar, el est ado entra en acción en l a esfera económica p ara
resolver p roblemas pla nteados por el d esarrollo del capitalismo. En
segundo lu gar, cuando se afectan los intereses de la clase capitalista, hay
una fuerte predisposició n a usar libremente el poder del estado. Y por
último, se puede usar al estado para ha cer concesiones a la clase obrera,
siempre que las consecuencias de no hacerlo así sean suficientemente
peligrosas para la estabilidad y el funcionamiento del sistema como un
todo » .
175
En relación con el control del poder políti co del Estado, MARX (1845)
174
S WEEZY, P . M.: El Estado , en Teo ría del desarrollo capitalista , op. cit., Cuarta parte: El Imperialismo,
cap. XIII, p. 269- 270.
175
SWEEZY, P. M.: Ibí dem, p. 275.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
111
A esta « “democracia” del mercad o» , que solo admite un modo de
garantizar la obtención d e riqueza a sus participantes -siguiendo el planteamiento
de VON MISES (1962)- le cor responde en cons onancia, en el plano pol ítico, el
« s istema de gobierno representativo » :
« E l tan criticado me canismo del libre mercado sólo deja abierto un c amino
para la adquisición de la riqueza, a saber, t ener éx ito en el servicio a los
consumidores, prestado de la mejor manera posible y más barata. A esta
“democracia” del mercado corresponde , en el á mbito de la gestión de los
asuntos de Estado, el sistema de l gobierno repr esentativo » .
187
En su sólida def ensa d el ideal del mercado libre, RÖPKE (1942 ) subra ya
el relevante papel de la « competencia sin mixtificaciones » , qu e mide el éx ito
económico de cada cual en igualdad de condiciones , dentro de una « noble lucha
comercial », por « la prestación al consumidor ( co mpetencia de prestaciones )» .
188
Por lo tanto, en la visión neoc lásica no c abe autorización a cualquier
interferencia gubernamental en las condiciones naturales del mercado, en las que
operarían libremente tant o los consumidores, como los productores y e mpr esarios.
Y en esta línea, n i mucho menos se llega a imaginar la posibilidad del
diseño y aplicación d e una política social consciente, al con cebirse que la
felicidad humana no es un fin que pueda lograrse mediante un apo y o desde fuera,
o por medio de regulaciones externas, se gún la ex posición de VON M I SES
(1927); sino desde el interior de los individuos, desde lo más rec óndito de su ser:
«L a política social, con t odos los medios que están a su disposición, puede
hacer que los hombres se an ricos o pobres, p ero n unca podrá tener éxit o en
hacerlos felices, o en la satisfacción de sus anhelos más íntimos. Aquí
fallan todos los ex pedien tes ex ternos. Todo lo que la política social puede
hacer es eliminar las causas exteriores de dolor y el sufrimiento; puede
promover un sistema qu e alimente a los hambrientos, vist a al desnudo, y
albergue a los sin te cho. La felicidad y la al egría no dependen d e lo s
alimentos, la ropa y la vivienda, sino, sobr e to do, de lo que el hombre
valora dentro d e sí mismo. No es de un despr ecio de los bienes espirituales
que las preocupaciones del liberalismo se ocupen ex clusivamente del
bienestar mat erial del ho mbre, sino de l a convicción de que lo qu e es más
elevado y más profundo en el hombre no puede ser tocado por cualquier
regulac ión externa. S u objetivo es producir solamente el bienestar ex terno
porque sabe que las rique zas espirituales interiores no pueden venir al
187
VON MISES, L. (1962): Liberalism. The Classical tradition , op. cit., Preface to the english -la nguag e
edition , p. xiii.
188
RÖP KE, W. (1942): Punto s de ataqu e y ejemplos , en La crisis social de nuestro tiempo , Biblioteca d e la
Ciencia Econó mica , M adrid, 2ª e d., 1956, Segunda p arte: Acción, cap. III, p. 293. Primera p ublicación : Die
gesellschaftskrisis der gegenwart , Eugen Rentsch Verlag, Erlenbach - Zrich, 1942.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
112
hombre desde fuera, sino desde de ntro d e su propio corazón » .
189
Un complejo desarrollo lógico- formal se en cargó de demostrar que, bajo
ciertas condiciones
190
restrictivas, la solución asignativa proporcionada por el
mercado de competencia perfecta sería la de máxima eficiencia.
El economista instit ucionalista e hist oriador estadounidense DOUG LASS
C. NORTH
191
(1994), sint etiza esta problemática, al indicar que dicha sol ución
requiere que los « c ostes de transacción » sean nulos o i rreleva ntes:
« E l resultado neoclásico de mercados eficientes s ólo se obtiene cuando no
hay costes d e tr ansacción. Solamente bajo condi ciones de negociación si n
costes alcanzarán los act ores la solución que ma x imiza la renta agregada,
con independe ncia de cu áles sean los arreg los ins titucionales » .
192
Una cuestión mu y diferente es lo que sucede en e l mundo real, en donde sí
resulta mu y costoso ne goc iar.
193
En este caso, y como observa NORTH, la s
instituciones que gobiernan la conducta human a y social adquieren u na gran
relevancia, al definir la estructura de los incenti vos sociales y económicos en la
que opera n los individuo s:
«L a s instit uciones son las obligaciones concebidas por el hombre que
189
V ON MISES, L. (1927): Introduction. 2 Material welfa re , en Liberalism. The Classical tradition , op. cit.,
p. xx.
190
Las p rincipales h ipótesis relativas a la estructu ra del merca do de comp etencia p erfecta , que determ in an
que los intercambios se celebren sin costes d e negociación o transacción, son las siguientes: lib re
concurrencia , d e modo q ue tod os los participantes en el me rcado a ctúan como precio-acepta ntes , al no pod er
influir ninguno de ellos en la determinación de su precio de equ ilibrio; h omogeneidad d el p roducto , de forma
que no habría motivo alguno para elegir entre la o ferta de los numerosos vendedores (al ten er to dos sus
productos la misma c alidad), salvo en el p recio; información p er fecta , de modo que to dos los participan tes
conocen d e una forma in stantánea y gratuita to dos lo s acontecimientos relacionado s con el mercado : no solo
en el pasado y en el presente, sino también en el futuro ; movilidad perfecta , lo que p erm ite la libre entrada y
salida de tod os los p articipantes en el mercado (lo que implica que el b eneficio a l argo p lazo del c ompetidor
perfec to sea nulo , de modo que en tal caso, el p recio se corresponde con el valor , o coste unitario); y a usencia
de b arreras al li bre funcionamiento del mercado, lo que determina que nin gún individuo o grupo participante
pueda establecer p autas de co mportamiento q ue alteren d e ma nera arti ficial la no rmal diná mica de
funcionamiento del merca do (tal com o sucede con las conductas colusorias , tan características de los
oligopolios), ni tampoco existen perturb aciones institucion ales. Por o tro lado, y d entro d el contexto general
del individualismo metodológico q ue caracteriza al modelo n eoclásico, los supuestos d e comportam iento de
los partici p antes en este m ercado de competencia p erfec ta so n: la racionalidad económica, la conducta
egoísta , y la estrategia maximizadora .
191
DOU GLA S S C. NOR TH e s Premio No bel en Ciencias Econ ómicas 1 993 , junto a ROBERT W. FOGEL,
« por haber reno vado la investigación de la h istoria económica , aplicand o la teoría económ ica y los mé to do s
cuantitativos para explicar el cambio económico e institucional » .
Enlace we b : htt p://www .nob elprize.org/nobel_prizes/econom ic-sci ences/laureates/1993/
192
NORTH, D. C.: “Economic perfo rmance through time” , en The American Economic Review , vol. 84,
issue 3, June 1994, p. 359.
193
En este m ismo artículo se re fiere que, en u n estudio empírico realizado por JOHN J. WAL LIS y
DOUGLA S S C. NOR TH (1986), se dem o stró qu e, en 1970, el 45% del PNB de Estados Unidos fue d estinado
al sector de las transacciones.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
113
estructuran la interacción humana. Abarcan tanto a las obli gac ione s
formales (por ejemplo, reglas, le ye s, constituciones) como informale s
(p.e., normas de comportamiento, convenciones, códigos de conducta
autoimpuestos), y a su s respectivas características de cumplimiento.
Conjuntamente definen la estructura de incentivos de las sociedades y,
específicamente, de l as economías.
La s instituciones y la tecnología uti lizada determinan los costes d e
transacción y de transformación que se suman a los costes de producción.
Fue Ronald C oase (196 0) quien estableció la c onexión b ásica entre las
instituciones, los costes de transacción, y la teoría neoclásica ».
194
Otra noción central del ideal neoclásico es el concepto de óptimo de
Pareto , definido por el economista y filósofo indio AMARTYA K. SEN
195
(1993), referente de la N ueva Economía del Bienestar , del siguiente modo:
« U n estado se define como eficiente según Pareto si es el caso de que,
comparado con él, no se puede aumentar la utilidad de nadie sin reducir la
utilidad de los demás » .
196
Este conc epto de óptim o de Par eto planteó la posibili dad de vincular al
nivel de producto ideal o eficiente generado por la solución competitiva , con el
estado dist ributivo de la renta. La concepción genera lm ente consolidada en la
doctrina neoc lásica defend ía que la c ompetencia perfecta conduc ía directamente al
máximo de satisfacción o utilidad social , tal y como sost uvo VILFREDO
PARETO, que fue doctor en ingeniería, soci ólogo y destacado economi sta
neoclásico (además de senador vitalicio en I tali a, designado por el dictador
BENI TO MUSSO LINI ), y qu e relevó en 1893 a LÉON WALRAS en su puesto de
profesor de Economía Política en Lausa na.
No obstante, otros dos grandes maestros de la Escuela N eoclásica,
ALFRED MARS HALL y KN UT W I CKSELL, c onsideraron la posible existencia
de múlti ples pos iciones de equilibrio, de modo que según su crite rio solo se
alcanzaría una situación óptima cuando el estado distribu tivo resultara ser el
adecuado.
194
NORTH, D. C.: “Economic performance through time” , op. cit., p. 359.
195
AMARTYA K. SEN es P remio Nobel en Ciencias Econó mica s 1 998 « por su s contribuciones a la
Economía del Bienestar » .
Enlace we b: h ttp://www.nobelprize.org/nobel_prizes/econom ic- sciences/laureates/1998 /
196
SEN, A . K. ( 1993 ): Mercados y libertades. Logros y l imitaciones del mecanismo de mercado en el
fomento de la s libertades individuales , en Bienestar, justicia y mercado , Paidós, I. C.E. d e la Universidad
Autónoma de B arcelona, Barcelona, 1997, p. 126. Primera publi cación: “Markets and freedoms:
Achievements a nd limitations o f the market me chanism in promoting individual freedoms” , e n Oxford
Economic Papers , 45, 1993, p. 519-541 , Oxf ord University Press.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
114
En palabras de PAU L A. SAMUELSON
197
(1947), creador de la S íntesis
Neoclásica :
« M ientras que Wicksell y Marshall consideraban que la competencia
constituiría una situación óptima si la dist ribución de los ingresos fuera
apropiada, Pareto – asumi endo una posición más firme – sostiene que la
competencia produce un maximun d’utilit collective , independientement e
de la distribución del ingreso e inclusi ve de la verdad, si no se consideran
comparables las utilidades de dif erentes individuos . Una posición óptima
en este sentido se define por el requisito de que no debería existir ninguna
variación o movimiento su sceptible de mejorar la situación de cada
uno » .
