Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo
Full text
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 1 UNIVERSIDAD DE MÁLAGA Facultad de Psicología Departamento de Psicología Social, Trabajo Social, Antropología Social y Estudios de Asia Oriental Tesis Doctoral HOMBRES CONDENADOS POR VIOLENCIA DE GÉNERO: UN ESTUDIO DESCRIPTIVO JOSÉ ALBERTO PEÑA MARTÍN Tesis Doctoral dirigida por: Dr. JESÚS EMILIO SAN MARTÍN GARCÍA Dra. FABIOLA PERLES NOVAS MÁLAGA, noviembre 2015
AUTOR: José Alberto Peña Martín http://orcid.org/0000-0002-5242-7706 EDITA: Publicaciones y Divulgación Científica. Universidad de Málaga Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercialSinObraDerivada 4.0 Internacional: http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/legalcode Cualquier parte de esta obra se puede reproducir sin autorización pero con el reconocimiento y atribución de los autores. No se puede hacer uso comercial de la obra y no se puede alterar, transformar o hacer obras derivadas. Esta Tesis Doctoral está depositada en el Repositorio Institucional de la Universidad de Málaga (RIUMA): riuma.uma.es
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 2 D. Jesús Emilio San Martín García, con DNI: 33356545-J, y Doña Fabiola Perles Novas, con DNI: 33354415-E, Profesores Titulares de Universidad, del Departamento de Psicología Social, Trabajo Social, Antropología Social y Estudios de Asia Oriental, en calidad de Directores de la Tesis Doctoral con el título: Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo, autorizan la presentación y defensa pública de la misma, juzgando que tiene los méritos suficientes para que su autor D. José Alberto Peña Martín pueda optar con ella al título de Doctor. Málaga a 5 de noviembre de 2015 Fdo. Jesús Emilio San Martín García Fdo. Fabiola Perles Novas
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 3 AGRADECIMIENTOS Quiero agradecer la realización de este trabajo a mis profesores Jesús y Fabiola que lo han hecho posible, con paciencia y profesionalidad. A todos los colegas de profesión que me han apoyado desde Instituciones Penitenciarias, tanto en la Cárcel de Málaga como en el Centro de Inserción Social Evaristo Martín Nieto, en especial a Luis Miguel, Inmaculada, Pilar, Rafael y a todos los auxiliares de prisiones que han facilitado el trabajo. Por último me gustaría recordar a todas aquellas víctimas que han perdido la vida a manos de sus parejas o exparejas, y que para mí ha sido la motivación fundamental para la realización de este trabajo.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 4 A mi familia.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 5 ÍNDICE MARCO TEÓRICO 1. Introducción………………………………………………………………… 7 2. Violencia familiar, de pareja y de género………………………………. 8 3. Tipología de la violencia………………………………………………… 10 3.1. Agresión física………………………………………………………….. 10 3.2. Coacción sexual…………………………………………………………. 14 3.3. Agresión psicológica.………………………………………………….. 14 4. La violencia de género en el marco internacional……………………… 18 5. La violencia de género en España………………………………………. 20 6. Indicadores sobre la Violencia de Género……………………………… 23 7. Encuestas sobre Violencia de Género y estudios epidemiológicos .. 32 8. Modelos teóricos sobre la violencia contra la pareja…………………. 40 8.1. Macroteorías…………………………………………………………… 41 8.2. Microteorías………………………………………………………….... 44 8.3. Teorías multidimensionales…………………………………………. 47 9. Atribución de responsabilidad y minimización ………….………….. 50 10. Dependencia y violencia contra la pareja…………………………… 53 10.1. Dependencia emocional………………………………………………. 54 10.2. Apego Ansioso………………………………………………………… 55 11. Celos románticos……………………………………………………….. 56 12. Descripción psicosocial del agresor…………………………………. 59 13. Programas de intervención con agresores…………………………... 66
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 6 ESTUDIO EMPÍRICO 1. Objetivos.……………………………………………………………. 76 2. Método………………………………………………………………. 114 3. Procedimiento………………………………………………………. 120 4. Resultados…………………………………………………………... 122 4.1. Descriptivo de las diferencias sociodemográficas……………... 80 4.2. Descriptivo de las variables psicosociales objeto de estudio…. 85 4.3. Relaciones entre las variables estudiadas……………………….. 130 4.4. Diferencias en las estrategias de resolución de conflictos entre agresión y victimización …………………………………….…… 135 5. Discusión…………………………………………………………… 140 6. Bibliografía…………………………………………………………. 152 7. Tablas y gráficos…………………………………………………… 178 8. Anexos……………………………………………………………… 184
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 7 MARCO TEÓRICO 1. Introducción Las portadas sobre asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas son una crónica diaria en los distintos medios de comunicación. Es un fenómeno que muestra el lado más cruel de la relación entre personas que mantienen o han mantenido algún tipo de relación sentimental. Los agresores y las víctimas son de todas las edades, nacionalidades, situación social y económica. Esta heterogeneidad atribuye al fenómeno de la violencia de género una dimensión global que afecta a toda la sociedad por igual. La marginación en el ámbito privado del pasado, se ha tornado hacia una externalización e implicación de toda la comunidad. En España la aprobación de la Ley Orgánica 1/2004 de 28 de diciembre de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, supone una mejora sustancial en la atención y protección a las víctimas. También se sientan las bases para combatir de forma integral el fenómeno a través de la intervención psicosocial con víctimas y agresores. Comienzan a proliferar los programas de reeducación en prisión como el “Programa de Tratamiento en Prisión para Agresores en el Ámbito Familiar”, al mismo tiempo que irrumpe un interés en la comunidad investigadora por abordar el fenómeno a través del estudio de agresores penados (Echeburúa, Amor y Fernández-Montalvo, 2002). Con la entrada en vigor de la Ley Orgánica 5/2010 de 22 de junio y posterior RD 840/2011, de 17 de junio, se introducen las penas y medidas alternativas que van a posibilitar evitar el ingreso en prisión bajo estos preceptos: pena de trabajo en beneficio de la comunidad, suspensiones de condena y sustituciones de condena. Estas medidas intentan evitar el aislamiento y desarraigo social que conllevan las penas privativas de libertad, propiciando que la persona condenada pueda reparar el daño causado a la sociedad. Las principales críticas por parte de los detractores de este paradigma se centran en reivindicar que los recursos existentes se destinen
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 8 íntegramente a las víctimas y evitar el posible riesgo al que se ven sometidas sus familias al estar el agresor en libertad (Laurenzo, 2005). Sin duda, la evaluación del riesgo pone el énfasis en la coordinación de los distintos organismos que participan (cuerpos y fuerzas de seguridad del estado y juzgados de violencia de género), cuya misión principal es la de garantizar la protección de las víctimas. La asistencia a los programas de intervención en medio abierto es una oportunidad para estudiar a los agresores en su entorno social, y poder avanzar en el desarrollo de un mayor número de programas preventivos en el ámbito comunitario. El contenido a tratar en estos programas requiere de un conocimiento de las variables presentes y de todos aquellos procesos implicados con el objetivo de mejorar los sistemas de prevención y actuación desde una perspectiva multidisciplinar. 2. Violencia familiar, de pareja y de género Existen diferentes conceptos relacionados con el uso de la violencia en las relaciones interpersonales y familiares: la violencia familiar, contra la pareja y de género. La Organización Mundial de la Salud (1998), describe la violencia familiar como los malos tratos o agresiones psicológicas, físicas, de coacción sexual o de otra índole, cometidas por personas del medio familiar contra los miembros más vulnerables que integran la misma. Es muy importante que se dé un doble criterio de consanguinidad y/o convivencia. Dentro de ese núcleo familiar destacan las siguientes cuatro categorías: violencia contra los hijos, los padres, la pareja, y/o contra los ancianos. Perles (2002) señala la dificultad para conceptualizar la violencia familiar debido al amplio registro de manifestaciones de violencia que están presente. Alonso y Martín (2002) apuntan la dificultad de estudiar la violencia y los distintos términos asociados con la imprecisión que a veces se utiliza. A su vez, los distintos autores muestran una falta de consenso en cuanto a los referentes de violencia utilizados, dificultando las generalizaciones de unos trabajos a otros. En
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 15 Loring (1994) se refiere al maltrato psicológico como cualquier conducta física o verbal, de índole activo o pasivo, que a su vez atenta contra la integridad emocional de la víctima dentro de un proceso continuo y sistemático. Existe una cierta confusión entre lo psíquico y lo emocional, excluyéndose de este modo variables claves como son las cogniciones, las ideas, los valores, creencias, actitudes y los afectos. Parte de esta indefinición se observa en las distintas denominaciones encontradas por Blázquez, Moreno y García-Baamonde (2010) sobre la violencia psicológica como abuso no físico, abuso indirecto, abuso emocional, abuso psicológico, tortura mental, abuso verbal, terrorismo íntimo o violencia invisible. En el propio concepto de maltrato psicológico algunos autores incluyen otras formas de violencia como el maltrato económico, donde la víctima pierde el control sobre sus finanzas, aunque no la responsabilidad del funcionamiento en general del hogar. Taverniers (2001) realizó una categorización de los indicadores de maltrato psicológico según el grado de evidencia de los mismos, dividiéndolos en desvalorización, hostilidad, indiferencia, intimidación, imposición de conductas, culpabilización y bondad aparente. El indicador desvalorización incluye la ridiculización, descalificaciones, trivializaciones, oposiciones y el desprecio. La hostilidad agrupa el reproche, insultos y amenazas. La indiferencia se manifiesta a través de la falta de empatía y apoyo, y la monopolización. La intimidación recoge el juzgar, criticar y corregir, posturas y gestos amenazantes y conductas destructivas. La imposición de conductas conlleva el bloqueo social, órdenes, desviaciones, insistencia abusiva, invasiones de la propiedad y sabotajes. La culpabilización incluye acusaciones y negación. La bondad aparente recoge la manipulación de la realidad. Asensi (2008) realiza una categorización de la agresión psicológica en función de indicadores encubiertos y manifiestos. Los manifiestos corresponden a indicadores que se muestran abiertamente: despreciar, gritar, insultar, criticar, ordenar, mostrar mal humor, negar y retener afecto. Tras los mecanismos manifiestos se encontrarían mecanismos de abuso encubiertos que se describen en la siguiente tabla.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 16 Tabla 2. Mecanismos encubiertos y manifiestos de abuso (Asensi, 2008). MECANISMOS ENCUBIERTOS MECANISMOS MANIFIESTO Descalificar Despreciar Negar Gritar Proyectar / acusar Insultar o expresar malas palabras Desmentir el abuso por parte del abusador Critica Connotar negativamente Ordenar Amenazar sutilmente con abandono físico o emocional Mostrar mal humor Abandonar en realidad, física o emocionalmente Negar y retener afecto Ignorar Aislar a la víctima de su familia y amigos Monitorear el tiempo y las actividades de la víctima Intentar restringir recursos (finanzas, teléfono, etc.) Interferir con oportunidades (trabajo, atención médica, educación, etc.) Acusar a la víctima de estar involucrada en conductas repetidas e intencionalmente dañinas Tirar objetos, no necesariamente hacia la víctima Golpear objetos, dar portazos Ridiculizar a la víctima Expresar asco hacia la víctima Amenazar con dejarla (física o emocionalmente) Expresar celos excesivos Amenazar la vida, las mascotas, la propiedad o la familia de la víctima Exponer a la víctima a escenas de abuso hacia sus hijos, mascotas, padres, etc. Obligar a la víctima a que realice actividades ilegales Provocar a la víctima a que se defienda
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 17 Algunos autores destacan la importancia del maltrato psicológico, destacando la prevalencia del trastorno del estrés postraumático en personas que han sufrido maltrato psicológico crónico de forma continua (Echeburúa y Fernández-Montalvo, 2009). En la literatura científica se han realizado estudios que han intentado analizar la prevalencia de un tipo de violencia sobre otra, si bien los resultados son contradictorios al realizarse sobre diferentes tipos de muestras. En esta línea se encuentran los trabajos de Doroszewicz y Forbes (2008) que analizaron niveles de agresión psicológica, física y de coacción sexual en una muestra de 201 universitarios y los estudios de Orpinas, Raczynski, Bandalos y Reeves (2007) en una muestra de 629 alumnos de institutos de educación secundaria. Es necesario profundizar en el estudio de las distintas tipologías presentadas, utilizando para ello muestras contrastadas de agresores de violencia de género. Labrador (2004) realiza una descripción de las distintas formas de maltrato psicológico que se repiten en la violencia doméstica: • Abuso Económico: Hacer preguntas constantes sobre el dinero. Controlar el dinero del otro. Utilizar el sueldo del otro. No permitir el acceso al dinero familiar. Impedir que consiga o conserve un trabajo. • Aislamiento: Controlar a la pareja, a quién mira y habla, sus amistades, dónde va, etc. Limitar los compromisos del otro fuera de casa o de la relación de pareja. Usar los celos para justificar las acciones. • Intimidación: Infundir miedo usando miradas, acciones o gestos. Romper cosas. Destruir la propiedad del otro. Mostrar armas y amenazar. • Negación, minimización y culpabilización: Afirmar que el abuso no está ocurriendo. Reconocer el abuso y no preocuparse por la seriedad del mismo. Responsabilizar al otro por lo sucedido. • Uso de amenazas: Hacer amenazas de infligir lesiones o daño físico. Amenazar con la realización de un acto suicida. Amenazar con abandonar o tener una aventura con otra persona. Amenazar con expulsar al otro de casa.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 18 • Uso de los niños: Amenazar con quitar la custodia de los niños en caso de que la víctima denuncie. Amenazar con maltratar a los niños en caso de denuncia por parte de la víctima. Usar a los niños para enviar mensajes. Usar las visitas (en caso de divorcio o separación) para acosar u hostigar al otro. Tratar de llevarse a los niños cuando no está pactado. 4. La violencia de género en el marco internacional El último cuarto de siglo constituye el comienzo de un camino sin marcha atrás hacia la consolidación de la igualdad entre hombres y mujeres. Más de 30 años de trabajo de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, órgano creado en 1946 para seguir de cerca la situación de la mujer y promover sus derechos, ha supuesto un impuso en la visualización y abordaje de la violencia de género. Todo un proceso donde se han organización cuatro conferencias mundiales centradas en la mujer en Ciudad de México (1975), Copenhague (1980), Nairobi (1985) y Beijing (1995). La primera conferencia mundial sobre la mujer contó con la participación de representantes de 133 gobiernos. Al mismo tiempo 6.000 representantes de ONG asistían a un foro paralelo conocido como la Tribuna del Año Internacional de la Mujer. Continúa la presión internacional con la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación sobre la mujer en 1979. Será en el año siguiente, en 1980 en la II Conferencia Mundial sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer en Copenhague donde se den cita 145 Estados miembros solicitando esfuerzos en el ámbito laboral como en los servicios de salud y educación. También se avanzaría en la visualización del fenómeno al afirmar que la violencia contra las mujeres es el crimen más silenciado del mundo. La tercera conferencia mundial celebrada en Nairobi en 1985 supone un reconocimiento mundial al final del Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer (1975/1985). Acuden 15.000 representantes de ONG al Foro de Organizaciones No Gubernamentales. Para muchos es el nacimiento del feminismo a escala mundial. Se solicitaron medios y campos de acción para asegurar
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 19 el desarrollo y la paz, priorizando la igualdad en la participación social, la participación política y en la toma de decisiones por parte de las mujeres en todos los ámbitos y no sólo en lo específicamente referido a las mujeres. En 1995, tuvo lugar la IV Conferencia Mundial sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer, instaurando la lucha por la igualdad entre los sexos con la introducción del concepto de género. La Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, adoptada de forma unánime por 189 países, constituye un programa en favor del empoderamiento de la mujer y en su elaboración se tuvo en cuenta el documento clave de política mundial sobre igualdad de género. Se identifican los principales obstáculos para la mujer, entre las que destacamos la violencia contra las mujeres, los derechos humanos de la mujer y la mujer en el ejercicio del poder y la adopción de decisiones. En el ámbito de la salud la Resolución WHA49.25 de la Organización Mundial de la Salud en 1996, declara la violencia como problema prioritario de salud pública. La Organización Mundial de la Salud diferencia tres clases de violencia: x Autoviolencia, que incluye el suicidio y la autoagresión. x Violencia interpersonal, que incluye la violencia familiar y la de pareja. x Violencia comunitaria, que consiste en agresión por extraños al medio familiar. x Violencia colectiva, que puede ser social, económica o política. En la misma línea de reconocimiento de la gravedad del fenómeno se postula el informe del Parlamento Europeo de julio de 1997, la Resolución de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas de 1997 y la declaración de 1999 como Año Europeo de Lucha Contra la Violencia de Género. En el ámbito europeo destacar además la implementación del programa Daphne en sus diferentes etapas que han fijado la posición y estrategia en la lucha contra la Violencia de Género. Tan importante es la instauración de medidas concretas en políticas públicas en la lucha contra la Violencia de Género por parte de los países firmantes como la
