Entrevista a Vicente Luis Mora
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80 pArAdigmA Revista Universitaria de Cultura MEDIR LA CONTEMPORANEIDAD, GRACIAS a las coordenadas que ofrece cualquier disciplina artística, siempre implica cierto riesgo por la huella que se deja en el acontecer, por la posición que se adopta y porque –nos guste o nonuestro tiempo se define más por construir filias y fobias que por elaborar un entramado conceptual capaz de explicar dicha construcción. El crítico literario y escritor, Vicente Luis Mora, es el antólogo responsable de La Cuarta persona del plural (Vaso roto, 2016), una antología poética contundente, seria, alejada de urgencias, que se presenta como una obra de alcance prolongado a la que el lector deberá volver conforme el devenir poético vaya amoldándose a las variables de las nuevas realidades. Los nombres propios que conforman esta antología son poetas nacidos después de 1960, con mayoría de edad adquirida no antes del año de aprobación de la Constitución. Además, incluye poetas en castellano, pero también en catalán, gallego y euskera. Una obra que suma una mirada singular –la del antólogo, la de los poetasal espacio literario actual. La cuarta persona del plural se suma a una serie de antologías –nacionalesque se han preocupado por analizar la realidad a través de la poesía, por pensar su aportación al ejercicio de la literatura, por estudiar las variables que influyen en esta disciplina, etc. ¿Qué alcance espera obtener con La Cuarta persona del plural? El alcance de este libro, de cualquier libro, está muy lejos de las sospechas, deseos y capacidades visionarias de su autor. Sólo puedo decir cómo me gustaría que fuese leído: como una colección de poemas valiosos y muy distintos entre sí, cuya elección es debida y rigurosamente explicada -esperoen el estudio introductorio. ¿Y qué le ha exigido esta antología, dados los criterios seguidos para su elaboración? Un largo trabajo de lectura, relecturas e investigación sobre la poesía española contemporánea, desarrollado a lo largo de unos 20 años. No basta con leer los poemas, hay que saber interpretarlos y contextualizarlos históricamente. Los nombres propios que conforman esta antología son poetas nacidos después de 1960, con mayoría de edad adquirida no antes del año de aprobación de la Constitución, además, ha incluido poesía escrita en todas las lenguas oficiales del Estado. Este singular horizonte comparte, como indica en su generosa introducción, la orfandad, la ausencia de influencias directas lógicas, no particulares Entrevista a Vicente Luis Mora Cristina Consuegra «Una de las tragedias culturales de nuestro tiempo es que la excelencia no se debate en absoluto»
81 Número 20 Enero 2017 –como las de Juan Ramón y Lorca-. En cierto modo, ¿esta singularidad ha permitido que estos poetas sean más libres que sus antecesores? Entiendo que sí, que la particular situación sociocultural de los poetas españoles nacidos un poco después del medio siglo les permitió crearse su propio horizonte de lecturas, influencias, expectativas y mentores. Este hecho provocó que, a diferencia de muchos poetas hispanoamericanos de la misma edad, no tuvieran que vertebrar su presencia en el campo literario a partir de adscripciones u oposiciones a grandes figuras ya establecidas (pongamos por caso Octavio Paz, Neruda o Jorge Luis Borges). Creo que esa libertad es perceptible en la diversidad de influencias reconocidas e incluso en el modo muy personal en que cada uno procesa la tradición heredada. ¿Cómo ha determinado la voz de los poetas que componen La Cuarta persona del plural la incorporación de influencias y referencias no literarias – cine, series, cómic, arte contemporáneoa su trayectoria? En la introducción paso un poco de puntillas sobre estas cuestiones, seguramente por haberlas tratado más a fondo en La luz nueva y El lectoespectador. Creo que hay una evidente influencia, en algunos casos explícita, y es lógico que eso suceda porque las personas involucradas en la cultura entendemos de forma natural que ésta es un continuo interdisciplinar donde las partes irradian influencias y elementos a otras. En un momento como el actual, donde la urgencia impera y parte de la cultura pasa por el cifrado. ¿Qué es o qué debe ser la excelencia poética? Pues iba a decir que la excelencia poética es una cuestión muy debatida, pero el problema es que una de las tragedias culturales de nuestro tiempo es que la excelencia no se debate en absoluto, es un concepto fuera de la discusión literaria actual. Y me parece muy significativo que en un momento histórico en el que todo mundo está obsesionado con conseguir «lo mejor» a cualquier precio, el único debate prohibido en literatura sea el determinado a esclarecer qué es lo mejor en ella. En la introducción a la antología explico cuál es mi concepto personal de excelencia, en términos largos para ser resumidos aquí, pero muchos más Fotografía de Valerio Merino