198
En este sentido, l a principal objeción de ambos ma es tros era que,
considerando la dist ribución ex istente de riqueza y capacidad, el pro ceso de
imputación de rentas operado dentro del marco de la competencia perfecta solía
dar lu gar « a grandes desi gualdades en la dist ribución personal de la renta », como
subraya SAMUE LSON. Y finalmente, los dos te rminaron por reconoc er q ue, bajo
tales circunstancias, « c ualquier intervención ( à la Robin Hood) en la competencia
perfecta qu e tienda a transferir ingresos de los ricos a los pobres sería
ventajosa» .
199
A propósito de W I C KSE LL : este maestro de la Escuel a de Esto colmo
también reconoc ió que t odo argumento favorable a la libre competencia descansa
en un supuesto tácito escasamente realista:
« C omo cuestión de hecho, todo arg um ento en favor de la libre
competencia se b asa sobre un supuesto tác ito que, sin embargo,
corre sponde po co a la realidad, y es el de que de sde el p rincipio todos los
hombres son iguales. Si fuera así, cada cual tendría la misma capacidad de
trabajo, la misma educación y , sobre todo, los mismos activos económicos,
y entonces podría decirs e mucho [a] favor de la libre competencia; cada
persona tendr ía que culparse sólo a sí misma, si no tuviera éxito.
Pero si todos los caracteres y situaciones son desiguales básicamente, si
algunas person as no ven una carta, mi entras otras las reciben buenas desde
el principio, la libre competencia no h aría n ada por evitar qu e las primeras
197
P AUL A. S AMUELSON es P remio No bel en Ciencias Económicas 1970 « po r el trabajo científico que le
ha permitido desarrollar la teoría econó mica estática y din ám ica y contribuir activamente a elevar el n ivel del
análisis en la ciencia económica ».
Enlace we b: h ttp://www.nobelprize.org/nobel_prizes/econom ic- sciences/laureates/1970 /
198
SAMUELSON, P. A. (19 47): Econ omía del bienestar , en Fundamentos del análisis económico , El
Ateneo, Bu enos Aires, 3 ª ed., 1 971, Prim era p arte, cap. V III, p. 218. P rimera pu blicación: Foundations o f
economic analysis , Harvard University Press, Cambridge (Massac h usetts), 1947.
199
SAMUELSON, P. A.: Ibídem, p. 212.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
115
pierdan el resto mientras las últimas ganan todas las partidas» .
200
Por lo tanto, si se considera que la distribución de la renta está dada
201
; y
se acepta también como válido el post ulado neoclásico de que « e l mundo marcha
por sí mismo » , esto es, que la libre competencia garantiza una asignación eficiente
de los recursos económicos, la conclusión política -siguiendo a NEU MARK
(1961)- resultaría e vidente:
« … el Estado, tanto en su política de gastos como en la de obtención de
recursos, deberá abstenerse de adoptar todas aquellas medidas (aranceles
proteccionistas, subvenciones, ga stos sociales, etc .) que tengan por objeto,
siquiera posible, desviar al mecanismo e conómico privado d e su curso
natural » .
202
Dicha conclusión nos ll eva directamente a plante arnos la cuestión de si la
anarquía sería el ideal de organización política para todo individualista. Para
JAMES M. BUCHANAN
203
(1975), maestro de la Escuela de Vir ginia, también
conocida como Public Choice School , el patrón tal vez podría aproximarse algo
más al de una « a narquía ordenada » :
« E l individualista... d ebe reconocer... qu e la anarquía perm anece tolerable
solo en la medid a en que se genere un nivel aceptable de orden. La guerra
anarquista de cada uno contra todos los demás, donde la vida humana
fuera desa gra d able, brutal y breve, será domi nada por el orden que el
soberano pue da imponer.
Un punto adicional debe realizarse en esta discusión introductoria de la
anarquía ordenada... ¿ Cuáles son las cara cterísticas morales de los
resultados que s e produzcan a través de las interac ciones personales
voluntarias, en ausencia de normas formalizadas? ¿Cuáles son aquí los
resultados “buenos” y “malos”? La respuesta es simple, pero
extremadamente importante. Es “bueno” aqu ello que “tienda a emerger”
200
WICKSELL, K. (1851 – 1 926): Según TORSTEN GÅRDLUND, en The life of Knut Wickse ll , Almqv ist
och Wicksell, Esto colmo, 1 958, p. 208 -209. Citado po r WILL I AM J. BARBER en Historia del pensamiento
económico , Alianza, Madrid, 9ª reimpr., 1985, p. 198.
201
Co mo manifiesta GEORGE J. S TIGLER, econo mista re ferente d e la Escuela de Ch icago, el id eal
neoclásico «considera dada la distrib ución d e la ren ta, y si esta d istribución no es satis facto ria para u na
persona, ésta puede aceptar como id eal sólo el equilibrio competitivo q ue rija con una distribución deseable
de la renta». Vid . STIGLER, G. J.: Teoría gen eral de los precios competiti vos , en La teoría de los p recios ,
Editorial Revista de Derecho P rivado, Madrid, 1968, cap. X , p. 220. Primera publicación: The th eory of price ,
Macmillan Press, New Yo rk, 1946.
202
NEUMARK, F.: Princip ios y cla ses de gestión fi nanciera y p resupuestaria: Los prin cipios d e la polí tica
financiera liberal clásica , en Problemas económicos y financieros del estado intervencionista , op. cit., P arte
segunda, epígrafe II, p. 160.
203
JA MES M. BUCHANAN Jr. es Premio Nobel en Ciencias Económ icas 198 6 «por su desarrollo d e las
bases contractuales y const itucionales para la teoría de la toma de decisiones económicas y políti cas» .
Enlace we b: h ttp://www.nobelprize.org/nobel_prizes/econom ic- sciences/laureates/1986 /
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
116
de las libres elecc iones de los individuos que estén involucrados... dentro
de las condiciones mínimamente re queridas de tolera ncia mutua y
respeto..., sin necesidad de prec isar su contenido descriptivo » .
204
Como consecue ncia, p arece ser que la clave central de la cuestión está en
cómo garantizar el orden dentro d e una sociedad l ibre, porqu e la pl ena libertad no
garantiza en todo caso el logro de unos resultados positivos o favorables. En
palabras de BUCHANAN (1996):
« Si dejamos al hombre completamente li bre, no buscará sólo el bien, la
verdad y la belleza. No podemos eludir tan li geramente nu estra
responsabilidad pe rsonal respecto al orden de l a sociedad. La so ciedad
libre en que va ldrá la pen a vivir debe construirse constitucionalmente ».
205
En este punto, debemos remarcar que el liber alismo económico -que
permanece siempre latente en el t rasfondo del modelo neocl ásico- no se ría f actible
en ausencia de int ervención pública, siguiendo al filósofo austríaco neoli beral y
especialista en la metodología de la ci encia, K AR L R. POPPER (1945 ) , quien
entiende que la presencia del Estado resulta i mprescindible para g ara ntizar la
libertad de los individuos:
« E l liberalismo y la int ervención estatal no s e excluyen mutuamente. Por
el contrario, claramente se advierte que no ha y l ibertad posi ble si no se
halla gara ntizada por el estado » .
206
P or otra parte , también compartimos con POPPER (1945) l a enseñanza
derivada de su « p aradoja de la li bertad » , qu e establece que la libertad il imitada
« s e anula a sí misma » , siendo esta una poderosa razón para qu e el Estado tenga
que intervenir:
« C onsidero que no puede ponerse en tela d e juicio la injusticia e
inhumanidad del “sistema capitalista” sin trabas que nos describe Marx;
pero ello puede int erpretarse en función de lo que llamamos... la “paradoja
de la libertad”... [La] libertad, si es ilimitada, se anula a sí misma. L a
libertad il imitada significa que un individuo vigoroso es li bre de asaltar a
otro débil y de p rivarlo de su libertad. Es pre cisamente por esta razón qu e
exigimos que el estado li mite la libertad hasta cier to punto, de modo que la
libertad de todos esté proteg ida por la le y. Nadie quedará, así, a merced de
204
BUCHANAN , J. M.: Commencement , en T he limits of liberty. Between a narchy and L eviathan , The
University of Chicag o P ress, Chicag o (Illinois), 1975, cap. 1, p. 5 - 6.
205
BUCHANAN, J. M . (1996): La moralidad del capitalismo , Comentario a La ética del cap italismo / Peter
Koslowski , Rialp, Madrid, 1997, p. 103. Primera publicación: “ The morality o f capitalism: Comment on Peter
Koslowski , The ethics of capitalism”, en Eth ics of cap italism; and, Criti que of sociobiology: two essays with
a comment by James M. Buchanan , Springer-Verlag, Berlin; New York; 1996.
206
P OPPER, K. R. (1945): La justicia totalitaria , en La sociedad abierta y sus enemigos , P aidós, Barc elona,
6ª reimpr., 19 94, P arte I: El influjo de Platón, cap. 6 , p . 116. P rimera pu blicación: The open society a nd its
enemies , G . Routl edge & Sons, Ltd., Lo ndon, 1945.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
117
otros, sino que todos tendrán derecho a ser protegidos por el estado» .
207
En su virtud, la libertad no puede resultar inco mpatible con cierto grado
de intervencionismo , sob re todo en aquellas situac iones en que resulte nece saria la
protección del Estado frente al empleo injusto de toda clase de poder en genera l ; y
del poderío ec onómico e n particular.
De esta manera, POPP ER (1945) se desmarc a completamente del
principio de la no intervención en un « s istema del capitalismo sin trabas», al
entender que incluso en el caso de qu e el Estado llegara a sup rimir la vi olencia
física y a garantizar efectivamente la protección d e la propiedad, aún s ería factible
el caso de que una po derosa minorí a económica pudiese explot ar , de forma
continua, a una may oría económicamente débil:
« A mi juicio, estas considerac iones, destinadas originalmente a aplicarse a
la esfera de la fuerza bruta o de la intimidación física, deben aplicarse
también a la económica. Aun cuando el estado pr oteja a sus ciudadanos de
ser atropellados po r la vi olencia física (como o curre, en p rincipio, bajo el
sistema del capitalismo s in trabas), puede burl ar n uestros fines al no lograr
protegerlos del empleo injusto del poderío económico. En un estado tal,
los ciudadanos económicamente fuertes son libres todavía de atropellar a
los económicamente débiles y de robarles su libertad. En estas
circunstanc ias, la li bertad económica ilimit ada puede resultar tan injusta
como la libertad física ilimitada, pudiendo llegar a ser el poderío
económico casi tan peligroso como la violencia física, pues aqu ellos que
poseen un excedente d e alimentos pued en obl igar a aqu ellos qu e se
mueren de hambre a aceptar “libremente” la servidumbre, sin necesidad de
usar la violencia. Y sup oniendo que el estado li mite sus actividades a l a
supresión de la violencia ( y a la protección de la propiedad) segui rá siend o
posible que una min oría económicamente fuerte explot e a la ma y oría d e
los económicamente débiles ».
208
Consi derando este planteamiento como acertado, POPPER indica a
continuación que se prec isa de un proc edimiento político frente a l a r esolución de
tales situaciones:
« D eberá ser un remedio polí tico , semejante al que usamos contra la
violencia físic a. Y consistirá en crear instit uciones sociales, im puestas por
el poder del estado, pa ra proteger a los económicamente débiles de lo s
económicamente fuert es. El estado deberá vigilar, pues, que nadie se v ea
forzado a c elebrar un c ontrato desfavorable por miedo al hambre o a la
ruina económica.
