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El lenguaje: investigación básica y aplicaciones

Rodríguez-Santos, José Miguel

Abstract

Leccion inaugural curso 2015-2016 impartida por el Dr. D. José Miguel Rodríguez Santos

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JOSÉ MIGUEL RODRÍGUEZ SANTOS EL LENGUAJE: INVESTIGACIÓN BÁSICA Y APLICACIONES JOSÉ MIGUEL RODRÍGUEZ SANTOS EL LENGUAJE: INVESTIGACIÓN BÁSICA Y APLICACIONES UNIVERSIDAD DE MÁLAGA - 2015 © José Miguel Rodríguez Santos © Publicaciones y Divulgación Científica. Vicerrectorado de Investigación y Transferencia de la Universidad de Málaga Diseño de cubierta: María Luisa Cruz Maquetación: Aurora Álvarez Narváez Esta obra está disponible en papel ÍNDICE Introducción ........................................................... 5 I. Cómo se originó y transmitió el lenguaje ................. 9 ¿Cuál es la posición sostenida mayoritariamente hoy en día?....................................................... 9 ¿Qué mecanismos han permitido la transmisión del lenguaje? .................................................... 12 II. Cómo funciona el lenguaje. Avances en el conocimiento del procesamiento del lenguaje ...... 15 ¿Qué ha encontrado la investigación psicolingüística? ................................................ 19 Conclusión .............................................................. 25 5 EL LENGUAJE: INVESTIGACIÓN BÁSICA Y APLICACIONES Introducción No digo nada nuevo si enfatizo que el lenguaje es la capacidad que nos diferencia con más claridad del resto de las demás especies y que, por lo tanto, más contribuye a nuestra definición como seres humanos. El lenguaje se constituye en un rasgo prototípico de la humanidad. Ninguno de los demás rasgos parece gozar de este privilegio. Si pensamos en otras capacidades que posee el ser humano –no en sus logros– siempre podemos observar que existen en mayor o menor grado en otras especies. Es el caso de la inteligencia, la memoria o la capacidad de percepción o de atención (campos en los que nos pueden superar ampliamente). O incluso de la capacidad de distinguir lo que es justo de lo que no lo es, como han puesto de manifiesto los primatólogos. Hay miles de especies animales pero ninguna tiene esta capacidad –incluidos nuestros más cercanos parien- 6 tes vivos como es el caso de los grandes simios, con los que guardamos una enorme similitud biológica. Por supuesto que todas las especies se comunican, a veces de manera sorprendentemente sofisticada, pero ninguno de sus sistemas de comunicación puede igualar al lenguaje humano en complejidad, flexibilidad y capacidad para transmitir información altamente elaborada, además de servir para fines exclusivamente como sociales. A nadie se le escapa el papel central que juega el lenguaje en una serie larga de ámbitos: Destacaré únicamente algunas porque comparten una propiedad clave del lenguaje: La propiedad moldear el pensamiento de los demás para influir, de este modo, en su comportamiento. Algunos de estos ámbitos son: a) La Publicidad. Los creadores de publicidad son plenamente conscientes del papel seductor del lenguaje para inducir una compra o cambiar una opinión o hábito acerca de algo. La reciente campaña de la DGT es un buen ejemplo de esto último. b) La propaganda con su dosis de manipulación informativa, tanto social como política como ya puso de manifiesto el libro clásico de V. Klemperer sobre el nazismo. El choque político actual que vive nuestro país nos sirve grandes dosis de propaganda política. 7 c) Los problemas de los historiadores serios que ven como la Historia –narración social analizada y documentada– es sometida al acoso de los revisionistas que no necesitan documentar nada. d) Los medios de comunicación social: Quien ignora el impacto de la prensa sobre el pensamiento social. Basta recordar la batalla en torno a la palabra ‘matrimonio’ hace ahora 10 años. Una batalla social por una simple palabra. e) La lucha contra el lenguaje sexista para que no discrimine injustamente entre géneros es una larga batalla feminista. f) Los ‘lenguajes’ informáticos. g) El ámbito jurídico-criminalístico donde una simple declaración verbal puede desencadenar todo un proceso de serias consecuencias: La Psicología estudia la fiabilidad de los testigos judiciales o la credibilidad de una denuncia verbal, que puede ser tanto falsa como verdadera sin que el lenguaje por sí sólo sea capaz de discriminarlo. La Psicología, como Ciencia que estudia el comportamiento humano tiene un papel central en el estudio del lenguaje. La Psicología –incardinada en su investigación básica en el amplio campo de la Neurociencia– 8 es la ciencia que más conocimientos está aportando sobre el funcionamiento del lenguaje, como también lo hace en el terreno de la memoria o de las emociones. La Psicología del Lenguaje afronta cuestiones como las siguientes: 1. Cómo se originó el lenguaje. 