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 20 revisión y consolidación de avances. En el año 2000, La Asamblea General adoptó la decisión de celebrar su 23º periodo extraordinario de sesiones para llevar a cabo un examen y una evaluación quinquenal de la aplicación de la Plataforma de Acción de Beijing, así como de estudiar posibles medidas e iniciativas futuras. La evaluación, a la que se dio el nombre de “La mujer en el año 2000: igualdad entre los géneros, desarrollo y paz para el siglo XXI”, en Nueva York. Es en el 2005 cuando en el marco del 49º periodo de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer se llevó a cabo un examen y una evaluación decenales de la Plataforma de Acción de Beijing. En el 2010 la Plataforma de Acción de Beijing durante el 54º periodo de sesiones de la Comisión, Los Estados Miembros aprueban una declaración en la que se acogía con beneplácito los progresos realizados. A mediados de 2013, el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas pidió a la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer examinar y evaluar la aplicación de la Plataforma de Acción en 2015, en una sesión conocida como Beijing +20. Para informar de las deliberaciones, el Consejo exhortó también a los Estados Miembros de la ONU a llevar a cabo exhaustivas evaluaciones nacionales, y alentó a las comisiones regionales a llevar a cabo exámenes regionales. Posiblemente sea una misión imposible la de conocer la incidencia real de este fenómeno social por la invisibilidad del mismo. Organismos internacionales, instituciones, asociaciones y grupos de investigación alertan de que estamos sólo visualizando la punta del Iceberg. 5. La violencia de género en España En España el recorrido es más reciente aunque claramente influenciado por la experiencia internacional. Han ido surgiendo distintos movimientos sociales dando lugar a las distintas peticiones de cambio social con respecto a la violencia de género. El conocido como Foro Madrid contra la violencia reivindicó una lucha en este ámbito con los mismos medios con los que se trataba la lacra terrorista. A su vez
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 21 otras entidades sociales como la Federación de Mujeres Separadas y Divorciadas (1973) calificó el maltrato doméstico como una acción terrorista de género. El alarmante número de mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas unido a una intensa lucha de los diferentes colectivos y asociaciones propició la aprobación en diciembre de 2004 la Ley Orgánica 1/2004 de 28 de diciembre de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Esta ley supuso un abordaje integral de la víctima, tanto en la atención personalizada a través de la creación de juzgados especializados en violencia de género, como en mayores recursos para atender a las necesidades de centros especializados, percepción de subsidios y prestaciones con carácter de urgencia. Este consenso social queda de manifiesto con la aprobación de dicha ley, tomando como referencia las recomendaciones internacionales en torno a la violencia de género. Con la citada ley se aborda la discriminación, acepta una situación de desigualdad manifiesta, así como reconoce las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, concretamente de sus cónyuges y relaciones similares de afectividad con y sin convivencia. Es importante la delimitación que realiza esta ley sobre la propia violencia de género, si bien algunos autores critican que la propia definición esté bajo el marco de una ley y no sujeta a revisión constante por parte de la comunidad científica. En cuanto a la manifestación de la violencia de género introducidas en la ley destaca la inclusión actos de violencia física y psicológica, agresiones a la libertad sexual, las amenazas, las coacciones o imposiciones en la limitación de la libertad (Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género). El abordaje que se hace sobre este tipo de violencia, refleja una visión integral desde la acción preventiva y de protección de las víctimas. Un enfoque integrador desde el ámbito civil, penal, social y educativo. Con anterioridad a esta ley, los avances legislativos en materia de lucha contra la violencia de género, se concretan en la Ley Orgánica 11/2003, de 29 de septiembre, de Medidas Concretas en Materia de Seguridad Ciudadana, Violencia Doméstica e Integración Social de los
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 22 Extranjeros; la Ley Orgánica 15/2003, de 25 de noviembre, por la que se modifica la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal, o la Ley 27/2003, de 31 de julio, reguladora de la Orden de Protección de las Víctimas de la Violencia Doméstica; además de las leyes aprobadas por diversas Comunidades Autónomas, dentro de su ámbito competencial (Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género). Frente al interrogante de conocer cuál es la realidad de la Violencia de Género en España, es posible un acercamiento a través de distintos medios de obtención de información. Según Perles (2002) tres han sido las fuentes fundamentales de obtención de información sobre violencia familiar: las evaluaciones clínicas de víctimas, los registros oficiales y las encuestas sociales. Para poder clasificar las fuentes anteriormente mencionadas, nos acogemos al método de recogida de información, que puede ser directo e indirecto. En el primer grupo encontramos las encuestas y los estudios epidemiológicos y en el segundo los indicadores y registros donde quedan constancia de denuncias, las órdenes de alejamiento, tipos de ayudas de las que se pueden beneficiar las víctimas y/o registro de defunciones. Perles (2002) señala que en el caso de mujeres maltratadas, las evaluaciones de casos clínicos proporcionan datos de forma detallada y permiten estudiar el impacto de los programas de intervención. En general la forma más común de analizar la violencia familiar ha sido a través del diseño de corte transversal, con ausencia otros tipos de diseño como el longitudinal y experimental. Johnson (1995) analiza los resultados de investigaciones en función de utilizar muestras clínicas de mujeres maltratadas y a través de encuestas sociales, encontrando resultados diferentes. En el caso de muestras clínicas se encuentra un patrón de violencia con una alta frecuencia y ejercida por parte del hombre contra la mujer, sin embargo en el caso de utilizar muestras de población tanto hombres como mujeres ejercen el mismo tipo de violencia hacia los conflictos familiares (Perles, 2002). A pesar de todos los mecanismos existentes para la recogida de datos (encuestas, macroencuestas, estudios epidemiológicos e indicadores) Alberdi y Matas
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 23 (2002) reclaman más y mejores datos que nos ayuden a conocer las dimensiones reales del fenómeno. La mayor parte de estos estudios tienen carácter parcial, por la complejidad y la dificultad de acceder de forma íntegra al mismo. Algunos autores reconocen la amplitud del fenómeno de la violencia de género y lo describen como un fenómeno de violencia estructural y transversal, y que se manifiesta de forma sutil desde las microviolencias argumentadas por Bonino (2004), hasta la fatal consecución del homicidio en los casos más extremos, recopilados a través del registro de víctimas mortales por violencia de género del Ministerio de Igualdad y Servicios Sociales del Gobierno de España. 6. Indicadores sobre la Violencia de Género En cuanto a los indicadores, destacar que son de diferente naturaleza, asociados al procedimiento judicial y consisten en una batería de datos recogidos por los poderes públicos, que facilitan el estudio y visualización del fenómeno. Los datos procedentes del Ministerio del Interior y del Observatorio de Violencia Doméstica y Violencia de Género del Consejo General del Poder Judicial han permitido la realización de estudios epidemiológicos descriptivos sobre la distribución temporal y geográfica, (por Comunidades Autónomas y provincias) de las denuncias y homicidios por violencia contra la mujer en la pareja. En Andalucía, el número de denuncias durante el año 2014 asciende a 27.452, seguida de Madrid con 19.270 y Cataluña con 17.342. Sin embargo, en tasas de denuncias presentadas por cada 10.000 mujeres, Baleares repunta con 84,66 seguida de Murcia con 68,94 y Valencia con 65,76. Andalucía es la 6º con 63.30. Uno de los indicadores con más repercusión junto con el de lesiones (violencia física) es el de víctimas mortales. Los crímenes cometidos durante los últimos cinco años, permiten analizar la relación entre la víctima y el agresor. Las parejas habituales son los autores de estas muertes en una proporción destacada. Así se puede comprobar en la crónica de los últimos cinco años, donde más de la mitad de las víctimas lo eran a manos de sus parejas. El
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 24 número de asesinatos oscilan entre las 73 muertes del 2010 hasta las 54 del año 2013 y 2014. Tabla. 3. Relación de víctimas mortales por violencia de género según el grado de relación entre la víctima y el agresor. 2015 (9-sep) 2014 2013 2012 2011 2010 Expareja o en fase de ruptura 16 18 23 14 26 28 Pareja 13 36 31 38 35 45 % Expareja o en fase de ruptura 55.2 33.3 42.6 26.9 42.6 38.4 % Pareja 44.8 66.7 57.4 73.1 57.4 61.6 Total 29 54 54 52 61 73 Fuente: Delegación del gobierno para la violencia de género. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (2015). Las víctimas extranjeras están muy presentes en una proporción destacable con respecto a las nacionales. En la siguiente tabla se describe la relación de víctimas mortales según su nacionalidad. Tabla 4. Relación de víctimas mortales según nacionalidad de la víctima. 2015 (9-sep) 2014 2013 2012 2011 2010 Españolas 20 36 38 41 40 45 Extranjeras 9 18 16 11 21 28 Fuente: Delegación del gobierno para la violencia de género. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (2015). Se observa una presencia importante de víctimas extranjeras frente a víctimas españolas. Debido al alto índice de mujeres extranjeras que son víctimas de VCP (31% del total de las mujeres que interpusieron denuncia en 2014) el Servicio 061 del Ministerio de Sanidad Servicios Sociales y Salud ofrece información en 51 idiomas, sobre recursos y derechos de las víctimas en materia de empleo, servicios sociales,
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 31 (2014) se entrevistaron a 119 profesionales del área de atención hospitalaria en Murcia encontrando que el 82,9% no conocían la existencia de un protocolo sobre violencia de género en su servicio. “Las Administraciones Sanitarias, en el seno del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (SNS), promoverán las actuaciones de las y los profesionales sanitarios que permitan la detección precoz de la violencia de género y propondrán las medidas necesarias para mejorar la eficacia en la lucha contra este tipo de violencia mediante el desarrollo de programas de sensibilización y formación continuada del personal sanitario que permitan impulsar el diagnóstico precoz, la asistencia y la recuperación de las mujeres maltratadas…” (Ley integral contra la violencia de género, 2004, p. 42167). La excesiva rotación de profesionales, y las limitaciones presupuestarias en el ámbito sanitario serían cuestiones a analizar en futuras investigaciones. Krug et al., 2002 realizan las siguientes conclusiones sobre las consecuencias en la salud de las víctimas: x La severidad del maltrato repercute directamente sobre la salud física y psíquica de las víctimas. x Las consecuencias del maltrato suelen persistir una vez ha finalizado. x Parece que existe una acumulación en el tiempo de los distintos tipos de maltrato y episodios violentos. Las consecuencias para la salud que describe la Organización Mundial para la Salud son las siguientes: x Consecuencias físicas: Daño abdominal/torácico. Hematomas y contusiones. Síndromes de dolor crónico. Discapacidad. Fibromialgia. Fracturas. Trastornos gastrointestinales. Colon irritable. Laceraciones y abrasiones. Daño ocular. Reducción en el funcionamiento físico. x Consecuencias sexuales y reproductivas: Trastornos ginecológicos. Infertilidad. Inflamación de la pelvis. Complicaciones en el embarazo/aborto. Disfunción sexual. Enfermedades de transmisión sexual, incluida el SIDA. Aborto inseguro. Embarazo no deseado.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 32 x Consecuencias psicológicas y conductuales: Abuso de alcohol y drogas. Depresión y ansiedad. Trastornos alimentarios y del sueño. Sentimientos de vergüenza y culpa. Fobias y trastornos de pánico. Inactividad física. Baja autoestima. Trastorno de estrés postraumático. Trastornos psicosomáticos. Tabaquismo. Conducta suicida y autodestructiva. Conducta sexual insegura. x Consecuencias fatales: Mortalidad relacionada con el SIDA. Mortalidad maternal. Homicidio. Suicidio. Todas estas consecuencias que describe la OMS refleja que no podemos ceñirnos únicamente como causa de muerte directa por VCP sino que existe una merma en la salud que acorta la vida de estas mujeres. Para poder esclarecer este impacto en la salud de las víctimas se ha elaborado un indicador basado en la pérdida de años de vida saludable (AVISA), donde se estima el número de años que se pierden con respecto a la esperanza de vida de la población normalizada (Labrador, 2004). Lorente (2001) recoge que la violencia doméstica ocupa la tercera causa con más muertes prematuras, secuelas físicas y psíquicas. También afirma que se sitúa delante de los accidentes de tráfico y las cardiopatías isquémicas. 7. Encuestas sobre Violencia de Género. Las encuestas son un método de observación sistemática en el que un gran número de personas responden a preguntas sobre temas específicos. Una de las encuestas más importantes dentro de la estrategia para dimensionar el fenómeno, es la realizada por el Instituto de la Mujer. La realiza desde el año 1999 cada cuatro años hasta el año 2011. A partir de este año asume las competencias La Delegación del Gobierno para la Violencia de Género. Destacar la alta consideración que se le otorga ya que con el transcurso de los años, ha llegado a autodefinirse como uno de los referentes más utilizado en los estudios sobre violencia de género. La última Macroencuesta se realizó en el año 2015 en colaboración con el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Se realizaron más de 20.000 llamadas telefónicas que se centran en dos aspectos fundamentales, la realización de preguntas
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 33 directamente al informador e indirectamente pidiendo información como observador de conductas violentas en el ámbito familiar. El propio informe 2015 de la Macroencuesta reconoce que se han introducido mejoras basadas en las recomendaciones de organismos internacionales para poder medir mejor la realidad de la violencia contra la mujer en España. Una de las mejoras introducidas se centra en la reformulación del cuestionario así como en la introducción de un módulo de preguntas que permite disponer de datos sobre la prevalencia de la violencia física y sexual sufrida por las mujeres fuera del ámbito de la pareja. La muestra de 10.171 mujeres se ha ampliado en 2.000 personas con respecto a la anterior edición del 2011, con la incorporación de menores a partir de 16 años (en la anterior eran todas mayores de edad). En el nuevo cuestionario incorpora distintos tipos de violencia: violencia psicológica de control, violencia psicológica emocional, violencia económica, violencia física y violencia sexual. Se añade una pregunta de control “si alguna vez han sufrido miedo de su pareja actual o de sus exparejas” con el objetivo de recoger situaciones de violencia no reveladas (recogidas en la directrices de Naciones Unidas). También incorpora la información de todas las parejas a lo largo de la vida de la encuestada, y no sólo en los últimos 10 años como en la anterior del 2011. La tipología de violencia recogida en la encuesta es: violencia psicológica de control, violencia psicológica emocional, violencia económica, violencia física, violencia sexual y física (Avance Macroencuesta de Violencia Contra la Mujer 2015. Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, 2015). Tabla 11. Relación de ítems recogidos en la Macroencuesta (2015). Física 1Le ha abofeteado o tirado algo que pudiese hacerle daño 2Le ha empujado, agarrado o tirado del pelo 3Le ha golpeado con su puño o con alguna otra cosa que pudiera hacerle daño 4Le ha dado patadas, arrastrado o pegado 5Le ha intentado asfixiar o quemar a propósito 6Le ha amenazado con usar o ha usado una pistola, cuchillo o alguna otra arma Sexual 1Le ha obligado a mantener relaciones sexuales cuando Ud. no quería