207
P OPPER, K. R.: El sistema ju rídico y so cial , en La sociedad abierta y sus enemigos , op. cit., P arte II: La
pleamar de la profecía, cap. 17, p. 305.
208
POPPER, K. R.: Ibídem, p. 305 -306.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
118
Claro está que eso si gnifica que el principio d e la no int ervención, del
sistema económico sin trabas, debe ser ab andonado; si querem os la
libertad de ser salvaguardados, entonces deberemos exigir que la política
de la libertad ec onómi ca ilimitada sea sustituida por l a intervención
económica r eguladora del estado. Deberemos exigir que el capitalismo sin
trabas dé lugar al intervencionismo económic o ».
209
De he cho, este poderío económico asociado a un a gran desi gualdad en la
distribución de la riqueza es una de las razones fundamentales por las que el
liberalismo económico «en el sentido negativo de laissez faire extremo » es
imposible , según el criterio de KNIGHT (1934) ; por invalidar se así no solo la
defensa ética de la li bertad , sino las propias bas es para una competencia efectiva
en el mercado:
« … la riqueza puede ser utiliz ada para conseguir más riqueza, porque
cuanta más tiene alguien, ma yor es su ventaja en la lucha por conse guir
aún más. En consecuencia, bajo la libertad individualis ta, y dado qu e los
hombres codician la ri queza, por la razón que sea, la utiliz arán para
conseguir más, provocando un aumento acumulativo de la de sigualdad. D e
ello se siguen natur almente otras dos consecue nc ias: a) cuando ex iste una
gran desi gualdad en la dist ribución de la riqueza entre los individuos, las
defensa s éticas de la libe rtad pierden su v alidez, y b) el sistema automático
de control (la competencia en el mercado) s e derrumba, porqu e la
competencia exige un gran número de unidades, todas ellas de poca
magnitud» .
210
En esta misma línea , KN IGHT (1934) t ambién co nsidera qu e el problema
práctico de l a or ganización económica es « d e carácter político » , de tal mo do que
el Estado ha de ser c apaz de gara ntizar el ord en, y prote ger tanto a la propiedad
privada, como a los individuos económicamente débiles frente a un uso inj usto del
poder económico, como hemos advertido . Pero también debería encargarse ahora,
mediante el respaldo de unas « normas del mercado » , de hacer efectiva la regla de
la competenc ia :
«L a s p alabras política y gobierno se refieren al mecanismo mediante el
que un grupo social a ctúa como unidad, por el que fo rmula y lleva a cabo
una política común, posi tiva o negativa. Los cambios políticos impli cados
en el proc eso histórico de re aliz ación del ideal e conómico de libertad
individual, con las fuerzas “automáticas” de la co mpetencia en el mercado
como mecanismo de una cooperación ordenada fueron en su ma y oría
negativos. Consi stieron en reducir las funciones del gobierno; pe ro no d e
209
P OPPER, K. R.: El sistema ju rídico y so cial , en La sociedad abierta y sus enemigos , op. cit., P arte II: La
pleamar de la profecía, cap. 17, p. 306.
210
KNIGHT, F. H.: Teoría econ ómica y nacionalismo (Prime ra p arte: El individualismo econ ómico. Teoría
económica y realidad ), en La ética de la sociedad competitiva , op. cit., ensay o 10, p. 294.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
119
una manera absoluta. Un sis tema económico basado en el mercado “libre”
debe, incluso en su fase de plenitud, operar en un marco de ord en polí tico,
capaz de proteger la prop iedad y respaldar las normas del merca do » .
211
De esta forma el Estado ti ene que emplea r, dentr o del sistema capitalista,
unos medios peculiares pa ra m antener tanto la libertad del mer cado como la
competencia , que constitu y en unos delicados productos artificiales según el
criterio de RÖPKE (1942); forjando para ello la defensa de la competencia y la
lucha permanente contra los monopolios mediante el establecimiento de un a
activa « p olicía de mercado » :
« E l mercado libre y la competencia de prestacion es no nacen, sin embargo,
como afirmaba la filosofía del laissez-faire del li beralismo hist órico, po r
ge neración espont ánea, como fruto del comportamiento absolutamente
pasivo del Estado; no s on, en modo algu no, un sorprendente resultad o
positivo de una política económica negativa. Por el contrario, son
productos artificiales e xtraordinariamente frágiles, mu y condicion ados,
que presupon en no s olamente la ex istencia de una elev ada ética
económica, sino también de un Estado que vele continuamente por el
mantenimiento de la libertad del mercado y la competencia, por medio de
la legislación, la administración, la jurisprud encia, la polí tica financiera y
su tutela moral y espiritu al, así como creando el n ecesario ma r co jurídico e
institucional, dictando las reg las a que ha de ajus tarse la lucha económica
y vigilando su cumplimiento con insobornable e imparcial firmeza.
También en la vida económica ri ge el principio de que la libertad no es
posible sin disciplina, y s i deseamos un mercado libre de verdad, tanto más
rígido y sóli do habrá de s er el mar co de condiciones, reglas e instituciones.
Laissez-faire , sí, pero dentro de ese marco trazad o por una ininterrumpida
y consciente policía d e mercado, en el más amplio sent ido de esta palabr a.
Por lo tanto, la libertad de mercado exige precisamente la más vigilante y
activa política económica, si bien ésta ha d e tener plena con ciencia de
este objetivo y d e las l imitaciones en su campo de acción que de él
resultan, sin rebasar los límites trazados a todo intervencionismo
conforme » .
212
Estas son, en esencia, la s funciones básicas del Estado dentro del sistema
de economía de mercado, desde la perspec ti va d el ideal neoclásic o.
Funciones qu e son mu y importantes incluso desd e la propia perspectiva de
la eficiencia , como sostiene XAVIER SA LA i M ART ÍN (2002), quien incorpora -
junto a los demás argumentos a favor de l a actua ción del gobier no- a la provisión
211
KNIGHT, F. H.: Teoría econ ómica y nacionalismo (Prime ra p arte: El individualismo econ ómico. Teoría
económica y realidad ), en La ética de la sociedad competitiva , op. cit., ensay o 10 , p. 291.
212
RÖP KE, W.: Punto s de ataque y ejemplo s , en La crisis socia l de nu estro tiempo , op. cit., Segund a p arte,
cap. III, p. 293.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
120
de cie rtos bienes p roblemáticos (como los biene s públicos o sociales , un asunto
que es ana lizado con mayor detenimiento en la si guiente sección ) :
« … el gobier no d ebe d esempeñar un papel, o un a serie de pap eles, mu y
importantes. S i no los realiza correctamente, la economía de mercado no
puede funcionar con normalidad y efi ciencia. Las obli gaciones de l
gobier no pueden dividirs e en cuatro grupos fundamentales: la defensa d e
los derechos de propiedad, la gara ntía de l a competencia entre las
empresas, la provisión de biene s problemáticos y la prote cción de los
desprotegidos para garantizar la igualdad de oportunidades » .
213
3.2. EL ESTADO E N LA ECONOMÍA DEL B IENESTAR: LA
CORRECCIÓN DE LOS “ FALLOS ” DEL MERCADO EN MATE RIA DE
EFICIENCIA
El referido principio d e neutralidad fu e igualmente asumido por la
Economía del Bi enestar, pero con un a importante salvedad: el Estado debería
abstenerse de intervenir, excepto en aquellos casos en donde las asignaciones
efec tuadas po r las relaciones privadas de mercado resultaran contradictorias con la
norma competitiva y con la maximización del bienestar .
En esta dirección, l a corriente neoclásica de la Economía del Bienestar
afrontó algunos de los problemas comprendid os en el juicio moral , como
aprec ia ra KENNETH E. BOULDING (1969) :
« ¿ Qué es lo que querem os decir cuando afirmam os que un estadio de un
sistema social es mejor que otro, en términos estrictame nte económico? La
respuesta más famosa c orresponde al óptimo de Pareto, que afirma en
efec to que la condició n A de un sistema social es económicamente
superior a l a condición B , si nadie se sient e peor en A en r elación con B , y
si por lo menos una persona se siente mejor» .
214
El objeto de estudio de la Economía del Bienestar se centró, a partir d e
entonces, en el análisis de las relaciones ex istentes entre el óptimo de Pareto y los
equilibrios competitivos .
Pero debe advertirse que detrás de esta noción aparentemente neutral del
óptimo de Pareto exist e una intencionalidad oculta; just amente, la de prescindir en
213
SALA i M ARTÍN, X .: El papel del gobierno en la econo mía moderna , en Economía liberal para no
economistas y no lib erales , P laza y Janés, Barcelon a, 20 02, Primera parte: La grandeza d e la liberta d, cap. 4,
p. 49.
214
BOULDING, K. E. (196 9): La econo mía como una ciencia mo ral , en Crítica a la Ciencia Económica /
Paul S weezy [et al.] , P erife ria, Bu enos Aires, 1972, p. 76. Primera pub licación: “Economics as a moral
science” , en Th e American Eco nomic Review , Vo l. 59, No. 1, 1 969, p. 1 -12 (la cita correspon de a la página
5).
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
127
bienes públicos puros .
Asimismo, todos los consumidores o usuarios de los bienes públicos puros
conocen « que sus beneficios serán indep endientes de su contribución part icular » ,
de modo que b ajo tales circunstancias, no podrá contarse « con una contribución
voluntaria » .
230
El problema sur ge cuando dicha conducta se generaliza al conjunto d e los
beneficiarios: en tal caso, el mecanismo de me rcado no podría satisfacer las
necesidades sociales « p o rque su disf rute no puede sujetarse al pa go de un precio » ,
al menos cuando dicho usuario o consumidor «no es sino uno entre muchos y
cualquier cont ribución que él pueda h acer cubre solamente una pequ eña p arte del
coste total »
231
.
El criterio racional y e goísta le induciría a no realiz ar pagos de una forma
voluntaria, si guiendo a MUSGRAVE (1959) , provocando así un “f allo ” del
mercado :
« E l mecanismo de mercado fraca sa como instru mento para registrar las
preferenc ias del consumidor. Dado que los servicios que satisfacen
necesidades sociales pueden ser disf rutados sin pago, el consumidor
individual no necesita revelar su evaluación de las misma (¡y provo car l as
corre spondientes liquidaciones de impuestos!) a través de sus pujas en el
mercado» .
232
La solución a este proble ma pasaría ne cesariamente por la intervención del
gobier no, mediante la p rovisión colectiv a de los bienes públicos puros , que son
aquellos que se carac t eriz an, como hemos visto, por su « consumo conjunto» y por
la « ausencia de exclusión » .
La finan ciación se efectuaría de un modo coactivo, es decir, mediante el
establecimiento de impuestos. No obstante, el Estado aún tendría qu e afrontar dos
problemas adicionales : uno sería d e carácter informativo , pues aún se necesita
revelar cuáles son las verdaderas preferencias sociales del conjunto de la
población; y el segundo es d e carácter técnico , al r equerirse el diseño de un a
función de bienestar social para poder determinar a la solución óptima.
En particular, el primero de ellos requ ie re establecer un procedimiento
electora l, o de decisión colectiva, que se aproxim e a la solución que se es cogería
en el ca so de que fueran conocidas tales preferencias sociales.
230
MUSGRAVE, R. A.: Un a teo ría múlt iple d e la Hacienda Pública , en Teoría de la Haciend a Pública , op.
cit., Primera parte, cap. 1, p. 10.
231
MUSGRAVE, R. A.: Ibídem , p. 9.
