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Neurobiología del Trastorno por Estrés Postraumático

Fernández-Díaz, José María

Abstract

El objetivo de este trabajo es hacer una revisión bibliográfica sobre las alteraciones que presentan los sujetos con Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) a nivel de cambios neuroanatómicos estructurales y funcionales, sistema endocrino y sistema inmunológico. Para ello, se usará la herramienta de búsqueda PudMed en las que se buscarán estudios acerca de los diferentes aspectos citados anteriormente. En la introducción se justifica brevemente la elección del tema y se aportan datos epidemiológicos sobre el TEPT a nivel mundial y nacional, sobre todo. En la primera parte se aporta el desarrollo histórico de forma breve y la definición de TEPT y estrés. En la segunda parte se detallan los cambios que encontramos en el TEPT a nivel neuroanatómico, desequilibrio neuroquímico, alteraciones en el sistema endocrino, en concreto, en el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal y en el eje simpático-adrenomedular, y, por último, en el sistema inmunológico, comparados todos ellos con el funcionamiento normal. En el último apartado se expondrán las conclusiones tras analizar todos los resultados.

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Neurobiología del Trastorno por Estrés Postraumático José María Fernández Díaz Tutora: Francisca María Vera Fernández 2017 Índice 1. Resumen …………………………………………………………………....... Página 1 2. Introducción ………………………………………………………………...... Página 3 3. Desarrollo del tema …………………………………………………………... Página 6 3.1. Definición de estrés y TEPT ……………………………………….............. Página 6 3.2. Neuroanatomía estructural, funcional y neuroquímica .....………………… Página 8 3.3. Sistema Endocrino (eje simpático-adrenomedular y eje HHA) .................. Página 12 3.4. Sistema Inmunológico ................................................................................. Página 19 4. Conclusiones ................................................................................................... Página 23 5. Referencias bibliográficas .............................................................................. Página 25 1 1.Resumen El objetivo de este trabajo es hacer una revisión bibliográfica sobre las alteraciones que presentan los sujetos con Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) a nivel de cambios neuroanatómicos estructurales y funcionales, sistema endocrino y sistema inmunológico. Para ello, se usará la herramienta de búsqueda PudMed en las que se buscarán estudios acerca de los diferentes aspectos citados anteriormente. En la introducción se justifica brevemente la elección del tema y se aportan datos epidemiológicos sobre el TEPT a nivel mundial y nacional, sobre todo. En la primera parte se aporta el desarrollo histórico de forma breve y la definición de TEPT y estrés. En la segunda parte se detallan los cambios que encontramos en el TEPT a nivel neuroanatómico y el desequilibrio neuroquímico, alteraciones en el sistema endocrino, en concreto en el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal y eje simpático-adrenomedular y por último el sistema inmunológico comparados todos ellos con el funcionamiento normal. En el último apartado se expondrá las conclusiones que he llegado tras analizar todos los resultados. Abstract The objective of this work is to make a bibliographical review on the alterations presented by the subjects with Posttraumatic Stress Disorder (PTSD) at the level of structural and functional neuroanatomical changes, endocrine system and immune system. To do so, it will be used the search tool PudMed which studies about different aspects mentioned above will be searched. The introduction briefly justifies the choice of topic and provides epidemiological data on PTSD at a global and national level. In the first part, the historical development is presented briefly and the definition of PTSD and stress. In the second part, we detail the changes that we find in PTSD at neuroanatomical level and neurochemical imbalance, alterations in the endocrine system, specifically in the hypothalamic-pituitary-adrenal axis and sympatheticadrenomedullary axis and finally the immune system compared all Them with normal functioning. In the last section I will present the conclusions that I have reached after analyzing all the results. 