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 34 2Ha mantenido relaciones sexuales sin desearlo porque tenía miedo de lo que le podría hacer si se negaba 3Le ha obligado a realizar alguna otra práctica de tipo sexual que Ud. no deseaba o que le resultaba degradante o humillante 4Ha intentado obligarle a tener relaciones sexuales contra su voluntad, sujetándole o haciéndole daño de alguna manera sin conseguirlo. Emocional 1Le ha insultado o hecho sentirse mal con Ud. misma 2Le ha menospreciado o humillado delante de otras personas 3Le ha asustado o intimidado a propósito (por ejemplo gritándole y rompiendo cosas, mirándole de determinada forma) 4Le ha amenazado verbalmente con hacerle daño a Ud. 5Le ha amenazado verbalmente con hacer daño a alguien que es importante para Ud. Control 1Trataba de impedirle que viese a sus amigos o amigas 2Trataba de evitar que Ud. se relacionase con su familia directa o parientes 3Insistía en saber dónde estaba Ud. en cada momento 4Le ignoraba y trataba con indiferencia 5Se enfadaba si hablaba con otro hombre o mujer 6Sospechaba injustificadamente que Ud. le era infiel 7Esperaba que Ud. le pidiese permiso antes de ir por su cuenta a determinados sitios como por ejemplo un hospital o centro de salud, un centro cultural o deportivo, etc. Económica 1Se negaba a darle dinero para los gastos del hogar cuando la pareja tenía dinero para otras cosas 2Le impedía tomar decisiones relacionadas con la economía familiar y/o realizar las compras de forma independiente 3No le dejaba trabajar o estudiar fuera del hogar. Miedo ¿Con qué frecuencia ha tenido o tiene Ud. miedo de su pareja o expareja? Fuente: Avance Macroencuesta de Violencia Contra la Mujer (2015). Delegación del Gobierno para la Violencia de Género Entre los resultados de la presente encuesta de 2015 cabe destacar que del total de mujeres de 16 o más años residentes en España, el 12,5% han sufrido violencia física y/o violencia sexual de sus parejas o exparejas en algún momento de su vida. En cuanto a violencia sexual los porcentajes se sitúan en el 8,4 de las mujeres que han tenido pareja alguna vez en su vida.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 35 Tabla 12. Datos sobre porcentajes de violencia física, sexual, psicológica de control, emocional y económica de alguna pareja o expareja a lo largo de la vida (2015). Mujeres residentes en España de ≥16 que han tenido pareja alguna vez en su vida Física 10,7 Sexual 8,4 Física/sexual 13 Psicológica de control 26,4 Psicológica emocional 22,8 Económica 11,2 Fuente: Avance Macroencuesta de Violencia Contra la Mujer. Delegación del Gobierno para la Violencia de Género (2015). Sobre aquellas mujeres que han tenido pareja y manifiestan haber sufrido violencia física, sexual, física o sexual, psicológica de control, emocional y económica se apunta a que más del 10% reconocen haber sufrido violencia física, el 8% violencia sexual y el 12% en violencia física o sexual. En definitiva este dato pone de manifiesto el alto índice de violencia que existe en nuestra sociedad y cómo decíamos en la introducción del presente trabajo conocemos sólo una parte muy limitada de esta realidad. En cuanto a la violencia psicológica un 26.40% reconoce haber sufrido violencia psicológica de control, un 22.8% psicológica emocional y un 11.20% económica. Algunos autores incluyen la violencia económica dentro de la violencia psicológica, como una forma controlar a la víctima. No obstante la encuesta pregunta también exclusivamente sobre la psicología de control. Es muy llamativo el alto índice de agresión psicológica por encima del 20%. La agresión psicológica es entendida como un tipo de maltrato aún más grave que el físico por lo que conlleva de represión y pérdida de la autoestima. Se mantiene en el tiempo y algunos estudios lo presentan como la antesala de la agresión física. El control económico va aparejado a una situación de dependencia donde la víctima está sometida en todo momento al mandato de su agresor. La independencia
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 36 económica es por el contrario un factor protector que posibilita tomar decisiones de forma autónoma. Otro apartado de la misma encuesta nos proporciona información sobre aquellas mujeres que tienen pareja en la actualidad. El 71,6% de las mujeres entrevistadas tienen pareja en la actualidad. Las encuestas permiten tener una aproximación al número de víctimas de violencia de género que finalizan la relación y consiguen superar el fenómeno. Gráfico 1. Resultados de la Macroencuesta (2015). Según los datos recogidos por el avance de la Macroencuesta de violencia contra la mujer de 2015, en los últimos 12 meses, el 9,5% de las mujeres residentes en España de 16 o más años y que tienen pareja en la actualidad (últimos 12 meses) han sufrido violencia psicológica de control, el 7,4% violencia psicológica emocional y el 2,3% violencia económica. El 1,9 violencia física y el 1,8 violencia sexual.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 37 Tabla 13. Datos sobre porcentajes de violencia física, sexual, psicológica de control, emocional y económica de la pareja actual en los últimos 12 meses. Mujeres residentes en España ≥ 16 con pareja en la actualidad Física 1,9 Sexual 1,8 Física/sexual 2,9 Psicológica de control 9,5 Psicológica emocional 7,4 Económica 2,3 Fuente: Avance Macroencuesta de Violencia Contra la Mujer. Delegación del Gobierno para la Violencia de Género (2015). Si se analizan las diferencias entre las mujeres que han sufrido violencia de género alguna vez en su vida y las que no lo han sufrido el último año, el 77,6% habrían salido de la violencia de género. Además de esta estimación de salida de la violencia de género basada en la diferencia entre las que la han sufrido alguna vez en su vida y las que no la han sufrido el último año, en la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2015 se ha introducido una nueva pregunta relativa a este punto. Así, se les ha preguntado a las mujeres encuestadas si finalizaron alguna relación como consecuencia de esta violencia, y el 67,4% así lo afirman. Estos datos reflejan una realidad social que nos hace pensar sobre la gran cantidad de mujeres que sufren distintos tipos de violencia y que aún no se reflejan en el cómputo de denuncias por VG. También sobre el alto porcentaje de mujeres que han sufrido VG y que han podido romper la relación con sus parejas. Sería muy interesante un estudio para analizar las estrategias de afrontamiento en este grupo de mujeres que han conseguido librarse de una relación violenta. Podría constituir un paso para conocer qué tipos de soluciones puestas en práctica funcionan a la hora de poder alcanzar una vida plena y satisfactoria. Según se aprecia en el gráfico son las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado las que han tenido conocimiento de la violencia de género en el 26,8% de los casos. En el 20,1% fue otra persona la que informó y un 1,7% adicional fue
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 38 directamente al juzgado a interponer denuncia sin pasar por la policía. Si bien en el 78% de los casos fue la propia víctima la que informó a la policía. Gráfico 2. Descripción de la comunicación de la agresión (2015). Fuente: Avance Macroencuesta de Violencia Contra la Mujer. Delegación del Gobierno para la Violencia de Género (2015) Otra realidad que acompaña al proceso de denuncia es la posible retirada de la misma cuando las circunstancias en la relación parecen que han cambiado (Ciclo de la Violencia) o la presión (psicológica y física) del agresor les hacen retirarla. Larrauri (2007) expone sus conclusiones sobre las causas que motivan la retirada de la denuncia en varios puntos: la falta de apoyo económico, el temor a las represalias y los hijos. Los tres primeros motivos que cita la autora están vigentes en la actualidad, muy relacionados con las estrategias que utiliza el agresor para conseguir que su víctima no interponga denuncia o conseguir que la retire. Estas estrategias de control de la víctima se encuentran dentro los factores de agresión que se abordaron en el capítulo de tipología de la violencia: agresión psicológica, física, coacción sexual y daños. A pesar de la alta consideración que citábamos al comienzo del capítulo, diferentes autores han analizado las distintas encuestas con objeto de conocer el grado de eficacia en sus mediciones, así como la metodología empleada. También ha sido objeto de análisis el tamaño de la muestra y las características cualitativas y
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 39 cuantitativas de los ítems utilizados. Álvarez-Dardet, Padilla y Lara (2013) han estudiado en sus investigaciones estos procedimientos de recogida de información y señalan que en la muestra empleada no se analiza el colectivo específico de mujeres que sufren VG, sino que se realizan extrapolaciones a partir de los casos detectados en muestras seleccionadas mediante criterios estadísticos y cuyos resultados se extrapolan a la población en general con un margen de error. Con respecto a la realización de estudios longitudinales, Arranz (2015) destaca que en los años 2002 y 2006, se añadieron cuatro preguntas nuevas al cuestionario, por lo que no se puede considerar una réplica exacta a la última Macroencuesta de 2011 (ya no encomendada al IM sino a la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género). Además se cambia la metodología de aplicación (entrevista personal y no telefónica), el tamaño de la muestra, se realizan cambios en las preguntas del cuestionario con nuevas formulaciones de las mismas. Otra crítica a las Macroencuestas es que coincide en el tiempo con el periodo de evaluación de los distintos programas gubernamentales de lucha contra la violencia de género. De esta forma se recalca que la primera, publicada en el año 2000, responde a una de las medidas del III Plan de Igualdad de Oportunidades entre mujeres y hombres y al Plan de Acción contra la Violencia Doméstica de 1998. La Macroencuesta de 2006, apela a la voluntad de conocer la evolución de los datos tras la aprobación de la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género de 28 de diciembre de 2004. Destacan algunas críticas en cuanto al universo de estudio y la unidad de análisis, ya que hay cierta omisión de otros aspectos de evaluación bidireccionales al querer separarla de la conflictividad familiar. Los indicadores también han sido objeto de críticas al considerar que no sólo se centran en la violencia de género, sino que se solapan con actitudes machistas, sexismo o nivel de conflicto que padecen las mujeres (Arranz, 2015). A pesar de las críticas observadas muchos de los estudios que se han realizado en el campo de la violencia de género se han apoyado en las distintas macroencuestas. Arranz (2015) describe una relación de los distintos autores que han basado sus resultados en las referencias de las
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 40 Macroencuestas realizadas Alberdi y Matas (2002), Landwerlin (2004), Instituto Aragonés de Estadística (2006) y Fundación EDE (2012) entre otros. También apunta la autora que ha tenido influencia en la encuesta que se llevó a cabo en el Territorio Histórico de Vizcaya (Diputación Foral de Vizcaya, 2006), en el campo de la salud (Blanco, Ruiz-Jarabo, García de Vinuesa, Martín-García, 2004; Ruiz-Pérez, BlancoPrieto y Vives, 2004) en programas de formación, o en el campo asistencial y psicoterapias (Arranz 2015) Hasta el momento hemos estamos analizando las consecuencias del comportamiento violento del agresor sobre la pareja. En los epígrafes anteriores nos hemos referido a la manifestación del comportamiento violento del agresor hacia sus víctimas. Uno de los objetivos del presente trabajo es el de conocer el comportamiento violento del agresor de VCP, así como las variables psicosociales que están presentes y que nos pueden indicar líneas de investigaciones futuras que nos permitan prevenirlo. El modelo teórico es un vehículo para buscar la explicación a este tipo de comportamientos. A continuación vamos a exponer algunos de los modelos teóricos que intentan abordar el estudio de la Violencia de Género 8. Modelos teóricos sobre la violencia contra la pareja Según Frías (2008) el enfoque de la violencia de pareja se ha analizado por un lado desde una perspectiva micro, centrada en el individuo y por el otro desde una macro centrado en la estructura social. Este planteamiento fue propuesto con anterioridad por Barnett, Miller-Perrin y Perrin (1977) que a través de una revisión de las distintas formulaciones teóricas sobre la violencia familiar llegaron a una distinción entre macroteoría y microteorías. La relación entre estas dos perspectivas teóricas, centradas en niveles de análisis distintos, por un lado el individuo y la familia, y por otro la estructura social mantienen diferencias en cuanto a la aproximación metodológica de afrontar el problema (Straus y Smith, 1990). La perspectiva micro está más próxima a métodos de investigación cuantitativos, la
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 47 no recibe los beneficios esperados puede generar frustración y ser agresivo con el otro. Así pues, el carácter asimétrico de la misma o la percepción de la asimetría constituyen el inicio del comportamiento coactivo que desemboca en la violencia física. Finalmente una relación finaliza cuando existe un desequilibrio en la balanza de costes-beneficios. 8.3. Teorías multidimensionales Debido al fracaso de las teorías unidimensionales, se asume que la violencia familiar tiene una gran complejidad y muchas dimensiones por lo que es necesario aspirar hacia un modelo integrador. Estas teorías intentan integrar los diferentes planteamiento de las teorías unidimensionales, pero también las aportaciones por las teorías culturales y estructurales. Johnson (1995) apuesta por establecer diferentes patrones explicativos para cada tipo de violencia, con una explicación multicausal. De esta forma, la combinación de los mismos factores causales producen distintos patrones de violencia dentro de la pareja. Los factores causales serían: la motivación de control, la aceptación de la normativa de control, las diferencias de fuerza física, el respeto hacia la víctima y el compromiso en la relación (Perles, 2008). Modelo Ecológico Dentro de los modelos multidimensionales destaca el modelo ecológico. El término ecología aparece a mitad del siglo XIX de la mano de Haeckel para referirse a la ciencia que estudia las relaciones de los seres vivos con su medio ambiente (Musitu y Buelga, 2004). Ese marco teórico está muy aceptado dentro de la psicología comunitaria (Levine, Toro y Perkins, 1993). Según Serrano-García y Álvarez (1992) su importancia reside en que proporciona para todos los niveles de interrelación principios explicativos de la interdependencia entre la persona y el ambiente. El autor más influyente y citado ha sido Bronfenbrenner (1979), cuya obra plantea el estudio de la acomodación mutua y progresiva entre la persona, en desarrollo, y las
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 48 propiedades cambiantes de los entornos inmediatos (nicho ecológico) en los que la persona se desenvuelve. Corsi (1994) plantea el modelo ecológico, estableciendo distintos contextos en los que se desarrolla la persona, de forma que la interacción entre los diferentes factores de cada uno de los contextos explicaría la violencia familiar. El macrosistema es el contexto más amplio y estaría relacionado con las formas de organización social, los sistemas de creencias y los estilos de vida en una cultura determinada. En relación con la violencia se encontrarían las creencias, valores culturales, concepción del poder, actitudes hacia el uso de la fuerza en la resolución de conflictos y el concepto de roles familiares, derechos y responsabilidades. El exosistema lo compone la sociedad más próxima e incluiría las instituciones mediadoras entre la cultura y el individuo. Los factores generadores de violencia familiar incluiría: la legitimación institucional de la violencia, los modelos violentos, victimización secundaria, carencia de una legislación adecuada, escasez de apoyo institucional para las víctimas e impunidad de los agresores. Como factores de riesgos se incluye el estrés económico, el aislamiento social y otros factores como el abuso de sustancias. El microsistema se refiere a las relaciones personales que conforman la red social próxima, y donde la familia es primordial como estructura básica del microsistema. Entre los factores potenciadores de la violencia se encuentran: las experiencias de violencia en la familia de origen, el aprendizaje de resolución violenta de los conflictos, el autoritarismo, la baja autoestima y el aislamiento. Rueda et al., (2008) postula que el modelo ecológico explora la relación entre los factores individuales y contextuales, considerando la violencia como el resultado de muchos niveles de influencia sobre la conducta. El primer ámbito, el individual identifica los factores biológicos, la historia, así como las características y el comportamiento de una persona que puedan aumentar la probabilidad de ser víctima o perpetrador de actos de violencia. En el segundo, se explora sobre el tipo
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 49 de relaciones sociales más cercanas (de pareja, con otros familiares, amigos, vecinos, etc.). El tercero, examina los contextos de la comunidad en los que tienen lugar las relaciones sociales, como la escuela, el lugar de trabajo y el vecindario. En el último ámbito del modelo se examinan los factores sociales más generales que determinan tasas de violencia. Se incluyen aquí los factores que crean un clima de aceptación de la violencia, los que reducen las inhibiciones contra ésta, y los que crean y mantienen las brechas entre distintos segmentos de la sociedad, o generan tensiones entre grupos o países (Rueda et al., 2008) Modelo interactivo y escenarios de conducta El modelo interactivo desarrollado por Stith, Williams y Rosen (1992), plantea la naturaleza multicausal e interactiva de la violencia familiar. Plantea la influencia del contexto sociocultural, con una aceptación de la violencia transmitida por los medios de comunicación y la sociedad en general, influyendo en las creencias y valores de los individuos. Para las autoras es importante los roles femeninos y masculinos, destacando la influencia del estatus subordinado en las sociedades patriarcales en la violencia familiar. Otras perspectivas teóricas como los trabajos de Barker (1968) acerca de los escenarios de conducta, consideran que la conducta no se puede separar del escenario en que ocurre y, de hecho, muchas conductas están asociadas a escenarios, dedicando en su trabajo especial atención a la importancia del ambiente físico.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 50 9. Atribución de responsabilidad y minimización. Según Berkowits (1993) la atribución de la responsabilidad es una estrategia cognitiva utilizada para minimizar la propia responsabilidad frente a un acto agresivo y se utiliza para reducir el coste psicológico originado. Por otro lado, Heider (1958) define los procesos de atribución como la medida o el grado en la que una persona se siente responsable del daño sufrido por otra. Esta asignación de responsabilidad ha de ser por un hecho voluntario, generalmente con consecuencias negativas o por un accidente. Martínez (2005) destaca que cuanto mayor es la fuerza del elemento ambiental (causalidad externa), menor será la responsabilidad de la persona por el acto cometido. Son numerosas las investigaciones donde los agresores de pareja destacan por el uso de atribuciones externas para justificar su comportamiento violento y con una clara tendencia a atribuir a la conducta de la pareja intenciones más negativas (Barnett y Carroll, 1995). En numerosas ocasiones los agresores de VCP tienden a culpar a sus parejas de las discusiones y conflictos que se producen entre ellos (Eckhardt y Dye, 2000). Esta atribución es realizada incluso como si se tratase de una característica intrínseca y estable de la propia pareja, siendo bajo su criterio la forma de ser o el comportamiento de su pareja el responsable incuestionable del acto violento (Cantos, Neidig y O’Leary, 1993; Dutton, 1986). La asunción y reconocimiento de la responsabilidad es uno de los objetivos que se plantean en los programas específicos de intervención con maltratadores. Generalmente en estos programas el terapeuta tiene como herramienta de trabajo los hechos probados, donde se especifica el delito cometido por el penado dentro de la sentencia condenatoria. En estos agresores predomina un locus de control externo, donde niega su responsabilidad y utilizan justificaciones y estrategias de atribución externas (Heckert y Gondolf, 2004). El agresor de VCP en el supuesto de que reconozca su responsabilidad, intenta quitarle importancia a lo sucedido. Otra estrategia a utilizar es alegar defensa propia, argumentando no ser el agresor sino más bien una víctima
