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Fiscalidad y crisis económica-financiera

Roldán-Báez, Antonio Manuel

Abstract

El objeto de esta investigación es el análisis de los efectos provocados por la Gran Recesión entre las economías avanzadas, y por la posterior implementación de las políticas fiscales de consolidación fiscal, adoptadas en la zona del euro a partir de 2010, especialmente en el caso de España. A pesar de las múltiples manifestaciones masivas de rechazo popular en contra de las políticas de austeridad, tales como el Movimiento 15-M, que en 2011 recogió el sentir de millones de indignados de toda España, tanto con la clase política gobernante como con sus políticas de ajuste (para la clase obrera) y de extensión de privilegios (rescate financiero, nueva amnistía fiscal) para los adinerados y la clase capitalista, y cuyas protestas se fueron extendiendo gradualmente a otros lugares del mundo (Grecia, Portugal, Italia, Inglaterra…), llegando hasta el mismo corazón financiero de Nueva York, a través del movimiento Occupy Wall Street, los gobiernos europeos conservadores mantuvieron esta política a lo largo de la crisis. En realidad, los indicadores fiscales de España resultaban inmejorables antes de la Gran Recesión: la proporción de deuda pública sobre el PIB estaba situada en el nivel mínimo del 35,5%, mientras que la proporción del superávit público sobre el PIB era del 2%, en 2007. Pero el doble impacto de la crisis financiera y económica contrajo las bases imponibles y derrumbó los ingresos públicos; a la par que el gasto público se expandió por efecto de los estabilizadores automáticos y por las medidas de estímulo fiscal, dando lugar a que el déficit público se incrementara en 13 puntos sobre el PIB entre 2007 y 2009, un hecho que marcó la evolución de nuestra Hacienda Pública. Estos programas de estímulo fiscal comenzaron a generar los indicios de una recuperación económica. Pero a partir de 2010, los gobiernos europeos –a diferencia de Estados Unidos– cambiaron la orientación de la política fiscal y aplicaron el principio de austeridad a las políticas de gasto público, provocando un recorte en la provisión de servicios públicos fundamentales como la sanidad y la educación públicas, y en las inversiones públicas. La implementación de esta política de austeridad fiscal de una forma simultánea en todas las economías de la zona del euro -lo que vino a reforzar su impacto restrictivo-, contribuyó al deterioro de los niveles de producción y empleo, dado que los recortes aplicados (gastos sociales e inversiones públicas) acentuaron la recesión económica y provocaron más desempleo, mermando de nuevo los ingresos tributarios e incrementando el gasto. Ello implicaba la adopción de medidas de austeridad adicionales, dentro de una espiral poco virtuosa. El proceso de consolidación fiscal llevado a cabo en España ha sido distinto al del conjunto de la zona del euro, comenzando por la situación de superávit presupuestario registrada durante 2006 y 2007. En España ha tenido un mayor protagonismo la política de recortes en el gasto, que el incremento de los ingresos: mientras que el gasto total no financiero se reducirá en un 6,7% del PIB, los ingresos totales no financieros aumentarán un 1,2% del PIB. El problema es que la austeridad fiscal está amplificando los problemas de las finanzas públicas. A pesar de los recortes aplicados, la elevación de los niveles de endeudamiento público (incluyendo el rescate de las instituciones de crédito) va a requerir a medio plazo incrementos en la presión fiscal y/o recortes adicionales en el gasto público. Desde la óptica del bienestar social, el fracaso de las políticas de austeridad fiscal es evidente, al provocar un sufrimiento humano evitable a millones de personas en términos de empobrecimiento y de pérdida de unas condiciones de vida dignas, además de ampliar las desigualdades sociales a unos niveles ignotos. Pese a ello, se mantienen como objetivos prioritarios la reducción del déficit y de la deuda pública de las administraciones públicas, en detrimento de otros objetivos como el crecimiento, el pleno empleo, el desarrollo humano, o la erradicación de la pobreza, a pesar de las insostenibles tasas de paro –como la soportada por los trabajadores jóvenes– de los países de la periferia del sur de Europa, y del creciente número de personas en situación de pobreza o en riesgo de exclusión social. El proceso de construcción europea no va en la dirección de mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, ni de atender sus derechos fundamentales económicos o sociales. Ni se pretenden corregir las situaciones de flagrante desigualdad económica entre grupos y clases sociales, o entre países y regiones. Antes al contrario, la Unión Europea se está conformando de acuerdo con los intereses del Capital, desmantelando la red de derechos sociales tejida arduamente en el siglo XX, y eliminando todos los obstáculos a la extensión del mercado. El empobrecimiento registrado en España a partir de la Gran Recesión ha sido provocado por un desempleo masivo que ha castigado más a los trabajadores jóvenes, muchos de los cuales han tenido que emigrar; por la ampliación de la duración del desempleo, que ha llevado a parados de larga duración a la exclusión laboral y a engrosar las filas de la pobreza, muchos de ellos tras haber sido desahuciados de sus viviendas; y por el recorte de salarios promovido por las reformas laborales neoliberales. Pero también, por la política de recortes aplicada en las partidas presupuestarias dedicadas a los gastos sociales y por el aumento de la presión fiscal, con marcado carácter regresivo. Junto a la muy elevada percepción de corrupción existente entre los ciudadanos, tanto en relación con los partidos políticos como con la clase gobernante. El desfalco de las arcas públicas perpetrado por innumerables políticos corruptos también ha detraído importantes recursos que se han desviado de su finalidad principal: satisfacer las necesidades humanas de los ciudadanos carentes de oportunidades y/o de recursos. Como resultado, las sufridas clases medias han menguado de tamaño en el transcurso de las crisis, a la par que se han ido ampliando las filas de las clases populares. Las élites económicas, instaladas en la cúspide de la pirámide, mientras tanto, continúan con su ardua labor de seguir acumulando riqueza.

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ANTONIO M ANUEL ROL DÁN BÁEZ TESIS DOCTO RAL FISCALIDAD Y CRISIS ECONÓ MICA -FIN ANCIE RA Director: DR. JUAN JOS É HINOJO SA TOR RALVO Catedrático de Derecho Financiero y Tr ibutario UNIVERSIDAD DE MÁLAGA FACULTAD DE DERECHO 2015 AUT OR: Antonio Manuel Roldán Báez http://orcid.or g/0000-0001-7368-6451 EDIT A: Publicaciones y Divulgación Científica. Universidad de Málaga Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial- SinObraDerivada 4.0 Internacional: http://creativecommons.or g/licenses/by-nc-nd/4.0/legalcode Cualquier parte de esta obra se puede reproducir sin autorización pero con el reconocimiento y atribución de los autores. No se puede hacer uso comercial de la obra y no se puede alterar , transformar o hacer obras derivadas. Esta T esis Doctoral está depositada en el Repositorio Institucional de la Universidad de Málaga (RIUMA): riuma.uma.es III FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA IV V «Los princip ales inconv enien tes de la so ciedad econ óm ica en que viv imos son su incapa cidad p ara procurar la ocupa ción plena y su arbitraria y desigual distr ibución de la r iqueza y los ingresos» . 1 JOHN MAYNA RD KEYN ES (1936) 1 KEYNES, J. M. : No tas finales so bre la filosofía social a que podría conducir la T eoría g eneral , en Teoría general de la ocupación, el in terés y el din ero , F ondo de Cultura Económica, México, 1 1ª reimpr., 1980 , Libro VI: Breves consideraciones suge ridas po r la T eoría general, cap. 24, p. 328. FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA VI VII ÍNDICE INTRODUCCIÓN 1 CAPÍTULO I FUNCIONES DEL ESTADO Y PAPEL DE LA IMPOSICIÓ N EN LAS SOCIEDADES MODERN AS 11 1. La s funciones del Esta do en las sociedades modernas 11 1.1. Problemas económicos y soc iales, y sistemas de org anización social 15 1.1.1. Actividad económica y sistemas económicos 17 1.1.2. Naturaleza y rasgos estructura les d el Capitalismo 32 1.2. ¿Por qué hay ciclos económicos en el Capitalism o? 39 1.2.1. Tipología de ciclos 45 1.2.2. La s fases del ciclo económico 49 1.3. La s grandes depresiones del último si glo 54 1.3.1. La Gran Depr esión de 1929 54 1.3.2. La Gran Recesión de 2008 66 2. El papel del Estado en la Economía Política Clásica y en la Economía Marxista 88 2.1 El Estado en el Pensamiento Clásico: del Estado mínimo al dogma del presupue sto equilibrado anual 88 2.2 El Estado en el Pensamiento Marxista: el Estado c apitalista como instrumento al servicio de la clase dominante 95 3. La evolución del papel del Estado desde finales del siglo XIX 105 3.1. El Estado en el Pensamiento Neoclásic o: garante de la propiedad privada, promotor de la competencia efectiva en el mercado 105 3.2. El Estado en la Economía del B ienestar: la corrección de los “ fallos ” de l mercado en materia de eficiencia 120 FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA VIII 3.3. El Estado en la Economía Social de Merca do: el ideal del orden económico y social c onf orme al mercado 130 3.4. El Estado en la Revolución Keynesiana : estab ilización macroeconómica y logro del pleno empleo 141 3.5. El Estado del Bienestar: ¿el re conocimiento de la dignidad humana? 165 3.6. El Estado en el Pensamiento Neolibera l: desr egulación, privatización de servic ios públi cos, y de smantelam iento del Estado del Bienestar 183 4. La im posición entre las funciones del Estado 204 4.1. L os principios de la imposición 204 4.2. El ideal de sistema f iscal racional de Neumark 217 4.3. L os principios de un sistema tributario justo en la sociedad moderna 220 CAPÍTULO II LA POLÍTICA FISCAL EN EL MARCO DE LA POLÍTICA ECONÓMICA 231 1. Aproximación a los fundamentos y los límites de política económica 229 1.1. A los fundamentos 231 1.2. A los límites 235 2. Los objetivos de la política económic a. En particular, la distribución equitativa y la disciplina fiscal 238 2.1. Una breve clasificac ión de los instrumentos de políti ca económica 238 2.2. Los obje tivos mac roeconómicos 241 2.2.1. Distribución equitativa 241 XV 1.9.5. I mpuestos especiales 460 1.9.5.1. Electricidad 460 1.9.5.2. I mpuesto sobre gases fluora dos de efec to invernadero 460 2. Efectos económicos de la política fiscal durante la crisis, en general 461 2.1. La s secuelas de la Gran Recesión: un patrón de crecimiento lento e inestable 461 2.2. Gestión de la demanda efec tiva y política fiscal 469 3. El impacto de la Gran Recesión de 2008 sobre las cue ntas públicas, y sus repercusiones sobre las políti cas de ing resos y de gastos públicos 474 3.1. Evolución compara ti va del déficit, de la deuda y del saldo primario de las Administrac iones Públicas 475 3.2. Evolución compara ti va de la presión fiscal 483 3.3 La cuestión del tamaño del sector público y los desequilibrios fiscales 486 3.4. Evolución compara ti va de los ingresos totales (no financieros) de las Administraciones Públicas 488 3.5. Evolución compara ti va de la imposición y de las cotizaciones sociales efectivas 490 3.6 La consolid ación fiscal en España y en la z ona del euro 493 4. Los recortes en las políticas de gasto público e n España 496 5. Una reflexión final 506 CONCLUSIONES Y PROPUESTAS DE POLÍTICA 511 ANEXO ESTADÍSTICO 517 ÍNDICE DE GRÁF ICA S, TABLAS, CUADROS Y MAPAS 563 BIBLIOGRAFÍA 571 FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA XVI 1 INTRODU CCIÓN I La s políticas de consolid ación fiscal que fueron aplicada s en los países de la zona del euro a partir de 2010, como antídoto frente a las se cuelas de la s crisis financiera y económica i niciadas en 2008 , y que están basadas en el princ ipio de austeridad, han fracasado desde la perspec tiva d el empleo y d el bienestar social. Si bien no se puede afir mar lo mi smo, cuando se tienen en cuenta los intereses y el bienestar de la clase económica dominante. Además, están propiciando las bases para un crecimiento económico más lento e inestable del que sería conveniente, al fomentarse el ahor ro frente al estí mulo del gasto. Los Gobiernos d e ideolo gía neoliberal que h an i mplementado esa política de c onsolidación fiscal, esencialmente e n el entorno de la Unión Eu ropea, se muestran convencidos d e que esta op ción consti tu y e la únic a po lítica po sible, al entender se que, de no haberse aplic ado est e programa de ajuste fiscal, las consecue ncias aún habrían sido peores para l as sociedades que las que sufren en l a actualidad. A pesar de las múlti ples manifestaciones masivas de rechazo popula r en su contra, tales como el Mo vimiento 15-M , que en 2 011 recogió el sentir de mi llones de indignados de toda Es paña, tanto con la clase p olítica gobernante como con sus políticas de ajuste (para la c lase obrera) y de ex tensión de privilegios (resca te financier o, nueva amnistía fiscal) pa ra los adinerados y la clase c apitalista, y cuy as protestas se fueron extendiendo gradualmente a otros lu gares del mundo (Grecia, P ortugal, I talia, I nglaterra…), lleg ando hasta e l mismo c orazón financier o de Nueva Y ork, a través del movi miento Occupy Wall Street , los gobier nos mantuvieron la misma fórmula. Es cierto que la Gran R ecesión económica alum brada en el 2008 tuvo s u desenca denante inicial e n la crisis financiera p rovocada por alg unas instituciones de cré dito estadounidens es, especializadas en los créditos hipotecarios. El fomento de las actividades especulativas en el sector bancario estuvo avalada por la desregulación de las actividades típ icas de la banca de inversión en los Estados Unidos de América, y por l a ambició n de obtener rápidas gan ancias a corto plazo tan característica de la economía capitalista, junto a la falta de prudencia de muchos ej ecutivos y gestores financieros que promovieron ciertas práctica s bancarias des aconsejables, tales com o la concesión de c réditos a personas insol ventes, que acabaron generando el serio problema de l as hipotecas - basura y con posteriorid ad otro aún ma yor, el de los “activos tóxicos”, producto de la sofisticac ión de los derivados financieros. FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA 2 Los bancos de los países desarrollados com enzaron a desconfiar entre sí en los mercados int erbancarios, y el originario problema ba ncario de liquidez se transformó en otro mucho más grave, en uno de solvencia pa ra nu merosas instituciones de crédito, que ll evaron a la quiebra incluso hasta al gigante Lehman Brothers. Ante la sit uación de insolvencia financiera de n umerosas entidades, que puso al borde del colapso total al propio sistema financiero c apitalista, y que se fue difundiendo de un modo paulatino desde los Estados Unidos al resto de los países capitalistas avanzados, la respuesta de sus Gobiernos fue apostar en exclusiva por unos amplios programas de rescate bancario, descartan do otras opciones alternativas; y que en la práctica te rminaron por premiar a unos ejecutivos financieros incompetentes – algunos de ellos, incluso delincuentes – , a la par que casti ga ron a unos santos inocentes: los contribuye ntes. D ada la li mitación de los recursos presupuestarios, la asignación destinada al primer fin se hiz o a expensas fundamentalmente de los progra mas sociales. Por lo tanto, este programa de rescate finan ciero público a la banca no ha sido ni muchos menos neutra l, considerando dive rsos aspectos relacionados tanto con la efic iencia como co n la equidad. En primer lu gar, n o lo ha sido en relación con lo s incentivos económicos que deben presidir la asignación eficiente de uno s recursos económicos e scasos , en el ámbito de una economía de mercado. Por un lado, no tiene se ntido socializ ar las pérdidas de la b anca, cuando ésta se apropia privada mente de sus beneficios. En tal caso, si las instit uciones bancarias se sienten bie n amparadas b ajo el para gua s p rotector del Estado, es probable que al gunas de ellas puedan asumir nue vamente acciones irr esponsables en un futuro próximo, a la vuelta de la próxima crisis financiera. Este fundamento solo lo ha considerado I slandia. Por el otro, el resto de los sectores económicos puede exigir le un trato no discriminatorio a sus G obiernos cua ndo le soliciten la misma rece ta aplicada ahora a la banca: la asunción pública de sus pérdidas. En segundo lu gar, t ampoco lo ha sido a la hora de asumir se, a título personal, tanto los beneficios como el riesgo d e una p érdida derivada de una inversión especulativa, que afecta a todos los agentes económicos ( y a s ean inversores, accionistas, a horradores, entidad es financieras…) en una economía mercado; al trasladarse en este caso el s acrificio de h acer f rente a las pérdidas bancarias, desde los bancos y las cajas de ahorros que las causaron, h acia los contribuy entes. Ni mucho menos ha sido neutral sobre el bienes tar social, puesto que la cara oculta del res cate b ancario fue un paralelo recorte del gasto público social destinado a promov er la e ducación pública, la sanidad pública, l a pol ítica de Introducción 3 vivienda social, las pensiones, el desempleo, la dependencia, y otr as cl ases de ay udas sociales. En otro orden de ideas, y a pesar de la importante in ye cción recibida de recursos públicos, la b anca priv ada no ha cumplido en esta etapa con su función primordial de con ceder créditos a empresas y familias de una forma fluida durante el transcurso de la crisis financiera, lo que también ha sido un factor central en el desenca denamiento de la crisis económica. La fu erte restricción del crédito bancario fre nó las posibilidades de financiac ión p ara la inversión – especialmente, de las pequeñas y m edianas empresas, que constituyen el núcleo principal pa ra la creación de puestos de trabajo – , y del consumo, constitu y éndose así en una rémora para e l crecimiento económico y la ge neraci ón de empleo. Al partir de un contexto de desempleo masivo y p ersistente, y de una brusca caída de la demanda ef ectiva, tan característico de la Gran Recesión de 2008 -como antes lo fue ra de la Gran Depresión d e 1929 -, no parece que el mejor instrumento para recuperar el c recimiento económico sostenido, y que esté en condiciones de generar un alto nivel de empleo de calidad, sea la política de consolidación fiscal. Al menos, esto es cierto desde la óptica de la teoría ec onómica ke yne siana, partidaria en este caso de aplicar una política de gasto deficitario. Ni mucho menos, que h a y a sido nec esario aplicarla con una int ensidad tan fuerte como contrapr oducente. Una política de intenso ajuste fiscal que h a sido a doptada en el entorno de la zona del euro a pa rtir de 2010 h asta ahora, pero que no ha sido practicada en otras área s económicas c apitalistas, como por ejemplo, en los Estados Un idos de América. El resultado comparativo de tales opciones de política, en términos de la evolución de las respec ti vas tasas de paro en ambas área s, resulta concluyente. Sin embarg o, y s egún las tesis defendidas por el pensamiento neoliberal y los gobiernos conservadores europeos, esta es l a mejor manera de recuperar la confianza de los agentes económicos en general, y de los inversores internacionale s en particular: eliminando los déficits públi cos excesivos y reduciendo el peso rel ativo de la deuda pública en relación al producto interior bruto a precios de mercado. Cuando en realidad el verdadero problema originario de la crisis financiera fue la elevada ma gnitud alcanz ada por la deuda privada que, dicho sea de paso, en una buena proporción fue socializada . De esa manera, conside ran que el estímulo a la inversión privada y al consumo de los hogares será bastante para propiciar , mediante la li bre iniciativa, el ansiado crecimiento económico, y el aumento del nivel de empleo y de bienestar social. Pero el único resultado cierto es que tanto en España como en las sociedades capitalistas d e nuestro entorno – particularmente, las de la p eriferia del FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA 4 sur de Europa – , h a aume ntado la desigualdad e conómica y social en esta fase del ciclo económico a unos niveles ignotos, como resultado tanto del creciente empobrecimiento y de la exclusión social de millones de personas, como de l a paulatina concentración de la rique za en una selecta minoría, o élite económica. Este creciente e mpobrecimiento ha sido provocado por un desempleo masivo que ha castigado especialmente a los trabajadores más jóvenes, mu chos de los cuales han tenido que emigrar por motivos econ ómicos. Por la ampliación de la duración del d esempleo, que ha llev ado fin almente a num erosos parados de muy lar ga du ración a la exclusión laboral y a e ngrosar las cifras de la pobreza, muchos de ellos tras haber sido desahuciados pr eviamente de sus viviendas. Por el recorte de los salarios promovido por las reformas laborales del mismo signo ideológico neoliberal. Y por la políti ca de recortes aplicada en las partidas presupuestar ias dedicadas a los ga stos sociales. Por no hablar de la mu y elevada perce pción de corrupció n existente entre los ciuda danos en nuestro país, tanto en relación con los partidos políticos como con la clase g obernante. Como resultado de todo ello, las sufridas clases medias han ido menguado de tamaño en el transcurso y desarrollo de las crisis, a la p ar que se h an ido ampliando progresivamente las filas de las clases populares. La s élites económicas, instaladas en la cúspide d e la pirámide han continuado mientras tanto con su ardua labor de se guir acumulando riqueza. II Este trabajo de investigación se estructura en tor no a tres capítulos. En el primero de ellos, Funciones del Estado y papel de la imposición en las sociedades modernas , se analizan los roles desempeñados por el Estado en las socieda des contemporáneas, pasand o a continuación a describir se los rasgos estructurales del capitalismo y los fundamentos de la teoría de los ciclos económicos. La inestabilidad inherente del capitalismo conduce al estudio de sus flu ctuaciones cíclicas, que pueden llegar a ocasionar episodios como la Gran Depresión de 1929, o la Gran Recesión de 2008, de graves consecuencias econó micas y sociales, y que h an sid o afrontadas por la política económica con diferentes esquemas de intervenc ión públi ca. Inmediatamente se analizan las funciones asignadas y desempeñadas por el Estado, a la luz de las doctr inas del pensamiento económico. En orde n a las diversas circunstancias h istóricas, materiales e ideológicas, cada una de e llas ha propuesto una determinada manera de articular las relaciones del Estado con los demás a ge ntes económicos y sociales, dentro del marco genera l de un sist ema de economía de merca do. Introducción 5 La Economía Política Clásica tuvo una concepción mu y estrecha del intervencionismo, reservando al Soberano tres deberes en exclusiva, y dando rienda suelta en lo demás a la iniciativa p rivada, tanto en el desenvolvimiento como en la direcc ión de la actividad económica. E n este Estado mínimo no se planteaban grandes inco nvenientes a la hora d e financiar unos ga stos públicos reducidos, dado que el propósito de ello consistía en limitar el pod er tributario y el establecimiento de impu estos. Y para sancionar est e estado d e cosas, se acuñó el dogma del pr esupuesto equilibrado anual, que c ontinúa vigente en la actualidad como refere nte normativ o dentro de la zona del euro. El pensamiento crítico marxista contempló al Estado como el garante de l a propiedad priva da capitalista, y del mantenimiento tanto de las re laciones de propiedad, como d el ben eficio de la clase bur guesa. Por ello también se le califica como Estado capitalista , en el sentido de que se encuentra al servicio de los intereses de la clase domi nante, o clase gobernante instalada en el poder. El pensamiento n eoclásico limitó las funciones del Estado a la defensa de los derechos de propiedad, a l mantenimiento de la se guridad y el orden, y a garantizar el libre funcionamiento de la economía de mercado. No se contempla aquí ningún tipo de interferencia particular con los asuntos económicos privados, al estar proscritas todas aquellas actuaciones que desvíen a la economí a de mercado de su curso natural, por la vía de la com petencia ( como por ejem plo, por medio de impuestos, aranceles, o ay udas sociales). No obstante, una de sus principales corrientes doctrinales, conocida como la Economía del Bienestar, sí llegó a tolerar la i ntervención públi ca tan solo al objeto de corregir los denomi nados “ fallos ” del mercado en el ámbito asignativo , que constitu y en unas determinadas situaciones en donde el mecanismo de mercado no es c apaz d e sumi nistrar cierto tipo de bienes (los bienes públicos puros), o donde solo llega a alcanzar solucion es inef icientes (externalidades). Fuera de esto, se despreocupó por completo de las demás consideraciones, como aquellas re lativas a la dis tribución de la renta. La E conomía Social de Mercado, que fu e d esarrollada por autores nucleados en torno a l a Escuela de F riburgo, e implementada en l a política económica alema na del gabinete de KONRAD ADEN AUER, con LUDWI G ERHARD como ministro de Economía, también es partidaria del intervencionismo siempre y cuando que se adec úe al criterio de la “conformidad al mercado” . Pero a pes ar de la pr eeminencia otorgada al se ctor privado y a l a libertad del mercado en esta con cepción, lo ciert o es que aquí también s e admite una actuación “c ompensa dora” por parte del Estado. La Revolu ción Ke y nesiana alteró completamente la visión de la economí a (al pasar del enfoque mi croec onómico al macroe conómico) y de los economistas neoclásicos, que comprobaron con sorpresa y estupor cómo el desempleo masivo e involuntario provocado por la Gran Depresión de 1929 rompía y h acía añicos FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA 6 los fundamentos de la teoría clásica ( y neoclásica), basada en la idea cen tral del equilibrio automático con pleno empleo, gracias a la flex ibilidad de los precios como mecanismo de ajuste en el mercado. La Teoría general de K e y nes explicó la causa que o riginó aqu el desastre: la insuficiencia de la demanda efectiva (o el exceso de aho rro) ; y sent ó las bases p ara una intervención centrada en el o bjetivo de la estabiliz ación macroeconómica, por medio de la articulación de la política fiscal. El presupuesto p úblico comenzó desde entonces a desempeñar u n pape l central en el lo gro del pleno e mpleo, mediante la política de ge stión de la demanda agregada con fines estabiliz adores. Los programas de ingresos p úblicos y de gastos públicos podían ajustarse así al nivel requerido, a partir de l gasto privado en consumo e inversión, para lo grar qu e la d emanda ef ectiva pudiera equilibrarse con la producción potencial, o de pleno empleo. Si bi en KEYNES resolvió el enorme problema de cómo lograr el pleno empleo en las economías capitalistas, en realidad no atendió al otro problema central de la e conomía: el de cómo distribuir los recursos en una e conomía que ha ya alcanzado la p roducción de pleno empleo. Esta creciente asunción de funciones por parte d el Estado (en los ámbitos de la asignación de los recursos y de la estabilización macroeconómica) avanzó de una forma significativa en el terreno distributivo con el surgimiento del Estado del Bienestar, cu yo fundamento moral reside en «e l r econocimiento de la di gn idad de la persona hum ana » , tal como asentara HUMAYUN KABIR. D e modo que la intervención pública en las funciones ordinarias de la sociedad, ahora estar ía destinada a asegurarle a cada individuo « ciertos derechos inherentes e inalienables» , mediante la provisión pública de servicios sociales tales como la seguridad social, sanidad , educación, vivienda, dependencia, o beneficencia. Junto a la reglamentación estatal de las actividades privadas, con el fin de modi ficar las condiciones de vid a de i ndividuos y de colectivos sociales dentro de la po blación . Esta reglamentación abarcaría a la propia política fiscal, y a un amplio catálogo de legislac ión social (estatuto de los trabajadores, educación obligatoria, pr otección de consumidores y usuarios, construc ción de viviendas, etc.). En últim o término , la de nominada R evolución C onservadora se orientó e n contra del int ervencionismo caracteriz ado por el Ke y nesianismo y l a soli daridad del Estado del Bienestar, al objeto de diseñar las bases de un capitalismo «duro y libre » de reg las, sin t rabas, a partir de las tesis neoliberales. El neoliberalismo, fundamentado en el ideal de l a Escuela Clásica liber al, se amalgama a medi ados del siglo XX con el i mpulso intelectual de las ideas ultraliberales de HA YEK -perfiladas en su Camino de servidumbre -, y de otros referentes como FRIED MAN, VON M I SES y P OPP ER . Pero en realidad, solo se pudo poner en p ráctica este pro grama económico con la llegada al pod er -casi simultánea- de REAGAN y THATCHER. Su c rí tica principal est uvo dirigida al Estado de Bienestar, que es contemplado como un instrumento que inflige un daño destructivo a sus propios Introducción 7 beneficiarios – según se dice, al debilitarse el espíritu emprendedor de los individuos cuando se encuentran tutelados por el Estado – , y por est a razón incluso se ll ega a afirmar por FR I EDMAN que la ma y oría de los programas de bienestar nunca se deb erían hab er aprobado. P ara facilitar la plena eficacia del mercado, se acometieron un conjunto de reformas estructurales, que estuvieron ce ntradas fundamentalmente en el merca do de t rabajo y en la reestructuración de la administración pública. Se combatieron los déficit s públicos con recortes significa tivos en los programas de gasto -al o bjeto de conseguir la deseada reducc ión en los impuestos- y se le otorgó el manejo de la economía a la política monetaria, d escartándose papel al guno a los demás instrumentos de polític a y, en particular, a la política fiscal. En síntesis, podemos resumir que las doctrinas económicas liberales contemplan al Estado como una institución social que no debe interferir en el libre funcionamiento de la economía de mercado, y qu e presupon en su eficaz funcionamiento si se respeta la libertad individual y la propiedad privad a de los medios de producción. Por regla general, el Estado tan solo habría de li mi tarse a proteger a la propiedad, y a garantizar el efect ivo funcionamiento del mercado. Mientras que las doctr inas intervencionistas d efienden la supe rvisión estatal de los asuntos ec onómicos privados, sobr e la b ase d e la inca p acidad del mercado p ara garantizar una senda de crecimiento económico estable con pleno empleo, paralela a un a eficiente asignación de lo s recursos, y a una distribución socialmente aceptable (justa) de la renta y de la propiedad. Este primer capítulo se cierra con un re paso a los principios de la imposición, a partir del clásico esquema de NEUMARK y su ideal de sistema fiscal racional, así como a la doctrina tributaria so bre tales principios. El c apítulo seg undo está titulado La po lítica f iscal en el marco de la política económica , que se inicia con una aproximación a los fundamentos y a las limitaciones de la política económica, para a conti nuación concentrar el est udio en sus respectivos instrumentos y objetivos. Además de los fines trad icionales – crecimiento e conómico, pleno empleo y estabilidad de pr ecios – , hemos considera do que la polí tica macroec onómica ha de prestar una atención central a la equidad en la dist ribución de la renta y de la riqueza, así como al desarrollo económico ( en su doble verti ente de desarrollo humano y de desarrollo sostenible). Otros objetivo s relevantes se refieren al equilibrio ex terior, y a la disciplina fiscal, que ha pasado a tene r un protagonismo singular en el entorno de las economías de la zona del euro, en el trans curso de los años más rec ientes. El análisis del papel de la política monetaria, en el contex to de la Unión Económica y Moneta ria, resulta imprescindible para conocer las posibilidades de actuac ión disc recional de la polí tica fiscal. La pérdida de la sob er anía mo netaria, al abandonar a la peseta como unidad de cuenta para integrarnos en la moneda FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA 8 común, el euro; junto la autonomía otorgada a los bancos centrales en la instrumentación y ejecución de l a política monetaria, constitu y en dos hitos históricos que han cambiado el panorama para la articulación de la política económica al nivel de los Estados miembros de la zona del euro. Para los Gobiernos nacionales, la inte gración de sus respectivos Estados en la Unión Económica y Moneta ria (UEM) h a supuesto l a pérdida de la instrumentación y ejecución de la política monetaria (que ahora está en ma nos del Banc o Central Europeo con sede en Frankfurt a m Mein, como núcl eo duro del Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC), en el que se integra el Banco de España), y del control d e los tipos de interés; junto a la pérdida de la política cambiaria , que antes posi bilitaba el ajuste dis crecional en los ti pos d e c ambio para reequilibrar el deterioro en la balanza de pagos. Con ello, evidentemente, se ha reducido su “caja de her ramientas” de política macroeconómica, lo que les obliga a acudir a otras líneas de actuación inmediata, como pueden ser las reformas estructurales, al objeto de confrontar los problemas económicos y so ciales que se presenten en la coyuntura. El análisis de las funcio nes de los bancos centrales y d el SEBC, así como de los fundamentos de la política monetaria única (desde su marco operativo y la estrategia, sus operacion es principales, la tr ansmisión de esta polí tica, as í como sus recientes medidas no convencionales) se completa, finalmente, con el de las interrelaciones existentes entre la política monetaria única y la políti ca fisc al , y l a problemática que conllev an. A continuación, el estud io de la política fiscal se centra en sus objetivos , que aparecen vinculados a sus respectivas funciones (asignación, distribución, y estabilización), así como en los efectos económicos de los respectivos programas de ingresos públi cos y de gastos públicos, en los que desempeñan un papel relevante los multiplicadores fiscales. Como cierre del capítulo segundo, se contempla el asunto de la economía sumerg ida y el trabajo n o declarado, con evidentes repercusiones presupuestarias, pero también é ticas. Finalmente, el capítulo III se dedica al análisis de las reformas fis cales durante la crisis y sus efectos. La primera parte se dedica a la reseña de las principales modificaciones normativas que se han l levado a cabo entre los ejercicios 2007 y 2015 , en el ámbito de los siguientes tributos: Impuesto sobr e la Renta de l as Personas Físicas, Impuesto sob re la Renta de No Residentes, Impuesto sobre S ociedades, Impuesto sobre el Va lor Añadido, Impuestos Especiales, y Tasas. Con carácter oc asional, igualmente se reseña la participación de las Administraciones Territoriales en los tributos del Estado, los Gravámenes especiale s (declaración tribut aria especial y regularización de balances), así como Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 15 « E n última inst ancia, so lo considera el avance en su bien estar mat erial externo, y no se ocupa directamente de sus necesidades int ern as, tanto espirituales como metafísicas. No promete a los hombres felicidad y satisfacc ión, sino solo la satisfacc ión más ampli a posible de todos los deseos que pue den ser sa tisfechos por las cosas del mundo exterior » . 7 Tal progreso material se alcanza en el entorno de una economía de mercado que, se gún el común planteamiento de PAUL A. SAMUE LSON y W ILLI AM D. NORDHAUS (2005), constituye un complejo mecanis mo que coordina tanto a las p ersonas y a las emp resas como a las actividades que desarrolla n, m ediante un sistema de mer cados y de precios , y en el que ningún individuo u organización es el responsable de la producción, la distribución, el consumo, o la determinación de los pre cios : « S e t rata d e un dispositivo de comunicación que agrupa el conocimiento y las acciones de miles de millones de individuos diferentes. Sin una inteligenc ia u orden centra l, resuelve problemas de produ cción y distribución que involucran miles de millones de variables y relaciones desconocidas, problemas que están más allá del alcance incluso del superordenador más mo derno que pueda exist ir en la actualidad. Nadie diseñó el merc ado, pero éste funciona notablemente bien. En una economía de me rcado no ha y un solo individuo u organización que se a responsable de l a producción, el consumo , la distribución o la fijación de precios… En los sistemas de mercado todo tiene un pr ecio , que es el v alor del bien en términos de dinero… Los pr ecios represent an los términos a los cuales las personas y las empresas intercambian dist intos bienes de manera voluntaria» . 8 1.1. Problemas económicos y sociales, y sistemas de organización social Toda sociedad d ebe decidi r cómo aplicar sus recursos económicos y su s energías para p roducir la máxima cantidad posible de bienes y servicios, destinados a la satisfacción de las necesidades humanas de sus ciudadanos, pero procura ndo en la medida de sus posibilidades que el empleo de las diversa s 7 VON MISES, L. (1927): Introduction. 2 Material welfare , en Liberalism. The Classical tradition , editado por BETTINA BIEN GREAVES; Libert y Fun d, Indianapolis, 2005, p. xix. P rimera edició n in glesa: Th e free and prosperous commonwe alth: An exposition o f the ideas of classical liberalism , D. Van Nostrand, Princeton, 1962. Primera publicación en alem án: Liberalismus , Gus tav Fischer, Jena, 1927. 8 SAMUELSON, P. A. y NORDHAUS, W. D . (20 05): Los mercados y el Estado en la economía moderna , en Economía. Decimoctava edición , McGraw-Hill, Madrid , 2006 , P arte uno: Conceptos b ásicos, cap. 2, p . 25 - 26. P rim era p ublicación : Economics, an in troductory a nalysis / P AUL A. SAMUELSON, McGraw-Hil l Book Co., Ne w Yo rk, 1948. 1 8 ª ed.: Eco nomics 18th e d . / PA UL A. SA MUE LSON y WI LLIAM D. NORDHAUS, McG ra w-Hill/Irwin, Boston (Massachusetts), 2005. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 16 fuerzas produc tivas resul te efica z, y se minimice así el despilfarr o. En este sentido, podría parecer que el problema de la producción es « e sencialmente de in geniería o de eficiencia técnica » , siguiendo al econ omista institucionalista ROBER T L. HEILB RONER (1962), al darnos la sensación de que gira alrededor del «esfue rzo para ec onomizar » . S i bien dicha labor resulta decisiva en todas las sociedades, y aunque dif erentes ramas del pensamiento económico estén consagradas a la noción de economizar , según su criterio, ésta no es la esencia del problema de la pr odu cción: « M ucho antes de que una sociedad pueda siqui era comenzar a preocuparse por empl ear “económicamente” sus ener gías, d ebe primero ord enar las energías con que cuenta para lleva r a cabo el proceso de la produ cción en sí. Es decir, el problema básico de la producción consiste en la planeación de instituciones sociales capaces de mo vilizar la energía humana hacia fines productivos » . 9 Este requisito que a sim ple vista parece tan elemental, no resulta tan fácil de alcanzar en las socied ades capitalistas, tal y co mo se pone de m anifiesto en los episodios cíclicos rec urrentes de crisis económicas . A pesar de contar con millones de personas capacitadas que están dispuestas a trabajar, se mantienen innum erables fábricas ociosas y , lo que es peor, ne cesidades perentorias pendientes d e atender, haciendo in evitable que muchas de ellas no encuentren un puesto de trabajo digno, en aquellas situaciones de recesión ec onómica d onde se reg istra un probl ema de de sempleo masiv o. Así por ejemplo, HE IL B RONER se refiere en pa rticular a la situación del mercado de trabajo en los Estados Unidos en 193 3, justo cuatro años desp ués del inicio de la Gran Depre sión de 1929: « … las energías de ap roximadamente trece mill ones de person as -la cuarta parte d e la fuerza d e tr abajo del país- no estaban dirigidas en lo absoluto hacia el proc eso de producción. Aun cuando esto s hombres y mujeres sin empleo estaban ansiosos por trabajar, a pes ar de que había fábricas vací as donde ellos podían trabajar y aunque existían necesidade s perentorias, de alguna manera se habí a producido un derrumbe terrible y desconcertante que desvió el proc eso de producción y trajo como resultado que toda un a tercera parte de lo que fue nuestra anterior prod ucción anual de bienes y servicios simplemente desapareciera» . 10 La Gran Recesión de 20 08 ha vuelto a plantear encima de la mesa, una vez 9 HEILBRONER, R. L. (196 2): El pro blema econó mico , en La fo rmación de la sociedad económica , Fondo de Cultu ra Económica, México, 3 ª ed., 19 74, Segund a parte: El naci miento de la moderna sociedad económica, cap. II, p. 39. Primera publicación: The m aking o f economic society , P rentice-Hall, Englew o od Cliffs (New Je rse y ), 196 2. 10 HEILBRONER, R. L.: Ibídem, p. 39 -40. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 17 más, esta misma cuestión. ¿Por qué no tenemos instit uciones sociales eficaces para resolver el proble ma de la produc ción ? ¿ Cómo es posi ble que seamos incapaces de dar una salida racional al grave dese quilibrio económico y social del desempleo ? Ello plantea la necesidad ineludibl e de estudiar a la actividad económica y al modo de funcionamiento del sistema económico dominante en el mundo contemporáne o, el capitalismo, para trat ar de dar con las respuestas acertadas a tales cuestiones, si bien aprovecharemos esta ap rox i mación para contemplar una tipología eleme ntal de los sistemas económicos. 1.1.1. Actividad económica y sistemas económicos La a ctividad económica fue definida como un concepto poliédrico por FRANK HYNEMAN KNIGHT (1923), maestro de la Escuela de Chic ago, al considerarla « a la vez un medio de s atisfacción de las necesidades, un agente de formación del deseo y el carác ter, un campo para la ex presión creativa del individuo y un d eporte competitivo. En la práctica del juego económ ico los hombres están a un tiem po moldeando su personalidad y creando una civilización cuy o valor de permanencia no puede dejarnos indiferentes » . 11 Un requisito esencial para que se desarrollen tanto la actividad económica como la competenc ia , e s la existencia de unos recursos económicos escasos. Según el filósofo político británico HARRY B. ACTON (1971), si todos « p udieran c onse guir lo que dese an, no ha bría c ompetencia ni actividad económica. Toda compet encia supon e escasez, o por lo menos la creencia de que lo que se desea es e scaso » . 12 P ero en la pr áctica, el desenvolvimiento de la actividad económica está dirigido a resolver los princ ipales problemas económicos qu e debe afrontar cualquier tipo de soc iedad. El economista estadounidense GARY S. BECKER 13 (1971), también de la Escuela de Chica go, centra su análisis de la actividad económica en el paradigma de la es casez y , por lo tanto, plantea la necesidad de ele gir permanentemente entre 11 KNIGHT, F. H. (1923): La ética d e la compete ncia , en La ética de la sociedad c o mpetitiva , Unió n Editorial, M adrid, 1976, ensay o 2 , p. 45. P rime ra pu blicación del artículo : “The ethics of competition” , en The Qua rterly Journal of Eco nomics , 37 (4), 1 923, p. 579-624. Y de la ob ra: The ethics of competition and other essays , Harper & Brothers, New York, 1935. 12 ACTON, H. B. (1971): Ética de la competencia , en La mo ral del mercado , Unión Editorial, Mad rid, 1978, cap. III, p. 78. Prime ra publi cación: The morals of markets: an ethical exploration , Longm ans, Harlow, 1971. 13 GARY S. BECKER es Premio Nob el en Ciencias Económicas 1 99 2 «por haber extendido el d ominio del análisis m icroecon ómico a u n am p lio rango de com p ortamiento y a la interacción huma na, in clu y endo comportamientos no me rcantiles». Enlace we b: h ttp://www.nobelprize.org/nobel_prizes/econom ic- sciences/laureates/1992 / FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 18 diferentes opciones: «Toda sociedad -sin imp ortar su or ganización- deberá determinar, de algún modo: lo que se produ ce, cómo se produce y cómo se distribuy e ese producto. La base de lo que es la economía se refiere a la sel ección entre diferentes opciones; y, no cabe duda que una economía tiene muchas opciones entre los dif erentes produ ctos; adem ás, necesita determinar cuánto dejar a un lado pa ra un futuro c recimiento. La selección entre opciones también entra en juego pa ra determinar cómo producir lo deseado, ya que una va riedad de técnicas y co mbinaciones d e factores (difere ntes tipos del factor trabajo, capital y materias primas) pueden ser utilizadas en la producción de la misma cosa y finalmente existe el elemento de selección entre opciones en lo que concierne a la distribución de lo producido; esto es, elegir sob re la distribución del ingreso entre personas» . 14 En particular, ¿ cómo habrían de emplearse las fue rzas productivas de una sociedad, y quién de bería decidirlo? Estas son las cuestion es fundamentales que plantea toda economía « o rganizada de cualquier tipo que sea: la economía del imperio d e los Faraones o la de las Poli s griegas, l a economía d e Robinsón o la de los indios Sioux, tanto como la d e las modern as naciones industriales; y si empre y en todas p artes ha y que encontrar una r espuesta » , según el economista alemán W ILHELM RÖPKE (1941), int egrado en la c orriente del Or doliberalismo. En función del camino elegido, así sería el « e squeleto de la estructura económica » : « … y a quí también sól o exist en dos únicas soluciones: autonomía y heteronomía. En efecto: o deciden, sobre el qué, el cómo y el cuánto de l a producción aquellos a qu ienes afecta en primer lu gar, o se a aqu ellos cu y as necesidades viene a sati sfacer la producción, o deciden otros elementos. Con otras palabras: o se forma la « volunt ad econó mica » po r la democracia de la sociedad consumidora o en virtud de una o rden auto crática. No h a y una tercera solución » . 15 Debemos considerar que el propio desarrollo de la actividad económica podría resultarnos ininte ligible si la contemplamos de un modo distanci ado del propio sistema en que el transcurre dicha actividad. En este sentido, MAR IO BUNGE (1982) entiende que el conjunto de toda s las ciencias soc iales « son 14 BECKER, G. S. (197 1): ¿Qué es la econo mía? , en Teoría económica , Fondo de Cultura Económica, México, 1977, P rimera parte: Análisis de la demanda, lección 1, p . 13 -14. Primera p ublicación : Economic theory , Alfre d A. Knopf, New York, 1971. 15 RÖP KE, W. (1941): Esplendor y miseria d el capital ismo , en La crisis so cial d e nuestro ti empo , Biblio teca de la Ciencia Eco nóm ica, Madrid , 2ª ed., 1956, P rime ra parte: In terpretación y depuración de responsabilidades, ca p. III, p. 128. P rimera pu blicación: Die g esellschaftskrisis der gegenwart , Rentsch, Erlenbach-Zürich, 1941. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 19 necesariamente sistémi cas antes qu e individualis tas, porque trat an de sociosistemas » , y para él la economía « no es excepción » . En su noción de « s istema económico », este filósofo argentino desc ribe cualitativamente a tres elementos. Primero, a la « c omposición » : que e s « una colecc ión de p ersonas ( agentes económicos) y cosas no humanas de cierto tipo (a saber, bienes)» . Segundo, el « a mbiente »: que se refiere a « los miembros de la sociedad y de la naturaleza circundante en que está empotrado el sistema económico» . Y tercero, a la « e structura » : que compre nde « l a colección de relaciones d e producción, intercambio, y admin istración de bienes y s ervicios, incluye ndo las relaciones con otros sociosistemas ». 16 La interrelación existente entre el sistema económico y el sis tema so cial es muy estrecha. Por un a p arte, el sistema social v a configurando los d eseos de la ge nte y las aspiraciones que puedan llega r a sentir sus propios ciudada nos, de modo que en parte resul ta determinante para la clase de person as que son pero, igualmente, de la c lase de personas que quieren llegar a ser. Siguiendo en esta línea a JOHN R AWLS (1979), un sistema económico « n o es sólo un instrumento institucional para la satisfacción de los deseos y las necesidades existentes sino un instrumento p ara l a c reación y conformación de los deseos en el futuro. La forma en que trabajen lo s hombres ahora pa ra sa tisfacer sus dese os pre s entes afecta los de seos que tendrán más adelante, la clase de personas que serán» . Y en la m edida en que lo s « arreglos económicos » generan estos e fectos, el filósofo político estadounidense sostiene que « l a el ec ci ón de e sta s in s ti t uc ion es im p lic a al gu na co nc e pc ió n de l bi en hu man o y de l di se ño de la s in st itu ci on es qu e ha br án de re ali zar lo . Por lo ta nt o, es ta el ec ci ón de be ba sar se en r azo ne s m or al es y po lí ti ca s , tan to co mo ec o nóm ic as . L as con sid er a ci on es de la ef ici enc ia só lo so n una ba se de la d ec is ión y a m enu do un a bas e má s o men os se cu n dar ia ». 17 La relevancia de la ét ica y la moral en el análisis de los asuntos económicos queda manif iestamente reflejada en esta autorizada opinión. Por esta razón, no debería catalo garse a los diferentes sis temas económicos posib les solo por el criterio de l a efici encia , un criterio general mu y relevante y significativo para los economistas, pero que no debería ser el único a considerar. Los e conomistas SAMUE L BOW LES y RICHARD EDWARDS (1985) nos proporcionan tres crit erios generales para evaluar y comparar a los d iversos 16 BUNGE, M .: El a sunto de la econ omía política , en Econ omía y fi losofía , Tecnos, Mad rid, 1982, cap. 1 , p . 26 - 27. 17 RAWLS, J. (1 979): El concepto d e la justicia en la economía política , en Filosofía y teo ría económica , compilado por F RANK HOR ACE HAHN y M ART I N HO LLIS; Fond o d e Cultura Econó m ica, México, 1986, cap. XI, p . 322-323. P rimera pub licac ión: “The concept of justice in po litical economy” , en Philo sophy and economic theory , Oxford Unive rsit y Press, Oxford & New York, 1979, p. 164-169. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 20 sistemas económicos imag in ables y, a partir de ell os, comprobar si un sistema es mejor que otro: eficiencia, justicia, y democracia. El primer criterio que utili zan es la eficiencia , que mi de el grado de aprovec hamiento de nue stros recursos económicos (incluy endo los re curs os de trabajo), e n lugar de desp ilfarrarlos: « H a y eficiencia cuand o utilizamos una cantidad dada de factores (independientemente de que sean nu estro propio esfuerzo, inteli genc ia y crea tividad, nuestros ent ornos naturales u otros factores), se produce la máxima cantidad posible de bienes y se rvicios útiles. Un sistema que utiliza sus recursos de una forma más eficiente qu e otro es, de acuerdo con este criterio, un sistema e conómico mejor» . 18 El segundo criterio es la justicia , relacionado con la equitativa dist ribución de las ventajas y de las carga s generadas por el sistema económico: «L a s car gas se refieren fundamentalmente al trabajo necesario para llevar a cabo la produ cción y la s ventajas a la utiliz ación de lo que se produce. ¿Quién realiza el trabajo y cómo se distribuye éste? ¿Quién consume los frutos del trabajo realizado? ... Aquí justicia significa que los miembros del sistema económico debe n padecer sus cargas y disfrutar sus vent ajas de forma equitativa. De acuerdo con el criterio de la justicia, un sis tema económico que dist ribuy a sus cargas y benefi cios de una forma más equitativa que otro e s un sis tema económico mejor» . 19 Y el tercer criterio es el grado en que se fom enta la democracia , esto es, en qué medida « s e respal da o limi ta el control d emocrático » de las mayores decisiones de la soc iedad: « P or « c ontrol democrático » o « d emocracia » entendemos un proceso que tiene las tres ca racterísticas siguientes: la responsabilidad del poder; las libertades públicas; y la igualdad política. En primer lu gar, los que toma n las decisiones… deben s er responsables ante las personas af ectadas por sus decisiones, lo que quiere decir que éstas deben poder examinar periódicamente sus actuaciones y , en su caso, sustit uirlos; gene ralmente, pensamos que los procesos electorales constitu yen el mecanismo adecuado para garantizar esta resp onsabilidad democrática. En segundo lugar, deben existir gara ntías pa ra el ejercicio d e las diferentes libertades públicas y personales asociadas a l a ciudadanía democrátic a. Los der echos de libr e 18 BOWLES, S. y ED WARDS, R. (1985): Un enfoque tridimensional para el estudio de la economía , en Introducción a la economía: Competencia, autoritarismo y cambio en las economías capitalistas , Alianza, Madrid, 1990, P arte I: Competencia, au toritarismo y cambio, ca p. 1, p. 2 6. P rimera publicación: Understanding capitalism: competition, command, and change in the U.S. economy , Harper & Row, New York, 1985. 19 BOWLES, S. y EDWA RDS, R.: Ibíd em. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 21 expresión y reunión, p or ejemplo, son necesarios para la toma de decisiones democráticas. En tercer lu gar, los ciudadanos de un sistema democrátic o deben tener unos recursos relativam ente iguales con los que participar en el proceso democrático y , po r lo ta nto, deben poder ejercer una influencia relativamente ig ual en dicho proceso. El control democrático no implica que todas las decisiones deban adoptarse mediante votaciones. El individuo debe ser libre para adoptar cualquier decisión cuando las consecuencias d e la misma le afectan total o principalmente… Sin embarg o, cuando la decisión afecta a más de una persona, la regla democrática impli ca que la elección individual debe dejar p aso a la decisión colec tiva ( y democrática)» . 20 El criterio de la justicia y a fue contemplado como decisivo por MAR IE ESPRI T LÉON W ALRAS, maestro neoclásico de la Escuela de Lausana, a la hora de evaluar los sistemas ideados por el hombre. Según el criterio del crea dor de la teoría d el equilibrio general , que representa un pilar central de la teoría económica n eoclásica, el problema de la dist ribución de la riqueza social ha sido objeto de d ebate desde que los hombres se organizan en sociedad, pero « s iempre se ha discutido en el terreno correcto [ el de l a justi cia], que es en el que debe mantenerse la polémica » . 21 En particular , WALRAS (1874) contempla los argumentos es grimidos en el debate celebrado por « las dos mentes más preclaras de la antigüedad» , PLATÓN y AR ISTÓTELES, valedores de dos sistemas « ilustres » entr e todos los ideados: el comunismo y el indi vidualismo . Pero, ¿ qué dicen cada uno de estos sistemas?: «Los bienes, dice el comunismo, deben ser apropiados en común. La naturaleza s e los ha dado a todos los hombres y no sólo a los que viv en hoy, sino también a los que lo harán en el fut uro. Dividirlos entre los individuos es alienar el p atrimonio de la comunidad y de las genera ciones futuras, es ex poner a los hombres que nazcan después de esta divi sión a encontrarse despos eídos de los recursos que la Providencia les tenía dispuestos, es obstaculizar la prosecución de s u fin y el lo gro de s u destino. 20 BOWLES, S. y EDWARDS, R.: Un enfo que tridimensional pa ra el estudio de la economía , en Introducción a la economía , op. cit., Parte I, cap. 1, p. 27. 21 WALRAS, L. (1874): Del fenómeno d e la industria y de la economía política aplicada. Del fenómeno de la propiedad y d e la economía social, en Elementos de economía p olítica pura (o Teoría de la riqueza social) , Alianza, Madrid , 1987, S ección I: Objeto y divisio nes de la economía p olítica y social, lección 4ª, p. 170. Primera p ublicación: lments d'conomie politique pure, o u, Thorie de la richesse socia le , L. Co rbaz, Lausanne, 1874-1877. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 22 Los bienes, responde el indi vidualismo, deben s er apropiados individualmente. La naturaleza ha hecho a los hombres desiguales en virtud, en talento. Forzar a los que son laboriosos, hábiles, frugales, a poner en común el f ruto de su trabajo, de su ahorro, es expoliarlos en beneficio de los que son perezosos, incompetentes y pródigos, es sustra er a todos los hombres a la responsabilidad de perse guir, buena o malamente, su fin, de lograr, moral o inmoralmente, su de stino» . 22 Una vez expuestos los respectivos ar gumentos, a continuación W ALRAS se pregunta quién tiene la razón: ¿el comunismo o el individualismo? A lo que responde con otra pr egunta: « ¿ No son ambos, simultáneamente, correctos e incorrectos? » Y partiendo de las b ases anteriores, explicita su pretensión de hacer comprender cuá l es el ob jeto preciso del problema de la propiedad : « E ste objeto consiste esencialmente en establecer las relaci ones entre personas en cuanto a la apropiación de la riqueza social, de forma tal qu e se logre la coordinación de los destinos de las personas conforme a la razón y a l a justicia » . 23 A continuación, vamos a establecer una metodología que nos p ermita realizar una clasificació n elemental de los sistemas económicos, considerando a cuatro criterios básicos: 1) Qué mecanismo determina la asig n ación de los recursos económicos; 2) Cuál es el rég imen de propiedad de los recursos económicos; 3) Cuál es el criterio de la moralidad inspirador de la conducta de los agentes económicos; y 4) Cuál es el fin prioritario del sistema ec onómico. Este procedimiento met odológico nos pe rmite distinguir dos sistemas económicos puros, sit uados en los respectivos ex tremos del aba nico de posibilidades: el capitalismo, y el comunismo. Bajo el capitalismo , el mecanismo utilizado para ll evar a cabo l a asignación y la distribución de los recursos es el mercado . En el mercado se materializa el cambio de mercancías y/o de factores, y se determinan sus respec tivos valores de cambio, mediante el proc eso de formación de los precios. El rég imen de propiedad prevaleciente es la propiedad privada de los medios de producción. El principio que rige la conducta d e los agentes económicos es el 22 WALRAS, L.: Del fenó meno de la indu stria y d e la economía p olítica aplicada. Del fenómeno de la propiedad y d e la economía social, en Elementos de economía política pura (o Teoría d e la riqueza social) , Sección I, lección 4ª , p. 170-171. 23 WALRAS, L.: Ibídem, p. 171. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 23 principio de autopreferencia , o la regla utilitarista . Y por últ imo, el fin supre mo del capitalismo es la maximización de la ganancia indi vidual, esto es, el afán de lucro . En relación con el criterio moral reseñado, el economista y filósofo in glés JEREMY BENTHAM (1748 – 1832) considera que « en todo corazón humano, el interés de la propia consideración predomina sobre todos los demás en conjunto » . 24 Y sobre esta base, estab lece el « p rincipio de autopreferencia » , que d ebe entenderse: « … c omo la propensión de la naturaleza humana, por la cual, con motivo de cada acto que ejecuta, todo ser humano se ve i nclinado a seguir la línea de conducta que, en su inmediata estimación del caso, contribuirá en el más alto grado a su p ropia felicidad máxi ma, cualquiera que se a su efecto en relación con la di cha de otros seres simil ares, uno cualquiera o todos ellos en conjunto » . 25 El ar gumento central de esta doctrina, conocida como hedonismo psicológico , establece que todas las acciones humanas « s on en sí mismas interesada s, mot ivadas fundamentalmente por el deseo de obtener placer y de evitar el dolor » , siguiendo a I SMAEL QU INTANILL A y TOMÁS B ONAVÍA (2005). S iendo mu y pro bable, además, que ésta sea la p rimera teoría psicológic a sobre la motivación humana, con un alcance moral de g ran trascendencia: « … el hedonismo psicológico sostiene la importancia del int erés propio inteligente como base del código moral y social. Con ello, también, la justificación, elevada desde entonces a do gma omnipresente, de un homb re económico cu y a naturaleza se sustenta en una mera « aritmética de placeres y de penas » . Ley que se convertiría, luego más ta rde, en base es encial del cálculo ec onómi co, inevitablemente utilizada para expli car la c ondu ct a social y de paso,… justificar los actos morales basados en el propio interés» . 26 Análogamente, el economista político J OHN STUART M ILL (1863), crea dor junto a BENTHAM del Utilitarismo como teoría de l a mor alidad, estableció como regla util itarista al « Principio de la ma y o r Felicidad » , s egún el 24 BENTHAM, J. (1 954): La psicología d el hombre económico , en Escrito s económicos / Jeremy Bentham , editado p or WERNER S TARK; Fondo de Cultu ra Económica, México, 1ª reimpr., 1978, p. 3. Títul o o riginal: “The psychology of economic man”. P rimera pu blicación: Jeremy Ben tham’s economic writings: critical edition based on his printed works and unprinted manuscripts , vol. III, edit ado por W. STA R K; George Allen & Unwin, London, 1954 (m an uscrito: p. 421 -450). 25 BENTHAM, J. : Ibídem , p . 3. 26 QUINTANILLA P ARDO, I. y BONA V Í A M ARTÍN, T.: Economía y psicología. L as bases de una confluencia necesaria , en Psicología y economía , Universitat de València, Valencia, 2005, ca p. 1, p. 30. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 24 cual « el pla cer y la exención del sufrimiento son las únicas cosas des eables como fines » , y que todas las cosas deseables « s on desea bles ya bien por el placer inherente a ellas mismas, o como medios para la promoción del placer y la evitación del dolor» . 27 La doctrina del Utilitarismo fue « claramente progresista » , se gún el criterio de QUINTANILLA y BONAV ÍA (2005), al pretenderse alcanzar la ma y or felicidad posible « e n lo privado y en lo público » : «L o que se esperaba no es sólo alcanzar el pl acer persona l sino, como dejara dicho Bentham, «el may or bien para el ma y o r núme ro de pe rsonas ». Tanto en la mor al, como en l a política y la economía, se d ebe adoptar una estrategia orientada al p lacer para evitar el dolor y el sufrimiento de l a población » . 28 Bajo el comunismo , el mecanismo de asignación de los recursos es la planificación centralizada, habiendo sido habitua l la utilización de los ll amados planes quinquenales , que marcaban objetivos sectoriales concretos para c ada uno de esos pe ríodos. El r égimen de pr opi edad es la p ropiedad colectiva o públi ca . El criterio moral en la fase superior de la sociedad comunista es: « ¡De c ada cual, según sus capacidade s; a cada cual, se gún sus ne cesidades!» Y el fin del sistema económico comunista e s la max imización del bienestar colectivo. El autor del criterio moral comunista fue KARL MARX (1875), quien lo expuso por primera vez en su Crítica al programa de Gotha (un a obra póstuma publicada en 1891) , dentro del siguiente contexto: « E n la f ase superior de la sociedad comunis ta, cuando ha ya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo, y con ella, la oposición entre el trabajo intelectual y el tr abajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezca n también las fuerzas productivas y cor ran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, sólo e ntonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horiz onte del derecho bur gués, y la sociedad podrá escribir en su bandera: ¡ De cada cual, se gún sus capacidades; a cada cual, según sus nece sidades! » 29 27 M ILL , J. S . (1 863): Q ué es el utilitarismo , en El u tilitarismo. Un sistema d e la lógica , Alianza, Madrid , 1984, cap. 2, p. 45-46. Primera publicación: Utilitarianism , P arker, Son, and Bourn, London, 1863. 28 QUINTANILLA P ARDO, I. y BONA V Í A M ARTÍN, T.: Economía y psicología. L as bases de una confluencia necesaria , op. cit., cap. 1, p. 30. 29 MARX, K. (18 75): Crítica del p rograma de Gotha , El Cid Editor, Colección: Carrascalejo de la Jara, S anta Fe (Argentina), p. 30 -31. Título original: Die kritik des Go thaer prog ramms , escrito en mayo d e 1875; y publicado en Die Neue Zeit , Nr. 1 8 , 1. Band, 1890-1891. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 31 neg ocios ap elaban a principios va gamente so cialistas cuando pedían aranceles o subvenciones. Y aquellos gobiernos que, sin embarg o, aceptaban más o menos los mercados li bres lo hacían con cautela, un poco tímidamente, porque sie mpre temieron que un compromiso demasiado radical para permitir qu e los mercados siguieran su c amino pudiera ser visto como una política brutal, inhumana y a ntisocial » . 41 En lo que respecta a la situación de la República Popular China, hay qu e anotar que i gualmente e mprendió en este período una acelerada tr ansformación económica, in corporando e lementos de la economía de mercado. Así, ba jo el liderazgo de DENG X IAOPING, se lle varon a cabo en 1978 un conjunto de reformas liberaliz adoras en la direcc ión del capitalismo, que posibilitar on unas elevada s tasas de c recimiento ec onómico. Mientras tanto, al resto del mundo - como subra y a KRUGMAN (2009)- « le costó m ucho ti empo comprender que mi l millones de personas ha bían abandonado silenciosamente el marxismo » . 42 Pero al parecer, China está conjugando ahor a los dos aspectos más negativos de ambos sistemas económicos: por una parte, mediante su denodado impulso del capitalismo « sin trab as » -particularmente en los sectores con vocación ex portadora-, pretende aumentar la productividad mediante el simple procedimiento de intensificar la explotación laboral, al reconocer a sus trabajadores unos derechos laborales r educidos en materia de jornadas de trabaj o y de salarios. Y por la otra, aún se sigue caracterizando por el férr eo control de la autoridad política en la gestión de las principales directrices económicas. Pese a todo, la R epública Popular China será la primera potencia económica mundial en este siglo XXI. Como reflexión final de este apartado, c abría plantearse hasta qué punto la ruptura del tenso equilibrio geoestratégico, económico, político y militar sostenido a lo largo de gran p arte del siglo X X, entre los dos grandes bloqu es econ ómicos hegemónicos, el bloque capitalista y el bloque comunista, y es cenificada por la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre d e 19 89, está facilitando el retorno de un modelo de capitalismo « sin trabas » a nuestr as sociedades avanzadas d el siglo XXI. Un ti po de capitalismo globalizador , orientado a la búsqueda permanente del máx imo beneficio privado a esc ala planetaria, bajo el manto del laissez faire ; que en innumerables ocasiones resulta depredador con l a naturaleza, y despiadado con respecto al tratamiento otorgado a los seres hum ano s; y eso sí, programado para desma ntelar unos dere chos e conómicos y sociales que fueron conquistados, con enormes sacrificios, gracias a la dura lucha sindical de la clase 41 KR UG MA N, P.: «E l pr ob lem a pr inc ipa l se ha re s ue lt o» , e n El re to rno de la ec on omí a de l a de pr es ión y la cr is is ac t ual , C rí tic a, Bar ce lo na , 20 09, ca p. 1, p . 1 7. Pr im er a pu bli ca c ió n : T he re tu rn of de pre ss i on e co no mi cs an d the Cr is is of 2 0 08 , W . W . N ort on & Co ., Ne w Yo rk , L on don , 20 09. 42 K RUG MA N, P. : I bíd em , p . 15. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 32 trabajadora. 1.1.2. Naturaleza y rasgos estructurales del Capitalismo El capitalismo es el sistema económico prevaleciente en la actualidad, en nuestro mundo contemporáneo. Desde la perspectiva del economista libertario cana diense PIERRE LEMI EUX (1987), el ca pitalismo « es la dimensión económica del liberalismo » : «L a economía c apitalista se basa esencialmente en la libertad individual y asegura la sob eranía práctica del indi viduo. Y ello de tres formas: prime ro, en la economía capitalista el individuo consumidor es sobera no; segundo, el indi viduo, productor o empresario, es libr e; y t ercero, la evaluación de las cosas es individual y el concepto de eficacia económica sólo tiene sentido en función de las preferencias individual es libremente expresadas (y le gítimas). El c apitalismo pone en práctica la anarquía económica, y el estudio de su fun cionamiento aclara el profundo s ignifica do de l a e ficacia y de la capacidad autorreguladora de un orden espontáneo» . 43 La demanda es la qu e marca la pauta. Así, los consumidores son plenamente sobe ranos, s egún LEM IEUX; esto es , son los responsables de dirigir la economía de libre m ercado por medio de la concurrenc ia, y no me diante la toma de decisiones c olecti vas: «El concepto de « soberanía del consumidor » si gnifica que « e l individuo es libre de ele gir y d e con sumir lo que quiera, con la única r eserva de su s limitaciones presupuestarias, que representan el resultado de una libertad idéntica de los demás individuos. Si un individuo está dispuesto a paga r el verdadero precio de un bien o de un servicio, incluidos los incentivos necesarios para el que lo produce y lo distribuye, en la práctica habrá asegura do que estará disponibl e en el mercado. E n una economía li bre los consumidores son los que dirigen la economía, no por medio de decisiones colectivas, es decir, estatales, sino a través de la concu rr encia de las demandas individuales en el mercado. El me rcado es la dimensión económica de la libertad individual » . 44 En este mismo sentido, las fuerzas productoras s e emplearán d e tal modo que corresponda a los deseos de los consumidores, según W ILHEL M RÖ PKE (1941); quien considera que será l a competencia la que regule ese qué, cómo y 43 LEMIEUX , P . (1987): L a eficacia del o rden espontáneo , en La soberan ía d el individuo. Fundamentos y consecuencias del nuevo li beralismo , Unión Ed itorial, M adrid, 2ª ed., 2000, ca p. II, p. 64. Primera publicación: La souveraineté de l'individu: essai sur les fondements et les conséqu ences du nouveau libéralisme , Presses Universitaires de France, Paris, 1987. 44 LEMIEUX, P.: Ibídem. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 33 cuánto de la prod ucción, operando sobre la totalidad de los consumidores: « E l plan de producción de la economía n acional (a excepción d el sector oficial de las finanz as del E stado) lo dicta en este c aso, por lo tanto, aquello a qui enes difícil mente se les puede ne gar tal derecho, a s aber: los consumidores. El proceso de la economía de mercado es, por de cirlo así, un plébiscite de tous les jours , en el que ca da peseta gastada p or el consumidor representa u na papeleta de votación, mientras los productores tratan de realizar una especie de « p ropaganda electora l » a favor d e innumerables partidos (es decir, clases de bienes)» . 45 Desde la óptica de la of erta, el c apitalismo también se caracteriza por la producción en masa, s egún el maestro JOSEPH A. S CHUMPETER (1942); estando destinada dicha producción a la satisfacci ón de un consumo masivo: « … la máquina capitalista es siempre una máquina de producción masiva, lo cual significa tambi én, inevitablemente, qu e es una máquina de producción para las ma sa s... La s aportaciones típica s de la producción capitalista son el tejido barato, los artículos baratos de algodón y de seda ar tificial, el calzado, los automóviles, etc.; pero no lo son, por lo gene ral, las mejoras que pudieran tener gran importancia p ara el hombre rico. La reina I sabel tenía medias d e seda. La apo rtación capitalista no consiste, normalm ente, en producir m ás medias de seda p ara reinas, sino en ponerlas al alcance de l as m uchachas de la fábrica como recompensa por su esfuerzo de trabajo continuamente decreciente» . 46 Pasemos ahora a an alizar la visión marx ista de este asunto. Según la definición de BOWLES y EDWARDS (1985), el capitalismo es « u n sistema económico en el que las mercancías s e produc en con ánimo de lucro util izando bienes de capital de pr opiedad privada y tra bajo asalariado ». 47 En este sis tema capitalista aparecen dos clases sociales con int ereses económicos contrapuestos. De un lado, la clase capitalista , propietaria de los medios de producción; y del otro, la clase trabajadora , integra da por aquellas personas que vend en su fuerza de trabajo a cambio de un salario. Mientras que la clase capitalista posee « l os medios de capital utilizados en la producción de mercancías y control a n o sólo su propio trabajo sino también el de los d emás, es 45 RÖPKE, W.: Esplendor y miseria del capitalismo , en La crisis social de nuestro tiempo , op. cit., Prime ra parte, cap. III, p. 129. 46 SCHUMPETER, J. A . (194 2): El tip o d e aumento de la producción total , en Capitalismo, socialismo y democracia , Folio, Barcelona, 1984, P arte segunda: ¿Puede sobrevivir el capitalismo?, cap. 5, p. 101 -102. Primera publicación: Capitalism, socialism, and democracy , Harper & Brothers, New York, L ondon , 1942. 47 BOWLES, S. y EDWARDS, R.: El capitalismo y o tros sistemas económicos , en Introducción a la economía: Competencia, autoritarism o y cambio en las economías capitalistas , op. cit., Parte I, cap. 3, p. 68. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 34 decir, el d e los asalariados » , la clase t rabajadora está inte gra d a por « l as personas que no son p ropietarias de los bienes de capital utili zados en la producción de mercancías y que trabajan bajo el control d e otras » . Los capitalistas obtie nen su renta en forma de beneficios , mientras que los trabajadores reciben su renta en forma de sue ldos y salarios . 48 La relación entre los capitalistas y los trabajadores se define, siguiendo a BOWL ES y ED WARDS (1985), por tres características del proceso de trabajo : « E n primer lu gar, el proceso de trabajo produce mercancías. En segundo lugar, los bienes d e capi tal util izados en la producción son de propiedad privada. Y en tercer lugar, el trabajo empleado es fundamentalmente trabajo asa lariado » . 49 El proceso de traba jo , d efinido por K ARL MAR X (1867) como « pro ceso de consumo de la fuerza de trabajo por el capitalista » , pr esenta dos fenómenos caracter ísticos, dentro de l sistema de producc ión capitalista: En primer lugar, el obrero « trabaja bajo el control del capitalista , a quien su trabajo pertenece. El capitalista se cuida de vigilar que este trabajo se ejecut e como es debido y que lo s medios de producción s e empleen convenientemente, es decir, sin desperdicio de materias primas y cuidando de que los instrumentos de trabajo se traten bien, sin desgastarse más que en aquella parte en que lo exija su empleo racional» . Y en segundo lu gar, el product o « e s propiedad del capitalista y no del productor directo, es decir, del obrero» . 50 El uso de la mercancía «pertenece a su comprador, y el poseedor d e la fuerza de trabajo sólo puede entregar a éste el valor de uso que le ha vendido entregá ndole su trabajo . Desde el inst ante en qu e pisa el taller del c apitalista, el valor de uso de su fuerza de trabajo, y por tanto su uso, o sea, el trabajo , le pertenece a éste » , según MARX (1867). 48 BOWLES, S. y EDWARDS, R.: El capitalismo y otros sistemas económicos , en Introducción a la economía: Competencia, autoritarism o y cambio en las economías capitalistas , op. cit., Parte I, cap. 3 , p. 73. 49 BOWLES, S. y EDWA RDS, R.: Ibíd em, p. 68 - 69. 50 M ARX, K. (18 67): Proceso d e tra bajo y p roceso d e valo rización , en El cap ital. Crítica d e la economía política , Fondo de Cultu ra Económica, México, 2ª ed., 14ª reimpr., 1979, tomo I, Libro primero: El p roceso de producción del capital, Sección terce ra: La producción de la plusv alía absoluta, cap. V, p. 137. Primera publicación del L ib ro prime ro: Das capita l. Kritik d er politischen oekonomie , Buch I: Der produktionsprocess des kapitals ; Verlag von Otto Meissner, Hamburg, 1867. Del Libro segund o: Zweite r Ban d. Buch II: Der cirkula tionsprocess des kapitals , Meissner, Ha mburg, 1885 (editado por FRIEDRICH ENGELS). Y del Libro tercero: Dritter B and, erster Theil. Buch III: Der gesamtprocess der kap italistischen p roduktion. Kapitel I b is XXVIII , Meissner, Hamburg, 1894 (editado po r ENGEL S). Dritter Band, zweiter Theil. Buch III: Der gesamtprocess der kap italistischen pro duktion. Kapitel XX IX b is LII , Meissner, Ha mburg, 1894 (editado por F. ENGELS). Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 35 Dado que el proc eso de traba jo , considerando la perspectiva del capitalista, « no es m ás que el consumo de la mercancía fuerza de trabajo comprada por él, si bien sólo la puede con sumir facilitándole medios de producción » , y que en dicho proceso sólo en tran en juego las cos as por él adquiridas, el cor olario es que el producto final también le pertenece: « E l proceso de trabajo es un proceso entre objetos comprados por el capitalista, entre objetos pertenecientes a él . Y el producto de este proc eso le pertenece, po r tanto, a él, al capitalista, ni más ni menos que el produ cto del proceso de fermentación de los vinos de su bodega» . 