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Caminar, andar, pasear

Heredia-Bayona, Antonio

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116 pArAdigmA Revista Universitaria de Cultura NUESTRA ESTIRPE DE HOMO VIATOR camina erguida sobre la tierra como resultado de una gran conquista evolutiva. Especie que ha sido y es capaz de mirar y escudriñar no solo el suelo sino también el horizonte y los cielos. La RAE nos dice que andar es ir de un lugar a otro dando pasos. Algo que el hombre lleva haciendo miles y miles de años y que le ha permitido descubrir, conocer y colonizar nuestro planeta. Con una cadencia que ha sabido domesticar la precipitación y adaptarse al tiempo real de las cosas que ocurren a nuestro alrededor; una lentitud intrínseca del andar que genera uno de los grandes secretos de la marcha como es el de profundizar el espacio. Así las largas caminatas pueden llegar a ser actos poéticos y creativos y convertirse en una búsqueda y experimentación de lo sublime y del vértigo estético. Para el caminante consciente el poema es un camino y el camino es un poema. La ruta del caminante es siempre una opción para el ensimismamiento; una excusa ineludible para rendir cuentas consigo mismo, para preguntarse, para evaluarse y corregirse. Son ritmos fértiles del pensar y del caminar unidos. Caminar así es un modo de recibir el relato de las cosas y hechos que nos rodean sintiendo que vas andando por un camino de acuerdo con tu mapa. También la ruta es opción para poner en evidencia la diferencia entre los tiempos y las duraciones. La marcha consciente y alerta es siempre medida y registrada por nuestro invisible reloj íntimo, por una duración que a veces sentimos muy breve y otras veces con sensación de eternidad. El tiempo real se difumina y los verbos y adverbios, que constituyen la acción y la densidad de nuestras vidas cotidianas, son misteriosamente sustituidos por nombres y adjetivos: árboles, rostros, piedras, pájaros, colores o estrellas. También el camino, en el que solo queda sin más avanzar y avanzar, hay escondida una gran lección que los buenos caminantes han sabido aceptar y aprender: el valor de la disciplina. Una disciplina, como indica el filósofo Frédéric Gros, que llega a ser lo imposible conquistado mediante la repetición obstinada de lo posible. El camino llega a su fin… se siente alegría porque el cuerpo se siente vivo y yo, tú, estás vivo. Hay, al final, una sensación de reconfortante serenidad y de haber sentido que caminar es el modo en que un cuerpo, tu cuerpo, ha cobrado su auténtica relación y medida con la madre tierra.– «Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos, con furia, con olvido.» Pablo Neruda Caminar, andar, pasear Antonio Heredia