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 51 que se defiende frente a un intento de agresión de su pareja (Dutton y Hemphill, 1992). Yanes y Gonzalez (2000) concluyen que los hombres más tradicionales en un escenario real de VCP atribuyen mayor responsabilidad a las mujeres que los menos tradicionales. Otras investigaciones apuntan a la gran habilidad para intentar cambiar la realidad y presentarse como buenos ciudadanos ante los demás (Lila, Herrero y Gracia, 2008). Para ello harán todo lo posible por mostrarse como ciudadanos ejemplares, con una alta deseabilidad social en situaciones de evaluación. Lila et al., (2008) realizan un estudio con 87 hombres penados que participan en un programa de intervención con agresores en Valencia (Programa Contexto). Crean una escala de 8 ítems para evaluar donde sitúan la culpa los participantes con respecto a sus propias condenas. La escala evalúa tres dimensiones teóricas: culpabilización de la víctima, defensa propia y auto atribución de culpa. Incluyen una escala de minimización , compuesta por 4 ítems que evalúa el grado en que restan importancia a los hechos probados. Los resultados indican que los instrumentos presentados podrán ser útiles en todas las fases de la intervención, reconociendo la limitación del tamaño muestral debido a la dificultad para acceder a esta población. Lila, Gracia y Herrero (2012) realizan otra investigación con 177 hombres maltratadores que acuden por orden judicial y analizan la relación entre la asunción de responsabilidad y los factores disposicionales personalidad narcisista y antisocial, con la autoestima. Los resultados muestran que las estrategias de atribución de responsabilidad en hombres condenados por violencia contra la mujer en las relaciones de pareja no están marcados previamente por rasgos de personalidad (narcisismo y personalidad antisocial). Echeburúa y De Corral (1998) muestran las distintas estrategias utilizadas por los agresores y las clasifican en: x Utilitarismo: Dentro de esta estrategia el agresor apela que sólo cuando ejerce el comportamiento violento la víctima responde a sus deseos y expectativas.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 52 x Justificación: El agresor indica que su comportamiento responde a una provocación de la víctima. Asume que es precisamente la víctima la que tiene que cambiar y no él. Intenta compartir la responsabilidad con expresiones como “entre lo dos nos hemos faltado al respeto”. x Arrebato: Se caracteriza por restar importancia a la voluntad de cometer el acto violento (“No me di cuenta en ese momento de lo que hacía”), así como por utilizar la mala memoria o directamente el olvido de lo sucedido (“Ni me acuerdo de lo que hice”). Aproximadamente un 38% de los maltratadores niegan totalmente haber cometido los hechos por los cuales han sido condenados (Ministerio del Interior, 2009). Loinaz (2014) señala que el patrón de negación del problema y culpabilización de la víctima se pueden mantener a través cogniciones mantenedoras del comportamiento cuyo objetivo es de eximir de la responsabilidad y las consecuencias de su comportamiento reprobable. Las investigaciones sobre relaciones de pareja han puesto de manifiesto que en función de la satisfacción o insatisfacción que sientan con sus parejas tienen un patrón característico en la atribución de responsabilidad. Finchan y Bradbury (1993) ponen de manifiesto que las personas insatisfechas con la relación explican los comportamientos negativos por causas internas, estables, globales e incontrolables. Barrón y Martínez-Iñigo (1999) encontraron en sus investigaciones que las personas divorciadas atribuyen a su pareja la responsabilidad y causalidad de los aspectos negativos de la relación. En las investigaciones de Daly y Pelowski (2000) aquellos agresores que niegan la responsabilidad de su conducta violenta están menos motivados para el cambio cuando participan en programas de intervención o tratamiento y presentan mayor riesgo de abandono en tales programas.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 53 10. Dependencia interpersonal y violencia contra la pareja. Hirschfeld, Klerman, Chodoff, Korchin y Barrett, (1976) definen la relación de dependencia como la forma característica con la que una persona interacciona y confía en los demás, a través de cogniciones, creencias, sentimientos y comportamientos. La sobre-dependencia en una relación afecta tanto a la visión de uno mismo como al tipo de relaciones que se mantienen con los demás (Hirschfeld et al., 1976). Bornstein, (1993) destaca que la dependencia hacia otra persona incluye la necesidad de protección y apoyo, aún cuando la persona es capaz de funcionar de manera autónoma y afrontar retos por sí misma. Algunas variables están relacionadas con la dependencia interpersonal: el miedo a la soledad, el excesivo control de la pareja o la ansiedad ante el abandono por parte de la pareja (Wigman, Graham-Kevan y Archer, 2008). Castelló (2005) destaca que las personas dependientes de su pareja creen que su vida gira en torno a su pareja idealizada, justificando cualquier comportamiento de ésta para no romper la relación. Bornstein (2006) y Chronister (2007) coinciden en la importancia que la investigación ha prestado a la relación entre dependencia interpersonal, violencia doméstica y el conflicto marital. Las mujeres víctimas de violencia doméstica muestran una alta dependencia hacia sus parejas (Bergman, Larsson, Brismar y Klang, 1988). Rusbult y Van Lange (2003) señalan que una dependencia excesiva puede actuar como un factor que incremente la tolerancia hacia el abuso por parte del otro miembro de la pareja, convirtiéndola la relación en abusiva. Buttell, Muldoon y Carney (2005) destacan que numerosos trabajos han mostrado que los hombres maltratadores son altamente dependientes de sus parejas en comparación con hombres que no utilizan la violencia en su relación de pareja. Linville (1985) señala que la dependencia exclusiva hace referencia a que la persona confía exclusivamente en la pareja como compañero-confidente, excluye a otras relaciones importantes, otros apoyos sociales, intereses o actividades.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 54 10.1. Dependencia emocional Bornstein (1993) destaca que la dependencia emocional se refiere a una necesidad de protección y apoyo, así como una marcada confianza en la relación de pareja como elemento esencial para la autoestima, identidad y funcionamiento general de la persona. Castelló (2005) apunta que la dependencia emocional se plantea como un patrón que recoge aspectos cognitivos, emocionales, motivacionales y comportamentales orientados hacia la pareja. Cid (2011) afirma que ésta necesidad afectiva es un patrón que podría repetirse en sus diferentes relaciones de pareja, y que además éste patrón de necesidad hace que se cree una construcción de sí mismo diferente en donde se percibe la relación como el eje central de la vida. Schaeffer (1998) señala que la dependencia emocional implica creencias erróneas acerca la vida en pareja, el concepto de amor y autopercepción. Para estas personas la relación es fundamental para colmar sus necesidades emocionales irresueltas, les produce sentimientos de inseguridad el no tener la disponibilidad de la pareja cuando la necesitan (Lemos, Jaller, González, Díaz, y De la Osa, 2012). Sánchez (2010) apunta que la dependencia emocional es una dimensión de la personalidad y la postula como un trastorno de la personalidad. En la misma línea Congost (2011) la concibe como una adicción hacia la pareja. Los estudios realizados sobre dependencia emocional han tratado de explicar cómo la dependencia emocional puede influir en la violencia doméstica y las características que hacen que una mujer maltratada no abandone a su pareja (Echeburúa y Amor, 2010). Castelló (2005) señala que los dependientes emocionales tienen pensamientos recurrentes negativos hacia la soledad sin pareja, idealizando el amor para toda la vida. Cruz y Velázquez (2013) señalan en sus estudios distintas características de dependencia emocional como la búsqueda de atención, la modificación de planes, la expresión afectiva y la expresión limite. Castelló (2012) destaca el factor de la dependencia emocional denominado factor límite, consistente en una tendencia a reaccionar de forma impulsiva sin pensar en las consecuencias ante la posibilidad de perder a su ser amado. Pradas y Perles (2012) apuntan a que la expresión limite podría deberse a una tendencia a
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 55 actuar de forma impulsiva y agresiva en la resolución de problemas, dentro de las relaciones de pareja. Moral, López , Díaz y Cienfuegos (2011) coinciden en resaltar que en la relación de pareja, se tiende a ejercer la violencia, como forma de afrontar las diferentes problemáticas. Lemos et al., (2012), encontraron que las características propias del dependiente emocional, hacen que al sentirse abandonado presente un alta probabilidad de responder de forma impulsiva y agresiva. 10.2. Apego Ansioso Bowlby (1973) define el apego ansioso como ansiedad ante la separación, sentimiento de abandono por la pareja, preocupación por los sentimientos de la otra persona y de su paradero. Soares y Dias (2007) señalan que es el componente más relacionado con el desarrollo de psicopatologías tales como trastornos afectivos, ansiedad social y sintomatología depresiva. Autores como Hazan y Shaver (1987/90) utilizarán la teoría del apego para el estudio de relaciones de pareja en adultos y la evaluación de la confianza hacia la pareja como figura de apego. El apego responde a la necesidad afectiva más fuerte y estable a lo largo del ciclo vital (López, 1993). Un estudio sobre las relaciones de pareja llevado a cabo por Simpson (1990) examinó el impacto de los diversos estilos de apego mostrando que los jóvenes que puntuaron alto en apego seguro confesaban que en sus relaciones tenían una mayor dependencia y dedicación a sus parejas. Con respecto a la violencia de pareja autores como Mayseless (1991) apuntan a que el apego podría explicar por qué algunos agresores expresan violencia en situaciones en las que otros solo mostrarían enfado (intento de ruptura, distanciamiento emocional). En esta misma línea Dutton (2007), señala que la agresión en la pareja puede entenderse como una conducta de exigencia del agresor dirigido a la figura de apego (la pareja) y donde el desencadenante pueden ser las amenazas de separación o abandono. Las investigaciones de Penagos (2006) refuerza la importancia del apego en la calidad de las relaciones de pareja. Bowlby (1989) apunta a que en la adolescencia y en la vida adulta estos lazos persisten, pero establecidos con el sexo opuesto. Mikulincer y Shaver (2011) afirman
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 56 que la conducta violenta en la pareja es más probable en sujetos inseguros, ya que se muestran especialmente vulnerables a los sentimientos de abandono. Babcock et al., (2000) señalan que en el sujeto clasificado como preocupado en la clasificación de Bartholomew y Horowitz (1991), el abandono de la pareja es el mejor predictor la violencia en relación a sus miedos al abandono. El clasificado como rechazante argumenta Babcock et al., (2000), utiliza la violencia con el claro objetivo de reafirmar su autoridad y controlar a su pareja. Destacar que el apego ansioso (preocupado y temeroso) se ha relacionado con puntuaciones del CTS-2 en actos de coerción y abuso con mayor frecuencia (Mauricio y Lopez, 2009). 11. Celos románticos. Echeburúa y Fernández-Montalvo (2001) diferencian entre emociones, sentimientos y pasiones: las emociones son afectos intensos limitados en el tiempo que provienen de las emociones positivas o negativas. Son adaptativas y se utilizan con un fin. Suelen ir acompañadas de cambios corporales (sudoración, taquicardia, respiración agitada…). Otros autores como Pines (1992) coinciden en definir los celos como una emoción compleja que surgen ante la sospecha real o imaginada de una amenaza a una relación que se estima valiosa. Los sentimientos son afectos menos intensos aunque con una mayor proyección en el tiempo que las emociones y sin cambios corporales. Los sentimientos de celos son generados por la amenaza real o percibida de pérdida de una relación deseada, pudiendo ser provocada por un rival real o imaginario, que supone desviar la atención de la pareja (Buss, Larsen, Westeny Semmelroth, 1992; Dijkstra, Barelds y Groothof, 2010; Dijkstra y Buunk, 2002). Las pasiones son estados afectivos con la intensidad emocional y la longevidad de los sentimientos. Echeburúa y Fernández-Montalvo (2001) afirman que los celos pueden ser una emoción, si se sitúan en un momento concreto y son transitorios; un sentimiento si se residen de forma permanente e inciden de forma negativa en la relación con su pareja, o una pasión, si son muy intensos y estables llegando a la violencia.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 63 Tipos de agresores: • Violentos en la familia/ sobrecontrolados. Muestran comportamientos violentos de menor frecuencia y gravedad en el ámbito familiar. Suelen tener una vida aparentemente normalizada sin problemas con la justicia. Suelen presentar rasgos de personalidad pasiva, dependiente y obsesiva. No suelen tener trastornos psicopatológicos y los niveles de riesgo son bajos. Esta tipología equivaldrían al grupo hipercontrolados en la clasificación de Dutton. • Violentos disfóricos/ borderline (impulsivos). Muestran niveles de violencia media contra su pareja, familia y también fuera del ámbito familiar. Las adicciones a sustancias están presentes y una mayor probabilidad de tener problemas con la justicia. Suelen tener episodios depresivos, así como estar presente el trastorno de personalidad borderline o esquizoide. Esta tipología sería similar a la del grupo cíclicos/emocionalmente inestables en la clasificación de Dutton. • Maltratadores violentos en general/antisociales (instrumentales). Es el más grave de todos ya que hace un uso instrumental de la violencia con mayor intensidad y frecuencia que los anteriores. Se caracteriza por bajos niveles de ira y de depresión con mayores niveles de narcisismo y de manipulación psicopática. Es muy probable el consumo de sustancias psicoactivas (alcohol y drogas), por lo que son considerados agresores de alto riesgo. Esta tipología equivaldría a los violentos en general en la clasificación de Dutton. Investigaciones más recientes han analizado teóricamente o han replicado empíricamente las propuestas de Gottman et al., (1995) y de Holtzworth-Munroe y Stuart (1994), resaltar el realizado por Holtzworth-Munroe et al., (2000). En otros trabajos se ha diferenciado el tipo de maltrato ejercido u otras características psicológicas de cara a la intervención. Gran parte de las investigaciones sobre la violencia han buscado desarrollar modelos explicativos que permitan conocer la etiología del fenómeno y así tener las bases para el diseño de programas de prevención y tratamiento. En definitiva el modelo intenta comprender el fenómeno. Posteriormente estos modelos son la base para fundamentar programas de
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 64 intervención con agresores. Estos programas se realizan desde un enfoque psicoterapéutico e individualizado frente a un tratamiento de carácter psicoeducativo, generalista y con un mayor grado de estructuración (Boira, Carbajosa y Lila, 2014). Existe en la actualidad distintas opiniones con respecto al tipo de intervención que se puede realizar con agresores, éstas pueden estar basadas en los factores de riesgo o por el contrario centrada en las fortalezas o aspectos positivos de los agresores (Bouman, Schene y Ruiter, 2009; Langlands, Ward y Gilchrist, 2009; Lila, Gracia y Murgui, 2013). En España el estudio de agresores de violencia contra la pareja se ha desarrollado con la llegada de programas que comenzaron a trabajar con maltratadores en nuestro país en la década de los años 90 (Echeburúa y FernándezMontalvo, 1997), posteriormente con los estudios en el ámbito comunitario (Boira y Jodrá, 2010; Fernández-Montalvo, Echeburúa y Amor, 2005; Redondo, Graña y González, 2009) y penitenciario (Echeburúa y Fernández-Montalvo, 2007; Echeburúa, Fernández-Montalvo y Amor, 2003; Fernández-Montalvo y Echeburúa, 2005; LlorEsteban, García-Jiménez, Ruíz-Hernández y Godoy-Fernández, 2015). Los diferentes estudios coinciden en mostrar que las diferencias en las características sociodemográficas y psicológicas de estos agresores son mínimas. Hotaling y Sugarman (1986) indican que los agresores de pareja han tenido muchas probabilidades de haber sido victima o testigo de violencia familiar en la infancia o adolescencia. En España un alto número de los estudios sobre agresores se han centrado en analizar la presencia de características psicopatológicas. En un estudio realizado por Fernández-Montalvo y Echeburúa (2008) con 76 penados por delitos grave contra la pareja encontraron que el 86,8% presentaba al menos un trastorno de la personalidad. Dentro de las características sociodemográficas la edad media fue de 39 años. Un 59% de los agresores estaban divorciados, 23,7% solteros, 13,1% casados y 3,9% viudos. En cuanto al nivel de académico el 77,6% tenían estudios primarios y