2 Palabras claves (keywords) Estrés (stress); cortisol; trastorno por estrés post-traumático, TEPT (post-traumatic stress disorder, PTSD); eje hipotálamo-hipofisario-adrenal, HHA (Hypothalamic-PituitaryAdrenal Axis, HPA); Psiconeuroendocrinología (Psychoneuroendocrinology); Neurotransmisor (Neurotransmitter); Sistema Inmunitario (Immune System); Sistema Nervioso (Nervous System) y Sistema Endocrino (Endrocrine System), 3 2.Introducción El motivo de la elección del tema es debido, por un lado, a la curiosidad de conocer la influencia del estrés a nivel psicobiológico en humanos y, por otro, al interés científico que ha suscitado en el último siglo el impacto del estrés en la población y los trastornos ocasionados por dicho estrés. Ejemplos de los trastornos ocasionados por el estrés son la depresión, la ansiedad, estrés crónico y trastorno por estrés postraumático (TEPT) entre otros. El estrés en los últimos tiempos ha adquirido características que lo han hecho situarse como uno de los principales problemas de la salud tanto física como mental de los individuos. Debido a esto, se ha producido un aumento de interés en estudiar y conocer cómo influye el estrés en la vida cotidiana de la gente. Un ejemplo de ello es la inestabilidad laboral o el paro (Burón, 2010) y los problemas cotidianos que existen en la sociedad de forma natural. Por otro lado, es un tema importante por parte de la comunidad científica debido a que cada año aumentan los costes en Sanidad (Olivia Moreno, et al., 2009) para tratar trastornos ocasionados por el estrés (Domingo, et al., 2007). De entre todos los tipos de estrés, me centraré en el Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) y en conocer las alteraciones que existen en los principales sistemas (nervioso, endocrino e inmunitario) de respuesta de estrés en el TEPT. Hay que destacar el aumento exponencial de la aparición de catástrofes naturales como terremotos, inundaciones, huracanes; según Cruz Roja, en 2014 fueron notificados 271 desastres en el mundo que afectaron a 94 países (Cruz Roja, 2015). Por otro lado, el aumento de enfermedades mortales y otras provocadas por el hombre como los conflictos bélicos, violaciones, accidentes de coches, etc., que ocasionan problemas mentales graves a la población. Ello hace que aumenten la aparición del trastorno por estrés postraumático (TEPT) entre otros trastornos. En lo referente al comienzo del TEPT, éste puede comenzar a cualquier edad, incluso en la infancia. En muestras clínicas, la edad media ha sido 21,5 años (Brown, et al., 2001) y en estudios epidemiológicos, la edad mediana de inicio ha sido 23 años en Estados Unidos (Kessler, et al., 2005) y 26 años en Australia (Chapman, et al., 2012); y la edad media, entre 24 y 28 años en Europa (Hapke, et al., 2006; de Vries & Olff, 2009). 4 Las prevalencias más bajas han sido halladas en un estudio realizado en seis países europeos (entre ellos España) con 21.425 adultos, mediante entrevista y con criterios del DSMIV-TR (Haro, et al., 2006). La prevalencia anual del TEPT fue 0,9% y la prevalencia-vida (individuos que en algún punto en su vida han padecido el TEPT respecto a la población total), 1,9%, la razón entre mujeres/hombres afectados fueron 3,2 (2,6 a 3,8 en España). Sin embargo, por cuestiones metodológicas, los datos del ESEMeD (estudio europeo de la epidemiología de los trastornos mentales) representan probablemente el límite inferior de la verdadera prevalencia (Kessler, 2007). En su extensa revisión, Wittchen et al. (Wittchen, et al., 2011) estimaron en población mayor de 14 años una prevalencia anual del 1,1%-2,9% en Europa, con una razón entre mujeres/hombres de 3,4. La prevalencia anual fue del 2,9% entre los 14 y 34 años, 1,3% entre los 35 y 65 años y 1,1% en los mayores de 65 años. Así pues, la prevalencia del TEPT parece ser más baja en Europa que en Estados Unidos y Australia. En un estudio mundial conducido en 13 países con casi 24.000 personas, la prevalenciavida del TEPT fue del 3,3% según el DSM-IV, del 4,4% según la CIE-10 y del 3% según una aproximación a los criterios del DSM-5 (Stein, et al., 2014). En general, las mujeres tienen el doble de probabilidad que los hombres de padecer TEPT subsecuentemente a eventos traumáticos. Desde el punto de vista de la vulnerabilidad, es importante la influencia de