51 Ahora bien: considerados por sí mismos, tanto el dinero, como la mercancía y los medios de producción no son « capital » , sino que « n ecesitan convertirse en capital ». Y para ello, ti enen que darse unas ci rcunstancias concre tas, que MARX (1867) resume del siguiente modo: « … h an d e en frentar se y entra r en contacto dos clases mu y diversas de poseedore s de mercancías; de una parte, los propietarios de dinero , medios de producción y artículos de consumo , deseosos de valorizar la suma de valor de su propiedad m ediante la compra de fuerza ajena de trab ajo; de otra parte, los obreros li bres , vendedores de su propia fuerza de trabajo y , por tanto, de su traba jo » . 52 Una vez efectuada esta « polarización del mercado de mercancías » , s e darían a juicio de MARX (1867) « las dos condiciones fundamentales» de la producción capitalista: « E l ré gimen del capital presupone el divorcio entre los obreros y la propiedad sobre las condiciones de realización de su trabajo . Cuando ya se mueve por sus propio s pies, la producción capit alista no sólo mantiene este divorcio, sino que lo reproduce y ac entúa en una escala cada vez mayor . Por tanto, el proceso que engendra el ca pitalismo sólo puede ser uno: el proceso de disociación entre el obrero y la prop iedad sobre las condiciones de su trabajo , proceso que de una p arte convierte en capital los medios sociales d e vida y de produ cción, mientras d e otra pa rte convierte a los productores directos en obreros asalariados . L a llamada acumulación origi naria no es, pues, más que el proceso histórico d e disociación entre el productor y los medios de producción . Se le llama “originaria” porque forma la prehistoria del capital y del régimen capitalista de prod ucción » . 53 51 MARX, K.: Proceso de trabajo y pro ceso d e valorización , en El capital. Crítica de la economía política , op. cit., tomo I, Libro prime ro , cap. V, p. 137. 52 MARX, K.: La llamada acu mul ación o riginaria , en El capital. Críti ca d e la economía política , op. cit., tomo I, Libro primero, Sección sé ptima: El proceso de acum u lación d el capital, cap. XXIV, p. 608. 53 MARX, K.: Ibídem. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 36 Los dos factores del proceso de trabajo son los medios de producción y la fuerza de trabajo , como se ha indicado, que constituye n dos de las diversa s modalidades de existencia de l « v alor originario del capital » . Sobre esta base, MARX (1867) realiza una dist inción peculiar. Observa que la parte del capital invertido en los medios d e producción , que inclu ye a las materias primas, materias auxil iares e instrumentos de trabajo, « no cambia de magnitud de valor en el proceso de p roducción. T eniendo esto en cuenta, l e do y el nombre de parte c onstante del capital , o más concisamente, capital constante ». 54 Pero también advierte q ue aquella p arte de capital que es invertida en fuerza de trabajo sí cam bia de valor en el p roc eso de producción, y por ello la denomina « capital variable » : « A demás de reproducir su propia equivalencia, crea un remanente, la plusvalía , que puede también variar, siendo más grande o más pequeño. Esta parte del capital se convierte constantemente de ma gnitud constante en variable. Por eso le do y el nombre de part e v ariable del capital , o má s concisamente, capital variable . L as mismas partes integrantes del capital que desde el punto de v ista del proceso de trabajo dist inguíamos como factores objetivos y subj etivos, medios de producción y fu erza de trabajo, son las que desde el punto de vista del proceso de valorización se distinguen en capital constante y capital variable ». 55 Este remanente ll amado plusvalía es la fuente ori ginar ia del beneficio, que constituye a su vez el fundamento ec onómico de la existencia de la clas e capitalista. El interés creado d e la clase capitalista tanto en el mantenimiento del beneficio, como en que este sea lo más elevado posible, como subrayó el economista neomarxist a P AUL M. SWEEZY (1952), es el más poderoso de los que existen en la sociedad capita lista: «Bajo el capitalismo, el beneficio es la forma en que la clase domi nante obtiene su renta. Es, por así d ecirlo, el fundamento económi co de l a existencia de esta clase. El interés creado que esta clase tiene en el mantenimiento del beneficio como tal, así como en el mantenimiento de un gran volumen de beneficio -no se trata de dos problemas distintos en el concepto de los capitalistas-, es con mucho el interés creado más poderoso y más apasionadamente defendido en l a socied ad capitalista. En torno al beneficio se mont an toda s las formas concebibles de apo yo y protección - económica, institucional, legal e ideológica -. M ás que cualquier otra cosa, el beneficio es el s er y el fin de la soci edad capitalista. P or ello, cuando el 54 M ARX, K.: Ca pital constante y capital varia ble , en El capital. Crítica de la economía p olítica , op . cit., tomo I, Libro primero, Sección terc era, cap. VI, p. 158. 55 MARX, K.: Ibídem. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 37 funcionamiento económico del capitalismo requiere una disminución firme y d rástica del ben eficio y/o un empleo del benefic io qu e c ho ca directamente con la vol untad de los capitalistas, el sistema s e encuentra aprisionado en una verdadera contradicción » . 56 A su juicio, exist en diversas alternativas co yunturales para intentar sup erar esta « c ontradicción » , pero nin guna de ellas t iene un carácter d e solución definitiva: « E l c apitalismo puede verse tempor almente salvado de esta contr adicción gracias a las nuevas in dustrias; puede buscar un escape , con ma yor o menor éxito, a través del imperialismo y del mili tarismo; puede incluso tratar, d e nuevo con m ayor o menor éxit o y ciertame nte fr ente a l a crec iente re sis tencia de los propios capitalistas, de modificar el funcionamiento del sistema por medio del tributo y del gasto gubernamenta l. P ero una cosa es segura: mientras siga si endo capitalismo, nunca podrá suprimir la contradicción» . 57 Ahora bien, ¿ cuál es la “ differentia specifica” de la producción capitalista, siguiendo a MARX?: « … la producción de plusvalía o extracción de trabajo excedente constituye el c ontenido específico y el fin concreto de la produ cción capitalista , cualesquiera que sean las transformac iones del régimen mismo de producción que puedan brotar de la supeditación del trabajo al capital» . 58 La propia noción de plusvalía , para el economista marxista ERNEST MANDEL (1964), « n o es otra cosa que la forma monetaria del producto social excedente , es decir, la f orma monetaria de esa parte de su producción que el trabajador abandona al propietar io de los medios de producción, sin recibir nada en cambio» . 59 Pero, ¿ cómo se materializa esa particular cesión, en el ent orno de la sociedad capitalista? Esta se ll eva a cabo a través de un intercambio, « como todas las operaciones importantes de esta so ciedad, que son siempre relaciones de 56 SWEEZY, P . M. (1953): Una diferencia crucial entre capitalismo y socia lismo , en El presente como Historia (Ensayos sobre capitalismo y socialismo) , Tecnos, Madrid , 1 974, P arte III: Carácter de nu estra época, p. 261. Título origin al: “A crucial difference between capitalism and socialism” (ensay o escrito en 1952). Primera p ublicación : Th e present as History; essays an d reviews o n capitalism and socialism , Monthly Review Press, New York, 19 53. 57 SWEEZY, P. M.: Ibídem , p. 261 -262. 58 MARX, K.: L a jornada de trabajo , en El capital. Crítica d e la econ omía política , op. cit., tomo I, Libro primero, Sección tercera, cap. VII I, p. 237. 59 MANDEL, E. (1964): La teoría del valor y de la plusvalía , en Introducción a la Teoría económica marxista , Ediciones Era, México, 3ª ed., 1976, cap. I, p . 34 -35. Primera pu blicación: In itiation  la thorie conomique marxiste , Centre d’tude s Socialistes, Paris, 1964. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 38 cambio. El capitalista compra la fuerza de trabajo del obrero, y a cam bio del salario que le da se apropia de todo lo que el obrero produ ce, de todo el valor nuevo que se agrega al valor del producto » . A partir de esta idea, MANDEL (1964) sintetiza otra definición alternativa de la plusvalía: « P odemos decir entonces que la plusv alía es la diferencia entre el valor producido por el obrero y el valor de su fuerza de trabajo » . 60 Retomemos de nuevo el argumento central de la tesis marxista: la ley absoluta del sis tema d e producción capitalista es l a producción de plusv alía, la obtención de lucro ; y no la satisfacc ión de las nec esidades de los consumidores: «Aquí, nadi e compra l a f uerza de trab ajo para satisfacer, con sus servicios o su producto, las necesidades personales del comprador . No, la finalidad de este acto es explot ar e l capital, produ cir mercancías, que encierran más trabajo del que pa ga el que se las apropia y que, por tanto, contienen una parte de valor que al capitali sta no le cuesta n ada y que, sin embar go, puede realizarse mediante la venta de las mercancías . L a producción de plusvalía, la obtención de lucro; tal es la ley absoluta de este sistema de producción» . 61 En el régimen de p roducción capitalista, sucede que la riqueza no está al servicio de las necesid ades materiales del ob rero, sino justamente t odo lo contrario. Además, el afán de lucro de los capitalistas les impide reducir el gra do de explotación laboral, tanto como elevar los s alarios a un nivel que frene la reproducción del propio rég im en capitalista. En palabras de MARX (1867): «L a le y de la a cumulación capitalista, que se pretende mistificar convirtiéndola en un a le y natural, no expresa, por tanto, más que una cosa : que su naturaleza ex cluy e tod a redu cción del grado de explotación del trabajo o toda alza del p recio de éste que pueda hace r peligrar seriamente la reproducción constante del r égimen capitalista y la reproducción d el capital sobre una es cala cada vez más alta. Y forzosamente ti ene que ser así, en un régimen de producc ión en que el obrero existe para las necesidades de explotación de los valores ya cr eados, en v ez de ex istir la riqueza material para las nece sidad es del desarrollo del obrero » . 62 A modo de síntesis, podemos concluir que el carácter típico del modo de producción capitalista consiste e n la apropiac ión privada del e x cedente económico, sig ui endo a J OSEP MAR Í A BRI CA LL (1979): 60 M ANDEL, E.: La teoría del valor y de la plu svalía , en Introducción a la Teoría económica marxista , op. cit., cap. I, p. 35. 61 MARX, K.: L a ley general de la acumulación capitalista , en El capital. Críti ca de la economía polí ti ca , op. cit., tomo I, Libro prime ro , Sección séptima, ca p. XX III, p. 522. 62 MARX, K.: Ibídem, p. 524. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 39 « … la ca n alización y /o apropiac ión privada del excedente económico a través de los beneficios y otras rentas del capital es lo que constituy e el carácter típico del capitalismo, donde tiene lugar la separación entre e l productor de los bienes y la propiedad del c apital (o sea, de los medios de producción), que así se interpone entre el trabajador y su producto. En definitiva, el capital com o relación so cial que permi te contratar trabajo se funda en la propi edad d e los bienes d e ca pital, propiedad que permite a quien la detenta la obtención de unas rentas sobr e el excedente del trabajo que irán destinad as a l a acumulación . Estas relaciones de producció n enfrentan a los poseedores de los bi enes de capital con los trabajadores». 63 Y para finalizar este ap artado, ¿ podemos afirmar que todas las naciones capitalistas se dese nvuel ven en el mismo sistema económico? En realidad, en cada nación c apitalista se ha ido fraguando, con el transcurso del ti empo, un entramado de relaciones diferent es entre los pri ncipales agentes económicos, determinándose de este modo una dist ribución también distinta de las v entajas o beneficios entre las clases sociales, sigui endo el criterio de la economista in glesa J OAN VIOLET RO BINSON (1970), referente de la Escuela postkeyne siana de Cambridge: « C ada una de l as nacio nes capitalistas ha creado una diferente paut a de relaciones entre el gobierno, las industrias y los servicios nacionalizados y las empresas privad as; y una pauta diferente de distribución de los beneficios entre l as clases y se ctores d e la economía, de acuerdo con l a fuerza y las pretensiones de los respec ti vos intereses » . 64 1.2. ¿Por qué hay ciclos económicos e n el Capit alismo? La mejor respuesta a esta cuestión nos la proporciona SCHUMPETER (1942), uno de los mejores historiadores de l pensamiento económico: « E l c apitalismo es, por n aturaleza, una forma o método de transformación económica y no solame nte no es jamás estac ionario, sino que no puede serlo nunca» . 65 63 BR IC AL L MA SIP, J. M. (1 97 9): Lo s sis tem as ec on ómi co s , en Int ro duc ci ón a l a ec on omí a , 4ª ed ., A rie l, Ba rc el ona , 19 82, Pri m er a pa rte : Pr od ucc ió n y dist ri buc ió n, c a p. I V, p . 119 . T ít ul o or igi na l (e d. c at al ana ): In tr od uc ci ó a l a e c ono mí a , A rie l, Ba rc el ona , 19 77 . 64 ROBINSON, J. (1 970): El nuevo mercantilismo , en L ibertad y necesidad. Introducción al estudio de la sociedad , Siglo Veintiuno, México, 2 ª ed., 197 1, p. 112 -113. P rimera p ublicación: Freedom and n ecessity: an introduction to the study of society , Ge orge Allen & Unwin, London, 1970. 65 SCHUMP ETER, J. A.: El proceso d e la destrucción creadora , en Ca pitalismo, socialismo y democracia , op. cit., Parte segunda, cap. 7, p. 1 20. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 40 Podría resultar evidente la influenc ia ejercida por un entorno social y natural tan cambiante s obre la actividad económi ca y sobre el propio proceso evolutivo de la producc ión capitalista: « … este carácter evo luti vo del proceso capitalista no se debe simplemente al hecho d e que la vida económica trans curre en un medio social y natural que se transforma incesantemente y que, a cau sa de su transformación, altera los datos de la acción económica; este hecho es imp ortante y estas transformaciones (guerras, revolu ciones, etc.) condicionan a menudo el cambio industrial, pero no constit uye n su móvil primordial. Tampo co se debe este c arácter evolutivo al crecimiento casi au tomático de la población y el capital ni a las veleid ades del sis tema monetario, de todo lo cual puede decirse exactamente lo mismo que de las tr ansformaciones del proceso capitalista» . 66 Pero la v erdadera clave que pon e en movimiento a la « m áquina capitalista» y que cond iciona su evolución a larg o pl az o, es el proceso de « d estrucción creadora » , que en opini ón de SC HUMPETER (1942) constitu ye « el dato de hec ho esencial de l capitalismo » : « E l impulso fundamental que pone y m antiene en movimiento a la máquina capitalista procede de los nuevos bienes de consu mo, de los nuevos métodos de producción y tr ansporte, de l os nuevos mercados, d e las nuevas fo rmas de organización industrial que crea la empresa capitalista... La apertura de nuevos mercados, extranjeros o nacionales, y el desarrollo de la or ganización de l a producción, desd e el taller de artesanía y la manufactura hasta los co ncerns ,... il ustran el mis mo proceso de mutación industrial -si se me permite usar esta expresión biológica- que r evoluciona incesantemente la estructura económica des de dentro , destru y e ndo ininterrumpidamente lo antiguo y creando continuamente elementos nuevos. Este proceso de destrucción cr eadora consti tuye el dato d e hecho esencial del capitalismo. En ella consiste en definitiva el capitalismo y toda empresa capitalista t iene que amoldarse a ella para sobrevivir » . 67 Cuando SCHUMPETER (1912) se plante a «¿por qué no p rocede el desenvolvimiento económico, en nu estro s entido, con l a misma regularidad con que crecen los árbol es, sino a saltos? ¿Por qué presenta esas alzas y b ajas caracter ísticas? » , encuentra una respue sta, que se refiere a una aparición discontinua y a l eatoria de « b andadas » de inversiones empresariales: 66 SCHUMP ETER, J. A.: El proceso d e la destrucción creadora , en Ca pitalismo, socialismo y d emocracia , op. cit., Parte segunda, cap. 7, p. 120. 67 SCHUMPETER, J. A.: Ibídem, p. 120 -121. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 47 cuy os fenóm enos constitu ye n otras tantas piezas del me canismo de est e proceso de rejuvenecimiento recurrente del aparato de producción» . 78 Una visión contemporánea, pero completa mente distinta de la teoría tradicional de los ciclos económicos analizada hasta ahora , sostiene que el desarrollo teórico d e la macroeconomía ha posib ilitado la resolución del problema central de las economías capitalistas: la pr evención de la depresión. Esta tesis la expuso ROBERT E. LUCAS 79 (2003), representante de la Nu eva Macroeconomía Clásica, en su discurso presidenc ial ante la American Economic Association: «L a ma croeconomía nació como campo propio en los años cuarenta del siglo XX, como parte d e la respuesta intelectual a la Gran Depresión. El término aludía entonces al cuerpo de conocimientos y experiencias que, según esperábamos, impediría que se repitiera el desastre económico. En esta conferencia, lo que defenderé es que la macroeconomía ha tenid o éxito, en su sentido orig inal: el problema central -la prevención de la depresión- se h a resuelto, en todos sus aspectos prácticos, y de hecho lleva y a muchas décadas resuelto » . 80 En su interpretación, LUCAS no señalaba el final del ciclo económico, definido como la alterna ncia sucesiva e irre gular de episodios de expansiones y rece siones; sino más bien, que el ciclo y a ha bía sido domado, como señala KRUGMAN (2009): « Sí que sostenía, en cambi o, que ese ciclo estaba bajo control, hasta el punto de que los beneficios de s eguir domándolo sería triviales: los beneficios que tendría en el bienestar de la población suavizar las fluctuaciones de la ec onomía, dijo, serían triviales. Había lleg ado el momento de centrarse en cuestiones como el crecimiento económico a larg o plazo ». 81 En consecuencia, LUCAS sost iene que los policy-makers no deben preocuparse por la tarea de corregir las fluctuaciones económicas. Esta visión económica es el resultado del desarrollo de las te orías de equilibrio de los ciclos , 78 SCHUMP ETER, J. A.: El tipo d e a umento de la p roducción to tal , en Cap italismo, socia lismo y democracia , op. cit., Parte segunda, cap. 5 , p. 102-103. 79 ROBERT E. LUCAS Jr. es Premio Nobel en Ciencias Económica s 1995 « po r haber d esarrollado y aplicado la h ipótesis de las expectativas ra cionales, y por lo tan to de haber transformado el an álisis macroeconómico y profundizado en nuestra com prensión de la polít ica económ ica ». Enlace we b: h ttp://www.nobelprize.org/nobel_prizes/econom ic- sciences/laureates/1995 / 80 LUCAS, R. E.: Discurso presidencial ante la American Economic Association , 2003. Cit ado por P AUL KRUGMAN en ¡Acabad ya con esta crisis! , Crítica, B arcelona, 3ª reimpr., 201 2, p. 103. Primera publicación: “Macroeconomic prio rities” , e n The American Economic Review , vol. 93 (1), 2003, p. 1 -14. La cita reseñada está incluida en la página 1 del artículo original. 81 KR UG MA N, P.: «E l pr ob lem a pr inc ipa l se ha re s ue lt o» , e n El re to rno de la ec on omí a de l a de pr es ión y la cr is is ac tua l , o p. ci t. , c a p. 1 , p . 13. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 48 encuadrada s dentro d el modelo neoclásico de crecimiento económico. Y supone una clara ruptura con la tradición ke y nesiana sub y a cente en l a teoría económica, como destaca n A LFONSO NOV ALES y CARLOS SEBAST I Á N (1999): « Q uizá el aspecto más importante de las teorías de equil ibrio de los ciclo s, es que estos modelos recientes muestren l a posibilidad de tener fluctuaciones cíclicas como resultado de la asignación de recursos que se materializa en economías no sujetas a externalidades, bienes públicos, o imperfecciones de merc ado de nin gún tipo. Ello im plica que... cualquier caracter ística de las asignaciones r esultantes y, en particular, sus fluctuaciones temporales, son consistentes con l a idea de eficiencia. En consecue ncia, no tiene sentido poner mucho esfuerzo en el diseño de políticas económicas que traten d e amo rtiguar tales fluctuaciones. Evidentemente, este es un aspecto con implicaciones trascendentales, que rompen con la tradició n keynesiana que sub yacía al análisis de las fluctuaciones de década s anteriores » . 82 Otro resultado singular que se deriva de las teorías de equilibri o de los ciclos , es que todos los ciclos económicos son ig uales, incluso par a distint os países, en la medida en que se aprecian por sus autores unas regularidades de comportamiento muy simi lares entre ellos: «[ Robert E. Lucas] manifestó su creencia en la existencia de regularidades empíricas referentes al ciclo económico que se manifiestan de modo mu y similar para distint os países, lo que le ll evó a afirmar que, en términos de las propiedades de fluctuaciones conjuntas de la s variables relevantes en una economía, todos los ciclos económicos son iguales [ L u cas (1977)]. A partir de esto, se trata de caracterizar un amplio número de dichas regularidades, para lu ego proceder a construir m odelos teóricos qu e sean capaces de reproducir tales hechos e mpíricos » . 83 Resulta destacable que en estas teo rías no suel e determinarse a ningún factor en p articular como fuente u origen de los ciclos económicos. Aunqu e en los denominados modelos del ciclo real se señala a la productividad como la principal causa de l as fluctuaciones cíclicas, si guiendo a NOVALES y SEBAST I ÁN (1999): « N o h a y ninguna presunción acerca de cuál sea la fuente generadora de los ciclos económicos, y po dría ser tanto de carácter real como nominal; de hecho, la primer a propuesta de R. Lucas... se b asaba en la p ercepción errónea por parte d el sector privado de las pe rturbaciones de carácter nominal que experimentan sus mercados r espectivos. S in embargo, en los 82 NOVALES CINCA, A. y SEBASTIÁN GASCÓN, C. : Fluctuacion es cíclicas , en Análisis macroeconómico , Marcial Pons, Ediciones Jurídicas y Sociales, Madrid , 1999, vol. II, cap. 9, p. 533. 83 NOVALES CINCA, A. y SEBASTIÁ N GASCÓN, C.: Ibíd em . Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 49 últimos años ha ido ganando adeptos una visi ón según l a cual la fu ente fundamental de fluctuac iones cíclicas es la productividad, va riable que evoluciona de modo e xógeno. Estos modelos reciben el nombre d e modelos de ciclo re al ... [Tales] modelos no son otra cosa que ve rsiones del modelo de crec imiento neoclásico, que se ha derivado expli citando la conduct a optimizadora de los agentes, y en el qu e se considera la exist encia de shocks de productividad». 84 Como conclusión de este aparta do, y a pes ar d e creerse ya resuelto el problema de las d epresiones y recesion es en el sis tema capitalista po r el principal repre sentante de la Nueva Macroeconomía Clásica, tal y como acaba mos de comprobar, éstas est án presentes a lo lar go de toda la historia del capitalismo y , lo que todavía es pe or, pare cen no estar aún ba jo c ontrol. Con el surgimiento de la Gran Recesión de 20 08 se evidenció una v ez más, en la p ráctica, la escasa solven cia de este tipo de aprox imaciones teóricas del modelo neoclásico del c recimiento y d e los ciclos económicos. Y por mucho que se reniegue en los modelos teóricos neoliberales del int ervenc i onismo, este resulta necesario si queremos combatir las fases depresiv as de los ciclos económicos con ciertas garantía s de éxit o y e ficacia. 1.2.2. Las fases del ciclo económico Todo ciclo económico típico comprende las siguientes fases: au ge económico o expansión, crisis, re cesión y d epresión. El auge económico es el resultado natu ral de un intenso proceso d e acumulación de capital, en el que el aument o conjunto de la demanda de inversiones da lugar a un incremento de los bienes de producción, y esto h ace que también aumente la demanda de factores, como demanda derivada de los bienes y servicios que ay udan a producir. Según el c riterio d el ec onomista inglés J OHN R. HI C KS 85 (1939), qu e contribuy ó al desarrollo de la S íntesis Neoclásica con sus aportaciones tanto a la teoría del equilibrio gene ral como a la teoría del bienestar , los resultados de tales combinaciones s erían un aumento d el nivel empleo en el mercado de trabajo, reduciéndose así la desocupa ción; y una par alela tendencia al alz a de los niveles de prec ios, en los mercad os de bienes y servicios: 84 NOVALES CINCA, A. y SEBASTIÁN GASCÓN, C. : Fluctuacion es cíclicas , en Análisis macroeconómico , op. cit., vol. II, cap. 9, p. 534. 85 JOHN R. HICKS es Pre mio Nobel en Ciencias Económicas 1972, junto a KENNETH J. ARROW, «por sus contribuciones pioneras a la teoría del equilibrio económico g eneral y a la teoría del b ienestar» . Enlace we b: h ttp://www.nobelprize.org/nobel_prizes/econom ic- sciences/laureates/1972 / FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 50 « [ Parece] justificado decir que un a uge económico no es más que un período de acumulación intensa. Si sucede al go que est imule el ritmo de las in versiones que h acen los empresarios..., y a hemos visto cual debe ser la dirección probable de los acontec imientos. H abrá, antes qu e n ada, un p eríodo de “preparación” cuy os únicos ef ectos visi bles son (quiz á) un pequeño aumento de la demanda de factores y (quizá) un pequeño aumento de la demanda de dinero. Si (como suele suceder al principio de un aug e) ex iste y a una plétora de mano de obra deso cupada y de dinero inactivo, estos incrementos de las demandas no provo carán prác ticament e nin guna reacción sobre los precios en genera l, ni tampoco sobre las tasas de interés. Sólo es probable que se alteren aquellos precios que son una expresión directa d e un cambio en las expectativas de las personas más sensibles dedicada s a actividades económicas – como, po r ej emplo, los precios d e las acciones ordinaria s. En la se gunda fase, cuando se empieza la construcción físic a d e nuevos bienes de capital, aumenta de man era mu cho más considerable l a demanda de factores. Esto provoca una baja primari a en la desocupación. Al mismo tiempo, hay una tendencia al aumento genera l de los p recios de l as mercancías más sensibl es; y al cabo d e po co tiempo podemos supone r que algunos industriales habrán tenido ti empo de engendrar expectativas elásticas (al menos por el lapso futuro que interesa para las clases de procesos p roductivos a q ue se h allan dedicados); esto provocaría un a baj a secundaria importante de la desocupación a causa del alza de las expectativas de precios. Así se desarrolla el auge. P ero a partir de este punto los caminos se separa n » . 86 La única c ausa explicativa de todo au ge pa ra SC HUMPETER (1912) es l a inversión en mas a ll evada a cabo d e una manera discontinua, esto es, la inversión conjunta efectuada a « ba ndadas» por diversos grupos de empre sarios, como ya s e ha señalado. De este modo se afectaría al sistema económico de una forma d istinta al caso en el que las inv ersiones se distribu yeran por igual a lo l argo del tiempo, gracias a una a parición continua y r egular de empresarios: «L a aparición en grupo de los empresarios, que es la única caus a del auge, tiene un efecto cualitativamente dife rente sob re el sistema económico del que ti ene un a aparición continua distribuida por igual en el tiempo, pu es no supone como esta últ ima perturbaciones continuas, im perceptibles, de 86 HICKS, J. R. (1939): Conclusión – El ciclo económico , en Valor y capital. In vestigación sobre a lgunos principios fundamentales de teoría econó mica , Fondo de Cultura Económica , M éxico, 4 ª reimpr., 1976, Parte IV: El funcionamiento del sistema dinámico, cap. X XIV, p. 3 60-361 . Primera publicación: Value and cap ital; an inquiry into some fundamental prin ciples of economic theory , Clarendon Press, Oxf o rd, 1939. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 51 la posición de equilibrio, sino movimi entos bruscos, perturbaciones de un orden diferente de magnitud. Mientras que las pertur ba ciones provocadas por la aparición continua de empresarios podrían ser absorbid as continuamente, la aparición en grupos exige un proceso especial y caracter ístico de absorción, de incorporac ión de nuevas cosas, y de adaptac ión a ellas del sis tema económico, un p roceso de liquidación... Ese proceso es la esencia de las depresiones p eriódicas que pu eden, po r tanto , ser definidas d esde nue stro punto de vist a como la lucha del sistem a económico po r alcanzar una nueva posición d e equilibrio, o su adaptación a los datos altera dos por la perturbación producida por la expansión » . 87 Resulta un hecho comprobado que e l sistema ec onómico capitalista no se mueve en forma continuada y sostenid a, como advirtiera SCHUMPETER (1912): « … suc eden retrocesos, movimientos contrarios e incidentes de todas clases qu e obstru yen el camino del desenvolvimiento; ex isten rupturas en el sistema económico de va lor, que lo interrumpen. ¿Por qué motivo? Encontramos aquí un nuevo problema» . 88 Tales rupturas en el proceso de crecimiento económico se denominan crisis , y estas pueden presentarse a causa de todo tipo de perturbac iones y factores, tanto endóge nos como exógenos. Pero se gún S CHUMPETER (1912), lo más significativo es que todas las crisis suponen siempre una interrupción de las condiciones materiales de producc ión anteriores: «L a s rupturas peculiares del desenvolvimiento que conocemos p or l a experiencia y llamamos crisis, aparecen siempr e a la m ente in genua como formas de uno y de un s ólo fenómeno. Sin embargo, es evidente que esa uniformidad de las crisis no va mu y lejos. Por el contrario, exist e fundamentalmente sólo en una similit ud d e los efectos sobre el sistema económico y sobre los individuos, y en el hecho de que cierto s acontec imientos tienen el hábito de presentar se e n la ma y or parte de las crisis. Pero tales efectos y tal es acontecimientos aparecerá n con las perturbaciones más variada s, lo mismo externas que internas, de la vida económica, y no son sufi cientes pa ra d emostrar q ue las c risis son siempre el mismo fenómeno. De hecho, pueden dif erenciarse varias causas y clas es de crisis. Y nada nos justifica en asumir de ante mano qu e las crisis tienen en común algo más que el elemento del cual arrancamos, a sab er, que son todas acontecimientos que obligan a interrumpir el desenvolvimiento económico anterior» . 89 87 SCHUMPETER, J. A.: El ciclo econ ómico , en Teoría d el desenvolvimiento económico. Un a investigación sobre ganancias, capital, crédito, interés y ciclo económico , op. cit., cap. VI, p. 230-231. 88 SCHUMPETER, J. A.: Ibídem , p. 2 17. 89 SCHUMPETER, J. A.: Ibídem , p. 2 18. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 52 La s c risis resultan consustanciales al modo de producción capitalista, y van unidas al propio desarrollo de sus fuerzas productivas, siguiendo el cri terio de FERNANDO L ÓPEZ C ASTE LL A NO (1994 ). Además, tales crisis constituyen una manifestación de l a incapacidad del sistema capitalista para r esolver sus contradicc iones y los conflictos sociales latentes: « Si se an ali zan en un pla no hi s tór ic o, cr ec imi e nto y cr isi s se no s pr es en ta n c om o fe nóm en os ín ti ma m ent e u nid os e i nh er ent es a l des ar rol lo d e l as fu e rz as pr odu ct iva s en el mo do de pr odu cc i ón ca pi ta lis ta, co mo pr oce so s d e re g ula ció n q ue a se gu ra n s u r ep rod ucc ió n. L a cri si s, po r ta nto , no e s u n “ de sa ju ste ” te mp or al , co mo so st ie ne n lo s ec on o mi s tas li ber al es , s ino e l de se nla ce lóg ic o de un de ter mi nad o pro ce so de de sa rr oll o que ex ig e un a pr of un da tr ans fo rma ci ón . O, di c ho de otr a fo rm a, la man if es tac ión de la in ca pa ci da d de l si ste ma pa ra res olv er la s co nt ra dic cio ne s y co nfl ict os so cia le s si n una su bve rs ió n par ci al o to ta l de la s c ond ic ion es e xis te nt es. I mpl ica , por tan to , un fe nóm eno si mu ltá ne o de des tru cc ió n de la s c on dic io nes an te rio re s de pro duc ci ó n y de vi da so cia l -a co mp aña do de un c re ci mie nt o br uta l de l pa ro y de la de se st abi li za c ió n de las co nd ici one s de e mp le o- y de surg imi en to de nue va s for ma s -n uev a or ga niz ac ión de l tr aba jo y d e l a pr odu cc ión» . 90 Pe ro, ¿p or qu é ra zón ap ar ec en las de pre si on es, y cuá le s so n lo s f en óme no s qu e l lev a a pa re jad os ? En la op in ió n de H I CKS (1939), la depresión aparece siempre vinculad a a la sim ple interrupc ión del proceso de acumulación, no siendo precisa una previa desacumulación . Y este hecho es sufi ciente para provocar una c aída de las expectativas empresariales y de las cotizaciones bursátiles, el desplazamiento de la demanda desde el sist ema produ ctivo hacia el sistema financiero, el a umento del paro, y la caída de l ni v el general de precios: «L a característica principal de una depresión no es la des acumulación de capital físico (aunque su ele haber alguna desacumul ación, sobre todo en forma de ex plotación del capital hasta que se agote); es la sim ple interrupción de la acumulación. Esto basta por sí solo para provocar los fenómenos típicos de la depresión: revisión de la s ex pectativas en sentido descende nte, lo que conduce a una baja en la c otización de las acciones ordinarias; desplazamiento de la demanda desde l as mercan cías y factores hacia el dinero y los v alores a interés fijo, lo que lleva a un a baja de precios, aum ento de la desocupación y (después de un período inicial de apuros, a causa de qu e se contr aen deudas para salir d e situaciones 90 L ÓPE Z CA ST EL LA NO , F.: Tr a ba jo, sa lar io s y bi en est ar : E l es pe ctr o m alt hus ian o , e n L a o tr a ca ra de la po lí tic a ec onó mi ca . Es pa ña 19 82- 19 9 4 , coordinado por JUAN TORRES LÓPEZ; Los Libros de la Catarata, Madrid, 1994, p. 15 6- 15 7. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 53 difíciles) una ba ja en la t asa de interés » . 91 Por otra parte, ¿ por qué motivos no finalizan todas las depresiones registrada s en el capital ismo en una bancarrot a ? L a respuesta explicativa de HI CKS (1939) indica que ello es debido a que el sistema de precios siempre suele presentar algunas rigideces y a que, en última instancia, en la mentalidad del público siempre se tiene en consideración a los precios normales (que su elen ser distintos, por regla general, a los pre cios de m ercado): « Si todos los precios fueran igual de flexibles y ta mbién lo fueran todas las expectativas de precios, el simple cese de la acumulación bastaría par a provocar una d epresión sin fin −declarándose en ban carrota total la inestabilidad del capitalismo. El hecho de que esto no suceda así se debe a ri gideces de p recios y , en último término, por en cima de estas rigideces, a la sensación que tiene la ge nte de cuáles son los precios normales... Son est as cosas las que detienen la depresión, las que impiden que ésta se convierta en una bancarrota » . 92 P ara finaliz ar este ap artado, podemos plantear dos cuestiones adicionales: ¿desaparecerán algún día, de un modo definitivo, las crisis en las naciones capitalistas? ¿Podríamos derivar alguna conclusión espec ial de la teoría del ciclo económico? Según la opinión de SC HUMPETER (1912), las c risis « desaparecerán más pronto que el sistema capit alista, que es quien las ha creado » , siendo p ara él más caracter ístico del sistem a capitalista y de su cultura « la elevación y caída de familias y empresas » , que cualquier otro rasgo dist intivo de « un a sociedad estacionar ia » : « … nin guna ter apéutica podrá obstruir permanentemente el gran p roceso social y económico, po r el cual se hunden en la escala social para desaparecer finalmente las empres as, posiciones indi viduales, formas de vida, valores culturales e ideales. En una sociedad con p ropiedad privada y libre competencia, este p roceso es el complemento necesario del emerger continuo de nuevas form as sociales y económicas , y d e in gresos reales en continuo crecimiento para todas las ca pas social es. El proc eso sería más suave si no hubiera fluctuaciones cíclicas, pero n o se deben totalmente a las últimas, ni es totalmente independiente de ésta s. Esos cambios son más importantes desde el punto de vista teórico y práctico, económico y cultural, que la estabilid ad económica sobr e la cual se ha concentrado po r tanto tiempo la a tención analítica. Y es más carac terístico del sistema capitalista, lo mismo que de su cultura y resultado, la elevac ión y caída d e 91 HICKS, J. R.: Con clusión-El ciclo económico , en Valor y capital. Investiga ción sobre algunos principios fundamentales de teoría económica , op. cit., cap. XXIV, p. 363- 364. 92 HICKS, J. R.: Ibídem, p. 364. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 54 familias y empresas, que cualquiera de las cosas que puedan ser observada s en una sociedad estacionaria, tomada en el sentido de que se produzcan sus proce sos c on ritmo constante » . 93 1.3. LAS GRANDES DEPRESIONES DEL ÚLTIMO SIGLO 1. 3 .1 . L a G ra n D ep r es ió n de 19 29 En el transcurso del pasado siglo XX destacaron diversos episodios de crisis económica, qu e t uvieron diferentes repercusiones sociales y económi cas. Entre las más recientes y relevantes se encuentran la Gran Estanflación de la década de 1970, e n donde se registraron dos graves desequilibrios macroeconómicos de un a forma sim ultánea en n uestras e conomías (el pa ro como resultado del estancamiento y la inflación ); y la C risis del Este Asiático de finales de los años noventa, resultado de una especulación en divisas ori ginada por una caída del baht tailandés – como reseña J OSEPH E. ST I GLITZ 94 (2002) – , y que se extendió a Asia, y lue go a Rusia, América Latina y al resto del mund o, que amenazó no solo a los banc os y a las bolsas, sino a naciones enteras; y e n donde las políticas impuestas entonces por el Fondo M onetario Internacional – c omo la muy rápida libe ralización de los mercados de capitales – contribu ye ron a e mpeorar la situación global, en lug ar de contribuir a superarla. 