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 65 el 1,3% con estudios universitarios. El nivel socioeconómico oscilaba entre 19,7% de nivel bajo y el 3,9% de medio alto. El 35,5% tenían el segundo grado en la clasificación penitenciaria. Loinaz, Echeburúa y Torrubia (2010) estudiaron una muestra de 50 penados por violencia contra la pareja en la prisión de Brians-2. La media fue de 39,38 años. Destacar que el 16% eran extranjeros. El 74% con estudios secundarios y el 14% universitarios. La tasa de prevalencia de trastornos de la personalidad fue del 38%. El 54% tenían problemas con el alcohol y otras drogas. Loinaz, Ortiz-Tallo, Sánchez y Ferragut (2011) realizaron un estudio con 48 penados agresores de pareja en la prisión de Alhaurín de la Torre. Se obtuvieron diferencias entre un primer grupo denominado normalizado con el 43,75% de la muestra y caracterizado por menor psicopatología, distorsión cognitiva y mayor control de la ira. Y un segundo grupo denominado antisocial con el 56,25% con mayor grado de psicopatología, mayor distorsión cognitiva y violencia más compleja. Otros estudios se han realizado con población no exclusivamente penitenciaria. Boira y Jodrá (2010) estudiaron una muestra de 118 personas que participaban en el Servicio Espacio del Instituto Aragonés de la Mujer (Gobierno de Aragón). La edad media fue de 36,6 años. El 55,93% estaban casados, 19,49% solteros, 14,41% separados/divorciados y un 10,17 parejas de hecho. En cuanto al nivel de estudios alcanzado un 11,20% tenían certificado escolar, el 49,14% tenían EGB/ESO/FPI, el 25% Bachillerato/FPII y el 14,66% estudios universitarios. El 37,93% reconocieron problemas con el alcohol. El 58,98% reconocía problemas con los celos. Echaurri, Fernández-Montalvo, Martínez y Azcárate (2011) estudiaron las características demográficas, de violencia y psicopatológicas con una muestra de 399 penados, diferenciando a 123 penados en prisión y 276 con suspensión de la pena por acudir al programa como medida penal alternativa. Los resultados mostraron diferencias significativas entre los dos grupos. Los penados en prisión mostraron más ideas irracionales contra la mujer y mayor justificación en el empleo de la violencia en situaciones cotidianas. También destacaban por una mayor gravedad en las
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 66 características psicopatológicas en general, con respecto al grupo de medidas penales alternativas. Llor-Esteban et al., (2015) estudiaron una muestra de 90 hombres condenados por violencia contra la pareja. En un principio tenían dos muestras diferenciadas, con 50 penados que cumplían en prisión y 40 con medidas penales alternativas. El objetivo fue identificar el perfil de los agresores en función del riesgo de reincidencia y valorar si existía coincidencia con la tipología de agresores propuesta por Holtzworth-Munroe y Stuart. Los datos sociodemográficos son aportados de forma global entre ambos grupos, destacando una media de edad de 35.6 años, un 70% con estudios primarios y un 54.4% con una situación económica insuficiente. Los resultados mostraron tres perfiles de agresores según su riesgo de reincidencia en concordancia con la clasificación propuesta en el estudio. El planteamiento del enfoque teórico es fundamental para la investigación sobre características psicosociales del agresor, así como, para la puesta en marcha de programas de actuación con agresores. Estos programas surgen con mayor intensidad a partir de la entrada en vigor de la Ley 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, donde se concreta la necesidad de trabajar con los agresores, causantes del problema y reducir la violencia contra la pareja (Rodríguez-Espartal y López-Zafra, 2013). El objetivo principal de la intervención con hombres que ejercen violencia contra sus parejas es poner fin a las agresiones y proporcionar mayor seguridad a las víctimas (Eckhardt et al., 2013). 13. Programas de intervención con agresores Los programas de intervención con hombres que ejercen la violencia contra sus parejas tienen su origen en la década de los 70, en Estados Unidos y Canadá (Corsi, 2005; Mederos, 2002). Los primeros programas fueron el EMERGE en Boston, RAVEN en St. Louis, AMEND en Denver y el Modelo DULUTH en Minnesota. El Modelo Duluth es el precursor de la mayor parte de los programas de intervención con maltratadores en la actualidad (Pence y Paymar, 1993). Según los autores es un
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 67 modelo de intervención centrado en mejorar la seguridad de las víctimas y en asumir la responsabilidad por parte de los hombres. Al mismo tiempo el programa ofrece una respuesta integral a la violencia de género con una participación destacada de la comunidad en el abordaje del mismo y asumiendo unas estrategias pro-feministas de trabajo. La Unión Europea edita durante la Presidencia Española de la Unión Europea del 2002 una guía de buenas prácticas para paliar los efectos de la violencia contra las mujeres, destacándose que en trece de los entonces quince Estados de la Unión se disponía de medidas específicas de rehabilitación de agresores. Geldschläger et al., (2010) realiza un trabajo de investigación sobre el programa Daphne "Trabajo con hombres que ejercen violencia doméstica en Europa", en base a los resultados de una encuesta en la que participaron 170 programas para maltratadores de 19 países. La mayoría de los programas forman parte en su mayoría de una estrategia de intervención interinstitucional contra la Violencia Doméstica. La mayoría de los programas de intervención con agresores trabaja con hombres obligados por mandato judicial, y con hombres que acuden voluntariamente. La mayoría de los participantes lo hacen por obligación. El enfoque de la mayoría de los programas es cognitivo conductual y/o enfoque sistémico (a veces mezclados), enfoque mixto con métodos sistémicos y cognitivo conductuales, psicodinámico (modelos ATV y DAVD) y PNL (programación neurolingüística), aprendizaje social dentro de un marco feminista, modelo Alternatives to Violence, análisis de género, educativo, modelos basados en el asesoramiento, modelo Duluth y el modelo ecléctico/integral. Señalar que muchos programas ofrecen apoyo a las víctimas, estableciendo contacto e informando de los objetivos del programa, ofrecen apoyo a la pareja, contactan con la pareja del agresor para recabar información y colaboran con los servicios de apoyo a las víctimas, en otros el contacto con la pareja es una parte integral del servicio, mientras que también hay programas que no contactan en ningún momento ni tienen información sobre las víctimas. En cuanto a la garantía de calidad y evaluación, señalar que muchos de los programas examinados tienen
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 68 sesiones de equipo, ofrecen supervisión, sesiones de seguimiento, realizan evaluaciones internas y un número muy limitado han sido evaluados externamente. En otros programas no cuentan con ningún tipo de seguimiento ni supervisión. En cuanto a la financiación, suele ser pública o pública-privada y en menor media privada en exclusividad. El primer programa desarrollado en España se denominó “Hombres que Ejercen Violencia en la Pareja” (HEVPA), se puso en marcha en el País Vasco en 1995. La primera experiencia de intervención en prisión se desarrolló en el año 2001 en prisiones españolas, sobre una muestra de 61 condenados por delitos de violencia de género (Echeburúa, Amor y Fernández Montalvo, 2002). Murphy y Eckhardt (2005), realizan una clasificación de los programas de intervención basados en distintos modelos teóricos: a) socioculturales, psicoeducativos y con una perspectiva de género, c) cognitivo-conductuales, c) psicodinámicos centrados en aspectos psicopatológicos o traumáticos relacionados con el apego y c) sistémicos, basados en las teorías relacionales. Se expone un resumen de los principales programas desarrollados en España. Tabla 14. Características principales de los programas desarrollados en España Programa Galicia para la reeducación de maltratadores de género (Arce y Fariña, 2010) Entidad Unidad de Psicología Forense de la Universidad de Santiago de Compostela Objetivo general Reeducación psicosocial de los maltratadores de género mediante el aprendizaje y generalización de diversas habilidades y destrezas, así como la erradicación de patrones conductuales y culturales inadaptados. Método Modelo multimodal y multinivel. Características diferenciales Atención a la heterogeneidad a través del diseño de los contenidos y duración del tratamiento en función de las necesidades específicas de cada participante, incluyendo sesiones individuales complementarias a las grupales. Estructura Módulo 1. Aceptar la responsabilidad de las conductas violentas. Módulo 2. Logro de un adecuado ajuste psicológico.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 69 Módulo 3. Modificación de creencias irracionales en torno al género y al empleo de la violencia. Módulo 4. Fomento del respeto a la mujer: Derechos de las mujeres vs. obligaciones de los hombres. Módulo 5. Internalización de conductas adaptativas. Módulo 6. Mantenimiento y generalización. Programa Terapéutico para Agresores en el Ámbito Familiar (Echauri, Rodríguez y Martínez, 2007). Entidad Colaboración con el Instituto Navarro de Psicología Jurídica Objetivo general Se pretende cambiar las actitudes y creencias que favorecen el uso de la violencia Método Técnicas de autoobservación, registro de emociones, reforzamiento de respuestas no violentas, entrenamiento en resolución de problemas, reestructuración cognitiva para modificar pensamiento sexista y justificación de la violencia, habilidades sociales y anticipación de situaciones de riesgo. Características diferenciales Adaptación para tratamiento ambulatorio (sujetos que se encuentran en libertad) y una adaptación para dentro de prisión. Según la necesidad individual, puede adoptar el formato de programa completo (casos más graves), programa medio (sujetos más motivados al cambio) y programa breve (casos menos graves). Programa Contexto (Lila, García y Lorenzo, 2010) Entidad Se desarrolla en colaboración con la Universidad de Valencia. Objetivo general Facilitar el cambio de conductas y actitudes hacía la mujer y prevenir futuras conductas violentas contra su pareja e hijos. Método Modelo Ecológico (Bronfenbrenner, 1979). Características diferenciales Distintos niveles de análisis: intrapersonal, interpersonal, contextual y social. Se asumen los principales factores de riesgo y factores protectores en los cuatro niveles de análisis. Un elemento fundamental de la intervención es el contexto social del agresor y sus redes sociales. Introduce en la evaluación inicial la entrevista motivacional y la intervención a través de actividades sobre el contexto laboral y redes sociales de apoyo del participante o el empleo de contenidos relacionados con la historia de la familia de origen del agresor, la paternidad responsable. Entre las novedades introduce la figura
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 70 del informante clave dentro del proceso. Estructura Fase 1. Evaluación grupal e individual Fase 2. Intervención 1.Toma de contacto 2. Violencia contra la mujer en las relaciones íntimas. Principios básicos 3. Estrategias de cambio: Variables personales 4. Estrategias de cambio: Variables situacionales 6.Estrategias de cambio: Variables socio-culturales 7.Fin de la intervención y prevención de recaídas Fase 3: Seguimiento 1. A los 3 meses (Telefónico) 2. A los 6 meses (Presencial) 3. A los 9 meses (Telefónico) 4. A los 12 meses (Presencial) 5. A los 15 meses (Telefónico) 6. A los 18 meses (Presencial) Programa Psicosocial para Agresores en el Ámbito de la Violencia de Género (Ruiz y Expósito, 2008). Entidad Desarrollado en colaboración con la Universidad de Granada Objetivo general Intervención en los comportamientos concretos utilizados por los hombres violentos para mantener el control y el poder dentro de la relación de pareja. Método Adaptación de la rueda de poder y control del modelo Duluth (Pence y Peymar, 1993) al contexto español. Orientación de género. Características diferenciales Transferencia internacional a los programas desarrollados en España. Estructura Módulo 01. Presentación del grupo, objetivos del programa y compromisos. Módulo 02. Minimización, negación y culpabilización. Módulo 03. Privilegios masculinos. Módulo 04. Coacciones y amenazas. Módulo 05. Intimidación. Módulo 06. Abuso emocional. Módulo 07. Abuso sexual. Módulo 08. Aislamiento social.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 71 Módulo 09. Abuso económico. Módulo 10. Manipulación de los hijos. Programa de Intervención Psicosocial en Personas que Maltratan a sus Parejas (Quinteros y Carbajosa, 2008). Entidad Grupo 5: Acción y Gestión Social (Madrid) Objetivo general Método Modelo Transteórico del Cambio (Prochaska y DiClemente, 1982 y 1986). Características diferenciales Ajusta las intervenciones a las distintas etapas del proceso de cambio recogidas en el MTC (contemplativa, acción y mantenimiento). Estructura Etapa contemplativa: 1. Creación de dinámica grupal. 2. Asumir la responsabilidad por la conducta violenta. 3. Motivar a la persona para el tratamiento 4. Identificar las dificultades en las distintas áreas (social, laboral y familiar). 5. Desarrollar herramientas para el cese de la violencia física. Etapa de acción: 1. Consolidación de la dinámica grupal. 2. Cese de todo tipo de violencia y maltrato en las relaciones. 3. Reestructurar las creencias que mantienen el comportamiento violento y la desigualdad de poder en las relaciones. 4. Promover ideas y pensamientos que tiendan a la igualdad en las relaciones familiares. 5. Desarrollar nuevos comportamientos y actitudes para afrontar los conflictos. 6. Mejorar las habilidades sociales para romper el aislamiento. 7. Manejo de las emociones y del estrés. Etapa de mantenimiento: 1. Reelaborar y consolidar los cambios. 2. Prevenir posibles recaídas.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 72 Programa para el tratamiento psicológico de maltratadores (Graña, Muñoz, Redondo y González, 2008). Objetivo general Sustituir los comportamientos violentos por comportamientos adaptados en las relaciones de pareja Método Perspectiva cognitiva - conductual Estructura Módulo 1. La violencia de género. Módulo 2. Las emociones implicadas en el maltrato. Módulo 3. Creencias que sustentan el maltrato. Módulo 4. Habilidades en las relaciones interpersonales. Módulo 5. Consumo de alcohol. Módulo 6. Construir una vida alternativa. Programa de Intervención para Agresores (PRIA) (Ruiz et al., 2010). Entidad Colaboración de las tres subdirecciones generales de Instituciones Penitenciarias, con la participación del Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad de la Universidad Autónoma de Madrid Objetivo general Reducir el riesgo de producir una nueva agresión sobre la víctima o una nueva pareja. Método Perspectiva clínica, con metodología cognitivo-conductual. Características diferenciales Incide en el nivel de motivación y las etapas de cambio a lo largo del programa, la violencia psicológica, la paternidad responsable y la instrumentalización e impacto de la violencia sobre los hijos, prestando especial atención a la reevaluación continua del riesgo. Formato grupal, 44 sesiones (un año), con una duración de 2,5 horas cada una de ellas. Incluye un anexo específico en multiculturalidad, cuyo objetivo es facilitar a los profesionales estrategias para que puedan atender a las necesidades específicas de los agresores extranjeros (Carbajosa et al., 2013). Estructura Módulo 00. Presentación del grupo y objetivos de tratamiento. Módulo 01. Asunción de la responsabilidad y mecanismos de defensa. Módulo 02. Identificación y expresión de las emociones. Módulo 03. Empatía con la víctima. Módulo 04. Distorsiones cognitivas y creencias irracionales. Módulo 05. Control de las emociones (ansiedad, celos, ira y resentimiento). Módulo 06. Habilidades de relación y comunicación.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 79 ítems). Sobre la percepción sobre el comportamiento de la pareja son: negociación (6 ítems), agresión psicológica (9 ítems), agresión física (12 ítems) y coacción sexual (7 ítems). A su vez el factor negociación se compone de la subescala emocional y cognitivo. El factor agresión psicológica se compone de la subescala menor y severa. El factor agresión física de las subescala menor y severa. El factor coacción sexual en menor y severa. Y por último el factor daños en menor y severa. La consistencia interna de la versión original oscila entre el 0.76 y el 0.95 en función de la subescala. Análisis realizados Se realiza el análisis de los datos a través del programa informático SPSS (Statistical Package for the Social Sciences) versión 15.0. Se ha realizado un análisis descriptivo de frecuencias y de tablas de contingencia para responder al objetivo general de estudiar diferencias en las estrategias de resolución de conflictos con la pareja (VCP) en población penitenciaria reclusa frente a condenados con Medidas Penales Alternativas. Para comprobar la relación existente entre las variables psicosociales presentes en la VCP con el nivel de violencia admitida, se ha llevado a cabo un análisis de correlación. Se ha realizado un análisis a través de la prueba de contraste ANOVA de un factor para conocer si existen diferencias en las variables en función del tipo de estancia (cerrado-abierto). Para dar respuesta al objetivo planteado de describir el proceso de victimización en la gestión de la violencia en población penitenciaria por VCP se ha utilizado una t para medidas relacionadas. 3. PROCEDIMIENTO El trabajo de campo se realizó desde junio de 2013 hasta febrero de 2015. Los datos fueron recogidos en el Centro Penitenciario y de Inserción Social de Málaga. El cuestionario fue administrado en sesiones individuales y grupales en función del nivel de comprensión lectora. La participación en el estudio era anónima y voluntaria. Para poder participar tenían que firmar un consentimiento informado donde manifestaban que participaban por voluntad propia.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 80 Resaltar que el proceso de recogida de información fue difícil debido a las limitaciones horarias del Centro Penitenciario y los continuos traslados de los penados. En el Centro de Inserción Social los penados eran más accesibles, estaban concentrados en grupos, y tenían que respondieron al cuestionario al finalizar alguna de las sesiones del programa. La motivación para participar en ambos grupos fue baja. 4. RESULTADOS 4.1. Descriptivo de las diferencias sociodemográficas El primer objetivo del estudio se centra en la descripción de las diferencias sociodemográficas entre las dos muestras. Las edades oscilan en medio cerrado entre una mínima de 23 años y una máxima de 65 años. En medio abierto la edad mínima es de 20 años y la máxima de 72 años. Entre los menores de 30 años encontramos un 29.31% en prisión frente a 22.85% en abierto. Entre 31 y 50 el porcentaje sube al 49.99 en prisión frente al 11.42% en medio abierto. Entre los mayores de 65 años sólo encontramos un 5.71% en medio abierto. La media de edad se sitúa en 39.65 años. Grafico 3. Relación de participantes en medio cerrado y abierto en función de la edad.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 81 En cuanto al estado civil de los participantes, los casados-convive con pareja en medio cerrado son el 41.4 % frente al 38.6% en medio abierto. Le siguen el 29.3% de solteros en medio cerrado frente al 32.9 en medio abierto. El 29.3% están separados-divorciados frente al 28.6%. Gráfico 4. Relación de participantes en medio cerrado y abierto en función del estado civil.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 82 En cuanto al nivel formativo el 53.4% de los penados en medio cerrado tienen estudios primarios frente al 44.3% en medio abierto. Los estudios secundarios (bachiller y formación profesional) el porcentaje es de un 27.6% en medio cerrado frente a un 27.1% en medio abierto. Un 15.5% no tienen estudios en medio cerrado frente al 18.6% en el abierto medio cerrado. Por último el 3.4% tienen estudios universitarios en medio cerrado frente al 10% en medio abierto. Se observa que no hay un patrón de agresores en función del nivel formativo, sino que más bien están presentes en toda la sociedad, desterrando la creencia de que un bajo nivel formativo estaba relacionado con niveles altos de violencia. Gráfico 5. Descripción del nivel de estudios de los participantes.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 83 En cuanto al nivel económico de los sujetos, el intervalo con mayor frecuencia lo forma el que establece unos ingresos de 800 a 1500 euros al mes, con 25.9% en medio cerrado frente al 31.4% en medio abierto. El 20.7% de sujetos en medio abierto frente al 17.1% de medio cerrado señalan ingresos mensuales de 600 a 800 euros. Un 12.1% en medio cerrado frente al 20% en medio abierto ingresan de 300 a 500 euros mensuales. Un 5.2% en medio cerrado frente a un 5.7 de medio abierto apuntan de 1600 a 2400 euros y por último un 5.2% en medio cerrado señalan unos ingresos de entre 2500 a 6000 mensuales frente al 4.3% en medio cerrado. Por último apuntar que en el caso de los participantes en prisión la pregunta hacía referencia a su situación económica justo en el momento anterior a entrar en la cárcel. Gráfico 6. Nivel de ingresos de los participantes. De una forma más visual destaca la mayor proporción en niveles de ingresos medios (800-1500) en medio abierto que en medio cerrado. Señalar que una alta proporción de los penados de ambas estancias tienen ingresos inferiores a 800 euros
