Full text
Universid ad de Mála ga
F a cul t ad de Filosofía y Letras
Dep ar t amento de Geografía
POP Análisis Geográfico en la Ordena ción del Territorio: TIG
TESIS DOCTORAL
Las vistas panorámicas de n úcleos
urbanos: propuesta para su análisis y
aplicación al caso de Andalucía
Urb an p anor amic views: metho d for their analysis and its
applic ation in towns and cities in A ndalusia
V olumen I
San tiago M. P ardo García
Dir e ctor: Dr. Matías Mérid a R odríguez
Málaga, 2015
Aut or: Santiago M. Pardo García
http://orcid.or g/0000-0002-2723-4339
Edit A: Publicaciones y Divulgación Científica. Universidad de Málaga
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Esta T esis Doctoral está depositada en el Repositorio Institucional de la Universidad de
Málaga (RIUMA): riuma.uma.es
Resumen
Las vistas panorámicas urbanas presen tan un gran in terés desde las p ersp ectiv as histórica,
de iden tidad, de preferencia paisa jística, de legibilidad territorial y como recurso económico.
Muc has de ellas se generaron a tra vés de modelos tradicionales de creación de ciudad, p ero
como consecuencia de la ausencia de herramien tas para su gestión y del desarrollo acelerado
de las últimas décadas, frecuen temen te se han deteriorado o han desaparecido.
En esta tesis se prop one una estrategia aplicada para el análisis de las vistas panorámicas
urbanas, que se definen como las imágenes de un n úcleo urbano, y a sean p ercep ciones directas
de un observ ador o represen taciones en cualquier medio, que incluy an una parte sustancial y
relev an te del tejido edificado, y p ermitan la p ercep ción, más o menos nítida, de sus límites
y de su marco territorial. Consideramos que esas vistas pueden obtenerse tan to desde pun tos
in teriores (p.e. torres con miradores) como exteriores a la ciudad (p.e. colinas cercanas).
La meto dología descrita es una ap ortación basada en los principios del Conv enio Europ eo
del P aisa je (CEP), así como en una extensa revisión de referencias previas, tanto académi-
cas como instrumen tos in ternacionales de ordenación urbana y territorial. Se organizaría en
tres grandes etapas: (1) cono cimien to de los paisa jes, (2) definición de ob jetiv os de calidad
paisa jística y (3) determinación de guías, propuestas y recomendaciones. En este traba jo se
desarrolla en profundidad la primera de ellas, y se realizan apro ximaciones a las dos siguien tes,
cuy o estudio detallado requeriría pro cedimientos de participación ciudadana específicos que
exceden las p osibilidades de esta tesis do ctoral.
La fase de cono cimien to de los paisa jes comprende una secuencia compuesta p or las etapas
de: (1) estudio de los factores que influy en en las vistas panorámicas, (2) análisis de su ev olución
histórica, (3) iden tificación de los principales pun tos de visión, (4) caracterización detallada de
las vistas seleccionadas (que incluy e un estudio de su legibilidad y significados) y (5) ev aluación
de las mismas (en la que se analizan los instrumen tos de planeamien to urbano y territorial).
Este esquema incluy e pro cedimientos específicos para el análisis de diferentes aspectos de
las vistas, como la morfología del reliev e, la visibilidad, la p opularidad de ciertos encla ves y la
relación en tre la plan ta urbana y los panoramas. Incorp ora pro cesos de participación pública
y , en tre otras cuestiones, p ermite obtener resultados útiles para la sensibilización paisa jística
y la toma de decisiones espaciales.
La meto dología propuesta se ha aplicado en cinco casos represen tativ os de la estructura
urbana de Andalucía, que han sido seleccionados con el ob jeto de exp erimentar los proce-
dimien tos en situaciones m uy diversas. Se trata de las poblaciones de Ardales (pro vincia de
Málaga), Alhama de Granada (pro vincia de Granada), Osuna (pro vincia de Sevilla), Jaén y
Málaga. Se incluy e tam bién una aproximación al sistema urbano andaluz, cen trado en las
cuestiones vinculadas a la generación de vistas de cada p oblación. La aplicación particular de
los méto dos propuestos a esos casos ha hec ho p osible contrastar y enriquecer la metodología,
concretar sus limitaciones y generar do cumen tación esp ecífica para cada p oblación.
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 5
Abstract
The main ob jectiv e of this do ctoral thesis is to design a pro cedure that can b e applied in
the analysis of urban panoramic views. W e define them as images of an urban area either as
seen directly b y the view er or in the form of artistic and other representations or reproductions
of the view in differen t formats. These images m ust include a substan tial and relev ant part of
the built fabric of the to wn and enable us to distinguish more or less clearly the b oundaries
and the territorial con text within whic h it lies. These views can b e obtained b oth from within
the to wn itself (e.g. from to w ers with viewp oints) and from outside it (e.g. from nearb y hills).
Our prop osed metho dology is based on an exhaustiv e review of previous research and of in-
ternational to wn and territorial planning instrumen ts and establishes a sequence of pro cedures
in line with the recommendations arising from the ELC. The metho d is structured in to three
stages: (1) acquiring a detailed kno wledge of the landscap es, (2) defining landscap e qualit y
ob jectiv es and (3) drafting guides, prop osals and recommendations.
In this thesis w e ha ve focused ab ov e all on the first stage, in whic h w e acquire a full and
complete kno wledge of the landscap es. This stage is itself divided in to (1) iden tification, (2)
c haracterization and (3) assessmen t, as established b y the ELC. Prior to em barking on this
stage, w e suggest that the different factors affecting views should b e studied, as should their
ev olution o ver the course of history . R unning parallel to all this pro cess w e implemented a
public participation strategy whose design w as based on previous w ork in this field.
W e use v arious sp ecific to ols as supp ort for these pro cedures and to tac kle certain sp ecific
issues in relation to the views: classification of the relief in to geomorphometric t yp es, visibilit y
indicators, shared system of reference using an urban flo or plan and a panoramic photograph,
and densit y of photographs using images of an online database. Among other uses, the results
of our metho ds can b e directly applied to landscap e aw areness-raising pro cesses and the taking
of spatial planning decisions.
The metho ds ha ve been applied in five represen tative case studies of the urban structure
of Andalusia. These cases w ere selected to enable us to test the pro cedures in v ery diverse
situations, b oth in terms of the size of the to wn and of its landscap e c haracteristics. The towns
w e analysed w ere Ardales (province of Málaga), Alhama de Granada (pro vince of Granada),
Osuna (pro vince of Seville), Jaén and Málaga. W e ha v e also studied the urban system of
Andalusia from the p ersp ectiv e of the generation of urban panoramic views.
6 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
Agradecimien tos
Esta tesis es el resultado de un largo camino, que comenzó hace años, quizás cuando un jo v en
soñador con templaba lejanamen te su ciudad desde la v ega que se extiende a sus pies. Con el tiemp o,
aquellas distan tes visiones se con virtieron en ob jeto de reflexión, de exp erimen tación y de estudio
académico. La presen te obra es fruto de to do ese pro ceso. Si nom brase a to das las p ersonas que en
este tiemp o me han a yudado, enseñado, ap o y ado o marcado de una u otra forma, probablemente
sería preciso añadir otro capítulo más a este v olumen, y a de p or sí extenso. Por tan to, habrá que
abreviar. Confío en no olvidar en este resumen a nadie esp ecialmen te vinculado a esta tesis; sí es
así, tam bién esp ero que sepa disculpar los despistes de última hora, propios de las particulares
circunstancias en que finaliza un traba jo tan dilatado como este.
Comencemos p or lo institucional. Probablemen te este do cumento no existiría si, allá por el
año 2008, la F undación La Caixa no me h ubiese concedido una b eca para estudios de máster,
que me p ermitió in tro ducirme en el apasionan te m undo del paisa je, la ordenación del territorio
y los Sistemas de Información Geográfica (SIG). Más adelan te, en 2010, obtuv e una b eca para la
F ormación de Profesorado Universitario (FPU), con la que pude disfrutar de tres mara villosos años
en el Departamen to de Geografía de la Univ ersidad de Málaga. Me sien to muy agradecido a esas
dos en tidades p or las op ortunidades que am bas a yudas me ofrecieron.
En estas páginas se presen ta la in vestigación llev ada a cab o p or un arquitecto en el seno de
un Departamen to de Geografía. Creo firmemen te que la im bricación de disciplinas suele resultar
m uy fructífera y creativ a, y que la compartimen tación del cono cimien to puede ser, en muc has
o casiones, un obstáculo para su a v ance. Mi etapa en el citado departamen to ha con tribuido a
fortalecer esa opinión, y a que sus miem bros siempre me han acogido con amabilidad y calidez,
y brindado m ultitud de p osibilidades para la colab oración en diferentes ám bitos. He hecho allí
n umerosos amigos, y manifiesto mi agradecimien to a to das las p ersonas que lo comp onen, gratitud
que, p or razones de extensión, dirijo a las dos directoras que he cono cido duran te el desarrollo de
este traba jo, Carmen Ocaña y Remedios Larrubia, así como a quienes han encab ezado el grup o de
in v estigación «Análisis Geográfico» en estos años: María Luisa Gómez y Benjamín Galac ho.
La do cencia univ ersitaria me apasionó desde el primer momen to, y agradezco a Juan José
Natera y Carmen Carv a jal, profesores vinculados a las asignaturas que impartí duran te mi b eca,
su colab oración para preparar mis clases. Deb o mencionar igualmente a mis primeros alumnos, que
con su in terés y energía con tribuy eron en gran parte a encaminarme hacia el camp o de la enseñanza.
No puedo olvidarme tamp o co de Sebastián Ruíz, excelen te y eficaz compañero, y amigo que en
más de una o casión me ha a yudado a salir de aprietos administrativ os que parecían con vertirse en
p esadillas.
Quiero recordar tam bién a los compañeros in v estigadores jun to a los que he pasado largas horas
de traba jo. En tre ellos, esto y muy agradecido a P aloma Hueso, con quien he compartido despac ho
duran te gran parte del tiemp o de elab oración de esta tesis. A demás, quiero dar las gracias p or su
compañía y colab oración, en diferen tes asp ectos, a Belén Za y as, Jesús Vías, Sergio Rey es, F rancisco
Sortino, An tonio Gallegos, F rancisco Can tarero y No elia Moreno. Otros m uchos amigos, no tan
vinculados con mi línea de traba jo, me han ofrecido un sólido ap o y o duran te to do este pro ceso, lo
que de corazón les agradezco, aunque no sea p osible recoger aquí to dos sus nom bres.
A demás del Departamen to de Geografía, en el desarrollo de esta tesis ha desemp eñado un
pap el fundamen tal el Cen tro de Estudios Paisaje y T erritorio, situado en Sevilla. El p ersonal de
ese organismo siempre me ha a yudado y ap o yado en mi in v estigación, y en estas líneas quiero
manifestar mi agradecimien to hacia su director, Florencio Zoido, y hacia Jesús Ro dríguez, que fue
tutor de un traba jo que puede considerarse uno de los preceden tes de este do cumento. Otro impulso
imp ortan te para el inicio de esta tesis fue la participación en el pro yecto «Arc hiv o F otográfico
de los P aisa jes Andaluces», que encab ezaba la Univ ersidad de Granada, y que me resultó m uy
enriquecedor gracias a la a yuda de las profesoras Y olanda Jiménez y Amparo F errer.
Duran te el desarrollo de la tesis, llev é a cab o una estancia de in vestigación en la Univ ersidad de
Florencia, y quiero agradecer la buena disp osición y la colab oración de los profesores Camilla P e-
rrone, Iacop o Zetti, Daniela P oli, Giusepp e De Luca, Gabriele Paolinelli y Claudia Cassatella, esta
última adscrita a la Univ ersidad de T urín. El intercam bio con to dos ellos con tribuy ó a con trastar
y ampliar notablemen te los plan teamien tos de mi línea de inv estigación.
Han sido tam bién n umerosas las p ersonas implicadas en la elab oración de diferen tes asp ectos
particulares de este traba jo. Quiero expresar aquí mi agradecimien to hacia F rancisco Ledesma, de
Osuna, que con tribuy ó en gran parte a llev ar a cab o el pro ceso de consulta a la p oblación en esa
ciudad. En Jaén, fue de gran a yuda la colab oración de la familia Alcázar, así como la difusión de
las encuestas a tra v és de redes so ciales, llev ada a cab o p or n umerosas p ersonas, así como median te
una p equeña reseña sobre n uestro traba jo en el Diario de Jaén, medio al que agradezco su in terés.
T o da expresión de agradecimien to hacia mi director de tesis, Matías Mérida, se quedaría corta.
Su paciencia y dedicación en las revisiones y correcciones ha sido enorme, y siempre ha conseguido
algo de tiemp o para mejorar algún asp ecto de esta tesis, a p esar de su apretada agenda. Junto a su
esp osa y compañera en el departamen to, María Jesús P erles, ha ap ostado en los últimos y difíciles
años p or man tener la actividad de n uestro equip o de in v estigación, a trav és de div ersos proy ectos
de diferen te índole. Esto ha p ermitido a v arias p ersonas, en tre las que me incluy o, contin uar con sus
tra y ectorias académicas y profesionales. Hacia am b os, que y a son para mí buenos amigos, sien to
infinita gratitud.
A mis profesores, algunos de los cuales han sido y a mencionados, otros cuy o recuerdo se pierde
en un tiemp o pasado, mi más sincero agradecimien to. Desde las lejanas tardes de in vierno en el
Colegio San José y las luminosas mañanas prima v erales en el Instituto Juan de la Cierv a, a los
v ariados episo dios de mi larga etapa univ ersitaria, he cono cido a m ultitud de p ersonas que algún
día con tribuy eron a enseñarme algo. Lo que so y se lo deb o a ellos, y o jalá este traba jo, que considero
obra tan suy a como mía, resp onda con dignidad a sus esfuerzos y las esp eranzas que pusieron en
nosotros.
Mi familia siempre me ha ap o yad o y ayudado en cualquier aspecto, y también en el proceso
de elab oración de este y otros traba jos. No existen palabras para agradecerles to do lo que me han
dado. En lo que concierne a esta tesis, en tre otras mara villosas cualidades, heredé de mi madre la
pasión p or la Univ ersidad como institución de referencia que deja una impronta im b orrable en tu
vida; de mi padre el amor p or el traba jo cuidadoso y sistemático. Con ellos, con mis hermanos, y
con to dos los demás miem bros de la familia (mis abuelos, tíos y primos; los que están y los que
no), he compartido momen tos buenos y malos, alegrías y sinsab ores. Gracias a Manolo y a Cati, y
a Manolo y Bea, tam bién mi familia, p or su cariño y ap o y o. Gracias a to dos p or ser como son, y
recorrer conmigo, con una sonrisa y a p esar de las dificultades, el camino de la vida.
Si ha y alguien que ha vivido de cerca el largo pro ceso de elab oración esta tesis, es Alba. Es
tam bién quien, con un abrazo o unas palabras de calma, ha sabido a yudarme en los momen tos
difíciles. Y es quien, cada día, con su serena luz, hace que el m undo se con vierta para mí en algo
más b ello, más sencillo, más h umano. A ella, p or to do su amor, su ap o y o, su a yuda y su paciencia,
mi eterna gratitud.
8 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
A mi familia. A A lb a.
CAPÍTULO 1. INTRODUCCIÓN, OBJETIV OS Y METODOLOGÍA
la tr adición de la vista y la top o gr afía» (De Seta, 2011, p. 294), que a n uestro juicio ha tenido un
imp ortan te impacto sobre la gestión de las vistas panorámicas de nuestras ciudades.
P or otro lado, en un grup o muy n umeroso de ciudades, las imágenes panorámicas que se han
difundido duran te siglos y aún ho y pueden recono cerse, más o menos transformadas, m uestran
principalmen te un tip o de tejido urbano construido median te formas de creación que p o dríamos
denominar or gánic as o esp ontáne as . Es decir, que no ha y unas directrices fijas o rígidas de orde-
nación, sino que simplemen te se pro duce la agrupación de elemen tos en torno a ciertas estructuras
e hitos, que en general se a justan estrec hamen te a las condiciones del sop orte territorial. Con
distin tos matices, v arios autores han descrito ese mo delo, al que han atribuido diferen tes denomi-
naciones: pro cesos de creación típicos de culturas inconscien tes de sí mismas (Alexander, 1976),
arquitectura y urbanística esp on táneas (Quaroni, 1970), arquitectura sin arquitectos (R udofsky ,
2003), arquitectura p opular (Flores, 1978) u organización esp ontánea (Sorre, 1962). Ese sistema
dio lugar a n úcleos urbanos cuy as vistas panorámicas son apreciadas, en términos generales, p or la
ma y oría de la p oblación actual, p ero con grandes limitaciones en lo que se refiere a las condiciones
de habitabilidad que ho y se demandan.
F rente a esa tradición, el modelo de transformación y creación de ciudad técnico que se con-
solidó tras la Rev olución Industrial y ha alcanzado su ma y or desarrollo en las últimas décadas,
ha alterado m uc has de las vistas, y a sea p or o clusión de las mismas o bien p or la introducción de
elemen tos m uy disonan tes. P ara conseguir alb ergar a una p oblación que crecía exp onencialmen-
te y requería servicios cada v ez con ma yor impacto territorial y am bien tal, en muc hos casos el
urbanismo con temp oráneo sacrificó inconscien temente aquellas an tiguas vistas. A demás, las diná-
micas inmobiliarias han funcionado, esp ecialmen te en España, como motores económicos de gran
imp ortancia, de manera que el b eneficio mercantil inmediato ha predominado sobre otras consi-
deraciones, lo que ha tenido nefastas consecuencias para el territorio y el paisa je urbano (Olmo,
2011). P or ejemplo, como describ e F ernández Salinas (2008), duran te las décadas de 1960 y 1970
se iniciaron en m uc hos lugares pro cesos imp ortan tes de destrucción de en tramados históricos.
Riv era y Bujalance (2007) ap ortan una serie de referencias en las que se alude al deterioro
paisa jístico de ciudades como Almería, Málaga o Cádiz, como consecuencia de ese tip o de pro cesos.
Ch ueca Goitia (1977), en su obra sobre «L a destruc ción del L e gado Urb anístic o Esp añol» , describ e
claramen te la degradación de algunas capitales de pro vincia españolas, con v arias menciones a la
transformación de las vistas panorámicas urbanas. V alga como ejemplo el caso de Granada, resp ecto
al que ap orta una significativ a cita de Seco de Lucena: «El desac ertado ensanche de Gr anada hacia
el o este [...] ¡ha privado a los gr anadinos de uno de los más deliciosos mir ador es que ofr e cía esta
ciudad!» (Seco de Lucena, 1973, p. 32). T am bién merece la p ena detenerse en la v aloración del
propio Ch ueca sobre el pro ceso de crecimiento de la ciudad de la Alham bra:
«Granada como ciudad ha sido una de las grandes víctimas del desp o jo urbano. Nada
más equiv o cado que los ensanc hes de Granada, que en lugar de dirigirse hacia el norte,
donde nada h ubieran p erjudicado, se dirigieron hacia la V ega, creando en tre ésta y la
ciudad an tigua un cin turón de grandes blo ques que ha roto un b ellísimo paisa je. Las
reformas in teriores tamp o co han sido afortunadas y los constan tes derrib os de viejas
p ero nobles y pin torescas construcciones han desfigurado y siguen desfigurando una
ciudad excep cional. Como en tan tos otros lugares, la arquitectura mo derna en Granada
es de m uy ba ja calidad.» (Chueca Goitia, 1977, p. 352).
Nos encon tramos p or tan to ante una con tradicción: el mo delo con temp oráneo de creación de
ciudad, aunque cuen ta con medios técnicos m uy a v anzados, ofrece soluciones a div ersas cuestio-
nes de habitabilidad y ha dado lugar a ciertos paisa jes con gran atractiv o, como los panoramas
no cturnos de rascacielos (Nasar y T erzano, 2010), en general no ha in tegrado en sus pro cesos de
planificación las vistas panorámicas urbanas para protegerlas o enriquecerlas; más bien ha ter-
minado p or o cultarlas o deteriorarlas. Muchas de esas vistas fueron generadas por una forma de
creación distin ta, que si bien no disp onía de tan tas capacidades, daba lugar a imágenes que ho y día
16 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
son m uy v aloradas p or las p oblaciones. Esta es una parado ja que A ugustin Berque ha expresado a
tra v és de la op osición entre un «p ensamiento p aisajer o» y un «p ensamiento del p aisaje» :
«Un p ensamien to de tip o paisa jero, sin em bargo, no exige necesariamente de palabras.
Prueba de ello es que en Europa, desde los primeros p oblamien tos llegados de África
hasta el Renacimien to, se vivió de una manera tan paisa jera que nos ha dejado paisa jes
admirables, y ello en ausencia de to do p ensamien to del paisa je. Las p ersonas actuaban
sobre los paisa jes con acertado gusto [...] de tal manera que hacían paisa jes hermosos.
[...] En resumen, daban indiscutibles m uestras de un p ensamiento paisajero.
»P or el con trario, no está nada claro que nosotros seamos capaces de ello. Jamás se
ha hablado tan to de paisa je como en n uestra ép o ca [...] y jamás hemos asolado tan to
los paisa jes. Somos unos c harlatanes, grandes habladores del paisa je en total con tradic-
ción con n uestros discursos; pues n uestros actos v an en sen tido opuesto. Cuan to más
p ensamos el paisa je más lo masacramos.» (Berque, 2009, p. 20)
En esta tesis do ctoral nos plan teamos la cuestión de si es p osible recono cer el v alor las vistas
panorámicas de n uestras ciudades, en tendidas como p ercep ciones amplias que pueden obtenerse
desde el in terior de ellas o desde sus en tornos, y utilizarlas como fuente de información e inspiración,
al menos en dos sen tidos. En primer lugar, para promo v er la sensibilización paisa jística, en el
con texto de las p osibilidades del paisa je como instrumento para la lectura del territorio (P aolinelli,
2011), esp ecialmen te de pro cesos históricos de asentamien to, conflictos de usos, desequilibrios y
dinámicas urbanas recien tes. P or otro lado, como recurso para la toma de decisiones espaciales,
que pueden incorp orarse a los p ertinen tes instrumen tos de ordenación urbanística o territorial.
Promo v emos así una mir ada c onsciente , que como señala Moy a P ellitero (2011), p ermita con v ertir
«esp acios tr ansp ar entes» en «p aisajes» , y recup ere para la ciudadanía visiones y con tenidos que,
al menos en España, han sido m uy maltratados p or los desarrollos urbanos de las últimas décadas.
P ara resp onder a esa pregun ta, entendemos que es preciso llev ar a cab o un estudio p ormeno-
rizado y sistemático de la cuestión, en el que las vistas panorámicas urbanas se ab orden como
ob jeto de análisis esp ecífico. En ese sentido, re sulta interesan te repasar cómo se ha tratado este
tema a lo largo de la historia, y en qué medida las vistas panorámicas han recibido atención como
una dimensión relev an te del paisa je. En general p o dría afirmarse que, debido a su naturaleza y
escala, han sido relativ amen te ignoradas, y a que en cierto sen tido se encuen tran en un espacio
conceptual que sup ondría el límite en tre los camp os de estudio y actuación del urbanismo (según
se ha en tendido con v encionalmen te) y la ciencia del paisa je (más vinculada a no ciones geográfi-
cas y de ordenación del territorio, com únmen te con un fuerte comp onente naturalista) 1 . Además,
puede considerarse que este tip o de p ercep ciones han sufrido esp ecialmen te la «insuficiencia te ó-
ric a» existen te resp ecto a los p aisajes urb anos (Zoido Naranjo, 2012), y a que para ab ordarlas se
requiere de una concep ción amplia y herramien tas esp ecíficas, debido a sus complejas dimensiones
históricas, artísticas y de iden tidad 2 .
P or un lado puede afirmarse resumidamen te que el urbanismo, en tendido en sentido estricto, en
m uy p o cas o casiones ha considerado la apariencia panorámica como una condición determinan te
para la ordenación y el diseño de la ciudad. La visibilidad ha sido un factor tenido en cuen ta desde
la an tigüedad, y ha sido frecuen temen te utilizada para la expresión del p o der p olítico o religioso
(R ykw ert, 1985; Barlo w Rogers, 2001; Smith, 2007), p ero no se ha solido aplicar para considerar
la cuestión que nos o cupa, aunque pueden encon trarse algunas apro ximaciones de in terés (como
Madinat Al-Zahra, en España, o Pienza, en Italia). Como an tes señalamos, eso no implica que las
1 Esta situación «dual» se p one de manifiesto tam bién en las herramientas que cada disciplina ha desarrollado
para el estudio de cuestiones semejan tes. Por ejemplo, como v eremos cuando ab ordemos el tema de la visibilidad
(página 214 y ss.), en las últimas décadas se han consolidado dos grandes líneas para apro ximarse a la cuestión:
las isovists , com únmente aplicadas a espacios urbanos reducidos, y las cuenc as visuales (viewshe ds) , que se usan
cuando se traba ja con grandes extensiones de terreno.
2 En general, en aquellas ciudades con v alores patrimoniales muy destacados, puede considerarse que n uestro tema
de estudio ha sido ab ordado con algo más de profundidad. P or ejemplo, en los conjuntos histórico-artísticos: en la
legislación cultural y las declaraciones particulares pueden encon trarse algunas referencias a las vistas panorámicas.
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 17
CAPÍTULO 1. INTRODUCCIÓN, OBJETIV OS Y METODOLOGÍA
vistas panorámicas generadas hace siglos sean de p o ca calidad, puesto que los pro cesos de pro duc-
ción urbana esp on táneos (pro ducidos p or un p ensamiento p aisajer o ) han dado lugar a imágenes
ciertamen te atractiv as. P ero duran te la ma yor parte del siglo XX po ca cabida parecía tener este
tema: imp eran criterios funcionales deriv ados sobre to do de los plan teamientos del Mo vimien to Mo-
derno, y en la creación de n uev as zonas urbanas tiene prioridad el b eneficio económico instan táneo.
F rente al funcionalismo estricto, surgieron algunas reacciones como la inspirada en los «principios
artístic os» propuestos p or Sitte (G. Collins, C. Collins y Sitte, 1889 / 1980) o, más adelan te, el
«arte de la r elación» de Cullen (1981), m uy vinculado a la corriente del «townsc ap e» (Whistler y
Reed, 1977). En esa línea, desde que en la década de 1960 se publicaron las primeras obras que
recurrían a la no ción de «p aisaje urb ano» (Maderuelo, 2005; Zoido Naranjo, 2012), m uc ho se ha
a v anzado en este camp o; sin em bargo, las vistas panorámicas de ciudades no han sido generalmen te
una dimensión de atención preferen te.
P or otro lado, la llamada «Ciencia del Paisaje» no suele dedicarse al análisis de los n úcleos
urbanos, sino que más bien los deja al margen para cen trarse en estudios de la naturaleza y
ecosistemas en los que se aprecia menor grado de transformación an trópica; de hec ho se trata de una
disciplina que «se nutr e en gr an me dida de ap ortaciones de las Ciencias de la Tierr a, esp e cialmente
de la Ge o gr afía Físic a y de la Ec olo gía» (Mérida, 1996, p. 269). A unque la p ersp ectiv a parece hab er
cam biado en los últimos estudios de ese tip o (Zoido Naranjo, 2012), y algunas de las herramien tas
de esa línea se in ten tan aplicar a la ciudad, a n uestro juicio to davía no se han producido resultados
relev an tes en lo que se refiere a n uestro tema de estudio.
En consecuencia, si consideramos que las vistas panorámicas urbanas presen tan cierto in terés
y es preciso o cuparse de ellas, quedan abiertas las cuestiones de quién deb e hacerse cargo de ellas,
y con qué herramien tas es p osible ab ordarlas. En términos prácticos, la primera ha sido eludida en
las últimas décadas: arquitectos, urbanistas, geógrafos o ingenieros, encargados de la ordenación
urbanística y territorial, no han desarrollado generalmen te atención esp ecífica a una cuestión que
es resp onsabilidad de to dos, p ero está situada en tierra de nadie. En gran parte, esto se ha debido a
la falta de respuestas a la segunda pregun ta: ¿cómo apro ximarse a esas vistas, qué pro cedimien tos
usar para analizarlas y obtener información útil para la toma de decisiones espaciales?
Como exp ondremos detalladamen te, la situación ha mejorado en los últimos años, y son cada vez
más los estudios de paisa je urbano e instrumen tos de ordenación que incorp oran esta cuestión a sus
con tenidos, y b eb en de diferen tes camp os disciplinares. Desde las apro ximaciones tangenciales en
ciertos do cumen tos in ternacionales de planeamiento subregional, hasta la protección específica de
algunas vistas (panorámicas o sobre hitos destacados) median te la limitación de alturas y v olúmenes
en ciudades europ eas y americanas (Cassatella y Bagliani, 2012), o las pautas meto dológicas de
Ow en (2009) para ab ordar la ap ariencia externa , aparecen méto dos e instrumentos que bu scan
soluciones. Sus propuestas no se vinculan sólo al pun to de vista de la protección del patrimonio,
sino tam bién al sen tido de que el paisa je está en con tin ua transformación, y los panoramas pueden
enriquecerse con la construcción o adaptación de ciertas estructuras.
Sin em bargo, en tendemos que to da vía no se ha desarrollado ningún marco com ún que p ermita
ab ordar el tema. P or ejemplo, sería deseable un con texto teórico homogéneo, con herramien tas y
méto dos que sean aplicables indistin tamen te en diferentes casos de estudio, y a que en su ma yor parte
las estrategias se definen ad ho c para cada zona analizada. T am bién tendría gran in terés a justar la
meto dología al marco definido p or el Conv enio Europ eo del P aisa je (CEP), y asumir plenamen te
sus plan teamien to, y a que en las referencias que exp ondremos puede apreciarse, p or ejemplo, que no
suelen considerarse los pro cesos históricos o las preferencias de las p oblaciones. Otra cuestión que
admite ma y or desarrollo es el diseño de herramien tas esp ecíficas, que apro v echen las posibilidades
de los medios actuales para el cálculo de visibilidad, de forma que se sup ere la tradicional concep ción
de visible / no visible que se usa en la may oría de los casos. En resumen: aunque está iniciado el
camino, queda m uc ho p or recorrer, y es deseable la elab oración de propuestas que sup eren esos
asp ectos.
18 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
La propuesta meto dológica.
Ese es el prop ósito de esta tesis do ctoral, cuyos plan teamien tos pretenden encuadrarse ple-
namen te en una p ersp ectiv a con temp oránea del paisa je, basada en su concep ción como pro ceso
tr aye ctivo (Berque, 1997, 2009) o me diado (W atsuji, 1935 / 2006), y en las determinaciones expre-
sadas en el CEP . En esp ecial, se atiende a la argumen tación de que “to do el territorio es paisa je”,
y p or tan to no sólo se consideran vistas excep cionales o con gran v alor patrimonial, sino tam bién
aquellas otras que han sufrido pro cesos de deterioro. Esto requiere una apro ximación inte gr ada ,
que se ap o y e en diferentes fuen tes y disciplinas, y haga p osible desarrollar un marco de estudio
complejo 3 .
Como y a hemos expresado, en tendemos que las vistas panorámicas urbanas pueden tener una
gran utilidad, en tre otras cuestiones, para la sensibilización paisa jística y como recurso para la to-
ma de decisiones espaciales; p or ello n uestro traba jo ofrece estrategias y herramientas que permitan
utilizarlas al menos en esos sen tidos. El resultado es doble: p or un lado, prop onemos una meto-
dología ap o y ada p or instrumen tos esp ecíficos, sistemática y aplicable a cualquier núcleo urbano;
p or otro, ofrecemos los resultados obtenidos con la aplicación de la misma a cinco p oblaciones
andaluzas, realizada para con trastar y mejorar los pro cedimien tos, que pueden tener utilidad para
su incorp oración directa a los instrumen tos de planeamiento correspondiente s o como base para
estudios p osteriores. A demás, se ap orta una apro ximación a las características del sistema urbano
andaluz, cen trada esp ecíficamen te en las cuestiones relativ as a la generación de vistas panorámicas:
reliev e y tip os de enclav e, ev olución, morfología urbana actual y transformación de los panoramas.
La estrategia que se sugiere para el estudio de las vistas desarrolla las etapas previstas en el CEP
y ofrece resultados cartográficos que son directamen te apro v ec hables para la toma de decisiones
espaciales (pág. 187 y ss.). Prop onemos in tegrarla en un marco op erativ o para ab ordar el paisa je
urbano que, inspirado en algunas ap ortaciones previas (Hilden brand, 2002a; Zoido Naranjo, 2012),
considere tres dimensiones del mismo: (1) el paisa je urbano in terior (ob jetivo prioritario de la
corrien te del townsc ap e ), (2) las vistas desde el n úcleo urbano hacia su en torno, y (3) las propias
vistas panorámicas o imágenes de conjun to. Esta apro ximación triple puede ser útil para organizar
diferen tes pro cedimien tos y vectores de estudio, pero no deb e olvidarse que esas líneas se en trelazan
en tre sí y han de considerarse siempre vinculadas.
La propuesta meto dológica se organizaría en tres grandes etapas: cono cimiento de los paisajes
(cen trado en las vistas panorámicas en este caso), definición de ob jetiv os de calidad paisa jística
y determinación de guías, propuestas y recomendaciones. En este traba jo, sin em bargo, sólo se
desarrollará en detalle la primera de ellas, y a que las siguien tes requerirían, de acuerdo con el CEP ,
pro cedimien tos de participación ciudadana esp ecíficos que escapan a las p osibilidades de esta tesis
do ctoral. P or consiguien te, los resultados relativos a esas dos fases se exponen a mo do de a v ance e
indicación, aunque pueden ser útiles como conclusiones deriv adas del estudio técnico de la cuestión
y las ap ortaciones de los pro cesos de consulta a las p oblaciones que se han p o dido realizar. La
fase más amplia, relativ a al cono cimien to de los paisa jes, se articula según lo expresado en el
CEP resp ecto a los pro cesos de identificación, caracterización y cualificación de los mismos. A ese
esquema se añaden algunos apartados esp ecíficos que consideramos necesarios para el pro ceso, y
en los que se analizan los factores con incidencia en las vistas y el estudio de su ev olución histórica.
En paralelo a to do este pro ceso, se llev a a cab o una estrategia de participación pública, cuy o
diseño se basa en referencias previas. Esta cuestión deb e asumir, de acuerdo con el CEP , un
pap el cen tral en el diseño de medidas para la protección, gestión y ordenación del paisa je, y su
incorp oración a la planificación urbanística y territorial resulta fundamen tal (Zetti, 2013). Debido
a las condiciones en que se ha llev ado a cab o la in v estigación y la escasa respuesta obtenida en
ciertos n úcleos urbanos, no ha sido p osible organizar talleres con la p oblación, y su aplicación se
limita a los casos de Osuna y Jaén. Sin em bargo, las en trevistas y encuestas realizadas en ellos y
basadas en sop orte en línea, ha p ermitido recabar v aliosa información sobre las vistas panorámicas
3 En este traba jo, en tenderemos la complejidad en el sentido utilizado por Morin: «un tejido (c omplexus: lo que
está tejido en c onjunto) de c onstituyentes heter o géne os insep ar ablemente aso ciados: pr esenta la p ar adoja de lo uno
y de lo múltiple» (Morin, 1995, p. 32)
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 19
CAPÍTULO 1. INTRODUCCIÓN, OBJETIV OS Y METODOLOGÍA
urbanas, sus principales v alores, la p ercep ción ciudadana resp ecto a ellas, las tendencias en curso,
los problemas que las amenazan y las aspiraciones de la p oblación.
Desarrollo de instrumen tos esp ecíficos.
P ara ap o yar estos procedimientos y abordar cuestiones particulares relativ as a las vistas, se ha
recurrido a diferen tes herramien tas esp ecíficas. La primera de ellas consiste en una adaptación de los
pro cedimien tos de análisis geomorfomético propuestos p or W o o d (1996), que p ermiten caracterizar
cada n úcleo urbano en función del tip o de relieve en que se encla v a, cuestión que tiene gran in terés
desde la p ersp ectiv a de la generación de panoramas. La aplicación de este pro ceso al sistema
urbano andaluz p ermite establecer cierta clasificación del mismo, en función de los tip os de reliev e
predominan tes.
El segundo instrumen to es un indicador de visibilidad, basado en el pro cedimien to de cálculo de
la exp osición visual, que asigna a cada pun to del área de estudio un v alor relativo al P otencial de
Generación de Vistas panorámicas urbanas (PGV) (P ardo García y Mérida Ro dríguez, 2015). Su
aplicación a los casos analizados ha sido m uy satisfactoria, y resulta de gran utilidad para ev aluar
los principales pun tos de vista, planificar áreas de crecimien to urbano y lo calizar equipamientos
públicos.
El tercero desarrolla un pro cedimien to que p ermite establecer un sistema de referencia com ún
para la pro y ección ortogonal sup erior del área de estudio (plan ta urbana), y cualquier fotografía
panorámica tomada den tro de ella. Gracias a esto, se pueden iden tificar rápidamen te sobre la plan ta
los elemen tos visibles en el panorama, y delimitar tejidos que corresp onden a áreas visualmente
homogéneas.
La cuarta herramien ta hace p osible elab orar un mapa de densidad a partir de las fotografías
con información de lo calización subidas p or los usuarios a una base de datos en línea ( p anor amio ),
de manera que pueden detectarse fo cos de atención y áreas con menor afluencia, y comprobar si
corresp onden a ubicaciones desde las que se generan vistas panorámicas urbanas.
Aplicación de la meto dología y obtención de resultados.
El esquema meto dológico propuesto se ha aplicado en cinco casos represen tativ os de la estruc-
tura urbana de Andalucía, que han sido seleccionados con el ob jeto de exp erimen tar los pro cedi-
mien tos en situaciones m uy div ersas, tanto en lo referen te al tamaño del núcleo urbano como a sus
características paisa jísticas. Se trata de las p oblaciones de Ardales (pro vincia de Málaga), Alhama
de Granada (pro vincia de Granada), Osuna (pro vincia de Sevilla), Jaén y Málaga.