232
MUSGRAVE, R. A.: Ibídem, p. 10.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
128
La existencia de externalidades, o economías externas .
La s actividades emprendidas tanto por un consumidor, como por una
empresa, pu eden ocasion ar unos perjuicios − o costes sociales − a tercer as partes,
sin que tengan que asumir a su cuenta los costes de oportunidad de haber c ausado
ese d año. D e ese modo sur gen l as externalidades negativas : la parte emisora
desarrolla su actividad privada, omitiendo en sus cálculos internos al cost e socia l
que está im poniendo a los demás individuos . L o que resulta provechoso para el
emisor, no lo es desde el punto de vist a social, de modo que el producto privado
acabaría e xcediendo al ó ptimo social, registrándose un resultado ineficient e.
En tales situaciones, la interve nción del gobierno debería establecer el
incentivo adecuado a la s partes que causan el daño , para qu e internalicen los
costes de oportunidad social que generan sus a ctividades económicas. Esto s e
puede hacer de diversos modos , como indican ROBIN W. BOADWAY y DAVID
E. W IL DAS IN (1984):
« … bien grava ndo las a ctividades al tipo adecuado, subvencionando a las
partes que pe rjudican para qu e restrinjan sus actividades, o imponiendo
regulac iones en forma de controles cuantitativos » .
233
Pero una vez más, el gobier no tendría de nuevo un problema de
información, a la hora de determinar la magnitud de los daños c ausados; que no es
diferente del anter io r p roblema de r evelación de preferencias de los bienes
públicos. Y como sostienen ambos autores, este problema « es
administrativamente co mplejo porque no rmalmente hab rá un gran núm ero tanto
de partes emisoras como de parte s afectadas » .
234
En el caso contrario, esto es, cuando nos encontramos en presencia de una
actividad económica qu e genera externalidades positivas , se daría lu gar a una
subprovisión privada d el bien o se rvicio, por lo que también r esultaría pr ecisa la
corrección pública par a alcanzar el óptimo social, mediante unos incentivos que
fomentara n el aumento d e la correspondiente ac ti vidad.
En síntesis, el análisis económico teórico p arece demostrar, como
sentencia J ULI O SEG URA (1991), que en una economía capitalista sin control
público llegaría n a predominar los comportamientos estratégicos y las
asignaciones ineficientes:
« … un a economía capitalista con propiedad p rivada -el sistema económico
que menos mal ha funcionado hasta ahora- abandonada a sus propias
233
BOADWAY, R. W. y WILDASIN, D. E. (1984): El fallo del mercado y el fun damento de la intervención
del gobierno , en Economía d el sector público , Instituto de Estudios Fiscales, Madrid, 1986, cap. III, p. 101 .
Primera pub licación: Public sector economics / ROBIN W. BOADWAY, Winthrop Publish ers, Cambridge
(Massachusetts), 1979. 2ª ed., con DA V ID E. WILDASIN: Little, Brown, Boston (Massachusetts), 1984.
234
BOADWAY, R. W . y WILDASIN, D. E.: Ibídem, p. 102.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
129
fuerzas conduce a actuac iones estratégicas y asignaciones ineficientes » .
235
Y sobre la base de este dictamen, SEGURA (1991) deriva un contundente
corolario político-económico :
« … quienes sostienen que cualquier intervención genera ineficiencias y
que cualquier práctica reguladora de la actividad económica es dañina, o
no saben economía ni observan l a realidad, o defienden un modelo de
organización económica caracterizado por una alta concentración del
poder y fuertes ineficiencias en la asignación » .
236
Sin embarg o, no podemos admiti r a priori que todas las intervenciones del
Estado orientadas a corregir estos “fal los” del mercado van a r esultar plen amente
eficientes.
Esta consideración apunta a la ex istencia de otra serie de deficiencias -
ahora en el ámbito del sector público - que podemos denominar los “ fall os” del
Estado ; y ya no solo en términos de eficiencia , sino también de equidad .
En este sentido, el economista estadounidense J OSEPH E. S TIGLI T Z
(1989), de la N ueva Eco nomía Keynesiana , recog e el siguiente listado:
« N osotros hemos s eñalado y a dos causas importa ntes de d efici encias en el
sector público:
1.ª L a relación fiduciaria del Gobierno impone serias limitaciones a la
política de empleo (tanto en los salarios como en la duración de los
contratos).
2.ª L a relación fidu ciaria también im pone graves limitaciones sobre e l
ga sto, que sur gen fundamentalmente de problemas re la cionados c on la
equidad.
Deseo incrementar esta lista de deficienc i as públicas mediante la
identificación de cinco deficienc ias más, cuatro de las cuales creo
inherentes a la actividad económica estatal en una sociedad demo crática,
constituye ndo la últim a una carac terística com ún, no necesaria, de la
actividad ec onómica del sector público:
1.ª El sector público padece también los pro blemas derivados de la
información im perfecta y d e la exist encia de mercados incompletos, que
son una fuente de defic ie ncias para el func ionamiento de los mismos.
2.ª El potencial de redistribución, inherente a los poderes coe rcitivos del
Gobierno, no sólo puede dar lugar a desi gualdades, sino también a
235
S EGURA SÁNCHEZ, J.: “Competencia, mercado y eficiencia” , en Claves de razón práctica , op. cit., p .
23.
236
SEGURA SÁNCHEZ, J.: Ibídem.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
130
actividades de captación de rentas.
3.ª L as li mitaciones de los Gobiernos en ejercicio, p ara imponer
objetivos programáticos que obliguen a futuros G obiernos (un a li mitación
que se r efiere tanto a l as restricciones sob re la t ransferencia de derechos d e
propiedad en el sector público, como al proceso de mocrático), pueden
provocar grande s pérdidas económicas.
4.ª Otras limitaciones, sobre la transferenc ia de los derechos de
propiedad en el sector público, imponen más restricciones al diseño de
estructuras incentivadoras efe ctivas.
5.ª Y la falta d e competencia en el s eno del s ector públi co atenúa aún
más los incentivos. Es esta última característica la que veo generalizada,
pero no inevitablemente , a toda la actividad económica del Estado » .
237
3.3. EL ES TADO EN LA ECONOMÍA SOCIAL DE MERCADO: EL
IDEAL DEL ORDEN ECONÓMICO Y SOCIAL CON FORME AL
MERCADO
El concepto d e Economía S ocial de M ercado ( Sozi ale Marktwirtschaft )
está mu y estrechamente vinculado a la Escuela de Friburgo, en d onde se
desarrolló en la década de 1930 una corriente de pensamiento económi ca
denominada Ordoliberalismo, liderada por el economista WAL TER EU CKEN ,
junto a los juristas FR ANZ BÖHM (también economista y políti co) y HANS
GROSSMANN-DOERTH.
Los antecedentes históricos del concepto Economía Social de Mercado s e
remontan a los movi mientos socialistas del siglo XIX, se gún el criterio de
CHRISTIAN WATR IN (1975), entre los cu ales se había difundido l a opi nión de
que podía instituirse un Orden Ec onómi co:
« … caracterizado por la dirección central del p roceso económico y por la
propiedad colectiva de los factores de producció n, en el que los hombres
podían ser verdaderamente li bres sin presiones exterio res y qu e todos
estarían libres de necesidade s sociales e inseguridades económicas » .
238
Tras la finalización de la Primera Guerra Mundial , se pudieron contemplar
algunas « ex periencias concretas d e sistemas económi cos socialistas » , tales como
237
STIGLITZ, J. E.: Sob re el papel económico del Estado , en El papel económico del Estado / JOSE PH
E.STIGLITZ et al., editado p or ARNOLD HEERTJE ; Instituto de Estu dios Fiscales, Madrid , 1989, p . 66 -67.
Primera pu blicación: The economic role of the state , Basil Blackwell, in association with Bank In singer d e
Beaufort NV; Oxford, New York; 1 989.
238
WATRIN, C. (1975 ): La evolución de lo s p rincipios de la Economía Socia l d e Mercado , en Economía
social de mercado , d irigida y coo rdinada por SANT I AGO GA RCÍA ECHEV ERRÍA; Ed iciones ESIC,
Madrid, 1980, Docume n to 1 , p. 130.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
131
el caso alemán , basado en la dirección central sin propiedad colectiva de los
medios de producción; o como el caso soviético , que sí contempló a ambas
instituciones. A la vista de ellas - y siguiendo a WATR IN-, los «padres
intelectuales» de la E conomía Social de Mercado sostuvieron la opinión de que la
economía centralizada vulneraba la libre elecc ión de los hombres :
« … la economía diri gida llevaba fatalmente a la desaparición de la li bre
elecc ión del puesto de trabajo, que es inevitable para las autoridades
estatales im poner el control total de la obli gación de t rabajar, que el
contrato de trab ajo pasaba de ser un contr ato privado a una relación de
derec ho público y a la asunción por parte de l as oficinas de trabajo d e
funciones policiales, en las que se controlaban sí -como acontecía
entonces- el tr abajador c umplía satisfactoriamente con su ocup ación o no,
y a l que no lo c umpl ía en caso necesario se le retiraba la cartilla d e
racionamiento ( Eucken, 1948, pág. 116).
Los hombres adquirían nuevas dependencias co n respecto a la burocraci a
estatal por la economía de dirección central que no abarcaban sólo al
proceso de trabajo, com prendían también la asignación de los medios de
producción p ara las empresas, la asignación de la vivienda, y la
distribución de alimentos, vestidos, muebles y co mbustibles y , por últim o,
la supresión de la li bre elección de los consumidores. Aparte del come rcio
por los mercados negros era posible aún, e n aquel entonces, en todo c aso,
un intercambio primitivo de biene s » .
239
De esta forma, d eterminaron que la «cuestión social » había qu e
transformar la de un modo radical, dejando a un lado el anterior enfoque c entrado
en la situación social de los trabajadores industriales, int eg rados en el
proletariado; y diri giendo ahora la atención a « la li beración de todos los miembros
de la socieda d de las nuevas tendencias colectivistas » .
240
En palabra s del economi sta alemán WALTER EUCKEN (1948), y
referente de l Ordolibe ralismo:
«L a nueva cuestión social (es) la dependencia opresiva del Estado, la
amenaza extraordinaria contra la li bertad de los hombres, la
transformación del homb re en una parte de un a gran máquina ( y) la nueva
inseguridad ec onómica y social, que proviene de esta depe ndencia » .
241
En su virtud, el restablecimiento de la « economía de mercado » habría de
239
WATRIN, C.: La evolución de los principios de la Economía Soc ial de Mercado , en Economía social de
mercado , op. cit., p. 131.
240
WATRIN, C.: Ibídem.
241
EUCKEN, W: Die so ziale Frage , en Synopsis: Al fred Weber 30. VII. 1868 - 30. VII. 1948. (Festgabe für
Al fred Weber in h onour) , editado por EDGA R S ALIN; Schneider, Heidelberg, 1948, p . 1 19. Citado po r
CHRISTIAN WATRIN en La evolu ción de los principios de l a Economía Social de Mercado , op. ci t., p. 131.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
132
contemplar los puntos d e vist a sociales, además d e los aspectos de l a efic i encia y
la distribución. Siendo éste punto decisivo para una reforma so cial, en d onde la
cuestión a considerar -como subra ya WATR I N (1975)- era « si el O rden S ocial se
concibe en libertad o si son inevitables métodos burocráticos -col ectivistas, en
último término, esto es, la de pendencia de instancias estatales » .