2. Cómo funciona el lenguaje 3. Qué información nos proporciona sobre el resto de nuestra naturaleza humana. 3.1. De nuestro pensamiento 3.2. De nuestra inteligencia 3.3. De nuestra memoria 3.4. De nuestras emociones 3.5. De nuestras relaciones sociales 3.6. De nuestra salud mental En mi exposición me voy a limitar a los dos temas primeros: el uno por representar la fascinación humana por el lenguaje y el otro por representar el papel de la investigación básica en psicología del lenguaje aplicada a la patología del lenguaje. 9 I. Cómo se originó y transmitió el lenguaje La pregunta que se hicieron ya hace algún tiempo los psicólogos era ¿Por qué tenemos lenguaje? ¿Qué ocurrió para que una especie como la nuestra fuera, en palabras del paleontólogo J.L. Arsuaga, la especie elegida para poseer este rasgo? Las respuestas científicas han sido básicamente dos: 1) Aquellos que han sostenido que trata de una aparición repentina en la especie humana, tipo macromutación genética ocurrida como mucho en los últimos 100.000 años y 2) Aquellos que sostienen que se trata de una progresión paulatina de otras habilidades mucho más básicas que el lenguaje que en un momento dado cristalizaron en la aparición del lenguaje. El cálculo de años es más diverso porque se rastrea desde mucho más atrás. ¿Cuál es la posición sostenida mayoritariamente hoy en día? Aunque la primera de las opciones, la macromutación, fue sostenida nada menos que por Chomsky y tras él todos los que se definían como innatistas, la posición actual apoya la segunda opción: una versión mucho menos radical de ese innatismo. Naturalmente, se trata de 16 to del lenguaje. Y esto se ha acentuado desde que abandonó el enfoque lingüístico tan dominante en los años 60 del pasado siglo y adoptó el enfoque experimental propio de la Psicología. Los cuidados diseños experimentales de la Psicología del Lenguaje durante los años 70-90 han sido sumamente fructíferos. Nuestro conocimiento del funcionamiento del lenguaje avanzó como no lo había hecho antes. Sin embargo, para la metodología actual de investigación hay un hito importante: En el año 1989 un psicólogo –Michael Posner– y un neurólogo –Marcus Raichle– unieron esfuerzos para poder estudiar el funcionamiento de la mente (Posner y Raichle, 1994). Las nuevas técnicas de neuroimagen procedentes del campo clínico médico comenzaron a ser usadas con fines de investigación básica: técnicas como los Potenciales Evocados, la PET, la Magnetoencefalografía o la fMRI, que nos permite ver cambios en la imagen cerebral basados en la actividad neuronal, o la nueva tecnología por Tensores de Difusión –DTI–, que nos permite ver las conexiones entre las diferentes regiones cerebrales. Estas técnicas vendrían a revolucionar nuestro conocimiento de cómo funcionaba el lenguaje al poder observar de cerca cómo funcionaba el cerebro. Ya no teníamos que conformarnos con estudiar lo que estaba fuera del cerebro sino que podíamos estudiar directamente al cerebro, de forma no invasiva, mientras éste usaba el lenguaje. 17 Este tipo de investigación se ha extendido a prácticamente todas las áreas del lenguaje. Destacaré una línea de conocimiento que reviste gran importancia aplicada: ¿Cómo procesamos las palabras? Esta cuestión es relevante porque tanto desde el punto de vista normal como desde el punto de vista patológico poder usar las palabras es algo básico. No hay prácticamente patología del lenguaje alguna que no tenga afectación en el nivel de comprensión y/o producción de palabras. Ilustraré este problema comenzando por un fenómeno muy conocido y que prácticamente todo el mundo ha experimentado en algún momento: el fenómeno de la punta de la lengua (PDL). Ocurre cuando pretendemos decir una palabra y ésta se niega a salir. Durante el estado de PdL, se tiene la sensación intensa de conocer la palabra, de estar a punto de llegar a ella pero de no conseguirlo. La persona sabe que posee la información fonética que necesita y que la tiene almacenada en su memoria y que, tarde o temprano, acabará por poder acceder a ella. Pero en ese momento no hay manera de localizarla, con la consiguiente frustración. Es un fenómeno común pero va aumentando a medida que envejecemos y se hará más evidente en el recuerdo de nombres propios y en el de palabras abstractas. Tiene su explicación en términos de funcionamiento de la memoria. 