Los casos de Ardales y Alhama de Granada corresp onden a asen tamien tos de tamaño p equeño,
que cuen tan con unos 2.500 y 6.000 habitan tes resp ectiv amen te. Se trata de p oblaciones ubicadas
en zonas de transición en tre sierras y depresiones in teriores, con una gran riqueza y tradición de
vistas panorámicas, que en los últimos años han sufrido algunas transformaciones. Osuna es una
ciudad media de cerca de 18.000 habitan tes, que se sitúa en las campiñas cen trales de la región,
a los pies de un cerro que domina un en torno de reliev e sua v e. Alb erga un v alioso patrimonio
histórico, y sus vistas panorámicas se han conserv ado relativ amente po co alteradas. Jaén es una
capital pro vincial, situada en su ma y or parte en las laderas más septen trionales de los Sistemas
Béticos, cuy a p oblación asciende a unos 115.000 habitan tes, y cuyas vistas generales han cam biado
totalmen te debido a los pro cesos de desarrollo urbano recien tes. Algo similar ha o currido en Málaga,
la ma y or de las ciudades estudiadas, con 560.000 habitan tes, que o cupa un pun to estratégico del
litoral mediterráneo andaluz, a los pies de la Cordillera P enib ética y junto a fértiles espacios de
v ega.
La fase de cono cimien to de los paisa jes se ha desarrollado de forma detallada para cada uno de
esos cinco casos. Como se ha mencionado, comprende la secuencia de: (1) estudio de los factores
20 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
que influy en en las vistas panorámicas, (2) análisis de su ev olución histórica, (3) iden tificación
de los principales pun tos de visión, (4) caracterización detallada de las vistas seleccionadas y (5)
ev aluación de las mismas. En la primera de esas etapas se pretende reunir to da aquella información
relev an te para el estudio de las vistas: encla v e del n úcleo urbano, evolución de l a ciudad y morfología
actual, y vías de com unicación. A demás, se analiza el tratamien to que recib en las vistas y el
paisa je en general, en los instrumen tos de planeamien to urbano o territorial que afectan a la zona
de estudio. A con tin uación se ab orda el estudio histórico de las vistas panorámicas, que p ermite
comprender cómo han ev olucionado los fo cos de atención de cada p oblación a lo largo del tiemp o,
de forma sim ultánea a las transformaciones urbanas y territoriales de su en torno. P ara v alorar el
grado de in terés actual p or cada área, se recurre al pro cedimiento de estimación de la densidad de
fotografías an tes mencionado.
En la etapa de iden tificación se com bina la información obtenida en los pasos an teriores con
pro cedimien tos de análisis de la visibilidad como los an tes descritos. Esto p ermite obtener los
principales pun tos, recorridos y áreas generadores de vistas panorámicas urbanas de cada uno de
los casos de estudio.
Una v ez iden tificados esos espacios generadores, se seleccionan una serie de puntos de visión
para llev ar a cab o sobre ellos la siguien te etapa, dedicada a la caracterización de las vistas. En esta
selección in tervienen criterios basados en to do el pro ceso an terior, que consideran factores históri-
cos, de visibilidad, accesibilidad, p opularidad, etc. P ara cada vista se estudian detalladamen te los
atributos escénicos, que incluy en condiciones e indicadores de visibilidad, y análisis de comp onen-
tes (áreas homogéneas, líneas y pun tos fo cales). Para ello, se aplica el procedimiento de vincular
fotografías panorámicas a la plan ta urbana median te un sistema de referencia com ún. Se estudian
tam bién p osibles in terpretaciones territoriales construidas a partir de las imágenes analizadas, en
una sección de le gibilidad y signific ados . Esas lecturas, jun to a la ev olución histórica de la ciudad y
sus vistas panorámicas, p ermitirían la apro ximación a cada caso a mo do de «bio gr afía territorial» ,
denominación propuesta p or P oli (1999), que p o dría tener un gran in terés para la sensibilización
paisa jística. La etapa de caracterización finaliza con una sín tesis de los principales atributos que
definen el carácter de cada vista panorámica, así como con una clasificación de las mismas en tip os.
En la etapa de ev aluación se señalan los v alores p ositiv os de las vistas, así como las tendencias y
los problemas que les afectan. P ara ello, nos basamos en to do el traba jo an terior, además de en un
análisis de los pro cesos de crecimien to previstos en los instrumentos de planificación locales. Con
ello, es p osible determinar cómo afectarán los futuros desarrollos urbanos a las vistas panorámicas
de cada caso. En esta fase se consideran tam bién los resultados de las en trevistas y encuestas
realizadas en algunos casos. De la ev aluación de los casos de estudio se ha extraído un resumen de
las tendencias más com unes que afectan a las vistas panorámicas urbanas.
Finalizada con ello la fase de cono cimien to de los paisa jes, se enuncian a modo de sugerencia
inicial algunos ob jetiv os de calidad paisa jística, así como guías, recomendaciones y propuestas de
actuación. Estas cuestiones se desprenden de to do el análisis realizado, que en futuras aplicaciones
deb ería complemen tarse con estrategias de participación ciudadana más desarrolladas, en la línea
de lo expresado en el CEP y exp erimen tado ya en algunos casos pioneros (Magnaghi, 2010b; Zetti,
2013).
Las vistas caracterizadas se han clasificado, en función de la p osición relativ a del pun to de
visión, de acuerdo con las categorías propuestas p or Kagan y Marías (1998), que resultan similares
a las sugeridas p or De Seta (2011). De ese mo do, se definen los tip os de vista de p erfil, caballera
u oblicua. P ara establecer los um brales en tre esas clases se prop onen dos criterios alternativ os, el
primero directamen te inspirado en la obra de Kagan y Marías (1998), y el segundo basado en los
indicadores de visibilidad desarrollados en esta tesis.
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 21
CAPÍTULO 1. INTRODUCCIÓN, OBJETIV OS Y METODOLOGÍA
1.1. OBJETIV OS
Esta tesis do ctoral pretende como ob jetivo principal el desarrollo de una estrategia para el
estudio de las vistas panorámicas de los n úcleos de p oblación, así como comprobar su v alidez
median te su aplicación a una serie de casos piloto. P ara ello, se con templan los siguientes fines
generales 4 :
1. Con tribuir a la conceptualización de las vistas panorámicas urbanas como ob jeto de análisis
cien tífico.
2. Prop oner un esquema-guía que organice el análisis de las vistas, aplicable a cualquier caso
de estudio, que p ermita incorp orar sus resultados a pro cesos de sensibilización paisa jística,
toma de decisiones espaciales o como base para estudios más detallados de alguna dimensión
de los panoramas (p or ejemplo, la histórica).
3. Desarrollar herramien tas esp ecíficas de ap o y o a la meto dología, que hagan p osible ab ordar
sistemáticamen te el estudio de algunos asp ectos de las vistas.
4. Aplicar de forma exp erimen tal la estrategia propuesta a v arios casos de estudio represen-
tativ os del sistema urbano de Andalucía, en los que se iden tifiquen, caractericen y ev alúen
los panoramas urbanos más relev an tes, y se genere cono cimien to sobre ellos aplicable a la
planificación urbanística y territorial.
5. Con tribuir al cono cimiento de los paisajes urbanos andaluces a trav és de una apro ximación
sistemática a los parámetros que influy en en los tip os y contenidos de sus vistas panorámicas,
así como a tra v és de los ejemplos represen tativos analizados en detalle.
P ara el adecuado desarrollo de esos ob jetivos , y en referencia a cuestiones particulares de nuestro
tema de estudio, se prop onen las siguien tes metas esp ecíficas:
1. Revisar los an teceden tes y estudios previos en torno al tema de estudio, para construir una
base de referencia útil para el desarrollo de la tesis. Este ob jetiv o se llev ará a cab o a tra vés
de un pro ceso de búsqueda sistemática en distin tas bases de datos in ternacionales, centrado
en la lo calización de obras académicas, instrumen tos de ordenación y normativ a.
2. Analizar el tratamien to de las vistas panorámicas urbanas en instrumen tos de planeamien to
urbano y territorial de diferen tes regiones, para detectar carencias y p osibilidades.
3. Estudiar la ev olución histórica de las vistas panorámicas en cada uno de los casos de estudio,
así como la relación en tre las represen taciones artísticas de las ciudades y la consolidación de
ciertas p ersp ectiv as en el imaginario colectivo.
4. Prop oner herramien tas de cálculo de visibilidad esp ecíficas para el estudio de las vistas pa-
norámicas, median te el apro v ec hamiento de las posibilidades de las T ecnologías de la Infor-
mación Geográfica (TIG).
5. Diseñar pro cedimien tos de representación ligados al análisis de las vistas panorámicas urba-
nas, que faciliten su estudio y p ermitan su in tro ducción en los pro cesos de toma de decisiones,
p or ejemplo median te la plasmación cartográfica de cuestiones relativ as a los panoramas.
6. Desarrollar pro cedimien tos de consulta a la p oblación para detectar y v alorar vínculos de
iden tificación con determinadas características de las p ersp ectiv as urbanas, cono cer sus pre-
ferencias paisa jísticas en torno a la ciudad y su ám bito, y ev aluar los principales v alores de
los panoramas, las tendencias en curso, y los problemas que les afectan.
4 Estos ob jetiv os deriv an fundamen talmen te de los recogidos en la memoria presentada para la solicitud de una
Beca de F ormación de Profesorado Univ ersitario (FPU) del Ministerio de Educación, concedida a finales del año
2010 y que ha hec ho p osible la elab oración de la presente tesis doctoral.
22 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
1.2. F ASES DE TRABAJO
1.2. F ASES DE TRABAJO
El pro ceso de elab oración de la presente tesis se ha desarrollado según las siguien tes etapas:
1. Revisión bibliográfica e información do cumen tal. En esta fase se ha realizado una recopilación
bibliográfica relativ a a n uestro tema de estudio. La búsqueda de fuen tes, que se ha llev ado a
cab o median te el uso de bases de datos en línea de alcance internacional, se ha cen trado en
las siguien tes líneas:
a ) Obras dedicadas esp ecíficamen te al análisis de las vistas panorámicas urbanas, princi-
palmen te desde sus dos v ertien tes de estudio tradicionales: su asp ecto representativ o o
artístico, o su cualidad de p ercep ciones directas desde el terreno.
b ) Publicaciones e instrumen tos de ordenación urbanística o territorial en las que se desa-
rrolle atención a la cuestión, y a sea de mo do directo o incorp orada de forma general a
algún otro pro cedimien to de estudio o gestión del paisa je.
c ) Normativ a española y andaluza en la que aparezcan referencias a n uestro tema de estu-
dio, aunque sea de forma tangencial, o determinaciones relev an tes para su incorp oración
a las estrategias de ordenación espacial.
d ) Do cumen tación relativ a a los casos ab ordados: instrumen tos de planeamien to, estudios
lo cales, apro ximaciones geográficas, etc. Esp ecial relev ancia en este sen tido ha tenido la
recopilación de vistas panorámicas históricas de cada caso, así como de referencias en
las que se estudian las mismas.
2. Primera apro ximación a la estrategia de traba jo. T ras la revisión del material obtenido en la
fase an terior y a partir de las diferen tes referencias en las que se observ aba una apro ximación
detallada a n uestro tema, se diseñó un esquema de traba jo preliminar para ab ordar los casos
de estudio. En esta etapa tam bién se prepararon las primeras v ersiones de las herramien tas
esp ecíficas an tes mencionadas.
3. T raba jo de camp o y depuración de la meto dología. Una v ez seleccionados los casos de estu-
dio, se aplicó a cada uno de ellos la estrategia diseñada. Como consecuencia de ese pro ceso,
se observ aron m ultitud de p osibles mo dificaciones de la misma, que se incorp oraron pro-
gresiv amen te a las siguien tes aplicaciones. De ese mo do, se han depurado y enriquecido los
pro cedimien tos de forma iterativ a, con exp eriencias en núcleos urbanos de características
m uy div ersas.
4. Pro cedimien tos de participación ciudadana. Después de diseñar una estrategia de participa-
ción basada en las referencias consultadas, con tar con un cono cimien to adecuado de cada uno
de los casos y establecer los con tactos necesarios, se llev ó a cab o el pro ceso de consulta a la
p oblación, a tra v és de entrevistas y encuestas. Los res ultados del mismo fueron muy útiles
para ampliar y matizar las observ aciones obtenidas en la fase an terior para cada zona de
análisis.
5. Sín tesis de la estrategia, resultados y discusión. Con los pro cedimientos adecuadamen te con-
trastados y un v olumen de material suficien te, que incluía lo expresado en los pro cesos de
participación, se pro cedió a la definición final de la estrategia meto dológica y la redacción de
cada uno de los casos de estudio. P osteriormen te se llev ó a cab o una reflexión sin tética sobre
los resultados obtenidos, que se exp one en el capítulo de discusión.
6. Desarrollo de conclusiones, revisión y redacción final. P or último, se resumieron las principales
conclusiones de la tesis do ctoral, y se ab ordó el pro ceso de revisión detallada y generación
del do cumen to final 5 .
5 T o do el do cumento, así como la cartografía, han sido elaborados mediante soft ware libre, lo que ha permitido
una gran flexibilidad y el aprendiza je de herramien tas muy v ersátiles. La v ersión electrónica cuenta con marcadores
insertos en el texto, que p ermiten na vegar fácilmen te p or to da la estructura del do cumento y consultar de manera
ágil las referencias bibliográficas incorp oradas. En particular, se han utilizado gvSIG, QGIS, GRASS y SA GA como
Sistemas de Información Geográfica; LaT eX como editor de textos (con interfaz T eXstudio); LibreOffice para edición
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 23
CAPÍTULO 1. INTRODUCCIÓN, OBJETIV OS Y METODOLOGÍA
Deb emos mencionar que, duran te el trascurso de este pro ceso, se ha llev ado a cab o una estan-
cia de in v estigación en la Sección de Urbanística y Ordenación del T erritorio, del Departamen to
de Arquitectura de la Univ ersidad de Florencia (Italia). Esa etapa fue esp ecialmen te v aliosa para
con trastar los pro cedimien tos con profesorado del citado cen tro, así como para aumen tar conside-
rablemen te el elenco de referencias bibliográficas, estudiar los a v anzados pro cesos de participación
ciudadana en curso en la Región T oscana y otras zonas de Italia, y enriquecer los planteamien tos
teóricos de la tesis do ctoral.
1.3. ESTR UCTURA DE LA TESIS DOCTORAL
Esta tesis do ctoral se organiza en siete capítulos y seis ap éndices, repartidos en dos tomos. Los
siete primeros se incluy en en el primer v olumen, y represen tan la parte más extensa del do cumento.
Los ap éndices con tienen la cartografía y material gráfico relativ os a cada uno de los casos de estudio,
que debido al uso de un formato de página ma y or y para facilitar la consulta, se ha traslado al
segundo v olumen. Los capítulos que constituy en la obra son los siguien tes:
1. In tro ducción. Este capítulo tiene p or ob jeto presen tar una primera apro ximación muy brev e
al tema de estudio, así como detallar los ob jetiv os, meto dología y organización de esta tesis
do ctoral.
2. Marco conceptual. Se presen tan en este capítulo diferen tes estudios relativ os a la cuestión
de las vistas panorámicas urbanas, a partir de los cuales se prop one una definición op erativ a
del ob jeto de estudio. A con tinuación se matizan diferen tes asp ectos de esta definición, y
se justifica el in terés de la cuestión en relación con la actual sensibilidad paisa jística y las
determinaciones del Con v enio Europ eo del P aisa je.
3. Ev olución de las vistas panorámicas urbanas. Se desarrolla aquí una apro ximación a la historia
de las vistas panorámicas urbanas, organizada según la doble v ertien te de las vistas como
represen taciones artísticas y como p osibles ob jetos de atención p or parte del pro y ecto y la
ordenación urbana. Al primer asp ecto se dedica una sección en la que se exp one, de forma
resumida, la ev olución general de las vistas panorámicas urbanas en la historia del arte. En
segundo lugar, se incluy e una sección que explora el tratamien to que han recibido esas vistas
desde la p ersp ectiv a del urbanismo.
4. An teceden tes. En este capítulo se recopila una serie de referencias y estudios previos de in terés
para el plan teamien to de la meto dología y el desarrollo de los casos de estudio. En primer
lugar, se exp onen los an teceden tes meto dológicos relacionados con el tratamien to del paisa je
urbano y las vistas panorámicas duran te el siglo XX. A con tinuación se presen ta un recorrido
p or diferen tes instrumen tos internacionales de ordenación espacial, con objeto de analizar
distin tas p osibilidades y herramien tas para la gestión de los panoramas, que comienza con la
presen tación del caso español y sus particularidades normativ as. Seguidamen te, se exp onen
algunas apro ximaciones previas a la cuestión del análisis visual, tan to de tip o directo sobre
fotografías como a tra v és de Sistemas de Información Geográfica. Más adelan te se dedica un
apartado a in tro ducir la meto dología británica «L andsc ap e Char acter A ssessment» , ob jeto
de atención de v arios traba jos en los últimos años, que se desarrolla en torno al concepto
de c ar ácter paisa jístico, término que utilizaremos p osteriormente. P or último, se incluye un
recorrido p or algunas exp eriencias previas de participación ciudadana.
5. Méto dos. En este capítulo se presen ta nu estra propuesta meto dológica para el estudio de
las vistas panorámicas urbanas. En primer lugar, se sugiere un p osible marco de análisis
general para el paisa je urbano, en el que se incorp oraría esta cuestión. A con tin uación, se
de ho jas de cálculo; GIMP e Inkscap e como editores gráficos; Hugin como comp ositor de fotografías panorámicas,
y CmapT o ols para elab orar los mapas conceptuales. Las entrevistas y encuestas se recogieron median te un sistema
basado en Lime Surv ey . La aplicación de cálculo de la visibilidad se ha programado en Jav a a partir del conjun to de
algoritmos SEXT ANTE, y la destinada a descargar pun tos de referencia de fotografías en línea mediante el in térprete
de comandos BASH de Lin ux.
24 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
1.3. ESTRUCTURA DE LA TESIS DOCTORAL
explican las diferen tes etapas que sigue la meto dología propuesta. Por último, se exponen las
herramien tas o instrumen tos esp ecíficos diseñados para el estudio de las vistas.
6. Área y casos de estudio. Se desarrolla aquí una apro ximación sistemática al sistema urbano de
Andalucía, cen trada en las características implicadas en la generación de vistas panorámicas,
y ap o y ada en los pro cedimien tos de clasificación geomorfométrica an tes mencionados. Se
añade tam bién una sección en la que se in tro ducen y justifican los núcleos urbanos el egidos
para la aplicación exp erimen tal de to dos los pro cedimien tos descritos.
7. Resultados: casos de estudio. El capítulo de resultados recoge la aplicación de los méto dos
expuestos a cinco n úcleos urbanos andaluces: Alhama de Granada, Ardales (Málaga), Jaén,
Málaga y Osuna (Sevilla). En cada uno de ellos se desarrolla de forma detallada la estrategia
descrita en los méto dos, y se an ticipan algunos p osibles ob jetiv os de calidad paisa jística y
propuestas. Estos dos últimos asp ectos deriv an del estudio exp erto de las vistas y , allí donde
ha sido p osible, de las ap ortaciones ciudadanas al pro ceso de participación. Los panoramas
históricos han sido organizados p or fec ha, según una cla ve que comi enza p or la letra «H»,
y en cada uno de los casos se encon trará una tabla en la que se recogen to das las imágenes
estudiadas. La ma y oría de ellos aparecen in tercalados en el texto. La cartografía y algunas
figuras esp ecíficas de gran formato se han recogido para ma yor comodidad en un anexo
gráfico. P or ello, en la exp osición de cada caso se encon trarán con frecuencia referencias a
los mapas, con n úmeros en tre parén tesis para indicar pun tos concretos señalados sobre ellos.
Se incluy en tam bién en este capítulo fic has de caracterización de cada uno de los panoramas
estudiados en detalle, así como de sín tesis de los principales atributos vinculados al carácter
de los mismos. P or último, se prop one una p osible clasificación de las vistas panorámicas
analizadas en función de la p osición relativ a del pun to de visión, y se resumen las principales
tendencias detectadas que les afectan.
8. Discusión. Se exp onen aquí diferen tes reflexiones sobre los resultados obtenidos, referidas
tan to a los casos de estudio como a la propuesta meto dológica y la fase de recopilación y
análisis de an teceden tes. Se presen tan en primer lugar las implicaciones y p osibilidades de
esos méto dos y sus resultados para la sensibilización paisa jística y la toma de decisiones
espaciales, a con tin uación las limitaciones de los mismos, y p or último las p osibles líneas de
traba jo futuro que pueden ab ordarse a partir de esta tesis do ctoral.
9. Conclusiones. Este capítulo con tiene un sucin to resumen final de los principales puntos desa-
rrollados en la tesis do ctoral, en el que se subra yan los hallazgos e implicaciones más relev an tes
de la misma.
El anexo gráfico incluy e to da la cartografía y material gráfico auxiliar relativos a los casos de
estudio, organizados en cinco ap éndices según el orden de exp osición seguido en el capítulo de
resultados corresp ondien te. En el sexto ap éndice se han insertado los mo delos de guía y cuestio-
nario seguidos resp ectiv amen te para la realización de las en trevistas y encuestas del pro ceso de
participación ciudadana.
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 25
CAPÍTULO 2. MARCO CONCEPTUAL
Imágenes de un n úcleo urbano, y a sean p ercep ciones directas de un observ ador o repre-
sen taciones en cualquier medio, que incluy an una parte sustancial y relev an te del tejido
edificado, y p ermiten la p ercep ción, más o menos nítida, de sus límites y de su marco
territorial.
Figura 2.1: Dos vistas panorámicas de Alhama de Granada. La primera m uestra el grabado difundido
a tra v és del atlas de ciudades Civitates Orbis T err arum (Libro I I, edición original de 1575),
publicado p or Braun y Hogen b erg a partir de 1572 (Füssel, 2008). La segunda, una fotografía
de la p oblación y su en torno, desde un lugar cercano al que Ho efnagel debió usar para
comp oner el dibujo an terior, tomada del catálogo de vistas del do cumento de Aprobación
Pro visional del PGOU de la ciudad de 2010. In terpretación artística e imagen directa de la
p oblación (aunque, en este caso, la fotografía no deja de ser otra represen tación mediada del
en torno, de acuerdo con Mo ya P ellitero (2011)), resp onden a las dos dimensiones del paisa je y
las vistas panorámicas que consideramos en n uestra definición del ob jeto de estudio. F uentes:
The Hebr ew University of Jerusalem y Do cumento de Apr ob ación pr ovisional de PGOU de
A lhama de Gr anada, 2010.
Nos referimos a núcle os urb anos en alusión a que las vistas panorámicas pueden corresp onder
a asen tamien tos de cualquier tamaño, desde p equeñas p oblaciones rurales hasta grandes capitales
metrop olitanas. A falta de algún otro término que se refiera a ese amplio abanico, utilizamos
esa lo cución de acuerdo con lo expresado en el «Dic cionario de ge o gr afía urb ana, urb anismo y
or denación del territorio» del grup o A duar, que lo recono ce como una expresión m uy am bigua
p ero «pue de entenderse, sin emb ar go, que tiene signific ado pr opio a sensu contrario , en r elación
c on la urb anización difusa, a la que obviamente se op one.» (Naranjo, de la V ega, Piñeiro y col.,
2000, p. 239)
El adjetiv o «panorámica» hace referencia, de acuerdo con la RAE, a aquello «p ertene ciente o
r elativo al p anor ama» , o bien como lo «que p ermite c ontemplar, estudiar o exp oner una cuestión
en su c onjunto.» Esta segunda acep ción resume p erfectamente e l significado que hemos dado al
término: una vista m uy amplia de algún n úcleo urbano, que p ermite con templarlo como conjun to 9 .
En consecuencia, en n uestro con texto pueden usarse como sinónimos (y de hec ho lo haremos en
las pró ximas páginas) los términos vista panorámica, imagen de conjun to y p anor ama , v oz que
según la RAE alude a un «p aisaje muy dilatado que se c ontempla desde un punto de observación» ,
siempre que se en tienda referida a un en torno urbano. A esa lista p o drían añadirse los conceptos
de vista o imagen general, en el sen tido de que p ermite apreciar la ma yor parte de los contenidos
9 En principio, no utilizaremos «panorámica» en referencia a una «F oto gr afía o suc esión de foto gr afías que
muestr an un amplio se ctor del c amp o visible desde un punto» (tercera acepción en el diccionario de la RAE), y a
que en tendemos que esa serie fotográfica no tiene necesariamente que referirse a una vista amplia de la ciudad. P or
ejemplo, es com ún hoy día usar secuencias de m últiples imágenes para mostrar algún espacio público significativo
de una ciudad. P or tanto, no debe confundirse nuestro uso de vista «panorámica» en el sen tido de amplia o de
conjun to, con la «panorámica» como secuencia de fotografías que puede mostrar diferen tes contenidos, no siempre
amplios.
32 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
2.1. DEFINICIÓN DEL OBJETO DE ESTUDIO
de una ciudad, aunque estas v o ces presentan el incon v eniente de que su traducción al inglés no es
tan directa como en las an teriores 10 .
Sinónimos T raducción propuesta
Vistas panorámicas urbanas Urb an p anor amic views
Imágenes de conjun to de n úcleos urbanos Over al l urb an images
Vistas urbanas generales Gener al urb an views
Cuadro 2.1
2.1.2.1. Sen tido esp ecífico y sen tido sin tético
Al igual que an tes hemos señalado la diferencia en tre imágenes c oncr etas de una ciudad, y las
imágenes sintétic as relacionadas con el concepto de la imagen de la ciudad , forjado p or Lync h, es
imp ortan te in tro ducir cierta precisión resp ecto a n uestra terminología. Nuestro ob jeto de estudio
se refiere a episo dios concretos corresp ondientes a vistas panorámicas de la ciudad. P or ejemplo,
en el caso de Granada, puede considerarse la existencia de m últiples imágenes de conjun to, co-
rresp ondien tes a los div ersos puntos de observ ación que p ermiten p ercep ciones de conjun to: las
que se obtienen desde algunas zonas de la V ega cercanas al río Genil, las que se aprecian desde la
Alham bra, las vistas desde la p eriferia norte, etc.
Sin em bargo, cab e la p osibilidad de que esa misma lo cución sea in terpretada de otro mo do,
más cercano al de «imagen de la ciudad» : el mapa o represen tación men tal que los observ adores
elab oran a partir de div ersas p ercep ciones de su medio. En el ejemplo an terior, alguien p o dría
señalar que la imagen de conjun to de Granada se caracteriza p or un tejido urbano que se extiende
en tre Sierra Nev ada y la V ega, en el que los barrios tradicionales o cupan las p osiciones más elev adas,
los crecimien tos recien tes se extienden en forma de orla en torno a la ciudad histórica, y to do el
conjun to queda presidido p or la Alham bra, así como p or otros hitos menores que se y erguen sobre
lo construido. P ara evitar confusiones, en esta tesis nos referiremos directamen te a esta segunda
cuestión como «imagen» de la ciudad, mien tras que reserv aremos las palabras imagen de c onjunto
para aludir a vistas panorámicas concretas.
Deb e tenerse presen te que am bas interpretaciones se refieren a realidades que se complemen tan.
Desde el pun to de vista op erativ o, es factible traba jar con vistas panorámicas concretas, que pueden
ser ob jeto de análisis y mediciones v arias, como se exp ondrá más adelante. Desde la persp ectiv a
de la in terpretación del paisa je, es adecuado recurrir a la imagen sintétic a , en la medida en que es
capaz de recoger y asimilar m últiples p ercep ciones, e incluso los v alores históricos y p opulares de
las vistas.
2.1.2.2. Límite difuso en tre lo panorámico y el fragmen to
El carácter panorámico alude a la p osibilidad de con templar un paisa je dilatado, o un ob jeto en
su conjun to, p ero no hemos detallado cuál sería el límite que p ermite distinguirlo de lo fragmen tario.
Si se sigue a los autores an tes mencionados, se trataría de diferenciar vista urb ana de ve dutta
(Kagan y Marías, 1998, p. 18), y r etr ato de visión p or p artes (De Seta, 2011, p. 8). Además,
sería con v enien te distinguir las vistas panorámicas urbanas de otros conceptos referidos a visiones
fragmen tarias, como las vistas de fren tes o fac hadas urbanos, o las vistas parciales.
10 Sugerimos, como término más conciso para designar nuestro objeto de estudio en inglés, la voz «urb an p a-
nor amic views» , que ya hemos usado en una publicación an terior (Pardo García y Mérida Rodríguez, 2015). El
adjetiv o «panoramic» tiene un significado m uy similar al castellano «panorámico», y de hecho aparece ilustrado en
el diccionario Collins con ejemplos relativ os a nuestro tema de estudio: «Y ou get a p anor amic view of the city fr om
the top of the mountain.» «The terr ain ’s high p oints pr ovide a p anor amic view of L os A ngeles.» (Collins English
Dictionary , 2014b). Una alternativ a, para referirse a las «imágenes de conjun to urbana», p o dría ser ( over al l urb an
images ), que tam bién hemos utilizado anteriormen te (Pardo García, Rodríguez Ro dríguez y Zoido Naranjo, 2011).
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 33
CAPÍTULO 2. MARCO CONCEPTUAL
Un hip otético criterio de diferenciación habría de basarse, como mínimo, en la extensión de
ciudad p ercibida. A mo do de referencia, basada en los casos que hemos estudiado y que p or
tan to deb e confirmarse o reformularse en el futuro, proponemos considerar como p anor ámic os
sólo aquellos pun tos de vista en los que la exp osición visual de la ciudad, calculada según el
pro cedimien to expuesto más adelan te, sea como mínimo del 15 % (para tamaños de celda en tre 10
y 40 m). Este um bral se refiere a la prop orción de sup erficie de la planta urbana, represen tada en
un Mo delo Digital de Elev aciones (MDE), que puede p ercibirse desde cierto pun to del territorio 11 .
Ese límite ha sido calibrado a tra v és de la observ ación de los v alores de exp osición alcanzados en
aquellos pun tos que hemos considerado panorámicos, y en particular oscilan en tre un 17 % para la
vista de Málaga desde Gibralfaro y un 49 % para la de Osuna desde la auto vía A-92.
Sin em bargo, esto no deb e considerarse criterio rígido. La principal razón es que cada caso de
estudio puede presen tar características visuales p eculiares que hagan discutible ese límite homo-
géneo. P or ejemplo, en ciudades grandes resulta complicado con templar p orciones tan amplias de
su sup erficie total como sí puede hacerse en n úcleos rurales, p ero no p or ello deb e considerarse
que las primeras no cuen tan con pun tos generadores de vistas panorámicas. En ese caso, el límite
an terior p o dría matizarse si se considera la prop orción del máximo p osible para el área de estudio
que se analice. P or ejemplo, en Málaga el 17 % de exp osición visual absoluta corresp onde al 44 %
del máximo p osible desde ciertas cum bres de los Mon tes, y p or ello puede en tenderse que se trata
de un v alor significativ o para el área urbana. P or tan to, en m uc has o casiones la fron tera en tre
n uestras vistas panorámicas y otros tip os de p ercep ciones/represen taciones fragmen tarias de la
ciudad, será bastan te difuso, aunque atender a los indicadores de visibilidad puede a yudar a definir
cierto um bral.
A dicionalmen te, p o drían considerarse los con tenidos mostrados, y en tender que una vista pa-
norámica ha de incluir los elemen tos o construcciones más represen tativ os de una determinada
ciudad (principalmen te hitos, límites y marco territorial). En general, la ma y or parte de las vistas
que cuan titativ amen te m uestren una prop orción significativ a del área urbana, incluirán en tre sus
con tenidos esos elemen tos, que suelen tener carácter conspicuo 12 . Sin em bargo, no pueden descar-
tarse situaciones excep cionales. P or ejemplo, si en una gran ciudad encontramos una vista extensa
del tejido urbano, p ero que no m uestra elementos relev an tes de la misma, sería p osible entender
que no se trata de un panorama represen tativ o ni con carácter de conjun to. P or el contrario, en
aquellos casos en que no sean p osibles vistas demasiado extensas, p ero en algunas de ellas aparezcan
la ma y or parte de esos elemen tos, p o dría atribuirse carácter panorámico a las mismas.
2.1.2.3. Pun tos de visión utilizados
P or último, es preciso señalar que nos o cuparemos exclusiv amen te de aquellas vistas urbanas
panorámicas que puedan ser obtenidas (o ha y an sido obtenidas en el pasado) desde algún pun to
del terreno accesible para los observ adores com unes (lo que p o dríamos denominar puntos de vista
no forzados ). Como se v erá en los apartados siguien tes, es frecuen te presen tar las ciudades desde
lo calizaciones elev adas sobre el terreno, y a sea a tra vés de reconstrucci ones ficticias como en algun as
vistas de pá jaro tradicionales, o median te el uso de algún artefacto que p ermita lev an tar el pun to
de vista (principalmen te glob os aerostáticos o a viones). Si se sigue alguna de las clasificaciones
que mencionaremos en el apartado siguien te, nos limitaremos a estudiar las vistas de p erfil, así
como aquellos pun tos elev ados que hagan p osible dominar la ciudad desde su in terior o en torno, de
manera que p or lo general no sup eraremos las vistas caballeras u oblicuas (aunque p o drían darse
ángulos ma y ores, en función de la top ografía).
11 Como veremos más adelan te, el hecho de represen tar la ciudad como una región espacial delimitada en la
sup erficie de un MDE hace que no puedan mo delarse fac hadas u otros elementos en forma de plano v ertical, p ero
agiliza el cálculo y resulta una simplificación adecuada para las escalas a las que se generan las vistas panorámicas.
Debido a esa forma de traba jo, los v alores de exp osición visual resultan generalmente bajos, ya que existen n umerosos
fenómenos de o clusión que evitan la visión de pun tos (celdas) más alejados del observ ador. De ahí que este um bral del
15 % pueda resultar aparen temente m uy ba jo, p ero ha sido comprobado empíricamen te con nuestro procedimiento
de estudio, y sólo deb e considerarse v álido en el contexto del mismo.
12 En el desarrollo de los casos de estudio analizados p o drá comprobarse que, para exp osiciones visuales ma yores
del límite propuesto (15 %), prácticamen te to das las vistas p osibles m uestran los principales hitos de cada ciudad.
34 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
2.1. DEFINICIÓN DEL OBJETO DE ESTUDIO
La razón para ello es que pretendemos que n uestro traba jo sea de utilidad directa para la
planificación urbanística y la ordenación territorial, en relación con los paisa jes cotidianos de los
ciudadanos, así como para la v alorización y utilización de las vistas panorámicas como recursos
lo cales. En línea con los plan teamientos del Con ven io Europ eo del P aisa je, aspiramos a que la
v aloración de p osibles pun tos de vista sobre el terreno pueda ser utilizada para definir programas,
pro y ectos o p olíticas que incidan sobre ese tip o de p ercep ciones. Puesto que en tendemos que ta-
les visiones com unes son las que se alcanzan desde el terreno (aunque con la p opularización del
transp orte aéreo las vistas elev adas tam bién adquieran cierto in terés), nos ceñiremos a ellas en
el presen te estudio. Ello no quita que recurramos, de forma pun tual, a reconstrucciones aéreas o
vistas de pá jaro para complemen tar algún asp ecto del análisis paisa jístico de las ciudades y sus
panoramas.
2.1.3. Algunos esb ozos de clasificación
Se han propuesto algunas clasificaciones de las vistas panorámicas de ciudades, exclusiv amente
desde la p ersp ectiv a del estudio de sus represen taciones artísticas. Principalmente se inspiran en
la p osición relativ a del pun to de vista elegido p or el artista resp ecto a la ciudad, p or lo que
serían aplicables tam bién a las p ercep ciones de observ adores sobre el terreno. El otro criterio es de
aplicación exclusiv a a las vistas pictóricas, y a que se basa en la fidelidad de la represen tación a la
p ercep ción directa de la ciudad.
2.1.3.1. Según la p osición del pun to de vista
Kagan (figura 2.2) prop one atender al ángulo de elev ación del observ ador (real o hip otético)
resp ecto del suelo, para diferenciar en tre las siguien tes categorías de vista: icnográfica u ortogonal
(90 o ), en p ersp ectiv a o cartográfica (60 o ), de pá jaro (45 o ), oblicua (30 o ), caballera o ecuestre (10 o )
y vista de p erfil (observ ador p osicionado sobre el terreno). (Kagan y Marías, 1998, p. 22)
Figura 2.2: Esquema de los distin tos ángulos de vistas urbanas, según R.
Kagan. F uente: K agan y Marías (1998, p. 22)
Una clasificación similar, en función de la diferencia de cota en tre el observ ador y la ciudad,
sugiere De Seta (2011). P ara este autor, es p osible establecer los tip os de:
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 35
CAPÍTULO 2. MARCO CONCEPTUAL
Vista en p ersp ectiv a, tomada desde un pun to de vista de real más elev ado que la ciudad,
cuy o ángulo puede v ariar en tre 60 o y 90 o .
P erfil, con el observ ador colo cado habitualmen te al niv el del suelo o mar. La imagen resulta
fron tal, y p ermite ver el skyline de la ciudad.
A vista de pá jaro, realizada desde un pun to de vista imaginario, situada en el cielo, de mo do
que se represen ta el sistema geomorfológico en el que se encla v a la ciudad. El autor se v ale
usualmen te de una plan ta del n úcleo urbano, de forma que puede reconstruirla en diferentes
tip os de axonometría ortogonal u oblicua. Este tip o de vista tam bién solía cono cerse como
descriptio, pr osp e ctus o ic ono gr afia .
Plan ta. Es la restitución planimétrica de to dos los edificios, mediante una pro y ección ortogo-
nal (ortográfica) o cenital (icnográfica). En ella, «la p er c ep ción visual se sacrific a p ar a obtener
una le ctur a objetiva de natur aleza científic a» (De Seta, 2011, p. 31)
2.1.3.2. Según los con tenidos de la imagen
Otra p osibilidad de distinción, sugerida de n uev o p or Kagan, es tomar como criterio la fidelidad
de la imagen a la realidad, o su carácter sim b ólico, para establecer la diferencia en tre las vistas
c or o gr áfic as y c omunic éntric as . Las primeras toman su nom bre de la corografía: la descrip ción de un
país, de una región o de una pro vincia. Las com unicén tricas son aquellas que, más allá de pretender
transmitir una descrip ción fiel del lugar, sustituy en los elementos físicos (la urbs) por su faceta
h umana (la civitas) (Kagan y Marías, 1998, p. 40), y adquieren un carácter metafórico. Este tip o de
imágenes p o dían tener, p or ejemplo, fines didácticos. Establecer esa diferencia resulta complicado
con frecuencia, y a que en realidad to da imagen de conjun to es capaz de alb ergar significados que
remiten a la iden tidad de la ciudad, aunque tenga un fin originalmen te corográfico.