factores de protección (como la resiliencia) y factores de vulnerabilidad (genética y ambiental) que modulan la aparición de trastornos mentales y en este caso la aparición de TEPT, ya que se ha comprobado que no todas las personas los experimentan. Según varios estudios, como los citados anteriormente, hay un porcentaje muy dispar del posible impacto en la población, pero algunos los estiman entre un 5-10% (Bobes-García, et al., 2000), esta cifra parece más acorde con la realidad. El TEPT a diferencia de otras reacciones psicológicas parecidas, tiende a cronificarse (OMS. The ICD-10, 1992), pudiendo evolucionar hacia una transformación de personalidad (Echeburúa & Corral, 1998). Según el estudio ESSEMeD (Alonso, et al., 2004) la prevalencia del TEPT en la población general en España es del 1,95%, siendo del 2,79% en la mujer, frente al 1,06% en el caso del varón. Si reseñamos acontecimientos conocidos por todos, como los ocurridos en Madrid, tras los atentados del 11M, la cifra total de TEPT fue de un 2,3% en la población general, con un 4,3% en las zonas 5 próximas a las explosiones. Además, debo destacar la información y preparación que recibo de diferentes asignaturas de ámbito clínico en las cuales se ven cómo influye el estrés como estímulo en los humanos, los problemas psicológicos que ocasiona, las técnicas para reducir su impacto y su prevención y, por último, entender el estrés como respuesta a nivel del sistema nervioso, inmunitario y el endocrino. Yo me centraré en las alteraciones que se producen en los sistemas nervioso, endocrino e inmunitario en el TEPT. El objetivo de este estudio de revisión bibliográfica es conocer las alteraciones que existen en los principales sistemas (nervioso, endocrino e inmunitario) de respuesta de estrés en el TEPT. 6 3.Desarrollo del tema En primer lugar, haré una introducción sobre qué se entiende por estrés (tanto como estímulo como respuesta) y por trastorno por estrés postraumático. A continuación, explicaré de forma breve el funcionamiento normal del sistema nervioso, endocrino e inmunológico y qué alteraciones presentan estos sistemas en las personas con TEPT. En lo referente a las alteraciones del sistema nervioso, me centraré en la neuroanatomía estructural, funcional y el desequilibrio neuroquímico que podemos encontrar en personas con TEPT. En el apartado del sistema endocrino me centraré en las alteraciones del SNA sobre todo el simpáticoadrenomedular y en el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal (HHA) en personas con TEPT. 3.1. Definición de estrés y TEPT En primer lugar, a fin de clarificar el significado del término estrés, resulta pertinente realizar un breve recorrido histórico tomando en cuenta las principales conceptualizaciones sobre este fenómeno y lograr una mejor comprensión. En este sentido, me centraré en tres autores que considero que son los más importantes. Uno de los autores más representativos y que fue primero en definir el estrés, es Selye (fisiólogo y endocrinólogo). Este autor propone: “el estrés es la respuesta no específica del organismo frente a cualquier demanda que se haga sobre él, y que sin importar cuál sea la naturaleza del estresor (agentes evocadores de la respuesta de estrés) ya sea física o psicológica, provocará una demanda a la que el organismo deberá adaptarse con el fin de restablecer la homeostasis” (Selye, 1952). Este autor formalizó el concepto con dos ideas: El cuerpo tiene un grupo de respuestas (que él llamó síndrome general de adaptación, lo que ahora llamamos respuesta al estrés) para afrontar al estresor. Si el estresor se prolonga por mucho tiempo puede hacer que nos enfermemos. Así mismo, planteó una respuesta al estrés de 3 etapas: 1.Fase inicial (alarma): cuando se detecta la presencia del estresor. 2.Segunda fase (adaptación o resistencia): cuando se moviliza el sistema de respuesta volviendo al equilibrio (proceso activo mediante el cual el cuerpo responde a los eventos cotidianos para mantener la homeostasis, se denomina “alostasis”). 