18 El estudio de este fenómeno nos indica que las palabras incluyen, al menos, dos componentes básicos que funcionan por separado: el significado de la palabra y la propia palabra. Y si funcionan por separado, ello implica que pueden perderse por separado. En el caso del PdL la persona mantiene el significado de la palabra y no consigue encontrar, temporalmente, la propia palabra aunque si indagamos bien veríamos que algo encuentra, pero no lo suficiente como para que le permita recuperar la palabra. Ésta es tan sólo una de las dificultades con que nos podemos encontrar cuando hablamos. Cuando el proceso de búsqueda de una palabra o de su contenido abandona el terreno de la normalidad y se adentra en el terreno de la patología aparece un síntoma que denominamos anomia. Una anomia es una dificultad patológica para encontrar las palabras o su significado durante la expresión oral y puede ocurrir tanto en el lenguaje espontáneo como ante una tarea como puede ser una denominación de dibujos, fotos, personas u objetos. La presencia confirmada de una anomia no transitoria se considera indicador claramente patológico y debe ser motivo fundado de revisión neuropsicológica. Apunta a una disfunción o daño cerebral. Gracias al conocimiento procedente de la neuropsicología cognitiva del lenguaje sabemos hoy que esta dificultad con la recuperación de palabras no es igual en 19 todos los casos sino que depende del componente de lenguaje que esté afectado y este componente se postula que dependerá de las áreas cerebrales involucradas en la patología. Por eso nos interesan dos objetivos: en primer lugar y manera fundamental, identificar los componentes de lenguaje que pueden estar afectados y de manera secundaria identificar las áreas cerebrales implicadas porque mejoran nuestro conocimiento. ¿Qué ha encontrado la investigación psicolingüística? 1) Se encontraron una serie de pacientes afectados de daño o deterioro cerebral que sólo tenían problemas con el significado de las palabras. Si se les presenta un dibujo de una zapatilla no sabrán cómo se llama pero, y este matiz es importante, también tendrán dificultades para decir para qué sirve. O simplemente podrá decir que no sabe. Ante el dibujo de una lavadora podrá decir lavavajillas, p.e., o cuchara en lugar de tenedor.. Es lo que conocemos como Anomia Semántica y la encontramos en trastornos lesionales tipo afásico –Afasia de Wernicke– y en procesos degenerativos tipo Alzheimer o en la Demencia Semántica. 20 2) También se encontraron pacientes que sólo tenían problemas para encontrar la palabra. Si les presentamos el dibujo de la zapatilla saben exactamente para qué sirve pero no encuentran la palabra. A esto añadimos que no tienen problemas de pronunciación. Si le mandamos leer en voz alta una palabra lo harán sin dificultad. Como no encuentran la palabra lo normal es que dejen el hueco sin rellenar o lo hagan recurriendo a circunloquios o explicaciones de la palabra. Recibe el nombre de anomia léxica. Son propias también de ciertas formas de afasia. 3) Pero también se encontraron personas que no eran capaces de decir bien la palabra a pesar de no tener problemas de pronunciación ni con el significado. Pueden cambiar algún sonido –fonema– de la palabra o cambiar la palabra entera por otra de sonido similar. Son las llamadas anomias fonológicas. Por ejemplo, la palabra zapatilla puede aparecer como ‘zapatalla’. A veces este cambio es tan masivo que produce una enorme distorsión en la palabra y la vuelve irreconocible dando lugar a neologismos. Por ejemplo la palabra ‘zapatilla’ se convierte en ‘paratina’. Gracias a estos hallazgos, sabemos que los componentes básicos de las palabras son tres: El significado, la 21 propia palabra y los componentes de sonido mínimos de la palabra o fonemas. Y su deterioro puede ser específico o puede incluir cualquier combinación de los tres dependiendo del tipo de trastorno. Sin embargo, cuando se analizaron con más detalle estos componentes, se descubrieron otros factores que también influían: 1) La anomia semántica (confundir cuchara con tenedor) no se comportaba igual en todos los casos. Así, se observó que una palabra como ‘zapato’ era mucho más fácil que una palabra como ‘martes’. Ello llevó a identificar tres factores que influían claramente en el proceso semántico: La familiaridad, la imaginabilidad y la tipicidad. La familiaridad expresa la calidad de la experiencia del paciente con ese concepto. Cuanto más familiar sea el concepto más fácil le resultara recuperar la palabra. La imaginabilidad es la capacidad que tengamos para imaginarnos el significado de una palabra. Cuando más imaginable más fácil será que la recuperen. Así el significado de la palabra ‘mesa’ es más fácil que el de la palabra ‘teoría’. Coincide, aunque no al 100%, con nuestra definición de palabras concretas y abstractas. La tipicidad es el grado en que un determinado objeto representa a su categoría: Los elementos típicos son 22 más fáciles de recuperar que los no típicos. P.e. gato (típico), pingüino (no típico). Concepto de prototipos. 