95 Pero sin duda alguna, la más relevante de todas fue la Gran Depresión de 1929, que fue causada precisamente por una insuficiencia de l a demanda efectiva. El ec ono mis ta e his to ria d or ec onó mic o PET E R TE MI N (1 976 ) su bra y a qu e lo má s so rpr en den te de la p eor c ontr ac ció n ec on óm ic a de la hi st or ia f ue e l el eva do de se mple o r eg is tr ad o en l a m an o de ob ra y e n o tro s re cur so s: « La co ntr ac ció n ec onó mi ca qu e co men zó e n 192 9 fue la pe or de la hi st or ia. L os hi sto r ia do re s la ha n c om par ad o con lo s mov imi en t os de de sce ns o de la dé ca da de 18 40, pe ro la co mpa ra ció n sir ve ún ic ame nte pa ra de mo st ra r l a g ra ved ad de la cr isi s de la dé ca da de 19 30. En las dep re sio ne s de l s ig lo XI X ha bía p án ic o s b anc ar ios , def la ció n y b an ca rr ot as, e n por ce nta jes d ive rs o s. Si n e mb a rg o, n o ex is te ni ng ún pa ra lel is mo co n la in fr au til iz ac ió n de re cur so s 93 SCHUMPETER, J. A.: El ciclo econ ómico , en Teoría d el desenvolvimiento económico. Un a investigación sobre ganancias, capital, crédito, interés y ciclo económico , op. cit., cap. VI, p. 254. 94 JOSEP H E. S TIGL I TZ es P remio Nob el en Ciencias Económicas 20 01, junto a GEORGE A. AKERLOF y A. MICHAEL SP ENCE, « p or sus análisis d e los m erc ados con info rmación asimé trica » . Enlace we b: h ttp://www.nobelprize.org/nobel_prizes/econom ic- sciences/laureates/2001 / 95 STIGLITZ, J. E. (200 2): La crisis del Este asiá tico. De cómo la s po líticas del FMI ll evaron a l mun do al borde de un colapso global , en El malestar en la globalización , T aurus, Madrid, 9ª ed., 2003, cap. 4, p. 121 . Primera publicación: Globalization and its discontents , W. W. Norton, New York, 2002. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 55 e co nóm ico s -el de se mpl eo de man o de obr a y de ot ro s re cu rs os- q ue tu vo lu ga r en la d éc ad a d e 19 30 . A pr inc ip io s de es a d éc ad a el va lo r de lo s b ie nes y se rvi cio s ca y ó en No rte am ér ic a ca si un 5 0 po r ci e nt o. Aj us tán do se a la ca ída de pr ec ios , l a c an tid ad de pr odu cc ió n c ay ó a pr oxi mad a men te un ter ci o. El de se mp le o se e le vó ha sta u na cu ar ta p ar te de la po bla ci ón ac ti va . Y las inv er si o nes se de tuv ier on ca si por co mp le to . Fu e la cr is is ec on ómi ca má s am pl ia de la hi s tor ia» . 96 Co nt in ua ndo e ste ap ar ta d o con la exp osi c ión de RO BE RT HE I LB RO NER (1 962 ), 97 po dem os r ese ña r que du ra n te e l p er íod o pre vio a la G ra n De pr es ió n, c om pr en di do e ntr e la dé c ada de 18 70 y 192 9, e n lo s Es tad os Un id os se re g istr ó un « pro gr es o y me jor as sin pr ec ed ent e» , com o re su lta do de « la s ac umu lac io ne s de c ap ita l y el a cr ec en tam ien to de l os co noc imi en tos » (p. 22 7) . L a ta sa de cre cim ien to e co nó mi co re g istr ad a en es e pe río do, « tom a nd o al mi s mo ti em po añ os b uen os y ma lo s» -c om o di ce HE IL BRO NE R (19 62) - « enc on tra mos que es de 3.5 por ci en to (e li mi na ndo to dos lo s ca mb ios de los pr ec ios ), l o que s ig ni fi ca que el vo l ume n to ta l de la pr odu cc ión se du pl ic ab a c ad a 22 a ño s» . Co ns id e ra nd o as imi smo el in cr e me nt o r eg ist ra do en la pob lac ió n, la s « par tic ip ac io ne s pe r ca pi ta » cr ec ie ro n de una fo rma má s le nta ; y seg ún su pr opi a e st i mac ión , las pe rs on as pu di ero n me jo rar su po si ci ón « a un a ta sa de 1.5 a 2 por c ie nto anu a l, dup lic an do su s in g re sos re al es c ad a c ua re nta añ os , co mo p ro me dio» ( p. 227 -2 28) . B ajo est a sit ua ció n de op tim is mo g ene ra liz a do, H ER BE RT HOO VE R lle g ó a de cla ra r, en no vi e mb re de 19 28 , poc o ante s de se r nom br ad o Pre si den te de esa na ci ón : « Hoy en día es tam os en lo s Est ad os U nid os má s c erc a de log ra r el tr iu nf o de fi ni tiv o so bre la po bre za , de lo q ue ha es ta do j amá s pa ís al gu no e n e l cu rso a nt e ri or d e la h is to ri a. L a cas uc ha de l pob re e st á de sa p ar ec ie nd o en tre no so tro s. Tod av ía no he mos al ca nza do la me ta pe ro, si se no s da un a op ort un ida d… pr on to ve re mos , c on la ay uda de D ios , e l d ía e n q ue la po bre za d es ap ar e zca de e st a na ció n» ( p. 228 ). Y es que es ta fue rt e se nsa ció n de av an ce ec onó mic o y soc i al de la ec on om ía e st ad oun ide ns e est aba as ent ad a en al g una s e vi den cia s sig ni fi ca ti va s « del prog re so má s e xtra ord ina r io» :  L a po bla ci ón aum en tó en 45 mi llo ne s, al pa sar de 76 mi llo ne s en 19 00 a 96 T EM IN , P. : D id m one ta ry fo rce s c aus e t he Gre at De pre ss io n? , W . W . No rt on, N uev a Y ork , 1 976 , p . x i. C ita do po r MA NC UR OL SON e n A u ge y de ca de nci a de l as n ac i one s , A ri el, B ar ce lo na , 1 98 6 , p. 287- 28 8. 97 HEILBRONER, R. L.: La Gran Depresión , en La formación de la sociedad económica , op. cit., Segunda parte, cap. VIII, p. 227-248. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 56 má s d e 1 21 mi llo ne s;  E l pr ome di o de vid a c re ci ó en 10 a ño s p ar a los bla nc os y en 13 año s pa ra lo s hab it a nt e s de l r e st o de la s r a za s;  P a ra man ten er , a li me nt ar y sos ten er a la c re ci ent e po bl ac ió n, se c on str uy er on : o d os nu ev as c iu da de s pa ra al oja r ca da un a a má s de un mil lón de ha bit an te s, ot ra s cin co pa ra má s de med io m il ló n, y 1. 500 c om un id ade s r ur al es se re cla sif ic ar o n com o u rba na s ; o n uev as ca sa s po r v a lo r d e 75 mi l mi llo ne s d e d óla re s; o n uev as es tr uc tu ra s pa ra g ra nj as, p or va lo r de 9 mi l mil lon es de dó lar es , y o u n nu evo eq ui pa mi ent o in dus tr ial , po r va lor de 3 0 mi l mi llon e s de dó la re s ;  T oda la fu e rz a de tr aba jo e st a ba emp lea da (e xce pt o el 3.2 po r ci en to) : 48 mi l lon e s d e pe r son as ;  S e re du j o la jo rna da lab or al, al ba jar de sde 60 ho ra s de tra ba jo a la se ma na e n 1 90 0, h as ta 4 4;  L a r e mu ne ra ció n pro me dio se e lev ó de ve inte c en tav os en 19 0 9 a c in c ue nta y se is c en ta vo s, con u n au men to en e l sa la ri o re al c omp re n di do e nt re e l 1 0 y e l 20 po r c ie nto (p . 2 29 ). Ad emá s, un a g ra n may o ría d e la s per son as c ome n zó a co nc en tra r ent onc es s u a te nci ón e n una pe rsp e ct iva muc ho má s a tra ct iva y r en ta ble d e la ec ono mí a a me ric an a, la es pec u lac ió n fi na nc ie ra , q ue ap ar ec ía vi nc ul ad a a l « au ge de la g ra n bo lsa de va l ore s, un to rr e nte qu e en 19 29 ha bí a ar ra str ad o ta l vez a 10. 00 0. 000 de pe rs on as a la “ bo ls a” do nd e dis fr uta ba n de l pl ac er de co nte mpl ar c óm o su di ne ro iba a um e nt a nd o si n pen a ni e sfu er zo» (p . 229 ), y en don de re su lt ab a pa ten te pa ra tod os qu e l os ri es g os as um ido s es tab an « ple na men te j us ti fi c ad os» : « Alg ui en que h ub ies e i nv er tido 1. 000 dó la re s c ada a ño a pa rti r de 19 21 en u n g rup o de ac ci one s re pr ese nt at iva s, h abr ía e nc ont ra do qu e v al ían má s d e $6 .00 0 en 19 25, ca si $9 .0 00 en 19 26 , bas tan te más de $11 .0 00 en 192 7 y la in cr eí bl e sum a de $20 .0 00 en 19 28 . Y es to er a só l o el com ie nz o: du ra nt e lo s me se s de j un io y juli o de 1 929 , l a C ot iza ci ón de Va lor es I nd ust ria les de l Ne w Yo rk Ti me s su bi ó ca s i tan to co mo l o ha bí a he ch o d ura nt e to do el a ñ o d e 19 28, el cua l e n s u mo men to fue co nsi de rad o c on un añ o de a lza sin pr ec ed en te s. E n ag ost o de 192 9, e l bro te vi ole nt o de es to s tre s me se s de l ve ra no ha bía y a sup e ra do a mpl ia men te el a l za to tal de l a ño 19 28. Só lo du ra nte eso s tr e s m es es , u n i nve rsi on is ta q ue h ub ie s e c om pra do 1 00 a cc ion e s de la We st in g hou se ha br ía ca si du pl ic ad o s u di ne ro ; au n e l co mpr a dor de Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 63 c on el ti emp o, la pro spe rid ad ec o nó mi ca re t orn ar á» . No ha bía que pr eo cup ar se po r la des gr ac ia de aqu el lo s cuy a s vi da s qu ed ar an des tr oza das du ra nte la e sp era d e d ich a ev en tu a li da d. Key ne s s ost uvo qu e l os me rc ad os no se au toc or re g ían , o al me nos n o l o ha cí an en un mar co te mp or al re le va nte (c om o d ij o en su cé le bre f ra se: « A la rg o pla zo to do s es ta re mo s mu er tos» ) . El pa ro po dí a pe rsi st ir du ra n te año s, y la in ter ve nc ión de l Es ta do er a ne ce sa ria . A K ey ne s lo pu si er on en ton ce s e n la pic ot a: su s c rí ti ca s a l me rc ad o le g ra nje ar on la ac us ac ión de soc ial ist a; y sin em ba rg o e n un c ie rto sen ti do Ke y ne s fue int en sa men te co ns er va dor . Ab rig aba un a c re en cia fu nda men ta l e n lo s me rc ado s: si el Es ta do cor re gí a es te ún ic o fa llo , la ec on om ía po dr ía fu nc ion ar de m od o r a zon ab lem en te ef ici ent e. No a sp ira ba a una s ust itu ció n c ab al de l si st ema de me rc ad o; pe ro sa bía qu e s i es os pr ob le mas bá si cos no e ra n ab ord ad o s, la s pre si on es po pu lar es se rí an g ig an te sc as . Y el re med io de Ke y ne s fu nc io nó : de sd e la I I G ue rr a Mu ndi al lo s paí ses com o EE UU , que si gu ier on las pre sc ri pci on es key ne sia na s, ha n re gi st ra do men os y má s br ev es re ce sio ne s, y e xpan sio ne s más pr ol ong ada s q ue an te s ». 101 L a re vo luc ión key n esi ana su g iri ó la nec es ida d de l os es tí mulo s de l E st a do , po r la ví a de l au me nto d el ga sto pú bl ic o, pa ra co mpe nsa r la ca í da reg istr a da en el g ast o pr iva do (c o nsu mo e in ver si ón) y pro pic iar d e ese m od o l a re ac t iva ci ón, el c re ci mie nt o ec on ó mic o y el e stí mu lo de l em pl e o; lo que imp li ca ba jug ar co n el dé fic it púb lic o c om o her ra mie nta de es ta bi li zac ió n ma cr oe co nóm ica . Es to lle vó a a lg un os a señ al ar a KE YN ES com o « el ap ós to l de los déf ic it pr es u pu est ar io s pe rm an en tes» , si bie n S K ID EL SK Y ( 20 09 ) ma ti za es ta o pi ni ón -y o tr as r el ac ion ad a s c on el la- a ce rc a de l m ae st ro br it á ni c o : « Ta mb ién se co ns id er a a Key ne s el ap óst ol de lo s dé fi ci ts pre su pu es tar ios pe rm an en tes . Q uie n d ij o « L os d éfi cit s n o im por t an» no fu e K ey ne s, sin o Gl en Hub ba rd , pr es ide nt e de l Con se jo de Ase sor es Ec on ómi co s de Ge org e W. Bu sh en 20 03. Pue de sor pr end er a lo s lec to re s s ab er qu e Ke y ne s pe ns aba qu e los pr es upu e st os gu ber na men tal es deb ía n es ta r no r ma l men te e qu ili br ad os . L os may ores de rr oc ha dor es en la his to ri a de Es tad os Uni do s ha n si do ci er to s pre sid en tes re pu bl ica no s que pr ed ic ab an do ctr ina s de lib re me rc ado y an tike y nes ian as . El úni co co nse rv ad or e n lo f is ca l en los úl tim os tr ein ta a ños h a s id o e l p re sid en te de mó cr at a C lin ton . Ta mp oc o fue Ke y ne s un fa ná ti co de l im pu est o y del g as to. Al fin al de su vi da se pre g un tab a s i se r ía bue no que un g obi er n o to mar a más de l 25 p or c ie nto d e l a r en ta na ci on al . Ke y ne s tam poc o cr eía que tod o el de se mp le o fu er a ca usa do por un fa llo de la de man da ag re ga da . Est ab a ce rc a de Mi lto n Fr ie dm an cu an do con si de ra ba qu e g ra n pa rte de l mis mo se de bía a la r ig id ez de sa lar ios y pr ec ios . Pe ro no c re ía qu e és e fu er a el pr ob le ma en la dé ca da de 193 0. Y e xce pt o en 101 STIGLITZ, J. E.: Camino al futuro , en El malestar en la globalización , op. cit., cap. 9, p. 310. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 64 mo men to s de ag ita ció n, si em pre ha br ía de sem ple o p or d e man da « insu fic ie nte» , lo que da rí a lug ar a po lí tic a s g ube rna me nta le s de e xpa ns ió n de la d em a nd a. Ke y ne s n o f ue u n i nf la c ion is ta. C re ía en lo s pre ci os e sta b le s, y du ra nt e g ran pa rt e de su ca rr er a pr of es io nal pe nsó que l os go bie rno s ce ntr al es po día n c on seg ui r la es ta bi li da d de los pre ci o s li mi tan do el au men to del di ner o; e n e st o ta mb ién es tá de a cu er do co n Fr ie dm an. Pe ro pen sa ba qu e er a un a to nte rí a pr e oc upa rs e po r la in fl ac ió n cu an d o lo s pr ec io s y el pr odu cto s e ha lla ba n e n c aíd a li br e» . 102 Co n el ac ce so de F RA NKL IN D. RO OSE VEL T a la pr es ide nc ia am er ic a n a e n 19 33 se p osi bi li tó la a dop ció n de e st a p olí ti ca i nt er ve nc io ni s ta ( et iq uet ad a po r sus de tr ac to re s co mo “s oc ia li smo ”) , a l ba sa r su pr og ra ma de l Ne w De al [Nu ev o Tr ato ] e n las t esi s ke y ne sia nas d e l a g est ió n d i scr ec ion al d e la de ma n da e fe cti va : « Fr ank lin Ro os eve lt , que se c on vir ti ó e n pr es ide nt e en 19 33, de fe ndi ó o tr o pr og ra ma y re ci bió apoy o de l o tr o la do de l A tl á nti co : Jo hn May na rd Ke y ne s e ra par tid ar io de au me nt ar el ga st o púb li co par a est imul ar la e co no mía , l o c ua l s ig ni fi ca ba in cr em en tar el déf ic it. Pa ra los qu e er an esc ép ti co s re spe ct o a l g obi er no en p rim er lug ar , eso er a an a te ma. Alg un os h abl ar on di re ct ame n t e de so cia li sm o , y ot ro s lo vi e ro n c om o un pre cu rso r del soc ia li smo . De he cho , Ke y ne s tra ta ba de sa lv ar al ca pit al is mo de sí mi sm o; sa bí a que a me nos qu e la ec ono mí a de me rc ad o pud ie se cr ea r em ple os , no s ob re vi vi rí a . L os di scí pu lo s es ta dou ni de n s es de Key ne s, co mo mi pro fe sor Pa ul Sam ue lso n, so ste ní an qu e una ve z qu e la ec ono mía hub ie se alc an zad o de nu e vo el ple no e mp le o, se p od rí a vol ve r a las ma ra vi lla s de l l ibr e me rc ado ». 103 En la épo ca más re ci e nt e , al gu nos pl ant ea m ien to s ha n lle ga do a sos te ne r que e l New De al de Ro ose ve lt fue un fr ac as o y qu e no con tri buy ó de fo rma sig ni fi ca tiva a sa ca r a la e co nom ía am er ic an a de la de pr esi ón , de fe ndi end o la ide a de qu e, en re al ida d, fu e la g ue rr a la que fi na lme nt e lo lo gr ó. Pe ro seg ún el cr it er io de ST I GLI TZ (2 010 ), la e fica ci a d e la s m ed ida s fi sc al es e xpa ns iva s ap lic ad as p or RO OSE VE L T po dr ía ha ber res ult a do may or , si l os a ume nt os en lo s pr og ra mas de g ast o pú blic o fed er al no se hub ier an vi st o com pe n sa dos con los re co rt es ef ec tua dos e n el ga sto p úb lic o, al n iv el de l os e st ado s: « Seg ún est a opi nió n, fu e la I I Gu er ra Mu nd ial la que f ina lm en te sa có a Es tad os Un id o s de la Gr an De pr es ió n. Est o e n pa rt e fue ci er to , pe ro so bre to do por que el pr e si de n te Ro ose ve lt no log ró im po ner una po lí tic a co he re nte de a um ent o de l ga sto pú bli c o a ni ve l na ci ona l. I gu al qu e ah ora , cu and o a um e nt ó e l g ast o pú bl ic o a niv el fe de ra l, l os e st ado s re duj er on e l s uy o. Ya e n 102 SKIDELSKY, R.: El regreso de Keynes , op. cit., Introducción, p. 16 - 17. 103 S TIGL I TZ, J. E. : Reformar las ciencias económicas , en Caída libre. El libre mercado y el hundimiento de la economía mundial , op. cit, cap. 9, p. 284. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 65 19 37, las pr eo cu pac io ne s po r la ma g ni tu d de l dé fic it ha bía n ob lig ad o a re co rta r el ga st o p úbl ic o. Pe ro in clu so e l g ast o pa ra la gu er ra es g ast o pú bl ico ; l o q ue p as a e s q ue no e s un ga sto que me jo re la pr odu ct ivi da d fu tur a de la ec on om ía ni (d ir ec t am en te ) e l bi en es ta r de l os ci ud ada no s. I nc luso lo s c rí tic os de Ro ose ve lt re c ono ce n qu e si el g as to de l New De al no sac ó a la e co nom ía de la de pre s ió n, el g ast o de la g uer ra sí lo hi zo. Sea co mo fu er e , la g ra n De pre sió n de mo str ó qu e la ec on om ía de mer ca do no se au tor re gu lab a, a l me no s e n un e spa c io de ti em po ra zon ab le ». 104 L o cie rt o es que en lo s tre int a a ño s po s ter ior e s a la fi na li za c i ón de la I I Gu er ra Mun dia l, y c oin ci de nte ad em ás c on una et ap a de es tab il i da d ec on óm ic a s in pa ra ng ón la h is tor ia de l ca pit al ism o, fu e la ec ono mía key n esi ana y su pol ít ic a de pl eno e mpl eo la que or ien tó a los go bi er nos . Es to es , ju st a me nt e ha sta su re nu nc ia, y el r et or no a la ec on om ía cl ás ic a (y al do gm a del mer ca do li br e) em pr en did o po r la re vo l u ci ón co nse rv ad ora , lid er ad a por RO NAL D REA GA N y M AR GAR ET TH AT CH ER. A mo do de co nc lu s ión , pod em o s r ese ña r que la Gr an De pr es ión f ue una « trag e di a g ra tui ta e inn ec esa ri a» en la opi nió n de KR UGM AN (20 09 ), y a que pu do e vi ta rse e n el ca so de ha b ers e a do pta do al gu na de l as si g uie nt es me did as : « Sólo co n q ue H er be rt Hoov er no h ubi er a i nt en ta d o eq uil ib rar el pre sup ue st o a nt e un a de pr es ió n ec onó mi ca ; só lo co n qu e la Re se rva Fe de ra l no hub ie ra de fe ndi do el pat rón or o a co sta de la e co nom ía i nt ern a; só l o c on qu e lo s fu nc ion ar ios h ub ies en su min is tr ado li qu ide z a los ban co s ame na za do s, c al man do de e s te mo do el pán ico ba nc ar io que s e pr od ujo en 193 0 - 193 1; e nt on ce s, la c ris is de la B ols a en 19 29 só lo hab rí a oca sio na do una re ce sió n c or rie nte , qu e se hab r ía ol vi da do pr on to. Y co mo lo s ec ono mi sta s y lo s re sp on sab les de la po lít ic a ha n ap re nd id o la le cc ió n – n ing ún sec re tar i o de l Te sor o mo der no re pe ti rí a la fa mo sa re co me nda ció n de And re w Me ll on , de « liqu ida r e l tra ba jo , li qu i dar las e xis ten c ias , li qu id ar a los g ra nj er os , li q uid a r la pro pie da d in mo b ilia r ia … el imi na r la po dr ed um br e de l sis te ma» – , nun ca vo lve rá a suc ed er a lg o s e me ja nte a l a Gr an De pr esi ón . ¿ O sí ? » . 105 104 S TIGL I TZ, J. E .: Reformar las ciencias económicas , en Caída libre. El lib re mercado y el hund imiento d e la economía mundial , op. cit, cap. 9, p. 284. 105 K RUG MA N, P. : El r et orn o de l a ec on om ía de la de pr es ión y l a cr is i s ac tua l , op . c it ., In tr od uc ci ón , p . 7. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 66 1. 3 .2 . La G ra n R ec es ió n de 20 08 Pu es fu e que sí: ca si o c he nta añ os de spu és de la Gr an De pre sió n , la s e co nom ía s ca pit a li sta s se vo lv ie ron a enf re nta r de nue vo a un a cr i sis ec on óm ic a de di men si on e s co l os ale s, la Gra n Re ce si ón de 2 00 8. Es ta se in ici ó co n un a c ri sis fi na nc ie ra or ig in ada en lo s Es ta do s Un id os, y que se pro pa g ó ta nto a lo s si s tem as fi na nc ie ro s de l re st o de l mu nd o, co mo a su s re sp ec tiv os se ct or es pr odu ct ivo s y e co nóm ico s. En es ta op or tun id ad, y se gú n el cr ite ri o de ST I GLI TZ (2 010 ), la e co nom ía gl ob al se e nco nt ró « a l b ord e de la mu ert e » : « La cr isis ha pu es to al des cu bi ert o no s ólo er ror es en el mod e lo e co nó mic o do mi na nte si n o ta mbi én e n nue st ra soc ied ad . De ma si ad a g ent e se ha a pr ove ch ado de lo s de má s. Se ha pe rd id o la c on fia nza . Cas i ca da día no s ha tr aíd o hi sto r ia s de con du ct as re pr oba bl es de l os fi nan cie ro s: la pir ám ide de Po n zi, la in for mac ión pr iv ile gi ada , lo s cr éd ito s abu siv os y tod a una se rie de tr iqu iñ ue las co n las tar jet as de cr é di to pa ra sac ar le al po bre u sua rio e l may or ju go pos ible … [He ] in sis ti do n o so bre lo s qu e inf ri ng ier on la ley , sin o sob re la s le g ion es de aq ue l los que , de nt ro de la ley , ori gi nar on , em paq ue ta ro n, re em paq ue ta ro n y ve ndie ro n pr odu c t os tó xic os y co me tie ro n tal es im pr ud en cia s qu e a pun to es tuv ier on de ll eva rs e po r de la nt e to do el s iste ma fi na nc ie ro y e co nó mic o. El s is te ma se ha s al va do , pe ro a un c o ste q ue t o da ví a c ue sta i mag ina r ». 106 G ráfi ca 1 .1 : C ost e de l a cr isi s fi nanc ier a: 20 08 – 2 01 8, Est a dos Un id os ( PI B o bs er va do v s PI B p ot en ci al , en dó la re s d e 20 14 ) FU ENT E: Be tt er Ma rke ts, I nc. , Th e cos t of t he cr is is , W as hi ngt on , J ul y 201 5, p. 2. 106 STIGLITZ, J. E.: Hacia una nueva sociedad , en Caída libre. El lib re mercado y el hundimiento de la economía mundial , op. cit., cap. 10, p. 321. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 67 El cos te de est a cr is is ha si do e no rme , y no sól o en té rmi no s ec o nóm ic os (v id. Gr áf ica 1. 1 pa ra E E. UU .) , s in o hum an os : mil lo ne s de pe rs on a s ha n per did o su s em pl eo s, sus ho g ar es y ha sta su fut ur o (v inc ula do a la s jub ila ci one s, o a lo s e st ud io s de los hi jo s, de bi do a la ca ída de l va lor de las re sp ec tiv as in ve rs io nes ), y mu cha s de el la s ha n e ng ro sa do la s fil as de la po br eza , ta nt o en lo s E sta do s Un id os , c om o en el re sto del mun do, tr as la e xten si ón de las re sp ec tiv as o nd as de ri va da s de la s cr is is fin an cie ra y ec on óm ica . En la ac tu al i da d, ot ros muc ho s mil lo nes d e pe rs on as aú n c on tin úan p ad ec ie ndo en s us c ar ne s s us s ec uel as , e n tod o e l mu ndo . A pe sa r de ha ber se reg ist ra do un a re cu per ac ión ec on óm ica sus tan cia l e n lo s Es tad os Un ido s « de sd e los día s os cur os, so mb río s, y a ve ce s ter ri ble s, de 20 08 y 20 09» , sie te añ os de spu és de l col ap so de L e hm a n Br oth er s que de sa tó la c ri si s fi na nc ie ra de 2 00 8 , y ci nc o añ os de sp ué s de la ap ro ba ció n de la L ey Do dd- Fra nk, s u e co nom ía « co nti nú a sie nd o dé bi l y mil lo nes d e es tad oun ide nses to da v ía es tán su fr ie nd o» , c om o con se cu en c ia de la cr isi s fin an ci er a, se gú n BE TT ER MA RKE TS (2 015 ). Pe ro c on sid er an do q ue l a cr isi s f in an cie ra ha c au sad o la pe or cri sis e co nóm ic a e n ese pa ís (y en el r est o de l m un do) en oc he nta añ os , es to no deb er ía so rpr en der e n r ea li da d a na die . Co mo re su lta d o, la c ri si s que se ini ci ó en 20 08 no ha ter min ado aún pa ra mi l lon e s de es tad ou nid en se s (y ta mpo co pa ra mil l on es de ci uda da no s de l r es to de l mu ndo ): « Per die ron su s em pl eos , sus hog ar es , sus r iq ue zas , s u se g ur ida d, y en de ma si ad os ca sos , s u es pe ra nza pa ra el fut uro y la fe en el sue ño ame ric an o. Y si n em ba rg o, una amn e sia in te re sad a y una fa lsa na rr ati va ha n c om en za do a inv ad ir Wa sh ing to n y Wal l Str ee t – la se nsa c ión de que la cr isis ha te rmi na do , q ue lo s co ste s h an s id o p ag ad os, q ue l a r ef or ma f ina nc ier a h a s id o c ul mi na da, y qu e la i nd ust ria fi na nc ie ra pue de pe rmi ti rs e v ol ver a lo de si emp re . P or es ta ra zón re su lta imp re sci nd ib le, com o un a c ue stió n mo ra l, e co nó mic a y po lí ti ca , po de r ca ta lo ga r y rec or da r los co ste s y el su fr imi en to de r iva do s de la cr isi s : nu nc a má s se de be per mit ir que ta l de vas ta ció n vue lva a suc ed er a nu est ro pa ís. Sa bem os có mo pre ve nir lo . L a pre g unt a es, ¿te ne mos la vo lun ta d y el c or aje pa ra ha ce r l os c amb io s qu e sa b em os q ue d eb em os h ac er , y p ara ha ce rlo s c um pli r? De bi do a que est a cr isi s aún no ha te rm ina do y a qu e los c os tes co nt in úan a um e nt a nd o, só lo p ode mo s est ima r l os ú lti mo s cos tes to tal es a ju lio d e 20 15 : e l co la ps o fin an cie r o y la cr isi s e co nóm ic a p rov oc ad a por W all Str ee t h a c os tad o y c ost ar á al p ue blo es ta dou ni den se al me nos 20 bi llo ne s de FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 68 dó la res » . 107 E n es ta e st ima c ión d el co ste ec o nóm ic o de la cri sis f in anc ier a – s ólo p ar a EE .UU . – pr ov oca da por Wa l l St re e t, re al i zad a por B ETT ER M AR KET S en j ul io de 20 15, no se in cl uy en de ter min ada s val or ac ion es , tal es co mo el des ce ns o de l va lor de la riq ue za f ina nc ier a de lo s hog ar es y de la s vi vie nd as , del ni ve l de em ple o, o de los re cu rso s t ri bu tar io s: « 20 bi llon es d e dó la re s es un a e st ima c ió n c on ser va do ra , i nc luy en do só lo : o 7 .9 bi ll one s de dó lar es e n pé rdi da s del PI B re al con re spe ct o a l PI B p ote nc ia l, se gú n l o es tim ad o e n la a ct ua lida d ; o 3 ,6 b il lon e s de dól ar es po r la ca íd a d el PI B pot enc i al de ri va da de l im pa ct o de la Gr an Rec e sió n , es ta n do mot iva da pr inc ipa lme nt e po r l a re duc ci ón d el s to ck de c api tal y de l n úm er o de ho ra s tr ab aj ad as ; o 9 ,1 bi llo nes de dó lar es en pé rd id as que se hu b ies en pr odu ci do , si no se hub ier an emp re n di do p or el g obi er no la s e xtr ao rdi na ria s in ter ve nc ion es f isc ale s , mo ne ta ria s y en el mer ca do fi nan ci er o, al pr inc ip io de la c ri si s. A de má s, los ef ec to s c e ntr ad os en el PI B no cu en ta n tod a la h is to ri a. No s e c on tem pl an lo s impa c tos de la c ri sis so br e la di sm i nu ció n en el va lo r de la s vi vie nd as, la s pé rd id as e n l a r iqu e za f ina nc ier a d e l os h og ar e s, el d esc en so e n la p ar tic ipa ció n de la f ue rz a de tr aba jo y del em ple o, y las pé rd ida s si gn ifi ca t iv as en l os in gr eso s d e l go bie rno es ta ta l y loc al» . 108 El tr asf o nd o de la cr is i s fi na nc ie ra que di o lug ar a la Gr an Re ce sión ha re sid id o en la s id ea s ec onó mic as l ibe ra les do mi nan te s dur an te la s ú lt ima s dé ca da s, se gú n el cr it er io de STI GLI TZ (2 010 ). De sde lue go , e s te re su lta do ta n ca ta str ófi c o no ca be im ag ina rlo de nt ro de l es qu ema de la te or í a ec on ómic a mo de rn a, ba sa da en su fe ci eg a en la ef ic ien ci a del l ibr e mer ca do y en la g lob al iza ci ón , lo qu e no s lle va de nue vo a la ne ce sid ad de re pla nte ar no s la ef ic a c ia de lo s c ri ter ios de ac tu ac ión de la po lít ica e co nó mi ca : « No es eso lo qu e ca bía e spe ra r. L a te or ía ec onó mic a mo der na , con su fe en e l li bre mer ca do y en la gl oba li za ci ón, hab ía pr om eti do pro spe ri da d pa ra to do s. Se su pon ía qu e la ta n ca ca re a da Nu eva Eco nom ía – l as so rp re nde nt es in nov ac ion es que mar ca ro n la se g un da mi tad d el s ig lo XX , in clu y en do la de sr eg ula ció n y la in gen ier ía fi na nc ie ra – iba a ha ce r po sib le una me jo r g est ión de los ri esg os, y que tra er ía c on s ig o e l fi na l d e l os ci clo s ec onó mic os . 107 B ET T ER MA RKE TS , INC .: The co st of the c ri si s , W as hi ng ton , Ju ly 2 0 15 , p. 1 . En lac e we b: https://www.betterma rkets.co m/sites/defa ult/files/Better%20Markets%20 - %20Cost%20of%20the%20Crisis.pdf 108 B ET T ER MA RKE TS , I NC .: The c ost o f the c ri si s , op . c it ., p . 2. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 69 Si la c om bi na ci ón de la Nue va Ec ono mía y de la teo ría ec on óm ica mo der na no ha bía e li min ad o la s fl uc tua cio ne s ec onó mic as , po r lo me no s las es ta ba mo der an do . O es o n os de c ía n. L a Gr an Rec es ión – a tod as luc es la pe or cr is is ec on óm ica de sd e la Gr an De pr esi ón de ha ce se ten ta y cin co añ os – ha he cho añi cos esa s i lu si on es . No s e st á ob li g and o a re pla n te ar no s un as id ea s muy as enta da s. Dur an te un c ua rt o de sig lo ha n pr e va le ci do de te rmi na da s doc tr ina s s obr e el mer ca do libr e: lo s me rc ado s lib re s y sin tra ba s so n ef ic ie nte s; si co me ten er ro res , lo s co rri ge n rá pi da me n te. E l mej or g ob ie rno es un go bie rn o pe qu eñ o, y la reg ula ció n lo ún ico que ha c e es ob st ac uli zar la in no va ci ó n. L os ba nc os ce ntr a le s de be rí an se r ind ep en die nt es y con cen tra rs e ún ic ame n te en m ant ene r ba ja la inf la ci ón. Hoy , inc lus o e l g urú de e s a id e ol og ía , Al an Gr ee ns pa n, p re sid en te de l a Ju nt a de la Re ser va Fe de ra l du ran te el per íod o en que pr eva le cie ro n esa s ide a s, ha a dm it ido que ha b ía un fa llo en su ra zo na mi en to ; pe ro su c on fe si ón l leg ab a de ma si ad o t ar de p ar a l os m uch os qu e h a n s uf r id o a co ns ec ue nc ia de e llo ». 109 Es te d ia gn ós tic o de la cr isi s es c om pa rt ido as imi sm o por SKI DEL SKY (2 009 ), q uie n en tie nd e q ue la c au sa pr in c ipa l r e sid e s ing ul ar me nt e en l as i de as e qu ivo ca da s de lo s e co no mis ta s de la Nue va Ec on om ía C lá sic a, gr ac ia s a las cu ale s se leg it imó la de sre gu lac ió n de l s iste ma fi na nci er o, lo que pr ovo có la e xp lo si ón de l c ré dit o y su po ste rio r cr is i s: « … cr eo que la c au sa ese nci al de la pr es en te cr isi s se enc ue ntr a en el fr ac aso in tel ec tua l de la ec on o mí a. Fu er on la s id ea s equ iv oc ad as de los ec ono mi s ta s la s q ue l eg it im a ro n l a de sr eg ula ci ón de la s f ina nz as, y fu e l a d es re g ula ció n d e la s f in a n zas la q ue lle vó a la e xpl os ió n de l cr édi to qu e ha pr odu c id o la cr isi s de l cr édi to. Es dif íci l tr an smi ti r el da ño qu e ha hec ho la e sc ue la , do min an te ha sta ha ce poc o, de la n ue va ec ono mía clá s ic a. P o ca s ve ce s co n an te ri or ida d ha ha bid o m en te s ta n b ri lla nt es de di ca da s a i dea s ta n e xtra ña s. L a má s di spa ra ta da, la qu e pro pu gn a qu e , en ge ne ra l, tod os lo s qu e pa rti ci pan en el me rc ado t ie ne n c re en cia s cor re ct as ac er ca de lo qu e les pasa rá a lo s pr ec io s e n un fu tur o inf ini to» . 110 L a Gr an Rec es ión de 200 8 co nst it uy e « uno de los fr ac as os má s vi ol en tos de la vi da ec onó mi ca que se ha n vi s to en l os últ im os cie n añ os» , se gú n la op i ni ón d e e st e his to ri ado r ec on ó mi co br itá n ic o de or ig en r us o, qu ien a de má s la co nte mp la c om o la mu es tra más pa lp ab le d e u n f rac as o in te lec tu al – e spe ra do – d e la ec o no mía : « Con to do, la ec ono mí a – el est ud io ci e n tíf ic o de la vi da ec on ó mic a – ha si do e xce pc io nal me nte to r pe a la ho ra de of re cer exp lic ac io ne s. De ac ue rdo co n la s te or ía s e co nó mic as d omi na nte s, no ten dr ía q ue ha ber se pro duc ido un 109 S TIGLITZ, J. E.: Caíd a libre. El libre mercado y el hu ndimiento de la economía mundial , op. cit. , Prefacio, p. 11-12. 110 SKIDELSKY, R.: El regreso de Keynes , op. cit., Introducción, p. 15. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 70 e mp e or ami e nt o de est a ma gn itu d. Y no te nem os ni ide a de có mo de ten er las c ri sis se mej an tes que no s af ec te n e n el fu tur o. Si q ue re mos c om pre nde r b ie n a mb a s cue st io nes , ne ce si t a mo s a Joh n May na rd Key nes . En c ie rt o mod o, e ra de es pe ra r. Du ra nte vei nt e añ os, má s o me nos , l a c or rie nte pr i nci pa l de la ec ono mía ha es tad o d om in ad a po r la id ea de qu e l os me rc ado s si emp re « se vac ía n» . La id ea pr in ci pal e ra que si lo s sa lar io s y lo s pr ec ios so n co mp let ame nte fle xib les , se em p lea rí a la tot a li da d de lo s re cu rso s. Cu alq ui er go lp e qu e re cib ie ra el si st em a re sul ta ría en un a ju st e in med ia to de sa lar ios y p rec ios a l a nu eva si tu ac ió n. Re co n ozc ám os lo, es ta ca pa cid ad de re sp ue st a, que ab arc ab a tod o el si ste ma , dep en d ía de qu e lo s ag ent es e co nóm ic os di sp us ier an de un a in for ma ci ón p erf ec ta a ce rc a d el f utu ro. Es o e s e vi de nte me nte ab sur do . Pe se a e ll o, la may or pa rt e de lo s ec on om is ta s ad sc r it o s a l a te orí a dom ina nt e cr eí an qu e los ac t ore s ec onó mic os po see n la in for mac ión suf ici en te pa ra co nf er ir a su s teo ría s una d os i s s uf ic ien te de re a lida d . A ra íz de l de sc ala br o fi nan cie ro de l pa sa do o to ñ o [de 20 08 ], e l es ta lli do de lo qu e se di o en lla ma r « teo ría de l mer ca do ef ic ien te» de be ría ha ber lle ga do ha sta e l c ie lo , p er o cr eo q ue no lo ha h ec ho» . 111 ¿C ómo se de se nc ad ena ro n los ac on te ci mie n tos , ha sta lle va rn os a la si tua ci ón a ct ual ? Cas i to das la s ex pli ca c io ne s co mie n zan co n un in ten to de com pre nde r los or íg en es de la qu ieb ra b anc ari a , en do nd e la ex pli ca ci ón más co n oci da es la del fr ac as o de lo s ba nc o s a la hor a d e « ges tio nar» los n uev os « ri esg os» pl an te ad os p or la « inno va ció n f ina nc ie ra» , c omo a pu nt a SKI DEL SKY (2 009 ): « La afi rma ci ón de Al an Gr ee ns pa n de que la cr i si s se ha bía o r ig ina do a l « po ner u n pr ec io de mas ia do ba jo a l rie sg o a ni ve l mun dia l» con sti tu ía la e xpr es ión má s s uci nt a d e es ta op in ió n . Se gú n es ta int er pre ta ció n, la cr is i s ba nc ar ia – y de ah í la re ces ió n mu nd ial a la que ha c ond uci do – fu e ca usa da po r e l f all o t éc n ico de lo s m ode lo s de ge sti ó n de l ri es go , y pa rti cul ar men te de su in ca pa c ida d pa ra g es ti ona r e l « rie sg o si st é m ic o» . Se pre stó una par ti cul a r a te nci ón a l pa pe l de l me r ca do a me ric an o de hi po te ca s sub pr im e co mo or ig en de lo s de n om in ad os « ac tiv os tó xic os» que lle ga ro n a d om ina r lo s b ala nc e s de lo s ban co s . L os pr ime ro s re me dio s par a la re ce sió n se ce nt ra ro n en « sa c ar d e a pu ros» a lo s ba nc os, o re fin anc ia rlo s, de man er a qu e pu die ra n co me nz ar a pr es ta r de n ue vo . R ond and o e n el fo ndo de la exp lic ac ión es ta ba el ten ue esb oz o de un fa llo de po lí tic a. Dic ha e xp li ca ci ón se pr es ent aba en dos ve rs io nes , qu e e l c ol um ni s ta Ma r tin Wolf h a et iq uet ado co mo la s te o ría s de l « exc eso de of er ta de din er o» y de l « exc eso de aho rr o » . La pr ime ra de ell as ac usa a Ala n 111 SKIDELSKY, R.: El regreso de Keynes , op. cit., Introducción, p. 13. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 71 Gr ee nsp an , pr es id ent e de la Re ser va Fe der al en lo s añ os de ci siv os has ta 20 05, de ha be r ma nt en id o el din er o d em as ia do ba ra to d ur an te de ma si ado ti e mp o, y per mit ir c on el lo un a bu r buj a que bom b eó has ta su es ta ll ido . L a se gu nda ar gu me nt a qu e fue el exc eso de ah or ro ch in o, y no Gr ee nsp an, lo qu e p ro vo c ó la or gí a de g ast o a me r ic an a al ime nt a d a p or d eud a» . 112 En e fe ct o, en lo s a ño s pre vio s a e sta c ris i s, la R es er va F e de ra l d ec id ió ma nte ne r una po lí tic a mo ne ta ri a de ba jos ti po s de i nte ré s, lo que con du jo e n E sta do s Un ido s ha ci a una bur bu ja inm o bi l ia ri a . Est e fe n óm eno se pr od ig ó ig ua lm en te en ot ros pa íse s de l mu nd o, y en tre el lo s Es pa ña , en do nde tam bié n fu e al ime n t a do por un ca mbi o nor mat iv o en l a Le y de l sue lo 113 , a l ob jet o de fa ci lita r la co ns tru cc ió n de nu eva s v iv ie nda s. Pe ro es a no e ra pr ec isa men te la f or ma má s ef ic ien t e d e as i gn ar los re cu rso s fi nan cie ro s es ca s os, co n el fin de a lca nza r un a pr os per id ad so ste ni da , com o a rg ume nta ST I GLI TZ ( 2010 ): « … el di ne ro ba ra to pu ed e con duc ir a un au ge de la in ve rsi ón en maq uin ar ia y e qu ipo , a un fu er te cre ci mie nt o y a una pr osp er id ad so st en id a. É sa n o es la fo rma en qu e se su pon e qu e se co mp or ta n l os mer ca dos . L os mer ca dos su pue st ame n te han de asi gn ar e l c ap ita l a su u so m á s p rod uc tiv o. Per o hi st ór ica me nt e ha ha b ido num er os os c aso s en qu e lo s ba nc os ha n ut il iza do e l di ner o de o tr os pa ra de di ca rs e a as umi r e xce s iv os r ie sg os y a pr est ar din er o a qu ien es no pu ede n de vo lv er lo . Ha hab ido re pe tid os ca so s en qu e es e tipo de po lí ti ca c re di t ici a h a da do lu ga r a b urb uj as in mo bi li ar ias ». 114 Pr ec isa me nte po r e st a ra zó n, la d e e vi ta r la s b urb uj as in mob il ia ri as, y a e sta ría ju st if ica da la e xis ten cia de un a re gu lac ió n del si st em a fi na nci er o . Au nq ue t am bié n e xi st en ot ra s im por ta nte s ra zon es , ta le s co mo la de g ar an tiza r la es tab il id ad de l si ste ma fin an ci er o, que re sul ta im pr es ci ndi bl e pa ra el lo gr o de un cr eci mie nt o e co nóm ico so st e ni b le; y , par tic ula r men te, la de i mp edi r qu e l os ban co s p udi er an e xp lo ta r a la s pe rs ona s má s vu lne ra ble s (c omo las pe rs ona s an alf ab eta s, o lo s po br es c on re du ci do s r ec urs os ec onó mi cos ). L a bur buj a inm obi li ari a se ase nt ó en el pr oc es o de tit ul iza ci ón , qu e fu e di señ ad o de un mo do fr aud ul ent o po r la s ins ti tuc io nes f ina nci er as de l sec to r hi po tec ar io de lo s Es ta do s Un id os , co n el pro pó sit o in med ia to de sa qu ea r a lo s po bre s, c om o e xpo ne STI GL ITZ (2 010 ): « La s in tri g as y la for ma de ha ce r neg oc ios del se cto r hip ot ec ar io en Est ad o s 112 SKIDELSKY, R. : ¿En qu é nos equivocamos? , en El regreso d e Keynes , op. cit., P rime ra parte: La crisis, cap. 1, p. 21-22. 113 En p articular, el artículo 10 de la Ley 6/1998 , de 13 de ab ril, sobre régime n d el suelo y valoracion es, establece qu e: «El suelo que, a los efectos de esta Ley, no tenga la cond ición de u rbano o de n o u rbanizable, tendrá la consideración de suelo urbanizable, y podrá ser objeto de transformación en lo s térm in os establecidos en la legislación urba nística y el planeamiento aplicable » . 114 STIGLITZ, J. E.: El fraude de las hipotecas , en Caída libre. El libre mercado y el hundimiento de la economía mundial , op. cit., cap. 4, p. 116 -117. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 72 Un ido s ser án re cor da das co mo el g ra n fr aud e de pr inc ip io s del si gl o XX I . Te ne r un ho ga r en pro pie da d si em pr e ha si do un e l e me nto ca ra ct er ís tic o de l su eño am er ic an o, y en re al ida d un a a sp ira ci ón e n to do s lo s l ug ar es de l mu ndo . Cua nd o lo s ba nc os y las co mpa ñía s h ip ot ec ar ia s es tad ou nid en se s e mp e za ro n a ofr ec er hi po tec as ba ra tas , m uc ha s p ers ona s se a pr es ur ar on a in ten ta r c ons e g uir un a p ar te del pas te l. Mi ll on es de per so na s su sc rib ie ro n hi po tec as qu e no po d ían pe rm it ir se . C ua ndo lo s ti p os de int er és emp e za ron a su bir , e sas pe rso na s pe rd ie ro n su s hog ar es y cu alq uie r ca pi ta l que hu bie ra n a po rta do. Es te de sa st re de la v iv ien da tuv o re pe rc us io ne s a niv el nac ion a l y en e l e xt ra nj er o. A tr av és de u n pro ce so co no ci do co mo ti tu liz a ci ón , las hi p ote ca s ha bía n si d o div id id as e n tra mos , em paq ue ta d as y re em pa que ta das , y c ol oc ad as a t od o ti po de ba nc os y de fo ndo s de in ve rs ió n po r to do el p aí s. Cu and o el ca st il l o de na ip es f in al men te se de sm or onó , se ll evó c ons ig o a a lg un as de las in st it uc ion es más ve ne ra ble s: L eh ma n Br oth er s, B e ar Ste ar ns y Me rri ll Ly nc h. Pe ro las dif ic u lta des no se det uv ier on en la s fr o nt er as de Es tad os Uni do s. Es tas hi po te ca s ti tu li za da s, muc ha s de el las v e n did as po r to do e l mu ndo , r es ul ta ro n ser tó xic as pa ra ba nc os y fo ndo s t an r em o tos co mo e l no rte de N or ue ga , B ah ré in y C hin a ». 115 El c ob ro de mú lt ip le s co mis io nes vi nc ula das a la tit ul izac ió n, ge ne ró uno s in ge nte s ben ef ic ios y una s pri ma s de sor b it an tes pa ra los ban qu er os, q ue te r mi na ro n po r d es v irt uar su p rop ia con duc ta : « En úl ti ma ins ta nc ia , lo s in st ru men to s fi na nc ier os qu e lo s ba nc os y lo s pr es ta mi sta s e mpl ea ro n p ara exp lo tar a l os po bre s f ue ron tam bi én l a c a us a de su pro pi a d es tru cc ió n. L os ext ra vag ant es i nstr um ent os e st ab an d is eñ ad os pa ra sa ca rle al pre sta ta ri o to do el di ner o po si bl e . El pro ce so de ti tu li zac ió n so ste ní a u na s c omi sio ne s il im it a da s, e sta s co mis io nes so ste n ía n u no s be ne fic io s si n pr ec ed en te s y lo s be ne fi cio s si n pre ce den tes g e ne ra ban un as pr ima s in au di ta s, y to do ell o ce gó a los ba nqu er os. Pu ed e qu e so sp e ch ar an qu e er a de mas iad o bu eno par a se r ci er to . Y lo er a. Pue de q ue so sp ec ha ra n qu e e ra in sos te nib le – y de ah í l a p re mur a p ar a c on se gu ir tod o l o qu e p udi er an lo má s rá pi do po s ible – , y er a ins os ten ible . Alg un os no fu er on con sc ie nte s de la s víc ti ma s ha sta qu e el si st em a se de sm oro nó . Aun que las cu en ta s ba nc ar ia s de mu c hos dir ec ti vos de l sec to r fi nan ci er o se ha n v is to e no rme me n te r ed uc ida s, muc hos ha n sal id o be ne fic ia do s de l ca os c on mi l lon e s de dó lar es ( e n al g uno s ca sos , c o n cie nto s de mil lo nes d e dó lar es ) ». 116 115 STIGLITZ, J. E.: El fraude de las h ipotecas , en Caída libre. El libre mercado y el hundimiento de la economía mundial , op. cit., cap. 4, p . 113. 116 STIGLITZ, J. E.: Ibídem, p. 115 -116. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 79 te rmi na ro n pro vo ca ndo u n co lap so de lo s ba lan ce s de los ba nc os ( en e l la do de la in ver si ón) , ad emá s de un se rio pr ob le ma de li qu id e z , c o mo e xp one SKI DEL SK Y (2 009 ): « Lo s ban co s de inv er sió n sie mpr e ha n toma do din er o pr es ta do a co rto pl az o y ha n p re st ado a la rg o p laz o. Pe ro l a de sr eg ula ci ó n ba nc ari a a esc al a mu ndi al – n ota bl eme n te e n Est ado s Un ido s, t ra s la re vo ca ció n de la G las s- Ste ag al l Ac t e n 19 99 – pe r mi tió a lo s b an co s c ome rc ia les co nv er tir se ta mbi én en b a nc os de in ve rs ió n. As í fu e c om o i nv ir ti er on el di ne ro de su s dep os ita nt es y se c on vir ti er on en e sp ec u lad or es al tam en te ap ala nc ad os en los tít ulo s de nu ev o de sa rro ll o, c on un or g ul lo de sme su r ado de bi do a la fe qu e te nía n e n sus mo del os de « ges tió n de l ri esg o » . Ah ora las inv ers io ne s se ha b ía n co nv er ti do e n il íqu id as y fue ne ce sar io e l en de ud a mi e nto de lo s ba nc o s en lo s mer ca dos a l por may or mon eta ri os – o int er ba nc ar ios – par a dev olv er o re fi nan ci ar lo qu e se de bí a. L os ba nc os se es ta ba n en co n tra nd o c on dif icu lt ade s cr ec ie nt es pa ra obt ene r di ne ro f re sc o de otr os b a nc os. L a co ng ela ci ón de l cr éd ito se di fun di ó de sde el mer ca do al por may or ha sta el me rca do al po r men or : de sde lo s ba nc os ha s ta s us cl ien tes . El e sce na rio es ta ba di spu es to pa ra un c lá sic o de sl iza mie nt o a la ba ja, des de las qu ie br as de ba nco s a las de lo s me rc ado s d e ma te ria s pr ima s y d e v alo re s, ll eg and o a u n d ec li ve d e la e co nom ía re al» . 126 L os ba nco s má s dé bi le s (ta le s c om o BN P Par ib as , Nor th er n Roc k, o B ea r St ea rn s) que dar on pr on to al de scu bi er to, de bi do a su fa lta de li qui de z; pe ro un a ve z e nt ra do el ot oñ o de 20 08, la cr is is fi na nc ier a fue de riv an do ha cia u n « pán ic o c lá sic o» , qu e a ca bó e n l a qui eb ra – en tre o tra s ins tit uci one s – de L ehm an B ro the rs: « En un pr ime r mo men to , la s ins tit uci one s se vie ron pre sa s de l pá nic o y bl oqu ea ro n su li qui de z, se g uid as por los in ve rs or e s ind iv id ual es, ner v io so s po r la ca sca da de ma la s no ti c ia s. En el cu ar t o tr imes tre de 20 08, to do s l o s no mbr es f am oso s de la ba nc a de inv er sió n es ta do uni de nse co men zar on a c ae r. El 7 de s ep ti emb re e l g ob ier no e sta do uni den se se h iz o ca rg o de la s a se gu ra dor as h ip ot ec ar ia s F an ni Ma e y Fr ed die Ma e de spu és de qu e l a c ot i zac ió n de sus acc ion es se de spl oma ra , ga ra nt izan do un a de ud a de 12 bi llo ne s de dó lar es . El 15 de se pt iem bre p er mi t ió a l b anc o d e inv er s ión pr iva do L eh man Br oth er s, uno de los no mb re s más fa mo so s de Wa ll St re et , qu e fu er a a la qui ebr a, co n una s de uda s de 60 0.0 00 mil lo ne s d e dól ar es . Se di jo q ue era la may or qu ie br a emp re sar ia l de la hi sto ria de Es ta dos Un ido s. Mu cho s cr eía n que fu e e l fr ac as o del go bi er no es ta dou ni den se en sa ca r de a pu ros a L eh ma n lo qu e d io in ici o al p á nic o po r a lc anz a r la sa li da. Se ve nd ió Me rr ill Ly nc h al B an k of Ame ri ca par a e vi ta r que co rr ie ra la mi sma sue rte . El d ía de sp ué s de qu e se de jar a ca er a L ehm an, el g obi er no e sta do un ide nse 126 S KIDELSKY, R.: ¿En qué n os equ ivocamos? , en El regreso de Keynes , o p. cit., P rimera p arte, cap. 1, p. 30. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 80 a dq uir ió un a pa rt ici pa ci ó n de l 79 ,9 po r cie nt o en AI G, e l may or e miso r de pe rm ut as de ri es go cre di ti cio de l mun do , cuy a c oti zac ió n ha bía ca íd o un 95 po r ci en to , a ca mbi o de u n pr ést amo de 85 .00 0 mi llo ne s de dó la re s. E l 21 de se pti em bre Go ld man Sa ch s, el m ay or ba nc o de inv er sió n d el m und o, y Mo rg an S tan ley mod ifi ca ro n s u e st atu s l eg al, pa sa nd o d e se r ba nco s de in ver si ón a se r soc ied ad e s de ca rt er a, a fi n de pod er obt ene r pr és ta mos en la ve nta ni lla de d esc ue nt o de la Re se rva F ed er al en c on dic io nes má s f av ora b le s, a ca mbi o de un a may or supe rv is ión g ub er na me n tal . El 25 de se pt iem br e se pr odu jo la qu ie br a de Wa shi ng to n Mu tua l, que en tr ó en liq uid ac ió n de sp ué s de un pá nic o ban ca rio en el qu e lo s cl ie nte s re ti ra ro n 16 .7 00 mi llo ne s de dó lar es» . 127 El an áli si s re al i zad o p or e l F ON DO MON ET ARI O IN TE RN ACI ON AL, a ce rc a de los fa ct ore s de vul ne ra b il ida d a lo s que se enf re nta ba el si st em a fi na ncie ro e n abr il de 2 0 08, d er iv ó la s s ig ui en tes en señ an zas e n ma ter ia de p olí tic a :  « Hu bo una fa lla co le c ti va a la ho ra de di me nsi on ar el g ra do de a pa lan ca mie nt o de las di ve rs as ins tit uc i one s – b an co s, a se g ura do re s mo no líne a, en ti dad es re s pa lda s p or el g ob ier no , f on do s de inv er sió n li br e (h ed ge f un ds) – y de lo s rie sg os rel ac ion ad os con un a co rr ec ci ón de sor de nad a.  L a ge sti ón del rie sg o de l se ct or pri va do , la d iv ul g ac ión de dat os , l a su per vi sió n de l se cto r fin anc ie ro y la reg ula ció n es tu vi er o n sie mp re a la zag a de la r ápi da i nn ova ci ón y tr ans fo rm ac ió n de los m od elo s e mpr es a r ial es, y es o de jó ma rg en pa ra la tom a de ri es go s e xce si vos , las sus cr ipc io ne s in ade cu ada s, lo s d es ca lce s de ve nc i mie nt os y la inf lac ión de lo s pr ec ios de lo s a ct ivo s.  S e sob re es ti mó el tra sl ad o de lo s ri es g os fue ra de lo s ba lan ce s de los ba nc os . Co nfo rm e los r ies go s ha n id o mat er ial i zá ndo se , l os ba la nc es de los ba nc os ha n v ue lto a v ers e s ome ti do s a en orm es pre sio ne s.  P e se a la s in te rve nc io nes sin pr ec ede n tes de los pr in cip al es ban co s ce ntr al es , lo s me rc ad os fi nan c ie ros pe rma ne ce n ba jo un a te ns ió n co ns ide ra ble , a g udi za da ah ora por el e mpe ora mie nto de l en to rn o ma cr oec on ó mic o, la c ap ita li za ci ón de fi cie n te de la s in st itu ci one s y un des ap al an ca mie n to g ene ra liz ad o ». 128 ¿H a s ta qu é pun to est uv ie ron el si ste ma fi na nc ie ro y la ec ono mía de Es ta dos Un ido s -y po r e xte nsi ón, l a ec on omí a mu ndi a l- al bo rde d el c o lap so ? 127 S KIDELSKY, R.: ¿En qué n os equ ivocamo s? , en El regreso d e Keynes , o p. cit. , P rimera parte, cap. 1 , p . 27. 128 FONDO MONETARIO INTERNACIONAL: Info rme sobre la estab ilidad financiera mu ndial. Resumen general , Abril de 2008, p. i -ii. En lace web: https://www.imf.org/ex tern al/spanish /pubs/ft/gf sr/200 8/01/pdf/sums.pdf Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 81 « Pau l Ka njo rsk i ( c ong re sis ta de móc ra ta po r Pe ns ilv an ia y pr e si de nte d e l Su bc om it é de Mer ca dos de Ca pita le s) ofr ec ió en la tel evi si ón un me lod ra má tic o re la to de l in min en te ca tac lis mo de lo s ba nc os e st ad oun ide ns es en la e st el a de la qu ie bra de L ehm an . L as af irm ac io nes de Ka njo rs k i er an un a r ep et ic ión de un re la to de lo s ac on tec im ien to s qu e le ha bía n he cho el se cre ta ri o est ad ou ni de nse del Te so ro, He nry Pa uls on , y el pr es id en te de l a Res er va F ede ra l, Be rn ar d B e rn an ke : El ju eve s [18 de se pt ie mbr e de 200 8] , a las 11 de la ma ña na , la Re ser va Fe de ra l ad vir tió un a en orm e d is m inu c ión de las cu ent as de l me rc ado mo ne tar io en Est ad o s Uni do s, [el di ne ro ] por va lor de 55 0.0 00 mi ll o nes de dó la re s fu e ret ira do e n cu e st i ón de un a hor a o do s. E l T es or o a br i ó su ve nt ani ll a p ar a ay ud ar e iny ec tó u no s 10 5. 00 0 mi l lon e s de dól ar es en e l s is te ma, pe ro pr ont o s e d io cu en ta de qu e n o po día de ten er la ma re a. Es tá ba mo s teni en do un a af lu enc ia mas iva e le ctr ón ic a en los ban co s . Ell os de c idi er o n su spe nd er la op er ac ió n, c er ra r la s c uen tas mon et ar ias y an unc ia r un a g ara nt ía de 2 50. 00 0 dó lar es p or cue n ta, de m a ne ra qu e n o se p ro duj er a más pá n ic o. S i no lo hub ier an he ch o , es ti ma ba n qu e a la s 2 de es a ta rde ha br ía n si do re t ir ado s 5,5 b il lo ne s de dó la re s del si st em a d el me rc ado mo net ar io de Es tad os Un ido s, [ y es to] hab ría co lap sa do tod a la e co nom ía de Es tad os U ni do s, y en ve int ic ua tro hor as se ha brí a de spl om ado la ec on om ía mun di al. Ha br ía si do e l fi n de n ues tro si ste ma ec onó mi co y de nu est ro si st e ma pol ít ic o ta l co mo l o c on oce mos . P or e xag er ad os qu e pa re zca n lo s de ta l le s, es in dud abl e que e l pá ni co se a po der ó de l Te so ro y de la Res er va Fe der al en e l mom e n to de l hun di m ien to de L eh man . Sin un pla n co mp let o de re sca te « pue de qu e el lu ne s no te ng amo s ec ono mía» , dij o e l pr esi de nte de la Re se rva Fe der al , B en B ern an ke, al Co ng res o el jue ve s 18 de se pt iem br e. Me rv in Ki ng , g ob er nad or de l Ba nc o de I ngl ate rr a, de cl ar ó que « de sde e l in i cio de la pr im er a g ue rr a mu nd ial n ues tr o s is te ma ba nc ari o n o ha bí a e sta do ta n c er ca d el co la pso» » . 129 El go bie rn o es tad ou ni den se dec id ió e n ton ce s co mp ra r lo s act iv os tóx ic os , me dia nt e un pla n de r esc at e den om ina do T A RP, di r ig ido a “l im pia r” lo s bal a nc es de lo s ban co s, y a i ny ec ta r li qu ide z al s is te ma: « El pr ime r pa qu ete de me did as de re sc ate a es ca la nac io na l se pro duj o el 25 de se pt ie mbr e, cu an do e l sec re ta ri o es ta do un id ens e del Te sor o, He nry Pa ul son , a nu nc ió u n p la n de r es ca te de 7 00 .0 00 mi l lon e s d e dó la re s, e l Tr oub le d As se t Rel ie f Pr og ra mme ( TAR P, pr og ra ma de ay ud a par a ac ti vo s 129 S KIDELSKY, R.: ¿En qué n os equ ivocamos? , en El regreso de Keynes , o p. cit., P rimera p arte, cap. 1, p . 28. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 82 c on pr obl ema s), pa ra ad qui rir ac t iv os en di f ic ul ta de s; a é ste le sig uió la pr ome sa de la Re se rva F ede ra l d e fa ci lita r 60 0.0 00 mil lon e s d e dó lar es co n l a mi s ma fin al ida d. Per o la lis ta de qui eb ra s co nti n uó: Wac hov ia, Pe nt ag on Ca pi tal Ma na ge me nt , Pel oto n Par tne rs , Dr ake , An do r Cap it al Man ag em ent So wo d, G0 C ap ita l, Re dK ite , RAB C a p ita l PL C » . 130 Pe ro el pl an de r esc at e TA RP se pr ese n tó en el Co ng re so si n nin gu na e xi g enc ia de un co nt rol ( pol íti co o jud ic ial ) po st er i or a lo s ban co s pe rc ep to re s de la su bve nc ió n pú b lic a, co m o cr iti ca ST I GLI TZ (2 010 ), qu ien ap un ta a un a g iga nte sc a re di st r ibu c ió n de lo s re cu r so s d es de e l bol si llo d e lo s co ntr ibuy e nt es ha st a las c ue nta s de lo s ba nc os y d e su s a mi g os: « El ve rda de ro ind ic io de qu e al g o se es ta ba to rc ie ndo lle gó cu and o Pa ul so n a cu dió al Co ng re so y pre se nt ó un dec re to de tre s pá gi na s qu e le da ba u n c he que en bla nc o po r va lo r de 7 00. 00 0 mi ll on es de d ól are s , si n sup er v is ió n de l Con gr es o ni re vi sió n jud ic ial . En mi c on di ció n de ec on om is ta je fe de l B anc o Mu ndi a l, y o y a hab ía vis to es tra ta ge ma s de est e tip o. Si es o hu b ier a oc ur rid o en un a re pú bl ica ba na ner a de l Te rc er Mu ndo , hab ría m os sa bi do lo qu e est aba a pu nto de oc ur rir : un a gi g ant esc a re dis tr ibu ci ón de sd e lo s c on tri buy e nt es a lo s ba nc os y a su s a mig os … Na tur a lme nt e, Wal l Str ee t e st ab a en ca nta da c on el pro gr am a pa ra co mp ra r lo s ac t iv os tó xic os . ¿A qui én no le g ust arí a d es ca rg ar su ba sur a sob re e l g obi er no a un os pr ec io s in fl ad os ? L os ba nc os h ab rí an po di do ve nde r en a qu el mo men to mu c ho s de est os ac ti vo s en el mer ca do ab ier to , pe ro no a lo s pr ec ios q ue el los h ub ier an q uer ido» . 131 A es to s pro gr am as de re sc ate ba nc ar io (a sí co mo de los ba nq ue ro s y de lo s a cc ion is tas ), a cos ta de lo s co nt ri buy en tes , le s s ig ui er on otr as pr op ues ta s d iri g id as a re ca pit ali za r lo s ba nco s por la vía de la « iny ecc ión de c ap ita l» , sin que aqu él lo s tu vie ra n ni si qui er a e l de re ch o a c on oce r e l de st in o ot org a do por los ba nc os a su di ner o: « Ha bí a var ia s ra zo ne s p a ra pe nsa r que er a imp ort an te da r más ca pi ta l a lo s ba nc os, a f in de re ca pi ta li zar lo s. Una d e el la s er a l a esp er an za de qu e a l ha ce rlo , los ba nc os pre sta ría n más . L a otr a er a una le cc ión apr en did a en lo s a ño s o che n ta : los b an co s d esc ap ita li zad os so n un ri e sg o par a la ec ono mía … Ef ec ti vam en te se iny ect ó l iq ui de z pa ra pr ote ge r a los ba nc o s, y cu an do ne ce sit aro n má s di ne ro , se iny e ctó aú n má s l iqu i dez . A ca mbi o, lo s c on tri buy e nt es re c ib ie ro n a cc ion es pre fe re nt e s y un as cua nt as op ci one s (d er ec hos a a dqu ir ir la s a c cio nes ), per o se l es e ng a ñ ó e n e l tr at o… 130 SKIDELSKY, R.: Ibídem , p. 28 - 29. 131 STIGLITZ, J. E. : El g ran atraco estadouniden se , en Caída libre. El libre mercado y el hundimiento de la economía mundial , op. cit., cap. 5, p. 163 -164. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 83 Y l o q ue es pe or, inc lu so cu an d o l os c on tr ib uy ent es e st a do un ide ns es s e c on vir ti er on en e l pr inc ip al pro pie tar io de a lg uno s ba nc os, el De par tam en to de l Tes oro de Bu sh (y pos ter i or men te de Ob am a) se ne g ó a eje rc er ni ng ún ti po de co ntr o l. E l con tr ib uy en te e sta dou nid en se ap ort ó cie nto s de mi le s de mi l lon e s de dó lar es y ni si qu ier a ob tu vo e l de re cho a sa be r en qu é se ga sta ba e l di ne ro , ni m uc ho men os te ner v o z e n lo q ue ha cí an c on él lo s b an co s ». 132 Y mie nt ras ta n to, la ava ri cia de lo s ba nqu er os pa r ec ió no ten er lí mi te s (u na ve z ac ep ta do e l su pue st o de que en u na ec on omí a de “ l ib re ” mer ca do , ca da in di vi du o s ól o pe rsi gu e s u pro pi o i nte ré s) : « Per o ni siq ui er a e l h u ndi mie nt o d e l s ist e ma mod er ó l a a var ic ia de los ba nqu er os. Cu and o e l g ob ie rno a por tó a l os ban co s d ine ro p ar a re ca pit ali za rse y as egu ra r el fl ujo de cr éd ito , po r e l co ntr ar io l o uti li zar on pa ra pa g ar se a sí mi smo s pri mas de ré co rd – ¡ po r un as pé rd i das de ré co rd ! – . Nu ev e pr est am is tas que co nju nt am en te tu vi er o n p ér did as de 10 0. 000 mi l lon e s de dól ar es r ec i bi er on 17 5.0 00 m ill one s en din ero de re sc ate a tr av és de l TA RP, y pag ar on ca si 33. 00 0 mi ll o nes en pr im as , in clu y end o má s de 1 mi l lón de dó lar es por ca be za a ca si ci nco mil e mp lea do s. Ot ra pa rt e de l di ner o se em pl eó pa ra pa g ar di vid end os , que su pu est ame n te so n un re pa rt o de lo s be nef ic i os en tr e lo s a cc io ni s tas . E n es te ca so, sin em ba rg o, n o ha bí a be ne fic io s, só lo ay uda s d el go bie rn o ». 133 En sí nt es is , la Gr an Re ce si ón ha co nte mp lad o có mo el gob ie rno as u mía un a nu ev a fun ci ón : la de « as umido r de l ri esg o de últ im o re cur so» , ta l y co mo la def in e ST I GLI TZ (2 01 0). Pe ro est o con st it uy e un a se ri a am en aza pa ra la fu tu ra pro tec ci ón pú bl ica de la s pe rs on as , a ca usa de la am p lia ci ón d e la s re de s de se gu ri da d púb lic a ha ci a la s so cie da de s a nó ni ma s: « Cua ndo lo s me rc ado s p riv ad os e st aba n a l bo rde de la ca tá str ofe , t odo el ri esg o se tr as la dó al g ob ie rn o. L a re d de seg uri dad deb er ía c onc en tr a rs e en pr ote g er a los in div id uo s; pe ro la re d de seg uri dad se amp li ó a la s so ci ed ad es a nó ni ma s, en la cr ee nc ia de qu e la s co ns ec uen c ia s de n o ha ce rl o se rí an de ma si ad o te rr ib le s. Un a ve z a mp lia da , re su lt ar á dif íci l ec ha rse atr ás : la s e mp re sa s sa brá n qu e s i so n lo su f ici en te men te gr an des y [189 ] s i su qu ieb r a re pr ese nt a un a am en a za su fi cie n te pa ra la e co no mía – o si dis po ne n de l a su fic ie n te inf lu en ci a pol ít ica – el g obi er no ca rg ará co n el rie sg o de qui eb ra . Po r es a ra zó n va a ser e se nc ia l e vi tar q ue l os ba nc o s c re zca n tan to . S ub si ste , t od av ía , u na po sib il ida d de qu e el si st e ma p o lí ti co es tad ou ni de ns e re sta bl e zca un mí ni mo de con fia n za en sí m ism o. Sí , Wa ll S tre et ha ut ili zad o su pod er y su din er o par a co mpr ar des re gu lac ión , seg ui da rá pi da me n te de l 132 STIGLITZ, J. E. : El g ran atraco estadouniden se , en Caída libre. El libre mercado y el hundimiento de la economía mundial , op. cit., cap. 5, p . 165-166. 133 STIGLITZ, J. E.: El fraude de las hipotecas , en Caída libre , op. cit., cap. 4, p. 116. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 84 re sc ate más ge ne ro so en l a his to ria de la h um a n ida d. S í, el go bie rno ha sid o in ca pa z de re es tru ct ura r el si s tem a fi na nc ier o de fo rm a que se r edu zca la po si bil ida d de un a c ri si s si mil ar y qu e se re fu er ce n aqu ell as p ar te s de l si ste ma fi nan c ier o que e sta ba n re al me nte ha ci end o l o qu e se su po ní a que de bía n ha ce r – ge sti on ar el r ies go y a si g nar e l c ap it a l – . Per o, to dav ía, qu eda la po si bil ida d d e v ol ver a re gu lar , de co rr eg ir lo s er ro re s de l pas ad o ». 134 L os ar gu me nto s es gr imid os par a jus tif ica r « el gr an atr ac o es tad ou nid en se» e st ab an vi nc ula do s a la id ea de l ma nte ni mie nt o de la ec ono mía de “l ibr e” me rc ado . Pe ro e l re med io ap li ca d o, en fo rma de med ida s de re sc ate , se e nc ue ntr a e n la s a nt íp od as ta nto d e d ich o si st e ma e co nó mic o c om o de su s inc en t ivo s. L a ad mini str ac ió n B us h (y lue go la de Oba ma ) ap os tar on po r el ma nte ni mi ent o de la pr iv ati za ció n de la s g ana nc ia s y , a la pa r, po r la soc ial iza ci ón de la s pé rd id a s ( en c as o d e “ ne ce sid ad ”) . Es tas me di das , s in emb ar g o, no sól o so n ine f ici en te s si no qu e ta mb ié n so n in ju st as , c om o n os e xpl ica ST I GLI TZ (2 010 ): « La pe rc epc ió n, y la re al ida d, d e q ue lo s pa que tes de me did as de re sc a te er an « inju sto s» – i nj usta me nt e g en er oso s co n lo s ba nqu e ro s, i nj us ta men te c ost os os pa ra los c iud ada no s co rr ie nte s – ha hec ho aú n má s d if íci l af ro nt a r la cr i si s . Se ha co nve rt id o e n un lu ga r co mún de cir qu e de tr ás de la cr isi s es tá la pé rd id a de con fi an za e n el si st e m a fi na nc ier o. Per o la inc a pac id ad del go bie rn o pa ra a co met er un re sc ate ju st o ha co ntr ibu ido a un a pé rd ida de con f ia nza en el g obi er no ». 135 L a or ig ina ria c ri sis ba nc ari a de sen ca de n ó a co nt i nua ció n u na cr i sis e co nóm ic a , co n el c ons ig uie nte de rru mbe de la ec on om ía re al, ad emá s de un a cri sis fi sc al ( a ca us a de la ca íd a en la s re ca ud ac io nes tr i but ar ia s, y de la ele va ci ón d e los g ast os púb li co s, vi nc ula d os so bre to do a l au men to de l de se mple o y a los re sc ate s fi na nc ie ro s) . L os pr obl em as de li qu id ez ( pr ime ro ) y de sol ve nc ia (de spu é s) de lo s ba nc os con tri b uy er on de cisi va men te a ce rra r el gr if o de l cr é di to al c o nsu mo de los ho ga re s, y de l cr éd ito a l a inv er si ón de las e mpr es as pr od uct iv as, fr en án dos e de un mo do muy b rus co e l r itm o de cr ec imie n to e co nó mic o, y la cr ea ci ón de e mple os, ta l y c om o adv irt ie ra el F MI ( 200 8): « La cr isis se es tá e xten die nd o má s all á del me rc ad o es ta dou ni den se de pr és ta mo s de a lto r ies g o (s ubp ri me ), co ncr et am ent e, a lo s mer ca do s in mo bi lia ri os re si de nc ia le s y c ome rc ia les de p ri me ra cl ase , al c ré di to d e c on sum o y a lo s mer ca d os de cr éd it o em pr esa ri a l d e al ta y ba ja c ali da d . El e pi c en tro de la cr is i s s ig ue sie nd o Es tad os Un id os , ha bid a c ue nt a de qu e e l me rc ado de p ré sta mos de al t o rie sg o de e se pa í s fu e el qu e d io or ig en a la s 134 STIGLITZ, J. E. : El g ran atraco estadouniden se , en Caída libre. El lib re mercado y el hundimiento d e la economía mundial , op. cit., cap. 5, p. 188 -189. 135 STIGLITZ, J. E.: Ibídem, p. 177. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 85 no rma s de cr éd i to me n os es tr ict as y el pri mer o en suf ri r las co mp l ica ci on es de ri va da s de lo s pro duc t os de cr éd it o es tr uc tur a do . Pe ro las in st i tuc io nes fi na nc ie ra s de ot ro s pa ís es ta mbié n se ha n vi st o af ec ta da s por la mi sma li be ra li dad e xce siv a de la s co nd ic ion es fi na nc ie ra s mun di ale s, y – en g ra do s di st in to s – po r las de fic ie nc ia s de los s iste ma s de g es tión de l ri es go y de la su per vi sió n pr u de nc ial . Lo s pa íse s in du st ri ale s do nde lo s pr ec io s de la vi vie nd a es tá n inf la do s e n re la ció n c on los pa rá m et ros fun da me n tal es de la e co nom ía o do nd e lo s ba la nce s de las em pre sas o los ho ga re s sop or ta n má s pr es ió n tam bi én e stá n e xp ue stos a rie sg os ». 136 L a pé rd ida de la co nf ia n za hu nd ió la s co ti zac ion e s de la s ac cio ne s ban ca r ia s, lo que un id o a lo s rec or te s en lo s pr ec io s de la s m at er ias pr ima s, ar ras tró a l a ca ída g ene ra liz ad a d e la s bo ls as . L os cie rr es y liq uid ac ion es de emp re sa s p os ter io re s vi nie ro n a e le var e l ni ve l de de se mp le o en las ec o nom ía s ca pi ta li sta s a un a s cot as muy a lta s, lo que un id o a l c or re lat iv o r ec or te ob se rv ad o en lo s s ala ri os, de te rm inó un c re ci ent e e mp o bre ci mie nt o d e mil lon es de tr ab a ja do re s. En pa la bra s de SKI DEL SKY ( 200 9) : « La ca ída e n la e co no mí a re al se veí a ve nir , so br e tod o a me di da qu e e l de cl iv e e n la ab und anc ia de pa pe l, la co ng el ac ió n de l cr é di t o y las e xpe c ta ti vas de d is min uci ón de be nef ici os re duc ía n el ga sto . E nf re nta da s c on un a d em an da f ina l q ue se e st ab a de bi li tan do , l as em pre sa s s e en c on tr ar on co n un e xce so de sto ck s y con la inc apa ci da d de fin anc ia rlo s. Par a ma nt ene r e fe ct ivo re du jer on di vi den dos , e mple o , ga sto de ca pit al y pr odu cc ión . Se de shi cie r on de sto ck s y de sc ont ar on pr ec io s e n el c ua rt o tr ime st re de 20 08» . 137 ¿Se pu die ro n ha ber hec ho la s c os as me jo r? L o ci ert o es qu e sie mp re te ndr em os a lt er na ti vas a nu est ro a lca nc e, co m o suc e de en e ste c as o: En pr im er lu g ar , se po drí an ha be r r ee s tru ctu ra do aqu el los ba nc os qu e pr ec isa ba n d el r es ca te , e n lu g ar de h ab er le s oto rg ad o u na a y ud a in men sa - que en una bu ena me di da fu e de sp il fa rr ada -, y s in g ar an tí a de con tro l p os ter ior . E n t al ca so, ha br ían sa lid o pe rdi e ndo l os ac ci oni sta s (q ue a su mi rí a n as í el r ies go de su in ve rs ió n) y l os eje cu ti vo s fi nan ci er o s. En se gu ndo lu g ar , se po dr ía hab er de st ina do el im po rte de ta le s re sca te s a la c on st it uc ión de un g ru po de ba nc os d e nu ev a cr ea ci ón , al ob je to de ot or ga r la s lí ne as de cr éd it o q ue n ec esi ta ba im pe ri osa me nt e e l a pa ra to pr od uc t iv o pa ra pod er ma nte ne r la e st ruc tur a ec on óm ica e inc lu so pa ra c re ar nue vo s pu es t os de tr aba j o. O bie n, ha be rlo sum in is tr ad o d ire cta me nt e, en fo r ma de in y ecc ion es de c ap it al, e n aq ue llo s 136 FONDO MONETARIO INTERNACIONAL: Info rme sobre la estab ilidad financiera mu ndial. Resumen general , op. cit., p. ii-iii. 137 S KIDELSKY, R.: ¿En qué n os equ ivocamos? , en El regreso de Keynes , o p. cit., P rimera p arte, cap. 1, p. 33. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 86 ot ros ba nc os que est uv ie ro n ge sti ona do s de una for ma co rr ec ta du ra nte l a cr isi s fi na nc ie ra , y q ue c ump li er on ad ec ua da me nt e c on s u mi s ión . En te rce r lug ar , si el ob je ti vo de l g obi er no hu bie ra si do la re cu per ac ió n de l c ré dit o pa ra es ti mu lar la in ver sió n emp re sar ia l y la cr ea ció n de emp le o, la de cis ió n de de st ina r el imp or te de lo s re sc ate s a los « meg ab anc os» hab rí a si do un co los al e rr or d es de la óp tic a ec o nóm ic a, e n la me did a en que tal es ent id ade s n o es tab an c en tra da s, pr e c isa me n te, e n la pr es ta ci ón de se rv ic ios f ina nci er os a la s pe q ueñ as y me dia na s em pre sa s. En su ca so, la ay uda de be ría ha be rs e dir ig ido ha c ia los ban co s de un a di me nsi ón má s re duc id a y má s pr óxi ma a l as ne ce si da de s f ina nci er as de es te ti po de em pr esa s, qu e s on la s má s d iná mi ca s a la h or a de g ener ar nue vo s pu est os de tr ab aj o e n n ues tra s e co no mía s. A si m ism o, de be mos re se ña r qu e la Gr an Rec es ión ta mb ié n ha si do el re su lt ad o de u na cri sis m or al : má s par ti cu la rm en te , de una fa lt a de re spo ns abi l ida d mo ral de aq ue llo s ba n qu er os neg li ge nte s e in co mpe ten tes que pr o voc ar on la c at ást rof e, po r n o re spe ta r la s no rm as mo ra les qu e de be n g obe rn ar su co ndu cta . És t a nu nca pod rá est ar leg it i ma da pa ra po de r e st afa r a lo s cl ie nt es de l os ba nc o s, ni pa ra e xp lo ta rlo s cu an d o ac ud an a sus ofi cin as en so li ci tu d de un cré dit o o de una hi po tec a. N i siq ui era un a inte rp re ta ci ón « ing enu a» del cé leb re co nc ep to ec onó mic o de la « ma no in vi si bl e» de Ada m Smi th (1 77 6) po dr ía cu br ir las ca ren cia s ét ica s de lo s ba nqu er os ev ide nc ia da s co n l a c r isi s b an c ar ia : « Un a le ctu ra in g enu a de Ada m S mit h pu d o su g er ir qu e ex im ía a los a g ent es de l m er ca do de te ne r q ue pla nte ar se cu es tio ne s mo r a le s. Al fi n y a l c ab o, si la pe rs ec uc ión de l in ter és p rop io c omp or ta, a tr avé s de la man o in vis ib le , el bi ene sta r de la soc ied ad, ba st a con qu e uno est é seg uro de que sig ue su pr opi o in te ré s par a a ctu ar c or re cta me n te. Y el sec t or fin a nci er o a pa re nte men te lo ha cía . Per o es obv io qu e pe rs e gu ir e l pr op io inte ré s – la c od ici a- n o con duj o al b ie ne st ar d e la soc ied ad ». 138 Pe ro , tal y c omo sen ten c ia ra JO AN ROB I NSO N (197 0) , e n est a do ctr ina e co nóm ica de l « fu nda me nt ali sm o d el me rc ad o» ha y u na fal ac ia ev ide n te : « Si la pe rs ec uc ión d e la ga na nci a es c rit er io de co ndu ct a co rre ct a, en to nc es no po de mos d is tin gu ir en t re a cti vi dad pr od uc tiv a y r ob o» . 139 En últ im o té rm ino , he mo s de con clu ir que la Gr an Rec es ió n de 20 08 ha de sa cre di ta do de un m o do man if ie st o , po r la ví a de lo s hec ho s, a la doc tri na e co nóm ica d el « fun dam en ta li smo de l me rc ado» , que c on st ituy ó la bas e te ór i ca d e l as 138 STIGLITZ, J. E.: Hacia una nueva sociedad , en Caída libre. El libre mercado y el hundimiento de la economía mundial , op. cit., cap. 10, p. 327-3 28. 139 ROBINSON, J.: Falsos profeta s , en Libertad y necesidad. Introducc ió n al estudio de la sociedad , op. cit., cap. XIII, p. 142. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 87 po lí ti ca s ec on óm ica s ne oli be ra le s qu e ha n s id o ap l ica da s en la s s oc ie dad es c ap ita li sta s en e l tra ns cur s o de la s ú lt im as d éc ada s. Y qu e con ell a fi na l iza – c omo so st ie ne S TI GLI TZ (20 10) – la et ap a hi stó r ic a de l « tr iun fa lis mo a me ri ca no» : « La ca ída del mu ro de B er lín e n 19 89 mar có e l fi nal del c o mun is mo co mo pr oy ect o via ble . L os pr ob lem as co n el co mun is mo ha bí an si do ev ide nt e s du ra nte déc ad as , per o de spu és de 19 89 a na die le re sul tó fá ci l de fe nde rl o. Du ra nte un tie mp o, par e ció qu e la de rr ota de l c om un is mo si g nif ica ba la vi cto ri a se gu ra del ca pi ta lis mo , e spe ci a l me nte en su fo rm a es tad ou nid en se . F ra nc is Fu kuy am a a pr inc ipi os de lo s año s no ven ta lle gó a pro cla ma r « el fi n de la hi st or ia» , def ini en do el ca pit al is mo de moc rá tic o de me rc ad o co mo el e st ad io f ina l de l des ar ro ll o s oc ial y d ec la ra nd o que to da la h uma ni da d se di rig ía a ho ra ine vi tab le men te hac ia es a di re c ci ón . En r ea l ida d, lo s hi st or iad ore s co ns id er ar á n lo s vei nt e año s tr ans cu r rid os de sd e 19 89 co mo e l c or to per íod o del t riu nf ali smo de Es tad os Un id os. El 15 d e se pt ie mbr e de 200 8, fe c ha de la q uie br a de L eh ma n B rot her s, pu ede se r par a el fun da me nt al is mo de l mer ca do (l a ide a de que l os me rc ad os de ja do s a s u lib re alb ed r ío pu ed en pr op orc io na r pr os per ida d y cr ec imi en to ) lo qu e fu e pa ra e l com uni sm o la ca íd a de l m ur o de Be rl ín. L os pr obl em as de e st a ide ol og ía er an co no ci dos ant es de es a fe cha , pe ro des pué s na d ie pu do de fe nde rl a de ve rd ad . Co n el c o lap so de lo s gr an de s ba nc os y la s ent ida de s fi na nc ie ra s, el su bs ig uie nt e de sba ra jus te y lo s c a ót i cos in te nt os de re sc ate , el pe rí od o de l tr iun fa lis mo ame ri ca no ha ter mina do. L o mi sm o qu e el de bat e so bre e l « fun da me nta li sm o de l mer ca do» . Hoy s ólo los il u sos (i nc lu id o s mu cho s co ns er va do re s es t ad oun id en se s, pe ro muc ho s me no s en e l mu ndo en de sa rro ll o) af irm ar ía n qu e los mer ca do s se au toc or ri g en y que la so cie da d pu ede co nfi ar e n el co mp ort am ien to aut oi nt er es ado de lo s ag en tes del me rc ado pa ra as eg ur ar qu e la s cos as fun ci ona n de man er a hon ra da y lim pia , y n o d ig amo s y a de m ane ra be ne fic io sa p ar a to dos ». 140 140 S TIGLITZ, J. E.: De la recuperación mundial a la p rosperidad mun dial , en Caída libre. El libre mercado y el hundimiento de la economía mund ial , op. cit., cap. 8, p. 264. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 88 2. EL PAPEL DEL ESTADO EN LA ECONOMÍA POLÍTICA CLÁ SICA Y EN LA ECONOMÍA MARXISTA 2.1. EL ESTADO EN EL PENSAMIENTO CLÁSICO: DEL ESTADO MÍNIMO AL DOGMA DEL PRESUPUESTO EQUILIBRADO ANUAL Desde fin ales del si glo XVIII y hasta comienzos del siglo XX, predominó una visión filosófica en todas las soci edades má s avanzadas de l a época, la del laissez faire . La gra ndeza del pe ríodo prácticamente comprendido entre las Guerras Napoleónica s y l a primera Guerra Mundial consistió precisamente en el hecho - como arg umenta VON MISES (1962) - de que «el ideal social a cu y a r ealización dedicaron sus esfuerzos los hombres más eminentes fue el li bre comercio, en un mundo en paz de nacion es libres. Fue una época de mejoras sin precedentes en el nivel de vida, de una población en rápido crecimiento. Fue la ép oca del liberalismo » . 141 Tales planteamientos lib erales constitu y eron de hecho una fuerte reacción frente al absoluti smo y al Mercantilismo de la etapa ante rior, e implicaron en la práctica un recorte bastante sust ancial de la a ctividad estatal, como resalta e l maestro neoliberal de la Escuela A ustríaca: « E l orden social ima ginado por la filosofía de la I lust ración asignó la supremacía al hombre de la calle. En su calida d de consumidor, el “ hombre llano ” [ “regular fellow” ] fue llamado a determinar, en última instancia, lo que se d ebe producir, en qué cantidad y d e qué calidad, por quién, cómo y dónd e; en su calidad de elector, fue soberano en l a dirección de las políticas de su país» . 142 Así, el Soberano perdió la tut ela y el control de los asuntos económicos “ privados ” , que ahora pasa a d esempeñarse por l a nueva fi gura del empresario. Y a partir d e enton ces, s e l e comienza a contemplar « como si fuera un becario de la economía privad a » , siendo los representantes de ésta « qui enes deciden qué tareas han de considerarse como públicas y en qué medida han de realizarse » , 143 como reseña el economista ale mán FRITZ NEUMARK (1961). De esta fo rma, el poder político es asumido ahora por la burguesía , cu yo 141 VON MISES, L. (1962): Liberalism. The Classical tradition , op. cit., Preface to the english -la nguag e edition , p. xiii. 142 VON MISES, L.: Ibídem. 143 NEUMARK, F. (196 1): Principios y cla ses d e gestión fi nanciera y presup uestaria: Los p rincipios d e la política financiera liberal clásica , en Problemas económicos y fi nancieros d el estado intervencionista , Editorial d e Derecho Financiero, Madrid, 1964 , P arte segunda: Cuestiones financieras, epígrafe II, p. 159 . Primera publicación: Wirtschafts- und -fin anzprobleme des interventionsstaates , Mohr, Tbingen, 1961. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 95 deducía de las condicio nes est ipuladas: de un lado, la prescripción de un gasto público reducido; y , de otro, la aplicación de u na política impositiva con fines puramente fiscales, orientada por el principio de neutralidad . Este inflexible planteamiento se vino aplicando en la etapa clásica como un principio absoluto, y con independenc ia total de cuál fuera la evolución de la coy untura económica, y a se atrave sara tanto una fase de expansión como de recesión. De esa forma, el presupuesto público terminaba ocasionando un efecto procíclico sobre la coy untura económica. Aunque debe d estacarse que el fin principal de esta regla d e oro no consistía en el logro de la estabilidad macroeconómica, habida cuenta de que aún no se h abían desarrollado las bases o fundamentos teóricos precisos para comprender todos los efectos simultáneos de los i ngresos y d e los gastos p úblicos, así como de sus respectivas composiciones, sobr e el nivel general de la a ctividad económica. Ni tampoco el r educido t amaño d el presupuesto públi co, por otra parte, posibilitaría en su caso esa función. El propósit o era, evidentemente, mucho más simple: que la re caudación d e impuestos se acomodara al gasto público, fijado a su vez al mínimo nivel posible. Así quedaba sancionada implí citamente la limit ación al aumento de los impuestos , con el objeto de evitarse los perjuicios que ocasionarían sobre los individuos y sobr e el conjunto de la actividad económica ge n eral, al afectarse negativamente tanto al proceso de a cumulación de capital, como a las posibilidades de crecimiento ec onómico a largo plazo. En definitiva, los principios del pensamiento clásico liberal relacionado s con las fun ciones estatales se resumen en la noción de un Estado mínimo, el dogma del presupuesto equilibrado anual, l a aplicación de una política impositiva neutral, y la a versión al crédito público. 