7 3.Tercera fase (agotamiento): si el estresor se prolonga en el tiempo, se entra en esta última fase, donde surgen las alteraciones relacionadas con el estrés crónico. Uno de los aspectos más criticados por muchos es su concepto de estrés y su modelo de estrés entendido como respuesta, ya que no todas las personas se estresan, ni generan las mismas respuestas en las mismas situaciones (Casuso, 2015). Otro de los autores importantes a destacar es Lazarus. Este autor propone un nuevo enfoque al incluir la evaluación cognitiva que realiza el individuo, como una variable fundamental en el desarrollo del estrés. De esta forma, la evaluación e interpretación que hace el individuo de su entorno determina lo que es o no es estresante (Lazarus, 2006). Siguiendo esta misma línea, Lazarus plantea la teoría transaccional del estrés basada en la interacción, entendiendo que existe una relación dinámica y bidireccional entre la persona y el entorno. Dicha teoría se centra en factores cognitivos en torno a una situación, y plantea que, frente a un estímulo externo potencialmente amenazante, el individuo realiza una valoración primaria, evaluando cognitivamente la situación y cómo esta compromete su integridad. Al mismo tiempo realiza una valoración secundaria de los recursos y capacidades propias que posee (personales, sociales, culturales y ambientales) para hacer frente a dicha situación. En base a estas valoraciones, el individuo determinará la forma e intensidad de su reacción, pudiendo optar por hacerle frente a la situación (si considera que posee los recursos para hacerlo), o se verá desbordado por ella, generando respuestas de angustia y ansiedad (Lazarus, 2006). Por último, una de las definiciones más recientes de estrés ha sido planteada por McEwen: “El estrés puede ser definido como una amenaza real o supuesta a la integridad fisiológica o psicológica de un individuo que resulta en una respuesta fisiológica y/o conductual. En medicina, el estrés es referido como una situación en la cual los niveles de glucocorticoides y catecolaminas en circulación se elevan” (McEwen, 2005). En cuanto a la definición del TEPT, he escogido la dos más completas y actuales que son la del CIE-10 propuesta por la Organización Mundial de la Salud y la del DSM-IV. 14 Figura 1. Von Hopffgarten, (2013). Las huellas del estrés. En relación a las alteraciones del Sistema Nervioso Autónomo (SNA), varios estudios han proporcionado pruebas convincentes de la hiperactividad del eje simpático adrenomedular en el TEPT por lo que es un factor de riesgo para su aparición (Pitman, et al, 2012). La evidencia sugiere que los individuos fisiológicamente reactivos son más susceptibles a los estresores ambientales (Obradovic, et al., 2011). Aunque hay evidencia convincente de un aumento de sobresalto (reacción fisiológica de reflejo hacia un estímulo presente, y es un indicador de la reacción del miedo en un organismo) en el TEPT, no está claro si esto representa un rasgo preexistente, mayor sensibilidad a la amenaza contextual, o sensibilización del sistema nervioso (Shalev, et al., 2000). Los pacientes con TEPT también muestran una mayor respuesta de la frecuencia cardíaca a los estímulos sorpresa, que parecen ser adquiridos (Shalev, et al., 2000). Uno de los síntomas más típico del TEPT es el hiperarousal y, por lo tanto, no es sorprendente que la sobreactivación basal del SNS está presente (Brudey, et al., 2015). Por ejemplo, estudios que investigan marcadores indirectos de actividad simpática muestran que los pacientes con trastorno de estrés postraumático tienen alta presión sanguínea, disminución de la variabilidad de la frecuencia cardíaca y niveles de catecolaminas en plasma y orina, lo que sugiere una sobreactividad del sistema nervioso simpático (Bedi & Arora, 2007; Buckley & Kaloupek, 2001). 15 En relación al eje HHA, ¿cómo es el funcionamiento normal del eje ante una situación de estrés? La defensa ante el estrés agudo se produce en dos fases, una es el eje simpático y otra el eje HHA. Ante el estrés agudo, el cuerpo reacciona con un complejo mecanismo de adaptación. Las señales del hipotálamo alcanzan las cápsulas suprarrenales a través de las fibras nerviosas simpáticas. En consecuencia, estas segregan adrenalina y noradrenalina (eje simpático). Las hormonas del estrés elevan la tasa cardíaca y la presión sanguínea y activan el sistema inmunitario. Poco después se activa el eje HHA. El hipotálamo libera la hormona liberadora de corticotropina (CRH), que lleva a la hipófisis a producir hormona adrenocorticotropa (ACTH). Esta, a su vez, alcanza las cápsulas suprarrenales a través de la circulación sanguínea. Allí se produce cortisol, que a la larga normaliza de nuevo la