En ese sen tido, resulta de in terés el plan teamien to expresado p or Corb oz (1995): la imagen
urbana es siempre una construcción, que oscila en tre el p olo v erista y el p olo fan tástico, de manera
que el primero puede deriv ar en la creación de imágenes metafóricas que transmitan un significado
que v a más allá de la comp osición física real de la ciudad.
2.2. LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS Y EL A C-
TUAL P ARADIGMA DE P AISAJE
El estudio de las vistas panorámicas urbanas p ermite, a n uestro juicio, profundizar en algunas
de las cuestiones no v edosas plan teadas p or la concep ción con temp oránea del paisa je, así como
desarrollar diferen tes pun tos del Con v enio Europ eo del P aisa je (CEP) que se relacionan con ella.
En ese sen tido, en este apartado ab ordaremos tres asuntos de especial relev ancia en lo que se refiere
a las p osibilidades de n uestro tema de estudio. En primer lugar exp ondremos el in terés que tienen
las vistas panorámicas urbanas para asumir el concepto con temp oráneo de paisa je; a contin uación
v eremos en qué medida este camp o de estudio p ermite ampliar la no ción de paisa je a to do el
territorio (según lo dispuesto en el CEP), y p or último in tro duciremos la p ertinencia de este tema
para la promo ción de acciones de sensibilización en tre las p oblaciones.
2.2.1. El concepto «tra y ectiv o» de paisa je a tra v és de las vistas panorá-
micas urbanas
Como y a se ha expuesto, la forma en que se en tiende el paisa je ha exp erimen tado en las últimas
décadas una ev olución constan te, en la que actividad académica, prácticas e instrumen tación nor-
mativ a han desarrollado un fructífero pro ceso de in teracción en tre ellas. De ese mo do, disp onemos
36 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
2.2. LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS Y EL A CTUAL P ARADIGMA DE P AISAJE
ho y día de la p ersp ectiv a general en torno a esta cuestión y a señalada, que mo dela el paisa je como
una realidad que resulta de una in teracción (medianza o tra y ección), «entr e los dos p olos te óric os
de lo subjetivo y lo objetivo, que son abstr actos» (Berque, 2009, p. 118). Esta concep ción encuen tra
su eco en la definición ofrecida en el CEP , fruto de una evolución constan te 13 .
Sin em bargo, no siempre el paisa je urbano se ha ab ordado desde ese tip o de p ersp ectiv a in tegral.
En general, las p osturas aso ciadas a concep ciones predominan temen te «materiales» han tendido
a olvidar el pap el del individuo y la p ercep ción. Esto ha dado origen a p osiciones que ob jetiv an
el paisa je y lo transforman en una en tidad material susceptible de análisis cien tífico, que b eb en
principalmen te de fuen tes ap ortadas p or las Ciencias de la Tierra. Esta línea ha sido la protagonista
del estudio del paisa je en las últimas décadas, y como consecuencia de la dificultad para aplicar
sus méto dos a la ciudad, el paisa je urbano ha resultado un ob jeto secundario de traba jo. De
hec ho, en su aplicación urbana, la no ción de paisa je ha sido usada frecuentemen te como sinónimo
de morfología de la ciudad o espacio urbano, con escasa atención al pap el de la p ercep ción o
la represen tación. En palabras de Zoido, es p osible hablar de la «insuficiencia o desvalimiento
te óric o, c onc eptual y meto doló gic o del p aisaje urb ano, he cho ante el cual tienen esc asa b ase y
utilidad los plante amientos científic os utilizados o desarr ol lados p ar a ab or dar los p aisajes menos
tr ansformados» (Zoido Naranjo, 2012, p. 20).
El estudio de las vistas panorámicas urbanas que prop onemos se relaciona esp ecialmente con ese
mo delo «mediado», sobre to do p orque, de acuerdo con la definición plan teada, requiere considerar
de forma sim ultánea las represen taciones culturales de la ciudad y las visiones actuales sobre el
terreno. En ese sen tido, recurre a una visión in tegradora del paisa je urbano y la desarrolla, de
manera que establece una inseparable vinculación en tre los cam bios físicos de la ciudad y la forma
en que se p ercib en desde las miradas panorámicas. Esa relación se pretende tener en cuen ta para
la práctica urbanística y arquitectónica, en la línea de lo expuesto en el CEP 14 y lo sugerido p or
autores como K olo dney (2012).
2.2.2. Las vistas panorámicas urbanas y la extensión del paisa je a to do
el territorio
P or otro lado, con el CEP se abre la puerta al estudio de paisa jes no destacados, que an tes no
disfrutaban de atención, en lo que puede in terpretarse como una concep ción demo cr átic a de los
mismos (Ojeda Riv era, 2013). Resulta esta otra de las inno v aciones más destacadas del Con v enio,
y a que según su Artículo 2 «se aplic ar á a to do el territorio de las Partes, y ab ar c ar á las ár e as
natur ales, rur ales, urb anas y p eriurb anas. [...] Se r efier e tanto a los p aisajes que pue dan c onsider arse
exc ep cionales c omo a los p aisajes c otidianos o de gr adados» (Consejo de Europa, 2000, Art. 2). En
esa línea, es preciso abrir el camp o de estudio con v encional, y ello conllev a sup erar las concep ciones
tradicionales de las ciencias de la tierra o la arquitectura urbana, median te la exploración de
áreas p o co frecuentadas por los académicos hasta hace p o co tiemp o. Desde esa n uev a p ersp ectiv a,
13 El CEP tiene v arios preceden tes relev antes, en los cuales es posible apreciar la evolución acaecida en el trata-
mien to de esta cuestión. Zoido señala como anteceden te más antiguo la Confer encia Internacional sobr e pr ote c ción
de p aisajes natur ales , celebrada en Berna en 1913. P osteriormen te, la Carta de A tenas de 1931, sin mencionar este
tema, lo trata indirectamen te en relación al patrimonio cultural. A partir de 1972, con la Convención de la UNES-
CO sobr e p atrimonio mundial, cultur al y natur al aparece referido en v arios instrumentos, que m uestran los cambios
que se han sucedido en este camp o (Zoido Naranjo, 2008, p. 300). El anteceden te más inmediato es la Carta del
Paisaje Me diterr áne o (Sevilla, 1992), que define su ob jeto de estudio como «la manifestación formal de la r elación
sensible de los individuos y de las so cie dades en el esp acio y el tiemp o c on un territorio más o menos intensamente
mo delado p or los factor es so ciales, e c onómic os y cultur ales. El p aisaje es así r esultado de la c ombinación de los
asp e ctos cultur ales, históric os, funcionales y visuales» (Andalucía, Languedoc-Rosellón y T oscana, 1992). Como
puede comprobarse, resulta una descrip ción bastan te completa, que en cierto mo do puede considerarse que integra
las cuestiones de medianza individuo-medio. Sin em bargo, se mantiene la definición de «manifestación formal», de
mo do que predomina to da vía en su entendimien to el v ector material.
14 En ese sentido, las Orien taciones para la aplicación del CEP resultan bastante explícitas, y a que señalan que
se tomarán medidas para «favor e c er la inte gr ación de los difer entes enfo ques de gener ación de c ono cimiento que
p ermitan la observación del territorio (desde los ángulos e c onómic o, so cial, ambiental, históric o-cultur al, p er c eptivo-
visual, etc.)» (Consejo de Europa, 2008, p. 15)
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 37
CAPÍTULO 2. MARCO CONCEPTUAL
es necesario establecer pro cedimien tos y desarrollar cono cimien tos que puedan ser útiles para la
gestión paisa jística.
El estudio de las vistas panorámicas de ciudades puede sup oner un camp o con gran p otencial en
este sen tido, en la medida en que resultan p ercep ciones amplias que incorp oran en tre sus con tenidos
to do tip o de áreas urbanas, p eriferias y en tornos de las mismas. No se trata de estudiar exclusi-
v amen te el paisa je urbano de tejidos excep cionales, como los de los cen tros históricos protegidos,
sino de abrir la mirada a las p ercep ciones panorámicas cotidianas que pueden mostrar tam bién
espacios «desagradables» (áreas deterioradas, fren tes urbanos descuidados, p olígonos industriales,
espacios p eriféricos de transición, etc.). Esto no implica que los en tornos patrimoniales o las áreas
de gran calidad no sean ob jetos prioritarios de atención, y así lo hemos en tendido en la selección
de casos de estudio de esta tesis, p ero sin dejar de lado vistas degradadas de los mismos.
Desde este pun to de vista, resulta in teresan te el concepto de «espacios transparentes» pro-
puesto p or Mo ya, denominación que corresponde a aquellos que «no existen p ar a un individuo
o un c ole ctivo [...]. [Y] son tr ansp ar entes p or que, fr ente a el los, el sujeto es indifer ente» (Mo ya
P ellitero, 2011, p. 21). Se refiere a ese tip o de espacios frecuentes en la ciudad con temp oránea, en
gran medida fruto de la prep onderancia del p o der económico en la construcción de la misma; a
esos en tornos que diferen tes autores han estudiado ba jo denominaciones como «no lugar es» (A ugé,
1993), o «ciudad genéric a» (K o olhaas, 2011), y que tienen que v er con el pro ceso que otros han
denominado «desterritorialización» (P oli, 2003, p. 29). Su carácter hace que «el sujeto que vive en
dicho entorno urb ano difícilmente le pue da tener afe cto» (Mo y a Pellitero, 2011, p. 51). T radicio-
nalmen te, m uc hos de ellos han sido olvidados en el estudio de los paisa jes urbanos, y a sea p or la
falta de in terés p or los mismos, o bien p or la carencia de instrumen tos que p ermitiesen ab ordarlos.
Las imágenes panorámicas de ciudades recogen m uc has v eces, en una misma vista, tejidos con
cierto v alor histórico jun to a represen tan tes de esos paisa jes tr ansp ar entes . Su estudio sup one una
toma de c onciencia sobre la realidad urbana, su dev enir histórico y su apariencia actual, asp ec-
tos ab ordados siempre a tra v és del análisis de los panoramas en sus v ertientes de represen taciones
culturales y p ercep ciones directas. Precisamente, Mo y a argumenta que ese es uno de los pasos nece-
sarios para que un espacio transparen te deje de serlo: «cualquier esp acio urb ano tr ansp ar ente pue de
tr ansformarse en p aisaje a tr avés de la mir ada c onsciente y la imagen p o étic a» (Mo ya P ellitero,
2011, p. 22). P or consiguien te, la iden tificación de estos panoramas, así como su estudio y difusión,
p o drían sup oner un paso adelan te en la incorp oración a la vida cotidiana de los ciudadanos de
esos «espacios transparen tes», como paisa jes recup erados y , en su caso, mediante estrategias de
transformación.
P or otro lado, resulta de in terés la p ersp ectiv a desarrollada, desde el urbanismo, p or la escue-
la territorialista 15 , que ha inte ntado abordar esa disolución de la identidad en ciertos espacios a
partir de la no ción de la sostenibilidad. Según Marson (2010), puede considerarse que la iden tidad
de cualquier lugar queda determinada p or un conjun to de elemen tos, que son de tip o físico, inma-
terial, so cial, económico o cultural. T ales comp onen tes representan el resultado de unas prácticas
decan tadas p or el tiemp o y la exp eriencia, fruto de determinadas formas de relacionarse con la
naturaleza de un lugar, así como del tejido so cial que lo habita. A n uestro juicio, esta p ersp ectiv a
resulta bastan te similar a la expresada p or Alexander, que en tiende que las formas de creación tra-
dicionales (o propias de las «culturas inconscien tes de sí mismas») son el resultado de un pro ceso
ev olutiv o de tip o artesanal y un aprendiza je según mo delos de ensa yo-error, acum ulado duran te
siglos (Alexander, 1976). Destruir tales comp onen tes y relaciones de iden tidad sup one eliminar un
patrimonio del cual, en m uc has o casiones, no somos plenamen te conscientes (como, señala Marson
(2010), o curre tam bién con la reducción de la bio div ersidad).
15 El «territorialismo» es una corriente desarrollada en Italia a partir de la década de 1980, que tiene como figura
protagonista al arquitecto Alb erto Magnaghi. Prom ueve una concepción de la sostenibilidad en la que esta se refiera
a la «c onstruc ción de sistemas de r elaciones virtuosas entr e los c omp onentes del pr opio territorio: el ambiente
natur al, el ambiente c onstruido y el ambiente antr ópic o» (Magnaghi, 2011, p. 92).
38 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
2.2. LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS Y EL A CTUAL P ARADIGMA DE P AISAJE
El pro ceso median te el cual se ha llegado a consolidar la identidad de un territorio, o ese conjun to
de elemen tos y relaciones que lo hacen ser y funcionar tal como lo cono cemos, es denominado
«territorialización» , y en palabras de Magnaghi consiste en:
«un conjun to de ciclos sucesiv os de civilización en los cuales se estructura en una
determinada forma, a tra v és de actos territorializan tes, la relación entre asen tamien to
h umano y am bien te; cada civilización, en su pro ceso de afirmación y asen tamien to,
”dep osita” estructuras de asen tamien to y culturales, muc has de las cuales p ermanecen
a largo plazo; p or lo que cada ciclo p osterior de civilización no encuentra el territorio en
su estado original, sino que se alimen ta de los actos territorializan tes del ciclo preceden te
rein terpretándolos y estructurándolos en forma div ersa.» (Magnaghi, 2001, p. 6)
P or el con trario, un pro ceso «desterritorializador» es aquel que constituye «una fase de tr an-
sición hacia una nueva territorialidad (o hacia una nueva forma de r elación c o evolutiva entr e
p oblamiento humano y ambiente)») (Magnaghi, 2011, p. 64). Com ún en diferen tes fases históricas
como etapa de transición, la desterritorialización actual es constan te, y deriv a de la esencia del
sistema so cio económico De ella puede decirse que es «la primer a en la historia de c ar ácter tenden-
cialmente estructur al, sin vía de r etorno» (Magnaghi, 2011, p. 65). En consecuencia, «el territorio
es tr atado c omo una hoja en blanc o, un mer o sop orte sobr e el que diseñar p oblamientos, se gún
r e glas aisladas de la natur aleza, de la c alidad y de la identidad del lugar» (Magnaghi, 2011, p. 64).
Surge de ese mo do la ciudad con temp oránea, desconectada de los ciclos históricos preceden tes,
abundan te en «espacios transparen tes».
Los territorialistas pretenden reconducir esta situación a tra v és de la restitución de los v alores
de iden tidad lo cales. A doptan una visión de la sostenibilidad en la que la no ción de ambiente
natur al se sustituy e p or territorio , de mo do que se incluy e en ella la v aloración de las relaciones
en tre cultura, naturaleza e historia:
«El enfo que territorialista in terpreta, p or tan to, la degradación am bien tal (y la insoste-
nibilidad del mo delo de desarrollo que la pro duce) como una consecuencia del pro ceso
sistemático de desterritorialización y de destrucción de las relaciones sinérgicas en tre
el am bien te físico, construido y an trópico que caracteriza al mo delo de o cupación con-
temp oránea; este enfo que busca, p or tan to, la solución al problema de la sostenibilidad
en la promo ción de acciones territorializan tes que reconstruyan, de manera inno v adora,
esas relaciones.» (Magnaghi, 2011, p. 94)
En consecuencia, además de recono cer div ersos espacios «transparen tes» como paisa jes, de
acuerdo con Mo y a, el estudio y v alorización de las vistas panorámicas sup ondrían acciones «terri-
torializan tes», según la denominación de Magnaghi. En ese sen tido, abrirían la puerta a recono cer
y reconstruir las relaciones en tre el en torno y la p oblación, desde una p ersp ectiv a in tegradora
que atiende tan to a espacios tradicionales que reflejan ciclos de territorialización pasados, como a
en tornos con temp oráneos deriv ados de un urbanismo que se ha hecho autónomo de ellos. De ese
mo do, se asume plenamen te el espíritu del CEP , de acuerdo con lo expresado en las orien taciones
para su aplicación:
«El concepto de paisa je tal como está en unciado en el Conv enio es diferente de aquel
que puede ser form ulado en ciertos do cumentos y que v e en el paisa je un “bien” (con-
cep ción patrimonial del paisa je) y lo v alora (como paisa je “cultural”, “natural”, etc.)
considerándolo como una parte del espacio físico. Este n uev o concepto expresa, p or el
con trario, el deseo de afron tar, de manera global y fron tal, la cuestión de la calidad de
los lugares donde viv e la p oblación.» (Consejo de Europa, 2008, p. 6)
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 39
CAPÍTULO 2. MARCO CONCEPTUAL
2.2.3. Las vistas panorámicas urbanas como recurso para la educación
y sensibilización
El estudio de las vistas panorámicas urbanas p o dría tener gran interés desde el pun to de la
participación ciudadana, y en esp ecial ser de utilidad para in tegrarse en estrategias de educación y
sensibilización como las que prom uev e el CEP . Éste, en atención a la imp ortancia de la p ercep ción
so cial como cuestión cen tral en el paisa je 16 , pretende fomentar la participación pública en las políti-
cas que se desarrollen. Esto resulta una op ortunidad para incorp orar la sensibilidad in tersub jetiv a,
así como a justar las actuaciones o estrategias a la viv encia real del paisa je y su construcción como
mirada colectiv a. P ero tam bién sup one un reto, en la medida en que deb en estudiarse y definirse
cauces para fomen tar la participación, y transmitir la información pro ceden te de la p oblación hacia
las instancias administrativ as con v encionales. En ese con texto, las orien taciones para la aplicación
del CEP recono cen la p osibilidad de aparición de con tradicciones, debido a los diferentes v alores
expresados p or grup os so ciales div ersos, así como la necesidad de com unicación en dos sentidos:
desde los exp ertos y cien tíficos hacia la p oblación, y vicev ersa (Consejo de Europa, 2008, p. 18).
La escuela territorialista se ha in teresado esp ecialmen te p or desarrollar este tip o de pro cedi-
mien tos de participación promo vidos p or el CEP . Paolinelli (2011) ha plan teado la hip ótesis de que
el paisa je, sin reemplazar a to do el sistema y técnicas de ordenación, p o dría desemp eñar un pap el
cen tral para el cono cimien to del territorio y la propuesta de p olíticas patrimoniales y estratégicas
a tra v és de planes. Se remite a que la dualidad del paisa je (realidad y represen tación de la reali-
dad p ercibida), hace p osible su uso como instrumento . Castiglioni abunda en esa aproximación
instrumen tal, y señala que puede en tenderse como mediador, que no sólo p one en comunicación
lo que se p ercib e con las dinámicas que lo han pro ducido, sino que tam bién es capaz de construir
sín tesis en tre div ersos mo dos de relacionarse con el territorio, de p ercibirlo y de represen tarlo. En
esta línea, se trata de un p oten te instrumento democrático, que puede sustentar un razonamien to
compartido, y además p ermite indagar en las p ercep ciones, v alores y significados que la com unidad
atribuy e a los espacios que habita (Castiglioni, 2011).
P or ello se en tiende que los planes territoriales, concebidos desde esa p ersp ectiv a del paisa je co-
mo instrumen to de indagación, pueden dev enir lab or atorios que p ermitan exp erimen tar y promo v er
pro cesos de sensibilización so cial, además de recoger información conv encional sobre el territorio
(P aolinelli y V alen tini, 2011, p. 57). Los planes paisa jísticos y territoriales aspiran, en el marco del
CEP , a desarrollar ese recono cimien to so cial compartido, que el pro ceso de desterritorialización
elimina progresiv amen te. De ese mo do, se pretende pasar de esa planificación de un «territorio
c omo sop orte físic o p asivo» a la concep ción del plan como activ ador «de la identidad y la p otencia-
lidad lo c al» que señalaba Dematteis (1997). La participación de la p oblación, en ese con texto, no se
reduce a un pro ceso de opinión sobre lo que los técnicos deb en prop oner, sino como una capacidad
y comp etencia necesaria para que los habitan tes puedan participar en el pro y ecto y la gestión de
su propio am bien te de vida, con la inclusión de sab eres y cultura propios para la repro ducción,
cuidado, man tenimien to y v alorización del territorio (Magnaghi, 2010a).
P ero para que eso sea p osible, son fundamen tales los pro cesos de formación y sensibilización
(ab ordados en el artículo 6 del CEP), y a que juegan un pap el fundamen tal en la gestión del paisa je
debido a que aumen tan el cono cimien to de una p oblación resp ecto a su en torno y cultura, y
fomen tan su v aloración. Castiglioni señala la existencia de un pro ceso circular en el que se suceden:
forma del territorio, filtros/mo delos, p ercep ción/represen tación, comp ortamiento/decisión y vuelta
a la forma del territorio (Castiglioni, 2011). P ara que ese ciclo tenga resultados virtuosos, es preciso
«educar para v er», según la form ulación de T urri (2010): se trata de instruir a las p oblaciones
en la capacidad de «lectura del paisa je», que puede alcanzarse median te cierta «alfab etización»
en paisa je (o landsc ap e liter acy ) (Castiglioni, 2011, p. 113). Una com unidad conv enien temente
sensibilizada tenderá a desarrollar comp ortamien tos y decisiones que rep ercutan p ositiv amen te en
16 Esto se vincula a la línea de desarrollo sostenible adoptada p or el CEP . Así, el do cumen to de Orientaciones
exp one: «L a c erteza de que el r efuerzo de la r elación entr e la p oblación y su lugar de vida es la b ase del desarr ol lo
sostenible afe cta al c onjunto de los pr o c esos de definición de las p olític as de p aisaje. Por otr a p arte, la p articip ación
es c onsider ada c omo un instrumento que p ermite r eforzar la identidad de la p oblación, que se r e c ono c e a sí misma
en su entorno de vida» (Consejo de Europa, 2008, p. 18)
40 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
2.2. LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS Y EL A CTUAL P ARADIGMA DE P AISAJE
el territorio que habita; una p oblación con más «educación de paisa je» concederá ma y or atención
a los v alores del mismo. Este pro ceso de sensibilización, si se sigue a Castiglioni, deb e preceder a
cualquier fase de participación.
En ese con texto, el pro ceso de estudio y v alorización de las vistas panorámicas de ciudades
p o dría desemp eñar un pap el imp ortan te en la lab or de sensibilización. Por un lado, se reconocen
recursos m uy vinculados a la historia lo cal y la viv encia cotidiana del en torno, de manera que se
prom uev e el in terés de la p oblación p or el paisa je que habita, y se fomenta el conocimiento del
mismo. En esa línea, las vistas panorámicas urbanas abrirían la puerta a in terpretaciones complejas
del en torno, lo que con tribuirían a desarrollar la «alfab etización» resp ecto al paisa je. P or otro lado,
el tip o de estudio que plan teamos hace que los exp ertos reflexionen en torno a la p ercep ción so cial
del paisa je y su ev olución histórica, de manera que puede aumen tar su comprensión de las p osturas
de las p oblaciones.
2.2.4. El in terés patrimonial de las vistas panorámicas urbanas y su
tratamien to
La cuestión de las vistas panorámicas urbanas está m uy vinculada, en m ultitud de o casiones,
a consideraciones patrimoniales. En principio, y como desarrollaremos más adelan te, puede esta-
blecerse cierta op osición en tre los mo dos tradicionales de construcción de ciudad y el urbanismo
con temp oráneo (cfr. página 110). Este último, con su ma yor capacidad d e transformación y su for-
ma planificada de pro ceder, tiende a mo dificar vistas que se habían sedimen tado en el imaginario
colectiv o duran te siglos. Lo cual no tiene que resultar, en principio, necesariamen te negativ o para
las an tiguas vistas. P ero la gran magnitud de los últimos crecimien tos, así como los tip os a que se
recurre y el pro cedimien to de pro yecto que siguen 17 han dado lugar, en la ma yoría de los casos, al
debilitamien to de los v alores de las imágenes de conjun to. En ciertos lugares, se han in tro ducido
n uev os elemen tos represen tativos, que amplían y actualizan la significación d e las vistas, y estable-
cen diálogos con las estructuras patrimoniales. En general, parece que la creación con temp oránea
ha tenido más éxito con la in tro ducción de elemen tos pun tuales destacados, que en la generación
de texturas urbanas capaces de aso ciarse con los espacios heredados.
Es p osible analizar la relación en tre patrimonio e imágenes de conjun to a trav és de diferen tes
tip os urbanos. Quizás sea en las p equeñas p oblaciones rurales con escaso crecimien to en las últimas
décadas donde la situación se ha man tenido más estable. La herencia urbana de siglos atrás es la
que configura las actuales vistas del pueblo, escasamen te transformadas. Así, p o dríamos encontrar
asen tamien tos prácticamen te «congelados» en su imagen. La falta de dinamismo es, sin em bargo,
una m uestra de deterioro: el caso extremo es aquel en que la ciudad, desp oblada, se arruina y
tiende a su desaparición p or falta de vida. El conserv acionismo radical apun ta a estrategias que
fosilicen las imágenes: pretende detener los p osibles cam bios en usos, costum bres y edificación, para
con v ertirlos en una m uestra anacrónica de lo pasado, sin p osibilidades de riqueza más allá de su
explotación turística (a mo do de «parque temático»). Se trata de la constan te luc ha entre tradición,
cuy a conserv ación es defendida p or urbanitas que visitan de forma recreativ a los asen tamien tos,
17 Nos referimos a la insistencia en la planta como mecanismo gráfico que asume prácticamen te la exclusividad en
lo que concierne al diseño de la ciudad. Quaroni ha realizado un análisis de esta cuestión en «La T orre de Bab el».
P ara él, la zonificación y formas de diseño funcionales sólo alcanzan para crear «una buena or ganización gener al
distributiva» (Quaroni, 1970, p. 53), p ero no llegan a construir una v erdadera «estructura». F ren te a esos sistemas,
surge una reacción median te lo que se cono ce como estudio «planivolumétrico», esto es, la adjudicación de alturas
(y p or tan to de volúmenes) a los elemen tos que se trazan en plan ta. Pero no ha supuesto esto una solución, puesto
que son unos equip os los que regulan las o cupaciones median te los planivolumétricos, mien tras que otros diseñan
los pro yectos definitiv os que se alzarán. (Quaroni, 1970, p. 53).
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 41
CAPÍTULO 3. EV OLUCIÓN DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS
una p ersp ectiv a utilitaria 1 , que no incluía en tre sus preferencias artísticas la plasmación de las
vistas panorámicas urbanas.
En tales culturas prepaisa jísticas (según la expresión de Berque y sus criterios (Berque, 2009,
p. 60) para v alorar si una so ciedad ha pasado al estado del «p ensamiento del paisaje»), la ciudad
en particular no es generalmen te un elemen to digno de con templación, que pueda o deba resultar
agradable a la mirada. No existe esa no ción; lo que se desarrolla es una forma pragmática de v er
lo urbano (y to da la realidad), alejada de to da teoría p erceptiv a o paisa jística, que hace que no
sea un tema recurren te para las represen taciones artísticas de la ép o ca.
En algún ejemplo aislado, como el llamado fresco marítimo de Thera (actual San torini, Gre-
cia) de origen minoico (an terior a al año 1650 a.C.), la imagen de la ciudad aparece vinculada a
la narración de historias. En este caso, se represen ta una exp edición marítima, en la que v arias
na v es ricamen te adornadas llev an a cab o una trav esía en tre dos ciudades. El contexto geográfico
aparece recogido con cierto detalle, y las líneas de costa se p erfilan con nitidez. A demás, aparecen
referencias a la flora y fauna griegas, en tre las que destacan los n umerosos delfines que acompañan
a las em barcaciones. En tierra firme, se dibujan aldeas y com unidades habitadas p or p ersona jes
que p ermanecen aten tas al mar, o bien se encuadran en escenas propias de su vida cotidiana (Gar-
cía y Bellido, 1985, p. 50). Las ciudades se m uestran de forma simplificada, y el pin tor extrae
los elemen tos principales de cada una de ellas para p ermitir su iden tificación (palacio y m urallas,
principalmen te), y recurre a una p ersp ectiv a que com bina alzados y plan tas sobre la misma pro-
y ección 2 . Se trata de un pro ceso de síntesis, que escoge aquellas estructuras más sim b ólicas de una
p oblación, y las recrea en una in terpretación que transmite la «esencia» de esas ciudades, o bien
aquellos elemen tos v aliosos para construir el con texto que se narra en el fresco 3 . Las caracterís-
ticas de las ciudades mostradas han p ermitido, en base a los descubrimien tos arqueológicos y la
tradición literaria, que algunos autores traten de aso ciarlas a alguna p oblación histórica. Así, la
ciudad de la izquierda ha sido relacionada con la propia Thera (Akrotini o San torini) o incluso con
la capital de la mítica A tlán tida, mien tras que la que aparece a la derec ha (figura 3.1), pun to de
llegada de la exp edición, p o dría corresp onder a Amissos, puerto de Knossos (Doumas, 1999, p. 45).
Indep endien temen te de esas hip ótesis, este fresco resulta una temprana m uestra de represen tación
de ciudades encuadradas en un en torno descrito con detalle, en la que se a v anza el pro cedimiento
de selección de elemen tos de iden tidad de las p oblaciones.
La escasez de represen taciones no quiere decir que el espacio urbano no fuera v alorado como
algo susceptible de desarrollar ciertas condiciones estéticas, y a que se ensa y an en él m ultitud de
estrategias de comp osición y ciertos rituales llev an implícitos v alores de iden tificación y recono-
cimien to de la ciudad como marco de vida o sagrado. P or ejemplo, en A tenas, la distribución de
la A cróp olis, o como ejemplo de uso sim b ólico del espacio, la pro cesión de las P anateneas (De la
Nuez P érez, 2004)).
Nos situamos ahora en la Edad Media, etapa en que se reduce la imp ortancia de las ciudades.
Con la desaparición del Imp erio Romano de Occiden te, la p oblación tiende a establecerse en un
marco de vida rural (Ch ueca Goitia, 2001, p. 88), con trolado p or p equeños cen tros aso ciados al
1 T o davía ho y aparecen colectivos cuy a relación con el medio es a jena a lo que en tenderíamos p or una p ersp ectiv a
paisa jística, y se aso cia más bien a tendencias pragmáticas. Alain Roger exp one el caso de los camp esinos: «L a
p er c ep ción de un p aisaje, esa invención de los habitantes de las ciudades, c omo ver emos en br eve, sup one a la vez
distanciamiento y cultur a, una esp e cie de r e cultur a, en definitiva. Esto no signific a que el c amp esino esté despr ovisto
de to da r elación c on su p aís y que no sienta ningún vínculo p or su tierr a, muy al c ontr ario; p er o este vínculo es
tanto más p o de r oso p or que es más simbiótic o. L e falta, p or tanto, esa dimensión estétic a que se mide, p ar e c e ser,
c on la distancia de la mir ada, indisp ensable p ar a la p er c ep ción y la dele ctación p aisajístic as. El p aisano es el hombr e
del p aís, no el del p aisaje, y quizá hab ría que op oner, c on la r e querida prudencia, al p aisano el p aisajano, es de cir,
el hombr e de la ciudad y, pr ob ablemente, ese mismo p aisano cuando visita o tr o p aís difer ente al suyo y adopta, p ar a
la o c asión, c on mayor o menor dificultad, la mir ada o ciosa del turista» (Roger, 2007, p. 33). Esta diferenciación
en tre «paisano» y «paisa jano» puede p onerse en directa relación con la distinción entre «pensamiento paisajero» y
«p ensamien to del paisa je» que prop one Berque (Berque, 2009, p. 20).
2 Con temp oráneamente, ese tipo de proy ección es cono cida como «p ersp ectiv a egip cia» o «p ersp ectiv a de Hej-
duk», en honor a John Hejduk (1929-2000), arquitecto estadounidense esp ecialmen te interesado por los problemas
de represen tación, que recup eró este sistema para mostrar algunas de sus obras.
3 Al tratarse de una tra vesía, son los puertos los elemen tos fundamentales, pero no deb en olvidarse las edificaciones
en las cum bres montañosas que apar ecen a la izquierda de la ciudad que o cupa el extremo oriental del fresco, que
p o drían iden tificarse con santuarios, lo que permitiría vincular el via je a cierto acon tecimiento festiv o o religioso.
48 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
3.1. LAS VIST AS COMO REPRESENT A CIÓN ARTÍSTICA
Figura 3.1: F resco marítimo de Thera (actual San torini, Grecia), cono cido como «F resco de la Flotilla»
(an terior a 1650 a.C.), situado en la «Casa Oeste» del conjun to arqueológico de Akrotiri.
Repro ducimos aquí el fragmen to oriental, que m uestra la ciudad a la que llega la exp edi-
ción marítima. Nótese la precisión en la represen tación de ciertos elemen tos sintéticos de la
ciudad, así como la in tegración de la misma en el con texto geográfico. Las ciudades no se
m uestran aquí con la in tención exclusiv a de ofrecer un retrato fidedigno, sino que se añaden
como elemen tos «icónicos» que forman parte de la historia narrada en el fresco: la exp edición
marítima. Ello no quita que, para referirse a ellas y p ermitir su iden tificación, se recurra a
un pro cedimien to de síntesis que abstrae las construcciones más sim b ólicas de las mismas,
resultando una de las m uestras más tempranas de esa vinculación imagen-ciudad que emer-
gerá p osteriormen te en otras muc has representaciones. F uen te: Imagen c ompuesta p or Martin
T aylor, www.mmtaylor.net
p o der de los señores feudales y las instituciones religiosas. Con el paso del tiemp o, la tendencia
comienza a in v ertirse, y las ciudades crecen como cen tros de actividad, en esp ecial durante los
siglos XI I y XI I I, y vinculadas al desarrollo de com unidades de comercian tes y artesanos (Chueca
Goitia, 2001, p. 92). Esto activ ará una cosmo visión en la que la ciudad desemp eña un pap el cada
v ez más protagonista, y adquiere un marcado sim b olismo en la organización del m undo. De ahí que
las primeras represen taciones, corresp ondien tes a esa etapa de emergencia urbana, sean genéricas:
es la ciudad como institución lo que empieza a op onerse a la an tigua vida mediev al rural. En esa
línea, Corb oz señala que «a p artir del siglo XII, sel los y mone das pr esentan torr es y mur al las, que
r esumen una ciudad. Per o estos motivos no pr etenden describir un lugar esp e cífic o [...]» (Corb oz,
1995, p. 311).
Estas primeras represen taciones genéricas han sido denominadas vistas ic ónic as p or Kagan.
Este tip o de dibujos, en su forma más básica, corresp ondían a «los símb olos que utilizab an los
c artó gr afos en sus map as y c artas p ar a designar la situación de una ciudad o lo c alidad c oncr eta»
(Kagan y Marías, 1998, p. 25). T ales iconos de ciudades serán utilizados durante bastan te tiemp o,
de forma que es p osible encon trar la influencia de este tip o de expresión en obras y a del siglo XVI,
como la Cosmo gr aphia Universalis de Sebastian Münster (1550), o el Libr o de gr andezas y c osas
memor ables de Esp aña de P edro de Medina (1548) (Kagan y Marías, 1998, p. 26). En esta última
obra (de Medina, 1548) puede apreciarse la com ún tendencia a utilizar motiv os de forma rep etitiv a
para referirse a ciudades con características similares en cuan to a su encla ve o configuración. En
la figura 3.2 puede observ arse cómo p oblaciones como Málaga o Barcelona recibían el mismo
tratamien to, en base al recono cimiento de sus peculiaridades comunes.
P ero el citado Libr o de gr andezas y c osas memor ables tam bién alb erga represen taciones que
comienzan a sensibilizarse con la necesidad de describir las particularidades de los lugares. Es
este un ejemplo (tardío, puesto que no ha y que olvidar que esa obra es sólo un par de décadas
an terior a la aparición de los primeros atlas de ciudades que p o drían considerarse fidedignos) de
la ev olución de las vistas icónicas hacia la incorp oración de v alores lo cales en los panoramas de
las ciudades descritas. Los grabados deriv ados de esa transición son denominados, tam bién p or
Kagan, como typus , en alusión al uso de este término p or parte de ciertos geógrafos del siglo XVI
para «designar los map as que, se gún to das las ap ariencias, se entendía que er an sólo p ar cialmente
exactos o c ompletos» (Kagan y Marías, 1998, p. 26).
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 49
CAPÍTULO 3. EV OLUCIÓN DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS
Figura 3.2: Málaga y Barcelona en el «Libro de grandezas y cosas memorables de España», de P edro de
Medina (1548). Obsérv ese que se utiliza el mismo motiv o para la represen tación de las dos
ciudades, que además es idén tico al usado en esa obra para otras p oblaciones, tanto litorales
como in teriores (en ese caso, el mar del primer plano es sustituido, como p or ejemplo en
Alhama de Granada). Se trata de un tip o de dibujo que no diferencia las p eculiaridades de
cada ciudad, sino que esb oza, en el mejor de los casos, algunos rasgos destacados del encla v e
y en torno de ella. F uente: Edición digitalizada p or la Bibliote c a Nacional (de Me dina, 1548).
Si tomamos la imagen de Granada (figura 3.3) publicada en la mencionada obra de P edro
de Medina, apreciaremos la incorp oración de esas n uev as cuestiones. Aún así, el en torno queda
represen tado con grafismos com unes a otras ciudades descritas, al igual que o curre con el tejido
urbano in terior, en el que sólo se detallan con cierta in tención de fidelidad los elemen tos más
represen tativ os. Otro rasgo fundamen tal de este tip o de representación es el notable v olumen de
texto que acompaña a la imagen, que parece en o casiones deriv ada de aquellas miniaturas insertadas
en los có dices mediev ales. Refleja esto que to da vía la cultura de la imagen no está suficien temente
madura, y es complicado que una descrip ción gráfica aparezca con cierto aislamien to del texto que
la complemen ta, cuestión que habrá de esp erar también a los atlas de ciudades.
En consonancia con el pap el que la ciudad comienza a desemp eñar en la nuev a cosmo visión,
la represen tación de la misma asumirá en estas primeras etapas tam bién cometidos morales y
didácticos. De hec ho, «hasta la ap arición de las vistas de c ar ácter descriptivo en el siglo XVII,
la ic ono gr afía urb ana no tiene ningún inter és p or el valor do cumental; lo que imp orta a sus au-
tor es es ante to do determinar unos c omp ortamientos so ciales: la ciudad deb e r eflejar la armonía
del universo» (Corb oz, 1995, p. 312). Kagan abunda en este tip o de vista urbana, y la vincula
al an tes expuesto concepto de vista com unicén trica: «las vistas c omunic éntric as tenían también
c on fr e cuencia c onnotaciones r eligiosas, pues habitualmente c onstituían la expr esión visual de una
c omunidad r eunida en el culto. A demás, er a típic o que desemp eñasen un p ap el históric o imp ortan-
te, ayudando a las ciudades a c onmemor ar ac onte cimientos históric os de imp ortancia pur amente
lo c al» (Kagan y Marías, 1998, p. 41).