82 pArAdigmA Revista Universitaria de Cultura importante que el mío es el concepto de excelencia que ha ido forjándose cada uno de los poetas antologados, cuyo rigor es el que permite que este sea un libro de recomendable lectura (es decir: no por mi aportación, sino por la de los poetas incluidos). Si la producción poética se rige bajo Norma, ¿dónde queda la libertad? ¿Y qué efecto tiene en quien escribe poesía y la piensa? No soy para nada favorable a ese concepto formalista de «norma literaria». Bajo mi perspectiva lo relevante es la singularidad, esto es, la existencia de una estética personal que no puede nunca aspirar a constituirse en norma, a veces ni tan siquiera para el propio escritor, quien va transformando su poética. La libertad creativa sería más bien la eliminación de normas, según ha escrito uno de los poetas incluidos en La cuarta persona del plural, Jesús Aguado: «para llegar a ser buen poeta antes hay que haber aprendido a fugarse de muchas prisiones: la del sentido, la de la historia, la del cuerpo, la de la sociedad, la del yo, la de la ideología… (…) El buen poeta es un hábil fugitivo». A veces, fugitivo incluso de sí mismo y de sus pautas de escritura. Hace referencia a los tres fenómenos que han dinamitado el panorama poético patrio. El primero y, a su juicio, más importante, es la entronización definitiva de la poesía femenina que abandona el lugar secundario al que fue relegada. Asimismo, enumera un largo número de creadoras. ¿Qué opinión le merece declaraciones como las realizadas por Chus Visor sobre la calidad de la poesía escrita por mujeres? Me parecen desafortunadas e injustas, a la par que contradictorias, pues el propio Visor ha publicado la obra poética de muchas mujeres. Usted escribe: «El resultado de una educación tradicionalista es, por lo general, una tendencia insobornable hacia la mala literatura». ¿Qué hacer para corregir, en materia educacional, esta tendencia en la que nos encontramos sumidos desde hace un par de décadas y consistente en alejar al alumnado de la (buena) práctica literaria? Creo que el principal problema reside, según he explicado, en los planes de estudio tanto de las enseñanzas secundarias como de las universitarias, que cada vez se ensañan más con las humanidades, acorralando especialmente a la filosofía y a la literatura. Se necesita profundizar tanto en cuestiones de lectoescritura como en cuestiones de semántica literaria; es decir, tanto en lo que queremos enseñar como en la forma en que nos planteamos enseñarlo. Es un trabajo que llevaría muchos años hacer, pero que me parece indispensable si queremos seguir teniendo en el futuro lectores que sean capaces de entender (y de escribir) libros estéticamente ambiciosos. ¿Qué peculiaridades tiene el lector de poesía? Creo que el lector de poesía es el más fiel que existe, por la sencilla razón de que es el cliente que más dificultades debe superar para llegar al texto. Mientras que un lector de ensayo, de historia o de novela sólo tiene que llegar a una librería para hacerse con un nutrido arsenal de lecturas, el lector de poesía no sólo se encuentra con la muralla de la distribución, que regatea la presencia de libros de versos en los estantes, sino que tiene dificultades incluso para saber qué se está publicando y cómo conseguirlo. El lector de poesía es un husmeador, un curioso infatigable. La experiencia de la poesía, ciertamente, parece que nos hace estar en el mundo de una manera radical. ¿Qué ha aportado la poesía a su vida? Me ha aportado una mayor y más sistemática preocupación por el lenguaje, así como un especial trabajo de afinación de los sentidos, en especial el de la vista, para entender el universo en el que me ha tocado vivir.–