242
Una vez contemplados los antecedentes, debe in dicarse que l a Economía
Social de Mercado sur gió a partir de un concepto desarrollado en 1 946 por
ALFRED MÜ LLER-AR MACK; y qu e luego fue aplicado e n 1948, como un
experimento de política económica, en la Re pública Federal de Alemania.
Esto fue posible grac ias a un conjunto de factores que contrib uyeron de
una forma decisiva a la reconstrucción de la economía alemana en el período de
posguerra (tr as la Segunda Guerra Mundial), tales como la modernización
tecnológ ica, introducida gracias a la necesidad de reconstruir en su totalidad a l
apara to productivo; la disposición de una mano de obra de forma ilimitada; la
ge nerosa a yuda ame ricana vinculad a al Plan Marshall; la extraordinaria
estabilidad de la política interior; y hasta el p ropio optimismo de L U DW I G
ERHARD como mi nistro de E conomía del gabinete de KONRAD ADE NAUER,
en la aplicación de su e xperimento de política económica durante varios años.
La concepción polít ico-económica de este ide al se asienta sobre la base del
humanismo económico : como reiter ar a ERHAR D (1960) en diversas ocasiones ,
« e l hombre ocupa el centro de la economía ».
243
La concepción ética que respalda a este ord en social, está caracterizada por
tratar de conformar una «sociedad de hombres libres » :
«L a t area ética de la conformación de nuestro o rden vital sería fallida, si
no se pudie ran encontrar vías y fo rmas concr etas para configurar la
política de una sociedad de hombres libres. A sí es como la Economía
Social de Mercado ha acabado por imponerse, no sólo gracias al ideal que
la anima, sino también gracias a una concepción que s upo armonizar, en
un ámbito de li bertad económica, los métodos de la política económica
práctica con claros objetivos sociales ».
244
Por ello, en esta visión también se abarca a otr as concepciones vincul adas,
tales como el « m ás allá de oferta y demanda » de RÖPKE, o la « situa ción vit al »
humana, una no ción bási ca en A LEXANDRE R ÜSTOW , que se caracteriz an por
contemplar la pr opia dimensión humana.
242
WATRIN, C.: La evolución de los principios de la Economía Social de Mercado , op. cit., p. 131-132.
243
ERHARD, L. (1 960) : Una p olítica económica o rientada a la “integración interna” de la socied a d , en
Economía Social d e Mercado. Su valor perman ente , Rialp, Madrid, 1994, cap. 1: S obre la in terdependencia
de los órdenes , p. 49. Conferencia en el IX Congreso Federal d e l a C.D.U., celebrado e n Karlsruhe el 2 8 de
abril de 1960.
244
ERHARD, L .: Ibíd em, p. 45.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
133
La Economía Social de Mercado recomienda la i ntervención del Estado en
diferentes c ampos, según EGON TUCHFELDT (1980), siempre y cuan do ésta
resulte « a decuada al criterio de la “conformidad al mercado” » . Y partiendo del
supuesto de « una estabilidad básica del sector privado » -que, en su caso, sólo
podría ser dist orsionada por el Estado-, también recomienda la instrumentación de
una « p olítica económica compensadora » . En consecue ncia, su fundamento
consiste en rec oger « el principio de libertad en los mercados vinculado con la
compensación soc ial » .
245
S us partidarios la contemplaron como « u n sistema de re glas e conómicas,
que puede funcionar completamente y condu cir a resultados s atisfactorios » , antes
que como « un orden d e economía de mercado ». Y se le asignó un a doble
finalidad: la de «ga rantizar el paso sin fricciones del trueque a los mercados » , y la
de « a segurar la libertad de c ada uno de lo s participantes en el proce so
económico» .
Pero en la práctica, tal como aprecia WATR IN (1975), se suc eden
múltiples violaciones de esta norma por la instrumentación de la políti ca
económica que deberían evitarse:
« A sí se fijan a m enudo precios y sala rios por medio de normas estatales, se
dictan protecciones contra los despidos, s e con ceden privile gios a unos
grupos a carg o de otros, o se establece n a rtificialmente y por órde n es
superiores de se guridad pública barrer as innecesarias para la entrada a los
mercados. Pero estas y otras muchas medidas ti enen como consecuen cia,
cualquiera qu e fuesen los mot ivos para su introducción, un peor
funcionamiento del mer cado. Esto debía evitarse, no obstante, en una
Economía Social de Mercado» .
246
En términos gene rales, la Economía Social de Merca do se puede
caracter izar por seis « elementos de estilo » ,
247
lo que configura en su conjunto una
política económica de un solo bloque, siguiendo a TUCHFELDT (1980):
1. El principio de política de orden de l a libertad del individuo.
2. El principio de política de orde n de l a compensación social.
3. La política co yuntura l.
4. La política de crecimiento.
5. La política estructural.
6. El criterio de la conformidad al mercado, para la s medidas de polí tica
económica, en todos los sectores arriba me n cionados.
245
TUCHFELDT, E. : La economía social d e mercado (Un experime n to de política de ordenamiento
económico del siglo XX) , en Economía social de mercado , op. cit., p. 23.
246
WATRIN, C.: La evolución de los principios de la Economía Social de Mercado , op. cit., p. 133.
247
TUCHFELDT , E.: La economía social de mercado , op. cit., p. 23- 24.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
134
El primer elemento de estilo es la libertad del individuo, y para que ésta
pueda manif estarse plenamente en el ámbito de la ac tividad económi ca, se
requiere de unidades de decisión descentralizadas y d e mercado s operativos. C on
tales miras, la política de competencia tendrá que establecer las condiciones
ge nerales necesarias para que los procesos de mercado se desarrollen por la vía de
la dinámica competitiva, favoreciendo que el competidor pueda utiliz ar del me jor
modo posi ble los recursos escasos, de acuerdo con las pre ferencias de los
consumidores, además de poder rea lizar innovaciones.
La política de la Economía Social de Mer cado, s egún ERHARD (1960) , ha
de inspi rarse en la ide a de « armoniz ar, sobre la base de una e conomía d e libre
competencia, la libertad personal con un creciente bienestar y s e guridad social,
reconc iliando a los puebl os mediante una política de aperturismo mundial » .
248
Y aun re conociendo la influencia ejercida po r las « gr andes formas
organizativas » en el aumento del bienestar en la economía alemana, E RHARD
(1960 ) se manifiesta de una forma en érgica en c ontra de tod a concentración del
poderío económic o, tanto por razones ec onómi cas como político-sociales:
« N o es la gran empresa en sí, sino el hambr e incontrolada de poder
económico el que despierta nuestra resistencia ante una con centración que,
desde el punto de vist a macroeconómico, es noc iva; e indeseada desd e el
punto de vista político-social. Por ello, nuestro objetivo es obstaculizar e
incluso impedir todo d ominio restrictivo -monopolista de los mer cados
mediante un perfeccionamiento de la legis lación sobre la libre
competencia, y de la polí tica fiscal. Pero cuando una acción gubernamental
influye en el mercado a través de la reducción d e precios, y consigue un
efec to social ben efactor, debería reconocerse su carácter indispensable y su
neutralidad socio-política» .
249
En la ec onomía de mercado, l a libre iniciativa supone ejercer « un a
actividad independiente », según el criterio de ERHARD (1956), por « sus propias
fuerzas y con responsabil idad propia » , f acilitando de este modo la c reatividad
intelectual y empresarial:
« P or ello, los ag entes e conómicos por cuenta p ropia gozan de manera
especial de las oportuni dades que albe rga la e conomía; lo que, por otro
lado, también exige que corran con los riesgos económicos que ell o
conlleva. Pero una posición destacada en la vida e conómica no puede esta r
garantizada, en una economía de mercado, po r el Estado, sino que – si
quiere responder a su au téntico sentido− ti ene qu e conquistarse día a día
mediante el rendimiento económico, po r la disposición al ries go, y po r la
248
ERHARD, L.: Una política económica o rientada a la “ integració n in terna” de la sociedad , en Economía
Social de Mercado. Su valor permanente , op. cit., c ap. 1, p. 40.
249
ERHARD, L .: Ibíd em, p. 48.
Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas
135
voluntad de configurar la propia vida d e modo responsable e
individual ».
250
Y la figura c entral en esta dinámica económica competitiva es el
empresario , quien ha de contemplar que «la oportunidad del b eneficio
corre sponde al riesgo de la pérdida » ,
251
como remarca TUCHFELDT (1980).
De acu erdo con este planteamiento, ERHARD (1952) sostiene que las
responsabilidades empre sariales no se limitan a la recogida d e las ganancias, sino
también a la plena asunci ón de las pérdidas:
« E l que quiera una economí a empresarial l ibre y el que v ea en la función
empresarial al go valioso, éste puede o, mejo r dicho, debe a ceptar t ambién
la Economía de Merca do con todos sus riesgos…
El empresario que está dispuesto a conseg uir beneficios, debe también,
naturalmente, estar dispuesto a aceptar pérdidas – para ello es empresario – .
Sobre esto, no admito ninguna n egociac ión, pero yo creo, que est a
concepción sirve también a los int ereses de los empresa rios. El que ex ige
en una co y untu ra expansiva el favor de la evolución, no debe exigir e n
tiempos inversos del desarr oll o el apo y o estatal » .
252
De modo que los empresarios han de estar a la altura “tanto a las duras,
como a las maduras ”. Pero éste no p arece s er el caso general de comportamiento
de los grandes patronos y gestores de la indus tria y de los servicios en las
economías capitalistas, sobre todo cuando recordamos -entre otros muchos- el
reciente episodio d el gigantesco r escate fi nanciero a la “eficiente” b anca privada .
A la vista d e l comportamiento observado, los ej ecutivos financieros h an dado a
entender, casi con entera naturalidad, qu e lo “normal” es que los benef icios se
apropien privadamente, mientras que las pérdidas bancarias se sociali za n con los
contribuy entes.
P or otro lado, el apoyo d e ciertas medid as al me canismo de
funcionamiento del mercado, tales como las a yudas a las pequeñas y medianas
empresas, sí se considera como conformes al mercado, al revitalizar el propio
desenvolvimiento económico.
El segundo elemento d e estilo, el « p rincipio de l a compensación socia l » ,
es contemplado como el reverso de la moneda del « principio de or ganización del
250
ERHARD, L. (1 956): El Esta do-providencia: Seguridad social a l precio de la libertad , en Economía
Social de Mercado. Su valor p ermanente , op. cit., cap. II: Mercado y moral , p. 76 -77. Artículo publicado en
la revista Versicherungswirtschaft , en enero de 1956.
251
TUCHFELDT, E. : La economía social d e mercado (Un experime n to de política de ordenamiento
económico del siglo XX) , en Economía social de mercado , op. cit., p. 24.
252
ERHARD, L.: Deutsche Wirtschaftspolitik , Econ -Verlag, Dü sseldorf-Viena, 1962, p . 184 -185. Citado po r
SANTIAGO GARCÍA ECHEV ERRÍA: El p apel del empresario en una economía socia l de mercado , en
Economía social de mercado , op. c it., ensayo IX, p. 105.
FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A
136
mercado» .
253
Dado que en el li beralismo extremo del laissez faire no se contemplan los
aspectos sociales, como ya se ha señalado; ni t ampoco a ciertas probl emáticas
sociales que no pueden resolverse o gestionarse a través del propio mecani smo de
mercado. Y d ado que tales cuestiones resultan decisivas en esta conc epción
política, lo que se requiere es el establecimiento de una Política de Sociedad que
actúe como una red de seg uridad, para así atender de una forma puntual
determinada s situaciones de n ecesidad (antes qu e como una política de su ministro
ge neralizado, más característica del Estado d el Bienestar), con el propósito básico
de mantener operativos los procesos de mercado.