respuesta inmunitaria (Von Hopffgarten, 2013). En la siguiente figura 2 podemos ver de forma esquematizada el proceso. Figura 2. Recuperado de https://adrenalfatiguesolution.com/hpa-axis/ En relación a las investigaciones sobre las alteraciones del eje HHA en el TEPT, los hallazgos sobre la secreción de cortisol en el TEPT son aún menos homogéneos debido a que algunos autores apoyan la idea de hipercortisolismo y otros la de hipocortisolismo (Meewisse, Reitsma, et al., 2007). Una revisión de hace unos años concluyó que el TEPT se asocia con una menor producción de cortisol, especialmente en la mañana (Morris, Compas, et al., 2012). Debido al hecho de que el cortisol se libera en pulsos y tiene un ritmo circadiano claro, las medidas de cortisol urinario de 24 horas proporciona una medida integrada que es más fiable que las medidas de una toma al día. 16 Por otro lado, revisando algunas investigaciones, evidencian que no hay aumento de los niveles de ACTH en el TEPT (Yehuda, Golier, Halligan et al., 2004; Kanter et al., 2001), lo que hace improbable la insuficiencia suprarrenal primaria (la ISP se debe a una secreción de hormonas corticosuprarrenales inferior a las demandas del organismo) (Serrano, et al., 2005, p.31-34). Del mismo modo, el eje HHA responde al menos normalmente, si no de manera exagerada, a una gama de estímulos estresantes y farmacológicos, lo que sugiere que no hay activación central del eje HHA (de Kloet, et al., 2006; Bremner, Vythilingam, Vermetten, Adil, et al., 2003) según estos estudios. Como bien se ha comentado en otro apartado, hay estructuras implicadas en la liberación de la hormona ACTH. Un ejemplo de ello es la corteza cingulada anterior, esta y las lesiones de la división prelímbica aumentan los niveles de la hormona adrenocorticotrópica (ACTH) y la secreción de corticosterona en ratas e inducen la producción de CRH por el núcleo paraventricular (NPV) después de una restricción forzada (acto de evitar físicamente que un individuo realice alguna acción física peligrosa), sugiriendo un papel estresor específico en la inhibición del eje HHA (se supone que la amígdala activa el eje HHA) (Figueiredo, 2003). Su influencia está altamente mediada por el núcleo central y medial de la amígdala, que representa la proyección de amígdala más importante en el tronco encefálico, hipotálamo y mesencéfalo. Las lesiones en la amígdala reducen la corticosterona o la ACTH después del estrés, mientras que la estimulación aumenta la activación del eje HHA (Herman, 2005). En otros estudios, la disminución del cortisol no se debe a ninguna insuficiencia suprarrenal o hipofisaria, sino que hay un aumento de la sensibilidad de las células diana a la acción del glucocorticoide, en particular en la retroalimentación negativa sobre el eje hipotalámico-hipófisis-adrenal (estrés) (Yehuda, et al., 2009). Por el contrario, en otros estudios de Yehuda et al. en veteranos de combate con TEPT y sin TEPT, usaron la prueba de supresión de dexametasona (DST) para evaluar una inhibición del eje HHA a través de un aumento de la retroalimentación negativa. Los hallazgos que evidenciaron fueron de una hipersupresión de la producción de cortisol y una mayor disminución de los receptores glucocorticoides en los linfocitos después la administración de dosis bajas de dexametasona a los veteranos con TEPT y sin TEPT (Yehuda, Golier, Yang, Tischler, et al., 2004). Los datos recientes sugieren que el metabolismo de glucocorticoide periférico está notablemente alterado en algunas personas con TEPT. En los ancianos sobrevivientes del holocausto, muchos de los cuales tienen TEPT, la producción total de glucocorticoides se reduce 17 notablemente (Yehuda, et al., 2009). Se ha planteado la hipótesis de que el hipocortisolismo podría contribuir a la producción exagerada de catecolaminas en el TEPT (Yehuda & Seckl, 2011; Zoladz & Diamond, 2013). Sin embargo, muy pocos estudios han medido los niveles de cortisol y catecolamina dentro de los mismos pacientes. Un estudio encontró niveles más bajos de cortisol y una mayor secreción de noradrenalina (pero no epinefrina) en mujeres con TEPT en comparación con aquellos sin TEPT (Glover & Polonia, 2002). Otros han encontrado el patrón opuesto, es decir, con más cortisol y catecolaminas normales (Inslicht, Marmar et al., 2006) o niveles más altos de catecolaminas y normales de cortisol (Young y Breslau 2004). Algunos estudios muestran que el TEPT está asociado con la disminución de los niveles de cortisol (Rohleder, et al., 2004), mientras que otros indican que no hay cambio (Söndergaard & Theorell, 2002) o incluso un aumento de los niveles (Song, Zhou & Wang, 2008). También hay alguna evidencia limitada de la disminución de los niveles de cortisol en los hijos de pacientes con TEPT (Yehuda, Blair, et al., 2007; Yehuda, Teicher, et al., 2007). En un estudio posterior se han observado niveles más bajos de cortisol y alteración en el funcionamiento del eje HHA en mujeres traumatizadas sin TEPT (Ganzel, et al., 2007). Se cree que la correlación entre el eje hipotalámicohipofisario-adrenal (HHA) y la actividad del sistema adrenérgico es negativa en el TEPT, en lugar de positivo como en la depresión (Yahyavi, et al., 2015). La evidencia científica de las respuestas del eje HHA de los pacientes con TEPT sugiere que los individuos susceptibles expuestos a violencia extrema tienen una reacción persistente al estresor. Una gran capacidad de respuesta de los GR (receptores glucocorticoides) conduce a una disminución de la producción de ACTH y cortisol. El bajo nivel de cortisol podría ser incapaz de "desactivar" el sistema LC-SNS (Locus Coeruleus-Sistema Nervioso Simpático) causando hiperactivación autonómica (lo que conduce a un incremento de los niveles de catecolaminas). El aumento de la CRF (hormona liberadora de corticotropina) podría ser parcialmente responsable de síntomas como insomnio, irritabilidad, dificultad de concentración, hiperarousal y una respuesta exagerada de sobresalto encontrados en pacientes con TEPT (Ruiz, et al., 2007). 18 Los estudios de imagen de los pacientes con TEPT mostraron datos consistentes de una disminución del volumen del hipocampo (Lindauer, 2006). Este hallazgo podría estar parcialmente relacionado con una hiperactividad del eje HHA (Sapolsky, 2000; Ruiz, et al., 2007). Es posible plantear la hipótesis de que, debido a la intensidad de la experiencia (sujeto susceptible debido a un estrés temprano en la vida), aumenta la sensibilidad de los receptores glucocorticoides (se produce por la activación continuada por glucocorticoides), disminuyendo la producción de ACTH y cortisol (Ruiz, et., 2007). Debido a estos hallazgos contradictorios, se hizo un nuevo estudio (Wingenfeld, et al., 2015) con el objetivo de investigar más a fondo la asociación entre el TEPT y las catecolaminas urinarias de 24 horas y el cortisol en una gran muestra de pacientes ambulatorios. Los resultados que obtuvieron fueron: - No se encontraron diferencias en el grupo que se tomó la medida urinaria de 24 horas entre epinefrina urinaria y dopamina. - Medir con los CAPS (escala que evalúa los síntomas postraumáticos de acuerdo a los criterios del DSM-IV o DSM-5 según la versión utilizada) los síntomas del TEPT sobre todo la gravedad de dichos síntomas. - Los pacientes con TEPT actual presentaron una secreción significativamente mayor de norepinefrina y niveles de cortisol más bajos en comparación con aquellos que nunca tuvieron el TEPT que mostraron niveles de norepinefrina más baja y valores más altos de cortisol. Por último, el estudio más reciente es de Dayan (Dayan, Rauchs & Guillery-Girard, 2017). En este se presentan estudios de ritmicidad endocrina (períodos del ritmo circadiano y niveles de cortisol) que revelan que algunas anomalías de los ritmos se observan frecuentemente, aunque no constantemente, tanto para el cortisol como para la actividad del sistema nervioso simpático (SNS). Los cambios más típicos son un aplanamiento (ritmo estable sin fluctuaciones) de la secreción diurna de cortisol y la hiperactivación del SNS. Estos resultados pueden explicar por qué el funcionamiento cognitivo, en particular la consolidación de los recuerdos emocionales, la atención, el aprendizaje, la vigilancia y la excitación, se altera en los pacientes con trastorno de estrés postraumático. 