2.2. E L E STADO EN EL PENSAMIENTO MAR XISTA: E L E STADO CAPITALISTA COMO INSTRUMENTO AL SERVICIO DE L A CLASE DOMINANTE La persp ectiva et erna d el capitalismo tan c aracterística de la Escuela Clásica de E conomía en Inglaterra, al i gual que de la Fisiocracia 155 en Francia, se 155 Según el econ omista y filósofo nazi OTHM AR SP ANN, el verd adero fundador de la economía como ciencia siste mática es FRANÇOI S QUESNAY q uien, a la p ar, fue el creado r d el individualismo económico , al qu e calificó con el no mbre d e fisiocracia , o gobierno d e la n aturaleza. P artiendo de las concepciones materialistas de su época, QUESNAY q uería que « lo s hecho s sociales y morales fuesen considerados tan “naturales” como los físicos, y la s leyes qu e lo s dominan, como ley es n aturales», y además ent endió qu e la persecución d el interés económico , o el d erecho del individuo « d e h acer su destino todo lo favorable posible», generaba un orden n atural b asado en ley e s natu rales, en contraposición al hu ma no orden positivo . Vid. : SPANN, O.: El sistema fisiocrático , en Historia d e las doctrin as económicas , Editorial Revista d e Derecho P rivado, Madrid, 1934 , cap. VI, p. 61. P rimera p ubli cación: Die haupttheorien der volkswirtschaftslehre auf dogmengeschichtlicher grundlage , Quelle & Meyer, L eipzig, 1916. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 96 fundamentó tanto en el «ca rácter impersonal y autom ático del orden econ ómico » como en el « prejuicio co ntra la acción social consciente » , si guiendo a PAUL M. SWEEZY (1942): «L a loi naturelle d e los Fisiócratas, la “mano invisible” de Adam Smith, su fe común en la sabidurí a del laissez-faire como política económica, todo ello indi ca la profunda creencia en el carácter imp ersonal y automático del orden económico. Este p rejuicio contr a la acción social consciente en los asuntos económicos, que se d esarrolló en el si glo XV III , si guió siendo un rasgo muy prominente de la ideología capitalista hasta hace muy poco» . 156 A diferencia d e la Economía M arxista, que pasó a contemplar a las relaciones soc iales de producc ión bajo unas condiciones históricamente determinada s, como ex plica SWEEZY (1976): «L a e conomía ma rxista constitu y e a la vez una co ntinuación y una ruptura con la economía política clásica inglesa (Adam Smith y David Ricardo). Ambas escuelas tienen en común la teoría del va lor trabajo, se gún la cual las mercanc í as tienden a intercambiarse en cantidades proporcionales al tiempo de trabajo socialmente necesario in corporado en cada una de ellas. El interés p rincipal de Marx, sin embargo, a dif erencia d e los clásicos, no se centró en las propor ciones cuantitativas del intercambio sino en la s relaciones so ciales r eales que subyacen en estos f enómenos del mercado y quedan enmas carados por ellos. C omo ocurre en t odo su trabajo teórico, a Marx le interesa penetrar bajo la superficie aparente de los hechos y descubrir su es encia oculta a fin de poder analizarla. Es en este sentido que rompió con sus predecesores y ef ectuó al gunas de sus más profundas y originale s aportaciones a la ciencia social» . 157 KARL MARX (1843) especificó con claridad la misión de su tra bajo intelectual: « [ Mi tar ea] no consiste en la creación de utopí as, sino en la crítica de las condiciones sociales y políticas existentes... e n la interpretación de las luchas y aspiraciones de la época » . 158 Y en su interp retación de tales condiciones, MARX (1859) pudo apreciar que la realidad social es el resultado d e un proceso histórico d e cambio permanente, que siempr e aparece vinculado a un conjunto de relaciones de 156 SWEEZY, P. M. (1942 ): El problema del valor cua litativo , en Teoría del Desarrollo Capitalista , F ondo de Cu ltura Económica, México, 9ª rei m pr., 1977, P rime ra parte: Valor y plu svalía, cap. II, p . 47. Primera publicación: The th eory of cap italist development: p rinciples o f Marxian political econo my , Oxford University Press, New York, 1942. 157 SWEEZY, P. M.: “Marxian Economics” , en Monthly Review , Volum e 2 8, Number 7, Decem ber 19 76. 158 M ARX, K. (1 843): Citado po r HARRY WELLIN GTON LAIDLER en A histo ry of so cialist thought , Thomas Y. Crowell Com p any, Nueva York, 1927, p. 155. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 97 propiedad determinado: « … en la produ cción s ocial de su existencia, los hombres entr an en relaciones det erminadas, necesarias, independien tes de su volunt ad; estas relaciones de producción corresponden a un grado determinado de desarrollo de las fuerza s productivas mate riales. El conjunto de estas relaciones de producción constituye la estructura e conómica de la sociedad, la base re al, so bre la cual s e el eva un a s uperestructura jurídica y política y a la q u e corresponden formas so ciales determinadas de concienc ia. El modo de producción d e la vida material condicion a el proceso de vida social, política e int electual en general. No es la concienc ia de los hombr es la que determina la re alidad; por el contrario , la realidad soci al es la que determina su con ciencia. Durante el curso d e su desarrollo, l as fu erzas productoras d e la sociedad entran en contradicción con las relaciones de pr oducción existentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propie dad en cuyo interior se habían movi do hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que e ran, estas reacciones se convierten en trabas de estas fuerzas. Entonces se abre una era de revolución social. El cambio que se ha producido en la base económica trastorna más o menos lenta o rápidamente toda l a colo sal super estructura. Al c onsiderar tales trastornos importa siempre dist inguir entre el trastorno material de las condiciones económicas de producción... y las formas jurídi cas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas; en una pal abra, l as for mas ideológicas, bajo la s cuales los hombres adquieren conciencia d e este conflicto y lo resuelven» . 159 P or lo tanto, son las permanentes transfor maciones operadas en la estructura econó mica -o conjunto de relaciones de produc ción- l as que determinan el proceso d e vida soci al. Y el propio cambio del modelo de sociedad no tiene lugar hasta que no ha y an sido aplic adas todas las fuerzas p roductoras contenidas en la vieja sociedad, dando paso así a unas relaciones de producción “nuevas y superiore s”: « U na sociedad no desaparece nunca antes de que sean desarrolladas todas las fuerzas productoras q ue pueda contener, y las relaciones de produ cción nuevas y sup eriores no se sust itu y en jamás en ella antes de que las condiciones materiales d e ex istencia de esas r elaciones han sido incubadas en el seno mismo de la vieja socieda d » . 160 La acción trans formadora del hombre se considera determinante dentro de 159 MARX, K. (1859 ): Contribución a la crítica de la economía polític a , edit ado por AL BER TO CORAZÓN; Comunicación, Madrid, 2ª ed., 19 78, Prefa cio, p . 42 -43. P rimera p ublicación : Zur kritik der poli tischen oekonomie. 1 , Duncker, Berlin, 1859. 160 MARX, K.: Ibídem, p. 44. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 98 este proceso de cambio soc ial, de modo que la sociedad ahora no solo va a cambiar por las dir ectrices que mar ca el orden natural . Siguiendo a MARX (1869), los hombres pueden llegar a transformar a la sociedad y c ambiar su historia, aunque sea dentro de unos márgenes estrechos: «L o s hombres hac en su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mi smos, sino bajo aquellas circunstanc ias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasad o. La tradición de todas l as generaciones muertas oprime como un a p esadilla el cerebro de los vivos. Y cuando ésto s apare ntan d edicarse p recisamente a tr ansformarse y a t ransformar las cosas, a crear al go nunca vist o, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisame nte cuando conjuran temerosos en su auxil io los espíritus del pasado, toman p restados sus nombres, sus consi gnas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este len gua je p restado, repre sentar la nueva escena de la historia universal » . 161 En su an álisis de la vid a económica y so cial c aracterística d e la sociedad burguesa, MARX y ENGELS (1848) distinguen y aprecian un proceso d e crec iente centralización económica y política . En la medida en que la burguesía va con centrando la p ropiedad y los medios d e producción, a la par que v a ag lomerando a la pobla ción, en el terreno soci al se v a plasmando un paralelo régimen de centra li zación políti ca: «L a burguesía va aglutinando cada vez más los medios de producción, la propiedad y los habitant es del p aís. Agl omera l a población, centraliza los medios de producc ión y conce ntra en manos de u nos cuantos la propieda d. Este proceso tenía qu e condu cir, por fuerz a l ógica, a un r égimen d e centralización políti ca. Territorios antes indep endientes, a penas aliados, co n intere s es distintos, dist intas le ye s, gobier nos autónomos y líneas aduaneras propias, s e as ocian y refunden en un a nación única, bajo un Gobierno, una le y, un int erés nacional de c lase y una sola línea aduanera» . 162 Y en cada « etapa de a vance» efectuada por la burg uesía, se ll ega a alcanzar una « n ueva etapa de progreso político », tal como describen MARX y ENGEL S (1848) al devenir histórico de la burguesía , desde su condición de “clase oprimida” en el feudalismo, hasta el mome nto de conquistar l a heg emonía política y crear el Estado representativo (que va a servir, fundamentalmente, a sus propios intereses): 161 MARX, K. (1852): El dieciocho brumario de Luis Bonaparte , 2ª ed. (1 869), El Cid Ed itor, colec ción: Carrascalejo d e la J ara, Santa Fe (Argentina), 2 004, cap. I, p. 17 -18. Primera pub licación: Der 18 te b rumaire des Louis Bonaparte , en Die Revolution , New York, 1852. 162 MARX, K. y ENG E LS, F. (1848): Ma n ifiesto del Partido Comun ista , Fundación de Investiga cio nes Marxistas, Madrid, 2013, p. 56. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 99 « A cada etapa d e avance recorrida por la bur gue sía corresponde una nu eva etapa de pro greso político. Clase oprimida bajo el mando de los señ ores feudales, la burguesía fo rma en la “comuna” una asociación autónoma y armada para la defensa de sus intereses; en unos sitios se organiza e n repúblicas municipale s independientes; en otros forma el tercer estado tributario de las monarquías; en la épo ca d e la manufactura es el contrapeso de la nobleza dentro de la monarquía feudal o absoluta y el fundamento de las grandes monarquías en general, hasta que, por último, implantada la gran industria y abiertos los cauces del mercado mundial, se conquista l a h egemonía políti ca y crea el mod erno Estado representativo. Hoy, el Poder público viene a ser, pura y sim plemente, el Consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa » . 163 La propia existencia del Estado no es más que la forma de or ganización a la que se someten los pr opios burgueses, como establece MARX (1845), con la única finalidad de garantiz ar su propiedad y sus respectivos intereses individuales: « M ediante la emancipación de la propie dad privada con respecto a la comunidad [ Gemeinwesen ], el Estado cobra una exist encia propia junto a la sociedad civil y al margen d e ella; pero no es ta mpoco más que la forma de or ganización a qu e n ecesariamente se somet en los burgueses, tanto en lo int erior como en lo exterior, para la mut ua garantía de su propiedad y de sus intereses» . 164 El Estado aparece en escena, según la ex posición de SWEEZY (1942), como el resultado de un a larga y dura luch a de clases ; y en el tr anscurso de la cual, la clase dominante logra imponer se finalmente a las d emás clas es sociales, estableciendo aquel conjunto de relaciones de propiedad que más le beneficia: « Si preguntamos ahora de dónde viene el estad o, la respuesta es que el estado es p roducto d e una larga y ardua lucha en la que la clase que o cupa las posi ciones clave en el proc eso de produc ción de la época, consigue prevalecer sobre sus riv ales y fo rma un estado que se encargará de h acer efec tivo el conjunto de relaciones de p ropiedad favorables a sus intereses. En otras palabras, cualquier estado particular es hijo de la clase o las clases de la sociedad que se benefician del conjunto particular de relaciones de propiedad que el estado t iene la obligación de hacer efectivo... Tan pronto hemos a bandonado la suposición histórica mente insostenible de que la estructura de clase de la sociedad es de algún m odo natural o se impone por sí misma, es cla ro que a cualquier otro resultado le f altarían los prerrequisitos de estabil idad. Si las clases p erjudicadas estuvie ran en 163 MARX, K. y ENG E LS, F. : Manifiesto d el Partido Comu nista , op. cit., p. 53. 164 M ARX, K. (1845): III.11. La a ctitud del Estado y del d erecho hac ia la p ropiedad , en Feu erbach , El Cid Editor, colección: Carrascalejo d e la Jara, Santa Fe (Argentina), 2 004, p. 151 -152. Primera pub licación: Thesen über Feuerbach , 1845. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 100 posesión del poder del estado, intentarían emplearlo para establecer un orden social más favorable a sus propios intereses, en tanto que la división del poder del estado entre las diversas clases sociales mer amente trasladaría el terreno del conflicto al estado mismo » . 165 Además de reconocerse a l Estado como un instr umento al servicio de la clase dominante , M ARX (1845) también c onsidera que todas la s demás instituciones sociales se objetivan por medio del Estado, incluyendo a la ley y al derecho : « C omo el Estado es la forma bajo la que los individuos de la clase dominante hacen v aler s us intereses comunes y en la que se condensa toda la sociedad civil de la época, se si gue de aquí que todas las instit uciones comunes se objetivan a través del Estado y ad quieren a través de él l a forma política. De ahí la ilusión de que la ley se basa en la voluntad y, además, en la volunt ad desgajada de su base real, en la voluntad libre . Y, del mismo modo, se reduce el derecho, a su vez, a la ley» 166 . Esta teoría política marx ista de la dominación de clase se dif erencia con ni tid ez de otra teoría del Estado, basada en la m ediación entre las clases . S egún el criterio de SW EEZY (1942) , en la p rimera e l Estado es utili zado como un instrumento al servicio de l a clase dominante ; mientras que en la se gunda, lo único que se pretende es resolver por su intervención aquellos conflictos que puedan originar se entre las distintas clases sociales: « E n oposición a la t eoría del estado que se basa en la mediación entre l a s clases, tenemos aquí la idea sub y a cente de lo que ha sido llamado la teoría de la dominación de clase. L a primera da por aceptada l a existencia de cierta estructura de clase y v e en el estado una institución destinada a conciliar los int ereses opuestos de las diversas clases; la últ ima, por otra parte, reconoce que las clases son un producto del desarrollo histórico y ve en el estado un inst rumento en manos de las clas es dominantes para h acer efec tiva y garantiz ar la estabilidad de la estruc tur a de clase mi sma. Es importante advertir que, en lo qu e con cierne a la socied ad capitalista, la “dominación de clase” y la “protección de la propiedad privada” son virtualmente expresiones homól oga s. P or consiguiente , cuando decimos con Engels que el fin su perior del estado es l a protección de l a propiedad privada, queremos decir también que el estado es un inst rumento de 165 S WEEZY, P . M.: El Estado , en Teo ría del desarrollo capitalista , op. cit., Cuarta parte: El Imperialismo, cap. XIII, p. 268. 166 M ARX., K. (1 845): III.11. La a ctitud del Estado y d el derecho hacia la p ropiedad , en Feu erbach , op . cit., p. 153. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 101 dominación de clase» . 167 Sobre la base de las argumentaciones anteriores y a podemos establecer, junto a GOUGH (19 79), cuál es « el elemento común » en las teorí as marx istas del Estado: « ¿ Cuál es la naturaleza del Estado en la sociedad capitalista? ¿ Es un mecanismo neutra l p ara reconciliar los intereses en conflicto y p ara repre sentar los « intereses comunes » de la nación, como la teoría política pluralista dice? ¿O es, según la famosa frase del Manifiesto Comunista , « s olamente un comité que dirige los asuntos comunes de toda la burguesía» ? El elemento común en todas las teorías marx istas del Estado, que las distingue de toda s las otras teorías, es la s ubordinación del Estado al modo de producción capitalista y a la clase o clases dominantes dentro de ese modo. En otras palabra s, la clase económicamente domi nante es también la clase políticamente dominante o clase gobernante ». 168 En relac ión con esta cl ase dominante , debe d estacarse qu e sus propias ideas son las ideas domi na ntes en cada época; así como la circunstancia de que los miembros del grupo social instalado en el poder tienen plena conciencia de este hecho: «L a s ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros t érminos, la cl ase qu e ejerce el p oder mat erial dominante en la socieda d es, al mismo tiempo, su poder espirit ual dominante… Los individuos que forman la clase dominante ti enen también, entre otras cosas, la conciencia de ello y piensan a tono con ello; por eso, en cuanto dominan como clase y en cuanto determinan todo el ámbito de una época histórica, se comprende de su yo que lo ha gan en toda su extensión, y , por tanto, entre otras cosas, también como pensadores, como productores de ideas, que regulan la pro ducción y distribución de las ideas de su tiempo; y que sus ideas sea n; por el lo mismo, las ideas dominantes de la é po ca » 169 . Una de las principales c onsecuencias de la visión marxista del Estado dentro del sis tema económico capitalista, tan pr openso a la inestabilidad y a las fluctuaciones cíclicas, es que ahora se le impone al Estado la nueva función de ser garante de los ben eficios capitalistas por dive rsos procedimientos, como destacó ERNEST MANDEL (1964): 167 S WEEZY, P . M.: El Estado , en Teo ría del desarrollo capitalista , op. cit., Cuarta parte: El Imperialismo, cap. XIII, p. 269. 168 GOUGH, I.: El Esta do y sus actividades del “b ienestar” , en Economía po lítica del Estado del Bienesta r , op. cit., cap. 3, p. 103. 169 MARX, K. (1 845): III.1. La clase d ominante y la conciencia d ominante. Cómo se h a fo rmado la concepción hegeliana de la dominación del espíritu en la historia , en Feuerbach , op. cit., p. 84-85. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 102 « … en un sistema capitalista que, abandona do a su propio automatismo económico, corre el riesgo de ir a un a rápida catástrofe, el Estado tiene que hacerse garante de la ganancia capitalista , tiene que convertirse en garante de las ganancias de l as c apas dominantes de la burguesía, de los monopolios. Cumple esa func ión r educiendo la amplitud de las fluctuaciones cíclicas. La cumple con órdenes de compra del Estado cada vez más im portantes, milit ares o paramilitares. L o hace también con técnicas ad hoc que aparecen, pre cisamente, en el contex to de la economía concertada, como los “cuasicontratos” en Francia, que son ex plícitamente garantías d e la ganancia, que intentan corregir c iertos desequilibr ios del desarrollo, s ea entre las diversas regiones o entre las div ersas ramas industriales » . 170 P ero con tale s procedimientos, destinados básicamente a garantizar la s ga nancias a los capitalis tas, lo que en realidad se está ejecutando de una forma implícita, es una redistribución de la renta nacional que resulta favorable a los grupos monopolistas inst alados en el poder -en detrimento de los demás grupos sociales-, además de servir de estímulo a la mejora de la ta sa global de beneficios: « E sta garantía estatal de la ganancia, como toda s las técnicas anticíclic as verdaderamente eficac es en el régimen capitalis ta, representa en último análisis una redistribución del ingreso nacion al en beneficio de los grupos monopolistas dirigentes. El Estado la efectúa m ediante la dist ribución d e subsidios, la reducción de im puestos, la concesión de c réditos con baj o interés, técnicas que en última instancia conducen a una elevación de la tasa de ganancia, cosa que, en una economía capitalista que funciona normalmente, sobr e todo en una f ase de expansión a la rgo plazo, estimula evidentemente las invers iones y ti ene la influencia prevista por los autores de esos planes» . 171 P or otra parte, e l resultado final del proceso económico de centralización de los medios de producción, cuando el régimen capitalista está madur o, es el monopolio del capital , carac terizado por una nue va forma de ex propiación: ahora y a no se trata de expropiar al trabajador, sino a otros capitalistas. De form a sintética, KARL MARX (1867) se refirió a la ex propiación de l trabajador dentro del sistema capitalista en los siguientes términos: « … el régimen capitalista de producción y acumulación, y, por tanto, la propiedad privada capitalista, exigen la destrucción de la propiedad privada nacida d el pr opio trabajo, es de cir, la expropiación del 170 M ANDEL, E. (196 4): El n eocapitalismo , en In troducción a la Teoría económica marxista , Ediciones Era, México, 3ª e d., 1 976, cap. III, p. 1 11. 171 MANDEL, E.: Ibídem, p. 112. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 103 trabajador » . 172 Y cuando MARX (1867) se refiere al ult erior pr oceso de « centr alización del capital » , en donde m uchos capitalistas son expropiados por unos pocos, indica un conjunto de conse cuencias, en tre las que se encuentran su visión anticipada de la globalización capitalista ( « l a absorción de todos los países por la red del mercado mundial » ) , así como el propio carácter internacional del régimen capitalista : « … u na vez que el régimen capitalista de produ cción se mueve y a por sus propios medios,... la mar cha ulterior de la expropiación de los propietarios privados, cobra una nue va forma . Ahora, ya no se trata de expropiar al trabajador ind ependiente, sino de expropiar al capitalista explotador de numerosos trabajadores. Esta expropiación la lleva a cabo el juego de las leyes inmanentes de la propia producc ión capitalista, la centralización de los capitales . Cada capitalista desplaza a otr os muchos. Paralelamente con esta centralización del capital o expropiación de muchos capitalistas por unos pocos , se desarrolla en una escala cada vez mayor la forma cooperativa del proceso de trabajo, la aplicación técnica consci ente d e l a ciencia, la explot ación sistemática y orga nizada de la tierra, la transfor mación de los medios de trabajo en medios d e tr abajo utiliz ables sólo colectivamente, la economía de todos los medios de produc ción al ser empleados c omo medios de producción de un tr abajo combinado, social, la absorción de todos los países por la red del mercado mundial y, como consecuencia de esto, el carácter interna cional del régimen c apitalista. Conforme disminu y e progresivamente el nú mero de magnates capitalistas que usurpan y monopolizan este proceso de transformación, crece la masa de la miseria, de la opresión, del esclaviz amiento, de la degeneración, de la ex plotación; pero crece también la r ebeldía de la cl ase obrera, cada vez más numeros a y más discipl inada, más unida y más organizada por el mecanismo del mismo proceso capitalista de producción. El m onopolio del capital s e convierte en grillete del régimen de produ cción que ha c recido con él y bajo él. La centralización de los medios de producción y la socializ ación del trabajo llegan a un punto en que se hacen inco mpatibl es con su envoltura capitalista. Ésta salta hecha añicos. Ha sonado la hora final de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados » . 173 172 M ARX, K. (1867 ): La moderna teoría d e la colonización , en El cap ital. Crítica de la economía política , Fondo de Cultura Económica, México, 2 ª ed., 14 ª reimpr., 1 979, tomo I, libro p rime ro, secció n V II, cap. XXV, p. 658. 173 MARX, K.: L a llamada acumulación o riginaria , en El capital. Crítica d e la economía política , op. cit., tomo I, libro prime ro, sección V II, cap. XXIV, p. 648-649. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 104 Volviendo al terreno polí tico y soci al, y s iguien do la doctrina marxista, ¿cuál sería el prime r deber del Estado en las sociedades capitalistas? Este deber priorita rio es la protección de l a propiedad priv ada capitalista , según la opinión de SWEEZY (1942), al garantizarse así la domina ción de los propietarios frente a los no propietarios; además de ser el factor que fija c on más claridad la actitud del marxismo ante el Estado: «L a propiedad privada capitalista no consiste en cosas -las cosas existen independientemente d e la propiedad- sino en una relación social entre los hombres. La propiedad l ibera del trabajo a sus poseedores y les permite disponer del trabajo de otros, y ésta es la esencia de toda dominación social sea cual fuere l a forma que asuma. S e sigue de esto que la protección de la propied ad privada es fundament almente la garantía de la dominación social de los propietarios sobre los no propietarios. Y es precisame nte esto, a su vez, lo que se entiende por domi nación de clase , cuy o sostenimiento es la función primordial del estado. La admisión de que la defensa d e la propied ad privada es el primer deber del estado, es el factor decisivo par a determinar l a actitud del so cialismo marxista auténtico frente al estado. “ La teoría de los comunistas - escribieron M arx y Engels en el Manifiesto Comunista- puede resumirs e en esta sola frase: abolición de la propiedad priva da.” Puesto que el estado es ante todo el protector de la propiedad privada, resulta que no es posi ble realizar ese propósito sin un choque frontal entre l as fuerzas del sociali smo y el poder del estado » . 174 P ero adem ás de g arantizarse la estabilidad soci al mediante esa labor d e protección permanente d el sis tema de relaciones de propiedad, el Estado t ambién desempeña otr as funciones relevantes, desde un a perspectiva económica. En este punto, SW EEZY (1942) resume los principios que sustentan el empleo del Estado como instrumento económico, en el marco del sistema ca pitalista: « E n p rimer lugar, el est ado entra en acción en l a esfera económica p ara resolver p roblemas pla nteados por el d esarrollo del capitalismo. En segundo lu gar, cuando se afectan los intereses de la clase capitalista, hay una fuerte predisposició n a usar libremente el poder del estado. Y por último, se puede usar al estado para ha cer concesiones a la clase obrera, siempre que las consecuencias de no hacerlo así sean suficientemente peligrosas para la estabilidad y el funcionamiento del sistema como un todo » . 175 En relación con el control del poder políti co del Estado, MARX (1845) 174 S WEEZY, P . M.: El Estado , en Teo ría del desarrollo capitalista , op. cit., Cuarta parte: El Imperialismo, cap. XIII, p. 269- 270. 175 SWEEZY, P. M.: Ibí dem, p. 275. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 111 A esta « “democracia” del mercad o» , que solo admite un modo de garantizar la obtención d e riqueza a sus participantes -siguiendo el planteamiento de VON MISES (1962)- le cor responde en cons onancia, en el plano pol ítico, el « s istema de gobierno representativo » : « E l tan criticado me canismo del libre mercado sólo deja abierto un c amino para la adquisición de la riqueza, a saber, t ener éx ito en el servicio a los consumidores, prestado de la mejor manera posible y más barata. A esta “democracia” del mercado corresponde , en el á mbito de la gestión de los asuntos de Estado, el sistema de l gobierno repr esentativo » . 187 En su sólida def ensa d el ideal del mercado libre, RÖPKE (1942 ) subra ya el relevante papel de la « competencia sin mixtificaciones » , qu e mide el éx ito económico de cada cual en igualdad de condiciones , dentro de una « noble lucha comercial », por « la prestación al consumidor ( co mpetencia de prestaciones )» . 188 Por lo tanto, en la visión neoc lásica no c abe autorización a cualquier interferencia gubernamental en las condiciones naturales del mercado, en las que operarían libremente tant o los consumidores, como los productores y e mpr esarios. Y en esta línea, n i mucho menos se llega a imaginar la posibilidad del diseño y aplicación d e una política social consciente, al con cebirse que la felicidad humana no es un fin que pueda lograrse mediante un apo y o desde fuera, o por medio de regulaciones externas, se gún la ex posición de VON M I SES (1927); sino desde el interior de los individuos, desde lo más rec óndito de su ser: «L a política social, con t odos los medios que están a su disposición, puede hacer que los hombres se an ricos o pobres, p ero n unca podrá tener éxit o en hacerlos felices, o en la satisfacción de sus anhelos más íntimos. Aquí fallan todos los ex pedien tes ex ternos. Todo lo que la política social puede hacer es eliminar las causas exteriores de dolor y el sufrimiento; puede promover un sistema qu e alimente a los hambrientos, vist a al desnudo, y albergue a los sin te cho. La felicidad y la al egría no dependen d e lo s alimentos, la ropa y la vivienda, sino, sobr e to do, de lo que el hombre valora dentro d e sí mismo. No es de un despr ecio de los bienes espirituales que las preocupaciones del liberalismo se ocupen ex clusivamente del bienestar mat erial del ho mbre, sino de l a convicción de que lo qu e es más elevado y más profundo en el hombre no puede ser tocado por cualquier regulac ión externa. S u objetivo es producir solamente el bienestar ex terno porque sabe que las rique zas espirituales interiores no pueden venir al 187 VON MISES, L. (1962): Liberalism. The Classical tradition , op. cit., Preface to the english -la nguag e edition , p. xiii. 188 RÖP KE, W. (1942): Punto s de ataqu e y ejemplos , en La crisis social de nuestro tiempo , Biblioteca d e la Ciencia Econó mica , M adrid, 2ª e d., 1956, Segunda p arte: Acción, cap. III, p. 293. Primera p ublicación : Die gesellschaftskrisis der gegenwart , Eugen Rentsch Verlag, Erlenbach - Zrich, 1942. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 112 hombre desde fuera, sino desde de ntro d e su propio corazón » . 189 Un complejo desarrollo lógico- formal se en cargó de demostrar que, bajo ciertas condiciones 190 restrictivas, la solución asignativa proporcionada por el mercado de competencia perfecta sería la de máxima eficiencia. El economista instit ucionalista e hist oriador estadounidense DOUG LASS C. NORTH 191 (1994), sint etiza esta problemática, al indicar que dicha sol ución requiere que los « c ostes de transacción » sean nulos o i rreleva ntes: « E l resultado neoclásico de mercados eficientes s ólo se obtiene cuando no hay costes d e tr ansacción. Solamente bajo condi ciones de negociación si n costes alcanzarán los act ores la solución que ma x imiza la renta agregada, con independe ncia de cu áles sean los arreg los ins titucionales » . 192 Una cuestión mu y diferente es lo que sucede en e l mundo real, en donde sí resulta mu y costoso ne goc iar. 193 En este caso, y como observa NORTH, la s instituciones que gobiernan la conducta human a y social adquieren u na gran relevancia, al definir la estructura de los incenti vos sociales y económicos en la que opera n los individuo s: «L a s instit uciones son las obligaciones concebidas por el hombre que 189 V ON MISES, L. (1927): Introduction. 2 Material welfa re , en Liberalism. The Classical tradition , op. cit., p. xx. 190 Las p rincipales h ipótesis relativas a la estructu ra del merca do de comp etencia p erfecta , que determ in an que los intercambios se celebren sin costes d e negociación o transacción, son las siguientes: lib re concurrencia , d e modo q ue tod os los participantes en el me rcado a ctúan como precio-acepta ntes , al no pod er influir ninguno de ellos en la determinación de su precio de equ ilibrio; h omogeneidad d el p roducto , de forma que no habría motivo alguno para elegir entre la o ferta de los numerosos vendedores (al ten er to dos sus productos la misma c alidad), salvo en el p recio; información p er fecta , de modo que to dos los participan tes conocen d e una forma in stantánea y gratuita to dos lo s acontecimientos relacionado s con el mercado : no solo en el pasado y en el presente, sino también en el futuro ; movilidad perfecta , lo que p erm ite la libre entrada y salida de tod os los p articipantes en el mercado (lo que implica que el b eneficio a l argo p lazo del c ompetidor perfec to sea nulo , de modo que en tal caso, el p recio se corresponde con el valor , o coste unitario); y a usencia de b arreras al li bre funcionamiento del mercado, lo que determina que nin gún individuo o grupo participante pueda establecer p autas de co mportamiento q ue alteren d e ma nera arti ficial la no rmal diná mica de funcionamiento del merca do (tal com o sucede con las conductas colusorias , tan características de los oligopolios), ni tampoco existen perturb aciones institucion ales. Por o tro lado, y d entro d el contexto general del individualismo metodológico q ue caracteriza al modelo n eoclásico, los supuestos d e comportam iento de los partici p antes en este m ercado de competencia p erfec ta so n: la racionalidad económica, la conducta egoísta , y la estrategia maximizadora . 191 DOU GLA S S C. NOR TH e s Premio No bel en Ciencias Econ ómicas 1 993 , junto a ROBERT W. FOGEL, « por haber reno vado la investigación de la h istoria económica , aplicand o la teoría económ ica y los mé to do s cuantitativos para explicar el cambio económico e institucional » . Enlace we b : htt p://www .nob elprize.org/nobel_prizes/econom ic-sci ences/laureates/1993/ 192 NORTH, D. C.: “Economic perfo rmance through time” , en The American Economic Review , vol. 84, issue 3, June 1994, p. 359. 193 En este m ismo artículo se re fiere que, en u n estudio empírico realizado por JOHN J. WAL LIS y DOUGLA S S C. NOR TH (1986), se dem o stró qu e, en 1970, el 45% del PNB de Estados Unidos fue d estinado al sector de las transacciones. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 113 estructuran la interacción humana. Abarcan tanto a las obli gac ione s formales (por ejemplo, reglas, le ye s, constituciones) como informale s (p.e., normas de comportamiento, convenciones, códigos de conducta autoimpuestos), y a su s respectivas características de cumplimiento. Conjuntamente definen la estructura de incentivos de las sociedades y, específicamente, de l as economías. La s instituciones y la tecnología uti lizada determinan los costes d e transacción y de transformación que se suman a los costes de producción. Fue Ronald C oase (196 0) quien estableció la c onexión b ásica entre las instituciones, los costes de transacción, y la teoría neoclásica ». 194 Otra noción central del ideal neoclásico es el concepto de óptimo de Pareto , definido por el economista y filósofo indio AMARTYA K. SEN 195 (1993), referente de la N ueva Economía del Bienestar , del siguiente modo: « U n estado se define como eficiente según Pareto si es el caso de que, comparado con él, no se puede aumentar la utilidad de nadie sin reducir la utilidad de los demás » . 196 Este conc epto de óptim o de Par eto planteó la posibili dad de vincular al nivel de producto ideal o eficiente generado por la solución competitiva , con el estado dist ributivo de la renta. La concepción genera lm ente consolidada en la doctrina neoc lásica defend ía que la c ompetencia perfecta conduc ía directamente al máximo de satisfacción o utilidad social , tal y como sost uvo VILFREDO PARETO, que fue doctor en ingeniería, soci ólogo y destacado economi sta neoclásico (además de senador vitalicio en I tali a, designado por el dictador BENI TO MUSSO LINI ), y qu e relevó en 1893 a LÉON WALRAS en su puesto de profesor de Economía Política en Lausa na. No obstante, otros dos grandes maestros de la Escuela N eoclásica, ALFRED MARS HALL y KN UT W I CKSELL, c onsideraron la posible existencia de múlti ples pos iciones de equilibrio, de modo que según su crite rio solo se alcanzaría una situación óptima cuando el estado distribu tivo resultara ser el adecuado. 194 NORTH, D. C.: “Economic performance through time” , op. cit., p. 359. 195 AMARTYA K. SEN es P remio Nobel en Ciencias Econó mica s 1 998 « por su s contribuciones a la Economía del Bienestar » . Enlace we b: h ttp://www.nobelprize.org/nobel_prizes/econom ic- sciences/laureates/1998 / 196 SEN, A . K. ( 1993 ): Mercados y libertades. Logros y l imitaciones del mecanismo de mercado en el fomento de la s libertades individuales , en Bienestar, justicia y mercado , Paidós, I. C.E. d e la Universidad Autónoma de B arcelona, Barcelona, 1997, p. 126. Primera publi cación: “Markets and freedoms: Achievements a nd limitations o f the market me chanism in promoting individual freedoms” , e n Oxford Economic Papers , 45, 1993, p. 519-541 , Oxf ord University Press. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 114 En palabras de PAU L A. SAMUELSON 197 (1947), creador de la S íntesis Neoclásica : « M ientras que Wicksell y Marshall consideraban que la competencia constituiría una situación óptima si la dist ribución de los ingresos fuera apropiada, Pareto – asumi endo una posición más firme – sostiene que la competencia produce un maximun d’utilit collective , independientement e de la distribución del ingreso e inclusi ve de la verdad, si no se consideran comparables las utilidades de dif erentes individuos . Una posición óptima en este sentido se define por el requisito de que no debería existir ninguna variación o movimiento su sceptible de mejorar la situación de cada uno » . 198 En este sentido, l a principal objeción de ambos ma es tros era que, considerando la dist ribución ex istente de riqueza y capacidad, el pro ceso de imputación de rentas operado dentro del marco de la competencia perfecta solía dar lu gar « a grandes desi gualdades en la dist ribución personal de la renta », como subraya SAMUE LSON. Y finalmente, los dos te rminaron por reconoc er q ue, bajo tales circunstancias, « c ualquier intervención ( à la Robin Hood) en la competencia perfecta qu e tienda a transferir ingresos de los ricos a los pobres sería ventajosa» . 