En palabras de TUCHFELDT (1980) :
« A este respecto el li beralismo del laissez -faire ha olvi dado puntos
decisivos. El mercado puede dist ribuir rentas si funciona d e forma
eficiente cuando ex isten prestaciones reales de los individuos al mercado,
pero no puede considerar los aspectos soci ales y humanos. Las tensiones
sociales y los problemas que no pueden dominarse a través del mercado
deben de resolverse, por lo tanto, a través de una P olítica de Sociedad
adecuada. Todos aquello s individuos que no se encuentran todavía en el
proceso de trabajo o que y a no están dentro del mismo, deben ser
proteg idos ampliamente ante situaciones de necesidad no me recidas. El
Estado debe garantizarles unos estándares mínimos sociales. I mportan te es
a este respecto el que l as medidas de la Políti ca de S ociedad sólo actúen
como una red de seguridades p ara los casos camb iantes de la vida y no en
el sentido de un aprovisionamiento generalizado tal como se pretende en
los Estados de Bienestar. Los a tractivos a la aportación indi vidual deben y
tienen que estar sufici entemente acentuados para que pueda manten erse la
capacidad de funcionamiento de los proce sos del mercado » .
254
La conservación d e la li bertad individual y económica también requería ,
en su consecuencia, del diseño de una política social li bre, que estuvie ra orientada
por el « principio de subsi diaridad » , como resalta ra ERHARD (1956):
« Si queremos conservar de modo dur adero un orden económico y so cial
libre, es una exigencia básica el im pulsar – junt o a la política económica,
que ha a y udado al hombre a r ecuperar su liberta d personal− una política
social igualmente libre. El eliminar la iniciativa privada en los seguros de
prevenc ión y de emer gencias, aun cuando la persona individual esté en
condiciones y ten ga la v oluntad de asumir responsablemente esos riesgos,
se contrapone al orde n de la economía de me rcado, que deja a l libre
253
TUCHFELDT, E. : La economía social d e mercado (Un experime n to de política de ordenamiento
económico del siglo XX) , op. cit., p. 23.
254
TUCHFELDT , E.: Ibídem, p. 24 - 25.
La política fiscal en el marc o de la po lítica económica
239
política agraria, la políti ca de infraestructuras, la p olítica energética, la polí tica de
vivienda, la política turística, la política de comercio interior, etc.
También se dist ingue entre las políticas coyunturales , que requieren de un
seguimiento muy estrecho del desenvolvimiento de la actividad económica a muy
corto plazo por parte del gobierno, al objeto de aplicar las medidas correctoras
ante la pre sencia de ciertos desequilibrios inmediatos.
Y las políticas estructurales , que impli can una se rie de re formas int egrales
de determinadas estructuras económicas como, por ejemplo, las políticas de
reconversión industrial, orientadas a canalizar los recursos e conómicos humanos y
productivos desde unos sectores e conómicos en declive, hacia nuevos s ectores
más dinámicos y avanzados. O las reformas laborales, tendentes a facilit ar la
devaluac ión salarial, el descuelgue de los convenios colectivos, o el ajus te en el
empleo mediante la introducción de figuras contractuales precarias (tempo rales, a
tiempo parcial). O las reformas fiscales, qu e difícilmente se es coran hacia el lado
de la p ro gre sivi dad fiscal. O las reformas bancarias y financiera s, en las qu e
además de prometerse como casi siempre la mayor tr ansparencia y com petencia
en el sector (aunque casi siempre se termina regist rando una ma y or concent ración
bancaria), r esulta difícil que el Estado no tenga q ue acabar asumiendo algún ti po
de programa d e rescate, derivado de las deudas privadas del efi ciente sistema
bancario y crediticio. O la liberalización del comercio. O la pr ivatiz ación de las
empresas públicas. O l a reforma d e la administración pública, al ob jeto de
aumentar la “flexibilidad” en el entorno de l a función pública. O la propia
desregulación y d esreglamentación, etc.
También se dist ingue entre las políticas de gestión de la demanda , al estar
dirigidas a regular a las componentes del gasto agregado (consumo, inversión,
exportaciones netas, gasto público, impuestos), para conseguir determinados
objetivos fina les (c recimi ento, empleo, estabilidad de pre cios…). La tradición
key nesiana era mu y pa rtidaria d e emplear estas herramientas, con fines de
estabilización macroe conómica.
Y las polí ticas de of ert a -ent re las que se encuentran algunas de las
anteriore s políticas de reformas estru cturales, como las reformas fiscales y
laborales-, que están dest inadas a facilitar la acumulación rentable del capital, con
todo tipo de iniciativas: r ecorte de impuestos, recortes de sala rios, subvenciones a
la inversión, desgra vaciones fiscales a l a exportación, etc.
Dentro de este esquema de las políticas de o ferta, tendría cabida el
decálogo establecido en el « c onsenso de Washington » , que conte mpla un
conjunto de reformas orientadas al mercado, ab arca ndo a la liberalizaci ón del
comercio, la estabilización macroeconómica, y la desregulación pública. Tales
medidas fueron impuestas por el FMI y el Banco Mundial en un principi o, a las
naciones en vías de de sarrollo en sit uación de crisis; pero con post erioridad
determinados aspectos también han sido exigidos a algunas economías avanzadas.
FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA
240
Podemos repasar el decálogo de objetivos del « cons enso » , a partir del
propio BANCO MUNDIAL (2001):
« E n los años o chenta y noventa, muchos de los países en desarrollo
procedieron a introducir reformas que armoniz aran con las le ye s d el
mercado... A raíz de este proceso de reforma, el panorama económico se
ha transfor mado profundamente...
La participación del Estado en la a ctividad económica se ha reducido. Ha
aumentado el acceso del comercio internacional y de las corrientes de
capital a los mercados nacionales. Se h an revisado los regímene s
impositivos y , en general, el me rcado, y no el Est ado, es el que det ermina
los precios, la producción y la asignación de recursos. Muchas de estas
reformas, aunque no todas, reflej an los principios del llamado consenso de
Washington, en el que se establec ieron 10 objetivos prioritarios en
materias de políticas, que muchos países adoptaron en distintas
combinaciones:
Disciplina fiscal.
Reorientación del gasto público para aumentar las inversiones en
educación, salud e infraestructura .
Reforma fisc al: ampliación del número de contribu ye nt es y reducción
de las tasas de impue stos marg inales.
Tasas de int erés d eterminadas por el m ercado y positivas (pero
moderadas) en c ifras reales.
Ti pos de cambio competitivos.
Liberalización del comercio: eliminación de las restricciones
cuantitativas y establecimiento de aranceles uniformes y bajos.
Apertura a la inversión e xtranjera directa.
Privatización de las empresas estata les.
Desreglamentac ión: eliminación de los reglamentos que obstaculizan
el acceso a los mercados o limitan la competencia, salvo los que estén
justificados por razones de se guridad y d e pr otección d el medio
ambiente y d e los consumidores, y supervisión de las instituciones
financieras.
Garantía s jurídicas de los derec hos de propiedad » .
12
También se habla de la polí tica macroeconómica del gobierno, qu e estaría
centrada en la supervisi ón y manejo de los grandes agregados de la economía
(producc ión, re nta…), y de la política microeconómica , que estaría dirigida a
influir en los pro cesos de tom as de decision es individuales de los agentes
económicos (como por ejemplo, con medidas como la deduc ción fi scal por
12
BANCO M UNDIAL: Mercado s más eficientes para los pobres, en Informe sob re el Desarrollo Mun dial
2000/2001. Lucha contra la pobre za , Mundi -Prensa, Madrid, 2001 , P arte II: Oportunidad, cap. 4, p. 6 2 - 63.
La política fiscal en el marc o de la po lítica económica
241
adquisición de la vivienda habitual, ahora en de suso).
En este último c apítulo vamos a centrarnos en el análisis de las do s
políticas instrumentales más relevantes, y de su puesta en acción en la etapa más
reciente qu e arranca con la Gran Recesión : la política monetaria, que actualmente
está siendo gestionada p or el Banco Central E ur opeo en el ámbito de la z ona del
euro. Y la política fiscal y presupuestaria, que aún continúa bajo el control directo
de los gobiernos de sus E stados miembros, si bien es cierto que cada vez disponen
de una autonomía más li mitada en su gestión, a c ausa d e los propios comp romisos
derivados de la pertenencia a la zona del euro, a la ma yor coordinación de las
políticas macroeconómicas acordadas con los demás socios, y a una orientación
de la política fisca l basad a en el princ ipio de austeridad.
2.2. Los objetivos macroeconómicos
La ma y oría d e los auto res suelen estar d e acuerdo en establ ecer como
objetivos macroeconómicos centrales d e la polí tica económica al lo gro del
crecimiento económic o , del pleno empleo , y de la estabilidad de los precios .
En este senti do, podemos seguir la exposi ción de PAUL A. SAMUELSON
y W ILLIAM D. NORDHAUS (2005), en nombre de todos ellos:
«L o s objetivos de la polít ica macroec onómica son:
1. Un alto y creciente nivel de producción nacional
2. Empleo alto con dese mpl eo bajo
3. Un nivel de precios estable o lentamente crec iente » .
13
Pero en este apartado t ambién tenemos que r ea lizar algunas objeciones
críticas y sugerenc ias.
2.2.1. Distribución equitativa
Resulta bastante si gnificativo que no aparezca en la lista anterior el
objetivo de una distribuc ión equitativa del ingreso, de la riqueza, o de la
propiedad . Si bien en algunos textos y manuales de referencia sí aparece
mencionado este asunto como objetivo de la política mac roeconómica, también es
cierto ha d esaparecido del li stado en una gran ma y o ría de ellos en un tiempo
relativamente r eciente, tal vez debido a la posición dominante de la ideología
neoliberal en la academia.
Como sintetiza ESTEFANÍ A (2014):
13
SA MUE L SON , P. A . y N ORD HA US , W. D. : P ano ram a ge ner al d e la mac r oec on om í a , en Ec on om ía .
De ci mo c tav a ed ici ón , Mc Gr aw -Hi ll / I nte ra m er ica na de Es pa ña, Ma d ri d, 20 06 , Par te ci nc o: Ma cr oec on om ía:
Cr ec im ient o ec on óm ico y ci cl os ec on óm ico s , c ap . 20, p . 3 98 .
FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA
242
«L a de sigualdad salió por la ventana de los análisis de los científic os
sociales y h a vuelto po r la puerta grande. Si se repasan bastantes de los
manuales de Economía d e las últ imas tres décadas, en ellos las cuestiones
relacionadas con la extrema riqueza y la extrema pobreza o no están, o
figuran tan sólo en las pá ginas colaterales, aque ll as que s e saltan los
estudiantes cuando han de ex aminarse porque saben que no se las van a
preguntar» .
14
En realidad, compartimos el criterio de TORRES (2005) de que este olvido
de la distribución equitativa representa una « p osi ción inaceptable » :
« A lgunas corrientes de p ensamiento económico con gran influencia en los
últimos años entienden que los asuntos relativos a la equidad no son
propios de la Economía y po r eso sosla y an los problemas que tienen qu e
ver con los r esultados distributivos de la actividad económica. Si la
Economía es la ciencia q ue trata de conocer y actuar sobre la condiciones
del bienestar, ¿cómo dejar de l ado las condiciones en que se esté
produciendo la distribución de la re nta y de la riqueza?