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 84 al mes. Destaca que entre el 20 y el 30% del total tengan ingresos de menos de 300 euros al mes. Este dato iría en la línea de algunas investigaciones que apuntan a una especialización de la violencia en capas más pobres de la sociedad. Con respecto a la profesión o situación laboral que tenía justo antes de entrar en prisión, los penados con Medidas Penales Alternativas (MPA) comentaban que la realización del programa les dificultaba a la hora de mantener sus puestos de trabajo. Destacar que tanto el 29.3% en medio cerrado como el 38.6% en el abierto estaban en paro. El 22.4% en medio cerrado son autónomos medios frente al 11.4 de medio abierto. El 19% son trabajadores y empleados de servicios en medio cerrado frente al 24.4% en el abierto. Un 10.3% son jornaleros en medio cerrado, así como un 4.3% en medio abierto. El 8.6% son profesionales, técnicos y cuadros medios en medio cerrado frente a un 4.3% en el abierto. El 3.4% pertenece al funcionariado en medio cerrado frente al 2.9 del abierto. Un 1.7% son jubilados en prisión y un 10% en abierto. La presencia de estudiantes es del 1.4% en medio abierto. Gráfico 7. Profesiones/ oficios de los participantes.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 85 4.2. Análisis descriptivo de las diferencias en las estrategias de resolución de conflictos entre las dos muestras Se realiza un análisis descriptivo de frecuencias y de tablas de contingencia para responder al objetivo de estudiar diferencias en las estrategias de resolución de conflictos con la pareja (VCP) en población penitenciaria reclusa frente a condenados con Medidas Penales Alternativas. Se realiza un análisis de estadístico descriptivo de tablas de contingencias con el factor negociación, agresión psicológica, física, coacción sexual, daños y la variable independiente estancia (abierto/cerrado). Se ha realizado la prueba de Chi-cuadrado y se ha reducido el rango de respuesta de 8 a 4. Tras el análisis descriptivo de frecuencias no se encuentran diferencias significativas entre las repuestas que dan los participantes de ambos grupos en relación al factor negociación. Exceptuando el ítems “sugerí un acuerdo sobre una discusión” en el que se observa que hay relación significativa ≤ 0.05 entre las respuestas de los dos grupos de participantes. Concretamente entre el intervalo de respuesta de 11 o más veces y no durante el año pasado. En el conjunto de las respuestas se llega a la conclusión que el empleo de tácticas de negociación se gestiona de igual modo en el grupo de penados que cumplen condena en prisión que en el grupo de participantes que realizan el programa de intervención para agresores de violencia de género (PRIA) dentro de las medidas penales alternativas (MPA) en medio abierto.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 86 Tabla 15. Análisis descriptivo de las puntuaciones medias entre los agresores que reconocen utilizar la negociación en sus relaciones de pareja en función del medio en el que cumplen condena. Nunca 1-10 ≥11 No año pasado, sí antes χ² p Mostré a mi pareja que me preocupaba por ella incluso cuando no estábamos de acuerdo C 15.5 41.4 32.8 10.3 1.5 .67 A 86 45.7 35.7 10 Mostré respeto por los sentimientos de mi pareja sobre una cuestión C 19 39.7 32.8 8.5 3.1 .37 A 10 35.7 41.4 12.9 Dije que estaba seguro de que podíamos solucionar un problema C 20.7 41.4 31 6.9 6.69 .08 A 20 50 14.3 15.7 Expliqué mi opinión acerca de un desacuerdo a mi pareja C 20.7 43.1 32.8 3.4 6.44 .09 A 10 44.3 31.4 14.3 Sugerí un acuerdo sobre una discusión C 36.2 44.8 15.5 3.4 .38 .03 A 41.4 37.1 5.7 15.7 Estuve de acuerdo en intentar una solución que mi pareja sugirió a una discusión C 34.5 44.8 12.1 8.6 .93 .81 A 32.9 45.7 8.6 12.9
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 87 Se observa en el gráfico 8 el ítems 1 “Mostré a mi pareja que me preocupaba por ella incluso cuando no estábamos de acuerdo” que se enmarca dentro del factor de negociación, incluido en la subescala emocional. Como se puede destacar que en ambas muestras existe un alto porcentaje de sujetos que afirman haber puesto en práctica estrategias de negociación con su pareja, concretamente el 41.4% de los penados en medio cerrado y un 45.7% en medio abierto manifiestan haberlo hecho de una a diez veces en el último año. Destacar que un 15.5% en medio cerrado y el 8.6% en medio abierto niegan haber puesto en práctica algún proceso de negociación como estrategia de resolución de conflictos en el pasado año. Sobre un 10% en ambos grupos de participantes indican que aunque el año pasado no lo pusieron en práctica, sí lo hicieron en el año anterior. Gráfico 8. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta “Mostré a mi pareja que me preocupaba por ella incluso cuando no estábamos de acuerdo”.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 88 Como se observa en el gráfico 9 el ítem 13 se incluye en el factor de negociación en la subescala emocional. Los participantes manifiestan mostrar respeto por la pareja en general, señalando que durante el pasado año este comportamiento se repitió de 1 a 10 veces entre un 35 y 40% y entre un 32 y 42% en más de 11 ocasiones en ambas muestras de participantes. También observamos en la tabla un 19% de los participantes que cumplen penas en prisión reconocen que no lo pusieron en práctica en el año anterior frente a un 10% en medio abierto. Gráfico 9. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta “Mostré respeto por los sentimientos de mi pareja sobre una cuestión”.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 95 El ítem 35 “Grité a mi pareja” está incluido en el factor agresión psicológica en la subescala menor. La prevalencia de respuesta es muy alta en ambos grupos, superior al 50% entre los que reconocen que lo hicieron de 1 a 10 veces en el último año. Entre los que reconocen que los gritos superaban en más de 11 ocasiones en el pasado año se encuentran un 15.5% de participantes en prisión frente a un 8.6 de participantes en medio abierto. Entre un 3.4 y un 12.9% reconocen que aunque el comportamiento no sucedió en el anterior año sí que tuvo lugar en el pasado. Este grupo último pone de manifiesto que el comportamiento en sí ya ha dejado estar presente al menos en el último año. Gráfico 15. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta “Grité a mi pareja”.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 96 El ítem 49 “Salí dando un portazo de la habitación o de la casa durante una discusión”, se ubica en el factor agresión psicológica en la subescala menor. La prevalencia entre los que reconocen haberlo hecho de 1 a 10 veces en el pasado año es de 46.6% en el grupo cerrado y de 42.9 en el abierto. El gráfico refleja la diferencia entre los que manifiestan una repetición de la conducta por encima de 11 ocasiones en el grupo cerrado con un 17.2% frente a ningún participante del grupo abierto. Destacar que entre un 34.5 y un 44.3% afirma no haber protagonizado esta situación que se describe. Apuntar la diferencia entre los participantes que reconocen que no realizaron esta conducta durante el año pasado, aunque sí reconozcan que lo hicieron en el pasado, entre 1.7 del grupo cerrado y el 9% en el abierto. Gráfico 16. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta “Salí dando un portazo de la habitación o de la casa durante una discusión”.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 97 Como se puede observar en el gráfico 17 el ítems 25 recoge el comportamiento “Llamé gordo/a feo/a a mi pareja”, incluido en el factor agresión psicológica en la subescala severa. La prevalencia de este comportamiento se sitúa entre el 34.5% del grupo cerrado y el 22.9 del grupo abierto. Entre los que repitieron esta conducta en el último año destacan el 29.3 y 18.6% del grupo cerrado y abierto respectivamente que lo hicieron de 1 a 10 ocasiones, así como los que la repitieron 11 o más que fue un número menor situado entre el 3.4 y 1.4 como se puede observar en el gráfico. Destacan los que niegan el comportamiento que se sitúa entre el 65.5 y el 77.1 de los participantes. Entre el grupo de los que no realizaron el comportamiento durante el año pasado aunque sí en el pasado no encontramos representación. Gráfico 17. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta “Llamé gordo/a feo/a a mi pareja”.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 98 Apuntar que el ítem 65 se incluye en el factor agresión psicológica en la subescala severa. “Acusé a mi pareja de ser un/a mal/a amante”. La prevalencia en el grupo cerrado es de 13.8% y en el abierto de 21.4%. Los porcentajes de repetición son muy bajos en 11 o más veces, con un 1.7 en medio cerrado frente a ninguno en medio abierto. En el intervalo de 1 a 10 el 10.3% pertenece a los participantes en medio cerrado frente al 18.6 en el abierto. Los participantes que reconocen la ausencia del comportamiento durante el año pasado aunque sí que se dio con anterioridad se sitúan entre el 1.7 y el 2.9% de los participantes. Concluir con la máxima proporción de participantes en general que niegan haber realizado esta acusación en el pasado. Gráfico 18. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta “Acusé a mi pareja de ser un/a mal/a amante”.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 99 El ítem 67 “Hice algo para fastidiar a mi pareja”, se incluye en el factor agresión psicológica en la subescala severa. La prevalencia en el grupo cerrado es del 29.3 % y en el abierto del 41.4%. El porcentaje mayor de participantes que niegan haber hecho algo para fastidiar a su pareja se encuentra con un 70.7 en el grupo de prisión, le sigue los participantes de medio abierto con un 58.6. Entre el 24 y el 28% reconocen la conducta en un intervalo de 1 a 10. Entre un 2 y un 5% reconocen de 11 a más ocasiones. Destacar que el 10% de los participantes del grupo abierto reconocen que aunque sí que lo hicieron en el pasado, no sucedió el pasado año. Gráfico 19. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta “Hice algo para fastidiar a mi pareja”.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 100 Se observa la relación entre el ítem 69 “Amenacé con golpear o arrojar algo a mi pareja”. Se incluye en el factor agresión psicológica en la subescala severa. La prevalencia es del 19% en el grupo cerrado frente al 10% en el abierto con un intervalo de 1 a 10 veces. La negación del comportamiento se sitúa por encima del 80% en los participantes procedentes del medio carcelario y del 90% en los que proceden de medidas de penas alternativas en medio abierto. Gráfico 20. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta “Amenacé con golpear o arrojar algo a mi pareja”.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 101 Se observa la prevalencia del ítem 29 “Destrocé algo que pertenecía a mi pareja”. Se enmarca en el factor de agresión psicológica en la subescala de cognitiva. La prevalencia es superior en el grupo cerrado con un 25.9% frente al 18.6% del abierto. Si bien un porcentaje entre el 22.4 y el 12.9 reconocen que realizaron la conducta de 1 a 10 veces en el pasado año respectivamente. Entre un 1.7 y 2.9% en 11 o más ocasiones, frente al 1.7 en medio cerrado y 2.9% en medio abierto que se lo atribuyen como comportamiento propio, pero no en el pasado año. Gráfico 21. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta “Destrocé algo que pertenecía a mi pareja”. Tras el análisis descriptivo de medias no encontramos diferencias significativas entre las repuestas que dan los participantes de ambos grupos en relación al factor agresión física. De igual modo la conclusión que extrapolamos del análisis anterior es que el empleo de la agresión física como estrategia de resolución de conflictos se gestiona de igual modo en el grupo de penados que cumplen
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 102 condena en prisión que en el grupo de participantes que realizan el programa de intervención para agresores de violencia de género (PRIA) dentro de las medidas penales alternativas (MPA) en medio abierto. Tabla 17. Análisis descriptivo de las puntuaciones medias entre los agresores que reconocen utilizar la agresión física en sus relaciones de pareja en función del medio en el que cumplen condena. Nunca 1-10 ≥11 No año pasado, sí antes χ² p Tiré algo a mi pareja que le pudo hacer daño C 69 24.1 1.7 5.2 6.63 .08 A 87.1 10 1.4 1.4 Le retorcí el brazo o tiré del pelo a mi pareja C 82.8 15.5 1.7 0 2.27 .51 A 88.6 8.6 1.4 1.4 Empujé a mi pareja C 69 29 1.7 0 3.86 .27 A 72.9 20 2.9 4.3 Agarré a mi pareja C 67.2 29.3 1.7 1.7 1.98 .57 A 68.6 22.9 2.9 5.7 Abofeteé a mi pareja C 82.8 17.2 0 0 3.86 .14 A 91.4 7.1 0 1.4 He usado un cuchillo o arma contra mi pareja C 94.8 5.2 0 0 .18 .89 A 94.3 5.7 0 0 Golpeé a mi pareja con algo que le pudo hacer daño C 86.2 12.1 1.7 0 2.92 .23 A 94.3 5.7 0 0 Estrangulé (agarré por el cuello) a mi pareja C 93.1 6.9 0 0 .76 .78 A 94.3 5.7 0 0 Empujé a mi pareja contra una pared C 84.5 13.8 1.7 0 1.28 .52 A 84.3 15.7 0 0 Le di una paliza a mi pareja C 93.1 5.2 1.7 0 1.49 .47 A 97.1 1.4 1.4 0 Le hice una quemadura a mi pareja a propósito C 96.6 3.4 0 0 .56 .45 A 98.6 1.4 0 0 Le di una patada a mi pareja C 89.7 10.3 0 0 .41 .52 A 92.9 7.1 0 0
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 103 En el gráfico 22 se observa el ítems 3 “Tiré algo a mi pareja que le pudo hacer daño” que se incluye en el factor de agresión física en la subescala menor. Los participantes que reconocen una reincidencia en el comportamiento en un intervalo de 1 a 10 veces suponen un 24.1% en medio cerrado frente a un 10% en medio abierto. Destacar que sólo un 1% de los participantes de ambos grupos lo sitúan en 11 o más ocasiones. De entre los que los que realizaron la conducta en el pasado aunque no durante el año pasado se encuentran un 5.2 y 1.4% de los participantes de medio cerrado y abierto respectivamente. Gráfico 22. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta “Tiré algo a mi pareja que le pudo hacer daño”.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 104 Se observa en el gráfico 23 el ítem 9 que se incluye en el factor de agresión física en la subescala menor. El 17.2% de los sujetos en medio cerrado reconocen el comportamiento frente a un 11.4% en medio abierto. Entre un 15.5% de los participantes en medio cerrado reconocen haberlo hecho de una a 10 veces durante el pasado año. Por el contrario entre el 82 y el 88% aseguran que nunca realizaron esta agresión a sus parejas. Gráfico 23. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta “Le retorcí el brazo o tiré del pelo a mi pareja”.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 111 En el gráfico 30 se observa la prevalencia del ítem 37 “Empujé a mi pareja contra una pared” que forma parte del factor agresión física en la subescala de severa. La prevalencia es del 13.8% en el grupo cerrado, muy similar al grupo abierto donde la prevalencia es de 15.7 dentro del intervalo de 1 a 10 veces. Destacar que el 1.7% de los participantes en el grupo de prisión reconocen haber empujado a su pareja contra una pared 11 veces o más en el último año. Gráfico 30. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta “Empujé a mi pareja contra una pared”.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 112 En el gráfico 31 se observa el ítems 43 “Le di una paliza a mi pareja” se incluye en el factor agresión física en la subescala severa. Entre un 93 y un 97% de los participantes niegan haber cometido esta agresión en el pasado con sus parejas. Entre un 5.2 en medio cerrado y un 1.4 en abierto admiten haber dado de 1 a 10 palizas a sus parejas durante el pasado año. Entre el 1 y 2% de ambos grupos asumen que fueron 11 o más las palizas que propiciaron a sus respectivas parejas. No hay ningún participante que admita que aunque sí que lo hiciera en el pasado no lo ha repetido en el último año. Gráfico 31. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta “Le di una paliza a mi pareja”.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 113 En el gráfico 32 se observa la relación del ítem 61 “Le hice una quemadura a mi pareja a propósito”. Este ítem se enmarca en el factor de agresión física en la subescala de severa. La prevalencia en medio cerrado es de 3.4% frente al 1.4% en medio abierto en un intervalo de 1 a 10 ocasiones. Por el contrario más del 96% aseguran que nunca cometieron este acto violento. Gráfico 32. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta “Le hice una quemadura a mi pareja a propósito”.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 114 En el gráfico 33 se muestra el ítem 73 “Le di una patada a mi pareja”. El ítem 73 pertenece al factor agresión física en la subescala severa. La prevalencia en el grupo cerrado es del 10.3% frente al 7.1% en el grupo abierto en un intervalo de entre 1 y 10 ocasiones. Gráfico 33. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta “Le di una patada a mi pareja”.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 115 Tras el análisis descriptivo de frecuencias no encontramos diferencias significativas entre las repuestas que dan los participantes de ambos grupos en relación al factor coacción sexual. De igual modo a la conclusión que llegamos tras el análisis anterior es que la coacción sexual se gestiona de igual modo en el grupo de penados que cumplen condena en prisión que en el grupo de participantes que realizan el programa de intervención para agresores de violencia de género (PRIA) dentro de las medidas penales alternativas (MPA) en medio abierto. Tabla 18. Análisis descriptivo de las puntuaciones medias entre los agresores que reconocen utilizar coacción sexual en sus relaciones de pareja en función del medio en el que cumplen condena. Nunca 1-10 ≥11 No año pasado, sí antes χ² p Obligué a mi pareja a mantener relaciones sexuales sin preservativo C 87.9 10.3 0 1.7 2.21 .52 A 82.9 10 1.4 5.7 Insistí en practicar sexo cuando mi pareja no quería (pero no usé la fuerza física) C 93.1 6.9 0 0 2.72 .43 A 87.1 8.6 1.4 2.9 Insistí a mi pareja para practicar sexo oral o anal. pero no usé la fuerza física C 96.6 3.4 0 0 8.83 .36 A 92.9 7.1 0 0 Usé la fuerza (como golpear. inmovilizar o usar un arma) para obligar a mi pareja a practicar sexo oral o anal conmigo C 93.1 6.9 0 0 1.73 .62 A 91.4 5.7 1.4 1.4 Usé la fuerza (como golpes. inmovilizar o usar un arma) para obligar a mi pareja a practicar sexo conmigo C 94.7 5.3 0 0 0.67 .79 A 95.7 4.3 0 0 Utilicé amenazas para obligar a mi pareja a practicar sexo oral o anal conmigo C 96.6 3.4 0 0 0.86 .64 A 95.7 2.9 1.4 0 Usé amenazas para obligar a mi pareja a practicar sexo conmigo C 94.8 5.2 0 0 1.26 .53 A 95.7 2.9 1.4 0