2) En el caso de la anomia léxica (cuando no se encontraba la palabra) se comprobó algo parecido: Las palabras no se comportaban por igual: ello llevó al descubrimiento de dos variables críticas: La Frecuencia y la Edad de Adquisición. La frecuencia indica el número de veces que una palabra es usada: oída, leída, hablada o escrita. Cuantas más veces se use más frecuente será y cuanto más frecuente, más fácil es que la encuentre uno en su cabeza. La Edad de Adquisición nos indica la edad aproximada a la que una persona ha aprendido una determinada palabra. Cuando más temprano la adquiera más fácil es que la encuentre en su cabeza. 3) En el caso de la anomia fonológica (cambiar algún sonido –o varios– de la palabra original) la misma estrategia de investigación llevó a descubrir también dos variables importantes: La longitud de la palabra influía pues no se cometían tantos errores en las palabras cortas como en las largas. Era más difícil recuperar la palabra ‘enciclopedia’ que la palabra ‘pato’. Las palabras largas, por tanto eran más difíciles. Y la otra variable crítica era la complejidad 23 articulatoria: Los pacientes cometen más errores en palabras con sílabas complejas o grupos consonánticos que en sílabas sencillas. Es más fácil de recuperar ‘pa_tata’, que ‘trans_porte’. Pero cuando ya parecía que estaba claro el problema nuevos datos vienen a complicar más la cuestión: 1) Cuando se les pedía que encontraran una palabra además de los factores ya citados los investigadores se encontraron con que también influía la categoría conceptual de la palabra. La dificultad en la recuperación del significado de las palabras dependía de a qué categoría pertenecían: Eso quiere decir que puede recuperar palabras de una categoría, por ejemplo frutas, pero no puede recuperarlos de otra categoría, p.e. animales. La división de categorías más frecuentemente encontrada es la que separa los nombres en seres animados por un lado y seres inanimados por otro. Sin embargo, algunos autores (Cree y McRae, 2003) han documentado hasta siete patrones empíricos de déficits de categorías. Esto quiere decir que se han encontrado pacientes con déficits específicos en cada uno de esos siete patrones, siendo las categorías más comunes las que agrupan animales, frutas y verduras y artefactos. 24 2) Otro hallazgo relevante lo proporcionaron los pacientes afectados de Parkinson: Estos pacientes, sorpresivamente, mostraron más problemas con los verbos que con los nombres. Y dentro de los verbos tenían más dificultades con aquellos que implicaban acciones motoras como saltar o correr que con aquellos que implicaban estados: habitar, brillar, relucir, distar. Un trabajo de Pulvermüller (1999) mostró la implicación diferencial de las áreas motoras cuando estaban conceptualmente implicadas en el lenguaje. Fruto de toda esta serie de trabajos fue la concepción de que el procesamiento de las palabras implica aquellas áreas del cerebro que están participando en los diversos componentes de la palabra aunque no sean áreas del lenguaje. Así, si una palabra incluye en su contenido un color (tomate=rojo) cuando la intentemos procesar se activarán las áreas relacionadas con el color, aunque el área visual para el color no tenga, en principio, nada que ver con la producción de una palabra. Pero la propiedad de imaginabilidad del objeto así lo fuerza. De esta manera, esta idea predice que cada propiedad de un objeto se almacenará en una zona diferente del cerebro. Según un estudio de Martin y Chao (2001) mediante neuroimagen, el conocimiento categorial acerca del color, movimiento y forma activa diferentes zonas cere- 25 brales. Cualquier categoría que esté sustentada por una misma zona cerebral, resultará afectada en el lenguaje si la zona cerebral se halla dañada. Aunque no existe una coincidencia plena de los estudios, parece haber una convergencia hacia lo siguiente: Los objetos artificiales (artefactos) parecen activar preferentemente el lóbulo temporal posterior del hemisferio izquierdo, las frutas y verduras activan preferentemente el lóbulo temporal anterior del hemisferio izquierdo y la categoría de animales activa preferentemente el lóbulo temporal posterior del hemisferio izquierdo. Conclusión ¿Qué hemos aprendido de estos datos? Que a diferencia de lo que creíamos hace tan sólo unos 20 años, las palabras no se encuentran en un punto concreto del cerebro. No hay un ‘almacén para las palabras’. Hoy sabemos que no hay una región del cerebro especialmente dedicada al almacenamiento de las palabras sino que tenemos que hablar de diferentes circuitos neuronales responsables del procesamiento de las diferentes partes que componen las palabras. Así, las palabras no aparecen como unidades concretas sino como un conglomerado de propiedades. Este hallazgo no era nuevo, pues ya se había descubierto pero ahora sabemos por qué se