De mo do que sería p osible distinguir entre las vistas que se refieren a una cosmo visión de tip o
genérico, que probablemen te desem b o quen en las represen taciones de ciudades ideales com unes en
el Renacimien to, y las que desarrollan su pap el en un plano puramen te lo cal. Esto último, como
deduce Kagan, servirá para p oner en relación a los habitan tes con su en torno cercano, median te la
vinculación de la exp eriencia a alguna enseñanza. Precisamen te uno de los ejemplos más cono cidos
de este tip o de represen tación se a justa a esa clase de círculo reducido. Se trata de la «Alegoría del
buen gobierno» (1337-1340), un fresco pin tado p or Am brogio Lorenzetti en el «Salón de los nuev e»
del A yuntamien to de Siena (figura 3.4). Utiliza una vista interior de la ciudad que incluy e algunos
elemen tos sieneses recono cibles (aunque libremen te combinados) (Corboz, 1995, p. 311), con p er-
50 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
3.1. LAS VIST AS COMO REPRESENT A CIÓN ARTÍSTICA
Figura 3.3: Vista de Granada en el «Libro de grandezas y cosas memo-
rables de España» (1548). Nótese, fren te a las ilustraciones
icónicas an teriores, cómo aquí aparece cierta v olun tad p or in-
cluir elemen tos característicos de la ciudad, como es el caso
de la Alham bra, el encuen tro de los ríos Genil y Darro a las
afueras de las m urallas, o el gran v acío cen tral con fuente, que
p o dría corresp onder a la actual Plaza de Santa Ana o bien a
la de Bibarram bla, descrita en el texto que acompaña al gra-
bado. F uente: Edición digitalizada p or la Bibliote c a Nacional
(de Me dina, 1548).
sona jes que reflejan una vida prósp era, con la clara in tención propagandística de promo cionar la
actuación de los n uev e gob ernantes de la ciudad que dan nom bre a la sala. Maderuelo habla de la
estrategia comp ositiv a del fresco, para esp ecificar que
«ofrece una clara sensación de conjun to, p ero cada grup o de estos elementos ha sido
represen tado de forma fragmen taria y secuencial, de manera que ha y muy div ersos
pun tos de vista, como si tomáramos una cámara y fuéramos realizando un recorrido
[...] En p o cas palabras, este fresco se configura desde una multiplicidad de pun tos de
vista como una acum ulación de represen taciones y , p or lo tan to, aun siendo fiel a la
forma y al carácter de cada uno de los elemen tos, falsea la realidad visual» (Maderuelo,
2005, p. 130).
Del icono abstracto, equiv alen te a la represen tación de la ciudad como elemen to emergen te de
la cosmo visión mediev al, se ha pasado a su uso p olítico, en el que un panorama general de la
p oblación quiere reflejar el buen hacer de los p o deres lo cales.
3.1.2. La div ersificación de la iconografía y el idealismo renacen tista
Es a partir del siglo XIV cuando, principalmen te en Italia, comienza a consolidarse la transición
de la vista icónica o in v en tada a la represen tación identificable de lugares concretos. El comen tado
fresco de Lorenzetti es un claro exp onen te de ello (figura 3.4). Desde en tonces, y duran te to do
el siglo XV, la iconografía urbana sufrirá un pro ceso de div ersificación considerable. Los estilos
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 51
CAPÍTULO 3. EV OLUCIÓN DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS
Figura 3.4: «Alegoría del buen gobierno» (1337-1340). F resco de Am brogio Loren-
zetti en el «Salón de los n uev e» del A yuntamien to de Siena (Palazzo
Pubblico). Esta vista urbana in terior forma parte de un grup o de tres
frescos con carácter propagandístico, que pretendía ensalzar el pap el de
los n uev e gob ernantes, y de los que los otros dos se titulan «Efectos del
buen gobierno en la ciudad y el estado» y «Alegoría del mal gobierno».
Se trata de una vista general compuesta con elemen tos propios de la
arquitectura sienesa, cuy a disp osición en la obra no resp onde a una si-
tuación real, p ero consigue generar una p o derosa referencia a la ciudad
en que se sitúa. F uente: wikime dia c ommons, dominio públic o
an tiguos p ermanecerán, p ero comienzan a formarse tip os inéditos hasta en tonces, al mismo tiemp o
que la aparición de n uev os materiales refleja un pro ceso de tecnificación que tendrá como pun to
álgido la in v ención de la impren ta (Corb oz, 1995).
T o do ello tiene lugar en un clima en el que siguen alternándose represen taciones v eristas y
fan tásticas. En m últiples o casiones, el dibujo combina am bas dimensiones. Resulta como si comen-
zaran a tomarse elemen tos de la realidad con cierta fidelidad, p ero que se sumergen en el espíritu
de la tradición mediev al, en la que
«los acon tecimien tos del pasado son situados en el presen te, tanto en lo que se refiere
al lugar como a los v estidos: an tiguas gestas, actos fundacionales, hec hos militares
del pasado son, pues, pin tados como con temp oráneos, hecho que implica una curiosa
relación con la historia, dado que se elimina la distancia diacrónica» (Corb oz, 1995, p.
312).
En ese m undo de represen taciones mixtas, puede encon trarse igualmen te la combinación de
elemen tos sim b ólicos con inten tos de represen tación fidedigna de las ciudades. T al es la situación
que se desprende del análisis del «A rmorial d’A uver gne, F or ez et Bourb onnais» , de Guillaume Rev el
(1456), una descrip ción sistemática de em blemas heráldicos que aparecen situados en relación a la
imagen de la p oblación a la que se aso cian (figura 3.5). A tra v és de sus páginas, esta obra deja
constancia de las relaciones lo cales de cada ciudad con las familias que la habitan o con trolan, en
un lengua je que com bina elementos icónicos y figurativ os.
P or otro lado, los escenarios urbanos aparecerán progresiv amen te en el fondo de temas hagio-
gráficos o escenas bíblicas, sub ordinados a la am bientación de los motiv os principales de la obra 4 .
Ocurre esto p orque
«para los artistas renacen tistas, y en general para to do el m undo clásico, lo único
digno de ser tratado p or la pin tura eran aquellas acciones divinas o h umanas que
4 En trado ya el Renacimien to, la actitud italiana hacia la pintura seguirá en la misma línea: «T o das las te orías
del arte -y abundab an los te óric os- insistían en que el valor de una pintur a dep endía de la imp ortancia mor al o
históric a de su tr ama» (Clark, 1971, p. 45).
52 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
3.1. LAS VIST AS COMO REPRESENT A CIÓN ARTÍSTICA
Figura 3.5: «Armorial d’A uv ergne, F orez et Bourb onnais», de Guillaume Revel. (1456). Casti-
llo y villa de Moulins, y escudos de armas de los v asallos de los duques de Bourb on.
Puede apreciarse el tip o de represen tación característico de este libro de armería
mediev al, que com bina una imagen de conjunto de la ciudad de Moulins (Departa-
men to de Allier, F rancia) con los escudos de armas de los v asallos de los duques de
Bourb on. Es una m uestra de la com binación de elementos icónicos con las incipien-
tes vistas generales de ciudades, que aquí incluy e información con cierto detalle
del en torno inmediato (río Allier, arrabales y h uertas extramuros), en una vista
que com bina el p erfil con una represen tación oblicua del tejido urbano. F uente: Bi-
bliothè que Nationale de F r anc e, Dép artement des Manuscrits, Division o c cidentale.
Cote : F r anç ais 22297
fueran capaces de ennoblecer o mejorar moralmen te a quienes las con templaban. Lo
que los artistas debían pin tar eran ”historias” tomadas de las Sagradas Escrituras, o la
mitología, de tal manera que el arte del pin tor no reside sólo en la facilidad de imitar
lo que el o jo v e, sino en la capacidad de ”comp oner historias” [...]» (Maderuelo, 1997,
p. 23)
Los denominados «fondos» o «lejos» , eran los fragmen tos menos v alorados de la obra, ejecutados
no necesariamen te p or los maestros (Maderuelo, 1997). A principios del siglo XV, aparecen en ellos
in terpretaciones genéricas del espacio in terior de alguna ciudad. Puede apreciarse esto, p or ejemplo,
en «L a cur ación del lisiado y la r esurr e c ción de T abita» de Masaccio (1425), pin tada en la Capilla
Brancacci de la iglesia de San ta María del Carmine en Florencia, en la que se recurre a un espacio
floren tino no iden tificado (Corb oz, 1995, p. 312).
Jun to a esos primeros fondos con escenas urbanas in teriores, surgen progresiv amen te otros en
los que se pin ta una vista panorámica que m uestra con cierta fidelidad una ciudad determinada.
Median te este mecanismo, se pretende describir con rigurosidad el marco en que se pro ducen
las acciones mostradas. Existe un buen ejemplo de ello en la serie de frescos pin tados en 1452 p or
Benozzo Gozzoli en la capilla absidial de la iglesia de San F rancisco, en Mon tefalco (Umbría, Italia),
que represen tan escenas de la vida del san to. En la sexta de ellas (figura 3.6), corresp ondien te a
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 53
CAPÍTULO 3. EV OLUCIÓN DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS
Figura 3.6: Vida de San F rancisco, escenas 6 a (izquierda: La expulsión de los diablos de Arezzo) y 7 a
(derec ha: La predicación a los pá jaros y la b endición de Mon tefalco). Benozzo Gozzoli, Capilla
absidial, Iglesia de San F rancisco, Mon tefalco (1452). En la sexta escena, la acción tiene lugar
jun to a las m urallas de Arezzo, ciudad en la que representan edificios inexisten tes en tiemp os
del san to. La séptima desarrolla un complejo fondo protagonizado p or el Monte Subasio, a los
pies del cual aparece la ciudad de Asís (a la izquierda). A media distancia, a espaldas del san to,
puede v erse la ciudad de Bev agna, mien tras que el primer plano corresp onde a Montefalco,
am bas descritas con una clara in tención de fidelidad. F uente: Wikime dia Commons y W eb
Gal lery of A rt, dominio públic o
«La expulsión de los diablos» la acción se sitúa a las afueras de las m urallas de la ciudad de Arezzo
(T oscana), lo cual viene confirmado no sólo p or la inscrip ción «CIVIT AS ARETI I» que aparece
jun to a la puerta en la m uralla, sino tam bién p or la represen tación realista de los edificios de esa
ciudad. Algunos de ellos se edificaron con p osterioridad a la muerte del san to, con lo que el pin tor
recordaría a sus con temp oráneos que la autoridad del santo todavía era v álida, median te el traslado
de sus acciones a un marco p osterior en el tiemp o (Krén y Marx, sin fecha). La escena séptima
(figura 3.6), que tiene p or tema la predicación a los pá jaros y la b endición de Mon tefalco, incorp ora
las vistas de tres ciudades. En primer plano, la propia p oblación de Mon tefalco, en la que se sitúa
este fresco. A media distancia, en la llan ura, la ciudad de Bev agna, que se sitúa, tal como está
represen tada en esta obra, unos 7 Km al noro este de la primera. Al fondo, a los pies del mítico
mon te Subasio, aparece la ciudad de Asís (Krén y Marx, sin fec ha).
En V enecia, a finales del siglo XV, un grup o de pin tores p erseveran en esta tendencia de mostrar
historias religiosas, hec hos sobrenaturales y ceremonias en en tornos urbanos que hasta entonce s no
habían sido ob jeto de represen tación, y que cada vez resultan más iden tificables (Corb oz, 1995,
p. 312). Un claro exp onen te de ello es la obra «Milagro de la Reliquia de la San ta Cruz en el
Puen te de Rialto» (Figura 3.7) de Vittore Carpaccio (1494). P or otro lado, en fec has similares,
aparecen visiones de ciudades que «actúan p or sele c ción, o si se pr efier e p or la puesta en r elieve de
elementos monumentales esp e cialmente típic os, en los que dele gan la r esp onsabilidad de r epr esentar
la ciudad en su c onjunto» (Corb oz, 1995, p. 313). De esta línea, emparen tada con las an teriores
represen taciones en las que se pretende mostrar una ciudad a tra v és de un conjunto de hitos
significativ os y a la disp osición de motivos genéricos en tre ellos, para dar la impresión de conjunto,
puede destacarse la obra «Encuen tro de Pio I I, F ederico I I I y Leonor de Aragón an te la ciudad de
Siena», ejecutada p or Pin turicc hio en 1502 (figura 3.8). P or otro lado, frecuentemen te las vistas
panorámicas se relacionan con la expresión de p o der de las élites: en 1484, el P apa Ino cencio VI I I
encarga a Pin turicc hio la decoración de la Loggia de la Villa Belv edere del V aticano con una serie
de pin turas con vistas de v arias ciudades italianas (Kagan, 1986a, p. 41).
El camp o de represen tación urbana en el que más se explay ará el Renacimiento es el de la
ciudad ideal. Los tratados de arquitectura de Alb erti, An tonio A v erino il Filarete y F rancesco
di Giorgio Martini utilizarán vistas de conjun to para ap o yar sus descripciones de urb es irreales
(Maderuelo, 2005, p. 134), configuradas según las tendencias que señalan en sus escritos. Se trata
de una no v edosa forma de expresión, que fren te a to do lo an terior se caracteriza p or la ausencia
54 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
3.1. LAS VIST AS COMO REPRESENT A CIÓN ARTÍSTICA
Figura 3.7: «Milagro de la Reliquia de la San ta
Cruz en el Puen te de Rialto», escena
urbana in terior de Vittore Carpaccio
(1494) F uente: Wikime dia Commons y
W eb Gal lery of A rt, dominio públic o
Figura 3.8: «Encuen tro de Pio I I, F ederico I I I y
Leonor de Aragón an te la ciudad de
Siena» de Pin turicc hio (1502) F uente:
Wikime dia Commons y W eb Gal lery
of A rt, dominio públic o
de p ersona jes, el carácter demostrativo de la composición urbana y la aplicación rigurosa de la
p ersp ectiv a cen tral (Corb oz, 1995, p. 313). P ero la inclusión de esas referencias gráficas hará que
la cultura visual adquiera cada v ez ma y or imp ortancia: «Con la difusión de la tr atadístic a militar,
urb anístic a y ar quite ctónic a, la imagen deja de ser un simple c omplemento explic ativo del texto
p ar a c onvertirse en algunos c asos en pr otagonista del mensaje, se a éste de c olor ación té cnic a o
ilustr ativa» (Guidoni y Marino, 1985, p. 153). Duran te el siglo XVI, se imp ondrá la primacía de la
imagen sobre el texto, que quedará en la ma y oría de los casos con la única función de describir las
láminas. P ero el p eso de los espacios y ciudades ideales, hijos de los principios de la p ersp ectiv a
como herramien ta conceptual y de con trol espacial, con tribuirá aún más a la falta de atención a
las imágenes de las p oblaciones reales, herederas de los mo dos de asentamien to esp ontáneos del
mediev o: «Este esp acio urb ano ide al y el r epr esentado en los cuadr os de los pintor es [...] sup ondr án
el triunfo de una mir ada intele ctualizada, científic a y matemátic a que se op ondr á a la p er c ep ción del
p aisaje r e al que, en cuanto pr o ducto inc ontr olado, c ar e c e to davía de suficiente inter és» (Maderuelo,
2005, p. 135).
Ha y que señalar, p or último, un factor tecnológico de gran imp ortancia, que resultaría un
impulso de primer orden para la difusión de esas represen taciones ideales. Se trata de la in v ención
de la impren ta, que tiene lugar en torno a 1440-1450 p or J. Guttem b erg. Como afirma Guidoni, la
confección y difusión del libro resulta el elemen to más influy en te en el éxito (e incluso la in ve nción)
de la categoría de «ciudad ide al» (Guidoni y Marino, 1985, p. 122). En efecto, esas ciudades teóricas
adquieren esp ecial relev ancia en el momen to en que, con los medios de disp ersión adecuados, pueden
difundirse y con v ertirse en ideales compartidos. El an tiguo espíritu didáctico de la «Alegoría del
Buen Gobierno» (figura 3.4) ha saltado al camp o de la esp eculación, y encuen tra en las n uev as
p osibilidades de difusión el instrumen to adecuado para con vertirse en un objeto de debate, y
alimen tar de imágenes las men tes de los lectores de tratados.
P ero la impren ta servirá tam bién de medio difusor a una tendencia bien distin ta, que más allá
de las construcciones ideales cen trará su in terés p or el «mundo tal c omo es» . Hasta en tonces, las
ciudades habían aparecido como acompañan tes de otros temas y motiv aciones, «p ar a fijar una
esc ena en la vida c ontemp or áne a, o a título de pr oye cto» (Corb oz, 1995, p. 313). Desde entonces,
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 55
CAPÍTULO 3. EV OLUCIÓN DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS
Figura 3.9: «Vista de Heraklion» de Ehrard Reu wic h, publicado en las «Sanctae Peregrinationes» de
Bernard de Breyden bac h (Maguncia, 1486). Esta vista de la capital de la isla de Creta apareció
en las «Sanctae P eregrinationes», quizás el primer libro de via jes ilustrado que se publicó. Se
trata tam bién, p osiblemente, de la primera obra en la que los con tenidos top ográficos eran
significativ os p or su fidelidad. La ciudad y su en torno son el tema principal de la imagen,
y se represen tan con to do el lujo de detalles que la técnica del grabado en madera p ermite.
F uente: El lenblum (sin fe cha)
esp ecialmen te en Alemania, comienzan a surgir recopilaciones de grabados que pretenden mostrar
con fidelidad la imagen de una ciudad, p ero de un mo do esp ecífico y aislada, no como tema secun-
dario. Estos autores son absolutamen te a jenos a los desarrollos p ersp ectiv os que están teniendo
lugar en Italia, y p or ello cab e en tender que se trata de corrien tes bien distin tas. En el sur, el
descubrimien to de esa herramien ta que abre grandes p osibilidades de dominio espacial, incapaz de
ab ordar la complejidad de la ciudad orgánica y enfo cada en las distancias en que mejores resultados
pro duce, ni se plan tea en principio la representación fiel de ciudades, a no ser que las en uncie como
ob jetiv os ideales que emergen del m undo de la tratadística. Es en ese am biente, además, donde se
da origen al género de la vista de pá jaro, con el «Plano P ersp ectivo» de Jacop o de Barbario, en
V enecia, en 1500, que opta p or ese tip o de represen tación imp osible para el observ ador com ún, que
pretende dominar el espacio urbano desde las alturas 5 .
En el norte, p or el con trario, no se presta tan ta atención a esa revolución conceptual qu e
marcará para siempre el destino de la arquitectura, p ero de un mo do sencillo, deriv ado de las
técnicas mediev ales de represen tación y median te la yuxtap osición en múltiples planos e incluso la
com binación de pun tos de vista si es necesario, se pretenden represen tar con fidelidad ciudades. La
primera forma de mirar hará imp osible la concep ción del paisa je, y a que su no ción de realidad es
ideal y sumisa al espacio p ersp ectivo; la segunda, irregular y fiel, abrirá el camino a la v aloración
de las vistas generales de ciudades. P or lo general, éstas se recopilarán en atlas temáticos, como
es el caso de las «Sanctae P eregrinationes» de Bernard de Breyden bac h (Maguncia, 1486), en el
que se describ en ciudades de un via je a tierra san ta, en o casiones a tra v és de grabados copiados de
artistas v enecianos (Füs sel, 2008, p. 8). Ambas tendencias requerirán, que de ese n uevo mecanismo
de pro ducción que es la impren ta, se inscrib en en una nuev a etapa en la que la difusión del
cono cimien to resultará cla ve.
3.1.3. El impulso geográfico y la rev olución de las vistas de ciudades
Duran te el siglo XVI, el in terés p or cono cer y describir el territorio será crecien te. Esto conducirá
a una ma y or imp ortancia de las imágenes, como p osibilidad de represen tación de lo que se desea
5 Corb oz menciona la referencia de Barbario, exp oniendo las características y las tendencias con las que nace
ese mo do de represen tación: «la obr a atribuida a Barb ario, en c ambio, testimonia una escrupulosidad totalmente
nueva: describ e la ciudad c asa p or c asa, gr acias a cr o quis he chos desde lo alto de los c amp anarios y notas articuladas
se guidamente de acuer do a una c onc ep ción de c onjunto unitaria. No es ne c esario de cir que la p ersp e ctiva a vista
de p ájar o es una mer a c onstruc ción, cuyo r esultado no es c ontr olable. Sin duda, no es c asualidad que surja en el
momento en que L e onar do se de dic a a inventar máquinas volador as: to dos estos intentos se inscrib en en el gr an
pr oye cto de sup er ación de la c ondición humana que c ar acteriza al R enacimiento» (Corb oz, 1995, p. 314)
56 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
3.1. LAS VIST AS COMO REPRESENT A CIÓN ARTÍSTICA
describir. Los a v ances técnicos de la impren ta y las diferen tes fórm ulas de impresión de grabados,
harán que la difusión de los con tenidos sea cada v ez más efectiv a. Guidoni y Marino se refieren a
estos pro cesos como una v erdadera revolución:
«A partir de mediados del siglo XVI, el excep cional reliev e asumido p or la ilustración
impresa ha conquistado, además, cualquier sector de la in v estigación cien tífica y de
la propaganda p olítica. No se concib e ningún sector de la actividad in v estigadora que
pueda hacer menos que transferir en imágenes, median te los grabados, y de difundir,
a tra v és de la capital distribución del libro y de las colecciones de grabados, lo que
no puede transmitirse de otra forma: se trata de una v erdadera crisis de la palabra o,
mejor, de la imp etuosa necesidad de un complemen to suyo median te la representación.»
(Guidoni y Marino, 1985, p. 116)
Como y a señalamos, es en la Europa septen trional donde esta atracción p or la represen tación fiel
del m undo alcanza su ma y or esplendor. En esp ecial, en los P aíses Ba jos, donde hay que en tender tal
tendencia vinculada a un territorio con gran densidad de transformaciones, en tre las que destacan
las in terv enciones para ganar terreno al mar. Se trata de la necesidad de gestionar el con trol y la
in terv ención en un espacio al que, p or otro lado, se le profesa bastan te aprecio, como en el caso de
Holanda (Maderuelo, 2005, p. 295). P or otro lado, el clima religioso fa v orecía el desarrollo de una
iconografía opuesta a la de los países católicos: la Reforma protestan te ab ogó p or la icono clasia, en
con trap osición a la abundancia de manifestaciones centradas en la figura h umana de la iglesia de
Roma 6 . De mo do que los artistas han de buscar n uevos temas, más allá de la tradicional expresión
de historias con trasfondo religioso. Como v eremos, esto tiene gran imp ortancia desde el punto de
vista de la aparición del concepto de paisa je.
El in terés p or el cono cimien to del m undo tendrá en la ciudad uno de sus principales cen tros
de atracción (Guidoni y Marino, 1985, p. 117). La corografía es la disciplina que se o cupará prin-
cipalmen te de ellas. Ésta se definía como «aquel plano de un lugar que describ e y c onsider a sus
p e culiaridades de forma aislada, sin atender a sus p artes ni c omp ar arlas ni entr e sí ni en r elación
c on otr os lugar es.» 7 Y su ob jetiv o consistía en la descrip ción de un lugar particular, del mismo
mo do en que un artista pin taría una oreja, un o jo u otras partes de la cab eza de un hom bre, en com-
plemen to de la geografía, que en el explicativ o grabado de P etrus Apian us (figura 3.11) se asemeja
a la represen tación completa de la cab eza. La corografía aparece, en consecuencia, con v oluntad
de transmitir los detalles menores de un m undo que comienza a describir y estudiar la geografía.
Esa curiosidad p or cono cer v a unida ineludiblemen te a dos cuestiones: las n uev as necesidades de
con trol del territorio y las p osibilidades de difusión otorgadas p or la imprenta. En referencia a la
primera cuestión, «la curiosidad p or sab er y la ne c esidad de defender ciudades y puertos, c obr ar
impuestos y asignar territorios, que tr ajo c onsigo una demanda cr e ciente de planos, vistas y libr os,
así c omo de descrip ciones de tierr as, c ostas, plantas ciudades y c ostumbr es» (Maderuelo, 2005, p.
276) son algunos de los factores que dan origen a la corografía, cuy o surgimien to queda p or ello
aso ciado a las élites del p o der. La segunda dará lugar a n umerosas obras de divulgación, en tre las
que in teresan aquí fundamen talmen te los atlas de ciudades.
Corografía y p o der: An ton V an den W yngaerde y F elip e I I
En la figura de An ton V an den W yngaerde (cono cido igualmen te p or An tonio de las Viñas) 8
puede apreciarse cómo la v olun tad de con trol territorial se aso cia al placer p or el disfrute de las
vistas urbanas. F elip e I I con trató a este dibujante con dos finalidades: que realizara un in v entario
6 Al parecer, la tendencia icono clasta no estaba implícita en los planteamien tos originales de Lutero (Granados,
2003, p. 315). Sin em bargo, m uchos de sus seguidores se adscribieron a esa corrien te. La Iglesia Católica, como
reacción a este mo vimiento, promo vió con ahínco la aparición de multitud de represen taciones que seguían la línea
an terior. Esto, entre otros factores, dará origen a los modos de expresión del Barro co.
7 Es ésta la descrip ción que P etrus Apianus aporta en su Cosmo gr aphicus Lib er de 1533, y que Ric hard Kagan
recoge (Kagan y Marías, 1998, p. 33).
8 Se cono cen escasos datos fiables sobre la vida de este artista. Una compilación completa de ellos puede encon-
trarse en Ha verkamp-Begemann (1986)
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 57
CAPÍTULO 3. EV OLUCIÓN DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS
su desaparición en el sexto v olumen del «Civitates» p o dría deb erse a las quejas p or sus actitudes
eclesiásticas (y p or los comen tarios sobre las ciudades elab orados p or él, que o casionalmente pre-
sen taban una visión p o co imparcial, presentados desde la órbita católica), aunque concluy e que no
ha y evidencia do cumental para sostener ese extremo. Otra hipótesis es que con el paso de los años
fuera dismin uy endo su pap el editorial (F üssel, 2008). Su cometido fue la organización general de las
primeras ediciones, así como la redacción de los comen tarios en latín de las mismas, inspirados p or
n umerosas fuen tes 19 , e incluso puede que la ejecución de alguna de las vistas (Gil Sanjuán y P érez
de Colosía Ro dríguez, 1997, p. 171). El grabador F ranz Hogen b erg, p or su parte, se encargaba de
trasladar los dibujos que los corresp onsales iban en viando a las placas de cobre que servían para
la impresión, acompañado de su colega Simon No v ellan us (Füssel, 2008, p. 28). En ocasiones se
remitían a vistas y a publicadas an tes en otros atlas, en consonancia con la corrien te general de
reutilización de grabados, en este caso trasladados si era preciso desde tablas de xilografía a las
planc has de cobre usadas en las obras más tardías.
En cuan to a los autores de los dibujos originales, de en tre el amplio abanico de suministradores,
destacan p or el v olumen y calidad de ap ortaciones dos figuras: Joris Ho efnagel (1542-1600) y
Jacob v an Dev en ter (1500-1575). Las 67 vistas del primero presen tan un aire bastan te p eculiar,
caracterizado p or el uso primordial de la vista de p erfil (aunque en casos como Sain tes, V olumen
V/17, recurre a la vista de pá jaro), median te la que encuadra a la ciudad en sus inmediaciones 20 ,
que trata en o casiones con cierto aire exagerado o dramático (cielo y fondos montañosos son
hábilmen te dibujados para ello). A unque sus vistas no destacaban p or la exactitud top ográfica 21 ,
su in tención era transmitir una imagen realista y detallada, para lo que recurre a la inclusión de
v egetación y fauna de la zona, p ersona jes típicos 22 , even tos y actividades lo cales. Para Gil Sanjuán,
esta «p asión p or la ané c dota» ha supuesto que su categoría artística sea dev aluada injustamen te,
y a que sus in tenciones resultan plenamen te coheren tes con el pro yecto del «Civitates» de mos trar
tan to las ciudades como las costum bres 23 y actividades económicas com unes en las mismas (lo que
hace que se reco jan, en los comen tarios, estadísticas y noticias como asesinatos y rob os, así como
datos sobre el consumo de cerv eza o vino en el caso de ciudades como Málaga) (Gil Sanjuán y P érez
de Colosía Ro dríguez, 1997, p. 189). De hec ho, el lema de Ho efnagel era «natur a sola magistr a»
(la naturaleza es la única maestra) 24 , y se dibuja a sí mismo en algunas de las vistas, junto a su
firma, como prueba de que el traba jo pro cede de la observ ación del natural. Joris Ho efnagel dejó
una excelen te m uestra de sus facultades en las vistas que dibujó en España (se exp one un ejemplo
en la figura 3.15). En ellas, además de dar fe de la estructura de las ciudades del momen to, la vida
cotidiana y las desigualdades so ciales, deja traslucir su in terés p or la cultura andalusí (Gil Sanjuán
da origen a to da la imaginería barro ca, tiene lugar en tre 1545 y 1563, mientras que la obra se inicia en 1572), si
se tiene en cuen ta que la representación de este tipo de vistas de conjunto aisladas suele vincularse al abandono de
los temas hagiográficos y bíblicos. Esto m uestra la compleja situación ideológica y religiosa que imp eraba en aquel
p erío do (el deán de Colonia, puesto osten tado p or Braun, dep endía del arc hidiácono de Dortmund, que se había
con vertido en protestan te) (Füssel, 2008, p. 12).
19 El uso de fuentes clásicas de información, en m uc hos casos complementada por una descrip ción del grabado
(sobre el dibujo que se recibía de los corresp onsales), hace que a v eces la visión de la ciudad del siglo XVI contem-
p oránea a la ejecución de las vistas quede eclipsada: lo que se transmite, en o casiones, es un enumeración de los
elemen tos más destacados de la misma, vinculados al pro ceso histórico que los ha ido conformando (Füssel, 2008,
p. 15).
20 Arias Sierra ha analizado el tratamiento de los en tornos de p oblaciones del «Civitates» en relación al concepto
de p eriferia. Señala que, p or lo general, el uso de la vista del en torno queda sujeto a las necesidades pictóricas y
el deseo de impresión visual, de mo do que no es tan imp ortan te aquí la fidelidad como la comp osición agradable
(Arias Sierra, 2003, p. 148). Puede comprobarse esto en el caso de Alhama de Granada, en cuy o grabado la situación
de los célebres baños en relación a la p oblación se mo difica para incluirlos en la vista (García Maldonado, 1999).
21 Corb oz se refiere a la falta de verosimilitud en ciertas vistas del «Civitates»: «L a pr e o cup ación de Barb ari
p or la ver osimilitud c e de su lugar a un méto do simplific ado, que a menudo se limita a aline ar fachadas r ep etitivas
sobr e un plano de ciudad, a amb os lados c al les demasiado anchas. ¿Pr etende esta public ación algo que no se a una
impr esión gener al?» (Corb oz, 1995, p. 314).
22 La aparición de p ersona jes en los primeros planos de las vistas resp onde, además de a la finalidad descriptiv a, a
un fin restrictiv o, según escrib e Braun en la introducción al V olumen I. Se trataría de evitar, cono cida la prohibición
islámica de represen tar figuras humanas, que los otomanos pudieran utilizar los grabados para cono cer en detalle
las características de las ciudades europ eas, y así preparar asaltos b élicos (Füssel, 2008, p. 15).
23 T anto es así, que F üssel cita la afirmación de Nadin Kirsten, quien en tiende que el «Civitates» puede leerse
paralelamen te como una historia de la mo da en el siglo XVI (Füssel, 2008, p. 36).
24 Póngase este lema en paralelo con el de otro eminen te dibujan te de vistas urbanas citado anteriormen te, Anton
V an den W yngaerde y su «fe cit ad vivum» (tomada del natural). La p osible coincidencia de ambos en España ya se
ha tratado en la nota 14 de la página59.
64 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
3.1. LAS VIST AS COMO REPRESENT A CIÓN ARTÍSTICA
Figura 3.15: «Vista de Sevilla» recogida en «Civitates Orbis T errarum» de Braun y Hogen b erg (Libro V,
lámina 7) (1593). Esta vista de Sevilla, cuy o dibujo original corresp onde a Joris Ho egnagel, es
una buena m uestra de las características de su obra. La ciudad se m uestra con una estudiada
comp osición que clarifique sus características. El en torno recib e un detallado tratamien to,
aunque en este caso la ausencia de formaciones mon tañosas en la zona hace que Ho efnagel no
pueda jugar con el dramatismo del fondo escenográfico. La exp osición de motiv os p opulares
alcanza tan ta imp ortancia como la representación urbana. A quí destaca, en primer plano,
una escena de carácter moralista: una alcah ueta o adúltera, desn uda de cintura para arriba,
ha sido em badurnada en miel, y ro deada de ab ejas es seguida p or un corn udo al que se le han
colo cado unas ramas y campanillas sobre la cab eza. Cierran la comitiv a unos magistrados
encargados de v elar p or el cumplimiento del castigo, y en el cen tro de la escena, justo delante
del matadero, Ho efnagel y su amigo Maleparte (al que v a dedicado el dibujo, según se lee en
la cartela inferior) con templan la escena mien tras con versan. F uente:El lenblum (sin fe cha)
y P érez de Colosía Ro dríguez, 1997), que p or otro lado deb ería ser uno de los principales fo cos de
atención para el público europ eo en general.
P or su parte, Jacob v an Dev en ter, que y a había traba jado para F elip e I I, se esp ecializó en el
género de las p ersp ectiv as a vista de pá jaro (como puede verse en el grabado de Lier, en Bélgica,
con tenido en el Libro IV). Matemático y estadista, tras ejecutar unas 320 vistas de ciudades de
los países ba jos (de las que 220 se conserv an en la Biblioteca Nacional en Madrid), con tribuy ó
con sus dibujos a los v olúmenes I I I y IV del «Civitates». Los 48 grabados realizados a partir de
sus dibujos resultan m uy precisos, y ofrecen la p osibilidad de apreciar la estructura urbana de
las ciudades desde un pun to de vista elev ado con gran fidelidad, algo que está relacionado con
su formación técnica y su exp eriencia en la represen tación de tip o administrativ a, más que en la
divulgativ a (F üssel, 2008, p. 28). Era ese el formato de vista que más agradaba a Braun: «las
ciudades deb en ser dibujadas de tal maner a que el observador pue da ver to dos los c aminos y c al les,
así c omo también los e dificios y esp acios abiertos» (Gil Sanjuán y P érez de Colosía Ro dríguez,
1997, p. 179).
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 65
CAPÍTULO 3. EV OLUCIÓN DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS
Figura 3.16: «Vista de Biel» (Bienne-Suiza) recogida en «T op o gr aphia Helvetiae,
R haetiae, et V alesiae» de Matthäus Merian P adre (1642). Merian, ins-
pirado en los atlas an teriores, llev ó a cab o una recopilación de vistas
a las que unió otras de n uev a factura. El resultado es un amplio reco-
rrido p or div ersas regiones de la geografía europ ea, en el que recurre
a distin tos tip os de vista (en esta figura, puede apreciarse una de p er-
fil). Las vistas de Merian resultan sistemáticas y ricas en detalle, con
un estilo de grabado y a consolidado y homogéneo, y menor riqueza en
«historias secundarias» que las que p o dían encontrarse, por ejemplo,
en Ho efnagel. F uente: Wipime dia Commons, dominio públic o.
Y a durante la confección de las primeras ediciones del «Civitates» surgieron imitadores que
pretendían em ular el éxito de Braun y Hogen b erg con sus grabados. Las planchas se utilizaron
hasta el siglo XIX en algunos casos, y en to do ese p erío do surgieron reediciones e in terpretaciones
de sus vistas de ciudades (Corb oz, 1995, p. 314). Esta obra estableció una iconografía urbana
que p ermanecería duran te siglos (De Seta, 2011, p. 160), y ejercería una p o derosa influencia en la
historia de las represen taciones de ciudades duran te los siglos XVI I y XVI I I (Füssel, 2008, p. 40).
Represen tó un hito en la historia de los atlas: «sup er ó a to dos los atlas de ciudades anterior es en
la c antidad de detal les, la descrip ción de la c onfigur ación top o gr áfic a de las ciudades, la pr e cisión
de su ar quite ctur a y la armonía de la c omp osición gener al» (F üssel, 2008, p. 40).
Algunos de los grabados del «Civitates» se reutilizaron en la «T op ografía» de Matthäus Merian
el Viejo, publicada en tre 1642 y 1688 en F ráncfort en treinta v olúmenes. Esta obra es considerada la
ma y or recopilación de iconografía urbana de la ép o ca, y sigue los parámetros de sub ordinación de la
exactitud top ográfica a la apariencia de conjun to del dibujo que y a se p ercibía en obras an teriores
(Corb oz, 1995, p. 314). Las mo dificaciones introducidas en la obra de Merian (ligeras en la may oría
de los casos, corresp ondien tes a simples reto ques), están p ensadas «p ar a c onferir al esp e ctáculo una
jer ar quía gener almente difícil de p er cibir sobr e el terr eno; en su obr a, la intención primer a de la
ic ono gr afía urb ana, la c elebr ación, siempr e está pr esente» (Corb oz, 1995, p. 314). Esto dem uestra
la dificultad de abstraerse en la represen tación urbana: la vista top ográfica exacta suele dejar paso,
en la ma y oría de los casos, a p equeñas mo dificaciones del artista sobre piezas y estructuras para
reforzar la armonía del conjun to. La imagen de conjun to, a p esar de que la corografía pretenda
en tender las vistas de ciudades como un retrato lo más exacto p osible del m undo, no consigue
desprenderse de los v alores de apreciación estética y comp osición que no la m uestran exactamen te
real: Ho efnagel, Merian o cualquier otro no están mostrando sólo una ciudad, sino que introducen
v alores propios en sus represen taciones.
