El Bosco, a medio milenio de distancia de un artista de invenciones e intenciones
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71 Número 20 Enero 2017 El Bosco, a medio milenio de distancia de un artista de invenciones e intenciones Fernando Marías Catedrático de Historia del Arte de la Universidad Autónoma de Madrid EN 2014, POCO MESES ANTES DE FALLECER, EL MEDIEVALISTA FRANCÉS Jacques Le Goff se preguntaba si debíamos trocear la historia en lonchas (Faut-il vraiment découper l’histoire en tranches?, Seuil, París). Acostumbrados a situar en periodos históricos o estilos artísticos a los pintores, escultores o arquitectos, nos solemos encontrar desconcertados cuando debemos enfrentarnos con figuras como Joen, Jeroen o Jheronimus van Aken (‘s-Hertogenbosch, 1450-1516), de cuya muerte se cumplen 500 años, es decir, nada menos que medio milenio. El Museo Nacional del Prado, como otras instituciones culturales, de Boston a los Países Bajos, ha conmemorado su arte y su época con la muestra El Bosco. La exposición del V Centenario, que se cerró hace pocas semanas 1 . ¿Era Jheronimus Bosch –como solía firmarun hombre medieval? ¿Fue un hombre del Renacimiento?, como tendemos a etiquetarlo para situarlo en un mundo más próximo a nosotros, aunque la Antigüedad clásica nada significara para él o jamás hubiera llegado a visitar Italia. No obstante, Joen van Aken cambió su toponímico familiar –de Aquisgrán, en la que se contaban tres generaciones de pintorespor su toponímico local, a la hora de convertirse en «autor», de trípticos, tablas y sargas de pintura, con un nuevo sentido de su personalidad, susceptible de las transformaciones tan caras a su mundo y a sus invenciones. Se han conservado brazaletes populares de su época en los que un jeroglífico, con la secuencia de imágenes de un corazón y un ojo entre una s y la palabra bossche, remitían a la ciudad del Brabante neerlandés –s-hart-ogen-bosch, entre nosotros, Bosque del Duquedonde nació y murió el pintor Bosch. Joen se veía a sí mismo, nuevo juego de palabras, como un pájaro, como el ave por antonomasia del bosque, la lechuza o el buho, duc en francés, herzog en alemán; sus «autorretratos» tanto metafóricos como metamórficos nos lo presentan –como en un dibujo hoy en los Staatliche Museende Berlíncon el disfraz del ave del saber en el hueco de un árbol en el que también se protege el astuto y precavido zorro, rodeado por aves rapaces amenazadoras, en medio de un 1 Véase nuestra recensión en Archivo español de arte, 356, 2016.
70 pArAdigmA Revista Universitaria de Cultura toda mi vida»— resume el hastío, la tristeza congénita, el esplín que sobrevuela por las canciones. Pero estos exorcismos de dietario suelen tener trampa. En ocasiones, Berrio alterna la segunda persona. Ocurre con el protagonista de La alegría de vivir, un ser de existencia abatida y desencantada, que termina meneando sus angustias en un vals. Ironía y nihilismo. En esas lindes del fin / cuando más que Quijotes seamos/ cabales Alonsos Quijanos /apeados ya del rocín. El Quijote no es ya un postizo recurrente, sino un molde poético amalgamado en una canción colosal que, como salmodia coheniana, trenza las reflexiones de un hombre en el final de su vida. «Cuando ya no locos, sino cuerdos,a conciencia nos dejemos ir», entona Berrio. En cambio, la metabolización cervantina de Loquillo acude al tópico carpetovetónico en su último álbum, Viento del este (2016). En concreto, en la canción que da título al disco. «País de Quijotes, bufones y buscones /saludan desde el mar», canta el roquero barcelonés con bruma de taberna irlandesa. Cervantes, Velázquez y Quevedo. Más excitante e irónico resulta el dardo lírico de la banda León Benavente en su debut, León Benavente (2013). El grupo, formado por los músicos y el equipo técnico que habitualmente acompaña a Nacho Vegas, se erigió en su estreno en vivo manifiesto del rock alternativo que brota tras el 15M. La lírica de Abraham Boba refleja la asfixia de una generación joven y preparada a la que le han cortado las alas. Su música bebe del after-punk que se dio tanto en Inglaterra como en La Movida. Sus letras, aunque punzantes, no están exentas de humor y acidez. La clara muestra de que se puede ser político sin incurrir en lo panfletario ni en la monserga. La voz de tu generación /la salvación y la esperanza / más que Quijote, Sancho Panza / más que un dios, un peso en la balanza, proclaman en Ánimo, valiente. Un paso allá: ya no es el soñador Quijote ni la bella Dulcinea. Ahora el foco se pone en Sancho Panza, un contrapeso filosófico y refracción de las miserias locales. Si Quijote es universal, Sancho es nacional. Por supuesto, abundan los guiños directos e indirectos. En 2013, el combo de surf instrumental Los Coronas tituló un disco Adiós Sancho. No se trata de una frivolidad gratuita: para desmarcarse de los miles de grupos que practican surf a la norteamericana, los malasañeros recurren a rasgos distintivos para españolizar su música. ¿El más evidente? Cambiar el común saxo abrasivo por una trompeta de la cabra. Un ejercicio similar al Don Quijote de Los Jets en 2003. Su antecedente histórico se encuentra en los instrumentales de Los Relámpagos, que inmortalizaron su particular Dulcinea. Por su lado, es célebre el Quijotes eléctricos de Topo, abanderados del rock de la Transición. La Orquesta Mondragón se aventuró con El blues de Don Quijote. Mägo de Oz hicieron célebre su neandertal Quijote y Sancho, himno del metal patrio. Una pizpireta Rocío Dúrcal protagonizó el filme Rocío de La Mancha, dirigido por Luis Lucía Mingarro, en 1963. La banda sonora incluía piezas como Mi señora Dulcinea o Don Quijote en los albores del ye-yé. El volumen de Cervantes, ese mar narrativo, esa selva ideal que decía Ortega y Gasset, fue homenajeado en 2005 por los alemanes Scorpions y por los míticos Deep Purple. Y el ejemplo marciano: Antonio Arias, líder de Lagartija Nick, lleva su rock cósmico al Observatorio Espacial del Teide, en Tenerife, en 2016. La iniciativa cosmológica se enmarca en el Experimento Quijote.– «¿Ha sido la vanguardista novela de Cervantes objeto de plétora en los poetas del rock? »
69 Número 20 Enero 2017 «Un paso allá: ya no es el soñador Quijote ni la bella Dulcinea. Ahora el foco se pone en Sancho Panza, un contrapeso filosófico y refracción de las miserias locales. Si Quijote es universal, Sancho es nacional.»