19 3.4. Sistema Inmunológico En este apartado se expondrá brevemente la función y la forma principal de defensa del sistema inmunológico, así como su alteración en el TEPT. El sistema inmunológico es uno de los sistemas más complejos del organismo. Su función es la de protegernos de las infecciones y, dado que los organismos infecciosos han desarrollado complejas estratagemas mediante el proceso evolutivo, nuestro sistema inmunológico ha desplegado también las suyas propias (Carlson, 2014). Por otro lado, es importante destacar que el sistema inmunológico participa y se ve influenciado por el estrés. La existencia de una relación directa entre el estrés y el sistema inmunológico fue demostrada por Glaser et al (Glaser, et al., 1987). El sistema inmunológico está especializado en el reconocimiento de los agentes extraños potencialmente nocivos para el organismo que pueden poner en peligro su homeostasis y, por tanto, su supervivencia (Abril, et al., 2011, p. 587-616). En la figura 3 se explica cómo es la forma principal de defensa del sistema inmunológico. Figura 3. Von Hopffgarten (2013). Las huellas del estrés. 20 Existe una conexión anatómica funcional entre el eje HHA y el sistema inmunológico. Este eje y el sistema inmunológico se comunican en un complejo sistema de retroalimentación que puede ser interrumpido después de la experiencia de un evento traumático, lo que resulta en riesgos para el bienestar físico y psicológico. En este sentido, el estrés influye a nivel del sistema inmunológico elevando la secreción de glucocorticoides y estas hormonas deprimen directamente la actividad del sistema inmunológico. Debido a que la secreción de glucocorticoides está controlada por el cerebro (a través de la secreción de CRH), este es obviamente el responsable del efecto depresor de estas hormonas sobre el sistema inmunológico (Carlson, 2014, p. 626-658). Los hallazgos generales apoyan la hipótesis de que la activación inmunológica en el TEPT puede estar asociada con el desequilibrio entre la producción de linfocitos de citocinas inflamatorias mediadas por células (Th1) y humorales (Th2) (Wong, 2002). Después de un factor de estrés, el cortisol aumenta y como resultado, se produce la supresión de las citocinas Th1 uniéndose a los receptores de glucocorticoides (GR) en los linfocitos, lo que da lugar a una desregulación de las actividades inflamatorias (Sternberg, 2006). Las citoquinas Th1 estimulan el eje HHA dando como resultado un aumento del cortisol y una reducción de las actividades inmunes (Raison & Miller, 2003). Además, se cree que el TEPT se relaciona con niveles bajos de cortisol plasmático y una mayor expresión de los receptores de glucocorticoides, lo que sugiere una mayor sensibilidad al cortisol (Yehuda, 2002). En la figura 4 lo podemos ver reflejado en un esquema. 21 Figura 4. Obtenida de Gill et al. (Gill, Saligan, Woods & Page, 2009) En contraste con estos hallazgos, Gotovac et al. (Gotovac, et al., 2003), demostraron que los veteranos de combate croatas con TEPT, aproximadamente 6 años después del evento traumático, tenían menor expresión del receptor de glucocorticoides en los subgrupos de linfocitos, pero con mayor concentración de cortisol sérico que los sujetos sanos. Teniendo en cuenta las fuertes discrepancias en los resultados publicados hasta la fecha, existe un estudio transversal de Vidović et al. (Vidović, et al., 2007) que evaluaron la correlación entre el TEPT en los combatientes de guerra de combate croatas y los porcentajes de los subgrupos de linfocitos circulantes, la citotoxicidad de células asesinas naturales como medida de la función inmune, la concentración sérica de cortisol y la expresión de los receptores glucocorticoides linfocitarios como componentes del eje HHA. Se hizo hincapié en la relación entre los parámetros evaluados y el tiempo transcurrido desde la experiencia traumática. Los 22 resultados que obtuvieron mostraron un aumento del recuento de linfocitos en pacientes con TEPT y una correlación positiva de la expresión de los receptores de glucocorticoides linfocitarios con el tiempo transcurrido desde la experiencia traumática. Así mismo, no se observó el efecto del TEPT en los subgrupos de linfocitos de la sangre periférica, la función de las células inmunitarias medida por la citotoxicidad de las células asesinas naturales y los componentes del eje HHA. Otra correlación positiva entre la concentración de cortisol y el receptor de glucocorticoide linfocitario observada en este estudio sugiere que otros factores distintos de los glucocorticoides endógenos están implicados en la mutua modulación de la expresión de los receptores de glucocorticoides y la secreción de cortisol. Una revisión de hace unos años analizó la literatura publicada sobre el estado