66 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
3.1. LAS VIST AS COMO REPRESENT A CIÓN ARTÍSTICA
F echa Título Editor Principales di-
bujan tes
Lugar
1486 Sanctae P eregri-
nationes
Bernard de
Breyden bac h
Ehrard Reu wic h Maguncia (Ale-
mania)
1493 Crónica de Nu-
rem b erg
Hartman Sc he-
del
Mic hael W ohlge-
m uth y Wilhelm
Pleyden wurff
Núrem b erg (Ale-
mania)
1544 Cosmographia
univ ersalis
Sebastian Müns-
ter
Hans Holb ein el
Jo v en, Urs Graf,
Hans R udolph
Man uel Deutsc h,
y Da vid Kandel
Basilea (Suiza)
1570 Theatrum Orbis
T errarum
Abraham Orte-
lius
F ranz Hogen-
b erg, Joris
Ho efnagel y
otros
Am b eres (Bélgi-
ca)
1572 Civitates Orbis
T errarum
Georg Braun y
F ranz Hogenberg
F ranz Hogenberg
y Simon No v ella-
n us (grabados),
Joris Ho efnagel,
Jacob v an De-
v en ter y otros
Colonia (Alema-
nia)
1623 Thesaurus philo-
p oliticus (o Scio-
graphia cósmica)
Daniel Meisner,
Eb erhardt Kie-
ser
Daniel Meisner Núrem b erg (Ale-
mania)
1642 T op ografía Mätthaus Me-
rian el Viejo
F rankfurt (Ale-
mania)
Cuadro 3.1: T abla resumen de los principales atlas de ciudades aparecidos en tre los siglos XV y XVI I.
F uen te: Corb oz (1995), Füssel (2008), Mínguez y R o dríguez Moya (2011)
3.1.4. Las vistas urbanas y la aparición del paisa je como género pictórico
autónomo
F ue en los Países Bajos donde el paisa je surgió como género pictórico autónomo, fruto de una
ev olución en las formas de mirada y represen tación duran te los siglos XVI y XVI I. Au nque la
palabra «paisa je», en diferen tes idiomas, y a se había utilizado probablemente con an terioridad,
lo que llev a a atribuirle su significado mo derno es que se pro duce, en palabras de Maderuelo, un
«desplazamiento de su signific ación» (Maderuelo, 2005, p. 24). De la referencia a una sección de
territorio (pago, país) se pasa a denotar el género artístico que pretende represen tar su asp ecto,
el paisa je. Más adelan te, esa original significación asignada a la pintura se extenderá hacia el otro
sen tido, el territorial, de mo do que, aún en ausencia del cuadro (que constituiría la expresión inicial
más con v encional de esa forma de observ ación) comienza a hablarse de paisa je, en referencia al
deleite en la con templación del territorio.
Los factores que motiv an la aparición de ese género, así como el tra y ecto en el significado de
la expresión «paisa je», han sido extensamen te analizados p or autores como Ro driguez (1999) y
Maderuelo (2005). En tre otras causas, cab e señalar la naturaleza del territorio en los Países Bajos
del Norte, que deriv a en una densidad de transformaciones h umanas del medio m uy notable, y
hace que se tenga un «enorme apr e cio p or el territorio» (Maderuelo, 2005, p. 295), así como la
icono clasia propugnada p or la Reforma Luterana, que llev a al arte a cen trarse en temas alejados
de los motiv os hagiográficos o bíblicos. Esto, jun to a las condiciones de propiedad del suelo y la
top ografía llana de la región, habrían deriv ado en una determinada forma de arte, diferen te a la del
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 67
CAPÍTULO 3. EV OLUCIÓN DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS
Figura 3.17: «El Arte de la Pin tura» de Johannes V ermeer
(hacia 1666) F uente: Wipime dia Commons, do-
minio públic o.
Renacimien to italiano 25 , y que Alp ers vincula a un «mo delo nórdico» de representación 26 . De ese
mo do, aparece el con traste entre un modelo meridional (aso ciado al Renacimien to, del que puede
considerarse que participaron escasamen te los holandeses) y uno nórdico:
«Mien tras los italianos tendían –como ha demostrado hábilmen te P anofsky– a distinguir
en tre lo que p o demos simplemen te denominar lo real y lo ideal, o en tre las representa-
ciones hec has del natural y las que son obra del criterio selectiv o o plasmación de un
concepto men tal, los holandeses prácticamen te n unca se desasieron de sus supuestos
imaginativ os» (Alp ers, 1987, p. 62)
T o do ello se desarrollará esencialmen te vinculado al florecimien to de la actividad cartográfica,
que tenía lugar en principio de forma indisoluble de las manifestaciones artísticas holandesas (Al-
p ers, 1987, p. 178–238). Muestra paradigmática, aunque algo tardía de to do ello, es la obra «El
Arte de la Pin tura» de Jan V ermeer (pin tada hacia 1666). Esta obra, del p erío do de madurez de
V ermeer, sup one una esp ecie de manifiesto de las tendencias artísticas y cartográficas del momen to
en Holanda.
En primer lugar, destaca la presencia de un mapa colgado en la pared que determina el fondo de
la escena. Se trata de una represen tación del «Mapa de las Diecisiete Pro vincias», que fue publicado
25 Sobre las diferencias entre las concepciones artísticas de Italia y Flandes, resulta bastante gráfica la siguien te
descrip ción que K. Clark p one en b o ca de Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564): «En Flandes [...] pintan sólo p ar a
engañar el ojo externo, c osas que ale gr an y de las que no se pue de de cir nada malo. Pintan materias, ladril los y
ar gamasa, la hierb a de los c amp os, las sombr as de los árb oles, y puentes y ríos, lo que l laman p aisajes, y figuril las
p or aquí y p or al lá. Y to do esto, aunque pue da p ar e c er bueno a los ojos de algunos, en ver dad está he cho sin r azón,
sin simetría ni pr op or ción, sin p oner cuidado en sele c cionar y r e chazar» (Clark, 1971, p. 45).
26 Alp ers establece que el arte nórdico insiste en repro ducir la realidad, en captar y recoger lo que se v e. Pone
esto en relación con la actividad cien tífica de Kepler, que separó «el pr oblema físic o de la formación de imágenes
r etinianas (la r e alidad vista) de los pr oblemas psic oló gic os de la p er c ep ción y la sensación» (Alp ers, 1987, p. 74),
68 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
3.1. LAS VIST AS COMO REPRESENT A CIÓN ARTÍSTICA
p or Claes Jansz Vissc her y m uestra los Países Bajos del norte y del sur, lo que ha suscitado, en tre
otras in terpretaciones, «la evo c ación de un p asado p er dido en que to das las pr ovincias formab an
un solo p aís» (Alp ers, 1987, p. 179). Pero más allá de esas connotaciones, la simple presencia del
mapa y su detallismo resultan factores m uy sugeren tes. En la obra de V ermeer pueden lo calizarse
otros ejemplos en los que un mapa o cupa alguna de las paredes, como p o dría ser el caso de «Militar
y m uc hac ha riendo» (1658), «Mujer con jarra de agua» (1662) o «Lectora en azul» (1662-1666).
E incluso la represen tación directa del pap el del hacedor de mapas, que escudriña el m undo desde
su v en tana, en «El Geógrafo» (1668-1669). Esas escenas vienen a mostrar el interés cartográfico
existen te en aquellas décadas, en las que se había p opularizado la costumbre de colocar mapas a
mo do de decoración sobre las paredes.
Una observ ación más detallada del mapa que aparece al fondo de «El Arte de la Pin tura» refleja
otro detalle de in terés: la existencia de vistas de ciudades a los laterales de la plan ta cartográfica. Ese
asp ecto viene a recoger la amplia tradición de represen tación de vistas urbanas en los P aíses Ba jos,
desarrollada a tra v és de la publicación de los atlas de ciudades que se expusieron an teriormen te.
Igualmen te, sugiere la relación en tre geografía y corografía que y a era promo vida p or Apian us en su
«Cosmographicus Lib er» de 1533 (figura 3.11). Se trataba de complemen tar el estudio de grandes
territorios a tra v és de la primera, con la descrip ción detallada de sus rasgos menores. Las imágenes
de conjun to que aquí aparecen resultan represen tativ as de esa última tendencia, así como del aprecio
p or las ciudades que se consolida y es manifestación del orgullo cívico y los inte reses comerciales.
La comp osición, en general, resulta una alegoría de la pin tura según es entendida por V ermeer. El
pin tor se autorretrata fren te a su mo delo, que en este caso está ataviada con los atributos de Clío, la
m usa de la Historia (Alp ers, 1987, p. 179). Puede interpretarse, sin atender a los detalles menores 27 ,
que V eermer se sitúa en la línea del «mo delo nórdico» an tes señalado: represen ta directamen te su
momen to histórico, de un mo do paralelo a la forma en que la cartografía interpreta el territorio (a
escala amplia o detallada – geografía y corografía). La presencia del pin tor en el lienzo confirma
su pap el como activ o cronista de la ép o ca, a tra v és de representaciones especialmente fieles a la
realidad visible.
P ero ni esas vistas que el mapa pin tado p or V eermer incorp ora jun to a la descrip ción de la
región, ni los atlas de ciudades que an tes se han descrito pueden aún ser consideradas paisa je.
Así lo expresa Maderuelo resp ecto a los dibujos de V an den W yngaerde: «p or su pr e cisión té cnic a
y exactitud en los detal les deb erían ser c onsider ados un pr e c e dente de lo que serían los p aisajes,
p er o no p aisajes en sí mismos, ya que al dibujante de vistas le falta c ap acidad de imaginación
en la c omp osición de esc enarios, que es lo que ap ortar án los pintor es p aisajistas» (Maderuelo,
2005, p. 318). Los pro cedimien tos técnicos usados para su generación, su utilidad práctica e interés
cien tífico fueron los que hicieron que no se en tendieran esas vistas como obras de arte 28 , y p or
tan to no constituían un género de pin tura cuy a con templación desinteresada produjese deleite
(Maderuelo, 2005, p. 281). P ero sin em bargo, sí que expresan el sen timien to de orgullo cívico de
n umerosas ciudades. De ahí que pueda afirmarse que ese orgullo es an terior a la no ción de paisa je,
y si bien m uc has vistas urbanas an teriores al siglo XVI I no son represen tativ as de esta última
concep ción, sí que resultan p ortadoras de características de identidad y afecto por la ciudad. Antes
de constituirse como parte del género paisa jista y resultar ob jetos de con templación estética, las
vistas urbanas son v ehículos del in terés comercial y los factores represen tativos de una ciudad.
Eviden temen te, esas vistas de ciudades y a adelan tan las características del nuev o género, y de
hec ho pueden considerarse uno de los camp os de actividad más influy en tes en la emergencia del
paisa je: «son el pr e c e dente más pr óximo de lo que muy p o c os años después, una vez sup er ados
ciertos atavismos del clasicismo y de los gr emios pr ofesionales, se denominar á c on to da pr opie dad
“p aisaje”» (Maderuelo, 2005, p. 281). P ara Alp ers, las imágenes de conjunto urbanas son el tema
cla v e en la aparición del paisa je pictórico, y un «ejemplo clásic o de la tr ansformación que a menudo
enc ontr amos en el arte holandés de un me dio gr áfic o al me dio más c ostoso de la pintur a» (Alp ers,
27 Entre otras cuestiones, se ha señalado que ha y referencias a la supresión de la fe católica en los candelabros con
v elas apagadas (V ermeer era católico), o la ineficacia de la monarquía de los Habsburgo en la máscara mortuoria de
la mesa a la izquierda del pin tor.
28 Y a se comentó an teriormen te la con trov ertida fron tera en tre el dibujante topógrafo de ciudades y el artista
pin tor en Italia, que probablemente llev a a que W yngaerde no aparezca en los censos de artistas, y reclame a su
llegada a España que se le considere como tal (v er nota al pie (11 de la página 58)
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 69
CAPÍTULO 3. EV OLUCIÓN DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS
Figura 3.18: «Vista de Zierikzee» de Esaias v an de V elde (1618) F uente:
Wipime dia Commons, dominio públic o.
1987, p. 218). La aparición del paisa je autónomo que tiene lugar en Holanda se relaciona, p or
tan to, con el amplio conjun to de factores que hemos descrito, y se hace efectiv a en la ev olución de
las vistas top ográficas urbanas (aderezadas en o casiones con algún p ersona je o hec ho que pretende
colab orar a la descrip ción minuciosa del lugar o compuestas con cierta lib ertad estética p or parte
del autor) al medio pictórico, que sí se consideraba «arte», y comienza a alb ergar una ma yor rique za
de transformaciones e in tenciones expresiv as.
Con v encionalmen te, se suelen considerar unos dibujos ejecutados en 1603 p or Hendrick Goltzius
que m uestran las dunas de las afueras de Haarlem, como las primeras 29 imágenes «realistas» del
paisa je holandés (Alp ers, 1987; Maderuelo, 2005). El rasgo diferencial, frente a obras an teriores
(incluso del mismo autor, que m uestran gran profusión de motiv os mitológicos), es que «en lugar de
tr ab ajar de memoria o inventar, el artista se enfr enta a la natur aleza y tr ata de c aptar la dilatada
extensión de la l lanur a holandesa, las gr anjas, ciudades y torr es p erfiladas en su vasto ámbito»
(Alp ers, 1987, p. 218). Aparecen tam bién, a partir del siglo XVI I, n uev as vistas de ciudades en
medio pictórico, que trascienden la mera represen tación top ográfica para in tro ducir características
diferenciales, como la ma y or amplitud del cielo (Maderuelo, 2005, p. 297). La primera vista urbana
al óleo del arte holandés es considerada la «Vista de Zierikzee», pin tada en 1618 p or Esaias v an de
V elde (figura 3.18). Este cuadro, que se conv ertirá en mo delo para imágenes de conjunto posteriores,
cuen ta con una serie de características m uy destacadas: la ciudad aparece en la lejanía (lo que
p ermite con templar una gran extensión de la misma), el pun to de vista se elije para que el río se
m uestre delan te de ella, el primer plano queda o cupado p or unas figuras que marcan la escala y
amplían la profundidad, el cielo 30 o cupa más de la mitad sup erior del cuadro, y la silueta de la
ciudad (en la que destacan los hitos corresp ondien tes a diferentes iglesias, en tre la que sobresale la
catedral) se recorta nítidamen te sobre el claro fondo (Maderuelo, 2005, p. 300).
Es precisamen te en Haarlem, lugar en el que Hendric k Goltzius tenía establecido su taller y
realizó aquellos paisa jes primigenios, donde el tema de las vistas pictóricas de ciudades alcanzaría
29 Señalar el momento exacto en que aparece el paisaje en la historia de la pintura resulta un asun to contro v ertido,
que dep ende en gran manera de los criterios seguidos p or cada crítico o historiador. A unque aquí seguimos la
p ersp ectiv a defendida, entre otros, por Maderuelo y Alp ers, autores como K. Clark sitúan el origen del género en
las obras de Hub ert v an Eyck (ca. 1366 - 1426) (Clark, 1971, p. 33)
30 Para K. Clark, el in terés p or los cielos que se m uestra en la pintura flamenca es una clara m uestra de su
div ergencia resp ecto al mo delo italiano renacentista, así como una de las principales inno v aciones del arte holandés,
m uy vinculada a la naturaleza de su relieve: «El intento de Brunel lesc o de r e ducir la natur aleza a términos de
me dición había sido derr otado p or el cielo; y fue el cielo lo que inspir ó a los pintor es holandeses, quienes hicier on
p or vez primer a de una impr esión de p aisaje su tema c ompleto. Holanda es un p aís de cielos vastos, y a tr avés
de la influencia de lo que Constable l lamó “el ór gano princip al del sentimiento’ ’ . sus pintor es tr ansformar on el
pintor esquismo amaner ado de Brue ghel y de Momp er en una auténtic a escuela de pintur a de p aisaje» (Clark, 1971,
p. 52).
70 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
3.1. LAS VIST AS COMO REPRESENT A CIÓN ARTÍSTICA
Figura 3.19: «Vista de Haarlem» de Jacob v an
R uisdael (1665). F uente: Wikime dia
Commons, dominio públic o
Figura 3.20: «Vista de Ámsterdam» de Jacob v an
R uisdael (1665-1670). F uente: Wiki-
me dia Commons, dominio públic o
un ma y or desarrollo. Ello viene motiv ado p or los factores deriv ados de las revueltas religiosas
o curridas en 1572-1573 y el gran incendio que tuv o lugar en 1576. En primer lugar, la actitud
de ap o y o oficial a la Reforma hizo que se le concediera a la ciudad «el der e cho sobr e to dos los
bienes muebles e inmuebles de las instituciones r eligiosas c atólic as» (Maderuelo, 2005, p. 298).
Naturalmen te, esa tendencia rep ercutiría en las preferencias artísticas de la ciudad, claramente
v olcadas hacia la v ertien te icono clasta de la Reforma. Esa concesión activ ó la economía lo cal, de
manera que la ciudad se sumió en un p erío do de prosp eridad. P or otro lado, los efectos del incendio
(y de los an teriores enfren tamien tos religiosos) obligaron a la reconstrucción de la ciudad, que se
pro dujo a lo largo de v ein te años. Ese resurgir, ap o y ado en la llegada de artistas, comercian tes y
artesanos atraídos p or la b onanza económica, derivó en un clima de orgullo cívico m uy marcado 31 ,
que jun to al p o der de la icono clasia protestan te llev arían a la aparición de un conjun to de vistas
m uy destacadas, cono cidas como Haarlempjes (vistas de Haarlem), calificativo aplicado por vez
primera a las obras de Jacob v an R uisdael que ab ordaban esa temática.
Jacob v an R uisdael pin tará a lo largo de su vida n umerosas vistas de Haarlem y su en torno,
que se adscrib en al n uev o género y repro ducen algunas de sus características generales. Obsérv ese
como adopta un esquema comp ositiv o similar en v arias obras (Vista de Haarlem, figura 3.19; Vista
de Ámsterdam, figura 3.20), en el que destaca sobremanera la gran extensión del cielo y su carácter
n ub oso. P ara Maderuelo (2005, p. 302), este «tr atamiento monumental del cielo» es un rasgo que
aleja definitiv amen te a Jacob v an R uisdael de la tradición de las vistas top ográficas, para consolidar
sólidamen te el género del paisa je, y que abrirá el camino a los efectos dramáticos. Como puede
apreciarse en las dos obras de R uisdael que se adjun tan, el esquema comp ositivo con predominancia
del cielo se aplica tan to a las vistas generadas desde el exterior de la ciudad (Haarlem, figura 3.19)
como a las imágenes de conjun to in teriores (Ámsterdam, figura 3.20). Esta similitud rev ela que
la represen tación de la ciudad, desde am b os puntos de vista, corresponde al mismo ejercicio de la
mirada: la repro ducción fiel de la imagen de conjun to, recono cida ya como expresión artística, y
que empieza a incorp orar rasgos comp ositivos propios significativ os. Y entendida, como no po día
ser de otra forma, en el marco del orgullo cívico y la iden tificación ciudadana: «algunas de estas
vistas fuer on enc ar gadas p or el gobierno municip al y p or instituciones civiles de la ciudad p ar a ser
exhibidas en actos o lugar es públic os, lo que demuestr a una cierta voluntad de ostentación, dentr o
de la c ontención públic a del c alvinismo» (Maderuelo, 2005, p. 299). El espacio público in terior
31 Maderuelo, autor de la argumentación que seguimos aquí sobre Haarlem, aporta como dato que muestra el
orgullo cívico del momen to, la aparición de una colección de grabados titulada «Descrip ción y elogio de la ciudad
de Haarlem» (Rey er Claesz Suyck er, 1628) (Maderuelo, 2005, p. 299).
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 71
CAPÍTULO 3. EV OLUCIÓN DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS
Figura 3.21: «Vista de Delft desde el Noro este»
de Cornelis Hendriksz V ro om (1615-
1634). F uente: Wikime dia Commons,
dominio públic o
Figura 3.22: «Vista de Delft desde el Noro este»
de Cornelis Hendriksz V ro om (1615-
1634). F uente: Wikime dia Com-
mons, dominio públic o
de la ciudad tam bién comienza a ser ob jeto de representación en el seno de este n uevo género del
paisa je, y aparecen pin turas cuy o tema son calles, plazas o edificios. En el caso de Haarlem, algunas
vistas de este tip o (que no pueden considerarse imágenes de conjun to) son ab ordadas p or el pin tor
Gerrit A driaenszo on Berc kheyde (1638, Haarlem - 1698, Haarlem), en cuya obra encon tramos un
recurren te in terés p or los mercados y plazas principales de la ciudad, lo que constituy e un reflejo
de la relación en tre pin tura, orgullo cívico e in tereses comerciales.
La ciudad de Delft fue ob jeto tam bién de un buen n úmero de represen taciones que tenían
como motiv o sus vistas generales. Comparte con Haarlem el clima de prosp eridad, y a que era un
imp ortan te cen tro de pro ducción de cerámica, y una de las sedes de la «Compañía de las Indias
Orien tales». Eso hizo que duran te el siglo XVI I viviera una edad dorada, a p esar de que en 1654 la
explosión de un p olv orín destruyó parte de la ciudad. El orgullo cívico debió experimentar una etapa
de florecimien to en la ciudad en consonancia con el buen clima económico (y quizás, en paralelo al
caso de Haarlem, con la necesidad de reconstrucción tras la explosión), como atestiguan las vistas
generales que se han conserv ado. Destacan las de Cornelis Hendriksz V ro om (1591, Haarlem – 1661,
Haarlem), pin tor que tam bién se dedicó a las vistas de Haarlem, y ejecutó imágenes de conjun to de
Delft desde diferen tes pun tos de vista (figuras 3.21 y 3.22). En ellas aparecen rasgos del subgénero
de la marina, al que V ro om se dedicará con profusión. La ciudad recib e un tratamien to similar al
que le otorgaron pin tores preceden tes, y aparece represen tada en vista de p erfil, en la que destacan
los hitos principales y , en este caso, los barcos y molinos.
P ero probablemen te la vista más cono cida de Delft sea la ejecutada p or V ermeer en torno a 1660
(figura 3.23). En ella se repite el esquema que y a v enía siendo habitual en las imágenes urbanas de
conjun to holandesas, p ero este caso resulta, en palabras de Alp ers, «un ejemplo, el más bril lante
de to dos, de la tr ansformación del map a en pintur a que el impulso c arto gr áfic o pr o dujo en el arte
holandés» (Alp ers, 1987, p. 184). En efecto, si se considera esta obra con atención al conjun to
de la pro ducción de V ermeer, se en tiende el pro ceso de transformación que las vistas urbanas
top ográficas han sufrido para con v ertirse en un género artístico propio 32 . De acuerdo con Alp ers,
el y a mencionado «Arte de la Pin tura» de V ermeer resulta una obra final y de recapitulación en
la vida del maestro holandés. Pues bien, cuando V ermeer, años después de pintar su «Vista de
Delft», incluy e en el fondo del «Arte de la Pin tura» una serie de vistas urbanas que orlan el mapa
de la región, rein tegra «la vista urb ana al c ontexto c arto gr áfic o del que había sur gido, c omo en un
acto de r e c ono cimiento de su natur aleza» (Alp ers, 1987, p. 184). Las obras de la «Vista de Delft»
y el «Arte de la Pin tura», que v endría a complemen tar y situar a la primera en el conjun to de
los cuadros de V ermeer, sup ondrían una toma de conciencia sobre el pro ceso que ha tenido lugar:
el paso de la represen tación top ográfica urbana a la construcción de to do un género pictórico en
torno a ella, el cual daría n umerosos frutos a partir del siglo XVI I.
32 Además, esta obra puede considerarse una de las cum bres de la forma de en tender la pintura paisajística p or los
holandeses, según se desprende de estas palabras de K. Clark: «hay un c aso donde la r epr esentación de la atmósfer a
alc anzó un punto de p erfe c ción que, desde el punto de vista de la exactitud top o gr áfic a, nunc a ha sido sobr ep asado:
la V ista de Delft de V erme er. En esta obr a únic a es sin duda donde la pintur a ha l le gado a ac er c arse más a la
foto gr afía en c olor» (Clark, 1971, p. 54).
72 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
3.1. LAS VIST AS COMO REPRESENT A CIÓN ARTÍSTICA
Figura 3.23: «Vista de Delft» de Johannes V ermeer (1660–
1661) F uente: Wipime dia Commons, dominio pú-
blic o.
Figura 3.24: «Vista y plano de T oledo» de Doménik os Theoto-
k óp oulos (El Greco) (ca. 1608-1614) F uente: Wi-
pime dia Commons, dominio públic o.
Ese pro ceso puede aso ciarse a la transición que se observ a en algunas de las últimas obras
de El Greco en relación a la ciudad de T oledo, y que Maderuelo (Maderuelo, 2005, p. 307–319)
señala como esp ecialmen te representativ a, aunque no se pro duzca exactamente de forma sucesiv a
en lo temp oral. T oledo vivió, duran te la primera mitad del siglo XVI, un florecimien to basado,
en lo económico, en el éxito del comercio textil. Los b eneficios que se deriv aban comenzaron a
transformar la ciudad, dado el enriquecimien to de n umerosos comercian tes, que se materializaba
en la ejecución de ma jestuosas viviendas, así como otros edificios públicos, en tre los que puede
destacarse el Hospital de San Juan Bautista (comenzado en 1541). Al igual que en Haarlem o
Delft, la prosp eridad incen tiv aría el orgullo cívico, esp ecialmen te a partir de 1560, fecha e n la que
la corte es trasladada desde T oledo a la villa de Madrid. Aquel hec ho llev ó a la ciudad a promo ver
una serie de reformas, con la in tención de atraerse de n uev o a la corte, lo que hizo que el p erío do
comprendido en tre 1561 y 1606 se caracterizase p or un esplendor y actividad desmedidos. En 1604
el coste desorbitado de las reformas llev a al a yun tamien to a una profunda crisis, y en 1606 a la
bancarrota, mien tras que F elip e I I I, tras un corto p eriplo en V alladolid, decide establecer la corte
definitiv amen te en Madrid (Maderuelo, 2005, p. 309).
La primera de las vistas a considerar, aunque no p or orden cronológico, es la «Vista y plano
de T oledo» (figura 3.24), pintada por El Greco en torno a 1610. Según algunas interpretaciones, se
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 73
CAPÍTULO 3. EV OLUCIÓN DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS
Figura 3.30: «P anorama de Edim burgo desde la Catedral de St. Giles» de Rob ert Barker (1790). Se
trata de uno de los panoramas reducidos de Bark er (2,5 m de largo p or 30 cm de alto)
que se conserv an, y eran v endidos a los visitan tes de sus mon ta jes a ma y or escala. F uente:
Panor ama c onservado en el «Edinbur gh City A rts Center», public ado en W right, W atson,
Dunlop y Midd leton (1999)
Figura 3.31: «Sección tip o de una rotonda para panoramas». Obsérv ese
que to do el disp ositivo está pensado para mejorar la exp e-
riencia de la inmersión al máximo: v elo que descuelga desde
el tec ho para cubrir el límite sup erior de la pintura y estruc-
tura descenden te desde la galería de observ ación, que sim ula
las ondulaciones de un terreno. F uente: Oettermann (1997)
Estos panoramas solían recrear la ciudad desde un pun to de vista elev ado, y pretendían conse-
guir la máxima sensación de realismo. Sin em bargo, «se deb e admitir que la c alidad pictóric a me dia
er a b aja, ya que este entr etenimiento de masas se c ontentab a c on me dios de feria» (Corb oz, 1995,
p. 317). En el in terior del con tenedor, se colo caban ob jetos a escala real y se ideaban estructuras
que o cultasen los b ordes de la imagen, que sim ulaban en o casiones terrenos (figura 3.31), para
aumen tar la sensación de inmersión. T ras el éxito de su panorama de Edimburgo, Bark er llev ó a
cab o otras realizaciones en Londres (Oettermann, 1997), en las que mejoraba en cada o casión las
características de su in v en to y lo hacía más p opular. Los esp ectadores p o dían comprar, al salir de
la sala, una repro ducción de la vista en menor dimensión, para llev arla como recuerdo. El diora-
ma, que había aparecido en torno a 1780, se con vierte en otro medio imp ortante para represen tar
ciudades y en tornos pin torescos, median te el uso de iluminación con transparencia y efectos de
mo vimien to de luz (Corb oz, 1995, p. 317).
El in terés p or este tip o de panoramas urbanos irá más allá de las múltiples rotondas construidas
en distin tas ciudades y con motiv o de v ariados ev en tos, de forma que su distribución se extiende a
otros formatos y su con tenido se abre a vistas aéreas:
«Este furor p or los panorama-esp ectáculo contribuirá a la pasión por ver la ciudad como
un ob jeto esp ectacular. Recogiendo este interés por el panorama aéreo urbano, algunos
p erió dicos ingleses, como THE ILLUSTRA TED LONDON NEWS o, p osteriormen te,
THE GRAPHIC, incluy en dibujos panorámicos, a v eces de gran formato y desplegables,
con vistas de ciudades desde el aire» (Cen tro de Cultura Con temp oránea de Barcelona,
1994, p. 22).
80 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
3.1. LAS VIST AS COMO REPRESENT A CIÓN ARTÍSTICA
Se p opularizan, a partir de la década de 1840, las represen taciones a vista de pá jaro de ciudades,
realizadas con a yuda de glob os aerostáticos o la observ ación desde pun tos elev ados del territorio,
cuando existe esa p osibilidad. La difusión de colecciones que recurren a este tip o de pun to de
vista está indudablemen te relacionada con la mo dernidad, y quizás tam bién con el crecimiento
urbano que se acelera 39 , y requiere nuev as formas de observ ación para represen tarlo y ofrecer su
mejor imagen. Esto se pro duce, además, vinculado al con texto de las exp osiciones universales, que
con tribuy en a la difusión de las crecien tes innov aciones técnicas y su p opularización: «la p asión
p or volar, la té cnic a que lo p ermite, la vista aér e a y las exp osiciones universales ir án unidas c omo
símb olo del pr o gr eso» (Cen tro de Cultura Con temp oránea de Barcelona, 1994, p. 22). Numerosas
publicaciones mostrarán, a partir de en tonces, el territorio desde el aire 40
En tre los autores de este tip o de imágenes a vista de pá jaro, destaca el arquitecto, grabador y
litógrafo francés Alfred Guesdon (Nan tes, 1808-1876), que publicó sus traba jos en la revista «L a
Il lustr ation, Journal Universel de París» . El traba jo de Guesdon es una buena m uestra de los
pro cedimien tos utilizados para la elab oración de ese tip o de vistas, que emp ezaron a realizarse
en una ép o ca en la que aún no era p osible ejecutar fotografías aéreas. Estos dibujan tes se basan
fundamen talmen te en cartografía urbana actualizada y de calidad, la cual utilizan como base para
elab orar p ersp ectiv as en las que sim ulan la visión elev ada de la ciudad 41 . De hec ho, en algunos casos
puede apreciarse que las inexactitudes e incorrecciones de los planos top ográficos que se utilizan
como base se transmiten a la p ersp ectiv a representada (Cen tro de Cultura Con temp oránea de
Barcelona, 1994, p. 24). El ob jetiv o de estas vistas es transmitir la ma yor sensación de realidad
p osible, a tra vés de la sim ulación de un vuelo que lleve al observ ador a realizar virtualmen te la
no v edad de elev arse p or los aires, y conte mplar su ciudad (así como las nuev as transformaciones
que en ella se pro ducen).
La ciudad que m uestran estos n uev os medios, p ercibida como un esp ectáculo desde div ersos
pun tos de vista (elev ado desde algún lugar de observ ación p osible en los primeros panoramas,
o median te el apro v ec hamiento y la exploración de las p osibilidades técnicas del vuelo en las
vistas de pá jaro), es presa de unas dinámicas que cam bian dramáticamen te su fisonomía. Debido
al desb ordamien to de las fron teras tradicionales, muc has v eces ya no serán posibles las antiguas
imágenes de conjun to en las que el b orde entre lo urbano y su en torno es p erfectamen te nítido:
«L a ciudad finita, tal c omo se había he cho r e alidad en Eur op a a lo lar go de los quinientos años
anterior es, que dó totalmente tr ansformada en el tr anscurso de un siglo debido a la inter ac ción de
cierto númer o de fuerzas té cnic as y so cio e c onómic as sin pr e c e dentes, muchas de las cuales sur gier on
en Inglaterr a en la se gunda mitad del siglo XVIII» (F rampton, 2000, p. 20). Estos cam bios hacen
que, en principio, pin tores y grabadores miren la n uev a ciudad lib eral con nostalgia del pasado,
de mo do que el roman ticismo escoge como motiv os más recurrentes la naturaleza y la historia. No
quiere ello decir que no aparezcan imágenes urbanas de conjun to en la obra de pin tores román ticos
como Karl Gusta v Carus, Johann Christian Dahl o Kaspar Da vid F riedric h, en tre otros. Lo que
o curre es el tema urbano suele aparecer a distancia (Corb oz, 1995, p. 317) (la ciudad lejana en
el horizon te), y vinculado a unas condiciones de p ercep ción muy especiales y ligadas al espíritu
román tico (la luz de la luna o el atardecer, p or ejemplo). Algunos grabadores de la ép o ca ab ordan
la ciudad, y publican álbumes que recogen desde vistas de conjun to hasta in teriores, además de
mon umen tos, plazas o mercados. P or lo general, exp onen una descrip ción fragmen taria de la ciudad
39 Corb oz menciona la referencia insistente de este tip o de imagen aérea a las n uev as estaciones, barcos de v ap or
o n uevos paseos públicos, como m uestra de la manifestación del espíritu mo derno (Corb oz, 1995, p. 317).
40 Estas publicaciones se centrarán en alguna ciudad o rasgo temático, con lo que aparecerán títulos como «París
y sus fortific aciones. V ista tomada en glob o p or encima del Mont V alerién; L ondr es desde un glob o; Orle áns en
p ar ac aídas - V ista tomada desde encima de la plac e Dauphine; Coblenza a vista de p ájar o, etc.» , o bien exp ondrán
series de via jes que recorren territorios y ciudades: «Excursiones aér e as, V uelta a F r ancia a vista de p ájar o, V iaje
aér e o p or el L oir a y sus rib er as, V iaje aér e o p or F r ancia, Esp aña a vista de p ájar o, Italia a vista de p ájar o y otr as»
(Cen tro de Cultura Contemporánea de Barcelona, 1994, p. 23).
41 Al resp ecto de las técnicas utilizadas p or Guesdon, resulta curiosa la necrológica del dibujante, escrita en 1876
p or Charles Marionneau para la revista «Revue de Bretagne et de V endée», en la que se exp one: «Con ayuda de un
plano ge ométric o de rigur osa exactitud, y que tr ansformab a en p ersp e ctiva elevando mucho la líne a d el horizonte,
el artista l le gab a a tr azar, en este tabler o tan bien pr ep ar ado, la elevación de las c asas y de los monumentos de la
ciudad, sup oniendo que se enc ontr ab a en un glob o, o en un punto muy elevado; esto le p ermitía adentr arse c on la
mir ada en las c al les, los jar dines y los p atios, y r epr esentar no sólo la vista gener al y top o gr áfic a de una ciudad,
sino también to dos sus e dificios y sus b arrios. De ahí sus vistas denominadas c ab al ler as o, mejor, l lamadas a vista
de p ájar o» (Centro de Cultura Con temp oránea de Barcelona, 1994, p. 24).
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 81
CAPÍTULO 3. EV OLUCIÓN DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS
Figura 3.32: «Vista de Madrid» de Alfred Guesdon, publicada en «La
Illustration, Journal Univ ersel de P arís» (1854). F uente: Wi-
kime dia Commons, dominio públic o
Figura 3.33: «Prados cerca de Greifsw ald» de Caspar Da vid F riedrich
(ca. 1822). Ejemplo del tratamien to del tema urbano com ún
en cierto grup o de pin tores románticos, que recogen vistas
lejanas de la ciudad. F uente: W eb Gal lery of A rt, dominio
públic o
(como en la obra de Thomas Ro wlandson y A ugustus Pugin «The micro cosm of London», de 1810),
de la que en m uc hos casos se desprende admiración p or el pasado (Corb oz, 1995, p. 317).
P ero ha y una v ertiente del Roman ticismo que brindará una buena colección de represen taciones
urbanas, aunque de ciertos con textos m uy concretos. Se trata del in terés p or el exotismo, que tendrá
como uno de sus ob jetos España y Andalucía, y fructificará en un crecien te interés por las ciudades.
Como recuerda Lóp ez On tiveros (2007),
«el román tico [...] denota clara preferencia p or algunos asp ectos de la Naturaleza y la
Cultura con indudable significación geográfica que le in teresan: la mon taña y el b osque,
con el sim ultáneo desprecio de la llan ura, y los pueblos y ciudades “históricos” de “los
82 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
3.1. LAS VIST AS COMO REPRESENT A CIÓN ARTÍSTICA
que no han desaparecido h uellas de cierta naturalidad”, fren te al hec ho urbano mo derno
que ap enas le satisface» (Lóp ez Ontiv eros, 2007, p. 34).
De mo do que, a p esar del rechazo a la n uev a urb e, en el contexto del viaje y la búsqueda
del exotismo las ciudades tradicionales serán ob jeto de atención p or los román ticos. Unos via jes
que, como aclara F ernández Lacomba, difieren en su espíritu de los desarrollados p or los via jeros
h umanistas e ilustrados, que pretendían elab orar resp ectiv amen te «cr ónic as visuales itiner antes»
(F ernández Lacomba, 2007a, p. 19) e informes fidedignos y meticulosos, relacionados con el espíritu
de cono cimien to volcado sobre el afán geográfico y corográfico 42 y el profundo análisis que propugna
la Ilustración. El via je román tico, p or el con trario, se cen tra en «los p aisajes, en los tip os autó ctonos
y en to do aquel lo que p o dría inscribirse dentr o de lo “pintor esc o”» (F ernández Lacom ba, 2007a, p.
33).
