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I. TEXTOS ENMENDADOS EN PLUTARCO Y HERÓDOTO: HIERAI, HIEROI Lycurgus 27, 3: ἐπιγράψαι δὲ τοὔνομα θάψαντας οὐκ ἐξῆν τοῦ νεκροῦ, πλὴν ἀνδρὸς ἐν πολέμῳ καὶ γυναικὸς [τῶν] λεχοῦς ἀποθανόντων, una vez enterrados no estaba permitido inscribir el nombre del muerto sobre la tumba, excepto de un hombre, si había muerto en la guerra, o de una mujer, si había muerto en el parto. (n. ἡ λεχώ, gen. λεχόοςλεχοῦς, “mujer que acaba de dar a luz”) Este texto, que es el que se lee en la edición Teubneriana de Ziegler, ha sido enmendado. La lectura de los manuscritos era la siguiente: ἐπιγράψαι δὲ τοὔνομα θάψαντας οὐκ ἐξῆν τοῦ νεκροῦ, πλὴν ἀνδρὸς ἐν πολέμῳ καὶ γυναικὸς τῶν ἱερῶν ἀποθανόντων 1 , una vez enterrados no estaba permitido inscribir el nombre del muerto sobre la tumba, excepto de un hombre, si había muerto en la guerra o de una mujer, si era una de las hierai 2 . La lectura de los manuscritos no ofrecía problemas de ningún tipo, aunque la identidad de las hierai era un enigma. Las publicaciones de los siglos XIX y XX mantuvieron el texto sin modificar, pero Ziegler introdujo la nueva conjetura en la edición Teubneriana de 1926, atribuyendo la enmienda a Kurt Latte. Desde entonces, dicha conjetura ha sido ampliamente adoptada, aunque no con unanimidad. Ni la lectura de los manuscritos ni la enmienda presentan problemas gramaticales, pero la enmienda ofrece la ventaja de cubrir nuestras expectativas sobre la sociedad espartana: “c’est ainsi que des énigmes se remplissent de choses connues” 3 . ¿Qué información aporta la epigrafía en apoyo de cada una de las dos lecturas? Para sustentar la interpretación que ha prevalecido, la que enmienda el texto de los manuscritos, se presentaron como apoyo documental cuatro inscripciones funerarias lacedemonias, cada una de ellas dedicada a una mujer muerta en el parto (n. ἡ λεχώ, 1 Esta es la lectura del Codex Seitenstettensis. El codex Laurentianus ofrece una lectura idéntica excepto por el error de ἱερῶς en vez de ἱερῶν. 2 ἱερός, ἱερά no significan “sacerdote, sacerdotisa” (para ello contamos con los términos ἱερεύς para el masc. y ἱερέα o ἱέρεια para el fem.), sino “sagrado, consagrado”; sin embargo, optamos por transcribir el término o por traducirlo de manera laxa, como habitualmente se hace aunque no sea demasiado exacto. 3 P. Brulé & L. Piolot (2002/2: 486). La historia del problema textual que presento aquí está tomada en gran medida de este artículo. Flacelière (1948) está entre quienes aceptaron la enmienda. Hasta donde sé, el primero en cuestionar la enmienda del texto y en poner este pasaje en relación con Heródoto 9.81.1-2, testimonio que consideraré más adelante, fue Den Boer (1954).