199 A propósito de W I C KSE LL : este maestro de la Escuel a de Esto colmo también reconoc ió que t odo argumento favorable a la libre competencia descansa en un supuesto tácito escasamente realista: « C omo cuestión de hecho, todo arg um ento en favor de la libre competencia se b asa sobre un supuesto tác ito que, sin embargo, corre sponde po co a la realidad, y es el de que de sde el p rincipio todos los hombres son iguales. Si fuera así, cada cual tendría la misma capacidad de trabajo, la misma educación y , sobre todo, los mismos activos económicos, y entonces podría decirs e mucho [a] favor de la libre competencia; cada persona tendr ía que culparse sólo a sí misma, si no tuviera éxito. Pero si todos los caracteres y situaciones son desiguales básicamente, si algunas person as no ven una carta, mi entras otras las reciben buenas desde el principio, la libre competencia no h aría n ada por evitar qu e las primeras 197 P AUL A. S AMUELSON es P remio No bel en Ciencias Económicas 1970 « po r el trabajo científico que le ha permitido desarrollar la teoría econó mica estática y din ám ica y contribuir activamente a elevar el n ivel del análisis en la ciencia económica ». Enlace we b: h ttp://www.nobelprize.org/nobel_prizes/econom ic- sciences/laureates/1970 / 198 SAMUELSON, P. A. (19 47): Econ omía del bienestar , en Fundamentos del análisis económico , El Ateneo, Bu enos Aires, 3 ª ed., 1 971, Prim era p arte, cap. V III, p. 218. P rimera pu blicación: Foundations o f economic analysis , Harvard University Press, Cambridge (Massac h usetts), 1947. 199 SAMUELSON, P. A.: Ibídem, p. 212. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 115 pierdan el resto mientras las últimas ganan todas las partidas» . 200 Por lo tanto, si se considera que la distribución de la renta está dada 201 ; y se acepta también como válido el post ulado neoclásico de que « e l mundo marcha por sí mismo » , esto es, que la libre competencia garantiza una asignación eficiente de los recursos económicos, la conclusión política -siguiendo a NEU MARK (1961)- resultaría e vidente: « … el Estado, tanto en su política de gastos como en la de obtención de recursos, deberá abstenerse de adoptar todas aquellas medidas (aranceles proteccionistas, subvenciones, ga stos sociales, etc .) que tengan por objeto, siquiera posible, desviar al mecanismo e conómico privado d e su curso natural » . 202 Dicha conclusión nos ll eva directamente a plante arnos la cuestión de si la anarquía sería el ideal de organización política para todo individualista. Para JAMES M. BUCHANAN 203 (1975), maestro de la Escuela de Vir ginia, también conocida como Public Choice School , el patrón tal vez podría aproximarse algo más al de una « a narquía ordenada » : « E l individualista... d ebe reconocer... qu e la anarquía perm anece tolerable solo en la medid a en que se genere un nivel aceptable de orden. La guerra anarquista de cada uno contra todos los demás, donde la vida humana fuera desa gra d able, brutal y breve, será domi nada por el orden que el soberano pue da imponer. Un punto adicional debe realizarse en esta discusión introductoria de la anarquía ordenada... ¿ Cuáles son las cara cterísticas morales de los resultados que s e produzcan a través de las interac ciones personales voluntarias, en ausencia de normas formalizadas? ¿Cuáles son aquí los resultados “buenos” y “malos”? La respuesta es simple, pero extremadamente importante. Es “bueno” aqu ello que “tienda a emerger” 200 WICKSELL, K. (1851 – 1 926): Según TORSTEN GÅRDLUND, en The life of Knut Wickse ll , Almqv ist och Wicksell, Esto colmo, 1 958, p. 208 -209. Citado po r WILL I AM J. BARBER en Historia del pensamiento económico , Alianza, Madrid, 9ª reimpr., 1985, p. 198. 201 Co mo manifiesta GEORGE J. S TIGLER, econo mista re ferente d e la Escuela de Ch icago, el id eal neoclásico «considera dada la distrib ución d e la ren ta, y si esta d istribución no es satis facto ria para u na persona, ésta puede aceptar como id eal sólo el equilibrio competitivo q ue rija con una distribución deseable de la renta». Vid . STIGLER, G. J.: Teoría gen eral de los precios competiti vos , en La teoría de los p recios , Editorial Revista de Derecho P rivado, Madrid, 1968, cap. X , p. 220. Primera publicación: The th eory of price , Macmillan Press, New Yo rk, 1946. 202 NEUMARK, F.: Princip ios y cla ses de gestión fi nanciera y p resupuestaria: Los prin cipios d e la polí tica financiera liberal clásica , en Problemas económicos y financieros del estado intervencionista , op. cit., P arte segunda, epígrafe II, p. 160. 203 JA MES M. BUCHANAN Jr. es Premio Nobel en Ciencias Económ icas 198 6 «por su desarrollo d e las bases contractuales y const itucionales para la teoría de la toma de decisiones económicas y políti cas» . Enlace we b: h ttp://www.nobelprize.org/nobel_prizes/econom ic- sciences/laureates/1986 / FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 116 de las libres elecc iones de los individuos que estén involucrados... dentro de las condiciones mínimamente re queridas de tolera ncia mutua y respeto..., sin necesidad de prec isar su contenido descriptivo » . 204 Como consecue ncia, p arece ser que la clave central de la cuestión está en cómo garantizar el orden dentro d e una sociedad l ibre, porqu e la pl ena libertad no garantiza en todo caso el logro de unos resultados positivos o favorables. En palabras de BUCHANAN (1996): « Si dejamos al hombre completamente li bre, no buscará sólo el bien, la verdad y la belleza. No podemos eludir tan li geramente nu estra responsabilidad pe rsonal respecto al orden de l a sociedad. La so ciedad libre en que va ldrá la pen a vivir debe construirse constitucionalmente ». 205 En este punto, debemos remarcar que el liber alismo económico -que permanece siempre latente en el t rasfondo del modelo neocl ásico- no se ría f actible en ausencia de int ervención pública, siguiendo al filósofo austríaco neoli beral y especialista en la metodología de la ci encia, K AR L R. POPPER (1945 ) , quien entiende que la presencia del Estado resulta i mprescindible para g ara ntizar la libertad de los individuos: « E l liberalismo y la int ervención estatal no s e excluyen mutuamente. Por el contrario, claramente se advierte que no ha y l ibertad posi ble si no se halla gara ntizada por el estado » . 206 P or otra parte , también compartimos con POPPER (1945) l a enseñanza derivada de su « p aradoja de la li bertad » , qu e establece que la libertad il imitada « s e anula a sí misma » , siendo esta una poderosa razón para qu e el Estado tenga que intervenir: « C onsidero que no puede ponerse en tela d e juicio la injusticia e inhumanidad del “sistema capitalista” sin trabas que nos describe Marx; pero ello puede int erpretarse en función de lo que llamamos... la “paradoja de la libertad”... [La] libertad, si es ilimitada, se anula a sí misma. L a libertad il imitada significa que un individuo vigoroso es li bre de asaltar a otro débil y de p rivarlo de su libertad. Es pre cisamente por esta razón qu e exigimos que el estado li mite la libertad hasta cier to punto, de modo que la libertad de todos esté proteg ida por la le y. Nadie quedará, así, a merced de 204 BUCHANAN , J. M.: Commencement , en T he limits of liberty. Between a narchy and L eviathan , The University of Chicag o P ress, Chicag o (Illinois), 1975, cap. 1, p. 5 - 6. 205 BUCHANAN, J. M . (1996): La moralidad del capitalismo , Comentario a La ética del cap italismo / Peter Koslowski , Rialp, Madrid, 1997, p. 103. Primera publicación: “ The morality o f capitalism: Comment on Peter Koslowski , The ethics of capitalism”, en Eth ics of cap italism; and, Criti que of sociobiology: two essays with a comment by James M. Buchanan , Springer-Verlag, Berlin; New York; 1996. 206 P OPPER, K. R. (1945): La justicia totalitaria , en La sociedad abierta y sus enemigos , P aidós, Barc elona, 6ª reimpr., 19 94, P arte I: El influjo de Platón, cap. 6 , p . 116. P rimera pu blicación: The open society a nd its enemies , G . Routl edge & Sons, Ltd., Lo ndon, 1945. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 117 otros, sino que todos tendrán derecho a ser protegidos por el estado» . 207 En su virtud, la libertad no puede resultar inco mpatible con cierto grado de intervencionismo , sob re todo en aquellas situac iones en que resulte nece saria la protección del Estado frente al empleo injusto de toda clase de poder en genera l ; y del poderío ec onómico e n particular. De esta manera, POPP ER (1945) se desmarc a completamente del principio de la no intervención en un « s istema del capitalismo sin trabas», al entender que incluso en el caso de qu e el Estado llegara a sup rimir la vi olencia física y a garantizar efectivamente la protección d e la propiedad, aún s ería factible el caso de que una po derosa minorí a económica pudiese explot ar , de forma continua, a una may oría económicamente débil: « A mi juicio, estas considerac iones, destinadas originalmente a aplicarse a la esfera de la fuerza bruta o de la intimidación física, deben aplicarse también a la económica. Aun cuando el estado pr oteja a sus ciudadanos de ser atropellados po r la vi olencia física (como o curre, en p rincipio, bajo el sistema del capitalismo s in trabas), puede burl ar n uestros fines al no lograr protegerlos del empleo injusto del poderío económico. En un estado tal, los ciudadanos económicamente fuertes son libres todavía de atropellar a los económicamente débiles y de robarles su libertad. En estas circunstanc ias, la li bertad económica ilimit ada puede resultar tan injusta como la libertad física ilimitada, pudiendo llegar a ser el poderío económico casi tan peligroso como la violencia física, pues aqu ellos que poseen un excedente d e alimentos pued en obl igar a aqu ellos qu e se mueren de hambre a aceptar “libremente” la servidumbre, sin necesidad de usar la violencia. Y sup oniendo que el estado li mite sus actividades a l a supresión de la violencia ( y a la protección de la propiedad) segui rá siend o posible que una min oría económicamente fuerte explot e a la ma y oría d e los económicamente débiles ». 208 Consi derando este planteamiento como acertado, POPPER indica a continuación que se prec isa de un proc edimiento político frente a l a r esolución de tales situaciones: « D eberá ser un remedio polí tico , semejante al que usamos contra la violencia físic a. Y consistirá en crear instit uciones sociales, im puestas por el poder del estado, pa ra proteger a los económicamente débiles de lo s económicamente fuert es. El estado deberá vigilar, pues, que nadie se v ea forzado a c elebrar un c ontrato desfavorable por miedo al hambre o a la ruina económica. 207 P OPPER, K. R.: El sistema ju rídico y so cial , en La sociedad abierta y sus enemigos , op. cit., P arte II: La pleamar de la profecía, cap. 17, p. 305. 208 POPPER, K. R.: Ibídem, p. 305 -306. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 118 Claro está que eso si gnifica que el principio d e la no int ervención, del sistema económico sin trabas, debe ser ab andonado; si querem os la libertad de ser salvaguardados, entonces deberemos exigir que la política de la libertad ec onómi ca ilimitada sea sustituida por l a intervención económica r eguladora del estado. Deberemos exigir que el capitalismo sin trabas dé lugar al intervencionismo económic o ». 209 De he cho, este poderío económico asociado a un a gran desi gualdad en la distribución de la riqueza es una de las razones fundamentales por las que el liberalismo económico «en el sentido negativo de laissez faire extremo » es imposible , según el criterio de KNIGHT (1934) ; por invalidar se así no solo la defensa ética de la li bertad , sino las propias bas es para una competencia efectiva en el mercado: « … la riqueza puede ser utiliz ada para conseguir más riqueza, porque cuanta más tiene alguien, ma yor es su ventaja en la lucha por conse guir aún más. En consecuencia, bajo la libertad individualis ta, y dado qu e los hombres codician la ri queza, por la razón que sea, la utiliz arán para conseguir más, provocando un aumento acumulativo de la de sigualdad. D e ello se siguen natur almente otras dos consecue nc ias: a) cuando ex iste una gran desi gualdad en la dist ribución de la riqueza entre los individuos, las defensa s éticas de la libe rtad pierden su v alidez, y b) el sistema automático de control (la competencia en el mercado) s e derrumba, porqu e la competencia exige un gran número de unidades, todas ellas de poca magnitud» . 210 En esta misma línea , KN IGHT (1934) t ambién co nsidera qu e el problema práctico de l a or ganización económica es « d e carácter político » , de tal mo do que el Estado ha de ser c apaz de gara ntizar el ord en, y prote ger tanto a la propiedad privada, como a los individuos económicamente débiles frente a un uso inj usto del poder económico, como hemos advertido . Pero también debería encargarse ahora, mediante el respaldo de unas « normas del mercado » , de hacer efectiva la regla de la competenc ia : «L a s p alabras política y gobierno se refieren al mecanismo mediante el que un grupo social a ctúa como unidad, por el que fo rmula y lleva a cabo una política común, posi tiva o negativa. Los cambios políticos impli cados en el proc eso histórico de re aliz ación del ideal e conómico de libertad individual, con las fuerzas “automáticas” de la co mpetencia en el mercado como mecanismo de una cooperación ordenada fueron en su ma y oría negativos. Consi stieron en reducir las funciones del gobierno; pe ro no d e 209 P OPPER, K. R.: El sistema ju rídico y so cial , en La sociedad abierta y sus enemigos , op. cit., P arte II: La pleamar de la profecía, cap. 17, p. 306. 210 KNIGHT, F. H.: Teoría econ ómica y nacionalismo (Prime ra p arte: El individualismo econ ómico. Teoría económica y realidad ), en La ética de la sociedad competitiva , op. cit., ensay o 10, p. 294. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 119 una manera absoluta. Un sis tema económico basado en el mercado “libre” debe, incluso en su fase de plenitud, operar en un marco de ord en polí tico, capaz de proteger la prop iedad y respaldar las normas del merca do » . 211 De esta forma el Estado ti ene que emplea r, dentr o del sistema capitalista, unos medios peculiares pa ra m antener tanto la libertad del mer cado como la competencia , que constitu y en unos delicados productos artificiales según el criterio de RÖPKE (1942); forjando para ello la defensa de la competencia y la lucha permanente contra los monopolios mediante el establecimiento de un a activa « p olicía de mercado » : « E l mercado libre y la competencia de prestacion es no nacen, sin embargo, como afirmaba la filosofía del laissez-faire del li beralismo hist órico, po r ge neración espont ánea, como fruto del comportamiento absolutamente pasivo del Estado; no s on, en modo algu no, un sorprendente resultad o positivo de una política económica negativa. Por el contrario, son productos artificiales e xtraordinariamente frágiles, mu y condicion ados, que presupon en no s olamente la ex istencia de una elev ada ética económica, sino también de un Estado que vele continuamente por el mantenimiento de la libertad del mercado y la competencia, por medio de la legislación, la administración, la jurisprud encia, la polí tica financiera y su tutela moral y espiritu al, así como creando el n ecesario ma r co jurídico e institucional, dictando las reg las a que ha de ajus tarse la lucha económica y vigilando su cumplimiento con insobornable e imparcial firmeza. También en la vida económica ri ge el principio de que la libertad no es posible sin disciplina, y s i deseamos un mercado libre de verdad, tanto más rígido y sóli do habrá de s er el mar co de condiciones, reglas e instituciones. Laissez-faire , sí, pero dentro de ese marco trazad o por una ininterrumpida y consciente policía d e mercado, en el más amplio sent ido de esta palabr a. Por lo tanto, la libertad de mercado exige precisamente la más vigilante y activa política económica, si bien ésta ha d e tener plena con ciencia de este objetivo y d e las l imitaciones en su campo de acción que de él resultan, sin rebasar los límites trazados a todo intervencionismo conforme » . 212 Estas son, en esencia, la s funciones básicas del Estado dentro del sistema de economía de mercado, desde la perspec ti va d el ideal neoclásic o. Funciones qu e son mu y importantes incluso desd e la propia perspectiva de la eficiencia , como sostiene XAVIER SA LA i M ART ÍN (2002), quien incorpora - junto a los demás argumentos a favor de l a actua ción del gobier no- a la provisión 211 KNIGHT, F. H.: Teoría econ ómica y nacionalismo (Prime ra p arte: El individualismo econ ómico. Teoría económica y realidad ), en La ética de la sociedad competitiva , op. cit., ensay o 10 , p. 291. 212 RÖP KE, W.: Punto s de ataque y ejemplo s , en La crisis socia l de nu estro tiempo , op. cit., Segund a p arte, cap. III, p. 293. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 120 de cie rtos bienes p roblemáticos (como los biene s públicos o sociales , un asunto que es ana lizado con mayor detenimiento en la si guiente sección ) : « … el gobier no d ebe d esempeñar un papel, o un a serie de pap eles, mu y importantes. S i no los realiza correctamente, la economía de mercado no puede funcionar con normalidad y efi ciencia. Las obli gaciones de l gobier no pueden dividirs e en cuatro grupos fundamentales: la defensa d e los derechos de propiedad, la gara ntía de l a competencia entre las empresas, la provisión de biene s problemáticos y la prote cción de los desprotegidos para garantizar la igualdad de oportunidades » . 213 3.2. EL ESTADO E N LA ECONOMÍA DEL B IENESTAR: LA CORRECCIÓN DE LOS “ FALLOS ” DEL MERCADO EN MATE RIA DE EFICIENCIA El referido principio d e neutralidad fu e igualmente asumido por la Economía del Bi enestar, pero con un a importante salvedad: el Estado debería abstenerse de intervenir, excepto en aquellos casos en donde las asignaciones efec tuadas po r las relaciones privadas de mercado resultaran contradictorias con la norma competitiva y con la maximización del bienestar . En esta dirección, l a corriente neoclásica de la Economía del Bienestar afrontó algunos de los problemas comprendid os en el juicio moral , como aprec ia ra KENNETH E. BOULDING (1969) : « ¿ Qué es lo que querem os decir cuando afirmam os que un estadio de un sistema social es mejor que otro, en términos estrictame nte económico? La respuesta más famosa c orresponde al óptimo de Pareto, que afirma en efec to que la condició n A de un sistema social es económicamente superior a l a condición B , si nadie se sient e peor en A en r elación con B , y si por lo menos una persona se siente mejor» . 214 El objeto de estudio de la Economía del Bienestar se centró, a partir d e entonces, en el análisis de las relaciones ex istentes entre el óptimo de Pareto y los equilibrios competitivos . Pero debe advertirse que detrás de esta noción aparentemente neutral del óptimo de Pareto exist e una intencionalidad oculta; just amente, la de prescindir en 213 SALA i M ARTÍN, X .: El papel del gobierno en la econo mía moderna , en Economía liberal para no economistas y no lib erales , P laza y Janés, Barcelon a, 20 02, Primera parte: La grandeza d e la liberta d, cap. 4, p. 49. 214 BOULDING, K. E. (196 9): La econo mía como una ciencia mo ral , en Crítica a la Ciencia Económica / Paul S weezy [et al.] , P erife ria, Bu enos Aires, 1972, p. 76. Primera pub licación: “Economics as a moral science” , en Th e American Eco nomic Review , Vo l. 59, No. 1, 1 969, p. 1 -12 (la cita correspon de a la página 5). Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 127 bienes públicos puros . Asimismo, todos los consumidores o usuarios de los bienes públicos puros conocen « que sus beneficios serán indep endientes de su contribución part icular » , de modo que b ajo tales circunstancias, no podrá contarse « con una contribución voluntaria » . 230 El problema sur ge cuando dicha conducta se generaliza al conjunto d e los beneficiarios: en tal caso, el mecanismo de me rcado no podría satisfacer las necesidades sociales « p o rque su disf rute no puede sujetarse al pa go de un precio » , al menos cuando dicho usuario o consumidor «no es sino uno entre muchos y cualquier cont ribución que él pueda h acer cubre solamente una pequ eña p arte del coste total » 231 . El criterio racional y e goísta le induciría a no realiz ar pagos de una forma voluntaria, si guiendo a MUSGRAVE (1959) , provocando así un “f allo ” del mercado : « E l mecanismo de mercado fraca sa como instru mento para registrar las preferenc ias del consumidor. Dado que los servicios que satisfacen necesidades sociales pueden ser disf rutados sin pago, el consumidor individual no necesita revelar su evaluación de las misma (¡y provo car l as corre spondientes liquidaciones de impuestos!) a través de sus pujas en el mercado» . 232 La solución a este proble ma pasaría ne cesariamente por la intervención del gobier no, mediante la p rovisión colectiv a de los bienes públicos puros , que son aquellos que se carac t eriz an, como hemos visto, por su « consumo conjunto» y por la « ausencia de exclusión » . La finan ciación se efectuaría de un modo coactivo, es decir, mediante el establecimiento de impuestos. No obstante, el Estado aún tendría qu e afrontar dos problemas adicionales : uno sería d e carácter informativo , pues aún se necesita revelar cuáles son las verdaderas preferencias sociales del conjunto de la población; y el segundo es d e carácter técnico , al r equerirse el diseño de un a función de bienestar social para poder determinar a la solución óptima. En particular, el primero de ellos requ ie re establecer un procedimiento electora l, o de decisión colectiva, que se aproxim e a la solución que se es cogería en el ca so de que fueran conocidas tales preferencias sociales. 230 MUSGRAVE, R. A.: Un a teo ría múlt iple d e la Hacienda Pública , en Teoría de la Haciend a Pública , op. cit., Primera parte, cap. 1, p. 10. 231 MUSGRAVE, R. A.: Ibídem , p. 9. 232 MUSGRAVE, R. A.: Ibídem, p. 10. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 128  La existencia de externalidades, o economías externas . La s actividades emprendidas tanto por un consumidor, como por una empresa, pu eden ocasion ar unos perjuicios − o costes sociales − a tercer as partes, sin que tengan que asumir a su cuenta los costes de oportunidad de haber c ausado ese d año. D e ese modo sur gen l as externalidades negativas : la parte emisora desarrolla su actividad privada, omitiendo en sus cálculos internos al cost e socia l que está im poniendo a los demás individuos . L o que resulta provechoso para el emisor, no lo es desde el punto de vist a social, de modo que el producto privado acabaría e xcediendo al ó ptimo social, registrándose un resultado ineficient e. En tales situaciones, la interve nción del gobierno debería establecer el incentivo adecuado a la s partes que causan el daño , para qu e internalicen los costes de oportunidad social que generan sus a ctividades económicas. Esto s e puede hacer de diversos modos , como indican ROBIN W. BOADWAY y DAVID E. W IL DAS IN (1984): « … bien grava ndo las a ctividades al tipo adecuado, subvencionando a las partes que pe rjudican para qu e restrinjan sus actividades, o imponiendo regulac iones en forma de controles cuantitativos » . 233 Pero una vez más, el gobier no tendría de nuevo un problema de información, a la hora de determinar la magnitud de los daños c ausados; que no es diferente del anter io r p roblema de r evelación de preferencias de los bienes públicos. Y como sostienen ambos autores, este problema « es administrativamente co mplejo porque no rmalmente hab rá un gran núm ero tanto de partes emisoras como de parte s afectadas » . 234 En el caso contrario, esto es, cuando nos encontramos en presencia de una actividad económica qu e genera externalidades positivas , se daría lu gar a una subprovisión privada d el bien o se rvicio, por lo que también r esultaría pr ecisa la corrección pública par a alcanzar el óptimo social, mediante unos incentivos que fomentara n el aumento d e la correspondiente ac ti vidad. En síntesis, el análisis económico teórico p arece demostrar, como sentencia J ULI O SEG URA (1991), que en una economía capitalista sin control público llegaría n a predominar los comportamientos estratégicos y las asignaciones ineficientes: « … un a economía capitalista con propiedad p rivada -el sistema económico que menos mal ha funcionado hasta ahora- abandonada a sus propias 233 BOADWAY, R. W. y WILDASIN, D. E. (1984): El fallo del mercado y el fun damento de la intervención del gobierno , en Economía d el sector público , Instituto de Estudios Fiscales, Madrid, 1986, cap. III, p. 101 . Primera pub licación: Public sector economics / ROBIN W. BOADWAY, Winthrop Publish ers, Cambridge (Massachusetts), 1979. 2ª ed., con DA V ID E. WILDASIN: Little, Brown, Boston (Massachusetts), 1984. 234 BOADWAY, R. W . y WILDASIN, D. E.: Ibídem, p. 102. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 129 fuerzas conduce a actuac iones estratégicas y asignaciones ineficientes » . 235 Y sobre la base de este dictamen, SEGURA (1991) deriva un contundente corolario político-económico : « … quienes sostienen que cualquier intervención genera ineficiencias y que cualquier práctica reguladora de la actividad económica es dañina, o no saben economía ni observan l a realidad, o defienden un modelo de organización económica caracterizado por una alta concentración del poder y fuertes ineficiencias en la asignación » . 236 Sin embarg o, no podemos admiti r a priori que todas las intervenciones del Estado orientadas a corregir estos “fal los” del mercado van a r esultar plen amente eficientes. Esta consideración apunta a la ex istencia de otra serie de deficiencias - ahora en el ámbito del sector público - que podemos denominar los “ fall os” del Estado ; y ya no solo en términos de eficiencia , sino también de equidad . En este sentido, el economista estadounidense J OSEPH E. S TIGLI T Z (1989), de la N ueva Eco nomía Keynesiana , recog e el siguiente listado: « N osotros hemos s eñalado y a dos causas importa ntes de d efici encias en el sector público: 1.ª L a relación fiduciaria del Gobierno impone serias limitaciones a la política de empleo (tanto en los salarios como en la duración de los contratos). 2.ª L a relación fidu ciaria también im pone graves limitaciones sobre e l ga sto, que sur gen fundamentalmente de problemas re la cionados c on la equidad. Deseo incrementar esta lista de deficienc i as públicas mediante la identificación de cinco deficienc ias más, cuatro de las cuales creo inherentes a la actividad económica estatal en una sociedad demo crática, constituye ndo la últim a una carac terística com ún, no necesaria, de la actividad ec onómica del sector público: 1.ª El sector público padece también los pro blemas derivados de la información im perfecta y d e la exist encia de mercados incompletos, que son una fuente de defic ie ncias para el func ionamiento de los mismos. 2.ª El potencial de redistribución, inherente a los poderes coe rcitivos del Gobierno, no sólo puede dar lugar a desi gualdades, sino también a 235 S EGURA SÁNCHEZ, J.: “Competencia, mercado y eficiencia” , en Claves de razón práctica , op. cit., p . 23. 236 SEGURA SÁNCHEZ, J.: Ibídem. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 130 actividades de captación de rentas. 3.ª L as li mitaciones de los Gobiernos en ejercicio, p ara imponer objetivos programáticos que obliguen a futuros G obiernos (un a li mitación que se r efiere tanto a l as restricciones sob re la t ransferencia de derechos d e propiedad en el sector público, como al proceso de mocrático), pueden provocar grande s pérdidas económicas. 4.ª Otras limitaciones, sobre la transferenc ia de los derechos de propiedad en el sector público, imponen más restricciones al diseño de estructuras incentivadoras efe ctivas. 5.ª Y la falta d e competencia en el s eno del s ector públi co atenúa aún más los incentivos. Es esta última característica la que veo generalizada, pero no inevitablemente , a toda la actividad económica del Estado » . 237 3.3. EL ES TADO EN LA ECONOMÍA SOCIAL DE MERCADO: EL IDEAL DEL ORDEN ECONÓMICO Y SOCIAL CON FORME AL MERCADO El concepto d e Economía S ocial de M ercado ( Sozi ale Marktwirtschaft ) está mu y estrechamente vinculado a la Escuela de Friburgo, en d onde se desarrolló en la década de 1930 una corriente de pensamiento económi ca denominada Ordoliberalismo, liderada por el economista WAL TER EU CKEN , junto a los juristas FR ANZ BÖHM (también economista y políti co) y HANS GROSSMANN-DOERTH. Los antecedentes históricos del concepto Economía Social de Mercado s e remontan a los movi mientos socialistas del siglo XIX, se gún el criterio de CHRISTIAN WATR IN (1975), entre los cu ales se había difundido l a opi nión de que podía instituirse un Orden Ec onómi co: « … caracterizado por la dirección central del p roceso económico y por la propiedad colectiva de los factores de producció n, en el que los hombres podían ser verdaderamente li bres sin presiones exterio res y qu e todos estarían libres de necesidade s sociales e inseguridades económicas » . 238 Tras la finalización de la Primera Guerra Mundial , se pudieron contemplar algunas « ex periencias concretas d e sistemas económi cos socialistas » , tales como 237 STIGLITZ, J. E.: Sob re el papel económico del Estado , en El papel económico del Estado / JOSE PH E.STIGLITZ et al., editado p or ARNOLD HEERTJE ; Instituto de Estu dios Fiscales, Madrid , 1989, p . 66 -67. Primera pu blicación: The economic role of the state , Basil Blackwell, in association with Bank In singer d e Beaufort NV; Oxford, New York; 1 989. 238 WATRIN, C. (1975 ): La evolución de lo s p rincipios de la Economía Socia l d e Mercado , en Economía social de mercado , d irigida y coo rdinada por SANT I AGO GA RCÍA ECHEV ERRÍA; Ed iciones ESIC, Madrid, 1980, Docume n to 1 , p. 130. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 131 el caso alemán , basado en la dirección central sin propiedad colectiva de los medios de producción; o como el caso soviético , que sí contempló a ambas instituciones. A la vista de ellas - y siguiendo a WATR IN-, los «padres intelectuales» de la E conomía Social de Mercado sostuvieron la opinión de que la economía centralizada vulneraba la libre elecc ión de los hombres : « … la economía diri gida llevaba fatalmente a la desaparición de la li bre elecc ión del puesto de trabajo, que es inevitable para las autoridades estatales im poner el control total de la obli gación de t rabajar, que el contrato de trab ajo pasaba de ser un contr ato privado a una relación de derec ho público y a la asunción por parte de l as oficinas de trabajo d e funciones policiales, en las que se controlaban sí -como acontecía entonces- el tr abajador c umplía satisfactoriamente con su ocup ación o no, y a l que no lo c umpl ía en caso necesario se le retiraba la cartilla d e racionamiento ( Eucken, 1948, pág. 116). Los hombres adquirían nuevas dependencias co n respecto a la burocraci a estatal por la economía de dirección central que no abarcaban sólo al proceso de trabajo, com prendían también la asignación de los medios de producción p ara las empresas, la asignación de la vivienda, y la distribución de alimentos, vestidos, muebles y co mbustibles y , por últim o, la supresión de la li bre elección de los consumidores. Aparte del come rcio por los mercados negros era posible aún, e n aquel entonces, en todo c aso, un intercambio primitivo de biene s » . 239 De esta forma, d eterminaron que la «cuestión social » había qu e transformar la de un modo radical, dejando a un lado el anterior enfoque c entrado en la situación social de los trabajadores industriales, int eg rados en el proletariado; y diri giendo ahora la atención a « la li beración de todos los miembros de la socieda d de las nuevas tendencias colectivistas » . 240 En palabra s del economi sta alemán WALTER EUCKEN (1948), y referente de l Ordolibe ralismo: «L a nueva cuestión social (es) la dependencia opresiva del Estado, la amenaza extraordinaria contra la li bertad de los hombres, la transformación del homb re en una parte de un a gran máquina ( y) la nueva inseguridad ec onómica y social, que proviene de esta depe ndencia » . 241 En su virtud, el restablecimiento de la « economía de mercado » habría de 239 WATRIN, C.: La evolución de los principios de la Economía Soc ial de Mercado , en Economía social de mercado , op. cit., p. 131. 240 WATRIN, C.: Ibídem. 241 EUCKEN, W: Die so ziale Frage , en Synopsis: Al fred Weber 30. VII. 1868 - 30. VII. 1948. (Festgabe für Al fred Weber in h onour) , editado por EDGA R S ALIN; Schneider, Heidelberg, 1948, p . 1 19. Citado po r CHRISTIAN WATRIN en La evolu ción de los principios de l a Economía Social de Mercado , op. ci t., p. 131. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 132 contemplar los puntos d e vist a sociales, además d e los aspectos de l a efic i encia y la distribución. Siendo éste punto decisivo para una reforma so cial, en d onde la cuestión a considerar -como subra ya WATR I N (1975)- era « si el O rden S ocial se concibe en libertad o si son inevitables métodos burocráticos -col ectivistas, en último término, esto es, la de pendencia de instancias estatales » . 242 Una vez contemplados los antecedentes, debe in dicarse que l a Economía Social de Mercado sur gió a partir de un concepto desarrollado en 1 946 por ALFRED MÜ LLER-AR MACK; y qu e luego fue aplicado e n 1948, como un experimento de política económica, en la Re pública Federal de Alemania. Esto fue posible grac ias a un conjunto de factores que contrib uyeron de una forma decisiva a la reconstrucción de la economía alemana en el período de posguerra (tr as la Segunda Guerra Mundial), tales como la modernización tecnológ ica, introducida gracias a la necesidad de reconstruir en su totalidad a l apara to productivo; la disposición de una mano de obra de forma ilimitada; la ge nerosa a yuda ame ricana vinculad a al Plan Marshall; la extraordinaria estabilidad de la política interior; y hasta el p ropio optimismo de L U DW I G ERHARD como mi nistro de E conomía del gabinete de KONRAD ADE NAUER, en la aplicación de su e xperimento de política económica durante varios años. La concepción polít ico-económica de este ide al se asienta sobre la base del humanismo económico : como reiter ar a ERHAR D (1960) en diversas ocasiones , « e l hombre ocupa el centro de la economía ». 243 La concepción ética que respalda a este ord en social, está caracterizada por tratar de conformar una «sociedad de hombres libres » : «L a t area ética de la conformación de nuestro o rden vital sería fallida, si no se pudie ran encontrar vías y fo rmas concr etas para configurar la política de una sociedad de hombres libres. A sí es como la Economía Social de Mercado ha acabado por imponerse, no sólo gracias al ideal que la anima, sino también gracias a una concepción que s upo armonizar, en un ámbito de li bertad económica, los métodos de la política económica práctica con claros objetivos sociales ». 244 Por ello, en esta visión también se abarca a otr as concepciones vincul adas, tales como el « m ás allá de oferta y demanda » de RÖPKE, o la « situa ción vit al » humana, una no ción bási ca en A LEXANDRE R ÜSTOW , que se caracteriz an por contemplar la pr opia dimensión humana. 242 WATRIN, C.: La evolución de los principios de la Economía Social de Mercado , op. cit., p. 131-132. 243 ERHARD, L. (1 960) : Una p olítica económica o rientada a la “integración interna” de la socied a d , en Economía Social d e Mercado. Su valor perman ente , Rialp, Madrid, 1994, cap. 1: S obre la in terdependencia de los órdenes , p. 49. Conferencia en el IX Congreso Federal d e l a C.D.U., celebrado e n Karlsruhe el 2 8 de abril de 1960. 244 ERHARD, L .: Ibíd em, p. 45. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 133 La Economía Social de Mercado recomienda la i ntervención del Estado en diferentes c ampos, según EGON TUCHFELDT (1980), siempre y cuan do ésta resulte « a decuada al criterio de la “conformidad al mercado” » . Y partiendo del supuesto de « una estabilidad básica del sector privado » -que, en su caso, sólo podría ser dist orsionada por el Estado-, también recomienda la instrumentación de una « p olítica económica compensadora » . En consecue ncia, su fundamento consiste en rec oger « el principio de libertad en los mercados vinculado con la compensación soc ial » . 245 S us partidarios la contemplaron como « u n sistema de re glas e conómicas, que puede funcionar completamente y condu cir a resultados s atisfactorios » , antes que como « un orden d e economía de mercado ». Y se le asignó un a doble finalidad: la de «ga rantizar el paso sin fricciones del trueque a los mercados » , y la de « a segurar la libertad de c ada uno de lo s participantes en el proce so económico» . Pero en la práctica, tal como aprecia WATR IN (1975), se suc eden múltiples violaciones de esta norma por la instrumentación de la políti ca económica que deberían evitarse: « A sí se fijan a m enudo precios y sala rios por medio de normas estatales, se dictan protecciones contra los despidos, s e con ceden privile gios a unos grupos a carg o de otros, o se establece n a rtificialmente y por órde n es superiores de se guridad pública barrer as innecesarias para la entrada a los mercados. Pero estas y otras muchas medidas ti enen como consecuen cia, cualquiera qu e fuesen los mot ivos para su introducción, un peor funcionamiento del mer cado. Esto debía evitarse, no obstante, en una Economía Social de Mercado» . 246 En términos gene rales, la Economía Social de Merca do se puede caracter izar por seis « elementos de estilo » , 247 lo que configura en su conjunto una política económica de un solo bloque, siguiendo a TUCHFELDT (1980): 1. El principio de política de orden de l a libertad del individuo. 2. El principio de política de orde n de l a compensación social. 3. La política co yuntura l. 4. La política de crecimiento. 5. La política estructural. 6. El criterio de la conformidad al mercado, para la s medidas de polí tica económica, en todos los sectores arriba me n cionados. 245 TUCHFELDT, E. : La economía social d e mercado (Un experime n to de política de ordenamiento económico del siglo XX) , en Economía social de mercado , op. cit., p. 23. 246 WATRIN, C.: La evolución de los principios de la Economía Social de Mercado , op. cit., p. 133. 247 TUCHFELDT , E.: La economía social de mercado , op. cit., p. 23- 24. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 134 El primer elemento de estilo es la libertad del individuo, y para que ésta pueda manif estarse plenamente en el ámbito de la ac tividad económi ca, se requiere de unidades de decisión descentralizadas y d e mercado s operativos. C on tales miras, la política de competencia tendrá que establecer las condiciones ge nerales necesarias para que los procesos de mercado se desarrollen por la vía de la dinámica competitiva, favoreciendo que el competidor pueda utiliz ar del me jor modo posi ble los recursos escasos, de acuerdo con las pre ferencias de los consumidores, además de poder rea lizar innovaciones. La política de la Economía Social de Mer cado, s egún ERHARD (1960) , ha de inspi rarse en la ide a de « armoniz ar, sobre la base de una e conomía d e libre competencia, la libertad personal con un creciente bienestar y s e guridad social, reconc iliando a los puebl os mediante una política de aperturismo mundial » . 