Los via jeros román ticos, como consecuencia de ese in terés p or lo exótico, se detendrán esp ecial-
men te en España y Andalucía. Surgirán m ultitud de publicaciones, en gran parte de libros de via jes,
en los que relatan sus recorridos p or esas tierras. Uno de los pioneros en este sentido es el viajante
ilustrado Alexandre Lab orde, que con publicaciones como «Itinerario descriptiv o de las provincias
de España» (editado p or primera v ez en 1808 en francés y en 1816 en español) o «Via je pin toresco
e histórico de España» (1806-1820). En sus obras cuen ta con la colab oración de n umerosos artistas
que desarrollan un estilo cercano al paisa je clasicista francés (en tre los que destacan Jacques Mou-
linier y F rançois Ligier) (F ernández Lacom ba, 2007a, p. 33), y en o casiones incorp ora grabados
an teriores, para represen tar lugares pin torescos de la geografía española, en tre los que incluy e en
algún caso vistas generales de ciudades (figura 3.34). Con obras como esa, la p enínsula ib érica
se incorp ora definitiv amen te 43 a los circuitos europ eos de via jeros, que y a tenían como ob jetiv os
consolidados territorios vinculados al «Grand T our», como algunas zonas de F rancia e Italia. T ras
ellas, florecerá un grup o de visitan tes y artistas que, en sus obras, dejarán constancia de lo visto
median te el reflejo de los paisa jes, costum bres y ciudades del momen to: W ashington Irving, Da vid
Rob erts, John F. Lewis, George Vivian, Ric hard F ord, Charles Da vidier (quien via jó acompañado
del célebre ilustrador Gusta v o Doré, autor de los grabados que acompañan sus narraciones) u otros
m uc hos. T o dos ellos con tribuy en a forjar, a trav és de sus descrip ciones literarias e imágenes, una
iden tidad tópica que en o casiones se mantiene viv a hasta n uestros días, y cuyas características y a
han sido estudiadas de forma extensa 44
Los pin tores román ticos tam bién mostrarán un in terés preferente por Andalucía, y en sus lienzos
la retratarán desde el espíritu de la ép o ca. Entre las vistas panorámicas de ciudades más destacadas
de los autores que llegan desde el extranjero, merece la p ena señalar la «Vista de Granada desde
el camino de Málaga» (1853), del pin tor francés Marius Engalière (1824-1857) (figura 3.35). Esta
vista, que fue presen tada en la Exp osición Univ ersal de París, es una m uestra del crecien te interés
europ eo p or las ciudades y paisa jes del sur. Se trata de una obra que recurre al tema de la visión
urbana desde los caminos, m uy com ún en el p erío do román tico. 45
42 F ernández Lacomba señala, como m uestra de este tip o de recorridos humanísticos, los llev ados a cab o p or Joris
Ho efnagel o An tón V an den W yngaerde para elab orar sus vistas de ciudades. T ambién, como obras demostrativ as
del progreso cartográfico alcanzado hasta el comienzo del mo vimiento román tico, menciona el «Atlas de España y
sus p osesiones de Ultramar», de F rancisco Co ello de Portugal (1847-1876), y el «Diccionario geográfico-estadístico-
histórico de España y sus p osesiones de ultramar», de P ascual Madoz, iniciado en 1846 (F ernández Lacomba, 2007a,
p. 18).
43 No hay que olvidar que, aunque es con el roman ticismo cuando el interés por el exotismo ib érico alcanza su
máximo esplendor, los recorridos e imágenes aso ciados a las regiones y ciudades españolas se habían consolidado
desde el siglo XVI, como recuerda Brandis (Brandis, 2010, p. 312).
44 Al resp ecto, puede referirse la obra de Lóp ez Ontiv eros, que en una de sus publicaciones señala los rasgos
básicos de la geografía andaluza que transmiten los via jeros román ticos en torno a los descriptores siguientes:
a) La p ercep ción del relieve, b) Clima y v egetación africanas, c) Poblamien to y paisa je urbano, d) P obreza y
actividades marginales y e) Carácter de los andaluces (Lóp ez On tiveros, 1988). Respecto al paisa je urbano, destaca
su tratamien to histórico y literario, es decir, como «mar c o de pr oye c ciones, narr aciones y ensueños r omántic os,
cuyo mo delo p a r adigmátic o es el de la Gr anada de Irving.» .
45 La mejora de la red de caminos fue uno de los factores que p ermitieron y fomen taron la llegada de los via jeros
román ticos, y su imp ortancia quedó representada en m uchas obras. F ernández Lacom ba ofrece, como m uestra del
progreso que tuv o lugar, los datos corresp ondientes a la longitud de la red de com unicaciones: en 1818, la red cubría
350 Km, mien tras que en 1850 esta cantidad ascendía a 6.500 Km (F ernández Lacomba, 2007a, p. 22).
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 83
CAPÍTULO 3. EV OLUCIÓN DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS
Figura 3.34: «Vista de Madrid tomada desde el lado de T oledo» publicada en «V o-
y age pittoresque et historique de l’Espagne» de Alexandre de Lab or-
de (1806-1820) F uente: Bibliote c a Digital de Castil la y L e ón. R e gistr o
CDU 913(460)
Figura 3.35: «Vista de Granada», de Marius Engalière (1854), Museo de Bellas
Artes de Marsella. F uente: Wikime dia Commons, dominio públic o.
84 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
3.1. LAS VIST AS COMO REPRESENT A CIÓN ARTÍSTICA
Figura 3.36: «Vista de Sevilla desde la Cruz del Camp o» de Joaquín
Domínguez Bécquer (1854). F uente: F ernández L ac omb a
(2007b)
Muc hos pin tores de origen español establecerán con tacto con via jeros y artistas román ticos,
y colab orarán en la ilustración de sus obras, con lo que se establece una m utua influencia. Es
el caso de Genaro P érez Villaamil y Da vid Rob erts, encuentro que hace al pin tor mo dificar su
estilo inicial (F ernández Lacomba, 2007a, p. 50). A unque los temas principales corresp onden a la
naturaleza pin toresca, comienza a dedicarse un espacio significativ o a las vistas urbanas. En «Vista
de Sevilla desde la Cruz del Camp o» (1854), de Joaquín Domínguez Bécquer, se vuelv e al motiv o
de la imagen de conjun to vista desde un camino de llegada, en este caso desde un hito característico
en la apro ximación a la ciudad hispalense, ho y absolutamen te absorbido p or la expansión urbana.
Las obras que ofrecen ese tip o de mirada lejana de la ciudad, que aparece a los o jos del via jero
román tico tras su camino, son bastan te n umerosas en la iconografía urbana de este p erío do.
P ero tam bién se encuen tran amplias vistas in teriores de espacios emblemáticos, como es el caso
de «El Puen te de T riana» (1862), de Man uel Barrón y Carrillo, que se cen tra en ese elemen to de
infraestructura reflejando tras de él to do el paisa je urbano de la margen orien tal del Guadalquivir
(figura 3.37). Es una obra que y a establece con tacto con las primeras corrientes fotográficas en
la ciudad, que establecen pun tos de vista paradigmáticos (F ernández Lacomba, 2007a, p. 54). El
in terés p or la pin tura de paisa jes y a había hec ho que, en 1844, se crease una cátedra exclusiv a para
ello en la A cademia de San F ernando, la cual o cup ó como pionero Pérez Villaamil.
Con esa consolidación de la pin tura de paisa jes en to da España, el género tenderá a virar
hacia la tendencia «realista». F ernández Lacomba trae a colación una cita, pro ceden te de un
artículo publicado en la revista titulada «La Ilustración Española y Americana», en 1884 p or
Isidoro F ernández Flórez, que exp one de forma m uy gráfica la transición que v a acaeciendo en el
género del paisa je:
«A principios de siglo era el país académico, con figuras mitológicas o con pastoras v es-
tidas de fino, y la comp osición era fan tástica [...] esto era hacer un paisa je de prendería;
más ho y incurre en el extremo con trario; se coge el trozo de terreno que cab e en el mar-
co, y se pin ta geológicamen te, b otánica y p ericialmen te [...] el país 46 ha tomado grande
» 46 Obsérvese cómo, a pesar de estar ya en pleno siglo XIX, se utiliza el término “país” en lugar del “paisaje”
con el que ho y nos referiríamos a ese tip o de pintura. Maderuelo constata que, a p esar de que el uso de la palabra
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 85
CAPÍTULO 3. EV OLUCIÓN DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS
Figura 3.37: «Vista del Puen te de T riana, Sevilla» de Man uel Barrón y
Carrillo (1862) F uente: F ernández L ac omb a (2007b)
imp ortancia en España desde hace 30 años, y deb e recono cerse que Häes 47 ha influido
decisiv amen te en ese progreso. Él ha formado la juv en tud, y si esa juv entud conserv a el
carácter del maestro, se deb e a que son p o cos los artistas de p ersonalidad. Al progreso
del país ha con tribuido otra causa: desde que los cuadros de plena luz reemplazaron en
el gusto del público a los cuadros cerrados, era preciso que los pin tores de historia y de
género fueran paisistas [...] En v erano los paisistas se reparten p or la naturaleza más
de mo da, sin p erdonar casita, laguna, pino de buen parecer, ni barquic huelo tum bado
en la pla y a...» (F ernández Lacom ba, 2007a, p. 62).
Nuev os motiv os se establecen en torno al género del paisa je, como es el caso del marinismo,
com ún en tre las com unidades de pintores de Málaga y Cádiz (F ernández Lacom ba, 2007a, p. 67).
T ambién a finales de siglo, una buena nómina de artistas se in teresan esp ecialmen te p or la ciudad
de Granada, y dejan abundan tes m uestras de paisa jes urbanos de la misma. Mariano F ortun y
(1838 - 1874) fue uno de los más destacados en ese con texto, y al llegar a la capital granadina y a
con cierto renom bre in ternacional con tribuiría al nacimiento de una serie de paisajistas destacados
en la ciudad, como Man uel Gómez Moreno (1834 - 1918), José Larro c ha (1850 - 1833), Isidoro
Marín Garés (1863 - 1926) o Man uel R uíz Morales (1853 - 1922). La mirada mo dernista se p osará
tam bién sobre la ciudad nazarí, de la mano de Cecilio Plá (1860 - 1934) y San tiago R usiñol (1861
- 1931). Éste último tuv o gran influencia en pin tores como Gómez Mir (1877 - 1938) o Mariano
Bertuc hi (1884 - 1955). Igualmen te corresp ondería a la estética mo dernista la visión p ersonal de
Julio Romero de T orres (1874 - 1930), vinculado a Córdoba.
La Generación del 98, «cuya visión del p aisaje va a estar dirigida a la c onstatación de elementos
simb ólic os, tanto materiales c omo humanos, en r elación dir e cta c on el territorio hisp ano» (F ernán-
dez Lacom ba, 2007a, p. 81), hará nacer una n uev a visión sobre el paisa je y las ciudades. Destacan,
en ese con texto, las vistas urbanas de Ignacio Zuloaga (1870 - 1945), Juan de Ec hev erría (1875 -
1931) o Darío de Rego y os (1857 - 1913). Estos autores realizarán imágenes de conjun to con gran
carga psicológica (figura 3.38), en la línea general de la búsqueda, en un p erío do de crisis, de to do
aquello que tiene que v er con la iden tificación de lo español. Se trata de visiones m uy propias, en
o casiones influenciadas y a p or el Impresionismo, difíciles de encuadrar en alguna tendencia, p ero
nos han dejado una forma de con templación de la ciudad vinculada con un determinado territorio
y unas señales de iden tidad profundas.
“paisa je” y a está do cumentada en 1708, todavía se aprecia en el siglo XIX cierta dificultad para usarla, en referencia
al catálogo de cuadros del Museo del Prado que realiza en 1843 su director, P edro de Madrazo, en el que sólo a una
minoría se le aplica la etiqueta de “paisa jes”, en tanto que a otros m uchos que ho y recono ceríamos como tales se les
denomina “países” (Maderuelo, 2005, p. 31). La cita de F ernández Flórez es otra m uestra de esa dificultad, incluso
en las últimas décadas del siglo.
» 47 Carlos de Häes, pintor belga que pasó sus primeros años en M álaga an tes de v olver a su país, comenzó a
pin tar al aire libre cuando en 1857 regresó a España. Sucedió a Villaamil en la cátedra madrileña de paisa je, en
1857 (F ernández Lacom ba, 2007a, p. 60).
86 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
3.1. LAS VIST AS COMO REPRESENT A CIÓN ARTÍSTICA
Figura 3.38: «Vista de T oledo» de Ignacio de Zuloaga (1870 - 1945). Zuloaga realizó un buen n úmero de
vistas urbanas, en esp ecial de ciudades de Castilla, región a la que se sen tía esp ecialmente
vinculado. Esta vista de T oledo, una de las ciudades que cuen ta con más represen taciones
de imágenes de conjun to, transmite cierto sen timiento dramático, quizás vinculado a las que
pin tara El Greco siglos an tes. F uente: Wikime dia Commons, dominio públic o.
Resp ecto al regeneracionismo que emerge tras la crisis del 98, cab e señalar esp ecialmen te algunas
vistas urbanas del pin tor v alenciano Joaquín Sorolla (1863 - 1923), que recorrerá to das las regiones
de España para dar respuesta a su ham bre de paisa jes. Sobre T oledo pin tará una serie de vistas
desde distin tos pun tos y distancias (figuras 3.39 y 3.40). Su carácter luminista influirá en n umerosos
pin tores andaluces, en una ép o ca de cam bio y adaptación lo cal de div ersas tendencias: «El final
del siglo XIX y el c omienzo del XX tr ajo ap ar ejado el r eplante amiento de los r asgos p e culiar es
del arte andaluz a p artir de nuevas c orrientes plástic as, c omo el Impr esionismo, el Simb olismo o
el F auvismo. Es lo que se c ono c e c omo R e gionalismo, en cuya órbita c ab e adscribir la pintur a de
artistas c omo José María L óp ez Mezquita, José María R o dríguez A c osta, Gonzalo Bilb ao, Gustavo
Bac arisas y Julio R omer o de T orr es» (F ernández Lacom ba, 2007a, p. 93).
En definitiv a, y cómo señala Maderuelo (1997, p. 26), la pin tura de paisa jes no consiguió su total
autonomía hasta el Roman ticismo. Mien tras las grandes urb es europ eas, que se industrializaban
y crecían a un ritmo exagerado, son ob jeto de atracción como creaciones esp ectaculares para las
masas, asom bradas p or las p osibilidades del progreso técnico (via jes en glob o o efectos luminosos
en panoramas y diap oramas), para el espíritu román tico son preferibles otros temas. Las visiones
urbanas de conjun to del siglo XIX tienen lugar, p or tan to, en tre esos dos extremos: la mirada a la
urb e esp ectacular a trav és de panoramas o vistas de pá jaro, y la atracción exótica p or las ciudades
del sur, que deriv ará en n umerosas ramificaciones lo cales de la pin tura román tica. Ambas líneas se
sup erp onen en la mezcolanza cultural de ese p erío do, coincidiendo diferen tes formas de en tender
la imagen urbana: la de la técnica omnip oten te y omniscien te, actitud heredada de la Ilustración
y que ahora se consolida en relación a los nacien tes medios de masas (así como a la conte mplación
de las grandes op eraciones de transformación urbanística y la v o cación de difusión de técnica e
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 87
CAPÍTULO 3. EV OLUCIÓN DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS
Figura 3.39: «Vista de T oledo» de Joaquín Soro-
lla (1912). F uente: Muse o Sor ol la. Figura 3.40: «Vista de T oledo» de Joaquín Soro-
lla (1912). F uente: Muse o Sor ol la.
imagen a tra v és de esp ectáculos y exp osiciones univ ersales), y la nostalgia de lo pintoresco que
alb ergaba la ciudad an terior, que desaparece progresiv amen te.
Algunos de los autores que se han mencionado, como Sorolla, Rego y os o Rusiñol, que realizaron
notables imágenes de conjun to, pueden encuadrarse tam bién en relación al mo vimien to impresio-
nista. P ero el impresionismo europ eo, p or lo general, no tuvo demasiado in terés p or las vistas
urbanas de conjun to. Sin em bargo, sí que estuv o vinculado plenamente a la ciudad:
«La n uev a ciudad en tusiasma a una generación de artistas con temp oránea de las “Gran-
des Obras” . P orque los que llamamos impresionistas no solamen te son pintores de pai-
sa jes; además, cuando represen tan el camp o (con ferro carriles y c himeneas de fábricas),
y a no es como el lugar de una búsqueda casi mística: lo p ercib en como habitantes de
la ciudad, para la que constituy e una zona de o cio p eriurbana. Y lo que los seduce de
P arís es el esp ectáculo p ermanen te: no se trata y a del P arís de los desfiles y de las fiestas
princip escas, sino simplemen te de la ciudad que ofrece una masa h umana siempre en
mo vimien to, así como el tráfico que ésta genera» (Corb oz, 1995, p. 318).
Con ese in terés p or las urb es del momen to, p or esas «manifestaciones de una nueva maner a de
vivir» (Corb oz, 1995, p. 318), el Impresionismo ab orda la ciudad de forma fragmentaria, y se cen tra
en los detalles que reflejan las n uev as características urbanas v aloradas p or los pin tores de finales
de siglo. Esa mirada, jun to a la román tica que rememora con nostalgia el pasado y lo descubre
en zonas exóticas, y la de la ciudad-esp ectáculo de masas, constituy e el v asto legado iconográfico
urbano del siglo XIX.
3.1.7. Div ersificación de medios, técnicas y miradas
A partir de mediados del siglo XIX, comienza a progresar la técnica de la fotografía. Jun to al
inicio del cine, 50 años más tarde, y el desarrollo de las v anguardias, se llegará a una descono cida
ampliación de las técnicas y formas de expresión utilizadas p or el arte. El crecimien to urbano ca-
da v ez más acelerado, así como la crecien te complejidad de los asen tamien tos, harán necesario el
desarrollo de m ultitud de miradas fragmen tarias y con div ersos grados de autonomía, que p ermitan
ab ordar el hec ho urbano con temp oráneo. La imagen de conjun to, como tema ob jeto de represen ta-
ción, parece sufrir una crisis insostenible: con el derrib o de las m urallas, los últimos retazos de la
ciudad tradicional y finita que los román ticos exaltan en el sur estarían condenados a desaparecer,
con la consecuen te transformación del territorio con temp oráneo en un contin uo urbanizado. Con
la ruptura de los límites, el fin de la ciudad am urallada, las imágenes de conjun to herederas de la
larga tradición artística europ ea aparen taban estar ab o cadas a la desaparición.
88 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
3.1. LAS VIST AS COMO REPRESENT A CIÓN ARTÍSTICA
P ero no es así. En efecto, cada v ez resulta más difícil con templar en su totalidad una ciudad.
La nitidez de la fron tera en tre ella y lo «no urbano» se difunde. En términos ecológicos y morales,
to do el territorio se sub yuga a la ética de la ciudad, que en sus elab oraciones originales no consi-
dera la delicadeza de su en torno, la fragilidad de lo «natural» (Jonas, 1995). Las relaciones en tre
asen tamien tos se m ultiplican, las redes se bifurcan en m últiples escalas: to do parece someterse al
imp erio de lo metrop olitano. Las imágenes de conjun to se pro ducen, p ero su histórico pap el des-
tacado como herramien ta de represen tación urbana parece sepultado p or el desarrollo de miradas
fragmen tarias (necesarias para ab ordar la complejidad de la ciudad con temp oránea), el deterioro
de la urb e y su en torno (para m uchos, el paisaje urbano contemporáneo ha dañado una tradición
de siglos, lo que hace p o co deseable to da mirada de conjun to a la ciudad actual) y la p érdida de
orgullo cívico y sen tido público en m uc hos casos (si las construcciones fruto del emp eño público,
como la ciudad, no tienen in terés en un m undo cada v ez más sometido al imp erio de lo virtual
y el decliv e de lo público 48 , ¿qué interés po dría tener con templar, recono cer, cuidar o pintar esa
obra de to dos como conjun to aso ciado a una p oblación concreta?). P ero existe to da vía esa mirada
general que se recrea en la ciudad y la enmarca en su con texto geográfico, aunque en la ma yoría
de las o casiones y a no alcance a englobar totalidades urbanas como entidades limitadas.
Resulta complicado, sin la distancia histórica precisa y a la vista de la a v alanc ha de información
pro ducida, realizar un recorrido global p or las características y motiv aciones que están detrás de las
imágenes de conjun to como represen tación desde el origen de la fotografía, en esp ecial durante todo
el siglo XX. A quí nos detendremos en algunos episo dios destacados que han generado elab oraciones
relev an tes, cen trados en el ám bito particular de España (y aún más reducido de Andalucía, para
algunas cuestiones).
El nacimien to de la fotografía y las vistas panorámicas urbanas.
La fotografía, en sus comienzos, se aso cia a la pin tura, y la represen tación de la naturaleza que
a tra v és de ella puede tener lugar: «L os fotó gr afos se veían [...] aso ciados a la natur aleza. Per o a
la vez er an artistas, y tanto el los c omo su públic o estab an familiarizados c on la sólida tr adición de
la pintur a. L a natur aleza, p or tanto, habría de ser r efr enada y c onducida al r e dil de la tr adición
pictóric a» (Jeffrey, 1981, p. 10). P ero su origen tiene lugar en un clima de inevitable crecimien to
y protagonismo urbano, lo que hará que pron to aparezca un in tenso in terés p or la ciudad:
«tan pron to como [la fotografía] aparece se ap o dera de la ciudad para explorarla, in-
v en taría sus mon umentos, describe minuciosamen te hasta su último patio trasero, da
cuen ta de sus m utaciones, se in teresa p or la p eriferia, m ultiplica las escenas de tránsito,
de gen te y de costum bres» (Corb oz, 1995, p. 318).
En las primeras décadas, está viv o el debate sobre si la fotografía puede reemplazar a la pin tura.
Algunos pin tores «naturalistas» asumieron la sup erioridad del n uevo procedimiento prácticamen te
automático de captación de la realidad, de manera que dejaron de imitar a la naturaleza, y pasaron
a hacer lo propio con la fotografía. Algunos camp os pictóricos, como las v edutas o los retratos en
miniatura, son con frecuencia abandonados, en fa v or de la n uev a técnica (Garófano, 2007, p. 198).
La pin tura, lib erada de la exigencia de copiar fielmen te la realidad, impuesta p or algunos, puede
abrirse ahora con más lib ertad a otros desafíos, cen trándose m uchos artistas en la dinámica de las
v anguardias. Igualmen te, la fotografía «fue r ele gada, sin cr e atividad ni arte, a la tar e a de c opiar,
té cnic a, imp ersonal y objetivamente la natur aleza» (Garófano, 2007, p. 199).
La v ersatilidad, rapidez y relativ a sencillez de la fotografía hará que se con vierta en un medio
ideal para do cumen tar via jes. La preferencia p or la exactitud top ográfica mostrada p or los an tiguos
48 R. Sennet ha comparado la crisis de la vida pública en el siglo XX con la que tuvo lugar an tes de la desaparición
del Imp erio Romano, y hec ho hincapié en la relación de esta decadencia con el estado de la ciudad: «A sí c omo en
los tiemp os r omanos, actualmente la p articip ación en la r es públic a es demasiado a menudo una cuestión de se guir
adelante, y los for os p ar a esta vida públic a, c omo la ciudad, se encuentr an en estado de desc omp osición» (Sennett,
1974, p. 20).
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 89
CAPÍTULO 3. EV OLUCIÓN DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS
Figura 3.51: «Ronda desde la Virgen de la Cab eza» de Miles Ric hmond
y Da vid Bom b erg (1955) F uente: Blo g de Miles Richmond
(http://milesrichmond.blo gsp ot.c om/) - Cole c ción privada
constancia del paisa je mediterráneo p opular de Marb ella, an tes de su destrucción con el desarrollo
turístico a partir de la década p osterior (F ernández Lacom ba, 2007a, p. 148).
En cuan to a los pin tores españoles que redescubren el paisa je desde la segunda mitad del siglo
XX, el tema de las vistas generales de n úcleos de p oblación resulta muy recurren te. Con tamos con
una pro ducción abundan te al resp ecto, p or parte de un grup o de figuras que, sin ánimo de ser
exhaustiv o, p o dría incluir artistas como Benjamín P alencia, A ureliano de Beruete, Agustín Ub eda,
Ja vier Cla v o, Menc hu Gal, Luís García Oc hoa, Agustín Hernández, Carlos Lezcano, An tonio Lóp ez
García, Agustín Redondela, San tiago del Camp o, José Lapa ye se del Río, José Beulas, Miguel Pérez
Aguilera o San tiago Martínez 52 . Además, es com ún que multitud de artistas locales, accesibles sólo
a tra v és de estudios detallados en cada p oblación 53 , se cen tren en las imágenes de conjun to de sus
pueblos o ciudades, o bien utilicen alguno de sus atributos, estructuras o elemen tos como elemen to
comp ositiv o en diferen tes obras.
Si nos detenemos a examinar la obra de algunos de esos autores, comprobaremos la riqueza de
enfo ques y tratamien tos que ha recibido la pintura de imágenes de conjun to en las últimas décadas.
Benjamín P alencia, p or ejemplo, ejecuta una serie de vistas de ciudades castellanas en las que,
partiendo del in terés visual de los conjun tos históricos, «se l le ga a una tr ansmutación c ompleta
a la plástic a» (Corredor-Matheos, 1979, p. 170). Estamos, por ello, ante la vista de la ciudad
v alorada como dimensión puramen te estética, que admite transformaciones e in terpretaciones a
tra v és del univ erso pictórico de un autor. Palencia tam bién se in teresará p or la imagen de una de
las ciudades españolas más «retratadas», como es T oledo (de ella tiene una representativ a vista
ejecutada en 1956), así como tangencialmen te p or la vistas de Roma y Granada. Agustín Hernández
(Madrid, 1931) es otro de los artistas que se recrea en la capital castellano-manc hega, e imprime
a sus vistas de la misma una gran carga emo cional (Camp o y, 1973, p. 179). En esa misma línea,
puede encon trarse la obra de Agustín Redondela, que se detiene en ciudades castellanas como
Sego via, Á vila o T oledo (Azcoaga, 1972). El pin tor An tonio Lóp ez, encuadrado en la órbita del
hip errealismo (aunque algunos críticos opinen que resulta en cierto mo do inclasificable), ha llev ado
a cab o impresionan tes vistas urbanas de gran formato, con un minucioso grado de detalle (Campoy,
1973).
52 Esta lista, que únicamente pretende señalar algunos artistas que han dedicado parte de su tiempo a plasmar
imágenes de conjun to, se ha compuesto a partir de la revisión de obras esp ecializadas en pintura y paisaje, como
Camp o y (1973) o F ernández Lacomba (2007b).
53 En otro lugar, hemos estudiado la aparición de las imágenes de conjunto del n úcleo urbano de V élez-Málaga
(Málaga) en la obra de un grup o represen tativo de artistas locales, así como en determinadas expresiones gráficas
de la cultura p opular o la promo ción turística (Pardo García, 2010).
96 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
3.1. LAS VIST AS COMO REPRESENT A CIÓN ARTÍSTICA
Figura 3.52: «Vista de T oledo» de Benjamín P alencia (1943). F uente: Blo g «Divul-
gación sobr e asp e ctos históric os, cultur ales y natur ales de la pr ovincia
de A lb ac ete» (http://blo gdep e dr ojosejaen.blo gsp ot.c om).
Figura 3.53: «Vista de Madrid desde la T orre de Bom b eros de V allecas» de An tonio
Lóp ez (1997 - 2006) F uente: Diario Qué - F otos de Cultur a - Muse o
Thyssen-Bornemisza
En definitiv a, el arte de las últimas décadas parece v olv er a in teresarse p or las vistas generales
de la ciudad, aunque complemen ta tales miradas con apro ximaciones fragmen tarias. De ese mo do,
in tegra to da la tradición atesorada duran te siglos y revolucionada, a partir de los mo vimien tos de
v anguardia, duran te el siglo XX. En cada ciudad la tra y ectoria que hemos descrito en esta sección
adquiere unas particularidades únicas. La historia aquí expuesta constituy e únicamen te un marco
general, que en cada caso se desarrolla con matices propios.
Las imágenes de conjun to, en tendidas como represen tación más o menos ligadas a las necesida-
des top ográficas o surgidas de la expresión artística vinculada a una ciudad, desarrollan una larga
historia en la que se adhieren a las distin tas motiv aciones y requerimien tos que se han expuesto
en esta sección. Exp onen tes del orgullo cívico, y p osteriormen te medios sobre los que se pro ducen
transformaciones gráficas y de consideración que dan origen al paisa je como género pictórico autó-
nomo, cuen tan con una historia propia suficien temen te dilatada y substanciosa para erigirse como
un tema de estudio paisa jístico diferenciado.
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 97
CAPÍTULO 3. EV OLUCIÓN DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS
3.1.8. Sín tesis: De la vista in tegrada a la plan ta urbana de tip o técnico
En to do el recorrido que hemos presen tado, cab e apreciar cierta transición en tre las vistas
panorámicas utilizadas desde las primeras etapas expuestas, hasta momen tos recien tes en que
ha predominado el uso prácticamen te exclusiv o de la plan ta urbana para v alorar y planificar las
op eraciones de gestión o transformación. Merece la p ena dedicar un apartado a estudiar esta
cuestión, y a que probablemen te es una de las causas que explican el olvido y abandono de las vistas
panorámicas urbanas como referen te para la construcción de la ciudad en las décadas pasadas.
En las primeras recopilaciones de imágenes de conjun to, no se recurre al criterio del tip o de
represen tación como factor de agrupación de grabados. Cierto es que en primer lugar, dada su
sencillez técnica de ejecución, predominan las vistas de p erfil de ciudades, que las m uestran como
p o dría contemplarlas un observ ador com ún, desde un pun to de vista accesible y con una elev ación
resp ecto al terreno que corresp ondería a la sus o jos, con la o casional in tro ducción de lev es mo difi-
caciones para mostrar cierta dimensión de profundidad. P ero pron to empiezan a con vivir con obras
que elev an el pun to de vista en aras de una ma y or capacidad de observ ación de la ciudad que, p or
ejemplo para Braun, el editor del atlas «Civitates Orbis T errarum», constituiría la forma óptima
de mostrarla (Gil Sanjuán y P érez de Colosía Ro dríguez, 1997, p. 179). El mo do utilizado en cada
caso dep ende, p or lo general, de los cono cimien tos y habilidades técnicas del autor, así como de la
información previa disp onible.
P ero la cuestión es que, a p esar de la preferencia de Braun p or esas vistas elev adas, en el
«Civitates Orbis T errarum» conviv en may oritariamen te dos tip os de represen tación urbana: las
de p erfil (según la nomenclatura de Kagan, v éase figura 2.2 en la página 35), que se ciñen a un
mo do de observ ación «cotidiano», y las propias vistas de pá jaro, que recrean puntos de vista ele-
v ados. Estos dos mo delos son característicos, resp ectiv amen te, de dos de los autores principales
que participan en el celeb érrimo atlas: Joris Ho efnagel y Jacob v an Deven ter. Am b os tip os aspiran
a plasmar la realidad de una ciudad, p ero ap ortan características bien diferentes. El primero la
m uestra, de forma com ún, ceñido a un pun to de vista sujeto al reliev e del entorno y las condici ones
de visibilidad que determina: es lo más cercano a una vista que pudiera obtener un observ ador
real que v erdaderamen te via jase a la lo calidad mostrada. A demás, como y a se expuso, sus vistas
se in teresan p or detalles menores (costum bres p opulares, p ersona jes típicos, etc.) o incluy en ense-
ñanzas morales. El segundo ofrece imágenes inalcanzables con las condiciones de la ép o ca, desde
pun tos de vista elev ados, factor que pudiera vincularse a la exp eriencia que atesoraba en el camp o
de la represen tación oficial 54 .
El hec ho de que el monarca encargase tan to a V an Dev en ter su in v entario de ciudad es, a trav és
del uso de la vista de pá jaro, como a V an den W yngaerde su serie de dibujos, a sabiendas del
estilo «de p erfil» que este usaba, nos llev an a considerar que en aquella ép o ca am bas formas de
represen tación gozaban de similar estima, o como mínimo se vinculaban de forma complemen taria
la una a la otra 55 . La aparición sim ultánea de vistas de los dos tip os en obras como el «Civitates
Orbis T errarum» es una circunstancia que puede ap o y ar esa hip ótesis.
Cuando el paisa je se consolida como género pictórico autónomo, los pin tores optan, en su deseo
de mostrar la realidad tal como la con templan visualmen te, p or puntos de vista correspondientes a
observ adores sobre el terreno, que ofrecen vistas de p erfil de las ciudades. P ero no quiere ello decir
que la situación ha y a cam biado, ya que en ocasiones aparece algún ejemplo pictórico a vista de
pá jaro, como es el caso de la «Vista de Ámsterdam» de Jan Christaenz (figura 3.54). No ha y , en esa
fase del arte holandés, una forma pictórica exclusiv a para la represen tación urbana y diferenciada de
54 V éase la página 59, en la que se exp one su relación con F elip e I I.
55 La relación complementaria po dría establecerse si se atribuye a las vistas de perfil una función más cercana al
futuro género del paisa je, de con templación del conjunto urbano, en tan to que las de pá jaro tendrían un cometido
más bien descriptiv o. Kagan, en relación a este tip o de división funcional, se refiere a la diferencia entre «v er»
una ciudad (función reserv ada a la vista de p erfil) y «cono cerla» (pro cedimiento para el que ofrece más efectividad
la vista elev ada) (Kagan y Marías, 1998, p. 9). Podría verse en ello el germen de la dualidad que exploramos en
esta sección, en tre una función «visual» y una «técnica». Sin embargo, en tendemos que a la vista de la capacidad
top ográfica alcanzada p or V an den W yngaerde en sus dibujos, y la integración arte-cartografía existen te en el arte
holandés del siglo XVI I, esta diferenciación no parece tan nítida, si bien puede servir como pun to de referencia.
98 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
3.1. LAS VIST AS COMO REPRESENT A CIÓN ARTÍSTICA
Figura 3.54: «Vista de pá jaro de Ámsterdam» de Mick er Jan Christaenzs
(ca. 1652) F uente: The A r chite ct’s Newsp ap er - Muse o His-
tóric o de Á mster dam
la descrip ción precisa del territorio, sino que am bas categorías, que ho y en tendemos bien distintas,
quedaban fundidas en tre sí.
Lo que o curre, según ha estudiado ampliamen te Alp ers (1987), es que los mapas y la pintura se
sitúan en un ám bito de ejecución m uy cercano, prácticamente coinciden te (De Seta, 2011, p. 123).
El hec ho de que V ermeer trate en sus obras los mapas como pin turas decorativ as en las paredes
viene a ap o y ar este hecho. La manifestación sim ultánea, en «El Arte de la Pintura» del mapa de
los P aíses Ba jos y vistas de ciudades, transmiten la necesaria am biv alencia (o complemen tariedad)
de los dos mo delos de represen tación y el aprecio del pin tor p or am b os 56 . En palabras de Alp ers,
«los map as c ombinan arte y ciencia, y la gr an ép o c a de la c arto gr afía holandesa del siglo XVII
ofr e c e un ejemplo supr emo de el lo.» (Alp ers, 1987, p. 186)
Esta cuestión implica un p osicionamien to muy claro an te la ciudad y el territorio. La descrip ción
de los mismos no distingue, en principio, la mirada «cartográfica» de la que incorp ora con tenidos
«artísticos». Los instrumen tos que sirv en para describir la ciudad están, p or tanto, al mismo
niv el que aquellas obras que la exaltan (y manifiestan el orgullo cívico y la crecien te comp etencia
comercial en tre ellas) y son con templadas p or disfrute. No es p osible, en virtud de esa vinculación,
transformar el en torno urbano (a tra v és de represen taciones que p ermitan la actuación pro y ectiv a)
sin p ensar en la influencia que los cam bios pudieran tener sobre su imagen y la contemplación de
la misma. Arte del paisa je urbano y técnicas de represen tación descriptiv as presen tan aquí una
in tegración absoluta. La ciudad de Haarlem será ob jeto de n umerosas interpretaciones pictóricas
(figura 3.55), así como descrita con min uciosidad en una plan ta que p ermitirá planificar el ensanche
de la misma (figura 3.56). Arias Sierra exp one tam bién las tangencias en tre mirada artística y
top ográfica de la ép o ca:
«En los primeros tiemp os el paisa je de la ciudad tuvo tan to de recurso informativ o
como de recreación estética. En unos casos prev alece la comp onen te estética y en otros
la más ”cartográfica” o informativ a, p ero no existe una conceptualización analítica del
P aisa je urbano.» (Arias Sierra, 2003, p. 152)
56 En otros contextos, sin em bargo, la situación era bien distinta, y la diferencia en tre el artista y el dibujan te
corográfico quedaba bien paten te. Maderuelo interpreta que es ese hec ho el que hace que Anton V an den W yngaerde
no aparezca en los arc hivo s de artistas de la Roma de la ép o ca, a p esar de que ejecutó v arias vistas de la ciudad que
debieron extenderse duran te un tiemp o de estancia en ella significativo. Cfr. página 58.
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 99
CAPÍTULO 3. EV OLUCIÓN DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS
Figura 3.55: «Vista de Haarlem desde el Norte» de Hendric k Cornelis
V ro om (ca. 1625) F uente: www.haerlem.nu
Figura 3.56: «Mapa de Haarlem y sus alrededores» de P eter Wils (di-
bujan te), Joan Blaeu (grabador) (1646) F uente: Wikime dia
Commons, dominio públic o.
Esta línea, en la que to da vía p ermanecen in tegradas represen tación «artística» y «técnica» (o
al menos, aunque comiencen a div ersificarse los resultados gráficos de am bas tendencias, como
en la pin tura y mapa de Haarlem de las figuras 3.55 y 3.56, se sitúen en un plano imp ortancia
similar en lo que trasciende a la con templación y los pro yectos de transformación urbana), aparecen
fórm ulas que pretenden una descrip ción completa del ob jeto, con el uso de v arias p osibilidades de
plasmación. En tre ellas, p o dría citarse el ejemplo traído a colación p or Arias Sierra (2003, p. 148): la
lámina median te la que W enceslas Hollar represen ta la lo calidad británica de Kingston Up on Hull,
en 1665 (figura 3.57). Esta obra, claro exp onen te de la in tención p or ofrecer una visión in tegrada
del n úcleo urbano, median te diferen tes tip os de represen tación, p o dría situarse en la línea del «Arte
de la Pin tura», lienzo y a mencionado en el que V ermeer es fedatario del in terés p or la top ografía y
las imágenes de ciudades, e in tegra como con tenidos significativ os tan to las plantas cenitales como
las vistas en p erfil (figura 3.17 de la página 68).
Con el aumen to de la complejidad de las ciudades y las transformaciones que sufren, así como
de la crecien te necesidad de medida rigurosa para su administración y la planificación de las
in terv enciones sobre ellas, la an tigua in tegración entre la percep ción urbana deriv ada de lo «visual»
y el cono cimien to «técnico» tenderá a debilitarse. Es lo que De Seta ha denominado «el lento
divor cio entr e la tr adición de la vista y la top o gr afía» (De Seta, 2011, p. 294). A principios del siglo
100 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
3.1. LAS VIST AS COMO REPRESENT A CIÓN ARTÍSTICA
Figura 3.57: «Kingston Up on Hull» p or W enceslas Hollar (1665) F uente:
Wikime dia Commons, dominio públic o.