voc. λεχοῖ) 4 , además de un número de epitafios laconios referidos a varones muertos en la guerra, que serían su contrapartida (θανόντες ἐν πολέμῳ) 5 . Estos textos avalarían la idea, ya familiar para nosotros, que asocia la muerte en la guerra y la muerte en el parto (recuérdese el discurso de Medea...) 6 . La cuestion, pues, es si aceptar esta evidencia para justificar tan drástica intervención en un texto perfectamente gramatical –en concreto, reemplazar ἱερῶν por λεχοῦς y eliminar τῶν 7 — o, por el contrario, considerar que pueden haber existido hierai en Laconia e intentar clarificar el sentido de este término 8 . Es importante añadir que también hay evidencia epigráfica en favor de esta segunda alternativa: existen inscripciones en las que los nombres de las mujeres van seguidos de ἱερά o ἱαρά. Este limitado dossier lo componen cinco inscripciones lacedemonias 9 –aunque no espartanas—. Sin embargo, el dossier mesenio es más ilustrativo e incluye un importante texto sobre los misterios celebrados en la ciudad de Andania 10 . Es cierto que no se puede identificar sin más a las hierai mesenias y 4 IG V 1, 713 ([ἡ δεῖνα — —] λεχόι. vacat), 714 (Ἀγιππία λεχόι), 1128 ([— — χαίρ]ετε. / [— — — — — ]η χαῖρε./ [Φ]ιλοκλῆς τ[ῶι π]ατρὶ καὶ τᾶι ματρί·/ Ὀνασ[ία] λεχὸι χαῖρε. vac.), 1277 ([— —]ς. Περίλα λεχόι/ Πραξίων χαῖρε./ Ἀγαθοκλῆ/ χαῖρε./ Λαβίπα {²⁶Λαβίππα}²⁶ λεχό[ι]./ Φιλάριν/ χαῖρε./ Πανκρατίδα/ χαῖρε./ Λυκίνα χαῖρε./ Φι<λ>άριν λεχὸι χαῖρε./ [Δ]άμιππε χαῖρε./ vac. ΕΟ[— — — — —]#⁷Ϲ#⁷[․]Ϲ χαῖρε.). Esta evidencia no está libre de dificultades. Los números 713 y 714 eran los que apoyaban la enmienda de Latte y son probablemente de época helenística; más tarde se añadió 1128, de época romana, y 1277, que presenta una lista de varias mujeres, de tres de las cuales se dice que han muerto λεχοῖ. Esta última es la inscripción más interesante, ya que demuestra que el hecho de haber muerto en el parto no puede ser la razón para recordar el nombre de la mujer o, al menos, no la única razón, ya que se incluye el nombre de otras que no han muerto en esa circunstancia. Cf. M. Dillon (2007: 152-153). 5 IG V 1, 701-710, 918, 921, 1124, 1125, 1320, 1591? P. Brulé & L. Piolot (2002/2) han añadido algunos nuevos descubrimientos a esta serie, unos publicados, otros inéditos, que se conservan en el Museo de Esparta. Cf. también M. Papapostolou (2010). 6 Señala Toher (1999: 124) las contradicciones de admitir ese honor especial para las mujeres muertas en el parto. Se trata de una muerte muy común y no es fácil que constituyera razón suficiente para ser reconocida con un epitafio especial; además, si ese era el caso, ¿por qué son tan escasos los testimonios? Reconozco la lógica de esta argumentación, pero la misma serviría para desconfiar del resto del texto, es decir, de la idea de que los varones muertos en combate –una muerte igualmente común—fueran objeto de un honor especial. 7 En el artículo citado, P. Brulé & L. Piolot (2002/2), los autores revisan los pocos ejemplos de objeciones a la enmienda de Latte y los argumentos empleados para silenciaros, basados siempre en que, si bien es verdad que la lectura de los manuscritos es gramaticalmente correcta, la popuesta de Latte facilita una mejor comprensión del texto. 8 N. Richer (1994, 2007) es uno de los autores que rechazan la enmienda y creen que la ley de Licurgo otorgaba honores especiales a las enigmáticas hierai. 9 Las consideraré más adelante. 10 Es una inscripción tardía, del 92 a.C., que da cuenta de la celebración de unos antiguos e importantes misterios (Pausanias IV 1. 5-9) en esta ciudad del norte de Mesenia. La edición y comentario más reciente de esta inscripción es L. Gawlinski (2011).
lacedemonias, pero también parece verosímil que no fueran enteramente diferentes las unas de las otras 11 . En un reciente estudio se defiende aceptar la lectura de los manuscritos de Licurgo y se plantea, además, la siguiente cuestión: se ha objetado que si tal privilegio (inscribir el nombre del muerto en la tumba) se garantizaba a los hombres muertos en batalla y a las mujeres que habían ejercido la función religiosa de hierai, ¿por qué no se dice nada de los hombres que ejercían esa misma función religiosa en el momento de su muerte? Lo cierto es, afirma el autor, que los hombres que ejercían de sacerdotes y morían en batalla podían obtener honores incluso mayores que los hoplitas, según se infiere de un pasaje de Heródoto sobre la batalla de Platea. Heródoto menciona que los lacedemonios caídos en Platea fueron enterrados en tres túmulos, uno para los sacerdotes, otro para los espartanos y otro para los hilotas. El problema, una vez más, es que también este texto ha sido enmendado: Valckenaer, en 1700, reemplazó “sacerdotes” (ἱρέας y ἱρέες, en 9.85.1 y 9. 