De hecho, el problema de lograr una di stribución de la renta y d e la
riqueza lo más equitativa posible fue siempr e uno de los cuatro grandes
asuntos centrales del análisis y la políti ca macro económica, aunque ha y a
sido dejado al marge n en l a últim a etapa histórica de influe ncia
neoliberal» .
15
Algunos economistas n o podemos qued a rn os impávidos viendo cómo
aumentan las desi gualdades e conómicas a unos n iveles extremos, sin den unciarla
y sin proponer medidas de redistribución , con tantas carencias y nece sidades
humanas que queda n por atender. Como viene subra ya ndo OXFAM (2015) , la
riqueza extrema y l a desigualdad han alcanzado unos niveles diferenciales jamás
registrados c on antelación:
« D urante los últimos treinta años la desigua ldad ha crecido
dramáticamente en muc hos países. En EE.UU., la proporci ón de la r enta
nacional que corresponde al 1% más rico de l a p oblación se ha duplicado
desde 1980, del 10 al 20%. El 0,01% más rico, lo ha cuadruplicado hasta
niveles nunca antes r egistrados. A nivel global, el 1% de la pobl ación
mundial (60 mill ones de pe rsonas) y , esp ecialmente el grupo s electo del
0,01% (600.000 personas - hay alrededor d e 1.200 multimillonarios en el
mundo), han incrementado su fortuna frenéticamente durante las últimas
tres décadas. Esto no se limi ta a EE.UU. o a los países ricos. En e l Reino
14
EST EFA NÍA , J.: “La cu rv a de l Gr a n Ga ts by ” , e n Go ber na r pa ra l as él ite s . Sec ues tr o de moc rá t ico y
de si gua ld ad ec on ómi c a: r ef lex io ne s so br e Es pañ a , OX FA M IN TE RM ÓN , An ex o, 20 d e e ne ro 2 0 14 , p . 6 .
15
T OR RES LÓ PEZ , J. : Pr obl em as ma cr oec on óm ic os . N at ur ale z a y me dic ió n , e n Ec on omí a p olí tic a , Pir ám ide ,
Ma dr i d, 3ª ed ., 20 05 , Pa r te te rc er a: Mac roe co no m ía, ca p. 9, p. 1 88.
La política fiscal en el marc o de la po lítica económica
243
Unido la desig u aldad está regresando aceleradamente a niveles no
recordados desde la época de Charles Dickens. En China, el 10 % más rico
de la población acumula casi el 60% de las rentas. L os niveles de
desigua ldad chinos son si milares a los de Sudáfrica, que es, actualmente, el
país con más d esigualdad en el mundo, mu cha m ás que en la últ ima etapa
del apartheid. Incluso en muchos de los países más pobres la desigualdad
ha crecido velozmente.
Globalmente, las rentas del 1% más rico han aumentado un 60% en
veinte años, y el crecimiento de las rentas del 0,01% ha sido inclus o
superior.
A raíz de la crisis finan ciera, el p roceso se h a acelerado y el 1% m ás ric o
del mundo ha aumentado todavía más sus rentas. El mercado de bienes de
lujo ha registrado un crecim iento anual de doble dí gito d esde qu e se desató
el fenómeno…
El FMI h a reconocido que la desigualdad es peligrosa y discriminatoria,
y que es capaz de generar violen cia y disturbios civiles. Las encu estas
muestran que la población de varios países está c ada vez más preocupada
por dicho problema, y que lo comp arten personas de todo el abanico
político » .
16
Pero reducir las desigualdades económicas extremas no es tan sólo un
objetivo vinculado a la ju sticia o a la equidad : así, por ejemplo, con la cuarta parte
de las ganancias obtenid as en 2012 por los 100 ultrarricos del mundo, se podría
financiar el programa destinado a eliminar l a pobreza en el planeta, como indic a
OXFAM (2015).
También está vinculado a la eficiencia , porque la desigualdad no es
rentable a largo plazo: l a concentración de la riqueza en pocas manos es tan
perjudicial como ineficiente , al deprimir a la demanda efectiva y al crecim iento
económico :
« H a y un creciente consenso que apunta al hecho de que, si bien un cierto
grado de desigualdad puede bene ficiar el crecimiento incentivando los
inversores d e riesgo y la innovación, los niveles de desigualdad ex istentes
son económicamente perjudiciales e ine ficientes. L imitan la cantidad
global de crecimiento y , al mismo tiempo, el crecim iento no beneficia a la
mayoría. La consolidació n de tanta riqueza y de capital en poc as manos es
ineficiente porque deprime la demanda, un punto popularizado por Hen ry
Ford y , más recientemente, por el multimillonario Nick Hanauer en su
muy discutida “ TED talk ”.
16
OXF AM INT ER MÓN : El cos te de la de si gu ald ad : c óm o la ri que z a y las re nt as ex tr em as nos per judi ca n a
to dos , Ref : 0 2/ 201 3, E ne r o d e 20 13, p . 1 - 2.
FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA
244
Sencillamente, ha y un límite al número de ya tes de lujo que una p ersona
podría desear o poseer. Los salarios en muc hos países apenas han
aumentado en términos reales durante varios años, y la ma y oría de los
beneficios han sido pa ra el capital. S i este di nero se r epartiese más
equitativamente entr e toda la población, habría más gente co n un ma y o r
poder adquisitivo, que a su vez im pulsaría el crecimiento y reduciría la
desigua ldad. Los 100 multi millonarios más ricos del mundo añadieron
240.000 millones de dólares a su riqueza en 201 2 -suficientes para poner
fin a la pobreza mundi al cuatro ve ces. Como consecuencia, en los países
más igua litarios el crec imiento armónico es mucho más eficaz en la
reducc ión de la pobreza » .
17
España tampoco h a podi do escap ar a esta pervers a dinámica, en donde los
intereses de las élites , un a mi noría económicamente mu y poderosa y que vive en
un mundo completamente diferente al nuestro, se han impuesto sobre los intereses
del conjunto de la pobl ación, de todos los ciudadanos que luchan día a día por
poder continuar viviendo dig namente:
«L a crisis económica, financiera, política y soci al que padece España ho y
tiene buena parte de su origen pr ecisamente en esas dinámicas perniciosas
donde el int erés público y los p rocesos demo cráticos han sido secuestrado s
por los intereses de una minoría, mientra s la ciudadanía permanecía
mayoritariamente al ma rgen de la sit uación, renunciando a vigilar la
acción del poder frent e a sus derechos. Las m edidas adoptadas desde 201 0
para h acer frente a l a c risis responden también a la misma inercia de
abandono del interés público, y a pesar de que en los últimos años, parte de
la ciudadanía se ha movilizado para defe nde r sus derechos, el clima de
desafección políti ca y la falta de confianza instituc ional han ido en
aumento…
Mientras la mi tad más pobre de la población mundial posee la misma
riqueza que l as 85 pe rsonas más ri cas d el mundo, en España, la riqueza d e
las 20 personas más ricas (77.000 mi llones de euros) es equivalent e a la
renta del 20% de las personas más pobre s…
Entre 1988 y 2008 el coeficiente de Gini aumentó en 58 países. Así,
mientras en Estados Unidos, el 1% más rico ha acumulado el 95% del
crec imiento tot al posteri or a la crisis desde 2009, el 90% más pobre de l a
población se ha empobrecido aún más; y la tende ncia ha sido la misma en
España. El coeficiente d e Gini en España ascendió a 0,34 en 2011 y a 0,35
en 2012 – el ma yor valor desde que com enzaron los registros – colocando a
España en el segundo p aís más desigual de Eur opa, só lo por detrás de
Le tonia. De hecho, antes de la crisis el 20% de los españoles más ricos
17
OXF AM INT ER MÓN : El cos te de la de si gu ald ad : c óm o la ri que z a y las re nt as ex tr em as nos per ju dic a n a
to dos , op . c it. , p . 2.
La política fiscal en el marc o de la po lítica económica
245
ga naba 5,3 veces más qu e el 20% más pobre; pero en 2011, esta cifra había
aumentado a 7,5 veces. S i la tendencia continúa, para 2025 el 20% de los
españoles más ricos podrían ganar en promedio 18 veces más que el 20%
más pobre» .
18
Es mu y import ante qu e los países del mundo se concentren ahora en la
equidad, en tratar de asegurar qu e todas las personas puedan compartir los
resultados del crecimiento económico. La equid ad es « una obligación moral » ,
como nos recuerda JOSEPH E. STI GLITZ (2006):
«L a equidad es una obligación mor al; pero tamb ién es necesaria para qu e
se produzca un crecimiento sostenido. El recurso más importante de un
país es la gente y si una parte amplia de su pobla ción no vive de acuerdo
con su potencial – como c onsecuenc ia de la falta de acceso a la edu cación o
porque sufre los efectos de por vida de la malnutrición infantil - el país no
será capaz de vivir según sus capacidades. Los países que no inviert en
ge nerosamente en educación encuentran dificult ades a la hora de atraer
inversiones extranjeras para negocios que dependen de trabajadores
cualifica dos – y en la actualidad cada vez son más los negoc ios que
dependen en parte d el trabajo cualificado -. P or otr a parte, índic es elevados
de desigualdad, sob re todo como consecuencia del desempleo, pueden
derivar en descontento social; es probable que aumente la c riminalidad y
se genere un clima que no sea atractivo para los negocios ».
19
2.2.2 Desarrollo económico, desarrollo humano y sostenible , y eliminación de la
pobreza
También consideramos que el desarrollo económico ti ene que ser un
objetivo central en toda política macroeconómica. Este es un objetivo que v a
mucho más allá de la problemática específic a del crec imiento económi co,
centrada en los meros aspectos cuantitativos o técnicos de la producción, en las
capacidades p roductivas de la economía a lar go plazo, y en la utiliz ación ef icient e
de los factores de produ cción; pero no en el bienestar humano , como nos advier te
el PNUD (2000):
« E l crecimiento económico es un medio para el bienestar humano y para la
ampliación de las libertades fundamentales. No e s un fin en sí mismo, con
valor intrínseco. L os fines son la realización de los derechos humanos y el
18
OXF AM IN TE R MÓN : Go ber n ar par a l as é lite s . Se c ue str o d emo cr át ic o y de si gual d a d ec on óm ic a: re fl ex io nes
so br e Es pa ña , A nex o, 20 d e e ner o 20 14, p. 2.
19
S TIGLITZ, J. E.: La p romesa del d esarrollo , en Cómo h acer q ue la globalización funcione , Taurus,
Madrid, 2006, cap. 2 , p. 76 -77. Primera publi cación: Making globalization work , W. W. Nor ton & Co., New
York, 2006.
FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA
246
fomento del desarrollo humano» .
20
En la actualidad, lo s en foques r ecientes del d esarrollo económico están
centrados en las pe rsonas, antes que en la actividad productiva y en los factores de
producción ; así como e n las relaciones del ho mbre con la n aturaleza que l e
sustenta, centrados en la problemática de la sostenibilidad . De tal modo que el
énfasis teórico h a pasad o desde el c recimiento cuantitativo hacia el estudio tanto
del desarr ollo humano , como del desarrollo sostenible .