XVI I I comienzan a aparecer méto dos y represen taciones que pretenden, en la línea de la Ilustración,
ab ordar la ciudad con un tratamien to plenamen te racional y científico. Este siglo «l levó c onsigo
una maner a difer ente de mir ar las ciudades. Pr etendía una mayor atención a la distribución del
esp acio urb ano, un mayor inter és p or c arto gr afiar en detal le que c onsolidó la visión c enital y la
me dición estricta (el “plano ge ométric o”)» (Guardia, Monclús y Oyón, 1996, p. 125). Esa actitud
resulta ideal para garan tizar el con trol de la ciudad, y hace p osible ejecutar de forma rigurosa
crecimien tos y transformaciones técnicamen te con troladas:
«Esta tendencia hacia lo que p o dríamos llamar y a hip errealismo 57 alcanzará un com-
pleto desarrollo en el siglo XVI I I. Se manifiesta en planos m uy diferentes: por una
parte, la cartografía desarrolla méto dos de triangulación y agrimensura que significan
a v ances decisiv os para el cono cimien to morfológico del territorio, gracias esp ecialmen te
a la dinastía de los Cassini, en F rancia.
»Sim ultáneamen te, los catastros geométricos captan a otra escala el mínimo detalle del
territorio, a fin de establecer una base tributaria indiscutible (catastro de Lom bardía a
partir de 1718; catastro de Sab o y a a partir de 1730). Finalmen te los catastros urbanos,
una esp ecie de planos geométricos parcelarios manzana p or manzana, con la sup erfi-
cie exacta de cada edificio -y excep cionalmen te su distribución in terior (Plano Billon,
Ginebra, 1726)-, describ en con to do rigor la morfología y la tip ología de cada ciudad»
(Corb oz, 1995, p. 315).
En el p erío do de transición hasta la definitiv a imp osición de la cartografía cenital como ins-
trumen to de con trol urbano prácticamen te exclusiv o, muc hos do cumentos gráficos in tro ducirán
to da vía vistas de p erfil y escenas deriv adas de p ercep ciones a pie de camp o. T o da vía se en tiende
que, a p esar de las p osibilidades que ofrece la planta cenital para la gestión eficien te de la ciudad y
el desarrollo técnico que ha exp erimen tado, las vistas de p erfil son imprescindibles para describir
» 57 Este “hip errealismo” habría de entenderse, asociado al espíritu de la Ilustración, como referido a un enten-
dimien to racional y científico “clásico”, y por ello dep endiente de las posibilidades de medida, sistematización y
univ ersalización.
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 101
CAPÍTULO 3. EV OLUCIÓN DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS
una ciudad. Hasta la década de 1850 se incluy en vistas de ese tip o junto a los planos, cada v ez más
precisos y detallados, de las ciudades (Arias Sierra, 2003, p. 153).
Un hec ho que resulta llamativ o es que sea precisamen te en el siglo XVI I I, de forma sim ultánea a
la extensión y progresiv o predominio de la tendencia «técnica» en las represen taciones de ciudades,
cuando la iconografía urbana alcanza una de sus etapas más esplendorosas, con el florecimien to
del género del v edutismo. De igual mo do, aumentará la difusión de vistas de ciudades inspiradas
en la tradición de los primeros atlas urbanos, con n uev as empresas editoriales dedicadas a ello 58 .
Dem uestra esto que, para un mismo ob jeto de interé s (la ciudad), se diversifican v arios mo dos de
mirada, aso ciados a in tenciones y ám bitos muy div ersos, y que al con trario de lo que o curría en el
arte holandés, se consolidan de forma bien diferenciada. P or un lado, las v edutas con tin uarán en
la estela de con templación de la ciudad como «paisa je», desde puntos de vista accesibles, con el
uso de técnicas vinculadas a la tradición pictórica. Algunas décadas más tarde, este tip o de visión
se cen trará en la admiración de la ciudad como esp ectáculo, a tra v és de los panoramas y dibujos
a vista de pá jaro que an teriormen te se han mencionado. En el otro extremo, el círculo técnico
se v olcará sobre el tip o de represen tación más op erativ o para la directa gestión de la ciudad y la
realización de sus prop ósitos urbanísticos: la vista ortogonal cada v ez más abstracta y conv encional,
desprendida prácticamen te de to do sen tido «visual», de cualquier p ercep ción del paisa je urbano,
incapaz de con trolar la ev olución de las vistas panorámicas, que no tiene en cuen ta.
El progresiv o distanciamien to en tre la represen tación artística de la ciudad (ejecutada p or
v edutistas, pin tores de panoramas o via jeros románticos, en tre otros), y su plasmación técnica
(propugnada p or los profesionales y administradores que in tervienen en su gestión y transforma-
ción), tendrá como consecuencia que se olvide la imagen de conjun to como dimensión del paisa je
a considerar para el diseño de los crecimien tos urbanos. A partir de 1872-74, los planos parcela-
rios de Madrid abandonan totalmen te las an tiguas concep ciones in tegradas (Arias Sierra, 2003, p.
154). Una década an tes, el pro y ecto de ensanc he para Barcelona de Ildefonso Cerdá desarrollaba el
mecanismo de equidistribución de cargas y b eneficios en tre los propietarios para el crecimien to de
la ciudad, con un pap el protagonista del diseño en plan ta regular 59 . El grado de detalle y precisión
es cada v ez ma y or, y la técnica urbanística (en España, establecida en gran parte a partir de la
obra de Cerdá) disp one de instrumen tos que le p ermitirán medir, transformar y administrar con
soltura el espacio urbano. La mirada con templativ a a la ciudad como conjun to o la recreación in-
terpretativ a de la misma queda relegada al ám bito del arte, a los via jes y dibujos de los román ticos.
El plano fo caliza la atención académica y pro yectiv a, y eclipsa los dibujos de vistas urbanas. La
construcción física de la ciudad dep ende, an te to do, de élites técnicas, que se basan en la planta
cenital y olvidan la imagen de conjun to, teniendo lugar to da nuev a transformación sin tenerla en
cuen ta. Unido esto al crecimien to demográfico explosiv o, se llega a un deterioro irrev ersible de las
vistas generales que las ciudades habían consolidado duran te siglos, con la desaparición de v alores
de iden tidad profundamen te arraigados.
En el fondo, lo que sub y ace a esta dinámica es un problema epistemológico y de disgregación
disciplinar. Arias Sierra lo expresa con claridad: «En última instancia, la c arto gr afía de finales
del XIX desliga la imagen de la ciudad de su valor c omo p aisaje, p or inevitables r azones de la
evolución e c onómic a y te cnoló gic a de la so cie dad» (Arias Sierra, 2003, p. 155). Queda establecido
así un dualismo casi an tagónico: paisa je y cartografía urbana. Escisión que, a p esar de los medios
de mo delización y represen tación de n uestros días, to da vía se man tiene vigente. La plan ta ceni-
tal técnica suele resultar excluy en te de otras miradas, que quedan cegadas p or las p osibilidades
op erativ as que ofrece la primera.
58 Guardia, Monclús y Oyón citan, por ejemplo, el espíritu de recopilación cartográfica llev ado a cab o p or la
So ciety for the Diffusion of U seful K now le dge (1830-1843): «Esta entidad gr ab ó, p or ejemplo, cuar enta planos de
las más gr andes ciudades, y los alzados muestr an c on gr an pr e cisión los elementos b ásic os de la estructur a físic a
de las ciudades: c al les, e dificios, esp acios públic os, mur al las.» (Guardia, Monclús y Oy ón, 1996, p. 125).
59 La estrategia diseñada p or Cerdá para transformar los terrenos rurales alrededor de la Barcelona am urallada
en el tejido homogéneo del ensanc he, se concib e plenamente como un mecanismo administrativ o, que recurre a la
reparcelación y el reparto equitativ o de cargas y b eneficios para p ermitir la in tervención. Esa cuestión predomina
sobre cualquier consideración en torno a la imagen de conjun to de la ciudad, como puede apreciarse en Cerdá
(1861). Las características de la zona en que se edifica el ensanc he hace que no tenga esp ecial afección sobre las
vistas tradicionales de Barcelona, p ero con la consolidación de la urbanística basada en los principios de Cerdá,
el mecanismo se extiende a otras ciudades, en las que el olvido del paisa je urbano a causa del excesiv o pap el
administrativ o de la planta en el diseño de la ciudad hace que sus imágenes de conjun to se deterioren o destruyan.
102 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
3.2. PROCESOS DE DESARROLLO URBANO Y VIST AS P ANORÁMICAS
Recono cer el v alor de las vistas panorámicas urbanas es uno de los pasos que p ermitirían
retornar a una visión in tegrada de la ciudad, que considere tan to su morfología física como el mo do
en que esta resulta p ercibida (el paisa je urbano), para la administración de la misma. Resulta
preciso sup erar las in tervencion es de la última centuria, asen tadas sobre el con trol exclusiv amen te
planimétrico y administrativ o de la ciudad, que olvidan el carácter v olumétrico y paisa jístico de la
misma.
3.2. PR OCESOS DE DESARR OLLO URBANO Y VIST AS
P ANORÁMICAS
En esta sección ab ordamos el mo do en que las vistas panorámicas de ciudades se han confor-
mado a lo largo de la historia. Como v eremos, no siempre esta cuestión ha gozado de atención
esp ecífica p or parte del urbanismo, y muc has v eces se ha influido en ella a tra vés de otro tip o de
apro ximaciones al paisa je urbano, incluso de forma inconscien te. Incorp oramos tam bién un apar-
tado en el que comparamos las formas tradicionales de creación de ciudad con el mo do tecnificado
actual, dos extremos que div ersos autores han estudiado y cuy o análisis resulta adecuado para
analizar la ev olución de las vistas panorámicas urbanas y su tratamien to. P or último, ab ordaremos
el in terés patrimonial que estas presen tan, en relación con tendencias recien tes que pueden orien tar
y enriquecer su gestión.
3.2.1. La transformación de las vistas panorámicas urbanas hasta el Re-
nacimien to
Religión, mon umen talidad y p o der.
A unque a jenas al sen tido contemporáneo que atribuimos al término «paisa je», n umerosas cultu-
ras an tiguas tenían bien presen tes consideraciones espaciales que pueden relacionarse con el mismo
en cierto sen tido. Álv arez Sala (1992, p. 106) ha usado la expresión «intención p aisajístic a» para
referirse a ello:
«T o do parece indicar la existencia de in tención paisa jística desde las más remotas ép o-
cas de la historia, y que el paisa je ha sido no sólo ob jeto de representación sino tam bién
de la v olun tad de creación de los hom bres; ob jeto de una in tención que ev olucionará
desde el primitiv o temor an te una naturaleza tabuada, a la que se atribuy en p o deres
mágicos, hasta los mo dernos pro yectos de ordenación in tegral del territorio.»
Como señala este autor, en sus orígenes la «in tención paisa jística» tenía m ucho que v er con la
religión y cosmogonía de cada pueblo. En ese sen tido, resulta esp ecialmente v alioso el análisis de
Barlo w Rogers (2001), que prop one examinar la ev olución del «diseño de paisa jes» en relación con
las «matric es cultur ales de difer entes p erío dos y lugar es» . P ara esta autora, las cuev as paleolíticas
y mon umen tos megalíticos represen tan «teatros» para la expresión religiosa, enclav ados en un
en torno que se en tendía lleno de fuerzas espirituales. Estos espíritus dieron lugar progresiv amen te
a divinidades que gob ernaban en principio la caza, y más adelante la fertilidad del suelo y las
cosec has. Los lugares sagrados de la naturaleza que llamaban la atención del hom bre prehistórico
(mon tañas, lagos o manan tiales), encuen tran con tinuidad en la orien tación cosmogónica de las
«mon tañas arquitectónicas»: túm ulos, ziggurats o pirámides. Este tip o de elemento es com ún en
la ma y oría de las culturas, y aparecerá en las ép o cas de ma y or esplendor de Egipto, Mesop otamia,
India, Creta, Grecia y ciertas culturas americanas.
En m uc hos casos, la fundación de ciudades incluía una serie de ritos para escoger y definir el
emplazamien to. En ese sen tido, pueden destacarse los estudios de Joseph R ykwert, que efectúa
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 103
CAPÍTULO 3. EV OLUCIÓN DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS
un recorrido p or algunas formas de fundación de ciudades en la an tigüedad (esp ecialmen te en la
cultura romana y algunas orien tales). Defiende el pap el sim b ólico y cosmológico de la ciudad, que
juzga olvidado en el urbanismo con temp oráneo (R ykwert, 1985). Son com unes, entre los rituales
que menciona, la lectura de hígados en animales sacrificados y el uso de otros indicios adivinatorios,
encaminados a la fundación de la ciudad. Maderuelo argumen ta que tales op eraciones tenían un
trasfondo práctico: si se encon traba que los hígados estaban enfermos, se en tendía que el lugar no
era saludable para la instalación de la ciudad, p or existencia de agua insalubre y alimen tos no civ os
(Maderuelo, 2005). La elección del encla v e para la ciudad tenía una gran imp ortancia, aunque
en principio no se consideran para ello cuestiones estéticas, como señala Maderuelo en alusión a
Vitrubio, quien
«aconseja terrenos elev ados y abiertos, desp ejados de nieblas y escarc has, con una
orien tación que no sea ni calurosa ni fría, evitando los terrenos pan tanosos y la orilla
del mar, p ero no hace la más mínima referencia a buscar la “amenidad” del lugar ni a la
necesidad de que desde éste se aprecien buenas vistas o que se encuen tre situado en una
p osición desde la que pueda ofrecer la construcción una buena silueta.» (Maderuelo,
2005, p. 43)
P or otro lado, el desarrollo de las primeras ciudades en Mesop otamia (junto a los ríos Tigris
y Eúfrates) y Egipto (en estrec ha vinculación con el Nilo), está ligado a aparición de estructuras
administrativ as capaces de planificar y con trolar cosec has para alimen tar a grandes p oblaciones
(Barlo w Rogers, 2001, p. 34). P ara que esto sea p osible, es necesaria la emergencia de una élite
alfab etizada, que sea capaz de com unicarse median te la escritura y establecer registros mediante
ella, así como medir y calcular gracias a las matemáticas; de ahí la imp ortancia de los escribas en
el arte egip cio y mesop otámico.
Esas organizaciones administrativ as recurren a la «teatralidad» para mostrar su p o der a propios
y extraños. A demás, están encab ezadas generalmente por un rey inv estido de ciertos atributos
religiosos, lo que conecta con el carácter cosmogónico del paisa je primitiv o. Por todo ello, de
acuerdo con Smith (2007), la visibilidad influía directamen te en el diseño de edificios y espacios
públicos, lo cual se ha confirmado recien temen te gracias al uso de SIG en diferen tes yacimien tos
arqueológicos. P or ejemplo, P ersép olis, capital del imp erio p ersa, fue construida para impresionar
gracias a la secuencia de espacios diseñados para demostrar la fuerza de P ersia y su emp erador
(W aterman, 2009, p. 23). El caso de Egipto, del que Kemp ha narrado la ev olución de los templos
y ritos, es uno de los más claros y cono cidos:
«Una de las necesidades que tiene la monarquía [...] es la de disp oner de un marco oficial
donde el líder en p ersona pueda mostrarse an te el gran público o an te los representan tes
escogidos que comp onen la corte. En los p erío dos p osteriores, las fuen tes egip cias dieron
m uc ha imp ortancia a la “aparición del monarca” y deb eríamos a v anzar que cada ép o ca
buscó un escenario teatral para ese gran momen to, construido alrededor de ciertos
elemen tos básicos: un amplio espacio descubierto, un lugar elev ado donde se pudiera
v er al rey den tro de un marco oficial, y un pab ellón en el que p o día v estirse y descansar
cómo damen te y en priv ado.» (Kemp, 1992, p. 77)
Este sen tido de «mon umen talidad» se ha in terpretado como uno de los rasgos materiales y cul-
turales más represen tativ os de las so ciedades complejas (W enk e y Olszewski, 2007). En principio,
desde una p ersp ectiv a arqueológica la arquitectura monumen tal fue definida en relación a la exis-
tencia de viviendas grandes, edificios públicos y estructuras con prop ósitos esp eciales, cuy a escala y
elab oración exceden los requerimien tos meramen te prácticos que cualquier edificio deb ería cumplir
(T rigger, 1990). Sin embargo, existe cierta con tro versia en torno a esta definición y su aplicación
en determinados con textos culturales (Gillespie, 2013). En cualquier caso, parece adecuado aso ciar
esa dimensión mon umen tal a una concep ción remota del paisa je urbano.
104 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
3.2. PROCESOS DE DESARROLLO URBANO Y VIST AS P ANORÁMICAS
La ciudad griega, cuy o máximo exp onen te es la Atenas de P ericles (siglo V a.C.), refleja la
transformación progresiv a de ese tip o de sistema de creencias: aunque no desaparecieron los sacri-
ficios, danzas rituales y consultas oraculares, se consolida la confianza en el in telecto como p o der
para afron tar el destino. Un buen signo de la n uev a imp ortancia atribuida a la razón es la acróp olis
de A tenas, que tras ser destruida p or los p ersas fue reconstruida en el siglo V a.C. como un recin to
religioso en el que destaca la arquitectura basada en las prop orciones matemáticas. El espacio ur-
bano era un marco escénico que acogía significados esp ecíficos en ciertos ritos. Según (De la Nuez
P érez, 2004), la fiesta ateniense de las P anateneas establecía una serie de relaciones en tre to dos los
lugares sim b ólicos de la p olis, y su ev olución está indisolublemen te ligada a las transformaciones
p olíticas y urbanísticas de la ciudad. P or tanto, la forma ateniense de mirar a la ciudad p o dría
caracterizarse p or una mezcla de elemen tos rituales y religiosos jun to al incipien te culto a la razón
y al espíritu de ciudadanía (aso ciado este último al sen tido de bien y realización com ún, atributos
que cabría relacionar con la nacien te demo cracia).
Progresiv amen te, se añaden al sen tido religioso primitiv amen te aso ciado a la mon umentalidad
otras consideraciones, hasta que ese carácter original tiende a diluirse. En palabras de Barlo w
Rogers (2001), duran te el desarrollo del Imp erio Romano este pro ceso se materializa en una apro-
ximación más cosmop olita y secular al diseño urbano y la in terv ención en el paisa je. Las n uev as
ciudades romanas deriv an de una planificación racional en la que, sin em bargo, juegan to da vía
un pap el imp ortante los rituales y la concep ción religiosa del en torno, como ha expuesto R ykw ert
(1985).
Las n umerosas infraestructuras que surgen en la ciudad (con edificios públicos como las basílicas,
los estadios o los anfiteatros) y el medio rural (p or ejemplo acueductos y calzadas) son expresión
de la grandeza y el p o der del imp erio. P or ello, la mon umen talidad de las ciudades helenísticas y
romanas sup one un paso adelan te en la transición hacia un paisa je urbano que recoge el orgullo de
una colectividad, aunque refleje tam bién el p o der absoluto de ciertas figuras p olítico-religiosas 60 .
Según Barlo w Rogers (2001), otra característica de esa transición en el m undo romano es
la co dificación de elemen tos míticos y rituales como alegorías. Las grutas artificiales, presentes
en m ultitud de villas, sim b olizaban la antigua cuev a san tuario de la naturaleza, y servían para
rememorar el vínculo con el m undo prehistórico de la Madre Tierra y los espíritus de la naturaleza.
La expresión del p o der a trav és de la construcción de paisa jes urbanos mon umen tales con ti-
n uó, en n umerosas ciudades, duran te la Edad Media. Sin em bargo, en la may oría de los casos esa
tendencia se expresaba a tra v és del paisa je urbano in terior y la ejecución de obras puntuales que
destacaban sobre el en torno. Un ejemplo de planificación que considera esp ecíficamente la visión
panorámica de la ciudad como conjun to armonioso y expresión de p o der, es el de Madinat al-Zahra,
construida jun to a Córdoba en el siglo X. El encla v e fue cuidadosamente escogido por su visibilidad
(que ofrece un gran p o der de control del territorio), y se diseñaron itinerarios, como el llamado «c a-
mino c er emonial» , que mostraban la n uev a ciudad a tra v és de un estudiado acercamien to escénico.
A demás, se limitó el crecimien to sobre una zona al sur de las murallas, lo cual respondía tanto a
una estrategia defensiv a como a una clara in tencionalidad paisa jística (Zoido Naranjo, Ro dríguez
Ro dríguez y V enegas Moreno, 2010, p. 31).
3.2.2. La Edad Mo derna
En general, el urbanismo renacen tista no desarrollará excesiv a atención p or las imágenes de
conjun to de ciudades. En gran parte, eso se deb e a que el carácter orgánico de la ma y oría de los
asen tamien tos mediev ales no los hacían un ob jeto de estudio predilecto para las tendencias del
momen to. En ese sen tido y en referencia a la represen tación de los panoramas, Maderuelo cita a
Nieto y Cámara, para aludir a «una cuestión de c oher encia lingüístic a, ya que no debió p ar e c er
ade cuado utilizar un artificio c onc eptual de tal mo dernidad [la p ersp e ctiva] p ar a r epr esentar unas
60 De hecho, la dei ficación de los emperadores (e incluso de sus parientes) era com ún en la cultura romana. La
ma yoría de ellos fueron deificados tras su m uerte, aunque el emp erador Domiciano llegó a declararse dios en vida.
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 105
CAPÍTULO 3. EV OLUCIÓN DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS
»La manera de traba jar del arquitecto, la manera de comp oner, era glob al , y la rela-
ción en tre cultura y arquitectura era plena y completa; la idea de organismo era tan
conscien te en to dos y al mismo tiemp o tan in tuitiv a, que to da transformación, to da
añadidura que se hacía era con trolada esp on táneamente, en el sentido de que en todos
existía la idea, aún formal, de la ciudad, y que tam bién las op eraciones más h umildes
se b eneficiaban de una tradición desarrollada tan len tamen te en el tiemp o que estaban
plenamen te comprendidas siempre y rep etidas “esp on táneamen te” p or to dos.
»En este sen tido, se tendría que hablar en términos de arquitectura y urbanística “es-
p on táneas” .» (Quaroni, 1970, p. 57)
Al igual que Berque se pregun ta sobre el p o der con temp oráneo para destruir el paisa je, a p esar
de to da su facultad de p ensamiento sobre él, Alexander piensa en la incapacidad del diseño actual
para resp onder a las necesidades que se le plan tean, cuando la pro ducción tradicional tenía éxito:
«¿Por qué las formas he chas en la cultur a c onsciente de sí misma no tienen tan buen ajuste o no
son tan clar as c omo las pr o c e dentes de la cultur a que es inc onsciente de sí misma?» (Alexander,
1976, p. 41). La respuesta tiene que v er con las capacidades y limitaciones que comp ortan cada
uno de esos pro cesos:
«Mi tesis será que el pro ceso inconscien te de sí mismo p osee una estructura que lo hace
homeostático (auto organizador) y que p or lo tanto produce consecuentemen te formas
bien a justadas, incluso fren te al cam bio. Y sostendré, asimismo, que en una cultura
conscien te de sí misma la estructura homeostática del pro ceso se quiebra, de mo do que
no resulta p osible sino tam bién probable la pro ducción de formas que no se a justen a
sus con textos.» (Alexander, 1976, p. 42)
La construcción tradicional de ciudad está vinculada, según estas hip ótesis, a la firmeza de la
tradición, y la in tegración del pro ductor en una estructura so cio-cultural en la que asume un pap el
de agen te sin v olun tad de reforzar su individualidad 65 .
Arquitectura sin arquitectos o arquitectura p opular.
Una distinción semejan te, en relación a los pro cesos de creación y diseño de la ciudad, es la
establecida p or Bernard R udofsky , gran in v estigador de la arquitectura p opular, que en la exp osi-
ción «Arc hitecture without arc hitects» (Arquitectura sin arquitectos) y la publicación homónima,
recoge una serie de ejemplos de cómo las culturas tradicionales pro ducen instin tiv amen te realiza-
ciones espaciales de gran v alor. R udofsky incide en la inm utabilidad de lo v ernacular, que queda
exen to del sometimien to a mo das, y tiene la capacidad de cumplir sus prop ósitos a la p erfección.
Inspirado en Pietro Bellusc hi, su definición de arquitectura tradicional se refiere a «un arte c omu-
nal, no pr o ducido p or un grup o de intele ctuales o esp e cialistas, sino p or la actividad esp ontáne a y
c ontinua de un c onjunto de p ersonas c on un p atrimonio c omún, actuando b ajo una acumulación
65 Al resp ecto del individualismo del proy ectista de formas en el pro ceso de diseño con temp oráneo, y esp ecialmen te
del arquitecto, Alexander expresa lo siguien te: «L a afirmación de su individualidad p or p arte del hac e do r de formas
c onstituye un r asgo imp ortante de la auto c onciencia. Piénsese en las c aprichosas formas de nuestr os ar quite ctos,
c onscientes de un públic o que las observa. El ar quite cto, puesto que su subsistencia dep ende de la r eputación que
alc anza, anhela difer enciarse de sus c ole gas, intr o ducir innovaciones y ser una estr el la. El desarr ol lo del indivi-
dualismo ar quite ctónic o c onstituye la más evidente manifestación del momento en que la ar quite ctur a c omienza a
c onvertirse en una disciplina c onsciente de sí misma. [...] Entonc es, una vez estable cida la ar quite ctur a c omo dis-
ciplina y también afianzado el ar quite cto individual, instituciones enter as van, a p o c o, a de dic arse exclusivamente
al estudio y el desarr ol lo del diseño. Se forman las ac ademias. A me dida que las ac ademias se desarr ol lan, los
pr e c eptos no formulados de la tr adición son suplantados p or c onc eptos clar amente formulados cuya formulación
misma incita a la crític a y la discusión. El cuestionar l leva al desasosie go, la lib ertad ar quite ctónic a aumenta la
auto c onc iencia, hasta que se l le ga a ver que (p or el momento, al menos) la lib ertad del hac e dor de formas ha
sido ganada c ostosamente. Pues el descubrimiento de la ar quite ctur a c omo disciplina indep endiente le cuesta al
pr o c eso de cr e ación de formas muchos c ambios fundamentales. A la ver dad, en el sentido que ahor a voy a tr atar
de describir, la ar quite ctur a fr ac asó en los he chos desde el momento mismo de su iniciación. Con la invención de
una disciplina enseñable denominada “ar quite ctur a”, el antiguo pr o c eso de elab or ación de formas se vio adulter ado
y que dar on destruidas sus p osibilidades de éxito.» (Alexander, 1976, p. 61)
112 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
3.2. PROCESOS DE DESARROLLO URBANO Y VIST AS P ANORÁMICAS
Figura 3.60: «Mo delo de ciudad en colina»: Mo jácar (Almería). Recogido p or Ber-
nard R udofsky en la exp osición «Arquitectura sin arquitectos» (1964),
con el siguien te texto: «Mojác ar, en la pr ovincia de Almería, r esultab a
ser una las ciudades en c olina esp añolas más esp e ctacular es, hasta el
último año, en el que el turismo la alc anzó. L as viviendas mostr adas en
la foto gr afía fuer on derrib adas, o están siendo ahor a derrib adas (1964),
p ar a c onse guir esp acio p ar a ár e as de ap ar c amiento, hoteles, e dificios de
ap artamentos y viviendas diseñadas en estilo vernacular falso.» F uen-
te: (R udofsky, 2003, p. 38)
de exp eriencia» (Rudofsky , 2003, p. 3). Como no p o día resultar de otro mo do, de ello se desprende
la gran maestría de aquellos constructores «no instruidos» para a justar sus edificios y ciudades
al en torno natural, que asumen las oscilaciones climáticas y las dificultades top ográficas. Algunos
de los ejemplos de R udofsky están cuidadosamen te seleccionados para mostrar la op osición entre
ciudad y arquitectura tradicional y los efectos del desarrollo y urbanización con temp oráneos (v éase
al resp ecto la figura ?? ).
Otro estudio sobre arquitectura tradicional, en este caso cen trado en el ám bito nacional, como
es la obra «Arquitectura p opular española», de Carlos Flores, refleja de n uevo las diferencias en tre
esos dos mo delos de creación. Flores ap orta una n uev a definición de arquitectura p opular, en la
que pueden apreciarse claras similitudes con los atributos que R udofsky otorga a la misma: «arte
y té cnic a de pr oye ctar, c onstruir y tr ansformar el entorno vital de ese grup o so cial que hemos l la-
mado pueblo, r e alizándose to do el lo p or individuos salidos del pr opio grup o, y c onsider ándose así
mismo que el c onc epto “arte” habr á de tomarse muchas ve c es más c omo “habilidad” o “acierto”
que en el sentido ac adémic o que suele darse a esta expr esión» (Flores, 1978, T omo I, p. 8). A demás
de recordar la delicada relación que establece este tip o de arquitectura con clima y en torno, Flores
alude a un asp ecto que resulta esp ecialmente importante para el tema que nos atañe: la vinculación
en tre el mo do de pro ducción tradicional y el carácter de conjunto de los asen tamien tos. En efecto,
si se piensa en la dep endencia del constructor v ernáculo resp ecto a la comunidad y la experiencia
atesorada en ella, rasgos que p onen de manifiesto los autores an teriores, puede concluirse la na-
tural pro ducción de agrupaciones coheren tes en el mo do tradicional, fren te al individualismo del
diseñador con temp oráneo. Así lo argumenta claramen te:
«Así como de la arquitectura culta p o dría decirse que es una arquitectura de obras
singulares, de la p opular sería preciso afirmar que se trata de una arquitectura funda-
men talmen te de conjun tos. Aún en el caso de edificios situados en tre otros edificios, el
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 113
CAPÍTULO 3. EV OLUCIÓN DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS URBANAS
Figura 3.61: Vistas de Mo jácar en 1920 y 1969, publicadas en «Arquitectura p opular Española», de C.
Flores. Este autor recurre tam bién al ejemplo de Mo jácar (Almería) como caso paradigmáti-
co de transformación de conjun to urbano tradicional a consecuencia del desarrollo turístico.
En el comen tario de las imágenes, habla de cómo alguna de las n uev as vistas generales de
la p oblación «pudier a hab er sido tomada en cualquier a de las “urb anizaciones turístic as” al
uso.» F uente: Flor es (1978, T omo IV, p. 199).
arquitecto piensa, casi siempre, en singularizarse, en destacar de cuan to le ro dea. Cada
v ez menos, den tro de la arquitectura profesional, se observ a esta preo cupación p or in-
tegrar la obra n uev a en el conjun to preexisten te. El arquitecto profesional busca con su
obra pro ducir en el esp ectador la sensación de que se encuen tra ante algo n uev o, distin-
to a to do lo demás, tal v ez p or la influencia de una dinámica de mercado que pro cura
con v ertir la casa en otro ob jeto comp etitiv o más, listo para el consumo. El arquitecto
p opular, en su deseo, tal v ez inconscien te 66 , de man tenerse dentro de una tradición y
p or su forma de pro ducirse a jena al exhibicionismo, da lugar sin prop onérselo la más de
las v eces, a conjun tos armoniosos en los que cada obra se v e integrada con la totalidad
como parte de una unidad sup erior. [...] Los conjun tos de arquitectura p opular llegan
a materializar, de este mo do, el ideal de b elleza definido p or San Agustín: “unidad en
la v ariedad. ” » (Flores, 1978, T omo I, p. 64)
De la construcción tradicional de la ciudad al urbanismo tecnificado.
En sín tesis, puede comprobarse que es p osible establecer una distinción entre dos modos extre-
mos de construcción de la ciudad, que dan lugar a tejidos y , p or consiguiente, a vistas panorámicas
bien diferen tes. El tradicional, que se inspira en el obrar instin tiv o (p ensamien to paisa jero o cul-
tura inconscien te de sí misma) y es llev ado a cab o en ausencia de élites educadas y esp ecializadas
en el diseño (arquitectura sin arquitectos, o p opular), establece profundas vinculaciones con las
características del reliev e lo cal, y genera texturas m uy características 67 , jerarquías visuales bien
definidas -con hitos que sobresalen y con trastan con el tejido residencial-, nitidez de b ordes, p er-
meabilidad hacia la p eriferia y ausencia de grandes estructuras. Como la individualidad creativ a
está despro vista de v alor, las unidades residenciales son m uy semejan tes, y no buscan destacar. Las
limitaciones técnicas, p or otra parte, condicionan el v olumen y altura de las viviendas edificadas.
» 66 Nótese aquí la relación directa con Alexander, en referencia al grado de consciencia sobre el pro ceso pro ductiv o.
67 El propio Flores p one en relación el carácter com unitario con la estrategia de construcción en p equeñas unidades,
para explicar las p eculiaridades de esas texturas tradicionales: «L a ar quite ctur a p opular es, habitualmente, una
ar quite c tur a de mó dulo unifamiliar. A p enas es p osible, p or lo gener al, la c onstruc ción de c onjuntos de viviendas
p opular e s, si bien estos pue den l le gar a formarse p osteriormente me diante un fenómeno de agr e gación. Este mo do
de c onstituirse los c onjuntos p or yuxtap osición de c élulas individuales bien difer enciadas c onstituye una de las
c ausas de la varie dad y vivacidad ajenas a la “masific ación ” obtenida en c asos semejantes p or la ar quite ctur a
pr ofesional.» (Flores, 1978, T omo I, p. 35).
114 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
3.2. PROCESOS DE DESARROLLO URBANO Y VIST AS P ANORÁMICAS
Las alineaciones resultan esp on táneas y suelen carecer de regularidad. Los hitos que en tre ellas
sobresalen corresp onden a construcciones promo vidas p or los p o deres tradicionales 68 . En suma, se
trata de una imagen que p o dría calificarse como «orgánica» 69 .
Ese tip o de apariencia es el que, p or lo general, presen taban las vistas panorámicas de ciudades
hasta la llegada de la Rev olución Industrial y sus aceleradas consecuencias. A partir de ahí, la
mirada busca en la ciudad el esp ectáculo, refleja la admiración p or la técnica, la reforma y los
n uev os crecimien tos, e incluso la megalomanía. Hasta que, en el siglo XX, algunos vuelven la vista
a la ciudad, a su apariencia global, y los abusos que se han cometido comienzan a hacerse paten tes
para unas p oblaciones cada v ez más conscientes del v alor de su patrimonio.
El mo delo con temp oráneo no ha tenido en cuen ta -en gran parte de las o casiones- la herencia
paisa jística urbana jun to a la que habrían de convivir sus creaciones, para ofrecer residencia masiv a
y enriquecer a promotores y propietarios 70 que, m uc has v eces partícip es en el juego de la esp ecula-
ción, elev arían el tec ho de las ciudades y colmatarían sus ensanc hes, sin mirar cómo transformaban
el patrimonio visual de siglos. Los artefactos y ordenaciones así pro ducidos conforman un paisa je
bien distin to del que corresp ondía al mo do tradicional. Las alineaciones se regularizan, y aparecen
grandes conjun tos de elemen tos distribuidos en serie. Los mó dulos crecen en altura y v olumen, y
presen tan texturas homogéneas y rep etitiv as, que con trastan con la calidad orgánica de la ciudad
tradicional. Son fenómenos com unes las o clusiones y el sellado de vistas consolidadas a lo largo
de la historia e incorp oradas al imaginario colectiv o. Los límites de la ciudad se hacen difusos,
siempre pro visionales, p ero m uchas v eces impiden la libre com unicación con el en torno. Aparecen
grandes estructuras, que marcan p oten tes alineaciones y cam bios en el terreno. La ciudad se hace
banal (Muñoz, 2008), y en m uc hos casos presen ta escasos rasgos que p ermitan diferenciarla de otra
cualquiera.
68 En referencia al pap el monumen tal de los hitos y su relación con el resto del tejido urbano, resulta de n uev o
de in terés la distinción que prop one Quaroni entre diseño esp ontáne o y diseño voluntario : «Hub o en su día, un
“diseño” en la ciudad: un diseño esp ontáne o que derivab a de una lar ga exp eriencia, del hábito de mir ar y de ver
p o c o a p o c o de mejor ar la misma ciudad, p e dazo a p e dazo, en un tip o c onstructivo r ep etido mil lar es de ve c es siempr e
igual y siempr e difer ente, estandar dizado y al mismo tiemp o adaptado a la forma del terr eno, al gusto del que lo
r e alizab a y a las ne c esidades de quien lo p agab a, c o or dinado siempr e, sin emb ar go, y puesto en su lugar p or el diseño
voluntario, c onsciente, determinante de los “monumentos” que ligab an y c omprimían to do el r esto, desarr ol lando
un diálo go y una r elación exacta entr e los diversos elementos c onstitutivos del c onjunto, atribuyendo a c ada uno
de éstos una p arte pr e cisa en la “estructur a” físic a y so cial de la ciudad, c ada vez más c ompleja, más inte gr ada,
más ric a y formada figur ativamente» (Quaroni, 1970, p. 119).
69 Quaroni ha descrito los caracteres principales a los que da lugar, p or norma general, el pro ceso de creación
urbana tradicional (o esp on tánea, como él la califica), y señala como tales la delimitación del p erímetro, la emergencia
de hec hos sobresalientes (hitos: mon umentos, emergencias y «focus»; «elementos primarios» para Aldo Rossi) y un
tejido que forma el resto de la ciudad, definido p or la con tinuidad de las edificaciones de vivienda (Quaroni, 1970,
p. 59).
70 El protagonismo de la iniciativ a priv ada en la construcción de la ciudad española duran te el siglo XX ha sido
mencionado, en tre otros, p or Horacio Cap el: «pue de afirmarse que la c onstruc ción de la ciudad -su exp ansión y
tr ansformación- se ha r e alizado esencialmente en función de los inter eses de la iniciativa privada y ha venido
determinada en gr an maner a p or la estructur a de la pr opie dad» (Cap el, 1983, p. 99).
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 115
Capítulo 4
ANTECEDENTES
Se recopilan en este capítulo una serie de apro ximaciones que ab ordan la cuestión de las vistas
panorámicas urbanas o pueden resultar útiles para ello, corresp ondien tes a diferentes campos y
disciplinas. En primer lugar, se exp one la ev olución que sigue la p osición del urbanismo resp ecto a
este tema, en una sección m uy relacionada con la segunda de las apro ximaciones que desarrollamos
en el capítulo an terior. A con tin uación, se detallan diferentes aspectos normativos relativ os a la
legislación española que guardan relación con las vistas y su tratamien to, jun to a los cuales se
presen tan algunos casos concretos de instrumen tos de planeamien to que ab ordan n uestro tema de
estudio. En la tercera sección, se describ en instrumen tos de análisis y ordenación internacionales, en
los que se trata directamen te la cuestión o se ap ortan pro cedimien tos relacionados con ella. Debido
a las p osibilidades que ofrecen los pro cesos de análisis de visibilidad para nuestro tema de estudio,
en la sección siguien te se describ en brev emente algunas apro ximaciones relev an tes para la propuesta
meto dológica p osterior. Se incorp ora una quin ta sección dedicada a la meto dología británica de la
LCA ( L andsc ap e Char acter A ssessment ), que presen ta gran in terés para el asun to que tratamos.