inmunológico y concluyó que los pacientes con TEPT presentan un estado inflamatorio excesivo (Gill, Saligan, Woods & Page, 2009). Por lo tanto, es importante estudiar los cambios moleculares que ocurren en las células inmunes y la inflamación que manifiestan los pacientes con TEPT. Antes de entrar con más detalle en las alteraciones, hay que definir primero unas células importantes del sistema inmunológico que en pacientes con TEPT han sido de gran relevancia. Las células mononucleares de sangre periférica (PBMC), que incluyen células T, células B y monocitos, son actores principales en el sistema inmunológico periférico y constituyen células que son a la vez proinflamatorias y antiinflamatorias de forma natural. Además, muchas de las citoquinas y quimiocinas del medio proinflamatorio y antiinflamatorio son producidas por las PBMC y pueden dar lugar a profundos cambios en la respuesta inmunitaria (Shevach, 2009). El consenso ahora es que, a pesar de que el TEPT es un trastorno psiquiátrico, las PBMC juegan un papel importante en exacerbar los síntomas (Gola et al., 2013; Michopoulos et al., 2015). Sin embargo, el conocimiento de la iniciación de la inflamación y las vías canónicas (interacción de las vías de señalización intracelulares participantes en la proliferación celular) disreguladas durante el TEPT en PBMCs son poco conocidos. En un estudio reciente (Bam, et al., 2016) identificaron y predijeron muchos genes expresados diferencialmente implicados en vías canónicas relacionadas con la biología del sistema inmunológico, en las PBMCs de pacientes con TEPT. Así mismo, las vías moleculares involucradas y los mecanismos que regulan la expresión de los genes implicados en las vías inflamatorias en el TEPT no reciben la información adecuadamente. Sin embargo, la naturaleza 23 de los cambios que se producen en el TEPT, a nivel molecular, en las PBMCs, es en gran parte poco clara. En este estudio, por lo tanto, estuvieron interesados en explorar las diferencias globales en la expresión génica durante el TEPT con actividad de las PBMCs y, lo que es más importante, correlacionar la diferencia con cualquier marca epigenética alterada. 4.Conclusiones En general los resultados son contradictorios, pero si se puede destacar la existencia de coincidencias entre las diversas investigaciones que hacen tener una clara conclusión de aspectos que están alterados en el TEPT. En referencia a los cambios neuroanatómicos estructurales: - Se evidencia que el volumen del hipocampo está reducido como consecuencia de la toxicidad de los glucocorticoides u ocasionados por el trauma. Así mismo, a nivel funcional se encuentra hipoactivado el hipocampo, esto provoca fragmentación de la memoria y aparición de amnesia traumática al estar dañado. - La amígdala presenta una reducción estructural y esto se relaciona con la severidad del TEPT de forma directa. A nivel funcional se encuentra hiperactivada, esto provoca un aumento de reacción del miedo e hiperarousal. - Por otro lado, se observa una reducción en el volumen de la corteza prefrontal (CPF) y la corteza cingulada anterior. A nivel funcional están hipoactivadas, esto provoca que no inhiba la amígdala por lo que no hay disminución de emociones. - Por otra parte, hay estructuras menos estudiadas pero que han mostrado estar alteradas que son el núcleo caudado y la ínsula. Estas estructuras presentan una reducción en su volumen. - En relación al desequilibrio neuroquímico, los datos sugieren que hay un aumento de catecolaminas (noradrenalina y dopamina) y una disminución de serotonina en el TEPT, aunque un último estudio reciente no apoya esta teoría. En relación a las alteraciones en el sistema endocrino: - La teoría con más apoyo es la existencia de hipocortisolismo en el TEPT. Los niveles de cortisol bajos podrían deberse a una insuficiencia suprarrenal primaria parcial, a una alteración en el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HHA) debido a un aumento de la 30 602. 59. Kessler, R. C., Rose, S., Koenen, K. C., Karam, E. G., Stang, P. E., Stein, D. J., ... & McLean, S. A. (2014). How well can post‐traumatic stress disorder be predicted from pre‐trauma risk factors? An exploratory study in the WHO World Mental Health Surveys. World Psychiatry, 13(3), 265-274. 60. Krystal, J. H., & Neumeister, A. (2009). 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