248 Y aun re conociendo la influencia ejercida po r las « gr andes formas organizativas » en el aumento del bienestar en la economía alemana, E RHARD (1960 ) se manifiesta de una forma en érgica en c ontra de tod a concentración del poderío económic o, tanto por razones ec onómi cas como político-sociales: « N o es la gran empresa en sí, sino el hambr e incontrolada de poder económico el que despierta nuestra resistencia ante una con centración que, desde el punto de vist a macroeconómico, es noc iva; e indeseada desd e el punto de vista político-social. Por ello, nuestro objetivo es obstaculizar e incluso impedir todo d ominio restrictivo -monopolista de los mer cados mediante un perfeccionamiento de la legis lación sobre la libre competencia, y de la polí tica fiscal. Pero cuando una acción gubernamental influye en el mercado a través de la reducción d e precios, y consigue un efec to social ben efactor, debería reconocerse su carácter indispensable y su neutralidad socio-política» . 249 En la ec onomía de mercado, l a libre iniciativa supone ejercer « un a actividad independiente », según el criterio de ERHARD (1956), por « sus propias fuerzas y con responsabil idad propia » , f acilitando de este modo la c reatividad intelectual y empresarial: « P or ello, los ag entes e conómicos por cuenta p ropia gozan de manera especial de las oportuni dades que albe rga la e conomía; lo que, por otro lado, también exige que corran con los riesgos económicos que ell o conlleva. Pero una posición destacada en la vida e conómica no puede esta r garantizada, en una economía de mercado, po r el Estado, sino que – si quiere responder a su au téntico sentido− ti ene qu e conquistarse día a día mediante el rendimiento económico, po r la disposición al ries go, y po r la 248 ERHARD, L.: Una política económica o rientada a la “ integració n in terna” de la sociedad , en Economía Social de Mercado. Su valor permanente , op. cit., c ap. 1, p. 40. 249 ERHARD, L .: Ibíd em, p. 48. Funciones del Estado y p apel de la imposició n en las soc i edades mo d ernas 135 voluntad de configurar la propia vida d e modo responsable e individual ». 250 Y la figura c entral en esta dinámica económica competitiva es el empresario , quien ha de contemplar que «la oportunidad del b eneficio corre sponde al riesgo de la pérdida » , 251 como remarca TUCHFELDT (1980). De acu erdo con este planteamiento, ERHARD (1952) sostiene que las responsabilidades empre sariales no se limitan a la recogida d e las ganancias, sino también a la plena asunci ón de las pérdidas: « E l que quiera una economí a empresarial l ibre y el que v ea en la función empresarial al go valioso, éste puede o, mejo r dicho, debe a ceptar t ambién la Economía de Merca do con todos sus riesgos… El empresario que está dispuesto a conseg uir beneficios, debe también, naturalmente, estar dispuesto a aceptar pérdidas – para ello es empresario – . Sobre esto, no admito ninguna n egociac ión, pero yo creo, que est a concepción sirve también a los int ereses de los empresa rios. El que ex ige en una co y untu ra expansiva el favor de la evolución, no debe exigir e n tiempos inversos del desarr oll o el apo y o estatal » . 252 De modo que los empresarios han de estar a la altura “tanto a las duras, como a las maduras ”. Pero éste no p arece s er el caso general de comportamiento de los grandes patronos y gestores de la indus tria y de los servicios en las economías capitalistas, sobre todo cuando recordamos -entre otros muchos- el reciente episodio d el gigantesco r escate fi nanciero a la “eficiente” b anca privada . A la vista d e l comportamiento observado, los ej ecutivos financieros h an dado a entender, casi con entera naturalidad, qu e lo “normal” es que los benef icios se apropien privadamente, mientras que las pérdidas bancarias se sociali za n con los contribuy entes. P or otro lado, el apoyo d e ciertas medid as al me canismo de funcionamiento del mercado, tales como las a yudas a las pequeñas y medianas empresas, sí se considera como conformes al mercado, al revitalizar el propio desenvolvimiento económico. El segundo elemento d e estilo, el « p rincipio de l a compensación socia l » , es contemplado como el reverso de la moneda del « principio de or ganización del 250 ERHARD, L. (1 956): El Esta do-providencia: Seguridad social a l precio de la libertad , en Economía Social de Mercado. Su valor p ermanente , op. cit., cap. II: Mercado y moral , p. 76 -77. Artículo publicado en la revista Versicherungswirtschaft , en enero de 1956. 251 TUCHFELDT, E. : La economía social d e mercado (Un experime n to de política de ordenamiento económico del siglo XX) , en Economía social de mercado , op. cit., p. 24. 252 ERHARD, L.: Deutsche Wirtschaftspolitik , Econ -Verlag, Dü sseldorf-Viena, 1962, p . 184 -185. Citado po r SANTIAGO GARCÍA ECHEV ERRÍA: El p apel del empresario en una economía socia l de mercado , en Economía social de mercado , op. c it., ensayo IX, p. 105. FI SCALIDA D Y CRISI S EC ONÓMICA-FI N ANCI ER A 136 mercado» . 253 Dado que en el li beralismo extremo del laissez faire no se contemplan los aspectos sociales, como ya se ha señalado; ni t ampoco a ciertas probl emáticas sociales que no pueden resolverse o gestionarse a través del propio mecani smo de mercado. Y d ado que tales cuestiones resultan decisivas en esta conc epción política, lo que se requiere es el establecimiento de una Política de Sociedad que actúe como una red de seg uridad, para así atender de una forma puntual determinada s situaciones de n ecesidad (antes qu e como una política de su ministro ge neralizado, más característica del Estado d el Bienestar), con el propósito básico de mantener operativos los procesos de mercado. En palabras de TUCHFELDT (1980) : « A este respecto el li beralismo del laissez -faire ha olvi dado puntos decisivos. El mercado puede dist ribuir rentas si funciona d e forma eficiente cuando ex isten prestaciones reales de los individuos al mercado, pero no puede considerar los aspectos soci ales y humanos. Las tensiones sociales y los problemas que no pueden dominarse a través del mercado deben de resolverse, por lo tanto, a través de una P olítica de Sociedad adecuada. Todos aquello s individuos que no se encuentran todavía en el proceso de trabajo o que y a no están dentro del mismo, deben ser proteg idos ampliamente ante situaciones de necesidad no me recidas. El Estado debe garantizarles unos estándares mínimos sociales. I mportan te es a este respecto el que l as medidas de la Políti ca de S ociedad sólo actúen como una red de seguridades p ara los casos camb iantes de la vida y no en el sentido de un aprovisionamiento generalizado tal como se pretende en los Estados de Bienestar. Los a tractivos a la aportación indi vidual deben y tienen que estar sufici entemente acentuados para que pueda manten erse la capacidad de funcionamiento de los proce sos del mercado » . 254 La conservación d e la li bertad individual y económica también requería , en su consecuencia, del diseño de una política social li bre, que estuvie ra orientada por el « principio de subsi diaridad » , como resalta ra ERHARD (1956): « Si queremos conservar de modo dur adero un orden económico y so cial libre, es una exigencia básica el im pulsar – junt o a la política económica, que ha a y udado al hombre a r ecuperar su liberta d personal− una política social igualmente libre. El eliminar la iniciativa privada en los seguros de prevenc ión y de emer gencias, aun cuando la persona individual esté en condiciones y ten ga la v oluntad de asumir responsablemente esos riesgos, se contrapone al orde n de la economía de me rcado, que deja a l libre 253 TUCHFELDT, E. : La economía social d e mercado (Un experime n to de política de ordenamiento económico del siglo XX) , op. cit., p. 23. 254 TUCHFELDT , E.: Ibídem, p. 24 - 25. La política fiscal en el marc o de la po lítica económica 239 política agraria, la políti ca de infraestructuras, la p olítica energética, la polí tica de vivienda, la política turística, la política de comercio interior, etc. También se dist ingue entre las políticas coyunturales , que requieren de un seguimiento muy estrecho del desenvolvimiento de la actividad económica a muy corto plazo por parte del gobierno, al objeto de aplicar las medidas correctoras ante la pre sencia de ciertos desequilibrios inmediatos. Y las políticas estructurales , que impli can una se rie de re formas int egrales de determinadas estructuras económicas como, por ejemplo, las políticas de reconversión industrial, orientadas a canalizar los recursos e conómicos humanos y productivos desde unos sectores e conómicos en declive, hacia nuevos s ectores más dinámicos y avanzados. O las reformas laborales, tendentes a facilit ar la devaluac ión salarial, el descuelgue de los convenios colectivos, o el ajus te en el empleo mediante la introducción de figuras contractuales precarias (tempo rales, a tiempo parcial). O las reformas fiscales, qu e difícilmente se es coran hacia el lado de la p ro gre sivi dad fiscal. O las reformas bancarias y financiera s, en las qu e además de prometerse como casi siempre la mayor tr ansparencia y com petencia en el sector (aunque casi siempre se termina regist rando una ma y or concent ración bancaria), r esulta difícil que el Estado no tenga q ue acabar asumiendo algún ti po de programa d e rescate, derivado de las deudas privadas del efi ciente sistema bancario y crediticio. O la liberalización del comercio. O la pr ivatiz ación de las empresas públicas. O l a reforma d e la administración pública, al ob jeto de aumentar la “flexibilidad” en el entorno de l a función pública. O la propia desregulación y d esreglamentación, etc. También se dist ingue entre las políticas de gestión de la demanda , al estar dirigidas a regular a las componentes del gasto agregado (consumo, inversión, exportaciones netas, gasto público, impuestos), para conseguir determinados objetivos fina les (c recimi ento, empleo, estabilidad de pre cios…). La tradición key nesiana era mu y pa rtidaria d e emplear estas herramientas, con fines de estabilización macroe conómica. Y las polí ticas de of ert a -ent re las que se encuentran algunas de las anteriore s políticas de reformas estru cturales, como las reformas fiscales y laborales-, que están dest inadas a facilitar la acumulación rentable del capital, con todo tipo de iniciativas: r ecorte de impuestos, recortes de sala rios, subvenciones a la inversión, desgra vaciones fiscales a l a exportación, etc. Dentro de este esquema de las políticas de o ferta, tendría cabida el decálogo establecido en el « c onsenso de Washington » , que conte mpla un conjunto de reformas orientadas al mercado, ab arca ndo a la liberalizaci ón del comercio, la estabilización macroeconómica, y la desregulación pública. Tales medidas fueron impuestas por el FMI y el Banco Mundial en un principi o, a las naciones en vías de de sarrollo en sit uación de crisis; pero con post erioridad determinados aspectos también han sido exigidos a algunas economías avanzadas. FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA 240 Podemos repasar el decálogo de objetivos del « cons enso » , a partir del propio BANCO MUNDIAL (2001): « E n los años o chenta y noventa, muchos de los países en desarrollo procedieron a introducir reformas que armoniz aran con las le ye s d el mercado... A raíz de este proceso de reforma, el panorama económico se ha transfor mado profundamente... La participación del Estado en la a ctividad económica se ha reducido. Ha aumentado el acceso del comercio internacional y de las corrientes de capital a los mercados nacionales. Se h an revisado los regímene s impositivos y , en general, el me rcado, y no el Est ado, es el que det ermina los precios, la producción y la asignación de recursos. Muchas de estas reformas, aunque no todas, reflej an los principios del llamado consenso de Washington, en el que se establec ieron 10 objetivos prioritarios en materias de políticas, que muchos países adoptaron en distintas combinaciones:  Disciplina fiscal.  Reorientación del gasto público para aumentar las inversiones en educación, salud e infraestructura .  Reforma fisc al: ampliación del número de contribu ye nt es y reducción de las tasas de impue stos marg inales.  Tasas de int erés d eterminadas por el m ercado y positivas (pero moderadas) en c ifras reales.  Ti pos de cambio competitivos.  Liberalización del comercio: eliminación de las restricciones cuantitativas y establecimiento de aranceles uniformes y bajos.  Apertura a la inversión e xtranjera directa.  Privatización de las empresas estata les.  Desreglamentac ión: eliminación de los reglamentos que obstaculizan el acceso a los mercados o limitan la competencia, salvo los que estén justificados por razones de se guridad y d e pr otección d el medio ambiente y d e los consumidores, y supervisión de las instituciones financieras.  Garantía s jurídicas de los derec hos de propiedad » . 12 También se habla de la polí tica macroeconómica del gobierno, qu e estaría centrada en la supervisi ón y manejo de los grandes agregados de la economía (producc ión, re nta…), y de la política microeconómica , que estaría dirigida a influir en los pro cesos de tom as de decision es individuales de los agentes económicos (como por ejemplo, con medidas como la deduc ción fi scal por 12 BANCO M UNDIAL: Mercado s más eficientes para los pobres, en Informe sob re el Desarrollo Mun dial 2000/2001. Lucha contra la pobre za , Mundi -Prensa, Madrid, 2001 , P arte II: Oportunidad, cap. 4, p. 6 2 - 63. La política fiscal en el marc o de la po lítica económica 241 adquisición de la vivienda habitual, ahora en de suso). En este último c apítulo vamos a centrarnos en el análisis de las do s políticas instrumentales más relevantes, y de su puesta en acción en la etapa más reciente qu e arranca con la Gran Recesión : la política monetaria, que actualmente está siendo gestionada p or el Banco Central E ur opeo en el ámbito de la z ona del euro. Y la política fiscal y presupuestaria, que aún continúa bajo el control directo de los gobiernos de sus E stados miembros, si bien es cierto que cada vez disponen de una autonomía más li mitada en su gestión, a c ausa d e los propios comp romisos derivados de la pertenencia a la zona del euro, a la ma yor coordinación de las políticas macroeconómicas acordadas con los demás socios, y a una orientación de la política fisca l basad a en el princ ipio de austeridad. 2.2. Los objetivos macroeconómicos La ma y oría d e los auto res suelen estar d e acuerdo en establ ecer como objetivos macroeconómicos centrales d e la polí tica económica al lo gro del crecimiento económic o , del pleno empleo , y de la estabilidad de los precios . En este senti do, podemos seguir la exposi ción de PAUL A. SAMUELSON y W ILLIAM D. NORDHAUS (2005), en nombre de todos ellos: «L o s objetivos de la polít ica macroec onómica son: 1. Un alto y creciente nivel de producción nacional 2. Empleo alto con dese mpl eo bajo 3. Un nivel de precios estable o lentamente crec iente » . 13 Pero en este apartado t ambién tenemos que r ea lizar algunas objeciones críticas y sugerenc ias. 2.2.1. Distribución equitativa Resulta bastante si gnificativo que no aparezca en la lista anterior el objetivo de una distribuc ión equitativa del ingreso, de la riqueza, o de la propiedad . Si bien en algunos textos y manuales de referencia sí aparece mencionado este asunto como objetivo de la política mac roeconómica, también es cierto ha d esaparecido del li stado en una gran ma y o ría de ellos en un tiempo relativamente r eciente, tal vez debido a la posición dominante de la ideología neoliberal en la academia. Como sintetiza ESTEFANÍ A (2014): 13 SA MUE L SON , P. A . y N ORD HA US , W. D. : P ano ram a ge ner al d e la mac r oec on om í a , en Ec on om ía . De ci mo c tav a ed ici ón , Mc Gr aw -Hi ll / I nte ra m er ica na de Es pa ña, Ma d ri d, 20 06 , Par te ci nc o: Ma cr oec on om ía: Cr ec im ient o ec on óm ico y ci cl os ec on óm ico s , c ap . 20, p . 3 98 . FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA 242 «L a de sigualdad salió por la ventana de los análisis de los científic os sociales y h a vuelto po r la puerta grande. Si se repasan bastantes de los manuales de Economía d e las últ imas tres décadas, en ellos las cuestiones relacionadas con la extrema riqueza y la extrema pobreza o no están, o figuran tan sólo en las pá ginas colaterales, aque ll as que s e saltan los estudiantes cuando han de ex aminarse porque saben que no se las van a preguntar» . 14 En realidad, compartimos el criterio de TORRES (2005) de que este olvido de la distribución equitativa representa una « p osi ción inaceptable » : « A lgunas corrientes de p ensamiento económico con gran influencia en los últimos años entienden que los asuntos relativos a la equidad no son propios de la Economía y po r eso sosla y an los problemas que tienen qu e ver con los r esultados distributivos de la actividad económica. Si la Economía es la ciencia q ue trata de conocer y actuar sobre la condiciones del bienestar, ¿cómo dejar de l ado las condiciones en que se esté produciendo la distribución de la re nta y de la riqueza? De hecho, el problema de lograr una di stribución de la renta y d e la riqueza lo más equitativa posible fue siempr e uno de los cuatro grandes asuntos centrales del análisis y la políti ca macro económica, aunque ha y a sido dejado al marge n en l a últim a etapa histórica de influe ncia neoliberal» . 15 Algunos economistas n o podemos qued a rn os impávidos viendo cómo aumentan las desi gualdades e conómicas a unos n iveles extremos, sin den unciarla y sin proponer medidas de redistribución , con tantas carencias y nece sidades humanas que queda n por atender. Como viene subra ya ndo OXFAM (2015) , la riqueza extrema y l a desigualdad han alcanzado unos niveles diferenciales jamás registrados c on antelación: « D urante los últimos treinta años la desigua ldad ha crecido dramáticamente en muc hos países. En EE.UU., la proporci ón de la r enta nacional que corresponde al 1% más rico de l a p oblación se ha duplicado desde 1980, del 10 al 20%. El 0,01% más rico, lo ha cuadruplicado hasta niveles nunca antes r egistrados. A nivel global, el 1% de la pobl ación mundial (60 mill ones de pe rsonas) y , esp ecialmente el grupo s electo del 0,01% (600.000 personas - hay alrededor d e 1.200 multimillonarios en el mundo), han incrementado su fortuna frenéticamente durante las últimas tres décadas. Esto no se limi ta a EE.UU. o a los países ricos. En e l Reino 14 EST EFA NÍA , J.: “La cu rv a de l Gr a n Ga ts by ” , e n Go ber na r pa ra l as él ite s . Sec ues tr o de moc rá t ico y de si gua ld ad ec on ómi c a: r ef lex io ne s so br e Es pañ a , OX FA M IN TE RM ÓN , An ex o, 20 d e e ne ro 2 0 14 , p . 6 . 15 T OR RES LÓ PEZ , J. : Pr obl em as ma cr oec on óm ic os . N at ur ale z a y me dic ió n , e n Ec on omí a p olí tic a , Pir ám ide , Ma dr i d, 3ª ed ., 20 05 , Pa r te te rc er a: Mac roe co no m ía, ca p. 9, p. 1 88. La política fiscal en el marc o de la po lítica económica 243 Unido la desig u aldad está regresando aceleradamente a niveles no recordados desde la época de Charles Dickens. En China, el 10 % más rico de la población acumula casi el 60% de las rentas. L os niveles de desigua ldad chinos son si milares a los de Sudáfrica, que es, actualmente, el país con más d esigualdad en el mundo, mu cha m ás que en la últ ima etapa del apartheid. Incluso en muchos de los países más pobres la desigualdad ha crecido velozmente. Globalmente, las rentas del 1% más rico han aumentado un 60% en veinte años, y el crecimiento de las rentas del 0,01% ha sido inclus o superior. A raíz de la crisis finan ciera, el p roceso se h a acelerado y el 1% m ás ric o del mundo ha aumentado todavía más sus rentas. El mercado de bienes de lujo ha registrado un crecim iento anual de doble dí gito d esde qu e se desató el fenómeno… El FMI h a reconocido que la desigualdad es peligrosa y discriminatoria, y que es capaz de generar violen cia y disturbios civiles. Las encu estas muestran que la población de varios países está c ada vez más preocupada por dicho problema, y que lo comp arten personas de todo el abanico político » . 16 Pero reducir las desigualdades económicas extremas no es tan sólo un objetivo vinculado a la ju sticia o a la equidad : así, por ejemplo, con la cuarta parte de las ganancias obtenid as en 2012 por los 100 ultrarricos del mundo, se podría financiar el programa destinado a eliminar l a pobreza en el planeta, como indic a OXFAM (2015). También está vinculado a la eficiencia , porque la desigualdad no es rentable a largo plazo: l a concentración de la riqueza en pocas manos es tan perjudicial como ineficiente , al deprimir a la demanda efectiva y al crecim iento económico : « H a y un creciente consenso que apunta al hecho de que, si bien un cierto grado de desigualdad puede bene ficiar el crecimiento incentivando los inversores d e riesgo y la innovación, los niveles de desigualdad ex istentes son económicamente perjudiciales e ine ficientes. L imitan la cantidad global de crecimiento y , al mismo tiempo, el crecim iento no beneficia a la mayoría. La consolidació n de tanta riqueza y de capital en poc as manos es ineficiente porque deprime la demanda, un punto popularizado por Hen ry Ford y , más recientemente, por el multimillonario Nick Hanauer en su muy discutida “ TED talk ”. 16 OXF AM INT ER MÓN : El cos te de la de si gu ald ad : c óm o la ri que z a y las re nt as ex tr em as nos per judi ca n a to dos , Ref : 0 2/ 201 3, E ne r o d e 20 13, p . 1 - 2. FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA 244 Sencillamente, ha y un límite al número de ya tes de lujo que una p ersona podría desear o poseer. Los salarios en muc hos países apenas han aumentado en términos reales durante varios años, y la ma y oría de los beneficios han sido pa ra el capital. S i este di nero se r epartiese más equitativamente entr e toda la población, habría más gente co n un ma y o r poder adquisitivo, que a su vez im pulsaría el crecimiento y reduciría la desigua ldad. Los 100 multi millonarios más ricos del mundo añadieron 240.000 millones de dólares a su riqueza en 201 2 -suficientes para poner fin a la pobreza mundi al cuatro ve ces. Como consecuencia, en los países más igua litarios el crec imiento armónico es mucho más eficaz en la reducc ión de la pobreza » . 17 España tampoco h a podi do escap ar a esta pervers a dinámica, en donde los intereses de las élites , un a mi noría económicamente mu y poderosa y que vive en un mundo completamente diferente al nuestro, se han impuesto sobre los intereses del conjunto de la pobl ación, de todos los ciudadanos que luchan día a día por poder continuar viviendo dig namente: «L a crisis económica, financiera, política y soci al que padece España ho y tiene buena parte de su origen pr ecisamente en esas dinámicas perniciosas donde el int erés público y los p rocesos demo cráticos han sido secuestrado s por los intereses de una minoría, mientra s la ciudadanía permanecía mayoritariamente al ma rgen de la sit uación, renunciando a vigilar la acción del poder frent e a sus derechos. Las m edidas adoptadas desde 201 0 para h acer frente a l a c risis responden también a la misma inercia de abandono del interés público, y a pesar de que en los últimos años, parte de la ciudadanía se ha movilizado para defe nde r sus derechos, el clima de desafección políti ca y la falta de confianza instituc ional han ido en aumento… Mientras la mi tad más pobre de la población mundial posee la misma riqueza que l as 85 pe rsonas más ri cas d el mundo, en España, la riqueza d e las 20 personas más ricas (77.000 mi llones de euros) es equivalent e a la renta del 20% de las personas más pobre s… Entre 1988 y 2008 el coeficiente de Gini aumentó en 58 países. Así, mientras en Estados Unidos, el 1% más rico ha acumulado el 95% del crec imiento tot al posteri or a la crisis desde 2009, el 90% más pobre de l a población se ha empobrecido aún más; y la tende ncia ha sido la misma en España. El coeficiente d e Gini en España ascendió a 0,34 en 2011 y a 0,35 en 2012 – el ma yor valor desde que com enzaron los registros – colocando a España en el segundo p aís más desigual de Eur opa, só lo por detrás de Le tonia. De hecho, antes de la crisis el 20% de los españoles más ricos 17 OXF AM INT ER MÓN : El cos te de la de si gu ald ad : c óm o la ri que z a y las re nt as ex tr em as nos per ju dic a n a to dos , op . c it. , p . 2. La política fiscal en el marc o de la po lítica económica 245 ga naba 5,3 veces más qu e el 20% más pobre; pero en 2011, esta cifra había aumentado a 7,5 veces. S i la tendencia continúa, para 2025 el 20% de los españoles más ricos podrían ganar en promedio 18 veces más que el 20% más pobre» . 18 Es mu y import ante qu e los países del mundo se concentren ahora en la equidad, en tratar de asegurar qu e todas las personas puedan compartir los resultados del crecimiento económico. La equid ad es « una obligación moral » , como nos recuerda JOSEPH E. STI GLITZ (2006): «L a equidad es una obligación mor al; pero tamb ién es necesaria para qu e se produzca un crecimiento sostenido. El recurso más importante de un país es la gente y si una parte amplia de su pobla ción no vive de acuerdo con su potencial – como c onsecuenc ia de la falta de acceso a la edu cación o porque sufre los efectos de por vida de la malnutrición infantil - el país no será capaz de vivir según sus capacidades. Los países que no inviert en ge nerosamente en educación encuentran dificult ades a la hora de atraer inversiones extranjeras para negocios que dependen de trabajadores cualifica dos – y en la actualidad cada vez son más los negoc ios que dependen en parte d el trabajo cualificado -. P or otr a parte, índic es elevados de desigualdad, sob re todo como consecuencia del desempleo, pueden derivar en descontento social; es probable que aumente la c riminalidad y se genere un clima que no sea atractivo para los negocios ». 19 2.2.2 Desarrollo económico, desarrollo humano y sostenible , y eliminación de la pobreza También consideramos que el desarrollo económico ti ene que ser un objetivo central en toda política macroeconómica. Este es un objetivo que v a mucho más allá de la problemática específic a del crec imiento económi co, centrada en los meros aspectos cuantitativos o técnicos de la producción, en las capacidades p roductivas de la economía a lar go plazo, y en la utiliz ación ef icient e de los factores de produ cción; pero no en el bienestar humano , como nos advier te el PNUD (2000): « E l crecimiento económico es un medio para el bienestar humano y para la ampliación de las libertades fundamentales. No e s un fin en sí mismo, con valor intrínseco. L os fines son la realización de los derechos humanos y el 18 OXF AM IN TE R MÓN : Go ber n ar par a l as é lite s . Se c ue str o d emo cr át ic o y de si gual d a d ec on óm ic a: re fl ex io nes so br e Es pa ña , A nex o, 20 d e e ner o 20 14, p. 2. 19 S TIGLITZ, J. E.: La p romesa del d esarrollo , en Cómo h acer q ue la globalización funcione , Taurus, Madrid, 2006, cap. 2 , p. 76 -77. Primera publi cación: Making globalization work , W. W. Nor ton & Co., New York, 2006. FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA 246 fomento del desarrollo humano» . 20 En la actualidad, lo s en foques r ecientes del d esarrollo económico están centrados en las pe rsonas, antes que en la actividad productiva y en los factores de producción ; así como e n las relaciones del ho mbre con la n aturaleza que l e sustenta, centrados en la problemática de la sostenibilidad . De tal modo que el énfasis teórico h a pasad o desde el c recimiento cuantitativo hacia el estudio tanto del desarr ollo humano , como del desarrollo sostenible . Este cambio operado en la teoría del desarrollo lo contempla con rigor DAVID THROSBY (2001), quien además resalta la importancia de la redistribución como un elemento centra l en todo proceso de desarrollo : « A m ediados del si glo X X, la teoría del desarrollo económico, tal y como lo entendían los e conomistas, todavía equiparaba crecimiento con progreso material. Así, S imon Kuznets escribió en 1966 que « identific amos el crec imiento económico de las naciones como un aumento sostenido del producto per cápita o por trabajador » . Gradualmente, sin e mbar go, esta perspec tiva restringida d e lo que comprende el p rogreso en el mundo en desarrollo h a sido sust ituida por un con cepto de d esarrollo qu e refleja una ga ma más amplia de necesidades de la so ciedad, y sus aspiraciones de mejor nivel de vida. El término « des arrollo» en este sentido más general incluye ciertamente una mejora en el biene star material, pero también cambios en una serie de indicadores so ciales, como los niveles nutricionales de la población, la situación sanitaria, los niveles de alfabetización, la partici pación educativa, los criterios de provisión de servicios públicos o de bienestar y una s erie de características inmateriales que caen bajo el enc abezamiento de « calid ad de vida » , incluidos indicadores medioambientales como la calidad de l aire y del agua. Además, el hecho de que las simples medidas per cápita, tomadas en una población completa, ocultan desigualdades en la distribución de la renta y de la riqueza, es algo am pliamente reconocido, as í como la im portancia de la redistribución como elemento del proceso de desarrollo. En general, la teoría del d esarrollo utilizada actualmente en economía ha incluido estas interpretaciones más a mpli as » . 21 El enfoque del desarrollo humano se ocupa del a nálisis de las condiciones de vida y de bienest ar m aterial de las pe rsonas, y fundamentalmente de a quellas que posibil itan su independencia económica, su salud y sus conocimientos a lo 20 P ROGRAMA DE LAS N ACIONES UNIDA S P ARA EL D ESARROLLO (P NUD): Derechos que facultan a las personas para combatir la pobreza , en Informe sobre desarrollo h umano 2000 , Mundi-P rensa, Madrid, 2000, cap. 4, p. 80. 21 THROSBY, D.: La cul tura en el d esarrollo económico , en Economía y cultura , Cambridge University Press, Madrid, 2001, cap. 4, p. 7 8 -79. Primera pub licación: Economics and culture , Cambridge University Press, Cambridge; New Yo rk; 2001 . La política fiscal en el marc o de la po lítica económica 247 larg o de sus vidas, bajo un entorno de libertad. Y parte de la concepción originaria del paquistaní MAHBUB U L-HAQ (1990), quien considera qu e la fuente de l a riqueza está en la gente, no en los medios de producción: «L a verdadera riqueza d e una n ación está en su gente. El objetivo básico del desarrollo es crear un ambiente propicio para que los seres humanos disfruten de una vida prolongada, saludable y creativa. Esta puede parecer una verdad obvia, aunque con frecuencia se olvida debido a la preocupación inmediata de acumular bienes de consumo y riqueza financiera» . 22 El interés por cono cer las diversas aristas d el des arrollo humano ha estad o impulsado por el P rograma de las Naciones Unidas para el D esarrollo (PNUD), que está llevando a cabo una labor encomiable e n la difusión de las cond iciones de vida de los seres humanos en todo el mundo, mediante la publicación anual d e su Informe sobre Desarrollo Humano ( cu y o primer núme ro se publicó en 1990 ; además de más d e 60 0 publi caciones relacionadas con este asunto a nivel regional ). Y entre los economistas que han contribuido a este pro y e cto se encuentr a AMARTYA SEN, quien establece una de finición del desarrollo en donde lo más relevante no es la riqueza económica, sino la rique za de la vida humana: « E l desarrollo humano, como enfoque, se ocupa de lo que yo considero la idea básica de desarrollo: concretamente, el aumento de la riqueza de la vida humana en lu gar d e la riqueza de la ec onomía en la que los seres humanos viven, que es sólo una parte de la vida misma » . 23 En definitiva, antes de preocuparse por las condic iones de crecimiento del PIB, d e la riqueza material, de la prod u cción de artículos de consumo o d e lujo, o de las decisiones de inversión, el verdadero centro de interés de la políti ca macroeconómica tiene q ue est ar en las personas y en las oportunidades que les posibiliten mejorar sus condiciones de vida . Si guiendo l a ex posición del P NUD (1990): « E l acceso al ingreso pu ede ser un a de las opcio nes del ser humano, p ero no constituye la suma total de su actividad. El desarrollo humano es un proceso mediante el cual se ofrece a las personas ma yores oportunidades. Entr e éstas, las más importantes son una vida prolongada y s aludable, educación y a cceso a los recursos nec esarios para t ener un nivel d e vida decente. Otras o portunidades inclu yen la 22 UL - HA Q, M. : Def ini ci ón y me di ci ón del des arr oll o hum a n o , e n De sar r oll o hum an o. In for me 19 90 , pu bl ica do pa ra el PN UD p or Te rce r Mu nd o Ed i tor es , B og otá (C o lom bia ), 1 99 0, ca p. 1 , p . 31. 23 S EN , A .: Ci ta do po r UN IT E D NA TI ONS D EVE LO PME NT PRO GR AM ME (UN DP ) e n H uma n De ve lop me nt R e por ts : So bre e l d es arr oll o h um ano . E nla ce w eb : w ww .h dr .u n d p. org FISCAL ID AD Y CRISIS ECONÓMICA-FINANCIERA 248 libertad política, la garantía de los derechos hu manos y el resp eto a sí mis mo. El desarrollo le permite a los individuos hacer uso de estas opciones. Nadie puede garantizar la felicidad humana y las alternativas individuales son algo mu y personal. S in embarg o, el proceso de desarrollo debe po r lo menos crear un ambiente propicio p ara que l as personas, tanto individual como colectivamente, p uedan desarrollar todos sus potenciales y contar con una oportunidad razonable de llevar un a vida productiva y creativa conforme a sus necesidades e intere ses. Por lo tanto, el desarrollo humano se refiere más a la formación de capacidades humanas, tales como un mejor estado de salud o ma y or es conocimientos. También tiene qu e ver con el uso de estas capacidades, ya sea en el trabajo, el descanso o las actividades polític as y culturales. Y s i la escala del desarrollo humano no lo gra equilibrar la formación y utiliz ación de las capacidades hu manas, una buen a parte del potencial de los individuos se verá fr ustra da. La libe rtad es primor dial para el desarrollo humano. Los individuos deben ser libres d e ejercer sus opciones en mercados vi ables y debe dárseles la oportunidad de expresar sus opiniones para configurar su propia estructura política» . 24 Esta últ ima idea es central en el p ensamiento eco nómico de SEN (1999), quien defiende con firmeza que « el aumento de la libertad del hombre es t anto el principal objetivo del d esarrollo como su m edio primordial », y que cada persona ha de estar ca pacitada y habilitada para pod er defini r y modelar su propio destino: « E l objetivo del desarrollo está relacionado c on la valoración de las libertades reales de que goz an los individuos. Las capacidades individuales dependen fundamentalmente, entre otras cosas, de los sistemas económicos, social es y polí ticos. Para crear buenos mecanismos institucionales, hay qu e considerar el pap el instrumental de los distintos tipos de li bertad e ir más allá de la importancia fundamental que tiene la libertad general de los individuos. Los papeles instrumentales de la li bertad comprende n v arios componentes distintos pero int errelacionados, como los servicios económicos, las libertades políticas, las oportunida des sociales, las garantías de transparencia y la seguridad pro tectora. Estos derechos instrumentales, estas op ortunidades y estos der echos económicos tienen poderosas interrelaciones, que pueden ir en diferentes direcc iones. Las interconexiones influ y en de una manera fundamental en el proce so de 24 P NU D: De s ar r ol lo h um an o. In for me 19 90 , o p. ci t., R esu me n, p. 1 9. La política fiscal en el marc o de la po lítica económica 255 personas cu yos ingresos son inferiores al 60% de la renta mediana disponibl e (después de transferencias sociales). Los ingresos corresponden al año ante rior al de celebrac ión de la encu esta. En 2014, el 30,1% de los menores de 16 año s residentes en E spaña estaban en sit uación de riesgo de pobreza , volviendo a ser de nuevo el colectivo más castigado en términos absolutos, con un aumento de 1,2 puntos con respecto a su posición en 2009. Aunque en té rminos rel ativos, el grupo de 16 a 29 años es el que h a empeorado más su posición en este indicador, al e levarse en 9,3 puntos a lo lar go de la crisis, hasta alcanzar al 27,6%; seguido por el colectivo de 45 a 64 años (en 5 puntos), y e l de 30 a 44 años (en 4,4 puntos). La nota mu y positiva es que los ma y o re s (de 65 y más años) también han visto mejorada su posición en este indi cador, al recortarse el ri esgo d e p obreza para ambos sexos en 12,4 puntos (al pasar del 23,8% en 2009, al 11,4% en 2014); siendo este recorte un punto adicional mayor e n el caso de las mujeres. Tabla 2.3: Carencia material severa, por edad y sexo FUENTE: INE, Encuesta de Condiciones de Vida , Riesg o de pobreza o exclusión social (estrategia Europa 2020), Resultados nacionales. Enlace web: http ://www .in e.es/jaxiT3/Datos.htm?t=10005 Pasando al se gundo componente del Indica do r A ROPE, en la Tabla 2.3 se muestra la evolución reg istrada por la care ncia material se vera , que mide la proporción de la pobla ción que vive en ho gares que ca r ecen al menos de cuatro conceptos de un listado de nueve. 33 33 Los nuev e con ceptos son: 1 No pu ede p erm itirse ir d e vacaciones al menos u na semana al año. 2 No p uede 2009 2010 2011 2012 2013 2014 Tota l 4,5 4,9 4,5 5,8 6,2 7,1 Me nore s de 16 a ños 6,6 7,2 5,2 7,4 8,4 9,6 De 16 a 29 a ños 5,6 6,3 5,9 7,7 7,4 8,7 De 30 a 44 a ños 5,1 5,2 4,9 7,0 7,6 7,9 De 45 a 64 a ños 3,2 4,0 4,1 4,6 5,0 6,9 De 65 y m á s a ños 2,3 2,2 2,7 2,9 2,7 2,4 Tota l 4,6 4,7 4,5 6,2 6,3 7,0 Me nore s de 16 a ños 7,7 6,8 5,3 7,6 8,7 9,9 De 16 a 29 a ños 4,8 5,9 5,4 8,4 6,8 7,7 De 30 a 44 a ños 5,4 5,0 4,9 7,5 8,0 8,0 De 45 a 64 a ños 3,2 4,0 4,0 4,5 5,1 7,0 De 65 y m á s a ños 1,9 1,7 2,5 2,5 2,5 1,9 Tota l 4,4 5,1 4,6 5,5 6,1 7,1 Me nore s de 16 a ños 5,5 7,6 5,2 7,2 8,0 9,3 De 16 a 29 a ños 6,4 6,8 6,5 6,9 8,1 9,8 De 30 a 44 a ños 4,8 5,4 4,9 6,4 7,3 7,8 De 45 a 64 a ños 3,2 4,0 4,2 4,6 4,9 6,8 De 65 y m á s a ños 2,6 2,7 2,8 3,1 3,0 2,8 Muj e re s H om bre s A m bos s e x os Rie sgo de po bre z a o e xc lus ión so ci a l (e s trate gia Eu ropa 2 02 0) Care nc ia m ate rial s e v e r a por e da d y s e xo . Porce nta j e [Document text truncated for crawler view.]