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 116 Se observa en el gráfico 31 el ítems 15 “obligué a mi pareja a mantener relaciones sexuales sin preservativo” que pertenece al factor de coacción sexual en la subescala menor. Llama la atención como el porcentaje de participantes que asumen este comportamiento en un intervalo de 1 a 10 ocasiones en el pasado año se sitúa en un 10% en ambos grupos de participantes. Destaca el 1.4 del grupo en medio abierto que se sitúan en un intervalo de 11 o más ocasiones en el pasado año. Por el contrario entre un 1.7 y 5.7% en medio cerrado y abierto respectivamente reconocen que durante el pasado año no lo realizaron. Y entre un 82 al 87% niegan haberlo hecho alguna vez. Gráfico 34. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta “Obligué a mi pareja a mantener relaciones sexuales sin preservativo”.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 117 En el gráfico 35 se observa la prevalencia del ítem 51 “Insistí en practicar sexo cuando mi pareja no quería (pero no usé la fuerza física)” que se incluye dentro del factor coacción sexual en la subcategoría menor. La prevalencia en el grupo cerrado es de 6.9% en el intervalo de 1 a 10 veces frente al 8.6 en el grupo abierto. El 1.4% en el grupo abierto reconocen que durante el último año esto ocurrió en 11 o más ocasiones. Un 2.9% del mismo grupo admite que aunque lo hicieran en el pasado no ocurrió durante el último año. Aproximadamente un 90% de los participantes lo niegan. Gráfico 35. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta “Insistí en practicar sexo cuando mi pareja no quería (pero no usé la fuerza física)”.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 118 En el gráfico 36 se observa el ítem 63 “Insistí a mi pareja para practicar sexo oral o anal, pero no usé la fuerza física”. Se incluye en el factor coacción sexual en la subescala menor. La prevalencia en el grupo cerrado es de un 3.4% frente al 7.1% del grupo abierto dentro del intervalo de 1 a 10 veces. Aproximadamente entre un 92 y 96% de los participantes lo niegan. Gráfico 36. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta “Insistí a mi pareja para practicar sexo oral o anal, pero no usé la fuerza física”.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 119 Se observa en el gráfico 37 el ítem 19 que se incluye en el factor coacción sexual en la subescala severa. El 6.9% de los participantes en medio cerrado y 5.7% en abierto reconocen el uso de la fuerza (como golpear, inmovilizar o usar un arma) para obligar a su a practicar sexo oral o anal en un intervalo de 1 a 10 veces en el último año. Destacar que un 1.4% de participantes en medio abierto reconocen que este comportamiento se dio en 11 o más ocasiones. Por el contrario un 1.4% del mismo grupo reconoce que durante el año pasado no volvió a suceder. Aproximadamente entre un 91 y 93% afirman que nunca han realizado este comportamiento. Gráfico 37. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta “Usé la fuerza (como golpear, inmovilizar o usar un arma) para obligar a mi pareja a practicar sexo oral o anal conmigo”.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 120 En el gráfico 38 se observa el ítem 47 “Usé la fuerza (como golpes, inmovilizar o usar un arma) para obligar a mi pareja a practicar sexo conmigo”, está recogido en el factor coacción sexual en la subescala severa. La prevalencia en el grupo cerrado es de 5.3% y en el grupo abierto de 4.3% dentro del intervalo de 1 a 10 veces. Por el contrario sobre un 95% del total de participantes niegan haberlo hecho alguna vez. Gráfico 38. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta “Usé la fuerza (como golpes, inmovilizar o usar un arma) para obligar a mi pareja a practicar sexo conmigo”.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 127 En el gráfico 44 se observa la prevalencia del ítems 31 “Fui a un médico a causa de una pelea con mi pareja. Se encuentra dentro del factor daños en la subescala severa. Aproximadamente un 12% afirma haber asistido a consulta médica por este motivo de 1 a 10 veces durante el pasado año. Destacar que un 1.7% dicen haberlo hecho en 11 o más ocasiones. Sobre un 3% no lo hicieron durante el pasado año aunque sí con anterioridad. Más de un 80% de los participantes niegan el haber ido a consulta médica por esta razón. Gráfico 44. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta. “Fui a un médico a causa de una pelea con mi pareja”.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 128 Se observa en el gráfico 45 la prevalencia del ítem 41 “Necesité visitar a un médico a causa de una pelea con mi pareja, pero no lo hice”. Pertenece al factor daños en la subescala severa. La prevalencia en medio cerrado es del 5.2%, frente al 8.6% en medio abierto dentro del intervalo de 1 a 10 veces. Un 3.4% en medio cerrado afirma que lo hicieron de 1 a 10 veces durante el pasado año. Un 5.7% en medio abierto reconocen que aunque sí que sucedió, no en el pasado. Gráfico 45. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta. “Necesité visitar a un médico a causa de una pelea con mi pareja, pero no lo hice”.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 129 En el gráfico 46 podemos observar el ítem 55 “Me rompí un hueso en una pelea con mi pareja”. Pertenece al factor daños en la subescala severa. La prevalencia en el grupo cerrado es del 6.9% frente al 2.9 del abierto en un intervalo de 1 a 10 ocasiones durante el año anterior. Señalar que en el intervalo de 11 o más veces durante el pasado año existe un 1.4% perteneciente al grupo abierto. Por último entre el 93 y el 95% de los participantes niegan que hay sucedido alguna vez. Gráfico 46. Porcentaje de respuesta de los participantes frente a la conducta. “Me rompí un hueso en una pelea con mi pareja”.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 130 4.3. Relaciones entre las variables estudiadas Para comprobar la relación existente entre las variables psicosociales presentes en la VCP con el nivel de violencia admitida, se ha llevado a cabo un análisis de correlación. En la tabla 20 se observa la relación de las variables atribución de responsabilidad, minimización, dependencia exclusiva y emocional, apego ansioso, celos románticos, negociación, agresión psicológica, física, sexual y daños. Se ha utilizado el total de los participantes N=128. Se observa relación entre dependencia exclusiva y minimización. Destacar que la variable celos románticos tiene relación con dependencia exclusiva y apego ansioso. También apuntamos a la relación entre celos románticos con negociación y agresión psicológica. Tabla 20. Análisis de correlación de variables en la muestra general (N=128). * p<0.05 ** p<0.01 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 1 Responsabilidad 2 Minimización -.103 3 Dependencia exclusiva .196* .295** 4 Dependencia emocional .105 .067 .429** 5 Apego ansioso -.074 .171 .403** .443** 6 Negociación -.101 .065 -.106 .187* .097 7 Psicológica .077 .090 -.044 .000 .131 .461** 8 Física .110 .158 .005 -.076 .165 .165 .513** 9 Sexual -.005 .191* .081 -.047 .182* .093 .422** .730** 10 Daños -.102 .084 -.043 -.062 .126 .256** .448** .642** .663** 11 Celos -.112 .145 .192* .144 .452** .183* .226* .164 .154 .050
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 131 En la tabla 21 observamos la relación de variables con participantes en medio cerrado. La variable celos románticos se relaciona con apego ansioso, negociación y agresión psicológica. Tabla 21. Análisis de correlación entre las variables en la muestra estancia centro cerrado (Cárcel Alhaurín). 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 1 Responsabilidad 2 Minimización -.234 3 Dependencia exclusiva .206 .274* 4 Dependencia emocional .050 .054 .443** 5 Apego ansioso -.065 .171 .320* .491** 6 Negociación -.249 .257 -.008 .198 .276* 7 Psicológica .029 .245 -.134 -.179 -.009 .426** 8 Física .199 .171 -.091 -.162 .049 .130 .532** 9 Sexual .004 .140 -.017 -.140 .141 .052 .326* .787** 10 Daños -.110 .045 -.202 -.219 .015 .139 .359** .622** .659** 11 Celos -.083 .213 .168 .213 .488** .375** .325* .130 .079 .016 * p<0.05 ** p<0.01
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 132 En la tabla 22 se observa la relación de las distintas variables con la muestra de participantes en medio abierto. Señalar que la variable celos románticos se relaciona con el factor apego ansioso y agresión sexual. Tabla 22. Análisis de correlación entre distintas variables y factores de la muestra estancia centro abierto (Centro de Inserción Social Evaristo Martín). 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 1 Responsabilidad 2 Minimización .060 3 Dependencia exclusiva .213 .294* 4 Dependencia emocional .174 .081 .419** 5 Apego ansioso -.071 .151 .487** .386** 6 Negociación .017 -.099 -.183 .185 -.046 7 Psicológica .111 -.017 .032 .143 .245* .485** 8 Física .018 .124 .100 .035 .291* .220 .538** 9 Sexual -.020 .258* .201 .043 .235* .110 .477** .722** 10 Daños -.109 .139 .123 .078 .237* .324** .495** .707** .662** 11 Celos -.134 .024 .187 .041 .393** .012 .170 .190 .256* .108 * p<0.05 ** p<0.01
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 133 Aunque no aparecen relaciones significativas, en el gráfico 47 puede observarse una mayor proporción de respuestas frente al factor de responsabilidad en medio abierto que en el medio cerrado. Lo mismo ocurre en dependencia emocional. Por el contrario el grupo cerrado tiene unas puntuaciones medias superiores al abierto en el factor de minimización, dependencia exclusiva, apego ansioso y celos románticos. Gráfico 47. Diferencias entre las puntuaciones medias de los ítems de atribución de responsabilidad, minimización, dependencia (exclusiva, emocional y apego ansioso) y celos románticos entre participantes en medio cerrado y abierto. Se ha realizado un análisis a través de la prueba de contraste ANOVA de un factor para conocer si existen diferencias en las variables en función del tipo de estancia (cerrado-abierto). Se observa que no existen diferencias entre las variables estudiadas en función de la variable estancia.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 134 Tabla 23. ANOVA entre variables. M N DT GL F p Atribución de Responsabilidad C 3.243 58 1.1411 1.126 .49 .484 A 3.376 70 1.0071 Minimización C 2.331 58 1.1794 1.126 1.45 .231 A 2.103 70 .9654 Dependencia exclusiva C 3.143 58 1.4178 1.126 3.35 .069 A 2.735 70 1.0998 Dependencia emocional C 4.175 58 1.4554 1.126 .03 .863 A 4.135 70 1.1368 Apego ansioso C 2.92 58 1.3517 1.126 1.26 .263 A 2.671 70 1.1577 Negociación C 4.071 58 1.6029 1.126 .89 .346 A 4.35 70 1.6999 Agresión Psicológica C 2.111 58 1.0091 1.126 .1 .75 A 2.179 70 1.3398 Agresión Física C 1.366 58 .645 1.126 1.01 .315 A 1.263 70 .5116 Coacción Sexual C 1.167 58 .5425 1.126 .74 .372 A 1.259 70 .6028 Daños C 1.301 58 .756 1.126 .87 .351 A 1.44 70 .8959 Victimización negociación C 3.724 58 1.5435 1.126 .26 .611 A 3.871 70 1.693 Victimización psicológica C 2.312 58 1.2958 1.126 .09 .759 A 2.39 70 1.5322 Victimización física C 1.597 58 1.0112 1.126 .06 .8 A 1.552 70 1.003 Victimización sexual C 1.246 58 .6704 1.126 .06 .797 A 1.275 70 .6106 Celos C 2.9138 58 1.7472 1.126 1.98 .161 A 2.5371 70 1.2724
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 135 4.4. Diferencias en las estrategias de resolución de conflicto entre agresión y victimización. Para dar respuesta al objetivo planteado se analizaron las diferencias a través de una t para medidas relacionadas, entre las estrategias propias utilizadas para la resolución de conflicto y las estrategias que los participantes indican que utiliza la pareja. En la tabla 24 se observan en general diferencias entre el factor de negociación y el proceso de victimización. A su vez la diferencia de medias encontradas apunta hacia una tendencia por parte de los participantes a utilizar en mayor medida estrategias de negociación en los conflictos de pareja con respecto a sus víctimas. Por todo ello se apunta que dentro del factor negociación se produce un sesgo hacia la victimización por parte del grupo de participantes. Tabla 24. Diferencias entre las puntuaciones medias de los ítems de negociación y victimización. Agresión Victimización t p M DT M DT Mostrar preocupación incluso cuando no estábamos de acuerdo 2.42 .82 2.3 .8 2.1 .035 Mostrar respeto por los sentimientos 2.45 .86 2.27 .94 2 .042 Decir que se está seguro/a de que podíamos solucionar un problema 2.25 .91 2.06 .92 2,9 .004 Explicar opinión acerca de un desacuerdo 2.35 .84 2.19 .86 2,5 .013 Sugerir un acuerdo sobre una discusión 1.91 .94 1.81 .93 2 .047 Estar de acuerdo en intentar una solución que sugiriere tras a una discusión 1.98 .93 1.85 .89 2 .038
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 136 No se observan diferencias significativas entre la agresión psicológica y el fenómeno de victimización. Tampoco encontramos una tendencia clara en cuanto al mayor peso de uno sobre el otro. A excepción de los tres últimos ítems donde existe relación significativa y la diferencia de medias apunta a que se sienten víctimas de sus parejas. Tabla 25. Diferencias entre las puntuaciones medias de los ítems de agresión y victimización del factor agresión psicológica. Agresión Victimización t p M DT M DT Insultar o maldecir 1.78 .9 1.94 .94 -1.8 .065 Gritar 2 .86 1.97 .93 .5 .579 Salir dando un portazo de la habitación o de la casa durante una discusión 1.83 .87 1.79 .95 .6 .486 Llamar gordo/a feo/a 1.35 .64 1.4 .7 -1.1 .251 Acusar de ser un/a mal/a amante 1.23 .58 1.28 .62 -.9 .345 Hacer algo para fastidiar 1.5 .81 1.62 .91 -1.9 .058 Amenazar con golpear o arrojar algo a la pareja 1.14 .34 1.24 .57 -2.1 .032 Destrozar algo que pertenecía a la pareja 1.28 .62 1.38 .71 -1.9 .051
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 143 otros factores de riesgo hacia la víctima. Otro objetivo del presente trabajo era analizar las diferencias entre las dos muestras en cuanto a las estrategias de resolución de conflicto, distinguiendo las siguientes variables: argumentación, agresión psicológica, agresión física, coacción sexual y daños. En cuanto al empleo de tácticas de negociación se encuentran diferencias entre las dos muestras estudiadas, concretamente cuando sugerían un acuerdo tras una discusión. Las puntuaciones medias del grupo de medidas penales alternativas indicaron haber puesto en práctica la conducta en el año anterior frente al grupo de prisión, lo que indica una presencia de habilidades consideradas positivas para afrontar las situaciones conflictivas en la pareja. Coincide con estudios que confirman una elevada percepción del propio agresor sobre sus habilidades, atribuyendo a la víctima una menor capacidad, cuando generalmente son mucho más limitadas (Lila Gracia y Herrero, 2012). En relación a la variable de agresión psicológica, se encontraron diferencias con la conducta de insultar o maldecir a su pareja entre las dos muestras. En el grupo en prisión admitían una mayor utilización de insultos frente a la muestra con medidas penales alternativas. También se encontró relación entre las dos muestras con la conducta de salir dando un portazo durante una discusión, con una mayor proporción en los penados en prisión. La conducta de evitación o huida está presente en las teorías del aprendizaje social (Patterson, 1982) cuando no se produce un castigo después de un comportamiento violento. Rosenberg (1987) señala que existe un déficit de habilidades para la resolución de conflictos y de asertividad entre los agresores. Como explicación a los resultados se apunta a que es previsible un menor autocontrol en los penados en prisión, donde ya cuentan con anterior historial delictivo por esta razón. Por el contrario en el grupo de medidas penales alternativas es para muchos la primera experiencia delictiva. Sería interesante profundizar en futuras investigaciones ya que ambos comportamientos se clasifican en una subescala menor de agresión psicológica, estando más presente en el grupo de