Este cambio operado en la teoría del desarrollo lo contempla con rigor
DAVID THROSBY (2001), quien además resalta la importancia de la
redistribución como un elemento centra l en todo proceso de desarrollo :
« A m ediados del si glo X X, la teoría del desarrollo económico, tal y como
lo entendían los e conomistas, todavía equiparaba crecimiento con progreso
material. Así, S imon Kuznets escribió en 1966 que « identific amos el
crec imiento económico de las naciones como un aumento sostenido del
producto per cápita o por trabajador » . Gradualmente, sin e mbar go, esta
perspec tiva restringida d e lo que comprende el p rogreso en el mundo en
desarrollo h a sido sust ituida por un con cepto de d esarrollo qu e refleja una
ga ma más amplia de necesidades de la so ciedad, y sus aspiraciones de
mejor nivel de vida. El término « des arrollo» en este sentido más general
incluye ciertamente una mejora en el biene star material, pero también
cambios en una serie de indicadores so ciales, como los niveles
nutricionales de la población, la situación sanitaria, los niveles de
alfabetización, la partici pación educativa, los criterios de provisión de
servicios públicos o de bienestar y una s erie de características inmateriales
que caen bajo el enc abezamiento de « calid ad de vida » , incluidos
indicadores medioambientales como la calidad de l aire y del agua.
Además, el hecho de que las simples medidas per cápita, tomadas en una
población completa, ocultan desigualdades en la distribución de la renta y
de la riqueza, es algo am pliamente reconocido, as í como la im portancia de
la redistribución como elemento del proceso de desarrollo. En general, la
teoría del d esarrollo utilizada actualmente en economía ha incluido estas
interpretaciones más a mpli as » .
21
El enfoque del desarrollo humano se ocupa del a nálisis de las condiciones
de vida y de bienest ar m aterial de las pe rsonas, y fundamentalmente de a quellas
que posibil itan su independencia económica, su salud y sus conocimientos a lo
20
P ROGRAMA DE LAS N ACIONES UNIDA S P ARA EL D ESARROLLO (P NUD): Derechos que
facultan a las personas para combatir la pobreza , en Informe sobre desarrollo h umano 2000 , Mundi-P rensa,
Madrid, 2000, cap. 4, p. 80.
21
THROSBY, D.: La cul tura en el d esarrollo económico , en Economía y cultura , Cambridge University
Press, Madrid, 2001, cap. 4, p. 7 8 -79. Primera pub licación: Economics and culture , Cambridge University
Press, Cambridge; New Yo rk; 2001 .
La política fiscal en el marc o de la po lítica económica
247
larg o de sus vidas, bajo un entorno de libertad. Y parte de la concepción originaria
del paquistaní MAHBUB U L-HAQ (1990), quien considera qu e la fuente de l a
riqueza está en la gente, no en los medios de producción:
«L a verdadera riqueza d e una n ación está en su gente. El objetivo básico
del desarrollo es crear un ambiente propicio para que los seres humanos
disfruten de una vida prolongada, saludable y creativa. Esta puede parecer
una verdad obvia, aunque con frecuencia se olvida debido a la
preocupación inmediata de acumular bienes de consumo y riqueza
financiera» .
22
El interés por cono cer las diversas aristas d el des arrollo humano ha estad o
impulsado por el P rograma de las Naciones Unidas para el D esarrollo (PNUD),
que está llevando a cabo una labor encomiable e n la difusión de las cond iciones
de vida de los seres humanos en todo el mundo, mediante la publicación anual d e
su Informe sobre Desarrollo Humano ( cu y o primer núme ro se publicó en 1990 ;
además de más d e 60 0 publi caciones relacionadas con este asunto a nivel
regional ).
Y entre los economistas que han contribuido a este pro y e cto se encuentr a
AMARTYA SEN, quien establece una de finición del desarrollo en donde lo más
relevante no es la riqueza económica, sino la rique za de la vida humana:
« E l desarrollo humano, como enfoque, se ocupa de lo que yo considero la
idea básica de desarrollo: concretamente, el aumento de la riqueza de la
vida humana en lu gar d e la riqueza de la ec onomía en la que los seres
humanos viven, que es sólo una parte de la vida misma » .
23
En definitiva, antes de preocuparse por las condic iones de crecimiento del
PIB, d e la riqueza material, de la prod u cción de artículos de consumo o d e lujo, o
de las decisiones de inversión, el verdadero centro de interés de la políti ca
macroeconómica tiene q ue est ar en las personas y en las oportunidades que les
posibiliten mejorar sus condiciones de vida . Si guiendo l a ex posición del P NUD
(1990):
« E l acceso al ingreso pu ede ser un a de las opcio nes del ser humano, p ero
no constituye la suma total de su actividad.
El desarrollo humano es un proceso mediante el cual se ofrece a las
personas ma yores oportunidades. Entr e éstas, las más importantes son una
vida prolongada y s aludable, educación y a cceso a los recursos nec esarios
para t ener un nivel d e vida decente. Otras o portunidades inclu yen la
22
UL - HA Q, M. : Def ini ci ón y me di ci ón del des arr oll o hum a n o , e n De sar r oll o hum an o. In for me 19 90 , pu bl ica do
pa ra el PN UD p or Te rce r Mu nd o Ed i tor es , B og otá (C o lom bia ), 1 99 0, ca p. 1 , p . 31.
23
S EN , A .: Ci ta do po r UN IT E D NA TI ONS D EVE LO PME NT PRO GR AM ME (UN DP ) e n H uma n
De ve lop me nt R e por ts : So bre e l d es arr oll o h um ano . E nla ce w eb : w ww .h dr .u n d p. org
FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA
248
libertad política, la garantía de los derechos hu manos y el resp eto a sí
mis mo.
El desarrollo le permite a los individuos hacer uso de estas opciones.
Nadie puede garantizar la felicidad humana y las alternativas individuales
son algo mu y personal. S in embarg o, el proceso de desarrollo debe po r lo
menos crear un ambiente propicio p ara que l as personas, tanto individual
como colectivamente, p uedan desarrollar todos sus potenciales y contar
con una oportunidad razonable de llevar un a vida productiva y creativa
conforme a sus necesidades e intere ses.
Por lo tanto, el desarrollo humano se refiere más a la formación de
capacidades humanas, tales como un mejor estado de salud o ma y or es
conocimientos. También tiene qu e ver con el uso de estas capacidades, ya
sea en el trabajo, el descanso o las actividades polític as y culturales. Y s i la
escala del desarrollo humano no lo gra equilibrar la formación y utiliz ación
de las capacidades hu manas, una buen a parte del potencial de los
individuos se verá fr ustra da.
La libe rtad es primor dial para el desarrollo humano. Los individuos
deben ser libres d e ejercer sus opciones en mercados vi ables y debe
dárseles la oportunidad de expresar sus opiniones para configurar su propia
estructura política» .
24
Esta últ ima idea es central en el p ensamiento eco nómico de SEN (1999),
quien defiende con firmeza que « el aumento de la libertad del hombre es t anto el
principal objetivo del d esarrollo como su m edio primordial », y que cada persona
ha de estar ca pacitada y habilitada para pod er defini r y modelar su propio destino:
« E l objetivo del desarrollo está relacionado c on la valoración de las
libertades reales de que goz an los individuos. Las capacidades individuales
dependen fundamentalmente, entre otras cosas, de los sistemas
económicos, social es y polí ticos. Para crear buenos mecanismos
institucionales, hay qu e considerar el pap el instrumental de los distintos
tipos de li bertad e ir más allá de la importancia fundamental que tiene la
libertad general de los individuos.
Los papeles instrumentales de la li bertad comprende n v arios
componentes distintos pero int errelacionados, como los servicios
económicos, las libertades políticas, las oportunida des sociales, las
garantías de transparencia y la seguridad pro tectora. Estos derechos
instrumentales, estas op ortunidades y estos der echos económicos tienen
poderosas interrelaciones, que pueden ir en diferentes direcc iones. Las
interconexiones influ y en de una manera fundamental en el proce so de
24
P NU D: De s ar r ol lo h um an o. In for me 19 90 , o p. ci t., R esu me n, p. 1 9.
La política fiscal en el marc o de la po lítica económica
255
personas cu yos ingresos son inferiores al 60% de la renta mediana disponibl e
(después de transferencias sociales). Los ingresos corresponden al año ante rior al
de celebrac ión de la encu esta.
En 2014, el 30,1% de los menores de 16 año s residentes en E spaña
estaban en sit uación de riesgo de pobreza , volviendo a ser de nuevo el colectivo
más castigado en términos absolutos, con un aumento de 1,2 puntos con respecto
a su posición en 2009.
Aunque en té rminos rel ativos, el grupo de 16 a 29 años es el que h a
empeorado más su posición en este indicador, al e levarse en 9,3 puntos a lo lar go
de la crisis, hasta alcanzar al 27,6%; seguido por el colectivo de 45 a 64 años (en
5 puntos), y e l de 30 a 44 años (en 4,4 puntos).
La nota mu y positiva es que los ma y o re s (de 65 y más años) también han
visto mejorada su posición en este indi cador, al recortarse el ri esgo d e p obreza
para ambos sexos en 12,4 puntos (al pasar del 23,8% en 2009, al 11,4% en 2014);
siendo este recorte un punto adicional mayor e n el caso de las mujeres.
Tabla 2.3: Carencia material severa, por edad y sexo
FUENTE: INE, Encuesta de Condiciones de Vida , Riesg o de pobreza o exclusión social (estrategia Europa
2020), Resultados nacionales. Enlace web: http ://www .in e.es/jaxiT3/Datos.htm?t=10005
Pasando al se gundo componente del Indica do r A ROPE, en la Tabla 2.3 se
muestra la evolución reg istrada por la care ncia material se vera , que mide la
proporción de la pobla ción que vive en ho gares que ca r ecen al menos de cuatro
conceptos de un listado de nueve.
33
33
Los nuev e con ceptos son: 1 No pu ede p erm itirse ir d e vacaciones al menos u na semana al año. 2 No p uede
2009 2010 2011 2012 2013 2014
Tota l 4,5 4,9 4,5 5,8 6,2 7,1
Me nore s de 16 a ños 6,6 7,2 5,2 7,4 8,4 9,6
De 16 a 29 a ños 5,6 6,3 5,9 7,7 7,4 8,7
De 30 a 44 a ños 5,1 5,2 4,9 7,0 7,6 7,9
De 45 a 64 a ños 3,2 4,0 4,1 4,6 5,0 6,9
De 65 y m á s a ños 2,3 2,2 2,7 2,9 2,7 2,4
Tota l 4,6 4,7 4,5 6,2 6,3 7,0
Me nore s de 16 a ños 7,7 6,8 5,3 7,6 8,7 9,9
De 16 a 29 a ños 4,8 5,9 5,4 8,4 6,8 7,7
De 30 a 44 a ños 5,4 5,0 4,9 7,5 8,0 8,0
De 45 a 64 a ños 3,2 4,0 4,0 4,5 5,1 7,0
De 65 y m á s a ños 1,9 1,7 2,5 2,5 2,5 1,9
Tota l 4,4 5,1 4,6 5,5 6,1 7,1
Me nore s de 16 a ños 5,5 7,6 5,2 7,2 8,0 9,3
De 16 a 29 a ños 6,4 6,8 6,5 6,9 8,1 9,8
De 30 a 44 a ños 4,8 5,4 4,9 6,4 7,3 7,8
De 45 a 64 a ños 3,2 4,0 4,2 4,6 4,9 6,8
De 65 y m á s a ños 2,6 2,7 2,8 3,1 3,0 2,8
Muj e re s
H om bre s
A m bos s e x os
Rie sgo de po bre z a o e xc lus ión so ci a l (e s trate gia Eu ropa 2 02 0)
Care nc ia m ate rial s e v e r a por e da d y s e xo .
Porce nta j e
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