85.2) por eirenes (ἰρένας e ἰρένες, respectivamente), los jóvenes hoplitas espartanos de veinte años (o treinta como mucho) 12 : Λακεδαιμόνιοι μὲν τριξὰς ἐποιήσαντο θήκας· ἔνθα μὲν τοὺς ἱρέας ἔθαψαν, τῶν καὶ Ποσειδώνιος καὶ Ἀμομφάρετος ἦσαν καὶ Φιλοκύων τε καὶ Καλλικράτης· ἐν μὲν δὴ ἑνὶ τῶν τάφων ἦσαν οἱ ἱρέες, ἐν δὲ τῷ ἑτέρῳ οἱ ἄλλοι Σπαρτιῆται, ἐν δὲ τῷ τρίτῳ οἱ εἵλωτες. 11 P. Brulé & L. Piolot (2002/2: 503-504, 513-514): “les hiérai lacédémoniennes dont Plutarque atteste l’existence, sans être homologues des hiérai messéniennes, endossaient à Sparte une fonction religieuse suffisamment importante pour avoir reçu le droit d’inscrire leur nom (et leur titre) sur leur monument funéraire [...] Rien ne permet d’assurer que les hiérai messéniennes, dont l’existence ne peut pas être attestée avant 92 av., ont à voir avec les hiérai lacédémoniennes dont quelques stèles funéraires ont conservé le nom. Toutefois, quand bien même il n’est pas aisé de décider à quelle catégorie appartiennent les femmes que ces épitaphes qualifient de hiérai, il est fort à parier qu’à Messène comme en Laconie l’étiquette ne saurait désigner deux catégories, deux status fondamentalement distincts l’un de l’autre”. 12 M. Dillon (2007: 157-158). El autor indica que la enmienda no es aceptada por Ph. E. Legrand (Budé, 1954) pero sí por C. Hude (Oxford, 1927) y H.R. Dietsch (Teubner, 1909). En cuanto a las clases de edad espartanas, vid. C.M. Tazelaar (1967). Sobre esta corrección al texto de Heródoto, véase también M. Toher (1999: 118-122), que señala que la sugerencia de Valckenaer se basaba en dos hechos: su desconocimiento de evidencias sobre sacerdotes espartanos muertos en combate y la existencia de un antiguo léxico herodoteo que mencionaba el término εἴρην, que no aparece en ningún otro lugar de la obra del historiador. Frente al primer argumento, puede decirse que el poco conocimiento que tenemos de la religión espartana no puede utilizarse como razón para enmendar el texto; sobre el segundo, señala Toher que el léxico herodoteo en cuestión incluye numerosos términos que no aparecen en Heródoto, además de un buen número de palabras claramente tomadas de la Electra de Sófocles. Toher menciona en relación con estas cuestiones los estudios previos de W. Den Boer (1954) y H. Stein (1871). Actualmente, para el texto de Plutarco, la mayoría de autores parece inclinarse por respetar la lectura de los manuscritos, aunque se mantienen voces a favor de la enmienda de Latte, como M. Papapostolou (2010).
Con razón señalan algunos autores que la aparición aquí del término específico eirenes no debería ser tan claro para todos como el de espartano o hilota, con lo que seguramente, si fuera el caso, Heródoto habría añadido alguna explicación; además, los hechos que el historiador narra de uno de ellos, Amonfáreto, que se negó a cumplir las órdenes del jefe espartano Pausanias, no parecen responder a la actitud de un joven 13 . Por mi parte, prefiero seguir las sugerencias en el sentido de que si el texto no presenta problemas lo que debemos hacer, si no lo entendemos, es intentar entenderlo, no modificarlo 14 . 13 M. Toher (1999: 120-121). Este autor propone también una enmienda al texto de Plutarco: la eliminación de καὶ γυναικός, es decir, suprimir enteramente la referencia a las mujeres. Para ello se apoya en otro texto de Plutarco, Mor. 238D (ἀνεῖλε καὶ τὰς ἐπιγραφὰς τὰς ἐπὶ τῶν μνημείων, πλὴν τῶν ἐν πολέμῳ τελευτησάντων), donde se habla de funerales espartanos y no se menciona a la mujeres, sólo a los varones muertos en combate. Para el autor, la expresión καὶ γυναικός sería un añadido posterior, introducido con el fin de presentar un texto “equilibrado” con referencia a hombres y mujeres. 14 D. Gilula (2003: 84): “Since the text is sound, the evidence is not quaestionable at all, but we, if we find it difficult, have to explain it. According to the transmitted text we have to assume that among the Spartans who died in the battle were priests, that priests were buried separately and their names inscribed on the gravestone, and that the four whose names are specified by Herodotus were priests”. Otro autor que rechaza firmemente la enmienda es M.A.Flower (2009) y esa es la postura que prevalece en los últimos años, véase también N. Richer (2007).