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 144 penados en prisión. En relación a la variable agresión física encontramos que fue utilizada para la resolución de conflictos en ambas muestras. La comparación de medias indica que estuvieron más presente en el grupo de prisión en aquellas conductas clasificadas en la escala menor. Sin embargo en aquellas conductas clasificadas en la escala severa están representadas de igual forma en ambos grupos. Los agresores reconocieron conductas como retorcer el brazo, empujones, agarres, abofetear, empujar contra la pared, quemar con un cigarrillo y agarrar por el cuello. Bender y Roberts (2007) señalan que los maltratadores de riesgo alto condensan mayores niveles de violencia física, con maltrato grave y repetido en sus víctimas. Lo que nos lleva a concluir que también existen maltratadores de riesgo alto en el grupo con medidas penales alternativas. Para explicar la mayor presencia de agresión física en la subescala menor en el grupo de prisión, apuntamos a que el ingreso en prisión no está vinculado en todos los casos con la gravedad de violencia ejercida, sino que también se producen por incumplimientos de las órdenes de alejamiento o acumulación de penas. Destacamos la necesidad de seguir profundizando en esta línea de investigación, así como las implicaciones que pudiera tener en futuros programas de intervenciones con agresores, tanto en medio cerrado como abierto. En cuanto a la variable coacción sexual, se encontraron en general porcentajes bajos en las relaciones de pareja. Comparando las muestras destaca una mayor presencia de conductas clasificadas en la escala menor dentro del grupo de penados en prisión, frente al grupo de medidas penales alternativas. Esta tendencia se invirtió con las conductas clasificadas como severas, donde las puntuaciones más altas se dieron con el grupo de medidas penales alternativas. La limitada presencia de la variable coacción sexual en el estudio, coincide con los delitos registrados en el 2014 contra la libertad e indemnidad sexual, que supusieron un 0.7% con un total de 899. Apuntar que del total de denuncias sólo un 11,86% adjuntaron partes de lesiones (Observatorio sobre la violencia de género, 2014). La explicación la encontramos en que estos comportamientos siguen en el
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 145 ámbito de las relaciones íntimas, y sólo aparecen cuando coinciden con otras agresiones generalmente físicas graves a través de partes de lesiones. Por otra parte los agresores son muy reacios a admitir estos comportamientos por las posibles consecuencias negativas y estigma social. En relación a la variable daños o heridas físicas, no se encontró relación entre las dos muestras. Los porcentajes de respuesta son bajos en ambos grupos. Las puntuaciones medias reflejaron que en el grupo de penados con medidas alternativas admitieron daños en la subescala severa en la misma proporción que los penados en prisión. Estos resultados coinciden con el estudio de Loinaz et al., (2010), donde encontraron una proporción igualmente baja de la variable daños en ambos grupos (Alhaurín de la Torre y Brians-2). Para explicar los bajos porcentajes de respuesta apuntamos a que los agresores se niegan a reconocer aquellos acontecimientos más sancionables socialmente, por miedo a represalias dentro de su proceso penitenciario. Otro de los objetivos específicos era el estudio de la relación entre las estrategias de resolución de conflictos utilizadas y variables psicosociales (atribución de responsabilidad, minimización, dependencia exclusiva y emocional, apego ansioso y celos) en las dos muestras. Se encontró una relación entre la variable negociación y dependencia emocional. Esta relación podemos orientarla hacia un factor positivo de utilización de comportamientos cognitivos para llegar a acuerdos, o por el contrario a la utilización de negociación emocional dentro de los planteamientos de Lemos et al., (2012) donde la relación es fundamental en el agresor para colmar sus necesidades emocionales irresueltas, con sentimientos de inseguridad cuando no están cerca de su pareja. La explicación se apoya en las dos reflexiones, si bien de cara a implementar contenidos dentro de los programas de intervención, sería interesante incluirlas para posibilitar evitar la utilización de estrategias como el chantaje emocional, y poder construir sobre la base de unas estrategias negociadoras que puedan ir en la correcta dirección para resolver los conflictos en base a acuerdos entre ambos. Entre las demás variables no se encuentran relación.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 146 Se encontró una relación entre negociación y apego ansioso exclusivamente en el grupo de penados. Soares y Días (2007) señalan que el apego ansioso está relacionado con psicopatologías. Autores como Mayseless (1991) apuntan a que el apego podría explicar por qué algunos agresores expresan violencia en situaciones en las que otros solo mostrarían enfado (intento de ruptura, distanciamiento emocional). La explicación de esta relación estaría fundamentada en que estas personas manifiestan limitaciones en los patrones normalizados de negociación, con excesiva activación emocional que le lleva a terminar la discusión con planteamientos autoritarios y agresivos en general. Se encontró una relación entre negociación y celos exclusivamente en el grupo de prisión. Tradicionalmente los celos románticos han sido vinculados al estudio de los malos tratos hacia las mujeres (Montes-Berges, 2008). Buss y Shackerford, (1997) señalan que los celos suele ser la principal causa de divorcio y maltrato conyugal. La explicación para esta relación la encontramos en que la presencia de celos en el agresor supone un elemento desestabilizador que favorece la repetición de discusiones estériles. El agresor percibe sus propias habilidades negociadoras para cerrar acuerdos que posiblemente respondan más a la decisión de la propia víctima de ceder a sus argumentos para finalizar la discusión. La relación encontrada entre negociación con apego ansioso y celos, en exclusividad con el grupo de prisión nos acerca a pensar que el agresor genera mayor número de conductas susceptibles de ser enjuiciadas y penadas, con mayor probabilidad de terminar en prisión. En relación a la variable agresión psicológica se encontró relación con la variable celos en el grupo de prisión. Este dato coincide con Boira y Jodrá (2010) en la presencia de celos en sus estudios con agresores que participaban en el Servicio Espacio del Instituto Aragonés de la Mujer (Gobierno de Aragón). Según Varela (2004) el agresor necesita la sensación de dominio sobre la pareja para compensar sus carencias y complejos. Corral (2004) apunta a que muchos agresores son responsables de sus conductas, pero presentan limitaciones psicológicas en el control de impulsos y de celos. Una explicación frente a estos datos lo encontramos en la
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 147 tendencia a la manipulación que ejerce el agresor sobre su víctima. Los celos del agresor generan situaciones conflictivas que suelen afrontar a través de la agresión psicológica como mecanismo de control. En relación a la variable agresión física destacamos que no se encontró relación con ninguna variable en el grupo de prisión. Sin embargo, en el grupo de penados con medidas alternativas se encontró relación con la variable apego ansioso. En esta misma línea coincide Dutton (2007) señalando que la agresión en la pareja puede entenderse como una conducta de exigencia del agresor dirigido a la figura de apego (la pareja) y donde el desencadenante pueden ser las amenazas de separación o abandono. Una explicación a estos resultados en el estudio la encontramos en que un porcentaje importante de los agresores del grupo abierto habían pasado por situaciones de separación y divorcio. En el estudio destacamos una relación entre la variable coacción sexual y minimización en la muestra general. El dato coincide con Lila et al., (2008) en la tendencia de los agresores a restar importancia a los asuntos privados de pareja y minimizar sus consecuencias (Cantos, Neidig y O’Leary, 1993; Dutton, 1986). La explicación a esta relación ente minimización y coacción sexual se encuentra en la creencia de que los asuntos íntimos de la relación se tienen que tratar dentro de la relación, privando a la víctima de otras referencias externas que las ponga en aviso sobre lo que realmente está sucediendo. Restar importancia a lo sucedido es una estrategia para evitar afrontar la situación. Sin embargo, no encontramos relación con ninguna variable en el grupo de prisión. Por el contrario en el grupo de medidas penales alternativas estaba relacionada con las variables minimización, apego ansioso y celos. Ya hemos comentado esta relación en las investigaciones de Lila et al., (2008) con la presencia de celos en agresores. También se ha referido a la relación entre coacción sexual y minimización. Destacar que otros estudios coinciden en relacionar el apego ansioso (preocupado y temeroso) con puntuaciones del CTS-2 en actos de coerción y abuso con mayor frecuencia (Mauricio y Lopez, 2009). Lo destacable de este dato es que aparecen relacionadas las variables coacción sexual,
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 148 tanto con celos como con minimización y apego ansioso en el grupo de penados con medidas penales alternativas. Una explicación la encontramos en que el agresor celoso, no soporta estar lejos de su pareja en todo momento (apego ansioso) y resta importancia a su comportamiento (minimización) de coacción sexual en sus relaciones de pareja. Estas cuatro variables explicarían la situación de muchos agresores con medidas penales alternativas que finalmente ingresan en prisión. Los agresores con medidas penales alternativas llevan aparejadas en múltiples ocasiones una orden de alejamiento de su víctima. Generalmente se producen dos situaciones, o bien la pareja acude al juzgado para intentar revocarla o por el contrario el agresor entra en prisión tras un contacto fortuito con la policía en presencia de su pareja o por denuncia de algún familiar. En cuanto a la variable daños, no se encontró relación con ninguna variable en el grupo de prisión. Sin embargo en el grupo de medidas penales alternativas se encontró relación con la variable apego ansioso. Este dato refuerza lo expuesto en el párrafo anterior. Por último, se compararon las diferencias en las estrategias de resolución de conflicto entre las estrategias de agresión y victimización de los agresores en general. Destacar que se encontraron diferencias en la utilización de estrategias de negociación y victimización. Las diferencias entre las puntuaciones medias apuntan a que los agresores perciben que ellos son más negociadores que sus víctimas. Saunders (2008) coincide en la destreza para presentarse a sí mismo como personas hábiles, con gran eficacia para distorsionar los hechos (Buzawa y Buzawa, 1996). La explicación la encontramos en que la percepción del agresor es de superioridad hacia sus víctimas, como mecanismo de suplir su falta de autoestima. En cuanto a la estrategias de agresión psicológica y victimización se encontraron diferencias en las conductas gritar, salir dando un portazo tras una discusión, amenazar con golpear o arrojar algo y destrozar algo de la pareja. En todas ellas los agresores se sienten víctimas con respecto a sus parejas o exparejas. Con respecto a la estrategia de agresión física y victimización se encontraron
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 149 diferencias en todos los comportamientos registrados, con puntuaciones medias mayores en victimización. Estos datos coinciden con Hamberger (1997) en la utilización de la defensa propia como argumento de justificación de su comportamiento, atribuyendo intenciones negativas a sus parejas y siendo ellos las víctimas (Barnett, Martínez y Bluestein, 1995; Holtzworth-Munroe y Anglin, 1991; Holtzworth-Munroe y Hutchinson, 1993). Loinaz (2014) señala que el patrón de negación del problema y culpabilización de la víctima se pueden mantener a través cogniciones mantenedoras del comportamiento cuyo objetivo es eximirse de la responsabilidad y las consecuencias de un comportamiento reprobable. Aproximadamente un 38% de los maltratadores niegan totalmente haber cometido los hechos por los cuales han sido condenados (Ministerio del Interior, 2014). En el modelo de Duluth (Minnesota), donde se basan gran parte de los modelos de intervención con agresores citados en el estudio, se atribuye gran importancia a que el agresor se enfrente con sus propios hechos y asuma su responsabilidad. La explicación de los datos obtenidos la encontramos en la tendencia de utilizar estrategias cognitivas para neutralizar la propia responsabilidad en los hechos. Argumentan que se sienten víctimas y entienden que su comportamiento es sólo una respuesta a las provocaciones de sus parejas. Con esta estrategia pretenden eludir la reprobación social y posibles consecuencias judiciales. En cuanto a las estrategias de coacción sexual y victimización no se encuentran diferencias. Siendo las puntuaciones medias similares, sin que el agresor atribuya a su pareja o expareja una mayor o menor utilización de estas estrategias. La explicación la encontramos en la estigmatización social de este tipo de conductas que provocan el rechazo inicial del agresor para posicionarse. Por último en cuanto a las estrategias de daños y victimización, no se observan diferencias entre las respuestas, con puntuaciones medias similares entre la percepción propia y respecto a su víctima. La explicación se basa en la falta de motivación a posicionarse por el temor a posibles consecuencias negativas en su proceso penitenciario.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 150 Para finalizar las conclusiones del estudio, recalcar la importancia de la agresión psicológica presente en ambos grupos. Destacar el mayor porcentaje de respuesta en la subescala menor de agresión frente a la severa dentro de las estrategias utilizadas por el grupo de penados en prisión. Lo que podría suponer un punto de partida para la utilización de esta escala menor dentro de los programas de intervención con agresores de violencia contra la pareja en medio abierto y en programas de prevención. Se confirma la relación entre las variables psicosociales (minimización, dependencia exclusiva, dependencia emocional, apego ansioso y celos) con las estrategias de resolución de conflictos puestas en práctica por los agresores con sus víctimas en ambos grupos. Esta relación se establece de forma diferenciada entre los agresores que cumplen penas en prisión y los que se encuentran bajo medidas penales alternativas. Señalamos una confluencia de variables psicosociales que podría ser la base para explicar el incumplimiento de la orden de alejamiento por parte de los agresores en medio abierto. Estaría fundamentada en la relación entre las variables celos, minimización y apego ansioso con las estrategias de coacción sexual. Donde por un lado el componente de ansiedad ante la separación (apego ansioso) y celos, motivarían un acercamiento y puesta en práctica de estrategias de coacción sexual hacia la víctima. La estrategia planteada tendría como objetivo final retomar la relación, minimizando las consecuencias por el incumplimiento de la orden de alejamiento. Se propone iniciar futuros estudios donde se pueda profundizar sobre este planteamiento, a través de la evaluación de estas variables psicosociales en penados que cuenten entre sus delitos el incumplimiento de órdenes de alejamiento. También sería interesante, observar estas variables estudiadas en los programas de intervención con agresores en medio abierto y prevenir este tipo de comportamientos de acercamiento a la víctima, que en la práctica genera un mensaje de impunidad al agresor e indefensión hacia la víctima. Apuntar sobre las implicaciones que este tipo de estudios con muestras diferenciadas podría tener en el desarrollo de los programas de intervención con agresores tanto en régimen cerrado como abierto. Entre las limitaciones del estudio
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 151 señalar su carácter principalmente descriptivo, lo que no nos permite establecer relaciones de causa efecto entre las variables. En cuanto al tamaño de las muestras sería interesante contar con un mayor número de participantes para poder llegar a resultados más representativos. También se propone la conveniencia de introducir metodologías cualitativas, a través de la realización entrevistas que permitan profundizar en otras estrategias cognitivas que modulan la conducta del agresor. Con respecto a futuras investigaciones se propone continuar con los estudios de variables psicosociales presentes en el agresor de violencia contra la pareja, incorporando en el análisis a mujeres víctimas, con el objetivo de contrastar los datos obtenidos y poder profundizar sobre nuevas estrategias de prevención en un marco comunitario.
Hombres condenados por violencia de género: un estudio descriptivo 152 6. BIBLIOGRAFÍA Alberdi, I., y Matas, N. (2002). La violencia doméstica. Informe sobre los malos tratos a mujeres en España. Barcelona: La Caixa (Colección Estudios Sociales nº 10). Alonso, M. C. H., y Martín, E. G. (2002). Los efectos de la violencia sobre sus víctimas. Psicothema, 14(1), 109-117. Alonso, M. F. (2004). Violencia doméstica: ¿conocemos los efectos de la violencia sobre la salud de las víctimas?. Atención primaria, 34(3), 125-127. American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG) (1999). Domestic Violence. ACOG Educational Bulletin, 257, 1-9. American Psychological Association. Presidential Task Force on Violence, y the Family. (1996). Violence and the family: Report of the American Psychological Association presidential task force on violence and the family. American Psychological Association. Amor, P. J., Echeburúa, E. y Loinaz, I. (2009). ¿Se puede establecer una clasificación tipológica de los hombres violentos contra su pareja? International Journal of Clinical and Health Psychology, 9, 519-539. Andrés-Pueyo, A., y Echeburúa, E. (2010). Valoración del riesgo de violencia: instrumentos disponibles e indicaciones de aplicación. Psicothema, 22 (3), 403409. Andrews, C., 1995. El gobierno municipal y el movimiento de mujeres. Travesías, 3, 53-73. Arce, R., y Fariña, F. (2010). Diseño e implementación del Programa Galicia de Reeducación de Maltratadores: Una respuesta psicosocial a una necesidad social y penitenciaria. Intervención Psicosocial, 19(2), 153-166.