P or último, se describ en algunas cuestiones relativ as a estudios previos de participación que servirán
para diseñar el pro cedimien to de consulta desarrollado en esta tesis.
4.1. URBANISMO Y TRA T AMIENTO DE LAS VIST AS
P ANORÁMICAS EN EL SIGLO XX
4.1.1. La reacción con tra la ingeniería y el in terés p or la morfología
El in terés p or la forma urbana y las características del paisa je de la ciudad, según se han
en tendido en las últimas décadas, tiene su origen a finales del siglo XIX, en parte como reacción
an te el mo do de hacer urbanismo que se generalizó desde mediados de la cen turia 1 , que tuv o grandes
exp onen tes en Viena (sustitución de las murallas por un espacio libre p erimetral) o Barcelona (inicio
de la técnica urbanizadora mo derna con el pro y ecto de ensanche de Ildefonso Cerdá) (F rampton,
2000, p. 24).
La puesta en crisis de ese mo delo incorp ora el interés por el uso público y comp osición de las
plazas urbanas, y se desarrolla en la obra «Construcción de ciudades según principios artísticos»,
1 P or otro lado, Monclús (1995) incide en la relación de esa p ersp ectiv a con el movimien to preserv acionista, y
argumen ta que éste último adquiere p ercep ción de conjunto y se vincula a las reivindicaciones urbanísticas: «las
mo dific aciones sustanciales que se observan en el discurso urb anístic o a lo lar go del siglo XIX vienen determinadas
p or el gr an ciclo de tr ansformaciones urb anas que entonc es se pr o duc e en las ciudades eur op e as, en p articular
dur ante la se gunda mitad de dicha c enturia. L as r e ac ciones fr ente a la nueva r e alidad urb ana cristalizan en un
aluvión de crític as a las intervenciones pr agmátic as, que se c onsider an exc esivamente sub or dinadas a la ló gic a
“ingenieril”, p o c o inter esadas en la cualific ación urb ana. L a c onfluencia de esas crític as c on las del movimiento
pr eservacionista, que de o cup arse del monumento aislado p asa entonc es a asumir la ide a del tejido urb ano, se
pr o duc e también pr e cisamente hacia la última dé c ada del siglo XIX.» (Monclús, 1995, p. 95).
117
CAPÍTULO 4. ANTECEDENTES
que el arquitecto Camillo Sitte publicó en 1889. Sitte den uncia la incapacidad del urbanismo de su
tiemp o para generar espacios públicos de calidad, y reclama v olv er la mirada a la ciudad antigua,
que a su juicio ofrecía soluciones m uc ho más integradas y efectiv as: «Mientr as en el or den té cnic o
hemos avanzado notablemente, en c ambio en el artístic o nada lo gr amos, y fr ente a las majestuosas
e dific aciones monumentales mo dernas, solo vemos, en gener al, torp es formaciones de plazas y
p ar c elaciones p o c o ac ertadas» (G. Collins, C. Collins y Sitte, 1889 / 1980, p. 153). Este arquitecto
vienés llev a a cab o, desde esa p ersp ectiv a, una revisión en torno al carácter de las ciudades europ eas,
de las que extrae generalidades que compara con las n uev as realizaciones urbanas de su tiemp o 2 .
Su propuesta parte de considerar la ciudad como una totalidad que deb e incorp orar en su diseño,
además de los p ertinen tes criterios funcionales, no ciones p erceptiv as y artísticas 3 .
P ero no sólo desde la práctica urbanística y arquitectónica comenzaron a aparecer, en esas
décadas, actitudes que pretendían indagar en la cuestión morfológica. Desde los ám bitos de la
geografía y la historia se publican, a principios del siglo XX, algunas obras que se o cupan de asp ectos
urbanos en sen tido amplio, y con tribuy en a la inauguración de esta n uev a línea de in v estigación.
En la monografía sobre P arís que escrib e Poëte ( «Un vie de cité. París de sa naissanc e á nous
jours» ) en tre 1924 y 1931, se recurre a abundan te material iconográfico, y se in tro duce la no ción de
«p ermanencia del plano» (Guardia, Monclús y Oy ón, 1996, p. 116). Similar planteamien to adopta
A. E. Brinc kmann en sus obras «Platz und Monument» (1908) y «Stadtb aukunst» (1920), con gran
profusión de planos y fotografías (Monclús, 1995, p. 98). Las visiones ev olutiv as y el in terés p or la
morfología urbana que predican estos autores, llev arán a Pierre La v edan (1885-1982) a desarrollar,
a partir de 1926, sus in v estigaciones en torno a la «historia de la arquitectura urbana», en las
que destaca la consolidación del concepto de «p ermanencias urbanas» que había a v anzado Poëte.
Arquitectos y urbanistas de aquellas décadas, como R. Un win, Gen tzmer o Stubb en, se adhieren
tam bién a estas líneas de p ensamien to urbano (Monclús, 1995). Estas obras pioneras destacan p or
su orien tación in terdisciplinar y de sín tesis, de mo do que aunque pueda entenderse que man tienen la
morfología como n úcleo de estudio, in v olucran otras muc has cuestiones necesarias para interpretar
las formas y cam bios que observ an. Se considera que la madurez de este tip o de análisis urbanos
es alcanzada p or Hegemann en su estudio de 1930 sobre Berlín («La Berlino di pietra. Storia della
piú grande città di caserme d’affitto»), en el que explica las rápidas tendencias ev olutiv as que sigue
la ciudad alemana (Guardia, Monclús y Oy ón, 1996, p. 117). El propio Hegemann, en colab oración
con E. P eets, publicará en 1922 «The American Vitrubius: an Arc hitect’s handb o ok of Civil Art»
(Hegemann y P eets, 1993), que se inscrib e en la tradición iniciada p or Sitte, y realiza una extensa
recopilación de pro y ectos a mo do de «thesaurus» (Monclús, 1995, p. 95).
Duran te el primer tercio del siglo XX, una notable serie de estudios alemanes p ersev erará en
esa línea. Esta tendencia manifiesta la progresiv a consolidación del in terés p or la forma de las
ciudades, que hace p osible hablar y a de «morfología urbana», disciplina que se ha definido como
el «estudio de la forma urb ana y de los pr o c esos y p ersonas que la mo delan» (Vilagrasa, 1991).
Otto Sc h ülter es uno de los pioneros en ese sen tido, e in tro duce la no ción de «paisa je cultural», a
la v ez que se preo cupa p or la evolución del plano de las ciudades. Progresiv amen te, se añadirán a
esa orien tación ev olutiv a el in terés p or otros asp ectos como el parcelario y la edificación (Guardia,
Monclús y Oy ón, 1996, p. 116). Sucesiv as ap ortaciones desde diferentes ám bitos 4 fomen tan un
fructífero clima de in tercam bio en tre historiadores, geógrafos, arquitectos y urbanistas, y el estudio
de las formas urbanas adquiere un pap el protagonista en congresos, exp osiciones y publicaciones de
2 La comparación deja mal parada, en cualquier caso, a la ciudad que se pro yectaba en la épo ca de Sitte. De hec ho,
su obra puede in terpretarse a mo do de denuncia: «el libr o se entender á mejor en los términos de su pr opio mensaje
r etóric o: el grito alarmado de un ciudadano, culto y r esp onsable, sobr e los desor denados desarr ol los urb anos de su
tiemp o» (G. Collins, C. Collins y Sitte, 1889 / 1980, p. 9).
3 Los principios del p ensamien to de Sitte son descritos p or George R. Collins y Christiane C. Collins en una
obra que, en la edición española de 1980, se publica en el mismo v olumen que «Construcción de ciudades según
principios artísticos». En tre otras cuestiones biográficas y en torno a la acogida de la obra del vienés, argumentan
que «El pr oblema no er a nuevamente el de la infr aestructur a sanitaria o el del flujo de tr áfic o, c omo otr os habían
insistido, sino el de c omo diseñar la totalidad p ar a que la ciudad fuer a, psic oló gic a y fisioló gic amente, ade cuada a
las p osterior es ne c esidades de las p osterior es gener aciones de ciudadanos que r esidier an en el la» (G. Collins, C.
Collins y Sitte, 1889 / 1980, p. 66). Y en cuan to a las características de su méto do, observ an que «Par a Sitte, pues,
el diseño urb ano c onsistía en or denar los esp acios en atr activos y útiles p atterns y se cuencias, más que en dividir el
lugar en manzanas sep ar adas p or arterias de tr áfic o c omo en el sistema de mal la.» (G. Collins, C. Collins y Sitte,
1889 / 1980, p. 68)
4 Cap el exp one las características de las tradiciones alemana, francesa, británica y española en cuan to a morfología
urbana, así como el pap el de cada una de ellas en la conformación de esta disciplina Cap el (2002, p. 23).
118 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
4.1. URBANISMO Y TRA T AMIENTO DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS EN EL SIGLO XX
Figura 4.1: «29 Plazas tomadas del libro de Sitte y dibujadas
a la misma escala» (1889), recopiladas p or Hege-
mann y P eets, y publicadas p or F. Monclús. F uen-
te: Monclús (1995, p. 94)
la ép o ca (Monclús, 1995, p. 98). El estudio morfogenético, según se entiende y a en su estado maduro,
comprende para Vilagrasa cuatro cuestiones cla v e que a con tinuación describiremos brev emen te, y
son el plano, el parcelario como parte esp ecífica del mismo, la edificación y , p or último, la imagen
urbana como p ercep ción y como paisa je global (Vilagrasa, 1991).
El análisis de planos se in teresa p or el emplazamien to, la distinción en tre diferentes tipos de
tramas (planificadas, orgánicas, no edificadas) y la influencia de elemen tos top ográficos destacados
en la configuración de la forma urbana. A demás de ello, presta esp ecial atención a la planta urbana
como manifestación de las diferen tes fases de crecimien to de la ciudad (Cap el, 2002, p. 22). El
estudio del parcelario se vincula al análisis de la propiedad como rasgo definitorio de las formas
urbanas. T ambién son objeto de atención las transformaciones que implican, sobre el mismo, los
diferen tes cam bios so cio-económicos. El estudio tridimensional de la forma urbana, que ab orda
la cuestión de la edificación, resulta un tema que había sido largamen te olvidado en la geografía
urbana. Es a partir de la década de 1960 cuando comienza a recibir ma y or atención, para comple-
men tar al análisis de planos, y considerar las div ersas estructuras y funciones de los edificios que
constituy en la urb e. P or último, resp ecto a la imagen de la ciudad, a decir de Vilagrasa (1991) ha
resultado complicado establecer relaciones en tre ella y la morfología urbana. Ello es debido a que
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 119
CAPÍTULO 4. ANTECEDENTES
Figura 4.2: «Vistas de T oledo y San Sebastián» publicadas p or Oskar Jüngers en «Ciudades Españolas.
Su desarrollo y configuración urbanística» (1926). La inclusión de un buen n úmero de vistas
generales, jun to a planos detallados de las ciudades ab ordadas, es una muestra del in terés
in tegrado que predomina en las obras dedicadas a la morfología urbana duran te el primer
tercio del siglo XX, que no olvidan la imp ortancia paisa jística de los conjuntos. F uente:
(Jür gens, 1992, p.137 - L ámina XXXIII)
existen imp ortan tes dificultades para conectar p ercep ción y morfología. P ara Cap el (2002), el paso
decisiv o en cuan to a la vinculación de morfología y p ercep ción se da con las obras de Kevin Lync h.
En la práctica, la morfología urbana ha prestado escasa atención a las imágenes de conjun to de
n úcleos urbanos. Si bien los estudios pioneros, como el y a mencionado de P o ëte, o el publicado p or
Oskar Jürgens en 1926 y titulado «Ciudades Españolas: su desarrollo y configuración urbanística»
(Jürgens, 1992), recurren tan to a la plan ta como a otro tip o de represen taciones e iconografía
urbana, la ev olución p osterior hace que el protagonismo absoluto recaiga sobre el estudio de la
forma en plan ta y las condicionan tes que la explican. Se ha pro ducido un pro ceso de esp ecialización:
de un estudio general que pretende considerar tan to forma como p ercep ción, se pasa a un extremo
morfotip ológico. En la citada «Ciudades Españolas» de Jürgens, las imágenes de conjun to aparecen
en buena can tidad (v éase figura 4.2), y adquieren imp ortancia similar a los planos adjun tados para
la descrip ción de las ciudades que se ab ordan. Sin em bargo, p osteriormen te en n umerosas obras
la no ción de morfología ha llegado a utilizarse como sinónimo de paisa je urbano, según señala
Zoido Naranjo (2012), sin que la primera abarque to da la complejidad aso ciada al segundo, ni en
particular las vistas panorámicas de ciudades.
4.1.2. El Mo vimien to Mo derno y el olvido de las vistas panorámicas
La arquitectura del Mo vimien to Mo derno mostrará gran interés por el maquinismo y la tec-
nificación (para Le Corbusier, la casa llega a ser una «máquina p ar a vivir» ), que deriv ará en la
predominancia de lo funcional en el planeamien to de la n uev a ciudad, manifestado en la zonifica-
120 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
»
4.1. URBANISMO Y TRA T AMIENTO DE LAS VIST AS P ANORÁMICAS EN EL SIGLO XX
ción. Los plan teamien tos de Sitte, bien acogidos en los Congresos In ternacionales de Arquitectos
de principios de siglo, pron to pasan a ser despreciados p or la n uev a élite de la Mo dernidad: «Típic o
de lo que suc e dió c on Sitte es su tr atamiento ne gativo a manos de L e Corbusier, quien, entusiasta
de la pr opuesta de Sitte en su juventud, se volvió lue go en c ontr a de él» (G. Collins, C. Collins y
Sitte, 1889 / 1980, p. 143).
En los Congresos In ternacionales de Arquitectura Mo derna (CIAM) se consolidarán las carac-
terísticas de la arquitectura y el urbanismo de la primera mitad del siglo XX. En el CIAM de
1928 nace la Declaración de La Sarraz, en la que se indica esp ecíficamen te que «El urb anismo no
pue de venir determinado p or c onsider aciones estétic as, sino exclusivamente p or exigencias funcio-
nales» (F rampton, 2000, p. 273). El IV Congreso, celebrado en 1933, se centró especialmente en
las cuestiones urbanísticas, y arro jó como conclusión la célebre «Carta de A tenas», que sintetizab a
los principios de la «ciudad funcional», tema que protagonizaba aquel encuen tro, y en la que no
aparece mencionada la palabra paisa je (Maderuelo, 2010, p. 596). La Carta de Atenas supuso el
espaldarazo definitiv o al funcionalismo y tuv o una gran acogida, si bien décadas más tarde autores
como Reyner Banham comenzaron a criticar 5 sus soluciones:
«los delegados redactaron el do cumen to más olímpico, retórico y a la larga destructiv o
que salió de los CIAM [...]. El tono sigue siendo dogmático, p ero también es genérico
y está menos relacionado con los problemas prácticos inmediatos que los informes de
F rankfurt y Bruselas. La generalización tenía sus virtudes, [...] p ero este p ersuasiv o
carácter general que da a la Carta de A tenas ese aire de aplicabilidad univ ersal o culta
una concep ción m uy limitada tan to de la arquitectura como del urbanismo.» (F rampton,
2000, p. 274)
La técnica de la zonificación se hace protagonista, y a partir de en tonces ejerce una p o derosa
influencia en to do lo relacionado con los estudios urbanos, hasta el pun to de que muc hos geógrafos
urbanos empiezan a demostrar gran atención p or la distribución de los usos del suelo (Guardia,
Monclús y Oy ón, 1996, p. 121). Eviden temente, no existe ninguna consideración en torno a las vistas
panorámicas en esta concep ción del urbanismo, que prima la funcionalidad an te to do y elude los
matices lo cales 6 , y además presen ta cierto carácter com bativo fren te a la ciudad tradicional, que
es la que históricamen te ha consolidado los v alores aso ciados a las vistas generales.
P ero en las siguien tes reuniones in ternacionales de arquitectura se hará paten te el inten to de
sup erar la funcionalidad. En el CIAM de 1951, dedicado al «Corazón de la ciudad», los principales
afiliados dan un giro hacia el sen timen talismo, inspirados en la figura de Sitte. Poco después
aparecerían sectores críticos en desacuerdo tan to con la visión simplista del n úcleo urbano asentada
en el funcionalismo (Cap el, 2002), como con el formalismo estético de Sitte. Estas div ergencias
llev arían al final de los CIAM, o currido en 1956 (F rampton, 2000, p. 276). Sin em bargo, el n uev o
espíritu reaccionario fren te a la vieja guardia funcionalista se consolidó en los años siguien tes, y
tuv o en Gordon Cullen a uno de sus primeros teóricos. En la obra «El paisa je urbano: tratado de
estética urbanística», publicado p or primera v ez en 1961, Cullen indaga en lo que denomina «arte
de la r elación» : la capacidad de comp oner la ciudad a partir de las arquitecturas individuales que
la conforman. Este tema es plan teado en franca op osición al planeamien to meramen te funcional, y
reclama que se consideren factores relacionados con la p ercep ción de conjunto:
5 Según Arias Sierra (2003, p. 119), en la crítica al urbanismo del Mo vimien to Mo derno hay que considerar
factores determinan tes de gran p eso: «Quizá el fr ac aso esp acial de las tr amas urb anas c onstruidas b ajo la influencia
de la Carta de A tenas se o c asionó no sólo p or su ruptur a de elementos tr adicionales de la ciudad. L as cir cunstan-
cias exc ep c ionales en que se pr o dujo la e closión de las nuevas fórmulas y la p obr eza, cultur al, so cial y de me dios
e c onómic os, en que tuvo lugar el fenómeno, fuer on en gr an me dida los c ausantes de la insatisfac ción ante la nueva
ciudad.»
6 «L a crític a princip al que se le ha he cho al Urb anismo del Movimiento Mo derno, además de su enfo que funcio-
nalista, se c entr a en la inexistencia de factor es [...] que son fundamento de una ar quite ctur a esp e cífic a, sin despr e cio
p or el c ontexto y p or la memoria c ole ctiva que es lo que hac e que las ciudades tengan ese algo intangible, esp e cífic o
de c ada una» (Martínez Caro y Riv as, 1985, p. 16).
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 121
»
CAPÍTULO 4. ANTECEDENTES
Regional de Protección del T erritorio, Sección 2. Sistema del Patrimonio T erritorial). En este
sen tido, tam bién será de aplicación el desarrollo de pro cedimien tos meto dológicos en torno a las
vistas urbanas y la generación de cono cimien to relacionado.
En conclusión, parece hab er una considerable tradición en la mención legal del tema que nos
atañe, aunque con escasa atención esp ecífica al caso de las vistas urbanas y su v alor general en
el paisa je, más allá de aquellos conjun tos de esp ecial relev ancia. En la planificación andaluza más
recien te (POT A-2006), el tema adquiere ma y or imp ortancia, p ero sigue sin recibir un tratamiento
esp ecializado más allá de las determinaciones generales. Es p or ello preciso el desarrollo de pro-
cedimien tos de análisis meto dológico para su incorp oración a los do cumen tos de Planificación, sin
olvidar el v alor del paisa je como medio sugestiv o capaz de generar cono cimien to y p osibilidades de
in terv ención desde ám bitos a jenos a la Ordenación del T erritorio con v encional.
4.2.2. Instrumen tos de planeamien to urbanístico
4.2.2.1. Arcos de la F ron tera
La p oblación de Arcos de la F ron tera, situada en la pro vincia de Cádiz, presen ta unas caracte-
rísticas imágenes de conjun to, en las cuales juega un pap el determinan te la p osición de la ciudad
sobre un acusado escarp e. En el Plan General de Ordenación Urbanística (PGOU) corresp ondien-
te (aprobado el texto refundido en 1995), se señala como la p oblación constituy e un «ejemplo de
inte gr ación de un núcle o urb ano en su entorno p aisajístic o» 9 . En el mismo do cumento, se efectúa
una iden tificación de tres tip os de paisa je en el término m unicipal, en tre los que destaca el macizo
ro coso sobre el que se asien ta la ciudad.
En la misma sección dedicada al análisis se mencionan usos que ap ortan cualidades p ositiv as
al paisa je (cultiv os de regadío, oliv ares, frutales y vegetación de ribera, así como el asentamien to
urbano consolidado an tes del siglo XX), y tam bién otras circunstancias que degradan la calidad
del en torno. En tre estas últimas, y en relación a n uestro tema de estudio, cab e señalar:
1. «Edific ación r e ciente, que p or exc eso de altur a -más de 3 plantas- o pr e dominio de e dific ación
horizontal c ontinua sin quiebr os y lo c alización en zonas muy visibles, r omp en la armonía de
los p erfiles p anor ámic os urb anos pr e existentes.»
2. «Edific ación r e ciente que se ha lo c alizado en el entorno del núcle o urb ano, tap ando a ve c es
vistas p anor ámic as únic as en la ciudad, ya que no pue den c ontemplarse desde otr os lugar es.»
10
El estudio previo destaca, p or tan to, situaciones de alteración de las vistas panorámicas he-
redadas, así como la o clusión de visiones de in terés. En torno a tales cuestiones, en la Memoria
Justificativ a se marcan como ob jetiv os la definición formal de la ciudad, para el en torno del cas-
co histórico, y la limitación de altura a tres plan tas, en las n uev as áreas clasificadas como suelo
edificable 11 . Puede afirmarse, en consecuencia, que este PGOU con tiene determinaciones relativ as
a la imagen urbana de conjun to, si bien no desarrolla una atención min uciosa ni sistemática a la
misma.
Existe un do cumen to p osterior que incide de forma más esp ecífica en la imagen de conjunto
de Arcos de la F rontera. Se trata del Plan Especial de Protección del Conjunto Históric o, que
recono ce, al igual que el an terior PGOU, la existencia de tres tip os de paisa je diferenciados en la
zona: campiña al o este, sierra al este, y área de transición caracterizada p or la v ariedad cromática
9 PGOU Arcos, Memoria Informativ a, p. 15
10 PGOU Arcos, Memoria Informativ a, p. 72
11 PGOU Arcos, Memoria Justificativ a, p. 85
128 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
4.2. NORMA TIV A E INSTRUMENTOS ESP AÑOLES
Figura 4.5: Arcos de la F ron tera. Plan Esp ecial de Protección.
Secciones transv ersales de la ciudad y el escarp e
sobre el que se asien ta. F uen te: Plan Esp e cial de
Pr ote c ción de A r c os de la F r onter a, 2007, p. 71
de los cultiv os. Este instrumen to desarrolla un exhaustiv o análisis del n úcleo urbano, para el que
se llega a detalles como la caracterización del tip o de cubierta de las edificaciones, que constituy e
un factor determinan te para la silueta del mismo.
El Plan Esp ecial de Protección dedica uno de sus apartados a la «imagen urbana», ba jo el que se
engloba el análisis corresp ondien te a la «imagen exterior del Conjunto y su r elación c on la ciudad,
determinación de ár e as de inter és urb ano y ambiental, visuales y p erfiles urb anos, dete c ción de ár e as
deterior adas, elementos singular es (BICs y entornos) y elementos susc eptibles de c atalo gación» 12 .
En cuan to al primero de esos apartados, que aparen temen te resulta el que may or conexión presen ta
con n uestro estudio, la información es escasa. Sin em bargo, destaca el desarrollo de la sección
«visuales y p erfiles urbanos», en la que se exp onen y analizan secciones transversales del macizo
ro coso y el n úcleo urbano (figura 4.5).
La atención detallada al tejido urbano como organismo complejo puede apreciarse en la gran
can tidad de lev an tamien tos v olumétricos corresp ondien tes a las calles del cen tro histórico que
acompañan al do cumen to. Con ellos, se definen las condiciones de adaptación de las n uev as edifi-
caciones a la estructura urbana previa, con el fin de evitar excesos que dañen la imagen del n úcleo
consolidado.
12 PEP CH Arcos, Información-Justificación, p. 66
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 129
CAPÍTULO 4. ANTECEDENTES
Figura 4.6: Alhama de Granada, PGOU, Catálogo de paisa jes, vistas y p ersp ectiv as. F uen te: Plan Gener al
de Or denación Urb ana de Alhama de Gr anada, 2010.
En los artículos destinados a regular la ordenación se determinan de forma rigurosa las con-
diciones de medida de alturas en edificaciones, así como las soluciones v olumétricas que pueden
adoptarse en diferen tes casos, asp ectos ambos muy relacionados con la gestión de siluetas y vistas
generales. De igual forma, se detalla que se considerarán «fuera de ordenación» aquellos elemen tos
que alteren los v alores de los edificios protegidos, p erturb en su con templación o den lugar a riesgos
sobre ellos.
4.2.2.2. Alhama de Granada
Esta p oblación ofrece una característica imagen determinada p or su asen tamiento jun to a unos
ta jos, sobre cuy o b orde sup erior la ciudad se encarama. El Plan General de Ordenación Urbanística
(PGOU), que data de no viem bre de 2010, presta una esp ecial atención al paisa je en el término
m unicipal, sobre el que adopta las unidades de paisa je definidas p or la Diputación de Granada.
A demás, el PGOU efectúa un estudio de cuencas visuales en su fase de análisis. El cálculo considera
como pun tos de referencia la fac hada urbana que da a los ta jos y la torre de la iglesia, de mo do
que está plenamen te orien tado a la in tegración de las imágenes de conjunto en el planeamien to.
Ese análisis resulta coheren te lo señalado en la Memoria Justificativ a como uno de los ob jetiv os
primordiales: la «pr ote c ción del p aisaje y de la c oher encia visual del c onjunto históric o» 13 . Otro
de los rasgos destacados de este do cumen to es la inclusión de un «Catálogo de paisa jes, vistas y
p ersp ectiv as», con tenido en la enumeración de «Espacios con alto v alor ecológico-paisa jístico». En
él se describ e una serie de pun tos generadores de vistas de in terés, entre los que pueden apreciarse
algunos vinculados a la p ercep ción de imágenes de conjunto represen tativ as del n úcleo urbano de
Alhama (figura 4.6).
4.2.2.3. Sego via
El Plan General de Ordenación Urbanística de Sego via, aprobado en el año 2008, es uno de los
do cumen tos españoles analizados en que puede detectarse ma y or atención a las imágenes urbanas
de conjun to. Ha y que señalar, igualmen te, que la Ley de Urbanismo de Castilla y León (Ley 5/1999
de 8 de abril de Urbanismo, mo dificada p or la Ley 4/2008 de 15 de septiembre, de Medidas sobre
urbanismo y suelo) incorp ora una cuestión de esp ecial interés para el tratamien to de este tema:
la categoría de «suelo rústico de en torno de n úcleo urbano». Este tip o queda «c onstituido p or
los terr enos c ontiguos al suelo urb ano o urb anizable que el plane amiento estime ne c esario pr ote ger
13 PGOU Alhama, Memoria Justificativ a, p. 12
130 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
4.3. INSTRUMENTOS DE PLANIFICA CIÓN INTERNACIONALES RECIENTES
p ar a no c ompr ometer su desarr ol lo futur o, p ar a pr eservar el p aisaje y las p ersp e ctivas tr adicionales,
p ar a ase gur ar una tr ansición armónic a del me dio urb ano al natur al o p ar a favor e c er actividades
vinculadas al o cio c omp atibles c on su natur aleza rústic a.» (Art. 16, 1b). La p osibilidad de proteger
determinadas áreas del en torno de un n úcleo urbano en atención a las vistas del mismo que desde
ellas se obtienen, a tra v és de esta form ulación, resulta de gran v alor para n uestro tema de estudio.
El PGOU de Sego via recoge precisamen te ese tip o de suelo con la intención de proteger las
imágenes de conjun to de la ciudad (figura 4.7). P ara definir sobre qué áreas se establece la protección
realiza un cálculo de las cuencas visuales de los cuatro pun tos de esp ecial visibilidad que se señalan
en el Decreto de 12 de julio de 1941, en el que se declara el Conjun to Histórico-Artístico (mirador
del Alcázar, mirador Plaza de Canaleja, T orre de la Iglesia de San Justo y T orre de la Iglesia del
Salv ador). En el informe am bien tal se esp ecifican más detalles al resp ecto:
«El ob jetiv o de este estudio era asegurar que la n uev a ordenación del PGOU no in ter-
fiera en dic has cuencas visuales. De este mo do, el planeamien to no prev é desarrollos
urbanos que puedan sup oner una afección considerable. Los suelos clasificados como
urbanizables den tro del ám bito considerado como de protección de vistas adaptan su
calificación a las limitaciones que establecen las visuales, previendo espacios v erdes
públicos que garan tizan y p otencian la preserv ación de la calidad visual de las zonas
delimitadas.» 14
Otra herramien ta de in terés plan teada en este PGOU es la del con trol del volumen de ciertas
edificaciones, que aunque no tengan esp ecial calidad sí desemp eñen un pap el imp ortan te en la
«articulación y c alidad de la esc ena históric a» . La cuestión se plan tea en estos términos:
«Se aplica la protección v olumétrica a algunos edificios sin ningún in terés in terior ni
particulares v alores en sus comp osiciones de fac hadas, p ero que p oseen un v olumen
bien in tegrado en el paisa je urbano. Generalmente se trata de edificios de escasa al-
tura, encla v ados en terrenos con acusada p endien te o dispuestos a lo largo de algunas
escalinatas, y que p or ello se construy eron con criterios de adaptación top ográfica,
apro v ec hamiento y tam bién limitación de vistas, etc. Este Grado de Protección implica
únicamen te la conserv ación o en su caso repro ducción de esa conformación v olumétri-
ca, siendo p or tan to una determinación relativ a a la en v olven te virtual. Se admitirán
ligeros a justes de v olumen, si fuera necesario para cumplir normativ as técnicas o de
habitabilidad. En to do caso, no se p ermitirán incremen tos de altura sup eriores a los 75
cms.» 15 .
El estudio de la planimetría en que se detalla la determinación de tal protección desv ela, en
una primera apro ximación, que se aplica en esp ecial para la conserv ación de en tornos urbanos
in teriores, y en menor medida con resp ecto a las imágenes de conjunto. En cualquier caso, resulta
un concepto m uy útil para ab ordar la gestión de las vistas panorámicas a trav és de los tejidos
urbanos que la generan.
4.3. INSTR UMENTOS DE PLANIFICA CIÓN INTERNA-
CIONALES RECIENTES
En esta sección presen taremos algunos instrumen tos de planeamien to urbano y territorial, co-
rresp ondien te a diferen tes países, en los que pueden observ arse plan teamien tos o estrategias de
14 PGOU-2008 de Segovia, Memoria Am bien tal, p. 68.
15 PGOU-2008 de Segovia, Memoria Vinculan te, p. 125
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 131
CAPÍTULO 4. ANTECEDENTES
Figura 4.7: Sego via, PGOU, Protección de suelo no urbanizable para man tener las
vistas sobre la ciudad. F uen te: Plan Gener al de Or denación Urb ana de
Se govia, 2008.
in terés para el análisis de las vistas panorámicas urbanas. En tre ellos, existen diferen tes grados de
relación con n uestro tema de estudio. P or un lado, pueden encon trarse casos en los que se ab orda
directamen te este asun to. P or el otro, existen apro ximaciones tangenciales en las cuales no se tra-
tan explícitamen te las imágenes de conjun to, p ero algunos de los méto dos desarrollados p o drían
adaptarse para traba jar con las mismas.
En general, en los países anglosa jones predominan las estrategias del primer tip o. Aunque no
existe uniformidad en la terminología, en v arios casos es p osible encon trar referencias directas a
n uestro tema de estudio. En este ám bito, deb en destacarse los traba jos de Ow en, que de centrarse
en las Hil l T owns inglesas y su ap ariencia en el p aisaje (Owen, 2003, 2005, 2007), ev olucionan
hasta a v anzar una meto dología general para n úcleos urbanos de cualquier tip o (Ow en, 2009). La
exp eriencia recien te en la ciudad de Londres constituy e uno de los casos de ma yor in terés que
hemos encon trado, y resultan tam bién m uy v aliosas las div ersas apro ximaciones al tema llev adas
a cab o en v arias ciudades norteamericanas.
En la ma y oría de los casos europ eos, no existen referencias tan directas a la cuestión, p ero
sí pro cedimien tos con cierto interés para su incorporación a meto dologías cen tradas en las vistas
panorámicas urbanas. Sobresale como caso excep cional el planeamien to urbanístico recien te de la
ciudad de P arís, en el que se establecen medidas esp ecíficas para la gestión de ciertos panoramas
de la capital francesa.
4.3.1. P aíses anglosa jones
4.3.1.1. Reino Unido
El esquema de planeamien to territorial y urbano en el Reino Unido ha estado sujeto a n u-
merosos cam bios en los últimos años. T radicionalmen te, para la planificación regional se había
recurrido a la redacción de planes regionales para divisiones territoriales que, sin tener en tidad
132 LAS VIST AS P ANORÁMICAS DE NÚCLEOS URBANOS
4.3. INSTRUMENTOS DE PLANIFICA CIÓN INTERNACIONALES RECIENTES
p olítico-administrativ a, constituían el marco para el desarrollo de programas co ordinados (Hilden-
brand, 2002b, p. 149). Aparte de Londres, donde la p olítica espacial es resp onsabilidad directa
del alcalde, se elab oraron instrumen tos denominados «Regional Planning Guidance» (Guía para la
Planificacion Regional) para cada una de las regiones. Existía cierto debate en torno a la eficiencia
de tales instrumen tos (Hilden brand, 2002b, p. 159) y p osteriormente, en el año 2004 (Kingd om,
2004), fueron sustituidas p or los do cumentos de «Regional Spatial Strategy» (Estrategia Espacial
Regional), que pro ceden desde una p ersp ectiv a de desarrollo espacial, y v an acompañadas de un
do cumen to complemen tario referido a la «ev aluación estratégica am biental». Este esquema fue
ab olido, sin em bargo, en 2010, en el marco de los recortes presupuestarios del gobierno británico.
En cuan to al planeamien to subregional y urbanístico, tam bién ha sufrido transformaciones
recien tes. La estructura consolidada se basaba en los «Structure Plans» (Planes de estructura)
que se ceñían al ám bito de los condados, mien tras que a escala de distrito o ciudad se recurría a
los «Lo cal Plans» (Planes Lo cales). El n uev o mo delo, originado jun to a los planes de estrategia
espacial regional en 2004, pretende sup erar la escasez de flexibilidad y capacidad de adaptación
temp oral de los sistemas con v encionales de planificación urbana o lo cal. P ara ello, se ha propuesto
un esquema basado en el «Lo cal Dev elopmen t F ramew ork» (Marco de Desarrollo Lo cal), conjunto
de do cumen tos lo cales referidos a diferen tes áreas temáticas y estratégicas, que pueden adaptarse
a las necesidades particulares de cada caso, y actualizarse de forma más eficaz. Se tiende con
ello a una planificación que bien p o dría calificarse de «mo dular», en la que los do cumen tos se
actualizan y mejoran de forma con tin ua. Como es habitual, los «Lo cal Dev elopmen t F ramew ork»
deb en a justarse a las estrategias determinadas en los instrumentos de ma yor ám bito territorial.
En esta sección analizaremos algunos instrumen tos de planeamien to de interés, aunque no estén
vigen tes en la actualidad o se encuen tren en pro ceso de sustitución debido a esas dinámicas de
cam bio.
Planeamien to regional
Los an tiguos «Regional Planning Guidance», an tecesores de las «Regional Spatial Strategy» que
se impusieron p osteriormen te tras los cam bios normativos an tes mencionados, tenían p or ob jeto
establecer «a esc ala r e gional principios gener ales p ar a el desarr ol lo (development principles) y
determinaciones sobr e el desarr ol lo e c onómic o, el desarr ol lo urb anístic o, la futur a demanda de
viviendas, las prioridades de la p olític a de tr ansp orte y las princip ales líne as de actuación en materia
de me dio ambiente y c onservación de la natur aleza» (Hilden brand, 2002b, p. 158). Resp ecto a la
p olítica de paisa je, veremos un par de ejemplos de planes regionales para ev aluar el tratamien to
que recib e.
En el Plan del Sur Este («South East Plan») (Go v ernmen t Office for the South East, 2009)
se aprecia, como rasgo destacado, la v olun tad de regular las n uev as instalaciones de generación
de energías alternativ as, así como las condiciones paisa jísticas para su implan tación. Resp ecto a
la gestión del paisa je en el espacio rural, el do cumento se cen tra en proteger las áreas de b elleza
natural sobresalien te, abundan tes en la zona (Go v ernment Office for the South East, 2009, p. 145).
En cuan to al tratamien to del en torno construido, se recogen p olíticas esp ecíficas para el mismo,
en tre las que destacan la de «Village Managemen t» (Gestión de lo calidades) y «Managemen t of the
Historic En vironmen t» (Gestión del en torno histórico). En ellas se hace referencia a la necesidad de
usar pro cedimien tos LCA para la caracterización de las zonas urbanas, entendida la gestión de las
mismas en un marco sostenible a tra v és de planes y estrategias que asuman su significado, así como
la vulnerabilidad al cam bio (Go v ernment Office for the South East, 2009, p. 159). De igual modo,
para el en torno del río T ámesis, se extreman las medidas de vigilancia del paisa je, de forma que se
prop one proteger y mejorar las vistas escénicas que genera a su paso p or áreas urbanas, así como
los asen tamien tos y estructuras históricos, las siluetas y las vistas de imp ortancia (Gov ernment
Office for the South East, 2009, p. 151). Sin em bargo, no se aprecian referencias directas a vistas
generales urbanas de esp ecial v alor, ni en umeración o in v en tario alguno de las mismas. Similares
recomendaciones se aprecian en el Plan del Sur Oeste («South W est Plan») (Go v ernmen t Office for
the South W est, 2001), en el que se alude a la necesidad de mejora en la calidad de las ciudades,
con ma y or cuidado en la arquitectura y diseño urbano, p ero sin referencia explícita a la p osible
v aloración de las imágenes de conjun to (Go v ernmen t Office for the South W est, 2001, p. 53).
TESIS DOCTORAL - SANTIA GO M. P ARDO GARCÍA 133
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